Hijastro y padrastro

Creí que terminaba mi calvario. Así fue. Roberto siguió con la pija bien dura metiendo y sacando pero ya con tanto lubricante mi ojete parecía una ruta llena de aceite donde entraba y salía con facilidad el caño del padrastro. Me acomodó arriba de él dejando mi ariete expuesto a mi alumno, quien desperado por chupar, se tiró sobre mi endurecida garcha mientras el otro me seguía culeando.

Esta historia, no me animaba a contar, me daba un poco de vergüenza involucrar mi trabajo, he decidido hacerlo por que, para mi, es muy excitante. Soy un tipo de más de 45 años, de 1m72cm de estatura, con pelo entre-cano bastante bien conservado, profesor de una escuela secundaria para adultos donde asisten mayores de 22 años.

Además de ser profesor de Matemáticas, soy Ingeniero por eso en la escuela donde trabajo doy además Física. La provincia de Argentina, donde vivo, se acostumbra a realizar competencias escolares en Ciencia, uno de mis alumnos de 24 años, que vive a pocas cuadras de casa, preparó una máquina experimental extractora de “pellejo” (cáscara) de arroz con la que ganó el primer premio provincial. Tiene 1,70 de altura, piel blanca, pelo negro con rulos, espalda bien ancha, cintura apretada y muy buenas piernas ya que 5 veces a la semana va al gimnasio. Es hijo de una señora de 48 años, divorciada y vuelta a casar con un tipo de 45 años dedicado a la de albañilería como contratista de empleados. Este sería el padrastro de mi alumno, que llamaré JM.

El padrastro de nombre Robert es más alto que su hijastro, como diríamos en Argentina: “es un ropero”, chato y cuadrado, pura madera y lleno de músculos, pero de aspecto muy elegante (raro en esa profesión). Lo veía salir los fines de semana con camisas de seda ajustadas al cuerpo, desprendida hasta el tercer botón, pelo en pecho, pantalones claros de hilo que transparentaban calzoncillos blancos tipo boxer, cinto de cuero y llavero cuenta-ganado de cuero trenzado en marrón oscuro con múltiples monedas de plata. Esta indumentaria tan llamativa y aparatosa hacía que el ojo de cualquiera vaya directo a la zona baja donde un cierre abombado denotaba un bulto de tamaño anormal.

Después de ganar el certamen provincial fuimos a la nacional en Buenos Aires y donde compiten todas las provincias. Como yo fui el mentor y guía debía acompañar al alumno con todo pago por los organizadores para mi alumno y para mí. 24 hs. Antes de partir JM me plantea si puede viajar su padrastro que consiguió un departamento prestado en Bs. As., de esa manera nos ahorraríamos los gastos del alojamiento para en diversión o regalos. Por supuesto no podía decir que no. El día del viaje a las 22.00hs., éramos 3 personas; Juan Manuel (el alumno), Robert (el padrastro) yo (el Profe).

Desembarcamos en Baires, tomamos un taxi y llegamos al apartamento como a las 13.30 hs. El apartamento estaba en pleno centro, sobre la Avda. Rivadavia, era muy pequeño, un dormitorio en suite (con baño en su interior), un living-comedor y una cocina. En el dormitorio había una cama matrimonial, dos individuales así que entrábamos perfecto los tres. Me dieron la cama matrimonial, por ser el mayor, y el resto se ubicó en las restantes. El certamen recién comenzaba al otro día, así que a esos de las 16.00hs., aburrido sin nada para hacer, invité a todos a conocer el centro. Mi alumno aceptó, en cambio su padrastro Robert dijo que iría al supermercado a comprar la cena. Después de mucho caminar y mirar vidrieras muy novedosas para provincianos como nosotros, volvimos casi a las 21.30: Robert había preparado brócolis con salsa blanca con leche descremada, 4 botellas de vinos, así que devoramos y tomamos todo lo servido, con tanto vino los tres estábamos un poco un poco mareados.  JM y yo nos retiramos a dormir pues al día siguiente debíamos ir a la competencia no más de las 10 de la mañana. Ya en el la habitación, JM ingresa al baño para una ducha cuando su padrastro nos avisa que va a dar unas vueltas y a comprar cigarrillos.

Mi alumno sale del baño envuelto en toalla diciéndome: “¿no te molesta si duermo desnudo? porque estoy acostumbrado así en mi casa” (todos los alumnos tutean a sus profesores ya que son todos gente grande). Solo levanté los hombros en señal de no importarme entonces dejó caer la toalla y sorpresa, ese hombre casi físico culturista tenía un pene pequeño, con punta bien afinada y cuerito largo que cubría la cabeza, no superaría los 12 cm. parado. Ver esa pija tan diminuta me produjo un extraño placer comparando con su cuerpo. Ya acostados, en penumbras con la luz de la calle entraba por la ventana me dijo: “Vos sos el primero que no me hace cargada con el aparato tan chico que tengo”. Contesté lo de siempre, “no importa el tamaño sino como se usa, además le aclaré que cualquiera se lo podía chupar muy bien tragándoselo entero hasta los huevos, el muchacho se ríe y veo como lleva su mano debajo de la sábana directo a la pija, a lo que agrega: “de tan chico que tengo cuando me hago la paja y no se dan cuenta.  No sabes cuantas veces me pajeé en tu clase”. El descaro con que se masajeaba su picho me había excitado y para completar agrega “me calienta imaginarme a como le harías por el culo a cualquier putita que se te cruza”. Esto fue suficiente para pedirle por favor que se calle y se deje de tocar porque me estaba calentando mucho.

Me sentí con vergüenza porque JM se largó una risotada, pero al momento pegó un salto de la cama y me sacó de un tirón las sábanas dejando al descubierto mi abultado bóxer justo con la mano adentro manoseándome la chota. Se arrodilló y mirando fijamente mi bulto, me pidió por favor que lo dejara ver como era esa cosa de sus fantasías porno, agarré mi polla, la saqué muy despacio, estaba en todo su esplendor de los 17 cm., la pelé y le dejé ver una cabeza brillante por la cantidad de jugos que tenía, no conforme con solo mirarla, me pidió permiso para tocarla, con tanto respeto y sumisión que me excitaba mucho más, la agarró con sus cuatro dedos delicadamente y corría el cuero hasta el tronco, esperaba que yo dijera basta y volvía hacia arriba y comenzaba de nuevo – era una paja en cámara lenta -, ya con los estribos perdidos apreté su cráneo y hundí su boca sobre mi pene, ya adentro de sus fauces hacía igual que con sus manos pero con los labios.

Mi calentura era inimaginable sentía chorritos de leche salir intermitentemente que JM tragaba con desesperación.

Perdida la noción de tiempo y espacio una luz me encegueció y una vos ronca dijo “mira el putito y su profesor” “¡¿que bien no!?”. Era el padrastro parado en la puerta, con una mano todavía en la perilla de la luz y la otra sobándose el bulto.

Caminó hacia nosotros, se paró detrás de JM, que había soltado mi pija pero seguía inclinado y a mano llena le dió un chirlo en la cola, mientras continuaba acariciándose el paquete. Le pide a su hijastro que continúe chupando, que quiere ver todo.

Esto no podía ser. Estaba superando ampliamente mis expectativas de placer en Buenos Aires. JM continuó su faena de chupetear y su padrastro comenzó a quitarse la ropa como si fuera un streaper, al finalizar se le descolgó una tranca, bien morcillota, gruesa, bien venosa que semi dura medía como unos 20 cm.

Miró mi culo con cara libidinosa y sin dejar de tironearse todo lo largo de su pija me dijo: “más vale que aflojes tu marrón o toda la escuela se entera lo que haces con mi hijo”. Acto seguido me agarró del pelo y metió todo su trozo semi duro en mi boca, mientras JM pasó de mi pija a mi culo, que lo escupía constantemente.

Sentí como semejante pendorcho del padrastro se hinchaba en mi boca y cada vez se ponía más y más dura y más grande. Era riquísima, bien negra de cuero suave. Sin darme cuenta la tenía ensartada en mi boca y llegaba hasta el fondo de la garganta.

En algún momento pensé que habían preparado todo (lo que pude saber mas adelante que era verdad) en mis adentros me sentía muy bien siendo el juguete de los dos. JM seguía lamiendo mi culo, mientras Robert metía y sacaba la suya de mi boca.  Entonces ocurrió lo impensable, el respetuoso JM jugaba con su pequeño aparato en la puerta de mi orto re-contra mojado de saliva, sentí como un tubo de terciopelo hirviendo dentro de mi ano; estaba todo adentro y automáticamente mis pliegues del culo se contraían alrededor de su aparatito. Era lo mejor, no dolía, entraba y salía solito haciendo un ruido por demás excitante.

El hierrito de mi alumno en mi orificio trasero y la vergota en el delantero, sostenido del pelo por semejante urso de padrastro me llevó a un orgasmo terrible.

Mis ojos se daban vuelta y JM hundió todo su cuerpo sobre mis devoradoras nalgas cuando sentí tanta cantidad de leche que parecía una enema tibia, mi culo estaba inundado de leche y solo se contraía espasmódicamente como queriendo engullir todo.  ¡Ahora está listo¡ dijo Robert, me giró brutalmente y mi agujero quedó enfrentado a su descomunal verga, mientras que JM se ubicó enfrente mío iniciando una sesión de toqueteos a su cuerpo como si fuera un profesional del sexo.

Un espectáculo para mi calenturienta vista. Pero… atrás el peligro acechaba algo como un bate de béisbol mojado acariciaba de arriba abajo mi agujero lleno de semen.

El padrastro me aferró las nalgas y mirando a mi alumno le dijo: “ahora date el gusto de verlo pedir por favor y llorar”. La cara de Juan Manuel dibujó solo placer, sacó su lengua y se relamió como un gatito después de tomar leche.

Mis ojos se pusieron blancos, dos brazos inmensos me sostuvieron de la cintura mientras que los 23 cm. de pija entraban borrando los pliegues que antes se contraían, pese a la lubricada de JM pegué un grito y se me escaparon algunas lágrimas.

JM intentó acallarme con su pija en la boca que no terminó de introducirla y me llenó de leche de nuevo. Robert seguía bombeando mi dolorido ano y luego de cinco embestidas sentí nuevamente llenarse de su espeso y abundante líquido.

Creí que terminaba mi calvario. Así fue. Roberto siguió con la pija bien dura metiendo y sacando pero ya con tanto lubricante mi ojete parecía una ruta llena de aceite donde entraba y salía con facilidad el caño del padrastro. Me acomodó arriba de él dejando mi ariete expuesto a mi alumno, quien desperado por chupar, se tiró sobre mi endurecida garcha mientras el otro me seguía culeando.

A los 15 minutos no dí para más y en el mismo momento que Roberto latigaba por segunda vez mis entrañas yo casi en convulsiones deposité toda mi leche en la boca del pendejo que desesperado lamía y re-lamía todo hasta que me dejó seco, cansado y aún con la carne de su padrastro que latía en mi interior como queriendo más.

Autor: Eduardo.

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