Cuando cumplí 18 años

Hetero, Jóvenes y Cachondas. De como me inicié en el sexo con el padre de una amiga. Yo tenía 18 y él, 55.

Hola hoy tengo 52 años, soy de Venezuela, pero quiero contarle como me inicié en el sexo, cumplía 18 años y teníamos planeados ir a comer helados digo teníamos porque era una amiga que cumplía el mismo día.

Ese día me levanto mi madre muy temprano a cantar el cumpleaños feliz, y le dije voy con Carmen a comer helados en la tarde y me dijo, me parece magnifico.

Pase por mi amiga a la 1 de la tarde como habíamos acordado,  toqué, me abrió su padre, que con los 55 años que tenía me erizaba la piel cada vez que lo veía, canoso, no muy alto pero tenías unas manos gruesas y ásperas porque trabajaba la construcción.

Cuando él abrió la puerta pregunte por María, y me dijo pasa, lo hicé y sentí mi cuerpo helado, y su respiración cerca de mi cuello, me dijo

– Ella salió con su mama y hermanas y me dijo que la esperaras, le dije

– Bueno vengo más tarde entonces, y él me abordó y me dijo:

  • Estas de cumpleaños. Y temblando le dije si. Me dijo
  • ¿Me permites darte un beso?

Solo atiné abrir mi boca y cerrar los ojos, cuando sentí su lengua dentro de mi boca, y su brazo por mi cintura, apretada hacia él, y sentí como algo entre sus piernas crecía y latía, fue tan largo y divino el beso que quede sin aliento.

Me cargó en sus brazos, y me dijo al oído te voy hacer mi mujer, y solo atine a decir que si con la cabeza, y me llevo a su cuarto de herramientas. Allí había una cama muy bien arreglada, y me acostó, y me volvió a besar profundo. Tenía una lengua gruesa y muy carnosa, luego bajó mis pantaletas (ya que tenia una faldita muy corta), y me dijo quieta mami, y empezó a chupar mi clítoris, y meter su gruesa lengua. Me hacía temblar, sudar y gritar de goze, sentir que me estallaba el mundo y me decía déjate ir, acaba en mi boca, y exploté y fue grandioso.

Luego me tomo nuevamente mi boca y me decía: quieres ser mi amante, mujer, y le dije si, y cuando se bajo los pantalones no tenía interior y vi una enorme pija de mas de 20 cms, y le dije eso me lo vas a meter y me dijo todo, todo te lo voy a meter.

Empezó con su cabeza del pene, a frotar mi clítoris, y me besaba por el cuelo y mi senitos, hasta que llego el momento que le dije no aguanto más cógeme, y así fue una envestida fuerte, dolorosa pero placentera, y me bombeó suave y luego muy fuerte por lo menos 10 minutos y en esos diez minutos yo tuve como 6 orgasmos y me dijo huy, que rico, eres multiorgasmica, y me acabó tan fuerte que pude sentir su leche caliente en mis entrañas, quedamos tendido en la cama, y luego me llevo al baño y me lavó y me dijo

  • De esto, a nadie le cuente…

luego seguiré como fueron mis siguientes encuentro y todo lo que hicimos por durante 10 años

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Mi historia empezó con 18

Hola mi nombre es Daniela soy de Chile y tengo 20 años descubrí esta página de relatos y me decidí a contar algunas cosas que me han pasado estas historia son reales y las escribo por que descubrí que me excitan mucho. Les pido disculpas por la forma de escribir ya que es la primera vez que lo hago, ojalá les guste.

Primero voy a describirme para que se hagan una idea de cómo soy: Soy de tez blanca pelo castaño liso ojos cafés mido 168 aproximadamente 60 kilos. Y mi cuerpo está bien formado tengo senos pequeños, pero duritos, pero un potito paradito redondo y de un porte que los hombres siempre me piropean o recibo alguna caricia ya sea en la micro o en el metro, cuando van llenos tengo que reconocer que desde joven me gustaba ser tocada en la micro o se ponían detrás de mi y me ponían algún miembro justo en la rayita de mi potito, sentía cosas ricas en mi cuerpo lo que me llevaba a masturbarme en mi pieza,  me gustaba mucho el sexo, siempre pensaba en penes hombres y como sería hacerlo, tenía una amiga que eran igual que yo y comentábamos de todo esto y nos excitábamos, así transcurría mi vida cuando conocí a Rubén, un tipo mayor que yo que me enseñó todo acerca de sexo yo tenía 18 años y él 28 a mi me pareció lindo cuando lo conocí, fue un día en la micro cuando iba a clases que me hablo.

– Hola, me dijo

– Hola, bien y tú?

– Cómo te llamas? Daniela ¿y tú?

– Rubén. Así nos fuimos conversando todo el camino

Era moreno de 170 aproximadamente, cuerpo formadito pelo corto un mino rico como se dice acá. Mis padres trabajaban todo el día así que estaba sola casi todo el tiempo. Con Rubén nos hicimos buenos amigos, él iba para mi casa escuchábamos música, nos reíamos, lo pasábamos bien, un día estábamos en mi pieza o dormitorio y comenzó a hacerme cariño por la espalda, mientras conversábamos me preguntó si había estado con un hombre antes yo le dije que solo me habían tocado y besado, nunca me habían penetrado  que sientes cuando te tocan, se siente rico le dije yo, ¿dónde te han tocado?, me dijo lo más que me han tocado es el poto y me reí, es que lo tienes muy rico, te gusta le dije, si amor me dijo, como quisiera tocártelo, le tomé la mano y me recorrí mi poto con su mano, que rico me dijo.

Se acercó a mi y me besó mientras me tocaba las nalgas sus besos eran apasionados y me seguía tocando ahora bajo mi faldita, sobre mi calzón que delicia era, estaba caliente me preguntó si quería ver su pene, nunca he visto uno de verdad, se bajó el buzo y me mostró su verga era grande gorda con la cabeza roja me hizo tocárselo y moverlo me sentía como una putita, rogué, por favor métemelo, quiero sentirlo.

Me la puso en la entrada de mi chorito y me la empezó a meter, me dolía mucho, pero no me importaba entraba despacio, sentía su pedazo de carne dentro de mi era como que me quemaba, pero sentía placer, después de un mete saca me puso en 4 patas y me la metió desde atrás ahora lo sentía mejor yo lo miraba y me embestía despacio, pero profundo, yo le ofrecía mi potito para que me hiciera mujer.

Luego me empezó a culear fuerte podía sentir sus bolas en mi poto, yo gemía como loca sabía que ahora no iba a parar de tener sexo, en eso apuró sus culeadas y me tiró toda su leche en mi espalda, sentí un líquido caliente, nunca había visto tanto semen y estaba toda chorreada en mi espalda y me goteaba por mi nalgas. Aaaaaah gemía Rubén, que delicia Dani eres una putita Quiero culearte todos los días Quiero tu pico siempre amor. Se despidió, por que luego llegaba mamá y si nos pillaba hubiera sido terrible.

Le conté a mi amiga Cathy no lo podía creer, quería todos los detalles le conté y quedó caliente, ahí hicimos algo, pero después les cuento. Yo antes del relato era una virgen cachonda, ahora, al final me despido como una mujer que descubrió lo rico que es el sexo y gozarlo sin prohibiciones.

Ojalá les guste, envíenme sus comentarios.

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Mi compañera de oficina

Yo seguía dándole verga y sintiendo como se acercaba a terminar, ella empezó a gemir, como si estuviera llorando, apretó sus piernas y sentí como sus jugos estallaban contra mi verga y su vagina se contraía con fuertes espasmos, al igual que su culito, se dejó caer y se le salió mi verga, quedando tirada en el piso, con las piernas abiertas, su tanga estaba súper empapada.

Trabajé durante cinco años en una oficina y Perita, una de mis compañeras, siempre me llamó la atención, sobre todo después de que tuvo a su bebé; ella es morena, llenita, con el cabello negro, largo y quebrado. Cuando volvió a la oficina, sus tetas lucían espectaculares, esto por que amamantaba a su hijo.

A inicios de este año, durante semana y media, estuvimos solos en la oficina, así que comíamos juntos y una tarde, nos quedamos charlando sobre cualquier tema pero no podía despegar mi mirada de sus hermosas tetas. Ella traía una blusa blanca bastante escotada y se le asomaba un bello sostén de encaje del mismo color, además se le marcaban los pezones de una forma por demás excitante.

Ella se dio cuenta y trató de cubrirse pero al mover uno de sus brazos, tiró un vaso de agua fresca sobre sí misma, inmediatamente trató de limpiarse pero estaba totalmente empapada, así que corrí por un trapo para ayudarla. Cuando llegué con ella, el espectáculo era supremo, sus tetas se le notaban al cien y sus pezones estaban totalmente erectos, por lo frío del agua y por más que quería retirar mi mirada de ella, no podía.

Enseguida, ella tomó el trapo junto con mi mano y se los llevó a sus pechos, diciéndome “Ernesto, ayúdame a limpiarme, no te me quedes viendo” y no tardo, empecé a pasarle el trapo por ambas tetas y acercándose a mí, me dijo “¿crees que no he notado cómo me miras?, anda, aprovéchate ahora, no creas que no me he puesto cachonda con la forma en que me miras”. Empecé a darme un gusto bárbaro, pues le retiré su blusa y empecé a besarla y al abrazarla, mis manos soltaron su sostén, que quedó adherido a su piel húmeda.

Suavemente, yo se lo retiré y quedé impresionado por el tamaño de sus pezones y el ancho de las aureolas negras, negras, enseguida me agaché a mamarle ese par de tetas tan hermosas; cuando le mamaba sus senos, le daba arrimones con mi verga y ella abría sus piernas, inmediatamente sentí lo caliente de su panochita. Luego, me acomodé detrás de ella para besarle el cuello y con mis manos, acariciarle las tetas; luego, mis manos fueron bajando poco a poco por su cuerpo hasta llegar a su pubis, el que sentí abultado y muy caliente.

Al momento, le empecé a sobar su panochita sobre su pantalón, que ya se encontraba bastante húmedo, luego le aflojé el pantalón y fui bajándoselo poco a poco, esto, sin dejar de besarle el cuello y sus oídos. Ella está que estallaba, respiraba rápido y entrecortado, enseguida la volteé para besarla y nuestras lenguas se buscaron febrilmente mientras que le tallaba su conchita súper mojada con una pierna.

Perita me sobaba muy rico mi verga totalmente dura hasta que le dije que nos fuéramos a una de las oficinas, ya que están alfombradas; ahí, inmediatamente nos acostamos en el piso y empezamos a fajar muy rico. Para entonces, ella estaba solo con su tanga y yo había terminado de quitarme el pantalón, el bóxer y los zapatos, solo traía mi camisa, estábamos súper calientes y nos besábamos y nos toqueteábamos.

Yo empecé a bajar por su cuerpo hasta tener su pubis a la altura de mi cara, enseguida le acerqué mi boca y sobre la tela, le empecé a chupar su panochita mientras ella se arqueaba, bufaba y decía “ya, cogeme, no aguanto, quiero que me la metas toda”. Rápidamente, la volteé poniéndola de “a perrito”, ahora sus hermosas nalgas estaban a toda su anchura, era bello ver ese culo comiéndose el hilo de su tanga.

Al instante, me acerqué, le hice el hilo a un lado y apunté la cabeza de mi verga en la entrada de su vagina, ¡uta!, el calor y la humedad en su cosita era fenomenal, entonces mi verga resbaló hasta el fondo y Perita lanzó una especie de gruñido. Así, empecé el chaca, chaca lento, aunque ella me pedía que se lo hiciera más fuerte, enseguida estiré una de mis manos para acariciarle sus tetas y lo dura y erecto de sus pezones, eso me puso como loco, me encantan las tetas de pezones grandes y Perita los tenía muy, pero muy grandes.

Ya mi ritmo estaba al cien y su vagina se empezaba a contraer, anticipando su orgasmo, entonces bajé la vista para ver como me la estaba cogiendo y vi que su ano se abría y se cerraba también de una manera fenomenal. Al momento, le dejé caer algo de saliva y acerqué uno de mis dedos a él, ella respingó inmediatamente, echándolo hacia atrás, tratando de que mi dedo se incrustara ahí, enseguida se lo empecé a meter y vaya, le entró con suma facilidad.

Yo seguía dándole verga y sintiendo como se acercaba a terminar cuando empecé a meterle dos dedos, enseguida ella empezó a gemir, como si estuviera llorando; de repente, apretó sus piernas y sentí como sus jugos estallaban contra mi verga y su vagina se contraía con fuertes espasmos, al igual que su culito. Acto seguido, ella se dejó caer y se le salió mi verga, totalmente mojada y dura, dura, quedando tirada en el piso, un tanto de lado y con las piernas abiertas, su tanga estaba súper empapada.

Pasados unos instantes, me acerqué a ella, le retiré su tanga y me puse a mamarle su culito, entonces ella se separó sus abundantes nalgas con sus manos y dejó expuesto un hermoso ano negro, que se abría pidiendo ser penetrado. Así, le pasé mi lengua repetidas veces para lubricárselo bien, ya mis dedos entraban como en mantequilla, de hecho, le metía tres de ellos y le dije “Perita, te voy a coger por tu culito”, ella solo soltó una leve risita.

Cuando le acerqué mi verga, ¡guau, qué calor se sentía!, enseguida ella empezó a sobarse el clítoris y a llevarse una de sus tetas a su boca, estaba súper excitada y empecé un mete y saca, ella contraía su ano de tal forma que cuando se la sacaba, ella lo apretaba súper rico. Así estuve por cerca de diez minutos mientras ella se mamaba sus tetas y se seguía sobando su tripita hasta que sentí nuevamente que se acercaba su orgasmo y aceleré el ritmo para terminar en su interior.

De repente, ella lanzó un gran chorro de líquido por su panocha y luego, otro más, la alfombra estaba empapada y la oficina olía a sexo, entonces yo agarré sus nalgas y se las separé tratando de terminar en lo más profundo de su ser; hacía mucho tiempo que no tenía una venida tan abundante y finalicé recostado sobre ella. Luego, nos besábamos muy rico, yo le acariciaba sus hermosas tetas, las que habían causado tanta calentura en mí.

Luego de un momento, entramos al sanitario a lavarnos, yo la veía y mi leche le escurría por su culito, fue muy rico pasar esa tarde con ella. Más adelante, les contaré las otras dos ocasiones en que nos dimos tremendas cogidas, chau

Autor: Ernesto

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Confesión y penitencia

De pronto, la mano se apartó, y mi coño empezó a temblar, vacío y palpitante. Una polla dura y enorme ocupó el lugar de la mano, embistiendo con fuerza una y otra vez, hasta que llenó mi coño completamente. Mientras las manos tironeaban de mis maltratadas tetas, alternando con pellizcos y azotes en mis enrojecidas cachas.

No necesito una excusa para contarte mis andanzas en el pueblo. Con esta manía de las fotos, pensé en hacer algunas desde lo alto de la torre de la iglesia. Mis hijas me dijeron que no habría problema, pero de todas formas, pensé que tenía que pedir permiso al cura, así que entré en la iglesia, estaba vacía, pero él estaba en una garita de esas de confesarse. Hace tanto que no las uso. Me acerqué, y antes de que me diera tiempo a decir nada, me preguntó de qué me acusaba.

¡Vaya con el cura! Que cotillo. Me quedé cortada un momento, pero luego pensé en las ganas que tenía de contarle a alguien nuestra historia. Y recordé que los curas, si se lo cuentas allí no se lo pueden decir a nadie. Así que me arrodillé y le solté de golpe: ¡De lujuria, padre!  Eso pareció interesarle. Creo que hasta pegó un salto. No podía verle la cara, estaba muy oscuro. Se puso más tieso y acercó la oreja.  ¿De lujuria, hija?  Me preguntó.

Yo empecé a contarle mis andanzas. Diciéndole cuanto me gusta follar contigo por los rincones. Y como voy a trabajar sin bragas esperando que me toques el coño y me metas los dedos dentro, como una perra en celo. Que le he puesto los cuernos a mi marido en mi propia cama, como chillo y me retuerzo cuando me comes el coño. Que me la has metido por el culo, y también he disfrutado como loca. Él parecía escandalizarse, pero yo creo que se estaba poniendo cachondo.  ¿También has disfrutado con eso? ¡Claro!

Disfruté cuando mi culo se abrió para él. Fue como si me desvirgara. Como si nos desvirgáramos mutuamente. Porque para él también fue la primera vez. Disfruté oyéndole decir una y otra vez que le avisara si me hacía daño. Y sintiendo sus manos por mi cuerpo agarrándome con cuidado. Y cuando se corrió dentro de mi culo después de pedirme permiso… De repente me interrumpió, silenciosamente, abrió la rejilla y, sacando la mano, empezó a sobarme las tetas. Empecé a jadear, conteniéndome. Intentando mantener la compostura. Pero la verdad, es que yo también estaba cachonda de recordar todo lo que habíamos hecho.

Él continuaba tocando y manoseando por encima de mi camiseta. Empezó a tirar de ella hacia arriba, hasta que consiguió meter la mano dentro, haciendo que se contrajeran mis pezones. Me preguntaba detalles. Y yo se los daba cada vez más satisfecha. Y más orgullosa. Cada vez que callaba, él me pellizcaba un pezón y yo gemía. Entonces, volvía a pellizcármelo con más fuerza para que continuara. Continuaba hablando, como si no estuviera manoseándome. Hablaba de los pecados y de la penitencia. Me amenazaba con el infierno, como si hubiera peor infierno que no estar contigo. Así que seguí contándole como te follo de pie, sentado y tirados por el suelo encima de un cartón como indigentes. Y como disfruto cuando te corres para mí. O dentro de mí. O cuando te la meneas delante de mi cara.

Pero… ¿hay algo que no hayas hecho? ¡Sí!. Le dije.  No le he follado por el culo. Tengo ganas de meterle algo por allí. Y ver como su polla crece y crece, antes de meneársela y comérmela hasta que reviente. El tío pesado seguía diciendo: ¡Serás castigada te castigará!  ¡Me sonríe cada vez que él me toca!  Le contesté, y eso parece que le puso de mala leche. Así que cuando llegó el momento de la penitencia me dijo que no iba a ser algo habitual, que yo merecía otra cosa y me dijo que volviera a la iglesia y que me arrodillara delante del altar, pero desnuda.

Me desnudé como me lo había indicado. Y estuve así, desnuda, sintiendo cómo aumentaba mi humedad y resbalaba por mis muslos, a pesar del frío que hacía. Pensando en ti. Preguntándome si te gustaría verme allí, arrodillada en pelotas en una iglesia, temblando de frío, con las tetas de punta. Durante una eternidad no sé porqué, me acordé de la última vez que estuvimos en uno de nuestros escondites. De que también hacía mucho frío. Y de que te enfadaste. De que quería pedirte que me besaras y no me salían las palabras. Y de cómo a pesar de los problemas luego seguimos igual o mejor. De pronto, cuando empezaban a dolerme las rodillas, alguien se acercó y empezó a sobar mi culo.

Empecé a temblar. Unas manos elevaron mis caderas, obligándome a apoyarme sobre los pies, mientras permanecía inclinada, de forma que mi coño estaba abierto y accesible. Imagino que brillaría sonrosado bajo las cachas, entre mis piernas abiertas. Empecé a recibir azotes que estallaban en una extraña mezcla de dolor y placer. Que poco original. Yo esperaba algo mejor de un cura. Pero me gustaba recordar cuanto te gusta que me peguen y las ganas que tengo que lo hagas tú. Así que empecé a mover el culo, gimiendo bajo los azotes. Como tantas veces he soñado hacerlo para ti.

Bien, había sido azotada y estaba excitada, con el culo rojo, igual que las tetas. Unas manos acariciaron mis nalgas enrojecidas provocándome un gemido. Después sentí como me manoseaban el coño, tirando de mis labios mojados y retorciéndoselos, yendo adelante y atrás. Abriendo mi raja y volviéndola a dejar. Yo perdía el control de mi cuerpo y balanceaba las caderas, sin querer, buscando el contacto, igual que cuando me tocas tú. Unos dedos hurgaron dentro de mi coño, donde se movieron con fuerza. Sentí un vacío y la necesidad de juntar las piernas, apretar esa mano y liberar mis ansias de correrme, pero la mano que me controlaba se endureció, sin permitírmelo.

Ahora otra mano tocaba mis tetas con fuerza, casi me dolía, pero estaba demasiado cachonda para ello. De pronto, la mano se apartó, y mi coño empezó a temblar, vacío y palpitante. Una polla dura y enorme ocupó el lugar de la mano, embistiendo con fuerza una y otra vez, hasta que llenó mi coño completamente. Mientras las manos tironeaban de mis maltratadas tetas, alternando con pellizcos y azotes en mis enrojecidas cachas.  ¿Así te folla él, zorra? Me preguntaba con voz muy ronca, mientras empujaba más y más, aplastando sus huevos contra mi coño.  ¡No! Él me follaría mejor. Sobre todo si estuviera aquí y nos viera. Le respondí mientras seguía moviendo el culo.

Mi respiración era una serie de gemidos, acompasados a los empujones una y otra vez; cada vez más profundos; cada vez más firmes; cada vez más largos y más rápidos. Junté las piernas, apretándolas, deseando correrme, sintiendo con más fuerza la carne en mi interior. Me paralicé un instante, justo antes de reventar sobre la polla que tenía dentro. Mi coño palpitó y mis caderas se balancearon tirando de ella arriba y abajo. Él sintió la explosión en su verga estrujada por mi coño que temblaba en un violento orgasmo. Lo sintió y se dejó llevar, explotando en mi interior, vaciándose completamente.  Ahora, vete y no peques más me dijo y no vuelvas la cabeza o te pesará.

Me incorporé y sin volverme, empecé a vestirme. Aunque la corrida resbalaba por mis piernas. Con las prisas, allí se quedaron mis bragas, aún húmedas. Pues parece que ir al pueblo puede ser hasta divertido. ¿Te gustaría?

Autor: Pecadora

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Miedo a los ascensores

Siempre le tuve temor a los ascensores. Cuando me mudé al 7mo. piso del Cervantes Center, me convencía a mi misma con el placer que me daba la excelente vista panorámica de mi departamento y con la cercanía a la empresa donde trabajo. Jamás pensé que la experiencia que iba a vivir cambiaría mi percepción sobre el sentido de viajar en ascensor.
Los primeros días lo usé casi sin pensar ocupada como estaba en armar mi nuevo departamento. Una vez instalada comencé a subir y bajar a la misma hora y  a entrar en contacto con las personas que habitualmente subían y viajaban en el mismo horario. Cada día de mañana bajábamos seis; a mi regreso de la empresa, por la noche subíamos cinco, cuatro hombres y yo. Sola. La primera vez que subí me sentí algo incómoda – sola entre cuatro hombres – subiendo en silencio. Todos con trajes impecables y corbatas que cambiaban cada día. Dos de ellos siempre de anteojos oscuros. Impecable calzado los cuatro. La mayoría de las veces atendiendo sus móviles de última generación. Uno privilegiaba el uso de la tableta. Se ponía en un rincón y parecía subir mirando algún video. Subíamos los cinco en la planta baja y me cedían el primer lugar para entrar, por lo que yo me ubicaba en el fondo del ascensor contra el espejo posterior. El último en subir apretaba con su dedo medio cada piso. Lo hacía con mucha suavidad y firmeza. Fue la primera mano que comencé a mirar con mas atención. Se notaba una piel suave y recia.
A los quince días ya nos saludábamos atentamente. Ellos mostraban conocerse hace mucho tiempo porque conversaban mucho entre si. Todos seguían a pisos superiores al mío. Por lo que bajar significaba pasar en medio de ellos y…sus miradas que me recorrían.
Noté sus miradas especialmente el día que cuando estaba por bajar se me cayó el celular sobre la alfombra del ascensor y al descender a tomarlo los cuatro se agacharon para alcanzármelo, de manera tal que sus cuatro manos y la mía casi llegaron al mismo tiempo al teléfono  Dos de ellos alcanzaron a rozar mi piel. Noté que la vista de los dos que estaban sin anteojos se dirigieron mas a mi blusa escotada que al celular del suelo. Alcé el celular, di las gracias y salí. Los cuatro sonrieron sin decir nada y noté que – mientras se cerraba la puerta del ascensor- comentaban algo entre sonrisas. Uno de ellos se pasaba la lengua por sus labios y otro me despedía con un ademán de su mano y una mueca de seducción. Era el mas alto y rubio de los cuatro.

Después de tres meses la situación seguía de la misma manera. Hasta que llegó aquel viernes en el que que volví del trabajo, llamé el ascensor desde la planta baja y al abrirse la puerta estaban ellos cuatro, solo que cuando yo subí, ninguno bajó. Ingresé y mientras el dedo aquel apretaba el piso cuarenta y dos, me vi rodeada por los cuatro que comenzaron a girar en torno mío. Algo atemorizada quedé enmudecida y tieza, pero uno de ellos me ofreció un ramo de rosas. Mientras el segundo destapaba un perfume atrapante, el tercero tomaba su tableta y comenzaba a filmarme el rostro, con primeros planos de mis labios y comenzando a recorrer con su cámara mi cuerpo con movimientos envolventes. El cuarto se arrodilló ante mi y sólo dijo:

– Hasta donde tu desees…- mientras sus manos tomaron mis tobillos y comenzaron a abrir suavemente y con firmeza mis piernas.

Ya los dos restantes dejaron de girar a mi alrededor y tomaron mis manos. entre los tres me pusieron contra el espejo. El cuarto continuaba filmando. Intente decir algo pero un dedo con un perfume embriagante se posó sobre mis labios, mientras comenzó a dibujar toda la extensión de mi boca. La otra mano acarició mi rostro y deslizó dos dedos por detrás de mi oreja, y se entretuvo en mi lóbulo. Al mismo tiempo comencé a sentir que las manos que habían tomado mis tobillos comenzaban a deslizarse hacia arriba recorriendo convencidas el interior y exterior de mis piernas, que querían temblar. La presión del dedo anular en el interior de mi pierna hizo que yo levantara mi cuerpo sobre la punta de los dedos de mis pies, con una mezcla de temor y deseo que esa mano llegara hasta las orillas de mis bragas de seda. La cámara seguía registrando cada rincón, y el cuarto hombre apoyaba mis brazos contra el espejo con fuerza.

A las manos que subían comenzaron a sumarse otras manos que se deslizaban desde el cuello para abajo y ya no alcanzaba a notar cuantos manos me acariciaban. En ningún momento me violentaban. Cada centímetro recorrido iba a compañado de las mas dulces expresiones que uno u otro deslizaba susurrando en mis oídos. Uno se puso a un lado, otro a otro lado, y el que seguía de rodillas ante mi ahora sumaba su rostro que se acercaba hacia mi vientre y su boca bajaba sobre mi falda hasta encontrar el camino mas caliente y zigzagueante hasta mis labios inferiores que ya quedaban a la altura justa de su boca.

¿Cuáles eran las manos que comenzaron a rodear mis senos? Ya no podía distinguirlas, pero tensaban mi piel hasta hacer endurecer mis pezones que comenzaron a desear salirse. Alguien comenzó a desprender mi camisa y otra boca descendió desde el cuello hasta uno de mis pezones que comenzó a rodear, primero con su lengua y dedos y luego succionó con dulzura, firmeza y un ritmo enloquecedor. Otras manos dejaban al aire el otro seno mientras otra mano tomaba mi propia mano y la deslizaba por un miembro que endurecido quería deslizarse fuera de un pantalón. Quise retirar mi mano pero la sostuvieron con firmeza contra aquel miembro erecto. MI otra mano fue deslizada dentro de un pantalon y sentí el calor y suavidad de la piel de uno de ellos.

En un momento dado tenía un miembro en cada mano; mis senos eran succionados con pasión por dos bocas; a la que se sumaba una tercera sobre mis bragas dibujando con su lengua entradas y salidas de pasión que hicieron que yo me mojara y corriera apasionada. El ritmo de mis manos corriendo la piel de aquellos endurecidas vergas, comenzó a sacar expresiones de placer. El ascensor seguía subiendo.

No me preguntes en que piso fue el momento en que me encontré con mi cara frente al espejo mi camisa , totalmente deprendida y labios que mordían mis muslos, mientras dos manos abrían mis piernas desde los tobillos. Mis bragas fueron corridas a un lado y mi culo comenzó a sentir caricias peneanas que subían  y bajaban buscando mi orificio anal. Sentí que unas manos se untaban en lubricante de aroma embriagador y cada aspereza de mi piel cedió a un camino de placer por el que comenzaron a entrar y salir, tres vergas en forma alternativa, cada una llegando a tocar diversos rincones de mis deseos.

No sé cuantas veces me corrí. Mi coño sentía a la vez dedos que entraban y salían y mi clítoris explotaba de placer. Cuando todos acabamos, estábamos parados en el piso siete. Yo me acomodé la ropa y comencé a bajar. Cuando crucé el umbral del ascensor una voz volvió a decir:

– Hasta donde tu desees…-

Otra agregó: – Hasta mañana –

Y los cuatro sonrieron. Yo bajé con mis rosas, mi perfume y mis deseos…

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Diana mi putita caliente III

A Diana le encantaba jugar, sentirse bien cachonda todo el día y coger rico a cualquier hora del día siempre que tuviéramos tiempo. A mí me encantaba que fuera así…pasaba con la verga dura casi todo el tiempo…ella no me dejaba descansar, le encantaba tomar leche y que me corriera sobre sus tetas…la verdad era una de esas mujeres que ni en sueños.

Le gustaban los jueguitos…hicimos varios que tal vez algún día les cuente muchos, pero el que recuerdo ahorita y es el que me trae con ganas desde hace rato es de una vez que la mandé al gimnasio con bolas chinas en su conchita. Fue algo que le encantó…me dijo que con sólo caminar del auto al gimnasio ya sentía rico y que cuando se puso a hacer bicicleta tenía muchas ganas de meterse algo…y más o menos lo hizo…me dijo que acomodó el sillín de la bicicleta para cachondearse más y contaba que el movimiento cuando pedaleaba casi la hace gemir como puta cachonda en medio del salón. Sentía que se humedecía y disimuladamente se tocaba las tetas al buscar la botella de agua…me cuenta que tenía muchísimas ganas de mover la cadera como follando la bicicleta pero hizo lo posible por aguantar.

Luego de la bicicleta fue al baño y vio en el espejo que los pezones se le marcaban y le encantaba estar así de caliente y que se le viera la cara de puta. Entró al vestidor y se revisó la conchita, metió las manos dentro de las braguitas y vio que sí estaba bien húmeda, llevó sus dedos a la boca para probar sus jugos y jugó con su clítoris un poco porque se sentía caliente…como si lo que más quisiera en el mundo en ese momento fuera verga pero tuvo que resistirse para no acabar por dos razones: la primera que escuchó gente afuera y la segunda que no le di permiso de correrse en el gimnasio y ella es una perra obediente.

Aún con las bolas chinas dentro se puso a hacer ejercicios con máquinas. Ella sentía como todos los hombres la veían, seguro se notaba que su conchita estaba mojada, que sus pezones estaban duros o que de vez en cuando intentaba disimular pequeños gemidos, pero el asunto es que con cada movimiento se sentía más cachonda y más observada. Para ella fue un alivio terminar su sesión de ejercicios para volver a casa…tenía ganas de coger rico. Aún así decidió cachondearse un poco más y pasó por una carretera en mal estado, mientras conducía sentía las bolas chinas vibrar con los movimientos del carro dentro de ella, dice que lo costó mantenerse agarrada del volante, pero que fue la única manera de detenerse a meterse dedo hasta acabar como puta en medio de la carretera.

Cuando llegó a casa estaba como cura en prostíbulo, muriendo de ganas por coger. Yo lo sabía así que me demoré un poco, la desnudé y le dejé las bolas chinas dentro, me comí sus pezones ricos, la besé y jugué con su cola también…ella me pedía que se la metiera de una buena vez, que ya no quería aguantar más, que llevaba mucho tiempo con ganas de una verga y que quería correrse, que la tortura era mucha. Pero yo soy cruel y la hago esperar un poco más. Empecé a darle pequeños lametazos en la conchita, a morder un poco, a frotar y soplar suavemente y ella me seguía pidiendo verga, pidiendo que la partiera en dos. Saqué lentamente las bolas chinas de su cuerpo y gemía con cada movimiento sutil, antes de terminar de sacarlas le di a chupar mi verga para que la mojara un poco y luego dejé libre su agujero para que entrara mi verga. La puse en cuatro y sin esperar mucho empecé a penetrarla con fuerza…no tardó en sentir que contraía rico sus músculos y que gemía como poseída corriéndose y me dijo que no me detuviera que la siguiera bombeando.

Aproveché lo cachonda que estaba y le empecé a meter un dedo en la cola y me dijo “qué haces? Deja mi cola en paz” y yo le dije que si quería que la dejara en paz dejaba de cogerla. Ella contestó que no me atrevería y entonces me detuve, saqué mi verga de su conchita y empecé a frotarla sin penetrarla. Ella seguía gimiendo rico y me pedía que se la metiera. No lo hice hasta que me dijo “está bien está bien sigue jugando con mi culo pero métela ya por favor”. Así que la volví a penetrar duro y seguí jugando con su culo, le metí un par de dedos que había mojado en lubricante para dilatarlo y luego le empecé a meter las bolas chinas que anduvo todo el día. Le encantó…me pedía que siguiera, que se iba a volver a correr y así lo hizo…sentí como su conchita apretaba más fuerte mi verga y no pude aguantar más y acabé dentro de ella. Intenté sacar mi verga para que chupara y un chorro le cayó en la espalda…ella se dio vuelta y me limpió rico la verga. Metió sus dedos en la conchita y sacó leche para llevarla a su boquita. Seguía con las bolas chinas dentro y comenzó a sacarlas lentamente…gimió con cada una de ellas y me prometió que algún día me iba a dejar romperle la cola.

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Un desayuno muy placentero

Apuntó su pene en mi dilatada vagina, que recibió todo ese pedazo de carne de una vez, mientras los dos movíamos las caderas para tratar de satisfacernos el uno al otro, le pedí que acariciara mis senos, sentíamos un gran placer, a mi me gusta en esos casos sentirme un poco dominada, y que más posición que esa, es una de las que más me gusta.

Saludos a todos los lectores y visitantes de esta página, primeramente a mí me gusta mucho leer este tipo de cosas, pero creo que sería mejor si fueran reales, y debido a que he tenido contacto con algunos escritores (as) me decidí a redactar una de mis historias.

Todo desde que comencé con los juegos eróticos con mi novio cuando teníamos como 16 años (ahora tenemos 20), bueno lo que les quiero contar ocurrió aproximadamente hace 2 meses. Como estoy estudiando ya en la Universidad mi horario de clases es generalmente por las tardes, y el de mi novio es muy variable debido a que algunas veces asiste en la mañana y otros días por la tarde. Un día su casa estaba solo por la mañana debido a que su padre trabaja y su madre había tendido que salir de la ciudad con urgencia, me invitó a tomar el desayuno en su casa, para nosotros no es raro el contacto sexual, pero la verdad se me hizo raro que me invitara, imaginé que algo estaba planeando y no me haya querido decir, pero tengo que reconocer que soy algo cachonda (por no decir bastantito) que enseguida acepté.

Él salió de sus clases a las 9:00 de la mañana y pasó a mi casa, nos fuimos en su coche, mientras estábamos en el camino todo aconteció de manera normal, yo espera su plan, pero no le decía nada. Llegamos como 20 minutos después, como me invitó a tomar el “desayuno” pues se me ofreció algo, no recuerdo muy bien que. Total que terminamos de desayunar cuando me dijo que no había nadie en casa y que podíamos hacer muchas “cositas”, al lo que yo le respondí haciéndome la inocente, ¿que como que se le ocurría?, entonces me miró fijamente y me dio un beso en la boca que parecía que quería sacarme lo que acababa de desayunar, creo que eso fue lo que prendió la bomba, pues yo le respondí con un otro de igual magnitud, a lo que él respondió besándome el cuello.

Lentamente me fue tocando los senos y mis pezones (debo confesar que eso me vuelve loca), claro que yo no me iba a quedar con las manos sin hacer nada, enseguida respondieron en sus nalgas (prefiero llamarlas así) que no es porque sea mi novio pero la verdad es que están de rechupete, me lo han dicho algunas amigas también, mis manos se fueron deslizando al frente por debajo de sus jeans y de su ropa interior hasta llegar a su pene, que para entonces lo tenía erecto, y lo comencé a masajear. Él al sentir esto encaminó sus manos hacia mi vulva, la cual ya estaba húmeda, y sin habernos quitado ninguna prenda nos complacíamos mutuamente mientras nos besamos.

Así estuvimos por un tiempo hasta que me mi novio me desabrochó un poco blusa y me desacomodaba el brassier y senos quedaron al aire y me empezó a lamer los pezones como solo él sabe hacerlo, pasando con su lengua de aquí para allá, de vez en cuando una pequeña mordida, mmmmm, (a todos los chicos, recomiendo que pongan esto en práctica), mientras todo esto pasaba, yo ya había desnudado su pecho y enseguida lo comencé a lamerle sus pezoncitos, eso lo prende.
Debido a que el calor era mucho decidimos ir a su cuarto, en cuanto entramos, lo tomé por la cintura desabroché su cinturón y sus jeans quedando sólo con ropa interior, mmmmm, que hermosa imagen, me deshice de su ropa interior y como me había agachado para quitársela cuando levanté la cara, no era ninguna coincidencia, yo lo había hecho con toda la intención para que su pene me quedara justo en la boca a la altura de la boca, (esto lo hice por mi alta temperatura y la lujuria que tenía en ese momento y como antes había leído en algunos relatos que a los hombres les fascina lo que le iba a hacer enseguida) ya había tocado su pene con mis labios, pero nunca le había hecho una mamada como se le hice esa vez, mi novio tiempo después me dijo que se sorprendió ante tal acto pero le gustó muchísimo, su pene estaba a en su máxima erección, no sé si por mi calentura pero nunca lo había visto así, con lo que yo estaba encantada al tener ese pedazo de carne húmeda en la boca, se la dejé muy roja por que se la estuve mamando por un buen tiempo.

Después al sentir que eyaculaba en la boca (nunca he tenido semen en mi boca pero la verdad no me gustaría) reaccionó rápidamente y se apartó de mi, como yo todavía tenia la ropa puesta desabrochó totalmente mi blusa y mi falda y me las quitó en un dos por tres, me quedé en ropa interior, a mi novio le encanta observarme así, sin perder más tiempo me sacó el brassier y me bajó la tanga que esta por demás decir que estaba súper mojada.

Muy lentamente me depositó sobre la cama y de igual forma me abrió las piernas, yo casi no lo había dejado hacerme esto mas que un par de ocasiones, pero esta lo amerizaba, así que lo dejé continuar.

Primeramente fue hacia mi abdomen, haciéndome cosquillas en el ombligo, fue bajando hasta llegar hasta mí ya muy húmeda vagina, solo de acordarme me vuelvo a mojar, muy despacio se fue abriendo camino a través de mis labios vaginales hasta que hizo el contacto mágico con el clítoris, en ese momento recuerdo muy bien que me retorcí del gusto que tenía, el noto esto y sus movimientos con la lengua fueron más rápidos, yo estaba que no podía más y el tuvo la magnífica idea de introducir el dedo medio en mi vagina, placer hasta entonces era impresionantemente morboso; no pude más y tuve mi primer orgasmo de la mañana. Quedé como muerta, porque había tenido orgasmos pero ninguno se le comparaba a este y yo no sabía lo que me esperaba.

Nosotros no cuidamos mucho con eso del embarazo, pero debido a que mi regla acaba de terminar y a lo caliente de la situación decidimos hacerlo sin preservativo, como él me acaba de dar una excelente mamada yo estaba boca arriba, tenía las piernas abiertas y mi vagina muy pero muy húmeda, lo cual no facilitó la primera penetración, sus testículos tocaron mi cuerpo sin ninguna dificultad, de esta forma estuvimos haciendo el amor hasta que terminé yo primero y él al oír mis gemidos que eran casi gritos le provocó una sensación poder y me sacó el pene y como ya lo habíamos hecho antes, lo masturbé hasta que terminó con una gran eyaculación que me embarró todo el abdomen y casi mis senos, nos abrazamos muy fuerte, no besamos, no decíamos cuanto nos queríamos. Cuanto terminamos nuestro primer numerito eran casi las once de la mañana.

Al descansar un momento, mi hombre me dijo que deseaba verme bailando como si fuese una bailarina nudista (en palabras elegantes, yo se muy bien que él se refería como si yo fuera un puta de burdel), yo accedí, recogí mi ropa, fui fuera de la habitación a vestirme yo no se para que si me iba a desnudar nuevamente) mientras que él ponía un música adecuada para el acontecimiento que estaba por venir, cuando estaba todo listo entré y comencé a mover las caderas como si de verdad fuera una ramera, y observé inmediatamente la reacción en su pene, poco a poco fui deshaciéndome de las prendas hasta quedar otra vez como el día que nací.

Yo estaba deseosa de más y no podía dejar ir tal oportunidad, así es que aproximé mi boca a su pene para que volviera a ponerse totalmente como un soldado listo para entrar en acción, cuando esto ocurrió, me puse en cuatro dejándole ver mi hermoso trasero, lo que no pudo desaprovechar tampoco él. Apuntó su pene en mi dilatada vagina, que otra vez recibió todo ese pedazo de carne en un impulso de una vez, mientras los dos movíamos las caderas para tratar de satisfacernos el uno al otro, le pedí que acariciara mis senos, que me pellizcara los pezones que de por sí estaban ya muy duros y rojos, sentíamos un gran placer al estarlo haciendo en esa posición, a mi me gusta en esos casos sentirme un poco dominada, y que más posición que esa, es una de las que más me gusta.

Sin que él todavía terminara yo fui la que comenzó a gritar fuertemente de placer al sentir otro orgasmo, nunca había tenido tantos orgasmos en una solo sesión de sexo. Al terminar yo le pedí que la sacara porque me estaba lastimando un poco el continuo y exagerado roce. Él de muy buena gana aceptó, cuando me la sacó yo me tumbé boca arriba, él como estaba deseoso de terminar se acomodó para que hiciéramos un fabuloso 69. El aroma en la habitación era una mezcla del olor de mis líquidos vaginales y el de los suyos, ¿es inconfundible no creen? 

Sin dejar que se me escapara ni un solo centímetro de pene, lo lamía como si fuera una rica paleta de hielo, y él hacía lo mismo con mi vagina, me introducía un poco la lengua al mismo tiempo que rozaba mi clítoris. En ese momento él me gritó que estaba a un punto de venirse (o correrse), nos volteamos, él quedó boca arriba y con mi mano le seguí dando un masaje que según él me decía era fenomenal y que no quería que dejara de hacerlo, hasta que explotó, otro gran chorro de semen saltó de su pene y para nuestra mala suerte, llenó toda la sábana de su cama.

Para relajarnos un poco, y como ustedes recordaran las caricias en los senos me encantan, mi novio lo sabe por supuesto, fue a la alacena en la cocina por un poco de mermelada de fresa y me untó un poco en cada pezón, así me quitaba la mermelada con la lengua a la vez que hacía sentir deseos de ser penetrada nuevamente, este ejercicio de untarme y limpiarme los pezones me lo hizo como cinco veces (chicos, les recomiendo esto también), a esto yo respondía con gemidos que hacían que mi hombre se excitara, lo noté porque el pene se lo ponía duro y grande otra vez.

El último acto que tuvimos esa mañana que ya se había convertido en tarde, fue cuando un poco desesperada por mis ganas de pene lo aventé de espaldas a la cama, él quedó con el pene como una asta de bandera, me le monté como si fuese una moto, me acomodé su órgano en el mío, aquello se convirtió en una carrera loca de un caballo, movía mis caderas con ganas de que me destrozara toda la vagina, útero y demás, en momentos hacia círculos sobre su pene, en otros era un movimiento de va y ven, como siempre los primeros movimientos son lentos, después van tomando un ritmo más acelerado conforme el momento del orgasmo se acerca, los gemidos de placer se iban tornando en gritos de una sensación que solo el placer sexual proporciona, como él ya había tenido dos eyaculaciones bastante fuertes tardó un poco más que de costumbre la siguiente así es que con mis movimientos frenéticos terminé mojando todo su pene con mis líquidos que eran tal cantidad que las gotas escurrían por encima de sus testículos que debido a tanta acción se encontraban muy inflamados.

Como esta vez él estaba boca arriba, me decidí a darle la mejor mamada que jamás pudiera recibir en su vida, así lo hice, me acomodé de tal forma que él pudiera observar mi vulva toda húmeda y roja, pero le hice saber que no quería que me tocara, solo que me observara, y no porque no quisiera, quería que se concentrara en recibir el mayor placer posible, le permití que tocara mis pezones por que se que eso también le gusta, de solo pensar en la posición que teníamos me dan ganas de tener un pene entero en la boca, mmmmm.

Él sabe que no me gustaría que me eyaculara en la boca, así es que cuando estaba a punto de venirse por última vez, me lo hizo saber y continué la tarea con mis manos, con una le hacía, como dicen por ahí, una formidable chaqueta, y con la otra le sostenía los testículos, al estar en dicha posición, observaba muy detenidamente como su piel cubría y al siguiente instante dejaba al aire el glande, y me preguntaba como era posible que el pene puede cambiar de tamaño en tan poco tiempo, estaba tan pensativa que no me di cuenta que mi tarea estaba surtiendo efectos y mi hombre eyaculaba, pero esta vez lo hacía sobre mi cara, me sentí un poco sucia, ahora si como una puta de las películas pornográficas y al momento me fui a lavar la cara al baño.

Mi novio entendió lo sucedido y me siguió al baño y me dijo que le permitiera que fuera él que me limpiara la cara, pero debido a que la temperatura seguía en un alto nivel y que estábamos solos en casa, decidimos tomar un baño los dos juntos. Esto en verdad era nuevo para nosotros, y la idea de estar los dos mojados en un espacio tan reducido hacía que la piel se me pusiera como la de una gallina. Fue la ducha más placentera de mi vida, porque fui bañada por el hombre que amo de todo a todo, desde el cabello hasta la punta de los pies, claro hubo una mayor atención en mis senos y mi vulva. Yo claro en cada centímetro de su pene.

Al salir de tomar la ducha, yo lo vestí, aprovechando cada ocasión para tocarlo, y lo mismo él. Por último nos dimos un beso muy tierno y prometimos que esto se tenía que repetir no sólo una vez, si no que muchas más.

Bueno espero que le haya gustado y excitado este relato. Me gustaría mucho recibir comentarios.

Autora: Lucy

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Algunas experiencias de mi mujer

Empezó a comerle el coño y el culo, Ana se corrió enseguida pues es muy caliente y después de que el negro se dio cuenta que estaba a punto de llegar al segundo orgasmo, la bajó de la barra, la puso de espaldas y se la metió por el culo, mi mujer dice que empezó a gritar y que casi se desmaya, pero al poco tiempo le empezó a subir un calor increíble y que tuvo dos orgasmos seguidos.

Hola me llamo Diego soy de Sevilla y os quiero contar algunas experiencias mías y de mi mujer aunque hoy empezaré por ella.

Los que hayan venido por Sevilla sabréis que la gente aquí es muy religiosa y el sexo es una cosa tabú de la que no se suele ni hablar por eso os cuento esta experiencia en público y porque me pone caliente contarlo. Ana que así se llama mi mujer es morena, mide 1,62 y tiene un par de tetas muy bien puestas, pero lo mejor es su culo, cada vez que salimos a pasear todos los hombres se lo miran y como lo sabe va siempre con tanga, pantalones muy finos, súper apretados y unos escotes de infarto para que se le vea mejor.

Es una mujer muy caliente tenemos relaciones con otras personas y cuando volvemos a casa nos las contamos para ponernos cachondos y follar como locos, pero hasta la fecha nunca me ha dejado follármela por el culo por eso os envió esta carta para que cuando la leáis me digáis que os parece. Hace unos meses se fue de despedida de soltera de una amiga que se prepara las oposiciones con ella y cuando volvió me despertó chupándome la polla y cuando me la puso dura me dijo que me la follase mientras me contaba lo que había pasado, nunca la había visto tan cachonda. Me contó que habían cenado y después se fueron al Pub de una amiga a tomar unas copas. Estaba cerrado y sólo para ellas, un hombre era un camarero y todos los demás tías.

Se pusieron a bailar y a beber y a eso de las 3 que ya estaban todas pasadas de copas, por no decir demasiado, llegó el stripper, ella me dijo que no sabía que habían alquilado un boy, pero cuando vio al pedazo de negro bailando se mojó todas las bragas y empezó a gritarle burradas. Una chavala que estaba a su lado le dijo pues si te gusta como baila espera a verlo en pelotas que te se van a salir los ojos, mi mujer le preguntó que si lo conocía y esta le dijo que ella y sus amigas eran las que lo habían contratado, que hicieron su despedida con él y me encantó, solo me faltó follármelo, pero como hoy se me ponga a tiro me lo follo.

Continuó él bailando y desnudándose y cuando sólo le quedaban los pantalones hizo que la novia se sentase en una silla en el centro del Pub y todas las amigas se pusieron alrededor, le vendó los ojos e hizo que le desabrochase los pantalones primero, luego el calzoncillo y se quedó con un tanga, cogió las manos de la novia y las puso en su culo mientras le acercaba aquel enorme bulto a la cara, la chavala que estaba al lado de mi mujer le dijo eso a mí me lo hizo y yo me corté, pero si me lo hace ahora se la como toda.

Cuando se volvió a mirar, otra vez la novia le estaba bajando el tanga con la boca y al hacerlo la polla del negro salió disparada y mi mujer se quedó asustada dice que le mediría más de 20 cm y eso que no la tenía aún dura y cuando el negro se quitó el tanga se la empezó a pasar por la cara, la novia le dio dos o tres besos en la polla y algún lametón, pero se cortó, él le cogió la mano y se la puso en la polla para que lo masturbase hasta que se le puso dura, le subió la falda y empezó a darle puntas con la polla en el coño, pero por encima del tanga y cuando él vio que ella se ponía a gemir y estaba ya muy mojada se levantó, se puso a bailar en pelotas y a refregarse contra todas las tías que pillaba.

Cuando le tocó a mi mujer dice que se empezó a refregar contra su coño y empezó a bajar las manos por su espalda y le cogió el culo, después le dio la vuelta y se puso a su espalda y le susurró al oído tienes el culo más bonito que he visto nunca, me encantaría follármelo, yo solo bailo, pero a ti te haría de todo, se giró y se puso a bailar con la chavala que ya lo conocía esta le cogió enseguida la polla y empezó a masturbarlo, este hizo ademán de pararla, pero mi mujer se acercó le cogió una mano y la llevó a su culo, el negro se quedó mirando y mientras la otra chavala se la empezó a chupar Ana empezó a morreárselo y el negro enseguida se puso todo cachondo y empezó a sobarle el culo.

El resto de mujeres les hicieron un corro y en cuanto el negro estuvo todo empalmado empezó a desnudar a Ana, la dejó en pelotas, la cogió en brazos y la tumbó sobre la barra, empezó a comerle el coño y el culo, Ana se corrió enseguida pues ya os he dicho que es muy caliente y después de que el negro se dio cuenta que estaba a punto de llegar al segundo orgasmo, la bajó de la barra, la puso de espaldas y se la metió por el culo, mi mujer dice que empezó a gritar y que casi se desmaya, pero al poco tiempo le empezó a subir un calor increíble y que tuvo dos orgasmos seguidos, pero no como los de siempre sino mucho más fuertes. El negro se corrió y cuando se la sacó se encontró con la boca de la otra chavala que enseguida empezó a chupársela.

Ana se levantó se vistió y se quedó presenciando el espectáculo algunas de las chavalas se estaban acercando y sobando al boy mientras que otras se reían sentadas en las mesas, como mi mujer sólo conocía a la novia y a dos compañeras a parte de su amiga la dueña del Pub, se acercó a ellas y les pidió que no contaran nada que estaba muy borracha y que había perdido el control, estas le dijeron que bien, pero que ella lo mismo, pues una se levantó en ese momento y se fue por el negro, quitó a la que se la estaba chupando, se subió la minifalda y le dijo fóllame o me muero, el negro la levantó, la tumbó en el suelo y se la clavó toda, empezó a follarla dando unas sacudidas muy fuertes y gritando os follaré a todas, desnudaros y tumbaros en el suelo, las que quisieron se desnudaron y se pusieron al lado, el boy empezó a salir de un coño y a entrar en otro, alguna se puso de culo y también se la metía, algunas chavalas empezaron a masturbarse y otras se corrían con sólo notar ese pedazo de polla que las follaba.

Ana se puso otra vez caliente y decidió ir a refrescarse ya que con tanta chavala pensó que no le llegaría el turno o que el boy caería rendido, cuando entró en el baño y se estaba echando agua en la cara vio en el espejo que detrás estaba el camarero se volvió y este le dijo desde que te conozco siempre he querido follarme ese culo así que quítate esos pantalones que no aguanto más y sacando su polla se acerca a ella y empezó a meterle mano. Mi mujer le dijo que nunca hasta ese día lo había hecho por ahí y que estaba dolorida a lo que este le contestó pues empieza a chupar, ella se la empezó a mamar y cuando el camarero estuvo preparado le dio la vuelta y se la clavó por el culo por segunda vez en una noche.

Después de que este se corriese le dijo: sigo caliente así que me la vas a chupar otra vez que ahora me voy a follar ese coñito. Ana se puso en cuclillas y empezó a pasar su lengua despacio por la polla del camarero y luego la fue introduciendo en su garganta mientras notaba como se hinchaba, es toda una experta y no tardó nada en ver como el camarero estaba listo otra vez, este la metió en el wáter y sentándose la hizo ponerse encima y se la empezó a meter mientras le mordía las tetas, Ana no tardó en correrse y tras varios orgasmos él también, terminaron y salieron.

En el Pub seguía la juerga, pero mi mujer prefirió venirse a casa y terminarla conmigo, aunque no me dejó follármela por el culo y de hecho aún no he podido pues después de esta experiencia tuvo que ir al médico, ya que el negro la tenía tan grande que le hizo un desgarro y ahora tiene miedo y yo estoy loco por follármela por el culo. Eso sí, esa mañana cuando llegó follamos como locos.

Espero que os guste tanto como a mí ese día y si queréis darme vuestra opinión para convencerla de que me deje ese agujerito o lo que os parezca gracias.

Autor: Diego

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Desvirgando el ano de mi amiga

Lamí toda su raja, comiéndome el coño entero, pronto empezó a tener espasmos de gusto. Mamaba su coño cuando me pidió con voz de auténtica puta que le metiera un dedo en el culo, continué comiéndole el coño salvajemente, a la vez le metí mi dedo por su ano, que entró con facilidad debido a los jugos que resbalaban de su vagina, lo metí, lo saqué, lo giré, ella gemía y se retorcía de gusto.

Este relato ocurrió cuando yo estaba en el instituto, no conocía nadie allí, al haber estado en un colegio lejos de ese instituto. Con el tiempo me fui haciendo amiga de una chica de la clase, llegando a ser esta amistad muy íntima, cogimos mucha confianza, ella se llamaba Paloma, nunca nos habíamos liado, pero nos llevábamos muy bien, nos contábamos nuestras intimidades, nuestras relaciones con otras personas. Paloma era morena, 1´65, rellenita, con un buen cuerpo, con grandes tetas y un culo algo gordito, estaba bastante bien, el peso era ideal, ni gorda ni delgada, lo justo para tener unas grandes curvas.

Muchas veces salíamos juntos, con o sin amigos, bebíamos y hablábamos. Uno de esos días que estábamos tomando unas copas en mi casa, salió un tema interesante, hablando de las fantasías sexuales, le comenté a Paloma que la mía era tener sexo anal, darle por culo a una tía, ella respondió rápidamente que eso solo lo hacían las tías de las películas porno, yo le dije que no, ella me respondió que debía doler una barbaridad, le respondí que a algunas chicas le dolía mucho, a otras poco, y muchas sentía placer, ella respondió que no debía de sentir nada las chicas, pues el punto g lo tienen delante y que detrás solo lo poseen los chicos.

Tras un rato hablando de esto, me dijo que solo conocía a una chica que lo hacía y que le gustaba, Nuria, que estaba en el último curso, yo me quedé helado con la frase, pues conocía de vista a esa chica y estaba muy bien, era morena, ojos negros, alta, delgada y con dos pechos preciosos, incluso había posado para algunos catálogos de moda. Yo la conocía de vista, pero Paloma la conocía de algo, pues coincidía con ella en clases de música, incluso habían salido juntas algunas veces. Le rogué que quedara con ella para salir juntos e intentar liarme con ella, y después de mucho rogarle accedió, pero con la condición de que me llevase a mi amigo César, por el que Paloma estaba coladita. El fin de semana lo logramos y quedamos con ellos y más gente, todo parecía ir bien, le tiraba los tejos a Nuria, Paloma intentaba ligar con César.

La noche iba perfecta, hasta que salimos un momento del bar y al entrar vimos como se liaban César y Nuria, se estaban enrollando. Paloma y yo nos llevamos una gran decepción, así que al rato nos fuimos, decidimos ir a su apartamento, pues como ella era de Nerva, tenía un apartamento alquilado aquí. Por el camino, con alguna copa tomada, nos fuimos acordando de las familias de César y Nuria. Cuando llegamos a su casa nos pusimos a beber Martini, que no era muy fuerte, pero algo hacía para ahogar las penas, cada vez estábamos más lanzados, hasta que entre risas me dio por decirle a Paloma que vaya pena, que llevaba varios días sin masturbarme reservándome para la ocasión, que encima había estado toda la noche con un gran empalme y que al final nada, que cuando llegara a mi casa iba a tener que masturbarme para relajarme.

Ella se rió y respondió que ella iba a tener que matarse a hacerse dedos, nos reímos un gran rato. Al momento, Paloma se sentó a mi lado, llevaba unos pantalones negros ajustados, en su entrepierna se marcaba todos los de su coñito, hasta que envuelto en mi excitación planté mi mano en su coño, sobándoselo por encima del pantalón, ella no dijo nada, entonces le dije que si quería que los dedos se los hacía yo, Paloma llevó la mano a mi pene, agarrándome la polla por encima del pantalón y me dijo que entonces las pajas me las haría ella.

Comenzamos a besarnos, metiéndonos las lenguas hasta el fondo, jugando con las lenguas fuera de la boca, escapándosenos varios gemidos de gusto, los suyos aumentaron cuando me dirigí al cuello, sabía que era su punto débil, y con mi lengua y mis labios empecé a saborearla, se retorcía de gusto. Después llevé mi mano a sus pechos y comencé a estrujarlos, después por su escote se las sobé por debajo del sujetador. Su camisa y su sujetador no duraron mucho, y sus hermosos pechos quedaron a la vista, con los pezones pequeños y oscuros, me puse a lamerlos, mordiendo sus pezones, succionándolos. Bajé mi mano a su coñito, por encima del pantalón, gemía como una perra, mientras que decía que la había puesto muy cachonda, mientras le desabrochaba el pantalón, le quité el pantalón y las bragas, la tenía completamente desnuda tumbada en el sofá. Yo me desnudé delante de ella, mientras Paloma me miraba acariciándose el coño.

Me puse encima de ella, besándonos, colocado entre sus piernas, rozando nuestros miembros. Después ascendí por su cuerpo hasta que mi pene quedó a la altura de su cara, hice movimientos circulares frotándoselo por la cara, ella me puso las manos en el culo y me bajó hacia su boca, la abrió y mi pene entró en su boquita húmeda, metí la punta, y a continuación ella presionó mi culo y casi se la metió hasta la mitad, movía su lengua dentro de la boca, haciéndome gemir de gusto, que bien la chupaba, después se la metió entera, y tras un rato así paré, porque veía que me corría.

Seguidamente me deslicé hacia abajo, separé sus piernas y observe su coño, depiladito con solo pelos en su monte. Acerqué mi cara, y lamí toda su raja, al rato me lancé al clítoris, comiéndome el coño entero, jugando con mi lengua. Pronto empezó a tener espasmos de gusto, sobre todo cuando un dedo entró en su vagina. Mamaba su coño cuando me pidió con voz de auténtica puta que le metiera un dedo en el culo, continué comiéndole el coño salvajemente, a la vez le metí mi dedo por su ano, que entró con facilidad debido a los jugos que resbalaban de su vagina, lo metí, lo saqué, lo giré, ella gemía y se retorcía de gusto.

Minutos después, me pidió que le metiera otro dedo, le estaba gustando, obedecí y se lo metí, entró también sin mucha dificultad, los giré en su ano, metiéndoselos y sacándoselos, al principio despacio y después más fuerte, cuanto más hacía bestia con los dedos en su culo y con la mamada del coño, más gemía ella. Aparté mi cara de su coño y añadí un tercer dedo sin que me lo pidiera, quería ver su culo recibiendo tres dedos, pero esto le dolió, se quejó, moví los dedos lentamente, pronto empezó a gemir de nuevo.

Estaba lanzado, le pregunté si quería que se la metiese por el culo, ella sin demora me dijo que sí, que se la metiese pero con cuidado. Saqué los dedos y le metí dos en el coño, mojándolos bien, le lamí un poco el ano, después le levanté las piernas, colocándole las rodillas a la altura de su cabeza, y dirigí mi pene a su agujero, ella se separó las nalgas con las manos, me miró con cara de viciosa y me dijo que se la metiera, que hiciera lo que le iba hacer a Nuria, agarré mi pene y apreté contra su agujero, poco a poco empezó a deslizarse para dentro.

Paloma se quedó sin respiración, inmóvil, con los ojos abiertos, cuando el glande entró en su culo se relajó, lanzando un suspiro y soltando el aire de la respiración contenida, el ano estaba muy cerrado, estaba seco a pesar de la lubricación, así que llené de saliva mi pene para facilitar las cosas. Lentamente empecé a moverme, despacio, con empujones mínimos, metiendo un poco más de pene cuando su culo iba acostumbrándose. Paloma tenía los ojos cerrados, lanzaba leves quejidos, aunque no decía nada, tras un rato entró entera y se lo dije, ella con su mano comprobó que era cierto, eso la relajó, empecé a moverme un poco más seguido, y ella empezó a gemir de gusto. Pasado un tiempo, y con su culo ya acostumbrado, empecé a decirle que tenía un culo hermoso, ideal para partirlo, ella empezó a decirme que me follara su culo, que no parase, aumenté el ritmo y ella aumentó sus gemidos.

Pronto noté que no iba a aguantar mucho, le grité a Paloma que me iba a correr acelerando el ritmo, me la follaba como si se tratara de su coño, ella no se quejaba. Cuando comencé a correrme sentí como ella se arqueaba y empezaba a lanzar gemidos alocados, suspiros entrecortados, gritando que ella también se corría. Lancé mis chorros dentro de su culo, metiéndole todo mi polla, cuando acabé la miré y vi que ella tenía la mano en su coño, se había masturbado mientras me la follaba, estaba muy mojada.

Saqué mi polla y mi semen se salía de su culo, su ano se le quedó abierto unos instantes, luego se cerró con un par de espasmos. Nos abrazamos, nos besamos, y horas después ya me marché hacia mi casa.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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La amistad

Luis quitó sus piernas de los hombros e inclinándose sobre Puri, la besaba mientras sobaba y estrujaba sus pechos y seguía moviendo su falo dentro de la calva panocha. Puri respondía con intensidad a la tremenda tranca que la estaba invadiendo. El acompasado ritmo de sus caderas no dejaba lugar a dudas, le gustaba y estaba disfrutando.

No hay nada cómo un buen amigo que dome a tu mujer mientras miras, luego la emputezca y luego no te deje cómo simple espectador sino que te haga participar y disfrutar con él mismo y tu propia mujer.

Yo siempre lo he dicho, en esta vida no hay nada como la amistad entre tíos. No creo que nadie que tenga un amigo de verdad ponga en tela de juicio esta afirmación. Para aquellos que no tengan la buena fortuna de tener un amigo, les puedo dar el proverbial botón de muestra.

Puri y yo llevábamos 10 años de casados, ella trabajaba en una agencia de viajes y yo en un banco. No tenemos hijos porque hemos decidido que nos gusta la independencia, viajar a menudo y disfrutar de un mejor nivel de vida al no tener los gastos que dan los hijos. Puri es más bien alta, 1,75, pelo moreno claro, grandes ojos marrón claro casi verde, cara dulce y atractiva, grandes y firmes pechos, estrecha cintura, grandes caderas y nalgas, piernas quizás un poquito gruesas pero largas y bien torneadas. Nos casamos muy jóvenes, a los 18 y 20, así que ella tenía 28 y yo 30 años cuando sucedieron los acontecimientos que relato.

Nos llevábamos bien, pero al cabo de diez años de casados nuestras actividades sexuales, que nunca habían sido nada del otro mundo, se hicieron aun más rutinarias e infrecuentes. En el más puro estilo del misionero, yo me ponía encima de ella, hacía mi ejercicio, me corría y a dormir. Este excitante acontecimiento tenía lugar, como máximo, una vez por semana. Yo, con delicadeza (al menos eso pensaba yo), una vez sugerí a Puri que quizás podíamos hacer algo para poner algún picante que estimulara nuestra vida sexual. Cuando ella me preguntó cuál sería el picante yo sugerí que quizás podíamos probar algún intercambio de parejas. Puri contesto muy enfadada y ofendida que ella nunca haría eso y que solamente degenerados podían hacer cosas así, que me había creído, ¿era esa la opinión que yo tenía de ella? ¿Yo pensaba que mi mujer era una puta?… Evidentemente, no era buena idea continuar la conversación, acepte mi derrota y… hasta la próxima.

Una de mis aficiones es jugar al fútbol-sala. Suelo jugar todos los Miércoles y Sábados. Puri muchas veces viene a verme jugar y después del partido solemos ir a alguna pizeria y cenar allí. Un día, uno de los jugadores trajo a un amigo suyo para ocupar la vacante de otro que se había mudado a otra ciudad. Luis, así se llamaba el nuevo jugador, resulto muy simpático, era corredor de bolsa y como yo en el banco me ocupo de valores, teníamos bastantes cosas en común. Él era alto, casi 1,90 de estatura, de unos 34 años, de pelo y ojos oscuros, bien parecido, fuertes y anchos hombros, estrecha cintura que además del fútbol-sala hacía pesas dos veces por semana y se le notaba en su físico. Al cabo de un par de semanas, un sábado, le invite a que viniera a la pizeria con nosotros. Resulto encantador, con buen humor, buena conversación, piropeó, de forma muy discreta y elegante, a Puri, hablamos de mil cosas y nos lo pasamos muy bien. Quedamos en que la próxima semana nos teníamos que reunir otra vez. Él dijo que la próxima semana traería a su mujer, Carmen.

Cuando llegamos a casa, Puri comento que qué buena idea mía había sido invitar a Luis y que esperaba impaciente al próximo sábado, porque si su mujer era tan agradable como Luis nos podríamos hacer muy amigos.

Efectivamente, la semana siguiente vino Carmen. Resulto también muy simpática, pero de una forma distinta que Luis. Tanto en apariencia física como en comportamiento Luis era refinado y distinguido; Carmen, sin ser basta, era más bien tosca de apariencia y maneras. Más baja que Puri, no era tan guapa, pero estaba muy buena: sin estar gorda, tenía buenas carnes. Pelo largo, obviamente teñido, rubio platino, ojos y labios muy pintados, gran escote, grandes tetas, shorts tan ajustados como cortos, muslos un poco ajamonados y sandalias de alto y fino tacón que no pegaban ni con los shorts ni con la blusa, ni con los jamonazos.

Se reía con ruidosas carcajadas, se daba palmadas en sus muslazos y mientras el coqueteo de Luis con Puri había sido discreto y hasta elegante, Carmen no dudaba en frotar sus tetas contra mi, darme palmadas en mis muslos, y pellizcar y sobar mi culo con la mayor desfachatez. Lo curioso del caso es que hacía todo esto con tal naturalidad que era difícil decidir si eran gestos de amistad y confianza o escarceos sexuales. Fuera cual fuese su intención, a mí sus tetas y sus toqueteos me ponían cachondo. De cualquier manera, los cuatro nos lo pasamos muy bien y quedamos en reunirnos otra vez la semana siguiente. Carmen aprovechó la despedida para espachurrar sus tetazas contra mi pecho, besarme en la boca con sus labios abiertos y estrujarme el culo con ambas manos.

Cuando llegamos a casa Puri dijo que se había divertido y que Carmen, aunque “distinta”, le había caído bien. Se había hecho tarde y nos fuimos directamente a la cama. Como Carmen me había calentado bastante, sin mucho preámbulo echamos (o eché) un palito. A pesar de mi entusiasmo, como ya iba siendo habitual, Puri estuvo bastante pasiva. Cuando termine, insinúe que quizás podíamos pensar en hacer un intercambio de parejas. Puri salto como un resorte:

-¡Que cerdo eres tu y todos los hombres! Tú lo que quieres es follarte a Carmen. ¡Ya he visto como con cualquier excusa te restregabas contra ella! Pues mientras estés casado conmigo no te tolero que folles con nadie, me entiendes ¡con nadie!

Yo capeé el temporal lo mejor que pude, asegurándole que no era cierto, que era Carmen la que se restregaba contra mí y que la encontraba demasiado tosca para mi gusto. Hice hincapié en que yo ya había propuesto lo de los intercambios antes de conocer a Carmen y que qué injusta era Puri con esas acusaciones. Se acabo la discusión, nos tapamos, se apago la luz y yo me puse a pensar en… las enormes tetas y los muslazos de Carmen. Un poco tosca sí, pero… ¡qué buena que estaba la tía!.

Pasaron un par de meses y se desarrollo una rutina. Nos solíamos reunir con Luis y Carmen una o dos veces por mes. Luis galanteaba y piropeaba a Puri, Carmen se restregaba contra mí, yo volvía a casa caliente, follaba a Puri que demostraba el mismo entusiasmo en mi follaje como un juez escuchando el discurso de un abogado tartamudo y… hasta la próxima. Así seguían las cosas cuando un sábado por la noche después de que Carmen me calentara y Puri me “enfriara” otra vez volví a mencionar el intercambio. Para mi sorpresa, Puri no chilló, se quedo pensativa unos segundos y dijo:

– ¡Que pesado eres David! ya te he dicho que yo no puedo tolerar que tú te folles a otra. Si estás buscando excitación lo único que puedo hacer por ti es, si tú quieres, dejar que delante de ti, se me folle un tío.

Me quedée de piedra, Puri a la que el sexo aburría, de repente estaba dispuesta a follar con otro. Sin que pudiera explicar porque, la idea de Puri siendo follada delante de mí me excitaba mucho. Trate de hacerme el sacrificado:

– Bueno, para que veas que no soy egoísta, si quieres follar con otro tío yo lo acepto. Puri no estaba dispuesta a “comprar” el favor que yo vendía. – De eso nada David, yo no soy la que pide follar con otro. Tú eres el que está buscando cambio, variedad y excitación. Si la idea de ver como un tío se me folla, te gusta y te excita, por ti lo hago. Pero que conste que no soy yo quien lo pide.

Parecía que hacerme el sacrificado no iba a conducir a ningún lado, pero la idea de ver a Puri follando con otro me seguía intrigando.

– Bueno Puri, como tú digas, a mí me apetece probar la idea. – La condición David, es que sea Luis quien se me folle y únicamente Luis.- Ah, así que tú dices que no quieres follar con otro, pero ya sabes quién quieres que te folle. Me parecía que la había cogido en un renuncio. Ahora no tenía defensa.- ¡Caray David no seas memo! Yo no quiero que se me folle nadie, pero para darte gusto a ti voy a hacerlo. El tío con el que menos asco me dará es Luis. Pero repito no es que yo quiera, es que estoy dispuesta a complacerte. Y si quieres que lo haga, tú te encargas de hablar con Luis y hacer los arreglos.

¡Joder con Puri! tenía respuestas para todo. Yo murmure un bueno, bueno, ya veremos e hice como que me dormía. Los siguientes días me los pase obsesionado con imágenes de Luis y Puri jodiendo. La verdad es que Puri estaba buenísima tenía unas tetas preciosas y un culazo y muslos de ensueño y la idea de compartirla me debería repugnar; pero por otro lado la imagen de ella y Luis follando me excitaba. Así pase dos días obsesionado con la idea y sin saber cómo preguntarle a Luis sin parecer un cornudo gilipollas. El miércoles siguiente, después de nuestro partido, Luis y yo fuimos al bar del polideportivo a tomar una cerveza como hacíamos a menudo. Mientras charlábamos en la barra, paso una chica con minúscula falda de tenis que se agacho a atar sus zapatillas justo delante de nosotros y nos brindo una vista inmejorable de su delicioso trasero. Cuando la chica se alejo, yo dije:

– ¡Que culito tan rico! Luis dijo: – ¡La cabrona! Que culo tan bueno que tiene y seguro que lo ha hecho adrede para provocarnos. Me he tenido que contener para no sacar la picha y darle por el culo aquí mismo. – Coño Luis, no sabía que fueras tan salido. Además para que te vas a follar a esa niñata, teniendo como tienes a Carmen que, con todo el respeto es más guapa y esta mejor que la niñata.

– Mira David, Carmen está muy bien, tiene un cuerpazo fabuloso y lo sabe usar que no veas, pero ¿sabes? el caviar esta buenísimo y pesar de eso, me cansaría de comerlo todos los días. Además mira quien fue a hablar, Puri si que es una verdadera belleza y bien atractiva.

Yo vi que se me abrían las puertas de mi fantasía.

– ¿De verdad te parece Puri tan atractiva?- Toma, a mí y a cualquiera, es una de las mujeres más guapas que jamás he conocido.

¡Adelante David, ahora o nunca! – Pues mira Luis… allí le explique todo. Le conté como yo quería cambiar parejas, que Puri se oponía, como Puri había dicho que lo máximo que estaba dispuesta a hacer era dejar que se la follara un tío delante de mí y que follaría únicamente con Luis. Yo le invité a que lo hiciera. Mientras yo hablaba Luis puso cara de asombro hasta que al final acabó con una sonrisa.

– Mira David, por mi encantado. Ya te he dicho lo atractiva que considero a Puri. Así que para mi… fenomenal. Pero ¿estás seguro de que no te va a importar? Esto de ver a tu mujer follando con otro tío no es para todo el mundo. Me molestaría mucho que perdiéramos la amistad, que tanto aprecio, por hacer algo que no hemos pensado bien.

Yo le di las gracias por su consideración, le asegure que lo tenía bien pensado, que la idea me excitaba mucho y que no podía pensar en nadie mejor que el con quien compartir mi mujer. Él me pregunto que cuando quería hacerlo y yo le dije que por mi ese era el día. Él dijo que le parecía muy bien y estaba dispuesto. Yo dije que tendría que llamar a Puri para estar seguro que ella estaba de acuerdo. Cuando fui al teléfono tenía la boca seca y me notaba el corazón a más de cien por hora. Medio tartamudeando le dije a Puri que había hablado con Luis y él estaba dispuesto a ir esa noche. Yo esperaba que Puri protestara, que dijera que teníamos que hablarlo más, que tenía que darle tiempo para preparase, que… pero para mi sorpresa Puri se limitó a decir:

– Bien, venid.

Colgó el teléfono y me dejó con la palabra en la boca y la confusión en la cabeza. Por el tono de voz y la cortedad de su respuesta no parecía que estuviera encantada. Quizás todo iba a ser un desastre. Volví con Luis y le dije que podíamos ir. Él me dijo que me veía un poco pálido y me sugirió que tomara un coñac. Así lo hice y después de veinte minutos, un poco más calmado, nos fuimos. Mientras íbamos a nuestros coches Luis me aviso que él era bastante lanzado sexualmente y que la idea de estar con Puri le excitaba mucho y preguntó si yo quería poner algún limite a sus actividades. Yo le dije que no, el único límite sería lo que dijera Puri. Si ella decía que no a algo él tenía que aceptar el no de Puri. Él dijo que muy bien. Entró en su coche y dijo que me seguiría a mi. Tardamos como unos veinte minutos. Aparcamos y mientras íbamos hacia el portal Luis dijo otra vez:

– ¿Estás seguro David?- Si, coño Luis, estoy seguro. La verdad es que estaba nervioso e inseguro, pero al mismo tiempo excitado e impaciente. Subimos al piso abrí la puerta y pasamos al salón. Le dije a Luis que se sentara y cuando iba a buscar a Puri ella entro en el salón. Me dejo con la boca abierta. Llevaba una blusa de seda, bien ajustada de un rojo intenso, sin mangas con generoso escote y con varios botones sin abrochar. La blusa no solo llamaba la atención sobre sus generosos pechos, si no que mostraba el valle de las delicias y la mayoría de los pechazos porque el minúsculo sujetador de transparente encaje rojo que llevaba, a duras penas tapaba los pezones pero ni siquiera cubría toda la areola. Una falda muy ajustada, negra, enmarcaba su culo respingón y aunque llegaba hasta por encima de las rodillas, tenía una abertura a un lado que mostraba su muslo hasta casi la cadera. Unas medias de rojo encaje y zapatos negros de altísimo tacón completaban su atuendo.

Se había maquillado más de lo habitual pero nada excesivo. La verdad es que estaba buenísima y de lo más incitante. También es cierto que yo nunca le había visto nada de lo que llevaba puesto pero de donde quiera que sacó el conjunto, le daba un aire de puta cara, de puta de lujo, muy excitante. Cuando le iba a preguntar de donde había sacado aquel atuendo, ella se adelanto y con toda naturalidad dijo:

– Hola Luis. Me alegro mucho que hayas venido. Mientras así decía, con un exagerado bamboleo de culo y tetas se acerco al sofá sobre el que estaba sentado Luis, e inclinándose le beso en ambas mejillas. Estoy seguro que, mientras ella se inclinaba a besarle, Luis tuvo una magnifica perspectiva de sus tetas imperiales. – Espero que David te haya explicado todo bien. Yo soy nueva en todo esto, pero a mí me encanta la idea ¿y a ti?

Luis la miró de arriba a abajo y con una pequeña sonrisa dijo: – Más de lo que te puedes imaginar.

Puri se volvió hacia mí y entre preguntando y ordenando dijo: – ¿No nos vas a ofrecer nada de beber?

Yo como un bobo, pregunte a Luis que quería, él dijo que una ginebra con tónica y cuando yo me dirigía hacia la cocina a prepararla Puri dijo: – Y otra para mí por favor. Estaba visto que las sorpresas no iban a acabar aquella noche. Puri no bebía nunca y nunca la había visto comportarse con la desfachatez con que se estaba comportando. Puri dijo que me ayudaba a preparar las bebidas y vino conmigo a la cocina. Cuando estábamos preparando las bebidas yo le dije que estaba muy guapa y atractiva. Ella me miró y dijo:

– Tú esta noche a callar. Yo voy a hacer lo que tú me has pedido, pero mientras lo hago tu callado y más vale que no interfieras y hagas todo lo que yo diga.

Volvimos con las bebidas al salón. Puri se sentó delante de Luis, lentamente cruzo sus piernas y después de ofrecer a Luis una visión frontal, giro un poco para dejar el lado donde se abría la falda a la vista directa de Luis. Después de brindar a nuestras respectivas saludes se hizo un momento de silencio roto por Luis al preguntar:

– ¿Como empezamos? – Podemos jugar a las prendas con una botella de tónica, sugerí yo. -¿Cómo se juega?, preguntó Puri.

Expliqué que nos teníamos que disponer formando un triángulo, que se ponía la botella horizontal sobre la mesita de café y se la hacía girar. La persona a la que quedaba apuntando la boca de la botella se tenía que quitar una prenda y después esa persona estaba a cargo de girar la botella otra vez.

Luis y Puri estuvieron de acuerdo, decidimos lo que se podían considerar prendas y yo di la primera vuelta a la botella. Luis y yo perdimos las tres primeras veces, después Puri perdió y se quito los zapatos. La próxima vez que ella perdió dudó unos momentos Luis dijo:

– O te quitas tú algo o te lo quito yo. Puri dijo:- Tú eliges. Luis le quitó la blusa dejando sus exuberantes pechos casi desnudos, únicamente cubiertos por el mini sujetador de encaje transparente. Luis se quedó mirándolos, casi hipnotizado. El ambiente se empezaba a caldear. Después perdimos Luis y yo de forma continua, hasta quedarnos los dos desnudos. Luis tenía músculos bien desarrollados y una verga de respeto de la que Puri no separaba sus castos ojos. Tras unos momentos de silencio Luis preguntó:

– ¿Y ahora que?

Puri muy tranquila se puso de pie, los brazos en jarras y dijo:

– ¿Porque no os alternáis en quitarme prendas? – Empieza tu David, dijo Luis.

Yo le quité la falda dejando al descubierto su magnífico culazo al que una tanga roja malamente alcanzaba a cubrir el glorioso valle entre sus cachetes. Luis le quitó el sujetador dejando sus tetas al aire, enhiestas, desafiantes.

– ¡Hostia! Dijo Luis y dejó sus manos en los estupendos globos. La verga de Luis estaba prestando atención. Yo le quité las braguitas a Puri y vi que la muy puta, en menos de una hora, se había afeitado el chocho por completo. Estaba increíble, con un liguero rojo sujetando las medias de encaje y sus pechos, el culo y el magnifico y barbilampiño coño, al aire. Luis no se pudo contener y como en un suspiro dijo:

– ¡Que hembra! Por favor, vamos a dejarle las medias y el liguero. Puri estás guapísima, que coño estas, Puri eres guapísima. Te aseguro que tus pechos son de concurso, y este trasero, ¡tan redondo! ¡Tan duro! no puedo esperar ¿Quién empieza?

Yo no sabía como me tomaría el ver como alguien se follaba a mi mujer así que dije:

– Yo primero.

No sabía cómo reaccionaría Puri, me acerqué y con precaución la besé. Ella abrió la boca y metió su lengua hasta mis amígdalas. Sin ninguna ceremonia cogió mi nabo y empezó a tocar zambomba. Yo no me podía creer que Puri iba a actuar así. Acaricié sus pechazos y ella los sacaba hacia delante como invitando. Me agaché para chuparle y uno y vi que Luis de alguna manera se había sentado en el suelo, entre las piernas de Puri, y con gran entusiasmo le estaba chupando la recién afeitada almeja. Puri separó sus piernas para facilitar el chupeteo y le animaba:

– Si Luis, si. En la pipa chúpame la pipa. Ay que bueno, que bueno, mete la lengua, métela bien.

Yo no podía creerlo. La frígida Puri respondiendo a mis besos y jaleando a Luis. Con cuidado la tumbé en el suelo mientras seguía chupando su teta. Luis tranquilamente se metió la otra teta en su boca, al cabo de un momento dijo:

– Qué suerte tienes David. Puri tiene unas tetas duras, prietas, maravillosas. Son un verdadero regalo del cielo.

Sin más comentarios, se siguió aplicando a la teta, mientras con una mano acariciaba la ingle de Puri que sin dudar abrió bien las piernas ofreciéndole su sexo con total desfachatez. Me sorprendió, Puri estaba más relajada y tranquila que yo. Aquello debía ser un buen cuadro. Puri tendida en el suelo, despatarrada con liguero y medias rojas. Dos tíos chupando sus magnificas tetas, Luis acariciando su coño y ella tocando zambomba a dos manos con nuestros rabos. Yo no me pude contener, me puse entre las piernas de Puri y empecé con mi mete y saca como un loco. Puri me acomodaba bien y con toda calma dijo:

– Ven aquí Luis, ven aquí que te la chupe.

Luis no se hizo de rogar se puso a horcajadas sobre su cabeza y ella se metió su enorme tranca en la boca. Luis empezó a bombear y más que Puri chupar, parecía que Luis la follaba en la boca. ¡Hay que joderse! Para que Puri me la chupara a mí una vez al año, tenía que rogar y casi echar una instancia por escrito y ahora se estaba dejando follar la boca por aquel trancón y hasta lo había pedido ella. Aquello era demasiado para mí, me excitó tanto ver la tranca de Luis entrando y saliendo de aquella forma de la boca de Puri que no me pude contener y me corrí dentro de Puri. Me hice a un lado y me tumbé junto a Puri. Luis aprovechó para tumbarse al otro lado de Puri, besarla en la boca y acariciar sus pechos. Puri respondía sin problemas y le abrazaba, acariciaba y devolvía sus besos con gran intensidad. Yo me senté en el sofá y decidí hacer realidad mi fantasía “dirigir el follaje de Puri por otro tío”

– Luis, métesela, métesela hasta el corvejón.

Luis no necesitó más. Se puso entre las piernas de Puri, las levantó hasta ponerlas en sus hombros y con suavidad, en un largo y lento movimiento, le metió aquel trancón a Puri hasta lo más profundo. Yo pensaba que Puri se quejaría o protestaría, pero lo único que decía muy bajito era:

– Si Luis, si guapo, así, así hasta dentro.- Sin miramientos Luis, sin miramientos, dale bien dado.

Luis empezó el mete y saca con gran entusiasmo. Le dije a Luis que a Puri le gustaba que la besaran en la boca mientras se la follaban. El quitó sus piernas de los hombros e inclinándose sobre Puri, la besaba mientras sobaba y estrujaba sus pechos y seguía moviendo su falo dentro de la calva panocha. Puri respondía con intensidad no solo al beso sino también a la tremenda tranca que la estaba invadiendo. El acompasado ritmo de sus caderas no dejaba lugar a dudas, le gustaba y estaba disfrutando. Dejando de besar gritaba:

– Dame Luis, dame bien dado, méteme esa joya de tranca que tienes hasta dentro. Rómpeme el coño con ese pollón para que se entere este cabrón de lo que es joder. Dame, dame.

Se notaba que Luis hacía pesas, tenía brazos y piernas muy musculares y le estaba dando con una energía y brío a Puri que daba gloria verlo. De repente sin decir nada, Luis se levanto y de un tirón levanto a Puri, la llevo al sofá la doblo sobre el respaldo y la dejo con el culo en pompa, poniendo un poco de saliva en la punta de su capullo lo apretó contra el ojete de Puri y clavó su vergón en el delicioso y virginal culo de mi mujer. Lo hizo con tal energía que si Puri no hubiera tenido un agujero en el culo estoy seguro que aquel rígido trancón le hubiera hecho uno. Todo esto lo hizo de forma tan rápida que ni Puri ni yo tuvimos tiempo de reaccionar. Luis dijo chillando:

– Toma cachonda, toma, goza de una verga de verdad, goza mientras te hago una mujer.

Así diciendo, estiró sus manos, le agarró los pechos y empezó a meter y sacar aquel cipotazo del culo de Puri. Puri dio unos gritos ahogados y se mordió un puño, pero ni dijo nada, ni pidió que se la sacara. Yo me acerqué a ella y sentándome en el sofá cogí su cara. Grandes lagrimones le corrían por ambas mejillas. Yo le besé las lágrimas y pregunté.

– ¿Quieres que te la saque?, ¿Le digo que lo deje?

Puri esperó como un minuto sin decir nada, mordiendo su puño, por fin dio un gran suspiro, se limpió las lágrimas con una mano, sorbió los mocos de su nariz y dijo:

– Calla cabrón, que eso es lo que eres un cabrón que lo consiente. Mira y jódete, mira y aprende mientras desvirgan y rompen el culo de tu mujer. Anda Luis ¡métela hasta dentro! jódeme el culo, rómpelo jodio, méteme esa tranca gloriosa; Ay, ay, así, así jodeme el culo amante, fóllame este culo que hasta hoy era virgen. ¡Empálame! Soy tuya cabrón, jódemelo, a lo bestia, rómpeme en dos, enséñale a este cabrón de mierda como jode un macho de verdad.

Luis soltó una de las tetas y con la mano empezó a acariciarle el clítoris. Puri lo agradeció moviendo las caderas con una magnifica cadencia, disfrutando de la enculada. Luis continuó dándole a lo bestia de verdad, macerándole el culo, haciéndoselo jalea, de vez en cuando le daba unos azotes que parecían excitar aun más a Puri. Luis chillaba alabando el culazo, las duras tetas, los firmes muslos, lo prieto del culo, se le veía que sabia gozar y apreciaba todos los encantos y virtudes de Puri mientras embestía como un poseso. Puri no solo aguantaba aquellas embestidas si no que se acomodaba al ritmo y ayudaba a que el vergón de Luis entrara hasta la empuñadura. Luis, cogió a Puri por la cintura y la puso en suelo a cuatro patas como una perra y empezó a follarla como un poseso alternando el culo y el coño. La sacaba de un agujero y la metía en el otro, follaba un rato en un agujero y a toda velocidad cambiaba al otro. Puri ponía los ojos en blanco y decía con voz apagada:

– Ay, ay, socorro, socorro, me corro me corro, ahí que gusto, sigue, sigue, no pares cabrón, no pares ahora, dame, dame bien dado con esa tranca de gloria, así, así hasta dentro, por tus muertos no pares, no pares jodio, sigue, sigue.

Parecía volverse loca, movía la cabeza, las colgantes tetazas bailoteaban al ritmo de la jodienda y ella contestaba a las embestidas de Luis con un culear que hacía que la verga se clavara aun más dentro. Nada más dejaba de culear cuando los orgasmos le daban espasmos por todo el cuerpo. Nunca había visto a Puri así de enloquecida. ¡Qué coño Puri! Nunca había visto yo a una mujer así de entregada y excitada. Yo empecé a pensar que estabamos creando un monstruo. Luis no solo alababa las carnazas de Puri, también chillaba dándome las gracias a mí por mi generosidad dejándole gozar de ellas. Se ve que ¡hasta follando! era cortes el hombre.

Por fin Luis dijo:

– David que me corro, ¿me puedo correr dentro de Puri?

Antes de que yo pudiera decir nada Puri gritóo:

– ¿Y que más da lo que diga este cabrón de mierda? Dame toda tu leche Luis, dámela toda que bien lo he trabajado, me la merezco.

Con un aullido de lobo Luis la metió en el culo hasta el corvejón, se abrazó a Puri, le estrujó las tetorras, le mordisqueaba la nuca y así se corrió con estertores de placer. Por fin, derrengado se tumbó en el sofá diciendo:

– Gracias Puri, gracias, esto si que ha sido un buen polvo. ¡Qué suerte tienes David, qué suerte! Tener una mujer tan guapa como Puri, con tan buenas carnes y encima tan fogosa. – Las gracias a ti Luis, dijo Puri – Me lo he pasado muy bien y he aprendido muchas cosas, nunca, pero nunca me habían dado tanto gusto.

Puri sin decir mas, se levanto fue al cuarto de baño y volvió con una toallita húmeda. Con mucho cuidado limpio la picha de David, mientras ronroneaba como una niña:

– A esta verga tan buena y hermosa hay que tenerla bien limpia, ¿verdad que si? Porque nos da mucho gustito, ¿verdad?

Sin ningún preámbulo, cuando vio que la polla estaba limpia, se la metió en la boca y empezó a mamarla. ¡Parecía que la tía aun no había tenido bastante!

– Mira David, mira que bonita que es ¿verdad? Y además sabe tan bien. Ven aquí y pruébala.- ¿Estas loca? Yo que coño voy a chupar pollas. A ver si te crees que soy maricón.- Pedazo cabrón dejas que tu amigo no solo me folle si no que me desvirge el culo a lo bestia y ¿ahora que yo te pido algo no lo vas a hacer?

Luis como un maestro de diplomacia resolvió el problema de la forma más elegante y natural.

– Mira David no tengas tantos prejuicios, dijo – mira para que veas.

Sin más ceremonia Luis se puso de rodillas delante de mí y empezó a chupármela. La verdad es que no se si seré marica o no pero no noté ninguna diferencia entre que me la chupara Luis o que me la chupara una tía. De hecho una vez me repuse de mi sorpresa de que un tío tan macho y muscular como Luis, que se acababa de follar a mi mujer por todos los lados y la había vuelto loca de placer haciendo que se corriera tres o cuatro veces, ahora me la estuviera mamando a mí. Hasta me pareció que lo hacía muy bien y me dio mucho gusto. Tanto gusto que me empalmé bien empalmado mientras me la chupaba y se me puso más dura que la puñeta. Luis muy tranquilamente le dijo a Puri:

– Ponte a cuatro patas guapa.

Puri sin rechistar, como embobada y dominada por Luis se puso como una perra y Luis le empezó a chupar el culo. Yo los miraba asombrado, el ver a Puri tan de puta, ronroneado de placer, levantando y exhibiendo su culo como una perra en celo, me excitaba a más no poder. Empecé a meneármela mientras Puri decía:

– Si Luis, cabrito, que gusto me das, anda meteme la lengua bien metida.

Luis si ningún tapujo le metió la lengua dentro del culo y ella lo agradecía ronroneando. Con la misma naturalidad con que me la chupó a mí y le chupaba el culo a Puri, Luis se hizo a un lado y con cortesía digna de Versalles, dijo:

– Toda tuya David, disfruta de esta maravilla de culo.

Yo sin creer mi suerte, enfilé el glorioso trasero de Puri, que nunca había probado, y clavé mi picha. ¡Qué gusto! Qué pequeño tenía el ojete, ¡cómo me apretaba la picha! Yo empecé mi mete y saca con gran entusiasmo antes de que Puri empezara a protestar. Para mi sorpresa, Puri no protestóo, lo único que dijo fue:

– Anda cabrón que ¡cómo te lo estás pasando esta noche! Métela bien metida, empálame joder, dame hasta que duela, rómpeme en dos cabrón. Y tú Luis capullo, ven aquí que te chupe ese vergón glorioso, que bien os lo mereceis tú y tu verga. Que cabrones sois los hombres, entre los dos me estáis emputeciendo y voy a hacer de todo.

Mientras así decía culeaba contra mí metiéndo mi polla hasta los huevos. Luis no se hizo de rogar, se puso de rodillas delante de ella y Puri se la mamaba como la fogosa experta en que se había convertido. Yo maravillado del espectáculo, seguía fornicando su culo glorioso con el entusiasmo y energía de un chaval de quince años. Que gustazo ver y azotar aquellos cachetes duros y sólidos, ver los muslazos parcialmente enfundados en las medias rojas y mi picha entrando y saliendo de aquella cueva angosta que apretaba y daba gusto. Quizás lo que más gusto daba era ver como Puri no solo se dejaba hacer, sino que también gozaba y se movía. Lo único que yo podía decir era:

– Gracias Puri, gracias, que buena estás, ¡Qué culazo! ¡Qué patas! Me estás dando gusto como nunca. ¡Cómo me gustas so putorra! Gracias por tu culo tan bueno.

De pronto Puri gritó:

– No os corráis cabrones no os corráis, cuando os vayáis a correr decirlo. Y sin perder comba siguió mamándosela a Luis y metiendo y sacando mi verga de su culo. Lo hacía tan bien que yo ni me tenía que mover. Era ella la que con regocijo movía sus recias corvas empalándose en mi lanza una y otra vez. A los pocos minutos de follar aquel culo maravilloso yo noté que me corría y se lo dije a Puri. Ella, con un solo movimiento se sacó mi picha del culo, se tumbó en el suelo boca arriba y dijo:

– Ahora meneárosla cabrones, darle bien a las pollas capullos, quiero que os corráis encima de mí, quiero la leche de los dos en mi cara, en mis tetas, en mi tripa, por todos lados.

La verdad es que verla transformada en aquella fiera era todo lo que me hacía falta; me corrí encima de ella cubriéndole ambos pechos con mi lefa. Luis casi inmediatamente también se corrió sobre su cara y tetas. Exhaustos, caímos derrengados en el suelo, mientras Puri, voluptuosamente, con ambas manos se frotaba nuestra leche por todo el cuerpo mientras como una gata satisfecha ronroneaba:

– No estuvo mal… no estuvo mal.

Cuando nos recuperamos, fuimos al cuarto de baño para limpiarnos un poco. Puri, para mi infinita sorpresa, sin ningún tapujo, delante de nosotros se sentó en la taza y se puso a orinar. Yo le chillé:

– Coño Puri, que guarra eres, ¿no te podías esperar un poco? – Leche David, pareces tonto. Has traído a un amigo para que se folle a tu mujer. Me habéis chupado cada centímetro de mi piel, me habéis metido dedos, lenguas y pollas por donde habéis querido, cuanto habéis querido, y como habéis querido, habéis desvirgado mi culo y ahora que me estaba muriendo de ganas de mear ¿tengo que esperar a que no me veáis?

Razón no le faltaba así que me callé. Luis, siempre diplomático, sin ningún comentario también meó. Después de vestirnos le ofrecimos otra ginebra con tónica a Luis, que aceptó encantado pues decía que se había quedado seco. Charlamos un poco, acabamos las bebidas y Luis se levantó y muy cortés se despidió:

– Gracias a los dos, me lo he pasado pero muy bien. Puri, ya sabía que eras guapísima, encantadora y buena conversadora, pero he aprendido que también eres estupenda, tengo cierta experiencia y te aseguro que eres la mejor que he tenido jamás. Entre la maravilla de cuerpo que tienes, tus carnes prietas y duras, tus pechos, y lo bien que te mueves… Si en cualquier momento te apetece, con el permiso de David, me puedes llamar cuando quieras.

La cachonda de Puri, le puso la mano en la ingle agarrándole el aparato, le dio un beso en los labios y dijo:

– Caray, encima de todo galante. Creo que si guapo, creo que te vamos a llamar con frecuencia, además quiero ver cómo le das por culo a David, todavía quiero ver como él te la chupa y tú haces un hombre al cabrón de David delante de mí. – Cuando queráis y donde queráis, y si alguna vez os podemos devolver el favor… Carmen y yo estaremos encantados.

Lo ven, eso es un amigo y lo demás son leches. Con la mayor elegancia y cortesía, primero me domó a la frígida de mi mujer, luego me la emputeció y me la convirtió en una máquina de follar y no contento con eso, encima me ofreció a la cachonda de su mujer en bandeja. Por eso es por lo que yo siempre digo que como la amistad no hay nada. Bueno, nada, nada… quizás una cubana entre las tetorras de Carmen…

Autor: David

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Perita mi compañera de trabajo III

Lanzó un gemido y de su pucha salió un gran chorro de fluido, todo su cuerpo se contrajo y su ano apretó mi verga dentro de ella con todo; con lo que yo alcanzaba a ver, sus ojos estaban en blanco y sus tetas súper erectas. Eso le duró casi un minuto, en el que yo dejé de moverme, luego ella se desvaneció y mi verga quedó liberada de su ano, realmente había perdido el sentido.

Hola, estoy de regreso y les cuento lo siguiente:

Como les dije en mi anterior relato, me corrieron de mi chamba y pensé que pasaría mucho tiempo para ver a Perita, mi compañera de trabajo; de hecho, llegué a pensar que nunca más la vería pero no fue así. El hecho fue que Rosy, la otra chica de la oficina, me habló a mediados de julio, diciéndome que Perita le pidió que me avisara que sería el cumpleaños de su niño, a ver si podía ir; no lo pensé y le respondí que sí, entonces quedamos de acuerdo en el lugar, la hora y el día en que nos veríamos.

Fue por la estación Aculco del Metro, en una unidad habitacional bastante grande que está a un lado, llegué y había bastante gente, estaban sus hermanas y ella me saludó como si nada. Ese día, Perita llevaba un vestido completo que se le veía muy bien y me puse a charlar con Rosy, luego el tiempo pasó, lo que sí es que nunca vi al esposo de Perita y notando que no habría chance de platicar con ella, decidí despedirme pero me pidió que me esperara.

Eran ya las 8 de la noche y solo quedaban dos de sus hermanas, una con su esposo y la otra, que es soltera y mayor que ella. Ya con el ambiente más tranquilo, nos sentamos a platicar, ahí me enteré que su esposo andaba de viaje y que al niño se lo llevaría una de sus hermanas a pasar la noche con sus primos; ya siendo casi a las 9, me despedí con el plan de regresar en cuanto ella me llamara a mi teléfono celular.

A las 9:10 p. m., sonó mi teléfono, ella Perita y me dijo “ya se fueron, regrésate”; cuando llegué a su departamento, ¡wow!, ella se había cambiado por un vestido pegado, muy cortito, unas zapatillas de plataforma y unas medias de red del mismo color, no traía sostén ni tanga. Enseguida, ella me indicó “pásate, te he extrañado, ¿y tú a mí?”, le respondí “claro que te he extrañado, corazón”, luego me comentó “como ves, mi esposo no está y casi no ha estado por andar con el pinche político ese pero vente, papacito”.

No nos esperemos más, inmediatamente me prendí de su boca dándole un gran beso de lengua y agarrándole las nalgas, que apenas eran cubiertas por su mini vestido; al sentir sus nalgas apretadas por la red de sus medias, me puse más cachondo y le mamaba sus tetas ricas con muchas ganas, me entretenía chupándole y estirándole sus pezones ricos y duros. Ya sentados en su sala, le empecé a meter mano en su panochita, que de nueva cuenta, la traía totalmente pelona, además el olor que emanaba de ella me excitó a más no poder.

Rápidamente, me bajé a mamársela, jalándola más a la orilla y le levanté las piernas, se las abrí a todo; el ver esa vagina húmeda en medio de la red, me hizo clavarme inmediatamente en ella, saboreando sus jugos de manera exquisita, me sabían a gloria. Empecé a darle lengua a su clítoris, que enseguida se le pudo erecto y duro, al tiempo que ella se entretenía con sus tetas, ya que le gusta mamárselas.

Mientras yo le mamaba su puchita, ella me quité el pantalón y mi bóxer, luego me levanté y se lo dirigí a su boquita, inmediatamente lo tomó con sus labios y empezó a darme una mamada de antología mientras yo seguía sobándole y penetrándole su vagina hirviente con mis dedos. A estas alturas, el vestido lo tenía todo enrollado en su cintura y yo ya sentía que mi leche pugnaba por salir de un momento a otro, entonces decidí sacársela de su boca, luego le quité el vestido y la contemplé así como estaba, recostada en el sillón, abierta de piernas, con su puchita súper mojada, sus tetas hermosas con los pezones erectos y duros, sus aureolas más negras que de costumbre, enormes e hinchadas, ¡puta, se veía como toda una putita!, hasta sus mejillas se le veían totalmente rojas, de lo caliente que estaba.

A continuación, le tomé sus pies por los tobillos y empecé a besárselos, al pasar por sus muslos, ahí me entretuve, me encantaba sentir su piel en mi boca mientras ella estaba que bufaba por lo rico que sentía, besándole el interior de sus piernas y me llegaba el olor a panocha riquísimo. Luego, baje una de mis manos a su puchita y el calor que sentí era cabrón, sus jugos le escurrían hasta su ano, entonces mis dedos se movieron hacia él y empezaron a juguetear con ese lindo hoyito, al tiempo que yo me prendía de su boca y con la otra mano, de sus tetas.

Ambos estábamos súper calientes, excitadísimos en verdad y para ese momento, su culito ya recibía dos de mis dedos sin ninguna dificultad. Yo no aguanté más y le metí mi verga de un solo golpe en su panocha, el sonido que hizo por lo húmeda que estaba se escuchó en toda la sala mientras le daba con todo y ella se sobaba su clítoris y con la otra mano, se sobaba sus tetas y se las mamaba.

Con todo esto, los dos no aguantamos mucho y terminamos muy rápido, mi leche golpeó contra su útero y ella soltó un buen chorro de fluidos, los que inundaron la sala con su olor, ambos terminamos sudorosos y desfallecidos, todavía ella se metía los dedos en su pucha y se los chupaba con mis mocos que se sacaba de su interior.

Descansamos un rato hasta que ella me dijo “espérame un momento, tengo otra cosita que lucir”, yo aproveché esto para ir a orinar y a tomarme un poco de cerveza. Cuando regresó, traía puesto un body de encaje, con licra, de color negro, que le cubría todo su cuerpo excepto su culo, su vagina y sus tetas; aparte, se cambió sus zapatillas por otras de charol negro, se veía como toda una puta jariosa.

Al momento, yo me acerqué a ella e inmediatamente empecé a fajármela, le frotaba su panocha con uno de mis muslos mientras le chupaba y le mordisqueaba sus orejas; con eso, mi pierna no tardó en llenarse de su humedad y le decía “prepárate putita porque te voy a romper tu culito, te la voy a meter toda y te la llenaré de mi leche”. Luego, la hinqué y la puse apoyada en la sala, así me bajé a mamarle su ano, que estaba hinchado y caliente, enseguida tomé un pomo de Vasenol que había traído y se lo empecé a untar con mis dedos, diciéndole “Perita, te vas a aguantar porque te voy a cumplir lo de romperte el culo” y me contestó “has lo que quieras conmigo”.

Procedí a dedearla hasta meterle cuatro dedos, ella pujaba y se abría las nalgas a todo lo que daba hasta que de repente, le solté una sonora nalgada que le dejó mis dedos marcados en sus carnes. Al instante, su esfínter se contrajo y ella me pidió “sigue, no pares por nada”, así que empecé a meterle y a sacarle mis cuatro dedos en su ano de forma acelerada, pues ya estaba bien lubricado, también le di más de una docena de nalgadas y con esto, sus carnes estaba súper rojas y calientes mientras ella se daba dedo en su clítoris.

Ya mi verga estaba dura y expectante para penetrarla de un momento a otra, ya fuera por el culo o por la vagina, entonces Perita se empezó a dar más fuerte en su cuquita hasta que sentí como se contraía su ano, anunciando su orgasmo. Yo lo aproveché, le saqué los dedos y le clavé mi verga hasta el fondo de una estocada y me movía brutalmente ante los espasmos de su ano, ella chillaba a punto de venirse.

De repente, lanzó un gemido y de su pucha salió un gran chorro de fluido y luego otro, todo su cuerpo se contrajo y su ano apretó mi verga dentro de ella con todo; con lo que yo alcanzaba a ver, sus ojos estaban en blanco y sus tetas súper erectas. Eso le duró casi un minuto, en el que yo dejé de moverme, luego ella se desvaneció y mi verga quedó liberada de su ano, realmente había perdido el sentido, así que le di su tiempo, su respiración era profunda, eso me tranquilizaba.

Casi después de 10 minutos, ella volvió en sí, como si despertara de un largo y confortable sueño, diciéndome “nunca me había pasado algo así, ¿terminaste tú?”, le contesté “no mamacita, aún estoy con mi verga parada”, luego se tocó el culo y se dio cuenta que lo tenía hinchado y abierto aún, muy irritado. Al instante, me pidió “por favor, por el culo ya no, te la mamo o métemela por mi panocha pero por atrás no, creo que mañana no me podré sentar”.

Acto seguido, nos acomodamos en la sala y empezamos de nuevo a cachondear, ella se bajó a mamarme la verga y yo le sobaba sus nalgas, que le habían quedado muy sensibles por las nalgadas recibidas, luego me moví y procedí a besárselas y a darles pequeños mordiscos. Inmediatamente Perita respondió cerrando sus ojos y dando leves quejidos, enseguida empecé a sobarle y a penetrarle su panocha con una de mis manos, al tiempo que la carne de su trasero temblaba, su panochota ardía y se mojaba a todo. Después, yo la recosté y se la metí por su pucha, ¡uta!, le ardía en verdad, enseguida su perrito respondió y yo sentía riquísimo.

Ya que sentí que estaba por estallar, se la saqué y se la metí en su boquita sedienta de leche, entonces ella me la empezó a mamar de forma deliciosa, sentía que me aspiraba lo más profundo de mí y no aguante más, así que le tomé su cabecita y se la clavé hasta el fondo de su garganta; ahí le solté toda mi leche, la que ella se tragó sin derramar ni una sola gota.

Ahí quedamos ambos desfallecidos hasta que vimos la hora, ya pasaban de las 2 de la mañana, realmente el tiempo se nos había hecho nada pero lo disfrutamos al máximo, enseguida procedí a asearme mientras ella pidió un taxi para mí.

Me despido y espero pronto escribir más sobre Perita, para contarles alguna parte de lo que me ha platicado sobre su vida, bye.

Me despido y espero pronto escribir más sobre Perita, para contarles alguna parte de lo que me ha platicado sobre su vida, bye.

Autor: Ernesto

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Sueño de una fantasía

No pude hacer otra cosa que volver a tomar esos labios carnosos deliciosos. Parecía una colegiala, sintiéndome torpe en mi entrega hacia a ti, me sentía nerviosa, súper caliente, muy cachonda y excitada, sin dar crédito que me correspondías y eso me excitaba más y ganas de darte más placer, era indescriptible el placer que sentía y mis ansias locas de no dejarte de besar.

Vanesa…

Era una noche preciosa, iluminada solo por la hermosa luna; bajaste del coche y ya te esperaba sintiendo como mi corazón se paralizaba, pensando en lo que pasaría; cuando sentí tu calida mano apretar fuertemente la mía e  inmediatamente lo acompañaste con una enorme sonrisa que meregresó el alma al cuerpo y pude articular palabra y decirte “que placer conocerte al fin”

Enseguida te jalé hacia mi, y sentí como por primer vez tus senos se apretaron calientemente con los míos y al tratar de saludarnos con un “inocente” beso, mañosamente maquilado, tratando de rozar tus exquisitos labios rojos, me pareció eterno el segundo que tus labios tardaron en buscar los míos y el “inocente” beso terminó siendo un salvaje intercambio de  lengua y deliciosos fluidos tan ansiado y esperado.

Lo disfruté cada segundo, cada mínima partícula de tu boca…bajé cuidadosamente la lengua por tu hermoso cuello, lamiendo y mordisqueando, sentí como te estremecías y más placer me provocó el sentir tu mano sobre mi seno…mmmm…¡fue delicioso! como poco a poco sentí mojarme más y más.

Tu escote era precioso y no podía desaprovecharlo así que bajé lentamente con el temor de sufrir un frustrante stop…pero no pasó así, me dejaste llegar hasta tus sugerentes pezones que saboreé, lamí, mordisqueé y disfruté enormemente, tomaste mi rostro entre tus manos y me obligaste a verte a los ojos y enseguida hundiste tu lengua en mi boca…arrancándome un suspiro de placer…

Cintia…

Hundí mi lengua en tu deliciosa boca fogosa, el encanto de sentir tu saliva uniéndose con la mía, sintiendo como me mojaba más y más, mis manos no dejaban de recorrer tu espalda recorriendo de arriba de abajo, hasta tomarte de tus rostro con las dos manos sin separar mi labios de los tuyos, siento como se transmitían nuestros dos fuegos ardientes y cachondos.

Mis manos bajaron a tu cintura y no pude más que dejarme llevar por el ardor que sentía en mi cuerpo que me quemaba por dentro y que pedía más de ti, recorrí con mi lengua tu cuello bajando a tus pechos, recorriéndolos con mi lengua, deleitándome con su sabor pude constatar lo que me decías, están riquísimos…

En ese momento no me importaba nada, más quedarte el placer que yo sentía al saborear esos preciosos senos, que tantas fantasías me habían provocado y al tenerlos de frente a mi era una fantasía cumplida.

Pero más me calentaba al ver y sentir que lo disfrutabas, que gemías y te retorcías con cada lengüetazo en tus pezones por parte de mi boca, dejé mi postura y volví a verte a los ojos, mirándolos fijamente, como si me hipnotizaran y no pude hacer otra cosa que volver a tomar esos labios carnosos deliciosos…

Parecía una colegiala, sintiéndome torpe en mi entrega hacia a ti, me sentía nerviosa, súper caliente, muy cachonda y excitada, sin dar crédito que me correspondías y eso me excitaba más y ganas de darte más placer, era indescriptible el placer que sentía y mis ansias locas de no dejarte de besar.

Apenas me separaba de ti y era parar verte de cuerpo completo y continuar ese beso eterno, te pregunté que si te gustaban mis senos, muy convencida y con un tono de voz encantador me dijiste que si y te los ofrecí nuevamente, deseaba que los tuvieras, que eran tuyos que muchas veces se habían puesto duros mis pezones pensando en ti.

Me los lamiste de una forma que me hiciste gemir de placer, te pedía que no pararas que lo estaba gozando, que los disfrutaras al máximo, me llenaste de placer y nuestra caras se volvieron a encontrar para disfrutar de un beso aun más apasionado y sintiendo como nuestros senos desnudos chocaban unos con los otros…

Autoras: Tocayas Zorras y Golosas

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La exposición

Comencé el mete y saca, la levanté, me volví a sentar y le abrí las piernas de tal forma que ella estaba empalada con mi verga hasta lo más profundo de su culo, gritaba, sudábamos a más no poder, ya no pensábamos en nada que no fuera satisfacernos, comencé a pellizcar sus pezones mientras con la otra mano le acariciaba la vagina tocando su clítoris con dos dedos, aprisionándolo y sobándolo.

Resulta ser que a mis 21 años era un chico extrovertido, desmadroso y muy agradable, aunque esto era más bien en síntoma de fiesta ya que con la escuela era muy cuidadoso y dedicado, pero bueno la finalidad de todo esto no es explicar mi persona sino más bien una de mis pocas experiencias en cuestiones sexuales…

Era un miércoles alrededor de las 7:03 horas de la mañana, aclaro que iba llegando a la Universidad en la que estudié, a las 7:00 a.m. teníamos una clase llamada Seminario de Finanzas y en esa clase, precisamente ese día me tocaba exponer un tema llamado Inversiones bursátiles, (poca cosa quizás), pero en ese tiempo era un reto explicar todo lo relacionado a inversiones en papel comercial, bonos, bondes y todas esas cosas que manejan los corredores de bolsa, resulta que al llegar sólo estaban una cuantas compañeras y algunos de mis compañeros, el profesor aún no llegaba.

Platicando con ellos, supe que al día siguiente jugaríamos con otra universidad (era Soccer, en ese tiempo era seleccionado universitario), bueno entre unos simples, sí unos simples no, llegaba el profesor. (Aclaro, en ese curso tenía una novia llamada “Selene”, era celosa y todo lo que se supone en esa época, era una chica mimada por sus padres a más de ser hija única), quizás el momento que decidí “llegarle a Selene, fue porque tenía unas grandes tetas que, madre mía, harían crecer a los enanos de Blanca Nieves”.

Al llegar el profesor me dediqué a escribir algunos gráficos en el pizarrón para explicar algunos puntos en general, en ese ínterin y la exposición noté que mi “noviecita” traía un escote que generosamente el profesor se dedicaba a verle, cosa que no me molestó, más bien me agradó, pues ella a más de ser linda, sabía lo que tenía y yo por mi parte cada vez que se me antojaba le daba unas buena mamadas a esas tetas, dentro o fuera de salones en la universidad, en la sala de su casa o en la sala de algún cine, eran sencillamente “deliciosas”.

A mediados de la exposición llegó una de mis compañeras, que casi era su costumbre llegar a media clase, la llamaremos “Marisa” (en realidad nunca supe su nombre real todos la conocíamos con ese nombre). Era una niña como de 24 años bien formada, niña bien, que por comentarios, habíamos sabido que sus padres la habían sacada de una universidad particular y la habían metido a esta universidad pública en castigo por sus constantes reprobadas de cursos y seminarios.

Era hermosa, medía aproximadamente 1.60m, delgada, ojos café claro, cabello abajo del hombro ondulado, cuello largo, una cintura que muchas ocasiones toqué (luego sabrán porqué), unas nalgas lindísimas, unas tetas medianas, pero lo que más me llamaba la atención de ella eran sus piernas, totalmente torneadas, lindas, fuertes y sobre todo blancas, aclaro que sus nalgas después me gustaron mucho, pero es cosa de más adelante, por el momento sólo me llamaban la atención sus piernas. En esta ocasión vestía una blusa de algodón ligera, debajo de esta (como era su costumbre), no llevaba sostén, así que los pezones resaltaban tiesos y retadores (a más de que ella siempre caminaba muy erguida), y esto hacía que esos pechos se vieran más grandes, traía además una faldita tableada color negro unos 10 cm arriba de la rodilla, unas zapatillas negras de tacón de aguja qué, ¡válgame!, hacían parar más su estupendo culo.

Pero sin duda lo que más me llamó la atención fue que se sentó hasta adelante siendo que ella siempre se sentaba hasta el fondo del salón y así pude ver tres cosas, uno: traía un liguero negro lindísimo que en contraste con su piel blanca dejaba ver ¡Mmmmhh!, unas piernas hermosas, para mi sorpresa no traía calzoncitos y en tercer término vi una especie de lunar en su entrepierna izquierda casi llegando al pubis que llamó especialmente mi atención ya que no era del tamaño de algún lunar común sino mucho más grande, ella sencillamente se sentó hasta adelante de las sillas de mis compañeros y escasamente a metro y medio de donde estaba exponiendo, cruzó una de sus piernas sobre la otra y descuidadamente se dedicó a transcribir las notas y gráficos que había escrito antes en el pizarrón, (ella por naturaleza de ser niña bien era muy distraída), bueno esto me dio oportunidad de visualizar con entereza ese buen par de piernas que la verdad me encantaban.

Esta situación si se quiere un poco bochornosa, era para mí doble, les explicaré porqué, por un lado estar frente a la atención de todo un grupo no es fácil y esto se hace más difícil cuando alguien que te gusta se te planta en frente con la firme intención de decirte sin palabras “mírame estoy cogible y tú eres un pendejo”, y por el otro tener a tu noviecita en el mismo grupo que con la mirada te está diciendo “después de esta exposición nos iremos a mi casita y me meterás la verga por donde tú quieras”. Estaba sudando no de los nervios por la exposición sino más bien por las miradas de ambas, por un lado alguien que te es incondicional y que disfruta del sexo contigo ampliamente y te da las nalgas sin ningún pero y por el otro una lindura de niña, que quiere que se la pongas entre las piernas y la seduzcas frente al grupo.

Si se me permite, por principio de cuentas esta niña tenía su grupo de amigas denominadas las “chicas de la high”, pues eran demasiado sangroncitas al hablarte y casi nadie del grupo les hablaba, lo que sabíamos de ellas lo sabíamos por Mary Carmen una chica que era demasiado metiche (bueno nunca falta) y se enteraba hasta de cada cuando se te paraba la verga a ti y cada cuando les tocaba la “regla a las chicas del grupo, en fin que la verdad con Marisa ni siquiera el saludo, no le hablaba a ella ni ella a mí, así que bueno que se me plantara con la falda y sin calzones no era cosa de todos los días.

Seguí con la exposición tratando de disimular el tamaño de mi erección, cosa que me fue un poquitín difícil debido a que en ese tiempo usaba puro pantalón de mezclilla entallado y bueno el paquete se podía ver hasta de 50 m de distancia, así que no supe cómo, pero continué. Para mi fortuna a Selenita la llegó a buscar una compañera del grupo de danza clásica y salió por un momento en la sesión de preguntas, cosa que aproveché muy bien, en primer lugar imité ser torpe y en uno de tantos movimientos tiré el gis cerca de las piernas de Marisa, sin embargo ella no hizo el menor movimiento por agacharse a dármelo, así que con la consabida frase “con permiso”, me situé frente a sus piernas y tuve la oportunidad de ver en todo su esplendor los lindos labios vaginales que a través de la escasa mata de vello púbico se veían riquísimos, en ese momento recordé cuando uno ve el hueso de un mamey al cual se le ve una hendidura de otro color imitando la vagina, los vi se me antojaron y ella ni siquiera se movió, el liguero tenía un encaje de esos que en ese tiempo se juzgaban caros, por lo demás me deleité durante unos 30 segundos, cosa que interrumpí al darme cuenta de que ella me veía hacia abajo como diciendo: “¿verdad que está linda mi puchita?”

Me sonrió y me dijo un escaso “hola”. Para disimular la interpelación de haberme descubierto husmeando entre sus piernas se me ocurrió preguntarle ¿Si tú fueras industrial y tuvieras problemas financieros que harías?, haciendo referencia a alguno de los puntos tocados en la emisión de acciones bancarias. Se limitó a decir que ella no pensaba nunca ser industrial sino a disfrutar de la vida y si en algún momento de su vida se le presentara una oportunidad de manejar negocios a ese nivel, lo primero que haría sería vender la empresa y dedicarse a vivir la vida; para mi sorpresa todos se rieron cosa que me hizo relajarme un momento. Posteriormente y con el pretexto de la evaluación de la exposición repartí una serie de preguntas impresas en papel, a ella fue la primera que se lo di, y cuando pasé junto a ella me dijo muy bajito, ¿me ayudas a contestarlo?, le dije que sí y una vez terminado de repartir el material me senté en una silla frente a ella, cabe aclarar que esta evaluación era de discusión entre compañeros, por parejas y teníamos 20 minutos para contestarlas.

Me senté frente a ella, con mi rodilla rocé las suyas cosa que me hizo estremecer y sentí un jalón en la verga de antología, e hizo que esta se moviera de posición bajo mi pantalón, cosa que ella vio muy bien pues al tratar de pasar entre las sillas le quedó mi “monstruo” muy cerca de su carita, es probable que haya sido mi imaginación, pero vi como claramente ella pasaba la lengua por los labios al darse cuenta del tamaño de mi pene. Me senté y comenzamos a trabajar, pero ella comenzó a desviar la plática, primero diciéndome de la interrupción al llegar tarde, segundo de la mala noche que había pasado y tercero de algunos de sus gustos en cuanto a ropa, aquí fue donde entré yo en plática completamente, diciéndole que se veía muy linda así, que ojalá siempre pudiera vestirse en esa forma y etc., etc., de ahí pasé a decirle que estaba muy lindo su liguero, ella se sonrojó y no dijo nada, afortunadamente, completé diciéndole que se le veía así como estaba sentada y era verdad la punta del liguero asomaba por la falda extremadamente corta que usaba.

Ella sólo atinó a bajársela un poco más, cosa que no era tan fácil debido a la rigidez de la tela de la misma. Seguimos platicando de trivialidades y llegamos al tema de la familia donde nos centramos en nuestras persona, ella entre otras cosas me dijo que tenía un hermano estudiando en Stanford y que vivía con su padre ya que su madre no vivía con ellos y que su padre obviamente se dedicaba más a trabajar que a ella, me confesó que tenía problemas en Estadística II y Programación lineal, me ofrecí a ayudarle ella dijo si, pero nunca cuando. Seguimos platicando y se terminó el tiempo de diálogo, entregamos conclusiones y terminó la clase, la verdad nunca me di cuenta en qué momento volvió Selene al salón.

Al salir de clase como siempre tomé mis escasas cosas unos papeles y salí con mis compañeros al pasillo, fuimos a la cafetería desayunamos y a la siguiente clase. Terminaron las clases del día, cada quien a su casa, Selene me esperaba en el pasillo del edifico “C”, aclaro Selene era una chica rezagada pertenecía a la generación 85 y yo a la 86, ella se había retrasado porque se había enfermado de hepatitis; así que no todas las clases nos tocaban juntos. Como todos los días un abrazo, un beso, un te extrañé y un te quiero, jugando por los pasillos, la abracé, bromee con ella y aprovechó para darme una pequeña palmada en las nalgas, le sonreí, me dijo: “¿estás pensando lo mismo que yo?”, le dije “desde la mañana no he podido olvidar ese hermoso par de tetas que llevas, me encantan”. Solo me contestó, “ya sabes que son tuyas.”

No había reparado en las prendas que llevaba Selene hasta ese momento, el top no podía faltar y este como siempre aprisionaba esos hermosos pechos que me enloquecían, un pantalón stretch de mezclilla que hacía ver su figura como lo que era, una diosa de la belleza, describiré a Selene: Rubia, pelo hasta el hombro, lacio, ojos verdes, cara ovalada, labios carnosos (que mamaban la verga como pocas), delgada, bueno es un decir realmente las medidas de Selene eran 104-60-98, así que ya se imaginarán, no era un portento de mujer, pero traía a más de uno tras de sus huesos aún cuando sabían que tenía novio. Llegamos a su casa, me invitó un vaso con agua de fruta, como hacía un poco de calor, le puso hielo, aquí cabe decir que me había ganado la confianza de sus padres, de su madre porque nunca la dejaba llegar tarde a su casa y como siempre la acompañaba yo, me tenía en un concepto muy grande y de su padre pues quizás porque le hacía el loco con su equipo preferido de fútbol, así como le ayudaba en problemas con sus computadoras ya que se dedicaba a las transmisiones de datos vía satélite

Me dio mi vaso con agua, ella muy natural subió a su recámara a cambiarse, se puso un short ceñido de mezclilla que rendía culto a sus atributos y por delante me mostraba remarcado en la tela, el lindo monte de Venus que portaba mi estupenda novia, así como por detrás me dejaba ver sus nalgas exuberantes que muchas veces mordí y que valga decirlo me encantaba besar. Bajó, se sentó frente a mí mirándome fijamente tratando de adivinar mis pensamientos (la verdad era que yo pensaba en Marisa y su sonrosada pucha, pero nunca lo dije).  Me preguntó:

-¿En qué piensas? -Nada, en especial, ¿dime que tal estuvo la clase hoy? -Bien, algo de psicología aplicada, no entendí, ¿podrías explicármelo?-Claro, mi cielo, ya sabes que mañana no podré estar contigo porque jugamos ¿verdad?-Algo sé de eso, pero ¿realmente irás a jugar o sólo buscarás la oportunidad de divertirte?-Cariño, no seas celosa, ya sabes que si quieres puedes ir, sólo que es a la 8:00 de la noche.-Mmm no, prefiero quedarme en casa a preparar mi Proyecto de Tesis.

-Ok, me parece bien, ¿si deseas llegando de jugar te llamo?-¡No!, mejor vienes, sabes, mis papás se fueron ayer a Mérida.-¿En serio? ¿Y qué, piensas hacer fiesta? -No la verdad es que pensaba si podríamos pasarla juntos aquí en casa.

-Pues me la pones difícil, ¿cuándo regresan tus papás?-Hasta la semana que viene; el viernes para ser exacta.-¿En serio? ¿O sea que podemos estar aquí todo el tiempo? -Bueno si tú quieres si, si no quieres pues podemos vernos por las tardes-Mira te parece si… bueno te ves tan linda así cuando paras esa boquita que me matas, pienso en cómo me darías un beso en el pene con ella. -¿De verdad? -Claro, ven acércate- ella se trasladó a mi lado. Me dice. -¿Dime?, oye amor, ¿ya te fijaste que la sala es nueva? -La verdad no, pero está bonita

-Oye corazón estoy como decirte, algo acelerada, cuando estabas exponiendo, ¿fue mi imaginación o tenías a mi cosita parada? -Si mi cielo estaba excitado, ¡imagínate! No siempre enseñas tanto las tetas como hoy. -¿Crees?, la verdad es que nunca ha sido mi intención, tú sabes que sólo son tuyas. -¿En serio? -De verdad. -Lu (por Selene = Luna), te digo una cosa, la verdad es que en estos momentos estoy excitado. -Ya lo había notado. -¿Y….? Selene se sonrió y dijo –me encantas, me fascinas, me gustaría mamártelo ahorita…-Que rico mi cielo, pero bueno tú sabes que a mí no me gusta quedarme estático.

La tomé por los hombros, la abracé y la atraje hacia mí dándole un beso profundo y lleno de pasión, donde mi lengua batía la suya, las entrelazábamos, mientras con una de mis manos sobaba intensamente esas tetas hermosas por encima del top, ella comenzó inmediatamente a sobar mi verga por encima de mi pantalón, esto fue suficiente para que “el monstruo” diera un respingo y creciera totalmente. No es que presuma de mi material, pero bueno ella decía que estaba muy rico y muy lindo, en este caso no puedo evaluarme, mi pene es de tamaño normal, hablamos de unos 12 cm en reposo y unos 18 erecto, en su máxima dureza llegará quizás a los 20 cm, y de grueso unos 5 cm de diámetro. Ella lo tomó por encima del pantalón y lo comenzó a sobar, se sentó a horcajadas sobre mis piernas frente a mí, aproveché para pasar las manos por detrás de ella y tomé con cada una de mis palmas cada nalga, que en esas circunstancias ya eran grandes, ella bajó mi cierre y desabrochó mi pantalón, hurgó más abajo y sacó mi pene de entre mi bóxer, con ambas manos lo tomó y lo comenzó a frotar de abajo hacia arriba lentamente descubriendo el glande completamente y luego volviendo a cubrirlo.

Cuando subía las manos, con los ojos me decía: “Te amo cariño, esta hermosa verga me la voy a comer completamente y después me la meterás por donde tú quieras”, me dijo con palabras. – Hermosa sencillamente hermosa, ¿me cabrá en la boca?, le dije – Prueba. Se bajó de mis piernas, se metió entre ellas, hincada en el piso y comenzó a frotarlo con mayor vigor, haciendo que de mi pene surgiera un líquido transparente, que se apuró a limpiar con la lengua, intentando meter la punta de la misma en el ojo del cíclope. Una vez hecho esto comenzó a chuparme la verga como solo ella sabía: bajaba y subía con el pene dentro de su boquita de mamadora, esto me hacía gemir, sólo atinaba a decirle –¡mmmmm, que rico mi amor, mámalo como tú sabes chiquita, que rico! Ella seguía mamando con maestría, sacaba completamente el tronco de su boquita y con la lengua pasaba la punta sobre el prepucio en repetidas ocasiones, luego tomaba sólo el glande y lo apretaba entre sus mejillas haciendo la farsa de que era una especie de mango o algo parecido.

Yo por mi parte si en un inicio comencé por relajarme y sumir la nuca en el fondo del respaldo del sofá, la tomaba por la cabeza y la jalaba hacia mi pene cada vez más tieso y largo, imposible seguir sin hacer nada, en una de tantas subidas y bajadas aproveché para sacarle el top, cosa a que ella ayudó moviendo la cabeza hacia abajo rápidamente y aparecieron en todo su esplendor esas hermosas tetas que me tenían loco, los comencé a estrujar en toda su magnitud, sobando alternadamente cada pezón haciéndolo enrojecer y erguirse como higo, esto la hacía vibrar de una manera estupenda y decía alternadamente con la chupada de verga –siiiiii, cariño sóbalos, muérdelos, pellízcalos, destrózalos son tuyos, ¡que rico siento!…

Continuó mamándome el pene por espacio de 10 minutos, durante los cuales había momentos en que sólo atinaba a balbucear, ¡qué rico!, la levanté por debajo de los brazos y le dije -mi amor ha llegado el momento de comernos mutuamente, por lo que más rápido que inmediatamente la voltee de tal manera que sus nalgas quedaron a la altura de mi cara y aproveché para hacer lo que más me gustaba, morderlas por encima de su estrecho short, mientras con una mano estrujaba alternadamente las tetas, con la otra desabroché el pantaloncito por delante e introduje mi mano en su vagina, estaba caliente, ¡muy caliente!, pero sorpresa, se había rasurado su pequeño rinconcito de placer (se había rasurado para mí según me dijo después), bajé un poco más mi mano y tomé su hendidura entre mi dedo medio y el índice rozando sus labios lentamente, ella estaba mojadísima, su vagina era un auténtico mar de jugos, eso hizo que me excitara mucho más por lo que decidiéndome, bajé su pantaloncito, me encontré con un pequeño calzoncito blanco, por no decir tanga que solo cubría su rica puchita y una sexta parte de sus nalgas blancas, nacaradas, que al contacto de mis intrusas manos se sonrojaron.

Mordí, arañé, golpee con fuerza ese hermoso trasero que tantas veces había visto, mientras seguía rodeando con las yemas de los dedos los pezones que cada vez se ponían más duros, mientras con la otra comencé a darle con el dedo en la vagina moviéndolo rápidamente, rozando el clítoris suavemente, que se puso tieso y ella vibraba cada vez que lo tocaba reculando ricamente, poniéndome las nalgas más cerca, seguí mordiendo y besando ese rico culo, ella jadeaba y decía: ¡Cabrón cógeme ya por favor!, ¡dame tu verga ya!, ¡que no ves que me quemo!, por favor mi cielo dámela, métemela donde quieras, ¡pero ya! Seguí mordiendo las nalgas, en un lapso de lujuria retiré haciendo hacia un lado la tela de la tanga y comencé a besarle el sonrosado agujero del culo que se remolinaba frente a mí (aclaro nunca, hasta ese momento habíamos cogido por el culo), pasé mi lengua completamente por el culo y bajé hasta la vagina, metiendo mi lengua hasta donde cupo, esto le soltó un grito de pasión, diciendo: -Máaaas corazón dame más…

Seguidamente la agaché, la puse a que pusiera las manos sobra el respaldo del sofá mientras me sacaba los pantalones, los tenis y el bóxer quedando sólo con la playera y calcetines y sin quitarle a ella la hermosa tanga, sólo la hice un lado, metiéndosela hasta el fondo, ella solo gimió y suspiró al mismo tiempo, comencé un mete y saca lentamente en su vagina que se adaptaba diestramente a mi verga cual si fuera hecha para ella, apretaba de lo lindo, a cada embate mío, ella contestaba con un suspiro y una reculada decía algo así, como: ¡amor me matas!… ¡por favor no pares! ¡Quiero más!… ¡dámelo por favor, dámelo! Seguimos así un momento más y en un lapso de pasión me dijo: – Amor ahora dámela por el culo, me gustaría recibir tu enorme monstruo por el culo, dámelo por favor, quiero sentirme desflorada por el culo y que seas tú el que me lo deje abierto, desflóramelo, por favor corazón ¡dámelo ya!

Seguidamente le puse las rodillas sobre el sillón la voltee y agache poniéndola en posición semi esclava le metí un cojín de los sillones debajo del estomago para levantar el culo un poco mas y le doliera menos, pero ella decía –Ya1 dámelo, lo quiero ya!… entonces fue cuando se me ocurrió, mojarlo en el con mucha saliva y en combinación con sus jugos vaginales , intenté penetrarla por detrás en un primer empujón me dolió ya que todo parecía indicar que era muy estrecha por el ojete, entonces tome mi dedo índice comencé a hurgar en su culo poco a poco , lentamente comencé a ensanchar el culo, después metí el dedo medio, ella sollozaba, pero no paraba de decir ¡sigue! ¡Dámelo!, con los dos dedos fue más fácil, una vez que había dilatado el esfínter un poco, intenté penetrarla y bingo, entró la cabeza de mi pene, ella brincó, bramó, gritó, dijo palabras ininteligibles, algo así como:

– Eres un cabrón ya me cogiste por el culo, para, detente que me duele. Me detuve mientras ella puso una mano por detrás, en mi pecho, después la quitó y entendí, comencé a metérsela poco a poco, seguí metiéndosela hasta que mis huevos chocaron con esas hermosas nalgas que momentos antes había mordido y estaban rojísimas.

En este momento estaba ya fuera de sí y decía, ¡aaaaaah! No… Por favor… No dejes de cogerme, cógeme siempre, eres un cabrón eres un… pero me gusta ser tuya, dame más, métemelo hasta que me duela todo, mátame, dame más. Comencé el mete y saca poco a poco, ese nidito, estaba tan excitado que le decía, me encantas por caliente, eres cachondísima, muévete gatita, muévete ramera, mueve ese culo, ¡tu papi te lo ordena! Ya fuera de sí, la levanté, me volví a sentar y le abrí las piernas lo más que se pudo, de tal forma que ella estaba prácticamente empalada con mi verga hasta lo más profundo de su culo…

Gritaba, sudábamos a más no poder, ya no sabíamos ni pensábamos en nada que no fuera satisfacernos, comencé a tocar y a pellizcar sus pezones mientras con la otra mano le acariciaba la vagina tocando su clítoris con dos dedos, aprisionándolo y sobándolo, seguimos cogiendo ya no aguantaba más y en ese preciso momento, ella dijo: —me vengo… me vengo… toma mi lechita corazón, toma mi juguito tómalo, ahhhhhh que rico, te amo mi cielo, te amo. Yo por mi lado descargaba mi semen hasta lo más profundo de su culo gritando… Eres única cariño, eres única, quiero coger siempre contigo…

Pasado el acto de relajación en el cual estuvimos jugando con el agua que previamente ella me había dado, se la ponía en el cuerpo y la sorbía de su ombligo o le besaba los hombros, me dijo muy seria:

-Te imaginas mi amor, ¿qué haremos mañana por la noche cuando llegues de jugar? Le dije, -Quizás repitamos esto, pero en tu recámara justo y en medio de todos los muñecos que tienes. -¿Y por qué no lo hacemos de una vez?, me dijo. Contesté  -Podría, pero debo estar completo para el juego de mañana. Me respondió.

-Si es cierto, si algo me gusta de nuestra relación es precisamente que somos francos, dije. -Ah, pero sobre todo disfrutamos del buen sexo.-Si cariño, que te parece si cenamos algo-¿Cómo qué? Pregunté.-Lo que quieras dijo.

Acerté a darle una palmada en esas nalgas tan lindas y darle un beso en los labios mientras me vestía y platicábamos de su tesis. Ella coquetamente me incitaba a subir a su recámara, con la preocupación por el día siguiente no lo percibí, así que cenamos en buena onda y continuamos charlando esperando la noche posterior. Quien desee darme una opinión al respecto, está en la libertad de hacerlo. Un saludo a Mariana y Ale Fuentes (“Devoradora”), que sin ellas no me hubiera animado a publicarlo.

Autor: sheriff30

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La zona perversa

Sus embestidas se aceleran. Jadea, contiene la respiración. Un empujón súper potente que casi te hace doblar los brazos. Es el primer chorro. Su jadeo es tan fuerte que parece un grito. Tú también gimes. Se retira y el segundo es más fuerte aun. Luego ya se queda dentro de ti, presionando su cuerpo contra el tuyo. Pequeños espasmos recorren su cuerpo. Te debe estar regando hasta el útero.

– Mira, en eso estamos de acuerdo, nuestra vida sexual ya no es como antes…Respondes a mis quejas con cientos de explicaciones. Veo lógico que la casa, el trabajo, las letras del coche te presionen; también me pasa mí, pero eso les ocurre a todas las parejas, te contesto. A veces pienso incluso que ya ni te excitas, pero ese comentario me lo callo.Al menos accedes a salir el próximo fin de semana. Sí, como antes, coger las maletas y pasar el fin de semana en una ciudad donde nadie nos conoce, a desparramar, a corrernos una juerga de impresión. El viernes por la noche salimos de vinos. Nada de cenas formales, mejor ir de picoteo de bar en bar. Volvemos a recorrer las zonas que conocíamos. Nuestros pasos nos llevan a aquella discoteca. Te paras cerca de la entrada.

– ¿Te acuerdas cuando veníamos por aquí?

Sé por tu mirada que quieres volver a entrar.

– Aquí me proponías esas cosas… ¡Cómo te ponías de cachondo… ¡Y cómo acabábamos!…

Es cierto. Aquella discoteca de “ambiente” era nuestro templo de perversión, nuestro lugar favorito para los juegos eróticos más morbosos y atrevidos que hemos hecho.

– Aún es pronto para entrar, seguramente no haya casi ni gente.

Me sorprende que propongas ir a tomar unas copas para hacer tiempo.  No paras de recordarme qué es lo que hacíamos, a qué jugábamos…

– … Me pedías que les enseñara algo… o que me dejara tocar por algún baboso… y te ponías muy cachondo… Tú fantaseabas y me calentabas con tus cuentos… Mira ése… te mira a ti… seguro que te follaría inmediatamente… vete al baño y quítate las bragas… y me llamabas guarrilla, putita. – Sí…, nos lo pasábamos bien…- ¿Recuerdas una vez? Sí, aquel que dijo que era bisex y que se lo quería hacer con los dos. Te gustó ver cómo me tocaba las tetas…- Sí… claro que me acuerdo… y lo bien que nos lo pasábamos… Creo que ha sido la vez que más cerca hemos estado de hacerlo…

Pides la segunda copa.

– ¿Sigues pensando igual? A lo mejor ya ni te excita la idea… -insinúas desafiante.

Directamente te lo pregunto: – No sé lo que buscas, ¿Te apetece ir? ¿Qué quieres? – Yo tampoco lo sé… Supongo que salir del aburrimiento, hacer algo diferente, una gamberrada. Hacer algo que no haya hecho nunca, volver a disfrutar como antes… No sé…  que por una noche que sea algo distinto…

Ninguno de los dos dice nada. Te vas al baño. Por el meneo de tus pechos sé que te has quitado el sujetador. Ya no hay más palabras. Simplemente nos dirigimos a la discoteca. Casi ni ha cambiado. Sigue con su ambiente sórdido, apenas iluminada, la música vanguardista, extraña. El ambiente peculiar a tope. La gente tiene unas pintas rarísimas. Incluso hay un par de travestis. Y como siempre, a tope. Cuesta trabajo andar. Directamente vamos a la barra. Creo que ambos estamos buscando la dosis de alcohol necesaria.

Yo voy delante, como abriendo paso. Al acercamos sé que alguno se rozará contigo. De forma casual o de forma intencionada. Antes eso te era indiferente, pero hoy puede ser distinto. Hoy hasta lo puedes estar buscando tú. Al salir del barullo me lo confirmas con una sonrisa: “Me han sobado el culo”. Te ríes, te gusta ser deseada. Hace tiempo que no tenías esa sensación y de nuevo te gusta. Colocas tu pelo con un inequívoco gesto de coquetería. ¿Cuánto hacía que no veía ese gesto? Me alegra. Vamos a la otra pista es más oscura. El ambiente continúa siendo trasgresor. Nosotros la bautizamos como “la zona perversa”. Aquel fue el escenario de nuestros juegos más morbosos. Hay gente de todo tipo. Gays, transexuales, heteros a la caza de un polvo rápido, mirones que babean delante del mínimo pedazo de carne…

El ambiente está muchos más cargado de humo. Hace mucho calor. En todos los sentidos. Parece que el sexo hasta se respira. Disimuladamente me señalas: – Mira en aquella dirección… ¿Ves como soban a aquella puta? ¿Te gustaría que me hicieran lo mismo? No puedo ni contestar, la música atruena.  Interpretas mi silencio como una callada aprobación. Y es verdad. Nos dejamos envolver por el ambiente. Gente bailando provocadoramente, grupos, parejas de todo tipo, tíos que se besan con tíos, tías que se besan con dos al tiempo… algunos se están pegando un lote tremendo… Sonríes. Ha mejorado el ambiente, dices irónica. Te animas tú sola mirando descaradamente a todo lo que te rodea.

Una gogó sube a bailar. Los dos la miramos con ojos de deseo. Un mini sujetador que apenas contiene los movimientos de sus tetas. Un tanga, sus nalgas moviéndose deliciosamente. Por delante se perfilan sus deliciosos labios vaginales. Está depilada, susurras. Delante de ti se coloca una pareja de lesbianas. Desde atrás, una le soba las tetas. Ninguna le quita el ojo a la gogó. Tú a ellas tampoco. Una de ellas hasta se da cuenta. Chula y provocadora te manda un beso. No te cortas, se lo devuelves aun más atrevida.

– Acércate a ver qué pasa -te susurro.

No oigo lo que decís, sólo veo que las dos te besan en los labios, un pequeño beso como de presentación. Volvéis la mirada hacia la gogó. Asientes con la cabeza sonriendo. Su mano agarra uno de tus pechos, como sopesándolo. Ni te inmutas. Luego coge la solapa de la blusa y la abre. Descarada mira dentro de tu escote. Creo que le estás enseñando tus tetas. Suelta un botón de la blusa y la abre un poco más. Su amiga casi mete su cabeza. Ni te abrochas. El canalillo de tus pechos es algo más que insinuante. La música cambia, la chica se retira y sube un chico musculoso, embadurnado en aceite. También un mini tanga que deja sus nalgas al aire. Vuelves a mi lado. No me cuentas de qué habéis hablado, simplemente coges mi mano y la llevas a tus pechos.

– Mira que pezones me han puesto esas dos guarras, y te colocas delante de mí haciendo que tu trasero se restriegue con mi paquete.

Tampoco quitas ojo al bailarín.  Menudo rabo que tiene, dices volviéndote hacia mí. El chico que está a nuestro lado te escucha y te sonríe, devuelves la sonrisa. Se ve que es gay. A los dos os gusta lo mismo. Tenéis cosas en común -te susurro en la oreja-. Menuda noche ibais a pasar con él… Atrevida le das conversación. Descarada le cuentas que no te importaría echarte un polvazo con ese semental… Ni a mí, contesta el chico riéndose. Me lo presentas. Me da la mano y acerca su cara. Me besa en la boca. Un “piquito” en los labios de saludo.

Tranquilamente habláis de cómo os gustan los penes. Los dos os lo coméis con los ojos. Reconozco que su paquete parece espectacular. No te cortas y preguntas por el suyo. Como si le conocieras de toda la vida se lo tocas. Parece que no le importa, ni se inmuta, como si no fuera con él la cosa deja que metas la mano por dentro de su bragueta. Luego tocas el mío. Los comparas. Él hace lo mismo, toca mi pene y el suyo al tiempo. El chico se vuelve a saludar a un conocido, ya has ligado me dices divertida. Nos manda un besito con la mano y se va. Nosotros volvemos a por otra copa. Brindas. Por una noche llena de pasión, dices. Los dos damos un largo trago y volvemos al mogollón. Ahora eres tú la que no esquiva los cuerpos, creo que hasta te rozas inintencionadamente. Vamos a la pista -propones. Sabes que no me gusta bailar y sabes mi respuesta. Adivino lo que estás buscando y lo que harás. Bailas, te mueves, coqueteas con todo el mundo. Te veo.

El chico gay se vuelve a poner a mi lado. La conversación es difícil con esa música tan alta. Sois un matrimonio muy raro, eso si lo escucho perfectamente mientras acaricia mi rabo. Me propone pasar un rato con él a solas, sin ti, pero lo rechazo. Se encoge de hombros como diciendo, bueno, tu te lo pierdes. Parece que no le importa, seguro que esta noche encuentra a alguien con quien pasar ese rato.

– Si cambias de opinión me buscas.

Vuelvo a mirar pero ya no estás. Desapareces. Al rato regresas.

– He ido al baño… -Tu mirada de pícara me dice que has hecho algo más.

Me quedo mirándote a los ojos y con mi mirada te lo pregunto…

–  … y me he quitado las bragas -reconoces, dices divertida.

Tal y como vas, no me extraña que me lo cuentes, antes solías hacerlo. Algunos días ni siquiera tenía que pedírtelo. Pero hay más… Lo sé…Te has metido en el de tíos, claro la típica excusa, el de mujeres siempre está muy ocupado. Bueno en este ambiente unisex tampoco es tan raro.

– Sigue guarrilla, ¿qué has hecho…? – Pues que estaba meando y abrieron la puerta. Se me quedó mirando hasta que acabé y se dio la vuelta. Dejó la puerta medio abierta y me las he quitado sin cerrarla. Había varios meando. – O sea, que te las has quitado delante de varios tíos…- Sí, supongo que me habrán visto el coño. Bueno, no pasa nada, yo a uno se la he visto entera cuando se la sacaba para mear. Así que estamos en paz.

-. Ya pero el no te ha enseñado el rabo y tú si les has enseñado tu coño… -. ¿Y quién te ha dicho a ti que no? -. ¡Qué guarra eres! ¡Cómo te gusta calentar al personal!

Te acercas a mí y me besas restregando tu cuerpo contra el mío. Imaginando la escena vuelvo a estar excitado. Sonríes… Delante de nosotros un tío soba descarado a su pareja. Te da envidia. Te picas. Quieres parecer más puta que ella. No sé que habrás hecho o qué te habrán dicho en el servicio, pero desde luego vienes muy caliente.

– Suéltame un botón de la blusa, que vean cómo me tocas las tetas.

El escote es más que generoso. Si te quito otro se te van a ver enteras. Vale, dices sin importarte. Y lo hago provocándote. Te sacas un poco la blusa de la falda. Así tiene más vuelo. Si se mueve la blusa el escote es total. Hay varias tías que están más o menos como tú, bueno alguna incluso más. Apuramos el cubata.

– ¿Otro? Espera, me toca ir a pedir a mí.

Se que tardarás. Te has estado exhibiendo delante de las fieras y ahora vas a meterte allí de cabeza. Te veo alejarte decidida, coqueta, provocadora. Regresas con un cubata en cada mano. Uno de tus pechos casi está fuera de la blusa.

– ¿Qué tal? -te pregunto poniendo la palma de la mano en tu coño. – Ummmm. Ten cuidado… que eso está que arde…. Arqueo las cejas en señal de interrogación. – Me han sobado todo lo que han querido. – Lo daba por sentado… Si es lo que ibas a buscar ¿no? – Ya, pero… ¿quieres que te lo cuente?

¡Qué cabrona…, cómo sabes excitarme!… Asiento con la cabeza. Te aproximas y disimuladamente me masturbas por encima del pantalón.

– Ufff. Ha sido demasiado. Según me iba acercando me iban metiendo mano. Había un grupo de tres tíos hablando y me metí por el medio. Uno empezó a tocarme el culo. Le sonreí. Que cómo te llamas y todo eso. Lo típico. Se presentaron y siguieron tocándome.

-Me comían los pechos con los ojos. Uno ya directamente, me ha metido la mano en el coño, pero por delante, a pelo, sin cortarse. Que si estaba sola, que si quería pasar un ratito con ellos… y venga a tocarme el coño, y el otro a meterme mano en las tetas. Les dije que estaba contigo y que sólo iba a por unas copas. Me dejaron pasar. Y para pedir, para que me viera el camarero, me he subido en el posapiés. Han seguido sobándome el chochito y uno, no sé quién me ha subido la falda por detrás. Me dice: -Tranquila, ni te muevas que no nos ve nadie. Me ha hecho sentir su polla entre mis nalgas. La tenía durísima y creo que era bastante gorda. Pensé que me la iba a meter allí mismo. Y el de adelante dale que te pego. Me preguntaron que dónde estaban mis bragas que si nunca llevaba y les dije que en el bolso.

-Si me las das te invito a las copas. Vale… Y mientras el de atrás la puso en medio de las nalgas, y empezó a moverse. Yo pensé, ya, ahora me folla aquí mismo. Pero no, solo la puso entre los carrillos y en menos de un minuto el muy guarro se ha corrido…

– ¿Y tú no? – ¡Claro que me he corrido! Imagínate. Uno tocándome el coño y el otro con la polla detrás, esperando que me la metiera en cualquier momento. Menudo morbo… Me he visto follada allí mismo, delante de todo el mundo…  Si no piden las copas por mí todavía estoy en la barra…  Luego me lo han propuesto…- ¿Qué le has dicho? – Nada. Les he vuelto a decir que estaba con mi marido y se han pirado, no me ha dado tiempo ni a proponérselo…

Tu mano ya hurga descarada en mi paquete. La tengo durísima, tengo que mandarte parar, si no yo también me voy a correr.

– ¿Te sigue gustando, eh? Me soban como a una puta, han estado en un tris de follarme y tú te excitas… cornudo… ¿De verdad quieres ver cómo me tocan otros tíos? ¿Quieres ver cómo les toco las pollas, cómo me las meto en la boca?

No te contesto, se que lo vas a hacer. Hoy por primera vez en tu vida lo vas a hacer. Sé que lo vas a hacer. Estás caliente a tope. Me basta ver tu cara para saber que estás decidida, que esta noche te vas a comportar como una auténtica puta. Apenas has comenzado a jugar y ya te vuelve loca el juego.

Miras a la pista, estás buscando a tu presa, escogiendo. Te veo deambular. Miras descarada y si no te gusta te vas a por otro. Hasta que te fijas en uno. Uno concreto. Algo te dice. Salís juntos a la pista. Bailas provocándole, enseñándole los pechos, frotándote con su paquete en cuanto puedes. Tus movimientos ya no sólo son sensuales, son lascivos, obscenos. Te estás ofreciendo como una puta hambrienta. Te rodea por la cintura y te junta a su cuerpo. Sujeta por las nalgas fuerza tus movimientos para que te frotes con su polla. Sonríes. Te morrea. Te soba los pechos en mitad de la pista. La conversación no es muy larga, tampoco tiene sentido. Sé que le has contado lo que quieres, y lo que tú quieres es hacer aquello que hablamos tantas y tantas veces hace tiempo, cuando nos divertíamos a tope y no poníamos ningún freno a nuestros juegos.

Te veo venir agarrada de su mano. La blusa está prácticamente abierta. Veo tus pezones excitados. Nos presentas. Me mira algo perplejo hasta que decide preguntarme extrañado ¿De verdad que no te importa? ¿Puedo follármela? Pregúntaselo a ella, le respondo seco. Lo que diga ella. Se que mi decisión no la va a importar.

– Como siempre, son ellas la que escogen, ellas las que deciden, me dice resignado, pero contento. Sabe que tiene tu consentimiento para joderte.

Por si ha caso, me lo vuelve a preguntar, pero ahora delante de ti y sobándote las tetas. La respuesta es la misma. Se encoge de hombros y dice: Vale. Satisfecho y seguro de lo que va a hacer te agarra por la cintura. Tú pones las condiciones, yo tengo que estar delante. No le importa. Hasta a mi me sorprende tu decisión, tu seguridad.

– Un segundo, ahora vuelvo.- ¿De verdad vas a dejarte follar por él?

Tu pícara y sensual mirada lo dice todo. Tu respuesta lo confirma… ¿Es lo que tu querías no?… Pues… ¿Una noche loca a ver qué tal nos lo pasamos? Aparece al minuto con una llave. – No sabía que existieran cuartos para…

Te corta en seco y te manda callar. Es un secreto. Son unos viejos almacenes. Si conoces al camarero, por una propina se los presta a determinados clientes, y él, naturalmente, conoce al camarero. Según nos dirigimos a la salida de la disco lo voy pensando. Aquello que habíamos hablado tantas veces lo voy a ver ahora. Te voy a ver follar con otro. Justo detrás de la salida de emergencia hay unas puertas que pone Privado. El cuartucho es bastante cutre. Las paredes algo sucias. Un par de cajas de refrescos vacías y estanterías llenas de polvo. Huele algo mal: a cerrado, a humedad.

Como si no estuviera allí, como si fuera una película, te veo remangándote la falda. Tu blusa ya está abierta de par en par. Te morrea, manosea tus tetas, pellizca los pezones y observa risueño cómo se te endurecen.

– Cuando tú quieras, bonita, dice con recochineo haciendo hincapié en lo de “bonita”. Creo que mentalmente te está llamando zorra. Yo por lo menos sí. Te giras y vuelves a colocar la falda. Ha caído un poco y tal vez te estorbe. Los dos miramos tus nalgas desnudas. Debajo asoman los carnosos labios de tu sexo. Le da igual que ya tengas algo de celulitis. Te va a follar y para él es suficiente. Veo envidioso como se relame de gusto. Tiene suerte. Yo nunca me he encontrado con una guarra como tú, ni en mis mejores tiempos se me han ofrecido así. Suelta el botón de su pantalón. Baja lentamente su cremallera. Pantalones y calzoncillos hasta las rodillas, y tú allí con los brazos apoyados en la pared, la falda recogida en torno a tu cintura, expuesta como una puta, preparada para recibir su polla.

Vuelves la cara, quieres ver la herramienta que te va a follar. Te entiende con la mirada y levanta los faldones de la camisa para que la veas bien. La tiene rígida, apuntándote. Se la sujeta por la base y la agita orgulloso de su aparato. Lentamente descubre su capullo retirando su piel. No está nada mal, le dices mirándola lujuriosamente. Claro que no está mal, ¡cacho puta! Es bastante más gruesa que la mía. ¿Puedo? Le preguntas con fingida timidez. Ni esperas la respuesta, te arrodillas y sujetas su polla por la base. Menudos huevazos le dices, admirándolos. Ufff… me vas a llenar el coñito… Tu lengua lasciva los lame enteros. Como una auténtica profesional subes despacio por el tronco hasta llegar al capullo. Vuelves a descubrirle por completo y dejas que sean tus labios los que jueguen con él. Intentas metértela en la boca. La abres todo lo que puedes y casi hasta consigues que se meta entera.

-Deliciosa, me dices sin dejar de acariciar sus cojones con las yemas de los dedos.- Pruébala.

No me lo sugieres, casi me lo mandas. No quieres que sólo la toque, quieres que yo también se la chupe. Que me coma la polla que te va a follar. Me pongo en cuclillas a tu lado, ni de coña me la voy a meter en la boca, pero no puedo resistir la tentación de tocarla.  Tengo que hacerlo, si no amenazas con vestirte y dejarlo. Tengo que ceder humillado. Tengo que chupar una polla para poder ver cómo me pones los cuernos. Al final de mala gana, le doy un par de lametones. Así no, dices prepotente. Me sujetas la cabeza y él la empuja dentro de mi boca. Mi boca es más grande y me entra más. Siento sus pelos en mi nariz.

Juntas tu cara junto a la mía. Cuando la retira de mi boca, tus labios se juntan a los míos. Me besas y haces que su capullo se ponga entre nuestras bocas. Nuestros labios, nuestras lenguas juegan con ella en medio. Tu la diriges, es lo que tu quieres. Ahora dame la tuya, me ordenas. Comienzas a chupármela, quieres que él también te vea comiéndote un rabo. Desde atrás te quita la blusa. Sin sacártela de la boca miras hacia arriba poniendo una tremenda cara de vicio, una auténtica cara de puta. Le indicas con la mano que se acerque. Sin dejar de meneármela se la agarras y directa a tu boca. A dos manos nos pajeas contemplando divertida nuestras caras de placer. Alternativamente chupas una y otra. Hasta intentas lamer las dos al tiempo.

Juntas los dos capullos, les frotas uno contra otro y los lames. Y vuelves a metértelas en la boca. Un poco cada una, aunque la de él la dejas descansar de vez en cuando. Tú me tienes que follar, le dices. No voy a aguantar mucho. Pones cara de satisfacción al saberlo. Soy el primero en correrme. Mi leche llena tu boca. Mientras me retiro, tú te estás preparando. Él se quita la camisa, tu la falda. Estás completamente desnuda. Otra vez la misma postura, pero ahora las piernas un poco más abiertas. Apuntándote con la polla soba tus nalgas. Manosea tu coño antes, incluso te mete varios dedos haciéndote gemir. A pesar del ruido de la música se escucha perfectamente su chapoteo en tu interior. Estás calada como una guarra. Tus pezones completamente de punta destacan de tus colgantes pechos. Parecen dos gotas de agua a punto de caer.

Parsimoniosamente separa los labios con los dedos y acerca su capullo. Te folla suavemente la entrada. Mueves un poco las caderas buscando una penetración más intensa. No lo hace, se limita a jugar con su capullo en tu orificio. Te está calentando aún más. Deja la cabeza de su polla descansando en tu interior. Sujeta los labios y te los abre aun más. Apenas se mueve unos milímetros. Jadeas complacida. No cabe duda, su juego te gusta. Sus manos recorren tus caderas, sus dedos se calvan en las nalgas, algún azote. Algún quejido por la sorpresa. Me guiña un ojo. Me mira algo burlón, como diciéndome, “no te lo pierdas, mira como me la voy a calzar”. Bruscamente, de un sólo golpe de pelvis, te la incrusta.

Te entra como un ariete. Tensas tu cuerpo y silencias un gemido. Un “joder…” de admiración sale de tu garganta. Lo hace una y otra vez. Te la mete hasta las bolas, luego se retira de tu coño casi hasta el final. La veo salir de ti húmeda, brillante. La veo entrar en ti poderosa, enérgica. Tu sexo se abre para recibir sus embestidas. No puedo negarlo, me fascina ver cómo te está perforando el coño. Una extraña sensación se apodera de mí. Nunca hubiera imaginado que iba a sentir eso. Ni en mis fantasías sexuales más morbosas. Cierras los ojos y abres la boca dejando escapar un prolongado suspiro. Jadeas a su ritmo. Tus pequeñas tetas bailan a su compás. Menuda escena. Yo mirando, el jodiéndote y tú acompasando tus caderas a sus embestidas.

Una fugaz mirada en mi dirección. Veo placer en tu rostro. Quieres que yo lo sepa, que tenga claro que vas a gozar con otra polla. Tus nalgas se tensan y tu respiración se acelera. Tus gemidos cada vez son más profundos. Sé que te vas a correr. Conozco perfectamente esos síntomas. Por primera vez te voy a ver gozar con un rabo distinto al mío. Un pequeño orgasmo te sacude. Él también se da cuenta. Me mira irónico, recordándome que es su polla la que te está haciendo gozar.

Sus embestidas se aceleran. Ahora el que se tensa es él. Jadea, contiene la respiración. Un empujón súper potente que casi te hace doblar los brazos. Es el primer chorro. Su jadeo es tan fuerte que parece un grito. Tú también gimes. Se retira y el segundo es más fuerte aun… Luego ya se queda dentro de ti, presionando con fuerza su cuerpo contra el tuyo. Pequeños espasmos recorren su cuerpo. Te debe estar regando hasta el útero. Me lo imagino. Sólo la saca cuando está completamente desinflada. De su pene fofo cuelga una gota… La recoge y se limpia la mano en tus nalgas. Nuestro juego apenas ha durado 15 minutos. Ya está hecho. Ha descargado sus cojonazos en tu coño. El placer ha sido breve. La experiencia muy fuerte.

Bueno ya estás follada por otro, ya eres toda una puta. Tu coño ya conoce el rabo de un extraño, alguien al que no volverás a ver en tu vida. Para él será un polvo más, una noche de suerte, algo increíble que contar a sus colegas. Para mí te habrás convertido en toda una puta. Un buen azote en el culo. Vístete -te dice. Abrimos la puerta del cuartito y vamos a la barra. Dice que va a devolver la llave al camarero, que ahora viene, aunque los dos sabemos que se va a pirar. Para qué quiere más. Ya te ha jodido y está satisfecho. Tranquilamente nos tomamos una copa.

– ¿Qué tal?, te pregunto.- No ha estado mal -me contestas un poco indiferente.- No parece que te haya hecho mucha ilusión.

Bebes distraída.

– Hombre… Tenía un buen rabo. No sé que decirte… Desde luego me ha perforado el coñito a conciencia, eso sí, pero ha sido un orgasmo pequeñito… Esperaba más… En fin, para ser la primera vez…”La primera vez” -resuena el eco de tu frase en mi cabeza…

Dudas. Bebes un trago y dices: aprobado, sólo aprobado.A nuestro lado se ha puesto un tío. Es grande, bastante más alto que yo. Nos mira, bueno más bien trata de mirarte. Seguramente nos ha oído todo.

-¿Y tú qué tal? ¿Te ha gustado?- Me ha excitado, tengo que confesarlo.- ¿Qué es lo que te ha excitado? ¿El ver cómo me tocaba, cómo me follaba?- Todo… aunque lo que más… ver con qué ganas te comías su rabo… eso me ha puesto a mil… ¿Y a ti?

Sonríes con picardía -Sí… el comerle la polla delante de ti ha sido muy morboso…  pero lo que más me ha puesto ha sido la forma tan brutal de taladrarme el coño. ¡Uff!… me la metía a tope, sentía como me pegaban debajo esos huevazos… Eso me ha puesto muy cachonda… pero ya te digo, sólo me he corrido un poquito… No te digo nada aunque sé que te has quedado con ganas de más.

Mientras sigues bebiendo la copa, insistes en que esperabas más, que hasta cierto punto te ha defraudado.  Pero yo sé que has sentido placer. Y lo has sentido desde la primera vez que has follado con otro. Ahora sé que te follarán, que te dejarás follar cuando te apetezca. Ahora sé que tu boca volverá a chupar pollas que no son la mía. Tu cuerpo ya no me pertenece en exclusiva. El de atrás se roza contigo. Disimuladamente, pero te ha rozado el culo. Vuelves la mirada coqueta, provocadora.  Se nota que aún estás algo cachonda, aunque lo único que te preocupe sea que tienes tu coño lleno de leche, que como tú dices, casi la sientes escurrir entre los muslos. Y sé que eso te excita aún más. Y mientras pedimos otra copa me lo confirmas, podemos repetir… cuando tú quieras, claro, dices como tratando de no enfadarme. Tu mirada suplicante me lo está pidiendo.

Jamás hubiera sospechado que serías capaz de hacer todo esto. No sé que pensar. De momento, mi polla está reviviendo. Sé que si volvemos a esta discoteca serás más atrevida y lanzada. Puede que dentro de nada te vea en una orgía. Puede que sea testigo de cómo algún súper dotado te destroce el coño. Puede que hasta el culo. Te oiré gemir, te oiré gritar mientras a lo mejor yo me cepillo a otra tía tan puta como tú. No puedo dejar de pensarlo mientras duermes a mi lado. Y eso que es nuestro primer día… La primera vez…

Nota: Esta historia es casi real. Está escrita por “encargo”. Unos e-mail, unas charlas por MSN y accedimos a escribir su experiencia. La corregimos entre O.M.F. y V.T. Luego nos dieron el Ok y os la enviamos. Que os guste. Y si alguien más se anima, aceptamos encargos, francamente ha sido muy divertido y morboso escribir este… ¿cuento?

Autor: a.e.c.

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Mi compañera de oficina II

Ella tomó mi verga y se la dirigió a su culo, entró fácilmente e inicié de nuevo el mete y saca, ella apretó más su ano y me la empezó a exprimir, terminamos desfallecidos ambos, yo no dejaba de mamar sus tetas y ella de darse dedo en el clítoris, cuando estaba por tener otro orgasmo me bajé y con mi boca le ayudé, con sus piernas me rodeó la cabeza, me apretaba hasta que se vino en mi boca.

La vez pasada les conté como se dieron las cosas para coger con Perita, mi compañera de trabajo, les cuento que en la oficina somos cuatro personas, el gerente, Rosy la chaparrita, Perita y yo, Rosy se accidentó, así que estuvo incapacitada un mes y el gerente se fue a Guadalajara toda esa semana, así que estábamos totalmente solos.

Al día siguiente aun calientes pero más tranquilos charlábamos sobre nuestro encuentro, ella me contó que Carlos su esposo andaba apoyando a un precandidato para diputado y que desde noviembre prácticamente no tenían sexo, aunado a que él es profesor de filosofía y de su escuela lo estaban mandando a Monterrey a dar unos cursos, en fin andaba desatendida y pues el ganón resulté yo.

Ese día cada que teníamos chance nos dábamos tremendos fajes, a tal grado que yo traía mi verga super dura y babeante y ella pues ni se diga, ese día llevó puesto un traje sastre con falda corta, medias negras, y una blusa bastante escotada y sin brasier, sus tetas se le notaban a todo, sus pezones super parados.

En cuanto llegó la hora de la comida pusimos la contestadora automática y nos olvidamos de comer para darnos tremendo faje, nos besábamos super rico, nuestras lenguas se trenzaban como queriendo llegar a lo más profundo del otro, mis manos se daban vuelo con sus tetas y sus nalgas tan ricas, sentía el calor que salía de su entrepierna a tal grado que cuando acerqué mi mano a su panocha estaba super empapada, mi sorpresa fue mayor al sentir que a diferencia del día anterior su puchita estaba libre de vellos y aparte olía super rica, se había puesto un perfume exquisito.

La senté en uno de los sillones de la recepción y le abrí las piernas, la vista era soberbia, sus piernas enfundadas en las medias negras y su panochita totalmente depilada cubierta apenas por un triangulo de tela negra trasparente y bastante mojada, acerqué mi boca poco a poco, subiendo por sus muslos hasta llegar a su pubis, de ahí fui bajando a su rajita que olía tan bien, al momento de posar mi boca sobre su clítoris, aun sobre su tanga, ella respingó de tal forma que arqueó su cuerpo y se empezó a sobar sus tetas, las cuales ya estaban fuera de su blusa, su chochito emanaba fluido en abundancia, sabía super rico, ya que se mezclaba con el aroma del perfume.

No tardó mucho en empezar a convulsionarse, signo de que llegaba a su orgasmo, ¡puta! se vino super rico, todo su cuerpo temblaba, se quedó quieta y con los ojos cerrados, me senté a su lado y empecé a mamar sus ricas tetas mientras que ella reaccionaba poco a poco, mis manos le quitaron la tanga y la empecé a dedear, bajando un poco más comencé a pasarle mis dedos por su culito, el cual inmediatamente reaccionó y comenzó a palpitar, ella bajó su cara a mi verga y me la empezó a mamar, por lo caliente que yo estaba, no tardé en venirme en su boca, Perita se tragó toda mi leche.

Descansamos un poco, me decía que estaba disfrutando y que le encantaría que se la metiera por su culito, ya que le encanta por ahí, yo la seguí dedeando y la puse de a perrito, ¡puta! al ver sus magníficas nalgas y ese hoyito prieto palpitar me puso a cien, y ni que decir de su panochita toda mojada y pelona, sin sacarle el dedo del culo se la dejé ir por su chocho, mientras ya tenía dos dedos metidos en su culito y ella se daba masaje en su clítoris, de repente me dijo que se la metiera por su ano, que deseaba sentirse penetrada por ahí.

Se la saqué y bajé a darle unas ricas mamadas a su ano el cual también estaba perfumado, ya bien mojado y dilatado se la empecé a meter poco a poco pero ella se hizo para atrás para que le entrara lo más pronto posible, entendiendo la señal se la dejé ir de un solo golpe, inmediatamente empezó a gemir como desesperada y se jalaba uno de sus pezones, el calor en el interior de su ano era cabrón, inmediatamente empezó a contraerlo, yo sentía super rico, en cierto momento se la saqué y la puse acostada frente a mi para mamarle las tetas.

Ella tomó mi verga y se la dirigió a su culo, entró fácilmente e inicié de nuevo el mete y saca, de sus tetas me pasaba a su boca para besarnos de lengua super cachondo y con una mano le amasaba una y otra teta, yo sentía que estaba por terminar y se lo dije.

Ella apretó más su ano y me lo empezó a exprimir, ¡wow! que rica venida me aventé, terminamos desfallecidos ambos, yo no dejaba de mamar sus tetas y ella de darse dedo en el clítoris, cuando estaba por tener otro orgasmo me bajé y con mi boca le ayudé, ella con sus piernas me rodeó la cabeza y me apretaba hasta que se vino en mi boca.

El sentir sus jugos provocó que se me volviera a parar la verga y sin esperar a que se recuperara se la metí en su vagina y le di a lo bestia, hasta que ambos terminamos, yo apenas pude aventarle unos cortos chorros de leche y ella todavía se vino en abundancia, ya no pudimos más y descansamos, nos lavamos, nos vestimos y…, ya les contaré la tercera y última vez que cogimos, bye…

Autor: Ernesto

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En la discoteca

Me cogió y me sentó encima de él introduciendo su pene en mi vagina y haciéndome gemir de placer, me encantaba sentirle dentro y ver como disfrutaba a la vez acariciando mis pezones y besándome. Luego me puse a cuatro patas y agarrando mis caderas por detrás empezó a darme más y más rápido mientras yo con una de mis manos acariciaba mi clítoris más y más rápido.

Salgo de mi casa una noche más como cada viernes. Después de haber estado tres horas delante del armario para escoger que ropa ponerme, al final decido ponerme mis medias de rejilla, una minifalda y una camisa negra algo transparente y escotada. La verdad que esa noche no tenía demasiadas ganas de salir, pero por mis amigos decidí hacerlo… seguro que luego lo pasaría bien, pensé. Llegué al lugar donde había quedado con ellos y allí estaban todos felices porque una noche más íbamos a pasarlo bien. Empecé a saludar a todos y de repente encontré una cara que no me era conocida… uno de mis amigos me presentó a esa persona, que resultaba ser un compañero de universidad de este amigo mío. El chico logró llamar mi atención y me hizo pensar que tal vez no fuera tan mala idea haber salido aquella noche.

Fuimos a cenar todos a un restaurante de tapeo en el centro de la ciudad y la verdad que tanto a él como a mi parecían sobrarnos los demás… él no paraba de mirarme y reírse con las cosas que yo decía; y yo cada vez más nerviosa y con esa media sonrisilla que se nos pone a las mujeres cuando te sientes observada por un chico y que además ese chico te está empezando a gustar. Después de la cena decidimos ir a tomar algo a una discoteca algo retirada de donde habíamos cenado con lo cual decidimos coger varios taxis para llegar allí. Nos repartimos en dos taxis en los cuales íbamos 4 personas en cada uno…. a mí me tocó ir en la parte de atrás de uno de ellos y a mi lado se sentó él y junto a él otro amigo.

Yo no quería ni mirarle porque cada vez estaba más nerviosa y más ahora que le tenía tan cerca….en uno de los momentos en que mis amigos estaban indicando al taxista por donde tenía que ir él me miró y puso su mano encima de mi muslo… a mi me temblaba todo y al darse cuenta la retiró. Al fin llegamos a la discoteca y empezamos a bailar todos. Él me devoraba con la mirada y yo no paraba de desearlo. Al final de la noche decidimos ir a mi casa a continuar la fiesta allí… al llegar nos acomodamos y unos empezaron a jugar al mus, otros a los dardos y otros simplemente nos dedicábamos a hablar. La gente empezó a repartirse las habitaciones y el sofá para no tener que irse a esas horas a casa y se fueron durmiendo poco a poco hasta que nos quedamos él y yo a solas.

Pusimos un CD de baladas y nos sentamos a hablar… la verdad que me encantaba todo lo que me contaba y sus hoyuelos al reírse… en una de las canciones se levantó, me cogió de la mano y me dijo… ¿bailas? yo ni le contesté, me levanté la camisa y comenzó a besarme el cuello y alrededor del borde de mi sujetador lentamente. Él también se quitó su camiseta y comencé a notar el tacto de su piel con la mía. Lentamente fue bajando sus manos hasta mi cintura, desabrochó mi falda y me la quitó lentamente… y así hizo también con mis medias de rejilla mientras no dejaba de besarme por los muslos y recorrer todo mi cuerpo con su lengua.

Él se tumbó a mi lado y dejó que yo le quitara el pantalón, desabroché el botón con mi boca y bajé su cremallera lentamente para después quitárselo. Comencé a besar sus pectorales y todo su cuerpo mientras él me cogía de los cachetes del culo y apretaba fuerte hacia él. Me senté encima de su tripilla y le miré a los ojos y vi su cara de deseo hacia mi pidiéndome que por favor le hiciera sentir esa noche como ninguna otra…. cogí sus manos y las puse encima de mi sujetador y le dije… ¿quieres averiguar que hay debajo de esto? él me bordeó con sus brazos y quitó el broche de mi sujetador hasta conseguir quitarlo… Con su boca besó cada uno de mis pezones y con su lengua empezó a lamerlos como si de un caramelo se tratasen hasta ponerlos duritos.

Una de sus manos se deslizaba por encima de mi braguita hasta que la cogí y la introduje dentro de ella para que notara lo húmeda que estaba… empezó a acariciarme el clítoris y yo a ponerme más excitada. Me quité de encima suyo y retiré sus calzoncillos para poder ver más de cerca lo que estaba notando al estar antes sentada encima suyo… cogí su pene con mis manos, lo introduje en mi boca y empecé a hacerle una mamada. Me ponía muy cachonda el oír su respiración entrecortada pidiéndome que no parara.

Me cogió y me sentó encima de él introduciendo su pene en mi vagina y haciéndome gemir de placer… me encantaba sentirle dentro y ver como disfrutaba a la vez acariciando mis pezones y besándome. Luego me puse a cuatro patas y agarrando mis caderas por detrás empezó a darme más y más rápido mientras yo con una de mis manos acariciaba mi clítoris más y más rápido.

Yo ya no podía más, mi excitación era tal que me corrí y él con su lengua lamió todo mi clítoris para saborearlo todo. Estuvimos bastante tiempo disfrutando el uno del otro y me corrí varias veces…él sacó su pene de mi vagina y quiso que terminara en mi boca y así correrse para que yo pudiera saborear todo su jugo y así lo hice.

Después de todo este momento de pasión y excitación me abrazó y me dijo que quería pasar momentos así conmigo toda su vida…. y así nos quedamos dormidos y hasta el día de hoy no he dejado de cumplir lo que en su día me pidió.

Autora: Nerea

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Mujer cachonda y poco atendida

Disfruté cada centímetro que me entraba hasta que llegó al fondo y empezó el clásico bombeo el cual me empezó a poner muy excitada, ya que era la primera vez que le era infiel a mi marido, pero en verdad no me estaba costando mucho sobrellevar esta culpa, es más, me excitaba más pensar en eso. Así estuvimos, primero él arriba luego yo, hasta que no aguantó más y se vino dentro de mí.

Hola Amigos…

Después de haber leído los cachondos relatos que me ponen a mil, he decidido probar este genero a ver que les parece mis aventuras. Lo que les voy a contar es verídico y solo cambio los nombres obviamente por mantener la privacidad ya que soy madre de 2 preciosos e inteligentes hijos que no me gustaría que supieran de las calientes andanzas de su madre.

Me llamo Mónica y tengo 40 años. Sin ser una belleza extraordinaria me gusta cuidarme haciendo yoga y comiendo sanamente, soy una mujer termino medio, con bonitas caderas y piernas (es lo que más me ven los hombres) y senos que sin ser muy grandes son agradables a mi porte. Por cuestiones de trabajo mi marido pasa mucho tiempo fuera de casa ya que trabaja para una multinacional, por lo cual siempre me encuentro bastante desatendida en el plano sexual. Por ello he buscado algunas formas alternas (algunas licitas, otras no) de calmar las calenturas que ocasionalmente nos dan a las mujeres. Desde hace 8 años que mi marido trabaja en la empresa le sido infiel varias veces pero siempre muy discreta, ya que debo de cuidar mi imagen ante la sociedad.

La primera vez fue en un viaje placer-trabajo donde invitaron a varios empleados como él, un fin de semana a un hotel finca. Dicho hotel esta en a las afueras de una ciudad cercana a la nuestra, por lo que encargué los niños a los suegros y nos fuimos mi marido y yo.

En la cena de recepción, para mi sorpresa no había muchas esposas, y las pocas que había parecía señoras demasiado almidonadas como establecer algún tipo de plática con ellas. En eso estábamos cuando mi marido me presentó a uno de los principales accionistas de la multinacional y además su mentor, Piero, un solterón italiano muy guapo de 45 años, que era gran amigo de mi esposo.

En el transcurso de la fiesta, Piero le dijo a mi esposo que quería que él y 2 ingenieros más fueran a conocer los avances de la nueva planta ubicada a 60 Km. de donde nos encontráramos. Los llevaría el chofer de Piero al día siguiente. Durante la agradable velada Piero no perdía la oportunidad de mirar con detalle y cierto descaro mis atributos femeninos, eso si cuidando que lo viera mi marido. Me coqueteaba discretamente y me decía muchos piropos agradables, cosa que me empezó a poner cachonda. Como a las 2 de la mañana decidí retirarme con mi esposo el cual estaba ya algo tomado. Nos fuimos a la habitación y yo caliente deseaba tener al menos una breve sección sexual, pero nada el muy cabrón se quedó dormido.

A la mañana siguiente llamaron a las 7 de la mañana que ya lo estaban esperando para irse, con más sueño que conciencia, se levantó, se vistió y se fue diciéndome que regresaría en la noche o el domingo en la mañana. Yo me quedé como muchas otras veces mordiéndome las ganas sentir mi cuerpo explotar de placer, parecía que seria otro día frustración.

Como una hora después llamaron a mi puerta, con la bata a medio cerrar fui a abrir pensando que sería el desayuno, pero cual fue mi sorpresa que era Piero con el carrito del desayuno. Por amabilidad lo invité a pasar diciéndole que era una sorpresa, a lo cual me dijo que “sorprendidos son los dichosos ojos que la ven”, siempre tan caballero Piero. Comenzamos a desayunar y yo la verdad un poco nerviosa porque tenía muchos deseos de tener una relación intima, ahí estaba un hombre guapo el cual además me gustaba, pero me sentía un poco culpable, en fin.

Desayunamos, el tiempo pasó volando charlando con él de diferentes cosas, la familia, los hijos, mi marido y poco a poco el tema se fue haciendo más íntimo. El comprendía mis puntos de vista y parecía casi adivinar lo difícil de mi situación como mujer. Con el paso de los minutos la plática fue derivando en temas más calientes, las relaciones sexuales, la frecuencia de las mismas, la calidad, etc., y él acercándose.

Yo ya muy caliente me dejé llevar cuando inesperadamente me besó en los labios y empezó a acariciar mis brazos, mis piernas, mis senos… cada vez más audaz, hasta que llegó al centro de la pasión, donde primero por encima, pero luego más profundamente, me empezó a poner en las nubes deseando que siguiera y no se detuviera.

Instintivamente busqué con mi mano su miembro bajando la cremallera para encontrarme con un hermoso pene blanco, el cual empecé a manejar con mis manos, me acerqué a su verga y le di un beso, hervía de caliente que estaba, sus venas parecían estallar, lo llevé a mi boca y comencé a mamarla, Piero me tomó la cabeza y la apretó contra sus huevos, sentía en mi garganta el palpitar de esa joya que pronto calmaría mi hambre de sexo…

Ya en estas condiciones no podía resistir mucho más y deseaba imperiosamente que me penetrara, yo tenía cerca de tres meses de no tener relaciones y ardía de deseo, ganas, calentura, placer contenido. Su verga estaba deliciosa y se lo dije…

Me levantó en vuelo en sus brazos y me llevó a la cama en la cual hacía unas horas estuviera durmiendo mi marido conmigo. Me depositó ahí desnudándome lentamente para luego penetrarme con ese magnifico pene. Disfruté cada centímetro que me entraba hasta que llegó al fondo donde se quedó unos segundos, luego empezó el clásico bombeo el cual rápidamente me empezó a poner muy excitada, ya que era la primera vez que le era infiel a mi marido, pero en verdad no me estaba costando mucho sobrellevar esta culpa, es más, me excitaba más pensar en eso.

Así estuvimos un rato, primero él arriba luego yo, luego de perrito, hasta que no aguantó más y se vino dentro de mí.

Estábamos recuperando el aliento cuando sonó el teléfono. Era mi marido que me llamaba para decirme que no llegaría hasta el otro día porque habían decidido hacer algunas reparaciones, yo le contestaba casi absorta ya que Piero había empezado a besar mi clítoris y me estaba excitando mucho de nuevo, además de estrujar mis senos con sus manos, ¡que delicia!

Apuré la conversación con marido, casi a tiempo para tener otro delicioso orgasmo que me había provocado por el jugueteo con mi clítoris.

Después de esta faena quedamos de salir a pasear en caballo por la tarde a los prados de la finca. Y al terminar, casi ya anocheciendo fuimos a su apartamento donde tuvimos otra increíble sección de sexo salvaje y sin compromiso, pero eso se los contaré en otra historia.
Si les gustó mi relato, aguardo vuestros comentarios.

Autora: Rosa

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Lo prohibido

Jesús no paraba de repetirme que le estaba demostrando muy bien lo puta que era, que me iba a reventar mis entrañas de placer, él situó su polla en mi vagina y de una sola embestida recorrió todos los huecos de mi coño. Me dio un par de pollazos y mi corrida invadió su polla. Al igual que la suya invadió mi coño. Sabía que el placer seguiría aumentando para volver a correrme una y otra vez.

Hola a todos. Mi nombre es Ana, tengo 24 años y soy madrileña. Ocurrió hace 3 años, cuando yo tenía 21. Mis padres estaban (y están), separados. Mi padre conoció a una mujer, Ángela, con la cual inició una relación. Ángela tenía 2 hijos. Uno de ellos, Jesús, contaba con 25 años. Yo pasaba temporadas viviendo con mi padre, y otras con mi madre. El verano de ese año me tocaba con mi padre. Él se había ido a vivir con Ángela y con sus respectivos hijos.

Mi relación con Jesús no era demasiado buena. Todo lo que hablábamos era en tono irónico. Pero había una atracción física. Había un morbo especial. Algo que hacía que nos miráramos con deseo, con lujuria. Él era un mujeriego nato. Le encantaba follarse a zorritas como yo muy a menudo. Creo que no lo había intentado conmigo por las circunstancias en las que nos encontrábamos, porque estaba claro que físicamente le atraía mucho, al igual que él a mí. Mi padre y Ángela se fueron unos días de vacaciones al Puerto de Santa María (Cádiz). Con ellos se fue David (el otro hijo de Ángela), que tenía 19 años, de forma que nos quedamos solos en casa Jesús y yo.

Los dos primeros días apenas nos vimos. Sólo coincidimos por la noche un rato. El tercer día de nuestra estancia, solos en casa, sucedió algo fabuloso, pero a la vez peligroso. Me levanté sobre las 11.30 de la mañana. Desayuné relajadamente y me dispuse a ponerme mi biquini para tomar el sol en la piscina de la casa. Llevaba un biquini de color blanco. La parte superior era con forma de triángulo (me lo había comprado una talla más pequeño para que mis tetas sobresalieran aún más de lo que ya sobresalían). La parte de abajo era una braguita muy pequeña que casi dejaba entrever mi pubis. Salí al jardín, puse algo de música, me embadurné de aceite, cogí mi tumbona y me acosté en ella.

Pasé casi dos horas sola, de la tumbona a la piscina y de la piscina a la tumbona. Sentí al perro ladrar, así que deduje que Jesús estaba llegando a casa. Merodeó durante un rato por el interior de la casa, soltando las bolsas de la compra que había traído y llamando por teléfono. Salió al jardín, me vio y se metió de nuevo en la casa. Pasados unos 15 minutos escasos salió con sus bermudas puestas. Venía directo hacia mí. Cogió otra de las tumbonas y se recostó en ella cerca de mí. Yo lo observaba. No me había dirigido la palabra en el rato que llevaba en la casa. Estuvo sentado a mi lado durante 20 minutos. Por fin dijo algo: “Hermanísima (con tono irónico), deberías quitarte la parte de arriba de tu biquini mientras tomas el sol o luego las marcas harán mella en tu piel, de forma que esos tops tan escotados que usas ahora en verano no te lucirán como deberían”.

El comentario lo hizo en el tono irónico que lo caracterizaba. Con esa frase, me provocó, intentaba ponerme a prueba, de modo que me levanté de mi tumbona y me quedé de pie frente a él. “¿Me estás desafiando Jesús?”, a lo que él me respondió (sin abrir los ojos y sin mirarme), “sólo era un pequeño comentario” (de nuevo su tono irónico apareció en la frase). “Abre esos malditos ojos de una vez, quiero que mires algo”. Jesús abrió sus ojos con una sonrisa dibujada en su rostro, entonces yo con mis manos quité la parte de arriba de mi biquini, dejando mis preciosas tetas a su vista.

Su sonrisa se esfumó para dar paso a una boca abierta y a unos ojos redondos como platos. “Hermanísimo, he decidido hacer caso a tu comentario. Voy a tomar el sol sin la parte superior de mi biquini y de paso te voy a dar el gustazo de deleitarte con mis tetas. ¿Te parece bien?”. Reaccionó, se incorporó en la tumbona, dio una palmada con sus manos y me dijo: “Vamos a brindar por este momento único. Los hermanos de leche, porque de sangre no son, se ponen de acuerdo en algo. Esto solo pasa una vez en la vida”. Yo podía notar que estaba nervioso, él no sabía como acabaría aquello, no sabía si yo me había despojado de mi biquini con toda la naturalidad del mundo, o bien, si lo hacía para provocarlo.

Fue a la casa, tomó una botella de champán y regresó al jardín con ella, con un sacacorchos y con dos copas de cristal. Mientras caminaba hacia mí decidí hacer algo prohibido, algo que cambiaría nuestras vidas para siempre, algo que nos dejaría huella. Claro está que no sabía con toda certeza la reacción que él iba a tener (aunque la intuía). Llegó hasta donde yo estaba. “Ana vamos a descorchar esta botella y a brindar por el momento”. “Me parece estupendo Jesús, pero en cuanto descorches la botella me la pasas. Quiero servir yo el champán”. Se quedó quieto durante unos segundos. A cada segundo que pasaba él notaba como mi cara se iba transformando en la de una perra que estaba en celo y que quería follar.

Descorchó la botella y acto seguido me la dio. La puse a la altura de mis pechos y la vacíe entera sobre mi cuerpo. Jesús me dijo: “¿Qué haces?”, a lo que yo respondí “Me has dicho que querías beber y brindar con champán, así que te brindo mi cuerpo para que bebas de él”. “No nos jodamos hermanita”. Dije yo: “¿Jodamos?  Que ganas tengo de hacer eso contigo”. Con esa frase si que lo puse excitado. Podía ver a través de sus bermudas como su polla se hacía grande. Jesús comenzó a decirme que era una zorra, y que lo peor es que me gustaba serlo. Me dijo que estaba dispuesto a joder conmigo, pero eso sí, antes iba a hacerme sufrir, iba a excitarme hasta tal punto que le suplicaría que me follara. Me dijo que iba a calentarme hasta que yo pensara que no iba a aguantar más la tortura de no tener su polla en mi boca, o su polla entrando y saliendo de mi coño y de mi culo. Le dije que deseaba ver su corrida, que deseaba ver ese chorro de esperma saliendo de su polla y esperando que mi boca estuviese allí para recibirlo.

Él me decía que también deseaba beber el río de lujuria y deseo que iba a salir de mi coño. Me hizo tumbarme en el bordillo de la piscina, me quitó la braguita del biquini y contempló mi coño. Se quedó mirándolo y me dijo que estaba ansioso de recibir mi corrida caliente. Comenzó a lamer mi coño, unas lamidas que iban desde mi agujero hasta mi clítoris, de abajo a arriba, haciéndome gemir con cada una de ellas. Mi espalda se arqueaba, me mordía mis labios, apretaba su cabeza contra mi coño, mientras le decía lo bien que le quedaba estar con su puta cabeza metida entre mis piernas. Paraba para levantarse y meter su cabeza entre mis tetas, para lamerlas, morderlas, para apretarlas. Le encantaban mis tetas, estaba gozando mucho con ellas. Luego subió hasta mi boca y comenzó a morder mis labios, a buscar mi lengua. Lo aparté, lo cogí de su cabeza y lo obligué a bajarse de nuevo hasta mi coño.

Mi coño se estaba fundiendo, Jesús metió su lengua dentro de mi agujero y comenzó a hacer círculos con ella. Mientras él hacía eso yo tuve que bajar una de mis manos y comenzar a frotar mi clítoris. Estaba extasiada y cachonda como una perra. Le decía a Jesús que no podía más, que iba a reventar, que necesita su maldita polla dentro de mí. Jesús sacó su lengua de mi coño, apartó su cabeza y me dijo: “No hay cosa más placentera para mí que esta. Que parezcas un animal en celo, que parezcas una hembra y que yo sea tu macho para darte placer. No hay cosa mejor para mí que excitarte hasta tal punto que luego, una vez que meta mi polla, con solo un par de embistes te corras zorra, y lo mejor de todo es saber que solo es el principio de una de muchas corridas. Quiero escucharte decir lo puta que eres conmigo. Quiero que me supliques.” De nuevo metió su lengua hasta el fondo de mí, jugaba con mi clítoris, sobre mis labios, acariciándolo, lamiéndolo, masajeándolo con su lengua, morreando mi coño.

Comencé a decirle que me iba a matar de placer, él me dijo: “Creo que es lo único que quiero, matarte de placer, hacerte llorar, quiero que me supliques que te lo coma, que te chupe, que te toque”. Mis gemidos dejaron de serlo para convertirse en gritos. Gritos de un placer que me estaba matando. Necesitaba su polla dentro de mí, necesitaba que me llenara con su semen, necesitaba mojarle a él sus piernas con mis flujos, necesitaba correrme.  Sacó su cabeza de mi coño y pasó a meterme dos dedos dentro de él. Un coño que estaba tremendamente mojado de mi excitación y de la saliva de Jesús. Mirándome fijamente comenzó a decirme ¿”Estás loca porque estos dedos que te están penetrando se conviertan en mi polla, verdad? ¿Estás loca porque te embista perra? ¿Estás loca por morirte de placer? ¿A que hoy no me odias tanto como otros días?

Jesús no paraba de repetirme que le estaba demostrando muy bien lo puta que era, que me iba a reventar mis entrañas de placer, que iba a meter su polla tiesa y dura entre los labios de mi coño, entrando y saliendo, una y otra vez, quería correrse dentro de mí, de mi coño, mezclar su corrida con la mía, y después lamerme, lamer mi corrida cayendo entre mis piernas. Se puso de rodillas, me cogió de las caderas, me acercó a él y levantó mi culo. Yo abrí mi coño con mis manos, él situó su polla en la entrada de mi vagina y de una sola embestida recorrió todos los huecos de mi coño. ¡Que gemido di! Me dio un par de pollazos y mi corrida invadió su polla. Al igual que la suya invadió mi coño. Mi respiración estaba acelerada, mi piel roja de deseo y mi cuerpo ardiendo. Sabía que era el principio y que el placer seguiría aumentando para volver a correrme una y otra vez.

Su polla de nuevo estaba tiesa. Jesús me pedía que se la mamara como jamás nadie se la había mamando antes, decía que quería correrse en mi boca, que quería abrir mi coño de nuevo, quería besarlo, quería sentir de nuevo como mis muslos aprisionaban su cabeza, quería notar mis espasmos de placer, quería que sus manos pellizcarán mis pezones, y por último follarme por el culo, quería sentir mi culo aprisionando su polla y correrse de nuevo dentro de él. Decía que quería follarme hasta tal punto que le doliera la polla y mi coño no lubricara más. Quería que en cuanto yo llamara a su polla, ésta se levantara como un perro fiel, quería marcar mi cuerpo con su polla. Quería que siempre lo recordara. Y sin duda alguna son unos recuerdos que me marcaron y que marcarán para siempre.

Me encantó ser follada por él y a él le encantó convertirse en mi puto, un puto que sabía darme algo más que placer y deseo.

Espero que os haya gustado a todos.

Un beso.

Autor: Ana

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