Historia de Melissa

Jóvenes y Cachondas. Fernando es toda pasión, es un amante especial, disfruta haciendo gozar, su verga estaba como quería, inflamada, enhiesta, quería recorrer mi cosita con su verga, de pronto me clavó, sentí su glande estrellarse contra mi útero, estaba bien llena de su carne, me empecé a contonear y él hacía lo mismo, al cabo de unos instantes estalló cual volcán y me llenó de semen caliente y espeso.
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Me encanta el sexo

Parejas liberales, Trío, MIlf. Martín y me pone de cuatro patas. Aprovechando lo dilatado que estaba mi culito y que chorreaba la leche de Martín y mi propia sangre, me la pone pero muy despacio, centímetro por centímetro, mientras yo me masturbo. No había llegado a ponérmela toda cuando acabo de nuevo, pegándole fuertes sacudidas en la pija, lo que acelera su venida. Golpeándome las nalgas, acaba entre quejidos.
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Una tía muy marchosa

Su sexo, perfectamente aseado se ofrecía en mi boca que sin pérdida de tiempo, devoraba sin piedad. He de reconocer que la práctica del sexo oral me encanta. Raquel disfrutó, sus movimientos pélvicos y sus jadeos, parecieron reactivar a mi lengua que recorría sin cesar el sexo de Raquel, hasta que ésta tirándome del pelo, explotó en mi boca.

Mi nombre es Carlos, tengo 30 años y la historia que aquí les cuento es total y absolutamente verídica. Es más, ni siquiera invento los nombres de las personas que conmigo vivieron esta historia para de esa manera hacer de ello un relato que esté basado en hechos reales con todos sus condicionantes.

Me considero una persona muy normalita. El sexo en mi vida tiene la importancia justa. Vengo de sufrir una historia de desamor que me impide tener pareja estable, porque no he superado mi historia anterior. Por eso afronto el sexo con relaciones esporádicas de esas que vienen y van.
En Navidades, conocí a Raquel, que a pesar de sus 36 años, aparentaba tener menos. En un principio me llamó la atención por su simpatía y su acento, más quizás que por su aspecto físico que para nada era desdeñable. Es gallega y pasaba en Sevilla las fiestas navideñas. Compartimos una grata noche acompañado por una amiga suya y dos amigos míos. La noche concluyó con el único bagaje de unos besos furtivos fruto más de los efectos del alcohol que de la pasión, pero que sirvió como excusa para quedar al día siguiente.

Ella compartía casa con una tía suya mayor, hermana de su padre que era quien le daba alojo esos días de vacaciones. De 50 años aproximadamente, esta mujer era soltera. Como pude saber más tarde esta mujer que aún mantiene muy buen tipo tanto de cara como de cuerpo, tuvo un novio que falleció electrocutado, y por las reglas morales de la época no rehízo su vida y se quedó soltera.

Me sorprendió que Raquel me citase en la casa de su tía, pero ella no disponía de coche para desplazarse y ni mucho menos sabía moverse por Sevilla. Llegué diez minutos antes de la cita y me abrió la puerta su tía. Me hizo pasar y me rogó que esperara unos minutos que su sobrina vendría de inmediato. La mujer me obsequió con unos pasteles y me agradeció las atenciones que había tenido al ir a pasar a por su sobrina para llevarla con el resto de amigos. Se ve que Raquel en este aspecto había sido muy discreta con su tía y no había dado a entender que habíamos quedado solos.

La señora que se llamaba Inés, hablaba por los codos. Mantenía conversaciones intrascendentes que yo sólo seguía por pura cortesía. Me contó que ella no había marchado como su familia a Galicia, que aquello no le gustaba pero que ahora se veía muy sola. Agradecía la visita de su sobrina, pero que sabía que en unos días marchaba. En estas andábamos cuando llegó Raquel, estaba ciertamente atractiva y me besó con dos besos en la mejilla con tanta suavidad que la deseé en ese momento. Se sentó con nosotros y degustó uno de los pasteles con los que su tía me había agasajado.

Entre tía y sobrina la conversación era muy coloquial. Mantenían conversaciones muy amenas que me hacían sentir muy reconfortado. Hasta el punto de descartar salir, detalle este que nos agradeció la tía que se sentía violenta por el hecho de que por quedarnos allí íbamos a abandonar al resto de las amistades, cosa que por otro lado le aclaramos no era problema.

Pasó cierto tiempo. La conversación había variado de unos temas a otros, hasta llegar a lo meramente personal. En lo que a mí respecta ya había contado algo de mi vida y Raquel algo de la suya. Su tía Inés andaba contando su vida, cuando de pronto Raquel preguntó a su tía acerca de sus experiencias sexuales con su novio, el que falleció. Ésta sin cortarse le respondió que con su novio nunca mantuvo relaciones y que incluso jamás se dio un beso en público. Raquel lanzada a la par que sorprendida le preguntó. Tía ¿No serás virgen? En estos momentos me escandalicé un poco temiendo por la reacción que esta pregunta pudiera tener en la tía, pero cuál sería mi sorpresa cuando ésta entre risas, contestó que no.

Ella había sido muy guapa (de eso estoy seguro, aún lo era) y pretendientes no le faltaron, pero entre que tardó en superar su desgracia, la moral de la época y demás historias, le pasó la edad y se quedó soltera. El sexo lo descubrió con hombres casados y a una edad ya madura. Inés criticaba la hipocresía que nos rodeaba a la juventud de hoy en día a la hora de mantener relaciones sexuales sin tapujos, sin existir amor de por medio. Pero por otro lado entendía que los tiempos habían cambiado.

En estas estábamos cuando en uno de los momentos en el que la tía marchó a por unas bebidas.

Raquel me preguntó cómo me sentía. Yo le dije que bien, aunque le reconocí que me había dejado helado con sus preguntas. Esta me dijo que su tía era muy moderna y que no me preocupara. En ese momento, se sentó junto a mí y me besó con gran ternura, lo que hizo que me excitara. Temía que volviera la tía y nos viera en aquella situación, pero Raquel no paraba de besarme. En esto llegó la tía y para nada se escandalizó. ¡Ah!, pero sois novios, dijo. ¿Cómo novios, tía?  Si yo llevo aquí dos días. Es un amigo con derecho a roce. A mí se me subían los colores. ¡Ah!, mira que bien, ya veo que no pierdes el tiempo, le dijo ésta. Pues tened cuidado con estas cosas que luego vienen las tonterías. Si queréis os dejo solos.

De pronto, Raquel, preguntó a su tía. ¿A que es guapo? Ésta respondió, hija estás poniendo a Carlos en un compromiso (Se ve que me lo notaba en la cara), pero sí que lo es. Yo no sé qué maquinaba Raquel en aquel momento, pero le dijo a su tía. ¿Tú lo harías con un hombre más joven que tú?  A lo que ella respondió. Cuando eso sucede el hombre es el que decide, pero yo no creo que pueda motivar a un hombre joven en ese aspecto. Carlos. ¿Tú lo harías? Pero qué preguntas haces, mujer. Su sobrina es así siempre. Tú eres muy lanzada le dije. Y yo qué sé. Raquel, lo estamos cortando al chaval. No seas tan directa no ves que se esté incomodando.

Que no tía Inés, que lo está deseando. Y de pronto me tiró de la mano me levantó y me arrastró hacía el pasillo. Como un zombi, me dejaba llevar. En el pasillo a la par que me besaba, me dijo, le dejamos participar de esto a mi tía. Yo alucinaba, pero en esta ya estaba vilmente excitado. ¿Te estás quedando conmigo?  Que no tonto, que no pasa nada, déjate llevar, entra en esa habitación y espérame.

Sin cómo ni por qué, le hice caso. Al momento, se presentó Raquel con su tía Inés. El corazón se me salía del pecho. Las dos mujeres se me acercaron. Raquel me cogió de la mano y con un pequeño apretón me acercó a su tía que debía de andar tan dudosa y cortada como yo, porque el semblante de su cara, así lo denotaba. Bésala me dijo Raquel. Titubeé pero deseaba besar a la tía me daba mucho morbo. Me acerqué y la besé. Sus labios eran tiernos, pero no se movían. Raquel volvió a tomar la iniciativa. Me empezó a desnudar. De golpe me retiró el suéter, me desabrochó la camisa y empezó a besar mi cuello, mi pecho y mis brazos. Yo permanecía inmóvil. Me desabrochó el cinturón y me retiró los pantalones.

Ahí estaba yo en calzoncillos, con mi pene a 100 ante dos mujeres que parecían ansiosas de devorarme. Te toca a ti, tía Inés. Inés que hasta entonces se había mantenido fría se me acercó, y me empezó a acariciar. Raquel se había situado detrás de mí y me besaba el cuello a la par que me succionaba la oreja. Inés ya desinhibida me deslizó en un abrir y cerrar de ojos mis calzoncillos. Mi pene brotó a la par que sentía entre mis tobillos deslizarse la prenda. Inés lo sujetó entre sus manos, como aquella que admira un tesoro. La tomé de su mejilla, le levanté la cabeza, y la besé tiernamente. Ahora sus labios ya respondían a mis besos. Mientras Raquel deslizaba su lengua por mi espalda hasta llegar a mis glúteos, donde jugaba con sus manos y boca.

No hablaba nadie. Parecía un pacto de silencio entre los tres. Yo desnudo ante dos mujeres maduras aún vestidas que parecían conformarse con poseerme con caricias y besos. Raquel rompió el silencio, invitando a su tía a que me la chupara. Esta parecía poco reacia. De pronto Raquel de rodillas frente a mi pene, empezó a succionarme los testículos y con su lengua a recorrer mi falo, erecto e imperturbable. Roto el hielo, Inés se agachó y siguiendo las pautas de su sobrina, la siguió con sus gestos. A ambos extremos de mi miembro, dos lenguas se deslizaban. Ardía de excitación. Sensaciones novedosas recorrían mi cuerpo. Tenía la sensación de estar siendo utilizado por Raquel para dar una alegría a su querida tía, reprimida durante años que a buen seguro disfrutaba esa tarde de sensaciones que o bien eran nuevas o bien estaban olvidadas.

La felación se había convertido en un mano a mano entre Raquel y su tía. La una parecía la maestra y la otra su alumna. La suavidad de Raquel iba unida a la lentitud de Inés, que más bien parecía saborear despacio ese caramelo que nunca quieres que se acabe. Raquel se levantó mientras Inés continuaba. Parecía incomoda vestida. Se retiró la blusa blanca y un sujetador negro que escondía sus magníficos pechos. Se retiró el pantalón dejando a la luz un tanga del mismo color que me hizo comprobar la espléndida figura de alguien que cultiva su cuerpo con ejercicio físico. Como un poseso retiré suavemente a Inés y me centré en Raquel. Le quité el tanga y la contemplé en su total desnudez. Mi excitación no tenía fin. Era realmente preciosa. La impulsé a la cama y empecé a tomarle sus pechos. Raquel con sus manos empujando mi cabeza muy excitada parecía invitarme a visitar su sexo.

A mi inmensa excitación, había contribuido de forma muy agradable la buena impresión que me había llevado al contemplar la desnudez de Raquel. Por un momento me olvidé de la presencia de Inés y me centré en Raquel, a la que en ese momento deseaba fervientemente.

Su sexo, perfectamente aseado se ofrecía en mi boca que sin pérdida de tiempo, devoraba sin piedad. He de reconocer que la práctica del sexo oral me encanta y que quizás por ello, el cunnilingus, sea por así decirlo una de mis cartas de presentación al practicar sexo. Raquel disfrutó, sus movimientos pélvicos y sus jadeos, parecieron reactivar a mi lengua que recorría sin cesar el sexo de Raquel, hasta que ésta tirándome del pelo, explotó en mi boca a voz en grito con un orgasmo sensacional, que a fuerza de ser sincero, me llenó de satisfacción.

Por un momento, la presencia de Inés, había pasado a un segundo plano. El hecho de centrarme en Raquel, me había hecho olvidar a Inés, que por otro lado durante todo este tiempo había permanecido observando cual “voyeur”, en la distancia. Aún permanecía vestida.

Mi excitación no tenía límites, me sentía protagonista y reforzado ante el éxito del cunnilingus de Raquel, que permanecía aún exhausta, me acerqué a Inés. La besé intensamente por toda su cara agarrándola de los pelos con una mano y con la otra masajeando sus pechos y glúteos. Ella a su vez, respondía dejándose llevar y acariciando mi pene que permanecía empalmado y ávido de coño.

Ansiaba ver desnuda a Inés, torpemente empecé a desnudarla. Recuerdo que le rompí la cremallera de la falda. Mis ojos ahora observaban a una Inés que se ofrecía en ropa interior, su cuerpo fruto de los años era antagónico al de Raquel. Sin embargo sus enormes pechos algo caídos y su cintura amplia de caderas me seguían ofreciendo un morbo que me excitaba igualmente.

Le pedí a Inés que se retirará el sujetador. No quería volver a mostrarme torpe. Sus pechos enormes como ubres, ofrecían unos pezones inmensos que pase a devorar. En estas estaba cuando noté por detrás el abrazo de Raquel que de nuevo se ofrecía con sus caricias pellizcando mis glúteos y tomando mi pene.

Pedí a Inés que se quitara las bragas, y ante mi sorpresa fue Raquel quién realizó esta operación. Ante mí apareció un coño repleto de vello al que rápidamente me dirigí para acariciar. Mi protagonismo con Inés era ahora compartido con Raquel, que con sus manos acariciaba los pechos de su tía, intentando buscar su total desinhibición para lo que ahora se le presentaba.

Pero esa es otra historia, que si os interesa terminaré de contar en otra ocasión. Desconozco si lo que hasta ahora llevo contado os ha llegado a transmitir las sensaciones que yo experimenté, pero os garantizo que hubo bastante más y que permanece grabado en mi mente como si estuviera ocurriendo ahora mismo. Sin embargo temo que la historia no interese o aburra, por eso prefiero dejarla aquí.

Autor: Carlos

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De acampada

Ellos se empezaron a besar con lengua, se daban un morreo súper erótico. Yo mientras, mamando. Javi, mientras se morreaba, me metía dos dedos en el culo. Seguí mamando un buen rato hasta que se corrió en mi boca. Era la segunda vez seguida y la 3ª esa noche, pero le salieron chorros y chorros de leche caliente. Me salía por la boca y eso que tragué bastante.

Hola a todos los lectores, soy Roberto, mandé un relato en el que contaba mi historia, mi primera vez con un tío, hace ya mucho tiempo, se titulaba “Retomando una amistad”, para quienes estén interesados en conocer mi historia desde el principio.

Si os acordáis, en mi relato anterior os contaba lo que me pasó con Carlos, y os decía que ahí no acabó la cosa. Pues siguió la noche. Lo dejamos después de la follada que me dio, bien, pues eso, después de mamársela y que me la metiese, nos quedamos ahí tirados en la tienda, yo tenía toda la cara con su semen, pegajosa. Él estaba al lado, con la polla flácida y toda húmeda.

Empezamos a hablar. Me contó que tenía ganas de hacerlo conmigo desde el instituto, que al decirle yo que venía se lo preparó todo, lo del pedo, lo de quedarnos solos, y eso. También me dijo que Javier y él solían hacerlo de vez en cuando, no eran gays pero les iba ese juego, esa marcha.

Estuvimos así un rato, hasta que noté que se estaba poniendo otra vez cachondo, se le empezaba a poner morcillona. Yo también empezaba a notar algo ahí abajo. Le dije que si no había tenido suficiente con lo de antes, y él dijo que nada de eso, que había que rematar la faena. Ya sin el corte ni los miedos de antes, me lancé sobre su polla, la agarré y la manoseé, él también agarró la mía. Empezamos a sobarnos las pollas, con vicio. Ese sobeteo me gustó mucho, mano va mano viene. Yo me agaché más y me la metí en la boca, quedando justo para que él hiciese lo mismo, un 69. Y no se cortó, me empezó a chupar los huevos. Yo estaba encima y él debajo. Yo tenía toda su polla dentro y él me chupaba los huevos y la zona que va de ahí al culo. Eso me puso a cien.

Me estaba gustando mucho, notaba su lengua cerquita de mi agujero que aun no estaba recuperado de la follada de antes y eso hacía que tragase su polla con más ansia aun. Ahí estábamos, venga a chupar y gemir, y no nos dimos cuenta que Javier regresó de la marcha. Los otros se debieron meter en su tienda, que estaba unos metros alejada, y él venía hacia la nuestra. Estaba abierta y entró, venía medio borracho, pero tampoco mucho.

No le extrañó mucho lo que vio, porque no dijo nada más que: vaya, ya sabía yo que este cabrón conseguiría comerse ese culo. Yo de momento me quedé cortado, pero a los pocos segundos recordé que me había dicho que también le molaba esto, y le vi que se estaba bajando el pantalón. Ya desnudo, me empezó a acariciar el culo, las nalgas y el agujero, mientras Carlos chupaba toda la zona. Él tenía una polla más pequeña que la mía, y delgadita, estaba descapullado, o sea, operado. Nada que ver con el pollón de Carlos. Yo seguía con la mamada, de la polla de Carlos casi no me entraba ni la mitad, pero yo seguía venga a mamar, y me excitaba que me tocasen y chupasen dos tíos a la vez.

Era demasiado para mi 1ª noche bisexual. Carlos le dijo a Javi que probase, que tenía buen culo y que me entraba muy bien. El enseguida se dedicó a chupar bien mi agujero, y a meter dos dedos. Lo de que me mamase el culo fue algo bestial, me encantó. Al poco tiempo se puso un condón, y me la empezó a meter.

Estaba tan salido que ni me dolió, además, al ser pequeña y finita, no me molestó nada mientras entraba. Tenía a Carlos chupándome los huevos, Javi metiéndomela y yo con la polla de Carlos tiesa en la boca. Le pedí a Carlos que me la chupase un poco. Eso hizo, me la chupó arriba y abajo y ya no aguanté mas, me corrí como una perra, sin avisar, en su boca. Carlos dijo: será cabrón?, conque esas tenemos, eh?, ahora vas a recibir polla de verdad. Se levantó, quitó a Javi de ahí y me la metió sin preparativos, de golpe. No tenía ni condón puesto. Me dolió, pero antes de poder decir nada, Javi me puso la suya en la boca. Se estaban despachando a gusto.

Yo estaba empalmado, no se me bajó a pesar de correrme, de lo salido que estaba. Se puso un condón y siguió follando bien fuerte. Después de un rato, noté como le engordaba la polla dentro de mí, eso me puso aún más, y empezó a correrse en mi culo, lo notaba como golpes de la polla dentro de mí. Javi estaba también a punto y se corrió en mi boca. No daba a basto, corrida en la boca, corrida en el culo.

Estaba súper salido, me sentía la mas guarra del mundo y les dije: ahora yo también quiero un poco, así que me puse de rodillas y los dos me la empezaron a mamar, juntos, uno la polla otro los huevos. Y me puse un condón y les dije que los 2 a 4 patas. Se pusieron y se la fui metiendo a Carlos. Mientras, Javi se metía los dedos. Después se la metí a Javi. Un ratito después, volví con Carlos, quería correrme dentro de su culo. Empujé 4 ó 5 veces y zas, me corrí como un animal en el culo de Carlos. Javi estaba ya empalmado y tocándosela sentado, así que Carlos se acercó y se sentó sobre él, clavándose su polla en el culo.

Yo estaba reventado, pero la escena era súper cachonda, así que me acerqué a Carlos y se la mamé. La tenía casi empalmada. Javi se corrió rápido, y yo seguí con la mamada. Ellos se empezaron a besar con lengua, se daban un morreo súper erótico. Yo mientras, mamando.

Javi, mientras se morreaba, me metía dos dedos en el culo. Yo lo tenía ya al rojo vivo, pero me daba morbazo. Seguí mamando un buen rato hasta que se corrió en mi boca. Era la segunda vez seguida y la 3ª esa noche, pero le salieron chorros y chorros de leche caliente. Me salía por la boca y eso que tragué bastante. Ya nos relajamos. Y pensé en los días que todavía nos esperaban en la sierra.

Pero eso ya os lo contaré en otra ocasión, espero no tardar tanto en continuar como esta vez. Esta historia es real, si alguien quiere comentar algo o charlar conmigo, os espero.

Autor: Roberto

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Los hermanos de mi joven esposa II

Fueron las pasadas fiestas decembrinas cuando la familia de mi esposa vinó a la casa, yo al saber que pasarían con nosotros el 24 y 25 de diciembre, estaba que no cabía de contento, tanta felicidad seguro debía de ser pecado.

Primero llego Carlos con su novia Liz, luego llegaron mis suegros, y por ultimo hizo su arribó Luis quien venía acompañado de su prometida Claudia y de sus jóvenes cuñados Cristian Alixander, Alfonso y Brighton, todos ellos de ojos azules igual que Claudia, eran delgados, de pelo semi rubio, de piel blanca, y facciones finas, y por lo visto eran bastante alegres, porque enseguida empezaron de parlanchines. Otra cosa curiosa es que todos se veían de la misma edad, lo cual me desconcertaba, pero decidí no hacer ningún comentario al respecto.

Todos habían llevado vivires para enriquecer la cena de navidad, pero él que se destacó al hacer venado al horno fue Cristian quien estudiaba para ser Chef, yo nunca había probado el venado, me agradó la carne aunque un poco recia para mi gusto, tenía un muy buen sabor;

Como era de esperarse en cuanto supimos que estudiaba Cristian para ser Chef, le pedimos que nos preparara más cosas igual de suculentas, asintió enseguida y en cuestión de horas ya tenía todos los ingredientes listos para preparar jaiba, pez espada, una sopa de mariscos y empanadas de camarón, el solo hecho de pensar que comería camarón me hizo pensar que en la noche andaríamos todos como burros en primavera; De pensar que solo había dos mujeres y 7 hombres eso sería una verdadera orgia.

Pasaron las horas y el hambre ya empezaba a ser demasiado evidente, pues en nuestras platicas el tema de conversación giraba en torno a la comida, que si alguien habían preparado tal o cual cosa, que cual era la comida más rara que habíamos degustado, etc, etc, por ello decidí ir a la cocina haber en que le podía ayudar a Cristian y aprovechar para comer algo de lo que estaba preparando, debido al calor que hace en la cocina, vi a Cristian sin camiseta, se le marcaba bien sus músculos del abdomen y su pans se le ajustaba marcándole el contorno del calzón, y dividiéndole las nalgas, no sé cuánto tiempo me quede como hipnotizado observándole, pero fue evidente, porque el, a pesar de darme la espalda, sonrió soltando una leve risa y me dijo – “¿estarás todo el tiempo observándome el culo o vendrás a ayudarme a terminar la cena?”, yo también solté una risa nerviosa por ser tan obvio, y me acerque a ayudarle, le ofrecí una disculpa, él me dijo que no había problema, que no le quitaba yo nada con verle, que ya estaba demasiado acostumbrado a que lo vieran de esa forma, por eso no le daba mucha importancia.

Continuo la cena todo normal, pero yo no podía dejar de pensar en Cristian, a mi izquierda se encontraba Diana sentada y a mi derecha se sentó Cristian. Al paso de unos minutos por debajo del mantel deslice mi mano hacia la pierna de Cristian, si él se incomodaba mi estrategia era fingir que me apoyaría para levantarme, pero no se incomodó, solo sonrió un poco, así que empecé a subir mi mano, poco a poco hasta llegar a su entrepierna, y comencé a acariciársela sobre el pans, se le empezó a poner dura, y dejo de platicar tanto como era su costumbre, ya que empezaba a tener uno que otro espasmo de excitación, sus otros hermanos se dieron cuenta del cambio de actitud de Cristian, pero decidieron no decir nada, entonces decidí desamarrar su jareta del pans y meter mi mano, así lo hice y sentí su pene a traves de una pequeña tanga, eso me indicó que el iba preparado para buscar un encuentro así, entonces metí mi mano debajo de su tanga y le toque su pene, mismo que ya había lubricado por la excitación, empecé a subir y bajar su prepucio, así hasta que, me trataba de detener con la otra mano para que no siguiera, era inminente una eyaculación, saque mi mano tome 3 servilletas y la baje otra vez, y continúe masturbándolo lentamente hasta que se vinó en mi mano, pero las servilletas lograron absorberle su eyaculación.

Eenseguida me levanté y me fui al baño, no precisamente a tirar las servilletas, más bien quería saborear sus esperma, me las metí en la boca en cuanto estuve en el baño, su esperma sabía muy dulce, me gustó mucho, luego de que tome todo lo que pude, tire las servilletas al escusado y me lave la boca, regrese a la mesa, y me incorpore a la convivencia, note que Cristian estaba algo sonrosado, quizá se sentía mal por lo que pasara unos minutos antes, entonces le puse otra vez mi mano en su entrepierna y note que no había anudado la jareta del pans, por lo que mi mano incursiono una vez más en su entrepierna, así que le toque su pene, el cual ya estaba flácido y retirándole el prepucio con un dedo empecé a sobarle el glande, creo eso lo éxito muchísimo, porque con su mano me toco también mi pene, y tuve que detenerle pues se podía dar cuenta mi esposa. Después fui a sacar colchones inflables y a extender el sillón cama para que pudieran acostarse nuestros invitados, en la recamara principal nos quedaríamos mi esposa y yo en la cama matrimonial y en un colchón con ruedas se quedarían mi cuñado Luis y su prometida Claudia, en el otro cuarto se quedarían mis suegros, en el sillón cama de la sala se quedaría mi cuñado Carlos y Liz, y en tres colchones inflables se quedarían Cristian, Alfonso y Brighton. Al otro día me levante como a eso de las 6am al baño y decidí ir a la cocina por un vaso de leche, pero volteé a la sala y gracias a que tenían prendida la luz de una pequeña lamparita, daba una luz muy tenue pero que servía para alumbrar los contornos de las personas y un poco más, vi que mi cuñado Carlos estaba en un colchón inflable junto con Brighton, y su novia Liz dormía muy profundamente, lo cual me hiso suponer que le dio pastillas para dormir, Alfonso hacia como que dormía pero estaba al pendiente de lo que pasaba con su hermano Brighton, y Cristian el me seguía con la mirada, decidí acercarme a Cristian, y en ese instante el levanto sus cobijas invitándome a meter con él, pude ver que estaba completamente desnudo, y luego le pregunte si podía llamar a sus otros hermanos, él se sorprendió, y se portó indiferente, así que me incorpore y fui a donde estaba Alfonso, lo toque, y el brinco de lo nervioso, empecé a desnudarle, podía sentir su temblor, no sé si de miedo o de excitación, luego le di un beso en su boca, y cuando lo tuve desnudo le hice sexo oral tanto en el pene como en el culito, luego le dije que se pasara al colchón de Cristian, y me fui con Carlos y Brighton, me metí en medio de los dos, y empecé a meterles mano, luego Carlos ya quería penetrarme y yo le hice la seña que fuéramos al colchón donde estaban Cristian y Alfonso, se pararon Brighton, y Carlos y nos reunimos en el colchón los 5, y empecé a penetrar a Cristian, mientras Carlos penetraba a Alfonso, y a Brighton le metí el pene de plástico de mi esposa, por lo visto esos tres hermanos eran vírgenes, nunca habían estado con un hombre o con una mujer, por eso nos fue más fácil ganarles la voluntad de que se dejaran penetrar, empezaron a gemir al poco rato, y pensé que se despertarían los demás invitados, pero creo Cristian a mis suegros y a las mujeres les había echado una especie de pastilla adormilante , el único que se despertó fue Luis, y al vernos a todos cogiendo, decidió cogerse a Brighton, así estuvimos un rato, luego nos cambiamos de hermano y cogíamos a otro, hasta que logramos cogernos cada quien a los tres hermanitos, ni se diga las veces que eyacularon al ser cogidos, luego les hicimos nos chuparan el pene, al principio no querían, pero cuestión es que se animara Cristian que los demás también lo hicieron, con un poco de asco, pero lo hicieron, se notaba su inexperiencia, porque a veces como que querían morderlo, también terminaron haciéndonos sexo oral en el culo. Ya como a eso de las 8am nos fuimos a bañar todos juntos y mi cuñado Carlos le interrogo a mi cuñado Luis si sabía que sus cuñaditos les gustaba el pene y que por eso los había invitado?, a lo que Luis respondió – “como iba yo a saberlo, yo creo ni ellos lo sabían, pero ahora que lo experimentaron, seguro les gusta el camote”, lo que no dejamos fue que ellos experimentaran que se siente penetrar, quizá porque no queríamos que se nos acabara la oportunidad de penetrarles, ya que a ellos seguro que también les gustaría penetrar, pero ese gocé simplemente se los prohibimos, cada vez que querían darnos la vuelta para saber que se siente penetrar, nosotros nos reusábamos diciendo que aún no habíamos terminado, que quizá después dejaríamos a ellos que nos lo hicieran también, pero por el momento nosotros éramos los que habíamos iniciado y los que debíamos de quedar satisfechos. Por fin a las 10am dieron señales de vida mis suegros y nuestras mujeres, parecían todos aletargados, pero se compusieron luego de echarse un buen baño, dijeron que tuvieron pesadillas, y nosotros cambiamos la conversación, no vaya a ser que se dieran cuenta que todos escucharon los mismos sonidos y que cayeran en cuenta que no habían sido pesadillas, sino que había sido real. Otra vez en la tarde del 25 me ofrecí a ayudarle a Cristian, pero esta vez todos los demás idearon que también querían ayudar y que sería mejor que se fueran a hacer las compras las mujeres y mis suegros, que según esta vez las queríamos consentir, así que debía ser sorpresa lo que prepararíamos, y les indicamos que no regresaran hasta que les llamáramos, entonces se fueron al cine a matar el tiempo, y en eso nosotros nos apuramos a hacer la comida – cena y enseguida nos desnudamos, y nos empezó a grabar con su celular mi cuñado Carlos que ya para entonces tendría unos 19 años y los cuñados de Luis tendrían unos 18 años, todos empezamos a coger y probamos nuevas posiciones, en algunas la penetración era más profunda, Luis propuso usar condón, pero nadie le hicimos caso, ya que los muchachos habían sido vírgenes y nosotros no teníamos sida ni ninguna enfermedad de tipo sexual, pues decidimos hacerlo al natural, los chicos empezaban a ser más propositivos y después también empezaron a ser parlanchines igual que lo eran cuando platicaban sobre otras cosas, eso era novedad para mí, pues cuando tenía yo sexo con mi esposa casi no hablábamos según yo para no desconcentrarme, pero esa nueva experiencia rompió ese tabú que tenía yo y mis cuñados, y entonces esa orgia fue un verdadero jolgorio . Los cuñaditos de Luis aunque no les gusta mucho la mecánica se hicieron contratar por el dueño del taller como chalanes, y pese que se supone deben de ayudar a quien sea de los mecánicos, ellos solo están conmigo. Ya también se hicieron de novias, hasta se mandan cartitas de amor, y quizá si las estimen, pero su gusto por el sexo gay sigue igual de presente en sus vidas. Además ninguno de los 6 somos afeminados, es decir no se nos nota que somos gays, o bisexuales, no es como la gente piensa que son los gays, al menos nosotros somos normales como cualquier persona, pero con nuestro gusto sexual distinto, si a veces echamos un taco de ojo con algún buen galán que veamos, pero sabemos ser discretos, normalmente no pasa de unas miradas y ya.

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Los Hermanos de mi joven esposa

Yo me llamo Brian Néstor y mi esposa se llama Diana Elizabeth, ambos éramos sumamente románticos, pero también teníamos nuestro carácter, aunque nunca nos habíamos disgustado, sabíamos de las reacciones del otro frente a otras personas, reacciones que a veces eran violentas.

Con este antecedente, ambos sabíamos que quizá algún día nos disgustaríamos y entonces no saldríamos muy bien librados del altercado, pero tratábamos de ignorar ese problema latente.

Nos casamos jóvenes, hace un año y medio, cuando mi esposa tenía 17 y yo 18 años, pero el altercado fue cuando teníamos un año de casados.  Sucede que ya eran como eso de las 5 de la tarde, yo acababa de regresar de trabajar en un taller mecánico, salimos temprano porque solo me toco hacer una afinación a un Camaro 2010, yo no estaba muy de buen humor ya que en el trabajo se la pasaron escondiéndome el lavador de inyectores, y por eso entregue un poco tarde el trabajo y el cliente se molesto conmigo por no entregarle pronto su auto.

Así que llegue a la casa, la cual solo era de un piso, tenía un jardín al frente, en el servía para estacionar dos autos, mi chevy, y el corza de Diana, al entrar a la casa estaba un baño completo, y la sala, mas al fondo estaba la entrada hacia los 2 cuartos, el principal tenía también baño completo y al fondo estaba la cocina y el cuarto de servicio; Así que llegue y de inmediato me fui desnudando ya que quería llegar a echarme un baño y descansar, pero grande fue mi sorpresa cuando escucho voces de varias mujeres en la cocina y acto seguido me encuentran allí en pelotas en la sala; Mi esposa se puso roja y sus amigas se despidieron sin quitarme la vista de encima e incluso comiéndome con la mirada, yo soy blanco, pero sonrosado, mido apenas 1,70 peso 69kilogramos, ojos grises, completamente lampiño y de complexión normal, me gusta hacer ejercicio así que aunque no estoy grueso, si estoy marcadòn, y tengo un culo redondeado y parado, debido a que hago flexiones con pesas con los pies separados uno frente a otro, quizá eso fue la razón porque no apartaran la vista de mi cuerpo, yo nunca antes había sentido vergüenza, pero esa vez me hicieron me sonrojara y me cubriera mis partes, acto seguido que se fueron las amigas de mi señora, cerró la puerta y me dijo .  .  .  “de modo que te gusta exhibirte a las mujeres”, y así siguió diciendo cosas y se me acerco, notaba que su cara se iba poniendo mas y mas roja así como su forma de hablar iba incrementando su agresividad;   Al principio paso todo tan rápido que yo no terminaba de salir de mi aturdimiento, pero cuando se me puso frente a mi cortándome toda forma de escapar y dándome unas bofetadas seguidas de un rodillazo  en mis genitales, yo reaccione instintivamente dándole un empujón, trastabillo un poco pero su tacón se atoro en la alfombra y fue a dar hasta la mesita de la sala, se pego con el filo de la mesita en las costillas y enseguida escuche su fuerte alarido de dolor, luego yo quede hincado por las punzadas  en mi ingle, así que ella, enseguida se salió a la calle. Yo no le di mucha importancia, pensé que se abría ido con alguna de sus amigas, así que me prepare de comer y luego me dispuse a ver la tv así desnudo, porque planeaba encontentarla y sobarle sus costillas con algún antiinflamatorio en cuanto regresara de la calle, así que también fui a sacar de sus cosas un pene de plástico con el que pensaba introducírselo por el ano en cuanto yo metiera mi miembro en su vagina, creyendo eso la aria gozar bastante; Así que estaba yo desnudo sentado en el reposed, con el pene de plástico sobre la mesita de la sala, le deje una nota sobre la mesita en la cual le decía que ese pene se lo introduciría por el culo, también se me ocurrió que antes de hacerle el amor podría darme un buen baño, y así lo hice, pero eróticamente deje la puerta abierta para que me viera por si acaso llegaba cuando yo estuviera duchándome, yo soy de los que dilatan como 30 minutos bañándose, es que me doy varias enjuagadas y me tallo el cuerpo varias veces, así que despreocupadamente me empecé a bañar; No pasaron ni 10 minutos, cuando escuche que la puerta de la entrada se abría, no escuche los tacones de mi mujer, pensé que quizá se debía a que tenia jabón en los oídos y por eso no la escuche, continúe duchándome ya que presentí estaba siendo observado, luego de un instante me enjuague la cara y volteé pero no había nadie viéndome, eso me desconcertó y pensé seguiría algo enojada, así que en lugar de vestirme salí a la sala, vi la tv encendida y note que desde alguna parte alguien le subía el volumen al máximo, entonces se me hiso raro eso, me acerque a la sala pero ya no estaba el pene de plástico, me dirigí a la cocina, y no había nadie, así que decidí regresar a buscarla a alguno de los cuartos, cuando veo que sus dos gallardos hermanos estaban en la sala y me miraban con bastante odio, Luis el más grande de ellos me dijo “¿así que pensabas meterle este pene por el culo a mi hermana?, ¿no era ya bastante con que le pegaras, aun querías desquitarte destrozándole el ano?”, Yo le explique, que no quería destrozarle el ano, que ese juguete era de su hermana y que yo solo quería hacerla gozar más, y también le explique que yo solo la avente y ella tropezó y se pegó con la mesita en las costillas, pero ya para entonces ellos no me hacían caso y se me habían acercado diciéndome que me pondrían una buena mola para que aprendiera a respetar a su hermanita.

Carlos que había estado callado, hablo y me dijo. . .  “Brian  no solo la  avergonzaste frente a sus amigas, sino que seguiste haciéndole daño, pero eso cambiara, te aremos ver lo mal que estas al no haber medido las consecuencias”.

Les dije que no entendía porque su comportamiento, que mejor se fueran de mi casa, a lo que Luis me dijo, “claro que nos vamos a ir de tu casa Brian, pero primero te vamos a dar un correctivo de actitud”, entonces les dije que no les tenía miedo, que me dejaran vestir y les daría gusto peleando contra ellos, pero de a uno por uno, y apenas termine de decir eso, ellos se me abalanzaron, me aventaron patadas, muchas esquive, pero algunas si me dieron, yo estaba en clara desventaja, ellos traían zapatos y yo estaba completamente desnudo. Al cabo de unos 5 minutos ya me tenían todo golpeado, y aunque yo si les había propinado buenos golpes, no fueron los suficientes como para hacerlos desistir. Así que luego me amarraron boca abajo sobre la mesita de metal de la sala, sentía el frio del cristal de la mesita, y se los hice saber, me ignoraron y me taparon la boca con mi camiseta del trabajo, después ensalivó Luis el pene de plástico y me lo introdujo en el culo, yo lloraba del dolor y por más que sufría ellos no se apiadaban, luego Carlos se quitó el cinturón y empezó a darme de cinturonazos en la espalda y en las nalgas, al punto que ya no sabía que era peor si el tener el pene artificial desgarrándome el culo o los cinturonazos lacerando mi espalda y trasero. Me dio aproximadamente 15 cinturonazos, nunca había sentido tanto dolor en mi vida. Luego en algún momento se le antojo a Luis dejar de meterme el pene artificial y penetrarme el culo, así que escuche su cremallera bajarse y enseguida sentí su pene abriéndose camino en mi interior, empezó primero despacio, y después fue poco a poco más rápido, así estuvo cogiéndome por unos 20 minutos, decía que se sentía súper estrecho mi culito, que él nunca se había cogido a un hombre, pero que yo tenía un culo bien durito, rosadito y cerradito, esas palabras hicieron que Carlos se bajara el pantalón y se empezará a masturbar junto a mi cara, luego de unos pocos minutos me aventó su esperma a la cara, yo a pesar del dolor que sentía con que Luis me penetrara empecé a sentir como mi pene se iba erectando, luego sentí el esperma de Luis en mi interior, y me saco su pene, solo para que Carlos me penetrara también, Carlos me dijo que era virgen que yo sería su primera vez, así que me portara a la altura.

Primero le costaba mantener la erección, entonces se arrodillo y sentí su lengua saborear mi culo, la sensación me era nueva, mi ano se fue expandiendo, luego Carlos se erecto y me cogió por espacio de una media hora, yo pensé que no acabaría jamás, y de repente empezó a jadear más rápido y mi pene se puso a mil, eyacule sobre la alfombra y el dentro de mí, pero se reusó a sacarme su pene y a los pocos minutos se le puso erecto otra vez, y como se dieron cuenta que yo también había eyaculado, decidieron desamarrarme, y quitarme la mordaza de la boca, aunque Luis me sujetaba firmemente de las manos, pues era consiente que me habían golpeado y violado (desvirgado), aun así Carlos decidió ponerme boca arriba sobre el sillón, y penetrarme mientras veía fijamente mi pene, y noto que enseguida me puse erecto, así que el continuo con el mete y saca,  y luego que estaba por eyacular, saco el pene se los hecho en la mano y me los puso en la boca, en acto reflejo instintivamente apreté mis labios para no probar su esperma el con la otra mano me apretó los testículos haciendo que abriera la boca de dolor, y me los hecho en la boca, cubriéndome la boca con su misma mano, así estuvo unos 4 minutos aproximadamente hasta que noto que yo tragaba, entonces sin quitarme la mano de los testículos, empezó a sobármelos y a tocarme el pene, eso me desconcertó al igual que desconcertó a su hermano mayor Luis, pero nadie dijimos palabra sobre eso, así que Carlos se arrodillo y me empezó a chupar el pene, así estuvo hasta que me hiso eyacular en su boca, luego se enderezo y me dio un beso, al tiempo que sus manos me apretaban las nalgas, así se quedó tendido sobre mí, por lo que Luis soltó mis manos y levanto a Carlos, le dijo que ya se habían dilatado mucho, y se lo llevo a aconsejarle, aunque alcance a escuchar que debían de borrar las evidencias por si acaso se me ocurría demandarles, pero la evidencia era yo, así que me sujetaron y me llevaron al baño, yo casi no podía dar un paso, porque me dolía muchísimo el culo y los golpes que me habían dado empezaban a hacer meya en mí, por eso me ayudaron a llegar al baño, luego llenaron el pequeño jacuzzi, su intención era evidente, hacer que el agua me lavara el culo, por lo que  llenaron el jacuzzi con agua caliente, no quemante pero si caliente y le echaron champú, luego ellos me metieron al jacuzzi y se desnudaron también, ya en el jacuzzi me cogieron otra vez los dos,  me enjabonaron,  se enjabonaron y luego de una hora, sonó el celular de Luis, era mi esposa preguntándoles si ya podía venir a la casa, él le dijo que lo hiciera en unos 60 minutos porque ahorita estaban borrando las evidencias de la golpiza que me habían dado, lo cual en parte era cierto. Terminamos de bañarnos y sacaron hielos del refri los envolvieron en tela y me los pusieron en el lugar de los golpes, también ellos se pusieron hielos. Al poco rato ya se me habían desinflamado los golpes y a ellos también, así que se fueron, no sin antes darme una buena agarrada de culo, incluso dijo Luis – “de haber sabido que te cogeríamos abríamos traído condones”.  Me dijo que de ahora en adelante yo sabía lo que me pasaría si le ponía una mano encima a su hermana.

Luego de un rato que se habían marchado, llego mi esposa, y no me dirigió la palabra, empezó a trapear el piso, ya que allí si había bastante sangre, motivo que hiso que se impactara y volteara a  verme tratando de adivinar de que parte mía provenía esa sangre, así que era evidente lo mal que se sentía al pensar como me habían dejado sus hermanos, me preparo unos tés y pidió pizza, que ya sabe que me gusta, y  me miró fijamente al tiempo que me pregunto, “¿Qué te hicieron?”,  yo solo baje la mirada no sabía que contestarle, ella se fue a su cuarto y encontró el pene artificial en el lavabo, tenía sangre, de inmediato binó hacia mi llorando y diciendo que eso era terrible, que me llevaría de inmediato con un urólogo, yo solo solté unas lágrimas de mis ojos y no hice por levantarme de la sala. Ella me dijo que solo me darían un correctivo, pero que nunca pensó me sodomizaran, y que ella estaba sumamente consternada, luego que me levante vio que tenía mordidas marcadas en mis nalgas y espalda, y quería ayudarme, pero yo se lo impedí, simplemente me fui  a acostar y no fui a trabajar hasta el tercer día,  no me sentía nada bien, en ese tiempo no hable con mi mujer.  Diana  trataba de hacerme plática, pero yo no participaba.

Así que un día luego de platicarlo con sus amigas, decidió decirme que ella me entendería si en parte me había gustado sentir el consolador, que era normal, ya que había investigado que nuestro punto G de los hombres es la próstata que se encuentra junto al ano y que desde allí se le puede estimular provocando así  erecciones involuntarias, eyaculaciones, y múltiples orgasmos masculinos, que si yo así lo deseaba ella podría metérmelo de cuando en cuando, o incluso cómprame un vibrador. Al notarme cada vez más ausente, decidió llamarles a sus hermanos, y le contesto Carlos , ella le reclamo el porque me habían sodomizado, que eso nunca fue lo acordado, entonces Carlos pensó que yo le había contado a ella que me habían penetrado y solo se confesó, le dijo que él no tenía pensado penetrarme, que de hecho era virgen, y  al darme cinturonazos mi carne blanca se tornó más rosada,  que mi piel era como de terciopelo muy suavecita, completamente lampiño, y que el primero en penetrarme fue su hermano Luis, y  luego él también me penetro perdiendo conmigo su virginidad. Mi esposa se quedó de una pieza, pues ella suponía solo me habían metido su consolador, y se enteró que además los dos me penetraron, me amarraron a la mesa, me taparon la boca y ya después me desamarraron, ya para entonces  no opuse resistencia, que incluso había eyaculado también.

Todo eso era demasiado para mi joven esposa, y se desmayó en el sillón, por lo que yo tome el teléfono y le dije seriamente a Carlos que ellos fueron los culpables de que se enterara que me habían sodomizado, ya que el consolador lo dejaron sin enjuagar en el lavabo, y que ella no sabía que me habían penetrado también. Por un momento pensé que Carlos no contestaría y entonces me dijo, “Ya la regué, perdóname por decirle a mi hermana lo que te hicimos, ahora quizá se divorcie de ti, pero si quieres platicarlo, podríamos vernos en un restaurant, te invito a cenar y ya después lo que quieras”; También me dijo que nunca pensó que se enamoraría de un hombre pero que yo lo había cautivado y que quería hacerme el amor.

Al otro día fue Luis a verme a mi trabajo y me reclamo el porqué le había avisado a su hermana de lo que me habían hecho. Yo a esas alturas ya estaba harto de su comportamiento y aunque él era 2 años mayor que yo, le dije que no me estuviera molestando, que me debería de agradecer que no los denuncie y que tampoco le dije a mi esposa, que ellos por sus descuidos lo hicieron evidente, pero que si lo que quería era pleito, pues que con gusto le respondería; Él se me abalanzo, y yo lo esquive, por fin me pude ir desquitando de lo que me habían hecho, claro que al final me gano, el media como 1,75 se había criado en el campo y según se dé chico era un peleonero, y yo las peleas que había tenido en mi vida las podía contar con los dedos de una mano, así que al final se impuso la maña. Pero orgullosamente no se fue limpio, es más se fue casi igual de amolado que yo. Luego de que terminamos de pelear, él me dijo que esa forma de ser mía le causaba una rara atracción y aunque me duela reconocerlo a mí también me atraía ese joven atlético blanco, de ojos cafés que se erguía frente a mí, así que nos dimos un fuerte abrazo y un beso aún más fuerte, luego me agarro las nalgas y yo a él, al tiempo que su mano derecha hurgaba  dentro de mi tanga, bajándome los pantalones, le impedí que no siguiera pues estaba en mi trabajo y nos podían ver. Así que nuestro encuentro quedo para después. . . .

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Dos hombres al mismo tiempo

Sentí como Susy llegaba al orgasmo, que delicia, dos vergas en mi cuerpo, no se detengan sigan así. Sin dejar de embestirla, la nalgueaba, acariciaba su clítoris con fuerza, mis dedos sentían el miembro del amante de mi esposa, y su clítoris, que durito, también ansiaba mis caricias. Susy tuvo otro largo orgasmo.

Mi amorosa esposa Susy llegó a mi estudio a avisarme que el arquitecto que me había recomendado un amigo para remodelar la casa, había llegado. Miguel -Me dijo- Ya llegó el arquitecto, ven para que le digas lo que queremos que haga. Por tu sonrisa, tu actitud y tus movimientos coquetos, se nota que te gustó. Le dije al tiempo que le tocaba su entrepierna. Sí, es muy guapo, me dijo abriendo las piernas y alzando los pechos.

– Putita hermosa, se nota que estás caliente. -Sí, hoy me siento cachonda, ven, vamos para que le platiques que hemos pensado, dijo. -¿Le vas a proponer nuestra fantasía, o lo hago yo? -Yo, déjame ver cómo se desarrollan las cosas. Me dijo.

Me presenté con el arquitecto que me cayó muy bien desde el principio, se llama Carlos y es como lo dijo Susy, guapo, alto, atlético, bien vestido. Susy me avisó que se iba a cambiar pues se sentía fachosa. Después de platicar unos minutos con Carlos, llegó Susy, se había cambiado y lucía una blusa roja muy escotada sin sujetador que resaltaba sus grandes pechos y dejaban ver la forma de sus pezones. La minifalda que escogió también roja y apretada, dejaba ver sus hermosas piernas y resaltaban su curvilíneo cuerpo. Parecía una puta de primera. -Te ves guapísima mujer, te ves súper sexy, muy hermosa, -le dije- Estoy seguro que Carlos opina lo mismo que yo, te ves muy guapa. Ven dame un abrazo mujer hermosa.

Mientras nos abrazábamos, Carlos dijo que se veía muy bonita.- Bueno, tengo que trabajar. -Dije- Susy, por favor enséñale la casa y platícale que quieres tú y que nos proponga otras mejoras, pero que yo tengo que terminar un trabajo en el estudio. Al pasar junto a ella, le agarré la nalga y le dije: Atiende bien a Carlos como tú sabes Susy, cuando terminen me llamas para que me digan en que quedaron.

Ya en mi estudio pensé que quizás Carlos fuese el hombre que nos ayudaría a cumplir nuestra fantasía de un trío en la cama, de tan solo pensarlo tuve una erección. Sabía que Susy estaba contenta y coqueteando con el arquitecto, me imaginaba que se le acercaba y chocaba con él, que pedía perdón por haber chocado su teta contra él, que se le acercaba y sus cuerpos se tocaban como si fuesen muy naturales esos contactos. Trataba de concentrarme en mi trabajo pero lo único que tenía en la mente era a Susy disfrutando su calentura con Carlos. Quería que lo conquistara y sedujese, cosa fácil para ella ya que es preciosa, abierta, alegre, hermosísima para mí.

Carlos aparenta unos 40 años, la misma edad de Susy, yo tengo 46. Y parece que con el paso de los años nuestra sexualidad ha aumentado, hacemos sesiones de fotografía al desnudo, inventamos juegos sexuales, platicamos más abiertamente y nuestra relación es cada día más firme. Este juego lo hemos platicado muchas veces y hoy lo vamos a disfrutar, bueno, eso yo quiero. Una hora después Susy me llamó, estaban en la sala, sentados en un sofá, Carlos dibujaba sobre una hoja de papel, Susy sentada muy juntita a él veía lo que él trazaba en el papel, su pecho recargado en el brazo de Carlos y su mano sobre su pierna. Unas copas y una botella de tequila sobre la mesa, movió su mano de su pierna y me señaló el asiento a su lado.

-Mi vida, mi amor, me gusta mucho lo que Carlos nos sugiere, también a él le gustaron nuestras ideas y va empezar el trabajo la próxima semana. -Me dijo- y me señalaba con su mano libre el papel en que Carlos escribía. Me senté al lado de Susy, coloqué mi mano sobre su muslo, Carlos me explicó sus ideas y acordamos que así se hiciera. -Muy bien, así se hará, confío en lo que tú haces y piensas y como yo ya terminé mi trabajo, me voy a servir un tequila, ¿Quieren otro? –Les pregunté. Ambos asintieron, así que serví copas para todos.

-Salud, por que todo salga como Susy quiere.- Dije. -Salud.- Contestó Carlos. -Sí, que salgan como yo quiero.- Dijo mi esposa en un tono pícaro y alegre. -¿Qué dijo Carlos de la otra propuesta que queremos?-Pregunté. -Le da pena contigo.- Susy me respondió. -Carlos, de verdad queremos los dos tener esta experiencia, la hemos pensado por mucho tiempo, estoy seguro que todos la vamos a disfrutar, no tengas temor.- Le dije mirándolo a los ojos.

-¿Qué se siente Susy bonita tener un hombre a cada lado? –le pregunté a Susy. -Muy bien, se siente una admirada y atractiva. – Me contestó. – También caliente.

Carlos sonreía pero no decía nada. Yo puse mi mano sobre la teta de mi mujer.

-Que rico se siente tu teta mujer, ¿sientes tú rico? -Muy rico, pero no lo hagas, pobre Carlos, no comas delante del hambriento. -Yo lo invito al banquete.- Dije mientras desabrochaba su blusa y dejaba al descubierto sus hermosos, grandes y bien redondeados senos, con mi boca empecé a lamer y chupar su teta, mi mano entre sus piernas buscaba su vagina que toqué sin dificultad porque no traía bragas, húmeda y suave, abrió más las piernas para facilitar el trabajo de mis dedos y puso su mano sobre mi verga que ya tenía una buena erección. Me di cuenta que no tan solo a mí me estaba agarrando la verga, su otra mano tenía bien agarrado el bulto que tenía Carlos entre las piernas y lo masajeaba con fuerza.

-Que rico me haces Miguel, me tienes bien mojadita. -Me parece que ya estabas mojadita desde hace rato. -Bueno si, ya me había calentado un poquito- Me dijo Susy suspirando. -No tengas miedo Carlos, anímate y disfruta el momento.- Le dije a Carlos. -¿No te molesta de veras Miguel?- Me preguntó. -No, lo voy a disfrutar mucho, aprovecha esta hermosa mujer caliente Carlos.- Le dije.- a mí me gusta verla caliente, infiel, teniendo orgasmo tras orgasmo -Bueno Miguel, ya que te gustaría ver como la complacen y a ella ser complacida, voy a aprovechar esta oportunidad para disfrutar esta hermosa hembra- me contestó Carlos.

-Susy, ¿Ya le enseñaste que bien mamas? pregunté. -Ya, y vieras que hermosa lanza tiene este hombre, está muy bien dotado, ¿quieres ver como se la mamo? -Sí, y también quiero ver cómo te la mete en tu agujerito. -Ya sabes que yo hago todo lo que me pidas, marido mío, déjame complacerte. Decía mientras sacaba la verga de Carlos de su pantalón.

Cuando la tuvo en su mano, la admiró y volteándome a ver con una sonrisa en su boca me preguntó: -¿Verdad que es hermosa? Grande y dura como roca, se siente como la sangre caliente la llena, sus venas son bonitas, su ancho es muy grande para mi agujerito, a ver como me va. Pero yo me la voy a comer, su cabeza coloradita me invita a chupar, ¡que verga tan hermosa!

Carlos tiene una verga más grande y más gorda que el promedio y que yo, como de 20 centímetros y muy ancha, la mano de Susy no alcanzaba a abarcarla por mucho para complacencia de ella, Susy se hincó entre las piernas de Carlos, se quitó su blusa y excitadísima empezó a mamar su verga. Ella se excita mucho mamando, puede tener varios orgasmos haciéndolo, quizás piensa que domina y tiene el control. Para mi es excitante verla tan caliente y contenta, Me ha contado que cuando joven y tomó en sus manos la verga de su novio, sintió un cambio en su sensualidad, desde entonces se volvió una mujer muy ardiente, muy sexual. Y que lo ha hecho con los hombres que le agradan, sean sus novios, patrones, subordinados, compañeros de trabajo, amigos o una conquista casual, pero esta era la primera vez que yo la veía haciéndolo.

Susy trataba de meter toda la verga en su boca, era un reto, con las dos manos la sujetaba y las movía de arriba abajo, también movía su cabeza y poco a poco fue logrando meterse la verga más y más. Carlos le acariciaba su cara y le sujetaba por los cabellos, por momentos cerraba los ojos y suspiraba, su respiración era muy agitada, con sus manos, acariciaba sus pechos sujetaba su nuca, la tomaba de sus orejas y le marcaba un ritmo lento al movimiento de la cabeza de mi mujer. Carlos me volteaba a ver ocasionalmente y yo le animaba con sonrisas de aprobación, yo ya me había sacado mi pene y me lo acariciaba al ritmo de la cabeza de Susy. Que excitante ver a mi esposa casi desnuda mamar con tanto ahínco la verga de otro hombre, verla tan excitada y tan contenta, llena de deseo y lujuria, satisfecha de lograr lo que quería; sexo diferente, variado, sin responsabilidades, solo por placer. No sentía celos ni nada que se le parezca, sentía orgullo de tener una mujer tan plena, tan mujer y además bella y conquistadora.

No pude resistir la situación, me acerqué a ella por atrás, yo también me hinqué, le levanté la minifalda y empecé a acariciar sus nalgas y sus senos, mis manos recorrían todo su cuerpo. Sabía que ella no podía moverse ya que estaba atada por la boca a una gran verga que no quería soltar y aproveché la situación para disfrutar su cuerpo; la nalgueaba a veces fuerte, otra quedito, acariciaba su clítoris, lo soltaba para introducir mi dedo en su agujerito, lo sacaba. Tomaba su teta y la acariciaba con fuerza, pellizcaba su pezón, volvía a nalguearla. Colocaba mi pene duro como roca entre sus nalgas, lo llevaba hasta su vagina, lo retiraba; lo frotaba a su culito y lo trataba de introducir, hacía lo mismo con su vagina, volvía a las nalgadas, a sus tetas y mi mente gritaba:

-Que hermosa putita, que dichoso poder disfrutar esto tan excitante, tan diferente, tan dominante. Sabía que ella ya había tenido varios orgasmos pues sus jugos llenaban mis manos, las llevé a mi boca para saborear el sabor del placer. Mi verga parecía a punto de explotar, hacía mucho tiempo que no sentía lo que ahora sentía.

Susy, mi amada esposa, separó su boca de la gran verga pero sin soltarla para decirme: Miguel, amor mío, me vas a vaciar, ya me vine tres veces, pero no te detengas, que placer, me siento putísima, rico, muy rico.

-Viciosa hermosa, ¿ya estás contenta, tienes lo que querías?- Pregunté. -Estoy contenta, pero quiero más, voy a acabar con estas vergas, los voy a exprimir a los dos, cabrones ricos.- Ella me contestó. – Quiero todo, quiero montarme en esta verga de caballo.

Susy se levantó y ayudó a que Carlos se desvistiera completamente, yo me desvestí también, le quité su falda tratando todo el tiempo de agarrar alguna parte de su cuerpo. Susy no soltaba a Carlos, lo tenía bien agarrado por su miembro. Volvió a sentar a Carlos en el sofá, así encuerados los tres nos mirábamos, disfrutando lo que veíamos, Susy parecía estar como drogada por sexo, su voz sonaba anhelante, su mirada como perdida, sus manos buscaban tocar y disfrutar toda la piel, la de ella, la de Carlos, la mía. Yo tenía que guardar estos momentos felices para siempre y me apresuré a mi estudio por la cámara para tomar fotografías, no me tardé más que unos momentos pues ya la tenía preparada.

En la sala, Susy no había perdido el tiempo, montada sobre Carlos de frente a él, metía su gran miembro en su coñito poco a poco, en pequeños empujes de su cuerpo hacia abajo, respiraba hondo y empujaba logrando introducirlo cada vez más, se levantaba un poco buscando el mejor acomodo para la verga y volvía a bajarlo de nuevo. El gran tamaño de la verga dificultaba el acoplamiento aunque los líquidos lubricantes de mi mujer son muy abundantes. Pero esto no parecía molestar a Susy, de hecho lo disfrutaba, en cada acometida lanzaba un gritito de satisfacción, gruñidos de deseo salían de su garganta, su mano sujetaba el pecho de Carlos apretándolo con la fuerza del deseo. Unos cuantos movimientos más y la verga estaba toda dentro.

Susy empezó una gran cabalgata sobre el pene de su amante, un galope desesperado en busca de placeres desconocidos, cerraba sus ojos por momentos porque sé que necesita retraerse a un mundo que no conozco, su cabeza también la echaba en momentos hacia atrás, su cabello y su cuello se veían hermosos, sus pechos cubiertos por las manos de Carlos, erguidos y duros me parecían los más bellos del mundo. Sus nalgas redondas y llenas se movían lentamente en movimientos ascendentes y descendentes llenando en cada uno de ellos su cuerpo del miembro de hombre. Las manos de ella apoyadas en el pecho de él a veces se movían de su boca a la boca del nuevo amante llenas de saliva, llevando más placer y más deseo con ello. Un beso ocasional con una lengua ansiosa, saliva que escurre de sus labios como substitutos de palabras.

Una escena mórbida, erótica, de placer prohibido, los instintos primarios siendo satisfechos en pecado. Yo estaba feliz, excitadísimo. Carlos no podía dejar de mirar a Susy, su mirada de su cara a sus pechos, de nuevo a su cara, como sorprendido por la fuerza de la sensualidad de mi mujer, la gran puta, la musa, la diosa, la mujer. Él jadeaba con fuerza, se notaba que quería dominar pero estaba siendo dominado, se contenía de un orgasmo para tener más y más de su placer.

Sus manos recorrían el cuerpo de ella sin saber donde detenerse, todo es bello, suave, cálido, duro. Formas redondas que alegran la vista, el tacto insatisfecho por no poder abarcar todo. Olores que nos hacen suspirar. Jadeos, suspiros y gritos de placer llenaban el espacio. Líquidos con sabores excitantes, diferentes, amargos y dulces que quería degustar. El aire, la luz estaban excitadas y vibraban.

Tomé fotografías de los amantes desde todos los ángulos posibles, mi corazón latía con fuerza, mi cabeza caliente, mi pene a punto de explotar, parecía que el deseo y placer que Susy sentía, físico y mental me lo comunicaba, yo no quería que lo que veía y sentía se acabara. Los gemidos, suspiros, jadeos llenaban el aire de la habitación convirtiéndola en un lugar de respeto; respeto por la mujer, por el hombre.

Ella como una diosa viva, llenaba el cuarto con su belleza, con sus deseos, con su placer. Todo esto lo conozco muy bien pues lo vivo con ella día a día, y sin embargo tenía una nueva dimensión, yo no era el que estaba debajo de ella y sin embargo lo disfrutaba, compartir a mi esposa me llenaba de orgullo de satisfacción, siempre había querido presumir a alguien lo que yo tenía cada día y cada noche, y no alcanzaban las palabras. Dicen que los esquimales ofrecen a sus visitantes lo mejor que tienen, y es su esposa, así me sentía yo, compartiendo con orgullo lo mejor que tengo.

No quería interrumpir a los amantes, ni romper el precioso momento así que solo me acerqué a ella y coloqué mi mano en su espalda acariciándola lentamente. Ella como bruja o como diosa me transmitió su lujuria haciéndola mía, mi pene vibraba, sentí sus orgasmos, sentí su feminidad dándose entera. Se detuvo abrió sus ojos y miró a su amante, me miró, empezó de nuevo sus movimientos ascendentes descendentes, tomó mi pene con su mano y lo llevó a su boca, me mamó suavemente al ritmo de sus embistes al miembro de Carlos.

Yo sabía que acababa de tener ella un orgasmo y empezaba de nuevo lentamente. Sus primeros orgasmos son rápidos, para llenar necesidades, los siguientes son más espaciados y son más largos, ella dice que son más satisfactorios, más conscientes. Mi mente trataba de guardar todo lo que sentía, era imposible; mi verga dominaba en sensaciones, a punto de explotar. Tomé con fuerza el cabello de Susy y lo eché hacia atrás, luego hacia delante para que se comiera toda mi verga, yo no iba a dejarme dominar por esta zorra viciosa. Con mi otra mano tomé mi cámara y fotografié todo lo que pude desde este ángulo difícil. No había tomado ninguna foto del pene de Carlos, así que me separé de ella y le ordené que se saliera de él, que se montara al revés, de espaldas a él.

Frente a ellos tomé las fotos de este difícil cambio; ella liberando el pene de Carlos escurriendo líquidos, girando su cuerpo, parándose en el sofá y bajando en cuclillas hacia la verga, tomándola con la mano para acomodársela de nuevo en su conchita. Con esta posición pude tomar las fotos del gran miembro de Carlos, unas fuera de ella y otras en que ella se lo traga completamente. Le pedí en un momento a Carlos que no agarrara las magnificas blancas tetas de Susy para que también salieran en las fotos. Estoy seguro que van a ser excelentes fotos; el magnífico cuerpo de Susy en todo su esplendor lleno de la verga de caballo del cabrón de Carlos. (Envidio el tamaño de su miembro).

Susy había tenido por lo menos un orgasmo más, se veía magnífica. No me pude resistir, acerqué mi boca a su clítoris y con mi lengua lo acaricié lo más fuerte y rápido que podía, mi mano en su pecho apretándolo fuertemente, pellizcando su pezón. Yo hincado entre las piernas de Carlos sentía su presencia muy fuerte, sobre todo la de su verga cerca de mi lengua. Entraba y salía su verga de la vagina de mi mujer tan cerca de mi cara. Mi lengua en varias ocasiones tocó su verga, extrañas sensaciones me llenaron, no eran desagradables, la pasión ganaba, la excitación crecía. El orgasmo de Susy fue muy fuerte, me sujetó del cabello con fuerza y me apretó hacia su panocha, jadeó, gritó mientras sus manos sujetaban mi cabeza y la restregaba en su vagina, mi boca estaba aprisionada entre sus labios y la verga de Carlos, yo mordía sus labios y mi lengua buscaba su vagina pero encontraban una verga que ocupaba el lugar deseado.

Me separé, Susy me abrazó y me besó en la boca mientras se recuperaba de su intenso orgasmo. Seguía montada en Carlos, se separó de él despacio y se sentó a su lado, le besó la boca y le dio las gracias por tan rica cogida. Por sus piernas escurrían sus jugos vaginales, se los empezó a limpiar pero yo la detuve, le dije que yo lo haría con mi lengua, y así lo hice. Mis labios y lengua recorrieron sus piernas disfrutando de sus líquidos que yo limpiaba con gusto, llegué a su vagina, le abrí más las piernas e introduje mi lengua en ella, que delicia de sabores y textura sentía en mi boca. Carlos mientras tanto acariciaba los pechos de mi esposa y la besaba en la boca, ella acariciaba el erecto pene y con la otra mano su pecho. Carlos había logrado sobrevivir los embates de Susy sin eyacular, su verga temblaba de deseo.

– Mi vida, Susy me dijo- Vas a hacer que me venga de nuevo, mejor déjame seguir mamando vergas, ven siéntate aquí, se las voy a mamar a los dos. Así sentados los dos en el sofá, Carlos y yo, Susy hincada frente a nosotros, nos mamaba alternadamente. Una mano en cada verga y su boca que no paraba de comernos, seguimos así por unos minutos disfrutando esas caricias hasta que ella volvió a tener otro orgasmo.

Nos pidió unos momentos de descanso y una bebida, yo fui por bebidas para los tres, en ningún momento perdí mi erección. Susy con su bebida en la mano no dejó de acariciar a Carlos ni por un momento, lo besaba en su boca, en sus tetillas, mordía su verga, disfrutaba su nuevo amante como un niño con juguete nuevo. El hacía lo mismo respondiendo con caricias por todo su cuerpo, mordiéndole las orejas besándole el cuello, le hizo un hermoso chupete en la parte superior del pecho derecho para que lo recordásemos.

-Quiero tenerlos a los dos dentro de mí. –Nos pidió-. Por favor, háganme el amor los dos al mismo tiempo. -Montate en él de frente.-Le dije.- Yo te la meto por atrás.

Susy acostó a Carlos en el sofá, se subió arriba de él y acomodándose la verga en su coño se fue sumiendo lentamente en él entre suspiros y jadeos. A Susy con los orgasmos se le inflama su vagina, así que, aunque tenga abundancia de fluidos la vagina esta más apretadita en las penetraciones siguientes, muy rico. Mientras ella se sumergía en él, yo tomé jalea lubricante que me puse en mi pene y en mis dedos. Como vi que le costaba trabajo introducirse el miembro de Carlos, la ayudé sujetándolo y aplicándole de la jalea a la verga con mi mano.

Que rico dolor.-Decía mi putita Susy.

Yo tome más jalea y de nuevo se la puse en la verga de Carlos, era la primera vez yo que tocaba un pene que no fuese el mío, quería estar consciente de lo que sentía; duro, caliente. Siempre había pensado que sería desagradable para mí tocar una verga, pero la calentura del momento y el deseo de complacer a mi mujer me hizo olvidar mis temores.

Cuando logró Susy introducir la verga dentro de ella, empezó sus movimientos de sube baja. Yo me acomodé atrás de ella viendo como sus redondas nalgas se movían, las nalguee con fuerza varias veces hasta que ella me pidió que no lo hiciera porque la iba a hacer venirse. Embarré su culito de jalea y coloqué la punta de mi verga en él, empecé a penetrarla con movimientos cortos, suavemente, adelante y atrás. Los quejidos de mi esposa no me detuvieron, antes me estimularon para seguir metiéndosela cada vez más profundo. Los quejidos fueron reemplazados por suspiros y gemidos de placer, yo firmemente agarrado a su cadera la alejaba para volverla a penetrar más profundamente.

Yo me sentía en otro mundo, sentía como su culito suavecito como seda, me apretaba con fuerza, sentía como el pene de Carlos se rozaba con el mío teniendo solo una delgada pared entre ellos. Susy gritaba de gusto: No se detengan cabrones, sigan así, que rico se siente papacitos me tienen en el paraíso .Habíamos logrado un acoplamiento y un ritmo que nos tenía al borde del orgasmo, al cual yo todavía no quería llegar.

-Aguanta Carlos, no llegues todavía.- Le dije. -Voy a aguantar lo más que pueda, estoy disfrutando como nunca lo había hecho.- Me contestó.-

Sentí como Susy llegaba al orgasmo, me costó mucho trabajo no venirme con ella, pero la recompensa sería mayor mientras más me aguantara. -Que delicia, dos vergas en mi cuerpo, que rico, esto es el paraíso.- Nos decía Susy.- Nací para esto, ah, no se detengan sigan así. Sin dejar de embestirla, la nalgueaba, sé que le gusta mucho. Busqué sus tetas pero las manos de Carlos estaban ahí, mi mano encontró su clítoris, mi brazo entre dos cuerpos aprisionado entre acometidas. Yo acariciaba su clítoris con fuerza, mis dedos sentían el miembro del amante de mi esposa, y su clítoris, que durito, también ansiaba mis caricias. Susy tuvo otro largo orgasmo y entre jadeos y suspiros, sin dejar de moverse le dijo a Carlos:

-Que rico cabrón, gracias por hacer realidad nuestra fantasía, dos vergotas en mis agujeritos, que delicia, solo me falta una en la boca para llenar todos. ¿No tienes un amigo que quiera venir contigo la próxima vez que me cojan? Carlos se rió de la pregunta de Susy. Sí preciosa,-Le contestó.- Tengo varios amigos que estoy seguro van a querer venir conmigo, todas las veces que hagamos el amor. El próximo viernes tengo una reunión con dos amigos y quiero que vayan conmigo, con ustedes será una gran fiesta.

Yo seguía con mis movimientos de entra-sale, mi orgasmo era inminente, no podía contenerlo más, se lo dije a Susy. Vénganse dentro de mí, llénenme con sus jugos, amores míos.- Nos dijo Susy -. No se detengan. Aceleré mi ritmo, también aceleré las caricias en el clítoris de Susy, sentí en mi pene como ella llegó a un nuevo orgasmo, sus pulsaciones lo apretaban deliciosamente. El miembro de Carlos creció con su orgasmo apretándose al mío. No pude más y mi orgasmo llegó en oleadas de placer que parecía no se iban terminar, sin bajar mi ritmo no dejé de moverme hasta que ellos dos, desfallecidos, fundidos en un abrazo dejaron de moverse. Me derrumbé sobre ella con mi verga aún dentro de ella.

Permanecimos así abrazados por un largo tiempo, sintiendo como las punzadas de nuestros miembros nos recordaban el placer que acabábamos de tener. Nos separamos con cuidado, volví a limpiar su vagina con mis labios y lengua, en esta ocasión los jugos de Carlos llenaron mi boca, los tragué saboreando cada gota. Susy me miraba con cariño y una sonrisa llegó a su boca cuando me dijo, – Amor, agrádesele a Carlos el favor que nos hizo. Lo dijo mientras sostenía la verga de Carlos que aunque ya no tenía toda su erección, se veía aún imponente. -Lo que tú digas mi amor.- Contesté.

Sin pensarlo tomé la verga de Carlos y la limpié con mi lengua, le daba besos en toda su longitud, en su cabeza, la empecé a acariciar como a mi me gusta acariciarme y me la metí en la boca parte de ella. Sentí como volvió a crecer, yo me esforzaba por no lastimarlo con mis dientes que cubría con mis labios, como Susy me decía que debe hacerse. Estaba concentrado en mi tarea cuando sentí los flashes de la cámara de fotos, levanté la cabeza y le sonreí a la cámara enseñándole el trofeo que tenía en la mano. Susy estaba radiante, Carlos, como yo, alegre. Susy me apartó de Carlos y quiso terminar ella lo que me había pedido que yo empezara. Yo me encargué de las fotos que vamos a disfrutar mucho en nuestro álbum familiar. No le llevó a Susy mucho tiempo lograr el orgasmo de Carlos, el semen llenó la boca de Susy el cual compartió conmigo en un beso.

Nos vestimos entre bromas y risas, bebimos de nuestras copas y estuvimos charlando, nos platicó Carlos de sus cosas, de su familia, de su esposa y de sus amigos. Al despedirnos nos dimos un fuerte abrazo y me dijo;

– Eres un hombre muy afortunado por haber encontrado una mujer como tú querías. De Susy se despidió con un abrazo largo y cachondo, lleno de caricias y besos. Nos hizo prometerle que iríamos a su reunión del viernes. Lo acompañé a la puerta y cuando regresé a la sala me encontré a Susy desnuda en el sofá con los brazos y piernas abiertas invitándome a poseerla. Mi vida, quiero que tú, Carlos y sus amigos, el viernes en la reunión me hagan todo lo que voy a decirte.

Si mi vida, lo que tú digas.

Autor: Miguel C.

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Amarrados para mí

Empecé por Abraham. Tenía una vergota como de 20 centímetros, blanca, curva, muy peluda en la base, delgada, que acaricié con mis dos manos, sopesé, medí, sentí cómo palpitaba y lo masturbé con cuidado al principio y violentamente después. No podía hacer solo eso. La panocha me ardía y sentía un conocido desasosiego en todas mis entrañas.

Me costó trabajo perder, pero lo logré: ya bebidos y fumados, los amigos habían estado insistiendo en que el juego de la botella, que el juego del beso, que les enseñáramos las chichis, hasta que Karla dijo: -Yo diría que sí, pero no quiero perder hoy, con ninguno de ustedes, ¿qué me lo garantizaría? -Lo juraríamos –dijo uno de los chicos.

-No te creo –contestó ella-. Me han dicho que la verga parada no entiende razones. -¿Y si los amarramos? –sugerí yo, atendiendo una vieja fantasía. -Cámara –dijo Luisa.

Jimena, la cuarta chica, quiso protestar, pero fue rápidamente mayoriteada. Los chicos discutieron un poco, pero al final quedaron los cinco bien amarrados a sendas sillas, cuando les juramos que la perdedora los masturbaría a todos. Una vez amarrados, nosotras nos sentamos a la mesa y acordamos el juego (un dominó, beis-ball de cuatro, lo que significa que, cada entrada, una de las cuatro descansaría, es decir, que se jugarían 12 entradas en total), y lo que las perdedoras de cada mano debían hacer:

1ª Mano perdida: quedarse solo con la blusa y el pantalón. 2ª Fuera blusa. 3ª Fuera pantalón. 4ª Fuera brassier. 5ª Contoneo frente a ellos. 6ª Beso a los cinco. 7ª Fuera panty. 8ª Mostrarnos ante ellos en la posición que cada uno pida. 9ª  Si alguien perdía todas las entradas, chuparles las vergas en lugar de masturbarlos. Y todo, en total silencio, salvo el buen rock del estéreo.

-Pero eso, ni sueñen que va a pasar –les dijo Karla.

Una última condición, pedida por Jimena, fue que las no masturbadoras tuvieran que salir de la habitación, para que la perdedora lo hiciera en privado. La idea me gustó y me prometí perder… de hecho, empezó a hacérseme agua la boca… del sexo.

En verdad, ni Luisa, ni Karla, ni yo éramos vírgenes, pero no tenía por que enterarse todo mundo, y menos nuestros calenturientos amigos de la escuela, los cinco babosos ahí atados… a nuestra disposición, con sus vergas firmemente enhiestas desde antes de que nosotras empezáramos el juego. De Jimena no sé nada, porque no era nuestra amiga o, al menos, no como lo éramos las otras tres, inseparables y casi hermanas. Ella estaba ahí casi por accidente y a juzgar por su juego, no estaba muy de acuerdo.

(Juro que me entretendré muy poco en el juego en sí).

Luisa, Karla y yo sabíamos que jugaríamos a perder. Somos muy buenas para el dominó, así que estaría duro. En la primera mano descansó Karla y la ganó Luisa, de modo que Jimena y yo quedamos listas para empezar en serio. La segunda mano, en que descansó Luisa, ganó Jimena, así que me saqué la blusa mientras Karla se quitaba los zapatos. La tercera entrada, en que descansó Jimena, la ganó Karla, y me quedé sin pantalones. Las miradas de los cinco chicos mientras me los sacaba, mostrando a la luz mis morenas e interminables piernas, me erizaron la piel y me juré que perdería todas las manos y mamaría las cinco vergas que me esperaban.

Descansé la cuarta mano, que ganó Jimena, de modo que Karla y Luisa se quitaron las blusas. La quinta Karla descansó y ganó Luisa. Jimena se quitó la blusa, pero apenas la miraron, porque solo tenían ojos para mis pechos, morenos, puntiagudos, de grandes y morados pezones erizados por sus solas miradas.

¡Sí!, también perdí la sexta mano, ganada por Jimena (Luisa descansó) y me moví cachondamente ante los chicos mientras Karla se quitaba el pantalón. Y también perdí la séptima, ganada por Luisa (Jime descansó). Esperé que Karla se quitara el bra mostrando sus rosados y bien formados pechos y, una por una, probé las cinco bocas de los chicos. Los besé con cuidado, sin tocar ninguna otra parte de su cuerpo con el mío. Lamí sus labios, succioné sus lenguas, pasé lamía por su cavidad entera, poniéndoles sus vergas más duras, si es posible, de lo que ya estaban y yo, también si es posible, más caliente aún.

Descansé la octava, que ganó Jimena, única que jugaba para ganar. Karla, alta, delgada, guapísima, bailó ante ellos mientras Luisa se quitaba los pantalones. Cuando Jimena ganó la novena entrada pensé que estaba a punto de lograrlo. Luisa se quitó el bra y mostró sus excepcionales melones, sueño maternal de todos ellos que, no obstante, también miraron con hambre cómo me sacaba las empapadas pantys mostrando mi peluda panocha.

La 10ª entrada fue para Karla, así que yo sentía tocar el cielo. Nadie peló que la Jime se quitara el pantalón porque yo, totalmente en pelotas les mostraba el culo en pompa, la panocha abierta, la mano acariciándome, en fin, que yo estaba a punto de turrón, ellos también, y la Karla y la Luisa también un poco moviditas, je, je.

Pero las malditas jugaron juntas contra mí la 11ª ronda, última mía (y que descansaba Jimena), así que gané (es decir, perdí), y Karla besó a los chicos mientras Luisa bailaba ante ellos y yo, disimuladamente, me acariciaba, porque la escena era digna de un Oscar. Durante la última entrada seguí acariciándome, hasta alcanzar un orgasmo silencioso. Por supuesto, ganó Jimena, así que tocó a Luisa besar a los chicos y a Karlita quedar en pelotas, con el coño al aire.

Luisa los besó rápido, porque apenas acabando de hacerlo, dijo: -Pues ahí están, Erika, todos tuyos. Era verdad: aunque perdí más manos que ellas, en puntos quedé muy, muy cerca de Karla, pero de todos modos era la perdedora… o ganadora. Mis queridas Karla y Luisa salieron, mirándome con ojos entre malos y divertidos. Creo que las muy putas sabían bien que no me conformaría con masturbarlos. Yo me acerqué a los cinco chicos y con unas tijeras, rompí, uno a uno, sus calzoncillos.

-No les importa, ¿verdad? –les pregunté. No. No les importaba. -Se mantiene la prohibición de hablar –les recordé.

Empecé por el primero de la izquierda, llamémosle Abraham. Tenía una vergota como de 20 centímetros, blanca, curva, muy peluda en la base, delgada, que acaricié con mis dos manos, sopesé, medí, sentí cómo palpitaba y lo masturbé con cuidado al principio y violentamente después. No podía hacer solo eso. La panocha me ardía y sentía un conocido desasosiego en todas mis entrañas. Cinco pares de ojos masculinos admiraban mi desnudez mientras cuatro palpitantes vergas esperaban mis manos a falta de otra cosa mejor. Dejé a mi mano izquierda alrededor de la verga de Abraham haciendo movimientos casi mecánicos y llevé la derecha y la atención al segundo chico, Braulio, cuya gruesa y corta verga estaba tan necesitada que se derramó en menos de dos minutos, casi al mismo tiempo que Abraham.

Me limpié las manos con la camisa de uno de ellos y me coloqué entre los tres, pues me acababa de formar un nuevo plan, al calor de sus vergas. Con la mano izquierda empecé a sacudir la de Carlos, el tercer chico; con la derecha, atendí a Ernesto, el quinto; y llevé mis labios a la voluminoso y sonrosado glande de Daniel.

Mientras mis manos trabajaban mecánicamente, mi lengua acariciaba todo el tronco, mis labios sentían la delicada piel del glande, mi boca entera percibía su sabor y su calor, la consistencia de sus venas, su palpitar, los suspiros que dilataban su pecho. Succioné con ansia, con prisa: quería que terminaran los cinco antes de gozarlos, aunque mi panocha exigía verga a gritos. El aire contenido en los pulmones, el vacío de mis entrañas, el escozor de mi clítoris, todo era un fuego que exigía una manguera, pero yo aguantaba, mamaba con violencia y masturbaba con igual prisa.

No sentí llegar el semen de Daniel hasta que explotó en mi boca. Nunca me ha gustado el sabor, así que me hice a un lado rápidamente. Miré a uno y otro lado los rostros de Carlos y Ernesto y supe que este no aguantaba más y efectivamente se vino entre ahogados gritos. Llevé entonces mi boca a la negra verga de Carlos para obtener, menos de medio minuto después, una nueva y generosa ración de lechita caliente.

Me apliqué a la verga de Ernesto, sin saborearla, con prisa creciente, pellizcándole sus tetillas, jalando, jalando, jalando hasta que me volví a llenar de leche. Mucha leche.
Me incorporé, mostrándome enterita, sabrosa y empapada. Los cinco me veían con ojos de borrego y de lobo, al mismo tiempo. Las vergas de Abraham y Braulio estaban paradas otra vez. Había llegado el momento de sentarme, por fin…

-Apenas empezamos –susurré, para su información. Pero eso se los contaré otro día.

Autora: Aboguarra

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La profesora

Gonzalo trataba de aguantar, los pechos de Lucía eran como una máquina de masturbar, un potente chorro de esperma salió disparado golpeando el cuello de Lucía. Los siguientes disparos cayeron sobre sus pechos empapándolos de esperma. Cuando Gonzalo acabó Lucía se dedicó a pasar la lengua por sus pechos tratando de recoger el esperma.

Como todos los días el despertador sonó a la misma hora como un desesperante tintineo en los oídos de Lucía. Su profundo sueño se interrumpió de inmediato e instintivamente su mano apareció entre las sábanas para golpear el despertador que cesó en su intención de hacer cada vez más ruido. De un manotazo apartó las sábanas dejando al descubierto su cuerpo desnudo tan solo cubierto por unas diminutas braguitas blancas. Aún sin despertar y con sus músculos entumecidos pudo alcanzar a ciegas el baño y abrir a tientas el grifo de la ducha. Cuando notó en su mano que la temperatura del agua estaba en su punto entró. El agua sobre su piel empezó a despertarla de su letargo para darse cuenta que se había metido con las bragas puestas. Empapadas las deslizó por sus muslos y las dejó caer en el suelo de la ducha. La mata de pelo negro obscuro que cubría su sexo comenzó a mojarse con el agua que caía como una cascada desde sus pechos acariciando cada centímetro de su piel.

Ya más despierta salió de la ducha y comenzó a secarse, primero su largo pelo negro, para después continuar recorriendo sus brazos y detenerse a secar con mimo sus grandes pechos con forma de pera y oscuros pezones. Su singular recorrido por la geografía de su cuerpo alcanzó el valle de su estómago se topó con el matorral negro que cubría la entrada a la cueva húmeda y cálida del placer.

Levantó una de sus piernas y la apoyó sobre el borde de la bañera para a continuación deslizar la toalla desde la zona interior de sus muslos hasta su tobillo. Una vez estuvo su cuerpo bien seco, extendió sobre la crema hidratante. No dejó ni un solo rincón sin aplicar la crema, incluidos sus pechos.

De un cajón extrajo unas braguitas rojas de encaje y con equilibrio levantando una de sus piernas, la introdujo por uno de los orificios para hacer lo mismo con la otra pierna. Deslizó las braguitas por sus muslos hacia arriba con cierta dificultad pues eran pequeñas, finalmente, la colocó tapando con dificultad el vello de su pubis que luchaba por salir por los bordes de la braguita. Con sus dedos recorrió el borde de las bragas que estaba metido en la hendidura de su culo, para sacarlo y colocarlo sobre sus nalgas acentuando aún más si cabe su redondez.

Después de secar y peinar su melena, eligió del armario ropa ligera pero atractiva, cogió una blusa blanca y una minifalda roja. Prefería llevar sus pechos libres y como se mostraban bastante firmes y levantados decidió no ponerse sujetador. Con delicadeza y extremada sensualidad se puso unas medias lo bastante altas como para quedar tapadas por la minifalda. Finalmente, se colocó con dificultad unas botas negras, que le llegaban hasta las rodillas, y con prisas recogió sus libros para salir con dirección al instituto.

Cuando entró en el aula todos estaban de pie hablando, gritando y fumando, algo que odiaba, sin embargo sí había una cosa que le gustaba, en cuanto la veían entrar comenzaban a sentarse y se callaban.

– Buenos días – dijo haciéndose oír entre el murmullo – la clase de hoy tiene relación con… – continuó explicando.

Desde que fue nombrada profesora suplente en aquel instituto su vida había cambiado, siempre había deseado dar clases, y por eso estudió biología, pero lo que no la convencía mucho era el hecho de que sus alumnos fueran tan solo unos años menores que ella y algunos bastante atractivos.

Ella sabía que no estaba mal, a su edad, 23 años (muy joven según sus compañeros de trabajo), vestía ropa ajustada y provocativa, lo que sabía que producía el comentario y murmullo entre sus alumnos y las malas miradas de sus compañeras más mayores. Aquello no le importaba, pero sin embargo, no le parecía bien que sus alumnos se distrajeran por su causa, aunque por supuesto le gustaba sentirse mirada y admirada.

Desde que empezó en aquel instituto, había un grupo de cuatro alumnos, que se sentaban en su clase al final y que siempre estaban murmurando y hablando sin prestar atención, todos ellos de la misma edad, cinco menos que los de ella, y eso le excitaba. Ese día se había propuesto descubrir que es lo que les hacía murmurar tanto día tras día. Por eso al final de la clase se dirigió a ellos:

– Por favor, Tomás, Alberto, Carlos y Gonzalo quiero que me veáis en mi despacho dentro de una hora, tengo que hablar con vosotros.

Una cosa buena que tenía su despacho era que como había sido la última en llegar al instituto, le habían asignado uno en una zona que se encontraba cerrada y apartada del resto hasta que pudieran darle otro mejor situado, cosa que ella no deseaba.

Como estaba previsto, una hora después de la clase alguien llamaba a la puerta de su despacho, eran sus cuatro alumnos. Ella les abrió la puerta y les hizo pasar. El despacho no era muy grande pero al menos tenía un pequeño baño en su interior al que se accedía por una puerta situada nada más entrar a la derecha. Una ventana se encontraba justo en frente de la entrada y detrás de la mesa ante la cual solo había dos sillas sobre una gran alfombra.

Tomás y Carlos se sentaron en las sillas mientras que Gonzalo y Alberto se quedaban de pie frente a la mesa detrás de la cual se sentaba Lucía.

– Bien, os he dicho que vengáis porque quiero que me respondáis unas preguntas… – Usted dirá – dijo Carlos. – Por favor, habladme de tú, soy casi de vuestra edad.

Todos sonrieron y se miraron entre ellos.

– Quiero saber por qué en mis clases siempre estáis murmurando y hablando en voz baja.

Ninguno de ellos se atrevió a contestar.

– Vamos, de qué habláis, decídmelo. – De nada, cosas nuestras, fútbol, chicas, ya sabe… – respondió Gonzalo. – Vamos, ¿os creéis que soy tonta?, decid la verdad, no os de vergüenza. – En realidad, bueno,… hacemos apuestas…- dijo Tomás. -¿Apuestas?, sobre qué…- preguntó extrañada Lucía que no esperaba esa respuesta. Ella hubiera admitido una respuesta como “está usted muy buena”, “hablamos de usted”, o cosas por el estilo pero ¿apuestas?, ¿qué respuesta era esa?

Todos bajaron la cabeza y ninguno quiso responder.

– Creo que todos somos adultos, así que no veo motivo para que os comportéis como chiquillos, hablad claro y sin vergüenza. Tomás que parecía el más lanzado fue el que respondió, – Hacemos apuestas sobre…sobre el color de su ropa interior….

Todos le miraron indicando que se había pasado sincerándose. Para Lucía aquella respuesta era la que había estado esperando, ahora comprendía lo de las apuestas, tenía sentido, ella era el objetivo de aquellos murmullos constantes.

– Así que no atendéis en mi clase porque queréis saber cuál es el color de mi ropa interior… bien, entonces haremos algo, yo os diré cuál es el color de mi ropa interior al comienzo de la clase y así podréis concentraros en mis explicaciones..

– Verá,…verás…Lucía, en realidad también apostamos quién es el primero en vértela… Dijo Alberto un tanto temeroso. -Entiendo, – dijo Lucía levantándose de su silla y colocándose delante de la mesa y apoyada sobre ella – Bien,…esto ya es otra cosa…- aquello daba un giro nuevo a la situación y abría nuevas expectativas a Lucía. – Veréis, voy a hacer algo que debe quedar entre nosotros y quiero que sepáis que lo hago por vuestro bien… – Dicho esto, se desabrochó la minifalda y la dejó caer al suelo dejando a la vista sus braguitas rojas.

– ¿Veis?, son rojas – dijo Lucía mostrando sus braguitas ante los ojos asombrados de sus alumnos – a partir de ahora las llevaré siempre de color rojo, ya las habéis visto, espero que a partir de ahora prestéis más atención a mi clase y os olvidéis de este tema.

Todos permanecieron en silencio mirando aquellas piernas envueltas en medias negras con las botas puestas que le daban un aspecto realmente sensual. Pero lo que les hizo mirar con más interés era la entrepierna de Lucía tapada con las bragas que dejaba trasparentar una mancha oscura por cuyos extremos se escapaban algunos pelos. Lucía se giró para volver a colocarse detrás de su mesa deseando que alguno de ellos dijera algo antes de finalizar aquella reunión. Sus nalgas se mostraron redondas y desafiantes con las braguitas metidas entre ellas lo que hizo que los cuatro alumnos allí presentes sintieran levantarse sus pollas. Para Lucía, la reunión había terminado, al menos en la teoría pero ella deseaba que no fuera así. De hecho para sus alumnos acababa de empezar. Fue Tomás el que habló:

– …El…el problema es que ahora no podremos olvidarte…- ¿Qué? – preguntó Lucía. – Si nos dejas así ¿cómo quieres que atendamos a tu clase?

Lucía sonrió pícaramente y volvió a colocarse delante de la mesa:

– Pobres, – dijo poniendo voz mimosa – ¿La tenéis dura?, vamos bajaros los pantalones y los slips.

Todos quedaron sorprendidos y alegres al mismo tiempo por la petición de su profesora.

– Pero, y si alguien entra. Esto no está bien- dijo Gonzalo. – Vamos, desde el momento en que yo me quité la falda nada está bien, ¿que más da una cosa más?, además, aquí no va a venir nadie o es que os da vergüenza.

Aquellas palabras desafiantes hicieron reaccionar a Tomás que desabrochó su pantalón y lo dejó caer para seguidamente bajar su slip. Su polla dura y apuntando hacia el techo quedó libre. Lucía sonrió y miró a sus compañeros,

– ¿Y bien?, ¿me las enseñáis?

Ellos observando la reacción de su compañero hicieron lo propio y todos quedaron con sus pollas al aire. Eran cada una de una forma distinta, curvada, tiesa y apuntando al techo, levantada pero paralela al suelo, gruesas y delgadas. Parecía una exposición de pollas.

Lucía se arrodilló delante de ellos y les pidió que se acercaran formando un círculo. Ella comenzó primero a acariciarlas, tocarlas y palpar su grosor y dureza. Las rodeaba con su mano y empezaba a menearlas arriba y abajo lo que hizo que pronto empezaran a jadear por la excitación, pero aún les quedaba lo mejor. Lucía se metió la polla de Tomás en la boca y comenzó a mamarla para seguidamente continuar con las otras tres dándoles el mismo tratamiento. Como una puta chupó aquellas pollas con deseo y gusto.

Lucía sabía que aquello no estaba bien, pero desde que entró a trabajar en aquel instituto y vio la edad de sus alumnos comprendió que tarde o temprano terminaría haciendo aquello. Era su forma de ser, su sexualidad, no podía evitar sentirse excitada al ver un grupo de hombres. Desde que comenzó a estudiar, había follado con todos sus compañeros de clase y algún que otro profesor, incluida una de sus profesoras, una mujer de unos 30 años de buen cuerpo y grandes tetas que siempre vestía ropa ceñida. Fue su obsesión desde el comienzo del curso, y pronto entabló amistad con ella, una amistad que terminó en una fantástica follada en casa de su profesora. Ahora la profesora era ella y se encargaba de darle a sus alumnos lo que ella hubiera deseado que le hubieran dado en su época de estudiante.

Las pollas estaban tan duras y los chicos tan calientes que pronto terminaría aquella triple mamada. Fue Gonzalo el primero en correrse, y lo hizo sobre el pelo moreno de Lucía mientras ella chupaba la polla de Tomás. Grandes chorretones de esperma adornaban ahora su negra melena.

– Avisadme cuando vayáis a correros- dijo Lucía separando su boca de la polla.- no quiero que pueda mancharse la alfombra…- les avisó en tono de broma.

Una de las manos de Lucía continuó masajeando la polla de Alberto y la otra la de Carlos mientras su boca seguía ocupada en enseñar que todo cabe si se sabe cómo hacer. Alberto estaba ya al límite y solo tuvo tiempo de avisar justo cuando empezaba a correrse.

– Ya, ya… señorita Lucía, ¡me corro! ahhhhhh…

Lucía giró su cara hacia su polla justo en el instante de recibir el primer chorro sobre los ojos y la nariz, mientras el segundo caía en su boca ya abierta y era tragado con delectación. Con su dedo recogió el que había quedado sobre sus ojos y lo llevó a su boca chupándose el dedo. Casi inmediatamente, sin tiempo para recuperarse de la corrida de Alberto, Carlos sintió que le venía:

-¡Me corro!, ¡uuummmffff!

Lucía se giró hacia él tan rápido como pudo pero él ya estaba disparando sobre su pelo y su mejilla. Ella puso su mano para evitar mancharse y el resto de la corrida cayó sobre ella. Al final limpió su mano con la lengua para rápidamente seguir con Tomás.

Este era algo más difícil, a Lucía le estaba costando hacerlo terminar pero su experiencia mamando pollas era algo con lo que Tomás no contaba. Su lengua era como una serpiente enroscándose alrededor de su polla y su boca parecía una máquina de succionar. Inevitablemente no podía aguantar más, ella era una chica con matrícula en mamadas y sabía cómo sacar hasta la última gota:

– Aaaahh, joder, me voy a correr, ya, Lucía, ¡chupa!…así, ¡trágate toda mi leche!…

Tomás comenzó a correrse en el interior de la boca de Lucía y esta tragó todo lo que pudo, aunque ella no contó con que un chico de su edad fuera a llenarla. La corrida de Tomás comenzó a salirle entre sus labios y a chorrear por su barbilla. Ella no tuvo más remedio que sacar la polla de su boca de forma que el último disparo de esperma fue a parar sobre su blusa blanca.

– ¡Mierda!, ¡joder!, ya me has manchado, ahora tendré que limpiarla- dijo recogiendo con su dedo el esperma que había sobre su blusa y metiéndoselo en la boca.

Lucía se levantó y fue tras la mesa para abrir un cajón del que sacó un Kleenex con el que comenzó a limpiarse la cara. Mientras, Tomás, Alberto Carlos y Gonzalo empezaron a ponerse sus pantalones con la intención de marcharse.

– ¿Qué coño hacéis?- preguntó Lucía

Extrañados, se miraron entre ellos sin saber que decir.

– Nos vestimos- dijo Alberto. – No pensareis iros ¿no? – Pues… – Quiero decir que ahora os toca a vosotros hacerme acabar a mí. ¿No pensareis dejarme así?

Dicho esto Lucia se quitó sus bragas rojas tiró al suelo todo lo que había sobre la mesa y se tumbó sobre ella con las piernas abiertas. Por primera vez su sexo aparecía con todo su esplendor, húmedo y jugoso.

– ¿Quién es el primero en darme una clase de anatomía femenina?- dijo Lucia

Fue Tomás el primero en acercarse a Lucía colocándose entre sus piernas observando con gusto el coño que se le ofrecía jugoso y abierto rodeado por una capa de pelo negro brillante por la humedad. Acercándose colocó sus manos sobre las rodillas de Lucía sintiendo el tacto de sus medias. Con temor fue acercándose lentamente mientras Gonzalo y Alberto se colocaban a los lados de la mesa y acariciaban suavemente a través de la blusa los pechos de Lucía. Podían notar que no llevaba sujetador y que sus pezones estaban duros, tan duros que casi podían pinchar. Carlos estaba a la altura de su cabeza con su polla sobre la cara de Lucía tratando de que ella volviera a mamársela.

Tomás bajo sus manos por la parte interna de los muslos hasta llegar a rozar los pelos que rodeaban la entrada de la vagina. Notó la humedad pero no se atrevió a tocarla. Lucía pasó su mano por encima de su sexo e introdujo un dedo dentro ante la mirada de deseo de Tomás. Ella llevó sus dedos a la boca y los chupó como si fueran un delicioso manjar. Entonces se decidió Tomás a tocarla, pasó sus dedos sobre su rajita y notó como una fuerza irresistible los succionaba al interior sin ninguna dificultad.

Gonzalo y Alberto trataban quizás con poco éxito, desabrochar la blusa de Lucía. Ella tuvo que ayudarlos y al quitar el último botón sus pechos aparecieron desafiantes, con sus pezones apuntando al techo y con gran forma redondeada al estar tumbada. Lucía trataba de alcanzar con su boca las pollas que tenía a su lado pero era difícil pues sus dos alumnos estaban más preocupados de chupar sus pezones que de dejarla hacerles una mamada, por este motivo tuvo que conformarse con chupar la polla de Carlos, al menos de momento.

Lucía se revolvió levantándose y quedando a cuatro patas sobre la mesa. En esta posición no solo su coño quedaba a la vista de Tomás sino también el orificio de su ano que se mostraba limpio y pequeño a sus ojos. Alberto y Gonzalo no pudieron evitar colocarse donde estaba Tomás con la intención de ver el espectáculo que se les ofrecía. No contenta con eso, Lucía separó sus nalgas ofreciendo una mejor vista. Carlos no perdió el tiempo y en la posición de Lucía se colocó delante ofreciéndole su polla que ella aceptó como un regalo metiéndosela en su boca entera hasta rozar con la nariz los pelos del pubis. Tomás estaba tan excitado que sin pensarlo más metió su cabeza debajo de Lucía entre sus piernas y con su lengua empezó a lamerle su rajita. Alberto por su parte se adelantó a Gonzalo y como pudo se dedicó a pasar la punta de su lengua por el ano de Lucía. Gonzalo que había perdido posiciones se dedicó a sobar y lamer los pechos de Lucía que colgaban como bolas de navidad. Todos los rincones del cuerpo de Lucía eran recorridos por una lengua que dejaba su huella de saliva.

Tomás subió a la mesa a la espalda de Lucía y trató de introducir su polla en el coño, pero no era capaz. Tuvo que ser ella la que metiendo su mano entre sus piernas dirigió la punta del capullo a la entrada de su orificio, lo suficiente para que Tomás empujara y su aparato se clavara hasta los huevos. Lógicamente, Alberto tuvo que dejar de jugar con el culo de Lucía, pero esto le sirvió para unirse a Carlos de manera que ahora Lucía se metía en su boca las dos pollas al mismo tiempo.

Lucía no era mala chica, y entendía bien a todos sus alumnos, en realidad los conocía y por eso sabía de la cierta timidez de Gonzalo, por lo que quiso premiarle y moviéndose se puso de rodillas sobre la mesa dejando a Tomas con su polla erecta y decepcionada.

– Túmbate en la mesa- le dijo a Gonzalo dejándole sitio.

Gonzalo obedeció sabiendo lo que le esperaba. Ella chupó su polla y cuando consideró que ya estaba suficientemente dura y húmeda se colocó sobre ella dándole la espalda a Gonzalo. Lentamente y sujetando en posición recta la polla fue sentándose sobre ella introduciéndosela por su ano. Cuando estuvo toda dentro empezó a mover en círculos su culo haciendo que Gonzalo gimiera de gusto.

Tomás volvió al ataque y colocándose sobre ella se la metió en su coño formando un sándwich con Gonzalo.

Con sus manos Lucía acariciaba las pollas de Carlos y la de Alberto para mantenerlas duras. Después de un rato follando en esta posición Tomás cedió su sitio a Alberto que rápidamente la embistió follándola con fuerza mientras Gonzalo debajo, la agarraba por las caderas tratando de acompasar su ritmo con las embestidas de Alberto que parecía dispuesto a correrse a toda costa por la velocidad con que se movía lo que no le parecía bien a Lucía, al menos de momento.

– Tranquilo,…deja algo para luego…- le dijo Lucía tratando de apartarlo.

Cuando lo consiguió se levantó bajando de la mesa. Gonzalo permaneció tumbado extenuado por su esfuerzo. Ella se colocó a un lado de la mesa para chuparle su polla mientras ahora Carlos a su espalda la penetraba desde atrás. Tomás y Alberto observaban la escena mientras se masturbaban.

– No os corráis todavía,…aguantad…- les pedía Lucía.

Era una ventaja que el despacho estuviera apartado del resto de las instalaciones porque en la habitación solo se oían gritos y gemidos de placer, sobre todo de Lucía que cada vez que sentía una polla llegar hasta el fondo de su vagina no podía evitar gritar.

Lucía masturbaba con su mano la polla de Gonzalo subiendo y bajando la piel de su capullo al tiempo que pasaba su lengua por ella. Era excitante el sonido de su boca dando lametazos a la polla unido al ruido de sus nalgas golpeando sobre Carlos a cada embestida. Gonzalo estaba ya al límite y Lucía lo sabía, por eso cambió su boca por sus pechos. Los colocó sobre la polla rodeándola y empezó a moverlos apretándolos contra ella con fuerza. Durante este lapso entre el cambio de la boca por los pechos Carlos cedió el sitio a Alberto que estaba deseando follar a Lucía por el culo. No le costó trabajo, apoyó la punta de su pene sobre el ano y empujó hasta que empezó a entrar. Lucía estaba tan acostumbrada a ser enculada que apenas protestó por aquella intromisión.

Gonzalo estaba ya en el punto de no retorno, trataba de aguantar pero era imposible, los pechos de Lucía eran como una máquina de masturbar, un potente chorro de esperma salió disparado de su polla golpeando sobre el cuello de Lucía. Los siguientes disparos cayeron sobre sus pechos empapándolos de esperma. Cuando Gonzalo acabó Lucía se dedicó a pasar la lengua por sus pechos tratando de recoger el esperma con dificultad pues apenas llegaba a rozarlos.

Mientras, Alberto seguía enculándola con rabia sujetándola por las caderas al tiempo que Carlos y Tomás seguían masturbándose.

Quizás por casualidad o quizás adrede Alberto empezó a gemir y a Gritar al mismo tiempo que el resto de sus compañeros:

– ¡Aaaaahhh!…me corro…me corro. – ¡Hazlo sobre la mesa!, ¡sobre la mesa!…¡correros en la mesa! – gritaba Lucía

Alberto sacó su polla del culo disparando ya los primeros chorros de esperma y se acercó a la mesa soltando toda su carga sobre ella. Al unísono, Carlos y Tomás corrieron hacia la mesa y sin dejar de menear sus pollas empezaron a lanzar copiosas descargas de leche. Al final toda la mesa estaba cubierta por una espesa capa blanca de salpicaduras de semen. Lucía se subió a la mesa y con su lengua fue recorriéndola toda recogiendo hasta la última gota. Cuando levantó su cara sudorosa, estaba llena de esperma que goteaba de sus labios. Con su lengua los recorrió recogiendo todos los restos que quedaban ante la atenta mirada de sus alumnos.

Agotados, todos estaban sentados sobre la alfombra excepto Lucía que estaba sentada sobre la mesa con sus nalgas apoyadas sobre un charco de saliva y esperma.

-Bien, no ha estado mal. Sois buenos alumnos. Si seguís así y hacéis los deberes tal vez aprobéis este año mi asignatura y entréis a la universidad sin problemas. -¿Deberes?- preguntó Tomás. – Por supuesto, – respondió Lucía- todos los días a esta hora tendremos una clase práctica como la de hoy, y espero que vayáis mejorando con el tiempo y seáis más aplicados…

Los cuatro se miraron con cara de alegría sabiendo el año que les esperaba tal vez el mejor de sus vidas, y quizás no aprenderían mucha Biología, pero sí que conocerían perfectamente la anatomía femenina.

Autor: FranK

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El baño turco

Carlos me levantó las piernas y apoyó mis pies en sus hombros, comenzó a jugar con sus dedos en mi cola que estaba bien abierta y a su total merced, de pronto sentí que me metía la pija hasta el fondo, me hizo ver las estrellas y nuevamente me cogieron los dos como a una puta y me llenaron con su leche, Carlos en mi cola y Germán esta vez me hizo tragar todo su espeso semen.

Hacía un tiempo que estaba fantaseando con tener relaciones homosexuales, y no me animaba, además no sabía cómo acercarme a un hombre, no se me ocurría de qué manera podría conocer a alguien que le interesara acostarse conmigo, hasta que fui a un baño turco, se me ocurrió que en un lugar donde sólo concurren hombres y en el que la única vestimenta es un toallón, debería pasar algo, y no me equivoqué.

Llegué casi temblando de los nervios, me dieron dos toallones después de abonar la entrada y me indicaron donde estaba el vestuario para que me saque la ropa y la guarde, cosa que hice mientras un tipo se sacaba su ropa cerca mío y me miraba, era un hombre de unos 50 años, alto, de pelo blanco, con bastante pinta, aire de intelectual, cuando se quitó el slip quedó ante mi vista su verga que era muy grande, notó que se la miré y me sonrió, inmediatamente bajé la vista, me sentí avergonzado, me envolví en uno de los toallones y fui hacia las duchas, había seis compartimientos sin cortina me metí en uno de ellos y me quité el toallón, abrí el agua y me puse debajo, enseguida apareció este hombre y se paró a mi lado, me miró de arriba a abajo y me preguntó:

-¿Es la primera vez que venís?, sí ,le contesté, ¿me dejas que te enjabone?, me dijo, y volví a responder afirmativamente, tomó un jabón y empezó a pasármelo por la espalda, me quedé inmóvil y rápidamente bajó su mano hacia mi cola, me enjabonó el ano y me acarició suavemente, jugó con sus dedos en mi agujerito, y me excitó muchísimo, mientras me enjuagaba comenzó a besarme los pezones, cuando me quitó el jabón del culo se arrodillo detrás mío y empezó a besarme las nalgas me las separó con sus manos y me empezó a pasar la lengua por mi agujero, sentí su lengua que entraba un poquito, eso me puso como loco y perdí totalmente la noción de lo que estaba pasando, deseaba con todas mis fuerzas que me penetrara, de pronto levanté mi vista y me di cuenta que otro tipo estaba parado frente a mí, observando la escena.

Acercó su pija que estaba ya dura a mi boca e hizo que se la chupara, me la metió toda en la boca mientras atrás mío seguía el primero, que luego supe que se llamaba Germán, lamiéndome el orto y haciéndome desear sentir su verga, me sentí muy puto en ese momento, gozaba chupando esa enorme pija que me llenaba la boca y la lengua de mi nuevo amigo me hacía sentir un placer que nunca había experimentado, de pronto este dejó de chuparme y se incorporó detrás mío, mi cola estaba bien abierta y deseosa, totalmente lubricada por su saliva, apoyó la cabeza de su verga en la puertita de mi culo y empujó despacito, muy suavemente su pija se deslizó dentro mío y me hizo sentir como una hembra, sentí que atravesaba mi cuerpo, me sentí una hembra deseada por estos dos hombres y me dio mucho placer ver como ellos gozaban penetrando mi boca y mi culito.

Germán se movía entrando y saliendo con su enorme pija de 20×6 de mi culo, que lo sentía tan abierto que parecía que no iba a poder cerrarlo nunca más, me estuvo cogiendo un buen rato en el que pareció que el tiempo se había detenido, hasta que empezó a penetrarme con más fuerza al tiempo que sentí como su semen entraba en mi cuerpo, tuvo un orgasmo extensísimo, y mientras él acababa sentí como su leche caliente corría dentro de mi cola, a todo esto Carlos que era el otro, que tenía su pija en mi boca, al escuchar los suspiros de placer de Germán también comenzó a eyacular y llenó mi boca con su semen y no pude evitar tragármelo, seguidamente Germán me dijo que no quería que yo acabara todavía, que quería que me quedara caliente, que le encantaba ver a un putito excitado y que tenía más para mí, me llevaron a una sala de relax donde había varias camas y un televisor en donde se veía una película porno gay.

Me hicieron acostar y Germán se arrodilló al lado de mi cara y me pidió que le chupe los huevos, se los lamí con desesperación y luego me metí completamente su pija en mi boca, que era tan grande que casi me ahoga, hizo que me llegara hasta la garganta y me provocó unas arcadas, esto no hizo que él se detuviera, al contrario al ver que me ahogaba y que se me caían las lágrimas por las arcadas, empujó aún más hacia el fondo, en ese instante Carlos me levantó las piernas y apoyó mis pies en sus hombros, sentí como me chupaba los dedos de mis pies, al mismo tiempo que jugaba con sus dedos en mi cola que estaba bien abierta y a su total merced por la posición en la que me encontraba, de pronto sentí que me metía la pija hasta el fondo, me hizo ver las estrellas y nuevamente me cogieron los dos como a una puta y me llenaron con su leche, Carlos en mi cola y Germán esta vez me hizo tragar todo su espeso semen.

Finalmente permitieron que acabara, pensé que iba a explotar, tuve un orgasmo extraordinario, esa fue la primera vez en el baño turco, pero no fue la última, cada vez que voy y me encuentro con Germán, este me hace chuparle la pija durante casi una hora y termina cogiéndome y haciéndome coger por algún amigo suyo.

Autor: Roberto

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Como me cogí a mi hermana

Comenzó a tragarse con la boca toda mi polla mientras que yo también estaba pasando mi lengua sobre la vulva que estaba increíblemente mojada, nunca pensé que ese instante llegaría. Era sorprendente como chupaba mi polla como una niña con su paleta, acto seguido se recostó y abrió sus piernas para recibir mi pene que estaba esperando entrar a su vagina desde hace muchos años.

Hola amig@s, les contaré como fue que mi sueño de hacer el amor con mi hermana se hizo realidad con un poco de ayuda y suerte. Mi nombre es Ernesto, soy un joven universitario de 21 años, mi hermana se llama Verónica,  tiene 25 años y posee un cuerpazo de diosa ya que es coreógrafa de un grupo de danza y está casada con mi mejor amigo Carlos desde hace un año.

Todos somos aficionados al futbol. Carlos y yo siempre solemos apostar con dinero y otras cosas, pero en esta ocasión la apuesta se volvió muchísimo más interesante. Era la final de la liga nacional, en donde junto a mi hermana apoyábamos un equipo y Carlos apoyaba al otro. La apuesta fue iniciativa mía, Carlos siempre supo de mi deseo por cogerme a mi hermana  desde los 14 años. Yo sabía que para él no había ningún inconveniente que  yo pudiera cogerme a mi hermana si resultaba ganador de la apuesta aunque ella fuera su mujer, ya que en otras ocasiones habíamos intercambiado parejas.

De igual forma Carlos podría cogerse a mi novia si yo era quien perdía la apuesta. Mi novia Eunice no es aficionada al fútbol, pero el día de la final estaba apoyándome junto a mi hermana ignorantes que sus vaginas eran las que realmente estaban en juego.

El día de la final de fútbol mi hermana Verónica vestía unos jeans blancos que le transparentaban la pequeña tanga que traía puesta, se veía muy provocativa con su camisa alusiva a mi equipo que apenas llegaba arriba del ombligo y me dejaba ver su vientre plano que hacia volar mi mente. Mi novia Eunice no se quedó atrás con su sabroso culito que se le marcaba con un pequeño short que solo cubría lo necesario y una camisa idéntica a la de mi hermana. Éramos tres contra uno, estaba ansioso para que diera inicio el juego y saber si por fin iba a poder penetrar a mi hermana como en mis sueños.

Por fin el juego inició y con Carlos entrelazamos nuestras miradas y sonreímos con complicidad, sabiendo que el ganador podría llevarse a la cama a la mujer del otro. Mis manos sudaban de nerviosismo y ansiedad ya que los primeros 40 minutos del juego aun nadie había anotado gol, fue hasta el minuto 44 que Carlos gritó de felicidad por que su equipo había anotado y ganaba ventaja sobre la apuesta.

Así terminó el primer tiempo, y mis nervios no me dejaban tranquilo. Iniciado el segundo periodo  al minuto 9 Carlos aumentaría su ventaja con el dos por cero que me alejaba de la posibilidad de meter mi pene en la vagina de mi bella y buenísima hermana Verónica.

Después de 15 minutos una esperanza llegó, era un gol que se había marcado de tiro libre, mi pene rozaba a mi hermana que me abrazaba por la anotación, yo sabía que mi pene estaba cada vez más cerca de introducirse en la vulva de mi hermana, que ignorante de la apuesta celebraba conmigo. Cada vez que podía aprovechaba para sentir el cuerpo de Verónica pegadito al mío, hasta que al minuto 39 el gol del empate hizo que mi novia, mi hermana y yo gritáramos de alegría porque se había logrado una gran hazaña y mi pene comenzaba a despertarse por la emoción que mi sueño se iba a poder hacer realidad.

Cuando faltaban 2 minutos para que el juego terminara el árbitro pitó una falta dentro del área que le daba a mi equipo un maravilloso penal. Las mujeres que me apoyaban me tomaron de las manos a la expectativa de lo que pasaría, y ¡Goool! Abrazé y besé a mi novia y después como sabiendo lo que le esperaba mi hermana rodeó mi cadera con sus dos piernas de un solo salto y puse mis manos sobre su grandioso trasero el que esperaba también penetrar por la victoria de mi equipo.

Así terminó el encuentro y Carlos como buen perdedor aceptó su derrota y me dijo que estaba dispuesto a entregarme a mi hermana para que fuera mi mujer. Ahora solo había un pequeño problema. ¿Cómo lograríamos que Verónica se dejara coger de su propio hermano?

El plan estaba hecho. Esa misma noche me quedaría a dormir en la casa de mi hermana y Carlos, y durante la noche yo sustituiría a Carlos para poder gozar de las delicias del cuerpo de mi hermana. Ella siempre me ha tenido confianza de vestirse como quiera frente a mí y después de tomar un baño decidimos ver una película, Verónica únicamente vestía una camiseta blanca y transparente que llegaba hasta su ombligo y una tanga blanca que se perdía entre su enorme culo y en la parte de adelante el escote de su tanga casi no cubría la nada de su vulva que se transparentaba perfectamente por los encajes que me dejaban ver como se había depilado dejando solo una pequeña línea de pelitos arriba de la rayita de su coño.

El plan entraría en marcha desde la media noche, yo me hacía el dormido para que Carlos comenzara a calentar a mi hermana para que estuviera lista para mí cuando las luces estuvieran apagadas. Podía escuchar como Carlos besaba como loco a mi hermana, y después pude escuchar como mi hermana daba unos pequeños gemidos a lo que le dijo que no convenía hacer mucho ruido esta noche para no despertarme ya que estaba en  la misma habitación, todo era parte del plan.  Por eso harían el amor de una manera silenciosa solo gozarían con las luces apagadas, dicho esto la habitación quedo a oscuras y todo quedó en un excitante silencio, solo se escuchaban las agitadas y excitantes respiraciones.

-Tengo que ir al baño dijo Carlos, pero prepárate Verónica porque esta noche será diferente a las demás, espero que lo disfrutes tanto como tu hermano disfrutó del triunfo de su equipo esta tarde, dijo en un susurro.

A lo que mi hermana respondió que estaba muy caliente y que se apresurara porque ella también estaba preparada con movimientos muy candentes. Fue en ese momento en que el cambio se llevó a cabo, yo regresé a la cama con mi hermana y Carlos se quedó cerca para escuchar lo que estaba a punto de pasar.

-¿Por qué tardaste tanto?

Preguntó mi hermana a lo respondí con un apasionado beso en sus labios que correspondió con mucho entusiasmo. En ese momento sentí que la sangre me recorría muy caliente, y comencé a tocar cada parte del cuerpo de mi hermana. Lo primero que quite fue su camiseta para proceder a besar sus pechos que se sentían tan firmes y sus pezones totalmente erectos. Mientras besaba sus pechos rápidamente busqué su vagina que comencé a tocar por encima de su tanga. Mi hermana gemía como loca y me decía:

-Carlos, hace mucho tiempo que no me tocabas así, ya me hacía falta.

Procedí a despojarla de su pequeña tanga que estaba toda mojada de sus líquidos vaginales, y después seguí acariciando su clítoris con mi mano mientras que su respiración aumentaba, ella tacaba mi pene totalmente erecto y húmedo y me bajó el calzoncillo para poder mamármela. Comenzó a tragarse con la boca toda mi polla mientras que yo también estaba pasando mi lengua sobre la vulva que estaba increíblemente mojada. Fue un momento increíble, nunca pensé que ese instante llegaría. Era sorprendente todas las formas como chupaba mi polla como una niña con su paleta.

-Carlos hazme tu mujer…

Dijo mi hermana, acto seguido se recostó sobre la cama y abrió sus piernas para recibir mi pene que estaba esperando entrar a su vagina desde hace muchos años. Antes de penetrarla la besé nuevamente en la boca y en el instante coloqué la punta de mi pene en la entrada de su coño húmedo.

-Te deseo Carlos.

Respondí a sus palabras con un pequeño empujón con el que le dejé ir la mitad de mi polla en el canal de su vulva que esperaba la otra mitad. Así lo hice, con todas mis ganas la penetré totalmente y ella gimió de placer, mis labios aun estaban en los suyos, fue entonces cuando por el placer que sentía me mordió muy fuerte mis labios y me dejó una marca que no se borraría tan fácil hasta después de unos días.

Pasamos más de una hora haciendo el amor como locos, en diferentes posiciones, pero todas increíblemente placenteras. Ambos terminamos, deposité mi semen dentro de ella, esa era otra de mis aspiraciones. Nos quedamos dormidos, abrazados y desnudos. Felices de la experiencia. Por suerte el cansancio de mi hermana era tan grande que no sintió cuando me levanté de la cama y me vestí para que no sospechara nada. Carlos tomó nuevamente su lugar a las 6 de la mañana. Preparé el desayuno y me dirigí a despertarlos a ambos, mi hermana aun estaba desnuda por lo que fingí que tenía vergüenza de verla así, a lo que ella respondió que no había problema, que ese sería mi regalo porque mi equipo había ganado el campeonato lo que me causó cierta gracia. Mi hermana se levantó de buen ánimo,  me abrazó y me dijo:

-Hermanito te amo como no te lo imaginas. -Yo también te amo hermanita y te disfruto más que a mi propia novia, cuando estoy contigo no me hace falta nada y le di un pequeño beso cerca de la boca.

Sonrió y me miró cariñosamente, pero se sorprendió cuando miró que mis labios estaban mordidos y me preguntó qué me había pasado.

-Es una larga historia hermanita, algún día te la contaré del principio al fin, le dije.

Después seguimos hablando del partido de ayer y de lo emocionante que había estado.

-Ayer fue un día perfecto. Dijo mi hermana…-Así es hermanita…Respondí enseguida.

Por fin el sueño de cogerme a mi hermana se había hecho realidad y sin inconvenientes.

Solo me quedó una gran duda, mi hermana me miraba con una sonrisa cómplice, y murmuraba…-Ayy Carlitos, Carlitos, y se pasaba la lengua entre los labios mientras sus ojos estaban clavados en los míos…

Autor: Ernesto

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Tres hembras maduras

Mi verga creció al máximo al cabo de unos momentos endureciéndose como una barra de acero y entre las tres guarras me tumbaron de espaldas y Marion, a horcajadas sobre mi,  cogió mi verga colocándola a la entrada de cueva y con un fuerte movimiento de caderas se la empaló toda y gritando como una loca comenzó a cabalgarme a un ritmo frenético hasta llegar a un orgasmo monumental.

Esta historia es el capítulo primero de la serie seduciendo a mi suegra. Espero que os agrade.

Cuando pienso en las personas que me han ayudado a ser el hombre que ahora soy acuden  a mi memoria dos imágenes: la primera mi adorada madre, Carmen, a la que he sacado un gran parecido físico, alta, siempre arreglada y elegante, segura de sí misma. Desde la pubertad me pareció tan hermosa, tan superior, que estaba dispuesto, ingenuamente a no casarme nunca con nadie que, por lo menos, no la igualara. Sospecho que esa era la causa por la cual  a las jóvenes muchachas que pertenecían al círculo de mis amistades las considerara insulsas, tontas, y, ni tan siquiera, potenciales objetos sexuales.

La segunda, Simone, una espectacular madura que en el tiempo  en que la conocí (yo acababa de cumplir los 18) tenía 52 años, en muchos puntos parecida a mi madre. Ambas tenían  un atractivo rostro aunque el de Simone no era tan clásicamente bello. Francesa y graciosamente elitista traspirando también seguridad en sí misma.

Ya la primera vez que  contemplé a Simone me dejó fascinado. Fue al llegar a su casa, en las afueras de Beçanzon, donde, por decisión de mis padres me iba a hospedar mientras seguía un curso de cultura francesa. Vestía un una falda por debajo de las rodillas y una camisa blanca. Sus formas se percibían de una manera discreta. Lucía melena negra y ojos grises con una mirada amable pero algo inquisitiva. Nos besamos en las mejillas y a continuación me hizo pasar. Me presentó al servicio: dos empleadas externas, de aspecto anodino y su doncella personal, Marie Louise, una mulata corpulenta que habitaba unas estancias del semisótano de la casa.

Me llevaron a un dormitorio del piso superior con un gran baño adosado. Iniciamos una rutina que al principio se me hizo extraña pero con su repetición diaria pasé a considerarla como normal. Cada mañana a las siete me despertaba Marie Louise, la mulata,  con un alegre bon jour y procedía a desnudarme quitándome el pyjama. La primera mañana me resistí frunciendo el ceño a lo que ella me contestó riéndose:-Madame lo manda, mon petit. Me llevaba a la bañera que previamente había preparado, lavaba mi cabeza con  shampoo, me enjabonada todo el cuerpo, sin dejarse ningún rincón, con sus manos desnudas, me secaba con una enorme y tibia toalla, hacía que me vistiera con las prendas que ella elegía y me servía el desayuno.

Yo no me sentía ni avergonzado ni forzado pues hasta hacía pocos años mi madre hacía lo mismo en nuestra casa. Así mismo yo no padecía ninguna inhibición por mostrar a otros mi desnudez, ni mis órganos sexuales. Mi apariencia física era ya la de un hombre: alto 1,87, fuerte, bastante ancho de espaldas. Un ligero vello me cubría antebrazos, piernas y pubis. Pelo castaño claro y ojos verdes. Y, como después supe, un pene que, aun en reposo, hacía gala de longitud y grosor llamativos. Mi madre solía decirme que me había convertido en un hombretón excepto por mi rostro de niño grande.

Marie Louise también procedía a la inspección de mi ropa interior y la parte del  pyjama que había estado en contacto con la polla y los huevos. Primero observaba la zona y luego la acercaba a nariz y aspiraba.

Cada noche o “soir”, como usan decir los gabachos, yo me daba una ducha ligera .Me vestía con americana y corbata y bajaba a cenar al comedor principal donde me esperaba Simone también arreglada, llevando vestido largo de noche. En cada velada me enseñaba la etiqueta que debe seguirse en la mesa: las clases de cubiertos, para qué y cuándo debían usarse, la elección adecuada de un vino etc. Y al postre desarrollaba temas de una heterodoxa  educación  sexual a los que yo atendía en silencio roto alguna vez por mis preguntas. En resumen, eran lecciones magistrales de cómo follar para que las damas, y no solo las damas, agraciadas obtuvieran un placer supremo e inolvidable.

Para Simone no habían taboos en lo que se refiere al comportamiento sexual e iba abriendo mi inocente mente a un mundo en el que yo no había reparado: aunque todo se resumía en tener el control de la situación o ser controlado por ella, vencer o ser vencido, ser amo o criado. También incluía lecciones de anatomía y neurofisilogía de los órganos sexuales masculinos y femeninos: donde se sitúan los centros nerviosos que hay que estimular, de las técnicas precisas para hacerlo y conseguir para ti mismo y para tu pareja esos inmensos orgasmos que te hacen, literalmente, morir de placer.

Un sábado por la mañana Simone me llevó a una finca donde criaban caballos pura sangre. Una yegua había entrado en celo y el dueño, un viejo todavía erguido y simpático, prefería que su favorita disfrutara de un semental en lugar de una anodina frustrante inseminación artificial. A la yegua, que estaba sujeta por dos fuertes mozos, se la veía muy agitada y cuando olió al semental que estaba acercándose a ella por la grupa levantó la cola y, todos los que estábamos lo suficientemente cerca y en el sitio adecuado, pudimos ver como los labios de la vulva se abrían y cerraban a la manera de un aplauso, la misma vulva palpitaba y expulsaba chorritos de un líquido traslúcido y un aroma indefinible y excitante inundó el aire.

De vuelta a casa Simone me preguntó:

-Bebé ¿Qué te pareció? -Bien, fue muy excitante… no, fue emocionante ver a la yegua estallando de placer…porque fue un orgasmo… ¿o no?-Sí fue un orgasmo jaja, esos orgasmos son los que tú tienes que inducir en tus amantes, mon petit.- ¿Yo?..Pero la hembra era una yegua no una mujer…-Las mujeres, y no digamos los hombres, tienen una parte de animales y en ocasiones se comportan como tales siguiendo sus instintos más primarios.Conseguir llegar a esos extremos de placer que has visto depende de dos condiciones: del grado de excitación y de la forma en que el amante la folle o sea de su técnica y habilidad. No hay mujer insensible sino hombre torpe.

Aquella tarde como la hora de la cena se iba acercando, estando desnudo a punto de meterme en la ducha  y entró Marie Louis: se desnudó ella también y me comunicó que la señora había ordenado una higiene especial. Se metió junto conmigo, hizo caer el agua, me enjabonó y para rematar me dedicó un lavado cuidadoso de bajos que culminó con una intensa higienización de mi culo: introdujo en mi recto tres de sus dedos y con suaves semicírculos me lo dejó limpio y suave como una patena. Con ese tratamiento y la imagen del semental y la yegua fresca en la memoria mi verga se irguió totalmente. Marie Louis lo notó enseguida:

-¡Oh mon Dieu! ¡Qué instrumento, qué grande! ¡Esta noche va a ser una noche muy especial para todos, bebé! -No te burles. Lo siento, balbuceé.-Jaja, no lo sientas, la señora y yo quedaremos muy contentas. Jaja.

Mi vergüenza duró un instante y observé a la mulata con los ojos de la lujuria: perdí la virginidad espiritual. Si no hubiera temido la reacción de Simone me la habría follado allí mismo porque de pronto aprecié que Marie Louise estaba muy buena en su estilo matrona: un culo africano con unas nalgas enormes sobre las que se podría sostener un vaso sin que se cayera, unas pantorrillas y muslos poderosos a juego, labios gruesos y jugosos, una ligera barriga: era la representación de hembra materna, una de las gracias de Rubens con la piel de color café con leche. También aprecié su monte de Venus con escasos pelitos y su vulva con gruesos labios que sobresalían. Ella, consciente de mi estado, se colocó la bata con presteza y salió de la habitación casi corriendo.

Bajé al comedor donde me esperaba Simone en compañía de Marion, una amiga inglesa que aparentaba unos bien conservados 40 años, ojos muy azules, melena corta  de pelo rubio y lacio… Al terminar la cena la señora de la casa nos dijo:-No te lo había contado Marion: Carlos es el hijo menor de nuestra amiga Carmen y por su orden estoy haciendo el papel de madre del niño. Marion me miró con el ceño fruncido y de pronto sonrió:-¡Claro! Me debía de haber dado cuenta: tiene su mismo rostro. Jaja ahora comprendo algunos misterios. Simone continuó:-El postre… bueno quizás los postres los tomaremos en la sala de juegos.

Me sorprendió: a la sala de juegos se procedía desde el comedor. Yo no había entrado en ella hasta la fecha pues siempre la había encontrado cerrada. Simone abrió la puerta corrediza que le daba acceso. Entramos con las damas presidiéndomela sala era grande: podría dar cabida cómodamente a una docena larga de personas. La luz mortecina del atardecer  entraba por un gran ventanal que daba al jardín protegido por cortinas y un toldo exterior.  Los muebles eran de diseño muy clásico y formas extrañas para mí. Pero se notaba que eran artesanales de gran calidad.

Conté tres confidentes (esos canapés en forma de ese que  permiten que una persona se siente enfrente de otra. Varios sillones con brazos y lo que parecían reposapiés o reclinatorios. Y un extraño artefacto-mueble dotado de brazos tapizados puestos sin aparente sentido teniendo adosado un canapé con tamaño de cama. Más sillas, mesitas, un aparador con un gran espejo además de otros dos espejos colgados de las paredes. Al  levantar la vista comprobé que el techo estaba adornado con cinco espejos de buen tamaño. La iluminación era obra de un experto: casi no se detectaban las sombras de los cuerpos y objetos que dentro hubieran.

Nos sentamos en un confidente de tres plazas conmigo en la central flanqueado por las damas. Entró en la pieza una majestuosa Marie Louise con su uniforme de gala ( vestido negro y cofia y delantal blancos y almidonados con guantes también blancos) portando una bandeja con los cuencos del postre, una cafetera que humeaba, las tazas, copas para brandy y la correspondiente botella de cognac. Después salió de la sala contoneando su precioso y enorme culo. Me excitó mucho verla así y volvió a mi imaginación el baño que habíamos compartido esa tarde.

Simone sirvió el café y escanció el brandy. Probamos el postre, una crema a las frutas del bosque, sorbimos café y licor. Marion se levantó y reclinándose ante Simone le dio las gracias por la velada y plantó sus labios en los de Simone durando el beso más de lo que correspondía para un beso de cortesía y como, al parecer le había gustado ahora atrajo a Simone con una mano en su nuca y se besaron  largamente. Al separarse vi a Marion relamiéndose murmurando:

-¡Umm! y antes de volver a su asiento me comentó: -Oh Carlos, pensarás que somos unas maleducadas dejándote de lado. Y procedió a inclinarse y besarme en los labios. Estupefacto “ma non tropo” no respondí a su caricia y ella volvió a insistir. Entonces dejé los labios blandos para amoldarme a los suyos y comenzamos a besarnos entrelazando nuestras lenguas mientras yo notaba que mi calentura comenzaba a subir. Simone nos contemplaba complacida y preguntó con un susurro de terciopelo:-Bebé ¿deseas follarte a la guarra de Marion? Al escuchar como había llamado a Marion perdí cualquier clase de recato:-Os voy a… mi frase quedó cortada por el sonido de unos nudillos sobre la puerta y la entrada de Marie Louise que dirigiéndose a Simone preguntó:-¿Desean el señor o las señoras algo más de mi?

Yo respondí como un rayo:-Simone desearía que Marie Louise también pudiera oír lo que deseo hacer. Simone asintió con un movimiento de cabeza y entonces proseguí:-Quizá me equivoque pero entre las tres habéis preparado mi ¨prima noctis¨ y deseo agradecéroslo follándome a cada una de  vosotras.

Dicho esto me levanté y comencé a desnudarme ante ellas hasta dejar todo mi cuerpo libre de ropa. Me giré para que me vieran bien: se quedaron con la boca abierta contemplándome y constatando el tamaño de mi verga a medio levantar. Sin hacerse de rogar Simone y Marion se desprendieron de su traje de noche quedando completamente desnudas. No se habían puesto ropa interior. Marie Louise se mostraba esquiva hasta que Simone le mandó:

-Vamos Marie, esta noche debemos complacer a Carlos para que nunca olvide su primera noche.

Pude deleitarme a mi antojo llevando mis ojos de un cuerpo a otro: Marion era alta y delgada con poco pecho pero firme dotado de pezones sonrosados sin areolas, con una piel mate muy blanca con algunas pecas  que apenas podían distinguirse de lo claras que eran. También tenía un culito firme y su vello púbico, abundante, era de un color dorado un poco más oscuro que el de su cabeza. Simone era unos pocos centímetros más baja pero tenía una anatomía contundente, fuertes y redondas nalgas, tetas muy grandes con pezones oscuros y areolas pequeñas también oscuras, su piel era marfileña y suave, su coño estaba velado por un extensa mata de vello púbico sedoso y oscuro perfectamente retocado.

Marie Louise lucía como una espectacular Venus africana. Además los cuatro nos deleitamos mirando nuestras imágenes en los espejos desde diversas perspectivas. Fue Marie Louise la que abrió el baile: se arrodilló ante mi comenzando a darme una mamada: nunca pude sospechar que hubiera algo tan delicioso. La polla se puso enhiesta por completo. La siguieron Simone y Marion que se apoderaron de mis huevos y llegaron con sus lenguas húmedas hasta mi ano. Me temblaban las piernas mientras contemplaba a las tres guarras en los espejos regodeándome con la visión de sus redondos culos.

Vi  como Simone metía su dedo índice en el coño de Marion. Se puso de pie y me lo metió en la boca:

-Chupa y comprueba como sabe el coño de esta perra inglesa que va ser la primera que reciba tu verga. Ven.

De su mano nos llevó hasta el extraño mueble que manipuló extendiendo varios brazos y colocó a Marion de manera que ésta quedó doblada por la cintura cabeza abajo y apoyada en su vientre dejándola con las muslos abiertos, exponiendo su culo y su vulva. Yo me puse entre sus piernas en una posición ideal para ensartarla y así lo hice lentamente introduciéndome en su muy mojado coño, que sentí estrecho para mi polla pero que a cada metida se iba abriendo y ajustando, mientras ella gritaba de excitación. Con una mano le acaricié su clítoris que se hinchó bajo mis caricias y pronto llegó el orgasmo. Los espasmos que sufría fueron intensos señal del placer que sentía. Simone llegó por detrás y después de untarle el ano con crema le introdujo un vibrador en el culo:

-Yo te conozco guarra y se que esto te va enloquecer. Vamos Carlos, me animó, métele la polla en su vagina y fóllala como te he enseñado y verás como Marion se pone como la yegua.

Seguí sus instrucciones: le metía la verga como unos cinco centímetros a un ritmo rápido. Mientras, Simone ponía en marcha el vibrador, que sonaba con un zumbido, y nos observaba, Mari Louise de rodillas me daba suaves lamidas alternadas con suaves mordisquitos en las corvas que me sabían deliciosos. Al cabo de pocos minutos Marion gritó:

-Solo me falta que me llenes con tu leche. Hazlo por favor.

En ese momento se la clavé toda y un río de leche salió con fuerza de mis cojones a la vez que Marion tuvo un orgasmo enorme y, como había predicho Simone, unas contracciones de su vagina expelieron unos chorritos de líquido como había hecho la yegua. Mientras yo sacaba la polla Marie Louise y Simone, gritando excitadas, con sus lenguas nos chupaban los genitales recogiendo en su boca el resto de mi semen y los fluidos seminales de Marion.

Recibiendo mi pene tales muestras de afecto a través de las bocas y lenguas de las dos calientes maduras se irguió de nuevo y Marie Louise y Simone se colocaron en la misma posición en que habían colocado a Marion, que mientras tanto estaba recuperándose y refocilándose de lo que le había sucedido. Ante la visión de la ofrenda de esos enormes culos pasé a la acción: Les introduje por su ano un vibrador a cada una y procedí a follarme a Simone mientras le acariciaba el clítoris. En cuanto noté que le venía el orgasmo le saqué la polla de su coño y empalé a la mulata: que coño más grande y hermoso tenía Marie Louise. Sin embargo Simone que estaba como loca me insultaba y ordenaba que la follara. Sin determe en la follada que le estaba metiendo a la mulata agarré el pelo de Simone y con la otra mano de le di un fuerte bofetón:

-¡Cállare perra! Aquí y ahora mando yo.

Proseguí con la mulata y para terminar le saqué la polla y le introduje la lengua, según las enseñanzas recibidas, a unos cinco centímetros de profundidad dentro de su vagina y follándola con ella durante unos escasos segundos, recibí en mi rostro un baño abundante de los líquidos seminales que brotaban a chorro de la vulva de la mulata. Bebí de esos jugos y pasé a la vagina de Simone dándole gusto con mi lengua: el estallido no se hizo esperar y también potentes chorritos salieron de su coño.

Mientras Simone se corría, aprovechando que en la posición en que se hallaba el culo le apuntaba al techo, sacándole el vibrador y viendo su hermoso ano tan dilatado, coloqué el glande a su entrada y de un fuerte movimiento le ensarté de golpe toda la polla culeándola hasta que acabé dentro de sus entrañas. Recogí en mis dedos el semen que le rebosaba y se lo di a probar. Sumisamente, con agradecimiento, chupó mis dedos suspirando desfallecida.

Me derrumbé agotado sobre el enorme canapé.  Habían sido dos corridas extenuantes. Pero Marion se había recuperado la primera y comenzó a pasarme su tibia lengua por todo el cuerpo y a chuparme con delectación y mirada de lujuria los dedos de pies y manos.

A poco me encontré que Marie Louise se había apoderado de mi verga y mis huevos con sus gruesos labios y lengua y mi deseo se iba despertando bajo las caricias de las dos guarras. Mientras Simone había vuelto a manipular diversos artilugios del mueble y entre las tres me colocaron con el culo en pompa, las rodillas apoyadas en el canapé y el pecho descansando sobre un brazo horizontal acolchado. La mulata tendida sobre el canapé debajo de mí se dedicó a comerme la polla mientras que Marion, arrodillada, me lamía, alternativamente, el ano y los huevos y Simone, como un último vagón, se estaba follando los agujeritos de Marion con dedos y lengua.

Era tan morbosa al escena que contemplaba completa a través de los espejos que mi verga respondía endureciéndose lentamente hasta que Simone me introdujo por el húmedo culo un vibrador que puso en marcha. La sensación que experimente era nueva y fuerte. Mi verga creció al máximo al cabo de unos momentos endureciéndose como una barra de acero y entre las tres guarras me tumbaron de espaldas y Marion, a horcajadas sobre mi,  cogió mi verga colocándola a la entrada de cueva y con un rotundo y fuerte movimiento de caderas se la empaló toda y gritando como una loca comenzó a cabalgarme a un ritmo frenético hasta llegar a un orgasmo monumental, sus líquidos rebosaban por su vulva dejandome encharcado mi pubis y la parte superior de los muslos. Simone y Marie Louise,  arrancaron a Marion de su posición y volvieron a dejarme limpio y seco utilizando sus bocas. Simone fue la siguiente metiéndose mi verga e iniciando el galope. Sus grandes tetas se movían arriba y abajo.

Llegamos juntos al orgasmo gritando contorsionados por tan fuertes sensaciones. Mi erección no bajó gracias al estímulo del vibrador que tenía todavía metido en el culo y fue la mulata la última en cabalgar ensartada en mi polla. Era un placer doloroso quería correrme y descansar pero no llegaba al clímax. Marie Louise me montaba como una walkiria y tuvo otro orgasmo espectacular con un intenso chorreo de su vulva y unas intensas contracciones de su vagina que me enloquecieron y me permitieron que la leche que aun me quedaba llenara sus entrañas.

A la mañana siguiente, al despertar vi a Marion durmiendo a mi lado. Parecía un angel rubio con su cabeza sobre la almohada.

Autor: Carlos.

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Mi novia y la compañera de clase

Mi novia se levantó y permitió a Paula introducirse mi polla en su coño. Que gusto que placer. Paula cabalgaba sobre mí con mucha fuerza y pasión y mi novia jugueteaba con nosotros unas veces con Paula y sus tetas, otras conmigo y mis huevos. Así estuvimos un buen rato intercambiándose, disfrutando todos de todo, y perdiendo todos los prejuicios.

Hola, mi nombre es Carlos, tengo 22 años, soy moreno, 1,75, atlético, y tímido. Mi novia se llama Sandra tiene un año menos que yo, y la verdad es que es muy linda, es morena, 1,68, delgadita y tiene un cuerpo que apetece comérselo a bocados en cualquier momento. Llevamos juntos desde comienzos del verano, y la verdad es que espero que dure mucho.

Yo estoy estudiando sicología, entre mis compañeros hay una chica con la que tengo buena relación, no es de los más cercanos pero me llevo muy bien con ella. Se llama Paula y es la típica niña rubita con cara muy dulce, sonrisa preciosa, y ojos claros, que te dejan sin sentido solo mirarlos.

Todo comenzó en una fiesta de facultades que se celebran de vez en cuando. Yo fui con mi novia y unos amigos a pasarlo en grande disfrutar del gentío y del alcohol. Llevábamos ya un rato, bebiendo, bailando, y disfrutando, poco a poco Sandra y yo nos íbamos quedando más solos para tener más intimidad y disfrutar de nosotros. Sandra no bebe demasiado así que cuando ocurre, se desmadra, y a mi me encantan esos momentos. Yo había conseguido que un amigo me dejara la llave de su piso, para rematar la faena ese día.

En uno de esos momentos que sientes que el mundo se para, abrazado a ella, saboreando sus labios, jugando con nuestras lenguas, mirándonos a los ojos como si fuera el refugio para cobijarse, cuando de repente una mano me llama por la espalda.

-Hombre, Carlitos. ¿No esperaba verte por aquí?  era Paula, mi compañera de clase. -¿Qué tal, Paula? No podía perderme la fiesta  en ese momento me di cuenta de que Sandra y Paula, no se conocían, y procedí a las presentaciones. -Paula, esta es mi novia Sandra  contestó Paula. -¿Os conocéis?  mientras preguntaba esto miré a mi novia que una sonrisa, parecía contestar afirmativamente a mi pregunta.

A partir de aquí empezaron a contarse sus historias. Ambas habían ido al mismo colegio hasta los 16 años en que los padres de Paula tuvieron que trasladarse a Madrid por trabajo, y el destino había querido que ella volviera aquí para estudiar. Las dos eran compañeras de clase y muy amigas, cuando Paula se fue a Madrid, perdieron el contacto y no se habían vuelto a ver. La fiesta transcurría entre las anécdotas de una y las de la otra. Ambas estaban lo suficientemente contentillas por no decir borrachas, pero seguían disfrutando entre risas y cosas. Las llaves del piso de mi amigo esperaban en el bolsillo, y me parecía que al final no las iba a aprovechar.

-Voy al servicio dijo Paula. ¿Me acompañas? continuo dirigiéndose a mi novia. -Vamos contestó Sandra.

Yo pensaba como podría librarme de Paula para disfrutar con mi novia, pero resulta difícil separar a dos amigas que hace tanto tiempo que no se ven y tienen tanto que contarse. Estaba pensando en ello, cuando decidí ir a espiarlas, por un pequeño ventanal vi como las dos se besaban y acariciaban muy tiernamente, mi bulto creció de golpe, preferí retirarme, volví a mi lugar y casi ni me cuenta, ellas regresaron, -¿No te habrás aburrido?  dijo Paula con una sonrisa de las suyas. -Espero que vosotras tampoco  contesté devolviéndole la sonrisa.

-Os invito a mi piso a seguir charlando. Creo que ya estoy bastante borracha, y aquí ya hay demasiada gente. Os animáis. preguntó Paula. -¿Te apetece?  me preguntó mi novia.

Yo no sabía que responder, mis planes se había venido abajo, pero lo que había visto me excitaba lo suficiente, y como cualquier hombre, pensé que quizá pudiera acabar liándome con las dos.

Al llegar a su piso, el típico de estudiantes, estaba bastante desordenado. Nos sentamos en el salón, mientras Paula recogía algunos trapillos suyos que tenía esparcidos por el salón y nos iba a buscar algo de beber. Sandra, mi novia, comenzó a hacerme caricias y darme besitos para que me animara pues me había visto un poco pensativo.

-¿Qué te pasa, cariño? Estás un poco ido me preguntó.

Aprovechando que estaba solo con ella, le dije, -Os he visto en el servicio. -¿Qué has visto? dijo Sandra intentando disimular. -A ti y a Paula contesté.

En ese momento llegó por detrás Paula, Solo estábamos recordando viejos momentos, Carlos. ¿No estarás celoso? Ella te quiere a ti. Me di la vuelta ¿viejos momentos?- pregunté.

Mi novia contestó, – Si, Carlos, cuando estábamos en el colegio, alguna vez sentimos la necesidad de experimentar el placer de sentir a otra mujer. Éramos adolescentes, la curiosidad, ya sabes.-¿Ya sé? ¿Qué es lo que se? Yo no se nada más que lo que tú me cuentas. Además creo que ya no son adolescentes, ¿no?  respondí algo alterado.

-No, pero entre el alcohol, el reencuentro, y la situación. Dijo mi novia como excusándose. -¿Sólo os besabais cuando estabais juntas?  el morbo que todo hombre lleva dentro surgió de mi.

-¿Qué más da?  preguntó Paula. ¿O es que te excita? No deberías enfadarte en una situación que a todos los hombres les excita, ¿a ti no?  continuó.

Me dejó sin palabras, sin saber que responder, pero Paula continuó hablando. – Y yo estaría dispuesta a enseñarte lo que hacíamos si Sandra quiere, claro. Sandra solo sonrió, como asintiendo. De mis labios solo salió preguntar. -¿A que te refieres? Paula siguió, – A que disfrutes de ver como dos amigas disfrutan juntas, y contigo. ¿Te apetece? esto último lo dijo dejando caer su chaqueta al suelo y dirigiéndose donde estaba mi novia.

Mi novia se acercó a mi y suavemente me besó en los labios, haciéndome sentir lo que necesitaba para animarme a vivir esa experiencia. Lentamente fue separándose de mí. Se levantó y se agarró de la mano de Paula, mi novia entonces estiró el brazo para darme la mano, invitándome a ir con ellas.

Los tres entramos en la habitación de Paula. Yo me senté en la cama, mientras ellas de pie, comenzaron a besarse. Mi polla empezó a querer levantarse. Se besaban con dulzura y con mucha pasión, y deseándose al mismo tiempo. Yo también las deseaba. Paula fue levantando la camiseta a mi novia. Su sujetador quedó a la vista, aunque no por mucho tiempo, ya que Paula ya se disponía a quitárselo.

Mi polla disfrutaba notablemente viendo ese espectáculo. Mi novia tan morenita, Paula con su piel clara, eran tan distintas pero tan bellas ambas que se me debió quedar cara de tonto allí, mirando. Paula comenzó a bajar los pantalones a mi novia, y poco después cayó su tanguita. Con un ligero empujón de Paula, Sandra cayó junto a mí, en la cama. Paula seguía besando a mi novia, mientras sus manos acariciaban sus pechos, situación que me animó a ayudarla en la tarea de saborear el cuerpo de Paula.

Mientras mi novia disfrutaba de sus pechos, mis manos se animaron a entrar en contacto con Paula. Su piel era muy suave, y me vi tentado a saborear sus pechos. La imagen era espectacular mientras yo besaba un pecho, mi novia, se dedicaba a besar el otro. En ese momento, decidí perder el miedo a todo, y quise probar los besos de Paula. Me lancé a su boca, que recibió con pasión la mía. Su lengua jugaba con la mía, y sus ojos me miraban fijamente, lo que hacían que mi polla estallara dentro del pantalón.

Era increíble lo que me sucedía, y lo estaba disfrutando. Poco a poco fui bajando por el cuerpo de Paula, y acercando a mi novia que estaba jugando con el clítoris de Paula. Mi novia me sonrió, y me dio un beso, invitando a saborear aquello que ella había estado saboreando antes. Tenía un coñito rosado con unos labios que apetecía saborear, estaba muy húmedo y caliente, era deliciosa. Mientras tanto mi novia estaba morreándose de nuevo con Paula.

Sandra se sentó sobre la cara de Paula para que le diese placer, y calmara el calor que llevaba dentro. Yo disfrutaba como un loco con este juego, pero deseaba ya, que mi polla saliera al exterior, y tuviera su desahogo, pero no sabía si eso ocurriría. Yo jugaba con mis dedos y mi boca en el coño de Paula, y ésta a su vez hacía lo mismo con mi novia. Era increíble.

Poco después vi como mi novia le decía algo al oído de Paula, a lo que esta asintió. Paula se levantó, me agarró por la cabeza, y me dio un beso de los que no se olvidan. Mi novia se acercó también y empezó a besar mis orejas y mi cuello. Yo me derretía, dos mujeres para mi, y dos bellezas.

Lentamente, empezaron a desnudarme, primero la camisa, luego los pantalones y por último los calzoncillos. Claro, para entonces, mi polla estaba en su máximo esplendor, y ellas quisieron darle placer. Mi boca era la primera vez que sentía el calor de dos bocas saboreándola, de vez en cuando dejaban mi polla, y jugaban entre ellas con su lengua. Yo las miraba y me volvía loco.

-Quiero sentirte dentro, me dijo mi novia al tiempo que se subía encima de mi, para meter mi polla en su coño. Paula mientras tanto jugaba con mis huevos, y el culo de Sandra. Era maravilloso sentir como alguien jugueteaba con mis huevos mientras me follaba a mi novia.

-Yo también quiero montar en tu caballito, Sandra, ¿me dejas?  dijo Paula. Yo alucinaba. La respuesta de mi novia fue levantarse y permitir a Paula introducirse mi polla en su coño. Que gusto que placer. Paula cabalgaba sobre mí con mucha fuerza y pasión y mi novia jugueteaba con nosotros unas veces con Paula y sus tetas, otras conmigo y mis huevos. Así estuvimos un buen rato intercambiándose, disfrutando todos de todo, y perdiendo todos los prejuicios.

Cuando llegó el momento en que no pude más, porque mi polla necesitaba descargar, ambas se colocaron dispuestas a recoger sus caras mi semen. Cuanto más miraba a esas dos preciosidades esperando mi leche, más me reventaba la polla, y al final reventó. Me corrí sobre ellas manchándolas de semen por toda la cara, ellas se dedicaron a limpiarse la una a la otra con sus lenguas.

Fue una tarde-noche fantástica que deseaba no acabara nunca. Después de esto estuvimos charlando, intercambiando besos y caricias, para acabar en una ducha juntos. Después de esto mucho más pero eso ya es otra historia.

Autor: Carlos

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Mi madre y mi amigo IV

Carlos introdujo su miembro en el ojete de mi madre, la penetraba con casi la misma velocidad que se la había clavado en su coñito. Que buen culo que tienes. Vamos Carlitos, lléname el orto. Chillaba alocadamente Sofía. Mi amigo levantó su cabeza y su cuerpo se endureció a la vez que dejaba ir su líquido en el trasero de mamá.

Al otro día me desperté como las 11:30 de la mañana, Rodrigo no estaba, vi la hora y me dirigí a mi edificio, antes de entrar llamé a mi casa un par de veces para asegurarme que podría escabullirme, no recibí respuesta, lo que me indicó que aún debían estar durmiendo. Seguí el mismo procedimiento del día anterior, pero para mi sorpresa cuando entré la pareja no estaba durmiendo sino que estaban en la ducha follando nuevamente, la puerta del baño estaba semi-abierta. Sin embargo, no me atreví a entrar, ya que el baño de la pieza de mi madre no es muy grande y podía ser observado. A pesar de esto podía escuchar los gemidos a lo lejos, era bastante difícil distinguir lo que decían principalmente por el ruido del agua. Me acerqué un poco a la puerta y lo único que alcancé a escuchar fue:

-Me encantaaaaaa hacerlo en la duchaaaaaaa. Señalaba mi madre entre gemidos. -A mí me gusta hacértelo en cualquier lugar. Respondía Carlos agitado.  -Ahhhhhhhhhhhhhh. Logré oír un sonoro gemido de Sofía.

Me alejé de la puerta y decidí ocultarme y esperar. Estuvieron alrededor de veinte minutos más en la ducha hasta que cesó el sonido del agua correr y observé como Carlos salía desnudo a buscar unas toallas, mi amigo le pasó una a mi madre y comenzó a secarse sobre la cama. Sofía se quedó en el baño y cerró la puerta. Luego de secarse bien, el muchacho se puso un pantalón corto y una polera y se dirigió al balcón para colgar la toalla, después se recostó en la cama y empezó a ver televisión. Tras aproximadamente media hora, mamá salió del baño completamente vestida con una faldita de mezclilla por sobre la rodilla, unos zapatitos de tacón negro y una pequeña blusa sin mangas también negra. Luego se dirigió a su mueble y comenzó a pintarse.

-Me encantaría quedarme contigo, Carlitos, pero tengo que acompañar a Ricardo. Decía Sofía. -Sí lo sé Sofy, está bien. No te demores mucho eso si que no aguanto mucho tiempo sin ti…jajaja. Además, hoy llega Jorge y después no te voy a poder ver.  -Algo inventaremos para poder vernos igual. Señaló mamá besándolo. -Ohhhh, me encantas. Mejor no te acerques que me pongo duro inmediatamente y tu noviecito ya viene en camino. Decía Carlos agarrándola de la cintura. -Mejor, mi vida, voy a tratar de volver lo antes posible, te lo prometo.

Luego de unos instantes sonó el celular de mi madre, Sofía terminó de arreglarse y besando apasionadamente a mi amigo salió, no sin antes jurarle que volvería lo antes posible.

Yo estaba decepcionado, esperaba pillar a la pareja en sus momentos de intimidad, pero lamentablemente esto no había sucedido. Carlos siguió viendo televisión durante casi una hora, yo estaba aburridísimo, no pasaba nada y ya estaba empezando a pensar que sería un día perdido. Sin embargo, para mi suerte estaba equivocado, después de ese largo y tedioso rato pude ver como mi amigo levantaba el teléfono con un rostro muy similar al del día anterior cuando había hurgueteado los muebles de mamá. Puse atención y escuché sus palabras:

-¿Aló? ¿Cómo estás?  -Bien, Bien. -Oye, ¿Estás ocupado? -Ven para la casa de Jorge. Te tengo una sorpresa enorme. -No, no te puedo decir por acá. Ven y sabrás. -Es que tienes que verlo por ti mismo. -Ya, te espero, trata de no demorarte tanto. Apúrate, nos vemos acá, chao.

Yo suponía que la “sorpresita” estaba relacionada con la situación con mi madre, pero tenía la enorme curiosidad de con quién había hablado Carlos. El rostro de mi amigo reflejaba una mezcla de felicidad y picardía, era exactamente la misma cara del día anterior.  Alrededor de las 3:00 de la tarde sonó el citófono, Carlos se levantó tal y como estaba y le indicó al misterioso personaje que subiera, lo esperó en la sala y logré escuchar como abría la puerta.

-Hola, ¿Qué pasó? -Entra luego. Respondió mi amigo rápidamente. -¿Y tú qué haces acá? ¿Y por qué estás vestido así? La voz era inconfundible, correspondía a Miguel, un amigo en común que teníamos con Carlos. -Tranquilo, tranquilo te voy a contar todo. Toma asiento. Señalaba Carlos riendo. -¿Y Jorge, dónde está?

-Toma asiento, tranquilízate, te voy a explicar todo. ¿Quieres algo de beber? -No gracias, explícame que sucede. Respondía Miguel sin entender nada. -La historia que te voy a contar te va a sonar increíble, por eso te pedí que vinieras. Decía Carlos sirviéndose un trago. -¿Entonces, qué sucede? ya estoy acá.-¿Recuerdas a la madre de Jorge, a Sofía? Preguntó Carlos.

-Si, obvio que la recuerdo. -¿Recuerdas los comentarios que solemos hacer sobre ella? Que estaba buena, que tenía un par de tetas fantásticas y un culo exquisito, bla, bla, bla. -¿Estás seguro que no está Jorge? Respondía Miguel intranquilo. -Si, tranquilo, anda de campamento con unos compañeros de la universidad y no va a llegar hasta la noche. Pero, responde ¿Recuerdas todo eso? -Jajaja jajaja… claro que sí. Todos sabemos que la mamá de Jorge esta buenísima y más de alguno le hemos dedicado una paja.

-Bueno, aunque no lo creas… tú amigote acá… se la estoy follando. Declaró Carlos orgulloso. -¿Qué? Jajajajajaja… Parece que te hizo mal el alcohol, te estás volviendo loco. Miguel respondía sin dar crédito a las palabras que escuchaba. -Jajajaja, sabía que no me ibas a creer por eso te pedí que vinieras.

-Pero Carlos, ¿Cómo quieres que te crea eso? Está bien que siempre hayamos fantaseado con la mamá de Jorge, pero de eso a… -Piénsalo Miguel, usa la lógica, ¿Por qué crees que estoy acá solo? ¿Por qué estoy vestido así?  -No sé, quizás… bueno, emmm, no sé, pero… Miguel no sabía cómo explicar las preguntas de Carlos. -Mira, esto fue lo que pasó.

Carlos contó a Miguel toda la historia de su relación con mi madre omitiendo el hecho de que yo lo había ayudado en su primer encuentro. Obviamente, Miguel seguía sin creer las palabras de Carlos y a pesar de su notable interés negaba todo con expresiones de incredulidad.

-Pero bueno para eso te llamé para que lo veas con tus propios ojos. Sólo así lo creerás. Vamos que tenemos que actuar rápido, Sofía ya debe estar pronta a volver. Escuché como Carlos se levantaba del sofá.

-¿Qué? Respondía Miguel sin entender nada aún.  -¿Qué hora es? Preguntó Carlos.-Las 4:20. Respondió Miguel. -Sí… ya lleva tres horas fuera, debe estar por volver. Ven debemos buscar un lugar donde puedas observar todo. Ambos se dirigieron hacía la pieza de mi madre. -Estás loco Carlos, no entiendo nada. -Pronto verás un espectáculo único que nunca olvidaras te lo prometo. Decía Carlos con seguridad.  -Estás loco, ya ¿Y dónde me escondo?-No sé, tiene que ser un lugar donde puedas ver bien y que Sofía no te descubra. Decía el muchacho pensativo.

Ambos comenzaron a discutir sobre el mejor lugar para esconderse, yo estaba preocupado ya que temía que pudieran encontrarme y arruinar todo.  Finalmente, Carlos movió unas prendas que había en el closet que se ubicaba justo frente a mi escondite e hizo espacio para que Miguel se ubicara ahí, después de un rato lograron terminar el escondite y esperaron. Conversaron durante unos minutos más hasta que Carlos escuchó los tacos de mamá por el pasillo y le indicó a Miguel que se escondiera rápido. El muchacho obedeció y Carlos salió a recibir a mamá a la sala.

-¿Cómo estuvo tu almuerzo? -Aburridísimo. Estaba desesperada por volver.  -¿Sí? ¿Y por qué? Respondió Carlos con picardía. -Ohhhh, mi amor, si sabes por qué. Logré escuchar que habían comenzado a besarse. -No podía esperar más por esto. Vamos aprovechemos bien el tiempo.

Besándose entraron en la pieza. No podía observar el rostro de Miguel, pero me imaginaba su boca abierta de incredulidad. Carlos miraba regularmente el closet levantando el pulgar en señal de que todo estaba bien. La pareja siguió besándose y sobándose salvajemente de pie frente a la cama. Mi amigo comenzó a magrearle y besarle las tetas, el cuello y la boca. Ella soltó su cabello y siguió comiéndole la boca. Después de unos minutos, Carlos le desabotonó la blusa desde el cuello y se la quitó, mi madre se sacó el corpiño quedando con sus duras tetas al aire. Mi amigo empezó a chupetearle los melones como desesperado a la vez que le dejaba ir una mano por la falda.

-Me fascina como te mojas tan rápido, Sofy. Decía Carlos introduciéndole los dedos. -Tú me pones así, mi amoooor. Replicaba mamá comenzando a esbozar unos leves gemidos. -¿Y tú noviecito? ¿No te pone caliente?-Ja, sabes que no, sólo tú me pones así, mi vidaaaa, ¡sólo tú!

Luego de eso, Carlos se sacó la camiseta y se bajó con gran facilidad los cortos pantaloncillos, Sofía observó la vergota erecta y sin pensarlo dos veces se arrodilló y se la introdujo salvajemente en la boca. Mi amigo se movió un poco para que Miguel pudiera observar mejor el espectáculo que le estaba ofreciendo. Mi madre seguía tragando y tragando con gran velocidad afirmándose de las piernas de Carlos. Yo ya había visto que Sofía era una maestra en la materia del sexo oral, pero aquel día realmente parecía poseída, lo hacía con una velocidad increíble y le decía a mi amigo cosas como: 

-Me encanta tu miembro, que bueno está. Me fascina chuparlo, me lo voy a tragar tooooodo.

Carlos no respondía nada, creo que estaba tan sorprendido como yo y gozando como nunca. Lo único que atinaba a hacer era mirar hacia el closet entre mamada y mamada. Sofía seguía con su feroz chupada, jugueteando con sus bolas y continuando con sus calientes palabras.

-Que rica que es, mi vidaaa. Me mata tu enorme miembro, me encanta saborear tu palo, dámelo todo.-¿Lo quieres todo zorrita? ¿Lo quieres todo? ¡Entonces trágatelo todoooo!

Mi amigo la tomó fuertemente de la nuca y se la clavó hasta el fondo de la garganta, ella trató de zafarse sin conseguirlo, Carlos la agarró de los pelos y comenzó en rápido mete-saca en su boca dificultando la respiración de mi madre y provocándole arcadas.  Claramente, se podían escuchar los sonidos de la verga en la garganta de Sofía.

-¿La querías toda? Ahora la tienes hasta la faringe…jajajaja. Eso es, trágatela enterita, ohhhhhhh, que goce, eso sigue chupando, sigue chupando. ¿Te gusta mamarla, verdad? ¿Te gusta comer verga? Señalaba Carlos mirando fijamente como su miembro desaparecía en la boca de mi mamá. -“Glup, Glup”. Era el único sonido que emitía Sofía.

Carlos cerraba sus ojos y levantaba su cabeza estaba gozando de una manera increíble y apenas pudo notar que mi madre le golpeaba las piernas pidiéndole que la soltara. Mi amigo la miró y le retiró la mano de la nuca, su verga salió toda mojada de la cavidad bucal, se podían observar hilos de saliva a medida que Carlos apartaba su verga de la boca de mamá. Ella respiró profundamente aliviada y tragó una gran cantidad de saliva.

-Casi me ahogo. Señaló Sofía respirando rápidamente. -Tú me lo pediste. Dijo Carlos.-Nunca había hecho eso. Volvió a decir mamá aún agitada.-Hay varias cosas en las que has debutado conmigo, lo de ayer, ahora esto…jajaja. Pero, yo sé que te gusta, Sofy. Tócate el coñito, estoy seguro que estás toda mojada. Mi madre asistió con la cabeza.-Sigue entonces, que a mi me encanta que me la mames. Mi amigo le volvió a tomar la cabeza dirigiéndola, esta vez, “cariñosamente” hacia su miembro.

Sofía se lo volvió a introducir en la boca y comenzó nuevamente con sus salvajes movimientos, masturbándolo y chupándole la punta, lamiéndoselo por los costados y chupeteándole las bolas, todo con gran rapidez. Siguió así por otros minutos hasta que Carlos explotó:

-Ohhhhhhh, Sofy que bien lo haces, ya no aguanto mássssssssssssssssss.

Mi amigo tomó de nuevo fuertemente a mi madre de la nuca y se la introdujo hasta el fondo. Ella se sorprendió con las descargas de Carlos e intentó sacarse el miembro de garganta, sin embargo el muchacho la agarró más fuerte y con unas convulsiones le dejó ir todo su líquido en la boquita. Sofía trataba de tragarse el semen con ahínco, apretando sus ojos y agarrándose de las piernas de Carlos, no obstante algunas gotas de leche comenzaron a fluir de sus comisuras recorriendo su pera y cayendo al suelo. Tras esto, mi amigo le sacó la verga y se dejó caer agotado en la cama.

-Te tragaste toda mi lechecita, Ohhh, eres realmente fantástica. -Sabe bien el semen, ah, nunca lo había probado. -¿Te gustó? Señaló Carlos sonriendo. -Cualquier cosa que sea contigo me encanta. Respondió ella. -Eres la mejor, Sofy, la mejor. Si yo fuera tu novio te estaría follando todos los días a cada rato. -Bueno, ahora tienes la oportunidad. Mi madre se retiró al baño para limpiarse y retornó rápido. -Ahora te toca a ti. Dijo Sofía sacándose la faldita y el calzón.   -Ven acá que te voy a comer el coñito como nunca.

Carlos se abalanzó sobre mi madre y empezó a comerle la conchita salvajemente agarrándose de sus piernas abiertas. Ella apretaba la marquesa de la cama con sus manos contorsionándose, luego se apretujaba las tetas para terminar tirando fuertemente del cabello de Carlos repitiendo su nombre.

-Ohhhh, Carlos, Ohhhh Carlitos. ¡Que rico! Eso, ahí, Ahhhhhhhhhhhhhh.

Mi amigo no respondía nada y sólo seguía lamiendo pasándole la lengua de arriba debajo de su entrepierna.

Después de una buena cantidad de minutos practicándole sexo oral, Carlos se levantó indicándole a Sofía que se subiera arriba de él.

-Vamos Sofy, quiero que me cabalgues. Después del entrenamiento de ayer ahora te va entrar todita. -Sí, mi vida como tú quieras. Respondía mi madre levantándose rápidamente. -Me fascina tenerte arriba, eres una experta montando. Decía Carlos acostándose en la cama. -Contigo es fácil ser experta. Replicaba mamá ubicándose sobre él y dirigiéndole la verga hacia su coño. -Vas a ver que fácil entra ahora.

Efectivamente, Sofía se introdujo casi sin problemas el vergón de mi amigo emitiendo un largo gemido y abriendo la boca bien grande, momento que aprovechó Carlos para meterle un dedo en la cavidad bucal.

-Ayyy, que bien se sienteee. Fueron las primeras palabras de mamá. -Viste, sabía que iba a servir el tratamiento de anoche. Decía Carlos agarrándole fuertemente el culo.-Siiii, vaya que sirviiiió. Sofía empezaba a cabalgar. -No eres la primera, es que no es fácil recibir un miembro así…jajajajaja. Señalaba mi amigo orgulloso del tamaño de su herramienta. -No, mi amooor, nunca había tenidoo una verga asssssí. Nunca había sentidooo lo que me haces sentiiiiiiiir. -Mira, te voy a enseñar a disfrutar de un miembro como el mío. Levanta tus piernas. Carlos detuvo sus movimientos y le indicó a mi madre que abriera sus piernas.

-¿Cómo? ¿Así? Preguntaba Sofía sin comprender bien las intenciones de mi amigo. Carlos le sacó la verga y trató de explicarle. -No, siéntate en mi verga, Ahhhhh, como si estuvieras meando en la calle. ¿Me entiendes? -¿Así? Preguntaba mi madre abriendo bien sus piernas y apoyando la planta de sus pies sobre la cama. -Perfecto, ahora comienza a bajar. La verga de mi amigo estaba como un poste esperando a mamá.

Sofía agarró el miembro de Carlos y nuevamente lo dirigió a su abertura, la que poco a poco comenzó a albergarlo provocando un enorme goce en mamá que se reflejaba en su rostro desfigurado. Cuando su verga desapareció completamente en el coñito de mi madre, mi amigo señaló.

-¿La sientes mejor así? –Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.-Ahora si que la estás disfrutando enterita. -Ohhhhh, la siento toda adentooooo. -Ahora a gozar. Carlos agarró a mi madre por los muslos y comenzó el mete-saca. -Siempreeeee soñé con gozaaaar asssssssssí. Respondía mamá afirmándose en la parte superior de sus muslos, subiendo y bajando sobre la verga de Carlos.  -Que desperdicio que una mujer como tú con este cuerpazo no tuviera a nadie que la hiciera gozar como se merece. -Ahora teee tengo a tiiiiiii, mi vidaaaa. -Sí, ahora estoy yo para satisfacerte.

-Igual me extraña que con este cuerpazo, estas tetas exquisitas y este culote no hayas tenido alguien que te hiciera zumbar, con todos los candidatos que pagarían por follarte. Carlos decía esto mientras le agarraba fuertemente las tetas. -¿Candidatoos? ¿Qué candidatoos? Respondía mamá entre gemidos y haciéndose la tonta. -Jajajajaja… te gusta mostrarte y sentirte deseada, eso lo noté desde que te conocí. Tú sabes que todos quieren follarte. Don José, Marco, Cristián y todos los otros, sin contar a todos los amigos de Jorge.

-Sooon puros jovencitooos no se fijarían en unaa vieja como yooo,  ayyyy, métemela todaaaaa.  -Jajajaja… ya te dije que siempre hemos hablado de ti, del cuerpazo que tienes y sabes que más de alguno te ha dedicado una paja. -Nuncaaaa me había dado cuentaaaa. -No seas mentirosa. Yo creo que si los muchachos hubiesen sabido que estabas tan necesitada de verga y lo buena que eras para mamar y follar te la clavaban el mismo día que te conocieron ahí mismo delante de tu hijo.

-¿De verdaaaad lo crees? Ahhhh que goeeee que sientooo. -No sólo lo creo, lo sé, porque me lo han dicho. Sofy tú estás más buena que cualquier muchacha de nuestra edad. -Me encantaaa que me hagas el amoooooooor. -Ohhhhh, tú eres por lejos la mejor mujer que me he folladoooo.

Carlos la agarró de las nalgas y se la comenzó a clavar como loco con gran velocidad haciendo a mi madre saltar sobre él obligándola a afirmarse del respaldo de la cama para no perder el equilibrio. La verga de mi amigo entraba y salía rápidamente del coñito de Sofía, ella sólo gritaba de pasión sobándose las tetas y el pelo. Luego de un rato así, Carlos se la sacó y se ubicó detrás de ella. Mi madre se puso en “cuatro” levantando bien su trasero para una mejor penetración. El muchacho se la dejo ir toda de una vez y comenzó un lento mete-saca agarrando a mamá de la cintura:

-Bueno, siguiendo con el tema. No puedes decir que nadie se fija en ti. Yo creo que eres la mujer más deseada del barrio. -Gracias, mi amooor, pero eso piensaaaas tú. -No, no sólo yo. Muchos otros, por ejemplo, Miguel, ¿sabes quién es? Carlos dirigía su mirada hacia el closet. -¿El amigoooo de Jorgeeeee? Preguntó mi madre entre gemidos. -Sí, el mismo. -Sí, sigueeeee así ¿Qué pasaaaaaaa con él?

-Él es uno de tus “admiradores”. Mi amigo volvía a mirar hacia donde estaba Miguel. -Noo lo creo, mi vidaaa, siiiii que goce. –Te lo aseguro. Miguel daría lo que fuera por estar aquí clavándotela hasta el fondo. -¿Sí? ¿Y cómo lo sabees? Preguntaba Sofía con cierto interés. -Ya te dije que siempre hablamos de ti con los muchachos. ¿Y a ti qué parece Miguel?

-Es un muchacho guapoooo, esooooooo, métemela hasta el fondooo. Carlos empezaba a aumentar la velocidad de sus movimientos.- ¿Te gustaría follártelo? Preguntó Carlos dirigiendo una sonrisa hacia el closet -No sé, mi vidaaaaaaa, ahhhhhhh sigue así. -Vamos, yo sé que te gustaría hacerlo con él. Carlos la tomaba de los hombros penetrándola hasta el fondo.

-Ohhhh, me encantaa como lo hacees. Mi madre agarraba fuertemente las sábanas y con una mano se abría la conchita para recibir mejor el vergón de mi amigo, que había comenzado a fijar su mirada en su culo. -Vamos Sofy, dime que sí, que te gustaría follarte a Miguel. Carlos reía y miraba intermitentemente al closet, me imagino la cara que debía tener Miguel.

-Sí, mi vidaaaaaaa, lo que tú quieraaas, me matas Carlooooooos. Mi madre apretó sus manos, al parecer había llegado al orgasmo.-Viste que en el fondo eres una calentona, por eso me fascinas. Mi amigo la tomaba de su larga cabellera levantando su rostro. Mi madre estaba tan mojada que claramente se podía escuchar un leve “chapoteo” en la penetración de Carlos.

-Me encanta hacerlooo contigooo. Respondía mamá agotada. -Ohhhh Sofy no aguantó más, tengo que follarme este culote. Mi amigo se la sacó sobajándole el trasero y rápidamente empezó a introducir poco a poco su miembro en el ojete de mi madre. -Ahhhhhhhh, despaciooooooooo. Decía mi madre levantando su culito.

-No te preocupes, te va a entrar mejor, ya la lubricaste en tu coñito, Jajajaja. -Ohhhh, la siento todaaaaaaaaaa. Carlos ya le había metido un poco más de la mitad. -No está toda, sólo llevo la mitad. Vamos a tener que entrenar este culote también para que puedas recibirla toda. Mi amigo comenzaba un lento mete-saca.

-Ayyyy, que rico como te sientoooooo en mi culitooooo. -¿Te gusta? Ohhh, como me apretas. Decía mi amigo aumentando la rapidez. -Despacitoooo, despacio, despaciooooooooo por favoooooooor. Gritaba mi madre desesperada. -Lo siento Sofy, ya estoy llegandoo. Carlos la penetraba con casi la misma velocidad que se la había clavado en su coñito. -Ahhhhhhhhh, siiiiiiiiiiiiiiiiiii. Era lo único que articulaba mi madre. -Que buen culo que tienessssssssssss. Señalaba Carlos golpeándole fuertemente las nalgas con su palma abierta.

-Vamos Carlitooooooooos, lléname el ortoooooooooooo. Chillaba alocadamente Sofía. -Ohhhhhhhhhhhhhhhhhh. Mi amigo levantó su cabeza y su cuerpo se endureció a la vez que dejaba ir su líquido en el trasero de mamá. -Ahhhhhhhh, que ricooooooooo, me encanta sentirla dentroooo.

Fueron las últimas palabras de Sofía antes que Carlos se desplomara sobre ella. Cuando mi amigo le sacó la verga pude observar un hilito de semen que denotaba la descarga que le había dado a Sofía, luego se recostó de espaldas respirando agitado. Estuvieron un rato tendidos en la cama, totalmente exhaustos, uno al lado de otro, ya eran casi las 6 de la tarde, hasta que Carlos se acordó que Miguel estaba escondido en el closet y le dijo a mamá:

-Sofy, ¿Por qué no nos duchamos juntos?-Ay, Carlitos, estoy agotada, nunca había cogido tanto en mi vida. Decía Sofía riendo.-Pero, es que me encanta hacerlo en la ducha. Mi amigo comenzaba a besarla. -Estoy muy cansada, además Jorge ya debe estar por llegar. -Vamos, yo sé que te gusta aprovechemos el rato que nos queda. Quizás después hasta cuándo vamos a tener que aguantarnos. Carlos la acariciaba y le besaba el cuello excitándola de nuevo.

-Ya, está bien, no me puedo resistir contigo.-Así me gusta Sofía. Mi madre se levantó de la cama y se dirigió al baño. -Anda tú primero, yo voy enseguida. Señaló Carlos.-Apúrate que debemos aprovechar el poco tiempo que nos queda. Sofía entró al baño y abrió la llave del agua.   -Voy en un segundo. Carlos se dirigió sigilosamente al closet y sin abrirlo le habló a Miguel.

-Cuando estemos duchándonos sales en silencio que no te escuche, después hablamos. Señaló mi amigo susurrando. -Te estoy esperando, mi vida. Decía mi madre desde el baño. -Ya voy. Carlos entró al baño y cerró bien la puerta.

Después de unos minutos, Miguel salió del closet. Su rostro demostraba su incredulidad e impresión, se acercó al baño e intentó escuchar los leves gemidos de Sofía, luego se dio media vuelta y riendo se retiró del departamento con el mayor sigilo posible. Aproximadamente 10 minutos más tarde y cuando la pareja parecía estar en lo mejor aproveché mi oportunidad y también salí del lugar para regresar a la casa de Rodrigo a buscar mis cosas.

A las 9 de la noche volví al departamento, simulé lo mejor que pude diciéndole a mi madre que toda había estado muy bien, que lo había pasado fantástico e inventándole algunas anécdotas que supuestamente habíamos vivido. Sofía se notaba muy feliz y cuando le pregunté como lo había pasado ella, sólo me contesto que había tenido un muy buen fin de semana.

En esos dos días ocurrieron cosas realmente increíbles. Sin embargo, aún faltaba más y lo pasaría unos días después nunca lo podría haber imaginado.

Autor: livorno_09

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Su fantasía

Sus manos se deslizaron a tu cadera y de ahí bajaron hasta tomar tus nalgas entre ellas, entre vosotras no había un sexo erecto apretando tu pubis como antes, pero sus caricias pronto te hicieron olvidar ese detalle. Sobre todo cuando ella abandonó tus labios y descendiendo por tu cuello llegó hasta tus senos, tomando entre sus dientes sobre tu ropa tus enhiestos pezones.

Hoy es un día extraño, tanto por el clima que ya en puertas de noviembre nos ha deparado unos días casi veraniegos como por lo que has venido a hacer hasta aquí.

Has quedado con él, hace meses que no os veis pero nada ha cambiado entre vosotros, ambos os estáis hecho fuertes pese a las circunstancias o precisamente por estas habéis dado un paso más y habéis alquilado una habitación en un pueblo perdido del que ni el nombre sale en los mapas, habéis decido que ese será de aquí en adelante el nido que os unirá aun más si cabe. Llegar al pueblo no fue tarea fácil para ninguno de los dos, aun así él llegó antes que tú y aprovechó para caldear la fría casa de pueblo encendiendo la chimenea.

El no está solo, ayer cuando hablasteis te dijo que hoy cumplirías una de tus fantasías, por más que quisiste averiguar no hubo forma de saber que tenía pensado para ti, Pero ella estaba allí con él, aunque solo conversaban al pie de la chimenea esperándote, ella era tu sorpresa y él solo sería testigo mudo de lo que allí ocurriese.

Era tu fantasía y a fin de cuentas, ¿quién era él para intentar cambiar nada de la misma?, al menos no lo pensaba en este momento.

Cuando al fin llegaste él salió a la calle a recibirte, te tomó entre sus brazos y como en otras ocasiones os fundisteis en un abrazo eterno a la vez que os besabais con pasión contenida durante meses, enseguida notaste como su sexo comenzaba a abultar su pantalón presionando tu abdomen, así que sin más lo cogiste de la mano e intentaste ir directa a la habitación.

Pero esta vez él no siguió tus pasos, si no que te retuvo y te recordó que hoy cumplirías tu fantasía, esa que a él le rondó la cabeza estos últimos meses, meses en los que puso algún anuncio en esta página hasta encontrarla a ella, a Raquel. Sin decirte nada te llevó al viejo salón de la casa y allí la viste sentada al lado del fuego, aunque algo confundida pronto entendiste él porque Raquel estaba allí.

Carlos os presentó formalmente y cuando tu ibas a darle dos besos a la chica ella te dio un fugaz beso en los labios que hizo que tu cuerpo se estremeciese al igual que hace unos minutos cuando sentiste el sexo de él contra tu vientre.

Sentados alrededor de la pequeña mesa del comedor entablasteis una conversación banal, hablando de temas sin demasiado interés, solo sacados con el fin de romper el hielo, tus manos temblaban nerviosas en tu regazo, esperabas cualquier cosa cuando te habló de cumplir tu fantasía pero nunca habrías imaginado que esta sería la que estabas por cumplir.

Después de unos minutos en los que tomasteis algún refresco, ya que nadie bebía otra cosa sonó el teléfono de Raquel, momento que Carlos aprovecho para hablar contigo. -Esti ¿en qué piensas? no tiene que ocurrir nada que tú no quieras, simplemente intenté cumplir tu fantasía, pero si no quieres ella se marchará igual que vino y no habrá ocurrido nada.

Tus labios estaban sellados, solo asentías con la cabeza, sumergida en tu mar de dudas, era tu fantasía si, pero era una fantasía que jamás creíste realizar.

Al fin tras unos segundos más de silencio por tu parte hablaste pare decirle a Carlos que si, que querías probar, pero que si no te encontrabas bien con la situación podrías interrumpirla sin mas, algo a lo que él estuvo de acuerdo. La conversación de Raquel al teléfono se alargaba, a lo que Carlos se aproximó a ti y tomándote de las manos te levantó para fundirse en otro abrazo interminable, su sexo seguía latiendo o había vuelto a despertarse incrustándose esta vez en tu pubis, un leve movimiento de tus caderas y el roce se hizo para ambos necesario como el aire.

Vuestras lenguas se buscaban, vuestros labios se fundían, sus manos subían por tu costado acariciando tus pechos hinchados ya de deseo.

Tan ensimismados estabais que no advertisteis que Raquel había regresado, solo cuando sentiste unos labios en tu cuello te diste cuenta que solo podía ser una persona, ella. Ella que tras de ti tomando tu cintura besaba tu cuello ascendiendo hasta tu oreja y todo eso sin dejar de sentir los labios de Carlos en los tuyos y su sexo intentando romper la tela que os separaba.

Un gemido profundo salió de tu garganta cuando Raquel tomó el lóbulo de tu oreja entre sus labios recorriéndolo con una lengua húmeda y cálida, la sensación se incrementó cuando ella subió sus manos hasta tomar tus pechos entre ellas, tus pezones se clavaron en la tela de tu blusa con el solo roce de esas manos jamás soñadas.

Era el momento y Carlos lo sabía, separándose de ti te ayudó a darte la vuelta hasta quedar frente a frente con ella, quien aprovechando esta ocasión te atrajo hacia sí como minutos antes hiciera él, besando tus labios con pasión, el contacto de su lengua pequeña y cálida anularon, si es que quedaba alguna resistencia en ti, que te entregaste a ese beso como si la vida te fuese en ello.

Sus manos se deslizaron a tu cadera y de ahí bajaron hasta tomar tus nalgas entre ellas, entre vosotras no había un sexo erecto apretando tu pubis como antes, pero sus caricias pronto te hicieron olvidar ese detalle. Sobre todo cuando ella abandonó tus labios y descendiendo por tu cuello llegó hasta tus senos, tomando entre sus dientes sobre tu ropa tus enhiestos pezones.

Los gemidos llenaban el ambiente, tus manos no acertaban a moverse, ni siquiera las llegaste a apoyar en ningún momento en su cuerpo, solo cuando su mano se coló entre vosotras y atrapó tu sexo sobre el pantalón la cogiste el rostro entre tus manos volviendo a besarla. La voz de Carlos os sacó por un instante de vuestro mundo. -Chicas vamos a la habitación, tomaste la mano de Raquel y seguisteis el pasillo que conducía a vuestra habitación.

Carlos cerró la puerta tras de sí y se sentó sobre una de las dos camas observando cómo retomabais vuestros besos, vuestras caricias. Poco a poco las prendas fueron desapareciendo de vuestros cuerpos, ahora tus pechos eran besados sin tela de por medio y tus pezones saboreados por esa lengua extraña que tanto placer te estaba dando, al fin saliste de tu parálisis y tomaste los senos de ella entre tus manos, su tacto, su suave piel te incitaron a besarlos y tal como había hecho ella contigo tus labios succionaron primero un pezón y luego el otro haciendo brotar leves jadeos de la garganta de Raquel.

Solo existíais vosotras dos, hasta el punto que habías olvidado que Carlos observaba atentamente vuestros juegos, cuando dirigiste la vista hacia él lo encontraste con la mirada fija en vuestros cuerpos y su mano acariciando su sexo erecto sobre el pantalón. Le perdiste de vista cuando sentiste que tus bragas ya húmedas eras bajadas hasta acabar sacándolas de tus pies y quedando en el suelo, te dejaste caer sobre la cama y a partir de allí tu mente se nubla y solo te llegan imágenes entremezcladas.

Sobre todo recuerdas la sensación que dos manos abrían tus piernas y que esa lengua dulce y extraña recorría cada pliegue de tu sexo mientras dos de sus finos dedos penetraban dentro de tu ser, tu sexo se contraía alrededor de ellos aprisionándolos mientras tu clítoris recibía esa lengua sedienta de ti.

La siguiente imagen que llega a tu mente es ver a Carlos desnudo en la cama de al lado masturbando su sexo erecto absorto con vuestro ritual, los gemidos más guturales de él se mezclaban con los vuestros.

Ni siquiera recuerdas en qué momento Raquel sacó su tanga empapada y colocó su sexo al alcance de tus labios, sin dejar en ningún momento de brindarte placer en el tuyo, perdiste la noción del tiempo y de los orgasmos que llegaban uno tras otro hasta parecer uno solo pero interminable, también te quedó la sensación del sabor de su sexo, de la suave piel que tu lengua recorría, los labios abiertos como una flor y un pequeño clítoris que tomaste entre tus labios hasta recibir su placer.

Cuanto tiempo duró aquello quien lo sabe, lo último que recuerdas es como mientras llegaba tu último orgasmo viste como Carlos vaciaba el fruto del placer que le habías brindado sobre tu pecho.

Cuando despertaste ella no estaba si es que estuvo alguna vez, Carlos solo te miraba y sonreía pero jamás te dijo si aquello fue un sueño o no, lo que él no sabe es que en tu bolso al llegar a casa descansaba el tanga aun húmedo de ella, habías hecho realidad una fantasía y él había estado allí.

Autor: Carlos73

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Para ella fue un sueño

Me puse delante de ella y la incliné hacia mí para que la chupara. Mi amigo aprovechó y metió su larga verga en la concha de mi mujer. Que placer me dio verla enculada por una verga extraña, y al parecer ella gozaba con el nuevo miembro ya que gemía de placer por estar clavada por esa nueva verga. Tanta fue mi excitación que eyaculé dentro de su boca dando un alarido producto del placer.

La historia que pasaré a relatarles trata de mis deseos por experimentar un trío en la cama, y a diferencia de muchos hombres yo no quería estar con dos mujeres en la cama, sino que deseaba que otro hombre además de mí se tirara a mi mujer.

Nos casamos hace mucho tiempo y el sexo en nuestras vidas fue cayendo en la monotonía. No sé cuando fue pero se me metió en la cabeza querer ver como se culeaban a mi esposa. Yo tengo 39 años y Rosa 34, con muy bonitas piernas y unas tetas grandes. Sus labios gruesos estaban hechos para dar buenas mamadas, pero había el inconveniente que ella no quería saber nada del tema. Lo máximo que llegamos fue a fantasear con que otro hombre estaba con nosotros en la cama a la hora de hacer el amor, y debo decir que ella seguía muy bien el juego imaginando quizás a algún antiguo novio penetrándola.

Mi deseo de ver como otro pene ingresaba en la concha de mi mujer fue tanto que decidí contarle mi situación a un amigo de muchos años, el cual había estudiado medicina. Así fue que confesé en medio de unas botellas de licor lo que tanto ansiaba. Este amigo me dijo que ese deseo era muy normal y que yo había vencido ese tabú de pretender que la mujer sea monógama ya que la condición del hombre es relacionarse con varias parejas y la mujer no era una excepción. Debido a nuestros conceptos morales era que se había establecido esa creencia, pero las estadísticas indicaban que las mujeres también tenían estos anhelos.

Sus palabras me dieron aliento para no cejar en mi intento de vivir una experiencia similar. Mi amigo continuó diciendo que debido a la educación que había tenido mi esposa, era por lo que mostraba este rechazo pero su deseo por hacerlo era real, ya que había aceptado la idea de tener un trío cuando fantaseaban en la cama. ¿Que debo hacer? le pregunté, con la esperanza que me diera una solución. Me dijo que lo que debía hacer es vencer esa barrera y para eso él me podía proporcionar una pastilla que utilizaba antes de someter a algún paciente a una operación, cuyos efectos eran atontar un poco además de desinhibir a la persona, y lo mejor de todo que luego no recordaba nada de lo sucedido. Le pregunté cómo le podía pagar ese gran favor, y me respondió que él quería ser el que estuviera con ella, ya que siempre la había deseado, pero por ser mi esposa nunca había insinuado nada. Pensé un momento y me pareció que él sería el indicado, ya que todo quedaría entre nosotros y nadie se enteraría de nada. Mi amigo era de raza negra, alto y algo fornido.

No sé porque pero quise saber cómo era eso de que él tenía un deseo oculto por mi señora, y le pedí que me hablara sobre eso. El comenzó diciendo que le fascinaban las piernas de Rosa y que su mayor anhelo era chupar sus tetas. Al escuchar sus palabras sentí una mezcla de celos y excitación, a tal punto que la verga se me puso dura de solo imaginarlos culeando delante de mí. Me decidí en ese momento y le dije que organizaría una cena en mi casa con la excusa de invitar a mi amigo de años. Quedamos así y un viernes en la mañana le dije a mi esposa que vendría a cenar Carlos a casa. Ella se alegró diciendome que hace tiempo que no se veían y que este sería un buen momento para reencontrarse. Por dentro yo rogaba que todo saliera como lo había planeado y le pedí que se pusiera esa minifalda que le quedaba tan bien, ya que quería lucirla delante de mi amigo.

Llegó la noche y todo estaba listo, Rosa se había puesto un vestido de lycra color negro, el cual mostraba todas sus formas y unas medias de nylon del mismo color. Estaba pensando lo apetecible que estaba cuando sonó el timbre de la puerta, y al abrir me encontré con mi amigo. Lo hice pasar y mi esposa lo saludó con un beso en la mejilla, diciéndole que era un ingrato por no visitarnos más seguido. Cuando estábamos por terminar de cenar, Rosa iba y venía de la cocina dejando los platos y en un momento que ella no estaba mi amigo puso una pastilla en su copa de champagne, la cual se disolvió en segundos. Todo estaba listo y ella solo debía beber de esa copa para ver los resultados.

Pasamos a la sala y ahí propuse un brindis por el gusto de tener la visita de Carlos. Vaciamos nuestras copas y nos sentamos a escuchar la música de unas baladas románticas que le gustaban mucho a mi mujer. La saqué a bailar y pude notarla algo lánguida y se reía de cualquier cosa. Mientras bailaba con ella la besaba en el cuello y la apretaba contra mí. Carlos se paró de su asiento y se dirigió hacia nosotros mientras mi mujer le daba la espalda. Yo lo miré como diciendo que aun no haga nada, pero él me dijo que desde ese momento ya no se acordaría de nada.

Pude ver que se le había formado un bulto en el pantalón y seguidamente le metió la mano a mi esposa por debajo de su vestido. Luego lo levantó hasta su cintura para poder verla a su antojo. La cabeza de mi mujer estaba sobre mi hombro y yo veía como mi amigo agarraba sus nalgas con sus dos manos. Mi fantasía se estaba cumpliendo y mi verga estallaba por la escena de ver como otro hombre la manoseaba. Entre los dos le sacamos el vestido, y cuando le quité el sujetador, sus grandes tetas mostraron sus pezones color marrón. Carlos le bajó el calzón y ella se dejaba hacer lo que queríamos. En ese momento la miré con un deseo que no sentía desde la primera vez que la vi desnuda, y estando así sin ropa y solo con las medias de encaje color negro la hacían ver como la más deliciosa de las putas.

Carlos ya se había desnudado y se puso detrás de ella restregando su verga contra sus nalgas, y agarrando sus tetas. Me puse delante de ella y la incliné hacia mí para que la chupara. Mi amigo aprovechó que ella estaba hacia delante y metió su larga verga en la concha de mi mujer. Que placer me dio verla enculada por una verga extraña, y al parecer ella gozaba con el nuevo miembro ya que gemía de placer por estar clavada por esa nueva verga. Tanta fue mi excitación que eyaculé dentro de su boca dando un alarido producto del placer.

Me senté un momento a disfrutar como mi amigo acostaba a mi esposa en la alfombra abriendo sus piernas y lamiéndole la concha largamente. Me acerqué a ellos para ver como sus labios vaginales eran lamidos por él. Chupaba su concha arrancándole gemidos de su boca para luego penetrarla. Yo veía como entraba y salía la verga de mi amigo en esa conchita que hasta ahora solo había sido para mí, y por decisión mía ahora de él también, había llegado el momento de cumplir mi sueño de que dos vergas penetren a mi mujer, así que me eché boca arriba y acomodé a mi esposa encima mío metiéndosela por delante.

Le dije a Carlos que se la metiera por el ano. El se puso encima de nosotros dos y empujó su verga por el culo de mi mujer. La pobre debía sentirse aplastada entre los dos, pero con nuestras vergas dentro de ella nos comenzamos a mover hasta que en medio de jadeos eyaculamos dentro de ella.

Cuando nos retiramos pude ver a mi mujer con sus dos huecos llenos de leche.

Despedí a Carlos esa noche no sin antes agradecerle el favor y prometiéndole que esto se repetiría. Llevé a mi mujer a nuestra cama y le hice el amor nuevamente recordando la culeada que le dimos momentos antes.

Al día siguiente ella despertó y me dijo que había tenido un sueño en el cual dos hombres le hacían el amor. Le pregunté si le había gustado y me dijo que consideraría mi proposición de que ella se acostara con otro hombre si es que esto me hacía feliz.

Autor: Julián

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La vecina del edificio

La puse en cuatro y le comencé a pasar mi lengua por su anito y alternaba con su rajita, ella movía el culo para un lado y para el otro, le dije, primero me lo vas a chupar para que esté bien lubricada mi pichula, me puse enfrente de ella dándole la pichula y así como una perrita me comenzó a chupar la pinga, primero despacito y luego más rápido, la verga la tenía muy dura y los huevos hinchados.

Hola amigos, desde que descubrí esta página no dejo ningún día de leerla, sus historias son interesantes, al leer estas historias me animé a contar lo que me sucedió el año pasado. Primeramente déjenme presentarme, mi nombre es Carlos, soy peruano, vivo en la ciudad de Lima y tengo 31 años, soy casado pero eso no impide que goce al ver una mujer hermosa y sobre todo si tiene un buen culo que es lo que me gusta, la historia que les voy a contar me sucedió cuando me mudé de departamento, me fui por un barrio llamado los olivos a un edificio de cinco pisos, al estar bajando las cosas del carro de mudanzas, vi que entró una mujer no tan hermosa pero si de bonito cuerpo.

Cuando esta ingresó al edifico pude apreciar el buen culo que tenia, ella llevaba un pantalón apretadito y una chombita de polar, porque estábamos en otoño, en esa época al instalarme en mi departamento, el cual quedaba en el segundo piso, luego de pasar un tiempo comencé a conocer a los vecinos y pude conocer a esta señora la cual supe que era casada, y que su marido era un agente vendedor y por su trabajo este viajaba mucho, así que la señora a la que llamaremos Karina, paraba casi sola en su casa, ella tenía dos hijas muy hermosas, ellas, estudiaban en las mañanas en un colegio particular y salían de clases en las tardes, siempre yo me encontraba con ella en las escaleras y la saludaba muy respetuoso y como era lógico la ayudaba con la canasta de las compras que ella traía.

Cuando llegó el verano pude apreciar el hermoso cuerpo que ella tenía, la verdad estaba muy bien conservada, sus medidas creo que son, 94-62-102 ella tenía 45 años y no parecía que los tuviera por que practicaba aeróbicos en las tardes, cuando sus hijas venían del colegio ella salía a sus clases de aeróbicos y a esa hora yo salía a trabajar, como el gimnasio estaba en camino al paradero, en el cual pasaba mi movilidad para ir a mi trabajo, nos poníamos a conversar y hablar de muchas cosas y cada vez que salía un tema de sus clases yo le hacía saber que los aeróbicos estaban haciendo efecto en ella, le decía lo bien que se le veía y ella me contestaba que no sea tan mentiroso, que no es verdad, al oír eso fue algo que me dio pie a seguir con el tema y comencé a decirle lo hermosa que se le notaba al caminar, que tenía una cinturita que muchas chicas universitarias envidiarían y que tiene unas hermosas piernas, además que se le ve muy bien cuando está de espaldas y ella al oír esto me contestó a que me refería, me quedó mirando a los ojos y yo me puse nervioso, en ese momento aproveché y le dije que venía mi carro, me despedí de ella, luego de esto no nos vimos por días.

Cuando la volví a ver fue que yo estaba bajando las escaleras y ella entraba al edificio, ese día venia del supermercado así que llegaba con unas bolsas grandes, al verla la saludé, ¿Como está señora Karina?, veo que ha hecho compras para la semana, si gusta le ayudo con las bolsas, ella me dijo, está bien Carlos, gracias por la ayuda, la verdad que ya no podía sola, estaba deseando encontrarme contigo, porque sola no podría subir, ella dejó las bolsas en el piso se acercó y me saludó con un beso en la mejilla, cogí las bolsas, suba primero señora Karina que yo voy atrás suyo, deja de decirme señora Carlos, solo dime Karina, al subir ella primero, pude darme cuenta que ella llevaba puesto un vestido floreado de esos que se usan en verano por que ya estaba haciendo calor, al subir ella las escaleras pude ver lo hermosa que se veía, así que dejé que ella se adelantara un poco para poder a preciar las hermosas piernas que tenia, ella era una mujer blanca como la leche y eso a mí me excitó mucho, al llegar al tercer piso ella me dijo, ¿que pasa Carlos acaso estas cansado o es que te estás quedando atrás para poder verme de espaldas?, esto me sorprendió así que pensé esta es mi oportunidad para lanzarme.

Con un poco de miedo le dije al acercarme, ¿quiere saber la verdad?, ese vestido que lleva le queda muy bien y no pensé que fuera tan hermosa señora Karina, la verdad quería ver lo hermosa que es. Ella no dijo nada y siguió subiendo, yo al ver que no dijo nada subí atrás de ella, pero al estar subiendo escucho un ruido, al levantar la cabeza para verla veo lo más hermoso que pudiera ver, unas hermosas nalgas blancas con un diminuto calzoncito de color amarillo que se metía entre sus cachetes, que panorama, que delicia, al ella verme dice, Aay es que se me cayeron mis llaves al sacarla de mi cartera, en ese momento yo casi me caigo por el peso de las bolsas con las cosas que ella traía, cuando llegamos a su depa, ella abre la puerta y me dice, pasa Carlos, la cocina está en esa dirección, al dejar las cosas en la cocina ella me invita a sentarme, siéntate Carlos, debes estar muy cansado, te serviré un vaso de refresco para que sacies tu sed.

No creo que con un vaso con agua pueda calmar la sed que llevo dentro y la quedé mirando con una sonrisa pícara en los labios, ella me trajo el vaso de refresco y lo puso en la mesa, yo comencé a tomar el refresco, ella dijo si quería una tajada de queque que recién había horneado, al escuchar esto fue lo que me decidió a darlo todo, porque el que no la intenta no la consigue, así que le contesté, si señora Karina, se ve que su queque está muy bien preparado, y no creo que me conforme con tan solo una tajadita, por mi me lo comería todito, ella sonrió y me dijo, mejor comenzaré a arreglar las cosas en la alacena, yo quise ayudarla y ella me dijo, tú no te preocupes descansa, y sigue tomando tu refresco que yo acá me encargo de todo, yo le pregunté, ¿de todooooo? ella sonrió, y se volteó, yo estaba frente a ella mirándola todos los movimientos que hacía, no apartaba mi vista de ese hermoso cuerpo y de esas hermosas nalgas que se veían apetecibles tras el vestido que le llegaba casi hasta las rodillas, en eso ella abre una de las puertas de abajo del repostero y comienza a poner algunas cosas de limpieza, en ese momento yo no perdía ni un minuto sin verla, y al agacharse más de la cuenta el vestido se levanta más de lo normal y pude apreciar ese hermoso culo redondito y blanquito que me decía cogeme, muérdeme, tócame, no resistí más la tentación y me abalancé hacia ese manjar.

Al acercarme a ella noté que no se movió, al agarrar sus nalgas ella dio un salto de sorpresa, al ver que seguía en la misma posición acerqué mi cara y comencé a besarle diciéndole, señora Karina, que hermosas nalgas tiene, me agaché para besar y saborear esas hermosas nalgas, comencé a pasar mi lengua por toda su raja, le hice a un lado su calzoncito amarillo y comencé a besarle el huequito rosadito y muy estrecho, ella me dijo que siguiera, no pares Carlos, que rica lengua que tienes mi papuchito, quiero que sigas, no sabes lo mucho que lo necesitaba, sigue cómeme todita, soy tuya por completo, al subir las escaleras hice caer las llaves a propósito solo para que tú me vieras el rico culo que tengo y que mi marido no sabe masajeármelo, yo no dejaba de lamer ese rico ojete que tenía, yo ya estaba a mil, la verga me reventaba dentro del pantalón, me paré y la tomé del brazo, la volteo y le comienzo a besar su lengua, recorría todo mi boca, ella intentó parar esto y me dijo, no, no, no, Carlos, no sigas por favor, soy una mujer casada, yo le contesté yo también Karinita pero eso no importa ahora.

Después de haberme dicho que no dejara de besarle el culo ahora se daba la santurrona, así que comencé a desnudarla. ahí en plena cocina los dos estábamos volviéndonos locos de pasión, al sacarle los tirantes del vestido pude apreciar lo blanco de su cuerpo y las hermosas tetas que tenía, eran duritas y muy blancas, con los pezones rosaditos como dos cerezas, al verlas comencé a chuparlas, morderlas suavemente y a besarlas en toda su dimensión, que maravilla, ella estaba con los ojos cerrados y disfrutando de lo que hacía comencé a bajar mis caricias por su cintura, le quité todo el vestido, el cual al caer pude ver la diminuta tanguita amarilla que tenía, comencé a decirle, señora Karina que hermosa que es, que lindas piernas tiene, que lindas nalgas, ella gozaba con lo que le decía, al sacarle el calzoncito pude ver la hermosa conchita, totalmente rapadita, muy bien afeitada y unos labios vaginales rosaditos, que maravilla, yo estaba completamente loco por esa mujer, la tomé de los brazos y la llevé a la mesita que estaba en el comedor, la subí con mucho cariño, ella se sentó y me abrió las piernas de par en par, yo me acerqué hacia ella y la comencé a besar en la boca, a recorrer todo el cuerpo con mi lengua.

Mordía, metía mi lengua por su anito, lo lubricaba bien porque tenía que meterle mi verga por ese ojalcito tan rosadito que tenía la señora Karina, ella se voltea y me comienza a sobar el bulto que tenía en el pantalón y me dice, Carlos que duro que está, sácate los pantalones que quiero saber lo que es tener una pinga en la boca, eso a mí me puso excitado y con lo caliente que estaba no sé como lo hice, pero en un segundo estaba sin pantalón y sin polo, estábamos los dos completamente desnudos en la cocina, en eso ella se agacha y comienza agarrarme la verga pasando su lengua por mi glande y sobando con sus manos mis huevos, en una de esas siento un calor que encierra mi pichula y al ver ella estaba con la verga dentro de su boca, para ser su primera vez lo hacía muy bien, yo tomé su pelo castaño y comienzo a follármela por la boca, que delicia, ella lo chupaba de una forma maravillosa, yo le digo, para Karina que no quiero vaciarme en tu boca porque quiero llenarte todito ese culito de mi leche, y así marcar lo que me pertenece.

Ella se para y comenzamos a besarnos, la pongo de nuevo en la mesa, abro sus piernas blancas y acerco mi verga a su conchita rosadita sin ningún pelito y comienzo a metérsela de a poco, que delicia, sus jugos hacían que mi pichula entrara con facilidad y ella movía las caderas de una forma que no aguantaba y comencé con la penetración.

Mi verga entraba y salía de su rica conchita, con mis manos no dejaba de sobarle el culo y las tetas y besándola le decía lo buena que estaba, señora Karina que dulzura que es, que cuerpo que tiene, me está volviendo loco, la cambio de posición y la bajo de la mesa, le doy vuelta, la recuesto sobre la mesa y la penetro por la vagina, ella echada en la mesa, aplastando esas dos hermosas tetas y yo le daba de palmazos en el culo, ella decía así Carlos así azótame soy tuya cogeme, cogeme cuando quieras y donde quieras, desde este momento eres mi mujer Karina, yo seré tu macho y te daré toda la verga que quieras, ella si, así Carlitos, sisisisisisisi, tú serás mi hombre, dame duro mi amor.

Cambiamos de posición la hago poner de rodillas en la silla y le beso ese hermoso culo, comienzo a metérselo otra vez por su conejito, que rico que caliente que lo tenía, la bajo de la silla y me siento, hice que ella se sentara dándome la cara para que ella sea la que me cabalgara, ella agarró mi verga y se la comenzó a meter en su conchita, al estar adentro se comenzó a mover como una ninfómana, que rico, sentía mis huevos reventar, y escucho sus gemidos, así, así, siisisisisisisisi, sigue, que pinga, que rico, me corrooo, me cooorrooo…ooo…ooorr…rrr…ooo…oooo, nos abrazamos, ella ya se había tenido un súper orgasmo.

Luego yo le digo, ahora mi amorcito quiero probar ese rico queque, y lo quiero todito para mi (acá se le dice queque al culo de las mujeres) ella me dice, si mi amor, pero nunca lo hice por ahí, no lo puedo creer, si tienes unas hermosas nalgas y un trasero de campeonato, es que me contaron que duele, no te preocupes mi amorcito que yo te lo voy a perforar con mucho cuidado, solo cuando entre la cabecita te dejaré que tú te muevas, y ella dijo está bien, quiero ser tu mujer por completo Carlitos.

La puse en cuatro y le comencé a pasar mi lengua por su anito y alternaba con su rajita para que siguiera caliente, ella movía el culo para un lado y para el otro, era delicioso, entonces le dije, primero me lo vas a chupar para que esté bien lubricada mi pichula, me puse enfrente de ella dándole la pichula y así como una perrita me comenzó a chupar la pinga, primero despacito y luego más rápido, la verga la tenía muy dura y los huevos hinchados, se la saqué de la boca y me puse atrás de ella, comencé a sobarle mi verga por todo su culo, por el ano, que rico ojete que tenía la condenada.

En eso puse mi garrote en su culazo, que delicia, estaba en un mete y saca cada vez más profundo, ella se movía a mi compás y yo al de ella, nos habíamos acoplado como uno solo, en eso comienzo metérselo y sacárselo más rápido, era un mete y saca, ella gemía asia, sia, sisisisisisisisisisisi, sigue mi amor, que rico, no pensé que fuera taaaaan rico, yo ya no pude aguantar más y le dije me corro mi amor, me corrrrrrroooorrrrrrrooooo, yayayayayayayaya, agaagagaggggggggagggggg.

Que corrida, le llené todo el culo de leche, ella se pegaba más a mí como para que no saliera nada de leche de su culo y los dos caímos rendidos al piso, ella debajo mío, que delicia, no creía que me había cogido a esta mujer, su cuerpo y el color de su piel blanca me excitaban, nos paramos y comenzamos a besarnos, ella me dijo, tú eres el único hombre en mi vida, desde ahora seré tuya para siempre mi amor, yo le dije te cogeré donde quiera y cuando quiera, ella, si mi amor si soy tu mujer, nos comenzamos a cambiar, cuando yo estaba cambiado y ella se puso su vestido, al tomar su calzón me dice, mi amor, me quedaré con tu leche en mi culo todo el día como recuerdo de que soy tu mujer.

Me acompañó a la puerta y la besé apasionadamente, luego bajé a mi departamento, felizmente mi mujer no estaba y pude darme un duchazo y descansar de esa faena que me había agotado, actualmente ella se ha mudado porque a su esposo le ofrecieron un puesto en la compañía en el interior del país y ahora tan solo me quedan sus recuerdos y sus cartas que ella me escribe…

Autor: Carlosarre

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A falta de postre

Yo seguía chupándosela con glotonería y notaba lo dura que la tenía, estaba ya borracha de placer. Mientras Efrén se la sacó también y agarrándome por el culo la puso en la boca de mi coñete y empezó a rozarme el clítoris con ella, antes que llegara a metérmela me corrí entre espasmos, esto le puso muy cachondo y de un empujón me la metió hasta el fondo comenzando un ritmo frenético.

Me imagino que casi todos los relatos que hay aquí son fantasías sexuales de la gente. Mi nombre es Mercedes, estoy casada con Miguel, nos llevamos de maravilla en todo sentido, en la cama somos una pareja perfecta, conocemos nuestros gustos y los cumplimos.

Lo que yo voy a contar aquí sucedió en realidad, habrá gente que se lo creerá y otros que no, pero tampoco me importa demasiado; ya que el motivo que me mueve a esto es que necesito contarlo a alguien y lo que me sucedió no se lo puedes contar precisamente a tus amigas. Sé que es bastante fuerte, pero la gente que se mete en estos sitios supongo que está curada de espanto.

Bueno, pues la cosa comienza en una cena que teníamos preparada el fin de semana pasado mi marido y yo para unos amigos (Efrén y Carlos) y sus respectivas mujeres.

Habíamos quedado a eso de las 9,30 pm en nuestra casa y más o menos a esa hora se presentaron Efrén y Carlos, pero para mi sorpresa vinieron solos, cosa que me contrarió bastante ya que la cena estaba preparada para 6. Me explicaron y se disculparon por ello, que sus mujeres no habían venido porque tenían una despedida de soltera de una compañera de trabajo (trabajan juntas).

La cena estaba divertida, con muchas bromas sobre que harían sus mujeres en una despedida de soltera y todo eso; bebimos bastante vino y nos pusimos bien contentillos, hasta aquí todo normal, luego llegó la hora del postre y mi marido (Miguel) me preguntó que tenía preparado, yo un poco molesta le contesté que habíamos quedado que se encargaba él de eso. Él dijo que tenía razón y preparó unas copitas para todos, que nos atizamos en seguida, yo le dije que eso estaba muy bien, pero que esperaba que se lo hubiese currado más y haber preparado alguna otra cosa para sus amigos.

Él se levantó se puso detrás de mí, y mientras me cogía por la cintura dijo que el mejor postre era yo. Yo me quedé un poco como que no sabía bien lo que quería decir, y como iba bastante cocidilla me empecé a reír; pero él no se detuvo ahí, y mientras me sobaba las tetas y besaba el cuello les preguntó a sus amigos que les parecía el postre que tenía para ellos.

Yo llevaba puesta ropa bastante sexy, ya que Miguel me había dicho que me pusiera bien guapa, ya que las mujeres de ellos vendrían bien puestas por eso de la rivalidad y que él quería que estuviese mejor que ellas; tampoco es que fuera como un putón, simplemente una blusa de transparencias con generoso escote y una faldita corta de vuelo.

A la pregunta que les hizo respondió enseguida Efrén acercándose y mirándome descaradamente el escote diciendo que le apetecía mucho probar ese postre, yo en ese momento no sabía cómo reaccionar, pero no sé si por el vino y lo demás estaba entre nerviosa y excitada, también influía que tanto Efrén como Carlos están como dos quesos, con unos cuerpazos bien cuidados. Carlos se acercó también y dijo que a él también le parecía bueno el postre; Miguel seguía detrás de mí y me sujetaba las manos a la espalda, les dijo que habría que empezar a pelarlo.

Efrén comenzó a desabrochar botones de la blusa dejando que se dejara ver poco a poco el sujetador de encaje, cuando esto sucedía Carlos introdujo sus dedos bajo el sujetador y empezó a pellizcarme los pezones preguntándole a Miguel si siempre llevaba esa ropa interior tan sexy, y que era una pena tener que quitármela, pero que esas maravillas de tetas había que liberarlas, así que me desabrochó el sujetador y me dejó las tetas al aire, yo me hice un poco la estrecha (bien poco) por no parecer tan facilona, pero estaba excitadísima, enseguida Efrén se lanzó y me empezó a chupar los pezones.

Carlos también se apuntó y mientras Miguel me cogía las tetas como poniéndolas en bandeja para ellos; que me chupen las tetas me pone a cien y me puse super caliente dejándoles hacer, ellos se dieron cuenta como me gustaba y se recreaban cada uno con una, enseguida no sé realmente quién de los dos, me bajó su mano por el vientre hasta meterla bajo mis braguitas, encontrando mi clítoris que estaba ya muy húmedo.

Yo estaba que me derretía de gusto, retiraron la mesa, me tumbaron sobre ella y Efrén me arrancó las bragas de un tirón, abrió mis piernas y hundió su cabeza entre ellas separando los labios de mi coñete empezó a comérselo como un poseso, yo gritaba de gusto (soy un poco escandalosa); Carlos mientras seguía magreándome las tetas se bajó la cremallera, que parecía que iba a reventar, y se sacó un pollón de esos de los que sí que importa el tamaño (no sé quién diría esa tontería), diciéndole a Miguel “la putita de tu mujer tendrá que probar algo de postre también” mientras me la ponía rozando mis labios, Miguel me susurró al oído que no me cortara y que quería verme disfrutar a tope, yo le respondí entre jadeos que eso no sería nada difícil.

Carlos me pasó los dedos por los labios, introduciéndolos en mi boca para que los chupara, luego me pegó un morreo que sabía a gloria y me dijo “venga zorrita dime lo que quieres”, yo estaba que reventaba de excitación y le dije que quería comerme ese pollón, total que lo agarré con fuerza y me lo metí en la boca, él me cogía del cuello y empujaba levemente pero me dejaba hacer, yo seguía tumbada chupándosela con glotonería y notaba lo dura que la tenía, estaba ya borracha de placer.

Mientras Efrén se la sacó también (vaya par tenía para mí) y agarrándome por el culo la puso en la boca de mi coñete y empezó a rozarme el clítoris con ella, antes que llegara a metérmela me corrí entre espasmos, esto le puso muy cachondo y de un empujón me la metió hasta el fondo comenzando un ritmo frenético, mientras me sujetaba las piernas a los lados, yo berreaba de gusto (menudo escándalo debí montar) y me agarraba a la polla de Carlos, en menos de 2 minutos tuve otro orgasmo.

Carlos dijo “menudo pedazo de zorrita tienes Miguel” y me dijo, “venga putita sigue chupando”, me la metí en la boca y en ese momento noté una descarga de semen caliente en mi boca que me desbordaba y caía por las mejillas, mi marido dijo “venga, no le decepciones y trágatelo como una guarra de verdad”, le hice caso y eso hice sacando la lengua para que vieran lo cochina que podía llegar a ser.

Efrén mientras me estaba metiendo el dedo por mi culete y luego quería metérmela por ahí, pero a eso me negué (no me gusta) pidiéndole que no lo hiciera, él dijo “pues seguiré follando ese coñito que tanto placer te da”, su polla se ajustaba perfectamente y me daba mucho gusto, me volví a correr y él casi al mismo tiempo vació toda su carga dentro de mí. Perdí la noción del tiempo.

Al día siguiente me desperté y me encontré a Carlos y Efrén a ambos lados de la cama durmiendo, levanté la cabeza y a través de la puerta pude ver a mi marido dormido en el sofá del comedor. Ya se me había pasado la borrachera, tenía algo de resaca, no mucha la verdad; me quedé un poco paralizada al descubrir lo que había pasado; aunque me acordaba perfectamente de lo ocurrido al estar serena estaba un poco inquieta, me levanté y me fui al comedor donde estaba Miguel, me tumbé junto a él abrazándole y en ese momento se despertó viéndome desnuda a su lado, “muy buenos días preciosa” me dijo y añadió que disfrutó mucho anoche, ante mi cara de preocupación me dijo que no tenía que arrepentirme de nada y que era sólo sexo, y que además había visto que me lo pasé muy bien, empezó acariciarme e hicimos el amor dulcemente como él bien sabe hacer.

Autora: Mercedes

Y ahora a bajar un buen video y a gozarla… Clika aquí http://www.videosmarqueze.com/ no te lo prives.

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Seduciendo a mi suegra IV

Metí la nariz todo lo profundo que pude para saturarme de la fragancia de hembra que se desprendía y comencé a comerme, casi literalmente, su sexo. Absorbí su clítoris entre los labios, lo lamí, lo mordí de forma delicada. Introduje mi lengua dentro de su vagina, cada vez más hondo, follándola como si mi lengua fuera mi pene. Jimena volvió a enloquecer con lo que le estaba sucediendo.

Las Vecinas.

Esa mañana me había despertado Tina que acariciándome la verga. Cuidando de no molestar a Rosa la cogí entre mis brazos y la entré en el baño con los suyos alrededor del cuello mientras ella me besaba. Miré en el espejo nuestra imagen y aprecié morbosamente su cuerpo, disfrutando de la forma, volumen y textura de sus nalgas y sus rollizos muslos.

En la ducha la puse con las manos apoyadas en el muro y empapada mi mano con crema me apoderé de su culito embadurnándolo. Primero con la palma y después con uno, dos y tres dedos sucesivamente haciendo que su ano se dilatara. Tina susurraba quedamente:-Rómpeme el culo, mi amor, es para ti. Me excité tanto al oírlo que colocando mi polla en su lubricado esfínter la empujé entrando de a poco hasta ensartarla toda dentro de ella y desflorar ese culito virgen. A la vez, mientras la abrazaba para follarla mejor, los dedos de la mano libre se apoderaron de su chucha buscando la zona sensible del interior de su vagina. Su culito era tan prieto que me aprisionaba el pene sin dejar que acabara en él.

Sentí su orgasmo por los espasmos y fluidos de su conchita. Saliéndome la arrodillé ante mí y sin una palabra se tragó mi verga. Asiendo su pelo comencé a follar su boca. Tina ayudó a mi placer dejando su boca blanda, bien abierta y chupando con su lengua que se enroscaba sobre mi pene hasta que estallé dentro. No perdió ni una gota. Cuando acabé del todo la polla quedó fláccida y me entraron ganas de mear. Salió un torrente caliente que bañó sus tetas durante largos segundos.

Como a las cuatro de la tarde abro mi correo personal y leo el E-mail de Diana:- Hola mi amor ¿Cómo estás? Estoy preñada de 10 semanas. Me siento muy feliz. . ¿Me follarás cuando esté gorda? Mi culito y mi coñito echan de menos tu polla.

Como soy un devoto del sexo, o quizá un enfermo de él, la primera reacción la noté en mi pene: se puso duro de repente. Me imaginé a mi puta con las tetas hinchadas por la leche y el vientre redondo con la piel tensa. Ordeñaría esos pechos henchidos, bebería esa leche. Mentalmente la coloqué como una perrita y rememoré sus dos orificios: la chucha con sus sobresalientes labios y el maravilloso agujero de su culito. Me entraron unos locos deseos de follarme a una buena hembra. A una hembra madura. Ellas eran las que excitaban mi más morbosa pasión.

La segunda reacción fue proceder a comprar comprimidos del día después para las dos panochitas. Y también dos kits anticonceptivos: no quería más bebés. Y si había dejado preñada a Diana, con sus 43 años, las probabilidades de dejar en el mismo estado a cualquiera de mis dos chochitos crecía exponencialmente.

En el momento que estaba desembalando el paquete para comprobar si se correspondía con lo que había pedido, mi secretaria me anunció que la Sra. Jimena de X (la mujer de mi vecino inglés Charles X) estaba en la oficina y pedía verme y que como era la hora de salida ella era la última y que si yo deseaba algo que ella debiera hacer.Hice pasar a Jimena, nos saludamos con dos besos en insinuados en las mejillas, la invité a sentarse el sofá, le rogué que de excusara un momento y salí para hablar con Celia sobre algo que deseaba que hiciera primera hora del día siguiente.

Al entrar de nuevo la vi inclinada sobre mi mesa de trabajo contemplando una pequeña terracota de una mujer desnuda regalo de un amigo artista. Estatuilla que me sigue a todas partes. Mientras, yo tuve unos segundos para contemplarla: llevaba puesto un vestido camisero de color claro, de esos abotonados por delante con un cinturón ancho de cuero negro resaltando un culo grande y precioso. Al girarse aprecié también sus atractivas tetas. No sé qué número de brasier usaba pero mostraban su gran volumen y densidad. Llevada el rostro bien maquillado, el pelo recién arreglado en la peluquería. Lo visible se completaba con zapatos de aguja y medias de malla amplia.

-Mi amor, Charles te pide que le disculpes su tardanza.

Habíamos quedado citados para estudiar unos documentos y más tarde ir a cenar los tres juntos. Jimena continuó hablando con ese deje chileno tan delicioso:-Tardará una media hora. Pero, Carlito, te tengo que reprender muchííísimo mijito. Dejas que una mujer, curiosa y chismosa por naturaleza, pueda curiosear tus cosas íntimas.

Al instante supe que había descubierto la preñez de Diana y sus frases soeces y mis relaciones con Tina y Rosa. Lo confirmé cuando Jimena continuó:-Diana ya me dijo que esperaba tu bebé pero no sabía que se lo hacías anal ni que te culeabas a las empleadas. Maldiciéndome por mi falta de cuidado le pregunté, con una sonrisa, qué pensaba. Me contestó, entre risueña y bromista:-Pienso en  varias cosas muy sucias. Lo primero comportarme como una guarra ramera y follarte ya.

Se acercó y poniendo sus dos manos en mis nalgas las apretó con fuerza a la vez que me plantaba un morreo sin preocuparse de estropear el carmín que llevaba. Su lengua, literalmente, me invadió. Tras unos besos apasionados me empujó haciéndome sentar en el sofá. Yo permanecía paralizado, asombrado, esperando su próximo avance.

Se colocó a horcajadas sobre mí abriendo sus piernas y apoyando las rodillas en el borde del sofá. Comenzó por deshacerme el nudo de la corbata y la arrojó al suelo. Desabotonó la camisa mientras, inclinando su cabeza besaba y mordía mi cuello. Por un momento se detuvo para mirar las marcas que iban dejando sus dientes. La notaba febril, con los ojos brillantes, finas gotas de sudor perlaban su labio superior y su frente y un rictus lascivo lucía en su rostro.

Sacó la camisa y desabrochó mi cinturón. Siguió bajando la cremallera y, después, introduciendo los dedos entre la piel y la ropa, con un brusco tirón, deslizó a la vez pantalón y calzón dejando mi verga y mis bolas al aire. Tras arrodillarse apoyada en el suelo se tragó mi polla y la mamada fue esplendorosa. Jimena la chupaba como una viciosa, su lengua se deslizaba acariciando deliciosamente desde el glande a los testículos y llegando cerca de mi ano, buscándolo y cuando lo encontraba me introducía la puntita y me daba chupetones circulares. Con una mano me apretaba la base del pene evitando que estallara dentro de su boca. En un momento yo no pude más: quería derramarme pero ella sabiamente lo evitaba. Experimenté a la vez dolor y placer, intensos, enloquecedores. Por fin se tragó mi polla y aflojó la presión de su mano y entonces estallé en un gran orgasmo. Duró largos segundos y la verga palpitaba como un potro desbocado.

Jimena se tragó todo el semen y lamiéndola después me la dejó seca y limpia. Mientras yo me reponía de la agresión ella se puso de pie y me dijo:-Este es mi primer regalo y ahora te voy a mostrar el segundo. Se iba desnudando: primero el cinturón, después se desabotonó el vestido, se desabrochó el brasier dejando libres grandes tetas, esplendorosas, algo caídas por su propio peso pero las más deseables de todas de las que yo había disfrutado. Le pregunté si ese era mi segundo regalo. Dijo:-No y procedió a deslizar su calzón. Se inclinó para sacárselo y al enderezarse lo vi: su coño estaba hinchado y húmedo y cubierto de un vello tupido y sedoso.

-Este es mi regalo, me he dejado crecer los pelitos para ti como me pediste, mi amor. Ahora quiero tus dádivas de placer.

Terminó de desnudarme y me hizo tumbar boca abajo sobre la alfombra colocándome unos almohadones bajo mi cabeza. Ella se quitó las prendas que le quedaban y comenzó a pasarme la lengua por todo el cuerpo y a mordisquearme de forma absolutamente deliciosa. Tras esto me hizo ponerme a cuatro patas, introdujo su cabeza entre mis nalgas y se dedicó a chuparme el culo. Una vez que notó relajado mi esfínter y, untando los dedos con su saliva, procedió a introducir primero uno solo y después otro dentro de mi culo.

El efecto fue casi inmediato: mi polla creció y se puso muy dura. Al notarlo Jimena me la acarició e hizo que me colocara boca arriba sobre el suelo y en la postura apropiada guió con su mano mi verga hasta encajarla a la entrada de su cueva y lazando un gritito se ensartó en ella. Mi pene entró en su vagina como un cuchillo en un bloque de mantequilla que se derretía. Comenzó a cabalgarme: primero despacio para terminar follándome a un ritmo salvaje.

Era excitante verla: las tetas se movían al compás de su follada y aproveché para estrujarlas y pellizcar sus pezones. Sin permitir que mi polla saliera de su vagina se giró y siguió cabalgando apoyando las manos sobre mis piernas pero ahora de mostrándome sus redondeados brazos, una espalda bien formada, la cintura bastante más estrecha que sus poderosas nalgas, sus rollizos pero torneados muslos y, sobre todo, quedé extasiado con la vista de su precioso y sonrosado agujero del culo. Jimena siguió su galope hasta llegar al éxtasis final: un orgasmo fuerte y largo acompañado de un contenido grito.

Sentí como su vagina palpitaba lanzando un río de fluidos que me empaparon el vello púbico y los testículos. Deseé de inmediato saborear su coño, comérselo. Apretando sus cachetes la hice girarse y la atraje hasta que su vulva quedó sobre mi rostro. Estaba dilatada, abierta, exquisita. Metí la nariz todo lo profundo que pude para saturarme de la fragancia de hembra que se desprendía y comencé a comerme, casi literalmente, su sexo. Absorbí su clítoris entre los labios, lo lamí, lo mordí de forma delicada. Introduje mi lengua dentro de su vagina, cada vez más hondo, follándola como si mi lengua fuera mi pene. Jimena volvió a enloquecer con lo que le estaba sucediendo.

Se libró de mi boca, se giró de nuevo de espaldas a mí, que estaba tendido en la alfombra y con su mano guió mi verga hasta colocar el glande en la entrada de su culo y la hizo entrar poco a poco aguantando el dolor de tan excitada como estaba, cabalgándome, gritando sin contención, perdiendo casi el sentido.

Acabé dentro culo con la leche que me quedaba y, casi al mismo tiempo, le llegó otro orgasmo intenso, mojándome otra vez la entrepierna y los testículos.

Caímos casi desmayados el uno junto al otro sobre el suelo. Jimena me dijo:

-Hoy has cumplido alguna de mis fantasías…pero no todas.

Autor: Carlos

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