Candela

Mis ojos y mi cara también estaban reflejando toda la lujuria que sentía en ese momento, los orgasmos ya no los podía contener y las piernas cada vez me temblaban más y con más desenfado, el camisolín lo tenía ya levantado hasta el cuello, mi cuerpo ardía, ya estaba a punto de clavármela, estaba casi bajándose los pantalones cuando de pronto sonó el teléfono.

Mi nombre es Candela, tengo mis adorables 27 años, vivo en una zona residencial de Buenos Aires, soy casada, contadora pública de profesión, recibida en la universidad de Buenos Aires, hace ya cuatro años y trabajo en una compañía donde pude desarrollar mi especialidad cosa que me fascina. A pesar que las descripciones personales las detesto, debo decir que soy bastante atractiva… Rubia natural, mido 1,70 y las formas de mi cuerpo tienen el equilibrio justo que los hombres aprecian, situación que me halaga muchísimo dado que es súper atractivo que a una la miren y en más de una le digan cosas… A veces medio zarpadas… ¡Eso me excita!

Mi inquietud por escribir a éste medio es el de poder transmitir todo lo que siento desde mi sexualidad, dado que por un lado soy muy recatada y pudorosa, pero por el otro me doy cuenta que hay infinidad de hechos que me excitan sobremanera, que me ponen loquísima y con nadie puedo exteriorizarlos. Menos con mi marido que es un tipo re serio y además súper celoso… Me re cuida… y aparte me di cuenta que con los maridos no se puede ser frontal…

Lamento mucho si no soy súper expresiva, por la lectura que he efectuado de otros narradores, observo que se explayan en dichos re obscenos, calentando excesivamente sus mentes y la de los lectores, hecho que sin duda a muchos les puede gustar, pero en mi caso particular, tal vez por la educación que he recibido, no voy a poder ser tan expresiva… aunque me encantaría… Sin embargo debo confesar que los hombres me encantan… Esto dicho así suena casi natural, porque si soy mujer, ¿qué tiene de anormal que me gusten los hombres?, pero lo anormal, al menos desde mi óptica, es que me gustan todos y fantaseo con ellos de una manera que en más de una oportunidad me asusta…

El deseo erótico que pongo en mis fantasías es tremendo… Mi mente vuela de tal forma que llego al orgasmo desenfrenado, como si me estuvieran taladrando… Cuando digo que me gustan todos los hombres es así como lo digo… ¡Todos! Desde un obrero en la construcción, con las manos bien ajadas y la piel áspera provocada por la dureza de su trabajo, hasta el peinador medio trolo y súper perfumadito, con quien me esforzaría para tratar de hacerle cambiar su forma de pensar respecto al sexo. Hace unos días atrás estuve al borde de convertir mis fantasías eróticas en absoluta realidad y seguramente cuando lean ésta confesión, ya haya “pisado el palito”.

El hecho es que el encargado del edificio donde vivimos está refuerte… Me mira con unas ganas tremendas y ello ha motivado, en más de una oportunidad que haya tenido que llegar a la masturbación plena… Siempre me encantó que me miren y que me digan cosas zarpadas, pero nunca logré entregarme a otro hombre… Al menos hasta ahora… Pero como decía, hace unos días se rompió un caño de agua en nuestro departamento y a la mañana temprano nos tocan el interno para avisarnos que iban a reparar la perdida… Mi esposo, que recién se estaba terminando de duchar, les dice a los señores que esperen una media hora más y que cuando suban lo hagan en compañía del encargado.

Cuando mi esposo se fue a trabajar, subieron dos plomeros acompañados, como mi propio esposo había pedido, con el señor encargado… Eran las 9 de la mañana y yo estaba todavía semi dormida, por supuesto que estaba sólo con el camisón así que pensé en cambiarme, pero mi mente guarra empezó ya no sólo a fantasear, sino a pensar en una oportunidad para dar un pasito más jugado… No sé cómo hice, pero les abrí la puerta así como estaba… Camisolín por encima de la rodilla, bastante cortito y nada más… ¡Nada eh! Ni siquiera sandalias… Los dos plomeros me clavaron la mirada como era de suponer y el pobre Mariano, así se llama el encargado, se sonrojó un poco, porque como es obvio, se quedó cortado…

Yo estaba casi en bolas, porque el camisolín es medio traslúcido y como dije antes, mis formas son bastante bien contorneadas, pero pasé el trance diciéndoles que pensé que era mi esposo que se había olvidado algo, así que luego de pedirles disculpas por el desorden y por la manera mía de atenderlos, los hice pasar…. Interiormente estaba excitadísima, sentía un fuego que me corría por las venas, dado que nunca había estado ante tres hombres casi en pelotas, moviéndome de un lado al otro y exhibiendo todo mi erotismo… Verme en esa situación, en la que jamás había estado antes, semi desnuda ante tres hombres y encima mostrándome, me llevó a sentir una calentura especialísima, súper erótica…

Los plomeros se fueron a trabajar al baño, donde se originaba la perdida, pobrecitos estaban atónitos… y Mariano me dijo que ya se retiraría dado que los hombres ya se encontraban trabajando, pero le pedí que se quedara un poquito porque mi esposo es muy temeroso con la gente extraña que puede estar en casa, sobre todo cuando él no está… Entonces Mariano se quedó… Yo no podía disimular mi excitación… mi voz se entrecortaba y las piernas me temblaban… fuimos para la cocina, me puse una bata, pero intencionalmente la dejé toda abierta en el frente… ¡Los dos estábamos a mil! Se le notaba en su cara, en sus ojos… me miraba las tetas y mis pezones por debajo del camisolín cada vez se endurecían más…

Me recorría todo mi cuerpito con la mirada y toda su expresión denotaba un deseo feroz de poseerme… pude notar, cosa que me derritió, como se le había desarrollado el bulto en el pantalón… Lo miré dos veces, bajando la mirada y él se dio cuenta, así que ya no había más nada que hacer… No se podía disimular más… supongo que mis ojos y mi cara también estarían reflejando toda la lujuria que sentía en ese momento… los orgasmos ya no los podía contener y las piernas cada vez me temblaban más y con más desenfado, el camisolín lo tenía ya levantado hasta el cuello, mi cuerpo ardía… ya estaba a punto de clavármela, estaba casi bajándose los pantalones cuando de pronto sonó el teléfono y fue el detonante para que todo termine allí…

El sonido del teléfono fue como la alarma que a ambos nos hizo frenar a algo que estaba ya cantado iba a suceder… Fue una locura… durante varios días me costó mirar y atender a mi esposo, pero ahora estoy mucho mejor… Cada vez que bajo trato de no cruzarme con Mariano, aunque lo deseo tanto… No puedo dejar de olvidar lo excitante que fue sentir su miembro inflamado, duro, gigante y caliente… Necesitaba desahogarme y éste medio lo ha logrado, tal vez me ayude a entregarme con mayor facilidad y responder más a mis instintos que a mi hipócrita actitud de contener algo que está claramente demostrado que me pone loca, que me hace vibrar, que tal vez ya no pueda contener…

Es cuestión de días, o tal vez de horas, no puedo resistir a la tentación de entregarme a ése hombre. Lo que más me atemoriza y atormenta es que estoy totalmente segura que cuando lo haga ya no me va a costar entregarme a otros, corriendo el grave peligro de convertirme en una putona cualquiera…

Me quedo esperando a quien me quiera aconsejar… miles de besitos… los adoro.

Autora: Candela

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Reencuentro entre dos amigas

Volvía una y otra vez hacia su boca, bajé hasta sus pezones y comencé a bordearlos con la lengua, sus pechos eran perfectos, grandes, tersos, suaves, llegué hasta el centro del pezón y lo lamí con la punta de la lengua, sintiendo como se ponía aún más tieso si cabía, que sensación, lo mordía con dulzura, ella inclinaba su cabeza hacia atrás, indicándome que estaba disfrutando.

Me encontré a Candela por la calle, había pasado tanto tiempo desde que dejamos nuestra amistad a un lado… me parecía increíble verla de nuevo, más guapa y radiante que nunca, parecía contenta de haberme encontrado, nos distanciamos por tonterías y creo que las dos nos echábamos mucho de menos. Yo tenía prisa, pero le pedí que nos encontráramos en otro momento, teníamos muchas cosas de que hablar, mucho que contarnos, habíamos cambiado mucho en ese tiempo.

Me pasé toda la tarde pensando en ella, en esa amistad que siempre nos había unido y que habíamos dejado escapar, sí, la echaba de menos y no lo había querido reconocer hasta ese momento en que la vi en plena calle, pero bueno, esa noche tendríamos oportunidad de hablar, le pediría perdón. Llamé a mi novio para decirle que no me esperara esa noche, le conté que me había encontrado con ella y habíamos quedado para cenar, le conté con excitación que la había visto muy guapa, que estaba impresionante y él bromeó diciéndome que a ver si ahora me iban a gustar las tías, que se iba a poner celoso si seguía hablando así de ella, le dije que no fuera tonto, que sabía que habíamos sido muy buenas amigas y que a mi solo me gustaba él.

Me preparé con dedicación para esa cena, no sabía porqué, pero estaba excitada con ese encuentro, decidí ponerme informal, pero a la vez quería estar guapa, incluso llegué a pensar que quería estar sexy, pero deseché esa idea de mi cabeza, no podía ser. Al final me decidí por un vaquero ajustadito, botas altas de tacón y una camisa entallada, me maquillé cuidadosamente y me dejé el pelo suelto, al salir de casa me puse una chaqueta negra y desabroché un botón más de mi camisa, me excitó ver como por mi escote se dejaba entrever el sujetador color burdeos que me había puesto, era precioso y llevaba un tanga a conjunto igual, bordado con detalles claritos… Estoy loca –pensé-, me he puesto esto como si fuera a seducir a alguien y solo es una cena de amigas…

Pasé a recogerla por su casa, estaba lista cuando llegué, así que subimos al coche y nos dirigimos al restaurante, mientras bromeábamos diciendo que parecíamos gemelas, nos habíamos vestido prácticamente igual.

La cena transcurrió con normalidad, contándonos nuestras cosas, me dijo que su novio se había ido fuera a trabajar y que le echaba mucho de menos, que ahora se sentía un poco sola y yo le pedí perdón por no haber estado más pendiente de ella, por aquella discusión tan tonta que tuvimos que nos había alejado, ella se disculpó también, no había rencor en las palabras de ninguna, solamente ganas de retomar lo que habíamos dejado. Todo transcurrió normal hasta que al final de la cena, cuando ya estábamos tomando el café, el camarero nos llevó unas copas diciendo que los chicos de la mesa de al lado nos invitaban a ellas, pero solo si les dejábamos que nos acompañaran, les dijimos que sí, no nos vendría mal compañía por un rato.

Los chicos se presentaron, se llamaban Julio y Daniel, estuvimos durante un largo rato hablando con ellos y nos comenzaron a resultar pesados, no hacían más que hablar de sus trabajos, de cuanto ganaban, de que querían ascender, etc., le dije a Candela que me acompañara al baño.

Una vez en el baño le dije que como podíamos hacer para quitárnoslos del medio, que nos iban a arruinar la noche estos dos pesados y Candela tuvo una idea, fingiríamos ser lesbianas, podría ser divertido y así además los echaríamos. Volvimos sonriendo mucho las dos y ellos nos hicieron una broma diciendo que habíamos tardado demasiado en el baño, que si habíamos estado haciendo algo… indecente, yo solo les dije que pensaran mal y acertarían, mientras le cogí la mano a Candela delante de ellos, se empezaron a mosquear al ver el buen rollo que teníamos, nos estábamos divirtiendo con las caras que estaban empezando a poner…

Candela decidió seguir más adelante y me dio un beso muy corto en los labios, las caras de ellos parecían un poema, estaban sorprendidos y excitados a la vez. Les propusimos ir a otro lado, a mi me estaba gustando el juego y a Candela parecía que más aún, porque había metido la mano bajo el mantel y me tocaba la pierna muy suavemente… En el coche me preguntó que si lo estaba pasando bien y le dije que mucho, que me encantaba provocar a esos dos, volvíamos a ser las dos chicas juguetonas que antes salían de marcha volviendo locos a los tíos.

En el pub había muy poca luz, los chicos lo habían hecho a conciencia, no sé si por intentar tener algo con nosotras o por provocar que ocurriera algo entre nosotras. El caso es que allí estábamos con ellos, pidiendo en la barra, cuando empezamos a jugar entre nosotras, Candela me cogió por la cintura mientras pedía la bebida al camarero. Los cuatro nos dirigimos hacia unas mesas que había más alejadas del resto y ellos preguntaron abiertamente si éramos pareja, ante la pregunta directamente me dirigí a Candela y la besé en los labios… nunca había sentido un beso con tal suavidad e intensidad a la vez, lo que más me turbaba es que Candela había respondido a ese beso… (¿Qué nos estaba pasando?)

Mi cabeza daba vueltas pensando en ese beso, pero ella parecía tranquila, serena, aunque había algo en su mirada… en un momento sentí como miraba mi escote y me susurró al oído que le encantaba mi sujetador, en ese momento me quedé completamente descolocada, seguía fingiendo o era real que estaba excitada por mi… Yo sí podía decir que estaba excitada, aparte de por la provocación hacia los chicos, los cuales tenían unas erecciones de campeonato, me había excitado Candela, al besarme, al susurrarme eso… notaba un cosquilleo en mi entrepierna que no me atrevía a reconocer, pero me debatía en si eso estaba bien o mal, era una mujer, era mi amiga…

Mientras pensaba esto, Candela me tomó de la mano para que fuéramos al baño, los chicos hicieron algún comentario de burla diciendo que haber que íbamos a hacer allí… Entramos en el servicio de las chicas, había mucha gente, así que las dos pasamos juntas a una puerta que había vacía. En cuanto cerré la puerta Candela se giró poniéndose frente a mi y comenzó a besarme con una locura, diciéndome que quería sentir cosas nuevas, que quería probarme, que mi escote durante toda la noche y ese beso habían despertado en ella cosas que nunca había imaginado sentir, yo simplemente me dejaba llevar.

Salimos del baño y ni siquiera me di cuenta que llevaba dos botones más de la camisa desabrochada, fuimos donde estaban los chicos, los cuales me miraron con lujuria y les dijimos que teníamos prisas, que nos teníamos que ir.

Salimos de allí rápidamente, subimos en mi coche yo conducía mientras Candela metía las manos por mi camisa y me acariciaba los pechos desesperadamente, me dijo que fuéramos a su casa, apenas llevaba una semana instalada y quería estrenar la cama nueva que había comprado conmigo… yo para entonces ya no razonaba, solo deseaba tenerla…

De camino a casa…casi ni nos hablábamos…solo nos dirigíamos miradas cargadas de deseo que ninguna de las dos entendía… Candela no sabía porqué lo hacía y yo solo podía dejarme llevar porque había despertado sensaciones en mí que no quería perderme. Jamás había sentido nada así, esa desesperación, esas ganas de ella, nunca la había deseado, pero ahora la encontraba más atractiva, más seductora…más sexy que nunca…

Llegamos a su casa…y me ofreció algo para beber mientras se ponía cómoda… Durante el tiempo que estuve sola en el salón mil ideas revoloteaban en mi cabeza… ¿Debía seguir adelante? La respuesta la encontré pronto, cuando me llamó desde la habitación…me acerqué despacio hasta la puerta del dormitorio y allí estaba, completamente desnuda…. Su voz temblaba…esta tan nerviosa como yo… Me pidió que me acercara y mordiéndome los labios lo hice…me acerqué y besó tímidamente mi boca, una boca que estaba pidiendo a  gritos que le entregaran todo…

Separándome de ella, mientras contemplaba su cuerpo desnudo fui despojándome de mi ropa, me quedé solo con ese fino conjunto de sujetador y tanga, el que me había dicho que le gustaba a lo largo de la noche, me eché a su lado en la cama, sin saber muy bien que hacer, esperando a que fuera ella quien diera el primer paso, con los hombres me gustaba llevar las riendas, pero con ella… quería dejarme llevar, al menos de momento.

Con mucha suavidad comenzó a recorrer con la punta de los dedos mi cuello… me sonreía mientras se iba deslizando por el escote, rozando el borde del sujetador, veía como mis pezones estaban enhiestos deseando ser chupados por esa lengua dulce, suave, que hacía una rato había sentido besarme… pero Candela no los tomó aún, siguió recorriéndome con los dedos, ahora jugaba por encima de mi sujetador y seguía descendiendo…

Mi piel se erizaba al sentir el contacto de su piel por mi abdomen, esto ya no tenía remedio, llegaríamos hasta las últimas consecuencias, siguió jugando, bordeando ahora mi tanga… acariciándome por encima de él, continuó su recorrido y ahora rozaba con mucha suavidad mi coño por encima del tanga… mmmmm, esas manos eran deliciosas y eso que aún no había empezado la guerra…

Terminó de quitarme la poca ropa que me quedaba, no hablábamos, solo nos mirábamos y nos sentíamos, los prejuicios se habían ido, solo quedaba la pasión, el gozo, los sentimientos encontrados…

Nos sentamos sobre la cama, una frente a otra, me dirigí hacia ella y la besé, la besé con más deseo de lo que jamás había besado a un hombre, estábamos muy juntas, las piernas entrelazadas a la cintura, sentía sus pechos presionando los míos, seguía besándola sin pensar lo que hacía, sus manos acariciaban mi espalda.

La separé un poco de mi para contemplarla, estaba preciosa, sus ojos brillaban con fuerza, agarré su pecho y lo empecé a masajear mientras la batalla de besos volvía a comenzar, pero ahora recorría su cuello, sus hombros… volvía una y otra vez hacia su boca… bajé hasta sus pezones y comencé a bordearlos con la lengua, sus pechos eran perfectos, grandes, sin llegar a la exageración, tersos, suaves… llegué hasta el centro del pezón y lo lamí intensamente con la punta de la lengua, sintiendo como se ponía aún más tieso si cabía, que sensación… lo mordía con dulzura… ella inclinaba su cabeza hacia atrás, indicándome que estaba disfrutando…

Sus manos seguían recorriéndome y llegaron hasta mi sexo, el cual estaba abierto debido a la postura, nuestros coños estaban uno frente a otro, húmedos, brillantes de excitación, palpitantes, deseosos de ser tocados… sus dedos se deslizaron con maestría por mi clítoris… cada vez estábamos más juntas, los pechos rozándose, nos comíamos las bocas de desesperación, los dedos seguían haciendo su trabajo…

Ahora yo también jugaba con su sexo, nos masturbábamos mutuamente, teníamos los dedos metidos cada una en el coño de la otra… separamos nuestros cuerpos, dejando solo unidos nuestros coños… nos tumbamos hacia atrás, entrelazamos las piernas y dejamos nuestros clítoris unidos, rozándose desesperadamente…

En el momento en que prácticamente estábamos llegando al límite Candela se separó de mi, metió la cabeza entre mis piernas y empezó a lamerme el coño primero muy lentamente, después muy rápido, hacía círculos sobre mi clítoris con la punta de la lengua, no me tocaba siquiera con las manos, solo su lengua… se deslizaba por mi raja y me penetraba, volvía al clítoris de nuevo, bajaba hacia el ano y metía lo que podía la lengua… no recuerdo cuantos orgasmos tuve, porque iba enlazando unos con otros… hasta que decidí que era el momento de devolverle el favor.

Primero la puse a cuatro patas y poniéndome detrás de ella la empecé a lamer de arriba abajo… en esa postura si intentaba lamer el clítoris mi nariz se quedaba cerca de su agujero y se excitaba más aún al sentir mi respiración en su coño… le lamí el ano, se lo lubriqué todo lo que pude y la volví a cambiar de postura… la eché sobre la cama y comencé a introducir dos dedos por su ano… se estaba dilatando… gritaba de placer… a la vez le comía el clítoris… alternaba los dedos entre su vagina y su ano, con la otra mano acariciaba sus pechos…

Me encantaba tocarlos, siempre había deseado tener esos pechos, cada vez gritaba más… cada vez estaba más fuera de sí, hasta que de repente se quedó callada, de su coño comenzaron a emanar chorros de líquido… estaba eyaculando, yo estaba sorprendida, exhausta, pero seguía recogiendo con mi boca todo lo que salía de ella…

Era algo indescriptible, excitante y sobretodo… ¡Inolvidable!

Autora: Ariadnna

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En una isla del mediterráneo

Me encanta que me follen fuerte y rápido, salvaje y sin contemplaciones, y notarle tan duro dentro de mí, sudoroso, jadeando y mordiéndome el cuello hizo que volviera a correrme entre gemidos de placer. Cuando él notó los temblores que me produjo mi orgasmo pegó tres empujones aun más fuertes y se corrió dentro de mí.

Fue el verano pasado, en una isla del mediterráneo. Una noche salí con unos amigos. Obsesionados con bailar salsa íbamos a todos los bares que tenían clases gratis… bueno, ellos estaban obsesionados, yo sólo me dejaba llevar, porque a mi la música latina me inspira poco.

Un domingo fuimos a un bar solo por la tontería de las clases. Estaba vacío y allí no bailaba nadie. Estábamos un poco aburridos cuando se acercó a nosotros un mulato impresionante, no era muy alto pero tenía un cuerpo de escándalo y una boca gruesa increíblemente sensual. Nos dijo que era el profesor de salsa, y que si salíamos con el a bailar, para animar un poco el bar.

Como mis amigos sabían más que yo, a mi me tocó bailar con él. Ese día me aficioné a los bailes latinos. Me contó que además de ser profesor de salsa, era DJ en un bar gay, y me dejó caer que la noche siguiente trabajaría allí.

Aunque esa  noche no pasó nada, tenerle  bailando pegado a mí me puso tremendamente caliente, así que cuando volví a casa me masturbé pensando en él. Me tumbé en la cama, abrí mis labios calientes, empapados e hinchados y empecé a acariciarme el clítoris con movimientos circulares, cada vez más fuerte, cada vez con más presión. Luego metí un par de dedos de la otra mano en mi vagina y empecé a moverlos pensando que eran su polla. Tuve un orgasmo fabuloso que me dejó exhausta y empapada en sudor.

Durante el resto del día sólo pude pensar en besar esa boca, probar el piercing de su lengua, lamer los tatuajes de esa piel canela y suave… Uffff, me acuerdo de él y me pongo cachonda de nuevo, mientras escribo noto cómo se me humedece el coño, creo que voy a tener que hacer una parada técnica.

Cuando llegó la noche yo me subía por las paredes, estaba caliente como una perra y mis amigos no salían, así que me fui sola a su bar. No hizo falta que le dijera a qué había ido. El tenía que trabajar, además sus compañeros del bar conocían a su novia, con lo que teníamos que hacer como si no fuera a pasar nada, lo que lo hizo todo más excitante.

Yo me dediqué a hacer amigos y bailar, pero le notaba observándome, lo que hacía que me contoneara para él, más perra cada vez. De vez en cuando nos cruzábamos y él me susurraba al oído cómo me iba a follar cuando cerraran el bar, o llevaba mi mano a su polla para que viera que él estaba tan cachondo como yo.

Por fin cerraron el bar y nos quedamos solos. Bueno, casi solos, porque mientras que él y yo nos fuimos a un rincón en otra parte del bar se quedó otro camarero y un amigo que se dedicó a chuparle la polla con entusiasmo… tener dos gays montándoselo al lado me dio muchísimo morbo.

Llevábamos tantas horas calientes y esperando que empezamos a besarnos salvajemente. Nos quitamos la ropa frenéticos y cuando le vi desnudo superó todas mis expectativas… ver su polla tan dura, brillante de humedad casi me hizo correrme. Se sentó en una banqueta y yo le monté. Tenía el coño tan caliente e hinchado que entró hasta el fondo de un solo empujón.

Empecé a moverme arriba y abajo, restregándome contra él, arañando su espalda, mientras, él mordía mis pezones y cuando su mano fue a mi clítoris palpitante me corrí por primera vez. Después él me levantó, me empujó de espaldas contra la pared y empezó a follarme sujetándome las manos arriba, dominando y marcando él el ritmo. Antes había dirigido yo y ahora le tocaba a mi semental mulato controlar la situación. Su polla entraba y salía de mí con empujones cada vez más violentos.

Me encanta que me follen fuerte y rápido, salvaje y sin contemplaciones, y notarle tan duro dentro de mí, sudoroso, jadeando y mordiéndome el cuello hizo que volviera a correrme entre gemidos de placer.

Cuando él notó los temblores que me produjo mi orgasmo pegó tres empujones aun más fuertes y se corrió dentro de mí. Las piernas no nos sostenían, así que nos dejamos caer al suelo a recuperar la respiración.

Nos despedimos como si no fuéramos a volver a vernos, pero la noche siguiente tuve que volver a por más… aunque esta vez fue en el malecón en vez de en un bar gay.

Autora: Candela

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