Leyenda urbana

Con cada nueva embestida Isabel gemía más y más fuerte, Jorge seguía obsesionado por sus pechos, grandes, voluptuosos y bien puestos, sus pezones eran oscuros y muy duros, ella gritaba como una loca con cada nueva penetración y Jorge ni siquiera se esforzaba, Isabel apretó el culo de él y continuaba gimiendo, cuando notaba que Jorge se disponía a penetrarla, ella misma atraía su culo para que la penetración fuera total.

Cuenta la leyenda urbana que me acabo de inventar que en una carretera española violaron y asesinaron a Arantxa Morillas de Lucas jamás se encontró el cadáver de la joven y mucho menos a sus agresores, pero dicen que en ciertos caminos rurales, por donde no pasa demasiada gente, en un paraje alejado de las grandes ciudades, si un hombre va solo al volante, se aparece una chica vestida con un top y una minifalda de platino que se hace llamar Akane y suele cobrar 5 euros, si la ves, nunca la montes porque ese resultará ser tu último viaje.

Jorge se dirigía desde Alicante a Madrid, la tarde se le echó encima y mal planeado el viaje acabó de llegar a Madrid en la madrugada, más le faltaban 200 kilómetros para llegar a la capital cuando encontró a una chica de más de metro setenta, largas piernas y escuálida en la distancia. Llevaba la música a todo volumen y cuando se percató de su existencia se asustó, dio un volantazo y la música paró de golpe.

-¿Se encuentra bien? –preguntó la chica que corrió hacía Jorge al ver que casi se choca con un árbol. -Sí, estoy bien, pero… ¿de dónde has salido? -Estaba sentada en un banco, esperando a ver si alguien pasaba. -¿En un banco?

A Jorge le pareció extraño, quien pondría un banco en medio de una carretera y ¿no había pasado nadie en todo el día? Levantó la vista y lo cierto es que había un banco, que no era más que un tronco partido, pero había un banco

-¿Esperas a alguien? -No, estoy buscando que alguien que me lleve a Madrid. -Pues entonces sube –le dijo mientras le abría la puerta del copiloto. La chica subió y puso sus cosas a sus pies, una pequeña mochila de cuero. -¿No escuchas la radio? –preguntó la chica. -Prefiero hablar contigo. Yo soy Jorge ¿y tú? -Me llamo Isabel. -¿Y qué hacías aquí en medio de la nada Isabel? -Digamos que he discutido con el subnormal de mi novio y me ha dejado aquí tirada –cogió un cigarrillo.

-No tienes un buen novio que digamos. -Es un cabrón, no merece la pena derramar una sola lágrima por él, ¿te importa que fume? -No, para nada. -Que modales los míos, ¿quieres uno? -Gracias –cogió un cigarrillo y ella se lo encendió.

Durante el camino mantuvieron conversaciones absurdas, hablaron del tiempo, sobre lo que iban a hacer en Madrid y la verdad es que ambos se llevaban bastante bien aunque existía una importante diferencia de edad, Isabel acababa de cumplir 20 años y Jorge rondaba los 40 y tantos.

-¿Estas casado? –le dijo la chica que ya iba por su quinto cigarrillo. -No, estoy divorciado. -¿Y niños? -Tengo dos, Marcos de 11 años y Lucía de 18. -Un adorable padre de familia –dijo Isabel con tono de mofa mientras se desabrochaba dos botones de su camisa blanca.

Estamos en enero y hace frío, mucho frío y la calefacción del coche va a tope, Isabel se ha quitado los zapatos hace ya más de 40 kilómetros y mientras repostaban en una gasolinera por última vez, ha entrado en los lavabos y se ha cambiado completamente sus vaqueros gastados por una minifalda y su camisa por un top, unos tacones y un gran abrigo de cuero, había dejado su mochila casi vacía.

-Que abrigo más bonito –dijo Jorge al montarse en el coche. -Sí, cuando llegue a Madrid pienso salir y pasármelo muy bien. -¿No estás cansada Isabel? -Eh, llámame Isa. No, tengo muchas ganas de salir y pasármelo de puta madre, ¿otro cigarro? -No, ya no fumo más. -No te lo estás pasando bien y sí ahora no te lo pasas bien no vas a querer pasártelo bien luego, ¿quieres que yo te haga pasar un rato agradable?

Isabel no le dio tiempo a responder y sin previo aviso le estampó un beso en todos los morros. Jorge paró el coche y reclinó su asiento, dejó que Isabel controlara la situación. Tuvieron que parar la calefacción, se estaban cociendo. Isabel se quitó el abrigo y dejó su nuevo atuendo respirar, Jorge se flipó por el cambio que Isabel había pegado. De chica más o menos modosita a una salvaje que cabalgaba sobre su polla. Subía y bajaba con una facilidad increíble, se había metido la polla de una vez y no llevaba bragas. Aquella experiencia era nueva para Jorge, ya que nunca lo había hecho con una desconocida y jamás había sido ni libertino ni promiscuo.

-¡Métemela toda Jorge! ¡Más! ¡Más! ¡Más!

Jorge le subió el top y cómo le gustó palparle las tetas a esa chica, cómo le gusto chuparlas y sentirlas dentro de su boca, cómo le gustaba oírla gritar, gemía como si aquella fuera su primera vez y Jorge el mejor amante del mundo. Cuando la primera descarga empapó a Isabel esta se detuvo y lo felicitó efusivamente. Con cuidado Isabel puso su coño sobre el rostro de Jorge, empezó a comérselo mientras Isabel lamía con desesperación cualquier cosa que le pusieran por delante. Casi sin esfuerzo Jorge satisfacía a Isabel e Isabel satisfacía de cualquier forma a Jorge. En cuarenta minutos Jorge se fue tres veces e Isabel ninguna.

-Ya verás cómo hago que te corras –le dijo Jorge mientras la acostaba en el asiento y se la metía en el coño, se posaba encima de ella y su peso la aprisionaba.

Con cada nueva embestida Isabel gemía más y más fuerte, Jorge seguía obsesionado por sus pechos, grandes, voluptuosos y bien puestos, sus pezones eran oscuros y muy duros, casi sin morderlos Jorge sentía que podrían haber roto cristal. Isabel gritaba como una loca con cada nueva penetración y Jorge ni siquiera se esforzaba, su miembro era de 12 centímetros y tomaba viagra, Isabel apretó el culo de Jorge y continuaba gimiendo, cuando notaba que Jorge se disponía a penetrarla, ella misma atraía su culo para que la penetración fuera total.

-¡No! ¡No! David ¡No! Me haces daño no sigas –chilló Isabel mientras le daba golpes en la espalda a Jorge.

Pasó como medía hora y continuaron con su viaje, ninguno de los dos habló de lo ocurrido hasta que pasaron un cartel que ponía “Madrid 15 kilómetros”.

-Jorge, sobre lo de antes… no sé lo que me pasó. -No te preocupes, ha sido una tontería. -Bueno, como tú digas, pero al menos a estado bien ¿no? –le preguntó a la vez que apoyaba su cabeza en el hombro de Jorge. -Sí, ha estado muy bien –y la besó en la mejilla -. ¿Sabes? Por un momento hasta he pensado que serías una de esas chicas de las curvas de las que todo el mundo habla, ya sabes, una de esas muertas que va asustando a todo el mundo.

-Ja, ja, no digas tonterías, yo no fallecí en una curva, a mí me violó mi novio y luego me mató.  -Sí, también he oído esa historia, pero claro, tú no te llamas Akane. -Claro que no, sólo me llaman Akane cuando estoy en Japón, cuando estoy en España me llamó Isabel. Por cierto, ¿me das 5 euros? –Jorge la miró asustado. -¡Sal! Sal del coche ahora mismo. -Pero David. -Te digo que salgas del coche –le abrió la puerta y la sacó a empujones haciéndola caer en la cuneta. -Ten cuidado, mucho cuidado, ten mucho cuidado David porque todos vais a pagar por lo que habéis hecho.

Jorge pisó el acelerador y no dejó de mirar hacia atrás hasta que pensó que debía calmarse e ir con cuidado, no quería formar parte de una estúpida leyenda urbana sobre la estúpida chica de la curva, lo que no sabía es que la chica de la curva viste de blanco y es una niña y se encuentra en una curva.

Terminó el resto del recorrido sin incidentes y con la música a toda pastilla. Pero cuando aparcó el coche en la gran vía se lo llevó la grúa, pero eso no le importaba porque estaba con su familia, con sus hijos y su mujer, no les contó de lo sucedido por miedo a que creyeran que era un loco. Cuando fue al depósito a recoger su coche la policía lo detuvo y lo llevó a una sala de interrogatorios.

-¿Sabe por qué está aquí? –le preguntó uno de los policías. -No, lo único que sé es que esta mañana he ido a recoger mi coche y ahora estoy aquí. -Se le acusa de asesinato y violación… -¿Cómo? -Se han hallado diferentes pruebas en su coche que lo inculpan de la violación y posterior asesinato de Isabel Gómez Campos. -¿Pruebas, que pruebas? –gritó nervioso y todo sudado. -Huellas dactilares por todo el coche, saliva en colillas de tabaco, restos del cuero cabelludo, sangre vaginal y el cuerpo se encontraba en el maletero.

Autora: sonya_back

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El tío Marabú

Rápidamente se acomodó sobre la cabeza de mi pija para luego ir bajando lentamente. Cuando su esfínter se hubo acostumbrado arremetió pavorosamente tragándose  toda mi verga para luego comenzar una feroz cabalgata haciéndome gemir de placer cada vez que su culo apretaba mi herramienta para luego aflojar su esfínter liberándola para volver a clavársela toda en su interior.

Después  que abandonamos Salvador estuvimos un día y una noche descansando en Cabo Frío, merecido reposo sobre todo para mi ano lastimado por la imprevista caída que tuve en la última ciudad que visitamos y que narré en mi anterior relato. La doctora desapareció del grupo  como siempre porque pasaba  en la habitación del guía, pero algo habrá sucedido porque en la última escala que fue en una fazenda cerca de Blumenau ni se acercó a Rodrigo, pero por supuesto que no me anteví a  preguntarle nada porque no tenía derecho a meterme en su vida. Mi recto aún seguía inflamado a pesar de que me seguía poniendo el ungüento que me había dado la bahiana, pero mi verga que no tenía lesión alguna empezaba a corcovear como avisándome que quería acción porque los espermatozoides se habían reproducido dentro de mis bolas  y querían salir de su escondrijo.

Intenté masajearme un poco mientras los pasajeros dormían dentro del bus, pero por temor a ser descubierto no seguí insistiendo en ello y me dormí. A Blumenau llegamos temprano por eso nos llevaron a un shopping para que compráramos algo mientras hacíamos tiempo de que nos habilitaran la fazenda, pero también tuvimos que esperar porque estaba todo cerrado.

Finalmente arribamos  la fazenda casi al mediodía donde nos recibió un anfitrión muy zafado, éste vestía de payaso y mientras nos servían una caipiriña  como copa de bienvenida se puso a jugar con Rodrigo hasta que se le puso detrás haciendo como que lo cogía. Hacía eso diciendo que a Rodrigo le gustaba que él le diese por atrás, pero Rodrigo protestaba y quería sacárselo de encima replicándole  que a él no le gustaba eso en cambio  al payaso sí. Con toda la narración de ese jugueteo olvidé decir que el payaso cuando se presentó dijo que era “El Tío Marabú”. En ese momento no supe si era amanerado o todo ese jugueteo era parte de la diversión porque yo sabía muy bien que Rodrigo nunca daba el culo siempre iba de activo, pero uno nunca sabe por qué hay muchos gays que con sus maridos van de activos negándoles el culo y luego van a buscar pijas  por otros lados.

El Tío Marabú era muy joven aparentaba no tener más de 18 años, pero después que se presentó ante la pregunta de una pasajera  le respondió que tenía 22 y agregó que tenía novia, pero no supimos si era  novia o novio. “Marabú” es rubio supongo que por ser descendiente de alemanes como casi todas las personas en esa región de las sierras del estado de Santa Catarina, aunque muy blanco de piel su rubio cabello no es el rubio típico de los alemanes sino que a lo mejor se deba a algún antepasado de cabellos más habanos. En el mes de junio en ese lugar también hace frío por eso los excursionistas nos abrigamos bastante porque unas horas antes habíamos estado disfrutando del cálido clima de Cabo Frío y ahora ya se notaba el cambio de la temperatura porque nos acercábamos al gélido Montevideo.

A la tarde dimos unas vueltas por el parque de la fazenda, pero ni rastros del Tío Marabú, había desaparecido ¿o su trabajo era simplemente recibir a los huéspedes y hacerse humo? Después de cenar nos llevaron a una cabaña de madera con techo quinchado para festejar con baile el cumpleaños de una pasajera y allí vimos que Marabú y otros chicos del lugar escoltaban una grandísima torta para la homenajeada. La doctora apareció a último momento, pero ni se acercaba a Rodrigo aunque este insistió en sacarla a bailar ella se alejó de la pista de baile.

Yo estaba bastante incómodo, no solamente por la música que no me gustaba sino por el frío que se hacía sentir a esas horas de la noche y en ese lugar apto para el verano por eso me fui a un rincón a fumar un cigarrillo y allí apareció mi salvación. Por uno de los agujeros de las paredes de troncos vi al Tío Marabú que estaba en otra habitación por eso salí de la cabaña para poder entrar por la otra abertura aunque más no fuese para hablar con él. Después que él hubo respondido a mi saludo le comenté lo frío que estaba ese lugar y entre otras cosas me dijo que él no vivía en la fazenda, pero cuando trabajaba se quedaba porque el pueblo estaba muy lejos. Le di la mano para que viese lo fría que se  me había puesto y entonces me dijo que si quería podíamos ir hasta su pieza donde me daría una caipiriña con la cual se me pasaría el frío.

De allí fuimos directamente al edificio principal de ese complejo hotelero donde se encuentran los restaurantes, las cocinas y entre todas esos lugares se encuentran las habitaciones destinadas al personal. Después de entrar en una minúscula habitación con dos camas Marabú abrió un placard extrayendo de allí una botella de vodka luego me dijo que iba a buscar jugo de limón y hielo y desapareció dejándome solo en ese lugar. A los pocos minutos vi que se  abría la puerta, efectivamente era mí anfitrión que traía  dos vasos con los elementos necesarios y los depositó sobre una mesa antes de agregarle el vodka. Brindamos por mi primera visita a la fazenda y en son de broma brindé por su trasero (bumbum como le dicen allí), a lo que muy complacido festejó mi ocurrencia.

Me tiré ese lance de alabar  su bumbum para ver como reaccionaba, porque yo tenía unas tremendas ganas de descargar mis vesículas seminales y el culo de Marabú no estaba nada mal, además era lo único que tenía a mano para mi pija deseosa. Me dijo que podía tocárselo para sentir con las yemas de mis dedos que era un bumbum verdadero y no relleno como se podía suponer al ver tan rollizo montón de carne empinada que ostentaba por detrás.

Mi segunda caipiriña estaba pasando por mi garganta cuando oí esa invitación y no me hice rogar inmediatamente estiré mi mano pellizcándole el monte de piedad. Realmente estaba muy duro el firme trasero que mis dedos apretaban por eso le dije en mi mal portugués:

-Eu gostaria visita-lo com mia lingua, gostaria sentir su dureza con ela.

Ni corto ni perezoso Marabú inmediatamente se bajó los pantalones dejando ante mis ojos ese perfecto bumbum blanquito y aterciopelado. Comencé a besar  toda la redondez que tenía ante mi boca para luego lamerlo a la vez que mis dedos hurgaban entre sus nalgas buscando el agujerito que mi lengua recorrería después de que me hubiese saciado con esa carne deliciosa. Él se dejaba hacer todo suspirando muy suavemente hasta que mi lengua llegó a su hoyito caliente no demostró nada más que esos sonidos, pero cuando sintió que lo estaba visitando por allí  su verga se puso tiesa, aún no la había visto, pero la tenía entre mis manos cuando mi lengua entró en su nidito de placer.

Por lo que percibieron mis dedos me di cuenta que tenía lindo tamaño y se estaba humedeciendo rápidamente con la excitación que le producía mi lengua al estar dilatándole el esfínter. Detuve el tratamiento porque quería verlo de frente, pero a la vez deseaba que me la chupase un poco porque mi verga estaba muy apretada dentro de mi slip y necesitaba salir urgentemente de su prisión. Cuando dejé de visitar su hoyo Marabú se dio vuelta exhibiendo su herramienta la cual me pareció bastante larga, pero muy fina, inmediatamente me hizo  recordar a las salchichitas de Viena, pero por supuesto en otro color más tenue.

Me puse de pie para desvestirme ante la mirada de Marabú que también se sacó los pantalones que tenía enredados en sus tobillos y luego se quitó la remera que cubría su lampiño pecho. Cuando me vio completamente desnudo exclamó:

-¡Que bonito pau!

Y sin que se lo pidiese comenzó a besarlo de una manera muy delicada,  pero ávida a  la vez para luego  introducir mi glande en su boca con la cual me hizo unas succiones increíblemente  fuertes haciéndome gritar de dolor alternado con el placer que me estaba dando esa boca que por primera vez me hacía un tratamiento de esas características. Ya sobre la cama Marabú se montó a horcajadas sobre mí ofreciéndome su agujero para que siguiese introduciéndole mi lengua a la vez  que él seguía afanosamente tragándose todo mi pau.

Fue fantástico sentir como su esfínter se abría para luego contraerse con cada milímetro de mi lengua que se iba metiendo por su apretadito canal, a través de los terminales nerviosos de mi lengua  pude sentir como su músculo anal me iba  mordiendo la punta de mi amaestrado órgano gustativo. Fue tanto el placer que estaba sintiendo en mi glande y al mismo tiempo en mi lengua que  no pude contener por más tiempo  la  eyaculación, la cual apareció sin previo  aviso para inundarle la boca a mi compañero con un inmenso torrente de porra extraída  de lo más profundo de mis reservas seminales. Marabú se ahogó, pero igualmente siguió tragando todo el líquido caliente  que le llenaba su boca  contestando a mi placer con un bárbaro cierre de su esfínter aprisionando mi lengua dentro de él.

Mientras disfrutaba con los ojos cerrados tanteé a ciegas hasta que me apoderé de su verga para pajearlo unos instantes hasta que sentí su leche saltar mojándome parte del pecho y del ombligo con ese viscoso y cálido néctar juvenil. Descansamos un buen rato en el cual me volvió a servir otra generosa cantidad de vodka en el vaso en el cual predominaba  el hielo derretido y las cáscaras de limón y luego bebimos por el buen polvo que nos habíamos echado.

A través de la conversación me enteré a regañadientes que Marabú también había probado la verga de Rodrigo, pero no quiso entrar en detalles diciéndome solamente  que casi nunca tenía oportunidad de gozar con ella porque el guía venía a la fazenda al regresar de las excursiones  y no quería quedarse sin materia láctea ya que la  guardaba para su mujer en Montevideo. Terminado el descanso y el parloteo que lo acompañó me puse a mirar como su verga permanecía mustia sobre sus bolas donde resaltaba el castaño de sus pendejos con el blanco de la piel en esa parte oculta de los rayos solares.

No aguanté por mucho tiempo contemplando  esa verga caída y me apoderé de ella para besarla antes de comenzar a lamerla percibiendo a través de mi lengua el gustito salado de la poca leche que se había secado sobre su glande porque la demás estaba pegada sobre nuestros cuerpos. Marabú tuvo una tremenda reacción por el jugueteo que mi lengua le hacía en toda la longitud de su herramienta respondiendo con una erección que me dejó sin aire porque su pau me llegaba a la garganta, pero por suerte no era grueso sino me hubiese sofocado mucho más.

Con todo ese sabor penetrando por mi garganta acompañado por los suaves gemidos del Tío Marabú me excité nuevamente sintiendo un cosquilleo muy agradable en el agujero de mi pau  y por eso abandoné lo que tenía dentro de mi boca para decirle a  mi partenaire que me gustaría visitar con mi pija el interior de ese culito que me había dado tanto placer al  morder mi lengua, pero que no tenía condones en ese lugar para poder hacerlo. Marabú muy complaciente abrió el cajón de una mesilla de noche y alcanzándome una caja me dijo que le gustaría mucho que lo penetrase porque mi pau era muito gostoso y le gustaría sentir cuando la porra saliese dentro de él.

Manos a la obra o mejor dicho pija a la obra por eso le dije que me la chupase un poco para que se pusiese más dura mientras le lubricaba el ano con mi  saliva  dilatándolo con mi lengua a la vez que le empujaba la saliva para adentro de su canal con mis dedos embadurnados en ella. Cuando su esfínter estuvo listo para una penetración sin imprevistos me puso el condón y luego se acomodó sobre mí para sentarse en el mástil que lo aguardaba abajo.

Rápidamente se acomodó sobre la cabeza de mi pija para luego ir bajando lentamente hasta que pude sentir como se abrían sus labios anales para dar paso a medio pau que entró sin dificultad en esa cuevita cálida y mordedora. Cuando su esfínter se hubo acostumbrado arremetió pavorosamente tragándose  toda mi verga para luego comenzar una feroz cabalgata haciéndome gemir de placer cada vez que su culo apretaba mi herramienta para luego aflojar su esfínter liberándola para nuevamente volver a clavársela toda en su interior delicioso.

Una vez que nuestras vesículas seminales quedaron vacías reposamos unos instantes en los cuales repusimos fuerzas antes de ir a bañarnos porque nuestros cuerpos eran un verdadero desastre por los fluidos que estaban pegados sobre ellos. Por suerte a Marabú  no se le ocurrió hacerme ningún mimo en el ano porque éste aún estaba lesionado a consecuencia de la caída que había tenido en Salvador cuando estaba cabalgando a Xeripé y se nos rompió la silla en la cual disfrutábamos grandiosamente, caída en la cual se me desgarró parte de mi recto, pero gracias a los milagrosos ungüentos de Donha Miracema iba mejorando aceleradamente, pero no como para que alguien jugase con esa parte en reparación.

Bajo la ducha nos dimos unos interminables besos y la consecuencia de tanta efusividad fue una nueva erección para que Marabú disfrutase otra  vez con mi pau  haciéndole una felación con la cual le extrajo con su boca la  poca esperma que aún queda en mi organismo la cual fue vertida muy  tímidamente sobre la lengua de mi chupador. Después de secarnos nos vestimos y como ya era muy tarde volví directamente a mi cabaña donde encontré a mi tío roncando sin sospechar nada de lo saciado que había quedado su sobrino porque Marabú si que sabía homenajear a los huéspedes.

Dormí como un bebé, agotado y satisfecho aunque con un poco de dolor en mis bolas por lo vacías que habían quedado. Al otro día luego del desayuno nos presentamos en el hall de la fazenda con todo nuestro equipaje pronto para volver a Montevideo.

A Marabú no lo veía por ningún lado, pero justo en el momento en que íbamos a subir al ómnibus apareció muy agitado, se había quedado dormido por lo agotado que había quedado con los tres polvos que nos habíamos echado en su habitación  por eso casi no llegó a despedir al grupo de excursionistas. Se despidió en general sin hacer ningún saludo especial para mí, pero supongo que no quería hacer evidente su preferencia por algún pasajero o simplemente yo le serví  para saciar su sed de sexo y para nada más.

De la doctora se comentó que anduvo acosando a los chóferes, pero ignoro si concretó que  alguno de ellos la llevase a la cama aunque los dos estaban bastante bien se mantenían en su lugar, pero uno nunca sabe las necesidades sexuales a veces son impostergables y ellos estuvieron más de 20 días sin desahogarse. Volvimos a Montevideo sin ningún inconveniente salvo que acá encontramos el invierno más crudo del último siglo. Lo único que sé de la doctora  es lo que me cuenta por E-mail, pero hasta ahora no volví a verla.

Cualquier comentario o confidencia las espero siempre.

OMAR

omarkiwi@yahoo.com

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Luciano, mi alumno

La metía toda hasta el fondo, se movía en círculos (eso me alucina) y la sacaba para volver a meterla una vez más. Sus fuertes manos me tomaban de la cintura y presionaban hacia él. Sin decirme nada noté como se vaciaba dentro de mí. Lo dejé, la sensación de su derrame en mi interior era fantástica. Su pija aún seguía dura, entonces él siguió bombeando hasta que se corrió nuevamente.

Habían pasado más de dos años que yo no daba clases en esa escuela, por razones económicas me había ido a trabajar a una más alejada. El último curso que tuve allí fue un quinto año mixto, allí conocí a Luciano.

Él tenía 18 años y realmente era hermoso. Tenía un aire árabe que me enloquecía cada vez que lo miraba, medía cerca de un metro ochenta y tenía un cuerpo trabajado que hacía imposible no mirarlo. Mientras fue mi alumno sólo teníamos un trato formal. Al final de ese año me marché del colegio y no lo volví a ver hasta tres años después. Estaba yo en el tren rumbo a la universidad donde trabajo actualmente y se me acerca un chico precioso: “Hola, profe”. Era Luciano. No lo podía creer, estaba mejor que antes. Empezamos a hablar y me comentó que estaba estudiando matemáticas en la universidad donde yo trabajaba, así que compartimos todo el viaje y arreglamos para volver juntos.

Las horas de trabajo ese día se me hicieron eternas, cuando por fin me iba, en la estación estaba Luciano esperándome. Llegó el tren y nos sentamos juntos y empezamos a platicar. Pregunté sobre sus estudios, sus ex compañeros, y por fin, sobre sus novias. Me comentó que hacía unos días que estaba distanciado de su chica, porque había descubierto que ella le había sido infiel. Yo pensaba cómo alguien podía traicionar a semejante bombón. Llegamos por fin a la estación donde debíamos bajarnos y le ofrecí venir a cenar a mi casa. Aceptó encantado.

Llegamos a mi casa y mientras yo preparaba la cena él miraba televisión sentado en la cocina. La cena fue tranquila, hablamos mucho de todo, hasta que en el café, le comenté que había comenzado a escribir un libro sobre mi vida, basándome principalmente en todas las experiencias sexuales que había tenido.

Él se sonrió y me dijo que no sabía que yo tenía una vida sexual tan activa, a lo que yo me reí y le dije que estaba equivocado, ya que por lo general mi vida sexual fue como pasivo. Él se quedó mudo, congelado. Entonces le confesé que era gay, y que realmente tuve muy buenas experiencias. Luciano se aflojó un poco y me empezó a preguntar cosas sobre mi vida, ya estábamos en confianza.

Le confesé que escribo relatos eróticos para publicar en Internet, y se rió muchísimo, entonces le ofrecí pasar a mi habitación, donde estaba la PC, para que leyera alguno si así lo deseaba. Aceptó de buen grado. Inmediatamente fuimos a la habitación y ya en la computadora se puso a leer uno de mis relatos. Mientras leía una sonrisa se dibujaba en su hermosa cara, y un bulto impresionante en su pantalón.

Yo, sentado a su lado, le hice notar que se estaba excitando. Él se miró, y tocándose la verga sobre la tela del pantalón me dijo: la verdad…profe… es que escribís como para calentar a cualquiera. Esa insinuación fue lo que estaba esperando para hacerlo mío. Sin decirle nada, mientras él seguía leyendo, le bajé la cremallera y metí mi mano dentro de su pantalón. ¡No tenía ropa interior! Eso me calentó muchísimo, saqué su verga y la observé unos instantes, era bellísima, bien gorda y venosa, y de unos 18 centímetros de largo. De un color cacao que era de admirar, y un glande que por la circuncisión estaba al aire y algo mojado.

Me arrodillé a su lado, y mientras él continuaba leyendo, me fui introduciendo esa pija en la boca, tratando de tragarla toda. Dejó de leer, gozaba como loco, me separó y le puse mi culo a su entera disposición. Separó las nalgas con sus manos y me metió la lengua de tal forma que creí que acababa ahí mismo. Era impresionante la chupada de orto que me estaba dando. Jugaba con su lengua en mi interior.

Cambié de posición y su pija quedó al alcance de mi boca nuevamente. Le pedí que se saque la remera, y casi me muero al ver ese abdomen trabajado por la gimnasia y las pesas. Le chupé todo: tetillas, cuellos, pecho, ombligo, y por supuesto, los huevos y la pija, que estaba durísima. La lengua de él seguí taladrándome y llenándome de saliva el culo, pero algo nuevo estaba pasando, ahora Luciano estaba metiéndome los dedos. La sensación era maravillosa.

Cuando me sentí totalmente dilatado, lo empujé dejándolo boca arriba y me monté sobre él. Poco a poco me fui ensartando en su mástil, era tan grueso que me costaba mucho, pero el dolor que sentía no sería nada comparado con el placer que esa pija me proporcionaría luego.

Finalmente, empujé y entró todo lo que faltaba de golpe, lo peor ya había pasado, ahora venía mi premio. Empecé a moverme suavemente, mientras veía como el chico se entregaba al placer entrecerrando los ojos. Sus manos me tomaron de la cintura y ayudaban a mi cabalgata.

Así estuve subiendo y bajando por esa pija como diez minutos. Sin sacarme de él, Luciano me giró dejándome en “perrito” y me empezó a coger con fuerza. La metía toda hasta el fondo, se movía en círculos (eso me alucina) y la sacaba para volver a meterla una vez más. Sus fuertes manos me tomaban de la cintura y presionaban hacia él.

Sin decirme nada noté como se vaciaba dentro de mí. Lo dejé, la sensación de su derrame en mi interior era fantástica. Su pija aún seguía dura, entonces él siguió bombeando hasta que se corrió nuevamente. Luego la sacó, y se tiró exhausto a mi lado.

Yo empecé a masturbarme, pero él me dijo que no lo hiciera, que él no era tan egoísta como para dejar que me masturbe, y me empezó a chupar la pija, no lo hacía muy bien, se notaba su falta total de experiencia, pero con algunos consejos de mi parte, fue haciéndolo cada vez mejor, hasta que finalmente me vine en su boca. Luego lo besé, sellando con ese beso el momento de placer que mi alumnito me había brindado.

Nos quedamos desnudos un buen rato conversando sobre mis relatos, y me hizo prometerle que haría uno sobre él. Pues bien, Luciano, acá está el relato, y la calificación: 10 (diez).-

Autor: El Gato

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Pierre la gorda y yo

Metido entre esa masa de carne, le apretaba los pezones. Pierre se colocó sobre mí tocándome los huevos por detrás y pajeándose, de vez en cuando pasaba su pija por el canal que queda entre mis dos nalgas. Yo miraba ese espectáculo en el espejo, podía ver la pierna flexionada de la gorda, mi nalga que sobresalía de ese montón de carne cuando le daba algún empellón tratando de meter mi pija dentro de ese agujero sin límites y también podía ver la nalga de Pierre sobre mí.

A Pierre lo vi por última vez hace unos seis meses, más precisamente en diciembre. Lo llamé para saludarlo por su cumpleaños y a los pocos días me dijo que fuera a su casa. Estaba solo, su familia había salido, me hizo pasar como tantas otras veces a la piecita donde tiene la computadora. Ni bien entramos me empezó a tocar la bragueta y yo le hice lo mismo a él.

Encendió la computadora y me mostró unas cuantas páginas con mujeres desnudas y travestis para excitarse mirando esas fotos, mientras yo me quitaba la ropa me pajeaba a su gusto. Me senté en un sofá que allí tienen y me dediqué a hacerle una mamada de verga. A esa verga que extrañaba porque hacía varios meses que no me invitaba a disfrutarla. Con su mano jugaba con mi pija, la cual era pajeada por su experta mano que de vez en cuando se deslizaba hasta mis huevos.

Miraba las fotos en la pantalla y con la otra mano manejaba el mouse para ir cambiando las imágenes. Como a él le encanta que le metan el dedo en el orto mientras se la chupan o lo pajean, así lo hice hasta que mi cabeza quedó entre sus piernas y mi lengua se fue acercando a ese orto en el cual estaba mi dedo introducido. Como no dijo nada, seguí avanzando y por primera vez le hice una lamida de orto sensacional, tanto me excitó que mi pija ayudada por su mano empezó a largar sus chorros de leche. El terminó pajeándose al sentir que mis dedos y lengua hurgaban su entrada posterior hasta que su pija expulsó una considerable cantidad de semen sobre la alfombra de esa habitación.

Como tantas veces terminada la sección nos despedimos sin ningún comentario de lo que habíamos hecho. Pasaron los meses, en los cuales me dijo que su pareja había vuelto de Francia y que lo nuestro no tenía más futuro. A los pocos meses me llamó nuevamente diciéndome que andaba olvidado de él que no lo había llamado más y reproches por el estilo. Lo que había sucedido era que se peleó con su pareja y ella retornó a su país. Al estar solo quería reanudar las fiestas que tantas veces habíamos tenido, pero conmigo solo no quiso, quería incluir a una chica o a un travesti porque me dijo que conmigo solo no se excitaba y me dio a entender como en tantas otras oportunidades que no le interesaban los hombres.

No concretamos nada, porque no había una tercera persona en vista. Nuevamente pasaron los meses y me llamó diciéndome que había encontrada a una señora cuarentona del interior que venía una vez por semana a Montevideo y le había planteado sus intenciones de tener un encuentro con ella y yo. A los pocos días me habló de otra más joven, pero no pasó nada… Ayer me fue a buscar al cyber, y de casualidad me encontró porque yo acostumbro ir un par de horas más tarde, pero ese día no podía ir en mi horario habitual. Me planteó que tenía a una chica en el auto, la había conocido hacía unos quince minutos, que era gorda, en fin me dijo que me esperaban en el auto. Terminé de contestar mis E-Mails y como a los cinco minutos salí.

No veía el auto por ningún lado, recorrí una cuadra y allí no estaba, había estacionado una cuadra para arriba del cyber y yo salí para el otro lado. Busqué hasta que los encontré. Subí, nos presentó. Y la gorda que me había dicho era realmente gorda, espantosa. Desde el asiento trasero no la veía bien, pero realmente era deforme. Tomó por una calle hacia el Palacio Legislativo y de allí hacia la derecha para ir hasta un hotel de alta rotatividad. Todo el camino ella fue con la mano en su verga, me decían que mirara y yo miraba como tenía el pantalón muy abultado, por los masajes de la mano de la gorda, que me dijo el nombre, pero no lo entendí así que ni idea tengo de como se llamaba.

El le dijo que me tocara un poco a mí. Muy incómoda estiró su mano hacia el asiento trasero y me empezó a tocar, mientras yo le tocaba las tetas en busca de los pezones, los cuales no encontré, debido al grosor de la ropa de lana que vestía. Pensé que los tendría muy pequeños, pero al verla desnuda en la pieza del hotel comprobé que eran enormes como todo en ella. Me di un susto bárbaro cuando al ir por otra calle hacia el hotel, vimos a un auto policial y como cinco policías en la calle que nos hicieron señas de que nos detuviéramos. Pensamos que sería por alguna infracción de tránsito, pero no fue más que el susto, nos hicieron señas de que avanzáramos y nos quedamos sin saber por qué nos detuvieron.

Llegamos al hotel, Pierre tenía miedo de que no nos dejaran entrar porque éramos tres personas. Entró el auto y nos salió al encuentro el pistero de ese lugar, Pierre le preguntó si había habitaciones libres. El tipo ni miró hacia el auto y si miraba no iba a poder ver mucho por los vidrios polarizados. Le indicó que entrara a un garaje, abrió la puerta y al estar el coche dentro cerró y no lo vimos más. Subimos por una escalera angosta a la habitación superior, entramos, vimos que tenía muy poca iluminación, un living en la entrada, al fondo pasando un cortinado había una cama y al costado una pecera con varios peces de colores.

La gorda pasó al baño y nos quedamos los dos solos, a Pierre le encanta tocarme el bulto y empezó a tocármelo mientras nos desvestíamos, el suyo estaba bastante parado, pero el mío no. Mientras me desvestí se lo chupé un poco. -¡Hacía tiempo que no te hacía esto! Pierre hizo un comentario a mi exclamación y terminó de sacarse la ropa, pero no se quitó la camisilla. Vi que se había afeitado totalmente la pija y los huevos, no sé por qué le dio por ahí, ya en diciembre tenía la pija afeitada, pero ahora su falta de pelos era total. Fuimos para la cama, yo se la estaba chupando un poco mientras él me pajeaba para tratar de levantármela, cuando apareció la gorda. Desnuda totalmente, parecía la gorda de la película Mimi Metalúrgico, sino era más gorda. Subió a la cama y preguntó donde se ponía.

Pierre le dijo que en el medio de los dos. A mí no me excitaba para nada, ni se me levantaba, hubiese preferido estar con Pierre a solas que con ese monumento. Uno de cada lado nos pusimos a chuparle las tetas, enormes con unos pezones muy gruesos, ella nos pedía que se las mordiéramos, que le gritáramos puta y otros insultos. Pierre la empezó a besar en la boca, a mí me dio asco besarla, pero tuve que hacerlo porque el quiso ver como nos frotábamos las lenguas. Nos pusimos de rodillas sobre la cama y ella le pidió a Pierre que me la chupase que quería ver como lo hacía. El sin reparos lo empezó a hacer, para mi deleite porque cuando estamos solos soy yo el que se la chupa, él nunca quiere hacerlo. Ella nos puso un dedo a cada uno dentro del culo mientras Pierre me pajeaba a mí y yo a él, quise besarlo en la boca, pero no me dejó. Gemimos muy fuerte, ella nos cogía el culo con un dedo a cada uno mientras nosotros sobre su cuerpo nos pajeábamos mutuamente y mi boca le chupaba las tetillas a Pierre.

Le empecé a tocar la concha hasta que logré meterle varios dedos, en esa cavidad enorme que estaba recubierta de unos vellos bastante ralos. Pierre me dio un condón diciéndome que quería ver como la cogía. Me costó un poco ponérmelo porque mi pija se bajaba por la falta de interés en la gorda, pero finalmente logré colocarlo sobre el glande y lo deslicé hacia abajo. La gorda desparramada en la cama con las piernas flexionadas y abiertas, yo me coloqué sobre ella y la penetré mirando todo en un espejo que ocupaba toda una pared. Mi cuerpo desaparecía entre las piernas de la gorda, era tanta la masa de carne que tenían esas piernas que fácilmente se podía hacer dos de las mías o más con una sola de ella.

Metido entre esa masa de carne, mirando en el espejo, le apretaba los pezones los cuales ella quería que se los mordiese. Pierre se colocó sobre mí tocándome los huevos por detrás y pajeándose, de vez en cuando pasaba su pija por el canal que queda entre mis dos nalgas, pero nada de tocarme el orto ni de ponerme un dedo como le gusta que yo le haga a él. Yo miraba ese espectáculo en el espejo, podía ver la pierna flexionada de la gorda, mi nalga que sobresalía de ese montón de carne cuando le daba algún empellón tratando de meter mi pija dentro de ese agujero sin límites y también podía ver la nalga de Pierre sobre mí. Me fascinó sentir a Pierre tan desinhibido, porque cuando estamos solos no quiere hacer nada de todo eso. Mientras yo le mordía las tetas, ella quiso que le gritase puta, perra y otros insultos, tuve que abandonar sus pezones y le empecé a gritar mientras aceleré mi cabalgada a lo que Pierre aprovechó y se pegó a mi espalda y le empezó a pegar cachetadas a la gorda.

Quedó como enloquecida por los golpes, los insultos y la cabalgata, empezó a gritar y a gemir tanto que tuvimos que hacerla callar porque nos iban a desalojar del hotel. Con todo eso acabé dentro de la gorda, pero igual la tuve un rato dentro suyo esperando que Pierre eyaculara cosa que no se produjo. Salí de arriba de la gorda y me puse a su lado, mientras Pierre se acostó a lado mío lo pajeé un poco, pero nada no acabó, después se puso de costado sobre la gorda mientras la besaba yo le metí un dedo en el culo y él empezó a moverse como si se tratase de una pija que lo tenía ensartado y lo estaba cogiendo, le dijimos a la gorda que yo siempre lo quise coger, pero que nunca me dejó. Ella quiso ver como lo penetraba, pero Pierre se negó. Saqué el dedo y empecé a refregar mi pija mustia por el agujero de Pierre, pero mi verga había quedado agotada y no se levantó totalmente.

Pierre quería acabar sobre al cara de la gorda, pero ella le dijo que no, que quería la leche entre las tetas. Entre las tocadas de culo, los besos a la gorda, finalmente Pierre pudo acabar, acercó su verga a las tetas y allí eyaculó un líquido transparente. Supongo que se habría pajeado en su casa, porque no sé por qué eyaculó tan poca cantidad de líquido transparente. Terminado todos nos lavamos, llamó al empleado, pagó el alquiler de la habitación y dejamos a la gorda en la terminal de ómnibus. Después me dejó cerca de mi casa y así terminó mi última aventura con Pierre. ¿Última? No, cuando se le ocurra algo nuevo me llamará como hace tantos años, pero ¿qué se le ocurrirá la próxima vez?

Autor: omar

omarkiwi@yahoo.com

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