Un sueño hecho realidad

Parejas Liberales, Trío. Me llamo Alejandro, tengo 50 años y mi esposa Miranda 40, somos un matrimonio solo, es decir no tenemos hijos, mi esposa es Abogada y yo Ingeniero Civil, Miranda, así se llama que por cierto debo decir que es una espléndida mujer, tiene un hermoso cuerpo el cual cuida mucho con ejercicio y un rostro con un lindo color moreno cobrizo muy atractivo, cabello negro y a los hombros y por ende un bello cuerpo muy bien armonizado el cual trata de cuidar a base de mucho ejercicio en el GyM.

Esta historia comienza en septiembre de hace 3 años, en Colombia (precisamente el día de mi cumpleaños) y de regalo le he pedido a mi esposa una noche de pasión como obsequio.

Por ser ese día muy especial, mi esposa me invito a cenar, tomar unas copas y a bailar para celebrar mi cumpleaños, de tal forma que acudimos a un Restaurant-bar céntrico, escogimos una mesa alejada junto a un ventanal, ahí tomamos varias copas de vino y platicamos de nosotros de nuestra felicidad y lo bien que nos sentíamos uno al lado del otro.

Miranda me decía, -esto no es todo… en casa te tengo algo especial, te daré mi cuerpo y todo lo mejor de mí.

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Sala de juntas en llamas (II)

Quería darle más, mucho más placer. La deseaba tener a todo esplendor. Me deleité cargándola piernas en hombros y apoyándola a la mesa. Ella complacida aprobaba cada movimiento con repetidas afirmaciones en variados tonos. No podía dejar de besarla. Hasta que una petición formal me hizo cambiar la estrategia: “con la puntica”, me imploró casi susurrando . Sus deseos eran prioridad.

 

Ella ya estaba entre mis brazos. La apretaba contra mi cuerpo para sentir el suyo rozándome por completo. No dejábamos de besarnos. Nuestras lenguas parecían tener vida propia y saber exactamente lo que querían. Escuchaba su respiración entrecortada, mientras trataba de concentrarme en decirle frases al oído. “Siempre he querido tenerte así…cerquita” Ella sólo se limitaba a sonreír con satisfacción y yo recorría su cuerpo con mis manos. Le apretaba el trasero, acariciaba su cintura hasta a llegar a sus senos.

Decidí no quitarle el vestido de escote en V que tenía anudado al cuello. La besaba a través de la tela. Así podía sentir un roce de sus pezones que estaban completamente activos, esperando que mi boca decidiera marcar su territorio.

Deseaba tanto hacerla sentir mujer. Ella estaba emprendiendo el vuelo al mismo tiempo que acariciaba mi cabello y empujaba levemente mi cabeza hacia su ombligo, el cual besé con locura. Trataba de contener mi desesperación por continuar descendiendo hasta su bajo vientre.

Apoyé mis rodillas en el suelo y subí su pierna izquierda sobre mi hombro. El aroma comenzaba a seducirme. Sabía que ella iba a estar completamente lista para darme una cálida bienvenida. Me pedía, me suplicaba que la devorara con pasión y eso hice.

Sólo que primero jugué con sus ganas y me dediqué a recorrer con ligeros besos y suaves caricias la parte interna de sus muslos. Sentía los jalones de cabello que ella me daba como señal de que acabara con su sufrimiento. Me acerqué lentamente para rozar mi cara contra su fuente de lujuria, que esperaba con ansias ser saboreada con todo el amor merecido. Le correspondí.

Baje con mucha delicadeza el bikini, que no podía dejar de mencionar cuánto me excitó sentir la suavidad de la tela de su ropa interior, y admiré mi presa con apetito. Lucía tan sexy. Eso sumado a la desesperación mostrada por la presión que ella ejercía con sus manos mientras sus dedos estaban sumergidos entre mi cabello, hizo que acelerara mi paso por las vías de la felicidad femenina.

No escatimé. Besos, soplidos suaves, mordiscos leves y mucho movimiento. Mi lengua se convirtió en atleta al subir y bajar con acelerada velocidad. A la par iban sus gemidos, suspiros, gritos. Estaba en completo éxtasis de placer. El brebaje que brotaba de su interior era muestra de lo cuánto estaba disfrutando del momento.

Quería darle más, mucho más placer. La deseaba tener a todo esplendor. Me deleité cargándola piernas en hombros y apoyandola a la mesa. Ella complacida aprobaba cada movimiento con repetidas afirmaciones en variados tonos. No podía dejar de besarla. Hasta que una petición formal me hizo cambiar la estrategia: “con la puntica”, me imploró casi susurrando . Sus deseos eran prioridad.

Comencé la coreografía improvisada, dominada por el ritmo de sus exigencias y multiplicadas por un “asííííí” que empezó a invadir mi cabeza. Me llenó de satisfacción. Ella estaba tocando el cielo, acariciando las nubes, haciendo eco de su sentir en aquel espacio que siempre será nuestro. La sala de juntas donde sus quejidos se fijaron a las paredes para siempre. No podíamos parar.

El debate entre el gusto y la desesperación había comenzado. Pedía más y yo la complacía. Mi cuerpo se cargaba de una cristalina energía para continuar navegando hasta que apareciera el cortante grito sonoro, para ir activando lentamente la versión relajada de ese cuerpo de realeza erguido sobre mí.

El convencido anuncio de la llegada estaba naciendo. Mi extrema alegría se manifestaba con la coreografía de toda mi boca, ensayada hace ya unos minutos. Aumentaba la tensión de sus muslos. Las patadas no se hicieron esperar. Una serie de chispas de corriente se apilaban en su cadera haciendo tambalear todo su cuerpo. Ella grita “¡qué delicia!”. Frase que marcó con sello de confesión aquel encuentro.

Acto seguido, cada músculo se vence. Cae como marioneta sobre mis brazos y me dice al oído “me leíste el pensamiento”. La aprieto con más fuerza y un poco desconcertado. Mi cuerpo acurrucar su placer y empiezo a negociar con besos las futuras caricias de los minutos posteriores. Ella capta el mensaje y se desliza con premura hasta en suelo. Creo que llegó mi hora de volar.

 

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La experiencia más erótica de mi vida

Hacía algunas semanas que iba a aquellas clases de teatro. Tenía muchas ganas de volver. Me sentía tan libre durante aquellos momentos… tan conectado con mi cuerpo, con mis emociones y con los demás, tan vivo… además allí hay chicas guapísimas. Cuando llegué, la clase acababa de comenzar: unas 20 personas sentados el uno frente al otro en la penumbra mirándose, simplemente, con amor, escuchando la cálida, pausada voz de Alba, la monitora.

Me enchufé a una chica guapísima francesa, una rubia de ojos verdes en cuyos ojos me derretí. La invité a entrar a través de los míos, que se habían convertido en espejos que la reflejaban a ella, pequeñita en mis pupilas. Era impresionante verme en las suyas y, daba un poco de vértigo. Cuando acabó el ejercicio, nos fundimos en un abrazo.

Así fue pasando la mañana, entre risas, miradas cómplices y huidizas, abrazos y sonrisas. Entre bastidores. Recreando el juego de la vida a través de nuestros propios personajes. El último ejercicio me tocó con Silvia. Estaba radiante. Los cabellos cobrizos le caían desordenadamente por los hombros. Sus ojos brillaban, y la poca luz que se filtraba a través de las persianas relucía en su piel ligeramente sudada por el ejercicio. Sus pezones se transparentaban a través de la camiseta amarilla con un ligero escote. No llevaba sujetador.

Me miró. Le sonreí. La sensual voz de Alba comenzó a explicarnos el siguiente ejercicio: debíamos, simplemente, cerrar los ojos mientras el otro nos daba besos por todo el cuerpo, donde quisiera. Sonaría una música durante algunos minutos y, cuando acabase, sería el turno de quien permaneció pasivo, del que solo se dedicó antes a disfrutar del momento y sentir en su piel y su alma el contacto de labios juguetones que descubrían por vez primera su textura y sabor.

Yo cerré los ojos. Ella empezó. Sus labios rozaron mi cuello y besaron mis pies con devoción, todos y cada uno de mis deditos fueron besados por sus dulces labios. También me recorrió con su boca mis brazos, la punta de los dedos de las manos y, finalmente, succionó con sus labios mi cuello durante unos pocos segundos y me rozó la comisura de los labios con los suyos. Abrí los ojos, la vi, sonreímos, y sabía que me tocaba a mí. Que podría disfrutar de su piel tersa y caliente en mis labios, que su sabor llenaría mi boca, que mi lengua podría, sutilmente, acariciar el lóbulo de sus orejas pequeñitas. Mi primer beso fue en el dedo gordo de su pie derecho, muy dulce, casi rozándolo. Ella suspiró, no se lo esperaba. Tenía un sabor salado. Mi segundo beso fue en el otro dedo gordo, esta vez lo chupé un poco, pero muy sutilmente. Fui subiendo por sus piernas, besé sus rodillas desnudas por delante y por detrás, concienzudamente. Notaba como su respiración se agitaba. Sabía que había ciertos límites tácitos que no debía traspasar, pero sabía jugar y llegar hasta ese límite sin traspasarlo. Mis labios se posaron en la parte de su pecho que quedaba descubierta, arrastrándose lentamente por su piel tenue y caliente que temblaba. Me incorporé, la vi tan indefensa, allí, recibiendo mis besos, con aquel calor, aquella música sensual que rezaba porque no dejase de sonar. Esperé varios segundos. Ella se retorcía, anticipando el siguiente beso. Poco a poco, mis labios se acercaron a su cuello palpitante, que tembló todavía más al recibir primero mi aliento y luego la bienvenida intrusión de mi lengua pícara que, mojada, recorrió en círculos aquella piel desnuda que tanto lo deseaba. Mis labios aprisionaron su piel para luego soltarla. El que debía ser mi último beso fue un roce casi imperceptible de mis labios con los suyos. Ella no pudo evitar gemir. Cuando por fin abrió los ojos, los dos sabíamos que nos íbamos a devorar como animales en pocos minutos en el almacén; después de la clase todo el mundo se iba y nadie nos buscaría allí.

Cuando todo el mundo se hubo ido me cogió de la mano y, discretamente, subimos las escaleras de metal fijándonos en que nadie se hubiera dado cuenta de nuestra ausencia. Cerramos la puerta de un portazo. Mientras nos quitábamos la ropa, nos empezamos a chupar como animales salvajes, yo la cogí por la nuca y y restregué su lengua por mi pezón, moviendo su cabeza de un lado a otro y sintiendo su lengua pequeñita y calientita deleitándose con mi piel sudada, tragándose casi mi pecho, poseída por la excitación. Nuestras bocas se unieron y nuestras lenguas se buscaron casi con desesperación. Me excitaba crear más saliva en mi boca para que ella se la tragase, para que mi fluido entrase en ella, en su boca ,algo que no tardaría en pasar. Le miré a los ojos. Ella miró mi polla con deseo, se moría de ganas de comérmela. Le penetre la boca con mi polla. De golpe. Y empecé a follármela a saco, mi pelvis se movía adelante y atrás a toda velocidad. Ella cerraba los ojos y segregaba más saliva mientras iba gimiendo de excitación, parecía que nos hubiéramos vuelto locos. No quería correrme todavía, y tenía ganas de fundirme con ella. Se dio la vuelta y me ofreció su culo. Me puse un condón y la penetré poco a poco, disfrutando como su calor me envolvía. Comenzamos a follar. Yo ya no sabía dónde estaba, ni quién era ella casi, sólo había calor, deseo y amor. Mi polla la llenaba. No sé cuánto tiempo estuvimos así pero para mi fue un solo instante eterno de dicha. Me fui. Me derrame, me fundí en ella. Cuando acabamos, la miré a los ojos, le enseñé el condón con todo mi semen y dije que quería que se lo tragase. Asintió. Embadurné mi glande con mis jugos y se la ofrecí. Ella, con devoción, como una gatita hambrienta, me la lamió enterita hasta que no quedó ni la más mínima gota de semen, luego me enseño su lengua blanquita, me miró a los ojos y se lo tragó mientras sonreía. Nos besamos y salimos a la calle cogidos de las manos. Hacía un día precioso y soleado, aunque algo frío. Nos miramos y nos fuimos a tomar un café. Aquello era el principio de algo, aunque no sabíamos bien de que. En ese momento, no nos importaba. Sólo sentíamos que habíamos compartido un momento mágico juntos, y que seguramente habrían más. Sonreímos.

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Vida nocturna, vida de pasión: Mi primera salida pública.

Vestía con una pollerita ajustada de color blanco, unos jeans a la cadera, zapatos negros de sugerentes tacos aguja. Creo que él miraba la tirita del colaless negro que coquetamente huía de los márgenes del pantalón y dejaban en evidencia mis gustos interiores. Los nervios me consumían por completo, se me sentía muy observada. De no ser por los lentes de sol que usaba, me habría cortado y no hubiera sido capaz de traspasar el umbral de la puerta. Él me decía que me hacían ver diva, sobre todo con el pollerón con capucha, por el que arrancaba la larga peluca castaña, semi ondulada que tanto me gustaba.
Era la primera salida nocturna y pública de mi lado femenino.

Fuimos a una disco que él había frecuentado varias veces, se notaba porque conocía al guardia de la puerta. El lugar prometía, quedaba en un callejón sin salida, había una humilde puerta con una minúscula arroba de neón fucsia afuera. De la oscuridad pasamos a un festín, buena música y mucha gente. Al entrar sentí que poco a poco comenzaba a ser una hembra.

Entrados en contacto con el ambiente, y un par de tragos, nos pusimos a bailar… habían más chicas como yo, incluso bailando entre ellas, otras solas. Otras tenían a su hombre, como yo, y otras a más de uno. Mis meneos comenzaron lentamente a ser parte de ese ambiente, me sentía liberando un sentimiento intenso, una catarsis.

A ratos, en las canciones lentas, él me tomaba fuertemente y me hacía sentir su hambre de macho, me besaba y deslizaba sus manos hacia mi cola. No me gustaba que todos me vieran así, pero a la vez me hacía sentir tan puta que solo tenía fuerzas para dejarlo usarme. A ratos, descansábamos en un sofá, con forma de ele… descansaban nuestros pies, pues nuestras bocas, y principalmente sus manos, se movían con ansiedad, con desenfreno, con deseo. A ratos, mientras bailábamos me volvía de espaldas hacia él, y me abrazaba por la cintura, chocando su ser contra mi cola. Sentía un éxtasis, un cosquilleo, un grito interior que me liberalizaba.

Cuando llevábamos aproximadamente dos horas en la disco, suavemente me dijo al oído que la diversión seguiría en otro lugar. Nos levantamos del sofá y nos dispusimos a alejarnos de aquel inolvidable lugar.

Su auto estaba a pocas cuadras, mientras caminábamos oía el repiquetear de mis tacos, candentes, seguros y fuertes. Escucharlos aumentaba mi sentimiento de hembra objeto, sentía como el cuerpo olvidaba su cárcel masculina y se dejaba llevar por los azares de la noche. Él en los lugares más oscuros, me tomaba con su fuerza y me besaba una y otra vez, hasta que a lo lejos se sentía algún auto, u otro transeúnte. No quería llegar al auto, este viaje me resultaba de lo más placentero.  Y es que en esos intervalos de oscuridad, no solo me besaba, me recorría intensamente con sus sabias manos, incluso las metía por debajo del pantalón y abusaba de mi cola. Mi única protección, la tirita del colaless.

Llegados al auto, entramos, el lo encendió… y mientras calentaba el motor, mis manos se fueron a su marrueco, escarbaron… mi boca se fue directo al hallazgo.

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Mi cuarta experiencia

regularmente escribo mis relatos cuando recuerdo mis experiencias y ando muy caliente, pero esta noche solo estoy aburrido y una vez mas motivado por sus emails les cuento.
despues de la super experiencia con david no tuvimos mucho contacto de hecho ninguno, pero un dia coincidimos en el chat y nos pusimos a chatear como de costumbre la conversacion se puso caliente, wao que arte tiene este flaco para calentarme, tanto fue asi que terminamos citandonos, pero esta vez queriamos disfrutar a plenitud y con espacio por lo que decidimos ir a un motel luego de un insolito acuerdo, estaba tan excitado y deceaba tanto volver a vivir una de esas experiencias que me dan ese toque de energia concentrada que acepte, el me dijo que afeitandose el culo se habia hecho una herida y que le dolia mucho y por eso no podia penetrarlo. me dijo: si me dejas penetrarte que quieres hacer tu ? le dije: si te dejo penetrarme pues me dejas correrme en tu boca. y pues extranamente aceptamos, si extranamente porque nunca pense decirle a un chico que era libre de penetrarme, pero a esas alturas ya era un hecho. sali en mi auto en direccion al lugar mientras nos comunicabamos por celular hasta que llegamos al sitio, un pequeno motel pero limpio y discreto, entramos a la habitacion y entre risas nerviosas nos fuimos acercando y comense a tocarlo me excitaba mucho tocar su cuerpo delgado lleno de duros musculos, comence a besarlo y nos fuimos tocando descubriendo como nos iva creciendo el bulto algo que sucedia muy deprisa, es indescriptible como se pierde la razon en encuentros como estos, el comenzo a desvestirse y lo detuve, le dije dejame hacerlo yo y asi vivo al pie de letra mis fantasias, le quite la camisa, y abrase su torso desnudo, le bese mordi, lami el cuello, pecho, abdomen hasta llegar al pantalon el cual fui deslizando luego de morder por encima de la tela su rica y dura verga, finalmente la libere de la presion y mientras la olia y sentia ese calor fulminante en mi cara la devore comence a chuparsela euforicamente dioooossss que locura, lo desnude completo y el a mi comensamos a disfrutar ambos de nuestros cuerpos, besarnos, apretarnos las nalgas, tocarnos el culo, bueno el a mi porque cuando lo intente hacer se quejo que le dolio la herida, nos tumbamos sobre la enorme cama y nos enrroscamos, se mezclaba ese calor masculino de nuestros cuerpos calientes nuestras vergas rosadose mas bien frotandose apretandose como queriendose enrredar, el debido al acuerdo que llegamos comenzo a jugar con mi culo cosa que me recalentaba me puso una almohada bajo las nalgas me subio las piernas y comenzo a lamer mi ojete, a lamer a chupar a morder destrozaba mis sentidos excitandome sobremanera con la mamada de culo que me daba, hicimos un rico 69 yo le chupaba la verga y el me la mamaba a mi, las bolas y el culo comenzo a introducir un dedo me masturbaba por el culo mientras me la chupaba asi estubimos buen rato no se cuantos dedos mas introdujo solo se que despues de ponerme en posicion se puso un condon y coloco su verga en la entrada de mi hoyito, como siempre no es cosa facil aunque el dice que nunca habia visto a un virgen que le entrara una verga tan facil, en realidad creo que ademas de que su tamano no es nada relevante algo que no me molesta mas me agrada, creo que tengo buena capacidad ademas de la conciencia de lo que hago, despues de una escandalosa mamada en el culo finalmente me la coloco entera muy despacio pero entera, no se si siempre se sentira asi puesto que la primera vez no se si por la euforia ni recuerdo como se sintio pero esta vez sentia cada cogida, sentia como me clavaba y no se si todos sienten lo mismo pero mis gemidos salian de cierta sensacion de molestia a la vez sentia placer pero no dejaba de sentir aquella extrana sensacion pero me excitaba el hecho de ser dominado por el joven david, el me embestia como tratando de describir que yo sentia mientras gemia viendome a mi mismo en los espejos detras de la cama me veia la cara mientras era penetrado y gemia y daba punetazos el las almohadas y en el mismo espejo producto de las embestidas de aquel chico apuesto que tambien veia a traves del espejo mientras hacia alarde de sus movimientos, me dijo que casi se corria entonces se retiro y volvimos a las caricias y a otro violento 69 despues de quitarle el condon, luego lo acoste bocarriba y comence a restregar mi culo contra su verga resbalaba debido a la cantidad de lubricante y el estaba jadeando como un animal y la calentura fue tanta y el roce me abrio tanto el culo que introduje su verga esta vez sin condon en medio de la euforia, no le dimos cabida a la conciencia y asi lo cabalgue un buen rato mientras apretaba su linda y masculina cara con mi mano derecha y lo besaba y mordia el cuello, asi fui aumentando cada vez mas la velocidad hasta que me aviso que se queria correr y sin dudas le dije que lo hiciera adentro ya que habia llegado aquel punto pues tambien necesitaba sentir los chorros de leche dentro de mi como habia leido en otros relatos, entonces disfrute su cara, sus espasmos mientras se corria lamento decirles que no senti los chorros como dicen pero el momento fue casi orgasmico para mi, ufff luego de correrse que mientras lo hacia yo acelere el movimiento me quite de encima para que ahora cumpliera su parte me acoste con mi verga bien dura y el comenzo a darme una de sus esplendidas mamadas demore un poco en correrme pero cumplio le avise y le llene la boca de leche porque eso si mis corridas son descomunales le dije tragatela pero david salio corriendo al bano donde casi vomita de las asqueada, alli se enjuago la boca mientras yo en cuatro delante del espejo mirandome el culo puje para disparar mi leche como habia visto en la peliculas porno y asi fue, solte un chorrito disparado que cayo sobre la cama, camine hacia el bano a ducharme y el compartio la ducha conmigo, sin caricias ni besos ni nada, nunca me habia duchado con otro hombre, pero todo acabo ahi, nos vestimos no montamos en mi carro lo deje en el de el y nos fuimos cada cual por su camino, yo de idiota confie y el tambien pero por precaucion el se hizo examenes de hiv y gracias a dios salio negativo, suerte!!! somos chicos sanos, pero a nadie le aconsejo a pesar de la locura que implica el sexo no cuidarse, una vez mas les corroboro que las historias son reales, si me quieren escribir: xaxero@hotmail.com.

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Tarde ardiente

Era una tarde de verano; hacia calor, mucho calor, lo que por esas fechas de verano no era ninguna novedad. Yo estaba en casa, tumbada en la cama, con un camisoncito de algodón de color marrón chocolate y bordes negros. El camisón se ajustaba a mi piel más aun por el sudor del calor pegajoso. No tenía puesto sujetador ya que el escote era en triángulos y además cuanta menos ropa, con aquel calor infernal, mejor. Sólo llevaba de ropa interior unas braguitas diminutas de color rosa con encajitos, muy cursis, pero con unas transparencias maravillosas.

Compartía piso con unas amigas, y en ese momento estaba sola en casa porque tenía que venir aquella semana para arreglar unos papeles de la universidad, y la soledad de la casa me gustaba…mmm…silencio. Un silencio que sólo se perturbaba cuando ponía música o encendía el televisor. Desde la cama puse música en el portátil y la estaba disfrutando dejando la mente en blanco y dejándome llevar por ella, intentando olvidar el calor, aunque la música que tenía puesta de vez en cuando me hacía mover las caderas de forma sensual.

Estando así, de pronto, sonó el móvil. Puff, quién podría ser, con lo a gusto que yo estaba. Me levanté a cogerlo porque me lo había dejado en el salón, y vi que eras tú el que llamaba. La mueca de disgusto por haber sido interrumpida cambió a una sonrisa radiante mientras contestaba la llamada.
-Hola, mi amor
-Hola, cariño
-¿Qué tal estas amor? Mientras hablaba me volvía a dirigir a mi cuarto para recostarme en mi cama.
-Bien, muriéndome de calor. ¿Qué tal por allí?
-…No, estoy en el piso de aquí…creo que tengo el mismo calor que tu ahora mismo
-¿Estas aquí entonces?
-Si, amor. Tuve que venir para arreglar papeleo y estaba disfrutando de mi casa unos días sin nadie comiéndome la cabeza.
-¿Estás en tu habitación?
-Sí, recostada en mi cama.
-Mmm… ¿qué llevas puesto?
-Un camisón, porque me muero de calor.
Así seguimos hablando un rato y la conversación empezó a calentarse. Tú me indicabas donde querías que me tocara y como quería que lo hiciera y yo obedecía como tu esclava, arrancándome gemidos a través del teléfono. Y cuando estaba a punto de correrme sonó el timbre de la puerta.
-Grrrrrrrr, no puede ser… ¿y yo como abro así?
-Desde luego le va a dar un infarto al que sea y te vea así, cariño – me decías entre risas.
-Voy al baño a adecentarme un momento.
-Anda tonta. Ábreme la puerta, que soy yo.
-Serássss….. – colgué el teléfono.

Corrí por el pasillo para abrirte. Nada más abrir la puerta me cogiste entre tus brazos y empezaste a besarme con pasión, deseo, locura, acariciándome a través del camisón, revolviéndome el pelo, agarrándome el culo y apretándolo fuerte. No daba lugar a palabras, sólo nuestros cuerpos hablaban. Exigiéndose más y más el uno del otro. Como pudimos, llegamos a mi cuarto abriendo la puerta de una patada. Todo el camino sin dejar de besarnos. Me pusiste sobre la cama y te apartaste para mirarme; mis labios rojos por tus besos, mi mirada llena de lujuria y deseo, mi pelo alborotado y mis dedos llenos de los jugos que antes me habías provocado por teléfono. Nada mas verlos, te dispusiste a lamerlos hasta no dejar nada para mí.
-¿No me vas a dejar nada?
-Saboréalos en mis labios.
Y así lo hice. Recorrí con mi lengua cada parte de tu boca, saboreándome en ella.
-Mmmm delicioso – te dije.
-Tú sí que estás rica.
Me arrancaste el camisón de un tirón, sacándolo por la cabeza con fuerza, dejándome sólo con mis braguitas.
-Te voy a devorar entera.
-Tú llevas mucha ropa. – Y así, te arranqué la camiseta que traías arrojándola al suelo.
Pasé la mano por tu pecho suavemente, entre tu pelo suave, y bajé hasta tu cinturón el cual empecé a desabrochar para continuar con tus pantalones. Ahora sí estábamos en igualdad de condiciones, los dos sudorosos, con la respiración acelerada y muriéndonos por amarnos.
Te extendí la mano y te atraje a la cama, tumbándome yo primero en ella. Volvimos a entrelazar nuestras lenguas, a recorrer nuestros cuerpos con las manos, deteniéndonos en las partes que sabíamos que nos provocaban más. Tú empezaste a bajar por mi cuello, dejando un rastro de besos por él, hasta que llegaste a mis pechos los cuales empezaste a chupar y lamer con maestría ayudándote de las manos. Yo, mientras gemía de placer, recorría tu espalda con mis uñas y me aferraba a ese culo que tanto me gusta. Abandonaste mis pechos para pasar a mi ombligo, pasando por él tu lengua y jugando con el, mientras me mirabas maliciosamente y tus manos se iban dirigiendo al borde de mis braguitas. Las empezaste a bajar muy lentamente, casi torturándome, hasta que cuando llegaste a las rodillas las sacaste de un tirón. Ya estaba totalmente expuesta a ti, totalmente desnuda, con mi coño lleno de efluvios del placer que estaba sintiendo. Llevaste tus dedos lentamente a mi pequeña perla y empezaste a acariciarla y sin previo aviso introdujiste tus dedos en mí, profundamente. Mmmmmmm, qué sensación; dentro todo era calor, humedad, fuego, lava derramándose en tus dedos. De pronto, tu lengua pasó a estar en mi perla, donde antes habían estado tus dedos. Yo daba gritos, gemía, pronunciaba tu nombre una y otra vez.
-Para, para… mi amor.
Levantaste la cabeza extrañado, sin sacar tus dedos. -¿Estas bien? ¿Qué te pasa?
-Que a esto pueden jugar dos. – te dije mirándote a los ojos y sonriendo con malicia.
Me entendiste perfectamente y sacando tus dedos, que esta vez sí me dejaste lamer, lentamente me permitiste deshacerme de la escasa ropa que te quedaba y nos dispusimos a hacer un fantástico 69. Tú volviste a la miel de mi centro y yo empecé a saborear tu polla, primero lentamente capturando hasta la última gota de líquido preseminal, y luego con más rapidez ayudándome de mis manos para crear fricción y acariciarte los testículos, por los que también pasé mi lengua jugando con ellos.
Estábamos los dos cerca ya de nuestros respectivos orgasmos pero no queríamos corrernos aún. Paramos y me preguntaste:
-¿Dónde están los condones?
-En la mesita de noche, pero no te preocupes…Estoy tomando la píldora.
-De acuerdo.
Así, me pusiste a cuatro patas y me empezaste a acariciar los pechos mientras me besabas el cuello desde atrás. Subiste y me susurraste al oído.
-¿Me deseas mucho?
-Siiiii. Te quiero dentro de mí…
Me penetraste de una sola embestida y los dos gemimos al unísono al producirse el encuentro. Empezamos a movernos de forma ondulante, cada vez más rápido. Tú dándome y yo saliéndote al encuentro. Con una mano agarrada a mi cintura y la otra jugando con mi clítoris.
-No pares, no pares… – te gritaba yo. Tú no podías responderme, sólo entrabas y salías de mí.
Sin previo aviso te saliste de mí y me diste la vuelta, tumbándome boca arriba en la cama y subiendo mis piernas a tus hombros.
-Quiero mirarte a los ojos mientras te corres.- Y de esa manera volviste a llenar mi coño.
La penetración ahora era todavía más profunda y más intensa. Ya todo era rapidez, embestidas feroces, gemidos por ambas partes. Ninguna frase coherente salía de nuestros labios. Y entonces sentí tus latigazos en mi interior, cálidos y abundantes, lo que me hizo estallar junto a ti, gritando de placer. Los movimientos se fueron haciendo más lentos y nos fuimos relajando hasta caer exhaustos enredados el uno en el otro. Abrazados, sólo escuchando nuestra respiración, nos quedamos dormidos.

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Con unas ansias que no entendía: mi primera vez con otro hombre

Viendo que mi anterior relato tuvo una buena acogida, me animo a escribir más experiencias que he vivido, así que empezare por una de las primeras experiencias que tuve con otra persona del mismo sexo.

Esto fue ya hace varios años, para ser exactos cuando estaba en mis 18 y empezaba mi primer semestre en la universidad, ese día salí de clases al mediodía e iba ya hacia el apartamento.

Tome un colectivo, cuando pasamos por el centro un joven se subió al colectivo, la verdad no pensé nada sobre él. Varios minutos después era ya mi bajada, así que descendí del colectivo y empecé a caminar hacia al conjunto en donde vivía en esa época, cuando entraba el joven del colectivo algo menor mío, caminaba junto ami, y me empezó a hablar acerca del clima de ese día, cuando ya llegaba al edificio donde debía entrar, este chico me pidió el favor que le prestara el baño, por que vivía a un par de manzanas de allí y no tenia las llaves del apto, y que tal vez su madre no estuviera, así que viendo esta situación accedí a prestarle el baño.

Una vez entramos al apto, le dije donde quedaba el baño, él siguió y yo fui al cuarto a dejar mis cosas ,cuando iba a la cocina pase frente al baño y para mi sorpresa estaba la puerta abierta totalmente, y él estaba orinando, tomando con su mano derecha su verga, la cual soltaba un chorro grande y a presión de una orina clara casi transparente, fue una situación al comienzo un poco tensa, pero pase lo vi., me vio, me sonrío y yo seguí hacia la cocina.

Serví 2 vasos de refresco para ofrecerle y él ya estaba en la sala, como si nada hubiese sucedido, yo opte por tomarlo igual, hablamos por unos minutos mas, de otros temas, ya lo estaba acompañando a la salida, y cuando nos dimos la mano para despedirnos……..
Este chico salto sobre mi y me dio mi primer beso a otro hombre, estaba perplejo pero no podía de dejar de saborear su legua e introducir la mía en su boca lo mas profundo que podía. Era increíble estaba allí en la sala del apto besándome apasionadamente con otro chico, comenzamos a acariciarnos todo, pasamos nuestras manos por nuestros rostros, yo fui bajando lentamente por su espalda hasta llegar a su paradito y pequeño culito, el cual empecé a masajear, mientras el se concentraba en desabotonar mi pantalón y bajar el cierre, cuando estábamos así decidimos ir a mi habitación para estar mas cómodos.

Cuando llegamos a la habitación, seguimos besándonos como 2 amantes que hacia mucho tiempo se querían comer, con unas ansias que no entendía, ni me interesaba en ese momento entender.

Fuimos quitándonos toda la ropa cuando volví a reaccionar estábamos desnudos besándonos en la cama, vi su cuerpo algo mas delgado que el mío, y al fin tuvimos el tiempo de detallarnos todo, yo miraba se cuerpo delgado y su verga un poco mas pequeña y delgada que la mía, pero con una erección que parecía que se le iba a reventar allí, cuando vi su rostro el estaba totalmente concentrado en mi verga solo la miraba de pronto bajo su manos y la tomo entre ellas, y bajo su cara lentamente hasta que sentí como su lengua empezó a recorrer mi glande, lo recorría de arriba abajo saboreando mis líquidos preseminales, y ahí me la empezó a chupar de una manera que nunca pensé que se pudiera gozar de esa manera, solo me concentraba en acariciar su cabello y su espalda mientras este chico me daba mi primera mamada por otro hombre, cuando ya estaba a punto de reventarme le pedí que cambiáramos de posición y quedamos haciendo un 69, allí el chapándome la verga, y yo chupando mi primera verga, algo delgada pero con un sabor delicioso un saladito suave con sus líquidos saliendo por esa bella cabecita roja, la cual yo lamia y chupaba como si fuera un bombom, después de besarnos todo y chuparnos todo este chico soltó mi verga y me dijo que estaba por venirse, se la chupe con muchas mas ganas y el de nuevo introdujo mi verga en su boca, dándome unas chupadas como si quisiera que no eyaculara si no que el succionara mi semen, , de repente sentí en mi boca una oleada de un liquido espeso, caliente, salado, al mismo tiempo que su cuerpo se contraía y estiraba, al compás que esos chorros golpeaban mi lengua, no tuve tiempo de saborearlos mas por que en ese momento el chupaba aun con mas fuerza y yo también le inunde su boca de mi semen, mi verga parecía crecer a medida que soltaba cada chorro en su boca.

Cuando al fin se detuvo, nos sentamos uno frente al otro y nuevamente empezamos a besarnos, pasábamos nuestras lenguas de una boca a la otra y así mismo pasábamos nuestras leches, era una mezcla de saliva, semen, excitación y descontrol. Nos besamos por varios minutos mas, acostados uno sobre el otro restregándonos nuestras vergas nuevamente erectas intentado penetrarnos para volver a vivir ese orgasmo pero esta ves solo nos masturbamos uno al otro mientras nuestras bocas no se separaban, y nuestras lenguas estaban mas enredadas una a la otra. Cuando volvimos a sentir esa ida al cielo con ese orgasmo que esta vez fue en nuestras piernas, chorros de semen que iban y venían, fue algo que no se puede describir.

Así paramos por unos minutos, nos duchamos, no juntos por que ya aunque estábamos arrechos nuestras vergas estaban adoloridas por tanto trajín de ese par de horas, ya nuevamente vestidos nos dirigimos a la puerta de entrada del apto, y antes de abrir de nuevo nuestras bocas y lenguas se buscaron, para un beso de despedida que aun recuerdo.

Espero que este relato les agrade y si es así, por favor, comenten sobre él, así continuare relatándoles mas experiencias. Gracias

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Infieles

Vuelvo para confesarles una experiencia que como las anteriores publicadas en la categoría de CONFESIONES ( Deseo Satisfecho, Mio a Voluntad I y Mio a Voluntad II), son reales y esta otra fue vivida con alguien que con el tiempo compartió muchos y agradables momentos conmigo, que les contare próximamente si es de vuestro agrado..

Aquella tarde unas compañeras de estudio de la universidad me invitaron a tomar en una tasca de la ciudad unos tragos donde se unieron otros compañeros de diversas especialidades. Pasado algún tiempo salieron a la pista de baile, yo me quede con uno de ellos que ya había visto en la universidad y me llamaba la atención, pero no había tratado, llamado Augusto, quien insistía en que bailáramos, cosa que no acepte. Entonces decidimos quedarnos allí conversando, y como casi siempre, los casados hablan de sus problemas con sus esposas, de su trabajo hijos etc, etc, y de tantas cosas que en situaciones como estas se comentan, sin que dejara en todo momento de halagarme diciéndome que desde que me había visto en la universidad le parecía muy bella y excitante y que antes no había tenido la oportunidad de decírmelo, porque según él describiéndome me decía, que tenia una blanca y suave piel y una bella, interesante y atractiva cara, enmarcada por una larga y abundante cabellera negra, con ojos negros y sensuales y provocativos labios; que mis pechos eran grandes y hermosos, que mi cuerpo era armonioso pues además tenia una hermosa cintura de la cual nacían dos bien proporcionadas, redondas y robustas nalgas y gruesos muslos y bellas piernas que sabia lucir con una coquetería insinuante y natural que me hacia muy atractiva.

Después de dos horas o mas de estar allí, llego el momento de retirarnos y Augusto insistió llevarme a casa y al despedirnos me pidió que si podía próximamente salir nuevamente con él, lo que me pareció natural, no sin antes tomar mi cara entre sus manos y depositar en ella como despedida un calido y prolongado beso, lo que me produjo una excitante sensación.

Con frecuencia me llamaba al trabajo para insinuarse y halagarme o seguir diciéndome lo mucho que le atraía en todo sentido y solo fue después de insistir mucho, que acepte, no sin algún temor, a salir un día con él a tomar unos tragos. Pero así salimos varias veces. Todo era normal, hablábamos de todo y siempre no dejaba de halagarme y de ser muy detallista y atento; quizá lo hacia para generarme confianza respecto a él. Confieso que tenía el temor de pasar de una simple amistad a mayores, pues yo tenia una relación de pareja, para el momento ausente de la ciudad, y esta nueva relación complicaría mi vida sentimental, por lo que pensaba que tanto a él como a mi nos convendría, de pasar a mayores, era tener una relación que no complicara nuestras vidas particulares con nuestra parejas, una relación sin compromisos que no fuera mas allá de disfrutarnos.

En una oportunidad en la discoteca, conversábamos animadamente mientras bebíamos unos whiskys; ya para el momento sabíamos que nos gustábamos, el lugar estaba casi solo y a baja luz, la música era apropiada para la conversación de amor y admiración hacia mi que Augusto mantenía, lo que aprovecho para tomar mis manos entre las suyas y acariciarlas suavemente, gesto que me agrado y momentos después acariciaba mis cejas o lóbulos de mis orejas, hasta pasar uno de sus dedos por mi labios suavemente; la sensación era súper agradable, mi cuerpo se estremecía con sus caricias, se acerco mas a mi, sentía que su proximidad me excitaba, tomo mi cara entre sus manos, cerré mis ojos y acercadose mas, unió su labios a los míos prodigándonos un largo y profundo beso al que no me pude resistir; lo deseaba, se nublo mis sentidos y quebró la resistencia a sus caricias, que con sus habidas manos ya recorrían mis gruesos muslos, llegando a mi húmeda vulva de la que yo trataba de retirarlas, pero Augusto hábilmente las trasladaba entonces hasta mis voluptuosos senos que agitados eran medianamente contenidos por una sencilla blusa que ya había abierto lo suficiente para tomarlos entre sus manos por debajo del brasier, acariciándolos y depositando en ellos y mis erguidos pezones, calidos y suaves besos.

La excitación crecía y sentía como me aprestaba a gozar de sus caricias, sus manos parecían multiplicarse y seguían acariciando todo mi cuerpo, mientras nos besábamos intensamente. Yo le correspondía y pude palpar como mantenía una fuerte erección al acariciar su pene. Augusto con voz apasionada me pidió que estuviéramos juntos esa noche; no podía pronunciar palabra alguna, y solo pude hacer un movimiento de cabeza de aceptación. Salimos y nos dirigimos a nuestra anhelado encuentro, durante el recorrido nos seguíamos acariciando. Yo no disponía de mucho tiempo, debía llegar pronto a casa.

Una vez en el lugar nos besamos con pasión mientras nos despojábamos mutuamente de nuestra ropa, el empezó por soltar mi blusa y dejarme en brasier y antes de soltarlo beso mis pechos que parte de ambos brotaban por los bordes del brasier, suelta mi pantalón que termino de sacármelo en tanto que me besa y me pasa su lengua por el cuello hasta llegar nuevamente a mis redondos y pronunciados pechos ya libres del brasier que los oprimía y los tiene agarrados entre sus manos, los junta y me los besa como si quisiera devorarlos y los sigue acariciando y besando con avidez, por mi parte abrí y quite su camisa mientras acariciaba su pecho y luego solté su cinturón y abrí su cremallera y su pantalón cayo pesadamente al piso, baje una mano y toque su rígido instrumento que presionaba por liberarse del interior que empecé a bajárselo con su ayuda hasta que salio como un latigazo aquella verga rígida, venosa y caliente para golpear mis muslos que entreabiertos querían retenerlo.

Me volteo y me puso de espaldas contra él, mis nalgas sentían la presión de su miembro ardiente contra ellas, tomo mis pechos, uno en cada mano y los acariciaba, en tanto que besaba mi cuello y espalda, mi cuerpo se contorneaba, sus manos soltaron mis pechos y bajaron acariciando mi abdomen y cintura y entraron por debajo de mi blúmers, acariciando mi monte de Venus y mis robustas nalgas divididas por un hilo dental que se perdía entre ellas y luego pasaba suavemente uno de sus dedos por mi rajita húmeda; yo me estremecía de la excitación, allí se detuvo un momento y mientras seguía besando mi cuello, me decía hermosas y eróticas palabras al oído, algunas fuertes y posesivas, cargadas de sexualidad acordes con el momento, que me excitaban mas y mas. Termino de bajar mis blúmers y con sus manos acariciaba mis piernas y muslos, mientra iba subiendo para estar de pie nuevamente; se coloco frente a mi, me abrazo fuertemente, nos besamos con pasión y su miembro se abría paso entre mis gruesos muslos buscando penetrarme allí mismo. El momento era supremo.

Ya desnudos me condujo a sentarme y coloco su pene erecto, de brillante y rojiza cabeza frente a mi cara, e instintivamente lo tome entre mis manos y lo empecé a acariciar delicadamente a todo lo largo hasta sus testículos, hasta que sentí el deseo de meterlo en mi boca y lo hacia poco a poco lo mas que pude y lo lamia y chupaba con ganas y con mi lengua lamía todo su instrumento calido y habido de sexo del que brotaban constantes gotas de liquido seminal que con mis dedos pasaba alrededor de su glande. El se quejaba de placer y con sus manos acariciaba mi cabeza y me atraía hacia él buscando que le siguiera mamando su provocativo sexo.

Augusto evito su orgasmo y delicadamente me retiro de su poderoso instrumento y me coloco de espaldas, me tomo por mis rodillas, las levanto y abrió mis piernas, quedando expuesta ante sus ojos y expresión de deseo de su cara, mi recrecida vulva, abierta por la excitación, era una invitación a que folláramos. Esta posición aumento mas mis ganas de que me penetrara; pero él sigue tocándome y acariciando y besando todo mi cuerpo, con sus manos bien abiertas tomaron mis nalgas y las apretó con fuerza mientras las abría para contemplar el estrecho orificio de mi culito y luego tomo su miembro rígido con una de sus manos y lo empezó a pasar y rozar lentamente por el interior de mis muslos, dejándolos untados del liquido que de su pene seguía saliendo y lo fue acercando a mi mojada vulva de labios mayores y menores recrecidos y abiertos por la excitación, hasta que llego a ella y empezó a pasármelo con cierta firmeza por mi rajita de abajo hacia arriba, abriéndola a su paso y luego acariciaba mi clítoris con su pronunciado y calido glande con movimientos en circulo, volviendo a repetir mas y mas estas excitantes caricias, que eran una tortura de placer para mi, que pedía me penetrara de una vez para sentirlo todo dentro de mi, Era lo que mas deseaba en ese momento.

Seguidamente sentí cuando lo puso a la entrada de mi vagina y yo ayude a que me penetrara subiendo mi cuerpo, buscando su instrumento de ataque y lentamente y con firmeza me fue penetrando hasta lo mas profundo, mientras sonidos de placer salían de nosotros. Empezamos a darnos con ganas incontroladas, me gustaba muchísimo como me hacia el amor, el pensar que no disponía de tiempo para seguir haciéndolo a placer toda la noche hizo que me concentrara mas en lo que hacíamos para acabar junto con él nuestros orgasmos. El lo metía y sacaba con fuerza y su cuerpo estaba tenso y sudoroso, así pasaron algunos minutos y de pronto sentí como se acelero su respiración y empezó con fuertes movimientos a penetrarme con mas vigor para acabar, lo que genero en mi una fuerte descarga de placer y abrazándolo con fuerza con mis brazos y piernas me concentre para no quedarme sola, y así fue, nos movíamos rítmica y vigorosamente como si quisiéramos fundirnos en uno solo y le dimos seguido con acoplados y rítmicos movimientos, hasta que con incontrolados y fuertes espasmos y convulsiones nos veníamos y terminábamos juntos con un intenso, vigoroso y placentero orgasmo, a la vez que sentía como de manera repetida y con fuertes y vigorosas embestidas de su rígido y recrecido instrumento, descargaba dentro de mi su abundante y caliente semen que llenaba de placer mi ávida vagina, que retenía su ardiente instrumento hinchado de gozo y de placer.

Así nos mantuvimos por un rato y luego lentamente fuimos separando nuestros sudorosos cuerpos y pude ver como su arma vigorosa un poco flácida pero aun imponente y recrecida salía lentamente de mi dilatada vagina, cubierto de nuestros viscosos fluidos a causa de tan monumental follada producto de nuestra pasión, deseos e infidelidad.

Agradezco sus comentarios que me estimulan a escribir sobre muchas mas experiencias que he vivido.
Por: APASIONADA

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Mi maestro era muy tímido

Vimos un estacionamiento, se metió, era de eso subterráneos, era de noche y comenzaba a llover, sin embargo él, a pesar del clima, estaba sudando, yo comencé por acariciarle su pierna, su cara, su cabello. Estacionó su auto, lo apagó, volteó hacia mí y solo me miró, me acerqué y con los rostros completamente cerca lo besé. Sentí sus labios jugosos, frescos, tiernos.

Hola amigos:

Esta es la primera vez que escribo y la verdad tengo muchos nervios de lo que estoy haciendo, espero que no me juzguen mal, solo soy una chica traviesa y que quiere divertirse, ustedes me entienden, ¿verdad?

Todo comenzó hace como seis meses, soy una joven universitaria, vivo en una enorme ciudad, tengo muchos amigos y amigas y me gusta estudiar tanto como divertirme, por lo que mis notas son sobresalientes.

Estábamos iniciando ciclo escolar cuando era el primer día a la primera hora, se apareció mi profesor, un hombre joven, delgado, bien formado, blanco, de pelo rizado negro y una hermosa sonrisa. De unos 27 años, yo tengo 19. Entró al aula de clase, se dirigió al escritorio y se presentó, hasta ahí todo parece normal, ¿cierto? Y así, lo vi yo también.

Pasaron los días y la coordinadora de carrera nos informó que debíamos presentar una ponencia sobre algún tema actual e interesante, a mi me entusiasmó la idea, sin embargo mis compañeros de clase no eran muy participativos, así que nadie estaba motivado para participar.

Así continuaron las clases y si en ese momento me hubieras preguntado su nombre te digo que no lo sabía, ¿sabes por qué?  Porque yo a él no lo miraba diferente, para mí era un profe más y ya, claro un profe muy atractivo y nada más.

El tiempo era apremiante, así que teníamos que participar, el profe se acercó a mí y me dijo, quiero hablar contigo, sabes, hablé con la directiva del evento y te propuse como moderadora del evento, quiero que participes. Debo confesar que no me gustó la idea de ser moderadora del evento, pues mis notas avalaban mis capacidades, en fin, me insistió un par de veces más y acepté.

Y ahí comenzó mi verdadera historia, los días iban y venían en los preparativos del evento. Como solíamos quedarnos a trabajar hasta tarde, él amablemente me acercaba en su auto a mi casa, él muchas veces sin saberlo me dejó en la puerta de mi casa.

En una ocasión me invitó a comer, otras a tomar un café y cada vez nuestra cercanía era mayor. Sin darnos cuenta nos involucramos sentimentalmente.
Me platicó que vivía con su padre, solos él y su padre, un hombre mayor y jubilado.

Debo decir que comencé a desear cada vez más su presencia, sus saludos, sus palabras, pero sabía que no era amor, de eso estoy segura, porque cuando lo recordaba solo pensaba en que me tuviera entre sus brazos y me besara, me tocara, me deseara, solo eso.

Un día, llegó por mí, mi novio, los presenté, grave error.

Todo se paralizó, mi profe me reclamó, me dijo que porque lo había hecho, es decir, comprendí que a él también le estaba pasando algo conmigo, y debo confesar que me daba miedo, pero quería vivir esa aventura.

Un día que me acercó a casa iba callado, como pensativo, yo comencé a acariciar su cabello, suave, dócil, le pregunté que si le agradaban mis caricias y me dijo que si y que continuara, él seguía manejando.

Vimos un estacionamiento, se metió, era de eso subterráneos, era de noche y comenzaba a llover, sin embargo él, a pesar del clima, estaba sudando, yo comencé por acariciarle su pierna, su cara, su cabello.

Estacionó su auto, lo apagó, volteó hacia mí y solo me miró, me acerqué y con los rostros completamente cerca lo besé. Sentí sus labios jugosos, frescos, tiernos.

Hasta ese momento no sabía lo que el deseaba, solo nos besamos en esa ocasión, bueno yo ni siquiera comprendí si ya éramos novios o que habia pasado. Tengo que irme después les sigo contando mi historia, créelo te vas a sorprender.

Susan. Universitaria traviesa.

Autora: Susan

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De fresa o de vainilla IV

Se agachó por mi top y mis calcetas y nos fuimos a su habitación, y cerró la puerta, Cuando me tiró a la cama y vi la puerta, pensé que; nada existía fuera en ese momento, pero cuando regresara, el mundo se reconstruirá de manera diferente, nada seguiría igual, al no salir de ese cuarto en ese momento, elegí de alguna manera cambiar mi vida para siempre.

De cómo jugamos en su cama – Me seduce y me desnuda

Cuando llegué a casa me acosté muy cansada e inquieta, solo pensaba en lo de esa noche, solo con Ale, me di cuenta que nadie me quería como ella, cuando pude dormir  tuve un revelador sueño. Ale y yo, nos besamos en un parque mientras bailábamos, con una especie de vestido transparente, acariciaba mi cuerpo y yo el suyo, solo había una tenue luz, que no me dejaba ver todo su cuerpo apenas cubierto por una delgada tela traslucida, nuestros movimientos eran suaves y eróticos, ambas lo disfrutábamos mucho, pero de repente mi madre nos veía  de un balcón que nosotros no vimos, y me gritaba  “zorrita, traidora, lesbiana”. Y entonces las dos corríamos tomadas de la mano despavoridas, para alejarnos de ese balcón.

Cuando desperté el corazón me latía rápido, eran como las siete, y si me sentía húmeda de abajo, no pode dormir en un rato, el sueño me inquieto bastante. Que significaba eso?, ¿como sería bailar con ella a oscuras? después no sería muy distinto de un sueño, ¿si no me gustaba podía olvidarlo y nadie lo sabría solo ella y yo?,  ¿me haría daño vivir eso con alguien a la que quería y me quería tanto y le tenía tanta confianza? Esos pensamientos me pusieron nerviosa, realmente me dio curiosidad de darnos una chance de jugar, de hacer la peor travesura, disfrutar juntas de nuestra sexualidad por una noche como las otras dos.

Cuando la besaba en el carro, ya no era solo la travesura, comenzaba a sentir un deseo fuerte  por ella, pero no me atreví a decírselo.

Otra  húmeda mañana de ese verano, ya hacía una semana que había sido el baile. Me decidía a pararme, mi cama estaba muy calientita y tenía la sensación de haber tenido una noche maravillosa  y que había soñado bonito. Mi celular sonó, medio dormida leí en la pantalla

“1 mensaje de ale”… el mensaje decía textual: “buenos días nna! En 30 min paso por ti, te invito a desayunar, te quiero mucho”.

Así que me paré y me metí a bañar, había soñado otra vez algo con ella, pero nunca recordé que había vivido en ese sueño.

Como era habitual, llegó con 20 min de retraso, todo el camino escuchamos “accidentaly in love” que nos encantaba desde que vimos shrek 2, fuimos a desayunar a  un Starbucks que queda por el centro, desde que llegó por mi, se veía muy linda, no se maquillo ni nada, así era nuestro estilo, de hecho ni siquiera usaba alguna ropa especial,  llevaba puesta una playera polo blanca, una hoodie x,  unos pants Adidas y unos tenis, iba muy contenta, sus mejillas chapeadas, su cabello suelto, y sus manos adornadas por el anillo  en el pulgar  y sus uñas sin pintar se me antojaban lindas, además olía al perfume que le había regalado el mes pasado. Esa mañana me gustó mucho y me sentía muy bien a su lado, varios volteaban a mirarla, esa chava que les gustaba, era mi novia.

Pasamos toda la mañana juntas caminando por el centro, simulando ser amigas. A medio día fuimos a su casa a comer, su mamá ordenó pizzas para nosotros por que ella saldría, tomaría un café con sus amigas y volvería entrada la madrugada, tan pronto como llegaron las pizzas nos la subimos al cuarto de tv aprovechando que no estaba Karen (su mamá) y podíamos hacer lo que nos placiera, tirar migajas, subir los pies a los muebles, no tomar sopa y cosas así.

Nos quitamos los tenis y nos acomodamos en el sillón frente a la tv, encendimos el televisor pero como no encontramos nada,  ale encendió su Xbox y comimos mientras jugábamos voleibol,  después de darme una paliza y habernos hartado de pizza vegetariana, puso la peli Unfaithful, según ella para aprovechar que su mamá no estaba por que la semana pasada no le había permitido verla con ella, (tenía escenas bastante explícitas e incitadoras) que hizo termináramos juntas abrazadas y tomadas de la mano de vez en cundo ella me acariciaba la espalda y el cuello, si no mal recuerdo yo le di el primer beso ese día, con el pretexto de que tenía cátsup en los labios, ella me tenía abrazada casi por atrás, de vez en cuando yo volteaba para darnos un besito tierno, su aliento con olor a pizza que soplaba en mi nuca me erizaba la piel.

Recuerdo que de repente me tomó un pie, me sacó los calcetines olió mi pie y  bromeó que me olían mal, y se puso hacerme cosquillas en la planta y entre los dedos. Todo era un juego me acariciaba las piernas como lo hacían en la movie y nos reíamos y nos burlábamos de lo cursi que eran los diálogos y los repetíamos algo así como desde el “solo es por pasión, los errores no existen”, además hacíamos comentarios como ¡Ay nena! cuando la protagonista salía en poca ropa, ese tipo de jugueteos y bromas pusieron una atmosfera que me hacía sentir unos escalofrío, sudar las manos y se me entrecortara la respiración, dentro de mí latía un peligroso profundo deseo por mi “amiga” que tenía muy cerquita.

Mientras una escena para adultos se desarrollaba, nos miramos y empezamos a besarnos, y nos tiramos al sillón. Parecía un juego, quedé abajo de ella con una pierna en el sillón y la otra abajo para que ella quedara bien encima de mi y nos besamos así un rato, primero como siempre, pero después subió de tono, como aquel día en el almacén, era realmente excitante, la calentura se me subió a la cabeza y comenzamos hasta  a hacer ruiditos de prendidas, me tocó arriba y me puso peor. En ningún momento supe que hacer,  la situación se me fue de las manos desde hacía algún tiempo, ella lo sentía, y lo disfrutaba,  se veía decidida a hacerme todo y toda suya, le gustaba tener en su control, a mi, mi destino, y mi feminidad.

Me desabrochó el top por debajo de la playera y acarició mis senos muy suavemente, levantó mi playera hasta mis clavículas. Con su lengua dibujó el contorno de mis aureolas y con su boca coloreó mi pezón, con su saliva a besos delineó mi abdomen, desabrochó mi pantalón y bajó el cierre con una mano, he hizo aparecer para si, mi  pubis velado por una delgada tela azul cielo del calzón que llevaba puesto, que no parecía ofrecer obstáculo a su excitación que reflejaban sus delicadas facciones; y algunas otras cosas como sus dilatados pezones y su cuero tan erizado como el mío, la habilidad que demostraba, me asustaba pero a la vez me encendía y me hacía querer  llegar a mi limite y el suyo, aun que quizá  los habíamos dejado ya muy atrás, probablemente ni existían.

-Ven vamos!-  Me dijo tomándome la meno y acomodándose el cabello que tenía en la cara.

Se agachó por mi top y mis calcetas y nos fuimos a su habitación, y cerró la puerta, Cuando me tiró a la cama y vi la puerta, pensé que; nada existía fuera en ese momento, pero cuando regresara, el mundo se reconstruirá de manera diferente, nada seguiría igual, al no salir de ese cuarto en ese momento, elegí de alguna manera cambiar mi vida para siempre.

Pensamientos así de mal viajados me llegaron a la cabeza toda la noche creo producto de los nervios y la incertidumbre que sentí, mi corazón estaba muy confundido no estaba seguro de querer estar ahí pero quería sentirse querido y por eso latía durísimo,  mi futuro era incierto, me daban ataques de risa, las manos me sudaban, la cara la sentía caliente. Las ideas locas me asaltaban la cabeza, hacían a un lado los prejuicios y a soportar de alguna manera  el intenso miedo que estar parada ahí a solas y con el pasador de la puerta, me hacía sentir.

Antes de esto; aunque decíamos que éramos “novias”, y nos  besábamos,  y aun lo del almacén, y todo, siempre la ubiqué como una muy buena amiga, que simplemente había mucha confianza que nos permitía hacer algunas cosas locas, pero después, nunca supe que fue lo que fuimos.

Su recámara estaba helada por que llovía, el piso lo sentí muy frio en mis pies descalzos pero el calorcito que irradiaba su cuerpo junto al mío, pronto me quitó el frio, me abrazaba y con la otra mano me tomaba de la nuca para besarme, Me dejo sin playera, me besaba de vez en vez y me acariciaba los senos, algo me hacía sentir sexy, miraba abajo a Alejandra jugando con mis senos, que les juro en ese momento eran más grandes de lo normal, de pronto me dio un ataque de nervios y reí como loca, a Ale también le empezó a dar risa, si bien muchas cosa no estaban en mi cabeza, como la sensatez, si me di cuenta de lo que pasaba, estaba en playera pero sin top, con pantalones pero con el cierre abajo y con una chava que no era “stright”, ahí no pasaría nada.

Me preguntaba fingiendo demencia – ¿por que te ríes mensa? Esto no es chistoso. Me besó la boca de nuevo y ahora se deleitaba con mi trasero, tan rico también. Después deslizó su mano sobre mi pantalón en ya saben donde, se detuvo un rato y la apoyo suavemente contra mi,  luego la metió entre mi piel y mi ropa interior para  acariciar mis bellos, me acarició mi parte prohibida y hasta  las piernas me temblaron, luego lo hizo…  metió un dedo entre los pliegues que hace la vagina cuando una tiene las piernas casi cerradas, se torció un poco y sin permiso con uno de sus largos dedos se quedó con mi virginidad que me había pertenecido hasta ese momento.

No se si me empezó a besar bien padre o era su dedito que entraba y salía, realmente eran ambas cosas al mismo tiempo, lo que me hizo sentir tan amada, no hacía más que cerrar los ojos y apretar los dientes por ese ligero dolorcito que sentía mientras mi orifico se amoldaba al tamaño del dedito que tenía dentro, ¡y oye! Que rico es eso. Se separó de mis labios y con una sonrisita me preguntó…

– ¿Se siente bien rico verdad?

Apenas asentí con la cabeza, por que estaba perdida con esa sensación,  gemía solo para mi misma  por lo que  mi cuerpo experimentaba. ¡Sería tan embarazoso que me viera gritando de placer!

Deshizo el nudo del listón de sus pants,  y luego puso mí mano por entre sus bóxers y su pubis, se sentía ligeramente áspero, vacilando mucho deslicé mi mano por entre sus pliegues pero apenas si la tocaba, me tomó por la muñeca, se paró con las piernas un poco más abiertas, contrajo su abdomen como aguantando la respiración  y puso mi mano más abajo, cuando sentí su área calentita y húmeda, por instinto la saqué rápidamente de su pantalón.

Ale separó su boca de la mía y con una sonrisa más, me dijo:

– ¡Vamos! Te juro que no te muerde, no pasa nada, como te diga tu corazón, tú sabes como, sin pena.

También me salió una risita por su tontería pero calle súbitamente cuando metí mi mano dentro de sus bóxers, para buscarle su agujerito,  la deslicé muy despacio, como cuando buscas algo que no estás muy segura de querer encontrar, se lo hallé poquito antes de arrepentirme de nuevo,  le introduje mi dedo medio muy despacio, no quería  lastimarla. Si me preguntas por que le hacía lo mismo, supongo que para ponernos a mano y hacer un desquite, ella salía y entraba yo solo estaba dentro de ella,  era la primera vez que sentía otra vagina, se sentía muy mojada y tibia, se me figuraba más profunda, quizá por la posición de mi mano, que la tenía muy torcida, eso limitaba y cansaba, por eso, bajé mis jeans a mitad de los muslos, a continuación  bajo sus pantalones y sus bóxers a media cadera, tomó mi mano de nuevo y la dirigió a su cosita.

–Juntas pelase, es más rico así- me dijo besándome al oído.

Ahora ya no me podía separar de ella, me estremecía, ahora sentía una intensa atracción asía ella, la abrazaba con el brazo libre y acariciaba su cabello, apoyaba mi cabeza en su hombro, fuera  lo que fuere era la travesura  más deliciosa en la que había estado, y lo más rico que alguien me había hecho, elle jugaba con su dedo dentro de mi, me sentí como,  poseída y dominada. Por mucho que pensé si eso era correcto o no, no quedaba opción. Tal vez las hormonas se me pusieron hasta arriba, me sentía como mareada y abochornada.

De pronto paró, sacó su dedo travieso, me abrazó fuerte, como emocionada y me besó con dulzura. Así que yo también aparté mi dedo de su cosita, se sentía chistoso tan humedecido por ella, discretamente lo limpié en mi calzón que era lo único que me quedaba. Me puso las manos sobre la mejilla y me dijo: -No me la creo, nena, ¡que padre!, ¿te das cuenta estamos juntas?

Ni le conteste, no entendí muy bien a que se refería – se sentía bien pero no me emocionaba como a ella, además sentir su dedo húmedo en la cara no me hizo mucha gracia, pero tampoco le dije nada. Mis pantalones ya estaban en el suelo y ella seguía vestida así que le quite su playera, ella me ayudó levantando sus delgados brazos adornados por unos  dorados vellitos apenas perceptibles  que se veían a contra luz por la tenue iluminación que entraba por entre sus persianas. A continuación ella sola se quitó el bra.

Nos besamos de nuevo y frotamos nuestros torsos desnudos con ese ritmo que solo da una calentura como aquella que se sentía esa tarde en esa habitación.  Se hinco y mirándome a los ojos, tomó mi ropa interior de los lados y con cara de picara preguntó:

-¿Puedo señorita?

Sin esperar una respuesta los deslizó hacia abajo a lo largo de mis pierna y los dejó en los tobillos, le ayudé levantando una pierna y luego la otra, primero solo sacó los jeans y luego hizo lo mismo con mis calzones, los aventó por atrás de ella a la cama junto con nuestras playeras, se incorporó despacio muy cerca de mi, tan cerca que cuando se encontraba de regreso a la altura de mi cadera, sentí escalofríos y me doblé por reflejo hacia atrás, quedó parada de nuevo frente a mi, me dio un beso tronado en los labios.

Hacía algo de frío, hasta temblaba un poco,  por instinto me abrazaba yo solita e intentaba tapar mis senos con los brazos, y miraba descontrolada lo que ella hacía,  se encorvó para bajarse los pantalones y los dejó en el piso, luego apartó su ropa interior hasta sus rodillas y apoyándose en mi hombro, se los terminó de quitar con sus piernas y quedó parada encima como vino al mundo.  Me susurro al oído…

-Tranquila nena, ¡te quiero mucho! Yo voy a cuidar mucho de ti, o las dos coludas o las dos rabonas.

Si has estado en algo así me entenderás: es increíble lo que unas palabras como estas te hacen sentir en momentos como este, en el que solo sientes inseguridad, me empezaba a sentir mejor, hasta creo que dejé de temblar de miedo o de frío. Me puse en cuclillas y le quité sus calcetas, convencida de lo que me acababa de decir. Aunque ya la había visto sin ropa, esa vez, la vi distinta, su pelo negro en sus hombros, su mirada intensa en mi,  el agradable tono blanco de su piel,  su delgada silueta, sus bonitas piernas largas, esa tarde-noche me mostró los senos más hermosos y el pubis afeitado más tierno de este mundo.

Algo curioso es que ella también empezó a cubrir su pecho como yo, y fue posiblemente el único indicio de pena que vi en ella. Un cuerpo parecido al mío superando por mucho las diferencias por las similitudes, era un cuerpo de mujer  desnudo que había aparecido por mi,  la olla de hormonas que hervía dentro de mi, me provocaba a acercarme, a indagar en el,  sus diferentes texturas, a que olía y quizá también, que sabores escondía, quise descubrir cada una de las sorpresas que podía guardar aún este encuentro, la contemplé enfrente de mi por un momento, y  me pareció; que ese instante quedó suspendido en el tiempo inmune al irrefrenable curso de los minutos y permanecer estático por una pequeña eternidad.  Lo recuerdo tan nítido, que estará así, por siempre.

Después de explorarnos mutuamente con la mirada, nos dirigimos una mirada de complicidad y sonreímos, ya no me engañaría más, era ahí, de entre todos lo lugares del mundo en el que hubiera preferido estar, de  haber tenido oportunidad de escoger. Di un pequeño paso al frente y la abracé, tuve necesidad de ocultar por un momento mi desnudez a sus ojos que se me figuraban muy atentos a cualquier detalle en mi, y así oculté la desnudez su vista, ahora era su cuerpo el que percibía esa situación,  y  mi corazón  le confesó el desnudo emocional que sentí que era aun más despojado, con esos violentos golpes que daba dentro de mi pecho.

Es que en ese momento, no tenía nada, no sabía nada, sentí la mayor inseguridad de mi vida, ¿debería quedarme así abrazándola hasta que la noche cayera sobre nosotras? ¿Deberíamos seguir besándonos? ¿O acariciarle su torso totalmente desnudo? ¿o era ahí donde acababa la aventura?  Nos vestíamos e íbamos a la sala a jugar Xbox. Sus pies descalzos en el suelo cerca a los míos y el calor de su cuerpo pegado al mío también desnudo, me hizo sentir tranquilidad y confianza en ella.

No sé como consentí todo esto, de hecho muchas veces me he arrepentido de lo que pasó esa tarde con ella, me culpo por no haberla frenado a tiempo, pero si de consuelo me sirve,

Estar desnudas abrazadas  se tornó en algo muy pero muy  erótico, creo que ni siquiera ella supo que se suponía debía hacer, por eso nos besamos tiernamente  por un rato, nunca me había sentido tan cautivada, en su saliva había un sabor podría decirse “enviciarte”, no quería dejar de besarla, y quise que sucediera más,  me atreví a poner mi lengua en su boca para sentir la suya en la mía, me puso la piel áspera, los vellos de todo el cuerpo se me erizaron y poco a poco se empezó a ponerme húmedo ahí, y algo en el ambiente me hacía intuir que a Ale la pasaba lo mismo.

Autora: Sandra W

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De fresa o de vainilla III

La humedad de sus labios en los míos, el contacto de nuestras bocas y la mezcla de nuestras salivas era algo ya natural, besaba muy rico, abríamos nuestras bocas y lo hicimos más profundo, cuando escuchamos que alguien quería abrir la puerta por fuera nos separamos y limpiábamos nuestras bocas con las manos, quitamos el pasador y salimos riendo tomadas de la mano.

El destino sigue su curso.

A partir de eso los besos se hicieron más frecuentes en las siguientes semanas, buscábamos estar a solas para besarnos cada vez con más pasión, en ocasiones entrabamos juntas en los sanitarios del colegio, cuando veíamos que estábamos solas nos dábamos besos largos y húmedos. Recargadas en la puerta, para que ninguna niña entrara.

Siempre que estábamos en una situación así sentía unas cosquillitas en la panza que nunca supe identificar si eran de nervios o si sentía alguna atracción hacia ella, pero creo que esa sensación de estar haciendo una travesura les daba un toque mágico a nuestros besitos.

La relación parecía haber llegado a su madurez pero aun nos faltaba, por hacer algo, y a ti saber algo. A finales de mayo estábamos por terminar cursos de la escuela y la directora ya nos traía entre ojos para los cursos, de regularización para mi y unos cursos para ayudar a que ale entrara a la uní, pero a Ale su desarrollo académico le tenía sin ningún cuidado y tubo una brillante idea para quedar bien con la vieja y librarnos de sus clases de verano

Las tres chicas y yo apoyamos a la directora para los preparativos de la graduación de la generación de Ale, nuestra labor consistía en conseguir los arreglos necesarios para la ceremonia en el auditorio. Aunque todos sabían que Ale era puro desmadre, sus padres tenían una buena relación con la directora por su posición social, y por este motivo le confió las llaves de la bodega del auditorio. En el solo había algunos arreglos de ceremonias pasadas, sillas rotas y un montón de trebejos olvidados y polvosos.

Desde el primer día nos encargamos de darle un uso a nuestro favor a ese olvidado cuarto. Al no tener un lugar lo suficiente privado para hacer de las nuestras, era el lugar ideal para que nadie nos viera de lesbianas, así que con el pretexto de hacer inventarios nos encerrábamos a solas en la bodega, nuestra energía sexual de adolecentes  reprimida y la privacidad que había nos hacía ir cada vez más lejos.

En uno de estos “inventarios” nos besamos y me calenté hasta el punto de dejar que me quitara la playera y tocara mis senos cosa que no creí que alguna vez permitiría, esos besos tienen una sutil línea que los divide del escarceo sexual, que no es más distante cuando estas con una chava he, una vez que te dejas llevar, la calentura no te permite parar.  Me besó en mi abdomen desnudo me recargó en la pared y besó todo mi torso, se puso bien loca y se daba gusto con mi cuerpo, después se puso de pie y trató de desabrocharme el pantalón pero yo no le permití y le aparté la mano del botón, así que volvió a ocuparse de mis bubis, realmente tampoco deseaba que hiciera eso, pero algo no me dejó frenarla, por el contrario empecé a acariciar las suyas, eso no me excitaba ni nada, lo hacía por reflejo a lo que ella me hacía y por que mis manos en esos momentos deseaban tocar algo y sus nenas era lo más cercano a mí, además de tener una textura agradable; no sabía ni que onda, de hecho su cuerpo en si no me provocaba la menor atracción en esos días, pero ahí algo que si es cierto; estar en esa situación era emocionante, tal vez por que a mi edad nunca antes había hecho eso con nadie.

Después de estar así un rato masajeando los senos la una a la otra la temperatura subió en el almacén y empecé a hacer ruiditos, se aprovechó de eso y volvió a intentar tocarme abajo, solo que esta vez no encontró ningún impedimento por mi parte, de hecho cuando me comenzó a tocar sobre el pantalón le ayudé separando un poco mis piernas para que pudiera desplazar con facilidad la mano, les diré que me llevó a tal extremo que al ver que le costaba trabajo desabrocharme el pantalón lo desabroché yo misma y bajé el cierre,  afortunadamente para mí y desafortunadamente para ella escuchamos pasos aproximarse, me puse mi playera rápidamente y acomodé mis pantalones, los pasos se siguieron de largo, eso me puso un susto de los de a deveras

Ale me tomó para regresar a lo que estábamos, pero el susto hizo que se me apagara el fuego y reflexionar de lo que estuve a punto de permitir. La verdad no estaba preparada para esa situación con ella, agradecía que no hubiera pasado a mayores, me intentó besar pero yo le pedí que nos fuéramos, en el camino a casa me la pasé callada, lloviznaba, y las dos caminamos cabizbajas, al llegar me despedí de un beso en la mejilla y entré a casa.

En cierto modo estaba arrepentida y enojada conmigo misma, por haber permitido aquello, eso no era correcto ni con un chavo, a lo mejor nos podíamos besar, hacía mucho tiempo que no lo hacía, necesitaba una válvula de escape para mis hormonas y hacerlo con una chava era divertido de alguna manera, era como una travesura, a la que tenía derecho a experimentar por mi edad, pero tener un faje era demasiado. Cómo iba a permitir que una amiga me tocara en mi parte, que yo le tenía tanto respeto? mi amiga no debería quitar mi virginidad con su dedo solo por estar caliente un rato,  por supuesto que no!

Al otro día hablé con ella para explique cómo me sentía por lo que había pasado, ella me pidió una disculpa y me dijo que no había sido su intención hacerme sentir mal y me prometió que nunca haría algo que no deseara.

Una semana pasó, y yo ya no estaba cómoda con ella. Una tarde después de clases tuvimos que asistir en la tarde al colegio por que resultó que el intendente de la escuela accidentalmente había tirado a la basura parte de los listones y las mantas que habíamos cortado, Así que la directora ordenó que “el grupito Ale”, (como nos conocían en la escuela) se reportara en el almacén en la tarde; después de hacer una lista de lo que faltaba, Andrea y Faby se fueron y nos dejaron encerradas “accidentalmente” en el almacén, en el momento en que ale me dijo que las llaves las había dejado en su casa, el corazón comenzó a latirme a prisa y las manos me sudaron en frio, estaba otra vez a solas con una chava que no sabía desaprovechar esas oportunidades.

Le sugerí que marcara a su mamá para que le trajera la llave y nos sacara de ahí, los siguientes 45min en lo que las laves llegaron, ale se comportó como una dama, no sentamos en el suelo y me ofreció su sudadera, afuera se oía que caía un diluvio y el almacén estaba helado, acepte por que titilaba de frio  y nos abrazamos para retener calor.

Me platicó muchas cosas que no sabía de ella, su padre se había ido con otra mujer cuando ella tenía 13, había tenido un novio hace tres años con el que se había clavado mucho y  después la dejó sin más ni menos, la pasó mal en los siguientes meses, hasta que una chica se portó muy bien y la ayudó a salir de su depre, después de un tiempo “se volvieron más que amigas” y con ella descubrió que las niñas le gustaban más que los hombres, tuvo una relación con ella de año y medio, que por cierto yo conocía, se  llamaba Fabiana precisamente. Después tuvo un par de novias más, pero nada serio, además me confesó que nunca había sentido algo como lo que sentía por mi, con nadie más.

Eso me dejó muy sorprendida, sentí que me tenía confianza y por otro lado no intentó ni siquiera besarme, ella me entendió totalmente, cuando llegué a casa me sentí más unida a ella. Las vacaciones llegaron,  Ale era un oasis en mi vida, todo era diversión y tomar todo con calma. Pronto los besos en la boca regresaron no así los contactos que yo consideraba inapropiados y ale lo aceptaba bien.

Con motivo de su cumple y de su graduación, la mamá de Alejandra y yo le organizamos una fiesta sorpresa en su casa, invitamos a unos cuantos compañeros de la escuela y estuvo padre, hubo alcohol y mucho relajo, pero terminó pronto, como a eso de las 11. Mientras le ayudaba a levantar el tiradero que se había quedado, nos dimos cuenta que estábamos desperdiciando valioso tiempo, y nos fuimos a la cocina a besarnos bien rico. Al poco tiempo, oímos la puerta, me dio un último besito y me hizo unas preguntas muy extrañas…

-Sandra, ¿me quieres mucho? -¿Llegarías a más conmigo?

No pude preguntarle de a que iba esa pregunta, por que Karen (su mamá)  entró a saludarnos y nos hicimos las disimuladas, pero estaba casi segura de haber entendido y eso  estuvo rezumbando en mi cabeza los siguientes días.

Como  era su pareja, por así decirlo, fui su invitada a su cena de graduación, eso era tan extraño, por supuesto no quería ir y le puse mil escusas;

-Mis papás no me dejarán…-Mi mamá los convence…-No tengo para el boleto…-Yo te lo invito… -No tengo vestido…-Te prestaré  uno bonito…

Total que cuando las escusas se me acabaron, no me quedó otra y acepté.

Estuvo a todo lujo,  me prestó un vestido color lila precioso, y ese día, la vi como nunca, en un elegante vestido negro que contrastaba con su tono de piel pero hacía juego con su cabello, tacones altos que presumían sus largas piernas, peinado de salón y maquillada, se veía muy bien, era la chava más guapa de toda la fiesta, aún que cuando se lo comenté a Andrea no estuvo de acuerdo y dio su voto a Faby, pero la verdad es que Alejandra atrajo todas las miradas esa noche y aunque ella  lo sabía, no hizo caso a nadie. Cenamos, bebimos un poco y bailamos para echar relajo con nuestras amigas y unos compañeros, cuando pusieron las baladas, tres chavos le pidieron a Ale que bailara con ellos, y a todos rechazó, Fabiana y Andrea, se pararon a bailar como pareja, y no disimularon nada, que era lo que yo no quería y por eso le dije a ale que prefería no bailar.

Al rato Julio se acercó y me pidió que lo acompañara en dos canciones, la primera lo rechacé pero la segunda  me animé a bailar con él, sabes si fue algo extraño, las copas que traía encima, me hicieron confundirme y sentirme bien con él, creí que era ahí donde pertenecía, mientras danzamos me di cuenta que Julio disfrutaba  tener la mirada fija de Ale en nosotros y se esforzaba en no perderla, me hacía comentarios en el oído y debo admitir que eran graciosos por eso me reía con él, a la siguiente canción las luces cambiaron y todos en la pista se abrazaron para bailar, incluso Faby y Andrea, las que tampoco nos perdían de vista, bailaron muy acarameladas. Yo también abracé a julio, cuando volteé a donde Ale, me pareció enojada, pero yo creí que no tenía motivo para enojarse conmigo, y no hice caso.

Además la loción de Julio y la firmeza con la que dirigía nuestros pasos me hacían pasar un rato bien, así que cerré los ojos y me dejé llevar, alguien tocó mi espalda por atrás e interrumpió lo que pensaba, al voltear a ver quien era el inoportuno, se trataba de Faby que señalaba hacia donde se supone estaba sentada Ale,  no estaba ahí ni su bolso ni su abrigo, la busqué y la pude ver aproximarse con paso decidido a la salida, sin pensarlo solté mi pareja y corrí por mis cosas a la mesa y después a ella, la tomé por un brazo para detenerla, ella se soltó y dijo gritándome:

-Que, poca tienes Sandra – sin mirarme a los ojos-Por que ella lloraba.

Por un momento no supe lo que debería hacer, pero después fue claro no podía dejarla irse así, pegué otra carrera para ir por ella, ya estaba en la calle.
Siguiendo su paso apresurado, le pregunté:

– ¿A dónde vas Alejandra? -No te importa ¿o si? -Es muy noche para caminar por aquí…

Ella volteó y me dijo enojada como nunca la había visto – Regrésate a bailar con el pendejo ese y déjame en paz.

No supe que responderle y solo la seguí esperando a saber que decirle.

-Ale no me hagas esto, déjame explicarte. -¿Qué? ¿ te gusta? -No, ya,  detente vamos al salón y tranquilízate -No quiero saber nada de ti.

La tomé de nuevo y le dije, tú eres la que me gustas.

Se detuvo  y me dijo, – Déjame sola. – Te lo juro- la abracé con mucho cariño…

Primero puso resistencia, después no solo se dejó sino que también me abrazó sin dejar de llorar, la sentí tan frágil, sus delgada espalda que no dejaba de brincar por el llanto y sus tiernos sollozos de niña me partieron el corazón, yo lo había provocado. Me llevó un rato tranquilizarla, pero lo logré, con cariños y besos, y expresándolo mi cariño que le tenía, se convenció de regresar a la fiesta.

Nos metimos al baño y se enjuagó la cara, cuando salió la única niña que había dentro, puse el pasador del baño y la besé, para demostrarle lo que le había dicho, me besó con mucho amor, ambas no sobresaltamos un poco, ella me tomó por la cintura y yo puse mis manos sobre sus hombros, me sentí muy confortada de verla contenta de nuevo, con la humedad de sus labios en los míos, que se chupaban con tanta familiaridad, el contacto de nuestras bocas y la mezcla de nuestras salivas era algo ya natural, besaba muy rico, abríamos nuestras bocas y lo hicimos más profundo, cuando escuchamos que alguien quería abrir la puerta por fuera nos separamos y limpiábamos nuestras bocas con las manos, quitamos el pasador y salimos riendo tomadas de la mano.

Fuimos a platicar a la terraza posterior del salón, donde apenas había dos parejas más, estuvimos mirando la bonita vista que proporcionaba el lugar, platicamos de muchas cosas, especialmente de lo que sentíamos la una por la otra y me dijo por primera vez que me amaba y que nunca había sentido algo así por nadie, yo le contesté algo parecido, aunque no estaba muy segura de ello, la fiesta seguía, el conjunto paró de tocar y llegaron los mariachis, pero nosotros la estábamos pasando bien a solas, cuando su mamá le avisó por teléfono que nos esperaba afuera para llevarme a casa, nos dimos un beso en la boca más, con el riesgo que alguno de los pocos que quedaban dentro, nos mirara, pero nada nos importaba

Fuimos por las otras dos que estaban sentadas a una mesa cansadas de divertirse , Andrea  dormitaba en el hombro de Faby, su mamá nos repartió en nuestras casas, a ellas las dejamos en casa de Andrea, donde, según Ale, no había nadie pues sus padres habían salido de viaje y aprovecharían para tener su primera vez.

Autora: Sandra W

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Mi esposa y su amante

Mi candy disfrutaba de su macho, era un placer verla disfrutar, él no quiso terminar, y la recostó para que descansara. Después de un rato le dijo que quería clavarla por el culito ella sin decir nada se colocó en posición y le ofreció ese delicioso manjar para que él disfrutara, a mi nunca me deja cogerla por el culo cosa que me excitó, él empezó a bombearla hasta que llenó su rico culo de leche.

Hola amigos, como lo escribí en mis anteriores publicaciones todo empezó por estar los relatos de esta página así conocí mi lado débil, me gusta ser cornudo, me excita ver como mi candy es cogida por otro macho y verla disfrutar…

Pero antes les describiré a mi candy, es alta, tiene unos senos redondos de ensueño que de solo verlos incita a que sean devorados, un culo paradito muy bien formado, piernas largas, es una mujer muy bonita.

Bueno después de publicar mi segundo relato alguien me escribió al correo y empezamos a chatear con él, era un tipo mayor que nosotros y le había gustado lo que habíamos escrito y me preguntaba si lo que él había leído era cierto y que se describiera con más detalle, al pasar de los días nos fuimos cogiendo más confianza y me dijo que si podía él hablar con ella cosa que acepté.

Yo le comenté a candy que había estado hablando con alguien y quería que ella hablara con él, cosa que aceptó, un día él me llamó al cel y habló con candy.  a ella le agradó, los dos empezaron a conversar por msn, todo normal hasta que un día la encontré masturbándose por cam para él, eso me excitó mucho…

Esa noche tuvimos sexo a nombre de él y fue excelente, después estábamos acostados y le entró una llamada al cel, apenas empezó a hablar con él se me montó, puso el altavoz y era él haciéndole una llamada erótica.

Personalmente no había visto a mi esposa tan excitada, tenía una forma de hablarle que la calentaba al instante, después de ese día todas las noches antes de acostarse él la llama, los dos tienen sexo por teléfono, eso me calentaba.

Hasta los viernes, que generalmente me voy de parranda, se que ella está siendo atendida por su amante, por un tiempo todo fue así por cam o teléfono hasta que llegó el día en que nos encontramos los tres, candy ese día se esmeró por ponerse bien rica para él.

Cuando llegó se sentó al lado de ella y empezamos a hablar cosas normales y a tomarnos unos tragos, todo trascurría normal, después de un rato decidimos ir a unos reservados para estar más íntimamente, él muy caballero pagó la cuenta y  al salir tomó a candy de la mano como si ellos fueran pareja y yo el invitado, eso como cornudo que soy me excitó verla  de mano de otro mientras yo los acompañaba como invitado…

Al subir al taxi ellos se hicieron atrás y yo adelante, apenas arrancó se empezaron a besar y manosear, yo no podía con la excitación que tenía, al llegar a los reservados ellos dos seguían con su faena de besos y caricias, de vez en cuando se iban a bailar y se demoraban su rato, yo me quedaba solo en el reservado imaginando lo que estaban haciendo

Después de un rato ella se quitó la ropa y quedó en liguero y tanguita, él le metía la mano en su coñito, la tenía a mil, yo solamente los miraba parecían un par de enamorados, salieron a bailar otra vez cuando llegaron ella se sentó encima y él le agarró su rico culo a dos manos, eso le fascina a mi candy que la manoseen, todo transcurrió así, caricias, besos, hasta que él la puso en cuatro y le metió la verga por su coñito.

Ella estaba esperando ese momento, dejó salir un suspiro de placer, él bombeaba y mi candy disfrutaba de su macho, ella solo pedía más, era un placer verla disfrutar, él no quiso terminar, frenó y la recostó para que descansara un rato mientras acariciaba todo su …

Después de un rato le dijo que quería clavarla por el culito ella sin decir nada se colocó en posición y le ofreció ese delicioso manjar para que él disfrutara, a mi nunca me deja cogerla por el culo cosa que me excitó, él empezó a bombearla hasta que llenó su rico culo de leche.

Al terminar se quedaron los dos rendidos y acariciándose, más tarde al llegar al apartamento yo pude disfrutar de mi candy, fue una tirada fenomenal, quise darle por su culito pero me dijo que no, que eso era solo de su macho, que yo no podía clavarla por ahí, ahora él es su amante.

Si pueden comenten, quiero hablar con otros cornudos como yo.

Autor: Oscar

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