Desde que me llamaste

Desde aquel día en que me llamaste, no pude aguantar las ganas de ir a verte. Aquel día, en que llegué por primera vez a Mazatlán, sabía que algo iba a pasar, por lo cual, me llevé ropa interior atrevida. Nuestro primer encuentro fue tal cual me lo esperaba, no nos miramos más que unos minutos y ya estábamos besándonos apasionadamente.

Discretamente nos dirigimos a tu casa y en cuanto cruzamos la puerta, apretaste tu bulto contra mis nalgas, se sintió delicioso. Mientras tanto, tú masajeabas mis pechos y me besabas locamente.

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Un cornudo más en el mundo

Me arrodillé en la cama y ella se puso sobre mí, de tal forma que agarrándola de las nalgas la atraía hacia mí para enterrarle todo lo que podía. Ella cabalgaba sin descanso y con una fuerza que hacia que sus grandes tetas se bamboleen de arriba hacia abajo. Les digo que era todo un espectáculo ver en su rostro el placer que sentía por la culeada que le estaba dando.

La historia que les contaré trata del día que hice amistad con una chica de mi trabajo. Ella laboraba como secretaria en la oficina en que yo realizaba mis labores administrativas. Desde que llegó quedé prendado de ella y mi desilusión se hizo manifiesta cuando me dijo que era casada hace tres años. Más repuesto de la impresión decidí ser su amigo con tal de poder gozar de su presencia y así poco a poco ir ganando su confianza.

Para que se den una idea de la figura que hizo que mi corazón palpitara les diré que tiene 27 años y su piel es blanca como la leche, algo difícil de encontrar ya que la mayoría de las mujeres de mi país son de tez trigueña. Además posee un cuerpo muy bien formado con unos senos que quitan el habla al que la ve y unas piernas torneadas.

Ella siempre acostumbraba a vestir falda, y sus piernas enfundadas en medias de nylon hacían que atrajera la mirada de cualquier varón cuando ella pasaba. Que afortunado debe ser su marido de poder poseer su cuerpo pensaba para mis adentros, sin poder hacer nada para gozarla como yo hubiera querido.

Debido a nuestra amistad me hice su confidente y a pesar que muchas veces tenía que soportar banalidades de mujer, también me contaba los problemas que tenía en su relación conyugal. Eso me ponía en una situación inmejorable ya que me daría la oportunidad de saber cuando era más vulnerable. Luego que terminaba nuestra jornada laboral la acompañaba al paradero donde tomaba el ómnibus que la llevaba a su casa, y ahí aprovechaba para decirle que me gustaría ir un día al cine con ella o a tomar un café. Siempre me respondía que algún día podría ser, y a mi no me quedaba más que resignarme y esperar.

Un buen día la noté muy seria mientras trabajaba y a la hora del almuerzo le pregunté que era lo que le pasaba. Ella me contó que la relación con su esposo se había deteriorado ya que él no era muy cariñoso como a ella le gustaba. En mi mente yo pensaba como desearía darte todas esas caricias que deseas mi amor.

Así pasaron los días y cuando nuevamente la invité a salir me respondió que si, ya que su esposo había salido de viaje y no tendría que llegar temprano a casa. Quedamos para salir el día viernes luego del trabajo. Faltaban aún dos días pero tendría que tener paciencia y eso me daría tiempo para pensar en hacer esa noche inolvidable.

Llegó por fin el ansiado día y cuando temprano la vi quedé impresionado por lo bien que se había arreglado. Tenia puesto un polo de lycra que hacia que sus senos se vean más grandes de lo que eran, y una falda mucho más corta de las que se pone cualquier día de semana. Sus piernas se veían perfectas en esas medias color carne y su cabello lo había recogido en un coqueto moño, dejando su delicioso cuello al aire. Durante el día me deshice en piropos por los cuales ella me regalaba una sonrisa. El día se me hizo interminable hasta que llegó la hora de salir. Le dije que ella mandaba esa noche y que me dijera que quería hacer, a lo que ella me respondió que deseaba ir a un lugar discreto.

Fuimos a un restaurante que yo conocía y al llegar nos situamos en un lugar que no fuera muy transitado. Pedí una jarra de cerveza y prendimos unos cigarrillos para iniciar esa velada tan esperada por mi. Mientras ella hablaba yo me dedicaba a observar sus labios gordezuelos y sus ojos de gata. Luego de beber un par de jarras le volví a preguntar por sus deseos y ella me dijo que lo que me había contado era cierto pero que su marido no era el hombre cariñoso que ella esperaba.

En su voz se notaba el efecto del licor y sus palabras eran más pausadas y llenas de sentimiento. Era el momento de jugármelas y puse en una balanza mi amistad con ella, y mi deseo de tener aunque sea una noche a la mujer de mis sueños. Primeramente tomé su mano cuya tibieza sentí en la mía ya que no me rechazó. Tenerla así de la mano hizo que me provocara una erección inmediata. No se imaginan como deseaba poder comerme a esa hembra ávida de cariño. Le dije que todo ese amor que le faltaba deseaba dárselo yo, y ella me miró a los ojos y me respondió que esa noche no estaba casada y que yo propusiera.

Su respuesta tan decidida me sorprendió y le pedí que saliéramos de ahí hacia otro lugar a lo que ella asintió. No hacia falta hablar más y tomamos un taxi al cual le indiqué una dirección que yo conocía muy bien. Llegamos a un hostal que me gustaba mucho ya que tenía todas las comodidades, apropiado para la dama que me acompañaba. Nos registramos y luego de cerrar la puerta de la habitación ella se quedó mirando la cama y el espejo que había en el techo. Giró hacia mí para decirme algo, pero yo la abracé y la besé en la boca comiéndome sus labios. Sus pechos se apretaban contra el mío y no veía las horas en que la viera sin sujetador mostrándome esas tetas tan deseadas.

Nos echamos en la cama vestidos y en medio de caricias agarré sus piernas subiéndole la falda. Mis dedos tocaron el centro de su calzón notándolo húmedo por la excitación del momento. Con una mano le bajé el calzón dejando a mi vista su concha totalmente depilada. Me arrodillé en el piso y ella quedó al filo de la cama con las piernas abiertas. Empecé a lamerle la concha, chupando su clítoris y labios vaginales, haciendo que ella diera gemidos de placer.

Poco a poco nos desnudamos y estando yo de pie con mi verga totalmente parada me puse a observar su cuerpo níveo. Todo era tal como me lo había imaginado y me eché encima de ella metiendo lentamente mi verga en esa concha hasta ahora vedada. Ella enroscó sus piernas en mi cintura y se puso a moverse como una loca. Que manera de gustarle la verga pensaba yo. Cambiamos de posiciones varias veces hasta que no pude más y un torrente explotó de mi verga, llenándola de mi leche. Mamé sus grandes pezones rozados hasta la saciedad.

Nos seguimos besando y revolcando en la cama hasta que en un momento ella pasó sus piernas por mi cabeza, mostrándome toda su concha a la vez que se inclinaba para meterse mi verga a la boca, y chuparla hasta que se puso dura como un mástil nuevamente. Yo aprovechaba para lamer y chupar la parte interna de sus piernas agarrando con mis dos manos sus poderosas nalgas.

Se metía mi verga hasta la base y recorría toda su extensión con sus labios hasta detenerse en la cabeza, para luego chuparla como si fuera una ciruela. Luego de eso me arrodillé en la cama y ella se puso sobre mí, de tal forma que agarrándola de las nalgas la atraía hacia mí para enterrarle todo lo que podía. Ella cabalgaba sin descanso y con una fuerza que hacia que sus grandes tetas se bamboleen de arriba hacia abajo. Les digo que era todo un espectáculo ver en su rostro el placer que sentía por la culeada que le estaba dando.

De pronto me dijo, Quiero que me des como a una perra, y acto seguido se bajó de la cama y se puso sobre la alfombra en cuatro patas meneando su culo a modo de invitación. Sin hacerme de rogar me bajé yo también, y colocándome detrás de ella le enterré mi verga a la vez que la tomaba de sus caderas. De rato en rato me inclinaba hacia adelante para poder amasar sus tetas y sentirlas entre mis dedos.

Cuando ella vio que yo me venía se salió de su posición y se dio la vuelta para chupármela y esperar a que mi leche saliera. Me agarraba con una mano la verga corriéndola y con la otra mano me acariciaba los huevos, haciendo que eyacule derramándome sobre sus labios y cara. Me la limpio totalmente con su lengua y nos fuimos al jacuzzi para relajarnos de la tirada que habíamos dado.

Ahí desnudos nos lamimos mutuamente sintiendo el agua tibia en nuestro cuerpos y ella no dejaba de masturbarme y yo de masajear sus labios vaginales. Después de esa sesión de amor increíble para mí la dejé cerca a su casa, y desde el taxi vi como se alejaba para entrar en su casa.

Al día siguiente me llamó a hablar en privado y me dijo que la noche anterior había sido muy especial para ella y que deseaba que todo lo que había pasado quedara como un gran recuerdo en nuestras mentes, pero que nunca volvería a pasar ya que no quería que algún día su marido se diera cuenta de ello. Me obsequió una foto que se había tomado y hasta ahora la conservo y miro con añoranza de lo que pasó esa noche.

Accedí a su pedido y de ahí en adelante fuimos amigos solamente pero con la satisfacción de haberme culeado a la más rica de las putas en la cama.

Autor: arielcuento

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Mi vecino Ignacio

Introdujo su sexo en mi húmeda vagina, esta se fue dilatando hasta ajustarse como un guante alrededor de ese maravilloso miembro haciéndome exhalar un quejido, todo mi cuerpo parecía vibrar, Ignacio no aprovechándose de su maravillosa dotación, tratando delicadamente y sin apuros nuestros cuerpos comenzaron ese movimiento divino.

Hola, debo contarles que como mujer me da ciertos reparos en tratar de contar mis experiencias y sobre todo cuando no se trata de una jovencita sino más bien de una mujer madura como yo, de unos cuarenta y tantos, que por cosas de la vida quedé viuda hace 6 años atrás, con dos hijas ya adolescentes, como persona independiente mayores problemas económicos no tengo, aunque hasta ahora no me había dado cuenta de que los años han pasado muy rápido, sobre todo cuidando de las niñas.

Debo confesarles que durante estos años he estado sola, después de enviudar me dediqué a mi familia y nada más, aunque al pasar de los años pretendientes no han faltado, me considero una mujer afortunada, pues físicamente no me he descuidado, causando ciertas envidias en mis amigas, me ruborizo de cierta manera al tratar de describirme, físicamente soy una mujer de contextura delgada, mis pechos no son realmente mi fuerte, son más bien pequeños, pero bien formados, mis piernas son largas, delgadas, pero bien torneadas, donde si es mi fuerte son mis caderas y un culo con unas nalgas bien hechas.

Para no aburrirlos tanto con detalles, les cuento que conocí a Ignacio, conocerlo más a fondo, pues somos vecinos de departamento, separados por cinco pisos, nos veíamos muy a menudo pues casi siempre estábamos llegando de nuestros trabajos a la misma hora, y el ascensor era motivo para saludarnos y comentar alguna novedad, pero nada más, casado, ya bastante mayor, muy alto, una incipiente calvicie, una barbita entrecana tipo candado, pero sobretodo con una vitalidad bárbara.

Cierto día nos encontramos en el supermercado, donde muy gentil se ofreció en traerme de regreso, ese día yo vestía, como era verano, una falda muy corta, una remera tipo top que dejaba ver mis hombros, no llevaba sostén, bueno ya en el auto durante el trayecto, vi a Ignacio algo nervioso, noté eso si que un bulto considerable asomaba por debajo de la tela de su pantalón, lejos de incomodarme me provocó una risita maliciosa, estos hombres, pensé, traté de distraerme mirando hacia fuera durante el trayecto, pero me di cuenta, que lo que había provocado a Ignacio fueron mis muslos, pues la falda al ser muy corta, al sentarme dejó al descubierto buena parte de ellos.

Llegamos a nuestro edificio, me acompañó hasta mi departamento, ayudándome con los paquetes, lo invité a pasar, no había nadie, pues las niñas se habían ido a pasar ese fin de semana en casa de unas amigas en la playa, se acomodó en el sofá, mientras yo traía las bebidas, y tengo por costumbre sentarme en el sofá con las piernas recogidas, me senté en el otro extremo del sofá, y como de costumbre recogí las piernas, Ignacio se arrellanó en el sillón dejándose notar algo incómodo, apareciendo otra vez ese bulto entre sus piernas, traté de bajar disimuladamente la falda, no era mi intención provocarlo ni nada parecido, pero la falda no cedió un centímetro, entonces me levanté para ir a buscar más hielo, creo que ese movimiento debió haber gatillado toda la situación de aquella tarde, pues me incliné sobre la hielera, él se levanta y se acerca a mí, su actitud no me provocó temor, lejos de rechazarlo, mi mirada lo invitó a seguir.

Me tomó de las manos, Andrea, me dijo, y sus brazos rodearon mi cintura, para atraerme hacia él y darme un beso, de adolescente la situación, pero mis brazos no le correspondieron, sus manos se posaron en mis caderas, y cuando comenzaban a posarse sobre mis nalgas, lo detuve, incómodo se disculpó por la situación, se sentó, y yo me acomodé a su lado, diciéndole que lo comprendía que no se preocupara, que a los adultos les suele pasar también, y porque no, entonces mientras lo trataba de calmar, se acercó como buscando otro beso, mis palabras cesaron y entonces mis labios se entreabrieron, cerré los ojos y pude sentir como me besaba, sus manos lentamente se posaron en mi vientre y echándome hacia atrás, sus manos comenzaron subir lentamente por debajo de la tela, hasta llegar a mis pechos.

Sus caricias eran suaves, me subió la polera y comenzó a pasar su lengua por mis pezones que ya estaban erectos, habían pasado años, sin la compañía masculina, pero mi cuerpo respondió inmediatamente, sus manos comenzaron a recorrer mis piernas por fuera, metiéndolas por debajo de la falda, después comenzó a recorrer y apretar suavemente por la parte interna, entonces yo las entreabrí un poco más, para sentir sus manos en mi vulva pues sus caricias habían surtido efecto me sentía húmeda, tomó una de mis manos y la colocó sobre su entrepierna, mi cuerpo se estremeció, mi respiración se agitó, al tocarlo sentí su cosa dura, comencé a masajearlo por sobre la tela, mientras que el pasaba su mano sobre mi vulva, haciendo a un lado la tanga para tocarme el clítoris, me estremecí completa, sus dedos eran maravillosos, luego él se desabrocha el pantalón y se lo quita, para dejar al descubierto su virilidad, una vigorosa erección, al verlo desnudo me quise abalanzar, quería tocarlo, sentirlo, me quité la polera y la falda, quedándome con la tanga puesta, pues por cierto pudor y además no quería que notara que la abstinencia me había afectado.

Sentados sobre el sofá no acariciamos mutuamente, yo empuñaba su miembro caliente, húmedo, pegajoso, lentamente me dejé quitar la tanga bajando hasta mi entrepierna para recorrer con su lengua mi vulva, haciéndome un comentario que me hizo sonrojar, con respecto a mi vulva, pues es muy carnosa, eso siempre me ha dado vergüenza, hasta colocarme malla en el gimnasio por esa misma razón como que se me notaba mucho, pero me lamió suavemente reteniendo mi clítoris con sus labios dándome un pequeños tirones, haciéndome gemir, mientras producto de mi excitación, yo acariciaba mis pezones, su experiencia y mi ansiedad hizo que me corriera, mojando mi vagina, fue divino, me dejaba llevar.

Lejos de apresurarse, me comenzó a besar los pies, siguiendo por las piernas, los vellos de mi pubis, mi vientre, mis pechos para darme un profundo beso que correspondí, abrazándolo y acariciándole, se puso de pie frente a mí, con su sexo erecto, me di cuenta lo que quería, el tamaño de su sexo me dio pavor debo confesar que por un momento no podría disfrutar de esa masculinidad, lentamente me lo llevé a la boca mis labios aprisionaron su glande, mis manos acariciando ese cuerpo venoso, vigoroso, recorriendo sus piernas robustas, nuevamente me encontraba excitada, lo mismo Ignacio.

Me levanté, subimos las escaleras y nos dirigimos a mi dormitorio, me tendí sobre la cama, abrí mis piernas invitándolo a que me hiciera suya, su glande al descubierto parecía reventar, mientras pasaba su cuerpo por el arco de mis piernas, las elevé un poco más, y lentamente y sin apuros fue introduciendo su sexo en mi húmeda vagina, esta se fue dilatando hasta ajustarse como un guante alrededor de ese maravilloso miembro masculino, haciéndome exhalar un quejido que salió por mi boca entreabierta, una vez que estuvo completo dentro de mi vagina, todo mi cuerpo parecía vibrar nuevamente, Ignacio no aprovechándose de su maravillosa dotación, tratando delicadamente, nos besamos, y sin apuros y muy suavemente nuestros cuerpos comenzaron ese movimiento divino, donde él vigorosamente comenzó a entrar y salir de mi vagina, recorriéndola en toda su longitud.

Dilatada y mojada, mis caderas y mis piernas abiertas hacíamos una danza perfecta, mi vagina estaba muy húmeda, su pene se cubrió de un líquido blanquecino, haciendo un sonido, burbujeante, cada vez que me penetraba, su cuerpo macizo me cubría completa, sus brazos fuertes soportaban el peso de su cuerpo, entregada completamente giraba mi cabeza tratando de ahogar mis gemidos entre las almohadas, entreabriendo mis ojos, mi boca, era divino, había pasado tanto tiempo sin sentir esa sensación electrizante recorrer mi cuerpo, de mi boca ya no salían solo quejidos sino gritos, que inundaban toda la habitación, disfrutaba de ese momento como una jovencita esto lo provocaba agradablemente, haciendo que sus movimientos sean cada vez más rápido, su pene golpeaba hasta el fondo de mi vagina.

Susurraba mi nombre con los dientes apretados, cada vez que me penetraba, haciéndome colocar en cuatro patas como los perritos, quería ver y sentir mi cola, sus grandes manos se posesionaron de mis caderas, recorrieron mis trabajadas nalgas, atrayéndome hacia él, sentí su miembro entrar de una sola estocada por mi húmeda vagina, nuevamente comenzó a mover su pelvis, dándome muy fuerte, se sentía muy rico, muy fuerte haciendo que me corriera un par de veces, le pido entonces que se tendiera, para que yo pudiera montarme encima, me senté encima y comencé a moverme como una posesa, sus manos se posaron sobre mis pechos, apretándolos, luego bajaron por mi cintura, para tomarme por las nalgas como abriéndolas, para ayudarme en ese movimiento de sube y baja mientras yo lo cabalgaba.

Me atrajo hacia adelante y con sus manos me tomó por las nalgas y apretándolas, comenzó a embestirme muy fuerte, siempre él abajo, sus ojos me miraban fijos, sus dientes apretados, como gruñendo noté que se venía, sintiendo como su sexo entraba y salía cada vez más rápido, me apretó contra su cuerpo, sentí su eyaculación, su semen inundó mi vagina, nos quedamos así por un momento, nos besamos, estando aún sobre él, comencé a mover mis caderas suavemente para sentir su pene que aún conservaba su erección quería disfrutar hasta el último instante, nuestros cuerpos sudorosos, terminaron entrelazados sobre la cama, con la mitad de mi cuerpo sobre él, me entregué a las caricias que me prodigaba. Esa tarde volvía a sentirme plena, mujer, mi cuerpo satisfecho, me sentía como una adolescente, más tarde le pediría que me hiciera suya nuevamente.

Sus comentarios serán bien recibidos.

Autora: Andrea

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La mamá de mi amigo

Ella comenzó a moverse rápidamente,  a ese ritmo no duraría mucho sin correrme, ella paró y  despegándose de mí, me llevó a una silla reclinable de las que se usan en la playa para tomar el sol, ahí me recostó y montándose en mí empezó a cabalgarme, hasta que sentí que se corría, yo me sentía en la gloria, ella se movía a cien por hora. Me hizo terminar mientras su ritmo disminuía.

Todo comenzó cuando conocí a Rafael, para abordar esta historia cierta llena de pasión, debo intentar exhalar, y remembrar aquella época, la mamá de Rafael tiene las curvas más agudas y efervescentes que he conocido, el goce que esa mujer me dio no se puede comparar con ningún otro.

La primera vez que la vi fue en su casa, mi amigo y yo como todo buen chico preparatoriano, nos disponíamos a dar término a un trabajo estudiantil esa tarde, cuando entramos a su casa atravesamos por el amplio jardín pasando por una hermosa piscina hasta llegar a la casa, que era espaciosa y llena de ventanas por todos sus muros, era un lugar muy agradable.

La sencillez de Rafael siempre me ha dado suma confianza al trato, por ello cuando me dijo que después de que termináramos el trabajo iría a recoger a su hermana al colegio, pero que mientras yo me quedara en su casa pera que fuera guardando todas las cosas que habíamos ocupado al estar estudiando, de manera espontánea accedí, pues nunca imaginaría lo que sucedería.

Exacto como lo habíamos planeado él se fue por su hermana al colegio, cuando se hubo ido sentí un desierto total en su casa, pues esta era muy grande y solo me encontraba yo, pero momentos después comencé escuchar ruido en la cocina, así que bajé de la recámara de Rafael, que era donde realizábamos nuestro trabajo, y fui a ver que sucedía.

En ella encontré a una de las más caóticas mujeres, ésta era blanca de pelo negro, con una figura espectacular, cuando notó que alguien la miraba, volteó y me sonrió, entonces como me notó perplejo, ni siquiera la descripción más minuciosa podría dar una idea de lo que miraban mis ojos, ella lo notó y entonces me dijo que Rafael no tardaría en llegar que se lo había encontrado en la puerta y le había dicho que yo me encontraba en casa esperando a que él regresara, que ella era su mamá, yo respondí que estaba bien que solo había bajado porque escuchaba ruidos y pensaba que podría ser otra cosa, a lo que ella respondió:

-Mira te sugiero para que no te aburras mientras regresa Rafael, sal al jardín para que te distraigas un rato.

Así lo hice, cuando me encontraba ya afuera comencé a ver todas plantas que había en el lugar, así fui caminando hasta que llegué a la piscina, ella me llamó la atención pues era grande y tenía un agua tan cristalina que se antojaba darme un chapuzón, en ello sentí que alguien se acercaba y cuando volteé vi que la mamá de Rafael venía hacia mí.

-Veo que se ha antojado el agua, si quieres puedes refréscate, pues en realidad a estas horas ello es muy bueno, yo suelo hacerlo…

Ella se acercó y me dijo:

-Caray, vaya que hace calor…

Comenzó a quitarse la blusa, yo no daba crédito a lo que veía pues me parecía una locura lo que sucedía, repito que esta narración es verídica y no solo escribo como una satisfacción de aliviar mi libido como muchos lo hacen, comenzó a quitarse su falda y luego el brassier y todo lo demás hasta que ya no tenía nada encima, cuando la vi plenamente desnuda y al sentir que estábamos solos tuve una erección al instante, ella lo notó y como ello la excitó más, así que me pidió que me quitase la ropa, pero lo pidió de una forma tan subjetiva que no puede evitarlo, seguí sus órdenes, quedamos desnudos los dos, entonces ella se me acercó y estando de pie como estábamos tomando mi pene se lo introdujo en su vagina, este entró sin dificultad pues estaba sumamente lubricada.

Ella comenzó a moverse rápidamente que sentí que a ese ritmo no duraría mucho sin correrme, ella paró y tomándome de mi mano y despegándose de mí, me llevó a una silla reclinable de las que se usan en la playa para tomar el sol, ahí me recostó y montándose en mí empezó a cabalgarme, vigorosamente, hasta que sentí que se corría, yo me sentía en la gloria, estaba tan excitado que la nalgueaba mientras ella se movía a cien por hora.

Me hizo terminar mientras su ritmo disminuía, yo la tomaba de sus glúteos para penetrarla mejor y que mi semen le penetrara mejor, en ello sentí un flash, me asusté y miré quien era y me percaté que era Rafael que nos había sacado una foto, me había agarrado en pleno éxtasis, y cuando reaccioné de la sorpresa, noté que su mamá y él se miraban sonriendo con complicidad.

Autor: Homero

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La negra madurita y yo

Me tumbé en la cama y ella empezó a cabalgarme, no me lo podía creer una mujerona así encima mío, en la cama de mis padres y jadeando a pleno pulmón, noté que me corría otra vez, así que cambié de posición y me puse yo encima empujando, que placer ella se retorcía de placer mientras yo sudando empujaba con todas mis fuerzas, la llené de leche, que gozada, que maravilla de polvo.

Soy un gran admirador, de la página, sobre todo de la sección de relatos y en especial de la de sexo con maduras, vivo en el norte de España, y desde siempre me han atraído las mujeres maduras, me parecen una delicia… en fin a pesar de eso jamás había estado con una hasta que me pasó lo que os voy a contar ahora.

A nuestro barrio, como a muchos otros barrios, han venido mucha población inmigrante, entre ellos muchos latinoamericanos, entre ellos la mujer protagonista del relato, se llama Mariela, es cubana y tiene 44 años, es separada y tiene 2 hijas una de mi edad, (yo tengo 24 años) y otra menor de 20. La cosa está en que esta mujer vino a vivir justo al portal contiguo al mío y casualidad su balcón da al lado de mi cuarto.

Mariela está muy bien físicamente, tiene unos pechos enormes, tendrá una talla 105 o así esta delgadita, pero tiene un culo de impresión, muy respingón, pero increíblemente tieso, vamos tiene al barrio maravillado, es altita, mide 1,76 y tiene el pelo largo oscuro, vamos una diosa de ébano.
En fin una tarde de sábado estaba aburrido en casa, eran las tres de la tarde y hasta las diez de la noche no había quedado con los amigos, y estaba fumándome un cigarro en el balcón cuando sale Mariela, yo me quedé maravillado mirándola, llevaba puesta una camiseta pegada que le marcaban todo, unos jeans y unos zapatos de tacón alto. Yo seguía mirándola y creo que hasta se me estaba cayendo la baba, ella estaba hablando por el móvil con alguien hasta que en voz alta lo mandó a la mierda, a quien fuera…

Yo me reí y ella en ese momento se percató que la estaba mirando y me empezó a dar conversación.

– Pufff estos hombres como sois, había quedado con un amigo y ya vez me llama a última hora y me dice que se va a quedar en casa porque está cansado y quiere echarse la siesta. Yo me reí y le contesté.

– Hombre, no todos somos así, yo odio las siestas y desde luego hay que ser anormal para quedarse durmiendo la siesta y no estar contigo con el modelazo que llevas hoy. – Muchas gracias mocetón, hay si todo fueran como tu… oye ¿y tú que haces en casa con el día que hace? – Nada, que no tengo plan hasta la noche y estoy aquí pasando el rato, además mis padres se han ido y estoy solo en casa. – Oye me apetece tomarme un café y se me ha acabado, – me dice ella-, ¿Puedo ir a tu casa y tomarme uno contigo así charlamos más cómodos?

Yo ya todo empalmado le digo que sí y así que en nada me fui para la puerta y le llevé hasta la sala donde nos tomamos una taza de café.

– Apenas un momento estábamos los dos totalmente desnudos besándonos… – Hoy tenía ganas de sexo y tu guapito creo que te pongo a cien así que te mereces que una hembra como yo te haga disfrutar… me gusta tu polla y ahora mismo te voy a hacer una mamada de impresión…

Y así fue que mamada, llegué al éxtasis fue así que no duré mucho y enseguida me corrí en su boca, algo que le encantó…

– Quiero que me lamas todo el cuerpo… así lo hice vamos empecé por la punta de los pies hasta la punta de la cabeza… ummm que cuerpo, que culazo duro, duro, no se las veces que lo lamí y lo mordí me estaba volviendo loco.

Que tetas enormes, la manos solo cubrían una parte de ellas, tenía unas aureolas enorme y unos pezones como garbanzos, en fin, después de aquello la tenía otra vez a tope y dispuesto a hacerla gozar…

– Ummm hagamos un 69, ella me puso sobre la cama y se colocó encima de mí, empecé a comerle ese coño, bueno la verdad que no daba abasto, le comía el coño, pero es que no podía resistirme a comerle el culo, así que subía y bajaba como un descosido… ella se la veía disfrutar conmigo… eso si llegó un momento en que de repente subió el ritmo de la mamada, yo me corrí al momento, pero sentí como ella también se corrió ya que sus flujos inundaron mi cara… que gozada, – ¿Que tal te lo estás pasando? – me preguntó, – Quiero que me folles ya, estoy toda caliente y quiero ser penetrada por este blanquito tan cabronazo que me está haciendo gozar…

Así lo hice, primeramente me tumbé en la cama y ella empezó a cabalgarme… no me lo podía creer una mujerona así encima mío, en la cama de mis padres y jadeando a pleno pulmón… noté que me corría otra vez, así que cambié de posición y me puse yo encima empujando… que placer ella se retorcía de placer mientras yo sudando empujaba con todas mis fuerzas…

Aaaaaaaaaahhhhhhhhh, mi mejor corrida… la llené de leche, que gozada… que maravilla de polvo… me quedé exhausto encima suyo mientras ella me acariciaba suavemente. Ay papito estás hecho un semental… me has hecho gozar tranquilo que no será la última vez que goces de mi cuerpo. Y así ha sido después del maravilloso sábado, hicimos el amor en otras ocasiones, en mi cama, en la suya, incluso una vez estando sus hijas en casa, lo que fue un marrón ya que nos pilló su hija en pleno apogeo… desde aquel día decidimos dejar de vernos y hace unos meses ella se marchó a Madrid a vivir… eso si me dejó un bonito regalo de despedida que lo contaré en otra ocasión…

P.D.: espero que os haya gustado… desde aquel día me encantan las maduras un beso a todas y espero vuestro mensajes.

Autor: Aztoratu

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Lo que antecede a la locura

Me convertí en amazona cabalgando su miembro erecto, quería sentirlo muy dentro de mí, arriba, abajo y seguía el vaivén, sentí sus manos apretando mi cuerpo, resbalando con el sudor de mi piel, manoseaba mis nalgas, mis espalda, mis pechos, y yo llena de lujuria y locura seguía cabalgando haciendo lo posible por llegar al clímax de tanta excitación, perdí la noción del tiempo y la razón.

Cada vez que estamos cerca, la respiración se agita, todas las neuronas pierden el sentido… la piel se eriza solo con un roce, él tiene la particularidad de agotar mis palabras y alborotar mis instintos.

Esa noche quedamos en vernos después de las 9, él pasaría por mí… La sola idea de saber que pronto estaría bebiendo de su aliento ya hacía que mi lengua se enredara, a medida que el reloj andaba yo perdía más y más la razón… ¡pero tenía que contenerme!

Puntual llegó, y allí estaba yo lista, en la puerta muriéndome de ganas por devorarlo completo… -Hola, ¿cómo estás?, un corto beso a modo de saludo, las conversaciones habituales, las preguntas pertinentes… y mi piel ardiendo… me pidió que lo acompañara a mirar un nuevo departamento.  Llegamos, todo era blanco, hermoso, muy amplio y bastante acogedor.

Me sirvió una copa y me invitó a seguirlo a una de las habitaciones, allí pensé que por fin comenzaría a dar rienda suelta a mis instintos… pero estaba equivocada, quien le daría rienda suelta a sus instintos era él. Nos besamos apasionadamente, al llegar al punto cuando la ropa estorba, se detuvo en seco y me pidió muy dulce que me quitara la ropa, aquello era extraño, si bien ya habíamos estado juntos muchas veces lo usual era que nos quitáramos la ropa al ritmo de los besos y compartiendo la tarea…  pero ese día, esos no eran sus planes.  Salió de la habitación llevándose con él toda mi vestimenta, solo me dejó la copa y una pícara ¡sonrisa!

Regresó al rato, encendió el aire acondicionado y me llevó a una especie de columpio donde con cuidado ató mis manos a cada lado sobre mi cabeza; por la forma del asiento mis piernas quedaron abiertas y todo mi sexo expuesto, mirando mi cara de sorpresa, me calmó con un beso y me dijo que me relajara y los disfrutara… se fue, dejándome allí sola, en esa hermosa y solitaria habitación…

Sentí que el aire acondicionado estaba bajando la temperatura de la habitación, el frío comenzó a surtir efecto en mí, mis pezones estaban encendidos y ese hilo de aire frío entrando en mi sexo me ponía a mil…

Allí me dejó un buen rato, entre la lujuria y la sorpresa, el frío solo lograba excitarme un poco más… abrió la puerta y allí estaba él, cargado con muchas “sorpresitas” para pasarla bien esa noche, me alegraba mucho verlo, sentí que estaba más cerca la hora de sentirlo… puso un poco de aceite sobre mi cuerpo y comenzó a masajearlo… se sentían muy bien sus manos sobre mí… siempre teniendo cuidado de no rozar mi pecho ni mi sexo, se esmeraba en mis piernas, mi abdomen y mi cuello… era delirante, la necesidad que tenía de sentirlo y el no poder siquiera tocarlo con mis manos… comencé a mojarme a chorros… él seguía muy paciente… luego sentí un spray en mi conejito y luego la sensación de calor que se iba produciendo en el, quise moverme para lograr un roce de su cuerpo… pero no lo conseguí, estaba muy lejos de mis límites.

Decidí dejar de luchar, cerrar mis ojos y sentir… el masaje paró, después de un ruido sentí un roce muy suave y un olor delicioso… ¡eran flores! Pero flores que solo lograban excitarme más, con ellas recorría mis oídos, mis pechos, toda mi entrepierna, mis pies… la sensación era extraña, necesitaba sentir su piel, y estaba allí a pocos centímetros de mi, pero no podía tocarlo, mi excitación estaba en un grado nunca antes conocido por mi… necesitaba sentirlo, él lo sabía y disfrutaba mi angustia, mis ganas, mi desespero… poco a poco las neuronas fueron perdiendo el norte.

Nada era más importante que sentirlo dentro de mí… sentía el calor de mis fluidos chorrear por mis muslos… llegó la hora del chocolate, y poniendo pequeñas dosis sobre los puntos estratégicos y limpiándolos cuidadosamente con su lengua  me hizo delirar…y él, sintiéndose satisfecho con el nivel de excitación al que me había hecho llegar, decidió desatar esas odiosas cintas de seda y dejar libres mis manos, pudiendo cambiar de posición y lanzándome sobre él… de nuevo, truncó mis intenciones, se apartó y se acomodó en un mullido sofá con una sonrisa llena de lujuria y picardía…

De nuevo busqué la forma de colocarme sobre él, quería disfrutar su cara de placer, verlo gozar mientras me poseía, verlo cerrar los ojos y gritar… pero sin darme cuenta me puso de espaldas a él, y apartando mis nalgas se abrió paso dentro de mí, allí me convertí en amazona cabalgando su miembro erecto, quería sentirlo muy dentro de mí… arriba, abajo, arriba, abajo y seguía el vaivén… sentí las gotas de sudor resbalando por mi espalda, sus manos apretando cada centímetro de mi cuerpo, resbalando con el sudor de mi piel, manoseaba mis nalgas, mis espalda, mis pechos, y yo llena de lujuria y locura seguía cabalgando haciendo lo posible por llegar al clímax de tanta excitación, perdí la noción del tiempo y la razón…

Los movimientos se hacían cada vez más rápidos, – sigue, sigue y no pares me pedía… como podía parar si tenía tanta lujuria acumulada… comenzaron latigazos eléctricos a recorrer mi espalda, las gotas de sudor eran más constantes, la sangre se agitó y sentí todo mi cuerpo estallar en un orgasmo muy intenso y estremecedor…  al sentir su leche caliente corriendo dentro de mi… allí quedamos bañados en sudor, exhaustos de tanto placer, dormida sobre su pecho…

Y hoy, días después, aun lo recuerdo y siento como se eriza mi piel, como la electricidad de su lujuria me recorre hasta el fin…

Autora: Traviesa69

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Los viejitos jefes de mi marido

Tomé la torre de carne y la coloqué a la entrada de mi cuevita, temblaba de calentura, ya no pensaba si lo engañaba a Rodolfo, solo quería cogerme semejante verga, la cabeza entró y la cadena de orgasmos fue tremenda, uno tras otro a medida que entraba, mi mojadura lo hacía, justo entró toda, la sentía en mi ombligo y gorda en mi matriz, que placer y seguían mis orgasmos, perdí la cuenta.

Esta historia comienza cierto día de mi vida, me presento, me llamo Susana, 37 años, casada con un esposo que podemos decir de 1 a 10 puntos le damos un 7, muy compañero, hombre trabajador como pocos los hay, llevamos una vida dentro de todo bastante buena comparada con el resto de nuestros amigos, mi marido tiene un muy buen trabajo y yo también

Nuestra vida sexual, porque de esto se basa el relato,  es buena, digamos yo solo conocí tres hombres y con el tercero me casé, nunca al menos le fui infiel hasta el momento que pasó lo que les contaré, un día llega mi marido del trabajo y me dice,  Susy me ofrecieron esto, ¿que opinas?, me relató que de su trabajo lo enviaban a una estancia en una provincia distante a 400 Km. de nuestra provincia, tenía que hacer un gran trabajo en una estancia que sus jefes habían comprado, les cuento algo que me olvidé mi marido Rodolfo, póngameles un nombre ficticio, es arquitecto mayor de obras y ellos querían restaurar la estancia.

En la cena fue todo silencio yo estaba enfurecida separarme de él toda la semana y no poder estar solamente los domingo y se iría nuevamente y el tiempo estipulado de la obra sería casi 4 meses. Definitivamente nuestro matrimonio empezó a caminar muy mal, los tiempo se fueron alargando a la compra de esa estancia se sumaron otras dos y el tiempo del trabajo ya era de un año y más quizás, un domingo que mi marido vino le dije no soporto más esto, él me respondió que no tenía alternativa, que dejara yo mi trabajo y me fuera con él, allá había trabajo, lo pensé y acepté, no quería perder un matrimonio de 15 años, y así fue.

Viajé con él, la estancia era grandísima tipo colonia, una gran o mejor dicho un gigante caserón tipo castillo medieval. Un fin de semana vinieron los jefes de mi marido los 3 con sus respectivas mujeres, hijos, nietos, un almuerzo gigante y muy bien servido. Rodolfo me los presentó a los 3 quizás y no sé porque me impactaron los dos hermanos y el otro no era pariente, los hermanos, José y Luis tenían uno 65 y el otro 70 años, muy bien llevados, un cuerpo de atleta,  musculoso, nada hacía parecer de esa edad, a la tarde estábamos todos en el parque de la estancia y yo tomaba sol en una reposera y llegó Luís, me saludó y se sentó a mi lado, charlamos mucho tiempo y me preguntó que hacía yo le dije que tenía casi cumplidos los estudios de contadora pero no me había recibido, siguió la charla y me dijo que bella era y otras charlitas, yo me sentí un poco alborotada, miraba su cuerpo y corría un no se que en mi estómago, pero no podía aceptar sentir algo por un hombre tan mayor.

Pasaron las semanas y otro fin de semana llegaron los dos solos sin el socio y sin la familia, almorzamos y tras el almuerzo Luis se fue a recorrer con mi marido la obras y se quedó José, era distinto a Luis, este tenía un par de ojos verdes divinos, y un bigote seductor muy bien puesto, me comentó que su hermano le había dicho de mi y sus ojos estaban puestos en mi cuerpo.

Me considero una mujer bella. Soy morena, con el pelo liso y hasta los hombros. Me cuido mucho por lo que mi línea se ha mantenido estupendamente con los años, a tal nivel, que estoy segura que muchas niñas de 20 me envidiarían. Tengo unos pechos medianos, firmes, redondeados con unos pezones grandes, con unas aureolas más que suculentas. Mi culo se mantiene duro y respingón, como en mis años de jovencita colegiala me gusta mantenerme en forma y puedo decir que estoy orgullosa de las horas dedicadas al gimnasio y a correr por la paya y él se fijaba mucho en mis curvas, charlamos y ya estaba oscureciendo, pregunté, ¿se van hoy? No. Me respondió. nos quedamos unos días por una compra de tierras, ahhh, comenté y en ese momento llegó mi marido y Luis.

Los días siguientes empezaba el calor del verano a picar fuerte al mediodía, me puse una bikini pequeña tipo cola lees y me fui a tomar sol, estaba casi dormida cuando siento una voz que me dice, uggg, que cuerpo de diva, perdón sin que te ofendas, era Luís, yo sonreí y no dije nada, charlamos y sus ojos me comían, mis senos se pusieron duros y mis pezones terribles, me fui al agua para disimular y seguí charlando con él y noté en su pantalón su bulto un poco duro y me calenté más, luego llegaron mi marido y José y todo terminó.

Cierta mañana fuimos a la montaña a ver unos campos y fui con Luís, yo llevaba una mini con una remerita cortita y zapatillas por el calor, recorrimos muchos km. y nos detuvimos en un arroyo divino, lleno de árboles y una paz tremenda, nos bajamos él había llevado su equipo de mate, tomamos mate y me dijo, mira Susi, yo tengo que medir unos lotes, si quieres puedes tomar un baño en el arroyo, dormir, hacer lo que gustes, yo tardaré una hora más o menos quizás más ok dije, él se fue y yo me quedé a la sombra, era tanto el calor que me derretía, me arrimé al arroyo, un agua transparente limpia, me mojé la cara y viendo que no llegaba me dije, tomo un baño, quien si no los pájaros o alguna vaca me mirarán, me quité la mini y la remerita y me quedé en sostén media copa y un hilo todo rojo.

Me metí al arroyo y su agua tibia me refrescó mucho, nadé un buen rato y en un momento veo que parado junto al arroyo estaba Luis mirándome, me quería morir de vergüenza, no podía haberme metido así al agua y más siendo un desconocido mirándome, él me dijo, me giro sale tranquila, ok, dije.  Salí y para hacer más rápido me saqué el sostén y me puse la mini y la remera, los pezones se me habían puesto duros, él me miró y se arrimó hacia mí y me dijo, estás hermosa, hace ratito te miraba, sos una diosa, me tomó de mis hombros y yo como bola no reaccionaba, no podía creer lo que sucedía, me tomó con sus grandes manos y me besó, mis ojos se desorbitaban pero no reaccioné y mi lengua se mezcló con la de él y su mano bajó a mi chuchita y en ese momento lo empujé y le dije ¡basta! Soy una mujer casada y corrí hacia el camión, viajamos en silencio hasta la estancia, enrollé lo más que pude el sostén y al llegar estaba mi marido y José, llegamos y yo los saludé, nos preguntaron cómo había estado todo, le dije que muy bien, que me había  tomado un baño en el arroyo mientras esperaba a Luís,  partí, llegué a mi habitación y pensé que todo no había terminado, ya que al no decir a mi esposo lo que sucedió dejé la puerta abierta a una nueva aventura.

Al día siguiente se marcharon y el fin de semana volvieron con su familia, llovía muchísimo, yo estaba en mi habitación leyendo algo cuando siento que laman a la puerta, veo quien era y apareció Luis diciéndome porque no bajaba a tomar el té con unas tortas que habían traído, giré para arreglarme y sentí su mirada a mis espaldas y nuevamente quedé dura, no reaccionaba, me tomó de espaldas y acarició mi espalda, me giró y me besó,  mi boca se entregó, me tocó mi chucha que se había empapado de golpe y levantó mi remera, subió mi sostén y chupó mis tetas, yo volaba, me parecía increíble, hasta que no sé de donde saqué fuerzas y me separé, grité basta o llamo a mi esposo, se marchó, me repuse, me arreglé y bajé a la sala.

Por casi un mes no había pasado nada. Una cierta mañana llegaron los dos. yo estaba tomando sol y cuando los vi me cubrí con una toalla, mi esposo estaba en la obra, José se marchó allá y Luis vino directo a la casa, yo subí a mi habitación,  al ratito tocaron mi puerta, abrí y él estaba parado, me abrazó y me quiso besar pero lo evité diciéndole, basta ya Luís, soy casada y respeto a mi marido, se aparto de mi y se marchó, a la noche cenamos y nos marchamos a dormir, intenté hacer el amor con mi marido pero él estaba cansado y se durmió, era la madrugada y todavía no podía dormirme y sentí unos pequeños gemidos, me levanté, me puse la bata, ya que  dormía solo en hilo, y miré por la ventana y vi una sombra pero no pode ver quien era y seguían los gemiditos.

Salí de mi recámara, bajé las escaleras y llegando a la sala por uno de los ventanales corro la cortina y quedé perpleja estaba Luis y una  mujer de un empleado de la estancia cogiendo con él, no tenía más de 20 años pero esto no me causó estupor, lo que me puso a millones fue el pene tremendo de Luis, ella lo chupaba pero casi no entraba en su boca,  era tremendo, no tan largo si no gordo, me mojé muchísimo y justo él terminó tirándole toda su leche en la boca y en su cara subí a mi recámara y no pude casi dormir pensando en el pene de Luis. A la mañana cuando se despertó mi marido como era domingo lo incité a que hiciéramos el amor y aceptó, parecía todo en mi contra, no me concentraba en lo que hacía, pensaba en el pene de Luis y mi marido terminó y yo miraba el techo, él se levantó, se duchó y abajo lo esperaba Juan para recorrer los campos, Luis se quedaba a hacer el asado, yo bajé, llevaba puesto un vestido cortito y nada más que el sostén y la tanguita.

Luís me saludó y charlamos, yo no podía apartar mi mirada de su bulto, seguramente él se percató porque me dijo, me ayudas a traer algo del galpón, yo fui, sacamos una mesa y cuando me agaché  él estaba mirando mi cola, me dio pudor y me puse roja, él se acercó y me dijo, tranquila, me tomó de los hombros, me elevó y me besó, yo estaba caliente, me chupó el lóbulo de mi oreja, me besó el cuello mi boca y sus manos recorrían mi cuerpo, levantó mi vestido y lo quitó, me desprendió el sostén y tomó mis tetas en sus manos, yo gemía de placer, no podía creer lo que hacía, besó mis pezones y acarició todo mi cuerpo, me sentó sobre la mesa y me acostó besando mis piernas, mis muslos y bajó mi tanguita, la chupó y se la guardó en su bolsillo, separó mis piernas y posó su boca en mi chuchita, que solo tenía un triangulito de vello y pasó su lengua, sus manos tomaban mis tetas y la boca chupaba mi chuchita, yo gemía, separó mis labios y metió su lengua y llegó a mi duro botón, lo chupó, yo gemía y ya llegaba mi orgasmo.

Metió un dedo dentro de mi boca y seguí chupándome, en el momento que aceleró la chupada y yo me venía sentimos la voz de José preguntando, ¿Luis estás en el galpón?, si ya voy, estoy llevando una mesa, José respondió, ok, te esperamos con Rodolfo en la parrilla, me vestí apurada, él se arregló, nos besamos y él partió a la parrilla y yo a mi habitación, al rato bajé y estaban charlando de gran jarana y yo caliente como una brasa del asado.

Pasaron dos semanas y el sexo entre Rodolfo y yo no era bueno, yo me sentía caliente con la verga de Luis y no podía centrarme en la de mi esposo, cierto día llegaron los dos a la estancia, había sido hace 2 días el cumpleaños de  Luis, hubo un almuerzo para todos los empleados de la obra y baile, todo muy lindo, al día siguiente Luis le dice a mi marido que en la ciudad donde nosotros vivíamos y ellos también, había unos materiales que quisiera que los viera, ok, dijo mi marido, viajo a verlos esta tarde,  yo dije, te acompaño Rodolfo y él se negó diciéndome que sería muy cansador, que mejor iba con Rosendo un peón de la estancia así volvía más rápido manejando los dos.

Acepté y se marcharon a la mañana muy temprano, al rato se descolgó una lluvia tremenda, tanto llovía que apenas se veía los campos, sentía miedo de tanta agua, truenos y relámpagos, bajé a la sala y estaban Luis y José, pasamos el resto del día charlando y organizando una cena a la noche para agasajar a Luis, nuevamente cociné ya eran las 10 de la noche y Rodolfo no llegaba, yo estaba preocupada, seguía lloviendo, al rato suena el tel y era mi esposo diciéndole a Luis que el puente del arroyo se había roto y no podía llegar a la estancia, que volvía a la ciudad, lo llamé y charlé con él, me dijo que al menos por tres días tardarían en repararlo, yo sola entre los dos viejos me ponía nerviosa  y a su vez caliente por lo que había pasado con Luis.

Cenamos  y a los postres traje una torta, le puse una vela y cantamos el cumple feliz, no había luz ya que la tormenta era tan grande que había cortado todo en la sala, los relámpagos en los grandes ventanales causaban pánico, solo había un poco de luz de un grupo que iluminaba, tomamos champaña brindamos, luego José puso música y bailamos, luego Luis dijo, ahora me toca, José diciendo los dejo, me marcho a dormir, se despidió y nosotros bailamos una rato más, yo sentía a Luis apoyándome pero me porté como una dama, me despedí de él y subí a mi habitación, me desnudé y me acosté, no podía dormirme y más con semejante tormenta parecía que el cielo se caía,

Me puse la bata y bajé a buscar un vaso de leche, cuando subía me encontré con Luis que salía de su habitación y me preguntó que hacía, le conté y seguí a mi recámara, al ratito siento que golpean, pregunto quién y la voz de Luis que pregunta, ¿puedo? me puse la bata y abrí, él también estaba con una bata azul larga hasta los pies, casi la luz de los relámpagos lo hacía un personaje con su altura y sus bigote,  me dijo yo tampoco puedo dormir.

Se acercó a mí y me tomó los hombros, me besó, yo no respondía, me quitó la bata y me chupó enterita parada, yo temblaba de placer bajo mi tanguita, separó mis piernas y comenzó a chuparme la vagina, en un momento tomé su cabeza con mis manos y lo apreté a mi conchita mojada, me chupó rico y muy suave, me hizo acostar y me chupó toda muy despacito, recorriendo todo mi cuerpo con su lengua, mi espalda, mi vientre, mis pezones, mi vulva, mi botón, tuve un pequeño pero divino orgasmo y él seguía chupándome.

Llegó un momento que lo detuve y desaté su bata, quería tener mi trofeo, su verga, se quitó la bata y llegué a mi trofeo, ella estaba dormida pero divina, gorda, llena de venas, la comencé chupar y fue creciendo, creciendo y creciendo no  lo podía creer, era más grande de lo que había visto, seguí chupándolo e hicimos un 69 de aquellos,  nos chupamos y me vine en su boca, me chupó todas mis jugos y luego se recostó y me dijo súbete.

Me acomodé, tomé la torre de carne y la coloqué a la entrada de mi cuevita, temblaba de calentura, ya no pensaba si lo engañaba a Rodolfo, solo quería cogerme semejante verga, la cabeza entró y la cadena de orgasmos fue tremenda, uno tras otro a medida que entraba, mi mojadura lo hacía, justo entró toda, la sentía en mi ombligo y gorda en mi matriz, que placer y seguían mis orgasmos, perdí la cuenta.

Él bombeaba y bombeaba y yo gemía, cambiamos de posición, él arriba bombeaba y yo meneaba mi cuerpo como una víbora, sudaba entera del placer, ay la calentura y mis orgasmos seguían cuando siento que él llegaba y tuve un orgasmo tremendo, casi me desvanecí, me dormí… Al despertar él no estaba a mi lado, seguía lloviendo, miré la hora, eran las doce del mediodía, se abre  la puerta y entró Luis  trayendo el teléfono, era Rodolfo, le pregunto cómo estaba si estaba bien, y cuando corté  Luis me dijo, gracias por lo de anoche  lo disfruté muchísimo y me besó.

Yo estaba desnuda y él en bata, llovía como nunca, me besó,  me dejé llevar, nos revolcamos en la cama, chupé su mástil y creció a más no poder,  me hizo poner en 4 y me puso la cabezota, entró apenas pero con la mojadura prontito se dilató, era algo divino, la ponía la sacaba, meta y la sacaba, y yo a punto de explotar, metió un dedito en mi cola mientras bombeaba y yo hervía y dilató mi cola poniendo un gel que había en mi cama. Lo dilató y apuntó su verga en mi ano, cerré los ojos, mordí la sábana y sentí que me entraba un fuego en mi cola, ¡que placer! entraba salía, entraba salía y yo meneaba mi cuerpo y me retorcía de pacer con semejante pija dura y le pedía que la metiera toda, quería tener mi orgasmo y seguía igual y sus dedos en mi botón que explotaba.

Él se detenía y yo rogaba porque me cogiera, en un momento se detuvo,  cambiamos de pose se recostó y me senté sobre tremenda pija y comencé a galopar, sentía que su cabezota golpeaba mi matriz y más calentura, me tomó de la cintura y me dijo, no te muevas, quédate quieta, yo quería morirme, ya tenía el orgasmo en la puerta y siento que alguien toca mi cintura me asusto y giro y veo una descomunal verga igual a la de Luis pero más larga y ¿quién era? José.

Luis me apretó, más sobre su verga y reaccioné cerré mis ojos y seguí galopeando, me agacho sobre su cuerpo y siento la punta de la verga de José en mi culito y entra, las dos colosales pijas llenaron mis agujeros y explotamos los 3 tremendamente, nos quedamos quietos casi 5 minutos sin nada de ruido solo la lluvia que golpeaba los vidrios.

Se salió José de mi cola, me levanté, fui al baño, me lavé y cuando vine estaban los dos esperándome, me puse entre ellos y quería ahora probar bien la de José, la chupé, la puse al palo, la monté y me sacié de ella, luego lo hicimos los tres nuevamente y así llegó la noche.

Cenamos desnudos y seguimos cogiendo a los 4 días llegó Rodolfo, ellos partieron y yo no me podía casi sentar de la cogida pero eso es otra historia porque si les gusta hay más.

Espero comentarios de este relato, besitos y si ustedes lo quieren vuelvo con más besitos.

Autora: Susana

susanarosa02@gmail.com

susanarosa02@live.com

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Culeando a la hija de mi amigo

Le separé las piernas y me hundí en su concha, mi lengua desesperada hizo su trabajo y los gemidos de Majo me lo agradecían, después, a mi lengua se sumaron mis dedos, no pares rogaba Majo, más, pedía entre gemidos, yo quería hacerla volar, chupé hasta sentir como se contorsionaba de placer, sentí su orgasmo en mi boca, su cuerpo tembló y eso me puso más caliente aún.

Fue un martes muy temprano cuando me sorprendió el llamado de un ex compañero de facultad. Por cuestiones obvias no diré su nombre, pero lo llamaré Pedro. El vivía con su familia en Bahía Blanca y me pidió si podía darle una mano a su hija que vendría a la Capital a estudiar, y si era posible, también trabajar para achicar los gastos de la estadía. Por la relación que tenía con Pedro fue imposible decirle que no, me encontré con Majo en la estación de Retiro, nada había quedado de aquella pequeña que conocí, llevaba casi seis años sin verla y ya no era una niña sino una mujer, una mujer con todas las letras.

La acompañé al hotel donde su padre le hizo una reserva, prometí verla al día siguiente para ver unos departamentos cerca de la zona de su facultad e intentar alquilar uno lo más rápido posible.

Nos encontramos en la puerta del hotel donde había pasado la primera noche en Buenos Aires, Majo me saludó con una efusividad y una ternura que me fascinó, estaba hermosa, tenía unos jeans y una remera con un sutil escote, que dejaba la certeza que esas tetas eran hermosas y con el tamaño justo. Su cuerpo no era el típico de una modelito anoréxica, era un cuerpo con formas, increíblemente sexy, una cola que se hacía notar por su hermosa cintura y esas tetas… En todo esto pensaba mientras íbamos hacia la inmobiliaria, al mismo tiempo intentaba reprimir estos pensamientos, no estaba bien lo que pensaba, no porque Majo no mereciera esos pensamientos, sino por la amistad que tenía con su padre.

El señor de la inmobiliaria nos mostró unos departamentos, a Majo uno de ellos le encantó, pero era precisamente el más caro de todos. Me dijo que siguiéramos buscando porque su costo no entraba en el presupuesto que su padre le había dado. Pedro fue siempre tan buen tipo conmigo que ayudarla a Majo a pagar esa pequeña diferencia económica me parecía casi una obligación. Y eso hice, le ofrecí a Majo pagar la diferencia para que pudiera tener ese departamento con la condición que no le diga nada a su padre. Al principio se negó, pero sus ganas y su emoción la hicieron recapacitar y accedió dándome las gracias con un beso acompañado de un fogoso abrazo, abrazo que al realizarlo me permitió sentir esas tetas sobre mi pecho. A esta altura y para ser sinceros mis esfuerzos por dejar de ver a Majo como esa mujer sensual y hermosa eran absolutamente en vano. Majo me gustaba, era una realidad, pero nada iba a hacer para intentar seducirla.

Al día siguiente cerramos todo en la inmobiliaria, una semana después Majo habitaba el departamento y yo me sentía más aliviado, por un lado había ayudado a Pedro y a Majo y por otro lado no tendría que seguir viendo a Majo todos los días, eso era positivo porque cada vez se me hacía más difícil no sentirme atraído por ella, por su simpleza, por su cuerpo, por su simpatía y por su desenfreno adolescente.

Le dije que cualquier inconveniente podía contar conmigo, le dejé mis teléfonos y hasta mi mail por cualquier cosa. Y fue precisamente el mail el que me trajo noticias de Majo, casi un mes después de nuestro último encuentro. En ese mail me contaba lo bien que se estaba adaptando a Buenos Aires y a su facultad, aunque también me decía que muchas veces se sentía sola, sobre todo al regresar por las noches de la facultad.

Demás está decir lo que pensé sobre ese comentario. A ese mail lo sucedieron otro y otro más, casi a diario empecé a tener un reporte de sus cosas, de sus enojos y de sus alegrías. El contacto que en un momento pensé que iba a ser nulo se convirtió en algo diario y cibernético. Los extensos mails empezaron a venir acompañados de fotos, un día me mandó uno en el que me comentaba que tenía el casamiento de una vieja amiga de su infancia…

Me envió dos fotos con dos atuendos distintos, preguntándome cual me parecía más apropiado para esa noche, realmente al ver esas fotos me quedé fascinado, en la primera foto tenía una pollera oscura ajustada al cuerpo y una camisa de un tono claro lo suficientemente escotada como para que entre en erupción cualquier volcán, en la segunda foto se la veía con un vestido negro, más  fino y sutil, pero igual de seductor.

En lugar de contestarle el mail, decidí llamarla, le dije que los dos le quedaban igual de hermosos, así que fuera cual fuera su elección de seguro se robaría todas las miradas de la noche, la escuché reírse al terminar de decirle eso, acompañó la risa con un gracias y me dijo, Con robarte la mirada a vos me quedo conforme, reí nervioso ante su comentario e intenté cambiar de tema preguntándole donde era la fiesta, aunque su frase me había movilizado.

Me dijo que era en Ramos Mejía el sábado al mediodía, que iría con un remis y que intentaría volver de la misma manera. La tentación fue la suficiente como para que no hiciera nada por resistirme… Si querés cuando esté por terminar la fiesta llámame, el sábado voy a pasar el día en una quinta y voy a estar cerca, si cuando termines todavía estoy por ahí te traigo, ¡Buenísimo! Fue su respuesta y nos despedimos.  Al terminar de hablar con Majo me convencí que si ella quería lo mismo que yo, no iba a hacer nada para evitarlo, es cierto, era la hija de un amigo, pero también era una mujer que me atraía mucho y al fin de cuentas, portarse un poco mal de vez en cuando no está nada mal.

Eran las cuatro y pico de la tarde del sábado cuando me sonó el celular por primera, era Majo…

– Joaquín, ¡esto es un embole! – ¿Pero qué pasó? ¿Cómo un embole? – Si, conozco a re poca gente, me voy a ir ya. – Pásame la dirección y te paso a buscar.

Dejé de lado el partido de truco y me fui a buscarla, yo no estaba muy presentable que digamos, tenía unos bermudas, unas ojotas y una remera. Llegué veinte minutos después de haber cortado con Majo, la llamé al celular y salió, había elegido la pollera y la camisa, mientras cruzaba hacia el auto subida a un par de zapatos con unos interesantes tacos me di cuenta lo mucho que me calentaba, quería cogerla, tenerla para mí, disfrutar de ella y darle todo el placer posible. Se subió al auto, le pedí disculpas por mi facha, se sonrió y dijo que estaba lindo, me voy a poner colorado le dije y nos reímos juntos.

Pasamos un rato en silencio, Majo se sacó los zapatos y no pude evitar mirarle las piernas, ella se dio cuenta y me dejó verlas, no había mucho más  para decir, paré el auto unas cuadras antes de subir a la autopista, Majo me miró y nos besamos, nos besamos mucho, nos tocamos, estábamos muy calientes y nuestras manos empezaron a actuar, mientras ella jugaba con sus manos subiendo hasta mi entrepierna yo acariciaba su cintura, su cadera, sintiendo la suavidad de esa pollera, sintiendo sus curvas, decidí parar, nos merecíamos algo más  que un polvo en un auto.

Decidimos ir a su departamento, según Majo, ya era hora de –estrenarlo- llegamos casi media hora después, calientes, excitados por el deseo que nos teníamos, por las caricias y los besos que nos regalamos en cada semáforo, en uno de ellos le acaricié las tetas, tenía los pezones duros, enormes, tanto que la camisa que llevaba no podía ocultarlos…

Entramos al departamento envueltos en nuestros brazos y poseídos por nuestras bocas, por nuestro inmenso deseo, mientras la besaba hice que la camisita de Majo la abandonara, sus tetas impresionaban, eran hermosas, grandes… increíbles, mis manos las liberaron del corpiño que las decoraba, mis besos bajaban por su cuello mientras Majo me sacaba mi remera, llegué a ese par de tetas de ensueño y no pude más  que chuparlas, besarlas, comerlas… me volvían loco y sentir a Majo gemir mientras se las chupaba no hacía otra cosa que darme más  ganas de chupárselas, más  ganas de tener esas tetas siempre para mí.

Volví a besarla y Majo que se veía increíble con el pecho desnudo y la pollera tapando lo único que me faltaba descubrir, decidió tomar las riendas, con su mano desabrochó mis bermudas, las dejó caer, después muy sensualmente, mirándome bajo mi ropa interior, la miré fijo y le dije -termina de ponerla dura…- y ella, obediente y deseosa se puso mi pija en su boca, la chupó suavemente primero, era increíble sentir como iba creciendo mi pija adentro de la boca de Majo, verla chupando con esas tetas enormes colgando era algo increíble.  ¿Te gusta? Preguntó Majo sin sacar mi pija de su boca, Me encanta fue mi respuesta entrecortada y ella aumentó el ritmo, con su mano derecha me agarraba la pija desde el tronco y su cabeza se movía a un ritmo infernal, agárrate las tetas le pedí y con su otra mano se acariciaba los pezones, Así putita… grité en medio de la locura que esa nena me estaba produciendo con su boca.

Se incorporó, le terminé de sacar la ropa, bajé el cierre de su pollera, la dejé caer al suelo mientras nos besábamos, tenía una bombachita hermosa, tipo culote, le hacía una cola tan linda… se la saqué lentamente, mientras se la sacaba acaricié su conchita y mis dedos salieron húmedos, fue imposible resistirme. La acosté sobre un sillón, le separé las piernas y me hundí en su concha, mi lengua desesperada hizo su trabajo y los gemidos de Majo me lo agradecían, después, a mi lengua se sumaron mis dedos, no pares rogaba Majo, más, pedía entre gemidos, yo quería hacerla volar, chupé hasta sentir como se contorsionaba de placer, sentí su orgasmo en mi boca, su cuerpo tembló y eso me puso más caliente aún.

Vení acá me dijo, tomando con una de sus manos su entrepierna y abriendo su concha, me puse arriba de ella, sentir mi pija entrando en ella fue sublime, empecé a darle, suavemente acariciando con mis manos su cuerpo, besándola, alternando su boca con sus tetas, era imposible no volver a chupar esas tetas, era sentir el cielo chupárselas mientras me la cogía. Más  me pedía, más  le daba, estuve un buen rato así, dándole pija, llenándole toda esa conchita increíble…

Me decía al oído lo caliente que estaba, me pedía que la coja fuerte, me volvía loco hablándome así, era boca sucia la pendeja y me volvía loco… increíblemente loco. Me dijo que iba a acabarme a los gritos, le pregunté si quería mi leche y gritó un ¡siiiiiii! largo y profundo. Dame leche por favor, me rogó la muy puta. Le di un poco más y juntos explotamos en un orgasmo increíble, sentir mi pija descargar una gran cantidad de leche en su conchita fue maravilloso.

Los dos agitados y repletos de placer nos quedamos en silencio unos minutos, nos levantamos del sillón y nos fuimos a su cama, nos acostamos y nos dormimos, cuando me desperté Majo no estaba a mi lado, la llamé y apareció en la habitación, desnuda, hermosa, sensual y con ganas de más… sin decir palabra se subió arriba mío, nos besamos, volví a chuparle esas tetas únicas, ella me apoyaba su concha contra mi pija que no dudó en crecer.

Cuando la tuve bien dura, Majo llevó una de sus manos hacia atrás, me agarró la pija y se la puso en la entrada de su conchita, entró suave, pero firme, se sentó literalmente en mi pija y me cabalgó con furia, sus tetas volaban delante de mí, saltaban ante mis ojos, las chupé, las mordí, le agarré los pezones con mis dedos, la volví loca, unos quince minutos después acabó, yo estaba en llamas, quería acabar, le pedí que me saque la leche y ella increíblemente sensual y puta a la vez me agarró la pija y me la chupó…

Cuando estaba por acabar, me dijo lo que más loco me volvió aquella tarde, acábame en las tetas, ¡dame la lechita por favor! Sacó la pija de su boca y me pajeó hasta que mi leche saltó y se derramó sobre sus pechos, sobre esos increíbles pechos, esa nena me llenó de placer, agarró una de sus tetas y se la chupó, era el placer en extremo verla  tomándose mi leche de sus tetas, fue el orgasmo más  hermoso de mis últimos años.

Espero que les guste, cualquier comentario pueden hacerlo.

Majo, espero te guste, Joaquín.

Autor: Joaquín

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Amanecer del año nuevo a puro sexo

Ella comenzó a bajar y metérsela, comenzó a introducirlo más, se agachó y se le salió un poco, volvió a enderezarse e introducirlo, comenzó a subir y bajar lentamente hasta que terminó cabalgando fuertemente, yo mientras tanto le había metido mi mano en la vagina y la masturbaba notando como salían torrentes de sus jugos. Cabalgó hasta que sintió el semen caliente en su culo.

Estimados amigos, anoche he estado chateando con un amigo y me dio ánimos para que les contara como terminó la primera madrugada del año nuevo. Como ustedes abran leído en mi relato anterior, recibí el comienzo del año en un hotel alojamiento, con un amigo disfrutando de una hermosa noche de sexo, lo que me había quedado pendiente era contarles que pasó luego con la chica que nos trajo el champagne a la habitación.

Cuando ella llamó, no recuerdo a que hora fue, él le abrió la puerta como yo lo  había hecho antes, totalmente desnudo, asomó la cabeza para ver quien era y al verla le abrió para que pasara, traía un balde con hielo y una botella de champagne y además una bandeja con un pan dulce cortado en rodajas. Esto en un obsequio de la casa nos dijo. Depositó todo sobre una mesita y yo le agradecí lo que traía dándole un beso en los labios, en esos instantes salió mi amigo del baño al cual había entrado para higienizarse, ella no pudo evitar mirar el hermoso miembro que tiene, que a pesar de tenerlo en esos momentos un poco flojo, se le notaba que tenía un lindo tamaño.

El se acercó y le dio un suave beso en la mejilla, deseándole un buen año, seguidamente las dos nos sentamos en el borde de la cama y él lo hizo en una silla delante nuestro, abrió la botella y sirvió los vasos, ella solo había traído uno ya que había traído dos anteriormente. Comenzamos a charlar y nos enteramos que la chica tenía 40 años (aunque no los aparentaba), que tenía un hijo de 18 y que estaba separada desde hacía muchos años, nos contó que su hijo vivía con los abuelos y como no tenía familia cerca, al estar sola el fin de año, aprovechó para trabajar y ganarse unas extras.
La chica al recordar a su familia comenzó a lagrimear e hizo un ademán como para levantarse e irse, le pedimos que se quedara un rato más, que comprendíamos el momento que estaba pasando y que no perdiera la esperanza de encontrar al hombre de su vida.

En esos momentos mi amigo se había parado al lado mío y tenía su mano apoyada en mi hombro, yo lo tenía agarrado por la cintura con su hermoso miembro a pocos centímetros de mi cara, ella me dio un beso agradeciendo lo que le habíamos dicho y al acercarse vio muy de cerca el hermoso pene a pesar de que la luz de la habitación era tenue, yo había metido mi mano desde atrás por entre sus piernas y le estaba acariciando los huevos, cosa que había hecho crecer su pene. Ella lo observó apoyada en mi hombro y le pregunté cuanto hacía que no tenía algo así, ella contestó con un suspiro que hacía mucho tiempo que no tenía relaciones sexuales, que muchas veces al ver a hombres que ingresaban al hotel e imaginarse lo que harían con las mujeres que los acompañaban, se había metido en el baño para calmarse.

Solté a mi amigo y le pedí que se parara, al verla frente a nosotros le dije que era una tonta, que tenía un lindo cuerpo y que no tenía que desperdiciar su vida por un fracaso matrimonial, notamos que el delantal que tenía nos dejaba ver un lindo par de piernas y se lo dijimos, ella nos agradeció con una sonrisa, me levanté y le desabroché el delantal diciéndole que estaba toda transpirada y que se pusiera más cómoda, se dejó hacer, le saqué el delantal y vimos que tenía unos lindos pechos sujetos por un corpiño y un culote, me le puse detrás y le desabroché el corpiño cayendo al piso, luego le bajé el culote levantando ella los pies para que se lo pudiera sacar.

Mi amigo que se había acostado en la cama, nos miraba sonriente ya con su pene bastante duro, al ponerme frente a ella vi que tenía unos pezones hermosos de más de un centímetro, sus pechos eran un poco más grandes que los míos, bastante firmes y al mirar hacia abajo, observé que tenía un lindo matorral sobre su conchita.

Se lo acaricié y noté que estaba toda mojada, se lo comenté y me contestó que había transpirado mucho y que no había tenido tiempo de darse una ducha, bueno entonces vamos a la ducha, le agarré la mano y nos fuimos las dos hacia el baño. Comenzamos a enjabonarnos mutuamente y me confesó que era la primera vez que hacía una cosa así con una mujer, yo le enjaboné toda la entrepierna y le acaricié la conchita escuchando de ella leves gemidos de placer.

Ella repetía todo lo que yo le hacía, en un momento al quedar frente a ella, la agarré por el cuello y acerqué su cara a la mía dándole un profundo beso de lengua a lo que ella me respondió de la misma manera, eso parece que terminó de descongelarla, se agachó y me besó la vagina acariciándome toda.

Seguidamente nos secamos y salimos del baño dirigiéndonos a la cama donde mi amigo que había visto todo a través de la puerta que habíamos dejado abierta y ayudado por los espejos que rodeaban a la habitación, nos esperaba sonriente y con su pene bastante duro. La acostamos entre medio de los dos y comenzamos a atenderla como correspondía a una invitada, comenzamos por sus pechos, luego me dirigí hacia su conchita, mi amigo le acercó el pene, ella se lo agarró y comenzó a acariciarlo suavemente sin dejarlo de mirar, fue acercando su cara y comenzó a besarlo todo hasta que finalmente se lo introdujo en la boca y comenzó a chuparlo frenéticamente.

Mientras tanto yo me había metido entre sus piernas y le estaba dando una linda lamida a su conchita sintiendo como comenzaba a salir una hermosa oleada de flujos de su interior, parecía que no acababa nunca de gozar. Mi amigo le avisó que si seguía mamándosela de esa manera le acabaría en la boca, ella lo soltó y le pidió disculpas, se puso un forro y se puso delante de ella, le abrió las piernas, se las levantó sobre sus hombros y acariciándola la comenzó a coger lindo, yo me puse casi sentada a su costado cerca de su cara y le di un beso, luego comencé a chuparle las lindas tetas que tenía, ella me metió dos dedos en mi conchita que estaba totalmente mojada; al rato se los llevó a la boca para sentir mi perfume, comenzó a gemir cada vez más hasta que en un grito comenzó a tener un orgasmo que según ella había sido el mejor de su vida. Mi amigo siguió bombeando en su interior hasta que se descargó totalmente, luego se subió sobre ella arrodillándose sobre sus pechos y descargó el forro y ella con sus manos lo desparramó por sus pechos y se lamió los dedos sintiendo el sabor de él.

Nos dio un profundo beso a los dos y nos agradeció la forma en que la tratamos el primer día del año. Mi amigo que todavía estaba arrodillado sobre ella, me miró sonriente y yo entendí lo que quería, acerqué mi boca a su miembro y comencé a mamarlo sintiendo la mano de la chica que me acariciaba la cola y mi conchita desde atrás, cuando la tuvo dura, él se acostó de espaldas, me le monté también de espaldas, metiéndome su verga en mi vagina y cabalgando un rato mojándosela toda, la saqué y él la agarró manteniéndola parada. Me fui sentando lentamente metiéndomela por atrás, cuando la tenía casi toda dentro me recosté hacia atrás acariciándome la conchita. La chica al ver esto se puso entre mis piernas y abrió los labios de mi vagina y comenzó a lamerla hasta yo tener un orgasmo enorme, no paraba de saborear mis jugos, ella llenaba su boca y los desparramaba sobre sus pechos.

Mi amigo mientras tanto trataba de bombear su pene dentro de mi culo dado que por la forma en que yo me había acostado sobre él lo limitaba bastante, le pregunté a la chica si alguna vez lo había probado por atrás y me contestó que su ex marido lo había hecho de una forma brutal y que la había lastimado mucho, debiendo ir a ver luego a una doctora para que la curara.

Le ofrecí probar y que ella controlara la entrada, dudó un poco y luego dirigiéndose al delantal sacó un pequeño sobre de gel de los que les dan a los clientes, me pidió que le pusiera un poco y luego se sentó mirando a la cara a mi amigo, le sostuve el pene y ella comenzó muy despacio a bajar y metérsela, estuvo un buen rato para que le entrara la cabeza y luego muy lento comenzó a introducirlo más, en un momento se agachó hacia delante y se le salió un poco, se quedó unos instantes quieta y luego volvió a enderezarse e introducirlo más, se lo metió más de la mitad.

Comenzó a subir y bajar lentamente hasta que terminó cabalgando fuertemente, yo mientras tanto le había metido mi mano en la vagina y la masturbaba notando como salían torrentes de sus jugos.

Cabalgó hasta que sintió el semen caliente en su culo, se quedó quieta un largo rato y luego lo fue sacando muy despacio. Nos quedamos acostados los tres abrazados con ella en el centro y nos comentó lo lindo que la estaba pasando con nosotros, que sería un comienzo de año muy bueno si todo continuaba de la misma manera. Seguidamente nos dijo que tenía que irse dado que le habían pedido a su compañera que la reemplazara por un rato y ya había pasado mucho tiempo.

Nos dirigimos los tres hacia el baño y nos dimos una ducha juntos, la secamos y la acompañamos a la puerta, antes de salir nos dio su teléfono y nos pidió que la llamáramos cuando quisiéramos, que nos recordaría toda la vida. Nosotros volvimos a la cama y nos abrazamos exhaustos por la forma en que habíamos cogido. Personalmente nunca me había imaginado que el primer día del año estaría en un hotel alojamiento disfrutando de un trío con una mujer desconocida.

Alrededor de las ocho de la mañana, salimos de la habitación y nos dirigimos a la cochera, encontrando a la chica que ya había terminado su turno de trabajo, le ofrecimos llevarla, aceptó, al salir antes de llegar a su casa, paramos en una estación de servicio y nos tomamos un buen desayuno para reponer las energías perdidas.

Autora: Ansiosa

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El futbolista y Priscila

Después de gozar  su verga,  pidió sentarme en su pene lo cual hice,  mirándolo cabalgué sobre su verga mientras él chupaba mis pechos. Me mordía toda, me  meneaba  rápido  metiéndome y sacándome  su verga. Sus ojos se ponían chinos  de placer, no soportó, dio un mordisco en mis pechos. Sentí fluidos  dentro de mí. Llenó toda mi cavidad  con su rica lechada.

Hola soy Priscila una linda travestí de 22 años,  peruana, actualmente radico  en Buenos Aires, Argentina. Esto me sucedió cuando fui de vacaciones  a Lima, Perú, cada visita  a Lima suelo visitar muy seguido a unos amigos que viven a 45 minutos de  mi casa (un distrito conocido)

La urbanización tiene casas muy lindas, pero todo el lugar está enrejado. Cuando llego el vigilante siempre me abre la puerta, a  dos casas de llegar  donde mis amigos, vi un moreno de 1.84 cm., cabello rizado, ojos claros, cuerpo atlético,  estaba sentado  escuchando música. Pasé toda sexy con una minifalda chiquita  una remera traslúcida, y mi cabello rubio que jugaba con el viento, el moreno me miró lanzándome silbidos ¡mamacita que ricas estás! Dijo  no hice caso.

Días después volví a pasar, hacia mucho calor, el moreno estaba sentado refrescándose. Estaba sin remera, llevaba puesto solo un short, no dejé de mirar como ese pedacito de  tela presionaba marcando su semejante verga. De pronto se acercó con una cerveza diciéndome: ¿Aceptas un vastito? Respondí no puedo…Seguí mi camino. Parecía  molestarle mi negativa al  insistente moreno, muchas veces al pasar me decía cosas lindas ¡mamacita vas a ser mía! le mostraba una sonrisa, no podía olvidar su cuerpo imaginándolo en short.

Llegó el cumpleaños de mi amiga, esa noche me puse más linda que nunca pensando ver al moreno, me puse  un vestido blanco traslúcido dejando todo a la imaginación. Cuando llegué a la fiesta vaya suerte, no estaba el moreno, Salí cada momento para verlo pero nada, solo sentí una sombra mirándome desde  su segundo piso.

Tres y media de la madrugada debía retirarme,  fui en busca de un taxi, estaba triste por no  verlo. Caminando rumbo al paradero un auto deportivo color plata me cierra el paso. Una voz me dijo ¡por favor linda sube, te llevo! Quedé sorprendida, era el moreno, respondí
¡Yo vivo lejos!  ¡No importa sube igual te llevo!

Subí al auto que estaba lleno de pura indumentaria deportiva, hablamos  bastante, me dijo que le gustaba mucho, tenía un deseo enorme de hacerme el amor, me invitó a su casa para conocernos más, cuando llegamos temía por su familia felizmente no había nadie. Una vez en su casa sacó latas de cerveza, brindamos, hablamos de todo, bromeamos. Habían muchas fotos del jugando fútbol, sorpresa, es futbolista delantero de un clásico e importante club peruano.

Las copas nos embriagaron un poco, me besó tiernamente…No espero más, me bajó el escote del vestido, acarició mis senos para después lamerlos, chuparlos desesperado. El moreno estaba totalmente excitado, mirándome me dijo, te hare cosas bien ricas, pero nunca cuentes esto, menos menciones mi nombre.

Me sentí ofendida traté de marcharme, pero en la puerta me sujetó fuerte diciéndome. ¡No te vayas perdóname discúlpame soy un tonto! Parecía un bebe sin juguete, estaba decidida a irme. Rápidamente se saco la remera, al descuido me cargo, ya camino a su cama sentí rozar en mis caderas un tronco enorme.

No esperé más, una vez  echados en la cama, saqué su hermoso pene,  mide 24 cm., wow…Casi me desmayo, quede sorprendida  en mi vida vi un pene tan grande. El moreno se volvió loco, me mordía toda, mis pechos, nalgas, cuello, labios. Recorría  todo mi cuerpo con su lengua exquisita, sus ojos le brillaban no pudo más  ¡por favor chúpala! Lo complací  pero antes froté su pene sobre mis pechos sin cesar. Luego mamé su verga como un chupetín, mi moreno  no soportó tanto placer, gemía suspiraba… en eso sujetó fuerte mi cabello, pegó un grito, sentí como estallaban chorros de semen dentro de mi boca.

Nos recostamos en la cama llenos de felicidad,  él tras mío acariciándome, besándome, sobando en mis nalgas su pene que aun seguía duro. Sentí sus dedos húmedos de saliva dentro de mí, ingenioso el moreno. Después mis nalgas parecían quebrarse  cuado reacciono el futbolista moreno estaba perforándome, su pene de 24 cm  me dolía mucho,  sentí  como entraba desgarrándome toda.

Que delicia, se tiró sobre mi jalándome al filo de la cama,   lo metía, sacaba violentamente, era un salvaje, no tenía piedad, mi recompensa era verlo gozar. Me decía ¡nunca  en su vida gozo el sexo como lo goza conmigo!

Simplemente fue maravilloso  ver a través del espejo menear su cuerpo, sus  nalgas  sobre  mí. Metiendo y sacando su verga de mi huequito.

Era un placer verlo coger su pene para ponerlo en mi cavidad Mmmmmmmmm…Después de gozar  su verga,  pidió sentarme en su pene lo cual hice,  mirándolo cabalgué sobre su verga   mientras él chupaba mis pechos.

Me mordía toda, me  meneaba  rápido  metiéndome y sacándome  su verga. Sus ojos se ponían chinos de placer, no soportó, dio un mordisco en mis pechos. Sentí fluidos  dentro de mí. Llenó toda mi cavidad  con su rica lechada…

Me quedó mirando a los ojos  besándome me dijo ¡Nunca me dejes, quédate conmigo!

Salimos en su auto llevándome a una casa de playa al sur de Lima, lo pasamos hermoso, iniciamos un lindo romance, Me trataba como una reina complaciéndome en todo.  Esta historia de amor duró hasta saber que es casado.

Por respeto y amor a él decidí alejarme de su vida,  volví a Buenos Aires, lugar donde radico, me comunico con él por  MSN,  me pide que vuelva. Pero es tarde, solo somos grandes amigos.

Desde lo vivido no volví más a Lima hasta el día de hoy.

Autora: Priscila

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Mi mujer su primo y yo

Lo cabalgó y chupaba la mía, estando montada en él, me pidió lo que yo deseaba hace tanto, me pidió darle por el culo, lo empinó y yo con suaves movimientos se lo metí todo, sentía la delgada pared que me separa de la pija del primo, él le chupaba las tetas, yo la besaba, era una orgía, ella gritaba, ya no gemía, a la vez lloraba de dolor y placer, así nos corrimos con el primo casi a la vez.

Siempre me pregunté que haría yo si descubriera una infidelidad de mi mujer, ella es atractiva, tiene ya 38, yo 41, llevamos 12 años de matrimonio y tenemos dos pequeños. Para vestirse, siempre fue digamos recatada, conservadora, a la hora del sexo si tuvimos relaciones placenteras pero nada del otro mundo, yo a veces pensaba como seria tener una mujer más fogosa, más abierta a nuevas ideas, un día decidí que la cambiaría, que trataría de cambiar su forma de pensar, lo primero que hice es hacer que ella me chupe el miembro (Jamás lo había hecho), primero se resistió, solo me besaba un poquito y ya, pero insistiendo logré hacer que se lo chupara, le halló el gustito.

Cuando teníamos relaciones o bien cuando ella no podía o no quería penetración, para que me quedara tranquilo, ella me lo chupaba hasta casi terminar, cuando yo estaba por llegar, ella me masturbaba y hacía que termine en mi abdomen, luego fue en el suyo, en sus pechos, en su espalda y hasta en sus nalgas, no había logrado que se tragara mi leche, lo que tuve que hacer fue fingir que me faltaba para acabar. Cuando ella mejor chupaba le solté todo, ella lo escupió, pero parte se la tragó, se molestó pero luego volvió a chupármela, esa era la señal que le había gustado. Así iban mis avances, lo que faltaba era la penetración por atrás, eso si me costó mucho, no quería ni por si acaso, se lo propuse de mil formas, pero no se pudo, me resigné a lo que ya tenía.

Ella se volvió, digamos, más melosa conmigo, a veces en el auto me sobaba el bulto y en alguna ocasión en el cine e incluso en una fiesta, mejoró un poco la manera de vestir, compró ropa interior más sexy, de esa que mejora la figura, especialmente se compró un juego de ropa interior negro con encajes y que juntaba sus preciosas tetas, haciendo que parecieran más grandes de lo que eran, la hendidura que se formaba al juntarse sus pechos me volvía loco.

Y en esas andaba, hasta que nos llega una repentina invitación al matrimonio de una prima de ella que se casaba forzada por invitación prematura a la cigüeña, mi mujer se compró un lindo vestido negro, largo, pero con una buena abertura casi hasta la mitad del muslo, el escote no era pronunciado, pero el vestido arriba era suelto, cuando estaba en los últimos detalles, la aprecié en toda su belleza y cuando se colocaba los tacos, agachada me enseñó, sin querer, sus hermosas tetas. Así nos fuimos a la fiesta, yo orgulloso de estar con una mujer bella que era solo mía.

Ya en la fiesta trago va trago viene, bailamos un poco y desde que llegamos, el hermano de la novia, es decir su primo se desvivía en atenciones para con nosotros, bueno no nosotros, para con ella, no perdía la oportunidad de acercarse y verle la pierna que se mostraba al sentarse y también se dio cuenta de lo de las tetas, ya la situación me molestaba, pero lo más desagradable es que ella le seguía el jueguito, bailó con ella y hablaban tanto que yo estaba incomodo, cuando bailaba conmigo, lo hacía bien, pero con él lo hacía mejor, además no le quitaba los ojos de encima.

La fiesta siguió, poco a poco la gente empezó a marcharse, ya era tarde, quedamos casi solo familiares, la bebida seguía corriendo y por supuesto el jueguito seguía, el primito se sentaba al lado de ella y a veces al hablar le tocaba la pierna y ella no decía ni hacía nada, ella también lo agarraba del brazo y también agarraba su pierna. En uno de esos momentos, el pesado de mi cuñado me llama y al estar ebrio empieza con sus cuentos, esos de aprecio y estima que nunca faltan, me alejó de la mesa, desde el bar yo los veía y ella estaba con el primito tan emocionada que ni cuenta se dio que yo no estaba allí, seguramente pensó ahora es cuando actúo, la llevó a bailar a un lugar menos iluminado, era un tema lento, ella se colgó de su cuello y las manos de él a ratos tocaban las redondas nalgas, yo no daba crédito a lo que veía, pero estaba súper excitado.

Llegó la hora de irnos, ¿A que no saben a quien tuvimos que llevar?, pues claro al primito, estaba algo ebrio, por lo que algún familiar tuvo la brillante idea de que lo lleváramos, la cariñosa de mi mujer no dudó y ofreció nuestro auto. Ya en camino, ella por los efectos del trago y me imagino por la charlita, estaba calentita, con el primo medio dormido atrás, me sobó encima del pantalón el bulto y me dijo que estaba deseosa de sexo.

Llegamos a la casa del primito, ya estaba más cuerdo, nos invitó a pasar a tomar el último trago, ella no quería, ahora fui yo quien insistió, entramos a su departamento de soltero, pequeño pero agradable, sacó unos vasos y sirvió ron, puso música y charlamos, empecé ahora yo con el juego, apretaba a mi mujer, la besaba, él solo miraba, los pezones de ella estaban durísimos, parecían querer traspasar la tela del vestido, mismo que sentada mostraba la torneada pierna.

Los besos eran más calientes, así que me decidí y le empecé a sobar las tetas, ella se resistió, pero yo seguía, a estas alturas ya a ella no le importaba la presencia del primito, empezó a sobar mi bulto, él me miraba y en una de esas le hice un guiño, él empezó a acariciar hábilmente las piernas de ella, subiendo hasta su sexo. Ella se paró de golpe, yo temía lo peor, pero nos dijo:

– Pendejos, sé que en este momento quieren darme todo, tú como mi esposo, quieres que sea otra, pues lo seré. Y tú primito, te darás el gustito de ser el primer cuernito de este pendejo, pero lo haremos a mi manera, aquí yo mando.

Dicho esto, se acercó a los dos que estábamos de pie, desabrochó los pantalones y sacó nuestras pichas, empezó a mamarlas en forma intercalada, con las manos nos masturbaba y quería exprimir los huevos. Se apartó y se quitó el vestido, quedó en interiores, estaba divina, se quitó las medias con soporte, apoyándose en un sillón nos llamó para que le demos placer, le quitamos el brassier, las blancas tetas que hasta entonces luchaban por salir eran libres, cada uno mamaba una, nuestras manos acariciaban las piernas y se encontraban en ese lugar empapado y peludo…

Bajamos el calzón, él se comió primero su chocho, ella gemía y me pidió la picha para mamármela, pedía a gritos que de una vez le diéramos, yo empecé, mi herramienta entró a la primera, estaba chorreando jugos, le bombeaba más y ella me decía no termines por favor, quiero más, entonces pidió la del primito. Lo cabalgó y chupaba la mía, no se el número de orgasmos que llevaba pero eran varios, estando montada en él, me pidió lo que yo deseaba hace tanto, me pidió darle por el culo, lo empinó y yo con suaves movimientos se lo metí todo, sentía la delgada pared que me separa de la pija del primo, él le chupaba las tetas, yo la besaba, era una orgía, ella gritaba, ya no gemía, a la vez lloraba de dolor y placer, así nos corrimos con el primo casi a la vez.

Ella se retiró al baño a asearse y volvió como si nada hubiera pasado, pidió al primo total discreción y a cambio habría otra vez más, él aceptó y me agradeció por lo sucedido y se disculpó. Ya en el camino de regreso a casa, hablamos poco, pero algo me gustó, me dijo:

– Tú tiras mejor y creo que volveré a ser la de antes.

Autor: Sincero

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Trabajo de contadora

Me dijo siéntate en mi pene, me acomodé y lo empecé a cabalgar, que rico, en mi vida había sentido algo así con mi marido, se sentía bien rico la cabalgada, el ruido del agua, su enorme verga en mi interior, rápidamente tuve otros dos orgasmos, mis piernas ya no podían más, pero mi conchita  quería verga, duramos mucho rato hasta que  Julio inundó mi interior de leche.

Mi nombre es Julia, tengo 33 años y hace 11 que estoy casada con Luis, 40 años, es un hombre muy guapo, por eso me casé con él y también por que estoy muy enamorada de él, yo soy una chica delgada mido 1.70 piel blanca no soy una mujer hermosa, pero si se podría decir que soy una chica bonita y de buen cuerpo, un trasero parado y firme, y mi delantera, aunque no grandes pero si firmes y paradas, recuerdo cuando yo estudiaba mi preparatoria y no faltó un chico pelado que me dijera algo acerca de mis pompas, pues me gustaba usar unas minifaldas, bueno siempre he sido una chica que le ha gustado vestir sexy, por algo Luís se fijó en mi y me hizo su esposa, lo conocí mediante una amiga de la universidad en una salida que tuvimos y ella lo invitó, después de eso Luís y yo no empezamos tratar más y nos hicimos novios, y según informes de mi amiga Luís era un rompecorazones.

Luís es contador y trabaja en una empresa de refrescos, lleva más de unos años trabajando ahí por eso nos vinimos a vivir a un departamento que él ya previamente había alquilado para nosotros, todo era muy feliz Luís me hizo el amor esa noche y me sentí muy bien, por que antes de casarnos no lo habíamos hecho y fue mi primera vez, todo eso fue lo que me hizo muy dichosa esa noche, desde ahí hasta la fecha Luis siempre me hace el amor de la misma forma, con la misma pose del misionero, y tampoco me hace propuestas de hacer el sexo oral u otras cosas, pues él es un hombre que esas cosas se le hacen obscenas, y que solo lo hacen las prostitutas o las mujeres fáciles, algo que no me disgustaba, pues me sentía llena y complacida por lo que Luís me hacía en la cama, y también por que no conocía un nuevo mundo del que ahora conozco hace diez meses y es la historia que les relataré que comenzó hace un mes.

Pero el motivo de este relato es una experiencia que me tiene traumada pese a que ya se terminó. El departamento alquilado estaba ubicado en un edificio de tres pisos y cuatro departamentos por piso, excepto en planta baja, en donde había unos locales comerciales y el departamento de Javier, el dueño del edificio, Don Javier, tenía en ese entonces 70 años, era alto, corpulento, de buen cuerpo, con el pelo blanco. Los primeros meses fueron muy lindos en todos los sentidos, con mi marido estaba todo bien, sexualmente habíamos mejorado no mucho y estábamos muy felices, con la sola excepción de las continuas escenas de celos por parte de Luis.

Él me celaba con un compañero de trabajo, y con quien solo me mirase. Pero yo lo amaba y amo, y aunque a veces me hace llorar con sus escenas, después me olvido y todo sigue bien. Estaba todo bien hasta   a mi me quitaron en mi trabajo unas horas que cumplía en la tarde, mi sueldo bajó considerablemente, aparecían más gastos, y la cosa se complicó, y fundamentalmente con el pago del alquiler. Mi marido aprovechaba la situación para recordarme por enésima vez que si viviéramos con mi suegra no pasaría todo esto, pero yo juré y perjuré que antes de vivir con mi suegra y mi suegro mejor morir, más con mi suegro, este seguro será un nuevo relato.

La situación se puso brava, el sueldo de Luís no alcanzaba y yo estaba desesperada. Ese mes sólo pudimos hacer un par de pagos parciales del alquiler y a Don Javier esto no le gustó mucho. La cosa siguió mal y al mes siguiente ya debíamos un mes y medio, y esto según el contrato de alquiler era causal de desalojo, estaba perdiendo mis sueños y tenía que volver a vivir con mi suegra. La última chance de quedarme era tratar de hablar con Don Javier, proponerle pagar la deuda en un plan de pago financiado, pero esto era muy difícil, por lo que había escuchado de otros inquilinos. Pero yo ya estaba jugada y sin que se enterase mi marido, una tarde fui a verlo al dueño del edificio, eran como las cinco de la tarde, faltaba una hora para que llegara Luís de su trabajo. En su departamento me atendió su mucama, una mujer de más de sesenta años, bajita y gordita, fue a buscar a Don Javier.

Él llegó y me solicitó que pasara y cerrara la puerta. Me invitó a sentarme y en ese momento le expliqué el motivo de mi visita. Cuando le hice mi oferta (del plan de pago) respiró fuerte y sonoramente, fijó su mirada en un viejo cuadro que estaba desarmando, y de pronto movió su cabeza en forma negativa. Me quería morir, mi última posibilidad de quedarme en ese departamento se estaba esfumando rápidamente. Luego de explicarme que él no acostumbraba a hacer financiaciones, me negó todos los caminos para encontrar una solución, pensaba para mis adentros, que hago, como salgo  de esto, él me ofreció la siguiente solución, Julia, tu marido es contador, bueno, yo tengo varios lugares de alquiler y mi edad no está para controlar todo, ¿porque no me ofrecen sus servicios y arreglamos el alquiler?, me volvió el alma al cuerpo Salí disparando a casa y cuando llegó Luis le conté…

Por suerte todo volvió a la normalidad, el trabajo de Luís y lo mío, como secretaria de Don Javier, con el asesoramiento de Luís, cierto día, quizás yo estaba muy susceptible, pero cuando Don Javier me pasaba algo, sus dedos se tocaban con los míos más de lo normal, y sentía sus ojos siempre sobre mi, pero quizás era solo mi imaginación. Yo en esa época de calor iba a trabajar con ropa liviana, no me vestía provocativa, pero era inevitable ir con faldas cortas y remeras ajustadas, pero era la moda y así me sentía cómoda y sobre todo a Luís que a pesar de ser muy serio en la cama y celarme ahora menos que había dejado el anterior trabajo, me sugería siempre que vista sexy…

Un día él me estaba dictando una nota, yo estaba sentada escribiendo en la computadora y él parado atrás sobre un costado, no podía concentrarme en lo que escribía, porque sentía su mirada clavada en mi escote, desde su posición tenía una vista inmejorable, para colmo se empezó a apoyar inconscientemente o ex profeso en mi hombro, por su altura lo que me apoyaba era su muslo, toda esa situación me puso muy nerviosa, estaba como agitada, pero la cosa no pasó de allí. Otro día hacía un calor increíble, estaba hecha agua, me corría la transpiración por todo el cuerpo él me sugirió trabajar en su dormitorio, allí tenía aire acondicionado, que bien dije, tomé la compu y nos fuimos al dormitorio, este era muy amplio y parecía ser que Don Javier no se privaba de nada, una cama hecha a medida, jacuzzi, espejos, parecía un suite de un hotel que su habitación, trabajamos el resto del día todo normal.

Con mi esposo, Luís, las cosas lentamente estaban entrando en un peligroso estancamiento, ya que él, aparte de hacer el amor formalito,  cada vez se hacía más distanciado algo por su mucho trabajo y los problemas con su familia  le estaba dando lugar a otra, en donde muchas cosas se hacían por compromiso o por rutina. El amor seguía existiendo pero la chispa de la pasión se apagaba paulatinamente. Y una mujer mal atendida es un volcán que algún día estallará yo no lo quería pensar pero me sentía en lo mejor de mi edad, y para que negarlo, mal atendida.

Sin darme cuenta empecé a arreglarme con la idea de gustarle a la vista a los hombres, no tenía ninguna otra intención, pero me gustaba que me miraran, que me dijeran piropos, por lo menos eso mantenía alta mi autoestima de mujer. Y esta forma de cambio no pasó inadvertida por don Javier, parecía que me sacaba fotos con su mirada, y sus galanterías iban en aumento, hasta se animaba a decirme cosas lindas, por ejemplo que me cuidara en la calle, que estaba muy linda y muchas otras cosas que empezaron a alimentar mi imaginación.

Pero la vez que más avanzó fue cuando me caí desde el segundo escalón de una escalera que había para llegar hasta los estantes altos, de la oficina de don Javier  no me pasó nada importante, solo una pequeña lastimadura en mi rodilla izquierda, pero Don Javier me hizo recostar en un sillón sofá, yo estaba como casi siempre con una falda muy cortita, apreté las piernas para evitar mostrar mis prendas íntimas, él me lavó con algodón humedecido, pero me pareció que se extralimitó de la lesión, y sus manos por momentos cubrían parte de mi muslo, buscando algún posible dolor, no voy a negar que esa experiencia terminó por excitarme de cierta manera yo me levanté diciéndole ya esta él insistió pero no hice caso y seguí trabajando.

Cierta mañana que trabajábamos  Javier ya lo llamaba así, no le gustaba el don, me avisa que él en una provincia  de nuestro país tenía una estancia y hacía años no visitaba, que necesitaba hacerle una visita y hacer balances de aquello, esto lo dijo en una cena que nos había invitado a Luís y a mi, yo cuando me dijo esto para mis adentro me negué, sospechaba algo raro conociéndolo al viejo como venía últimamente, pero Luis como salido de un resorte dijo, si genial don Javier, esto le incrementará el presupuesto, no hay drama, OK, ¿Entonces cuando viajan? Viajamos, dije yo ante lo cual Luis dijo no Julia tendrás que ir tú y don Javier, mi trabajo no me lo permite, vale admitió Javier, el viernes partimos, creo que en una semana terminamos, el jueves a la noche me compré una ropa sexual, un baby negro transparente con un hilo negro con encaje sin sostén y medias con ligueros lo esperé a Luis, él cuando me vio se puso como loco y se tiró encima de mí, me desnudó y me hizo el amor pero se apuró mucho, se vino él y yo quedé mirando el techo, dio media vuelta y se durmió, guardé mi ropa, me duché y me dormí.

Temprano viajamos, debido al alta temperatura que hacía en el auto viajábamos con aire, era una delicia luego de 400 Km. llegamos en plena montaña un lugar de película, divino, una casa gigante llena de árboles flores un paraíso en una palabra entramos y nos recibió al llegar, era un hombre de unos 65  años de pelo canoso y de 1.78 de estatura, no era muy atlético pues tenía una barriga un poco prominente, eso si vestía pulcramente y se notaba que era muy educado y amable. De inmediato me trató como a una hija y me dijo que me ayudaría en lo que pudiese y que si yo quería empezaría de inmediato a trabajar con él,  Javier me contó que él sería nuestro ayudante, ya que hacía 40 años cuidaba el lugar, revisamos todo la papelería, y si bien estaba todo eran pilas y pilas de trabajo, me atrevo a decirle, Javier, en una semana  no lo terminamos si ya no nos ponemos a trabajar y así lo hice llamando a Luís y consultándole todo lo que yo no entendía.

Yo estaba en las nubes,  el trabajo me llevaba de tiro y  así los día pasaron, empecé trabajando con Julio Y Javier y todo iba de maravillas, los compañeros eran excelentes y de inmediato me hice de dos amigos más que patrones, Julio era muy bueno, yo lo trataba con respeto por su edad, le decía Don Julio a lo que él siempre se reía y me decía no me digas don que parece que tratases con tu abuelo, yo le contestaba que no podía decirle de otra manera pues le respetaba mucho y no podía tutearlo, él se volteaba y se iba caminando a su oficina riéndose, teníamos mucha confianza, a veces estaba en la pileta  y me llamaban para consultarme, me envolvía en una bata y trabajaba así, yo ya sabía que ellos me espiaban todo el tiempo y eso me tenía caliente, pero no quería arriesgar nada, el trabajo y el dinero me hacían falta, cierto día descubro que estándome duchando en la cerradura de la puerta vi como una sombra, me salí me sequé y una vez vestida averigüé que podía haber sido…

Yo había probado ver desde el ojo de la cerradura de la puerta del baño, y se veía perfectamente la zona de la ducha. Al día siguiente me duché nuevamente y vi perfectamente que los dos me espiaban por la cerradura, yo tardaba mucho en ducharme y me tocaba toda, ya para esos momento estaba caliente pero no quise hacer nada, tenía terror de perder mi trabajo, ya habían pasado 4días, desayunamos al lado de la pileta  Javier y yo, Julio no estaba,  me contó que ese día era especial, era el cumpleaños  de Julio que le tenía una sorpresa… luego de un rato de cotorrear, llegó Julio y  me contaron que en la noche iban a ir a un tablee dance, y que iban a contratar a una chica para Don Julio, yo me reí, les dije que a su edad lo mejor era una buena cena y a dormir, que ya no podía… ya en ambiente, me contaron que en su juventud eran muy buenos, y el lanzado de Don Julio  me dijo que el  pene de Javier era admirado por sus amantes por ser los mejores y de los más grandes…yo me reí mucho..

Como yo andaba medio caliente, y con la conversación sobre tablees dances, prostitutas y penes, me animé y les dije, si quieren yo les hago un tablee dance y hasta gratis…ellos me dijeron que no, que no podían pedirme eso, por mi esposo, y por el respeto que me tenían…les dije ándenles, ese será mi regalo, además si no les gusta de todos modos se van a ir al tablee a coger una niñas, ¿no? Me quedé dura jamás pensé que la calentura dentro mío podría decir lo dicho… ese día, trabajamos poco y nada, llamé a Luís como todo los días y estaba terrible de trabajo y problemas con sus padres, no quise amargarme y corté fingiendo  una mala comunicación, a la tardecita, luego de haber estado en la pileta yo me había puesto un bikini blanco muy despampanante, mis senos salían un poco a los costados y mis nalgas quedaban casi al descubierto, ellos parecían desaforados mirándome, me dijeron que iríamos a la ciudad en busca de algo para la cena y el baile, me duché no antes observar como me miraban, me puse un vestido corto suelto y partimos, hicimos las compras, reíamos y al final llegamos nuevamente a la casona, cenamos con champaña y todo los lujos, luego había música bailamos y yo sentía los corazones de los viejos latir cada momento más y mi entrepierna cada vez más mojadita, nos sentamos en un gran sillón y dije, comencemos la función.

Puso una música lenta, hermosa, la verdad era la primera vez que hacía algo así, desde que en mi luna de miel le hice un striptease a mi esposo…además me daban confianza, la calentura que llevaba…pero bueno, empecé a mover mis caderas, y a bailar, se les caía la baba a los viejitos…yo me sentía bien, tenía en mente llegar a mi cama  a masturbarme después de darles su buen taco de ojo a esos viejitos…ya que por nada del mundo permitiría que pase algo más, seguía meneándome y tocándome por arriba del vestido y fue Javier fue él que dijo, enséñanos tu tanguita aunque sea… hacelo en homenaje al cumple de Julio, me reí, le dije, no nomás les bailo y así lo hice, levantaba mi vestido dejando mis piernas al aire pero nada más, me tocaba mi culito y mis senos y Javier  suplicando, anda nenita nomás tantita y ya, ¿sale?… yo conmovida y caliente despacito y muy sobre arriba les enseñé mi tanguita…ellos aullaron y aplaudieron…me estaba calentando más…no podía creer lo que hacía mi calentura podía todo…

Así está bien y no muestro más ¿vale?,  más, más, más, gritaban…yo seguía bailando y me acerqué a don Julio, le moví mis caderas en su pene encima del pantalón para que se calentara…pobre viejito pensaba yo… pero, empecé a sentir algo enorme en su pantalón, no lo podía creer, algo más grande que la verga de mi marido, la única que  conocía…pero esta era algo distinto o quizás la calentura me hacía entender eso,  seguí con mi show y me subí también arriba de don Javier y le  apoyé mi panochita encima de su pantalón, para sentir que tal estaba su verga…sentí una reacción de algo grande…no lo podía creer…

Ya me sentía húmeda… Caliente… quería coger…pero, mi cabeza aun estaba en una buena masturbada…en eso me separé de ellos para bailarles de lejos y ellos gritaban más cerca, más cerca, pero sabía que si me acercaba no respondería de mí, y yo no quería engañar a Luis, solo calentarme y masturbarme bien rico, seguí meneándome mi cabello en la cara  y levantado mi vestido pero sin  mostrar nada, solo insinuaba y sentía ya mi conchita súper mojada, jamás me había pasado de estar tan caliente…

…Creo que ahora tienes que terminar el show…entonces Javier me dijo, te ayudo con la cremallera del vestido, y diciendo eso se colocó a mi espalda y bajó la cremallera, luego se sentó junto a Julio en el sofá y me dijo, venga adelante. Yo la verdad no sabía lo que hacía pero no me importaba y deslicé mi vestido hasta el suelo quedando ante mis dos viejecitos con medias, liguero, sujetador y braguitas, se les iban a salir los ojos mirándome, me giré varias veces para que me contemplaran bien, entonces me di cuenta que ambos estaban empalmados, porque tenían un gran bulto bajo el pantalón,  yo estaba muy caliente, Javier me pidió que me quitase el sujetador y les enseñase mis pechos, yo me negaba pero ante la insistencia y mirar aquellos bultos entre sus piernas, Javier  me dijo “te compro el sujetador por  tres meses de sueldo…pensé que bien, la falta que me hacía el dinero y seguía pensando en masturbarme en mi cama, me quité un tirante, él se levantó y colocó un papel con la cantidad de mis tres sueldos en mi liguero, me lo quité y le arrojé el sujetador quedando mis pechos a la vista, firmes y duros, ambos aplaudían y me decían piropos, luego fue Julio  quien dijo “yo te doy otros tres sueldos por las braguitas”, ya no me importaba, entre lo caliente  que estaba y el dinero estaba a cien, se acercó a mí, metió otro cheque, en mi liguero…

Me di la vuelta dándoles la espalda y me fui bajando el hilo muy despacio, subía y bajaba el hilo y ellos gritaban y la música sonaba divina, mi calentura crecía dejando la redondez de mi culito respingón al aire, seguí bajándomelas y me las saqué del todo y al girarme y mostrar mi desnudez ante ellos quedé petrificada, Javier se había sacado su pija y la estaba masajeando, era casi el doble que la de mi marido y mucho más gorda, entonces Julio  se levantó y acercándose a mi me dijo, creo que estás muy caliente, y tomándome la mano la colocó sobre su verga que se la acababa de sacar y era tan grande como el de su empleado, un escalofrío me recorrió todo el cuerpo al tocar aquel trozo de carne muy grande y dura, tanto que me vino un deseo tremendo de que me coja…

Pero me acordé de mi marido y no podía traicionarlo, seguía pensando en tocarme en mi cama pero, ¿como hacía para que ellos entendieran la situación?, corrieron dos lágrimas por mis mejillas y ellos me consolaron… Julia, es algo normal que ocurra, a todos  alguna vez en la vida nos ha pasado y nadie murió por un engaño, déjate llevar, yo respondí, pero, ¿y mi esposo? ellos dijeron no tiene porqué enterarse, y me tomaron de la mano y nos fuimos al dormitorio de Julio…

Entramos, ¡que lugar! todo alfombrado, una cama redonda gigante, espejos en el techo, luces de colores, música, una habitación de un hotel ni más ni menos, me recostaron en la cama, bajaron la luz, se acercó Javier y me llevó su mano a su pija, yo temblaba de placer, sentía como que volaba,  tomé ambas pijas con mi mano y las empecé a chupar, ellos deliraban de placer y yo chorreaba jugos en mi entrepierna, chupaba la pija de uno y los huevos duros del otro, que rico, cambiamos de pose Javier se recostó y me sentó sobre su boca y comenzó a chuparme, me levanté para que lo haga mejor y sentía su lengua pasar de mi conchita a mi culito y el botón reventaba de duro…

Con mis manos y mi boca comía la pija de Julio, gemíamos los tres, era un placer tremendo, yo había tenido un orgasmo nuevo para mí, jamás había terminado en la boca de un hombre, no lo podía creer, de repente se vino dentro de mi boca Julio, la cantidad de leche fue brutal, no cabía en mi boca, pero me las ingenié y la tragué toda, esto era nuevo también para mí, ugggggg…

Seguía sintiendo la lengua de Javier en mi conchita,  paró y me hizo dar vuelta y me fui sentado muy suave en su pija, uffffffff, parecía que no cabía dentro de mi cuevita, pero estaba tan lubricada que entró hasta los huevos, ahhhhhhhhhhh, tuve seguidos creo que 3 orgasmos, la verdad perdí la cuenta, jamás había tenido semejantes orgasmos, con Luís solo tenía uno porque él se viene muy rápido, sentí la leche que golpeaba mis paredes y parecía que la cabeza de la pija iba a reventar dentro mío y tuve otro tremendo orgasmo, quedé tirada en su pecho y Julio a nuestro lado…

Me sentía feliz…los tres desnudos ahí, nos reímos…no se de que…en eso don Julio me tomó de la mano y me dijo, ven nenita…vamos a darte un buen baño… Yo me sentía en otra orbita…Javier aplaudió, y dijo, bien Julio, es tu cumpleaños acábala…ahí comprendí que Julio me quería para él solo un momento… y bueno ya estaba desnuda ahí y él me llevaba a su baño… él abrió la llave de la tina para que se llenara…ahí en el baño, desnuda, con don Julio y su enorme pene, comenzamos a besarnos como si fuéramos novios, amantes…no podía creer que estaba a merced de don Julio y cada momento me calentaba más, era todo nuevo para mi…él fue bajando poco a poco besando mi cuerpo hasta llegar a mi conchita, me chupó bien rico…parecía que no respiraba, yo lo agarré de su cabeza y lo pegué con todas mis fuerzas, hasta que sentí un orgasmo… él se levantó, me besó y me dijo, mámamela Julia, bajé a su pene y se lo mamé con todas mis fuerzas… él me agarraba con fuerza el cabello…y me dijo ya está lista la tina…

Él se metió primero y luego  yo… y ya con su verga erecta. Me dijo siéntate en mi pene… me acomodé y lo empecé a cabalgar… que rico, en mi vida había sentido algo así con mi marido… se sentía bien rico la cabalgada, el ruido del agua… su enorme verga en mi interior, rápidamente tuve otros dos orgasmos… mis piernas ya no podían más, pero mi conchita  quería verga, duramos mucho rato hasta que  Julio inundó mi interior de leche… ahhh… y quedamos ahí en la tina recostados… él me acariciaba… cual si fuera su pequeña hijita… le dije, lo hiciste muy rico papi… eso lo prendió y me dio un beso largo… y tierno… después nos bañamos y salimos desnudos a la sala… ahí estaba  Javier con tres copas de champaña, para celebrar el cumpleaños de Julio brindamos, yyyyyyyyyyy…

Lo que sigue lo contaré en otro relato, porque es muy rico y hermoso, jamás creí que estos dos viejitos me llevaran a tocar el universo con  mis manos,  pero eso lo cuento en la siguiente parte…

Ojalá les haya  gustado, y si quieren un consejo y necesitan sexo ténganlo con una hombre maduro pruébenlo y me cuentan…

Por favor escriban criticas halagos preguntas lo que sea… mis gracias y hasta muy prontito…

Autora: Julia

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La primera vez de Vanina

Vanina estaba decidida y se la metió toda. Hizo una pausa y comenzó a moverse y a gozar. Verla ahí arriba, sacudiéndose de placer, con la chaqueta puesta, la remera levantada y las tetas en un dulce vaivén me hicieron acabar como si aquel tercer polvo hubiera sido el primero, sentí que la pija me dolía, pero ella continuó cabalgando hasta conseguir un nuevo orgasmo.

Hace un par de años atrás un amigo me llevó de visita a un club hípico en las afueras de la ciudad de Rosario. Rápidamente me interesé en esa actividad al punto de incorporarme a las clases a partir del fin de semana siguiente al que fui presentado. Los alumnos estaban distribuidos en tres grupos: principiantes, avanzados y competencia. Cómo era lógico entré en el grupo de principiantes, cuyas clases eran dictadas por una mujer llamada Susana.

Ella misma era la dueña del lugar y a pesar de contar con casi cuarenta años se la veía muy bien en todos los aspectos. Hablando con otros que tomaban clases como yo, supe que Susana ratoneaba a casi todos los varones que formábamos el grupo. Ella siempre estaba vestida de negro. Chaqueta y calzas bien ajustadas a su cuerpo, botas de montar y casco de salto. Toda la indumentaria negra. El color favorecía enormemente su “look”, pues era una morocha de grandes ojos oscuros y mirada profunda. Cuando se quitaba el casco, sacudía su melena para dejar al descubierto un cabello negrísimo que caía pesadamente sobre sus hombros coronando un rostro más que bello: exótico.

Era difícil verla reír durante las clases, aunque fuera de ellas tenía muy buen humor y participaba activamente de las conversaciones que se originaban una vez terminada la sesión semanal. Lo que más hería nuestros sentimientos masculinos era verla cabalgar con la gracia de una amazona, acompañando con sus caderas el movimiento acompasado del potro durante el galope lento del entrenamiento. Aquel sube y baja perfecto de su cuerpo sobre la montura, con las piernas bien abiertas y el torso tirado ligeramente hacia delante era una actitud más que sugestiva para aquel grupo de hombres que se imaginaban ocupando el lugar del potro.

Luego de asistir durante un mes y notar que progresaba en mi desempeño, solicité la posibilidad de asistir a una clase durante la semana. Susana estuvo de acuerdo en concederme un turno los días miércoles. La primera vez que concurrí me llamó la atención que Susana no estuviera dirigiendo la clase. En su lugar estaba Vanina, la hija de Susana. Era tanto el parecido físico entre ambas que al principio creí que eran hermanas.

Vanina era más menuda que Susana, pero su cuerpo era un calco del de su madre. Cintura pequeña, caderas generosas, y busto exacto y firme era lo que dejaba traslucir a través del atuendo totalmente negro que usaba, al igual que Susana. Lógicamente, en su rostro, visto de cerca, se adivinaba que no pasaba de los veintidós años de edad. Sus ojos eran más claros aunque siempre en la tonalidad del castaño y la gran diferencia, si es que la había respecto de su madre, estaba en su boca. Era pequeña, pero de labios bien carnosos y cuando sonreía -cosa que hacía en todo momento y con cualquier pretexto- su rostro se iluminaba. Desde esa primera asistencia en día miércoles, ya no volví a sentirme atraído por Susana. Vanina ocupó su lugar en mis pensamientos y sentía hasta vergüenza, en virtud de la edad de ella, veintidós y la mía, cuarenta y uno. Me cuidé de hacer comentarios entre mis compañeros de los sábados y me felicito de aquella decisión.

Todo ocurrió una tarde de agosto. El día amaneció tormentoso y después del mediodía se largó una lluvia torrencial que duró hasta cerca de las cuatro de la tarde. A esa hora comenzaba la clase de los miércoles, y recuerdo que estuve tentado de no asistir, pero luego, al recordar que debía pasar por la casa de mi socio al atardecer, decidí llegar por el club para ver qué pasaba.Lógicamente, de los seis alumnos del turno sólo yo había ido. Al verme llegar, Vanina se sorprendió pero al mismo tiempo pareció entusiasmada con mi presencia.

Me comentó que, convencida de que nadie llegaría con aquel tiempo, había decidido ponerse a ordenar un depósito en el cual guardaban monturas, mantas y demás artículos afectados a la actividad, así como mesas, sillas, y vajilla que utilizaban durante las reuniones que se realizaban todos los lunes, a la que asistían los socios y sus familias. Me ofrecí a ayudarla, lo que aceptó rápidamente, sobre todo cuando le dije que no me interesaba tomar una clase solo.

Caminamos por un pasillo a cuyos lados estaban los boxes de los caballos, hasta llegar al galpón que íbamos a ordenar. El primer contratiempo surgió cuando quiso encender la luz. La llave estaba falseada y no accionaba correctamente. Luego de soltar una puteada recordó que para encender la luz de entrada había que ajustar la bombilla que estaba sobre la puerta. Tomó una pequeña banqueta que estaba allí y se subió para estirarse y enroscar la lámpara. En ese momento, una vez que estuvo parada, me pidió que la tomara de las piernas porque sufría de vértigo y se iba a marear.

Al acercarme y tomarla de las piernas su culo redondo quedó a menos de cinco centímetros de mis ojos. Su olor a mujer me cubrió como una ola de lava que es arrojada por un volcán. Sentí que la verga se movía dentro de mi pantalón como si se despertara de un largo sueño. Rápidamente ajustó la lámpara que se encendió y giró hacia mí esperando que la ayudara a bajarse.

Extendí los brazos para tomarla de la mano, pero se arrojó como una niña, brincando desde la banqueta. Su reacción me sorprendió por lo que no atiné a correrme. Vanina cayó literalmente en mis brazos. Tuve que tomarla para que no se golpeara contra mí. Quedamos en la misma posición que si estuviéramos por besarnos. Yo la tenía tomada por detrás de sus hombros y ella apoyaba ambas manos sobre mi pecho. Se tentó de risa y bajó su cabeza hasta colocarla en el hueco que le ofrecía mi cuello.

Instintivamente la abracé con más decisión. Dejó de reírse al sentir una de mis manos en su cintura y la otra en la nuca y lentamente alzó la vista para mirarme fijo a los ojos. Sentí que el corazón me estallaría al igual que la pija que ya estaba como un hierro. “¿Qué me vas a hacer?” preguntó. “¿Qué querés que te haga?” repliqué. “Lo que quieras” respondió con firmeza.

A todo esto, ella sentía latir la pija contra su sexo y presionaba y tomó la iniciativa de besarme. Su lengua era ágil, húmeda y extremadamente suave. El beso, casi salvaje, duró el tiempo necesario para encontrar de memoria un lugar donde caer. Quedé boca arriba y ella, sentada a mi lado estaba en un estado de cachondez próximo a estallar. En sus ojos se notaba la excitación que recorría su cuerpo. Las mejillas se le habían puesto de color carmesí y la boca entreabierta era una fruta en su estado justo para comer.

Sin quitar sus ojos de mis ojos, comenzó a acariciarme la pija por sobre el pantalón. Con un poco de dificultad, bajó la cremallera, desajustó el cinturón y liberó el botón metálico del jean. La verga saltó como un muñeco y con su mano tibia la recorrió una y otra vez. “Soy virgen” me espetó de golpe. Sus palabras, mientras me acariciaba los testículos, me dejaron próximo a terminar. Cómo pude contuve la eyaculación y Vanina, arrodillada a mi lado comenzó a chupar lentamente la cabeza de la pija. Recorría con su lengua como si estuviera tratando de descubrir cada pliegue, cada milímetro para aprenderla de memoria.

De pronto se metió toda la pija en la boca y comenzó un juego de succión que me produjo un placer que no recuerdo haber experimentado en mi vida. Su pequeña boca se llenaba con la cabeza solamente, pero ella estaba interesada en tragársela toda. Ver aquellos labios recorrer de arriba hacia abajo la totalidad de la pija me hicieron acabar de manera impresionante. Habrán sido tres o cuatro chorros de leche que Vanina se tragó sin dejar de chupar. Por momentos el goce me hizo pensar que me iba a desmayar de placer.

Cuando dio por terminada su tarea, noté que escondía la mirada con vergüenza. En silencio, la tomé suavemente y la acosté a mi lado. Desabroché su chaqueta y levanté su remera para dejar sus tetas al aire. No llevaba sostén y los pezones estaban erguidos, duros y tibios. Me acerqué y los besé. Gimió de placer, por lo que repetí la acción.

Instintivamente los levantaba para que no salieran de mi boca. Sin decir palabra, le quité las botas y la calza negra. Llevaba un diminuto bikini rojo que estaba empapado. Se lo quité. Me acerqué a sus labios y la besé tiernamente. En su boca había olor a mi sexo y a esperma. Eso me excitó terriblemente. Comencé a bajar con mis labios por su cuello. Fui lamiendo cada parte de cuerpo tibio y tembloroso mientras Vanina vibraba de placer.

Bajé lentamente por su vientre recorriendo con la punta de la lengua el camino recto hasta su pubis. Tomé sus muslos y los abrí mientras los levantaba. La conchita de Vanina era pequeña. Tenía el vello natural pero no era abundante y un aroma capaz de excitar al más híbrido de los hombres. A través de sus pelitos totalmente húmedos amanecían los labios de la pequeña vulva. Casi con curiosidad, los abrí.

Resplandecía su orificio; brillaba por la miel que lo cubría y por el reflejo amarillento de la única luz que nos alumbraba. No pude contenerme y me lancé sobre su clítoris erguido como un sediento se arrojaría en una cuba de agua. Al contacto de mis labios, Vanina se estremeció. Su vientre hizo un movimiento convulsivo y se tomó muy fuerte de mis cabellos. Succioné con energía el clítoris que fue adquiriendo un tamaño desmesurado y una rigidez propia de un pene.

Vanina no paraba de moverse como una ola y comenzó a gemir. Yo, mientras no dejaba de recorrer toda su conchita con mis labios y la lengua. En pocos minutos tuvo dos orgasmos y la miel cubría totalmente aquel hoyito virgen rebalsando exageradamente hacia el ano. Levanté apenas un poco más sus piernas y dejé correr la lengua hasta el mismo agujerito del culo.

Noté que el esfínter estaba totalmente relajado y dilatado. La lengua recorrió la entrada una y otra vez y Vanina tuvo otro orgasmo. En ese momento me di cuenta que gozaría si se la ponía por el culo. “¿Me va a doler?”, preguntó cuando se lo propuse. “Claro que no” respondí para tranquilizarla. En realidad mentí porque estaba convencido de que iba a dolerle. Una cosa era la lengua y otra una pija de dieciséis centímetros con una cabeza de cuatro de diámetro, y que encima estaba rígida como un hierro. “Probemos y si te duele no lo hacemos” susurré.

Me quité rápidamente el jean y el slip que ya tenía bajos y me arrodillé entre sus piernas. Le ayudé a alzar las piernas y coloqué mi pantalón y el suyo doblados debajo de su cintura para mantener un poco la elevación. Al abrir bien las piernas y estar la cadera bien elevada, el ano se abrió un poco. Estaba repleto de la miel que había corrido desde la conchita, por lo que no hizo falta lubricar. Probé con la yema del pulgar para ver si contraía al sentir la presión.

Introduje lentamente el dedo y juzgué que era el momento. Apoyé la cabeza de la pija en la puerta y presioné lentamente. Costó un poco, pero entró. Vanina jadeaba y se mordía los labios. “¿Te duele”?, pregunté. Movió la cabeza en un gesto negativo, entonces empujé hasta la mitad y comencé un mete y saca lento y tratando de que sólo entrara un poco más de la cabeza.

Vanina comenzó a gozar y a contraer el esfínter. Sentir esa presión en la pija me impulsó a metérsela hasta el tronco. “¡Aaaaayyyyyyyyyyy!” gritó y me clavó las uñas en los hombros. Seguí cogiéndola lentamente pero llevando la pija hasta el fin cada vez hasta que ella tuvo su orgasmo y yo le vacié totalmente la leche en el culo.

Quedó exhausta, con los ojos cerrados y la respiración a mil revoluciones. Saqué la verga, o lo que quedaba de ella, y también salió la leche. Me tendí junto a ella, la abracé y la besé. Me ofreció su boca y no pude resistirme. Me gustaba su aliento tibio y perfumado de sexo. Tenía los labios irritados e hinchados por cómo se los había mordido. Se los chupé. “Siempre me imaginé que iba a hacer esto con vos” me dijo mirándome fijo a los ojos.

“No me preguntes por qué, pero tuve la sensación desde el día en que llegaste.” agregó. “Pero ¿es verdad que sos virgen?” pregunté con incredulidad. “Sí, claro, ¿por qué lo dudás?” volvió a preguntar. “Es que no tenías una actitud propia de una novata” retruqué. “¿Te explico”?, en casa hay canal codificado y mis viejos no saben que mi hermana y yo conocemos la contraseña. Miro muchas películas, el tema es que mi novio no me calienta; lo quiero, pero no me calienta como vos, que cuando me abrazaste me mojé, ¿entendés?”.

Volvió a besarme y sentí su mano suave en la pija que no reaccionaba. Insistió. Recorría mi boca con la punta de su lengua y presionaba en la cabeza de la verga y acariciaba mis testículos. Lentamente el miembro comenzó a incorporarse hasta que se puso duro otra vez.

“Ahora voy a desvirgarme” resolvió. En un movimiento rápido se ubicó a caballo sobre mí. Ligeramente inclinada hacia delante, tomó por detrás la pija, la puso justo sobre su pequeña conchita y se deslizó suavemente hacia abajo. Sentí el esfuerzo que hacía por entrar, pero Vanina estaba decidida y se la metió toda. Hizo una pausa y comenzó a moverse y a gozar.

Al principio lento, luego con más decisión y ya al final con desesperación. Verla ahí arriba, sacudiéndose de placer, con la chaqueta puesta, la remera levantada y las tetas en un dulce vaivén me hicieron acabar como si aquel tercer polvo hubiera sido el primero. Pasado el momento del orgasmo sentí que la pija me dolía, pero ella continuó cabalgando hasta conseguir un nuevo orgasmo, a pesar de que mi pija ya era un trapo.

Después de aquella vez continuamos encontrándonos una vez por semana. Por supuesto que con la más absoluta discreción. Hoy, dos años después, Vanina y yo estamos en pareja, vivimos en Brasil y cogemos todos los días.

Autor: bg35x

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Aprovechando la inocencia de mi hijo

Comenzó entonces a morderme los pezones como un loco, sobándome sin parar, fue la mejor sensación que jamás había tenido, su polla durísima me estaba dejando atontada mientras me mordía, tras unos segundos de cabalgar sobre mi soltó sus chorros de semen inundándome el coño. Sentía como ardía el río llegando hasta el fondo, mientras nos cruzamos entre gritos y arañazos de placer.

Hola amigos y amigas, soy Carlos de nuevo, el madrileño, desde siempre he vivido obsesionado con ser poseído por mi madre, me excita el solo hecho de pensar que se aprovecha de mí y que mejor que contaros algo que me hubiese gustado haber vivido pero que no he podido vivir. Este relato esta echo por mí, pero intentando ponerme en la posición de mi madre si hubiese pensado lo que yo siempre he deseado.

Espero que os guste y lo disfrutéis viviéndolo si podéis, ahí va:

Hola a todos, me llamo Ana y tengo 45 años, vivo en Madrid con mi hijo Carlos desde hace ya más de treinta años. Soy separada desde que tenía 32 y lo cierto es que no me ha ido nada mal. No echo en falta a mi antiguo marido pues quizás la relación no tenía futuro alguno. He encontrado en Carlos todo lo que he necesitado y aunque solo tiene 18 años es un chico ejemplar, muy tímido y me ayuda en todo lo que necesito, es decir que no necesito nadie más.

Sin embargo hay algo que me ha dado vueltas a lo largo de mucho tiempo y no sabía como solucionarlo, y que al fin hice y ahora deseo compartir con vosotros.

Desde hace mucho tiempo no tengo ningún amante, con lo que he sentido la necesidad de masturbarme en más de una ocasión, imaginando que algún hombre jovencito me hacia sentir una mujer. Imaginaba situaciones morbosas con universitarios follándome y haciéndome disfrutar del sexo como una mujer se merece. Esas masturbaciones me complacían de lo lindo, pero sentía la necesidad de vivirla en verdad, sentir todo el vigor de un joven llenándome de ríos de semen, al mismo tiempo que le descubría mis ansias por ser follada.

A pesar de mis 45 años, soy delgada y de mediana estatura con el pelo largo y moreno, y tengo que reconocer que tengo unas grandes tetas, 120 algo caídas, pero deseadas por muchos jovencitos que al cruzarse conmigo no pueden evitar mirarlas con ojos de lujuria.

Bien, el caso es que tanto deseo tenía de vivirlo, que comenzó a pasar por mi mente el provocar a mi propio hijo para que fuese él quien me follase. Sabía que sería la primera vez que Carlos estaría con una mujer y eso me excitaba, ser yo quien sintiese por primera vez su polla adentrándose en el coño de una mujer. Me excitaba la idea de ofrecer mis tetas a sus labios inocentes para que lamiese él mis pezones necesitados de muerdos y pellizcos. Sin entrar en que hacia tiempo que una polla no me penetraba por ningún lugar.

La cuestión era encontrar la mejor situación para excitarle y que desease follarme de forma natural sin ser yo quien le forzase a hacerlo, quería que me buscase con el único deseo de penetrarme aunque fuese su madre.

Tras unos días dándole vueltas a la cabeza de me ocurrió una idea. Normalmente cuando llega el fin de semana solemos encerrarnos en casa y disfrutar de la tele, o jugar a juegos que se nos ocurran en ese momento. Y un juego creo que era lo más adecuado, algo que viese que no desentona con nuestra tónica. Estaba ansiosa por que llegase el sábado y por fin llegó.

-Carlos cielo, ya llevamos mucho tiempo viendo la tele, ¿no te parece? -Tienes razón mamá, quieres que la apaguemos un rato. -Si cariño, me apetece que juguemos a algo.

-Genial, ¿a que jugamos hoy? -Hoy vamos a jugar a algo nuevo, así cambiamos y puede que sea muy divertido, ¿quieres? -Si mamá, lo que quieras. -Muy bien cielito, siempre he querido jugar a los médicos, y nunca he podido, ¿quieres ser tú mi médico hoy? -Vale mamá, pero, ¿como podré curarte las heridas si no tengo nada? -Pues me tendrás que curar con masajes, como hacen los verdaderos médicos. -Está bien. -Pues entonces, vamos a mi habitación, esa será la habitación del hospital.

Carlos estaba tan absorto en el papel de médico que apenas podía imaginarse lo que estaba tramando. Nos dirigimos a la habitación y me dispuse a tentarlo lo máximo posible.

-Muy bien doctor, si le parece me tumbo en la cama y así podrá observarme mucho mejor. -Si por favor, túmbese para ver que la duele. -Si doctor lo que usted mande. Me duele por la tripita y no si que puede ser. -No se preocupe, con unos masajes se le pasara. Lo ve. -Si, doctor, lo hace muy bien, ya empiezo a notar alivio, no pare por favor. -Dentro de unos minutos se encontrara como nueva. -Lo cierto es que me encuentro mucho mejor, pero aun falta algunas zonas que las siento algo doloridas. Quizás será mejor que me quite algo de ropa para que pueda darme los masajes más cómodamente. -Como usted prefiera.

Sin dudarlo un instante, me incorpore y rápidamente me desabroche la camisa para quitármela ante su atónita mirada. Deje al descubierto mi sujetador negro de encaje mientras sus ojos se clavaron en mis tetas como una lanza. Apenas gesticulaba, seguramente era la primera vez que estaba frente a unas tetas tan grandes. Sin detenerme me baje la falda después, quedándome con unas bragas negras cubriendo mi coño. Pude observar en ese momento como su pantaloncito corto mostraba la grandeza de su polla, estaba excitadísimo, nunca me había fijado tanto como en ese momento.

Y continué. -Mejor así doctor, que opina. -Pues, ehhh, si, creo que mejor, así podré abarcar más. -Lo si doctor, por favor no se detenga, necesito esos masajes aquí, en el pecho. -Eh, ah, está bien ya voy.
En ese momento pude sentir sus manos en la parte inferior de mis tetas acariciándome suavemente tras el sujetador, le veía al principio muy cortado, pero no cesaba de mirarlas mientras un poco de su lengua sobresalía de sus labios en señal de placer. Fue perdiendo la timidez poco a poco, y tras unos minutos agarró por completo la copa de mi sujetador apretando con ansia mientras las miraba mordisqueándose el labio. Creo que fue perdiéndose totalmente, pues llego a sentarse en el borde de la cama sin saber que hacer.

Ya era todo mío, lo único que tenia que hacer es guiarle hasta donde yo quería. Sabía que no aguantaría mucho esa excitación y desde luego me excitaba la idea de tener ese primer chorro de semen dentro de mi coño, quería darle cobijo y me apuré para no estropearlo.

Me bajé las bragas rápidamente y me abrí lo más que pude, él me miraba sin saber que hacer. Le dije que se pusiera encima de mí sin miedo. Le bajé el pantalón sin acariciarle, y saqué su polla fuera, sabía que si le tocaba un poquito se correría y prefería que fuesen mis labios vaginales quienes hicieran el trabajo.

Le tumbé levemente sobre mí, y con mi mano suavemente la dirigí a la entrada de mi coño totalmente humedecido. Comenzó a gemir rápidamente y más cuando saqué mis tetas fuera del sujetador para que las chupase un poco. En ese momento empujé su culo contra mí y sentí por primera vez como su polla comenzaba a abrirse camino por mi coño. Comenzó entonces a morderme los pezones como un loco, sobándome sin parar, al mismo tiempo que empujaba su polla más y más. Fue la mejor sensación que jamás había tenido, su polla durísima me estaba dejando atontada mientras me mordía una y otra vez.

Y tras unos segundos de cabalgar sobre mi, soltó sus chorros de semen inundándome todo el coño. Sentía como ardía el río llegando hasta el fondo, mientras nos cruzamos entre gritos y arañazos de placer.

Quien iba a decir que ese sería el principio de mi relación de amante con mi hijo, llegando a tener una vida sexual completa, enseñándole como follarme de mil maneras y descubriendo nuestros cuerpos de forma natural.

Ojala esto hubiera pasado por la cabeza de mi mama. Espero que os haya gustado, Y si quisierais compartir conmigo alguna experiencia de este tipo, no lo dudéis, y más si eres una mujer que te da morbo esa situación y deseas vivirla, puedo fingir que soy tu hijo.

Un besazo…

Autor: Carlos

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Mi prima agradecida

Mi pito estaba aprisionado en ese hoyito de fantasía, y entraba con toda mi fuerza, Erika estaba como poseída al igual que yo, sabía que tenía que venirle un orgasmo a ella en cualquier momento, tenía que dárselo, ella se había corrido, saqué mi verga de su culo, y a pesar de que estábamos exhaustos queríamos más y se volvió a subir, me estaba cabalgando como si acabáramos de empezar.

…Al llegar al auto, subimos y dimos marcha, al avanzar y toparnos con el primer semáforo puse mi mano sobre la palanca de velocidades, ella colocó la suya encima y acarició mis dedos, lo que fue un detalle muy tierno de su parte, obviamente correspondí a su caricia e hice lo mismo, me miró y dijo:

-No puedo creer lo que estamos haciendo, es tan… tan rápido y a la vez tan lindo.

En un momento pensé contestarle lo mismo, pero por supuesto que no lo hice pues tomé la clásica actitud de macho que se ocupa en estos casos a lo que sólo le respondí con una sonrisa y una mirada castigadora. Al ponerse el semáforo en verde ella se recargó en mí, puso su cabeza en mi hombro y una de sus manos en mi pierna, en primera instancia me gustó pero después me incomodó, y no porque no gustaba lo que hacía sino porque a pesar que era de noche, resulta que cuando menos quieres encontrarte a gente conocida, esta aparece y bueno, las cosas iban bastante bien como para que algún entrometido o un conocido chismoso lo arruinara contándoselo a mi esposa. Por fortuna nada pasó y en menos de 5 minutos estábamos en el motel, la persona que recibe me preguntó ¿quiere sencilla o con jacuzzi? Volteé a ver a Erika y con verle la carita que puso no tuve más remedio que pedir la que tenía jacuzzi.

Estacioné el auto, pagué y cerré la cortina, en ese momento ella ya se había bajado del coche, la tenue luz que iluminaba el garaje la hacía verse aún más atractiva, me extendió la mano, la tomé y subimos las escaleras que conducían a la habitación, al encender las luces me di cuenta que había valido la pena el gasto, no conocía ese motel y la verdad es que no estaba nada mal. Al fondo una confortable cama con un amplio espejo en la pared del lado izquierdo de la misma al otro lado una mesa con flores y velas para ser encendidas con dos sillas y al costado de la habitación el jacuzzi en fin, todo estaba preparado para una gran noche… le pregunté que si quería algo de tomar a lo que respondió que no. Fuimos directo a la cama, la verdad ninguno de los dos teníamos prisa pues sabíamos que teníamos mucho tiempo y estábamos completamente solos sin que nada o nadie nos molestara. Encendimos el televisor y una película porno estaba en pleno apogeo, un par de tipos jodían a una chica en pleno jardín a un lado de la piscina.

Nos acostamos al mismo tiempo, pero ella se levantó y me dijo: déjame quitarte los zapatos, lo hizo y después se quitó los suyos, ese ambiente tan de confianza y pausado me hizo sentirme a gusto con ella, sabíamos que no nos estábamos enamorando, que no era una simple aventura con una compañera de trabajo, que era un momento especial con una prima que era casi como mi hermana, la verdad la estábamos pasando muy bien, encendimos las velas y continuamos viendo la película porno, al cabo de rato, y ya calientes por la peli, empezamos a besarnos mi verga nuevamente estaba lista para la batalla, poco a poco empezamos a desvestirnos hasta quedar totalmente desnudos, esta vez no hubo preludio de sexo oral fuimos directamente al grano…

-Deja subirme- me dijo y así tendido yo sobre la cama se subió en mí.

La penetración fue inmediata aún lubricada de nuestro encuentro de unos minutos antes, pero ahora sin tapujos ni pena empezó a gemir cada vez más fuerte ¡mmm! ¡Ooohh Aaaahhh! sus caderas se movían en círculos mientras se recogía el pelo con sus dos manos, qué imagen tan sensual tenía encima de mí, mis manos apretaban sus tetas y ella misma tomaba mis manos ahí para dirigir las caricias que quería, sus labios los mojaba constantemente con su lengua a la vez que los apretaba y los mordía, sus ojos entreabiertos mostraban el placer que nos estábamos dando. Decidí entonces ser yo quien mandara, la acosté boca arriba, coloqué una almohada sobre su cadera para que estuviera más levantada, levanté sus piernas afiné la puntería y empecé a zambullirle mi trozo, primero lentamente y cada vez más rápido, más rápido…

– ¿Te gusta cogerme primo? Me decía… – Sí, me gusta joderte cabrona, estás riquísima… eres una puta sabes… -Sí, sí soy tu puta, dame más verga, dame más… ¡no pares de cogerme! -¡Te voy a dar toda mi verga, te voy a coger hasta que te duela el hoyo! — Sí, sí jódeme toda la noche, hazme le que quieras cabrón, así, así…

Entre gemidos de los dos ella apretó las piernas y tuvo un orgasmo bárbaro…. – Me vengo, me vengo… Aaaaaaaahhhhh sí, sí… Ahhhhhjjj…

Yo seguí cogiéndola sin compasión, mientras arqueaba su espalda por el orgasmo, cada vez más y más rápido, el sonido de nuestras carnes chocando la una contra la otra era increíble, ella levantaba la cabeza para ver cuando le entraba mi pito…

– Sí, sí, dame más, ¡auuhhh! ¡Aaaahhh!

Tomé sus piernas que estaban en mis hombros, las hice a un lado y las puse sobre la cama, ella entendió perfectamente el mensaje y se colocó en cuatro… ¡hijo de puta de culo ese! No podía creerlo… ahí, todo para mí, la tomé por su diminuta cintura que aún era más estrecha pues arqueaba las espalda y levantaba las nalgas…

– ¡Ooooohhhh! ¡Mmmmm!… era lo único que podía decir…

Mi verga se deleitaba dentro de ella, entraba y salía completamente, una gotas de sudor cayeron de mi cara a sus nalgas, estaba exhausto que pero quería más y más, como si fuera la ultima cogida de mi vida… seguí cogiendo, yo mismo sabía que mi verga podía dar más, ella volteaba su cabeza, se notaba que también estaba exhausta pero quería más, pues no para de gemir y pedir más… dejó caer los brazos, su cara y pecho estaba sobre la almohada, sólo su culo levantado, sus manos se agarraron fuertemente de la orilla y las cobijas de la cama… sus gemidos se convirtieron en casi en quejidos y llantos…

– Ahhaahh, ahhhaaaahhhaaaa.

La tenía lista, le había dado lo que quería, una cogida de campeonato…. y así de repente como un estallido, eyaculé con tan placer que sentí que toda mi sangre hervía y toda mi vida se iba en ese semen, ¡Oooooooh! Lancé un gemido que casi puedo asegurar que fue un grito… – Sí, dámelo todo cabrón… alcancé a oír de parte de ella… Yo seguí disfrutando hasta la ultima gota… ella inmóvil, me incliné a besar sus nalgas, justo en su lunar y caí sobre la cama… ella se recostó a lado mío y lanzó un suspiro, colocó su mano en mi pecho y acarició mi vello, nos quedamos callados por unos segundos sólo se oía la respiración agitada de los dos por nuestra boca y nariz, yo no podía abrir los ojos.

– ¡Guauuu! Dije…

Ella dio una risita de complacencia… por fin abrí los ojos y la miré, en su cara se reflejaba la satisfacción, sus ojos cerrados y su sonrisa de niña… era una imagen sumamente bella. Nos quedamos unos minutos en total tranquilidad, la película porno seguía… se levantó y dijo… voy a llenar el jacuzzi.

Ver su cuerpo desnudo, su pelo cayendo en su espalda, esas nalgas y esas piernas me hicieron sentir muy afortunado realmente afortunado… Regresó del baño con la toalla en el cuello dejando ver sus tetas aún bien paraditas, recogió del suelo nuestra ropa que estada regada por todos lados, mi pantalón y camisa los colgó en el closet, yo me puse a ver un poco televisión y esperé que estuviera todo listo. 5 minutos después me llamó… pensé que estaría lista para entrar al jacuzzi… no era así, estaba por entrar a la regadera, en donde me invitó con una simple señal de mano.

– Te voy a bañar primo; Dijo con una sexy voz. – Perfecto; respondí animado.

Su figura mojada era excitante, sus cabellos en la cara, en fin toda ella, entre mí pensaba…;qué dichoso sería el hombre que tuviera a este bombo como compañera, me alegré por ella, porque bueno… era una loca por el sexo, pero el tono despectivo de “puta” preferí no usarlo más con ella. Lavó mi espalda, mi vientre, mi pito y mis huevos tal como si fuera un niño… me sentía en el paraíso con ella..

– Desde hace mucho tiempo no sentía así, más que claro, en las épocas de recién casado.

Hablábamos de mil cosas mientras esto sucedía y nos metíamos al jacuzzi, colocó una toalla en mi nuca y recargué mi cabeza, ella hizo lo mismo… el aroma del shampoo de tina era riquísimo cerramos los ojos y nos dispusimos a descansar pues lo merecíamos. Así pasó quizás media hora o más, yo seguía pensando en lo excelente amante que era Erika, y que de verdad este “agradecimiento” era el mejor de mi vida… -Cerca de las 10 de la noche y casi dormido dentro del jacuzzi, levanté la cabeza para verla, estaba jugando con el agua y las burbujas de jabón con un dedo.

– ¿Qué te pasa? le pregunté. – Nada, sólo estaba pensando. – ¿Se puede saber en qué?

Se puso de pie, su hermosa figura desnuda y mojada frente de mí cautivó mis sentidos… caminó hacia mí hasta colocarse detrás, lo que me obligó a recogerme al centro del jacuzzi, se sentó atrás de mí, jaló mis hombros para que me recargase en ella, acarició mi pecho y me dio un beso cerca de la oreja… y preguntó…

– ¿Te gusta estar conmigo primo? – Claro, eres la amante perfecta… pero ¿por qué la pregunta? – Tú también… y no sé… si habrá más…- Erika, sin duda he pasado una noche estupenda pero yo tampoco sé… eres una chica muy sexy, cualquier hombre daría lo que fuera por estar en este momento en mi lugar. – ¡No es para tanto!. Dijo ella dándome un golpecito en la cabeza. – ¡Claro que sí!. Mira, hagamos un pacto, dejemos de preocuparnos si habrá más o no… Simplemente si se da pues qué bien… y si no pues simplemente tratemos de ser felices y seguir nuestras vidas…

– Pero… bueno… tienes razón te quiero mucho, pero no quiero causarte problemas primo… ¿y sabes algo? — ¿Qué? — Me hacía falta estar con un hombre como tú… los demás sólo buscan una cogida rápida y ya, es por eso que en ocasiones hasta me caen mal… y los evito, y mucho menos trato de enamorarme. – Ya te llegará, el hombre prima… ya llegará…- Pues por lo pronto tú eres mi hombre…

Dicho esto sus manos empezaron a acariciar mi vientre y a morder mi oreja, yo acaricié sus piernas y sus muslos que se encontraban a mis lados, me empujo hacia el otro lado para que quedáramos de frente, su mirada pícara lo decía todo, bajo el agua empezó a masturbarme, mi palo, crecía cada vez más… de frente a mí se acercó y se sentó sobre mí, la penetración fue inmediata, ni siquiera tuvo que meter las manos. Tomé sus caderas y sus nalgas, que se movían rítmicamente, ella se sostenía de los lados del jacuzzi, jadeaba de placer, sus movimientos provocaban que salpicara agua por todos lados…

Preferimos salir del agua, pero no del cuarto de baño, aún escurriendo nuestros cuerpo siguieron unidos, nos besamos, la recargué en la pared, le abrí las piernas, y así parados de frente empecé a metérselo, quizás la posición no era la más cómoda, pero igualmente deliciosa que todas las demás… el aliento de nuestras bocas se mezclaba, nuestras respiraciones eran una sola, no dejábamos de mirarnos a los ojos, nos decíamos todo sin decirnos nada… queríamos decirnos “te quiero” pero sabíamos que eso nos comprometía nuestros sentimientos…

Le di la vuelta, se inclinó y se apoyó sobre el orilla del jacuzzi, sus piernas estiradas y su lindo culo eran tan hermosos, su espalda aún con gotas de agua y su cabello a la izquierda de su cara…

– ¡Métemelo, dame tu verga… – ¡aaahhhh, ahhhhhh, mmmmm! Cada mete y saca me sabía a gloria, cuando iba a volver a hacerlo de nuevo con ella… no me importaba en ese momento, quería hacérselo como nunca… En un momento que bajé la velocidad de mi embestida me dijo…

-Quiero que me lo metas por el culo.

Me detuve… Nunca, ni siquiera a mi esposa se lo había hecho por el ano… alguna vez lo intentamos pero me dijo que la lastimaba y no volví a insistir y ella tampoco. Aun sin saber si Erika ya estaba desflorada del culo… me dispuse a lo que era (y debo admitirlo) la primera vez que daba por el culo.

– Pero despacito porque va a ser la primera vez eh…. dijo un poco nerviosa. -Ufff.. vaya, vaya… sí que estaba de suerte ese día… ni siquiera mi primita que era una golosa del sexo, le había tocado un pito dentro de su culo… el hecho de que fuera la primera vez de los dos me tranquilizó… Pensé rápido… tengo que lubricarla… con mis manos tomé de sus mismos jugos de concha y los puse en su hoyo… al sentir mi dedo tuvo de inmediato el reflejo de apretarlo… pero después empecé por introducirle un dedo… sin duda ella estaba cooperando… En mi dedo podía sentir el calor de su interior…

-Uauuu. Lanzó un pequeño quejido al sentir mi segundo dedo… puse en mi otra mano saliva y me la pasé en mi verga…. retiré los dedos y su anito estaba listo… coloqué la punta, justo en el lugar indicado… – Despacito eh… me dijo mientras ella misma se abría una nalga… – Sí, tú me dices… le contesté.

Tomé con mi mano su cadera fuertemente y con la otra tomé mi verga y empecé a meterlo…

– Aaayy… humm…- ¿Quieres más? — Sí… mételo más… pero despacito…

La mitad de mi palo estaba dentro, me detuve un poco y empecé hacer pequeñas metidas… en verdad que estaba apretado ese culito…

– ¿Lista? – Aja…

Y de una sola y rápida metida se la metí hasta el fondo…

– Aaaaay, Aaaahhhh… sí ¡qué rico, ssiiiiii, aaaayyyyyyy!

Volteaba su cara hacia un lado lo más que podía… un rostro de dolor y de placer me excitaron al máximo… era la mejor cogida de mi vida… seguí parchándome a mi prima como nunca me imaginé hacerlo… mi pito estaba aprisionado en ese hoyito de fantasía… una y otra vez entraba con toda mi fuerza… – ¡Ooohh! Sí, más rápido, dame más rápido… no te vayas a venir todavía cabrón…. dame más verga… así, fuerte, fuerte cógeme… Erika estaba como poseída al igual que yo… no sabía cuánto más podía aguantar… pero también sabía que tenía que venirle un orgasmo a ella en cualquier momento… tenía que dárselo… eso me hizo aguantar…

– Aaaaaaahh Aaaahhhh sí, sí así… – Vamos mamita qué rico culo tienes… estás buenísima… vamos… te gusta por el culo ¿verdad? — Sí, sí Aaaah. Aaaaaaahh… no lo saques… cabrón no lo saques… -Nuestro gemidos ya eran uno detrás del otro…

– ¡Aaahhhh… ahhhaagghhh! ¡Siiiii ssiiiiii ooohh! así qué rico… ¡ooohh!

Ella se había corrido y yo me detuve, saqué mi verga de su culo… tomó aire… y a pesar de que estábamos nuevamente exhaustos queríamos más… entonces… me llevó a la cama… me acostó y se volvió a subir en mí, me estaba cabalgando como si acabáramos de empezar.

– Mmmm Aahh…

Sus ojos cerrados y esa boquita apretada… eran súper…

– Me avisas cuando te quieras venir ¿eh?… me dijo…

Pocos segundos pasaron para que esto sucediera… – Ya, ya casi… le dije… Se paró rápidamente y empezó a chuparme la verga…

– ¡Aaahhhh, ahhhh mmm, Mmmmhh! -Todo mi jugo salió a su boca en donde tragó todo… sin apuro pues lamía mi verga de arriba a bajo, mis huevos… todo… Subió a mí y como la primera vez. Me dio un tierno beso en la mejilla…

Pasamos quizás 1 o 2 horas más abrazados dentro de la cama, callados, escuchando música… dormidos quizás por algunos minutos… La miré dormida en mis brazos en ese extraño espacio que mi prima y yo habíamos creado… ¿cuándo lo volveríamos hacer otra vez?… ¿quizás mañana? ¿Otro día?… ¿el próximo año?… quizás nunca…

Lo cierto es que ella es una gran mujer… y estarán de acuerdo conmigo en eso… apasionada y tierna… ganas de hacerla mi amante para siempre no me faltaban… pero esa ternura aun de niña… quitó esa idea de mi cabeza al instante… Le di un beso en la frente… una leve sonrisa esbozó su rostro… Ella empezó agradeciéndome… terminé agradeciéndole yo.

Autor: jr96

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La primera y la unica vez

Mi amigo que aún no había descargado le puso la polla en la boca y ella comenzó una buena mamada mientras yo le metía mi polla hasta el fondo de un solo golpe que con sus jugos chorreándole entraba sin ningún problema, me agarré a su cintura y comencé a bombear a un ritmo lento para disfrutar lo más posible de ese momento. Le daba cachetadas en el culo y eso parecía que le hacía disfrutar más.

Hola, me llamo Carlos, soy un chico de Madrid de 31 años al que le gustan mucho los relatos de esta página. Hace tiempo que los voy leyendo y he animado a mi novia a leerlos la cual se ha hecho una ferviente seguidora de lo que aquí se escribe. Animado por ella voy a contaros la primera y única vez que hice un trío.

Yo tenía un amigo que trabajaba en el hospital de Madrid que muchas veces me hablaba de las enfermeras y demás chicas que allí trabajaban aunque nunca me contaba nada concreto. Un día me dice que si le voy a buscar al hospital, le digo que si aunque a mí ir a los hospitales no me hace demasiada gracia, me comentó que no me arrepentiría y que luego nos iríamos a tomar unas cañas juntos, yo a esa frase en concreto no le di mucha importancia. Quedamos en la cafetería del hospital, estaba sentado en una de las mesas acompañado por una enfermera… ella estaba de espaldas a mí por lo que no me vio llegar. “Hola Carlos. Mira, te voy a presentar a una compañera de trabajo, se llama Lucía”. Lucía se dio la vuelta, se puso en pie y nos dimos dos besos.

Era una chica de unos treinta y pocos años, pelo rizado en media melena, unos enormes ojos verdes preciosos que fue lo que a primera vista más me llamó la atención. Tenía una figura muy bonita, no era demasiado alta, pero sí tenía un par de tetas muy bien puestas. Llevaba una bata blanca que le ceñía todo el cuerpo y que le hacía un culo de lo más apetecible. Me senté justo enfrente de ella y comenzamos a hablar un poco de todo, hasta que ella comenzó a preguntarme directamente temas personales.

“Y dime Carlos, un chico tan guapo como tú habrá tenido muchas novias”. “No que va, solamente una, que tuve antes de irme a la mili, pero allí me dejó”. “Y con esa chica… ¿Cuánto tiempo estuviste?”  “Casi tres años, pero no me fue demasiado bien, no me dejó tocarla ni una sola vez”. Nos pusimos a reír a carcajadas y mi amigo comenzó a hacer bromas acerca de eso. “¿Entonces eres virgen?” Enseguida me puse colorado, yo por entonces tenía apenas 20 años y aún las mujeres me ponían muy nervioso. “No, que va, perdí la virginidad estando en la mili”. Lucía me guiñó un ojo, pidió otro café y seguimos charlando.

Yo me fijaba mucho en su escote. Como he dicho llevaba una bata blanca abotonada por delante, y se le transparentaba toda la ropa interior. Entre los huecos de los botones podía verle perfectamente el sujetador, era blanco bastante discreto aunque a mí me pareció un poco pequeño para el tamaño de sus tetas. Cruzaba las piernas con bastante maestría y yo intentaba verle las bragas a cada cruce suyo, lo cual conseguí más de una vez poniéndome tremendamente cachondo, y tenía una erección bastante grande que se ocultaba porque llevaba un pantalón vaquero bastante holgado…

Lucía no dejaba de mirarme, incluso creo que me pilló mirándole las piernas, pero se hizo la desentendida. Después de haber tomado los cafés, Lucía dijo que tenía que coger unas cosas del despacho de su jefe y que luego se cambiaba y nos íbamos por ahí. “Ah pues entonces vamos contigo”. Dijo mi amigo. La seguimos hasta la cuarta planta y en el ascensor no podía dejar de mirarle el escote por encima del hombro… ya estaba deseando llegar a casa para hacerme una paja pensando en Lucía. Llegamos al despacho y me dijo que me sentara en la silla de los pacientes… ella se puso a mirar en un fichero y mi amigo se sentó en la silla del médico.

Comenzó a abrir los cajones del archivador por la parte de arriba y, poco a poco, comenzó a bajar doblándose por la cintura y dejando que viese ese estupendo culo que tenía con esos muslos tan bien puestos… Yo estaba a punto de estallar, por un momento estuve a punto de decirles que me iba al baño, necesitaba hacerme una paja cuando de pronto se giró y me pilló mirándola. Me puse colorado como un tomate. “Míralo que pillín, mirándome las braguitas ¿eh?”. Al decir esto se acercó a mí y se sentó encima de mis piernas poniéndome las tetas a la altura de mi cara.

“¿Te ha gustado lo que veías? ¿Eh? Eres un chico muy malo y vamos a tener que hacerte una revisión”. Diciendo esto, puso su mano sobre mi polla por encima del pantalón. “Huy, esto parece más grave de lo que pensaba, habrá que intervenir de inmediato”. Yo, que aunque lo parecía, no soy tonto, enseguida supe de que iba todo… le desabroché la parte de arriba de la bata y comencé a sobarle las tetas por encima del sujetador… Ella comenzó a comerme la boca, metiéndome su lengua… nos dimos un buen y largo beso.

Se desabrochó el sujetador y se lo sacó por la manga con esa habilidad especial que tienen las mujeres para hacer eso. “Cómeme las tetas cabrón”. El oír eso me puso a cien, y comencé a chuparle los pezones y las tetas, pasando mi lengua por la aureola y pegándole mordiscos en los pezones… Ella se ponía como loca. “Sí cabrón. Sigue chupándome, estoy muy caliente y necesito dos buenas pollas que me sacien”. Mi amigo estaba haciéndose una paja, no vi cuando se desabrochaba el pantalón, pero estaba sentado meneándose la polla.

Lucía se agachó delante de mí y me quitó los pantalones y los calzoncillos obligándome a permanecer sentado, abrí mis piernas y se puso a comerme la polla como jamás me la habían comido hasta entonces. Pasaba la lengua por mi capullo y recorría toda mi polla con ella hasta llegar a los huevos, se los metía en la boca mientras me masturbaba con una mano, luego se metió mi polla entera en su boca y la sacaba muy despacio, a mí eso me volvía loco… Estaba en el paraíso y no podía creer lo que me estaba pasando.

“Joder que bien la chupas puta, me voy a correr”. Pero ella no paraba… gemía y seguía comiéndome la polla cada vez con más ganas, hasta que ya no pude aguantar más y comencé a correrme de una manera increíble para mí… Ella tragaba y tragaba como una auténtica experta come pollas, parecía una actriz porno profesional o quizá mejor. Me dejó limpio sin una sola gota, se incorporó y me dio un beso en la boca, que a mí no me dio asco sino un morbo impresionante de probar el gusto de mi propio semen. Luego se puso de pie y se fue hacia la mesa, se desnudó y se tumbó encima.  “¿Que pasa machote, vas a dejar de machacártela como un mono y vas a venir a comerme el coño o qué?” Le dijo a mi amigo.

Este se levantó con los pantalones por los tobillos, se los quitó y se arrodilló entre sus piernas y comenzó a comerle el coño, con unas ganas enormes, ella no paraba de gemir, y de agarrar a mi amigo por la cabeza para marcarle el ritmo. “Así cabrón, cómeme el coño que estoy cachonda”. “Carlos, ven y cómeme las tetas como hiciste antes”. Yo me puse a la altura de sus tetas y empecé a comérselas de nuevo. Ella que tenía mi polla a su altura comenzó a meneármela y pronto volvió a estar dura. Al poco tiempo, empezó a decir que se iba a correr y que no parase de comerle el coño.

Yo tenía la polla durísima otra vez, entonces ella se puso a cuatro patas encima del escritorio. “Cariño, quiero que me la metas por detrás, tengo muchas ganas de una buena polla en mi coño y la tuya me gusta mucho”. Mi amigo que aún no había “descargado” le puso la polla en la boca y ella comenzó una buena mamada mientras yo le metía mi polla hasta el fondo de un solo golpe que con sus jugos chorreándole entraba sin ningún problema, me agarré a su cintura y comencé a bombear a un ritmo lento para disfrutar lo más posible de ese momento. Le daba cachetadas en el culo y eso parecía que le hacía disfrutar más.

Giró la cabeza y me dijo: “Mira cabrón como se me mueven las tetas… ¿A qué no habías visto una puta como yo? ¿Eh?”. Desde mi posición podía ver como sus tetas se movían rítmicamente a cada embestida mía. Yo las quería coger, así que me doblé encima de ella y se las comencé a estrujar mientras ella no dejaba de comerle la polla a mi amigo. Aumenté el ritmo de mis embestidas porque estaba deseando correrme dentro de ese coño tan caliente y al notarlo ella comenzó a chupar más rápidamente la polla de mi amigo. “Agggg, joder me voy a correr”. “Córrete dentro de mi cariño, lléname con tu leche”. “Y tú cabrón, córrete en mi cara”. Al decir esto, la volví a agarrar por la cintura y comencé a correrme, esta vez incluso más que cuando ella me la comía.

Mi amigo también se corrió echándole todo el semen encima de su cara, ella sacaba la lengua para intentar atrapar algo. Después se fue a limpiar un poco y volvió diciendo que aún tenía una polla que no había probado su coño… era la de mi amigo… se sentó en la silla y ella se puso encima de él dándole la espalda, yo estaba sentado en la otra silla mirando y esperando mi turno viendo como la polla de mi amigo entraba y salía del coño de la enfermera y esta no paraba de mirarme con cara de viciosa, mi amigo no tardó mucho en correrse, pero ella no tenía bastante, así que vino hacia mí, agarró mi polla y se la metió de un golpe… yo le agarraba de las tetas y de la cintura y ella no paraba de cabalgar encima de mí una y otra vez, cada vez más deprisa… parecía insaciable… yo le comía las tetas como podía hasta que me volví a correr creo que por tercera vez ya.

Así terminamos… ella se fue a los vestuarios a ducharse y nosotros nos marchamos a casa… yo aún estaba totalmente alucinado. Esta historia es real, aunque hasta el momento no he tenido oportunidad de repetirla. Mi novia tiene ganas de probar algún trío e igual nos animamos, aunque no sé si con chico o chica, eso sí, os prometo contároslo. Agradeceríamos cualquier comentario o sugerencia.

Autor: Elnene30_01

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Disfrutar de mi cuerpo

Él movía la cabeza de un lado a otro, podía sentir dentro de mí como su hinchazón aumentaba. Volvió a arremeter en mi concha. Me hizo doler y gozar como nunca antes. Sentía sus huevos golpear en mi culo, y la profundidad de la penetración me llevó a terminar en varios orgasmos. Con su pija enorme lubricada con mis jugos me penetró el culo con cierta dificultad, mientras me retorcía los pezones.

No soy una ninfómana, aunque ustedes piensen lo contrario. Simplemente me gusta disfrutar de mi cuerpo, fui hecha para el placer y educada para ser libre. Y eso soy, ejerzo mi libertad sin causar daño a nadie. Por eso aquí les cuento mis aventuras. A los 16 perdí mi virginidad, pero me desaté realmente a los 18. Mi padre es diplomático y por esa razón nos habíamos trasladado a España. Terminamos el secundario en Madrid, pero tanto mi hermano mellizo como yo extrañábamos mucho Argentina: nuestros amigos, la ciudad, los olores, las costumbres… estando afuera uno extraña hasta a los colectiveros… es raro, pero es así.

Teníamos casi un año de instalados en la madre patria, pero no lográbamos adaptarnos y apenas cumplimos los 18 les planteamos a nuestros padres que queríamos regresar. Pusieron el grito en el cielo, pero ya teníamos todos los flancos cubiertos: allí teníamos casa, la vida era mas barata que en España, toda nuestra familia estaba en Argentina, los amigos, los olores, el club, los colectiveros, la cancha de Boca, Los Nocheros -la debilidad del viejo-, y el tango. Sí, dimos golpes bajos. Madrid nos gustaba mucho, nos había recibido muy bien, pero la tierra tira. Finalmente, después de unos días, nos dieron el okey. Llegamos unos días después de celebrar el año nuevo en España. Volvimos a la casa que habíamos abandonado un año atrás. Habían cambiado algunas cosas, no muchas, pero todo estaba casi como lo dejamos. Los vecinos eran los mismos, cogotudos (personas de clase alta), y garcas (aprovechados de los demás), igualitos.

Fulanito había engordado y menganita se había rapado. La vieja de la casa de la vuelta se había muerto finalmente. Detalles nomás. Pero algo en nosotros había cambiado. Por primera vez éramos libres completamente. Los papis estaban a años luz de distancia. ¡Uuuuuujuuuuu! Era verano, hacía un calor sofocante y nos pasábamos en la pileta de casa durante el día y a la noche salíamos indefectiblemente. Yo salía con mis amigas o con los de mi hermano o directamente con él. Ah, mi hermano se llama Andrés, mucho gusto. Y yo Pamela.  La libre asociación de ideas está permitida…  Casi todos nuestros amigos se habían ido de vacaciones a Punta o a Pinamar. Nosotros nos quedamos en Buenos Aires. Teníamos varios asuntos que solucionar, entre ellos, problemas con los bancos: nuestro sustento diario proveniente de Madrid no llegaba a nuestras manos. No nos quedaba otra que quedarnos en casa con ese calor del infierno. Igual disfrutábamos estar en casita, cómodos y solitos.

El día en que empecé a desatarme me levanté al mediodía, como siempre, me tomé un juguito de naranja, me puse la bikini, y me tiré en la pileta. Un placer. A las dos horas llegó Andrés.

– ¿Dormiste bien, Piki? – Como un lirón… – Hoy llamó mamá, y dijo que ya había mandado la plata.- Bueno, menos mal. Esto del escaseo de metal me hincha un poco las bolas. – Tendrían que abrir una cuenta, poner la guita ahí, en vez de depender de esto de que nos manden cada mes. – Si, ya se lo dije, pero no la entiende. Nos quedamos en silencio un rato. Después empezó a salpicarme.- Ah, ¿querés guerra? – Que guerra podés dar vos, si sos mujer, tonta. – Ahora vas a ver.

Me acerqué y le manoteé la pija como pude por sobre el short. La solté enseguida. No se por qué hice eso. Me asombré, pero ya estaba hecho.

– ¿Qué haces loca? Tenía que encontrar una razón rápidamente. – Bueno, dijiste que no podía darte guerra por ser mujer… Ahí tenés guerra. – No me refería a ese tipo de guerra, exactamente.

Tenía razón, me remordió la conciencia y le dije: perdóname, lo hice sin pensar.

Se dio la media vuelta y se fue. Me quedé un rato largo en el agua pensando en la cagada que me había mandado. Pero mi mente volvió al tema de la guita que no llegaba. Me olvidé del asunto. Salí de la pile, me sequé con el toallón y sentí que alguien me miraba. Lo sentía. Miré para arriba y logré divisar a medias a mi hermano justo cuando se escondía.  Cuando estaba subiendo para ducharme, lo veo al final de la escalera y me dice como si nada:

– ¿Qué hacemos hoy? – ¿qué querés hacer? – ¿y si vamos a cenar y después nos vamos de marcha? – Y dale…

Me duché, y vieja costumbre argentina, fui a pegarme una siesta para estar fresquita. El sol y el agua me agotaban. Me despertó Andrés: dale loca, levántate y vestite rápido que son las once y estoy cagado de hambre. Comimos en un restorán de medio pelo, con vino y postre incluido, que nos salió bastante baratito. A eso de la una y media encaramos para los boliches del río. Con el vino que había tomado ya estaba alegre. No acostumbraba tomar. Pero apenas entré al boliche fui a la barra y me pedí un vodka con naranja. Huy, loca, pará un poquito, dijo Andrés. No le dije nada. El se pidió un destornillador. La gente fue llegando y después de medio vodka yo ya estaba realmente en pedo. La cabeza me giraba de a ratos, pero todavía me sentía entera, consciente de mí y de lo que me rodeaba. Nos pusimos a bailar. Las luces centelleantes, la música al palo y el pedo me hacían sentir como que flotaba. Andrés iba y venía de la barra. Tomaba rápido. El solía tomar, pero no tanto, ya iba por el cuarto vaso.

– Estás linda hoy, guachita. – Gracias, Piki.

Me había puesto una remerita blanca y unos jeans bien apretaditos. Me agarró de las manos y bailamos así un rato. Me dio vuelta y él bailaba detrás de mí. No me tocaba, pero si yo bajaba, el bajaba, en un baile muy sensual. Subía y bajaba y él me acompañaba por detrás, muy cerquita, siempre sin tocarme, pero aún agarrados de las manos. Intenté acercarme a él, pero disimuladamente retrocedía. Me di la vuelta e hicimos lo mismo, tomados de las manos. Le clavé los ojos y desvió la mirada. En algún momento, fue él quien me miró a los ojos y luego me atrajo hacia si. Sentí su pija dura casi sobre mi concha. Mis tetas se clavaron en su pecho y me la refregó un poco mientras bailábamos. Me soltó y dijo: vamos. Lo seguí.

– No puedo manejar, dejemos el auto acá y lo venimos a buscar mañana. Tomemos un taxi.

Llegamos a casa y yo no sabía que hacer. Lo mejor sería hacerme la tonta. El parece que pensó lo mismo porque fue a la cocina, tomó agua y me dijo: me voy a dormir, hasta mañana. Al otro día, repetí la rutina de siempre, sólo que Andrés ya estaba en la pileta.

– Buen día, Chetito. ¿Qué hacés levantado antes que yo? Me miró nomás. – ¿Te comieron la lengua los ratones? Nada. – Bueno, hoy jugaremos al oficio mudo entonces.

Me metí al agua. Se acercó y me salpicó. Yo no hice ni dije nada. Volvió a salpicarme. Seguí igual. Otra vez. Entonces reaccioné. Le agarré la pija, pero ya no había ningún short de por medio. No me había dado cuenta que estaba en bolas. Solté más rápido que el día anterior. Me agarró la mano y la puso en su pija:

– Terminá lo que empezaste ayer. – No. Volví a sacar la mano.

El volvió a ponérsela en la pija que ya estaba parada. Esta vez no me soltó. Empezó a pajearse usando mi mano. Intenté sacarla, hasta le apreté la pija, pero me miró fiero. Siguió pajeándose. Veía su cara de satisfacción. Le gustaba el masajeo que mi mano le estaba dando. Poco a poco aflojó la presión de su mano y me soltó. Y yo seguí pajeándolo. Jadeaba con los ojos cerrados. Se apoyó contra la pared y abrió los brazos. Él empujaba con sus caderas como si el hueco de mi mano fuera mi concha. Deseé que estuviera pensando eso. Le acaricié el pecho y abrió los ojos. Me miró fijo y profundamente. Yo había incrementado el masajeo para hacerlo acabar mientras seguía acariciándolo. Ahora era yo la que deseaba un masajito. Le agarré la mano y la puse en mi concha. Corrió desesperadamente la tanga y me acarició la concha mientras yo no dejaba de pajearlo. Terminó ahí mismo. Me miró con una mezcla de miedo y placer, sacó su mano de entre mi concha palpitante y salió desnudo de la pileta. Sorprendida lo miré alejarse. Salí yo también de la pileta. Subí las escaleras apuradísima y fui a su habitación. Se estaba poniendo el calzoncillo. Me vio parada en la puerta.

– Esto no está bien, loca, me voy. – ¿A donde vas? – A buscar el auto de donde lo dejamos ayer. – Un poco tarde te diste cuenta que esto no está bien. – No te hagas la tonta. – No me hago la tonta. Sólo que me parece que las cosas vienen así y bueno… son así.

Se puso de espaldas mientras se ponía la camisa y me saqué el corpiño del bikini. Yo seguía caliente y quería mi parte. Este histeriqueo me calentaba más. Comprendía que lo que habíamos hecho no estaba del todo bien. Pero a él le había importado a medias. El mismo argumento podía dar yo. Se dio vuelta y vio mis tetas al aire. Me las miró sin asco. Se acercó despacio, con la respiración entrecortada.

– Basta Pamela. – ¿No te gustan? – Basta.

Me le colgué al cuello, le refregué las tetas en el pecho desnudo y le dije: decime ahora que no te gustan, dale. Me miró asombrado, pero no pudo evitar besarme el cuello. Me lamió las orejas y luego pasó a lamerme las tetas. Las mordió despacito mientras me agarraba el culo con las dos manos. Yo ya estaba mojada, recontra caliente. Me acercó a la cama y me empujó sobre ella. Cuando caí sobre las sábanas, lo vi irse de la habitación. Le grité que volviera mientras escuchaba como bajaba la escalera de dos en dos.

Mi hermano estaba volviéndome loca. El guacho me había dejado caliente, recaliente. No quería pajearme yo, quería que él me pajeara. Pero sabía que si no me sacaba la calentura de encima iba a explotar. Volví a la pile. Me saqué la tanga y empecé a acariciar mis tetas, las apreté y pellizqué los pezones con bronca. Me llevé la mano a la concha y ataqué mi clítoris con movimientos circulares mientras pensaba que con esa misma mano había pajeado a mi mellizo. Eso me calentó más, apreté el pezón con mucha más fuerza hasta sentir un poco de dolor y aceleré el ritmo en el clítoris. Exploté rápido. Fui a mi habitación, me puse una remerita y la tanga más chiquita que encontré. Bajé, prendí la tele, me senté en el sillón y comencé otra vez a tocarme. Por más que hubiera acabado cinco minutos antes seguía estando excitada. Sólo podía pensar en la pajeada a mi hermano y en su lengua sobre mis tetas. Frente al televisor volví a acabar y me quedé dormida. Me despertó la puerta de entrada que se cerraba. Era Andrés. Me levanté y me miró de reojo. Hasta mañana, dijo. Carajo mierda, ahora directamente me estaba ignorando. Su juego estúpido más que excitarme me hacía hervir de bronca. Ya me las iba a pagar.

Eran cerca de las 12 de la noche cuando me fui a dormir. Bueno, intentaba dormir. Estaba obsesionada con lo que habíamos hecho y muy caliente, mucho. A las 3 más o menos me levanté y fui a su habitación. Roncaba, no se como podía dormir… Boca arriba. Dormía desnudo, siempre lo hacía y más en verano. Pero entornaba la puerta. Esta vez la había dejado totalmente abierta. Me estaba provocando y no lograba entender su juego. Me acerqué a la cama, vi su pija flácida. La agarré y apenas apoyé mis labios en ella. Luego la punta de mi lengua en su agujerito. Me concentré ahí, suavecito, suavecito, sin parar. Se despertó. Me miró y sonrió. Su sonrisa me desconcertó, pero seguí suavecito. El bultito flácido se estaba endureciendo. Aumenté el ritmo concentrándome en la cabeza, pasando la lengua por todo ella. Gimió de placer. Metí la cabeza en mi boca y la apreté con los labios mientras le daba latigazos con la lengua con mucha rapidez. Esto pareció volverlo loco y se le puso rígida como una piedra.

Lo estaba pajeando otra vez, pero esta vez me di cuenta lo grande que era su pija. Era muy gruesa, no muy larga y un tanto combada hacia arriba. Me pareció desproporcionada para el cuerpo poco musculoso de Andrés. La miré impresionada y volví a llevármela a la boca. Me la metí entera, casi hasta la garganta, llenándola de saliva, recorriendo sus pliegues, presionando con la lengua en la cabeza. Me puso la mano en los huevos y acaricié. Me la sacó de la boca rápido y mientras con mi mano subía y bajaba su tersa piel con mucha rapidez acabó entre mis tetas. Me desilusioné y pensé que me mandaría a volar como ya lo había hecho antes, pero no. Me puso de espalda y me empezó a lamer. Abrió mis brazos, sujetándolos. Apoyó todo su cuerpo en mi espalda, movía su pene contra la raya de mi culo y podía sentir como iba poniéndose gorda otra vez.

Seguía moviéndose y ahora me mordía. Sus mordisquitos apenas dolorosos, seguidos de un lengüetazo me excitaban muchísimo. Hizo que nos pusiéramos de costado, apoyando su pija en mi culo, mientras que con una mano empezó a tocarme las tetas. Con la otra me acariciaba la concha. Atacó mi clítoris con decisión y me vine casi en el instante en que lo hacia él… Sentir su leche chorreándome por el culo, mojando la poca tela de la tanguita que llevaba me hizo desearlo aún más.

– Dame más. – Por hoy es suficiente, hermana… – Dale… no seas malito. – Ándate a dormir, ahora estamos a mano, ¿no? – Si, pero… – Si pero nada. A dormir.

Al otro día me levanté en llamas. Había soñado toda la noche que cogía con él y estaba completamente mojada. Fui al baño, hice pis y apenas había terminado de levantarme la tanguita, lo vi entrar como una tromba. Me empujó contra la pared y me metió la lengua en la boca, mientras refregaba su pija en mi estómago y me agarraba el culo.

– Hoy vamos a llegar hasta el final, dijo susurrándome al oído

Siguió refregándose contra mí, me sacó la tanga y la remerita y empezó a chuparme la concha mientras me apretaba las tetas con las dos manos. Sentía su lengua entre mis pelos, rodeándome el clítoris y por momentos entrando por mi vagina. Yo presionaba su cabeza para que siguiera ahí, chupando todos mis jugos. Rozaba sus dientes contra mi clítoris mientras luego lo suavizaba con la lengua. El roce me hizo acabar. Supo que había acabado porque gemí fuerte y mi pubis se movía despidiendo los jugos, pero siguió chupando.

– Tu concha es la más rica que probé en mi vida. Me va a ser difícil dejarla. Vamos a mi habitación.

Tenía el pedazo gordo y empinadísimo. Intenté agarrarlo, pero no me dejó. Me sentó encima de él y me la metió con fuerza. Lo cabalgué con violencia, yo me echaba hacia atrás, y él me apretaba las tetas… Siiiiiiigueeeee, siiiiiigueeeeee, nooooooooo paresssssssss… Hhhhhhhhhhuuuu, uuumm, mmmmmmm, voy a aaaacabaaaar dennnnntroo de vvvvvossssss. En una serie de espasmos rápidos sentí su leche caliente llenando mi agujero. Seguí cabalgándolo para que se le parara otra vez. Quería más. Mientras me movía de atrás para adelante le pellizcaba las tetillas, él movía la cabeza rubia de un lado a otro… podía sentir dentro de mí como su hinchazón aumentaba.

Hizo que dejara de cabalgar, me puso de costado, él detrás, me levantó una de las piernas y volvió a arremeter en mi concha. Me hizo doler y gozar como nunca antes. Sentía sus huevos golpear en mi culo, y la profundidad de la penetración me llevó a terminar en varios orgasmos… Con su pija enorme lubricada con mis jugos, me penetró el culo con cierta dificultad, mientras me apretaba y retorcía los pezones.

La penetración me hizo saltar, grité de dolor, a la vez que lo oí quejarse a él también. Me estaba haciendo doler, pero me gustaba tanto que pedía más. Nunca había experimentado el placer que me estaba dando mi hermano: Mmmmmaaasssssss, que meeeeeee parttttttttíiiiiiiiis y me gusssssssta… másssssssss… Bombeó con tanta fuerza que éramos los dos un solo grito de goce. Siguió serruchándome con violencia un tiempo, acompañando el traqueteo con gritos desesperados de ardor, dolor y placer y casi acabamos al mismo tiempo.

Sudados y exhaustos nos quedamos dormidos. Al otro día, nos despertamos y nos quedamos en la cama, cogiendo, cogiendo y cogiendo. Así durante semanas. Solo salíamos a hacer compras. Se volvió una obsesión. Hasta que se me ocurrió que sería bueno encontrar un segundo hombre para hacer un terceto. Quería ver que se sentía ser cogida por delante y por detrás a la vez… Hhhuuuuuummmmm, el haberles contado mi experiencia hizo que me calentara. Ahora mismo estoy toda mojada. Andrés me está masajeando las tetas y no puedo resistirme. Me voy chupar toda su leche. En la próxima, y sin esta calentura que tengo ahora, les contaré la experiencia fabulosa del terceto. Un beso en la puntita.

Autora: Pame

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Jugando con Elsa

Comencé a besarle los pechos, mordía sus pezones mientras mis dedos jugaban con su vagina y con su culo. Bajé hasta su concha y comencé a comérmela. Era hermoso el olor que salía de ella. Estaba más que lubricada y con mi lengua recorrí sus labios, para luego meterla en su cavidad. Mi lengua comprobó el calor de su vagina, luego introduje un par de dedos, mientras otro jugaba con su culito.

Pensaba que el tema con mi ex esposa ya había quedado atrás y que había iniciado una nueva vida, hasta que me crucé con ella y con su nueva pareja en un centro comercial. Fue en dos ocasiones, la primera yo salía de una librería y ellos pasaban tomados de la mano y muy acaramelados por delante de mí. La segunda fue cuando me senté a tomar un café en la plaza de comidas y pude ver como se hacían arrumacos y se besaban. Ella me vio y con una sonrisa muy cínica lo besó de improviso como para demostrarme lo bien que la estaba pasando con otro al verme solo.

Al principio traté de no darle mayor importancia, pero no pude y al poco rato me encontraba caminando por el estacionamiento buscando mi auto y maldiciendo mi suerte. Salí y no pude irme para casa. Salí y recorrí un poco la ciudad en busca de tranquilizarme un poco. Para colmo de mi mala suerte llamé a Victoria, una de mis nuevas amistades, y no pude encontrarla. Necesitaba conversar con alguien y también por qué no, tener un buen rato de sexo.

Estaba visto que esa no iba a ser mi noche, así que decidí ir a comer algo para luego irme a casa a dormir. Fui a un bar cercano al centro de la ciudad al que solía ir seguido ya que se comía muy bien y tenían un ambiente muy acogedor. Me senté en una de las mesas del fondo del salón y cuando estaba ojeando la carta siento que alguien habla a mis espaldas.

– A este cliente atiéndalo bien. Miren que sino mañana en el trabajo se la agarra conmigo.

Me di vuelta para ver quien era, ya que la voz me resultaba familiar y me encontré con Elsa.

Elsa, es una compañera de trabajo, con la que trabajamos juntos, cuando yo recién empecé en la empresa. Nos habíamos hecho muy compañeros, ya que según ella, que es varios años mayor que yo, me había adoptado como un “hijo laboral”. He de decir que ella me enseñó mucho sobre el trabajo, lo que permitió que me asignaran otras tareas. Si bien hace ya un tiempo que no trabajamos en la misma sección, siempre que nos encontramos en alguno de los pasillos conversamos un poco y a veces se da una vuelta por el piso en el que trabajo y nos ponemos al día con nuestras cosas.

Ella hace ya varios años que se divorció y cuando yo pasé por lo mismo me habló mucho y me ayudó bastante. Me alegré mucho al verla ya que suponía tendría alguien con quien conversar un rato.

– ¿Qué está haciendo usted señora por aquí? – Estoy confirmando algo que cuando te lo cuente seguro que te caes de espalda. – ¿Ah sí? Dije yo. – Si. Así como me ves voy a ser la próxima expositora de pinturas de este prestigio local. Dijo riéndose.

Varias veces habíamos almorzado junto con otros compañeros de trabajo en este local y si bien no teníamos una amistad, conocíamos bastante a los dueños, con quienes teníamos mucha confianza. Lo de la exposición era porque Elsa en sus ratos libres tenía por hobby la pintura y siempre había dicho que en algún momento iba a exponer sus obras. Me contó un poco de qué se trataba todo y se excusó de acompañarme porque tenía unas cuantas cosas para hacer y quería irse temprano. De todas formas quedamos para el día siguiente a la hora del almuerzo. Tal cual lo previsto nos encontramos en la puerta del ascensor al día siguiente a la hora del almuerzo y por supuesto que fuimos a almorzar al bar donde se haría la exposición.

Durante el almuerzo conversamos de muchas cosas, por supuesto que el tema de la exposición fue el central de la charla y también salió el tema de que era lo que estaba haciendo la noche anterior en el bar. Le conté lo que había pasado y Elsa se sorprendió de que yo siguiera con mi ex en la cabeza.

– ¿Todavía seguís pensando en esa loca?

Si bien Elsa en más de una ocasión me había comentado que mi ex no le había caído nunca bien, era la primera vez que se refería a ella de esta forma.

– La verdad que lo que hizo es bien de perra. Continuó diciendo Elsa. – No merece que pienses más en ella. Ella sabe lo mal que pasaste vos con todo el tema del divorcio y te hace esto todavía. La verdad es que no la entiendo. – Mirá me hubiera gustado ir y putearla delante de todo el mundo, pero no tiene sentido. Después pensé en ver la forma de devolverle lo que me hizo. Pero tampoco vale la pena. – Mala idea no es. Es el golpe más grande que le podés dar. Que vea que la pasás bien sin ella. Pero tiene que ser bien hecho, que no parezca que lo hacés a propósito. – ¿No te estás volando demasiado? Dije, para tratar de frenarla un poco. – ¡No! ¡Para nada! Lo que hay que ver es cómo y cuando. Pero no te preocupes que algo se me va a ocurrir. Déjalo en mis manos.

En realidad no sé bien el momento en el cual me convenció o me dejé convencer. Lo cierto es que de regreso al trabajo me dijo que cuando lo tuviera armado me llamaba. Pasaron dos días antes de que me llamara. Fue casi a la hora de salir, me dijo que me esperaba en la puerta para contarme. Aprovechamos el viaje de regreso para que Elsa expusiera su plan.

– Es sencillo. Dijo. Se me ocurrió que el lugar ideal es el día de la inauguración de mi exposición. Yo le hago llegar una invitación al cóctel que seguro viene. No te olvides que a pesar de todo conmigo siempre tuvo buena onda. Lo que vos tenés que hacer, es ir con una amiga y cuando yo te diga te vas para el fondo a jugar un ratito y yo me encargo de llevarla con alguna excusa y me aseguro de que los vea. Por supuesto que después me encargo de decirle lo mucho que siento que haya visto lo que vio.

Ambos nos pusimos a reír con la idea. Elsa me hizo reconocer que era genial y me dijo que se encargaría de todo. Yo sólo tenía que encargarme de llevar a una amiga que se prestara al juego. Teníamos dos semanas por delante así que tenía tiempo de sobra para arreglar todo con Victoria, que además con el morbo que tiene no iba a dudar en aceptar. Me imaginaba yo montando una escena tipo película porno junto a Victoria y a la vista de la mal nacida de mi ex.

El día anterior Elsa se encargó de llamarla para confirmar su presencia y tal cual lo previsto le dijo que allí estaría. El plan marchaba sobre ruedas hasta que un par de horas antes del evento recibo una llamada de Victoria en la que me avisa que llegaron de improviso sus padres y que no iba a poder ir. Me pidió disculpas de mil maneras y me dijo que me prometía que en la próxima se prendía si o si.

Al principio pensé en reemplazarla por una profesional, pero llegué a la conclusión de que no valía la pena. La di por perdida, pero igual decidí ir al cóctel para cumplir con mi amiga. Me mentalicé para soportar alguna humillación de parte de mi ex junto con su nuevo novio y salí bastante tranquilo hacia allá. Ni bien entré me dispuse a buscar a Elsa para decirle lo que había pasado. La encontré y fui a saludar. Mientras le besaba la mejilla le dije que teníamos que hablar. Ella se apartó un poco y le conté lo sucedido. Ella se lamentó, pero me dijo que me quede tranquilo que algo se le iba a ocurrir. Un rato más tarde se acercó a mí nos volvimos a apartar y me dijo:

– Haceme caso. Cuando te diga, andá para la parte de atrás que está todo pronto. – ¿Y quién se va a prestar al juego? – Yo. Me dijo. – ¿Qué? – Vos tranquilo que va a salir todo bien. Acaso no es creíble que alguien se fije en mí. Dijo y salió caminando hacia el centro del salón a encontrarse con otros invitados.

A decir verdad, si bien Elsa es una linda mujer, nunca me había fijado en ella como amante. Luego de pensarlo un rato, me dije que ya que estaba en el juego, tenía que jugar, Fue entonces cuando me puse a ver bien a Elsa. Para sus 46 años está más que bien. Es alta, delgada, piel cobriza, ojos oscuros, un lindo pelo que siempre lleva muy arreglado y muy enrulado. Lindos pechos, más bien pequeños, pero buena forma y parecían bastante duros. Y una cola que más de una veinteañera quisiera tener.

Además ese día estaba más arreglada y elegante que de costumbre. Tenía una blusa negra muy sencilla, pero muy elegante a la vez, una minifalda negra que hacía lucir muy bien a sus piernas y completaba el conjunto con unos zapatos de taco alto muy elegantes también. No estaba provocativa, pero si muy interesante. Estoy seguro de que a más de uno le hubiera gustado terminar la jornada entre las sábanas junto a ella. Así que al final pensé que no era mala opción y que de paso sería divertido.

Un rato después uno de los dueños del local pidió la palabra y habló sobre su clienta pintora y entre varias bromas contó lo contento que estaba con la exposición. Luego habló Elsa quien agradeció a todos los que la acompañaban ese día y dijo que quería agradecer especialmente a un gran amigo que siempre estuvo junto a ella y que quería homenajear en ese momento. Por supuesto que ese amigo era yo, que terminé en medio de todos junto a Elsa. Ella primero me dio un abrazo y un beso y luego me tomó de la mano mientras terminaba de hablar.

La verdad que me gustó que me tomara de la mano y ahí la cabeza se me disparó pensando en lo que vendría. También pensaba en que no podía pasarme de la raya ya que no quería tener ningún problema con Elsa. Pasó un rato largo hasta que Elsa se acercó a mí y me dijo que fuera para el fondo que ella enseguida iba. No dudé ni un segundo en hacerle caso. Salí a la parte de atrás del bar. Allí había una especie de jardín que quedaba en la pasada a los depósitos. Me paré bajo una luz que allí había y esperé a que Elsa viniera. La noche estaba linda ya que no hacía frío y apenas corría una suave brisa que refrescaba la noche.

Elsa no se hizo esperar mucho. Se acercó a mí y nos reímos como dos adolescentes que iban a hacer la travesura de sus vidas.

– Ya está. Me dijo Me acerqué hasta donde estaba y como estaba con Laura aproveché para decirles que me gustaría hablar con ellas en cuanto tuviera un minuto, Que iba a ver de escaparme un poco. Picaron enseguida y estoy segura que ya vienen para acá.

Nos corrimos un poco de la luz, pero nos mantuvimos en un lugar donde seguro nos verían. Nos tomamos de la mano y nos volvimos a sonreír por lo que íbamos a hacer.

– ¿Estás listo? Preguntó Elsa. – Si. Contesté.

En realidad estaba listo desde hacía ya un buen rato… Ya estaba deseando que pasara algo. Tenía la curiosidad de ver como besaba Elsa y de saber como se sentía su cuerpo de cerca. Me acerqué a ella y le di un suave beso en los labios.

Ella sonrió y dijo: “bueno empecemos que ya vienen”. Comenzamos a besarnos primero suavemente. Su boca se sentía muy bien. Era sumamente caliente. Luego de romper el hielo inicial, nos fuimos abrazando más fuerte y besando más apasionadamente. Nuestras lenguas empezaron a jugar en nuestras bocas. Su lengua me recorrió la boca como nunca. Nuestras manos empezaron a recorrer nuestras espaldas. A esa altura mi verga ya reventaba y ni me acordaba de que era para dar espectáculo. Bajé una de mis manos hasta sus piernas, ella recogió una para facilitarme la tarea, al tiempo que sus manos recorrían mis nalgas.

No dudé más y metí mi mano por debajo de su falda y comencé a acariciar su lindo culo. Llegué hasta el borde de su tanga y metí mis dedos debajo de ella para recorrer toda la línea de su culo. Me llamó la atención que usara ese tipo de ropa interior, pero a la vez me excitó más. Mi boca abandonó la suya para recorrer su cuello. Con la otra mano traté de desabrochar su blusa. Como no podía ella me ayudó y en pocos segundos estaba tocando y besando sus hermosos pechos.

Pude sentir como decía entre suspiros: “sí, si no pares”.  Empecé a sentir como su mano buscaba mi verga. Primero me la agarró fuerte y me la acarició por encima del pantalón. Luego entre los dos la sacamos para que ella comenzara a masturbarme.

Mis dedos buscaron su concha y enseguida de llegar a ella se perdieron en su interior. Jugué con mis dedos dentro de ella y busqué su clítoris. Cuando lo encontré comencé a acariciarlo. Fueron pocos segundos hasta que sentí entre mis dedos una verdadera catarata de jugos. Su cuerpo se arqueó y quedó tenso por unos instantes, para luego aflojarse hasta casi dejarse caer en mis brazos. En cuanto se repuso comenzó nuevamente con la paja que me estaba haciendo al tiempo que me decía gracias, gracias. Estaba casi a punto de acabar cuando ella paró y me dijo:

– Esperá que ya se fueron. – ¿Me vas a dejar así? – No. Ahora me quiero comer ese paquete entero. Mejor nos vamos para casa. Esperá que me acomodo, salgo estoy con los invitados un rato y después vamos para casa. Para que nadie sospeche, salí vos primero y me esperás en el auto.

Solo dije si. Nos besamos nuevamente mientras nos acomodábamos la ropa. Ella volvió a la reunión mientras que yo permanecí afuera hasta que mi pija bajó lo suficiente como para no quedar pegado. Pasé entre todos. Me despedí de Elsa y salí a esperarla en el auto. Pasaron más de veinte minutos antes de que ella saliera. Subió al auto y arrancamos.

– Salió mejor de lo que lo planeamos. Dijo ella. – ¿Sí? – Si. Hablé con Laura cuando me fui a despedir y me dijo si me iba a ver a mi novio. Yo me hice la desentendida y le pregunté por qué decía eso. Entonces me dijo que no lo escondiera más que me habían visto contigo en el fondo. Yo me hice la asombrada y pregunté por tu ex y Laura me dijo que no le había caído nada bien lo que había visto y que se había ido para su casa. – Perfecto entonces. – Falta algo para que sea perfecto. Te tengo que comer todo.

Terminó de decir eso y se acomodó en el asiento para comenzar a chuparme la pija. Si mi lengua había sentido divino el calor de su boca, ni que decir con mi verga. Comenzó dándome besos y mordiscos, hasta que la volvió a poner dura. Entonces se la tragó de un bocado y comenzó a chuparme al mejor estilo de las películas porno. Se la metía toda en la boca, para sacarla lentamente y pasarle la lengua a la cabeza. Y se volvía a meter la cabeza y a chuparla como un caramelo, mientras que con sus manos me acariciaba en una suave paja.

No demoré mucho en venirme. Le avisé de que acababa, pero ella como si nada. Aceleró sus movimientos y pronto estaba eyaculando en su boca. Con su lengua recorrió mi pija hasta dejarla reluciente. Luego la guardó y me dijo:

– Espero que esa hermosura esté así de dura toda la noche, porque estoy que ardo después de la sobada que me diste. ¿Dónde aprendiste a hacer eso? – No sé.

Llegamos a su apartamento y casi sin decir nada estábamos en la cama desnudos. Recuerdo que fue un placer sacarle la tanga blanca que tenía. Cuando la vi desnuda no podía creer la hermosura de mujer que era. No tuve mucho tiempo para pensar porque casi enseguida estábamos enroscados en otro beso por demás sabroso. Esta vez las manos no esperaron y empezamos a tocarnos como dos desesperados.

Yo comencé a besarle los pechos nuevamente, mordía sus pezones con suavidad y con firmeza a la vez, mientras mis dedos jugaban con su vagina y con su culo. Bajé hasta su concha y comencé a comérmela. Era sencillamente hermoso el olor que salía de ella. Estaba más que lubricada y con mi lengua recorrí sus labios, para luego meterla en su cavidad. Mi lengua pudo comprobar el calor de su vagina, luego introduje un par de dedos, mientras otro jugaba con su culito. Jugué así un rato hasta que me dispuse a jugar con su clítoris. Comencé a comerlo como a sus tetas. Casi enseguida ella explotó nuevamente. Apretó mi cara contra su concha a la vez que acababa y me daba sus jugos… Seguí comiéndola un poco más, hasta que ella se repuso y se colocó sobre mí.

Empezamos un 69 divino. Ella volvía a comerse mi pija como un rato antes. Por mi parte además de jugar en su concha con mi lengua empecé a jugar con su culito. Ella suspiraba y gemía, pero no dejaba de chupar. De pronto paró, se acomodó sobre mí y se metió mi pija hasta el fondo. Comenzó a cabalgarme. No cabía duda de que sabía muy bien lo que hacía. Se movía de una forma que parecía que me iba a arrancar la pija. Yo chupaba sus tetas y las mordía. También seguía con mi dedo en su culito, esta vez ya lo metía descaradamente. En un momento quedó doblemente penetrada por mi verga delante y mi dedo detrás.

– Mirá que ese dedo me está haciendo calentar más todavía. Dijo.

Unos instantes después volvió a acabar. Apenas se detuvo un instante para seguir luego cabalgándome. Podía sentir el ruido de sus jugos. Volvió a detenerse, se bajó, se acomodó con el culo hacia arriba y me dijo:

– Dale metémela por el culito que parece que te gusta tanto.

Creo que no había terminado de decir esto cuando la cabeza de mi verga ya estaba forzando la entrada de su culo. Pensé que resultaría más fácil luego del masaje que le había dado, pero me costó bastante meterla. Cuando me acomodé dentro de ella, comencé a moverme, primero lentamente, luego aumenté el ritmo. Ella suspiraba fuertemente y pedía más. Decía que no parara. Estuve varios minutos bombeando en su culo, hasta que me acabé dentro. Nos dejamos caer sobre la cama, todavía con la verga dentro de su culo. Estuvimos un rato así hasta que la saqué. Nos abrazamos y nos besamos.

– No puedo creer que esto haya pasado. Dije. – Yo tampoco, pero me encantaría que volviera a pasar, dijo Elsa. – Cuando quieras.

Nos volvimos a besar, esta vez en forma más tierna y calmada. Pasamos toda la noche juntos y a la mañana antes de irme lo volvimos a hacer, esta vez en la ducha. A partir de ese día empezamos a vernos un par de veces por semana, pero ahora no eran visitas de amigos…

Autor: Sebas

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La piscina

Tu sexo lo siento caliente y hambriento, sientes mi pene entre tus piernas, presionando tu sexo y tu clítoris hinchado. No resistes más y quieres sentir mi calor en tus entrañas. Con una mano coges mi pene con tus dedos para guiarlo hacia tu entrada. Es increíble la sensación que me recorre cuando mi punta roza los labios calientes de tu sexo, es como una boca ardiente que me rodea y succiona.

Desde que vi aquella piscina, sabía que algún día me sumergiría en ella.

Tus ojos estaban quietos con la mirada perdida en el horizonte, allí donde la línea del mar se junta con el cielo. De pie, en aquella terraza que mira sobre el mar, los brazos apoyados en la barandilla y el cuerpo ligeramente inclinado sobre ella. El sol calienta tu espalda y la brisa sube por el acantilado acariciando la piel de tus mejillas. A tu espalda la piscina, con su agua caliente, reflejando el azul intenso del cielo de una tarde de verano.

Tu mirada está en una nube, aquella frente a ti, igual que algodón. Tu mente la moldea sugiriendo figuras conocidas, pero a la vez tu cabeza acaricia el deseo de sentir unas manos que lleguen por tu espalda y con suavidad se posen en tus hombros. Crees percibir el calor y el movimiento de esas manos dando un masaje por ellos, relajando los músculos que van hacia tu cuello. Inconscientemente tu cabeza describe un sinuoso movimiento saboreando esa imaginaria sensación. Casi al instante crees percibir un calor conocido en tu espalda, un ligero roce sobre ella. Pero más que mirar hacia atrás y comprobar si es cierto que hay alguien, prefieres que esa sensación continúe y no desaparezca.

Temes que al girar se evapore ese sueño. Tu deseo hace que esas sensaciones recorran tu piel, consiguiendo que el vello se te ponga de punta y parezca piel de gallina. Es casi real la sensación que te abraza y aumenta tu calor. Un pecho en tu espalda, unas manos que ahora recorren tu cintura, dibujando caricias alrededor de tu ombligo. Tu vientre se estremece con esa sensación. Un agradable cosquilleo recorre tu cuerpo desde las piernas, subiendo por tu espalda hasta tu cabeza y a la vez hace que despierte una sensación de calor y humedad en tu sexo.

De repente un ruido a tu espalda te hace salir del letargo, y recuerdas que hace unos segundos ya no percibías esas caricias imaginarias sobre tu piel. Pero tu imaginación te hacía pensar que todavía estabas saboreándolas y sintiéndolas.

Con un movimiento reflejo te giras para averiguar cual es el origen del ruido que te ha despertado. Te das cuenta que es el ruido familiar que produce un cuerpo al entrar en el agua. La superficie de la piscina está aún revuelta y alguna pequeña gota ha salpicado hasta tus pies. Ahora te fijas y descubres una silueta moviéndose bajo el agua, agitando los brazos y las piernas, buceando con suavidad. Se aleja de ti hacia el final de la piscina, pero lo ves girar y ahora se acerca de nuevo al bordillo de donde saltó.

Otro ruido te hace temblar un poco, porque tu mente todavía mantiene un nexo de unión con el sueño que estaba sintiendo tu cuerpo. Ves emerger la cabeza, el pelo echado hacia atrás escurriendo agua y un resoplido expulsando el aire, ese aire que tú conoces tan bien. Ves mi rostro, los brazos cruzados sobre el bordillo y la barbilla sobre ellos. Mis ojos en tu mirada diciéndote sin palabras que vengas hacia mí. Tu mirada desprende deseo, pasión, excitación y confusión. ¿Será real, o es continuación del sueño?…

Un impulso irrefrenable quiere llevarte hacia mí. No te habías dado cuenta, pero tus manos se quedan atrás agarradas a la barandilla. No recuerdas cuando las pusiste ahí, pero ahora te da igual, abres los dedos y te liberas para poder continuar hacia donde tu cuerpo quiere llegar. Sigues mirándome, yo no pierdo tu rostro a pesar de las gotas que resbalan por mis ojos. Un gesto embarga tu cara, te muerdes el labio inferior mientras avanzas hacia la escalerilla. Es un gesto de deseo, que me transmites imaginando el calor que llevas dentro. Contemplo tu figura, andando sobre el blanco y caliente suelo. Tus piernas parecen flotar sobre él y todo tu cuerpo las acompaña ligero como la brisa.

Cuando me doy cuenta tus manos están en la escalerilla, tu cuerpo gira dándome la espalda para poder bajar los escalones. Me excita ver tus caderas, tu culo tapado con la única prenda que llevas sobre ti, un tanga que deja a la luz la fina piel que lo rodea. Tus pasos hacia atrás bajando cada peldaño parece que suceden en cámara lenta… ¿o es así como mi mente lo imagina? La punta de tus pies rompe la superficie del agua, primero uno y después otro, poco a poco tu cuerpo se sumerge en el agua.

No quiero dejar pasar un segundo más lejos de tu piel. Doy un impulso y voy hacia ti. Ya estás dentro del agua completamente, cuando te das la vuelta yo llego a tu lado, tus brazos se echan sobre mi cuello, tus piernas rodean mi cintura, y yo me agarro a la escalera para sujetar nuestros cuerpos. El peso no existe, pero tu calor me llega a través de los poros de mi piel, con la humedad líquida y caliente que nos une. Tus labios ardientes se posan en los míos, sientes el frescor del agua que hay sobre ellos y yo siento el contraste del fuego que desprenden los tuyos. Nos besamos con dulzura, mezclando nuestras lenguas intensas sensaciones de placer.

La excitación se apodera de mí, entre mis piernas siento la dureza creciente de mi pene. El deseo incontenible de entrar por la suave y caliente entrada de tu sexo, ahora pegado a mi vientre. Me tienes aprisionado con tus piernas, ¿o eres una parte más de mí? Quiero fundirme contigo y tú deseas lo mismo. Tus duros pezones rozan con los míos a través del agua y la excitación nos vuelve locos. Tus caderas se contonean moviéndose hacia abajo, buscando la dureza que deseas tener dentro de ti.

Tu sexo se aprieta contra mí, lo siento confortable y mullido, caliente y hambriento. Llevo una mano a mi bañador para empujarlo hacia abajo, tú te separas un poco y dejas que siga bajando por mis piernas. Ahora vuelvo a sujetarme a la escalerilla y te vuelves a apretar contra mí, sientes mi pene entre tus piernas, presionando tu sexo y tu clítoris hinchado. No resistes más y quieres sentir mi calor en tus entrañas. Con una mano tuya separas la ligera tira de tu tanga, a la vez que coges mi pene con tus dedos para guiarlo hacia tu entrada. Es increíble la sensación que me recorre cuando mi punta roza los labios calientes de tu sexo, es como una boca ardiente que me rodea y succiona.

Un leve movimiento de mis caderas hace que entre un poco más en ti, y provoca que salga un gemido de tus labios. Ahora tus piernas se aprietan un poco más contra mi culo y consigues deslizarte hasta el fondo. Estoy totalmente dentro de ti. Nos besamos con desenfreno, mordiendo con suavidad los labios, sintiendo el calor que nos transmitimos en ese lugar entre nuestras piernas. Ahora paramos de besarnos, y nos miramos a los ojos. Tu mirada me traspasa y cala mis huesos. En ese momento siento como los músculos de tu vagina dan pequeños golpecitos alrededor de mi pene, son como anillos que me aprisionan en olas de placer. El palpitar de nuestros corazones late desenfrenado, la respiración agitada nos lleva a cabalgar a un ritmo cada vez más rápido.

Mis manos se agarran a los tubos de la escalera para poder mover nuestros cuerpos con más energía. Apoyas tus manos en mis hombros para moverte con más fuerza. Siento como entro y salgo de ti, los movimientos son muy fuertes, pero el agua hace que parezcan suaves y delicados. El golpear de tu vientre con el mío dentro del agua hace que sintamos una sensación extraña, como si flotáramos en las nubes, el placer nos envuelve y nos llena. Yo estoy a punto de correrme y de mi garganta surgen gemidos incontrolados. Te contagio con mi placer y tus gemidos ahogan los míos, juntamos nuestras bocas, como queriendo acallar esos gemidos… o quizás queremos que esos gemidos de placer que salen de nosotros, entren en el cuerpo del otro.

Siento los espasmos que agitan tu cintura, recorren tu vientre y se centran en tu sexo. Eso hace que yo estalle en una ola de placer que recorre mis piernas y desemboca en latigazos que recorren mi pene desde la raíz a la punta, descargando todo el esperma que hay en mí, sintiendo como atraviesa cada milímetro de recorrido en chorros que inundan tu interior. El placer que sale de mí, llena tu cuerpo y nos envuelve en un halo de placidez mientras nuestros cuerpos se relajan compartiendo un dulce beso eterno.

Espero que te guste y tu imaginación pueda volar igual que la mía.

Autor: Robinblue

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El novio de su amiga

Sentía como sus bolas chocaban contra mis glúteos mientras sentía que su pene me atravesaba por completo, sentía que me ahogaba en gemidos de placer,sentí que el mundo se estaba acabando con tanto gozo en ese instante, me cabalgaba, sentía sus gemidos sobre los míos y como palpitaba su verga dentro de mí, terminamos juntos en una explosión que nos inundó de sexo y pasión.

Hace un tiempo escribí un relato del reencuentro con mi ex novio y los cuernos que le puse al actual, ahora quiero contarles como sucedieron las cosas hace ya varios años.

Nana era mi mejor amiga, siempre salíamos juntas y en una de esas farras ligados a dos muchachos espectaculares, iniciamos nuestros respectivos noviazgos, siempre saliendo los cuatro, pero el mío no funcionó. Ella por su parte si logró consolidar una relación con aquel muchacho, aquí como en la historia anterior, también lo llamaré Gato, a partir de ahí salíamos los tres, para mi molestia yo de violinista, pero ella decidía siempre meterme en el viaje.

Un día decidimos invitar a Gato a cenar y él llevaría a un amigo para mí, así que esta vez accedí sin protestar, ya seríamos dos en la orquesta. La cena sería en mi casa la cual ese día estaría sola pues mi madre y mi abuela se irían de viaje de negocios, preparamos una receta genial, perdices en pétalos de rosa (supuestamente afrodisíaco, adivinen, mi amiga quería coronar y en mi casa, pero bueno… mi casa es grande y yo no soy aguafiestas) y dos botellas de champaña.

Lo siguiente era arreglarnos muy hermosas, por ello el día anterior nos habíamos ido de compras ella compró una falda hasta los tobillos, pero con dos aberturas a los lados bastante pronunciadas, unas sandalias y una camisilla de manga corta, entallaba su figura de manera linda, ella no tenía un gran cuerpo, pero se veía genial, compró de lencería un conjunto de Victoria’s Secret negro espectacular, de tanga y sostén de media copa.

Por mi parte yo no tenía interés en especial, pero ella me animó, quizás conocería ahí a mi príncipe azul… decidí comprarme una falda muy cortita de color negro ajustada, una camisilla strapless que dejaba ver mi ombligo, en esa época yo practicaba mucho gimnasio y tenía unas medidas perfectas siempre a envidia de mucha gente, pero nunca me gustó exhibirme, así que mis 90 – 60 –90 eran poco vistos, siempre cubiertos por polos y sudaderas; yo también compré un juego de ropa interior de Victoria’s Secret, era un hilo dental y un strapless negro, el mío con liguero y su respectivo juego de medias, unos zapatos muy sexys y altos, yo le decía que estaba votando mucho dinero a la basura igual nadie importante me iba a ver… igual lo compré todo.

Llegó el momento y tocaron la puerta, llegaron Gato y su amigo llamado Andrés, muy simpático por cierto, pero definitivamente, no era mi tipo, igual les di mi mejor sonrisa y los invité a seguir. Todo estaba lleno de velas y aromas de incienso y esencias que mi amiga preparó, era un ambiente que invitaba a la lujuria… ellos llegaron con una botella de Dubonet la cual bebimos de aperitivo antes de pasar a la mesa en mi sala equipada con grandes sillones cubiertos por cojines, la conversación al principio era acerca de nuestros estudios (estábamos en último año), de que íbamos a estudiar en la universidad, en fin, temas sin importancia, pero a Andrés quien tomó confianza en minutos se le ocurrió “picar” un poco la conversación, preguntando sobre experiencias prohibidas, traiciones y cosas por el estilo. En eso Gato me lanzó una mirada de lujuria, yo estaba frente a él, preguntándome francamente:

– Y que pasó con Alex, ¿por qué no siguieron juntos si hacían una pareja fantástica? – Dijo con una expresión de satisfacción e inspeccionando mis piernas ignorando por completo que al lado estaba la mujer que lo amaba.

Yo le respondí estoicamente:

– A ver Gato, simplemente no nos entendimos – dije mientras cruzaba mi pierna pues me di cuenta de sus intenciones y tenía ganas de jugar con él, yo tenía muy claro que era la pareja de mi amiga, pero… así es la vida yo quería jugar y él comenzó el juego.

Después de unos minutos de charla pasamos a cenar, al parecer la comida los extasió demasiado, tenían una cara de alegría grande, en la mesa yo me senté al lado de Andrés y Nana y Gato al otro lado. Claro él enfrente de mí, no sé en que momento él empezó a tocarme mis piernas con las suyas, y yo me quité un zapato y empecé a acariciarlo también, mientras charlábamos alegremente al sabor del champaña. Yo comencé a coquetear con Andrés y noté que Gato estaba enojado, muy celoso y bebía más y más.

La champaña se terminó y bajé del mini bar una botella de whisky, la noche aún era joven y yo me estaba divirtiendo a costilla del novio de mi mejor amiga. Pusimos música y de desinhibida y loca empecé a realizar un baile exótico muy sensual. Cada movimiento de mi cadera hacía que la falda subiera y permitiera ver el filo del liguero, y al contonear mis brazos lentamente mover mi camisilla tanto que parecía caer permitiendo ver mi busto firme.

Nana moría de la risa viéndome en esas, pero los chicos estaban más excitados de lo que hubiera podido imaginar, sobre todo a Gato se le marcaba un paquete espectacular en su pantalón. Me imaginé lo que iba a disfrutar mi amiga… pues con Andrés yo no hubiera hecho nada, era como un hermano. En eso sonó el teléfono y era la madre de mi amiga, hubo una emergencia en su casa y la requería urgente en casa (un conato de incendio). Me preocupé bastante pues nuestras familias eran muy unidas y me ofrecí a llevarla yo, pero había bebido mucho, Gato no estaba apto para manejar, el único era Andrés, por lo tanto la fiestita privada que ella tenía preparada quedó para otra ocasión.

Le dije a Nana que le daría posada a su novio y después de dejarla en su casa Andrés se iría directamente a la de él. La fiesta se había empañado y el destino era irse a dormir. Ella prometió llamar tan pronto tuviera noticias. Así que Gato y yo nos quedamos esperando su llamada en la sala. Mientras terminábamos la iniciada botella de whisky… él me puso su mano en la pierna y me dijo:

– Estás hermosa esta noche, la verdad es que siempre estás hermosa. – Por favor, no seas adulador tu novia también estaba hermosa, le respondí. – Pero, como puedes compararte con ella, al lado tuyo ella no tiene más que hacer, no sabes cuanto envidié a Alex por tenerte entre sus brazos. – Tú bien sabes que los dos nunca tuvimos nada serio, él era muy mujeriego y yo no soy juguete de nadie, menos plato de segunda mesa, le aclaré por si algo se le ocurría. – Sabes por qué salgo con Nana, me dijo – solo por verte a ti, siempre me has gustado y la verdad es que…

Justo en ese momento sonó el teléfono era Nana diciéndonos que no fue nada grave, le pasé a su novio y se despidieron como tórtolos. En realidad él me gustaba, pero yo respeto lo de mis amigas, en especial lo de Nana.

Le dije que me siguiera al segundo piso a una sala más privada y puse un poco de música, le indiqué donde iba a dormir y finalmente nos dispusimos a terminar la botella. Él no habló más, parecía apenado así que comencé a hablar de cosas sin importancias hasta verlo sonreír, se veía muy bien cuando estaba feliz. En un instante nos miramos de frente y nos confesamos, nos dijimos todo lo que sentíamos, nos besamos como si fuera la última vez, pero cada beso, trajo una caricia y cada caricia nos guío directo a la necesidad de tenernos y sentirnos.

Recordé a Nana, la forma en que ella lo quería pero no importó, lo tomé de las manos y lo guié a la habitación que Nana había arreglado para ellos, tenía pétalos de rosa en la cama, velas y aromas fantásticos. Le dije que se sentara en la cama, y subí el volumen al equipo donde sonaba una sensual y romántica tonada, comencé a contonear mis curvas mientras él se libraba de la ropa sólo dejando sus bóxers, lentamente danzando me deshice de mis zapatos, comencé a girar lentamente desabrochando los botones laterales de mi falda, dejándola caer con suavidad sobre el tapete, comencé a acercame pero sin permitirle que me tocara soltando el único broche que sostenía la camisilla y la dejé caer.

Todo el tiempo que duró el baile no dejé de mirarlo a los ojos, sentí como me comía con su mirada al tenerme cerca me tumbó a su lado y empezó a recorrerme desde el cuello (un punto muy sensible para mí) hasta la punta del pie. Comenzó por retirar las medias y el liguero con su boca, podía sentir su respiración cerca de mi piel, sentía como mi excitación fue creciendo como espuma…

Luego retiró mi sostén y empezó a jugar con mi busto, mordía y lamía mis pezones como si fueran una frutilla, era un placer que me embargaba por todo el cuerpo sentía como su erección crecía con mis gemidos, sentí que su calentura se enardeció cuando arrancó mis tangas de un jalón acercando su boca para disfrutar de los jugos que mi concha comenzaba a emanar, se encontró con un triángulo muy bien depilado, encantándole bastante por la expresión de su rostro.

Comenzó a buscar mi clítoris, al dar con el ese pequeño botón estaba endurecido el comenzó a chuparlo, succionarlo y lamerlo haciéndome vibrar hasta la ultima fibra de mi cuerpo, empecé a llegar en un orgasmo gigante mientras él con su lengua inspeccionaba en el interior de mi vagina sin perder una gota de los jugos por ella producidos.

De momento le quité su bóxer suplicando que me penetrara, me dijo que muchas noches se había masturbado pensando en mi y en mis caricias, soñando como sería que estuviéramos juntos. Se levantó y lentamente comenzó a penetrarme, primero lenta y pausadamente mientras se acomodaba al tamaño de mi vagina, luego empezó a tomar un ritmo enloquecedor…

Sentía como sus bolas chocaban contra mis glúteos mientras sentía que su pene me atravesaba por completo, sentía que me ahogaba en gemidos de placer… sentí que el mundo se estaba acabando con tanto gozo en ese instante.

Antes que él pudiera reaccionar hice que se tendiera en la cama y comencé a clavarme lentamente en su firme y grandioso pene, vi su cara de éxtasis al tenerme encima de él tomándome firmemente de la cintura y el busto mientras me cabalgaba frenéticamente, sentía sus gemidos sobre los míos y como palpitaba su verga dentro de mí… me dijo – nene voy a terminar – le dije que no se preocupara, que me diera toda su leche. A los pocos instantes terminamos juntos en una explosión que nos inundó completamente de sexo y pasión.

Después le regalé para su relajación una mamada espectacular que lo hizo explotar en mi boca degustando su leche hasta la última gota.

Ya eran las dos de la madrugada del sábado, yo iba a estar sola en mi casa hasta el próximo martes… estuvimos juntos todo el fin de semana, haciendo el amor y planes.

Nana nuca supo lo que paso, él le terminó con alguna excusa y comenzamos un noviazgo secreto que solo salió a la luz seis meses después cuando Nana ya estaba “enamorada” de otra persona pero nunca se enteró de cuanto llevábamos juntos, ella pensó que eraalgo reciente… Fue mejor así para no herirla.

Autora: Connie

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