Lección de amor y sexo

Nuevamente me abrazó y comenzó a decir una sarta de obscenidades, como: ¡rómpeme la argolla!, pijudo, que pedazo de pija me estoy comiendo, cosas por el estilo que nadie creería capaz de pronunciar por esa boca hecha para decir dulzuras. En estas circunstancias sonaban a mis oídos como la más dulce de las poesías, el mayor de los estímulos eróticos.

Era época de “vacas flacas”, nada ha cambiado demasiado, más bien todo sigue igual para los que tenemos que yugarla todos los días…  Relatar los aconteceres de esos momentos es un maravilloso “revival”, me retrotraen a degustar el sabor del placer vivido a pleno, caricia al sentimiento y al afecto generado, huellas talladas en la emoción que nos empuja en el desafío cotidiano. No estoy anclado en el pasado, no todo tiempo pasado fue mejor (como decía el poeta), estoy persuadido que el mejor tiempo es el que viviré mañana, pero hay experiencias y situaciones que se hacen incomparables, esta es una de las guardadas con más afecto.

Como necesitaba arrimar unos pesos más al sueldo que tenía por esos tiempos, no tuve mejor idea que poner un anuncio en los comercios de los alrededores ofreciéndome como profesor en matemáticas, biología y otras materias.  Para hacerla corta, consigno que una tarde al llegar de la oficina, acciono play, escucho los mensajes que guardaba el contestador; uno decía: “mensaje para el profesor: Soy la señora Leonor y tendría interés en sus servicios profesionales para mi hija, mi teléfono y dirección son…”.

Tomé una ducha y encaminé a la dirección indicada, acoramos con la señora tarea y estipendio por mis servicios, comenzando el día siguiente.   Llegué puntualmente, recibido por una hermosura, con todo el ímpetu y desparpajo de sus juveniles y briosos años, y qué bien desarrollada (pensé, sin que se notara demasiado).  Me presenté (con informalidad), queriendo adecuarme a su edad. Las cuatro décadas de experiencia me enseñaron a manejarme con soltura en el ambiente joven, suelo usar sus mismos códigos, comparto sus gustos musicales, no soy ningún sapo de otro pozo, a decir de la gente joven de mi conocimiento me han dicho en varias ocasiones que soy del mismo palo, una forma coloquial de confirmar que consideran como un par, tal vez sea esa la llave de la eterna juventud.

– Sí, mi madre, la señora que arregló con usted, no está en este momento, está atendiendo con mi padre la empresa familiar y no van a regresar hasta muy tarde, como de costumbre, pero aquí tengo el cheque que me ha dejado para usted según lo convenido, me acerca el sobre. -De acuerdo, mi nombre es Rolando, llamarme “Rolo”, como mis amigos. – ¿El tuyo? – Mercedes, los amigos me dicen “Mecha” y los más íntimos “Baby”, como de nenita ¿no? – Para nada, además le da un toque de dulzura a tu personalidad tan juvenil.  ¡Me gusta!, es muy lindo, tanto como vos.-“Profe” ¿quiere tomar un café mientras nos acomodamos?  -con total frescura y naturalidad. -De acuerdo, respondí con mal disimulado entusiasmo.

Acordamos en comenzar por una revisión general, evaluar donde necesita enfatizar más la ayuda y diseñar la estrategia de estudio. Trabajamos mucho y bien, tanto así que en el boletín del segundo trimestre mostró con claridad el resultado de las enseñanzas impartidas en estos dos meses de trabajo, tres días a la semana.   Tan contenta estaba doña Leo que como gratificación me dejó un sobre con un cheque adicional y una caja con una botella de whisky “JB”. Durante todo este tiempo fuimos haciéndonos amigotes, compinches, casi amigos.   Aunque nunca pasó la peregrina idea de avanzarla, hasta ahí tan solo una fantasía en las noches solitarias, buscando acercar la relación, cruzar la barrera de “profe-alumna”.

Esa tarde Baby estaba distinta, ataviada “de colegiala”, mini, ¡muy mini!, escocesa y camisa tipo “tela de cebolla”, tan delgada que la tetas se insinuaban y los pezones hieren la tela a punto de romperla, alrededor de la pica que empuja el tejido aprecio la sombra circular de la areola que da entorno a ese ariete agresivo,  todo esto exacerba la innata sensualidad disfrazada de inocencia, recuerdo la sensación entre las piernas, como un acto reflejo condicionado el miembro estaba tomando vida, reclamando participar, domar y someter la bestia era ímproba  tarea, disimular el efecto se hacía difícil.   Nunca, en estos dos meses, la vi de esta manera, perfumada, exultante y lujuriosamente sensual: El erotismo hecho mujer.

-¿Qué pasa “profe”?, ¿qué pasó?, se miró así misma, como si buscara lo que sabía, continuó: ¿Tengo algo mal? -mohín al mejor estilo Lolita, maximiza el inquietante efecto. -¡No!, al contrario tenés… tenés… todo tan lindo, y tan bien puesto. Muy lindo. ¡Sí, tanto! -No será para tanto. -repite el cliché del mohín jugando a la ingenua.

-¡Por favor, que sí!, Nunca te vi así, como hoy.  -¿Y cómo estoy?  -interrumpió.  -Estás igual, pero distinta. – Profe. y si hoy nos tomamos un relax?, con absoluta soltura asumía el control de la situación, -total, ya que tenemos… las materias bastante… adelantadas.  -exprofeso deja las frases inconclusas como forma de seducirme, dejar la pelota en mi campo para que deba jugar mi turno.   .-¿Podríamos abrirla  y…  probar el whisky que le regalaron?  Sea buenito, enfatiza el diminutivo.

– Pero con una condición, -exagera el gesto de sorpresa- que tus padres no se enteren, sino me matan. ¿De acuerdo?  – ¡De acuerdo!, ¡será un secreto entre nosotros!  Todo lo que hagamos sí, ¡será nuestro secreto!

Acercó dos vasos y unos cubos de hielo, vertí el licor, ella revolvió los cubos con el dedo índice, amorosamente, yo mojé el dedo en mi vaso y humedecí el borde del suyo.  Levantamos los vasos para un brindis, ¡”chin chin”!, y tomamos un sorbo.  Después de dos o tres sorbos, la conversación se hizo más animada e intimista, el tobogán del deseo por conocer intimidades de la vida del otro nos llevó por los intrincados senderos de cuestiones más personales, muy personales.

Confesó que se sentía sola, que de su círculo de amigas era la única que aún no había “debutado” en el sexo, que les mentía para no parecer un “sapo de otro pozo”.  Quiso saber de mi vida familiar y afectiva, cuando dije que estaba separado, que no tenía una pareja desde hacía tiempo, le brillaron los ojos, insinuante sonrisa comienza a dibujarse en su carita de ángel.

-Estás con tanta hambre como yo, ¿no?  -Y…, más o menos para decirlo de alguna forma -cierta incomodidad, haber sido tocado sin aviso.

Se arrimó y me dijo al oído como, un susurro: -Sabés que mis padres no vuelven hasta el lunes por la tarde, estábamos en la tarde del viernes, yo no estoy aquí sino en casa de mi amiga, esta me  “hace pata” diciendo que me quedé a dormir en su casa todo el fin de semana, ¿sabés?

Terminada la frase otra vez el gesto de fingida inocencia, repetirlo potencia el efecto seductor de sus dichos. -Profe, entre todas las cosas que me aprendí hay una materia que no puedo completar.  – ¿Cuál es?, pregunté, haciendo el tonto, dándole pie para la réplica y que saliera a la luz todas las insinuaciones para no quedar expuesto por si había evaluado mal sus dichos.

-Amor… Amor y sexo. Tengo toda la teoría, pero de práctica cero. Nada de nada, deletrea lentamente.- Seguramente, con lo bonita que eres, difícilmente te falten noviecitos.  – Es cierto, tengo varios moscardones revoloteando, pero… pero son tan pendejos, que no me entusiasman demasiado para mi inicio en el sexo, como todas la chicas amigas tengo la fantasía de hacerlo con una persona hecha y experimentada, ¡como tú!

Otra vez, para alejar toda sombra de duda, enfatiza el final de la frase.

-Estoy segura que mi juventud y virginidad merecen tener buena inicio, con alguien que tenga algo más que calentura.

Ahí no más, adhiriendo los dichos a la acción se abrió la blusa mostrando el par de hermosas tetas, al vivo, sin soutien.  El instinto conservador, el temor de asustarla accionó de freno para no abalanzarme y engullirlas de un mordisco.

Concluyó de sacarse totalmente la blusa, yo sostuve la prenda y la acerqué a mi nariz para llenarme con el aroma de su ser mientras regodeaba la vista con dos masas perfectas de carne, ofrendadas al dios que se iba a hacer dueño de sus carnes. Adelantó el busto, desafiante, para integrarse a mi humanidad, ofreció una, en la boca, incendiada de deseo.  Se las acaricié manifestando la intensidad de mi lujuria. Chupé a más no poder, robándole profundos y sufridos suspiros.  Me separé un poco para poder observar la cascada de trigueños cabellos caía sobre las dos cúpulas de carne trémula.  Dos frutas maduras incitan a la rapiña de mis manos y a la codicia de mi sexo.

Deslicé la mini escocesa, levanta los píes para dejar salir del todo, ahora voy por la tanguita rosa, totalmente “sacado” me zambullí entre la “felpa” que oculta en su espesura enrulada la dulce entrada donde anida el recóndito objeto del deseo: Virginal cofre.

-¡Vamos al dormitorio de los viejos!, vamos a estar mucho más cómodos, dijo en golpe escénico, rompe la morosidad de la acción, había quedado prendado de los elixires aromáticos que su deliciosa intimidad me regalaba a modo de prólogo de la entrega virginal. -me lleva de la mano al lecho.

Se recuesta, esperaba, apoyada sobre un brazo, los pechos semiocultos por los cabellos; asomaban por entre las sábanas. La escena parecía la de un pintor renacentista, la plenitud de su juventud realzaba la dulce entrega.

Hacía real las fantasías de sus afiebradas noches de trabajo manual a destajo: “fatal femme”.  Lo que le faltaba de experiencia le sobraba de intuición y sensualidad.  Descorrí el telón de sábanas que ocultaba el resto de mujer, emergió la virgen de porcelana tendida en su ansiedad, en el secreto temor de su primera vez, espera la llegada del amor, que abran su flor al goce.  Tenerla al alcance de mis manos, desnuda en plenitud, leves curvas de mujer, deseo recostar mi cabeza en el vallecito quieto que pintan al separarse las colinas de sus pechos; el vientre era una ofrenda de los más dulces aromas, follaje de enrulado vello trigueño ocultaba en la nívea blancura de su vientre la humedad del sexo anhelante.

Me lancé encima de ella, la recorrí con garras, yemas, mucosas y  dientes, suave, arañando su epidermis como de animal herido de deseo, buscando la cueva donde descansar mi masculinidad, introducir la cánula ardiente y dejarla fluir, llenar el interior de paredes enrojecidas con nutritiva leche caliente.  Luchó…, y se rindió. Comprendí que me deseaba, por eso la “lucha” fue tan breve… El paraíso para nosotros dos en ese instante era la alcoba!  Sin una queja, mansamente estoica y silenciosa estaba presta para la entrega, para realizarse como mujer: Entregarse en alma y vida.

Durante la recorrida de exploración levantaba en mi lengua todo el aroma que emanaba de su piel, se estremecía y emitía uno que otro quejido, mezcla de pasión e incontrolada calentura.

El tajo lo tenía cerrado, pero al contacto con mis dedos se manifiesta húmedo, anhela de tenerme dentro.  Su cuerpo se tensa y afloja al mismo tiempo. Metí un dedo, después de recorrer la superficie de los labios, exacerbando sus deseos de mí, de tenerme dentro de ella.  Elevé un poco sus piernas para poder meter mi cabeza entre ellas y darnos un beso “boca a boca”.   Modificamos la posición, mientras lamía su conchita, ella tenía la verga entre sus manos, otro movimiento y se produjo el mágico número, un 69 inesperado.  Al sentirse chupada intuyó la réplica, acercó la boca a la pija, me dio un beso ¡tan caliente!, que metí la lengua lo más dentro que pude.

Escuché el llanto de ella, saqué la boca de su “boca” – ¡Seguí!, ¡seguí por favor!, no te detengas, seguí un poco más, ¡ahhh! -decía, casi gritando.   No lo sabía, estaba acabando, su primer orgasmo robado por un hombre.   Tan profundo, que no sabía manejar las nuevas sensaciones que agitan todo su cuerpo: inicia el camino hacia la mujer.  Se estremeció, juntó las piernas, mi cabeza entre ellas, quedó suspendida en el tiempo, quieta, luego otro estremecimiento, hasta que los ojos se colmaron de lágrimas.   La sonrisa de felicidad respondía a la pregunta no formulada.  Me incorporé y la besé:
-¡Bienvenida al sexo! No contestó, me miró desde la profundidad de su ser, acaba de ser estremecida por las delicias bucales, transportada al séptimo cielo del placer.

– Esta deliciosa sensación es tu primer orgasmo, disfruta y relájate que después vamos a la segunda lección, alentándola a expresarse con naturalidad.  Toma la pija en tus manos, acaríciala, suave, con delicadeza, pajea, lento, bésala como antes, despacio, siente en tu boca y en tus manos cada latido, como se hincha, como crece y se desarrolla, sentí vibrar al macho que tenés en tus manos. – ¡Así, así!, continúa chupando, obediente sigue las instrucciones, déjala bien húmeda, para que pueda entrar en ti.

Apoyé en la entrada de la “cosita”, empujé con cuidado, no pasaba nada…, elevé sus piernas y bajé al “pesebre” besé dejando abundante saliva en la argolla virgen.  Retomé el intento, me arrodillé, en acto de adoración, apoyándole el glande, empujando, suave, al tiempo que le separaba los labios y comenzaba a moverme, despacio, avanzando casi nada en ese lugar tan resbaladizo, pero fue suficiente para que ella comenzara a jadear y quejarse por el dulce martirio de la entrega.

Con dulzura y comprensión alentaba mis intentos por introducir la espada de carne, abrir la herida en su virginidad de una buena vez.  Jadeaba más fuerte, los músculos de su vagina se constreñían y apretaban en torno al miembro que pugna por adentrarse en ella.  ¡Ya era tiempo!, la besé, casi con violencia, metiendo la lengua dentro de su boca, el más intenso dado vez alguna; así, entretenida en la caricia bucal, levanté un poco mi cuerpo, estocada a fondo, me mandé dentro de ella, abriéndome paso a través del himen, el camino expedito al fondo de sus entrañas.

En ese momento se separó de la cárcel de mis labios y dio el grito decisivo, anunció su rendición incondicional.  Palpita su corazón como para salírsele del pecho, me identifico totalmente, me refriego contra su dermis hasta ser una sola humanidad: Es mía, su desfloración lleva mi sello personal.

Breve pausa, sosteniendo la penetración, quieto, para permitirle que se acostumbe a la  nueva situación.  El ritmo de la cogida lo marca mi  pija, entrando y saliendo una y otra vez de su concha, ya de  una mujer, se sentía más caliente y húmeda, tal vez también sangre del virgo.  Advertí que el dolorcito de la penetración era soportado y disfrutado, me  abrazó intensamente, placer agradecido.

Me abrazó fuertemente, sentía sus maltratados músculos vaginales aprisionándome, fue como un acto reflejo y se quedó totalmente placida y quietita para lanzar un profundo suspiro y denotar que por primera vez llegaba al orgasmo vaginal.  Quedé quieto, dejando que lo disfrutara, la esperé, y seguí metiendo y moviéndome dentro de ella, y otra vez más, un nuevo orgasmo.   Las embestidas siguientes lograron dos nuevos triunfos, acaba de recibirse de multiorgásmica.

Baby, se quejó mansamente por detener los movimientos, deseaba que continuara empujando dentro de suyo, con más fuerza y velocidad.  – Ahora es tu turno, te toca a vos  ¡Disfrútame!, dijo como un ruego, y siguió  -Déjame tu lechita dentro del nido, no hay por que preocuparse, “en estos días no soy fértil”, no hay peligro, ¡hacelo ya!.

Nuevamente me abrazó y comenzó a decir una sarta de obscenidades, como: ¡rómpeme la argolla!, pijudo, que pedazo de pija me estoy comiendo, cosas por el estilo que nadie creería capaz de pronunciar por esa boca hecha para decir dulzuras.    En estas circunstancias sonaban a mis oídos como la más dulce de las poesías, el mayor de los estímulos eróticos, me transportaban a un estado de calentura indescriptible y por demás inaguantable; vaya si tuvo efecto.

Los sones celestiales, la invitación a desbordar mi deseo en la roja herida abierta en su virginidad maltrecha, aceleraron la calentura.

Cómo resistirme al encomio y a la invitación para satisfacer mi ego.  Con toda mi alma quiero dejarme caer como un volcán, saciar mi sed de hombre en esa fuente de sabor salado que guarda la esencia del amor hecho mujer.  Retomé la concentración, dispuesto a culminar el acto, entrándola hasta el fondo y sacándola hasta la puertita, volver a entrar con toda la violencia en ella.  Levanté sus piernas, hacer más íntima la aproximación, las cruzó en mi espalda.  Así, anudados, aceleré “el metisaca”.

-Te amo, te amooo, siempre soñé con me cogieras así!, decía  jadeando. – Mamita ya estoy llegando, ya me viene…, me viene…, y te voy a dar la leche, te doy tu leche, prepárate, decía con perentoria urgencia. -Dame bebé, dame de una vez, me estoy volviendo loca, no importa que duela un poco. Daaaaale…!,jadea casi hasta  el ahogo. -¡Tomá…, tomá…! ¡Ahí va!  Te la largo, te largo todo, bien adentro ¡mi amoooor!

Salió un grueso chorro de semen, con fuerza inusitada, parecía que me salía de lo más profundo de mis entrañas, estrellarse en el fondo de su vagina, otro chorro, igualmente de intenso que el primero y otros dos un poco más calmos y normales.  En medio de la eyaculación le escuché decir: – Bebé, me vas a matar, me duele, me duele, pero ¡gozo tanto! Estoy acabando ¡otra vez!, me volvés loca! Qué rico, qué placer, dejádmela adentro para siempre: Es mía, ¡toda mía!

Quedé no sé cuánto tiempo adentro, tardó bastante en bajarse, sólo un poco.   Seguía erecta pero con menos rigidez, ambos queríamos eternizar este momento de pasión y amor.  Permanecimos en reposo hasta que me salí de ella. Tomados de la mano, de espaldas en el lecho, mirando al techo, el pensamiento en “blanco” sin noción del tiempo.  En silencio.  Me ardían las venas y la sangre caliente fluía buscando la calma: El reposo del guerrero.  El corazón latía con alegría, a pesar del extenuante esfuerzo por la epopeya épica de vencer la ciudadela de la doncella y hacerla mía: Era mía, toda mía.

Retomó el don del habla, dijo: – ¡Te amo!  Siempre soñé que resultara así, es mucho, pero fue mucho más lindo de lo que fantaseaba en mis noches de fiebre y soledad.  Siento, que luego de hacerme mujer, gracias a ti, estoy en el mejor de los mundos, con vos y por vos.  Gracias mi amor, me besó dulce.

Reincorporándome a medias, la contemplé y besé su sexo, me apasionó ver como se le salía un hilito de sangre, mezclada con un licuado de sus jugos y mi semen.   Se la limpié con el toallón, no era mucho pero se incorporó para ver la muestra del acto más de cerca; sonrió agradecida, otro beso diciendo: Papííííííííto! Es tu firma, ¡qué autógrafo me regalaste!, muy mimosa continuó – Si está fue  tu firma,  ¿podrías escribirme un libro?, total, aún tienes la lapicera cargada.  Estoy muy feliz, un poquito dolorida, pero me gusta sentirme así, hasta el dolorcito disfruto, cada latido que da la “chuchita” lo estoy disfrutando.  Después ¿podemos hacer más?

No podía quedar mucho tiempo quieta, volvió a incorporarse, y fue a la pija que mantenía agarrada en su mano derecha, casi en erección, acercó la boca, corrió el prepucio haciendo que asomara la cabeza y como brotaban de la uretra remanentes gotitas de leche, se precipitó sobre ella, diciendo:

– ¡Qué delicia, es mía, mía! Y lamió con emocionada fruición, paladeando esa “miel”, jugueteó con la lengüita, relamiéndose los labios por si hubiere quedado algo en ellos.

Fue una noche de entrega mutua, que nos marcó, que dejó huellas imborrables en nuestros cuerpos y en nuestras almas, dejando la impronta en nuestras neuronas, el gusto de los besos que nos dimos, el arrullo de los quejidos de ella y mi agitación por gozarte, el dolor de ser mujer y el alivio de mi deseo hecho semen, la satisfacción de la comunión de nuestros cuerpos y almas, conjunción que, que nada ni nadie podrá jamás arrebatarnos, quedó para la eternidad: Para nuestra eternidad.

Cada vez que la rememoro, es como un rehilar de recuerdos que van tomando diferentes matices, que enriquecen el recuerdo de esa noche tan especial.  Después de esta primera lección, vino la segunda, queda prometida.

El profesor seguirá atendiendo a todas las lectoras que necesiten aprender o perfeccionarse en el arte del amor y el sexo, que las atenderé personalmente, amplitud de horario y tiempo disponible, espero su comunicación, dirigirse a la dirección de e-mail que figura al pie del relato.

Autor: Arthur

¿Otra semana en soledad? No más, registrarte gratis y encuentra lo que buscas http://www.yunu.com/ y goza con la pareja.

Me gusta / No me gusta

Las delicias de una madura

Seguimos besándonos mientras lentamente quitaba su ropa ahí en la sala de su casa, ni tiempo de ir a la recámara, terminé de desnudarla, tenía un monte súper, el color era castaño y los labios vaginales muy rojos, la senté el sillón más amplio y la abrí totalmente de piernas, que ricura me empecé a comer, pasé lentamente mi lengua sobre sus labios vaginales, ella solo alcanzaba a gemir.

Hola estimados lectores, antes que nada les diré que soy un lector muy asiduo de estos relatos, esto que les cuento es real, aunque quizás a algunos no les parezca, pero en fin es cosa de ellos, les comento que soy de La Veracruz México, concretamente de la su capital, Xalapa, una ciudad muy culta y hasta cierto punto sumamente conservadora, en especial las personas maduras, es por ello que me sorprendió mucho esto que me sucedió y ojaláa me pasara más seguido.

Eso pensaba hasta hace poco, resulta que soy casado. tengo 33 años y muy caliente, me considero buen amante y un hombre dispuesto a disfrutar y darle placer a una mujer, siempre me han encantado las maduras, son mi delirio, resulta que hace unos meses estando en un chat me abordó una persona por un mensaje que yo enviaba insistentemente a la sala, era una señora de 48 años, en el mensaje solicitaba una mujer ardiente, ella me cuestionó, que si en verdad me sentía capaz de poder apagar su ardor, comenzamos a platicar cosas cachondas, y cuando me dijo que era de mi ciudad casi me vengo de la emoción.

Acordamos una cita en su casa, ella es divorciada, a las dos de la tarde estaba tocando la puerta de su casa con la verga bien parada, ella abrió la puerta, una señora en toda la extensión de la palabra, quien la ve en la calle no piensa que se masturba leyendo en internet o teniendo cibersexo en salas del chat, apenas entré me recibió con una beso cálido que casi me saca la respiración, se notaba que tenía meses sin sexo, nos besamos como locos, nuestras lenguas se enroscaban en su boca y pasaban a la mía mientras mis manos recorrían su cuerpo, no tan escultural, ya que los años han hecho mella en el, aun así está muy buena, mis manos recorrían sus nalgas.

Empezó a suspirar, hummmm, papi que rico besas, decía ella mientras masajeaba mi erecta verga, cuyas medidas son normales, 18 cm de largo y eso sí, gruesa, la masajeaba como si ello fuera lo más deseado en su vida.

Seguimos besándonos mientras lentamente quitaba su ropa ahí en la sala de su casa, ni tiempo de ir a la recámara, terminé de desnudarla y hummm, que rico, un monte súper, el color era castaño y los labios vaginales muy rojos, la senté el sillón más amplio y la abrí totalmente de piernas, humm, que ricura me empecé a comer, pasé lentamente mi lengua sobre sus labios vaginales, ella solo alcanzaba a decir. – Siiiiiii, sigue mi pequeño, más amor, más, besa el botón, tomaba mi cabeza, la subía y bajaba con desesperación, yo estaba arrodillado a sus pies y subí sus piernas en mis hombros, con esto tenía a plenitud tanto su vagina como su ano rico, mi lengua no paraba, mientras mis dedos pasaban por sus pezones mi lengua estaba en su clítoris, lo mordía suavemente, ella gemía, -Dale amor, que ricooo, hummm, que bien mamas papi, mi lengua bajaba por sus labios vaginales, entraba y salía de su vagina y bajaba por su ano ahí lo mordía los bordes y ella se tensaba pedía más.

Mientras tanto mis manos estaban entrando y saliendo de su vagina,- Ya papi, me vengo me vengoo, hummm, y se vino en mi boca, tomé sus jugos y subí lentamente besando su cuerpo, sus pechos, su ombligo hasta llegar a sus flácidos pero ricos pechos, los mordí, los besé, chupé hasta que ella nuevamente empezó a gemir, – Huumm, siii, que rico, cómeme, mámame, yo seguía sus ordenes y ponía máas atención a lo que hacía, mi boca en sus senos y mis dedos en su vagina y ano, entrando y saliendo, en toda la casa solo se oía, – Hummmm, ricooo, massss, asiiii, asiiiii que placerrr.

No dejaba de hablar, la verdad es que estuve más de 50 minutos con eso de sus pechos a su vagina y de ahí a su culo y de regreso, siempre con la lengua, es algo que me encanta y a ella le fascinó, después algunos orgasmos y peticiones de que la poseyera le hice caso, ya estaba al borde le la locura con el tiramiento que le había dado y yo estaba satisfecho con sus jugos, así que procedí a penetrarla, no sin antes darle un poco de placer adicional, le abrí las piernas lo más que pude y puse la punta de mi verga en su cueva, ahí la restregué suavemente, mi pene en su clítoris ella solo pedía,

– Ya penétrameeee, hummm, me matas de placer dale mijo, dale adentro yaaaaa, ayyyyyy siiiii, yaaaaaaa…

Yo seguía dándole igual frotando en su clítoris, vagina y ano para una locura total, fue tanta su desesperación que con sus piernas se ayudó y se penetró ella sola de un solo golpe, mi verga entró como en mantequilla hasta el fondo de su cuevita húmeda y hambrienta. -Huuuumm, que ricooo, así metela adentro todaaaa, siiiiiiiii, es lo que alcanzó a decir, mi verga entraba y salía muy ricooooooo, yo que estaba súper caliente preferí cambiar de posición para que ella llevara el ritmo y sin sacarla de ahí hice que se montara en mí.

– Hummm, ricooo, que verga tan sabrosa, decía y se movía más,  tomé sus pechos y los mamé como nunca, sentí que me venía, la tomé por las nalgas y metí mi dedo en su ano, ella solo alcanzó a exclamar, – Ricooooo amor, ricoooooo, aaaayyyyyyyyyyyyy, y ambos nos venimos a la par.

Después de esto ella se quedó sobre mí y la besé en la cara, en sus mejillas, en su cuello, sus labios, en fin todo lo que una mujer necesita después de un momento como este, mi verga se quedó ahí dentro hasta que perdió su erección, me dio las gracias, por que según ella nunca había gozado tanto y le había despertado un nuevo deseo, el sexo anal, pero esa historia la contaré después si es que veo publicada esta si no ni modo.

Autor: Boby

Y ahora a bajar un buen video y a gozarla… Clika aquí http://www.videosmarqueze.com/ no te lo prives.

Me gusta / No me gusta