Las 3 cerditas o quien teme al lobo feroz..

Amor Filial Lésbico, Gracioso, Cuento erótico. Había una vez tres cerditas que vivían con su padres Ana, de 22 años, Carla, de 21 años y Sandra, de 19 años. Las tres cerditas habían crecido alegres en una casa del bosque. Y como ya eran mayores, sus papás decidieron que era hora de que se quedarán solas en casa. Las tres cerditas se despidieron de sus papás, Sus papás les advirtieron que tuvieran cuidado con el Lobo feroz. Ellas no le hicieron caso e invitaron al lobo a su casa por el cumpleaños de la cerdita mayor (Ana)

 

Ellas hicieron una cena, reunieron a los animales del bosque mos para beber hasta que los cuerpos aguanten.

Se juntaron 16 animalitos del bosque, exactamente la mitad hembras y la otra machos.

Todo era normal, bebiendo unos vinitos y picando algo antes de cenar, por lo que cuando la cena estaba servida casi no había hambre, pero las ganas de beber no se quitaban y al poco de comenzar a cenar la mayoría de los animalitos ya estaban demasiado bebidos.

Siguieron bebiendo hasta las 2 de la madrugada, todos habían bebidos menos el lobo feroz que se había contenido buscando a su presa. Lo animalitos ya quería irse a seguir la fiesta en alguna otra madriguera, otros ya estaban borrachos perdidos ninguno ayudó a recoger. Se fueron todos y solamente se quedaron las tres cerditas, dueñas de la casa y el lobo feroz que se quedó a recoger con ellas. Que amable el lobo feroz, no?.

 

Los cuatro se pusieron a recoger la casa, las cerditas estaban muy borrachas y el lobo les ofrecía más bebida mientras limpiaban y ellas incautas seguían bebiendo, a la vez que con sus cuerpos  ponían más hambriento al lobo feroz. El se ponía muy caliente al ver los cuerpos y la forma de vestir de las cerditas..

 

Carla era de piel muy morena y de pelo moreno, tenía un cuerpo perfecto, con unas curvas de vicio y unos pechos perfectos, ni muy grandes ni muy pequeños, y llevaba puesta una minifalda blanca muy cortita y una camiseta también blanca que dejaba ver el ombligo enganchada de un lado a otro con cordones y que dejaba la espalda al descubierto. Por su parte, Sandra no se quedaba atrás, era de cuerpo más curvo que Carla, algo más rellenito y tenía unos pechos preciosos que le gustaba lucir siempre que podía  también llevaba una falda muy cortita pero de color negro y en la parte superior una camisa normalita muy ajustada por lo que sus pezones se marcaban en cuanto se ponían un poco duros.  Y por último quedaba Ana, y en ella se caracterizaba su precioso culito, sus pechos eran redondos y perfectos. Se caracterizaba por ser la más cerda de las tres y la más mayor, además olía decir que le encanta follar a todas horas. Llevaba puesto un traje de color blanco, muy escotado en la parte superior y muy cortito en  la parte inferior algo que le gustaba al lobo feroz ya que cada vez que se levantaba de la silla o se agachaba a coger algo se dejaba ver su precioso culito, y eso yo ya le había hecho fijarse en su minúsculo tanguita.

 

En fin, estas tres cerditas eran unas verdaderas provocadoras y apetecibles para el sexo.

 

La polla del lobo se empezaba a ponerse dura. No sabia que hacer. Además veía a las tres cerditas recoger moviendo sus culitos y su pechos, y empezó a tocarle el culito una a la otra, ellas no ofrecían resistencia, necesitaba más?, si.

Sandra lo llamó para que con su fuerza le ayudará con una cosa, el fue…En la habitación de Sandra cogiendo un vaso se manchó la camiseta blanca  tomó una camisa negra y se cambió delante del lobo. El se quedó atónito al verla cambiarse de camisa, esos pechos con lo que había soñado miles de veces, por lo que su polla creció sin control hasta quedar un marcado bulto en mi pantalón. la cerdita de Sandra se enteró y empezó a provocarme con movimientos eróticos mientras se quitaba de nuevo la camisa lo que más calienta aún al lobo. La cerdita se desabrocho el sujetador y dejó sus enormes pechos a la vista de los ojos del lobo, que le entró tal calentón que no pudo aguantarse y se abalanzó sobre ella.

 

La empezó a lamer sus tetas y a mordisquear sus pezones mientras que con las garras le bajó su faldita. Llevaba puesto un tanga de hilo de color verde, en el cual pudo observar que tenía su rajita mojada, ya que dicho tanga estaba húmedo. Se tiró para encima de la cama y le empezó a quitar la ropa hasta quedarse en pelotas y a continuación metió su polla en su boca y la cerdita la empezó a chupar de tal manera que no dudó en correrse por primera vez en su boca. La cerdita se tragó todo el semen del lobo feroz y el que se había quedado alrededor de su polla hasta dejársela bien limpita, luego empezó a hacerme una fantástica cubana, ya que el deseo del lobo, de la cual disfrutó mucho.

Estaba con su polla entre sus tetas cuando de repente se abrió la puerta. Era Carla y los vio en plena acción. Ella, que estaba demasiado afectada por el alcohol, se quedó algo sorprendida ante lo que estaba viendo pero pronto se le cambió la cara poniendo una sonrisa de pícara, ella también que también quería participar y sus pezones se empezaron a endurecer. “ Llama a tu hermana Ana “ le dijo el Lobo feroz y ella llamó a Ana para que fuera a disfrutar de la fiesta, cuando Ana subió y vio a sus hermanas Sandra y Carla desnudas, Carla no había perdido el tiempo y se había quitado la ropa, Ana aceptó sin pensárselo.

 

Las dos, Carla y Ana se quedaron de pie, luego Ana le empezó a acariciar los pezones a Carla y esta empezó a tocarle la almeja de Ana formando un escena lésbica que hizo que se corriera el lobo otra vez.

Nada más correrse se tiró encima de él, Ana, y le lamió la polla como antes hizo Sandra, y todo su semen mientras el lobo le agarraba ese precioso culito. Entonces se subió encima de él Carla y empezó a cabalgar como una puta en celo, botaba sin parar y le entraba hasta el fondo. A esto que la cerdita de Sandra se sienta en la cara del lobo y se pone delante de su boca su coño, el lobo empezó a lamer gustosamente aquel manjar mientras que Ana le lamía las pelotas. El lobo le comía el conejo hasta que Sandra se corrió y sus jugos mojaban el hocico del lobo. Ana estaba de rodillas en el borde de la cama y se estaba masturbando mientras lamía sus bolas, entonces el lobo se quitó de encima las otras dos cerditas y se dirijo a Ana, a la que puso a cuatro patas en el suelo y le empezó a penetrar por el culete. Al principio le dolía pero poco a poco fue cogiéndole gusto y no paraba de pedirle mas y mas, mientras Sandra y Carla se estaban masturbando una a la otra. Las tres estaban gimiendo de tal forma que sus gritos hicieron que se corriera el lobo, saliendo un chorro inmenso de semen que fue a parar a espalda de Ana las cerditas de sus hermanas lamieron toda la leche y luego la compartieron con ella.

 

Se quedaron las tres cerditas tumbadas en la cama durante unos minutos, abrazando al lobo, y cantando “ A QUIEN SE HA FOLLADO EL LOBO FEROZ A QUIEN A QUIEN. A QUIEN A QUIEN…

 

COLORÍN COLORADO…. ESTE CUENTO SE HA ACABADO,

COLORÍN COLORUCHO… ME GUSTA FOLLAR MUCHO

COLORIN COLORETE… TE QUIERO RELLENAR EL OJETE

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Devaneos de sexo en una isla solitaria

Mientras yo rugía como un condenado, jadeando de placer, Lucía gemía de forma contenida a cada uno de mis envites, deseando por mi parte alargar aquel trance y rendir a aquella hembra tan voraz y duradera; pero yo sobre excitado me sentía al límite y de pronto noté un estremecimiento muy intenso, sin poder reprimir por más tiempo mi primer orgasmo producto de una cópula completa.

De nuevo verano, la estación que más me gusta, no solo porque ya salgo de la monotonía de mis estudios luego de un arduo año con los libros y toda la cosa, sino más bien porque puedo regresar a mi tierra natal, una pequeña isla del Mediterráneo que si bien no aparece en los catálogos de turismo ofertada como un paraíso, tiene un encanto que solamente las personas que saben lo que es bueno en esta vida y los que buscan algo distinto que la diversión al máximo, conocen de la existencia de este lugar y lo dibujan en su mapa vacacional.

Y claro está, este no es el único aliciente para sentirme más que a gusto, también está el volver a ver a mi familia y a mis amigos, además de que siempre puedo juntar un dinerillo extra ayudando en el negocio familiar que instalaron mis padres junto a la playa, desde antes de comenzar mi adolescencia. Nunca está de más mencionar que mi mayor motivación es que por estos parajes mediterráneos siempre merodeaban unas tías fabulosas, que venían envueltas en empaques con calidad de exportación, mujeres que, en su gran mayoría, se gastaban unos cuerpos que dejarían abochornado al más lujurioso de los hombres.

El pequeño bar de mi familia, conocido como El Chiringuito, está ubicado en una posición un tanto estratégica, ya que es paso obligado hacia un sector de la playa que está en reserva para el público nudista, y no es que todos los días podía ver tías en cueros, -pues solo en el momento de estar allá se quitaban la ropa-, pero siempre al regreso de su jornada de baño y sol se sentaban en alguna de las pocas mesas que había o se acodaban en la barra para tomar algún refresco o bebida, aunque a pesar de estas circunstancias, nunca tuve oportunidad de llegar siquiera a conversar con alguna de las bellezas que se contorneaban en los asientos del bar, por diversos los inconvenientes, pues la mayoría estaban acompañadas por algún tipo, y las que estaban solas o en grupo, me daban la impresión de que no tenían interés en un adolescente que se dedicaba a servir bebidas a la clientela y a limpiar las mesas del local, agregando que a mis padres no les gustaba que confraternizara demasiado con los clientes. Así, entre todas las vivencias y las inevitables erecciones que me provocaban las estilizadas siluetas de todas las tías, iba sobrellevando los días con la ayuda de alguna que otra paja en honor de la última que me había despertado fantasías sexuales, a la que yo proclamaba imaginariamente mi musa del día.

Todo tomó un giro radical cuando por alguna cuestión tenía que pasar por el sector de la playa nudista; de hecho no me gustaba transitar mucho por ese lugar, ya que es avergonzante pasar viendo algunas tías con sus atributos al aire, que comienzan a reír al ver mis ojos desorbitados y como se arma la carpa de circo debajo de mi ropa de baño. Por eso, trataba de hacer el recorrido lo más brevemente posible y mirando al horizonte, sin mencionar que estar vestido entre toda la gente desnuda te saca bastante de onda, te sientes como un lunar.

Aún recuerdo cuando me ofrecí para colaborar en labores comunitarias de la isla y me mandaron a realizar limpieza precisamente en esa parte de la playa, no sé si calificarlo como el mejor o el peor día de mi vida, el peor por la vergüenza tan sofocante que sentí ese día, o el mejor porque ese día me corrí el mejor pajazo de mi vida; como no sabía ya qué hacer con tanta presión en mis pantalones y mi casa quedaba lejos para desahogarme en mi habitación con las imágenes frescas de bellas mujeres con enormes senos al aire, se me vino la idea de ir hacia la parte de atrás donde hay unos arbustos y allá descargar toda la tensión dolorosa del semen que tenía dentro, así que, sin pensarlo, me dirigí con rumbo al lugar planificado, sorteando algunos obstáculos que me dificultaban el trayecto, avancé hasta colocarme detrás de una especie de duna de arena, donde pensé que me perdería de vista del resto del mundo.

Apenas estuve ahí, me desabotoné los pantalones y removiendo hacia un lado mi interior, pude con dificultad liberar mi pija que estaba completamente tiesa como el acero y roja como un tomate, dando la sensación de que iba a estallar, y de hecho, así fue, no tuve que hacer demasiados esfuerzos para que ésta soltara toda su carga en una poderosa eyaculación, esparciendo mi leche a un par de metros de mí. Una vez apagado el incendio, procedí a poner de nuevo todo en su lugar, cuando pude oír una risa entrecortada que provenía de muy cerca de mí, volteé a ver y pude observar a una mujer completamente desnuda un tanto agazapada junto a un matorral, que había a pocos pasos de mí, sin saber desde cuando estaba allí, pero por la risita sardónica que se dibujaba en sus labios me imaginé que había presenciado todo el acto, por lo que no sé de cuantos colores me había puesto; lo único que pude atinar a hacer fue salir por piernas a toda prisa, dejando a aquella mujer atrás en lo que parecía gritarme que esperase, pero mi vergüenza era tanta que no di marcha atrás, llegué exaltado al bar, cogí el teléfono y llamé a mi casa, hablé con mi mama y le dije que me sentía mal y quería irme para allá, lo cual aceptó un tanto interrogativa.

Hablé con el Bolón un señor regordete que nos ayuda en el local- y le pedí que se encargara del negocio hasta que llegara mi madre, alegando que yo tenía que ir a casa porque tenía cierto malestar; así que sin esperar más, cogí mi motoneta y manejando maquinalmente porque mi mente iba concentrada en el reciente incidente, me fui a casa. Sabía que eso podía tener repercusiones, me preocupaba que se esparciera el chisme de que pillaron al chico del chiringuito haciéndose una paja en los matorrales, por lo que pasé toda la tarde pensando en esa posibilidad, pero luego de varias reflexiones comencé a restarle importancia.

A los pocos días, fui de nuevo al bar, mis padres ya no se comían el cuento de que estaba enfermo. Apenas hacía 15 minutos de haber llegado, cuando un hermoso panorama nos cambiaba el ánimo al  Bolón  y a mí, eran dos de donde eran, e incluso llegaron a decirme que podían ser una pareja de amiguitas lesbianas, por aquello de que pasaba el tiempo y no ligaban con nadie. Al principio, eso me decepcionó, pero luego esa fue una razón más fuerte para fantasear mentalmente con esos dos cuerpos perfectos fundiéndose uno con el otro. Llegó a tanto mi grado de atención sobre ellas, que podía haber hecho una escala con los tonos de piel con que regresaba cada una luego de tomar el sol al natural en aquella playa, de manera que su sex appeal era aún mayor con tan seductor bronceado sobre sus cuerpos, en cada uno de los centímetros de su piel.

Yo sabía que eran mujeres para soñar, casi inalcanzables, pues sin contar con el inconveniente de mi edad, no me considero feo, tengo un cuerpo varonil y definido y muchas amigas en el cole y en la universidad me consideraban atractivo, pero esas dos tipas eran demasiada mujer para cualquier hombre, aparte del rumor de que eran lesbianas. Cierto día, cuando menos lo esperaba, se acercaron al chiringuito y pidieron dos bebidas, el gordo del  Bolón  y yo casi nos peleamos por atenderlas, pero le gané la partida y haciendo el esfuerzo de que mis ojos no se me cayeran sobre sus escotes, serví sobre el mostrador lo que habían ordenado, conversaron amenamente entre ellas, mientras hacía callar al  Bolón  que estaba haciendo ruido en la cocina para que me dejar oír lo que platicaban estas dos señoritas. Al ver mi atención tan concentrada con ellas, les dio por departir conmigo con mucha simpatía, y entre otras cosas pude averiguar que se llamaban Carla y Lucía, y comencé a relacionar lo que me habían dicho mis amigos porque parece que no habían acertado casi nada sobre ellas, confirmándose una vez más que el deporte nacional acá, es el chisme.

Llegó nuevamente el fin de semana, el viernes con un movimiento desesperante, gente por todos los lados, fiestas que se montaban por todas partes, que se alargaban hasta el mismísimo sábado, sin contar a los que iban de largo, yo por mi parte, juicioso y cumplidor atendiendo el bar junto con mis padres y  el Bolón, así que el sábado en la mañana, un poco más temprano que lo habitual me dirigí a abrir el chiringuito porque sabía que la jornada iba a ser igual o más movida que la del viernes. Nuevamente me vi congraciado al percatarme de que se acercaba al bar una de las dos chicas despampanantes, vestía un poco ligera, parecía que estaba de buen un humor y comenzó a tratarme con cierta ironía, pidió un refresco y me estuvo platicando sobre su estancia de vacaciones, entre otras cosas; yo le pregunté por qué andaba sola, a lo que me respondió que su amiga Carla estaba algo resacada y se había quedado en casa.

Sobre la que más comentarios había oído era precisamente de su amiga, de la que circulaba el rumor de que andaba con un tipo negrito llamado Match, que regentaba un pub no lejos de allí que se llamaba Coyote Bar. A mí personalmente me caía mejor Lucía, me gustaba más su forma de tratarme, no sé, tenía un aire especial, la encontraba como más cercana y asequible, además me daba la impresión de una hembra con deseos controlados, reposando para tomar fuerza, esperando el momento indicado&..casi podía oler sus deliciosas feromonas.

No sé si se percataba de que mi mirada siempre se clavaba en su rostro, se hundía en sus ojos profundos, recorría sus pechos y sus torneados muslos una y otra vez en una secuencia interminable e incansable, algo que no parecía molestarle sino todo lo contrario. Estando conmigo con aire confianzudo, como que coqueteaba con un joven bisoño y algo salido, con un pareo atado a su costado, que le cubría desde los pechos hasta las rodillas, marcando sus bonitas curvas. Mi impresión fue tal, que si no hubiera sido por la caja que llevaba, habría visto en primer plano como despertaba mi polla bajo mi bermuda, pero me hizo pasar, me dirigió hasta la cocina y dejé la carga que llevaba, luego, con un movimiento rápido y distraído acomodé mi verga al cinto del pantalón de baño, para que disimulara algo, mientras ella se estaba ocupando en hablarme y en aplicarse algo cremoso sobre su cuerpo; luego de flirtear un poco con su mirada y su sonrisa, me dijo que estaba sola en casa porque su amiga andaba de parranda con su amigo a lo que yo agregué que la habían visto con el tal Match.

Yo me sentía tan a gusto en su presencia que no encontraba la forma de cortar la conversación y marcharme, así se me ocurrió algo absurdo para prolongar la situación y viendo que intentaba ponerse la leche protectora en la espalda sin conseguirlo del todo, me ofrecí a untarle yo, con ninguna esperanza en que aceptaría pero con el morbo misterioso de su reacción a mi ofrecimiento ventajista y así probar hasta donde quería llegar su coqueteo conmigo. Me parecía entender en su actitud, que estaba jugando conmigo como un animal poderoso que lo hace con uno indefenso e inexperto, pero a mí me deslumbraba su fuerte atractivo y me agradaba verme en sus redes, la consideraba como una diosa que me manejaba. Yo, pobre de mí, aunque era muy calentón, todavía no había practicado el acto sexual con mujer alguna y aunque había visto muchas películas sobre sexo y pornografía, era consciente que no era lo mismo ver los toros desde la barrera que bajar al ruedo y enfrentarse. Por eso, sentía un temblorcillo interior y una sensación de zozobra e inseguridad terroríficos.

Sin embargo, le suerte estaba echada y con sorpresa para mí, Lucía me extendió el tubo de leche con un gesto de aprobación, ofreciéndome la parte de la espalda que tenía que recubrir, mientras se sentaba en un sofá del salón. Comencé a embadurnarle la espalda y los hombros, ampliando poco a poco mi área de recorrido manual, luego se tornó en un masaje intencionado y audaz por mi parte, de ahí me había calentado tanto el contacto con su cuerpo, que noté que también ella estaba disfrutando de mi manoseo. El untado de la leche protectora se hizo largo, ya mi mano bajaba hasta las inmediaciones de su preciosa colita, cambié el trayecto de mi mano y sus acciones iban dispersas de un lado a otro, luego ya sus senos recibían complacidos mis paseos manuales por debajo de la sedosa tela del pareo, a poco ya totalmente lanzado, me aventuré a desatarle el pareo, dejándolo caer sobre su cintura conforme estaba sentada y viendo que no protestaba, sino más bien se mostraba permisiva, gozosa y sumisa bajo el efecto relajante y placentero de mi vendaval de tocamientos. A estas alturas, ya mi polla estaba más que candente, super tiesa, mi cuerpo en un arrechucho incontenible se adosaba al suyo, como para poder accionar mejor los movimientos.

El contacto de mi abultado miembro sobre su costado, provocó que ella se volteara a comprobar si aquello era lo que pensaba, mientras yo, disimulando, continuaba sobándole la piel sensible de sus pechos, que por efecto de su excitación se inflaban y desinflaban al compás de su respiración penosa y profunda. Sentí que se había puesto tan cachonda como yo lo estaba y así era pues mirándome a los ojos como nunca lo había visto en una mujer, realizó un movimiento reflejo de su mano y la posó sobre mi polla por encima de la bermuda, exprimiéndola, agradecí ese don del cielo tan impensado, me bajé la bermuda hasta los tobillos, quedando junto a ella con mi verga lívida apuntando hacia su cuerpo, como invitándola a hacer uso de ella; no tardó ni segundos en empuñarla con firmeza y frotarla con sus dedos, lo cual me producía una sensación tan intensa que me provocó un fuerte estremecimiento, seguido de una descarga abrupta de leche que le llenó la mano y le salpicó parte del pecho y la cara.

Me sentí culpable y abochornado por aquella inoportuna eyaculación y le pedí disculpas acongojado por ello, pero ella, por suerte, no le dio demasiada importancia y siguió ensimismada viendo que mi herramienta no se había resentido y continuaba erguida y pujante. Después de quitarse el semen de su piel con una toallita, procedió a limpiarme la pija, con tanto mimo y esmero, que debido al contacto cálido y amoroso de su mano me había recrecido y se empalmó de forma imponente. No pudiendo contenerme más, me abracé a su cuerpo desnudo, la besé en la boca como mejor supe, con ganas y ardor, doblegué su cuerpo para tumbarla sobre el sofá, consiguiendo que se quedara sentada y al abalanzarme sobre ella, me agarró por la verga y jaló de mí para sentarme a su lado. Entonces, sin darme tregua, desbordada por una tremenda excitación, se sentó sobre mí a horcajadas, se envainó toda la polla en su raja y comenzó a galopar frenéticamente sobre mi sexo, haciéndome sentir lo indecible, un gusto febril cercano al paroxismo, cada vez que sus genitales chocaban contra los míos.

Así, estuvimos unos minutos, yo alucinado de lo que estaba gozando, aguantando mi dureza dentro de su coño ardiente, mientras Lucía se movía con destreza abrazada a mi; a cada saltito de su cuerpo sus pechos se balaceaban al mismo ritmo. Me sentí más seguro, y confiado en culminar una cogida digna de la mujer que tenía en mis manos. Estando en este trance, escuchamos el ruido de una moto que se detenía frente a la puerta y en medio de la agitación que nos invadía, Lucy se estiró, sacando el pene que le tenía ensartado hasta los topes, se puso en pie, dejándome con la polla al aire, toda congestionada, a punto de correrme, lleno de estupor, ya que no entendía que estaba pasando.

-Vamos rápido, ¡Oliver, tienes que irte! Ha llegado Carla y no quiero que nos vea así.

Me dejé llevar refunfuñando, mientras me ponía la bermuda; Lucía me arrastró adentro de su dormitorio y me señaló una ventana que daba al exterior, para que escapara por allí y me largara, como forma de salir de aquella emergencia.

-Vete Oliver, ¡ya hablaremos en otro momento! Me dijo como despedida.

Me tocó deslizarme por la ventana, menos mal que era de poca altura. Me dirigí de nuevo a mi chiringuito, pensando en lo que había pasado, conmocionado por la situación de haber tenido que cortar de forma tan repentina, aunque me sentía el más feliz de la tierra por haber conseguido llegar tan lejos y vivir aquellos momentos de gloria. Pasé el resto del día meditabundo, diciéndome a mí mismo, que merecía otra oportunidad para culminar el acto y gozar juntos, seguro de que podía dar la talla con creces.

Como era domingo, cerré un poco más temprano, me fui a casa y una vez en mi dormitorio no pude evitar el recordar aquel roce divino de sus senos y ella con mi polla, ese contacto tan intenso que me había desconectado del mundo, no podía dormir y tampoco quería correrme como pendejo a punta de pajas, su imagen estaba presente, la necesitaba. . . . -¿y si me rechazaba? pensaba yo, no pude más, junté todo el coraje que tenía y abrí la ventana de un golpe. Atiné a decir haciéndome el maloso.

-Deseaba verte nuevamente…-Pero, ¿cómo se te ha ocurrido forzar la ventana y entrar así? -Es que ayer al salir la dejé mal cerrada. ¡Lo tenía planeado! Mentí para afirmar mi postura de hombre decidido. -Nos puede oír Carla. . . . y ella no sabe nada de esto! -No tiene por qué oírnos, ¿o quieres que te amordace? Le dije invocando nuevamente mis convicciones. -¡Que loquito estás, Oliver! Me dijo algo resignada.

Intuía que estaba muy excitada, quizás aún desde el día anterior, pero ahora ante la presencia de su macho se le había reavivado su deseo, sus pezones casi podían perforar la sábana con que se mal cubría vanamente, ya que pude ver que solo llevaba puesto un delgado y cortito pantalón pijama, pudiendo percibir el aroma que desprendía su carnosa vulva que se estaba humedeciendo, al captar el estado de mi polla desesperada por llenar su glorioso orificio.

La veía, entre la tenue luz del amanecer, arrollada a su sábana, con parte de su cuerpo bañado destapado y no lo podía creer, tenía un aspecto tan sensual y provocador, con su cabellera completamente alborotada, creando una imagen algo paradójica, como un caos controlado en el punto justo, acompañado de un rubor calenturiento en sus mejillas y una mirada incitadora invitándome a iniciar una sesión de recreo del acto inacabado el día anterior, a lo cual se le agregaba la marca de unos pezones prepotentes debajo de la delgada sábana, casi transparente; aquello no podía ser mejor, el desenlace era inevitable. Seguí encaramado a su cuerpo, estampándole un beso y degustando ambos labios de su sexy boquita frotándolos con los míos y mi lengua, a la vez que la intensidad de nuestra respiración iba en aumento, yo completaba mi acción estrujando sus senos con el ímpetu y el arrobo de un hombre que se iniciaba en estas lides, de una forma soñada e inesperada, correspondiéndome ella, agarrándome del cabello y ejerciendo una presión extra como invitándome a que me comiera ambos senos.

Rápidamente, me despojé de la ropa que llevaba aún puesta, quedando totalmente desnudo, descendí torpemente por su abdomen, tratando en vano de dármelas de artesano del sexo, a lo que ella incorporándose con una dulce sonrisa en su rostro, me tomó de los hombros y suavemente revirtió la posición quedando yo boca arriba, besándome y arrullándome al oído con suaves confesiones de pasión, para aumentar su hechizo y transportarme al más elevado de los disfrutes; comenzó a cogerme la pija, logrando que mi erección se potenciara aún más y con la agilidad de una amante avezada en muchas batallas, acrecentó la presión de mi implacable miembro por medio de increíbles caricias y un reposado tocamiento.

Sabía que lo bueno estaba por venir, le retiré la sábana hasta la cintura, mientras ella deslizándose atrevidamente por mi cuerpo, llegó hasta una posición en que mi polla estaba en las puertas de su boca y mirando ávidamente la expresión anhelante que mi rostro denotaba, me obsequió una vez más con su sonrisa cargada de sexo, y sin más contemplaciones comenzó a introducirse mi pija entre sus labios, en una secuencia excitante, deteniéndose cada vez en la punta de mi miembro, provocándome sensaciones indescriptibles, dejando mella en mi para siempre, del primer acto de sexo oral que me habían realizado. En un ritmo sensual asombroso, arqueando su espalda cada vez que se metía toda mi polla dentro de su boca, prosiguió con ese milagro de placer para ambos. Ella susurrándome palabras dulces y apasionadas, una vez más.

Súbitamente, cambié de posición colocándome encima de ella, sobre sus piernas abiertas de par en par, froté mi polla sobre su conchita, apuntando bien en el centro de su abertura labial y le disparé un golpe maestro que envainó mi espadón hasta la empuñadura, mientras mis labios y mi lengua chupaban y besaban atropelladamente todas las partes cálidas de su cuerpo, terminando en un fiero combate de nuestras lenguas allá dentro de su boca de fuego. Esta muestra de salvaje deseo, me encendió más, así que me dediqué a cumplir plenamente cada una de sus indicaciones, estaba encima de ella, metiéndole mi miembro hasta los huevos, alternando besos para apaciguar sus gemidos con lengüetazos en sus pechos, que seguían tensos y palpitantes mientras taladraba sus entrañas con todas mis fuerzas, en una frenética maratón de clavadas y penetraciones.

Al sentir mi estaca dentro de su cuerpo, Lucía comenzó a mover su pelvis buscando el encuentro total de mi pene y yo al mismo tiempo embestía como un toro salvaje, clavándole la verga hasta lo más hondo y sacándola para volver a meterla cada vez con más fuerza. Nuestros sexos alcanzaron a moverse a un ritmo infernal, estaban como en llamas, empotrada mi pija en su gruta devoradora. Así, al cabo de unos minutos volví a sentir esa sensación sin igual de que todos los fluidos de mi cuerpo se iban a derramar dentro de ella, seguí con mis desesperados meneos de vaivén, pues ella había levantado sus dos piernas y las tenía arrolladas por detrás de mi cuello, recibiendo mis embestidas en una posición inmovilizada pero con mi polla embutida al máximo. Mientras yo rugía como un condenado, jadeando de placer, Lucía gemía de forma contenida a cada uno de mis envites, los dos con el pulso acelerado a más de cien, deseando por mi parte alargar aquel trance y rendir a aquella hembra tan voraz y duradera; pero yo sobre excitado me sentía al límite y de pronto noté un estremecimiento muy intenso, sin poder reprimir por más tiempo mi primer orgasmo producto de una cópula completa.

Descargué toda mi leche dentro de su concha y como ella parecía aún pletórica y tensa, continué machacando su coño con todas mis fuerzas con el mazo otra vez duro como el granito, hasta que alcancé a provocarle unos espasmos que me comprimían la polla como si fuera a ser engullida por un abismo y me confesó aturdida que había tenido una corrida extraordinaria. Después de este atracón de sexo, nos abandonamos en una pequeña pausa, acostados boca arriba uno junto al otro. Nuestro reciente orgasmo, sólo era el preludio de la memorable jornada que nos esperaba, luego nos revolvimos uno contra el otro y entre mimos, arrumacos y caricias, más el deseo instintivo de agotar nuestro apetito la calentura no tardó nada en volver a nuestros cuerpos, de manera que pudimos besarnos con pasión, sosegadamente, agradeciéndonos mutuamente lo que había pasado, pero a la vez alimentando una vez más la excitación, que ya empezaba a renacer nuevamente y estaba encendiendo nuestras hogueras genitales.

Lucía, al sentir que mi pija se había recuperado casi al instante, se encaramó sobre mí, besándome las orejas, diciéndome entre palabras apasionadas y amorosas que era el momento de volver a follarla.

-¡Cógeme mássssss, amor mío! ¿No era eso lo que querías? ¡Ya puedes metérmela hasta que se me salga por la boca!

Sus palabras calaron en mí, poniéndome totalmente a tope, listo para ensartarle una nueva cornada, abrí sus piernas y vinieron a mi memoria escenas de pelis porno donde lamían coños, traté de emular dicho trabajo jugando una y otra vez con los labios de su sexo, introduciendo mi lengua en el, sabiendo que me estaba yendo bien en dicha faena, porque podía corroborar eso al escuchar los gemidos que lanzaba Lucy al paso de mis labios por toda su vulva, olvidándose por momentos de mi verga que aún seguía ahí, esperando ser mimada por su aliento.

Manipulándome completamente, ella sabía que estaba a su disposición por lo que tomando el control de la situación, se incorporó y descendió una vez más pero sin dejar de darme la espalda, hasta que mi pene quedó a la altura de su gruta y asentando su sexo suavemente sobre él, me permitió disfrutar centímetro a centímetro de la penetración, hasta llegar a clavarse completamente toda mi verga en sus entrañas, en una inmensa cópula que nos proporcionó un tremendo placer, acompañado de la vista que yo disfrutaba de la penetración cada vez que ella inclinaba su cuerpo hacía adelante para aumentar el efecto del mete y saca. Podía observar como sus dilatados labios vaginales abrazaban incandescentes el cuerpo de mi miembro, contrayéndose a medida que se deslizaba mi pene inflado entre ellos, repitiendo una y otra vez. Este espectáculo visual, más un incesante galopeo nos llevó al clímax de una manera fenomenal, entre quejidos y rugidos de placer, que podían haber puesto en alerta a su amiga Carla.

Después de este segundo asalto estuvimos unos momentos relajados y henchidos de satisfacción por nuestra vorágine de deleite sensual, Lucía me premió con una frase de aprobación, orgullosa de haber sido la que me había llevado a esa escalada de placer. Yo le respondí agradecido y subyugado ofreciéndome para eternizar aquella situación, pero ella viendo que avanzaba la mañana y su amiga estaba a punto de levantarse, me aconsejó volver a mi trabajo y evitar cualquier problema con mi familia que impidiera volver a encontrarnos.

-¡Mañana a la misma hora estaré aquí! Le dije con determinación.

Lucía aceptó sin dudarlo y me prometió esperarme a primera hora, advirtiéndome que fuera cuidadoso al saltar por la ventana para evitar ser visto por alguien conocido.

La dejé allá, con su desnudez tumbada sobre la cama, con una sonrisa plácida y feliz en su rostro. Me fui alucinado de lo que había ocurrido entre nosotros, no acababa de creérmelo. ¿Que habría podido ver en mi una mujer tan deseable como Lucy? No es que hubiera muchos habitantes en la isla, pero de seguro que bien se podía haber fijado con otros más adecuados para una aventura de este tipo. Tal vez, -pensé,- había tenido la gran suerte de haberme introducido en su intimidad de una forma tan fácil y desenfadada. Durante los días que todavía estuvieron las dos bellas de vacaciones, cada mañana aparecía sigilosamente, como un fantasma violador, en el dormitorio de mi amiga Lucy. Mi lechita fresca del día, de macho joven y fértil no le faltaba ninguna mañana, era como un desayuno especial que disfrutábamos juntos hasta la hora de dejarla para abrir mi chiringuito. Los dos nos comportábamos como dos seres insaciables de sexo y complicidad. Yo andaba sacando pecho de saber que tenía mi propia hembra y que la satisfacía a diario.

Llegó el día de nuestro último ayuntamiento, recuerdo muy bien que era un domingo a finales de agosto y me introduje en la casa con una extraña sensación de angustia y de deseo. Lucía me aguardaba,   me preguntó con cara de inocente si me gustaría penetrarla en la colita, lo cual me sorprendió gratamente, ya que era el único reducto de Lucy que no había visitado mi polla. Había vivido tan extasiado hasta entonces con lo que me ofrecía que no contaba con esa novedad, al fin y al cabo ella era mi guía y mi maestra.

Entusiasmado con la idea, la tomé por las caderas y le indiqué que se colocara a cuatro, cuando me ofreció su trasero y contemplé el boquete cerrado de su culito, enfilé mi pija bien erecta hacía su agujerito sin acertar a introducirlo por la estrechez y cerrazón que presentaba. Ella me ayudó una vez más.

-Espera Oliver, cariño, ¡tienes que prepararme un poco antes! -Me avisó amorosamente. -¿Qué quieres que te haga? -¡Acariciarme como si fuera mi almejita, mi amor! No quise oír más, le propiné unos lengüetazos que la hacían estirar su bonito cuerpo, luego le introduje un dedo untado de su jugo, a continuación fueron dos y el efecto no tardó en manifestarse, pues conforme iba rozando su esfínter se le distendía y hacía que su abertura se dilatara en condiciones para volver a intentar la introducción de mi gruesa verga. Le acomodé la punta de mi pene y conseguí meterle una buena parte del banano en su culito ansioso y febril.

-¿Qué tal ahora Lucy?  Le pregunté triunfalmente. -Mmmm! Que preciosura, que gusto me das Oliver. . . .Siii, ¡ya puedes! Exclamó ella.

Una vez que hube franqueado su cavidad anal, empujé y logré meterle toda la cabeza de mi polla, ella comenzó a elevar su colita procurándose el mejor ajuste y yo enardecido por la nueva sensación que me producía el abrir sus carnes prietas y ardientes, azuzando mi polla hacia su interior, deslizándola con cierta suavidad sin que ella sintiera dolor alguno.

Fui sacudiéndole penetraciones cortas a un ritmo pausado, envainándole hasta la mitad de mi falo, gozando de los últimos espasmos; a la vez le acariciaba con mis dedos su pitoncito duro y excitado, arrastrándola así conmigo hasta el éxtasis de otra corrida que me extrajo los pocos restos de esperma que contenía mi cuerpo. Todo acabó entre sus ayees de gozo y una especie de bramido de placer que solté yo al culminar mi agitación.

El final de nuestro encuentro estuvo plagado de emociones fuertes, estuve unos momentos extenuado y triste abrazado a ella, intentando perpetuar nuestra unión y confesándole a Lucy todo lo que había significado mi apareamiento con ella y lo difícil que me resultaba renunciar a seguir teniéndola.

Autor: Yerbabuena

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Mi tía Carla rodeada de negros

Otro negro se coló detrás de ella para poder follársela y con sus manos rodeaba las tetas de mi tía, se la introdujo y empezó un movimiento rítmico que en la cara de mi tía podía verse que la llenaba de alegría, no paraba de gemir aun cuando el otro negro la tenía sujeta y no dejaba de besarla así estuvieron 30 minutos en los que mi tía se corrió varias veces y creo que el negro también.

Buenas tardes, la historia que os cuento a continuación es veraz y pasó en el verano del año 2007. Cuando yo tenía 21 años. Tengo entre mi familia unos tíos, el hermano de mi padre y su mujer con los que me llevo extremadamente bien, mi tía  Carla, además de estar bastante bien y ser bastante más joven que su marido (unos 35 años),  tiene pinta de ser una mujer desinhibida que disfruta del sexo sin límites, de hecho yo paso mucho tiempo en su casa y siempre me recibe con unos camisones súper cortos y con tanguitas diminutas y recuerdo una vez que entré en su habitación y tenía dos juguetes sexuales en la mesita que no se preocupaba en ocultar.

Todo empezó cuando a mi tío, cazador experto, le tocó en un concurso de una revista de caza 2 viajes para 2 personas a Kenia, los viajes eran para pasar una semana cazando y nos invitó a mí y a un amigo suyo cazador además de su esposa y él.

Ya el mismo día que partimos desde Madrid, pude darme cuenta que mi tío (Andrés) estaba súper ilusionado y se pasaba todo el tiempo con Ángel (así se llama su amigo) preparando sus jornadas de caza, Carla sin embargo, viendo el embobamiento de su marido con el viaje y la caza, estaba todo el rato conmigo y no paraba de tontear, llevaba una minifalda bastante por encima de las rodillas, unas botas altas con un tacón impresionante y un top sin sujetador , yo estaba empalmado el 90% del tiempo que la tenía cerca y ella lo notaba y sonreía, de vez en cuando intentaba tener roces disimulados conmigo.

El viaje en el avión fue increíble, mi tío sentado con su amigo hablando de caza o durmiendo y mi tía y yo hablando de sexo o sobándonos disimuladamente, (aunque Ángel , creo que se estaba dando cuenta e intentaba estar pendiente de lo que le contaba mi tío, pero sin perdernos de vista) , una hora antes de llegar al destino y después de haber pasado casi 6 horas de viaje (con casi todos los pasajeros dormidos ya que viajamos de noche) aguantando los manoseos y comentarios de Carla, esta me dijo al oído, -Estoy muy húmeda, necesito un favor, cariño, mira, se quitó el tanga disimuladamente y llevó mi mano a su entrepierna, no necesité que me dijese nada más, aquello estaba encharcado, puse mi dedo índice en su clítoris, con todo el disimulo del mundo empecé a moverlo con rapidez, a los pocos segundos estaba Carla mordiéndose los labios para no emitir ningún gemido que nos pudiese delatar, estuve así unos minutos, de vez en cuando me decía, -Pablo para por favor,  a lo que yo hacía oídos sordos siguiendo con mis caricias, hasta que pude notar como empezó a estremecerse y tensar sus músculos y entendí que se estaba corriendo.

Aceleré mi ritmo y ella no pudo evitar un gemido, pero nadie se percató, una vez que ella había terminado, bajé el ritmo de las caricias y saqué mi mano toda mojada, ella cerró los ojos, acercó su rostro al mío y me plantó un beso increíble, su marido estaba dormido, pero me parece que a ella en ese momento la habría dado igual.  A los pocos minutos me levanté para ir al servicio para limpiarme y  hacerme un pajote, porque no podía más, cuando llevaba unos minutos en el servicio noté como alguien llamaba a la puerta y acto seguido pude oír la voz de mi tía que me decía,

-Abre Pablito que estoy deseosa de ver la cosita que tienes guardada, abrí sin tiempo que perder, y ella nada más entrar se arrodilló y empezó a mamarme la polla, yo acababa de mear y todavía no la había escurrido pero no le importó, me hizo un trabajito sensacional, ordeñándome hasta la última gota que se tragó sin eliminar la sonrisa de su boca, -Te lo debía mi amor, me dijo. Así transcurrió el viaje hasta que llegamos al hotel donde nos distribuimos en dos habitaciones, mis tíos en una y yo con Ángel en otra, la verdad es que estaba flipado y esa noche soñé con ella pero lo mejor estaba por llegar.

Al dia siguiente, nos levantamos temprano, desayunamos y mientras ellos preparaban todo para la caza mi tía le dijo a su marido que ella se iría  a la playa yo me apunte al plan, ¿donde iba a estar mejor que con la cachonda de mi tía? Pude ver una sonrisa pícara en el rostro de Carla.

Una hora más tarde estábamos en una playa paradisíaca, llena de tíos musculados de raza negra y algún blanco con su familia, recuerdo que nada más llegar Carla se quitó la ropa, llevaba un bikini tipo tanga y no se puso la parte de arriba, me pidió que la diese crema y me esmeré, le di crema sobre todo en las tetas y en las nalgas, aprovechando para meter de vez en cuando mis dedos debajo del tanguita y comprobar que ya estaba húmeda y dispuesta para recibir un buen rabo de nuevo, una vez dada la crema le comenté que me iba a bañar con la intención de que me siguiese, pero ella me dijo que prefería tomar el sol, me fui al agua y estuve una media hora nadando sin percatarme de lo que estaba ocurriendo en torno a mi tía. Dos negros cachas se habían sentado a su lado y estaban conversando muy animadamente.

Desde mi posición entre las rocas, a un lado de la playa, tenía una visión perfecta, veía como la charla derivaba en pequeños roces y caricias, después de unos minutos de tonteo pude ver como uno de ellos empezaba a sobarle las tetas, eso me puso a cien, el otro no perdió el tiempo y le plantó un muerdo de impresión, mi tía les apartó un poco y les señaló la parte de atrás de la playa donde el bosque se hacía más frondoso,  se levantaron y se metieron entre los árboles, intenté seguirles con la vista pero me fue imposible, volví nervioso a la toalla con la idea de ir a buscarlos, pero decidí quedarme, a los 45 minutos vi aparecer a mi tía entre los árboles con el pelo todo enredado y una sonrisa de oreja a oreja, al verla le pregunté que donde había ido y ella me comentó que se había dado un paseo por los alrededores ya que le llamaba la atención el paraje, el que me mintiese me puso más cachondo…

Después de unas 2 horas bañándonos, rozándonos, manoseándonos y tomando el sol, (con los negros de antes sentados a unos 50 metros de nosotros sin quitarnos los ojos de encima) mi tía me sugirió que nos fuésemos a un pueblecito cercano a comer algo, y así hicimos, cogimos el coche y a nada más entrar en el coche me plantó un beso y me dijo -Estoy cachondísima necesito marcha, metí la mano entre sus piernas y la acerqué a su almeja, “-Si efectivamente estás muy cachonda, y mientras conducía, empecé a masajearle el clítoris, ella gemía sin disimulo y se estremecía, era un poco escandalosa, cuando llevábamos unos 10 minutos y estaba a punto de correrse, dos policías motorizados nos adelantaron mientras miraban al interior del vehículo, mi tía estaba con las piernas abiertas y los ojos cerrados mirando hacia arriba, la boca abierta gimiendo y yo con una mano en el volante y otra en su clítoris.

A dos kilómetros los motoristas  habían parado, me hicieron detener el vehículo, mi tía se sorprendió, ya que no los había visto adelantarnos, ni era consciente de que la habían visto disfrutando a tope de mis caricias, nos indicaron en inglés que les siguiésemos, pusieron una moto marcando el camino y otra detrás del coche, a unos 5 Km. salieron por una pista forestal durante unos 15 minutos y nos hicieron parar, mi tía estaba acojonada tanto como yo, aunque yo me imaginaba lo que querían, me hicieron bajar y después de propinarme un puñetazo me esposaron a la ventanilla de una puerta, más tarde  uno de ellos se acercó a Carla que estaba muy tensa y según se acercaba se sacó la polla indicándole que se la chupara, Carla sin decir nada se la metió en la boca y empezó una mamada espectacular, el poli estaba de pie y Carla en cuclillas frente a él con la polla en la boca, se oían los chupetones, el otro policía se puso detrás y metió la mano entre las piernas de Carla, al notar lo húmeda que estaba la sacó entre carcajadas y se lo enseñó a su compañero que en ese momento estaba a punto de correrse y no le hizo mucho caso, se concentró en que no se saliese ni una gota de semen de la boquita de Carla que le limpió la polla de una forma magistral.

El estado de ánimo de Carla había cambiado, ya no estaba tensa, disfrutaba y en su boca se dibujaba una medio sonrisa, los negros la acariciaron con delicadeza mientras le quitaban la ropa, yo estaba a cien iba a romper el pantalón, uno de los policías tomó a Carla en volandas y la levantó hasta tenerla a la altura adecuada para poder meterle su gran polla, Carla se estremeció, pero le miró y le sonrió, mientras el otro se colocó detrás y se escupió en la mano y la pasó por el ano de Carla, esta cambió el rictus de su cara y en un castellano de preocupación dijo, -No, por ahí nooo, no le hicieron caso, creo que ni la entendieron, se la metieron sin compasión y empezaron a moverse sincronizados, a una velocidad increíble, la cara de Carla pasó de preocupación a placer, cerró los ojos, gemía y pedía más, -Siiii, más fuerte por favor, no paréis, dame, dame…

Yo estaba a punto de correrme sin tocarme, así estuvieron unos 20 minutos hasta que se corrieron los dos, Carla ya lo había hecho varias veces…

Cuando terminaron se limpiaron, vistieron a Carla y nos indicaron que les siguiésemos, después de media hora de camino y sin saber a donde nos llevaban, pararon frente de una comisaría, entonces nos hicieron bajar del vehículo y nos introdujeron a empujones en ella, le comentaron algo al que parecía comisario y entre carcajadas este nos indicó que le siguiésemos, la verdad, en aquel momento estaba acojonado y no sabía que sería de nosotros, nos bajaron a un sótano, donde pude distinguir dos celdas con grandes barrotes, como en las comisaría del oeste, que te permitían ver todo lo que había dentro, abrieron una donde estaban tres personas de raza negra y un inmenso blanco lleno de tatuajes,  con unas greñas con más grasa que mi moto, cogieron de Carla del brazo y la empujaron a esa celda, en ella se podía distinguir el miedo, tenía la cara desencajada, le dijeron que se acercara a los barrotes y las esposaron entre quejidos a los barrotes, allí estaba ella esposada, dando la espalda a aquellos delincuentes con el culo en pompa y con un diminuto tanguita debajo de una mini falda que más que mini falda parecía un cinturón, mientras los que estaban en la celda de Carla se reían y hablaban, a mí me metieron en la celda de enfrente donde había dos viejos de unos 50 años, pero que pesaban unos 120 kilos.

Me senté en un banco de madera que había al final de la celda y pude ver como el policía que nos había bajado se bajaba la cremallera y sacaba un instrumento descomunal que ponía a la altura de la cara de Carla metiendo la polla entre los barrotes, esta ante sus gestos empieza a mamársela, mientras todos nos quedamos boquiabiertos, durante unos minutos, lo que tarda el poli en correrse en la boca de Carla, fue desaparecer aquel policía y los compañeros de celda de Carla que tenían el aparato totalmente empalmado empezaron a acariciarla y besarla por toda la superficie de su cuerpo, la manoseaban con delicadeza algo que me sorprendió y que a Carla la ponía mucho más cachonda, le quitaron toda la ropa y entre los gemidos y sonrisas de Carla pude ver como uno de ellos se agachaba, se metía entre los brazos de Carla (esposados a los barrotes y se colocaba entre estos y el cuerpo desnudo de mi tía, empezando un beso increíble.

Mientras, otro negro se colocaba detrás de ella para poder follársela mientras juntaba su cuerpo a su espalda y con sus manos rodeaba las tetas de mi tía, se la introdujo con delicadeza y empezó un movimiento rítmico que en la cara de mi tía podía verse que la llenaba de alegría, no paraba de gemir ni estremecerse aun cuando el otro negro la tenía sujeta y no dejaba de besarla en la boca así estuvieron durante 30 minutos en los que mi tía se corrió varias veces y creo que el negro también.

Cuando este terminó y sacando su aparato se corrió en la cara de mi tía en la que se dibujó un gesto de contrariedad, pero lo que ella no sabía era que en unos segundos el blanco gordo tatuado se iba a situar en el mismo sitio que su anterior amante y le iba a tomar el relevo, los movimientos de este eran más bruscos, cosa que a mi tía tampoco le importó demasiado, así estuvieron durante  5 horas intercambiándose de posiciones y follándose a mi tía tanto por el coño como por el culo, cosa que ella no disfrutaba tanto y siempre se oía algún quejido cuando lo intentaban pero que se acallaba pronto ante la imposibilidad que tenía de evitar que la abrieran el ano.

Mientras tanto yo me encontraba en la celda de enfrente con dos tíos que estaban súper empalmados y a punto de correrse sin que nadie les tocara y no estaban dispuestos a eso teniendo allí a un jovencito de buen ver, así que mientras disfrutaban del espectáculo recuerdo como uno de ellos, al que conocían por Pol, se me acercó y amarrándome la cabeza a la vez que decía no se que en su idioma, la acercó a su bragueta, y bajó la cremallera, nada más hacer esto saltó por la abertura un pollón enorme ya totalmente empalmado y entendí que tenía que hacerle una mamada si no quería recibir una paliza, y así fue, metí aquel pollón en mi boca y empecé a chupar, intentando esmerarme y tanto me esmeré o tan caliente estaba aquel cabrón que se corrió en mi boca sin avisar al minuto de haber empezado, después de este vino mi  otro compañero de celda que también quería que le hiciera un trabajito, este no estaba empalmado pero me la metí igualmente en la boca y experimenté una sensación muy agradable, el ver como crecía dentro de mi boca y se ponía dura como una piedra, y así seguí comiendo aquella polla mientras veía a mi tía disfrutar ensartada una y otra vez por aquellos tres tipos incansables.

Después de dos días encerrados, en los que se habrían tirado a mi tía como unas 30 veces y yo les había comido la polla a mis compañeros, nos indicaron que estaban de camino y que venían a sacarnos, mi tía arregló sus ropas lo que pudo y al poco tiempo pudimos ver a mi tío aparecer todo preocupado preguntándonos que nos había pasado, que si estábamos bien etc., la bronca no fue grande y yo no contesté, dejé a mi tía, que se inventó algo sobre exceso de velocidad y un semáforo en rojo, lo que contentó a mi tío, que se lo creyó hasta que 9 meses después mi tía le dio un hijo de raza negra, que obligó a mi tía a dar más explicaciones de las que ella hubiera deseado.

Espero que les haya gustado, envíenme sus comentarios.

Autor: Pablo

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Una enigmática mujer

Un sensual jadeo hizo que mi polla creciera y comencé a follarla como nunca mientras ella susurraba, gritaba, gemía. Sentir su cuerpo caliente chocando contra el mío era una delicia, sentir sus manos y observar su linda cara que expresaba puro placer. En apenas dos minutos me corrí dentro de aquella chica disfrutando de un polvo que nunca podré olvidar, ella tuvo un orgasmo a continuación.

 

La primera vez que la vi me quedé electrizado, completamente hipnotizado y absolutamente enamorado. Sí, sí, ya sé que esto puede parecer irreal, utópico o el sueño de un loco, pero fue así, la imagen de aquella mujer que guardo desde entonces en mi mente nunca la podré olvidar. Aquella tarde lluviosa en el mes de agosto, mi mujer (Carla) y yo llegamos a la recepción del hotel de Cancún donde teníamos reservada una suite para celebrar nuestros diez primeros años de casados. Recuerdo que estábamos charlando con el recepcionista sobre las actividades que había en el hotel: gimnasio, playa, piscina, pista de baile, restaurante y todo eso, cuando de repente apareció ante mis ojos una auténtica preciosidad de esas que te dejan planchado y anonadado.

Lo primero que sentí de ella fue su embriagador olor, sí, ese olor a un perfume suave pero que mezclado con su piel se convertía en un imán para mis instintos animales. La segunda cosa que sentí fue su voz, una dulce voz que tan sólo dijo: – Por favor, la 327. Aún recuerdo hasta el número. Nada más olerla y oírla mi siguiente percepción fue admirarla y ¡oh alegría para mis ojos!, ahí estaba ella, tan hermosa, tan bella, tan divina. Su larga cabellera negra, su lindo perfil, esos labios gruesos y que se adivinaban tan tiernos, una naricilla respingona, aquella blusa… ay, aquella blusa celeste, que resaltaba un poderoso y vigoroso pecho que desafiaba las leyes de la gravedad y qué decir de la hermosura (y esto es lo que más me atrajo de ella) de un culo con unos impresionantes muslos embutidos en unos vaqueros Levi’s 501 que acababan estrechándose por tus tobillos para terminar con unas sandalias de tacón fino.

Recuerdo cómo tuve una tremenda erección con tan sólo mirarla, es algo que sólo sucede con las mujeres increíblemente sexy como lo era ella, algo que a la mayoría de los hombres nos lleva a perder la cabeza. Yo en ese momento hubiera entregado mi alma al diablo por estrecharla entre mis brazos. La insinuante mirada que me dirigió y su resplandeciente y blanca sonrisa acabaron por hechizarme, tanto fue así que me quedé embobado mirando cómo desaparecía hasta que se cerraron las puertas del ascensor. Mi mujer, que no es tonta, se percató de mi descarada observación a aquella maravilla de mujer y no hizo falta que dijera nada, tan sólo un morrito y el ceño fruncidos.

Aquella imagen de ella no se me borraba de la cabeza. Intentaba recordarla en cada movimiento, en cada postura, en cada detalle de su anatomía. Hay muchos que piensan que eso es deseo sexual o simplemente el amor, yo no sé lo que es, tan sólo algo tan atrayente que es como una droga que tienes que tomar irremediablemente. No tuve que esperar mucho para volverla a ver. Fue en la cafetería del hotel, una vez que mi esposa y yo nos habíamos acomodado en la habitación, justo media hora después de su primera “aparición”. Recuerdo como sin haberla visto, mis ojos, mi subconsciente o mi instinto hicieron que volviera la cabeza hacia el final de la barra para descubrirla de nuevo. Su silueta de perfil sentada en un taburete la hacían escandalosamente deseada.

Aquellos ceñidos vaqueros envolvían con un arte sublime unas fantásticas piernas que ella cruzaba y descruzaba sabiéndose observada por todos. Su pecho parecía querer reventar aquella blusa y salirse juguetón. Sus labios bordeaban una pajita dentro de una copa gigante donde degustaba una bebida exótica de un color fucsia. Sin duda que ella se sintió vigilada por mí y de reojo y manteniendo esa mirada penetrante, con unos ojos divinos, me dedicó una segunda sonrisa, algo que hizo que una nueva erección delatase la excitación que me invadía. Yo trataba de disimular una y otra vez, pero no quería perderme ningún detalle, quería guardar su imagen en mi memoria para siempre y puedo jurar que lo consiguió.

No he visto jamás unos ojos tan expresivos como los suyos ni unos labios tan adorables… Dicen que la cara es el espejo del alma, pues ella debe de tener un alma divina. Después de acabar su bebida, firmó la nota del barman con el número de su habitación, que yo no olvidé (la 327) y levantándose con gran sensualidad del taburete, se dirigió hacia mí. Notaba como el corazón quería salirse de mi pecho, estaba a punto de reventar al igual que mi aprisionada polla bajo el pantalón que pedía ser liberada cuanto antes. La imagen de sus muslos avanzando y chocando entre sí cada vez más cerca, me hacían enloquecer. El movimiento acompasado de sus caderas era toda una danza erótica para mí. Su cara, su preciosa cara, cada vez más cerca de mi se veía brillante, resplandeciente… Lo triste llegó cuando pasó de largo y sólo quedó en mí, su olor y una imborrable imagen de aquel monumento andante…

Esa misma noche, en el pub del hotel apareció de nuevo ante mis ojos. Recuerdo como yo estaba en la barra del bar cuando apareció en lo alto de la escalera con un vestido blanco largo hasta los pies y muy ceñido a su cuerpo, tanto, que sus curvas se veían aún más vertiginosas, todo ello acompañado de un más que apreciable escote que destacaba en aquel vestido de tirantes y su pelo moreno ondulado que caía sobre sus hombros desnudos. Estaba ahí de pie frente a todos, como desafiante, mostrando su belleza y conocedora de la admiración que por ella sentían todos… yo el primero. Se sentó en la barra dejando una raja en su vestido donde asomaba uno de sus morenos muslos. Ella debía saber en qué medida me encontraba yo enganchado de su belleza y cuanto la adoraba, pues las mujeres cuando están requetebuenas, lo saben y sienten esa atracción que por ellas sentimos todos.

Ella era mi diosa particular y nada ni nadie importaban a mí alrededor. Otra vez su deslumbrante sonrisa y su linda mirada se dirigieron a un pobre pecador como yo… me estaba martirizando… Pidió una bebida y mientras esperaba, sus pies acompasaban el ritmo de la música mientras miraba distraída hacia la pista de baile. Cuánto me hubiera gustado bailar con ella aquel ritmo lento y sensual que sonaba como música celestial… estrechar su cintura, sentir las formas de su endiablado cuerpo… notar cómo su pecho se pegaba al mío y cómo su respiración susurraría en mis oídos. Estando en ese ensimismamiento, la voz de Carla, mi esposa, me preguntó:

– Te gusta… ¿no?

Mi reacción fue más que de evidencia y casi no supe que responder…

-¿Cómo? ¿Eh?… yo… esto… no, no…- Ja, ja, ja, ¿cómo que no?, pero si te la estás comiendo con la mirada… – me respondió.- ¿Yo?, bueno, no sé…, no me había dado cuenta… – – Vamos tonto, si se te nota tanto que no lo puedes evitar, tú y casi ninguno de los que están por aquí admirándola. – ¿Tú crees? – Claro… pero, si es lógico, es una chica preciosa y además muy sexy…

Era cierto, la palabra mejor para definir aquella maravilla del universo era decir “una chica sexy”.

– ¿En serio? ¿Crees que es sexy? – Mucho, es muy guapa y tiene un tipo de miedo, eso salta a la vista…

Carla, mi mujer, trabaja desde hace tiempo en una boutique y conoce bien a las mujeres, por lo que el hecho de que viniera de ella que aquella chica era especialmente sexy era todo una crítica profesional muy bien considerada.

– ¿Por qué no te animas y le invitas a bailar? – me preguntó. – Pero Carla… ¿cómo me pides eso? – ¿Acaso no lo deseas? – Esto… sí, claro, pero me parece feo hacerlo así, delante de ti…  – No seas tonto hombre, sácala a bailar… me divertiré viéndote…

En el transcurso de esta pequeña diversidad de opiniones, alguien se me adelantó y la sacó a bailar, algo que terminó con toda posibilidad… Sonrió y aceptó a la invitación que le hizo aquel joven. Me dedicó una última sonrisa y se perdió en la pista de baile… No me atreví a comentar nada más sobre el tema con mi mujer sobre aquella chica durante toda la noche.

A la mañana siguiente y siguiendo las instrucciones de uno de los recepcionistas del hotel, acudimos a una pequeña playa apartada, completamente solitaria, donde mi mujer podría hacer topless sin que nadie la molestase y al mismo tiempo me sirviera a mí para olvidarme de la obsesión que me martirizaba sobre aquella chica, aunque eso era harto difícil, no había otra cosa que rondase mi cabeza que ella, ella y ella, más aún cuando mi mujer había sido la mayor instigadora no sólo a no olvidarla sino a perseguirla durante la noche anterior e intentar sacarla a bailar, algo que no pudo ser.

No me lo podía creer, justo cuando llegamos a la playa y nos quedamos tomando el sol, apareció ella con una bolsa en el brazo, un pareo de flores y un top de tirantes. Para colmo se acercó hasta donde estábamos nosotros y nos saludó con su simpática sonrisa y agitando su mano cariñosamente como si nos conociera de toda la vida. Extendió su toalla, sacó un libro de su bolsa, se desprendió del pareo y apareció su fantástico y alucinante culo tapado con un mini tanga rosa increíble. Al agacharse me mostró a tan solo un par de metros de mí, unos muslos perfectamente torneados, morenos y esbeltos y como aquella diminuta braguita se introducía dentro de su redondo trasero.

Mi erección fue una vez más, incontrolable. A continuación se despojó del top de tirantes y se quedó en topless con sus dos hermosas tetas al aire. Yo creía morirme, no me lo podía creer. Con lo grande que es el mundo y sobre todo aquella zona, pero parecía que me estaba persiguiendo ella a mí en vez de al revés… La miré, me miró, la sonreí, me sonrió… cuando me quise dar cuenta y volví la mirada hacia donde estaba mi mujer, entendí que se había dado cuenta de todo. Yo no sabía dónde meterme, aquella situación era muy comprometida y estaba totalmente azorado. Fue Carla la que me tranquilizó:

– Tranquilo hombre, que no me mosqueo, tienes buen gusto… la chica es preciosa…

A mí me temblaba todo el cuerpo, no podía evitar la erección bajo mi bañador ni disimular lo apurado que estaba ante la situación. Volvió a preguntarme:

– ¿Qué pasa cariño? ¿Estás incómodo? – Desde luego que se había dado cuenta y yo ya no lo podía disimular más… – Sí, lo siento… – No, no lo sientas, es algo natural y no se puede luchar ante eso…

Sus palabras no dejaban de confundirme y no estaba muy seguro de por qué me decía todo aquello, estaba desorientado… Ella continuó…

– Dime, ¿no te gustaría hacer el amor con ella? – ¡Pero Carla! – contesté con cierto enfado, aunque en el fondo era eso lo que más deseaba… – Vamos, no me engañas… tus ojos te delatan y es lógico, la chica es una monada…

Yo creía estar viviendo un sueño o quizás una pesadilla, no me creía que todo aquello estuviera sucediendo realmente.

– Carla, creo que te has vuelto loca… – le dije. – ¿Por qué? ¿Acaso no es verdad?, sé cuánto te apetece acariciarla, rozar su cuerpo desnudo y lamer toda su piel, sé que cuando hemos hecho el amor estos días tus pensamientos eran hacia ella, sé que la deseas profundamente y que eso te está volviendo loco… –

Hizo un silencio me observó durante unos segundos y después me lanzó una de sus comunicativas sonrisas, al tiempo que me decía:

– Me gustaría que hicieras el amor con ella…- Carla, no entiendo nada de todo esto, ¿me estas proponiendo que me acueste con otra mujer? o ¿se trata de una broma de mal gusto? – Para nada, cariño, lo que más deseo en este momento es que seas feliz y que disfrutes con esa linda chica.

Las palabras de mi mujer me desorientaban y no sabía muy bien de qué iba todo aquello, aunque suponía que iba en serio… Mientras tanto aquella preciosa chica se dirigía hacia el mar dispuesta a bañarse y yo no me perdí detalle de cómo esa especie de ángel se sumergía en las cálidas aguas de un mar cristalino. Después de nadar y jugar un rato en el agua, volvió a su toalla y se secó cuidadosamente toda la piel al tiempo que me miraba y me sonreía. Yo parecía estar atrapado en un juego maléfico entre las dos mujeres: una me torturaba con sus movimientos más que sensuales y la otra con sus intencionadas palabras.

Esa chica recogió sus cosas y con su cuerpo todavía húmedo se colocó un vestido corto que se abotonaba por delante y en cada botón parecía verla guiñarme un ojo o eso a mí me parecía. Después con esa habilidad innata de las mujeres se despojó de la braguita de su bikini por debajo del vestido sin dejar ver nada pero ofreciendo esa sensualidad que le deja a uno con la boca abierta sabiendo que bajo aquel vestido tan solo estaba su lindo cuerpo desnudo.

Después de ella nosotros recogimos nuestras cosas y nos dirigimos al comedor del hotel donde servían el almuerzo al aire libre. De nuevo esa mujer estaba allí como esperándonos, la continua visión de aquella chica se estaba convirtiendo en una persecución para mi cabecita y hacer que la deseara aún más por cada minuto que pasaba delante de mis ojos.  Sus morenas piernas cruzadas, su pelo mojado, sus ojos verdes y su deslumbrante sonrisa eran motivo más que suficiente para tenerme totalmente hechizado. Saber que no llevaba nada bajo el vestido hacían torturar aún más a mi cabeza.

Tras todos estos tortuosos avatares de encuentros ante mí deseada desconocida, preso de su hermosura, de sus insinuantes exhibiciones ante mí y sobre todo de su carga erótica, mi locura llegó al límite cuando aquella tarde tras el almuerzo y mientras mi mujer y yo nos encontrábamos en la habitación del hotel viendo la tele e intentando apaciguar el calor sofocante con el aire acondicionado de nuestra suite, llamaron a la puerta.

Fui a abrir y cuando al otro lado me encontré con ella, sí, sí… con ella, creí que iba a desmayarme. Su mano apoyada en el quicio de la puerta con ese descaro de niña traviesa, su otra mano apoyada en la cadera, sus piernas cruzadas a la altura de los tobillos y envuelta en aquel ceñido y corto vestido veraniego como única prenda y que remarcaba las curvas de un juvenil y ardoroso cuerpo terminaron por dejarme sin habla.

– Hola – fue su única palabra a la que yo no pude responder.

Mi mujer conocedora de toda la maniobra y a buen seguro que la creadora de todo el montaje, la invitó a pasar con toda la naturalidad del mundo. Se dieron dos besos como si fueran dos grandes amigas y a continuación la tomó de la mano para acompañarla hasta el borde de la cama donde la invitó a sentarse. Le ofreció una copa de champán que aceptó con su inconfundible y seductora sonrisa. Yo no podía creer que todo aquello estuviese sucediendo realmente y más a un cuando me ofrecieron una copa y estábamos los tres brindando, sin saber todavía muy bien por qué.

El siguiente paso de mi mujer fue el de poner música ambiental, bastante sugerente, al tiempo que me tomaba de una mano y se apretujaba contra mí, mientras colocaba mis manos sobre su cintura y me besaba en el cuello. Comenzamos a bailar delante de nuestra preciosa invitada que nos sonreía sentada sobre la cama. Los movimientos de mi esposa denotaban una tremenda excitación, algo que se había apoderado del ambiente.

– Bien, ahora con ella… – dijo mi mujer y tomando mi mano y la de aquella impresionante mujer nos unió para continuar con el baile pero esta vez junto a mi precioso y deseado bombón mexicano.

Cuando sentí su cuerpo caliente pegado al mío creí morirme y cuando sus blanditas tetas me oprimían el pecho, mi pene quería salirse del pantalón, algo que ella percibió y que no le disuadió de separarse de mí, sino todo lo contrario y cuando quise darme cuenta, nuestros cuerpos estaban fundidos bailando al son de una música melosa.

Yo estaba en el cielo, o en la gloria, pero no creía estar viviendo la realidad sino un sueño. Estaba en la habitación de un hotel en Cancún, con mi esposa y con una joven desconocida a la que tenía enredada entre mis brazos muy pegadita a mí y a la que furtivamente acariciaba sobre un ligero vestido, una hermosa mujer que me había vuelto loco desde el primer día y que ahora tenía completamente pegada a mí, una chica joven, de no más de veinticinco años con una hermosura salvaje y exótica y que la convertían en una especie de bomba sensual…

– Qué calor hace aquí… – alcanzó a decir mi mujer.

Sin apenas darme cuenta y cuando me giré para verla, me di cuenta que mi esposa estaba completamente desnuda. A continuación separó a aquella chica de mi cuerpo y se colocó frente a ella. Lentamente y como si de un rito se tratase fue despojando a aquella joven de su vestido, soltando los botones uno a uno. De pronto su única prenda cayó al suelo y quedó al igual que mi mujer, completamente desnuda de espaldas a mí. Ese ángel adorado estaba ahora frente a mí mostrando una linda piel desnuda, una espalda erguida, una hermosa y estrecha cintura y un vigoroso y espléndido trasero.

Mi mujer la hizo girar sobre sí misma para ofrecerme toda su desnudez , esta vez de frente a mis ojos. Su anatomía era perfecta, la belleza de su cara acompañaba a un precioso y armonioso cuerpo que ya había observado en la playa pero que ahora, desnudo, era aún más bonito. Unas tetas perfectas no muy grandes y ligeramente caídas, lo justo, una cintura estrecha, un vientre liso, unos preciosos muslos y un sexo precioso en un cuerpo alucinante. Las manos de mi mujer comenzaron a acariciar aquel cuerpo. Estaba pegada a la espalda de la chica y una mano acariciaba sus pechos por los costados mientras la otra jugueteaba con su ombligo.

– Desnúdate cariño – me ordenó.

Como un autómata me fui desnudando hasta despojarme de toda mi ropa y quedar despelotado igual que ellas. Mi erección era mayúscula, algo que hizo que esa mujer mirara mi polla con deseo mientras se mordía los labios. Carla me sonreía tras el perfecto cuerpo desnudo de aquella joven, mientras sus manos jugueteaban por toda la anatomía de la chica al tiempo que me preguntaba:

– Está buena… ¿no?

Yo apenas podía creerme nada y menos podía contestar, sólo me limité a sonreír a modo de aprobación a sus palabras y mi mujer continuaba con el juego…

– Mira qué labios… – me decía mientras le metía el dedo índice en la boca y la chica lo chupaba como si fuese un rico caramelo…después Carla bajó su mano dibujando su silueta por sus brazos, por su cintura, por sus tetas hasta rozar su sexo ligeramente con sus dedos. – Mi esposa, ordenando aquel maravilloso embrollo, me invitó a unir mi cuerpo al de ellas y así lo hice sin dudarlo.

Nuestros tres cuerpos chocaron y comenzaron a acariciarse por todos lados, notaba como mis manos buscaban ese nuevo y desconocido cuerpo y otras manos abarcaban el mío. No sabía muy bien si era mi mujer o la chica la que me tocaban pero en esos instantes sólo estaba recibiendo un placer tan intenso que me hacían perder la orientación de todo.

– Arrodíllate. – ordenó Carla a la chica. – Ésta obedeciendo se agachó frente a mí quedándose de rodillas y mirándome a los ojos fijamente. Carla no tuvo que decirle nada más. La hermosa desconocida me agarró dulcemente la polla, con delicadeza y comenzó a masajearme al tiempo que con la otra mano rozaba mis huevos.

Sacó su lengua y jugueteó con ella sobre mi glande proporcionándome un gusto tremendo y poco a poco se fue metiendo todo mi miembro en su boca y saboreándolo lentamente comenzó a mamarme como nunca lo había hecho nadie. Apretaba sus labios contra mi verga y sus ojos se iluminaban observándome.

Mi esposa se sentó en la cama y se limitó a observar la operación, parecía estar disfrutando con el show y aprovechaba para rozar con sus dedos su mojado chochito. Mientras tanto la impresionante mujer que me tenía loco, ahora estaba volviéndome aún más loco cuando su boca estaba literalmente comiéndose mi polla. Justo cuando estaba a punto de correrme, esa mujer se incorporó de pie y comenzó a besarme y pegando su cuerpo al mío sus manos no dejaron de acariciarme, sobarme y pellizcarme por todo el cuerpo, sus uñas rozaban mi espalda con un deseo que me dejaba atontado.

Se tumbó en la cama, abrió sus piernas y sus brazos y ofreciendo un espectacular cuerpo desnudo me invitó a tumbarme sobre ella, todo esto sin decir palabra, una mirada y una sonrisa eran su único lenguaje y el mío también, pues tan sólo me limité a obedecer.

Miré a mi esposa que estaba masturbándose sobre la cama fogosamente mientras nosotros nos colocábamos junto a ella. La chica tomó mi miembro con su mano y lo fue colocando hacia su deseada cuevita y como un adolescente me metí dentro de ella como si la vida se me fuera en el intento.

Un sensual jadeo pronunciado por ese bombón, hizo que mi polla creciera dentro de ella y comencé a follarla como nunca mientras ella susurraba, gritaba, gemía. Sentir su cuerpo caliente chocando contra el mío era una delicia, sentir sus manos acariciando mi espalda y observando su linda cara que expresaba puro placer. En apenas dos minutos me corrí dentro de aquella chica disfrutando de un polvo que nunca podré olvidar, ella tuvo un orgasmo a continuación ya que ahora volví a oír su voz cuando me gritaba:

– Sí, sí, sí, sí… qué bien… – Sin separarme de ella noté que mi mujer estaba tras de mí besando mis muslos, luego mis huevos y finalmente sacando su lengua me chupaba por todo el culo, algo que hizo que tuviera otra erección casi inmediata. Continué follando durante toda la tarde a aquella chica y mientras ella descansaba mi mujer ocupaba su lugar… Fue increíble hasta que mi cuerpo dolorido y mi polla exhausta dejaron de funcionar. Los tres nos quedamos dormidos, desnudos y abrazados, sudorosos, agradecidos, victoriosos…

A la mañana siguiente aquella impresionante mujer me despertó con un beso en los labios, estaba vestida y tan solo se despidió de mí con un guiño…

– Espera… por favor… no te vayas, no se tu nombre… – le rogué. – Poniendo su mano en mi boca me hizo callar, giró ligeramente mi cuerpo, hasta quedar mi culo frente a su cara, sacó un bolígrafo escribió algo en mis posaderas y desapareció.

Salí desnudo hasta la puerta de la habitación, pero ella se había esfumado como el humo…. Corrí hasta el baño y girando sobre mí mismo me miré en el espejo para intentar leer lo que ella me había escrito, tan sólo pude leer su dirección de correo electrónico: Ese es el único dato que conservo de ella, pero desde entonces no me he atrevido a escribirle.

Todavía hoy recuerdo su olor, su inconfundible olor… y su cuerpo… que cada vez que le veo en mi mente siento como una descarga por todo mi cuerpo…

Autor:Tartufo

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Mi suegra me quitó las ganas

Le saqué el calzón y ella dirigió su boca a mi paquete succionando desde la cabeza hasta la base, estaba a punto de estallar, al sospechar esto saltó de golpe y me cabalgó con movimientos maestros, me hizo estallar, mi semen llenó aquella vagina caliente, siguió cabalgándome y sentí un orgasmo supremo como si nunca lo hubiese tenido, con un gemido fuerte acabó.

Amigos, siempre leo las historias de esta página, me costo decidirme hasta que la pensé harto y me decidí a contar la historia que me ha cambiado la vida. Soy un hombre de 30 años, casado con dos hijos. Vivo en Chile, en Valparaíso.

Fue en el año 1998 la primera vez, mi suegra una mujer de 44 años bien sufridos, de físico bien cuidado, pelo corto y unas caderas que enloquecen a cualquiera, mi mujer estaba embarazada de mi segundo niño, yo que trabajaba fuera de la cuidad había tenido unos meses de abstinencia que me tenían con el camión cargado, a punto de reventar, es más, cuando podía me hacía unas pajas que me dejaban con más ganas de estar con una mujer.

Cuando mi mujer estaba a punto de dar a luz, me llamaron a mi trabajo, casi en la madrugada, era mi suegra que con voz, temblorosa me decía que mi mujer había tenido complicaciones antes del parto, pido permiso en mi trabajo y partí hacia Valparaíso, después de 14 horas de viaje en un bus, que me dejó más que dolido, llegué y fui directamente al hospital, ahí estaba mi mujer Carmen, esperando que la revisaran los médicos, ya que había sufrido una taquicardia, que casi termina en un paro cardíaco, pero ya estaba bien, solo esperando que la revisaran para dar a luz, estuve con ella la acompañé y a eso cuando terminan las visitas nos fuimos con mi suegra.

Salimos del hospital después de un cigarro, por el camino nos dirigimos a tomar el bus que nos llevaría hasta la casa de mis suegros, en el bus mi suegra me daba las gracias por haber llegado a ver lo que le sucedía a su hija, Yo le dije que era mi obligación nos fuimos conversando en el trayecto.

Yo como soy bueno para cambiar los temas de conversación, empiezo la conversación un poco más subida de tono. Le dije, -¿Imagínese señora, que hace como tres meses que no estoy con una mujer? Y ella me dice: -Parece que estás ansioso hijo, -No se lo imagina señora, le respondí.

Tras una breve sonrisa, me sigue preguntando, -¿Parece que andas a puras pajas?  -Nunca tanto, le dije. Y viendo que la conversación estaba más subida de tono, me decidí a preguntar.

Mi suegra se llama Carla, viene de una familia muy recatada, súper enchapada a la antigua, mi suegro un súper mecánico, era muy frío con su familia, amigo de sus amigos, amigo del trago y no atendía como se merecía a mi suegra. Le pregunté: – ¿Y mi suegro como la atiende a usted señora?, a lo que ella me responde con voz baja como si no la escuchara, -Hace años que no me atiende como corresponde, -O sea, yo le dije, andamos más o menos igual. A lo que ella sonrió y me dijo, si…

Terminó nuestro recorrido, nos bajamos y nos dirigimos a la casa de mis suegros, entramos y estaba mi suegro tomando un trago con unos amigos, luego de saludar a mi hijo mayor mi suegro nos invitó a tomarnos unos tragos, entre el cansancio que tenía, no lo rechacé y nos tomamos unos tragos, mi suegra después de hacer sus cosas, nos acompañó, al cabo de unas horas, los amigos de mi suegro se fueron y nos quedamos solamente los tres…

Mi suegro que ya tenía más tragos en el cuerpo se fue a dormir, mi suegra lo acompañó y luego de un rato volvió, nos tomamos el último trago y unos cigarros, sentí una mirada más profunda de Carla, a lo que yo todavía no me entraban los bajos instintos, proseguí con la conversación que teníamos en el bus, a lo que mi suegra se sonrojó y le dije: -¿No ha pensado en buscar a alguien que la atienda como se merece? A lo que ella respondió: – ¿Quién va a querer estar con una vieja como yo?, yo le respondí: -Pero si usted no está para nada mal. -Tú lo dices porque eres mi yerno, -No le dije, lo digo como hombre, y además si no fuera mi suegra yo me la jugaría con Ud. Me miró con otros ojos, le dije: -¿Podría quedar en familia? A lo que ella sonrió, cruzó las piernas y pude ver su calzón blanco, tuve una tremenda erección, entre risas y el trago le dije que lo pensara, me despedí y me dirigí a mi casa, y me hice una paja pensando en mi suegra.

Al otro día temprano me fui a casa de mi suegra noté algo raro, estaba más cariñosa conmigo, andaba con una falda corta, y una blusa que dejada ver el sostén, no me podía contener y le pregunté entre risas, -¿Y lo pensó?, me dijo, -Estás loco hijo… sin insistir, almorzamos, y como en casa de mis suegros no tenían teléfono, nos dirigimos a mi casa, para preguntar el horario de visitas de mi señora en el hospital.

Llegamos a eso de las 4 de la tarde, mi hijo se quedó con mi cuñada, llamé por teléfono y me dijeron que las visitas eran hasta las 8 de la tarde, entre volver y partir directamente al hospital, quedarme en la casa me quedé, me recosté sobre mi cama, ella también viendo un poco de televisión, a lo que yo volví a la carga y le pregunté de nuevo, -¿Y lo pensó?

Me volvió a repetir estás loco, me acerqué suavemente, – Pero suegrita no se imagina las ganas que tengo, y como le vuelvo a decir quedaría todo en familia, se sonrió… me acerqué más y le di un beso en la mejilla, no hizo nada, y fui más lejos, le acaricié las piernas y dirigí mi boca a sus labios, ella temblorosamente me lo respondió y empezamos a acariciarnos, lentamente.

Ella sintió el bulto entre mis piernas, lo cual no es para nada pequeño, y una erección se nota harto, me lo acarició por encima de mi pantalón, a lo que yo ya tenía mis manos en su conchita mojada, corriendo el calzón, introduje uno de mis dedos en su concha, mojada y el olor que emanaba era fantástico, con la otra mano apretaba uno de sus pezones, erectos por la situación, gemía en mi oreja sin decir nada, me sacó el cinturón y vio mi paquete…

Muy grande fue la impresión ya que por lo que me dijo el de mi suegro era más pequeño… le saqué el calzón para tener mejor acceso a su conchita, ella dirigió su boca a mi paquete succionando desde la cabeza hasta la base, estaba a punto de estallar, al sospechar esto saltó de golpe y me cabalgó con movimientos maestros, me hizo estallar, mi semen llenó aquella vagina caliente, siguió cabalgándome y sentí un orgasmo supremo como si nunca lo hubiese tenido, con un gemido fuerte acabó, me besó y sus ojos ya no eran los mismos, traté de que no me importara, a lo que ella me dijo, -¿Te quité las ganas? Yo le dije, -Parece que ambos estábamos iguales.

Nos recuperamos y nos fuimos al hospital, después de ver a mi señora, nos fuimos, en el bus me volví a insinuar, me dio un beso en los labios y me agarró el paquete, calentándonos hasta llegar a mi casa, al entrar nos desnudamos por completo y pude observar con detenimiento su cuerpo, un poco gastado por los años, caderas prominentes, senos grandes y bellísimos, al desnudarme se quedó mirándome el paquete, se arrodilló e introdujo completamente en su boca, con movimientos de maestra, lo succionaba y succionaba, me parecía maravilloso, la corro y la estiro en la cama sobre su espalda, separándole las piernas y comienzo a comerme esa concha rosadita, su olor era diferente, trataba de lamer, lo mejor que podía cuando sentí su orgasmo, me llenaba la boca, una y otra vez, me dijo:

-Dámelo-te quiero sentir dentro de mí.

Le levanté las caderas e introduje mi verga al máximo, sentí un gemido, profundo con sus ojos cerrados, le di una y otra vez, en diferentes posiciones, se relajó al máximo, al acabar, después de un cigarrillo, desnudos, me dijo que sería nuestro secreto, que no lo volveríamos a repetir, pero no fue así…

Cada vez que estábamos solo nos dábamos, pero eso se los cuento en otro relato…

Chao no más…

Autor: samyto_2028

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Gracias a mi honestidad

En el preciso momento de un orgasmo de Carla apoyé la cabeza de la verga en su culito, Juli empujó mi verga hasta que entró mientras Carla se desgarraba del dolor, estuvimos así un rato sin movernos mientras seguían lamiéndose sus conchas hasta que paró el dolor y empecé a bombear solo hasta la mitad de mi verga mientras Carla no paraba de insultarme a la vez que pedía más.

Les cuento es la primera vez que escribo y por lo tanto voy a pasar a contarles quien soy. Mi nombre es Sebastián, tengo 25 años y soy de Rosario, Argentina, soy soltero, vivo solo y según dicen bastante bien parecido, por lo tanto no me cuesta mucho con las mujeres. Pero la historia que les quiero contar me sucedió hace unos meses.

Todo empezó cuando volviendo del trabajo me encuentro en la calle con una agenda, la cual contenía dinero y un documento, mi gran sorpresa fue al abrir el documento. Era de una chica de 18 años llamada Julieta, que en la foto parecía menor. Buscando encontré un teléfono del mismo apellido de ella y tras preguntar di en la tecla. Nos pusimos de acuerdo y quedé en que la encontraba en su facultad para entregársela.

Mi gran sorpresa llegó cuando la encontré, tiene una figura perfecta, rubia y con cara de niña que me dejó enloquecido, desde ese momento supe que si había encontrado esa agenda por algo era. No estuvimos hablando más de 10 minutos porque yo tenía que volver al trabajo, pero antes de irme me dijo como podía agradecerme y contesté que si podía llamarla otro día para tomar algo a lo que ella contestó “quizás”.

Pasaron un par de días y una noche que tenía libre la llamé para invitarla a tomar algo a mi casa, ella en un principio tenía miedo de aceptar, a lo que yo le dije que yo iba a estar en casa esperándola y que si quería la esperaba sin ningún compromiso. Al cortar me di cuenta que me había apurado con tal invitación y estaba seguro que no vendría, así que me fui de un amigo y mi gran sorpresa fue cuando volví a casa, a las 10 de la noche, cuando en la entrada del edificio me encontré con ella y una amiga esperándome sentadas. La amiga se llamaba Carla y era muy linda pero no tanto como ella.
Antes de subir compramos varias cervezas y una vez en el departamento comenzamos a charlar de todo un poco. Ambas vestían un jean muy ajustado que marcaba sus perfectas siluetas, Juli tenía un top ajustado que marcaba bien sus tetas redonditas y Carlita una camisa que no dejaba ver tan bien el tamaño de sus tetas aunque estaba claro que era más grandes que las de Juli.

Después de charlar como dos horas y tomar varias cervezas cuando no sabíamos más que hacer propusieron jugar a verdad/consecuencia a lo que acepté gustoso. El juego venía medio aburrido hasta que aprovechando que estaban bastantes borrachas me tocó ponerle una prenda a Juli a lo cual le indiqué que tenía que darle un beso de lengua a cualquiera de los presentes, descontando que me lo daría a mi, pero para mi sorpresa se dio un beso con Carla que casi tengo que separarlas, y luego empezaron a reírse que con la situación y el alcohol no pararon durante un buen rato.

Cuando pararon de reírse les expliqué que había encontrado la manera con la que me podía recompensar por mi devolución de agenda. Apenas me preguntó ¿de que forma?, le di un beso que fue reciproco. No pasaron ni 10 segundos cuando me di cuenta que había otra boca en ese beso, era Carlita que se había incorporado a ese beso de tres.

Después de separar nuestras bocas Juli me dijo: -Me parece que después de esto me vas a tener que recompensar vos, a lo que agarrando a cada una de una mano las dirigí hacia la habitación. Mientras caminábamos nos íbamos besando y desnudando como podíamos, llegando a la pieza ya los tres sin la parte de arriba de nuestra ropa. Llegando a la cama empecé a recorrer todo el cuerpo de Juli con mi lengua empezando con su cuello y siguiendo por sus pechos mientras Carlita bajaba mis pantalones y recorría mi estómago con su lengua.

Una vez totalmente desnudos empezaron a besarse mientras bajaban lentamente hacia mi pene recorriendo mi cuerpo con sus lenguas entrelazadas. Una vez en mi pene comenzaron a mamarlo de una manera increíble, turnándose entre la cabeza los huevos y el culo, cosa que me encanta.

Estuvimos así un rato hasta que las levanté y puse a Juli y empecé a chupar su conchita mientras ella se la chupaba a Carlita. Era una imagen perfecta que si bien no era la primera vez que hacía un trío si era la primera vez con dos mujeres tan hermosas. Continuamos un rato saboreándonos con lo cual tuvieron un orgasmo al mismo tiempo y acto seguido Juli me pide por favor que la penetre, a lo cual no me hice rogar clavándole la verga de un solo golpe a lo que ella respondió con un grito que pensé que se iban a quejar todos los vecinos…

Si bien mi pija no es muy larga, unos 17 cm., es muy ancha según me han dicho, una vez que el dolor pasó a ser placer empezaron unos gemidos hermosos mientras Carlita se tumbó debajo de ella empezando lamer desde su clítoris hasta mis huevos. Luego de un rato cambiaron posiciones y así pude comprobar que la conchita de Carla era más estrecha y por lo tanto más hermosa.

Mientras yo penetraba a Carla con todas mis fuerzas y ellas en un perfecto 69 Juli empezó a meter un dedito en el culo de Carlita y viceversa, la verdad es que perdí la cuenta de los orgasmos y yo con el efecto del alcohol no había llegado ni al primero y ya hacía como media hora que no paraba de bombear.

En el preciso momento de un orgasmo de Carla, Juli me hizo señas y apoyé la cabeza de la verga en el culito de Carla a lo que ella respondió con un “no-hijo de puta” y acto seguido Juli le dijo, callate y empujó mi verga hasta que entró la punta mientras Carla se desgarraba del dolor (luego me confesaría que era virgen del culito), estuvimos así un rato sin movernos mientras seguían lamiéndose sus conchas hasta que paró el dolor y no dudé y empecé a bombear solo hasta la mitad de mi verga mientras Carla no paraba de insultarme a la vez que pedía más…

Después de un rato me salí y les pedí que me mamaran las dos juntas ya que con el alcohol es la única manera de venirme, y dado que ellas ya habían tenido innumerables orgasmos ahora me tocaba a mí. Estuvieron chupándome las dos juntas un ratito hasta que acabé justo en la boca de Juli que no dudó ni un instante. Quedamos los tres tendidos un rato en la cama pero la noche no terminaría allí, no antes de probar el bello culo de Juli.

Después de esto agradecimos los tres a esa agenda perdida y nos encontramos frecuentemente para darnos placer que ya contaré en otra historia.

Espero comentarios y si alguna mujer quiere placer estoy dispuesto a dárselo como a mí me lo dan estas chicas. Un abrazo.

Autor: Siraola

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