Me tiré a la camarera

Voy bajando hasta quitarme de encima y levanto sus piernas hasta juntarlas con sus tetas. Lubrifico su culo con saliva y algo de semen. Pongo mi polla en el borde de su culo y miro como entra lentamente por su ano. Se pone la mano en la boca para ahogar sus gritos. Se está corriendo de nuevo.

Estas navidades fui a esquiar a los Pirineos con mi familia. Cogimos dos habitaciones comunicadas, pero en fin obviaré los detalles familiares para ir directamente a lo que interesa. También voy a obviar los nombres geográficos porque el pueblecito es pequeño y el hotel, inaugurado hace quince días, sería fácil de localizar.

Como me suele ocurrir últimamente, uno de mis mejores clientes, de viaje por Asia necesitaba cerrar una operación justamente la mañana siguiente de haber llegado, es decir el primer día real de vacaciones después del coñazo del viaje. Al estar en Asia, tuve que madrugar. Me levanté a las cinco. A las nueve seguía preparando la operación desde mi portátil y la cosa iba para largo. Adiós mi primer día de esquí. Decidí quedarme en la habitación. Pero como el hotel era nuevo, todavía no subían desayunos a las habitaciones. Rogué a mi mujer que mintiera en recepción y dijera que me encontraba mal, que el viaje me había dado lumbago y que no me podía mover. Así lo hizo y coló, pero sólo después del desayuno normal, subirían las camareras el mío. Así que mi mujer se subió con las niñas y yo me quedé solo.

Estaba cansadísimo y me metí en la cama. Como en todos estos hoteles de montaña, hacía muchísimo calor y agobiado me fui quitando la ropa y sólo me quedé con mis calzoncillos de Tommy Hilfinger. Sin querer me quedé tan dormido que no escuché llamar a la camarera, así que abrió con la llave maestra. Yo estaba en el mejor de mis sueños. Una prostituta tailandesa me la chupaba sin preservativo. En la misma habitación, mi cliente follaba con otra chica asiática jovencísima, que se quejaba de la enorme polla que tiene mi cliente y esto es absolutamente cierto porque se la he visto. Harto de oírla hablar sin entender nada, se dirige a mi chica, le sube la falda, le quita la tanga, unta su ano con un montón de crema y se la mete por el culo. La chica se agarra a mi polla como si fuese su tabla de salvación. Por mi espalda noto que me llaman. Pienso en la otra prostituta, me giro…

– Buenos días señor.

¡Joder es la camarera! Intento despertarme rápidamente. Estoy súper empalmado, se nota mi polla bajo el ajustado calzoncillo. Intento inútilmente coger la sábana y taparme.

– Déjeme ayudarle.

Su boca queda a dos palmos de mi polla. No es una hermosura ni tampoco una jovencita. Al primer vistazo le echo entre 30 y 35 años, alrededor de un metro sesenta, no mucho pecho y un culo gordito. Lleva una faldita negra, muy ceñida, por encima de la rodilla, medias negras y camisa blanca. Deja el desayuno sobre la mesilla.

– Vaya faena lo del lumbago. Venir a la nieve para esto…

Se afana por hacer la cama conmigo dentro y pasa su mano por encima de mí para estirar las sábanas. Ha tenido que notar mi polla tiesa. Si tuviese un botón de la camisa desabrochado le vería las tetitas, que ahora me parecen algo más grandes. Lo que es seguro es que el sujetador no es blanco…

– No sé si debe molestarse en arreglar la cama porque mi mujer ha dicho que quiere que la cama esté hecha y que me quede sentado en la silla viendo la tele. – Hay que ver como somos las mujeres… Se está usted muriendo y ni caso.

Sigo con la polla tiesa, pienso que incluso se me nota por encima de las sábanas, es una tontería porque no la tengo tan gorda, son suposiciones mías.

– Sentado no se está mal… Digo, por dar conversación mientras me la como con los ojos. Cogí mi cartera y le doy cinco euros. – Muchas gracias señor. Mire desayune tranquilo que ahora vuelvo por la bandeja y le arreglo la habitación.

Sale de la habitación. ¡Coño tendría que haberle dicho algo! Esta tía folla seguro… Al poco vuelve, no llama a la puerta aunque noto la llave. Estoy decidido a atacar y me vuelvo a destapar, hace mucho calor. Ahora no estoy empalmado, pero me siento sexy.

– Ya estoy aquiiii, dice con musiquilla. ¿Qué tal el desayuno? – Estupendo.- ¿Qué hacemos entonces? – Lo que tú quieras. – Bueno, le noto mucho mejor. Me refiero a la cama. – Yo para la cama siempre estoy dispuesto. – Vaya, vaya…

Esta no se corta, tiene ganas pienso, sigo destapado mientras va recogiendo la habitación y no se corta. Se gira y me mira directamente.

– Si yo antes ya había notado algo, bueno ahora no se nota nada. – Eso depende de ti. – Yo sólo hago mi trabajo. Jarro de agua fría. Me lanzo del todo. Saco 50 euros de la cartera. – Toma, sí te quedas un ratito conmigo. Mira el billete.- ¿Y qué hacemos?- Dormir y callar… pues contigo me quiero casar.

Entra en el cuarto de baño. Oigo los ruidos de estar limpiándolo. Sale a los dos o tres minutos. Mi billete está sobre la mesilla. Se aproxima muy despacio. Coge el billete y se lo mete en un bolsillo de la falda. Se dirige a la puerta de la habitación, que estaba abierta y la cierra. Apaga la luz. Se quita la falda y la camisa. Intuyo una tanga negra y un sujetador negro sin aros. Las tetas son más gordas que lo que pensaba. Se acuesta conmigo.

– Dormir y callar. – Vale, pero antes chúpamela un poquito…

Recorro todo su cuerpo con mis manos. Está ardiendo. La beso en la boca. Ella sigue besándome el pecho y va dirigiendo su cabeza a mi polla. Meto mis dedos en su tanga. Tiene el coño chorreando.

– ¿Hace cuanto que no follas? – ¡Huy!…  si yo te contara… – ¿Estás casada? – Y cansada. Estoy separada desde hace tres años. – Sabes que eres un poco puta, quítame los calzoncillos y chupa.

Obedece sin rechistar.- Seguro que no es la primera vez que cobras… – Le juro que es la primera vez. – Y te gusta porque te chorrea el coño…

Meto dos dedos en su coño y con el pulgar le acaricio el ano. Empujo, pero sin introducir nada.

– No que eso no lo hice nunca. – Chupa y calla, quéjate cuando te haga daño que antes me has despertado justo cuando mi amigo iba a dar por el culo a una zorra como tú.

Mete toda mi polla en su boca. No lo hace bien, no es una profesional y seguro que el marido no era muy bueno. Sigo trabajando con mis dedos y noto que le viene el primer orgasmo. Ahora si aprieto el pulgar y se lo introduzco entero. Junto el pulgar y el índice dentro de su coño y su ano notando la fina capa de carne entre ambos. Grita y se ve obligada a sacarse la polla de la boca.

– ¿Por dónde quieres que te la meta puta? – Por donde quieras. – Quítatelo todo y metete la polla. Se quita las bragas y el sujetador. – ¿Dónde están los preservativos? – No me seas blandengue cacho puta y métetela a pelo.

Se sienta encima de mí metiéndose la polla por su coño, está tan dilatado y empapado que entra sola. Agarro sus dos tetas para ayudarla a cabalgar. Están muy blanditas y cuando las suelto están un poco caídas, se las estrujo y le estiro los pezones que se ponen como piedras. Enseguida vuelve a correrse.

– ¿Quieres que te la meta ya por el culo? – No por favor que me da mucho miedo. – Chúpamela ahora que sabe a coño.

Me siento encima de ella y le meto la polla en la boca. Le explico cómo tiene que hacerlo.

– Pon esta mano cogiéndome los huevos con la palma y este dedito te llega hasta mi culo y me lo metes un poco por el agujerito. Con la otra mano me masturbas y dejas el capullo para acariciarlo con la lengua, no lo toques con los dientes, no hace falta que te la metas mucho. Pasa la lengua por el frenillo. Me voy a correr en tu boca zorra. Méteme el dedo el culo… me corro me corro.

Intenta cubrirse, pero es inútil, le lleno la cara de semen y mucho le entra en su boca. Voy bajando hasta quitarme de encima y levanto sus piernas hasta juntarlas con sus tetas. Lubrifico su culo con saliva y algo de semen. Pongo mi polla en el borde de su culo y miro como entra lentamente por su ano. Se pone la mano en la boca para ahogar sus gritos. Se está corriendo de nuevo. La embisto varias veces para que termine su orgasmo. Le saco la polla. Me tumbo boca arriba.

– Vuelve a limpiármela con la boca.

Se levanta, se quita el pelo de la cara y lame mi polla sin metérsela en la boca. Apoya su cabeza en mi vientre y observa como mi polla va reduciendo su tamaño.

– Ahora ya no es peligrosa, dice cuando ha quedado pequeñísima.  Me da un último beso en la polla. Se levanta y entra en el servicio a ducharse. Sale, se viste y se dirige a la puerta. – ¡Oye, oye! Grito y vuelve. ¿Cómo te llamas? – Nati. – Ha sido mi mejor polvo del año. Gracias…

Autor: Sejolu

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