Mi vecina Elvira

Comenzó a mover el culito muy suavemente yo le acariciaba los pezones, le masajeaba sus durísimas tetas con una mano la otra en ningún momento dejó de acariciar su coñito, mi polla comenzó a deslizarse por el agujero de su ano como un pistón, el calor y la suavidad que se sentía eran increíbles, era imposible sentir más placer, ella aullaba de gusto y yo resoplaba como un caballo.

Esta es una historia totalmente real. Mi nombre es Ricardo y la historia se remonta a mis 18 años, con esa edad yo ya era una especie de bicho raro, no es que fuese alto, era más bien bajo aunque bastante fornido, medía 1,68, las niñas decían que era feo, pero… nunca desagradable, siempre fui muy despierto y con facilidad de palabra lo cual solía conquistar pues también me las daba de graciosillo, se preguntarán… ¿Entonces a que viene lo del bicho raro? Pues bien, mi polla ya medía 20 cm. de largo y 5 de diámetro, era la más grande de mi grupo de colegas y me consta que medio barrio y alrededores conocían de oídas mi atributo, alguna niña de vista y alguna otra de tacto aparte de la vista. Vivíamos en un barrio donde las casas eran unifamiliares y chalecitos adosados, sin ser de ricos, si, se vivía bastante bien. Yo vivía en un chalet adosado y en el de al lado vivía un matrimonio bastante joven, Elvira tenía 32 años y Rafael (Rafa para los amigos) 33, él era Capitán de la marina mercante en un barco de la Trasmediterránea por lo cual solo estaba en casa cuando le daban vacaciones y eso era cada seis meses.

Elvira era una mujer escultural, tendría una altura de 1,72 aproximadamente, muy morena con un pelo color caoba brillante, ojos intensamente azules que resaltaban enormemente por lo oscuro de su piel, la naricilla respingona y unos labios carnosos y sonrosados, el cuello largo y unido a el un tronco espectacular, unos pechos talla 100/105 a continuación una cinturita de 65 aproximadamente seguido de unas caderas y un culo de muerte, sus caderas acompañadas del culito medirían no menos de 96 y para terminar el conjunto sus piernas no tenían desperdicio en absoluto, largas… larguísimas, torneaditas, preciosas.

Total, un conjunto de infarto, una chica risueña y muy jovial por añadidura muy amiga de mi madre y el objetivo final de mis pajas, la muy zorra siempre se metía conmigo y si podía pasaba su mano sobre mi paquete riéndose y diciéndome que sabía que en ese lugar existía una especie de tesoro que algún día ella tendría que descubrir, cuando Elvira me hacía eso la paja la tenía que hacer de inmediato o estallaba.

La historia comienza un buen día, en vacaciones de Semana Santa, estando desayunando mamá me dice si al terminar me podría acercar a casa de Elvira, ella tenía un problema con su equipo de música y unas lámparas (Con 18 años yo era tremendamente mañoso y me encantaba la electrónica) En principio protesté, mis amigos y yo teníamos programado un partido de fútbol y mamaá empezó a enfadarse conmigo y al final me amenazó o le hacía ese favor o me suspendía la paga del fin de semana, ante eso y refunfuñando me dirigí a casa de Elvira.

Mi cabreo desapareció en cuanto ella me abrió la puerta. Vestía un camisón muy fino y sobre él una batita haciendo juego, estaba divina, me la quedé mirando con la boca abierta y ella partiéndose de risa me dice…

¿Qué pasa chico? ¿Es que nunca viste a una mujer en ropa de casa en tu vida? He dicho antes que tengo bastante facilidad de palabra y a pesar de estar embobado supe reaccionar… Por supuesto que sí… a mi madre, pero no es para comparar contigo Elvirita, estas tan guapa… en mi vida he visto a una mujer más linda y tan de mañanita… Venga zalamero, acabo de levantarme de cama y tengo que estar horrible. Te juro que estás guapísima Elvira, si tuviera algunos años más tu marido tendría que preocuparse.

Elvira se me quedó mirando… como pensativa, en sus labios bailaba una especie de sonrisilla maliciosa y sus ojos brillaban más que nunca, me ordenó pasar y me codujo al lugar donde tenía el equipo de música, el problema que tenía era muy sencillo de solucionar, solo era el enchufe pero a mi ya solo me importaba estar con ella el mayor tiempo posible, no me cansaba de mirarla.

Oye Ricardito si la cosa es complicada me importa mucho más que trates de repararme la lámpara la necesito mucho más que al equipo de música. Bien miremos la lámpara y luego sigo con el equipo.

La lámpara tenía unos hilos fundidos debido a un corto circuito por lo cual tuve que bajarla no sin dificultad, estaba situada bastante alta, hice las sustituciones correspondientes y lo peor vino después para subirla, la escalerita era bastante corta y yo bastante bajo, entonces ella me dijo…

Tú sujeta la escalerita que no me vaya a caer, como soy más alta no tendré dificultad para colocarla.

Se subió a lo alto de la escalera y yo por poco me desmayo no tenía puesto nada debajo, su coño se veía a la perfección, mi polla comenzó a estirarse a una velocidad insospechada, ella siguió con la labor de colgar la lámpara como si nada y al descender de la escalera se fijó en el bulto tremendo que tenía en la entrepierna…

¡Vaya! Parece que viste algo interesante. (Me dijo señalando el bulto) y todo eso es por mi, estoy emocionada, nunca creí que una viejecita como yo pudiera emocionar tanto a un muchachito. Tú de vieja no tienes nada y además eres un bombón y con el espectáculo que me ofreciste no te extrañe que esto de aquí se pusiera como se puso.

Ella se me quedó mirando con una sonrisa burlona…

Venga, venga adulador ¿Quién te enseñó a tratar así a las mujeres con lo jovencito que tú eres? Bueno olvidemos estas cosas ¿Vale? ¿Quieres un refresco? Te lo tomas mientras yo me doy una ducha y me visto… ¡Ha! Y no mires por el agujero de la cerradura, que tú eres un pillín.

De tonto no tenía un pelo y la indicación la entendí perfectamente, por lo cual me acerqué a la puerta del baño tranquilamente, con la clara intención de que ella se diera perfecta cuenta de que yo estaba al otro lado, entonces ella abrió la puerta, solo tenía puesto el camisón totalmente transparente, las tetas apuntaban directamente hacia mí, los pezones totalmente erectos, se le veía un monte de venus tremendamente poblado pero muy bien depiladito por los lados y parte superior, mi polla intentaba romper el pantalón de lo tiesa que la tenía, ella me cogió de la mano y me dijo…

He pensado que podíamos ducharnos los dos juntitos y así me enjabonas la espalda ¿Qué te parece?Decía eso mientras con su mano acariciaba dulcemente mi pene sobre el pantalón, me quitó la camisa y seguidamente me sacó el pantalón mi calzoncillo parecía una carpa de circo y ella con dos dedos lo bajó un poquito, lo suficiente para que mi polla saliese disparada hacia delante, ella abrió la boca asombrada de lo que veía, no podía creerlo…

¡Menuda polla! En mi vida he visto nada semejante ¡Que maravilla!

Su mano comenzó a deslizarse por aquel tremendo palo, sus dedos acariciaban suavemente las venas que la circundaban y sobresalían como si fuesen raíces de un árbol y su boca como si fuese atraída por un imán se precipitó sobre el prepucio, este casi no le entraba en la boca pero ella la abrió al máximo y comenzó a tragársela poco apoco. Con una mano cogió la bolsa de mis cojones y sus dedos los amasaban suavemente, su otra mano tomó mí polla por el tallo y hacía subir y bajar la piel mientras su boca seguía succionando el prepucio, yo comencé a sentir un gusto infinito, puse mis dos manos sobre su cabeza y le incrusté mi polla dentro de su boca todo lo que pude, entonces comencé a correrme, la leche salía borbotones y en tanta cantidad que por poco se ahoga, con dificultad fue capaz de soltarse y retirar su boca, mi polla seguía escupiendo leche por toda su cara y pelo.

¡Que barbaridad, que manantial de leche, esto es increíble! Exclamó ella ¿Cuánto tiempo hacía que no te corrías cielo? Mientras con la punta de su lengua se relamía los goterones que tenía sobre los labios, mi polla seguía tiesa como un palo de béisbol ella se puso de espaldas a mí colocó sus manos sobre el borde de la bañera y sin molestarse a quitarse el camisón me pidió que se la metiera… pero despacito porque si no le haría daño yo fui obediente y coloqué, la cabezota de mi nabo en la entrada de aquella gruta caliente y como estaba tremendamente excitada y muy mojada comenzó a penetrar en su interior en principio con alguna dificultad pero en cuanto pasó la cabeza lo demás fue como coser y cantar entró hasta el mismísimo fondo, cuando mis cojones tocaron su culo ella no lo podía creer, pasó una mano por abajo y tocó mis cojones como para comprobar que era cierto…

Muévete despacito cariño, no te precipites, déjame sentir esa enorme verga en mi interior.

Decía eso moviendo el culo con una sensualidad tremenda, yo alargué mis manos y cogí sus hermosas tetas sobre el camisón, tenía los pezones a punto de estallar de lo tiesos y duros que los tenía, con las palmas de las manos amasaba sus tetas mientras mis dedos oprimían rítmicamente sus pezones, ella comenzó a aumentar el movimiento rítmico de su culo y caderas y a mí me comenzaron a dar calambres por todo el cuerpo, mis cojones parecía que habían entrado en ebullición, comencé un mete saca desenfrenado y comencé a llenarle la vagina de semen justo en ese momento ella lanzó un grito que se debió escuchar en la calle, su culo se movía de una forma desenfrenada y entre alaridos de placer se corrió como nunca se había corrido en toda su vida, en cuanto nos calmamos un poco nos dimos un buen baño, me encantó lavarle su chochito, era encantador, suave y muy agradable al tacto (Era el primero que tocaba)

Ella empezó a calentarse de nuevo, me ordenó sentarme en el fondo de la bañera, colocó una pierna a mi costado y la otra sobre el borde a continuación con los dedos separó los labios de su coño y me ordenó que lamiera, en principio me dio un no se que pero en cuanto lo toque con la punta de mi lengua y aspiraba aquel agradabilísimo aroma que desprendía, coloque mis manos sobre su hermoso culo y comencé a chupárselo con verdadera devoción ¡Sabía a gloria!

Mis labios atraparon entre ellos el clítoris y ya no lo soltaron se lo chupaba y rodeaba con mi lengua, ella gemía desesperadamente, lanzó otro tremendo grito y del interior de su coño comenzó a chorrear una especie de líquido espeso y blanquecino que me dejó asombrado, estaba buenísimo y no le dejé caer ni una sola gota, mi polla estaba nuevamente a mil y se me ocurrió una idea, como ella estaba medio atontada por la tremenda corrida que había tenido la giré suavemente en la bañera, cogí el gel de baño, esparcí una buena cantidad por toda mi polla y a continuación impregné bien su culito, con una mano acariciaban suavemente su chucha, con la otra separé sus nalgas e introduje muy despacito un dedo en su ano, ella al sentirlo dio un ligero respingo pero se dejó hacer.

Ahora tenía dos de mis dedos dentro de su vagina y uno en el interior de su culito, era cuestión de empatar por lo cual le fui introduciendo poquito a poco un segundo dedo en cuanto los dos estuvieron dentro comencé una serie de movimientos con lo cual conseguí una dilatación considerable, ella tenia los ojos cerrados y con las dos manos aferrada al borde de la bañera movía el culo suavemente disfrutando enormemente del placer que mis dedos le estaban proporcionando, fui aproximando la cabezota de mi miembro a la entrada de su culito y en cuanto estuvo a tiro retiré los dedos sustituyéndolos de golpe por la cabeza de mi pene, ella lanzó un grito de dolor e intentó retirarse, como la tenía muy bien sujeta le fue imposible…

¡Sácame eso de ahí hijo puta! Me chilló ella… Por ahí soy virgen, nunca nadie me ha follado el culo. Pues ya va siendo hora, eres ya mayorcita.

Mientras decía eso iba empujando poquito a poco, ella lloraba y se quejaba que le dolía mucho pero poquito a poco se fue calmando y relajando y comenzó a mover el culito muy suavemente yo le acariciaba los pezones, le masajeaba sus durísimas tetas con una mano la otra en ningún momento dejó de acariciar su coñito que cada vez chorreaba más lo tenía totalmente empapado, mi polla comenzó a deslizarse por el agujero de su ano como si de un pistón se tratase, el calor y la suavidad que se sentía eran increíbles, era imposible sentir más placer, ella aullaba de gusto y yo resoplaba como un caballo, de pronto los dos nos arqueamos, retiré hacia atrás mi polla y de golpe se la incrusté al fondo de todo donde comenzó a salir un torrente de leche…

¡Mas! ¡Mas! ¡Rómpeme el culo, que placer! Me estoy corriendo como una burra, esto es increíble… Dame más cariñito mío, que rico es estoooooooo.

Por poco nos caímos los dos fuera de la bañera, la corrida que ambos tuvimos fue increíble, ella se cogió de mi cuello y me besó con pasión y agradecimiento, no obstante el agradecido era yo, una real hembra me había iniciado en las maravillas del sexo en todas sus variantes. Terminamos de ducharnos y al salir de su casa me dijo…

Ricardito, recuerda que mañana tienes que pasarte por mi casa para tratar de arreglarme el equipo de música ¿De acuerdo? Descuida Elvira que así lo haré, te lo arreglaré con muchísimo gusto.

A partir de ese día por una causa o por otra siempre había algo que arreglar en casa de mi vecina.

Autor: Ricardo

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