Le dio mi leche a su marido

Mientras le contestaba el teléfono a su inoportuno esposo, yo seguía entrando y saliendo de su culo, de este culo rico y hermoso. Pude notar como ella aprisionó aún más mi verga… y acercaba más aún sus nalgas a mí. Sus movimientos se hicieron frenéticos, salvajes, sus gemidos inundaban toda la casa. Fue cuestión de unos quejidos más, de unas cuantas rotaciones de sus nalgas hermosas y borbotones de leche caliente salieron disparadas e inundaron todo su precioso culito.

¡Ahhhh! Había terminado dentro de su apretado culito, descargué toda mi leche caliente dentro de ella, me quedé varios minutos así, sintiendo como su culo apretaba mi verga que se encontraba bien adentro, con mis bolas rozando sus nalgas hermosas.

Todo empezó por la mañana, tenía unas ganas enormes de cogerla, teníamos algunas semanas de no podernos ver y quería cogerla. No nos habíamos visto porque no podía salir de su casa, su marido la cuidaba demasiado. Así que tenía que ir a visitarla, falté ese día al trabajo, el día era espléndido, con un sol radiante que invitaba a una cogida matutina, mientras todos trabajaban, mientras su amado esposo trabajaba intensamente, mientras sus pequeños hijos estudiaban arduamente en la escuela… nosotros cogeríamos deliciosamente.

Muy cerca de su casa le hablé por teléfono, me contestó como siempre – ¿dónde estás?- me preguntó, muy cerca de tu casa, ¿estás sola? Si – me respondió. Tengo ganas de cogerte, de cogerte muy rico. Pero no puedo salir, Víctor me hablará en cualquier momento y ya sabes que se enoja mucho si no me encuentra. Bueno podemos hacerlo en tu cama o en tu sala o en tu cocina o tal vez en el baño o en la escalera, donde tú quieras… Nooo – me respondió- como crees eso es muy peligroso, alguien se puede dar cuenta. Nooo. Sin embargo, su respiración era más rápida, su voz temblaba de la emoción y del deseo de hacer lo prohibido. Bueno, si no quieres pues nos vemos en otra ocasión. Noo, ven… pero trata de que no te vea nadie, tengo ganas de besar tu verga, solo le doy unos besitos y te vas, ¿si?  Si, claro solo unos besitos… le dije en tono muy suave.

Yo sabía que no sería solo unos besos, se tragaría toda mi verga, hasta casi ahogarse, hasta que la punta tocara su garganta, como a ella le gusta y tal vez si podía convencerla me daría su tesoro más preciado, ese agujero apretado que tanto se había resistido a dar, que ni su querido esposo había podido penetrar en casi 8 años de feliz matrimonio, aunque no había ocasión en que se lo pidiera. Mientras manejaba las dos o tres calles que me separaban de su casa, iba imaginando como estaría vestida. Tal vez estaría con su minifalda azul, que se pegaba a sus caderas, a su culo hermoso y que dejaba ver más de la mitad de sus muslos, que tanga llevaría (de unos meses acá, sólo usaba tangas), tal vez la negra, sostenida por unos delgados hilos metidos y abrazados por ese par de hermosas nalgas, rozando su culito hermoso y metida entre esos labios gordos de su concha empapada de sus líquidos amorosos.

Llegué frente a su casa, se veía hermosa, acogedora, no había nadie afuera, así que tranquilamente baje y llame. La puerta se abrió lentamente y apareció la mujer que me volvía loco, mmm pude oler su perfume… recién bañadita, con su cabello aún mojado, sus ojos grandes mirando nerviosamente en todas direcciones, su boca entreabierta como anticipando lo que entraría en ella en unos minutos, sus pechos pequeños (“para que no los confundan con montañas”), subiendo y bajando junto con su respiración agitada, su cintura pequeña, y lo mejor… estaba abajo, con su falda azul que envolvía perfectamente ese culo delicioso, perfecto, con sus muslos hermoso mas abajo… Te ves divida, le dije lentamente… Pasa por favor, alguien te puede ver…

La seguí por el jardín, hasta su casa, que delicia, iba tras de ella, viendo como ese culo hermoso se movía de un lado a otro, podía ver (o imaginar), el pequeño triángulo de tela que se dibujaba en medio de esas caderas e imaginaba como se metía en medio de sus nalgas… uffff tiene que ser mío pensé, tengo que cogerme ese culito… Pasamos a sus casa, estábamos solos, en medio de la sala la abracé, besé sus labios, pude sentir sus pechos y sus pezones, acaricié su cintura y por supuesto bajé lentamente a sus nalgas, pufff que nalgas… Las acaricié sobre su falda, pude sentir su pequeña tanga, había acertado, se sentía bien metida, deliciosamente apretada, bajé un poco más y mis manos sintieron la piel delicada de sus mulos, su piel tibia; fui subiendo, recorriendo lentamente cada centímetro de su piel, sintiendo como se estremecía cada vez que me acercaba a sus caderas, a sus nalgas.

Finalmente llegué, a ese par de nalgas, me regocijé, las acaricié, las estrujé, pude sentir las delicadas tiritas de tela que sostenían su tanga y que desaparecían en medio de ese valle hermoso. Mis manos inquietas recorrieron todo su cuerpo, la derecha hacia adelante, hacia su conchita preciosa, que tenía efectivamente en medio de sus labios ese pedazo de tela mordido con sus labios, esos labios empapados, húmedos, deliciosos, que tal vez hoy tendrían que esperar… Mi mano izquierda, estaba tratando de seguir el pedazo de tela en medio del valle de sus nalgas, efectivamente se hacía cada vez más profundo y lo pude tocar, ahí estaba su culito hermoso, recién bañadito para mí, con sus pliegues, que se hacían más fuertes cada vez que los rozaba con mis dedos inquietos y que se apretaban fuertemente cuando trataba de entrar en el…

Nooo me dijo muy suavemente, nooo, por ahí noooo. Pero su culo hermoso no obedecía lo que sus labios decían, más bien se arqueaba y trataba de acercarse más a mis dedos traviesos que intentaban horadar su pequeño agujerito. Finalmente y ayudado por los jugos que de su conchita tomaba, su culito hermoso cedió, abrió lentamente sus pétalos y pude entrar, apenas unos milímetros, pero rápidamente se fue comiendo todo mi dedo, que quedó aprisionado muy profundamente, mientras por delante su conchita hermosa había devorado dos dedos de mi otra mano. Su respiración era cada vez más agitada, no por ahí no, me repetía una vez más, pero sus ojos entrecerrados, su boca entreabierta me decía todo lo contrario.

¡Al fin! Ese culito hermoso sería mío. Súbitamente ¡ringgggggggg! el teléfono sonó, el maldito teléfono sonó… ¡Es él -me dijo- es él!  Sin dejar de estar ensartada por mis dos manos en sus lindos agujeritos, tomó el teléfono. Ho-ola dijo con su voz entrecortada, si, si amor, estoy bien, sólo que tengo un poco de dolor de cabeza -mientras mis dedos reiniciaban sus movimientos lentos, mientras mi dedo pulgar frotaba su clítoris inflamado- si no te preocupes, me voy a recostar un rato y a tomar algo para el dolor… si bye.

El hablar con su esposo la había puesto más caliente, sus besos eran más intensos, los movimientos de sus nalgas acompañaban al de mis manos y me susurró al oído, cógeme, cógeme… pero por atrás, quiero darte algo que no le he dado nunca a nadie…  cógeme. Si mi amor, claro, lo que tú quieras… ¡Lo había logrado! Su culito virgen sería mío. Se fue recostando apoyando sus pechos sobre el sofá, parando su culo hermoso, con su minifalda apenas cubriendo sus deliciosas nalgas, ahora podía ver perfectamente como estaba ahí en medio de sus nalgas, cubriendo casi nada de su culito apretado. Me acerqué, besé todas sus nalgas, lamí su conchita que estaba más mojada que nunca, pasé mi lengua por sus labios, la metí profundamente y luego subí, subí a su culito, separé un poco el pedazo de tela que lo cubría y lo besé, tiernamente, agradeciendo de antemano el placer que me daría en algunos momentos.

Luego lo lamí, lo llené de saliva, tenía que estar bien lubricado, aspiré su olor, olía a su perfume, traté de guardar en mi memoria cada uno de los detalles, su culo, su minifalda, su olor, so conchita entreabierta, su tanga a un lado. Cógeme, cógeme por el culo me ordenó, sii, claro que sí… pero antes dale un besito. Si. Le acerqué mi verga que estaba a reventar, la puse en sus labios hermosos, su boca se abrió, rápidamente la cabeza tocó su garganta, estaba insaciable, no eran besos como siempre, eran chupadas, mamadas, por vez primera mi verga desapareció totalmente dentro de su boca y de su garganta, no lo podía creer, siempre me decía que no le cabía y ahora se la había comido totalmente, podía sentir su garganta caliente y húmeda.

Cuando mi verga salió de su boca, hilos de saliva densa, de mucosidad de su garganta conectaron la punta de mi verga con sus labios, ese era el material que necesitábamos, con ese líquido baboso en la punta de mi verga nuevamente me acerqué a sus nalgas y la punta finalmente lo tocó, pude sentir los pliegues de su culo que se resistía a abrirse, pero el lubricante natural lo hizo todo, poco a poco los pliegues se fueron abriendo y la cabeza de mi verga empezó a entrar. Podía sentir la presión de su esfínter, y como poco a poco avanzaba hasta que la cabeza de mi verga desapareció y con ella un aaaaahhh intenso se escuchó en toda la casa. Cógeme, métemela toda, todaaaa… Poco a poco todo el tronco desapareció, lentamente hasta que toda mi verga quedó sepultada dentro de ese túnel, apretado, más apretado que su conchita.

Posé mis manos en sus nalgas y empecé a moverme hacia adentro, hacía afuera, mis manos recorrían todas sus nalgas redondas y mi verga entraba y salía en su culito. Riiinggggg nuevamente el cochino teléfono… ¿Si? Si ya me siento mejor, pero creo que me quiere dar gripe porque además de la cabeza también me duele la espalda y las caderas, de hecho me duele todo el cuerpo. Mientras le contestaba a su inoportuno esposo, yo seguía entrando y saliendo de su culo, de este culo rico y hermoso. Pude notar como ella aprisionó aún más mi verga cuando hablaba con su esposo… y acercaba más aún sus nalgas a mí. Si amorcito adiós y colgó… Y con ello sus movimientos se hicieron frenéticos, se hicieron salvajes, sus gemidos inundaban toda la casa. Aaaahh, aaaaahhh, másss, másss. Me agaché un poco y tomé sus senos en mis manos y mi verga entraba y salía, salía hasta la cabeza y entraba nuevamente hasta desaparecer totalmente.

No podía más de un momento a otro terminaría. Fue cuestión de unos quejidos más, de unas cuantas rotaciones de sus nalgas hermosas y borbotones de leche caliente salieron disparadas e inundaron todo su precioso culito. En ese momento mi verga estaba enterrada profundamente en ella, la abracé fuertemente y descargué toda mi leche en ella. Discúlpame, pero no podía más -le dije-, pero tú no terminaste. No te preocupes, pero ahora tienes que irte porque Víctor viene para acá.

¿Amor me permites quedarme y ver que pasa cuando él llegue? Me da miedo que te vea y todo se complique. No te preocupes me ocultaré bien y cuando todo pase, me marcho sin hacer ruido.  Lo pensó, se sonrió y luego, aceptó. Mi corazón latía aceleradamente, rápido salí y moví el auto, afortunadamente no había nadie. Ahora me imaginaba las siguientes escenas, del culito hermoso siendo cogido por su dueño, pero con la leche mía, a unos milímetros y sin que se diera cuenta. Rápidamente regresé, me escondí en el closet, el escondite estaba perfecto.

Ella se quitó la blusa, se quitó la falda y quedó únicamente con su tanguita y se metió a la cama, de lado, con su cuerpo rotado y descubierto, con culo paradito y orientado hacía mí. Que vista tan espectacular, podía ver sus nalgas, la tanga que había desaparecido nuevamente en medio de ellas y todo su cuerpo pidiendo terminar, quitarse esa calentura que no había podido bajar. Los minutos se hicieron interminables, finalmente el ruido de la cerradura de la recámara me hizo volver a la realidad. Como sigues amor- escuché al esposo decir- apareció en la recámara y se quedó parado, admirando ese culo hermoso, el culo de su esposa, sin sospechar que era un culito recién cogido y no por él precisamente. No hablo más, se acercó y le dio un beso en la mejilla a su mujer- amor creo que si tienes fiebre, te noto muy caliente, estás muy rojita de tu cara y estás respirando muy agitada. Creo que si- respondió ella- ya me tomé un analgésico y pronto me sentiré mejor- ¿Me podrías dar un masaje?, me duele todo mi cuerpo. Si por supuesto.

Pude ver como la verga de Víctor se había parado debajo de su pantalón. Se montó sobre ella y empezó a pasar sus manos por todo su espalda, en algún momento pareció percibir algún olor porque se detuvo y aspiró como si tratara de identificar algún olor. Finalmente siguió, la hermosa vista de las nalgas de su mujer lo volvieron a la realidad. Bajó sus manos a esas nalgas, a esas nalgas que solo algunos minutos antes yo había acariciado. Las tomó entre sus manos y lentamente se acercó, empezó a besarlas, pasó su lengua por las mismas zonas que hace unos minutos yo había recorrido.

Hizo un gesto de extrañeza cuando separó los labios de su conchita y los encontró inundados, que raro pensó, luego siguió a ese culito, un poco rosado aún y lo besó, lo besó tiernamente. Finalmente sólo escuchó una orden, cógeme mi amor, cógeme, y bruscamente ella se acomodó, paró su culo hermoso y empezó a hacer movimientos de acercamiento. El no pudo más, era imposible permanecer quieto con tremenda invitación. Rápidamente sacó su verga y la introdujo en esa conchita caliente, entró y de deslizó como nunca antes, le llamó la atención, pero siguió adelante.

Podía ver como su verga desaparecía en esa conchita y como el culito recién cogido se contraía en cada embestida. Esto no duraría mucho, ella gemía cada vez con más intensidad, sus movimientos eran más intensos, su culito se contraía cada vez más, como si se esforzara en retener algo. Unos segundos antes de que ambos terminaran, pude ver como ese culito no pudo contener más y unas cuantas gotas de leche blanca abandonaron esos pliegues irritados de ese culito recién cogido. Víctor no pudo ver nada, unos segundos después estaba depositando borbotones de leche caliente en la conchita húmeda de su mujer. Ella rápidamente se giró y se sentó, hummm amorcito te viniste como nunca, mira cuanta lechita me dejaste, que bárbaro. Si, es cierto, es que estaba muy excitado, tú me enciendes mucho. El no sabía que justo cuando su querida esposa se giró y se sentó, salía de su culito la leche que poco antes había depositado yo.

Si tienes algún comentario, estaré agradecido de recibirlo.

Autor: sur9983

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