Una escapada en pareja, escena III

La jornada se presentaba tranquila. Durante la mañana, andamos de la cama a la terraza, tomamos un desayuno algo tarde, visionamos las grabaciones, comentando lo excitante que resultaba cada situación, nos animamos y follamos, sin demasiada fantasía, diciéndonos lo que nos había gustado de nuestras aventuras.

Sinceramente, creo que Gema simuló su orgasmo.

Bajamos a la piscina y en el pasillo encontré a la camarera, le pedí que arreglara la habitación. Era la hora de comer, como de costumbre por separado. Gema salió antes que yo, llevaba un short bastante cortito con una camiseta de malla transparente, debajo el bikini blanco y un bolso con alguna revista, y pensé que por ahora no tendríamos demasiada actividad, ya que la situación se había convertido en un corre turnos, ahora tu, ahora yo.

Esta vez nos colocamos en diferentes sitios, yo me acomodé mas cerca del jardín, aunque con vista a la piscina, llevaba el ipad y buscaba un sitio de sombra y estaba dispuesto a ponerme al día en cuanto a la vida diaria.  Pedí un martini, y cuando me instalé busqué con la mirada donde se habría colocado mi mujer, y gran sorpresa para mí, estaba junto a la pareja de jóvenes que ayer no dejaban de mirarla.

Los veía muy animados, la chica entró en la piscina y volvió al instante, me fije en ella, tenia un cuerpo precioso, la piel muy morena, andaba con gracia juvenil, casi de puntillas, con bikini turquesa. Me di cuenta que Gema y el chico la miraban y se reían, mientras la chica se pavoneaba inocentemente delante de ellos, ahora se pasaba el cepillo por el pelo mojado y negro, no podía creer que se empleara en ellos, le mande un whatsapp con: (¿?), ella al instante me contesto: no he tenido ni que lanzar el anzuelo,te veo en el baño, la vi bromeando con el chico, como queriendo saber que había escrito en su móvil.

Me levanté y me dirigí hacia el baño que había en el edificio, al instante apareció Gema, me dijo:

– Al llegar, pedí una tumbona, he colocado el bolso y la revista, y al instante el chico con el pelo rizado y bañador celeste, no ha tardado ni diez minutos en tirarme los tejos y ofrecerse en pareja, parece que conocen al chico de ayer y los ha puesto en antecedentes, mientras tonteaban conmigo me he estado fijando en la chica, la piel tersa, morena, se le trasparentan los pezones y tiene que estar totalmente rasurada porque la braguita se le meten entre los labios vaginales, te puedo decir que he mojado mi bikini con solo observarla y el chico se ha dado cuenta, él actúa como proxeneta, ahora solo quiero follarme a esa chica, quiero comerme su chochito.

– Pues adelante. le dije yo,

-En 30 minutos estaré subiendo,

– OK, le conteste,

Termine mi aperitivo y me dirigí de nuevo a la habitación, no hacía ni una hora que había salido, y afortunadamente la camarera salia dejando la habitación inmaculada. Ya me encontraba en mi puesto de voyeaur, revisé la habitación, puse de nuevo la bolsa de los juguetes eróticos de Gema cerca de la cama, donde ella la vería nada mas llegar, me asome entre visillos y los vi saliendo de la piscina. Desde la mirilla de la puerta observé como se dirigían hacia mi, me fije en las caras de todos, la chica venia un poco en alerta, no estaba lo relajada que el resto, que se reían y tonteaban, el chico le tocaba en culo a Gema, mientras ella le seguía el juego, oí como abrían la puerta y me fui a mi puesto, desde ahora el monitor seria mis ojos y los auriculares mis oídos, salieron a la terraza que les causo la misma impresión que a todos cuando fuimos llegando, se tumbaron, fueron al bar, se asomaron a ver las piscinas y el mar.

Gema entró a la habitación y se desnudo del bikini, se puso una bata de seda corta, tipo oriental, en color blanco sin nada abajo, yo mientras cambié a la cámara de la terraza, donde estaban coordinando la actuación, oía que el chico le decía:

– Lucia, la vieja quiere follarte, ponla caliente que  le daremos caña, Hay que aprovechar, esta es una oportunidad para divertirnos y sacarnos una pasta.

Estaba claro que estaban organizados.

Desde mi habitación escuche como Gema pedía a Lucia que viniera para ayudarle a no se que, pero al instante estaban saltando chispas, Gema no tardo en meterle mano, comenzaron a besarse y cayeron en la cama, veía a Gema desde atrás, los muslos y su culo aun con la bata puesta, la chica estaba sumisa dejándose hacer, esperando que ella disfrutara de su cuerpo.

Gema se quito la bata y comenzó a chupar esas tetas preciosas y jóvenes, con el pezón que ya adivinaba desde que se conocieron en la piscina.

Se incorporo el chico en la escena, metió su cara entre las piernas de Gema mientras se tocaba la polla, se incorporó y de rodillas penetró a Gema desde atrás, noté que a Gema le molestó la penetración, aún no estaría lo suficiente excitada.

Gema acabo por liberar a Lucia del bikini, era como si ya hubiera tenido sexo con ella, porque había acertado en como seria el cuerpo de la jovencita, los labios redondeados y totalmente rasurados. Los abrió como si de una ostra se trataran y buscara la perla en el interior , comenzó a chupar su coño, oía por los auriculares la banda sonora de la escena, consistía en gemidos, jadeos, más, así y sigue sigue más. El otro chico, Héctor era su nombre, seguía follando a Gema, le envestía sacando y metiendo su polla que ahora descubrí el tamaño XL que tenia, me pareció descomunal para ser un chico tan joven.

Mi mujer y la chica se estaban dando un festín, lo mismo se tragaban una verga que se morreaban, Héctor tumbado hacia arriba con la polla como el mástil de una bandera, cogió a Lucia y la  montó encima también mirando hacia arriba, le metía la polla desde atrás, Gema de una salto cogió su arnés de látex negro que tanto había usado conmigo, y la penetró, Héctor metió la XL en el culo de la chica, que se quejaba del tamaño.

Me fijé en la cara de Gema, estaba tan excitada como la había visto pocas veces, el látex entraba en los labios vaginales y empujaba, mientras pellizcaba las tetas de la chica, que se quejó no se por cual de la sodomización a la que estaba siendo sometida y para mi sorpresa Gema le dio un bofetón y luego otro, no hubo ninguna reacción a esto, desde la cámara cenital veía la cara de la chica sufriendo de placer y dolor, sudaba, el pelo revuelto, y un enjambre de miembros, manos, brazos, vergas.

El chico dejó de encularla y se coloco de rodillas junto a la cara de Lucia, descargo su semen en la cara, el  pelo y pecho, cogió por el pelo a Gema y la llevó de cara a toda esa descarga, mientras que acababa con su descarga en la cara de Gema. La chica ahora chupaba la polla de su pareja,  mientras Gema mira hacia una cámara como diciendo que no entiende, mientras Lucia le da al chico en la boca parte del semen que tiene por toda su cara,  Gema lamé con ellos, y besa a la chica mientras se monta de nuevo sobre ella y ahora mas tranquila vuelve a penetrarla con un movimiento de cadera acompasado, esta claro que Lucia tenia todavía mucho que dar, se unen con brazos y piernas cuando veo y oigo que el orgasmo esta llegando, Gema la besa como una novia, oigo que le pide perdón por haberle pegado, Lucia la besa con una sonrisa, y el chico se quedan en la cama mientras Gema y Lucia van las tumbonas de la terraza.

Héctor se colocó entre las dos mujeres como un adonis, ellas lo acariciaban y él se dejaba, pronto comenzó a estar preparado para otra sesión, besaba a una y a otra, Lucia besaba las tetas de mi mujer mientras era penetrada por el chico, veía la escena desde mi puesto y ya casi me resultaba normal ver como mi mujer era follada por unos y otros, en esta ocasión no hubo demasiadas excentricidades ni posturas, él encima de ella se limito a dejarla destrozada con su fuerza y un sin cesar movimiento de cadera hasta que vi como ella apretaba sus labios y cerraba los ojos, su cuerpo se arqueaba hasta caer derrotada, él no tardo ni un minuto en sacar su polla mojada de los jugos que habían compartido en lo más profundo y se besaban mientras Gema los acariciaba.

Tomaron un aperitivo en la terraza y fueron desapareciendo de la escena, creo que ya habíamos tenido bastante para una primera vez, ella se fue al baño, entré y  la seguí,  la contemple mientras caía el agua por su cuerpo, sentí ganas de poseerla lo mismo que había visto en estos días pasados, ella me dijo que lo dejara para cuando volviéramos a casa, besé a Gema y me tumbe con ella a tomar una copa, pedimos una comida ligera, los camareros del hotel debían de estar locos,  cada vez que subían había diferente gente en la habitación, hablamos sobre que haríamos con las grabaciones, y si las usaríamos en un futuro, ahora quedaba recoger todo el material, ya que al día siguiente saldríamos pronto de vuelta a casa.

Me gusta / No me gusta

Mi tía Alejandra

Yo tenía 20 años, vivía en la casa de mis padres, en ese momento estaba de novio con una chica de 18 años, compañera de mi hermana.

Era un cálido sábado por la tarde de noviembre, yo estaba con Laura, mi novia en casa, además de mi hermana Mariana y una amiga de ellas, Sofía, en un momento determinado las tres me avisaron que salían de a dar una vuelta al Shopping, por lo que me quede solo en casa escuchando música.

Diez minutos más tarde sonó el portero eléctrico, era mi tía Alejandra, la hermana menor de mi padre, en ese entonces tenía 32 años, yo siempre había tenido muy buena relación con ella, de hecho ese año estaba terminando el secundario nocturno y yo iba a veces a casa de mis abuelos donde vivía ella a ayudarla.

Una de las últimas veces que había ido a su casa ella estaba usando una minifalda azul bastante corta, con la cual al cruzarse de piernas podía apreciar el triangulito blanco de su bombacha en un par de ocasiones, lo cual recuerdo me produjo una erección que traté de disimular lo máximo posible, pero me alivié en cuanto llegue a casa en el baño.

Ese día cuando bajé al verla estaba de nuevo con la misma minifalda azul y una camisa blanca que se le traslucía un corpiño también blanco, me preguntó por mi hermana, mi novia y la otra amiga ya que había quedado con ellas para venir a casa. Traía una mochila del lugar de ropa donde trabajaba, ya que tenía en ellas bikinis que les iba a mostrar a las chicas para la temporada del verano.

Le dije que se habían ido y seguramente vendrían en un rato, así que acepto pasar a charlar un rato; tomamos una cerveza y empezamos a hablar de variados temas, yo intentaba ver su entrepierna que hacia sugestivos cruces pero apenas había podido ver un segundo su bombacha nuevamente blanca, hasta que en un momento le pregunte por las bikinis, ya que quería verlas, como le quedarían a mi novia.

Tenía una amplia variedad, la que más me llamo la atención era una de color blanco con estrellitas naranjas y le sugerí que esa sería la mejor, mientras abría una segunda botella de cerveza, ella asintió, yo le dije que era parecida físicamente a mi novia, ya que tenía mismo color de pelo y piel castaño y que esa sería la mejor combinación, pero que debía comprobarlo.

Le sugerí que se probara la bikini, ella al principio se rió y me dijo que no, pero luego me preguntó si de verdad le parecía que ella era atractiva y le quedaría bien, por lo que yo le respondí que si pero que debía verla, pienso que la cerveza la había desinhibido.

Se rió y me dijo: de acuerdo, voy al baño a cambiarme, anda para tu pieza, yo fui y me quedé sentado en la cama esperándola, cuando apareció estaba increíble, como le quedaba esa bikini en su cuerpo, fue caminando lentamente por la pieza mientras se reía y pude ver como sus pechos brillaban con ese color naranja y su linda cola resaltaba en dicho color.

Dio una vuelta a la habitación, me acerqué y le dije que era muy bonita, mientras la tomaba de la cintura, ella sonrió y me dijo:

– pero no tengo novio,

a lo que yo respondí,

– voy a ser tu novio hoy.

La besé profundamente, ella fue muy pasional, nuestras manos se entrelazaban y las caricias iban hacia todas partes de ambos cuerpos, finalmente la tomé de la mano suavemente y la llevé hacia mi cama donde seguimos besándonos y tocándonos un buen rato, hasta que le quité el corpiño, y empecé a chupar sus pezones duros, noté que ella lo disfrutaba tanto como yo.

A esa altura ya no había marcha atrás: habíamos cruzado la línea y debíamos seguir, bajé por su cuerpo besando su vientre hacia abajo, al llegar a la bikini se la quité suavemente; sobre el velador había un condón que iba a usar con mi novia seguramente esa noche si la convencía de ir a un telo.

Ale lo abrió y lo fue poniendo lentamente sobre mi verga erecta, mientras la besaba y chupaba un poquito, podía haber pedido que siguiera, pero como había pasado un rato largo desde que las chicas se había ido, temí que volvieran así que decidí penetrarla, mientras continuaba chupándole las tetas, mi pija entraba con gran movilidad a su concha, no pasó más de un minuto, cuando Ale lanzó un gemido bastante grande, pudo alcanzar un orgasmo, yo que continuaba bombeando no pude resistir mucho mas y acabé al minuto siguiente, fue una gran cantidad de leche, ya que mi novia no había querido hacerlo la ultima vez y luego se había indispuesto por lo que estaba muy caliente.

Todo estaba de maravillas a pesar de la corta duración cuando sentimos al llave de la puerta, nuestra mirada fue de horror, pero rápidamente salí del cuerpo de Ale, y le dije que se escondiera en mi armario, donde fue poniéndose la bikini nuevamente y el bolso.

Laura me llamaba y le dije que estaba en el baño y ya salía, donde traté de arreglarme lo más rápido posible, allí las chicas me contaron del shopping y otras boludeces, hasta que Mariana me preguntó,

– uh, hoy no venia la tía Ale?, a lo que yo respondí que había llamado por teléfono diciendo que no venía, pensé que mi novia y su amiga se irían, pero pasó un largo rato que se quedaron hablando boludeces con mi hermana.

Yo tuve que ir al baño dado el efecto de la cerveza, allí me acordé de Ale que estaba encerrada en mi armario, le dije que las chicas se irían en un rato y cuando mi hermana les abriera yo ella aprovechara para irse por las escaleras, ah, y que yo le daría mi llave. Me dijo que estaba bien, pero se estaba meando, le dije que aguantara lo más que pueda, pero el problema fue que las chicas se quedaron media hora más hasta que finalmente mi hermana las despidió, fui a abrir el armario y mi tía Ale llorando un poco me dijo, discúlpame, no pude aguantarme.

Había un gran charco sobre el piso de madera del armario, yo la abracé y le pedí que no se preocupe, la ayude a cambiarse, traje del baño una toalla rápidamente, se quitó la bikini y se puso nuevamente la bombacha y se vistió como había llegado, la despedí con un piquito en la boca, ella me dijo: la pasamos genial.

Dentro de mi armario quedaba su bikini blanca de estrellitas naranjas empapada y un gran charco de pis sobre el piso que sequé de innumerables formas.

CONTINUARÁ.

Me gusta / No me gusta

Haciéndolo con una sucubo

Esta historia comienza una tarde en la playa allá por el mes de septiembre me marché solo a pensar en mis cosas, para esa fecha la playa está desierta y hace buen tiempo así que me fui. Estuve  bañándome y disfrutando del día cuando me di cuenta que estaba bajando por el camino de madera “ La Súcubo”.   La Súcubo,por si no lo saben un súcubo es un demonio que toma la forma de una mujer atractiva para seducir a los varones, introduciéndose en sus sueños y fantasías, Esta súcubo es una mujer que vive en los apartamentos bajos de mi urbanización, viuda de unos 50 años pero con un cuerpo de una chica de 30 años, pechos, operados por supuestos, totalmente redondos y erectos, un trasero, también operado, en el cual se podía romper nueces, solía estar todo el año y siempre la veías acompañada de chicos jóvenes pero nunca la veía más de dos veces con el mismo.

Me quedé mirándola fijamente lucía un bikini de leopardo que marcaba sus pezones, no solo la forma sino también el color. Cuando estuvo a mi altura la saludé y ella me respondió. Me pasé el resto de día mirándola de forma muy descarada y más cuando se quitó la parte de arriba del bikini y dejó al aire su dos pechos.  Más de una vez ella miraba alrededor y yo apartaba la vista. la veía como ella se bañaba saliendo con el bañador totalmente húmedo chorreando por las piernas.

Llegó la hora de comer y la súcubo recogió sus cosas, su bolsa de playa y su toalla, caminaba hacía su casa con algo le pinchó el pie porque soltó las cosas que llevaba y se estuvo mirando el pie, luego comenzó a caminar con dificultad, cuando llegó a mi altura me miró fijamente y me dijo

-¿Puedes ayudarme?, es que creo que me he clavado una concha o algo.

-Claro.

-Toma mis cosas, y llevarlas a la casa número 47, mi casa es que con el pie así me cuesta caminar.

Caminé hasta su casa deje sus cosas en el patio. Me disponía irme cuando me pidió que cogiera algodón y alcohol del botiquín para curar le el pie, ella se sentó. Entre en su casa y fui a donde ella me indicó que estaba el botiquín, y lo cogí.

En el jardín en una silla se había sentado ella, yo me senté en otra silla delante de ella. puso su pie sobre mi pierna. el corte era en el dedo gordo.

Comencé a curarla pero no veía bien la herida así que que para que viera la herida ella me pidió que abriera las piernas. Abrí las piernas y puso su pie en la silla y comencé a curarle la herida, era un corto poco profundo. Yo curaba la herida pero los ojos muchas veces se iba hacia arriba recorriendo su cuerpo desde sus pies, con unas uñas bien pintadas subiendo por sus piernas hasta sus muslos muy bien tonificados, mi miraba seguía subiendo por su cuerpo hasta su cintura, ella estaba mirando el móvil y no se daba cuenta del marcaje que le estaba haciendo, me quedé mirando fijamente a sus pechos, no me hacía tener rayos x porque de tanto mirar lo pechos podía ver la forma de los pezones y areola de estos. Yo casi había terminado de curar cuando me dí cuenta que estaba empezando a tener una erección, gracias a Dios ella estaba mirando el móvil y no se había dado cuenta  aún. La sucubo dejó de mirar el movil, para mi desgracia y fijó su vista en mi polla.

-Veo que estas bien dotado.

-¿perdón?

-Que veo que estas bien dotado.- dijo ella mientras que tocaba mi polla con su pie.

-eh, si gracias.

-Seguro que a tu novia la tienes bien contenta.

-ehhh, si.

-¿tienes novia?

-No.- respondí mientras ella bajaba su pie de la silla.

-No me puedo creer que un chico tan guapo no tenga novia.- se acercaba a  mí.

– Además con este pollón- dijo  con su mano tocando mi polla.

-¿te parezco atractiva?- me preguntó mientras que metía su mano dentro de mi bañador.

-Si. mucho.

-¿Te gusta lo que te estoy haciendo?.-dijo mientras que me agarraba mi polla y le subía el pellejo de arriba a abajo.

-ummmm, si mucho

-¿Qué te parecen mis pechos?- seguía subiendo y bajando el pellejo de mi polla

-ummm, son muy hermosos.

-¿quieres verlos?

-Sí

-vale.- tiró del cordón de su bikini dejando que la parte de arriba de su bikini dejará al descubierto sus hermosos pechos.

-has visto, qué hermosos son.

-Sí- respondí mientras que ella se acariciaba el pecho derecho con una mano mientras que con la otra seguía agarrando mi polla y subiendo y bajando el pellejo de esta poniendola mas dura si podía..

-¿quieres tocarlos?

-Sí- respondí mirándolos fijamente.

-Ven déjame.- tomó mi mano derecha y la puso en su pecho izquierdo luego tomó mi mano izquierda y la puso en su pecho derecho. Sus pechos estaban duros y eran suaves.

– Así,… acariciarlos…. suavemente- me decía mientras entornaba los ojos y metía su otra mano dentro de mi bañador para acariciarme los huevos y se mordía los labios.

Tras un rato acariciando sus pechos y ella mi polla. Ella paró.

-Ven vamos para adentro.- tomándome de la mano entramos en su casa, pasando el salón, el baño donde cogí el botiquín y llegando a una habitación donde había una cama kingsize. Se puso delante mío y me dijo.

-Ven no seas tímido.- Tomó mis manos con las suyas y las puso en su trasero luego se acercó a mí. Comenzamos a besarnos, mientras ella me besaba y poco a poco acariciaba mi cintura haciendo que mi bañador se fuera deslizando por mis piernas, yo seguía con mis manos en su trasero, en su duro y bien formado trasero. Mi bañador cayó al suelo y ella paró de besarme para mirar mi polla, la estuvo observando desde arriba, pasó su dedo índice por la punta para extenderle todo el líquido que le salía, luego suavemente la bajaba el pellejo y más lentamente le subía el pellejo, extendiendo todo el líquido que de mi polla salía.

-mmmm, tiene buena pinta. Siéntate.

Me senté en la cama y ella se puso de rodilla frente a mí y comenzó a meterse mi polla en su boca. Baja y subía metiéndose más cantidad de polla dentro de su boca, me estaba causando gran excitación, seguía metiéndose mi polla dentro de su boca y luego la sacaba, estaba en la gloria. Ella sabía cómo comer pollas y en este momento me la estaba comiendo  mí.

-No vayas a correrte, que yo quiero meterme esta polla en mi coño.

-Nooooo Mmmm

Mi polla estaba totalmente húmeda cuando ella se puso de pie y quitándose la parte de abajo de su bikini, mostrando su peludo totalmente depilado, algo que me excitó no sabes de qué manera. S tocaba con las manos acariciando su cuerpo.

-¿ te gusta lo que ves?. me preguntó ella mientras acariciaba su cuerpo.

-si. Le dije asintiendo con la cabeza.

-Ven comelé los pechos a tu mamacita.

No lo pensé ni un momento y me metí uno de sus pechos dentro de mi boca, saboreando los restos de la crema bronceadora que aún quedaba pero no importaba esos pechos merecían cualquier cosa eran sabrosos.

-así le gusta a tu mamacita, cómetelo todo chupa, chupa.

No paraba de chupar y lamer esos pechos, no paré hasta que ella me lo pidió.

Hizo que me tumbara y comiendome la boca con un mano dirigió mi polla a su coño. Poco a poco fue bajando su cuerpo y poco a poco mi polla entraba en su coño, tomó mis manos y las puso sobre su trasero, hasta que estuvo dentro de ella toda mi polla, que fue cuando soltó un suspiro. Tras ello empezó a acelerar el ritmo, se sacaba y se metía cada vez más rápido mi polla de su coño, ella tomó mis manos y las puso sobre sus pechos mientras gritaba de placer cada vez más fuerte creía que se estaba haciendo daño pero ese dolor le hacía que tuviera más y más placer y que gritara más mientras me cabalgaba.

-creo que voy a correrme. le dije

-No mi amor, todavía no.- dijo parándose en seco.

-ponte arriba y dame lo más fuerte que puedas. me pidió.

Me puse encima suyo y le metí mi polla en su rasurado coño. empecé a aumentar el ritmo una vez que estaba dentro la polla comencé a aumentar la velocidad, ella no paraba de gritarme que quería más fuerte, yo seguía aumentando el ritmo pero para ella nunca era lo suficientemente rápido. Estaba cansado y opté por darle embestidas fuertes, cosa que le gustó porque tuvo un gran orgasmo allí mismo y al poco tiempo me corrí, fui a sacarla pero ella me dijo que la dejará dentro. “ quiero sentir tu leche dentro”.

 

Pasé varios días más allí pero no la volví a ver en la playa, y su casa estaba cerrada, y al poco sé que la vendieron. Siempre me quedará el recuerdo que me follé a una Sucubo y sobrevivi.

Me gusta / No me gusta

Julia, una pelirroja ex alumna mía

De la excitación producida por el riesgo de que nos viesen mi calentura aumentó de repente haciéndome reaccionar como un animal y penetrando su rajita con mi enorme y duro palo violentamente. Mis brazos agitaban su cuerpo haciendo rebotar sus pechos entre su cuerpo y el mío. La fuerza de sus brazos aumentaba aunque no tanto como la pasión de sus lengüetazos.

Hacia finales del mes de julio, pensando el calor que caracteriza el verano mediterráneo, me fui a una tienda deportiva con el fin de renovar mi bañador. Al llegar a la tienda, en la puerta me encontré con Julia, una pelirroja ex alumna mía. Fue ella quien me vio primero, llamándome profesor.

En realidad no le había dado clase pero la ayudé algunas veces en el trabajo de fin de estudios. Aun en la calle me habló de la universidad que le había tocado, le pregunté por su vida en general y por si tenía algún trabajo de verano. Me comentó que todo le iba muy bien y entre risas me comentó que con el dinero de sus papás prefería tomarse el verano para relajarse y disfrutar. Le dije que mi verano estaba siendo parecido pero sin tanto dinero para gastar y los dos volvimos a reír. Finalmente nos dimos cuenta de que los dos habíamos ido a la tienda que teníamos enfrente con el mismo objetivo, así que mientras seguíamos hablando entramos y empezamos a mirar la zona más veraniega.

Ya tenían artículos para el otoño e incluso invernales pero, por suerte, aun tenían una gran variedad en bañadores, tanto para hombres como mujeres. A pesar de la gran variedad solo encontré uno que realmente me gustase así que después de buscar mi talla me acerqué hacia Julia, que ya había escogido cuatro o cinco bikinis para probarse. Miramos las elecciones y entramos en dos probadores contiguos. A pesar de saber que no es correcto ni higiénico, me desnudé completamente antes de ponerme el bañador. Me gusta ir sin ropa interior si tengo que bañarme y por ello me los pruebo así, sin más. Me contemplé unos segundos en el espejo dando medias vueltas hasta ver que me gustaba bastante. Salí del probador y desde medio metro más de distancia volví a mirarme al espejo.

A los pocos segundos Julia salió con un bikini verde que hacía juego con sus ojazos y me sorprendí al ver que ella tampoco se dejaba la ropa interior debajo del bañador, puesto que con la poca ropa que representaban estos se habría visto. En vez de esto, el mini sujetador sostenía con dificultad sus sorprendentemente grandes y redondos pechos, al igual que la pequeña braguita que embellecía un culito pequeño y sensual. Como acabo de describir Julia es una mujer muy hermosa y sexy, aunque no había pensado en ella como mujer durante el año que coincidí con ella como alumna.

Después de un breve silencio me preguntó que me parecía y si pensaba que era mejor probarse otro. Mientras yo pensaba en la mejor forma de decirle lo bien que le quedaba ella me comentó que le gustaba mucho mi bañador y que se notaba que hacía ejercicio. Le di las gracias por el cumplido y rápidamente le prohibí que se probara ningún otro porque era imposible que le quedase mejor que ese. Ella se ruborizó un poco y sonrió. Dado el trabajo en la tienda, entré de nuevo en el probador para volver a vestirme y pedir a Julia si quería que nos viésemos algún día. Pero a los dos segundos de correr las cortinas, ella entró en mi probador y me besó empujándome con fuerza hasta chocar contra la falsa pared del vestidor. Rodeando sus brazos por mi cuello apoyó todo su peso en mí mientras el caliente beso seguía humedeciendo nuestras bocas.

Había subido sus piernas hasta prácticamente rodear mi tórax, así que aproveché para estrujar su trasero. Poco a poco intenté quitarle la braguita verde para poder trabajar con comodidad pero ella no dejaba de juguetear con mi lengua, parando únicamente para respirar. Cuando sus pies volvieron a tocar el suelo terminé de quitárselas, a la vez que ella intentaba quitarme el aún no estrenado bañador. Inicialmente no pudo desnudarme porque sus ansias le impedían desatar el fuerte nudo que había hecho minutos antes en ese mismo habitáculo. Al fin encontró la forma de desatarlo y los arrió hasta mis pies.

Sin darme más tiempo que para estrujar de nuevo su culito volvió a subirse encima de mí, esta vez con la ayuda de mis brazos que levantaron sus 50 kilitos de firmeza y sensualidad. Rápidamente busqué el lazo que sujetaba la parte superior del bikini y finalmente, al caer al suelo la pequeña prenda, tuve para mi único gozo esos dos enormes pechos perfectos. Volviendo mis manos a su culito la empujé hacia arriba para poder lamerle los pechos hasta dejarlos completamente húmedos.

Aunque por el sudor de los dos ya lo estaban bastante. Mis manos subían y bajaban, acariciaban y estrujaban su suave y clara piel sudada y caliente. Por el contrario, ella no dejaba mi cuello, dónde seguía cargando todo su peso. Su larga melena rojiza iba y venía e incluso le tapaba, en ocasiones, parte de la cara pero esto no estorbó nuestros labios y lenguas que estaban en constante ejercicio. Allí, desnudos, nuestros cuerpos daban constantes golpes a las estrechas paredes del probador hasta que fue inevitable que una de las dependientas preguntase por el estado de su cliente.

Bien, contestó Julia rápidamente controlando su voz para que pareciese que estaba probándose ropa normalmente. De la excitación producida por el riesgo de que nos viesen mi calentura aumentó de repente haciéndome reaccionar como un animal y penetrando su rajita con mi enorme y duro palo violentamente. Mis brazos agitaban su cuerpo haciendo rebotar sus pechos entre su cuerpo y el mío. La fuerza de sus brazos aumentaba aunque no tanto como la pasión de sus lengüetazos.

Aguantamos así unos minutos, hasta que con un fuerte choque contra la débil pared me corrí en su rajita al instante que ella dejaba escapar un grito ensordecedor que seguramente asustó a cualquiera que estuviese en la tienda e incluso a quienes pasaran por el barrio. A los pocos segundos, cuando recuperamos el aliento y sus pies regresaron a tierra firme, entre risas, caricias y besos nos dimos cuenta de que no podíamos salir los dos juntos del probador porque sería imposible disimular o parecer que simplemente estábamos aconsejándonos sobre la ropa que íbamos a comprarnos; así que al ver que entre probadores había una ranura por la parte de arriba suficientemente grande como que pasara una delgada mujer, la ayudé a que regresara a su habitáculo.

Sin demasiados problemas consiguió pasar por el agujero y rápidamente empezamos a vestirnos con la ropa con la que habíamos llegado. Salí yo primero y ante las miradas del resto de compradores alegué que tenía problemas de equilibrio, y que lamentaba los golpes que había dado y que esperaba no haber asustado demasiado a la joven de al lado ya que la había oído gritar en uno de mis golpes.

Creo que la excusa fue aceptada bastante bien por la mayoría de personas de la tienda así que fui a pagar mi bañador. Mientras pagaba vi que Julia venía para hacer lo mismo pero como si no nos conociésemos agarré la bolsa con la prenda y fui hacia fuera. Me apoyé en la pared de la calle hasta que al poco rato salió ella sonriente. Fuimos a comer a un pequeño restaurante del centro dónde comimos y bebimos muy bien, mientras hablamos de la familia, el trabajo, las compras, los rollos de ambos, de sexo.

Al terminar quise invitarla pero dijo que ese día pagaba papá, así que no protesté. Al salir del restaurante me preguntó si quería ir a su casa, dónde tenía piscina, ya que su familia estaba de crucero y no habría nadie en unos días.

Como estábamos lejos de mi casa fuimos a buscar su moto, que estaba cerca de la tienda de los bañadores. Me prestó el casco que utilizan sus amigas y me puse detrás de ella. La casa estaba un una urbanización de las afueras, así que tardamos unos veinte minutos. Durante el recorrido, y a pesar del riesgo de accidente que podía suponer, aproveché para juguetear con mis dedos en su entrepierna o acariciando sus duros pezones.

Cuando llegamos vi que por mis caricias tenía algo húmedos los finos pantalones veraniegos. Entramos en la casa como dos simples conocidos pero al cerrar la puerta la pasión regresó y rápidamente terminamos desnudos en la moqueta del salón, chupándole los pechos mientras me acariciaba todo el cuerpo. Estuvimos haciendo mil posturas en esa moqueta hasta que me recordó el tema de la piscina.

Me levanté para que me guiase hacia el patio pero antes me pidió algo curioso, que nos pusiéramos los bañadores. Me pareció algo excéntrico y curioso pero también gracioso y excitante, ya que no dudaba en quitárselo al poco rato de meterme en el agua. Y así fue, seguía pensando que ese bikini le quedaba fenomenal pero después de verla desnuda antes creía que en esa piscina había demasiada ropa a pesar de la pequeñez que caracterizaba su conjunto verde.

Una vez en el agua, nuestras pieles resbalaban con facilidad al acariciarnos y su melena oscurecida al mojarse, medio flotaba de forma que parecía una sirena de ensueño. Nos colocamos en la zona menos profunda y allí empezó la fiesta; con las dos manos agarró rápidamente mi rabo con el bañador aun puesto y los frotó hasta que se puso duro, y hasta que yo le estrujé los pechos hasta la saciedad.

Entonces le dije que ya era hora de deshacernos de los bañadores y así lo hicimos, nos los quitamos con prisas y los tiramos al agua. La llevé hacia mí y le llené la rajita con mi rabo y empecé a acariciarla toda. Después de unos minutos así, la agarré por el culito y la aparté ligeramente de mí para darle la vuelta y seguir manoseándola y disfrutando de su cuerpo mojado. Entonces le metí mi palo por detrás y ella gimió pero yo estaba drogado por su cuerpo y solo pensé en disfrutarla.

Ella, con la dificultad de su posición intentaba acariciarme y agarrarme mientras los dos nos balanceábamos levemente por el agua. Pocos minutos más tarde me corrí de lo lindo estrujándole los pechos y los dos gimiendo y recobrando el aire después del gran placer que habíamos conseguido en esa piscina que quedó con gotas de leche flotando a nuestro alrededor.

Las caricias y besos siguieron en la piscina hasta que ya no pudimos más y decidimos irnos a dormir.

Autor: FabioXXX

Me gusta / No me gusta

Quién roba a una ladrona…

Era una tarde de sábado en Enero, yo me había visto con un amigo quién debía devolverme un libro que le había prestado para estudiar. Al salir la vi a Bibiana, ella es una chica dueña de una librería a la que voy a comprar habitualmente, ella trabaja con su suegra tiene 33 años, rubia, de estatura media, un poco de pancita y cola pero apetecible sin dudas, no la conocía tanto, solo de comprar ocasionalmente.

Nos saludamos, ambos íbamos hacia la salida, me preguntó si había comprado algo, a lo que respondí que no, por lo que pregunte a ella y me dijo que tampoco, me preguntó si iba a mi casa, porque estaba con el auto y me podía llevar a lo que asentí, le pregunté que hacia en el Shopping y me dijo que había ido a ver bikinis ya que en 2 días se iba de vacaciones a la costa con su familia, pero que no había comprado ninguna. Mientras tanto llegamos hacia la puerta de su auto, luego de bajar por el pasillo, abrió la puerta y me senté, entonces ella me dijo:

-Pero te voy a confesar algo: me robé una

Yo me sorprendí y le dije que no le creía, entonces me contó, cuando estaba en el probador había mucha gente la vendedora le dio 4 modelos distintos para probar pero creyó que eran 3, que fue lo que le dijo, así que se quedó con una.

-Bueno-pregunté- pero donde la escondiste?
– No me lo vas a creer, respondió sonriendo.

A todo esto cabe aclarar que estábamos sentados frente a frente en los asientos, ella no habia encendido el motor y el garage del shopping estaba semioscuro.

-Dónde? Inquirí ya con cierta erección de mi miembro sospechando lo que vendría…
– Bajo mi bombacha, dijo sonriendo.
– No te creo, le espeté
-Bueno, me dijo, podés chequearlo vos mismo, hace mucho calor acá en el auto, me siento molesta por el sudor, porque no me ayudas –dijo mientras comenzaba lentamente a abrir las piernas- no aguanto la presión de 2 prendas, sacame la bombacha.

En ese momento mi erección se habia incremenatdo mucho pero trate de mantener mi cabeza fria, me agaché bajo su asiento, con mis 2 manos fui rozando suspiernas hasta llegar a sus caderas y comencé a bajar su prenda intima, era de color blanco, de seda, estaba bastante húmeda por el sudor, después de unos movimientos curvilineos, logre sacarla y me la quedé en la mano; mientras tanto a pesar de la penumbras en las que estabamos en el auto, pude divisar su bikini robada, era de color crema con estrellitas rosadas.

Es hermosa, le dije, yo también me la hubiera robado…y subi mis manos por sus piernas hasta tocarla,le dije que suavecita es, mientras acariciaba su bikini también algo húmeda.
-Ya que está ahí abajo creo que necesito tu ayuda, dijo sonriendo,
-Ya mismo, le contesté y comencé a darle besitos, mientras con mis dedos corria la bikini y mi indice se introducia en su vagina lentamente, rocé su clitoris con suavidad pero constantemente, a los 2 minutos enti un gemido fuerte y mi dedo comenzó a humedecerse hasta que por fin acabó, en una chorreteada enorme, no muy frecuente en las mujeres, tanto que mojó mi cara, el asiento y el piso tenían un charco y su flujo también había ensuciado bastante su bikini cremita.

– Bueno, mi amor, le dije ahora te toca pagar a vos.

Busqué en mi billetera un forro, y me lo puse rapidamente, ya que mi pija estaba a 1000, me coloque encima de ella reclinamos el asiento y la cogí un rato, no pude aguantar mucho, porque estaba muy cargado,pero también llené mi forro con una enorme cantidad de leche, mientras sus labios vaginales comprimian mi verga.

Terminamos lo nuestro, ellamed ijo que tenia que pasara buscara su hijo en un cumple, me llevó a mi casa y quedamosen repetir otro dia, nos despedimos con un cálido beso en la boca… y le robé la bombacha…que la tenia en mi bolsillo desde que se la había sacado, quién roba a un ladrón tienen 100 años de perdón…

Me gusta / No me gusta

Amelia

Amelia cerró las piernas dejando mi pene totalmente aprisionado entre sus piernas, entre el calor de su concha y la humedad de sus flujos por la excitación mi pene podía moverse a lo largo de su sexo, frotando con mi pene sus labios e imitando el movimiento de la penetración. Era una sensación indescriptible, los dos sumergidos en nuestro mundo de lujuria, rodeados de toda esa gente.

Amelia es una mujer que he conocido en mi ciudad, en la ciudad donde ahora resido. Ella es una mujer mayor que yo, tiene 36 años y yo tengo 27. Es una mujer guapa, imponente, que levanta pasiones allá por donde pasa. Todo comenzó un año en el que yo trabajaba de camarero en una piscina de la ciudad. Era una piscina municipal y allí iba bastante gente para darse sus baños, tomar sus clases de natación, leer algún libro con la música de fondo y también para tomarse alguna copa mientras el calor sofocante imponía el ritmo del verano. Amelia siempre venía con su grupo de amigas, entre las cuáles se encontraba mi jefa. Todas las tardes se juntaban en la terraza para jugar unas partidas al parchís, tomarse sus cafés, alguna que otra copa para rebajar la comida, un poco de charla y también para que sus hijos e hijas se bañaran.

Al principio la relación era muy normalita, un hola, un hasta luego, cosas de ese estilo. Pero el hecho de vernos todos los días en la piscina hizo que entre todos se hiciera una amistad muy sana y bonita. Yo al principio no me había fijado en ella para nada, puesto que era una mujer casada, mayor que yo y con una hija, aunque siempre tenía en cuenta que era muy hermosa y con un cuerpo bastante bonito. Así que cuanto más nos íbamos conociendo más me fijaba en ella, sin querer me quedaba embobado mirándola jugar con sus amigas, hablaba con ella en cuanto tenía ocasión, nos reíamos e incluso empecé a jugar con ellas en sus habituales partidas mientras que mi compañero me hacía el turno y aprovechando que no había demasiada gente a la hora que llegaban.

La chispa saltó el día que cerrábamos la piscina, puesto que todas las amigas se tomaron unas copas de más y esa alegría les hizo meterse en el agua y quitarse a todas el bikini, cosa que a todos los presentes (amigos de las mujeres y los empleados) nos hizo ponernos bastante nerviosos y excitados. Así pues, una vez que se salieron de la piscina con sus bañadores puestos otra vez, fueron detrás de todos para irnos metiendo uno por uno en el agua. Como es normal, yo no me dejé coger de primeras, para darle un poco de emoción y hacer el juego más excitante, pero en cuanto vi que ellas ya perdían el interés me dejé coger y me llevaron hasta el borde de la piscina. Justo en ese momento Amelia, sin previo aviso, saltó encima de mí, por la parte de delante y se situó con sus hermosas piernas alrededor de mi cintura, sintiendo yo el contacto de su piel en la mía y notando un ligero roce entre su sexo y el mío, cosa que hizo despertar el miembro que tenía dormido hasta ese momento. Al notar como crecía mi miembro me tiré yo rápidamente a la piscina para que ninguna de las mujeres presentes lo notase. Claro está que Amelia sí que llegó a notar ese hecho, puesto que una vez que caímos al agua se mantuvo un poco de tiempo más abrazada a mí sumergidos.

Está claro que toda esta situación debió de durar unos 5 segundos, pero me dio la sensación de que se trataba de horas. Aún cuando lo recuerdo me parece que estuve muchísimo tiempo abrazado a ella. Al final todo quedó así aquella tarde y cada uno siguió haciendo su vida como si todo aquello no hubiera pasado, pero yo tenía muy claro que eso había ocurrido y que posiblemente nunca lo podría olvidar, o por lo menos a medio plazo no lo olvidaría.

Pasaron los días y las semanas y aquello se iba quedando como un recuerdo, hasta que una noche la chispa volvió a saltar. Era un sábado noche, yo estaba con los amigos de fiesta, como casi todos los fines de semana. Iba un poco pasado de copas y la euforia me podía, por lo que estaba todo el rato bailando, charlando y divirtiéndome. Una de estas veces que me puse a bailar me di cuenta que justo de espaldas a mi estaba Amelia, vestida con una falda azul clara que le llegaba unos 7 dedos por encima de la rodilla. Una de esas faldas con vuelo, que no son ajustadas, sino que cuando bailas y das una vuelta algo rápido se ve todo, también llevaba una camisa blanca y unos zapatos de tacón. Pues bien, me acerqué a ella por la espalda haciendo como que no la había visto, y justo cuando pasé a su altura mi mano recorrió justo por la parte de arriba donde termina la falda, rozando su espalda de una manera sutil y muy suave.

Este ligero roce hizo que le corriera un escalofrío, porque inmediatamente se dio la vuelta para ver quien había hecho eso, con una cara algo descompuesta debido a la sensación y sorpresa del acto. Justo cuando se dio cuenta de que el culpable de esa agradable sensación había sido yo, esbozó una gran sonrisa a la cual no respondí con otra. Me cogió del brazo, nos dimos un par de besos y nos pusimos a charlar sobre el tiempo que llevábamos sin vernos y de la ilusión que nos hacía ese encuentro. Le pregunté por su marido y me dijo que estaba en la barra, con sus amigos tomándose unas copas y que ella estaba con sus amigas bailando un rato. Al final me despedí de ella y me a la barra donde estaban mis amigos y a pedirme otra copa.

Yo me había quedado un poco alterado por su reacción cuando le pasé la mano y la agradable conversación, cosa que hizo aflorar nuevamente todos aquellos sentimientos y sensaciones que despertó esa tarde en la piscina, así que cuando llevaba medio cubata volví a salir a la pista de baile. Tengo que decir que esa noche había mucha gente bailando debido a que eran las fiestas del barrio, por lo que me costó una barbaridad conseguir llegar hasta ella, aparte de que en ese momento estaban poniendo una de las canciones del verano y todas las mujeres salieron a bailarla. Después de un gran esfuerzo conseguí volver a ponerme detrás de ella, al principio sin hacerle caso para ver si ella se daba la vuelta y me veía, pero ella bastante tenía con esquivar los codazos y pisotones de toda la gente que bailaba. Al final, toda esa multitud hizo que quedáramos unos enfrente del otro. Nos miramos a los ojos y sin decir nada nos dejamos llevar por el movimiento de la masa de gente y empezamos a bailar. La verdad es que no hablamos nada en esos 3 minutos de canción, pero nuestros ojos estaban fijos los unos en los otros y de vez en cuando dejábamos escapar una ligera sonrisa debido a lo excitante de la situación.

En el momento en que terminó la canción una de sus amigas le trajo una copa y ella se dio la vuelta y se puso a charlar con ella. Yo no podía dejar de mirarla y estaba deseando poseerla, no sabía cuanto tiempo más podría aguantar sin tocarla. La medio borrachera que llevaba actuó por mí, así que me puse justo detrás de ella, espalda con espalda, y de forma disimula puse mi mano sobre su culo, de forma muy sutil. Tengo que decir, que en la pista de baile de esa discoteca las luces son muy tenues, por lo que no se ve muy bien dentro de la pista, lo cual no quita que se pueda ver todo si pones atención en ello.

Ella torció la cabeza para ver quien era y yo hice lo mismo para ver su reacción, pero al ver mi cara y saber que era mi mano, reculó un poco más hacia mí y siguió charlando con su amiga. Ahora tenía la mano metida entre su culo y el mío y podía notar toda su nalga en la palma de mi mano. Apreté con fuerza mi mano para agarrar esas nalgas que me volvían loco y aproveché para darme la vuelta.

Una vez en esa posición y con mi mano todavía enganchada en su mollete, mi otra mano se posó en el otro mollete de su culo. Ahora la tenía cogida de sus dos nalgas y me encontraba totalmente excitado. Esa situación de morbo de que alguien pueda llegar a descubrirte, el hecho de que su marido estuviera en la barra, la cual no podía ver por la cantidad de gente que estaba en la pista de baile y, también, el hecho de que ella me dejara hacer provocó en mi que dejara escapar mis instintos más animales. La gente seguía bailando y yo estaba ya pegado a su culo completamente. Entre su culo y yo no cabía un folio. Mi sexo estaba que se salía casi por encima del pantalón, en mi vida me había notado mi polla tan grande y gorda, parecía a punto de explotar. Así que aproveché para bajar un poco más mi mano y rozar sus muslos por la parte de atrás, notando esa piel suave y tersa, un poco húmeda por el calor de la gente. Coloqué mi miembro justo entre sus dos nalgas para que ella lo notara, ella me movió ligeramente al notar eso y creo que estuvo a punto de huir, hasta que notó como subía la mano que tenía por detrás, hasta llegar por debajo de su falta justo hasta donde empiezan sus nalgas.

Ahí ella dejó de poner la leve resistencia que me dio a entender un segundo antes. Con mis dedos intentaba encontrar el inicio de sus bragas, pero no lo encontraba, subí un poco más para ver si llegaba hasta su tanga, pero tampoco lo encontraba, así que seguí subiendo un poco más la mano hasta que mis dedos tocaron su vagina. Ella había abierto un poco sus piernas para sentir mejor mi miembro justo apoyado entre su culo y mi mano jugando en la entrada de su tesoro.

Mis dedos empezaron a pasar a lo largo de sus labios vaginales. Ella se mojaba por momentos, incluso me llegó a parecer que se estaba meando, pero era demasiado espeso para ser orina. Su amiga se había ido hacia la barra hacía un rato, pero yo me acababa de dar cuenta, y con todo lo que estaba pasando estábamos justo al lado de una viga que hay en mitad de la pista. Mi espalda chocó contra la viga y dejamos de movernos por un segundo. Yo estaba que no podía más, si no me sacaba la polla esta me iba a reventar dentro. Así que desabroché los botones de mi pantalón y saqué mi pene, siempre tapado por las faldas de Amelia. Ella notaba que yo no hacía nada, así que se pensó que todo había terminado y se disponía a andar fuera de la pista de baile, cuando yo la cogí suavemente de la cintura con la mano izquierda, mientras que con la derecha le levantaba la falda justo hasta la altura de mi polla.

Así, mientras que ella reculaba un poco debido a que yo la sujetaba, de una forma rápida puse mi pene en el hueco de sus piernas. Ella se llevó un gran susto, pues no se esperaba que yo hiciera eso, pero yo la seguía sujetando de la cintura y se abandonó a lo que pasara. Amelia cerró las piernas de repente, dejando mi pene totalmente aprisionado entre sus piernas, y entre el calor de su concha y la humedad de sus flujos por la excitación mi pene podía moverse a lo largo de su sexo, frotando con mi pene sus labios e imitando el movimiento de la penetración.

Era una sensación indescriptible, los dos sumergidos en nuestro mundo de pasión y lujuria, rodeados de toda esa gente, algunos conocidos y otros no, con la música a toda pastilla, el calor, el sexo por nuestras venas…, era un cúmulo de cosas que hacían que nos excitáramos de sobremanera. El ritmo de nuestra pseudo-penetración era cada vez más frenético, yo creía que iba a poder aguantar un par de minutos más, pero de repente ella frenó en seco, noté que se ponía muy tensa y que abría un poco las piernas como para que yo sacara de ahí mi pene, pero no me dio tiempo a reaccionar a la situación. Justo enfrente nuestro vi acercarse a su marido, con un cubata en la mano y con una borrachera bastante considerable. Debido a la cantidad de gente que había o la chispa que llevaba no se fijó demasiado en mí, más bien miró a su mujer por encima del hombro y vio mi cara detrás, pero al lado de la mía había un par de cabezas más de la gente que estaba bailando.

El marido se puso delante de ella a bailar y hacer tonterías al ritmo de la música, pero mientras que asimilaba toda la situación, me di cuenta de que yo todavía tenía mi pene entre sus piernas y que mi erección no se había bajado del todo, más bien seguía prácticamente igual que antes. Así que en ese momento, en vez de echarme hacia atrás y salir de allí, lo que hice fue todo lo contrario, empecé a moverme lentamente detrás de Amelia, restregando nuevamente mi pene con su vagina, ella tensa del todo que no sabía que hacer, al principio quieta del todo y con su cara pálida, pero al cabo de unos segundos ella empieza un ligero vaivén, siguiendo el ritmo de la música y sin perder de vista los ojos de su marido. En ese momento ella pega un par de saltitos, como siguiendo el compás de la música y justo en ese momento y debido a mi tremenda erección, cuando cae en ese segundo saltito y deja caer su peso sobre mi miembro, la cabeza de éste se entierra en su vagina. Esto hace que yo me tenga que agachar un poquito más.

Ella cuando lo nota, vuelve a dar otro pequeño saltito, no sé si para que saliera mi punta o para que entrara más, pero al estar mi miembro tan erecto y con la punta ya introducida, lo que consigue al caer otra vez es que mi miembro se introduzca mucho más y yo me tenga que agachar un poquito más. Ya no había marcha atrás, mi miembro estaba dentro de ella, su vagina lo había asimilado perfectamente al estar tan mojada por los juegos anteriores y ahora no podría de dar más saltitos.

Gracias a la viga no me caí al suelo, puesto que la sensación que estaba experimentando, ese placer tan grande que sentía casi hace que me desmaye. A cada saltito que ella daba más se metía mi pene en su vagina y más rara era mi postura. Ella dejó de saltar, se puso de puntillas y mecía su cuerpo hacia atrás y hacia delante, sin parar. Se notaba que ella estaba cerca del orgasmo, al igual que yo, porque ya no coordinaba sus movimientos y se le notaba que no iba al ritmo de la música, sino al ritmo de nuestros placeres. Su marido mientras tanto no se enteraba de nada, estaba bailando con un grupo de hombres que estaban a 3 metros de nosotros.

Yo ya no podía más, cogí a Amelia de la cintura con las dos manos con fuerza y empezamos el ritmo de meter y sacar más rápido que nunca, estábamos a punto de estallar ambos. Ella estaba con los ojos cerrados y la boca abierta, dejando escapar jadeos que eran amortiguados por el ruido que nos envolvía, pero que yo podía escuchar al estar tan pegado. Yo me encontraba prácticamente igual, ambos estábamos fuera de nosotros mismos.

En ese momento noto que ella empieza a convulsionar, a sufrir espasmos en su vagina, cosa que hace que sus labios vaginales opriman con más fuerza mi miembro y lo exprima. Ella se está corriendo y se le escapa un ligero grito, yo empiezo a correrme al mismo tiempo que ella. Noto como sus fluidos empapan mi pene y ella nota como yo la lleno de mi leche. No sé si ella soltó más o menos fluidos que yo, pero aquello era una auténtica catarata de placer. Nuestras piernas temblaban, ella se tuvo que recostar totalmente en mi cuerpo para no caerse. Yo apoyé todo mi peso en la viga para aguantar su cuerpo y el mío, ¡había sido el mejor polvo de mi vida!

Esta postura duró no más de unos minutos, hasta que ambos logramos recuperar ligeramente las fuerzas y el aliento. Cuando saqué mi miembro de su vagina una cantidad de leche y flujos de ella corrieron por sus piernas y mis pantalones. Ella se dio la vuelta, me miró a los ojos durante breves segundo, acercó su boca a mi oído y me dijo: “Gracias por lo que me has hecho, eres un cielo”.

Me dio un beso en la oreja y se fue.

Esa noche ya no la volví a ver…

Autor: Alfonso

Goza con un buen video, clica aquí. http://www.videosmarqueze.com/ y lo guardas en tu PC.

Me gusta / No me gusta

Mi prima Juani

La muy zorra, disfrutaba como loca, gemía, jadeaba, se retorcía y sobre todo gritaba, sabiendo que era la primera vez que mi primita iba a recibir una cosa así intenté hacerlo con cuidado, empecé a metérsela poco a poco, metía un poco y la sacaba para luego meterle otro poquito, hasta que llegué a notar su telita y ya ahí no hubo cuidado, de un solo golpe mandé su virginidad a la mierda.

Esto ocurrió hace ya varios años, yo tenía por aquel entonces 21 años y mi prima Juani, la niña más preciosa que yo había visto jamás, 18. Mi prima no era muy alta, 1,66 piel morena y suave, pelo negro y largo, unos ojos verdes que quitaban el sentido y el resto de su cuerpo no desmerecía para nada, tenía unos hermosos pechos grandes y tiesos, siempre mirando para el cielo, y un culito increíblemente redondo y al igual que sus pechos bien firme. Yo no soy ningún “tío bueno”, pero tampoco estoy mal, 1,76, moreno y un poquito de gimnasio.

Bien contado esto, todo pasó en un verano que mi padre tenía que trabajar todo el verano y no nos podíamos ir a la playa todos juntos como hacíamos todos los años, así que se nos ocurrió alquilar una casita en el campo con piscina y todo y pasar allí el verano. La alquilamos en una urbanización que está a unos 10 Km. de mi pueblo, era una casa grande con un gran jardín y una piscina enorme, además estaba rodeada por un huerto de naranjos con lo cual desde el jardín hasta la calle o hasta el vecino más próximo había muchos metros.

Como es normal desde que nos fuimos, todos nuestros familiares iban allí cada vez que podían a disfrutar del campo y sobre todo de la piscina, pero el momento que cambió ese verano y parte de mi vida fue cuando un mañana me llamó Juani y me dijo si podía venirse a la piscina con unas amigas. Yo le dije que sí, que yo tenía que salir pero que mi madre estaría allí.

La verdad es que esa llamada en principio no me llamó mucho la atención, pues ya que son mi prima y unas amigas, ¡que rollo! (tengo que decir que nunca me había fijado en mi prima), yo ya me disponía a marcharme cuando de repente la vi llegar, allí estaba, era increíble como había cambiado mi prima en unos pocos meses, que había sido de aquella niña del verano pasado, era increíble, esas tetas que se notaban debajo de su top y ese culito que quería reventar el short azul que traía puesto, se me acercó y me saludó muy cariñosa como siempre, pero yo estaba en otro mundo.

-¿Que te pasa primo? me preguntó, nada dije yo casi sin poder hablar, me había quedado fuera de juego, mi polla se había puesto enorme y eso me resultó raro pues era mi prima, pero joder ¡como estaba mi prima! Después me presentó a sus amigas pero ninguna le llegaba ni a la suela de los zapatos y yo me marché pues había quedado con unos amigos para comer.

La verdad es que volví pronto pues lo que había visto no me dejó de pasar por la cabeza todo el día y no tenía ganas de estar con mis amigos, solo tenía ganas de llegar a casa y hacerme una gran paja pensando en mi primita. Cuando llegué aun estaba allí mi prima y sus amigas. Por supuesto me fui directo a la piscina, estaba fuera de mí, solo quería cogerme a mi prima y no sabía cómo, gracias una pelota que había por allí empiezas a jugar y claro yo a rozarme, todo mi juego se centraba en tocar, manosear, babear a mi prima, le tocaba las tetas, el culo, le rozaba mi polla, la verdad es que creo que todo el mundo allí se dio cuenta pero como Juani no dijo nada, yo seguí a lo mío hasta que se marcharon, lo que aproveché para meterme en baño y tener la mayor y más placentera paja, de mi vida…

Mientras me la hacía solo podía pensar en mis manos tocando a mi prima y como mi polla la había rozado en varias ocasiones, fue increíble, la corrida más grande de mi vida.

A partir de aquel día la llamaba de vez en cuando, para invitarla a la piscina pero siempre tenía cosas que hacer y yo empecé a sospechar que quizás se hubiera dado cuenta y estuviera molesta conmigo y no quisiera venir. Pero un fin de semana que mis padres iban a ir al bautizo del hijo de uno de sus amigos y que aprovecharían para pasar allí los 2 días, me llamó mi tía, ella también iba al bautizo y me preguntó si no me importaría que mi prima se quedara el fin de semana conmigo allí en la parcela para que no estuviera sola en casa, a lo cual le dije que si, que me encantaría que se vinera para casa.

Pero al colgar, me entró el miedo, y si mi prima se dio cuenta y estaba molesta conmigo, y si le dice algo a sus padres para no quedarse allí, no sabía que hacer, pero cuando llegaron, yo estaba acojonado, ella se me acercó y me saludó como si nada, lo que me tranquilizó bastante. Mis padres terminaron de cargar el coche y se fueron con mis tíos para no volver hasta el domingo por la tarde.

Yo decidí intentar pasar el fin de semana como si nada hubiera ocurrido e intentar olvidar a mi prima, pero que iluso, después de enseñar a mi prima su habitación me fui a la piscina a tomar un poco el sol, al rato apareció mi prima, yo intentaba no fijarme pero joder, ese bikini que no se si se puede llamar así, pues eran 2 minúsculos chachitos de tela, que solo tapaban sus pezones y un pañuelo alrededor de su cintura eran un imán para mis ojos y sobre todo para mi polla, que estaba empezando a ponerse durísima.

Juani llegó al borde de la piscina y se puso justo enfrente de mí, de cara a la piscina y dándome a mí a ver toda su hermosa espalda, de pronto se inclinó para tocar el agua a la vez que se quitaba el pañuelo, y joder casi me corro, debajo de aquella tela solo llevaba un tanguita de hilo, Sí, mi prima estaba dándome una panorámica de su hermoso culo y yo ya no podía más iba a reventar, y de pronto caí en la cuenta, que hacía mi prima allí, ella ya se había quedado varias veces sola cuando mis padres y los suyos se iban de fin de semana y además dando aquella espectacular imagen, no me lo podía creer, y si mi prima también estuviese deseando que pasara algo más, así que me decidí averiguarlo.

-Oye Juani, le dije, te importaría que llamara a unos amigos para que se vinieran a pasar el día, su cara lo dijo todo, y cuando me dijo que lo mejor es que pasáramos el día solos, que no tenía ganas de jaleo, no me lo pude creer, era verdad- aquella hembra que llevaba ya muchos días provocándome tremendas pajas, estaba allí delante de mí, casi desnuda y con ganas de guerra, pero tenía que ir poco a poco.

Así que me tiré al agua y empecé a jugar con ella, al principio como si nada y poco a poco empecé a ir subiendo un poco el nivel, le tocaba una teta, la cogía por el culo para hacerle una ahogadilla, así hasta que me acerqué por detrás y casi se la clavó de un solo tirón, mi polla se deslizó entre sus enormes cachetes justo hasta la entrada de su coño, ella se volvió y sonrió.

-Ten cuidado con eso me dijo, que ningún gesto de reproche ni una mala cara, así que ya estaba seguro, iba a mojar y no me lo podía creer.

Seguimos jugando hasta que de pronto y “sin querer” le tiré del bikini y dejé sus pechos al aire, era maravilloso contemplar aquello, yo fingí y le pedí disculpas pero me dijo que no pasaba nada, que ella tomaba el sol así y que tampoco, yo era su primo y que no importaba que le viera las tetas, pero eso ya me había sacado de mis casillas y le dije, -Pues yo lo tomo en pelotas y si a ti no te importa que te vea las tetas a mi no me importa que me veas la polla, así que antes de que pudiera ni siquiera decir nada me saqué el bañador y dejé al aire mi polla que estaba tiesa como en pocas ocasiones.

Ella clavó su vista en mi polla, la verdad es que parecía que era la primera vez que veía una, se quedó sin aire, quizás quería aquello pero le había llegado de sorpresa y yo decidí no perder la oportunidad.

– ¿Que te pasa, es la primera vez que ves una? – Sí.- ¿Y que te parece? – No sé, es enorme, me dijo. Tampoco es que yo sea un elefante, pero tampoco está nada mal, todo hay que decirlo.- ¿Te gustaría tocarla? – Sí por favor Vale, pero mejor vayámonos para la casa que será mejor…

Yo noté que aunque ella había provocado la situación y la deseaba tanto como yo, temía que el entorno de la piscina le hiciera echarse atrás, así que decidí llevármela para dentro. Cuando entramos ella iba delante mío aunque no dejaba de mirar de reojo mi polla y yo no me lo creía, lo que hacía unos días era mi fantasía en mis sesiones de paja se estaba haciendo realidad y aun mejor, pues estaba viendo que mi primita estaba algo verde y que iba a poder hacer lo que quisiera con ella. Llegamos al salón y le dije que se sentara en el sofá, yo me acerqué lo suficiente para ponerle mi polla muy cerca de boca.

– Venga cógela que no muerde, le dije. Ella alargó la mano y me la agarró.- No así no, putita, cógela bien, aprieta que no se rompe. Parece que aquella palabra la puso a mil porque los ojos se le abrieron y me la agarró que casi me la parte, de pronto se le quitó el miedo. -Pero no te quedes así, le dije, ahora hazme una paja que me tienes loco…

Ella empezó lentamente a mover su mano de arriba abajo, cada vez un poco más rápido, aprendía muy rápido, seguía moviendo su mano mientras yo ya estaba comiéndole la boca y tocando sus tetas, que bien lo hacía, me tenía en el cielo. De repente la cogí del pelo y le dije, –Abre la boca, que te la voy a follar, al parecer la idea no le gustó mucho, pero ella estaba como loca y no era capaz de negarse a nada, me costó un poco pero al final conseguí que la abriera y mi polla empezó a entrar y salir mientras ella con su lengua jugaba con mi glande, era algo para grabar, mi prima, si la puta de mi prima me estaba haciendo una mamada impresionante, así que no tardé en vaciarme todo dentro de ella. Yo temí que le diera asco o algo pero la muy zorra se tragó casi toda mi leche y la que no pudo tragar se cayó sobre sus tetas lo que aproveché para restregarle mi polla en sus tetas.

-Ahora te toca a ti, le dije y la tumbé en el sofá, le quité el tanguita y abrí sus piernas, quedando ante mí el coñito más bonito que había visto, perfectamente depilado, eso sí dejando marcado el triangulito, la verdad como a mí me gusta. Bajé mi lengua poco a poco besando toda su pierna y cuando llegué a su cueva empecé a chuparla como nunca había chupado una, ella estaba ya totalmente empapada y seguía manando líquidos que me volvían loco, primero comía sus labios, después seguí con su clítoris, que estaba enorme y muy duro, no creo que nunca se hubiera excitado tanto, poco a poco comencé a meterle un dedo y ella empezó a jadear como una loca, después otro y otro, llegué a meterle tres dedos mientras le chupaba el clítoris, lo cual la llevó a tener varios orgasmos, uno detrás de otro.

La muy zorra, disfrutaba como loca, gemía, jadeaba, se retorcía y sobre todo gritaba, maaaassssssss, cabbbbbrrrrroooonnnnn, hazme correrme, sigue, joder me muerooooooooooooooooooo. Mi polla que ya llevaba un buen rato en pie de guerra no podía más, así que me incorporé y se la puse en la entrada, empezando a refregárselo de abajo a arriba y al revés, estaba como loca y yo ya no podía más aunque sabiendo que era la primera vez que mi primita iba a recibir una cosa así intenté hacerlo con cuidado, empecé a metérsela poco a poco, metía un poco y la sacaba para luego meterle otro poquito, hasta que llegué a notar su telita y ya ahí no hubo cuidado, de un solo golpe mandé su virginidad a la mierda y la verdad es que le tuvo que doler porque su coño se retorcía, pero yo con mi polla ya dentro de ella notaba todo esos movimientos y me la ponía aun más grande, esperé un poco y empecé a bombear, primero poco a poco y después como un loco, llevaba mucho tiempo esperando aquello.

– Puta te voy a destrozar, ábrete, ábrete. – Fóllame cabrón, parte…me… sii…gu…eee…ee…ee…

¡Que coño tiene mi prima!, que cosa más rica, yo seguía bombeando cada vez más rápido y ella empezó a tener orgasmos al igual que antes uno tras otro, era increíble, allí estaba partiendo a mi prima, follándomela por primera vez en su vida, y además era multiorgásmica. Cuando ya no podía más se la saqué y me puse en la posición del 69 y mientras le terminaba de comer el coño, el cual era el que más encharcado había visto en mi vida, comencé a llenarle otra vez su boca con todo mis jugos. Fue una de las mayores explosiones de mi vida.

Nos quedamos durante un buen rato en aquella posición, yo se la comía y ella me la comía, cuando por fin me levanté le pregunté que le había parecido, me dijo que había sido increíble, pero que se había quedado con las ganas de sentirme correrme en ella, eso me dolió bastante pero no me podía arriesgar a que se quedara embarazada, pero todo tiene solución le dije.

Como un resorte me puse otra vez a comerle el coño, pero esta vez en vez de introducirle mi dedo corazón en su coño fue mi pulgar el que se dirigió a su culo, ella dio un salto y me pidió que no, pero ya mi dedo había empezado a entrar, supongo que aunque aquello no fuera de su agrado o quizás le diese miedo, el grado de excitación que tenía y las ganas de que me corriese dentro fueron mayores y su esfínter empezó a dar de sí.

Al poco rato mi dedo entraba ya fácilmente, entonces la puse a cuatro patas y dirigí mi polla a su culo, la verdad es que me costó, entraba un poco y se salía, apretaba y nada, pero poco a poco aquello empezó a gustarle y abrirse un poco, ella me pidió que fuese con cuidado y despacito y así empecé, cuando por fin entró emprendí un movimiento lento de mete y saca, la verdad es que la presión que mi polla estaba sufriendo y la visión de mi prima a cuatro patas delante mío y sobre todo el movimiento de sus tetas que casi le daban en la cara me hicieron darme cuenta que mucho no iba a aguantar aquello, así que comencé a partirla como si fuera un animal, ella gritaba y gritaba.

– Nooo…oo, para, me haces dañooo. Para…aa, hijjo…oopu…tttaa…aa. Me vas a partirrr…rrr. Para por favoor…rrrr.

Pero yo ya no podía parar, el placer estaba siendo enorme y aquellos gritos no hacían sino dar más fuerte, la tenía bien agarrada por las caderas y tiraba hacia mí con todas mis fuerzas, de pronto aquellos gritos empezaron a cambiarse por otros.

– Nooo paress, mmáss fuerte. Sigue, me estoy corriendooo. Me corroo. Me voooyyyyy. Corrreettteeeee, cabrón. Me estás volviendo loca.

La verdad es que aquello ya fue demasiado y como un volcán volví a tener una eyaculación increíble, le llené a mi prima sus tripas con mi leche caliente mientras ella seguía gritando y teniendo orgasmos.

Todo esto continúo durante el fin de semana, pero eso es más adelante, si es que os gusta lo que os he contado.

Autor: Wasoxx

Me gusta / No me gusta

Día en la playa

Ella me dice, como veo que has perdido la virginidad conmigo yo perderé la virginidad en otro sitio, y dándose la vuelta se quita la parte de abajo y me da su culo para que se la meta, en ese momento, de una embestida se la meto hasta los huevos y empiezo un mete saca que en poco tiempo llega a un orgasmo, que decía que nadie le había llevado, y al poco tiempo me corrí dentro de su culo.

Mi nombre no importa, la historia que voy a contar ocurrió hace 14 años, mi edad ahora es de 32 entonces tenía  18, vivo en un pueblo del sur de España, y por aquel tiempo mi madre tenía una amiga de unos 35 años, ella era de 1.70 mts. Estaba como un tren, tenía un culo respingón, unos senos de la talla 95 y sin barriga, ella tenía dos hijos, y un marido que pasaba de ella.

Un día le dijo a mi madre que se iba a la playa un día de fiesta de nuestra comunidad autónoma, y le preguntó a mi madre por que no la acompañaba, y mi madre le dijo que a ellos no les gustaba la playa, yo por aquel tiempo estaba enamorado de otra de mis vecinas. Pero eso es otra historia, pues resulta que le dijo que no le gustaría irse sola, y mi madre le dijo que yo nunca había ido a la playa, y ella contestó que me fuera con ella.

El día convenido a las 8 de la mañana pasó a recogerme para poder emprender el viaje, el marido se quedó trabajando como todos los días de fiesta en un segundo trabajo.

A las 11 de la mañana llegamos a la playa, íbamos sus dos hijos, una amiga de su hija ella y yo.  Ella llevaba un bikini, que cuando la vi deseé besarla, pero me corté muchísimo, porque yo todavía era virgen, yo iba con un bañador bastante ajustado, bueno nos sentamos debajo de la sombrilla, ella se quedó fuera para ponerse morena y no paraba de mirarla, hasta que llegó una muchacha al lado nuestro, entonces  se quitó la parte de arriba, del bikini, ella me miró y se echó a reír, porque no había visto unas tetas en mi vida en carne y hueso, entonces ella me mira hacia el bulto y se ríe.

– Tenías que meterte en el agua porque te estás poniendo malito, me dice.

Yo me pongo colorado y ella me dice “no pasa nada es normal además es muy guapa”. Yo le digo que la más guapa de la playa es ella y ella se ríe, empezamos hablar mientras los niños juegan en la playa, y no puedo dejar de mirar a la muchacha que está junto a nosotros, en un momento dado dice:

– Nos vamos a jugar al agua. Yo le digo que estoy muy nervioso.  A lo que ella me responde: tranquilo.

Nos metemos en el agua y empezamos a jugar con la pelota, y ella me pregunta cómo está tu hermanito, le digo que bien aunque todavía no está relajado. Se echa a reír en esos momentos no hay mucha gente en el agua, y los niños están en la playa como a 30 mts. de nosotros, seguimos jugando y en un momento que estamos juntos peleándonos con la pelota, ella baja y como sin querer me toca mi polla, yo me quedo paralizado y ella dice, – Si, es verdad que todavía no está relajada. Yo me pongo nervioso y pregunta: -¿Qué te pasa, estamos solos y no pasa nada, no?

Escuchando esas palabras me excito más, y ella me dice: -Si me enseñas tu polla te enseño lo que quieras.  Me bajo el pantalón del bañador, y dice, -No veo nada, espera, se acerca a mí, y me coge la polla, y yo le digo que estoy muy nervioso y ella dándome un beso en los labios dice tranquilízate, no pasa nada, entonces ella se mete la cabeza en el agua y me da un beso en la punta y me chupa el glande, y al poco tiempo sale del agua, yo estoy como en el paraíso, miro a sus hijos y ellos están jugando, entonces ella se me acerca y me dice, -Mira mis pechos, y se quita la parte de arriba del bikini, y le pido si le puedo tocar su coño, y ella me dice al oído que lo está deseando.

Le meto la mano debajo del bikini y le toco el monte de Venus que tiene encima de su coño, y toco los labios y los noto muy grandes y le pregunto: -¿Y eso? ella me contesta, – De ver como mirabas a la muchacha me excitó, y cuando vi tu polla dije que me la tenía que meter en mi coño hoy, diciendo esto se acerca, me coge la polla y empieza a tocarla y a acariciarla, en un momento me acerco a ella y le  ladeo la parte de abajo del bikini, y se empieza a meter el glande, estoy en el paraíso, y ella echa la cabeza para atrás, en ese momento no aguanto más y le meto la polla de una embestida, a ella se le va un suspiro que los que estaban a 10 mts. de nosotros nos miran, a mi ya me da todo igual, le empiezo a besar locamente en la boca, y ella me da la lengua, que ganas tenía de besarla.

En ese mete saca, estoy a punto de correrme  y ella no lo nota,  y me dice, -Tranquilo que tenemos que disfrutar, en ese momento  se baja de mi polla, y se da la vuelta y me dice, -Como veo que  has perdido la virginidad conmigo yo perderé la virginidad en otro sitio, y dándose la vuelta se quita la parte de abajo y me da su culo  para que se la meta, en ese momento, de una embestida se la meto hasta los huevos y empiezo un mete saca que en poco tiempo llega a un orgasmo, que decía que nadie le había llevado, y al poco tiempo me corrí dentro de su culo, tardamos un tiempo en recuperarnos y nos acomodamos la ropa, y se acercó a mí antes de salir del agua y me dice:

-Esto tendremos que repetirlo en nuestro pueblo.

Pero eso será otro relato.

Autor: Carlos

Me gusta / No me gusta

Acampada en la costa

Manuel apoyó el glande en los labios vaginales de Raquel, con un movimiento de cadera fu entrando centímetro a centímetro en su interior, Mi mujer se mostraba en todo su apogeo, su cuerpo bien proporcionado y hermoso se estaba entregando a un hombre que podía ser su padre, Manuel fue acelerando el ritmo de sus embestidas.

La siguiente historia aconteció en agosto del año pasado, mi mujer y yo fuimos a la costa de levante a pasar unos días en la costa de acampada recordando aquellos tiempos en los que éramos aun novios y nos gustaba acampar. Como ahora ya no está permitida la acampada libre fuimos a un camping cercando a la playa, más bien a una hermosa cala situada a excasos metros. Una vez en el camping procedimos a montar nuestra vieja tienda de campaña, la cual nos traía gratos recuerdos a los dos de cuando éramos novios.

Nada más acabar con el montaje nos dirigimos a la playa a tomar el sol, la cala era preciosa y mucha gente yacía desnuda sobre el suelo, en aquel trozo de playa la mayoría de gente por no decir toda eran extranjeros que pasaban allí sus vacaciones, mientras montábamos la tienda ya nos habíamos percatado de que prácticamente nadie hablaba español, desplegamos las sillas y sombrilla y empezamos a tomar el sol, no pasó mucho tiempo cuando Raquel, mi mujer, se quitó la parte de arriba del bikini para que le tomara el sol en los pechos, ya que a buen seguro allí no conocíamos a nadie, Raquel poseía un cuerpo sensacional, era morena de piel y estaba dotada de dos buenas tetas, que nunca tenía ocasión de exhibir en la playa, la mayoría de veces por vergüenza de poder ser vista por un conocido.

A la hora de comer Raquel me mostró como le había tomado el sol en los pechos, la verdad es que los tenía más rojos que morenos pero se le iba notando que le iban cogiendo colorcillo, nada más comer ella decidió irse a la playa mientras yo dormía un poco la siesta.Nada más irse ella en la parcela de al lado llegó una pareja dentro de un taxi que llevaba un caravanning, nuestra parcela colindaba con las parcelas más grandes donde la gente acampaba con caravanning, el hombre hizo unas maniobras y orientó la caravanning hacia nuestra tienda, ya que daba al camino central, por el taxi supe que eran españoles y por la matrícula sabía que venían del interior, una vez hubo terminado de colocarlo todo se fijó en mi y vio que era español, se acercó a mi y me pidió unas herramientas, yo le di lo que tenía pues no venía tan preparado, estuvimos hablando un rato mientras le ayudaba a fijar la caravanning, los dos comentábamos como era posible que estando en España hubieran más extranjeron aquí que españoles, acabamos el trabajo y me despedí de él, cuando me dirigía a mi tienda salió su mujer, en un principio no me había fijado en ella pues no la había visto bien, pero ahora se había cambiado y llevaba un bañador que resaltaba su buen físico pese a parecer madurita.

Cogí la toalla y me dirigí a la playa donde Raquel mi mujer yacía desnuda de cintura para arriba, parecía que había perdido un poco la vergüenza, o que la ilusión por que se le pusieran los pechos morenos impedían que tuviese vergüenza, me tumbé junto a ella y empecé a tomar el sol, a los 30 minutos aproximadamente, vi como nuestros vecinos bajaban por las tablas de la cala hasta situarse a escasos metros de nosotros.

Manuel el taxista me saludó con la mano, mientras observaba el desnudo cuerpo de Raquel, no tardó mucho Raquel en decirme si quería darme un chapuzón con ella, por lo que la cogí de la mano y me dirigí con ella hacía el mar, mientras ella se acercaba a la orilla, la mayoría de hombres se fijaron en su hermoso y bien dotado cuerpo, estuvimos un buen rato en el agua, sobre todo hasta que a mi se me bajara el empalme que ella me había hecho coger en el agua, una vez salimos del agua me encontré con Manuel y su esposa de cara, habíamos estado un buen rato en el agua y a mi se me había olvidado por completo que estaban allí, pero esta vez ambos estaban completamente desnudos, Manuel me saludó de nuevo mientras yo le saludaba y presentaba a mi mujer, la ocasión tan rápida y de improvisto no había permitido a Raquel ponerse el bikini, además de no saber que había hecho amistad con esa pareja, de modo que Manuel al darle un par de besos a Raquel en la mejilla no pudo evitar que los voluminosos pechos de Raquel chocaran contra el suyo.

Raquel estaba muerta de vergüenza, pero más vergüenza le daba ir corriendo por la parte de arriba de su bikini, al darle dos besos a la mujer de Manuel que ahora sabía que se llamaba Merche tampoco pude evitar que sus pechos chocaran contra el mio ya que ella también tenía un buen volumen, una vez en nuestras toallas Raquel me dijo que nunca había pasado tanta vergüenza, a lo que yo le indiqué que no tenía porque pues no conocía a Manuel y una vez saliésemos por la puerta del camping nunca más volveráimos a verle, ella me dijo que si asintiendo con la cabeza, una vez en la toalla pude ver el espléndido cuerpo de Merche que pese a su madurez se veía en muy buen estado, yo le hechaba a Merche unos 12 años más que Raquel, sin embargo Manuel se le veía más acorde a su edad, tendría unos 45 años, su cuerpo era ancho de constitución y de brazos robustos, sin duda se había pasado toda la vida en el taxi.

Su semblante parecía rudo y un poco machista, como más tarde corroboraría, ambos estaban desnudos en la playa, el cuerpo de Merche prometía y mucho, y aunque el de Manuel no fuera tan proporcionado como el de ella y tuviera un poco de barriguilla, le colgaba un aparato que en reposo era bastante largo y grueso, cosa que me comentó Raquel cuando poco después se incorporó para decirme si no íbamos a duchar, mientras se colocaba la parte de arriba del bikini bajo la atenta mirada de Manuel, vi como se su miraba se posaba sobre el instrumento de él, quedándose mirándolo un par de segundos, luego se abrochó el bikini y recogimos los trastos, nos despedimos de nuestros vecinos y nos subimos arriba.

Una vez arriba nos duchamos y nos fuimos a visitar el pueblo y comprar unas cuantas cosas, durante el camino comentamos un poco la situación de la cala mientras los dos nos reíamos de la vergüenza, parecía que Raquel estaba un poco más tranquila, llegamos al camping por la noche y nos fuimos al bar a cenar pues carecíamos de camping gas, una vez hubimos acabado nos fuimos hacia la tienda dando un paseo, cuando íbamos a entrar dentro vimos que Manuel y su mujer estaban en una mesa fuera tomando café, nos saludaron y nos invitaron a tomar café, como no teníamos nada que hacer aceptamos la invitación. Una vez sentados en la mesa Merche nos sacó dos tazas de café, mientras lo tomábamos, fuimos hablando de multitud e temas, Raquel fue intimando cada vez más con merche mientras yo hablaba de muchos temas con Manuel, la tertulia continuó dentro de la caravanning ya que en el camping no se podía armar follón, dentro había una mesa y dos camas separadas por una cortina, estuvimos hasta las dos de la mañana, momento en el que nos fuimos a la tienda de campaña a dormir.

A la mañana siguiente Raquel se levantó un poco antes que yo aludiendo que había quedado con Merche para bajar a la playa, se colocó un minúsculo bikini y salió por la puerta de la tienda dejándome desansar, al cabo de un rato me levanté y salí de la tienda, Manuel estaba comprobando el nivel de líquidos del coche, cuando me vio me saludó y me dijo que ambas mujeres estaban en la playa tomando el sol, acabó enseguida y me invitó a tomar una cerveza en el bar, después bajamos hasta la playa donde Merche estaba desnuda y Raquel en top-less, ambas nos saludaron mientras acomodábamos las sillas de playa.

Manuel seguía mirando el espléndido cuerpo de Raquel, casi podía ser su padre, estaba claro que las diferencias entre Merche y Raquel eran palpables, el cuerpo de Raquel era excepcional, tanto de piernas, como de culo, pechos etc … Todo erguido y bien puesto, se encontraba en pleno esplendor de su cuerpo, sin embaugo el de Merche ya estaba un poco más en declive, sin duda a la edad de Raquel había sido igual o más guapa, pero sin embargo, su cuerpo respiraba madurez y tablas, pese a no poseer el mismo cuerpo de Raquel este estaba en muy buen estado, lo bastante como para excitar a cualquiera, incluido a mi.

Durante la mañana a Raquel le costó darse la vuelta y enseñar sus pechos, pues el hecho de haber conocido a alguien le daba vergüenza, conforme fue pasando la mañana fue cogiendo más naturalidad hasta el punto de deambular por ahí con sus pechos al aire, durante el almuerzo, los 4 estuvimos charrando de multitud de cosas, Excepto yo todos enseñaban algo de su anatomía, nuestros amigos yacían desnudos, mientras Raquel estaba en top-less, Manuel iba hablando poco a poco más con Raquel, mientras ella le escuchaba atenta, Merche mientras me comentaba cosas de sus hijos y vida familiar, después de almorzar nos fuimos los 4 al agua,la verdad es que Manuel y Merche traían de todo en la caravanning, pues sacaron un par de colchonetas grandes donde cabíamos los dos, nos metimos ambos en el mar con sus respectivas parejas, una vez un poco alejados de la orilla nos zambullimos y nadamos.

Como no me gusta nadar mucho me subí enseguida a la colchoneta, al poquito rato Merche se subió conmigo, ahora llevaba puesta la parte de abajo del bikini, estuvimos sentados mientras Manuel y Raquel nadaban hasta unas rocas no muy lejanas, no pasó mucho rato cuando Merche me pidió que la sacara fuera del agua pues estaba cansada de estar en el agua y se estaba mareando, nos tumbamos en la colchoneta y nadamos hacia afuera mientras avisábamos a Manuel y Raquel que nos salíamos, en ese instante ellos nadaron hacia la colchoneta que restaba, primero subió Raquel y luego Manuel, Raquel estaba boca arriba, mientras Manuel remaba hacia la orilla, en ese instante Manuel estaba a escasos 50 cm de los pechos de Raquel, una vez fuera Manuel se quedó un poco nadando, sin duda para rebajar el empalme que Raquel le había provocado.

Por la tarde quedamos para visitar un pueblo y una cala a unos kilómetros del camping, metimos los bañadores en una bolsa y salimos en el coche de Manuel, una vez llegamos a la cala, esta resultaba preciosa, por lo que decidimos, bañarnos y tomar el sol allí, Raquel comentó donde se ponía el bikini, mientras Merche le decía que allí mismo, mientras ella se quitaba la camiseta y mostraba sus pechos recogidos por el sujetador, Raquel fue después, se quitó la camiseta de tirantes y sus globos aparecieron bajo un sujetador al que le costaba recogerlos, Manuel no perdía detalle a través del espejo, luego se cambió la parte de abajo del bikini ante la atenta mirada de Manuel, que dudo que la viese del todo pues se tapó con una toalla, pasamos parte de la tarde en la playa, los 4 pese a la edad habíamos congeniado a la perfección, Raquel ya no sentía ningún pudor por exponer sus pechos a las posibles miradas de los hombres que a buen seguro la miraban, sobre todo Manuel, quien no perdía detalle de ver a Raquel, ambos reían juntos ya que Manuel era bastante bromista e intentaba siempre halagar a Raquel, lo cual a ella le vuelve loca, pues le guste que estén encima de ella esperando que necesite cualquier cosa para servirla.

Como era sábado decidimos salir por la noche a tomar un par de copas al sitio de más marcha, Raquel se puso un vestido de tirantes, estaba bastante guapa, y el canalillo del vestido acentuaban aun más sus curvas, recogimos a Merche y Manuel y salimos para el pueblo, una vez allí todo estaba abarrotado de gente, muchos de ellos extranjeros, entramos a un pub, nos sentamos a una mesa y empezamos a tomar unas copas, Raquel salió a bailar con Merche mientras nosotros hablábamos de futbol en la mesa, al ratito vino Merche aludiendo que estaba cansada, nada más llegar Merche un grupito de chicos jóvenes empezaron a bailar con Raquel, parecía que ella estaba incómoda con ellos hasta que uno se pasó de listo y le tocó el culo, yo estaba de espaldas, pero Manuel se levantó de pronto y se fue hacia la pista, en ese momento supo que algo había pasado, él cogió al chico del cuello y le dijo que se largara, luego habló con Raquel y se quedó con ella bailando, los pechos de ella chocaban contra el suyo, de vez en cuando el bajaba la vista para ver el canalillo que le hacía el vestido, luego vinieron y nos sentamos todos a la mesa.

Merche estuvo hablándome de mil cosas, me parecía una mujer increíble y madura, sin duda aquello me atraía mucho, pasamos el rato hablando mientras la mesa se llenaba de vasos vacios, al final los 4 íbamos bastante borrachos y decidimos ir al camping a tomar la última copa en el caravanning , una vez allí todo era risas, poco a poco la conversación se fue encaminado hacia el sexo, cada uno exponía su opinión, hasta que se llegó al punto culminante, nuestra juventud frente a la madurez, ambos exponíamos nuestras experiencias y opiniones, de pronto Manuel sugirió que Raquel y Merche mostrasen sus pechos para comparar su estado, ambas se rieron, mientras él parecía serio, una vez vieron que iba en serio, lo hablaron entre ellas y accedieron, sin duda por la carga de alcohol que llevaban y porque ya los teníamos muy vistas, las dos se quedaron en sujetador, el pecho de Raquel sin duda era más firme y compacto, aunque el de Merche estaba en perfecto estado aunque un poco más descolgado.

Manuel se levantó y se puso detrás de ambas mujeres, para aquel entonces los 4 estábamos expectantes de lo que él quería hacer, yo llevaba un empalme impresionante, y la situación me estaba excitando mucho, posó sus manos en la espalda de su mujer y le quitó el sujetador, sus tetas aparecieron ante la vista de todos, luego se fue hacia Raquel y le hizo lo mismo, ambos pechos salieron a la luz de todos, Raquel se dejó hacer sin decir nada, a buen seguro que si hubiera estado sobria no se hubiera dejado hacer. Luego se sentó junto a mi y estuvimos hablando del cuerpo de las mujeres y su madurez, los pechos de las chicas se apoyaban sobre la mesa, de pronto Merche saltó y dijo: i Y vosotros! ¿Qué? ¿Que pasa con vuestros aparatos?

Merche me invitó a ser el primero en quitarme los pantalones, me levanté de la mesa y me despojé de la ropa hasta quedarme desnudo, una polla de tamaño estándar salió a la luz, Raquel me guiñó el ojo y Merche se relamía mirándome el aparato, luego le tocó el turno a Manuel, se quitó la ropa y se quedó de cintura para abajo desnudo, una gruesa y larga polla apareció ante nuestra vista, se le marcaban las venas de la polla, aparte de tener la piel más curtida que la mía, sin duda en el aspecto estético se notaba que yo me cuidaba bastante más que él y que mi piel era más firme y lisa, él tenía barriguita y no se cuidaba tanto.

Raquel alucinó al ver semejante miembro, quedaba claro que los jóvenes ganábamos la partida en físico a los mayores, luego empezamos a hablar de la experiencia y las tablas que te dan la edad, Raquel y yo decíamos que la experiencia era un grado pero no lo era todo, que esas tablas se cogían enseguida, Manuel me miró y me dijo,: Tócale los pechos a ambas a ver cómo reaccionan, me costó un poco levantarme por la vergüenza pero lo hice me dirigí hacia Raquel y empecé a acariciarle los pechos mientras le besaba el cuello, aunque no me cabían los pechos en mis manos conseguí excitarla, bastante, luego hice lo mismo con Merche, sus pechos estaban más blandos y caídos, aunque tampoco me cabían en la mano, el tacto era suave, sus pezones se endurecieron bastante, de modo que me fui orgulloso a mi sitio en el momento que Manuel se iba hacia Raquel.

Empezó acariciándole la parte de las axilas y abajo del pecho, sin llegar a tocárselo, poco a poco fue subiendo las manos hasta que los recogió con sus manos, le besaba los lóbulos y el cuello, Raquel estaba gimiendo y acabó en un leve orgasmo, luego se dirigió a hacia sus pezones y se los chupó, con intensidad mientras ella cerraba los ojos. Manuel acabó con un beso en los labios de Raquel, ambas mujeres estaban semidesnudas, después de que Manuel se sentase otra vez en la mesa dijo: ¿Y bien? ¿Que os ha parecido la experiencia de un hombre maduro?

Raquel sin duda estaba muy caliente debido a Manuel quien se la había trabajado a la perfección. Luego le tocaba el turno a ellas, Merche se levantó hacia mi y con suavidad me empezó a tocar el paquete por encima del pantalón, luego con mucha tranquilidad fue bajándome la cremallera hasta que sacó mi polla, la miró con ganas y empezó a besármela, yo creía estar a punto de explotar, Merche empezó a besármela y a chupármela poco a poco, lentamente fue cogiendo ritmo, no pasaron ni dos minutos cuando no aguanté más y me corrí en su boca bajo la atenta mirada de los tres, Manuel sonrió y dijo: La experiencia es un grado, ahora le toca a Raquel, ella se incorporó de la silla y se arrodilló frente a Manuel, le bajó la bragueta y le sacó su miembro que para entonces estaba enorme.

Raquel miró el aparato con sorpresa, pues nunca había tenido otra en la mano que no fuese la mía, sin duda todo esto era nuevo para ella, poquito a poquito fue metiéndosela en la boca, el miembro de Manuel parecía crecer más aun, las venas se le marcaban y su respiración se agitaba, no llevaban más de 3 minutos, cuando él separó su boca de su polla, la incorporó y la sentó sobre la mesa, la miró a la cara y empezó a besarle la cara mientras sus manos se posaban sobre sus pechos, Raquel gemía de placer poco a poco sus manos se fueron a su entrepierna de dónde sacó sus bragas con mucha maestría, Manuel se agachó y empezó a succionarle la vagina.

Raquel gemía y cerraba los ojos mientras se entregaba a Manuel, después de dos intensos orgasmos Manuel se levantó, su polla se situó frente a la entrada de Raquel, dirigió su polla hacia ella, podía ver como se iba acercando la polla de Manuel hacia la entrada de Raquel mientras ella era una mera observadora, mi excitación aumentaba, pues nunca me hubiera imaginado que Raquel hubiera reaccionado de esa forma, Manuel apoyó el glande en los labios vaginales de Raquel, con un movimiento de cadera fu entrando centímetro a centímetro en su interior, Mi mujer se mostraba en todo su apogeo, su cuerpo bien proporcionado y hermoso se estaba entregando a un hombre que podía ser su padre, Manuel fue acelerando el ritmo de sus embestidas.

De pronto noté como Merche estaba completamente, desnuda, aunque yo no podía dejar de mirar hacia donde estaba mi esposa, ella gozaba y se aferraba con fuerza a su amante, la situación era tan excitante que estaba parado sin poder reaccionar, Merche se sentó sobre mi y noté la calentura de su interior, ella empezó a subir y a bajar sobre mí, el placer que me proporcionaba ella y la visión que me brindaba mi esposa era la experiencia más increíble que me había pasado hasta entonces.

Las tetas de Raquel se movían de un lado a otro por las embestidas que le daba Manuel, los bufidos de Manuel eran cada vez más intensos, el sudor le bajaba hasta su barriga de cuarentón, hasta que se puso rojo y por la cara de placer que ponía él y la de sorpresa que ponía ella, supe que le estaba descargando en su interior, cuando sacó su polla la vagina de mi mujer emanaba esperma que se iba depositando encima de la mesa, la visión fue demasiado para mí de modo que empecé a descargar dentro de Merche mientras ella me animaba a que siguiera corriéndome, Raquel me miró con cara de extrañada, Manuel la cogió en brazos y la llevó donde estaban las camas, una vez allí corrió la cortina y nos dejó solos a mí y a Merche.

Ambos empezamos a hablar mientras de lo ocurrido mientras que volvía a oír gemir a mi mujer, por una esquinita de la cortina veía como la polla de Manuel volvía a hundirse en su interior, Merche me habló de su marido y del éxito que tenía entre las mujeres jóvenes y maduras gracias a su aparato y a su virilidad pese a su edad, los gemidos de ambos eran patentes por lo que decidimos salir de allí e ir a mi tienda de campaña, una vez dentro hicimos el amor con más tranquilidad, Merche me enseñó un montón de cosas nuevas y me hizo gozar como nunca.

A la mañana siguiente me desperté y me fui a la caravanning, nada más entrar me encontré a Raquel en la cocina en braguitas y con una camisa grande desabrochada que sin duda era de Manuel, la saludé y empecé a hablar con ella, no llevaba dos minutos cuando él salió de detrás de la cortina llevaba ya el bañador puesto, me saludó y se fu hacia mi mujer que estaba de espaldas, preparando el desayuno, la rodeo por la cintura y la besó en el cuello, mientras a mi mujer se le escapaba una sonrisa, después dirigió sus manos a sus pechos , con rapidez levantó el sujetador y empezó a amasarlos, luego le dio la vuelta y le dijo: Nena sabes que me excita mucho verte así, la sentó sobre la pila mientras le bajaba las bragas, ella se dejaba hacer, mientras sacaba su aparato del interior.

Sin pensárselo dos veces la penetró, mientras se la follaba agarraba sus pechos con firmeza, dada la rapidez con que se la follaba no podía durar mucho de modo que sacó su miembro de dentro de ella y de su glande empezaron a manar chorros de semen que se depositaban en su pubis y pechos, una vez acabó de correrse, le dio un beso y dijo.

Voy a ver que tal está Merche. Me acerqué a ella y la vi allí sentada y con una sonrisa de oreja a oreja, toda llena de semen, que le dije que tal y ella me dijo que había sido maravilloso y que ahora me quería más, no sabía porque pero esa experiencia le había servido para valorarme aun más, con una mirada me indicó si quería penetrarla.

En un principio me lo pensé pues sabía que en su interior estaba el semen se otro sin contar su cuerpo que estaba lleno, me acerqué a ella y fue ella quien me bajó el pantalón y dirigió mi polla a su entrada, nada más penetrarla sentí que estaba caliente y pringosa por dentro, su vagina ahora era más ancha, podía notar como mi glande restregaba el semen de Manuel por su interior, de pensar eso, me fui excitando sobre manera, el semen que tenía mi mujer en el pubis iba goteando hasta depositarse en mi polla, sus tetas aun mostrabas sendas corridas, no tardé mucho en correrme dentro de ella bajo los cariñosos ánimos de mi mujer.

Autor: Internauta

Me gusta / No me gusta

La billetera

Me pidió que la penetrara. No me hice de rogar y tomándola de la cintura la suspendí en el aire. Alma me abrazó con sus piernas y apoyándola contra la pared de la ducha la culeé salvajemente. No sé cuántos orgasmos tuvo, pero si sé que, ella agradecía audiblemente el movimiento de mi pene entre sus pliegues vaginales.

Hace dos días encontré una billetera y no sé si devolverla. No, no soy un ladrón. Además no vale la pena: muy poco dinero; papeles varios; números telefónicos; algunas fotografías; identificación del dueño (es estudiante en la universidad donde Alma y yo somos profesores). Entre las fotografías hay una de una “doble, probablemente triple, penetración.” Se ven partes de cinco personas, a más de quien tomó la foto. Es esta fotografía la culpable de que no devuelva la billetera.

Probablemente la secuencia cronológica de los eventos que me han traído a la situación en que me encuentro y que narro a continuación, no sea exacta, mucho menos, completa. ¿Quién puede decir, a ciencia cierta si uno es normal o no? Yo me consideraba una persona normal, y lo digo en pasado pues ahora… o es al revés. Creo que uno considera normal las cosas que hace comúnmente y cree que les falta un tornillo a los que hacen cosas que uno nunca haría. La verdad es que los acontecimientos de los pasados meses han hecho dar varios giros a mi vida por lo que ahora no sé si lo que hago es normal o era normal antes de conocer a mis nuevos vecinos.

Nací en un hogar normal, con padres, hermanos y hermanas normales. No recuerdo exactamente cómo fue que descubrí el placer sexual, pero sí recuerdo que cuando era adolescente me hacía la paja de vez en cuando, como todo adolescente normal. Mis prácticas onanistas cesaron cuando ofrendé mi virginidad a Celinda, putita barata cuya única virtud (a más de cobrar realmente poco), era la de fingir unos orgasmos de cataclismo que ponían por las nubes mi ego de macho en ciernes. Demás está decir que con Celinda hubo sólo contacto pene-vagina, como se consideraba normal con las mujeres que ejercen la segunda profesión más antigua (la primera que menciona la historia fue la de recogedora de manzanas).

Tuve varias noviecitas, como cualquier muchacho normal, a las que nunca acaricié con intenciones sexuales pues todas eran “chicas bien” y lo normal era que uno haga eso sólo con las putas. (Aunque no lo crean, así se pensaba en mi pueblo medio siglo atrás). Estudié una carrera universitaria y me casé con una muchacha… ¿qué creen? Normal. Ahora tengo 50 años y Alma, mi esposa, tiene 42. Vivimos solos, los pichones ya volaron del nido; ambos somos profesores universitarios, a tiempo parcial, lo que nos deja mucho tiempo libre. Físicamente nos mantenemos en muy buena forma: Alma es bajita (1,60 m), y delgada, de carnes sólidas. Muy blanca de pelo claro que ya apunta algunas canas por lo que se tiñe el cabello de vez en cuando. Sus ojos son cafés, muy grandes y expresivos. Piernas muy bien torneadas, algo estrecha de caderas con un culito redondo y firme.

Sin duda su atractivo principal son sus senos, de un tamaño perfecto, muy redonditos y parados: ni el tiempo ni la maternidad han podido bajarlos de su pedestal, coronados con unos pezones rosados y sensibles que se ponen como piedra cuando se los acaricio. Realmente es muy bella, comprensiva y de una inteligencia superior. Es el amor de mi vida. Yo no soy muy alto (1,79), y aunque mi cintura exhibe unos rollitos de grasa puedo desafiar y ganar a la mayoría de jovencitos en muchas actividades físicas. Mi cabellera es escasa y canosa. En fin, no soy una belleza, pero tampoco asusto. Alma, producto de un hogar de firmes creencias religiosas, llegó virgen al matrimonio. Fui su primero y único amor. Estoy absolutamente convencido de que nunca ni siquiera se había fijado en otro hombre. Dice que nunca se ha masturbado y, conociéndola, le creo. Nuestra vida sexual era normal. Algo cargada hacia la rutina. Hemos hecho el amor en varias posiciones, pero siempre en la cama, con la luz apagada o a media luz. Nada de sexo oral. Nada de sexo anal. Nuestros besos nunca fueron más abajo del ombligo.

En nuestros primeros años de vida matrimonial, cuando la rutina tomó control de nuestro ardor, insinué varias veces hacer, sexualmente, algo fuera de lo común. Siempre me encontré con una férrea resistencia ante lo que Alma consideraba sucio o antinatural. Dejé de insistir pues, debo confesarlo, sólo era curiosidad y como lo que no conoces no te hace falta, me olvidé del asunto. Después de todo yo estaba satisfecho y nunca (a más de mis escarceos con Celinda en mis tiempos de acné), he estado con otra mujer. Claro que admiro la belleza femenina, pero no ha cruzado por mi pensamiento hacer el amor con otra persona. Claro, esto hasta que ellos se mudaron a la casa de al lado. Los antiguos dueños de la casa aledaña eran dos viejitos, un matrimonio adorable, con los que nos llevábamos muy bien. Nuestra casa y la de ellos está rodeada de una cerca lo bastante alta para impedir miradas indiscretas, pero nuestros patios no están separados. Usábamos su piscina como si fuera nuestra. Yo me encargaba de mantenerla limpia y de cortar su césped. Nos dio mucha pena cuando la pusieron en venta pues los queríamos como a abuelitos.

El día que llegó el camión de la mudanza y suponiendo que los nuevos vecinos estarían dedicados a las tareas propias de un cambio de domicilio, propuse a Alma ir a darles la bienvenida y ponernos a sus órdenes. Llevando una jarra de limonada bien fría tocamos a la puerta de atrás, como era nuestra costumbre. Nos abrió ella. Tenía un pañuelo cubriendo sus cabellos, una camisa de hombre anudada al nivel del estómago, dejando al descubierto su cintura; en su ombligo lucía una argolla; llevaba pantalones de deporte sumamente cortos y holgados que hacían resaltar lo paraditas que tenía las nalgas y la firmeza de sus muslos. Me impresionó su juventud, tanto que inicialmente creí que era la hija y no la dueña de casa; tenía 24 años. Para hacer esta diosa tomaron lo más hermoso de cada raza, sin que prevalezca ninguna y sin que se pueda decir cuál de sus perfectas facciones pertenecía a qué raza.

De estatura mediana, estimo que 1,70 m. Su piel de color bronce se tornaba dorada al reflejo de la luz. Ojos enormemente verdes y de forma almendrada lanzaban relámpagos a través de la cortina espesa de sus pestañas. Su rostro ovalado, casi redondo apuntado hacia la barbilla, recordaba las caricaturas “Manga”, como si el artista hubiese copiado sus facciones. Nariz pequeñita y respingona. Su boca, con unos labios que invitan al beso y al pecado, encierran unos minúsculos dientes de un blanco purísimo que se asoman impúdicos al balcón de las sonrisas. Su cuello largo, rodeado de un collar de cuentas, flanqueado por unas orejas perfectas donde se columpiaban unos zarcillos hechos de caracol. Su atuendo no permitía apreciar sus senos a plenitud y me impidió discernir si usaba sostén: por un lado me pareció que si, pues no era posible que fueran tan erguidos; pero por otro lado su bamboleo indicaba lo contrario. (¡Maldita camisa!). Sus piernas sumamente largas eran perfectas y parecían deslizarse sobre el piso al compás de sus ondulantes caderas.

Llamó a su esposo. Su voz de un timbre indefinido parecía salir de en medio de un orgasmo (como diría Luque: “…habla como si la tuviera adentro”). Nos presentamos, nos pusimos a las órdenes, charlamos un rato y regresamos a nuestra casa. Sin saber por qué me sentí enojado conmigo mismo. Me sentí realmente estúpido al darme cuenta cómo me había perturbado la belleza de esta muchacha. En mis clases he tenido muchas mujeres jóvenes y realmente bellas, pero nunca había perdido un ápice de mi aplomo en su presencia.

– ¿Qué te pasa? – Preguntó Alma.- Nada.- Mira que te conozco por más de 20 años y se que estás de mal humor.- Bueno, sí. Me molesta que estos muchachos se hayan mudado junto a nosotros. Seguramente habrá muchas fiestas, escándalos y música a todo volumen. – Mentí.

No quería reconocer que Mercedes (ese es su nombre), me había embrujado. Tanto así que ni siquiera me fijé en su esposo (me enteré por Alma que se llama Juan). No podía alejarla de mi mente y sentía aún su olor, que no era perfume sino un olor indefinido que no lo percibí con el olfato sino que se me pegó a los sentidos. Un par de días después coincidimos en el patio trasero.

– Qué tal, Juan, buenas tardes Mercedes.- Cómo está usted don Manuel, doña Alma.- Dijeron casi al unísono.- Por favor –dijo Alma- no nos traten de don y doña que nos hacen sentir más viejos de lo que somos.- Vieja tú -exclamé en broma. – La risa de Mercedes… ¡Coño! Es que todo en ella me encanta.

Hablamos de cosas sin importancia. Nos dejaron saber que no son muy adictos a las fiestas, que son muy tranquilos y, en cuanto a la cerca divisoria la haremos solamente si nosotros estamos interesados en ella. Realmente son encantadores: inteligentes, cultos, respetuosos y educados. Hacía mucho calor y nos invitaron a la piscina, que aseguraron que es nuestra. Aceptamos y entramos a cambiarnos a nuestros trajes de baño. Al salir ellos ya estaban chapoteando en el agua, a la que nos tiramos de cabeza. La refracción de la luz en el agua no me permitía apreciar en toda su pequeñez la minúscula tanga de Mercedes. Sus pechos, a nivel del agua, lucían como flotadores salvavidas y aquel perfume indefinible flotaba en el ambiente sublevando lo más íntimo de mis células.

Juan y yo nos situamos en una esquina de la parte baja y las mujeres en la otra, hablando de cosas sin importancia. Es difícil describir los esfuerzos que hacía por desviar mi mirada de las redondeces de Mercedes. Me extrañó la variabilidad en su voz: unas veces muy sensual y otras, especialmente si se reía, clara y cantarina como la de una adolescente.

– Mi amor –dijo Juan- ¿Nos invitas una cerveza?- Tenemos unas holandesas bien frías –Dijo Alma- Voy a traerlas.- Ya le tratas de “amor” a mi mujer –dije bromeando.- Y lo mejor es que ella contesta –bromeó a su vez Juan.- Te acompaño dijo Mercedes.

Salieron las dos del agua: Alma en su bañador de una pieza luciendo su maravillosa, delicada y madura figura; Mercedes en una tanguita que por atrás se perdía en medio de sus nalgas y por delante cubría apenas su monte de Venus. ¡Qué culo tan lindo¡ Y qué tetas… ocupaban casi toda la superficie de su torso. Me di cuenta que no necesitan un sostén para mantenerse paradas. Tienen que ser de silicón. No pueden desafiar así a la fuerza de gravedad. Tienen que ser de silicón.

Caminaron las dos hacia la casa y mis ojos se recrearon en el espectáculo de esos dos preciosos cuerpos. Menos mal que estaba en el agua por lo que pude disimular mi erección, la que no bajó por mucho rato. Luego de las cervezas las mujeres salieron del agua causando que, al ver nuevamente a Mercedes en su casi desnudez, me vuelva la erección que ese espejismo y aroma mantenían y acrecentaban. La dolorosa congestión en mis testículos, después de casi 45 minutos de erección insatisfecha y casi constante, me ayudó a poner como pretexto un agudo dolor estomacal y salir de la piscina tomándome el estómago y doblando el torso hacia delante para disimular el cañón de acero que se me formó.

Los que han tenido una erección de esa naturaleza saben de ese dolor que llega hasta los tímpanos. Los norteamericanos le llaman “blue balls” y en mi país se le dice “cólico de huevos”. No tuve que fingir el dolor, sólo hice que los demás, incluso Alma, lo crean en otro lado. Me dirigí rápidamente a casa y me encerré en el baño. ¡Volví a la adolescencia! No recordaba que haciéndose la paja uno termina tan rápido y tan violentamente: la leche me saltó hasta la cara. Debo haber emitido sonoros gemidos porque Alma, tocando a la puerta, preguntó si estaba bien. Sonaba preocupada mi mujercita querida. Abrí la puerta y le aseguré que no era nada, que sólo había tenido ganas de soltar un gas, pero que me hubiera dado mucha pena soltarlo delante de nuestros nuevos amigos.

– Ven- me dijo- Vamos a ducharnos.

Me asombró su propuesta pues nunca antes lo habíamos hecho juntos, pero sin decir palabra deslicé mi bañador hacia el piso y le ayudé a quitarse el suyo, quedando por primera vez los dos desnudos fuera de la cama y a plena luz. Sin despegar mis ojos de su espléndida desnudez, nos metimos a la ducha y nos fundimos en un beso apasionado. La sentí más caliente que nunca. Abrimos el agua mientras seguíamos abrazados y acariciándonos mutuamente. Tomó el jabón y comenzó a enjabonarme el pecho. Sentí sus manos exquisitamente suaves y resbalosas deslizarse lentamente hacia abajo. Enjabonó mis mejores partes reviviendo al dragón que no se había muerto del todo. Sus manos acariciaban mis huevos y pasaban, lentamente desde la base de mi pene hasta la punta donde, juguetonamente formó un copo de espuma. Rió divertida diciendo que parecía un helado con crema.

Creí que ya era mi turno de enjabonarla así que tomé el jabón y se lo pasé por sus sonrosados senos. Qué sensación tan fantástica sentir sus mamas escaparse resbalando de entre mis manos. Volví a abrazarla y mientras sentía en mi pecho la dureza de sus pezones le enjaboné la raya del culo acariciando la virginidad de su esfínter. Hice que se diera vuelta y desde atrás seguí enjabonando sus pechos y bajé mis manos a  lavar  su ansiado coño. Sus vellos (Alma los deja crecer salvajes), aumentaron la cantidad de espuma y volvimos a reírnos como idiotas, con esa risa nerviosa de los que están haciendo algo nuevo y prohibido, porque comentamos que dentro de pocos años sus partes estarán así, blancas de canas. Me arrodillé para jabonar sus muslos. Su culo quedaba a nivel de mi nariz, con la que rocé suavemente su parte media. Dio un salto de sorpresa y se dio la vuelta. Ahora su chochito quedaba al nivel de mi cara y le di un suave beso. No se movió y aventuré un segundo, esta vez con lengua. Aprecié por primera vez el sabor a marisco fresco que tenía entre las piernas.

Quise seguir chupando, pero ella apartó mi cabeza con suavidad y tomándome del brazo hizo que me incorporara. Tomó el jabón de mis manos y se arrodilló para lavarme las piernas. Sus manos viajaban desde el hueco de mi culo a la punta de mi verga haciendo que pegara un salto cada vez que llegaba a uno de los extremos. Mi erección quedaba junto a su cara. Abrió la boca y amagó con introducírsela, por unos breves y angustiosos instantes pensé  por fin, pero no cerró los labios y se retiró enseguida dejándome con una sensación de vacío y frustración. Sentí que mis huevos iban a reventar así que, tomándola del brazo la puse de pie. No sé dónde quedó el jabón ni me importaba: nunca habíamos estado tan excitados. Menos mal que el ruido del agua al caer ahogaba nuestros gritos, de lo contrario el vecindario entero se habría enterado de lo que estábamos haciendo.

Alma puso un pie sobre el borde de la bañera y colgándose de mi cuello me pidió que la penetrara, sorprendiéndome por segunda vez, ya que siempre adoptó una actitud pasiva. No me hice de rogar y tomándola de las corvas la suspendí en el aire. Alma me abrazó con sus piernas y apoyándola contra la pared de la ducha la culeé salvajemente. No sé cuántos orgasmos tuvo, pero si sé que, Alma agradecía audiblemente el movimiento de mi pene entre sus pliegues vaginales: tercera sorpresa de la tarde; antes me daba cuenta que llegaba al orgasmo sólo porque se le ponía carne de gallina y se le arrugaban los pezones. Yo la tenía muy dura y parada y sintiendo como ella estaba de caliente, no pude aguantarme mucho más, y luego de unos cuantos va y viene, llené su ardiente canal de leche que brotaba sin mayor esfuerzo

Quedamos abrazados fuertemente, mientras nuestros cuerpos intentaban recobrar la calma.

Autor: verropiejo

Me gusta / No me gusta

Marcelita

Fue un momento de gloria en que nos acariciábamos y disfrutaba cada centímetro de su cuerpo, nos besábamos apasionada pero torpemente, nuestros cuerpos estaban apretados y con la respiración muy agitada, lentamente comencé a abrir sus piernas y colocarme encima, su vagina estaba lubricada como nunca por lo cual comencé a penetrarla lentamente mientras movía sus caderas.

La semana pasada la invitamos a nuestra casa que tenemos en la playa a pocas horas de esta ciudad, para pasar una semana de descanso y su marido aceptó muy contento, ya que dijo necesitar unos días de relajo después de largas sesiones de trabajo que ha tenido en los últimos meses. Yo no había intentado nada con de ella desde la única vez que tuvimos relaciones, pero en cada oportunidad que nos topamos, nuestras miradas se cruzaban y los deseos afloraban solos, era cosa de paciencia, ya que tendríamos una oportunidad en cualquier momento.

Llegamos a la playa el sábado en la noche y su marido se regresaría el domingo en la tarde por trabajo pendiente y volvería el jueves en la tarde, para regresar todos, el domingo. La oportunidad estaría entre la noche del domingo y la tarde del jueves, mientras su marido no estaba, la situación era tener una oportunidad los dos solos, pero con tanto niño y mi señora ahí era muy difícil y tendría que idear la oportunidad para abordarla. El domingo en la mañana fuimos al supermercado ambas familias y entre carros y pasillos le dije mis intenciones me respondió muy seca que no, que lo pasado, pasado era y no se volvería a repetir, pero agregó que además con sus niños y mi señora era imposible, esa última sentencia me indicaba que había una oportunidad y debía aprovechar.

Pasó el domingo y el lunes, fuimos a la playa y ella en bikini tomando sol era una preciosura, la contemplaba disimuladamente y me tendí cerca de ella para poder conversar y observarla de cerca, mi señora dormía, los niños en la orilla jugando con la arena, me hice el dormido y pude observar cómo me miraba, lo cual me excitaba, levanté la cabeza y le tiré un beso, ella se agachó rápidamente y se puso a mirar para el otro lado. Tenía todas las señales de que ella accedería, pero estaba consciente que me rechazaría para aparentar que era obligada.

Llegó la noche del lunes y comenzamos a retirarnos a nuestras habitaciones, mi señora se acostó mientras yo veía TV, como a la medianoche le dije que iría a caminar ya que no tenía sueño… mi intención era ir a buscarla y salir juntos a caminar para poder estar solos. Salí al patio y le golpeé la ventana, asustada se asomó en camisa de dormir y podía imaginar su figura, lo que pensé, se negó a salir y me dijo que estaba con su hijo menor en la cama, le insistía y me cerró la ventana, en realidad estaba muy asustada a que nos pillaran.

Volví a mi dormitorio y mi señora estaba dormida, por lo cual salí nuevamente, pero en dirección a su dormitorio que estaba con la puerta cerrada, la abrí en silencio y con toda la casa obscura, me metí lentamente, me coloqué a su lado, metí la mano y la toqué, dio un salto, se sentó en la cama. Me rogó que saliera que nos pillarían, que mañana haría cualquier cosa para poder estar juntos lejos de la casa, yo no le presté atención a sus ruegos y le comencé a acariciar sus pechos sobre su camisón, luchando con sus manos que me lo impedían, pero al ver que no paraba, me dio una palmada en las manos, lo cual me molestó y las retiré, lo que aprovechó para acostarse y darme la espalda.

Yo estaba decidido y ver su figura al trasluz, me excitó, me acosté a su lado, rodeándole su pecho con mis brazos e embistiéndola con mis movimientos de cadera, así estuve por unos minutos y comenzó a ceder y respirar agitadamente. Su hijo dormía al extremo de la cama y me pidió que la dejara, ya que se podía despertar, pero su cuerpo nuevamente decía lo contrario, por lo cual lentamente comencé a sacarme los pantalones y la camisa, quedando desnudo con mi cuerpo pegado a su espalda. Ya no había vuelta atrás, esta era la oportunidad y no la perdería, le acariciaba todo su cuerpo bajo el camisón y poco a poco se fue dando vuelta y en un momento se sentó y se sacó el camisón, quedando ambos completamente desnudos.

Fue un momento de gloria en que nos acariciábamos efusivamente y disfrutaba cada centímetro de su cuerpo, la excitación era a mil, nos besábamos apasionada, pero torpemente, nuestros cuerpos estaban apretados y con la respiración muy agitada, lentamente comencé a abrir sus piernas y colocarme encima, su vagina estaba lubricada como nunca por lo cual comencé a penetrarla lentamente mientras movía sus caderas. Demoraba la penetración y me empezó a pedir que se lo metiera y en ese momento le dije:

– No tenías miedo, quizás debiéramos dejar esto aquí y olvidarnos, mira que si nos pillan sería la ruina para ambos. – Me respondió: “Dime cualquier cosa, pero de aquí no sales sin antes terminar lo que comenzaste, lo que pasa que me da miedo esta situación, pero una buena penetración me lo quita inmediatamente”.

Continué con movimientos lentos para hacerlo más durable y levantó sus piernas y me las cruzó por la espalda, luego me tomó del cuello y me dijo: ” ahora lo quiero todo adentro o te juro que ésta será tu última oportunidad de hacerlo conmigo”. Le pregunté: “¿es decir que si lo meto se repetirá nuevamente?” Respondió muy pegada al oído: “Sííí, y mañana como plazo máximo”.

Me dejé de tonteras y la embestí como un animal con una velocidad que me agotaba, pero quería terminar pronto, ya que era muy peligroso donde estábamos. Duramos menos de cinco minutos y luego de unos orgasmos múltiples, se relajó y me dio un beso apasionado y me comentó que nunca había sentido el placer como ahora y no sabía que era multi orgásmica, ya que con suerte era una vez.

Me incorporé y comencé a vestirme, me tomó de la mano y me ofreció nuevamente su cuerpo, estaba que ardía, pero era mejor dejarlo para mañana y evitar ser pillados. La besé nuevamente y salí silenciosamente y me quedé tomando aire y recuperándome en la terraza, no habían pasado 20 minutos y aparece mi señora, que se había desvelado y salió a tomar aire también.

Luego les contaré que pasó al día siguiente…

Autor: bsan56

Me gusta / No me gusta

No se como pasó

Se sienta sobre mi verga y se la mete toda y comienza a cabalgarme, la cojo de las caderas y le acaricio el culo, le chupo las tetas y los pezones y me voy al cielo, no puedo más y me corro dentro de ella, se levanta, te gusta mi culo, si mucho, pues métemela por el culo. No puedo creerlo, ya me la he tirado dos veces y ahora quiere otra más, pero con ese culo que tiene no puedo decirle que no.

Realmente no se como comenzar mi historia, es una historia muy fuerte. Todo comienza una tarde de verano muy calurosa. Tengo una compañera de trabajo que se llama Beatriz. Es pequeña, pero la verdad es que es guapa y está muy buena, a mí la verdad me da mucho morbo, siempre me hubiese gustado montármelo con ella.

Lo que nunca hubiera pensado es que eso fuera a pasar de verdad, y más ahora que se ha casado hace poco. Aquella tarde debido a un problema en nuestro trabajo tuvimos que salir una hora antes, y nos dijeron que no nos fuésemos a casa hasta que no fuera la hora oficial de salir. Entonces Beatriz me propuso algo muy inocente al principio.

-¿Qué te parece si nos vamos de compras? -¿De compras? -Sí, a las tiendas de atrás. En la zona en donde estábamos había una serie de tiendas y propuso que nos fuéramos allí.

Llegamos al cabo de un momento y nos pusimos a mirar en los escaparates. Yo al principio no me di cuenta, pero más tarde me fijé. En el reflejo de un escaparate la vi mirándome y no a lo que vendían en la tienda, al principio no le di importancia pero más tarde pude darme cuenta de que se quedaba mirando mi culo. No es por presumir pero tengo un buen trasero y con los pantalones que llevaba se me marcaba mucho. En esto que estábamos mirando otro escaparate y Beatriz va y se acerca a mí y me dice: Pero que bueno estás juanqui.

Yo me quedé a cuadros y no dije nada. En esto que al pasar por una tienda de ropa me dice: Vamos dentro por favor. Yo no sabía de que iba, entramos y me dice: ¿Me ayudas a elegir un bikini? Yo le dije que si, ¿qué podía decirle sino? Elegí uno azul muy bonito y ella se fue a probárselo, entonces me llama y me dice: Pasa y dime que tal me sienta.

Yo entré un poco nervioso y entonces la vi con el bikini puesto y me dieron ganas de echarme encima de ella, como ya os dije está buenísima y más aun con ese bikini, entonces cierra la puerta y me dice: ¿Te gusto? Yo no sabía que decir y casi sin que me oyera le dije que sí. Ella se gira y me dice, Vamos a ver si te gusta esto. Coge y me baja la bragueta y yo retrocedo y ella me dice: No, no, tranquilo. Me la saca y yo la tengo casi como el acero y ella coge y empieza a chupármela…

¡Joder que haces! Le digo, ¡Eres una mujer casada! Pero ella me dice que a su marido no le gusta que se la chupe y que yo la pongo mucho, y que deseaba hacer esto hace mucho tiempo. Yo no puedo gemir ni nada ya que en la tienda hay mucha gente y nos pueden oír. Al final acabo corriéndome en su boca y no puedo más, es fantástico.

Ella se limpia la boca y me dice que vaya a la dependienta y le pida 3 bikinis más para probarse, yo obedezco como un perrito y vuelvo en dos segundos con los bikinis, cuando entro me la encuentro sin la parte de arriba del bikini, tiene unas tetas preciosas, es un sueño verla así. Vamos, me dice, entra rápido, que ahora verás. Yo cierro la puerta y cuelgo los bikinis en la percha y me lanzo a su cuello besándola sin parar, ella gime y gime bajito sin que nos oigan. Yo estoy completamente empalmado y le doy la vuelta, ahora veras, le digo, le quito la braguita del bikini y la penetro por detrás. ¡Aahh!¡Aahh! juanqui que bien lo haces, ¡Ahhh!¡Ahhh! ¡No pares! ¡No pares!

Yo sigo y sigo intentado retrasar el orgasmo para corrernos juntos. Al final nos corremos juntos y ella me dice: como he disfrutado, mi marido no me hace esto. Ahora coge y me sienta en una silla que hay en el probador y vuelve a chupármela hasta que me la pone dura otra vez. No Beatriz no, otra vez no por favor, que estás casada, ¡A la mierda el matrimonio! Me contesta.

Entonces se sienta sobre mi verga y se la mete hasta dentro y comienza a cabalgarme, moviendo sus caderas, yo la cojo de las caderas y le acaricio el culo y le chupo las tetas y los pezones y me voy al cielo, mientras me folla no puedo parar de repetir su nombre, ¡Beatriz! ¡Beatriz! ¡Fóllame, fóllame así, cielo! ¡Aaaah! ¡Aaaah!

Al final no puedo más y me corro dentro de ella. Oye, le pregunto, con las prisas no hemos usado condón, no te preocupes uso la píldora, Ooohh vale, ella se levanta y se da la vuelta, ¿Te gusta mi culo?, si mucho, le contesto, pues ahora házmelo por detrás, métemela por el culo. No puedo creerlo, ya me la he tirado dos veces y ahora quiere otra más, pero con ese culo que tiene no puedo decirle que no.

Me levanto y me froto contra su culo y se me pone dura otra vez, la pongo las manos apoyadas en la pared y se la meto por el culo, empiezo a bombearla dentro y fuera, dentro y fuera, le agarro las tetas y no puedo parar, enseguida me corro y ella se da la vuelta y me abraza. Ha sido fantástico juanqui, que bien lo haces.

Salimos del probador y de la tienda, no ha comprado ningún bikini pero que más da, me la he tirado tres veces, ha sido el sueño de mi vida, nos despedimos hasta el día siguiente y espero que sea igual de bueno que hoy.

Espero que os haya gustado y si os ha pasado alguna vez esto, espero me lo comentéis.

Autor: Predicador1

Me gusta / No me gusta

La primera vez con mi hermana

Comencé a introducirle lentamente la cabeza de mi pene y le pregunté que si le dolía. Me susurró, que no, que podía entrar un poquito más, comencé a meter el tronco, ahí me duele, no seas brusco, comencé a sacarle la verga hasta que quedara a la mitad y me puse más crema para que no le doliera y dije, ahí te va y se la metí de un jalón mientras ella soltó un gemido de placer y dolor.

Que tal amigos, soy Carlos y mi hermana es Natalia, fue cuando yo tenía 19 años y mi hermana tenía 18 recién cumplidos, cuando ocurrió esto cabe recalcar que mi hermana tiene una buena figura, unas tetotas y un buen culo, no será una musa, pero tiene lo suyo, bueno pues, un fin de semana nos encontrábamos en Puebla que es un lugar muy bonito, mis padres decidieron ir a un hotel que no recuerdo el nombre, en fin ese día desempacamos y fuimos a nadar todos en familia, al día siguiente mi hermana y yo decidimos ir a nadar por la mañana, mientras mis padres fueron a desayunar y después fueron a un masaje.

Ese día, después de nadar como una hora, mis padres llamaron por el móvil diciendo que iban a llegar mucho más tarde, que tardarían unas 5 horas, mi hermana y yo dijimos que bien, podíamos seguir disfrutando de la alberca y yo de unas hermosas chicas que se veían muy bien, para ese entonces yo tenía las hormonas a todo y usaba un bañador que disimulaba poco por eso intentaba nadar por abajo, en fin después de 2 horas decidimos salir de la alberca y tomar el sol por otro rato, ambos sabíamos que mis padres tardarían en llegar, mi hermana se fue al cuarto mientras yo la seguía pues queríamos un poco de aire acondicionado, y el cuarto lo obsequiaba.

Al ver a mi hermana hecha toda una señorita pasaron por mi mente muchas cosas y mi pene comenzó a tener una erección demasiado grande y no podía disimular por lo que fui al baño a orinar, mi hermana también quería ir al baño, pero no la dejé pasar y al final le dije, yo paso primero y tú después, en fin pasamos los dos, ella solo quería quitarse no se que cosa que traía en el cabello mientras que yo orinaba y ella como que no quería ver, mientras que yo orinaba tenía una erección tremenda y unas ganas enormes de tener sexo con ella, y por ello intentaba llamarle la atención para que viera mi verga, hubo un momento en el que volteó, pero no dijo nada. Ella se veía excitada y curiosa, pero no lo quería disimular. Al finalizar mi acción le dije que si por favor me pasaba un pañuelo pues según yo le dije le quería quitar una gotita a mi pene, ella solo se rió y dijo tómala tú, a lo que correspondí con un Ok, y pasé mi verga sobre su calzoncito de traje de baño, ella se excitó aún más.

Le pregunté si había visto alguna vez el semen, y me dijo que no, que lo más cercano que había visto era en clase de biología y que por ende nunca había visto un pene, le dije que si quería ver uno, y me dijo rápidamente, venga, a verlo. Le dije, está bien, pero que quede entre nosotros, me respondió que si, que no había problema, que ella quería ver uno. Saqué mi verga y le dije, mira, este es el pene de un hombre y ella respondió, oye, tienes una manguerota, que si podía hacer que sacara semen a lo que le contesté que si, pero que necesitaba su ayuda y me responde que no al inicio, pero yo insistí, anda si no cooperas no va a salir, a lo que ella respondió que estaba bien, entonces mueve de arriba abajo suavemente; ella lo hizo y me corrí rápidamente, ella saltó, ¡me salpicaste! me voy a limpiar antes de que lleguen mis papás, y mientras yo me quedaba viendo su cuerpo y disfrutando de esa paja que me había hecho.

Salimos del baño y fingimos ver tele durante unos 20 minutos y le dije que si me podía poner bloqueador, que estaba en el baño, claro vamos, entonces ella me comenzó a poner bloqueador y yo me puse un poco de crema en mi pene para sobarlo pues seguía muy duro, pero ella me dijo ya Carlos deja de hacer eso, y le dije Ok, pero deja ponerte bloqueador en la espalda, entonces se recargó en una bardita que estaba frente a la regadera y se puso en pose de perrito, yo no comenté nada, solo pensé ahora o nunca y comencé a bajarle su bikini lentamente y no opuso resistencia, y comencé a introducirle lentamente la cabeza de mi pene y le pregunté que si le dolía.

Me susurró, que no, que podía entrar un poquito más, entonces comencé a meter poco a poco el tronco y me dijo, ahí me duele, no seas brusco, comencé a sacarle un poquito más la verga hasta que quedara a la mitad y me puse un poco más de crema para que no le doliera y dije, ahí te va y se la metí de un jalón mientras ella soltó un gemido de placer y dolor…

Comencé el mete saca, hasta que le dije oye ya va a salir mi semen y se lo dejé ir en todo su ano, ella me dijo ahora por enfrente, vaya sorpresa me llevé pues aún era virgen y me dijo por favor se el primero y métemelo todo,  y comencé a metérselo lentamente hasta que entró todo y me pedía más, más mientras soltaba gemidos de dolor y placer le pregunté  si le gustaba, me respondió con la cabeza que si…

Antes de volverme a correr saqué mi verga y en la taza dejé ir el semen que salió de mi pene, después de eso me dijo, deja, te la limpio y comenzó a hacerme una mamada algo mala por cierto, pero muy rica y me siguió luego, ¿oye cambiamos papeles? A lo que acepté y comencé a lamerle su conchita que estaba muy rica y rasuradita, al terminar solo le di un beso a su conchita y a su mejilla y ella hizo lo propio con mi pene.

Salí y ella se dio una ducha, al salir ella, yo hice lo propio. Al día siguiente todo fue como éramos antes, unos hermanos normales, que se molestaban y enojaban muy seguido.

Espero les haya gustado…

Autor: Carlos

Me gusta / No me gusta

Encanto de cuñada

Acerqué las manos hasta esas tetas que siempre soñé, y nos fundimos en un beso que terminó desnudándome y tirándome encima del sofá, se agachó haciéndome una fabulosa mamada y yo comiéndole el coño, acabamos con un polvo espectacular, ella es una mujer realmente experimentada y lo demuestra follando, ese verano casi todos los días encontrábamos un hueco para pasarlo bien.

Desde luego que muchos hemos tenido fantasías con nuestras cuñadas, pero esta paso de fantasía a realidad.

Hace unos meses terminamos en una casa de campo, que tenemos en las afueras de la ciudad, una piscina con lo que ya podríamos disfrutar durante todo el verano de unos baños diarios.

En uno de estos días nos acompañaron nuestros cuñados Rosa y Miguel, ambos de 39 años, nosotros somos un poco más jóvenes y nos caen 33 primaveras Rafa y Lucia, desde siempre hemos tenido una excelente relación entre los cuatro, saliendo en muchas ocasiones juntos a cenar de copas de vacaciones, etc.

Desde siempre mi cuñada le ha gustado que en ocasiones le aconseje en cuanto lo que se podía comprar o como combinar ropa y complementos.

Cuando llegaron las vacaciones nos dispusimos a irnos los cuatro a la casa de campo, aunque todos no estábamos de vacaciones, Rosa no trabaja y Lucia trabaja con su hermano Miguel en una empresa familiar, ellos además tienen un hijo de 12 años que casi siempre nos suele acompañar.

Cuando yo empecé con las vacaciones me quedaba con Rosa en el campo casi todo el día y con nosotros se quedaba su hijo, mi cuñada Rosa, a pesar de su edad, se suele cuidar bastante, tiene una altura de 1.70 prácticamente igual que yo, morena de pelo y con unas tetas que siempre me volvían loco cuando se ponía en bikini, uno de estos días decidimos ir a la ciudad de compras, para reponer comida y Rosa me dijo que le apetecía comprar algo de ropa y me pidió que la acompañara, el niño empezó a protestar y no le apetecía venirse por lo que decidimos dejarlo con unos amigos que tienen una casa cerca.

Nos dispusimos a ir de compras y la verdad que parecíamos una pareja normal y corriente tanto es así que bromeábamos en las tiendas cuando pagamos con las empleadas, la recorrida transcurrió comprando unos pantalones, un vestido, varias camisetas, algo de ropa interior, y cuando ya nos deponíamos a irnos Rosa se encaprichó de unos bikinis, pero le parecían demasiado caros y decidió dejarlos en ese momento, entré yo y le dije que se los regalaba pero que uno al menos lo elegía yo, ella aceptó y elegí uno de los más sensuales que había en la tienda, cuando ella lo vio le pareció muy atrevido pero me dijo que ese solo se lo pondría cuando no hubiera nadie en la piscina, el que ella eligió era también espectacular pero más para su edad, el que elegí yo, para que os llevéis una pequeña idea, era más de estilo caribeño en cuanto a cortito.

Nos fuimos para la casa y ya era casi mediodía, ese día ya comíamos solos ya que su hijo se quedó con los amigos, nos disponíamos a comer cuando Rosa me dice que quizás había abusado de mi toda la mañana ya que me había tenido todo el día de compras y encima le había regalado los dos bikinis y ella ni tan siquiera me había regalado nada, entonces le dije que la mejor forma de compensármelo era que todas esas cosas que se había comprado fuera yo el primero en disfrutarlas, y que me hiciera un auténtico pase de modelo, ya que aun nos quedaba un buen rato que estar solos, y que ese sería un buen regalo, ella se quedó pensativa y aceptó, pero me contestó que había una prenda que no me la podía enseñar y le respondí que esa era el auténtico regalo que yo quería, me miró con cara tentadora y me respondió que le tenía que prometer que no se lo contaría a nadie, cosa que acepté rápidamente.

Al poco rato empezó con todo lo que se había comprado hasta que llegaron los bikinis, cosa que yo estaba deseando, ya que en la tienda no la pude ver ya que no salió del probador, cuando apareció con el primer bikini estaba ya para comérsela ya que se le notaban un pezones duros y con unas tetas que eran espectaculares, en el segundo bikini, mucho más pequeño, en cuanto a la hora de tapar, solo se le ocurre ponérselo con unas zapatillas de tacón para la playa, cuando apareció no pude más que soltarle una retahíla de piropos hasta hacerle ponerse roja.

Las tetas se le notaban en su máxima expresión, y al darse la vuelta, con buena parte de su espectacular culo al aire, no pude más que ponerme cachondo y totalmente empalmado, pero aun quedaba lo mejor y aquí se hizo esperar, justo antes de salir me dijo que oscureciera un poco el salón que le daba un poco de corte, de pronto empiezo a sentir unos tacones por el pasillo y la veo aparecer a media luz, unos zapatos de vértigo para salir de noche y un conjunto de ropa interior en blanco que no me había querido enseñar antes, unas medias blancas hasta medio muslo, un liguero puesto justo para que se le notara nada de su parte central, un pequeñísimo tanga, que solo tapaba lo justo para que no se saliera ningún pelito de su maravilloso coño, y un sujetador de encaje espectacular que hacía dejar entrever sus pezones oscuros y unas tetas que jamás las había podido apreciar como hasta ahora…

-Cuñada jamás me imaginé que te pudiera ver así tan espectacular…

Me levanté hacia la ventana, para poner un poco más de luz, y llevaba un empalamiento que rápidamente mi cuñada se dio cuenta y me respondió que ya veía que me había encantado, que se notaba muy bien, y que ahora ya había visto demasiado que se iba a vestir, en ese momento se dio media vuelta y me enseñó todo su culo, que era una maravilla, no me pude aguantar más y me acerqué a ella por detrás. la agarré y empecé a besarla por el cuello, se quedó paralizada, y un escalofrío recorrió su cuerpo que dejó notar en unos pezones erectos totalmente…

Acerqué las manos hasta esas tetas, que siempre soñé, y ella se dio la vuelta, nos fundimos en un beso sin fin que terminó desnudándome y tirándome encima del sofá, se agachó haciéndome una fabulosa mamada yo le acabé correspondiendo y apartando el pequeño tanga y comiéndole el coño que tantas veces soñé comerme cuando me hacía alguna paja pensando en ella…

Acabamos follando en el sofá, un polvo espectacular, ella es una mujer realmente experimentada y lo demuestra follando, ese verano casi todos los días encontrábamos un hueco para pasarlo bien, aunque algunos días estuvo a punto de pillarnos su hijo.

Este relato es totalmente real y pedí el consentimiento de mi cuñada antes de publicarlo, que no estaba muy convencida y me llamó hace unos días para que se lo contara en su casa y tanto morbo le dio que acabamos follando, por supuesto con el conjunto de lencería blanco, solo me puso una condición, que cambiara todos los nombres, excepto el suyo, espero que cuando lo lea me vuelva a llamar e iré encantado.

Autor: serena playa

Me gusta / No me gusta

Una confesión alucinante

Empecé a entrar y salir de su chocho, espera un poco hijo, sácamela y ponte boca arriba, ella se puso a horcajadas sobre mi, me cogió la polla y la acercó a la su peludo y negro coño. Empezó a metérsela poco a poco. Sus pezones estaban erectos de excitación, y sus enormes aureolas arrugadas y de un oscuro color marrón. Como se movían sus tetas, yo las tocaba sin parar, excitándola aún más.

Es muy difícil explicar cosas privadas a las personas que no nos conocen, pero aprovechando la intimidad de la red, les contaré la alucinante historia que me ocurrió hace algún tiempo.

Yo tenía 18 años y vivía en casa con mi padre (47 años) y con mi madre (41 años). Por el hecho de ser hijo único siempre había estado algo más mimado de lo normal. Y el apego a mi madre era muy grande. Teníamos mucha confianza en todos los temas, excepto en el sexual. A pesar de que mi madre es aun joven, esos temas siempre le han resultado embarazosos, y las pocas preguntas que le había hecho me las contestaba pasando de puntillas o pidiéndome que se lo preguntara a mi padre. Pero para hablar con mi padre había que hacer una instancia. Siempre estaba en el despacho o viajando. Y cuando paraba por casa, leía un rato y luego se marchaba a dormir temprano. Esa desatención hacia mi madre fue lo que permitió lo que al final pasó.

El caso es que por mi carácter, algo retraído, pasaba mucho de mi tiempo libre en casa, y eso me brindaba muchas oportunidades de ver a mi madre en diferentes situaciones. De una forma inapreciable me empecé a fijar en ella con ojos viciosos. No se como ocurrió, pero había pasado de no notar su presencia a fijarme en mil detalles que me excitaban mucho. Mi madre es bastante alta, casi 1,80; y es muy grande toda ella. Lógicamente no es una mujer de revista, pero para quien le gusten las maduras, su cuerpo es ideal.

Tiene un culo grande y fantástico, que se mueve de locura bajo la bata de estar por casa. Unas piernas macizas, y hermosas. Unas tetas muy grandes, no sé, quizás una talla 130; siempre se ha comprado los sujetadores en tiendas especializadas. Pelo negro y abundante. En realidad por aquellos años llevaba el pelo corto, pero digo abundante porque es muy velluda. La miraba y no podía evitar el imaginar como tendría el coño. Peludito, negro y seguro que con grandes labios. Algunas mañanas que no iba a clase, me sentaba en el sofá del comedor para leer el periódico.

Entonces entraba ella para limpiar y ordenar un poco. Miraba con disimulo el movimiento de su cuerpo, cubierto solo con una ligera bata.

Cuando subía los brazos, la falda dejaba libres sus muslos, y en más de una ocasión sus bragas quedaban ligeramente a la vista. Mi polla se ponía dura, y mi mente empezaba a fantasear a mil por hora. Me apretaba la polla con disimulo y el placer me volvía loco. Entonces veía sus sobacos sin depilar, y eso aún me ponía más cachondo. Joder que buena está mi madre –pensaba-. Se agachaba a limpiar la mesita del centro y asomaban sus enormes tetas sin sujetador. Podía ver el bulto de sus pezones en la fina tela de la bata. Y ya no aguantaba más, tenía que ir a mi cuarto y hacerme una paja. El hacerlo en mi habitación con mi madre rondando por casa aumentaba el morbo.

Estar allí, subiendo y bajando mi mano por la polla cuando mi madre podría entrar en mi habitación en cualquier momento, hacía que me corriese como un loco. Un día, decidí limpiar mi corrida con una pequeña toalla de tocador de mi madre, y la dejé en el suelo, al lado de mi cama. Después me marché con el corazón acelerado pensando en lo que haría mi madre cuando encontrase la toalla llena de semen. Por la noche no hubo ningún comentario al respecto, ni mi madre actuó de forma diferente. Intuí que no se había percatado, por lo que desde ese día cuando me pajeaba, (que era muy a menudo), me limpiaba siempre con una toalla de tocador de mi madre. Así pasaron algunas semanas en las que me parecía notar que mi madre me miraba de forma diferente.

Una mañana me dijo que estaría en la terraza tomando un rato el sol, que ya calentaba lo suyo anunciando un caluroso verano. Cuando escuché que abría la puerta de la terraza, salí de mi habitación y fui al comedor para espiarla por entre las cortinas de la ventana. Me puse de rodillas y sin hacer ruido miré. Allí estaba ella extendiendo la toalla en el suelo. Colocó una almohada de esas inflables y preparó el bote de crema solar. Empezó a quitarse la bata y yo ya no podía más. Que buena estaba. La veía en bikini como tantas otras veces, pero ahora mi polla estaba dura, y me la tocaba a través del pantalón de deporte.

Estaba caliente, y cuando estoy caliente pierdo los papeles y hago cosas que en otras ocasiones serían impensables. No podía apartar la mirada del cuerpo de mi madre. Que tetas más increíbles, que grandes eran, y con unos pezones que se adivinaban gordos tras la tela del bikini. Que piernas tan deliciosamente carnosas, rematadas por un culo apetitoso, que se movía de locura. El coño abultaba mucho la braga, y eso me ponía más cachondo. Mientras miraba como se ponía el bronceador, me levanté y fui hacia la terraza, yo estaba totalmente fuera de mí. Solo notaba mi polla dura y unas fenomenales ganas de follar con mi madre. Salí a la terraza y le comenté:

– Hola mamá. Con el calor que hace no se como puedes aguantar.- Bueno, pero luego estaré bien morenita – contestó mientras se ponía el bronceador.- Si lo haces para estar más guapa, no será posible. Ya eres muy atractiva mamá, y no será fácil superarlo.- Mucho me estás alagando, bandido. Seguro que quieres algo y por eso me haces la pelota.- Que voy a querer, mamá. No seas tonta. Solo digo lo que veo y lo que siento.

Mientras estaba de pie ante ella, hablando, notaba como la polla se me estaba poniendo morcillona. Así como estaba, sentada en el suelo, se le notaba la raja del coño en el bikini. Veía las tetas moviéndose mientras se extendía la crema; por el pecho, metiendo un poco los dedos por el sujetador, por la barriga llegando a la braga, por las piernas. Parecía que se estaba acariciando. Y mi polla, que si bien no tenía una erección completa, estaba bastante dura. Estaba intentando ponerse crema en la espalda, y esa fue una buena excusa:

– Mamá, si quieres te ayudo y te pongo el bronceador en la espalda- le dije mientras me acercaba más a ella queriendo que viera el bulto que hacía mi polla.- Jaja, ya lo creo que quieres algo hijo. Toda esta amabilidad no es normal en ti. Pero lo voy a aprovechar. Venga, ponme en la espalda.

Y mientras me hablaba se puso boca a bajo. Hay estaba su culo precioso ante mí. Me arrodillé y empecé a extenderle el bronceador. Despacio, muy despacio, saboreando todas las sensaciones que sentía al acariciar su piel con mis manos. Me coloque sobre sus muslos dejando su culo ante mi abultada polla y le frotaba la espalda con las dos manos, hacia adelante y hacia atrás hasta el inicio de las bragas. Que cachondo me estaba poniendo; ahora si estaba mi polla totalmente dura, y la apretaba contra su culo, no lo hacía de forma descarada pero seguro que la estaba notando. Al cabo de un minuto:

– Venga hijo ya está. No pongas tanto esmero.

Lo dijo de forma sofocada y queriendo que lo dejara de forma inmediata. Seguro que el contacto con la dureza de mi polla la había hecho sentirse violenta. Me levanté mientras se giraba, y vi como miraba el bulto en mi pantalón de deporte. Fueron unos pocos segundos, pero me puso loco. Salí y me fui a mi habitación para hacerme una buena paja. Tumbado en la cama, con los ojos cerrados recordando lo que había visto, he imaginando como sería follarme a mi madre, subía y bajaba mi mano por mi polla; me pellizcaba un pezón, aún notaba el tacto de la piel de mi madre en mis manos y en mis piernas.

Escuché unos ruidos en el pasillo que delataban a mi madre acercándose. No sabía si iba a espiarme o si se dirigía a su cuarto, el caso es que sin dejar de masturbarme entreabrí con disimulo los ojos y vi como mi madre estaba mirando por una rendija de la puerta. Dios, eso me calentó mucho más. Estaba a punto de correrme, y me dejé llevar, no quise retrasar la corrida; quería que mi madre lo viese. Y así fue, el placer me invadió y me vino el orgasmo. No dejaba de meneármela mientras manchaba la almohada, luego mi barbilla, el pecho. La polla me palpitaba, y seguía pajeándome, ahora más despacio y pellizcándome el pezón. Y mi madre viéndome. Sin lugar a dudas, a sido la mejor paja que me he hecho en mi vida. Nunca había sentido, ni he vuelto a sentir nada parecido.

Estuve un par de días pensando en lo que había pasado, y siempre llegaba a la conclusión que buscando el momento oportuno podría seducir a mi madre. Ahora tenía que decidir como lo haría. Empecé a ser muy atento con ella, intentaba rozarla siempre que podía. Cuando coincidíamos en la cocina, mientras ella fregaba los platos, yo siempre necesitaba un vaso. Me ponía tras ella y pegándome literalmente a su cuerpo cogía el vaso de la estantería de arriba, rozando mi bragueta con su culo, notando a través de la fina tela del pantalón de mi pijama el intenso calor de su culo. A veces, casi siempre, ponía una mano en su costado, debajo de su teta, simulando esfuerzo para coger un vaso de la parte más lejana. Su teta, sin sujetador, caía sobre mi mano. Y mientras, rozaba mi polla, ya muy dura, por su culo. Un día me dijo:

– Ya está bien Andrés, (ese es mi nombre), te pones encima mío teniendo vasos limpios aquí. – No me gusta beber en vasos recién lavados. – Lo que pasa es que quieres sobarme, ya te he notado últimamente demasiado cariñoso. Y por cierto, ya quería yo hablar contigo de esto. Eres ya un hombre y hay ciertos temas que me incomoda hablarlos – me decía esto en un tono normal, no estaba nada enfadada. – Pero que temas mamá. Yo no sabía que decir. El corazón me latía a mil por hora. Había una parte de mi fuera de sí por la lujuria, y otra parte no dejaba de recordarme que era mi madre, y que desear follármela era muy fuerte.

– No sé que dices por solo coger un vaso- le contesté.- Mira Andrés, cariño, siempre vienes cuando estoy fregando, te pegas a mí. No sé, si tienes algún problema coméntamelo, porque hablar con tu padre es imposible.- No es nada mamá – no sabía que hacer.- Venga hijo. Dime lo que pasa por tu cabecita – y diciendo esto me besó suavemente en la sien. Eso fue suficiente para mí.- Es que, mamá, me gustas mucho. Eres tan bonita y tan dulce. Me encanta estar contigo. Estaría siempre a tu lado. Siempre estoy pensando en ti. Cierro los ojos y te veo. – le dije con voz suave, mientras le cogía los hombros y ponía mi cara frente a la suya. Muy, muy cerca.

Supongo que el sentirse amada y deseada hizo que se dejara llevar por la situación. Me contestó:

– Espero que cuando estás en tu cama con los ojos cerrados no pienses en mí. – ¿Por qué dices eso?- Por los regalitos que me dejas cada mañana al lado de tu cama.- me dijo mi madre.

Nuestras caras estaban muy cerca, y yo la mantenía cogida por los hombros. Aunque suavemente se los empezaba a acariciar.

– Perdona mamá. Últimamente voy más excitado de lo normal. Siento haberte disgustado.- No hay nada que disculpar Andrés. Pero al encontrar las toallas tan a menudo, me preocupé un poco.- ¿A menudo? – Le dije – ¿Encontrar una toallita cada mañana te parece mucho? Entonces más te preocuparías si supieses las veces que me limpio con papel higiénico.- Pero hijo, has de calmarte un poco. No puedes estar todos los días así.- Contigo delante, mamá, es imposible que me calme.- Andrés yo no puedo provocarte eso. Primero porque soy tu madre. Y segundo porque a mi edad no puedo gustarte.

– Mamá – le dije acercándome a ella. Casi rozando sus labios con los míos – eres tú quien me pone así. Estás preciosa. Y la besé. Atrapé sus labios, y sin poder esperar más, abrí mi boca y con mi lengua la obligué a que abriera la suya. Chupaba su lengua con desespero, abrazándola fuertemente. Empujaba el bulto de mi polla contra su coño y lo notaba blandito por su vello. Entonces me movía hacia un lado y hacia otro notando un placer alucinante. Bajé mis manos hasta poder apretar su precioso culo. Coño, que durito estaba y que gusto tocarlo. Empujado mis hombros separó sus labios. Pero continuó muy cerca de mí. Y yo seguía acariciando y apretando su culo.

– Me parece Andrés que nos estamos equivocando.- No mamá, nadie se está equivocando – le contesté intentando besarla de nuevo. Ella apartó ligeramente la cara.- Escucha hijo, esto no está bien.- yo seguía acariciando su culo. Entonces subí un mano y acaricié sus tetas. Estaba desesperado y mi mano se movía de una a la otra con rapidez. Eran muy grandes, y algo caídas como a mí me gustan. Era maravilloso sentir su peso. Pasé mi mano sobre un pezón, y lo cogí entre mis dedos y la tela de la bata. Joder, que gordo era. Se lo pellizcaba suavemente y se endurecía mucho – Dios, hijo, eso no. Por favor no me hagas eso. Ahora tenía la cabeza un poco hacia atrás y había cerrado los ojos. Yo seguía acariciando sus tetas y su culo, y entre besos le decía:

– Tú también tienes un problema y deberías habérmelo explicado mamá.- ¿Qué problema hijo? Además tu padre…- Ese es tu problema – la interrumpí – Si él no ha querido ni sabido cuidarte, yo sí quiero hacerlo. Además es casi como si estuvieras con papá. Y además yo sí sabré hacerte feliz.- No hijo, por favor – le desabroché la bata y se la quité. Solo llevaba las bragas – No hagas eso.

No la dejé continuar. Sabía que tenía que aprovechar la oportunidad, puede que fuese la única. La besé de nuevo, metiendo mi lengua en su boca y chupando su saliva. Que rica estaba. Mis manos tocaban sus tetas. Los pezones los tenía muy excitados, y las aureolas eran preciosas, grandes y oscuras; eran un sueño de tetas. Las tocaba, las besaba, las mordía, me encontraba en el paraíso. Mi madre empezó a acariciarme la espalda. Me bajé el pantalón del pijama como pude, y me apreté contra ella. Ahora mi polla estaba pegada a su coño. Y a través de sus bragas notaba lo caliente que lo tenía.

Desprendía un calor que me hacia volver loco. Me separé un poco de ella y cogiendo una de sus manos la llevé hasta mi polla. Mi madre la agarró y estuvo quieta. Solo le daba ligeros apretones, como disfrutando de su dureza. Entonces moví mis caderas un poco. Ella con la otra mano me detuvo, y empezó a hacerme una paja. Suave y lenta. Yo bajé mi mano y acaricié su coño. Metí los dedos entre el elástico y lo toqué. Era realmente peludo, y me enloquecen los coños peludos. Llegué a la entrada de su vagina. Acaricié sus labios, eran grandes, tanto que los acaricié como si fueran campanitas. Con el dedo buscaba su clítoris. Si aquí está, duro y mojado. Tenía el coño realmente mojado.

Mi madre seguía pajeándome. Una mano en mi polla y la otra acariciando mis huevos. Ella había decidido seguir hasta el final – pensaba yo.

Me puse de rodillas y le bajé las bragas mientras besaba su coño. Ella se apoyó en el mármol de la cocina. Con mi lengua golpeaba y chupaba sus labios vaginales. Metía mi lengua entre ellos hasta la entrada de su coño y subiendo un poquito lamía su clítoris. Mi madre solo suspiraba y empezaba a dejar ir ciertos quejidos. Yo seguía chupándole el coño, y le metía la lengua dentro, todo lo que podía. Mojando mi cara por sus jugos y mi saliva. Tenía el chocho empapado. Con mis dedos le tocaba el clítoris, mientras seguía metiendo la lengua dentro de ella.

– Oh, coño, joder – dijo suavemente – me estoy corriendo hijo. Estás haciendo que me corra. Que gusto, que gusto – y me apretaba el pelo.

Me puse en pie y la besé. Tenía mi cara mojada de su coño, y ella con la lengua me chupaba, y me besaba…

– Me gusta mamá. – Espera, dejame un momento – me dijo apartándome. Se arrodilló y empezó a pajearme otra vez. Tenía la boca muy cerca, notaba su respiración en mi polla. Poco a poco, con la punta de la lengua me acariciaba el capullo, cada vez más rápido, hasta que se la metió en la boca. Era increíble. Yo agarré su cabeza y ella la movía hacia delante y hacia atrás, moviendo su lengua sobre mi verga. Como me la chupaba, me estaba follando con su boca, me estaba llevando al cielo y casi me despisto, faltó muy poco:

– Para, para, mamá por favor, para un momento. – le dije – Ven.

No quería correrme todavía. Aguantaría al máximo para que cuando me corriese le pudiera dar mucha leche. Y además en recuperarme tardo un rato, no podía permitir que se enfriara. Era mi oportunidad y no la iba a dejar pasar. Quería follármela, no que solo me la chupara.

La tumbé en la mesa de la cocina y le abrí las piernas. Acariciaba su chocho. Estaba muy mojado. Empecé a chuparla de nuevo, rápidamente con cierta violencia. Mi madre con los ojos cerrados, me agarraba la cabeza.

– Sigue hijo, que gusto. Hacía ya tanto tiempo….Oh me voy a correr, joder, me voy a correr… Entonces me levanté, y acercando mi polla a su coño, se la metí. La altura de la mesa era ideal para follar. La primera sensación fue notar en la polla el tremendo calor de su vagina, y la gran presión que hacía en mi verga. Mi madre se estaba derritiendo, no se lo esperaba, y se corría. El calor de su coño era indescriptible, paré unos segundos mientras le tocaba el clítoris. No me quería correr todavía, pero cada vez aguantaba menos.

– Fóllame hijo. Siiiii… metémelaaaa… no pares…jódeme… fóllame…ooohh me voy a correr otra vez… me viene, siii, me viene… – Oh mamáaaa, que gusto. Me encanta tu coño. Me encantan tus tetas – y le mordía los tiesos pezones – Me encanta tu boca, y tu lengua y tu saliva – entonces la besaba con fuerza.

Tenía que parar, solo unos segundos. Ella me pellizcaba los pezones, mirándome a los ojos. Buscando mis expresiones. Eso me calentaba aún más. Entonces decidí no esperar más. Empecé a follármela con fuerza, besándola. Ella me dijo muy suavemente al oído:

– No me lo eches dentro cariño, sácala cuando te vayas a correr.- Oh mamá, déjame que me corra dentro… – Aaaah, Andrés… no… Aaaah, madre mía, que gusto, No…No te corras dentro. No tomo nada y me puedes preñar.- Venga mamá, déjame que te eche toda ni leche. Solo para ti, toda…No voy a aguantar mucho… – No hijo, mi amor, sácala. Más adelante si, pero ahora….no, creo que estoy ovulando y me puedes preñar….

Ya no podía aguantar más, necesitaba correrme, y sin hacer caso a mi madre me dejé llevar. Ahora solo pensaba en correrme dentro de su chocho caliente, sin importar las consecuencias

– Toma mamá, que me viene…me viene – y apretando mi polla bien dentro de su coño, me empecé a correr. Que gusto – Ooohh mama, mama, que gustoooo…toma mi leche dentro de tu coño. – Noooo, sácala Andrés…oh, cuanta leche estás soltando, me vas a preñar… Aaaah, por favor….que caliente está, mi niño…siii, me has dejado llena.

-Espera, espera mi amor, ahora no tengas prisa por salirte de mí, ya no importa. Siente como late mi coño… ¿Lo notas? Es por ti, hijo mío, me has hecho disfrutar de verdad. ¿Notas que caliente está? Me ha gustado mucho, pero escucha cariño, si te digo que te corras fuera, me has de hacer caso, solo nos faltaba que me dejaras embarazada. Si me prometes que me obedecerás te aseguro que lo pasaremos muy bien los dos. Tenemos mucho pendiente…

– Te lo prometo, te lo prometo, si, te lo prometo…- Jajaja, vale hijo…Uuhhmmm, parece que te sientes cómodo dentro de mi – me dijo al notar como mi polla estaba dura de nuevo. Esas palabras suyas y el calor de su coño fueron suficientes. Empecé a entrar y salir de su chocho – Espera un poco hijo, sácamela y túmbate en la mesa, así, ponte boca arriba.

Luego ella se puso a horcajadas sobre mi, me cogió la polla y la acercó a la entrada de su coño. Su peludo y negro coño. Empezó entonces a metérsela poco a poco. Sus pezones estaban erectos de excitación, y sus enormes aureolas arrugadas y de un oscuro color marrón. Como se movían sus tetas, yo las tocaba sin parar, excitándola aún más…

Así comenzó nuestra historia…

Salud para todos…

Autor: Andrés

Me gusta / No me gusta

En la alberca y a escondidas

Mi vagina todavía no recuperaba el tamaño que había dejado mi primer amante de ese día. Entró y salió como 10 veces y de pronto sentí  nuevamente la sensación de su miembro iba a eyacular, y otra vez apreté con fuerza, él gritó y soltó su semen dentro de mi, y creo que vació sus bolas dentro de mí, sentí como salía por mis labios menores, esta vez escurriéndose hacia mi clítoris.

Hola, me llamo Mariel, soy estudiante universitaria,  tengo 24 años y vivo en la ciudad de México,  soy muy bonita, dulce y femenina, aunque no tengo mucho busto, si tengo unas caderas anchas y un buen trasero. Quiero compartirles un relato de algo que me sucedió cuando tenía 19 años.Un fin de semana fuimos varios compañeros de la universidad a nadar a un lugar por Hidalgo donde hay albercas amplias y bonitas, con agua caliente y borbollones, desde que íbamos en el camino yo iba con mi novio jugueteando, besándonos y todo eso que podemos hacer en una camioneta, y pues echando relajo y cantando canciones.

Debo mencionar que el que era mi novio en ese tiempo, lo quería mucho y ya habíamos hecho el amor unas dos veces, entonces pues ya conocíamos nuestros cuerpos y nos queríamos mucho; pero yo sentía que necesitaba más de los 15cm. que él me ofrecía y me daba mucha pena decirle y además no tenía la confianza para decirle lo  mucho que me atraía el placer sexual.

Llegamos al lugar y pusimos  un asador y  todo eso; me fui a ponerme mi traje de baño, era bonito amarillo sin ningún dibujo, me gusta ese color pues contrasta lindo con mi piel morena, lo único malo era que no era de buena marca y si se me ponían duritos los pezones se me notarían fácilmente y ya mojado se transparentaba un poquito, pero pues dentro del agua ya nadie lo notaria (pensé).

Nos metimos a la alberca, nadamos todos, y comenzamos a jugar todas las parejas un juego que aquí en México le llamamos caballazos, este juego consiste en que las chavas nos sentamos en los hombros de los hombres ellos se paran dentro de la alberca y gana el que logre derribar a la pareja oponente, ¿lo has jugado alguna vez?, Jejeje.

Entonces sabrás que lo más rico del juego es el contacto corporal, yo sentía como mi novio me acariciaba la piernas, de pronto ponía sus manos en mis piernas acariciándome la parte interna de los muslos, eso me mojaba más que el agua misma, mi pubis se frotaba conta su cuello y yo lo apretaba más con mis piernas, eso me hacía sentir un liquido más caliente entre mis piernas que el agua misma y mira que eran agua termales, o sea calientes.

Esto me estuvo excitando, luego comenzamos a tomar un poco y yo me sentía mareada  y dentro de la alberca sentía que todo se me movía, además de que reía como loca. Entonces le dije a mi novio que fuéramos a una parte un poquito alejada de la alberca, hasta donde había una cascada, y fuimos.

Fue muy romántico, nos pusimos debajo del agua y no podíamos ni abrir los ojos, entonces así a ciegas, comenzamos a besarnos y acariciarnos, mis pezones se pusieron erectos, él me tocaba  con sus manos bajo el agua solo nos separaba la delgadilla tela de licra de nuestros trajes de baño, sentí como su miembro crecía y eso hacía que me lubricara más. Yo estaba muy excitada y comencé a sentir el deseo de ser penetrada, era como un calor, una ardor o un dolor intenso en mi conchita que exigía ser calmado con una gran inyección dentro de mí, esto aumentaba cuando comenzamos a frotarnos, yo estaba contra la pared de roca atrapada por él y su miembro que me aprisionaba y no me dejaba moverme.

El se movía como si estuviera penetrándome pero los movimientos eran muy discretos pues había gente cercana que podía mirar lo que hacíamos, era delicioso, mi  clítoris estaba tan paradito que podría verse una pequeñísima protuberancia a través de la delgada tela de mi bañador.
Entonces le dije fuerte en el oído (el ruido de la cascada no nos dejaba hablar), métemelo, lo necesito métemelo todo, entonces él me dijo, no como crees, puede vernos alguien. Eso me apagó me frustró y me enojé con él. Nos salimos de la alberca y yo estaba muy molesta, todo el placer que había sentido se había cambiado por  enojo, nos reunimos todos lo que íbamos a comer y era notorio ante todos que estábamos molestos y ya no estábamos juntos ni nada.

Para darle celos empecé a juntarme con un amigo mío… que también iba en el viaje, (me gustaba hace tiempo pero no se habían dado las cosas).  Yo veía como se enojaba y eso me alegraba más, eso le pasa por despreciar mi conchita y por pudoroso, comencé a tomar y  a bailar con mi amigo mientras mi novio ya estaba medio borracho con sus amigos y ni me hacía caso, no se si fue el alcohol o las ganas de  fastidiar a mi novio pero le dije a mi amigo que fuéramos a nadar juntos y él sí quiso.

Mi novio no hizo nada, yo creo que pensaba que lo quería demasiado para hacer algo malo, además ya ni se podía parar, entonces nos metimos a nadar y platicar y me rocé con él varias veces y  me dijo, puedo ver tus pezones a través de tu traje ¡eh! Jejejejeje y le respondí, jajajaja! Yo también veo los tuyos y  le agarré ambos pezones y se los pellizqué con fuerza, eso lo excitó y sentí su miembro crecer, y pensé… ¡wow! Esto si es una buena arma.

Eso me excitó mucho y a él también, entonces le dije que fuéramos a la cascada y accedió, allí cubiertos por el agua nos besamos y tocamos,  fue riquísimo, la idea de estar con otro hombre, que no era mi novio, me excitaba más aun, mi conchita estaba tan mojada que sentía que calentaba el agua de la alberca. Entonces yo no me iba a quedar sin sexo en esa tarde y le dije métemelo, y él, a diferencia de mi novio dijo Siii…

Entonces me recargó contra la pared de aquella cascada artificial, y sin quitarse su traje sacó su miembro, no se si era el agua pero yo lo vi del doble de tamaño que el de mi novio, lo tomé con mi mano y lo sentí tan fuerte, tan grueso, entonces sin quitarme el bikini solo lo hizo a un ladito y se asomaba mi rajita, el jugueteó un poco con mi vellos, esos vellos cortitos y delgados, suaves como un algodón, rizaditos como solo los tienes a los 19,  ya que nunca te has rasurado…

Bajó más su mano y sentí su dedo que iba hurgando lujurioso por mi rajita, hizo pequeños círculos en mi clítoris eso lo levantó, mis  pezones paraditos llamaron su atención y deslizó su mano desde mis nalgas, por mi espalda hasta llegar a mi seno, el cual mordisqueó suavecito mientras lo apretaba con fuerza por su circunferencia. Estando bajo el agua lo abracé con mis piernas y acercó su miembro; a mi me emocionó mucho, sentí su glande buscando abrirse paso entre la tela de mi bañador, como cuando un toro empuja la puerta de su prisión, solo que esta vez no para escapar si no para ser prisionero de mi muy estrecha cueva en ese entonces.

Dirigí mi mano hacia abajo y  antes de que llegara él movió bruscamente su pija y eso le abrió paso hasta el fondo, solo pude gritar un fuerte ¡ahhhhhhhhhhh! de placer, fue un momento inolvidable, sentirme flotando en el agua abrazada a él con brazos y piernas, ensartada en tan tremendo pene y sobretodo ancho miembro viril , fuerte, penetrante, empezó  a entrar y salir, mi propio peso hacía que mi clítoris rozara y se aplastara con fuerza en la base de su pene y eso me hizo tener un orgasmo, pero de pronto algo sucedió…

Una señora con sus dos hijos estaba cerca entonces, para que no se diera cuenta de lo que estaba pasando nos quedamos inmóviles, y eso fue genial, no tienes idea de lo emocionante que fue estar allí, como desnudos ante la gente, sin movernos y su pija dentro de mi,  nos seguimos besando como si fuéramos una pareja común, besándose en un parque o cualquier lugar, entonces como no se iban me acerqué y le susurré al oído, relájate ahora me toca ordeñarte.

Le dije apriétate bien fuerte contra mi, y sentía su pubis fuertemente contra el mío…, podía sentir nuestros vellos púbicos tallarse con tal fricción, lo abracé con fuerza con mis piernas y empecé a contraer mi vagina, a apretar su pene  una y otra mordida, como si mi vagina fuera un becerrito y su pene mi alimento, pude sentir como se excitaba y crecía más dentro de mi…

De pronto tuve un orgasmo y eso me hizo contraer fuertemente mi vagina, él me abrazó bien fuerte y con un grito masculino comenzó a eyacular dentro de mí, sentía la fuerza de sus contracciones, fue tan intenso que hasta imaginaba sentir las venas de su pene duras, dándole firmeza a la pija que en el fondo de mi concha bombeaba espesa leche, como estábamos inmóviles puede contar sus chorros de semen, saliendo dentro de mi, no puedo olvidarlo…

Una contracción pequeña, una mediana , luego una grande acompañada de esa sensación de líquido caliente, otra contracción igual de fuerte y más leche, otra acompañada de un gemido, ahhhhhhhhhhh,  y sentí como su leche salia por mis labios menores escurriendo hasta mi ano, para luego  diluirse por el agua, cuatro contracciones pequeñas más y sentía como se desvanecía entre mis brazos mientras recargaba su cabeza en  mi cabello, inmóvil, su piel erizada y pequeñísimas contracciones cada vez más espaciadas hasta que terminó.

Bajo mi mano, toco sus huevos y están duritos pegados al pene, como fieles bombeadores se relajan y se cuelgan de nuevo, bajo mis piernas, él se hace para atrás y saca su ya débil y semi flácido miembro, acomodamos nuestros trajes de baño, reposamos, no besamos y reímos como niños que han hecho una travesura.

Salimos de la alberca y regresamos con los compañeros, a la fogata, a cantar y convivir un rato, mi novio  me mira, seguro podía distinguir en mi rostro el placer de más de dos orgasmos en menos de una hora, le digo, oye  chiquito, acompáñame al baño ¿no?

El estaba afuera de la puerta del baño, yo me bajé el bikini y él podía ver mis pies con sandalias y bikini en el piso, se escuchaba mi orina dorada caer en el inodoro, un chorro recio, como el de una hembra que acaba de tener sexo, miré hacia el agua del inodoro y veía como mi orina se hacía espuma al chocar con el agua, esa espuma eran mis jugos y el semen de mi amigo, eso me excitó en sobremanera pensar en la leche de mi amigo pegada a las paredes de mi vagina, escurriendo lentamente como espuma en una bañera.

Abrí la puerta del baño, lo jalé adentro, cerré la puerta, le bajé su short y comencé a chupar frenéticamente su pija, los ojos de mi novio se desorbitaban, saqué su pene de mi boca, y mirando su glande, empecé a meterle mi lengua en el orificio de su pene, él se estremecía y alejaba diciendo, nononoo, me duele, pero si paraba decía, sigue, sigue por favor…

Ya lo conocía y sabiendo que pronto terminaría, tuve un deseo sucio y bajo, pensé: ¿tener leche de dos hombres dentro de mí? ¡Wooooow! Me volteé  e incliné con mi mano, dirigí su pija a mi estrecha y casi virginal conchita, entró hasta el fondo muy rápido y él me dijo, oye nena, si que te tengo a mil.

Yo le respondí, claro tigre, jajajaja, lo que él no sabía era  lo que lubricaba mi cuevita eran el semen que su amigo minutos antes había bombeado inundándome,  y que mi vagina todavía no recuperaba el tamaño que había dejado mi primer amante de ese día.

Entró y salió como 10 veces y de pronto sentí  nuevamente la sensación de su miembro iba a eyacular, y otra vez apreté con fuerza, él gritó y soltó su semen dentro de mi, y creo que vació sus bolas dentro de mí, sentí como salía por mis labios menores, esta vez escurriéndose hacia mi clítoris, pues estaba volteada, me acaricié y  nos relajamos.

Volvimos con mis compañeros y estuvimos hasta media noche en la fogata, la sensación de tener el semen de dos  hombres me mantuvo a mil toda la noche, podía sentir como escurría un poquito a  cada instante y se salía caliente de mi concha, una sensación similar a la de estar en mis días, pero esta vez salía semen de mi.

Regresamos a casa al otro dia, y como es de esperarse tuve remordimiento de conciencia, pues temía quedar embarazada, fui muy afortunada y no pasó nada, tampoco me contagiaron de nada, creo… yo solo se que han pasado 5 años de eso, y nadie puede saberlo, pero se que soy adicta al sexo, o a la leche, o no se.

Creo que tengo mucho que contarte.

Autora: Mariel – littlewetgirl

Me gusta / No me gusta

Con mi cuñada

Me pidió que le metiera porque no aguanta más, abrió sus piernas y la metí suavemente, ella gemía de placer, le dije que se ponga de cuatro, la metí despacito, mientras metía mi dedo en su culito me dijo que nunca tuvo sexo por atrás, le dije que ahora será entonces la primera vez, y me dijo que no quiere, pero como estaba tan caliente la cuñada, seguí cogiéndola por la conchita bien apretadita.

Fuimos a Floripa – Brasil en enero de 2008, mucho calor por todos lados. Fui con mi novia, estaba su hermano, su hermana, un primo de ellos, una amiga y el padre de mi novia.-

Llegamos a la playa a eso de las 10 de la mañana, cansados por el largo viaje, yo sólo quería acostarme y dormir un buen rato y tal vez a la tarde ir a la playa y nadar en el mar. Y así lo hice, me acosté un rato.-

Mi novia, su hermanita y su amiga, mi cuñado y su primo dijeron que iban a ir ya a la playa, por lo que comenzaron a cambiarse de ropa. Me dormí unas 3 horas más o menos, luego desperté y nadie estaba en la casa que habíamos alquilado. Entonces me preparé el almuerzo, y luego llegan de la playa las chicas, mi novia, con su bikini muy sexy, me abraza, su cuerpito mojado por las aguas del mar, me da un beso muy caliente y me pide que me entre a la ducha con ella.

Lógicamente no podía decir que no. Pero al mismo tiempo miro a mi cuñadita y a su amiga que estaban también con bikini y mojaditas y no pude evitar mirar las tetas de mi cuñadita que eran muy redonditas y tenía muchas ganas de apretarlas.-

Entramos a la ducha con mi novia, le saqué todo el bikini, la desnudé, comencé a tocarla, meter mi dedo en su conchita que se mojaba muy rápido, acariciaba su culito, le chupaba las tetas y ella gemía de placer, me bajo el short y comenzó a chuparme como ella sola lo sabe hacer, luego la di vuelta y la metí de cuatro, bien adentro. Estoy seguro que mi cuñadita y su amiga se habían acercado a la puerta a escuchar los gemidos de mi novia, pero no me interesó eso porque estábamos sintiendo  mucho placer con mi novia.-

A la tarde fuimos a la playa todos, yo no podía dejar de mirar las tetas de mi cuñadita, bien redonditas, con el agua del mar corriendo entre las tetas, la arena de la playa en su colita, me excitaba y ella me miraba de una forma extraña también, que sinceramente pensé que contaría a mi novia que yo la estaba mirando mucho.-

Al otro día, todos se levantaron como para ir nuevamente a la playa, yo dije que quería seguir durmiendo y que se vayan que yo iría más tarde, y seguí durmiendo.-

Luego de un rato me desperté, fui al baño a cepillarme, estaba con mi bóxer y sin remera, ya que pensaba que nadie estaba en la casa. Luego voy a la cocina a preparar mi desayuno y comienzo a desayunar. Comencé a pensar en las hermosas tetas de mi cuñadita, sus ojos grandes y negros, su cintura pequeña, y sus nalgas bien carnosas, y mi pene se comenzó a endurecer.

Luego de desayunar me levanté de la mesa, fui a llevar las cosas a la cocina, yo caminando con bóxers y mi pene semi erecto, y al dar vuelta veo que mi cuñadita estaba allí, detrás mío con su bikini puesto, esas tetas redondas, ella respirando hondo y no pude evitar mirar esas maravillosas tetas. Ella se sonrió y me dijo: “te queda muy bien el bóxer” mirando claro mi pene semi erecto.-

Yo le dije “te queda muy bien el bikini cuñadita”, y ella miró sus tetas y me dijo: “creo que otra cosa estás mirando”, y yo le respondí que sí.-

Me dijo: “te quiero mucho cuñadito lindo, vení que te quiero abrazar”, abrió los brazos y me acerqué a ella, nos abrazamos fuerte, y pude sentir esas hermosas tetas un poquito calientes en mi pecho, y sin dudar le abracé fuerte y apoyé mi pene en su cintura.-

Nos abrazamos durante un tiempo, luego no aguanté y comencé a besar su cuello, y acariciar su espalda, ella me acariciaba la espalda y respiraba fuerte, le dije que me encantan sus tetas y que me muero por acariciarlas, puso mi mano en una de sus lolas y me dijo, apretalas como quieras y comencé a jugar con sus tetas. Luego vino un rico beso muy caliente, su lengua en mi boca me excitaba, su cuerpo caliente, su respiración.-

No aguanté más, y comencé a acariciar las dos tetas, y le saqué todo el bikini, le chupé suavemente las lolas y ella gemía, metí mi dedo en su conchita y estaba demasiado mojada, le dije que me muero por probar el sabor de su conchita, ella me agarró del cabello y lo jaló hacia abajo, me puso frente a su conchita y dijo: “probá mi conchita, haceme tuya”.-

Le chupé la conchita y ella gemía y gemía, con mi dedo jugaba en su culito. Luego me dijo que quería probar mi pene, me sacó el bóxer y agarró mi pene con ambas manos y metió en su boquita y me pajeaba suavemente.

Me pidió que le metiera porque no aguanta más, abrió sus piernas y la metí suavemente, ella gemía de placer, luego la metí fuerte, rápido, como loco, ella estaba super mojada gritando de placer, le dije que se ponga de cuatro, la metí despacito y luego mas fuerte, mientras le tocaba el culito, metía despacito mi dedo en su culito, y me dijo que nunca tuvo sexo por atrás, le dije que ahora será entonces la primera vez, y me dijo que no quiere, pero como estaba tan caliente la cuñada, seguí cogiéndola por la conchita bien apretadita…

Metí todo mi dedo en su culito y le dije: “voy a meterte por el culito, ya está preparado, con mi dedo ya lo preparé, ahora vas a sentir algo un poco más grande”, y puse la cabeza de mi pene en el orificio de su culito y comencé a empujarlo despacito, ella gemía, se tocaba la conchita, metía su dedo en su conchita. Hice un poco de fuerza y la metí hasta la mitad mi pene, y ella gritó de dolor.-

Comencé a moverme despacito y ella gritaba de dolor y de placer, luego ya le metía todo hasta los huevos. Era muy apretadito el culito, por eso tuve que meterle por la conchita nuevamente, porque gritaba mucho de dolor.-

Me dijo que soy un morboso por cogerla por el culo, pero que le gusta mucho. La cogí como loco por la conchita, ella dijo que quería terminar porque está muy caliente, y comencé a lamer su conchita y meter mi lengua, y terminó en mi boca, ella gritó como puta y terminó en mi boca, luego la metí como desesperado nuevamente, hasta que no aguanté y saqué mi pija de su conchita y la metí en la boca y terminé toda mi leche en su boca, le dije que la trague toda, ella agarraba mi pija y la seguía pajeando y chupando hasta que terminé toda la leche en su boca.

Me dijo “ahora podemos ir a la playa  refrescarnos ya”.-

Autor: Perfect love

Me gusta / No me gusta

Verano del 90

Tomó el desodorante y se lo introdujo en el coño. Parecía que se lo quería tragar. Era una yegua desbocada. Cerraba los ojos y los abría para ver si yo seguía mirándola o si me corría antes que ella

Era finales de junio del 90. Yo acababa de terminar con muy buenas notas el curso de COU y estaba preparándome para el examen de selectividad de ingreso a la Universidad. Para los que lo hayáis hecho sabréis que se juega uno los cuatro años de secundaria en una prueba infernal e injusta que dura tres largos días y en la que dependiendo de la nota final de estos exámenes podrás entrar en una carrera o en otra. Yo quería entrar en ingeniería y por lo tanto necesitaba una buena calificación.

Pues esos días previos al examen no paraba de estudiar en casa, en mi habitación. Me gustaba estudiar en mi habitación porque mi ventana da a la piscina de mi casa y lo que es mejor, a la piscina y al jardín de la casa de mis vecinos.

Normalmente acostumbraba a quedarme a estudiar de noche (por culpa del intenso calor) y me levantaba a la hora de comer para seguir estudiando toda la tarde. Una verdadera angustia. Fueron quince días intensos entre los exámenes finales y el examen de selectividad. Sabía que los llevaba muy bien preparados por las notas que había sacado en el curso pero siempre hay dudas y me jugaba mucho. La tensión y los nervios me dominaban.

Yo vivía en un chalet a las afueras de la ciudad, en una urbanización selecta en la montaña, junto a una pinada. Mis padres por trabajo estaban todas las tardes fuera, y por las mañanas yo las pasaba durmiendo, así que nos veíamos sólo para la cena. Podía considerarse que me encontraba solo pues no tengo hermanos.

Mi vecina, hija de un español y una francesa mucho más joven que él, tenía 18 y también estaba estudiando el examen de selectividad. No iba a mi instituto porque estaba en uno privado femenino. De esos que llevan siempre uniforme escolar. A mí siempre me ponía cachondo su uniforme aunque era de lo más casto y lo más alejado de lo erótico, con falda en verano verde a cuadros por debajo de la rodilla y camisa blanca. Ella se llamaba Francine y estaba buenísima, como su madre, una verdadera diosa que no llegaba a los cuarenta años y tenía el honor de haberle dedicado el mayor número de mis pajas juveniles. Era la mujer de mis sueños, de mis sueños húmedos, claro. Os hablaré de ella.

Esta mujer era rubia, de 1,70 de altura aproximadamente, debía tener 38 años por entonces y unos pechos no muy grandes, más bien pequeños pero de los que siempre apuntan hacia delante porque no conocen el efecto de la gravedad. A mí me ponía a cien con su acentillo medio francés medio español y por su manera de tratarme. Desde siempre me trataba muy cariñosamente, creo que porque nunca tuvo un hijo, sólo a Francine, y al ser de la misma edad que ella conmigo se comportaba siempre como una madre.

De niño como que no me daba cuenta, pero uno llega a una edad en la que todo esto empieza a cambiar y a mirar de otra manera a las mujeres, sobre todo a este tipo de mujeres, las auténticas diosas…

Tenía un cuerpo trabajado en el gimnasio con una cintura perfecta y un culo durísimo y levantado. Todas las tardes tomaba el sol en su piscina, en topless, pues era muy blanca de piel, con pequitas rosas por todo el cuerpo y siempre, siempre, con tanga. Ese no era el problema porque realmente uno acaba acostumbrándose a fuerza de verla todas las tardes todos los veranos desde niño. La podía ver perfectamente todas las tardes desde mi ventana. El problema era cuando se acercaba a hablar conmigo de cualquier cosa de vecinos y no se vestía. Yo desde lejos podía controlar mis sensaciones, pero de cerca, enfrente de mí y con ese susurro afrancesado de voz que tenía a mí me ponía a mil. No lo podía aguantar. Me alteraba todo el cuerpo. Era preguntarme o decirme cualquier cosa desde el otro lado de la valla que dividía nuestro jardín y ya me provocaba una tremenda erección que se marcaba sobremanera en mi bañador mojado.

Esos pechos con sus preciosos pezones de punta, oscuros y desafiantes sobre su piel rosada, más largos que anchos, empapados de sudor, que me miraban desafiantes a 50 centímetros de mi cuerpo y yo sin poder hacer nada, excepto observarlos furtivamente. Su pelo mojado destilando pequeñas gotas sobre sus hombros que luego resbalaban ligeras y atrevidas sobre sus pechos o por sus brazos o espalda; el tanga minúsculo que sólo era un finísima tela húmeda que intentaba esconder tal vez unos pocos pelos rizados y duros que se marcaban sobre la tela y se divertían caracoleando sobre su pubis y su sexo…

Ese culo, respingón, que estaba al aire sólo oculto con unas pequeñas tiras de hilo del tanga; y sus ojos, sus ojos eran azules muy claros y rasgados, que resaltaban con el color oscuro de sus pupilas; su boca grande, muy grande, con una amplia y generosa sonrisa que nunca evitaba… Lo que os digo, una mujer esculpida por los dioses, la Eva del fruto prohibido, la Pandora griega liberando de su ánfora la lujuria, el deseo, la vanidad, era todo eso para mí.

Yo siempre intentaba mirarle directamente a los ojos y aguantar su mirada cuando hablaba conmigo, pero era imposible. Me ponía tan nervioso delante de ella en esas circunstancias que no sabía qué decir, no era capaz de hilar dos palabras coherentes seguidas, debía pensar que yo era tonto o algo así. Yo sé que ella lo notaba pero no decía nada. Sólo sonreía, bendita sonrisa, y me hacía alguna caricia en la cara de vez en cuando; o algún beso en la mejilla, con ternura, ya os digo, como si fuera su mismo hijo. Cada vez que ocurría tenía que irme rápidamente a masturbarme, había veces que no llegaba ni al baño y directamente me escondía en algún rincón del jardín, donde no pudiera verme, y allí me la terminaba de cascar.

Su marido se llamaba Paco, un empresario que tenía mucho dinero, y era al menos 10 años mayor que ella. Llevaba negocios de todo tipo y viajaba muy a menudo. Era un hombre con una cara de felicidad constante, claro, con esas dos mujeres en su casa y una de ellas todas las noches a su disposición… qué envidia tenía de este hombre. Pero bueno, era muy amigo de mi padre y pasaba muchas horas en mi casa y a mí en el fondo me caía bien, aunque deseaba en todo momento estar en su cuerpo, en su vida, ser yo mismo. Para gozar de su mujer en todo momento, de mi amor verdadero y platónico.

Me olvidaba contaros que Francine, su hija, no desmerecía nada a la madre, eran como dos gotas de agua, aunque realmente a mí me daba morbo la madre al ser mi amor de juventud, la mujer madura referencia de mi pubertad. Ella era guapísima, por supuesto sin acento francés y un poco más morena de piel, sin pecas pero de pelo rubio casi anaranjado. Jugábamos desde pequeños con el mismo grupo de amigos de la urbanización en la que vivíamos todo el año. Sobre todo los fines de semana. Desde niña venía mucho a mi casa a jugar con la consola de juegos y salíamos en bici todos los días. Si no estaba en mi casa era yo el que iba a la suya.

Ninguno de los dos teníamos hermanos y nuestros padres, además de ser vecinos, se llevaban genial. Yo la veía como una hermana pequeña, pues yo soy 8 meses mayor que ella aunque del mismo curso como he contado antes. Nos contábamos todo y teníamos mucha confianza el uno en el otro, pero cuando éramos más jóvenes. Desde los 16 años que salíamos los fines de semana cada uno con sus amigos respectivos y compañeros de clase no nos veíamos tanto como antes.

Ella siempre tenía novios o amiguetes. Era muy popular. Pero es que es normal, era un cañón de tía para nuestra edad. Lo que nunca la vi es con un novio fijo o que le durase algunos meses. Yo con ella siempre tenía una relación como de hermano mayor y así me consideraba.

Lo único que no hacía como la madre es tomar el sol en topless, o por lo menos yo nunca la había visto. Sí con ajustados bikinis y alguna vez la había visto de espaldas soltarse la parte trasera del sujetador en la tumbona y había adivinado la figura de sus pechos, algo más grandes que los de la madre, o por lo menos a mí me parecían así, pero es que los de la madre yo los tenía más que estudiados y los de Francine, aunque bonitos, no eran de mi interés, por ahora. Me gustaba mucho Francine, no lo niego, incluso mis amigos alucinaban con que la conociera y que fuera mi vecina, pero es que la atracción por la madre era superior a mis sentimientos por ninguna otra mujer en el mundo. Así era realmente. De hecho todavía no la he podido olvidar. Pensar en ella significa empalme seguro.

Yo soy bastante alto y a esa edad medía 1,88 y era muy delgado, demasiado, incluso me daba algo de vergüenza que me vieran sólo en bañador porque se me marcaban los huesos, cosas de la pubertad, pero sí es verdad que estaba proporcionado por lo menos. No había tenido mucho éxito con las chicas, igual porque era un poco tímido o porque me pasaba mucho tiempo estudiando.

Volviendo a esos días de verano cuando estaba estudiando, una de las tardes que estaba descansando un rato y pegándome un baño en la piscina me llamó mi vecina, la diosa, no la puedo llamar de otra manera.

– ¡Tristán!- Me dijo desde su piscina, y temblando me aproximé a la malla metálica que separa nuestras casas. Esta separación no es muy alta y deja que se pueda ver a la altura del pecho.

– ¡Di-dime!- le dije yo, como siempre nervioso perdido, y allí estaba ella, saliendo de la piscina con las tetas al aire y cayendo el agua por todo su cuerpo sobre el suelo mientras buscaba una toalla del mismo para secarse. ¡Cómo se veían sus pequeñas tetas al agacharse! Y esos pezoncitos con la aureola oscura totalmente húmedos y en punta por el roce del aire y la diferencia de temperatura con el agua que la cubría segundos antes. El culo lo puso casi en pompa delante de mi cara y se marcaba su rajita sobre el tanga encharcado en agua. No podía aguantar más con la erección que tenía en esos momentos. No había forma de evitarlo, siempre me pasaba igual.

– Me ha dicho Francine que estás estudiando mucho. Estoy un poco preocupada por ella porque no ha terminado con muy buenas calificaciones el curso y no sé si será capaz de aprobar con buenas notas el examen de selectividad. Lo que peor lleva es la química y parte de física. Tú eres muy estudioso y confío en ti. ¿Podrías ayudarla estos días con estas materias, aunque sea un rato si es posible y no te retrasa en tus estudios?- Con ese acento y la melodía susurrante de su voz no era capaz de negarle nada que me hubiera pedido. Se estaba secando el pelo delante de mí con la toalla mientras me hablaba y sus tetitas se movían juguetonas a escasos centímetros de mi pecho. ¿Cómo era capaz de hacerme esto?

Yo quería ser toalla en ese instante, secarle cada gota de agua que llevaba de vestido con mi lengua y saciar mi sed en cada uno de los poros de su cuerpo pecoso. Detenerme en cada pliegue, en cada mota de color rosado de su geometría para dedicarles miles de besos. Mi mente no me dejaba pensar en otra cosa y mi bañador estaba a punto de estallar. Yo creo que la punta de mi poya podía asomar en cualquier momento por encima del bañador que llevaba más que húmedo y ya no sé de qué fluido, si de agua o de mis propios jugos….

– Por-por supuesto que sí, yo estudio por las tardes y por la noche. Que se pase por casa cualquier tarde y yo le ayudo.- le alcancé a decir.

– ¡Ese es mi niño! ¡Qué orgullosa estoy de ti y qué educado y bueno que eres!.- me dijo con una de sus mejores sonrisas, la sonrisa más perfecta que se pudiera describir, mientras se acercaba a la malla para darme un gran beso en la mejilla. Recuerdo que me mojó con su pelo en mi hombro y que durante al menos una milésima de segundo uno de sus pezones llegó a rozarme levemente en mi brazo. Sé que eso llegó a pasar porque no pude aguantar más y me corrí en el bañador. Ella tuvo que notar el espasmo que me produjo, y no pude más que girarme rápidamente y sin despedirme y con la cara de vergüenza más grande que nadie haya tenido nunca dirigirme corriendo a la piscina y tirarme de cabeza al agua.

– ¡Me-me tengo que ir a estu-tudiar, lu-luego hablamos!- eso es lo que alcancé a decir mientras me iba corriendo a la piscina. Eso es lo único que se me ocurrió. Vaya un anormal. Así me iba a ser imposible conseguir nada nunca. Estaba muy avergonzado. Pero fue mi mente la que me traicionó y el deseo lujurioso que sentía por esa diosa que vivía en la casa de al lado, además, por supuesto, del roce de su pezón, de su pelo mojado en mi hombro y en mi cara y de su maravilloso olor.

Demasiadas cosas se juntaron y mucho era lo que sentía por ella. Yo creo que lo entendió porque lo único que le oí fue una carcajada. No sé si le hice reír por mi forma de salir huyendo y mis torpes movimientos o porque se dio cuenta de la erección y el orgasmo que me provocó. Igual era una mezcla de ambas cosas. Porque sé perfectamente que sabía lo que sentía por ella y sé que provocaba esas situaciones. Igual la idea de sentirse observada y admirada por un chico de 18 años todavía inocente la hacía sentirse más joven y deseada, además no era difícil de entender que le gustase lucir ese cuerpo tan precioso que tenía. Para mí fue indescriptible a la vez que vergonzante.

Pasé el resto de la tarde estudiando y sin dejar de pensar en mi vecina y la situación que me había hecho pasar. Desde mi ventana observaba su jardín y su piscina pero ella ya no estaba allí. Ya anocheciendo vi como llegaba Francine y se daba un baño, imagino que para despejarse de las horas de estudio. Aunque se ve perfectamente la casa y la piscina de mis vecinos desde mi ventana lo que ocurre es que a la distancia que estamos no se pueden adivinar ni los gestos ni muchos detalles, sólo la figura y quién es quién, por lo que siempre guardo en mi habitación unos prismáticos para espiar y ver con más detalle a mi amada vecina. Con los prismáticos sí que puedo observar con detalle y sin ser visto, cuando bajo la persiana casi al máximo, cada centímetro de su maravilloso cuerpo que tenía más estudiado que cualquier materia que me estaba preparando.

La piscina de mis vecinos está iluminada con focos dentro del agua, en las paredes del vaso, y esa era la única luz que iluminaba el jardín. Las farolas exteriores las mantuvo apagadas todo el tiempo. Con esa luz, atenuada por el agua, que salía a la superficie pude adivinar cómo Francine se quitaba la ropa que llevaba y se lanzaba al agua. Se zambulló y buceó a lo largo de la piscina. Yo no le di importancia pues la había visto miles de veces hacer lo mismo y no era ella precisamente el objeto de mis deseos, pero esta vez me pareció sentir algo distinto, al subir por la escalera para salir del agua no pude con seguridad definir si llevaba o no bikini puesto.

Yo lo había dado por hecho cuando se quitó la ropa. Igual era de color claro y por eso no lo distinguía y además estaba de espaldas a mi vista. Bajé un poco la persiana intentando no hacer mucho ruido y cogí rápidamente mis prismáticos. Si era verdad que estaba desnuda y empapada no podía dejar pasar esa oportunidad de verla por primera vez así, y además por qué no negarlo, llevaba todavía un calentón por culpa de su madre que no me dejaba concentrarme en los estudios.

Ella estaba muy buena y me lo iba a quitar rápidamente. En efecto pude ver su espalda totalmente desnuda, era la primera vez que la veía verdaderamente como una mujer y no como a una niña, aunque sí es cierto en que la había observado en bikini o vestida de colegiala y la había imaginado sin ropa, pero era sólo una amiga que crecía como adolescente. No voy a negar que alguna vez me había puesto cachondo pensando que no llevaría bragas por debajo de esa falda verde a cuadros, aunque en realidad era más una fantasía morbosa más que interés por mi vecina, que repito estaba buenísima.

Tomó la toalla fuera de la piscina y al alejarse un poco de ella ya no podía verla con claridad, lo que sí vi es cómo se secaba el pelo primero, alzando los brazos sobre la cabeza, de espaldas, y me recordó a su madre horas antes haciendo lo mismo delante de mí pero esta vez me imaginaba que era ella desnuda, como su hija estaba en ese momento. Las tetas sí pude verlas claramente, más sus formas y su geometría que el detalle de su piel por culpa de la oscuridad.

Tenía unas preciosas tetas, mayores que las de mi amada, pero tiesas y turgentes como demostraba su edad y su condición física. Se adivinaban unos pezones tiesos y algo más largos que los de su madre pero también apuntando al frente. La verdad es que me estaba excitando mucho imaginándome a su madre más que a ella. Seguía secándose e intenté ver su sexo pero ya sólo se adivinaba una sombra, ni siquiera una sombra rubia o rojiza como debería ser su vello vaginal, sólo una sombra oscura en la penumbra. Era una lamentable jugada del destino que si por primera vez la podía ver así, fuera ya de noche cerrada y no pudiera verlo con claridad. No sé decir si estaba depilado, tal y como me imaginaba el de su madre, o si estaba peludo tipo selva virgen, que también me ponía cachondo al pensarlo.

Yo seguía pensando en lo mío y mi erección era máxima. Como tenía puesto sólo el pantalón corto del pijama, se me salía la mitad de la poya por encima del pantalón y debido al calor del flexo que alumbraba mi habitación y a las horas de estudio, me bajaba todo el sudor por la frente y por mi pecho hasta mi barriga y mis huevos. Estaba mojando el leve pantalón del pijama de sudor y de lo que no era sudor porque mi pene ya empezaba a rezumar fluidos debido a la excitación. He de decir que tengo una poya más bien vigorosa, creo que larga (aunque no desproporcionada) y con un glande mayor de lo normal.

La situación ya era muy clara, me iba a hacer una buena paja a la salud de mi vecinita aunque imaginando que era su propia madre, ya no pensaba si la veía como una hermana o no, estaba viendo a una mujer, desnuda, mojada, secándose en el jardín junto a su piscina en la oscuridad y con el aire fresco de las noches de verano rozando y abrazando su cuerpo juvenil. Ahí ya no pude más y después de unos cuantos movimientos rápidos y diestros de mi mano en mi verga, más que conocidos, buscando la rápida consecución del placer, descargué sobre la pared, también sobre la persiana, y dejé caer los prismáticos sobre la mesa, incluso creo que manché la mesa con mi semen y algo de los apuntes, precisamente de química, que agradable coincidencia, lo que tenía que enseñarle a la misma persona a la que le había dedicado esta maravillosa paja.

No sé si ella se dio cuenta que la espiaba, o si oyó el golpe de los prismáticos y miró a mi ventana. Desde su posición se vería la luz del flexo de mi habitación y la persiana casi bajada como todas las noches y no creo que se esperara que la estuviera espiando. Quizás me excitaba de más pensar que sabía que la observaba y aún así seguía mostrándose a mí de esa forma. Eran sólo imaginaciones de un pajillero experto, solitario y virgen todavía, lleno de hormonas y carente de experiencia.

El resto de la noche lo pasé estudiando muy concentrado. Después de haber descargado sólo me dio por pensar en estudiar y ni siquiera me fijé en cuando se fue Francine de la piscina o si había alguien más en el mundo. Sólo pensaba en estudiar para sacar las mejores notas y poder ir a enseñárselas a mi diosa, a mi vecina, para que estuviera realmente orgulloso de mí tal y como había dicho por la tarde. Orgullosa de su niño por sus buenas notas.

De madrugada me acosté y ya no me desperté hasta la hora de comer. Era fin de semana y mis padres se iban a la casa de la playa, que sólo está a 80 kilómetros de mi casa y yo me tenía que quedar estudiando responsablemente. Comí lo que había preparado en el frigorífico y me eché un rato a ver la tele en el sofá con los resúmenes de los apuntes. Eran las cuatro o cuatro y media de la tarde cuando sonó el timbre de mi casa. Era Francine y yo ya no me acordaba que le había dicho a su madre que le iba a ayudar con la química, ¡cómo iba a acordarme si sólo pensaba en el rato que me hicieron pasar madre e hija!

Yo estaba vestido sólo con el bañador y descalzo salí a abrir la puerta.

– Hola Francine.- le dije, sin poner mucho entusiasmo, la verdad. – Hola Tristán. Me ha dicho mi madre que me pase por aquí a estudiar química, tengo algunas dudas con unos problemas de formulación orgánica e inorgánica y me estoy haciendo un lío.- Ella venía vestida con una camiseta larga de verano y debajo el bikini rojo que siempre le había visto, excepto la noche anterior, claro. La verdad que con el pelo suelto se parecía mucho a su madre pero se le veía más joven y más morenita de piel. Es que mi vecina estaba cañón y yo sin hacerle el caso que merecía.

– Pasa, eso lo tengo más que controlado. Ya verás como en un rato tenemos buena química, niña.- le dije bromeando. – Siempre estás igual.- Se había puesto un poco digna, pero en realidad era sólo un juego. En estos dos últimos años no habíamos tenido tanta relación. Siempre la trataba como una niña y sólo era unos meses mayor. Ya no era tan pequeña y por lo desarrollada que estaba parecía mucho mayor que yo, que sólo parecía un niñato seco y estudioso. Vamos, lo que menos interesaba a las chicas como ella.

Yo no había recogido la habitación y estaba todavía la cama sin hacer y había dejado la ventana abierta para que se fuera un poco el olor porque había pasado toda la noche allí estudiando y sudando. Los papeles y los libros estaban por encima de la mesa. Y los restos de semen limpios. Menos mal…

– Dices que lo que tienes duda es sobre formulación. Vamos a empezar por la inorgánica que es más sencilla y luego pasamos a la orgánica. A mí me va a venir bien para repasar. – Muchas gracias ¿Ves como cuando eres más simpático eres encantador?- si me hubiera dicho eso su madre yo estaría temblando como un flan, pero aquí dominaba perfectamente la situación. O eso creía.

Estuvimos dos horas repasando la formulación y debo ser buen profesor porque se enteró bastante bien. Y ella era buena alumna porque prestaba mucha atención y preguntaba las dudas que tenía. La verdad es que la situación a veces se ponía tensa, por lo menos para mí, porque estuvimos dos horas seguidas uno junto al otro, sudando, yo la miraba por encima del hombro hacer los problemas y me fijaba en su cuerpo, en cómo las había visto la noche anterior por primera vez y lo cerca que estaba ahora de mí. Si alargaba un poco la mano podía acariciarla a placer, tal y como le habría hecho a su madre si pudiera y si no fuera tan nervioso cuando trataba con ella. El pelo le caía sobre el hombro y tenía un olor a recién lavado que de vez en cuando me venía a la nariz el aroma y me recordaba al de su madre. Compartían el mismo champú.

Yo ya estaba otra vez dejando volar mi imaginación. De vez en cuando aprovechaba al decirle cualquier cosa y me acercaba y ponía la nariz sobre su pelo para olerlo mientras le explicaba los problemas. Me estaba aprovechando. Ella no se estaba dando cuenta pero cuando me aproximaba para olerla sentía que estaba oliendo a su propia madre, a mi amada diosa del deseo. Me estaba empalmando de nuevo y no quería que se notase. Así que preferí hacer un descanso.

– Francine, vamos a descansar un rato que tengo la cabeza que me da vueltas. – ¿No será por mí, verdad?.- me dijo riendo. – Sí, claro, por una niñata como tú… – No te piques que era de broma. Te estás portando muy bien. Como siempre, como un hermano mayor. Si no iba a dejar yo que un hombre casi desnudo estuviera tan cerca de mí tanto tiempo.- No le hice ni caso.

– Y que sepas que me he dado cuenta me has estado mirando. Recuerda que esas cosas las notamos. No sois los hombres tan disimulados como pensáis. -Tú estás flipando.- le dije, sin hacerle mayor importancia, pero es verdad que me había pillado. – Te estás poniendo nervioso. Oye hace mucho calor, ¿puedes subir la persiana y abrir la puerta que entre el aire?

Subí la persiana y abrí la puerta y en ese momento hizo el ademán de quitarse la camiseta que llevaba, la verdad es que la estaba sudando mucho del calor que hacía. Antes de quitárselo me dijo:

– Oye, me voy a quedar en bikini.  Es que no puedo aguantar el calor. – Muy bien, haz lo que quieras.- dicho esto se quitó la camiseta y se quedó delante de mí apoyada en la ventana mientras le daba el aire en la cara y en el bañador. Ya me la estaba imaginando sin nada y empezaba de nuevo la erección. Vaya problema tengo yo con esto, pensé.  – ¿Estás saliendo con alguien? No sé casi nada de ti. Es que ya casi no nos vemos. – Ahora mismo no.- le respondí.

– Pues no lo entiendo. Con lo guapo y responsable que eres seguro que tendrás un montón de chicas a tus pies. O por lo menos debería de ser así. Mi madre no para de decirme lo bueno que es Tristán, lo estudioso que es Tristán, lo educado que es Tristán… será para que me fije en ti. Ja, ja, ja.

– No es algo que me interese ahora. Además a ti tampoco te he visto con novios que te duren y por lo que sé tampoco has estado sola este tiempo.

–  Es verdad. A mí no me van los novios. Los tíos que busco los utilizo porque son muy simples. Me dan lo que quiero y me busco otro. Así de sencillo. No ha nacido el tío que me complique la vida. Me gustan mayores que yo pero siempre si soy yo la que manda. – Por cierto, y estos prismáticos… ¿Para qué los utilizas…? ¿No será para espiar a la gente?  – Venga ya. No seas niña. Déjate de preguntas estúpidas.

– Yo algunas noches me baño desnuda. ¿Tú lo has hecho alguna vez? Es muy refrescante y muy sensual sentir el agua fría por el cuerpo desnudo, abrigándote en su humedad todas tus partes y acariciando con suavidad y frescor todo lo prohibido. Además sentir después la brisa del aire exterior sobre la piel, erizando cada poro y cada vello en contacto con la naturaleza. Es muy erótico. Me gusta. Da sensación de total libertad, de estar sola en el mundo y en contacto con la vida. De hecho anoche lo hice y vi la luz de tu habitación encendida, como todas las noches, y me imaginé que igual me podías estar mirando. Por eso te lo he preguntado. Además, creo que me excita pensar que aunque a escondidas tú me pudieras haber espiado.

– Pues sí, estaba estudiando, y no me di cuenta la verdad. Desde aquí no se ve bien tu casa, y menos de noche.- le mentí claramente. – A mí no me importa que tú me veas desnuda porque eres como un hermano. Si quieres puedes mirar. Por mí no hay problema. Eso sí, no se te ocurra tocarte ni hacerte pajas conmigo ¿eh?, por lo menos sin decírmelo.- volvió con las carcajadas. No paraba de reír. Y siguió metiéndose conmigo.

_Oye, por cierto ¿Sabes que se te nota mucho en el bañador? Ja, ja, ja ¿No será por mí? Qué honor… y qué grande se te ha puesto, te has hecho mayor vecinito, ja, ja, ja… – ¿Qué estás diciendo? Esto ha sido pura casualidad. No se puede controlar. No te pongas tonta que me estás enfadando.- yo estaba rojo de vergüenza. Era verdad, estaba empalmado. De lo que estaba contando me acordaba de su madre y de ella el día anterior y tenía la poya dura y como siempre sin poder controlarlo. Otra mala jugada de mi subconsciente.

– ¿Eres virgen todavía, o ya te has estrenado? No me lo has dicho nunca y antes nos contábamos todo.- la cabrona estaba dominando la situación todo el tiempo. Yo que me pensaba que a ella la dominaba yo por ser mayor y me estaba hundiendo en la miseria. – Pues claro que no soy virgen, y que sepas que me gustan las mujeres mayores que tú. Así que ya hemos terminado por hoy y vete a casa a darte una ducha fría niñata que lo estás necesitando.

– Pues me voy. Otro día vuelvo. Y espero que estés más simpático. Yo sólo estaba hablando de cosas normales y corrientes. El sexo es algo normal, no lo olvides. Y necesario. Hasta luego.- y salió de la habitación camino de la puerta de la calle. Se fue sabiéndose victoriosa y se meneaba haciéndose la tonta mientras salía de casa con sus apuntes y la camiseta en la mano.

No la tuve que acompañar hasta la puerta y fue mucho mejor, porque nada más salir ella entré al baño con la intención de meneármela. Ahora sí puedo decir que fue a la salud de Francine. Por primera vez no lo era en honor a su madre. Me había puesto muy cachondo hablando de ella con el bikini mojado por el sudor y sólo tapando su precioso cuerpo por esa fina tela. ¿Sería verdad que se ponía cachonda pensando en que yo la espiaba? Igual en ese momento se estaba masturbando ella igualmente pensando en la situación que habíamos pasado y en la erección que me había provocado. Ella también se había excitado, eso seguro.

Llegó la noche y sobre las doce o así comenzó a llover débilmente. Una pequeña tormenta veraniega que deja caer algo de agua y luego cesa,  para luego volver a empezar y continuar así, intermitente, durante unas horas. La verdad es que era muy refrescante sentir el olor de la lluvia sobre la hierba ya seca de tanto calor y de la tierra mojada. Abrí la ventana y subí la persiana para sentir la lluvia y el aroma de la montaña mientras estudiaba.

Estaba absorto en los temas que llevaba para esa noche y de pronto escuché de nuevo el zambullido de la piscina de al lado. Alcé rápidamente la cabeza y ahí estaba otra vez Francine. Mira que era cachonda. Tal y como me había prometido estaba intentando jugar conmigo pero a mí no me podía doblegar. No bajé la persiana. Ni siquiera le di el gusto de mirarla ni que me viera mirándola, y eso que ella sí podía sentirme en mi habitación estudiando con la ventana abierta. La oía nadar y chapotear con el agua. Quería que yo la mirara la muy juguetona. Ya no podía aguantar más, la observé y allí estaba totalmente desnuda de espaldas y riendo. Es fue el momento en que me di cuenta. Por la carcajada sentí que no era el timbre de voz de Francine.

Me volví a fijar y fue cuando me di cuenta que su madre la que estaba desnuda en la piscina, chorreando agua y cayéndole una a una las gotas de lluvia sobre su cuerpo mojado. No la había distinguido, en la noche y a esa distancia era difícil distinguirlas. Casi me da un vuelco el corazón. Me tiré al suelo para que no me viera y gateando salí de la habitación. Si no hubiera levantado la persiana podía haber espiado con los prismáticos a mi amada desnuda y conocer la parte de su cuerpo que todavía era desconocida para mí, su anhelado sexo, el vello de su pubis, la forma de lo prohibido, de todo lo que no había visto nunca. Hubiera podido espiarlo detenidamente si me dejaba la penumbra y pajearme como no lo había hecho nunca. Pero ahora lo que me encontraba es en el suelo de mi habitación, temblando y sin saber qué hacer. Y ella en su jardín mojándose desnuda, bajo la lluvia y riendo de felicidad. Tenía que hacer algo. Y me atreví a hacerlo.

Salí al jardín y me acerqué casi reptando, sigilosamente e intentando hacer el mínimo ruido posible, hasta un seto que hay antes de la malla metálica que separa las dos casas, un poco más lejos que donde me corrí el día anterior con su contacto. Desde allí podría verla más cerca e incluso masturbarme sin que me viera aunque no podría observarla con la claridad de los prismáticos que me había dejado en la mesa. Qué mala suerte.

Cuando llegué a mi puesto de vigía los temblores no me dejaban ni agacharme, parecía un flan con la mezcla de miedo a ser descubierto y nerviosismo por ver lo que siempre había deseado desde una distancia tan cercana, menos de diez metros me separaban de su rajita, de sus labios carnosos, de su ansiado y deseado coño. Como pude me agaché y miré por el lado del seto de pinos y allí estaba ella. Sólo la podía ver de espaldas alejarse despacio desde la piscina, mojada, hasta la tumbona que había en el jardín, sobre el césped. Yo estaba casi desnudo y descalzo así que rápidamente me quité los pantalones del pijama y me quedé  en cueros, con la escopeta en la mano y dispuesta a descargar en cualquier momento. Mi erección era sublime, yo creo que la mayor que había tenido nunca y casi se me podía oír la respiración de cómo me encontraba de nervioso y tembloroso.

Mi corazón parecía un tambor de guerra sonando a mil por hora, temía incluso que ella pudiera oírlo de lo fuerte que latía, que latía por ella, claro. Fijándome en ella de espaldas no podía sentir su bollito que es lo que más deseaba en ese momento ver, los pelitos de su vulva y sus labios hinchados por la excitación del agua fría de la piscina y la de la lluvia sobre su cuerpo, igual si se agachaba a coger la toalla de la tumbona podía ver su coño desde atrás apuntándome como un fusil a un condenado. Hizo lo que me esperaba, se agachó sobre la tumbona, que no me dejaba ver con su cuerpo, y me moví un poco de mi posición para verla mejor aun a sabiendas que podía oírme pero en ese momento sólo pensaba en ella.

No tenía más pensamiento que ella y sólo ella con mi verga en la mano agachado junto al seto que divide nuestros jardines. Y de pronto, en ese instante, al cambiar de posición me di cuenta que había alguien en la tumbona, por eso estaba riendo la muy zorra, se distinguía perfectamente la figura de un hombre acostado con un rabo inmenso y enhiesto que desafiaba las leyes de la gravedad, y de la física, qué grande era el condenado, no me imaginaba a Paco con ese tamaño de poya, con razón siempre estaba riendo y su mujer estaba tan buena. Yo contra esa poya no podría competir en mi vida, y yo pensaba que la mía era grande. Si debía tener más de 30 centímetros de nabo. Ahí casi me da un vuelco el corazón pero seguí inmóvil mirando cómo ella se disponía a mojar la entrepierna de Paco con su pelo, agitándolo y moviéndolo de arriba abajo, escurriendo toda el agua de su cabello sobre su verga.

Se notaba que habían bebido bastante y se sentían desinhibidos porque ella no dejaba de reírse nerviosamente aunque no se decían nada. Yo la cara de Paco no era capaz de verla por la penumbra y la oscuridad del lugar donde se encontraban pero no podía más que envidiar a ese hijo de puta con suerte. No debería haberme puesto celoso porque realmente era su marido, pero mi amada diosa estaba a punto de hacerle una mamada o follar con otro que no era yo, le iba a dedicar ese trabajo a una poya que no era la mía y que la amaba y deseaba ardientemente.

Se acercó a su glande y empezó a besarlo muy lentamente, la tomó con las dos manos y noté cómo a él le daba un espasmo de placer en el momento que ella lo metió en su boca por primera vez, igual hasta lo había mordido. Yo lo estaba viendo y no lo podía creer, pero tenía que aprovecharme de la situación. Me imaginé que Paco era yo mismo acostado sobre la tumbona y que esa reverencia me la estaba haciendo a mí, y me gustaba imaginarlo. Siguió trabajando esa gran poya de su marido chupándola de arriba abajo por el costado con la lengua, como el que se lía un cigarrillo de papel. Con la mano derecha le subía y bajaba la piel que abrazaba su glande, que aparecía y desaparecía, hinchado a más no poder. Con la izquierda le sobaba débilmente los huevos y el ano y seguía chupando y chupando como una posesa.

El tronco de la verga desparecía en la penumbra con cada movimiento de ella, que tragaba todo lo que podía hasta el final de su garganta. En cada embestida se tragaba más de la mitad de ese pollón. De vez en cuando paraba, dejaba caer su saliva en la punta para que resbalara por el tronco y seguidamente volvía a tragar otro pedazo de verga inmensa. Desde donde yo estaba, muy cerca de ellos, podía sentir los gemidos de ella fruto de su excitación y el ruido de su garganta al llegar al límite, como si fueran pequeñas arcadas. Todo me imaginaba que me lo hacía a mí. Durante algunos instantes y en intermitentes sacudidas le metía y sacaba el dedo por el ano a su marido con la mano izquierda mientras con la derecha ampliaba el ritmo y la rapidez de los movimientos. Se oía cómo la mordía de vez en cuando y los gemidos de aprobación y dolor de su presa. Yo estaba a punto de correrme pero tenía que aguantar más.

Podía distinguir cómo cuando paraba de tragar, se incorporaba para pasarle sus pequeños pezones por su verga mientras a mí me dedicaba sin saber el placer de ver su coñito por detrás medio de lado y ese culito en pompa a punto de reventar de placer. Se notaba que era un gran coño rubio, tal y como yo me imaginaba y de poco vello, más bien depiladito, esa era la impresión desde la distancia. La verdad es que imaginaba más que ver, pero como pensaba que era yo el que estaba en la tumbona me sentía el hombre más feliz del mundo por poder compartir ese momento con mi amada.

Ella siguió con su trabajo oral y manual unos minutos más y de repente y con una gran carcajada se echó sobre el cuerpo de Paco abrazándolo sobre la tumbona. Ahora formaban un solo cuerpo abrazado en la oscuridad. Él se conservaba bien pues se adivinaba el cuerpo atlético que tenía a base de gimnasio y no se notaba que estaba cerca de los cincuenta. Qué envidia más insana. Con la poca iluminación de la piscina y con la penumbra de la noche nubosa no se podía ver mucho más. De repente vi como ella hacía el ademán de introducirse la poya hasta el fondo y cabalgar apretándose sobre el cuerpo desnudo de su marido. Frotándose sus pechos sobre el torso de él y mordiendo su cuello violentamente.

Con ellos moviéndose eléctricamente, cabalgándose violentos, oyendo los gemidos de placer de mi amada que pasaron a quejidos hasta que empezó a gritar hasta la extenuación con su acento francés mientras le dedicaba frases ininteligibles para mí, llenándose su cuerpo de verga a cada embestida que la rompía por dentro y la hacía enloquecer de placer, y la lluvia calando y abrazando sus cuerpos y el mío ocurrió lo que esperaba. Yo no pude aguantar más y me corrí lanzando a discreción todo mi esperma sobre el seto y el jardín, fueron muchas sacudidas de placer. Creo que di un grito y hasta me mareé del espasmo de la corrida que tuve.

Ellos no se dieron ni cuenta, y cuando alcé la vista observé que por sus chillidos, movimientos y espasmos habíamos terminado los tres al mismo tiempo. Que sensación tenía en ese momento. Me tumbé sobre el suelo mojado del jardín porque no podía moverme de lo mareado que estaba. Me había corrido al mismo tiempo que mi amada. Qué felicidad. En ese momento no pensaba ni que estaba casada, ni que era mayor que yo, ni si estaba con su marido haciendo el amor o follando o lo que ella quisiera hacer con él. Allí lo que me imaginaba tumbado en el suelo húmedo como yo es que esa noche era mágica y que la estaba abrazando después de haber hecho sexo con ella en su tumbona, mirando al cielo en una noche lluviosa de verano.

Cuando me levanté seguían abrazados, inmóviles, y pensé que ese era el momento de desaparecer, antes de que se dieran cuenta de mi presencia. Salí sigiloso, medio corriendo, con largas zancadas, agachado y desgraciadamente, creo que debido al mareo que tenía en ese momento golpeé un cubo metálico y una de las herramientas del jardín que hicieron bastante ruido al caer. Demasiado ruido. En décimas de segundo ya no estaba allí. Me había dado tiempo a llegar a casa y esperar que no hubieran oído nada. Qué vergüenza de nuevo y qué mala suerte, pensé. Seguro que me habían oído y me podían haber visto entrar en casa.

Esa noche sí que no pude ni estudiar ni dormir debido al nerviosismo que tenía. Quería que me tragase la tierra y desaparecer para siempre. ¿Me habrían oído? No lo podía soportar. La misma noche que había sido tan feliz se había tornado tan trágica. ¿Y si Paco se lo decía a mi padre? ¿Y si aparecía por mi casa y aún me llevaba dos hostias bien dadas por espiarles? La verdad es que me las merecía, pero fue culpa de ellos, no mía.

Al día siguiente no quería ni salir de casa. No quería que me vieran los vecinos. Pero por la tarde sonó el timbre y no me atrevía a abrir por si era Paco y me lo explicaba o mi vecina y no podría mirarla a la cara. Ella que confiaba tanto en mí y yo la había tratado como una puta en una peli porno, espiándola para cascármela, qué bajeza, una cosa es que no dejara de mirarla y me comportara como un vulgar pajillero enamorado, que es lo que yo era en realidad, y otra cosa es que ella lo supiera. Miré por la mirilla y era Francine. No la habrían enviado sus padres, eso sería muy fuerte, así que abrí sin miedo pero rápidamente y la hice entrar sin preguntarle nada de un tirón del brazo.

– Joder, tío, qué impulsivo. Si sé que me vas a tratar así no vengo a verte. Con las ganas que tenía de venir. – Perdona, no me he dado cuenta, ha sido sin querer. – ¿Es que te escondes de alguien, sinvergüenza?.- me dijo sonriendo pícaramente. – Que va, déjate de tonterías. Qué es lo que quieres. – Pues qué va a ser. Tengo dudas en unos problemas de física: de cinemática y dinámica.

No me había dado ni cuenta de cómo venía ese día vestida. Sólo con unas sandalias de dedo en los pies, la braguita de tanga del bikini rojo con dos lacitos a los lados que me puso a cien la visita anterior y una camiseta top de algodón blanca que sólo le tapaba sus inocentes pechos y dejaba la cintura y el ombligo al aire. Por supuesto no llevaba nada debajo del top, sólo esas tetas que me estaban empezando a volver loco y marcaba discretamente los pezones. El pelo lo tenía recogido en dos coletas, como de niña de colegio. Tan parecida a mi amada y sin embargo tan distinta. Se le veía como una niña inocente, que no lo era ni de lejos…

– Hoy he venido un poco más fresca, no quiero pasar el calor de la otra tarde.- me dijo, insinuante. Ella sabía lo que hacía y yo debía de estar en mi sitio. Tengo que ignorarla me decía por mis adentros mientras me imaginaba el espectáculo que me habían brindado sus padres la noche anterior. Quizá podría repetirlo con ella en mi habitación, pero no, le debía fidelidad a su madre y además no quería que se riera de mí por mi inexperiencia. Prefería mil veces mis pajas a solas que la vergüenza que podía pasar al hacerlo con ella y fracasar. Ella tendría que suplicarlo para que yo le hiciera caso. Ese era mi plan. Y así debía de obrar. Y por supuesto desvirgarme antes con cualquier otra mujer. Que ya me iba haciendo falta.

– Vamos a la habitación, niña, que hay que aprovechar las horas de estudio.

Me senté a su lado como la tarde anterior y me dispuse a explicarle los problemas de física. Esta vez ella se colocó aún si cabe más cerca de mí. Con su brazo me rozaba el mío y con su muslo desnudo acariciaba mi pierna de vez en cuando. Además, cuando estiraba su mano izquierda para escribir alguna cosa en mis folios, en la resolución de los problemas, notaba que frotaba su pecho con mi brazo, sólo separado por la tela de algodón del top algo húmeda ya por el sudor.

Qué cabrona. Me estaba calentando y yo no podría aguantar mucho tiempo en esta situación. Además ese olor de su pelo que tanto me atraía. Su aroma envolvía toda la habitación. Se acababa de lavar el pelo con el champú que tanto me recordaba a su madre. Con ella por menos ya me habría corrido y debido a mis experiencias previas tenía que controlar yo la situación con la hija.

– Voy a abrir la ventana un poco que aquí hace mucho calor.- le dije, entre otras cosas para separarme un poco de ella. Al sentarme me alejé un poco de ella conscientemente. – Sí es verdad que hace calor. Si no fuera porque no tengo nada debajo me quitaba el top ahora mismo. Aunque a ti no te importaría ya que me dijiste que no me ves como una mujer y a mi madre la has visto muchas veces así. O eso dices.-

Hizo el ademán de levantarse la camiseta y dejar sus tetas al aire, pero sólo le dio tiempo de separarlo un poco de su cuerpo porque le cogí las manos para impedírselo. Creo que la situación la estaba poniendo más cachonda a ella que a mí que no paraba de sudar, y ahora no creo que fuera del calor. Tenía sus pezones tiesos y se marcaban en la tela de algodón blanca como pretendiendo rasgarla con su punta afilada. Además no llevaba más que el tanga del bikini puesto y se le veía preciosa con esas coletas y ese cuerpo escultural. Era digna hija de su madre.

– No seas niña y deja de hacer tonterías. Vamos a seguir con lo que estamos y estas cosas las dejas para tus otros amiguitos- le espeté mientras le bajaba las manos para evitar que se quitara la camiseta.

– Vaaale. Y yo que pensaba que lo estabas deseando. Además tampoco es tan grave. ¿No será que tienes miedo de enamorarte de mí?. ¿O es que te gustan más los hombres? Porque podría ser, no me importa- me contestó aún con el gesto de extrañada por la situación que acababa de producirse y porque la hubiera interrumpido. Se creía dueña de la situación y no esperaba mi reacción.

– Sigues diciendo tonterías. Pues claro que me gustan las mujeres. Pero no me gustas tú. Eso es todo.- le dije yo. – Sé que es mentira. Y sé que te gusto por la forma que te comportas conmigo y que me miras. Me parece que me voy a mi casa. Tú vas a acabar pidiéndomelo, te lo aseguro, o si no te vas a matar a pajas a mi salud.- me dijo ella.

– Igual eres tú la que me lo acaba suplicando a mí. Y mis pajas irán dedicadas a la mujer que quiero y no a ti.- ahora el que se reía a carcajadas burlonas era yo, pero es que su cara de enojada me hacía morirme de la risa. Estaba enfadada realmente.

– No dejes de mirar esta noche a mi piscina que ya verás.- me estaba retando a su juego en el que por ahora yo estaba ganando, por lo menos un dolor de huevos increíble por su culpa. – No me importa lo que hagas en la piscina. Por cierto ¿Anoche te bañaste? No me fijé.- sabía que no lo había hecho porque a quien pillé fue a sus padres follando, pero quería molestarla.

– ¿Anoche? Ayer no lo hice porque me tuve que ir con mi padre al pueblo. Mi abuela se puso mala y nos fuimos los dos. Hemos vuelto esta mañana. Mi madre se quedó en casa porque le dolía mucho la cabeza. De hecho sigue en la cama todavía. No se ha recuperado.

¿Qué? ¿Cómo que se había ido con su padre? ¿Entonces no era Paco el que estaba anoche con mi amada? ¿Se había atrevido a engañarme con otro? Qué gran hija de puta. Le pone los cuernos a su marido y encima me lo restriega sin querer por la cara. No podía hacerme esto. Ella no.

Como pude despedí a Francine que no entendió la cara que tenía en ese momento. Se me había caído el mundo al suelo y mi mito se estaba desvaneciendo. Mi amada era capaz de follar con otros a escondidas. Mi diosa no era más que una vulgar puta. O por lo menos se estaba comportando así conmigo. Se iban a enterar las dos, madre e hija. Ahora las cosas cambiaban. Yo tenía que hacer cambiar la situación. Estaba dispuesto a ello.

No salí de casa en toda la tarde. Me quedé repasando materias del examen y no quería encontrarme ni con la madre ni con la hija. Tenía que pensar algo o me iban a matar las dos.

Sobre las once de la noche apareció ella. Por supuesto que estaba esperando que apareciera. Un espectáculo así no me lo podía perder, pero esta vez quería que se cerciorara que yo sí la estaba observando. Tenía que ver hasta donde podía llegar para calentarme, o calentarse ella, claro.

La persiana estaba subida y la ventana abierta. Hacía una noche clara de luna llena y se iluminaba mucho mejor el jardín que en las noches anteriores. Incluso sin luz se podía ver con cierta claridad con los prismáticos.

Esta vez no me iba a equivocar. Cogí los prismáticos y me quedé de pie mirando por la ventana y apoyado en el cristal. Me iba a ver claramente, o por lo menos mi sombra porque puse el flexo detrás de mí consciente que me vería o por lo menos distinguiría mi figura en la oscuridad.

Bajó descalza las escaleras hasta el jardín junto a la piscina. Esta vez era claramente Francine, no había lugar a dudas porque la podía ver muy bien con los prismáticos. En la misma tumbona donde la noche anterior pillé a su madre follando con el desconocido de la poya enorme dejó la toalla que llevaba en el hombro. Se quitó despacio el top blanco que tenía puesto en mi casa y dejó al aire sus preciosas tetas. Allí estaban libres y juguetonas, las mismas que ya me estaba acostumbrando a ver. Sólo me faltaba probarlas, pero para eso todavía quedaba tiempo en mi plan. Se soltó uno de los lazos de la braguita del bikini. Estaba posando para mí, se desnudaba hacia la dirección de mi ventana pero con la cara agachada. Todavía no había levantado la vista para comprobar si la estaba observando. No le hacía falta. Sabía que la espiaba. Ella lo había provocado.

Mientras se intentaba quitar el segundo lazo del bikini, el de la cacha izquierda ya me había mostrado casi por entero su jugoso coñito. La otra noche no pude adivinar de qué forma era pero ahora lo veía con total detalle, aún me faltaba un poco más de claridad si fuera posible pero la luz de la luna era más que suficiente para su detenida observación. No se había soltado todavía el segundo lazo y ya podía ver que no lo tenía totalmente depilado como parecía el de la madre. Sólo lo tenía recortado con la forma del bikini. Marcaba una uve de pelo rizado y un poco rojizo, no era rubio.

Formaba caracolillos que parecían duros como piedras. Lo que sí tenía era muy bien depilado la zona de los labios y la que no tapaba el bikini. Al soltarse el lazo izquierdo cayó el tanguita al suelo como a cámara lenta. Parecía que se había aliado con el tiempo y que éste se detenía jugando con sus movimientos. Por supuesto para calentarme mucho más. Fue una eternidad lo que tardó el bikini en posarse sobre el césped. Llevaba todavía las coletas de colegiala en el pelo y estaba desnuda para mí. Cómo me estaba poniendo. Y sé que lo sabía.

Siguió su calculado proceder y muy diligentemente, sin mirar todavía a mi atalaya, se volvió para mostrarme su espalda desnuda y se agachó a estirar la toalla en la tumbona. Su culo estaba apuntando a mis prismáticos. Desafiándome. Con los movimientos de alargar y colocar la toalla, movía ligeramente el culito y se adivinaban sus tetas moviéndose con el mismo ritmo aunque más rápidamente. Entreabrió un poco las piernas para darme un plano completo de su rajita por debajo del culo. Como tenía los labios depilados me estaba mostrando un perfecto bollito de crema. ¿Sabría que la estaba yo espiando? Yo creo que estaba segura. Eso no se puede hacer inconscientemente. Las abrió aún más y así se mantuvo, inmóvil unos segundos que parecieron eternos.

Se dirigió a la piscina, a la escalera que había más cercana a mi ventana y todavía sin mirarme se agarró a ella con las dos manos y empezó a bajar los escalones metálicos. Con el primer escalón se estremeció un poco al contacto con el agua fría y a continuación bajó el segundo pie. Se veía preciosa y vulnerable con esos movimientos involuntarios producidos por la temperatura del agua en contacto con su piel. Aún así siguió bajando cara a mí los otros dos escalones y se detuvo cuando su chochito comenzaba a humedecerse en contacto con el agua de la piscina. Ese movimiento lo hizo mucho más lento hasta que se detuvo para mí. Podía ver como poco a poco cada uno de sus pelos rizaditos y casi pelirrojos se iban estirando y pegando a su pubis al contacto con el agua.

Esta vista era perfecta. Con la luz del vaso interior de la piscina iluminándola de frente podía ver hasta los poros de su coño, el tamaño de sus labios mayores, la tersura y aparente suavidad de la piel de su vagina recién depilada. La iluminación era la mejor que podía esperar. Ella lo sabía. Tenía estudiada la situación. Se quedó un rato inmóvil hasta que siguió introduciéndose en el agua poquito a poco. Ya os digo que dominaba al tiempo. Esta belleza había conseguido enamorarlo también a él y se movía a su voluntad. Ella era capaz de todo eso. Pero conmigo no podría ganar. Porque conocía su juego.

De un salto se zambulló completamente y buceó hasta el lado opuesto de la piscina. Allí se levantó y emergió súbitamente apoyada en la pared hasta sacar la mitad de su cuerpo de la misma. Ahora tenía frente a mí la vista de una perfecta sirena con los brazos en tensión, los pechos mojados y erectos por efecto del frío, chorreando agua, con la cabeza hacia atrás dejando caer litros de agua a la piscina.

Yo tenía mi verga en la mano y la meneaba suavemente para no correrme rápido. Desde su posición podría ver perfectamente la penumbra de mi cuerpo en la ventana y la forma de mi poya, con mi mano pajeándola mientras con la otra sujetaba los prismáticos. Ese fue el momento en que me miró y su sonrisa se volvió lasciva, se mordió los labios inferiores y soltó una sonora carcajada. Nuestras miradas se juntaron. Estaba consiguiendo su propósito. O yo el mío.

Se fue nadando hasta escalera donde antes me había dedicado su entrada triunfal a la piscina y se sentó en el primer escalón.

Con un suave movimiento se soltó una a una las dos coletas del pelo y agitó su cabello de adelante hacia atrás varias veces esparciendo y propulsando miles de gotas de agua sobre la piscina y el jardín. Con el pelo mojado, salvaje, sobre la cara me volvió a mirar. Me estaba viendo perfectamente con el suave meneo de mi masturbación y cómo la estaba espiando. Creo que ella se estaba excitando aún más. Escurrió el agua que quedaba en su pelo sobre sus tetas, su barriga y su sexo mojado. Qué visión. Se incorporó en los escalones y dejó caer su cuerpo hacia atrás sobre suelo y me dio de nuevo la visión de su coño y de sus tetas en posición horizontal.

Abrió las piernas todo lo que pudo, mostrándome su flor abierta, y estaba tan iluminado y lo veía tan de cerca con el aumento de los prismáticos que saqué la lengua para ver si lo alcanzaba a lamer, a secar con mi lengua. Jugar con cada uno de sus pelos y su pubis. E introducirla hasta lo más profundo que pudiera. Pero no, era sólo un efecto óptico.

Con una mano empezó a tocarse las tetas y a pellizcarse los pezones. Me estaba mirando fijamente con la cabeza de lado apoyada en el suelo del exterior de la piscina. Bajó la otra mano por su barriga y ombligo y mientras me dedicaba su pícara sonrisa se empezó a masturbar. Primero lentamente movía sus dedos en círculos sobre el pelo de su pubis, para desenredarlo con sus uñas y bajaba de vez en cuando buscando su clítoris. Con esa mano repetía una y otra vez los mismos movimientos. Con la mano derecha dejó libre sus pezones para introducirse dos de sus dedos en el interior de su vagina.

Fue aumentando el ritmo de cada movimiento, conocido y estudiado, de sus manos en su entrepierna, cada vez iba más rápido. Su cuerpo estaba en tensión, apoyado sólo por los hombros en el suelo, arqueando las piernas para mejorar mi visión. Sincronizaba los espasmos que le producía la excitación que se estaba provocando con los movimientos de sus hábiles dedos. Sus tetas bailaban al son de sus caricias en su coño.

Yo tenía que corresponderle y también aumenté la velocidad de mi paja. Ella lo estaba viendo y le gustaba. Se metió tres dedos en el coño y con la otra mano ya sólo la movía en círculos con todos los dedos de la palma de su mano alrededor frotando su clítoris. Su sexo estaba hinchado bajo la palma de su mano. Yo ya no podía de dejar de mirarla aunque estaba a punto de correrme y no sabía hacia dónde iba a disparar todo mi semen. Igual sobre la ventana. Ya lo limpiaría yo después.

Cuando parecía que por sus violentos y seguidos espasmos iba a correrse y yo con ella, alargó una de las manos y cogió un bote de desodorante que tenía sobre la toalla. Sin pensárselo dos veces y sin que yo me lo esperara lo asió fuertemente y se lo introdujo en el coño con la mano derecha. Parecía que se lo quería tragar de golpe en cada impulso. Era una yegua desbocada por los saltos que daba sobre su espalda apoyada solamente sobre los hombros en el suelo y los pies en el primer escalón de la piscina. Cerraba los ojos por acto reflejo y sólo los abría forzados para ver si yo seguía mirándola o si me corría antes que ella. Mordía sus labios.

Estábamos a punto de explotar. Con esos impulsos y ese bote que se había convertido quizá en sus pensamientos en la poya grande que había adivinado bajo mi bañador esa misma tarde, no tardó en correrse. Creo que lo hicimos al mismo tiempo. Yo no podía aguantar más. Ella vio como me corría yo, y aún con la cara desencajada de placer que la había proporcionado su orgasmo, apoyó todo el cuerpo sobre el suelo y comenzó a reírse con una gran carcajada que alcancé a oír.

Se incorporó como pudo y se fue corriendo hacia su casa, desnuda, descalza, mojada, sin recoger nada. Tan rápido como había llegado al orgasmo desapareció de mi vista. Su ropa, el bote de desodorante y la toalla quedaron en el suelo como únicos testigos de lo que acababa de acontecer.

Como pude me acerqué a por papel para recoger los restos de mi corrida. Estaba exhausto. La verdad es que había conseguido ponerme muy cachondo. Fue un bonito detalle de su parte. En ese momento sonó el teléfono de mi casa. Fui corriendo al salón para que no sonara mucho tiempo.

– ¿Diga?.- dije con la voz todavía entrecortada por mi excitación. – Tristán, soy yo.- Era Francine susurrando al otro lado del teléfono. – Dime. No esperaba que llamaras. Te has ido muy rápido.- le contesté.

– Te has puesto muy cachondo conmigo ¿verdad? He visto cómo te corrías espiándome. Eres un cerdo, pensabas en mí, me espiabas y te has aprovechado. Me deseas, dímelo y si me lo pides me acerco ahora mismo a tu casa. Así como estoy. Desnuda, mojada. No te vas a arrepentir…

– Me parece que te estás equivocando, niña. Yo pensaba que te estabas pajeando pensando en mí. De hecho reconoce que no podías dejar de mirarme mientras te masturbabas. La que está loca por mí eres tú. Tendrás que pedírmelo y que yo acepte para que esté contigo. No va a ser esta noche. Te lo aseguro. – Eres un cabrón. De esta te vas a acordar.- me contestó y colgó violentamente.

Esta batalla la había ganado yo. A una ya le había dado una lección y ahora me quedaba la madre. Ellas se iban a enterar de lo que me había hecho sufrir.

Todo lo que aconteció después igual lo cuento en futuros relatos. Espero que os haya gustado mi experiencia de juventud. En ese maravilloso verano de junio del 90.

Si te ha gustado el relato, deja tu comentario, gracias…

Felices experiencias…

Autor: Narrador Tristán

Me gusta / No me gusta