Otro

Manuel sacó su polla y me penetró. Me estaba follando delante de mi marido sin que este ni tan sólo lo sospechara, y yo a punto de correrme, me costaba disimular el placer que sentía, él agarró mis pechos con las dos manos, las caricias en los pechos hicieron que me corriera rápidamente, mientras Manuel continuaba bombeando hasta que medio minuto más tarde llenó mi coño de leche.

Conocí al que hoy es mi marido hace veinte años, mi experiencia con los hombres era totalmente nula en aquel momento, ni tan sólo un beso había dado nunca a un chico, y claro está, virgen.

Nos casamos seis años después, yo ya no era virgen, y más cosas sabía de los hombres, bueno, mejor dicho, de un hombre. Tuvimos dos preciosos hijos, que llenaron nuestra vida de felicidad, también nuestra vida sexual era muy buena, mi marido si tenía experiencia, y me enseñó muchas cosas que yo perfeccioné. Entre mis amigas yo era la única que había estado sólo con un hombre, ellas no sé si tenían una vida sexual mejor, pero seguro que más variada, ya que me contaban cosas de sus novios, hacían comparaciones de manera de hacer, de tamaños… etc., cosa que yo sólo podía contribuir con los comentarios de mi sexualidad, primero con mi novio, y después de mi marido.

La vida me trató muy bien, mi marido es un cielo, cariñoso conmigo y con los hijos, trabajador, amable y buen amante, económicamente estábamos muy bien situados, él tenía un trabajo que le gustaba con un buen sueldo, y yo ocupaba un puesto de responsabilidad en una empresa con un sueldo similar al suyo. Con una vida tan “perfecta”, ¿que podía ir mal?, pues que a mí me daba vueltas por la cabeza la idea de conocer a otro hombre íntimamente, quería saber que se sentía cuando era otro el que te tocaba, que sabor tenía otra polla, como haría el amor otro hombre, pero claro, por nada en la vida quería que mi vida actual resultara afectada, y como no veía la manera de hacer encajar esto, me limitaba a masturbarme pensando en otros hombres.

Tenemos unos amigos, Clara y Manuel con los que compartíamos muchas veladas, ambos eran muy agradables, socialmente muy iguales a nosotros, la amistad de Manuel con mi marido es desde que iban a párvulos juntos, es decir, se conocen desde siempre, además coincidió en el tiempo en que nos conocimos con mi marido cuando Manuel conoció a Clara, y nos casamos con poca diferencia de tiempo. Un día, hará ya tres años, en que estaba sola en casa, Manuel vino, estaba destrozado y nervioso, no sabía que pasaba, nunca lo había visto así, le hice pasar, él se sentó en el sofá y me dijo:

-Sé que Clara me engaña con otro. -No puede ser, Clara es mi amiga, me hubiera enterado, respondí yo.-Es verdad, hace tiempo que lo sospecho, pero hoy los he visto juntos, es un compañero de trabajo.

Yo no daba crédito a lo que me decía, además, nunca habíamos notado que su relación tuviera una crisis.

Al día siguiente opté por llamar a Clara, quedamos para almorzar este mismo día, fue en un céntrico restaurante, cerca de donde trabajo yo, no tenía más que dos horas, por lo que no podía desplazarme mucho. Sólo de verle vi que su rostro estaba desmejorado, hacía unas ojeras de no haber dormido, me contó que sí, que tenía un amante, y que le apenaba mucho que su marido la hubiera descubierto, ya que pensaba que lo llevaba muy bien, pero que se confió demasiado, me dijo también que era sólo una relación física, que así se lo contó a Manuel, además me enteré de que no era el primero, que en este tiempo que llevaban casados, habían pasado por su cama más de diez hombres distintos, “no soy mujer de un sólo hombre” me dijo, “necesito tener algo distinto en la cama, amo a Manuel, y no sé si lo podré recuperar ahora, la he cagado, es un riesgo que ya conocía, pero creía tenerlo controlado”.

Manuel lo tuvo claro, no quiso recuperarla, y más cuando tiró del hilo y se enteró de todo lo que me había contado Clara, y muchas cosas más. El se convirtió entonces en un asiduo a nuestro domicilio, creo que pasaba más horas con nosotros que en su casa, además, como mi horario laboral era más corto que el de mi marido, nos pasábamos muchas horas los dos solos, cosa que se lo agradecía, ya que tenía un carácter muy abierto y simpático. Desde que tuve la charla con Clara, la idea que ya tenía en mi mente de que me gustaría conocer sexualmente a otro hombre se intensificó, pero también tenía muy claro el riesgo que esto suponía, al contrario que pensaba ella, este riesgo para mí, no era asumible. Ya había pasado un año de su separación, cuando un día cenando los tres, le dije que ya sería hora de que volviera a pensar en las mujeres, él me respondió:

– Ya pienso en las mujeres, incluso tengo una escogida. Entonces yo le pregunté: – Pues a que esperas para conquistarla.- Hay un pequeño problema, está casada, pero es guapa, maravillosa, simpática.- ¿Y ella que opina?- Ella no me hace caso, está demasiado enamorada de su marido.- Vaya, pues lo tienes mal, se puede saber ¿quién es?

Entonces riendo nos dijo:

– ¡Sí, claro, eres tú!

Y levantando la copa dijo:

– Por la mejor mujer del mundo, por ti, ¿no tienes una hermana gemela?

Con Manuel este tipo de bromas no nos extrañaban, teníamos mucha confianza, además de que su carácter hacía que decir esto, se tomara siempre en broma. Un día comenté que quería ir de compras, pero me daba pereza, porque tenía que ir sola, ya que mi marido no le gusta acompañarme, Manuel inmediatamente se ofreció a ser él quien viniera conmigo, yo lógicamente acepté enseguida.

Me vino a buscar con su coche un sábado por la mañana, una oportunidad así no la dejaría escapar, y le dije a mi marido que no me esperara hasta por la noche, aparcamos en el centro de la ciudad, odio los grandes almacenes, prefiero el pequeño comercio, me siento más atendida, además hay mucha más variedad de estilos. Después de dar vueltas mirando escaparates, entramos en una tienda, él se sentó a la salida de los probadores, yo entraba y salía con los modelitos que había escogido, él opinaba e íbamos separando lo que nos gustaba y lo que no, hasta que tocó probarme un precioso vestido de tubo, sin tiras y abrochado por la espalda, entré en el probador, pero no había manera de que pudiera abrocharlo, opté por salir e intentar pedir ayuda a la dependienta, pero estaba atendiendo a otros clientes, entonces Manuel se ofreció a ayudarme.

A mí me daba vergüenza, la cremallera llegaba hasta más abajo del culo, dejando al descubierto toda mi braguita, además eran de este tipo que son casi transparentes, por lo que podía verse todo mi culo. Entonces el dijo riendo que no me preocupara, que se taparía los ojos, me convenció, entró en el probador, le di la espalda muerta de vergüenza, diciéndole que ya podía subir la cremallera, mientras aguantaba el vestido por encima de los pechos con las dos manos para que no se cayese, Manuel me dijo que llevaba unas braguitas muy bonitas, le recordé su promesa de no mirar, y me dijo que yo ya sabía que no lo haría.

Cuando la cremallera llegó arriba, me giré, dándome la vuelta para enseñárselo, el vestido me quedaba divino, pero estaba pensado para llevar sin sujetador, y yo lo llevaba, Manuel insistió que me lo sacara, pero me daba corte estando él allí, además la maniobra era complicada, sin que él me ayudara con la cremallera, no podía sacarme el sujetador, pero con esta prenda puesta no sabría nunca si me quedaba bien. Opte por hacerlo, le dije que bajara un palmo la cremallera, después procedí a desabrocharlos, Manuel no me dejó, quiso hacerlo él, muy lentamente sacó los corchetes uno a uno, comentó que hacía más de un año que no hacía esto, procedí a sacármelo, estaba muy nerviosa.

El vestido me quedaba como un guante, parecía una segunda piel, se marcaba claramente el contorno de mis braguitas, cosa que noté, pero también Manuel, que comentó que estaba pensado para llevar tanga, o nada, dijo. Pues mira, tanga no llevo hoy, le contesté, pero él dijo que si podía sacarme las braguitas. A mí la situación me asustaba, pero me excitaba,  dudé un momento, puse las manos por debajo del vestido, y me las bajé, todo esto mientras Manuel no sacaba los ojos de mí, levanté primero una pierna, para sacármelas, y después la otra, las dejé encima del asiento, tenía miedo que viera que estaban algo mojaditas.

Visto así el vestido me quedaba muy bien, yo pensé que lo estrenaría sin nada debajo, seguro que a mi marido le encantaría. Decidí quedármelo, pedí a Manuel que me ayudara a desabrocharlo, cuando llegó con la cremallera a la altura del culo, me acordé que no llevaba nada debajo, y que estaba viendo directamente mi culo, sin nada de ropa que lo tapara, me puse más nerviosa si cabe, me giré rápidamente tanto que no se qué pasó con mis manos, que sin querer se me escapó el vestido, bajándose de golpe hasta el suelo, quedé de cara a él, con mi cuerpo totalmente desnudo a su vista, y yo no reaccionaba, claro que Manuel tampoco, estaba embobado mirándome, cuando me repuse, rápidamente coloqué el vestido hasta su altura, y le pedí que saliera, roja de vergüenza.

El resto del día pasó escogiendo ropa y más ropa, fuimos a comer, yo le manifesté lo avergonzada que estaba de lo que había pasado en el vestuario, pero él me dijo que no me preocupara, que a él le había gustado, que hacía más de un año que no veía un cuerpo de mujer desnudo. Cuando llegamos a casa, estaba mi marido leyendo un libro, no quería que lo del vestuario fuera un secreto, pero temía que se enfadara, opté por contárselo delante de Manuel como una anécdota divertida, y así se lo tomó, no le dio ninguna importancia. Una noche que salimos a cenar los tres, me puse este vestido, cuando Manuel lo vio, delante de mi marido recordó la anécdota, todos nos reímos, entonces comentó que veía que había optado por llevar tanga, mi marido interrumpió, dijo que no, que no llevaba nada debajo. Durante la cena, entre mi marido y Manuel comentaban constantemente este hecho, diciendo que me resfriaría, que si abría demasiado las piernas alguien se escandalizaría, etc., cierto era que con lo corto que era, con un poco de descuido dejaba mi chochito a la vista de todos.

Otro día comenté sin pensarlo que quería volver a ir de compras, pero esta vez no pretendía que me acompañara Manuel, ya que pensaba comprar ropa interior, tendría que haber callado, ya que ante la oferta de Manuel de acompañarme, mi marido insistió, yo les dije que no, que quería comprar ropa íntima, y no era cuestión de que un amigo la escogiera, pero entre bromas dijo que por qué no, si Manuel ya me conocía entera, no me tocó más remedio que aceptar. Fuimos a varias tiendas, él opinaba sobre tal y cual modelo, en varios casos lo trataban como si fuera mi marido, yo no podía desmentirlo, haber quien dice que es un amigo sólo, y Manuel seguía la broma llamándome cariño, mi vida…

Lógicamente nunca le dejé entrar en los probadores. Al llegar a casa, enseñamos a mi marido los conjuntos que había comprado, él insistió en que me los pusiera, yo me negué, no era cuestión de pasearme con bragas y sujetador delante de Manuel, pero tanto mi marido como Manuel insistían, medio en broma medio en serio, además, mi marido dijo que ya que nuestro amigo tenía tanta paciencia, se merecía este premio. Fue tal su presión, que acabé aceptando, me dirigí a la habitación, y me coloqué el primero de los conjuntos, me miré al espejo y estaba preciosa, no me atrevía a salir, tuvo que venir mi marido, extrañado por el retraso para sacarme casi a la fuerza. Cuando llegué a la sala, Manuel lanzó un silbido, dijo que estaba muy buena, y que era una pena que fuera la mujer de su mejor amigo. Continué con los pases, ellos sentados tomándose algún licor, hasta que di por acabada la exhibición, pero Manuel recordó que había un conjunto más, pero era demasiado atrevido para enseñarlo, y así lo comenté, entonces mi marido insistió, diciendo que con Manuel había confianza y bla, bla…

Me fui a mi habitación, me saqué el conjunto que llevaba y me puse un mini tanga, por detrás no era más que un hilo blanco que quedaba completamente dentro del culo, y por delante un triangulito de ropa transparente, dejaba ver perfectamente todos los pelos de mi coño, los que no asomaban por los lados, además, era tan delgado que se colocaba dentro de mis labios vaginales, y asomaban completamente. La parte de arriba no era más decente, la ropa era la misma, transparentaba completamente el pecho, se veía el pezón casi igual que si no llevara nada encima. No sabía qué hacer, si salir o no, pero recordé que mi marido era quien más alentaba la situación, y yo estaba muy excitada, ¿por qué no aprovecharlo?

Sólo de asomar por la puerta, mi marido aplaudió, Manuel quedó como bloqueado, estaba viendo mis pechos, mi vello púbico y los labios del coño, que asomaban por el lado, yo me lancé, de forma atrevida me di la vuelta, pudieron ver totalmente mi culo, ya que la tira quedaba escondida en él, ya no me importaba nada, veía que mi marido estaba muy contento de que me exhibiera delante de Manuel, por lo que hice un baile sensual, me estiré en el suelo, e hice un juego de piernas que las abría y cerraba delante de Manuel, sabía que estaba viendo mi coño completamente, mientras mi marido aplaudía cada cosa que hacía, hasta que procedí a sacarme el sujetador, me puse de espaldas, lo desabroché, y aguantándolo con la mano, me giré, dejándolo caer lentamente, después procedí a sacarme el tanga, bajándolo lentamente, y de una patada lo lancé a su cara. Quedé completamente desnuda, veía que tenía la situación controlada, mi marido estaba contentísimo de ver cómo me exhibía delante de su amigo, y este ni que decir tiene que lo estaba más.

Decidí continuar con el baile sensual, pasaba mi cuerpo cerca de cada uno de ellos, Manuel tuvo mis pechos a escasos milímetros de sus ojos, opté por acabar el baile sentada en el suelo, de espaldas a ellos abrí las piernas tanto como pude, ni coño quedaba totalmente abierto, pero ellos no podían verlo, mi marido pedía insistentemente que me girara, entonces pilotando sobre mi culo, y sin cerrarlas me giré, quedando parada justo delante de Manuel, quien pudo ver el interior de mis intimidades, yo, sin cerrarlas le pregunté: “¿te gusta mi coño?” “A quien no”, respondió sin apartar la vista de él, me fijé en su bulto, estaba empalmadísimo, entonces opté con las manos, separar los labios completamente y decirle: “míralo bien”. Di por acabado el pase, me fui a la habitación y me puse unas braguitas y un vestido que suelo utilizar para estar por casa, de estos tirados, volví a salir, Manuel aún no reaccionaba, y mi marido decía que le había gustado mucho mi pase de modelos, especialmente el último.

Cenamos comentando cosas de lo que había hecho, Manuel me lo agradeció, nos confesó que estaba muy excitado por lo que había pasado, añadiendo que lástima que no tuviera una mujer para desfogarse. Después de cenar, charlamos de posiciones sexuales, mi marido comentó como nos gustaba ponernos, cual era nuestra posición favorita, etc., Manuel dijo que con Clara muchas veces lo hacían en el sofá, él sentado, colocaba encima a su mujer, dándole la espalda y amarrándole los pechos, mientras la penetraba. Mi marido decía que no lo entendía (cosa muy rara), pidiendo a Manuel que se lo enseñara conmigo, yo dije que de esto nada, entonces dijo que claro, vestidos, que no pasaba nada.

Avergonzada me acerqué a él que ya estaba sentado, me cogió por la cintura e hizo que me girara dándole la espalda, además hizo que me sentara sobre su falda, quedando sus piernas entre las mías, también hizo que la falda del vestido quedara abierta por encima las piernas, a no ser por mis bragas y sus pantalones, aquello era una follada con toda la regla. Manuel empezó a moverse, como si estuviera follándome, mi coño reaccionó, estaba seguro que cuando me levantara notaría su pantalón mojado por mi coño, a mí me gustaba. No sé como lo hizo Manuel, pero puso su mano debajo de la falda, desabrochándose los pantalones, sacó su polla, apartó mis bragas y me penetró.

Me estaba follando delante de mi marido sin que este ni tan sólo lo sospechara, y yo a punto de correrme, me costaba disimular el placer que sentía, entonces mi marido dijo: “No decías que le agarrabas las tetas, no veo que lo hagas ahora”.

Manuel agarró mis pechos con las dos manos, por encima la ropa, yo ya no disimulaba, mi marido se pensaba que simplemente eran unas caricias, pero realmente me estaba follando, además, las caricias en los pechos hicieron que me corriera rápidamente, mientras Manuel continuaba bombeando hasta que medio minuto más tarde llenó mi coño de leche. Me levanté como pude, haciendo lo posible para que Manuel tuviera tiempo de taparse la polla. Yo notaba que la leche de Manuel bajaba por mis piernas, mi marido creía que había visto un jueguecito de su mujer con un amigo, pero realmente me había follado completamente.

Autora: casada_cachonda

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