Mi viaje a Londres (1)

Estuve una semana en Londres de visita a mi amigo James, él vivía con su madre Mrs GreenCup  y  sus hermanas Carolina y Jessica, Carolina de 20 años y Jessica de 24 y luego mayor que ellas estaba James que tiene mi misma edad. Carolina y Jessica aún siendo hermanas eran totalmente diferentes Carolina era rubia con ojos azules y de piel blanca sin embargo Jessica era morena con ojos marrones y tez más oscura igual que su hermano James.

Ese primer días hicimos turismo por Candem Town viendo todos los puestos.  A la noche llegamos a casa totalmente cansados cenamos y nos acostamos. Yo dormía en la habitación de James.

Al cabo de un rato mi cuerpo estaba totalmente dormido pero mi mente seguía escuchando y más con los ronquidos de James a mi lado. De repente siento como algo se mete en mi cama y unas manos delicadas bajaban mi pijama y mi bóxer negro – ¿Quién diablos me está bajando el bóxer?  – pensaba que era un sueño cuando empecé a notar una manos pequeñas y frías cogiéndome el pene, lo empezó a mover de arriba a abajo hasta estar totalmente erecto, no quería mirar para no interrumpir esa paja que me estaban haciendo quien fuera.

Yo seguía sin saber que estaba pasando, bueno si sabía lo que pasaba lo que no sabía era quién era la otra persona. Luego esa extraña persona empezó a meterse mi pene en su boca húmeda y caliente, empezó a besarme, recorrerme con la lengua todo el miembro de los huevos hasta el glande, donde lo metió y empezó a mover la cabeza con ritmo y con rapidez. Miré abajo y por la cabellera rubia sabía que era Caroline la que estaba haciéndome el oral más morboso de toda vida, volví a cerrarlos y me relajé a disfrutar.

Cuando noté que iba a correrme, yo volví a abrir los ojos, le dije

–    ¿Qué haces Caroline?

–    Ella paró y miró a la cama de James donde yacía dormido roncando y luego me hizo una señal de silencio.

Se quitó el camisón que llevaba y cogiendo mi polla se la metió en su coño, con sus manos guió a las mías a sus pechos, yo les pellizcaba sus bien formados pechos, luego di rienda suelta a mi boca para que saborearon esos pechos bien esculpidos, nuestros jadeos eran cada vez más fuertes, menos mal que los ronquidos de James eran más fuertes. Caroline tuvo un gran orgamo, que lo gesticuló apretando mi cabeza en sus pechos, yo no pude aguantar más y me corrí dentro de ella. Tras una pausa donde mi polla seguía dentro de ella, Caroline se levantó recogió su pijama y salió de la habitación yendo al dormitorio donde dormía junto a su hermana Jessica.

Esa noche fue una de las experiencias más morbosas que tuve tanto en mi vida como con Caroline… pasaron más cosas en ese viaje que os contaré en otro momento…

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Vuelta al cole salvaje

Era el último año de Instituto y mi exnovia Carolina, a sus 18 añitos estaba nerviosa. La vuelta al cole era especialmente dramática aquel año ya que significaba el fin de muchas cosas y la elección del futuro en la universidad, trabajo o formación profesional.

Las clases empezaron de forma similar al año anterior, y todos los del aula se conocían. Ya la primera semana un grupo de chicos propuso salir de fiesta para celebrar que era el último año. Carolina se apuntó y a provechando que la marcha era en un lugar famoso, llamó a su tío Miguel, el cuál vivía justo en esa zona. Su tío, divorciado y de 40 años justos, le atendió animado y se alegró de la llamada. Le dijo que podía quedarse a dormir, y si quería, con alguna amiga también; él ya lo hablaría con sus padres.

La semana transcurrió rápida, y algún que otro chaval intentó ligar con ella. Carolina era una chica no muy alta (1,69), de cara dulce sonriente, melena rubia, delgada y unos buenos pechos talla 90. Estos, volvían locos a sus compañeros, y ella disfrutaba del juego a base de llevar camisetas y tops que realzaran su figura.

Era sábado, y a las 19:45 se presentó en casa de su tío Miguel. Dejó las cosas en el que sería su cuarto y pidieron unas pizzas para cenar. Antes de despedirse, su tío le pidió que cuando llegara fuera a darle un beso para saber que había llegado bien y se quedara más tranquila.

Carolina se arregló y colocó un vestidito azul, que si bien no era muy corto, sí era bastante escotado.

MIGUEL: ¡ligarás mucho esta noche! – dijo el hombre mientras le miraba descaradamente los pechos arrejuntados en su escote.

CAROLINA: pufff. Los chicos de clase son unos pesados. No volveré muy tarde. ¡Chao! – dijo tras darle un besito de despedida.

Los compañeros y compañeras de clase se juntaron en un parking cercano a la zona de marcha y celebraron un botellón. Del maletero abierto de un coche salía música, y el de otro servía de barra de bar con las bebidas que habían pagado entre todos.

Carolina empezó hablando con sus amigas, y con la escusa de “invitar” de vez en cuando se acercaba algún compañero de clase para darle otra copa. Tras el segundo vodca con red bull, Carolina empezó a sentirse bastante contentilla, y animó a todos a que dejaran de beber y se fueran de marcha. Los chicos prefirieron quedarse en el botellón.

Así pues, Carolina y tres amigas más se fueron a la zona de discotecas y fueron entrando un rato en cada una de las que eran gratis. Su amiga Sandra le propuso entrar en una nueva en la que invitaban a un chupito muy bueno a las chicas. Sandra no se lo reveló, pero nada más entrar se dieron cuenta que la medida de edad era bastante superior a la suya. La gente rondaba los treinta años o más.

Se tomaron su chupito y pidieron unos cubatas aprovechando los precios populares del local.

Sandra, Noelia, Nieves y Carolina hicieron un pequeño círculo y se pusieron a bailar. No tardó mucho en llegar el primer pesado que intentó ligar con ella. La diferencia con las otras discotecas es que éste no era ningún niñato, sino que se trataba de un chico bien arreglado y vestido de marca de treinta años. El chico, sin mediar palabra, le agarró de la cintura y se puso a bailar con ella. Le caía bien, y no intentó nada, así que le siguió el juego. El chico, de nombre Joaquín, le invitó a otro cubata, el cual no se pudo acabar porque empezaba a ir un poco borracha. Intercambiaron teléfonos y el mozo le dijo si quería ver su nuevo coche.

Carolina inocente aceptó y le siguió. Se trataba de un modelo deportivo con lunas tintadas. Joaquín le dejó sentarse en el sitio del conductor y después hicieron lo propio en los asientos de atrás. Una vez dentro, el chico le tocó el pelo y se acercó lentamente a su cara. Ella sabía lo que se le venía encima, y no supo qué hacer. No le detuvo, y cuando los labios del treintañero se juntaron con los suyos, se dejó llevar. El beso fue cada vez más caliente, y pronto el chico colocó una de sus manos encima de su pierna y fue subiendo poco a poco por dentro del vestido.

Acostumbrada a liarse con chicos de su edad, le sorprendió que Joaquín no se detuviera ahí, sino que dirigiera su mano directamente hacia su sexo. La colocó allí, notando el calor y la humedad, para empezar a masturbarla lentamente. Hizo un amago de pararle, pero su mano férrea seguía y pronto empezó a gemir. Unas risas le llamaron la atención, y pudo ver que en la parte de delante del coche estaban cinco de sus compañeros de clase riéndose y haciendo señas.

PACO: ¡vaya guarra está hecha Carolina!

CARLOS: ¡sí, ahí a punto de follar con ese viejo!

JOSE LUIS: ¡con lo buena que está, no me extraña!

ÍÑIGO: ¡mirad, mirad, cómo le mete mano!

VICENTE: ¡qué guarra!

PACO: ¡ya verás cuando se lo contemos a sus amigas! ¡ja!

Carolina salí a toda prisa del coche sin colocarse mucho el vestido.

CAROLINA: ¡eh! ¡esperad!

PACO: ¿qué pasa, no te basta ese tío?

Los cinco tíos rieron.

CAROLINA: ¡no le digáis nada a mis amigas por favor!

PACO: ¡ja!

CAROLINA: me liaré con los cinco si me prometéis no decir nada a nadie…

Los chicos sonrieron, la cogieron por la cintura y se fueron, dejando los gritos e insultos del calenturiento Joaquín a sus espaldas.

Entraron en un local de gente de su edad, y sin esperar a que ella hiciera nada, Paco se lanzó, la abrazó y empezó a morrearla.

PACO: no será la última vez que nos liemos este curso…

CAROLINA: ya veremos…

Le dio un pico de despedida y se abrazó a Jose Luis, mientras se enrollaba con él.  Fue turnando a cada chico hasta que justo al terminar le llamaron sus amigas. Habló con ellas, que ya estaban en otro garito, se despidió de sus compañeros de clase promesa en mano, y se fue con sus amigas.

Bailaron y bebieron, y finalmente Noelia le acompañó hasta casa de su tío antes de coger el coche.

Carolina subió en el ascensor y entró en el apartamento con las llaves prestadas. Intentó no hacer mucho ruido, pero el traqueteo de los tacones era inevitable. Una vez dentro, vislumbró una trémula luz en el comedor y se acercó para apagarla. Bajo la iluminación de una lamparita, su tío Miguel estaba sentado con un libro en las manos y un copón vacío en la mesita.

Le sonrió y le dijo que se acercase y le contase qué tal había ido la noche. Dado el estado etílico de Carolina, se sinceró como si de un amigo íntimo se tratara. Le contó sobre el botellón y lo criajos que eran sus compañeros de clase. Le relató sobre el pub para gente más mayor, que Miguel ya conocía, y sobre cómo había conocido allí a un treintañero muy majo.

MIGUEL: ¿y no intentó nada contigo? – le cortó Miguel con una mirada pícara.

CAROLINA: bueno… al principio parecía que no. Pero luego, ingenua de mí, me llevo hasta su coche para enseñármelo…

Carolina, de pies frente a su tío sentado en el butacón, le relató como aquel hombre le había metido mano, como le habían descubierto sus amigos y ella se había liado con todos ellos para sellarle los labios.

Su tío se levantó y la abrazó como para consolarla. Ella le dijo que no pasaba nada, que en el fondo se había divertido. El mantuvo el abrazo, y su mano empezó a acariciarle la espalda. Cada vez estaban más pegados, y Carolina podía sentir como el paquete de su tío empezaba a hacer presión contra ella.

MIGUEL: seguro que entre aquel tío y tus compañeros, has vuelto bien mojadita… – Le susurró, poniéndola nerviosa, al oído.

CAROLINA: tío… qué cosas dices…

MIGUEL: seguro que te has quedado con ganas de estar con un madurito esta noche.

Sus manos le acariciaron los brazos, y mientras que una mano la empujaba por la espalda, la otra se colocó en su nuca. Estaban muy cerca, y Carolina se sentía muy confundida. El aliento a brandi de su tío le golpeaba contra la cara.

Su tío le empujó de la nuca discretamente para atraerla hacia sí mismo.  El hombre se lanzó y le dio un piquito. Ella intentó echarse para atrás, pero su tío apretó la presión en su cuello y le dio más piquitos. La presa sobre su cintura se incrementó y su tío hizo palanca con la lengua para entrar en su boca. Aquella lengua cálida se abrió camino dentro de su boca buscando la suya. Intentó echarla afuera, pero cada vez su resistencia era más débil.

Miguel la abrazó más fuerte, y una de sus manos le apretó el culo mientras no dejaba de morrearla con pasión. Carolina se dejó llevar por la pasión, y cuando el hombre se quitó la camiseta, fue ella la que le abrazó y se lanzó a sus labios. El hombre le tocaba el culo con devoción, como si buscara un tesoro.

Carolina chocó contra la mesa del comedor, y su tío, ni corto ni perezoso la aupó para subirla encima. Al borde de la mesa, ella le tenía entre sus piernas mientras que se besaban con lujuria. Ella le tenía cogido de la cabeza y le metía la lengua hasta el fondo en sus besos al tiempo que movía la pelvis excitada.

Miguel le acarició las piernas lentamente subiéndole el vestido hasta la cintura.  Se restregó contra Carolina al tiempo que le tocaba las piernas como las quisiera sacar brillo.

Carolina, sentada en el borde de la mesa, se bajó la parte de arriba del vestido sacando a la luz sus dos preciosa y grandes tetas. Miguel se las chupó, y de forma impulsiva le quitó el vestido y el sujetador.

Se besaron con pasión acariciándose y restregándose el uno contra el otro. Miguel la chupaba y mordisqueaba el cuello para luego pasar a darse lametazos el uno al otro con las lenguas por fuera.

Ella se tumbó boca arriba y él le acarició delicadamente todo el cuerpo. Cuando llegó a sus partes bajas, le levantó las piernas y pasó su lengua por encima de sus braguitas y la parte interior de sus muslos. Le quitó lentamente la ropa interior, dejando a la vista una zona totalmente depilada coronada por un coño rosadito.

En aquella postura con las piernas levantadas, lee abrió los labios inferiores con las manos, y le pasó la lengua de arriba abajo, besando y chupando su clítoris.

Carolina empezó a gemir mientras le comían el coñito y le rozaban con la nariz el ano. La chica le pidió que parara o se correría. Él obedeció no sin darle un último gran chupetón.

La joven se bajó de la mesa. Le ayudó a terminar de desnudarse, y le agarró su polla erecta arrodillándose frente a él. Golpeó con su punta sobre su lengua y le dijo:

CAROLINA: ¿te gustaría que te la chupara tu sobrinita? ¿te pone eso?

MIGUEL: sí… cómesela a tu tío… mmmmm

Carolina se la metió en la boca y empezó a chupársela mientras le masajeaba los huevos. El hombre gemía y ella alternaba sus succiones con lametazos.

En un arrebato, su tío la ayudó a incorporarse y la subió sobre la mesa. Ella se sentó recostada y le esperó con las piernas abiertas mientras él se ponía un condón. Se acercó, y tras darle unos golpecitos con el cimbrel sobre sus labios inferiores, se la metió lentamente. Comentó un mete-saca in crescendo  al tiempo que su sobrina gemía. Sus tetas se movían rítmicamente de arriba a bajo al tiempo que él la follaba.

Sonó el móvil de Carolina, y ella vio que se trataba de Joaquín, el treintañero que había conocido. Se lo dijo a su tío, y éste le dijo que descolgara y que así se tirara de los pelos por no haber hecho las cosas bien esta noche. Ella se rio, y procedió, habilitando el manos libres.

JOAQUÍN: hola Carolina, te llamaba para pedirte disculpas y… ¿qué es eso que suena?

MIGUEL: ¡está follando con un hombre de verdad! – interrumpió.

JOAQUÍN: ¿qué? ¡será zorra!

Carolina gemía y Miguel, excitado, bombeaba más fuerte.

JOAQUÍN: ¿pues sabéis qué? Si pensabais que me ibais a joder con esto, estáis muy equivocados. Ahora mismo estoy dentro del coche, y me la voy a cascar oyéndoos. ¿Te gusta eso Carolina?

CAROLINA: qué.. ahhh.. mmm. ¡qué te follen!

JOAQUÍN: ¿cómo a ti, verdad? Ja j aja. Escucha cómo me la casco…

Al parecer el chico debió de acercar su móvil a su entrepierna, ya que se escuchó un sonido de fricción.

Miguel se inclinó hacia delante para chuparle las tetas, y cuando se irguió, giró una de las piernas de Carolina hacia un lado. Con el culo en aquella posición, Miguel se la metió por el coño apretándose bien contra sus nalgas.  Ella gemía pegando gritos, y él le daba azotitos en el culo.

Su tío se la sacó de golpe y le dijo que se pusiera a cuatro patas. Ella se bajó de la mesa, y se apoyó en la misma poniendo el culo en pompa. Formaba una L girada a la derecha y sus tetas se apoyaban en la madera. Miguel se acercó y vio cómo aquel coñito abierto rezumaba líquidos. Se la metió, y empezó a follarla haciendo que las embestidas movieran un poco la mesa. Ella se levantó un poco y él le estrujó las tetas como si fueran de gomaespuma.

MIGUEL: ufff, no aguantaré mucho más.

Carolina tumbó en el sofá, y tras mamársela un poco, empezó a hacerle una cuaba a su tío.  Su polla se ocultaba entre sus tiernas tetas, y sus pezones rosados se aplastaban contra sus manos que hacían fuerza para que aquel miembro no escapara.

De repente Miguel retiró la polla y empezó a cascársela rápidamente frente a su cara. Un gran chorro de semen se estampó contra la cara de su sobrina, y el resto se derramó como una marea blanca sobre sus pechos. Un reguero blanquecino caía de la boca de ella hasta el sofá. Su tío se tumbó sobre ella y la besó con pasión, compartiendo su propio semen y llenándose el cuerpo con el de ella. Se fue a la ducha dejándola sola.

Un sonido llamó la atención de Carolina: su móvil. Lo cogió y se dio cuenta que Joaquín no había colgado.

JOAQUÍN: ¿ya habéis acabado? De repente no he oído nada.

CAROLINA: sí…

JOAQUÍN: joder… ¿y me vas a dejar así?

CAROLINA: ¿te la estás tocando?

JOAQUÍN: sí…

CAROLINA: imagínate que estoy en el coche contigo y te la agarro yo. Te hago una paja lenta para luego llevármela a la boca y metérmela entera….

JOAQUÍN: mmmm, sigue…

CAROLINA: te la chupo cada vez más rápido. Sí… Córrete en boca Joaquín.. sí… Lléname con tu leche para que me la tague.

JOAQUÍN: ¡¡¡sí, sí, sí, uahhhhhhhj!!!

Pasados unos segundos…

JOAQUÍN: ufff. Mañana tendré que limpiar el coche. Ha sido increíble. A ver si podemos quedar un día y lo hacemos en real…

Se despidieron, y Carolina, tras asearse, se fue a dormir al cuarto de invitados como si no hubiera pasado nada.

La semana siguiente, en clase, sus compañeros le dedicaban miradas cómplices pero no dijeron nada. Aquello había sido una vuelta al cole salvaje…

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De señora a puta

Me sacó su aparato de la boca y me puso a cuatro en el suelo, yo en este punto, ya no sabía ni que estaba pasando y me dejaba hacer. Me la clavó de golpe, desde atrás en mi coñito. No sé que es lo que fue, pero empecé a sentir placer. Él no dejaba de bombearme, la mujer me miraba y yo, allí empecé a gemir. Le oía a él, de fondo, decir, venga puta, si encima te lo pasas bien.

Aún no tenía muy claro cómo había llegado a aquella situación. Era la tarde de mi segundo día en aquel piso dónde no paraban de afluir hombres, buscando aventuras sexuales pagadas. A mis 20 años yo había tenido una vida sexual bastante activa. Había estado casada e incluso tenía una hija esperándome al otro lado del Atlántico.

Me llamo Carolina, pero desde ayer me llaman Susy. Todavía no me he acostumbrado y cuando Juan dice Susy cortinas o Susy te ha escogido a ti a veces no me doy por aludida.

Tengo padre español y madre dominicana, he vivido toda mi vida en Santo Domingo, me educaron en la escuela española, he vivido como una privilegiada, hasta que hace unos meses, decidí dejarlo todo, a mi hija, mi marido, al que ya no podía soportar más…e irme a España, sin nada, a encontrarme a mí misma, sin que nadie hiciera nada por mí. Quería demostrar que podía vivir sola, ganarme la vida sola.

Aterricé en España, sin nada, deseando empezar una nueva vida. Pronto descubrí que para los españoles yo era una sudaca que podía limpiar sus casas y para los dominicanos yo era la pija española. Iba a ser más difícil de lo que pensaba.

Empecé a trabajar haciendo la limpieza en algunas casas…pero a duras penas me podía mantener con lo que ganaba, para el esfuerzo que requería. Yo, que estaba acostumbrada a levantarme tarde y hacer poco…tenía que recoger la basura de otra gente.

Una mañana, en el metro, un señor olvidó un periódico, que yo agarré y me puse a leer pronto. Llegué a una sección, en la parte trasera dónde había anuncios, que decía, demandas relax, allí buscaban algunos anuncios, mujeres jóvenes y guapas dispuestas a ganar mucho dinero haciendo compañía a hombres. No tenía ni idea en qué consistiría el trabajo…pero la remuneración era muy buena, y la única condición era ser guapa.

De eso, modestia aparte, yo lo soy mucho: morena, con cara simpática, bastante aniñada. De cuerpo delgadita, no mucho pecho pero muy buen puesto, bien formada y cuidada, muchos años de gimnasios todas las tardes. El color de mi piel era tostado, como si hubiera pasado muchas horas al sol. Me gustaba vestir con prendas bastante ajustadas y sexys y el resultado global es que muchos hombres se me quedaban mirando.

Me presenté al primero de estos anuncios y aterricé de golpe cuando me explicaron exactamente en qué iba a consistir mi trabajo…lo de compañía a los hombres era un subterfugio para llamar a una prostituta. YO prostituta. ¡Nunca! me fui indignada.

Fueron pasando los días y las semanas y yo iba a peor cada vez, tenía menos dinero, gastaba más de lo que ganaba. tuve que trasladarme del hostal en el que empecé viviendo, a una pensión y luego a un piso compartido con 7 personas más colombianas, de clase bastante baja, con poca educación y que chillaban todo el día. Y llegó el día en el que esas colombianas de clase baja podían pagar su parte del alquiler y yo no. Así que me dieron una semana para que fuera buscando otro lugar dónde vivir si no pagaba mi parte.

Pasé muchas horas pensando…y finalmente decidí que las únicas alternativas eran robar…o volver a mirar el periódico algún anuncio de aquellos de mujeres para hacer compañías a hombres…aquel que yo dije que nunca haría. Me llamó la atención uno en la calle Rosellón de Barcelona, en el que prometían unos ingresos medios de 3000 € mensuales. Y fui.

Les expliqué que nunca había hecho aquello. Eran un hombre y una mujer los que me atendían, creo que no me escucharon mucho. Me pidieron que me desnudara. Yo me quedé paralizada. Él me dijo: oye guapa, no tengo todo el día. Desnúdate que te veamos o lárgate. De forma inconsciente me quité el top que llevaba dejando a la vista un sujetador de encaje que escondían mis preciosos pechos y mi vientre plano con un piercing en el ombligo.

El hombre me miró apremiante, la mujer…admirada. Me quité los jeans y dejé un tanga a la vista, de color negro. Les miré, y él me hizo un gesto como diciendo…sigue…y seguí…me quité sujetador y tanga quedando completamente desnuda delante de aquellos dos extraños que me miraban como a mercancía.

Ella rompió el silencio que se había hecho en la pequeña sala: eres muy guapa cariño…ahora arrodíllate y chúpasela a Marcos. ¿Cómo? respondí yo, a lo que él, con menos contemplaciones, se bajó la cremallera del pantalón se sacó su pene, que estaba ya completamente preparado para el ataque, se me acercó, me cogió del pelo y me acercó la cabeza a su aparato.

Yo estaba como en un estado artificial, no sabría cómo explicarlo, abrí la boca y me lo metí dentro. Yo tengo una vida sexual bastante activa desde años y en este terreno, creo que he probado bastantes cosas y una de las que me gustaba más era tener el control de un hombre mientras se la chupaba.

Pero aquello era distinto, ¡estaba mamándosela a un desconocido, que me estaba haciendo una prueba para ser prostituta! me sacó de mis pensamientos cuando Marcos le comentó a la mujer, vaya…para ser que no ha hecho esto nunca…mama como una putita bastante experta…voy a probar como folla ahora.

Me sacó su aparato de la boca, me agarró con su potente brazo y me puso a cuatro en el suelo…yo en este punto, ya no sabía ni que estaba pasando y me dejaba hacer. Me la clavó de golpe, desde atrás en mi coñito. No sé que es lo que fue, pero empecé a sentir placer. Él no dejaba de bombearme, la mujer me miraba…y yo, allí empecé a gemir. Le oía a él, de fondo, decir, venga puta, si encima te lo pasas bien.

Con esta nos vamos a forrar, zorra, te vamos a convertir en una putita adicta al sexo. Volví a levantar la vista y la mujer estaba con una pequeña cámara de video grabando las escenas finales de nuestro encuentro y no puede más, me corrí, ruidosamente, a la par que él soltaba toda su carga dentro mío, como un caballo, gimiendo y agarrándose a mis tetas desde atrás. Cinco minutos después, yo estaba todavía en el suelo, temblando, no muy segura de qué hacía allí ni qué había hecho ni qué iba a pasar desde aquel momento.

Marcos estaba ya con su pantalón subido de nuevo, diciéndome: bien Carolina, estás contratada. Mañana por la mañana vas a esta dirección que te hagan un análisis completo de sangre, no quiero putas enfermas en mi casa, luego te vas al centro de estética de esta otra dirección que te depilen entera. No quiero ni un pelo en tu cuerpo. Ese coño es demasiado peludo, a los clientes les gusta afeitado, que te arreglen, te tonifiquen la piel y luego vuelves aquí, en tres días si no te hemos llamado para decirte que hay algún problema con los análisis, vuelves aquí, lista para trabajar.

Te llamarás Susy, aquí dentro ya no te llamas Carolina, nadie sabrá que te llamas Carolina. Mis reglas son: análisis semanales. Si encuentran cualquier tipo de droga en tu sangre o alguna enfermedad, a la calle y no cobras esa semana, los clientes obtienen exclusivamente el tiempo por el que pagan. No te tomes confianzas con ningún cliente.

Los clientes obtienen T O D O por lo que pagan. A la tercera queja de un cliente, no cobras esa semana y no hace falta que vuelvas. Te pagaré cada sábado al acabar el día, el 50% del importe total de los servicios que hayas hecho. Nosotros llevaremos el control y tú también puedes llevarlo. Cristina (señalando a la mujer) o yo, tenemos derecho a follarte cómo y cuándo nos apetezca y eso no cuenta como servicio.

¿Alguna duda? yo me quedé mirándolos…y contesté con un hilo de voz “no”. Así empecé mi vida como prostituta en Barcelona. Ya os contaré como fue mi primer día y como me va a partir de ahora. Os adelanto que ya he dejado de llorar.

Saludos Susy (antes Carolina)

Autora: Susy

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Infidelidad con un hombre negro

No sabía que hacer, estaba besando al esposo de mi prima, me excitó muchísimo lo morboso de la situación, me tocó el trasero y empezó a levantarme la camiseta hasta tocarme toda, me quitó la camiseta y el brassier y recorrió todo mi cuerpo con su boca, yo sentía que iba a estallar de la excitación.

Mi nombre es Carolina, soy una mujer casada de 30 años, vivo en C.R., llevo 8 años de un matrimonio normal, me casé porque resulté embarazada, pero debo admitir que también amaba y amo a mi esposo. Desde hace aproximadamente un mes visito esta página por recomendación de mi mejor amiga (ella conoce mucho de tecnología). Empecé a leer los relatos y me pareció una forma interesante de contar lo que me sucede, total aquí nadie me va a criticar por lo que hago.

Mi esposo es una excelente persona, siempre dispuesto a ayudar sin esperar nada a cambio, pero como muchas de las personas de ese tipo muy frío en el amor, casi sin ganas de nada, nunca. Para que tengan una idea de mí, mido 1.53 soy delgada, de cabello negro y un buen cuerpo, aunque por supuesto nada excepcional.

Hace aproximadamente como 2 años, una de mis primas menores, Fabiola (19 años), se casó con un hombre negro (Pablo) de aproximadamente 26 años, una relación no muy inteligente ni madura, dada la escasa edad de los dos. Nunca me había pasado por la cabeza mirar a ese hombre con alguna intención sexual, hasta lo que sucedió el 12 de agosto pasado (no olvido esa fecha)

Me encontraba yo en mi casa como a las 10 de la mañana cuando me llamó Fabiola diciéndome que me enviaba unas toallas que estaban vendiendo para que las viera (ese es el gran trabajo de su marido). Pablo llegó como a los 30 minutos, yo acaba de ducharme después de las carreras normales de las mañanas. Pablo tocó el timbre, fui hacia la puerta, le dejé entrar y le empecé a mostrar la casa (él no la conocía ya que acabábamos de alquilarla). No por querer mostrarme sexy vestía una camiseta larga que me llegaba hasta las rodillas, y por supuesto ropa interior debajo.

Le empecé a mostrar todas las partes de la casa, yo caminaba delante de él y le indicaba que era cada aposento. Cuando le mostré el cuarto principal, volteé a ver rápidamente y noté que me miraba mi trasero, no me molestó, más bien me hizo sentirme muy sexy. (Eso nos encanta a las mujeres). Seguí enseñándole algunas cosas como la TV que compró mi esposo pero lo hacía moviéndome muy sexy. Al llegar a mostrarle el walking closet, sentí que me rozó el trasero con su cuerpo, en ese momento ya estaba yo bastante excitada.

Me volví y lo tenía muy cerca, me agarró de la cintura y me empezó a besar, al principio no sabía que hacer, estaba besando al esposo de mi prima y además le estaba siendo infiel a mi marido; por otra parte era una persona que yo criticaba por no tener empleo fijo ni metas en su vida. Siguió besándome y me excitó muchísimo lo morboso de la situación, me tocó el trasero y empezó a levantarme la camiseta hasta tocarme toda, me quitó la camiseta y el brassier y recorrió todo mi cuerpo con su boca, yo sentía que iba a estallar de la excitación.

Me volvió a besar y apretó su cuerpo contra el mío, sentí la presión de su gran pene contra mi estómago desnudo. Me agaché, le abrí el pantalón y vi el pene más grande que haya tenido cerca, empecé a meterlo en mi boca como una desesperada, él me miraba con una sonrisa burlona pero a mí no me importaba, yo quería tenerlo en mi boca como fuera.

Al rato de estar yo mamándole el pene hincada, me levantó y me llevó de la mano al cuarto, me acostó en la cama y me recorrió con su lengua todo el cuerpo, me dijo “ahora si va a saber la señora de la casa lo que es una buena verga, gran puta” me molestó esto y traté de levantarme pero se acostó sobre mí y no pude hacer mucho esfuerzo, me abrió las piernas (yo no opuse resistencia) y me penetró, que increíble, nunca había sentido tanto pene dentro de mí.

Me hizo el amor de mil maneras, me exigió el culo y se lo di, entre más cosas sucias me decía más me excitaba, que parecía una puta de dinero, que me iba a hacer lo que él quisiera y eso me excitaba mucho, estaba siendo cogida por un hombre que yo criticaba y además me estaba haciendo lo que él quería. Tuve varios orgasmos maravillosos, y se regó muchas veces, algunas dentro de mi culo que llenaron mis entrañas.

Después de esa experiencia, ha llegado dos veces más a mi casa y me coge diciéndome groserías. Cuando vamos a reuniones familiares si puede pasa y me levanta la falda diciendo “esta puta es mía”, yo trato de excitarlo mostrándole mis piernas al sentarme y a veces un poco más. Con solo ver que su miembro crece en su pantalón estoy contenta.

No sé porque pero todo eso me excita muchísimo, soy la mujer de ese hombre, él me usa y eso me encanta, estoy dispuesta a hacer lo que él me pide.

El relato es verídico, obviamente no soy una escritora profesional, pero quería contar lo que estoy viviendo
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Autora: Carolina

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Mi querida Carolina

Mientras la besaba acaricié su pierna que tenía sobre el hombro, pasé mi mano por la rajada y fui bajando lentamente hasta llegar a sus labios vaginales, los cuales acaricié suavemente, sintiendo la humedad de su agujero. Acto seguido, abrí con dos dedos los labios de la vagina hinchada e introduje la punta de mi verga, con lo que cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás.

Quiero dejar para la posteridad esta historia, que significó mucho en mi vida por el gran amor que a mis 18 años sentí por una mujer mayor, y que fue ampliamente correspondido, pero que al mismo tiempo se convirtió en un dolor constante porque ella era casada, con hijos, haciendo casi imposible que la relación fuera más allá de encuentros amorosos casuales. Y digo casi imposible, porque en mis sueños de adolescencia, ella la mujer de mi vida, mi más grande anhelo.

Carolina era la esposa de mi vecino, en ese entonces tenía 40 años, rubia, piel dorada, piernas largas coronadas por unos gluteos verdaderamente enormes, y senos grandes. Yo vivía en la planta baja de un edificio, y el departamento de Carolina estaba frente al mío, puerta con puerta. Mi familia vive en la provincia mexicana, en tanto que yo vivía sólo, debido a que realizaba mis estudios en la Ciudad de México.

Desde que llegué al departamento en mención, recibí un trato amable de parte de Carolina, quien me apoyaba con las obligaciones que teníamos los inquilinos, ya que por cuestiones de tiempo no acudía a las reuniones de vecinos. Debido a esta situación, regularmente ella llamaba a mi puerta para ponerme al tanto de las cuotas que se tienen que pagar por mantenimiento, servicio de áreas comunes, etc. Al principio, la relación era tan formal que solo cruzábamos dos o tres palabras, en la puerta de mi departamento, ella se despedía y entraba al suyo, sin más; pero conforme fue pasando el tiempo, fuimos tomando confianza, hasta establecer una relación menos formal. Carolina ya no se quedaba en la puerta, entraba y se sentaba relajadamente en la sala mientras me ponía al tanto de cómo se estaba administrando el edificio y los acuerdos a los que había llegado la asamblea de inquilinos.

Estas visitas se hicieron más seguidas y se prolongaban cada vez más, por lo que de la plática formal, pasábamos a un agradable rato de charla, sobre diversos temas. Sin darnos cuenta, nos fuimos encariñando a tal grado, que parecíamos dos amigos, sin diferencias de edades, lo cual pues no era real. De mi parte, empecé a padecer una especie de inquietud constante. Cuando ella se iba de mi departamento no podía dormir pensando en sus formas de mujer, que me generaban una excitación que al paso de los días se fue volviendo incontrolable. Nuestros departamentos están, como decía, en la planta baja, y los cajones de estacionamiento de ambos quedan frente a mi ventana, por lo que una noche, con el silencio que provoca la misma, escuché que Carolina despedía a su esposo e hijos, que iban al cumpleaños de sus abuelos y a pasar el fin de semana con ellos, fuera de la ciudad. Oí que Carolina le pedía a su esposo la disculpara con sus suegros, pero que alguien debía quedarse a organizar arreglos que se hacían en su departamento, al tiempo que le pedía que le informara telefónicamente el estado de sus bebes y de él mismo.

Luego de que se cerraron las puertas del auto y el motor se oía cada vez más lejos, escuché que se cerró la puerta del edificio, lo que me indicaba que ella ya había entrado a su departamento. El pensar que ella estaría sola en su casa me puso nervioso. Una erección empezó crecer entre mis piernas de solo imaginármela en la cama, en ropa interior. Sin más, decidí que esa noche tenía que decirle lo que sentía por ella, por lo que empecé a planear con que pretexto presentarme en su departamento. En esas estaba, cuando sonó el timbre del mío, y vaya sorpresa que me llevé cuando abrí la puerta, ahí estaba ella, con cara de pena.

Se disculpó por tocar a esa hora (eran las 11:45 de la noche), pero me explicó que los arreglos que hacían en su casa le hacían incómoda su estancia, por lo que se le había ocurrido dormir en el sofá que está en la sala de mi departamento, a lo cual yo no me negué, por su puesto. La invité a pasar y a sentarse, con lo que iniciamos una charla al calor de un poco de música y una copa de vino que yo serví. Al calor de la música y debido al efecto de la bebida de uva, nos relajamos inmediatamente y la charla tomó un curso más íntimo, en donde hablamos de nosotros, hasta que ella empezó a comentar de su matrimonio. Me dijo que era feliz con lo que tenía, pero que últimamente su relación con su esposo no funcionaba bien en una parte. Ya en confianza, me explicó que la vida sexual en la pareja es una parte importante y un complemento del amor, por lo cual era de entender que está situación la tenía algo triste.

Su actitud me inspiró ternura, por lo que en un acto reflejo la abracé, siendo correspondido por ella. El abrazo se prolongó, por lo que ambos pudimos sentir el calor de nuestros cuerpos y aspirar nuestros olores. Fue esto último lo que provocó que el abrazo se prolongara aún más, y que ambos iniciáramos una leve caricia en las espaldas de ambos, en un movimiento de arriba hacia abajo. La fuerza del abrazo creció y sentí en mi pecho sus enormes senos, lo cual me excitó generando una erección que casi se salía de mi pijama. Al oír de sus labios salió un huuuuummm, prolongado, llevé mis labios a su cuello y lo besé con ternura pero con insistencia. Del cuello pasé al lóbulo de su oreja, a la mejilla y entonces vi sus ojos cerrados y una expresión de complacencia en su rostro que aún en estos días me hace acordarme de ella.

Sus labios rojos y carnosos estaban entreabiertos, por lo que me acerqué y los besé suavemente, los dibujé con la lengua y al llegar a la comisura de su boca la introduje poco a poco, como fornicándola con la lengua. Esto la excitó y provocó que abarcara mi boca con la suya al tiempo que me tomaba fuertemente por la nuca y acariciaba mis cabellos. Mis manos ya fe aferraba a su cintura, marcada por lo ajustado del vestido que traía. Subí un poco las manos, y sentí, aún sobre el vestido, la tibieza de esos enormes senos que Carolina tenía.

Luego de un buen rato en que nos besamos y acariciamos todo lo que podíamos, bajé mi lengua por su barbilla, y al descender la vista sentí un deseo incontrolable al ver que entre su amplio escote (no muy común en ella), sobresalían dos enormes globos que parecían querer romper la tela. Acaricié su cuello con las manos, al tiempo que besé su papada y la curva de su hermoso cuello, hasta llegar a la base de sus senos, los cuales recorrí con la lengua viendo como al paso de la misma los poros de su piel se hinchaban por el placer que le generaba esta caricia. Bajé el cierre de su vestido y seguí lamiendo sus senos, que poco a poco fui sacando del brasier. Bajé primero la copa que cubría el seno izquierdo, lo hice muy lentamente, por lo que primero me embelesé acariciando con mi lengua las pequeñas protuberancias en la aureola que rodea al pezón, ensalivándola, hasta llegar a un rosado, arrugado y enorme botón, que al succionarlo, hizo que ella gimiera. Desabroché su brasier y pasé al otro seno, que también succioné y lamí hasta sentir que el pezón no se doblaba con mis caricias por lo duro que estaba.

Ella ya me había desabrochado la camisa del pijama y me acariciaba con fervor, mientras me decía “así, así, bésame más, hazme sentirme mujer”, lo cual me excitaba más y me alentaba a continuar con la caricias en un erotismo que ya no veía limites.. De repente, me levantó, me recargó en el respaldo de un librero que tengo en la sala, al tiempo que besó y chupó mis tetillas, el estómago y el ombligo, bajando cada vez más. Se abrazó jalándome de las nalgas y pasó su mejilla sobre la tela del pijama, en la parte en que mi pene daba brincos insistentes, como catapulta, debido al alto nivel de excitación que tenía.

Desde mis nalgas, jaló la tela del pijama de tal forma que hiciera presión sobre mi pene, y luego, siempre sobre la tela, subió lentamente su lengua desde la base del pene hasta la punta, la cual mordió cariñosamente. Acto seguido, bajó lentamente el pijama, descubriendo primero el glande, que brillaba de tan rosado e hinchado, acariciando y ensalivándolo dulcemente con su lengua. Recorrió la comisura del pene y fue bajando lentamente, mordiéndolo a lo ancho, hasta llegar a la base, luego subió lentamente hasta llegar a la punta, que se introdujo poco a poco, hasta comerse casi la mitad del mismo. Yo le acariciaba las mejillas y el pelo, mientras ella se metía mi pene hasta donde podía en una mamada que en mi vida me han vuelto a hacer.

Acto seguido, se fue levantando poco, sin dejar de acariciarme con su lengua, la cual subió por mi estómago y el pecho, hasta llegar a mis labios, fundiéndonos nuevamente en un besó lleno de pasión.

Yo me retiré un poco de ella para desprenderme del pijama (en tanto ella se desnudaba también), y al levantarme admiré ese cuerpo tan hermoso. Carolina se posesionó de mi pene y lo acarició con la mano. Entonces, viéndome a los ojos, me dijo que hacía tiempo me deseaba, que su actitud de apoyarme con lo del edificio no era desinteresada, ya que desde que me conoció sintió, primero una ternura que no se explicó, hasta que está se fue convirtiendo en deseo sexual. Bajó la vista hacia mi pene y me dijo algo que hasta la fecha sigue siendo cierto (ahora tengo 34 años y continúo viviendo sólo, en otro departamento) que esa noche sería la noche de nuestras vidas, por lo que teníamos que gozar infinitamente de nuestros cuerpos. Fue entonces cuando me jaló de tal forma que nuestros cuerpos giraron, hasta quedar ella con su espalda recargada al respaldo del librero.

Estando ambos de pie, con una agilidad increíble, levantó su pierna izquierda y la colocó sobre mi brazo derecho, pidiéndome: “coloca mi pierna sobre tu hombro”. Levanté su pierna hasta mi hombro y ella prácticamente se colgó de mi cuello, pidiéndome que le introdujera el pene en su vulva, que había quedado rozándome el glande (con esta posición arreglamos un poco la diferencia de estatura, ya que ella me llevaba unos centímetros más).

Mientras la besaba apasionadamente, acaricié su pierna que tenía sobre el hombro, bajando hasta recorrer la redonda y enorme nalga, tersa y suave, pasé mi mano por la rajada que empezaba desde la parte en que termina espalda, y fui bajando lentamente hasta llegar a sus labios vaginales, los cuales acaricié suavemente, sintiendo la humedad de su agujero. Acto seguido, abrí con dos dedos los labios de la vagina hinchada e introduje la punta de mi verga, con lo que cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, recargándola al respaldo del librero, mientras decía “que rico papacito, méteme otro poquito de tu verga, que rica es papito, más rica de lo que pensaba, quiero sentirla toda dentro de mi, dame tu leche, dame tu leche.”

Al oir esto, no pude contenerme más y de un golpe se la metí toda, hasta que estuve parado totalmente de puntitas y sentí como mis bolas rozaban las puntiagudas nalgas. Empecé a entrar y salir de su vulva a un ritmo regular, y a cada embestida mía, ella gemía y respiraba agitadamente con los labios entreabiertos.

Aumenté el ritmo y ella empezó a gritar con cada embestida, “ay mi amor, ay mi amor, ay papacito, cogeme más papito, méteme tu verga tan rica papito”, hasta que estas frases tan cachondas se convirtieron en “me vengo, siento que me vengo papito, dame tu leche, dame tu leche, tu leche, quiero tu leche” y terminó con un “ayyyyyyyy, ayyyyyyyy, ayyyyyyyy mi vida” En ese instante comprendí que ya había tenido su primer orgasmo y embestí más fuerte, hasta que sentí como la leche recorría el camino desde mis bolas y salía expulsado por la punta de mi pene. Que sensación tan inigualable.

Al sentir el caliente líquido seminal en sus entrañas, volvió a gritar y a tener más orgasmos, “tu leche mi amor, que caliente y rica está tu leche, mi amor, ahaaaaaaaaaa, ahaaaaaaaaaa, me has hecho tan feliz mi amor, que felicidad de verdad”

Yo continué dentro de ella después de mi explosión, aún con la pierna de ella sobre mi hombro. Al agacharme un poco para aflojar la tensión de mi cuerpo, vi como nuestros jugos escurrían por su pierna hacia la rodilla, por lo que subí la pierna que tenía apoyada en el suelo y cargándola, con la verga aún adentro, la llevé al sofá y me senté con ella encima.

Me besó nuevamente como sólo ella sabe hacerlo, y entonces me percaté que mi pene aún no bajaba, estaba igual de tieso pese a la explosión pasional que había sufrido y bien metida en esa vagina llena de líquidos y de calidez. Mientras me besaba y acariciaba todo el rostro me comentó: “mi vida, que hermoso eres, me has cogido como nunca nadie, y que hermosa verga tienes, tan rica, tan dura que sigue dentro de mi, gracias mi amor, gracias por darme esto”. Entonces se levantó lentamente, a tal grado que mi verga casi se sale de su agujero, lo cual ella no permitió atrapándolo con una leve bajada, y comenzó a subir y bajar, jadeando de placer y gozo, que era correspondido de igual forma por mí.

Lo hicimos en el sofá nuevamente, en la alfombra de la sala, en la bañera y terminamos una apasionada noche en la cama, desde donde vimos amanecer con los cuerpos fundidos en uno. Desde ese día, cambié, no soy el mismo. Sólo me queda un vacío: espero pacientemente en mi departamento de la ciudad de México a que aparezca otra Carolina en mi vida.

Fin

Autor: Melancólico

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