A la playa con amigos

El morbo era alucínate. No nos importaba nada, al revés, escuchar los gemidos y suspiros de nuestros amigos nos excitaba aún más. Mi mujer se volvía loca mientras me comía su almeja, tan deliciosa, hasta que estalló con un orgasmo a los que me tiene acostumbrado. Nuestros amigos se sorprendieron, pero a Carmen pareció gustarle y  pronto llegó también al orgasmo.

Mi mujer y yo solemos ir a playas nudistas. Ella se llama Marta, 32 años, de mediana estatura, rubia de melena corta, pechos ni grandes ni pequeños, eso sí, firmes y con unos pezones perfectos, de color rosa; su color de piel es más bien blanquita, culito bien formado. El pubis lo lleva siempre depilado, dejándose un triángulo de pelo, pero con los labios totalmente libres de vello. Mi nombre es Néstor, tengo 36 años, soy alto, moreno y unos 16 cm respecto a mi aparato. Yo sí que llevo toda la zona del pubis completamente depilada, me encanta esa sensación de suavidad, y mi mujer lo agradece cuando practicamos sexo oral.

Nos gusta hacer nudismo por la sensación de libertad que te da. Nada oprime tu cuerpo. Solemos ir a la playa de Calblanque. Allí la gente va muy a lo suyo, y no suele haber mirones. Es una playa muy extensa, donde el agua está siempre cristalina. Además, tiene zona nudista y no nudista.

El pasado fin de semana estuvimos cenando con una amiga de mi mujer y su novio. Ella se llama Carmen, tiene su misma edad, es morena con el pelo largo. Su novio se llama Luis, 34 años y de mediana estatura. Durante la cena surgió el tema de pasar un día en la playa los cuatro juntos. Nosotros les propusimos ir a Calblanque por lo bonita que era. Era el mes de julio y como los cuatro estábamos de vacaciones, quedamos para ir el martes.

Salimos de Lorca con destino a la playa. Después de una hora y media llegamos a nuestro destino. Había poca gente y como de costumbre decidimos ir a la zona nudista. Conforme íbamos por la orilla, se veía gente desnuda y vestida. Nosotros nos adentramos hasta una zona de pequeñas calas. Allí no había nadie. Plantamos la sombrilla y empezamos a sacar las toallas, protectores solares y demás enseres. Las chicas se quitaron la ropa quedándose en el biquini que llevaban debajo. Nosotros en bañador. El día era precioso, lucía el sol y el mar estaba en calma.

Nos untamos de protector solar y nos tumbamos. A la media hora llegó una pareja y se pusieron a tomar el sol cerca de nosotros. Directamente se quedaron desnudos. Ambos iban totalmente depilados. Aquella situación me empezó a dar envidia y se lo comenté a mi mujer, quien me dijo “vayamos por partes”, pues nuestros amigos era la primera vez que iban a una playa nudista.

Se puso a hablar con su amiga Carmen, proponiéndole hacer top-less, cosa que hicieron. Mi mujer se quitó la parte de arriba, dejando al sol sus preciosos pechos, cuyos pezones estaban duros –probablemente porque nunca lo había hecho delante de amigos-. Le siguió Carmen, que tenía unos pechos grandes, pero no con la firmeza de los de mi mujer, estaban muy blanquitos en contraste con el moreno del resto de su cuerpo. Al principio se sonrojó, pero enseguida empezó a darles protector solar y se acostumbró a la situación.

Entonces mi mujer dijo: “bueno, como siempre, no hay igualdad; nosotras nos quitamos una prenda y vosotros ninguna”. Yo le contesté “no es la misma prenda, pero si es que os sentís en desigualdad…”.

Miré a Luis y le dije: “¿nos damos un baño?”. Luis me contestó que sí, guiñándome un ojo. Nos levantamos y cuando estábamos en la orilla nos despojamos de los bañadores. Las chicas empezaron a silbarnos “¡que culitos, a ver si os dais la vuelta, machotes!”. Nos metimos al agua, y estuvimos cerca de media hora nadando y hablando.

Salimos del agua, y mientras nos dirigíamos donde estaban las chicas, vimos que estaban tomando el sol boca abajo, pero ¡totalmente desnudas!  Podíamos ver dos culitos preciosos; el de mi mujer dejaba entrever su almejita depiladita y Carmen tenía el culo blanquito igual que sus pechos. Esto me produjo una reacción en mi polla, pero vamos, no era el único, pues miré a Luis y también. Nos miramos y nos quedamos mudos.

Ya que ellas nos habían dado la sorpresa, decidimos dar un nuevo paso. Al llegar donde estaban, nos colocamos detrás de ellas, pero de la pareja del otro. Cogimos el aceite solar y empezamos a darles aceite por la espalda, bajando por la cintura hasta llegar a sus culitos.

Ellas se movían por el morbo que les daba la situación, pero sin saber que quien les tocaba no era su pareja, sino la contraria. Seguimos avanzando por sus culitos hasta sus rajitas. Carmen tenía una almejita carnosa, de esa que yo le llamo “con alas”. Mis dedos untados de aceite se perdían en su chochito, el cual estaba húmedo y caliente. Mientras escuchaba como mi mujer Marta empezaba a jadear, mientras Luis masajeaba sus partes más íntimas.

Se dieron la vuelta y nos descubrieron “¡que pillos que sois, nos habéis engañado, pero sabéis, no está nada mal que te manosee el ajeno delante de tu pareja!”, dijo mi mujer. Carmen dijo: “esto tenéis que terminarlo machotes, no nos podéis dejar a medias, ni vosotros quedaros sin premio, pero cada uno con su pareja”.

Y juntos, pero no revueltos, empezamos a comerle las almejitas a nuestras parejas. Mi mujer llevaba totalmente depiladito el chochito para la ocasión y Carmen tenía hechas las ingles brasileñas. Nunca antes habíamos hecho el amor con alguien de testigo. El morbo era alucínate. No nos importaba nada, al revés, escuchar los gemidos y suspiros de nuestros amigos nos excitaba aún más. Mi mujer se volvía loca mientras me comía su almeja, tan deliciosa, hasta que estalló con un orgasmo a los que me tiene acostumbrado. Nuestros amigos se sorprendieron, pero a Carmen pareció gustarle y  pronto llegó también al orgasmo.

Entonces decidieron que les tocaba a ellas actuar, por lo que nos tumbamos boca arriba. Mi mujer se puso encima al igual que Carmen con Luis. Yo me deleitaba con las tetas de Carmen mientras mi mujer me lamía los pezones.

Nos vendaron los ojos a Luis y a mí, diciéndonos “ahora nos toca a nosotras daros placer”. Mi mujer me cogió la polla, se la metió en la boca mientras me acariciaba los huevos. Mi polla estaba a punto de reventar, estaba caliente, notando como los labios de Marta se la comían. Luis decía que no aguantaría mucho. De  pronto, Carmen dice: “a la de tres podéis abrir los ojos, nos encantará ver como os corréis los dos a la vez”.

Cuál fue nuestra sorpresa que descubrimos que nos habían devuelto con la misma moneda. ¡No era mi mujer quien me estaba chupando la polla, era Carmen! Y ¡Marta a Luis! Mi excitación fue tal, que empecé a correrme de placer, saliendo un semen blanco puro como no recuerdo nunca. Luis hizo lo mismo, corriéndose en las tetas de mi mujer.

Después de esto volvimos otro día, juntos a Calblanque, pero no quisimos repetir la experiencia para no dañar nuestras respectivas relaciones.

Autor: Playes

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Con las dos manos le sujeté una de sus nalgas y así, sin cambiar de posición, continué penetrándola. Me acomodé en una postura muy extraña, pero que a ella le encanta, y comencé a joderla con fuerza. Ella comenzó a aturdirse, me tomó una nalga con una de sus garras. Con una nalgada y un bramido angustiante, supe, o creí saber, que se estaba viniendo.

“Lo importante es que nunca pude hacerte sentir mal, feliz Día de la Mujer Mundial”
Andrés Calamaro

“If I changed anything about my past, I wouldn’t be the same person I am today, and I like me today”
Seka

Cómo podría imaginar que llegarían tiempos oscuros en los que la vida, al igual que la pornografía, se convertiría en una predecible realidad a la carta, un imperio de la patanería sin trama ni sorpresa alguna, en pocas palabras, que la realidad tendría rasurado el pubis y sería empinada en un gang bang de autosuficiencia asfixiante. No es raro, entonces, que me dé cuenta que toda historia porno está basada en hechos reales.

Cualquiera diría que el porno no es como para dedicarle muchas letras. En mi caso, y como se verá, ha resultado inevitable.

Aquél día comenzó como todos los lunes. Carolina, mi novia, y yo, inaugurábamos el día con un palito mañanero. Esa mañana estábamos haciendo una prueba de calidad de una pinche pasta dental de marca Colgate que prometía que te lavabas los dientes en la noche y en la mañana el aliento te amanecía fresco. Fuimos ingenuos en creer que nos sucedería como en el comercial de televisión, ese en el que una pareja aparece tendida en una cama y el sol entra por la ventana. La chica, seguramente argentina, sonríe y de la boca le surge un vapor de azul antártico que seguro olía a menta. El vaho bendito es aspirado por la narizota de su pareja, seguramente ecuatoriano, un cabrón que hasta se le quita el sueño con tanta frescura.

Acá quien sonrió primero fui yo. La cara de mi chica no fue como la de quien aspira la fragancia de la menta.

-¡No inventes! ¡No funcionó! ¡Toma!

Me pasó un vaso con agua y un cepillo que tenemos ahí junto a la cama, dizque para no levantarnos de tajo, sobre todo si queremos retozar un rato por la mañana.

Ya con boca fresca me oculté bajo las sábanas para meterle la lengua mentolada en el coño que, modorro aun, estiraba los huesos en mi boca. Los labios de su sexo se abrían como bostezando mientras yo hurgaba con paciencia. Su olor por las mañanas es tan fuerte que me enciendo de inmediato. Es algo en su espesa mata de vello lo que me adormece el cerebro pero me la pone durísima. Por la mañana le amanece hinchado su cuerpo, recargado de energía.

Como de costumbre, ella prefiere no despertarse del todo y dejarse querer. Quizá su mente analítica permanece dormida, pero su cuerpo, instintivo como es, se abandona a lo que sea que yo quiera hacerle. Luego de un rato de estármela comiendo su sexo está muy hinchado. Como quien no quiere la cosa me incorporo en mis piernas, dejando a su alcance mi verga. Su mano dormida no tarda en deslizarse hasta dónde está mi garrote, y lo empieza a tocar como si fuese la primera vez que siente un palo en la mano. Instintivamente empieza a puentearme, y aunque me encanta como muñequea, entrecorto su entusiasmo de una u otra manera para evitar que me coloque tan cerca del orgasmo. Y no es que no quiera regarme, sino que, si la dejo mamarme y masturbarme, me haría eyacular en menos de un minuto, y la verdad sería un desperdicio no aprovechar este coño hinchado.

La forma más simple de distraerla de su afán puñeteador es voltearla para meterle la lengua en su ano. Nunca se queja de eso. Ya que está bien caliente, me incorporo y empiezo a juguetear en su coño con la punta de mi verga. Ella se retuerce y se estira, como si se estuviera despertando en ese preciso instante, me mira a los ojos como si me reconociera y me sonríe como si me dijera, “ah, eres tú”. No sé por qué me enternece esto siendo que cuando llegamos a este momento llevo ya veinte minutos de meterle en sus orificios la lengua y los dedos, veinte minutos en que ella se llevó la mano a la boca para ensalivársela y comenzar a masturbarme con una habilidad sorprendente. Si es hasta los veinte minutos de esto que ella reacciona y se cuestiona quién le está haciendo todo esto, ya estoy cabrón.

Como sea, a veces corro con esa suerte de que reaccione rápido, pues en ocasiones ella “despierta” cuando le caen en el vientre mis chorros de semen. En fin. En esta ocasión estaba ella con una pierna levantada, con su coño expuesto, y yo sencillamente me le encajé hasta el fondo. Aunque despierto por fuera, sentí como si por dentro se abriesen distintos departamentos, cada uno con distinta temperatura y dureza.

Con las dos manos le sujeté una de sus nalgas y así, sin cambiar de posición, continué penetrándola. Me acomodé en una postura muy extraña que no es del todo cómoda para mí, pues prácticamente me pongo de cuclillas en el inestable colchón, pero que a ella le encanta, de hecho es su ensamble favorito para venirse. Me puse así y comencé a joderla con fuerza. Ella comenzó a aturdirse y sin medir las consecuencias me tomó una nalga con una de sus garras. Yo hice acopio de fuerza para no reducir ni un ápice mi ritmo, pese a que me estaba ella encajando un dedo –incluida su uña de acrílico- en el culo. Con una nalgada y un bramido angustiante, supe, o creí saber, que se estaba viniendo. Ella no es de venirse una vez. Me exigió que siguiera en esa misma postura y, con esa misma enjundia, se vino unas tres ocasiones más o bien el único orgasmo duró lo que cuatro de ellos.

Abrió su pierna, lo que interpreté como que ella estaba satisfecha. Me acomodé y perfilé mi aterrizaje. Para cuando ella se viene ha pasado mucho tiempo en el que he tenido que suprimir mi eyaculación. Seguido ella me complace y me anuncia desde el principio “Quiero que te vengas”, y yo, obediente, concluyo con esto que no le interesa venirse ella, aunque a veces el cuerpo la traiciona. En esas veces la duración del acto se reduce drásticamente porque me enfoco en lo mío. Pero cuando no me aclara que quiere que me venga, no me siento en la comodidad de correrme si ella no se ha corrido primero. Esta vez, como ella ya se había venido, pues todo era como caer en el vacío.

Me puse a penetrarla con fuerza. Ella estaba ahí, de espaldas sobre la cama, con sus piernas abiertas, yo Embistiéndola. Le tomé su mano derecha, ella quiso entrelazar románticamente nuestros dedos, pero yo tenía otro plan. Saqué mi verga a punto de estallar y se la entregué en la mano. Ella tardó una milésima de segundo en entender que le estaba regalando la responsabilidad de mi orgasmo. No es ella una chica que no sepa qué hacer en cualquier situación, y menos aun en este tipo de situaciones. Su intuición la llevó a masturbarme con una habilidad impresionante, cuidando de engullir con su coño mis testículos. Como fruto de su muñequeo comencé a regarme en su mano que, al contacto de la primer gota caliente, se volvió loca de calentura y puñeteó con el furor de un chamaco. Mi semen terminó de convertir mi verga en una salchicha resbalosa, y ella seguía con su muñequeo hasta no convencerse que no saldría una gota más.

Yo estaba envuelto en sudor. Le sonreía diciéndole lo rico que me había venido, cuando sonó el teléfono. Vi la pantalla del teléfono, era el número de Claudia, mi secretaria. Cierto, los lunes no llego muy temprano que digamos, pero esta vez no iba ni siquiera retrasado. Me pareció extraño que la llamada proviniera del teléfono personal de Claudia y no del conmutador de la oficina. “¿Quién se habrá muerto durante el fin de semana?” pensaba yo mientras le devolvía su llamada.

-¿Bueno? Claudia, ¿Cuéntame qué pasa? ¿Cuál es la urgencia? -Ay jefe, se metieron a robar a la oficina. -¿Qué se llevaron? ¿Cuándo? ¿Tú cómo estás?- repuse sin saber en qué orden preguntar las cosas. -Bien, yo estoy bien. Bueno, un poco nerviosa. No sé que se llevaron. -¿Qué crees que pasó? -No sé. Se metieron por el techo. No se metieron a todas las oficinas, sólo a la suya y a la de coordinación. Yo pude pasar como si nada, el guardia ni sabía que habían robado, yo fui quien le dijo. Me senté en mi silla y me pareció raro ver la puerta de su privado abierta, como siempre la cierra, luego me fijé mejor y vi que el cristal de la puerta estaba roto. Me asomé a su privado y había un regadero. Grité y me fui de ahí. -¿Quién está ahí ahora? -Nadie. Desalojaron el inmueble hasta que usted llegue. -¡Que nadie entre hasta que llegue yo a dar indicaciones!

Regularmente me despierto a las ocho y media, me baño, almuerzo, me tomo un café con Carolina, y termino llegando a las diez con treinta, es decir, una hora y media más tarde de mi horario de entrada. Con la llamada de Claudia me levanté igual, a las ocho y media, pero me bañé en chinga, no almorcé ni bebí café. Con la camisa y pantalón arrugados y con una línea de la almohada marcada en la mejilla izquierda, me dirigí a la oficina.

Durante el camino sólo pensaba una cosa: “Seguro los ladrones encontraron el paquete con los discos de porno que guardé en el cajón de la derecha del archivero”. En efecto, tenía guardado en la oficina un paquete con discos. Con suerte se habrían llevado el tambache de películas así como las dejé, envueltas. Eran como 130 copias ilegales de piratería, sin caja de plástico, en su celofán transparente, en juegos de disco y portadilla. Estaban empaquetadas porque el mismo lunes iba a vendérselas o regalárselas a un tipo que tiene un puesto en el mercado que queda cerca de la oficina, no porque me dedicara a venderlas, sino que desde que había conocido a Carolina me hice el firme propósito de dejar el vicio de la pornografía, en consecuencia quería deshacerme de ellas. Pero eso ya no sucedería.

En el mejor de los casos, los ladrones dejarían la bolsa tal como estaba y en el fondo del cajón. Era una posibilidad, aunque muy remota, pues las tenía dentro de una bolsa negra remachada con cinta de embalaje, la cual daba un aspecto sumamente sospechoso. Los ladrones tendrían que ser absolutamente faltos de curiosidad para dejar intacta esa bolsa que gritaba “¡Ábranme putos!”. En un segundo escenario, los ladrones darían con el paradero de la bolsa y se la llevarían, dejándome sin películas pero liberándome de la tarea que tener que deshacerme de ellas. En el tercer escenario, el más terrible, los ladrones destriparían la bolsa y regarían por diversión las películas dentro de mi privado, todo ello a propósito, dándole un toque bochornoso a la escena del crimen, porque eso era mi oficina en esos momentos, una escena del crimen.

Llegué a las nueve con cinco al edificio del Gobierno del Estado. A mi arribo ya se había regado como pólvora el chisme de que los ladrones se habían intentado llevar el dinero de un cajero automático que estaba dentro del edificio, había trascendido que los rateros eran unos principiantes que no sabían que el cajero tenía dentro una caja fuerte que no podrían abrir a martillazos. Había trascendido también que, quizá por capricho, de las cincuenta y tantas oficinas que alberga el edificio de cuatro pisos, sólo se habían metido a mi privado y a otra oficina, ambas en el cuarto piso.

La gente de nuestras oficinas estaba amontonada en una plaza que queda frente al edificio, esperando el momento en el que se les permitiera entrar a trabajar, mientras que la policía estaba en camino. Le pedí a Ruiz, mi empleado más alcahuete, que me acompañara a revisar las instalaciones. Entramos con un agente investigador. Sentía una curiosidad inmensa de ver cómo habían dejado mi privado, de ver qué habían roto, de ver qué se habían robado, y sobre todo, de ver en qué había parado el tema de las películas.

Cuando entramos a mi oficina las películas estaban, en efecto, regadas por todas partes. Las portadillas parecían exhibidas para su venta y yacía uno que otro disco tirado. Nada más a la entrada estaba la portadilla de “Rocco se ensarta a Suzie”, con el semental italiano Rocco Siffredi cogiéndose precisamente a la tal Suzie, al estilo perro y echando una pierna para adelante para joderla mientras le da a chupar uno de sus pies. Junto a esta portadilla estaba “Blackzilla: La peor pesadilla de Papi” en cuya portada está un negro de nombre Shane Diesel que se hace apodar Blackzilla, por aquello de que el rabo le crece por el frente y parece un Godzilla con la cola al frente. La temática es que él es, precisamente, la pesadilla de Papi porque con semejante vergota destartalará a una jovencita que seguro es hija de alguien (el “Papi” en cuestión, que tiene razones para considerar una pesadilla el que el actor se la meta entera a su hijita, causándole cuando menos daño hepático o renal). Y así, portadas por todo mi privado, regadas y sin posibilidad de recogerse porque variarían la escena del crimen, las huellas, las pistas.

Ruiz, que es mi empleado y sabe que no debe molestarme, sólo dibujó una sonrisa socarrona y dijo con la alegría de un niño “Mire licenciado, esa ya la vi” y señaló “Las Putas de Nacho Vidal”.  Iba a empezar a dar explicaciones estúpidas para idealizar el por qué estaban ahí las películas, pero pensé que era una pendejada intentar reparar lo que ya estaba hecho. Por mi mente pasó el recuerdo de una vez traté de hablar de pornografía con Carolina, pero desistí porque ella opinó antes de siquiera entrar al tema: “Yo pienso que los infelices que ven pornografía tarde que temprano terminan pasando vergüenzas”. Ni qué decir, a mí me había llegado mi momento.

Sugerí que se limpiara rápido todo el regadero, pero el encargado de seguridad del edificio había amenazado que todo debía quedarse como estaba porque era escena del crimen. Ruiz ponía cara de madurez, como si dijera, “estas cosas pasan”.
Llegó la policía.

Uno a uno entraron gorilas a revisar la escena del crimen, todos ponían esa cara de “esto de encontrar ciento treinta películas pornográficas por todo el piso es absolutamente normal”. Obvio, ninguno de ellos creía que aquello fuese normal. Era como una manada en la que los policías eran los machos dominantes que de vez en cuando se acoplaban con las hembras mientras yo era un macho periférico e inexperto al cual además se le atorara la verga en un alambre y que sólo pudiera salir de ese predicamento con ayuda de los demás pero sin evitar desgarrarse el pito, y ellos, los policías, más por benevolencia que por otra cosa, miraran para otro lado para no ver mi verga sangrante. La siguiente comunicación se repitió como seis o siete veces:

-¿De quién es esta oficina? -Del Subcoordinador. -¿Quién es el Subcoordinador? -Yo.  Siempre la miradilla despectiva. Todos compadeciéndose de mí. Uno de ellos de plano no me quiso saludar de mano. Pregunté si ya podía juntar todo aquel desastre en vista de que no se habían llevado nada. Dijeron que no, pues estaban por llegar los peritos. Es decir, toda la bola de changos que se habían paseado por mi oficina en realidad no tenían ni por qué estar ahí, pues no encontrarían los ladrones ahí bajo el escritorio.

Cuando creí que las cosas no podían empeorar recibí en mi teléfono móvil otra llamada de Claudia (quien estaba afuera del edificio porque no les permitían entrar) quien dijo: -Licenciado, necesito que salga. Es urgente.

Se cortó la llamada. Intenté marcarle yo, pero su teléfono no admitía mi llamada. Me resultaba más sencillo salir para ver qué era eso urgente que ella decía. Cuando salí y vi quien estaba a lado de Claudia se me heló la sangre. Junto a ella estaba el licenciado Julián Fajardo, ni más ni menos que el Coordinador Nacional, es decir, ese que podía despedirme con un chasquido de dedos estaba ahí, en el peor día y en el peor momento. Con la sangre liviana que tiene Claudia me dijo:

-Mire quien está aquí licenciado. Visita sorpresa.

Yo sonreí maldiciendo las putas visitas sorpresas. El Coordinador Nacional me saludó y me pidió cuentas de cómo estaban las cosas. Le dije que todo estaba bajo control y que no se habían llevado nada. “Hay un desorden en mi privado, pero nada que no pueda manejar” recuerdo haberle dicho.
-Vamos para su oficina…

Me sentí como han de sentirse los ratones que caen en una de esas trampas de pegamento, esos que están vivos pero saben que es cuestión de tiempo que les llegue un martillazo en la cabeza, o que los tiren en la basura envueltos en esa especie de melaza jodida. Cada paso me calaba. Cuando llegamos a mi privado vi que el escritorio no tenía una sola película. Alguien las había juntado. La sangre me volvió. Dije algo chistoso, no se qué fue exactamente, pero algo dije.

Mi alegría duró poco, pues en efecto, nada había encima del escritorio, pero debajo de él estaban todavía muchas películas. “El Anal-ista”, “American Creampie”, “Ten Little Piggies 2”, “Especial de Zoofilia (Vea a la escultural Mónica Mattos chupándosela a un caballo)”, y un vasto repertorio.

El Coordinador Nacional recogió algunas películas, vio las portadillas al revés y al derecho. No parecía conmocionado. Incluso me dio por pensar que le daba alegría el enfrentar una situación así en la que él estaba en una posición sumamente segura y donde yo estaba completamente jodido. Quizá él pensaba que oportunidades como ésta se dan sólo una vez en la vida, prestándose incluso a la anécdota chistosa que podrá contar miles de veces y en la que él no corre ningún riesgo ni deshonra, justo como ver un sismo desde un helicóptero, algo muy del tipo de “Una vez corrí a un pendejo que tenía cientos de películas porno en la oficina y tuvo la puñetera suerte de que entraron a robar y los ladrones no se llevaron nada pero regaron las películas por todas partes”. Sus oyentes dirían “No mames, pinche mala suerte”. Y él diría taciturno, “Sí, el que es pendejo es pendejo”.

Mi trabajo siempre ha sido muy bueno, siempre intenté ser brillante en lo que hacía, pero ¿Cómo lidiar con esto? Pertenecíamos a la Coordinación Nacional del Sistema Nacional de Equidad de Género, ¿Cómo justificar que tuviera yo este material tan pleno de inequidad de género? Podía salir con la estupidez de que estaba yo estudiando al enemigo para comprenderlo mejor, pero ¿Quién creería semejante mamada? En eso, entró un policía con otro tanto de películas.

-Tome licenciado, nos las habíamos llevado para investigarlas.- reía.

El Coordinador Nacional alzó las cejas como diciendo “¿Cómo, hay mas?”, y también se rió, no porque tuviera ganas de reírse, sino porque no había forma de no hacerlo. Nada más me faltaba traer el cabello rojo y ponerme una puta nariz de bolita, o agacharme a juntar las películas y me tronara el pantalón en la línea del culo. Pude por fin guardar en una bolsa de basura todas las películas y refundirlas en un cajón para tirarlas esta misma noche.

De ahí en adelante el licenciado Fajardo desvió el tema de las películas y se comenzó a interesar en el resto de aspectos de aquel conato de robo, incluso me preguntó cómo iban los resultados de la oficina. Parecía que no hubiera pasado nada. En verdad que su compostura me confundía un poco. Sabía de su fama de patrón culero, y su agudeza era casi mítica, pues pesaban sobre él leyendas de que a sus treinta años había hecho llorar a un Coordinador Estatal de Chihuahua con sólo mirarlo, y que la escena dio pena porque el llorón tenía cincuenta y siete años. Yo no entendía nada, prefería que si me iba a correr me lo dijera ahí, a solas, sin aplazar la ejecución.

La gente entró a laborar y el Coordinador Nacional fue muy amable con todos. Apenas el viernes tenía yo la ilusión de que me ascendieran al puesto de Coordinador Estatal, de hecho me había estado haciendo cargo de todo desde hacía dos meses que dicho puesto estaba vacante, pero hoy la cosa era muy distinta, pues con suerte y me despromocionarían, cuando no que me iban a echar a la calle. De manera sorpresiva el licenciado Fajardo me preguntó enfrente de todo mi personal: -¿Qué me dices, mi buen Ricardo, aceptas mi invitación a incorporarte a mi equipo como Coordinador Estatal?

Yo balbuceé. Se me inundaron los ojos de lágrimas. La gente creía que estaba yo conmovido por el ascenso. Nadie, excepto Ruiz, comprendía que lo que me alegraba no era el asenso, sino el no despido. Incluso el buen Ruiz me guiñó el ojo seguro de que yo le cedería mi puesto por encima de los demás compañeros del mismo nivel, no porque fuese el más capaz, que lo era, sino simplemente porque no ascenderlo aflojaría su lengua como la de una vaca loca. Él sabía lo de las películas y con su guiño me lo estaba recordando. En un microsegundo descubrí que estaba ante algo a lo que no estaba acostumbrado. -Claro que sí, Señor, Acepto.

Fajardo me indicó que volviéramos a mi privado, me ordenó que cerrara la puerta con llave, y luego me pidió que sacara del cajón la bolsa donde había guardado las películas. Sin saber para qué las querría, las saqué. Saqué del escritorio la bolsa repleta de películas porno. El licenciado Fajardo me miraba inquisitivo y yo me movía torpemente. La situación no podía ser más incómoda. -Ponlas sobre el escritorio…

Sin pensarlo comencé a colocar las películas en el escritorio, pero de una manera inconsciente las estaba acomodando por género. No me hubiera dado cuenta de ello, a no ser porque Fajardo dijo:
-Pinche Ricardo. Si serás metódico. ¿Las estás acomodando? -No lo sé, Señor. -Pues mira y dime. Miré… y le dije.  -Pues al parecer así es. -¿Qué criterio seguiste, si se puede saber?

La mirada del licenciado Fajardo era pesada, escrutadora, desarticulante. Tardé en contestar, no porque no pudiera hacerlo rápido, sino porque estaba atónito ante una conclusión que acababa de sacar: Sólo había una razón para que Fajardo pudiese descubrir que las estaba acomodando: que él mismo reconociera el refinado vínculo entre las películas de cada grupo, es decir, que él conociera también los criterios de clasificación. De alguna manera él sabía el nexo invisible entre los distintos grupos de títulos. No quise exponerlo, así que contesté su pregunta:

-Créame que lo he hecho sin pensar, pero sí, creo que hay un orden en esto. Las de acá son del género gonzo, que es una vertiente que pretende ser espontánea y retrata un falso realismo; estas de acá son producciones de un director italiano que se llama Mario Salieri, estas otras corresponden a una actriz que se llama Brianna Love… -Escucha las chingaderas que me estás diciendo Ricardo.  Guardé silencio. Luego de ese silencio incomodísimo balbuceé.

-Me da mucha pena toda esta situación, licenciado, de verdad. Le juro que nunca más traeré pornografía a la oficina. Sé que resulta irrelevante cualquier explicación que yo le dé a esta situación, pero se la diré de todas maneras: había traído estas películas para deshacerme de ellas con un tipo del mercado…

-¿En qué año naciste, Salas? -¿Perdón?-¿Qué en qué puto año naciste?-En 1969, Señor.
-¿Cuándo viste la primer cinta porno de tu vida?-Supongo que por allá de 1983, en un cine que permitía la entrada de quien fuese. -Eras menor de edad. -Sólo respondo su pregunta, Señor.
Fajardo dio una respiración profunda y exhaló como si soltara un pedazo de su espíritu. Arqueó las cejas y su cara dejó aquella expresión severa para asumir una faz más bien triste. Todo entró en una calma chicha.

-Te envidio, mi buen Ricardo.-No comprendo- Contesté con interés verdadero.-Sí, te envidio. No digo que estuviese bien que hubieses estado expuesto a la pornografía a tan temprana edad. ¿Cuántos años tendrías? ¿Catorce? No importa. Lo cierto es que la oportunidad para ti fue así, no hubieras podido ver el porno a los veinte porque sencillamente no habías nacido antes. Naciste en el sesenta y nueve, qué se le va a hacer. Estabas en pleno desarrollo psicosexual y fue entonces que te tocó ver el mejor cine porno, como se debe, en una sala de cine. No comprendo cómo es que tienes toda esta mierda –comenzó a tomar en sus manos algunas portadillas, las cuales comenzó a aventar con desdén en la bolsa de basura-, esto es una mamada de cine.

Yo nací en 1979, cuando hubiere tenido oportunidad e interés de ver porno ya se producía pura basura. Créeme Salas, nunca te avergüences de haber entrado al cine siendo un menor, pues era así o no era de ninguna manera. La era estaba en tu contra. Sólo sobreviviste. Los ochenta eran una mierda en general, lo único digno que se hizo en ese entonces era el porno.

-Supongo que tiene razón en lo que dice, Señor.-Puedo ver que no puedes evitar clasificarlo todo. Eres un espécimen raro, Ricardo. Todo te ha de parecer extraño. ¿Nunca te ha dado por escribir cosas cachondas?

-Una vez Señor. Como celebración al no sé qué centenario de Don Quijote pretendí escribir mi propia versión alternativa de la obra de Cervantes; la iba a llamar Don Cachote. Así como Don Quijote narra la historia de un hombre que de tanto leer historias de caballerías se vuelve loco y va por el mundo creyéndose que el mundo es un mundo de caballeros andantes, yo escribiría acerca de un hombre que de tanto ver porno y leer relatos eróticos enloquecía e iba por el mundo creyendo que la realidad era una realidad porno, colocándolo en toda serie de situaciones chuscas. -Muy complicado Salas, para ello necesitas haber leído Don Quijote. -Lo hice, pero tardé tanto que cuando acabé ya no era año de su aniversario.

Su rostro comenzó a tornarse duro. La amabilidad y la sinceridad de Fajardo se estaban esfumando ante mis narices. Con un gesto me dio a entender que no me creyera que entre él y yo podía haber confianzas. Él estaba regresando a su olimpo, y yo volvía a ser su vasallo. Respiró hondo pero corto. Con mímica me hizo sentarme en mi silla, detrás de mi escritorio, con la superficie repleta de películas pornográficas. Con velocidad de alguacil sacó su teléfono móvil y con la cámara me tomó una foto. El muy cabrón me la mostró. Aparecía yo muy campante con mi escritorio lleno de portadillas, la más visible la de “MILF who love Freak Brothas”, es decir, una ruca rodeada de dos vergas negras de prótesis.

-Te advierto que nada de lo que estamos platicando ahora debe saberse fuera de estas cuatro paredes. Te advierto que puedo correrte cuando me de la gana. Vas a conducir esta oficina con los mismos resultados que hasta ahora, pero además vas a tener que hacer una tarea especial para mí. Vas a ir a una tienda de computación y vas a comprar con tu dinero una memoria de ciento cincuenta gigas, y vas a concentrar ahí las películas que creas que son significativas en la historia del porno, y además deberás redactar una reseña de cada una de ellas. No quiero que me hagas reseñas técnicas, sino que escribas cómo apreciaste tú la película, lo que significó para ti. Me vale una chingada si la película de que se trate está en ruso, tú me vas a anotar qué entendiste. No quiero que busques traductores ni que me trascribas críticas ajenas. No quiero que seas un sabio.

Cada día esperaré que me mandes a mi cuenta de correo electrónico las dos reseñas que puntualmente deberás mandar. Cuando llenes los ciento cincuenta gigas quedarás liberado. Entre tanto, y puesto que veo que no tienes secretaria, te mandaré una de mi absoluta confianza que no sólo te ayudará con las necesidades de la oficina, sino que te ayudará a que puedas cumplir tu misión. ¿Hay alguna duda?
-No Señor. Se puede decir más fuerte pero no más claro.

Ese es el inicio de la historia. Han pasado muchas cosas desde entonces. El recuento de los daños es como sigue: Me he quedado con un amor y he recaído en el porno. Me queda un texto que explica cómo integré el catálogo de películas XXX significativas, que he titulado “Vintage”. Me deja un escrito en el que cuento mi particular historia de la pornografía, al que he titulado “La Vie in Porn”. Permanecen numerosas reseñas de películas, identificadas bajo la serie “Stag Life”. Y por último, me queda en el bolsillo una memoria USB de 150 gigas repleta de cine Vintage y meses de trabajo que me resisto a borrar pero no he podido vender.

Complicado.

Autor: Jilo

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Mi mejor compañera

Rosa comenzó a chupármela, la metía y sacaba de su boca, me pasaba una mano por los huevos, me los chupaba un poco y luego volvía a mi pija la cual se metía casi toda en su boca con total naturalidad. Yo no resistía mucho más y como no quería acabar le pedí que parara. Ella se recostó en la cama y yo me lancé como un desesperado a su vagina que ya estaba totalmente mojada.

Luego de leer muchas de las historias que se publican en esta página, me animé a escribir la mía. Esta es una historia real y no se parece mucho a las historias que aparecen por aquí. Siempre tuve la fantasía de hacerlo con una mujer mayor y la verdad es que esto más que un relato es una crónica de un sueño realizado.

Todo empezó cuando mis compañeros de trabajo me estaban organizando una despedida puesto que me iba de viaje y por un par de meses no me iban a ver. Todo venía de lo más normal, hasta que por esas cosas que tienen las fiestas se empezó a tratar el tema del sexo y la cosa cada vez se puso más picante y una compañera, de nombre Rosa, dijo muy suelta de cuerpo que un hombre que la atendiera bien le provocaba siete orgasmos en un solo polvo. Al principio las risas desacreditaron el comentario, pero luego de unos minutos mi compañera desafió a uno de los presentes a subir a una habitación para demostrárselo.

El elegido no aceptó pero dijo que tendría que subir yo por ser el homenajeado. Yo como estaba con unas copas de más acepté y subimos. Hasta aquí la cosa no pasaba de ser una broma y nada más, puesto que tanto Rosa como yo esperábamos que subieran pronto a sacarnos de allí. Así que lo que hicimos fue desarmar una cama y ponernos a gritar como que estuviéramos cogiendo como artistas porno.

Pasado un rato y como nadie subía Rosa se puso a ver por el agujero de la cerradura a ver si alguien venía. Yo como un pasmado me quedé mirándole el culo bien redondo que tenía. Ella se percató de lo que sucedía y cada tanto se levantaba y me miraba y sonreía. Cuando estaba de pie yo lo que hacía era mirarle sus tetas. Unas tetas enormes que miden más de 110 cm., y que conserva intactas a pesar de sus 48 años de edad y de que está un poco pasada de peso, yo en ese momento tenía 24 años y siempre me habían gustado las mujeres de esa edad. Muchas veces me masturbaba pensando en mujeres de 45, 50 o más años. Siempre me gustaron porque creo que son las que mejor saben coger y que además no tienen problemas de miedos o timidez como algunas jóvenes.

Lo cierto es que ahí estábamos y sonrisa va mirada viene, mi mente empezó a ir a mil pensando en lo que podría pasar. En determinado momento me dijo que tenía frío y yo le comenté que yo también, que tenía las manos heladas. Rosa se acercó a mí se paró frente a mí y tomó mis manos. En ese momento un escalofrío recorrió mi espalda y temblando dije: “qué te parece si jugamos en serio”, ella me dijo “¿cómo? ¿qué querés?

Yo repetí “qué te parece si jugamos en serio”, solo que esta vez no la dejé contestar puesto que casi en el mismo instante le di un beso, suave y corto en los labios.

Rosa dijo “tengo un hijo de tu edad”. “Y con esto qué” contesté yo. “¡Que mi hijo tiene tu edad!”

En ese momento yo estaba ya sacado y la volví a besar pero esta vez fue un beso sumamente apasionado. Mi lengua entró y en su boca y buscó la suya. Ella siguió con el juego y nuestras lenguas empezaron a entrelazarse y a recorrerse mutuamente. Así estuvimos un par de minutos, hasta que ella se separó y me dijo “podrían venir y qué hacemos”, yo volví a besarla y empecé a tocarle sus hermosas tetas y su culo. Esas tetas que tantas veces había visto a través de las blusas de seda transparente con las que venía y con las que tantas veces había soñado, ahora las estaba tocando y sobando a gusto.

Luego empecé a levantarle el buzo y a sacarle una de sus tetas del sutién para comenzar a besarla. Ella apenas comenzar a besarle las tetas comenzó a gemir y a gozar y una de sus manos fue hasta mi pija y la apretó fuertemente. Ahí me di cuenta de que la cosa no paraba. Ella terminó de sacarse el buzo y el sutién y comenzó a sacarse el pantalón. Yo me bajé el pantalón y el calzoncillo y mi pija saltó y quedó parada allí pronta para seguir de largo.

Rosa se agachó y comenzó a chupármela, como nunca antes nadie lo había hecho. La metía y sacaba de su boca, me pasaba una mano por los huevos, me los chupaba un poco y luego volvía a mi pija la cual se metía casi toda en su boca con total naturalidad. Yo no resistía mucho más y como no quería acabar le pedí que parara. Ella se recostó en la cama y yo me lancé como un desesperado a su vagina que ya estaba totalmente mojada.

Comencé a comérmela como si en ello se me fuera la vida, la besaba, la mordía, metía mi lengua y trataba de que no se me escapara ninguno de sus jugos. Ella estaba jadeando y gimiendo casi a los gritos. En ese momento lo que hice fue meter uno de mis dedos en su concha y comencé a pajearla suavemente. Ella lo recibía adentro con mucho gusto y me pidió: “meteme otro que me muero”. Yo le di el gusto e introduje otro dedo ella se arqueó toda y comenzó a apretarse las tetas y como jadeaba y parecía que iba a acabar metí un tercer dedo en su concha, lo cual fue para ella el éxtasis.

Estuvimos así unos minutos, con mis tres dedos y mi lengua haciendo que Rosa se retorciera de placer hasta que estalló en un gemido y suspiro profundos y mi boca se vio inundada de sus jugos que traté de tomarlos y no dejar escapar nada. Rosa se incorporó me dio un gran beso y me dijo “Ahora te toca a vos”. Y lo que hizo fue tenderme en la cama y comenzó a besarme y a tocarme. Me dijo “te gustan mis tetas” “sí ” contesté yo.. Entonces se incorporó y puso sus tetas a la altura de mi boca. Entonces dijo: “cómetelas todas, no dejes nada”. Yo obedecí y me dediqué un buen rato a sobarle y besarle nuevamente sus tetas. En un momento pensé que mi pija iba a reventar y le pedí que volviera a chuparla.

Esta vez fue ella quien obedeció y procedió a devorarse mi pija como lo había hecho un rato antes, cuando estaba en lo mejor, se la sacó de la boca y se la puso entre sus tetas y comenzó a hacerme una rusa. Seguramente vio mi cara de gusto y de que me acababa en cualquier momento y me preguntó: “¿Querés acabar?” “sí por favor”. Entonces se la volvió a meter en la boca y le dio un ritmo increíble. Mi pija no aguantó mucho más y descargó toda su leche en la boca de Rosa que se dedicó a tomarla y a limpiarme la pija con su lengua.

“¿Te gustó? ” Preguntó. “sí acabé como nunca”. “ya lo creo tenías un montón de leche y la verdad es que estaba muy rica”.

Yo me tiré sobre ella y quise cogerla de una vez por todas, pero no me dejó, me dijo que por ahora era suficiente y que si quería el resto tendría que ser en su casa ya que no quería que nos descubrieran. Si bien ella era divorciada y yo soltero no quería que nadie se entere de lo sucedido porque seguramente los demás querrían cogerla también, y no le interesaba mucho que eso sucediera. Por mi parte yo tampoco quería que eso pasara ya que la quería toda para mí. Así que acepté las condiciones.

Nuestro encuentro en su casa es para otro momento, pero solo puedo adelantar que a partir de ahí comenzamos a coger y la verdad es que nunca cogí con nadie como con ella. Es sencillamente genial y nunca dice que no a nada. Ya contaré el resto.

Autor: Dbeiss

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Ayudando a mi vecina

Él llegó a mi conchita que destilaba de jugos… sacó su lengua y comenzó una minette de película… sabía hacerlo muy bien… su lengua perforó los labios y penetró como una pequeña verga en mi zorrita, luego encontró el clítoris y me hizo dar un respingo de placer… me lamió durante unos minutos y me hizo alcanzar los primeros orgasmos con su lengua.

Este relato se refiere a la amistad que puede haber entre mujeres y a los favores que se pueden hacer, para ayudar en el matrimonio. Para que me reconozcan en mi relato anterior “El Cumpleaños de mi marido” les contaba que soy una mujer de 59 años, algo rellenita, de tetas grandes y culo sobresaliente, me gusta mucho lucir con ropas ajustadas, casada en un matrimonio normal con un hombre un poco más joven y que en ese cumpleaños de mi marido, probamos por primera vez las delicias de un intercambio con otro matrimonio amigo de nuestra edad… lo que resultó ser un intercambio “total” muy satisfactorio para mí.

Voy a esta historia. Tengo una vecina de unos 30 años, casada con un joven de su edad, con la que nos hemos hecho muy amigas, ella me cuenta sus problemas y yo trato de ayudarla. Un día me llamó como a las 9 de la mañana, cuando ya mi marido se había ido al trabajo y estaba sola.

-Hola Carmen. ¿Cómo estás? -me saludó. -¡Hola Sylvia!, le respondí- ¿cómo amaneciste? -Mal, muy mal… nuevamente pasó lo mismo…Me contestó casi sollozando. – Amanecí muy caliente, le empecé a acariciar su miembro, esperando un rico polvo mañanero… lo calenté… se le paró rico, pero ahí viene el drama… me pidió que se lo mamara… ¡tú sabes que me fascina mamárselo!, pero que luego me lo meta ¿no es cierto? ¿No es lo que a ti también te gusta? -¡Por supuesto!- le respondí por el teléfono… – No hay nada más rico que amanecer con una rica mamada de verga, una comida de concha… acabar mucho y luego terminar con un rico polvo… ¡uuuuf! Ojala a mí me lo hicieran todos los días… pero… no veo el problema.

-¡Ese es el problema..! Él acaba, yo le hago la mejor mamada, me trago su leche exquisita esperando que él haga lo mismo, pero se baña, se viste y me dice que está muy atrasado para irse al trabajo… y me deja frustrada… caliente… desesperada…-¡Venga para acá mi niña… -la invité- tomémonos un café y conversamos.

Me levanté, puse agua a hervir, me arreglé un poco el cabello y la esperé. A los pocos minutos llegó. Venía con una bata semi transparente sobre su camisón también medio transparente, con los ojos llorosos. La observé. Era una chica hermosa, de senos medianos muy paraditos, y con unas piernas y unas caderas y trasero muy llamativos. Entró y me abrazó sollozando.

-¡Carmen! -otra vez me dejó desesperada… yo lo único que quiero es hacerlo gozar y gozar yo también… -Y ¿ni una lamidita a tu conchita?… ni una pajita con sus dedos… -¡Nada, Carmen… nada!

Serví dos tacitas de café y encendí dos cigarrillos. Me senté en el sofá y ella se acurrucó a mi lado. Yo la consolaba acariciándole el cabello. Su cara quedó apoyada sobre mis grandes tetas, que por el escote del camisón estaban casi afuera… Con las caricias y los movimientos, una teta mía se escapó quedando el pezón a escasos centímetros de su boca… Sylvia tímidamente la acarició con la yema de sus dedos, casi hasta llegar al pezón. Sentí un conocido calorcito en mi cuerpo y un cosquilleo en mi cosita… muy conocido por mí… -¡Mi niña! -Exclamé acariciándola- ya cálmese… aquí tiene a mamita para consolarla… ya… ya… -y al observar que ella acariciaba mi seno con sus deditos me acerqué más.

-Mi niña -le dije bajito- ¿quiere que mamita le de pechito?… ¿quiere papita? -y tomando el pecho con mi mano se lo puse en su boca. Ella me miró algo sorprendida, pero sacó su lengüita y comenzó a lamer el pezón por unos instantes hasta que se lo metió en la boca. -¡Así mi niña! -la animé- así chupe la tetita de su amiga… -y yo comencé a acariciar suavemente sus tetas sobre su camisón, notando que sus pezón se endurecía. -mamita la va a hacer feliz para que no quede frustrada…

Ella continuaba chupando una teta y con la mano me acariciaba la otra, mientras yo le había sacado sus dos senos y también se los acariciaba en forma caliente… esa chica me hacía sentir rara… me gustaban sus caricias y creo que mi conchita ya estaba mojada… La acosté de espaldas en el sofá y le comencé a besar y chupar sus tetas, sus pezones duros como palo… ella se retorcía y gemía. Fui bajando los besos por su estómago hasta su vientre… le entreabrí sus piernas, llevaba una tanguita blanca pequeñita que estaba totalmente empapada… la besé por encima, aspirando su aroma y besando ese trozo de tela mojado… ella levantaba sus caderas como pidiendo más. Hice a un lado su tanguita y me encontré con una conchita rosadita, semi depilada, mojada y caliente de labios rosados y hermosos… los besé y luego comencé a lamer por encima… ella gemía y se retorcía suavemente… entonces fui metiendo mi lengua poco a poco en esa rica cuevita…¡que delicia! Mojadita, caliente y de una fragancia tan especial. Mamé su concha hasta encontrar su clítoris, atacándoselo con mi lengua como cuchillo. Sylvia levantaba y bajaba sus caderas, gemía, se quejaba bajito y me pedía más.

-Más… más mamita… Más por favor… Sigue… sigue… así… que rico… Aaaaayyyy… sigue mamita… ayy que rico…esto es lo que quería… Así, así…aaaaaaay…Y empujando sus caderas me mojó la cara con sus líquidos abundantes y sabrosos que indicaban que había acabado… tragué sus jugos y poco a poco fui bajando el ritmo de la lamida.

-¡Gracias amiga…! ¡Gracias mamita! -exclamó totalmente laxa- perdón, pero venía muy caliente y la verdad es que no venía a buscar esto…no pienses mal… me has sorprendido… pero me ha gustado… me ha gustado muchísimo! -¡Que bueno mi niña, que lo haya disfrutado… la verdad es que yo también lo disfruté mucho… me pusiste muy caliente y lo único que deseaba era hacerte gozar… y gozar yo también… -Eso tiene solución, mi vida… si tú me enseñas -respondió encendiendo un cigarrillo y sorbiendo el café- ¿vamos a tu cama? -¡Vamos! ¿Qué esperamos? -respondí entusiasmada y con mi zorra empapada.

En la cama nos terminamos de desnudar y nos abrazamos efusivamente. Nos besamos, para ella era su primera vez con otra mujer, para mí ustedes saben que no… Ella se pegó a mis grandes tetas, chupándolas con desenfreno mientras sus manos acariciaban mi vientre y tímidamente acarició mi conchita con sus dedos, haciéndome una paja, igual como se la hace ella.

-¿Te gusta? -preguntó mimosa- te la hago igual como me la hago yo… es primera vez que tengo una conchita que no sea la mía en mis manos… y es muy rica la tuya… tan peludita… debe gozártela mucho tu marido… ¿cierto? -Yo también soy muy pajerita… y mi marido me la come muy rico… lo que más me gusta es que me la coman… el sexo oral para mí es lo más rico…-contesté entusiasmada… Sylvia fue bajando también sus besos y muy pronto se apoderó de mis labios vulvares con su boca… No sabía hacerlo muy bien, pero el instinto y la calentura son los mejores maestros… me estaba haciendo gozar… mi concha estaba empapada. Me acomodé y nos pusimos en posición de 69, yo sobre ella, abriendo mis muslos a cada lado de su rostro, dejándole la concha muy abierta sobre su boca… ella lo aprovechó en seguida y su lengua me penetró lindamente… Yo comencé a lamer y chupar esa sabrosa conchita y a lamer y acariciar su rico culito… cuando mi lengua pasaba por su agujero posterior ella lanzaba un gritito y lo empujaba… aprendió muy rápido y a los pocos minutos estábamos acabando las dos entre grititos y gemidos, revolcándonos en la cama abrazando nuestros culos con las manos, disfrutando sobremanera con las lenguas metidas en las conchas de la otra.

Después de otro café y varios cigarrillos, ella feliz se fue a su departamento, prometiéndonos que sería nuestro secreto y que lo repetiríamos las veces que pudiéramos.

Pasaron varios días y una tarde la visité. Nos abrazamos y besamos desnudándonos rápidamente y repitiendo lo de la otra mañana… gozamos mucho y acabamos como cuatro veces cada una. Sylvia, se puso un camisón y se recostó quedándose dormida. La cubrí y me puse mi falda y blusa, sin nada debajo y fui a su cocina a prepararme un café con un cigarrillo encendido. En eso siento la puerta que se abre y entra su marido.

-Hola Carmen -me saludó sorprendido- ¿qué pasó? – Tu mujer se sintió mal y la vine ayudar -mentí- ahora está durmiendo. -Es mejor que no la despiertes. Ven tomémonos un café en la cocina.

Se quitó la chaqueta y la corbata y se sentó. Yo me senté sobre la mesa, la falda muy corta se subió y dejó mis muslos descubiertos… entreabrí un poco las piernas y él descaradamente me las miró.

-Estás bien buena, Carmen -exclamó con una sonrisa mirándome las piernas.

-Y tú también -le respondí- Él se acercó y me tomó por los hombros. Se agachó un poco y me besó en la boca, yo me hice la estrecha al principio, pero luego lo dejé. Sentía su duro miembro pegado a mi brazo, mientras él me tomaba las tetas sobre la blusa, por supuesto sin sostén.

Nos besamos mucho y él ya me tenía las piernas abiertas. Yo comencé a tomar su aparato y a bajarle los pantalones… en realidad era un magnífico ejemplar de varón, con razón mi amiga estaba tan caliente con él. Una vez semi desnudos ambos nos tocamos nuestras partes y él me pidió:

-¡Carmen, Carmen, tanto tiempo que me gustas… no me atrevía a decírtelo… pero me calientas muchísimo… Por favor… dame una mamadita… mira como lo tengo por ti… -Te daré todas las chupadas que quieras, pero antes me lo harás a mí y me lo meterás en mi conchita hasta hacerme acabar… -Pero sólo una mamadita… si supieras lo que me gusta! -¡A mí también me gusta! -respondí excitada- pero yo no soy tu mujer y harás como yo quiera… si no, me visto y me voy!

Y diciendo esto, abrí más mis piernas, sentada en la mesa de la cocina, invitándolo a que me mamara. Él titubeó y luego comenzó a besar mis piernas, mis muslos y llegó a mi conchita que destilaba de jugos… sacó su lengua y comenzó una minette de película… sabía hacerlo muy bien… su lengua perforó los labios y penetró como una pequeña verga en mi zorrita, luego encontró el clítoris y me hizo dar un respingo de placer… me lamió durante unos minutos y me hizo alcanzar los primeros orgasmos con su lengua.

-Ven amor… ven -lo invité- pónmela aquí… mira como te espera esta conchita abierta y caliente… -Él se levantó y tomando su parado pico lo puso a la entrada de mi concha, empujó suave y firmemente y lo ensartó completamente… era una verga rica, grande y gorda, pero mi zorra lo tragó completamente con dificultad, pero con mucho goce.

Comenzó a bombear, mientras yo me acoplaba a su movimiento con mis caderas… él me chupaba mis grandes tetas, haciéndome gemir y sentir un placer inusitado. Los movimientos se intensificaron y él envarándose comenzó a acabar llenándome la concha de caliente y abundante leche que me hizo alcanzar otro orgasmo avasallador…Lo sacó y aún parado, lo tomé con mis manos y lo llevé a mi boca, dándole una mamada como yo sólo se hacer… él gemía y se retorcía mientras mi boca se trabajaba en forma exquisita su rica verga, limpiándola de los restos de semen y de mis propios jugos… él gemía y muy pronto logró nuevamente otro orgasmo, lanzándome una andanada de leche a mi boca, que tragué golosamente sin dejar ni una gota, dejándole totalmente limpio su pico…

Encendimos unos cigarrillos y continuamos besándonos.

-Ahora tú te vas a ir de nuevo -le dije- y vuelves en unos cinco minutos como si recién vinieras llegando ¿ya? Para que Sylvia no se de cuenta.

-¡Eres muy canchera, Carmen! -me dijo- ¿Cómo no me atreví antes? -Bueno mi amor, nunca es tarde. Ah -continué- si quieres seguir conmigo, tendrás que cambiar con tu mujercita… le harás lo mismo que a mí… le comerás su conchita, la culearás y luego te aseguro que ella te lo chupará las veces que quieras. -¿Te lo dijo? -preguntó intrigado. -No te preocupes, haz lo que te digo y verás que todos seremos muy felices… y cuando podamos… lo repetimos ¿ya?

Salió y yo me fui donde Sylvia, la desperté y le dije que si llegaba su marido, se hiciera la enferma, para que no sospechara nada de lo que habíamos hecho y pudiéramos repetirlo, pues él tendría confianza conmigo. Estuvo de acuerdo y se acostó bajo la cama, yo le traje una limonada con una aspirina y esperamos a su marido que a los pocos minutos llegó, tal como lo habíamos planeado.

Desde entonces, tengo mis cogidas con Sylvia y con Juan, su marido de forma separada, sin que ellos lo sepan… con ambos es nuestro “secreto”. Juan me hizo caso y con Sylvia son muy felices, claro que ambos tienen en mí un complemento ideal que los satisface muchísimo. Solo espero que algún día se de la posibilidad de hacer un trío… creo que todo es posible, ¿cierto?

Autora: Carmen

Comentarios de damas maduritas como yo… Y ahora a bajar un buen video y a gozarla… Clika aquí no te lo prives.

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Desvirgué a mi hijo

A la noche se acostó conmigo y sólo me puse para dormir un camisón corto por lo que estaba casi desnuda, me abrazó y pidió teta, su mano buscó mi entrepierna y comenzó a acariciarme la concha, estábamos en la gloria, le enseñé a frotarme suavemente el clítoris y llegaba a unos orgasmos divinos. Me confesó que era virgen, que sólo había manoseado alguna chica.

Todo comenzó cuando tenía 43 años y Fernando, mi único hijo 18, mi esposo, Alberto, viajante de comercio, pasaba toda la semana fuera de casa y a menudo estaba ausente durante más tiempo, motivo por el cual críe a mi bebé muy consentidamente y éramos muy cariñosos mutuamente. Le tengo mucho miedo a las tormentas por lo que él dormía, muchas veces conmigo y a mí me gustaba que lo hiciera y nos dormíamos abrazados.

Con total naturalidad yo andaba por el departamento en ropa interior y algunas veces me sorprendió sin corpiño, mis tetas son grandes y mis pezones también.

Las largas ausencias de Alberto me ponían muy mal porque sólo me descargaba masturbándome lo que no me satisfacía totalmente, andaba con muchas ganas de que un hombre me hiciera sentir mujer y comencé a mirar a mi bebé que ya era un hombre desarrollado a sus 18 años, con un físico estupendo pues practicaba deportes y además noté en sus slips manchas de semen de sus masturbaciones.

Si bien nunca lo había visto completamente desnudo, si lo había visto en ropa interior y notaba debajo de su slip un tremendo bulto que me calentaba mucho y pensaba en él al masturbarme, pero era mi hijo ¡mi bebé! pero no había caso mis deseos eran con él.

Una mañana salía de la ducha con una toalla que solo me cubría de la cintura para abajo y Fernando se me acercó con un comentario trivial, me doy cuenta que miraba mis tetas fijamente lo que a mí me comenzó a gustar, le digo: – Bebé ¿te gustan? – Si mami, son hermosas ¿puedo tocarlas? – Si mi amor ¿Querés chuparlas? Comenzó a chupar y succionar.

A esta altura, yo estaba muy caliente con un cosquilleo en todo mi cuerpo y la concha toda mojada, estaba llegando a un orgasmo por lo que dejé caer la toalla y abrí mis piernas y le saqué la teta de la boca, miró mi concha con muy poco vello y rubio, sentí un estremecimiento tremendo, una calentura feroz, totalmente descontrolada le dije: – Te gusta bebé, tócala. Guié su mano hacia mi chucha, me metió los dedos y llegué a un orgasmo brutal, mis “gritos” lo asustaron, mas lo tranquilicé enseguida, lo abracé y besé como nunca. Luego hablamos, le dije que no le contara a nadie y menos a su papá.

A la noche se acostó conmigo y sólo me puse para dormir un camisón corto por lo que estaba casi desnuda, me abrazó y pidió teta, su mano buscó mi entrepierna y comenzó a acariciarme la concha, estábamos en la gloria, le enseñé a frotarme suavemente el clítoris y llegaba a unos orgasmos divinos. Me confesó que era virgen, que sólo había manoseado alguna chica. A todo esto cuando estaba Alberto, mi marido, hacíamos el amor con todo, él nunca sospechó de nada.

Así fue pasando el tiempo y cuando Alberto no estaba, dormía con mi bebé al que le daba la teta y me hacía acabar varias veces con sus caricias y sus dedos, le acariciaba el pene que era muy grande y gordo más que el de su papá, pero no quería acabar conmigo, seguramente porque ¡era su mamá!

Luego pasaron como cuatro meses durante el cual Fernando no me daba bolilla, me aguanté sin decirle nada porque sentía vergüenza de mi hijo, hasta que una ausencia larga de Alberto, yo no podía más, estaba harta de masturbarme con consoladores y vibradores, necesitaba una buena pija en vivo y en directo, tenía que seducirlo, pero ¿que hacer?, cuando más loca estaba de calentura Fernando me dice que un compañero de escuela vendría a estudiar a casa por la tarde, entonces ¿que hice? como hacía mucho calor me puse una solera de playa sin corpiño y una tanguita muy pequeña, las tetas parecían salirse del vestido que era muy corto y mostraba mis lindas piernas.

Cuando llegó Fer con su amigo Adrián y me encontraron así vestida, Adrián no me sacaba los ojos de encima lo que me calentaba aún más y Fernando estaba serio por los celos y era lo que yo quería! en un momento me dijo: – Mamá ¿porque estás así vestida? – Hace calor ¿que tiene de malo? – Es que no estás en la playa.

– Que va, Adrián ¿a vos te molesta? – No señora, contestó.

La bronca de Fer era inmensa. Les serví la merienda, al agacharme casi se me salen las tetas, me sentaba y cruzaba mis piernas adrede y mostrando mi tanguita, estaba reloca. Llega la hora en que Adrián se va, voy a mi dormitorio y me desnudo a esperar a Fernando que suponía que vendría a pedirme explicaciones. Abre la puerta y se sorprende al verme, tapándome con las manos le digo porque entró así al dormitorio, ¿no ves que estoy desnuda? – Cuantas veces te vi así, estás loca para vestirte como estabas, ¿que habrá pensado Adrián?

– No me interesa él sino vos, y descubrí mi cuerpo mostrándole mis tetas con mis pezones rojos y duros, la concha depilada y mi clítoris que parecía una frutilla, a la vez que noté su bruta erección.

Sin hablar pero con sus ojos claros me dijeron todo, se quita la ropa, su pija enorme, dura y palpitante era todo un poema, me siento en la cama, tomo en mis manos esa hermosa y joven verga, me la metí en la boca chupando con frenesí, acabó enseguida, gritando y llenando mi boca con su leche caliente que bebí completamente.

Luego nos besamos apasionadamente, su pija seguía muy dura, me acuesto y con las piernas abiertas, le digo: – Mi vida, chúpame la concha, mordeme el clítoris ¡es tuyo! Tuve varios orgasmos gritando de felicidad. – Pónmela, cogeme, cogeme, cogeme, ¡por favor!

Al sentir su enorme miembro dentro mío no pudo explicar lo que sentí, como tengo un espiral le dije que me acabara adentro, que me llenara de leche caliente, no paraba nunca de eyacular, me inundó ¡que hermosa locura! ¡Hice hombre a mi hijo, me entregó su virginidad! Seguía con su pija parada, lo monté, lo cabalgué, me mordía las tetas que colgaban sobre su cara. Tuve tantos orgasmos que casi me desmayo.

Luego dormimos hasta cualquier hora. Seguimos siendo amantes desde siempre.

Espero que les haya gustado mi relato.

Autora: Carmen

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Tres no son multitud

Pasamos a follarles el culo, Juan parecía todo un gigoló con su madre, se la follaba muy bien y ella lo agradecía ya que gemía de placer, yo hacía lo mismo con su hermana, me costó un poco de trabajo penetrarle el culo, pero parecía que ya estaba acostumbrada a esos quehaceres. Pero yo tenía que satisfacer por completo mi imaginación, tenía que follarme a Carmen, la cuarentona.

Esto que os voy a contar es una de las mejores experiencias que me han pasado en la vida. Aún hoy día, después de haber pasado unos años sigo recordándolo y me pongo a mil, no sé si podré acabar de escribir esta historia sin tener que masturbarme antes.

Tengo 26 años, cuando ocurrió lo que os voy a relatar tenía 23. Llevaba saliendo con mi novia actual unos dos años y nuestra relación iba muy bien. En cuestiones de sexo no podía quejarme, ya que los dos éramos muy imaginativos en estos temas, y lo seguimos siendo, pero esto que me ocurrió me descolocó un poco mis esquemas de lo que era el sexo.

Era un sábado por la mañana y yo tenía que ir a recoger unos paquetes a casa de una tía de mi novia, Carmen, ya que ella no podía por cuestiones laborales. No tenía mucha confianza con la tía de mi novia, pero accedí gustosamente a ir por los paquetes ya que Carmen era una cuarentona de muy buen ver y, por qué no decirlo, las mujeres con experiencia siempre me han atraído y esta no iba a ser menos. Llegué a la casa de Carmen a eso de las 12 de la mañana, llamé al portero automático y me contestó ella diciéndome que subiera, que me estaba esperando. Subí al tercer piso y la puerta de la casa estaba abierta, entré y la vi en la cocina de la casa.

– Discúlpame por las fachas que llevo, pero estoy de limpieza en la casa y esto es con lo que me encuentro más cómoda. – No hay problema – Contesté yo.

Y por supuesto que no lo había. Carmen llevaba puesta una camiseta de algún equipo de fútbol americano, de esas que las mujeres se ponen y les quedan muy largas, y le quedaba como sólo a ella le podía quedar. Casi no pude disimular mi erección al verla; que mujer, había sido una muy buena idea venir por los paquetes, merecía la pena perder la mañana contemplándola. Se acerco a mí y me dio dos besos los cuales yo aproveché para oler su aroma a mujer. Estaba sudorosa del ajetreo de la limpieza y tenía una mezcla entre perfume femenino y sudor que me puso a mil.

– ¿Quieres tomarte algo? Hace mucho calor y te veo un poco sudoroso.

Evidentemente le dije que si, tenía que prolongar mi estancia en esa casa lo máximo posible, ya que el espectáculo de verla limpiar la cocina con esa ropa no podía perdérmelo.

– Ya que estás aquí voy a aprovechar para descansar un rato y voy a tomarme algo contigo ya que llevo más de dos horas sin parar.

La cosa iba mejorando y yo estaba en la gloria. Nos fuimos para el salón y nos sentamos en el sofá charlando.

– ¿No están tu marido ni tus hijos? – pregunté casi sin darme cuenta. La pregunta salió de mis labios casi automáticamente, y de la misma manera el pensamiento de follarme a la tía de mi novia apareció en mi mente.- Pero, qué coño estoy pensando. Qué te pasa. ¿Estás loco o qué? – Me pregunté a mí mismo.- No, no están – Contestó ella – pero Ana y Juan llegarán de un momento a otro.

Una idea de frustración pasó por mi mente. Yo, ingenuo de mí, pensaba liarme con esa mujer de cuarenta y tantos años. Esbocé una leve sonrisa mientras ella me decía que sus hijos, Ana y Juan, llegarían pronto ya que habían ido al supermercado a comprar unas cosas. Ana tenía unos 19 años y era una chica normal, ni alta ni baja, ni gorda ni flaca, pero muy guapa lo que la hacía más atractiva de lo que era realmente, y Juan era algo más pequeño, tendría unos 18 años y todavía no estaba muy desarrollado físicamente, pero se le veía que sería un chaval conquistador de mujeres, ya que era rubio con los ojos claros y muy guapo. El marido de Carmen trabajaba fuera de la ciudad por lo que ella pasaba casi todo el día sola con sus hijos.

Después de un rato charlando con Carmen de cosas sin importancia con mi mirada puesta casi continuamente en sus piernas llamaron al portero automático. Eran Juan y Ana que se les habían olvidado las llaves de la casa. Carmen se levantó para abrir y yo pude aprovechar para echarle una visual a su gran culo. Me estaba poniendo a mil y ahora los dos niños iban a joderme el espectáculo – Otra vez será – pensé resignado, aunque cuando Ana y Juan entraron en la casa me llevaría la primera sorpresa del día. Carmen besó a sus dos hijos en los labios y les hizo una caricia en el pelo, pero el beso no fue un beso normal, ya que pude observar que rozaron levemente sus lenguas al besarse, yo me quedé descolocado y a la vez me llamó mucho la atención aquello.

– Ir a dejar todo esto en la cocina que yo estoy en el salón – Y les dio un golpecito a cada uno en el culo demasiado cariñosamente.

Joder, que familia más rara- pensé yo muy sorprendido. Cuando Carmen llegó de nuevo al salón me vio allí sentado con cara de sorprendido y me preguntó:

– ¿Te pasa algo? te noto raro.- No, no, nada – Contesté con la voz entrecortada.- ¿No te gusta el refresco? si quieres puedo ofrecerte otra cosa.- No es eso Carmen de verdad, es que…- Es que ¿qué?- No, que me he quedado un poco sorprendido de cómo has recibido a tus hijos, sólo eso, pero nada más.

Ella sonrío a mi contestación y yo sonreí también.

– Es que somos una familia un tanto peculiar ¿sabes?, no tenemos los tabúes que tienen otras familias con sus hijos. Aquí hablamos todos, de todo muy liberal y naturalmente. Y lo mismo que hablamos de lo que nos parece, hacemos lo que nos parece, siempre que no vayamos en contra de los pensamientos de alguno de los cuatro miembros de la familia. Todo el mundo tiene su opinión y los demás la respetamos.

Yo me quedé un poco confuso con lo que me había dicho y ella soltó una carcajada. En ese momento sus dos hijos entraron en el salón me saludaron jovialmente y se sentaron en el sofá que estaba situado enfrente de donde yo estaba.

– Perdona Carmen, pero la verdad es que no te he entendido muy bien o he entendido algo que no puede ser… – Haber, mira te pongo un ejemplo, si a mí y a mis hijos se nos apetece besarnos en la boca o darnos una torta en el culo y a ninguno de los cuatro, incluido mi marido, nos parece mal, pues lo hacemos y ya está y no hay más vuelta de hoja, es así de sencillo. Y si me apetece comerle la boca a mi hijo o a mi hija pues lo mismo, es bueno que aprendan de estos temas, y quien mejor que sus padres para enseñarles, ¿no?

Yo no sabía que contestar, y su última frase me dejó “cao”. Se comía la boca con sus hijos, con los dos, y supongo que ahí no quedaría la cosa. Yo permanecí callado durante unos segundos y tanto Carmen como sus dos hijos soltaron varias carcajadas a mi costa.

– Mira aquí somos muy claros con todo, ya te habrás dado cuenta, así que voy a sincerarme contigo: ¿Crees que no he notado la manera que tienes de mírame las piernas o el culo? – yo me quede frío y con la cara como un tomate – Tranquilo muchacho, es normal no te reprimas, aquí puedes confesar lo que quieras, no voy a decir nada ni a pensar mal de ti. Yo también me fijaba en tu paquete y en tu erección mientras me mirabas las piernas antes, y no pasa nada, es todo normal ¿Verdad chicos?

En ese momento, yo seguía sin habla, Carmen se sentó entre sus dos hijos y los volvió a besar en la boca, primero a Ana, después a Juan y posteriormente volvió con Ana, pero esta vez sus lenguas se entrelazaron como una pareja de enamorados, yo casi no podía creer lo que estaba viendo cuando descubrí que mi erección era tremenda, aquella situación y aquella familia me estaban poniendo a cien.

– Veo que te has quedado un poco sorprendido puesto que no hablas y no voy a obligarte a que lo hagas ni a que des tu opinión de lo que ves, pero voy a hacerte una simple pregunta que nos hará salir a todos de dudas. ¿Te gustaría besarme como lo he hecho con mi hija? solo contesta sí o no.

Joder, lo que había estado soñando toda la mañana ahora me lo estaban sirviendo en bandeja y yo sólo acerté a asentir con la cabeza, que lelo. Carmen se acercó y me comió la boca como nunca nadie lo había hecho, allí en su casa, delante de sus hijos, con la tía de mi novia, con esa cuarentona de tan buen ver. Me dejé llevar por la situación, ya estaba todo perdido pensé, así que voy a aprovecharme de la situación y voy a ir a por todas.

Mientras Carmen me besaba, pude observar que sus dos hijos no se quedaban atrás y se estaban dando un lote de campeonato en el otro sofá y Juan tocaba las tetas de su hermana de manera muy descarada. Joder, joder, joder, no podía creérmelo, pero no me quedé corto e hice lo mismo. Mis manos fueron a parar a las tetorras de Carmen, y vaya tetas que tenía la tía. Las tenía grandes, pero no exageradas y duras para su edad. Ella se dejó hacer y yo me recreé en ellas. Volví a mirar a los dos “niños” y Ana ya estaba sin camiseta y si sujetador, con sus dos tetas al aire, y su hermano le chupaba los pezones a lo que ella le acariciaba la cabeza con gusto tirando su cabeza hacia atrás.

Los chicos no se habían cortado ni un pelo, la madre tampoco y yo no iba a ser menos así que decidí ir a por todas aunque la situación no fuera la normal. Yo estaba en medio de una orgía con la tía de mi novia y con sus dos hijos. Era una situación muy excitante la verdad y yo la iba a vivir a tope.

– Tú no te preocupes por nada, y libera tu tensión, ya ves que aquí somos todos muy liberales y no tendrás ningún problema, ya verás que lo pasaremos los cuatro muy bien – me susurró Carmen al oído.

– Desnudémonos los cuatro chicos, vamos a demostrarle al primito lo que sabemos hacer y lo bien que lo podemos pasar.

Dicho y hecho en un plis plas tanto Carmen como sus dos hijos estaban en bolas delante de mí y yo allí en el sofá mirándolos con cara de bobo, ellos no paraban de mirarme y reírse hasta que Carmen les hizo una señal a sus hijos a la que ellos obedecieron. Sus dos hijos desnudos se acercaron a mí y comenzaron a quitarme la ropa de manera muy erótica. Ana era una chica bastante normalita como ya he dicho antes, pero vista desnuda ya era otra cosa, a sus 19 años ya tenía una buena mata de pelos entre sus piernas muy bien recortada ya que delimitaba su triangulito perfectamente y sus tetas no eran muy grandes, pero tenían unos pezones que en el estado de excitación que estaba parecía que se les querían salir. Juan estaba mucho menos desarrollado. Su pene tenía una longitud considerable para su edad, se notaba que todavía ese chico prometía mucho. Pues a lo que iba, ambos hermanitos me estaban quitando la ropa mientras se reían pícaramente y yo no oponía ninguna resistencia. Cuando ya yo estaba totalmente desnudo y con mi polla mirando hacia el techo de manera amenazadora Ana le preguntó a Juan.

-¿Qué te parece hermanito? ¿Para ti o para mí? Anda te la dejo a ti primero, que eres todo un profesional en la materia. – ¿Cómo? este crío no va a chuparme a mí la polla – pensé yo, pero sólo quedó en eso, en un pensamiento, ya que Juan se metió la mitad de mis 20 cm en su boca habilidosamente, como toda una, o un, profesional. Carmen se levantó y se sentó a mi izquierda, a mi derecha estaba Ana y Juan estaba de rodillas dándome una mamada de campeonato. Carmen me dijo al oído que me relajara y que me dejara llevar y que vería que todo saldría a pedir de boca.

Efectivamente así lo hice, me dejé llevar, total, ya no podía perder nada, estaba metido en medio de una orgía de la que no podía y no quería salir. Ana y su madre se dedicaron a mis pezones, me los chupaban lentamente mientras el chico me comía la polla. Me tumbaron en el sofá y las dos mujeres, las dos putas diría yo, quitaron al chico y se dedicaron ellas dos juntas a lamerme el nabo, creía que iba a explotar eché mi cabeza hacia atrás y cerré los ojos, pero Juan volvió a sorprenderme. Sentí un par de golpecitos suaves en mi cara y abrí los ojos, Juan estaba con su polla delante de mí golpeándome suavemente. – Ahora te toca a ti – Mi cara seguro que fue un poema, pero Carmen paró de chupármela y dijo:

– Anda no le hagas el feo a Juan, creo que es justo que se la chupes. – Dicho y hecho, esa mujer parecía que me hechizaba, dijese lo que dijese yo le haría caso, estaba claro, y me metí la polla del chico en la boca. Era mi primera vez con un tío, pero seguía siendo la primera y me sorprendí porque no me daba tanto asco como en un principio creo que todos los tíos pensamos que nos daría.

Bueno, repasemos la situación: yo tumbado en el sofá con Ana y Carmen chupándome la polla y Juan sentado a horcajadas casi sobre mi cara y con su polla en mi boca. Situación que nunca pensé que se daría. El chico bombeaba con su polla en mi boca como si me estuviera penetrando hasta que dé un salto se quitó rápidamente y se dio la vuelta, iba a correrse, pero quitó a su madre y a su hermana de la labor que estaban haciendo y se corrió sobre mi pene, que cantidad de leche y muy caliente; evidentemente no se me ocurrió decir nada y me dejé llevar. Juan acabó su corrida y pasó a comerme la polla junto con su madre y su hermana. El estaba de rodillas con cada una de sus rodillas al lado de mi abdomen y estaba flexionado mostrándome su culo sin un solo pelo y comiéndome la polla con restos de su semen junto con las otras dos, no lo pude aguantar y me corrí vigorosamente. Los tres pujaban por coger las ansiadas gotas de mi esperma. Sus bocas estaban llenas de mi leche y de la de Juan, pero se lamían apetitosamente y se chupaban las bocas entre ellos. Nos reímos los cuatro y Carmen dijo:

– Ahora nos toca corrernos a nosotras, ¿verdad cariño? Pero mira a estos dos, están acabados, habrá que hacer algo para volverlos a empalmar. Vamos a hacer lo mismo que le hacemos a papá.

Nos cogieron a los dos y nos pusieron con el culo en pompa. –vamos a chuparles el ojete que seguro que les gusta – Ana se dedicó a mi culo y Carmen al de su hijo, vaya, vaya, era una sensación inexplicable, me estaban chupando el culo y yo lo estaba flipando, evidentemente mi polla y la de Juan volvieron a empalmarse, madre e hija se percataron y dijeron que ya estaba bien, que ahora les tocaba disfrutar a ellas. Se pusieron en pompa tal y como nosotros estábamos antes, yo no sabía qué hacer, pero Juan si, y me dediqué a imitar lo que él hacía. Juan le chupaba el culo a su madre y yo hacía lo mismo con su hermana Ana. Ni un solo pelito en su ojete, mi lengua entraba y salía en ese agujerito con mucho placer y a ella le gustaba.

Cuando ya estaba bien ensalivado pasamos a follarles el culo, Juan parecía todo un gigoló con su madre, se la follaba muy bien y ella lo agradecía ya que gemía de placer, yo hacía lo mismo con su hermana, me costó un poco de trabajo penetrarle el culo, pero parecía que ya estaba acostumbrada a esos quehaceres. Pero yo tenía que satisfacer por completo mi imaginación, tenía que follarme a Carmen, la cuarentona, y le dije a Juan que si nos cambiábamos los puestos, él aceptó y yo acerté.

Vaya culo que tenía Carmen. Le follaba el culo, luego le sacaba la polla y le chupaba el ojete, luego volvía a metérsela, y así un buen rato, que placer era follarse a esa mujer, no pude aguantar más y me corrí dentro de su culo, puufff, creo que ella también llegó al orgasmo a la vez ya que le estaba dando un buen tratamiento a su clítoris y emitió un gemido que haría correrse al mismo Rocco. Saqué mi polla de su culo y ella me la limpió con una buena mamada, no tardé en volver a empalmarme. A todo esto Juan se corría en la boca de su hermana la cual con sus piernas abiertas se metía dos dedos en su vagina de manera brutal corriéndose como una zorra.

– Ahora vamos a tener sexo tú y yo, que se que lo estás deseando– Me dijo Carmen.

Efectivamente, me estaba leyendo el pensamiento, estaba loco por tener un polvo completo con esa mujer, sin terceras personas, sin sus hijos, sin nadie y así fue, ella me tumbó en uno de los sofás y se sentó a caballo sobre mí, me follaba lentamente, y me tocaba el pecho mientras me decía: – Disfrútame cariño, se que lo estabas deseando, disfrútame. – Y yo la disfrutaba le tocaba sus pechos, sus labios y su pubis. Mis manos de vez en cuando se encargaban de sobar su gran culo y mis dedos se deslizaban fácilmente dentro de su agujerito lleno de mi semen. Era el mejor polvo de mi vida. Mientras en el otro sofá sus dos hijos se sobaban entre ellos mirando la escena.

Cambiamos de postura y esta vez ella quedó debajo, en la postura del misionero y le dije que me iba a correr dentro de ella, a lo cual ella me contestó que adelante, que no había problema. Metí mi cabeza en su cuello y se lo chupé. Ella me dijo que le chupara un dedo y así hice, le chupé un dedo y a continuación ella lo introdujo en mi ojete y exploté, me provocó el orgasmo instantáneamente y fue el más largo y placentero de mi vida.

Quedé extasiado, casi no podía moverme. Ella se levantó y los goterones de mi semen le caían tanto del culo como del coño a lo largo de sus muslos, le sonreí y me sonrió. Juan se estaba acabando una paja sobre su propio pecho y Ana sobaba su clítoris llegando también a un intenso orgasmo. Después de todo ese cúmulo de placeres, olores y sensaciones recogimos un poco la “escena del crimen” y nos aseamos. Tenía que irme ya que habían pasado casi tres horas. Nos vestimos y nos despedimos. Les di un beso en la boca a los tres como era costumbre en la casa y me fui.

Carmen me dijo que no me preocupara que esto sería un secreto, que ella no diría nada si yo hacía lo mismo y así disfrutaríamos todos. Bajando la escalera de la casa iba sonriendo pensando en lo que había pasado mientras me olisqueaba las manos que todavía olían a sexo. Cuando llegué a la calle me percaté que había olvidado los paquetes por los que había venido, pensé en subir a recogerlos, pero decidí volver otro día por ellos, pero eso ya es otra historia.

Si te ha gustado mi historia no dudes en votarme. Hasta la próxima, voy a masturbarme.

Autor: Site Gustó

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Mi esposa y mi cuñada

Carmen se sacó mi verga y se la metió por el culo. Mi mujer metió uno de sus dedos en el coñito que acababa de estar vacío. Me iba a correr. Había llegado al punto sin retorno y me vacié en el culo de mi cuñada, al notarlo la muy cabrona cogió la mano de mi mujer para que se esforzase más en su labor. Mi mujer ya la tenía tres dedos dentro y no paraba de chuparle las tetas.

La verdad que estas cosas suelen empezar poco a poco. Que si un día mi esposa dice que se va por trabajo fuera del país y empiezas a notar como su hermana te mira de forma diferente, que si habla más con ella, que si sale más con nosotros, que si nos vamos a Roma y dormimos los tres en la habitación. Esos detalles que no sabes bien si vas, vienes, o como siempre, nada de nada. Uno de esos días, en la piscina de casa estábamos hablando los tres, ellas sentadas y yo tumbado en las piernas de mi mujer, con las gafas de sol y dejando que el sol y el murmullo del agua acabaran con el estrés de la semana, además habíamos quedado con unos primos de mi mujer, muy buena gente, y quería estar despierto y disfrutar de la noche, me apetecía desconectar del mundo.

En uno de esos momentos abrí los ojos y enfrente de mí me encontré la braguita del bikini de mi cuñada y como de ella salía un buen matojo de pelos. Tuve un doble pensamiento, el primero que como llevaba varios años sin novio, la verdad que no me extrañaba que descuidase su aspecto íntimo y el segundo, ¿me dejaría arreglárselo?, ¿y a mi mujer?, ¿y a los dos juntos?  Mi cabeza empezó a volar y a imaginarse un afeitado de coño con su posterior limpieza,… pero cuando estaba metido en mis pensamientos algo me sobresaltó, era mi pene que se estaba hinchando y luchaba por salir del pantalón. Avergonzado, me tumbé de espaldas y me puse a leer una revista, pero sabía que ese vello estaba ahí al lado, acechando y no podía parar de mirar de reojo. Evidentemente mi pene, se convirtió en polla y no había ya forma de pararla, bueno realmente si había, pero digo allí en la piscina, o sea que me levante de un salto y me zambullí en el agua. La verdad que no sé si ellas se dieron cuenta.

Eran las siete de la tarde cuando nos subimos a arreglarnos para salir a cenar. Todos con nuestros bañadores mojados, el aire acondicionado hizo que los pezones de mi mujer y mi cuñada se alborotasen. No podía dejar de mirarlos. Y mi pene volvía a despertar. Mi mujer se dio cuenta y me dijo que sería conveniente que empezásemos a ducharnos. Eso era lo mejor una ducha fría, una buena paja, cenita, unas copas y dejar de fantasear. Yo me metí en mi ducha, mi mujer en la suya y mientras mi cuñada esperaba fuera hasta que una de ellas quedara vacía.

Yo acabé pronto. Estaba muy caliente y no tardé mucho en correrme. Un enjabonado rápido y ya estaba listo, sin embargo ya sabéis como son las mujeres, que si un pelito por aquí, que si el suavizante, la mascarilla del pelo, el secador,… Eternizante. Yo salí muy pronto, tan rápido que mi cuñada no se lo esperaba. Al entrar al salón me la encontré jugando con su almejita, tenía dos dedos dentro. No sabía que hacer, ¿era esta la oportunidad que siempre había deseado?, ¿qué opinaría mi mujer si nos pilla?, ¿querría mi cuñada? En mitad de estos pensamientos mi cuñada se percató de mi presencia.

– ¿Desde cuándo llevas ahí?, estaba mirando que debería cortarme esos pelos.

Me había pillado, no sabía cómo reaccionar.

– Deberías ducharte se hace tarde. La mía ha quedado libre. Entretente dentro lo que quieras, que nadie te va a molestar.- Está bien. Pero,…te ruego me comprendas, llevo tanto tiempo sin,… me entiendes. – Yo no llevo tanto y me acabo de hacer una paja en la ducha. La piscina me ha levantado los ánimos. – A mí también se me ha despertado algo.

En eso notamos que deja de sonar el secador.

– Vamos Carmen, que se te va a hacer tarde y no te va a dar tiempo a todo. Le dije con un poco de sorna.

Mi cuñada es cinco años mayor que nosotros y yo supongo que estaba curada un poco de espanto. Vi como se metía a ducharse en el baño de mi mujer. Mientras yo me puse a ver un partidito de fútbol en la tele mientras las mujeres acababan. Al poco tiempo me acerqué a la cocina a por una Coca-Cola y al pasar por la puerta del baño, pude escuchar a las dos partiéndose de risa. ¿Se lo estaría contando?, ¿de que estarían hablando?, ¿la habría cargado?,… Bueno, no era tiempo de preocuparse por el futuro cuando todavía no había llegado.

Acabaron de arreglarse, las dos impresionantes, y salimos a cenar. Llegaron sus primos, realmente era su primo y la novia de él. Cenamos muy a gusto y nos fuimos de copas. Mi cuñada no hacía más que beber, se acercaba a mi mujer, cuchicheaban, me miraban y se reían. De vez en cuando mi mujer me hacía señales como si me fuese a dar unos azotes. Yo sonreía, por no salir corriendo. La noche iba pasando hasta que su primo y la novia se retiraron a su casa y nos quedamos los tres. Estaba acojonado. Mi mujer, Bea, me miró y dijo:

– Creo que debemos irnos nosotros también. – Como tú quieras cariño.- Mi hermana está muy mal, hay que llevarla a su casa.- Pero si está a 35 kilómetros de la ciudad. Mira es mejor que duerma contigo en la cama y yo dormiré en el sofá. Nuestra casa tiene dos baños y dos habitaciones, pero en la otra habitación hicimos un despacho, o sea que no había más camas que la nuestra.- Me parece bien, dijo Bea. Lo dijo en un tonillo, que no supe descifrar en ese momento. La verdad es que estaba acojonado.

Llegamos a nuestra casa, Carmen iba un poco borracha y yo sabía que mi mujer la tendría que desnudar. Entré a mi habitación, cogí un pantalón corto del pijama, me cambié en el baño y me tumbé en el sofá para dormirme. Tumbado desde el sofá, te quedas enfrente de la puerta de la habitación principal, y fue allí y no en otro sitio donde mi mujer empezó a desnudar a su hermana. Carmen quedaba de espaldas a mí y yo veía la cara de mi mujer.

Primero la fue desabrochando los botones de la camisa, después el sujetador, quedando la espalda de Carmen desnuda ante mi, Mi corazón empezó a bombear sangre a un ritmo infernal y mi mente sólo podía pensar en las vistas que mi mujer tenía en ese momento. Se me empezó a poner tiesa. Después la desabrochó la falta, dejándola caer al suelo. Estaba flotando, por qué mi mujer me haría sufrir así. ¿Pensaba acaso que su hermana no era mujer ni yo un hombre? Otra vez su voz dispersó mis pensamientos.

– ¿Me vas a ayudar?, ¿o tengo que hacerlo yo sola? – Espera ya voy.

Todavía no sabía a que tenía que ayudarla, a vestirla, a acostarla. Pero me levanté, con la polla bien dura y me acerqué a la espalda de Carmen

– ¿A que te ayudo? – No te hagas el tonto, has dejado a mi hermana a medias esta tarde y ahora tenemos que ayudarla a acabar lo que empezó.- Eso, dijo Carmen, no podéis dejar que me acueste en estas condiciones. Y se echó a reír

No sabía dónde meterme, ¿me estaban vacilando? Mi mujer se acercó a mí y me empezó a dar un beso muy húmedo. Carmen estaba aprisionada por nosotros dos y Bea empezó a meter la mano entre las bragas de su hermana y el culo, rozándome mi polla. Yo cogí a mi mujer por el culo y empecé a bajarle su pantaloncito del pijama.

– Las braguitas de mi hermana son feas, hazla lo que haces con las mías.

Estaba claro lo que quería. Introduje mis manos entre las bragas y su coñito. Las tenía empapadas. Fue muy fácil romperlas por la costura y dejarla sólo los tres elásticos, uno en la cintura y los otros en cada uno de sus piernas. En ese momento empezó a respirar más intensamente. Estaba tan expuesta que no dudé en agacharme y empezar a mordisquearla el culo. Tenía las dos manos en sus caderas y empecé a notar que las estaba moviendo lentamente. Quería que me la follara. Pero después de tanto tiempo esperando algo así tenía que aprovecharlo lo máximo posible. ¿Hasta dónde estaban dispuestas a llegar? Esa era mi pregunta en ese momento y debían de responderle.

Desplacé mis manos hacia mi mujer y la quité las bragas, ella entendiendo mis actos se quitó la camisetita de tirantes del pijama. Sólo quedaba yo vestido con el pantalón corto y mis shorts. Introduje la mano derecha entre las piernas de Carmen y empecé a masajear los labios a mi mujer. Con el antebrazo notaba la humedad del coñito de mi cuñada. Era un roce premeditado pero que no quería que fuese directo. La otra mano agarraba fuertemente el culo de mi cuñada mientras la mordía. Poco a poco empecé a desplazar mis dedos hasta que uno de ellos se paró en la entrada de su ano. Carmen lo notó y dio un respingo.

– Mételo. No te pares ahí.

Me dijo mientras se frotaba contra mi antebrazo. Me chupé el dedo gordo y se lo metí en el culo.

– Tienes otro agujero. ¡Aprovéchalo! – Carmen ¿qué pasa? – Tu marido que es un cabrón y me está metiendo un dedo en el culo. No sabes cómo me gusta.- Pues a mí nunca me ha apetecido pero viendo tu cara lo voy a probar. Metémelo a mi también Carlos.

Iba a ser la primera vez para mi mujer, si quería volver a repetirlo no tenía que hacerle daño. Metí el dedo corazón en el coño de Carmen. Viéndose masturbada empezó a moverse de un lado para otro, yo seguía agachado a su espalda, oliendo sus fluidos y notando que se iba a correr. Empezó a correrse entre unos espasmos que la daban y pude ver cómo salía como una bocanada de jugos de su coño, manchando el suelo, dejándolo pringoso no dejada de jadear.

Saqué mis dedos, arrugados por la humedad, y le introduje uno a mi mujer en el ano. Carmen se apoyó en los hombros de mi mujer quedándose inclinada y ofreciéndome su chorreante coño. Empecé a chupárselo, mientras estrenaba el culo de mi mujer con uno de mis dedos humedecido por su hermana. Prefería no pensar en lo que estaba ocurriendo.

– Túmbate en la cama. Te vas a dislocar el cuello. Además quiero que me mordisquees el clítoris y así no llegas bien. Dijo Carmen

Me tumbé en la cama, comiéndole aquel manjar a mi cuñada que no paraba de humedecerse. Mi mujer se puso enfrente de ella y empezó a restregar sus pechos con los de Carmen. Y yo la introduje un dedo de cada mano en el culo, la notaba muy excitada, por lo que cambié de coño y le di a mi mujer un masaje con la lengua.

Se retorcía cada vez que le hacía círculos alrededor del clítoris. Carmen lo notaba y empezó a chuparle los pezones. Beatriz empezó a masturbar a Carmen por lo que me centré en el coño de mi mujer. Nunca lo había notado así. Iba a cumplir otro de mis deseos y mi mujer lo sabía.

– Cariño, prepárate que este va por ti.

Empezó a contraerse y expandirse sus paredes, saqué la lengua, abrí la boca y empecé a degustar los jugos de mi mujer. Eran impresionantes, saqué la lengua para chupar mi cara. Las dos se pusieron a mirar mi cara de placer.

– Ahora te vas a follar a mi hermana. Necesita una polla. Dijo Bea.

Me quitaron la ropa, me tumbaron boca arriba y Carmen se metió la polla entre suspiros. La muy cabrona seguía empapada. Mi mujer se sentó detrás de ella rozando su pubis contra el culo de su hermana. Si hubiese tenido polla se la hubiera metido, sólo había que verle la cara.

Bea cogió los pechos de su hermana desde abajo, como si los sujetase y empezó a rozar sus pezones con los dedos gordos. Estos estaban bien duros. Carmen para no caerse, se sujetaba en el culo de Beatriz. Mi mujer la dijo algo al oído que yo no pude escuchar. Carmen echó para más hacia atrás uno de sus brazos, al rato mi mujer dio un respingo. Creo que le estaba metiendo el dedo por el coño. El otro brazo lo levantó, agarró a mi mujer por el cuello y empezó a besarla. Sus lenguas se salían de la boca. Carmen empezó a acelerar más el ritmo, y mi mujer también.

Bea estaba estirando uno de los pezones de su hermana. Estaba seguro que se iban a correr cuando Carmen se sacó mi verga, totalmente lubrificada y se la metió por el culo. Mi mujer lo vio y metió uno de sus dedos en el coñito que acababa de estar vacío.

Me iba a correr. No podía aguantar más. Mi cuerpo se estaba tensando. Había llegado al punto sin retorno y me vacié en el culo de mi cuñada, al notarlo la muy cabrona cogió la mano de mi mujer para que se esforzase más en su labor. Mi mujer ya la tenía tres dedos dentro y no paraba de chuparle las tetas. Carmen se corrió otra vez. Mojándome mi ombligo, se saco la poya y empezó a chupármela. Mientras mi mujer empezó a comerse el semen que chorreaba del culo de Carmen.

Me quería morir, jamás en mi vida hubiera imaginado que mi mujer era así de guarra. Me encantaba esta faceta descubierta. Cuando acabó se sentó en la espalda de su hermana, que parecía que quería desgastarme la polla a lametazos.

– Carmen, creo que deberíamos dejarlo ya, echar un pis y dormirnos. – Como quieras.

Carmen dejó de chuparme la polla y se quedó fijamente mirándome a los ojos, con una sonrisilla malévola. De repente empecé a oír un sonido, un fuerte olor se apoderó de la habitación y algo caliente caía sobre mi pene y mis piernas. Miré la espalda de Carmen y estaba llena de orina cayendo por sus costados, resbalando por los pechos y saltando desde los pezones. Sin apartarme la mirada me dijo:

– ¿Y tú? ¿No tienes ganas?

Me cogió de la polla y apuntó a su estómago.

– Méame, humíllame y dejaré que me des por culo cuando quieras.

La verdad, es que no podía aguantarme, entre la bebida de la cena, las copas y el sexo tenía la vejiga a estallar. Vi como salía de mí y como Carmen la movía para que la regase. Mi mujer aplaudía y las sábanas se iban empapando. Yo notaba como caía mi orina sobre de mí tras rebotar en los pechos de Carmen.

– Eso es, sigue así, no dejes nada dentro. Y ahora me toca a mí. Túmbate hermanita que esto te lo dedico por dejarme a tu maridito. Empezó a mamarla mientras intentaba masturbarme de nuevo. Pero si os soy sincero ya era demasiado para mí. Recogimos las sábanas. Pusimos unas limpias en el suelo y nos quedamos dormidos.

Autor: Carlos

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Con mi prima un amigo y yo

Los gritos de placer de Carmen se escuchaban en toda la habitación y eso hacía que mi verga se ponga más dura. Ariel que hasta ese momento había sido solo un observador, no aguantó la visión de la culeada que yo le estaba dando a mi prima, y quiso participar con nosotros. Mientras yo seguía dándole verga a mi prima, él se puso detrás de ella y comenzó a pasar su lengua por su ano.

El relato que quiero compartir con ustedes es quizás un poco diferente a la mayoría, ya que a mis 19 años dependo de una silla de ruedas para movilizarme. Soy un joven algo introvertido y mi madre siempre me ha protegido mucho, tal vez porque desde mi nacimiento me encuentro así.

A medida que pasaban los años se empezaron a despertar en mi los deseos que todo hombre tiene, pero mi única manera de calmar esos deseos era por medio de la masturbación. Deseaba tener la oportunidad de hacerle el amor a alguna chica, pero esto se me dificultaba por razones obvias.

Fue así que el día de mi cumpleaños vinieron muchos amigos y familiares a saludarme, entre los cuales se encontraba mi prima Carmen. Ella tiene la misma edad que yo, y siempre la he notado desinhibida y muy alegre. Durante la fiesta la observé moviéndose de un lado a otro, y mis ojos se situaban indefectiblemente en sus piernas y su trasero. Su cabello lacio enmarcaba un rostro sensual, y sus labios gruesos me hacían divagar con la sola posibilidad de besarlos.

Nunca me hubiese atrevido a proponerle que hiciéramos el amor, hasta que un día le conté mis inquietudes a un desconocido en un chat. No se porqué, pero le tomé confianza y poco a poco dejé que supiera cuanto deseaba poder poseer una mujer. Él me dijo que me ayudaría y para eso le pedí que viniese a mi casa para poder conocernos personalmente.

El día que lo invité a mi casa fue precisamente el día de mi cumpleaños, coincidiendo con la visita de mi prima Carmen. Cuando Ariel, que así es como se llama este conocido del chat llegó a mi casa, mi madre se extraño de su presencia ya que yo nunca había hablado de él. Además de eso era mucho mayor que yo, pero bastó que dijera que era amigo mío para que lo recibieran cordialmente.

Se los presenté a todos incluyendo a mi prima Carmen, y mientras transcurría la reunión vi que Ariel bailaba con ella en el centro de la sala. Él la apretaba mientras bailaban, y vi que le hablaba al oído provocando su risa. En un momento vi que ella asentía con la cabeza a algo que Ariel le había dicho, y mi curiosidad hizo que lo llamara para preguntarle de que se trataba.

Cuando se acercó a mi me dijo que cuando terminara la reunión nos iríamos los tres a su departamento. Quise preguntarle más cosas pero él me dijo que esperara y confiara en él. Mis manos sudaban y sentía que el tiempo no pasaba, deseando que todos se marcharan para irnos de ahí. Cuando se marcharon los invitados, Ariel le dijo a mi madre que iríamos a dar una vuelta en su coche, y que nos demoraríamos un poco. Al parecer esto no le cuadró a mi mamá, pero al verme tan entusiasmado accedió.

En el momento de subir al coche de Ariel, Carmen pasó a la parte trasera y yo fui en el asiento del copiloto. Mi silla la acomodó en la cajuela y partimos raudamente de ahí. Al parecer a Ariel le gustaba vivir al máximo, ya que corría como si el diablo lo siguiera. Mientras íbamos en el coche, Carmen nos pasaba latas de cerveza para que las tomáramos, y mis temores fueron desapareciendo poco a poco.

Esa noche estaba dispuesto a hacer de todo, así que bebí con ellos hasta que llegamos al edificio donde él vivía. Ariel me puso en mi silla y luego de subir en el ascensor llegamos al departamento.

Puso música ni bien entramos y sacó una botella de licor que empezamos a tomar. Carmen quería bailar con Ariel, pero él le dijo que bailara conmigo y la cargó sentándola sobre mí. Ariel movía mi silla de ruedas y Carmen pasó su brazo por mi cuello para no caerse.

El hecho de tenerla sentada así hizo que la verga se me parara al sentir sus nalgas sobre mi, y ella riéndose dijo, parece que mi primito ya ha crecido. Ariel se inclinó hacia ella y la besó en la boca, sin encontrar rechazo de su parte. Agarrale los senos, me ordenó y yo puse mis manos sobre sus pechos masajeándolos.

Ella se dejaba tocar por ambos, y me llamó la atención que cuando Ariel le puso la mano en su coño, ella abrió sus piernas para sentir como la tocaba por ahí. Vamos quítate el vestido le dijo Ariel, y ella se paró de la silla bajándose el cierre del vestido. Se quitó el sujetador y las braguitas, quedando desnuda ante nosotros. Que puta que es mi prima pensé, y los tres nos fuimos a una habitación donde había una gran cama.

Me desnudé como pude, mientras miraba como Ariel le metía mano a Carmen por todos lados. Cuando los tres estuvimos desnudos me pasé de la silla hacía la cama, quedando boca arriba. Ella al ver mi verga parada se inclinó para chupármela. Sus labios gruesos la recorrían, mientras Ariel se ponía detrás de ella y se la metía por la concha. Nunca pensé que mi primera relación sexual sería un trío, pero estaba dispuesto a todo esa noche.

Ella me miró a la cara y me dijo que no pensaba que se me podía parar, y le respondí que se sentara en ella para que lo compruebe. Subió a la cama y mirándome de frente se sentó sobre mi verga, cabalgando para sentir todo su grosor. Con mis manos agarraba sus senos y cuando ella se inclinaba hacia mí, los succionaba mordiendo con mis labios sus pezones.

Los gritos de placer de Carmen se escuchaban en toda la habitación y eso hacía que mi verga se ponga más dura. Ariel que hasta ese momento había sido solo un observador, no aguantó la visión de la culeada que yo le estaba dando a mi prima, y quiso participar con nosotros. Mientras yo seguía dándole verga a mi prima, él se puso detrás de ella y comenzó a pasar su lengua por su ano.

Los chillidos que emitía mi prima, delataban el placer que sentía y yo sentía los flujos que emanaban de su concha por los orgasmos que tenía. Luego ella se volteó hacia Ariel, y le dijo que se la clavara de una buena vez. Él no se hizo de rogar y enfiló su verga hacía el ano de mi prima. Ella apretaba sus dientes mientras la verga de mi amigo se introducía en su recto. En un momento ella se encontró ensartada por ambas vergas y se movía como una perra, disfrutando de la enculada. Después de un momento eyaculamos dentro de ella, y me sentí en la gloria al momento que derramaba mi semen en la concha de mi prima.

A pesar que me había corrido de una manera espectacular, tenía ganas de hacerlo otra vez, y Ariel se echó a un costado diciéndole a Carmen que me hiciera gozar nuevamente. Ella parecía incansable y me la empezó a chupar, lamiendo la cabeza de mi verga para limpiarme la leche que aun salía. Le dije que quería metérsela por el ano, y ella se puso en cuclillas sobre mi y agarrándome la verga se sentó sobre ella.

Esta vez se había sentado pero dándome la espalda, y yo la ayudaba a subir y bajar agarrando sus deliciosas nalgas. A pesar de que Ariel había dicho que él no iba a participar esta vez, se puso de pie en la cama delante de mi prima y le mostró su verga parada. Ella al verla la agarró y se la metió a la boca. Su ano apretado y la situación tan morbosa del momento hizo que me corriera en ese momento, llenando su culito con mi leche.

Luego de mi corrida me puse a observar como se la chupaban a mi amigo y podía ver como la puta de mi prima se la mamaba, hasta que él eyaculó en su cara. Ella limpió su verga, lamiendo hasta la última gota.

Esa noche en que dejé de ser virgen fue memorable para mi, y de ahí en adelante salíamos los tres a todas partes. Casi siempre terminábamos en el departamento de Ariel, culeándonos entre los dos a Carmen, ya que la habíamos convertido en nuestra puta particular.

Espero que les haya gustado.

Autor:jrosas

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Carmen, mi morena

Empujaba con su cuerpo para que mi garrote le entrara más, estaba loquísima de placer y perdidamente orgasmada, con mi espada muy adentro y desgarrando placenteramente cada parte de su ser, después echamos tres polvos más intercambiando de posiciones, manejaba yo, manejaba ella, y así hasta que dejamos la cama tan mojada como si acabaran de lavar las sábanas.

Realmente había tenido una mala racha como de seis meses sin tener alguna angustia y relajo (sexo) con ninguna mujer, aunque estaba hambriento de sexo, no me animaba a buscar prostitutas aun cuando mis amigos insistieran mucho. Prefería mujeres que fueran molionas decentes o que cogieran con menos frecuencia y se cuidaran, esto por precaución al Sida o las Ets. Yo tenía 23 años en ese entonces.

Era el jueves de Semana Santa, había estado tomando unos tragos allá por la zona de las mercedes, al extremo de Managua. Cuando ya me comenzaba a poner más o menos cara de caballo con mis tragos adentro, iba directo a mi casa, tal vez a hacerme una paja y luego dormir cuando en eso me encontré a Héctor que estaba bebiendo en la casa de unos amigos, me hizo una seña y me llamó junto con otro amigo, Francisco. Héctor estaba con unos amigos y unas mujeres, él me dijo que después de terminar de beber, nos iríamos a darles gasolina a esas mujeres a una casa que tenía allí por la tiendona, la culona o no recuerdo dónde puta, solo que era por ciudad jardín.

Cuando terminamos de beber, todos ya estaban amarrados, cada uno ya tenía su mujer para pasar la noche comiendo, solo yo y Francisco estábamos solos, pero había una morenita bonita de ojos lindísimos aunque no de muy buen cuerpo, pero la personalidad de ella era lo que bastaba para ponerme a relinchar mi caballo. Además ya había notado que ella quería armar la pelea conmigo. Ella estaba acompañada de un tipo que yo conocía y supuestamente ese la iba a matar esa noche.

El novio era simpático y algo atractivo, pero ella quería el mate conmigo. Yo soy un tipo simpático, algo serio, atractivo y que cuando las mujeres me conocen bien les resulto interesante, aunque por muchas preocupaciones por mi carrera: computación, no había querido buscar una novia en ese tiempo.

Héctor, el hijueputa, ya había ido a buscar a una ex-cuñada de él para que moliera conmigo y con Francisco. Supuestamente los dos la íbamos a culear esa noche. Cuando ella llegó al lugar donde armaríamos el destace, me vio y me sonrió lujuriosamente, pues me conocía y parece que desde hace tiempo estaba deseando que le pasara la cuenta. Esto no era ni llevaba el camino de ser una orgía, sino que iba a ser un polvo en común, es decir, cada quien con su mujer en la misma casa. Nada más.

Cuando ya se estaba arreglando el quien con culearía con quien. Carmen la morena, había dejado solo a su acompañante y se fue a bañar, como el baño y el sanitario no tienen separaciones yo la seguí para orinar, en verdad tenía que orinar. Le pedí permiso y ella se salió del baño aunque me estaba viendo orinar mientras yo estaba de espaldas, no había puertas. Cosa que me dio mucho morbo y ganas de culearla. Ella se quedó en toallas. Luego yo salí previendo que ella quería que le alborotara las hormonas. Y tenía que sabérmela llevar, para poder llevármela en el saco.

Cuando terminó de bañarse, se fue a un cuarto en donde luego Héctor me llamó y nos dejó solos, comenzamos a conversar, ella dijo que ya me había visto antes y todas esas cosas… y después de algunas pláticas calientes de repente nos comenzamos a besar. Yo le dije que sentía calor (Managua es bien caliente) y me quité la camisa, luego volvimos a besarnos lujuriosamente. Comencé a tocarle las tetas y a desvestirla hasta que quedó solo en calzón, en realidad me parecía una mujer con una personalidad linda, no solo porque estaba casi desnuda. Se los había dicho antes.

Continuando con la cuestión, comencé a tocarle la vagina, encima del calzón y estaba tan mojada que bien pudo haber hecho una donación de líquido para remediar el problema del agua que había en algunas zonas de Nicaragua. En la hora del alboroto sexual, le pedí que hiciéramos el amor y ella dijo que sí pero que no le dijera a mis amigos, yo accedí porque sabía que podía llevar a cabo esa promesa además siempre he sabido guardar en secreto cuando así me lo piden mis mujeres.

Comencé a besar todo su cuerpo, hasta llegar a su vagina la cual emanaba ese perfume delicioso de hembra con ganas de perro, y ese perro era yo. Quien le iba a sacudir el útero, estaba decidido a desflorarle el vientre y a darle bien duro esa noche.

Comencé a lamerle la vagina y ella estaba gimiendo de placer como esos niños que gritan de alegría cuando les llevas el juguete que tanto estaban deseando. Carmen estaba super-templada pues tenía su rico clítoris bien hinchado. Yo se lo seguía mamando, cuando del chunche salió el chorro de su manantial… se fue. Me mojó parte de la barbilla y el pecho. Yo también me estaba viniendo y rápido le puse mi pene en su boca y ella se tragó todo el semen que pudo, dijo que estaba delicioso, que se sentía como un colibrí bebiendo la miel de una flor.

Ella estaba orgasmada y todavía quería más; y como yo soy bueno partiendo el queso, no la iba a decepcionar, en seguida y luego de jugar mis dedos con todos sus labios, mi bate ya estaba listo para el siguiente jonrón. Despues de jugar con sus piernas, sus biberones, su vagina y amasar su culo. Mi verga ya cantaba: ¡Ready!

Así que la puse como aparecen los pollos Tip-Top o Maggie, con las piernitas para arriba y la comencé a cabalgar, Carmen estaba fuera de sí y gemía y pedía más. Se la metía lo más profundo que podía y con todas las fuerzas que pude, hasta que alcanzó tres orgasmos seguidos. Mi verga mide un poquito más de las seis pulgadas, pero ese día y con la templazón creo que llegó un poco más allá de las 7 pulgadas. Después que ella se vino la última vez y me vine con ella, seguimos conversando y acariciándonos. Hasta que nuevamente estaba yo templado, era un toro moviendo las patas para embestir y ensartar mi cacho, era un toro muco, con un solo cacho.

Sin embargo eso le impresionó a ella, mi disponibilidad sexual pues podia darle cuanto sexo quisiera y comenzamos a coger de nuevo y casi sin descansar, solo que esta vez la puse en cuatro patas y se la metí así como los perritos, ella lo disfrutaba mucho porque eso era nuevo para ella y sentía que se mareaba de la culeada que le estaba dando, después decidí darle por el culo, aunque ella no quería, confiaba en mí y en que le iba a dar tanto placer como en los orgasmos anteriores.

Así fue la lubriqué con la mezcla de mi semen y de sus jugos, le acaricié al anito con mis dedos hasta que éste quedó relajado y listo para recibir mi castigo, y al fin le di por el culo, al comienzo ella estaba incómoda y le dolía, luego lo comenzó a disfrutar, a gritar y a sentir mucho más placer que en los polvos anteriores.

Empujaba con su cuerpo para que mi garrote le entrara más, estaba loquísima de placer y perdidamente orgasmada, extasiada, en fin perdida en mis brazos con mi espada muy adentro y desgarrando placenteramente cada parte de su ser, después echamos tres polvos más intercambiando de posiciones, manejaba yo, manejaba ella, y así hasta que dejamos la cama tan mojada como si acabaran de lavar las sábanas.

Después que terminamos nos acariciamos y nos aseamos, cuando salimos de la casa me preguntaron qué onda y les dije -que nada, que no quiso conmigo, aunque nos notaron cansados, y con una cara de bien culeados. Así que no nos creyeron. Ella me dijo que ya se había masturbado varias veces por mí. Ya sabía mi nombre, donde vivía, qué estudiaba, conocía a algunas exnovias mías, etc.

El compañero de Carmen, pasó como tres meses que no me habló hasta que conoció otra novia. Héctor a como sospechaba yo, se siguió tirando a su cuñada. Era él el matador de esa mujer. Es maldito el hijueputa con el hermano, ¿no? Le anda jugando la comida. Pero en fin ese no es mi problema.

Después de eso ella iba muy seguido a mi casa para que le diera su infalible e indispensable dosis de garrote casi todos los días hasta que terminamos por un mal entendido. En realidad ella sabía que le hacía un buen trabajo. Me llegó a llamar “mi toro” porque conocía mi capacidad sexual y sabía que siempre tenía verga para complacer sus deseos y le daba buenos polvos.

Nota: Carmen si lees esto podes llamarme para recordar los viejos tiempos.

Saludos a los nicas: mis compatriotas… los meros-meros de Centroamérica.

Autor: Imperio11

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Mi suegra me quitó las ganas

Le saqué el calzón y ella dirigió su boca a mi paquete succionando desde la cabeza hasta la base, estaba a punto de estallar, al sospechar esto saltó de golpe y me cabalgó con movimientos maestros, me hizo estallar, mi semen llenó aquella vagina caliente, siguió cabalgándome y sentí un orgasmo supremo como si nunca lo hubiese tenido, con un gemido fuerte acabó.

Amigos, siempre leo las historias de esta página, me costo decidirme hasta que la pensé harto y me decidí a contar la historia que me ha cambiado la vida. Soy un hombre de 30 años, casado con dos hijos. Vivo en Chile, en Valparaíso.

Fue en el año 1998 la primera vez, mi suegra una mujer de 44 años bien sufridos, de físico bien cuidado, pelo corto y unas caderas que enloquecen a cualquiera, mi mujer estaba embarazada de mi segundo niño, yo que trabajaba fuera de la cuidad había tenido unos meses de abstinencia que me tenían con el camión cargado, a punto de reventar, es más, cuando podía me hacía unas pajas que me dejaban con más ganas de estar con una mujer.

Cuando mi mujer estaba a punto de dar a luz, me llamaron a mi trabajo, casi en la madrugada, era mi suegra que con voz, temblorosa me decía que mi mujer había tenido complicaciones antes del parto, pido permiso en mi trabajo y partí hacia Valparaíso, después de 14 horas de viaje en un bus, que me dejó más que dolido, llegué y fui directamente al hospital, ahí estaba mi mujer Carmen, esperando que la revisaran los médicos, ya que había sufrido una taquicardia, que casi termina en un paro cardíaco, pero ya estaba bien, solo esperando que la revisaran para dar a luz, estuve con ella la acompañé y a eso cuando terminan las visitas nos fuimos con mi suegra.

Salimos del hospital después de un cigarro, por el camino nos dirigimos a tomar el bus que nos llevaría hasta la casa de mis suegros, en el bus mi suegra me daba las gracias por haber llegado a ver lo que le sucedía a su hija, Yo le dije que era mi obligación nos fuimos conversando en el trayecto.

Yo como soy bueno para cambiar los temas de conversación, empiezo la conversación un poco más subida de tono. Le dije, -¿Imagínese señora, que hace como tres meses que no estoy con una mujer? Y ella me dice: -Parece que estás ansioso hijo, -No se lo imagina señora, le respondí.

Tras una breve sonrisa, me sigue preguntando, -¿Parece que andas a puras pajas?  -Nunca tanto, le dije. Y viendo que la conversación estaba más subida de tono, me decidí a preguntar.

Mi suegra se llama Carla, viene de una familia muy recatada, súper enchapada a la antigua, mi suegro un súper mecánico, era muy frío con su familia, amigo de sus amigos, amigo del trago y no atendía como se merecía a mi suegra. Le pregunté: – ¿Y mi suegro como la atiende a usted señora?, a lo que ella me responde con voz baja como si no la escuchara, -Hace años que no me atiende como corresponde, -O sea, yo le dije, andamos más o menos igual. A lo que ella sonrió y me dijo, si…

Terminó nuestro recorrido, nos bajamos y nos dirigimos a la casa de mis suegros, entramos y estaba mi suegro tomando un trago con unos amigos, luego de saludar a mi hijo mayor mi suegro nos invitó a tomarnos unos tragos, entre el cansancio que tenía, no lo rechacé y nos tomamos unos tragos, mi suegra después de hacer sus cosas, nos acompañó, al cabo de unas horas, los amigos de mi suegro se fueron y nos quedamos solamente los tres…

Mi suegro que ya tenía más tragos en el cuerpo se fue a dormir, mi suegra lo acompañó y luego de un rato volvió, nos tomamos el último trago y unos cigarros, sentí una mirada más profunda de Carla, a lo que yo todavía no me entraban los bajos instintos, proseguí con la conversación que teníamos en el bus, a lo que mi suegra se sonrojó y le dije: -¿No ha pensado en buscar a alguien que la atienda como se merece? A lo que ella respondió: – ¿Quién va a querer estar con una vieja como yo?, yo le respondí: -Pero si usted no está para nada mal. -Tú lo dices porque eres mi yerno, -No le dije, lo digo como hombre, y además si no fuera mi suegra yo me la jugaría con Ud. Me miró con otros ojos, le dije: -¿Podría quedar en familia? A lo que ella sonrió, cruzó las piernas y pude ver su calzón blanco, tuve una tremenda erección, entre risas y el trago le dije que lo pensara, me despedí y me dirigí a mi casa, y me hice una paja pensando en mi suegra.

Al otro día temprano me fui a casa de mi suegra noté algo raro, estaba más cariñosa conmigo, andaba con una falda corta, y una blusa que dejada ver el sostén, no me podía contener y le pregunté entre risas, -¿Y lo pensó?, me dijo, -Estás loco hijo… sin insistir, almorzamos, y como en casa de mis suegros no tenían teléfono, nos dirigimos a mi casa, para preguntar el horario de visitas de mi señora en el hospital.

Llegamos a eso de las 4 de la tarde, mi hijo se quedó con mi cuñada, llamé por teléfono y me dijeron que las visitas eran hasta las 8 de la tarde, entre volver y partir directamente al hospital, quedarme en la casa me quedé, me recosté sobre mi cama, ella también viendo un poco de televisión, a lo que yo volví a la carga y le pregunté de nuevo, -¿Y lo pensó?

Me volvió a repetir estás loco, me acerqué suavemente, – Pero suegrita no se imagina las ganas que tengo, y como le vuelvo a decir quedaría todo en familia, se sonrió… me acerqué más y le di un beso en la mejilla, no hizo nada, y fui más lejos, le acaricié las piernas y dirigí mi boca a sus labios, ella temblorosamente me lo respondió y empezamos a acariciarnos, lentamente.

Ella sintió el bulto entre mis piernas, lo cual no es para nada pequeño, y una erección se nota harto, me lo acarició por encima de mi pantalón, a lo que yo ya tenía mis manos en su conchita mojada, corriendo el calzón, introduje uno de mis dedos en su concha, mojada y el olor que emanaba era fantástico, con la otra mano apretaba uno de sus pezones, erectos por la situación, gemía en mi oreja sin decir nada, me sacó el cinturón y vio mi paquete…

Muy grande fue la impresión ya que por lo que me dijo el de mi suegro era más pequeño… le saqué el calzón para tener mejor acceso a su conchita, ella dirigió su boca a mi paquete succionando desde la cabeza hasta la base, estaba a punto de estallar, al sospechar esto saltó de golpe y me cabalgó con movimientos maestros, me hizo estallar, mi semen llenó aquella vagina caliente, siguió cabalgándome y sentí un orgasmo supremo como si nunca lo hubiese tenido, con un gemido fuerte acabó, me besó y sus ojos ya no eran los mismos, traté de que no me importara, a lo que ella me dijo, -¿Te quité las ganas? Yo le dije, -Parece que ambos estábamos iguales.

Nos recuperamos y nos fuimos al hospital, después de ver a mi señora, nos fuimos, en el bus me volví a insinuar, me dio un beso en los labios y me agarró el paquete, calentándonos hasta llegar a mi casa, al entrar nos desnudamos por completo y pude observar con detenimiento su cuerpo, un poco gastado por los años, caderas prominentes, senos grandes y bellísimos, al desnudarme se quedó mirándome el paquete, se arrodilló e introdujo completamente en su boca, con movimientos de maestra, lo succionaba y succionaba, me parecía maravilloso, la corro y la estiro en la cama sobre su espalda, separándole las piernas y comienzo a comerme esa concha rosadita, su olor era diferente, trataba de lamer, lo mejor que podía cuando sentí su orgasmo, me llenaba la boca, una y otra vez, me dijo:

-Dámelo-te quiero sentir dentro de mí.

Le levanté las caderas e introduje mi verga al máximo, sentí un gemido, profundo con sus ojos cerrados, le di una y otra vez, en diferentes posiciones, se relajó al máximo, al acabar, después de un cigarrillo, desnudos, me dijo que sería nuestro secreto, que no lo volveríamos a repetir, pero no fue así…

Cada vez que estábamos solo nos dábamos, pero eso se los cuento en otro relato…

Chao no más…

Autor: samyto_2028

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Compañeros de piso

Cada vez que le comía la polla a un tío y me tragaba todo lo que echaba, me daban algo de comer, por lo que estuve bien servida. Después de haberme comido todas las pollas, alguna más de una vez, y los dos coños, nos fuimos al salón donde nos sentamos, yo encima de algún tío que me la metía por el coño y me follaba de espaldas a mí, mientras el resto hablaba de asuntos personales y de trabajo.

Hola, mi nombre es Mar, tengo 32 años y tengo buen busto, no en vano estuve trabajando durante la veintena de go-go e incluso de stripper. Pero nunca llegué a hacer y ni siquiera pensar en lo que llevo haciendo desde hace más o menos un año.

El caso es que una antigua compañera del colegio, que es amiga íntima amiga mía, me consiguió trabajo en su empresa. El único problema es que debía mudarme a la ciudad donde ella vivía o a alguna de los alrededores, pues no estaba comunicado mi lugar de residencia con la empresa con transporte público, y como no tenía coche pues hablé con mi amiga y me alquiló una habitación en el piso donde vivía con su marido.

Clara, mi amiga, también trabajó conmigo de go-go, aunque no llegó a lo de stripper. Lo digo para que os hagáis una idea del cuerpo que tenía ella, aunque tenía menos pecho que yo también era bastante voluptuoso. Su marido, Alex, trabajaba de fotógrafo en un negocio particular que tenían en su familia, tenía 30 años y estaba para mojar pan.

El caso es que todo marchaba bien, pero mis compañeros de piso salían todos los viernes y no volvían hasta el sábado al mediodía. Me decían que iba a fiestas, y que si quería podía ir. Pero no me animaba, así que me quedaba en casa, o salía con alguna de las nuevas amistades que hice allí. Pero un día me aburría y me entró la curiosidad, así que me decidí a entrar en cuarto del matrimonio para fisgar. Primero me fui al sifonier que tenían para guardar la ropa. De ahí lo único que conseguí averiguar era poca cosa, pues ya había visto casi toda la ropa que allí guardaban. Lo único que me sorprendió fue la escasez de ropa íntima de Clara, ya que sólo encontré dos tangas minúsculos y una braga, y tan sólo un sostén. Luego me dirigí al armario. Allí había más de lo mismo. Posteriormente presté atención a un arcón en el que no me había fijado antes.

Tenía un candado puesto así que me desilusioné un poco, pero me puse a buscar en los cajones de toda la casa, y al final se me ocurrió recurrir a lo de la horquilla, aunque no tenía ya muchas esperanzas. Pero parecía ser que el candado era como simbólico, porque apenas se resistió. Simplemente, al meter la horquilla noté como un resorte, que al ejercer un poco de presión cedió y pude fisgar en el interior del arcón. Allí sí que encontré una verdadera sorpresa. Lo que contenía el arcón era bastante material fotográfico, vídeos y varias prendas de cuero, minifaldas y tops bastante minúsculos, además de una máscara de cuero y una fusta. También había varios consoladores con diferentes tamaños y anatomías, incluyendo uno que era bastante exagerado. Estuve ojeando varios paquetes de fotos, en los que aparecían Clara y Alex, aunque casi nunca coincidían en la misma foto.

En las fotos en las que estaba Clara, aparecía penetrada por hombres (que no eran Alex), e incluso mujeres con penes postizos. No sólo salía con uno sólo sino con varios a la vez.

En las que era Alex el que salía, la temática era la misma, pero con mujeres que no conocía. Ver esas escenas en las que Clara era penetrada por dos hombres a la vez, sodomizada por el culo, con la cara y el cuerpo manchado de semen, ver cómo le colgaban grumos de esperma por la barbilla, y en otras ver a Alex, ese tremendo pollón, que desconocía, y que me encantaría poseer me puso a cien. El ver todo eso me hizo pensar en que era yo la que estaba en esas fotos, no pude resistirlo más y empecé a tocarme en el chocho, hundiéndome varios dedos. Me decidí a coger un par de vídeos de los que allí se encontraban junto con uno de los consoladores y me fui a la salita de estar. Allí puse el vídeo y me desnudé. En el vídeo aparecían presentándose dos chicas, entre ellas Clara, y cuatro hombres, entre ellos Alex. Se iban turnando la cámara para la presentación. Luego giraron la cámara y apareció un sofá. Uno de los chicos se sentó y junto a él las dos chicas. Se empezaron a besar entre los tres a la vez que las chicas le sobaban el paquete.

Luego una de ellas se agachó, le bajó la cremallera del pantalón, no llevaba calzones, por lo que la polla apareció sin obstrucciones. La cogió con una mano, mientras que con la otra masajeaba los huevos, y de un bocado se lo metió en la boca. Se la chupaba frenéticamente, y dejaba colgando una mezcla de saliva con líquido preseminal cada vez que se la sacaba de la boca. Luego Clara (la otra chica), s el chico de antes le había apartado la tanga. La otra chica esperó a que uno de los chicos se sentara, para ensartarse su polla de un golpe por su rajita. Luego, Alex se agachó y empezó a lamer su ano mientras era penetrada por el chocho. A Clara mientras tanto la estaban sodomizando por el culo de una forma brutal.

Ver como chocaban los huevos del tío contra su raja, esa penetración me produjo un grado de excitación que casi me desaparece el consolador en mi interior alcanzando el clímax. Seguí viendo la película, pero ahora quería experimentar lo mismo así que me introduje el consolador por mi ano y pensaba que era Alex el que lo estaba haciendo, como hacía con la chica, a la que también la penetraban desde abajo por el conejo. Así estuvieron un rato, luego se vio como se empezaban a terminar los chicos en el interior de ellas para que luego las hicieran limpiarles el miembro manchado de esperma. Luego se colocaron en la misma posición en la que estaba Clara, y volvió a aparecer el chico del principio, volviéndose a ir el resto. El hombre se afanaba en encular a base de bien a las dos chicas. Primero a una, luego a la otra. Hasta que se volvió a correr de la misma forma que la otra vez. El vídeo terminó con una escena en la que las dos chicas se besaban compartiendo el esperma recibido anteriormente.

A partir de ese día me dedicaba a vestirme con la ropa del arcón, a ver los vídeos y a masturbarme con los consoladores mientras veía las fotos y vídeos. Incluso me llevaba algunas fotos a mi habitación para pajearme por las noches.

Parecía que no se daban cuenta, o al menos eso pensaba yo. Pero un día me hicieron creer que se iban, como de costumbre, pero a la media hora volvieron, con dos chicas más, pillándome en plena faena. Después de los típicos comentarios de que guarra era, y que me iban a dar un escarmiento se me acercaron Clara y las otras dos chicas (Eva y Marta, según supe después) y empezaron sobarme (estaba desnuda viendo uno de los vídeos), y me besaban, a lo que yo no sólo no me resistía, sino que pedía más, pues estaba cachondísima. Luego Marta me besaba, mientras Eva me mordía los pezones y Clara me comía el coño a la vez que introducía varios dedos por esa cavidad. A todo esto, no me percaté de que Alex se fue a por la cámara y nos estaba grabando. Pero cuando lo descubrí, me dio igual, quería participar en esas orgías. Posteriormente, Me tocó a mí comer el coño y ano de Eva, mientras ésta se lo comía a Marta, que a su vez se lo comía a Clara, que me lo comía a mí.

Era una escena, con las cuatro formando un cuadrado impresionante del que Alex no perdió detalle filmando primeros planos. Después decidieron que me iban a dar mi escarmiento. Me hicieron poner a cuatro patas en el piso, y trajeron varios consoladores, entre ellos el descomunal. Empezaron metiéndome uno por el coño y luego otro por el culo. Mientras Alex se había desnudado y era partícipe de la fiesta en la que yo le comía la polla, lo cual hice con ganas pues me moría por saborearla desde que la vi por primera vez en las fotos. A la vez me masturbaban el clítoris, no veía quien era pero me iba a hacer polvo de esa forma, pero no podía resistirme a las gozadas de las que era producto por los consoladores y la polla de Alex. Luego, me intentaron meter los dos consoladores por el coño, y al principio costó un poco, aunque no me dolió, y luego fue todo como la seda debido a mi excitación. Alex de pronto sin avisarme se corrió en la boca, lo que me produjo arcadas, y que se me resbalara por la boca, a lo que me ordenaron, con un azote en culo que lo recogiera y me lo comiera, y dándome otro me indicaron que más valía que no lo repitiera. Me ordenaron, no obstante, a seguir chupándosela a Alex, que tardó un poco en recuperarse, pero que lo hizo al fin y al cabo, y en ese tiempo habían pasado a meterme el consolador de tamaño descomunal por el coño, y no ofreció ninguna resistencia me orificio vaginal.

Perdí la cuenta de la cantidad de orgasmos que tuve, y no hacía más que moverme como una perra en celo. Me pegaban azotes sin motivo alguno ya, de hecho me dejaron el culo que no pude sentarme sin dolor dos días, por eso y por lo que viene a continuación. Eso es que me metieron dos consoladores por el culo, yo me moría de dolor, pero la polla de Alex, que me llenaba la boca me impedía gritar. Con el paso del tiempo me fui haciendo a la penetración y empecé a disfrutar. Luego noté como era el super consolador el que me rompía el culo, e intenté agacharme para hacer más fácil la labor. Al principio no entraba, pero al ejercer un poco de presión consiguió reventarme el ano. Así estuvimos un rato, yo tragando la polla de Alex, y Marta y Clara rompiéndome el culo mientras Eva lo grababa todo. Después nos dedicamos todas a satisfacer a Alex. Le lamíamos el ano, le chupábamos los huevos, otra la besaba, y la cuarta grababa.

Luego, me pusieron en el suelo y Alex me penetró el ano, lo cual no fue nada difícil después de la soberbia dilatación a la que había sido sometido. Luego se marcharon y me quedé en casa sola. M Al día siguiente me despertó Clara, y me hizo salir en camisón a la cocina donde ya me estaba esperando Alex. Me obligaron a quedarme desnuda delante de ellos, luego Clara fue a mi habitación mientras Alex me explicaba mi nuevo rol en la casa. A partir de ese día iría desnuda por la casa, a no ser que ellos expresamente me dijeran lo contrario, incluso si había visita. Cuando saliera de casa, para ir al trabajo o cualquier cosa, siempre sin ropa interior y con faldas o vestidos que quedaran justamente por debajo del culo. Y los fines de semana les acompañaría a sus fiestas-orgías.

Durante la semana siguiente fui al trabajo como me habían ordenado, sin ropa interior y con vestidos y faldas cortos. Además como estábamos entrando en el calor del verano, no llevaba medias, y junto con mis voluminosos senos que se contoneaban exageradamente al andar ofrecían un espectáculo impresionante. Pronto empezó a correrse la voz de que iba como realmente iba al trabajo, y decidieron despedirme antes de que terminara la semana, pues el jefe me dijo que si no guardaba un poco más de pudor no le quedaría más remedio que hacerlo y como me negué lo hizo. Alex y Clara me dijeron que no me preocupara, que ellos me mantendrían si seguía con ellos y hacía lo que me dijeran. Así que no me preocupé, y me quedé con ellos.

Al llegar el fin de semana más o menos sabía lo que me esperaba, pero no tanto. Nos fuimos a una parcela en la sierra, y naturalmente iba vestida como debía. Al llegar nos esperaba el matrimonio propietario de la casa. Eran bastante jóvenes. Luego al entrar vimos que sólo había hombres, no sé cuantos exactamente, unos once o doce. Me giré hacia Clara, y me dijo que la siguiera que me iba a presentar. Cada vez que me presentaba a uno, éste me daba un beso metiendo su lengua hasta el fondo de mi garganta, y magreándome el culo de forma que cada vez tenía el vestido más subido, de hecho terminó por encima de la cintura dejando toda mi intimidad al descubierto. Luego, después de haberme colocado el vestido de nuevo y de haber saboreado las bocas de todos, incluida la pareja propietaria de la casa, pusieron un poco de música, lenta, para bailar antes de irnos a cenar.

Naturalmente bailé con todos, incluyendo a Clara y a Carmen (la dueña de la casa), y aprovechando la ocasión aprovechaban para magrearme un poco más, e incluso ir más allá, pues más de uno me introdujo sus dedos por mi raja y mi culo y algunos otros me sacaron los pechos chupando mis pezones con descaro. Hasta hubo un momento en el que estaba bailando con dos hombres a la vez, uno delante y otro detrás, y sentía sus pollas contra mi vientre y mi culo. Cada vez estaba más cachonda. Cuando nos fuimos a cenar, observé que faltaba un plato para uno de nosotros, pero pronto descubrí que era el mío, pues antes de cenar debía tomar el aperitivo. Éste consistía en que mientras el resto de la gente cenaba, yo debía ganármelo haciendo mamadas por debajo de la mesa, para lo que todos se desnudaron de cintura para abajo. Cada vez que le comía la polla a un tío, y me tragaba todo lo que echaba (todo lo que podía, domo podréis entender se me resbalaba bastante por la boca), me daban algo de comer, por lo que estuve bien servida. Después de haberme comido todas las pollas, alguna más de una vez, y los dos coños, mientras ellos cenaban, nos fuimos al salón donde nos sentamos todos, bueno, claro yo encima de algún tío que me la metía por el coño y me follaba de espaldas a mí, mientras el resto hablaba de asuntos personales y de trabajo.

Después de varios trotes encima de no todos los hombres y de haber recibido el esperma de alguno de ellos en mi interior, me hicieron poner a cuatro patas sobre el piso, y de vez en cuando se acercaba alguno para metérmela desde atrás, por el culo o por la raja, y otro o varios me acercaban sus pollas para que me las comiera. Así estuvimos un rato bastante largo, hasta que se aseguraron de haberse corrido todos en mi. Yo chorreaba semen desde todos y cada uno de mis agujeros. Clara se me acercó e indicándome que lo recogiera filmó un primer plano de la escena (las dos chicas se dedicaban a grabar la velada).

Luego uno de los hombres se tumbó en el piso, me senté encima clavándome su verga por el culo, mientras otro se puso encima de mí y me perforó por delante. Otro llegó de pie y me empezó a follar la boca hasta que se corrió en mi cara. Cuando hubieron terminado los dos que me follaban, les sustituyeron otros dos, pero ahora estaba sentada a horcajadas y me la metía por mi coño a la que me perforaban el ano por detrás. Luego esos mismos me las metieron los dos por el culo. Los movimientos no eran muy fluidos debido a lo difícil de la postura, pero sentí cada penetración en mis entrañas. Cuando se corrieron, me senté en el piso y se empezaron a correr sobre mi algunos de los que no me habían follado mucho. Después salimos al porche donde en la misma posición, yo entre mis tetas recibí todo el resto de su semen.

Al llegar a casa, tampoco me dejaron limpiarme y además Alex me folló otra vez más dejando su esperma en mi vientre. Nos fuimos a dormir, no sin que antes me dijeran que me esperaban cosas aún mejores.

Autora: hangdog

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Fabuloso intercambio

Julieta se arrodilló y comenzó a comerle el chocho a mi mujer, no podía creer el sueño que estaba viviendo. Me recuesto sobre la cama y comienzan a mamármela las dos al mismo tiempo, era una locura. En eso Julieta se para detrás de Carmen y la saboreaba toda: la espalda, el culo, la concha, le acariciaba las piernas, se retorcía mientras en cuatro patas me daba la mamada mi vida.

Mi nombre es Gastón, tengo 38 años, con mi esposa Carmen, una morocha que se mantiene muy bien a sus 35, teníamos la fantasía de hacerlo con otra mujer, pero nunca nos animamos a avanzar más y concretar algún encuentro. Cada vez que yo le proponía hacerlo realidad ella reparaba que le daría vergüenza y que no se animaba a tanto.

Un día fuimos a una disco, cuando son sentamos a tomar unos tragos en el reservado vimos que había una pareja que se estaba morreando de lo lindo, era notorio como él metía las manos debajo de la blusa y la masajeaba las tetas mientras ella perdía sus manos en la bragueta de él, yo estaba viendo el espectáculo que daban sin decir palabra, cuando noto que Carmen estaba tan concentrada como yo, de inmediato llevo una mano bajo su falda y noto lo húmeda que estaba. Se saca disimuladamente la tanga y me la entrega.

-Vamos – me dice- estoy muy cachonda y el alcohol esta haciendo efecto.-Espera un rato, quiero ver cómo termina esto.-Vamos que no me aguanto la calentura.

Nos dirigimos al auto, le abro la puerta, se sienta, me agacho y me sumerjo en su conchita, ella empieza a gemir y a pedirme por favor que pare que nos podían ver.

-Ok, me detengo pero con una condición.-¿Cual? -Que llamemos a una puta y la comamos entre los dos.- No, que ya hablamos de eso.- Me vas a decir que ahora no tienes ganas (le digo mientras me meto un dedo en la conchita que ya estaba empapada)-Mmmm, sos un hijo de puta, sabes como estoy.- Si me dices que no tenés ganas nos vamos a casa y listo.- Sabes que ganas no me faltan, me dice mientras comienza a acariciarse los pezones.

Entonces me subo al auto y manejo por las afueras de la ciudad mientras ella me da una mamada de película. Yo estoy a punto de enloquecer, cuando veo una prostituta en una esquina. Sin decir nada me detengo, Carmen se incorpora en el asiento y la ve. La verdad es que estaba muy buena, flaca, alta, como de 1,75 buenas tetas, rubia y muy buen culo.

-¿Te gusta? – La verdad que está buena, me dice.

La mina se acerca al auto y nos ve, yo pongo la pija afuera y Carmen (entre borracha y caliente) con una cara de puta terrible.

– ¿Como te llamas?- Julieta. ¿Quieren fiesta?- Si, ¿cuanto nos cobras?-300 y hacemos lo que ustedes quieran.

Subió y fuimos a un hotel que ella nos indicó, ya en la habitación pedimos una botella de champagne y tres copas, las burbujas terminaron de decidir a Carmen, que se acercó a Julieta y comenzó a acariciarle las tetas, yo me desnudé mientras veía como se tocaban, comenzaron a besarse, Carmen le sacó la blusa y el sujetador a Julieta y le chupaba las tetas, mientras yo la desnudaba ella. Luego Julieta se arrodilló y comenzó a comerle el chocho a mi mujer, yo estaba a mil, no podía creer el sueño que estaba viviendo. Me recuesto sobre la cama y comienzan a mamármela las dos al mismo tiempo, era una locura. En eso Julieta se para detrás de Carmen y la saboreaba toda: la espalda, el culo, la concha, le acariciaba las piernas, se retorcía mientras en cuatro patas me daba la mamada mi vida, yo estaba tendido, de espaldas, cuando siento:

-¿Que?, ¡No! Ahhhh, mmmm, ¡me la está clavando!

Me incorporó y veo que Julieta tiene ¡una enorme verga!, era un travesti, cuando trato de reaccionar, Carmen me agarra la verga de nuevo y empieza a chupar con más fuerza. Un travesti se la estaba cogiendo delante mío y yo con una calentura indescriptible. Las embestidas de Julieta se aceleraron y en un instante acabamos los tres. Para sorpresa mía Carmen se dio vueltas y le chupó la polla hasta que le sacó la última gota. La cabeza me daba vueltas, no podía creer lo que estaba pasando.

-Yo… no sabía. -Yo tampoco.- Ja ja, me di cuenta, pero no me digan que no les gustó.

Yo seguía tendido en la cama y antes de que reaccionara me agarró la pija y la metió en la boca, nunca nadie me la había chupado así, estaba como loca, como poseída, me pasaba la lengua por la cabeza y los huevos, se la tragaba entera, en segundos se me puso dura como una piedra, Carmen al darse cuenta se sentó sobre mi cara de espaldas para que le comiese el coño mientras observaba a Julieta en acción, yo comencé a comérselo, mientras Julieta seguía en lo suyo, bajando por los huevos hasta que comenzó a lamerme el culo, era la gloria, no lo podía creer, hasta que escucho que Carmen dice:

-¡Parece que te gusta que te coman el culo!

Yo no dije nada, solo seguía comiéndole el coño y a jugar con su agujerito con la lengua, cuando de repente siento que Julieta se detiene, me levanta las piernas y apoya su polla en mi entrada, solo alcancé a decir ¡NO!, pero no me estaban preguntando, me metió la cabeza de golpe, yo quise zafarme y me hundió el resto, me estaba partiendo, si me movía me dolía así que me quede quieto, ella se movía lentamente y comencé a gozarlo, Carmen se dio cuenta:

-Veo que te gusta que te cojan tanto como a mí.-Si quieres que te lo saque solo me lo pides – dijo Julieta.-No seguí así, seguí así…, no podía creer lo que decía, pero era inevitable, me estaban dando por el culo y lo estaba disfrutando.- ¡Parece que somos tres putas ahora!  Gritaba Carmen mientras de estremecía en un nuevo orgasmo

No se cuando tiempo estuvo bombeándome, solo se que mi mujer se corrió dos veces por la chupada que estaba dándole, hasta que Julieta empujó a fondo y acabó dentro mío, yo estaba como loco, apenas salió tomé a Carmen, la puse en cuatro patas y le di por el culo…ella se retorcía.

-Cogeme hijo de puta, haceme acabar como la más puta de todas, ahhhh.

Me corrí dentro de ella llenándole el culo de leche y caímos exhaustos.

Nos dormimos, cuando despertamos Julieta ya no estaba, nos dejó una nota con su teléfono. Carmen tomó el papel y lo guardó en su bolso. Ese fue el comienzo de una nueva etapa de nuestras vidas.

Autor: Carmen y Nano

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Un familiar en casa

Sin sacar la polla del culo me dejaron meter debajo, nos movíamos despacio pero era maravilloso, le dije a Carmen si me quería y me dijo que mucho mientras me besaba y su primo le penetraba el culo con más fuerza. Tardamos un poco todavía en corrernos siendo la primera Carmen con unas contracciones brutales, yo la seguí, y Jesús fue el último llenando con su leche el culo de mi novia.

Voy a contarles lo que nos ha ocurrido a mi pareja y a mí en el puente de la Constitución este año pasado. Nosotros vivimos juntos en el sur de Tenerife más concretamente en el Médano, y la verdad es que nos queremos mucho, yo nunca me he ido con otra y estoy seguro de que mi pareja (vamos a llamarla Carmen) tampoco. Para que os hagáis idea de como somos, ella es más bien bajita, pero con unas tetas muy bonitas y un culo respingón de los que a todos los hombres nos gustan, yo mido 1.80 y estoy bastante musculado aunque no demasiado, ya que voy habitualmente al gimnasio.

Mi novia tiene un primo, que vamos a llamar Jesús, con el que nos llevamos muy bien, es el típico tío simpático que cae bien a todo el mundo, y muy noble. Pues ese fin de semana su novia trabajaba y lo invitamos a venir a pasarlo en casa, él es delgado y más alto que yo y no tiene mala pinta. Nosotros no salimos mucho y nos gusta más ir a caminar, y a la playa en nuestros días libres y eso pensamos hacer con Jesús ese fin de semana.

El primer día decidimos ir a la playa, y Jesús y mi mujer prepararon algo para comer allí mismo, bocadillos y cosas de esas, ellos tontean siempre mucho y él suele darle cachetes en el culo a menudo, es su primo pequeño y es algo que a mi nunca me ha preocupado y a su novia creo que tampoco. Pero he de reconocer que ese día viéndoles así me dio morbillo la situación. Fuimos a la Tejita, una gran playa a la que solemos ir siempre, y que tiene una parte nudista, nosotros solemos ir allí, nos gusta el ambiente tranquilo y tomar el sol desnudos, pero ese día Carmen dijo que fuéramos a la parte textil, imagino que le daba corte desnudarse delante de su primo. Es curioso pero a mi me ocurre también con familiares cercanos.

Estuvimos allí un par de horas y después de comer Jesús nos comenta que si sabíamos que al lado había una playa nudista, que él antes de salir con su actual novia venia bastante. Yo enseguida le dije que claro que nosotros siempre íbamos allí, pero que a Carmen le daba rollo.

Entonces insistió, y por que no vamos aunque ella no se quite la parte de abajo, yo estuve de acuerdo y Carmen a regañadientes vino con nosotros. Jesús y yo nos desnudamos y nos pusimos a tomar el sol con Carmen en medio, ella con la parte de debajo del bañador y a pesar de que le insistimos no se la quitó. Al cabo de un rato le dije a Carmen que me pusiera bronceador ya que me estaba quemando un poco y me lo tendió por la espalda, y entre risas de los tres le insistí en que también me lo pusiera en el culo, ella muy obediente lo hizo. Entonces fijándome en que Jesús también estaba un poco colorado, le dije que le pusiera a su primo también, ella se lo estaba tendiendo y al llegar cerca de su culo, su primo le dice:

-¿Y a mí en el culo no? -Pues no ti no. -Venga a el también, le insistí.

Y lo hizo, a pesar de que yo creía que se cortaría, me acuerdo que nos dijo que, que par de cochinos estábamos hechos. Seguimos bromeando y lo pasamos muy bien. Por la noche cenamos en casa, bebimos un poco y nos fuimos a dormir. Nuestra casa es un estudio alquilado con un solo dormitorio, y Jesús se quedó en el salón. Nosotros esa noche follamos con más pasión de lo habitual y Jesús nos tenía que oír ya que las paredes son bastante finas.

A la mañana siguiente, acordamos hacer lo mismo de nuevo ya que Jesús le había encantado, pero esta vez fuimos directamente a la playa nudista, y a base de meternos con Carmen y decirle que era una corta y cosas así, conseguimos que se desnudara del todo. Me dijo que le pusiera bronceador y se lo extendí, por toda su espalda y cuando llegué a su culo se lo amasé con ganas, bajo la mirada un poco disimulada de su primo, este se dio la vuelta para disimular la erección. La verdad es que para mí esto resultaba de lo más excitante.

Por la noche, cenamos mientras veíamos una película en el plus, y después nos pusimos a jugar a las cartas mientras bebíamos unas copas. Carmen le preguntó a su primo que como le iba a con su novia y este nos comentó que bien, pero que era un poco cortada en el terreno sexual. Intenté sonsacarle, y con las copas y eso nos dijo que a él por ejemplo le apetecía mucho practicar sexo anal, pero su novia no quería ni oír hablar del tema. Yo enseguida le dije que no pensaba que su novia fuera tan poco atrevida, dando a entender que con su prima Carmen yo si lo hacía, este miró a Carmen con ojos un poco de lujuria, pero seguimos conversando y el tema cada vez más se fue a lo sexual, hablando de las cosas que nos gustaban, yo conté que a mi lo que me gustaría es participar en una orgía o un intercambio de parejas, pero a eso Carmen siempre se ha negado, ella en cambio contó que la fantasía de toda mujer es estar con dos hombres, pero que una cosa era imaginar y otra llevar esas cosas a la práctica. Miré la hora y recordé que daban la peli guarra el plus, lo puse apretando el mando, y justamente salió una escena en la que dos hombres hacían un sándwich a la protagonista.

-Eso es lo que te gustaría hacer prima.

Ella se puso un poco colorada.

-En la fantasía, además seguro que no es tan fácil.

Eso me dio pie para decir que por que no lo intentábamos. Carmen se escandalizó, y me dijo que ni de broma, le insistí pero no y no. Entonces Jesús haciendo de intermediario, dijo que Carmen tenía razón y que había que respetar su opinión. Pero también que a él le había parecido una idea muy excitante, y que si lo hubiéramos hecho nunca hubiera contado nada.

Carmen puso cara de incredulidad, y le dijo a Jesús que si lo estaba diciendo en serio, él le dijo que si y nos quedamos todos en silencio contemplando la doble penetración del televisor. Yo pasé la mano por encima de los hombros de Carmen y la besé, ella respondió bien y empezamos a tocarnos y besarnos como si Jesús no nos estuviera mirando. Nos desnudamos, y nos magréabamos como si estuviéramos solos, Jesús no reaccionaba, solo nos miraba no atreviéndose a acercarse al cuerpo de su prima desnuda.

Le toqué el sexo a Carmen, y pocas veces lo ha tenido tan húmedo como aquella vez. Carmen por otro lado no quería ni mirar a su primo aunque estuviera consintiendo en lo que se avecinaba. Yo estaba sentado en el sillón, y subí a Carmen encima de mí introduciéndose mi polla en su sexo, y moviéndose arriba y abajo a un ritmo frenético. Yo le hice señas a Jesús para que se desnudara, lo hizo rápidamente, enseñando una polla muy larga aunque menos gorda que la mía. Carmen tuvo un orgasmo y se paró. Yo aguanté a duras penas y le indiqué a Jesús que se acercara, cogí la mano de Carmen y la llevé hasta la polla de su primo. Esta que seguía sin mirarlo miró su polla y empezó a masturbarlo, mientras volvía a moverse poco a poco sobre mi nabo. Jesús perdió el corte y la tocó sus tetas y sobre todo su culo, que se notaba era lo que más morbo le daba.

-Prima, que ganas tenía de verte así. Siempre me has puesto supercachondo, no sabes cuantas pajas me he tocado a tu salud. -Entonces aprovecha primito, y Carmen empezó a chuparle la polla con ganas.

Yo me salí de dentro de ella y poniéndome a lado de Jesús, la hice chupárnosla por turnos. El hielo por fin estaba roto y disfrutábamos de nuestra sexualidad sin complejos como debería ser siempre. Entonces decidimos ir a la cama, e intentar una doble penetración, yo me pedí el culo, pero Carmen sonriendo me dijo que se lo dejara a su primo que nunca lo había hecho.

Me recosté sobre la cama y Carmen sacó la crema que solemos usar para practicar sexo anal. Le estregó bastante a su primo en la polla y se puso de espaldas poniendo su culo en pompa para que él se lo lubricara, mi polla estaba a punto de explotar con la escena. Jesús se lo humedeció bien metiéndole el dedo y cuando lo hubo hecho, Carmen se subió encima de mí metiéndose mi polla y abriéndose el culo para su primo.

Este lo intentó una y otra vez pero hacia daño a Carmen, era imposible, no éramos capaces de hacerlo. Carmen de nuevo, sorprendiéndome, me dijo que porque no dejábamos que su primo la follara por el culo mientras me la chupaba, así que desistimos

Volvieron a lubricarse culo y polla y Carmen cogiendo la polla de su primo con la mano fue metiéndosela toda en el culo poco a poco, contoneando su culo para que le fuera entrando fácilmente como suele hacer conmigo. Cuando estuvo cómoda, le pidió a su primo que se moviera y este lo hizo primero despacio y después aumentando el ritmo.

-¿Te gusta? Le pregunté a Jesús. -Estoy en el paraíso, que suerte tienes de poder disfrutar de esto cabrón. -Te gusta el culo de prima ¿verdad? -Ssiiiiii… -Y a ti Carmen, ¿te gusta que tu primo te de por el culo? -Si, estoy supercachonda. Me contestó mientras mordía el puño de su mano. -Vamos a intentar de nuevo la doble penetración. Les dije.

Y pararon, pero sin sacar la polla del culo me dejaron meter debajo, y esta vez si hubo éxito, marcaba el ritmo Jesús y nos movíamos despacio pero era maravilloso, le dije a Carmen si me quería y me dijo que mucho mientras me besaba y su primo le penetraba el culo con más fuerza. Tardamos un poco todavía en corrernos siendo la primera Carmen con unas contracciones brutales, yo la seguí, y Jesús fue el último llenando con su leche el culo de mi novia. Nos quedamos los tres desfallecidos, el la misma posición y cuando nos recuperamos Jesús volvió a su cama.

Nuestra relación desde aquel día sigue siendo muy buena, aunque noto que ellos ya no tienen la misma confianza, supongo que piensan que ahora me puedo sentir celoso, pero no me ha ocurrido. Sin embargo, cuando vuelva a surgir la ocasión creo que no la perderemos porque mi mujer y yo cuando follamos lo recordamos poniéndonos más cachondos, y seguro que a Jesús le pasa lo mismo. Ya os contaré más novedades.

Autor: Chicharrero

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Todo queda en casa

Mientras yo chupo su clítoris y meto un dedo en su coño. Su coño no estaba mojado, estaba inundado de flujos. Noto su respiración entrecortada y veo que va a tener su primer orgasmo. Cuando me doy cuenta de esto empiezo a tocar su ano, suavemente rozo mi dedo pulgar con él. Una vez que se corrió por primera vez, me levanto, la coloco a cuatro patas y de un golpe la meto mi polla entera.

Me llamo Oscar y tengo 34 años. Para empezar explicaré que la familia de mi mujer es bastante normal. Me explico: mi suegra una estrecha empedernida, mi suegro un borrachín de pacotilla, que según mi suegra el último polvo se lo echó hace 6 años, según me contó mi mujer. Hasta ahí, todo entra dentro de lo “normal” si entendemos que la edad de mis suegros supera ya los 60.

Al final de la cena, cuando ya todos tenemos 2 copas de más, noté algo que yo ya intuía desde hace tiempo, pero que por falta de pruebas no podía afirmarlo. Es lo siguiente: mi suegra tiene una hermana soltera (Carmen), que de joven era un bombón pero que nunca se casó ni que sepamos conoció varón alguno, así que siempre pensamos que era bollera, más que nada por que daba la impresión de tener mucha manía a los hombres. Mi trato con ella siempre había sido más bien distante, sólo lo políticamente correcto, o sea un beso de bienvenida y un beso de despedida. Veo a mi suegro que estando ya en la fase de pesadez por la bebida no hace más que estar muy pegado a su cuñada, y yo que los tenía enfrente noto que el brazo izquierdo de mi suegro empieza a tocar la pierna de llamémosla “mi tía”.

Al principio la noto algo turbada, pero a medida que pasa la velada, veo que se deja y además disimulaba con una facilidad que resultaba pasmosa. ¡Jóder! pensaba yo, aquí no se entera nadie, ¿o que?  La verdad es que siempre deseé follarme a mi suegra por aquello del morbo de una mujer madura y además por que no está del todo mal para la edad que tiene.

Pero esa noche se me encendió una bombilla y pensé: ya que no me follaré nunca a mi suegra, me voy a follar a su hermana ya que si esa mujer se deja meter mano de un hombre que lo único que le va ha hacer es calentarla y ella no decía nada, que haría si un hombre joven y con suficiente experiencia se lo proponía? Al principio tuve mis dudas ya que es una mujer muy arisca, aunque para los 56 años que tiene no voy a decir que sea una top model pero tiene su puntazo sobre todo por que de cara es bastante guapa y su cuerpo tiene unas buenas tetas y un culo para su edad bastante apetecible.

“Mi tía” vive en un pueblo mediano a 200km, de donde yo vivo, junto con otro hermano soltero y su madre, también viven allí mis suegros de lo cual deduzco que no es la primera vez que estos dos (mi suegro y su cuñada) la habrán “liado” pero sabiendo que a mi suegro no se le levanta…

Dicho esto pensé que habría pocas oportunidades ya no solo de verla, si no también de estar solos alguna vez. Mi mujer y yo la verdad vamos muy poco por que con sus padres tanto ella como yo, pues digamos que no nos llevamos. Pero al final ideé mi plan. Tendría que aprovechar la primera oportunidad que se presentara, y casualidades de la vida se presentó a los 15 días de la celebración del cumpleaños. Nos llaman mis suegros a casa y nos dicen que la abuela está ingresada en el hospital de la ciudad más cercana. Así que decidimos ir al fin de semana siguiente, más que nada por que pensamos que a esas edades a lo mejor es la última vez que la ves.

Llegamos el sábado por la mañana y nos instalamos en la habitación que mis suegros tienen destinada a los hijos cuando alguno de sus ellos va a visitarles. Acto seguido nos acercamos a la casa de la abuela y deciden que nos vamos todos juntos al hospital y que bajamos con 2 coches pues éramos 6 (mis suegros, mi mujer, el hermano soltero de mi suegra, “Carmen” y yo). Pues bien cuando parecía que nos disponíamos a salir, Carmen dice que ella mejor se queda y prepara comida para todos ya que así nos iríamos todos más tranquilos y sin prisas. Ya solo éramos 5 para ir al hospital. Total ya con un coche valía, pero en esto dice:

– ¡Vaya! se me olvidaba que tengo que comprar agua mineral y pan para comer, y me toca venir cargada desde el supermercado.

Entonces pregunta:

– ¿Me podría llevar alguien a comprarlo antes de que marchéis? – Ahí se me encendió la luz que buscaba. Jajaja.

Yo acto seguido dije:

– Por que no os vais vosotros 4, al fin y al cabo sois la familia directa, ¿no? yo me quedo y llevo a Carmen al supermercado así nadie anda pendiente nada más que de lo suyo.

La respuesta fue la que yo esperaba. Todos de acuerdo. Acto seguido ellos cogieron el coche de mi suegro y Carmen y yo nos fuimos con el mío al supermercado. Hasta la vuelta a casa todo fue normal, salvo que yo notaba a Carmen más cercana a mí que de costumbre. Pensé para mí: mejor así vamos rompiendo el hielo. Llegamos a casa al cuarto de hora de haber salido. Entramos en la casa, yo le llevaba todas las bolsas y le decía muy amablemente que no se preocupara que las llevaba yo que para eso me había quedado. Ella ya creo que notaba en mi algo “raro”, pues no era normal tanta amabilidad con ella.

Se puso a hacer la comida y yo de momento no intenté nada pues mi intención era atacar después, para que al llegar no hubiese la más mínima sospecha y que estuviese hecha la comida, así que la hizo sin más sobresaltos que unas risas relajadas debido un vermú que preparé yo. El suyo iba bien cargado con unas gotitas de ginebra que es como a mi más me gusta el vermú. Una vez acabada la comida, le pregunto que si me puedo duchar. Ella me responde que sí, que por supuesto y que ahora mismo me pone una toalla limpia en el baño.

En cuanto se fue a buscar la toalla, yo salí disparado para el aseo, pues quería estar en la ducha cuando fuera a llevar la toalla y así ver como reaccionaba al verme entre las cortinas del baño. Estaba duchándome y entra en el baño de repente, pues pensaba que no había nadie y me dice:
– Uy, perdona no pensé que estabas ya aquí. – No te preocupes, total somos de la familia, no? le dije yo en tono de broma. – Jajajaja, rió ella. – Es verdad, total todo queda en casa.
Me asomo por la cortina de la ducha y le digo:

– Eso es lo que quiero, que todo quede en casa.

Al decirle eso, noto que se empieza a poner muy colorada y le digo:

– Me acercas la toalla, ¿por favor? – No creo que a tu edad te vayas a asustar, ¿no? – Total no se me ve nada…

Después de decirle esto ya no estaba colorada si no que un color se le iba y otro se le venía. Me pongo la toalla enrollada a la cintura y salgo, entonces noto que ella hace intención de salir y le digo:

– ¿Me puedes mirar en la espalda a ver que tengo? – Es que tengo un picor insoportable.

Ella me mira la espalda pasando sus dedos por ella y me dice que no me ve nada. Yo noto que se me empieza a poner dura, y pensé: ¡ahora o nunca! Me doy la vuelta de repente y le digo:

– ¿No me ves nada? – Fíjate bien a ver si ves algo…

En esto que noto que baja disimuladamente su mirada a mi paquete y vuelve a subir la vista con cara de timidez. Esto hizo despertar en mí un instinto de poder que ni yo sabia que tenia. Cojo sus manos y las pongo encima de mi pecho, a ella la noto cada vez más cortada y le digo suavemente al oído:

– ¿Quieres ducharte tú también? Mientras le digo esto noto que ella cierra los ojos.

Pongo mis manos sobre su culo y la aprieto fuertemente sobre mí. Ella me responde:

– ¿Qué quieres? – Tú que crees? Quiero follarte. Desde el otro día en la cena es lo único que deseo. Te vi como te dejabas meter mano por tu cuñado y ese no te va a satisfacer como yo. – Ya noté que te estabas dando cuenta y me excitaba pensar que me estabas viendo.

¡Jóder! exclamé. Y todos pensando que era lesbiana además de una estrecha, pensé para mí. Después de oír esto ya estaba el camino despejado y ya sin más preámbulos me puse a la faena. Le quito su camiseta y veo debajo un sujetador blanco, de encaje, unas tetas… jóder que tetas. Le quito el sujetador mientras ella empieza a besarme el cuello y me susurra al oído:

– Cuanto tiempo he esperado este momento.

La cojo por el pelo y le echo la cabeza para atrás y le pregunto:

– ¿No serás virgen? Ella me contesta: – No, solo lo hice una vez, no he follado nada más que una vez. -¿Con quién?, le pregunté con aire autoritario. – Con el jefe que tuve cuando me fui a trabajar a la ciudad, pero fue algo muy rápido. Un aquí te pillo aquí te mato. Mi vida sexual se limita a un consolador que me compré en un sex shop.

¡Jóder, iba a enseñar a follar a una mujer de 56 años! Se desnudó rápidamente y la acompañé a la ducha, mientras se jabonaba yo la agarraba por detrás y tocaba sus tetas, notando sus pezones muy duros y grandes mientras la besaba suavemente en el cuello le decía cosas que yo notaba que la ponía cada vez más cachonda. Le decía cosas como:

– Te voy a follar como a una perra en celo, vas a ser mi putita particular…

Uff!! Si yo estaba caliente, ella estaba que se derretía. Después de ducharse se seco rápidamente y de la mano la llevé a su cuarto. La tiré sobre la cama y me dispuse a hacer un 69. Ella me dice que nunca ha chupado una polla y pienso:

– Pues te vas a hartar.

La siento al borde de la cama, yo me pongo de pie y le ordeno que me la chupe. Al principio noto su inexperiencia pero pasados un par de minutos empiezo a notar la mejoría. ¡Jóder la chupa como una diosa para la poca experiencia que dice que tiene! y además lo hace como una posesa. Empiezo a notar que empieza a desinhibirse. Entonces nos tumbamos en la cama comenzamos un 69. Ella me dice:

– Dame tu polla, quiero sentirla dentro de mi garganta.

Mientras yo chupo su clítoris y meto un dedo en su coño. Su coño no estaba mojado, estaba inundado de flujos. Noto su respiración entrecortada y veo que va a tener su primer orgasmo. Cuando me doy cuenta de esto empiezo a tocar su ano, suavemente rozo mi dedo pulgar con él. Una vez que se corrió por primera vez, me levanto, la coloco a cuatro patas y de un golpe la meto mi polla entera. Ella vuelve su cabeza mirándome fijamente a los ojos y me dice:

– Fóllame, soy tu perra, pídeme lo que quieras.

Esas palabras me pusieron todavía más cachondo y como si de un animal se tratara la embisto cada vez con más fuerza. Cuando noto que voy a correrme paro de golpe.

– ¿Qué haces? Me dice. Estoy a punto de correrme. ¡Métemela! – Tus deseos son órdenes, le dije.
Se la volví a meter y tuvo otra corrida, no sin que yo hiciese mil esfuerzos para no correrme. Una vez que se la saqué, le dije:

– Vas a probar algo que no olvidarás. – ¿Cual? Me preguntó extrañada. – Vas a probar mi semen. – ¡No! dijo ella. – ¡Eso si que no! No acabó de decirme esto y ya tenía mi polla en su boca, y le ordené que la chupara.

La agarré fuertemente su cabeza contra mi polla mientras ella en un mete saca frenético Me miró fijamente. Esa cara de lujuria me estaba calentando de una manera que en mi vida había notado.

– Bueno acepto, me dijo sacando de repente mi polla de su boca. – Lo hago por que soy tu putita, pero no se si me gustará.

Volvió a introducirse mi polla y mientras me pasaba su lengua por la punta, se empieza a tocar su chocho…

¡Uffffffff! Ya no podía más me corrí en su cara, ella parece que el sabor no solo no le dio asco, si no que lo lamía como si fuera el único agua que hubiese encontrado en el desierto. Después de dejarme la polla limpia, me dice:

– Esta tarde quiero que me enseñes más cosas, ok? Yo le respondí: – A ti te enseño lo que tú me pidas.

Pasando mi lengua sobre sus labios, veo el reloj de pared de su habitación.
¡Jóder, jóder! Son las 2 de la tarde, no tardarán en volver. Se nos había ido el tiempo sin darnos cuenta. Nos vestimos enseguida. No hacia ni 5 minutos que nos habíamos vestido, mientras yo le seguía metiendo mano por debajo del mandil, cuando suena el timbre de la puerta.
Esa tarde sería todavía más especial, pero eso en otra ocasión os lo cuento.

Autor: Oscar

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Mi hijo me convirtió en su amante I

Yo lo tenía rodeado con mis brazos y piernas, más que besarnos, nos mordíamos, mis uñas se clavaban en su espalda, como temiendo que escapara. Rodábamos por toda la habitación, chocábamos con los muebles en un frenesí sexual, totalmente incontrolados. De pronto él quedó rígido, y al sentir yo el primer trallazo de su leche en mi interior, me llegó un orgasmo como jamás sentí en mi vida.

El pasado mayo, un viernes a medio día, me puse junto a la piscina, a tomar el sol para empezar a broncearme, de cara al verano. Mi marido se había marchado esa mañana a Madrid a pasar el fin de semana con su anciana madre y sus hermanos, yo me encontraba sola en casa, ya que la asistenta tampoco regresaría hasta el lunes por la mañana. Me puse anti solar y me tumbé en la hamaca a leer “El arpista ciego” de Terenci Moix. Al poco, aburrida, dejé el libro y, como estaba sola, me quité también la parte baja del bikini, para que no me quedaran marcas en el cuerpo. Me tumbé boca arriba con los brazos y las piernas abiertas para recibir mejor el sol y, al poco, me quedé dormida. Más tarde, percibí que alguien se estaba bañando, miré hacia la piscina y era mi hijo que, al verme ya despierta, salió y vino hacia mi. Al darme cuenta que yo estaba completamente desnuda, me tapé la zona del pubis con una toalla.

El estaba desnudo, pero eso era lo normal en él desde niño, que no usaba bañador cuando no había ninguna persona extraña a la familia. Tanto mi hija, como mi marido y yo estábamos acostumbrados a verlo así en la piscina. Conocida cada centímetro de su cuerpo. A sus 21 años sobrepasa en altura a su padre en dos centímetros, o sea, mide 1,88 m., pero menos robusto. Desde niño practica mucho la natación y el tenis, eso le da un aspecto a su cuerpo, como de atleta. Su verga, en erección es un poquito más grande que la de su padre, unos 21 cms. y gorda. Casi todo su cuerpo está cubierto de vello corto y suave, que le da un aire muy varonil. Se acercó a saludarme con un beso, como siempre y yo, riéndome, lo aparté porque me estaba mojando con el agua que caía de su cuerpo. El riéndose también, pero más fuerte, de un tirón, me quitó la toalla con la que me había tapado y se apartó para secarse, yo me levanté y corrí tras él para quitarle la toalla y él riéndose más y con ganas de jugar, corría delante de mi, dándole la vuelta a la piscina, hasta que se paró y yo tropecé con él, cayendo los dos al césped.

Entre juegos y risas, los dos completamente desnudos, rodamos por la hierba pugnando ambos por la posesión de la toalla. Seguimos rodando y jugando, pero la toalla ya había quedado varios metros más atrás. En una de las volteretas, él quedó encima de mi y me plató un beso en la boca, yo cerré mis labios y quedé rígida, noté su verga dura entre mis piernas. Lo empujé a un lado y me tiré al agua, pero él me siguió. Le grité que no me gustaban los juegos dentro del agua, que me asustaba y me iba apartando a medida que él nadaba hacia mí sonriendo. Cuando me di cuenta, yo estaba contra la pared de la piscina, de pie, en la parte menos honda, llegó y me abrazó e intentó de nuevo besarme, yo aparté mi cara a un lado y mi cerebro trabajaba a la velocidad de un Pentium. Por una parte sabía que no debía consentirle que me besara en la boca, soy su madre pero, por otra parte, por eso mismo por ser su madre, porqué no darle ese momento de felicidad a mi propio hijo. El, manteniéndome abrazada, acercó su boca a mi oído y me dijo, casi en un susurro: mami, ¿por qué no das a tu hijo lo que das a otros?

Eso me desarmó, rompió mis defensas, me vino al pensamiento que yo hacía meses, me entregaba a mi amante y a otros hombres y mujeres. Lo miré a los ojos y no fui capaz de resistirme a mi propio hijo, yo misma me abracé a él y lo besé en la boca, primero con ternura y enseguida nos entregamos a un beso apasionado, mientras con nuestras manos nos recorríamos los cuerpos. Sin dejar de besarnos, él restregaba su cuerpo contra el mío, se bajó, me quitó la toalla y enterró su boca, sorbiendo mis jugos y metiendo toda su lengua dentro, moviéndola de abajo hacia arriba y viceversa. Mi coño era ya un manantial, yo misma me masajeaba las tetas y pellizcaba mis pezones, convulsionándome por tanto placer que mi hijo me estaba proporcionando. Por fin se apoderó de mi clítoris con sus labios, titilaba la punta de su lengua sobre él y me transportaba al séptimo cielo, mientras yo misma alzaba mi pelvis espasmódicamente, para un mejor contacto con su lengua y mi cabeza giraba de un lado a otro, entre gemidos, cada vez más guturales…

De pronto rompí en un orgasmo apoteósico, de esos que te dejan marcada, me pareció derretirme como un terrón de azúcar en el café, un placer total me inundó hasta la última célula de mi cuerpo, como el agua penetra en cada hueco de una esponja, hasta me oriné sin percibirlo, de puro gusto. Mi hijo subió a besarme y me acariciaba con mucho amor, mientras me recuperaba y me susurraba al oído: mami eres fantástica, eres única, eres la mejor madre del mundo, te amo con locura…. Ese fue mi primer orgasmo con mi hijo, después vendrían más, muchos más… hasta hoy y espero que se repitan por mucho tiempo.

Nos refrescamos en la ducha de la piscina y entramos desnudos a la casa, en busca de unas cervezas frías. Yo me senté en una silla de la cocina a beber mi cerveza y mi hijo arrimó un taburete delante de mi y se sentó mirándome, con sus brazos sobre mis piernas y me dijo lo siguiente: mami, mi hermana y yo hemos comentado que, desde hace unos meses, tanto papá como tú, estáis siempre alegres y muy rejuvenecidos, especialmente tú, que ahora estás mucho más guapa y hasta tu ropa ha cambiado, te vemos muy sexi. Hemos llegado a la conclusión que tienes un amante, con la aprobación de papá y nosotros también lo vemos muy bien, porque habéis cambiado a mucho mejor. Le tomé la cara y le di un beso suave en los labios dándole las gracias por el cariño que me demostraba tanto por parte de él, como también por parte de mi hija. La verdad es que estoy muy orgullosa de mi familia, me quieren, me miman, son felices de verme feliz.

El me miraba expectante y yo le conté toda la verdad de las experiencias que venía viviendo, desde hacía unos meses. Le conté cómo era antes, cómo descubrí mi verdadera sexualidad, cómo conocí a Julio, mi amante y a su esposa Karina…en fin, le conté todo lo vivido, con sinceridad. Cuando terminé, él se levantó y yo también, me abrazó y me besaba por toda la cara con tanta ternura y amor, que me emocioné y algunas lágrimas rodaron por mis mejillas. Un poco ruborizada, lo aparté y le dije, anda vete a duchar que yo voy a preparar algo para que comamos. Cuando él regresó, le pedí que llevara todo aquello al comedor, mientras yo me daba una ducha. Durante la comida, me hizo un montón de preguntas, me pedía algunos detalles de cómo era Julio y me confesó que, desde que estuvo convencido de que yo tenía un amante, empezó a experimentar algo como celos y que, al mismo tiempo, empezó a darse cuenta de mi sensualidad y ya no podía controlar el deseo de hacer el amor conmigo.

Como ya habíamos terminado la comida, me levanté, me acerqué a donde él estaba sentado y, desde su espalda le tomé la cara y lo besé, diciéndole… cariño me llena de orgullo tu confesión, tu sinceridad y tu amor. Ahora, mientras yo recojo todo esto, prepara tú el café y las copas. Seguimos desnudos con toda naturalidad, ya no sentía yo pudor por que me viera. Me llevé una toalla, la extendí en un sofá del salón y me senté sobre ella, al poco llegó Daniel con el café y se sentó junto a mí. Después del café le pedí una copa de pacharán con hielo, él se preparó otra y volvió a mi lado, pasando un brazo por mi cintura. Entre trago y trago nos besábamos y acariciábamos, con cara de enamorados. Vi que su hermosa polla la tenía completamente tiesa y yo, con un trago de pacharán en la boca, me incliné y le derramé el líquido por el capullo brillante y luego trataba de recuperarlo con la lengua, mirándolo a los ojos.

Mi hijo empezó a gemir de placer y yo engullí toda su polla hasta la garganta, jugando con mi lengua en su derredor, con una mano se la masajeaba y con la otra hurgaba por sus huevos. Mi hijo recostó su cabeza en el respaldo y desplazó su culo hasta el borde del sofá, con lo que dejó a mi alcance su ojete. Mojé un dedo en el pacharán y, al mismo tiempo que le mamaba su verga, le metí el dedo en su culo. Gemía él de placer y me decía, sí mami, sigue, sigue….Ohhhhh mami, qué gustoooo. Yo quería hacer feliz a mi hijo, quería que gozara tanto o más que mi amante y….qué gozada para mi, tener su hermosa y palpitante polla en mi boca por primera vez, uuuummmmm, me sentía muy feliz.

Con una mano me acariciaba una teta y con la otra sobre mi cabeza, me seguía diciendo, sigue, sigue, por favor mami. Al poco me avisó que se venía, que no aguantaba más y yo apreté mis labios alrededor de su verga y movía mi dedo dentro de su culo sin parar. Dio un fuerte gemido y descargó en mi garganta su caliente y rica simiente. Seguí chupando y tragando hasta la última gota de aquel manjar, que mi hijo me obsequiaba por primera vez. Ummmm, yo me sentía la mujer más dichosa del mundo, mientras recogía con mis dedos el semen que resbalaba por mi barbilla y lo llevaba a mi boca. Nos unimos en un beso de amor, tierno y apasionado y, así, unidos en un abrazo, nos quedamos un rato dormidos sobre el sofá.

Cuando desperté, lo tenía casi encima, totalmente dormido. Con cuidado para no despertarlo, lo aparté y tumbé en el sofá, poniéndole un cojín bajo la cabeza. Yo me fui a la piscina a nadar un rato. Cuando mi hijo apareció más tarde, me acompañó en el agua y nos pasamos un buen rato jugando. Después él quiso hacer el amor conmigo y yo le dije que, en ese momento no, que quería rodear esa primera vez con un ambiente más especial, algo que recordáramos siempre. Le dije que, como teníamos esa noche del viernes, más el sábado completo y el domingo hasta medio día, que nos iríamos a otra población, a un buen hotel y…bueno… me gustaba la idea de tener una luna de miel con mi propio hijo. A él le entusiasmó la idea y pronto entramos a la casa a prepararnos y recoger las cosas que llevaríamos.

Estaba oscureciendo cuando enfilamos la autopista en dirección sur. Conducía mi hijo, yo no paraba de mirarlo embelesada. Lo veía guapísimo, varonil, todo un hombre. Al llegar a la salida de Benidorm, sin preguntarme, salió de la autopista. Me dijo que conocía un hotel muy bueno, junto al mar. Aparcó a la puerta y entró él solo, al poco, con la tarjeta-llave en la mano, me invitó a entrar, acompañados por un mozo que llevaba nuestro equipaje. Al entrar al hotel, me gustó, rezumaba lujo por todas partes, claro, era un cinco estrellas, jajaja. Le dio la tarjeta-llave al mozo y le dijo que subiera nuestro equipaje y que estaríamos en el pub situado a la izquierda del salón de entrada. Nos sentamos junto a una mesita muy coqueta, en ambiente muy íntimo de media luz y se escuchaba a Juan Manuel Serrat…”nací en el mediterráneo”…, pidió unos whisquis, el mozo nos trajo la llave y mi hijo le dio una buena propina. La verdad es que aquel ambiente invitaba al romanticismo.

Hablamos poco, nos besamos mucho y, a la media hora, subiamos en el ascensor. Mi hijo abrió la puerta y con risas, me tomó en brazos, jajaja…como recién casados en su luna de miel, qué feliz me sentía, mientras me llevaba adentro. Era una suite inmensa, con un salón muy lujosamente amueblado y, el dormitorio, también refinado y espacioso, con dos camas grandísimas. Me depósito sobre una de ellas y me dio un beso delicioso, diciéndome que me amaba y que era muy feliz. Después, entre arrumacos, nos metimos los dos un rato al jacuzzi y enseguida nos vestimos elegantes para ir a cenar.

El escogió la ropa que yo luciría esa noche para él. Un vestido rojo, ajustado, muy por encima de mis rodillas, con un gran escote redondo, de tirantes y con la espalda al aire. Me hizo probar varios sujetadores y, al final, prefirió que no llevara ninguno. Debajo solo llevaba una tanguita de seda blanca, transparente. De entre las medias, escogió unas blancas caladas con algunos dibujos, hasta medio muslo y unos zapatos rojos de alto tacón. Mi pelo negro, largo y ondulado, lo llevaba suelto. Al cuello, una cadenita de oro, a juego con mis pendientes y una pulserita de oro, del mismo conjunto. Mis labios, pintados de rojo y mis uñas de transparente. Al verme lista, me miró bien y me dijo: eres la mujer más bella de mi vida, estoy muy orgulloso de tener tal madre y nos besamos.

Me llevó a un restaurante mexicano muy lindo. Unos mariachis pasaban junto a las mesas cantando y tocando sus instrumentos. Mi hijo les hizo una seña, vinieron junto a nosotros y nos dedicaron unas rancheras muy dulces, que me hicieron soltar unas lágrimas de felicidad. La cena transcurrió muy romántica y, como la comida mexicana tiene mucho picante, no parábamos de beber y beber, sin faltar el tequila, claro…Jo…cuando salimos a eso de las doce de la noche, íbamos como esquiadores, jajaja. Después me llevó a bailar, era un lugar de parejas, con música romántica. Aquello estaba muy lleno, claro, era la noche del viernes, pero mi hijo consiguió una mesa, junto a la pared, con asiento corrido y poca luz. Seguro que soltó una buena propina.

Bailamos pegaditos y besándonos, como dos enamorados, pero a mi hijo no le bajaba la erección y allí era imposible “solucionarle” el problema, así que pronto decidimos irnos al hotel. Por el camino me dijo que le dolía, se la toqué y efectivamente, la tenía super dura, me compadecí y le dije que se apartara de la carretera. Tan pronto paró, se la saqué y le hice una mamada profunda, ayudándome con las manos. En pocos minutos me inundó la garganta con su espesa y caliente leche, que yo aproveché hasta la última gota. Aunque no se le bajó la erección, pero ya un poco más calmado, proseguimos el camino al hotel. Yo iba muy mojada de flujos vaginales, también necesitaba urgente llegar a nuestro lecho de amor, donde me entregaría totalmente a él. Esa noche iba a follar por primera vez con mi amado hijo.

Una vez en la suite, casi sin separar nuestras bocas, nos fuimos desnudando uno al otro y caímos en la cama con deseos incontinuos, comiéndonos literalmente uno al otro. Bajó con su boca a mi entrepierna y después de algunas lamidas, le pedí que por favor, me hiciera suya, quería sentirlo dentro de mí, lo necesitaba. Colocó una almohada bajo mis caderas para alzar mi pelvis, se arrodilló entre mis piernas abiertas y colocó su glande entre mis labios mayores y siguió con una suave penetración, mirándonos a los ojos con infinito amor. Yo iba recibiendo a mi hijo en mi interior, en una explosión de anhelante felicidad. Mi hijo me miraba emocionado, sin poder creer que su sueño se estaba convirtiendo en realidad, hacer el amor con su amada madre. La caliente y hermosa polla de mi propio hijo, se abría paso dentro de mi vagina….sublime…

Es imposible describir con palabras ese momento crucial de nuestras vidas, fue, como dijo aquel torero andaluz…. im – presionante.

Una vez que sus testículos se pegaron a mis nalgas, estiró las piernas y apoyándose en sus codos, comenzó un mete y saca glorioso. Nuestra emoción hizo que pronto empezara yo a subir mi pelvis en la búsqueda de una mayor penetración y él aceleró el ritmo de la follada, con gemidos que se fundían con los míos. Fue una follada emocionada y emocionante entre madre e hijo, fue una follada intensa, gloriosa, donde los sentidos y los sentimientos gozaban a la par. El amor más puro, el de una madre y un hijo, quedaba coronado con la entrega sin límites del instinto más primario e íntimo de la humanidad. Nuestros cuerpos se estremecían por las convulsiones del placer y la polla de mi hijo entraba una y otra vez gozosa en el interior de esta madre, a la que estaba haciendo tan feliz.

Pronto los sentidos reclamaron su parte, mi hijo rebotaba sobre mí con increíble energía y mi sensual cuerpo lo desafiaba con lujuriosa posesión. Con mis pies cruzados tras él, nos buscábamos con embestidas descontroladas. Nos revolcábamos por la cama, entre continuos gritos y gemidos, buscando cada vez más contacto de un cuerpo con otro, más penetración. Nuestro desenfreno llegó a tal punto, que caímos de la cama y seguíamos unidos y revolcándonos por la moqueta, en la follada más gloriosa que he tenido en mi vida. Éramos como dos animales en pleno celo, incansables, incontrolados, olvidando el mundo que nos rodeaba, inmersos en una lujuria desenfrenada e irracional, con la única obsesión de follar, follar, follar, cada vez más profundo.

Yo lo tenía rodeado con mis brazos y piernas, más que besarnos, nos mordíamos, mis uñas se clavaban una y otra vez en su espalda, como temiendo que escapara. Rodábamos por toda la habitación, chocábamos con los muebles y volvíamos a rodar en otra dirección en un frenesí sexual, totalmente incontrolados. De pronto él quedó rígido, quieto y, al sentir yo el primer trallazo de su leche en mi interior, me llegó un orgasmo como jamás sentí en mi vida, un orgasmo infinito, cósmico, galáctico, millones de estrellas multicolores danzaban por mi cerebro, todas mis células vibraban, se disgregaban, explosionaban como una super nova, mi gozoso placer era expansivo, desde el núcleo de la vida que mi hijo depositaba en el interior de su madre.

Silenciosos, sudorosos, con la respiración aún agitada, ahítos los cuerpos de sensual placer, cada uno rumiando sus recién vividas sensaciones, sin deshacernos del abrazo posesivo con el cual lo tenía envuelto, con mis tetas aplastadas sobre su pecho, nos mirábamos a los ojos con una sonrisa de felicidad, complicidad y amor.

Después en la ducha, mi hijo seguía con su verga muy dura, no había perdido su erección e intentó metérmela por el culo. Yo me encontraba ya muy cansada por tanto ajetreo y tantas emociones vividas y se lo dije. Le pedí que yo quería gozar con él de esa primera follada por el culo, pero que ahora no podía, estaba agotada. Mejor mañana, ya descansados. Tampoco tenía fuerzas ni para hacerle una buena mamada, así que me incliné, apoyé mis manos al borde de la bañera y le ofrecí mi sexo para que lo disfrutara. El inmediatamente, desde atrás, me la metió en el coño casi de una estocada. Agarrado a mis caderas, me bombeó con su hermosa polla, hasta que estalló de nuevo dentro de mi vagina. Yo sentí bienestar, aunque sin llegar al orgasmo. Después terminamos de lavarnos y nos fuimos a la cama y, abrazados, nos dormimos casi enseguida.

Teníamos para nosotros el día siguiente, sábado, con su noche y parte del domingo, así que, como aquí no cabria todo lo que aconteció en ese tiempo, mejor haré una segunda parte para completar el relato.

Os quiero. Carmen

Autora: Carmen

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Amo a mi hijo

No podía creerlo, estaba en la cama con mi hijo y mientras este me chupaba una teta yo le masturbaba a él y me masturbaba a mí misma, dirigí mi cabeza a su entrepierna y de un golpe clavé su pene en mi boca, un torrente cálido corrió por mi garganta mientras escuchaba suspiros de placer de mi hijo, caímos los dos rendidos en la cama ya que yo me corrí a la vez que él.

Lo primero y más correcto creo que es decir que siempre había pensado que los relatos que veía en su página, eran todos inventados, pero ahora puedo asegurar que aunque haya alguno falso seguro que hay alguno que es verdadero, ya que el mío lo es como la vida misma.

Soy una mujer con 38 años “pero muy bien llevados”, ya que siempre he intentado cuidarme, practicando aeróbic con mis amigas y al final he logrado tener un cuerpo más que apetecible, ya que mis medidas son 100-63-95, soy soltera pero tengo un hijo con 18 años, fruto de un noviazgo que no resultó ser todo lo bueno que yo hubiera querido, pero en fin, ahora vivo con mi hijo y soy la mujer más feliz del mundo.

Todo comenzó cuando intentando buscar información sobre una empresa que ha comprado a la que yo pertenezco, en el ordenador de mi hijo, introduje la palabra filial, y una de las respuestas encontradas fue la de su página web. Entré a leerla más bien por curiosidad que por otra cosa y me sorprendí, cuando leí todo lo que allí ponía, sobre todo en los relatos en los que los hijos se excitaban al ver a sus madres, no cabía en mi mente que un joven de 18,19..20 años se pusiera cachondo con una señora mayor y mucho menos con su madre, pero al ir leyendo me puse cachondísima, y acabé por masturbarme frenéticamente frente al ordenador de mi hijo, terminé con un maravilloso orgasmo como hacía mucho que no tenía.

Cuando terminé, me dirigí al baño y mientras me lavaba, seguía pensando en lo que acababa de leer y volví a masturbarme, estaba como histérica, con una calentura que jamás había tenido, me sequé y urdí un plan para ver si yo era capaz de excitar a mi hijo, y lo que hice fue ponerme una camiseta, que apenas me quedaba como una minifalda, y casi transparente, que dejaba ver mis negros pezones ya que no llevaba sujetador, me miraba al espejo y me sentía como una zorra, pero a la vez estaba nerviosísima y un extraño cosquilleo recorría todo mi cuerpo.

Llegaron las 18:30 de la tarde y mi hijo llegó como todos los días, lo recibí y le di un beso como de costumbre, no parece que él se diera cuenta de lo transparente de mi vestido, ya que ni siquiera me miró a los pechos. Nos sentamos como todas las noches a cenar en el salón mientras veíamos la tele, me senté frente a él y charlamos de cosas banales, pero pude ver como mi hijo si se dio cuenta de que no llevaba sujetador, y clavó su mirada en mis pechos, yo me hice la distraída como que estaba viendo la tele, pero era una sensación tan placentera que mi Carlos me mirara con ansias de deseo que prolongué la cena por más de una hora y treinta minutos. Llegó la hora de quitar la mesa y al levantarse él para retirar su plato vi como tenía un bulto entre las piernas bastante considerable, lo cual hizo que me mojara y llegara casi al orgasmo sin ni siquiera tocarme.

Nos sentamos a ver la tele y queriendo se senté de nuevo frente a él pero esta vez el se tumbo en el sofá y yo me senté en una mecedora que quedaba en la cabecera de donde se encontraba tumbado, así que su cara quedó poco más o menos a un metro de mi chochete. Pasó un rato y por el rabillo del ojo pude ver como él haciéndose el dormido se tapaba la cabeza con un cojín pero miraba entre mis piernas para ver si veía algo, yo para facilitarle la labor abrí un poco las piernas y simulando que me ponía bien las bragas las levanté un poco y le pude dejar ver por un instante los vellos de mi pubis que llevo perfectamente rasurados, al hacer yo esto él se levantó como un resorte, se echó mano al paquete y salió corriendo hacia el baño, sin duda alguna se acababa de correr. Me hice la despistada y fui tras de él preguntándole que le ocurría, pero él me dijo que algo de la cena le había sentado mal y que tenía fatiga, me hice la crédula y lo dejé que se limpiara bien, y mientras él lo hacía me fui a mi habitación y me metí tres dedos en mi coño ya que estaba totalmente empapado, fue un orgasmo brutal. Ese día no hice nada más, dejé que transcurriera un tiempo para que mi hijo no notara que yo estaba mucho más cariñosa que antes y me tomara por una zorra, ya que yo no sabía como reaccionaría él a mis insinuaciones.

Los siguientes días pasaron lentamente, pero pude observar, como mi Carlos se masturbaba mucho más que antes “ya que las madres aunque algunas veces nos hagamos las tontas no lo somos, y sabemos perfectamente cuantas veces se pajean nuestros hijos”. Al cabo de una semana, nos encontrábamos en mi cama de matrimonio mi hijo y yo viendo una peli en la tele, hacía un calor horrible y le dije a mi hijo que si le importaba que me quitara la camiseta larga que llevaba, y me quedaba en bragas y sujetador ya que estaba asada, creo que la emoción le impidió contestar, y solo lo hizo con un leve movimiento de cabeza en forma afirmativa, así que me senté en la cama y me quité la camisa, cosa que hice muy lentamente para que mi hijo me pudiera observar bien mientras me sacaba esta prenda, llevaba puesto un tanga, que dejaba asomar algún que otro pelillo rebelde por los lados y lo que más erotizó a mi hijo fue el sujetador, ya que este solo me cubría la mitad de mis pechos y aún menos de mis pezones, ya que son de un diámetro considerable, y por lo que pude observar en el paquete de mi hijo, que él intentaba disimular, a él le gustó este conjunto de ropa interior ya que casi se le salía el pene por encima de los slips que llevaba. Continuamos viendo la peli como si tal cosa, aunque Carlos no me quitaba ojo de los pechos, empezamos a hablar de tonterías y a jugar a hacernos cosquillas, las cuales yo tengo muchísimas, y se encontraba mi hijo haciéndome cosquillas a mí cuando me volteé bruscamente y uno de mis pechos se salió por completo del sujetador.

Carlos se quedo atónito, y yo entre bromas le dije: -Carlos, ¿qué te pasa? ¿Nunca has visto un pecho? Él embobado en mi pezón me dijo: -Perdona mami, pero es que nunca he visto ninguno y es tan bonito -¿Te gusta lo que ves? -Me encanta. -Ya veo que te gusta… y conforme le decía esto le señalé a su paquete que estaba a punto de reventar, yo seguía sentada en la cama con el pecho fuera del sujetador y frente a mi hijo, la situación me tenía a cien por hora.

Mi hijo al yo señalarle el paquete se ruborizó y bajó la cabeza: -Hey ¿Por qué pones esa cara?¿Para mi es un orgullo que a un joven como tú le guste una vieja como yo… Por mi puedes mirarlo todo lo que quieras, que a mí también me gusta que me mires.

Dicho esto levantó la cara y comenzó a mirarme las tetas otra vez -¿Te gustan?- le pregunté mientras me comencé a tocar el pezón con los dedos, me estaba volviendo loca.-Si me prometes no contarle a la abuela ni a nadie lo que está ocurriendo me desnudaré para ti, pero ya sabes que será nuestro secreto… -Te lo juro por lo más sagrado mami, será nuestro secreto… Me levanté y me quité el sujetador muy lentamente, lo dejé caer al suelo, pero me tapé los pechos con los brazos, y le dije:

-Si quieres que me quite los brazos de los pechos y me baje las braguitas, tú también te tienes que desnudar, así me dará menos vergüenza a mí. -Pero es que me da vergüenza. -Pues entonces a mí también me dará vergüenza y tú tampoco veras nada. –Vale… se tumbó boca arriba y levantó el culito para bajarse los slips, casi no pudo de tieso que tenía su pene, le debía de medir al menos 17 cms.

-Ahora no te quedes mirándome tú a mi y sigue desnudándote… mi hijo comenzaba a impacientarse.

Bajé los brazos hasta el elástico de las bragas y lentamente me las fui bajando de espaldas él, tenía mi culo a pocos cms. de su cara, casi me caigo de lo nerviosa que estaba, me di la vuelta, levanté los brazos y ¡Tachannn! allí estaba yo totalmente desnuda frente a mi hijo y este con su enorme pene en la mano mientras me miraba con ojos de volverse loco.

-¿Te ha gustado el striptease? -Eres increíble mamá, nunca he visto una mujer con un cuerpo como el tuyo ni en las películas… me tumbé a su lado y él seguía mirándome a los pechos. -¿Has tocado alguna vez un pecho? -No mami, ¿Te importa que toque el tuyo? Te prometo no contárselo a nadie. -Está bien, pero tienes que hacerlo despacito…

Como un niño que es comenzó a rodear mi aureola con un dedo cada vez más y más cerca del pezón hasta que llegó a este y empezó a pegarle pequeños pellizquitos, yo instintivamente llevé mi mano a mi coño y me introduje un dedo, mientras me masturbaba con una mano, con la otra me aproximé a Carlos y le acaricié suavemente los testículos, de ahí pasé mi dedo por todo su pene arriba hasta que llegué al capullo que tenía totalmente hinchado.

-Por favor hijo, chúpame una teta… así lo hizo, aunque era la primera vez que lo hacia, la ternura de sus labios volvería loca a cualquier mujer.

No podía creerlo, estaba en la cama con mi hijo y mientras este me chupaba una teta yo le masturbaba a él y me masturbaba a mí misma.

-Mami me corro… -No por favor espera. Me puse en la cama boca arriba, dirigí mi cabeza a su entrepierna y de un golpe clavé su pene en mi boca, justo en el momento de chuparla la primera vez, un torrente cálido corrió por mi garganta mientras escuchaba suspiros de placer de mi hijo, caímos los dos rendidos en la cama ya que yo me corrí a la vez que él, mi Carlitos se quedó totalmente dormido, fue la noche más maravillosa de mi vida, aunque no la última, pero eso ya os lo contaré otro día.

Un abrazo y gracias por abrirme los ojos al placer.

Autora: Carmen

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La señora Carmen II

Comenzó a moverse de arriba hacia abajo, en un insoportable y lento vaivén que me estaba haciendo perder la razón. Tomé sus nalgas y las separé y les daba masaje. Esto dejó al descubierto su hermoso culo, ese hoyito apretado y caliente. Mojé mi dedo índice con saliva, muy despacio y tratando de no lastimarla, lo introduje poco a poco en su ojete, hasta que prácticamente todo estaba dentro.

…Se subió a la cama, y gateando con movimientos felinos, se acercó hasta mí y me besó en los labios, despacio primero y después metiendo su lengua en mi boca y rozándola con la mía. “Ahora sí…” dijo. “… me toca a mí”.

Continuó besándome, mientras con su mano izquierda tomó mi mano derecha… la puso sobre su concha, y yo, ni tardo ni perezoso, intenté meterle los dedos de un empujón. Ella dijo no, así no… Despacito al principio… por encimita. Con suaves movimientos de su mano, condujo la mía, dándose un rico masaje en los labios de su raja, con la yema de los dedos solamente. Ya después de un rato así, y sin dejar de besarnos, me soltó la mano y me dejó seguir solo.

Yo continué acariciando los labios de esa vulva deliciosa, por mucho rato, y después de varios minutos volvió a tomar mi mano. Colocó la punta de mis dedos sobre su clítoris, y yo sorprendido, noté que era bastante grande y que sobresalía mucho de su capucha.

Comencé un masaje despacito sobre ese suave botoncito del placer. A los pocos minutos, y ya deseoso de ver de cerca esa cuevita húmeda y lisita, la recosté sobre su espalda y me coloqué entre sus piernas. Olía maravillosamente bien… con mis dedos separé los labios de su concha, y comencé a lamerla por todas partes, sin dejar de acariciar su clítoris con la otra mano. Ella me tomó de la cabeza mientras jalaba mi cabello y susurraba:

Así, chiquito. Así, mi amor. Yo estaba disfrutando enormemente el lamer esa deliciosa puchita, y me encantaba el sabor en mi boca. Sus juguitos comenzaron a fluir, y aún cuando moría de ganas de atravesarla con mi erección, continúe lamiéndola y chupándola; quería devolverle el favor, quería hacer que se viniera en mi boca.

He leído en muchos otros relatos como casi todos los protagonistas hacen venirse una vez tras otra a una mujer, con increíble facilidad, mientras le chupan la raja. He de decir que a mí, en esa particular ocasión, me costó mucho trabajo y me tardé un buen rato. Sin embargo, no me importó porque lo estaba disfrutando mucho. En un momento determinado, decidí concentrar mi atención en otra área. Sin palabras, sólo con el movimiento de mis manos, hice que la señora Carmen levantara sus piernas y las sujetara con sus manos. Esto dejó al descubierto su hermoso ano. Así, mientras introduje dos dedos en su cuevita, comencé a lamer ese apretadito orificio. Hacía círculos con mi lengua en su puerta trasera, y de vez en cuando introducía la punta de mi lengua ahí, mientras continuaba metiendo y sacando mis dedos.

Finalmente, volví a concentrarme en su clítoris, y lo mordía y chupaba, lo lamía y lo succionaba, mientras introducía uno de mis dedos poquito a poquito en su ano. No me costó tanto trabajo, ya que la saliva que había quedado después de lamerla facilitó mucho la penetración de mis dedos. Tanto que en un rato ya no eran uno sino dos dedos los que entraban y salían de su ojete. Después de un rato así, comencé a sentir que las piernas de la señora apretaban con más fuerza mi cabeza, y que sus muslos temblaban. La señora comenzó a gemir, despacito al principio, y cada vez más fuerte, y más fuerte aún. Que maravilla, hasta ese entonces jamás había oído a una mujer gemir de placer sin tapujos y sin preocuparse (con Silvia siempre había temor de que nos descubrieran y por lo tanto ella gemía muy quedito).

La señora exclamaba: así, papito, así que rico, me voy a venir, sí, así, rico, así papito, mientras apretaba mi cabeza con sus piernas y se revolvía como desesperada; tanto, que me costaba trabajo seguirla chupando. Finalmente, se puso tensa por varios segundos y soltó un pequeño y delicioso grito: aaahhh. Me volví a recostar a sus enormes y hermosas nalgas. Tomé la base de mi pene con la mano, para evitar que se moviera, y extasiado vi su raja, húmeda y caliente, engullir mi erección con la mayor facilidad.

Por fin estaba dentro de mi señora hermosa, y su interior era caliente, húmedo y suave. Para mi sorpresa, y contrario de lo que hasta ese entonces había oído de las señoras de esa edad (recuerden, tenía dieciocho años), su panocha apretaba riquísimo. Comenzó a moverse despacito, de arriba hacia abajo, en un insoportable y lento vaivén que me estaba haciendo perder la razón. Tomé una almohada y la puse bajo mi cabeza para disfrutar mejor el espectáculo de sus nalgas subiendo y bajando sobre mi verga. La señora, sin dejar de moverse, me dijo: “tócame, chiquito… no debes dejar que la mujer haga todo el trabajo… goza, pero hazla gozar”. Obediente a los consejos de mi maestra del placer, tomé sus nalgas con ambas manos y las separé, las apretaba y les daba masaje. Esto dejó al descubierto una vez más su hermoso culo, ese hoyito apretado y caliente.

Mojé mi dedo índice con saliva, y muy despacio (¿ven? Ya estaba aprendiendo) y tratando de no lastimarla, lo introduje poco a poco en su ojete, hasta que prácticamente todo estaba dentro. Mientras ella me cogía, subía y bajaba sobre mi palo, yo metía y sacaba mi dedo de su agujerito. Eran el cielo y el infierno al mismo tiempo. Después de un rato, la señora se levantó y me indicó que me sentara con la espalda contra la cabecera de la cama. Tomó mi pene con sus manos y se sentó sobre él, quedando frente a frente. Fue hasta ese entonces que caí en la cuenta de que no le había puesto atención a sus preciosas y enormes tetas. La posición era perfecta, así que mientras ella me montaba como una diosa de la guerra, yo acariciaba sus pechos con mis manos, y los manoseaba y apretaba a placer. Ya aprendida la lección, lo hice despacio y suave, apretando de vez en cuando los pezones con mis dedos mientras besaba y lamía su cuello con fruición.

Era increíble, esta señora no se cansaba de montarme, y el vaivén de sus caderas era lo más rico del mundo. Echándome un poco hacia abajo, sus pechos quedaron a la altura de mi rostro, y mientras atendía uno con la mano, mordisqueaba el otro, y lo chupaba. No pude resistir la tentación, y le hice varios pequeños chupetones (chupetes, dirían en España ¿no es así?), a lo que ella no dijo nada. También incluso junté sus dos pechos con mis manos, no con poco esfuerzo, para poder meterme los dos pezones en la boca al mismo tiempo. Yo estaba ya a punto de venirme, y ella así lo notó, porque se volvió a levantar, y se puso en cuatro patas, parando su hermosa cola, y dejando al aire ese par de nalgas sublimes. “Cógeme”, ordenó, y yo obedecí.

Introduje mi verga en su concha, y una vez más metí mis dos dedos en su ano. Comencé a moverme despacio, y seguía dándole con los dedos mientras me mecía hacia atrás y adelante. Ya estaba a punto, y ella susurraba “que rico, chiquito… así, papito… ahora sí, papá, ahora sí, dámelo fuerte… más rápido”. Saqué mis dedos de su ano y me agarré a dos manos de sus hermosas nalgas. Era la gloria, era el cielo darle con todas mis fuerzas a esa hermosa pucha. Ahora sí, ella gritaba con todas sus fuerzas, y yo también gemía de placer.

No duré mucho, y ella, sabiendo una vez más que iba a terminar, me ordenó: “vente en mis nalgas, papito. Quiero sentir tu lechita en mi culo”. Saqué la verga de su cuevita y me quité el condón. Comencé a darle a mi pito unos deliciosos tirones rápidos, y en un par de segundos, un delicioso orgasmo que comenzó en mis huevos me recorrió desde la punta de los pies hasta los cabellos.

Un chorro de leche salió disparado y cayó en su espalda, incluso un poco su cabello. Seguí masajeando mi verga, y un par de chorros más pequeños cayeron en su ano y resbalaron hacía abajo, cayendo sobre el sobrecama. El marcador se encontraba dos a uno; yo me había venido ya dos veces, y no quise dejarla así. Antes de que ella pudiera moverse, me recosté sobre mi espalda y metí mi cabeza debajo de sus nalgas.

Ella al sentir esto se reclinó hacia atrás, sentándose en mi cara. Lamí y chupé su cosita, metí mis dedos en su cueva y en su ano mientras mordía y chupaba su clítoris. Mi propia leche resbalaba desde su culo y caía sobre mi barbilla y sobre mi mentón, pero no me importaba, Esta vez no me costó tanto trabajo, y la señora Carmen volvió a venirse en mi cara una vez más.

Nos recostamos juntos, desnudos, llenos de sudor y felices. La abracé y acariciaba su cabello, mientras la besaba y ella apretaba deliciosamente con la mano mi pene ya fláccido, pero también feliz. Se volvió sobre su costado una vez más y tomó una cajetilla de cigarros del mismo cajón (mentolados… los odio, pero no todo es perfecto en esta vida). Me ofreció uno, y mientras fumábamos, platicamos por un buen rato. “Me hubiera gustado hacerla venir mientras la montaba”, le dije. “No te preocupes, papito”, dijo, “la verdad es que yo soy muy tardada para venirme, pero estuvo muy rico, y además apenas estás aprendiendo. Con un poco de práctica lo vas a hacer”.

Me besó en los labios, y seguimos platicando por mucho rato. Así fue como me enteré de que Rubén, su marido, a pesar de la enorme verga que ella decía que tenía, se estaba quedando impotente, quizá por la edad, o quizá porqué bebía mucho. De tal suerte que el mismo Rubén fue quien le propuso a la señora Carmen que se buscara un amante.

En realidad, a pesar de nunca haber tenido hijos, y a pesar de todo, ellos se amaban mucho, y él quería que ella fuera feliz. Ella rechazó tener un amante de planta, no quería lazos sentimentales con nadie, así que sólo tenía amantes de ocasión. Para mi asombro, solo eran dos; yo me había convertido en el número tres. Uno de ellos era un vecino de ambos, divorciado desde hacía varios años; el otro, un compadre de ambos, que lo hacía a escondidas de su esposa, y finalmente llegué yo (no mucho después, mi papá se convirtió en el cuarto; él hasta la fecha cree que nunca me enteré).

Después de bañarnos juntos, la señora se puso una pijama, muy poco sexy por cierto, y se metió bajo los cobertores. Con un beso en los labios, y un “gracias”, me despedí de ella (por esa vez), y salí a la sala, donde a pesar de las insistentes preguntas de Rubén y mi papá, no comenté nada y sólo me dediqué a sonreír para mis adentros, al calor de un rico whisky.

El tiempo pasó y seguí visitando la casa de Rubén. No tan seguido como yo hubiera querido, pero con frecuencia. El aprendizaje que la señora Carmen me dio es uno de los mejores regalos que me han hecho en la vida, y las experiencias no terminan ahí. Algún tiempo después, en una reunión, y al calor de las copas, bastantes copas, la esposa del famoso compadre, el amante número dos, accedió a entrar al juego y tuve la oportunidad de mi primer intercambio de parejas, de tener sexo con dos mujeres a la vez, y de presenciar mi primer lesbian show (pero ese es material para otro relato…

Rubén murió hace ya varios años, presa de un maldito alcoholismo que nunca lo dejó en paz. La señora Carmen, para mi dolor, se fue a provincia, cerca de la playa, a vivir con su hermana. Le perdí totalmente el rastro. La extraño un montón.

Autor: huidosgm

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La señora Carmen

Un espasmo eléctrico recorrió mi cuerpo, y el mejor orgasmo de mi corta vida me atravesó todo el cuerpo. Tuve que cerrar los ojos, porque de repente parecía que un flash me había deslumbrado… las piernas me temblaron, y estuve a punto de caerme. Cuando pude reaccionar, la señora Carmen seguía chaqueteándome la verga, exprimiéndole hasta la última gota.

Esta es la historia de otra mujer muy importante en mi vida sexual. Si Silvia fue quien me inició en el maravilloso mundo del sexo, fue la Sra. Carmen quien me ayudó a obtener mi doctorado.

Habían pasado dos años desde que corrieron a Silvia de casa de mi papá. Desde que Silvia se fue, fueron los dos años más insoportables de mi vida; Imagínense… después de dos años de coger delicioso todos los fines de semana, sábado y domingo, a veces dos veces por día, te acostumbras, como decimos en México, a tu ración semanal de “papaya”. El perderla fue toda una tragedia.

Por muy cabrón que seas, por muy carita (que no es mi caso, desafortunadamente), por mucha posición social o mucho dinero que tengas, es muy difícil convencer a una chavita para que tenga sexo contigo, y las chavas más grandes, las que sí están dispuestas a coger, aún te ven como un niño. Como nunca me ha gustado mucho pagar por sexo, mis opciones eran muy pocas, y en esos dos años desde que Silvia se fue, sólo cogí 4 ó 5 veces. Fue entonces cuando conocí a la señora Carmen.

Cuando cumplí dieciocho años, mi papá se convirtió en mi mejor amigo. Cada fin de semana, salíamos, los dos solos en las tardes, a jugar tenis un rato, a comer, y usualmente rematábamos el día con una gran peda en algún bar… como las chavas disponibles en ese tipo de lugares invariablemente te besan, te acompañan o cogen contigo por interés, en realidad casi nunca me metía con ellas. No voy a decir que nunca me metí con una puta… ustedes saben, hormona mata neurona, pero trataba de evitarlo, porque me gusta la emoción de la caza y con una puta no hay nada de eso.

Un sábado de aquellos, mi papá y yo andábamos de peda, y a él se le ocurrió pasar a visitar a un amigo que no había visto en años, llamado Rubén. En el camino compramos una botella. Cuando llegamos a su casa, Rubén nos recibió con mucho gusto y nos hizo pasar a la sala. Era un tipo bastante alto, yo diría que medía como un metro ochenta y cinco. Se veía ya grande, como de 50 años, y estaba calvo. Platicamos un rato, y decidimos abrir la botella. El llamó a gritos a su esposa, pidiéndole que nos trajera vasos y hielos. Al momento bajó de la planta alta una mujer en sus cuarentas, muy bajita (como de un metro cincuenta), de piel blanca, de cabello negro y corto. Se notaba que en su juventud había sido bastante guapa, aunque por el vestido de señora grande que traía no pude apreciar su cuerpo. Su nombre era Carmen.

Para mi sorpresa, después de servir los tragos, la señora Carmen se quedó con nosotros a beber, y se sentó junto a mí, en un sillón de dos plazas. La plática siguió por mucho rato, pero yo no podía dejar de notar que la señora me miraba constantemente. Mi primera reacción fue miedo… yo pensé que en algún momento y al calor del whisky, Rubén iba a pensar que era yo el que traía algo con su mujer y me iba a romper la madre. Después de otro rato, la señora se sentó junto a su marido, y se recargó en su hombro. Varias veces le susurró cosas al oído, y no dejaba de verme. Me puse nervioso, y aprovechando que tenía ganas de orinar, me disculpé y fui al baño, donde me lavé la cara y me fumé un par de cigarros.

Cuando salí del baño, varios minutos después, la señora Carmen estaba parada junto a la puerta de este, que quedaba junto a la puerta de otra habitación que no había visto. La señora me tomó de la mano y me dijo: “ven”, dirigiéndome hacia la recámara. A mí me dio pánico, y tratando de no hacer ruido, le dije que no. Como pude regresé a la sala y nervioso apuré mi bebida de un trago. No puedo negar que estaba bastante excitado; la posibilidad de tirarme a la señora, aunque según yo se veía imposible, había hecho que mi verga se levantara de emoción. Rubén, al verme todo nervioso, comenzó a reírse, y me dijo: “Qué, cabrón… ¿eres puto, o no te gusta mi vieja?”.

La sangre se me fue a los pies y comencé a sudar frío. Volteé a ver a mi padre, quién también se estaba riendo. Todo nervioso, y seguro de que era una broma, fingí una risita y le contesté: “¿qué?”. “No te hagas pendejo”, respondió. “Mi vieja me pidió permiso de echarse un palito contigo… qué, ¿a poco la vas a despreciar?”. Volteé una vez más hacía mi padre, quién me dijo “Órale, cabrón… ¡vas!”. Salida de no sé donde, la señora Carmen me tomó de la mano una vez más, y me llevó hacia la habitación junto al baño, que resultó ser una recámara con una enorme cama queen size.

Una vez en la habitación, la señora me preguntó: “¿es tu primera vez?”  “No”, respondí. “Entonces, ya sabes que hacer… ¿qué haces ahí parado?”  Yo, súper caliente y con el orgullo herido, me aproximé a ella y comencé a besarla desesperadamente, acariciando sus nalgas y sus pechos a la vez. Como todo chico a esa edad, yo me sentía el hombre más experimentado del mundo, pero la señora me enseñó esa tarde, y todas las que siguieron, que en realidad, no sabía nada. Sin decir nada, me detuvo y me condujo por el camino que ella quiso.

Primero me desabrochó la camisa, y después de aventarla al suelo, comenzó a besarme el pecho muy despacio. Siguió besándome el pecho, y en un momento, ya estaba lamiendo y mordisqueando mis pezones. Carajo, se sentía tan bien. Yo la dejaba hacer, mientras con una mano apretujaba una de sus tetas. Después de un buen rato de besarme, lamerme y morderme el cuello, los pezones, los labios, los hombros y las orejas, yo estaba a punto de estallar. Ella se puso de rodillas, desabrochándome los jeans, y en un santiamén mi bóxer, estaban a la altura de mis tobillos.

Mi pito salió a saludar, erecto y feliz, con la cabeza roja e hinchada y una gotita de lubricante en la punta. La señora Carmen comenzó masajeando mis huevos, muy despacio, y siguió dándome unos tirones de verga deliciosos, muy despacito. Era la mejor chaqueta del mundo. Varias veces estuve a punto de venirme, y sin que yo dijera una palabra, la señora lo notaba por mi respiración, mis jadeos y mi rostro, y hacía presión con sus dedos índice y pulgar en la base de mi pene, muy fuerte; con ese método, pudo evitar que me viniera antes de tiempo.

Después de un rato así, pasó lo que yo deseaba con todas mis fuerzas. Tomó mi verga con la mano derecha y comenzó a lamerla despacito, por ratos la cabeza, por ratos el cuerpo, mientras acariciaba mis bolas con sus uñas, que eran bastante largas. Finalmente, se la metió toda en la boca y me dio la mejor mamada de mi vida. Ya varias veces me la habían mamado antes; Silvia acostumbraba hacerlo muy seguido, y la mayoría de las chavitas de la secundaria y de la prepa que accedieron, era lo único que te daban. Sin embargo, esta vez era diferente. La señora era toda una experta mamadora. Recorría mi pistola con la lengua, lamía mis huevos, chupaba la cabeza con una fuerza increíble, y la lamía.

No aguanté mucho, y comencé a sentir que se aproximaba un orgasmo de proporciones épicas.

Quise quitarla con mis manos… a ninguna de las mujeres con las que había estado le gustaba que te vinieras en su boca, y yo pensé que así era con todas. Ella no me hacía caso, y seguía mamando sin cesar. Un espasmo eléctrico recorrió mi cuerpo, y el mejor orgasmo de mi corta vida me atravesó todo el cuerpo. Tuve que cerrar los ojos, porque de repente parecía que un flash me había deslumbrado… las piernas me temblaron, y estuve a punto de caerme. Cuando pude reaccionar, la señora Carmen seguía chaqueteándome la verga, exprimiéndole hasta la última gota. Aunque había rastros de leche en su vestido y en sus labios.

Se había tragado casi toda mi venida. Se levantó y me recostó sobre la cama. La señora Carmen se dirigió hacia la puerta y salió de la habitación. Aunque había sido la mejor mamada y el mejor orgasmo de mi vida, yo estaba bastante molesto. Pensé que por haberme venido había desaprovechado la oportunidad de cogérmela. También pensé que ella estaba molesta porque sólo yo me había venido sin complacerla a ella. Enojado y apenado, me paré de la cama y comencé a arreglarme los jeans. Estaba por levantar mi camisa del suelo cuando la señora entró de nuevo a la recámara, sólo que ahora traía puesta una bata, y sorprendida me dijo: ¿a dónde vas? Pensé que usted se había molestado, respondí (noten que curioso: cinco minutos antes, mi verga estaba dentro de su boca y aún continuaba tratándola de usted).

No, papito… contestó divertida. Sólo fui al baño a lavarme… acuéstate, que todavía no terminamos. Se despojó de la bata, y sorprendido noté que aún tenía un cuerpo bastante aceptable… sus tetas eran grandes y muy, muy blancas, llenas de pecas y con unos pezones chiquitos con aureolas de color rosa. Siendo honesto, no eran tan firmes, pero tomando en cuenta su edad era natural. La señora, notando mi excitación y mi sorpresa, se dio media vuelta para que yo pudiera ver sus nalgas, las cuales estaban muy, muy ricas. Grandes, y sobre todo, muy paraditas. Volvió a voltearse una vez más, y está vez pude apreciar en todo esplendor algo que me dejó boquiabierto: Tenía el pubis totalmente rasurado, y los labios de su rajita eran pequeños y carnosos. Aún así, sobresalían, incluso ahora que ella tenía las piernas cerradas.

Hasta la fecha, soy un obseso de las mujeres rasuradas. Caminando muy despacio, se aproximó hasta la cama y de un empujón me volvió a acostar sobre ella. Aún de pie, me quitó los zapatos y los calcetines. Volvió a desabrochar mis jeans y junto con mi bóxer, los arrojó al suelo. Ahora sí, estábamos ambos en pelotas, y mi verga se encontraba ya lista y deseosa de acción. Se subió. “Ahora sí…” dijo. “… me toca a mí”.

Si quieren saber en que termina la historia de la señora Carmen, o les ha gustado mis historia, que por cierto, es real, hagan sus comentarios.

Autor: huidosgm

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Me follé a mi hermana

Iba con un vestido súper corto y sin bragas, empecé a pasarle mi verga por sus labios, le bajé un tirante y el otro se lo rompí de un tirón dejando sus pechos al descubierto besándolos y mordisqueándolos, tenía mi sueño a un paso de realizarse, follarme a mi hermana, nos fuimos a mi habitación y le dije que se pusiera a cuatro patas. Se la clavé hasta el fondo, gritaba como una loca.

El relato que vais a leer es 100×100 real. En la actualidad yo tengo 31 años y mi hermana 33, me he masturbado muchísimas veces pensando en mi hermana y en poder cogérmela algún día.

En la actualidad ella, está casada, y yo vivo con mis padres. Este pasado verano Mis padres se marcharon a una boda y mi madre me comentó que mi hermana vendría a traer la compra a casa, que si yo estaba durmiendo que no pasaba nada ya que ella tenia sus llaves, cuando se marcharon mis padres yo ya me levanté y empecé a preparar la estrategia…

Me fui al cuarto de baño, me duché y afeité mi verga, oí que estaba mi hermana abriendo la puerta y puse en marcha el secador para disimular oírla entrar, ella dijo mi nombre un par de veces y al ver que yo no salía vino ella hacia el cuarto de baño, cuando yo calculé que estaba muy cerca salí del baño totalmente desnudo y con mi verga en buen estado.

Carmen, ¿que haces aquí?, no te he oído llegar.

Pues mira que te he llamado varias veces, contestó ella, pensaba que te estabas secando el pelo y por eso he venido hasta el baño, perooo, tampoco está mal lo que veo, dijo con una sonrisa picara.

¿Sabes?, nunca había visto una verga depilada, mi marido nunca se la ha depilado.

Y, ¿que te parece? le pregunté.

Pues, la verdad, muy bien, en todos los sentidos (mi verga mide casi 20 centímetros).

No se lo pensó dos veces y tomó mi verga, pero no fue una vez, la tuvo en sus manos mientras hablábamos, mi erección fue bestial y con unas ganas locas de follarme a mi hermana, al verme tan excitado ella soltó mi verga y me dijo que como me había puesto, a lo que yo le comenté que ella tampoco se había quedado indiferente ya que sus pezones estaban bien erectos y marcados en su corto y fino vestido de tirantes.

Ella me contestó que era una reacción involuntaria y que se marchaba para su casa, le contesté que ahora no me podía dejar así y me dijo que si estaba loco, que éramos hermanos y que ella había estado tocando mi verga sin ninguna otra intención y que se marchaba ya para su casa.

Se dio la vuelta y empezó andar hacia la puerta, yo fui corriendo hacia ella y la tomé del brazo y la tiré hacia la pared, le agarré las manos y le empecé a besar el cuello, al principio se resistió con mucha fuerza pero mi posición le impedía hacer nada, con mis pies le separé sus piernas y le subí el corto vestido hacia la cintura, no llevaba bragas, iba con un vestido súper corto y sin bragas, empecé a pasarle mi verga por sus labios y continuaba besándole el cuello le bajé un tirante y el otro se lo rompí de un tirón dejando sus pechos al descubierto besándolos y mordisqueándolos, ella ya estaba totalmente entregada y se puso loca con mi violencia hasta que me dijo:

Si, siii, fóllameeeeeeeeeee, quiero que me claves tu verga.

Tenía mi sueño a un paso de realizarse, follarme a mi hermana, nos fuimos a mi habitación y le dije que se pusiera a cuatro patas. Se la clavé hasta el fondo, gritaba como una loca.

Ahhhh, empuja, ahhhhhh empuja fuerte, si, si, clávameeeee tu verga.

¿Te gusta eh zorra?, le decía yo mientras se la metía hasta el fondo, pues ahora te la voy a meter en tu lindo culito

No, noooo, por el culo noooo, nunca lo he hecho, no había acabado de decírmelo que ya se la metía, ahhh, ahhh, noooo, los primeros gritos fueron de dolor y los siguientes de placer, uhmm, uhmm, si, si, siii, me gusta, aprieta más fuerte.

Yo estaba a punto de reventar cuando ella empezó a gritar como una loca, si, si, Siiiiiiii, ahhh, me corroooo, ahhhh, no paresss, si, siiiiiiiiiiii, se la saqué de golpe y le dije que se diera la vuelta, tenía mi verga sucia, muy sucia, y se la puse en la boca, la mamaba como una loca, con delirio, hasta que, ahhhh, me corroo, toma putitaaa, ahí va tu leche, ahhhhhhh, bebe, bébetelo todooooooooo, se lo bebió y me limpió mi verga lamiéndola como una gatita hasta dejar mi pija limpia.

Luego nos besamos y mezclamos mi esperma en nuestras bocas. Así fue como se realizó mi tan esperada aventura con mi hermana.

Autor: Nus

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