SALIENDO DE LA HACIENDA DE LOS MORALES

Esta historia la cuento yo, porque nadie mas la sabe ya que los otros dos individuos no solo son extranjeros pero no viven en México, por lo que lo que sucedió en esa noche en el Marquis negro solo lo saben cuatro personas: Paúl, Martha, el chofer y yo.

Querido Manuel, si recuerdas esa noche que llegue tarde a casa y tu quedaste un poco sorprendido, por mi actitud? Pues la verdad yo estaba mucho más sorprendida que tu??

Como sabes ese día tenia una presentación en el restaurante La Hacienda de la ciudad de México que terminaría algo tarde con un coctail.

 

Read more

Me gusta / No me gusta

Enviándole mensajes por celular

Hola y gracias por leer mi primer relato. Al principio solo quería complacerla pensando que para mí no significaría mucho porque ella es algo vergonzosa respecto a lo sexual; entonces no estaba con las intenciones de usar palabras muy vulgares, no hasta que empezamos con el jueguito y no pude contener mis ganas de desahogar toda la calentura que iba guardando.
Era aproximadamente las 11 de la noche. Mi celular recibió un mensaje y yo, intuyendo que era ella, instantáneamente recordé sus hermosas nalgas cuando las acaricio, y siento que mi pene levemente empieza a ponerse duro. Estaba poniéndome caliente, era evidente. Hace tres semanas que mi cuerpo la reclamaba; aún más con tres calentones que me provocaron besos lujuriosos y furtivos en la disco. Estaba con muchas ganas de coger. Entonces, leo el mensaje y decía:

Ella: Hola amor, qué haces? :-)

Yo: Estoy buscando en el periódico un departamento para alquilar, tú? :)

Ella: En mi cuarto, viendo la televisión. Estás solo?

Siempre me intriga la idea de saber qué es lo que pasa por su mente cuando me pregunta eso, porque siempre lo hace; cuando le pregunto el por qué, me dice que es algo celosa y que quiere asegurarse con que su angelito esté portándose bien. Y no solo me intriga, me excita fantasear con la idea de que lo hace porque quiere juguetear. (Aprovecho a contarles que sexualmente yo soy su primer hombre; ella tiene 20 años y yo 25. Estamos juntos hace dos meses y medio.)

Yo, entonces, tenía terribles ganas de decirle cuánto extrañaba verla, cuando su rostro muestra placer mientras la penetro, pero continué así:

Yo: Si mi princesa, estoy solo :)

No dije más porque estaba medio ocupado, pero sabía que ella continuaría con la charla:

Ella: Por qué quieres irte de tu casa mi amor? Estás con problemas?
Yo: Si, algo así; no me gusta la tensión que hay aquí.
Ella: En toda familia hay problemas, no todo es color de rosa ;)
Yo: Si, así es, pero quedarme de brazos cruzados no es mi elección :)
Ella: Si que eres cerrado mi amor, como todo paceño (una ciudad de mi país, en donde nací) :D
Yo: Igual así me quieres mi amor :)
Ella: Si, te amo como eres, pero me molesta que seas cerrado.
Yo: No todo es color de rosa ;)
Ella: Sí que eres un caso, un caso cerrado :D

Yo reí mucho por ese comentario y pensé en mandarle una indirecta para empezar a hablar de cosas picantes, que hasta entonces eran muy inocentes; yo intentaba frecuentemente subir de intensidad; algo más vulgar, más sucio; pero ella siempre me pedía que no lo haga, pero también me decía que le dé un poco más de tiempo; algo que me tiene enganchado y obviamente excitado. Pero quise intentar de nuevo; con una respuesta algo pasada de lo acostumbrado, y ya en mi habitación le contesté:

Yo: jajaja sí que me hiciste reír :D tú en cambio ya no eres cerradita; puedes darme las gracias ;)
Ella: :-O amor, qué cosas las que dices. Cuando vuelva me las pagarás, ya verás.
Yo: Oh no por favor! No seas mala mi bella, el sexo oral me aterra ;)

Le dije eso porque apenas una vez me hizo el sexo oral, y lo hizo tan inocentemente que me preguntaba cada detalle; cómo me lo tenía que hacer, si me gustaba lo que hacía, si me dolía, etc. Admito que eso me excitó mucho, pero llego un momento en el que esa excitación se convirtió en aburrimiento y angustia; aun así trataba de disfrutar lo más que podía, incluso llegue a disimular para que ella se sintiera bien. Me dejó de hacer el sexo oral y me dijo: “Me encanta eso, te juro que me gustó mucho, pero estoy con mucha vergüenza, dame tiempo porfa.” Yo no quise insistir entonces y seguimos con el coito (pero esa es otra historia). Ahora, continuando con la conversación por mensaje, ella respondió:

Ella: ya veremos lo que pasará ;)

Viendo que ella no reaccionó como lo acostumbrado, supuse que ella también estaba muy deseosa de volver a tenerme en la cama, entonces aproveche la oportunidad y continué:

Yo: Estás solita mi amor? :)
Ella: Por qué esa pregunta mi amor? Eres un picarón :) y sí, estoy sola.

Se extrañó por mi pregunta porque apenas dos veces le habré preguntado eso. Pero me sorprendió que me haya dicho picarón, para ella eso debió significar mucha premeditación antes de decírmelo. Pero era evidente; se me adelantó, ella mostró que estaba caliente y empezó a excitarme nuevamente. Entonces, sin más preámbulo, le dije:

Yo: Porque quiero hacerte el amor por este medio ;)

Ella respondió rápido, así:

Ella: Me parece interesante ;)

Noté que ella estaba con curiosidad, estaba excitada también, y para aumentar su calentura le dije:

Yo: Pero primero prométeme algo.

No continué con el qué en ese mismo mensaje porque estaba probando si ella estaba dispuesta a más, sin vergüenzas ni tapujos. Y me respondió:

Ella: Qué mi amor? :)

Me dio luz verde y le dije, muy caliente:

Yo: Quiero que todo lo que te diga te lo imagines y que te toques, te masturbes; para eso no me respondas, solo disfrútalo ;)

Ya se imaginarán que para mí decirle eso significo un paso muy importante; aunque ella se mostraba excitada, temía que mi vulgaridad le apague la calentura. Entonces, para mi sorpresa, ella nuevamente me mostró que estaba muy excitada y dispuesta a seguir con el sexo virtual, cuando me dijo:
Ella: Te lo prometo mi vida, hazme el amor! :-*

Mi pene estaba bien erecto. Haber dado ese paso significó mucho para mí; hice casi de todo en esta vida de placeres, pero hacer que una chica inocente empiece a abrir sus alas, es algo muy celestial. Entonces continué, al principio con cautela y romanticismo:

(Mensajes enviados por mí)

Es un día común por la noche…

Imagina que tu habitación está casi oscura, con apenas el reflejo del televisor encendido. Tú tendida en la cama, muy cansada pero sin poder conciliar el sueño…

Estás intrigada porque en todo el día no hablaste conmigo…

En medio de pensamientos casuales, escuchas que estoy entrando a tu habitación…

Tienes ganas de mirar pero tu cansancio no te lo permite, sientes como si estuvieras soñando, aún con los ojos cerrados…

Me acerco al televisor y aumento el volumen; escuchas que es música instrumental suave; música que te inspira tranquilidad…

Sientes que me acerco a ti, lentamente, como si no quisiera despertarte…

Sientes que te acaricio el pelo y disfrutas de esa sensación; yo mirándote…

Después, sientes que mi mano acaricia tus senos que están cubiertos con una sábana ligera…

Por un momento no escuchas nada, como si me hubiera quedado mirándote simplemente…

Pero de repente, escuchas el sonido de mi bragueta abriéndose; no estás segura de lo que es, pero sigues atenta, aunque poco consciente…

Sientes que algo toca tu mejilla y empieza a masajearte, empiezas a excitarte y prefieres mantener los ojos cerrados…

Ahora sientes que te humedezco un poco, y esa sensación de cosquilleo pasa a tus labios…

La música que proviene del televisor ahora inspira seducción, erotismo…

Sientes que algo está contorneando tus labios y te los deja húmedos…

Aunque ahora estás más consciente, simulas seguir dormida…

Sientes que hago más presión en tu boca, como queriendo penetrarte…

Tú, instintivamente, sacas un poco la lengua para probar la humedad y sin tardanza sientes que te introduzco un poco el pene…

Lo sientes bien erecto y empiezas a lamerlo, empiezas a excitarte más, tu vagina está mojadita. Sientes que mi pene está salado, pero te gusta mmm…

Empiezas a chuparlo y a meterlo más, abres momentáneamente los ojos para ver mi verga dentro de tu boca…

Sientes cómo mi pene crece aún más y bota líquidos preseminales, tú te acaricias la vagina y sientes como te ayudo con mis manos en tu cabeza…

Estás con ganas de que te penetre, y sientes cómo retiro mi pene de tu boca y retiro la sábana de tu cuerpo…

Te doy la vuelta y quedas con la espalda hacia mí, sientes cómo me pongo encima de ti, empiezo a besarte el cuello, la espalda…

Son besos apasionados y sientes como mi lengua pasa por tu piel…

Agarro mi pene con la mano y empiezo a sobarte las nalgas, estás tan excitada que sientes mucha humedad, sientes mis líquidos escurriéndose entre tus nalgas…

Mis manos pasan a agarrarte los senos, los sobo con poca presión y rápido, agarro tus pezones y sientes como mis dedos juguetean con ellos…

Mi pene está frotando tu vagina, frotando tu ano que también está muy húmedo, sientes el tronco de mi pene rozarte con fuerza…

De repente, sientes que la punta de mi pene está entrando a tu vagina, presiono un poco y gimes de placer, sentiste dolor, pero se transformó en placer…

Introduzco mi pene un poco más y sientes que está muy duro, muy erecto, me muevo lentamente y escuchas cómo gimo de placer…

Me acomodo mejor, quiero metértelo más y sientes una fuerte penetración, una que te hizo gemir más fuerte…

Sientes cómo aumento la intensidad y me muevo hacia los costados, mmm, como queriendo sacarlo pero aun entra más y lo sientes más…

Te tocas el clítoris con intensidad y sientes que mis manos vuelven a agarrarte los senos, esta vez con más fuerza…

Tu gimiendo aún más empapas mi pene con tus jugos vaginales y yo muy excitado saco mi pene de tu vagina, te doy la vuelta y me acerco a besarte la boca con mucha lujuria…

De repente acerco mi pene a tu rostro y me lo empiezas a lamer…

Metes parte de mi pene en tu boca y vuelves a masturbarte mientras yo estimulo tus pezones…

Sientes que mi pene bombea, como un músculo que hace contracción y de repente sientes cómo hago chorrear abundante semen…

Tú muerdes mi pene, mientras tragas el semen, y sientes como se escurre por tus mejillas lo demás…

Retiro mi pene semierecto de tu boca y ves que sigue saliendo semen, tú te masturbas con más intensidad…

Lo lames, lo chupas un poco más y sientes que te corres de nuevo, orgasmos en cadena que se apoderan de tu cuerpo y te hacen gemir como si estuvieras poseída… así quiero que termines amor, me avisas cuando te corras.

Eso fue lo que le dije al final y yo estaba con el pene muy erecto, empecé a masturbarme y de tanta excitación no podía correrme, sentí como si ya lo hubiera hecho en el transcurso del sexo por mensaje, pero seguí hasta que me llegó un mensaje a mi celular:

Ella: :-O Me corrí amor! Me corrí tanto que estoy loca!

Eso me excitó mucho más y también me corrí, el semen que salió de mi pene era abundante realmente, muy espeso, muy viscoso y estaba sumergido en un orgasmo muy profundo. Ella me mandó otro mensaje, uno que me hizo ver que seguía muy excitada:

Ella: te corriste mi vida? Manchaste toda tu cama? Eso me excita ;)

Yo estaba contento por lo que ella me decía, y mi pene de tanta excitación seguía erecto. Entonces con mucha lujuria le dije:

Yo: Si mi amor, toda mi cama está mojada y tengo aún semen en mis manos, huele a sexo, cómo quisiera que lo pruebes ahora.
Ella: mi amor, que excitante! Ya quiero estar contigo ahora mismo!
Yo: ya lo haremos mi princesa, ya quiero que me lamas el pene ;)
Ella: Te lo chuparé amor! Lo haré con mucha pasión :-*

Yo estaba tan emocionado que no quería arruinar el momento, entonces, aprovechando que era ya muy tarde, le dije:

Yo: Mi bella, me tienes adicto a ti, quisiera que veas cómo mi pene está esperando tu sexo.

Antes de que responda, rápidamente le mandé otro mensaje:

Yo: Por ahora nos dormiremos mi bella, quiero dormirme hasta que regreses para no esperarte tanto. Estuvo genial! :-*
Ella: TE AMO UN MONTÓN mi príncipe, me encantó correrme con tus mensajes, buenas noches mi amor :-*
Yo: :-*

Se imaginarán lo excitado que estaba para entonces, más aun sabiendo que ahora ella está dispuesta a chuparme la verga. Ya quiero que llegue ese día, quiero que se empape de tanto semen que eyacularé.

George el Sátiro, desde Bolivia.

Me gusta / No me gusta

el enamorado de mi amiga

mi nombre es luis tengo 20 años, 1.75 m contextura normal ojos marrones, cabello oscuro. siempre me considere heterosexual aunque hubo veces que mi curiosidad se hechaba a volar pero lo que les contare paso exactamanete ayer en la madrugada con el enamorado de una amiga evitare decir nombres solo mencionare lo mas importante. como les decia esta historia paso de la manera menos pensable para mi, nunca pense tener una aventura asi y mucho menos con esa persona.

el dia anterior a lo sucedido habia estado en la fiesta de cumpleaños de mi amiga  terminado la fiesta, eran las 3 de la mañana ya habia dejado a mi enamorada en su casa, y volvi a casa de mi amiga con mi hermano menor y encontramos a mi amiga, manuel que para ese entonces estaba algo picadito, y la cumpleañera. nos quedamos a dormir en la casa de la fiesta. mis dos amigas se quedaron en una cama, mi hermano durmio solo, y manuel y yo nos quedamos en otra. era cuestion de las 4 y ya estabamos todos acostados tanto manuel como yo dormiamos en truza nos parecio normal, pasado un rato ya me habia quedado dormido,  el ruido de una bombarda me habia levantado fue entonces cuado me di cuenta de que nuetras piernas estaban cruzadas y una de mis manos estaba sobre su truza blanca la escena me parecio algo extraña aunque perturbadoramente exitante iba a quitar la mano cuando siento que el empeso ha moverse, era un movimiento
pelvico, era como si se estuviera cogiendo mi mano, pense que estaba dormido pero seguia moviendose asi que lentamente y sin levantarlo hice un moviemto y me di la vuelta fingiendo permanecer aun dormido, quede mirando hacia la otra cama donde dormian mis amigas, y me dispuse a dormir minutos despues siento que manuel gira y se pone de lado justo detras mio, empezo a junta su pelvis a la mia me quede sorprendido en ese momento pense que estab dormido aun asi que no dije nada luego siento una mano en mi espalda y baja hasta mi truza y lentamente me la empieza a bajar y asoma la punta de su pene a mi esfinter, no sabia que hacer si voltear y preguntar que es lo que pasa o dejar que siguiera para ver hasta donde llegaba, parece ser que la curiosidad fue mas fuerte y asi que fingi seguir dormido; luego empezo a empujar hasta lograr que la cabeza de su pene
ingresara en ese momento senti algo de miedo y algo de dolor pues nunca habia sido penetrado hasta ese momento asi que hice un movimiento como para que piense que me estaba levantando entonces se sube la truza y se voltea aparentando que despertaba yo me hago el sorprendido por encontrarme con la truza abajo le doy empujon esperando respuesta pero se hace el dormido me hago el desentendido y me volteo de nuevo a “dormir” pasado un momento siento la mano de nuvo pero esta vez fue un movimiento mas rapido y sin demorar ya tenia su pene dentro de mi y empujo hasta lograr introducirlo por completo, luego empezo el movimiento fue ai cuando puse mi mano en mi espalda tocandolo para
que se diera cuenta que lo habia descubierto el retrocedio y finguio estar dormido como si nada. habian pasado muchas cosas como para dejarlas asi y la exitacion fue mas grande y no me importo que mis amigas estaban al otro lado le tome el pene y lo empeze a frotar por encima de la truza y me empeze a tocar yo tambien luego me die la vuelta y le di al espalda, el se acerco y empezo a penetrarme pase una mano por entre mis piernas para poder comprovar que haya ingresado todo  fue cuando senti un liquido entre mis piernas, al principio pense que era saliba pero despues me di cuenta que era sangre, me habia desgarrado el esfinter pero no habia sentido dolor alguno pues soy tolerante al dolor, el empezo a moverse y puso una de sus manos en mi pecho frotando y recorriendo todo mi torso, luego se emposo en mi bulto lo toco aunque con un poco de verguensa, asi siguio hasta  que sonaron los celulares, pense son las 5 am quien mierda llama a esa hora, era el enamorado de mi amiga que llamaba para saber como estaba, eso corto el momento “especial” hheheehe fingui que despertaba y le dije a mi amiga quien interrumpia luego la mande a dormir para poder seguir entretenido, cuando estuve seguro de que volvia a dormir, felizmente tiene sueño profundo, me voltee y me quede mirandolo prendi la luz de mi celular para poder verlo por debajo de las frazadas, aun estaba empalmado se notaba por encima de su truza el puso su mano en mi rostro y paso su pulgar por mi boca, la cual no dude en abrir, introdujo su dedo en mi boca y lo empezo a mover lentamente metiendolo y sacandolo entoncesr,luego el levanto su pelvis como insinuando que se lo chupara yo accedi estaba demaciado caliente para negarme, tenia la punta de su pene enmi boca y el  empuja mi cabeza para introducirla completa en mi boca, senti que me atoraba pero no me importo, estuve asi un momento, luego me acomode dandole la espalda una vez mas empezo a penetrarme esta vez mas fuerte empujaba conmas fuerza sentia un dolor tremendo aunque me aguantaba gritar, pense tendre tiempo de quejarme luego asi estuvimos hasta que sono la alarma del
celular de mi amiga asi que nos acomodamos como si nada hubiese pasado el volvio a hacerse el dormido, fue ai donde recivi una llamada de mipadre diciendo que regrese a casa temprano le dije que ya subiriamos en un momento yo levante a mi hermano para ir a la  casa pues ya eran las 6:15.
aun que al principio me dio la impresion de que el tampoco habia hecho algo parecido,  termine dudando que esa no era la primera vez que estuvo con un hombre, aun no lo se,  ni estoy seguro de eso no he conversado de esto con el aunque tampoco no podria quiero dejarlo como  que fue que ambos habiamos tomado y no estabamos concientes de ello, a eso le agregamos la calentura de ambos. solo se que no volvera a pasar y quedara como un recuerdo. si les gusto el relato pues comenten siempre me ha gustado redactar y hes la primera vez que lo hago, perdonen mi falta de gramatica lo escribi hoy en la madrugada con mucho sueño.

Me gusta / No me gusta

Candela

Mis ojos y mi cara también estaban reflejando toda la lujuria que sentía en ese momento, los orgasmos ya no los podía contener y las piernas cada vez me temblaban más y con más desenfado, el camisolín lo tenía ya levantado hasta el cuello, mi cuerpo ardía, ya estaba a punto de clavármela, estaba casi bajándose los pantalones cuando de pronto sonó el teléfono.

Mi nombre es Candela, tengo mis adorables 27 años, vivo en una zona residencial de Buenos Aires, soy casada, contadora pública de profesión, recibida en la universidad de Buenos Aires, hace ya cuatro años y trabajo en una compañía donde pude desarrollar mi especialidad cosa que me fascina. A pesar que las descripciones personales las detesto, debo decir que soy bastante atractiva… Rubia natural, mido 1,70 y las formas de mi cuerpo tienen el equilibrio justo que los hombres aprecian, situación que me halaga muchísimo dado que es súper atractivo que a una la miren y en más de una le digan cosas… A veces medio zarpadas… ¡Eso me excita!

Mi inquietud por escribir a éste medio es el de poder transmitir todo lo que siento desde mi sexualidad, dado que por un lado soy muy recatada y pudorosa, pero por el otro me doy cuenta que hay infinidad de hechos que me excitan sobremanera, que me ponen loquísima y con nadie puedo exteriorizarlos. Menos con mi marido que es un tipo re serio y además súper celoso… Me re cuida… y aparte me di cuenta que con los maridos no se puede ser frontal…

Lamento mucho si no soy súper expresiva, por la lectura que he efectuado de otros narradores, observo que se explayan en dichos re obscenos, calentando excesivamente sus mentes y la de los lectores, hecho que sin duda a muchos les puede gustar, pero en mi caso particular, tal vez por la educación que he recibido, no voy a poder ser tan expresiva… aunque me encantaría… Sin embargo debo confesar que los hombres me encantan… Esto dicho así suena casi natural, porque si soy mujer, ¿qué tiene de anormal que me gusten los hombres?, pero lo anormal, al menos desde mi óptica, es que me gustan todos y fantaseo con ellos de una manera que en más de una oportunidad me asusta…

El deseo erótico que pongo en mis fantasías es tremendo… Mi mente vuela de tal forma que llego al orgasmo desenfrenado, como si me estuvieran taladrando… Cuando digo que me gustan todos los hombres es así como lo digo… ¡Todos! Desde un obrero en la construcción, con las manos bien ajadas y la piel áspera provocada por la dureza de su trabajo, hasta el peinador medio trolo y súper perfumadito, con quien me esforzaría para tratar de hacerle cambiar su forma de pensar respecto al sexo. Hace unos días atrás estuve al borde de convertir mis fantasías eróticas en absoluta realidad y seguramente cuando lean ésta confesión, ya haya “pisado el palito”.

El hecho es que el encargado del edificio donde vivimos está refuerte… Me mira con unas ganas tremendas y ello ha motivado, en más de una oportunidad que haya tenido que llegar a la masturbación plena… Siempre me encantó que me miren y que me digan cosas zarpadas, pero nunca logré entregarme a otro hombre… Al menos hasta ahora… Pero como decía, hace unos días se rompió un caño de agua en nuestro departamento y a la mañana temprano nos tocan el interno para avisarnos que iban a reparar la perdida… Mi esposo, que recién se estaba terminando de duchar, les dice a los señores que esperen una media hora más y que cuando suban lo hagan en compañía del encargado.

Cuando mi esposo se fue a trabajar, subieron dos plomeros acompañados, como mi propio esposo había pedido, con el señor encargado… Eran las 9 de la mañana y yo estaba todavía semi dormida, por supuesto que estaba sólo con el camisón así que pensé en cambiarme, pero mi mente guarra empezó ya no sólo a fantasear, sino a pensar en una oportunidad para dar un pasito más jugado… No sé cómo hice, pero les abrí la puerta así como estaba… Camisolín por encima de la rodilla, bastante cortito y nada más… ¡Nada eh! Ni siquiera sandalias… Los dos plomeros me clavaron la mirada como era de suponer y el pobre Mariano, así se llama el encargado, se sonrojó un poco, porque como es obvio, se quedó cortado…

Yo estaba casi en bolas, porque el camisolín es medio traslúcido y como dije antes, mis formas son bastante bien contorneadas, pero pasé el trance diciéndoles que pensé que era mi esposo que se había olvidado algo, así que luego de pedirles disculpas por el desorden y por la manera mía de atenderlos, los hice pasar…. Interiormente estaba excitadísima, sentía un fuego que me corría por las venas, dado que nunca había estado ante tres hombres casi en pelotas, moviéndome de un lado al otro y exhibiendo todo mi erotismo… Verme en esa situación, en la que jamás había estado antes, semi desnuda ante tres hombres y encima mostrándome, me llevó a sentir una calentura especialísima, súper erótica…

Los plomeros se fueron a trabajar al baño, donde se originaba la perdida, pobrecitos estaban atónitos… y Mariano me dijo que ya se retiraría dado que los hombres ya se encontraban trabajando, pero le pedí que se quedara un poquito porque mi esposo es muy temeroso con la gente extraña que puede estar en casa, sobre todo cuando él no está… Entonces Mariano se quedó… Yo no podía disimular mi excitación… mi voz se entrecortaba y las piernas me temblaban… fuimos para la cocina, me puse una bata, pero intencionalmente la dejé toda abierta en el frente… ¡Los dos estábamos a mil! Se le notaba en su cara, en sus ojos… me miraba las tetas y mis pezones por debajo del camisolín cada vez se endurecían más…

Me recorría todo mi cuerpito con la mirada y toda su expresión denotaba un deseo feroz de poseerme… pude notar, cosa que me derritió, como se le había desarrollado el bulto en el pantalón… Lo miré dos veces, bajando la mirada y él se dio cuenta, así que ya no había más nada que hacer… No se podía disimular más… supongo que mis ojos y mi cara también estarían reflejando toda la lujuria que sentía en ese momento… los orgasmos ya no los podía contener y las piernas cada vez me temblaban más y con más desenfado, el camisolín lo tenía ya levantado hasta el cuello, mi cuerpo ardía… ya estaba a punto de clavármela, estaba casi bajándose los pantalones cuando de pronto sonó el teléfono y fue el detonante para que todo termine allí…

El sonido del teléfono fue como la alarma que a ambos nos hizo frenar a algo que estaba ya cantado iba a suceder… Fue una locura… durante varios días me costó mirar y atender a mi esposo, pero ahora estoy mucho mejor… Cada vez que bajo trato de no cruzarme con Mariano, aunque lo deseo tanto… No puedo dejar de olvidar lo excitante que fue sentir su miembro inflamado, duro, gigante y caliente… Necesitaba desahogarme y éste medio lo ha logrado, tal vez me ayude a entregarme con mayor facilidad y responder más a mis instintos que a mi hipócrita actitud de contener algo que está claramente demostrado que me pone loca, que me hace vibrar, que tal vez ya no pueda contener…

Es cuestión de días, o tal vez de horas, no puedo resistir a la tentación de entregarme a ése hombre. Lo que más me atemoriza y atormenta es que estoy totalmente segura que cuando lo haga ya no me va a costar entregarme a otros, corriendo el grave peligro de convertirme en una putona cualquiera…

Me quedo esperando a quien me quiera aconsejar… miles de besitos… los adoro.

Autora: Candela

Me gusta / No me gusta

Me convertí en una mujer alocada y libre

Empezó a chuparme delicadamente mi clítoris, abrí mis piernas para que su lengua penetrara más fácilmente, él siguió lamiendo, pero al mismo tiempo subiendo las manos por debajo de mi blusa, desabrochó el brassier y comenzó a masajear mis senos, yo ya estaba de a mil, se me olvidó mi marido, mis hijos, mis penas, mis inhibiciones, todo, sólo quería una cosa, tener dentro su pene.

Hola amigos esta es mi historia, es verídica, pero pueden creerla o no, sólo cambio los nombres para darme un poco de tranquilidad, porque mi esposo, algunas veces lee las historias y el es un cornudo, pero no se ha dado cuenta y no quiero que se dé cuenta porque así vivo muy feliz, en mi casa, con mis hijos, mi vida real y también mi vida secreta, siendo libre y feliz, sin dañar a nadie y sin que nadie salga lastimado.

Soy una mujer de 43 años, mido 1.63 cms. más tacones, tengo buen cuerpo, un poco llenita, la gente me dice que soy guapa y si lo creo porque cuando voy por la calle, siempre me voltean a ver, tengo tres hijos. Yo creía que era una mujer tímida, pero me di cuenta que no, después lo entenderán si siguen leyendo. Sufro de depresiones desde hace 10 años y desde hace nueve voy con Adolfo, un doctor que me veía, ayudaba y supervisaba para salir de las mismas depresiones, soy católica y creía que mis convicciones de monógama estaban firmemente arraigadas. Sí volteaba a ver a los hombres guapos, pero hasta ahí, no me hacía fantasías en la mente ni mucho menos trataba de hacerlas realidad.

A raíz de estas depresiones tomo algunos medicamentos que hacían que algunas veces cambiara mi estado de ánimo, por lo que algunos días estoy muy contenta, pero también me ponen algo, como les explicaré, algo caliente, pero me daba pena decirle a mi marido, que me compensara y si era mucha la urgencia pues me masturbaba con la mano o con algunos de los juguetes que me ha regalado mi esposo aunque algunas veces sólo eran ayudas, pero no quedaba contenta. Bueno pues, entremos de lleno a mi historia, esto pasó hace unos seis meses, estaba yendo a la terapia porque había pasado una crisis muy fuerte de depresión y esto nos había separado un poco a mi esposo y a mí, al aumentar los medicamentos pues también aumentaron mis calenturas y tenía que masturbarme a diario y algunos días más de una vez, aparte de tener relaciones con mi esposo más frecuentemente.

Mi marido era el hombre más feliz del mundo, creo, porque me decía que qué me pasaba y qué bueno que yo por primera vez tomaba la iniciativa para tener relaciones sexuales, intentábamos posturas diferentes que yo no había querido probar, ya no era virgen por ningún lado porque mi esposo ya se había encargado de estrenarme. Quiero mencionar que aunque él cree que sólo había tenido relaciones con él, con mis novios anteriores a mi marido había tenido sexo oral, y generalmente yo era la que les mamaba el pene en los coches porque me daba pena ir a un hotel y mucho más en algún otro lugar por lo que buscábamos calles sin mucha iluminación o sin mucho tránsito y me bajaba a chupar, lo único que en esa época nunca me gustó fue tener que tragarme su semen, casi siempre lo escupía en un kleenex (pañuelo desechable).

Pero ya volví a desviarme de la historia original; un día me tocó ir con Adolfo, mi doctor, a la consulta habitual, y yo había amanecido muy caliente, mi esposo, como de costumbre no me hizo caso de quedarse a apagarla porque según él tenía una cita importante en su oficina y aunque me masturbé no pude llegar plenamente (soy multi-orgásmica), bueno pues el caso es que tenía mi cita a las cuatro de la tarde en el Pedregal y como vivo en la zona de Polanco, el tráfico de esta “maravillosa” ciudad, me obliga a salir de mi casa con una hora de antelación, lo que pasó fue que ese día llegué con 20 minutos de anticipación y curiosamente para Adolfo no era su primera cita sino la última antes de comer y como no llegó la cita anterior quería salir a comer temprano porque su siguiente paciente era hasta las siete de la tarde.

Hasta aquí todo era normal como siempre, pasé a su consultorio me senté y comenzó la consulta, el siempre estaba en un sillón sentado enfrente de mí y yo estaba en un sofá con una mesa como de sala entre los dos, le hablé de mis estados de ánimo, de mis peleas con el marido y finalmente le dije que últimamente había tenido un apetito sexual desmedido y que como de mi marido estaba un poco alejada, pues sólo podía desfogarme masturbándome y quería ver cómo podía Adolfo ayudarme en ese aspecto, claro yo me refería a un cambio de medicinas o una disminución de dosis para quitarme esas calenturas, pero él en cambio me dijo: no te preocupes ven conmigo.

Le pregunté que si platicar con él me ayudaría a quitarme las calenturas, pero él me dijo: mira Mónica tú me acabas de decir que has estado muy caliente, que hoy te masturbaste, pero que eso sólo aumentó tu calentura, si pasas de este lado yo te digo como te quitas la calentura, le dije que si estaba loco y él me respondió: tú quieres una solución, yo te la voy a enseñar, pero necesito que te acerques si yo voy hacia ti lo vas a ver como una agresión a ti y mi ética me lo impide, esto es voluntario si tú vienes de este lado de la mesa te enseño como, sino seguimos con la sesión y tan campantes como siempre, le dije que era mejor continuar con la sesión, pero entonces me empecé a fijar que ya no podía sentarse con las piernas cruzadas y que en medio de esas piernas tenía un tremendo paquete que luchaba por salir de la opresión, seguimos platicando y casi al terminar la sesión que generalmente dura entre 30 y 40 minutos, la recepcionista avisó por el intercomunicador, que como ya íbamos a salir y si Adolfo no disponía de otra cosa, se iba a comer y regresaba a las seis treinta de la tarde, Adolfo le preguntó que dónde comería porque lo más probable es que la alcanzara en unos diez minutos.

Seguimos platicando y cinco minutos después me volvió a decir: bueno Mónica nos vemos en quince días, si todavía sigues con esos impulsos háblame al radio localizador, yo estaba francamente caliente y al ver su paquete me decidí y fui junto a él y le dije: mira mejor enséñame como quitarme esta calentura y respondió: voltéate, dame la espalda y cierra tus ojos. Yo me di la vuelta, cerré los ojos y él empezó tocándome la cabeza y deslizando sus manos por el cuello, me dijo relájate, después me pasó la manos por los hombros, los masajeó, continuó con los brazos, siguió en la espalda y después las piernas (me gusta usar falda sin medias), siempre masajeando, esto en lugar de bajar mi temperatura obviamente la había aumentado (cuando sus manos empezaron a subir subió la falda hasta mi cintura, para ese momento yo ya quería que me cogiera, quería agarrar su pene y chuparlo, él dijo tu tranquila, después me quitó el bikini que uso y procedió a masturbarme con su mano.

Me dio la vuelta empezó a chuparme delicadamente todo mi clítoris, yo abrí mis piernas para que su lengua penetrara más fácilmente, él siguió lamiendo, pero al mismo tiempo subiendo las manos por debajo de mi blusa, desabrochó el brassier y comenzó a masajear mis senos, yo ya estaba de a mil, se me olvidó mi marido, mis hijos, mis papás, mis penas, mis inhibiciones, todo, sólo quería una cosa, tener dentro su pene, no pude contenerme más, lo separé de mí, me quité toda la ropa, sólo me quedé con mis zapatos, le abrí su pantalón, saqué su pene que era más grande que el de mi marido, pero sin ser tan grande como el de mis juguetes, tenía buen sabor, me pidió: no lo chupes mucho que estoy muy excitado y te lo quiero meter, siempre me has gustado, y ahí me hizo suya. Después nos cambiamos, pasé a su baño privado a retocar mi maquillaje -no uso mucho- peinarme y arreglarme; me perfumé y limpié y Salí con un sentimiento de satisfacción y no de culpa como yo habría creído antes.

Tuve que esconderme en el vestíbulo del edificio para no toparme con la secretaria de Adolfo. La llegada tarde a mi casa se la achaqué al exceso de tráfico y a las muchas citas antes de mí y por supuesto mi marido me creyó. Regresé a los 15 días a mi cita habitual y la secretaria me preguntó cuánto tiempo más habíamos tardando, creyendo ver cierta envidia y duda en sus ojos, le respondí que 15 ó 20 minutos, después que ella se había marchado, que era lo que acordamos decir Adolfo y yo, preguntándole el porqué y contestó que Adolfo no había comido con ella ese día, pues se quedó a arreglar unos expedientes que tenía atrasados, lo que le pareció muy extraño; pero como yo respondí rápidamente lo que acordamos, ella se quedó muy tranquila.

Entré con Adolfo a esa cita, otra vez iba caliente, pero no tanto como la anterior, él preguntó cómo andas, yo sólo le dije bien, cerré la puerta, me hinqué, le abrí el pantalón, le saqué el pene y se lo mamé, después de que se vino-cosa que no me costó trabajo porque creo él estaba esperando ese día- y de que me tragué todo el semen-que antes alucinaba y ahora me gusta-sólo me levanté la falda-ya me había quitado el bikini en el baño de los consultorios-y le dije: “ahora te toca a ti cumplirme papacito” y él obedientemente me hizo un tremendo favor con su lengua y dedos, cuando terminó, me dijo: “por favor háblame mañana”.

Y desde ese día ya no voy al sur, él viene a verme todos los lunes en la mañana, desayunamos en Santa Fe y luego nos tomamos toda la mañana en un hotel cercano teniendo sexo, sexo y más sexo, lo único malo fue que tuve que cambiar de doctor porque Adolfo ya no podía recetarme, sólo quiere hacer el amor conmigo. Además aún sin tomar medicinas sigo siendo una caliente y no pueden pasar más de tres días sin que necesite un buen bombero que apague, como les diré, bueno apague mi fuego interior.

Además aprendí que casi cualquier hombre es fácilmente manejable y si uno lo busca puedes llevártelos a la cama sin problema, en estos seis meses he tenido relaciones aparte de con Adolfo y mi marido, con más de diez hombres, entre ellos mi cuñado (el esposo de mi hermana), un amigo de mi marido y uno o dos conocidos del club al que asistimos y si no voy de cacería a algún centro comercial o algún restaurante, sin embargo esas historias no las puedo contar por el momento, porque sólo esta me dejó un recuerdo tan vivido y feliz, las demás sólo son apaga fuegos para mi calentura.

Autor: isareynavn

Me gusta / No me gusta

Sexo con Marianita I

No aguanté más. Creo que si se la hubiese dado a chupar, de la calentura se la comía. Pero era demasiado para la primera cita. Y era más por morbo que por gusto. Además mis huevos no podían más. Y cuando sentí que su culo se contraía de la acabada de su concha, se lo llené con cuatro lechazos que volaron a lo profundo de su estómago.

Esto que les voy a contar pasó hace tres años. Entonces yo salía con una pendeja de 18, reputa. Mariana se llama. Yo tenía 29. Y ella de virginal no tenía nada. Había debutado a los 12 con un tipo de 30, y desde entonces se había volteado a medio mundo. Tanto que la vieja (los padres están separados, la madre vive en Miami, el viejo en Córdoba), la mandó a vivir con el viejo a los 16, harta de que la pendeja hiciera cualquier cosa.

No duró mucho con el viejo tampoco, se putearon y se fue a vivir con la hermana (Caro) que tenía un depto. en Buenos Aires. Así la conocí yo, viviendo con la hermana digo. La pendeja había dejado el colegio y laburaba de promotora. No es alta pero está muy buena. Tiene el culo como el de Pampita y las tetas hechas (a lo 15), y una cara de puta que se cae.

La empresa en la que laburo la había contratado –el que la había tomado era yo- para hacer unos laburos de promoción. Yo no soy Brad Pitt, ni tengo la pija de Rocco, pero tengo mi facha y el pedazo acompañan. Además tengo buen humor y entro rápido. La cosa es que, no se si por la diferencia de edad a mi favor o qué, pero la nena vino de una al pie (había otras de sus compañeras que me tiraban onda y supongo que eso también influyó… las mujeres son competitivas). Salimos, y en la primer salida, después de una apretada fenomenal en el auto, y un pete que me dio la pauta de que la pendeja era experimentada, terminamos en el hotel.

Debo decir que mi debilidad son los culos, y el de ella es realmente un 10. Cero celulitis, granitos, nada, y además paradito. Increíble. O sea, desde que entramos en la habitación del hotel (telo) que pensé en culeármela. Aunque no estaba seguro de que me fuese a dejar. Para hacer mérito, y compensarla por el pete del auto, le pegué una chupada de concha esmeradísima, que la dejó chorreante. Mi pija ya estaba re dura, pero yo no se la quería meter porque estaba seguro que iba a acabar al toque, y quería seguir chupando para hacerla acabar, para que al final se me hiciese más fácil pedirle el ojete.

Ella me quería chupar la pija así que le propuse hacer un 69. No hizo falta convencerla. En dos segundos se había subido, me había puesto el culo en la cara y la boca en la pija, y chupaba como loca. Mi lengua recorrió esa raja empapada a lo largo y mis ojos enfocaron por primera vez ese ojete. Hermosos. Agarré con las dos manos los cachetes del culo y le pasé la lengua por el orto. Emocionado, la separé el culo un poco más y miré el agujerito que se abría.

Como dije, mi debilidad son los culos, y por ende, he visto muchos. Estaba acostumbrado a salir con pendejas de la edad de ella, que tenían el culito como un asterisco cerrado en el que no entraba ni un alfiler. Con una de bebota de 19 con la que había salido antes, había estado tres meses antes de poder romperle el orto sin llantos. Este no era el caso. Sin trabajo alguno se veía del diámetro de mi meñique. Mi pija se puso más dura mientras pensaba “a ésta me la culeo hoy”. Y le mandé la lengua en el orto. Le encantó. Se separó de mi pija, miró por sobre el hombro, y me dijo:

-¿Te gusta la colita?

Como quedarme callado no es lo mío, la apuré: -Me parece que a este culo le encanta la pija… Por 10 segundos pensé que me había zarpado y que pudría todo, pero ella me contestó: -Comémelo como me comiste adelante y te dejo probarlo. No se cómo no acabé en ese momento. La pija estaba durísima. Respiré hondo, y me tiré a chuparle el culo. Primero a lengüetearle el anillo de cuero, y después a meterle la lengüita en el orto. Hasta que se lo empecé a coger con la lengua. La concha le chorreaba y yo le había mandado dos dedos. Mientras me decía “hijo de puta que bien me chupas”, acabó. A mi me encanta que las minas hablen y ésta después de la acabada, ella se soltó. Y yo también.

-Te chuparía ese ojete divino todo el día. -Ayyy, sí, dale que te acabo otra vez. Meteme un dedito en la cola.

No me hice desear. Le mandé el pulgar, y jugué haciendo círculos para estirarlo.

-Cogémelo, cogéeeeemelo!

Le mandé dos dedos, mientras le pedía que me chupase los huevos. Despacito se los fui metiendo, primero hasta a mitad, y después que se acostumbró, hasta el fondo. En ese momento mis dedos tocaron algo. La puntita de un soretito seguro. No le dije nada a ella, me la quería culear y no quería que le diera vergüenza. Jugué un rato más en ese culo. Ella me seguía chupando los huevos y ya me chorreaba saliva hasta el culo. La hija de puta aprovecho la saliva y con la yema de un dedo me acarició la zona de la próstata y el ojete.

-Qué puta que sos!-¿Te gusta esto?, preguntó, haciéndose la ingenua.-Me encanta, pero ahora no. Te quiero culear ya. -Bueno, pero ponémela despacio, tenés la pija enorme. -¿Te gusta mi pija?

(Ya sé, una pregunta pelotuda)

-Es hermosa.

Le hubiese preguntado en ese momento si se había comido muchas, pero por suerte no lo hice. En cambio le pedí que se pusiera en cuatro al borde de la cama.

-Parame el culo y abrítelo con las dos manos.

Lo hizo.

-Poneme sólo la puntita y dejá que me acostumbre un cacho.

Miré ese ojete abierto, y pensé en clavársela hasta los pelos, pero le hice caso. Agarrándome la chota le punteé la cola y despacito le dejé ir la cabeza. Ella largó un “ay”, pero no se escapó. Se soltó los cachetes del culo y se apoyó en los codos.

-Esperame, Esperame!

Con la pija ya calzada, yo abrí con las manos ese culo divino y miré como el ojete me apretaba la chota. Por primera vez me di cuenta que no había atinado a ponerme forro. “La voy a sacar con caquita en la punta”, pensé. Y empujé despacio.

-Ayyy que pija que tenés! -¿Te gusta turra? -Me duele, pero también me gusta… -Entonces separá un cacho las piernas, ¡y pajeate mientras te rompo el orto!

Le di tiempo para que se frotara el clítoris un par de veces y empecé a cogérmela con los tres o cuatro centímetros de la punta de la chota. Un placer.

-Siiiii, la puntita, la puntita-, gritaba ella.

Entonces empezamos los dos a soltarnos del todo, diciendo lo primero que se nos venía a la cabeza. Era increíble estar culeando así con una mina en la primer salida. Nunca me había pasado.

-¡Como te comés la chota!, que ojete divino, la de pijas que te habrás comido para coger así. -Un montón, pero la tuya me encanta, es de las mejores que probé. Hacémela sentir, metémela toda.

De bronca se la mandé a fondo. Pegó un grito con la garganta tipo “uauuu”. Le revolví los intestinos con la pija adentro.

-Ayyy ¿Qué me hacés?, me encanta, te voy a acabar. Ayyy como tengo la concha de mojada. -Sí, pajeate, acabame con la pija en el orto-, le decía mientras seguía revolviéndole el culo.  Ahí pude sentir que la punta de mi pija espadeaba adentro con algo. El soretito que había tocado antes. Me calenté mal y le empecé a serruchar el culo a lo bestia. La puta estaba a los gritos. Me sentí orgulloso de que los vecinos de cuarto del hotel escucharan. Y la seguí bombeando. Le daba con la punta y después toda. Le daba re fuerte.

-Te voy a dejar el orto bien roto puta. -Sí, rompémelo. Ayyy, acabo. Tomá, tomá!

Su mano le daba al clítoris como loca. Yo me agarré mejor de sus caderas y empecé a descocerle el orto a pijazos.

-Seeeeeeee, seeeeeee

Era todo lo que salía de su boca. Pero de su cola parecía estar saliendo algo más. Me lubricaba la pija con un liquidito blanco y marroncito. Aproveché la lubricación para darle más fuerte. Entonces quise ver que tan sucia estaba la punta y que tan abierto tenía el culo. Se la saqué, el culo se mantenía abierto. La cabeza del a chota estaba algo manchada.

-No me la saques que siento que me cago,- me dijo. -Cagate todo lo que quieras.

Se la puse de una hasta el fondo. Y la saqué. Así dos veces, y me la empecé a culear otra vez. Le agarré los brazos y la sostenía con el torso en el aire, mientras mi pija resbalaba por ese culo maravilloso.

-Ayyy, hijo de puta, me cago, pará, me cago. -Cagámela, no pasa nada. -Ayyy, que puto que sos, me vas a hacer acabar otra vez!

Le solté los brazos, cayó de cara sobre la cama y su mano derecha fue a la entrepierna y se volvió a frotar la concha otra vez.

-¿Querés la leche puta? -Sí, dámela toda, dame la leche. -¿En dónde la querés? -En la cola, en la cola… -¿No la querés en la boquita? -Qué puto que sos, ¿querés que te la chupe? -Sí puta, ¿querés la leche?

-¡Dámela por la cola! ¡Llenámelaaaa!

No aguanté más. Creo que si se la hubiese dado a chupar, de la calentura se la comía. Pero era demasiado para la primera cita. Y era más por morbo que por gusto. Además mis huevos no podían más. Y cuando sentí que su culo se contraía de la acabada de su concha, se lo llené con cuatro lechazos que volaron a lo profundo de su estómago.

Me dejé caer sobre su espalda y la besé toda. Mi pija seguía dura y los cachetes de esa cola paradita lo redaban todo. Le corrí el pelo de la cara y la seguí besando.

-Me encantó, me encantó,- decía ella que seguía temblando. -Tenés la piel de gallina… -Siii, a vos, ¿te gustó? -Dame 15 minutos que te vuelvo a culear. -Noooo, ya me arde el culo mal. Mañana me va a doler. -Bueno, entonces por la conchita. -Sos un calentón,- me dijo. Y después de un par de besos más se la saqué y nos fuimos para el baño.

Autor: Maxi

Me gusta / No me gusta

Exhibicionista cogido por unos vigilantes

Salí solo con mi tanga roja y mi camisa de licra, vi como se le abrieron los ojos al supervisor, le preguntó a mi vigilante que si eso estaba cenando, y le dijo que si, me pregunta el supervisor que le estaba haciendo, sin decir nada le agarré la verga y se la tomé agachándome, mi vigilante se acerca y me empieza a meter un dedo y a chupar las nalgas desenfrenadamente, yo quería algo más de eso.

Hola, tengo 34 años, soy casado hace ya más de 5 años, todo marchaba bien hasta que un día el morbo y la calentura me invadió y volví a retomar lo que hace unos años atrás hacía, exhibirme.

Quiero decirles que soy alto, 1.83, blanco, talla 36, por las nalgas grandes que tengo y redondas y peso 85 kg, me gusta el deporte extremo y el contacto físico, un buen día, solo en casa, mi esposa se había ido a visitar a mi suegra a Guadalajara y me quedé solo, donde la imaginación me corrió por las venas y la calentura estuvo a mil, vivo en una zona hotelera en Nvo Vallarta donde hay prácticamente actividad todo el día y en la noche igual, por la salida de la gente que trabaja en los hoteles.

Ese día viernes, solo por la noche, me decidí a salir a dar la vuelta en mi bicicleta con un short de licra y una tanga roja por debajo y camisa de licra, eran  como las 11pm cuando por uno de los hoteles nuevos  pasé por una calle oscura, que se que da hasta Bucerias, y es una calle solitaria, donde solo hay una caseta de vigilancia, y por lo general un vigilante en ella, como mi bici tenía luz no tuve problema en entrar, pero como quería darle emoción a esto, decidí quitarme mi licra y andar solo en mi tanga por ahí en esa calle oscura.

Cuando a lo lejos veo que llegando a la caseta vi que estaba el vigilante y me puse rápidamente mi licra y seguí hacia donde él estaba, pasé para ver como estaba él físicamente y ver si me atraía la idea de exhibirme o no, mi sorpresa fue encontrar un corpulento vigilante, moreno, de espalda muy ancha, se veía de piernas y nalgas grandes, pero como era de noche no alcancé a ver con gran detalle…

Pasé  y dije buenas noches, pasé desapercibido y de regreso no pude evitar quitarme mi licra y pasar en tanga con el pretexto de que se me había roto el short, pero no veía la forma de pasar por la  caseta  con el temor a que me detuvieran o algo parecido, hasta que sin decir más me animé y llegué directamente a la  caseta  con mi tanga roja, mi bici y mi short en mano, le dije al vigilante que se me había roto, que si me podía prestar algo para cubrirme y llegar a mi casa, a lo que él sorprendido no dejaba de mirarme las nalgas.

Yo por otra parte no hice más que mostrarle mis nalgas y pedirle un poco de ayuda para que me tuviera mi short mientras yo bajaba de mi bolsa de la bici un short extra que traía por cualquier cosa y ponérmelo, lo mejor vino cuando me agaché y le mostré todo sin pudor, yo veía como se tomaba la verga y sin decir nada se acercó a mi por detrás y muy sutilmente me arrimó una verga grande y dura que se sentía por el pantalón.

Inmediatamente empecé a moverme despacio para no asustarlo, cuando muy sutilmente me movió la tanga para un lado y sin decir nada empezó a besarme las nalgas, yo estaba de lo más caliente en ese momento, cuando repentinamente veo unas luces a lo lejos y le notifico,  él se paró me dijo que me pusiera atrás de la  caseta  y que ahora le seguíamos, cosa que hice sin decir nada, y fui para atrás de la  caseta, mi sorpresa y me excitación llegó a más cuando empiezo a escuchar la plática y veo que es el supervisor de él y sin decir nada más se pone a platicar de ondas sexuales, que si no había visto nada, que si no le había tocado algo lindo por ahí y mi vigilante solo decía que no, que estaba muy aburrido pero que si él, o sea su jefe se animaba, podía llamar a un amigo para divertirnos…

El supervisor dijo inmediatamente que si, y yo sin pena alguna salí de atrás solo con mi tanga roja y mi camisa de licra, vi como se le abrieron los ojos al supervisor y como me miraba las nalgas, le dijo a mi vigilante que si eso estaba cenando, y le dijo que si, me pregunta el supervisor, también nada mal parecido, que le estaba haciendo,  sin decir nada le agarré la verga por encima del pantalón y se la tomé sugestivamente, agachándome un poco, mi vigilante se acerca y me empieza a meter un dedo y a chupar las nalgas desenfrenadamente, yo ya quería algo más de eso.

A lo que el supervisor sacó una verga de unos 16cms, muy velluda pero muy cabezona y gruesa,  ni abriendo la boca completa podía meterme de lo grueso,  yo ya me deleitaba con esa verga gorda, mi vigilante sin decir nada se bajó el pantalón y empezó a acercarse más a mi a lo que le pedir que si quería seguir que tomara un condón de mi bolsa de la bici, sin decir nada lo tomó, se lo puso y empezó a metérmela poco a poco, yo ya gritando y pidiéndole que me la metiera todo de una vez, lo hace repentinamente, con un gran empujón hizo que me tragara toda la verga de su jefe.
Estaba en la gloria con esto, un vigilante cogiéndome y un supervisor delante de mi dándome su palo, en no más de un par de minutos me quita la gran verga de la boca y se corre con unos grandes chorros que salieron sin ver donde caían por la poca luz…

Mi vigilante viendo esto se corrió de una manera que no había sentido nunca, con unos chorros calientes que sentía dentro del condón, se sale de mi y yo con una calentura que no podía contener, no dejaba de agarrarles la verga a los dos hasta que el supervisor dijo, pues yo no me voy si no te la meto,  yo estaba  preparado para recibir esa gorda y gruesa verga, lo hizo rápidamente ya que mi esfínter estaba bien dilatado, entró de un solo empujón…

Me pudo bombear no por más de dos minutos cuando me dijo que se iba a correr, yo empecé a jalármela desenfrenadamente y pudimos terminar los dos al mismo tiempo, yo quedé todo mojado por mis propios mecos en mi verga y mi sorpresa fue ver como el vigilante con destreza recogía todo sin pudor y se los untaba en la mano, eso hizo que arrojara unas cuantas gotas más…

Me levanté y me enjuague en una manguera que tenían ahí y ellos hicieron los mismo, no dudaron en darme sus teléfonos por lo cual nos pusimos de acuerdo para vernos otro día, al subirme a la bici volvió a ser imposible por lo adolorido que iba con el culo abierto…

Espero volverlos a ver pronto…

Autor: italiano_pv

Me gusta / No me gusta

El primer orgasmo

Metí una mano bajo su camisa y comencé a acariciarle el vientre. No miento si digo que saltó sobre la cama literalmente. Con los ojos bien abiertos y una respiración casi de asmática, quedó dura. Lentamente, aun asustada, metió su mano por debajo de su pantalón y se tocó la concha. Sacó la mano y estaba empapada, como si la hubiera metido bajo una canilla. La miraba sin poder creer.

Esto sucedió hace ya 15 años: yo tenía 25 y ella 36. Era (es) la hermana de mi mejor amigo, conocida de más de 12 años y con muchísima confianza mutua. Ella separada desde hacía casi 10 años.

Mi amigo abre un café-bar y ella (vamos a llamarla Elsa) lo ayudaba a atender. Como ya dije yo soy muy amigo de ambos y de su familia, así es que a la noche, terminada mis “andanzas” me iba para el bar a tomar algo y a hacerles compañía a quien fuera que le hubiera tocado en suerte quedarse hasta cerrar.

Las bromas de tenor sexual eran muy habituales entre nosotros, pero también las charlas de tono íntimo. Elsa me confesó que, por ser criada por sus padres con aquel concepto de que la mujer sólo cocina, lava, cría a los hijos y satisface todas las demandas de su marido que “es el que trae la plata a casa”, su vida sexual prácticamente no existió. Estaba totalmente convencida que nunca tuvo y nunca tendría un orgasmo. Lo consideraba un mito de sus amigas y conocidas. No sabía lo que era una calentura. Nunca se excitó por una caricia o un beso. En síntesis se consideraba la mujer más fría que podría existir. El sexo no le interesaba ni siquiera como curiosidad.

Una de esas noches de bohemia, charlando nuevamente este tema entre nosotros dos, yo le dije:

– ¡Lo que pasa es que nunca te cogieron bien! – ¿Y que es ser bien cogida? – Y… que te dejen temblando las piernas y con ganas de ¡más! – No. La verdad es que nunca me pasó eso… – Si yo te agarro…- fue mi amenaza. – Ya te dije que no siento nada – fue su respuesta. – Te repito: nunca “supieron” hacerte sentir…

La charla quedó en eso.

Noches después, en tono de broma, surgió nuevamente el tema: esta vez llegó porque me comentó que ella nunca había conocido un hotel alojamiento por horas, que era el lugar que más utilizábamos en esa época para poder coger.

– ¿En serio?- le pregunté. – De verdad – me aseguró ella- Para que iba a gastar plata en un hotel si para mí era lo mismo que me cogieran en cualquier lado: no sentía nada… – Bueno: esta noche, cuando te lleve a tu casa, antes te voy hacer conocer uno- le prometí. – Bueno…- aceptó ella, como una de las tantas jodas divertidas que hacíamos entre nosotros

La cuestión es que ninguno de los dos tenía otra intención que pasara de eso: una diversión, entrar y salir de la cochera del motel en cuestión. Cerramos el bar. Subimos a mi auto y allá partimos, entre risas de las anécdotas provocadas por los parroquianos de esa noche. Al acercarnos al motel, recordé la promesa. Puse el guiño del auto y comencé a doblar, encarando la entrada del motel, entre la risa de ambos. Al estacionar en la cochera que me fuera indicada, paré el motor del auto y le propuse tomarnos el último trago en la habitación, para que ella conociera el interior. Elsa aceptó de buen grado, sobretodo apoyándose en su teoría de que ningún hombre podría hacerle sentir absolutamente nada.

Entramos y luego de pasar varios minutos divirtiéndonos con todas las boludeces, que por lo general tienen estos lugares, nos tiramos en la cama a tomar nuestros tragos y a charlar un rato. Entrando ya en la intimidad le pregunté cuál era su punto G. Ella se sorprendió por la pregunta. No sabía que era y mucho menos que tuviera un punto G. Le expliqué lo mejor que pude que era eso, luego de lo cual a ella no le quedó ningún tipo de dudas: No tenía un punto G, aseguró decididamente.

– Es imposible – dije yo. – Me toquen donde me toquen, no me provoca nada, salvo cosquillas – me dijo. – No lo puedo creer. Cerrá los ojos – le pedí. – ¿Qué querés hacer, loco de mierda? – se asustó ella. – No seas boluda. Confía en mí. Tengo que comprobar que es así.

Elsa cerró lentamente los ojos. Le pedí que se relajara. Que pusiera sus brazos a lo largo de su cuerpo y se relajara. Así lo hizo. Yo me le acerqué a la cara lo más que pude sin tocarla: solo respirándole un poco más fuerte de lo normal, que ella sintiera el aire. En su rostro y en su cuello no sentí que su cuerpo diera ninguna reacción. Por ello seguí con mi exploración. Llegué a sus brazos que estaban desnudos y tampoco pasó nada. Pero al llegar a sus manos sentí que su cuerpo se tensaba todo. Se sentó con tal violencia en la cama que casi me golpea. Estaba desencajada de miedo.

– ¿Que fue eso? – preguntó.

– Ya ves que siempre existe algo que nos dispara los botones. Solo hay que saber buscar… acostate de nuevo. – ¡No!- me dijo asustada en serio. – Acostate que no te voy a hacer nada…

Con mucho recelo y muy lentamente se recostó nuevamente. Le obligué a cerrar los ojos.

Volví a sus hombros y recomencé mi camino hacia las manos. Ya en la altura del antebrazo sentí que comenzaba a tensarse. Al llegar a sus manos las cerró fuertemente en forma de puño. Yo me había sentado sobre sus piernas, así es que, lentamente, comencé a cruzar de un lado de su cuerpo al otro en búsqueda de su otra mano. Al pasar por su vientre hubo otra convulsión: ya teníamos dos lugares: las manos y el vientre Me paré de golpe al pie de la cama y me quedé mirándola. Le soplé los ojos y, sobresaltada, los abrió. Se quedó mirándome con una mueca de real miedo.

– Nunca sentí lo que sentí ahora – me aseguró. – ¿Y que fue? – No estoy muy segura pero era como cosquillas por dentro del vientre.

Yo me convencí que en años de noviazgo y matrimonio, su pareja nunca se detuvo a “jugar” con ella: iba, cogía, acababa y listo. Para que perder tiempo. Por eso ella estaba tan convencida que nunca sentiría nada.

– Bueno… de aquí en más ya es más peligroso el jueguito… ¿Te animas a descubrirte? – le pregunté. – No sé – me dijo – Realmente me da miedo. – OK. Yo empiezo y vos me decís cuando parar… ¿querés?

Luego de dudar bastante, se recostó nuevamente y sola cerró los ojos.

Fui directamente a sus manos. Le obligué a abrirlas y le besé la palma de la mano. El quejido que lanzó me avisó que ya no había barreras. Le empecé a chupar los dedos uno por uno mientras ella forcejeaba para retirarlos de mi boca. Siempre con los ojos cerrados y la boca apretada. Había cruzado sus piernas y veía como las restregaba. Entonces metí una mano bajo su camisa y comencé a acariciarle el vientre. No miento si digo que saltó sobre la cama literalmente. Con los ojos bien abiertos y una respiración casi de asmática, quedó dura. Lentamente, aun asustada, metió su mano por debajo de su pantalón y se tocó la concha. Sacó la mano y estaba empapada, como si la hubiera metido bajo una canilla. La miraba sin poder creer.

– ¿Eso es un orgasmo? – me preguntó. – No tengo ni idea – le dije – ningún orgasmo es similar a otro. Puede serlo. No sé. ¿Querés comprobarlo? Acostate de nuevo.

Ya mucho más relajada se dejó caer de espalda en la cama. Nuevamente me puse a horcajadas sobre sus piernas y volví a acariciarle el vientre y ahora se lo besé, pasándole la lengua desde el corpiño hasta el primer botón del cierre del pantalón. Se retorcía y apretaba fuertemente los labios. Besé sus pezones por sobre el corpiño y luego los busqué con la lengua por debajo de este. Tenía unos pechos pequeños pero unos pezones que, erectos, eran inigualables. Le desprendí el corpiño y comencé a chuparle y morderle, cada vez con más violencia, sus pechos. Ahí tuvo la segunda convulsión fuerte.

(¡Vaya sorpresa para ambos! De creerse toda la vida anorgásmica pasó a saberse multiorgásmica en cuestión de poco tiempo.) Se “desparramó” en la cama. Me recosté a su lado y me quedé allí, acariciándole la cabeza. Cuando se recuperó, me besó largamente y luego recostó su cabeza sobre mi pecho. Tomé su mano nuevamente y le volví a besar su palma. Con agrado sentí que su cuerpo se tensaba nuevamente. Le llevé la mano hacia mi pija que estaba al palo desde el principio. Ella me acarició por arriba del pantalón. Me bajé el cierre y lo dejé libre al fin. Ella lo acarició muy despacio y yo le empujé la cabeza hacia abajo, dándole una clara señal de lo que quería.

Comenzó con suaves besos en la base de mi pija y en mis bolas y poco a poco fue subiendo hasta llegar a la cabeza roja y turgente. Abrió un poquito su boca y me lo besó. Pasó su lengua por toda la cabeza y sentí que su mano comenzaba a apretármelo casi al límite del dolor. Ahí fue cuando abrió bien la boca y se metió toda la pija adentro y me pegó la mejor chupada que me hubieran hecho hasta ese momento. Casi se ahoga con la cantidad de leche que le largué en la boca, pero luego de recuperarse, siguió chupándola con una dulzura y un cuidado que me hizo volver a calentarme…

Si te gustó esta historia, espero tus comentarios.

Autor: sexobseso

Me gusta / No me gusta

Mujer cachonda y poco atendida

Disfruté cada centímetro que me entraba hasta que llegó al fondo y empezó el clásico bombeo el cual me empezó a poner muy excitada, ya que era la primera vez que le era infiel a mi marido, pero en verdad no me estaba costando mucho sobrellevar esta culpa, es más, me excitaba más pensar en eso. Así estuvimos, primero él arriba luego yo, hasta que no aguantó más y se vino dentro de mí.

Hola Amigos…

Después de haber leído los cachondos relatos que me ponen a mil, he decidido probar este genero a ver que les parece mis aventuras. Lo que les voy a contar es verídico y solo cambio los nombres obviamente por mantener la privacidad ya que soy madre de 2 preciosos e inteligentes hijos que no me gustaría que supieran de las calientes andanzas de su madre.

Me llamo Mónica y tengo 40 años. Sin ser una belleza extraordinaria me gusta cuidarme haciendo yoga y comiendo sanamente, soy una mujer termino medio, con bonitas caderas y piernas (es lo que más me ven los hombres) y senos que sin ser muy grandes son agradables a mi porte. Por cuestiones de trabajo mi marido pasa mucho tiempo fuera de casa ya que trabaja para una multinacional, por lo cual siempre me encuentro bastante desatendida en el plano sexual. Por ello he buscado algunas formas alternas (algunas licitas, otras no) de calmar las calenturas que ocasionalmente nos dan a las mujeres. Desde hace 8 años que mi marido trabaja en la empresa le sido infiel varias veces pero siempre muy discreta, ya que debo de cuidar mi imagen ante la sociedad.

La primera vez fue en un viaje placer-trabajo donde invitaron a varios empleados como él, un fin de semana a un hotel finca. Dicho hotel esta en a las afueras de una ciudad cercana a la nuestra, por lo que encargué los niños a los suegros y nos fuimos mi marido y yo.

En la cena de recepción, para mi sorpresa no había muchas esposas, y las pocas que había parecía señoras demasiado almidonadas como establecer algún tipo de plática con ellas. En eso estábamos cuando mi marido me presentó a uno de los principales accionistas de la multinacional y además su mentor, Piero, un solterón italiano muy guapo de 45 años, que era gran amigo de mi esposo.

En el transcurso de la fiesta, Piero le dijo a mi esposo que quería que él y 2 ingenieros más fueran a conocer los avances de la nueva planta ubicada a 60 Km. de donde nos encontráramos. Los llevaría el chofer de Piero al día siguiente. Durante la agradable velada Piero no perdía la oportunidad de mirar con detalle y cierto descaro mis atributos femeninos, eso si cuidando que lo viera mi marido. Me coqueteaba discretamente y me decía muchos piropos agradables, cosa que me empezó a poner cachonda. Como a las 2 de la mañana decidí retirarme con mi esposo el cual estaba ya algo tomado. Nos fuimos a la habitación y yo caliente deseaba tener al menos una breve sección sexual, pero nada el muy cabrón se quedó dormido.

A la mañana siguiente llamaron a las 7 de la mañana que ya lo estaban esperando para irse, con más sueño que conciencia, se levantó, se vistió y se fue diciéndome que regresaría en la noche o el domingo en la mañana. Yo me quedé como muchas otras veces mordiéndome las ganas sentir mi cuerpo explotar de placer, parecía que seria otro día frustración.

Como una hora después llamaron a mi puerta, con la bata a medio cerrar fui a abrir pensando que sería el desayuno, pero cual fue mi sorpresa que era Piero con el carrito del desayuno. Por amabilidad lo invité a pasar diciéndole que era una sorpresa, a lo cual me dijo que “sorprendidos son los dichosos ojos que la ven”, siempre tan caballero Piero. Comenzamos a desayunar y yo la verdad un poco nerviosa porque tenía muchos deseos de tener una relación intima, ahí estaba un hombre guapo el cual además me gustaba, pero me sentía un poco culpable, en fin.

Desayunamos, el tiempo pasó volando charlando con él de diferentes cosas, la familia, los hijos, mi marido y poco a poco el tema se fue haciendo más íntimo. El comprendía mis puntos de vista y parecía casi adivinar lo difícil de mi situación como mujer. Con el paso de los minutos la plática fue derivando en temas más calientes, las relaciones sexuales, la frecuencia de las mismas, la calidad, etc., y él acercándose.

Yo ya muy caliente me dejé llevar cuando inesperadamente me besó en los labios y empezó a acariciar mis brazos, mis piernas, mis senos… cada vez más audaz, hasta que llegó al centro de la pasión, donde primero por encima, pero luego más profundamente, me empezó a poner en las nubes deseando que siguiera y no se detuviera.

Instintivamente busqué con mi mano su miembro bajando la cremallera para encontrarme con un hermoso pene blanco, el cual empecé a manejar con mis manos, me acerqué a su verga y le di un beso, hervía de caliente que estaba, sus venas parecían estallar, lo llevé a mi boca y comencé a mamarla, Piero me tomó la cabeza y la apretó contra sus huevos, sentía en mi garganta el palpitar de esa joya que pronto calmaría mi hambre de sexo…

Ya en estas condiciones no podía resistir mucho más y deseaba imperiosamente que me penetrara, yo tenía cerca de tres meses de no tener relaciones y ardía de deseo, ganas, calentura, placer contenido. Su verga estaba deliciosa y se lo dije…

Me levantó en vuelo en sus brazos y me llevó a la cama en la cual hacía unas horas estuviera durmiendo mi marido conmigo. Me depositó ahí desnudándome lentamente para luego penetrarme con ese magnifico pene. Disfruté cada centímetro que me entraba hasta que llegó al fondo donde se quedó unos segundos, luego empezó el clásico bombeo el cual rápidamente me empezó a poner muy excitada, ya que era la primera vez que le era infiel a mi marido, pero en verdad no me estaba costando mucho sobrellevar esta culpa, es más, me excitaba más pensar en eso.

Así estuvimos un rato, primero él arriba luego yo, luego de perrito, hasta que no aguantó más y se vino dentro de mí.

Estábamos recuperando el aliento cuando sonó el teléfono. Era mi marido que me llamaba para decirme que no llegaría hasta el otro día porque habían decidido hacer algunas reparaciones, yo le contestaba casi absorta ya que Piero había empezado a besar mi clítoris y me estaba excitando mucho de nuevo, además de estrujar mis senos con sus manos, ¡que delicia!

Apuré la conversación con marido, casi a tiempo para tener otro delicioso orgasmo que me había provocado por el jugueteo con mi clítoris.

Después de esta faena quedamos de salir a pasear en caballo por la tarde a los prados de la finca. Y al terminar, casi ya anocheciendo fuimos a su apartamento donde tuvimos otra increíble sección de sexo salvaje y sin compromiso, pero eso se los contaré en otra historia.
Si les gustó mi relato, aguardo vuestros comentarios.

Autora: Rosa

Me gusta / No me gusta

Realizando fantasías

Sus deliciosos pechos fueron presa de manos y bocas. Me acerqué a ella y la metí entre mis brazos, sintió mi pene excitado y duro rozar los labios de su vagina y, debido a su humedad, entrar con total fluidez; eso le arrancó varios gemidos. Carles, se situó detrás y trató de penetrarla analmente, primero, con cuidado, luego con más fuerza y al final, introdujo su dura verga dentro de su culito.

Conocí a Maite en un Chat de Internet. Me llamo Carlos y vivo en una ciudad del norte bañada por el Cantábrico, ella en una capital castellana. Nuestros primeros meses de contacto sirvieron para conocernos a través de muchas horas de conversaciones que, posteriormente, acompañamos de Web-Cam.

Encontré en ella una mujer con falta de cariño, que había soportado una relación matrimonial desafortunada y que era esquiva a abrir sus sentimientos; durante este tiempo fuimos avanzando poco a poco hasta que nos dimos cuenta que nos habíamos enamorado. Decidimos conocernos personalmente y organizamos un encuentro en su ciudad; fue un día para verificar físicamente mucho de lo que habíamos hablado y, a partir de ese día nuestra relación inició un bonito camino hasta el día de hoy.

Teníamos encuentros de fines de semana en su ciudad y disfrutábamos de cada momento del día y de la noche. Nos encerrábamos en la habitación del hotel y, en ocasiones, pasábamos el día en la cama, entregándonos mucho amor, mucho sexo e imaginando algunas fantasías. Un día, descubrió el sexo anal y a partir de ese momento se dispararon los deseos de hacer cosas nuevas. Durante la semana, por motivos laborales, cada uno vivía en su ciudad y a diario comentábamos e imaginábamos por el chat situaciones morbosas y de sexo.

Maite tenía dos deseos que valoraba por encima de los demás: Hacer el amor mientras la observaba otra persona y ser penetrada por dos hombres a la vez; las mías eran otras dos: Hacer un intercambio de parejas y verla con otra mujer. Poco a poco, superamos los miedos de llevar a cabo cualquiera de ellas y, finalmente, un día, decidimos dar el paso; para hacerlo de forma suave y con la única intención de ver como era, decidimos acudir a un club de parejas; buscamos por Internet y nos decidimos por uno.

Los vuelos procedentes de nuestras ciudades nos reunieron en el Prat, en Barcelona; yo llegué primero y esperé su desembarco en la terminal. El corazón me latía con fuerza, por fin volvíamos a vernos, teníamos por delante varías horas y una noche para realizar uno de nuestros deseos: disfrutar en un club de parejas.

Le veo llegar por el largo pasillo del aeropuerto, con su maletita de ruedas, moviendo su precioso cuerpo, con una deliciosa sonrisa y con la felicidad reflejada en los ojos. Mientras se acerca, un hombre trajeado y con su cartera de ejecutivo le sigue con la mira, yo, pienso que la imagina desnuda. Tiene buen gusto, digo para mí, y eso me excita. Nos damos un prolongado abrazo, pegando nuestros cuerpos, para fundirnos en un beso apasionado y sensual; cuando nos separamos, observo que nuestro mirón permanece atento y, de nuevo, imagino que le habría gustado poseer esa boca y ese cuerpo de mujer.

Nos encaminamos en un taxi al centro de Barcelona para buscar nuestro hotel y poder estar solos, las ganas se reflejan en nuestras caras y en nuestras manos, que durante el trayecto no han cesado de apretarse unas a otras. Las miradas, las caricias, las sensaciones y sentimientos nos han aislado del resto del mundo. Llegamos al hotel y nos instalamos en la habitación; tras un rápido y breve reconocimiento de la misma, nos fundimos en un apasionado beso; eso mismo ha ocurrido siempre que nos hemos encontrado en un hotel, y ahora no podía ser menos.

En un instante ambos percibimos nuestras sensaciones, ella, al igual que yo, siente mi erección en su vientre, y yo, sentí su estremecimiento y sensibilidad; mi lengua penetró en su boca mientras notaba sus pechos en el mío, en unos segundos, nuestras manos se perdían por nuestros ya excitados cuerpos, mi boca pasó a su cuello, a sus hombros y mis manos se fueron a sus pechos, uno primero, otro después, para sentir sus pezones. Mi excitación provoca un fluido líquido en mi pene que atraviesa mi pantalón; mi mano se mueve bajando por su vientre, alcanza su entrepierna y acaricia sobre sus blancas braguitas ese excitado coñito, cuya humedad ha mojado totalmente.

Mi mano aparta su prenda y la acaricia interiormente; sus flujos hacen que se deslice plácidamente y eso provoca los primeros gemidos. La desnudo apresuradamente mientras ella me imita; sin tomar medida alguna y con el sofoco de la calentura pintado en nuestras caras, la penetro, con toda el alma, con un deseo incontenible, quedándonos unos instantes así, de pie, unidos por nuestros sexos y sintiendo. La tumbo sobre la cama, me pongo un preservativo y la penetro de nuevo; al cabo de unos minutos siento que se viene, que gime, que se arquea y comienza a clavarme sus uñas en mi culo.
Acelero mis movimientos, levanto sus piernas y empujo con fuerza y deseo tratando de llegarle al fondo, siento que se me cierran los ojos, estamos a punto y, nos corremos juntos, bajo un conjunto de jadeos y suspiros. Nos quedamos un rato pegados uno a otro, empapados en sudor y en placer, saco mi pene de su interior y nos abrazamos intercambiando mil besos; tumbados en la cama recostados uno sobre el otro, enciende un cigarrillo. Habíamos quitado nuestra ansia inicial, pero nos quedaba mucho por vivir ese día.

Tras la comida, regresamos al hotel, nos desnudamos y nos metemos en la cama; se acerca a mí, apoya su cabeza en mi pecho y comenzamos a acariciarnos, muy despacito, con mucha delicadeza, mientras hablamos. Comentamos la experiencia que deseamos vivir esta noche; ella se muestra nerviosa y excitada, yo trato de animarla mientras me calienta la idea. Hablamos de cómo sucederá y que ocurrirá, si seremos capaces de llevarlo a efecto y como terminará la aventura. Acordamos que, en caso de resultar desagradable, nos retiraríamos del lugar y finalizaríamos esa experiencia. El hablar y pensar en ello, unido al contacto de nuestros cuerpos desnudos y las caricias que nos proporcionábamos, nos llevó de nuevo a una tarde de placer, relajado, disfrutado y sentido. Dormimos abrazados durante un rato.

A las 8 nos fuimos a la ducha para comenzar a prepararnos, nuestra excitación ante la aventura era evidente; ella se puso un conjunto de ropa interior blanco muy sexy, sus pechos lucían y se mostraban deliciosos, su braguita incitaba a devorarla, sobre ello una camisa blanca, ceñida y escotada y una falda negra ajustada y corta que marcaba una figura envidiable y un culo provocador. Estaba radiante y atractiva, muy atractiva. Unas sandalias dejaban al descubierto sus pies, sensuales y morenos, al igual que toda su piel.

Un taxi nos acercó al lugar, una masía muy bien decorada y privada, cerca del aeropuerto. Nos recibe una mujer, elegante y muy amable que nos da la bienvenida y pregunta por nuestra reserva; una vez dentro, nos acerca a un bonito salón donde nos ofrecen una copa para entrar en ambiente. La casa está muy bien decorada, luces indirectas y salas confortables, nos informa de las instalaciones y nos indica como funciona el local, al ser nuestra primera visita a la casa. La noto nerviosa, yo también lo estoy, cogidos de la mano nos miramos y, con una sonrisa cómplice, nos sentamos en un sofá, comenzamos a tomar nuestra copa y a fijarnos en la gente que hay. Numerosos hombres y mujeres, charlan, fuman, beben o se ríen. Otros bailan en la sala contigua y otros ven por televisión una película de las que ponen en ambiente.

Al cabo de unos minutos, ya más serenos y después de fijarnos y comentar cosas sobre las personas que vemos, se nos acerca una pareja y, amablemente, se presentan y nos saludan. Comenzamos a hablar con ellos, nos dicen que son clientes asiduos del local y sus nombres son Carles y Marta, viven el Casteldefells, cerca de donde nos encontramos; nos parecen muy agradables y empezamos a intercambiar nuestras impresiones sobre el local, confesándoles que es nuestra primera vez. Ante esta manifestación, Marta se ríe y dice:

Huuy, hay que romper el hielo, ¿os apetece ir a la pista de baile?

Nos miramos y aceptamos su propuesta, dirigiéndonos hacia la sala que se destinaba para ese uso, un lugar poco iluminado donde había un buen número de personas bailando. Comenzamos ella y yo, algo nerviosos, pero expectantes y excitados, muy pegaditos, y besándonos para darnos ánimos; mis labios buscan su cuello y mis manos acarician sus nalgas, algo que, seguramente no pasa inadvertido para algunos de los presentes.

Algunas parejas se acercan bailando y el roce de cuerpos se hizo inevitable; Maite me comenta que sentía unas manos acariciarle el culo, las mismas que yo había encontrado junto a las mías. Esa acción hizo que mi dureza aumentara y ella la percibió entre sus piernas. El roce de mi pene abultado, unido a las manos extrañas en su culo, motivaron que comenzara a excitarse, poco a poco iba rompiendo el hielo y la timidez, cosa que aumentó cuando una mano mía comenzó a acariciarle el pecho sobre su camisa. ¿Te excitas?, pregunté, Si, además ya estoy menos tensa.

En ese instante se acerca Carles y me dice:¿Puedo bailar con Maite?, Marta espera tu presencia.

La toma de la mano y se pega a ella; Marta hace lo mismo conmigo. Al contacto de su cuerpo con él, siente que su pene se va endureciendo y el contacto de aquellas manos en su espalda y el juego de su lengua sobre la oreja de Maite, hace que cierre los ojos. La presencia de Marta, que se ciñe a mí como una lapa, me hace sentir sus duros pezones y comenta.

Noto que estás poniéndote duro, ¿te gusta sentirme cerca? Si, desde luego, es una excitante sensación ¿Crees que María estará igual?, espero que Carles la ponga en marcha. Nos aproximaremos para ver como van.

Nos acercamos y veo el brillo de sus ojos, presiento que empieza a gustarle la situación. Ahora él esta besando su escote, mientras tienen totalmente pegados sus sexos; detrás Marta toma mi mano bajo la suya y la conduce al culo de Maite; juntos acariciamos toda la zona, deslizándola por entre sus nalgas para llegar a la entrada de tu ano. Maite, con la cabeza apoyada en el cuello de Carles, se deja hacer; él, facilita nuestra labor, sacándote la camisa de la falda e introduciéndole su mano por la espalda, que la recorre entera. Con astucia, nuestras parejas de baile nos van desplazando hacia un lateral del salón, hacia una zona totalmente oscura, allí nos apoyan contra la pared y nos juntamos las cuatro; los botones de la camisa de Maite están desabrochados casi todos, facilitando el acceso de nuestras manos a sus pechos.

En ellos nos encontramos las manos de los tres, que de forma inmediata se mueven por su vientre hasta perderse entre sus piernas; Marta, con habilidad, cuela sus dedos bajo la braguita de mi novia y acaricia sus labios vaginales, haciendo mención en lo húmedos que están, y con ellos mojados de sus flujos, se los introduce en su boca, en la de Carles y en la mía, invitándome a hacer lo propio con los suyos.

Carles conduce la mano de Maite hacia su pantalón y le hace palpar su pene totalmente duro, para proceder a desabrocharse su cremallera e introducir aquella mano hasta alcanzar su polla, la cual extrae del pantalón, quedando libre y a merced de sus manos; el contacto con ellas, produce un gemido de placer en Carles, mientras sus dedos juegan abiertamente ya dentro de Maite; los gemidos empiezan a ser continuos y me busca con la mira, extiende su mano y nos fundimos en una profundo beso en la boca. Marta, que tenía sus pechos fuera de su camiseta, se acerca a nuestro beso e introduce su lengua entre las nuestras, mientras acerca sus pechos a mi cara y desvía su boca a los pezones de mi novia.

Las manos que teníamos unidas, las desplazó al coñito de ella, quien, al sentir el contacto de los labios en sus pezones y el de nuestras manos en su clítoris jadea abiertamente. Subo la falda de Maite facilitando el juego con su sexo, Carles le desplaza las bragas por las piernas donde Marta se introduce rápidamente para, con su boca, hacerla vibrar. Me sitúo a sus espaldas y comienzo a rozar mi pene, durísimo ya, por sus nalgas; Marta juega con los pezones y comienza a inclinarle la cabeza dirigiéndola en busca del pene de Carles.

Así, agachada me facilita la penetración en el culo el cual, al tener la falda tan subida, sirve a Marta de botín y se afana en ayudar mi penetración anal mientras juega con ese coñito sin piedad. Siento que no puedo más, estoy a punto de reventar y sin remedio, vacío todo mi semen dentro de Maite, lo que motiva su orgasmo inmediato.

Ellos, mucho más expertos en estos juegos, han aguantado el envite sin problemas, aunque el trabajo de la boca sobre el pene de Carles, da resultado y este se viene salpicándole el pelo, parte de su cara y sus pechos. Marta, entera todavía, se dedica a limpiarla toda con su lengua. Metidos como estábamos en tal faena, no éramos conscientes de que otras parejas nos habían ido rodeando y distintas manos se paseaban por todos nuestros cuerpos. Marta, que no había alcanzado el orgasmo nos propuso algo:

Podemos subir a un apartado, donde deberemos compartir habitación y cama, seguramente, con otras personas o irnos a nuestro chalet, que está a poca distancia y disfrutar del resto de la noche mucho más cómodos y sin que nadie nos moleste.

Decidimos irnos a su casa. Recompusimos nuestras formas y salimos del local ante la mirada de mujeres y hombres. Mi excitación volvía a estar en primera línea; subimos a su coche y mientras Carles conducía, Marta de sentó detrás, dejando a mi chica en medio de los dos. No dejaremos que esta preciosidad se enfríe Y sin más, comenzó a acariciarla a ella y a mí. Sus manos pasaban de sus pechos a mi pene o al coñito de Maite que seguía al aire, ya que sus bragas las había guardado Marta. Carles, desde su puesto de conductor, extendía su brazo hacia atrás para acariciar lo que podía, tanto a una como a la otra. Hasta en una ocasión alcanzó a tocar mi pene, cosa que me sorprendió y dijo:

Sólo quería comprobar que estabas animado.

Llegamos en muy poco al chalet, una casa de dos plantas con una jardín amplio. Entramos directamente por el garaje y salimos a un amplio salón, Estaba en el paseo marítimo de Casteldefells, bien amueblada y confortable. Maite fue directamente al baño, a donde le condujo Marta, y de camino le dijo:

Tengo tus braguitas, aún están mojadas y me encanta olerlas. Creo que vas a disfrutar como nunca, déjate llevar y siente el placer al completo.

Marta apareció en el salón con una camisa de su marido, muy desabrochada y con un minúsculo tanga de color rojo; se apreciaban sus buenos pechos, y sus pezones marcaban la camisa, fruto de su excitación. Puso la luz en penumbra, conectó la mini-cadena y se dispuso a servir unas copas de cava muy frío, pasó su lengua por los labios y me dijo: ¿Te apetece bailar?. Se apretó contra mi, poniendo su boca sobre mi cuello; sentía sus pezones clavarse en mi pecho mientras su mano se introducía por mi parte trasera del pantalón para recorrerlo interiormente a través de mi cintura y llegar a la hebilla del cinturón y comenzar a aflojarla.

Una vez suelta, comenzó bajar la cremallera y soltar mis pantalones que, poco a poco comenzaban a descender por mis piernas, lo que me impedía, casi, moverme del sitio; su mano se fue directa a mi slip y comenzó a acariciarme el pene sobre él, lo que provocó con su dureza un suspiro de aprobación y un movimiento de boca por mi cuello, para seguir, ahora, con los botones de mi camisa.

Mis manos, se habían dedicado a soltar los dos únicos botones que ella llevaba abrochados, dejando sus pechos con total libertad a disposición de mi boca, bajando rápidamente a su entrepierna y comenzando a acariciar su casi depilado coñito. Esto provocó el inicio de gemidos, lo que, ante la tardanza de Maite en volver al salón, permitió que Carles se hubiese despojado de su ropa y, colocándose detrás de Marta, formase conmigo un bocadillo humano. Bajó su tanga, quitó su camisa y metió sus manos en su coño, donde se encontró con mis dedos jugando con su clítoris. Ella, sacó mi pene de su escondite y lo acarició para, colocarlo a la entrada de su sexo y, con la ayuda de la mano de Carles, introducirlo de un golpe, entero, todo, dentro de si. El, la penetraba analmente mientras se escuchaban continuos gemidos de placer y Marta, totalmente excitada perdía su boca y sus manos repartidos por nuestros cuerpos.

Se disponía a ponerme un preservativo cuando apareció Maite; eso hizo que las cosas cambiaran ligeramente; con una amplia sonrisa extendió sus manos y se acercó a ella, le ofreció una copa y la metió en medio de los tres, la rodeamos y nuestras manos iniciaron un recorrido minucioso por todo su cuerpo; sin apenas darse cuenta, su camisa había desaparecido y su falda descendía piernas abajo, dejando a la vista un preciosa mujer en sujetador y con su pubis totalmente blanco, frente al bonito color moreno de su cuerpo.

Las manos de Carles, más rápidas que las mías, le soltaban el sujetador liberando así sus deliciosos pechos que, inmediatamente fueron presa de manos y bocas. Me acerqué a ella y la metí entre mis brazos, sintió mi pene excitado y duro rozar los labios de su vagina y, debido a su humedad, entrar con total fluidez; eso le arrancó varios gemidos. Carles, se situó detrás y trató de penetrarla analmente, primero, con cuidado, luego con más fuerza y al final, introdujo su dura verga dentro de su culito. Estaba siendo penetrada por dos penes y acariciada por las sabias manos de una mujer, quien, con su boca, jugaba con aquellos duros pezones y los chupaba como un dulce caramelo.

Poco tardó en pronunciar un largo y excitante gemido, seguido de cortas palabras poco audibles que denotaban su inminente orgasmo. Eso me llevó al borde de mi aguante, lo que provocó que sacase mi pene de su coño para pasar a la boca de Marta, quien bien situada, ahora entre nuestras piernas, desplazaba su boca y lengua entre el coño y mi pene, tragándose los flujos y mi semen. Carles, también llegaba a su límite, y acariciando su polla, se desplazaba desde el culo de Maite a la posición de Marta y una vez frente a ella, disparó su leche sobre su pecho que, arrolló despacio a lo largo de su vientre e incitó a Marta a agarrar la cabeza de Maite y hacerle lamer sus vertidos con la lengua.

Sólo Marta no había tenido su final, por eso se dispuso a disfrutar de nosotros y se dedicó a motivar nuestros miembros, primero de forma física, y luego de forma provocativa. Cómodamente sentados en un gran sofá se colocó de rodillas sobre la alfombra en medio de nosotros dos, se dirigió a mi novia y tomándola de la mano, la acercó a mi pene, juntaron sus cabezas y sus bocas y con su mano, alternaba mi miembro, que ya empezaba a ponerse duro de nuevo, de una boca a otra. Carles se sentó a mi lado y reclamó a mi novia, condujo su cabeza a la polla y le ayudo a hacer una exquisita felación; mientras lo hacía, me miró excitada y deduje que estaba disfrutando, acerque mi boca a la suya y nos besamos, descubriendo en ella un sabor extraño, tal vez al pene y los fluidos de Carles.

Marta, se colocó sobre mis piernas, de espaldas a mí, buscando que penetrara su culo, se ajustó el miembro en su entrada y se dejó caer suavemente, notando como penetraba en ella milímetro a milímetro, agarró la cabeza de Maite y se la colocó delante, entre sus piernas mientras le suplicaba que lamieras su clítoris; Carles se puso de pie y acercó su miembro, ya muy duro, a la boca de ella quien, de inmediato se lo tragó entera. Cuando estaba en pleno éxtasis y a punto de correrse, le pidió que comiera sus pezones y que Carles la penetrara por delante. Así, en una maraña de cuerpos, manos, bocas y gemidos, descargó con unas ganas inmensas, toda la calentura que llevaba dentro, al tiempo que nos arrastraba a nosotros a una segunda eyaculación inmediata.

Así, juntos y agotados, permanecimos un rato; nuestros cuerpos pegados y sudorosos, empapados de nuestros propios jugos y comenzando a relajarnos de la excitación y actividad vivida. Nos separamos y, desnudos como estábamos, Maite y yo nos fundimos sobre un sofá en un dulce beso y un prolongado abrazo; así permanecimos un buen rato, casi dormidos, pero me despertó su agitada respiración; con cuidado traté de ver que la provocaba y en esto vi a Marta, acariciándole el coñito y metiendo su lengua en él. Tal como estaba, agarrada a mí, condujo su boca a la mía y se corrió dulcemente, mordiendo mis labios y clavándome las uñas.

Marta, nos miró y dijo: Le debíamos una.

Pasado un tiempo, nos desperezamos, buscamos nuestras ropas, un ligero aseo y nos preparamos para abandonar la casa. Marta dormía sobre el sofá, mientras Carles nos llamaba un taxi. Nos dimos los teléfonos, las direcciones y nos despedimos con un beso sensual. Nos fuimos al hotel, cansados pero satisfechos, nos duchamos y nos metimos en la cama. La excitación y las situaciones vividas, nos impedían dormir; desnudos y abrazados, hicimos el amor, a nuestro modo, delicado, tierno, suave, con mimo; nos corrimos juntos y nos dormimos.

Al día siguiente, con aspecto muy cansado, regresamos a nuestras casas. La experiencia había sido realizada y habíamos disfrutado. Acordamos hacer otras cosas… y así lo haremos

Autor: Raitán

Me gusta / No me gusta

De fresa o de vainilla V

Todo era delicado, se tomaba su tiempo, al principio solo besó mis muslos, luego los alrededores de mi colita y con una mano apenas acariciaba mis pliegues, me hacía suspirar y entrecortar la respiración, nos miramos a los ojos y nos sonreímos, ella abrió mi pussy  con dos dedos, disponiendo totalmente de mi parte prohibida, luego sentí la humedad de su lengua tocar mi punto débil.

De cómo jugamos en su cama – No me queda de otra y hago todo…

Creí que lo correcto sería tocarle la cola de nuevo, y casi lo hice pero me distrajo   susurrándome al oído:

– Voy a cuidarte, te quiero mucho, eres todo para mí– me siguió besando pero ahora me acariciaba los senos. Besándome y empujándome despacio me hizo retroceder hasta tropezar y quedar sentada en su cama, nos recostamos y nos besamos, ella me tocaba casi todo, acariciaba mis piernas con las suyas y deslizaba sus pies en mis tobillos y pantorrillas.

Después, poco a poco con su boca recorrió mi cuerpo. En cada parte se tomaba su tiempo, partió de mi boca, besó mi esternón, en mis bubis se entretuvo jugando con su lengua, en mi abdomen hizo una escala para lamer alrededor de mi ombligo, mi pubis lo hizo su destino y jugó maliciosamente con mis vellitos de ahí, quería probar hasta donde le permitiría llegar en su viaje.

El abdomen se me contraía en cada escala que tenía su recorrido, después bajo un poco mas, y delicadamente me trataba de persuadir a besos y caricias con sus labios en mis muslos, de abrir mis piernas, pero al verla tan cerca de ahí, sentir su boca tan cerca y hasta sentir casi su aliento, me imagine lo que pretendía, sentí algo, que no era miedo, solo por instinto no  le permití me hiciera nada más, después de todo el sexo oral no es tan natural, al menos no entre chavas.

Pacientemente se deslizó por mis piernas y besó mis muslos, luego se puso a besar y chuparme los pies descalzos, subió nuevamente, dándome besitos en intervalos hasta llegar a mis nenas, mientras metía uno de mis pezones a su boca y jugaba a su gusto,  con una mano me tocaba el abdomen y el pubis y también más abajito, me tocó de una manera tan deliciosa sin penetrarme, con un dedo recorrió todo, haciendo que cada vez fuera más sensible, contorneaba por fuera de mi orificio, de vez en vez  se tomaba la libertad de tocar  “accidentalmente” mi punto más débil,  ya te imaginaras como me debí sentir con eso. Luego comprendería que Alejandra nunca se daba por vencida y sabía conseguir lo que quería.

Ese acto tan personal entre Ale y yo, rozando nuestros cuerpos con algo de sudor, nuestros vientres, caras y pechos sin ninguna prenda y yo con una mano de ella en mi entrepierna. De solo haber imaginado una escena así entre chavas, una semana antes, me hubiera dado asco, pero en ese ahora, eso era bastante bien. En momentos de “lucidez”, la razón me dictaba que había sido demasiado por hoy, que estaba traicionaba a mis padres y a mi misma, incluso que me  podía arrepentir para toda mi vida, pero mi corazón quería seguir. La sensatez no era algo que experimentaba cuando estaba con ella,  me entregué  al momento a mi excitación y a Ale.

Me había convencido ya de aceptar cualquier caricia y no aguanté más ese paliativo, necesitaba ya algo más lo que sea, pero no se lo pude decir: “Ale penétrame o lámeme ahí ya por fa” así que traté de disimularlo, le dije algo parecido a:

-Ale soy tuya hazme lo que quieras…

Esta vez ella fue la que no quiso, solo rió maliciosamente, me dio un beso en la boca y se sentó en el borde de la cama con las piernas entrecruzadas y luego bajó una pierna al suelo, se recogió el cabello que le había quedado en la cara y se hizo una coleta con una liga que tomó del buró, luego me levantó de un brazo…

-Siéntate aquí junto – dijo indicándome el lugar con unas palmaditas.

Quedé sentada frente a ella como en flor de loto, Cerramos los ojos y nos inclinamos la una a la otra, para besarnos, la posición no era tan cómoda pero me aguanté. Una mano la apoyo en mi hombro y  me acerco una mano a mi colita, movía la mano en círculos, de arriba abajo, hacía poquito precio, a veces más leve, me penetraba de repente muy poquito pero todo lo hizo delicioso, sus manos me convencieron poco a poco de aceptar cualquier caricia. Coloqué mi mano  en su ahí yo también y dudándolo comencé a hacer movimientos torpes pero cariñosos, digo torpes por que su mano se desplazaba sin vacilar, lo hacía con soltura.  Aunque lo intenté no podía imitarle, por momentos era para mi imposible continuar con el masaje para ella, cuando esto ocurrió, con su otra mano presionaba la mía en su vagina y me dijo otra vez con una muy sensual –Al mismo tiempo nena, no te detengas…

De pronto ya estábamos acostadas. no lo se describir muy bien pero bueno  imagínatelo, abrazadas con las piernas entrelazadas, como dicen en el norte fingering one to each other so sweet  y me di cuenta que entre más movía mi mano en su parte, más rico me cogía a mi y más ruido hacíamos las dos,  tuve que hacer un gran esfuerzo por no parar la mano se cansa horrible así…

-“Aaaaaha! Oho! Mmmmm! thssshhh!”

Sus movimientos delicados y sin pausas eran deliciosos, me sentía muy pero muy caliente, nos besábamos las bocas y cuando podíamos los senos, aunque a veces no podíamos más que hacer, ¡ahhhhhh!  casi llegaba al limite, se sentía riquísimo, me inhabilitó totalmente y dejé de tocarla, apoyé mis manos en sus hombros y luego puse una encima de la suya y le ayudé a presionar y a agitarla, de verdad que me puso muy caliente eso, los pies se me comenzaban a dormir, pero ella paró de repente, y hasta me enojé,  ¡Me había dejado a medias y no se había dado cuenta! No sabía lo que hacía!, pero a continuación demostró todo lo contrario me recostó en la cama, -Levanta la cadera un poco porfa…

Obedecí y puso una de sus almohadas abajo, su cuarto era el mismo, en el desorden habitual, en el que  habíamos estado tantas veces juntas a solas, el sillón donde platicábamos, su lap donde habíamos hecho tareas juntas, incluso la cama en la que ya había dormido.  Solo que  ahora estábamos ambas totalmente desnudas, haciéndonos el amor – sin decir más se recostó bocabajo, me besó el abdomen, se metió entre mis piernas.

Todo era delicado, se tomaba su tiempo, al principio solo besó mis muslos, luego los alrededores de mi colita y con una mano apenas acariciaba mis pliegues, me hacía suspirar y entrecortar la respiración, nos miramos a los ojos y nos sonreímos, ella abrió mi pussy  con dos deditos, disponiendo totalmente de mi parte prohibida, luego sentí la humedad de su lengua tocar mi punto débil, me miró a los ojos, y se mordió los labios, y yo asentí con la cabeza, así no me podía negar a nada, aunque te diré que fue la experiencia más extraña que había sentido.

En primer lugar el sexo oral, se me hacía una práctica para gente muy experimentada y nunca había tenido un juicio claro si era bueno o no, pero se me figuraba sucio y pervertido. En segundo tener alguien con ese de contacto en esa parte mía, ya de por si era algo que me daba pena, y que ella en vez de encontrarlo desagradable, por todo lo que implica, poner la boca en una vagina excitada; la textura, el liquidito, su olor, lo hacía como si eso fuera una delicia, y no menos importante; la boca que sentía, era de una chava, mi amiga, la que me procuraba esa sensación.

Ya nada importaba. Cerré los ojos y traté de no pensar más, si crees que te puedes echar atrás cuando tienes a alguien ahí no tienes ni idea, es más hay un momento en el que ya ni piensas. A partir de un momento no supe exactamente que hacía alla abajo, pero se sentía ahhhhíiiii, ni siquiera lo puedo describir lo que se sentí, cuando miraba solo veía su cabello negro lacio esparcido en mi abdomen, no sabía que hacer, solo me mordía los labios y tapaba mi boca con una mano, para callar mis suspiros y con la otra acaricié su cabello y  presionaba su cabeza contra mi area genital, ahhhhh, ¡No manches! se sentía la cosa más deliciosa y no quise que acabara nunca. Comencé a respirar muy aprisa, la espalda me arqueó,  tuve unas contracciones en el abdomen y  mis músculos de esa área se tensaron, y pasó, me sentí en las estrellas, fue muy intenso, después no estuve en ninguna parte…

Los movimientos de su lengua cesaron poco a poco y siguió lamiendo despacio toda mi vagina, su dedo entraba y salía de mí, muy despacito y me dio unos besitos más ahí abajo, y ahora digo que asco, pero me dieron muchas ganas de besarla, sentí que la quería demasiado y también amada por ella, después tuve ganas de recostarme y relajarme un poco, pero por otro lado quería más. Yo no mandaba ahí, y ella en especial su cosa, también necesitaba algo, verme excitada, creo, causó cierta envidia en ella y ahora ya no la podía calmar solo con caricias y besos, se hincó en la cama intercalando nuestras piernas, se deslizó hasta que su pubis chocó con el mío y movió mi pierna para que la separara y quedáramos cómodas, hacía que nuestras colas se rozaran la de una con la de la otra, ahí abajo se sentía calentito y con el aire que hacían sus movimientos podía sentir nuestra humedad.

Si me hubiera acostado con un chavo siquiera hubiera habido un condón para separar nuestros genitales, pero ahí no había nada, no era muy higiénico ese contacto. Solo que en ese momento nada de lo que pensara importaba, quería sentir todo, frotar mi sexo con el suyo se sentía como aterciopelado, y provocaban unas cosquillitas deliciosa para mi y a juzgar por su  rostro lo disfrutaba cañón, aunque rico no suficiente para repetir la experiencia, pero no me podía quejar.

Sus movimientos y  su cuerpo, o al menos la parte que veía de ella, eran muy eróticos, viendo  sus piernas entrelazadas con las mías, sus senos que brincaban con sus movimientos y su cara que demostraba esfuerzo y mucho placer, comprendí que cualquier chavo o mujer que guste de las chavas, le hubiera encantado estar en mi lugar, duramos así un rato hasta que los movimientos de Ale se entorpecieron por que se cansó, las dos sudábamos bastante sobretodo de nuestras entrepiernas de donde emanaba todo ese calor y ese extraño olorcito que se sentía en su habitación, Ale paró y respiró unos momentos y una vez que recobró el aliento, me tomó de la mano y nos aproximamos a su escritorio, apartó lo que había en la silla, se sentó subiendo piernas al sillón, y así conocí yo todos sus secretos.

Se acomodó nuevamente el pelo y nos besamos en la boca como novias me dijo:

-¿Te va quererme?, con su voz casi agotada.

Asentí con la cabeza y me puse de rodillas frente a su cola.

-Vamos yo se que es tu primera vez, yo te digo como, no pasa nada nena…

Me acerqué como con temor, me daba cosa, nunca me había imaginado en esa situación, me daba pena, por que aunque ella no había demostrado tenerle respeto a mi cuerpo, a mi si me daba cosa jugar con algo tan de ella.

Que me hicieran cositas en la mía era una cosa y de por si vergonzosa,  pero yo lamer otra vagina, era otra muy diferente, hubiera preferido no hacerlo, cuando ella me lo hizo me imaginé que también lo tendría que hacer yo y hasta se me antojó, pero ahora ya no quería, no le podía decir, “no es que me da asco hacerte un favorcito”, por que ella ya me había hecho a mi, además verla ofreciéndome todo su ser hizo que no me pudiera negar otra vez,  y tuve que hacer un lado mis prejuicios.  Reí de nervios, me acerqué otro poco, despacio, dudando entre si hacerlo, o decirle que no estaba preparada, me hinqué, ya casi no entraba luz por la ventana, primero en lo que tomaba valor solo se la acaricié, la masajeaba a lo largo desde su pubis hasta su agujerito, su humedad me hacía fácil el trabajo.

Cuando estuve como a diez cm. la verdad no me atreví a poner la boca allí, sentía su mirada en la nunca, que me presionaba a hacerlo, quería saber si lo hacía bien, no me atrevía a mirarla ni mucho menos preguntarle. Tomaba como un si, como me acariciaba el cabello y a veces hacía un esfuerzo para agachar  la cabeza y darme un beso, lo trataba de hacer como ella lo hizo, primero acaricié y besé su abdomen, sus muslos, incluso su pubis, donde apenas  se podían ver unos diminutos vellitos que comenzaban a salir por los bordes. Y me gustaría decir que no lo hice, pero si afronté el último miedo que quedaba esa noche desde que ella me hizo el oral a mí, hice lo más lésbico que se puede hacer en este mundo, solo  cerré los ojos detuve la respiración un momento,  ella me ayudó a separar con dos dedos su pussy,  no sabía ni que hacerle, solo lamí sin saber como, trataba de poner en práctica las lecciones que me dio, estaba bien mojada, y aunque digan que no, sí tenía un saborcito como acidito, y convenientemente tanto para mí como para ella, al principio no noté ningún aroma, eso lo hubiera hecho más difícil, su textura, que al tacto no era desagradable, no me gustaba en la boca.

Aún así jugué un rato, sus labios con mi lengua, después con mis manos abrí su cosita yo misma un poco más  y le lamí todo de arriba abajo, poco a poco le agarré el modo. Ale no se controlaba  y gemía mucho, no se por que eso sí me agradaba, no estuve así por mucho tiempo creo, pero si el suficiente como para que sucediera de lo que más me avergüenzo…

-Te amo Sandra! Te juro que soñaba con hacerlo contigo niña- dijo descontrolada por lo rico que se siente cuando tienes a alguien allí “¡que rico! amor! ” decía con la voz más cachonda que jamás escuché y yo le pregunté con tono más cachondo todavía. – ¿Te gusta, te gusta?  ¿Lo que te hago amor, como te lamo?…  y levanté la mirada para ver su expresión. ¡Cielos! que sucio es el amor. La Sandra que hizo eso, les juro no soy yo, estaba muy excitada, reaccionaba de manera distinta, en vez de avergonzarme de estar de rodillas lamiéndole la cola a mi amiga creo que ya como que lo disfrutaba.

Comenzó a desprender un delicado pero inolvidable olorcito,  se lo hacía bien,  por que Ale ya olía a mujer, ese aroma nunca se me ha hecho agradable ni en mí, pero en ese momento no importaba, solo quería devolverle el favor, y la seguí lamiendo como a un helado de fresa, cada vez era más agradable y trataba de pasar mi lengua por su hoyito que era la parte más húmeda donde se sentía ese especial saborcito, que olía tan raro, un rato después  la lengua se me cansó pero traté de no perder el ritmo que había conseguido para no aminorar el placer que me indicaba tener por sus gemiditos y su pie que arqueaba.  Increíblemente nunca había hecho un favor oral a un chavo y ya se lo había hecho a una chava hasta arrancarle casi un orgasmo, que por experiencia posterior se es algo difícil.

Contrario a lo que hubiera pensado no era lo desconocido de un cuerpo diferente lo que provocaba deseo y atracción, dos chavas desnudas y calientes éramos capaces de excitarnos a ese grado, solo la una con la otra.

No estaba satisfecha, necesitaba terminar ya,  y ella lo supo. Me  pidió que me recostara totalmente y se hincó en mi cara, que por cierto  me pareció algo vulgar, pero como adivinarás una vez más no me quejé, por que comprendí que era la única forma para hacernos cariño oral al mismo tiempo,  me costaba trabajo llegar a su hoyito, parte por mi inexperiencia y en parte por que lo que ella me hacía  no me lo permitía, y por eso le sugerí que  cambiáramos, su postura se me figuraba más cómoda, sin pensarlo se levantó y se recostó, esta vez yo me hinqué en su cara, primero me quedé sobre ella con la espalda erguida mientras ella me hacía un delicioso cunnilingus, y yo frotaba mi sexo contra su lengua, una extraña sensación me comenzó a subir desde allí hasta la cabeza, me dieron ganas de devolverle el favor, vi abajo la desatendida vagina de mi novia, arqueé mi cuerpo y le hice lo mismo que ella a mí,  por su parte hurgaba mi sexo sin ningún remordimiento, con ayuda de sus manos separaba mis pompas y abría mi vagina a más no poder, y además  me violaba con dos dedos.

La  puse tan mal que hasta intentó violarme también por donde no es correcto, y hasta eso era excitante  yo también estaba en otro mundo y casi lo permito pero cuando sentí la yema de su dedo intentando penetrarme el ano, me detuve y aparté su mano de ahí sutilmente, eso fue lo único que no le permití esa noche.  Volví y continuamos por un rato más, hasta que las dos nos agotamos por completo, quedé satisfecha y me tireé en la cama abatida. Ale subió por mi cuerpo, con besitos tiernos rodeó mis senos y los acarició con sus manos con ternura, se acostó junto a  mí, apoyando su cabeza en uno de sus brazos que a su vez apoyaba en la cama.

Sonrió, mirándome dulcemente a los ojos me dijo:

– Daría mi vida por ti, ¿sabías?

Nos dimos un beso en los labios. Casi le pregunté si yo había sido la primera en su vida, como ella en la mía pero desde el día que me insinuó que quería tener intimidad conmigo, me daba curiosidad si alguna vez  había hecho algo con Faby, e incluso se lo pregunté, pero ella no me dio una respuesta clara y cambió el tema las dos veces que se lo pregunté, después de ese día no lo volví a preguntar.

Eran ya como las 10, acordamos bañarnos, levantamos la ropa y medio nos vestimos, por si su mamá llegaba, cuando me iba poner los bóxers, Ale me sugirió un cambio, mis chones por los suyos de la suerte, que me confesó que  se los puso en las dos ocasiones que me pidió que fuéramos más que buenas amigas, obvio no acepté, Ale solo sonrió y agachó la mirada, nos metimos a bañar juntas, su cuerpo ahora no escondía ningún secreto para mi, ni viceversa, pensaba en lo que acababa de suceder, en la Sandra que ahora era, casi no hablamos nada, pero cuando nos mirábamos, nos daba un ataque de risa, Ale salió a vestirse primero, yo me quedé en la regadera relajándome un poco, cuando salí a secarme no hallé mis bóxers, volví a buscar y miré sobre la caja del escusado, unos bonitos calzones naranjados  de Garfield y Odie.

Mientras me los puse solo pude hacerme una pregunta:

Sandra, ¿Sigues siendo de fresa o ya te gusta la vainilla?

Autora: Sandra W

Me gusta / No me gusta

Primita, el sexo pendiente

La penetración es profunda, intensa, la vorágine de pasión contenida nos acelera, ella se incrusta en mí, estoy en el umbral de la acabada, sin tiempo para más, me salgo y manguera en mano riego su vientre con abundante savia blanca. No fue tan prolongado como suelo hacerlo, pero lo suficiente para que ambos coronemos el acto con los “vivas” de un orgasmo que por poquito no es a dúo.

Pertenezco a una familia bastante numerosa y diseminada por el país, por razones de cercanía solo nos vemos y tenemos contacto con mayor frecuencia una parte de ésta. Dentro de este último grupo está la prima Helena. Desde pequeños nuestras familias han tenido contacto frecuente y estrecho. Fue precisamente con ella que establecí un vínculo donde primó sobre todo el afecto y el compañerismo, el mismo que perdura hasta el inicio de este relato.

Siempre nos gustamos, pero no pasó de ahí la cosa, no por falta de oportunidades, sino tal vez porque una relación de sentimientos o carnal no sería tolerada en una familia tan conservadora como la nuestra. El devenir de la vida nos llevó a formar familia cada uno por su lado. Ella fue la primera en casarse, yo al tiempo, ella separada después de siete años de matrimonio y dos hijas como resultado, yo sigo soportando con estoicismo a la misma mujer. Nos seguimos viendo con regularidad, y en varias ocasiones nos confiamos intimidades a modo de consejo o en busca de esa contención que no podíamos encontrar con otro interlocutor, esos encuentros eran como nuestro lugar en el mundo, ese refugio a los momentos de crisis.

En cierta ocasión me pidió un presupuesto por un trabajo para el taller de calzado donde trabaja Lo aceptaron y de ahí en más su patrón fue mi cliente. Al tiempo empezaron los dramas con los pagos, y comenté con Helena que su patrón me demoraba los pagos, lo justificó con tanto ardor que en cierto momento dijo: “debemos aceptar lo que nos dan…”, ofuscado le dije:

– ¡Un día te va a pedir que le chupes la pija y… vas a aceptar! No bien terminé la frase me arrepentí y disculpé, con el mismo fervor de la ofensa, ella aceptó, pero aún así no se borró el estado de contrariedad que trasuntaba su grácil y bello rostro, que ahora no irradiaba la luz de un momento antes. Seguimos tomando el café, pero había una frialdad como no había notado nunca, para congraciarme con ella ofrecí acercarla a la casa.

Durante el trayecto se disculpó por mostrar su enojo, el dardo lanzado dio en el centro mismo de su conflicto interior, las lágrimas asomaban en los preciosos ojos grises. Estacioné, la tomé de las manos, dolía ser el causante de ese incipiente llanto, no sabía por dónde comenzar para reparar el llanto, hablé más con el corazón que con la razón. – ¿Qué puedo hacer para remediarlo? Me miró a los ojos, entendió y comprendió mi sincera disculpa, posó su mano sobre la mía, la apretó y dijo:

– ¡Sácame de acá!, pueden vernos y crear un nuevo problema, no quiero complicarte, ¡vamos, llévame a otro lado!

De momento solo quería ser cortés, sin otra intención que brindarle un lugar donde pudiera dar rienda suelta al deseo de poder confiarse con su amigo del alma no tuve mejor idea que dirigirme a un hotel para parejas. A pocas cuadras había uno, entrada discreta, sugiero que entremos a tomar algo, se deja llevar, confiada y obnubilada por el pesar, no hizo resistencia ni condicionamiento a mi actitud tan inconsulta.

Los tragos ayudan a la confidencia, se disculpa diciendo que acerté, que por circunstancias económicas se vio exigida a aceptar los avances del patrón, para conservar el trabajo, ahora se sentía arrepentida, humillada y sin saber cómo salirse de la situación, que no había querido confiarme de esta apresurada decisión para no involucrarme. Lloró un poco, se dejó cobijar entre mis brazos, la calidez y el afecto fueron el bálsamo para el dolor íntimo. Por primera vez se había derribado la barrera del vínculo familiar, ahora éramos dos personas que se contenían, solo un hombre conteniendo a una mujer entregada a su custodia y protección.

Ambiente calmo, luz suave y música tenue sedan a Helena, busca consuelo y refugio. De bruces, brazos a los costados, se ofrece al masaje reparador, la piel tersa y cremosa, murmullos de agradecimiento, proporciono lo mejor de mi repertorio de caricias, para hacerlo mejor le quito la camisa, suelto el broche del corpiño, las manos suben y bajan por la espalda, conociendo cada poro, entrando en cada hueco. Ronronea como gata en celo, nuevos murmullos de regocijo placentero llenan de intimidad el cuarto apenas iluminado.

La complacencia y el dejarme hacer, van haciendo estragos en mí, el deseo de poseerla se hace carne turgente, todo mi ser es invadido por el deseo incontrolable de hacerla mía, no cabe en mi seso ni en mi sexo otro objetivo que no sea estar en ella cuanto antes.

Mi boca tomó contacto con el dorso de Helena, gustosa recibió los besos en el cuello, la estremecen toda, mis manos se pierden bajo su cuerpo hasta contener uno en cada mano. Se deja tomar por las cúpulas, cuando la pinza del pulgar e índice frotan los “timbres” gime complacida. No hay preguntas, es como si ese instante mágico hubiera sido esperado desde siempre, sin sorpresas, con naturalidad, dejamos que el instinto fuera el conductor de la locomotora descontrolada de la pasión.

Sin apresurar los tiempos, seguí buscando sus lugares ocultos, entrando en cada resquicio, demorando el contacto digital, hacerle saber como en la ceguera del deseo oculto voy reconociendo a tientas el mapa erótico de una mujer que busca contención, pasión y desenfreno. Solo gime, se agita en cada caricia, vibra con cada beso, estremece con cada lamida.

Arrecian besos y caricias sobre los pezones, quiere más, el momento decisivo se aproxima, es tiempo de recuperar el tiempo perdido, aprobar la asignatura pendiente. Vuela el jeans, sacar la tanga es la excusa para meter la mano entre las piernas y entrar en la íntima humedad. El deseo reprimido emerge en el húmedo contacto vaginal, los dedos encuentran el secreto botón del placer, acariciarlo y tenerlo entre los dedos es como encender el precursor de una bomba atómica. Gimotea anticipando un orgasmo muy sentido, estremecida, voy regulando la intensidad y duración, demoro y alargo hasta la exasperación. El ansiado desahogo la invade toda, tan esperado como la lluvia en el desierto, es el bálsamo que calma los ardores de un deseo contenido por años, la fantasía hecha carne.

Solo pudo pronunciar un ¡Ahhhh! profundo, como venido desde muy adentro, y luego el dejarse llevar por mi mano, conducirse en una seguidilla de estertores y contracciones hasta quedarse laxa, mansita y con una sonrisa dibujada en su rostro. Solo me mira y sonríe, sin capacidad de habla. Quedé a su vera, velando el relax, dejándola que goce el éxtasis del placer en silenciosa contemplación, que era mi forma de decirle gracias por haberme dejado llevarla al paraíso.

Cuando regresó de su viaje celestial giró, se colocó frente a mí, nos besamos profundo y prolongado, Helena urge una reparación para mí, necesita devolverme una parte de la gloria que transitó.

De espaldas, piernas abiertas me guía entre los labios vaginales, los pies enlazados a mi espalda ayudan a la penetración profunda, intensa y sentida, la vorágine de pasión contenida nos acelera, ella primero, se incrusta en mí, estoy en el umbral de la acabada, sin tiempo para más, me salgo y manguera en mano riego su vientre con abundante savia blanca y caliente. No fue tan prolongado como suelo hacerlo, pero lo suficiente para que ambos coronemos el acto con los “vivas” de un orgasmo que por poquito no es a dúo.

Me hubiera gustado hacerlo eterno, pero en la urgencia de la calentura no daba para prolongarlo demasiado, aún así fue tan intensamente vivido que cuando salí de ella tenía las piernas temblando, era la emoción de haber poseído algo que era mío, tener ese cuerpo que me pertenecía más que a nadie.

Me volvió a sonreír, no necesitamos expresarnos para comprender que pasaba dentro de nosotros. Agradece la delicadeza de no terminarle adentro, hubiera gustado de sentirla, está protegida, pero las urgencias afectivas y la emoción no dieron tiempo para enterarnos. – El próximo lo quiero en vivo y directo, adentro quiero sentirte. Fue complacida, previa mamada, se la mandé adentro de la conchita, gozó el contacto directo con el semen. Nos abrazamos, como amantes reprimidos y contenidos por años, es el momento del desquite, recuperar el tiempo de amor perdido. Nos debemos muchos más momentos de amor y sexo.

Luego de este primer encuentro hubo varios más y de contenido más hot, pero por ahora, amigas lectoras espero que lo hayan disfrutado e interpretado tal como fue mi intención al relatarles una parte de mi vida que pocos conocen, pero que tuve mucho placer en compartir con ustedes, es una forma de poder sacar esos momentos que nos acarician el alma y queremos revivir, pero no es fácil contarlo. A través de esta ventana que Marqueze pone a nuestro alcance tenemos una forma de hacerlo.

Si entre las lectoras se encuentra alguna que haya tenido experiencias como la mía, me gustaría saber de ellas y compartir las propias, de momento agradezco haberme dejado entrar en su atención y reitero que las espero en la dirección de correo que figura al pie.

Un beso.

Autor: Arthur

arthurk1986 (arroba) yahoo.com.ar

Me gusta / No me gusta

De fresa o de vainilla IV

Se agachó por mi top y mis calcetas y nos fuimos a su habitación, y cerró la puerta, Cuando me tiró a la cama y vi la puerta, pensé que; nada existía fuera en ese momento, pero cuando regresara, el mundo se reconstruirá de manera diferente, nada seguiría igual, al no salir de ese cuarto en ese momento, elegí de alguna manera cambiar mi vida para siempre.

De cómo jugamos en su cama – Me seduce y me desnuda

Cuando llegué a casa me acosté muy cansada e inquieta, solo pensaba en lo de esa noche, solo con Ale, me di cuenta que nadie me quería como ella, cuando pude dormir  tuve un revelador sueño. Ale y yo, nos besamos en un parque mientras bailábamos, con una especie de vestido transparente, acariciaba mi cuerpo y yo el suyo, solo había una tenue luz, que no me dejaba ver todo su cuerpo apenas cubierto por una delgada tela traslucida, nuestros movimientos eran suaves y eróticos, ambas lo disfrutábamos mucho, pero de repente mi madre nos veía  de un balcón que nosotros no vimos, y me gritaba  “zorrita, traidora, lesbiana”. Y entonces las dos corríamos tomadas de la mano despavoridas, para alejarnos de ese balcón.

Cuando desperté el corazón me latía rápido, eran como las siete, y si me sentía húmeda de abajo, no pode dormir en un rato, el sueño me inquieto bastante. Que significaba eso?, ¿como sería bailar con ella a oscuras? después no sería muy distinto de un sueño, ¿si no me gustaba podía olvidarlo y nadie lo sabría solo ella y yo?,  ¿me haría daño vivir eso con alguien a la que quería y me quería tanto y le tenía tanta confianza? Esos pensamientos me pusieron nerviosa, realmente me dio curiosidad de darnos una chance de jugar, de hacer la peor travesura, disfrutar juntas de nuestra sexualidad por una noche como las otras dos.

Cuando la besaba en el carro, ya no era solo la travesura, comenzaba a sentir un deseo fuerte  por ella, pero no me atreví a decírselo.

Otra  húmeda mañana de ese verano, ya hacía una semana que había sido el baile. Me decidía a pararme, mi cama estaba muy calientita y tenía la sensación de haber tenido una noche maravillosa  y que había soñado bonito. Mi celular sonó, medio dormida leí en la pantalla

“1 mensaje de ale”… el mensaje decía textual: “buenos días nna! En 30 min paso por ti, te invito a desayunar, te quiero mucho”.

Así que me paré y me metí a bañar, había soñado otra vez algo con ella, pero nunca recordé que había vivido en ese sueño.

Como era habitual, llegó con 20 min de retraso, todo el camino escuchamos “accidentaly in love” que nos encantaba desde que vimos shrek 2, fuimos a desayunar a  un Starbucks que queda por el centro, desde que llegó por mi, se veía muy linda, no se maquillo ni nada, así era nuestro estilo, de hecho ni siquiera usaba alguna ropa especial,  llevaba puesta una playera polo blanca, una hoodie x,  unos pants Adidas y unos tenis, iba muy contenta, sus mejillas chapeadas, su cabello suelto, y sus manos adornadas por el anillo  en el pulgar  y sus uñas sin pintar se me antojaban lindas, además olía al perfume que le había regalado el mes pasado. Esa mañana me gustó mucho y me sentía muy bien a su lado, varios volteaban a mirarla, esa chava que les gustaba, era mi novia.

Pasamos toda la mañana juntas caminando por el centro, simulando ser amigas. A medio día fuimos a su casa a comer, su mamá ordenó pizzas para nosotros por que ella saldría, tomaría un café con sus amigas y volvería entrada la madrugada, tan pronto como llegaron las pizzas nos la subimos al cuarto de tv aprovechando que no estaba Karen (su mamá) y podíamos hacer lo que nos placiera, tirar migajas, subir los pies a los muebles, no tomar sopa y cosas así.

Nos quitamos los tenis y nos acomodamos en el sillón frente a la tv, encendimos el televisor pero como no encontramos nada,  ale encendió su Xbox y comimos mientras jugábamos voleibol,  después de darme una paliza y habernos hartado de pizza vegetariana, puso la peli Unfaithful, según ella para aprovechar que su mamá no estaba por que la semana pasada no le había permitido verla con ella, (tenía escenas bastante explícitas e incitadoras) que hizo termináramos juntas abrazadas y tomadas de la mano de vez en cundo ella me acariciaba la espalda y el cuello, si no mal recuerdo yo le di el primer beso ese día, con el pretexto de que tenía cátsup en los labios, ella me tenía abrazada casi por atrás, de vez en cuando yo volteaba para darnos un besito tierno, su aliento con olor a pizza que soplaba en mi nuca me erizaba la piel.

Recuerdo que de repente me tomó un pie, me sacó los calcetines olió mi pie y  bromeó que me olían mal, y se puso hacerme cosquillas en la planta y entre los dedos. Todo era un juego me acariciaba las piernas como lo hacían en la movie y nos reíamos y nos burlábamos de lo cursi que eran los diálogos y los repetíamos algo así como desde el “solo es por pasión, los errores no existen”, además hacíamos comentarios como ¡Ay nena! cuando la protagonista salía en poca ropa, ese tipo de jugueteos y bromas pusieron una atmosfera que me hacía sentir unos escalofrío, sudar las manos y se me entrecortara la respiración, dentro de mí latía un peligroso profundo deseo por mi “amiga” que tenía muy cerquita.

Mientras una escena para adultos se desarrollaba, nos miramos y empezamos a besarnos, y nos tiramos al sillón. Parecía un juego, quedé abajo de ella con una pierna en el sillón y la otra abajo para que ella quedara bien encima de mi y nos besamos así un rato, primero como siempre, pero después subió de tono, como aquel día en el almacén, era realmente excitante, la calentura se me subió a la cabeza y comenzamos hasta  a hacer ruiditos de prendidas, me tocó arriba y me puso peor. En ningún momento supe que hacer,  la situación se me fue de las manos desde hacía algún tiempo, ella lo sentía, y lo disfrutaba,  se veía decidida a hacerme todo y toda suya, le gustaba tener en su control, a mi, mi destino, y mi feminidad.

Me desabrochó el top por debajo de la playera y acarició mis senos muy suavemente, levantó mi playera hasta mis clavículas. Con su lengua dibujó el contorno de mis aureolas y con su boca coloreó mi pezón, con su saliva a besos delineó mi abdomen, desabrochó mi pantalón y bajó el cierre con una mano, he hizo aparecer para si, mi  pubis velado por una delgada tela azul cielo del calzón que llevaba puesto, que no parecía ofrecer obstáculo a su excitación que reflejaban sus delicadas facciones; y algunas otras cosas como sus dilatados pezones y su cuero tan erizado como el mío, la habilidad que demostraba, me asustaba pero a la vez me encendía y me hacía querer  llegar a mi limite y el suyo, aun que quizá  los habíamos dejado ya muy atrás, probablemente ni existían.

-Ven vamos!-  Me dijo tomándome la meno y acomodándose el cabello que tenía en la cara.

Se agachó por mi top y mis calcetas y nos fuimos a su habitación, y cerró la puerta, Cuando me tiró a la cama y vi la puerta, pensé que; nada existía fuera en ese momento, pero cuando regresara, el mundo se reconstruirá de manera diferente, nada seguiría igual, al no salir de ese cuarto en ese momento, elegí de alguna manera cambiar mi vida para siempre.

Pensamientos así de mal viajados me llegaron a la cabeza toda la noche creo producto de los nervios y la incertidumbre que sentí, mi corazón estaba muy confundido no estaba seguro de querer estar ahí pero quería sentirse querido y por eso latía durísimo,  mi futuro era incierto, me daban ataques de risa, las manos me sudaban, la cara la sentía caliente. Las ideas locas me asaltaban la cabeza, hacían a un lado los prejuicios y a soportar de alguna manera  el intenso miedo que estar parada ahí a solas y con el pasador de la puerta, me hacía sentir.

Antes de esto; aunque decíamos que éramos “novias”, y nos  besábamos,  y aun lo del almacén, y todo, siempre la ubiqué como una muy buena amiga, que simplemente había mucha confianza que nos permitía hacer algunas cosas locas, pero después, nunca supe que fue lo que fuimos.

Su recámara estaba helada por que llovía, el piso lo sentí muy frio en mis pies descalzos pero el calorcito que irradiaba su cuerpo junto al mío, pronto me quitó el frio, me abrazaba y con la otra mano me tomaba de la nuca para besarme, Me dejo sin playera, me besaba de vez en vez y me acariciaba los senos, algo me hacía sentir sexy, miraba abajo a Alejandra jugando con mis senos, que les juro en ese momento eran más grandes de lo normal, de pronto me dio un ataque de nervios y reí como loca, a Ale también le empezó a dar risa, si bien muchas cosa no estaban en mi cabeza, como la sensatez, si me di cuenta de lo que pasaba, estaba en playera pero sin top, con pantalones pero con el cierre abajo y con una chava que no era “stright”, ahí no pasaría nada.

Me preguntaba fingiendo demencia – ¿por que te ríes mensa? Esto no es chistoso. Me besó la boca de nuevo y ahora se deleitaba con mi trasero, tan rico también. Después deslizó su mano sobre mi pantalón en ya saben donde, se detuvo un rato y la apoyo suavemente contra mi,  luego la metió entre mi piel y mi ropa interior para  acariciar mis bellos, me acarició mi parte prohibida y hasta  las piernas me temblaron, luego lo hizo…  metió un dedo entre los pliegues que hace la vagina cuando una tiene las piernas casi cerradas, se torció un poco y sin permiso con uno de sus largos dedos se quedó con mi virginidad que me había pertenecido hasta ese momento.

No se si me empezó a besar bien padre o era su dedito que entraba y salía, realmente eran ambas cosas al mismo tiempo, lo que me hizo sentir tan amada, no hacía más que cerrar los ojos y apretar los dientes por ese ligero dolorcito que sentía mientras mi orifico se amoldaba al tamaño del dedito que tenía dentro, ¡y oye! Que rico es eso. Se separó de mis labios y con una sonrisita me preguntó…

– ¿Se siente bien rico verdad?

Apenas asentí con la cabeza, por que estaba perdida con esa sensación,  gemía solo para mi misma  por lo que  mi cuerpo experimentaba. ¡Sería tan embarazoso que me viera gritando de placer!

Deshizo el nudo del listón de sus pants,  y luego puso mí mano por entre sus bóxers y su pubis, se sentía ligeramente áspero, vacilando mucho deslicé mi mano por entre sus pliegues pero apenas si la tocaba, me tomó por la muñeca, se paró con las piernas un poco más abiertas, contrajo su abdomen como aguantando la respiración  y puso mi mano más abajo, cuando sentí su área calentita y húmeda, por instinto la saqué rápidamente de su pantalón.

Ale separó su boca de la mía y con una sonrisa más, me dijo:

– ¡Vamos! Te juro que no te muerde, no pasa nada, como te diga tu corazón, tú sabes como, sin pena.

También me salió una risita por su tontería pero calle súbitamente cuando metí mi mano dentro de sus bóxers, para buscarle su agujerito,  la deslicé muy despacio, como cuando buscas algo que no estás muy segura de querer encontrar, se lo hallé poquito antes de arrepentirme de nuevo,  le introduje mi dedo medio muy despacio, no quería  lastimarla. Si me preguntas por que le hacía lo mismo, supongo que para ponernos a mano y hacer un desquite, ella salía y entraba yo solo estaba dentro de ella,  era la primera vez que sentía otra vagina, se sentía muy mojada y tibia, se me figuraba más profunda, quizá por la posición de mi mano, que la tenía muy torcida, eso limitaba y cansaba, por eso, bajé mis jeans a mitad de los muslos, a continuación  bajo sus pantalones y sus bóxers a media cadera, tomó mi mano de nuevo y la dirigió a su cosita.

–Juntas pelase, es más rico así- me dijo besándome al oído.

Ahora ya no me podía separar de ella, me estremecía, ahora sentía una intensa atracción asía ella, la abrazaba con el brazo libre y acariciaba su cabello, apoyaba mi cabeza en su hombro, fuera  lo que fuere era la travesura  más deliciosa en la que había estado, y lo más rico que alguien me había hecho, elle jugaba con su dedo dentro de mi, me sentí como,  poseída y dominada. Por mucho que pensé si eso era correcto o no, no quedaba opción. Tal vez las hormonas se me pusieron hasta arriba, me sentía como mareada y abochornada.

De pronto paró, sacó su dedo travieso, me abrazó fuerte, como emocionada y me besó con dulzura. Así que yo también aparté mi dedo de su cosita, se sentía chistoso tan humedecido por ella, discretamente lo limpié en mi calzón que era lo único que me quedaba. Me puso las manos sobre la mejilla y me dijo: -No me la creo, nena, ¡que padre!, ¿te das cuenta estamos juntas?

Ni le conteste, no entendí muy bien a que se refería – se sentía bien pero no me emocionaba como a ella, además sentir su dedo húmedo en la cara no me hizo mucha gracia, pero tampoco le dije nada. Mis pantalones ya estaban en el suelo y ella seguía vestida así que le quite su playera, ella me ayudó levantando sus delgados brazos adornados por unos  dorados vellitos apenas perceptibles  que se veían a contra luz por la tenue iluminación que entraba por entre sus persianas. A continuación ella sola se quitó el bra.

Nos besamos de nuevo y frotamos nuestros torsos desnudos con ese ritmo que solo da una calentura como aquella que se sentía esa tarde en esa habitación.  Se hinco y mirándome a los ojos, tomó mi ropa interior de los lados y con cara de picara preguntó:

-¿Puedo señorita?

Sin esperar una respuesta los deslizó hacia abajo a lo largo de mis pierna y los dejó en los tobillos, le ayudé levantando una pierna y luego la otra, primero solo sacó los jeans y luego hizo lo mismo con mis calzones, los aventó por atrás de ella a la cama junto con nuestras playeras, se incorporó despacio muy cerca de mi, tan cerca que cuando se encontraba de regreso a la altura de mi cadera, sentí escalofríos y me doblé por reflejo hacia atrás, quedó parada de nuevo frente a mi, me dio un beso tronado en los labios.

Hacía algo de frío, hasta temblaba un poco,  por instinto me abrazaba yo solita e intentaba tapar mis senos con los brazos, y miraba descontrolada lo que ella hacía,  se encorvó para bajarse los pantalones y los dejó en el piso, luego apartó su ropa interior hasta sus rodillas y apoyándose en mi hombro, se los terminó de quitar con sus piernas y quedó parada encima como vino al mundo.  Me susurro al oído…

-Tranquila nena, ¡te quiero mucho! Yo voy a cuidar mucho de ti, o las dos coludas o las dos rabonas.

Si has estado en algo así me entenderás: es increíble lo que unas palabras como estas te hacen sentir en momentos como este, en el que solo sientes inseguridad, me empezaba a sentir mejor, hasta creo que dejé de temblar de miedo o de frío. Me puse en cuclillas y le quité sus calcetas, convencida de lo que me acababa de decir. Aunque ya la había visto sin ropa, esa vez, la vi distinta, su pelo negro en sus hombros, su mirada intensa en mi,  el agradable tono blanco de su piel,  su delgada silueta, sus bonitas piernas largas, esa tarde-noche me mostró los senos más hermosos y el pubis afeitado más tierno de este mundo.

Algo curioso es que ella también empezó a cubrir su pecho como yo, y fue posiblemente el único indicio de pena que vi en ella. Un cuerpo parecido al mío superando por mucho las diferencias por las similitudes, era un cuerpo de mujer  desnudo que había aparecido por mi,  la olla de hormonas que hervía dentro de mi, me provocaba a acercarme, a indagar en el,  sus diferentes texturas, a que olía y quizá también, que sabores escondía, quise descubrir cada una de las sorpresas que podía guardar aún este encuentro, la contemplé enfrente de mi por un momento, y  me pareció; que ese instante quedó suspendido en el tiempo inmune al irrefrenable curso de los minutos y permanecer estático por una pequeña eternidad.  Lo recuerdo tan nítido, que estará así, por siempre.

Después de explorarnos mutuamente con la mirada, nos dirigimos una mirada de complicidad y sonreímos, ya no me engañaría más, era ahí, de entre todos lo lugares del mundo en el que hubiera preferido estar, de  haber tenido oportunidad de escoger. Di un pequeño paso al frente y la abracé, tuve necesidad de ocultar por un momento mi desnudez a sus ojos que se me figuraban muy atentos a cualquier detalle en mi, y así oculté la desnudez su vista, ahora era su cuerpo el que percibía esa situación,  y  mi corazón  le confesó el desnudo emocional que sentí que era aun más despojado, con esos violentos golpes que daba dentro de mi pecho.

Es que en ese momento, no tenía nada, no sabía nada, sentí la mayor inseguridad de mi vida, ¿debería quedarme así abrazándola hasta que la noche cayera sobre nosotras? ¿Deberíamos seguir besándonos? ¿O acariciarle su torso totalmente desnudo? ¿o era ahí donde acababa la aventura?  Nos vestíamos e íbamos a la sala a jugar Xbox. Sus pies descalzos en el suelo cerca a los míos y el calor de su cuerpo pegado al mío también desnudo, me hizo sentir tranquilidad y confianza en ella.

No sé como consentí todo esto, de hecho muchas veces me he arrepentido de lo que pasó esa tarde con ella, me culpo por no haberla frenado a tiempo, pero si de consuelo me sirve,

Estar desnudas abrazadas  se tornó en algo muy pero muy  erótico, creo que ni siquiera ella supo que se suponía debía hacer, por eso nos besamos tiernamente  por un rato, nunca me había sentido tan cautivada, en su saliva había un sabor podría decirse “enviciarte”, no quería dejar de besarla, y quise que sucediera más,  me atreví a poner mi lengua en su boca para sentir la suya en la mía, me puso la piel áspera, los vellos de todo el cuerpo se me erizaron y poco a poco se empezó a ponerme húmedo ahí, y algo en el ambiente me hacía intuir que a Ale la pasaba lo mismo.

Autora: Sandra W

Me gusta / No me gusta

De fresa o de vainilla III

La humedad de sus labios en los míos, el contacto de nuestras bocas y la mezcla de nuestras salivas era algo ya natural, besaba muy rico, abríamos nuestras bocas y lo hicimos más profundo, cuando escuchamos que alguien quería abrir la puerta por fuera nos separamos y limpiábamos nuestras bocas con las manos, quitamos el pasador y salimos riendo tomadas de la mano.

El destino sigue su curso.

A partir de eso los besos se hicieron más frecuentes en las siguientes semanas, buscábamos estar a solas para besarnos cada vez con más pasión, en ocasiones entrabamos juntas en los sanitarios del colegio, cuando veíamos que estábamos solas nos dábamos besos largos y húmedos. Recargadas en la puerta, para que ninguna niña entrara.

Siempre que estábamos en una situación así sentía unas cosquillitas en la panza que nunca supe identificar si eran de nervios o si sentía alguna atracción hacia ella, pero creo que esa sensación de estar haciendo una travesura les daba un toque mágico a nuestros besitos.

La relación parecía haber llegado a su madurez pero aun nos faltaba, por hacer algo, y a ti saber algo. A finales de mayo estábamos por terminar cursos de la escuela y la directora ya nos traía entre ojos para los cursos, de regularización para mi y unos cursos para ayudar a que ale entrara a la uní, pero a Ale su desarrollo académico le tenía sin ningún cuidado y tubo una brillante idea para quedar bien con la vieja y librarnos de sus clases de verano

Las tres chicas y yo apoyamos a la directora para los preparativos de la graduación de la generación de Ale, nuestra labor consistía en conseguir los arreglos necesarios para la ceremonia en el auditorio. Aunque todos sabían que Ale era puro desmadre, sus padres tenían una buena relación con la directora por su posición social, y por este motivo le confió las llaves de la bodega del auditorio. En el solo había algunos arreglos de ceremonias pasadas, sillas rotas y un montón de trebejos olvidados y polvosos.

Desde el primer día nos encargamos de darle un uso a nuestro favor a ese olvidado cuarto. Al no tener un lugar lo suficiente privado para hacer de las nuestras, era el lugar ideal para que nadie nos viera de lesbianas, así que con el pretexto de hacer inventarios nos encerrábamos a solas en la bodega, nuestra energía sexual de adolecentes  reprimida y la privacidad que había nos hacía ir cada vez más lejos.

En uno de estos “inventarios” nos besamos y me calenté hasta el punto de dejar que me quitara la playera y tocara mis senos cosa que no creí que alguna vez permitiría, esos besos tienen una sutil línea que los divide del escarceo sexual, que no es más distante cuando estas con una chava he, una vez que te dejas llevar, la calentura no te permite parar.  Me besó en mi abdomen desnudo me recargó en la pared y besó todo mi torso, se puso bien loca y se daba gusto con mi cuerpo, después se puso de pie y trató de desabrocharme el pantalón pero yo no le permití y le aparté la mano del botón, así que volvió a ocuparse de mis bubis, realmente tampoco deseaba que hiciera eso, pero algo no me dejó frenarla, por el contrario empecé a acariciar las suyas, eso no me excitaba ni nada, lo hacía por reflejo a lo que ella me hacía y por que mis manos en esos momentos deseaban tocar algo y sus nenas era lo más cercano a mí, además de tener una textura agradable; no sabía ni que onda, de hecho su cuerpo en si no me provocaba la menor atracción en esos días, pero ahí algo que si es cierto; estar en esa situación era emocionante, tal vez por que a mi edad nunca antes había hecho eso con nadie.

Después de estar así un rato masajeando los senos la una a la otra la temperatura subió en el almacén y empecé a hacer ruiditos, se aprovechó de eso y volvió a intentar tocarme abajo, solo que esta vez no encontró ningún impedimento por mi parte, de hecho cuando me comenzó a tocar sobre el pantalón le ayudé separando un poco mis piernas para que pudiera desplazar con facilidad la mano, les diré que me llevó a tal extremo que al ver que le costaba trabajo desabrocharme el pantalón lo desabroché yo misma y bajé el cierre,  afortunadamente para mí y desafortunadamente para ella escuchamos pasos aproximarse, me puse mi playera rápidamente y acomodé mis pantalones, los pasos se siguieron de largo, eso me puso un susto de los de a deveras

Ale me tomó para regresar a lo que estábamos, pero el susto hizo que se me apagara el fuego y reflexionar de lo que estuve a punto de permitir. La verdad no estaba preparada para esa situación con ella, agradecía que no hubiera pasado a mayores, me intentó besar pero yo le pedí que nos fuéramos, en el camino a casa me la pasé callada, lloviznaba, y las dos caminamos cabizbajas, al llegar me despedí de un beso en la mejilla y entré a casa.

En cierto modo estaba arrepentida y enojada conmigo misma, por haber permitido aquello, eso no era correcto ni con un chavo, a lo mejor nos podíamos besar, hacía mucho tiempo que no lo hacía, necesitaba una válvula de escape para mis hormonas y hacerlo con una chava era divertido de alguna manera, era como una travesura, a la que tenía derecho a experimentar por mi edad, pero tener un faje era demasiado. Cómo iba a permitir que una amiga me tocara en mi parte, que yo le tenía tanto respeto? mi amiga no debería quitar mi virginidad con su dedo solo por estar caliente un rato,  por supuesto que no!

Al otro día hablé con ella para explique cómo me sentía por lo que había pasado, ella me pidió una disculpa y me dijo que no había sido su intención hacerme sentir mal y me prometió que nunca haría algo que no deseara.

Una semana pasó, y yo ya no estaba cómoda con ella. Una tarde después de clases tuvimos que asistir en la tarde al colegio por que resultó que el intendente de la escuela accidentalmente había tirado a la basura parte de los listones y las mantas que habíamos cortado, Así que la directora ordenó que “el grupito Ale”, (como nos conocían en la escuela) se reportara en el almacén en la tarde; después de hacer una lista de lo que faltaba, Andrea y Faby se fueron y nos dejaron encerradas “accidentalmente” en el almacén, en el momento en que ale me dijo que las llaves las había dejado en su casa, el corazón comenzó a latirme a prisa y las manos me sudaron en frio, estaba otra vez a solas con una chava que no sabía desaprovechar esas oportunidades.

Le sugerí que marcara a su mamá para que le trajera la llave y nos sacara de ahí, los siguientes 45min en lo que las laves llegaron, ale se comportó como una dama, no sentamos en el suelo y me ofreció su sudadera, afuera se oía que caía un diluvio y el almacén estaba helado, acepte por que titilaba de frio  y nos abrazamos para retener calor.

Me platicó muchas cosas que no sabía de ella, su padre se había ido con otra mujer cuando ella tenía 13, había tenido un novio hace tres años con el que se había clavado mucho y  después la dejó sin más ni menos, la pasó mal en los siguientes meses, hasta que una chica se portó muy bien y la ayudó a salir de su depre, después de un tiempo “se volvieron más que amigas” y con ella descubrió que las niñas le gustaban más que los hombres, tuvo una relación con ella de año y medio, que por cierto yo conocía, se  llamaba Fabiana precisamente. Después tuvo un par de novias más, pero nada serio, además me confesó que nunca había sentido algo como lo que sentía por mi, con nadie más.

Eso me dejó muy sorprendida, sentí que me tenía confianza y por otro lado no intentó ni siquiera besarme, ella me entendió totalmente, cuando llegué a casa me sentí más unida a ella. Las vacaciones llegaron,  Ale era un oasis en mi vida, todo era diversión y tomar todo con calma. Pronto los besos en la boca regresaron no así los contactos que yo consideraba inapropiados y ale lo aceptaba bien.

Con motivo de su cumple y de su graduación, la mamá de Alejandra y yo le organizamos una fiesta sorpresa en su casa, invitamos a unos cuantos compañeros de la escuela y estuvo padre, hubo alcohol y mucho relajo, pero terminó pronto, como a eso de las 11. Mientras le ayudaba a levantar el tiradero que se había quedado, nos dimos cuenta que estábamos desperdiciando valioso tiempo, y nos fuimos a la cocina a besarnos bien rico. Al poco tiempo, oímos la puerta, me dio un último besito y me hizo unas preguntas muy extrañas…

-Sandra, ¿me quieres mucho? -¿Llegarías a más conmigo?

No pude preguntarle de a que iba esa pregunta, por que Karen (su mamá)  entró a saludarnos y nos hicimos las disimuladas, pero estaba casi segura de haber entendido y eso  estuvo rezumbando en mi cabeza los siguientes días.

Como  era su pareja, por así decirlo, fui su invitada a su cena de graduación, eso era tan extraño, por supuesto no quería ir y le puse mil escusas;

-Mis papás no me dejarán…-Mi mamá los convence…-No tengo para el boleto…-Yo te lo invito… -No tengo vestido…-Te prestaré  uno bonito…

Total que cuando las escusas se me acabaron, no me quedó otra y acepté.

Estuvo a todo lujo,  me prestó un vestido color lila precioso, y ese día, la vi como nunca, en un elegante vestido negro que contrastaba con su tono de piel pero hacía juego con su cabello, tacones altos que presumían sus largas piernas, peinado de salón y maquillada, se veía muy bien, era la chava más guapa de toda la fiesta, aún que cuando se lo comenté a Andrea no estuvo de acuerdo y dio su voto a Faby, pero la verdad es que Alejandra atrajo todas las miradas esa noche y aunque ella  lo sabía, no hizo caso a nadie. Cenamos, bebimos un poco y bailamos para echar relajo con nuestras amigas y unos compañeros, cuando pusieron las baladas, tres chavos le pidieron a Ale que bailara con ellos, y a todos rechazó, Fabiana y Andrea, se pararon a bailar como pareja, y no disimularon nada, que era lo que yo no quería y por eso le dije a ale que prefería no bailar.

Al rato Julio se acercó y me pidió que lo acompañara en dos canciones, la primera lo rechacé pero la segunda  me animé a bailar con él, sabes si fue algo extraño, las copas que traía encima, me hicieron confundirme y sentirme bien con él, creí que era ahí donde pertenecía, mientras danzamos me di cuenta que Julio disfrutaba  tener la mirada fija de Ale en nosotros y se esforzaba en no perderla, me hacía comentarios en el oído y debo admitir que eran graciosos por eso me reía con él, a la siguiente canción las luces cambiaron y todos en la pista se abrazaron para bailar, incluso Faby y Andrea, las que tampoco nos perdían de vista, bailaron muy acarameladas. Yo también abracé a julio, cuando volteé a donde Ale, me pareció enojada, pero yo creí que no tenía motivo para enojarse conmigo, y no hice caso.

Además la loción de Julio y la firmeza con la que dirigía nuestros pasos me hacían pasar un rato bien, así que cerré los ojos y me dejé llevar, alguien tocó mi espalda por atrás e interrumpió lo que pensaba, al voltear a ver quien era el inoportuno, se trataba de Faby que señalaba hacia donde se supone estaba sentada Ale,  no estaba ahí ni su bolso ni su abrigo, la busqué y la pude ver aproximarse con paso decidido a la salida, sin pensarlo solté mi pareja y corrí por mis cosas a la mesa y después a ella, la tomé por un brazo para detenerla, ella se soltó y dijo gritándome:

-Que, poca tienes Sandra – sin mirarme a los ojos-Por que ella lloraba.

Por un momento no supe lo que debería hacer, pero después fue claro no podía dejarla irse así, pegué otra carrera para ir por ella, ya estaba en la calle.
Siguiendo su paso apresurado, le pregunté:

– ¿A dónde vas Alejandra? -No te importa ¿o si? -Es muy noche para caminar por aquí…

Ella volteó y me dijo enojada como nunca la había visto – Regrésate a bailar con el pendejo ese y déjame en paz.

No supe que responderle y solo la seguí esperando a saber que decirle.

-Ale no me hagas esto, déjame explicarte. -¿Qué? ¿ te gusta? -No, ya,  detente vamos al salón y tranquilízate -No quiero saber nada de ti.

La tomé de nuevo y le dije, tú eres la que me gustas.

Se detuvo  y me dijo, – Déjame sola. – Te lo juro- la abracé con mucho cariño…

Primero puso resistencia, después no solo se dejó sino que también me abrazó sin dejar de llorar, la sentí tan frágil, sus delgada espalda que no dejaba de brincar por el llanto y sus tiernos sollozos de niña me partieron el corazón, yo lo había provocado. Me llevó un rato tranquilizarla, pero lo logré, con cariños y besos, y expresándolo mi cariño que le tenía, se convenció de regresar a la fiesta.

Nos metimos al baño y se enjuagó la cara, cuando salió la única niña que había dentro, puse el pasador del baño y la besé, para demostrarle lo que le había dicho, me besó con mucho amor, ambas no sobresaltamos un poco, ella me tomó por la cintura y yo puse mis manos sobre sus hombros, me sentí muy confortada de verla contenta de nuevo, con la humedad de sus labios en los míos, que se chupaban con tanta familiaridad, el contacto de nuestras bocas y la mezcla de nuestras salivas era algo ya natural, besaba muy rico, abríamos nuestras bocas y lo hicimos más profundo, cuando escuchamos que alguien quería abrir la puerta por fuera nos separamos y limpiábamos nuestras bocas con las manos, quitamos el pasador y salimos riendo tomadas de la mano.

Fuimos a platicar a la terraza posterior del salón, donde apenas había dos parejas más, estuvimos mirando la bonita vista que proporcionaba el lugar, platicamos de muchas cosas, especialmente de lo que sentíamos la una por la otra y me dijo por primera vez que me amaba y que nunca había sentido algo así por nadie, yo le contesté algo parecido, aunque no estaba muy segura de ello, la fiesta seguía, el conjunto paró de tocar y llegaron los mariachis, pero nosotros la estábamos pasando bien a solas, cuando su mamá le avisó por teléfono que nos esperaba afuera para llevarme a casa, nos dimos un beso en la boca más, con el riesgo que alguno de los pocos que quedaban dentro, nos mirara, pero nada nos importaba

Fuimos por las otras dos que estaban sentadas a una mesa cansadas de divertirse , Andrea  dormitaba en el hombro de Faby, su mamá nos repartió en nuestras casas, a ellas las dejamos en casa de Andrea, donde, según Ale, no había nadie pues sus padres habían salido de viaje y aprovecharían para tener su primera vez.

Autora: Sandra W

Me gusta / No me gusta

Mi prima Natalia II

Sus acometidas aceleraron mi respiración y las lamidas sobre su clítoris, mas sus movimientos indicaban la cercanía de su clímax. De pronto, una energía sobrenatural recorrió mi cuerpo y mis gemidos pasaron a ser gritos con los de ella. Natalia sintió los espasmos de mi verga en su boca, y la metió hasta el fondo, donde empecé a acabar como un potro salvaje, realmente como una bestia.

Como les conté en el relato anterior, los orgasmos de mi primita fueron abundantes y muy húmedos, y una vez que estábamos descansando sobre su cama abrazados, recapacitamos del tiempo que había pasado desde que entramos a su cuarto. Bien puede haber sido una hora, no lo sé, pero de pronto se escuchó unos golpes que llamaron nuestra atención, por el estruendo que sobrepasaba la música del equipo musical.

Ante la insistencia ejercida por la persona que estaba fuera, bajé el volumen de la música, y se escuchó a mi tía gritando que abriéramos la puerta. Nos quedamos helados y sin pensarlo dos veces, le respondí que Natalia estaba aún en el baño maquillándose, y que yo me estaba vistiendo después de la ducha que me había dado.

Atemorizados de que mi tía nos haya escuchado, saltamos de la cama como resortes y nos metimos en el baño para asearnos rápidamente. Salí del baño casi sin secarme, y me vestí a medias. Natalia se demoró más de la cuenta en el baño, ya que es muy pretenciosa.

Salí presuroso hacia el comedor, y mi tío que ya estaba medio ebrio, me elogió el traje de Huaso que llevaba puesto. Mi tía se acercó a mí, me tomó la mano, y me hizo girar en 360º para apreciar como lucía de todos lados. Debo mencionar a los amigos que no conocen como es nuestro atuendo, que el pantalón se usa muy ajustado en el tiro, cosa que hace que el miembro se resalte mucho. Ella prosiguió con la visualización de mi facha, mi  tío se levantó de la silla en la que estaba, y se dirigió hacia el cuarto de Natalia para que se apresurara en venir.

Mi tía seguía contemplándome, y recordaba cuando era un mocoso. Yo estaba mirando hacia el pasillo, cuando note que mi tía miraba temerosa y simuladamente mi entrepierna, mientras se acercaba a mi y me olía reiteradamente como queriendo encontrar algún aroma  extraño. Me preocupó que ella sintiera olor de mi ración de sexo anterior, pero más bien me pareció que los tragos que traía encima, le estaban despertando la libido. Es obvio que deseché aquella hipótesis y alejé ese pensamiento  Se apegó más a mi brazo,  y con su mano derecha acariciaba mi pecho, entre la manta y la camisa.

Metió su mano entre los botones y se puso a jugar con los pelos de mi pecho, llegando a tocar mi tetilla izquierda. El morbo de la situación me gustó y me dejé querer haciéndome el desentendido de lo que sucedía, cuando apareció por el pasillo mi tío trayendo de la mano a mi prima, como quien presenta a una modelo en un desfile.

Los aplausos fueron interminables y mi prima, emocionada con nuestros halagos, se acercó a mí y con un abrazo tierno me dio las gracias y algo me dijo a oído que no entendí. Mi tía fue hasta la cocina llegó con un brasero ardiente con la comida asada que nos preparó para la ocasión. Comimos en abundancia, bebimos copiosamente, y después de un rato nos pusimos a bailar. Pasado un tiempo largo, mis tíos se dejaron llevar por los tragos y Baco junto a Morfeo se los llevaron a un sueño profundo en el sillón en el que descansaban.

Natalia, medio mareada ya con todo lo que habíamos tomado en el día, se acercó a mí audazmente y me empezó a acariciar el miembro por encima del pantalón. Yo la interrumpí haciendo un gesto indicando la presencia de mis tíos a solo unos tres metros de nosotros, ella se hizo la desentendida, muy sensualmente, se dirigió hacia ellos remeciéndolos para llamar su atención. Mi tío profundamente dormido, y mi tía algo balbuceó.

Naty se acomodó a mi lado y comenzó a bajar el cierre del pantalón. Trató de sacarme el miembro, pero no pudo por lo ajustado del calzoncillo. Pidió que me pusiera de pie, y ella misma me despojó del cinturón y bajó mis pantalones. Me empujó hacia el sillón, y con ojos seductores, me miraba fijamente, irradiando lujuria que sobrepasaba todo lo que nos estaba rodeando. Se hincó en el suelo, y bajó mi bóxer. Ante ella quedó una verga apuntando hacia su carita de niña, con un glande rojo y extremadamente hinchado.

Miró asombrada las características de aquella máquina, la tomó con ambas manos y recorrió el prepucio de arriba abajo repetidamente. Me señaló el líquido preseminal y posó su lengua justo en la puntita. Se apartó un poco, y una hilacha de líquido cristalino quedó entre su lengua y el glande. Lo saboreó, recorrió la longitud, y lamió mis testículos con mucha calma. Introdujo uno en su boca, revoloteando con su lengua pausadamente.

Anteriormente me dijo que nunca había visto un pene en viva presencia, pero la forma con la que saboreaba mi capullo daba para pensar otra cosa. Abrió bien su boca y trató de meterlo entero en ella, pero la presión en su garganta hizo que le diera asco. Me miró sonriente con saliva en sus comisuras y la metió otra vez suavemente. Ahí entró menos, mas su lengua presionaba con fuerza hacia su paladar. Recorría lo que quedaba fuera de su boca con sus manos blancas y lo sacaba para saborear mi líquido preseminal.

Miró hacia arriba con sus ojitos verdes, y me preguntó si quería acabar. Asenté con la cabeza, e introdujo el largo total de mi pene en su boca. Les juro que quedé estupefacto. El color de su cara pasó de ser un suave rubor en sus mejillas, a ser un rojo intenso casi morado. Con su lengua lamía mis testículos, y con sus manos apretaba mis nalgas presionando más mi cuerpo hacia el suyo. Se desprendió un poco para respirar de nuevo, y sin pensarlo volvió a meterlo entero en su boca.

Empezó un mete y saca continuo topando siempre sus labios con mis cojones. Mis ojos llegaban a ponerse blancos de tanto placer, de tanta pasión. No había pasado mucho rato de aquella faena, empecé a tiritar de gusto y en mi mente solo reinaba la satisfacción, la plenitud de ese momento mágico.

Estábamos en lo mejor del sueño, cuando mi tía empezó a hablar dormida. Quedamos como piedras, ni la respiración nos salía. Nos separamos rápidamente y como pude oculté a mi regalón. Mi tía se acomodó junto a mi tío, y siguió durmiendo plácidamente. Me acerqué a ella para asegurarme si es que realmente dormía, y capté que su respiración era muy agitada. Me sorprendí con la situación, y la remecí un poco preguntándole si se sentía bien. Su respuesta fue nula. Eso no hizo sentir más tranquilos.

Tomé a Naty de brazo y la llevé hasta la cocina. Su temor era más que evidente, pero mis besos y mis caricias la calmaron rápidamente. Levanté su vestido y me agaché para sacar su bikini, pero la muy guarra no traía nada. Me recosté en el suelo, le hice despojarse de la parte superior de su vestido y sostenes, y le indiqué que se pusiera encima de mí haciendo un 69. Así lo hizo y continuamos con nuestro trabajo lingual.

Sus flujos bañaban mi cara abundantemente, mientras ella tragaba todo el esplendor  de mi miembro. Sus acometidas constantes y profundas aceleraron mi respiración y las lamidas sobre su clítoris, mas sus movimientos indicaban la cercanía de su clímax. De pronto, una energía sobrenatural recorrió mi cuerpo y mis gemidos pasaron también a ser gritos con los de ella. Natalia sintió los espasmos de mi verga en su boca, y la metió hasta el fondo, donde empecé a acabar como un potro salvaje, realmente como una bestia. No podía dejar de eyacular, mis gritos eran apagados por su culo, mientras de su interior un torrente de flujos me ahogaban dejándome sin respiración.

Se liberó de mi lanza en ristre, y la masturbaba con mucha suavidad, mientras de mi interior seguía saliendo semen. Se giró hacia un costado, y mirándome fijamente, abrió su boca mostrando los vestigios de aquella descarga brutal. Tragó lo que quedaba, lamió lo que estaba en sus dedos y aspiró lo que permanecía en mi glande y en el conducto seminal.

Nos pusimos de pie, y entramos al baño de la sirvienta a recuperarnos un poco. Después de un aseo rápido, nos dirigimos hasta mis tíos, y como pudimos los llevamos hasta su cuarto.

Nos encontramos en el pasillo y nos besamos apasionadamente, para luego ir cada uno a sus respectivas habitaciones.

En el próximo relato les contaré más de esta faena.

Manden sus opiniones.

Autor: Jotesantana

Me gusta / No me gusta

Mi prima Natalia

Separó sus piernas y comencé a lamer sus labios vaginales mientras acariciaba sus tetas de ensueño, contemplé su ano cerradito, sudado y rosadito, y me atreví a tocarlo con un dedo. Ella se incomodó un momento, e intentó parar la situación. Yo más hábil de mente me anticipé a los acontecimientos, y posé mi lengua en su ano. Las caricias que mi lengua hicieron que desfalleciera de placer.

Bueno queridos amigos y amigas, paso a contarles mi historia que a mi parecer, es de los más ardiente y variada.

Todo esto comenzó una tarde del mes de septiembre de este año, en Santiago de Chile. En este mes se celebran las fiestas patrias de nuestro país, y usualmente se coordinan eventos familiares en donde se levantan fondas, y en nuestro, caso siempre ha sido así.

Debemos vestir atuendos típicos de nuestra zona geográfica y reencontrarnos con nuestra identidad, participando activamente en los bailes, haciendo las empanadas, los asados, etc, etc. El tema parte específicamente el día 1º. Mi abuela  cita a toda nuestra familia a realizar los preparativos de la fiesta y a coordinar las parejas de baile. Mi madre con mi tío, mi hermano con una tía, y a mi me toco con una prima más joven que yo. Ella es a partir de este momento la protagonista del relato, junto conmigo.

Debo describir las características físicas de Natalia, mi prima, ella es rubia, de ojos azules, tiene 18 años recién cumplidos, mide 1,70 metros de alto, unos pechos prominentes, piernas gruesas y un culo paradito y redondito. Mi nombre es Jorge, mi edad es 27 años, tez mate, delgado y muy activo en lo que al sexo se refiere. Aceptamos encantados el reto de tener que bailar juntos, y obviamente que la cercanía entre los dos aumentó, de acuerdo a los acontecimientos.

El primer ensayo del baile comenzó dos días después de la reunión aquella. Todos vestidos de modo informal inicialmente, danzábamos al compás de la Cueca, nuestro baile típico con mucha alegría, debido a que somos muy apegados al folclore.

Ya pasadas unas semanas, hacia el día 10º de septiembre, debíamos todos tener al día nuestros trajes y aperos para la fiesta que se realizaría el 18 del mismo mes. Yo tengo mi apero completo y  estuve listo desde el comienzo, pero mi prima Natalia tuvo un contratiempo con su vestido, y me confesó que sus pechos habían crecido en forma exagerada desde el año anterior y su vestido no le cabía.

Como es muy linda y pretenciosa, me llamó al móvil muy apenada, diciendo que el arreglo que le había hecho mi tía en el vestido, era de lo más indigno. Yo usando mi espiritu crítico, le dije que me acercaria hasta su casa para constatar lo que decia por teléfono, reaccionó negativamente al comienzo, pero después con mis palabras se serenó, y aceptó mi consejo.

Llegué hasta su casa y su cara no era de buenos amigos. Me aclaró que no bailaría por que el famoso vestido estaba muy feo. Le pedí que se lo colocara para ver si es que se podía arreglar, y la verdad es me costó mucho convencerla que lo hiciera. Accedió de mal modo y fue hasta su habitación a ponerse el traje. Dijo que me pusiera cómodo y que sacara bebidas del refrigerador para los dos. Empecé a llamar a mi tía para saludarla, y  Natalia desde su cuarto me gritó que no estaba. Saqué unas cervecitas de la heladera, encendí el equipo musical y me senté en el sofá esperando su reaparición.

Lo cierto es que el vestido estaba horroroso, llegó con la parte de arriba sin poder hacerla caber como corresponde, y sobre su abdomen se apegaba una camiseta blanca casi transparente muy ajustada, que realzaba mucho sus pechos, haciendo que se vieran muy enormes y firmes. Esto me dejó paralizado, y ella mientras cubría su cara con ambas manos para ocultar su vergüenza, yo me deleitaba con la vista que tenía frente a mis ojos. Eran los pechos más perfectos que había visto en mi puta vida; el calor del ambiente, el sudor de su frente, la blancura de sus brazos, hicieron que me despegara de la realidad por un momento, y comenzó a invadirme una incontenible excitación.

Mi verga comenzó a erectarse y acto seguido ella sacó sus manos, dejando ver un rubor intenso en sus mejillas. Le recomendé que se acercara y en una faena muy ardua, logramos hacer que entraran los brazos; Con mucho esfuerzo, levanté la cremallera que está en la espalda hasta la mitad. Seguí mi intento de completar el cierre, y por la fuerza ejercida, ella se vino contra mi cuerpo, apoyando su cuerpo sobre el mío y posando sus nalgas sobre mi pene erecto.

Ella lo notó y me miró de un modo interrogativo, no supe que hacer, y se me ocurrió sacar mi móvil del bolsillo del pantalón, tratando de aludir que eso fue lo que ella sintió al apegarnos, pero el bulto que se marcaba en mis pantalones no bajaba, y ella posando su mirada en mi zona genital, provoco que mi cara se pusiera muy roja no hallando donde meterme.

Le invité una cerveza a modo de distraer la situación, ella aceptó encantada mi propuesta, y durante la conversación no dejó de mirarme le entrepierna, de reojo en primera instancia, y después de un modo más descarado. Yo me atreví a mirar más fijo  sus pechos, y con los tragos que llevábamos en las venas, las miradas seductoras se nos estaban escapando de las manos. más que tonto, tratando de calmar los ánimos, me empecé a reír de lo mal que le quedaba su vestido, y de las risas volvió a la pena. Me pidió que le ayudara a bajar su cremallera para sacárselo, y sus enormes pechos se soltaron de la prisión en la que estaban, quedando sólo con su camiseta transpirada demostrando que sus pezones estaban más grandes y marcados.

Para calmar su agobio, le propuse fuéramos de compras por un vestido nuevo, que yo encantado se lo regalaría, Natalia cambió súbitamente su rostro, y alegremente se abalanzó sobre mi dándome muchos besos por mi cara y cerca de los labios,  abrazándome firmemente, más bien apasionadamente, apoyó su pecho contra el mío. El calor que sentí subir de los pies a cabeza, el olor de su piel, la forma de su cuerpo junto al mío, hizo que la tomara de sus caderas y la apegara con más fuerza contra mi cuerpo, sintiendo que su cuerpo se apegaba a mi miembro que estaba a su máxima expresión.

Nos soltamos y dijo que iría a cambiase para salir. Fue hasta su cuarto y demoró diez minutos en volver. Se veía iluminada, su carita de niña irradiaba entre alegría y lujuria, algo que nunca ví en ella. Sus jeans ajustados, su pelo atado sobre su cabeza y esa polera blanca, me volvieron a calentar.

Una vez en el centro comercial, fuimos a almorzar, nos pusimos a beber cerveza como condenados a muerte. Cual de los dos más duros para marearse, nos levantamos a conocer las ofertas de trajes de la mano, como dos novios, abrazados en otros momentos, apoyando reiteradamente sus pechos contra mi cuerpo. No sabia que hacer, estaba muy nervioso con el tema.

Entramos en la tienda más exclusiva, y en ella empezó a escoger los que le agradaban, y la vendedora trajo como diez, y ella como niña chica, feliz se acerco hasta el vestidor, entrando en el. Lució el primero, no le gustó. El segundo ni hablar, pero con el tercero se veía espectacular. Me hizo entrar en el vestidor, aludiendo que habían entrado unos tipos a la tienda, y no quería que la vieran así, me incorporé y cerró la puerta, me senté y comenzó a desfilar delante mío, bajó ella misma su cremallera, y deslizando lenta y sensualmente su vestido hasta el suelo de espaldas a mi, quedó solo con su tanguita metida hasta lo más profundo de su culo. Me impresionó la actitud de ella con su cuerpo doblado en 90 grados, me sobreexcitó la figura espectacular de ella tan hermosa. Se volteó hacia mi, y me pilló boquiabierto contemplando ido de este planeta. Sus pechos estaban libres de toda vestimenta. Solo tapados con su antebrazo derecho. Bajó su brazo y gritó mi nombre. Reaccioné sorpresivamente, delatando mi impresión.

Se acercó hacia mí, y me preguntó que me parecía su cuerpo. Yo solo estaba en silencio, anonadado con la bella figura de mujer que el tiempo le ha dado. No supe que hacer. Se alejó deprimida hacia el sector donde estaba su ropa de calle, y se vistió. Optó por el tercer vestido, lo pagamos y salimos de la tienda. Ella al parecer, quería una respuesta pronta, porque de refilón, aludía ella misma a la belleza de su cuerpo.

Estaba muy inquieto, quería decirle lo mucho que me gustaba su cuerpo, que quería saborear sus pechos, pero no encontraba como. La invité a beber más cerveza, pensé que con eso se haría  fácil la misión de decirle lo que me pasaba.

En el patio de comidas nos encontramos con unas compañeras de la universidad en la que ella estudia, nos acercamos hasta su mesa, y me presentó. Fui por unas cervezas al expendio, y a mi retorno me encontré con una agradable sorpresa: Natalia les dijo que yo era su novio. Ellas no creían mucho el cuento, y le pidieron una prueba más sólida. Natalia se acerco hasta mi, y me dio el mejor de los besos, muy apasionado. Ni les cuento la impresión que me lleve en ese momento, y con mucha dulzura correspondí al llamado de mi primita.

Me miró con ojitos cómplices, y me volvió a besar. Esta vez fue más apasionado que el anterior, y sus amigas creyeron lo que afirmaba. Ya pasado un rato, le propuse: ¿Nos retiramos, mi amor? Ella efusivamente me dijo que si, nos despedimos y abrazados nos alejamos del lugar. Al avanzar unos cuantos metros, fuera de la vista de sus amigas, me explicó que ella les mentía con una supuesta relación que llevaba con un chico de otra universidad.

Le pregunté por que lo hacia, y me respondió que le daba vergüenza entablar hasta conversación con otros tipos, pero que conmigo se sentía más segura. Aproveche la situación y le dije que es, y será la mujer más bella que haya conocido. Que su cuerpo es lo más fenomenal que he visto, y que me moría por robarle un beso.

Se conmocionó con mi declaración, y muy suavemente nos besamos otra vez. Fuimos a mi auto, y partimos hacia su casa. En ella nos encontramos con mis tíos, y le mostramos la nueva adquisición de Natalia. Muy alegres, la instaron a que lo luciera, y mi primita, muy picarona y cómplice, me dijo que fuera con ella hasta su cuarto para que me vistiera con mi atuendo. Mi tío aplaudió la iniciativa de Nati, y me motivó a hacerlo. Mi tía, partió a la cocina por unos vinos y carne asada.

Llegamos hasta su dormitorio, y lo primero que hicimos fue besarnos ávidamente. Se despojó de su blusa quedando solo con su sostén. Atónito una vez mas, no sabía que hacer, era mi prima. Me llamó a su lado y le empecé a sobar sus tetas, mientras encendía el equipo musical a todo lo que da el volumen. Solté su sostén y comencé a chuparlas como loco, ella se retorcía y sus gemidos salían de su boquita como animal en celo. Baje mi mano hasta el broche de su jeans, lo aflojé y deslice su cremallera. Bajé sus pantalones hasta la mitad de sus piernas, y junté mi cara a su zona púbica por encima del calzón.

El olor de sus flujos vaginales con un poco de orina, entraron por mis fosas nasales con una calma embriagante. La tome de las nalgas, y mordiendo la tela de su cuadro, los bajé hasta la mitad de sus muslos. La tumbe bruscamente sobre su cama, y con alevosía, separe sus piernas blancas, metiendo mis dedos en su entrepierna. Constaté que su abundancia de jugos empapaban mi mano, y suavemente los llevé a mi boca.

La besé con sus propios jugos, entre agrios y salados, y su mirada de hembra ardiente me prendió aun más. Recorrí con mi lengua desde su oreja, pasando pausadamente por su cuello, acariciando su vientre blanco y liso con mis manos e introduciendo suavemente un dedo en su entrepierna. Mi boca gozaba de la textura de sus pechos jóvenes y tersos y con mis dientes mordía en forma sutil sus pezones.

Descubrí su abdomen con mi lengua, y los temblores que embargaban su cuerpo, los contorneos animales que la poseían, aumentaban mi pasión. El aroma de su piel, el sabor de su sudor, incitaban mi fuerza masculina más allá de todo prejuicio filial. Seguí mi rumbo hacia su vagina, y con mucho deleite saboreé los jugos de ese manantial de juventud.

Presioné su clítoris dilatado, hinchado, ardiente y mojado con mis labios. Comencé mi sube y baja por su punto más sensible y como si nunca hubiera gritado, se abrió su garganta en sonidos sensuales que se aumentaban con mis embestidas linguales. Me desplacé con la cabeza hacia adentro, y con un poco de dificultad, la despojé de sus jeans y calzones.

Levanté sus caderas tomándola de las nalgas, y abriendo lo que más pudo sus piernas, me zambullí en aquel torrente de amor. Introduje mi lengua en su cavidad vaginal que estaba muy mojada, y con fuerza retiró mi cabeza. Dijo que estaba virgen, que sentía miedo del posible dolor que esta acción  le pudiera causar.

La insté a seguir, y la convencí de que nada le pasaría. Calmó su cara de incertidumbre, y con lágrimas en los ojos dio su brazo a torcer. Metí mi lengua en su cavidad nuevamente, y sentí la presión de su himen intacto. Miré sus ojos, y el nerviosismo que manifestaban aquellas lumbreras llorosas, me hicieron desistir de mi propósito.

Le pedí que se volteara que quedara como se vulgarmente “en cuatro patas” y que acercara sus rodillas al borde de su cama. Separó  nuevamente sus piernas firmes y blancas, yo arrodillado en el suelo comencé a lamer sobre sus labios vaginales con mucha dedicación, mientras con una de mis manos acariciaba sus tetas de ensueño. Acompañó el masaje en su pecho, y los movimientos de cuerpo facilitaban mi labor al separarse más sus nalgas.

Me detuve un momento y contemplé su ano cerradito, sudado y rosadito, y me atreví a tocarlo con un dedo ensalivado. Ella se incomodó un momento, e intentó parar la situación. Yo más hábil de mente, me anticipé a los acontecimientos, y posé mi lengua en su ano. Las caricias que mi lengua hicieron que desfalleciera de placer.

Giró su cabeza para preguntar que es lo que le estaba haciendo. Yo le respondí que se relajara y que se dejara llevar. Arqueó su cuerpo hacia abajo, levantando sus piernas levemente y continué con mi trabajo; La presión de mi lengua en su esfínter hizo que su ano se dilatara. Los espasmos que su cuerpo experimentaba, me indicaban que ella gozaba mucho. Incorporé mi mano en su clítoris, y con dos dedos empecé a masturbarla. Los orgasmos de ella yo los sentía por el compás de los movimientos que los acompañaban. Mi lengua pudo entrar unos centímetros en su ano ya abierto, y mis dedos no paraban de agitar aquel clítoris inyectado de sangre.

Me pidió que le frotara más fuerte y sus gritos ya eran estremecedores. Mi lengua entraba y salía en una faena ardua que hizo que los calambres no me importaran. Mi calentura y mis ganas de que ella quedara conforme, aparte del dolor de mi lengua, me motivaron tironear y masajear con fuerza su clítoris. Seguía gritándome que le diera más duro y mis fuerzas ya estaban por agotarse, cuando ella empezó a botar mucha orina que cayó en mi pecho descubierto.

Retiré mi lengua de esa cuna rosada, y continué presionando su clítoris con más atrevimiento, que se volvió a correr de un modo descomunal. Se tendió en su cama, y su cuerpo tiritaba como si de un ataque se tratara y recostándome a su lado, nos abrazamos al mismo tiempo que nuestras bocas ardientes se fundieron en un beso largo y apasionado.

La miré a sus ojos y de ellos salían sutilmente unas lágrimas brillantes, y su boca articuló la siguiente frase: ¡Gracias Jorge!

Manden sus opiniones

Autor: Jotesantana

Me gusta / No me gusta

El linyera

Empujó hasta lograr meterle la mano entera dentro, la cogía por los dos agujeros al mismo tiempo. Julia, muy a pesar suyo sintió de que de nuevo estaba a punto de acabar, y finalmente el tipo acabó en largos chorros dentro de ella, empujando su puño profundamente en su concha y fue ahí cuando ella tuvo el orgasmo más espectacular de su vida. Entre las bolsas de basura, violada por un linyera.

Esa tarde julia había salido como siempre a dar un paseo por el parque cercano a su casa.
Era una rica hembra con tetas enormes y un culo saltón. Tenía apenas 18 años pero ya tenía una gran experiencia, iniciada en el sexo por su propio padrastro.

Pero esa es otra historia, esa tarde, digo, había salido a dar un paseo por el parque, estaba caliente y mojadita como siempre, y se le ocurrió dar rienda suelta a una fantasía, masturbarse en un lugar público.

Fue a un sitio poco transitado, detrás de un edificio, junto a los depósitos de basura, se levantó la pollerita, se bajó la tanga y agachadita en cuclillas se metió un dedito sabroso en su concha jugosa.

La calentura llegó como un huracán, se excitó tremendamente, amasándose las tetas con la mano izquierda, con la derecha se metía el dedo del medio todo lo que podía, entre las bolsas de basura. Sacó el dedo de su agujero y se lo chupó, junto a tres dedos más, y se los metió todos a la vez, su conchita mojada los tragó de inmediato.

Sacó una teta fuera de su corpiño para poder pellizcarse un pezón, sin darse cuenta de que la estaban observando.

Un viejo que andaba por ahí, un tipo de la calle, maloliente y abandonado, contemplaba la escena mientras se pajeaba de lo lindo. Tenía una verga enorme, erecta y chorreante que sacudía con fuerza su mano mugrosa.

Julia empezó a gemir, despacito primero, mordiéndose la boca para no gritar, y después mientras se acercaba al orgasmo no pudo más y gritó como una perra, de la misma manera que lo hacía cuando se encamaba con su padrastro.

El viejo no pudo más, se había estado acercando lentamente, en silencio, para poder contemplar la deliciosa escena con más detalle, esa nenita estaba realmente caliente, era un macho lo que necesitaba, un verdadero macho que le partiera la concha y la pusiera a gritar de verdad. Ella había cerrado los ojos, completamente deleitada con su manoseo perverso en el callejón, no se dio cuenta del peligro hasta que fue demasiado tarde.

Gemía desesperada, estaba al borde del orgasmo cuando sintió una mano en la nuca, y un pene enorme y maloliente que le introducían brutalmente en la boca, le dio nauseas, estaba confundida, asustada y lo que es peor, muy pero muy caliente.

El tipo agarró la tierna cabecita con sus dos manos y le metió la pija hasta el fondo de la garganta, sacudiéndola con fuerza una y otra vez. Después  sacó la verga de la suculenta boquita de Julia y por un instante se miraron a los ojos, ella pudo ver lo viejo y feo que era el tipo. Él la tomó por las exilas y la tiró al piso, se la montó por la concha, metiéndole su enorme pija enterita de una sola vez, mientras le tapaba la boca para que no gritara.

Le dio unos pijazos rápidos y después vino la gloria, consiguió levantarle las piernas lo suficiente para metérsela por el culo, su verga perfectamente lubricado por los abundantes jugos vaginales de Julia entró entera.

Julia trató de gritar, le estaba rompiendo el culo, el tipo la bombeó brutalmente, ella se lo merecía por puta y calentona, además no pensaba desperdiciar semejante oportunidad.

Con un vigor inusitado para su edad la cogía incansablemente mientras sentía como el culito de ella se estrechaba sobre su pija. Ella se debatía tratando de soltarse, pero era imposible, y lo pero era que muy a pesar suyo el dolor tremendo que sentía dio paso a una calentura impresionante, como nunca había sentido antes.

La estaba violando un tipo asqueroso, pijudo y sucio y ella estaba caliente como una perra en celo. El se dio cuenta y  comenzó  a meterle cuatro dedos por la concha para dejarla bien cogidita, y sintió como su mano se empapaba de lubricidad.

Sin dejar de cogerla violentamente por el culo, empujaba los dedos dentro de la estrecha vagina de Julia. La combinación de su carita de nena llena de lágrimas y su concha húmeda lo estaba volviendo loco.

Empujó hasta lograr meterle la mano entera dentro, la cogía por los dos agujeros al mismo tiempo.

Julia, muy a pesar suyo sintió de que de nuevo estaba a punto de acabar, y finalmente el tipo acabó en largos chorros dentro de ella, empujando su puño profundamente en su concha y fue ahí cuando ella tuvo el orgasmo más espectacular de su vida. Entre las bolsas de basura, violada por un linyera.

El tipo apenas terminó salió corriendo, Julia se quedó tirada en el suelo, sintiendo como el semen se le escurría entre las nalgas. Estaba adolorida y asustada, había recibido mucho más de lo que esperaba. Trató de levantarse y las piernas le temblaban. Cuando se puso la bombachita esta se le mojó de inmediato, con una mezcla de sus jugos y el semen del desconocido. Trató de recomponerse y volvió a su casa.

Cuando llegó se bañó de inmediato, aplicándose crema en la vagina dilatada y su ano desgarrado.

Esa noche durmió tranquila, su calentura estaba apagada. Por ese día.

Autora: juliaputa

Me gusta / No me gusta