Su primer trío encendió nuestra pasión.

 Después de varios años de casados, he decidido contarlo todo. La rutina estaba acabando con nuestra actividad sexual, cada vez nos veíamos menos. Mi esposa, una bella morena caribeña, con excelente figura, estaba más y más lejos, a pesar de seguir viviendo juntos.

Un día, ella recibe una llamada para que fuera a trabajar como administradora en una estación policial. Sin dudarlo, aceptó. Se puso su mejor vestido rojo, tacones altos, medias con sus ligueros respectivos. Iba espectacular para iniciar su nuevo empleo.

Todo arrancó muy bien, buen sueldo, bonita oficina. Su mal humor iba desapareciendo, se veía sonriente.

Pasado unos meses empecé a notar un cambio radical, estaba cariñosa, animada. Era otra mujer.

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Casado bien dotado

Buenas a todos, mi nombre es Pablo, tengo 25 años y soy de una pequeña ciudad del noreste de España. Físicamente soy un chico rubio de ojos azules, con barba y vello por todo el cuerpo. Mi cuerpo marcado pero no musculado y con tatuajes por el cuerpo. Desde hace 4 años mantengo una relación estable con mi pareja, a la cual amo con locura, pero anterior a conocerle a él, tuve unos años de mucha gloria, en los cuales me ceñiré para escribiros varios relatos.

Descubrí que era gay en la adolescencia, pero hasta los 18 no empecé a mantener relaciones con hombres, y digo hombres porque no me gustan los chicos jóvenes, me gustan los hombres maduros.

Mi primer encuentro con un madurete lo tuve una tarde de verano, en una zona de baño del río que pasa por la ciudad, yo que soy muy ingenuo, no sabía que en esta zona del río había ambiente gay.

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Paula, mi cuñada, mi pecado.

Hará una cuestión de seis meses, sucedió algo con mi cuñada que me hizo tambalear mi cosmovisión. Mi nombre es Sergio, soy casado. Mi mujer Veronica, es unos años menor y tiene una hermana, cinco años más joven que ella, de nombre Paula. Voy a describirla: es alta, delgada, muy bella de cara, no muy exhuberante, pero aunque sus dones son discretos no dejan de ser apetecibles. Su cabello de color castaño, lo lleva lacio entre suelto y atado, según la ocasión o su humor. Siendo casi una adolescente, Paula me veía como un viejo, por lo que desde que eramos novios con mi mujer, jamás me observó más de dos veces. Esto me dejó siempre con la pregunta que me formulé mil veces. ¿Que la llevo a hacer lo que hizo esa mañana, hace seis meses?
Desde que nos mudamos juntos, mi mujer quiso que mi cuñada tuviera una copia de la llave de nuestra casa, un departamento en Buenos Aires, capital. Con la excusa de regar las plantas y cuidar los gatos que tenemos. cuando nos ibamos de vacaciones. Como mi cuñada está estudiando en la universidad en capital, pero vive en provincia, cada dos por tres se queda o pasa a hacer un alto, aunque más no sea, por nuestra casa. Paula es una joven de unos veinte, algo diferente. Es muy independiente, aunque tiene sus chiquilinadas. Su caracter dominante y su hermoso y esbelto cuerpo espanta a los hombres. Considera que son todos unos cobardes, aunque usa otras palabras. Debo reconocer que no tengo argumentos para rebatirle. Los hombres que ha conocido no son lo mejorcito de mi género. Con mi mujer son muy íntimas, pero conmigo siempre mantuvo una amistosa distancia, algo normal entre cuñados. Ni compinches, ni adversarios. Pero a partir de esa mañana la vi diferente para siempre.
Mi mujer siempre se va a trabajar más temprano que yo y regresa también más temprano. Esa mañana, yo dormía hasta tarde, aprovechando que no tenía que ir hasta la tarde a trabajar y con el agregado que la noche anterior me había desvelado terminando unas tareas atrasadas. Entre dormido y despierto, abrí apenas los ojos y escuché sonidos de llave abriendo la puerta. Creo que pensé que era Veronica que regresaba al olvidar algo. ¿Cuanto habré dormido desde eso? Lo ignoro. Creo que por esa idea de pensar que era Vero, no me sobresalté por nada. Solo duermo con boxers, por lo que estaba casi desnudo. Entre sueños, sentí como me descubrían la verga erecta, dejandola al aire. Como cada mañana, debido a las ganas de orinar de aguantar toda la noche, me desperté erecto. No se si decir que creía que era Vero que me estaba manoseando o que lo consideraba un sueño. La cuestión es que se me hacía muy placentero el roce de una mano. No recuerdo bien, creo que en ese momento seguí durmiendo, pero si me volvió la conciencia cuando sentí que alguien se posaba sobre mi. Yo estando boca arriba, sentí como mi verga entraba en algo humedo y caliente. Mi primer idea es que era mi mujer, dandome un mañanero. De haber estado conciente me habría dado cuenta de dos cosas, que mi mujer no gusta de los mañaneros y que ella sabe que con ganas de orinar no puedo acabar fácil. Hecho por el cual siempre evito hacerlo apenas me despierto, ya que termina siendo doloroso, tanto para mi como para ella. Esto no evita que estando en ese momento caliente, no quisiera seguir hasta el orgasmo.
En fin, como decía, entre somnoliento y muy caliente; sabía que estaba penetrando una humeda vulva. Mi nivel de calentura por estar semiconciente era impresionante. En la penumbra de la habitación, con la persiana baja y casi toda la casa cerrada, quise abrir los ojos. Lo hice segundos después de adelantar las dos manos y manotear la cadera encima mío. Para mi sorpresa, me encontré con una cintura algo diferente a la de mi mujer, es apenas más delgada pero si tiene una piel muy distinta. Abrí los ojos, sobresaltado, para ver ese espectaculo entre paradisiaco y terrible. Mi cuñada me montaba lentamente, intentando no despertarme como supe después, mordiendose los labios para no gemir fuerte. Al ver que ya me había despertado, pese a sus vanas precauciones, abrió la boca y soltó un gemido largo como si hubiera estado conteniendo la respiración largo tiempo. Acto seguido, aumentó la velocidad de la penetración y la furia de la cabalgata. Gemía entrecortadamente. La sorpresa no opacó mi ardor, primero quise sacarla y la apreté más de la cintura para levantarla de mi. Ella se apoyó con una mano sobre mis hombros y me miró a los ojos. No articuló sonido, excepto sus jadeos y gemidos. Esa expresión de mujer caliente, aunque muy joven, me hizo dudar. Debo reconocerlo, en ese instante dejé de pensar con la cabeza, solo me funcionaba la de abajo. Paula se movía perfectamente, haciendome delirar en cada roce. Con cada quejido de placer suyo, yo me derretía en mi voluntad. Metido en esa situación, no me detenía a pensar nada más que en gozar de su cuerpo. Ni mi mujer, ni que era mi cuñada, ningún remordimiento ya me frenó. Ella se penetraba con cada vez más fuerza, intenté bombear yo, pero apoyó sus dos manos sobre mis hombros. Eso no solo era para tener asidero, me limitaba los movimientos. Después de un par de estocadas más, me tomó las manos con las cuales yo sujetaba su cintura. Pareció que quería sacarselas de encima, pero mantuvo sus dedos sobre los míos, como distraida por el placer que recibía. Comenzó a molestarme e invadirme una calentura de otra especie, sumandose a la lujuriosa, me estaba queriendo manejar como si fuera uno de esos bobitos que ella conoce, pero a los que apenas les presta atención. Mi orgullo masculino se despertó y decidí rebelarme ante su actitud dominadora. La conocía lo suficiente como para saber que ella era así en la cama como en su vida normal, frontal, dominante, pero jamás la pensé como una tirana y egoista sexual. Me deshice de sus dedos y con mis manos me aferré a sus tetas y las tomé delicadamente. Ella hizo un amague de protestar pero luego se dejó hacer. Volví a su cintura, e intenté levantarme, ella apretó la presión en mis hombros. Casi en susurros como si no pudiera respirar me dijo que no.
-No, por favor.-rogaba en tono de muñeca dolida, entre los gemidos.
No sabría decir si no quería que me moviera o no deseaba que se la sacara. Su concha me apretaba bastante, era bien estrecha, algo que ya imaginaba. Se estremeció y casi se derrumbó sobre mi, apretando mis hombros. Había acabado. Durante un segundo, solo respiró agitadamente, pero luego volvió a retomar el ritmo del coito. Mi calentura cada vez era más grande, quería tomarla yo. No veía otra cosa que mi deseo de llenarla toda, irme dentro de ella. No tenía temor de un posible embarazo ya que se que toma pastillas, al igual que mi mujer. En posibles enfermedades no pensé, honestamente, no estaba como para pensar en eso. Igualmente, siempre había sospechado que no tenía una gran experiencia sexual, uno o dos tipos a lo sumo. Me siguió deteniendo a moverme y gimiendo, mientras yo sentía como se mojaba más, y a mi en el proceso. Esto me sorprendió, ya que era muy distinta a mi mujer, que se lubrica poco. Si sudaba como su hermana, esas comparaciones morbosas me han atormentado, angustiado y excitado desde entonces. Su piel estaba resbaladiza, creí que transpiraba por todos los poros. Continuó así bastante rato, gimiendo y sudando, aumentando cada vez más mi molestia en el vientre. Me pareció que mi próstata iba a explotar, o quizá la vejiga, no estaba seguro. En un momento dado, gritó con un estremecimiento y se derrumbó de costado, sacandome de su interior. Su respiración agitada continuaba, su cuerpo mojado al igual que su interior. La miré entre enojado y sorprendido.
-No acabé.-le dije.
-Yo si.-me respondió, como si eso fuera lo único que importaba.
En mi calentura, la aferré fuerte por las piernas y subiendo por las nalgas. Ella se negó a ser penetrada. Le dije que me dejara acabar.
-No puedo más.-me dijo, totalmente agotada.
Ahora era mi turno de usarla como muñeco. La penetré en cuatro patas y ella gimió casi en un grito. Temí hacerle daño o que lo considerara violación, pero me pareció que ella era la que deseó violarme en primer lugar. De la calentura no entendía nada más, ni pensaba en nada más. Creo que fue un agravante que por esos días mi mujer estaba indispuesta y hacía varios días que no teniamos sexo.
-Entra mucho.-me expresó entre jadeos que me parecieron de dolor.
La acosté y la penetré encimado a su espalda empapada, para evitar tanta introducción profunda. Ella dijo que era muy grande para ella. Y no entendí si me halagaba o solo le dolía. Me rogó que acabara pronto. Quise besarla de costado pero ella corrió su cara y la aplastó de costado en la almohada, mirando al lado contrario al mío. Debido a las ganas de orinar, me costó acabar, pero lo hice bestialmente. Soltaba chorros eternos de esperma, o esa era mi sensación. Casi me pareció que fue un ataque de epilepsia mi orgasmo. Casi la levanto en peso de lo que la moví. Me salí y me derrumbé a su lado. Transpirado, manchado y agotado, con un creciente cargo de conciencia.
Después de conseguir respirar normalmente. Se sentó en la cama y rebuscó la ropa que había dejado por el piso. Comencé a cuestionarle lo que hizo, le dije que me había usado, que eso era un traición a su hermana y que me había hecho complice de ello. Ella respondió con su mejor tono altanero que era cierto, me había usado y varias cosas más.
-Si, te use, mi hermana siempre se llenó la boca de lo bien que la cojías y lo mucho que disfruta. Que la tenés bastante grande y… otros detalles más.-
Debo aclarar que mi tamaño es bastante normal, tirando a largo, pero nada del otro mundo. Aunque mi mujer lo siente hasta la garganta ya que no es de una gran profundidad vaginal y muy estrecha. Algo que descubrí también en mi cuñada, aunque en menor medida. Las razones que adujo era que no podía apartar las cosas que le contaba mi mujer mientras que ella no conseguía un tipo que no terminara rápido y la dejara con las ganas. Su idea era cojerme mientras dormía y que ni me enterara, le dije que yo no tenía el sueño tan pesado o que debío drogarme. Hoy día, creo que siempre supo que una vez haciendolo y en estado de calentura, yo no iba a retroceder. Creo que ella contó con eso. Al sentarse, algo de mis jugos cayeron sobre las sábanas, el pánico me invadió y el temor a que mi mujer lo supiera.
-Esto no lo vamos a hacer nunca más. Así que no creo que lo sepa. Yo no pienso decirselo. ¿Vos si?-
Le respondí que ni borracho, ella se vistió y se fue. Para finalizar el día, me hice el buen marido y lavé las sábanas, aduciendole a Veronica que ella había dicho de cambiarlas en esos días. Ella lo creyó y no sospechó nada. Pero a partir de ahí empezó un tormento mental que se fue diluyendo con el tiempo. La culpa por lo que hicimos. Las dudas sobre lo que había sentido. Pero lo peor era el temor a que mi cuñada le confesara todo a su hermana. Esas semanas pensé mil cosas. Si me había contagiado algo al tener relaciones, si se había olvidado de tomar el anticonceptivo, si se confesaba por una irrefrenable conciencia sucia; todos escenarios horribles y posibles. Con el correr de los días y semanas, me di cuenta que ella tenía menos remordimientos que yo y que nunca hablaría. Las siguientes veces que nos vimos, había retornado a su anterior trato para conmigo, distancia amistosa. Yo era el marido de la hermana, nada más. Excepto una leve mirada fija de mutuo entendimiento, que solo yo capté, no se mencionó o trató el incidente. Por mi mujer me enteré, como el amigovio o algo así que le conociamos era más pavote que un preadolescente y encima como dijo maliciosamente mi mujer: “un maní quemado”. Con lo que fui entendiendo por donde le había salido el tiro disparado. Conforme se fue yendo el sentimiento de culpa, fue creciendo la lujuria. Cada vez más fui pensando en Paula. Muchas veces temí llamar a mi mujer por el nombre de la hermana mientras teniamos relaciones, o delatarme al hablar dormido, aunque esto último sería más fácil de disimular. Hoy, me encuentro fantaseando con un posible trio (que es imposible de hecho) entre mi mujer y mi cuñada. Mi perversión está desatada y trato de refrenarla, con cierto exito. Donde no puedo hacerlo, es en que quiero repetir con mi cuñada lo de esa vez. Me asalta la moral y la ética, pero en un punto la lujuria gana terreno. Paula cumplió sus dos promesas, que no se lo diría a la hermana y que no sucedería de nuevo. Y estoy deseando con locura que incumpla esta última.

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Le rompí el culo a un trailero casado

Ver ese culo prieto, peludo, de macho, virgen, atravesado por mi vergota me dio una fuerza tal que sólo quería romperlo.

Es un trailero, casado, dos hijos, 32 años, de Tamaulipas viaja a la ciudad de México a entregar carga. Es moreno, alto, usa barba y bigote de candado, es delgado, con un cuerpo que denota trabajo pesado de toda la vida, nada de gym, algo de pancita. Lo encontré en unos famosos vapores del área metropolitana de la ciudad. Cuando entré y lo vi, se me hizo muy macho, jalándose el pene de dimensiones normales. Lucía demasiado activo, rudo y chacal como para querer conmigo que soy varonil, hago pesas, uso barba y soy alto, tenía 30 año, y tengo una buena tranca. Ese día a mí me gustó un chavo alto, delgado, peludo, me acerqué, comenzamos a besarnos. El trailero se acercó por detrás, me pegó su pene, pero lo retiré, se colocó de lado y comenzó a tocarme.

En cuanto un tipo que, físicamente no me agradaba , se bajó a mamarle el pene, deje al chavo delgado y peludo. Salí para que me dieran masaje, después entre nuevamente al vapor, y esta vez se acercó el trailero, un verdadero macho, comenzó a tocarme, lo arrinconé y comencé a tocarle el culo. Pensé si el tipo es más activo y lo que quiere es cogerme pues se va a joder porque a mi no me gusta que me claven. Y si este tipo rudo, tipo chacal quiere, me lo cojo aquí mismo, al fin traigo condón.

Lo besé y acaricié un rato, le tocaba las nalgas y el culo, y cuando le sujete la cabeza con firmeza y lo dirigí hacia mi verga él, obedientemente bajó y comenzó a mamar como desesperado, muy inexperto, le urgía probar verga. Le di por la boca a buen ritmo, incluso en unas tres o cuatro ocasiones, nomás para ver qué tanto deseaba verga, lo sujeté con firmeza y se la enterraba lo más que podía, le daban arcadas y se la sacaba rápido, alcanzaba a ver su ojos llorosos, pero no se levantaba quería más.

Decidí que había llegado el momento de penetrarlo, así que lo levanté, lo giré y empiné un poco, ensalive su ano y sentí con mis dedos que lo tenía súper apretado, no lo relajaba para nada. Me ensalivé la cabezota de mi pene, y se lo puse a la entrada, presione suave al principio, pero no le entraba, tampoco se quitaba, y decidí presionar con fuerza.

Sentí como mi cabezota apenas traspasó un poco la entrada de esos pliegues apretados y arrugados, entonces se quitó y dijo que no podía, que le dolió mucho, y me la mamó otro rato, no terminé, y decidimos salir un rato del vapor.

Sentados en las bancas del área de las regaderas, me dijo su nombre, a qué se dedicaba, me contó cómo, por casualidad, descubrió el desmadre en los baños, y que era su segunda vez en ese lugar, todo con su tono norteño. Que nunca lo habían penetrado, pero que después de conocer ahí, estaba dispuesto a experimentar y que había decidido que si lo penetraba alguien, debía ser uno muy macho, guapo, muy varonil, con buena verga y que yo le gusté para darme por su culo virgen.

Me dijo que casi no conocía la ciudad y le pregunté si quería ir a recorrerla, aceptó, pero primero tenía que pasar a su hotel por una camisa y chamarra, pues sólo traía playera y esa tarde, a veces llovía ligeramente.

Al llegar al hotel, me invitó a pasar, ya adentro comenzamos a desnudarnos, le chupe el culo, le dije que mi verga le entraría hasta donde él quisiera, sin lastimarlo, él me dijo que era muy grande y gruesa, que sí tenía miedo. Después de chuparle el culo le dije que se sentara en mi palo, al ritmo que él sintiera mejor, sin lastimarse. Después de varios intentos no pudo, porque no se relajaba. Se acostó boca arriba y tampoco pude meterselo, no aflojaba las paredes del culo.

Decidí voltearlo boca abajo, nuevamente le chupe un poco el culo, me incorporé le acerque despacio mi verga, presioné un poco y no aflojaba, además decía que desde el intento del vapor le había quedado adolorido. Lo acaricié, le deje mi verga entre los pliegues de sus nalgas, y comencé a moverme. Eso lo calentó tanto que me dijo quiero tenerla dentro, “pero si te lastimo”, le dije. “Inténtalo suave, otra vez”.

Pensé este tipo, no quiere aceptarlo y le da miedo, lo que necesita es que de una vez le rompan el culo. Tenía mi pene superduro y erecto, sólo de pensar que se lo metería a un tipo tan macho, me calenté más. Le puse la cabezona en su hoyito mojado por mi saliva y un poco de lubricante que siempre cargo entre mis cosas y le empuje la cabeza, dio un respingo, intentó incorporarse, pero con mi peso y fuerza lo empuje hacia abajo, desesperado intentó separarme con sus manos, lo dominé y se la dejé ir hasta la mitad, se retorció de dolor y aproveché para dejarle ir el resto.

En ese momento no me importó que gritó muy fuerte, ni que tratará de zafarse o que al terminar aquello me quisiera romper la boca, lo sujeté en un fuerte abrazo de oso y se la dejé adentro, se movió y agitó, cada vez más resignado, poco a poco, al verse vencido y penetrado se fue relajando, cuando sentí como se aflojaba cada pliegue de su culo adherido a mi herramienta, comencé a moverme despacio, y le pregunté “¿te duele, quieres que te la saque?”, y sólo me dijo “no, por favor, sigue”.

Y entonces sí comencé un saca y mete feroz, ver ese culo prieto, peludo, de macho, virgen, atravesado por mi verga me dio un fuerza tal que sólo quería romperlo, llenarlo de pene, y cuando baje mi mirada pude ver algo de sangre sobre el condón que traía puesto, mezclada con algo más.

Comenzó a llorar y le pregunté si lo lastimaba o le dolía, me dijo que ya no, al principio mucho, pero ahora sentía muy rico, y esto no le gustaba porque eso significaba que era puto, y le dije, que no, que era un macho muy cabrón al que sólo le gustan los hombres, como a mi.

Me vine fuera de él, le aventé los chorros de mi leche en su pecho, nos bañamos y nos despedimos, me dijo que normalmente venía cada ocho días pero no siempre se quedaba el fin de semana, y como es casado y yo muy discreto quedamos de vernos, si es que coincidíamos, en los vapores, para irnos a su hotel.

Espero les haya gustado esta anécdota de mi vida, me gustaría recibir sus comentarios.
Autor: Sr20cmMr9inch

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Con este rudo si quise…

Esto me sucedió hace un año atrás, un domingo por las calles del centro de Mérida en Yucatán. Pasaba por esos rumbos viniendo de casa de un contacto con el que solo quedé de cuate sin pasar a más. Al estar en rojo el semáforo que me tocaba vi a un señor en la esquina esperando taxi o colectivo. Estaba de espaldas a mi pero me gustó todo el conjunto de su cuerpo. Rápidamente rodeé la cuadra hasta pasar por el frente suyo. Era un tipo alto de pantalón café, playera sport con dibujos, tenía bigote tupido con pecho y brazos velludos… y por su mirada cansada noté que estaba algo tomado. Pasé con el carro muy cerca de él y claro ni siquiera lo notó. Pues yo insistí y a mi tercera vuelta él ya no estaba ahí… Me lo encontré caminando hacia el área de paraderos de camiones y me propuse ligármelo antes que él llegue hasta donde había más gente. Pase lo que tenga que pasar, al menos debo intentar no? De nuevo di la vuelta y lo alcancé orillándome a la acera donde él se encontraba caminando, y alcanzando su ritmo de caminar, saqué la cabeza y dije en voz alta:

– Qué onda, buscas taxi? Yo te puedo llevar. Págame lo que tengas no hay bronca.. te digo porque a esta hora no pasan taxis por aquí.

Se detuvo de golpe y volteó hacia mi diciendo… – Què?

Y ahí confirmé por su expresión y falta de atención, que en verdad estaba tomado. Le repetí la propuesta sin mostrar (según yo) mis intenciones… sé que fueron obvias.

–  Orale camarada, pero yo vivo lejos… Me llevas hasta mi casa?

– Si me dices exactamente te llevo, claro.

– Vamos entonces camarada. Me salvaste. Aún con su acento cansado y no sé por qué, raro.

Al subirse me agradecía mucho el hacerle de taxista y me pidió un cigarro. A todo esto él manoteaba por lo que me percaté que en efecto tenia unas axilas súper peludas, y cada que levantaba los brazos yo metía la vista en ellas. Después de explicarme su dirección dijo

–  Gracias camarada, te voy a pagar cuando lleguemos a mi casa, ahí tengo mucho dinero… escuchaste? O si quieres te pago como tu quieras.

Eso es todo! Pensé. Éste hombre sí presta! Claro que me lo almuerzo. Yo aún seguía manejando y dijo que al llegar se daría un baño ya que se sentía sucio, lo cual no era cierto y a lo que aproveché para decir

– A ver levanta éste brazo. Y rápidamente metí la mano en su velluda axila acariciándola, y luego me llevé la mano a la nariz para sentir el aroma a él.

– Pues no hueles mal…

– En serio? A qué huelen?

– A hombre…

– Te gustan?

– Claro, y mucho!

Al llegar y estacionar en su casa pidió que yo entrara a lo que me negué tal vez por miedo de con quién vivía o no sé.

– Por qué no entras si vivo solo?. No me lo repitió y ya me encontraba cruzando su puerta. Vivía en un cuarto pequeño donde había solo lo necesario para él. También había una hamaca colgada y ropa limpia tendida en cuerdas cerca de la hamaca. Junto a una ventana tenia colgada una mochilita con mucho dinero que entonces confirmé no me mentía. Pregunté y me dijo es trailero. Uuuy!. En todo momento me ponía de espaldas a él para que pudiera apreciar mi trasero dentro de mi pantalón gris, y noté que efectivamente me miraba el culo pero aún no me refería nada al respecto.

Luego puso la Tv y se acostó en la hamaca. Yo estaba parado a la altura de su cara y por ratos le daba la espalda posando para que me mirara mejor…

– Ven, siéntate aquí a un lado.

Lo hice, quitándome además los zapatos para subir los pies a la hamaca. Quedamos juntos paralelamente. En eso preguntó si tenía novia. Al decirle que no dijo que no entendía por qué si yo no era feo, y prosiguió a contarme que él a mi edad era un tipo muy caliente que se cogía a un chingo de chavas en la escuela y tenía muchas novias. Así platicó algunas cosas. Él es más alto que yo por lo que cuando levanté la mirada lo encontré con las manos en la nuca, dejándome ver unas axilas abundantes de pelos que me hicieron relamer los labios.

– Ya me dio flojera bañarme, pero dices que no lo necesito ahora?

– No. Es más, déjame comprobártelo. Me incorporé y dirigí mi nariz a una de sus axilas hundiéndola y atrapando todo el rico aroma caliente que emanaba. Claro aproveché para lamer un poco también. Ahí me fijé que a él no le disgustaba eso que le hacía y me dio confianza para seguir en ello. Incluso tenía los ojos cerrados y respiraba algo agitado. Volví luego a mi posición en la hamaca y ya. Mientras platicábamos de otras cosas “normales” yo tenía puesto el brazo de tal manera que el codo le rozaba su entrepierna, en donde yo aún no notaba tanto bulto. Así estuve por un rato y fue cuando giré la cabeza para verle la cara de nuevo… dijo:

– La quieres mamar?. Solo asentí con la cabeza y él rápidamente desabrochó el pantalón. No tenía ropa interior, solo se veía una mata de pelos sobresalir de ahí. Se puso de nuevo las manos a la nuca mirándome como esperando que yo haga el resto del “trabajito” como yo quisiera. Abrí el zipper completo y bajé un poco más el pantalón a lo que él cooperó. Y ahí estaba su verga semierecta con capullo. Yo saboreaba el rico aroma mientras él solo miraba fijamente. Yo me untaba su verga en toda la cara y en dos segundos me la llevé a la boca. Inmediatamente creció y se hirguió hasta adoptar un enorme tamaño y grosor que me encantó claro, pero también me asustó un poco. Para verla mejor le pedí se sacara por completo el pantalón.. él me miraba fijamente con cara de lujuria, tal vez esperando mi reacción. La mamé por completo y me sorprendían sus huevos muy grandes y colgados. Todo su sexo era peludo y eso me ha excitado siempre. ( Hago hincapié en que esto es 100 % real no puro cuento).

Alternaba mis mamadas de verga-huevos-axilas y esto le encantaba a él. Lo masturbaba con mis manos para ver cómo brincaban sus huevotes, a lo que él se los tomaba con una mano ya que decía le dolían de tanto brinco. Posteriormente se me ocurrió tomarle fotos con mi celular pero antes le pedí permiso con temor. Accedió pidiendo las borrara luego, aunque no estaba tan preocupado por ello. Le tomé un sinfín de fotos, principalmente a su vergota y a sus axilas peludas en todos los ángulos posibles. Ël se dejaba. Hasta que con una mano me agarró fuertemente las nalgas. Me las masajeaba y buscaba la división entre ellas.

-Tienes buenas nalgas.  – Las quieres ver? Le dije.

Ël asintió mirándolas. Me puse de espaldas a él y me bajé el pantalón hasta las rodillas. Me gustaba a mi mismo cómo se veían dentro de mi trusita blanca y pequeña, y al parecer a él también porque dijo: -Ya ves? Qué rico culo. Y de un jalón me bajó la trusa metiendo los dedos entre ellas hasta sobarme con uno de sus dedos mi culito.  Él tenía la respiración agitada y me pedía se la volviera a mamar y así lo hice hasta interrumpirme diciendo: -Te quiero coger ese culo. Ponte de a cuatro.

Yo no tenía condón y le pregunté pero tampoco tenía, solo dijo:-Cómo iba a saber que me iba a encontrar un culo así para clavármelo. Me sugirió ir por ellos a la farmacia de ahí cerca pero preferí ir yo solo para no demorar más. Mientras yo me vestía de nuevo él se la jalaba mientras me tocaba las nalgas. Me pidió ir de prisa y así lo hice.

Al regresar lo encontré acostado en la hamaca con la verga más que lista y yo al verla me lamí los labios a lo que él respondió:-Mírala, está esperando a tu culito. Ven ya para clavártela toda. Me saqué el pantalón y me agaché a mamársela mientras él con sus dos manos me agarraba la cabeza para hundirmela toda en la garganta. Luego se chupó un dedo y empezó a jugar con mi orificio: -Ya súbete aquí, déjame cogerte.  Yo soy estrecho, dado que pocas veces me penetran, y menos por vergas así de enormes, por lo que ahí y a la hora me dio miedo:

-No tengas miedo, te la voy a meter despacio hasta que tu solito pidas que te rompa el culito.

Me subí sobre él montándome de espaldas. Él no dejaba de darme nalgadas y jugarme el hoyito diciendo obscenidades y llamándome “mamacita” o “muñeca” y cosa así. Eso no me agradaba del todo pero con tanta excitación me resultó chistoso y luego, caliente.

Apenas se puso el condón me jaló de las caderas hasta su verga y me empecé a sentar muy despacio en ese animal. Como todos han de saber, fue un dolor terrible pero recordando todo lo que me costó conseguir a éste sabroso señor, no me quedó de otra que aguantarme y disfrutar. Yo tenía los ojos bien cerrados y los dientes también hasta escuchar de él: -Ya ves, te la tragaste todita, ahora si prepárate porque te voy a mostrar lo que es un macho caliente! Y enseguida comenzó a cabalgar con toda su fuerza. Me tomaba de las tetillas, las masjeaba y apretaba con rudeza, a la vez que besaba y mordía mi espalda. Yo sentía rico al grado de olvidar si me había dolido o no esa cogida.

– Ay si, a´si cabrón, qué rica verga… dale, dale duro!!

– Sí muñeca, mira lo que te mereces por haberme calentado. Por andar de ofrecida, ándale, cómetela… cómetela todita.

– Sí, más. Te gusta tenerme así?

Él jadeaba como un animal, y por su fuerza y estatura me movía a su antojo. Hasta entonces quedar frente a frente sin sacarme la verga. Entonces me besó frenéticamente y me amasaba las nalgas con respectivos chupetes de cuello y tetillas. Era él tan, pero tan caliente, que disfruté cada segundo estando ahí, y así ensartado.

– Te gustan las vergas así de grandes muñeca? Si?

– Sí. Contesté apenas.

– Sabía que te gusta, sabía que querías que te diera por el culo.

– También desde que te vi ahí parado quise saber qué tan rico cogías.

– Pues ya ves cómo coge un macho. Así se da verga por el culo a una muñequita caliente como tú.

No sé si sobre pasé el límite de mi excitación pero eso me hizo ver que aquella era una de las mejores sesiones de sexo que había tenido. Tardamos como cuarenta minutos así. Me hacía cabalgar con toda su fuerza. Con sus gruesas y peludas piernas me hacía subir y bajar, y chupaba mis tetillas con un deseo enorme. Su rostro era otro. Yo ya no aguantaba y me iba a venir en cualquier momento… pero coincidimos en eso.

– Toma mi vida. Toma! Muévete nenita, aprieta más el culo, sácame la leche. Andale que ya está por escupir leche esta verga que tanto querías. Toma, toma!! Dijo enajenado y clavándome con toda su fuerza.

Yo no pude más y me vine sin tocarme en su barriga, cosa que no le importó porque  también se estaba viniendo en ese instante.

– Abre el culo! Aquí te va tu leche bien caliente hasta el fondo. Siéntela muñeca. Exprímeme la verga. Y me besó super rico mordiendo mis labios y metiendo su lengua jugando dentro de mi boca.

… Hasta que la calma llegó. Seguía besándome muy rico aún con su verga dentro mío.

– Wow muñeca. Me sacaste toda la leche de los huevos… eres una putita.

– Y tú una bestia cogiendo… ahora ya me duele. Pero me lo merezco. Y también lo disfruto. Sí.

Quedamos de vernos el domingo siguiente. Desafortunadamente yo no pude acudir a la cita los siguientes dos domingos, y el tercer domingo él se regresó a Veracruz a llevar el trailer que le correspondía. Posteriormente visité la casa donde tuvimos aquel encuentro pero al preguntar a los vecinos me confirmaron que tal vez regresaría en cuatro meses. Claro rentando otra casa en algún lugar que por supuesto nunca encontré.

Gracias por leer una de mis mejores experiencias. Si gustan comentar les agradezco… nomás no sean tan duros al juzgarme. Jejeje. Gracias!!

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