A las cartas

Estaba dispuesto a disfrutarla sin prisas, por lo que cuando sentía estar a punto disminuía mi ritmo de nuevo. No sé cuánto tiempo estaría, lo que sé es que la situación de poseerla totalmente y en esa postura me hacía contenerme para que no acabara. Ya cuando no pude más me puse frenético en mis movimiento, le indiqué que ahora se moviese y ambos empezamos ya con fuertes gemidos.

Marie era una mujer de constitución algo atlética: vientre plano, muslos bien contorneados y pechos no muy grandes pero firmes. La conocí por motivos laborales y tras varios encuentros empezamos nuestros encuentros sexuales. Hoy no quiero cansar explicando cómo llegamos a una relación de dominación – sumisión y tan sólo os contaré como fue la primera vez que decidimos actuar con esos roles.

Ahora Marie estaba totalmente entregada. Tendida, tanto sus muñecas como sus tobillos estaban rodeados por suaves cuerdas sedosas y no “podía” liberarse. Excitada como nunca antes, estaba a la vez exhausta, pues se enfrentaba a su tercero y por hoy último según había salido en las cartas. Además ya estaba deseosa pues al final, vendría su “regalo”.

Su cuerpo en tensión la hacía mucho más atractiva todavía y sus ojos vidriosos pedían que no se acabara la “tortura”. Me pedía a susurros un descanso y yo le respondía que podía hacerlo pero que se quedaría sin nada más por hoy, entonces es cuando me rogaba que empezáramos de nuevo, aunque todavía temblaba pues apenas hacía diez minutos que habíamos finalizado el anterior.

Sin pensarlo más, seguí con el “castigo”, nuestros labios se juntaron de nuevo mientras me disponía a acariciar su clítoris, su boca ya no oponía resistencia, totalmente húmeda me la dejaba totalmente a mi merced y de nuevo empezaban sus quejidos. El artilugio masajeador recorría amplia y lentamente su sexo, introduciéndolo parcialmente entre sus labios.

Enseguida empezaron los primeros gemidos, acompañados de esa mirada suplicante para que se acabara pronto pero también para que nunca finalizara. Esa incertidumbre en su mente le provocaba un placer como nunca antes se había atrevido a tener.

Con mi mano desocupada la acariciaba también sin prisas, disfrutando de sus muslos, de sus nalgas, de su cintura, de sus pechos, de todo su cuerpo, esparciendo su humedad por toda su piel. Me entretenía con la enorme dureza de sus pezones y no dejaba de mirarla. Con mis ojos no dejaba de preguntarle ¿sigo? y con la suya me respondía “no pares”.

Ya a sus gemidos le acompañaban temblores de excitación, solo entonces separé mis labios de su boca para susurrarle al oído. A mis preguntas, ya sabía sus respuestas, pero quería hacerle ver que era mía, que su disfrute me pertenecía y disfrutar de eso:

-¿Quieres que siga? – Te ruego amo que no pares – ¿Puedo seguir poseyéndote hasta que me plazca? – Claro ¿no ves que mis ataduras me obligan a ser suya? Aahhh…

No podía dejar de gritar de placer.

-Si quieres puedo desatarte, – No, por favor se lo ruego – Recuerdas lo que significa este tercer orgasmo que todavía puedes parar ¿no? – Claro, que debo ser su sierva durante tres semanas – Y ¿estás dispuesta? – A eso y mucho más amo.

Jamás la había obligado a que me llamase amo y las cuerdas atadas a unas anillas solo rodeaban suavemente sus muñecas y tobillos, pudiéndose desatar cuando quisiera. Era ella la que asía fuertemente las cuerdas sin poder “desatarse”, la que permanecía “atada” voluntariamente, como no queriendo romper la magia de su voluntaria sumisión.

-Seguro que ya estás deseando tener tu tercer orgasmo. – Creo que ya no podré aguantar más, ahh, ummm, por favor ¿puedo? – Sabes que todavía no tienes mi permiso, que si lo haces te tendrás que marchar y no tendrás lo que más deseas, – Sí, sí, aguantaré amo, pero no sé cuanto más podré, ¿no nota que mis muslos están impregnados de placer? – Me gusta poseerte, por eso aguantarás – Siiiiiiii, por favor mordisquee mi pezón.

Esa era la señal establecida, un suave mordisqueo en uno de sus pezones indicaba que ya podría relajarse y dejar su cuerpo convulsionarse hasta el orgasmo final. Mis manos se dirigieron otra vez a sus pechos y a acariciar uno de sus pezones, con un ligero pellizco le hacía indicar que el momento estaba cerca, mi boca se acercó y lo mordió lascivamente.

-Ahhhhhhhhhh… ohhhhhhhh… gracias amo…ahhhhhhhhhhh… ummmmmmmmm…

Sus enormes quejidos los acompañó con convulsiones descontroladas mientras sus ojos no se apartaban de los míos en señal de enorme agradecimiento. Era justo en ese momento, cuando más me apetecía pegarme a ella, como parando con mi cuerpo sus movimientos, notando que era mía. Su docilidad y abandono en ese momento me llenaban enormemente de placer.

Estaba tan aturdida y extasiada que cerró los ojos como para descansar un rato, la dejé recuperarse. Ahora yo seguía disfrutando de su total abandono, mis dos manos no paraban de tocarla, de palpar cada centímetro de su piel, mi erección era enorme y fue cuando al rozarla con sus pliegues húmedos reaccionó.

-Ahora toca mi premio.

Efectivamente, según nuestro juego había que elegir dos cartas de sendos montones. En uno de ellos estaban las cartas del 3, 4 y 5 y en el otro el “as” y el 2. Ella debía coger una de cada mazo, la primera indicaba los orgasmos que tenía que regalarme, los que tenía que soportar al ritmo y de la forma que yo quisiera y la segunda que llamábamos premios, las veces que iba a penetrarla. Para esta ocasión habían salido el 3 y el as que indicaba que tras su tercer orgasmo vendría por hoy su único premio.

Así que aunque cansada, se dispuso a tomar posición. Se dio media vuelta hasta ponerse tendida boca abajo, todos sus movimientos eran lentos y muy sensuales, extendió los brazos para lograr un buen apoyo y obedientemente elevó sus nalgas todo lo que pudo separando a la vez sus muslos. No necesitaba más órdenes que las que les dí al principio de la sesión, solo le dije que quería una posición muy sumisa. Para excitarme más me murmuró:

-Por favor amo, esta esclava está deseando ser poseída, ser penetrada, si mi amo lo estima, creo que me lo he merecido

Esa postura, el olor a sexo que había en el ambiente y sobre todo esa predisposición de entrega total hicieron que aumentará más la rigidez. Pero quería disfrutarla sin prisas ni brusquedades.

-Me demuestras con eso que eres mía, que puedo poseerte durante las próximas tres semanas y que estarás a mi completa disposición en cuanto te llame. – Si mi señor, sé que soy su sierva y estaré a su merced cuando lo requiera – renunciarás a llevar ropa alguna ante mi presencia – le mostraré mi total desnudez en señal de sumisión delante de mi señor. – Ahora voy a poseerte y de momento quiero que no te muevas. – Estaré como una estatua hasta que mi amo lo requiera.

Me puse ya directamente detrás de ella y empezaron mis roces con el falo mientras la agarraba fuertemente por las caderas. Recorrí sin prisas toda su raja antes de la penetración. Inicié esta lentamente, sintiendo cada milímetro que entraba. Debido a la lubricación extrema que ambos teníamos, la introducción fue total inmediatamente y empecé entonces con vaivenes a distintos ritmos. Cuando casi volvía a estar fuera, Marie ejercía un movimiento reflejo para evitar que se saliese del todo y entonces es cuando aproveché para darle unos palmetazos en sus nalgas y para sacar partido a la situación.

-Creo haberte advertido que no te movieses. – Lo siento amo, lo siento señor, es que no quería que se saliese. – Eso lo decido yo. – Si amo, si amo, lo siento de verdad, pero por favor no pare. – ¿Quieres tu premio, quieres que explote dentro de ti? – Sí amo, se lo ruego. – Entonces me tendrás que regalar una semana más de tu servidumbre. – Si amo, todo lo que quiera, pero poséame hasta el final.

Todo esto no hacía más que aumentar mi excitación, pero estaba dispuesto a disfrutarla sin prisas, por lo que cuando sentía estar a punto, disminuía mi ritmo de nuevo. No sé cuánto tiempo estaría, quizás unos veinte minutos, lo que sé es que la situación de poseerla totalmente y en esa postura me hacía contenerme para que no acabara. Ya cuando no pude más me puse frenético en mis movimiento, le indiqué que ahora se moviese y ambos empezamos ya con fuertes gemidos. También en esos instantes le propiné unos buenos palmetazos en sus nalgas.

-No aguanto más, ahhhhhhh. – Gracias amo, gracias… más, más, ummm – arrrrrgg, ahhhhhhhhhhhh…

Un largo rato estuvimos jadeando, mientras me vaciaba dentro de Marie. Extasiados ambos permanecimos tendidos y abrazos, ella con su cabeza en mi pecho. Creo que hasta ambos nos quedamos dormidos.

Ya algo recuperados, no dimos una ducha y la invité a unos baños árabes para relajarnos totalmente, después nos fuimos a cenar a un indio mientras hablamos de nosotros. En la sobremesa le recordé su compromiso.

-Creo que me debe cuatro semanas. – Eso para mí no es ningún problema, más bien tengo otro. – ¿A que te refieres? – Pues a que querría cuatro más y cuatro meses y… – ¿Dispuesta a esta entrega, a esta sumisión? – Por supuesto. – Bueno todo se andará.

Ya de nuevo en la cama, ambos desnudos, me disponía a dormir cuando poniéndose a gatas se dirigió si miramiento a mi sexo, sus labios los situó a escasos milímetros, casi rozándolo. Entonces, susurrando me preguntó incluso con descaro:

-¿Puedo lamerla? ¿Disfrutarla con mi boca?…

Describir como a Marie le gusta lamer y su sumisión durante las cuatro semanas siguientes, lo veréis pronto, si este relato os ha gustado.

Autor: cadoan41

cadoan41@hotmail.com

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