TRAVESTISMO

Después de mis experiencias de travestismo en solitario decidí que era el momento de salir a la calle. Desde que vivía solo me había hecho con una gran cantidad de vestuario femenino y hasta con unas tetas de látex de talla 95 c y varias pelucas. Me duché y me metí en el culo, tras lubricarlo, un tampax dentro de un preservativo, me puse otro preservativo en la polla, que ya se me estaba poniendo morcillona, y tras colocarme las tetas que van con unos tirantes transparentes, comencé a vestirme.

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Cuatro Estaciones (Otoño)

Esta historia que les voy a contar sucedió una tarde de otoño, recibí una llamada de Inma, Inma era compañera del centro de nuevas profesiones. Ella estudiaba relaciones publicas, yo publicidad y marketing, nos conocimos en una quedada con extranjeros, ella fue con sus amigas María y Eloísa y yo fui con mi amigo Hernán y Pablo, conocimos a muchos extranjeros pero en verdad a quien conocimos fue a las chicas. Inma y María eran muy amigas y siempre iban juntas a todos lados, yo me incorporé más tarde a la pareja y los tres nos volvimos inseparables.

Esa tarde solo quedamos Inma y yo, Inma es una chica morena de 1.75, ojos marrones y con un pecho de copa D pero un rasgo que le distingue de otras chicas es el trasero que tiene, su trasera parecía que había sido esculpido por Miguel ángel era totalmente redondo y duro, su trabajo le costaba todos los días se iba a correr por el parque más de dos horas.

Inma se tenía que ir a comprar un vestido y no le apetecía ir sola y yo no tenía nada mejor que hacer así que la acompañé. Era muy tedioso miraba todos los vestidos yo mientras ponía los brazos para sujetarle los vestidos luego la acompañé al probador donde ella se metía y empezaba a probarse vestidos salía y vuelta a empezar en otra tienda.

Cuando llegamos a Berska hicimos el mismo ritual, entramos en la tienda y cogió varios vestidos y se metió en el probador, cuando salió al poco rato con un vestido negro que le estaba muy ajustado me miró y dijo ” ¿me puedes subir la cremallera?” yo se la subí y me fijé como le sentaba el vestido era como un guante estaba súper ajustado tan ajustado que se le notaba el sujetador y las bragas debajo por lo que no podría llevar ropa interior debajo del vestido. ella lo desechó, miró a los lados y viendo que no había nadie me dijo que entrar al probador con ella yo lo hice y me senté mientras ella se quitaba el vestido intentaba no mirar pero ella me dijo ” da igual que mires eres como mi hermano” dicho esto dejó caer el vestido al suelo quedándose en ropa interior tanga negro y sujetador negro el cuerpo lo tenía totalmente depilado podía ver que no tenía pelos en el chocho.

El siguiente vestido que se probó fue uno compuesto por un pantalón y una chaqueta, le resaltaba su culo pero en cuanto a la chaqueta no le sentada nada bien se lo quitó y se volvió a quedar en ropa interior delante de mí, ella me miró y juntándose la tetas me dijo
– ¿crees que tengo unos pechos bonitos o no?
– Bueno, tienes pechos muy bonitos pero no es tu mejor cualidad.
– Ja j aja ja , ¿cuál es mi mejor cualidad? Si se puede saber.
– Pues está detrás de ti. – le dije de forma muy descarada.
– ¿Mi culo? – preguntó ella.
– Exacto
– Seguro que te has hecho muchas pajas pensando en él. – me dijo ella mientras miraba su silueta en los espejos
– No tantas como te imaginas.- le respondí.
– ¿Entonces mis pechos no te gustan? – dijo ella poniéndolos en mi cara
– No son tan espectaculares lo he visto mejores.- le dije mirándolos fijamente.
– Entonces si hago esto- se puso una mano sobre sus pechos mientras que con la otra desataba los corchetes dejando caer su sujetador al suelo y tapándolos con las manos- ¿no te pone cachondo?
– Hombre soy humano, y hombre pero aún así tus pechos no son tan bonitos.
– Pero fíjate – dijo mientras quitaba las manos de los pechos dejándolos verlo y se acariciaba los pezones con los dedos pulgar e índice.
– Son bonitos pero no tanto como otros – le dije mirándoselos- aunque espera un momento – me levanté y me acerqué a ellos y los miré fijamente ella paró de tocarse los pezones y se quedó expectante a lo que estaba mirando exactamente.

Estuve un rato mirando sus pechos desde todos lo algunos ella me preguntaba si había terminado yo le decía que no, cuando ella estaba más intrigada de lo que estaba haciendo saqué mi lengua y le di un lametón a su pecho derecho, ella se empezó a reír para luego darme un golpe en el paquete y comprobar que estaba duro como una piedra, lo que iba a ser un golpe se convirtió en un agarre, y en un palpe ella se quedó absorta con el tamaño que había adquirido yo le dije ” ¿quieres que me la saque para verla o prefieres seguir tocándola por encima del pantalón? ” rápidamente ella la soltó y se dio la vuelta para probarse otro vestido, yo me senté y estuve viendo como se probaba el resto de vestidos.

Cuando salimos de Berska con su pantalón vaquero, su camisa de corchetes y con el vestido rojo que le gustaba nos fuimos a tomar una coca cola, ella estaba absorta y dijo que mejor íbamos a su casa a dejar el vestido y allí podíamos tomar la coca cola y así lo hicimos. Inma vivía con sus padres y muchos fines de semana lo padres se iban a la playa y se quedaba ella sola en casa más de una y dos veces habíamos hecho alguna que otra reunión en la casa. En esta ocasión sus padres estaban en la casa había cancelado su fin de semana en la playa nada más entrar saludé a sus padres. Yo conocí a Felipe su padre y Ana María su madre eran una pareja de lo más de simpática. Inma le enseñaba el vestido a su madre mientras yo me quedé hablando con Felipe. Al rato salió Inma de su habitación y dijo que nos íbamos y así lo hicimos me despedí de sus padres y salimos por la puerta.

En vez de bajar subimos hasta el último piso 14, y subimos el último tramo de escaleras porque quería enseñarme las vistas que tenía. En todo el tiempo que hacía que conocía a Inma nunca había subido a la azotea de su bloque. Estaba desierta había unas pocas chimeneas que creaban un bosque de chimeneas ideal para jugar al escondite, ya había oscurecido y se veían todas la luces de la ciudad al igual que los edificios más emblemático iluminados por la luz de las luces de neón era una vista mágica me quedé absorto tan absorto que no me di cuenta que Inma se había puesto detrás de mí y me había desabrochado dos botones de la camisa y ahora estaba acariciando mi barriga e intentando desabrochar el cinturón de mi pantalón, cuando sentí el tirón salí de mi empanamiento y me di la vuelta. Ella me miró y consiguió abrir mi cinturón yo la tomé por la cintura y empecé a desabrocharle los corchetes de su camiseta dejando su sujetador a la vista de toda la ciudad, sujetador que desabroche y sus pechos empecé a comer me apetecían sus pechos desde que los vi desde que la conocí en aquel bar del centro con ese escote aunque fuera mi amiga y fuéramos íntimos esos pechos me atraían como el imán al hierro. Escuché una persiana cerrándose y tomé conciencia que había vecinos alrededor. La cogí de la mano y la llevé hasta un muro donde ninguna persona de los edificios colindante pudiera vernos y la besé.
Nuestro beso empezó muy suave luego empezó a volverse más y más violentos al igual que nuestra verticalidad empezamos de pie y luego terminamos sentados Yo acariciaba sus pechos mientras que ella no paraba de coger mi polla y moverla de arriba abajo como si fuera una palanca de una maquina traga perras. Nuestra ropa poco a poco fue separándose de nuestros cuerpos hasta que ambos quedamos desnudos entonces ella se puso de rodillas y empezó a meterse mi polla en su boca yo levanté y doblé las rodillas y me agarraba su cabeza no hacía falta que hundiera la cabeza sobre mi polla Inma sabía cómo hacer una mamada llegó el punto que iba a correr y le dije que parara ella se levantó y acerqué mi boca a su coño para hacerle una comida de coño como Dios manda.

Ella sentía mi lengua en su coño entrando y humedeciéndolo mientras ella jugaba con sus pechos esos pechos que esa tarde había tenido en mi cara y que hace un rato había saborado cuando mi polla estaba más dura que una barra de acero la senté encima de mi polla metiéndole mi polla por su rasurado coño, estuvimos con ese mete saca un largo rato después me puse de pie y ella se apoyó contra la pared y se la metí en el coño por detrás llegando a correrme iba sacarla pero ella me dijo que me corriera dentro que tomaba la píldora y así lo hice derramé toda mi leche dentro de su coño con tan abundante cantidad que le chorreaba por las piernas sacó tres pañuelos me ofreció uno para que me limpiara la polla y los otros dos los utilizó para limpiarse de sus piernas y su coño mi corrida. Nos vestimos y nos fuimos al Madigans un bar Irlandés en el cual estaba María, Pablo, Eloísa y Hernán, su novio, esperándonos. Nunca hablamos de lo que pasó en la azotea y sobretodo nunca se lo contamos a Hernán, bueno Inma se lo contó una persona la cual quiso probar también pero eso es otra historia que os contaré en otro momento…

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Mi mujer descubre mi fetichismo.

Quería contarles la vergüenza que pase cuando mi mujer descubrió mi afición a su ropa interior y mi fetiche por sus aromas más íntimos.

Soy un hombre casado, que llevo una vida muy tradicional, tengo 38 años soy moreno y tengo un cuerpo atlético gracias a que me gusta practicar deporte y además por mi trabajo en una gran empresa siempre intento llevar una imagen muy cuidada.

Mi mujer tiene una estatura media, aproximadamente 1,67 es rubia y con la piel tirando a blanquita, al igual que yo le gusta cuidarse, aunque ella tiene un ligero sobrepeso, que sin estar gorda hace que se marquen más las curvas de su culo y sus tetas. Suele vestir bastante discreta aunque siempre lleva algún escote, que sin ser excesivo deja entrever sus grandes pechos.

Llevamos mucho tiempo juntos y tuvimos los hijos muy temprano, por lo que durante este tiempo hemos descuidado nuestra relación de pareja y el sexo se ha convertido en monotonía; postura del misionero una vez cada 15 días con suerte. Lógicamente para mí esto no es suficiente por lo que suelo masturbarme habitualmente.

Hace ya unos meses mi vida sexual cambio, me encerré lavabo para ducharme y cuando abrí el cesto de la ropa sucia para dejar la mía, vi las braguitas de mi mujer

Era unas braguitas blancas con unos pequeños encajes, no me hubiera fijando en ellas sino porque estaban ligeramente manchadas a la altura del coñito, y sin saber porque, como si fuera un gesto instintivo las acerque a mi nariz para olerlas.

Esto bastó para que mi pene se pusiera tieso como un palo. Tenía una erección como las de hacías mucho tiempo, seguí oliéndolas mientras me masturbaba hasta que finalmente me corrí salpicando todo el baño.

Había disfrutado como nunca con aquel aroma, a mí siempre me había gustado practicar el sexo oral y de hecho lo hacía con todas mis novias, me daba morbo comerles el coño, esos aroma tan íntimos, ver como se estremecían hasta correrse. El aroma de aquellas braguitas trajo a mí todos aquellos recuerdos.

Aquel aroma me tenía loco, quería volver a sentirlo, así que a los días intente practicar sexo oral con mi mujer, pero a ella no le gustaba lo rechazo diciendo que era una guarrada y como siempre tuve que conformarme con tocarla un poco para luego terminar con la penetración.

Otro día me habría conformado con aquello pero ahora ya no era suficiente, al terminar solo hacía que oler mis dedos para intentar sentir aquel aroma. Desde entonces todos los días me encerraba en el baño para buscar las braguitas de mi mujer y poder desahogarme.

A veces estaban totalmente limpias y apenas olían, otras veces estaban manchadas con restos de flujo e incluso alguna vez con resto de su pis o de su de caca…me daba igual para mi todos aquellos olores eran deliciosos. Aquello termino siendo una rutina y cada vez que mi mujer iba al baño a duchase entraba yo para buscar mi premio

Pero un día todo cambio, era sábado por la mañana y estábamos solos en casa, ella venia del gimnasio y dijo que iba a darse una ducha porque no había podido ducharse en el gimnasio.

La mire y la vi toda sudada, llevaba unas mallas gris claro que marcaban todas sus curvas, sus braguitas e incluso ligeramente su coñito,…además sabia que el día de antes no se había duchado porque pensaba hacerlo en gimnasio.

Se dio una ducha y salió al salón, yo me levante como un rayo y fui directo al baño, me cerré la puerta con cerrojo y me puse a buscar como un loco entre la ropa sucia, pero para mi sorpresa no encontré su braguitas…estaba toda la ropa sucia y solo faltaban las braguitas, no podía ser!!!!Tal vez no llevaba!!!

Abrí la puerta totalmente frustrado y al salir me quede de piedra cuando vi a mi mujer plantada junto a la puerta con sus braguitas en la mano. Me quede blanco, totalmente bloqueado, hasta que ella balanceando las braguitas me dijo:

-Buscabas esto???

No sabía que responder, como si fuera tonto, delatándome por mi nerviosismo le dije:

-Quien yo?? No no, porque???

-Vamos no te hagas el tonto, ya hace tiempo que dejo mis braguitas en el cesto bien escondidas debajo de toda la ropa y siempre aparecen en la parte de arriba. Vamos cuéntame que haces con ellas??

-Yo no hago nada…y no he cogido nada.

-Te crees que soy tonta? He visto como cada vez que me ducho entras y te encierras en el baño un buen rato…además crees que no te escucho!!! dijo riéndose.

Me encontraba totalmente humillado no sabía que decir,

-Escuchas el que??

-Como te pajeas por muy silencioso que seas puedo oír el ruidito, vamos admítelo te ponen cachondo con mis braguitas??? Te pajeas con ellas puestas??? Te gustaría ser una mujercita???

Mi mujer jamás me había hablado así, con ese desprecio, con esa frialdad, finalmente me derrumbe porque no quería que pensara que era gay.

-No es lo que piensas, no me ponen tus braguitas, solo las uso para poder olerlas y masturbarme

-Ah pues entonces lo que eres es un guarro y un pervertido no???

Y mientras me las lanzaba a la cara me dijo:

-Vamos, demuéstrame como lo haces, quiero verte.

-Estás loca??? Ni hablar

Ella empezó a reír con desprecio y me dijo:

– Venga ahora no vas a tener vergüenza, míralas están muy sudadas, si te gusta olerlas seguro que te gustan así, no???

Mire las bragas y vi que además de sudadas estaban totalmente manchadas de todo tipo de fluidos, porque las había llevado durante dos días. A pesar de la situación solo verlas me había empalmado.

La situación era muy morbosa en la puerta del baño estaba mi mujer, todavía no se había vestido solo llevaba un albornoz que dejaba entrever todas su piernas.

-Vamos a qué esperas, he dicho que quiero verte.

Sin pensar más acerque las braguitas a mi nariz y al oler aquellos aromas mi pene casi explota en mi pantalón. Abrí mi bragueta y comencé a tocarme delante de mi mujer mientras olía aquellas deliciosas bragas. Mi vergüenza se había convertido en morbo y excitación. No pasaron ni dos minutos cuando mi pene estallo en borbotones de semen que inundaron el baño.

Estaba tan excitado que no me di cuenta que mi mujer se había comenzado a tocar ligeramente el coñito, creo que le excito y mucho aquella imagen, pero solo me dijo:

-Eres un guarro y un pervertido, no entiendo cómo puede gustarte oler unas bragas sucias.

Jamás en mi vida había pasado tanta vergüenza, pasaron los días y lógicamente no volvimos a hablar del tema, ni yo volví a buscar en el cesto de la ropa sucia. Pero una noche cuando estábamos desnudándonos para ir a dormir, de repente me dijo:

-Hoy no me he duchado, te gustaría que te dejara mis braguitas??.

Pensaba que solo quería humillarme y mientras me tumbaba en la cama dándole la espalda, solo le dije:

-Ya sabes que sí, pero tampoco hace falta que te rías de mí y me humilles.,

-Ahora no te hagas en indignado, eres un guarro pero si quieres puedo dejártelas o tal vez prefieras oler directamente mi coño?

Ahora había cambiado el tono y su voz sonó mucho más morbosa, me gire y la vi tumbada junto a mí totalmente desnuda con las braguitas en la mano y con las piernas abiertas mostrándome su coñito rosado.

Me acerque, la bese, cogí las braguitas y las tire al suelo, mientras bajaba lamiendo sus pechos en dirección a su coño.

Llevaba meses soñando con aquello, cuando llegue a su coño comencé a chupar su clítoris, ella se estremecía de placer….contiene bajando y pude comprobar todos aquellos aromas, eran mucho más fuertes que en su braguitas, introduje mi nariz en su coño y continúe chupándolo

Intercalaba juegos en su clítoris con fuertes lametones a todos su coño, ellas se retorcía de placer….gemía y gemía y su coño se lleno de fluidos, parecía una fuente… hasta que le llego un gran orgasmo, tuvo que sujetar mi cabeza para que parara porque no aguantaba tanto placer.

Pero yo en lugar de parar, solo baje el ritmo y escape de sus manos para chupar un poco más abajo, quería oler y probar todos sus aromas. Seguí lamiendo con la intención de llegar a su culo pero sus nalgas estaban cerradas y mi legua apenas llegaba.

Sus contracciones ya habían terminado, bajo sus manos y cuando pensé que me iba a parar comenzó a acariciarme la cabeza, y volvió a abrir sus piernas, yo volví a intentar llegar a su culo.

Ella se abrió mas las nalgas con sus manos para facilitarme el paso…no podía creerlo!!! estaba dispuesta a dejarme chuparlo!!!. Empecé a lamerlo mi mujer volvió a retorcerse de placer….así que abrí bien sus nalgas y seguí lamiendo a pesar de que su sabor y olor era muy fuertes. Continúe dándole un gran beso negro y mientras lo hacia comencé a tocarme y pajearme.

Cuando se dio cuenta mi mujer me dijo:

-Espera, espera…no te corras todavía estoy muy caliente, penétrame por favor.

Así que pare y comencé a penetrarle el coño, enseguida le vino un gran orgasmo sus gemidos podían oírse en todo el barrio, suerte porque yo ya no podía mas y me corrí inundando su coño.

Estuvimos uno sobre el otro hasta que me bajo la erección, notaba como su coño chorreaba de semen, y cuando ya pensaba que habíamos terminado, ella me dijo:

-No me habías dicho que dejarías limpio mi coñito?

La mire a los ojos con una sonrisa cómplice y baje para lamer mis propios fluidos…continuara.

Espero que les haya gustado, pueden dejarme su opinión en mundoriki77@gmail.com

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Confesión y penitencia

De pronto, la mano se apartó, y mi coño empezó a temblar, vacío y palpitante. Una polla dura y enorme ocupó el lugar de la mano, embistiendo con fuerza una y otra vez, hasta que llenó mi coño completamente. Mientras las manos tironeaban de mis maltratadas tetas, alternando con pellizcos y azotes en mis enrojecidas cachas.

No necesito una excusa para contarte mis andanzas en el pueblo. Con esta manía de las fotos, pensé en hacer algunas desde lo alto de la torre de la iglesia. Mis hijas me dijeron que no habría problema, pero de todas formas, pensé que tenía que pedir permiso al cura, así que entré en la iglesia, estaba vacía, pero él estaba en una garita de esas de confesarse. Hace tanto que no las uso. Me acerqué, y antes de que me diera tiempo a decir nada, me preguntó de qué me acusaba.

¡Vaya con el cura! Que cotillo. Me quedé cortada un momento, pero luego pensé en las ganas que tenía de contarle a alguien nuestra historia. Y recordé que los curas, si se lo cuentas allí no se lo pueden decir a nadie. Así que me arrodillé y le solté de golpe: ¡De lujuria, padre!  Eso pareció interesarle. Creo que hasta pegó un salto. No podía verle la cara, estaba muy oscuro. Se puso más tieso y acercó la oreja.  ¿De lujuria, hija?  Me preguntó.

Yo empecé a contarle mis andanzas. Diciéndole cuanto me gusta follar contigo por los rincones. Y como voy a trabajar sin bragas esperando que me toques el coño y me metas los dedos dentro, como una perra en celo. Que le he puesto los cuernos a mi marido en mi propia cama, como chillo y me retuerzo cuando me comes el coño. Que me la has metido por el culo, y también he disfrutado como loca. Él parecía escandalizarse, pero yo creo que se estaba poniendo cachondo.  ¿También has disfrutado con eso? ¡Claro!

Disfruté cuando mi culo se abrió para él. Fue como si me desvirgara. Como si nos desvirgáramos mutuamente. Porque para él también fue la primera vez. Disfruté oyéndole decir una y otra vez que le avisara si me hacía daño. Y sintiendo sus manos por mi cuerpo agarrándome con cuidado. Y cuando se corrió dentro de mi culo después de pedirme permiso… De repente me interrumpió, silenciosamente, abrió la rejilla y, sacando la mano, empezó a sobarme las tetas. Empecé a jadear, conteniéndome. Intentando mantener la compostura. Pero la verdad, es que yo también estaba cachonda de recordar todo lo que habíamos hecho.

Él continuaba tocando y manoseando por encima de mi camiseta. Empezó a tirar de ella hacia arriba, hasta que consiguió meter la mano dentro, haciendo que se contrajeran mis pezones. Me preguntaba detalles. Y yo se los daba cada vez más satisfecha. Y más orgullosa. Cada vez que callaba, él me pellizcaba un pezón y yo gemía. Entonces, volvía a pellizcármelo con más fuerza para que continuara. Continuaba hablando, como si no estuviera manoseándome. Hablaba de los pecados y de la penitencia. Me amenazaba con el infierno, como si hubiera peor infierno que no estar contigo. Así que seguí contándole como te follo de pie, sentado y tirados por el suelo encima de un cartón como indigentes. Y como disfruto cuando te corres para mí. O dentro de mí. O cuando te la meneas delante de mi cara.

Pero… ¿hay algo que no hayas hecho? ¡Sí!. Le dije.  No le he follado por el culo. Tengo ganas de meterle algo por allí. Y ver como su polla crece y crece, antes de meneársela y comérmela hasta que reviente. El tío pesado seguía diciendo: ¡Serás castigada te castigará!  ¡Me sonríe cada vez que él me toca!  Le contesté, y eso parece que le puso de mala leche. Así que cuando llegó el momento de la penitencia me dijo que no iba a ser algo habitual, que yo merecía otra cosa y me dijo que volviera a la iglesia y que me arrodillara delante del altar, pero desnuda.

Me desnudé como me lo había indicado. Y estuve así, desnuda, sintiendo cómo aumentaba mi humedad y resbalaba por mis muslos, a pesar del frío que hacía. Pensando en ti. Preguntándome si te gustaría verme allí, arrodillada en pelotas en una iglesia, temblando de frío, con las tetas de punta. Durante una eternidad no sé porqué, me acordé de la última vez que estuvimos en uno de nuestros escondites. De que también hacía mucho frío. Y de que te enfadaste. De que quería pedirte que me besaras y no me salían las palabras. Y de cómo a pesar de los problemas luego seguimos igual o mejor. De pronto, cuando empezaban a dolerme las rodillas, alguien se acercó y empezó a sobar mi culo.

Empecé a temblar. Unas manos elevaron mis caderas, obligándome a apoyarme sobre los pies, mientras permanecía inclinada, de forma que mi coño estaba abierto y accesible. Imagino que brillaría sonrosado bajo las cachas, entre mis piernas abiertas. Empecé a recibir azotes que estallaban en una extraña mezcla de dolor y placer. Que poco original. Yo esperaba algo mejor de un cura. Pero me gustaba recordar cuanto te gusta que me peguen y las ganas que tengo que lo hagas tú. Así que empecé a mover el culo, gimiendo bajo los azotes. Como tantas veces he soñado hacerlo para ti.

Bien, había sido azotada y estaba excitada, con el culo rojo, igual que las tetas. Unas manos acariciaron mis nalgas enrojecidas provocándome un gemido. Después sentí como me manoseaban el coño, tirando de mis labios mojados y retorciéndoselos, yendo adelante y atrás. Abriendo mi raja y volviéndola a dejar. Yo perdía el control de mi cuerpo y balanceaba las caderas, sin querer, buscando el contacto, igual que cuando me tocas tú. Unos dedos hurgaron dentro de mi coño, donde se movieron con fuerza. Sentí un vacío y la necesidad de juntar las piernas, apretar esa mano y liberar mis ansias de correrme, pero la mano que me controlaba se endureció, sin permitírmelo.

Ahora otra mano tocaba mis tetas con fuerza, casi me dolía, pero estaba demasiado cachonda para ello. De pronto, la mano se apartó, y mi coño empezó a temblar, vacío y palpitante. Una polla dura y enorme ocupó el lugar de la mano, embistiendo con fuerza una y otra vez, hasta que llenó mi coño completamente. Mientras las manos tironeaban de mis maltratadas tetas, alternando con pellizcos y azotes en mis enrojecidas cachas.  ¿Así te folla él, zorra? Me preguntaba con voz muy ronca, mientras empujaba más y más, aplastando sus huevos contra mi coño.  ¡No! Él me follaría mejor. Sobre todo si estuviera aquí y nos viera. Le respondí mientras seguía moviendo el culo.

Mi respiración era una serie de gemidos, acompasados a los empujones una y otra vez; cada vez más profundos; cada vez más firmes; cada vez más largos y más rápidos. Junté las piernas, apretándolas, deseando correrme, sintiendo con más fuerza la carne en mi interior. Me paralicé un instante, justo antes de reventar sobre la polla que tenía dentro. Mi coño palpitó y mis caderas se balancearon tirando de ella arriba y abajo. Él sintió la explosión en su verga estrujada por mi coño que temblaba en un violento orgasmo. Lo sintió y se dejó llevar, explotando en mi interior, vaciándose completamente.  Ahora, vete y no peques más me dijo y no vuelvas la cabeza o te pesará.

Me incorporé y sin volverme, empecé a vestirme. Aunque la corrida resbalaba por mis piernas. Con las prisas, allí se quedaron mis bragas, aún húmedas. Pues parece que ir al pueblo puede ser hasta divertido. ¿Te gustaría?

Autor: Pecadora

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Endemoniada lujuria I

Mientras tanto pajeaba su clítoris y metía dos dedos en su húmeda vagina. Mucho decir que era muy sucio pero estaba a punto de correrse, cambié la lengua por un dedo mojado en su chumino y me deleité con la visión. Haciendo malabarismo me amorré a su chocho y sin parones continué hasta su delirio.

El jueves pasado era mi día libre. Quedé citado en casa con una mujer mayor que yo con la cual ya había chateado y hablado por teléfono horas y horas, habiamos empezado a salir hace ya dos meses, cafeterías, cines, pero sólo había conseguido de ella unos castos besos y horas y horas de charla para contarnos mutuamente nuestras penas. Al fín la había convencido de que viniera a mi casa a charlar y tomar una copa.

Tengo 35 años, soy divorciado y no ligo mucho. Por eso esperaba con ansiedad la llegada de Alba María, una cuarentona separada bien entradita en carnes, en espera de poder dejar de platicar y pasar a la acción cuerpo a cuerpo. Estaba desesperadito cuando sonó el timbre. Al abrir la encontré embutiendo su enorme cuerpo en un abrigo rojo. Le invité a pasar al salón y me deslumbré al apreciar sus formas mórbidas bajo el abrigo, demasiado exuberante, con una blusa que transparentaba el sujetador de encaje cubriendo sus exagerados melones, la blusa no podía disimular su culazo a punto de estallar bajo sus pantalones.

Al cabo de un poco de contarnos las penas mutuamente con un poco de alcohol, ella se mostró receptiva a mis caricias y sobeteos de pulpo en celo ¡Por fin! Enseguida dejamos de hablar y con un movimiento de manos, no se como terminamos en mi dormitorio (bueno era lo que había estado esperando tanto tiempo), en mi cama abrazados y morreandonos. Yo estaba obsesionado por destapar sus grandes balones y comerme su gigante culo, cuantas ale-manita´s me había hecho en su honor. Mientras la besaba la metía mano entre sus piernas, estaba encharcada de caldos y mis dedos se perdían y resbalaban.

– Apaga la luz por favor, me da mucha vergüenza – me pidió nerviosa.

Yo me opuse a la idea y comencé a desnudarla morbosamente, al descubrir sus tetazas las sorbí glotonamente escuchando como un gritito de placer salía de su boca abierta. Casi le arranqué las bragas tirándola a la cama y sin poder contener por más tiempo mi polla dura como una barra de hierro, se la metí en su mojada conchita sin ningún problema mientras la besaba el cuello y me agarraba a sus tetas.

¡Que caliente estaba ella!, gimiendo como un animal en celo.

– Ayyy Ayyy que bueno Ayyy- gritaba con sordina.

No se como pude aguantarme, pero después de tres minutos de acelerados pollazos se corrió como una loca casi llorando y gimiendo como una gata en celo.

– Eres estupendo, venga, córrete tú – me dijo con los ojos brillantes.

No se como me contuve pero la idea de atacar su retaguardia me tenia obsesionado. Le pedí que se pusiera encima de mí y al hacerlo agarré sus gluteos y separando sus carrillos, toqué su rosado agujero ya mojado de sus calditos chochiles. Mi dedo resbaló en su agujerito como abducido hasta la raíz.

– Déjame jugar con tu ojete, mi vida, está caliente y sedoso, no te dolerá si cambio el dedito por mi cosa, anda por fa. – Noooo, nunca me lo han hecho y me da mucha vergüenza, espera, déjame a mí que te voy a hacer una cosa que te va a gustar mucho. Anda saca el dedo que me da corte – sus reparos me excitaban aún más.

– ¿Eres virgen aquí? dije con el índice metido hasta el nudillo sin lubricación ninguna.-Si, lo soy, me contestó, – no me dañes por atrás.- No te voy a dañar en nada- la dije con voz de salido.

– Por favor, ¿que haces?, venga córrete en mí, amor mío…

Al ver que no podía seguir, acepté su invitación. Ella se sacó mi pichote y me tumbó con fuerza boca arriba y me dijo que si podía apagar la luz. Tuve que ceder, pero a cambio descorrí un poco la persiana para que al menos no pareciera que estábamos en una mina de carbón. Empezó a besarme las tetillas mientras sus bamboleantes tetazas acariciaban suavemente mi vientre. Me la va a chupar, pensé, y mi polla dio un respingo.

Ella siguió bajando sus carnosos labios llenos de carmín alborotado. Con su lengua recorrió mi ombligo, mi vientre, mis muslos. Yo casi temblaba de excitación.

– Te voy a dar un besito en tu cosa, pero por favor avísame cuando te vayas a venir. – No te preocupes yo sé contenerme, pero déjame que me corra entre tus melones, yo te avisaré. – Eres un pillo, pero quiero darte mucho gustito como tú a mí- seguro que sí lo haría.

Abrió la boca y se introdujo mi picha sin mucho arte, pero para arte estaba yo. Se notaba que no era una experta y que le daba un poco de reparo lo cual me excitó aun más. La enseñaría a darme “gustito”, ya lo creo. Con movimientos pélvicos acelerados y más por mi excitación que por su mamada, me di cuenta que ya no aguantaba más. Póntela entre tus tetas, que me corro vivo.

Ella se la sacó de la boca y diciendo – Vente ya amor mío -, me abrazó el cipote con sus melones.

Ayyyy, Ayyy. La llené de leche retenida mientras casi me desmayaba de gusto. Que pena de la falta de luz para ver los goterones de leche resbalar por sus domingas. Ella me besó achuchándome hasta casi el asfixio y diciéndome palabras de amor. Excusándose de su comportamiento

– Yo no soy así, pero me gustas y me pareces una buena persona…- Casi lloraba mientras yo pensaba que iba lista si creía que todo había acabado. Me gustaba, era atractiva y muy maja, pero ahora sólo pensaba en su culo y en como follarlo. Aunque mi pito estaba reducido, mi mente estaba super empalmada.

– Déjame lavarme y vestirme, estoy muy feliz y quiero tomar otra copa contigo, quiero hablarte de tantas cosas…- Cariño, no creas que esto se ha acabado, hablaré contigo tanto tiempo como tantas veces hemos hablado en cafeterías y después del cine, pero la tarde es joven y debemos disfrutar de nuestros cuerpos así que ahora vamos a ducharnos juntos con luz y conocer nuestros cuerpos.

La cogí de la mano y antes de que pudiera decir nada la conduje hasta el cuarto de baño, encendí la luz y una vez dentro la miré lascivamente. Ella se sonrojó y yo tapé su boca con un beso y me junté a mi leche vertida en sus pezones como pegamento, le agarré el culazo mientras me pegaba a ella como una lapa. Abrí el grifo de la ducha, casi nos caímos en la bañera. Ella siguió con sus reparos, ahora me decía que estaba muy gorda, que era mayor que yo, que íbamos muy rápido…. Volví a tapar su boca con un beso y agarrando sus melones le dije todo salido.

– Te voy a follar hasta que te vuelvas loca, eres mi reina y yo tu esclavo, te voy a lamer toda.

Ella se volvió a poner colorada, pero con los besos los ojos la brillaban y seguro que su chocho volvía a estar empapado y hasta el agujero del culo le picaba de gusto.

– Está bien, haré lo que quieras, enséñame a disfrutar y a darte gusto. Yo no se nada de esto pero me entregaré a tu lujuria porque te quiero, aunque luego me abandones.

Que frases más bonitas … Era tan romántica, tan llorona, tan poética y sobre todo tan sicalíptica. Me calmé un poco, no era cuestión de echar por tierra lo que ya había conseguido de ella. Empezamos a darnos jabón mientras nos besábamos bajo el agua calentita. Acariciamos nuestros pechos y espaldas en movimientos circulares. Yo mantenía una semierección en espera de más adelante. Le besé sus pezones mientras a ella se le volvía a escapar un gemidito, le susurré al oído que me lavara el asunto. Ella me enjabonó los huevos y el pito sin ningún erotismo, cuantos escrúpulos a vencer en una tarde.

– ¿Me lo has lavado bien y también el capullito? – Siiii – dijo con voz de ursulina.- Entonces comprueba que está limpio con tres chupetones y un secado especial en tus tetas, no más, porque tienes que estudiar muchas lecciones y la tiza se pueda romper.

Ella se agachó y obedeció mis órdenes. Chup, Chup, Chup y un restregón de domingas. La puse de pie y le susurré al oído. -Cariño, ahora te voy a enjabonar el chocho y cuando termine y mientras tú te espatarras y te abres los labios de la almeja, me vas a pedir con voz de guarra: – Esclavo, dame tres besos de tornillo en el chumino y un pollazo en el clítoris.- Que sofocos la entraban mientras la enjabonaba y aclaraba el felpudo. Cuando terminé cerré el grifo y mirándola con cara de mala leche esperé su diálogo.

Se espatarró y empezó a abrirse los labios inferiores, pero las palabras salieron entrecortadas y bajitas de su boca. No quise enfadarme con ella, así que chupándole una teta hasta poner rígido el pezón le dije que si en la teta sentía gusto no podía imaginarse lo que le iba a pasar allí abajo. También le expliqué que los hombres somos un poco guarros y que nos gusta escuchar cerdadas, y ya que nosotros hablábamos tanto que también en el sexo debíamos hablar. Al tercer intento su voz empezó a parecer de putilla. Así que en premio me amorré a su chocho conteniendo el tiempo de chupetón, tres besos en el clítorisse y un vergajo en el ombligo. Se me estaba poniendo dura otra vez.

– ¿Te ha gustado?-. Ella me dijo que sí. -Pues repítelo en voz alta, pero invéntate algo. – Daame tres beesos en el conejo.- Mua, Mua y Surppp..- . Este último fue largo, absorbí su pepitilla que empezaba a empalmarse como un cipotillo. Me estaba mojando la barbilla de caldos chochales.- Ummmf, Ugfsd. Me das tanto gustillo que no puedo aguantar más, Ummmm arrrg.

No se podía controlar, me apretaba contra su sexo mientras los muslazos le temblaban como una batidora.Era mi oportunidad para hacerla sufrir, para ponerla tan cachonda como yo, así que retirando mi cabeza de esa lavadora centrifugando, me incorporé y le dije: – ¿Estás cachonda verdad?. ¿Quieres correrte viva, no es así? – Síííí, no puedo más, sigue por favor, es maravilloso. ¿Que siga donde?

– Besando mi conejito. Comiéndome el chocho, por favor…- Sufre un poco, vas a hacerme lo mismo que yo a ti y vas a decir las palabras más soeces que se te ocurran. Tus ojos brillan de deseo y tus pezones apuntan a mis ojos. Chúpamela un poco y aspira fuerte, haz ruido de mamona y háblame.- Si mi amor, voy a comerte el rabo.

Y bajando al pilón empezó a chuparme ruidosamente el pollón. Glubb, globreee, glubbb.

– Me encanta tu picha.- Cómeme el capullo, cómetelo hasta la garganta. Glubbb, Glubbb, Glubbb. Vale que me corro so guarra, y ahora, ¿que me toca a mi merendar? – Mi cosa, cómeme el chichi, mátame de gusto cabrón, que ya no aguanto más Ahhhhh , asiiii, que gusto, me voy, me corro en tu cara…Ahhh… Volví a parar y casi se desmaya de lo excitada que estaba. Ahora te toca a ti, chúpamela, vamos y haciendo ruido, si lo haces bien te premiaré pronto.

– Eres malo, no aguanto más, estoy mareada pero te obedezco. Glubbb, Surppp, que pito más rico tienes. Glubbb, Surppp. Cuando te corras tú si es que te portas bien, ¿ Sabes donde me voy a correr? – Si quieres … en mi boca, pero nunca lo he hecho y a lo mejor me dan arcadas, pero lo que tu quieras, estoy en tus manos. Glubbb, Surppp…

-Aprecio tu opinión, pero me vas a dar tu bien más preciado, el tesoro que llevo anhelando desde que te conozco… tu pandero. ¿Por donde te la voy a meter? Con toda su excitación, supo saber controlarse, le volvieron sus reparos y empezó a mirar mi pito como un arma perforadora, su voz de monjita descubrió mis intenciones.

– Pero me va a doler, mi agujerito es pequeño, no está hecho para eso… y es una cosa sucia, por favor, te quiero mucho pero eso nunca lo he hecho, me da tanta vergüenza.

– ¿Acaso no quieres correrte con mi boca en tu chochito? Confía en mí, te he enseñado algo nuevo y estás disfrutando. Haremos una cosa, te comeré el chichi hasta que descanses con la corrida; pero quiero saber si más tarde me darás tu tesoro… Quiero que me digas en donde me voy a correr.

– Está bien, tú ganas. En mi culito…- En tu ojete. Dilo, quiero oírlo de tu boca chupona, dímelo y sigue mamándome el carajo. – Vas a follar mi ojete. Vas a ser el primero que me dé por culo. Tu ganas… Glubbb…Suopp.

Me estaba poniendo en órbita, seguro que después de su rendición su cachondez había bajado pensando en su pobre ano. Volví a bajar al pilón y me amorré a su coño. Unos chupetones bastaron para ponerla a tono. Entonces la pedí que se diera la vuelta y me deleitara con la visión de cercanías de su enorme trasero. No la dejé protestar, fui yo el que en cuclillas le di la vuelta y separando sus cachas le planté un beso en su rosado agujero. Me temblaban las piernas, si en ese momento me hubiera rozado la polla me habría corrido patas abajo.

– Pero es muy sucio lo que haces.

También me temblaba la voz. – Te quiero y quiero todo tu cuerpo, tu ojete está rico, es suave. Metí la lengua mientras mis manos abrazaban sólo parte de su estratosférico culo. Mientras tanto pajeaba a conciencia su clítoris y metía dos dedos en su húmeda vagina. Mucho decir que era muy sucio pero estaba a punto de correrse, así que cambié la lengua por un dedo mojado en su chumino y me deleité con la visión. Haciendo malabarismo me amorré a su chocho y ya sin parones continué hasta su delirio.

Se derrumbó como una estatua de sal, cayó sobre mi con gritos de agonía, casi me parte el cuello en aquella bañera resbalosa. Me asusté de su reacción y mi erección se fue al carajo flácido, mi polla se convirtió en pene sin hueso.

Salí de la ducha y la abrigué con mi albornoz, estaba pálida y un poco mareada. Arrastrando su gran cuerpo la senté en la taza del water mientras besaba sus ojos semicerrados. Al principio no hablaba pero poco a poco abrió los ojos y me susurró que se encontraba cansada pero muy a gusto. Me puse una bata y la acompañé al sofá del salón mientras la abrigaba con una manta y le preparaba una copa de coñac.

Poco a poco y con los vapores del licor, consiguió articular palabra. Los huevos me dolían como si de ovarios se trataran. Con un whisky doble y una música anestésica intentaba aplacar mis bajos. Lo que siguió era predecible pero no por ello despreciable. Un alegato contra la incomunicación, tal vez un monólogo en el que Elba María explicitaba su vida anterior, falta de amistad, llena de rutina y de kilos de grasa. Falta de deseo y llena de compromisos sociales.

Yo era mucho más reservado, tampoco tenía hijos que educar y sacar adelante. Creo que su ex-marido era un verdadero cabrón y que no había sabido disfrutar de una hembra con auténtica clase como era ella. La había dejado languidecer en sus humildes ansias de hacerse adulta mientras se vaciaba de ilusiones y se llenaba de grasa.

Que cara más bonita tenía, que dulzura y qué espíritu más inocente. Me quedaba embelesado escuchándola decir como me quería. Realmente desconfiaba hasta decir basta de aquellas palabras, pero no de su alma. Me estaba pidiendo una mano y yo se la daba con todos los dedos retorcidos por mis anteriores fracasos. Antes de que el complejo de culpa llamara a mi puerta ella ya lo había dejado entrar en su hogar. Así que me dijo después de dos coñacs y de su absoluta inmovilidad bajo la manta.

– No sabes como agradezco tu amistad pero no puedo, por más que me esfuerzo, imaginarme como con mis años y mi gordura te resulte atractiva. Sé que estás hecho polvo después de lo de la bañera. Aunque no lo entienda sé que te excito mucho. – Nunca he dicho esto antes pero puedes hacer conmigo lo que tú desees. – Me puedes dar por culo cuantas veces quieras. Amigo mío, mi culete es tuyo, te lo has ganado y aunque me duela te lo doy como mi regalo, perdona que apenas me pueda mover pero estoy en la gloria, has conseguido remover mi vientre y hacerme gozar como nunca antes.

Qué suerte la mía, en ofrenda me daba su sonrosado ojete como una virgen va al himeneo. Vas a pasar la noche conmigo, dije lleno de razón, llamarás ahora a tus hijos para decirles que irás directamente al trabajo. Sé que es jodido para ti pero te necesito esta noche y tu culo va a ser la ofrenda a los dioses de mi lar.

Ella me pidió una tercera copa para aliviar su ansiedad, llamó a sus hijos y como si fuese su primera mentira les contó algo relacionado con una amiga que estaba deprimida y no podía dormir sola y que ….

***** Nota: el 99% de estos relatos son fantasias que estimulan la líbido de su creador. Se aceptan comentarios e intercambio de fantasías. *****

Autor: Erospopuli

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La amiga de la familia

La agarré por la cintura y comencé un mete y saca muy lento, gozando cada centímetro de su vagina, esa postura me excita mucho más que las anteriores, le dije de cambiar porque me iba a correr muy fácil, así que esta vez, se sacó mi pene y lo empezó a lamer, hasta metérselo todo en la boca mientras me acariciaba los huevos, hasta que ambos terminamos por tener una corrida monumental.

Tengo que decir que lo que voy a contar, sucedió realmente. Yo hoy tengo 37 años, y me he decidido a contarlo, porque creo que nadie se molestará, sobre todo la protagonista, junto conmigo, de esta historia, ya que lamentablemente murió hace algunos años. Por esa razón, omito nombres.

Todo comenzó cuando yo tenía 18 años. Por aquel entonces, yo estaba experimentando ese fuego que sólo se siente al amanecer de la adolescencia. Ella era amiga de la familia, de unos 36 años, más bien baja, 1.55 cm, con unos pechos que a mí me volvían locos, grandes y hacia adelante, y un buen culo. De cara no era muy agraciada, pero sí muy pícara. Tengo que decir que lo que sucedió, no fue por iniciativa de ella, sino más bien por mi terca insistencia.

El hecho fue que con motivo de las fiestas patronales de mi pueblo, ella se desplazó desde su ciudad, hasta mi casa con la idea de pasar unos días con nosotros. Su habitación estaba junto a la mía, y la utilizamos normalmente como cuarto para ver la televisión. Por ese motivo, por las noches yo permanecía en su habitación un rato, viendo la TV., mientras ella acostada, me acompañaba. En los primeros días, yo me excitaba muchísimo viendo su enorme sujetador, colgando de un lado de la silla de la habitación, y ella me lo notaba, pues yo estaba en pijama, y ya se sabe.

Yo aprovechaba cuando se iba al baño para oler su ropa interior, ese aroma que dejaban sus tetas en el sujetador, esas minúsculas bragas, (en esos días no se usaban por aquí los tangas, como ahora). Luego le hablaba de que me gustaría follarla, y ella una y otra vez me decía qué era lo que veía en ella, que yo tenía unas cuantas primas muy buenas, algo mayores que yo, no mucho, que seguramente estarían encantadas de follar conmigo. Yo la verdad, lo veía difícil, y además se me caería la cara de la vergüenza, si me rechazaban, así que lo más seguro, y rápido para mí era seguir insistiendo.

Una noche me dijo si quería ver la TV. desde su cama, así que me senté al borde, apoyando mi espalda en el cabecero. Al rato, ella al ver mi pene tieso, me dijo si sabía como aliviarlo, y yo le dije que no. Entonces me bajó un poco el pantalón del pijama, y comenzó a acariciar mi pene. Yo sentí un escalofrío en la espalda, que era nuevo para mí. Siguió con sus caricias, cada vez más rápidas, hasta que en unos minutos, tuve mi primera corrida, la cual fue a parar toda en sus manos. Esa noche dormí como un recién nacido.

Seguimos con esa práctica unos dos días más, hasta que una noche, insistí en metérsela por la vagina, a lo cual ella, después de tanto insistir, accedió. Yo creo que esa vez no llegué a metérsela, pues nada más estar encima de ella, chupando sus enormes tetas, y el roce de mi pene, con los pelos de su pubis, me corrí como nunca. Como la experiencia fue muy corta, acordamos repetirla al día siguiente, ya que mis padres irían al baile de las fiestas, y yo podría estar toda la noche en la cama con ella.

Durante el día siguiente, ella se cruzaba conmigo por los pasillos de casa, o se hacía la encontradiza, y levantándose la falda, me dejaba ver unas bragas minúsculas, que dejaban salir los pelos del pubis por todos lados. También, y cuando mis padres se iban a trabajar, se quitaba el sostén, y caminaba por la casa solo con una camiseta larga, que le llegaba un poco más abajo del culo, con lo que yo fácilmente notaba la figura de sus pechos balanceándose dentro de su camisa. Todo eso me ponía de lo más cachondo, pero ella me tenía prohibido masturbarme hasta la noche.

La noche siguiente, la tengo grabada a fuego en mi mente. Después de cenar, mi hermana pequeña se fue a dormir, por lo que yo me metí enseguida en la cama con “la amiga de la familia”. Totalmente desnudos comencé a chupar sus tetas, y con una mano, acariciaba su vagina, intentando con sus indicaciones, tocarle el clítoris. Ella mientras comenzó a masturbarme muy suavemente. Su intención no era otra que hacerme correr, para que luego pudiera completar mi penetración vaginal. Así fue.

Después de correrme sobre ella, y aún con el pene tieso, ella me guió hasta la entrada de su vagina, que aunque sólo la había tocado muy levemente con mis dedos, se encontraba bastante mojada. El pene, que por aquel entonces ya lo tenía más o menos del tamaño actual, unos 16 cm., se introdujo en ella con una suavidad increíble.

Me estuve moviendo sobre ella al principio muy rápido, hasta que ella me dijo que me calmara, que sino me iba a correr demasiado pronto. Ella gemía, primero muy calladamente, para ir subiendo de tono poco a poco, hasta que me corrí en su interior, aún recuerdo esa corrida.

Ella que tenía sus piernas cruzadas sobre mí, se desplomó, y yo sobre ella. Después de descansar no sé por cuanto tiempo, me dijo que me pusiera boca arriba, poniéndose ella sobre mí. Al instante ya tenía mi pene erecto, y ella se lo introdujo nuevamente en su vagina, iniciando unos movimientos pélvicos, que me excitaron increíblemente.

Yo mientras tanto le agarraba las tetas, chupándoselas con desespero. Ya cuando estaba a punto de mi tercera corrida, y habiendo tenido ella un nuevo orgasmo, se sacó mi pene, poniéndolo entre sus pechos, haciendo lo que se conoce como una “cubana”, terminando yo por chorrear de semen sus tetas y cara.

Por increíble que parezca, después de todo un día de aguantar sus provocaciones, todavía me quedaron ganas de otro, y ella me dijo de probar a cuatro patas, así que me puse detrás de ella, y fue ella la que la introdujo en su “chocho”. La agarré por la cintura y comencé un mete y saca muy lento, gozando cada centímetro de su vagina.

No sé por qué, pero esa postura me excita mucho más que las anteriores. Entonces le dije de cambiar porque me iba a correr muy fácil, así que esta vez, se sacó mi pene y lo empezó a lamer, hasta metérselo todo en la boca, mientras me acariciaba los huevos.

Estuvimos así como 5 minutos, girándose poco a poco hasta que tuve su vagina junto a mi cara.
Me dijo, “chúpamela”, y fui directamente al asunto, comenzando primero con la punta de la lengua, hasta acabar por meterla toda en su vagina, chupando sus jugos. Ella se retorcía con mi pene en su boca, y eso me ponía a tope, hasta que ambos terminamos por tener una corrida monumental.

Ya casi de madrugada, me volví a mi cama, quedándome el mejor recuerdo de mi iniciación sexual con la “amiga de la Familia”. Luego tuvimos más ocasiones, en las cuales me enseñó más cosas, sobre todo en verano, mientras pasábamos las vacaciones en la playa, pero esas son otras historias

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Mi jefe

Siguió follándome muy rápido mientras yo le apretaba con mis piernas y jadeaba, veía su cara, las gotas de sudor caer por su frente, oh, como me ponía. No sé el tiempo que estuvimos en aquella incómoda postura, pero de repente salió de dentro de mí, y vi como salía un potente chorro de leche espesa y bien calentita que se derramó por todo mi vientre.

Hola, me llamo Mar, tengo 34 años, soy rubia, de pelo corto, cara redondeada, ojos castaños, uso gafas. Mi cintura es estrecha, y mis caderas anchas, lo que forma un bonito trasero. Mi pecho es firme, de 95.

Trabajo en un banco. En mi oficina somos tres, el director, el interventor y yo. La historia que os voy a contar hoy tiene que ver con el interventor, le llamaré Juan. El es mayor que yo, 51 años, pero más que un jefe lo considero un compañero y como a un padre, desde que empecé a trabajar el me enseñó y apoyó en todo, nos llevamos muy bien.

Sin embargo un día sucedió algo insólito. Aunque suelo usar pantalón para ir a trabajar, aquel día de primavera llevé un vestidito vaquero, todo de botones por delante, por encima de la rodilla, un poco escotado. Debajo llevaba medias altas blancas de rejilla, braguitas y sujetador blancos.

Mientras estábamos trabajando, en una ocasión, mientras le contestaba algo, giré la cabeza y noté que me miraba abajo, a las piernas, sin darme cuenta el vestido se me había subido, y estaba enseñando bastante mis piernas.

El disimuló, pero se le notó. Curiosamente a mí me produjo una extraña sensación, sentirme observada, deseada; me gustó. Así que decidí darle ese día una alegría a la vista, digamos que no tuve especial cuidado, ni en sentarme, ni en agacharme, si él conseguía ver algo, pues bueno, que le aprovechase.

Para mí era como un juego, que me daba mucho morbo. No tenía ninguna intención que pasara de ahí, pero al cerrar al público, y quedarnos solos, ya acabando por ese día me llamó a su puesto para explicarme algo.

Yo me agaché sobre la pantalla para estar más cómoda, así que supongo que le ofrecí una buena vista de mi escote. Me excitaba pensar como me miraba. Pero de repente sentí su mano por debajo de mi vestido, alcanzar por sobre mis braguitas.

Me sobresalté, no me lo esperaba, me levanté, él también quedamos cara a cara, y rápidamente, sin saber cómo, se abalanzó sobre mí, me besó, me abrió bruscamente el vestido, rompiendo algunos de los botones, me echó sobre la mesa, se bajó los pantalones.

La tenía bien dura, y apartando las braguitas sin quitármelas, me penetró de un golpe. Mi vagina ya estaba lubricada por el morbo de la situación, así que no tuvo ningún problema para entrar.

Bombeaba con fuerza, con desesperación, pero lo que más me gustaba era ver su cara de placer, de lujuria, eso me excitaba, me ponía a mil.

Siguió follándome muy rápido mientras yo le apretaba con mis piernas y jadeaba, veía su cara, las gotas de sudor caer por su frente, oh, como me ponía. No sé el tiempo que estuvimos en aquella incómoda postura, pero de repente salió de dentro de mí, y vi como salía un potente chorro de leche espesa y bien calentita que se derramó por todo mi vientre.

Esparcí cada gota de su leche por todo mi cuerpo, lo probé y me agradó, nos dimos un profundo y largo beso, nuestras lenguas se cruzaron y compartimos el sabor de su semen con nuestros labios.

Con el interventor nos hemos citado varias veces en un motel cercano, allí dimos rienda suelta a todas nuestras fantasías y lo hicimos de mil formas y posiciones…

Al parecer alguien notó nuestra “afinidad” y me invitó también a un “encuentro casual” al que, sin dudarlo, concurrí, ¡y vaya “encuentros”!…

Ya le seguiré contando…

Autora: Mardulce

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Sorprendido al masturbarse

Lila abrió de piernas y se la metí, tenía el coñito muy mojado, empecé a follarla lentamente, al rato me tumbé en la cama y le pedí que se pusiera encima, se puso, y se clavó mi polla, ella gemía con los ojos cerrados, y mordiéndose el labio. Se corrió, le dije que me hiciera una cubana, cogió mi polla entre sus tetas y empezó a masajeármela, en dos o tres meneos me corrí sobre sus tetas.

Os voy a narrar una historia que me sucedió, cuando yo estaba rozando el ser mayor de edad, con la madre de un amigo mío, Lila se llamaba, tenía unos 50 años, medía sobre 1,65, estaba rellenita, morena, con unas tetas grandes y un buen culo. Yo iba mucho a su casa, tenía un trato con ella como si fuera mi madre, ya que yo estaba allí muchas veces con mi amigo Mario. Mi amigo tiene una hermana, Virginia, con un año menos, yo andaba loco por ella.

Uno de los días que fui a su casa, Lila me comentó que Mario y Virginia habían ido al supermercado, que los esperara. Le dije que vale, que me pondría a jugar de mientras en el ordenador, ella me dijo que de acuerdo, que estaba en la cocina. Lo puse, y lo que hice fue ver fotos porno en el ordenador, cogí un buen calentón. Silenciosamente, fui a la habitación de Virginia, sin que la madre se enterara, busqué entre los cajones de su ropa unas braguitas, tomé unas negras, y me las llevé.

Retorné a la habitación de Mario, y delante del ordenador me saqué la polla, poniéndomela a menear inmediatamente, observando las fotos, y pensando en Virginia, me masturbaba ricamente, acariciaba la polla con las braguitas. De repente, se abrió la puerta y apareció Lila, me dijo que si quería tomar algo, pero al verme, se quedó muda en la puerta, yo colorado como un tomate. Me dijo que era temprano para empezar a darle, que terminase, que estaba en la cocina.

Me quedé helado con sus palabras, mi polla ya no estaba para acabar nada, no sabía que hacer, el corazón me latía a mil por hora, me temblaban las piernas, no podía decir palabra. Pasados unos minutos oí ruidos, escuché como Mario venía a toda velocidad. Me saludó, y me preguntó por la cara que tenía de fantasma, le dije que cerrara le puerta, y le conté lo que pasó, él me dijo que era un cabróncete, pero que me olvidase de eso, que la madre era muy liberal y que no vio nada que hubiera visto ya.

A los pocos días fui a ver a Mario, me abrió la puerta su hermana, le dije si estaba el hermano, y me indicó que en su cuarto, mientras me dirigía a el, oí decir a Virginia, cuidado con mancharme las bragas, me quedé casi clavado en el sitio, pero de pronto retorné a su altura y le pregunté, ¿Qué cuidado con que?, ella replicó que con mis bragas, que ya me contó mi madre que tienes la mano inquieta. Subí colorado como un tomate y pensando en lo que tardó Virginia en largarle a la hija lo de la paja, se lo comenté a Mario, y me dijo que ayer comiendo lo contó, y que a mi hermana no le gustó nada que usaras sus bragas.

Cuando estábamos en plena charla llegó Virginia y le dijo a Mario que nos dejase solos para hablar un momento, él se fue, y ella me pidió perdón por lo del otro día, que sabía que era normal a nuestra edad, le respondí que era yo quien lo sentía, que me perdonase por hacerlo, y cogiera las bragas de Virginia, ella me dijo que bueno, que lo olvidásemos los dos, se levantó y me dio un beso en los labios con un ligero roce y se despidió, la polla creció vertiginosamente, desde ese día empecé a verla con otros ojos.

Un día estaba viendo la tele con Mario, cuando Lila llegó de trabajar, le pidió a Mario que le fuera a comprar unas cosas al supermercado que de mientras iba a hablar conmigo. Lila se sentó en el sofá a mi lado y se descalzó los pies, con solo ver sus piernas desde la rodilla a sus pies enfundados en las medias negras me puse como una moto, empezamos a charlar un rato, ella me comentó que venía muerta de trabajar, que traía las piernas hechas polvo de estar todo el día de pie, le recomendé un masajista para las piernas, me respondió que no tenía dinero para pagarlo.

No sé lo que pasó por mi cabeza pero tomé sus piernas y las llevé encima de las mías, se giró para ponerlas encima de las mías, y con suavidad, empecé a masajear las piernas hasta la rodilla, de arriba abajo, con cuidado, lentamente. Ella tenía los ojos cerrados, continué masajeándole las piernas y empecé a subir por debajo de su falda, tenía los muslos firmes y calientes. Me armé de valor y le dije que fuéramos a su habitación y le daba un buen masaje en la cama. Ella cogió la indirecta, y me dijo que estaba loco, que podía ser mi madre, le dije que no lo era y que la deseaba, ella medio convencida me dijo que bueno, que fuéramos a la habitación, pero solo para que le diera un masaje.

Me cogió de la mano y me llevó a su cuarto, cerró la puerta y allí de pie me besó, nos estuvimos comiendo la lengua durante un rato, hasta que se separó de mí, y dijo que era de locos, que lo dejáramos ahora, que estábamos a tiempo, le dije que ya era tarde, se acercó a mí y continuamos besándonos. Levanté su falda y le clavé las manos en el culo, lo tenía grande y firme, era una gozada sentir el tacto de su piel y de sus bragas por encima.

Empezó a desnudarme, enseguida me quitó la camiseta y dejó mi torso al descubierto, emprendió a acariciarme los pezones, y a lamerlos, me estaba poniendo a cien. Le quité la camisa y surgieron dos apacibles pechos, tenía un sujetador negro que los mantenía comprimidos, después de un ligero movimiento le quité el cierre y le solté el sujetador dejando sus tetas al aire, se cayeron poco, eran grandes pero estaban firmes, con pezones grandes y morenos.

Mansamente empecé a lamerlos y a besarlos, los sobaba con mucha delicadeza. Nos terminamos de desnudar y nos tumbamos en la cama, nos abrazamos y seguimos besándonos, notando como mi polla rozaba con los pelos de su coño.

Lila se tumbó boca arriba y se abrió de piernas, las cogí y las puse en mis hombros, y a continuación se la metí, tenía el coñito muy mojado, caliente y delicioso. Empecé a follarla lentamente, porque estaba a punto de correrme, pero no podía aguantar mucho más, así que se la saqué, y empecé a besarla nuevamente, haciendo tiempo para que descansase, al rato me tumbé en la cama y le pedí que se pusiera encima, se puso, y se clavó mi polla.

Se movía arriba y abajo, cogí sus tetas y le pellizqué los pezones, ella gemía y se movía cada vez más, con los ojos cerrados, y mordiéndose el labio. Se corrió, y yo a duras penas pude aguantar el momento sin correrme, quería terminar fuera, así que le dije que me hiciera una cubana, se inclinó sobre mí, cogió mi polla entre sus tetas y empezó a masajeármela, que gustazo, pero en dos o tres meneos me corrí sobre sus tetas.

Se acostó a mi lado y me cogió la mano, me dijo que le gustó mucho, que hacía tiempo que no follaba, pero que eso no se iba a repetir, y así fue, nunca más nos liamos.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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Mi gran profesora

Me corrí fuera de ella jamás dentro y creo que ella también se corrió, a partir de ahí estuve bajando cada día que solo estaba ella en mi casa, algunos días jugábamos y otros charlábamos, me lo enseñó todo, arriba, abajo, cómo orinaba, qué le gustaba, lo que me gustaba a mí, lo aprendimos todo, siempre me había dicho que la primera vez que lo hiciera con una chica se lo contara.

La historia que voy a contar es real, hace tiempo cuando vivía en casa de mis padres, tenían una vecina que llamaré María, la cual tenía una hija y un hijo de mi misma edad, yo a menudo bajaba a su casa para jugar con él yo por entonces tendría unos 18 años, algunas veces bajaba y él no estaba…
María era una mujer de unos 45 años, no era guapa, pero a mí me producía morbo, ya la había visto en más de una ocasión desnuda, en descuidos y gustaba mirarle entre las piernas cuando ella estaba sentada viendo la televisión.

Una vez bajé a su casa y su hijo no estaba, ella me abrió, pero se estaba duchando, me abrió con un albornoz y me dijo que la esperara, que acababa en un momento, la verdad es que no le vi nada pero aquello me excitó mucho, así que imaginaos el bulto que tenía en los pantalones, cuando ella salió se dio cuenta de mi bulto, yo intentaba disimularlo y ella me dijo, que no me preocupara que era normal, yo pasé más vergüenza que el día que me pilló mi hermana haciéndome una paja, así que pasamos al comedor y me dijo que me sentara y ella con el albornoz se sentó a mi lado.

Me comentó que era normal que yo reaccionara así, me dijo que ya la había visto desnuda, pero que si quería podía masturbarme delante de ella, yo me quería morir, mi erección bajó por completo, a lo que ella se abrió el escote del albornoz y me enseñó sus pechos, que como ya he dicho no eran muy bonitos, pero a mí me parecieron los más bonitos del mundo, como vio que yo estaba pasando un mal trago, me desabrochó los pantalones y me empezó a masturbar, ha sido la mejor paja que me han hecho nunca, suavemente hablándome y explicándome cosas, me comentó que si me lo habían hecho alguna vez, yo dije que no, era evidente porque no duré nada, me corrí en sus manos y ella se tapó, me dijo que cuando quisiera saber más le preguntara como si fuera una buena amiga.

Tardé días en bajar, pero coincidimos en el ascensor y me preguntó cómo estaba, me hizo pasar a su casa y estuvimos hablando de lo ocurrido, en aquella conversación yo dije que no había visto a una mujer desnuda cerca de mí, a lo que ella accedió a enseñarme las diferencias entre un hombre y una mujer, (del sexo sé lo que ella me enseñó, casi todo) me enseñó su clítoris de una manera que jamás lo hubiera dicho, donde tenía mayor sensibilidad, donde le gustaba más, lo que no le gustaba, etc.

En aquellas dos semanas no dejó que la tocara nunca, pero un día, por cierto mi cumpleaños, me dijo que me quería hacer un regalo, ya os podéis imaginar cuál era, se desnudó delante mío, toda ella, y me dijo que me quitara la ropa, a lo que accedí rápidamente, ya habíamos estado desnudos los dos, pero no la había tocado nunca, se estiró en el sofá y me dijo que le enseñara todo lo que ella me había dicho, la toqué la acaricié y le di besos…

Me corrí solo sin que me tocara, fue una experiencia inolvidable, una vez acabé creo que ella no sintió nada, me agarró y empezó a lamerme el pene y a jugar conmigo, sobre todo a que tuviera contacto con una mujer, cuerpo a cuerpo, (no lo sabía entonces pero me estaba enseñando), una vez acabé, me dijo que cuando tuviera ganas podía bajar para hacer lo que tanto había deseado…

Tarde más de un mes en bajar, pero el día que me decidí, tenía la regla, supongo que para que no pensara yo que ella no quería, me hizo observar todo aquello, se bajó las bragas, me hizo que la tocara y que me manchara, supongo que era parte de la terapia que yo desconocía, luego me tocó el pene y lo manchó, por lo que después me dijo que me duchara en su casa. Me dejó solo y me masturbé.

A la semana bajé para que me enseñara más, se tumbó en la cama y me enseñó a “jugar como ella decía antes de entrar”, por primera vez había podido sentir que se sentía, me corrí fuera de ella jamás dentro y creo que ella también se corrió, a partir de ahí estuve bajando cada día que solo estaba ella en mi casa, algunos días jugábamos y otros charlábamos, me lo enseñó todo, arriba, abajo, cómo orinaba, qué le gustaba, lo que me gustaba a mí, lo aprendimos todo, siempre me había dicho que la primera vez que lo hiciera con una chica se lo contara…

Al cabo de unos meses que ya no nos veíamos ya que yo tenía novia, el primer día que lo hice con Laura, se lo expliqué a María, Laura ya tenía experiencias anteriores y yo también por lo que fue perfecto, le di las gracias por todo lo que me había enseñado, ella me dijo que si quería podíamos hacerlo por última vez, era mi decisión, accedí y lo hicimos…

Ella estaba sola toda la tarde así que lo hicimos y permitió que me corriera dentro de ella, me hizo dos regalos aquel día, unas bragas negras, que supongo que se había comprado para la ocasión, y una caja de condones, me hizo prometer que los usaría siempre, y que guardara uno de ellos por si algún día me sentía solo, el día que le presenté a mi novia, ella en un descuido me llevó a la cocina y me dio el beso más erótico que me han dado nunca, sin que nadie nos viera.

Al mes yo no tenía novia y bajé con sus dos regalos a ver a María, de eso hace 2 años… aún nos seguimos viendo ella ahora tiene 47.

Autor: APRENDIZ

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Deseo anhelado

Me dijo, me gustó así en cuatro patas, hazlo otra vez, yo con gusto accedí y se la dejé ir toda de nuevo, ella casi lloraba de placer y empecé a tocarle su culito con un dedo y a meterselo, ella respingaba y pedía más, le saqué la verga de la panocha y empecé a mamarle su culito rosado, ella pidió que siguiera, de pronto le metí la verga en su coño y un dedo en su culo, ella gritó de placer, seguí así unos minutos y sentí como su culito palpitaba.

Yo había sentido cierta atracción sexual por mi madre desde hace años, había tenido relaciones incestuosas con dos primas y mi hermana, (después se las cuento).

Pero mi mamá era mi mayor deseo, a veces olía sus calzones en el baño o en su cuarto, también llegue a espiarla cuando se bañaba, yo la veía desde la ventana que da a la azotea, me acosté en su cama mientras ella dormía y llegué a tocarle su rico monte de venus y sus sabrosas nalgas, me hice infinidad de puñetas en su honor pero nunca había logrado llegar a más. Debo decirles que desde mis 7 años mi papá trabajaba fuera de la ciudad y por lo cual mi madre solo tenía relaciones cada vez que él regresaba, casi siempre se tardaba más de dos meses en volver. Mi madre es demasiado conservadora y nunca he hablado con ella de sexo ni con mi padre.

Yo nací cuando ella tenía solo 17 años y actualmente tengo 25 por lo cual ella tiene 42 años ella es chaparrita, mide aproximadamente 1.55 m. delgada pero con un rico trasero. Mi madre siempre ha usado ropa interior poco sexy y eso yo lo se porque tengo cerca de 12 años examinando sus pantys para masturbarme, que rico es pensar en ella cuando me la jaló.

Yo he leído muchas historias de incesto en Internet, acerca de cómo sus hijos se cogen a su madre, pero yo no sabía como hacerle para poder cogerme a la mía y lo ansiaba desde hace mucho tiempo.

Cierto día una compañera del trabajo llegó a ofrecerme ropa interior de mujer, en eso recordé a mi mamá y las ganas de cogérmela, así que decidí comprarle un par de pantys y brassieres, un baby doll y una batita transparente todo era muy sexy, cierto día esperé a que ella estuviera sola en casa y le llamé a casa para cerciorarme que solo se encontrara ella, por suerte cuando llegué a mi casa estaba saliendo de bañarse, me dirigí a su cuarto y ella estaba en bata poniéndose crema, ya tenía puesta la ropa interior que no era nada sexy por cierto, me preguntó que hacía a esa hora en casa ya que no era usual que estuviera ahí a esa hora, le dije que no había tenido clases ese día, vio la bolsa que llevaba en la mano y preguntó que llevaba en ella, le dije que era una ropa para mi novia, en pocos meses yo me casaría, me preguntó que si se la mostraba y lo hice, quedó fascinada.

Le comenté que si podía hacerme un favor ¡Claro chiquito! Mira mamita, no se como se le verán a mi novia y quisiera darme una idea, tú podrías probártelos para ver más o menos, vaya, para darme una idea.

Oye pero no son para mí, no te preocupes, solo quiero saber si no me equivoqué en la elección, después de insistir un rato accedió, me dijo solo voltéate para poder desvestirme, no recordó que me daba la espalda pero que yo tenía un espejo enfrente, se quitó su bata después el brassiere y finalmente sus bragas, para mí era espectacular ver de cerca y en vivo lo que siempre había anhelado, sus ricas nalguitas y cuando se agachó para quitarse totalmente sus calzones ahí estaba su rica panocha y su culito, se veían riquísimos, tuve que contenerme para no voltearme y ensartarle mi verga de una vez por todas, tenía mi verga súper parada se me podía apreciar a través del pantalón. Se encajó en una de las bragas color negro y su respectivo brassiere, se volteó y me dijo ¡aahhh! mira que tramposo, me viste por el espejo ¿verdad? Si mamita, disculpa, la verdad no pude evitarlo. Bueno ¿y como me veo?

Divina mami, te queda excelente. No digas mentiras mijo. De veras mami… Se le notaba un coñito estupendo y las bragas hacían que se le pararan más sus nalguitas, tenía unas tetas no muy grandes pero bien conservadas para su edad y después de haber tenido 5 hijos eran muy buenas todavía.

Deja, me pruebo el otro dijo, y ni te voltees que eres un tramposo. Se empezó a desnudar y como estaba de frente noté que por un momento se quedó viendo el tremendo bulto de mi pantalón, trató de disimular y se midió el otro conjunto con todo y la batita, en ese momento yo no sabía si correr o decirle que me la quería coger.

A ver como se me ve esto y se acercó a mi y puso sus nalguitas junto a mi verga al verse frente al espejo.

Te vez divina mami. ¿En serio? ¡Claro!

La tomé por la cintura y empecé a recorrer el contorno de las bragas, sentí como se estremeció y apreté mi verga contra su culito, respingó y me dijo, a ver, deja que tal el baby doll, se apartó de mi pero sentí como rozó mi verga como por accidente, se desnudó de nuevo y casi no aguanté cuando me dio la espalda y se agachó para quitarse las bragas, me dieron ganas de embestirla ahí mismo.

Al probarse el baby doll se vio en el espejo y me dijo.

¡Creo que si me gusta! ¡Sí mami! Cualquiera desearía comerte a besos, dicho esto se empezó a acariciar de una forma muy sensual y cachonda, mi verga goteaba, se detuvo y me dijo que le bajara el cierre del baby doll. En ese momento me acerqué a ella y simulando que se había trabado el cierre, acerqué mi cadera hacia ella y volví a colocar mi verga entre sus nalguitas, con una mano hice como que trataba de bajar el cierre y la otra la apoyé en su hombro para el siguiente instante bajarla a su pecho y acariciarlo disimuladamente, observe por el espejo que ella lo disfrutaba, de repente me dijo ¿no puedes? Y me asusté, en ese momento le bajé el cierre. Se sentó en la cama para quitárselo, quedando justamente frente a mi verga y yo instintivamente la tomé por la cabeza y vi como abría sus ojos y me miraba el bulto que tenía, repentinamente se paró y se quito el baby doll.

¿Sabes? me gusta como se me ve el conjunto negro y empezó a enfundárselo y después se puso la batita y me dijo. Me veo bien, me veo sexy. Me atreví a decirle, como para comerte despacio. Noté como se estremeció, la tomé por la cintura y empecé a acariciarla morbosamente…

Ella por un instante cerró sus ojos y se dejó querer, yo le acariciaba sus tetas, el monte de venus y apretaba mi verga contra su culo, ella suspiró, le di media vuelta e inicié a besarle el cuello y tocarle sus nalgas, le bajé los tirantes del brassiere y le besé sus ricas tetas, bajé a sus pezones y ella temblaba y suspiraba con los ojos cerrados, bajó una de sus manos y me agarró la verga por encima del pantalón, metí mi mano entre el bikini y le toqué sus nalgas y el rico culito, ella bajó el cierre de mi pantalón y metió su mano para sacar mi verga, me la empezó a masajear y pronto se apartó y se sentó sobre la cama tapándose el rostro me dijo.

¿Que estamos haciendo?…soy tu madre.

Yo continué parado y mi verga apuntaba a su rostro, le tomé la cabeza y le dije. Discúlpame mamá, no se, me dejé llevar, yo te amo, te amo mucho y muchas veces soñé esto, discúlpame yo tengo la culpa, aun no terminaba de decir esto cuando metió mi verga en su boca y me la mamó como desesperada, se la metió tan profundamente que yo sentía morir, la tomé por el pelo y me la follé por la boca, a punto de venirme se la saqué y la tumbé en la cama y comencé a comerme su rica pepita que estaba deliciosamente húmeda…

Permanecí mamándole el clítoris y saboreando sus jugos por varios minutos hasta que sentí como se estremecía y supe que iba a tener un tremendo orgasmo, me paré y le apunté mi verga en su rajita y solo de di 2 o 3 metiditas de cabeza, solo la puntita, al ver que se iba a venir de un solo empujón se la metí hasta el fondo, iniciando un frenético movimiento de mete y saca…

Se la metía y se la sacaba con fuerza hasta que sentí como sus jugos bañaban toda mi verga, era sensacional, ella suspiró y yo seguí metiéndosela, la puse en cuatro patas me la empecé a coger de nuevo y ella siguió suspirando con los ojos cerrados, hice que se volteara frente al espejo y le dije, abre tus ojos, ve como disfrutamos, ve como te coje tu hijo, en cuanto los abrió la tomé por el pelo y aceleré el paso e hice que se viniera de nuevo y que gritara, ¡métmela, métemela más, toda hasta dentro, vente adentro de mí, inúndame con tu leche mi vida, así lo hice, le inundé su panocha con mi leche caliente, chorros de ella, se volteó y empezó a mamármela de nuevo y cuando menos pensé yo ya estaba listo de nuevo.

Me dijo, me gustó así en cuatro patas, hazlo otra vez, yo con gusto accedí y se la dejé ir toda de nuevo, ella casi lloraba de placer y empecé a tocarle su culito con un dedo y a meterselo, ella respingaba y pedía más, le saqué la verga de la panocha y empecé a mamarle su culito rosado, ella pidió que siguiera, de pronto le metí la verga en su coño y un dedo en su culo, ella gritó de placer, seguí así unos minutos y sentí como su culito palpitaba…

Esto me excitó mucho más y deseé metérsela por el, se la saqué y le di dos o tres lengüetazos a su culo y se la apunté en el culo, ella quiso sacarse pero era demasiado tarde, de una estocada había metido ya la mitad de mi verga, ella aulló de dolor y me dijo ¡cabrón! Por ahí todavía era virgen, pero se siente rico, métemela más, hice que se viniera dos veces más antes que le aventara mi leche de nuevo en su panocha.

Terminamos exhaustos y me dijo, que rico cojes hijo, tu papá nunca me había hecho gozar y venirme tantas veces, quiero que siempre me la sigas metiendo.

Desde ese día por las noches cuando todos duermen me meto al cuarto de mi mamá a ensartarle la verga.

Autor: Consentido

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Braguitas para mamá

Me subí encima de ella y se la metí. Yo apenas quería moverme, solo quería mirarme en sus ojos y ser consciente del momento que estaba viviendo: se la estaba metiendo a mi madre, la estaba follando… y su cara reflejaba, más allá de cualquier duda, la inmensa felicidad del momento. Se había corrido como una burra y ahora su hijo se la tenía metida y se iba a correr dentro de su rajita.

Cada persona tiene sus filias (atracciones) y sus fobias (miedos), algo que con la edad se va atemperando, pero que en la niñez y en la adolescencia es casi generalizado. En el mundo del sexo es raro que no sientas atracción por las braguitas y miedo o pudor por la desnudez en público. Quién no ha sentido en algún momento fascinación de mirar a una mujer enseñando sus braguitas, aunque sea a hurtadillas y aún a riesgo de que te descubran fisgoneando, y quién en la adolescencia, no ha sentido alguna vez la tentación de curiosear en el cajón de las braguitas de su madre.

Soy Pancho Alabardero, tengo casi cuarenta años, vivo en Madrid, mantengo relaciones con mi madre y me relaciono con colegas que hacen otro tanto. Compartimos experiencias, confidencias y vivencias y a veces, sólo a veces, nos gusta darlas a conocer. Esta es la larga experiencia de un hombre que comenzó regalándole braguitas a su madre por su cumpleaños, y terminó siendo un apasionado de las bragas. Su historia es tan sensual como estimulante y nos adentra en el apasionante mundo del fetichismo y del incesto.

Hola soy Matías, tengo 31 años, trabajo de dependiente en uno de los centros comerciales con más glamour de Barcelona, no tengo novia fija, es decir, mariposeo por aquí y por allí, vivo en casa de mis padres al igual que casi todos los chicos de mi generación, me gasto todo lo que gano en mi coche, mis vicios y mis ligues, no ayudo para nada en casa, soy alto, rubio y de ojos azules, voy regularmente al gimnasio, estudio lo menos posible, aunque eso si, hablo el ingles a la perfección, cosa que por otra parte tiene poco merito en mí, dado que mi madre es inglesa.

Mi madre vino hace años de “Au Pair” a Barcelona para estudiar el español y antes de que terminase su contrato se casó con mi padre y se quedó a vivir aquí. Su matrimonio fue como tantos, de clase media acomodada, dos hijos, y alegrías y sinsabores, supongo que a partes iguales. Mi hermana estudió, se sacrificó, consiguió acabar su carrera, se casó y vive razonablemente feliz, yo en cambio me apunté a la ley del mínimo esfuerzo, hice lo menos posible, es decir: nada, y vivo inmensamente feliz.

Entré de dependiente en unos grandes almacenes, pero poseo el don de las relaciones públicas, de modo que pronto fui promovido a supervisor de la firma y la represento en todos los certámenes de moda y comercio, pero no se confundan, todo lo mío es pura apariencia, todo es de atrezzo, pues en cuanto se rasca un poco se descubre que tras esa flamante presencia sólo se esconde un Don Nadie, un servidor de ustedes.

Lo que les voy a contar comenzó hace unos cinco años y fue con motivo del cincuenta cumpleaños de mi madre. La mujer se sentía un tanto deprimida ante tal celebración, pues según decía ella, era la puerta de entrada a la madurez, aunque bendita madurez, pues mi madre era espigada, rubia natural, bellísimos ojos azules y una figura auténticamente estilizada, de tetas pequeñitas pero proporcionadas, de cara fina pero de labios sensuales y de modales absolutamente delicados, era y sigue siendo una “beatiful lady”, pura fragancia inglesa en las Ramblas de Cataluña.

Pues ante tal evento y tal situación anímica de mi madre, no se me ocurrió otra cosa que regalarle unas braguitas de fantasía, puro erotismo en forma de bragas, un simple trocito de tela que no decía nada, pero que lo insinuaba todo. Eran unas braguitas de puta, negras, llenas de volantes y con ribetes rojos. Pura insinuación: sensuales, sofisticadas, atrevidas, frívolas y explicitas, es decir, no tapaban nada, todo lo dejaba a la vista, exhibicionismo en forma de bragas. Era obvio que la que se las calzara no haría otra cosa que mostrar su chumino a quien lo quisiera disfrutar, de modo que entenderán mi precaución al regalárselas, pues en lugar de alegrarle el día podría llevarme una reprimenda por partida doble, pues mi osadía me llevó a entregarle el regalo cuando los tres, mi madre mi padre y yo, cenábamos en casa festejando su cumpleaños.

Las braguitas venían en un envoltorio elegante y glamoroso. Ella lo abrió con delicadeza y curiosidad y cuando tuvo tan delicada prenda en sus manos, sus ojos casi se llenaron de lagrimas de emoción y felicidad que evidenciaban, más allá de cualquier duda razonable, la sorpresa y la turbación por tan insólito y atrevido regalo de cumpleaños por parte de su hijo.

A mi padre el regalo también le hizo mucha gracia y de inmediato le propuso algo inesperado:

-Póntelas para que veamos como te sientan…

Mi madre, casi sin pensárselo y sin sopesar que no estaba sola con su marido, que yo también estaba allí, se levantó, se fue a su habitación y al momento salió vestida con sus bragas de puta, sin más ropa de cintura para abajo, las bragas y las medias, sólo eso. Se exhibió ante nosotros y mi padre, con suma galantería, se acercó a su entrepierna y besó con delicadeza, e incluso yo diría que con cierta excitación, su atrayente chochito, eso sí, a través de sus braguitas.

Después se acercó a mí e hizo otro tanto, exhibirse delante de mis ojos y a un palmo de mis narices. Yo sentí por un momento el impulso de hacer lo mismo que mi padre, pero no me atreví, y tan sólo alargué mi mano y con la mayor delicadeza del mundo acaricié suavemente su chochito, también por supuesto a través de sus braguitas de puta.

Fue el instante más excitante de mi vida. Por aquel entonces yo contaba 25 años y a pesar de que llevaba follando con chicas más de cinco años, les puedo asegurar que fue apasionante. Llevaba años registrando los cajones de mi madre y tocando, acariciando, oliendo las braguitas de mama. Para mí los cajones de la cómoda donde mi madre guardaba celosamente sus braguitas eran como el cofre del tesoro. Los abría y me deleitaba mirando sus braguitas cuidadosamente dobladas, apiladas por texturas y por tamaños, las tanguitas a un lado, las bragas de media nalga a otro, las de culo entero allá, en el fondo del cajón.

Cuando esa noche por fin pude por un instante acariciar y sentir en mis dedos la delicada textura del chochito de mama, creí que eso sería el Paraíso, pero no, el Paraíso aún no me estaba para serme entregado y disfrutado, esa noche el Paraíso fue para mi padre. Al rato y tan sólo después de beber unos sorbos de champán se encerraron en su habitación y no tardé más de unos minutos en escuchar unos suaves pero inconfundibles jadeos.

Mi madre estaba estrenando sus braguitas de puta que yo le regalé por su cincuenta aniversario. Yo esa noche tuve que conformarme con un premio de consolación: me hice una paja acompasada por los jadeos que llegaban de la habitación de mis padres, incluso sentía tanta afinidad, estaba tan inmerso en el momento, era tal el grado de compenetración que ambos, mi padre y yo nos corrimos a la vez y casi un instante después, mi madre, entre convulsiones, jadeos y suspiros, se retorcía entre orgasmos de felicidad.

Al día siguiente cuando me levanté vi a mi madre ya arreglada y esperándome para desayunar juntos. Mi padre salía al trabajo cada día temprano, en cambio mi madre y yo salíamos de casa como a eso de las 9 de la mañana. Ella trabajada dando clases de inglés a altos ejecutivos y yo entraba cuando se abrían las tiendas, a las diez de la mañana. Desayunamos juntos y nos miramos sonrientes, con complicidad, quizás también con cierta sensualidad, con cierta atracción morbosa, con cierto erotismo.

Había magia, flotaban en el aire fragancias de pasión. Le pregunté si llevaba puestas sus braguitas de cumpleaños, se levantó la falda y allí estaban, entre sus bellísimas piernas, dejando a la vista su espesa mata de vello púbico que a duras penas tapaba los labios superiores de su delicado chochito de mujer madura. Una rajita que deslumbraba más que los rayos del Sol al amanecer, que lucia fresca y húmeda a través del tejido de las braguitas. Me miró, me guiñó un ojo y con voz calida y sensual me dijo:

-Es para que me las vean mis alumnos-

-Joder- pensé para mí –aquí van a mojar todos menos yo.

A partir de ese día todo mi universo empezó a girar en torno a las bragas. Comencé a coleccionar catálogos, modelos, texturas, tejidos, formas. Comencé a

visitar boutiques de Barcelona, las más selectas, las más atrevidas, las más guarras. Comencé a visitar sitios Web de Internet para estar a la última, inicié un diccionario donde llegué a almacenar decenas y decenas de sinónimos, de eufemismos, de localismos y por supuesto los nombres en diferentes idiomas.

Bombacha, en Argentina, calzón, trusa, colaless, tanga, hilo dental, cucos, blumer, bloomer, panty, chones, pantaletas… en otros países de América. Pero también Unterwäsche, undergarment, underwear, lingerie, panties, knickers, culotte… todo, todo lo que se podía aprender sobre las bragas me interesaba. Sabían que es una de las prendas de vestir que mueve una ingente cantidad de dinero? Sabían que hay mujeres que entre bragas y zapatos pueden llegar a almacenar en sus roperos cientos de prendas? Sabían que tanto las bragas como los zapatos de tacón son los fetiches preferidos por los hombres y que muy raramente causan indiferencia tanto entre hombres como en mujeres?

Por supuesto es obvio decirles que a partir de ese día buscaba la ocasión para poder regalarle a mi madre lo último de lo último en bragas. Mi padre lejos de mosquearse o de sentirse celoso, se sentía feliz de que le regalase a mi madre bragas, aunque a veces fueran modelitos auténticamente provocativos. Todas, todas le parecían bien y animaba a mi madre a que las luciera, lo que me hizo sospechar que mi padre disfrutaba de la más que evidente infidelidad conyugal de mi madre, pero ni un sólo reproche ni a ella ni a mí por mi obsesión con las braguitas de mamá.

Y surgieron las anécdotas, quizás la más sugerente fue con la dueña de una exclusiva boutique en las Ramblas de Barcelona. La primera vez que entré en su tienda a comprar unas braguitas me preguntó si eran un regalo para mi novia. Le dije que no, que era un regalo para mi madre. Ella lejos de mosquearse me dijo:

-¡Que cool!, ¿Le regalas bragas a tu madre? -Sí- le respondí con total naturalidad. -Y cómo es ella- me preguntó con curiosidad. -Más o menos como tú- le contesté, a lo que ella servicial me ofreció a probárselas para que viera como sentaban. Acepté y se las puso, aunque tuve que comprar otras porque esas quedaron destrozadas después de la follada que los dos nos metimos en el probador.

Esta obsesión se prolongó a lo largo de más de cinco años, hasta que cierto día, uno más en el largo deterioro de la relación conyugal entre mi padre y mi madre, llegó la ruptura. Ese día mi padre me llamó por teléfono y me anunció que se iba de casa a vivir con otra mujer. Me pidió que cuidara de mi madre y que estuviese con ella para que no se sintiese sola.

Yo me quedé pensativo y dudé entre comprarle un ramo de flores o unas braguitas para cuando llegase a casa no se sintiese triste. Opté por las braguitas, unas braguitas que eran una auténtica pocholada, alegres, de colores amarillo chillón y naranja, para que le levantaran el ánimo, pero la verdad es que cuando llegué a casa mi madre no estaba triste y el ánimo lo tenía levantado. La encontré aliviada, feliz, como si se hubiese sacado un peso de encima, vamos que no me propuso irnos de discotecas a celebrarlo por pura educación, se ve que estaba de mi padre hasta las narices.

Esa noche le preparé una cena fría a base de salmón y rosbif, y, como correspondía a tal acontecimiento, regada ligeramente con unas copas de champán. Cuando ya apurábamos la última copa, brindamos por un futuro mejor y acercamos nuestros labios para besarnos, pero al sentir sus labios rozando los míos, algo me impidió separarme de ellos y prolongué ese beso más allá de lo razonable. Bueno, no sólo prolongué el beso, además asomé ligeramente mi lengua y se encontró con la suya que hacía otro tanto.

Aquello fue como una invitación para adentrarse en la tierra prohibida, en el jardín del Edén, y créanme, me adentré en la tierra prohibida. Era consciente que estaba besando a mi madre, pero también era consciente la pasión que levantaba en mí. Mi lengua rápidamente se coló dentro de su fresca y almibarada boquita y se entregó a una apasionada y delirante carrera por descubrir, por probar todas las mieles que guarda su sensual boca de mujer madura.

Mi madre me correspondía desinhibida y excitada, nuestras lenguas estaban entrelazadas, nuestros cuerpos abrazados, su chochito pegado a mi polla que ya no daba más de si, sus tetitas fundidas en mi pecho palpitante, sus ojos de vez en cuando se abrían y miraban llenos de lujuria, de pasión, los míos, que lejos, muy lejos de escabullir su mirada, la mirada de una madre que estaba siendo seducida por su hijo, irradiaban pasión, ardor, y pedían a gritos sexo, sexo mama, quiero sexo mamá.

Ambos estábamos de pie en medio del salón poseídos por una fuerza cósmica y sobrenatural, por una atracción animal. Era consciente que aquella mujer que tenia entre mis brazos, que besaba, que acariciaba, que deseaba su sexo por encima de cualquier otra cosa era mi madre, pero lejos, muy lejos de cohibirme, me excitaba sobremanera y mi mano buscó ansiosamente su chochito hasta que alcancé los pliegues de sus braguitas y comencé a acariciarle el chochito.

-Quieres regalarme unas bragas o quieres quitármelas- me preguntó con voz suave al oído, intuyendo que aquel paquete que había traído esa noche cuidadosamente envuelto en papel de regalo eran unas braguitas para mamá.

-No- le respondí decidido, muy decidido -Quiero quitártelas.

Fue entonces cuando me di cuenta de mi enorme error, estaba confundiendo lo esencial con lo accesorio, las bragas no eran un fin en si mismas, eran tan sólo un medio para estar cerca del chochito de mamá.

Ella en ese momento se abandonó, se tumbó en el sofá, se abrió ligeramente de piernas y dejó ante mi vista el Pórtico de La Gloria. Yo me arrodillé delante de sus piernas, le bajé suave, muy suave las braguitas que llevaba puestas y acerqué la punta de mi lengua a su deliciosa y perfumada rajita de su chochito. Estaba humedecida, lubricada, olorosa, abierta. Mi lengua se fundió con su excitadísimo clítoris y se lo relamí suave pero intensamente, de arriba a bajo, hacia dentro, hacia fuera.

Sus piernas me atenazaban con fuerza, con pasión, y sus manos buscaron nerviosas mi cabeza para aferrarse a mis pelos y empujarme hacia su rajita. Yo hurgué entre sus nalgas para descubrir su culito hasta que conseguí poner un dedo sobre su culo, comenzando a continuación la danza de la vida. La rajita de su chochito estaba siendo lamida por mi lengua y su culo acariciado por mi dedo, todo ello acompasado, intenso, vibrante, hasta que aparecieron las primeras convulsiones y jadeos, aunque yo no aflojé ni por un momento la intensidad de mis caricias.

Fue un orgasmo intenso, vibrante, enloquecedor. Cuando su cuerpo se fue serenando me subí encima de ella y se la metí. Yo apenas quería moverme, solo quería mirarme en sus ojos y ser consciente del momento que estaba viviendo: se la estaba metiendo a mi madre, la estaba follando… ella estaba relajada y su cara reflejaba, más allá de cualquier duda, la inmensa felicidad del momento. Se había corrido como una burra y ahora su hijo se la tenía metida y se iba a correr dentro de su rajita.

A partir de ese momento mi interés por las bragas cayó exponencialmente. No quería ver a mi madre con las bragas puestas, la quería siempre ligera de ropa y franca su rajita, pero exponencialmente también creció mi interés por follar con ella, tanto, tanto que estoy sopesando muy seriamente la posibilidad de no ocultar nuestra relación incestuosa. Éste no es más que el primer paso de un largo camino lleno de pasión.

Autor: Pancho Alabardero

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Recibí a dos chicos de mi pueblo

Me seguí haciendo la dormida y sentí que el que había entrado me jaló con un dedo las braguitas, lamiéndome el ano deliciosamente. Luego de eso me bajó nuevamente las braguitas y echada como estaba boca abajo, me metió su verga por el ano, bombeando sin importarle que me despertara. Así estuvo por un buen rato hasta que me llenó de leche por el culo.

Mi relato se inicia cuando mi madre me pidió que alojara a dos jóvenes, que vendrían a la ciudad donde yo vivía, y que los hospedara por un tiempo.

Para los que no me conocen, me presentaré diciendo que me llamo Kathy y que hace 7 años vine de una provincia en que vivía, y actualmente tengo 25 años de edad, estudié secretariado, y a pesar de algunas experiencias que viví y que le quitarían el hipo a cualquiera, mantenía siempre esa candidez de mis primeros años y mi deseo de ayudar a la gente que lo necesitaba.

Es así como recibí una llamada de mi madre, para que alojara momentáneamente a dos chicos de 18 años en mi departamento, hasta que consiguieran donde vivir ya que querían estudiar en Lima. El día señalado fui a la parada de autobuses a recogerlos y cuando los vi bajar, recordé cuando yo vine para la capital también. Mientras íbamos en el taxi hacia mi departamento, ellos se maravillaban con la cantidad de luces que había en la ciudad y todo les llamaba la atención. Decidí pedir 15 días de vacaciones para mostrarles la ciudad y conseguirles un alojamiento económico para ambos.

Los días siguientes aprovechamos para conocernos y de paso me ayudarían a pintar mi departamento ya que hace tiempo quería darle una mano de pintura, además me dijeron que ellos se dedicaban a eso cuando vivían allá. Uno de ellos se llamaba Renzo y era moreno y el otro se llamaba Jorge y era de piel blanca como yo. Debido a que mi departamento tenía una sola habitación ellos dormían en la sala.

Como yo siempre había vivido sola, cuando estaba en casa aprovechaba para vestirme cómodamente, y vestía un short y una camiseta sin sujetador cuando hacía la limpieza de mi casa, sin pensar que les podría llamar la atención a los chicos que vivían en mi casa. Varios hechos me demostraron que Renzo y Jorge no eran tan inocentes como yo pensaba. Un día que regresé de la calle, vi que el cajón de mi tocador donde guardo mis braguitas estaba revuelto, dándome la impresión que alguien había estado husmeando.

No dije nada sobre ese hecho, pero un día que entré a bañarme, dejé la puerta abierta y al parecer me habían estado espiando mientras me duchaba y un día que entré al baño encontré un poco de semen sobre la tapa del wáter. En los días sucesivos podía notar sus miradas en mis pechos y cuando volteaba los encontraba mirándome el trasero. Como siempre me ha gustado ver como se excitan los hombres con mis formas, decidí darles a este par de chiquillos un poco de gusto, así que para eso, decidí hacerme la que no me daba cuenta de nada y los dejaba ver más de la cuenta para que se mataran a pajas.

Otro día que llegué de la calle, pasé por la sala donde ellos se encontraban jugando ajedrez y los saludé. Dejé a propósito la puerta de mi cuarto entreabierta, sabiendo que tratarían de espiarme debido a su curiosidad natural. Pude escuchar que murmuraban algo y sentí pasos muy leves hacia mi habitación.

Me paré ante el espejo a mirarme, sabiendo que estaban espiándome escondidos en el marco de la puerta. Esa mañana antes de salir me había puesto unas braguitas pequeñas y un sujetador que marcaban muy bien la forma de mis senos. Me había puesto unas medias de nylon que para sujetarse debía hacerlo con portaligas. Me había puesto también una minifalda pegada y una blusa blanca, sabiendo que debía desvestirme ante ellos cuando trataran de espiarme.

Me senté en el banco de mi tocador en dirección hacia la puerta y mientras supuestamente cepillaba distraídamente mi cabello, abrí un poco mis piernas para que desde donde estaban, ellos pudiesen ver mis braguitas y los portaligas que llevaba. Me imaginaba como estarían en ese momento con lo que estaban viendo. Termine de cepillarme el cabello y me paré, quitándome en primer lugar mi blusa y noté que uno de mis pezones se salía por encima del sujetador, pero no lo acomodé. Luego bajé el cierre de mi falda y la dejé caer en el piso, quedándome en sujetador, braguitas y las medias con sus portaligas.

Ellos seguramente nunca habrían visto a una mujer vestida así, ya que en el pueblo donde vivíamos, las mujeres se visten muy recatadamente. Me paseé por la habitación vestida así, acomodando la falda y blusa que me acababa de sacar. Luego Me quité las portaligas y las medias, suponiendo que sus vergas ya estarían por romperles el pantalón.

Había un silencio sepulcral, así que antes de quitarme el sujetador que tenía puesto, saqué otro de mi cajón y lo puse sobre mi cama y los llamé. Se hicieron los que se demoraban y luego los tuve a ambos en la entrada de la puerta, sorprendidos por la forma en que yo estaba vestida y con un bulto en medio de sus pantalones, que no podían ocultar.

Les dije que quería cambiarme de sujetador, pero que mientras lo hacía quería que uno de ellos me sostenga los senos, mientras me ponía el otro sujetador. Renzo inmediatamente dijo que él lo haría, y Jorge replico que él deseaba hacerlo también. Le dije a Jorge que él podría hacerlo mañana y me lo desabroche, mientras Renzo ponía sus manos para recibir mis tetas. Me demoré un poco mostrándome de lo más natural, mientras que sentía su nerviosismo, por el temblor que denotaban sus manos y la mirada de ambos estaban clavadas en mis pechos desnudos.

Me puse el otro sujetador y le agradecí la gentileza y les dije que me iba a dormir y les di un beso en la mejilla a cada uno. Esa noche escuché que entraban al baño y se demoraban más de la cuenta, seguramente para masturbarse en mi honor. Al día siguiente estuvimos arreglando el jardín todo el día, y en la noche luego de bañarnos por separado para quitarnos la tierra del cuerpo, cenamos y entré a mi habitación y me puse un babydoll transparente y debajo solo unas braguitas y salí a la sala donde estaban.

Ambos se me quedaron viendo con la boca abierta cuando salí, y abrí una botella de licor, diciéndoles que me acompañaran a brindar. Ellos tomaron dos copas nada más, pero yo me hice la que me quedaba dormida por efecto de los tragos e hice la que me quedaba dormida en el sillón.

Escuché que entre ellos hablaban de lo buena que estaba y Renzo le dijo a Jorge que me agarrara las tetas. Jorge tenía temor que me despertara, pero más pudo su deseo y sentí que con ambas manos me agarraba las tetas y las masajeaba. Luego de eso, al ver que no me despertaba me recostaron a lo largo del sillón y entre ambos me tocaban y Renzo metía su mano dentro de mis braguitas, masajeando con sus dedos mi chochito.

En el colmo de su atrevimiento, me quitaron el babydoll que tenía y las braguitas también. Al verme desnuda Jorge le preguntó a Renzo, ¿Que hacemos? Yo me la voy a culear, no sé tú. Pude ver con los ojos entreabiertos que ambos se desnudaron y dejaron a la vista sus vergas bien paradas. Renzo se inclinó hacia mí y me empezó a lamer la concha, haciéndome sentir un cosquilleo que me daba ganas de despertarme y dejar que me culeen despierta, pero por otro lado quería seguir con mi juego.

Jorge me besaba en la boca y luego de eso pasó a mamarme las tetas y lo hizo con tal fuerza que casi grito. Renzo se echó encima de mí y me metió la verga por el coño, mientras Jorge miraba como me tiraba. Se movió solo un poco y eyaculó dentro de mí, haciéndome sentir su lechada tibia dentro de mí. Jorge quería entrar también y lo apuraba para que termine. Luego que Renzo se paró, Jorge se puso encima de mí con cuidado y me la metió también, mientras que me chupaba los labios y me decía que era una puta riquísima.

El también no aguantó más y me llenó con su leche. Yo tenía ganas de mamárselas para completar el placer de ellos, pero hubiese arruinado mi plan, así que seguí haciéndome la dormida y cuando acabaron, me pusieron nuevamente la ropa que traía puesta y ellos se vistieron también. Luego me cargaron a mi habitación, me arroparon y se fueron.

La verdad había quedado excitada por la culeada, pero no había sido suficiente para mí, así que me metí en el coño el mango de mi cepillo de cabello para calmar mi excitación.

Estaba en eso cuando siento unos pasos que se acercaban a mi habitación, y rápidamente me puse boca abajo y tiré la frazada que me tapaba al piso, quedando boca abajo y sin saber quien era el que estaba entrando. Me seguí haciendo la dormida y sentí que el que había entrado me jaló con un dedo las braguitas, lamiéndome el ano deliciosamente. Luego de eso me bajó nuevamente las braguitas y echada como estaba boca abajo, me metió su verga por el ano, bombeando sin importarle que me despertara.

Así estuvo por un buen rato hasta que me llenó de leche por el culo y luego me volteó y me puso la verga en la boca, restregándola en mis labios para limpiar el semen que le quedaba en la verga. Luego de eso me limpió la boca con un papel toalla, y se fue arreglando mi ropa, como si no hubiese pasado nada.

Al día siguiente me levanté, como si nada hubiera pasado y ambos tenían una cara de felicidad creyendo que yo no sabía que me habían culeado la noche anterior como se les había antojado.

Autor: sleepkiss

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Yola, mi vecina

Yola se bajó de capó del coche y me ayudó a chupar aquella preciosa polla, la escena era bestial, Alex reclinada sobre el coche con un cuerpo de infarto, sus pechos al aire, su minifalda recogida en la cintura, sus largas piernas con sus media cortas y su enorme polla mirando al cielo, y entrando y saliendo de la boca de Yola y de la mía.

Yola es una mujer de unos 36 años morena de mediana estatura, unos pechos no muy grandes pero firmes, delgada y con un potente culo, que no grande. Viste siempre de una forma un tanto provocativa pues siempre usa prendas muy finas que dejan adivinar todas sus formas y en varias ocasiones la había visto con faldas semi trasparentes que a trasluz dejaba ver su entrepierna.

Aquel día llevaba puesto un vestido de color crema muy fino de punto, marcando claramente unos pezones amenazantes, al moverse de un lado a otro mientras hablaba sus pechos se movían libremente por la ausencia de sujetador, cuando se fue a pagar la gasolina me di cuenta de su culo también flotaba libremente y pensé que debía de llevar tanga.

Al rato nos despedimos y nos fuimos con nuestros respectivos coches. Yo no paraba de darle a la cabeza, aquella mujer me ponía a cien, hacía tiempo que le tenía ganas, incluso pensé en seguirla, pero al poco me di cuenta de que no me hacía falta, pues a unos 6 km. de la gasolinera en un restaurante de la carretera con un gran aparcamiento delate, vi a lo lejos el Jeep de Yola, estaba parado al lado de un deportivo amarillo.

Yola en ese momento se bajaba del coche, enseguida pensé, marro, pero en ese momento del Porche se baja una mujer de bandera, rubia, alta, vestida con traje chaqueta, con mini falda y zapatos de tacón, se saludaron sonrientes, a todo esto yo pasaba por delante bastante despacio con mi coche y miraba de reojo.

No le hubiera dado más importancia si no fuese porque la rubia al besar en la mejilla, claro, a Yola, se quedó abrazada un instante acariciando el pelo negro de mi vecina, y al separarse retrocediendo un paso sin soltar el pelo y dando un repaso con cara de aprobación a Yola, me dio un flash, en aquella imagen, en teoría inocente había algo que no cuadraba.Me detuve un poco más adelante y disimulé con mi móvil por si me veían, mientras la rubia y Yola se subieron al Jeep y pasaron por delante mío Las seguí con prudencia, ellas se desviaron por un camino que atraviesa un campo de golf y va parar a la montaña. Yo que conozco muy bien la zona pues salgo en mountain bike los domingos por esa zona, tomé un atajo y fui a parar al final del camino, único sitio donde podían ir, una pequeña explanada verde muy frondosa.

Llegaron a los pocos minutos, se bajaron del coche, caminaron hasta encontrase y empezaron a besarse, las manos de la rubia recorrían la piel de Yola y esta parecía volverse loca, se la comía a besos y caricias mientras levantaba el vestido de Yola, no llevaba bragas y sus potentes nalgas estaban al descubierto, entonces la rubia que era bastante más alta que Yola la cogió en volandas y la subió encima del capó del coche.

Mi vecina con las piernas totalmente abiertas apretaba la cabeza de su amiga contra su sexo, la rubia con las piernas estiradas su culo en pompa y su minifalda reducida a la mínima expresión enseñaba la parte inferior de su culo a través de unas finas braguitas, las medias cortas dejaban apreciar al final una piel blanca.

Desde mi puesto de observador la escena no podía ser más alucinante, yo estaba muy cerca de ellas, como a 6 metros, detrás de unos arbustos, podía ver y oír lo que pasaba, Yola se deshacía en suspiros, curiosamente mi vecina se dejaba hacer a pesar de que la rubia estaba mucho más buena, era más joven, más alta y mucho más espectacular.

Sin darme cuenta yo con la polla fuera y magreándome cambié mi pie de posición apoyándolo en una piedra que no estaba muy fija, y sin remedio cayó haciendo ruido. La rubita ni se enteró pero Yola levantó inmediatamente la vista y me vio, con mi polla fuera pajeándome como un mirón.

No dijo nada, volvió a estirarse, yo pensé: qué raro, ¿de qué va esto? Entonces avancé y me puse a menos de 2 metros de ellas, la rubia seguía comiendo el coño de mi vecina, yo sin más le puse la mano en su trasero, a lo que respondió con un grito, Yola se levantó al instante y nos presentó: Adam te presento a mi amiga Alex.

Alex estaba estupefacta, se había asustado, yo me disculpé al tiempo que pasaba mis dedos por el húmedo sexo de mi vecina, Alex miró mi pene y agachándose sin perder ni un instante se lo introdujo en la boca chupando mi polla con lujuria, yo mientras me dediqué al coño de Yola, que ya le tenía ganas, no me equivocaba, era una mujer de cabeza a los pies, sus líquidos vaginales eran espectaculares.

Alex seguía chupando y estirando una mano le introducía uno de sus dedos por la vagina de Yola, la rubia era realmente espectacular, sus pechos grandes y tiesos se adivinaban a través de su camisa finísima y totalmente transparente, con las piernas semi abiertas, su minifalda indicaba un sexo especial, Yola se convulsionaba y con grandes espasmos gozaba de un orgasmo con corrida incluida sobre mi boca.

Alex se levantó y empezó a besar a Yola mientras yo desabrochaba su blusa dejando a la vista sus preciosos y enormes pechos, que yo chupaba y mordía con verdadero delirio, Alex clavó su boca en el sexo de Yola y yo por detrás de su culo en pompa levanté su pequeña minifalda, empecé a besar su culito acariciando sus piernas, bajé sus braguitas un poco dejando ver sólo sus glúteos, bien formados y tersos, los cuales mordí, besé y chupé con lujuria, sus largas piernas era una invitación al placer.

Cuando me decidí a bajar totalmente sus bragas ella se giró hacia mí y sorpresa ante mis ojos apareció una polla en semi erección de unos 18 cm. Y bastante gruesa. Me quedé estupefacto, aquello que tenía delante de mí no era una mujer sino un hombre, no me lo podía creer, su cuerpo era mucho mejor que el de cualquier mujer, sus formas femeninas de caderas, pecho, incluso su cara fina y delicada no me hubieran hecho sospechar jamás de que no era una hembra. Mis pensamientos estaban equivocados pues sí era una hembra. Aquel cipote delante de mi cara, perfecto y desafiante, mientras Yola y Alex me miraban como diciendo: ¿qué vas a hacer ahora?

Volví a mirar la polla de Alex que cada vez era más grande, se la cogí y me la introduje en la boca chupando y notando cómo se ponía dura como una piedra dentro de mi boca, era alucinante un cuerpo de mujer como pocos con un cipote grande y tieso que yo me estaba comiendo sin ningún pudor, a pesar de ser la primera vez que me metía una polla en la boca.

Yola se bajó de capó del coche y me ayudó a chupar aquella preciosa polla, la escena era bestial, Alex reclinada sobre el coche con un cuerpo de infarto, sus pechos al aire, su minifalda recogida en la cintura, sus largas piernas con sus media cortas y su enorme polla mirando al cielo, y entrando y saliendo de la boca de Yola y de la mía.

De repente Alex empezó a jadear más fuerte y al tiempo que soltaba un grito de placer su polla empezó a convulsionarse y soltar chorros de semen en la boca de Yola, yo sin saber muy bien lo que hacía le arrebaté la polla y chupé aquel rabo dejando que su leche me inundase la boca y me salpicase la cara.

Yo estaba como una moto y Yola con su boca y cara aún llena de semen empezó a chupar mi pene al tiempo que Alex se agachaba y con autoridad cogía mi polla y la succionaba y agitaba hasta recibir toda la leche que como nunca escupía sobre las caras de las dos, no se acababa nunca y ellas chupaban y tragaban como posesas, así acabó el primer encuentro con mi vecina y su amiga-o…

Autor: Adam

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Sirvienta en la alta sociedad

Muy rápido, su pene se introdujo perfectamente dentro de mi vagina y me hacía retorcer de placer, gemir de gozo. Mientras me penetraba y bombeaba, no dejaba de masajear mis pechos y yo le empujaba la cabeza hacia ellos, me excitaba mucho que me lamiera mis enormes pechos, que rebotaban con cada sacudida de placer.

Me gusta la fantasía porque uno puede ordenar las cosas como uno lo desee, o desordenarlas, según sea el caso.

Esta historia, se desarrolla cuando yo tenía 24 años, mis pechos ya habían alcanzado su madurez total y mis nalgas eran deseadas por más hombres cada vez. Debido a que me había quedado sin trabajo, tuve que entrar a trabajar como sirvienta a una casa de una familia bastante rica. Mis patrones, tenían 1 hija y 1 hijo. Como muchacha de una casa de la alta sociedad, me obligaron a usar uniforme, me gustaba bastante, pero creo que no era lo mejor para la clase de trabajo.

Para empezar era como 1 talla menor a la mía y me apretaba de las caderas y me costaba trabajo agacharme. Pero por otra parte, mis pechos se apretaban a tal grado que dejé de usar sostén, mis pechos se aplastaban contra la tela y se levantaban, haciéndolos ver muy grandes. Y mi trasero, de igual manera, se expandía por la presión que ejercía la falda y hacía que mis braguitas se marcaran. Después de un tiempo, decidí dejar de usarlas para que no se me notara nada de mi ropa íntima.

Junto a mí, entró a trabajar una mujer como de mi edad, 23 años tal vez, tenía un cuerpo precioso, el uniforme la hacía lucir muy atractiva, tenía pelo negro, ojos cafés, un trasero muy apretadito y aguadito y unos pechos medianos, tamaño normal. Ella y yo teníamos nuestras propias habitaciones y nunca trabajábamos en la noche.

Este relato empieza en uno de los días en que acabé mis labores temprano y decidí bañarme y luego salir a divertirme un poco. La primera sorpresa del día, fue cuando al asomarme por mi ventana, vi al hijo de mi jefa (Elisa), metido ahí, y mayor fue mi sorpresa al ver que tenía entre sus manos una de mis braguitas, unos calzones blancos con bordados de rosas muy finos al frente. Había envuelto su pene en él y se estaba masturbando. Me quedé viendo, la verdad no me gustó nada ver eso, pues la privacidad era una de las pocas cosas que aún conservaba. Pero decidí no interrumpirlo y esperar a que terminara.

Lo vi eyaculando sobre mis calzones, limpiando toda su leche en ellos y luego llevándoselos a su habitación. Seguramente los usaría para limpiarse cada vez que se calentara. Entré a mi cuarto y me desvestí, me quité la falda y me deshice de mi blusa. Mis grandes pechos dieron un salto al liberarlos de su encierro y me metí a la ducha. Comencé a lavarme el pelo, esos rubios mechones que se escurrían hasta mi espalda, me mojé toda, comencé a enjabonar mis pechos, llenándolos de espuma y poniéndolos al agua caliente para que se relajaran.

Luego bajé a mi vagina, enjaboné todos mis vellos, los tallé con fuerza y bajé a mis piernas. Mi cuerpo todo mojado se veía muy apetecible. Salí de bañarme y después de envolverme en una toalla, decidí que saldría a un antro o algo así. Abrí mi cajón de la ropa interior, saqué una braguita normal, de color negro y me la puse, escogí un sostén del mismo color y metí mis pechos en él. Me puse un pantalón pegado de mezclilla y una blusa que resaltaba mi busto. Vestida así, salí de la casa y fui a una disco cercana.

No habían pasado ni 5 minutos desde que entré, cuando los hombres que había ahí ya empezaban a mirarme. Al empezar a bailar en la pista, sentía como varias manos rozaban mi trasero cada vez que se podía, esos torteos disfrazados por el baile. Fui al baño un momento, después de haber bailado como 2 horas, y al salir, me encontré a un sujeto que sin dudarlo y sin preguntarme, me tomó y me recargó sobre la pared, comenzó a besarme y yo me resistí, pero era mucho más fuerte que yo, luché y luché, pero finalmente tuve que ceder a él.

Me manoseó por todas partes, metió su mano bajo mi pantalón y apretó mi vagina que empezaba a mojarse, la apretó con su mano y luego metió las manos bajo mi blusa. Desabrochó mi sostén y lo olió, lo lanzó al suelo y comenzó a masajear mis pechos, a pellizcar mis pezones y de pronto, sacó su miembro de dentro de su pantalón. El tipo lo tenía gigantesco, era anchísimo y muy largo, me puso una mano sobre él y justo cuando me iba a arrodillar a mamársela, el muy desgraciado se la guarda y se va, llevándose mi sostén, me dejó toda caliente y excitada.

Salí inmediatamente del baño y me dirigí a casa, donde podría desahogar mi calentura libremente.

Cuando llegué, ya era tarde, temí que mis patrones me regañaran, pero no había ruido, así que asumí que se habrían dormido. Pasé al cuarto de mi amiga a preguntarle sobre las actividades de hoy, pero la segunda sorpresa del día, mi patrón tenía agarrada a mi amiga de las caderas, sus piernas estaban cruzadas sobre sus hombros y su vagina se había engullido todo el pene de mi jefe. Esto no hizo más que aumentar mi calentura.

Corrí a mi cuarto y de entre mis cosas más secretas, las que guardaba bajo llave, se encontraba un consolador que le había pedido a una compañera. No dudé ni un segundo y así como así, lo metí en mi vagina, hasta el fondo y me hizo soltar un leve gemido. Me lo metí y saqué una y otra vez, sentía como ese pedazo de plástico se metía en lo más hondo de mi vagina, era algo excitante, mis pezones estaban gordos, hinchados, comencé a acelerar mis movimientos hasta que tuve un orgasmo delicioso, y caí tendida en mi cama.

Según creo, he de haber dormido media hora, porque poco después de mi orgasmo, algo me despertó, sentí como mi vagina se dilataba, y fue una gran sorpresa el encontrar al hijo de mi patrón con todo su pene dentro de mí, bombeando muy suavemente para no despertarme. No sabía que decir, ni que hacer, porque a decir verdad, se sentía muy bien, comencé a humedecerme toda, y, pues después de todo, ya que la situación se presentaba, no tuve más remedio que aceptar lo que pasó y disfrutarlo.

Comencé a acompañarlo con movimiento de caderas, muy rápido, su pene se introdujo perfectamente dentro de mi vagina y me hacía retorcerme de placer, gemir de gozo, debo decir que para ser tan joven, el hijo de mi jefe era bastante bueno en la cama. Mientras me penetraba y bombeaba, no dejaba de masajear mis pechos y yo le empujaba la cabeza hacia ellos, me excitaba mucho que me lamiera mis enormes pechos, que rebotaban con cada sacudida de placer.

Cuando pensé que el niño estaba a punto de acabar, le saqué el pene de mi vagina, lo tomé entre mis manos y comencé a masturbarlo. El niño se hincó y comenzó a masturbarse entre mis pechos, tuve un orgasmo al verlo eyacular sobre mis enormes y jugosos pechos, mis pezones llegaron a su punto máximo, mis jugos se derramaron sobre mi cama, y su semen me llenó todos mis pechos. Tomé un poco entre mis dedos y comencé a chuparlo, mientras él seguía sacando su lechita. Alcancé otro poco y le metí los dedos en la boca, para que se probara a sí mismo, lo lamió todo y me agradeció por una cogida tan rica.

Me quedé dormida un tiempo, hasta la mañana siguiente. Al despertar, volví a mis rutinas de siempre, lavar los platos, barrer, tender camas, etc.  A decir verdad, lo único que esperaba en aquel día, era llegar a la habitación del hijo de mi patrón ” el niño”, quería estar en su lugar más íntimo. Era un lugar muy cómodo, su cuarto no me daba mucho trabajo, pues siempre estaba limpio.

Comencé a esculcar entre sus cajones de ropa, hasta encontrar mi cielo, su lugar de la ropa interior. Para mí era como un paraíso, estar rodeada de su olor a macho, tan sensual, excitante. Muchos de sus bóxers estaban manchados de semen, sin duda alguna era un chico caliente. Al tener estas prendas entre mis manos, comencé a meter mi mano bajo mis calzones, estaban empezando a humedecerse.

Comencé a masturbarme, tan delicioso, pero tuve que salir antes de correrme, pues el olor me delataría. Salí corriendo y al llegar a mi cuarto, otra de mis grandes sorpresas, cuando encontré a la hija de mi patrón acostada desnuda en mi cama. Ella era una muchacha un tanto fea, la verdad, con cuerpo medio, por así decirlo, pechos medianos y trasero aplastado.

Me dijo mi hermano que eres hermosa en la cama, dijo sensualmente, mientras sacaba de entre las sábanas un consolador con un hilo. Quiero que me demuestres si es cierto. Comenzó a atarse el consolador alrededor de la cintura. No me hice del rogar y me desnudé toda, rápidamente, arrancándome la ropa. Me abalancé sobre ella y comencé a besarla en la boca, nuestras lenguas se estrecharon, mientras yo le sobaba los pechos y la besaba, ella estrujaba mis nalgotas, me sobaba y no dejaba de tocarlas.

Tampoco era una aprendiz en la cama, precisamente. Me aventó muy violentamente sobre la cama y me abrió mis labios vaginales de un jalón, me dolió mucho, me ardió y justo cuando pensaba que no podía doler más, ella introdujo el consolador completo dentro de mí, era algo gigantesco, era un consolador muy ancho y largo. La niña comenzó a meter y sacar el consolador de mi vagina, mientras yo le jalaba los pechos. La tomé de las caderas y la jalé hacia mí para que empujara más y más fuerte.

Sentía mi vagina calentarse poco a poco con estas penetraciones de una mujer, me excité tanto aquella vez, siempre me había encantado la idea de que una mujer hablara como hombre en la cama. El placer que sentía era inmenso, no podía contenerme más, así que le dije que sacara su pene de mí y que me lo diera. Cambiamos de posiciones y me amarré aquel pene en mi cintura. Tomé a la niña por las caderas y la puse de cuatro. Ahora sí vas a sentir placer niña- le dije.

Y sin dudarlo, le metí todo el pene en su vaginita, estaba muy apretada y al principio me costó mucho trabajo meterle mi pene completo, pero después de un tiempo todo se facilitó y empecé a penetrarla muy violentamente, sentía como sus labios vaginales se contraían mientras ella gemía de dolor, y se levantaba con cada embestida mía. La sujeté de las caderas y la empujé hasta mí, la hice sentir tanto dolor y placer a la vez, sus lágrimas escurrían, pero ella no dejaba de pedir más y más.

Seguí mis penetraciones dentro de su vagina unos minutos más, hasta que me agoté y finalmente saqué mi “miembro ” de ella y entonces nos besamos apasionadamente, estuvimos acostadas y abrazadas unas cuantas horas, mientras las dos jugábamos con nuestros pechos y reíamos. Mi vagina aún estaba húmeda y chorreando, mientras mi pene falso estaba lleno de los fluidos de mi nueva compañera de cama, en ese momento, me prometí que acabaría con toda la familia.

Bueno, este fue mi relato, espero que les haya gustado. Como pueden imaginar, esta cosa tendrá continuación, pero por el momento, los dejo con las dudas.

Autora: nellis_cuteblonde

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En las montañas

Ella se puso a cuatro patas para que él pudiera introducirla por detrás, ella con gesto me indicó que me tumbara, apartó mis piernas y mientras que él introducía aquella formidable polla, ella comenzó de nuevo a chuparme el coño, jugaba con sus dedos al mismo tiempo que con su lengua mientras él desde arriba no perdía detalle, vi en su cara que ya no podía más que en cualquier instante eyacularía.

De cómo decidimos ir a la casa que tenía Pedro en la montaña, no tengo ni idea, esas cosas ocurren a veces, pero allí estaba con unos amigos pasando el fin de semana. Me había despertado pronto, hacía un día precioso, me levanté de la cama, abrí la ventana. Era un balcón pequeño y tenía medio cuerpo afuera. Veía las montañas cubiertas de nieve. Pensé: (todavía queda en estas fechas). La verdad es que no oí abrir la puerta de mi habitación, tenía que estar muy provocativa, con mi culo en primer plano.

Estaba pensando en mis cosas cuando noté que una mano me acariciaba las piernas, subían muy lentamente desde los tobillos hacia arriba, me asusté pero no quise ver quién era, quería saber dónde llegaría, noté como se paraba en el interior de mis muslos, de cómo abría las piernas para que una mano intrusa me tocara. Primero me acarició con las bragas, con movimientos circulares, que cada vez se hacían más y más rápidos, notaba cómo me humedecía cada vez más y más. Tenía curiosidad por saber quién era mi amante secreto.

Cuando sus manos me bajaron las braguitas, pero en ese instante me fascinaba la idea de que un desconocido me introdujera un dedo dentro de mi rajita buscando aquel lugar donde pudiera sentir más placer. Lo descubrió, di un salto pero me cogió fuertemente las piernas para que yo no me moviera, también le gustaba la escena, a mí no me importaba seguir el juego.

Estaba justo debajo de mí, sentado con sus manos me apartó un poco de la ventana, para que pasara mejor su cuerpo, introdujo su cabeza debajo entre mis piernas, se puso a chupar mi coño, lo hacía con delicadeza mientras sus manos jugaban con mi trasero, yo esta apunto de correrme, cuando vi por la ventana a unas amigas que venían de dar un paseo. Me saludaron con la mano, a las cuales yo no pude responder, sentía que si no me agarraba de las manos a la ventana fuertemente me caería. Me preguntaron: ¿Te encuentras bien?, yo respondí como pude, pero mi amante desconocido seguía chupando, cada vez era más y más fuerte, sus dedos se introducían con ímpetu dentro de mi culo.

Me corrí con grandes espasmos, sobre su cara, caí desfallecida sobre el balcón creía que las piernas no aguantarían mi peso, él se acercó y apoyó su cuerpo sobre mi espalda, tocándome las tetas, me dijo al oído: -Espero que te gustase.

Y cuando quise darme cuente había desaparecido. Era lo más emocionante que me había sucedido en años, yo no soy jovencita, el sexo lo he descubierto no hace mucho, pero es mejor así pues ahora sé disfrutarlo. Pero la mañana no había acabado aún y me esperaban muchas más sorpresas.

A medio día me fui a dar un paseo, había cerca un río, paseando iba viendo qué bonito estaba el campo, la primavera estaba floreciendo, el aire chocaba en mi cara haciendo que mis mejillas se sonrosasen. Me senté debajo de un árbol, se veía desde allí el río y la casa a lo lejos, pensaba que había sido buena idea el venir a pasar el fin de semana, también en mi amante desconocido, cuando a lo lejos vi a una pareja que se acercaba a donde me encontraba. La verdad es que no quería hablar con nadie, no me apetecía así que me escondí detrás del árbol esperando que pasasen.

Pero cuál fue mi sorpresa al ver que al llegar así a mi lado se desnudaron y se fueron a nadar, jugando en el agua, riéndose, tenían unos cuerpos fabulosos, él tenía un pene impresionante y eso que no la tenía… ya sabéis, no podía quitar la mirada de sus cuerpos. Veía los pechos de ella eran grandes tenían aspecto de ser tan suaves, creo que a él parecían igual que mí, porque la cogió los brazos la sacó del agua y la tendió sobre la hierba fresca, allí cogió sus pechos con sus dos manos, glotonamente se los chupaba, los mordía, cogía sus pezones y se los introducía en su boca una y otra vez, ella le acaricia el pelo, moviéndose un lado a otro para facilitar la labor, él baja por su vientre hasta llegar a su coño, ella abrió sus piernas en una uve perfecta, él lamía aquello que tan gustosamente era expuesto, ella acariciaba, pellizcaba sus senos una y otra vez, le cogió del pelo y lo atrajo hacia su boca donde sus lenguas se unieron en un beso largo dulce y apasionado.

Yo no podía evitarlo pero mi mano se había ido hacia mí entrepierna, me acariciaba una y otra vez viendo como esos cuerpos se devoraban, ahora ella le comía la polla. Yo cada vez miraba más y más para no perderme nada, fue cuando me delaté, él me miró, sin decir palabra a ella que seguía comiendo esa enorme polla me hizo un gesto con la mano que me fuera con ellos.

Yo no me lo creía, pero me encontraba tan excitada por lo de esta mañana, por lo que ahora estaba ocurriendo que no pude más que acercarme, me puso delante de él, ella seguía con lo que estaba haciendo, con un gesto él me insinuó que me quitara la ropa, así que desabroché la camisa, me quité los pantalones, así como mi ropa interior, él comenzó acariciarme el coño, nuestras bocas se juntaron notaba su lengua dentro de mí, sabía besar muy bien, dulce, tierno. Ella que se había dado cuenta de mi presencia se dio la vuelta quedando en medio. Mis manos fueron a sus pechos, me agaché para besarlos, a ella le debió gustar mucho.

Él se tendió y las dos nos pusimos a ambos lados para chuparle su enorme polla, las dos al mismo tiempo uniéndose nuestras bocas al final de cada succión, él mientras tanto nos tocaba el culo y nuestros coños con las manos. Me tumbé en el suelo, él cogiendo mis piernas las abrió como antes había visto hacer a ella y me penetró, no fue despacio más bien fue enérgicamente, ella le ayudaba, le besaba, mientras yo sentía dentro de mí toda aquella carne moviéndose. De repente ella se puso sentada encima de mi cabeza, tenía todo aquel coño expuesto para mí, podía verlo rosadito, hermoso, comencé a tocarlo con mis dedos, a jugar con él, ella se agacha más para facilitar que yo se lo chupara, fue maravilloso era la primera vez, pero fue formidable sentir todos aquellos espasmos, sentir como a cada roce de mi lengua ella respondía hasta tal punto que pronto noté cómo se corría, pero no quería dejarlo, pero mi compañero decidió que había llegado el momento de cambiar de pareja, así que se puso donde había estado mi lengua.

Y se puso debajo de mi coñito viendo cómo se hundía en aquella polla, yo me puse como había estado ella así él podría chuparme a mí sin ningún problema, yo la tenía enfrente viéndola gozar, en cada movimiento sus pechos saltaban una y otra vez, con las yemas de mis dedos rozaba en aquellos pezones que cada vez se ponía más y más duros, nuestras bocas se unieron en un beso mientras que ella también jugaba con mis pezones, les pellizcaba, sentía dolor pero no me importaba, me gustaba ese dolor tan placentero.

Sentía una pasión que jamás había sentido, sentía sus besos dulces dentro de mi boca, y cómo con cada lengüetazo dentro de mí hacía sentir la pasión. En mi cuerpo empecé sentir unos espasmos, no podía pensar en nada mi cabeza daba vueltas, quería que aquello no terminara.

Ella se puso a cuatro patas para que él pudiera introducirla por detrás yo no sabía muy bien qué hacer pero ella con gesto me indicó que me tumbara, apartó mis piernas y mientras que él introducía una y otra vez aquella formidable polla, ella comenzó de nuevo a chuparme el coño, jugaba con sus dedos al mismo tiempo que con su lengua mientras él desde arriba no perdía detalle, vi en su cara que ya no podía más que en cualquier instante eyacularía, así fue.

Permanecimos los tres tumbados largo tiempo, nadie dijo palabra. Me dormí y cuando desperté ellos no estaban, me sentí un poco triste, pues había tenido varios amantes en el mismo día pero no sabía de ellos nada, pero pensé que así era mejor.

Autora: Miatulado

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Sueño cumplido, mi suegra

Le empecé a bajar el calzón, ella dijo todavía no, entonces te arranco le dije, si…si…si viólame, culéame, méteme la lengua en esta chucha que de ahora en adelante va a ser tuya cuando quieras. Le bajé los calzones, sintiendo su braga humedecida por los jugos que había ya estado botando, y viendo como los pelitos de su coño se desparramaban por entre su calzoncito.

Me llamo Alberto y conocí a mi esposa cuando yo tenía 33 años y nos casamos cuando cumplí los 36 y ella 24 años. Vivimos algún tiempo en un apartamento rentado y por esas cosas de la vida nuestros suegros nos ofrecieron un apartamento en la casa que ellos tienen por lo que decidimos cambiarnos.

Mi suegra es una mujer de 58 años llamada Isabel, cuando la conocí me impresionó su forma de ser jovial y agradable, además de sus voluminosos pechos y su bien dotado pompas, para su edad no esta nada mal, confieso que se me vinieron ideas locas después que la vi por primera vez.

Nuestra vida transcurrió normalmente en casa de mis suegros, pero un día que tuvimos una fiesta mi suegra se pasó de copas y en un momento dado se desapareció de la reunión, al buscarla yo la encuentro en el baño sentada en el inodoro y con los pantalones abajo, ese momento que vi su coño peludo, me propuse que sería para mi ya que parece que mi suegro no le atiende en la cama y a mi me encantan las mujeres maduras.

Superado ese incidente comencé con mi plan para poder estar con mi suegra, le hacía bromas, le hablaba en un tono subido, al principio como que no le gustó, pero luego y para tranquilidad mía parece que las cosas fueron tomando otro rumbo.

En mi trabajo pedí vacaciones por un mes y cierto día después de ir a dejar a mis hijos en la escuela, regresé a casa y para mi sorpresa mi suegro y mi señora habían salido a realizar unas gestiones en un Banco de la localidad, por lo que tardarían todo el día en regresar, al subir las escaleras oigo que mi suegra estaba duchándose y yo pasé directamente a mi departamento a acostarme un rato por lo que me desvestí y me puse una salida de cama, después de un momento oigo que tocan a la puerta y al salir veo que era mi suegra que venía con el pretexto de pedirme una taza de azúcar, por lo que le hice pasar a la sala hasta conseguir lo que me había pedido.

Fui a la cocina y la observaba desde allí ya que se había puesto unos pantalones ajustados y una blusa un poco escotada por lo que se veía sexy, ella sabía lo que tenía, entonces empecé a tener una erección y no podía controlarla, al salir de la cocina creo que mi suegra vio mi situación, pero no me dijo nada y empezó a conversar diciéndome que nos habíamos quedado solos, que ella estaba acalorada por eso había tomado el baño, yo armándome de valor le dije como broma que sabiendo eso era de que me llame para yo poder enjabonarle la espalda, a lo que mi suegra se sonrió y me dijo que era un tremendo, que me estimaba mucho entonces yo le pregunté: ¿sólo me estima querida suegrita? Y me acerqué un poco más adonde estaba ella.

Ella como que se asustó, pero yo me acerqué un poco más nuestros cuerpos ya se tocaban, entonces mi suegra me dice que le pasa, que es lo que quiere, yo ya sin poder contenerme le dije, yo le quiero a usted suegrita, pero no como tal sino como mujer, siempre me ha gustado y he soñado con estar con Ud. Me contestó, Alberto eso no puede ser, Ud. sabe que yo tengo a mi esposo, aunque ya no me satisfaga, lo que Ud. me propone no puede ser, mi hija es su esposa. Yo le contesté acercándome un poco más, suegrita no se preocupe tendremos nuestros encuentros cuando usted verdaderamente pueda sin que le pueda afectar a su relación con su pareja, pero yo quiero es más deseo estar con Ud. No Alberto, me dijo casi suplicando, entonces yo acerqué mi boca a la suya y le di un beso superficial, ella cerró los ojos y yo traté de meter mi lengua en su boca a lo que ella se resistió, me empujó y exclamó no, no y no, pero yo vi que hizo eso no con una verdadera intención sino más bien, para que yo piense que se estaba portando honesta.

No te resistas, aprovechemos ahora que estamos solos le dije. No me tientes, respondió tuteándome por lo que yo pensé esto se esta componiendo. Déjate llevar por el instinto, por la pasión contesté, acercándome a ella.

Ella bajó la vista y vio que mi bulto estaba creciendo, a lo que respondió: Alberto si pasa algo entre los dos, prométeme que no lo contarás a nadie. No mi suegra linda le respondí y me abalancé sobre ella, uniendo nuestros labios desaforadamente. Empecé a besarle el cuello, las orejas, las manos mientras acariciaba sus nalgas pronunciadas, ella como que se quiso resistir al principio, pero luego metió sus manos por entre mi bata de dormir, me acarició los pechos y despacio muy despacio empezó a sobarme mi pene por encima del calzoncillo. Ya no aguanto suegrita balbuceaba ya, al tiempo que seguía besándole en la boca oyendo su respiración entrecortada y sus gemidos que cada vez se hacían más fuertes y prolongados, parecía que empezaba a excitarse de sobremanera.

Tanto tiempo sin sentir esto me dijo, sigue queriéndome cabrón, quiero ser tu zorra este día, culéame como nadie me lo ha hecho, dame verga por donde nunca he recibido repetía. Yo estaba a punto, por lo que empecé a desabrocharle la blusa, ella me abrió la bata quedándome solo en calzoncillos con la verga bien parada. Pégame una mamada de la verga le dije, ella respondió yo nunca he hecho eso, me parece asqueroso, cogí su cabeza y la hice bajar hasta que esta quedó a la altura de mi verga, métete en la boca putona y lámeme le respondí, ella con timidez al principio fue metiéndose mi tronco, después de un rato empezó una mamada genial. ¿Te gusta verdad?, dije. Si mi cabrón, decía mientras me pegaba unos lengüetazos de fuego. No que no sabías hacer esto comenté. No sabía pero tú te mereces esto y más dijo.

Ahora que no hay nadie salgamos a culear a la terraza de la casa propuse. Si mi rey, voy a traer la alfombra de la sala para tenderla y vamos a seguir culeando arriba comentó, mientras se le notaba lo excitadísima que estaba. Salió moviendo sus caderotas, luego de un momento subimos a la terraza, yo le iba abrazando por detrás y sobando mi verga en su hermoso culo. Espera ya llegamos, yo también estoy arrecha dijo.

Tendimos la alfombra, acto seguido empecé de nuevo a besarla, le saqué suavemente el sostén y empecé a mamarle las tetas, ella se retorcía de placer mientras jadeaba. Mmmmmmmm, que rico sigue papito, destrózame, introdúceme, hazme sentir lo que no me ha hecho sentir nunca el cabrón de mi marido, mijito… agggggggg, assiiiiiii, dame tu verga decía. Ya mi suegra linda, sígueme diciendo cosas bonitas, no te calles, te voy a culear como nunca te han hecho, pero no solo esta vez, quiero que seas mía siempre que yo quiera, porque tu culo me tiene loco le decía yo.

Si mi culeón, me he estado perdiendo algo increíble, ya se me iba a cerrar el chocho, porque no me dijiste antes que querías este cuerpo, de ahora en adelante cuando yo quiera esa verga va a venir a perforar esta concha, balbuceaba.

Le empecé a bajar el calzón, ella dijo todavía no, entonces te arranco le dije, si…si…si viólame, culéame, méteme la lengua en esta chucha que de ahora en adelante va a ser tuya cuando quieras. Le bajé los calzones, sintiendo su braga humedecida por los jugos que había ya estado botando, y viendo como los pelitos de su coño se desparramaban por entre su calzoncito.

De un tirón rompí sus bragas, eso le excitó más porque empezó a jadear más fuertemente mientras decía quiero esa verga dentro de mi, dámela no me hagas sufrir, introducemelaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Yo bajé pasándole mi lengua por su boca, sus pechos, su ombligo, su mata de vellos hasta llegar a su “hueco” el cual estaba mojadísimo, procediendo a introducirle mi lengua oyendo un chillido de placer de mi suegra que me decía asiiiiiiii papito, que rico, sigueeeeeeeeeee dame mássssss, no te detengas, me esta saliendo un líquido por la concha que es eso, explícame, pero sigueeeeeeeee hazle bailar a esa lengüita rica rica en mi cuca, aggggggg… mmmmmmm… que ricura.

Eso que te está saliendo es porque es la primera vez que estás gozando como es debido, mueva un poco su culito para que mi lengua juegue más en su concha le dije. Si mi amor pero siga, yo también quiero mamarte me dijo. Entonces yo me di la vuelta, poniendo a la altura de su cara mi pene, ella me sacó los calzoncillos y empezó a introducirse la verga en su boca. Me vengo le dije, agggggggggg que rico que has sabido mamar, suegra zorra, sigue mamando así, mmmmmmmm y le solté la leche en su boca. Ella empezó a lamerme y quitó de mi pene todo vestigio de leche, siguió en la mamada y mi verga empezó a recobrar su dureza.

Ahora méteme mijo, soy toda tuya decía, dame ya esa rica verga, dale a tu suegrita, entonces yo me acosté y ella como una experta puta se ensartó la verga en su chocho y empezó a cabalgarme. Agggggggg. Asiiiiiiiiiiiiiiiiii, sigue, dame más no pares, méteme hasta el fondo mmmmmmmm, quiero mássssssssssssss chillaba mientras se retorcía de placer. Si mi suegra linda te voy a culear todos los días pero sigue culeando, mássssssss, mmmmmmmmmmmmmm, ohhhhhhhhhhhhh, gemía yo mientras ella seguía metiéndose mi verga.

Me voooooooyyyyyyyyyyyyyyy dijo, agggggggggggggggggg, que rico gritaba quiero más vergaaaaaaaa, ahhhhhhhhhhhhhhhh y me chorreó con todos sus líquidos en mis piernas. Yo también en ese momento terminé abrazándonos y chillando juntos como si nunca hubiéramos tenido sexo.

Estuvo genial dijo, ahora si vistámonos antes que venga alguien, yo le dije nooooo, quiero seguir haciéndote el amor ahora que estamos solos, a lo que contestó golosoa y de nuevo empezó a chupetearme el pene. Esa es otra historia que pronto les contaré, como aquella otra en la que dejó el local que tiene ella al cuidado de su marido mientras nosotros dábamos rienda suelta a nuestra lujuria. En un motel, que por cierto era la primera vez que conocía mi suegra.

Autor: Soñador

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El atraco

María dejó que le bajaran las bragas, el intruso la empalmó por la vagina desde atrás, aunque quería evitarlo no dejaba de gemir de placer, la veía con un movimiento cadencioso y acompasado. Igual pasaba con Paola, el otro muchacho hacía con el misionero las maravillas que quizás Roberto nunca lograba. Ella tenía los ojos en blanco y estaba en verdad gritando de placer.

Ese día nos encontrábamos mi señora y yo con una pareja de amigos en nuestra propiedad rural localizada a unas dos horas en automóvil de la ciudad donde vivimos. Era una noche en verdad fría y los cuatro estábamos alrededor de la chimenea, tomando un poco de ron y escuchando música.

Paola la esposa de mi amigo es una morena encantadora con cara de pícara y notablemente caderona, con un trasero levantado y respingón; tiene muy buenas tetas y normalmente no las disimula con su estilo de ropa que las realza. Roberto en cambio es recatado y tímido, tiene un tufillo de intelectual universitario y sería incapaz de matar una mosca. Mi señora María es delgada, cabello trigueño, con piel muy blanca, tiene un cuerpo armonioso, casi perfecto con una cara de aire angelical. Aquella noche como siempre yo fantaseaba en como sería estar con la dos mujeres al mismo tiempo. Eran varios años de pensar obsesivamente en el mismo tema y como siempre terminaría en la cama haciéndole el amor a María y pensando que Paola estaba con nosotros.

Oímos un ruido afuera, pero con tantos perros en el vecindario jamás imaginábamos que algo malo pudiera estar sucediendo. Luego de otros ruidos adicionales que terminaron por inquietarnos, abrí la puerta de la calle para ver lo que pasaba; me encontré de súbito con tres hombres que me amenazaban con escopetas. Eran dos hombres jóvenes con cara de curtidos campesinos y un hombre mayor que sin duda era el jefe. Nos preguntaron por el dinero, las joyas y las armas. Pero aparte de unos pocos pesos de las billeteras, los anillos y pulseras de las chicas y nuestros relojes, los hombres no encontraron nada adicional de valor. Procedieron a amarrarnos a Roberto y a mí con las manos en la espalda usando una soga que traían y dejaron a las mujeres juntas en el centro de la sala, sentadas espalda con espalda, apenas si atadas con una sábana que volvieron trizas.

Los hombres fueron a la nevera siempre guiados por las órdenes del señor de edad al que le decían Don Antonio. Hicieron sándwiches de jamón y tomaron leche a pico de botella; pronto parecieron saciar un hambre antigua que portaban. Luego sorprendí a los jóvenes campesinos mirando a nuestras mujeres con inusitado interés. Sus miradas ardían. María mi mujer estaba con una falda de jeans que permitía ver un poco más allá de la mitad de sus muslos blancos y apetitosos; sentada con las piernas dobladas hacia un lado era inevitable que cada vez mostrara más y más de lo que sería aconsejable en una situación tan delicada como esta. Paola, del otro lado, tenía un pantalón negro muy ajustado, con una camisa blanca que permitía ver el vértice de sus tetas de tamaño no menor a 36 y su brassier que era un suspiro de encajes.

Los hombres se veían en cada vez más excitados y Don Antonio pronto se percató del hecho. Con una orden seca les ordenó hacerles el amor, mejor dicho, les dijo: “Adelante muchachos, que no solo de pan vive el hombre”, siempre dominando la situación con una escopeta que a leguas se veía era más moderna que las de los otros dos. Los muchachos se acercaron con cierta respetuosa timidez; mi mujer me miró a los ojos, como implorando ayuda o ¿pidiendo autorización?, pero era poco lo que yo podía hacer en esta situación. Algunas veces me había manifestado en la intimidad su deseo de ser tomada por un hombre desconocido que le hiciera el amor con fruición.

Vi que ambos se quitaron los pantalones quedando con la ruana que les cubría cómicamente las piernas desnudas. Las separaron dejándolas atadas con los retazos de sábanas. El que admiraba a mi mujer se le acercó con suavidad por detrás y levantó su falda dejando a la vista unas pequeñas bragas rosadas que parecieron enloquecerlo aún más. En el forcejeo se levantó la ruana dejando ver una verga erecta de buen tamaño y grosor. Mi mujer estaba tumbada de lado, con las manos atrás, la falda totalmente levantada y los cachetes de las nalgas escapando por los bordes de su prenda íntima. Sin duda se veía más que apetecible, así el hombre la olía por detrás y le enviaba lengüetazos a su coño que la hacían retorcer en el suelo.

Roberto estaba de espaldas, mirando hacia la pared, por tanto era yo el que miraba este espectáculo de frente.

El otro muchacho llegó donde Paola, secundado por don Antonio que no dejaba su actitud amenazadora y con la verga también enhiesta comenzó a forcejear con el pantalón de la muchacha. Ella estaba sentada en el suelo pataleando y gritando que no la tocaran. Cuando el hombre terminó de bajarlos dejó a la vista un cuerpo moreno aún más espectacular de lo que yo había proyectado, con unas impactantes bragas negras minúsculas que se clavaban en la piel. Los hombres eran toscos, pero tenían una evidente practica sexual; ambos comenzaron a frotar sus vergas contra el cuerpo de nuestras esposas y estas sin poderlo evitar pronto estaban también excitadas.

María tenía esa mirada que yo le reconozco cuando está de verdad interesada en el sexo. Dejó que le bajaran las bragas, con débiles protestas de su parte, el intruso la empalmó por la vagina desde atrás, aunque quería evitarlo no dejaba de gemir de placer. Pronto la veía con un movimiento cadencioso y acompasado, por momento buscaba mi mirada como pidiendo perdón. Pero yo la comprendía, por supuesto que sí. No era la hora de celos y otras barrabasadas inoportunas.

Igual pasaba en el otro lado. Paola estaba ahora boca arriba, con las bragas negras abajo y el otro muchacho hacía con el misionero las maravillas que quizás Roberto nunca lograba, quizás por una eyaculación precoz nunca tratada. Ella tenía los ojos en blanco y estaba en verdad gritando de placer. El muchacho arremetía furioso mientras le manoseaba las tetas que había sacado de la camisa. De manera increíble todavía tenía las manos atadas atrás, lo que le daba un aire de indefensión aún más excitantes. Sin embargo lo aupaba a que continuara en cada vez más rápido.

Mi señora comenzó a gritar en las convulsiones del orgasmo, el hombre le acariciaba las tetas desde atrás. Paola aún no llegaba, pero sus gritos podían oírse a muchas cuadras a la redonda. Mientras tanto don Antonio se había sacado una verga gordota y se estaba masturbando con evidente satisfacción.

La función duró unos diez minutos, máximo quince, que nos parecieron horas, finalmente don Antonio le acercó la verga a la cara de Paola que estaba más excitada que mi mujer y eyaculó abundantemente en su cara. Paola le daba lengüetazos sin poderse contener y la leche continuaba saliendo a raudales. Luego de dar las gracias y sin hacernos daño se retiraron tan silenciosos como vinieron…

Autor: JUAN 23

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Ocurrió aunque no lo esperaba

Ella no era una chica que desaprovechaba la oportunidad de probar una polla, y más la de un chico mayor que ella. En sus ojos se le veía una luz brillante. Se le veía impaciente, se le notaba que tenía ganas de verla, que nunca había visto una, tenía ganas de tocarla, de probarla, de tenerla entre sus manos. Tenía una cara de vicio que lo decía todo.

Hola. Os voy a contar una historia que jamás pensé que pudiera ocurrirme, pero ocurrió. Solo de recordar lo que aquella tarde pasó en mi coche, me pongo a mil, no puedo evitarlo. Los diálogos no son exactos, exactos, pero he intentado recordar todo aquello que le dije y que ella me dijo, además todo aquello que hicimos, intentado ser lo más ceñido a la realidad.

Volvía hacia casa en coche. No estaba demasiado lejos; estaba en un centro comercial cerca de mi casa, parado en un semáforo, mirando alrededor para distraer un poco la vista, y al girarme hacia la derecha, vi a la hija de un amigo mío que hacía tiempo no veía. La conocí con más o menos nueve o diez años, ahora tenía 18, pero al verla, sentí un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo. Cuando la conocí, se podía adivinar que iba a ser esa clase de niña que no desaprovecharía la oportunidad de probar una buena polla que se le presentase encima. Ya desde pequeña, iba tanteando el terreno, sabía demasiado para su edad, y jugaba con ello. Por eso, al verla, me entró un escalofrío impresionante, pensando si tal vez estaría equivocado, o en el fondo sería toda una puta. Así que bajé la ventanilla, y la saludé:

– Hola guapetona, ¿qué tal? – Huy, hola – puso cara de decir, cuanto tiempo sin verte, con una expresión un tanto tímida. – ¿Cómo estás?  ¿Vas hacia casa? – Si. – Pues venga, que te llevo.

Subió al coche. Me conocía desde hacía tiempo, y era normal que no pensase nada malo sobre mí, que tuviera confianza, podía tenerla. Se puso el cinturón, y miró todo el interior del coche. Empezamos a hablar un poco. Le pregunté cosas sobre ella, sobre su familia, como estaban…

– Cuanto tiempo sin verte, como has cambiado, a mejor claro (…) Bueno, ¿qué me cuentas? Estás estudiando ¿verdad? ¿En qué curso estás? – Estoy en 45º de bachiller.- ¿Y cómo te va? Seguro que bien, porque yo se que eres inteligente y nunca has tenido problemas y nunca los tendrás. Me dijo tu madre, una vez que la vi por el barrio, que estabas practicando deporte… karate o algún arte marcial. – Estoy haciendo judo – se le escapó una sonrisa de satisfacción al hacerle esta pregunta.
– ¿Y te gusta? A mí también me gustaría practicar alguna clase de arte marcial. Que suerte, como te envidio, si tuviera más tiempo… – le dije, poniéndole una mano sobre una de las suyas.

Pronto llegamos al barrio donde vivimos, el camino se hizo corto. Vivimos muy cerca el uno del otro. Tengo una plaza de garaje, un garaje con plataforma, que al principio, para quien no ha montado nunca en uno de ellos, resulta un tanto… espectacular…

– Y bueno, ¿de chicos, como andamos? Porque tú seguro que tendrás 3 ó 4 novios, o amigos, amigos… ¿verdad? Y habrás tenido un montón, seguro, una chica tan guapa y tan graciosa… – No, que va, no tengo novios, no me gusta tener novios. – Pero alguno habrás tenido, ¿no?  Y besado, seguro que habrás besado a alguno… – Claro, ya he besado a algunos, he tenido varios novios, pero no me han gustado… – ¿Por qué no te han gustado? Con lo guapa y lo guay que eres tú por dentro y por fuera… que idiotas. – Ya, pero… – Pero… ¿qué?

Se hizo un poco de silencio, no sabía que contestar. Enseguida hablé yo:

– Voy a guardar el coche en el garaje. ¿Alguna vez has visto un garaje de plataforma? – ¿Un garaje de plataforma? ¿Qué es eso? – Ahora lo verás.

Metí el coche en el garaje. Primero se tiene que entrar en una planta baja pequeña, donde subes en una plataforma, al cerrarse las puertas, se acciona y va bajando hasta dejarte en la planta donde tienes la plaza de garaje.

– Tú tranquila, no te asustes. Aunque parezca que no tiene salida, vas a ver lo que pasa. Ahora el coche irá bajando poco a poco, al principio dará un pequeño tirón, pero tú espera.

Tenía cara de estar un poco asustada, era lógico, resultaba una novedad para ella. Nunca había visto una. En ese momento, aproveché para darle un beso en los labios, pues ahí no nos podía ver nadie, y podía dárselo tranquilamente y le dije:

– Aquí tienes un beso de un chico de 27 años, rápido, sencillo, suave, para que lo tengas, para ti solita. Y ahora te voy a dar otro mejor, para que sepas como besa un chico de 27 años…

Ella no opuso resistencia, enseguida se entregó al cálido beso que le di al principio, y luego a los que le fui dando suave, dulcemente, mientras le acariciaba la parte trasera de la cabeza. Su boca estaba ansiosa, besaba con ganas. La notaba muy nerviosa, yo también lo estaba, incluso me estaba excitando un poco, pues sabía donde podía llegar. Después de unos minutos, paré de besarla, dejándola a punto de caramelo. La plataforma dejó de bajar, y me disponía a dejar mi coche en su plaza. No había nadie, claro, es un sitio poco transitado y más a esas horas, ya a punto de cenar, todos estarían en sus casas preparando la cena.

Cuando me disponía a dejar mi coche bien aparcado en su sitio, ella se estaba relamiendo los labios con su lengua lentamente, con cara de vicio, saboreando el sabor de mis labios después de haberlos puesto en contacto con los suyos, le pregunté.

– ¿Alguna vez has visto una polla de un chico de 27 años? – No. – Pues aquí dentro tienes una- le dije señalándole mi bragueta- Desabróchame el pantalón y podrás verla.

No estaba equivocado; ella no era una chica que desaprovechaba la oportunidad de probar una polla, y más la de un chico mayor que ella. En sus ojos se le veía una luz brillante. Son unos ojos negros preciosos, con una mirada inquietante, pero a pesar de lo oscuros que son, se podía ver un brillo increíble. Se le veía impaciente, se le notaba que tenía ganas de verla, que nunca había visto una, tenía ganas de tocarla, de probarla, de tenerla entre sus manos… Tenía una cara de vicio que lo decía todo. Me desabrochó el pantalón, yo le ayudé un poco pues con los nervios… y me aparté lo suficiente los pantalones como para estar cómodo.

– Madre mía, que polla. – Cógela, es tuya, puedes cogerla.

La cogió suavemente, con delicadeza. A pesar de que no estaba totalmente empalmado, la cara que puso fue de asombro. Estuvo unos segundos jugando con ella, sobándola de arriba a abajo, y poco a poco se fue haciendo más dura, levantándose.

– Joder que dura se está poniendo. Vaya polla. – Ven, súbete encima, ponte encima de ella.

Llevaba un pantalón muy fino, casi transparente, que se le ceñía al cuerpo un montón. Puse su culo encima de mi polla, encajándola para no hacerme daño y para que la pudiera notar.

– ¿La notas? – Si. Está muy dura.

Uffffff, como me ponía notar la presión de su culito sobre mi polla. En ese momento empezamos a besarnos salvajemente mientras yo le iba quitando poco a poco la ropa. Le quité la camiseta que llevaba, para verle los pequeños pechos que tenía. Madre mía que pechitos. Los tenía pequeños, si, pero tenía unos pezones…  uffffffffffffffff, tenía ganas de comérmelos. Empecé a chupárselos, a masajearle sus pequeños pechitos, que suaves que estaban. Uff. Le pasaba la lengua por encima de ellos dibujando círculos, de arriba a abajo. Ella arqueaba su cuerpo hacia atrás, mientras se le escapaba de vez en cuando un gemido pequeño y largo. Llegó un momento en que se abrazó intensamente a mí… Dirigí mi mano derecha hacia su chochito, y pude comprobar lo caliente que lo tenía, cómo temblaba.

– Chúpamelo más. Quiero que me los sigas chupando.

Seguí chupándoselo mientras le acariciaba por encima del pantalón su chochito, el cual pedía algo más que caricias. Estaba ardiendo, temblaba, lo notaba húmedo. Notaba que pronto iba a ser mío. Lo frotaba por encima primero poco a poco, luego más rápidamente. Ella respondía a mis caricias con pequeños gemidos de placer y arqueando un poco su cuerpo. Gemía y se arqueaba. Notaba cómo se retorcía de vez en cuando y cómo flexionaba su cuerpo… En ese momento, le dije.

– Quítate el pantalón, quiero ver tu chochito.

Que braguitas más lindas tenía, que inocentes (todo lo contrario a ella), y su chochito, sin un pelo, sin nada, mmmmmm, sólo de pensarlo… mmmmm. Enseguida me abalancé sobre él.

– Ponte cómoda, y disfruta. Ábrete un poco de piernas.

Cuando se abrió de piernas lo pude contemplar entero. Ni un solo pelo, todo limpio, inocente, mío. Posiblemente iba a ser el primero en probarlo, en besarlo, en… Ella estaba muy nerviosa, ansiosa, no podía ocultarlo. Se arqueaba, respiraba profundamente, estaba empezando a sudar un poquito. Comencé a lamérselo, poco a poco para saborearlo todo, para que ella disfrutase y se llevase un buen recuerdo. Primero jugué con mi lengua, luego con uno de mis dedos. Le metía poco a poco mi lengua, dibujaba círculos, el sabor era increíble, ella disfrutaba, gemía. Luego, cuando metí uno de mis dedos en su interior, se le escapó un pequeño grito, un grito de placer y de dolor, le dije que se tranquilizara, que no iba a dolerle, no iba a hacerle daño. Ella asintió y se dejó hacer.

Jugué un poco con mi dedito en su chochito, metiéndolo y sacándolo con cuidado, mucho cuidado, poco a poco, mojándolo con un poco de saliva y haciéndolo cada vez un poquito más ancho. Le masturbé, me encanta masturbar, pensando como se masturbaría ella en su casa, cuando no estuvieran sus padres. Ella estaba disfrutando de lo lindo, se le veía en la cara que ponía, no paraba de gemir. Tenía el coño algo mojado, no paraba de mover su cuerpo, de arquearlo, de… Su cara, era una caña, una pasada. Reflejaba todo.

– Coge mi polla, ahora si está dura.

Se le abrieron tanto los ojos cuando dije esto… La cogió con las dos manos, con fuerza.

– Chúpamela. ¿Sabes chuparla? Pues yo te enseñaré.

Se la metió en la boca poco a poco llegando hasta la mitad. Noté sus dientes en la cabeza de mi sexo, su paladar. Le dije que fuera con cuidado, que solo usara los labios, que se imaginara que es una piruleta, y que utilizara los labios y su lengua. Mmmmmmmm, como la chupaba, para ser su primera vez no lo hacía nada, nada mal. Aprendía muy deprisa. Chupaba con fuerza, pero al mismo tiempo suavemente. No me soltaba la polla para nada, la tenía cogida con las dos manos sobre su base, y al mismo tiempo la chupaba… con tanta fuerza… uffffffffff… que podría correrme en cualquier momento, pero aguanté. VeíAñadir una imagena como la metía poco a poco en su boca, a veces pasando por encima la lengua, con mucho cuidado. Parecía que fuese la última vez que iba a chupar una polla… mmmmmm.

-Si quieres, puedes metértela hasta el fondo de la boca, puedes chuparla toda. Mójala toda, es toda tuya. Pero ten cuidado, no te atragantes.

No dijo nada, simplemente se limitó a hacerme caso. Se la metió hasta donde pudo, y pude notar el calor de su boca, lo mojados que estaban sus labios… mmmmmmmmmm Sabía que con el tiempo, sería toda una maestra chupando pollas. Uf, como la chupaba. Estábamos a oscuras en el garaje, pero podía verla perfectamente. Notaba sus labios como subían y bajaban, notaba su saliva sobre mi polla que tarde o temprano iba a reventar.

– Un poco más rápido. Así, asíiii, agggggggggg.

Uf, era increíble. Tarde o temprano me iba a correr. No podía aguantarlo. Era demasiado.

– ¿Te gusta?

Asintió…

– Sigue, no pares. Vas a probar algo que te va a gustar, no te asustes, ¿vale? asintió. – Chupa con un poco más de fuerza, juega con tu lengua y la cabeza. Cómetela entera. Era increíble. – Siii, sigue, chupa, siiiiiiiiiiiiiiii, aggggggggggggggg.

Me corrí salvajemente. Fue brutal. Pensé que se iba a asustar. Al principio pensé que iba a quitar su boca de mi polla, pero no la quitó, se quedó quieta hasta que descargué todo lo que pude, y para colmo al final se lo tragó todo. Me quedé alucinado. Me miró a los ojos.

– ¿Te gusta? – No mucho, pero está bien- dijo mientras sonreía.

Jugaba con su lengua y los jugos en su boca, como si realmente le gustase. Le di un pañuelo para que se limpiase un poco, y le di otro largo y cálido beso, mientras le pasé la mano con fuerza por su caliente y ansioso chochito.

– Ponte la ropa, que nos van a pillar. Otro día, eso de ahí abajo, va a saber lo que es una polla de verdad. Esta polla va a caber toda ahí dentro.

Solo sonrió no dijo nada…

Autor: chicosimpatic69

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La Sra. Vero me sacó el virgo

Empecé a meterla y sacarla despacio, después fui acelerando y metiéndola más profundo. Vero gemía y se movía de atrás hacia adelante.  Mis huevos pegaban y rebotaban, sus nalgas sonaban a cada embestida, solo quería seguir cogiéndola así toda la noche. Vero se quitó y me puso la boca y terminó de sacarme la leche mamándomela.

Esto ocurrió cuando yo tenía solo 18 años, cuando joven yo era bastante tímido por lo que a mis 18 años aun era virgen , recuerdo como todos mis amigos del liceo alardeaban de haber tenido relaciones y yo solo había podido llegar a 2da base y me conformaba con ver porno y masturbarme como loco en el baño.

Un miércoles a mediados de septiembre un amigo me dice que ese viernes cumple años y que irán varias amigas de la hermana que estudian en un instituto de solo chicas, me emocione me dije a mi mismo que “ esta es la oportunidad de oro “. Modestia aparte no soy feo, y a los 18 me la pasaba en el gym quizás para compensar un poco mi timidez.

Ese día me puse mis mejores pintas, hice algo de pesas antes para que así se marcaran mas mis brazos y pectorales y me fui a la susodicha fiesta. Al llegar quede estupefacto con la cantidad de mujeres que había, muy pocos adultos responsables a la vista y mucho alcohol “el paraíso”.
Esa noche empecé a beber, a conversar y relajarme cuando la mamá de mi amigo (la llamaré verónica) la cual tenía tiempo sin ver me dice.

V. Hola Rafa tiempo sin verte, como has estado. R. Muy bien Sra. Verónica V. No me digas Sra. Verónica que me haces parecer vieja, dime Vero como me dicen mis amigos. R. Ok Vero.

A todas estas Vero siempre me ha llamado la atención, es de esas mujeres que en sus 40 se mantienen muy bien ya que va mucho al gym come sano y se ha hecho uno que otro retoque con el cirujano.

V. Rafa, ¿te puedo pedir un favor? R. Claro Vero, si puedo ayudar con todo gusto.  V. Es que el barman no ha llegado y no quiero que los chicos se sigan metiendo en el bar sin control ya que hay varios pasados de tragos y ya me rompieron unas botellas. R. No hay problema.  “a mis adentros maldecía ya que al estar en el bar pensé que no podría hablar con mas chicas “

Seguidamente me pasé a la parte de atrás de la barra y empecé a repartir tragos a quien quería, siempre venía una que otra belleza pero solo pedía el trago y se iba nuevamente.  Yo me encontraba fatal, decía que mi suerte no podía ser peor, ver a todo el mundo en pedo y yo como un gilipollas atendiéndolos. Pasadas unas 3 horas (3 putas horas y yo detrás de la barra) Se me acerca vero un poco borrachita.

V. Hola rafita, me llamó el barman que no podrá venir, gracias que me estás ayudando.  Por cierto, ¿viniste solo o con tu novia? R. Vine solo vero, ya hace un par de meses que no tengo novia, estoy enfocado a mis estudios y al gym. V. No si lo de los estudios Juan (su hijo) me ha contado que eres muy aplicado y de lo del gym a simple vista se puede notar.

Aquí empecé a sonrojarme, de repente no se si era por el ambiente, mis ganas o que vero estaba un poco borracha, pero casi sin darme cuenta me estaba empalmando.  Vero se veía espectacular, tenía un vestido ceñido al cuerpo y podía ver sus ricas tetas (retocadas) y como sus pezones podían detallarse a través del vestido. De repente veo que vero se queda callada y baja la vista, la bajo con ella y veo que el paquete se me nota a través del pantalón, quería que me tragara la tierra.  No supe decir nada, solo agarré y me fui al cuarto de atrás de la barra donde estaba todo el alcohol. De lo apenado que estaba se me bajó la erección que tenía, me senté y solo quería esperar a que vero se fuera no tenía cara para verla.  En ese momento abren la puerta y sorpresa, es vero.

V. ¿Que pasa rafa?, ¿porque te viniste para acá atrás? R. Discúlpame vero, no se que me paso.  Tengo una pena terrible no quiero que te ofendas ni nada por el estilo. V. ¿Ofenderme?, nada de eso rafa.  Más bien me alaga que un chico de tu edad le parezca atractiva. R. Como no vas a parecerme atractiva Vero, conozco a muchas chicas de mi edad que quisieran estar como tú de bien.

Vero se me acerca y nota que no tengo el bulto y me dice.

V. ¿Pero que pasó?, ¿ya no te gusto, o que pasa? R. No vero es que me dio tanta pena que se me bajó,” le digo con voz entrecortada” V. Vale no hay problema.  Por cierto no hemos hablado de tu paga. R. ¿Mi paga, que me tienes que pagar? V. Tu servicio de Barman, has estado toda la noche detrás de la barra y no has disfrutado la fiesta. Te propongo algo, ¿te doy el dinero que le daría al barman que no vino o te lo pago en especies? Yo no me creía lo que había escuchado, pensé que era parte de mi imaginación y estaba callado. V. Entonces que prefieres ¿el dinero o especies? R. No se que decirte vero, es que me da pena pero es que soy virgen.

Esto como que le gustó más a Vero ya que me dijo.

V. Virgen, ¿en serio?  Bueno mejor así déjamelo todo a mí.

Se me acercó y me dio un beso, tan rico que aun lo recuerdo.  Sus labios suaves y carnosos.
Sin darme cuenta ya me había quitado la camisa y me estaba besando y acariciando el pecho, yo ya estaba erecto, ella al notarlo se sonrió y me lo empezó a acariciar por sobre el pantalón.  Con sus manos me desabrochó el pantalón, yo estaba súper excitado.  Sacó el pene de mis pantalones y le dio un pequeño beso en la punta.  Esto me estremeció a más no poder, sentí una corriente que me subió por toda la columna.

V. Ummmm que rico lo tienes, voy a disfrutar esto.

Seguido de esto empezó a chupármela, esa mujer era una aspiradora, se lo metía completo en la boca, me acariciaba los huevos, me masturbaba con la mano mientras me lo chupaba.

R. Sigue, que divino.  Vero que rico lo mamas.

Esto la excitó aun más, empezó también a jadear.

R. Vero para que me voy… me voy a correr.

Verónica no paró… eso más bien la incitó aun más.  Sin poder aguantar más sentí como el semen caliente subía por mi pene, y salía a chorros inundándole la boca a vero.  Ella procuró tragar todo.
V. De verdad eras virgen, casi me ahogas con esa cantidad de leche muchacho.  Bueno así ya estamos mejor así ya se que no me quedarás mal para lo que viene.

Yo me quedé loco.

R. ¿Lo que viene? V. Si que crees, esto es solo para calentamiento y evitar que te vayas a los cinco minutos…

Vero se puso de pie y se dejó caer el vestido, como sospeché no tenía sujetador “¡que par de tetas!“Paraditas, medianas tirando a grandes y eso si con un pezón pequeño y respingón.
V. Toma rafita son todas tuyas, disfrútalas.

Acto seguido a esto empecé a mamarle las tetas, que suaves, se las chupé lo mejor que pude, le lamía los pezones, le daba pequeños mordiscos.  Ella solo jadeaba y me decía.

R. Sigue así bebe, sigue así que me gusta mucho.

Después de jugar un rato con sus tetas, se bajó la braga y me mostró ese bello conejito, acomodado, con una pequeña línea en el monte de Venus.  Se sentó ahora ella y me abrió las piernas
V. Ven, ahora te toca a ti.

Acerqué mi cara, y ese olor penetrante de una mujer en celo.  Empecé a lamerlo con esmero pagándole el favor que me había hecho antes, empecé dándole besos, lamidas, pequeños mordiscos en el clítoris…

Yo sabía que lo hacía bien, ya que ella me apretaba con sus manos contra su sexo. Le lamía el clítoris como si fuera una paleta.

Ella empezó a jadear cada vez más fuerte.  Yo estaba nervioso que nos escucharan pero a la vez no me importaba.  Estaba teniendo sexo con una mujer espectacular.

V. Si sigue, sigue, sigue así que me corro.

En unos instantes sentí como apretaba los muslos, se ponía rígida y empezó a salir un pequeño líquido brillante de su rajita.

V. Madre que bien mamas, mi marido nunca me ha mamado así.

Me sentí en las nubes súper orgulloso.  Me levanté y empecé a subirme el pantalón, cuando ella me agarra la mano.

V. ¿A donde vas?, esto aun no termina.  Quiero esa virginidad.

En un segundo se volteó y me mostró todo su pompis.

V. Venga tanto nadar para morir en la orilla, termina lo que comenzaste.

No había terminado de decir esto cuando ya lo tenía duro otra vez. Con cuidado me puse detrás de ella y empiné mi miembro hacia su rajita.

V. Despacio, siente como estoy abierta para ti.

Ya solo al acercarlo podía sentir el calor que de allí emanaba, era de otro mundo.  En ninguna de mis fantasías o porno me habría imaginado esa sensación.  Cuando entró la cabeza sentí como me apretaba el pene.

R. Madre mía, que rica estás, que caliente y húmeda. V. Y toda es para ti disfrútala, que te la has ganado.

Empecé a meterla y sacarla despacio, después fui acelerando y metiéndola más profundo. Vero gemía y se movía de atrás hacia adelante.  Mis huevos pegaban y rebotaban, sus nalgas sonaban a cada embestida.  Su culo incitaba a darle cada vez más duro.

V. Así macho, párteme hazme tuya. R. Arggghh, yo estaba ya descontrolado, no me importaba si alguien escuchaba, solo quería seguir cogiéndola así toda la noche.

Al cabo de unos 10 min sentí como estaba a punto de correrme otra vez.

R. Aaaaay me corro, me corro…

Vero se quitó y me puso la boca y terminó de sacarme la leche mamándomela. Me corrí como nunca y esta vez no la tragó de una, cuando terminé de correrme, abrió la boca y me mostró como tenía mi leche en ella, y después de esto se la tragó completa.  Esta imagen aun ahora me pone a mil.

Caí rendido en el suelo, ella se acostó a mi lado.  Se puso las bragas y el vestido y me dijo, que este secreto era de nosotros y solo de nosotros.  Que no se podía enterar más nadie.  Y que si decía algo ella lo negaría.

Me dijo que me esperara, 20 min después que ella saliera para salir yo.
Y así hicimos, ella salió y yo esperé mientras me vestía y me calmaba.  Después en el resto de la fiesta no la vi más.

Después de ese día lo hicimos un par de veces más pero será en otra historia.

Autor: Rafael

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Una madre solitaria

La noche quedó en silencio, pensé que demoraba su respuesta, cuando vi que se subió el vestido hasta la cintura y se bajó sus bragas y se puso de perrito, tal como se lo había pedido. Se tiró para atrás clavándose el miembro hasta el infinito, compartiendo los dos el terciopelo del deseo le escuché decir. Hijo, ya deja de hablar…y ¡cogeme!

Terminé mis estudios y me pasé un año viajando y trabajando esporádicamente, hasta que tuve que regresar a mi casa en el DF, México. Allí vive mamá, en la casa de siempre en la colonia roma, una colonia bonita y popular.

Me esperaba como si fuera fiesta. Yo no quería regresar a vivir allí, porque ya quería vivir solo, como estaba ya acostumbrado, pero ella insistió en que mientras buscara lo que me convenía, que probara allí unos meses. Tengo 24, con carrera de abogacía, y ya tenía un empleo en un despacho regular de abogados penalistas.

El primer mes se me fue en conocer la actividad del trabajo y casi no hacía parada por la casa. El despacho queda en un nuevo desarrollo y me tengo que trasladar en el metro diariamente lo que no significa problema, aun cuando tengo auto, pero el tráfico en ciudad de México es insufrible.

Normalmente salgo de la casa a las 8 para llegar al trabajo a las 9 y salir a las 5 de la tarde, así que nunca almuerzo en casa. Un fin de semana que me quedé en casa, esto después de un mes o dos de la vorágine del trabajo y los nuevos amigos, me di cuenta que mamá lleva su vida con cierta alegría, es sola, mi padre murió cuando yo tenía cinco de edad, ella se volvió a casar y haría cuatro años que se separó de su nuevo marido, un hombre agradable y que la trató bien. Nunca me contó el motivo de su separación.

Esa tarde del viernes, me pidió que me quedara a cenar, lo que hice con gusto. Mamá vive en una casa amplia, y con una jovencita que le ayuda en el servicio. Jamás me había fijado en la muchacha hasta esa noche que bajé a cenar. Tendría unos 18 años y hasta ese día no me di cuenta de que estaba buenísima, muy buen cuerpo, aunque algo tímida, la clásica muchachita de pueblo que llega a la ciudad.

El caso es que me sorprendió lo que vi, y creo que mamá lo notó pero no dijo nada. Por cierto, mamá se puso guapa para la cena, es una mujer de 45, muy conservada, esbelta, 1.60, siempre fue frondosa, sensual, buenas piernas, muslos atrayentes, un trasero exuberante, muy blanca, ahora recuerdo que todos se volvían en la calle a verle el culo, y unas tetas que se les deben haber antojado siempre, pero ella siempre se comportó seria, nunca le vi que respondiera los galanteos en la calle.
Bueno, mis miradas iban obvio a la muchacha, que nos atendía y se movía muy sensual, o a mi me lo parecía. Y es que desde que llegue, el sexo para mi, estaba arrumbado en otro lado, persiguiendo solo el trabajo y tratar de hacerlo muy bien, mamá me ofreció un brandy, y ya relajado me tomé tres o cuatro, eso me excitó y seguía embobando viendo las piernas de la prietita, Lucia era su nombre. La cena estuvo rica, mamá platicó de sus proyectos, tiene un negocio de florería que le va muy bien, y piensa abrir otros más por lo que pedía mi ayuda a lo que yo me negaba, pues de eso no se absolutamente nada, a mí lo que me interesaba ya era ver la posibilidad de cogerme a Lucia quien me enviaba miradas coquetillas o eso pretendía ver yo. Creo que mamá se dio cuenta y le dijo:

-Lucia ya vete a dormir que mañana hay trabajo- -Si señora, hasta mañana joven-, y dirigió a mi una mirada invitante o eso pensé.

Mamá, como todas, me preguntó por mi vida sentimental, si tenía yo novia, pareja, etc., le contesté que no, que estaba dedicado al trabajo y que por el momento estaba bien así. Pero ella insistía, me decía que un chico de mi edad debía tener novia, pero yo la interrumpí:

-Mamá, le dije…soy hombre, no un chico. -Ay hijito, es que todavía te veo como un bebé. -Pues si pero no. -Espérame, me dijo, me voy a cambiar más cómoda. -Bien mami,- le dije yo y me fui a sentar al sofá.

Seguía pensando en la Lucia y me sobé un poco el miembro pensando en la posibilidad de ir a tocarle a su cuarto, y que no se diera cuenta mamá, o sea, esperar a que se durmiera. En esas estaba yo, acariciando con suavidad el paquete, cuando sentí a mamá, atrás de mí, ni cuenta me di que había regresado. Ya se había vestido con una pijamita de dos piezas, camisola y short bastante cortito y las piernas se le resaltaban mucho, yo me fijé porque era inevitable y sobre todo que ya estaba algo caliente.

-Mi niño, ¿quiere otro brandy?-, me preguntó. -Gracias mam, me lo tomo…

Yo ya me sentía medio mareado, pero la vi con una camisita y unos cortos que mostraban un cuerpazo, es más, hasta me asombró lo bien que la vi y le dije:

-Oye mamá, no había visto que tienes un cuerpazo, de veras, y discúlpame, pero tu trasero está muuuy bien. -No seas atrevido, y no me engañes, estoy de mi edad y no gorda como todas las señoras, pero de eso a estar como tú dices, para nada.-Te digo que si, mira las piernas que tienes, y como siempre andas con vestidos hasta abajo pues no se te ven, pero si, estás de muy buen cuerpo. -Lo que pasa es que ya estás algo de copas, y me dio el brandy que me había preparado. -Pues a lo mejor, pero de que estás de muy buen cuerpo, pues si lo estas… -Bueno, ya basta de eso, ya me voy a dormir y espero que tú también, tienes que levantarte temprano…

Y se me acercó para darme un beso en la mejilla de buenas noches, y aspiré un aroma muy sensual que emanaba de ella. Todo eso me sorprendió. Cuando se iba, noté que movía con un poco más el trasero que apenas le estaba yo descubriendo. Mientras subía las escaleras casi olvidé que era mi madre y pensé para mis adentros, de que estaba muy buena.
Al fin entró a su habitación y yo me dije que había que hacer tiempo para intentar ir al cuarto de la Lucia y ver la posibilidad de culeármela.

Esperé una hora a que mamá se durmiera, y me dirigí a mi cuarto, para fingir que dormía. Allí me quité la ropa y me quedé en calzones. Todo ese tiempo traía ya el miembro bastante erecto. Abrí, salí al pasillo, con cuidado, pues mamá duerme junto. Bajé las escaleras y crucé el comedor y la sala, hasta llegar a la cocina, junto a ésta se encuentra la habitación de la chiquilla. Di ligeros toques a la puerta, con la esperanza de que estuviera despierta. No tuve respuesta y mi ansiedad crecía con el deseo. Volví a dar tres golpes muy suaves sin lograr contestación. La verdad es que ya no soportaba lo duro que la tenía. Me armé de valor y me acerqué a la puerta diciendo en voz baja:

-Abre por favor, por favor-…le supliqué. -Váyase, -me contestó-, su mamá me va a correr, váyase. -Solo quiero platicar contigo un momento, no seas así y déjame entrar. -Usted solo quiere otra cosa y ya…satisfacer su deseo y yo no soy así… -Déjame verte y hablemos- le pedí, solo un momento. -No, váyase por favor, no voy a abrir.

Insistí quedo, arañando la puerta, pero no me abrió ni me contestó. Así terminó mi noche de cena. En blanco y con una erección dolorosa. El fin de semana pasó sin mayores incidentes, haciendo cada quien su vida. Al llegar el jueves, mamá me dice,

-No llegues tarde mañana porque voy a preparar el platillo de pasta que te gusta. -Muy bien mami, aquí estaré temprano para cenar.

El viernes pasé a una vinatería y adquirí dos botellas de vino tinto y me dirigí a casa, toda la semana llevaba pensando como convencer a la prietita y me ilusioné que hoy sería la noche. Y pensando en eso, pasé a un establecimiento, y le compré un perfume no muy caro. El caso, es que se me hizo tarde por el tráfico, y llegué a casa casi a las ocho pm, abrí la puerta y frente a mí la primera sorpresa, mamá, en un vestido escultural, que le llegaba arriba de las rodillas, y mostraba una turgencia que me impactó. El vestido de coloro morado subido tenía una abertura en el pecho, que mostraba unos senos sumamente sensuales. Me quedé, la verdad, impactado. Y atrás de ella la chiquilla, también muy arregladita, con un vestidito de mini falda que dejaba al descubierto unas piernas sabrosísimas, morenas, duras, para morderse.

-¡Sorpresa!, me gritaron al unísono. Y yo contesté, ¿por qué? -Pues porque cumples ya cuatro meses en la casa, y estamos muy contentas, yo más de que estés aquí conmigo. -Oye mamá, que buena sorpresa!, dos mujeres muy guapas, halagándome…pues oye, ¿que agradable no? -Ven…acércate, y dame un beso hijo, que estoy muy contenta.

Yo, encantado, me acerqué, la abracé y sentí un calor al tocarse nuestros cuerpos en un abrazo, que siempre creí natural, sin deseo. Pero esta vez, al sentir sus pechos, y todo su cuerpo rozándome, no supe definir nada más que un agradable deseo. Y me dijo, abraza también a Lucy, que ya es de la familia, dijo mamá. Y allí si, cuando me abrazó la apreté con deseo, y sentí el cuerpo duro y sensual de una chiquilla. Rápidamente se deshizo, y nos dijo: -sirvo la cena señora.

Mamá nos preparó una bebida, para los dos, ella y yo. La bebí de un trago, y dijo,

-Oye…suavecito-, pero me sirvió enseguida otra más.

Se dirigió al estéreo y puso música muy suave, me dijo…ven, tengo años que no bailo.
Me quite el saco, y me afloje un poco la corbata, y la tome entre mis brazos, dispuesto a complacer sus añoranzas, cuando me dijo, me gusta bailar apretadito porque si no, no puedo hacerlo, así que apriétame un poco.

Cuando menos lo pensaba, ella apretó su cuerpo contra el mío, y bailamos, o al menos eso creí yo, pero la sentí toda, sus piernas, sus pechos, sus tetas, su cintura, todo, frotando mi cuerpo. Fue un shock, porque sin yo quererlo ni pretenderlo, con solo sentir sus muslos pegados a los míos, se me fue erizando el miembro. Yo me hacía hacia atrás, porque no quería que se diera cuenta de como me ponía, pero ella en un giro de la música, tocaba mi miembro con sus muslos lo que hacía que se me pusiera mas y mas parado. No sabía que hacer. Ella emitió un quejido muy suave y pregunte…

-¿Que mami? -Es que me sentí muy feliz como con tu padre, cuando yo tenía un hombre para mí. -Pues desde hoy ya soy el hombre de la casa, le dije yo con cierta galantería, tú nada más ordena. -¿De veras?- ¿te ordeno y me obedeces? -Claro guapa, que no ves que soy tu hijo, y estoy para lo que ordenes. -No hijito, no sabes lo que quiero de ti, olvídalo, y al decirlo, sentí que su cadera se apretaba un poco más contra mi miembro que ya para esas alturas estaba muy parado.

-Huuuyy, me dijo, estás muy agresivo. -¿Como agresivo?, estoy feliz aquí contigo. -Ja, ja, ja, no entiendes, pero no te preocupes. -No se mami, estoy contento de estar aquí. -Bueno, me dijo separándose, que sirva la cena Lucia…

No se si se dio cuenta, pero cuando se separó tenia el miembro muy erecto, es mas se notaba una carpa en el pantalón, y creí ver que me miró de reojo.
Dicho y hecho, cenamos, platicamos, nos divertimos, y la prieta de la muchacha, coqueteaba conmigo y yo sin saber que decir. Terminando la cena, mamá puso otra música muy sensual como brasileña, y me dijo, ¡ven, abrázame! baila conmigo otra vez, suavecito…

Me acerqué, nos tocamos…y sentimos en la calidez del baile, nuestros cuerpos se frotaban en una intensidad que subía y subía…

-No me canso de decírtelo, que buen cuerpo tienes mami.-Ay hijo te lo perdono porque se que me quieres, pero no es cierto, no me engañes! -Como te voy a engañar, si me inquieta estar así, tan pegadito a ti. -¿Como voy a inquietar a alguien tan vieja como estoy, y se carcajeó.

Al hacerlo hizo su torso hacia atrás, e inevitablemente sentí su sexo con toda claridad, la apreté un poquito más, con delicadeza, y así, bailamos tres piezas más, yo rogando que no me notara como se me había puesto el miembro. Así terminó la noche de la sorpresita. La prietita, ni cuenta me di cuando se fue a dormir, tanto que ni le entregué el perfumito que le había traído, los siguientes días se repitió la rutina, hasta el jueves cuando ella me dijo:

-Mañana llega temprano, porque vamos a salir a cenar y a bailar. -Órale, le dije yo, ¿y a santo de que? -De nada, tú te arreglas, yo también, y salimos y cenamos, y la pasamos súper ¿no? -Pues claro que si, cuenta conmigo.

Llegué a las 7pm, y le dije, nos llevamos el coche o tomamos un taxi, tú decides. -Mejor en taxi, y regresamos a la noche, te va?-claro!…alístate!…

Y cuando salió, me dejó impresionado, un mini vestido algo suelto, azul profundo, que se le pegaba con ligereza y mostraba sus muslos blancos con un atrevimiento que jamás imaginé, se veía despampanante.

-Oye, le dije- que guapa estás!. Deslumbras!, Y ¿donde vamos?.
-Mentiroso, es un vestido ya usado en otra ocasión, vamos al antiguo salón que me llevaba mi ex, ¿te parece? – Donde tú mandes. -Llévame al Antiq de la Nápoles.

Nos subimos al taxi, y yo le espiaba la turgencia de los muslos….estaba buenísima!.Ella iba muy contenta, diría que casi como con juguete nuevo. El jefe de meseros nos acomodo en una buena mesa, y la cena casi la ordenó ella, estuvo muy rica, escanciada por unos vinillos que me pusieron a mi muy cachondo. Vi que a ella se le pasaron los vinos, porque trastabillaba un poquito cuando iba al sanitario. No le dije nada. Y llegando me dijo, ven, vamos a subir a bailar. En el piso superior, había un salón en penumbra y con música suave. Nos acomodamos en una mesa, y pedí unos tragos, mientras ella veía las parejas bailando en la pista. Dijimos salud, y ella ni se había terminado la primera copa, cuando un tipo se acerco a nuestra mesa, y con galantería le dijo, – ¿Me permite esta pieza señora?, y vi como ella se levantaba y subía a la pista sin pedirme ni permiso ni nada por el estilo.

Nunca creí que ella haría algo así. Simplemente sucedió. Bailaba muy pegado con el tipo ese, y no se si me confundí, pero en un momento vi, que las manos de él, bajaban de la cintura y le apretaban las nalgas. Estuve a punto de pararme a reclamarle, cuando la pieza terminó. Ya estaba yo que me llevaba la madre, cuando otra vez la música llamaba a la pista, y esta vez fue otro el tipo que llegó a pedirle otra pieza y ella encantada accedía a bailar. Yo me preguntaba de qué se trataba todo esto. El segundo tipo también la apretaba con descaro y ella se lo permitía, era claro que bailaban con sensualidad, así lo veía yo. Terminando la pieza no vi que regresara a la mesa, y no la vi en la pista, pensé que había ido al sanitario, y esperé.

Pasado unos minutos más de lo prudente, me empecé a preocupar pues no la veía. Entonces, decidí buscarla, fui a los sanitarios y no estaba, pero en una puerta obscura, escuché una discusión.

-Eras mi hembra!, gritaba el tipo, y ahora bailas con cualquiera. -No, no, no puedo explicarte, vengo con mi hijo.- -Eres una puta de mierda…

Y escuché un ruido sospechoso, y abrí la puerta!, y allí estaba mamá, con el vestido arriba de la cintura, la ropa estrujada, y el tipo con el miembro  ¡afuera!

Abrí y grité -que pasa!, y le quité las manos de encima al estúpido ese, y le di tres bofetadas que lo lancé al piso. Entró el primer tipo que bailó con ella y se me abalanzó y le di tres golpes en el pecho que quedó fuera de si. Eran unos imbéciles. Ante el escándalo, se acercó uno de los meseros para preguntar que pasaba, y yo muy enojado, le dije, -estos tipos querían abusar de mi madre!-, exclamé. Le cambió el color de la cara y dijo, -perdone, llamaré al gerente, y se retiró.

Mi madre, me agarraba del brazo y me pedía que nos fuéramos de allí, que por favor no hiciera yo un escándalo que la podría perjudicar, pues ese lugar era uno de sus clientes de la florería. La vi tan angustiada que accedí a lo que me pedía, por encima del coraje que sentía por saber que ese tipo le había puesto las manos a mi madre, y no solo eso, sino que se había sacado el miembro. Ella me insistía tanto que ya no opuse resistencia, y nos largamos de allí. Al pasar arrojé unos billetes de la cuenta a la mesa, y salimos al aire frio de la noche.

Llamé el primer taxi que pasó y nos dirigimos a la casa. Ella se mantuvo callada todo el trayecto, solo me apretaba la mano pidiéndome que lo olvidara y que no fuera a cometer una locura. Yo también me mantuve callado hasta llegar a casa. Abrí la puerta y ella rápidamente subió a su habitación y allí se encerró. No quise ni tocarle la puerta de lo molesto que me encontraba. Por más que lo intenté, no pude dormir, y ni cuenta me di cuando me dormité. Al despertarme, todas las imágenes me vinieron a la mente, y sobre todo, la escena donde mi madre estaba con el vestido subido, mostrando los muslos, eso lo tenia fijo en mi cabeza y la ira me volvía una y otra vez. Al mismo tiempo sin entenderlo, sentía en mi una erección inexplicable.

Toda la semana ni les dirigí la palabra. Solo llegaba a dormir y eso bien tarde. Ella intentaba romper el hielo, pero yo no lo permitía. Cada vez que le veía la cara, se me imaginaban sus muslos blancos y sensuales, tocados por aquel imbécil.

Una noche llegué muy tarde, y la vi durmiendo en la sala, con un negligé blanco muy corto que mostraba las turgencias de su cuerpo, era una imagen que me arrebató, toda ella sensualidad pura, con un seno al aire, y los muslos mostrándose totalmente, no pude remediar el deseo. Le toqué el hombro para despertarla, y le pregunté que hacía allí a esas horas. Se despertó y me dijo que estaba esperándome, quería que se me quitara el enojo y darme una explicación, que la escuchara. Me negué a tal cosa, y le pedí que se fuera a dormir, que iba a pescar un resfrío así como estaba, casi desnuda. Creo que se dio cuenta de la situación, y sus manos fueron a sus pechos y a su entrepierna, tapándose la semi desnudez. La levanté del sofá, y la dirigí a su recamara, recostada en mi, abrazada, sintiendo un tibio calor de su cuerpo, mi brazo le rodeaba la cintura, y mi mano descansaba en su cadera, mientras ella recostaba su cabeza en mi hombro.

Así llegamos a su dormitorio, y ella al abrir la puerta, se giró hacia mí y me dijo:

-Ay hijito, de verdad te quiero mucho, y no quiero que estés enojado conmigo-, y abrazándome se acercó y me dio un beso en los labios que me sorprendió. Sentí un calor intenso y sin quererlo la apreté y la besé también. Fue un instante delicioso al sentir su cuerpo casi desnudo contra el mío, que de inmediato el miembro se me puso rígido. Me hice hacia atrás y desprendí el abrazo dándole las buenas noches.

Al siguiente día, me hizo el desayuno, vestía una bata no transparente pero muy sugestiva y estaba muy contenta, me dio un beso, me sirvió el desayuno y la noté muy contenta. Me pidió que llegara no tarde para una cena en casa. Y le dije que si. Todo el día estuve pensando en ella, como se le veía el negligé y como conectándonos, me llamó por teléfono…

-Hola guapo, ya quiero verte, no llegues tarde.-No mami, allí estaré-, y sin saber porque, le dije…-ponte guapa. -Eso quierooo, solo para mi papi-, y riéndose colgó.

Una hora antes de que terminara mi horario, recibí una llamada de ella…me dijo:

-Estamos por acá, en el centro y cerca de tu trabajo, vine a comprar ciertas cosas, ¿pasas por nosotras cuando salgas? -Claro-, le contesté, espérame en el café Ontarios.-

La hora se me hizo larguísima porque deseaba ya verla, salí al fin y me dirigí al café. Allí estaban las dos, una deslumbrante y la otra opacada por la elegancia de mamá. Llegué y les dije, vengan, vamos a cenar unas ricas carnes acá a dos cuadras… Mamá se carcajeaba de lo contenta y la pasamos excelente, una rica cena, y ella durante toda la cena, le sentí su rodilla acercarse a la mía y tocarme continuamente, cosa que me ponía excitado. En la parte final me dijo, -venimos a comprar un poco de ropa porque Lucia se va mañana a casa de su hermana, porque se va a aliviar y necesita de su ayuda. En ese momento reparé en la prietita, que siempre me había excitado, y le dije,

-Oye, que bien, ¿hay algo en lo que te ayude? -No joven, ya tengo todo listo y me voy temprano.-Que bueno, espero que regreses pronto.-Si, contestó,- son solo cuatro semanas, y regreso.

Salimos del restaurante y decidimos irnos en el metro, pues era más rápido y más seguro. Llegamos a la estación, y todavía había mucha gente, apenas eran las 8 de la noche y es la hora pico en el sub. Cuando llegó el tren, lo abordamos y nos hicimos a la parte trasera, que normalmente es la más espaciada. Mamá venía con dos bolsas de compras y la prietita traía tres. Nos acomodamos y después de dos estaciones, sentí el muslo de la prietita contra mi miembro, y sentí un movimiento como restregando la pierna, lo que hizo que se me erectara el miembro. Al sentir directamente el contacto, le mandé un mensaje con el pene, a base de tres golpeteos, lo que hizo que volteara su cara y me mirara a los ojos directamente, como preguntando lo obvio. No se movió, es más, apretó el muslo contra mi cuerpo, y eso me enervaba terriblemente, el roce de su pierna me tenía electrizado. Fue cuando todo cambió. Escuché la voz de mi madre que le decía,

-Quítate muchacha, no te le encimes, que lo vas a tirar.

Y sin que pudiera mover un solo músculo, con la verga muy erecta, sentí como la quitó y ella se puso en su lugar, pero de espaldas a mí, sentí sus nalgas gloriosas en plenitud. Casi me hice hacia atrás, para evitar que me sintiera el miembro tan duro, como me lo había puesto la prietita. No me dio tiempo de nada. Se acomodó y me dijo, -agárrame, porque me puedo caer, y es que traía las dos bolsas en sus manos.

La agarré por la cintura, para que no se fuera a caer, pero me dijo
-apriétame por favor, y le obedecí, le puse mis manos en su cintura y la atraje hacia mi. Sus nalgas suaves y deliciosas llenaban mi miembro que no había decaído y se mostraba erectísimo. El vaivén del carro hacía que le sintiera la sensualidad de sus nalgas y la dureza de sus piernas.

-¿Vas bien?-, ¿le pregunté? -Oh siii, al fin voy bien, no me sueltes por favor.

Mi brazo izquierdo casi le rodeaba la cintura, y la apretaba contra mi verga, sus muslos rozaban los míos, y sentí que la muchacha me miraba con asombro.
Aflojé el abrazo, pero ella lo sintió, y me dijo:

-¡No!, no me sueltes que me caigo, agárrame con los dos brazos!

Fue cuando la calentura me subía y puse mis manos en su caderas y le di un pequeño empujón con mi cadera, esperando que no lo notara, solo que sintiera mi miembro.

-¿Así está bien guapa?, le pregunté. -Oh si mi amor, así me siento segura, no me sueltes.

Y sentí con claridad, que su culo lo meneaba muy lento, pero pegado, sintiendo lo que ya sabía. No se como fue mi atrevimiento, pero con mis manos en su cadera la jalé hacia mi, y le di un empujón leve de mi cadera para que sintiera como estaba yo. Lo hice dos o tres veces, con el temor de que se retirara y me reclamara, pero nada de eso pasó. Al contrario, hubo un instante en que volvió su rostro hacia mí y me dijo:

-Ay hijito, te quiero mucho-…y su culo casi me apretó la verga. -Si mami, yo te quiero mucho-, le contesté.

Y entonces pasó todo. Giró su rostro hacia mí, y me dijo…-¡Dame un beso mi amor!

Incliné mi rostro y así, ella, de espaldas a mí, pegada su cuerpo contra el mío, disfrutando de su cercanía, de su piel contra mi cuerpo, acerqué mi cara e intenté un beso normal, de piquito. Pero no, nada de eso, ella entreabrió los labios y me besó como una hembra, metiendo su lengua entre la mía, intercambiando nuestros jugos y deseos, y lo que pensé que era un pequeño beso, no se aflojó. Nos besamos y besamos y besamos, sin importar la mucama ni los que nos veían en el vagón.

Fue el cachondeo más grande que he tenido en mi existencia.
La verga casi se me hacía de un lado para otro. Nos hemos de haber abrazado y besado más de diez minutos, hasta que la muchacha nos dijo,

-Ya señora, aquí nos bajamos…

Antes de que se deshiciera nuestro abrazo le di tres empujones con mi verga, solo para asegurar que lo sucedido no era producto de mi imaginación. Ella lo aguantó y me sonrió con los ojos. Bajamos agarrados de la mano. Yo iba feliz, tremendamente caliente y ella iba cantando bajito, mientras la prietita caminaba unos pasos adelante de nosotros.

-¿Ya no estás enojado conmigo, mi amor? -No mami, como crees, nunca lo voy a estar. -Vas a ver que de ahora en adelante solo voy a vivir para ti, para verte feliz en todo, nunca mas quiero que te molestes conmigo. -Ya no digas tal cosa, la verdad es que la pasamos bien ahora ¿si? -Magnifico, ojalá no terminara la noche. -Pues si quieres vamos a otro lado a bailar. -Tú quieres mi rey?, yo hago lo que tú quieras. -Pues vamos, me hace falta un trago.

Llegamos a la casa y dejamos las cosas, mamá se despidió de la prietita que nos veía con los ojos muy abiertos, quizás imaginándose lo irremediable. Paramos el primer taxi y le pedimos que nos llevara al sitio más cercano para bailar. Nunca habíamos estado allí y se veía un poco de barrio bajo, pero los dos teníamos las mentes ocupadas en nuestro deseo y entramos al lugar. Pienso que era para parejitas que no quieren que las vean, pues la luz era muy baja y suave, ideal para las caricias.

Nos sentamos y ordenamos unas bebidas mientras nos aclimatábamos al sitio, unas parejitas se cachondeaban al bailar, sin que nadie reparara en ello ni le pusiera atención, otras personas estaban en la barra bebiendo.

Llegaron nuestras bebidas y brindé con mamá, por ti, por nosotros y que sigas muy guapa y alegre, le propuse. Sus ojos chispearon y bebió un  largo trago, igual que yo, y sin decir palabra, nos paramos a la pista y al llegar, se acomodó en un abrazo lleno de pasión y amor, nos pegamos lo más que pudimos e inevitablemente nos sentimos…

-Apriétame papi, -Si mi Reyna…

Y casi nos fundimos, no se si bailábamos o no, pero restregábamos los cuerpos contra el otro. La música terminó, pero nosotros seguíamos allí, acariciándonos.

-Necesito aire mi amor-, dijo mamá.

Salimos a una terracita, nos fuimos a un rincón obscuro, y nos empezamos a besar como si fuéramos dos amantes, brotaba una pasión de nuestros cuerpos casi incontrolable. El mesero nos obligó a separarnos al acercarse a solicitar otra orden, cosa que me cayó muy bien, pues me sentía ya a punto de venirme, de tan cargada que tenía la verga esa noche.

Seguíamos de pie, recargados en la barandilla, bebí mi trago, ella un poco, y la atraje de espaldas a mi, en la misma posición de cuando íbamos en el metro, así le susurré en el oído que esa noche estaba muy linda, mientras que acomodaba sus nalgas exactamente en mi miembro, para que sintiera la dureza que me provocaba. Ya habíamos dejado atrás que éramos madre e hijo. Allí éramos hembra y macho que se provocan para copular.

-Sabes mami, – Dime mi rey, -Me gustas mucho, estás hecha una real hembra. -Ay hijo, son tus copas, pero si siento que ya me perdonaste, y eso me gusta, haré lo que quieras para que ya no te enojes conmigo. -Quiero que siempre estés así de guapa, y contenta, eso quiero mi Reyna. -Y yo que seas feliz y estés contento conmigo mi amor. -¿Ya ves guapa?, hasta parecemos novios-, le dije en un arrebato. -No mi amor, somos, somos novios tú y yo.

Entonces la giré hacia mí y nos fundimos en otro beso ansioso. Ya era una mujer caliente, lo mismo que estaba yo. Sentía su pelvis pegada a la mía, y seguro ella sentía mi miembro duro. Así nos besábamos cuando empezó a jadear.

-¡Ya!… ¡ya no puedo más mi amor! -¿Que pasa mi Reyna? -Me tienes hirviendo papi…

Sentí la gloria, y bajé mis manos a la altura de sus nalgas y le di un apretón tremendamente sensual, -que ricas nalgas tienes mi Reyna, como las he deseado siempre…

Su lengua atacó con furia la mía y la escuché decir:

-Toda yo soy de ti, siempre lo he sido, pero ahora voy a ser tu mujer, solo tu mujer, ¿me escuchas papi? -¿De verdad vas a ser mi mujer?-, solo mía, de nadie más? -De nadie más mi rey, de nadie más, solo quiero ser tuya, ¡pero ya! -Déjame pedir otra orden le dije, y mientras voy al sanitario, si quieres ir, te acompaño, le dije y fuimos los dos.

Mientras ella entró al sanitario de damas, llamé al mesero y le ordené otros tragos y le ofrecí cien dólares para que no entrara nadie a la terraza, y me dijo, -joven, de por si no entra nadie, y yo le aseguro que esta noche ya se cerró.

La esperé sentado a una mesa con las bebidas, cuando llegó, su mirada chispeaba, y brindamos otra vez, le dije, -Mira, para que veas como te amo guapa, préstame tu mano, y por debajo del mantel me dio la mano que dirigí a mi verga que me había sacado y me latía dolorosamente, puse sus manos en el miembro y al tocarla casi se cae hacia atrás- ¡Aaay hijo!, que es esto? -Esto es lo que toda la noche ha estado así para ti mi amor, sus manos recorrían el miembro y lo reconocían. -Que bárbaro hijo-, -Jamás imaginé que fuera así, jamás pensé que estuviera así mi amor, es la más grande que he sentido en mis manos, ¡y está muy gruesa!

Hice a un lado el mantel y yo me giré también, para que la viera en toda plenitud como me había puesto. La verga apuntaba hacia arriba como mástil.

-Aayyy hijo, que divina la tienes, nunca, te lo juro, he tocado una así. -Pues esta noche la vas a sentir toda, toda dentro de ti, quítate las bragas, que te voy a dar la mayor culeada de tu vida. Te voy a meter la verga hasta que llores, me voy a venir en tu boca y dentro de ti, todas las veces que quieras, te voy a lamer el clítoris para que te vengas muchas veces, y después de eso te la voy a meter entre tus nalgas, voy a romperte el culo, vas a sentir la mejor verga de tu vida, y vas a ser mi mujer siempre, dedicada a mi, a mis huevos, a mi verga y a mis deseos.

-¿Quieres todo eso?, ¿aceptas todo eso? le pregunté

La noche quedó en silencio…pensé que demoraba demasiado su respuesta, cuando vi que se levantó, se subió el vestido hasta la cintura y  se bajó sus bragas, movió una de sus piernas y se puso de perrito, tal como se lo había pedido.

Se tiró para atrás clavándose el miembro hasta el infinito, compartiendo los dos el terciopelo del deseo le escuché decir.

-Hijo, ya deja de hablar…y ¡cogeme!
Autor: ergo_22

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