La tía Betty

La tía ya está empalada con esa dura carne dentro de ella, no hace nada, el sobrino se mueve, lentamente y ella siente como al salirse parece llevarse su carne, parece que sus tripas se van junto con el miembro que la abandona, pero no sale, apenas la cabeza llega a la entrada cuando vuelve a arremeter, así una y otra vez, hasta que Betty siente como el placer, un placer diferente la llena toda.

-“Ay, Beto ya besa como hombre!”, dijo la mujer luego de que el sobrino la saludara de beso, “cállate mujer no digas tonterías”, le contestó la madre de Alberto mientras el joven se alejaba hasta perderse entre la gente que asistía a la fiesta. Tal vez aquella fue la primera señal de que por fin le llegaría la hora a la solterona de la familia.

Más tarde sentada junto al sobrino, Betty sintió que bajo la mesa una pierna se juntaba a la suya, era Beto, ella no hizo caso, pero el contacto se hizo más insistente hasta el punto de que a la tía se le atragantara el mole con pollo, pero la mujer aguantó vara pese al nerviosismo que le invadía, de reojo miró a Beto que fingiendo demencia daba cuenta de su plato, pero la pierna seguía ahí, pegada a la de la mujer. Temblorosa siguió el juego tratando de olvidar de que quien la tocaba era nada más ni nada menos que su sobrino.

Cuando llegaron los postres a la tía se le atragantó un pedazo de queso con higo en almíbar, en ese momento ya no era la rodilla de Beto la que se restregaba contra su gorda pierna, ahora era la mano del chico la que la agarraba, sin soltarla. Bien pudo la tía voltear y darle un bofetón, pero entre nerviosa y excitada la mujer siguió en su tolerante papel. Trató de seguir la plática de los demás pero disimuladamente bajó la mano hasta agarrar con fuerza la del sobrino, todo ello sin voltear a verlo.

Lo que no calculó Betty fue que su mano fue llevada, contra su voluntad, hacia la entrepierna y entonces tocó la mujer lo que nunca antes había llegado a conocer a sus 43 años, el brinco que le provocó aquello fue percibido por toda la mesa, “¿qué tienes, qué te pasa?”, “oye Betty ya no comas tanto pastel”, fueron algunas frases que escuchó a lo lejos la mujer.

Tratando a toda costa de mantener la cordura como pudo contestó a las interrogantes mientras a su lado Beto, luego de hacer que le agarrara la erecta verga, había deslizado su mano bajo su vestido, “esto ya es intolerable!” pensó la vieja a la vez que cerraba con fuerza sus piernas como para evitar que Beto llevara más lejos sus manoseos, eso sí no soltó el duro pedazo que escondía el pantalón del sobrino, de esa forma pudo constatar que aquello que apretaba su mano derecha efectivamente era ya el erecto miembro de un hombre. Todo iba bien hasta que alguien la sacó a bailar y tuvo que abandonar aquello que le estaba despertando sensaciones ya olvidadas.

Cuando terminó la pieza y regresó a sentarse a la mesa encontró a Beto sentado en una silla frente a ella y la sorprendió la extraña miraba, era como si le reprochara haberlo dejado solo, como un reclamo y a la vez como una petición, Betty no hizo caso y volteó sus ojos a otro lado, pero cuando volvió a mirar ya no lo encontró, “¿dónde se habrá metido?”, pensó de pronto, “¿estará bajo la mesa?”, se dijo y tratando de pasar desapercibida miró bajo el mantel y lo encontró ahí escondido, al momento todo su ser fue presa de sentimientos encontrados, era como excitación y temor a la vez, era como pena y nerviosismo, “¿quieres ver?, muchacho fisgón!”, pensó y antes de que se diera cuenta ya había abierto sus piernas a la vez que arrimaba su cuerpo al filo de la silla.

Miró a los lados como para percatarse de que nadie la veía y se despatarró por completo, “ahorita vas a ver, el susto que te vas a llevar!”, pensó Betty cuando con una mano separó el elástico de su pantaleta, y se mantuvo así expuesta, imaginando la cara de sorpresa de su sobrino al descubrir la tremenda vagina, gorda, de crecidos labios rodeados de negros vellos largos, momentos después cerró las piernas y levantándose rápidamente se refugió en la cocina, donde providencialmente encontró su hermana.

En ese lugar, todavía nerviosa escuchó a su hermana: “oye Bety, ¿por qué no te quedas a dormir aquí?, ya es un poco tarde, mejor quédate, además mañana es domingo y no vas al trabajo”, “ay no sé, ¿además dónde me duermo?”, dijo Bety, “puedes quedarte en el cuarto de Beto, que él se duerma en un sillón de la sala, o en la misma cama, anda mujer, tenía mucho tiempo que no nos visitabas y tengo ganas de platicar contigo mañana cuando vayamos a desayunar por ahí”, ella no supo que contestar pues miles de pensamientos se posesionaron de su mente: “y si…, Beto intenta algo más…, y si…”, pero no pudo completar los pensamientos que temía y deseaba.

Tratando de alejar sus malos pensamientos se integró al barullo de la fiesta, pero se sintió aturdida y confusa, se acercó a su hermana y le dijo aceptar su proposición de quedarse en su casa, buscó con ansia el cuarto asignado, cerró la puerta y rauda se despojó de su ropa antes de meterse bajo las sábanas acostándose de lado en el lecho. El pensamiento no la deja dormir, teme y desea que el sobrino se meta en la cama con ella. No sabe cuánto tiempo ha pasado, pero con la cara escondida en la almohada escuchó la puerta abrirse, alguien ha entrado, pero no se atreve a mirar. Escucha que ese alguien se quita la ropa y se sienta en la orilla de la cama y con suavidad se mete bajo las sábanas, si, es él, lo presiente, contiene el aliento cuando siente la nerviosa mano de él recorrer la carne de sus nalgas por encima de su pantaleta, por momentos que le parecieron eternos de deja manosear, siente que aquella ansiosa mano palpa a plenitud los mofletes de sus nalgas, quiere hablar, decirle que la deje en paz, que es su tía y esa es una falta de respeto, pero las palabras no salen de sus labios. Sintió que con premura el chico le ha bajado el calzón, ella lo deja hacer y hasta alza un poco el cuerpo para que la prenda se deslice un poco más abajo, hasta sus tobillos.

Con el aliento contenido siente pegado al suyo otro cuerpo, también desnudo, y algo duro, como un palo le pica entre las nalgas, mientras unos brazos amorosos rodean su pecho hasta posesionarse de sus tetas gordas. Sin quererlo dobla un poco la cintura parando así su culo, es el momento en que aquella dura carne se desliza entre los cachetes de sus nalgas hasta llegar a la raja, que mojada y caliente se abre para dejar que el palo quede atrapado entre los labios carnosos.

Se quedaron quietos unos momentos, eternos para Bety, que temblorosa no hace otra cosa que quedarse quieta y morderse los labios, deja que las ansiosas manos estrujen sus senos, que los palpen y aprieten los duros pezones y cuando siente que su sobrino se mueve tras ella, se atreve a pensar “no por favor, no lo hagas, no lo metas, no quiero, no me cojas, no, quítate por favor”, pero el pensamiento no se transforma en palabras, por el contrario el ir y venir de la verga erecta le arranca un apagado murmullo, varias veces el miembro se desliza entre los carnosos labios de la pucha, despertando en la mujer sensaciones desconocidas pero exquisitas, lo deja seguir con la inútil esperanza de que hasta ahí queden los atrevidos avances del joven.

Pero se equivoca, el sobrino se ha quedado quieto, con la verga en la entrada de la gruta, siente que la dura punta busca y se afianza en la abertura apenas abierta de la vagina, Betty aprieta más los labios y una de sus manos trata de separar los cuerpos, pero no puede, él la tiene a su merced, “no, no la metas por lo que más quieras”, le dice, y en ese momento siente que esa cosa dura la penetra, entra apenas en la ciudadela de la pucha, el hoyo se abre y lo deja pasar, la excitación y los abundantes jugos han facilitado la penetración, apenas sintió Betty un pequeño dolor, imperceptible, que se troca en placer, el glande avanza lentamente hasta entrar en el canal vaginal, él se detiene y una de sus manos se agarra de su cadera, inicia el trajinar, lentamente la mujer siente como el miembro va y viene, metiéndose y saliendo, hasta la mitad, hasta ahí donde una pared de carne le impide seguir, es el viejo himen de Bety, su última barrera, pero ella está ya en otro mundo, pues en ese momento todo su cuerpo es presa de oleadas de placer, de un placer intenso, salvaje y desconocido, que la hace ir al encuentro de su sobrino que sigue penetrándola, ahora con mayor vigor, con fuerza hasta que en la cresta del placer siente Betty que los cuerpos entrechocan, Beto la ha penetrado totalmente!, Betty ha perdido su virginidad, pero para la mujer ya nada importa se abandona al placer que de nueva cuenta se posesiona de todo su ser.

El entrechocar de los cuerpos sigue, se prolonga, dos o tres veces la mujer es presa de violentos orgasmos hasta que de pronto él se queda quieto, dentro de su sexo siente el miembro que palpita, “se va a venir!”, se dice la tía y justo cuando el primer chorro escapa del tronco, ella recula para sacarse la verga que ahora escupe su ofrenda entre los abiertos labios de la pucha, ahí lo deja, sintiendo riquísimo con las pulsaciones y chorros de semen, un inesperado acto de ternura le llega y entrelaza sus piernas con las de su sobrino, quien ahora amoroso la estrecha más a su cuerpo, ella suspira y se queda dormida.

No sabe Betty cuanto ha dormido, un pesado sopor la despierta y con terror se percata que él continúa junto a ella, a sus espaldas, pegado a su cuerpo, con la polla dura de nuevo, intenta levantarse, pero los brazos de Beto se lo impiden, “no, ya no por favor”, se dice. Pero de nuevo siente la verga deslizarse sobre la pucha, que de nuevo se moja y se calienta, el tronco va y viene, pero no penetra, sólo se impregna de los jugos de penetrante olor. La tía siente que el chico se detiene y saca con la mano el miembro atrapado en la gruta, se dirige a otro sitio, busca, encuentra otra entrada, “será capaz?” se dice Bety, pero se mantiene quieta, más aún coopera, para la grupa y siente el duro glande presionando el apretado ano, la presión del palo se incrementa, ella se pone flojita, él insiste, ella siente dolor y un momento después arranca en Betty un doloroso “ay!”, pero ya está, la verga ha entrado en el culo, cuyos pliegues renuentes se aferran al tronco, lo rodean dolorosamente. Ambos se quedan quietos, ella sintiendo que su culo arde de dolor, él disfrutando la intensa presión del culo sobre la cabeza de la verga, luego Betty siente como aquel fierro la penetra con tal lentitud que percibe cómo milímetro a milímetro todo el tronco queda sepultado en su intestino.

La tía ya está empalada, los cuerpos pegados y ella con esa dura carne dentro de ella, no hace nada, sólo dejarse hacer, el dolor ha amainado, pero está ahí, punzante a pesar de que su culo ha dado de sí. El sobrino se mueve, lentamente y ella siente como al salirse parece llevarse su carne, parece que sus tripas se van junto con el miembro que la abandona, pero no sale, apenas la cabeza llega a la entrada cuando vuelve a arremeter, así una y otra vez, hasta que Betty siente como el placer, un placer diferente la llena toda, suspira, gime, “hummjjjumm, ohhhh, huuumm”.

El trajín se torna violento y rápido, el culo de la tía es ahora un agujero sumamente abierto, pues la verga del sobrino entra y sale con facilidad, no sabe porque, pero la mujer siente que se viene, parece que con cada arremetida le arranca un orgasmo, siente en sus nalgas el vientre de Beto chocar y su intestino llenarse de nuevo de dura carne, la mujer desfallece una y otra vez, y cuando su cuerpo todavía siente placer dentro de su culo la polla se estremece y estalla, chorros y chorros de leche inundan su intestino, Betty es presa de un nuevo orgasmo y como la vez anterior pega su cuerpo al de su sobrino atenazando sus piernas a las de él. Vuelve a quedarse dormida.

Amaneció hacía horas, Betty ni siquiera sintió cuando entró su hermana para despertarla, el pesado sueño se negaba a abandonarla, “ya mujer, despierta, es casi medio día, Bety!, despierta”, soñolienta abre los ojos.

-“Oye Betty has dormido mucho, ¿te sientes mal?” -“No, no es nada”. -“Pues ya levántate, ¡ya estamos listos para ir a almorzar a un restaurante, apúrate mujer!”.

Ya sola Betty deja la cama y de repente siente que las piernas se le doblan, todo le duele, las tetas, las nalgas, la concha y sobre todo la cola, ardientes punzadas la atacan con cada movimiento. Bajo la regadera rememora lo ocurrido. ¡Beto me cogió!, se dice, ¡estuvo cogiendo con su sobrino!, se asusta, ¿cómo había sido posible?, ¿cómo fue capaz de dejarlo? Y mientras el agua baña su cuerpo una sonrisa lujuriosa se pinta en sus labios, “pero…, fue exquisito”, suspira.

Durante el almuerzo, buscó varias veces sin querer la vista del sobrino, cuando la encontró sintió que toda ella se ponía roja, avergonzada. Pero él como si nada, fingiendo.

Ya a la hora de despedirse dejó para el último a Beto, “adiós Beto…” musitó, “adiós no tía, sólo hasta luego”, ella se estremece, “nos vemos luego tía Betty, ¿quieres que vaya a visitarte?”, y con los ojos anhelantes apenas le dice “Siiiiiiiii Beto, cuando quieras!”.

Autor: Puroloco

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Un tío más en mi casa

Sentí que casi la sacaba por completo y una vez más la metió completamente muy rápido, en ese momento sentí que me vine muchísimo, sobre el colchón, él empezó a meterla y sacarla ya con más ritmo y fuerza y solo sentí que me apretó los hombros y me la metió bien adentro y sentí como se venía dentro de mis intestinos.

En esta ocasión, perdí mi virginidad, en manos de otro tío, y no me quejo pues me gustó mucho todo lo que me hizo, y aún hoy día después de algún tiempo, recuerdo y disfruto ese momento.

Bueno pues ya me estoy animando más a escribir y contar lo que me ha pasado en mi despertar a la sexualidad cuando tenía algo más de dieciocho años. Esto que les voy a contar me pasó con mi tío José {28 años}, primo de mi papá, (ya me había sucedido algo sexual con el hermano de mi papá, que ya lo relaté en otra ocasión).

Fue poco después de lo que me pasó con mi tío, el hermano de mi papá cuando festejamos mi cumpleaños número 18. Pues esto empezó a pasar en un viaje familiar al campo, íbamos varios primos y tíos, mi tío José era muy cariñoso con todos sus sobrinos, y nos abrazaba mucho en general. Nos trataba muy bien. Como íbamos muy cansados caminando en el campo todos, nos paramos en un árbol para descansar, y se acostó junto a un árbol y me dijo que yo me recostara en sus piernas, imagino yo, que sin ninguna mala intención, pues iban mi papá y más primos. Pues puse mi cabeza en su muslo y cuando volteaba a verlo, me quedaba su verga muy cerca de mi cara y eso me excitaba mucho, se veía que bajo el pantalón tenía algo muy grande, y después de lo que me acababa de pasar con mi otro tío, pues yo estaba como muy caliente por todo lo que tuviera que ver con una verga.

Pues ahí quedé con mucha ganas de conocer la verga de mi tío José y tocarla o probarla. Ese día en la noche dormiríamos en una casa de campo de la familia. Y había un cuarto especial para los hombres y yo me encargué de que me tocara dormir junto a mi tío José, y así fue, ya después de que se durmió traté de tocarlo y poco a poco me acercaba más a él, como mi tío había tomado con los demás tíos, yo sabía que no despertaría fácil. Pues estuve sobando su verga por encima de su pantalón y noté como se ponía dura y efectivamente se sentía que la tenía más grande que mi otro tío. No sucedió mucho esa noche, pues solo fue tocarlo y sentir que la tenía muy dura, pero él no hizo ningún movimiento, yo me quedé con ganas de masturbarme, pero no me animé pues en la misma cama estaba un primo mío a mi otro lado.

Pues la tercera ocasión que me pasó algo con mi tío José no fue muy agradable, porque esa ocasión fue cuando dormimos solos en el mismo cuarto de un rancho y esa ocasión estando dormidos no sólo me limité a tocársela por encima del pantalón, sino que lo desabroché y se la saqué por el bóxer y efectivamente la tenía más gruesa que la de mi tío Marcos y yo estaba muy excitado de poder tocar una verga más, y de esas dimensiones, aunque no muy larga, si muy ancha. En esas estaba cuando me decidí a jalársela despacio, pues ya estaba muy parada e inclusive estaba poquito mojadita de la punta, pues no me duró mucho el gusto, porque en esas estaba, cuando siento que me agarra de la mano y me dice ” ¿qué estás haciendo Beto?” yo me quedé mudo y no supe ni que decir, pues me puso un regañón, que mejor ni me quiero acordar, me dijo que estaba muy mal lo que estaba haciendo y que al día siguiente les diría a mis padres, para que me regañaran. Yo sólo le dije que por favor no les dijera nada y así fue, no les dijo nada, y yo me sentía muy mal cuando me tocaba verlo y trataba de evitar estar cerca de él o verlo a los ojos.

Pues así pasaron unos días y una ocasión que yo estaba dormido y en mi casa, estaban tomando cervezas varios tíos con mi papá, y mi tío José se iba a quedar a dormir, pues yo solo recuerdo que llegó a mi cuarto y se acostó conmigo y de una forma muy brusca me movió y me empezó a quitar mi pijama y él con la verga afuera me decía, ” ¿eso es lo que querías el otro día, verdad? Pues agarrámela y se te va a quitar la tentación” pero además que me lo decía de una forma muy ruda y con un aliento a borracho, yo me asusté mucho  y a decirle que no me hiciera nada, por favor,  él seguía queriéndome quitar los calzones y con la verga muy parada, pues así estuvo insistiendo un rato, me asusté mucho, después de un rato me dijo, “ya duérmete, no te voy a hacer nada” y así fue ya no me molestó y se durmió.

Pero ahí no termina la historia, más bien comienza, pues pasaron los días o semanas y lo que había pasado me ponía a pensar que aún seguía yo con las ganas de tocársela o chupársela, pero lo que no me había gustado fue la forma como me trató esa noche. Pero después de eso, mi tío me siguió tratando con cariño y como si nada hubiera pasado.

Una vez que fuimos a Puerto Vallarta con muchos familiares, un día yo me estaba bañando en la alberca y mis papás querían ir al pueblo de compras con los demás y yo no quería ir, así que mi papá dijo, que si yo me quería quedar no había problema pues estaba mi tío José en el cuarto dormido, y que si se me ofrecía algo estaba él ahí.  Se fueron todos y mi tío se quedó dormido en el cuarto del hotel, eran como las 6 de la tarde. Y yo me empecé a calentar pensando en mi tío, así que subí al cuarto a darme un baño y al entrar al cuarto mi tío despertó (había estado tomando antes de dormir) y me preguntó la hora y que dónde estaban los demás, le dije que se habían ido “todos” al pueblo y que solo me quedé yo.

Cuando salí de la regadera con la toalla alrededor de mi cintura, él seguía en su cama y me dijo, ven Beto, acuéstate aquí conmigo, y así lo hice. Puso su brazo alrededor de mi cuello y me empezó a platicar, pero yo notaba que me acariciaba mucho el cuello y parte de mi pecho. Así estuvimos un rato y de repente me toma de la mano y me la pone sobre sus shorts y su verga, y la tenía durísima, y me dice, “¿hoy no me la quieres tocar?” Pero de muy buena forma inclusive se oía medio cariñoso, y le dije que no sabía, y me dijo que lo disculpara por cómo me había tratado el otro día, pero que desde que se dio cuenta que yo se la había agarrado una vez, se quedó con muchas ganas, y que si el otro día me trató mal fue porque estaba borracho.

Yo no decía nada, pero tampoco quitaba mi mano de su verga, entonces se desabrochó el shorts y me dice que meta la mano, yo, ya muy caliente y con más confianza, lo empecé a tocar por debajo de sus shorts, pero aún tenía puestos sus bóxer, así estuvimos un rato, y él acariciándome por donde podía, y me dijo, que si quería que se quitara los bóxer. Yo dije que estaba bien, si él quería. Se los quitó y quedó completamente desnudo, y vaya que se veía bien, tenía muy bonito cuerpo y con la verga parada se veía aún mejor, se volvió a acostar a mi lado y me preguntó que si yo no quería quitarme también la toalla que tenía en la cintura, y le dije que me daba pena, y me dijo, no te preocupes, estamos en confianza y te aseguro que no les voy a decir nada a tus papás, y diciendo esto, se acercó a mí y me quitó la toalla, y pudo ver que yo también la tenía paradísima, y me dijo, ” mira, la tienes muy parada” y diciendo esto me toca la verga y también los huevos y me dice, que me acueste boca arriba, que me iba a hacer algo que me iba a gustar, pues yo me quedé completamente desnudo y viendo al techo, y él empezó a pasarme su verga desde los pies, hasta la cara, muy despacito, y me preguntaba que si me gustaba.

Yo no podía decir que no, pues mi erección me delataba y dije que sí, que se sentía rico, así estuvo pasándomela por todo mi cuerpo, a veces la ponía junto a la mía, y jugaba como si fueran dos espadas. Después me la puso una vez más en mi cara pero esta vez la pasaba por mi boca, y yo me moría de ganas de chupársela, hasta que me dijo, “abre la boca un poquito” y yo inmediatamente, la abrí y la metía y sacaba muy despacito, yo la sentía muy rica, es más, hubo momentos en que creí que me saldrían los mecos sin tocarme, como me había pasado con mi otro tío. Pues así estábamos y también me decía que sacara la lengua y le chupara los huevos, yo estaba muy, muy, muy excitado y él de vez en cuando me agarraba mi verga y me le daba jaloncitos.

Pasó un rato y me dijo que me volteara boca abajo, que me la iba a poner por la espalda y así lo hice, lo primero que me dijo fue, “que bonitas nalgas tienes Beto” y me las empezó a acariciar, mucho rato, mi respiración estaba cada vez más acelerada y él lo notaba y me decía, solo confirmando: “¿te está gustando verdad?” Yo ni abría la boca, solo movía la cabeza en señal que si, nunca se acordó que me dijo que me la iba a poner en la espalda, porque ya que me había agarrado las nalgas muchísimo rato, y en ocasiones yo sentía que se masturbaba mientras me las estaba agarrando, (yo no veía nada, solo veía la almohada y la cabecera de la cama) entonces quitó sus manos y se acostó sobre mi y lo que puso sobre mis nalgas fue su verga y me agarró de los hombros y me apretaba contra él, y yo sentía su verga entre mis nalgas, y me dio miedo pensar, que me la quisiera meter,

solo sentí que se incorporó y escuché como que se escupía en su verga y también me puso saliva en mi ano, y esta vez no se acostó sobre mí, esta vez me empezó a meter un dedo en mi culo, y me quise quitar, pero me detuvo de la espalda con su otra mano, y me dijo, “tranquilo, es solo un dedo y no te va a doler” y tenía razón, no me dolía, y me estaba gustando, y metía cada vez más su dedo un mi culo, y volví a sentir que se masturbaba, mientras me estaba metiendo el dedo, luego me dijo ” ¿verdad que se siente rico y no te duele?” yo solo dije, “si está rico”.

Yo seguía muy caliente y me estaba gustando mucho lo que me estaba haciendo, después de un rato me sacó el dedo y me puso más saliva y se volvió a colocar encima mío y ahora lo que me apuntó fue su verga, y yo recordando lo que me había dolido, cuando mi otro tío “intentó” metérmela, pensé en decirle que no me la fuera a meter, pero este tío, ni preguntó, solo sentí que de una me metió media verga, y la verdad fue un dolor que simplemente no puedo describir, fue muy doloroso, pero ni me pude mover, porque al momento de que me la metió, quedó completamente encima mío y no me pude mover. Sólo le dije que me dolía muchísimo, que me la sacara, por favor, él solo me dijo, “espérate tantito, no te muevas” y se quedó encima mío con media verga clavada en mi culito, así estuvimos un rato y el dolor fue bajando un poco y luego me la sacaba un poco y la volvía a meter, y en verdad cada vez era menos el dolor y el hecho de pensar que tenía esa vergota dentro de mí me excitaba mucho.

En un momento, yo fui el que levanté un poco mis nalgas, como para que entrara un poco más, y me dijo: “¿ya la puedo meter más?” y le dije que si, pues me agarró fuerte de los hombros y ahora si sentí que me la metió hasta el fondo y la dejó ahí un rato, mientras me chupaba el cuello y sentía su respiración muy agitada, luego sentí que casi la sacaba por completo y una vez más la metió completamente muy rápido, en ese momento sentí que me vine muchísimo, sobre el colchón, él empezó a meterla y sacarla ya con más ritmo y fuerza y solo sentí que me apretó los hombros y me la metió bien adentro y sentí como se venía dentro de mis intestinos.

Se quedó así un rato sobre mí, con su verga aún metida en mi culo, y luego que pasó un rato, me la sacó despacito, y me dijo, ” ¿verdad que si te gustó?” Yo solo dije que sí, pero que me dolía, y me dijo, vamos a bañarnos antes de que regresen tus papás, y fuimos juntos a la regadera, me toqué atrás y noté que me había salido un poco de sangre. Nos metimos a bañar juntos y al verlo enjabonándose se me volvió a parar y lo notó, me dijo que si quería que él me enjabonara, le dije que sí, y me empezó a enjabonar por todos lados, a él también se le paró otra vez, y así duramos mucho rato en la regadera, yo sin hacer nada, él era él que se encargaba de pasarme las manos por todo mi cuerpo, aunque en especial me agarraba las nalgas, luego me dijo, que me hincara y que se la chupara un poquito, pues eso hice, él se recargó en una pared de la regadera y le caía el agua en la espalda y yo hincado con su verga en mi boca, aunque me costaba trabajo metérmela mucho en la boca porque la tiene muy ancha, entonces me dijo, “mientras me la chupas tú jálatela”, eso hice, me la empecé a jalar así hincado como estaba y chupándosela lo mejor que podía, en eso él se la agarró y me dijo “chúpame los huevos Beto”

Se los empecé a chupar y yo seguía jalándomela, él se empezó a masturbar solo mientras yo le chupaba los huevos,  recuerdo que sentí que de repente él se masturbaba más rápido y los huevos como que se le subieron,  empezó a venirse sobre mi cara, varios chorros le salieron de leche que terminaron en mi pelo y mi cara, eso fue lo que más me gustó, pues después de que se vino en mi cara con su verga me los embarraba por toda mi cara, inclusive me volvió a meter la verga en la boca llena de mecos, y yo se los chupaba y la volvía a sacar y me la volvía a pasar por la cara y otra vez a mi boca, yo creo que la tercera vez que hizo eso, yo ya no aguantaba y me la empecé a jalar más rápido y me vine una vez más, me salieron más mecos que en una jalada regular y eso que unos minutos antes ya me había venido en la cama.

Mis mecos le cayeron algunos en sus pies y el cabrón me dijo, “ya probaste mis mecos, ahora prueba los tuyos” sube el pie y me lo mete poquito en la boca y pude probar un poco mis propios mecos, pero me levanté y ya no quise que me pusiera sus pies en mi cara, me volví a enjabonar y me salí de la regadera. Después de un rato yo andaba caminando con mi tío José en la playa, el cabrón de mi tío todavía diciéndome que yo no debería hacer “eso”, que yo estaba muy guapo y que debería fijarme en las jovencitas de mi edad.

La verdad no me puedo quejar, me gustó mucho todo lo que me hizo y me siguió haciendo por mucho tiempo después. Así fue como tuve mi segunda aventura y esta vez sí perdí la virginidad, con mi segundo tío.

Saludos.

Autor: Beto

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En la cola con Rebequita

No sé cuanto tiempo estuvimos pegados, pero ya no podía más y aceleré mis embestidas; me vine con una eyaculada que casi explota el condón y caí rendido sobre ella; estábamos cansados y tan satisfechos que nos quedamos dormidos. Al despertar caí en cuenta de la situación; Rebequita dormía sobre mi pecho, desnuda, en un cuarto de motel, después de una de mis mejores cogidas de la vida.

Hola, ante todo debo confesar que es primera vez que me atrevo a compartir una experiencia tan íntima como la que a continuación les voy a relatar; también es primera vez que vivo ese tipo de situación en mi vida. Comienzo diciéndoles que tengo 32 años, soy abogado y vivo en Caracas, Venezuela. Llevo una vida normal, dentro de lo común. Novia, apartamento de soltero, buen empleo, buen carro, soy, como dicen aquí en Venezuela, un tremendo partido; aparte, físicamente llamo bastante la atención: 1,78 mts; 85 Kgs. blanquito, cabello lacio oscuro, ojos cafés y con muchísimas pecas. Mi novia es bellísima, y, hasta los momentos, tenemos una relación del más allá.

Mi historia comienza un martes, saliendo de la oficina; mi novia se había ido hacía 3 días a Margarita con su mamá por trabajo, y aún me quedaban 3 días más de ausencia, esperándola como un loco. Bueno, saliendo de la oficina, aproveché la oportunidad de que aún era temprano y me dispuse a comprar un caucho (neumático) para mi carro, y, sin tener un sitio específico donde ir, entré en la primera “cauchera” que me pasó por la vía. Me atendieron, pedí el caucho, y, cuando me dispuse a pagar, me encuentro con la sorpresa que la encargada de la caja era Rebeca, una prima de la mejor amiga de mi novia. Yo la conocía, habíamos salido en grupo un par de veces y la verdad, me había fijado en el cuerpazo que se gasta, sobre todo en su trasero, enorme y super bien formado, ya que al bailar con ella en alguna oportunidad, casi me fractura la pelvis con los movimientos de cadera que me daba al ritmo del reggeatton.

Al verme me saludó efusivamente, me atendió de maravillas y hasta me hizo un descuento en el pago; yo, en franco agradecimiento, le pregunté si quería que la llevara hasta su casa, que podía esperarla hasta que ella saliera, ya que mi novia estaba de viajes y la verdad no tenía mucho apuro en llegar al apartamento vacío. Ella muy sonriente me dio las gracias y me dijo que la esperara, que no tardaría más de 15 minutos en estar lista.

No pude evitar verla de arriba abajo, vestida con su uniforme, un pantalón negro ceñido que no dejaba mucho a la imaginación, una blusita de rayitas blancas y negras muy sensualmente desabrochada a la altura del escote y una chaqueta negra abierta, en juego con el pantalón; llevaba el cabello suelto, perfectamente arreglado, y usaba un perfume muy rico. Quizás el hecho de llevar varios días solo, quizás porque yo sabía que ella gustaba de mí, fue que me atreví a ofrecerme a llevarla, con la intención de pasar un tiempo a solas con ella y hablar de cualquier cosa.

Estuvo lista y nos fuimos. Nos montamos en mi carro y nos dispusimos a aventurarnos en la diaria desgracia de nuestra querida ciudad: el tráfico. En Caracas se hacen colas interminables, insoportables, hasta de dos horas, donde los conductores nos las ingeniamos para sacar el mejor provecho del tiempo (es en esas colas donde me hice asiduo a estos relatos, aprovechando el wireless de mi laptop) como mejor se nos ocurre. Y la verdad que pasar 2 horas en cola con Rebequita no era para nada mala idea. Nos pusimos a hablar de cualquier cosa, desde el clima hasta los tragos que más nos gustaban, de su prima, de mi novia, de política, cualquier cosa, hasta que caímos en el tema que nunca falta: el sexo.

Rebeca me decía que había terminado con su novio hacía más de un mes, que estaba cansada del tipo, que si no la satisfacía, que si esto, que si aquello; comenzó a darme detalles de cómo era el sexo con su ex y lo poco que lo había disfrutado, describiendo a la perfección lo que le gustaba a ella y que su ex novio no le daba.  La conversación se ponía intensa, yo solo podía atinar a decirle que su ex había sido un idiota al no saber aprovecharla, que ella era una mujer espectacular y que cualquiera mataría por complacerla; ella puso su mano en mi pierna y me dijo…

“Eres demasiado lindo! Que suerte que tiene Anita de ser tu novia” Ese contacto comenzó a subirme la temperatura, sentí como la sangre iba acumulándose en mi pene y éste comenzaba a ponerse duro, claro, me daba vergüenza porque la tela del pantalón del traje era muy suave y denotaba mi incipiente erección.

Ella sabía lo que estaba haciendo, y comenzó a acercar su mano hacia mi entrepierna, se sacó el cinturón de seguridad y se fue acercando a mi, yo, comenzaba a ponerme nervioso, nunca antes había estado en una situación similar con una mujer que no fuera mi novia, y la verdad, que eso me calentaba aun más. Puso su mano izquierda en mi nuca, sosteniendo mi cabeza, y acercó su boca a mi oreja, susurrándome “¿qué pasó papi? Como que estás alborotado?”, su aliento tibio en mi oreja me puso a tres mil, no hallaba palabras que decirle, ella, sabiendo que me tenía literalmente en sus manos, comenzó a lamer mi oreja, metiendo y sacando su lengua, ya mi erección estaba a tope, mis 20 centímetros estaban en su máxima expresión, ahogados dentro de mi bóxer, haciendo una enorme carpa en el pantalón; Rebequita diestramente bajó el zipper y metió su mano en mi bóxer, de inmediato quedó expuesta mi verga, perfectamente parada y con el glande rosadito en todo su esplendor.

Rebeca tomó mi bicho en su mano derecha y me dijo “¡Que verga tan linda! Papi, ¿Anita se come esto ella solita? No señor, tiene que compartir!” Mi respiración estaba demasiado acelerada, sentía que el corazón se me iba a salir del pecho, le dije “Anita no está, así que te la presto para lo que quieras, agarra con confianza mami”. Como toda una experta, Rebequita comenzó a pajearme de lo lindo, bajaba su mano por todo mi instrumento, la subía, me apretaba las bolas, hacía circulitos en mi glande que brillaba de líquidos preseminales; mientras su mano derecha me deleitaba la verga, la izquierda acariciaba la base de mi cuello, me halaba el cabello y me apretaba la nuca mientras me susurraba al oído “¿te gusta papi, te pajeo rico, verdad?” alternando frases como esa con metidas y sacadas de lengua.  Me sentía en el cielo, pero a la vez en el infierno, no podía corresponderle como quería, entre la palanca de cambios y el volante, no tenía chance de meterle mis dedos en la conchita, le frotaba de a raticos por encima del pantalón y sentía que le palpitaba, ¡estaba tan caliente! Y yo con unas ganas de cogérmela ahí mismo.

Mi cara de placer no era normal, poco nos importó que los conductores vecinos se dieran cuenta de lo que estábamos haciendo, Rebeca me estaba matando de placer y yo sentía la necesidad de retribuírselo. “Que rico mami, dale, así, agárrame las bolas, pajéame rico mami” le decía, Rebequita me dijo al oído “te la voy a comer aquí mismo”, y diciendo esto, se agachó, se acomodó entre mi abdomen y el volante y comenzó a darme una mamada de campeonato. ¡Como mama la condenada! Pasaba su lengua por la cabecita, succionaba el meato, luego lamía todo el tronco, me mordisqueaba las bolas, se la metía completita hasta la garganta como toda una experta; comenzó un vaivén de arriba abajo con su boca, mientras yo como podía, le masajeaba el culo y le metía la mano dentro del pantalón halando su hilo dental hacia arriba acompasadamente.

Estaba que iba a morir de la excitación, no sé cuanto tiempo me estuvo mamando, pero ya no podía más, mi verga se hinchó más y más en su boca, señal que iba a eyacular y la aparté; ella retiró su boca y retomó la paja con su mano; el primer chorro de semen salió con tal fuerza que cayó en la consola de velocidad, en el volante, seguí acabando a borbotones y ella ni corta ni perezosa me dijo “quieres que me lo tome?” y yo le dije “es tuyo mami, has lo que quieras” Acercó nuevamente su boquita y me limpió el rabo hasta dejarlo sin una gotita de semen.

Se incorporó y me dio un beso tan apasionado que sentí que quería arrancarme la lengua; su saliva mezclada con mi semen, su lengua hurgando hasta el último rincón de mi boca,  ¡Era fantástica!. Le dije “Rebequita no puedo dejarte así, de verdad quisiera que hiciéramos una parada antes de llevarte a tu casa, ¿quieres?” Ella me respondió “lo que tu digas papi, lo que quieras, hoy considérame de tu propiedad” ¡Esa mujer si que sabe como volver loco a un hombre!

Enfilé la dirección hacia un motel de la famosa “calle de los hoteles”, pagué el servicio y entramos al cuarto. Al cerrar la puerta, Rebeca se vino encima de mi, la levanté, pasó sus piernas alrededor de mi cuerpo y la tenía agarrada por el culo; nos pegamos un beso tan largo y tan profundo que nuevamente estaba tan parado y listo como si no hubiera tenido sexo en 7 días. Empecé a frotar mi verga contra su conchita por encima de la ropa, le quité la chaqueta, le desabotonaba la blusa con desespero; ella a su vez me sacó la corbata y me abría la camisa; le bajé los pantalones y quedó solamente en brasier e hilo, realmente es una hembra monumental; un culo perfecto, un vientre planito adornado con un piercing en el ombligo y unas tetas que muestran orgullosamente unos 500 cc de silicona. Ella me quitó los pantalones y el bóxer de una vez; me agarró por la espalda y clavó sus uñas atrayéndome hacia ella para decirme “ahora si papi, cógeme rico, quiero sentirte bien adentro”

La enfilé hacia la cama, la acosté boca arriba y fui besándola desde el cuello hacia abajo; me deleité mamando esas tetas perfectas, mordisqueando esos pezones rosaditos y duros como dos caramelos; le acariciaba el cuerpo; seguí bajando, lamiendo su vientre, su ombligo; bajé por sus piernas, besé la corva de sus rodillas y enloqueció de placer; subí hasta sus ingles y me detuve frente a esa conchita, depiladita, rosada, hinchada y húmeda; empecé a soplársela tenuemente, a echarle mi aliento tibiecito; se volvió loca de placer y de repente, le arremetí una mamada de película: lamía de lado su raja, metía y sacaba mi lengua sin cesar, mordisqueaba su clítoris.

Rebeca se arqueaba de placer, sus jugos me llenaban la barbilla, los labios, la nariz; me gritaba desesperada “métemelo, cógeme papi, ¡cógeme ya!”; paré la mamada, me incorporé, me puse un condón (siempre hay en estos moteles), abrí sus piernas al máximo y le apunté directo al huequito: en un instante se tragó toda mi verga y comencé un bombeo que ella acompasó con un sinuoso movimiento de caderas; subí sus piernas a mis hombros y podía ver su cara de placer; veía su culito, rosado, cerradito, y no resistí darle un masaje como para dilatarle; sus gemidos eran fenomenales y me excitaban tanto que la cogía con más fuerza y rapidez.

Le di vuelta, la puse boca abajo, le levanté las caderas y se lo metí desde atrás; le masajeaba las tetas y besaba su espalda. No sé cuanto tiempo estuvimos pegados, pero ya no podía más y aceleré mis embestidas; me vine con una eyaculada que casi explota el condón y caí rendido sobre ella; estábamos sudados, cansados y tan satisfechos que nos quedamos dormidos. Al despertar caí en cuenta de la situación; Rebequita dormía sobre mi pecho, desnuda, en un cuarto de motel, después de una de mis mejores cogidas de la vida.

La desperté y le di las gracias, le pedí disculpas porque yo no estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones y que era la primera vez que engañaba a mi novia. Ella sonrió, me dio un beso y me dijo: “papi, tranquilo, yo no me quiero casar contigo, te tenía ganas desde la primera vez que te vi, imaginé que debías coger muy rico y no me equivoqué. Tú con tu novia, no me voy a meter en eso…pero, aun te quedan tres días de soltería, ¿no? Ya sabes donde trabajo, si gustas me puedes buscar al salir y nos hacemos compañía en la cola, para que no sea aburrido el tráfico, ¿quieres?”

Está demás decirles que los siguientes tres días fueron de una pasión descontrolada; Rebeca me dejó literalmente seco y me hizo el tiempo del tráfico muy feliz. Después de esos tres días no volvimos a tener encuentros de ese tipo; mi novia regresó y volví a la normalidad. Pero sé que cada vez que ella salga de la ciudad, voy a contar con la compañía de Rebequita. Y tengan por seguro que lo compartiré con ustedes.

Autor: Beto

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La fiesta familiar

Raúl le abrió las nalgas y pude contemplar un culito delicioso, al cual empecé a lengüetear y mordisquear, solo se oían suspiros, quejidos y gemidos a causa placer que estábamos sintiendo. Así estuvimos un muy buen rato hasta que, Mirna se vino estrepitosa y escandalosamente, después, era Lupita la que ocupaba el lugar de Mirna, con la verga de Raúl en su panochita y mi verga entre sus nalgas, gemía y se movía frenéticamente al sentirse perforada a la vez en sus deliciosos hoyitos.

Mi nombre es Alberto, tengo 38 años y mi esposa se llama Mirna y tiene 32. La historia que les voy a contar ocurrió en una fiesta familiar. La fiesta empezó temprano, así que la mayoría de los invitados se empezaron a retirar alrededor de las 4 de la tarde. Para eso de las nueve de la noche, ya solo quedábamos nosotros y una pareja amiga, Guadalupe y Raúl, ambos afines con nosotros. Siguió la conversación por diversos caminos hasta que ésta empezó a tomar el camino del sexo.

Empezamos a hacer comentarios cada vez más abiertos sobre nuestros gustos y opiniones sobre diversos temas y así la conversación empezó a caldearse. Me di cuenta que mi esposa se estaba calentando, ya que se le empezaron a notar los pezones en la blusa. Hacia algún tiempo habíamos fantaseado con realizar un intercambio con alguna pareja amiga, pero no nos animábamos al tratar de hacerlo realidad. Aprovechando una ida a la cocina a servir más botanas, yo le pregunté que le estaba pareciendo la conversación, a lo que ella me contestó que no había podido evitar el calentarse. Yo me había dado cuenta que nosotros tampoco le éramos indiferentes a nuestros amigos, así que decidí proponerle a Mirna si le gustaría tener nuestro primer intercambio con ellos. Ella me contestó fascinada que si, pero que como le haríamos. Yo le dije “tú déjame y sígueme la corriente, pero sobre todo, confía en mí”. Ella aceptó y regresamos a seguir nuestra conversación como si nada. Fui empezando a orientar la conversación hacia el tema del intercambio y la opinión que teníamos de ello:

– Y ustedes ¿qué opinan de las parejas swinger? – Pues mira –me dijo Raúl- yo pienso que no hay cosa más buena y más sana que cada quien haga lo que se le de la gana. – Así es –intervino Lupita- Además, si una pareja explora y disfruta de esa manera su sexualidad, sin dañar a nadie ¿Qué tiene de malo? – Eso dices porque es una actitud hipotética –le contesté- pero ¿pensarías lo mismo si Raúl estuviese en ese caso? ¿O tú?

– Pues si yo estuviera presente y viera que Raúl que le interesara que disfrutáramos, estoy segura que no tendríamos mayor problema –dijo Lupita. – Ni yo tampoco –remató Raúl.- No les creo nadita –les contesté- y me gustaría probárselos. – ¿A, sí? ¿Y como planeas hacerlo? –Dijo Raúl.- Pues así –le contesté.

Mirna y yo estábamos sentados frente a ellos y ella llevaba una falda que le llegaba a media pierna (que debo comentar que tiene unas piernas muy bellas) y que al sentarse se la alzaba bastante, aunque no como para ver nada, así que en ese momento me volteé y, sin previo aviso, la tomé con mis manos de las rodillas y le separé las piernas, de manera que quedaron expuestas tanto sus piernas deliciosas como la tanga que llevaba ese día.

– ¡Beto! – exclamó ella por la sorpresa. – ¿Qué haces? –dijo Raúl con expresión de asombro, pero sin apartar la vista hacia Mirna. – ¿Estás loco? –preguntó Lupita. – Vamos, Raúl, no te hagas el loco –contesté. Yo sé que te gusta mucho Mirna y que desde hace tiempo te morías por estar en una situación así. Ahora dime, ¿Qué te parecen las piernas de Mirna?

Sobrepuesto de la sorpresa inicial, Raúl me sonrió con sorna y empezó a mirar con descaro las piernas de mi esposa. Después de un momento exclamó:

– Con todo respeto, Mirna, la verdad es que tienes unas piernas maravillosas y tu pantaleta está coquetísima. Luego dijo, mirándome, Tienes razón, Beto, la verdad es que me gusta tu esposa desde hace mucho tiempo, pero jamás me imagine que algún día esto estuviera sucediendo.

– Hacía tiempo que lo sospechaba –le contesté- y la verdad es que teníamos ganas de hacer esto y conocer su reacción. Por lo que veo, a ti te gustaría, pero resulta que somos cuatro y necesitamos estar de acuerdo todos, o mejor no hacemos nada y seguimos con nuestra amistad como de costumbre. Después me volteé hacia Lupita y le pregunté ¿y bien, Lupita? ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Al principio ella me vio con ojos de sorprendida, como quien ve las cosas y no quiere aceptar que es real. Después miró a Raúl y, tomándole una mano, nos dijo:

– La verdad es que nosotros también fantaseábamos con esto, pero jamás se nos ocurrió realizarlo. Por mi parte, Beto, hace mucho que me pregunto como serás en la cama y, dado que vamos a estar los cuatro presentes, pienso que es una forma más de amistad.

Ya para entonces vi que Raúl empezaba a tocarse la verga por encima del pantalón. Entonces decidí que era hora de dar el siguiente paso y le dije:

– Pero Raúl, ¿qué haces sentado ahí?, ¿Por qué no vienes al lado de mi esposa y me ayudas a acariciarla?

El se paró de donde estaba y se sentó al lado de Mirna, pero todavía no se animaba a nada, así que tomé la mano de Raúl, la puse en la pierna de Mirna y le dije:

– Vamos, vamos, ¿a poco no tenías ganas de acariciarle las piernas a mi esposa?  Sin miedo, que como yo estoy aquí pues te doy permiso.

Y mientras Raúl tenía su mano en la pierna de Mirna, yo puse mi mano en la otra y empecé a acariciársela, como para darle confianza a mi amigo. Al ver que no había problema, Raúl también empezó a acariciarle las piernas. Al tomar mayor confianza, ocasionalmente le pasaba la punta de los dedos sobre su tanga. Yo me daba cuenta porque Mirna se estremecía cada vez que sucedía. Mirna cerró los ojos y empezó a gozar aquellas caricias, mientras Lupita, sentada frente a nosotros, contemplaba hipnotizada aquella erótica escena. Mirna empezó a gemir por el placer de las caricias cuando le dije a Raúl:

– ¿Sabes?, Mirna tiene una fantasía erótica que tú podrías ayudarme a realizar. – ¿De que se trata? –me contestó sin dejar de mirar a mi Esposa. – Pues es muy sencillo. Resulta que Mirna tiene unos pechos muy sensibles, a los que les gusta que se les bese y se les mame con ternura, pero estando solos, solo podía ocuparme de uno y ella quiere sentir que se los mamen los dos al mismo tiempo. ¿Podrías ayudarme al respecto? – Con todo gusto –respondió.

Entonces entre los dos empezamos a desabotonar la blusa y acariciarle los pechos por encima del brassiere. Mirna estaba para ese entonces excitadísima y de pronto pude sentir una mano que empezaba a acariciar mi verga por encima del pantalón. Miré las manos de mi esposa y pude darme cuenta que era ella quien me acariciaba con la mano izquierda, mientras que con la derecha hacia lo mismo con el bulto de Raúl. Sin saber exactamente en que momento, sacamos los senos de Mirna al aire y empezamos a besárselos y lamérselos con delicadeza.

– ¡Mmmmm! – dijo Mirna- En verdad es tan rico como siempre me había imaginado. ¡Tienes una lengua deliciosa, Raúl! ¡Lupita también debe gozar con tus caricias!

Mientras seguíamos así, miré hacia la panochita de Mirna y me di cuenta que Raúl no solamente le daba placer con una mamada deliciosa, sino que, haciendo a un lado la pantaleta de Mirna, había metido su mano y le estaba metiendo un dedo, a lo que Mirna respondía con una creciente excitación.

– ¿Sabes, mi amor? –le dije a Mirna- Creo que la verga de Raúl está muy incómoda ahí apretada. ¿Por qué no se la sacas para que se la puedas acariciar mejor?.

No tuve que decírselo dos veces, ya que en ese momento tomó la cabeza de Raúl y ambos se fundieron en beso calentísimo, a la vez que sus dos manos se dirigían hacia el cierre del pantalón de Raúl y, en un abrir y cerrar de ojos, le sacó la verga, con la que empezó a juguetear. Yo estaba hipnotizado viendo como mi amigo y mi esposa se fundían en un beso erótico, contemplando como sus lenguas se entrelazaban con pasión y observando como Mirna empezaba a sobar la verga de mi amigo, cuando de repente siento yo a mi vez una mano que empieza a bajar mi cierre. La verdad es que me había olvidado por completo de Lupita, quien, seguramente, también se había calentado al contemplar a los amigos gozándose enfrente de nosotros.

– ¿Me permites, Betito? – me dijo. – Adelante, Lupita, sírvete con confianza.- En verdad que ver a mi esposo con tu mujer me ha puesto muy caliente. Jamás pensé que podría ponerme así de excitada. – ¿Te gusta? – ¡Claro! –Contestó mientras empezaba a sobar mi miembro- pero ahorita que acaben ellos, yo también quiero que los dos me mamen las tetas al mismo tiempo.

En ese momento volteé a verlos y vi que Raúl se había acostado en el sillón y Mirna estaba a gatas sobre él, haciendo un formidable 69, lo cual me calentó muchísimo.

– Oye, Lupita, se ve que ellos lo están pasando muy bien, ¿Por qué no hacemos tú y yo lo mismo mientras esperas tu turno? – ¡Mmmmm!, pensé que jamás me lo pedirías.

Ella se arrodilló delante de mí y empezó a lengüetear la cabeza de mi verga como si estuviera comiéndose un helado, para después metérsela toda en la boca y chuparla con pasión.. Después de un rato de estar así, escuché a Raúl que decía:

– Oye, Lupita, ven para que te mamemos ahora las tetas como querías.

Y así, Lupita se sentó en medio de nosotros, tomando nuestras vergas en sus manos y sobándolas, mientras nosotros le mamábamos las tetas y Mirna se hincaba frente a Raúl para seguírsela chupando.

– ¿Rico, mi vida? –le pregunté a Mirna. – ¡Mmmm! –dijo con la boca llena de verga- En verdad que tiene un pito delicioso. Está muy jugoso.

Después de un rato de estar así, nos separamos para desnudarnos totalmente y así poder contemplarnos a gusto. En verdad que Lupita tenía un cuerpo delicioso. Morena, no muy alta, un cuerpo bien formado y una panochita peludita que invitaba a comérsela.

– Oye, Raúl, ellas ya tuvieron su juguete en la boca y lo gozaron a placer, ¿No crees que es hora que nosotros les correspondamos? – ¡Claro, Beto! – Dijo Raúl- ¡Oye, Mirna! ¿Por qué no te subes al sillón y me pones tu panochita en la boca? ¡Tengo ganas de comerte toda! – ¡Claro, mi vida! ¡Con todo gusto! – ¡Y tú Lupita, ven y dámela tú también!

Ellas se subieron al sillón y, parándose frente a nosotros, se agacharon un poquito, de manera que sus panochas quedaron justo en nuestras bocas. Yo empecé a besar y lamer la vulva de Lupita, la cual estaba húmeda y rezumando jugos de su excitación. Después de pasarle la lengua por todos lados, me fui directo a su clítoris para chupárselo, mordérselo y besárselo de manera que ella empezó a emitir unos quejidos deliciosos que me hicieron saber que en verdad estaba gozando con mis caricias. Escuchaba también a Mirna como gozaba de las caricias de Raúl y de cuando en cuando, volteaba a ver las caras de placer que ellas tenían y que a mí me excitaban mucho. En una de tantas miradas, puede ver como ellas, seguramente excitadas al máximo, volteaban sus caras para fundirse en un beso erótico y caliente. Sus lenguas se restregaban con pasión mientras se acariciaban mutuamente los pechos para tratar de calmar su calentura. Estuvimos un muy buen rato así hasta que Mirna se bajó del sillón y, agachándose, volvió a tomar la verga de Raúl en su boca y a mamársela con desesperación.

Yo, al ver sus hermosas nalgas al aire, no pude contenerme y, dando un último lengüetazo a la panocha de Lupita, me paré, apunté la cabeza de mi verga hacia el hermoso hoyito de Mirna y empecé a metérselo poco a poco, de manera que ella pudiera gozar de mi cogida, mientras Lupita se paró a mi lado y besándome, agarró con una mano mis huevos y empezó a darles un masaje delicioso. Yo sentí delicioso al saber que por un lado, mi amiga me besaba y me agarraba la verga y, por el otro, me estaba cogiendo a Mirna en esa posición, quien ya para entonces gemía y se quejaba de una manera por demás excitante, sin dejar lugar a dudas que le estaba gustando la verguiza que le estábamos dando.

– ¡No seas malo, Beto! – Dijo Lupita- ¡Yo también necesito que me consueles! ¡Necesito tener tu verga dentro de mí! – ¡Pues ven, mi querida amiga! Siéntate en el sillón y abre tus piernas para que te pueda meter mi consolador.

Lupita se sentó en el sillón con sus piernas bien abiertas, yo me hinqué y, apuntando la cabeza de mi verga hacia su coñito precioso, se la metí de un solo golpe. Lupita suspiró y emitió un quejido largo que me demostró por demás que le gustó sentir mi miembro dentro de ella. Mirna, mientras tanto, se volteó dando la espalda a Raúl y, tomando su verga en su mano, se la acomodó, dejándose caer en ella y recibiendo una profunda penetración. Ni tardo ni perezoso, Raúl empezó a sobarle y a pellizcarle las tetas a Mirna para aumentar más su placer, mientras que yo por mi lado, seguía cogiéndome a Lupita y, aprovechando la posición, también le mamaba las tetas. Ella se movía frenéticamente, de tal manera que al poco tiempo de estar cogiendo, tenía sus nalgas al aire, lo cual me facilitaba enormemente las cosas para meterle la verga hasta adentro, para arrancarle gemidos de placer.

Mientras tanto, Mirna se había volteado de cara a Raúl, quien continuaba sentado y con su verga dentro de mi esposa, quien por otro lado, subía y bajaba de esa verga en forma moderada, imagino para poder gozar plenamente la caricia que recibía. Al ver las nalgas de Mirna como subían y bajaban, volteé a ver a Raúl y le dije:

– ¿Sabes, Raúl?, Mirna y yo siempre hemos tenido la fantasía de coger con otro hombre al mismo tiempo. Tú sabes, tener dos vergas dentro de ella al mismo tiempo. – ¿Te refieres a una doble penetración? –preguntó incrédulo. – Si, papito – contestó Mirna- y como tu verga ya está deliciosamente acomodada en mi panochita, ¿por qué no me la metes tú por el culo, mi amor? – ¡Guau, Mirna!- intervino Lupita con mi verga aun dentro de ella- ¡Jamás pensé que fueras tan caliente, ni que Beto cogiera tan rico! – ¿Me das permiso, mi linda amiga?- pregunté a Lupita. – ¡Claro, mi amor! ¡Esto es algo que tengo que ver!

Entonces, dándole a Lupita unos cinco fuertes bombazos que le arrancaron otros tantos gemidos, me incorporé y, apuntando la cabeza de mi miembro hacia el oscuro ano de Mirna, empecé a metérselo poco a poco para no lastimarla. Al principio empecé a bombear lentamente, de manera que su culo se adaptara a mi verga, para después tomar un ritmo más sabroso. Mirna se agachó y se pegó más a Raúl para recibí mejor aquella caricia, lo cual Raúl aprovechó para mamar las tetas de mi esposa a placer, mientras Mirna gemía y gritaba como loca al cumplir su fantasía.

– ¡Al fin tengo dos buenas vergas dentro de mi!, ¡Que buena cogida me están dando!, ¡Por piedad, no paren!

Lupita, mientras tanto, se había hincado justo detrás de mí, de manera que podía gozar plenamente el espectáculo de hacer una doble penetración con mi esposa.

– Oye, Lupita- dije después de un rato de estar cogiendo en esa posición- ¿Por qué no le das a mamar tu panochita a tu esposo?- ¡Si, mi vida!- contestó Raúl- ven que te quiero comer ese hoyito lindo.

Lupita se paró y, subiéndose al sillón, quedó de frente a Raúl y, agachándose, le dio a mamar su panochita rica. Los dejé que gozaran un rato así hasta que, tomando las manos de Raúl y poniéndoselas en las nalgas de Lupita, le dije:

– ¿Me ayudas? – ¿Qué quieres que haga? –contestó. – Ábrele las nalgas a tu esposa y ofréceme su culo delicioso para que yo pueda lamerlo y comerlo como quiera, mientras tú le mamas adelante. – ¡Ay, si mi vida! – Dijo Lupita- ¡Ábremelas y deja que Beto me coma! ¡Caliéntenme para que después, yo ocupe el lugar de Mirna! ¡Yo también quiero sentir dos vergas dentro de mí!

Entonces Raúl le abrió las nalgas y yo pude contemplar un culito delicioso, al cual, después de darle un beso cariñoso, empecé a lengüetear y mordisquear con pasión. En ese momento, fui consciente de que en la sala de nuestra casa, solo se oían suspiros, quejidos y gemidos a causa del placer que estábamos sintiendo todos. Así estuvimos un muy buen rato hasta que, no pudiendo soportar más, Mirna se vino estrepitosa y escandalosamente.

Momentos después, era Lupita la que ocupaba el lugar de Mirna, atrapada entre nosotros con la verga de Raúl en su panochita y mi verga entre sus nalgas. Ella gemía y se movía frenéticamente al sentirse perforada a la vez en sus deliciosos hoyitos, mientras Mirna, cansada, observaba la escena fascinada.

– ¡Ay, Lupita!- le dije- ¡Ya no puedo contenerme! ¿Dónde quieres mi lechita, amiga? – ¡Dentro de mí! – Contestó- ¡Quiero que los dos se vengan conmigo dentro de mí! ¡Llénenme de su leche calentita!

No pudiendo soportar más, entre los gemidos y gritos de placer de Lupita y los míos propios, solté mi descarga de semen en el ano de mi amiga, mientras Raúl daba claras muestras de estarse viniendo en su vagina, para dar término así a nuestro primer fabuloso e inesperado intercambio.

Después de aquella primera vez, nos hemos seguido viendo con frecuencia y sentimos que de algún modo nuestra amistad se ha hecho más estrecha y sincera.

Autor: beto1xxx

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