No debería hacerlo, soy casado

Esteban me robó todas mis energías y las pocas que me quedaban explotaron en un orgasmo que no había sentido jamás. Mi verga creció un poco más y finalmente la clavé en Esteban tan adentro como pude. Quería que mi orgasmo se diera mientras toda mi verga era abrazada por su cuerpo y que mi esencia se regara en su interior.

Era la primera vez que acompañaba a mi padre a un viaje de negocios. Acepté hacerlo porque el destino era una ciudad en el mar Caribe y el hotel donde nos hospedaríamos era insuperable. Sabía que no pasaría mucho tiempo con él, pues él saldría a trabajar todos los días temprano y regresaría tarde. Pero esto no era un problema para mí, pues me entusiasmaba bastante la idea de pasar el día entre la playa, el gimnasio y la piscina del hotel. Haciendo deporte, tomando el sol, nadando etc.

Llegamos un miércoles, tarde en la noche, y tras registrarnos en la habitación que compartiríamos, nos acostamos a dormir casi inmediatamente. Estábamos cansados. Al día siguiente me desperté un poco tarde. Mi padre ya se había ido. Habían empezado mis días en la playa! Tras una ducha, me puse mi speedo y encima una pantaloneta un poco más larga. Me puse una camiseta, mis tennis y salí directo a tomar el desayuno y a la playa.

Estaba sentado en las sillas de tomar solo en la playa, cuando vi que se acercaba una familia que se hospedaba en el hotel. Eran el padre, la madre, que se veían relativamente jóvenes, y dos niños pequeños. Se acomodaron en las sillas que quedaban junto a la mía. Yo los observe mientras se acomodaban e intercambiamos un breve saludo. Pasados unos minutos, el padre se acercó a mí para pedirme el favor de tomarles una foto. Por supuesto les ayudé con esto y tras haberlo hecho, ellos se metieron al mar y yo seguí tomando el sol. Pasó aproximadamente media hora, cuando el padre salió del agua y vino a sentarse a tomar el sol en su silla. La madre se quedó en el agua con los pequeños.

Hola, ¿estás dormido? Me preguntó el padre. Hola, no, jaja solo tomando el sol. Ok, es que no me doy cuenta por tus gafas oscuras. Claro, claro jaja, pero no, dormí suficiente anoche, no creo que pueda dormir más hoy – respondí amablemente y quitándome las gafas. Ok, ok, oye no quiero molestarte, pero, ¿te importaría tomarme una foto más con el mar de fondo? Claro, no hay problema.

Me incorporé de mi silla mientras él me pasaba su cámara y le tomé la foto.

Ok, sonríe – le dije mientras accionaba la cámara. Perfecto, gracias. No hay problema. Mucho gusto, mi nombre es Miguel – dijo él extendiéndome su mano. Mucho gusto, Esteban, también se hospedan en este hotel – pregunté señalando el edificio correspondiente. Si – estamos de vacaciones – bueno, más mi señora y mis hijos, porque yo en realidad debo trabajar un poco, pero vinimos para que ellos paseen. Ok, que bien.

Tras esta breve conversación, cada uno volvió a acomodarse en su silla. Yo volví a ponerme mis gafas y Miguel se dedicó a la lectura de una revista. Yo estaba totalmente relajado con el ruido de las olas, de la gente jugando, del viento. No se cuanto tiempo pasó pero fue un buen rato antes de que la esposa y los hijos de Miguel regresaran a las sillas y se terminara la calma. Pude escuchar su conversación y me di cuenta que ella y los niños irían a hacer turismo por la ciudad, mientras que Miguel se quedaría esa tarde en el hotel pues quería trotar por la playa y luego trabajar desde su habitación. Tras despedirse de Miguel, la esposa y los hijos se marcharon. Miguel continuó su lectura por unos minutos y luego mencionó mi nombre en voz baja como tratando de no despertarme. Esteban. Al escuchar su tono de voz, retiré mis gafas oscuras sonriendo.

Jaja, no te preocupes, no estoy durmiendo. Ok jaja, quería preguntarte si quieres ir a trotar por la playa, quiero trotar un par de kilómetros. Claro, me gustaría,…¿ahora mismo? Si, vamos de una vez, para poder regresar a almorzar. OK perfecto, dije mientras me incorporaba en mi silla y acomodaba mis cosas para dejarlas sobre esta. Que amigable era Miguel, pensaba yo, además de tener un físico bastante agradable…

Salimos a trotar por la playa, los primeros minutos no hablamos, mientras nuestros cuerpos se calentaban era importante concentrarse un poco. Más adelante en el camino, mientras trotábamos, Miguel inició la conversación.

¿Y estás aquí con tu familia? – preguntó con su voz agitada. Con mi padre – respondí yo en el mismo tono cansado – pero él esta trabajando todo el día. Ok entiendo, lo estás acompañando en un viaje de trabajo? Si, exacto.

Trotamos una buena distancia y luego dimos la vuelta para trotar de regreso al hotel. La conversación se mantuvo todo el camino, incluso con nuestras voces agitadas. Miguel era un buen conversador, y me hablaba con mucha confianza a pesar de nuestra diferencia de edades. Durante el camino, Miguel constantemente se distraía con las mujeres jóvenes que tomaban el sol, o paseaban en sus bikinis. Era sutil al observarlas, pero era evidente que lo hacia. No hizo ningún comentario al respecto. Solo al final, cuando ya estábamos llegando al hotel.

Este ha sido un buen ejercicio, ¿no Esteban? Tanto para el cuerpo como para los ojos jaja. Si jaja, tienes razón – respondí, pensando en los hombres que vi en el camino, aunque obviamente el se refería a todos los cuerpos femeninos que observó. Debes aprovechar que estás solo en tu habitación Esteban…no creo que te sea muy difícil disfrutarte un culito de esos antes de que llegue tu papá – dijo Miguel a manera de chiste, mirándome y riendo después.

Mi respuesta era solamente de risa, aparentando timidez, pero efectivamente, había pensando mucho en las posibilidades que tendría esos días al estar solo en mi habitación. Y, aunque Miguel nunca lo notara, su amabilidad, y la forma como me comunicaba su excitación sexual por las mujeres que había visto, estaban logrando excitar mi cuerpo y hacer volar mi mente con el suyo. Saber que me estaba comunicando deseos que tal vez nunca le contaría a su esposa, por muy inocentes que parecieran sus comentarios, estaban calentando todas las partes de mi cuerpo…aun más.

Los últimos metros antes de llegar al hotel los recorrimos caminando para relajar un poco nuestros cuerpos después de haber trotado. Ambos nos habíamos quitado nuestras camisetas y de vez en cuando yo trataba de darle una mirada al torso de Miguel. El debería estar entre los35 y 40 años, pero que bien se veía. Era evidente que había hecho, y seguía haciendo mucho deporte en su vida. Al llegar a las sillas, nos sentamos por unos pocos instantes.

Gracias por acompañarme a trotar Esteban, es un poco aburrido hacerlo solo. Gracias a ti por invitarme, fue un buen ejercicio…¿Vas a almorzar ahora? Si, voy a mi habitación a darme una ducha y enviar un par de correos y luego bajo al restaurante. Si quieres almorzamos juntos, ya que los dos estamos solos. Ok perfecto, entonces nos vemos en el restaurante en una media hora.

Los dos regresamos al hotel y subimos a nuestras respectivas habitaciones. Mientras caminaba hacia la mía, pensaba en lo bien que me vendría una paja antes de darme esa ducha, estaba muy excitado después de haber hecho ejercicio con Miguel, después de escuchar sus comentarios, observar su cuerpo e imaginarme mil fantasías basado en su amabilidad. Lo había decidido, me haría una paja en su honor, trataría de imaginarme disfrutando el cuerpo de ese hombre.

Entré a mi habitación y me tiré en la cama. Inmediatamente llevé mi mano bajo mi pantaloneta y bajo mi speedo para acariciar mi verga que inmediatamente respondió a mis estímulos. Rápidamente la tenía dura en mi mano, pensando en Miguel. Pasé unos instantes masturbándome suavemente, aun sin quitarme la ropa cuando llegó a mí un pensamiento que me llenó de temor y excitación. Miguel había dicho que estaría solo en su habitación… ¿por que no intentar acercarme un poco? Que rico seria habernos duchado juntos por ejemplo, en las duchas del gimnasio y haberlo visto desnudo…pero ya era tarde para eso. En lugar de ello llamé a la recepción y pedí que me comunicaran con su habitación.

Alo? – contestó Miguel, inmediatamente traté de controlar mis nervios por lo que estaba a punto de hacer. Hola Miguel, es Esteban. Hola Esteban. Oye Miguel, parece que hubo un problema con el servicio de limpieza y es apenas ahora que están limpiando mi habitación y el baño. ¿Será que puedo darme una ducha en tu habitación? Si claro, ven, es la 715. OK, voy para allá.

Y lleno de temor por lo que haría, tomé una toalla y me encaminé a su habitación. Miguel me abrió la puerta amablemente como siempre.

Adelante Esteban, dúchate tranquilo, yo aun estoy escribiendo unos correos y enviando las fotos que me tomaste en la playa, así que tienes tiempo – dijo Miguel mientras abría la puerta y regresaba a sentarse frente a su computador, en un pequeño escritorio que había en su habitación. Gracias Miguel, que ganas tengo de darme una ducha y pues mi habitación está invadida por el servicio de limpieza jaja. Tranquilo, siéntete como en tu habitación jaja recuerda que mi familia no regresa en toda la tarde.

Tras haber dicho esto, Miguel volvió su mirada a la pantalla de su computador y se concentró en lo suyo. Yo me senté en la cama. Me quité mis tennis y, tras cerciorarme de que mi verga estuviera menos dura que unos segundos antes en mi habitación, retiré mi pantaloneta quedando solamente con el speedo y mi camiseta.

Hubiera podido ir a la ducha inmediatamente, pero no lo quería así, quería mostrarme un poco delante de Miguel. Incluso desnudo si podía, no me importaba, finalmente el era hombre y no creo que le importara mucho que yo me desvistiera en su presencia. A mi me excitaba solo pensarlo. Con mi speedo y mi camiseta puesta crucé la habitación hacia la ventana y el balcón mientras comentaba.

Que buena vista al mar tiene tu habitación Miguel.

Sin mirarlo directamente, noté como levantó la vista de su computador para responderme. Si es bastante lindo despertarse y ver el mar así, ¿tu habitación no queda hacia este lado del hotel? Si también, pero en el segundo piso, así que no ves tanto del mar como aquí y habiendo dicho esto abrí la puerta del balcón y salí a observar el mar inclinándome en la baranda. En la posición en que estaba, un poco inclinado hacia adelante, le daba a Miguel una buena vista de mi culo cubierto por mi speedo, además trataba de seguir la conversación para que él se fijara, si a él no le producía nada verme semi desnudo, a mi me provocaba toda clase de sensaciones. Pasaron unos minutos de silencio cuando Miguel, sentado desde su silla, comentó con el tono más inocente.

Oye Esteban, se ve que te has bronceado mucho, se te ve la huella de tu speedo ya.

En efecto, se alcanzaba a ver un poco del contraste de mi piel bronceada y aquella que alcanzaban a cubrir mi speedo.

Jaja, tienes razón – respondí mientras me volteaba mirarlo, y aprovechando lo oportuno de su comentario para mis propósitos agregué – para acordarme de cual es mi verdadero color de piel debo asomarme al espejo y verme aquí – y acto seguido tomé la parte trasera de mi speedo, descubriendo casi la totalidad de mi culo por unos instantes y fingiendo reírme tras haberlo hecho, pretendiendo que era una broma y no un intento por mostrarme desnudo ante él.

Jajaja Esteban, espero que no te vean desde el balcón de otra habitación, luego van y le cuentan a mi esposa que hay un hombre mostrándome su culo en mi habitación jajaja. No te preocupes – nadie vio mi culo, solo tú jaja. Respondí mientras entraba de nuevo a la habitación y cerraba tras de mi la puerta del balcón. Jajaja bueno, dúchate pronto para que vayamos a almorzar, ya casi termino de enviar estas fotos. Ok si – y pensando rápida y atrevidamente le pregunté – pero te puedo pedir un último favor…ya que yo te hice un favor similar en la playa esta mañana?  Si dime…me imagino, ¿quieres una foto con la vista del balcón? – trató de adivinar Miguel. No, no, jaja no con esa vista precisamente – y tratando de ocultar mis nervios por lo que iba a decir agregué – más bien, ¿me tomarías una foto de espaldas donde se vean los dos colores de mi piel? El bronceado y…la parte cubierta?

Miguel lo pensó por unos instantes y luego preguntó con algo de asombro:

¿Sin tu speedo? Si, sin el speedo, si no te molesta claro. Es que quiero verla y además puedo hacer algunas bromas con ella jaja – obviamente mi único objetivo era mostrarle mi cuerpo desnudo a Miguel. Bueno jaja, pero no puedo dejarla en mi cámara, mejor trae tu cámara y te la tomo con ella…No no te preocupes, me la tomas y me la mandas a mi correo, luego la borras. Ok jaja, pero no se la muestres a tu papa, o no le digas quien te la tomo ok? Jaja no quiero malos entendidos. Ya no te preocupes jaja, es solo una foto, no se la mostrare a él obviamente. Ok bueno. Y diciendo esto, Miguel se levantó de su silla y desconectó la cámara de su computador. Posteriormente, se asomó por la ventana y, para evitar que alguien pudiera ver algo, cerró las cortinas. Jaja, espero que no llegue mi esposa en este momento, dime como le explicaría si me encuentra tomándole fotos a un joven desnudo en mi habitación…y con las cortinas cerradas jajaja. Jajaja, tú tienes mucha imaginación, no seas tan paranoico. Uno nunca sabe jaja. OK, ya tengo la cámara lista.

Me quité la camiseta quedándome solamente con mi speedo. Posteriormente me paré de espaldas a Miguel y en un movimiento rápido deslicé mi speedo por mis piernas hasta mis tobillos, exponiendo ante él mi culo y rogando para que mi verga no se fuera a parar, así él no pudiera verla pues yo estaba de espaldas, pero podría notar un bulto exagerado cuando me subiera nuevamente el speedo.

Ok, listo? Si listo.

Miguel tomó la foto. Posteriormente me agaché para cubrirme nuevamente con mi speedo. Miguel comprobó que la foto hubiera quedado bien y acto seguido me la mostró en la pequeña pantalla de la cámara, con su sonrisa entre amable y maliciosa. Yo reí, para disimular los nervios y la excitación que sentía y hacerle creer que todo era un juego inocente e inmaduro de mi parte.

Ok, voy a enviártela de una vez y la borro antes que alguien pueda verla – dijo Miguel mientras se sentaba nuevamente frente a su computador. Yo me paré junto a él. Miguel conectó la cámara a su computador y a continuación yo escribí mi dirección de correo electrónico en el suyo – al menos quedaríamos en contacto por e-mail – pensé yo. Listo, perfecto, ya te la mande y ahora, a borrarla de la cámara. Listo, gracias Miguel, eres buen fotógrafo jaja – le dije mientras me dirigía a tomar mi toalla para entrar luego a su ducha donde me masturbaría pensando en lo que acababa de hacer. Bueno, pues tú no eres muy fotogénico jaja – anotó Miguel con su buen humor. Jajaja, es que no has visto mi mejor ángulo Miguel jajaja.

Miguel rió y nos quedamos en silencio por unos instantes.

Jaja, no se si sentirme afortunado o desgraciado Esteban, me la pasé trotando en la playa viendo esas mujeres de tu edad asolearse y pensando en sus cuerpos bronceados y mira, termino viendo un culo joven si, pero es el tuyo jajaja… Jajaja Miguel, deberías sentirte super afortunado, eres el primer hombre al que se lo muestro, y el primero que le toma una foto además. Bueno eso si, me imagino que tu culo es más virgen que el de cualquiera de esas muchachas que vimos en la playa jajaja… De eso puedes estar seguro…jamás tocado por un hombre jeje…Pensé que tú ibas a ser el primero con esas ganas que tenías hoy de un culito jaja… Jaja no, no mi estimado amigo, digamos que tendrías que haber sido más sensual… Más sensual? Estabas esperando que te bailara o algo asi?
Jajaja no, pero hubieras podido tenerlo un poquito más parado… Se ve que eres bastante exigente…
Jaja, con la edad te vuelves así, ya uno no va buscando cualquier cosa, sino algo muy bueno…

Con algo de nervios me atreví a decirle a Miguel:

Bueno, pues te apuesto que este sería al menos el culo más duro que hubieras tocado… Tú no tienes idea de las bellezas que tocado…y que he disfrutado jaja…

Decidí ser un poco más directo y le dije:

Pero te insisto, puede que este no sea uno de mujer, pero sería el más duro…

Me acerqué entonces hasta quedar de pie junto a Miguel que seguía sentado frente a su computador.

Dale, siente esto jaja. Le dije mientras me daba la vuelta quedando casi totalmente de espaldas a él. Jaja Esteban… rió Miguel sin hacer nada…después de unos instantes solo tomo el borde superior de mi speedo y lo levantó un poco, halando hacia arriba mis glúteos. Jajaja ahora si se ve como uno de esos que yo me comía a tu edad. Jaja ¿o sea que ahora si estoy sensual? Bueno pues se ve firme y si este speedo fuera un bikini y tú fueras una mujer jaja…a ver, endurécelo un poco.

Tensioné mis glúteos obedeciendo a Miguel.

Que tal se ve así? Deberías ser mujer Esteban…dijo Miguel mientras observaba mis glúteos tensionados. Posteriormente los dos nos quedamos en silencio. Tras unos instantes, Miguel llevó su mano a uno de mis glúteos y lo apretó con sus dedos, como midiendo su firmeza. Me quedé inmóvil en ese momento, tanto por mi excitación y mis nervios como por no arruinar el momento. Sin embargo reía levemente para aparentar estar sereno mientras pensaba que Miguel finalmente se había decidido a tocarme, era una buena señal y yo no me movería de ese lugar hasta que el hiciera algo más.

El no hablaba, solo mantenía su mano sobre mi culo cubierto por mi speedo. Tras unos instantes sentí su otra mano posarse sobre mi otro glúteo. Con sus dos manos Miguel abarcaba mi culo completo. Yo mantenía mis glúteos tensionados y me incliné levemente hacia adelante para exponerme más ante él. En un momento, Miguel retiró sus manos. Pensé que iba a soltar una carcajada y a terminar todo ese momento, que para mi había sido erótico, con otro de sus chistes. Pero no me moví, fueron solo unos instantes, no sabía que hacía él pues yo prácticamente le estaba dando la espalda todo este tiempo. Tal vez esa ausencia de contacto visual ayudó a que ninguno de los dos se sintiera intimidado. Especialmente Miguel, quien tras esa breve pausa en sus caricias, volvió a llevar una de sus manos a la parte baja de mis glúteos, justo donde empezaba a cubrirme mi speedo. Levantó un poco el borde inferior de mi speedo e introdujo su mano para acariciar mis glúteos directamente.

Esta vez las cosas estaban tomando un tono definitivamente erótico para los dos. No pude evitarlo y mi verga empezó a crecer, ya no me importaba, era evidente que Miguel me estaba dando una caricia que le causaba algún tipo de placer también. Miguel acarició mis glúteos, por debajo de mi speedo por unos instantes. Tratando de llevar las cosas un poco más lejos, lleve mis manos a los bordes de mi speedo para bajármelos. En ese momento, Miguel reaccionó. Con una voz nerviosa me dijo:
Ya Esteban, dejemos ya este juego que no va bien – dijo un poco descontrolado aunque en voz baja. Después anotó con una leve risa nerviosa – corremos el peligro de que nos guste un poco más de la cuenta jeje…

Me di la vuelta para quedar frente a él, el bulto de mi verga estaba un poco más grande y Miguel lo notó.

Creo que a los dos nos ha pasado un poco lo mismo jeje – dijo Miguel mientras señalaba mi bulto.
¿A ti también?  – pregunté con una leve sonrisa que pretendía simular una falsa timidez en mi. Un poco…es que…hace mucho no ponía mis manos en un culo tan joven y firme Esteban, y espero que no pienses mal de mí pero creo que el tuyo me estaba trayendo recuerdos jeje. No hay problema, nunca había hecho esto Miguel. Bueno, yo tampoco…y espero que no te sientas mal…y no te ofendas por haberte tocado. No, no, para nada, es un poco extraño pero interesante…es algo nuevo…

Un breve silencio regresó, ambos estábamos tensos, lo sabíamos, sobretodo Miguel, se notaba un poco confundido también. Decidí romper el silencio haciendo algo altamente atrevido.

Y…¿creció mucho? Le pregunté a Miguel mientras me inclinaba un poco hacia él y llevaba mi mano a tocar el bulto de su verga. Solamente posé mi mano sobre su bulto y la apreté un poco para sentir su verga. Miguel no podría molestarse mucho, al fin y al cabo yo lo había dejado tocarme el culo. Y en efecto, durante los pocos instantes que duró el contacto de mi mano con su verga, Miguel se notaba sorprendido, pero no opuso resistencia, como aceptando que debía permitirme explorar su cuerpo también.

Solo creció un poco…- respondió él con una voz aun más nerviosa.

Con mi mano pude sentir una semi erección en su verga. Era una sensación única haber sentido su pene, a través de su ropa, un poco duro gracias a las caricias en mi culo. Al haberme inclinado a tocar su bulto, estaba bastante cerca a Miguel. Casi sin pensarlo, y con movimientos lentos, me acerqué aun más y me fui sentando en sus piernas.

Esteban que haces…murmuró Miguel sin oponer resistencia.

Sus ojos delataban su sorpresa, pero yo me mostré confiado y seguro. Suavemente me senté sobre uno de sus muslos, y me recliné mirándolo más como dos amigos que se acercan que como alguien buscando un contacto sexual. Miguel no se movía, solo me miraba serio y con un gesto de nerviosismo. Puso una mano en mi espalda desnuda como ayudándome a sostener. Posteriormente, puse una mano alrededor de sus hombros, y mirándolo a los ojos, tratando de hablar con la mayor serenidad, le pregunté:

¿Te molesta? No no, está bien – respondió Miguel con voz nerviosa…

Dirigí mi mirada hacia su bulto. Llevé mi mano nuevamente sobre su verga, notando que había crecido más. Esto demostraba que Miguel no estaba totalmente incómodo teniéndome en sus piernas. Él no trató de detenerme, de hecho aceptó que tocara su bulto, permaneciendo inmóvil. No nos mirábamos. Por unos instantes me dediqué a darle leves caricias a su bulto sobre sus pantaloneta.

Posteriormente sentí la mano de Miguel moverse sobre mi espalda y rápidamente bajar hasta el borde de mi speedo. Una vez allí, introdujo su mano en mi speedo para llevarla a tocar mi culo. No le era del todo fácil por la posición en la que yo me encontraba. Pero aplicando un poco de fuerza y levantando un poco mi cuerpo, Miguel llevó su mano hasta que prácticamente quedé sentado sobre ella, y esta a su vez apoyada sobre su muslo. Sus dedos pasaban por entres mis glúteos, acariciando mi ano, volviendo a pasar una y otra vez.

Yo mientras tanto metí mi mano en su pantaloneta y por primera vez logré un contacto directo son su verga que estaba totalmente dura. Era grande y algo gruesa. La excitación había llevado a Miguel a emitir un poco de líquido preseminal, así que su glande estaba lubricado y mis caricias parecían cada vez más una masturbación. Continuamos acariciándonos por unos instantes mas, Miguel estaba cada vez más excitado por las caricias a su verga y las que él me daba en mi culo. Pero no quería limitarme solamente a masturbarlo.

Retiré mi mano de su verga y me puse de pie. Rápidamente, para no perder la intensidad de nuestros momentos, y de espaldas a Miguel, me deshice de mi speedo. Miguel inmediatamente llevó sus manos a tocar mis glúteos. Pero yo volví a sentarme. Esta vez no sobre sus piernas, pero entre ellas, sobre su verga. Mi idea era sobar su verga con mi culo. A Miguel le gustó bastante este movimiento. Al punto que tomó con ambas manos mis caderas y me ayudaba a moverme rítmicamente para darle más placer a su verga, que aun seguía cubierta por su pantaloneta.

Fueron unos instantes bastante eróticos. Con mis movimientos en esa posición yo estaba invitando a Miguel a penetrarme. El lo entendía, pero al parecer le tomó un tiempo decidirse. Finalmente, en un impulso un poco rudo, Miguel me tomó por la espalda y me levantó poniéndome de pie. Por un instante pensé que él ya había alcanzado el orgasmo con las caricias de mi culo sobre su verga y quería terminar con todo. Pero no fue así. Miguel también se puso de pie y se retiró su camiseta.
Posteriormente caminó hacia una de las maletas que había en la habitación y sacó una crema de manos. Volvió hacia donde estaba yo y me preguntó con una voz muy firme.

¿Quieres hacerlo?

No le respondí. Solamente me acerqué a su cuerpo y tomando los bordes de su pantaloneta, la deslicé por sus piernas. Su verga quedó libre y expuesta, totalmente dura, era más grande de lo que esperaba. Miguel inmediatamente la tomó con su mano derecha para darle unas caricias, mientras terminaba de deshacerse de su pantaloneta. Sin perder tiempo, me puse de espaldas a Miguel, apoyando mis manos sobre el escritorio de su computador y abriendo un poco las piernas. Miguel se tomó un tiempo para untar su verga con la crema que había traído. Yo, mientras tanto, me preparaba sicológicamente para el dolor que vendría, y que con gusto soportaría para luego sentir el placer de tener a Miguel dentro de mí. Tras unos instantes, sentí la mano de Miguel entre mis glúteos. Con algo de prisa, supongo por la excitación, untó mi ano con la misma crema.

Yo no sabía lo que estaba haciendo. Pensé en detenerme en ese momento, pero más podía la excitación. Había conocido a ese joven en la mañana y ahora lo tenía en frente mió, a punto de penetrarlo. Jamás se me hubiera ocurrido que le sería infiel a mi esposa en ese viaje. Ni mucho menos que tendría sexo con un hombre. Pero no podía resistir la tentación. Las cosas con Esteban habían sido un poco extrañas, no se si él era homosexual o solamente quería ensayar nuevas formas de placer. Por mi parte, no quería pensar en eso, jamás me había fijado en un hombre. Pero desde que le tomé la foto a Esteban ese día, viendo su culo tan perfecto, redondo, pequeño, algo se despertó en mí. No lo pensé dos veces. Tomé al muchacho nuevamente por sus caderas, le pedí entonces que abriera un poco más sus piernas y, con toda mi excitación, pero armándome de paciencia, acerqué mi cuerpo al suyo.

No era la primera vez que penetraba un culo virgen y sabía que tomaba tiempo y paciencia, sobretodo por el tamaño de mi verga. Pero valía la pena por el placer de penetrar un cuerpo por primera vez.   Cuando estuve lo suficientemente cerca, con una de mis manos ubiqué la punta de mi verga en el ano de Esteban. Empecé a hacer un poco de fuerza para que su cuerpo se abriera para mí, mientras en voz baja le pedía que se relajara. Esteban relajaba su cuerpo y no se quejaba, lo cual era una buena señal. Tras unos instantes de presión, la punta de mi verga logró abrirse camino en su cuerpo. Apenas sentí que había logrado introducirme un poco, me detuve, esperando a que el cuerpo del muchacho se acostumbrara a mí.

Ya tenía a Miguel dentro de mí. Ese era mi deseo desde unas horas antes, cuando había trotado junto a él, junto a ese cuerpo tan atractivo. Lo sentía respirar con excitación. Sabía que tenía su verga demasiado dura y era grande, pero no me importaba. Ese primer dolor se disipó rápidamente y mi cuerpo se acostumbró a su verga. No tuve que decirle nada, Miguel volvió a empujar su verga un poco mas, tan pronto como me sintió más relajado. Y en adelante fue más fácil, la sentí entrar sin parar, milímetro a milímetro fue tomándome, lentamente pero sin detenerse.

El placer era único, casi sentí que iba a alcanzar un orgasmo en ese momento. El culito firme de Esteban era estrecho y se estaba abriendo para mí. Sentía su calor, sentía su cuerpo abrazar mi verga y recibirla para darme placer. Llevé mis manos de sus caderas a abrazarlo por la espalda. No me sentí mal por abrazarlo, todo lo contrario, la excitación era mayor al tener su cuerpo pegado al mío. El esfuerzo que Esteban hacía había producido un leve roció de sudor por todo su cuerpo, era casi imperceptible, pero de alguna manera erótico. No me detuve en la penetración, quería introducir toda mi verga antes de que el estrecho cuerpo del joven me llevara a un orgasmo.

El abrazo de Miguel fue de alguna manera reconfortante. Mis piernas habían perdido fortaleza por el esfuerzo que hacía, y ahora mi apoyo eran sus brazos. Tras unos instantes Miguel empezó a mover su verga, a meterla y a sacarla en mi culo. Primero lentamente, después con más intensidad, la sacaba casi toda y volvía a introducirla mientras mi cuerpo se retorcía de placer. Nunca había experimentado nada parecido. Muchas veces me había masturbado pensando en ser penetrado, pero las sensaciones de mis fantasías no se parecían en nada al placer de tener a este hombre buscando un orgasmo en mi cuerpo. Una y otra vez, Miguel reconquistaba mi culo con cada movimiento. Mientras tanto, me apretaba con más fuerza, era como si quisiera que nuestros cuerpos se fundieran en uno solo.

Pensé que podría controlarme más y llevar las cosas más despacio. Pero estaba moviéndome en el culo de Esteban con más pasión y más velocidad de la que acostumbraba cuando tenía relaciones sexuales. El joven no protestaba, todo lo contrario, suspiraba de placer y de vez en cuando tensionaba su cuerpo, presionando aun más mi verga y haciéndome sentir mayor placer.

Fueron unos instantes de pasión, nuestros suspiros llenaban la habitación. Yo abrazaba a Esteban pero sentía que era él quien me tenía atrapado en su cuerpo. Nunca había sentido tanto placer. Nunca me imaginé que los nervios que sentía por estar teniendo sexo con un hombre fueran a ayudarme a aumentar el placer. Sentía que hacÍa algo prohibido. Regresé a mi juventud, cuando la excitación se daba más por el temor de estar probando algo nuevo, que por el mismo contacto físico.No pude resistir mucho tiempo, Esteban me robó todas mis energías y las pocas que me quedaban explotaron en un orgasmo que no había sentido jamás. Mi verga creció un poco más y finalmente la clavé en Esteban tan adentro como pude. Quería que mi orgasmo se diera mientras toda mi verga era abrazada por su cuerpo y que mi esencia se regara en su interior.

Miguel dobló las piernas y tras un suspiro y un leve quejido que señalaba un gran esfuerzo, empezó a sentir su orgasmo. Yo sentía su verga palpitar en mi interior e inmediatamente reconocí la calida sensación de su semen llenando mi culo. Miguel no dejaba de emitir quejidos mientras seguía embistiéndome con su cuerpo, ahora con movimientos más lentos, pero más fuertes, tratando de prolongar su orgasmo.

Esteban – susurró Miguel mientras su orgasmo recorría todo su cuerpo y su verga me llenaba de más y más semen cada vez.

Después de tanta agitación y éxtasis, llegaron unos instantes de absoluta calma. Miguel seguía abrazándome aunque más bien pareciera que había perdido sus fuerzas y estuviera recostado en mi espalda.

Esteban..¿que hicimos?…susurró nuevamente.

Yo no respondí, no tenía respuesta, lo único que hubiera podido decirle es que acababa de entregarle mi virginidad y que la sensación era extremadamente placentera así yo no hubiera llegado a un orgasmo aun.

Pasó casi un minuto en el que permanecimos inmóviles. Finalmente Miguel se incorporó y lentamente sacó su verga de mi cuerpo. Era la última sensación de placer mezclado con algo de dolor que sentí esa tarde. Una vez nuestros cuerpos se separaron, Miguel tomó inmediatamente su pantaloneta y cubrió su desnudez.

Tú también vístete por favor Esteban – agregó en un tono algo exaltado aunque en voz baja y sin mirarme.

Entendí que Miguel no estaba sintiéndose del todo bien tras lo que habíamos hecho. Decidí que lo mejor era dejarlo solo. Me puse nuevamente mi speedo, aprisionando a mi verga que estaba a punto de explotar. Me puse mi pantaloneta y tomé mi camiseta y mis tennis sin ponérmelos. Salí rápidamente de la habitación dejando a Miguel tras de mi. Llegué al ascensor y no aguanté más las ganas de sentir el placer en mi cuerpo.

Allí mismo en el ascensor, metí mi mano en mi pantaloneta y tras sacudir mi verga firmemente por unos instantes, empecé a sentir el mayor orgasmo que jamás hubiera tenido. Los masajes que la verga de Miguel me habían dado, habían hecho crecer mi excitación y mi placer de una forma que no conocía. Mi mano se llenó de semen dentro de mi speedo. No me importó. Dejé que mi verga y mi cuerpo sintieran todo lo que tenían que sentir allí mismo en la frágil privacidad del ascensor del hotel.

Mi orgasmo se extinguió tras unos segundos, pero una sensación leve de placer se mantuvo durante todo el día. Cuando me di una ducha en mi habitación, volviéndome a masturbar a tan solo 5 minutos de haber alcanzado el primer orgasmo en el ascensor. Cuando bajé a almorzar y no encontré a Miguel. Cuando bajé a la cena con mi padre y nos tocó sentarnos en una mesa cerca a Miguel y su familia. Cuando volvimos a encontrarnos, a solas, durante esas vacaciones.

No olvidaré esa primera penetración, ni tampoco a Miguel, quien ha leído este relato que él mismo me animó escribir. Espero que te haya gustado. Espero haber captado tus sensaciones y pensamientos de la manera correcta. Lástima que nuestra relación ahora se base solo en correos electrónicos. A mi me gustaría volverte a ver, volver a hacerte sentir ese placer, pero entiendo que es mejor guardar las distancias.

Les agradezco por haber leído mi relato y me gustaría conocer sus comentarios.

Autor: Esteban

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