Abusando de marian

Dominación, BDSM, Jovenes y Cachondas, Lésbico. Marian era una mujer joven, morena clara y poseedora de unas grandes y bien formadas nalgas, las cuales remataban en unas piernas largas y bien torneadas, desde que era una adolescente siempre se había destacado por ser la mas piernuda de la clase. Read more

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Mujer cachonda y poco atendida

Disfruté cada centímetro que me entraba hasta que llegó al fondo y empezó el clásico bombeo el cual me empezó a poner muy excitada, ya que era la primera vez que le era infiel a mi marido, pero en verdad no me estaba costando mucho sobrellevar esta culpa, es más, me excitaba más pensar en eso. Así estuvimos, primero él arriba luego yo, hasta que no aguantó más y se vino dentro de mí.

Hola Amigos…

Después de haber leído los cachondos relatos que me ponen a mil, he decidido probar este genero a ver que les parece mis aventuras. Lo que les voy a contar es verídico y solo cambio los nombres obviamente por mantener la privacidad ya que soy madre de 2 preciosos e inteligentes hijos que no me gustaría que supieran de las calientes andanzas de su madre.

Me llamo Mónica y tengo 40 años. Sin ser una belleza extraordinaria me gusta cuidarme haciendo yoga y comiendo sanamente, soy una mujer termino medio, con bonitas caderas y piernas (es lo que más me ven los hombres) y senos que sin ser muy grandes son agradables a mi porte. Por cuestiones de trabajo mi marido pasa mucho tiempo fuera de casa ya que trabaja para una multinacional, por lo cual siempre me encuentro bastante desatendida en el plano sexual. Por ello he buscado algunas formas alternas (algunas licitas, otras no) de calmar las calenturas que ocasionalmente nos dan a las mujeres. Desde hace 8 años que mi marido trabaja en la empresa le sido infiel varias veces pero siempre muy discreta, ya que debo de cuidar mi imagen ante la sociedad.

La primera vez fue en un viaje placer-trabajo donde invitaron a varios empleados como él, un fin de semana a un hotel finca. Dicho hotel esta en a las afueras de una ciudad cercana a la nuestra, por lo que encargué los niños a los suegros y nos fuimos mi marido y yo.

En la cena de recepción, para mi sorpresa no había muchas esposas, y las pocas que había parecía señoras demasiado almidonadas como establecer algún tipo de plática con ellas. En eso estábamos cuando mi marido me presentó a uno de los principales accionistas de la multinacional y además su mentor, Piero, un solterón italiano muy guapo de 45 años, que era gran amigo de mi esposo.

En el transcurso de la fiesta, Piero le dijo a mi esposo que quería que él y 2 ingenieros más fueran a conocer los avances de la nueva planta ubicada a 60 Km. de donde nos encontráramos. Los llevaría el chofer de Piero al día siguiente. Durante la agradable velada Piero no perdía la oportunidad de mirar con detalle y cierto descaro mis atributos femeninos, eso si cuidando que lo viera mi marido. Me coqueteaba discretamente y me decía muchos piropos agradables, cosa que me empezó a poner cachonda. Como a las 2 de la mañana decidí retirarme con mi esposo el cual estaba ya algo tomado. Nos fuimos a la habitación y yo caliente deseaba tener al menos una breve sección sexual, pero nada el muy cabrón se quedó dormido.

A la mañana siguiente llamaron a las 7 de la mañana que ya lo estaban esperando para irse, con más sueño que conciencia, se levantó, se vistió y se fue diciéndome que regresaría en la noche o el domingo en la mañana. Yo me quedé como muchas otras veces mordiéndome las ganas sentir mi cuerpo explotar de placer, parecía que seria otro día frustración.

Como una hora después llamaron a mi puerta, con la bata a medio cerrar fui a abrir pensando que sería el desayuno, pero cual fue mi sorpresa que era Piero con el carrito del desayuno. Por amabilidad lo invité a pasar diciéndole que era una sorpresa, a lo cual me dijo que “sorprendidos son los dichosos ojos que la ven”, siempre tan caballero Piero. Comenzamos a desayunar y yo la verdad un poco nerviosa porque tenía muchos deseos de tener una relación intima, ahí estaba un hombre guapo el cual además me gustaba, pero me sentía un poco culpable, en fin.

Desayunamos, el tiempo pasó volando charlando con él de diferentes cosas, la familia, los hijos, mi marido y poco a poco el tema se fue haciendo más íntimo. El comprendía mis puntos de vista y parecía casi adivinar lo difícil de mi situación como mujer. Con el paso de los minutos la plática fue derivando en temas más calientes, las relaciones sexuales, la frecuencia de las mismas, la calidad, etc., y él acercándose.

Yo ya muy caliente me dejé llevar cuando inesperadamente me besó en los labios y empezó a acariciar mis brazos, mis piernas, mis senos… cada vez más audaz, hasta que llegó al centro de la pasión, donde primero por encima, pero luego más profundamente, me empezó a poner en las nubes deseando que siguiera y no se detuviera.

Instintivamente busqué con mi mano su miembro bajando la cremallera para encontrarme con un hermoso pene blanco, el cual empecé a manejar con mis manos, me acerqué a su verga y le di un beso, hervía de caliente que estaba, sus venas parecían estallar, lo llevé a mi boca y comencé a mamarla, Piero me tomó la cabeza y la apretó contra sus huevos, sentía en mi garganta el palpitar de esa joya que pronto calmaría mi hambre de sexo…

Ya en estas condiciones no podía resistir mucho más y deseaba imperiosamente que me penetrara, yo tenía cerca de tres meses de no tener relaciones y ardía de deseo, ganas, calentura, placer contenido. Su verga estaba deliciosa y se lo dije…

Me levantó en vuelo en sus brazos y me llevó a la cama en la cual hacía unas horas estuviera durmiendo mi marido conmigo. Me depositó ahí desnudándome lentamente para luego penetrarme con ese magnifico pene. Disfruté cada centímetro que me entraba hasta que llegó al fondo donde se quedó unos segundos, luego empezó el clásico bombeo el cual rápidamente me empezó a poner muy excitada, ya que era la primera vez que le era infiel a mi marido, pero en verdad no me estaba costando mucho sobrellevar esta culpa, es más, me excitaba más pensar en eso.

Así estuvimos un rato, primero él arriba luego yo, luego de perrito, hasta que no aguantó más y se vino dentro de mí.

Estábamos recuperando el aliento cuando sonó el teléfono. Era mi marido que me llamaba para decirme que no llegaría hasta el otro día porque habían decidido hacer algunas reparaciones, yo le contestaba casi absorta ya que Piero había empezado a besar mi clítoris y me estaba excitando mucho de nuevo, además de estrujar mis senos con sus manos, ¡que delicia!

Apuré la conversación con marido, casi a tiempo para tener otro delicioso orgasmo que me había provocado por el jugueteo con mi clítoris.

Después de esta faena quedamos de salir a pasear en caballo por la tarde a los prados de la finca. Y al terminar, casi ya anocheciendo fuimos a su apartamento donde tuvimos otra increíble sección de sexo salvaje y sin compromiso, pero eso se los contaré en otra historia.
Si les gustó mi relato, aguardo vuestros comentarios.

Autora: Rosa

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De fresa o de vainilla V

Todo era delicado, se tomaba su tiempo, al principio solo besó mis muslos, luego los alrededores de mi colita y con una mano apenas acariciaba mis pliegues, me hacía suspirar y entrecortar la respiración, nos miramos a los ojos y nos sonreímos, ella abrió mi pussy  con dos dedos, disponiendo totalmente de mi parte prohibida, luego sentí la humedad de su lengua tocar mi punto débil.

De cómo jugamos en su cama – No me queda de otra y hago todo…

Creí que lo correcto sería tocarle la cola de nuevo, y casi lo hice pero me distrajo   susurrándome al oído:

– Voy a cuidarte, te quiero mucho, eres todo para mí– me siguió besando pero ahora me acariciaba los senos. Besándome y empujándome despacio me hizo retroceder hasta tropezar y quedar sentada en su cama, nos recostamos y nos besamos, ella me tocaba casi todo, acariciaba mis piernas con las suyas y deslizaba sus pies en mis tobillos y pantorrillas.

Después, poco a poco con su boca recorrió mi cuerpo. En cada parte se tomaba su tiempo, partió de mi boca, besó mi esternón, en mis bubis se entretuvo jugando con su lengua, en mi abdomen hizo una escala para lamer alrededor de mi ombligo, mi pubis lo hizo su destino y jugó maliciosamente con mis vellitos de ahí, quería probar hasta donde le permitiría llegar en su viaje.

El abdomen se me contraía en cada escala que tenía su recorrido, después bajo un poco mas, y delicadamente me trataba de persuadir a besos y caricias con sus labios en mis muslos, de abrir mis piernas, pero al verla tan cerca de ahí, sentir su boca tan cerca y hasta sentir casi su aliento, me imagine lo que pretendía, sentí algo, que no era miedo, solo por instinto no  le permití me hiciera nada más, después de todo el sexo oral no es tan natural, al menos no entre chavas.

Pacientemente se deslizó por mis piernas y besó mis muslos, luego se puso a besar y chuparme los pies descalzos, subió nuevamente, dándome besitos en intervalos hasta llegar a mis nenas, mientras metía uno de mis pezones a su boca y jugaba a su gusto,  con una mano me tocaba el abdomen y el pubis y también más abajito, me tocó de una manera tan deliciosa sin penetrarme, con un dedo recorrió todo, haciendo que cada vez fuera más sensible, contorneaba por fuera de mi orificio, de vez en vez  se tomaba la libertad de tocar  “accidentalmente” mi punto más débil,  ya te imaginaras como me debí sentir con eso. Luego comprendería que Alejandra nunca se daba por vencida y sabía conseguir lo que quería.

Ese acto tan personal entre Ale y yo, rozando nuestros cuerpos con algo de sudor, nuestros vientres, caras y pechos sin ninguna prenda y yo con una mano de ella en mi entrepierna. De solo haber imaginado una escena así entre chavas, una semana antes, me hubiera dado asco, pero en ese ahora, eso era bastante bien. En momentos de “lucidez”, la razón me dictaba que había sido demasiado por hoy, que estaba traicionaba a mis padres y a mi misma, incluso que me  podía arrepentir para toda mi vida, pero mi corazón quería seguir. La sensatez no era algo que experimentaba cuando estaba con ella,  me entregué  al momento a mi excitación y a Ale.

Me había convencido ya de aceptar cualquier caricia y no aguanté más ese paliativo, necesitaba ya algo más lo que sea, pero no se lo pude decir: “Ale penétrame o lámeme ahí ya por fa” así que traté de disimularlo, le dije algo parecido a:

-Ale soy tuya hazme lo que quieras…

Esta vez ella fue la que no quiso, solo rió maliciosamente, me dio un beso en la boca y se sentó en el borde de la cama con las piernas entrecruzadas y luego bajó una pierna al suelo, se recogió el cabello que le había quedado en la cara y se hizo una coleta con una liga que tomó del buró, luego me levantó de un brazo…

-Siéntate aquí junto – dijo indicándome el lugar con unas palmaditas.

Quedé sentada frente a ella como en flor de loto, Cerramos los ojos y nos inclinamos la una a la otra, para besarnos, la posición no era tan cómoda pero me aguanté. Una mano la apoyo en mi hombro y  me acerco una mano a mi colita, movía la mano en círculos, de arriba abajo, hacía poquito precio, a veces más leve, me penetraba de repente muy poquito pero todo lo hizo delicioso, sus manos me convencieron poco a poco de aceptar cualquier caricia. Coloqué mi mano  en su ahí yo también y dudándolo comencé a hacer movimientos torpes pero cariñosos, digo torpes por que su mano se desplazaba sin vacilar, lo hacía con soltura.  Aunque lo intenté no podía imitarle, por momentos era para mi imposible continuar con el masaje para ella, cuando esto ocurrió, con su otra mano presionaba la mía en su vagina y me dijo otra vez con una muy sensual –Al mismo tiempo nena, no te detengas…

De pronto ya estábamos acostadas. no lo se describir muy bien pero bueno  imagínatelo, abrazadas con las piernas entrelazadas, como dicen en el norte fingering one to each other so sweet  y me di cuenta que entre más movía mi mano en su parte, más rico me cogía a mi y más ruido hacíamos las dos,  tuve que hacer un gran esfuerzo por no parar la mano se cansa horrible así…

-“Aaaaaha! Oho! Mmmmm! thssshhh!”

Sus movimientos delicados y sin pausas eran deliciosos, me sentía muy pero muy caliente, nos besábamos las bocas y cuando podíamos los senos, aunque a veces no podíamos más que hacer, ¡ahhhhhh!  casi llegaba al limite, se sentía riquísimo, me inhabilitó totalmente y dejé de tocarla, apoyé mis manos en sus hombros y luego puse una encima de la suya y le ayudé a presionar y a agitarla, de verdad que me puso muy caliente eso, los pies se me comenzaban a dormir, pero ella paró de repente, y hasta me enojé,  ¡Me había dejado a medias y no se había dado cuenta! No sabía lo que hacía!, pero a continuación demostró todo lo contrario me recostó en la cama, -Levanta la cadera un poco porfa…

Obedecí y puso una de sus almohadas abajo, su cuarto era el mismo, en el desorden habitual, en el que  habíamos estado tantas veces juntas a solas, el sillón donde platicábamos, su lap donde habíamos hecho tareas juntas, incluso la cama en la que ya había dormido.  Solo que  ahora estábamos ambas totalmente desnudas, haciéndonos el amor – sin decir más se recostó bocabajo, me besó el abdomen, se metió entre mis piernas.

Todo era delicado, se tomaba su tiempo, al principio solo besó mis muslos, luego los alrededores de mi colita y con una mano apenas acariciaba mis pliegues, me hacía suspirar y entrecortar la respiración, nos miramos a los ojos y nos sonreímos, ella abrió mi pussy  con dos deditos, disponiendo totalmente de mi parte prohibida, luego sentí la humedad de su lengua tocar mi punto débil, me miró a los ojos, y se mordió los labios, y yo asentí con la cabeza, así no me podía negar a nada, aunque te diré que fue la experiencia más extraña que había sentido.

En primer lugar el sexo oral, se me hacía una práctica para gente muy experimentada y nunca había tenido un juicio claro si era bueno o no, pero se me figuraba sucio y pervertido. En segundo tener alguien con ese de contacto en esa parte mía, ya de por si era algo que me daba pena, y que ella en vez de encontrarlo desagradable, por todo lo que implica, poner la boca en una vagina excitada; la textura, el liquidito, su olor, lo hacía como si eso fuera una delicia, y no menos importante; la boca que sentía, era de una chava, mi amiga, la que me procuraba esa sensación.

Ya nada importaba. Cerré los ojos y traté de no pensar más, si crees que te puedes echar atrás cuando tienes a alguien ahí no tienes ni idea, es más hay un momento en el que ya ni piensas. A partir de un momento no supe exactamente que hacía alla abajo, pero se sentía ahhhhíiiii, ni siquiera lo puedo describir lo que se sentí, cuando miraba solo veía su cabello negro lacio esparcido en mi abdomen, no sabía que hacer, solo me mordía los labios y tapaba mi boca con una mano, para callar mis suspiros y con la otra acaricié su cabello y  presionaba su cabeza contra mi area genital, ahhhhh, ¡No manches! se sentía la cosa más deliciosa y no quise que acabara nunca. Comencé a respirar muy aprisa, la espalda me arqueó,  tuve unas contracciones en el abdomen y  mis músculos de esa área se tensaron, y pasó, me sentí en las estrellas, fue muy intenso, después no estuve en ninguna parte…

Los movimientos de su lengua cesaron poco a poco y siguió lamiendo despacio toda mi vagina, su dedo entraba y salía de mí, muy despacito y me dio unos besitos más ahí abajo, y ahora digo que asco, pero me dieron muchas ganas de besarla, sentí que la quería demasiado y también amada por ella, después tuve ganas de recostarme y relajarme un poco, pero por otro lado quería más. Yo no mandaba ahí, y ella en especial su cosa, también necesitaba algo, verme excitada, creo, causó cierta envidia en ella y ahora ya no la podía calmar solo con caricias y besos, se hincó en la cama intercalando nuestras piernas, se deslizó hasta que su pubis chocó con el mío y movió mi pierna para que la separara y quedáramos cómodas, hacía que nuestras colas se rozaran la de una con la de la otra, ahí abajo se sentía calentito y con el aire que hacían sus movimientos podía sentir nuestra humedad.

Si me hubiera acostado con un chavo siquiera hubiera habido un condón para separar nuestros genitales, pero ahí no había nada, no era muy higiénico ese contacto. Solo que en ese momento nada de lo que pensara importaba, quería sentir todo, frotar mi sexo con el suyo se sentía como aterciopelado, y provocaban unas cosquillitas deliciosa para mi y a juzgar por su  rostro lo disfrutaba cañón, aunque rico no suficiente para repetir la experiencia, pero no me podía quejar.

Sus movimientos y  su cuerpo, o al menos la parte que veía de ella, eran muy eróticos, viendo  sus piernas entrelazadas con las mías, sus senos que brincaban con sus movimientos y su cara que demostraba esfuerzo y mucho placer, comprendí que cualquier chavo o mujer que guste de las chavas, le hubiera encantado estar en mi lugar, duramos así un rato hasta que los movimientos de Ale se entorpecieron por que se cansó, las dos sudábamos bastante sobretodo de nuestras entrepiernas de donde emanaba todo ese calor y ese extraño olorcito que se sentía en su habitación, Ale paró y respiró unos momentos y una vez que recobró el aliento, me tomó de la mano y nos aproximamos a su escritorio, apartó lo que había en la silla, se sentó subiendo piernas al sillón, y así conocí yo todos sus secretos.

Se acomodó nuevamente el pelo y nos besamos en la boca como novias me dijo:

-¿Te va quererme?, con su voz casi agotada.

Asentí con la cabeza y me puse de rodillas frente a su cola.

-Vamos yo se que es tu primera vez, yo te digo como, no pasa nada nena…

Me acerqué como con temor, me daba cosa, nunca me había imaginado en esa situación, me daba pena, por que aunque ella no había demostrado tenerle respeto a mi cuerpo, a mi si me daba cosa jugar con algo tan de ella.

Que me hicieran cositas en la mía era una cosa y de por si vergonzosa,  pero yo lamer otra vagina, era otra muy diferente, hubiera preferido no hacerlo, cuando ella me lo hizo me imaginé que también lo tendría que hacer yo y hasta se me antojó, pero ahora ya no quería, no le podía decir, “no es que me da asco hacerte un favorcito”, por que ella ya me había hecho a mi, además verla ofreciéndome todo su ser hizo que no me pudiera negar otra vez,  y tuve que hacer un lado mis prejuicios.  Reí de nervios, me acerqué otro poco, despacio, dudando entre si hacerlo, o decirle que no estaba preparada, me hinqué, ya casi no entraba luz por la ventana, primero en lo que tomaba valor solo se la acaricié, la masajeaba a lo largo desde su pubis hasta su agujerito, su humedad me hacía fácil el trabajo.

Cuando estuve como a diez cm. la verdad no me atreví a poner la boca allí, sentía su mirada en la nunca, que me presionaba a hacerlo, quería saber si lo hacía bien, no me atrevía a mirarla ni mucho menos preguntarle. Tomaba como un si, como me acariciaba el cabello y a veces hacía un esfuerzo para agachar  la cabeza y darme un beso, lo trataba de hacer como ella lo hizo, primero acaricié y besé su abdomen, sus muslos, incluso su pubis, donde apenas  se podían ver unos diminutos vellitos que comenzaban a salir por los bordes. Y me gustaría decir que no lo hice, pero si afronté el último miedo que quedaba esa noche desde que ella me hizo el oral a mí, hice lo más lésbico que se puede hacer en este mundo, solo  cerré los ojos detuve la respiración un momento,  ella me ayudó a separar con dos dedos su pussy,  no sabía ni que hacerle, solo lamí sin saber como, trataba de poner en práctica las lecciones que me dio, estaba bien mojada, y aunque digan que no, sí tenía un saborcito como acidito, y convenientemente tanto para mí como para ella, al principio no noté ningún aroma, eso lo hubiera hecho más difícil, su textura, que al tacto no era desagradable, no me gustaba en la boca.

Aún así jugué un rato, sus labios con mi lengua, después con mis manos abrí su cosita yo misma un poco más  y le lamí todo de arriba abajo, poco a poco le agarré el modo. Ale no se controlaba  y gemía mucho, no se por que eso sí me agradaba, no estuve así por mucho tiempo creo, pero si el suficiente como para que sucediera de lo que más me avergüenzo…

-Te amo Sandra! Te juro que soñaba con hacerlo contigo niña- dijo descontrolada por lo rico que se siente cuando tienes a alguien allí “¡que rico! amor! ” decía con la voz más cachonda que jamás escuché y yo le pregunté con tono más cachondo todavía. – ¿Te gusta, te gusta?  ¿Lo que te hago amor, como te lamo?…  y levanté la mirada para ver su expresión. ¡Cielos! que sucio es el amor. La Sandra que hizo eso, les juro no soy yo, estaba muy excitada, reaccionaba de manera distinta, en vez de avergonzarme de estar de rodillas lamiéndole la cola a mi amiga creo que ya como que lo disfrutaba.

Comenzó a desprender un delicado pero inolvidable olorcito,  se lo hacía bien,  por que Ale ya olía a mujer, ese aroma nunca se me ha hecho agradable ni en mí, pero en ese momento no importaba, solo quería devolverle el favor, y la seguí lamiendo como a un helado de fresa, cada vez era más agradable y trataba de pasar mi lengua por su hoyito que era la parte más húmeda donde se sentía ese especial saborcito, que olía tan raro, un rato después  la lengua se me cansó pero traté de no perder el ritmo que había conseguido para no aminorar el placer que me indicaba tener por sus gemiditos y su pie que arqueaba.  Increíblemente nunca había hecho un favor oral a un chavo y ya se lo había hecho a una chava hasta arrancarle casi un orgasmo, que por experiencia posterior se es algo difícil.

Contrario a lo que hubiera pensado no era lo desconocido de un cuerpo diferente lo que provocaba deseo y atracción, dos chavas desnudas y calientes éramos capaces de excitarnos a ese grado, solo la una con la otra.

No estaba satisfecha, necesitaba terminar ya,  y ella lo supo. Me  pidió que me recostara totalmente y se hincó en mi cara, que por cierto  me pareció algo vulgar, pero como adivinarás una vez más no me quejé, por que comprendí que era la única forma para hacernos cariño oral al mismo tiempo,  me costaba trabajo llegar a su hoyito, parte por mi inexperiencia y en parte por que lo que ella me hacía  no me lo permitía, y por eso le sugerí que  cambiáramos, su postura se me figuraba más cómoda, sin pensarlo se levantó y se recostó, esta vez yo me hinqué en su cara, primero me quedé sobre ella con la espalda erguida mientras ella me hacía un delicioso cunnilingus, y yo frotaba mi sexo contra su lengua, una extraña sensación me comenzó a subir desde allí hasta la cabeza, me dieron ganas de devolverle el favor, vi abajo la desatendida vagina de mi novia, arqueé mi cuerpo y le hice lo mismo que ella a mí,  por su parte hurgaba mi sexo sin ningún remordimiento, con ayuda de sus manos separaba mis pompas y abría mi vagina a más no poder, y además  me violaba con dos dedos.

La  puse tan mal que hasta intentó violarme también por donde no es correcto, y hasta eso era excitante  yo también estaba en otro mundo y casi lo permito pero cuando sentí la yema de su dedo intentando penetrarme el ano, me detuve y aparté su mano de ahí sutilmente, eso fue lo único que no le permití esa noche.  Volví y continuamos por un rato más, hasta que las dos nos agotamos por completo, quedé satisfecha y me tireé en la cama abatida. Ale subió por mi cuerpo, con besitos tiernos rodeó mis senos y los acarició con sus manos con ternura, se acostó junto a  mí, apoyando su cabeza en uno de sus brazos que a su vez apoyaba en la cama.

Sonrió, mirándome dulcemente a los ojos me dijo:

– Daría mi vida por ti, ¿sabías?

Nos dimos un beso en los labios. Casi le pregunté si yo había sido la primera en su vida, como ella en la mía pero desde el día que me insinuó que quería tener intimidad conmigo, me daba curiosidad si alguna vez  había hecho algo con Faby, e incluso se lo pregunté, pero ella no me dio una respuesta clara y cambió el tema las dos veces que se lo pregunté, después de ese día no lo volví a preguntar.

Eran ya como las 10, acordamos bañarnos, levantamos la ropa y medio nos vestimos, por si su mamá llegaba, cuando me iba poner los bóxers, Ale me sugirió un cambio, mis chones por los suyos de la suerte, que me confesó que  se los puso en las dos ocasiones que me pidió que fuéramos más que buenas amigas, obvio no acepté, Ale solo sonrió y agachó la mirada, nos metimos a bañar juntas, su cuerpo ahora no escondía ningún secreto para mi, ni viceversa, pensaba en lo que acababa de suceder, en la Sandra que ahora era, casi no hablamos nada, pero cuando nos mirábamos, nos daba un ataque de risa, Ale salió a vestirse primero, yo me quedé en la regadera relajándome un poco, cuando salí a secarme no hallé mis bóxers, volví a buscar y miré sobre la caja del escusado, unos bonitos calzones naranjados  de Garfield y Odie.

Mientras me los puse solo pude hacerme una pregunta:

Sandra, ¿Sigues siendo de fresa o ya te gusta la vainilla?

Autora: Sandra W

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