Fui muy puta

Me puso a cuatro patas, sentía su capullo que jugaba en la entrada de mi chocho y yo pidiendo métemela por favor, en eso empecé a sentirla dentro, cada vez más hasta llegó en un momento que me dolía, nunca me había imaginado que todo eso cupiera dentro, no se las veces que me corrí esa noche, me penetró un montón de veces cambiando de posición, el cabrón duró toda la noche.

Hola, mi nombre es Ana, tengo 49 años me dicen que muy bien llevados, y os voy a contar lo puta que me comporté unos años atrás cuando tenía unos 25 años, yo estaba casada, con un hijo, y era muy mal tratada por mi ex-marido, dándome, palizas, insultos, bueno de eso no me gusta recordar.

Yo trabajaba en una fábrica y todo empezó cuando uno de los encargados que teníamos empezó a tirarme los tejos, era mayor, tendría unos 40 años, en una posición bastante cómoda y empezó a regalarme braguitas, bombones y yo no le hacía caso, le decía que estaba casada y no me interesaba nada, además con un marido muy celoso que no podía ni hablar casi con mis propios hermanos, se ponía furioso y no digamos con otras personas, pasó un fin de semana que fuimos a una boda de unos amigos y cuando llegamos a casa me dio una paliza que el lunes no pude asistir a trabajar.

En fin que Pedro, el encargado, no desistía en su empeño, era muy amable conmigo, seguían sus regalitos que me dejaba en la taquilla, me esperaba a la salida, hasta que un día accedí a subir en su coche para acercarme a casa, y me propuso tener relaciones con él, yo negándome, llegó a ofrecerme dinero, cosa que en casa escaseaba ya que la única que trabaja era yo, pero me resistía una y otra vez, ya un día me ofreció dinero para hacerle una paja yo nunca había estado con otro hombre que no fuera mi marido y ese día lo acepté nos fuimos lejos de la ciudad como a unos 60 km. por miedo supongo, en el coche se sacó la polla y empecé a pajearle, cuando llevaba un buen rato me la metí en la boca y terminó corriéndose en mi boca, yo solo le dejé que me tocara por encima de mis braguitas ya que nadie más que mi ex me lo había hecho.

Pasó un mes aproximadamente y mis hermanos y cuñados, o sea la familia, propusieron de ir a comer a un restaurante, cada uno pagaba su parte, y mi ex-marido me decía que no podíamos ir porque no teníamos dinero, le dije que yo a escondidas había ahorrado algo, con lo cual podíamos ir a esa comida, él se puso todo contento y que tenía una maravillosa mujer que sabía muy bien administrar y ganar la pasta ya que a él ningún trabajo le duraba. Si decía yo te voy a invitar de los cuernos que llevas, cabrón, yo ya estaba muy harta de él pero lo quería.

El caso que Pedro seguía insistiendo en vernos y la primera vez no había estado mal, había sido muy fácil ganar ese dinero. Me propuso que le comunicara que no me encontraba bien por la tarde y me daría la tarde libre, y él también la tomaría, y así lo fue, esta vez me llevó más cerca, a Sagunto, a unos 30 km. de la fábrica, igualmente solo fue una paja como la vez anterior, y él poco a poco fue retirando las bragas a un lado hasta meterme los dedos dentro, no le dejé más ya tuve un buen orgasmo comiendo su hermosa polla, con su mano que no dejaba de acariciarme. Dándome otra vez la misma cantidad de euros y mi ex seguía insultando que yo era una puta, ahora si ya lo había conseguido. Repetimos varias veces más sin nunca llagar a penetrarme yo no quería pero me gustaba cada vez más.

El tema fue que llegó el verano nos fuimos de vacaciones y cuando regresamos en septiembre la fábrica había cerrado. Y todos a la calle, nos seguimos viendo ya que hacíamos guardia en la puerta para que no se llevaran los dueños las máquinas y nos quedásemos sin cobrar. Pedro seguía insistiendo hasta llegó a ofrecerme unos cuantos euros, eran muchos, por una noche y tonta de mí no lo acepté, él me decía que ahora que pasábamos las noches de guardia me sería más fácil, pero yo no acepté. (Tonta de mí, ahora me arrepiento no haber sacado más pasta).

Tampoco él me gustaba, si en cambio acepté irme con otro compañero, una noche en su casa Manolo, un chico de 30 años, muy majo, llevaba unos meses separado, la noche era muy fría y dije que no me sentía bien, él se ofreció a llevarme a casa y nos fuimos por el camino a casa, me dijo que sabía lo mal que lo pasaba con mi ex, bueno, lo sabía todo el mundo, y me eché a llorar, paró el coche y claro le expliqué, ahora la que me espera cuando llegue a casa, me preguntará quien me ha llevado y ya tendré la bronca, con lo cual me propuso ir a su casa descansar y por la mañana podría regresar a mi casa con el bus, y me gustó la idea y acepté ir a su casa, me cuidó muy bien me ofreció unas infusiones y la verdad empecé a sentirme mucho mejor, estábamos hablando en el sofá, empezó a decirme que siempre me había admirado, que era muy guapa y palabras muy amables, la cuestión que se me había ido el frío por completo y cada momento estaba más caliente y excitada por lo que me decía y me contaba.

Sin casi darme cuenta nos estábamos besando, empezó por mi parte débil mi cuello y estaba yo como un flan, no tardé nada en ponerle la mano en su paquete y como estaba de duro, ummm cuando lo recuerdo, le bajé la cremallera y salió disparada, vaya polla, nunca antes había visto nada igual, larga y gorda, intentaba tragarla toda pero no había forma, casi no cabía en mi boca, me dio media vuelta metió su cara debajo de mi falda y a mordiscos me arrancó mis bragas, no tardamos nada en irnos los dos, yo tenía un orgasmo descomunal con su polla en mi boca y su lengua jugando con mi chocho, como nunca nadie había hecho antes conmigo, paramos un rato, nos fumamos unos pitillos, y al poco rato pasamos a la habitación.

Nos quitamos las ropas mal puestas que teníamos y me tumbó en la cama, su lengua recorría todo mi cuerpo con lo que no tardé en tener otro orgasmo, pero tenía unas ganas locas de tener esa polla dentro que se lo pedí por favor, métemela, no puedo aguantar más, me puso a cuatro patas, sentía su capullo que jugaba en la entrada de mi chocho, y yo pidiendo métemela, métemela por favor, y en eso empecé a sentirla dentro poco a poco, cada vez más hasta llegó en un momento que me dolía, nunca me había imaginado que todo eso cupiera dentro, no se las veces que me corrí esa noche, me penetró un montón de veces cambiando de posición, el cabrón duró toda la noche se corría y a los 5 minutos estaba otra vez con el cacharro en posición, nunca me lo había imaginado, cuando se corría mi ex ya no había forma y yo pensaba que todos los hombres eran iguales, que equivocada estaba, cuantas cosas me había perdido.

Y llegaron las 7 de la mañana me di una ducha me vestí y no tenía bragas ya que estaban rotas, me tuve que ir en el bus sin bragas y sin poder casi caminar, tenía el chocho como un tomate muy maduro, cuando llegué a casa le dije a mi marido que no había dormido nada, que era muy duro eso de hacer guardia toda la noche, y que me iba a descansar. A partir de ese día tenía más guardias que antes para estar con Manolo, la cosa duró tres meses dos veces por semana, hasta que Manolo regresó con su ex-mujer. Nunca lo he olvidado, fue el primero que me hizo sentir mujer y disfrutar como una perra.

Autora: Ana

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Mi esposa visita dos clientes

Daniel aprovechaba para magrearte las tetas y Alberto te besaba el cuello. Te decían todo tipo de guarrerías, lo putilla que eras y lo bien que follabas, no parabas de gemir de suplicarles que te siguiesen follando de que no parasen, los vecinos de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando tus palabras. Así estuvisteis un buen rato hasta que os corristeis como animales.

Te habías levantado muy pronto, como siempre que tenías que ir a Barcelona. Además esta vez tenías que visitar a dos clientes e ibas a hacer noche allí. Te pusiste el traje oscuro con falda larga que te hace esa figura tan esbelta y sensual, con la camiseta roja si mangas que resaltan esas tetas que gustan tanto a los hombres y que les hacen volverse para mirarlas y que más de uno ha tenido ocasión de tocar y chupar.

El taxi te esperaba en la puerta, ibas con el portátil y con el bolso, el taxista, un chico joven y bastante apuesto, al verte se bajó y muy atento te abrió la puerta. Tú notaste como te miraba y clavaba sus ojos en tu culo, que se marcaba claramente a través de tu falda. Al entrar en el taxi te quitaste la chaqueta, hacía calor, y disimuladamente el taxista movió el espejo para poder observar tus tetas. Tú te diste cuenta pero fue una sensación que te gustó. Llegaste al aeropuerto, bajaste del taxi y al cabo de cinco metros giraste la cabeza y viste como el taxista miraba tu culo. Entraste en la terminal y pensaste que había sido un buen comienzo de día.

El vuelo no salía hasta dentro de una hora, así que fuiste a tomar un café. Al llegar a la barra te fijaste en dos ejecutivos muy atractivos que estaban desayunando. Tendrían alrededor de 30 años. Terminaste de desayunar, subiste al avión, metiste el portátil en el maletero y te sentaste junto a la ventanilla, dispuesta a dormir como siempre hacías. Pero en eso que llegan los dos hombres que habías visto en el bar y se sentaron junto a ti. De cerca eran más apuestos.

Te saludaron amablemente y se sentaron. Empezaron a hablar entre ellos, parecían dedicarse a la consultoría. Al cabo de un rato uno de ellos te preguntó si solías hacer el puente, a partir de ahí seguisteis hablando de todo un poco hasta llegar a Barcelona. Uno se llamaba Daniel y el otro Alberto. Durante el trayecto tuviste que ir al baño, ellos se levantaron para dejarte salir pero notaste como ninguno se retiraba lo suficiente para no frotar tu culo con sus pantalones. Esto te puso cachonda. Menudo día, pensaste, primero el taxista y ahora estos dos.

Al llegar a Barcelona fuisteis a coger un taxi y te preguntaron hacia dónde ibas. Casualmente su oficina estaba cerca de la tuya y cogisteis el mismo taxi. Tú te pusiste en medio. Durante el trayecto ibas acercando tus piernas a las suyas y notabas como ellos se iban excitando. Llegado a ese punto te preguntaron si te gustaría cenar con ellos. Tu respuesta no podía ser otra que el sí.

Más tarde pensaste si debías haber aceptado su invitación, pero no te podías engañar, deseabas algo más que cenar con ellos. Desde siempre habías reprimido tu necesidad de sexo, salvo contadas excepciones, en las que te habías comportado como una verdadera calentorra, eso que tanto gusta a los hombres. Estuviste todo el día pensando en la cena.

Te llevaron a cenar a un restaurante del barrio gótico. Después de la cena tomasteis una copa en un pub cercano y te propusieron ir a su hotel. Tú en un primer momento dijiste que no pero en seguida te convencieron. Realmente ya estabas convencida de antemano porque los dos te ponían muy cachonda.

Subisteis en el ascensor y Daniel se puso detrás de ti y empezó a tocarte ligeramente las tetas. Tú cerraste los ojos y echaste la cabeza para atrás, mientras Alberto te besaba el cuello y frotaba su polla contra ti.

Llegasteis a la habitación y entre los dos te cogieron y te llevaron a la cama. Alberto se tumbó y tú te fuiste directamente a su pantalón, le bajaste la cremallera y sacaste su polla. Tus ojos al verla se iluminaron, era muy grande y gorda, y eso que no estaba todavía dura. Te la metiste en la boca y notabas como iba creciendo, parecía que no iba a parar. Él con su mano te estaba tocando las tetas, tú seguías con la camiseta puesta. Daniel mientras se dedicaba a ir subiéndote la falda poco a poco y besándote cada palmo de tus piernas. Cuando llegó a tu culo te bajó las medias y te dejó el tanga. Tenías la falda subida hasta la cintura, se la estabas chupando a uno mientras te tocaba las tetas y el otro te sobaba el culo y te metía la lengua en ese coñito tan lubricado.

Estabas muy caliente, os terminasteis de desnudar y cambiasteis de posición. Ahora tú se la chupabas a Daniel y Alberto te trabajaba el coñito, metiendo dos dedos mientras te chupaba el clítoris. Estabas en el séptimo cielo. Tras un rato así empezaste a gemir y convulsionarte, teniendo el primer orgasmo, un orgasmo largo e intenso. Pero no te dejaron descansar, te sentaste encima de la polla de Alberto y le cabalgabas salvajemente, Daniel por su parte te la metía en la boca y te estrujaba las tetas mientras te decía lo guarrilla que eras.

No podías más y te corriste por segunda vez. Al mismo tiempo Daniel se corría en tu boca, tú le mirabas con ojos de lujuria, el semen te resbalaba por los labios, pero tú no querías desperdiciar nada y lo recogías con tu lengua. Le chupaste la polla hasta dejarla bien limpia, Daniel cayó rendido. Alberto por su parte seguía follándote, de repente se salió de ti y te dijo que te pusieses de rodillas. Acercó su polla a tu cara y tras darle dos lengüetazos un chorro de esperma inundó tu boca y cara.

Tras este primer combate descansasteis un rato, pero tú no tenías suficiente y empezaste a juguetear con sus pollas, te las metiste las dos en la boca, nunca creíste que pudieras hacer esto y pensaste en lo putilla que eras.

Ellos se pusieron rápidamente a tono, quién se iba a resistir a esa boquita de mamadora, para eso te habías entrenado tanto. Esta vez decidieron follarte a cuatro patas, Daniel te lubricó el coño con su boca y te metió su rabo hasta el fondo. Se te escapó un pequeño gritito, mitad placer mitad dolor. Alberto se puso delante de ti y te empezó a follar por la boca mientras te masajeaba las tetas y te tiraba de los pezones. Tras 10 minutos en esta postura Daniel se puso debajo y tú le montaste. Notaste de repente que Alberto te empezaba a chupar el ano y a meterte un dedo.

Al principio tuviste miedo pero en seguida empezaste a notar placer. Notabas la punta de su capullo en tu culo, cómo iba penetrando ese agujero estrecho. Para ti era una nueva sensación, nunca te habían follado por el coño y culo a la vez. Empezaron con un ritmo tranquilo pero en seguida se hizo más rápido, tú sentías algo increíble, mezcla de dolor y placer.

Daniel dijo que quería follarte el culo, así que cambiasteis de postura. Esta vez te sentaste encima de Daniel, dándole la espalda. Te la metió por el culo. Te subieron las piernas para que Alberto te la pudiese meter por el coño. Esta postura te gustaba aún más que la otra, gemías a cada embestida.

Daniel aprovechaba para magrearte las tetas y Alberto te besaba el cuello. Te decían todo tipo de guarrerías, lo putilla que eras y lo bien que follabas, tú no parabas de gemir, de suplicarles que te siguiesen follando, de que no parasen, los vecinos de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando tus palabras.

Así estuvisteis un buen rato hasta que os corristeis como animales. Os quedasteis los tres abrazados, derrotados tras el maratón de sexo, había sido tu mejor experiencia. Te levantase, te duchaste y te fuiste, no hubo preguntas entre vosotros.

Al llegar a tu hotel pensaste en si volverías a repetirlo. Cogiste el móvil y llamaste a tu marido. Te preguntó qué tal el día y tú le dijiste que había sido muy duro y aburrido. Te habías convertido en una experta mentirosa.

Autor: Baco

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El viaje de mi esposa

Empezaron con un ritmo tranquilo pero en seguida se hizo más rápido, tú sentías algo increíble, mezcla de dolor y placer. Daniel dijo que quería follarte el culo, así que cambiasteis de postura. Esta vez te sentaste encima de Daniel. Te la metió por el culo. Te subieron las piernas para que Alberto te la pudiese meter por el coño. Esta postura te gustaba aún más que la otra, gemías a cada embestida.

Te habías levantado muy pronto, como siempre que tenías que ir a Barcelona. Además esta vez tenías que visitar a dos clientes e ibas a hacer noche allí. Te pusiste el traje oscuro con falda larga que te hace esa figura tan esbelta y sensual, con la camiseta roja si mangas que resaltan esas tetas que gustan tanto a los hombres y que les hacen volverse para mirarlas y que más de uno ha tenido ocasión de tocar y chupar.

El taxi te esperaba en la puerta, ibas con el portátil y con el bolso, el taxista, un chico joven y bastante apuesto, al verte se bajó y muy atento te abrió la puerta. Tú notaste como te miraba y clavaba sus ojos en tu culo, que se marcaba claramente a través de tu falda. Al entrar en el taxi te quitaste la chaqueta, hacía calor, y disimuladamente el taxista movió el espejo para poder observar tus tetas. Tú te diste cuenta pero fue una sensación que te gustó. Llegaste al aeropuerto, bajaste del taxi y al cabo de cinco metros giraste la cabeza y observaste como el taxista miraba tu culo. Entraste en la terminal y pensaste que había sido un buen comienzo de día.

El vuelo no salía hasta dentro de una hora, así que fuiste a tomar un café. Al llegar a la barra te fijaste en dos ejecutivos muy atractivos que estaban desayunando. Tendrían alrededor de 30 años. Terminaste de desayunar, subiste al avión, metiste el portátil en el maletero y te sentaste junto a la ventanilla, dispuesta a dormir como siempre hacías. Pero en eso que llegan los dos hombres que habías visto en el bar y se sentaron junto a ti. De cerca eran más apuestos. Te saludaron amablemente y se sentaron. Empezaron a hablar entre ellos, parecían dedicarse a la consultoría. Al cabo de un rato uno de ellos te preguntó si solías hacer el puente, a partir de ahí seguisteis hablando de todo un poco hasta llegar a Barcelona. Uno se llamaba Daniel y el otro Alberto. Durante el trayecto tuviste que ir al baño, ellos se levantaron para dejarte salir pero notaste como ninguno se retiraba lo suficiente para no frotar tu culo con sus pantalones. Esto te puso cachonda. Menudo día, pensaste, primero el taxista y ahora estos dos.

Al llegar a Barcelona fuisteis a coger un taxi y te preguntaron hacia dónde ibas. Casualmente su oficina estaba cerca de la tuya y cogisteis el mismo taxi. Tú te pusiste en medio. Durante el trayecto ibas acercando tus piernas a las suyas y notabas como ellos se iban excitando. Llegado a ese punto te preguntaron si te gustaría cenar con ellos. Tu respuesta no podía ser otra que el sí.

Más tarde pensaste si debías haber aceptado su invitación, pero no te podías engañar, deseabas algo más que cenar con ellos. Desde siempre habías reprimido tu necesidad de sexo, salvo contadas excepciones, en las que te habías comportado como una verdadera calentorra, eso que tanto gusta a los hombres.

Estuviste todo el día pensando en la cena.

Te llevaron a cenar a un restaurante del barrio gótico. Después de la cena tomasteis una copa en un pub cercano y te propusieron ir a su hotel. Tú en un primer momento dijiste que no pero enseguida te convencieron. Realmente ya estabas convencida de antemano porque los dos te ponían muy cachonda.

Subisteis en el ascensor y Daniel se puso detrás tuyo y empezó a tocarte ligeramente las tetas. Tú cerraste los ojos y echaste la cabeza para atrás, mientras Alberto te besaba el cuello y frotaba su polla contra tí.

Llegasteis a la habitación y entre los dos te cogieron y te llevaron a la cama. Alberto se tumbó y tú te fuiste directamente a su pantalón, le bajaste la cremallera y sacaste su polla. Tus ojos al verla se iluminaron, era muy grande y gorda, y eso que no estaba todavía dura. Te la metiste en la boca y notabas como iba creciendo, parecía que no iba a parar. Él con su mano te estaba tocando las tetas, tú seguías con la camiseta puesta.

Daniel mientras se dedicaba a ir subiéndote la falda poco a poco y besándote cada palmo de tus piernas. Cuando llegó a tu culo te bajó las medias y te dejó el tanga. Tenías la falda subida hasta la cintura, se la estabas chupando a uno mientras te tocaba las tetas y el otro te sobaba el culo y te metía la lengua en ese coñito tan lubricado. Estabas muy caliente, os terminasteis de desnudar y cambiasteis de posición. Ahora tú se la chupabas a Daniel y Alberto te trabajaba el coñito, metiendo dos dedos mientras te chupaba el clítoris.

Estabas en el séptimo cielo. Tras un rato así empezaste a gemir y convulsionarte, teniendo el primer orgasmo, un orgasmo largo e intenso. Pero no te dejaron descansar, te sentaste encima de la polla de Alberto y le cabalgabas salvajemente, Daniel por su parte te la metía en la boca y te estrujaba las tetas mientras te decía lo guarrilla que eras. No podías más y te corriste por segunda vez. Al mismo tiempo Daniel se corría en tu boca, tú le mirabas con ojos de lujuria, el semen te resbalaba por los labios, pero tú no querías desperdiciar nada y lo recogías con tu lengua. Le chupaste la polla hasta dejarla bien limpia, Daniel cayó rendido. Alberto por su parte seguía follándote, de repente se salió de tí y te dijo que te pusieses de rodillas. Acercó su polla a tu cara y tras darle dos lengüetazos un chorro de esperma inundó tu boca y cara.

Tras este primer combate descansasteis un rato, pero tú no tenías suficiente y empezaste a juguetear con sus pollas, te las metiste las dos en la boca, nunca creíste que pudieras hacer esto y pensaste el lo putilla que eras.

Ellos se pusieron rápidamente a tono, quién se iba a resistir a esa boquita de mamadora, para eso te habías entrenado tanto. Esta vez decidieron follarte a cuatro patas, Daniel te lubricó el coño con su boca y te metió su rabo hasta el fondo. Se te escapó un pequeño gritito, mitad placer mitad dolor. Alberto se puso delante de ti y te empezó a follar por la boca mientras te masajeaba las tetas y te tiraba de los pezones.

Tras 10 minutos en esta postura Daniel se puso debajo y tú le montaste. Notaste de repente que Alberto te empezaba a chupar el ano y a meterte un dedo. Al principio tuvíste miedo pero en seguida empezaste a notar placer. Notabas la punta de su capullo en tu culo, cómo iba penetrando ese agujero estrecho. Para tí era una nueva sensación, nunca te habían follado por el coño y culo a la vez.

Empezaron con un ritmo tranquilo pero en seguida se hizo más rápido, tú sentías algo increíble, mezcla de dolor y placer. Daniel dijo que quería follarte el culo, así que cambiasteis de postura. Esta vez te sentaste encima de Daniel, dándole la espalda. Te la metió por el culo. Te subieron las piernas para que Alberto te la pudiese meter por el coño. Esta postura te gustaba aún más que la otra, gemías a cada embestida. Daniel aprovechaba para magrearte las tetas y Alberto te besaba el cuello. Te decían todo tipo de guarrerías, lo putilla que eras y lo bien que follabas, tú no parabas de gemir, de suplicarles que te siguiesen follando, de que no parasen, los vecinos de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando tus palabras.

Así estuvísteis un buen rato hasta que os corrísteis como animales. Os quedásteis los tres abrazados, derrotados trás el maratón de sexo, había sido tu mejor experiencia. Te levantase, te duchaste y te fuíste, no hubo preguntas entre vosotros.

Al llegar a tu hotel pensaste en si volverías a repetirlo. Cogíste el móvil y llamaste a tu marido. Te preguntó qué tal el día y tú le dijíste que había sido muy duro y aburrido. Te habías convertido en una experta mentirosa.

Autor: Baco

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La masajista perfecta

Saqué la lengua y la pasé por sus tetas, dibujando una espiral de fuera adentro con el centro en sus pezones, que ya estaban en su máxima expresión, gordos, grandes, duros, guardados en una aureola pequeña y deseosos de las caricias de mi boca. Los gemidos que ella daba eran muy excitantes para mí, a la vez que agarraba sus tetas para pasar los pezones por mi boca.

Hola a todos, este es mi primer relato, así que me deberéis perdonar si no es una maravilla literaria. Antes de nada me gustaría presentarme, me llamo Jorge, tengo 36 años y soy un apasionado de las mujeres maduras de los 40 a los 60, vivo en Madrid que es donde ocurrió lo que voy a contaros.

Trabajo en un estudio de arquitectura, dibujando planos como loco, con mucho estrés y presión por parte de los jefes lo cual me genera mucha tensión en los músculos del cuello y espalda, además de unas obras en casa que me traían por la calle de la amargura así que tenía pensado buscar un o una masajista que me los aliviara, pero por falta de tiempo unas veces y por dejadez otras al final no lo busqué como debía, gracias a lo cual me pasó lo que os estoy relatando.

Estaba chateando en una sala de + de 40 cuando vi que entró alguien con un nick (MasajistaMadrid), que me venía al pelo y me hizo recordar lo que llevaba tiempo necesitando. Le abrí un privado y dio la casualidad (¡maravillosa casualidad!), que era una mujer de 52 años, Eva, masajista semi profesional que daba masajes para redondear el sueldo que llevaba a casa (no supe nunca cual era su otro trabajo, tampoco es que pusiera mucho empeño en saberlo, la verdad). Le conté mi problema, mis contracturas cíclicas en el cuello y los hombros y me dijo que esa era su especialidad, el masaje relajante anti-estrés. Después de acordar el precio quedamos en mi casa para el día siguiente por la tarde/noche, que era cuando a ella le venía mejor.

Seguimos hablando y la noté (aparte de simpatiquísima y muy amable), muy interesada en mi gusto por las mujeres maduras (cosa que supo por mi nick), y por mi experiencia en ese tema, que tampoco es mucha, pero algo tengo para contar. De vez en cuando volvía al tema de los masajes, insistiendo en que me iba a masajear muy bien, por todo el cuerpo y que iba a quedar muy contento y relajado, hasta el punto de recomendarme estar desnudo cuando me diera el masaje, ya que a ella le daba más libertad de movimientos. Yo, siguiendo con el tono de la conversación le dije que no había problema, que aunque no tengo un cuerpo danone (de hecho estoy bastante gordito), no tengo vergüenza en estar desnudo, pero que temía que al sentir sus manos en mi cuerpo, me excitara más de lo debido. Ella se rió con el comentario y me dijo que eso no le molestaba, más bien al contrario, que se sentiría halagada de excitar a un joven como yo. Para no aburriros mucho, a pesar que estuvimos mucho tiempo chateando de muchas cosas así quedó el tema, en una cita para el día siguiente.

Después de otra intensa jornada laboral llegué a casa y lo preparé todo para que estuviera a punto para cuando llegara Eva, me di una ducha a fondo, limpié la habitación, quemé un par de barritas de incienso, y me puse a esperar su llamada. Después de indicarle mis señas para que llegara con su coche me dispuse a esperarla, más nervioso de lo que debería estar ya que el tono de la conversación del día anterior fue bastante más caliente de lo que debería haber sido una simple transacción comercial.

Llamó al portero automático y le abrí la puerta, esperándola en el quicio con una sonrisa que se me cayó al suelo cuando la vi en persona. Y es que esta mujer era una delicia. Más incluso de lo que me había imaginado, y la había imaginado mucho y en diferentes situaciones la noche anterior. No muy alta, pero muy bien proporcionada, alrededor de 1.55 ó 1.60, rubita teñida, con el pelo largo, ojos color café, regordita con muchas curvas, pero sin llegar a ser obesa, con unos pechos grandes, pero no exagerados, piernas fuertes de tobillo fino y un culo precioso (que más tarde me quitaría el sentido). Venía vestida con una especie de traje chaqueta azulón, americana cortita y falda por encima de las rodillas, un top con escote, palabra de honor, azul más claro, medias negras y zapatos planos negros también.

Hola, tú debes de ser Jorge… ¿te pasa algo? ¿Te encuentras bien? –dijo con una media sonrisa en la cara al ver la expresión de la mía. Nnno, perdona, es que no me esperaba que viniera Afrodita en persona a darme un masaje. –dije lo primero que se me ocurrió, intentando no parecer tan tonto como me sentía. Jajajajaaa, venga, venga, no seas zalamero. –replicó ampliando la sonrisa, con una picardía al ver mi reacción al conocerla. Perdona, que maleducado soy, pasa, pasa. Nos dimos dos besos a la vez que ponía su mano en mi cara en un gesto muy cariñoso que a mí me dio pie a poner la mía en su cintura. ¡Esto iba bien! La dejé pasar al hall aprovechando para ver su fantástico culo que me pareció contoneaba con más sensualidad de la normal.

Pasamos al salón, ella delante de mí, y yo sin poder quitar la vista de ese trasero que tanto me había gustado, imaginándome como sería la ropa interior que lo cubría y claro, excitándome ante tal pensamiento. ¿Quieres tomar algo, Eva? Con el calor que hace, lo mismo te apetece una cerveza o un refresco fresquito. Pues sí, una cervecita me vendría genial, gracias, que este calor de Madrid en agosto es terrible. –dijo mientras hacía el gesto de abanicarse con la mano. Siéntate que te la traigo… y yo me tomo otra, que la verdad es que a estas horas apetece. –le dije mientras me dirigía a la cocina para pillar dos cervezas heladas.

Toma, aquí tienes, ten cuidado que está muy fría.

Le di la botella y ella se tomó un buen trago, dando un suspiro de satisfacción según separaba la botella de sus labios.

Huy, perdona, no te he ofrecido un vaso, yo me la suelo beber a morro, que me gusta más así. –le dije. No te preocupes, a mí también me gusta mucho más beber a morro, así se sienten las cosas mucho mejor –dijo con una sonrisa más que pícara, a la vez que cerraba los ojos y pasaba la fría botella por su cuello y la parte del pecho que dejaba a la vista su top-. Bueno, ¿me dices dónde está el cuarto de baño? Necesito usarlo. Por supuesto, por aquí, pasa –le dije indicándole el camino-. Está recién reformado, y ha sido una de las causas del estrés que arrastro, pero al final ha quedado bastante bien.

¡Ummmm, que bonito! …y con una columna de ducha con masaje incluido, ay, estas cosas me van a dejar sin trabajo, jajajjjaa…  Jajajjaaja, no creo que estos aparatos lo hagan mejor que unas manos femeninas –le dije poniendo también una sonrisa pícara-. Si quieres puedes usarla –dije en tono de broma, pero que ella se tomó en serio, o quizá, aprovechó la ocasión que le estaba dando.

Pues mira, si no te importa, la verdad es que me encantaría darme una buena ducha, que llevo todo el día de aquí para allá y me vendría genial. Ummmm, y por lo que veo, has puesto una mampara casi transparente, eh pillín, jajaja. Jajajaja, pues sí, para que negar la evidencia, que con las pocas chicas que pasan por casa, hay que aprovechar. Venga, no seas llorón, que más de una habrá probado esta duchita… -dijo mirándome directamente a los ojos. Pues no –le respondí mirándola también a los ojos-, vas a ser la primera persona aparte de mí que se meta en mi ducha, te lo aseguro. Toma una toalla para cuando salgas, y si quieres puedes usar mi albornoz, que está limpio.

La dejé disfrutando la ducha y esperé en el salón tomando otra cerveza, imaginando lo que podría hacer con ella en el caso de que el masaje fuera por donde yo quería que fuera. Pensé en ir a espiarla mientras se duchaba, pero mi inseguridad y un atisbo de educación me impidieron hacerlo. Después de unos minutos salió de la ducha con mi albornoz puesto, cosa que me gustó mucho, ya que esa tela que tocaba su cuerpo que yo imaginaba desnudo sería la misma que más tarde acariciaría el mío… morboso que es uno.

Uauuu, ¡qué bien me ha sentado esa duchita! –Dijo ella mientras se secaba el pelo con una toalla- …y que albornoz más suave tienes, como te descuides me lo llevo, jajajajaja. Bueno, si te portas bien te lo cambio por algo tuyo –respondí yo mientras le daba otra cerveza recién abierta-. Toma, otra cervecita, ya verás que bien sienta después de la ducha. Ummmm gracias, eres un sol, Jorge –dijo poniendo esa sonrisa que me volvía loco y me daba para imaginar locuras- y gracias también por dejarme usar tu ducha, te lo voy a recompensar con un masaje que te va a dejar relajado como no lo has estado nunca. Uff, pues nada, vamos a ello, que ya tengo ganas. No tengo camilla ni nada parecido, ¿dónde lo harás mejor? Imagino que en una cama porque en el sofá el respaldo no te va a dar libertad de movimientos. Sí, mejor en una cama, supongo que tendrás alguna, ¿no? Por supuesto, vamos a mi habitación.

Me tumbé en la cama boca abajo mientras ella preparaba el aceite de masajes y se ataba el pelo con una cinta en una coleta cuando me dijo:

Bueno, ¿te desnudas o qué? Ya lo hablamos ayer y me dijiste que no te daría vergüenza. Si, si, tienes razón, ya mismo me despeloto. Es curioso, es la primera vez que una mujer me exige que me desnude, jajajaja. Jajajaja, venga, venga, menos cachondeo que no se cómo va acabar esto.

Me desnudé no sin cierto reparo, mientras ella me miraba sin quitarme la vista de encima, a la vez que se mordía el labio disimuladamente. Debido al tono de la charla que estábamos teniendo, mi polla se encontraba en un estado de semi excitación, lo que aquí se conoce como morcillona. Me tumbé boca abajo y ella empezó a masajearme lentamente, echándome el aceite de masaje encima. Los hombros, la espalda, los glúteos, las piernas, etc. Verdaderamente, el masaje, aparte de connotaciones sexuales era genial y me estaba sentando de muerte, así que mis gemidos eran bastante audibles mientras trabajaba mis músculos. Me dijo que abriera más las piernas y así lo hice, y al punto noté como sus manos se entretenían en los cachetes de mi culo, abriéndolos para llegar a mi entrepierna, rozando levemente mis huevos, lo que supuso un gemido más alto de lo normal en mí, a lo que ella me dijo:

Parece que te gusta, ¿eh? Uff, no tienes ni idea de lo bien que lo haces, Eva, ¿dónde has estado toda mi vida? –respondí mientras giraba un poco la cabeza para mirarla.

Al girarme para mirarla, vi que el albornoz que ella llevaba estaba aflojándose poco a poco y pude intuir sus pechos moviéndose al ritmo de sus masajes, cosa que hizo que me excitara ya totalmente. Me moví un poco para acomodar mi polla y que no me molestara, cosa que ella notó y dándome un cachete en el culo me dijo que no me moviera tanto. Se puso en horcajadas encima de mis piernas, sentándose casi en mis pies, lo que me dejó adivinar que no llevaba bragas, ya que sentí su pubis acariciando mis tobillos, que notaron la humedad que salía de aquella zona, acabando de empalmarme del todo.

Ella seguía con los masajes en mis muslos, desde la parte trasera de las rodillas a los huevos, que ya tocaba casi con descaro. Cuando ella pasaba por mi entrepierna, decidí calentar más intensamente su pubis, a lo cual, movía mis pies ligeramente para acariciar su coño que ya notaba mojadito y muy caliente. Ella lo notaba (no podía ser de otra manera), y gemía audiblemente a la vez que dejaba de masajear otras partes, centrándose en mis huevos. Ya decidido a entrar en materia metí mi mano para colocarme la polla mirando al ombligo, en un gesto ostensible para que ella dijera algo. Y lo dijo, vaya que sí lo dijo:

Deja de moverte, que así no hay quien se concentre. …es que me molesta. ¿Qué te molesta? ¿No te gusta el masaje? Sí, sí que me gusta, lo que me molesta es… la polla. …se te ha puesto dura, ¿verdad? Si, y me la tengo que colocar para que no me incomode…pues me lo dices y te la coloco yo.

Dicho y hecho, me pasó la mano por debajo y me la cogió agarrándola y apretándola fuerte a la vez que exclamó:

Ummmmm, que pollón tienes Jorge, que dura está -supongo que sería cosa de la situación, porque yo no tengo un pene tan grande como pueda parecer por el comentario. Es que verte con ese albornoz sin nada debajo, y tocándome los huevos como lo haces me has puesto muy burro, cielo. Date la vuelta.

Me giré y se tiró encima de mí a besarme, mientras nos peleábamos con nuestras lenguas mis manos quitaban como podían el albornoz que llevaba, quería acariciar su cuerpo ya sin nada por medio. Ella a horcajadas encima de mí y yo abrazándola, tocando su culo, acariciando sus pechos que me llevé a la boca. Saqué la lengua y la pasé por sus tetas, dibujando una espiral de fuera adentro con el centro en sus pezones, que ya estaban en su máxima expresión, gordos, grandes, duros, guardados en una aureola pequeña y deseosos de las caricias de mi boca. Los gemidos que ella daba eran muy excitantes para mí, a la vez que agarraba sus tetas para pasar los pezones por mi boca. Volvimos a besarnos y aproveché para incorporarme y tumbarla en la cama y decirle:

Quiero comértelo, déjame que te lo coma, estoy loco desde que entraste por la puerta por probar el sabor de tu rajita… siiiiiiiii, cómemelo, lo estoy deseando, mira lo mojado que lo tengo, ¿te crees que no me daba cuenta de cómo me lo sobabas con los pies? Me lo has puesto a tono y tienes que arreglar eso.

La tumbé boca arriba y la besé en la boca, sacando la lengua y bajando hacia abajo, por su cuello, su pecho, sus pezones, su ombligo hasta su pubis. De ahí pasé al interior de sus muslos, saltando su coño que rezumaba de jugos.

No seas malo, cómemelo yaaaaaa, me tienes muy caliente, quiero sentir tu lengua en mi rajitaaaa –decía ella con una calentura máxima.

No me hice de rogar más y pasé lentamente la lengua por toda su entrepierna, como si me comiera un helado, de arriba abajo, desde el pubis hasta casi el culito, entreteniéndome en el clítoris, ya que cuando pasaba por ese botoncito, ella gemía mucho más y notaba como le temblaban las piernas. Seguí así un buen rato, dándole golpecitos con mi lengua en su clítoris, absorbiéndolo hacia el interior de mi boca y frotándolo con mi lengua dentro de ella, ayudándome con la mano que pasaba a ratos por su ano, a ratos introduciendo los dedos en su coño, que ya estaba chorreando de excitación. No sé exactamente cuánto tiempo estuve así, pero imagino que alrededor de 10 ó 15 minutos después, con gritos de calentura total, me avisó que se corría:

Ahhhhh, sii, me voy a correr, sigueee, sigueeeeeeee, chúpamelo, cómemelo, dame mássssss, exclamaba a la vez que empujaba mi cabeza entre sus piernas con una mano y con la otra pellizcaba fuertemente sus pezones. Si, siiiiii, dame tus jugos, déjame que me lo beba todo –respondí yo separando mi lengua de su clit por unos instantes mientras seguía pajeándola con las manos, metiéndole tres dedos en el interior de su coño a la vez que le frotaba el pulgar en el clítoris y metía parte del dedo pequeño en su ano-. Córrete en mi boca, lléname la cara de tu zumooooo.

Dicho y hecho, con unas contracciones en sus muslos y unos gritos que se debieron de oír dos barrios más allá, se corrió llenándome la boca del mejor licor agridulce que he probado jamás y que sólo una mujer madura puede dar. Dejé de frotar aquella zona que por momentos se volvió demasiado sensible y subí a la altura de su cabeza ayudada por sus manos que tiraban de mí hacia arriba para juntarnos en un beso interminable, al principio lento y cariñoso, pero que se fue volviendo febril y cachondo a más no poder en el que le pasé los restos de sus jugos y ella bebió con gusto y mucho morbo.

Ummmm, sabes a coño –me dijo ella sonriendo en una pausa de ese beso cojonudo-. ¿Qué habrás estado haciendo?  Jajajjajaa, me has pillado Eva –le respondí entre risas-, resulta que ha venido una masajista a casa y estaba tan buena, que he tenido que comerle el coño, ¿me perdonarás? Ummmm, no sé, no sé, lo mismo si sigues haciendo que me corra a lo largo de esta noche…

Ese y un magreo de Eva en mi polla fue el punto de inicio para otro asalto encima de mi cama, en el que ella tomó el mando de la situación poniéndose encima de mí y recorriendo mi cuerpo como antes hice yo con el suyo, desde arriba, morreándome como una loca y hacia abajo, con mi polla como objetivo final y mientras no apartaba sus ojos de los míos, en los que brillaba una lujuria que nunca he vuelto a ver en nadie. Agarró mi polla que estaba durísima con una mano y acercó su boca al capullo, echándole el aliento a la vez que me masturbaba lentamente, algo que no me habían hecho nunca y que supuso otro punto más en mi excitación, poniéndomela más grande y dura de lo que nunca ha estado. Yo empujaba mi pelvis hacia arriba para que mi rabo tocara por fin su lengua y boca, pero ella en un juego que yo le había hecho antes y que me estaba devolviendo levantaba la cabeza para evitar el contacto.

Ummmm, no me hagas esto, chúpamela ya, que me vuelves loco –le dije yo mientras agarraba su cabeza para empujarla contra mi polla.

Ese gesto parece que le gustó porque sin yo esperarlo, bajó la cabeza de golpe, metiéndose mi polla casi hasta la garganta, comenzando una mamada que jamás en la vida me habían hecho igual, salvaje, bestial, hasta el fondo y chupando fuerte, tanto que parecía que se me iban a salir los huevos. Hice un gran esfuerzo por no correrme todavía y viendo que ella no paraba de chupar y chupar, le dije:

Para, para, que no quiero correrme todavía, quiero follarte antes, cielo –a la vez que me la traje para arriba, colocándose ella encima de mí y de una vez, se metió mi polla hasta los huevos.

Los dos dimos un grito de placer al llegar hasta el fondo de su coño, que por su corrida anterior tenía bien lubricado y empezó a botar encima de mí, cabalgándome primero despacio, disfrutando del momento, echándose hacia delante para que pudiera saborear sus pezones, cosa que hice al instante, dándole chupetones al mismo ritmo que ella me cabalgaba de arriba abajo, haciendo círculos con su culo, de atrás adelante, en fin, moviéndose de todas las formas posibles, como una batidora a máximas revoluciones. Estuvimos un buen rato follando en esa postura hasta que sus gemidos me indicaron que se iba a correr de nuevo, a lo que aproveché para meter un dedo en su ano y acelerar mis lametones en sus pezones que estaban duros como piedras. Con un espasmo y un grito de placer acabó corriéndose encima de mí, con mi polla en lo más hondo de su coño.

Fóllame, fóllame másssssssss… hasta el fondo, méteme más esa pollaaaaa… dameee en los pezooones, que me corro… ayyyy… siiiii… Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiii… Aaaahhhhh… yaaaaaaggghhh, Si, si, si, córrete cielo, córrete, ummmmmmm -le dije yo mientas mordisqueaba con los labios más fuerte sus pezones.

Con un suspiro se dejó caer encima de mí, sin querer sacar mi polla de su interior, moviéndose muy despacio, casi imperceptiblemente a la vez que intentaba recuperar el aliento, con unos gemiditos entrecortados y unos espasmos en su coño que yo sentía apretándome la polla cada vez más despacio. Después de unos 5 minutos tumbada sobre mi pecho me empezó a besar de nuevo suavemente, dándome pequeños mordisquitos en las orejas, los pezones, en el cuello… eso hizo que mi excitación no bajara ni un milímetro, cosa que ella notó y empezó a moverse un poco más rápido.

Ummmm, Jorge no te has corrido, y te lo has ganado cielo, ¿quieres seguir follándome o prefieres otra cosa? Si tu chochito aguanta tanto meneo, cariño, me encantaría seguir follando contigo… pero cambiando de postura… ¿me dejarías ponerte a 4 patas? Siiiiiiii, me encanta que me la metan desde atrás… pero no por el culo, ¿eh? Que ya me he dado cuenta de que tienes unos dedos muy traviesos y que te gusta mi culo, pero hay que dejar algo para otros días ¿no?- dijo mientras me guiñaba un ojo. No te preocupes mi vida, sólo haré lo que tú quieras que te haga.

Se quitó de encima mío y se puso a 4 patas encima de la cama, meneando el culo de manera muy lasciva, echando el cuerpo hacia abajo y elevando ese culo de infarto, provocándome, enseñándome su rajita hinchada y jugosa a la vez que pasaba una mano entre sus piernas para abrir su coño para mí.

¿Te gusta lo que ves? ¿Te parece bonito mi chocho? Dime que te gusta, dime lo mucho que lo deseas, fóllamelo ya, dame con todo, métemela de nuevo, que me has puesto cachonda otra vez… venga cabrón, dame fuerteeeee…

Ese cambio en su actitud, la vista de su coño abierto para mí y su lenguaje directo y obsceno me puso más caliente todavía y sin pensarlo me lancé a comérselo de nuevo, chupando como loco ese chochito rosa y mojado, con los labios grandes y el clítoris hinchado y brillante. Le daba lametones fuertes, desde el clit al culo, metiendo la puntita de la lengua en su rajita que ella seguía abriendo para mi lengua.

Ahhhhh, siiiiiiiiiiiiii, fóllame con la lengua, soy tuyaaaaa, comételo todo, cómete el coño de tu perra caliente… ummmmm, como me pones, dame más, másssssssss.

Le metí tres dedos de golpe en su coño, buscando hueco para meter otro más, masturbándola más fuerte cada vez, más adentro, más rápido… en seguida le pude meter el cuarto dedo de lo caliente y abierto que lo tenía, mientras ella seguía diciendo obscenidades, pidiendo más, entregándose al máximo.

Dame fuerteeeee, méteme la mano entera, rómpeme, reviéntameeeee, ahhhhhh, vas a hacer que me corra otra vezzz, no aguantooo. Ummmm, como me pones, cachonda, eres lo mejor que me he follado nunca, te voy a dar con todo…

Viendo que iba a irse de nuevo, saqué de golpe mis dedos con un sonoro “plop” y rápidamente acerqué la cabeza de mi verga a su rajita que todavía lucía abierta y sin pensarlo se la metí de golpe hasta que mis huevos golpearon su culo. Sin parar un segundo empecé a bombear, muy rápido, muy fuerte, buscando mi placer y también el suyo al dar mis huevos en su clit del vaivén que teníamos. Mi lenguaje también subió de tono, con los típicos excesos de esos momentos, que a ella le gustaba tanto como a mí y que hacían que un polvazo como aquel fuera el mejor de mi vida.

¿Te gusta cómo te la meto? ¿Te gusta mi polla? Dímelo perra, dime cómo te pone que te folle a 4 patas como a un putita cachondaaa -dije a la vez que agarraba de su melena rubia y tiraba hacia atrás de ella para que notara mejor mis embestidas. Siiiiiii, me encanta cabrón, soy tu putaaaaa, tu perraaa, pero no dejes de follarme, que me tienes cachondaaaaa, dame más… más… mássssss, reviéntame, fóllame fuerte cabrónnnnn… vas a hacer que me corra otra vezzz… cabrónnnn, me corrooooooooooo…

En un éxtasis de lujuria y flujos ella se corrió de nuevo dando manotazos en la cama, gritando como loca, moviendo el culo como perra en celo, quedando desmadejada en la cama, dejándome a punto de correrme.

Ummmm, me has dejado a medias, cielo, estoy a punto de correrme, quiero llenarte el coño con mi leche calentita, no me dejes asiiiiiiiiiiii. Ummm, espera un minuto, que me has dejado hecha polvo, y no te corras dentro por favor, yo haré algo para que termines como te has ganado, cielo.

Me salí de ella y dejé que se repusiera abrazándola, arrimando mi paquete a su culito y dándole besitos en el cuello a la vez que le susurraba al oído lo buena que estaba, lo mucho que me gustaba, lo caliente que me ponía oír sus gemidos, beberme los jugos de su orgasmo. Ella me dijo que le había encantado follar conmigo, que nunca se había puesto tan caliente con su marido (ahí descubrí que estaba casada, cosa que me excitó más si cabe), ni con ninguno de los que había follado en su vida antes de casarse. Me contó que con su marido la cosa no iba nada bien, que creía que le era infiel y por eso decidió devolverle la jugada con su primera infidelidad desde que se había casado ya casi 25 años.

Nos besamos de nuevo y entre besos, lenguas y labios me dijo que nunca había probado la leche de un hombre y que hoy quería beber de mi polla, quería conocer el sabor de mi semen, a lo que le respondí que encantado. Estábamos los dos tumbados en la cama boca arriba, ella apoyada en mi pecho, con una mano entrelazada a la mía agarramos los dos mi polla que había perdido un poco su dureza y empezamos a masturbarla, apretándola fuerte (cosa que hace que se me ponga dura en un momento, eso me pone mucho), siguiendo el ritmo que yo marcaba durante unos minutos. Cuando aprendió como me gustaba, soltó mi mano y solo con la suya siguió pajeándome, cada vez más rápido, más fuerte, apretando de vez en cuando como si quisiera estrujarla, lo que hacía que se me pusiera a tope de gorda.

Ella se dio cuenta que estaba cerca de correrme y llevó su boca hacia la punta de mi pene, ayudando la paja que me hacía dándole lametones como si fuera un chupa-chups, metiendo mi capullo en su boca y relamiéndolo mientras que con la mano subía y bajaba.

Ahhhhh, ¡qué bueno! ¡Qué bien lo haces, cielo, vas a hacer que me corra! ¡Me tienes a mil! Ummmm, siiiii, quiero que te corras en mi boca, como antes hiciste tú conmigo, quiero beberteee –respondió mientras aumentaba el ritmo de su mano, acercando más su boca, abriéndola para recibir mi leche recién ordeñada.

En unos instantes y con un escalofrío que recorrió mi espalda noté como mi orgasmo era inminente, avisándole por si quería apartarse, pero ella metió mi polla en su boca para recibir las descargas dentro y no perder una gota. Me corrí como no había hecho antes, lo que a mí me pareció litros de esperma salieron a borbotones de mi glande, notando como Eva absorbía la leche que le estaba dando, tragando lo que podía y soltando lo que no podía tragar, que resbalaba por sus labios, cayendo por su cuello, llegando hasta sus tetas.

Relamiéndose se tumbó junto a mí, que estaba resoplando de la corrida que esta mujer me había provocado. Se abrazó y me besó en la boca, notando el sabor que tenía, cosa que nunca había hecho pero que me encantó al notar en su lengua los restos de mi corrida. Nos seguimos besando un buen rato mientras comentábamos las mejores jugadas.

Uf, cielo, me ha encantado cuando me has puesto a 4 patas y me has cogido del pelo –decía ella mientras me miraba a los ojos-. Nunca me había sentido tan dominada, tan… puta, y que me lo dijeras me ha puesto más caliente, eres un amante excepcional. No cielo –le respondí yo-, la maestra en la cama eres tú, jamás había estado con una mujer tan buena y tan caliente. Y lo de llamarte puta, perdóname, nunca lo había hecho pero me ha salido de dentro, me parecía que era el momento perfecto para usar ese lenguaje, perdona si te ha molestado, la verdad es que no creo que seas un prostituta, sino una mujer caliente y fogosa… que folla como los ángeles, ¡si es que los ángeles follan! Jajajajaja, no creo que los ángeles puedan follar, sin sexo es difícil, ¿no crees? Y no me ha molestado lo que me has llamado, al contrario, me ha puesto como una moto. Yo tampoco lo había hecho así nunca, pero ha sido de los mejores polvos de mi vida. Y el sabor de tu semen… uf, ha sido una pasada, no es un sabor agradable para una ensalada, pero en ese momento me ha parecido lo mejor del mundo, a partir de ahora intentaré probar más veces ese sabor… ¡a ver qué piensa mi marido de eso!

Nos besamos de nuevo, cuando acabamos me miró a los ojos y me dijo que aunque no quería tenía que marcharse. Su marido no estaba en casa, pero aun así al día siguiente tenía que madrugar para ir a trabajar. Le ofrecí ducharse en casa, pero me dijo que quería dormir con mi olor en su cuerpo. Nos despedimos en la puerta, le pedí su teléfono, pero me dijo que ella ya tenía el mío y que me llamaría si volvía a quedarse sola. Cosa que no ha pasado… de momento.

Ni que decir tiene que al día siguiente no tenía ningún tipo de estrés ni tensión en el cuello o espalda… ¿sería por el masaje terapéutico o por el otro tipo de masaje?

P.S. Gracias a todos los que me han leído y me manden sugerencias para mis próximos relatos. Espero que lo voten. Todos los comentarios serán bien recibidos. Gracias a todos y sobre todo a todas, estoy abierto a vuestras experiencias. Sed felices siempre…

Autor: Jordi

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La mujer más sensual

Me puse sobre ella y jugué con mi polla en la entrada de su coño, cuando la tuvo clavada hasta los huevos ella decía quiero más, puse sus piernas en mis hombros y empecé a bombear más rápido escuchando los chapoteos de mi polla al penetrarla y viendo como ese coño moreno se tragaba mi polla blanca. M. se corría una y otra vez, Me encanta saber que una mujer se corre y disfruta.

Estaba como siempre enredando en una página de contactos de internet cuando la encontré a ella. Me presentaré antes de continuar, 36 años, vivo en Valladolid (España), 180, 85kg, cuerpo grande, castaño claro, ojos verdes y dicen que no estoy mal.

Como decía, buscaba conocer mujeres de León, ya que voy por allí me quedo a dormir y me apetecía encontrar alguien para pasarlo bien. Soy muy activo sexualmente, me gustan los juegos, el morbo, el exhibicionismo y encontré mi alma gemela.

Ella es morena, de piel morena, una boca deliciosa y sonrisa cautivadora. Su cuerpo, un sueño, tetas grandes con unos pezones grandes y duros, culo bien puesto y un coño depilado y siempre húmedo. Quedamos en que me recogía en mi hotel, pero yo me retrasé y sonó mi teléfono mientras salía de la ducha. Era ella en la puerta de la habitación.

Abrí con la toalla a la cintura y allí estaba la llamaremos M. Con un vestido blanco, sin sujetador, sobre unos tacones de vértigo. Nos dimos un beso en la mejilla y le dije que terminaba de vestirme. Ella se sentó en la cama descalza, mostrando sus muslos mientras yo me ponía unos calzoncillos y el pantalón. Sus ojos me seguían por la habitación, me acerqué y la besé. Y se desató la fiera que llevamos cada uno de nosotros dentro.

Nos tumbamos en la cama y empezamos a acariciarnos sobre la ropa. Mis manos acariciaban su cuerpo mientras nuestras lenguas jugaban. El espejo de la pared reflejó su culo al aire con el tanga bien metido entre sus ricas y duras nalgas y sus labios abultados…

¡Que ganas de meter ahí mi lengua! Se despojó de su vestido y se quedó con un tanga minúsculo rosa, con puntillas, que estaba totalmente metido entre los gordos y morenos labios de su coño. Me abalancé sobre sus tetas mordiendo sus pezones mientras ella me metía mano a mi polla caliente, dura y deseosa de sentir sus labios.

Pero antes de dejarla hacer nada me dediqué a hacer lo que más me gusta a una mujer: Comerme su coño. Pasé mi lengua por sus labios, separándolos y notando la humedad que resbalaba ya hacia sus muslos. Su sabor inundó mi boca. Busqué su clítoris y lo apresé entre mis labios. Sorbiéndolo, mordiéndolo suavemente notando su dureza, mi lengua empezó su baile de derecha a izquierda sobre su clítoris mientras mis dedos se introducían en su vagina.

No tardó en tener su primer orgasmo. Pero yo seguí con mi tarea mientras mis dedos exploraban ahora el agujero de su culo, notando las contracciones de su orgasmo. M. me pidió mi polla, quería notarla en su boca y que boca. Me chupaba desde el capullo, bajando por el tronco hasta mis huevos, ensalivándome todo. Pero se atrevió a más y bajó hasta mi sensible culo.

Empezó a comerme el culo como nunca me lo habían hecho. Su lengua me penetraba, luego fueron sus dedos los que entraron en mi culo mientras su lengua jugaba en mi capullo, tuve que aguantarme para no correrme, quería alargar ese momento.

Me puse sobre ella y jugué con mi polla en la entrada de su coño. Estaba empapado de sus jugos y mi saliva. Métemela, me dijo y poco a poco se la fui introduciendo en su húmedo coño, notando como su calor iba llenando mi polla centímetro a centímetro.

Cuando la tuvo clavada hasta los huevos me fui moviendo muy despacio pero M. decía más, más, quiero más. Me puse sus piernas en mis hombros y empecé a bombear más rápido, escuchando los chapoteos de mi polla al penetrarla y viendo como ese coño moreno se tragaba mi polla blanca. M. se corría una y otra vez, Me encanta saber que una mujer se corre y disfruta. Eso es que la cosa va  bien ¿no?

Luego la puse a 4 patas y empecé a follármela por detrás, notaba el roce de su coño en toda mi polla y ya casi no podía aguantar. Se la saqué y empecé a pasársela por la raja de su culo y le dije que si quería que se la metiese por el culo. Ella me dijo que sí. Me puse a chupar su culo, que manjar más rico. Mi lengua se lo dilató bien y luego mis dedos…

A continuación puse mi capullo en la entrada de ese agujerito marrón y prieto y empecé poco a poco a metérsela, porque aunque no la tengo muy grande (unos 16 cm) si algo gorda. Cuando mi capullo entró en su culo me quedé quieto, esperando que se acostumbrase. Luego fui empujando hasta que la tuvo toda dentro.

Con mi mano empecé a acariciarle el clítoris y así acabamos corriéndonos los dos de nuevo. Después nos dimos una ducha nos fuimos a picar por León, metiéndonos mano en todos los bares del Húmedo que estuvimos y volvimos al hotel. Donde volvimos a follar como locos.

Otro día os contaré como acabamos follando en medio del campo, en un prado donde nos pusimos a tomar el sol.

Un beso a todas en donde más os guste…

Autor: V.

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Que boda

Escupí en mi mano y le unté el culo de mi prima con saliva. Puse el capullo en la entrada y comencé a metérsela. Era la primera vez que yo lo hacía por detrás, ella seguro que no ya que apoyó el pecho en el de mi primo y con las dos manos se abrió las nalgas favoreciendo la penetración. Comenzamos a movernos, yo le tocaba los pechos por detrás mientras mi primo le metía un dedo en la boca.

Hola amigos, voy a contarles una historia totalmente verídica, no he cambiado ningún nombre, lo único que voy a omitir en esta historia es el pueblo donde transcurrió esta experiencia. Todo comenzó cuando me desplacé a un pueblo de Galicia junto a mi familia con el objeto de asistir a la boda de un primo mío.

La verdad, es que estaba desplazado. Hacía ya varios años que no volvía a mi pueblo materno, pues, aunque cuando mis hermanos y yo éramos más jóvenes, cuando cumplimos los 15 años no volvimos más, así que no tenía a nadie con quién hablar, aparte de mis padres y mi hermana. En la boda me encontré junto a varios primos que hacía muchos años que no veía, ni siquiera me ponía en contacto con ellos.

Durante el banquete me senté junto a dos primos míos Sergio y Belén, que son hijos de las hermanas de mi madre. Ella vivía en Santander y el otro en La Coruña. Nada más empezar el banquete empezamos a beber vino, blanco del Penedés, y la comida era básicamente todo a base de marisco. Estuvimos bebiendo sin parar y riéndonos. La verdad que durante el banquete parecía que estábamos solos, sin que hubiera nadie alrededor. La conversación fue transcurriendo por otros derroteros, principalmente hacia el sexo.

Mi prima Belén, que es unos tres años mayor que nosotros (en aquél entonces nosotros teníamos 22 años), empezó a degenerar, decía cosas como: “el marisco nos pone a las chicas muy calientes”, “yo si bebo me pongo que me muero y soy capaz de cualquier cosa”, “depende como se mire, el incesto es algo muy morboso”, “que si una tía te dice que su mayor sueño erótico es que quiere hacer el amor en una playa, junto al amor de su vida, con luna llena, que mentía como una cosaca, lo que queremos las tías es que nos follen dos tíos a la vez, y cuantas más veces mejor”.

Yo me reía. Pero mi primo, el tonto de él, no se enteraba. Le faltaba algo de rodaje. Una vez que nos fuimos al baño, yo le dije que Belén no se aguantaba, que la íbamos a follar entre los dos y él miraba para mí como si le estuviese contando una milonga. Él iba muy pasado, y sacó un gramo de perica e hizo unas rayas. La boda continuó sin más novedad, yo únicamente bailé un par de pasodobles con mi hermana y otro con Belén. La verdad, yo de bailar suelto ni hablar, además prefiero estar apoyado en la barra bebiendo una copa e intentando ligar algo.

Hacia las 7 de la tarde, mis dos primos y yo decidimos ir a tomar algo a un bar de porretas que hay cerca del hotel donde se celebraba. Yo iba de americana, pero se me había caído un cubata por encima y decidí subir a la habitación a cambiarme. Mi primo dijo que subiríamos los tres y que aprovecharíamos para meternos otra raya. Cuando subíamos a mi primo le mandaron un mensaje al móvil y se retrasó un poco, mi prima subía por la escalera delante de mí y yo iba cegado con sólo fijarme en el tanga que se le marcaba debajo del vestido.

No pude resistir la tentación y estirando la mano le sujeté la goma del tanga, estiré un par de centímetros y se la solté, entonces la goma volvió a su lugar y mi prima se empezó a reír. Parándose en mitad de la escalera, yo me acerqué a ella y nos besamos, comencé a darle un morreo tremendo, y a levantarle un poco el vestido. Ella me tomó de la mano y fuimos a mi habitación, cuando estábamos entrando nos alcanzó mi primo y los tres pasamos dentro.

Mientras yo me quitaba la americana mi primo preparó unas rayas y nos colocamos más todavía, a esto mi prima y yo disimulábamos, ella más que yo, debido a que yo tenía pensado ofrecer a mi primo que me ayudase. En un momento que mi primo entró en el baño, mi prima y yo volvimos a besarnos. De pronto Sergio regresó a la habitación y se quedó mirando. Belén ponía una cara de viciosa tremenda, yo le saqué el vestido por la cabeza y quedó con sus pechos al aire, ya que no llevaba sujetador. Los tenía pequeños, con una aureola muy oscura y unos pezones de un centímetro de largo (calculo).

Miré para mi primo y él estaba ya desnudo, con su polla apuntando al cielo, debía ser de unos 14 cm. más o menos, entonces arrojamos a Belén en la cama y comenzamos a besarla, mientras yo le comía los pezones, mi primo la acariciaba por encima del tanga y se masturbaba. Yo le aparté la mano a mi prima, le quité el tanga y empecé a comerle el coño, ella no se paraba quieta, me aparté y mi primo se la metió de un golpe. Como se retorcía, yo nunca había visto a una tía tan caliente.

Comencé a desnudarme, mientras mi primo se la follaba, ella miraba para mí, yo soy muy normal físicamente, si bien estoy delgado y no tengo ni una gota de grasa, pues hasta la semana anterior había estado guardando régimen y entrenando para un combate de Full Contac que había tenido el sábado anterior (el resultado fue que perdí, a los puntos, pero eso es otra historia).

Cuando me bajé los slips mi prima me miró asombrada, mi polla mide 18 cm. (medida por una ex novia), pero además yo tenía todo el cuerpo depilado para que los golpes que se reciben en el torso durante los combates resbalasen haciendo menos daño. Lo que hacía que mi polla destacase más y pareciese más larga. Me acerqué a ella y se la puse en la boca, empezó a chupármela, también los huevos y la entrada del ano. Yo casi no aguantaba más, pero mi primo estaba bombeando a todo lo que podía y estaba a punto de acabar.

Yo le dije que se pusiera debajo de ella, él se recostó en la cama y yo me puse detrás. Mientras mi prima se movía encima de él, yo escupí en mi mano y le unté el culo de saliva. Puse el capullo en la entrada y comencé a metérsela. Era la primera vez que yo lo hacía por detrás, pero ella seguro que no, ya que apoyó el pecho en el de mi primo y con las dos manos se abrió las nalgas favoreciendo la penetración. Comenzamos a movernos, yo le tocaba los pechos por detrás, mientras mi primo le metía un dedo en la boca. Le pasé mi mano a su clítoris y le acariciaba. Aunque a veces rozaba la polla de mi primo con los dedos. Empezamos a corrernos, mi prima hacía rato que le chorreaban las piernas (parecía que se había meado), mi primo se salió para correrse fuera, ayudado por Belén, que se la cascaba. Yo por mi parte descargué todo el líquido dentro.

Aunque ya había acabado a mí no se me bajaba y mi prima se estaba morreando con Sergio. A esto ella le dice si no le importa besarle, ya que hacía unos minutos que había chupado mi polla. Él decía que para nada, que no le importaba en absoluto. Ella se reía. Del mini-bar tomamos unos tragos de lo que había y Belén fumaba. De pronto ella dice que tiene la boca seca y dice que nos acerquemos, nos la empieza a chupar, primero a uno y luego a otro, le decía a Sergio que no se ofendiese, pero que le gustaba más mi polla, Sergio se volvió a correr pasado muy poco tiempo y se tumbó en la cama boca abajo, ella siguió metiéndose mi miembro en la boca hasta que me corrí sobre sus tetas.

Ella se puso detrás de mi primo y le puso un almohadón debajo de las caderas y comenzó a comerle el culo. Yo estaba mirando y me volví a empalmar, me acerqué a ella y se la volví a meter, pero por el coño, yo empujaba y ella venga que a comerle el culo a Sergio, además de meterle el pulgar por el ano, hasta que tuvo que parar porque otra vez se corría. Yo, debido al pedo no era capaz de acabar, ella se sacó mi polla, y tirando de ella hizo que me acercase más. De pronto empieza a girarme enfocándome hacia mi primo, yo me negué, pero ella vuelve a chupármela y decía: “hazlo por mí, por favor, me da mucho morbo”.

Con lo caliente que estaba me puse detrás de él y ella sujetando mi polla con la mano la puso sobre el culo de mi primo y empujé, una vez que pasó el capullo, el resto entró hasta el fondo, estuve quieto unos segundos y empecé a moverme, mi primo abría la boca de forma desmesurada y se veía que estaba gozando, nos caímos de lado sobre la cama, entonces yo sujeté su polla y le empecé a hacer una paja mientras seguía con el bombeo, él se corrió enseguida. Yo me salí de su culo y me puse frente a él, le levanté las rodillas hacía su pecho, colocando mi polla en su entrada, se la metí de golpe y empecé a darle como un loco. Mi prima miraba para nosotros a distancia y se masturbaba. Yo me corrí dentro de su culo.

Descansamos, nos aseamos, vestimos y nos fuimos. Mientras bajábamos por las escaleras mi prima me dijo: “si tu máxima ilusión es estar con dos tías, esta noche cuando venga a dormir contigo hablamos”.

Pero eso ya es otra historia…

Autor: Carlos

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Retomando una amistad

Empecé a masturbarlo, despacio, y notaba la dureza de su palo, parecía granito. Era como un sueño. Metí su capullo en mi boca y fui bajando poco a poco, él se estremecía, y yo seguía subiendo y bajando, cada vez más rápido. Entonces él soltó mi polla y llevó sus manos a mi culo, lo acarició, y puso su dedo en mi agujerito. Lo metió despacio y empezó a moverlo.

Hola amigos. Soy un asiduo lector de estos relatos y por fin me he decidido a contar mi experiencia. Esto no es un cuento, es algo que me ocurrió hace unos años, tres concretamente, cuando yo tenía  27 años.

Bien, para empezar, he de decir que soy un chico bastante normal, 1,78 metros, unos 74, con una cierta barriguita cervecera, bueno, normal. No soy especialmente guapo, pero tampoco soy feo, o eso dicen. Por abajo estoy bien, no es una cosa enorme, pero está bastante bien, no me la he medido y no calculo bien eso, así que no puedo especificar la medida exacta. También tengo que decir que soy y siempre he sido heterosexual, he tenido muchas novias, rollos y esas cosas, actualmente llevo bastante tiempo saliendo con una chica, incluso vivimos juntos. Pero desde siempre, he sentido curiosidad por el sexo con otros chicos, he visitado páginas de ese tema, y siempre me ha gustado un poco ver esas cosas. Realmente a mí no me excita el ver a dos tíos haciéndolo, sino que únicamente me pone, el ver una polla, eso siempre me ha gustado, una polla grande y empalmada. Cuando veo pelis porno, me encanta ver la imagen cuando el tío se corre, ver la polla expulsando el chorro.

El caso es que hace unos tres años, me encontré con un colega al que hacía tiempo que no veía, éramos bastante amigos, pero habíamos perdido el contacto. Nos tomamos algo y me comentó que se iban a ir él, otro amigo y una pareja (todos conocidos míos del colegio), de acampada, con tiendas, a un pueblito de la sierra, que si quería ir con ellos, que lo pasaban muy bien, de pedo y esas cosas. Yo no tenía nada que hacer ese fin de semana y me animé.

Unos días después, allí estábamos, en ese pueblillo, en el bar, tomando litros de cerveza. Llevamos dos tiendas de campaña, una para la parejita y otra para los tres. La pareja iba a estar esa noche con nosotros y al día siguiente se iban de excursión a otro pueblo, todo el día. Bueno, el caso es que estábamos ahí, bebiendo y pasándolo bien, cuando propusieron ir a otro pueblo cercano a la discoteca y tal. Entonces mi amigo, Carlos, que estaba bastante alteradillo del alcohol dijo que él pasaba, que estaba ya muy borracho, que se quedaba en el pueblo. Me dijo que me quedase con él, que el otro pueblo era un rollo, y que ahí nos podíamos quedar un rato más bebiendo. Yo no sabía qué hacer y le dije que ya veríamos.

Un rato después tuve que ir al servicio a mear, de tanta cerveza, yo ya estaba también un poquillo pedo. Carlos se levantó y vino también, empezamos a correr a ver quien llegaba antes al servicio y entramos a la vez. Yo llegué primero a la taza, me la saqué y empecé a mear. Entonces él se colocó a mi lado y empezó también a hacer lo mismo. Yo miraba hacia abajo, para echarlo dentro de la taza, y vi su aparato. Era una cosa preciosa. Grande, gordo, muy grande. Estaba demasiado gordito para estar en reposo, creo que estaba algo excitado. Pero era una pasada, precioso, con la piel cubriendo casi todo su capullo. Él también me miraba el mío, se lo noté. Volvimos a donde estaban todos. Empezaron a decir que nos íbamos ya, que era tarde, que había que ir a la discoteca. Entonces yo dije que me quedaba con Carlos, no sabía bien por qué, pero algo me hizo hacerlo.

No quería pensar en su polla o en lo que podría pasar, pero dije que me quedaba y me quedé. Ellos salieron, se fueron y nos quedamos ahí los dos. Yo estaba excitado de la situación, aunque no sabía bien por qué, pero aquella polla me hacía estar así. Decidí beber más, como si quisiera tener una excusa por si pasaba algo. Después de un ratillo más, decidimos irnos a las tiendas, que estaban como a unos 15 minutos caminando del bar, apartadas del pueblo. Por el camino me entraron ganas de mear otra vez, y para en el borde a hacerlo, Él también lo hizo. Y volví a ver esa preciosidad. Él se hacía el borracho, no lo estaba tanto, y decía cosas de mi polla, como que era grande o cosas así, y yo le seguía el juego. Notaba que si seguía así la cosa, pasaría algo que nunca había hecho ni me había planteado hacer, pero lo dejaba seguir, que pasase lo que pasase.

Cuando estábamos llegando a la tienda, Carlos dijo que no tenía huevos de dormir en pelotas, que hacía mucho calor, y que no me atrevería, porque luego llegaría Javier y me vería y que me iba a dar vergüenza. Yo dije que sí me atrevía, que sin problema. Entonces él dijo que él también, pero que tendría que ayudarle a quitarle la ropa, que estaba muy borracho (mentira). Al llegar, yo me desnudé, y empecé a ayudarle a él, le quité las zapatillas, él se quitó la camiseta, y yo bajé sus pantalones. Después empecé a quitarle sus calzoncillos. Estaba bajándolos, y me encontraba como a medio metro de su magnífica polla, que estaba un poco más gordita que antes. Noté que me empezaba a crecer la mía, y me dio corte, pero seguí. Estuvimos un ratillo así, bromeando, los dos desnudos y tumbados en las colchonetas, hasta que él dijo: imagina que estás en esta situación con una chica, y acto seguido, cerró las piernas, escondiendo su polla y sus huevos, por lo que se veía como si fuese un chocho.

Cubría la mitad de su capullo, y éste estaba empapado de líquido, una maravilla. No sé lo que le mediría, pero era una pasada. Yo lo agarré mientras chupaba uno de sus pezones, y noté como él me cogía la mía, estaba excitadísimo. Me dejaba llevar. Empecé a masturbarlo, despacio, y notaba la dureza de su palo, parecía granito. Era como un sueño. Entonces decidí que ya que estaba en ese punto, debía dejarme llevar por mis fantasías y olvidarme de prejuicios, por lo que me fui agachando poco a poco, dándome la vuelta, hasta quedar mi cara frente a su maravilla, después acerqué mi boca, y rocé con mi lengua su capullo empapado. Tenía un sabor raro, como salado, que me puso aún más cachondo. Metí su capullo en mi boca y fui bajando poco a poco, como había visto en las pelis. El se estremecía, y yo seguía subiendo y bajando, cada vez más rápido. Entonces él soltó mi polla y llevó sus manos a mi culo, lo acarició, y puso su dedo en mi agujerito. Lo metió despacio y empezó a moverlo dentro.

Yo eso ya lo había hecho en mi casa alguna vez, y me gustaba, incluso un día llegué a meterme una zanahoria pequeña, por lo que no me dolió apenas nada. Después metió otro dedo. Estaba flipando. Con un viejo amigo, su polla enorme en mi boca y dos de sus dedos en mi culo. Estaba gozando. De repente él me dijo: quiero que hagamos otra cosa, lo necesito desde hace años. Yo imaginaba que quería y le dije: adelante, Carlos. Se levantó, me puso a cuatro patas, empezó a mamarme mi agujero, metiendo y sacando los dedos, cogió un bote de crema para el sol, me untó, se puso un condón, lo untó también y puso aquello en la entrada de mi pobre culito.

Yo estaba como loco de ganas. La polla me explotaba, goteaban mis líquidos. Le dije que era nuevo en eso, y me dijo que tranquilo. Metió un poquito. Me dolía, pero quería que siguiese, quería sentir aquello dentro de mí.

Empujó un poco más, cómo dolía, pero yo decía que adelante, que siguiese. Así estuvo un buen rato, poco a poco, hasta que ya casi era más el placer que el dolor. Entonces, la metió entera. Aquello era una mezcla de dolor, ardor y un enorme placer. Se movía dentro de mí, despacio al principio y más fuerte después. Ya no había dolor, mi culo estaba hecho a su polla y yo estaba gozando como nunca. Me estaban follando el culo. Qué placer más grande estaba sintiendo.

Después de un rato, le dije que quería ponerme yo encima de él, se tumbó y me puse frente a él, fui metiendo su polla en mi agujero, ahora entraba perfecta y sin dolor, fui bajando, hasta que estaba entera dentro de mí. Creía que ya no podría aguantar más de gusto.

El mientras me agarró mi polla y empezó a menearla. No tardé ni un minuto en correrme como un loco, con ese enorme palo en mi culo, clavadito hasta dentro, sintiendo sus huevos chocando contra mis nalgas y descargando todo mi semen en el pecho de mi compañero de colegio. Era una delicia todo.

Cuando me recuperé de aquello, seguí botando encima de él, hasta que me dijo que se iba a correr, que no aguantaba más. Le pedí que se corriese en mi cara, como en las pelis. Era otra de mis fantasías de siempre. Se puso de pie, se sacó la gomita, yo de rodillas, con la boca abierta y la lengua fuera, apoyó su capullo en la punta de mi lengua y se la cogí y empecé a menearla. De pronto noté que se ponía más dura, como latiendo, su capullo estaba rojísimo y enormemente gordo, y de golpe… ¡zas!, salió el chorro esperado. Nunca imaginé que esto resultaría tan placentero para mí.

Autor: Roberto

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El poder de la lengua

Delante de mi marido me la metió en el culo enseñándole como debía hacerlo. A mí me enseñó a ordeñarle el capullo. Entre los dos me estaban agrandando el ojete. El padrino se corrió dando fuertes alaridos. La sacó de mi ano y cogiendo a mi Pepe me la enchufó en el ojete abierto y lleno de leche. Me volví a correr. Mi Pepe dio tres culetazos y soltó toda su carga lechera en mi muy visitado pandero.

A orillas del Tormes conocí a José – primero mi novio y ahora mi marido-. De novios, como todas las parejas, él siempre andaba buscando y atacando, y una servidora defendiéndose unos días, tolerando otros, y colaborando en lo posible en las cosas del amor.

La raja de mi conejo le estaba vetada. Sólo podía pasear su dedo de arriba a abajo, con las bragas puestas, hasta que me notaba mojada y me reprimía quitando su dedo de allí. Entonces aliviaba a mi desesperado José con una manola a toda velocidad, su capullo aparecía y desaparecía entre mi mano hasta que su leche saltaba al suelo de cualquier rincón oculto.

Cuidé como buena moza de mi virginidad hasta el casorio. Después de la boda aprendí, en especial los lunes que era el día del lavadero colectivo, que las casadas con experiencia eran capaces de hablar del mundo oculto del amor: jodiendas en distintas posiciones, chupar la minga del marido, dejarse dar por el culo, de que te chuparan la pepitilla, de fingir si no se tenían ganas, etc. Llegaba a casa tan salida que casi siempre me tumbaba en la cama y me metía los dedos hasta correrme una o dos veces. Lo que más me excitaba era pensar que mi José me chupaba el conejo y yo me corría en su cara.

Cuando quedé preñada se lo dijimos a nuestro padrino, que era un hombre de unos 50 años muy poderoso y respetado en el pueblo. Hace años había colocado a mi marido en la fábrica de embutidos y mi José le reverenciaba como a un patriarca, habría hecho cualquier cosa que el padrino le pidiera.
-¡Felicidades, pareja! Oye, José, ¿Y será varón o hembra? -preguntó él.- No lo sé. Hay que conformarse con lo que venga,- Pero, ¿es que no lo sabes todavía?- dijo con voz misteriosa.- No.-¡Entonces es que no le has lamido la raja a la María!. Es nuestra costumbre. Si el gusto de la almeja al medio día es salado como el bacalao, será varón; mientras que si el gustillo resulta dulce y penetrante como el requesón fermentado con miel, podéis esperar una hembra.

Nos quedamos helados, mi anhelo más oculto desvelado y mi marido mirándome con ojos de carnero a medio degollar. José bajó la vista mientras tras un corto silencio de hielo contestó al padrino que no lo había hecho nunca porque no lo sabía pero que le parecía que hacer eso era cosa de animales. El padrino me miró a los ojos como si me desnudara con su mirada. Con nuestros ojos mirando al suelo, habló alto y claro.

-Esta costumbre se remonta a muchas generaciones, si tú no quieres hacerlo lo haré yo, quiero conocer si mi nuevo ahijado va a ser niño o niña.

José respondió con voz de ultratumba que se haría como él dijera.

– Está bien José, yo te avisaré para que estés presente, por supuesto que esto quedará guardado con un pacto de silencio.

Y diciendo estas palabras salió de nuestra casa, con paso firme tal como había entrado. No volvimos a hablar del tema, esa noche José bebió vino en la cena aunque nunca lo hacía. Me jodió furiosamente pero después se durmió y no volvimos a hablar del tema. A los pocos días el padrino vino a mi casa para decirme que José no vendría a comer pues tenía que sacar a delante el trabajo de la fábrica. Le hice pasar y le invité a compartir la mesa conmigo mientras le servía un buen vaso de vino mientras yo me pegaba un buchecito en la cocina.

– María, la verdad es que, aparte de la buena comida y la bebida que compartimos, estoy seguro que te gustaría saber si lo que llevas en tus entrañas es niño o niña, verdad. El padrino se había encargado de servirme más vino del que estaba acostumbrada a beber, estaba casi borracha y le respondí sin pensar en las consecuencias de mis palabras.

– Sí Padrino. José nunca me hará eso, el piensa que es una guarrería, pero yo soy muy limpia. Sólo me jode y el domingo me la mete por atrás. – Anda María, quítate las bragas y déjame que te lo huela y lo lama. Voy a adivinarlo y así lo sabrás antes que tu estrecho marido. En otro momento quedaré con él para volver a repetirlo con su presencia, pero tú te mereces saberlo antes.Estaba avergonzada por dos cosas, no llevaba bragas para andar por casa y no sabía si se me notaría lo cachonda que estaba. Seguro que estaba mojada y era capaz de correrme en cuanto me tocara con su lengua, tampoco podía volverme atrás así que no me corté.

– Padrino, no llevo bragas para andar por casa. Mire.

Y levantándome las faldas le enseñé mi chochete. Con mirada de sátiro me cogió por el brazo y me tiró a un sillón. Se arrodilló y empezó a oler y a pasar la lengua como un perro salido. No aguanté ni tres minutos al hacerse realidad mis anhelos, me corrí, me desmayé y me volví loca de gusto. Hasta que unas gotas de agua en la cara me devolvieron a la realidad.

– ¿Como te encuentras?- Algo aturdida…y mareada por el vino…- Pues lo siento pero no me he enterado de nada. Te has corrido de una manera tan intensa, que me parece que hasta te has meado. Te veo muy necesitada de sexo… parece que José no se entera de lo hembraza que eres- y diciendo esto se sacó la picha poniéndola a la altura de mis ojos borrosos. Su capullo me miraba con su gorda cabezota colorada, estaba dura, no tan tiesa ni larga como la de mi marido pero sí muy gordota.- Mira como me has puesto, seguro que nunca te has comido un rabo. Me la vas a mamar como yo te diga y luego te voy a follar por el culo aunque no sea domingo.

Su voz era tan convincente que me sentí un juguete en sus manos. Por otra parte quería disfrutar de todas aquellas otras cosas de las que hablaban las casadas. Cogí su miembro con una mano mientras que con la otra acariciaba sus gordos cojones, abrí la boca y me incorporé hasta que todo su capullo entró en mi boca hasta llenarla de carne.

– Vas a probar el sabor del macho viejo, cómetela con hambre de dos semanas, sácame el jugo del tuétano, so puta. Vas a alimentar a tu retoño con mi leche. Yo me he comido tu corrida y tus meaos y tu te vas a tragar mi lefa. Chupa fuerte. Arggg Agggg…

Se corrió con un torrente mientras me empujaba por las orejas contra su vientre. Se corrió con toda su minga en mi boca, se vertió directamente en mi estómago mientras casi me atragantaba con su cipote. La sacó chorreante y no pude reprimir una arcada. El se agachó y me metió la lengua en la boca, compartiendo su leche espesa y amarga. Después se puso en pie como si nunca hubiera pasado nada y me dio que guardara silencio sobre lo que allí había sucedido.

– La próxima vez, adivinaré si es niño o niña y luego para celebrarlo te daré por culo en presencia de tu marido, si te corres o te meas en mi boca cuando te chupe el chumino, volverás a probar mi leche esta vez en la intimidad…

Y saliendo por la puerta tal como había entrado, me dejó tirada en el sillón sin apenas poder moverme. ¡Qué hombre! Al domingo siguiente y con la autorización de mi marido, el padrino llegó a casa para lamerme el chochete. Por primera vez de una manera “oficial”.

– Será un chico, pues lo tiene salado -dijo, luego de realizar el simulacro y ya sin tapujos seguir con la chupada. Lo más cortante fue que al lamerme comenzó a salirme del culo la leche que una hora antes había depositado mi marido con su rabo de domingo. El padrino era goloso y el muy guarro no dudó en llevar la lengua hasta el ojete picándomelo como si de un carajo se tratara. Me corrí como una puta sin poderlo evitar allí delante de mi marido.

– Así que no se lo chupas pero bien que se la endiñas por el culo, he chupado tu leche de su ojete abierto, Has visto como se ha corrido de gusto, tu mujer necesita algo más. Vas a tener un varón pero voy a enseñarte como se folla un culo de bandera, que seguro que no lo haces bien.
Mi marido a estas alturas estaba rojo y con los ojos bajos, un bulto enorme se le notaba bajo su pantalón de pana de los domingos.

– Venga sácate la picha y menéatela mientras se la meto a tu María, si te fijas y aprendes bien se la meterás por el coñete hasta que se corra de gusto, pero primero mira esta enculada…

Y allí de pie delante de mi marido, me la metió en el trasero, enseñándole a él como debía hacerlo. A mí me enseñó a mover el pandero; además me tocaba la pipa hasta llevarme al delirio, me enseñaba a ordeñarle el capullo. Entre los dos me estaban agrandando el ojete.

El padrino se corrió dando fuertes alaridos. Mi marido se la meneaba con cara de alucinado. La sacó de mi ano y cogiendo a mi Pepe de su cola me la enchufó en el ojete abierto y lleno de leche. Me volví a correr sin tocarme. Mi Pepe dio tres culetazos y soltó toda su carga lechera en mi muy visitado pandero.

Eso fue el principio, desde entonces trabajé limpiando la casa y la polla del padrino hasta que mi preñez lo permitió. Mi Pepe me follaba como un loco pero era con mi padrino cuando realmente disfrutaba, me meaba de gusto cuando me lamía la almeja y con el tiempo llegué a apreciar el sabor de su leche en la garganta.

Por fin llegó el parto y nació un varón tal como el padrino había adivinado con su experta lengua.
Muchas otras cosa pasaron pero eso ya es tema para otra historia…

Autor: erospopuli

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Un día en la playa

Preparé la polla, y le puse el capullo en el culo, lo hundí lentamente hasta que entró la polla entera, después bombeé lentamente durante un rato, hasta que la excitación fue enorme en mi novia y al cabo de un rato de estar enculándomela nos corrimos los dos a la vez, llenándole el culo de semen, tenía las piernas llenas de semen, el cual le caía del coño y del culo.

Como conté en los relatos anteriores, las historias contadas son historias reales, mi novia y yo solemos ir a una playa nudista de fuera de la ciudad a la que suelen acudir más hombres que mujeres, como relaté en la última historia, estuvimos como una semana sin ir a esa playa para evitar encontrarnos con los tipos anteriores. Así que a la semana acudimos a la playa al atardecer, pues para lo de siempre, echar un polvo.

Salimos de casa de mi novia y ella llevaba un traje corto abotonado por delante, y además le dije a mi novia que no se pusiera ropa interior, por lo que solo quitando los 5 botones que tiene el vestido se quedaría desnuda, al llegar a la playa pudimos observar a lo lejos que había una furgoneta muy parecida a la de la otra noche por lo que no nos acercamos hasta la playa, nos apartamos un poco del camino quedándonos a unos 100 metros de la furgoneta, nuestra intención era de que no nos vieran, ese día queríamos dedicarlo para nosotros.

Después de aparcar y estar un rato en el coche pudimos observar que en la furgoneta había más de una persona, después de charlar un rato mi novia y yo bajamos del coche en dirección a la playa, pero tirando para la zona contraria donde estaba la furgoneta, esta estaba en la zona oeste, y nosotros tiramos para la zona este, como ya era tarde, en la playa ya había bastantes parejas en los coches, estas suelen ser, hombre-hombre, aunque suele haber alguna que son hombre-mujer, algunas parejas estaban a lo suyo dentro del coche.

Pudimos observar como una chica le comía la polla al hombre, o incluso nos encontramos a una pareja de gay que lo estaban haciendo fuera en la arena, y cuando nosotros pasamos nos dijeron que nos uniéramos a la fiesta, aunque nosotros no quisimos. De vuelta al coche vimos que había varios tipos mirando nuestro coche, uno de ellos era el hombre mayor que se había tirado a mi novia, este llevaba varios amigos, en total eran cuatro y seguramente el hombre reconoció el coche.

Durante la espera después de haber visto varias parejas echando un polvo lo dos estábamos demasiado calientes, por lo que yo agarré a mi novia por detrás y puse mi polla contra su culo, esta al ver la reacción me bajó la cremallera y subiendo un poco el vestido por detrás puso mi polla entre sus piernas y con un movimiento suave mi polla rozaba con su clítoris, y pasaba por el coño, el cual ya estaba húmedo, después de estar un rato así le fui desabrochando los botones hasta que quedó totalmente desnuda…

Al cabo de un rato vimos como los hombres se retiraban del coche lo que aprovechamos para ir hacia el, como la distancia era corta mi novia no quiso que le abrochara el vestido, decía que estaba tan caliente que se follaría al primero que pillara, llegando al coche vimos como el tipo conocido se giró y nos vio, pensábamos que se lo iba a decir a sus tres amigos, pero no fue así, él le dijo a sus amigos que tiraran para la furgoneta que él iría después.

Así que se dirigió a nosotros y cuando estuvo a nuestra altura, se paró delante de nosotros y nos saludo, mi novia como había dicho anteriormente estaba desnuda, y el tipo no quitaba ojo de la mujer que la semana anterior le había dado tanto placer, así que ni corto ni perezoso le preguntó a mi novia que cuanto quería por pasar una noche con él y sus amigos, a lo que mi novia, medio enfadada, le cogió la mano y se la llevó al coño y le dijo: -¿Sientes mi coño?, pues este coño esta noche es para mi novio.

El hombre al ver lo mojado que estaba le introdujo un dedo, entonces ella le comentó al hombre que ella no es una puta, y que lo que hizo la otra noche solo fue por que yo le había dicho que a mí me gustaría ver como cogían a mi novia, y que si encima podía sacar dinero del conductor, bienvenido sea.

Ella estaba con las piernas para afuera y lo más abierta posible, pero en ese momento me entraron ganas de ir a hacer pis, así que mirando al hombre le dije que si quería comerle el coño a mi novia, que mientras yo terminaba que se lo comiera, y me la dejara totalmente preparada para cuando yo llegara me la pudiera follar, pero todo el mundo sabe que cuando uno la tiene erecta cuesta mucho trabajo orinar, así que tarde más de la cuenta, y pude oír, desde atrás del coche, gemidos más grandes, así que cuando regresé, el tipo se estaba follando a mi novia, y esta me dijo que como tardaba mucho que ella necesitaba una polla en el coño.

Estuvieron un rato follando, el hombre a mi novia, este le decía que tenia un coño estupendo, y que le encantaba follar con ella, la verdad es que no tardó mucho y dejó a mi novia con las ganas, ya que ella no se corrió, así que cuando él terminó la quité de esa posición y poniéndola con las manos en la puerta me dispuse a follarla por detrás…

Preparé la polla, y le puse el capullo en el culo, lo hundí lentamente hasta que entró la polla entera, después bombeé lentamente durante un rato, hasta que la excitación fue enorme en mi novia y al cabo de un rato de estar enculándomela nos corrimos los dos a la vez, llenándole el culo de semen, tenía las piernas llenas de semen, el cual le caía del coño y del culo, así que cogió unas servilletas del coche y se limpió…

Allí estábamos los tres desnudos y hablando sobre el capo del coche, mi novia estaba sentada en el capo yo frente a ella, y el tipo apoyado en el capo al lado de mi novia, estuvimos hablando de vez en cuando, mi novia se acercaba para tocarme la polla y yo tocarle las tetas y el coño, también tocaba la polla del hombre y este le tocaba el coño.

Así estuvimos hablando sobre muchos temas y uno de ello era que, que hacía él en la playa, y nos dijo, que como mi novia no lo había llamado para concertar una cita que decidió venir con los amigos, a ver si la veían, nos comentó que los amigos pagarían mucho dinero por hacer lo que hizo el otro día, a lo que mi novia le recordó por qué lo había hecho, y que no sabia incluso si eso lo iba a hacer otra vez, además que ella decidía con quien, donde y cuando, el hombre lo comprendió, se vistió, y se marchó, acto seguido nos vestimos, y también nos marchamos.

Tengo que decir que nunca me imaginé que mi novia aceptara los intercambios y acostarse con otros hombres tan bien como lo estaba haciendo, y eso a mí me pone más cachondo todavía, no se que pasara más adelante pero se que la cosa no acabara ahí, debido a que siempre vamos al mismo lugar.

Autor: mazingerZ

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Mi primer putito

Le empujé sobre la cama dejándole la cara sobre el colchón por lo que casi ni podía respirar. Sin darle tiempo a nada empecé a follarle, primero le metí el capullo y luego el resto de la polla. Esto le hizo gritar de dolor. Empecé a sacarle la polla, haciéndole sentir cada centímetro de macho. Cuando vi el capullo volví a metérsela entera. Comencé a follarle, a meter, a sacar mi polla. Él se moría del gusto.

Me llamo Marcos, tengo 28 años y soy un tío muy vicioso. Mido 1,88, soy rubio, 80 kilos, fibrado, depilado, con un buen nabo de 18 centímetros, gordo, y siempre dispuesto. Me encanta la caña. Si no te gusta, mejor no sigas leyendo este relato de la primera vez que fui un auténtico hijo de puta con un pasivazo que conocí.

Tenía yo entonces 22 años. Hasta entonces había follado mucho, y a mi incluso también me habían reventado el culo y me gustaba, pero dentro de mí, algo me decía que necesitaba algo más. Y lo descubrí con Carlos, un chiquito de 19 años que vivía en mi mismo edificio.

Carlos medía 1.75, era moreno, delgadito, depilado y guapete. Me ponía verle su culito en la piscina de nuestra Comunidad de vecinos. Él tomaba el sol con un bañador de speedo que le marcaba un culo muy apetecible. Desde hacía ya tiempo venía observándole pero pensaba que su rollo tiraba más a las tías… hasta que una noche me lo encontré en un pub tomando algo con unos amigos. Yo también iba con colegas. Empezamos a mirarnos con mucho remilgo al principio pero con un total descaro después. Le hice un gesto cuando me levanté al baño. Entré dentro y esperé. Por un momento pensé que él no iría a mi encuentro.

Pero lo hizo. Entró al baño y yo le hice un gesto para entrar a uno de los privados. Allí le empecé a comer la boca y sobarle ese trasero que tanto deseaba. Él me agarró la polla y al oído me dijo:

– Me encantaría sentir este rabo dentro de mi culito. Quiero que me violes tío. – Claro que te voy a pegar la follada de tu vida nene. Espérame fuera y ya verás.

El pibe se salió del baño y yo al rato. Le vi despedirse de sus amigos y yo hice lo propio con los míos. Entramos a mi coche y arranqué. El muy cabrón no espero más y se abalanzó a tocarme la polla que se me puso dura de inmediato. Él se desabrochó el pantalón y me dejó ver su verga, y después, liberó también la mía empezando a tocarla con mucho vicio. Yo no podía más y empecé a acelerar para llegar cuanto antes a casa y darle por culo. El niñato se agachó entonces y comenzó a chuparme la polla. Tenía unos labios gordos e increíbles. Enseguida noté lo bien que me albergaba esa boca y el vicio que ese chico tenía comiendo pollas.

Por fin llegamos a mi casa. En el ascensor nos fuimos comiendo la boca con las dos pollas a reventar a tope. Nada más cerrar mi puerta, el niñato se arrodilló y empezó a comerme el nabo con una gran pasión. Observé como mi polla entraba y salía de su tierna boca, y como la llenaba de saliva a tope. Me miró con una cara de puta total. Le pillé de los pelos y le hice merendar mi pollón hasta los huevos. El chico se puso rojo de tener ese vergajo dentro pero lo aceptó como un campeón. Luego empecé a follarle la boca, sacando y metiendo mi polla. Estuvimos así varios minutos hasta que fuimos para mi cuarto

Allí le desnudé entero y él a mí. No se despegaba de mi polla en ningún momento y cuando le bajé el bóxer y le vi el culito me puse a tope. Él notó eso y me dijo:

– Quiero ser tu puta, quiero que me destroces el culito. – Claro, te voy a follar bien nene. – No, me refiero a que me violes, a que hagas de mi una puta total, que me azotes, que me comas el culo, me folles salvajemente.

Con esta confesión de sus gustos me puse mucho más. Siempre había fantaseado en hacer algo así con un putito como éste.

Sin ninguna piedad le empujé a mi cama y le puse en cuatro patas, dejando su culo a mi vista. Le di un par de buenos azotes. Él empezó a gritar de gusto. Su culito enrojeció y yo le escupí en el ojete y le metí dos dedos mientras con la otra mano alcancé a darle dos nalgadas más. Me incorporé sobre la cama y le metí un tercer dedo, dejándole notar mi nabo por su culo, que se rozaron, mientras empecé a besarle en el cuello, la nuca y fui bajando poco a poco por su espalda hasta llegar a ese culo deseado que empecé a comer con gran gusto. Mi lengua penetró ese agujerito rasurado que tanto me ponía. Estuve así un rato hasta que Carlos me dijo:

– Quiero que me folles Marcos. – ¿Qué? ¿Quieres que te meta la polla puta? – Si, quiero sentir ese pollón todo dentro de mi hasta los huevazos. – Te vas a enterar.

Le empujé sobre la cama, dejándole la cara sobre el colchón por lo que casi ni podía respirar. Sin darle tiempo a nada empecé a follarle, primero le metí el capullo y luego, en un segundo, el resto de la polla. Esto le hizo gritar de dolor:

– Ahora te lo aguantas, por pedir polla.

Empecé a sacarle la polla, haciéndole sentir cada centímetro de macho. Cuando vi el capullo volví a metérsela entera. Comencé a follarle, a meter, a sacar mi polla. Él se moría del gusto:

– Sigue, sigue, tío, hazme tu puta.

Eso me animaba a darle más fuerte en el culo. Le giré, poniendo sus piernas en mis hombros y dándole bien fuerte mientras nos comíamos la boca. Así estuvimos un rato hasta que sentí que me corría. Le saqué la polla del culo y se la hice tragar. Tras un minuto chupándomela me corrí a gusto en su bocota, llenándole de leche la garganta, tanto, que le salió corrida por la comisura de sus labios.

– Me encantó Marcos. Quiero que seas mi macho. – Por supuesto que sí, Carlos, desde hoy, eres mi puta.

Si te ha gustado, o no, espero tus comentarios.

Pronto espero hacer otro para contaros mucho más sobre mi vida sexual que me ha llevado a ser un activazo cabrón.

Autor: sharky

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Con mi primita en vacaciones

Bajé su cabeza hasta tener mi polla a escasos centímetros de sus labios, empujaba para separarse por lo que presioné con más fuerza su cabeza hasta que sus labios se abrieron y engulleron el capullo rojo y deseoso de ser comido, sus lamidas eran inseguras pero a cada momento que pasaba notaba como se la tragaba más adentro y movía su lengua de forma que mi capullo estaba en la gloria.

¡Hola! Me llamo Miki y voy a relataros algo que me ocurrió hace ya unos cuantos años. Yo tenía 19 años y estaba de vacaciones con mis padres en la costa, normalmente siempre íbamos con mis tíos y primos, estábamos allí 15 días y después nos marchábamos todos a la casa que mis abuelos tenían en el pueblo. Desde el primer día en la playa me di cuenta de que mi prima, que tenía 18 años y se llamaba María, se ponía siempre a mi lado y aprovechaba cualquier oportunidad para rozarme o cogerme la mano.

Me extrañó un poco pero no le di importancia, pero esto cambió cuando el cuarto día al entrar al agua ella me siguió y empezó a tirarme agua, yo le dije que parase o le haría una aguadilla, a lo que ella me contestó que no era capaz. Sin pensarlo dos veces me acerqué y la cogí en brazos, ella me pasó el brazo por detrás del cuello y me dijo que le gustaba estar así y con un pequeño movimiento se soltó una pierna dejando mi mano en el interior de su muslo y muy próximo a su bikini. Esto me puso a cien pero no fui capaz de hacer nada mas, la solté y ella me abrazó por detrás pegando sus pequeños pechos en mi espalda.

Os contaré que María medía unos 155 cm, tenía un estupendo y redondito trasero y el pecho, que se adivinaba bajo su bikini era pequeño pero con unos pezones que resaltaban notablemente. Bueno continúo con el relato, el tener sus pezones en mi espalda me estaba poniendo muy mal y noté que ella no lo hacía de forma inocente, sino que estaba excitándose con el contacto.

Me solté y le dije que nadásemos un poco a braza, yo me acerqué por detrás y la cogí de la cintura, por lo que nadábamos juntos pero uno detrás de otro, a medida que ella daba brazadas yo fingía resbalar y deslizaba las manos hacia abajo hasta que las tuve a la altura de su bikini, ella no me decía nada por lo que continúe en mi tarea de acariciarla, bajé un poco más las manos e introduje suavemente dos dedos debajo de su bikini.

Yo estaba alucinado, mientras nadábamos le sujetaba las caderas con las manos y mis dos dedos estaban acariciando su pubis en el que se notaba que tenía unos pelillos cortos y suaves que sin duda le habían salido no hacía mucho. Mis dedos se movían con lentitud pues no quería que se asustase, tocaba su pelo y descendía hasta el chochito pero al llegar allí ella daba un tirón y me impedía continuar por lo que me quedaba con las ganas de llegar a su cuevecita.

Esto mismo lo repetíamos día tras día pero sin conseguir ningún avance, tampoco hablábamos de ello, pero yo al llegar a casa me veía obligado a hacerme pajas cada tarde. Llegó el día de irnos al pueblo y yo me sentía frustrado pues se me escapaba la oportunidad de poder llegar a más.

Al día siguiente llegamos al pueblo y era la hora de cenar, estábamos 17 en la mesa y prima se hizo un hueco y se sentó junto a mi, como éramos muchos nos encontrábamos muy juntos y esto hizo que María me rozase constantemente con su pierna, yo no podía más y metí una mano por debajo de la mesa poniéndola sobre la rodilla de ella, su reacción fue poner su mano sobre la mía y dedicarme una sonrisa, ante esta situación comencé a acariciar su pierna despacio por encima de la faldita y ella para sorpresa mía la bajó y la puso sobre su muslo pero bajo la falda, mi excitación iba en aumento, estaba acariciando los muslos suaves de mi inocente primita.

Mi mano se deslizaba cada vez más arriba y ya estaba en el interior de sus muslos y muy próxima a su braguita, extendía el dedo y lograba rozar el encaje, ella apretaba las piernas por lo que tenía que empujar poco a poco para ganar terreno, ya tenía un dedo dentro de la braguita, como no se las había visto nunca las imaginaba blancas pequeñas y con encajes, mi dedo acariciaba el escaso pelo que tenía en su pubis y notaba como María estaba nerviosa pues no paraba de moverse en la silla, no se si por el calentón o por dificultar mi exploración, finalmente tuve que sacar la mano por miedo a que mis padres o mis tíos se percatasen de lo que sucedía.

Llegó la hora de dormir y la casa tenía dos plantas, en la primera dormían casi todos y en la planta alta había dos dormitorios, María y su hermana se pidieron una y yo rápidamente dije que quería la otra, al subir las escaleras, que eran muy inclinadas, dejé pasar a mi prima y me quedé observando desde atrás como ascendía moviendo inocentemente el culito, por lo que la falda que era mini, se movía y dejaba ver ligeramente las bragas que como yo pensaba eran blancas. Al llegar arriba nos despedimos y cada uno se fue a su dormitorio. Minutos más tarde yo no paraba de pensar en ella y en esas braguitas que me tenían loco. Sin pensarlo dos veces me levanté y me dirigí al dormitorio de mis primas, abrí la puerta y les dije:

– Hola! No puedo dormir, ¿me dejáis que os haga compañía?

María dio la luz y me dijo que me acercase y me sentase en la cama junto a ella. Era una cama de 135 y estaban las dos en ella. Pasado un rato de charla les insinué que hacía frío pues era una casa vieja, por lo que María me dijo:

– Túmbate en la cama y tápate con la sábana.

Yo sin perder tiempo me metí dentro y me pegué todo lo que pude a ella, nuestros cuerpos se rozaban y su mano tomó la mía, si decir nada la llevó a sus piernas y la dejó sobré su muslo derecho, yo comencé a deslizar la mano hacia arriba hasta llegar al borde de su camisón, entonces metí la mano entre sus dos piernas y seguí ascendiendo arrastrando el camisón hacia arriba, sus muslos eran tan suaves, tan dulces que estaba a punto de correrme, ya me encontraba rozando el encaje de las braguitas, subí un poco más y acaricié el chochito por fuera.

Notaba como las braguitas se ajustaban perfectamente a su cuerpo y se marcaba perfectamente la entrada de ese coñito que seguramente nunca había sido acariciado. Mis movimientos eran lentos pues no quería que su hermana se diese cuenta, mi dedo índice se metió bajo la braga y jugó con su pelillo, pero una vez más al intentar introducirlo en el coñito María cerró las piernas impidiendo mi acceso, sin esperarlo mi prima comenzó a respirar agitadamente y temblar de una forma exagerada, su hermana le preguntó:

– ¿Qué te pasa? ¿Estás mal?

Pero no hubo respuesta y por el contrario los movimientos se acentuaron especialmente cuando le apreté el dedo contra el clítoris por encima de la braga. Mi prima había tenido un orgasmo monumental y yo estaba casi seguro que había sido el primero de su vida. Me levanté y me despedí hasta el día siguiente.

Al llegar a mi habitación me hice una buena paja y después decidí que no volvería a bailar al ritmo que ella pretendía, si quería jugar lo haría como yo quisiera.

A lo largo de todo el día no la hice caso, al llegar la noche dije que tenía sueño y me iba pronto a dormir, ella me dijo que fuese a su dormitorio y yo le contesté que no. Pasados diez minutos mis primas se fueron a dormir, yo estaba despierto y tremendamente excitado, pero sabía que no podía acudir a su habitación porque volvería a pasar lo mismo, así que decidí dormir.

A los quince minutos se abrió la puerta y vi al trasluz que era María, susurró si estaba despierto y al decirle que sí, me preguntó por qué no había ido a su habitación. Encendí la luz y divisé una visión espectacular, Mi prima estaba de pie junto a mi cama, llevaba la melena suelta y vestía unas braguitas diminutas que no podían disimular el abultamiento de su coñito y que por ser casi transparentes marcaban perfectamente esa maravillosa rajita que con tanto gusto había acariciado la noche anterior.

La blusita que llevaba era de gasa fina y dejaba ver sus pechos pequeños pero en los que destacaban unos pezones puntiagudos y redonditos. Estaba parada sin saber que hacer así que levanté la sábana y me hice a un lado, ella se metió en la cama y se pegó a mí con fuerza. Era mi oportunidad, mientras con una mano comencé a acariciar sus pezones por encima de la blusa, con la otra fui subiéndola hasta dejar los pechos al aire.

¡Que visión! estaban duros y los pezones apuntaban hacia arriba, era un placer poder tocarlos, así que sin dudarlo me incliné y puse mis labios sobre uno de ellos, lo lamí, succioné y apreté entre mis dientes, ¡Era delicioso! Una de mis manos fue deslizándose hasta llegar a la braguita, durante un tiempo jugué por fuera acariciando la entrada del coñito, María estaba excitadísima y me acariciaba el pelo con sus manos, rápidamente introduje el dedo bajo la braga y le toqué el clítoris pero ella instintivamente cerró las piernas y se giró para sacármelo, otra vez volvíamos a las andadas.

Me di la vuelta y le di la espalda, ella me preguntó qué me pasaba y por que no seguía, yo le contesté que no estaba dispuesto a seguir así. Por un lado quería conseguir más de ella pero por otro tenía miedo de que se fuera y me dejase allí con el calentón.

Tomé la mano de ella y la puse sobre mi pijama, hice que me acariciase la polla por encima y a continuación la metí debajo de forma que pudiese tocarme sin obstáculos, se le notaba nerviosa así que le ayudé a que abriese los dedos, rodease mi polla y comenzase a hacerme una paja, poco a poco fue cogiendo ritmo y sus movimientos iban siendo más seguros, no apartaba su vista de mi tremenda erección.

Le pasé la mano por el cuello y bajé su cabeza hasta tener mi polla a escasos centímetros de sus labios, no se decidía e incluso empujaba para separarse por lo que presioné con más fuerza su cabeza hasta que sus labios se abrieron y engulleron el capullo rojo y deseoso de ser comido, sus lamidas eran inseguras pero a cada momento que pasaba notaba como se la tragaba más adentro y movía su lengua de forma que mi capullo estaba en la gloria.

Al tiempo que ella me hacía la mamada yo introduje mi mano bajó su braguita y comencé a acariciar su coñito que estaba completamente empapado.

Al principio metí un dedo que fui deslizando poco a poco por la rajita, ella por primera vez abrió ligeramente las piernas facilitándome el acceso, por lo que sin dudarlo un momento aparté la braga a un lado y metí dos dedos dentro de su rajita, su respiración se aceleraba, su boca se comía con desesperación mi polla y sus caderas se movían de forma que buscaban claramente mis dedos, era ella la que se los estaba clavando hasta el fondo, noté que se había hecho daño y saqué la mano rápidamente, pero ella me dijo:

– ¡No pares por favor! Métemelos otra vez que me da mucho gustito, pero ten cuidado que soy virgen.

Estas palabras me excitaron más, si cabe, y a partir de aquí le introduje dos y tres dedos de forma que ella no paraba de gemir, estaba en mis manos y podía jugar con ella a placer, me chupaba la polla gimiendo como una loca se movía adelante y atrás y se retorcía con mis dedos dentro de su coño, que se había dilatado de una forma considerable, estaba como loca.

Yo ya no podía más y me iba a correr así que se lo dije y ella intentó separarse, la agarré con fuerza de la cabeza y le dije que no se sacara la polla de la boca, mi corrida fue espectacular y ella se tragó toda la leche, cuando hube acabado continuó lamiéndome el capullo con mucha suavidad, yo aceleré los movimientos de mis dedos en su coño y ahora fue ella quien se corrió dando algún que otro grito, tuve que taparle la boca para que no despertara a los demás.

Nos abrazamos y nos quedamos quietos durante un largo rato, poco después ella se levantó y se fue a su habitación.

El verano dio para más pero este es el mejor recuerdo que tengo, y desde entonces debo deciros que a pesar de haberme casado, me he hecho muchas pajas pensando en ella.

Autor: Miki

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Amo a mi hijo

No podía creerlo, estaba en la cama con mi hijo y mientras este me chupaba una teta yo le masturbaba a él y me masturbaba a mí misma, dirigí mi cabeza a su entrepierna y de un golpe clavé su pene en mi boca, un torrente cálido corrió por mi garganta mientras escuchaba suspiros de placer de mi hijo, caímos los dos rendidos en la cama ya que yo me corrí a la vez que él.

Lo primero y más correcto creo que es decir que siempre había pensado que los relatos que veía en su página, eran todos inventados, pero ahora puedo asegurar que aunque haya alguno falso seguro que hay alguno que es verdadero, ya que el mío lo es como la vida misma.

Soy una mujer con 38 años “pero muy bien llevados”, ya que siempre he intentado cuidarme, practicando aeróbic con mis amigas y al final he logrado tener un cuerpo más que apetecible, ya que mis medidas son 100-63-95, soy soltera pero tengo un hijo con 18 años, fruto de un noviazgo que no resultó ser todo lo bueno que yo hubiera querido, pero en fin, ahora vivo con mi hijo y soy la mujer más feliz del mundo.

Todo comenzó cuando intentando buscar información sobre una empresa que ha comprado a la que yo pertenezco, en el ordenador de mi hijo, introduje la palabra filial, y una de las respuestas encontradas fue la de su página web. Entré a leerla más bien por curiosidad que por otra cosa y me sorprendí, cuando leí todo lo que allí ponía, sobre todo en los relatos en los que los hijos se excitaban al ver a sus madres, no cabía en mi mente que un joven de 18,19..20 años se pusiera cachondo con una señora mayor y mucho menos con su madre, pero al ir leyendo me puse cachondísima, y acabé por masturbarme frenéticamente frente al ordenador de mi hijo, terminé con un maravilloso orgasmo como hacía mucho que no tenía.

Cuando terminé, me dirigí al baño y mientras me lavaba, seguía pensando en lo que acababa de leer y volví a masturbarme, estaba como histérica, con una calentura que jamás había tenido, me sequé y urdí un plan para ver si yo era capaz de excitar a mi hijo, y lo que hice fue ponerme una camiseta, que apenas me quedaba como una minifalda, y casi transparente, que dejaba ver mis negros pezones ya que no llevaba sujetador, me miraba al espejo y me sentía como una zorra, pero a la vez estaba nerviosísima y un extraño cosquilleo recorría todo mi cuerpo.

Llegaron las 18:30 de la tarde y mi hijo llegó como todos los días, lo recibí y le di un beso como de costumbre, no parece que él se diera cuenta de lo transparente de mi vestido, ya que ni siquiera me miró a los pechos. Nos sentamos como todas las noches a cenar en el salón mientras veíamos la tele, me senté frente a él y charlamos de cosas banales, pero pude ver como mi hijo si se dio cuenta de que no llevaba sujetador, y clavó su mirada en mis pechos, yo me hice la distraída como que estaba viendo la tele, pero era una sensación tan placentera que mi Carlos me mirara con ansias de deseo que prolongué la cena por más de una hora y treinta minutos. Llegó la hora de quitar la mesa y al levantarse él para retirar su plato vi como tenía un bulto entre las piernas bastante considerable, lo cual hizo que me mojara y llegara casi al orgasmo sin ni siquiera tocarme.

Nos sentamos a ver la tele y queriendo se senté de nuevo frente a él pero esta vez el se tumbo en el sofá y yo me senté en una mecedora que quedaba en la cabecera de donde se encontraba tumbado, así que su cara quedó poco más o menos a un metro de mi chochete. Pasó un rato y por el rabillo del ojo pude ver como él haciéndose el dormido se tapaba la cabeza con un cojín pero miraba entre mis piernas para ver si veía algo, yo para facilitarle la labor abrí un poco las piernas y simulando que me ponía bien las bragas las levanté un poco y le pude dejar ver por un instante los vellos de mi pubis que llevo perfectamente rasurados, al hacer yo esto él se levantó como un resorte, se echó mano al paquete y salió corriendo hacia el baño, sin duda alguna se acababa de correr. Me hice la despistada y fui tras de él preguntándole que le ocurría, pero él me dijo que algo de la cena le había sentado mal y que tenía fatiga, me hice la crédula y lo dejé que se limpiara bien, y mientras él lo hacía me fui a mi habitación y me metí tres dedos en mi coño ya que estaba totalmente empapado, fue un orgasmo brutal. Ese día no hice nada más, dejé que transcurriera un tiempo para que mi hijo no notara que yo estaba mucho más cariñosa que antes y me tomara por una zorra, ya que yo no sabía como reaccionaría él a mis insinuaciones.

Los siguientes días pasaron lentamente, pero pude observar, como mi Carlos se masturbaba mucho más que antes “ya que las madres aunque algunas veces nos hagamos las tontas no lo somos, y sabemos perfectamente cuantas veces se pajean nuestros hijos”. Al cabo de una semana, nos encontrábamos en mi cama de matrimonio mi hijo y yo viendo una peli en la tele, hacía un calor horrible y le dije a mi hijo que si le importaba que me quitara la camiseta larga que llevaba, y me quedaba en bragas y sujetador ya que estaba asada, creo que la emoción le impidió contestar, y solo lo hizo con un leve movimiento de cabeza en forma afirmativa, así que me senté en la cama y me quité la camisa, cosa que hice muy lentamente para que mi hijo me pudiera observar bien mientras me sacaba esta prenda, llevaba puesto un tanga, que dejaba asomar algún que otro pelillo rebelde por los lados y lo que más erotizó a mi hijo fue el sujetador, ya que este solo me cubría la mitad de mis pechos y aún menos de mis pezones, ya que son de un diámetro considerable, y por lo que pude observar en el paquete de mi hijo, que él intentaba disimular, a él le gustó este conjunto de ropa interior ya que casi se le salía el pene por encima de los slips que llevaba. Continuamos viendo la peli como si tal cosa, aunque Carlos no me quitaba ojo de los pechos, empezamos a hablar de tonterías y a jugar a hacernos cosquillas, las cuales yo tengo muchísimas, y se encontraba mi hijo haciéndome cosquillas a mí cuando me volteé bruscamente y uno de mis pechos se salió por completo del sujetador.

Carlos se quedo atónito, y yo entre bromas le dije: -Carlos, ¿qué te pasa? ¿Nunca has visto un pecho? Él embobado en mi pezón me dijo: -Perdona mami, pero es que nunca he visto ninguno y es tan bonito -¿Te gusta lo que ves? -Me encanta. -Ya veo que te gusta… y conforme le decía esto le señalé a su paquete que estaba a punto de reventar, yo seguía sentada en la cama con el pecho fuera del sujetador y frente a mi hijo, la situación me tenía a cien por hora.

Mi hijo al yo señalarle el paquete se ruborizó y bajó la cabeza: -Hey ¿Por qué pones esa cara?¿Para mi es un orgullo que a un joven como tú le guste una vieja como yo… Por mi puedes mirarlo todo lo que quieras, que a mí también me gusta que me mires.

Dicho esto levantó la cara y comenzó a mirarme las tetas otra vez -¿Te gustan?- le pregunté mientras me comencé a tocar el pezón con los dedos, me estaba volviendo loca.-Si me prometes no contarle a la abuela ni a nadie lo que está ocurriendo me desnudaré para ti, pero ya sabes que será nuestro secreto… -Te lo juro por lo más sagrado mami, será nuestro secreto… Me levanté y me quité el sujetador muy lentamente, lo dejé caer al suelo, pero me tapé los pechos con los brazos, y le dije:

-Si quieres que me quite los brazos de los pechos y me baje las braguitas, tú también te tienes que desnudar, así me dará menos vergüenza a mí. -Pero es que me da vergüenza. -Pues entonces a mí también me dará vergüenza y tú tampoco veras nada. –Vale… se tumbó boca arriba y levantó el culito para bajarse los slips, casi no pudo de tieso que tenía su pene, le debía de medir al menos 17 cms.

-Ahora no te quedes mirándome tú a mi y sigue desnudándote… mi hijo comenzaba a impacientarse.

Bajé los brazos hasta el elástico de las bragas y lentamente me las fui bajando de espaldas él, tenía mi culo a pocos cms. de su cara, casi me caigo de lo nerviosa que estaba, me di la vuelta, levanté los brazos y ¡Tachannn! allí estaba yo totalmente desnuda frente a mi hijo y este con su enorme pene en la mano mientras me miraba con ojos de volverse loco.

-¿Te ha gustado el striptease? -Eres increíble mamá, nunca he visto una mujer con un cuerpo como el tuyo ni en las películas… me tumbé a su lado y él seguía mirándome a los pechos. -¿Has tocado alguna vez un pecho? -No mami, ¿Te importa que toque el tuyo? Te prometo no contárselo a nadie. -Está bien, pero tienes que hacerlo despacito…

Como un niño que es comenzó a rodear mi aureola con un dedo cada vez más y más cerca del pezón hasta que llegó a este y empezó a pegarle pequeños pellizquitos, yo instintivamente llevé mi mano a mi coño y me introduje un dedo, mientras me masturbaba con una mano, con la otra me aproximé a Carlos y le acaricié suavemente los testículos, de ahí pasé mi dedo por todo su pene arriba hasta que llegué al capullo que tenía totalmente hinchado.

-Por favor hijo, chúpame una teta… así lo hizo, aunque era la primera vez que lo hacia, la ternura de sus labios volvería loca a cualquier mujer.

No podía creerlo, estaba en la cama con mi hijo y mientras este me chupaba una teta yo le masturbaba a él y me masturbaba a mí misma.

-Mami me corro… -No por favor espera. Me puse en la cama boca arriba, dirigí mi cabeza a su entrepierna y de un golpe clavé su pene en mi boca, justo en el momento de chuparla la primera vez, un torrente cálido corrió por mi garganta mientras escuchaba suspiros de placer de mi hijo, caímos los dos rendidos en la cama ya que yo me corrí a la vez que él, mi Carlitos se quedó totalmente dormido, fue la noche más maravillosa de mi vida, aunque no la última, pero eso ya os lo contaré otro día.

Un abrazo y gracias por abrirme los ojos al placer.

Autora: Carmen

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Como folló a mi madre

Le imploré fóllame, seguimos uniendo nuestros cuerpos, besándonos por todos los poros de nuestros cuerpos, hasta que me dice, me voy a correr, y yo en ese momento necesitaba tenerlo dentro, y le dije aguanta, la puse dentro mío, yo encima de él y comencé a cabalgar, él apretando mis pezones, al mismo ritmo, hasta que le dije, cariño córrete que me voy a correr, que orgasmo alucinante.

El otro día os conté como descubrí a mi novio en la cama con mi madre, ahora os voy a contar como me dijo mi novio que consiguió seducir a mi madre para follarla.

El día siguiente al trío que había hecho con mi madre y mi novio, a la noche fui a ver a mi novio, estaba feliz por haber cumplido una fantasía, pero, a mí corroía saber por qué se había acostado con mi madre y ¿cuánto tiempo llevaban poniéndome los cuernos?, eso me traía muy alterada, así que tan pronto le vi lo primero que le dije fue:

¿Desde cuando estás follando a mi madre?

Se quedó todo sorprendido, y lo primero que me dijo fue “estás celosa”, eso aún me puso más histérica, así que chillando le exigí saber desde cuando se estaba acostando con mi madre, al ver que yo estaba alterada, accedió a decírmelo, lo más sorprendente fue descubrir que había sido la primera vez que se acostaba con ella cuando los pillé, y le insistí en que contara como había conseguido llevarla a la cama, a lo cual él no quería acceder, comencé a besarlo, anda cuéntamelo, bajé mi mano por encima de la ropa hasta llegar al pene, bajé la cremallera, y metí mi mano, anda cariño, cuéntamelo, sabes que ahora estoy deseosa de saberlo, vale, te lo cuento, pero no pares, sigue meneándomela, artes de mujer nunca fallan, je, je, je.

Y mientras yo le estaba haciendo una paja, me comenzó a contar que el día anterior cuando había salido de trabajar se encontró a mi madre esperando el autobús, así que para ser un buen yerno se ofreció a llevarla a casa, y que mi madre ese día llevaba una falda que al subir al coche se le subió un poco y pudo contemplar esas piernas bien torneadas, y que como habíamos estado fantaseando con ella en algún  momento de nuestros encuentros, que eso le hizo tener una pequeña erección, sobre todo cuando miró hacia arriba y tenía un escote que podía ver el canalillo, pero se dijo no, mira para delante que es tu futura suegra, y sólo son fantasías, y que fueron hablando de muchas cosas hasta llegar a casa y que mi madre, como buena anfitriona que es que le invitó a un café, y mi novio aceptó.

Cuando llegaron a dentro de la casa mi madre vio una nota que mi padre le había dejado que hoy iba a llegar tarde, que tenía unos imprevistos que debía solucionarlo, que hasta bien tarde- noche no iba a llegar, y le dijo siéntate que me voy a preparar el café, mientras mi novio se quedó en la salita, su cabeza comenzó a fantasear como sería follarse a la madre de la novia, ya lo habíamos imaginado muchas veces los dos juntos y nos ponía a cien, y él con sólo pensarlo ya se le estaba comenzando a notar un bulto suculento, así que dejó  de pensar…

Cuando entró mi madre con el café, se sentó enfrente de él, en un sofá que estaba más bajo que la silla donde estaba él, así que tenía justo enfrente a mi madre con un escote donde le veía el canalillo y el comienzo de sus tetas, y mi madre tenía enfrente el paquete de mi novio que estaba llenando cada vez más, yo al escuchar todo eso, me estaba retorciendo mientras ya le estaba chupando la polla a mi novio como me estaba excitando, le dije continua, continua, él como podía siguió con el relato.

Mi madre le notó nervioso y le preguntó que le pasaba, a lo que él le dijo que teniendo a una mujer tan bella delante como no iba a estar nervioso, aún no se lo creía lo que le había dicho, mi madre le contestó que era un halago escucharlo le dio las gracias, mi novio al ver que no lo había parado, prosiguió, se conserva muy bien, ya sé de donde sacó toda su belleza su hija, mi madre le dijo, para que me vas a sacar los colores, que ya había mucho tiempo que nadie le decía nada así,y mi novio sin pensárselo se sentó a su lado, notó que mi madre estaba nerviosa, pero la pilló mirando fijamente a su verga, lo cual le dio todos los indicios para proseguir, pero mi madre se levantó y fue a la cocina a buscar más café, mi novio no se lo pensó dos veces y se fue detrás de ella, cuando llegó a la cocina estaba de espaldas a él preparando otro café, se acercó, la cogió por las caderas haciéndole que su pene erecto, lo notara en su culo, mi madre se giró muy de prisa, molesta pero muy nerviosa.

¿Qué haces?, eres el novio de mi hija, y mi novio le dijo, ya lo sé pero desde hace tiempo fantaseo con usted, más bien fantaseamos los dos con usted, y ahora que la tengo aquí mire como me tiene, mi madre no paraba de ver el pantalón con un bulto muy grande, lo cual mi novio se la sacó ahí mismo, mi madre se quedó paralizada, y sólo dijo, cuanto tiempo sin ver una verga tan erecta, y se lanzó a por ella…

Mi novio me dijo que se la comía de una forma maravillosa, mientras él comenzó a desnudarla, a tocarle las tetas, pellizcándola, ella le estaba tocando sus huevos mientras con la otra mano le estaba haciendo una paja y succionándole la punta de la polla, yo ya estaba mojadísima, así que nos besamos apasionadamente, me comenzó a chupar las tetas, así le hice a tu madre, y que más le hiciste cabrón, hijo de puta, mariconazo, ¿que más le hiciste hasta que os pillé?…

La llevé a la salita y se la puse en la entrada de la concha, ah si, le dije, hazme todo lo que le hiciste, me cogió, me llevó para el sofá y me dijo así, así se la metí, fue penetrándome poco a poco en mi mojadita cueva, hasta que de un golpe me la metió, se puso encima de mi y comenzó a follarme, y me dice, ¿sabes que más le hice?, dímelo, ¿que le hiciste? le amasé las tetas y se las chupé al mismo tiempo que la follé, si, demuéstramelo, haz como si estuvieras follando con ella, recuérdalo todo le dije, así que me continuó follando esta vez entrelazando nuestras piernas, besándonos, apretándonos, comiéndonos el cuello…

Le pedí que me llamara como  si fuera su suegra, noté que eso le hizo empalmarse más, suegrita, cómeme el capullo, quiero tenerlo en lo más profundo de tu garganta, así que siguiendo el juego comencé a chupársela, hasta que nos pusimos en un 69, ¡que bien me chupaba los labios superiores! adentrándome un dedo, luego dos, yo cada vez le tenía la polla más adentro de mi boca, me metió 2 dedos chupándome la concha, así, así le hice a mi suegra…

No pude aguantarme y exploté en un orgasmo llenándole toda la boca de mis jugos, nos encaracolamos el uno en el otro, me dijo, suegrita, te acuerdas que después subimos a tu habitación, como era temprano nadie nos iba a pillar, y yo siguiéndole la corriente, si me acuerdo yerno, vamos a mi habitación, nos fuimos besando, acariciando, gimiendo durante el trayecto, una vez en la cama me giró, me puso boca  abajo, me separó las piernas, y me la clavó de un golpe, girándome la cabeza para besarme, yo ya puesta en mi papel, folla cabrón, folla a mi madre, demuéstrale lo que vales, las embestidas cada vez eran mayores, nos dimos la vuelta en frente el uno al otro, me levantó las piernas juntándomelas, y me metió la picha en la concha bien apretadita…

Yo ya no podía más, chillaba como una loca, así cariño, así chilla como tu madre me decía él, no sé cuantas más veces me corrí, pero, eran deliciosas, hasta que se puso encima mío follándome, y me dijo, aquí es cuando nos pillaste, y yo ya no podía contenerme más…

Le imploré fóllame, sígueme follando, seguimos uniendo nuestros cuerpos, amasándolos, besándonos por todos los poros de nuestros cuerpos, masturbándonos mutuamente, hasta que me dice, me voy a correr, y yo en ese momento necesitaba tenerlo dentro, y le dije aguanta, aguanta, la puse dentro mío, yo encima de él y comencé a cabalgar, él apretando mis pezones, al mismo ritmo, hasta que le dije, cariño córrete, córrete que me voy a correr, ¡que orgasmo alucinante!, nos quedamos agarraditos los dos, exhaustos del polvo que nos habíamos echado.

Autora: Sandra

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Urgencias

Yo quería más, quería notar esa polla dentro de mi coño, le pedí que se tumbase en la camilla y me coloqué encima, rozando con mi coño la punta de su polla y él me pedía que la metiese más, puse su capullo en la entrada de mi cueva y metí el capullo, despacio, recreándome en la situación y sin esperarlo me la metí toda de golpe, cosa que hizo que ambos diésemos un grito de placer.

Pues allí estaba yo, un sábado por la noche en urgencias. Eran las 22.30 horas y estaba muerta de asco pensando en que mis amigos se lo estarían pasando de muerte mientras yo estaba esperando mi turno. Tenía un terrible dolor de espalda y antes de salir decidí pasarme por allí haber que me decían.

Antes de continuar he de decir que soy una chica resultona, soy castaña con pelo liso y ojos grises, mi físico es normal pero no puedo quejarme.

– ¿Diana?- Preguntó la enfermera.

Me levanté y ella me llevó hasta el box de urgencias donde iba a ser atendida. Me senté a esperar a que llegase el médico y la verdad me sorprendió. Era un muchacho alto, musculoso, moreno y con unos enormes ojos verdes. Le expliqué lo que me pasaba y me mandó quitarme el pantalón que llevaba para poder oscultarme. Yo debajo llevaba un bonito tanga negro de encaje que resaltaba mi piel pálida. Comenzó a tocar mis caderas para ver si el dolor provenía de ahí, como no era así me mandó ponerme de pies y quitarme la camiseta para mirarme la espalda, así que me quedé delante de él en sujetador y en tanga.

Comenzó a tocarme la espalda y un escalofrío recorrió mi cuerpo, me estaba poniendo muy caliente saber que un tío como él me estaba tocando. Me mandó vestirme y salir fuera, me iba a hacer una radiografía. Así que de nuevo volví a la sala de espera del hospital. Minutos después me hicieron la radiografía y me llamó de nuevo el médico. Yo no estaba dispuesta a irme sin el número de teléfono del doctor.

De nuevo me volvió a decir que me desnudase como antes para volver a mirarlo porque no encontraba nada raro en la radiografía, así que de nuevo me quedé desnuda ante él. Esta vez no pensaba desaprovechar la ocasión. Incliné mi culo hacia atrás para rozar, sin querer, su paquete. No se apartó así que comencé a apretar un poco más. Y sus manos se deslizaron por mis muslos suavemente, eché la cabeza hacia atrás para apoyarla en su hombro de tal modo que comenzó a mordisquearme el cuello.

– Espera, pondré el pestillo en la puerta- dijo…

Yo no me moví de mi posición y ahora lo noté pegado a mi cuerpo semidesnudo pero con una diferencia, tenía su polla muy dura apretando fuerte y pidiendo a gritos que la sacasen de allí. Me desabrochó el sujetador y me volteó, estaba frente a él y nuestras bocas se unieron, estaba deseando sentir su lengua en mi boca, comencé a desabrocharle la camisa y descubrí un torso depilado y fuerte, comenzó a tocarme las tetas y quiso bajar su boca hasta ellas pero no lo dejé y me puse de rodillas, tenía ganas de ver su polla, bajé su pantalón y salió sin esperar.

No era demasiado larga pero si ancha y por supuesto muy apetecible. Comencé a bajar y subir la piel de su polla y notaba como su respiración cada vez era más agitada, momentos después comencé a lamer su capullo muy lentamente, de modo que pudiese sentir cada movimiento de mi lengua y comencé a meter su polla en mi boca.

Despacio y presionando sobre ella para que notase mis labios, una vez dentro comencé a lamerla con mi lengua y comencé a sacarla también despacio y rozándola suavemente con mis dientes. Me pedía que por favor se lo hiciese más rápido pero quería hacerle sufrir un poquito así que continúe despacio y fui incrementando el ritmo poco a poco, llegó un momento en el que el ritmo era frenético y me dijo que se iba a correr y en ese mismo instante comencé a notar su esperma en mi boca, me lo tragué a pesar de que nunca lo había hecho

– Túmbate que ahora tendrás tu recompensa- me dijo.

Me tumbé en la camilla y lamió mi ombligo haciendo que mi coño se empapase aún más, comenzó a bajar mi tanga con los dientes hasta que estuve completamente desnuda al igual que él. Separó mis piernas y comenzó a pasar su lengua por mi raja y notó como estaba de húmeda y empezó a meterla cada vez más hasta que se encontró con mi clítoris que pedía a gritos un poco de atención.

Me succionaba el clítoris y yo me derretía de placer, su lengua buscó mi agujero y hábilmente se introdujo en mi vagina. Siguió lamiendo mi coño y metió dos dedos en mi coño, y ya no pude más y exploté en un orgasmo increíble, pero yo quería más, quería notar esa polla dentro de mi coño, lo necesitaba. Le pedí que se tumbase en la camilla y me coloqué encima, rozando con mi coño la punta de su polla y él me pedía que la metiese más, así que puse su capullo en la entrada de mi cueva y metí el capullo, despacio, recreándome en la situación y sin esperarlo me la metí toda de golpe, cosa que hizo que ambos diésemos un grito de placer…

Comencé a moverme cada vez más rápido y me vino otro orgasmo pero yo no quería que él acabase tan pronto, así que me saqué la polla y me agarró para ponerme a cuatro patas y metérmela de nuevo, cada vez el placer era mayor y sabía que no tardaría mucho en tener otro orgasmo. Mientras metía y sacaba su polla de mi coño me agarraba y masajeaba las tetas. De repente noté como se corría en mi coño a la vez que yo tenía otro orgasmo. Nos besamos y salió a hablar con la enfermera, no sé que le dijo pero nos fuimos a su casa y continuamos con una noche llena de sexo, pero eso ya será en otro relato.

Autora: Diana

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Mi primita querida

Empezó acariciarme los testículos mientras fuertemente chupaba mi pene, lo que aceleró mi excitación y le dije que me iba hacer acabar, ella me hizo señas de que lo hiciera, que no me detuviera, en ese preciso instante empezó mi pene a emanar grandes cantidades leche, las cuales eran tragadas inmediatamente por ella sin dejar escarpar ni una gota.

Esta historia ocurrió hace poco, para empezar comenzaré describiendo a mi prima, ella es una niña muy linda, de unos 25 añitos más o menos, morena clara, un metro sesenta y tres, de muy buena figura, con unos senos redondos, pero con un trasero de ensueño, ella vive en otra ciudad lejos donde yo vivo, por lo que nos vemos solo en reuniones…Yo un tipo normal, de un metro setenta y ocho de estatura, moreno, de 36 años…

Yo siempre la había considerado como mi primita, pero ella fue creciendo y transformando su cuerpo en la belleza que es ahora, ella tiene una bebe de un añito, que es tan preciosa como ella…

En una fiesta familiar, ella llegó y nos saludamos cariñosamente como siempre lo hacemos, estaba vestida con un jean claro y una franela, los cuales realzaban su apetitosa cola y enmarcaba esos senos redondos, yo estaba acompañado de mi novia…

La fiesta continuaba de manera normal, tragos, bailes, conversaciones, pero cada vez que bailábamos podía sentir toda su piel pegada a la mía y como su vientre y su vagina se recostaba en mi pierna, eso causaba electricidad en mi piel, lo que aumentaba el tamaño de mi pene endureciéndolo, causando una erección instantánea, el hecho de saber que era una relación prohibida y que yo tenía a mi novia en sitio, le daba un profundo toque sensual y provocativo a la situación…

Ese día no ocurrió más nada de un baile y un cúmulo de sensaciones, pero fue el inicio de un conjunto de conversaciones a través de email y del facebook, donde las mismás cada vez se tornaban más calientes…hubo intercambio de fotos provocativas, cartas eróticas y conversaciones telefónicas realmente caliente…

Así pasaron dos meses, hasta que ocurrió una nueva fiesta familiar en la ciudad donde ella vive, ya que cerca de ella viven otros familiares, yo llegué a la casa donde iba a realizarse la reunión, bastante temprano, pensando en que momento podríamos  escaparnos para estar juntos… Al rato de yo haber llegado recibí un mensaje de texto, era ella pidiéndome que fuera a buscarlos (A ella, a su hermana, su hija y su mamá), conversé con mi novia y con el esposo de mi tía y decidimos ir él y yo a buscarlos en el carro de él, aprovechando que faltaban unas cosas por comprar y que yo debía extraer algo de dinero del cajero automático

Salimos los dos solos en el carro, pasamos por el cajero automático, yo retiré dinero, luego fuimos a comprar las cosas que hacían falta, dándoles chance a ellas de estar listas cuando las fuésemos a buscar, durante todo ese momento mi corazón latía fuertemente y mi pene se endurecía de solo pensar cómo iba a ser ese encuentro.

Al llegar al edificio, las llamamos por teléfono, en eso bajó la mamá de ella para decirnos que aun no estaban listas, que faltaba bañar a la niña,  que la otra hermana se bañara y que mi dulce primita se vistiera… A eso el esposo de mi tía nos dijo que aun le faltaba algunas cosas por comprar, a lo que yo le mencioné que yo me quedaba y le llamaba por teléfono cuando las cuatro estuviesen listas y así quedamos…

Subimos al apartamento y mi prima más pequeña, estaba terminando de arreglar las cosas, la saludé, luego fui al otro cuarto donde estaba mi dulce primita terminando de sacar su ropa y la de la bebe, nos saludamos con un abrazo y beso en el cachete, durante el abrazo yo deslicé mi mano desde la espalda hasta las nalgas de ella sin que la mamá lo notara. Ella al sentir mis caricias le dijo a la mamá:

– Mamá para ganar tiempo baña y viste tu a la niña, mientras yo termino con lo mío. – Okey no hay problema…

La mamá se llevó a la niña, con la ropa para su cuarto para bañarla y vestirla, la otra hermana se metió a bañarse y yo me quedé solo con mi prima en el cuarto… Lo primero que hicimos fue besarnos apasionadamente, sus manos recorrían mi cuerpo, así como las mías también lo hacían con el hermoso cuerpo de ella, recorrí  otra vez su espalda, luego me detuve en sus nalgas, las cuales amasé y sobé, ella solo tenía puesta una bata y debajo de ella un hilo dental blanco, de encajes, luego mientras la besaba, subí mi mano hasta sus senos y pude sentir su piel vibrar debajo de mi mano, suavemente acaricieé sus pezones y estos respondieron a mis caricias endureciéndose, mientras ella acariciaba mis glúteos, en ese momento bajé mi mano hasta su vagina y pude notar lo húmeda que estaba, ella al sentir mi mano tocar su clítoris gimió, dejó de besarme y me dijo que seguro que me van a escuchar, a lo que yo le dije te deseo, estás demasiado divina…

Ella seguía gimiendo mientras yo seguía acariciando su clítoris, hice movimientos circulares sobre su clítoris los cuales hicieron que su piernas se pusieran tensas y supe que en ese momento estaba sintiendo un orgasmo, ese preciso instante me dijo, mi amor me estás haciendo acabar, es demasiado rico mi cielo, quiero sentir tu pene en mi boca…

En ese momento escuchamos ruidos y nos separamos, ella se asomó y vio que era su hermana que salía del baño directo a su cuarto a vestirse, entonces se volvió y se arrodilló delante de mí y me dijo, dámela, quiero chupártela,  yo extraje mi pene del pantalón y ella lo tomó con su mano, retirando la piel del mismo hacia atrás y dejando la cabeza de mi pene al descubierto, roja y palpitante…

Suavemente le pasó la punta de la lengua recorriendo todo mi capullo lo que me hizo estremecer, en ese preciso instante se metió todo mi pene en su boca y lo succionaba como si fuese una chupeta, lo que causaba indescriptibles sensaciones en todo mi cuerpo, yo mientras la acariciaba por su pelo y le decía cuanto me gustaban su caricias…

Al  escuchar eso, empezó acariciarme los testículos mientras fuertemente chupaba mi pene, lo que aceleró mi excitación y le dije que me iba hacer acabar, ella me hizo señas de que lo hiciera, que no me detuviera, en ese preciso instante empezó mi pene a emanar grandes cantidades leche, las cuales eran tragadas inmediatamente por ella sin dejar escarpar ni una gota… Fue una hemorragia de sensaciones que recorrían todo mi cuerpo…

Ahí mismo se paró y me dijo que nos detuviéramos porque nos iban a descubrir, yo salí del cuarto para que ella se terminara de vestir, a los dos minutos de haber salido, salió su hermana y su mamá con su hija, ella gritó del cuarto que ya le faltaba poco para salir y yo les mencionaba lo aburrido que había estado en la sala esperando por ellas… A los cinco minutos siguientes salió ella arreglada, lista para irnos, yo llamé al esposo de mi tía para que nos viniese a buscar, lo que sucedió después es parte de una segunda parte…

Luis González

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Ese día conocí a mi hija

No aguantaba más, era tenerla allí delante, esas piernas morenitas, su camiseta justa, su preciosa carita, y bueno ya sabes, yo apoyado contra la pared y ella con las piernas abiertas sobre esos tacones, mirándome sonriendo mientras me pajeaba, se puso en cuclillas, echando su falda hacia atrás, y ahí mismo amigo, se retiró el pelo y aguantándolo con sus manos y con mi capullo gordo y rojo delante de sus ojos, se acercó entreabriendo la boca y se la metió.

Siempre me arrepentiré, no es fácil ser padre soltero de una adolescente, mucho tiempo fuera de casa, y pocos valores que poder infundirle, si además ella es, bueno, le gusta demasiado ser el centro de atención, su forma de vestir, su físico, siempre oyes o ves cosas que te indican en lo que se va a convertir, o más bien ya se ha convertido. Todos los sábados una discusión, ¿la última?, ese top apretaba demasiado sus ya muy desarrollados pechos, y esos pantalones ajustados dejaban ver su vientre plano, llama la atención, lo entiendo.

Pensé que la mejor solución para que se diera cuenta de lo que le espera en la vida era presentársela de golpe frente a su cara. Mariano no es un amigo, simplemente ha sido compañero en alguna travesía, cuando le expliqué lo que quería, debí adivinar en sus ojos de pervertido lo que haría.

Sólo debes esperarla el sábado cuando vuelva de marcha y asustarla, que se de cuenta de lo que provoca, de lo que son capaces algunos hombres, -él insistía- ¡Pero me comportaré tal y como soy! Si, si, -en parte es lo que buscaba-, tú asáltala no físicamente sino verbalmente, dile que te provoca con su forma de vestir, que deja ver mucho de su cuerpo, en fin que sepa lo que murmuran los hombres cuando la ven pasar, melena larga, carita de buena, tetas desbordadas, culito redondo, ya sabes. Así que esperé, y a la mañana siguiente me llamó, Sofía no se había levantado aún.

Dime, joder, ¿tienes una hija que es una putita ehh?  ¿Qué dices?, ¿a qué viene eso?  La esperé en el portal y cuando la vi llegar uff, llevaba una camiseta blanca de tirantes, vaya tetas que tiene umm, una minifalda vaquera, joder que buena está. Si bueno, pero ¿le dijiste algo?
No pude evitarlo, hola nena, -se sobresaltó-, estás muy buena ehh, pero eso ya lo sabes tú, sabes que te veo cuando estás en la calle y me pones mucho, -la nena estaba como paralizada, claro no dejaba de mirar como me sobaba la bragueta mientras le hablaba- ¿Y qué te dijo? ¿Lo quieres saber? Si.

Me llamó “cerdo pervertido” jejeje.  Normal.  Pero no lo sentía sabes, casi se marchaba, pero le dije, nena con esas tetazas que tienes, mira, mira lo que me haces. ¿Qué hiciste?  Joder no aguantaba más, me saqué la polla ahí mismo. ¡Cabrón!   No aguantaba más, era tenerla allí delante, esas piernas morenitas, su camiseta justa, su preciosa carita, y bueno ya sabes que es mi arma secreta, tú me has visto en acción, acuérdate de la vez que llamábamos a aquella mulatita…
Si ya bueno, pero ¿qué pasó?

Jejejeje tu nena es increíble, no se lo pensó.  ¿El qué?  Tenías que haber visto su carita, creo que no había visto una polla de este tamaño en su vida. ¿Pero qué le hiciste?  ¿Yo? nada, sólo le dije, ves nena ¿has visto cómo me pones?, anda ven tócala. ¿Le dijiste que te la sobara?  Sólo la invité… y ella se acercó con una media sonrisa, no veas con esas manitas pequeñas, esas uñas cuidadas, joder tenía las manitas frías, pero enseguida las calentó. ¡Cabrón!

Jejeje no te mosquees, no veas yo apoyado contra la pared y ella con las piernas abiertas sobre esos tacones, dejando caer su melena negra sobre un hombro y mirándome sonriendo mientras me pajeaba ufff, meneándomela, le botaban las tetas y claro no pude evitarlo, que pedazo de tetas, empecé a sobárselas ummm, le metí la mano por un tirante y le saqué una, que preciosidad de pezones, grandes, brillantes, morenitos, umm.  Bueno basta ya, te arrepentirás de todo esto.  No, no creo que lo haga, sobre todo cuando le dije, ¿quieres probarla?  ¿Sabes lo que me dijo?… Me dijo: eres un viejo verde, -jeje, me llamó viejo verde, mientras me manoseaba la polla y se sonreía-, y siguió diciéndome: pero no se lo digas a nadie eh, que no se entere nadie que se lo he hecho a un gordo como tú…

Se puso en cuclillas, echando su falda hacia atrás, y ahí mismo amigo, se retiró el pelo y aguantándolo con sus manos y con mi capullo gordo y rojo delante de sus ojos, se acercó entreabriendo la boca y se la metió, ummmm, que boca, que miraditas me echaba, joder no le cabía todo el pedazo de carne en su boquita y me miraba mientras arrastraba con sus labios el pellejo de mi rabo.

¡Más te vale marcharte bien lejos de aquí hijo de puta!  Si tranquilo, pero me llevaré este recuerdo, ella a la altura de mi polla mamando con una teta fuera y mi manaza estrujándosela, que suaves que tersas, uff, y su faldita recogida a la altura de su culito con sus muslos morenitos al aire uff. ¡Hijo de puta!  ¿No quieres saber el final? Dímelo ¿qué pasó?  Jeje eres más morboso que yo jeje, le sobaba las tetazas, le acariciaba la nuca, y ella mientras venga a trabajar movía la cabeza, gemía y respiraba fuerte por la nariz, chupaba, no se si me pasé, pero agarré su cabeza, su pelo es tan suave, y metí más mi polla, ella con sus manos en mis muslos intentando hacer fuerza, pero estaba a puntito.

Me corrí dentro de su boca no paraba con la lengua la cabrona y eso que estaba con los ojos cerrados y la boquita muy llena, ufff creo que tragó bastante, pero cuando la solté tosió un poco y algo le cayó hasta sus tetas, me miró despeinada del viaje y con carita de enfado, es preciosa,

le di las gracias, un pellizco en un pezón y me fui a dormir, tranquilo que me quedé observando como se incorporaba se colocaba la faldita y metía su pedazo de teta de nuevo en la camiseta, subió a casa y ahora te estoy llamando…

La obligaste ah…  ¡Ojo!, todo ha ocurrido tal y como te he dicho puedes confiar en mí, de hecho te lo he contado, podía haberme callado sabiendo que ella nunca te dirá nada. Entonces ¿qué tengo que hacer yo? Matarte o…  No, nada de eso, lo que tienes que hacer es asumir que a tu nena le gustan las pollas y es un poco zorrita y punto, oye me largo que he quedado, ya hablaremos.

Colgó. Y en mi cabeza, ira, humillación, duda. Si era cierto el comportamiento que mi hija había tenido, ¿qué tenía yo que pensar?

Me acerqué a su habitación, la observé revuelta en la cama, dormía.  No puedo hacer nada, al fin y al cabo mañana es lunes y hay que trabajar, seguiré sin poder controlarla, cada vez menos, estaba claro que ese no había sido su primer encuentro sexual por como se comportó, tampoco iba a ser el último.

Quizá yo en la situacion de Mariano habría hecho lo mismo, quizá tú también si conocieras a mi hija.

Autor: Profesor

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Mi primer hombre

Noté algo más caliente, gordo y duro penetrándome, estuvo entrando y saliendo de dentro de mí, me dolió la entrada del capullo, pero luego el placer se fue apoderando de mí, noté como me corría sin tener el pene tieso, vi como me salía le leche y caía sobre el sofá. En ese momento él se corría dentro de mí, me agarraba de la cintura y se metía más dentro soltando su corrida en mis intestinos.

Fue un buen momento, que me será imposible olvidar, el deseo y el calor que sentí en los brazos de otro hombre. Sucedió hace meses, trabajo de repartidor y no pensé que aquel hombre me hiciera sentir tan “mujer”.

Tengo 40 años, 169, gordito 87kg, y poco vello, estoy casado y siempre me dio morbo imaginarme con otro chico, esto sucedió en verano.

Fui a entregar unos bultos a un cliente asiduo, unos 60 años, 175, y sobre unos 85 kg, agradable, educado y buena persona.

Era una tarde con bastante calor y era mi último cliente, así que subí la mercancía a su piso y una vez firmado el albarán me ofreció una cerveza para tomar, viendo la hora acepté de buen grado.

Me dirigí al salón detrás de él, me dijo que me pusiera cómodo y que encendiera la tele mientras me atendía, se fue a la cocina y me trajo la cerveza, en ese momento sonó el teléfono y fue atenderlo, ” enciende la tele que vengo ahora ”

Haciéndole caso tomé el mando y me encontré con la grata sorpresa al encenderse de que tenía un video porno puesto y reproduciendo. Lo más seguro que apagó la pantalla al picar a su timbre.

Me quedé viendo la tele con unas imágenes de dos chicos jóvenes follando, era una peli gay, mientras él hablaba por el teléfono a mí se me endurecía el miembro, tocándome por encima del pantalón, y pensando en el calentón que tenía no me di cuenta de que había colgado y estaba viéndome como me tocaba por encima del tejano.

Al darme cuenta de que me miraba pare en seco, y sintiéndome ofendido por mi situación, se sentó a mi lado y empezamos a comentar la peli y sus preferencias, así me explico que siempre se sintió atraído por chicos, pero debido a la edad le era difícil encontrar pareja y chico con quien disfrutar un momento de placer.

En ese momento en el sofá del salón, puso su mano encima de mí pierna y se acercó a mí, besándome en los labios, dejándome llevar y sintiendo como su mano se posaba encima de mi polla a través del pantalón y para sorpresa mía, gimiendo yo del gusto que estaba sintiendo y notando que el calor se apoderaba por una situación que hace mucho deseaba me sucediera.

A partir de ahí todo sucedió más rápido o más lento, no tenía constancia del tiempo, pero notaba como sacaba mi pene fuera del tejano y como lo acariciaba sacándome más gemidos.
Me sentía excitadísimo y a punto de explotar en su mano, pero dejó de tocarme, me hizo levantar y me empezó a desnudar, haciendo yo lo mismo con él, no sabiendo como logré conseguir quedar desnudos los dos juntos.

En ese momento se arrodilló y se metió mi polla en la boca y tras unas chupadas me corrí como un niño en su primera experiencia, bebiéndose él toda mi leche, que fue abundante.

A continuación me hizo sentar en el sofá y él se quedó de pie, con su miembro duro y tieso a la altura de mi boca, no dudé que estaba en el paraíso, así que se la tomé con las manos y me la metí en la boca dándole grandes lametones y subiendo y bajando por toda su vara, notando como se hinchaba con todas mis caricias, y cuando él notó que se iba a correr me la sacó de la boca. En ese momento me dio la vuelta y supe lo que venía…

De un cajón sacó un tubo de lubricante y empezó a acariciarme el culo y el ano, notando como me iba introduciendo un dedo con lubricante y poco apoco fueron dos, y finalmente tres…
Yo me sentía excitadísimo, y en ese instante noté algo más caliente, gordo y duro empezando a entrar en mí, ¡que gusto!, estuvo entrando y saliendo de dentro de mí un buen momento.

Me dolió la entrada del capullo, pero luego el placer se fue apoderando de mí, y noté como me corría sin tener el pene tieso, vi como me salía le leche y caía encima del sofá.
En ese momento noté como él se corría dentro de mí, a la vez que me agarraba fuertemente de la cintura y se metía más dentro de mí parándose y soltando su corrida en mis intestinos.

Se estuvo quieto hasta que se salió de mí, y entonces caímos juntos en el sofá acariciándonos y besándome. Me sentí como una niña con su papaito, con el calor y el cariño de sus brazos.

Desde entonces nos hemos visto otra vez disfrutando juntos, siendo el hombre cariñoso y yo su niña complaciente, pero eso lo contaré en otra ocasión.

Autor: Jorge de Asturias.

España.

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