Una tarde de verano en el pantano

En este relato os contaré una de las primeras y más intensas experiencias sexuales de mi vida. Todo ocurrió hace tres veranos en el pantano cercano a mi ciudad.

En una calurosa tarde de agosto decidí salir a dar una vuelta en bicicleta. En un principio pedaleaba sin rumbo fijo pero, al no tener nada que hacer el resto de la tarde, decidí dirigirme al pantano, que se encuentra a unos diez kilómetros de mi casa. A mitad de camino empecé a sentir el calor, por lo que pensé que seria buena idea darme un baño una vez que llegase al pantano. Como no había planeado a donde iba cuando salí de casa, no llevaba bañador. Me acordé entonces que un amigo me había mencionado que el pantano tenía una zona nudista, y pensé que sería buena idea ir a bañarme allí.

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Leopoldo

Hace unas semanas he comenzado a trotar por una senda recientemente habilitada, ubicada en las afueras de la ciudad. Dado el calor que es muy fuerte en esta época del año lo hago a la mañana muy temprano poco después del amanecer. Me gusta hacerlo a esa hora porque la naturaleza emana sus aromas de manera más profunda que en otros momentos del día, además, los pájaros, cantan alborozados la llegada del nuevo día y todo ello me permite conseguir un estado de plenitud que me resulta altamente gratificante.

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Mi suegra, ahora es una putona

La verdad que en los 18 años que llevaba de casado siempre tuve la intención de cogerme a mi suegra, máxime después de la muerte del marido, pero nunca había tenido una oportunidad como la que se me presentaba ahora, así que debía planear la estrategia a seguir, ya que si bien nuestra relación era buena, ella que a los 62 años se conservaba muy bien, con unas tetas grandes y un hermoso culo que siempre trataba de disimular usando ropa amplia, era muy recatada y su fe religiosa le hacía creer que cualquier acto sexual fuera del matrimonio era pecaminoso, recuerdo una oportunidad en que, con unas copas de más, mi suegro me contó que nunca le permitió metérsela por el culo, por lo que todavía lo conservaba virgen y eso me excitaba más aún.

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Las hermanitas

Sentí como su culito apretaba mi pija y Fabi pegó un grito, empecé a metérsela hasta el fondo ella gritaba y clavaba sus uñas en el sofá, pero se notaba que lo disfrutaba, yo seguía hasta sentir sus nalgas golpear con mi huevos, saqué mis dedos del culo de Lore y me dediqué exclusivamente a Fabi, apretaba sus tetas y ella gritaba hasta que no aguanté más y me vine como nunca en mi vida.

Hola a todos, esta es la primer historia que cuento; es algo que me pasó hace un par de semanas y no puedo decírselo a ningún conocido, por eso los elegí a Ustedes para relatárselos: Yo tengo 29 años y hace 3 estoy de novio con una chica que obviamente ya piensa en matrimonio, pero a mí la idea de casarme solo me parece que sería negarme a poder tener sexo con otras mujeres y por eso no puedo ni pensar en ello. Igualmente nunca había engañado a mi novia, yo siempre fui muy tímido y las mujeres que se fijan en mi (algo que, modestamente, me pasa bastante seguido) siempre me han intimidado mucho y lo único que logro, cuando alguna se insinúa conmigo, es excitarme y desquitarme con mi novia.

Lo que me pasó ha cambiado mi vida completamente desde hace 15 días: Al lado de mi casa viven dos hermanas hace ya muchos años, Fabi de 23 años y Lore de 31. Si bien estas mujeres están muy buenas yo nunca las miraba con ojos de hombre porque nos habíamos criado juntos y eran como si fueran mis primas o algo por el estilo. La madre de ambas vivió con ellas hasta hace 2 años atrás, cuando Lore (la mayor) se casó y junto con su marido ocuparon esa casa. Pero el matrimonio duró solo 3 meses y como la mamá de las chicas se había juntado con un tipo, Fabi se vino a vivir nuevamente con su hermana.

Un día, me disponía a arreglar el techo del quincho del fondo de mi casa, por lo que tuve que subirme al mismo para ver cuál era el problema. Al hacerlo observaba todo el patio de la casa de las chicas ya que hace unos años hemos construido un muro que nos separa y obviamente obstaculiza la visión. Al mirar vi que Fabi, la menor de las hermanas, estaba tomando sol con una tanguita infartante, ella no podía verme ya que me tapaba un árbol, por lo que decidí observarla más detalladamente. Esta situación, aunque tonta, no dejaba de excitarme, era algo raro poder mirarla con ese cuerpo impresionante toda transpirada sin que ella supiera de mí.

Lentamente comencé a recorrer su figura y me di cuenta de lo espléndida que estaba, era increíble como esa chica que jugaba conmigo de niños, ya era una mujer, ¡Y que mujer! Empecé a tocarme mientras miraba esos pechos que parecían tener el tamaño ideal, bien redondeados y esa tanguita súper pequeña que llegaba a perderse entre sus piernas, y su cuerpo mojado por la transpiración dejaba caer gotitas que le recorrían todo el cuerpo hasta perderse en su ombligo. De repente y sin querer produje un ruido que hizo que Fabi desviara la mirada hacia donde yo estaba. No sabía qué hacer entonces fingí que trabajaba y ella me saludó con una sonrisa muy picarona en su rostro, como si se hubiera dado cuenta de todo. Mi inexperiencia me hizo pensar mil cosas y me preocupaba que ella pensara que ya haya subido al techo solo para espiarla, cosa que en un primer momento no era cierta.

Pero para mi asombro, me empecé a dar cuenta que Fabi se desprendía el corpiño de su malla, como para hacer topless, por lo que no dudé en girar la cabeza para volver a verla. Ella sin siquiera inmutarse por mi presencia, recorrió sus pechos, que ya dejaba ver unos pezones pequeñitos y como para comérselos, se pasó bronceador apretando esas tetas con mucha fuerza como para que yo lo notara (estoy seguro de ello), se paró y casi como si se hubiera aburrido de mi, se puso boca abajo y tomó sol de espaldas. Aunque su culo era espectacular, todo mojadito y con la tanguita metida hasta el fondo, yo no podía dejar de pensar en que esta mujer estaba esperando que yo cruce el muro y le haga el amor allí mismo. Sin embargo yo era tan tonto que bajé del techo, fui a casa y me masturbé como loco pensando en ella. Yo creía que esto era todo, que de aquí en más, de vez en cuando yo subiría al techo, la vería, me masturbaría y quien sabe algún día vería sus pechos otra vez. Sin embargo, esa misma noche, yo estaba solo en casa cuando Lore, la hermana mayor, vino a pedirme si podía cambiarle la rueda al auto porque estaba pinchada.

Obviamente no dudé pero mi miedo de ver a Fabi después de lo que había pasado a la tarde era terrible, no sabía si me diría algo o si simplemente lo dejaríamos así, lo cual iba a hacer yo. Cambié la rueda, algo muy común para mí, porque me encanta la mecánica, (cosa que las chicas sabían) sin ver en ningún momento a Fabi, por lo que deduje había salido y cuando volvía a casa Lore me dijo que no me dejaría ir sin pagarme el favor. Sin dudas en mi mente la idea de cobrarme (como todos piensan) pasaba una y otra vez, pero lógicamente nunca diría una cosa así, por lo que le hice un chiste sobre que me lo cobraría pidiéndole algún día un poco de azúcar (ven lo ingenuo que era). Lore se acercó a mí, apretó sus pechos contra mi cuerpo mirándome fijamente a los ojos y me dijo que tenía una cervecita bien fría en la heladera para por lo menos sacarme la sed por mi trabajo.

Acepté, volvimos a entrar a la casa, trajo una cerveza helada, como si la tuviera preparada, y la tomamos en segundos. Allí trajo otra y otra y otra, y al darme cuenta ya estábamos hablando de nuestras experiencias sexuales, materia que tenía muy presente aparentemente porque tenía miles de historias. Yo relataba las noches y noches que cogía con mi novia solamente. En un momento empezó a acariciarme la entrepierna como si nada, seguía hablando de otra cosa y me pasaba la mano una y otra vez. Yo estaba que explotaba, ella seguía relatándome como se la chupaba a su ex novio mientras me desabrochaba el pantalón, me bajaba el cierre y empezaba a masturbarme. No sabía qué hacer, ella lo tomaba como si no estuviera haciendo eso, seguía con sus historias y me hacía una paja que me moría.

De pronto se paró y mientras me preguntaba si traía otra cerveza, se levantó la pollerita, bajó su bombachita, tenía un culo espectacular, era grande pero firme y su conchita estaba toda depilada, yo no decía una palabra, ella agarró mi pene, que estaba que reventaba de erecto, se sentó encima mío y lo metió en su conchita húmeda pero muy calentita e increíblemente estrecha, era como si fuera la concha de una niñita, tal vez era porque mi pene estaba tan duro como nunca creí que pudiera estar.

Mirándome a los ojos me decía ¡cogeme, cogeme! mientras saltaba encima mío, yo no podía más, me dijo “pedime lo que quieras, te voy a dar todo”, yo estaba tan a gusto que no me animaba a echar a perder ese momento haciendo alguna petición estúpida, por lo que no dije nada. Ella insistió, “¿dale, que querés?”, y añadió “mi culo, una chupada, mi hermana”, ¿Ehhhhh?, no podía creerlo, me estaba ofreciendo a su hermana, yo la miré sorprendido, mientras ella seguía saltando arriba mío, y me volvió a decir: “Sí, mi hermana, la que espías desde tu casa, ¿la querés acá?”.

En ese momento paró de saltarme mientras sentí como acababa, me clavó las uñas en la espalda y me puso un pezón en la boca para que se lo chupe. Yo no acabé pensando en lo que me dijo, ella sacó mi pene aún erecto de su vagina, se paró y tomó una mano detrás de una puerta, era Fabi, que estuvo todo el tiempo en su pieza con una camarita filmando todo. Lore le dio un beso en la boca a su hermana, metiéndole la lengua hasta el fondo y me dijo: “ahora le toca a ella”, yo seguía tirado en ese sofá con mi pija durísima. Fabi me dijo “así que te gusta espiar, vas a tener que cobrarme el favorcito del topless”, se levantó la remerita que tenía puesto (lo único que tenía puesto), me tiró al piso y con sus rodillas sostenía mis brazos mientras me puso la concha en mi boca sosteniendo mis cabellos con sus manos y me decía chúpame, ¡chúpame que no aguanto!

Comencé a meterle la lengua hasta el fondo, ya estaba todo mojadita por lo que deduje que se estuvo masturbando desde su pieza. De repente soltó mis cabellos y puso sus manos en sus pechos mientras yo se la chupaba, los apretaba más fuerte que esa tarde cuando tomaba sol, metió un dedo en su boca y lo llevó hacia su culito, metiéndolo y sacándolo.

De golpe sentí que me la chupaban, era Lore que ya estaba lista para seguir, y empezó a divertirse con mi pene, pasaba su lengua como si fuera un helado que se disfruta un día de mucho calor. Yo no aguantaba más, y ya jugado con esta situación por fin di un paso adelante yo.

Saqué a Fabi de arriba mío, agarré la cabeza de Lore que aún la chupaba, y las puse a ambas de espaldas. Les dije que apoyaran sus manos en el sofá en posición perrito, ellas se miraron, sonrieron y lo hicieron inmediatamente, de repente tenía estos dos culitos espectaculares enfrente mío, pidiendo ser el primero sentir mi pija adentro, las dos me decían “a mí, dale a mi”

Yo los observé un rato y apoyé mi pija un rato en cada cola como probando con cual me quedaría, cuando se la apoyé a Fabi era como si un deseo oculto de toda mi vida apareciera, en ese momento era mágico, quería metérsela más que nada en el mundo, ella sintió mi pija y gimió de manera que parecía que le hubiera pasado lo mismo que a mí, agarré mi pene que ya estaba con algunas gotas porque había eyaculado un poco en la boca de Lore sin llegar al orgasmo, metí un dedo en su culo para ir agrandando el agujero y de golpe le metí la cabeza lentamente mientras con una mano le metía un dedo en el culo a Lore que tenía un agujero mucho más grande que el de Fabi, por un momento mantuve la puntita adentro y cuando Fabi me dijo “dale, dale” de un golpe se la metí hasta el fondo.

Sentí como su culito apretaba mi pija y Fabi pegó un grito mezcla de placer con dolor que me excitó aún más, empecé a metérsela hasta el fondo ella gritaba y clavaba sus uñas en el sofá, pero se notaba que lo disfrutaba, yo seguía con todo hasta sentir sus nalgas golpear con mi huevos, saqué mis dedos que ya eran dos del culo de Lore y me dediqué exclusivamente a Fabi, apretaba sus tetas y ella gritaba hasta que no aguanté más y me vine como nunca en mi vida…

Sentí como mi leche le entraba en su culito cuando rápidamente ella me empujó para que esto no pase, sentí como si me estiraran el pene porque salió rápidamente de su culo, pero como yo estaba en lo mejor no me dolió mucho, sin embargo quería acabarle en ese culo, pero ahí me di cuenta de lo que ella quería, en un segundo dejó de estar su culo en mi pija para sentir su boca chupando todo mi semen, se arrodilló, chupó lo último de mi acabada con un placer con el que jamás nadie me la había chupado, y se metió los dedos en la concha mientras su suspiro dejó muestras de la acabada que había tenido ella también.

Dejé un rato mi pija acabada en su boca, ella cerró los ojos, Lore nos acariciaba a ambos y nos quedamos así unos segundos que parecieron horas. Era el mejor sexo que jamás había tenido en mi vida y recién allí me di cuenta lo que era realmente el sexo, sin preguntas, excusas, ni amor, solo sexo… Al irme ese día las chicas me dijeron que esto lo habían planeado hacía mucho tiempo porque veían mi timidez y las excitaba el poder enseñarme cosas (y como lo hicieron). Esa orgía con las hermanas no la volví a repetir pero desde hace 15 días a la fecha, cuando tengo ganas de echarme un buen polvo, solo cruzo el muro y alguna de mis vecinas siempre está dispuesta. Eso sí, nunca menos de 2 horas porque siempre quieren sexo súper completo: oral, vaginal, anal, etc. etc.
etc…

Así que debo ir bastante pasado en copas y bien descansado. Bueno, esta es mi historia, un poco larga lo sé pero era necesario detallar algunas cosas.

 

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Como una gata en celo

Jóvenes y cachondas. Quería tenerle dentro, sentirlo, acariciarlo, que me encantaba, entonces él me daba más y más fuerte con cada embestida una onda de placer nos invadía, fuimos girando sobre la cama, hasta acabar yo encima, empecé a moverme como una posesa, quería sentirle dentro de mi hasta mis entrañas y decidí que quería probarlo todo con él.

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Me meé en el culo de una desconocida

Hace unos meses fui con mis amigos del equipo ciclista a Madrid para celebrar una despedida de soltero, yo estoy casado desde hace 10 años y ahora tengo 38 años, pero dentro del grupo hay amigos mucho más jóvenes.

Como supondréis ahora los que mejor nos lo pasamos en las despedidas de soltero somos los que ya llevamos algún tiempo casados, y aprovechamos estos viajes para volver a salir.

No me enrollare más, después de todo el día bebiendo, terminados en una discoteca del centro de Madrid y cuando ya solo quedábamos un grupo de 4 o 5 que estábamos pensando en irnos llego un grupo de chicas y se pusieron a nuestro lado. Lógicamente aquello se animo, empezamos a bailar con ellas, a bromear…etc.

Entre ellas había una chica que destacaba porque solo hacía que mirarnos y provocarnos, a pesar de estar algo rellenita era muy morbosa y además era la más simpática de todas. No paraba de bailar, de insinuarse, de calentarnos…llevaba un vestido con un escote impresionante que dejaba imaginar sus tetas perfectamente, eran enormes igual que toda ella, morena de piel blanquita y unos ojos azules que todavía hacían más morbosa sus miradas.

Mis amigos se centraron en coquetear con el resto de amigas, ya que había alguna que estaba muy buena, pero a mi aquella chica me tenía muy caliente, no era la más guapa pero si la que más morbo me daba. Poco a poco mis amigos sobretodo los solteros fueron cogiendo más confianza con el resto de chicas y yo aproveche para comenzar a hablar con ella, se llamaba Vanessa. Era una autentica calienta pollas, me susurraba al oído, se rozaba, abría su escote,…en una palabra me puso como una moto. Sabía aprovechar todo su cuerpo para provocarme.

Poco a poco me fui excitando hasta estar totalmente empalmado…la muy cabrona me había puesto a 100%. Yo suelo ser algo tímido, pero como estaba borracho y no la conocía le seguí el juego y comencé a rozarme yo también. Cuando hablaba con ella me acercaba tanto que dejaba que notara mi polla contra su pierna.

Así estuvimos algún tiempo hasta que algunos de mis amigos dijeron de ir a otra discoteca. Fuimos a despedirnos y decirles que si venían…pero antes de que pudiera decirle nada, Vanessa apoyo su mano sobre mi pene y guiñándome un ojo me susurro:

-No me digas que te vas a ir así???, que desperdicio!!!.

-Uff y que puedo hacer??

-Tu veras, puedes irte con tus amigos o venirte conmigo.

Lo tenía claro con el calentón que llevaba mentí a mis amigos, les dije que estaba cansado, que me iba ya hacia hotel y quede en la puerta de la discoteca con Vanessa. A los pocos minutos salió y nos fuimos a su piso.

Solo llegar al ascensor ya empezamos a besarnos salvajemente y ella comenzó a agarrarme el pene. Por un momento pensé que me lo iba a sacar allí mismo. Entramos en su piso…nos quitamos los abrigos, nos besamos…y sin decir nada más se arrodillo ante mí y comenzó a chuparme la polla.

No podía creerlo pensaba que era un sueño, ella me chupaba la polla y me miraba con sus ojos azules, sacaba el capullo totalmente ensalivado y volvía a metérselo en la boca una y otra vez. Aquello solamente lo había visto en las películas.

Quise pararla, porque a pesar de que estaba borracho me iba a correr…pero fue imposible, en menos de 1 minuto me estaba corriendo. Creo que ella se enfado porque no la avise y casi me corro en su boca y sobretodo porque le decepciono que me corriera tan pronto. Así que tuve que decirle:

-Tranquila ahora me toca a mí.

Lalevante del suelo y la lleve hasta su cama, la tumbe de un empujón y me abalance sobre ella para lamer su cuerpo. Primero lamí su cuello y poco a poco baje hasta sus impresionantes pechos, tenía unos grandes pezones me recree un poco y baje lentamente hacia su coño, lo llevaba totalmente depilado.

Juguetee un poco para hacerla sufrir y poco a poco comencé a lamer su clítoris, a jugar con el…intercale los juegos con fuertes lametones en todo su coño!!! Sabía a gloria y estaba tan depilado que podía chuparlo con total facilidad.

Ella se abrió completamente de piernas creo que quería cobrarse la chupada anterior, me agarraba con sus manos y me apretaba con fuerza contra su coño. Después de un rato su coño se convirtió en toda una fuente…era una mezcla de flujos y saliva. Vanessa comenzó a disfrutar de lo lindo, gemía de placer y tenia pequeñas convulsiones, se mordía el labio, se frotaba sus pechos….Cuando ya no podía más aprisiono mi cabeza fuertemente con sus dos piernas y comenzó a gritar, su coño fueron todo fluidos!!! Pude notar perfectamente como le venía el orgasmo…que placer se había corrido en mi boca!!!.

Tuve que estar casi 20 minutos lamiendo su coño, pero por lo menos ahora ella también se había corrido, además mi pene estaba otra vez a mil. Así que comencé a follarle el coño, estaba híper sensible y gemía casi desde el primer minuto…entraba y salía con una facilidad pasmosa…me dijo que iba a volver a correrse!!!

Lo peor es que yo también estaba a punto otra vez…empezamos los dos a gemir como locos, y esta vez sí que la avise.

-No puedo más me corro!!!

-yo también vamos dame toda tu leche!!!

Justo cuando me iba a correr se la saque del coño y me corrí encima de su vientre y de sus tetas…la corrida fue descomunal, ella se quedo mirando y cuando pensaba que se había enfadado comenzó a coger mi semen con sus manos y a extendérselo por todo su cuerpo.

Lo llevo hasta sus pechos y lo puso sobre sus grandes pezones!!L Cogió un poco con su dedo y con una mirada sexual se lo llevo a la boca.

Yo iba a estallar, casi me derrito…mi pene seguía erecto!!! Ella me hizo un gesto para que me acercara, volvió a llevarse el dedo lleno de semen a su boca y me beso!!! Al principio me dio asco pero luego comencé a besarla como un loco. Recogió de nuevo restos de mi corrida y ahora me lo mentido directamente dentro de mi boca…y cuando fui a besarla, me empujo hacia abajo y me dijo.

-Vamos chúpame las tetas!!! Límpialas

Estaba tan excitado que no lo pensé, lamí sus pezones y los deje totalmente limpios. Ella se volteo y bajo a limpiar mi pene que estaba ya algo flácido. Lo chupo de tal forma que consiguió volver a ponerlo erecto, y más cuando comenzó también a lamer mis huevos. En cuanto mi pene cogió un tamaño considerable se sentó sobre él y comenzó a cabalgarme.

Aquella mujer era increíble, yo estaba sobre la cama dejándome hacer…ella se masajeaba las tetas y las lamias mientras me cabalgaba!!! Aquella visión era total…poco a poco fue incrementado el ritmo y ella misma se empezó a acariciar el clítoris mientas gemía y gemía.

A pesar de que era ya mi tercera corrida no aguante mucho…la avise para que se quitara, pero ella no lo hizo!!! Así que me corrí dentro de su coño, ella seguía cabalgándome, mi pene se relajo un poco y pude notar como mi semen resbalaba por su coño, pero ella no paró hasta que consiguió tener su orgasmo. Finalmente se tumbo sobre mi exhausta y nos besamos. Ella seguía teniendo pequeñas contracciones de placer y me susurro al oído:

-Te gustaría chupar ahora mi coño??? O es demasiado fuerte para ti??? Prefieres que vaya a limpiarme al baño???.

Yo no sabía que contestar…me daba algo de asco, pensar en su coño chorreante de semen así que solté una pregunta retorica.

-Te gustaría que lo chupara???

-Me encantaría.

Ahora ya no tenía elección así que la bese, y baje en dirección a sus nalgas.

-Espera así no, sigue tumbado.

Se levanto se puso a cuatro a patas y se sentó sobre mi cara…tenía mi boca en su coño y mi nariz prácticamente en su culo. Comencé a chupar su coño, la postura ayudaba a que el semen cayera sobre mi boca y además podía notar como ella hacia fuerza para expulsar hasta la última gota.

-Sigue por favor, me encanta!!!

A mí me daba bastante asco, pero aquellas palabras me excitaban. Tenía el coño totalmente lubricado, por sus flujos y por el propio semen, ella gemía, se notaba que disfrutaba con aquello…se tumbo un poco y comenzó también a lamer mi polla para limpiarla pero ahora termino enseguida porque ya no reaccionaba, así que se tumbo sobre la cama con las piernas totalmente abiertas, mientras yo terminaba.

Yo seguí chupando su coño, ahora ya me encantaba su sabor y su olor a sexo!!! Además ella en ningún momento me pidió que parara, al revés se puso más cómoda, abrió las piernas y comenzó a tocase el clítoris mientras yo lamia su coño.

Mis lametones recorrían todo su coño…y cada vez iban más abajo casi llegaban hasta su culo. Antes cuando se había sentado sobre mí, había podio sentir su olor y en lugar de haberme molestado me había excitado su aroma. Comencé a lamer cada vez más cerca de su ano y a pensar en la posibilidad de chupárselo.

Creo que ella se dio cuenta porque abrió un poco más las piernas y me habilito el paso. Yo comencé a lanzar pequeños lametones furtivos, aquel sabor y olor era maravilloso, me estaba poniendo a mil…pero me daba vergüenza pensar que aquello me pudiera excitar, hasta que ella me dijo:

-Ya veo que también quieres chupar mi culo.

Cogió la almohada se la puso debajo de su espalda, de formar que su culo quedo totalmente expuesto hacia mí y me dijo.

-Ahora lo chuparas mejor, vamos es todo tuyo.

Aquello era demasiado, esa mujer era toda una caja de sorpresas, comencé a chuparlo…ahora mi lengua recorría todo su culo y note el sabor algo más fuerte, pero me encanto. Cuando ya llevaba un rato y lo había dejado bien lubricado, Vanesa comenzó a chupase el dedo y a introducírselo ligeramente en el culo, mientras con la otra mano se masturbaba el clítoris. Yo iba a estallar de nuevo.

Cambiamos de postura otra vez, ahora para hacer un 69…pero en lugar de chupar su coño yo chupaba su culo. Ella chupaba mi polla y también mis huevos y mi culo!!!. Nunca nadie me lo había chupado, la excitación fue total…y no tarde en volver a correrme ahora dentro de su boca.

Esta vez se lo trago todo y como yo ya no podía más se centro en seguir dándose placer a ella misma, siguió masturbando su clítoris y su culo…Se penetraba el culo con su dedo, ahora hasta el fondo, mientras con la otra masturba su clítoris..

Yo simplemente me tumbe junto a ella y comencé a besarla entre gemido y gemido. Ella seguía masturbándose, le dije si le podía ayudar

-Si tranquilo, ahora. Descansa un poco, déjame que termine sola!!!

Gemía como una loca…se metía en la boca los dedos para lubricarlos y volvía a introducirlos en su culo… Me miro fijamente, se metió el dedo en culo y me lo metió en la boca…Yo no dije nada simplemente lo chupe, era lo más cerdo que había hecho nunca, pero me sentí totalmente excitado. Volvió a metérselo y a dármelo para que lo chupara, mientras me sonreía

-Te gusta???

-Si me encanta!!

Estaba tan excitado que creo que le habría chupado cualquier cosa.

-Te gusta el sabor de mi culito eh!!Me encantan los chicos guarros como tú!!!

Estuvo así un buen rato hasta que tuvo un nuevo órganos y dejo su culo totalmente dilatando. Y casi sin tiempo para recuperase me dijo

-Ahora lo he dejado listo para ti, quieres follarlo??

-Si por favor estoy desando metértela en ese culazo!!

Se puso a cuatro patas y comencé a follarlo una y otra vez, aquella mujer era impresionante, lo tenía totalmente dilatado y seguía pidiéndome más y más. Pero yo ya no podía correrme más veces.

Mi polla poco a poco fue rebajando de tamaño…y me entraron unas enormes ganas de mear, así que le dije a Vanessa que iba al baño un minuto para poder continuar.

Pero ella no me dejo..Me dijo que siguiera!!! Era incansable!!! Le dije que me meaba…pero ella insistió en que siguiera!!.

-Si sigo voy a merme encima, no puedo más!!!

-Sigue por favor!!!

No podía creerlo, quería que la meara?? O solo quería que siguiera?? No sabía qué hacer. Igual aquella mujer era todavía más guarra que yo?? Me envalentone y me la jugué, total no tenía nada que perder, así que le dije.

-Voy a mearte encima…y me meare dentro de tu culo

Ella no contesto solo bajo de la cama y se puso en el suelo a cuatro patas. Estaba claro quería que la meara!!! Aquello me calentó y mi polla volvió a ponerse dura. Así que aproveche la calentura durante unos minutos para seguir follandole el culo, pero mis ganas de hacer pis impedían que me corriera.

Me relaje un poco y justo cuando estaba a punto metí mi pene en su culo y comencé a mearme!!! Su culo al recibir el pis caliente se cerro de golpe presionado mi polla y cortando mi meada. Saque mi polla de su culo y termine meando por toda su espalda y por su coño!!

Ella gritaba de placer…y yo estaba en éxtasis solo de ver la escena.

-Así dámelo todo, quiero que llenes mi culo!!!

Finalmente se giro y sin decir nada nos fundimos en un beso…creo que fue el beso más sucio de mi vida. Ella chorreaba pis por todos lados y su culo seguía dilatado expulsando parte del pis con restos de sus heces…así que como pudimos fuimos al baño a limpiarnos.

Ya en el baño, comencé a decirle lo impresionante que era, lo mucho que me gustaba lo guarra que era, a decirle que aquello era lo máximo que había hecho, a decirle que quería volver a quedar con ella,…hasta que ella poniendo un dedo en mis labios me mando callar y me dijo:

-Estas seguro de lo que quieres? O mañana todo esto te parecerá una guarrada

-Si haría cualquier cosa, me ha encantado, han sido los mejores polvos de mi vida. Eres la bomba.

-Esta bien, demuéstramelo arrodíllate, yo también me estoy haciendo pipi.

Se puso frente a mí, y empujo mi cabeza contra su coño, yo comencé a chuparlo.
-Pídemelo vamos!!!.

Yo no estaba seguro, pero mi excitación podía con todo.

-Vamos pídemelo!!! No es lo que quieres???
-Por favor quiero probar tu pipi!!! Meame por favor!!! Quiero tu pis!!!

Agarro con fuerza mi cabeza y comenzó a mearse…yo note como salía aquel liquido caliente y se estrellaba contra mi cara. Tenía mi boca cerrada para no ahogarme, pero podía sentir su sabor salado y su olor…aquélla fuente no paraba nunca. Volví a ponerme a mil al sentir como su pis resbalaba por mi cuerpo hasta mi polla, Estaba tan excitado que finalmente abrí mi boca, para probar su pis.

-Así me gusta…bébetelo todo!!! Ahora veo que si eres como yo, un verdadero guarro. Quiero que te lo bebas todo!!!

Trague su pis, aguantado hasta la última gota y cuando termino todavía lamí su coño hasta dejarlo totalmente limpio. Me levante nos lavamos un poco y nos fuimos a la cama.

Lo que paso al día siguiente será otra historia….

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Quitar el stress II

Las convulsiones de mi orgasmo hicieron que mi culito se contrajera succionando su verga, lo que lo llevó a una acabada impresionante, sentí mi culo llenarse de abundante leche espesa y caliente, su verga no paraba de lanzar leche y yo la exprimía con mi culo, él gritaba de placer, su verga no paraba de convulsionarse en mi culo, la sacó y desparramó sus últimas gotas en mis nalgas.

Continuando el relato, recordaran que quedó mi jefa, Laura, y yo junto a los tres empleados de ella, bañadas en la leche de ellos, pero después de una buena limpiada de verga que les dimos, ya estaban listos para la acción de nuevo. Yo chupaba al chofer y Laura estaba mamando al negro mientras el otro la mamaba a ella, podía ver mientras me devoraba la verga como Laura se comía la verga negra inmensa y gemía por la comida de concha que recibía.

El chofer se puso sobre mí, que me recosté en el sillón, y me clavó por la concha, su rica verga se deslizó fácil en mi concha toda mojada, y comenzó a cogerme fuerte y rápido, al tiempo que Laura estaba ahora en cuatro patas era clavada por el negro mientras le chupaba la verga al otro, yo seguía siendo cogida por el chofer que me daba duro, me hacía gozar, se puso sobre mí y chupaba mis tetas, mis pezones estaban duros, él los comía y mordía mientras no dejaba de clavarme fuerte, yo gemía fuerte de placer.

Cambiamos de posición y ahora yo estaba en cuatro patas siendo cogida por la concha y Laura se había montado arriba del negro que estaba sentado en el sillón, mientras el otro seguía ofreciendo su verga para que ella se la comiera, a ambas nos cogían fuerte y duro, Laura cabalgaba esa pija negra y yo me movía en círculos, sobre esa verga que se hundía hasta el fondo de mi concha, así juntas alcanzamos un orgasmo, ambas gozábamos intensamente, entonces sentí como la verga que tenía dentro empezó a inundar mi concha con su leche caliente, me movía exprimiéndola para sacarle todo lo que me daba, pude ver como a Laura le acababan en la boca, la leche desbordaba de sus labios, pero el negro la seguía cogiendo.

Entonces ella me deja su lugar sobre el negro, lo monté, clavándome por la concha esa enorme verga negra que me abría toda, el negro agarró mis tetas y las apretaba y chupaba fuerte, me las comía al tiempo que me enterraba su verga bien hondo, yo cabalgaba fuerte sobre esa verga que me llenaba de placer, cuándo sentí como alguien me comía el culo, vi al chofer con Laura mamándolo, así que era el guardia, que hundía su lengua en mi agujerito, abriéndolo, mis gemidos ya eran gritos, el negro devoraba mis tetas y me cogía salvajemente y la lengua me abría el culo, hasta sentir que la lengua era reemplazada por otra verga, el negro se detuvo un momento y sacó un poco su verga de mi concha, la otra entonces empezó a entrar en mi culo presionando fuerte, me llenaba de placer, me relajé totalmente para dejarlo entrar más fácilmente, hasta que sentí como sus huevos chocaron contra mis nalgas, la tenía toda en mi culo, entonces el negro también empujó y me clavó hasta sus huevos por la concha, estaba llena de verga por los dos agujeros.

Laura mientras estaba en el suelo en cuatro patas siendo cogida por el culo, ella gemía fuerte y pedía más, lo cual el macho la complacía metiéndosela entera por atrás, pero mis dos machos no me daban mucho tiempo de prestar atención a otra cosa que no sea la cogida que me estaban dando, esas dos enormes vergas dilataban mis agujeros, las sentía rozarse a través de mi delgada tela, entrando y saliendo todas enteras de dentro de mí, que me llevaron a un orgasmo intenso que recorrió todo mi cuerpo convulsionándolo, mis jugos caían sobre esas vergas que no dejaban de penetrarme sin compasión, dándome el máximo de placer, las sentí hincharse dentro de mí y casi juntas explotaron, noté como mis agujeros se llenaron de leche caliente, la sensación de estar llena de los líquidos de esos dos machos me llevaron a un nuevo orgasmo, no tan intenso pero no menos placentero.

Seguía sentada sobre el negro con su verga ya flácida aun en mi concha, sentí como la otra verga salía de mi culo, dejándolo abierto y dilatado, estaba cansada y complacida por mis orgasmos, así pude notar ahora como Laura estaba teniendo un nuevo orgasmo mientras el otro la cogía por el culo, ella acababa fuerte y dando gritos de placer, el macho la seguía cogiendo cada vez más duro, prolongando su orgasmo y su placer, hasta que cuando estaba por acabar, sacó su verga y desparramó toda su leche por la espalda y las nalgas de Laura, me acerqué a ella y comencé a lamer la leche de su espalda, pasando mi lengua por su concha y su culito, llenos de leche y de sus jugos.

Ella comenzó a gemir de nuevo, mi lengua le daba más placer, la lamí entera hasta secarla de leche y jugos, hundí mi lengua en su culo y clavé dos dedos en su concha, así le daba duro y rápido, ella gemía más y más, la comí toda hasta que otra vez acabó sobre mi boca y mis dedos, eso puso calientes otra vez a los machos que otra vez estaban sobre nosotras con sus vergas duras de nuevo, el chofer y el guardia tomaron a Laura y el negro me puso en cuatro patas en el piso y me dijo que iba a coger mi culo, empezó por comérmelo todo primero, y luego puso su verga en la entrada y tomando mis caderas me la clavó de un golpe, grité mezcla de dolor y placer, pero mi culo estaba lo suficientemente abierto para recibir esa enorme verga y la devoró completa.

Así me cogía fuerte y profundo, se agarró de mis tetas y me embestía duro y rápido, su verga se enterraba toda en mi culo, sentía sus huevos golpear mis nalgas en cada embestida, alcancé ver a Laura que ahora estaba sentada de espaldas clavada por el culo y con la otra verga clavada en su concha, gimiendo y gritando fuerte, llena de verga como antes lo estaba yo, que ahora tenía el culo lleno de una verga negra enorme, el ambiente estaba lleno de sexo y pasión, me di vuelta y ahora cabalgaba por el culo a verga del negro, me movía en círculos sobre esa verga enterrada en mi culo, así podía ver bien como Laura gozaba con la doble penetración, y como tenía otro orgasmo.

Entonces el que tenía en su concha, se levantó y se paró frente a mí, que seguía cabalgando la verga por el culo, y puso su verga entre mis tetas, la apretó con ellas y se movía cogiendo mis tetas, grandes y duras, el negro se movía más rápido, y el otro cogía mis pechos fuerte y rápido, cuando salía de entre ellas, la metía en mi boca un poco hasta que acabó entre mis tetas llenándolas de leche caliente, que corría por mi cuello, sobre mis pechos, en mi pezones duros, con su verga desparramó su leche por todas mis tetas, la puso en mi boca y se la chupé dejándola limpia de los restos de leche, al tiempo que el negro aceleraba más los movimientos y me concentré en cabalgar su verga, abría y cerraba mi culo succionando su verga, lo que lo hizo explotar en mi culo, sentí sus chorros de leche golpear en mi interior, inundando mi culo hasta su última gota, y haciéndome gozar una vez más.

Seguía moviéndome sobre la verga que se terminaba de convulsionar dentro de mi culo viendo como Laura también recibía la leche de su macho en su culo, entonces ambas nos levantamos y nuestros culos chorreaban leche que caía por nuestras piernas, ambas arrodilladas en el piso, nos besábamos y sentíamos nuestros cuerpos llenos de leche y jugos de placer, me dijo que era hora de un baño, pensé que nos iríamos a la ducha, pero al contrario, los tres hombres nos rodearon y como obedeciendo una orden, tomaron sus vergas y comenzaron a mear sobre nosotras, los chorros de líquido caliente y amarillo, golpeaba nuestras caras, corría por nuestras tetas, los dirigían de manera que no quedara nada de nuestros cuerpos sin cubrir, sentí como se estrellaban contra mi cara, no pude evitar tragar lo que llegaba a mi boca, Laura me besó y así juntas recibimos hasta el último chorro de meada.

Laura les dijo a los hombres que era su turno y ellos se acostaron en el piso uno al lado del otro, entonces ella se puso encima y comenzó a mearlos también, me uní a ella y así juntas le dimos una buena lluvia dorada por sus vergas, sus pechos y caras, para terminar les hicimos chupar nuestras conchas hasta que estuvieran bien limpias, entonces sí nos dirigimos al baño y nos duchamos con Laura, no sin poder evitar, darnos una buena cogida bajo la ducha y terminar juntas durmiendo desnudas en su cama.

Sentí como Laura me besó y desperté un poco, aun estaba algo agotada de la noche anterior, ella me dijo que ya volvía y que siguiera durmiendo, le hice caso, hasta que sentí como alguien me lamía las nalgas, imaginé que sería Laura, pero me sorprendí al verla junto a mí besándome, ella me tranquilizó y me dijo que había alguien que me deseaba desde que me vio y sobre todo poder coger mi culo, me di vuelta un poco y vi la cara del marido de Laura enterrada entre mis nalgas comiéndome el culo, un poco me sobresalté, después de todo él es uno de los dueños de le empresa en que trabajo, pero el trabajo de su lengua en mi culo me hizo dejar de pensar y gozar el momento.

Laura me decía que estuviera tranquila, que su marido había deseado coger mi culo desde el día que me conoció y que yo seguro lo iba a disfrutar, sentí como su lengua me recorría entera desde mi concha ya mojada hasta mi culito, siguió comiendo mi culo y ahora dándome dedo por la concha también, yo gozaba y Laura no paraba de besarme y acariciarme, ahora ayudó a su marido, me hizo levantar un poco mis caderas, poniendo mi culito en pompa, abrió mis nalgas y chupó la verga de su marido mojándola, sentí como él apoyó su verga en la entrada de mi culo y presionó, mi culo no opuso demasiada resistencia, aunque se notaba que la verga era grande como las de la noche anterior, definitivamente Laura elegía este tipo de vergas.

Empujó más y notó como mi culito absorbía su verga, comenzó a elogiar mi culito, diciendo lo hermoso que era y como se tragaba su verga y cuanto lo deseaba, empujó más fuerte y me la clavó casi entera, gemí fuerte, la sacó toda y otra vez me la dejó ir, esta vez clavándola hasta el fondo de mi culo y comenzó a moverse fuerte y duro, Laura apretaba mis nalgas, yo movía mi culito, lo que podía ya que estaba bajo todo su peso, el cual utilizaba para clavarme profundo, el placer me invadió por completo, gozaba como loca con esa verga dentro, el marido de Laura se movía muy bien, sabía como coger y me estaba dando fuerte y todo lo que tenía.

Aceleró sus movimientos, cogiéndome más fuerte y muy profundo, hasta hacerme acabar, las convulsiones de mi orgasmo hicieron que mi culito se contrajera succionando su verga, lo que lo llevó a una acabada impresionante, sentí mi culo llenarse de abundante leche espesa y caliente, su verga no paraba de lanzar leche y yo la exprimía con mi culo, él gritaba de placer, su verga no paraba de convulsionarse en mi culo, la sacó y desparramó sus últimas gotas en mis nalgas, mi culito desbordaba su leche y chorreo por mi concha, Laura lamió la verga de se esposo y luego mis nalgas y culito, bebiendo todo lo posible.

Él me dijo que había sido una cogida hermosa con un culo hermoso, se levantó y dijo que nos esperaba para desayunar, Laura me ayudó a levantarme ya que la cogida me había agotado, me llevó  al baño y juntas nos dimos un baño de inmersión, para relajarnos, luego bajamos a desayunar y más tarde volví a casa, habiendo descubierto que con Laura compartíamos aparte del trabajo, el gusto por el buen sexo y el placer, y que seguro esa no sería la única aventura sexual que viviríamos juntas.

Autora: angela_lobo

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Cura Cachondo

El cura proseguía gozando de Blanca con singular enjundia, cuando hubo un cambio de estrategia, deshicieron su abrazo y ella sin sacarse la polla, apoyándose sobre el escritorio, inició a subir y bajar sus caderas con movimientos cada vez más rápidos, daba gozo el ver las nalgas estrellarse contra los muslos del padre, tragando aquel jugoso coño el pene del sacerdote.

Regresábamos mi novia Blanca y yo en coche hacia Huelva desde Badajoz, era de noche, era la primera vez que hacíamos ese trayecto, el camino resultaba ser muy tortuoso, ya que habíamos cogido para acortar un atajo que nos recomendaron por la sierra, la cual estaba cubierta por vegetación frondosa, que incluso impedía ver normalmente el cielo. Al rato de circular por la sierra, empezamos a sospechar que nos habíamos perdido, estábamos fatigados, y según parecía perdidos. Durante veinte minutos más continuamos en el camino, hasta que se tornó recto y dar a llegar a un monasterio.

Al llegar a este, me bajé del coche para ver si en el monasterio había alguien que me pudiera guiar, y de camino estirar las piernas y tomar un poco de aire fresco. Segundos después, oí los pasos de mi novia acercándose a mí. Blanca es una mujer hermosa, 22 años, con un gran cuerpo donde resaltaba especialmente su cintura, sus caderas y su bello trasero, su rostro era atractivo, con grandes ojos azules, y una piel entre blanca y rojiza, encuadrada en una copiosa y prolongada cabellera rubia, es más en ocasiones, la habían confundido con extranjera. Llevaba un vestido rojo muy femenino, acinturado y con una caída extensa que le alcanzaba ligeramente la parte superior de sus rodillas.

Nos dirigimos a un costado del templo, donde se apercibía una luz encendida, golpeamos una puerta de madera con la ilusión de que nos escucharan. Al momento, oímos como descorrían la cerradura y nos acercamos a la puerta, esta se abrió y apareció un sacerdote calvo con lentes, con un hábito oscuro.

– Buenas noches, ¿qué desean?- Preguntó el sacerdote. – Disculpe la molestia a estas horas, pero queríamos solicitarle un pequeño favor. Contestó Blanca. – Sí, ¿en qué puedo servirles? – Nos hemos perdido, llevamos muchos kilómetros y no sabemos dónde estamos. – ¿Se han perdido?, dijo, normal, si no conocen la carretera, es fácil despistarse y más de noche. – Sí, dije yo, podía guiarnos, estamos cansados, muertos de sed y hambrientos, queremos llegar a Huelva lo antes posible. – Lo mejor que pueden hacer es quedarse a dormir aquí hoy, y continuar mañana por el día, es mejor en vuestra situación que partáis por el día, que será más fácil, además aquí hay camas de sobra, pues solo estoy yo en el convento.

Después de mirarnos, decidimos hacer eso, y le dijimos que vale, que nos quedábamos. Pasamos, él cerró la puerta y lo seguimos entrando a uno de los cuartos laterales de la iglesia, que tenía el aspecto de una menuda oficina, con muebles bastante sencillos, algunas sillas, un añejo escritorio de madera y un estante con libros debajo de la única ventana. Él nos comentaba que estaba solo porque las demás personas habían tenido que ir a la diócesis a no sé que cuestión y estarían fuera unos días. El cura nos ofreció café, ya que alimentos no tenía, lo que tomamos ambos con sumo gusto, él nos acompañó tomando algo de vino e inicio una alegre plática en la que nos distrajimos por un buen rato. Pronto se acabó el café y el padre nos brindó un poco de vino que era lo único que quedaba, sonreímos y aceptamos. Él fue a por dos vasos y por más vino, el hombre era atrayente en su trato, de mediana estatura, algo obeso, con pocos pelos negros debido a su calvicie, ojos castaños, piel clara y velluda, y con algo de papada, no como yo que era más alto que él, peso normal, moreno, ojos negros y piel tostadita.

La charla continuó, al igual que el consumo del vino, que mezclado con el cansancio del viaje, hizo que nos sintiéramos relajados y cómodos, la conversación y el consumo de vino continuaban, y sin darnos cuenta, los tres estábamos ya algo contentos, empezando a decirnos el sacerdote que era muy común que él estuviera solo en grandes lapsos de tiempo, que nuestra inesperada visita era un bálsamo para su habitual soledad, unido a las durezas que impone la vida religiosa, algunas de ellas durísimas de soportar.

– ¿Cuál es la más difícil? Preguntó Blanca terminándose de beber otro vaso de vino. – El lograr mantener con voto de castidad a este pobre. Respondió él, levantándose la parte delantera del hábito y enseñándonos que no llevaba ropa interior.

Nos quedamos sorprendidos al dejar su paquete al descubierto, por debajo de su grueso y peludo vientre tendía un miembro sumamente rollizo, que contaba con una gran mata de vello púbico que le coronaba, debajo quedaban unos testículos grandes. Según parecía, el hecho de mostrar su miembro con mi esposa ahí presente había causado cierto grado de excitación en ellos, y mi novia comenzó a exponer interés en esa polla, se percibía un brillo en su mirada. Arrimándose al sacerdote con cara de admiración, extendió su brazo derecho y con su mano albergó y mimó sus testículos, lo que produjo que la verga comenzara a erguirse, adquiriendo más longitud y más grosor.

Blanca se acuclillaba frente al padre, flexionando sus piernas y separando generosamente sus rodillas. Esto me dejaba pasmado, más que nada por el hecho de ver a mi esposa manoseándole las bolas a un cura, mostrándole su entrepierna cubierta con unas bragas blancas y aproximando cada vez más su rostro hacia ese pene. Me miró como solicitándome mi consentimiento, y yo dentro de mi asombro, asentí con un liviano movimiento de cabeza. Inmediatamente, sacando su lengua aspiró la pequeña gota de humedad de la punta del glande, exclamando, ¡Delicioso!.

Comenzó a darle lengüetazos a la base de la polla, lamiendo posteriormente el tronco a lo largo, hasta llegar a los testículos, donde se deleitó dándole con la lengua por todos sitios, metiéndose por turnos los testículos en la boca, mientras con su mano derecha le hacía la paja al párroco, el cual se mantenía parado pero plegando con ambas manos el frente del hábito. Ella viajaba con su lengua de forma ascendente, hasta llegar a la enorme cabeza de la verga, la cual engulló, fijando la cara de zorra que tenía en la cara del padre, instante en el que el sacerdote echó su cabeza hacia atrás y abrió la boca en un gesto de gozo. Blanca mamaba gozosamente el cipote, encajando sonoramente cada vez mayores porciones, observando con cara pícara su efecto en el rostro del sacerdote. La verga logró su máximo tamaño y dureza, el cura empezó a flexionar acompasadamente sus piernas metiendo grandes trozos del pene en la boca de mi esposa, deformándole a veces sus cachetes, ella como buena hembra, resistía los embates tragando la ración que le decretaba el padre, ensalivando con sus labios aquella polla.

El párroco comenzó a robar el control del escenario, estiró su brazo izquierdo para levantar el cabello de Blanca y manteniendo la correcta posición para seguir follándosela. La visión de ver a mi novia, acuclillada, con las piernas separadas y dejando ver sus mojadas bragas blancas, mamándosela a un representante de la Iglesia, era una visión muy caliente, esto hizo, que mi polla mostrara actividad, la mezcla de emoción, excitación y nervios había logrado excitarme al máximo, más aun cuando el único ruido que se escuchaba era el húmedo sonido del machacar la verga en la lagrimosa boca de ella.

Ella nos sonrió gozosamente, vanidosa por su gesto, su rostro estaba muy ensalivado, y con aquel miembro enfrente de su rostro. No aguanté más, la llevé hacia el viejo escritorio acostándola, situé su pierna izquierda en mi hombro, separando como podía la entrepierna de su braga, y le empotré mi polla en su inundada concha, mientras su pierna derecha estaba pegada a la mesa del escritorio. Mi pene entraba y salía fácilmente de ese jugoso coño, estaba más caliente y húmedo que nunca, el párroco logró adaptarse encima de la cara de mi novia, para que ella le retornara a lamer, volviéndole a encajarle la polla. Durante un gran rato conservamos la posición, solo alterada por él, que a veces cogía su verga y con ella azotaba el rostro de Blanca, quien con cierta desesperación esperaba a que se atajara el dulce castigo para retornar alegremente a seguir mamando, viendo como la calva cabeza del padre se llenaba de gotas.

Seguidamente, el cura se acostó en el escritorio y Blanca se colocó encima, se recogió su falda en la cintura, y tomando la verga con la mano derecha la dirigió a la entrada del depilado coño, el padre ayudaba, retirando con la mano sus braguitas hacia la nalga izquierda de ella, gradualmente pero fácilmente se introducía, hasta que solo quedaron los testículos fuera. El sacerdote situó sus manos en cada glúteo de mi novia, abrió ampliamente sus piernas, colocándose Blanca en los huecos, aprisionándola él con sus piernas, ambos quedaron encajados. La sala se inundó de jadeos y olor a sexo, yo me senté en una silla, contemplando la follada y pajeándome, podía ver el rojizo trasero de Blanca manoseado por el padre, quien le apartaba las nalgas abriéndole la hendidura del culo, mostrándome con total lujo de detalle la follada.

Observando como el cura proseguía gozando de Blanca con singular enjundia, continuaba masturbándome, cuando hubo un cambio de estrategia, deshicieron su abrazo y ella sin sacarse la polla, apoyándose sobre sus pies y manos sobre el escritorio, inició a subir y bajar sus caderas con movimientos cada vez más rápidos, daba gozo el ver las nalgas estrellarse contra los muslos del padre, tragando aquel jugoso coño el pene del sacerdote, era ella la que se lo follaba gozosamente, giró su cabeza y fijó su vista alegre en mí, mostrándome con su culo al aire la forma en que se tiraba al cura.

Me acerqué a ellos, situé una mano en las nalgas de Blanca, y ensalivándome el dedo medio de la otra mano recogía parte de los flujos de ellos con los que lubricaba el pequeño ano de mi novia, el párroco volvió a sujetar y separar las nalgas de ella, facilitándome el trabajo, introduje mi dedo en el ano de Blanca, no perturbándose ella, luego le metí dos e igual. Me quité mis pantalones y slip y con cuidado me subí también sobre el escritorio, acomodándome apropiadamente encima del trasero de ella, situé la punta de mi verga en el pequeño orificio y el diligente padre separó más el culo para facilitar la penetración, doblé las rodillas y efectué presión sobre el culo, entraba muy lentamente por la pequeña hendidura de las nalgas, hasta que la penetración resultó perfecta, quedando solo fuera mis testículos, gritando Blanca con ansia gozando de la doble penetración.

Esta enculada era diferente, no era como otras. Gradualmente sincronizamos e incrementamos nuestro martilleo sobre ella, las vergas entraban y salían cada una en su respectivo agujero, mi novia usando sus brazos se empujaba y mecía hacia atrás, deseosa de recibir la mayor ración posible de pollas. Seguimos reventando intensamente a Blanca, el apretado ano me oprimía deliciosamente el pene y a la vez sentía la polla del sacerdote, la cual alcanzó su primera eyaculación, pude sentir a través de mi pene como anegaba de leche la vagina de mi novia, convulsionándose ella, teniendo un gran orgasmo al sentirlo, que crearon pequeñas contracciones de su ano sobre mi polla. La cantidad de semen arrojada fue bestial, su verga ocupaba tan plenamente el coño de ella, que la leche empezó a escurrir fuera, deslizándose por el tronco del miembro, dejando pringoso el todavía embutido cipote, junto con los testículos del clérigo.

Yo continuaba castigando el culo de Blanca como al quitarme yo, él bombeó un poco a mi novia, y enseguida le dijo que se arrodillara para darle su bendición, ella así lo hizo, abrió la boca, sacó la lengua, y el sacerdote restregó la verga en ella, pajeándose a la vez, hasta que empezó a correrse, la primera leche bendita cruzó la cara de Blanca llegando incluso al cabello, después un flujo más lento y espeso que depositó en la lengua de ella, Blanca la metió de vuelta en su boca y lo degustó tragándoselo todo, después ella volvió a tragar la polla del cura, chupándola hasta sorberle los últimos restos de leche.

Después nos vestimos, y nos fuimos a dormir, partiendo el día siguiente hacia Huelva por donde nos recomendó el sacerdote, llegando sin problemas.

Autor: Fary

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Helen, mi maestra

Comencé a moverme queriendo romperle el culo, Helen me dio a entender cuál era la cadencia que quería y yo respondí dándole bien fuerte, esta mujer no tenía reparos para el sexo, lo disfrutaba horrores, gemía, decía cosas calientes y pedía verga a los gritos y yo estaba extasiado de estar con alguien tan genial que no tardé más de cinco minutos en decirle que le tiraba mi leche en su culo.

Si alguno de los lectores ha tenido ocasión de leer mis anteriores relatos en esta muy buena página, podrá comprender las razones o motivos de mi especial gusto por mujeres de 40 años o poco más y la suerte que me ha acompañado de que todas ellas, solteras y/o casadas, fueran muy buenas amantes que sabían disfrutar del sexo en su totalidad y sin reparos.

Desde mi más temprana edad adulta tuve la suerte de conocer siempre mujeres que al momento de llegar a la intimidad se han abierto a las experiencias sin miramientos o tabúes y eso ha sido muy beneficioso, pues cada nueva experiencia me permitió conocer más de la naturaleza femenina, de cómo es esa compleja máquina de amar, sus deseos, gustos y, por sobre todo, de cómo tratarlas al tiempo de darles placer.

Celeste siempre estuvo allí, nunca se opuso a que fuera de nuestra relación yo buscara el amor de una mujer para formar una unión duradera y, mucho menos, que conociera a otras e incrementara mis experiencias, lo único que nunca hice con ella fue contarle de cada mujer que había conocido e intimado, porque lo que nos unía además de la atracción y el afecto era por sobre todo el respeto del otro y su integridad de persona con sentimientos, pensamientos y deseos.

Desde mi inicio sexual junto a Celeste en los tiernos años de la adolescencia fueron pasando los años y además de las relaciones con ella fueron pasando diversas novias, amigas o compañeras de estudios e, incluso, un matrimonio que duró poco. Después de cumplir mis 26 años, yo ya había terminado mis estudios universitarios, había tenido un hijo maravilloso, trabajaba en mi profesión y, como todo divorciado, vivía en un departamento de tan solo dos ambientes, cocina, baño y balcón exterior y, todas esas comodidades me daban las posibilidades de tener una vida sexual intensamente activa, con visitas a mi casa de novias, amigas y amantes con total libertad.

Esos años que corrieron entre los 26 y los 33 han sido los mejores años de mi vida y los más intensos y precisamente de ese periodo de mi vida quiero relatarles hoy a los estimados lectores la historia vivida con Helen. Para ir entrando en nuestra historias les contaré brevemente los antecedentes y como llegamos a conocernos con Helen. Ya dije recién, yo contaba con 26 años, vivía en un barrio de la ciudad de Buenos Aires donde lo mejor era el ambiente de su gente, muchos jóvenes que estudian, lindas calles y parques o plazas, donde se notaba siempre un espíritu jovial y donde las mujeres destacan por su simplicidad y buena educación.Yo vivía en un sexto piso con balcón a la calle y su orientación hacia el nor-noreste, permitía que en los meses de octubre a marzo (primavera y verano) uno pudiera tomar el sol sin salir de la casa y eso hacía yo precisamente sentándome siempre en el balcón a leer en shorts de baño o deportivos y disfrutar del lugar y la tranquilidad, máxime que mi trabajo de oficina sólo cubría el horario de 7.00 AM hasta las 3.00 PM o 15.00 horas y me dejaba toda la tarde hasta las 19.00 PM para disfrutar del sol y mi casa.

Ni que decirles a los lectores que cuando no me encontraba leyendo, escuchando música o haciendo algo de la casa, me la pasaba al sol en el balcón y observando la vecindad y fue así que descubrí a Helen y su amiga Patricia. Helen resultó ser una mujer de nacionalidad Europea oriental que vino a la Argentina de joven junto a sus padres y un hermano saliendo de un país bajo la influencia de la Unión Soviética, soltera a los 38 años de edad en que la conocí, trabajaba como secretaria en una institución por el horario de las mañanas y por las tardes se recluía en su departamento. Pese a la gran cantidad de años en que vivía en Buenos Aires, su acento y forma de hablar dejaban notar su ascendencia europea, vivía sola en un apartamento de tres ambientes donde todos daban a la calle, dos habitaciones y una sala de estar confortable y ubicado tan solo dos pisos más abajo del mío cruzando la calle y un poco hacia la derecha, digamos que entre su balcón y el de mi casa habría unos 30 a 40 metros de distancia, máximos.

La primera vez que noté su presencia en su casa ella se encontraba echada en un sillón de tres cuerpos viendo la televisión, y desde ese primer momento no pude dejar de observarla pues era una mujer muy apetecible. Ella usaba por entonces el cabello por sobre sus hombros, de color rubio y reflejos de tintura más clara que le daban un brillo especial a su rostro, la piel blanca como la nieve o la leche, una boca de labios finos, con amplia sonrisa donde resaltaban sus blancos dientes como un collar de perlas y, lo mejor de todo y que más recuerdo, unos ojos claros, de color verde suave con pintas marrones pequeñas que cuando los veías quedabas como hipnotizado.

El cuerpo de Helen no era el de una mujer joven pero si era delgada, no era de esas que van al gimnasio a modelar y no lo necesitaba, su altura era poco más de 1,75 cms, tal vez 1,80. Los pechos no eran grandes, incluso, mis manos en ellos parecían enormes y pese a que me gustan de pechos grandes las mujeres, los suyos tenían la ventaja que con la edad aun se mantenían firmes. Sus brazos eran largos y sus manos grandes con unos dedos finos y alargados que siempre tenía bien cuidados en lo estético, usaba esmaltes de color rojo en las uñas y pocas joyas, un anillo o dos a lo sumo.

Sus piernas eran tan largas que podemos decir que era la mejor parte de su bien conservada forma física, por su condición de delgada no tenía celulitis, era de muslos firmes y sus pantorrillas eran fuertes pero estéticamente delicadas y los zapatos de tacón le daban un aspecto de mujer sensual y de una finura que eran envidiables.

Es decir amigos, que sin ser una modelo, Helen tenía toda la belleza de una mujer que se sabe arreglar, que sabe como gradar a los hombres y junto a la experiencia personal que tenía como luego lo comprobé hacían de ella un espécimen femenino casi irresistible. Pasó poco tiempo desde que vi por primera vez a Helen y tuve oportunidad de conocerla y en ese tiempo siempre la había visto en su sala, viendo sola la televisión y/o circulando por su casa y la única vez que la vi en su habitación fue después de una ducha, intentando ir a dormir y, como ella sabía que desde el frente yo la observaba, bajó las persianas impidiéndome una visión completa de ella y como la odie ese dia por privarme de tamaño espectáculo.

Los días transcurrían sin mayor novedad y estando una tarde a principios del mes de diciembre en casa con mi mejor amigo Matías, pudimos ver a Helen que estaba en su casa, en su sillón pero en compañía de una amiga. Esa era Patricia, también de 40 años, divorciada, psicóloga, más baja que Helen pero de buenas formas, algo más rellenita pero apetecible. Ya Matías conocía de mi vouyerismo con Helen y estando ambos en el balcón disfrutando del sol y bronceándonos, nos quedamos observando la actividad de ambas mujeres y allí se dio todo para que las conociéramos. Desde nuestro lugar de observación en nuestro balcón podíamos ver claramente que ellas se encontraban hablando de que siempre era observado el departamento por mi o mis amigos, pues constantemente la amiga de Helen se asomaba por la ventana y miraba hacia arriba hasta nuestra ubicación e incluso, en un momento ambas salieron al balcón a tomar aire y ver la calle y allí estuvieron por varios minutos.

Es obvio que todo ese largo tiempo los comentarios entre Matías y yo trataron con exclusividad la existencia de ambas mujeres y cuando entraron ellas al departamento no quedamos con la bronca de no haber hecho el intento de contactarlas pero, la vida te da segundas oportunidades y ese mismo día sucedió eso.

Unos quince minutos después que las mujeres se metieran en el apartamento, las vimos salir por la puerta de calle, cruzaron la calle en dirección opuesta a la entrada de mi edificio y claramente pudimos verlas observando nuestra presencia aun en el balcón y cinco minutos después regresaron haciendo el camino inverso y otra vez lo mismo que antes, su mirada en el balcón. Fue entonces que sin pérdida de tiempo, a puro grito desde el piso sexto hacia la calle, comenzamos un dialogo, invitándolas a subir a nuestro departamento y ellas, con risas y carcajadas, depusieron la invitación con cortesía y nos saludaban con sus manos extendidas hacia lo alto. Que bronca sumamos en ese momento, no podía ser que aquellas mujeres se escaparan tan fácilmente de nuestros deseos, sólo el humor y gracia de Matías que bromeaba con las circunstancia hacía que todo eso fuera menos terrible, máxime cuando llevas semanas deseando ese instante y donde era obvio que ya existía un interés común de ambas partes.

Ellas entraron al edificio, nosotros volvimos a nuestro descanso bajo el sol y no fue sino hasta unos veinte minutos después que volvimos a descubrir a ambas mujeres en el balcón, mirando disimuladamente nuestra permanencia en aquel lugar y desde donde podía oírse levemente la risa de la amiga de Helen. Otra vez volvimos a la carga ambos, ahora con más insistencia y desesperación, ellas con señas rechazaban la invitación a que vinieran a mi casa, sonreían, hablaban entre ellas y volvían a hacerse las desentendidas del tema, haciendo de todo esto un juego de seducción infernal que sólo elevaba nuestra temperatura más que el mismo sol bajo el que nosotros nos encontrábamos.

Tras unos treinta minutos de insistentes actos de invitación a iniciar un contacto entre todos, fue Helen la que cambió todo y cortésmente nos invitó a ir para su casa y sin siquiera esperar un instante tanto Matías como yo respondimos afirmativamente, nos dio el número de departamento y tres minutos después estábamos tocando el portero eléctrico del departamento de Helen. Eran como las 18.00 horas, aproximadamente, cuando llegamos al departamento de Helen, ella nos hizo subir y al llegar a arriba nos abrió la puerta y nos presentamos:

– Hola, yo soy Paco, tu vecino de enfrente y él es Matías, mi mejor amigo.- Hola, pasen (dijo ella), Yo soy Helen y ella mi amiga Patricia, pasen (risas por lo bajo).

Los cuatro nos ubicamos en la sala del departamento, ellas sentadas al sillón de tres cuerpos desde el cual se veía mi balcón, Helen más cerca de la ventana de su propio balcón y su amiga hacia el interior, Matías a un costado, de frente a la ventana y a mí y yo a la izquierda de la dueña de casa y de espaldas a la ventana. Helen se encontraba vestida con un pantalón de jeans color azul oscuro, una blusa liviana y de mangas cortas color negro y unas sandalias bajas, Patricia vestía una falda que pertenecía a un trajecito tipo ejecutivo color beige, zapatos cerrados al tono y una blusa blanca, Matías y yo sólo zapatillas, playera y pantalón short de baño.

Comenzamos una charla bajo los nervios propios de la situación, comentamos actividades de cada uno, edades, estado civil, actividades sociales, etc. y nos fuimos soltando para conocernos mejor.

Inmediatamente tras las cortesías de rigor y de convidarnos un vino que todos nos pusimos a saborear mientras hablábamos, Helen fue directamente al punto y desató el mismo con un comentario simple pero eficaz para romper el hielo y dijo: -Te he visto casi a diario en tu balcón tomando el sol para poder observar el movimiento de mi departamento. Su frase sonó como una bomba en mis oídos, no me lo esperaba en ese momento y menos de forma tan clara y estridente. Reaccioné de inmediato y sin esquivar el bulto, le contesté:

– Es cierto. Hace como más de ocho meses que vivo en el edificio de enfrente pero recién hace un par de meses que noté que vivías acá y ahora es imposible ocultar que en estos dos meses te he visto más de una vez y que, incluso, hasta he esperado por verte cada día porque desde allí arriba tu imagen es espléndida y un gusto infinito y todo eso me dio ganas de conocerte, por eso estamos acá, ¿No? Ella echó a reír por la respuesta franca que le había dado y Matías agregó unos comentarios más sobre nuestras propias conversaciones donde o le había dicho que me gustaría encontrarla en la calle para hablarle o algo que me permitiera decirle que me gustaba. La reacción de ambas mujeres fue de risas, nos veían no como a dos adolescentes pero si como a dos hombres jóvenes, pensando que éramos inexpertos con las mujeres y como abordarlas y parecían querer jugar con nosotros y divertirse.

El tema de conversación se centró en las relaciones de todos, en que no había compromisos, novios, ni parejas, en reconocer que Helen me tenía loco y que de saber que había amigas como ella cerca algo hubiéramos inventado para acercarnos antes y de parte de ellas a hacerse las mujeres interesantes, reír, bromear al respecto y dejar ver que la situación era del agrado de ambas.

Habremos estado una hora o más charlando abiertamente entre todos y el vino se había acabado, le di mis llaves a Matías para que buscara una o dos botellas de mi casa y salió para allá junto a Patricia mientras Helen y yo quedamos en casa de ella esperando. Cuando se notó que Matías llegó a mi departamento, Helen me avisó y me pidió que me acercara para ver desde allí como se veía cuando ella notaba que había gente en mi casa. De inmediato me senté a su lado en el sillón, bien cerca de ella y miré para arriba a mi balcón, sólo se podía ver la luz encendida y parte del interior del techo de la sala, era necesario que alguien se acercara a la ventana para ver quien estaba ahí.

Justo en ese momento me di cuenta de que si ella quería mostrarme como se veía de abajo era porque ella también miraba buscando la presencia de personas en mi casa u observaba mis movimientos desde su lugar y eso me alegró y me dio el impulso necesario para avanzar con ella. Así sentados uno al lado del otro y mirando para mi departamento estuvimos un instante y al volverse ella para hacerme algún comentario yo no le di tiempo a nada, me le acerqué lento y decidido y tomándola del rostro la acerqué más para comenzar a besarla. En esa fracción de segundo pude ver como su rostro no denotaba sorpresa, sino agrado; como ella se dejó llevar por mis manos que la atraían y ladeando un poco su cabeza, cerrando los ojos y entreabriendo la boca, se ofreció para ese primer beso.

Al hacer contacto mis labios con los suyos mi lengua penetró su boca y comenzamos a jugar con ambas, dábamos vueltas entre una y la otra, las rozábamos, hurgábamos en el interior de nuestras bocas y un instante mi lengua estaba en su interior y ella me la succionaba con voracidad y al instante era a la inversa. Sin soltarle el rostro me acerqué más a ella mientras ese beso se prolongaba en el infinito y con mi otra mano la tomé de su cintura y recién allí pude sentir como ella rodeó mi cuello con sus largos brazos fundiéndonos en uno solo.

No sé cuantos minutos duró ese primer beso, porque sólo nos separamos cuando se sintió la puerta de la casa de Helen y entraron Matías y Patricia portando las botellas de vino que habían ido a buscar y nos encontraron en trance sobre el sillón. Nos dejamos de besar en ese instante y como si nada, nos levantamos para ir a tomar las botellas y dirigirnos a la cocina para abrirlas e invitamos a nuestros amigos para que se acomodaran mientras les traíamos el vino. Abrir y servir el vino no tardó más de dos o tres minutos (incluyendo mis caricias a ella o las de Helen hacia mi mientras el otro se ocupaba de la tarea) y al regresar a la sala nos sorprendimos de ver a Matías y Patricia, de pie junto al sillón y también besándose.

Los dejamos hacer, nos llegamos hasta nuestros lugares y continuamos charlando y solo para entonces ambos amigos se dieron cuenta de nuestra presencia y se acercaron para compartir el momento todos juntos y beber el vino. Seguimos todos charlando como por una hora, más o menos, en la cual nos bebimos toda la nueva botella de vino los cuatro. Cada tanto las parejas nos besábamos y seguíamos luego con la charla y el clima se iba distendiendo entre todos y subiendo el tono de excitación que ya nos embriaga tanto como el vino que disfrutábamos.

Matías se puso a besar a Patricia en un rincón de la sala y desde donde estábamos Helen y yo se podía ver cómo le metía mano por el cuerpo y sobre la ropa a Patricia y ella disfrutándolo. La escena era como ver una película o escena erótica (no porno) y nos hizo entrar en calor también a nosotros y de inmediato comenzamos a besarnos los dos sin importar lo que nuestros acompañantes hacían al otro lado y mis manos comenzaron a acariciar el cuerpo de Helen con suavidad, primero por su espalda y cintura, luego subiendo por la blusa hasta sentir los pechos en mis manos y las manos de ella bajando por mi pecho hasta situarse sobre el bulto debajo de mis short de baño y comenzar a acariciar suave mi pene que ya estaba en plena erección desde hacia como media hora y no se me podía bajar. Estuvimos besándonos así por largo rato y mis manos comenzaban a desabotonar la blusa de Helen cuando siento la voz de Matías que me interrumpe y dice:

– ¡Paco! Hey Paco, nosotros nos vamos a tu departamento y nos vemos después ¿OK? – Claro, vos sabes dónde está todo, tomen lo que quieran y nos vemos después o mañana.

Me volví para ver a Helen y seguimos besándonos e inmediatamente se sintió la puerta del departamento abrir y cerrarse atrás nuestro y nos quedamos solos allí. Nos levantamos tal y como estábamos a medio vestir o, mejor dicho, desvestir y nos encaminamos hacia el sillón de la sala pero Helen me tomó de la mano, me guió por el pasillo hacia las habitaciones y me llevó a la suya. Al llegar ella encendió la luz del techo, caminó por un lado de la cama y encendió la luz de mesa de noche y volvió para la puerta a apagar la otra. Yo permanecía en la puerta reconociendo la habitación desde un ángulo que no conocía, tenía una cama de dos plazas, con ambas mesas de noche a su lado y por sobre toda la pared encima de ella y en una altura de unos 40 centímetros dos estantes de biblioteca que estaban llenas de libros. Frente a la cama se veían las puertas del placard y del lado de enfrente a la puerta de entrada la puerta del baño de la casa.

Ella se acercó a mí, me volvió a besar y me introdujo en la habitación, me hizo sentar en la cama y me soltó. De inmediato se comenzó a quitar la ropa frente a mi dándome un espectáculo que muchas veces imaginé desde el balcón de enfrente pero que jamás pude ver, ni tampoco conocer lo espectacular que era.

Comenzó abriendo sus pantalones de jean y dejando sus sandalias a un lado y con un movimiento de sus caderas y piernas en lento vaivén comenzó a bajarlo colocando las manos sobre las nalgas y tirando o deslizándolo hacia abajo hasta que pasó las caderas y solo cayó hasta los pies. Entonces levantó un pie y luego el otro para despojarse definitivamente del pantalón y dejarlo tendido en el suelo de la habitación. Acarició mi rostro suavemente con su mano y de inmediato comenzó a desabotonar los dos botones que le quedaban prendidos a su blusa negra, la abrió suavemente con sus dos manos y con un dulce movimiento de los hombros la dejó caer por su espalda y abrió los brazos para que en su caída la prenda pudiera llegar al suelo también.

Ahí estaba Helen, tan sólo en su ropa interior de color negro frente a mis ojos, sus pechos (como dije no eran grandes) estaban bajo un sostén de esos que tienen relleno en su base y hacen que tomen una forma redonda y más abultada que hacen que sobresalgan por encima de la tela esa parte de piel suave y sedosa y bajo la prenda sus pezones se marcaban con fuerza de lo erectos que estaban.

Su bombacha era negra también, no de esas que siempre se describen aquí como tanga o de hilo dental, eran normales, un triángulo al frente que era brilloso y compacto frente a su pubis y que en los laterales tenía un bordado o encaje que subía trepando por las caderas hasta convertirse en una banda que la cruzaba hacia la cola y que al darse vuelta pude ver como la tela de la parte trasera le cruzaba ambas nalgas a la mitad formando otro triangulo y se le introducía en la raya del culo poco antes de llegar al final y se perdía hasta su unión con la tela frontal.

En ese momento me quité mis zapatillas como pude con los pies sin agacharme para no dejar de verla y raudamente me quité la playera quedando sólo en mis short de baño que usaba para tomar el sol en mi casa horas antes. Ella tomó desde atrás su sostén y lo desabrochó y con un movimiento inverso al de la blusa lo dejó caer por el frente hasta el piso y apoyó sus manos en mis hombros lo que me permitió una visión de sus pechos completa. Esas dos masas de carne eran un sueño, la piel parecía más de una mujer de 20 que de una de 40, no tenía arrugas ni piel que le sobrara, eran con la forma de dos gotas de agua y por la parte media baja coronados por dos pezones color oscuro que apuntaban hacia el techo en una evidente erección.

Ahí la tomé por su cintura y la acerqué para besarla otra vez y ella se prendió a mí como una bomba succionadora y me abrazó por el cuello con sus delgados y largos brazos y del peso de ambos nos dejamos caer sobre la cama, yo por abajo y ella sobre mi cuerpo. Mis manos automáticamente comenzaron a acariciar su espalda y costados, aprovechando esa posición trataba de acariciar sus pechos pero el contacto de ellos con el mío me lo impedía, decidiendo entonces continuar con su cuerpo hacia abajo y meter mis manos por sobre sus nalgas y bajo el calzón o bombacha. Me deleité acariciándola de esa forma por largos minutos mientras ambos disfrutábamos de ese beso interminable, mis manos aferraban sus nalgas, jugaba con ellas apretándolas, separándolas, acariciándolas en movimientos circulares o subiendo y bajando mis manos a voluntad y mientras hacía esto, ella fregaba su sexo sobre el mío aumentando nuestra excitación.

Al meter mis manos bajo esa prenda pude sentir de inmediato la humedad de su sexo que mojaba la ropa interior y ayudado por esa humedad mis dedos se fueron lubricando y los fui usando para esparcir por toda la zona entre la vagina y el ano todo su flujo y poder jugar dándole placer por todos lados. Las manos de Helen seguían abrazándome por el cuello y nuestras bocas devorándose con ansiedad y ella con movimientos intensos se frotaba sobre mi sexo hasta que la sentí venir en el primer orgasmo que ella anunció soltando mi boca para poder gemir a gusto mientras su cuerpo se convulsionaba, tensionaba y liberaba una gran cantidad de energía. En ese instante para ayudarla a disfrutar mis manos la aferraron con más fuerza, la pegué a mis caderas aumentando la presión de nuestros cuerpos y froté mi sexo con furia por toda la zona y ella solo permaneció quieta sintiendo como simulaba penetrarla en esa posición. Tardó un instante en recobrarse del orgasmo, se acomodó el cabello volvió a besarme solo con los labios y luego con dulzura me dijo:

– Uff, hacía mucho que no sentía así, tantos meses sin pareja casi me habían hecho olvidar lo que se siente y se siente rico, de maravillas y como lo extrañé. – Pues mejor que estamos de vuelta, dije yo. Y más que te ha tocado conmigo revivirlo con todo lo que he fantaseado desde la otra vereda contigo y todo esto, para mi es perfecto. Ella volvió a besarme y me dijo: -Déjame sacar la bombacha y seguimos, porque ni muerta te dejo ir ahora hasta que los dos estemos satisfechos.

Se puso de pie al final de la cama y comenzó a quitar sus calzones y yo aproveché para levantar mis caderas y piernas y hacer lo mismo con mis short de baño y quedarme en pelotas como ella, listo para lo que seguía. Caminó por el costado de la cama que daba hacia la pared opuesta a la ventana del balcón y se sentó junto a la mesa de noche, sacó de ella una pluma de ave, color entre salmón y rojo, se recostó y me invitó a su lado haciéndome recostar junto a su cuerpo. Helen se reclinó sobre mi con la pluma en la mano y me dijo:

– Yo disfruto mucho de las sensaciones, me gusta sentir todo en mi cuerpo, jugar con mi hombre y ahora te voy a mostrar a vos como es.

Dicho esto, comenzó a besarme suavemente en el rostro y con la pluma comenzó a jugar con la punta en mis propios pezones. Madre mía que sensación tan tremenda. Si como les cuento, al que no lo haya probado, se lo recomiendo. Primero sentí el tacto suave de la pluma de ave con mi piel y de inmediato, cuando inició el juego con mis pezones, me invadió una electricidad que aumentó mi excitación un ciento por ciento. Con todo eso hizo que se me erizara toda la piel, los pelos de la nuca y, porque no decirlo, los del culo también.

Pero no acabó con ello en tan solo eso, luego de estar un buen rato dándome esas caricias (casi cosquillas) sobre los pezones, bajó por mi vientre, pasó por el ombligo y siguió su curso para abajo. Ella al llegar a mi pelvis inició la caricia por el tronco de mi verga, por sobre el frente llegando a mis huevos, subiendo y bajando varias veces y después, ayudándose con los dedos, bajó mi prepucio y descubrió el glande, todo rojo y húmedo por mis líquidos pre-seminales y comenzó a pasar la pluma por toda la cabeza, jugando por la punta y el orificio y volviendo a la punta.

Si mis amigos, juro que eso hizo por un largo rato y de lo agradable que es ya me tenía listo para soltar toda mi descarga ahí mismo y aun no me había tocado como yo imaginaba que sería o como la costumbre en el sexo nos indica. Tan fascinante era ese momento, verla jugar así conmigo, como lo disfrutaba, que yo no cabía dentro de mi cuerpo y si lo están pensando, si se los recomiendo, vayan y compren o busquen una pluma y ténganla siempre a mano, verán que no se arrepienten jamás de usarla. Tuve que parar sus caricias de ese modo diciéndole que me haría soltar mi semen si continuaba y entonces ella se rió a carcajadas y dijo: Está bien, está bien, no quiero que la sueltes todavía. Soltó la pluma sobre el colchón de la cama y de inmediato tomo mi verga en sus manos, acercó su rostro un poco más y de una sola bocanada se la introdujo toda hasta la garganta mojándola con su saliva al irla sacando.

Cuando llegó a la cabeza, jugó con la boca abierta a darle lamidas con su lengua y otra vez volvió a comérsela íntegra para comenzar una paja con sus manos mientras su cabeza comenzó a subir y bajar al unísono acompañando ese movimiento. Las cosas no estaban para que se quedara haciendo eso, yo ya tenía un calentón como jamás me había tocado antes y no podía aguantarme tanto placer y le dije que quería acabar y de inmediato me soltó y dijo: No, aun no por favor me toca a mi sentirte. Me dio la pluma a mi y se recostó en la cama boca arriba, abrió sus piernas un poco y dijo, juega conmigo como yo con vos, eso me vuelve loca. Comencé por acariciarle su rostro, la nariz, orejas y bajando por el cuello me dirigí a sus pezones, primero uno y luego el otro. Utilizaba la pluma como su fuera un pluma estilográfica y le estuviera dibujando su cuerpo, dibuje el contorno de sus pechos, la aureola del pezón marcando el circulo que lo diferencia del resto del órgano y luego jugué con la punta de la pluma sobre la punta erecta del pezón y salté para hacerle lo mismo en el otro pecho.

Mientras tallaba la forma de sus pechos, las manos de Helen comenzaron a jugar con su concha, abrieron sus labios vaginales y los dedos recorrían toda la extensión del sexo intentando meterse o al subir frotarse con intensidad sobre el clítoris.

Yo seguí jugando en los pechos acompañando sus movimientos y luego también bajé hacia su gruta para hacerle lo mismo que me hizo a mí. Al ir descendiendo noté como tenía la piel como de gallina y se la acaricié con mi mano para ir directamente con la pluma a su sexo. Al estar allí primero lo pasé por los lados, allí donde el torso y las piernas forman la entrepierna de la mujer, donde se le forma esa hendidura plana que marca la articulación y bajé hasta donde se une ella con las nalgas. Luego salté directamente a jugar con la pluma sobre el clítoris. Helen tenía sus piernas completamente abiertas, yo arrodillado entre ellas, sus manos abrían la vagina para mí y con sólo la pluma me dispuse a jugar con ese botón de placer que aparecía completamente erecto y sobresalía del contorno un par de centímetros dejando ver en evidencia su excitación.

Al primer toque de la pluma su cuerpo se estremeció, jugué suave y lento como ella me mostró para hacerlo, y ella se fue relajando y entregando a la caricia para dejar que aumentara el placer que le estaba dando. Estuve acariciándola así por unos cinco minutos o más, solo dando círculos en la punta de su clítoris y ya sus caderas se movían con una cadencia similar a la que se hace cuando la estás penetrando. Ahí decidí innovar y a la par de la pluma fui acariciando la parte inferior con mi dedo índice que cada tanto lo introducida y sacaba lentamente del interior de su sexo. Ella soltó a gemir en voz alta, hablaba diciéndome como se sentía, como le gustaba ese juego y que yo había aprendido bien, que no dejara de usar la pluma y hasta me pidió que metiera dos dedos por su vagina cosa que hice sin más. Esta parte del juego había hecho o logrado que mi excitación no fuera tanta como la que sentía cuando ella jugó conmigo y eso me dejaba más tranquilo porque no quería terminar apenas la penetrara y entonces le dije:

– Helen, esto es genial, pero ahora te quiero mostrar cómo me gusta jugar a mí.

Solté de inmediato la pluma, me hice unos centímetros para atrás con mis piernas hasta quedar a la altura de sus pies y me recliné para darle una buena chupada a su sexo que para ese momento era un mar de jugos y excitación. Mis manos tomaron los labios exteriores de su vagina y los abrí lo más posible y comencé a darle lamidas con mi lengua. Las manos de Helen buscaron de inmediato sus pezones para retorcerlos, estirarlos y acariciarlos a gusto. Mi lengua recogió cada gota de flujo para bebérmelo y dejar su sexo seco por completo, busque su clítoris, lo coloque entre mis dientes incisivos y con la punta de la lengua le daba pequeños golpes a una alta velocidad haciendo que las cosquillas de la pluma se intensificaran más.

Mientras me comía su clítoris, metí mi dedo medio en su vagina, lo giré varias veces para que se humedezca y lo saque con fuerza y rozándolo desde la vagina lo dirigía su ano donde inicié una penetración suave pero sostenida y pude sentir como la zona se dilataba dejándome metérselo casi por completo. Una vez que estaba adentro inicié un movimiento de entra y sale, girando cada tanto el dedo para que entrara en otra posición, todo esto sin dejar de lamerle el clítoris y ella comenzó un movimiento de caderas que me facilitaba la penetración con el dedo. Instantes después Helen me estaba pidiendo que metiera otro dedo más y así lo hice y comencé a darle con los dedos como si la cogiera por el culo y con más fuerza cada vez que entraba. Fueron pocos movimientos que hice en esa situación cuando ella misma comenzó a gritar:

– Sí, dámelos así, con más fuerza. Dame fuerte Paco que me vengo. Dame mi amor que no resisto más. Ahhhhhhggggg y soltó un orgasmo fortísimo que llenó la habitación.

Ahí dejé de lamerle y lentamente saqué mis dedos de su culo para montarme sobre su cuerpo y besarla. Ella se abrazó a mí y todavía temblaba de forma incontrolable y rodeó mi cadera con ese par de piernas largas que tenía anudando sus talones en mi espalda y quedo completamente agarrada a mí.

Helen metió una mano por entre nuestros cuerpos, buscó mi verga que estaba completamente dura y la enfiló para su concha. Sólo fue necesario un movimiento de mis caderas para comenzar una penetración de un solo movimiento y hasta el fondo. Ella levantó un poco su cadera para permitirme entrar bien hondo y mi pene se deslizó a lo largo de su vagina como un cuchillo candente sobre la manteca. Cuando estuvo todo adentro, seguíamos besándonos y abrazados y sin mediar palabra iniciamos el movimiento de mete y saca, suave, lento, quedando un instante cuando llegaba a fondo y vuelta a empezar otra vez.

Con el correr del tiempo los movimientos se comenzaron a intensificar y las respiraciones a agitar, todo lo cual nos provocó que nos dejáramos de besar. Ella quedó con sus manos sobre mi cuello y yo me elevé por sobre su cuerpo apoyándome en las manos y brazos estirados y desde esa posición nuestros movimientos eran más libres. Solo sonaba en la habitación el sonido del elástico de la cama y el movimiento que le imprimían nuestros cuerpos al mueble. Entonces pasé mis manos por debajo de sus piernas para levantárselas más y ella me correspondió con un movimiento casi de atleta elevando su cadera un poco para que mi penetración fuera casi vertical, como cuando se perfora la tierra clavando una estaca. La intensidad de movimiento se hizo aun mayor y los gemidos de ambos hacían notar que se acercaba el momento del clímax, el orgasmo tan deseado y buscado.

Fue entonces cuando esta maravillosa mujer me sorprendió donde yo ya creía que nada más podría hacerse. Si ella hizo un simple movimiento que a mí me sorprendió pero que me excitó tanto que comencé a darle verga sin controlarme, quería partirla en dos partes, quería reventarle el sexo con mi verga y que así lo sintiera ella y ya se preguntaran que hizo, pues así fue que sucedió.

En la clásica posición del misionero, las piernas de ella enganchadas en mis antebrazos y flexionadas por la parte de sus rodillas y yo dándole verga con intensidad, ella estiró sus brazos, tomó sus dos tobillos con las manos desde la parte interior y con fuerza tiró a los lados de ambas piernas con sus brazos logrando que ella se abriera de piernas como una bailarina clásica hasta quedar en forma completamente paralela al colchón de la cama y todo el espacio de su sexo en contacto con mi verga completamente despejada lo que permitió que cada estocada llegara más hondo o más al fondo de su ser.

Sí, eso me puso como loco, ¡que mujer!, como le gustaba el sexo y cuanto sabia de cómo lograr su goce a plenitud y no pude más que entregarme a darle todo lo que tenía dentro de mí y comencé a darle con fuerza, como si fuera un taladro de un pozo petrolero, metiéndome en su caverna cada vez más y más, resonando el ruido de los golpes de las caderas, pelvis y sexos en toda la habitación con cada movimiento y los dos comenzamos a gemir y gozar de todo lo que estábamos haciendo.

No tardé ni dos minutos en irme y soltar toda mi leche en su interior y ella otro tanto, llegando los dos juntos al orgasmo bajo jadeos, gemidos y toda clase de frases calientes como. – Que buena puta sos o dámela toda, partime que no resisto más.

Cuando estalló el orgasmo en nuestros cuerpos mis manos se aflojaron y de inmediato caí sobre su cuerpo abrazándola por las caderas y agarrando su cola para dar las últimas estocadas con mi pene en su vagina y ella soltó sus piernas, las entrelazó a mi cuerpo y sus brazos me abrazaron por sobre los míos. Al terminar de disfrutar ese instante, sólo nos besamos con dulzura y pasión por largo rato. Luego ella se dirigió al baño y luego a la cocina y volvió con más vino mientras yo fumaba un cigarrillo e intentaba recobrar el ritmo normal de respiración.

Bebimos un poco más, hablamos de lo agradable que fue conocernos y lo bueno que estuvo hacernos el amor en ese momento y cuanto tiempo ambos lo habíamos deseado y fantaseado desde sus propias casas sin iniciar un contacto. Tras media hora nos asomamos por la ventana para ver mi departamento donde estaban Matías y Patricia y con placer notamos que las luces estaban encendidas y que ellos seguirían allí y nos volvimos a la cama. En la habitación ella me hizo sentar otra vez en el borde de la cama y comenzó a lamerme otra vez la verga hasta dejarla dura y lista para otra batalla, me dio un rato más de placer con eso y luego lo dejo y poniéndose de pie, me dijo:

– Y ahora, ¿que hacemos esta vez? Yo quiero más sexo y todavía es temprano para que te vayas mi amor. – Hacemos cualquier cosa que quieras, le dije. Lugo me rectifique ahí mismo y le respondí. Quiero darte por el culo si vos querés. – Claro que sí, me encanta eso Paco. Sin esperarse más, se subió a la cama, se recostó boca abajo y me dijo: -Comenzá.

Yo me recosté sobre su espalda, le besé el cuello y bajé por su columna dándole más besos y seguí bajando dando mordidas a sus nalgas mientras ella abría sus piernas. Pase mi lengua mojándola toda y seguí bajando buscando su culo con mi lengua hasta que encontré su ano. Ella me ayudaba abriendo sus nalgas con ambas manos y yo me dediqué a darle una lamida a su ano como nunca lo había hecho antes, estaba riquísimo, le latía mucho y cada vez que intentaba meterle mi lengua sentía como se abría y dilataba con facilidad y mientras tanto ella revoleaba su culo para sentirme por todos lados mientras sus manos le separaban las nalgas con fuerza.

Con mis manos jugaba en su sexo, acariciándole el clítoris y sus flujos comenzaron a salirse en cantidad y los aproveche otra vez como antes para humedecer mis dedos (tres de ellos) y dirigirlos a su ano para metérselos. Comencé con el dedo medio y este se fue para adentro sin problemas y al instante, entonces lo junte al índice y empecé el movimiento con los dos juntos. Ahí costo un poco más pero al poco rato de estar dándole con los dos dedos su ano se había dilatado perfectamente y ya no costaba el movimiento por lo que decidí sacarlos e intentar con los tres dedos, el índice, el medio y el anular.

Primero volví a mojarlos todos juntos en su vagina donde cupieron sin problema y el saqué chorreando sus propios flujos y los llevé a su ano que ya comenzaba a denotar la dilatación provocada, empujé con firmeza pero lento y fueron entrando y ella elevó más su culo para permitirme una entrada mejor y dijo:

– ¿Que me estás metiendo Paco?, eso está bárbaro.- Sólo tres dedos Helen pero ya te voy a dar mi verga.

Ella comenzó a gemir y moverse demostrando que disfrutaba de lo que le hacía y entonces decidí que era hora de darle verga nomas y saqué mi mano, la froté primero en su sexo para que se mojara un poco y la apoyé sobre su ano. Al sentir la cabeza en posición fue Helen la que inició un movimiento al empujar para atrás intentando introducírsela en su culo y yo solo la dejé hacer reclinando mis caderas para delante.

Arrodillado desde atrás de ella, la vi soltarse las nalgas, apoyarse en las palmas de la mano e iniciar un movimiento de levantarse empujando para atrás que permitió que la penetrara sin tener que moverme y dándole a ella la amplitud de movimientos necesarias para hacerlo que no tenía echada sobre el colchón de la cama.

Fue así que en esa posición ella comenzó a tallarme la verga con su culo haciendo que a cada embestida entrara más y mientras tanto resoplaba y decía, “-Tanto hace que no entra nada por ahí, vaya que cuesta empezar otra vez, y seguía sus movimientos de penetración. No tardó mucho en alcanzar la dilatación necesaria para que el dolor de la penetración diera lugar al placer de los dos y para entonces yo le estaba metiendo mis 17 centímetros por el culo sin ningún tipo de problemas y con muchísimo placer. Ella reclinó un poco su cara hasta tocar las sábanas y levantando el culo me tomó de la cadera y me dijo:

– Movete Paco, dame bien fuerte que es como me gusta. No tengas miedo, dámela con toda tu fuerza. – Siii le dije yo. Como me gusta coger con vos Helen. Tóma y sentí como te lleno el culo de mi leche.
.
Tras esto, solo comencé a moverme queriendo romperle el culo como instantes antes lo había sobre su sexo. La mano de Helen se apoyó en mi cadera y me comenzó a tirar dándome a entender cuál era la cadencia que quería y yo respondí al instante dándole bien fuerte y duro con mi verga en movimientos cortos como a cúpula de un animal y aumentando la intensidad a cada vaivén.

No crean que me tardé en llegar porque recién lo habíamos hecho, nada que ver, estaba tan o más caliente que la vez anterior, esta mujer no tenía reparos para el sexo, lo disfrutaba horrores y, por sobre todo, gemía, decía cosas calientes y pedía verga a los gritos y yo estaba extasiado de estar con alguien tan genial que no tardé más de cinco minutos en decirle que le tiraba mi leche en su culo.

Cuando le dije que soltaba mi leche, ella comenzó sola a tallarme y darse con fuerza contra mi pelvis haciendo sonar sus nalgas, comenzó ella a cogerme a mí y buscar su propio orgasmo que tampoco tardó en llegar entre sus gritos de placer que, les juro, se debieron sentir por todo el edificio. Ella y yo caímos derrumbados sobre la cama y permanecimos ahí recobrándonos y tomando aire hasta que sólo mi pene se salió de su ano al perder la rigidez de la erección y entonces ella se fue al baño, abrió la ducha y volvió por mí a la habitación para invitarme a ir con ella.

Nos metimos bajo el agua tibia y miré mi reloj, eran como las dos de la mañana por la madrugada y calcule que Matías y Patricia se habrían ido cerca de las 22.30 horas. Me sorprendí con alegría, eso quería decir que con un breve descanso habíamos estado casi tres horas y media de sexo intenso y placentero. Se lo dije y ella echó a reír. Nos enjabonamos mutuamente, jugamos en el agua, nos besamos un poco más, ella lavó su cabello para tenerlo limpio al día siguiente al ir al trabajo y yo me dediqué a seguir acariciando y besar sus pechos que me atraían tanto. Todo ese juego hizo que me comenzara a erectar otra vez y Helen lo nota y dijo:

– Vaya que tenemos otra vez por acá. Estas seguro que quieres más. – No lo sé, la verdad no sé si pueda otra vez. Ella reaccionó y dijo, -A ver déjame a mí, yo te diré.

Pues solo estiró la mano y comenzó a jugar con mi verga en su mano mientras me besaba, hablaba de lo lindo que fue hacernos el amor y todo eso hizo que mi pene creciera a su máxima expresión otra vez. Cuando ella notó todo duro de nuevo, solo se reclinó en la bañadera colocándose de rodillas, yo de espalda a la lluvia de agua y ella frente a mí y comenzó a darme una mamada otra vez y yo la dejé hacer porque eso me encanta. Ella se comía mi verga como si fuera un cono de crema helada, le pasaba su lengua todo a lo largo y recorriendo las venas y luego se lo metía todo en su boca hasta su garganta. Se ayudaba con ambas manos para masturbarme, con una jalaba arriba y abajo mi pene mientras con la otra jugaba con los huevos. En un momento bajó y se metió un huevo y luego los dos a su boca para después volver a mi verga nuevamente.

Ya para entonces yo estaba excitado y con deseos de cogérmela otra vez y comencé a mover mis caderas como penetrándola por la boca y ella, dándose cuenta de mi estado, dejó de lamerme por un instante y sonriendo con lujuria y picardía me dice: -Si querés más y se volvió a chuparme.

Ella volvió a hacer un movimiento de penetración con su boca largo y profundo hasta su garganta y con ambas manos me daba una paja para luego ir disminuyendo la intensidad de los movimientos de su boca hasta sacarla por completo la verga y pajeándome me mira a la cara y me dice:
-Dame ahora toda la leche la quiero acá mismo, dámela.

Ella siguió masturbándome, frotando mi verga por todo su rostro y los pechos y yo no me pude resistir más y le solté toda mi leche. Los movimientos de la paja hicieron que la leche saltara por todos lados. Yo me maravillé que todavía me quedara tanta cantidad en mis huevos después de dos cogidas como las pasadas en el rato previo a esa ducha y ella con la felicidad en el rostro dejó que la leche le cayera en su cara y pechos para luego meterse la verga en la boca y chuparla hasta dejarla completamente limpia. Ella se puso de pie, nos besamos y la ayudé a terminar de bañarse agradeciéndole el placer que me dio y ella me decía, cuanto le había gustado estar ahí conmigo y como lo disfrutó.

Salimos de la ducha, nos secamos en el baño y nos dirigimos a la habitación de Helen donde nos metimos a la cama, nos besamos un rato. Ambos estábamos exhaustos pero felices después de esa sesión de sexo y ya ninguno de los dos podía continuar pero nos resistíamos a irnos o a dormir. Fue entonces que Helen me dijo, déjame abrazarte y vamos a dormir que mañana es otro día, hay que trabajar y en la noche aun estaremos los dos acá para continuar y apagando la luz solo nos dormimos.

A la mañana siguiente ella me despertó en su cuarto con una taza de café y leche, tostadas y compartimos el desayuno, ella salió para su trabajo como a las 6.30 y yo para mi casa a cambiarme y también ir a trabajar. Al despedirnos esa mañana, ella me beó otra vez y me dijo, te espero a cenar en casa, a las 20.00 horas y trae la ropa para cambiarte y mañana ir a trabajar y solo la vi alejarse rumbo a su trabajo.

Ese fue el comienzo de una hermosa relación que duró poco más de un año en que vivimos los dos uno frente al otro y luego supe que ella se casó con uno de los jefes de la institución donde era secretaria y perdí todo contacto con ella, pero los momentos que viví a su lado y las cosas que ella me enseñó en el sexo nunca me las podré olvidar como tampoco a mi Helen, mi maestra privada.

Autor: Paco

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Ricas y casadas

Mi lengua recorrió todo su trasero, incluyendo una sesión de estimulación anal y dejé varias marcas por todo su trasero. Ignoro si su marido practicaría el sexo anal con ella, pero mientras yo lo humedecía con mi lengua, ocasionalmente entrando más allá del arillo del esfínter hacia las paredes interiores, la hembra lanzó los gemidos de placer más espectaculares que he oído en mi corta vida.

He aquí lo que me sucedió aquella vez en Puerto Vallarta. Sucede que fue en aquella ocasión que el tiempo pasa volando, y no sabes con certeza si lo que pasó fue un sueño o fue la realidad. Lo que les voy a contar aquí supera en todo cualquier fantasía que haya tenido jamás por el simple hecho de que ocurrió, fugazmente como cualquier momento agradable, y etéreo como alcohol bajo el sol caliente del Pacífico Mexicano.

Pues era entonces la celebración de la independencia mexicana, y todo mundo nos tomamos el puente de Jueves a Domingo, para “celebrar” nuestra libertad alcoholizándonos en algún antro de Vallarta para terminar agarrando cualquier morra loca que estuviera lo suficientemente caliente para aceptar ir a “echar pata” a mi departamento de playa. Me fui con dos amigos de la universidad a mi depto., que está enclavado en una hermosa zona de Puerto Vallarta, quizá la más bella de la bahía, rodeada de mansiones lujosas de señoras ricas que van ahí una vez al año, alternando con sus otras casas de Aspen, San Diego y Cancún. En el edificio donde esta mi departamento también van varias señoras, muchas de ellas amigas de mi madre y otras amigas de esas amigas, pero en general todo mundo nos conocemos. Son 12 unidades, y puedo decir que conozco de toda la vida a los dueños de 10 de esas 12 unidades. En fin, el ambiente es más bien familiar. Pero no del todo. Ahí se hospedan señoras con las que he fantaseado desde que compramos el apartamento, cuando yo tenía 12 años. Las he visto crecer a ellas y a sus hijas, y mis puñetas playeras se las dedico casi siempre a ellas.

Hay tres señoras en especial, que indudablemente son mis favoritas. La primera es Andrea Campos, señora de unos 43 años, compartimos el piso 7 en el edificio. Andrea es muy delgada y no es muy guapa, pero tiene un exquisito par de tetas operadas que, en tan delgado cuerpo, se ven ridículamente redondas y jugosas. Y que decir de sus pies, perfectos y siempre bien cuidados. Esa señora podría hacerme una paja con los pies cualquier día de la semana. El esposo de Andrea, Antonio, es un hombre de negocios dedicado a las zapaterías, y si digo que pesa 120 kilos es que me fui muy por debajo de su actual peso. Es muy gordo y los problemas maritales que tiene con Andrea son de conocimiento común en el edificio. Andrea tiene dos hijas, de 16 y 14 años. La grande va por el buen camino físico de su madre. La otra por el de su gordísimo padre. Ahora pensándolo bien, creo haberme dado cuenta porqué el marido de Andrea se dedica a los zapatos. Y es que con los pies tan hermosos de su esposa, yo también haría modelos cada vez más sexy tan sólo para vérselos puestos una y otra vez.

La segunda señora es Patricia, vecina del piso 4. Desde hace algunos años, la relación de mi familia con la de Patricia se ha incrementado, por lo cual me he dado cuenta de que a la muy condenada señora le gusto de sobremanera. Aprovecha cualquier invitación a comer o a tomar la copa que le hacen mis papás para abrazarme, apapacharme, y cuando voy a su casa, me mima más que si fuera su propio hijo. Pero cuando está en sociedad, es muy cuidadosa y no descuida su trato para no levantar sospechas. Patricia tiene unos 40 años, maneja algo de sobrepeso, pero eso no le quita lo sexy, especialmente cuando usa unos bikinis demasiado chicos para su tamaño de cuerpo. La gente habla cuando la ve en bikini, y comenta que no debería usarlos, pero a mí, me excita el hecho de que no le importe exhibir algunas lonjitas, que al final a todos nos alcanzarán. Tiene tres hijos, y con uno de ellos voy a esquiar en el wakeboard cada fin de semana. Quizá la principal característica de Patricia sea su enorme trasero, es inmenso pero a la vez muy parado, lo que lo hace sumamente antojable. Su cuñado, cirujano plástico, nos hizo a todos el favor de operarle las tetas a Patricia, que ahora son hermosas y aunque no muy grandes, si lo suficientemente llamativas.

La tercera señora que ocupa mis pensamientos en la playa, es Mónica. Mónica es la segunda esposa de uno de los hombres más ricos de Jalisco, magnate de las bebidas. Mi relación con ella es casi nula, la saludo cuando la veo y ella me saluda por mi nombre, pero hasta ahí. Conozco a una de sus hermanas, ya que durante algún tiempo estuve saliendo con la hija de esta, pero a Mónica jamás la traté. Pues Mónica es, sin duda, la que más me gusta de las tres. A pesar de que al igual que Patricia, Mónica tiene cierto sobrepeso, es la más bella de las tres. Tendrá unos 40 años y tiene dos hijos pequeños. Pero lo que sin duda la hace especial es ese enorme par de tetas que carga la condenada. Sus melones son realmente un placer a la vista de cualquier persona.

Si tuviera que comparar a Mónica con alguna modelo, diría que se asemeja mucho a Sofía Vergara con unos kilos de más, con la diferencia de que ya quisiera Sofía Vergara tener los melones que Mónica posee, y la cara de facciones finas que tiene Mónica. Para la mayoría de las señoras de sociedad que vacacionan en el edificio, sus tetas son demasiado grandes y parecen vulgares. Para el resto de los habitantes del edificio, no hay más pensamiento que el de tener ese par de pelotas entre nuestras manos cuando la vemos cerca. Y lo mejor es que, al ser naturales, se bambolean con ritmo casi celestial cuando camina en su bikini color marrón, el más pequeño que posee. Claro que por ningún motivo aquel par de tesoros están caídos, sino que se encuentran firmes como los marinos que se pasean por el malecón de Vallarta en su día de descanso. Como es de pensarse, Mónica casi siempre está sola con sus hijos y los guardaespaldas de estos, ya que su esposo está diario en asuntos de negocios. Si yo fuera él, vendía de inmediato la compañía y me dedicaría a jugar con ese lindo par de pelotas que tiene abandonadas en Puerto Vallarta.

Pues bien ubicándonos en contexto, llegamos mis amigos y yo a Puerto Vallarta el jueves a medio día, e inmediatamente visitamos los tacos de camarón que están en el centro del pueblo. Después de comer, pasamos al depósito de cerveza y compramos 3 cartones de cerveza Pacífico, nuestra favorita (cada cartón trae 20 cervezas) y dos botellas de Absolut Mandarin para tomar Vodka Andreac. Sería un pedo memorable aquel día, que no teníamos intención de salir sino hasta el día siguiente, que Vallarta estuviera lleno.

Llegamos a los departamentos y acomodamos nuestra ropa en los cuartos. Luego, abrimos una cerveza y comenzamos a beber hasta que entre los tres acabamos con el primer cartón de 20 chelas. Ya un poco mareados, bajamos a la alberca con el otro cartón en una hielera y comenzamos a platicar y beber. De pronto, la peda se me bajó cuando vi aparecer en escena a Patricia. Iba vestida normal, supuse que iba apenas llegando. Nos saludamos de lejos, ya que yo estaba en al alberca, y le pregunté que si había venido Álvaro, su hijo, con el cual esquío en el wakeboard. Me dijo que sólo había venido ella con su hija, ya que su marido, y sus otros dos hijos se habían ido a Manzanillo, otra playa cerca de Vallarta. Ahí empezó lo bueno. Decidí en ese momento acercarme más a Patricia durante la vacación para intimar más, ya que ella siempre me lo había insinuado. De inmediato le ofrecí un Vodka Andreac, a lo que ella por supuesto rechazó ya que iba llegando y ahí estaba su hija de 12 años. Me dijo que nos veíamos al rato y mientras yo tenía una tremenda erección de sólo pensar en las posibilidades que aquella ocasión ofrecía.

Decidimos ir esa noche al De Santos, un lounge bar en Vallarta propiedad de uno de los integrantes del grupo de rock Maná. Subimos a cambiarnos y salimos del departamento cerca de las 10 horas. Antes de irnos bajé a entregar la llave al conserje para no perderla, cuando vi a Patricia haciendo lo mismo. Es una costumbre en el edificio desde que se perdieron las llaves hace muchos años. Iba arreglada y se veía muy bien. De pronto, como si fuera un milagro, apareció Andrea, a quien no había visto antes ese día, y nos saludamos. Andrea comenzó a platicar con la administradora del edificio, mientras Rosalía me preguntó que a donde iba, y le contesté de manera juguetona que iría a donde ella me pidiera que fuera. Ella rió y me preguntó que si íbamos a ir a algún lado, y para no desperdiciar la oportunidad, le contesté que aún no teníamos plan. Me dijo que si queríamos, que mis amigos y yo podíamos ir a cenar con ella y con Andrea al Café des Artistes, un restaurante francés. Le dije que me encantaría, que le iría a preguntar a mis amigos.

Cuando les dije a mis amigos que era mi oportunidad de coquetearle a la Patricia, que se fueran, ellos rieron y se alejaron en mi coche. Me regresé y les dije a las dos señoras que iría gustoso con ellas. Eso sí que era un plan raro. Seguramente ellas me propusieron acompañarlas como cortesía, pero jamás esperaban que de hecho las acompañara a cenar. Con un gesto de confusión, Patricia y Andrea sonrieron y nos dirigimos a la camioneta de Andrea, que había venido con sus dos hijas y las había dejado con la hija de Patricia. En ese momento era más factible que me hubiera quedado con las tres niñas en el departamento, que ir a cenar con sus madres. Pero así fue, y fuimos al restaurante.

En el carro la conversación se amenizó un poco y se fue dispersando la tensión. Me preguntaron las dos señoras acerca de mis padres y yo les pregunté de sus hijos. Las dos señoras iban adelante, mientras yo iba atrás, en medio del asiento para poder verlas. Yo no despegaba la vista de de los pies de Andrea, con su pedicura perfecto, sus uñas largas y pintadas con estilo “french”, se me antojaba simplemente tomarlos y chuparlos incansablemente. También veía su tremendo escote, que dejaba ver su eterno bronceado y su voluptuosa figura. Rosalía iba casi totalmente cubierta, así que me deleité viendo a Andrea, que no pudo disimular al darse cuenta de que la estaba observando. Realmente aún no puedo creer que me haya atrevido a irme sólo con las dos señoras, que aunque conocía muy bien, no existía tal confianza como para largarse a cenar sólo con ellas dos. Las señoras no hacen eso, así que Rosalía debió pensar que esta vez llevó su insinuación demasiado lejos, jamás pensó que yo pudiera aceptar acompañarla porque seguramente me daría pena. Y no fue así, el alcohol te hace hacer cosas impensables.

Llegamos al restaurante y pedimos nuestras bebidas. Le dije al mesero que trajera una buena botella de vino tinto. Sé que el vino tinto tiene un efecto en las señoras que no pueden evitar. Ellas al principio dijeron que no lo hiciera, pues según ellas no tomaban, pero antes de que trajeran el platillo principal ya había pedido la segunda botella. Yo mientras tanto, pensaba en cómo terminaría aquella noche, ya de por sí extraña. Pensé en reunirme luego con mis amigos en el De Santos. Y luego se me ocurrió invitarlas a ellas. Porque no, si yo había ido con ella a cenar. De alguna manera las invité al De Santos al terminar la cena, y a pesar de que Andrea no quería ir, accedieron después de algunos minutos. Caminamos unas tres cuadras hasta el bar, mientras yo hablaba y les decía a mis amigos que pidieran otra botella de vodka y que acercaran dos sillones para mis invitadas especiales. Así fue, les pagué la entrada a las señoras, y subimos a la azotea-bar del lugar a tomarnos unas copas.

Las dos botellas de vino estaban haciendo su trabajo. Andrea platicaba con uno de mis amigos, mientras que Patricia se reía de mis bromas. La verdad es que en ese momento, Andrea se me antojaba más que Patricia, ya que una mujer misteriosa es siempre más encantadora. Así que disimulé ir al baño, y reemplacé a mi amigo que estaba con Andrea. Conversamos sobre temas de intimidad, es decir cosas que sólo se dicen cuando estás claramente alcoholizado. Le dije de todo, incluso hasta que su hija era una de las niñas más hermosas de Guadalajara. Andrea empezaba a sonreír, y comenzó a platicarme de su vida sexual con su marido, que era totalmente inexistente. Aunque él quería sexo, ella le repugnaba el aspecto físico de su marido, tanto que Andrea a veces se hacía la dormida para no tener sexo. Y como la necesidad es canija, comencé a seducirla y ella simplemente se dejó llevar, gracias a mis maravillosas y mágicas botellas de alcohol. El momento había llegado, así que fui por Patricia y mi amigo y le dije que era el momento de follar. Las llevamos casi a rastras a la camioneta de Andrea y comenzamos a besarlas, yo a Andrea y mi amigo a Patricia.

Todo iba bien hasta que, de la nada, una camioneta tipo pick-up de la policía de Vallarta se paró frente a mi ventana y me ordenó bajar del vehículo. Lógico, estábamos atascando con dos mujeres mayores, que en la oscuridad parecían más bien putas, en plena calle. Le dije al policía que eran amigas de mi madre y que efectivamente estábamos llevando a cabo el sueño de todo joven, que era enredarse con una amiga de su mamá. Divertido, el policía me pidió 200 pesos “para olvidar” todo aquello. Después de pagarle la respectiva cuota, se alejó y nosotros hicimos lo mismo.

Ahora me pongo a pensar que dos botellas de tinto, más una de Absolut entre dos señoras cuarentonas que casi nunca toman, es todo un mundo de alcohol. Ahora se porqué fue aquello tan sencillo y fugaz. En fin tomamos rumbo a los departamentos y silenciosamente subimos a las señoras cargando a mi departamento. Mi amigo el que se quedó sólo seguramente había pescado su propio almuerzo y estaría en algún hotel con una chica. Lo importante es que las niñas no descubrieran el paradero de sus madres.
Llevé a Andrea a mi cama y mi amigo llevó a Patricia a la suya. Tan pronto como le deposité en la cama, me tomó del cuello con fuerza y comenzó a besarme los labios, los cachetes y el cuello, sin orden y sin pulcritud alguna. Le bajé la playerita de bordado que llevaba y la dejé con su puro sostén, que inmediatamente removí para dejar ver esos increíbles y durísimos pechos. La señora de Campos había tenido dos operaciones y las cicatrices estaban ahí, pero a quién le importaba, estaba a punto de follarme a una de las tres señoras con las que había soñado desde hacía 12 años. Le mordí los pezones con fuerza, le estrujé las tetas una y otra vez.

De pronto, como en un sueño, me acordé de sus pies y dejé todo lo que estaba agarrando para ir directo abajo. Con las sandalias blancas que llevaba puestas como marco para mi fetichismo, tomé su pie izquierdo y lo chupé completo una y otra vez. Me concentré luego en su dedo gordo y lo metí y saqué de mi boca una y otra vez. Andrea gritaba de la excitación, definitivamente le gustaba que le tocaran los pies. Tomé el pie derecho y repetí la operación. Después le quité las sandalias y llevé su pie derecho a mi cara, donde lo froté y lo volvía chupar hasta casi despintarle las uñas con mi saliva y mi lengua. Me estaba excitando en serio, así que me saqué el pito y me quité los pantalones. Andrea estaba acostada sobre la cama King Size de mis padres, con los pies colgando por fuera de la cama a la altura de las rodillas. Con los ojos cerrados, y con las tetas de fuera, así estaba ella, que sólo traía puesta su faldita blanca que escondía su coño.

Me hinqué a la altura del cuello de Andrea, y tomándome el pito con la mano, se lo ofrecí directamente en la boca, para ahorrarle el trabajo. Comenzó a menear la cabeza en forma de asco, pero a la fuerza, seguí poniéndola el pito en sus labios, y para ese momento ya estaba húmedo el aparato y la embarré de líquido transparente. Finalmente abrió la boca y le metí sólo un poco el pito por ahí. Inmediatamente, lo tomó con su mano izquierda y se lo tragó entero, obligándome a ponerme a gatas y penetrándole la boca como si me la estuviera follando. En una de esas, empujé mi pito hasta el fondo de su garganta, provocando que abriera los ojos de pronto y comenzara a ahogarse con mi propio aparato, lo saqué de inmediato y comenzó a toser. Antes de que pudiera terminar, la tomé de la cara y le di un beso largo y mojado, como para calmarla.

Finalmente, totalmente desnudo, me senté apoyado en la cabecera de la cama y Andrea se quitó la falda blanca, dejando ver que no traía nada por debajo. Se sentó despacio sobre mi pene, tomándolo con su mano izquierda, y se dejó caer lentamente hasta que toda mi verga estuvo dentro de ella. Se movía como una pantera, y puedo decir que hasta ahora, ninguna mujer me ha cogido como ella lo hizo esa vez. Como cualquiera que se haya cogido a una mujer platónica como yo lo estaba haciendo, la excitación era tal que no tardé mucho en correrme por completo dentro de Andrea.

Debo aceptar que parte de la maravilla de esa cogida es que no hubo condón, a ninguno de los dos nos importó un carajo aquel plástico tan importante. Simplemente no pensamos en eso. Fue quizá una de las más largas corridas de mi vida. Al momento de levantarse y sacarse mi polla, una cascada de semen salió de su ya flojo coño y cayó sobre las sábanas favoritas de mis padres. Yo estaba agotado y permanecí sentado como estaba, mientras que Andrea se levantó y se cambió de lado, esta vez mirando hacia mí. Se recostó sobre mí por un minuto, luego debió sentirse sucia y se fue a lavar al baño. Ahí debió haber durado unos cinco minutos, los cuales aproveché para echar un vistazo a Patricia y mi amigo.

Cuando entré al cuarto, me llevé la sorpresa de descubrir que cada uno estaba dormido, uno en cada cama que había en el otro cuarto. Aún caliente y cachondo por la cogida, tomé la mano de Patricia y la puse sobre mi verga. Yo estaba completamente desnudo. Patricia volteó y me vio, se sentó sobre la cama sin quitar su mano de mi polla, y comenzó a masturbarme con su mano derecha. Después se quitó el cabello de la cara, y comenzó a mamarme la verga mientras me la jalaba con su mano. Estaba a media asta la verga, ya que me acababa de correr, pero así la sensación era aún más buena. Le tomé las tetas por encima de la blusa, luego se la quité y el sostén igual. Le manoseé las tetas y después la tumbé boca arriba para quitarle los pantalones. Le bajé sus pantalones estilo dockers , poco sexy por cierto y me encontré con unas enormes bragas, también poco sexy, que cubrían un trasero valuado en millones de dólares. Le quité las bragas, que pretendía guardar, y le abrí las piernas tanto como pude.

Que manera de gritar de la señora, lo cual no era bueno, ya que Andrea estaba a unos metros en el otro cuarto, y francamente no quería que viera que me tiraría a las dos. Así que ignorando su volumen de gritos, me bajé a su coño, que más bien olía a humedad, y me lo comí casi a fuerzas. Yo no soy un hombre aficionado a comer coño, así que esa parte la pasé rápido y sin mucha faramalla. Lo que si disfruto es un buen par de nalgas como las de Patricia, así que le dije que se diera vuelta, y teniéndola boca abajo, me di un festín, abriéndole las nalgas y sumiendo mi cara ahí dentro, donde no había tiempo ni espacio. Mi lengua recorrió todo su trasero, incluyendo una sesión de estimulación anal, y dejé varias marcas de mis dientes por todo su trasero. Ignoro si su marido practicaría el sexo anal con ella, pero mientras yo lo humedecía con mi lengua, ocasionalmente entrando más allá del arillo del esfínter hacia las paredes interiores, la hembra lanzó los gemidos de placer más espectaculares que he oído en mi corta vida.
Ese platillo es mucho mejor que un helado de macadamia de la Piazza dei Campi de Siena, para quienes la hayan probado alguna vez. Lo menciono porque ese helado es una maravilla, imaginen ahora el trasero de este mujerón de 43 años. Teniendo eso en cuenta, ordené a la mujer, cual jeque árabe, que se pusiera a gatas, con la cabeza en el colchón de la cama. Teniendo semejante panorama frente a mí, tomé mi polla, la remojé con sus jugos vaginales, y la comencé a resbalar hacia adentro de su ano muy gentilmente. Patricia apretaba su ano, asfixiándome la polla, pero continué entrando hasta topar como con una pared. De ahí, saqué y volví a meter, una y otra vez por unos dos minutos más o menos. Aquello no podía ser otra cosa que un sueño, y sin embargo ahí estaba yo despierto, follándome a una señora casada, con un amigo en la cama de un lado, profundamente dormido, y con la otra señora casada que acababa de follarme esperándome en el cuarto principal, en la cama de mis padres, totalmente desnuda. Yo, en ese momento, era el ser más importante de la tierra.

Cuando volví a mí, al ver que no habría otro momento, decidí follarme a Patricia, y sacándole el pito del ano, con su respectivo grito femenino de placer, la estoqué por el coño con una facilidad encantadora. La excitación había vuelto, pero me llevó más de seis o siete minutos de un folle agresivo y duro el venirme al fin, sacando apenas el suficiente semen para remojarle el coño a mi ebria amante. Al terminar cayó como costal de papas sobre la cama, y yo me salí rumbo al baño a limpiarme aquella mezcla de olores y sabores de dos coños maduros. Volví a la cama con Andrea, la abracé y le chupé las tetas por algunos minutos, sin siquiera oír sonido alguno, creo yo debido al cansancio y a la embriaguez. Totalmente dormida e inconsciente, me bajé a su coño, sólo para no decir que no había ido, y lo mismo con su ano y nalgas, antes de terminar de nuevo jugando y disfrutando su pies perfectos que probé de principio a fin.

Cerca de las cinco y media de la mañana, decidí despertar a Andrea para que se fuera con sus hijas. Les habían dicho que volverían cerca de las doce, y ya eran más de cinco horas después. Las madres volvieron en sí rápidamente, y vistiéndose como pudieron, se fueron sin despedirse del departamento. Me dormí, y al día siguiente no bajé a la alberca en todo el día. En la noche, bajamos a la alberca y más tarde salimos al Christine, la mejor disco de Vallarta. El sábado por la mañana, mientras comíamos junto a al alberca, vi bajar a Andrea, quien me saludó de lejos y se posó en uno de los tumbones junto a la playa. Luego bajó su hija, me saludó de beso y se acostó junto a su mamá. Mis amigos no podían sostener la risa, la curiosidad me estaba matando.

Más tarde, mientras reposábamos en el departamento, sonó el teléfono y era Patricia. Amablemente, como siempre, me dijo que si bajaba al piso 4 hablar con ella. Presentía problemas. Al llegar estaba Andrea y Patricia sentadas en la sala y me hicieron pasar. En tono seco, me pidieron disculpas por la otra noche y me pidieron, casi rogándome, que jamás comentara nada de lo que había pasado. Que esos “accidentes” suceden y que el tema no debía tocarse de nuevo. A mi no me sorprendió, pero de lo que estoy seguro, es que a partir de ese hecho, se puede repetir, siempre y cuando las circunstancias sean, como en esa ocasión, óptimas para ello. Por lo pronto tengo las bragas de Patricia como trofeo a mi osadía. Y ustedes se preguntarán, ¿Qué hay de Mónica? Bueno pues nada, simplemente quería compartir su descripción para que imaginen que reto tan enorme me espera en mi próxima visita a Puerto Vallarta, que espero sea dentro de poco tiempo.

Autor: Frank

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Más sexo para vivir

Se levantó y se acercó a mí, me besó y me cogió firmemente el pene, pasó la mano por mis testículos, estaba caliente ya, para variar, le aparté las manos, me tumbé en la cama, se puso encima, pasé mis dedos por su mojada rajita, y se metió mi pene, ella soltó un gemido. Inmediatamente empezó a botar, quería sentir mi miembro dentro de ella.

Este relato sucedió en Kenia, en un viaje que hice por allí, fui a un Safari, el cual consistía en ir con un grupo de cazadores, que tenían un contrato legal con un zoo, le facilitaban los animales, y mientras los turistas observaban ese mundo.

El grupo era de unos quince, la mayoría chicos, y sólo una pareja, nos presentaron a los cazadores, al frente estaba una chica, se llamaba Maite, era española, rubia, de complexión fuerte, estatura media, delgada, con senos medianos, solía ir con un pantalón muy corto y una camisa, todo ello marrón. El primer día, nos dijeron que íbamos a ir a ver a los leones, para ver cuál era el que nos interesaba, la manada de leones descansaba plácidamente al lado de un charco, había cuatro machos y siete hembras, un león destacaba, era más grande y con melena larga.

Después vimos otras especies de animales y tras ver esto, la caravana para pasar la noche se instaló a pocos kilómetros de los leones. Al anochecer empezamos a cenar todos, nos sentamos formando un corro y hablamos del trabajo del día siguiente. Una vez que finalizó la cena, nos fuimos a las tiendas, observando cómo Maite agarraba a uno de los excursionistas, argentino, y se lo llevó a su cama. Al día siguiente, mientras desayunábamos la gente de la excursión, él nos contaba a unos pocos lo que hizo la noche antes, nos dijo que entraron en la tienda, casi sin saludarse, ella le desnudó rápidamente, lo tiró al colchón, y empezó a chuparle la polla velozmente, decía que tardó poco en correrse, entonces Maite le miró enfadada, momentos después se desnudó ella, dejando ver su voluptuoso cuerpo, sus pechos, su gran culo, su coño poblado de vello rubio, entonces nos dijo que ella se puso de rodillas encima de la cara de él y éste empezó a chuparle la raja, pero por lo que se veía a Maite no le gustaba como él lo hacía, pues no tardó mucho en quitarse, para volver a tirarlo al suelo, y a continuación ella sentarse encima de él, nuevamente el chico no aguantó mucho con la rubia, y Maite lo echó.

Una vez terminado el desayuno, partimos, a Maite se le veía muy cabreada hoy, le gritaba al resto de los cazadores de su grupo, cazamos varias aves y un par de gacelas, y fuimos nuevamente a observar los leones, para saber por dónde andaban, al atardecer retornamos al campamento. Por la noche, de nuevo nos pusimos en coro para cenar, cuando terminamos cada uno se fue a su tienda, pero esta vez Maite cogió de la mano a un inglés del grupo.

A la mañana siguiente este se puso a hablar con la gente que lo entendía en su idioma, y aunque no me enteré de casi nada, la gente decía que él iba diciendo que se lo habían pasado muy bien, pero que ella era insaciable, fuimos por unos cuantos rinocerontes, y volvimos al campamento para almorzar, tras esto, en la siesta, Maite nuevamente fue a buscar al chico al que le había echado el ojo, esta vez un portugués, el cual le dijo que solo no iba, que su amigo también tenía que ir, ella sin problemas aceptó, y se metieron en su tienda. Ellos cuando salieron nos dijeron que esa chica era una ninfomanía, que era insaciable, que hizo con ellos lo que quiso, que le chuparon los dos el culo y el coño, que se la metieron por los dos sitios, que se la metieron los dos a la vez, pero que no lograron dejarla exhausta.

Por la tarde, salimos a explorar el terreno cercano a los leones, el momento de la caza estaba próximo, y el plan casi listo, y una vez esto realizado, retornamos a cenar, comimos en coro como siempre. Por la noche, esta vez Maite cogió a dos hombres y una mujer, eran argentinos también los tres, le había gustado lo de los grupos, nunca tenía problemas para escoger puesto que todos estábamos ansiosos por follar con ella, además era bastante guapa, y su fama de ninfomanía le daba mucho morbo.

Al día siguiente, uno de los chicos, con el cual hice bastante amistad, me contó lo que sucedió la noche anterior, decía que ella ordenó que se desnudasen los dos chicos, que se las chupó, después se denudó ella, que era impresionante, y que se la fueron metiendo, primero él y después el otro, mientras descansaban cogió a la chica para que le chupase el coño, para que no se enfriase, que le agarró la cabeza a la chica, y que se la apretó contra su coño, refregándosela arriba y abajo, jugando con la cabeza de la chica, para que cuando se repusieron, nuevamente se la follaron los dos.

Tras desayunar, ella nos convocó a todos, nos dijo que hoy era el día en que iban a cazar al león, Maite formó varios grupos de cuatro personas, yo caí con ella, y con dos franceses, nuestro grupo iría a vigilar la trampa y los demás llevarían a los leones hacia allí, podía haber un trayecto de una hora. Nos colocamos en los alrededores, detrás de unos arbustos, en parejas de dos, un francés y yo, y el otro con ella, pero ambas parejas nos veíamos, la trampa estaba en un camino. Llevábamos unos minutos tirados en el suelo esperando cuando Maite empezó a tocarle la polla a su compañero, el cual se resistió al principio, pero acabó sucumbiendo, él se desabrochó los pantalones y se los quitó, se bajó los calzoncillos y se sacudió la verga para que cogiera consistencia, Maite mientras tanto, se abrió la camisa que llevaba, se quitó el sujetador y dejó al descubierto sus pechos, él empezó a chuparle los pezones y a bajarle los pantalones.

Nosotros éramos testigos con una inmejorable situación, ella sabía que los veíamos, pero no le importaba, de un tirón le rompió las bragas y en el suelo la tumbó, le separó las piernas y se la metió, la polla del francés estaba taladrándola, en cada sacudida le proporcionaba bastante placer, hasta que él llegó al orgasmo y empezó a soltar chorros de semen. Maite se incorporó y chupó ansiosamente las últimas gotas del pene, después le lamió el tronco y se la metió en la boca, y empezó a resucitarla, hasta que lo logró, y volvió a ponerse firme, se la sacó de la boca y se puso a cuatro patas, apoyó la cara en el suelo y con las manos se separó los labios vaginales, el francés empezó a palparle las nalgas, introduciendo un poco un dedo en el culo, Maite le dijo que eso es lo que tenía que hacer, se le escuchaba perfectamente, luego se lo metió en el coño y empezó a moverlo en círculos, ella cerró los ojos y empezó a disfrutar del momento.

Tras esto, él, le agarró las tetas y le clavó su polla en el coño, empezó a moverse compulsivamente y a bufar ruidosamente, ella jadeaba cada vez con más fuerza. Nadie prestaba atención al león y la trampa, ellos estaban en lo suyo y nosotros éramos los espectadores, hasta que él soltó su semen y Maite inmediatamente se corrió intensamente, segundos después abrió los ojos y vio como el león estaba bajo la trampa, se subió los pantalones apresuradamente, y se puso la camisa un poco, los pechos se les veían, y las bragas rotas estaban en el suelo, llegó a la cuerda, y soltó la trampa, y en el límite cazó al león, se arregló la camisa adecuadamente y los demás grupos fueron llegando. Tras esto llegamos al campamento, estuvimos todo el día por allí, Maite sola no salió de su tienda en todo el día, estaba cabreada, cuando cenamos nos fuimos a dormir, pues al otro día emprendíamos la vuelta para ir a vender los animales, era el último día de safari. Estando dormido, y siendo ya de madrugada, entró en mi tienda una chica, me dijo que saliera, lo hice y era Maite, me agarró la mano y me llevó a su tienda.

Una vez allí, me desnudó apresuradamente, se tumbó en el colchón, se quitó la ropa y por un rato me contempló, después me dijo que yo era el único español del grupo, que a ver como dejaba el pabellón. Se levantó y se acercó a mí, me besó y me cogió firmemente el pene, pasó la mano por mis testículos, estaba caliente ya, para variar, le aparté las manos, me tumbé en la cama, se puso encima, pasé mis dedos por su mojada rajita, y se metió mi pene, ella soltó un gemido. Inmediatamente empezó a botar, quería sentir mi miembro dentro de ella, pero para mi sorpresa, a los pocos saltos ya estaba corriéndose y gritando de placer. Tras esto, me levanté, la lancé al suelo, ella cayó a cuatro patas, me puse detrás y la penetré bruscamente por el coño, tras esto, empecé a darle fuertemente, hincando profundamente mi verga.

Maite tenía que hacer fuerza con los brazos para no irse hacia delante, hasta que ella nuevamente llegó a otro orgasmo, que coincidió con el mío, el semen comenzaba a llegar, la verga empezó a bombear semen, yo gemía levemente, la leche empezó a salir de su coñito y a caer al suelo cada vez que le daba un empujón, las sacudidas eran más intensas y espaciadas, hasta que con una de ellas Maite se soltó, llenando su culo, coño y piernas con lo que quedaba. Tras esto, Maite se quedó sentada mirándome, con cara de rareza, con sus senos desnudos, su rubio coñito, y debajo un pequeño charco de semen, mi pene no bajó mucho, estaba de pie.

Al rato, se levantó, con una toalla se limpió su raja, y caminó hacia mí, agarró mi pene con la mano, y se lo metió en la boca, se entretuvo un rato, por los lados, metiéndosela entera, quitándome los restos de semen, seguidamente Maite me puso el coño en la boca y empezó a comerme de nuevo la polla, haciendo un sesenta y nueve, me dediqué a lamerla y a meterle levemente mis dedos, ella le daba lengüetazos a mi miembro. A continuación, me tumbó en el suelo, Maite se sentó en mi polla y volvió a botar, estuvo así hasta que nuevamente se corrió, se quitó de encima y se limpió con la toalla. Descansó unos minutos, hasta que se sentó a mi lado, acarició mi pene, hasta que nuevamente se puso encima de mí, y empezó a botar, sudábamos mucho, ella no tardó en volver a correrse, era una mujer multiorgásmica, después se tumbó a mi lado, dándome la espalda, la abracé por los pechos, le di besos en el cuello, y con la polla empecé a entrar de nuevo en ella, lentamente, hasta que de forma lateral empezamos a follar más rápidamente, gemíamos los dos, me movía y ella pasiva recibía, hasta que ambos llegamos al nuevo orgasmo. Después de esto quedamos descansando un rato tumbados en el colchón.

Descansamos una hora, y tras esto, cogí la toalla, le limpié su enrojecido coñito, y la desperté lamiéndole el coño, ella abrió los ojos y me miró como diciendo basta ya, no le hice caso, la tumbé boca arriba, y volví a tirármela, ella no tenía fuerzas para nada, quería dormir y descansar, no hacía nada, aunque de vez en cuando soltaba pequeños gemidos, hasta que Maite se animó, me indicó que estaba un poco lastimada, que cada vez le dolía más el coño, después me dijo que mejor que follásemos ahora por el culo, que tenía la vagina quemada, yo acepté.

Se puso en cuclillas y se esparció un poco de semen por la entrada del culo, luego se lamió el dedo anular y empezó a introducírselo muy lentamente por el ano, hasta que se lo metió hasta el fondo, lo dejó dentro unos minutos para que se dilatara, después se lo sacó, se puso a cuatro patas y repitió la misma operación, pero con un dedo mío. Cuando Maite creyó que estaba bien dilatada, me sacó el dedo, me chupó un poco la polla, para lubricarla más, y me dejó hacer, situé mi polla en la entrada del culo, y metí con mucha delicadeza la puntita, ella gritó de dolor.

Fui metiéndosela lentamente, con largos espacios de tiempo entre centímetro, ella soltaba en cada movimiento grandes alaridos, pero le gustaba, era una buena puta, ninfómana insaciable, la verga entraba lenta, pero de forma constante, al poco tiempo estaba toda dentro, repetí varias veces la operación, hasta que su culo ya aceptaba bien mi verga, entonces empecé a darle lentamente, Maite arañaba el suelo, gritaba desgarradoramente, gemía de placer, le estaba partiendo más aún su roto culo, le gustaba, se corrió nuevamente, yo aceleré más, ella gritaba dolorida, hasta que minutos después, nos corrimos los dos, inundé su culo, momentos después saqué mi polla, y su culo empezó a vomitar semen, su ano estaba destrozado, abierto, enrojecido.

Tras esto, nos tumbamos en el colchón y nos dormimos al rato agarrados. Al día siguiente el campamento se desmontó y volvimos a vender los animales, y al otro día retorné a mi casa en Huelva, eso sí con el Messenger de Maite. Ahora sigo en contacto y ella me cuenta lo que va haciendo en los safaris, más que nada a quien se tira y como.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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Tu perfume en mi sofá

Ella pidió cambio de postura y lentamente se introdujo mi polla en su tesoro. Veía su caliente cuerpo encima de mí proporcionándome un placer indescriptible. Comenzó a subir y bajar a buen ritmo. Ella gozaba, yo gozaba. Veía sus pechos botar al ritmo del polvo que estábamos echando, yo los sujetaba con las manos, sintiendo su calor, sintiendo la dureza de su pezón izquierdo, estaba en la gloria.

Garbiñe es una mujer inteligente, vivaz, atractiva. Quedé con ella en el centro de Barcelona, nos habíamos conocido por esta página de contactos y era nuestra primera cita. Yo estaba nervioso, sentía un cosquilleo especial dentro de mí, cierta incertidumbre sobre la mujer que me iba a encontrar, a pesar de que había visto una foto de ella y habíamos intercambiado infinidad de correos.

Llegué tarde, y a pesar de ello, mantuvo su sonrisa… Estaba mejor que en la foto que me había enviado, rubia con mechas, labios provocadores, y la misma sonrisa que en la foto, encantadora. De mi misma estatura y con unos pechos turgentes… El plan era tomar un café, conocernos y pasar una tarde agradable. ¿He dicho tarde agradable? Sí que lo fue. Nos dirigimos al café del museo Enric Marés: me encanta ese sitio, verde, silencioso, tranquilo. Hablamos de todo un poco…Me gustaba, pero no me atrevía a dar el primer paso, no lo tenía claro…ella tiene novio, y no me apetecía meter la pata.

Cambiamos de lugar, más cerca de mi casa. Charlamos durante 2 horas, hablamos de todo un poco, de mis viajes, sus aficiones, sus amigas, mi tierra… me gustan las mujeres que saben llevar una conversación y dejan que lleven la conversación. Después de un paseo por el parque de Ciutadella (en el que estuve a punto de tirarla a la hierba y comerme sus labios), acabamos cenando en un restaurante Italiano cerca de mi casa. Una ensalada de primero, dos platos de pasta, y los cafés… Estábamos en el café y ella pidió la cuenta. Noté cierta prisa en ella, ¿era por llegar a su casa pronto o por que no se nos hiciera tarde?

De camino al metro, pasamos por delante de la calle que lleva a mi casa. Nos detuvimos, y en ese momento besé sus labios. Estaban riquísimos.

-¿Subes a mi casa? Se lo piensa. Pepito Grillo dice no. Su deseo dice sí. -Sí. Pepito Grillo se ha rendido, ha vencido el deseo.

De camino a mi casa nos besamos, rozamos, abrazamos. Subimos las escaleras como dos chiquillos…con ganas de abrir la puerta y comenzar a sentir nuestros cuerpos. Fuimos lanzados al sofá, juntó sus labios con los míos. Sentí la humedad de su boca en la mía, ambos dos tenemos los labios carnosos y parecía que manteníamos una lucha a ver quien dominaba a quien.

Ambos nos quedamos en ropa interior, me hizo sentarme, y se puso de rodillas en el suelo. Metió la mano en mi bóxer y sacó mi miembro. Comenzó a masajearlo suavemente hasta que comenzó a crecer y crecer. Yo tenía los ojos cerrados cuando sentí una agradable humedad en mi capullo. Me estaba haciendo una deliciosa mamada…Lo hacía genial, sentía su lengua como acariciaba toda mi polla, subiendo y bajando, disfrutando del momento. Acariciaba con sus manos mis huevos, besaba la punta de mi miembro con dulzura, con delicia. Ella se incorporó y montó encima de mí, yo tenía la polla a tope.

Comenzó a restregar su tesoro contra mi miembro, estaba utilizándola como objeto masturbatorio, subía y bajaba, haciendo que mi polla restregara todo su clítoris de arriba abajo. Comenzó a hacerlo más y más deprisa. Botaba en mi sofá, mientras yo agarraba sus pechos, los acariciaba, los succionaba. Se detuvo después de un buen rato, había conseguido tener su primer orgasmo… ahora lo deseaba yo.

Quería hacer el amor con ella, deseaba sentir el calor de su cueva, deseaba verla gozar de placer, pidiéndome que no parara…Fuimos hasta mi habitación, y a la hora de ponerme el preservativo… chofff… la verdad es que mi polla es muy señorita para eso y no le gusta que le priven de la libertad de sentir la humedad de un buen coño excitado, y se declaró en huelga… (Dejando el pabellón bien alto)  Garbiñe fue comprensiva y no le dio mucha importancia. Eso ayudó a que “la señorita” recuperara todo su esplendor. Bueno, eso y la boca de Garbiñe que volvió a hacer diabluras en “mi señorita”.

Me puse el preservativo. Garbiñe estaba tumbada boca arriba en mi cama, desnuda, esperándome. Me miraba con esos grandes ojos que tiene, y una preciosa sonrisa. Me incorporé sobre ella lentamente, nos besamos, y cogí un pecho suyo con la mano, lo acaricié, tocando su pezón. Mi miembro tanteaba el terreno, intentando encontrar la entrada del placer…y sí que la encontró. Comencé a introducirla lentamente, gozando del momento que estaba viviendo. Quería alargar ese momento de placer todo lo que me fuera posible. Mi ritmo al principio era lento, pausado…hasta que comencé a meterla salvajemente. Me encantan los cambios de ritmo por sorpresa.

Ella pidió cambio de postura, se situó sobre mí, y lentamente se introdujo mi polla en su tesoro. Veía su caliente cuerpo encima de mí proporcionándome un placer indescriptible. Comenzó a subir y bajar a buen ritmo. Ella gozaba, yo gozaba. Veía sus pechos botar al ritmo del polvo que estábamos echando, yo los sujetaba con las manos, sintiendo su calor, sintiendo la dureza de su pezón izquierdo…estaba en la gloria. Se lo dije cuando ya no podía aguantar más, y se agachó para abrazarme sin dejar de mover las caderas hasta que yo exploté de placer. Nos quedamos abrazados un buen rato en mi cama, sin decir nada, asimilando el bueno momento que habíamos pasado ambos.

Pasaron 15 minutos cuando mi señorita despertó otra vez, le habían encantado las sensaciones anteriores y quería volver a repetirlas, a pesar de que para ello tuviera que ponerse la maldita “camisinha”. La disfracé y comenzamos otro buen polvo. Después del segundo round, salimos los dos al salón. La idea era recuperar nuestros trapos y vestirnos. Me pidió permiso para darse una ducha antes de llegar a su casa, me pareció que quería lavarse los pecados de infidelidad. Mientras estaba en la ducha me imaginé como se enjabonaba sus pechos, como mi esponja recorría sus muslos, sus brazos, sus intimidades…me estaba poniendo malo otra vez…

Salió de la ducha, oliendo al perfume del jabón. Una mujer perfumada es mi debilidad. La tumbé en el sofá. Boca abajo. Me tumbé encima de ella, los dos desnudos, arropándola con mi piel, sintiéndonos mutuamente.  Mi polla comenzó a crecer y a crecer. Estaba rozando su sexo, acariciándolo. Ella dijo que no, que no le apetecía más. Un par de caricias más acabaron de convencerla.

Continué con el juego de mi polla acariciando la entrada de su coño, introduciendo la punta, sacándola, volviendo a acariciarla, volviendo a meterla, volviendo a sacarla. La introduje de golpe de repente, sin miramientos, sin contemplaciones. A ella se le escapó un gemido de placer. Continúe haciendo el amor con ella, follándonos, haciéndonos gozar…hasta que sentí que me iba a correr. Saqué mi polla de su cueva, y me corrí en el nacimiento de su espalda. Recorrí mi lengua por todos mis restos, absorbiéndolos para luego darle la vuelta y darle un largo beso.

Nos quedamos los dos abrazados en mi sofá, testigo de una sensacional tarde de sexo. Solo la volví a ver una vez más… Garbiñe, sigo manteniendo estos buenos recuerdos, mi sofá sigue manteniendo tu perfume…

Autor: Odioplantxar

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Arroyo turbulento

Cuando me di vuelta le pedí que chupara los dedos de mis pies y que subiera por mi cuerpo hasta quedarse con la leche que asomaba en mi pija. Fue obediente y lo premié con una nueva penetración, acompasada con castigo en sus nalgas, con golpes suaves con una varilla, que lo llevaba a cerrar su ano aprisionando mi pene enterrado en su recto. Sentí como una boca que mamaba a mi ritmo.

El arroyo venía crecido, sucio y turbulento por la lluvia y la tormenta que había pasado, pero estaba bien porque habíamos ido a coger, no a bañarnos. No había nadie en el balneario, por lo que cerré la camioneta y nos metimos en el bosque con una lona y un botiquín para emergencias donde yo tengo profilácticos, cremas cicatrizantes, un jabón desinfectante y repelente para mosquitos…

Soy Manuel (35) y me acompañaba Leandro (19). Nos fuimos desabotonando todo a medida que buscábamos un lugar para ocultarnos. Quedamos desnudos y realmente Leandro tenía un buen físico, ejercitado por el trabajo de campo y las pajas que se mandaría con Alejandro (20) y Tomás (18). No tuve que sugerir nada porque su lengua lamía mis huevos y mi agujero frenéticamente. Le puse un condón en su pija que parecía un mástil y no necesitaba ni que la tocara. La saliva fue el lubricante y entró sin dolor en mi culo, hasta que sentí la necesidad de ir de cuerpo…Leandro era una máquina de buen ritmo para entrar y salir de mi culo, aunque no tenía romanticismo. A los quince minutos, mi agujero ardía y yo tenía que cagar. Esto tampoco era romántico, pero cumplía con la necesidad que no siempre dicen los homosexuales. Quizá porque no éramos gays, sino chicos, sin chicas para coger.

Cuando regresé Leandro estaba desnudo boca abajo y jugaba con las cosas del botiquín.  Saqué la pomada y me puse unos guantes de látex que llevo para los accidentes. Estaba muy caliente su agujerito por lo que le di rápido tratamiento con un dedito, dos, tres, cuatro y sus gemidos de dolor y gozo. Mi pija estaba tiesa y los 21 cm. no eran despreciables por lo que le pedí que se sentara sobre ella, mirándome para que pudiera ver su carita aniñada cuando mi mástil desaparecía entre sus nalgas. El mismo controlaba su movimiento, ya que yo estaba acostado boca arriba. Mi glande o cabeza de pija es grande, pero cuando vence el anillo o esfínter deja que la pija entre hasta los huevos.

Después de un rato, agotados por el calor y el esfuerzo, nos acostamos sin movernos para recuperarnos.

-Me gustó que me dilataras con los dedos -dijo Leandro -pareces un maestro. Necesitaba que me abrieran ya que hace un tiempo que no lo hago y a veces en el apuro, Alejandro me desgarra con lo que me sale algo de sangre y me duele varios días. -Es práctica cuando el sexo se hace con alguna seguridad -respondí. Por ejemplo, no se deben iniciar chicos ya que se los puede lastimar y no saben cuál es el límite. Creo que Tomás es muy joven y por eso no debe hacerlo.-Te equivocas, ya que fue Tomás el que me pidió que lo dejáramos entrar a nuestro club secreto de pajas y cogidas -me respondió.-Aunque te lo pida y quiera ser iniciado, debe esperar a tener una idea clara de lo que es amar o tener sexo -dije. -No sabía -pero lo íbamos a hacer en el galpón cuando llegaron ustedes con el tornado. Creo que Alejandro y yo lo hacemos porque no tenemos novias o chicas aquí.

Cuando tengamos, posiblemente dejemos de hacerlo y cojamos mujeres, aunque te digo que recién, cuando me empalaste con tu pija, me encantó. Sentí como si mi culo fuera una concha caliente. Leandro encendió un cigarrillo y fumaba lentamente mientras con un palito trataba de levantar del suelo al profiláctico que yo había usado…mi leche estaba dentro, pero por fuera se veían sucios unos 19 cm.

-Cómo hay que hacerlo bien y con seguridad -preguntó Leandro dándose cuenta que le faltaba conocer algunas cosas más.-Es difícil explicar cuando uno tiene ganas de coger. -Pero bueno que uno se relaje y si es posible, antes de ser penetrado, haya evacuado la caca y los gases. Así no hay tensión cuando se va abriendo el agujero con una crema y los dedos. El ano y el recto se preparan, bien lubricados, para el entra y sale de la pija de un macho.

-Con Alejandro hacemos el vuelta y vuelta -pero yo prefiero que él me trabaje el culo -comentó pensativo Leandro. Muchas veces, cuando vemos películas subidas de color, vemos unas erecciones de novela y unas cogidas increíbles después de usar “chiches” o dilatadores o vibradores. -Sí. Algunas veces son de película y otros ayudan para dilatarse ya que uno puede controlar cuánto se mete y cómo…en eso es mejor que la pija que uno quiere clavarla y mandarla al fondo sin esperar que la pareja esté preparada. Es algo que los dos o los que sean deben gozarlo juntos. -Me gustaría una fiestita así ya que estás por aquí.

Le diría a Alejandro y a Tomás, ¿qué te parece?  -propuso Leandro. -No sé. Tendría que conseguir algunas cosas para que lo que hagamos les sea útil  -dije con ganas de volver a coger a Leandro a quien había puesto, acostado de costado, para que fuera más fácil conversar, detener mi bombeo y volver a empezar.

A los 20 minutos, Leandro me rogaba que lo coja fuerte, profundo y rápido. Abría las piernas y hasta los dedos de los pies, mientras que sus manos arrancaban los yuyos del borde de la manta. Terminé dentro de él y nos quedamos abrochados, quietecitos un buen tiempo, hasta que mi pija se achicó y dejé que saliera de la cuevita de Leandro. Después, él comenzó a besarme por todas partes: la boca, las orejas, la nuez de Adán, la espalda, las nalgas y mi agujero…

Cuando me di vuelta le pedí que chupara los dedos de mis pies y que subiera por mi cuerpo hasta quedarse con la leche que asomaba en mi pija. Fue obediente y lo premié con una nueva penetración, acompasada con castigo en sus nalgas, con golpes suaves con una varilla, que lo llevaba a cerrar su ano aprisionando mi pene enterrado en su recto. Sentí como una boca que mamaba a mi ritmo.

-Ya es tarde y tenemos que volver -dijo Leandro. Tengo que prender el fuego para el asado de esta noche. Espero que te quedes, aunque no hay hotel, ni residencial en mí pueblo. Hablaré con mis viejos para que te puedas acomodar en mi pieza, como hacen mis primos cuando nos visitan.

La propuesta no era mala y por primera vez, me di cuenta que el tornado nos había dado otras oportunidades en ese pueblito perdido entre campos de soja y trigo. Nos limpiamos cerca del arroyo y enterramos los cuatro profilácticos que habíamos usado para que no anden flotando en el agua o enciendan la curiosidad de otros chicos inocentes. Este lugar era el balneario natural de las familias del pueblo y no pretendíamos que supieran que era un escondite, mejor que el galpón que ahora no tiene techo, para encuentros amorosos. El balneario no es sólo para bañarse, como la cama no es sólo para dormir, sino que lo diga Leandro quien se masajeaba lentamente su culito un poco dolorido.

Autor: Patricio

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De acampada

Ellos se empezaron a besar con lengua, se daban un morreo súper erótico. Yo mientras, mamando. Javi, mientras se morreaba, me metía dos dedos en el culo. Seguí mamando un buen rato hasta que se corrió en mi boca. Era la segunda vez seguida y la 3ª esa noche, pero le salieron chorros y chorros de leche caliente. Me salía por la boca y eso que tragué bastante.

Hola a todos los lectores, soy Roberto, mandé un relato en el que contaba mi historia, mi primera vez con un tío, hace ya mucho tiempo, se titulaba “Retomando una amistad”, para quienes estén interesados en conocer mi historia desde el principio.

Si os acordáis, en mi relato anterior os contaba lo que me pasó con Carlos, y os decía que ahí no acabó la cosa. Pues siguió la noche. Lo dejamos después de la follada que me dio, bien, pues eso, después de mamársela y que me la metiese, nos quedamos ahí tirados en la tienda, yo tenía toda la cara con su semen, pegajosa. Él estaba al lado, con la polla flácida y toda húmeda.

Empezamos a hablar. Me contó que tenía ganas de hacerlo conmigo desde el instituto, que al decirle yo que venía se lo preparó todo, lo del pedo, lo de quedarnos solos, y eso. También me dijo que Javier y él solían hacerlo de vez en cuando, no eran gays pero les iba ese juego, esa marcha.

Estuvimos así un rato, hasta que noté que se estaba poniendo otra vez cachondo, se le empezaba a poner morcillona. Yo también empezaba a notar algo ahí abajo. Le dije que si no había tenido suficiente con lo de antes, y él dijo que nada de eso, que había que rematar la faena. Ya sin el corte ni los miedos de antes, me lancé sobre su polla, la agarré y la manoseé, él también agarró la mía. Empezamos a sobarnos las pollas, con vicio. Ese sobeteo me gustó mucho, mano va mano viene. Yo me agaché más y me la metí en la boca, quedando justo para que él hiciese lo mismo, un 69. Y no se cortó, me empezó a chupar los huevos. Yo estaba encima y él debajo. Yo tenía toda su polla dentro y él me chupaba los huevos y la zona que va de ahí al culo. Eso me puso a cien.

Me estaba gustando mucho, notaba su lengua cerquita de mi agujero que aun no estaba recuperado de la follada de antes y eso hacía que tragase su polla con más ansia aun. Ahí estábamos, venga a chupar y gemir, y no nos dimos cuenta que Javier regresó de la marcha. Los otros se debieron meter en su tienda, que estaba unos metros alejada, y él venía hacia la nuestra. Estaba abierta y entró, venía medio borracho, pero tampoco mucho.

No le extrañó mucho lo que vio, porque no dijo nada más que: vaya, ya sabía yo que este cabrón conseguiría comerse ese culo. Yo de momento me quedé cortado, pero a los pocos segundos recordé que me había dicho que también le molaba esto, y le vi que se estaba bajando el pantalón. Ya desnudo, me empezó a acariciar el culo, las nalgas y el agujero, mientras Carlos chupaba toda la zona. Él tenía una polla más pequeña que la mía, y delgadita, estaba descapullado, o sea, operado. Nada que ver con el pollón de Carlos. Yo seguía con la mamada, de la polla de Carlos casi no me entraba ni la mitad, pero yo seguía venga a mamar, y me excitaba que me tocasen y chupasen dos tíos a la vez.

Era demasiado para mi 1ª noche bisexual. Carlos le dijo a Javi que probase, que tenía buen culo y que me entraba muy bien. El enseguida se dedicó a chupar bien mi agujero, y a meter dos dedos. Lo de que me mamase el culo fue algo bestial, me encantó. Al poco tiempo se puso un condón, y me la empezó a meter.

Estaba tan salido que ni me dolió, además, al ser pequeña y finita, no me molestó nada mientras entraba. Tenía a Carlos chupándome los huevos, Javi metiéndomela y yo con la polla de Carlos tiesa en la boca. Le pedí a Carlos que me la chupase un poco. Eso hizo, me la chupó arriba y abajo y ya no aguanté mas, me corrí como una perra, sin avisar, en su boca. Carlos dijo: será cabrón?, conque esas tenemos, eh?, ahora vas a recibir polla de verdad. Se levantó, quitó a Javi de ahí y me la metió sin preparativos, de golpe. No tenía ni condón puesto. Me dolió, pero antes de poder decir nada, Javi me puso la suya en la boca. Se estaban despachando a gusto.

Yo estaba empalmado, no se me bajó a pesar de correrme, de lo salido que estaba. Se puso un condón y siguió follando bien fuerte. Después de un rato, noté como le engordaba la polla dentro de mí, eso me puso aún más, y empezó a correrse en mi culo, lo notaba como golpes de la polla dentro de mí. Javi estaba también a punto y se corrió en mi boca. No daba a basto, corrida en la boca, corrida en el culo.

Estaba súper salido, me sentía la mas guarra del mundo y les dije: ahora yo también quiero un poco, así que me puse de rodillas y los dos me la empezaron a mamar, juntos, uno la polla otro los huevos. Y me puse un condón y les dije que los 2 a 4 patas. Se pusieron y se la fui metiendo a Carlos. Mientras, Javi se metía los dedos. Después se la metí a Javi. Un ratito después, volví con Carlos, quería correrme dentro de su culo. Empujé 4 ó 5 veces y zas, me corrí como un animal en el culo de Carlos. Javi estaba ya empalmado y tocándosela sentado, así que Carlos se acercó y se sentó sobre él, clavándose su polla en el culo.

Yo estaba reventado, pero la escena era súper cachonda, así que me acerqué a Carlos y se la mamé. La tenía casi empalmada. Javi se corrió rápido, y yo seguí con la mamada. Ellos se empezaron a besar con lengua, se daban un morreo súper erótico. Yo mientras, mamando.

Javi, mientras se morreaba, me metía dos dedos en el culo. Yo lo tenía ya al rojo vivo, pero me daba morbazo. Seguí mamando un buen rato hasta que se corrió en mi boca. Era la segunda vez seguida y la 3ª esa noche, pero le salieron chorros y chorros de leche caliente. Me salía por la boca y eso que tragué bastante. Ya nos relajamos. Y pensé en los días que todavía nos esperaban en la sierra.

Pero eso ya os lo contaré en otra ocasión, espero no tardar tanto en continuar como esta vez. Esta historia es real, si alguien quiere comentar algo o charlar conmigo, os espero.

Autor: Roberto

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De amor platónico a cogidas reales

Rocé con la lengua la vagina y la empecé a separar para meterme en ella, metí y saqué mi lengua, después separé tus nalgas y puse la punta de mi lengua en la entrada de tu delicado culo, lo empecé a lamer despacito, luego endurecí la lengua y traté de penetrarlo con ella, estoy seguro que logré introducir la puntita, mientras por debajo de tu cuerpo metí mi mano y puse los dedos en tu boca.

Esta historia es cierta, el encuentro no se ha dado, pero el día que suceda se los voy a compartir como lo hice con este.

Tú y yo, nos convertimos en amantes platónicos desde tu juventud y mi madurez, nos buscábamos para amarnos con la mirada, solamente con la mirada. La idea de amarnos se nos ocurrió a los dos. Siempre he pensado que los amantes platónicos deben conservar intactos todos sus deseos si quieren que el embrujo que los une, los mantenga así por toda la eternidad. A ti la idea (estoy seguro) te pareció completamente fantasiosa, irreal, inapropiada quizás, pues eras una mujer casada, pero aceptaste porque querías sentir, yo también era casado, pero tampoco podía permitirme el lujo de no explotar al máximo mis sensaciones. Ahora tú tienes 35 y yo 50, pero queremos dejar de ser platónicos para convertirlo en realidad. Recuerdo que fue un lunes cuando pedí tu correo a alguien muy querido para los dos, después pasó un año y un mucho más, donde sólo eran correos amistosos, declaraciones, fantasías, compartir recuerdos de lo que pudo haber sido lo nuestro, que si tú, que si yo, hasta narrarnos posibles encuentros sexuales entre los dos. Recuerdo que un día me escribiste:

Lo primero que voy a hacer cuando te vuelva a ver  es poner música: después me gustaría besarte, y besarte y besarte mucho, sólo la boca por mucho tiempo hasta que te duelan los labios, imagino que tú mientras yo hago esto estarás acariciándome toda:  las piernas, nalgas, senos, vagina, pelo, etc. para entonces ya debo de estar súper mojada y lista para que me penetres, pero no, todavía no, antes  voy a recorrerte con mi lengua, cada pedacito de ti de tu piel, quiero empezar por las orejas, te estoy metiendo la lengua y tú te estremeces, de ahí me bajo lentamente al cuello, te lo beso, lo chupo y lo muerdo muy suavemente para no dejarte marcas, me pides que ya deje que me metas toda la verga (que para entonces ya está de lo más parada que jamás he visto y chorreando por mí), pero no aún no papito.

La música es cada vez más suave, estamos escuchando algo de lo que tú cantas y tu voz se pierde con los gemidos que emites por tanto placer, estoy en tu pecho, te hago cosquillas con mis dedos, pero mi boca y mi lengua no te sueltan sigo bajando ( ya estoy muy mojada porque siento tus dedos dentro de mi vagina jugueteando con ella ), y hago una pausa para volver a tu boca, que me hace cosquillas con esa barba de candado que tienes, al oído te repito cuanto te amo, y te deseo, me bajo repentinamente a la verga sabe a… no se a que sabe, pero es tuyo, tu semen que se ha salido poquito porque está ya deseándome.

Voy por las orillas de tu miembro, parado increíblemente, lo deseo, quiero que me claves con el, primero suavemente y después bruscamente, ¡pero no! Me aguanto un poco más y entonces voy por detrás de ti, tú me jalas porque ya quieres meterme toda tu hermosa verga hasta el fondo de mí y admito que yo también la deseo, la necesito, la quiero, pero todavía no, me falta disfrutarte más, te volteo y… ¡Ooohhhhh! ¿Qué tengo ahí?  Todo tu hermoso cuerpo, me incorporo y vuelvo a tu nuca, primero te beso el pelo y después con la lengua, recorro cada parte de tu nuca, me voy bajando, y con mis manos te alcanzo la verga que está bien parada y chorreando, sigo así, te muerdo con suavidad las nalgas tan paradas que tienes, sigo con mis manos ocupadas, sólo tengo la boca, chupándote, lamiéndote cada poro de tu piel, justo en ese instante llego a tu ano, retiro mis manos  sólo por un instante de tu verga, para separar un poco tus dos lindas nalgas y cuando ya están empiezo a deslizar mi lengua por tu hermoso culito, lo acaricio con ella lentamente.

Escucho tus lamentos y eso me excita cada vez más, me pides entre murmullos que ya, entonces dejo lo que estoy haciendo y recorro tus piernas por atrás hasta llegar a los pies, son tan lindos y suaves, te chupo cada dedo, uno por uno, te vas volteando ya no resisto más y me subo rápidamente para mamarte la exquisita verga que tengo ante mí, te chupo mucho por todos lados, por supuesto los huevos no los puedo dejar de lamer y acariciar con mi boca, los muerdo suavecito. Mi amor ya no puedo más estoy mojada y mucho, me acuesto lentamente esperando para que te subas en mí y me la metas toda, pero ahora tú eres el malo, me castigas, me pasas la verga por mis senos que aunque son pequeños están firmes y en su lugar, los pezones están a punto de reventar porque quieren ser besados por ti y como si me leyeras el pensamiento te abalanzas sobre de ellos, te pido que ya me cojas, que me metas tu jugosa lanza en mi cueva del amor, pero no sigues haciéndome sufrir, te bajas lentamente besando mi vientre, te detienes en el ombligo y llegas a mi zorra que esta chorreando porque ya te quiere, te desea, metes tu lengua y te digo: “no mi amor porque te voy a llenar todo de mis jugos, de mi lechita caliente”, pero no te importa sigues ahí metiendo una y otra vez la lengua, tu barba está empapada de la miel que derrama mi cocho, pero no te importa, “ya no puedo máaaas” te grito, te suplico que ya no más,  que ya quiero que me metas toda tu verga…

Entonces se me ocurrió escribirte una fantasía y empecé por decirte que…

Que fue un día viernes cuando hice el viaje ex profeso hasta la ciudad donde vives, sabía la dirección de tu trabajo, de tu casa, eran las nueve de la mañana cuando me planté ante tu jefa y pregunté por ti, le dije que era un pariente lejano y que me urgía verte porque un familiar mutuo había muerto y pues quería notificarte, atentamente me condujo hasta tu privado y me dijo que tomáramos el tiempo que fuera necesario dada la importancia de la noticia, te quedaste muda, un color te subía y otro te bajaba llevabas puesto un hermoso traje sastre color gris oscuro, una blusa de seda blanca, medias, unos delicados zapatos negros cerrados, tu pelo estaba recogido y tu maquillaje era perfecto, te veías como una auténtica diosa  y preguntaste más con preocupación que alegría “¿qué haces aquí? Mi marido no tarda en venir por unos documentos que quedé de entregarle”. Te contesté “vine a verte, pero si soy inoportuno me voy y listo”. “No mi amor” respondiste “es que no me puedo reponer de la sorpresa, pero pasa siéntate y platícame cómo fue que se te ocurrió”. Haciendo una pausa ya pensando en salir de esa oficina y volver mis pasos sin conseguir ni un beso. “Pues simplemente decidí hacerlo, era mucho desearlo, platicarlo y creí que te iba a gustar la idea, pero veo que no”.

Como única respuesta te levantaste de tu sillón te dirigiste a mí y tras posar tus ojos en los míos me diste el más romántico, largo y amoroso beso que haya recibido jamás y me dijiste al oído “deseaba tanto este momento mi amor” y desabrochándote la blusa musitaste “ámame ya veré que hago cuando llegue mi marido”. Acto seguido subiste tu falda hasta la cintura y te montaste en mí, recuerdo que traías una tanga pulcramente blanca, de seda con encaje, me tomaste del cabello y me besaste apasionadamente, interminablemente, la boca, el cuello mientras me decías: “mi amor te amo, por fin vas a ser mío, ámame, te necesitoooo”. Me desabrochaste la camisa y hundiste tu cara en mi pecho, chupaste mis tetillas que estaban erectas por tu pasión desbordada y en un gesto de atrevimiento tomaste mis manos y las guiaste hacia tus pechos y tu sexo y me dijiste: “esta soy yo y soy tuya, tócame, acaríciame, siénteme”.

En ese instante te levantaste acomodaste tu ropa y te dirigiste hasta la puerta y le dijiste a tu asistente: “por favor no me molesten cuando venga mi marido que me espere y me llamas por el interfono”. Entraste, pusiste el seguro de la puerta y volviste a regalarme unos largos y dulces besos mientras tus manos bajaban el cierre de mis pantalones y me hacían brotar la verga totalmente erecta, me la empezaste a acariciar mientras emitías unos gemidos de aprobación, cuando por fin lograste separar tus labios de los míos y echando una ojeada a mi instrumento susurraste: “mi amor que rica la tienes, está hermosa, ¿me dejas mamártela?

Aún no terminabas la frase cuando ya le estabas propinando unas tremendas lengüeteadas de abajo hacia arriba como si se tratara de una dulce paleta, después abriste la boca y te la metiste toda, hasta el fondo y con la lengua dibujabas círculos que me hacían vibrar de placer, haciendo una pausa te retiraste y con un gesto de coquetería me llevaste hasta tu escritorio y haciendo a un lado tus papeles te subiste y acomodaste con tus codos y tus rodillas de forma tal que me diste una tremenda vista de tus nalgas y tu cocho, entonces abriste las piernas y empezaste a pasar tus dedos por los labios de tu vagina y tu delicado ano, recuerdo que empecé a subir por tus piernas hasta tus nalgas y al ir hacia el centro me encontré a placer tu cocho húmedo, rosado y tu precioso cerrado y palpitante ano, no pude más y me dirigí a ellos con decisión, rocé con la lengua la vagina y la empecé a separar para meterme en ella, metí y saqué mi lengua al ritmo que el vaivén de tu cadera me indicaba, después separé tus nalgas y puse la punta de mi lengua en la entrada de tu delicado culo, lo empecé a lamer despacito, luego endurecí la lengua y traté de penetrarlo con ella, estoy seguro que logré introducir la puntita, mientras por debajo de tu cuerpo metí mi mano y puse los dedos en tu boca, como si supieras que iba a hacer, los empezaste a lamer y dejar bien llenos de saliva.

Entonces me bajé otra vez a tu cocho y empecé a estimular tu culito con mis dedos, en ese momento me dijiste emocionada “mmm que rico” y sin más te seguí estimulando y acariciando suave y delicadamente, lanzaste un suspiro y te incorporaste, me miraste dulcemente y me dijiste, – no creí que fuera a hacer esto nunca y menos aquí. Te respondí: “¿quieres que paremos? ¿Te arrepientes?  Sonreíste, me tomaste de la mano me sentaste otra vez en la silla, te sacaste la tanga la metiste en la bolsa de mi chamarra te montaste sobre mí, te colocaste justo arriba de mi verga, la sentiste y fue entonces que al momento de sentarte y clavarte toda en ella soltaste una palabra mágica ¡te amooooo! Te movías lentamente de arriba a abajo y suspirabas cada vez que te la metías toda, cuando tocaron a la puerta, te paraste, cayó tu falda, cerraste el saco, yo tapé con la chamarra mi erección y abriste la puerta y estaba en ella tu esposo, fríamente le dijiste: “hola mi amor pasa” y dirigiéndote a mí le dijiste, – “mira te presento a mi tío Juan, llegó del norte y pasó a saludarme”. Contesté – “mucho gusto, perdón que no me levante, pero es que me siento un poco cansado”. -“No importa” dijo él -“nada más vengo por unos documentos, lo esperamos a comer a la casa ok”. No me pude negar y le dije: – “si está bien”.

En eso interviniste tú y – “aquí están amor nos vemos en la casa” nos despedimos y cuando cerraste la puerta volteaste y me dijiste: “tío sígueme dando lo que me trajiste del norteeeee”. Subiste tu falda y te volviste a sentar en la punta de mi verga lo tragaste todo al momento que me decías: “cógeme papi, méteme la verga duro, dame más mi amor, soy tu puta, cógemeeee, aaaay, aaaarrrrggghhh, ay mmmáaassss, papacito dame más verga cógeme, métemela todaaaa”. ¡Me voy a venir amor estoy a punto de llegar es riquísimoooo! Quiero más verga papito más vergaaaa, que rico pedazo tienes para mi zorra, ayyy, yaaaa, mmmmmmm, me vengoooo…

Y fue entonces que me zafé de entre tus piernas y bajé a libar el néctar de tu manantial de miel salada y lo bebí todo hasta la última gota, fueron disminuyendo tus gemidos, nos besamos, te levantaste y me dijiste: – “mi amor espérame en lo que resuelvo unos pendientes y nos vamos a donde tú quieras”. Me imaginé lo que podía pasar y asentí.

El día que recibiste este correo inmediatamente te pusiste a contestarme, lo hiciste a manera de continuación de lo que ya te había mandado yo y esto fue lo que me escribiste en aquella ocasión:

Llegaste a mi oficina, casi me mojo, digo casi me muero cuando te vi ahí y todas y todos preguntaban que quien eras, como ya habías dicho que eras mi pariente tuve que seguir la mentira, después de la pequeña cogida que me diste en mi oficina y que no fue muy buena que digamos, porque siempre estuvimos pensando si alguien entraba o tocaba la puerta. Me despedí de los que estaban ahí y nos dirigimos a un hotel, si a un hotel, cuando te subiste a mi coche no dejabas de acariciar mi vagina e introducir tus dedos y yo te mojaba, te dije espera porque vamos a chocar, ya no podía más así que te pasaste del lado del conductor y yo te decía por donde, porque no conoces ningún hotel de aquí, ahora fue mi turno, te saqué, más bien ella, la verga se asomaba inmensa, grande, me bajé a mamártela locamente y me estorbaba el volante quería comérmela toda ahí mismo.

Todavía tenía la leche que me habías arrojado en la oficina dentro de mi concha y salía revuelta con mis propios jugos, a mí no me importaba si los demás automovilistas se daban cuenta que te la iba mamando o le gente que estuviera parada en las aceras yo estaba con toda tu verga metida en la boca. Por fin llegamos, pagaste y al fin solos, como pude te quité la chamarra, el pantalón mientras tú desgarrabas mi  carísima blusa, me desabrochaste  el brassier, me quitaste la tanga con los dientes mientras introduces la lengua en mi zorra, “ya no puedo más”. Te digo: “por favor mi vida méteme todo tu verga, soy tu puta,  ya no me hagas sufrir más, te deseo dentro de miiii”

Dicho esto me volteaste y me lo clavaste todo dentro de mi ano, sabías perfectamente que por ahí jamás lo había hecho y me dolió como no tienes idea, yo te pedía que lo sacaras, pero no me hacías caso y seguías empujando y empujando, hasta que el dolor inicial se empezó a convertir en placer “mmmm papi, que rico pito tienes, me está partiendo en dos el culo, pero quiero que sigas, ya no me lo saques hasta venirme contigo y me inundes el culo con tu lechita mi amor”. Pasó un rato y empecé a sentir unos riquísimos espasmos y te dije: “mi amor creo me estás dando un riquísimo orgasmo por el culo, sigue papito sigue moviéndote que creo que me ¡estoyyy viniendoooooooo!

“¡Mi amor me vengo aaaayyy!, que hermoso placer mmmm, eres mi camote y yo soy tu putaaaa”  luego te saliste de mí sólo un momento para bajarte nuevamente y seguir con la lengua, cariñosamente me decías que te disculpara, pero que mi culo te había prendido, por unos minutos más lo acariciaste con la lengua una y otra vez, después me incorporé tomé tu verga dura, llena de tu leche y mi culo y la comencé a mamar hasta que quedó limpiecita, brillante y lista para el siguiente encuentro.

Pasaron unos momentos de silencio, después me acomodé en tu pecho y me quedé dormida.

Autora: Marciave

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La polla de mi suegro

Nunca pensé que yo fuera tan puta como para tirarme a mi suegro a unos metros de mi esposo, ya no me interesaba que mi esposo se despertara o que mi suegra nos encontrara. Mi única preocupación era que me la metieran más y que mi suegro se moviera. Y vaya que él sabía moverse, me metía la pinga por el culo y me pajeaba la concha, agarró fuerte las tetas y me llenó el culito de leche.

Terminó el baile y yo estaba prácticamente mojada, el roce con la enorme verga de mi suegro me había excitado muchísimo, tenía miedo de que se notara que estaba mojada, tenía vergüenza de que se dieran cuenta de que mi suegro estaba con la verga erecta, pero no podía dirigir la mirada hacia su verga porque eso también podía ser notado. Tenía vergüenza de que mi suegro me hubiera sentido mojada y que pensara que a mí me había gustado sentirlo, porque era evidente que él sabía que yo lo había sentido.

Me hice la desentendida y me senté en el sillón, vi de reojo y pensé que era imposible de que no se hubieran dado cuenta de que mi suegro tenía la pinga parada. Mi suegro siguió sirviendo licor. Yo casi no tomo así que me servía menos y yo me demoraba en terminar cuando me servían. Esto ocasionó que mi marido se quedara profundamente dormido y mi suegra (que también tomaba regular) diera muestras de cansancio. Le dije a mi suegro: mejor vámonos a descansar. Él casi cargó a mi marido y me ayudó a llevarlo hasta mi cuarto. Mi suegro y mi suegra se dirigieron a la habitación que les habíamos asignado.

Cuando estaba en mi cuarto decidí ir al baño a lavarme la concha (así le llamamos aquí a la vagina) porque la tenía mojadita y a cambiarme de truza. Estaba solo con la truza y un camisón de dormir. Entré al baño y por costumbre (los fines de semana nos quedamos solos en la casa) olvidé poner seguro a la puerta. Me saqué el camisón y la truza y me senté en el bidet para lavarme, además pensaba que no iba a poder dormir con la concha caliente, como me había quedado después del roce con la verga de mi suegro. Cuando de pronto ingresó mi suegro prácticamente con la verga en la mano, seguramente para orinar.

Yo no tenía cómo taparme y él no hacía nada para cubrirse el tremendo rabo que le colgaba. A pesar de tener la pinga solo medio erecta se veía descomunal, no solo era larga sino que también era muy gruesa. Ni en las películas porno había visto semejante pinga, de solo imaginarme cómo sería totalmente erecta se me hizo un nudo en la garganta y, tengo que confesarlo, me sentí muy excitada, me imaginé cómo sería tener toda esa vergota adentro. No sé exactamente cuánto tiempo pasó, pero para mí fue una eternidad. Mi suegro me dijo:

-Disculpa Marguita (mi nombre es Margarita) -No se preocupe don Alfonso (le respondí), la culpa la tengo yo por no poner seguro a la puerta.

Me paré y salí del baño, me fui a la sala para tomar algo de líquido y apareció mi suegro, me miró, esta vez me pareció que me miraba de forma diferente- y me dijo:

-¿No tienes sueño Marguita? -Se me ha quitado –le respondí.

Se sentó a mi costado y me dijo:

-Quiero pedirte disculpas por lo del baile, pero no pude evitarlo, sé que te diste cuenta de que estaba muy excitado, parece que los demás no se dieron cuenta. -Eso espero  – le contesté -La verdad que tienes muy buen cuerpo, que suerte la de mi hijo, de poder comerse una mujer como tú. -Le agradezco sus comentarios pero le pido por favor más respeto don Alfonso – le dije.

No sé si mi llamado al orden lo excitó más pero noté como le crecía la verga. No pude dejar de mirarla y como no había nadie más que nosotros dos en la sala, ya no tenía mucho de qué cuidarme como antes.

-Que sea tu suegro no significa que deje de ser hombre me dijo, al tiempo que se acercaba más a mí y me ponía la mano sobre el hombro, Don Alfonso, que puede venir mi marido o su esposa –le dije. -No te preocupes que cuando mi mujer agarra el sueño no la despierta ni un terremoto. -Es igual que su hijo -le dije.

Creo que cometí el error (o el acierto) de no detener las cosas allí, no pude resistirme, no sé si fue la curiosidad, la calentura, el peligro, o qué sé yo, pero la excitación me ganó y dejé que mi suegro siguiera tocándome. Mi suegro era realmente un maestro para hacer el amor, se acercó a mí y rozó sus labios con los míos, me pasó la lengua por los labios y después juntó los suyos con los míos; me metió la lengua creo que hasta la garganta, jugaba con mi lengua y con las manos me acariciaba, me  agarraba las tetas, me estrujaba los pezones, después me agarró las nalgas y me las separó; después, sin dejar de besarme, me agarró la concha y comenzó a jugar con mi clítoris, me metió los dedos a la concha y los movía.

Siguió besándome, me lamió todo el cuerpo, me chupó los dedos de los pies, me sacó toda la ropa, me puso boca abajo y me lamió desde la nuca hasta los talones, después regresó, se detuvo a la altura de mis nalgas, me las mordisqueó, me las lamió, me las ensalivó y me dio vuelta. Lentamente separó mis piernas y me metió su lengua rasposa en la concha, los pelos de su barba mal afeitada me raspaban mis partes íntimas y eso también me excitaba, metía y sacaba su lengua de mi concha como si su lengua fuera su verga y me estuviera penetrando, después chupaba como si dentro de mi concha hubiera un manjar que no quería perderse.

Continuó su tarea lamiéndome el clítoris, después me lo chupaba como si fuera una verga pequeñísima. Allí tuve mi primer orgasmo, sentía que mi cuerpo me temblaba. Para este momento yo no tenía noción de que estaba a unos metros de mi esposo y que su papá me estaba haciendo delirar de placer. Tanto fue mi placer que estoy segura que lancé unos gemidos (alaridos diría yo) sin importarme si mi esposo o mi suegra se despertaban. Mi suegro levantó mis caderas y prácticamente puso mi culo a la altura de su boca. Me levantaba y me bajaba y hacía que mi cuerpo se deslizara por su boca. Su lengua, que me parecía enorme, recorría mi concha y mi ano. Luego se detuvo en mi ano y comenzó a meterme la lengua con la misma dedicación que lo había hecho con mi concha. Parecía que mi ano estaba hecho para su lengua, porque a pesar de que nunca me la han metido por ahí, su lengua entraba fácilmente.

Después se dio vuelta y me puso la verga en la cara. No hubo necesidad de que me dijera qué quería, entendí que me estaba invitando a que se la mamara, y así lo hice. Con mi poca experiencia hice lo que pude, además mi suegro tiene la pinga tan grande que con mucha dificultad logré metérmela en la boca. Tenía que abrir la boca todo lo que podía para poder introducirme solo la cabeza. Le lamía la pinga de la cabeza hasta la base, después jugueteaba con sus huevos, se los mordisqueaba, se los chupaba y volvía a lamerle la pinga, le eché mucha saliva en la pinga, así me gustaba vérsela, chorreando saliva.  Nos colocamos en lo que se llama un 69. Mientras que mi suegro movía las caderas tratando de meterme la pinga en la boca, me chupaba la concha, se metía los dedos en la boca y después me los metía en el ano, primero un dedo, después dos y finalmente no sé cuantos dedos me metió. Allí tuve mi segundo orgasmo, este fue más intenso que el anterior. Mis gritos fueron más fuertes.

Después de esto, mi suegro se puso encima mío y me la metió. A pesar de que yo tengo dos hijos, sentí que la pinga me entraba con un poco de dificultad y que me dolía un poco, pero curiosamente, ese dolor también me producía placer. Después mi suegro me levantó una pierna y siguió metiéndomela, Después me la metió de costado. Luego se echó en el sillón y me dijo que me sentara en su verga. Le obedecí. Comencé a cabalgar sobre esa descomunal pinga y sentía como se me introducía toda, y yo podía controlar el movimiento. Eso me excitó al máximo.

Cuando sentí que me venía otro orgasmo comencé a moverme más rápido y la sensación de placer fue indescriptible. Ahora, más calmada, pienso que esa es la mejor pose, porque una puede controlar la penetración y dirigir la velocidad y profundidad. Después de eso, mi suegro me ordenó que me pusiera como una perra, o sea en cuatro patas pero arrodillada. Sentí que me escupió en el culo y luego me metió un dedo despacio, comenzó un mete y saca con un dedo y después sentí que me metió dos dedos y continuaba con el mete saca. La verdad que hasta ese momento no sentía dolor, solo una sensación de incomodidad que era largamente anulada por el inmenso placer que sentía con los dedos de mi suegro dentro de mi ano. Volvió a escupirme en el culo, sacó sus dedos y puso la cabeza de su enorme pinga en la entrada de mi ano. Yo hacía ya un buen rato que me había dado cuenta de que me la quería meter por el culo, y la verdad, estaba ansiosa porque lo hiciera.

-Quizá si esto te pueda doler un poco –me dijo- ¿Quieres que siga? –agregó. -No me interesa que me duela, al contrario, quiero que me duela –papito rico- le contesté, – por favor, no seas malo, rómpeme el culo, este culito virgen está listo para recibir tu rica pinga, vas a ser el primero que me la meta por el culo – le dije. -Sí, ya me di cuenta que el tonto de mi hijo nunca te ha dado por el culo – agregó.

Y siguió con su ardua tarea, poco a poco fue metiéndola. Metía un poco y se detenía unos segundos. Yo pensé que ya me la había metido toda, pero no sabía que solo había metido la cabeza. Cuando me la metió toda sentí como si me estuvieran partiendo en dos. Sentí un gran dolor y solté un grito. Al mismo tiempo sentí un inmenso placer y comencé a moverme y a retroceder más para que me entrara más pinga.

Nunca pensé que yo fuera tan puta como para tirarme a mi suegro en mi casa a unos metros de mi esposo. En ese momento ya no me interesaba que mi esposo se despertara o que mi suegra nos encontrara. Mi única preocupación era que me la metieran más y que mi suegro se moviera. Y vaya que él sabía moverse. Me metía la pinga por el culo y me pajeaba la concha y me mordía el cuello.- Y me decía cosas asquerosas: muévete puta de mierda, muévete chupa pinga, como serás de puta que te estás comiendo la verga de tu suegro, ¿sabes que con esta pinga hice a tu marido?, sigue moviéndote puta de mierda, perra puta eres, me decía.

Yo también le decía cosas que nunca había pronunciado: cogeme más rico, méteme toda esa vergota que tienes, rómpeme el culo, cogeme como si fuera tu perra, como si fuera una puta a la que le has pagado. Se me vino otro orgasmo. Grité más fuerte, parecía que mi intención era despertar a todo el vecindario. Mi suegro siguió bombeando, parecía el pistón de un carro. Me agarró fuerte las tetas con ambas manos y me apretó contra él. Entendí que se estaba viniendo. Sentí que me llenaba de leche, pero la leche no paraba de salir. Sacó su pinga de mi ano y la vi que estaba bañada con una mezcla de semen, caca y sangre. Mi suegro realmente me había roto el culo.

-Chúpame la pinga, puta de mierda –me dijo- déjamela limpia. Perra –agregó. – Si papito –le contesté, y comencé a chuparle la pinga hasta dejársela limpiecita.

Realmente no sé cuántos orgasmos tuve, creo que seis o siete. Pero fue la noche más feliz de mi vida. Mi suegro se levantó, me dio un beso y al parecer saboreó todo lo que yo tenía en la boca, que finalmente era suyo, mío, nuestro. Me dio las gracias y le respondí: No, gracias a ti, esto ha sido maravilloso. Mi suegro se fue a su cuarto.

Me fui al baño, me lavé la concha y el culo, que me ardía y sentía como si me lo hubiera dejado abierto y por allí me entrara aire o algo parecido. Pero me sentía en las nubes. Me fui a dormir.
Otro día les cuento lo que pasó al día siguiente.

Autora: Putitapl

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La vieja calenturienta

Ante la mirada de Sergio y su otro amigo, ese chico hizo las delicias de mi cuerpo. Yo me sentía como emborrachada pero de placer, nada más esperando que ese terminase para sentir dentro de mi boca la verga del tercero. Como en efecto sucedió, a los pocos minutos. El resto de la noche no hubo cosa que Sergio y sus dos amigos no me hubieran hecho, y que yo no haya disfrutado.

Lo que son las cosas, cuando era una joven, un sinfín de hombres mayores, me pretendían. Pero ahora que soy una mujer mayor, no sé qué me pasa, que ahora soy yo la que anda tras los jovencitos. Mi nombre es Norma y además de estar felizmente casada, ser madre de dos hijas y un hijo, también soy abuela de un par de adolescentes de dieciséis y dieciocho años.

Por lo que cuando comencé a sentir ese extraño deseo, de acostarme con uno de los amigos de mis nietas, al principio no me preocupe en lo más mínimo, diciéndome a mi misma que eran locas ideas de vieja. Pero cuando ese extraño deseo, me fue llevando a coquetearles de manera directa, me asusté realmente. Nada más de pensar que diría mi esposo, mis hijos y el resto de la gente que me conoce. Pensé que quizás se debía a los nervios, y yo misma decidí darme un reposo, por lo que le dije a mi esposo, que deseaba pasar unas cuantas semanas, alejada de todo, en nuestra finca.

Cuando Mario, mi esposo, me preguntó el motivo, le dije que deseaba hacer una especie de retiro espiritual, para dedicarme al recogimiento y la oración, pero sola, ya que las veces que vamos a la finca con toda la familia, prácticamente es lo mismo que estar en casa, no descanso un solo instante. A Mario lo que le dije le sonó razonable, pero como él dirige todavía el negocio de la familia, me propuso que él pasaría los fines de semana en la casa de la finca conmigo y el resto de la semana, se quedaría en nuestra casa mientras trabajaba.

Así que esos primeros días, sola en la casa de la finca, lo pasé de maravilla, mi marido le había dicho de manera bien clara a los peones, que para nada me molestasen, además contrató a doña Carmen una señora del pueblo para que limpiara y me acompañase durante el día, así podría dedicarme yo a lo que quisiera. Los primeros días lo pasé de maravilla, prácticamente sola, si la señora limpiaba y en ocasiones hasta cocinaba. Me di permiso a mi misma de bañarme sin ropa en nuestra piscina, donde me quedaba hasta altas horas de la noche sin hacer otra cosa que estar relajada en el agua. Me acostaba bien tarde y me levantaba más tarde aun, sin preocupación alguna.

Pero ya cuando llegó el fin de semana, recibí a mi marido, a cuerpo de rey, el sábado por la noche, los dos nos tomamos una cuantas copas de vino, que nos hizo recordar nuestros años de juventud, a tal grado que ambos nos metimos desnudos en la piscina cuando llegó la noche. Yo sé muy bien que tanto Mario como yo ya estamos entrados en edad, como para hacer esos desarreglos, y que mi cuerpo no es el de una mujer jovencita, pero cuando mi marido comenzó acariciarme y a besarme, algo dentro de mi comenzó a revivir, aunque al principio su miembro permanecía mustio y caído, pero a medida que él me continuaba tocando delicadamente por todas mis partes intimas, en particular entre mis piernas y mis casi caídos senos.

Vi con cierto asombro de mi parte, como su cosa se comenzaba a parar, por lo que bien contenta, se me ocurrió prestarle una pequeña ayuda, al principio acariciándoselo, pero al poco rato decidí que bien podría darle una pequeña mamada, y en efecto la ayuda fue de provecho, apenas coloqué mis labios alrededor de su miembro, sentí como se fue poniendo duro dentro de mi boca, y a los pocos minutos ya me estaba penetrando divinamente. Esa noche Mario y yo, revivimos muchos de nuestros viejos recuerdos y experiencias de antes.

El domingo los dos nos despertamos bien tarde, almorzamos en el pueblo y luego regresamos a la casa de la finca, donde nos encerramos en nuestra habitación y nuevamente pasamos una noche de locura. Ya el lunes mi marido se fue a la ciudad y yo me levanté bien tarde, y como de costumbre, por espacio de unas dos horas, me puse hacer mis ejercicios diarios, los que entiendo me permiten a pesar de mi edad mantener mi cuerpo en buenas condiciones físicas, después me di un buen baño de tina, con sales aromáticas, me puse únicamente mi bata de baño, almorcé y el resto de la tarde lo pasé leyendo en bata, hasta que llegó la hora de que la señora que me acompañaba se marchase, por lo general, ella llegaba a donde yo me encontraba leyendo en la sala, y se despedía.

Pero esa tarde sentí que alguien tocaba la puerta, por lo que al no estar la señora, en ese momento decidí abrir la puerta. Se trataba de un joven, que después me enteré que tenía unos veintitrés años más o menos. Resultó ser el hijo de Doña Carmen, que había pasado a buscarla. Le pedí que pasara, y esperase sentado a que ella regresara, me enteré que se llamaba Sergio, y que estudiaba agronomía y trabajaba en la finca durante las tardes. Pero a medida que me fue hablando, esos extraños deseos, que durante los pasados días ni me acordaba de ellos, volvieron hacerse presente. Quizás de manera inconsciente comencé a coquetear con el joven, al punto que de manera casual dejé que mi bata se abriese de manera descuidada, permitiéndole ver gran parte de mi desnudo cuerpo bajo la bata que usaba en ese momento. Al observar como sus grandes ojos se abrían intensamente, me di cuenta de que se me estaba pasando la mano, de manera recatada me levanté y me dirigí a la cocina a buscar a la señora de la limpieza.

Al ellos retirarse noté en la mirada del joven, algo especial. Digo para una mujer de mi edad, el que un chico de su edad la vea a una de la manera que él me estaba viendo, es algo bien especial. Carmen la señora de la limpieza, me presentó a su hijo y después ambos se marcharon. El resto de la tarde no hice otra cosa que pensar en la manera en que se me quedó viendo ese joven, y las muchas cosas que podríamos hacer, pero al mismo tiempo, me reprendía a mi misma por tales pensamientos, así que decidí relajarme, metiéndome en la piscina como de costumbre, sin nada de ropa.

Ya serían como las seis de la tarde, justo en el momento en que estaba saliendo del agua, sentí un ruido entre los arbustos cercanos a la piscina, por lo que sin tan siquiera detenerme a tomar mi bata, me asomé y con sorpresa vi a Sergio de pie al lado de ese arbusto espiándome. Por unos instantes lo miré a los ojos, y de inmediato di media vuelta y pensé en hacerme la indignada, pero en lugar de eso, en el último segundo mientras tomaba mi bata y medio me la colocaba sobre mi cuerpo, invité a Sergio a que entrase a la casa, con la escusa de que ya estaba oscureciendo y hacía algo de frio, él me siguió tímidamente con pasos inseguros.

Ya dentro de la casa, viéndolo fijamente a los ojos, le pregunté de manera sensual a Sergio que deseaba, el chico se quedó en silencio sin saber que decirme. Mientras frente a él me ponía nuevamente mi bata, pero sin cerrarla del todo. Sus grandes ojos, me observaban sin perder detalle de todos y cada uno de mis movimientos. En ese momento, comencé a sentir esa sabrosa calentura por todo mi cuerpo, por lo que me le acerqué y mientras caminaba a su alrededor, le volví a preguntar que buscaba. Nuevamente Sergio se quedó callado sin responderme, por lo que yo aproveché para poner en su boca, las palabras que él por lo visto, no se atrevía ni ocurría decirme. Poniendo mi voz un poco más gruesa tratando de imitar la suya dije:

Norma, desde la primera vez que la vi hoy me enamoré de ti, en ese momento en su rostro vi algo de asombro pero continuó callado mirando fijamente el piso. Yo por mi parte continué, como si se tratase de un juego, diciendo. Yo sé que soy un muchacho y usted es una señora casada, pero cuando la vi desnuda en la piscina, me dieron ganas de acostarme contigo. Al escucharme nuevamente abrió los ojos, y una ligera sonrisa apareció en su rostro. Yo continué actuando, y respondiéndole en mi propio tono de voz le dije. Pero Sergio soy mucho mayor que tú, y  me alaga mucho que un joven como tú, que debe tener un sinfín de novias se fije en mi, y al decir eso comencé a pasar mis brazos por sobre su cuello, y acercando mi boca a la suya.

Lo siguiente que sucedió, en parte me sorprendió a mí misma, Sergio me ha dado un beso, como hacía tiempo no sentía. Con habilidad insospechada sus manos las metió entre mi bata y mi desnudo cuerpo, y apretó mi cuerpo al suyo. Yo nada más baje los brazos y mi bata fue a dar al piso de la sala, quedando nuevamente del todo desnuda pero entre sus brazos. Por un buen rato nos besamos, hasta que sentí contra mi vientre, su erecto miembro, que no sé en qué momento, ni como lo extrajo del pantalón. En esos instantes me sentía la mujer más dichosa del mundo. Yo a medida que aun nos besábamos le fui quitando su camisa, y de inmediato solté la correa de su pantalón y se lo ayudé a bajar de manera algo ansiosa. Sin muchas palabras, nos dirigimos a  mi habitación y a mi cama de inmediato. Ya en la misma, apenas me recosté, Sergio se colocó sobre mi cuerpo, su tostada piel contrastaba con la palidez de la mía, sentí como ese miembro joven y fuerte entraba dentro de mi mojada vulva.

En mi vida la había sido infiel a mi marido, ni aun en aquellas ocasiones que me enteré por medio de una de mis amigas de que Mario mantenía a otra mujer, la que ocasionalmente visitaba. Pero en ese instante no pensaba en Mario ni en sus infidelidades, solo pensaba en lo mucho que me estaba gustando lo que hacía con ese joven y como se movía sobre mi cuerpo. Su nerviosa boca me chupó en innumerables ocasiones mis senos, mordisqueando mis pezones, y arrancándome lágrimas de felicidad.

Sergio por un buen rato metió y sacó su miembro de mi vulva, hasta que de momento me pidió que cambiásemos de posición, cosa del todo nueva para mí en esos momentos, yo me recosté sobre mi vientre y sentí nuevamente como él tomándome por las caderas, me volvía a penetrar mi coño pero con mayor energía e ímpetu. Yo estaba que no cabía en mí de la felicidad que sentía, a cada empujón que él me daba con su cuerpo el mío respondía moviéndose más y más. Al punto que alcancé un orgasmo como hacía mucho tiempo que no sentía, definitivamente no era que amasé a ese chico, es que estaba disfrutando plenamente lo que él me estaba haciendo, sin tapujos ni restricciones, gritaba de placer y le pedía que me diera más y más duro, a lo que mi amante respondía por medio de la acción inmediata.

Aunque yo ya había alcanzado ese glorioso orgasmo, Sergio continuaba como si recién comenzara, con mucha energía y mucho entusiasmo, a tal grado que de seguro me contagié y continué moviendo mis caderas, como cuando era bastante joven y aun no había parido. Después de estar en esa posición con él de tras de mi cuerpo, y agarrándome por las caderas, apretándome contra el suyo. Sergio sacó nuevamente su verga de mi cuerpo, y colocándome sobre mi espalda, me tomó por los tobillos y separó mis piernas, para acto seguido enterrarme nuevamente todo su miembro dentro de mí. En mi vida había disfrutado de un orgasmo como el que anteriormente había sentido, pero cuando en esa otra posición Sergio continuó penetrándome, me sorprendí al disfrutar de un segundo orgasmo de manera casi seguida.

Estaba tan feliz y contenta, que cuando Sergio sacó su miembro y lo dirigió a mi boca, no dudé ni por un instante en mamárselo, pero como una loca. Fue cuando lo escuché decirme, que le gustaría darme por el culo. Eso me paralizó, ya que a mi edad jamás ni nunca mi marido me había hecho eso, pero era tal mi calentura, que cuando lo escuché por segunda vez decírmelo, simplemente dejé de mamárselo y me acosté nuevamente sobre mi vientre, Sergio hábilmente mientras me comenzó acariciar mi coño con una mano, con los dedos de la otra me los fue introduciendo entre mis nalgas, al principio uno después otro, y así continuó hasta que me pareció que había dilatado lo suficiente mi esfínter como para penetrarme con su verga.

La que sentí mojada por su propia saliva, como entraba dentro de mi esfínter. Su calor y dureza estremeció todo mi cuerpo, y por un buen rato Sergio continuó sacando y metiendo su verga dentro de mi culo, al tiempo que con una de sus manos me apretaba sabrosamente todo mi coño. No sé cuánto tiempo permanecimos así, disfrutando de esa salvaje manera de tener sexo. Hasta que después de un buen rato, Sergio volvió a sacar su verga de mi culo y como si yo fuera una muñeca de goma colocó su verga dentro de mi boca, sin escrúpulo alguno me dediqué a seguir mamando, sus manos enredadas en mi blanca cabellera movían mi cabeza hacia atrás y hacia adelante, hasta que un caliente y abundante chorro de su semen, llenó toda mi boca.

Después de eso, Sergio simplemente se retiró dándome un pequeño beso en mi frente. Mientras que yo me quedé tirada sobre mi cama, con una cantidad de su leche chorreándome por mi rostro, pero bien feliz y contenta por la experiencia que había disfrutado. Al día siguiente, cuando me levanté supuse erróneamente que no volvería a ver a Sergio por un buen tiempo, pero me equivoque, esa noche se volvió a presentar en la piscina, donde como de costumbre, yo disfrutaba de un baño completamente desnuda. El nada más verlo hizo que mi corazón diera un salto de emoción, imaginándome de ante mano de todo lo que volvería a disfrutar entre sus brazos.

A diferencia de la tarde anterior, Sergio actuó  confiado y seguro de sí mismo, al punto que nada más estuvo a mi lado, me llamó por mi nombre y sin perder tiempo me dio un fogoso beso de lengua, dejando en todo mi cuerpo con un deseo ardiente de continuar, al separarnos mi primera intención era llevarlo dentro de la casa y continuar donde habíamos quedado, pero él me detuvo y de manera lasciva, mientras sin vergüenza alguna me agarró mi coño, me preguntó. Amor ¿Te gustaría que te diera una sorpresa? A lo que deseosa de acostarme con, él sin pensarlo dos veces respondí sí, de manera insistente y repetidas veces. Nuevamente pero sin soltar mi coño, Sergio me dio otro profundo y embriagante beso de lengua, en el que entregándome completamente cerré mis ojos, pero al separarse Sergio de mi cuerpo, y volver a abrir los ojos, me encontré que estábamos acompañados por otros dos hombres jóvenes.

Sin sacar su mano, de entre mis piernas, dijo. Pensé que te agradaría la sorpresa. Realmente no pensé yo en quienes eran, ni si conocían a mi marido, o no. La imagen que de inmediato vino a mi mente fue, el estar acostada con los tres al mismo tiempo, no sé cómo se me ocurrió algo así tan aberrantemente delicioso, pero lo que si se es que los dedos de Sergio dentro de mi coño, o la sola idea de estar con más de un hombre a la vez, me excitó a tal grado que después de darle un beso en la mejilla, le di las gracias por la sorpresa. Y de inmediato él continuó besándome salvajemente, mientras continuaba ya introduciendo prácticamente toda su mano dentro de mi coño. Los recién llegados, no perdieron tiempo, en medio del patio donde está la piscina, se han quitado toda la ropa, y sentía sus manos y otras partes de sus cuerpos acariciando el mío.

Yo me centré en Sergio y comencé a despojarlo de la camiseta que estaba usando en ese momento, de inmediato continúe con su pantalón, que al bajárselo me encontré frete a mi boca su erecto miembro, el que no dudé ni por un solo instante en ponerme a mamar. Mi euforia era tal, que ni cuenta me di, que uno de ellos había colocado su cara entre mis muslos, solo cuando sentí su boca chupando mi coño deliciosamente, fue que reparé en su presencia, mientras que el otro tomó una de mis manos y la colocó sobre su verga, la que de inmediato comencé a masturbar. A uno de los recién llegados escuche decirles a los otros, tu amiga es vieja, pero que mucho sabe. Lejos de tan siquiera molestarme por lo de vieja, continué con muchas más ganas. Sergio se dio su tiempo para disfrutar de la buena mamada que yo le estaba dando, hasta que separó su cuerpo del mío, y ayudándome a levantar del piso, y dejando al que me mamaba el coño acostado, dijo.

Ahora es que vamos a gozar, y tras decir eso me propuso que me  pusiera en cuatro, y de inmediato comenzó a nuevamente a introducir sus dedos dentro de mi nalgas, de cuando en cuando ante la mirada de sus amigos me pasaba la lengua sobre mi esfínter arrancándome gritos de placer, después de lo cual me dijo que me sentase sobre su verga.

Mi excitación era tal que obedecí de inmediato, y en cosa de pocos segundos, ya Sergio me estaba como dice él, culeando. Sergio me recostó sobre su cuerpo apretándome los senos, divinamente, fue en ese instante en que uno de sus amigos, dirigió su verga directamente a mi coño. Cuando comencé a sentirla, no cabía en mí de la alegría, y como una loca movía mis caderas al tiempo que sentía como uno y el otro, introducían sus vergas dentro de mi cuerpo. No pasó casi nada de tiempo, cuando el tercero de ellos tres, dirigió su verga directamente a mi boca,  no dudé en mamársela, por lo que a medida que se la chupaba, movía mis caderas y ellos me apretaban deliciosamente contra sus desnudos cuerpos.

Hasta esos momentos pensaba que los orgasmos que Sergio hasta esos momentos me había hecho disfrutar la noche anterior, no serían superados por nada ni nadie. Pero al sentirme estar entre esos tres hombres jóvenes y con tanta energía, fue cosa de segundos que alcanzase el clímax. Casi llorando pero de la alegría, quería que nunca terminasen. Sé que por un instante pensé en Mario, mi marido. Pero de la misma manera que ese pensamiento apareció, desapareció al sentirme ensartada por esas tres vergas.

Aunque de haber sido por mi hubiera deseado intensamente que continuasen hasta el fin de los tiempos, pero cambiamos de posición, quedándose Sergio bajó mis nalgas, metiendo y sacando su miembro una y otra vez. Hasta que me apretó con bastantes ganas al momento de venirse dentro de mi culo. No había él terminado de extraer su miembro de entre mis nalgas, cuando el segundo se me ha tirado encima, y casi sin darme tiempo a respirar, me ha introducido nuevamente su verga sin compasión dentro de mi mojado coño.

Ante la mirada de Sergio y su otro amigo, ese chico hizo las delicias de mi cuerpo. Yo me sentía como emborrachada pero de placer, nada más esperando que ese terminase para sentir dentro de mi boca la verga del tercero. Como en efecto sucedió, a los pocos minutos. El resto de la noche no hubo cosa que Sergio y sus dos amigos no me hubieran hecho, y que yo no haya disfrutado. Sus calientes comentarios sobre mi persona, me calentaban más y más, comentarios desde el que dice. Gallina vieja da buen caldo. A otros bien subidos de color, refiriéndose a lo bien que muevo el culo. Al punto que más que ellos, era yo quien disfrutaba intensamente todas esas pocas vergüenzas que me estaban haciendo.

Esa noche, no hubo cosa que los tres no me hayan hecho, cuando no se la mamaba a uno, cualquiera de los otros dos me daba por el culo o el coño de manera salvajemente sabrosa. Hasta me pusieron a que le diera el beso negro a Sergio, cosa que hice, con algo de  repugnancia al principio, pero al ver lo mucho que lo disfrutaba, continué introduciendo mi lengua dentro de su culo insistentemente. Hasta que uno de sus amigos, sin perder tiempo apenas separé mi boca del culo se Sergio lo penetró, para mi mayor sorpresa, pero de inmediato pensé si a mí me gusta, por qué no a él también.

Ya estaba bastante agotada, con todo mi cuerpo hediondo a sexo, y con lamparones de semen por casi todo mi cuerpo. Al final en medio de un cierto desenfreno, cuando ya no podía disfrutar más, y me encontraba recostada en una de las sillas de la piscina. Comencé a sentir al principio un caliente chorro de algo líquido casi sobre mi cara y mi boca, casi de inmediato otro chorro similar, que caía sobre mi coño, y un tercero casi de inmediato que me caía sobre mi vientre. En fin me estaba dando un baño dorado como dijo después Sergio.

Cuando ya en la madrugada estaban por retirarse, se me ocurrió hacerle un buen regalo a Sergio y sus amigos, así que antes de que se marchasen, fui corriendo a mi habitación y de una de las gavetas de la mesa de noche, saque buena parte del dinero que, Mario mi marido, me había dejado para que me fuese de compras al pueblo. Al principio se negaron a aceptarlo, pero ante mi insistencia, me complacieron recibiéndolo.

Hoy en día, me he dado cuenta de lo mucho que disfruto acostándome con hombres mucho más jóvenes que yo, que no me tengan compasión, y me den bien duro tanto por el culo como por mi coño. Desde luego que mi marido ignora todo, o por lo menos así creo yo. En ocasiones paso algunos días de la semana en la casa de la finca, y cuando no es Sergio es alguno de sus amigos que quieren visitar a la vieja calenturienta… como me llaman cariñosamente entre ellos.

Autor: Narrador

narrador@hotmail.com

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En busca de sensaciones

De repente sentí su dedo en mi culo, me dolía, pero me gustaba, que sensación tan extraña, mientras me chupaba la verga y metía su dedo poco a poco, sentí su lengua en mi ano, la verdad es que estaba disfrutando muchísimo de eso. La alternaba con sus dedos.

Antes que nada, quiero decir que he leído tantos relatos en esta página que por fin me atrevo a contar algo mío. Bueno soy físicamente, moreno claro, mido aproximadamente 170, pantalón 34, tengo 28 años y tengo una voz muy varonil (bueno es lo que me dicen a cada rato). Me gustan los hombres sólo que desgraciadamente soy algo tímido, no me animo a –por decirlo así.- descararme. Sólo he tenido una experiencia sexual la cual contaré.

Era uno de esos días que no tenía nada que hacer, ya era tarde, como las 6 p.m. creo, estaba yo sentado en una banca mirando el tiempo pasar, como ya era tarde decidí irme a casa, cuando  se me acerca un hombre mayor de 45, yo tenía 25 en ese tiempo, me preguntó algo, sólo por sacar plática, me cayó bien porque estuvimos platicando por casi dos horas, sentí algo raro pues me insinuaba cosas. Al principio me resistía y quería irme, pero pensé “si no es ahora, ¿cuándo será?” y decidí quedarme para ver qué pasaba.

Nos fuimos a su casa, la verdad es que me inspiró confianza por eso acepté, de repente se me acercó y me dio un beso, un beso que en el fondo de mí esperaba desde hace mucho tiempo, yo sólo me dejé llevar, me dejé hacer todo  lo que quería y hacía. Me quitó toda la ropa, y me empezó a mamar la verga, también  subía hasta mi cuello y bajaba de nuevo, me chupó las bubis de una manera que jamás  podré  olvidar, eso me prendió muchísimo.

De repente sentí su dedo en mi culo, me dolía, pero me gustaba, que sensación tan extraña, mientras me chupaba la verga y metía su dedo poco a poco, sentí su lengua en mi ano, ¡ahhh! ¡Qué rico!, le dije. La verdad es que estaba disfrutando muchísimo de eso. Me metió la lengua hasta lo más profundo, la alternaba con sus dedos, de pronto sacó un pene de plástico y me lo metía suave, suave, yo me retorcía del dolor y placer por ser la primera vez que probaba eso, me dolía, pero pedía más, más. El la metía poco a poco hasta tenerla adentro toda, yo gemía. Mientras me la metía, también me la mamaba.

Me preguntó si quería que me metiera su verga, le dije que si, la cual era pequeña, tal vez 10 cm., pero que disfruté, pues era algo nuevo para mí.  Después de 10 ó 15 minutos de mete y saca sentía que se venía, a pesar del condón sentí algo calientito dentro de mí que la verdad se sentía soñado, apreciaba  el cielo. Terminó, pero yo seguía caliente y lo empecé a besar y tocar todo hasta que llegué a  su verga, la cual empecé a mamar desesperadamente, como un loco me decía: ”despacio, con calma”, de repente se le empezó a parar después de tantas mamadas,  me acomodó de tal manera que quedamos en un 69, me pidió que se la metiera, yo obedecí, le daba como si fuese la primera experiencia sexual (que lo era con un hombre, pues he tenido varias mujeres en mi paso).

Recuerdo que cuando me iba a venir le pregunté si podía hacerlo en su boca, me dijo que si, y así lo hice. Después de terminar nos quedamos un rato platicando y quedamos en que seguiríamos viéndonos. Pues a mí me gustó esa experiencia y por supuesto quería repetirla cuantas veces fuera posible, sólo que no fue así, pues en el transcurso de 6 meses que es lo que duró la relación de amigovios, sólo lo hicimos como unas 4 ó 5 veces. Hasta que se terminó dicha relación, pero yo estoy agradecido con él, por brindarme la oportunidad de conocer lo que es tener a un hombre y que lo tengan a uno, ¿ya saben no? ¡En todo y para todo!

Poco después descubrí que en el baño de un mercado muy conocido se podía tener sexo oral y hasta anal tal vez. El caso es que una vez que tenía la necesidad de entrar ahí, me di cuenta que la persona que estaba del otro lado se estaba masturbado, mi curiosidad hizo que me asomara por el hoyo que había, se dio cuenta y me dio a entender que si quería probar, con los ojos asumí que sí. Y él me puso el pene a mi disposición, estaba enorme, lo empecé a mamar hasta sacarle la leche. Y así seguí frecuentando ese lugar sólo que no era suficiente o no lo es.

A la fecha sigo sin encontrar a nadie, estoy seguro que es por lo poco aventado que soy, pues aunque hay veces que me doy cuenta que algunos hombres me miran o me dicen cosas, por miedo a que alguien me mire no les sigo el rollo, pero ahora estoy decidido a estar con alguien.

Bueno muchas gracias por leerme que estén bien.

Autor: Ángel

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