Ángela.

Aquella tarde había quedado como tantas otras veces con un grupo de amigos, todos interesados en el BDSM, para charlar, tomar un par de cervezas y reírnos un rato, nada realmente apasionante. Aquella tarde vino Ángela, una chica sumisa que no conocía, era de pelo castaño, nariz respingona y unos ojos que denotaban simpatía y desparpajo. Pasamos la tarde entre risas y no se como ella y yo congeniamos, nos caímos simpáticos. Cuando llegó la hora de despedirnos, ambos nos quedamos con ganas de más. Pero ninguno de los dos teníamos tiempo para más.

Al dia siguiente, decidí invitarla a casa a cenar, sería la ocasión de seducirla y hacerla mía, así que quedamos a las 21:00 horas en mi casa.

Justo a las 21:00 horas en punto, sonó el timbre de mi casa, abrí la puerta y cuando la vi, me quedé sorprendidísimo, Ángela  venía espectacular, su pelo perfectamente peinado sobre sus hombros, un vestido negro a medio muslo con escote palabra de honor, y unos stiletto rojos con un tacón que mínimo median 10 cm.

La hice pasar, y serví un par de copas de un buen vino, para tomarlas mientras se hacia la cena, las cuales bebimos entre charla, risas y miradas cómplices, los dos sabíamos cual era el fin último de aquella cena… Pasamos a la mesa y empezamos a cenar un rico solomillo con salsa roquefort, regado con el mismo vino que habíamos tomado antes de la cena. En ese momento, metí mi mano por debajo de la mesa y empece a acariciar uno de sus muslos, y entre el tacto de sus medias, y el de la seda del vestido, empece a calentarme ya en demasía. Ella sonreía y se dejaba hacer, lo cual me ponía mas caliente todavía. Cuando terminamos de cenar, yo ya no podía más, así que me levanté, ella me imitó, y la cogí de su pelo, estirando fuertemente de el

— ¿Vas a ser una putita buena y me vas a hacer caso verdad?

— Si, soy suya para lo que necesite– contestó.

Entonces la llevé al medio del salón, donde la puse con las piernas abiertas y los brazos en cruz, a que esperase (me encanta hacer esperar a las sumisas, cuando ya saben por donde van los derroteros, hace que se calienten muchísimo más, pensando en lo que vendrá a continuación). Mientras tanto, fui al baño, y me di una larga y relajante ducha, excitado por lo que tenía en el salón. Cuando volví al salón lo hice desnudo y con mi verga totalmente erecta de lo cachondísimo que estaba.

Me pare justo detrás suya, y rodeándola, agarré sus pechos por encima del vestido mientras le echaba el aliento en su nuca. Noté como se le erizaba el vello. Poco a poco y en completo silencio le iba bajando la cremallera de su vestido. Cuando terminé, y sin permitir que ella bajara los brazos, que ya le debían doler bastante de mantenerlos en cruz tanto tiempo, le di una vuelta completa admirando tanto las curvas y la voluptuosidad de su cuerpo como la increíble lencería roja (tanga y sujetador a juego) de raso y encaje que llevaba, era realmente una mujer espectacular.

Mientras iba al dormitorio a por un vibrador y otros juguetitos para jugar con ella, le dije que fuese quitándose el sujetador y el tanga, y se tumbase en el sofá. Cuando volví estaba tumbada en el sofá, solo con las medias puestas, se había quitado los zapatos. La mire fijamente con mirada severa, ella me miró con miedo, sabiendo que algo había hecho mal. Cogiéndola del pelo y con voz autoritaria, pero sin gritar, le dije: –Eres una zorra mala, levanta puta. La levanté y la obligué a apoyar las manos en la pared y bajarlas hasta que su cuerpo quedó paralelo al suelo, así tendría el culo bien hacia afuera y tendría buen acceso a él.

Volví al dormitorio a por mi fusta la cual iba a usar por primera vez, llegué al dormitorio, fusta en mano, le pregunte: — A ver zorra, dime un numero del 20 al 40, vas a ser castigada, una buena puta no se quita nunca los tacones, ni siquiera para el sexo. — Si señor, no volverá a pasar– contestó. — El 25 señor.
— Vale, empieza a contar, y no te equivoques, porque si no, volveré a empezar.

Empece a descargar fustazos en su culo, variando en intensidad, y en ritmo. 1… 2… 3… 4… iba diciendo Ángela, cada vez mas dolorida, pero a la vez mas excitada, estaba demostrándome lo buena sumisa que es, le dolía, si, y sufría, si, pero ese dolor y ese sufrimiento le excitaba, y eso se notaba. 12… 13… 14… a Ángela cada vez le costaba más seguir la cuenta y entre fustazo y  fustazo se le escapaba algún gemido. En ese momento le acaricie el coño, ante lo cual ella reaccionó con un gemido en toda regla, estaba chorreando, estaba disfrutando de su castigo, de su sufrimiento… Que gran Sumisa era… 23… 24… 25… justo después del   ultimo fustazo, estalló en un gran orgasmo que la dejo temblando.

Después, la abracé, la tranquilicé, bese sus preciosos labios y le dije que me había encantado, que lo había hecho genial. Entonces la arrodillé suavemente, y hice que me la chupara, hasta que me corrí en su boca, y se lo tragó todito. Había sido una mamada espectacular. Que hembra, dios mio, que hembra!!!

Volví a abrazarla y le pregunté:

— ¿Qué Ángela, te animas a ser mi sumisa?

— Por supuesto contestó.

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Un noche en su casa

La oscuridad y el silencio era absoluto, no era una situación que me extrañara ya la había disfrutado en otras ocasiones, pero en esta se estaba prolongando más de lo habitual. La venda negra que cubría mis ojos me impedía ver a mi alrededor. El cinturón de mi bata de seda ligaba mis muñecas e impedía la tentación de quitarme la venda.

Él me había traído, recorriendo su casa, había caminado por los pasillos de su casa, sintiendo en la planta de los pies la fría dureza del suelo y el cálido almohadillado de las alfombras, sintiendo como el resto del cinturón de la bata pasaba entre mis piernas y se incrustaba en mi sexo cuando tiraba de él para llevarme, sentía su opresión, como se humedecía mientras me proporcionaba el placer previo al que sabía que me esperaba.

Llegamos… realmente no sabía donde habíamos llegado, únicamente la desaparición de la presión en mi sexo me indicó que habíamos llegado, me paré, sentí como el cinturón de seda se deslizaba entre mis piernas, se salía de entre los labios de mi sexo. Las plantas de mis pies se asentaban sobre una cálida alfombra. Sentí sus manos, siempre suaves y firmes al mismo tiempo, en mis hombros, su presión me indicaban lo que él quería que hiciera. Me resistí, era parte del juego, la presión aumentó, aún sin palabras. Lentamente como en cámara lenta comencé a doblar las rodillas, sus manos pasaron bajo mis axilas para ayudarme en el descenso, sentí como su sexo, su dura polla, rozaba mi vientre, mi pecho, se tropezaba contra mi barbilla. Intenté, en mi ceguera, introducirla en mi boca, la perseguí sin lograrlo, sin lograr tomarla entre mis labios, sentirla en mi boca, sentir como golpea contra mi garganta.

Mis rodillas estaban sobre la alfombra, noté su pie entre mis rodillas, como las empujaba hasta separarlas, me sentía bien, cómoda sintiendo su fuerza sin dureza, su pie salió de entre mis rodillas, por un momento no supe donde se encontraba, hasta que noté como la parte libre del cinturón de seda comenzaba a atarse a mis tobillos, mientras sus manos acariciaban mis piernas desnudas. La posición no era muy cómoda, mis manos prácticamente tocaban los pies y la tentación de sentarme sobre las piernas se hacía cada vez más fuerte, lentamente comencé a sentarme sobre mis piernas, hasta notar un ligero azote en mis nalgas, mientras escuchaba su voz únicamente me decía una palabra, la primera palabra suya que había escuchado en las últimas horas.

¡No!

Su voz sonó cálida como siempre, pero estalló como un látigo en mi cerebro, él no me quería sentada, me quería con mis senos erguidos, mi vientre liso, mi barbilla alta, casi desafinaste, su voz, esa palabra, esa única palabra destruyó mi resistencia, incluso esa que únicamente buscaba continuar el juego, ese juego de sumisión, de dominación, de placer. Nuevamente elevé mis caderas hasta quedar con el pecho erguido, la barbilla alta. Sus labios se unieron a mis labios, mientras su mano sujetaba mi barbilla, intenté jugar con su lengua, pero sus labios rápidamente se separaron de los míos, y su voz, esta vez suave, resonó en mis oídos.

No te muevas, quédate así, sin juntar las rodillas… espérame. Y el silencio se unió a la oscuridad y me envolvió.

El tiempo pasaba, ¿cuánto tiempo?, minutos, tal vez una hora, la posición se estaba volviendo incómoda, pero no más incómoda que el latido que sentía en mi sexo, las contracciones se hacían cada vez más rápidas y la humedad empezaba a resbalar por la cara interna de mis muslos. Deseaba juntar mis rodillas, apretar mis muslos, inclinar mi cuerpo, llevar las manos a mi sexo…

Algo rozó mis labios, se introdujo en mi boca, su sexo, su deseado sexo entraba en mi boca, mi lengua lo esperaba ansiosa, mis labios lo apretaron, mi cabeza, mi cuerpo empezó a moverse automáticamente, quería darle placer, darle ese placer que el quería, que yo deseaba darle. Sus manos tomaron mi cabeza, detuvo mi movimiento, mientras su polla, su siempre dura polla, entraba rítmicamente en mi boca, cada vez más profundamente, más y más, hasta llegar a la garganta. Por un momento temí que me dieran arcadas, que me faltara la respiración, pero él me conoce, sabe como hacerlo, el aire siempre llegaba. Mi sexo palpita, cada vez más rápido, siento como la humedad me moja, chorrea por mis muslos, siento como mis manos se contraen de forma involuntaria, como los músculos de mi vientre están en tensión.

La siento en mi garganta, pero ahora no sale, siento como se derrama en mí, como por mi garganta fluye su líquido cálido, ¡no puedo respirar!, intento huir, retirar mi cabeza, pero él la sostiene con firmeza, poco a poco, la saca de mi boca, el aire regresa, tengo la boca llena de semen, de su semen, su polla sigue en mi boca, la acaricio con mi lengua, la saboreo entre mis labios. Noto como una mezcla de su semen y mi saliva se escapa por la comisura de mis labios. Su sexo sale, mi lengua intenta recuperar los líquidos que se escaparon de mi boca, me ayuda, siempre me ayuda, sus dedos recorren mi barbilla, chupo, lamo sus dedos, los chupo con deleite, me saben a él.

Silencio, nuevamente silencio, oscuridad, mi sexo late, late con más fuerza, quiero gritarle Jódeme, entra hasta el fondo, tómame, pero no digo nada espero, simplemente espero, espero que él lo desee, que se acerque, que me tome. La atadura de mis tobillos se afloja, se suelta, noto sus manos rozar mis piernas, sus manos pasar bajo mis axilas, manos que me ayudan a levantarme, mis piernas están flojas, casi no me sostienen, con mis manos logro acariciar su miembro, está casi flácido, acaricio sus huevos, noto como poco a poco toma esa dureza que tanto adoro, añoro, como su polla golpea mis nalgas, casi se introduce entre mis piernas. Noto sus manos rozando mis senos, esas manos siempre suaves y a la vez fuerte, firmes, esas manos que me indican sus deseos sin palabras.

El cinturón pasa entre mis piernas, se incrusta en mi sexo, comienzo a caminar, sin temor, él me guía, me acompaña. Se ha detenido, el cinturón cae nuevamente entre mis piernas, ha de estar empapado, por un momento noto mi sexo seco. Está tras de mí, siento como pone en mis muñecas algo, es suave, pero también rígido, parece una muñequera, quizá de cuero, forrada de algodón o de otro tejido suave, primero en una de las muñecas luego en la otra, oigo un clic metálico, siento como se suelta el cinturón, pero mis manos no se pueden separar, sigo atada ahora con esas muñequeras. Oigo otro clic, silencio, oscuridad, esa oscuridad amiga que precede al placer, ese silencio que hace que todo sea inesperado.

Mis brazos comienzan a subir, lentamente, sin precipitación, siento como mis músculos se ponen en tensión, como mi cintura se dobla hacia delante y mis rodilla se doblan levemente, los brazos suben un poco más, si no quiero quedar suspendida en el aire tengo que enderezar mis rodillas, incluso levantar mis talones para quedar casi de puntilla, la presión ha parado ya no me pide que suba más los brazos. Siento su rostro contra mi rostro, siento mis senos suspendidos, como sus manos los acarician, siento como mis pezones se ponen duros a contacto con sus manos, como juega con ellos, como oscilan entre sus manos. Sus labios rozan mi oreja, oigo su voz, es casi un susurro.

Mi amor, te voy a azotar, dime que quieres, ¡dímelo!Si, azótame, hazme lo que quieras, soy tuya, Castígame.

Va ha ser duro, ¿quieres seguir?Si, castígame, quiero que me castigues, domíname, domíname, hazme sentir que soy tuya, solo tuya.

Se ha separado de mí, la tensión de los músculos se hace cada vez más fuerte, comienzan a dolerme los brazos, las piernas… Plasss, plasss. Grito, no lo esperaba, mis nalgas me arden siento como miles de alfileres, recorriendo mis nalgas, cómo la sangre se agolpa en ellas. Plass, plass, plass, plass. El sudor comienza a correr por mi espalda, noto como mi cabello se humedece, como caen gotas por mi rostro, por mi pecho, siento arder mis nalgas cada vez que golpea mis nalgas con ¿el cinturón?, su cinturón de cuero ese que siempre usa, mis senos se balancean, mi cuerpo se pone en tensión. Plass, plass, plass… Ya no grito, me había propuesto contar los azotes, me había propuesto saber cuantas veces, pero he perdido la cuenta, simplemente lo siento, siento el sudor, siento el calor, siento las pulsaciones de mi sexo, siento, siento…

¡Por fin!, es mi premio, siento su sexo, entre mis piernas, como se abre paso, como su cuerpo se junta con mi cuerpo, como suavemente se introduce en mí, ¡se ha salido, se ha salido!, muevo mi culo, intento ir a su encuentro, ¡No!, hablo, casi grito:

¡No te vayas!, por favor, entra en mi, entra, jódeme, jódeme.

Pero él tiene otra idea, sabe que lo necesito dentro, que le deseo, que quiero sentirle en mi interior, hasta el fondo. Su mano acaricia mi culo, esta muy sensible después del castigo, su dedo se introduce en mi ano, va a entrar, se que va entrar, separa mis nalgas su polla sustituye a su dedo, se pone a la entrada poco a poco se va abriendo camino, cada vez más profundamente, más y más, ¡duele!, está muy seco, ¡duele!, gimoteo, él lo sabe, no digo nada, él lo sabe, se sale, ¡se va!, ¡se va!, ¡por favor, no te vayas, quédate, sigue por favor!, silencio, silencio y oscuridad, mis brazos me duelen… ¿qué he hecho mal?

Un líquido frío recorre mi espalda, se desliza entre mis nalgas, su mano lo extiende, es algún tipo de aceite, es suave, es reconfortante, sus dedos lo introduce en ano, cada vez se vuelve más y más suave, noto su sexo a la entrada, ahora entra sin dificultad, ya está, está dentro, todo dentro, comienza a moverse, cada vez más rápido, siento sus huevos golpear contra mi sexo, su brazo rodea mi cintura, su mano se posa en mi sexo, acaricia mi sexo, acaricia mi clítoris, suavemente, con esa fricción que me encanta, sigue, sigue, sigue, ¡ya viene!, ¡ya viene!, estallo, estallo de placer, mis piernas casi se doblan su brazo me sostiene, el sudor, el dolor, el placer, el aceite, todo se junta, sobre mi cuerpo, en mi cuerpo, le siento dentro de mí, siento como se derrama, le siento, me siento feliz.

Se ha salido, noto como mi ano rezuma de líquidos, aceite, semen, como resbalan por mis piernas. Noto como mis brazos descienden, mis piernas casi se doblan, oigo el clic metálico, mis manos siguen ligadas. Sus brazos me toman en alto, dejo reposar mi cabeza en su hombro, mientras siento como me transporta, como sus brazos me sostienen, como su pecho se une a mi cuerpo, escucho su respiración el latido de su corazón, siento como me deposita encima de una cama, como desliga mis manos, como me quita las muñequeras, sus labios me besan, me besan en la mejilla, en los labios, en mi pecho, su lengua recorre mi cuerpo, llega hasta mi vientre, acaricia mi sexo, mi clítoris, entre sus labios. Aún sigo en la oscuridad, con todos mis poros abiertos, siento una toalla húmeda, cálida, que pasa por mi cuerpo, me libera del sudor, acaricia mi rostro, mi pecho, mi vientre, mis piernas…

Siento su peso, sobre mí, su sexo en mi sexo, siento como me penetra, como le recibo cálidamente, ahora sin prisas, con placer, sus manos retiran la venda de mis ojos, la habitación esta en penumbra, veo su cara junto a mi cara, sus ojos profundos, su rostro, su amado rostro, sus labios esos labios que recorren mi cuerpo, mis manos lo abrazan, lo estrechan fuerte contra mí, mientras su sexo, esa dura polla, entra y sale de mí, una, otra, otra vez, con ese ritmo, continuo… crece, crece dentro de mí, parece como si no fuera a ser capaz de tenerle dentro, y llega, llega el placer, mi placer y su placer, me inunda, me llena, su cuerpo sobre mi cuerpo, no me pesa, estamos perfectamente acoplados, no me pesa, su peso me da protección, me da calor, me hace sentirme bien.

Me he girado sobre la cama, estoy sobre mi lado izquierdo, su cuerpo se encuentra pegado a mi espalda, siento su sexo contra mis nalgas, su mano pasa sobre mi cuerpo, reposa sobre mi vientre, el sopor me invade, cierro los ojos y el sueño, ese sueño reparador, empieza a llegar, su rítmico respirar me acompaña, su calor me da tranquilidad, poco a poco cada músculo de mi cuerpo se relaja, mis piernas están húmedas, da igual es él que se escapa de dentro de mí. Aún queda noche, tras los cristales de la ventana la luna parece sonreír.

Espero que os guste, quizá no es lo que esperabais.

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Esclavo sexual 5 (Lluvia)

Esclavo sexual 5 (Lluvia)

Estaba yo esa noche a merced de 4 tipos, Asdrúbal me había llevado “engañado” a su apartamento y una vez allá, me presentó a tres amigos, que junto con él se proponían saciar sus deseos sexuales y de dominación conmigo. Yo había aceptado ser su esclavo y complacerles en todo cuanto pedían.

Para asegurar mi sumisión, me habían humillado colocándome un enema, también un plug anal inflable y me habían fustigado con una vara de ratán. Alternando todo aquello entre mamadas, suplicas, etc. Con los ojos vendados me hicieron adivinar de quien era cada polla, mientras las ponían una tras otra en mi boca. Por fortuna advine todas, lo que me evito un castigo e hizo ganar una rica cogida como premio.

Estando acostado boca arriba, con los ojos tapados, uno de ellos, me penetró subiendo un poco mis piernas. Mientras, yo mamaba gustosamente una polla y con la otra mano pajeaba al otro. Finalmente había llegado el momento de recibir verga como una perra callejera cuando está en celo.

Así, me montaba uno y el otro, se cambiaban de lugar, apenas dejando por segundos vacía mi boca o mi culo. Entre comentarios soeces y ordenes como abre, chupa, trágatelo, me zarandeaban como una muñeca de trapo. Pinga y más pinga por culo y boca en distintas posiciones. Recibía aquello sin poder ver, sin saber en verdad quien me hacía que cosa.

Me relajé y comencé a disfrutar tremendamente todo aquello, sin salir de mi papel de esclavo, obedeciendo a todo cuanto se me pedía, halagando y humillándome siempre ante mis amos, con expresiones serviles, como “así está bien amo, lo estoy mamando bien”, “ay amo, que rica esta verga” y cosas así.

Si bien no faltó una que otra nalgada, un pellizco, mordiscos “suaves” y una que otra arremetida que me dejaba sin aire. Estaba gozando de lo lindo.

Al rato, uno de ellos acabó en mi boca y cara, me tomó por sorpresa y el semen subió por una de mis fosas nasales, produciendo esa desagradable sensación. Hasta por la nariz tragué leche esa noche.

Luego, Asdrúbal subió mis piernas casi a sus hombros y bombeo salvajemente hasta inundar mi recto con su leche. Sentí casi llegué a tener un orgasmo (anal) pero no lo logré. A pesar que estaba gozando bastante, aún no lograba el orgasmo, en momentos me ponía algo nervioso, pensaba que pararían para hacerme alguna maldad como había sucedido previamente.

Después, en 4 patas, Horacio me daba por el culo con un ritmo delicioso, mientras en mi paladar, sentía la cabeza del pene del musculoso. Aunque no podía verlos, sabía que era Horacio el que me daba por el culo, digamos por descarte, ya que Asdrúbal ya había acabado, el flaco de bigotes fue quien me acabo en la boca y la verga que mamaba era la del musculoso, pues tenía esa curva en el glande. De pronto Horacio acabo. Me relleno el culo de semen.

El musculoso dijo, estás bañado en leche. Él tenía razón, mi cara y culo estaban llenos de sus fluidos. Me llevó al baño y quitó el tapa ojos. Dentro de la ducha me colocó de pie contra la pared. El agua tibia bajaba por mi espada, por mi rostro, aproveche para tomar un poco, pues estaba reseco de tanto mamar.

Después que se aseguró mi culo estuviera limpio, me clavó estando de pie. La cabezota de su verga, como he dicho, estaba como doblada en ángulo. Esa Curva, me hacía sentir más intensamente, en especial cuando la tranca iba de salida.

El agua que bajaba por mi culo, limpiaba los fluidos que lubricaban la penetración, con lo cual la fricción aumento. Finalmente, experimenté un orgasmo muy, muy intenso, digno de todo cuanto había sufrido y esperado. Argg, me viene varias veces seguidas (por el ano) hasta que finalmente el acabó. Aún clavado por aquel macho, comencé a masturbarme, ya no aguantaba más. No tarde mucho en venirme, en eyacular.

Luego, el me lo saco y me pidió que le mamará, que limpiara su verga. No me agrado la idea, tenía esa sensación de culpabilidad y rechazo que siempre sentía hacía quien me había cogido justo después que yo eyaculaba.

Sin embargo, entendí que debía complacerle. Me arrodillé para mamar. Pero mientras se lo limpiaba con mi boca, sentí un chorro tibio de orina en la boca. De inmediato escupí. El paró la meada y dijo qué pasa puta, vamos, te quiero mear en la boca.

Yo dije, bueno, en la cara. Me quedé frente a él con los ojos cerrados esperando el chorro de orine. Entonces él dijo, pero abre la boca. Él insistió, subiendo el tono de voz, yo me mantuve con la boca y ojos cerrados. El ruido atrajo a Asdrúbal, que luego de entender que es lo que el hombre quería, me ordenó complacerlo.

Entonces, sencillamente me rendí. Abrí la boca. Sentí el chorro de orine tibio caer en mi boca, sentí ese sabor salobre, ese olor inconfundible. Este tipo me marcaba como un perro lo hace con aquello que considera de su propiedad.

La meada fue larga, el líquido que él había tomado en todo ese tiempo sin duda hizo su efecto. El orine caía en mi boca, sentía su sabor, pero me cuidaba de no tragarlo, estando con la boca abierta, así mismo el orine escurría hacia afuera.

Luego, el apresuró un chorro y llenó mi boca. Me tomó por la quijada inferior y tapo mi boca. Involuntariamente tragué el abundante líquido. Finalmente expulsó un chorrito más y sacudió su pinga. Se retiró satisfecho diciendo, eso es pendejo, eso es. Asdrúbal presenció todo aquello sin decir nada. Sólo me dijo, aséate que ahora es que falta.

Con ese último evento, quedó más que evidenciada mi sumisión ante ellos. Aún con el rechazo que experimentaba por haber acabado, accedí ante una solicitud tan pervertida como esa.

Por suerte para mí, ya no querían continuar, tal vez porque al día siguiente había que trabajar, en verdad no lo sé, pero para mí fortuna decidieron que allí terminaría todo. Tomé una ducha rápida, antes que se arrepintieran y Asdrúbal me llevó a casa.

Así terminó aquella noche, donde en por un buen rato, fui rebajado y humillado totalmente.

Bueno, espero que te haya gustado y me regales tus comentarios. Hasta la próxima.

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Esclavo sexual 4 (a ciegas)

Esclavo sexual 4 (a ciegas)

Aquella noche nada iba bien. Habíamos quedado con Asdrúbal en que estaríamos solos, pero había tres hombres más. La fantasía de ellos es que sería su esclavo(a) esa noche. Digo nada iba bien desde mi punto de vista, porque hasta el momento, más que placer, me habían infringido dolor y humillado bastante. Sin embargo, nunca me negué a lo que se me exigía.

Desde el punto de vista de ellos, pienso que las cosas estaban saliendo de lo mejor. Una tontería sirvió de excusa para que yo recibiera un castigo desproporcionado, 12 trallazos en mis nalgas, con un bastón de bambú, fueron suficientes para hacerme entender que el “juego” de ser su esclavo, era bastante serio. Ellos habían encontrado a quien someter a su antojo y al parecer no me quedaba más remedio que aceptar sus caprichos y ociosidades.

Después de propinar unas buenas mamadas a cada uno, me colocaron en cuatro patas sobre el banco de patas metálicas, quedando mi culo y boca, más o menos a la altura de sus vergas. Comenzaron a turnarse, yo chupaba con fruición un machete y luego otro, lamia sus bolas, me atragantaba. Aún las nalgas me ardían y sentía temor de lo que me pudiera pasar, por lo que me esmeraba en chupar como nunca.

En el ínterin, el de bigotes untó un lubricante en mi culo y me empaló sin contemplaciones, me dio unas cuantas arremetidas y luego paró. Introdujo luego en mi culo un consolador, mejor dicho un plug o tapón anal grande, que entró sin mucha dificultad. Pensé para qué un tapón habiendo tantas pollas por atender?

Luego, vi que del tapón salía una manguera y una perilla, era un juguete inflable. Mientras yo mamama, chupaba y lamia una verga tras otra, Asdrúbal comenzó a inflar el tapón, sentía como poco a poco me llenaba por dentro.

Asdrúbal me indicó que le avisará si me dolía. En un momento dado sentí mucha presión dentro y algo de dolor. Le dije sumisamente a Asdrúbal, Amo, me duele. Él dijo, aguanta un poco más y dio un par de bombeadas extras a la perilla.

Yo me sentía totalmente lleno, sentía presión en el ano. Por la forma del tapón era imposible que se saliera, pues adentro estaba hinchado, justo en la zona del ano, la goma era mucho más dura y de menor diámetro. Entonces digamos estaba abierto como un “paraguas” dentro de mí.

Luego, Asdrúbal me ordenó traer otra ronda de tragos. Me puse de pie, sin embargo, el juguete no se salió, era imposible que se saliera sin desinflarlo. Luego traté de erguirme y allí si experimenté un dolor muy agudo, dentro, como una punzada, parecida a lo que a veces me hacía sentir el Mandingo o el Negro con sus vergas largas. El dolor me hizo doblarme nuevamente. Respiré profundo y trate de enderezarme pero no pude, volví a sentir la punzada.

Entonces fui a preparar los tragos así, con aquella cosa dentro, caminando encorvado. Mis amos se pajeaban suavemente, disfrutando de mi sumisión a sus ociosidades.

Sentí miedo nuevamente, este era el tercer brindis, el último había terminado con un castigo muy fuerte. De alguna forma, esta interrupción bajaba la excitación de mis captores para alargar la faena sometiéndome a alguna humillación.

Luego, Asdrúbal me ordenó ponerme de rodillas nuevamente y colocó un tapa ojos. Dijo, vamos a hacerte una prueba, vas a mamárselo a todos sin mirar, tienes que adivinar de quien es el palo, si te equivocas te castigo.

Siguió, por cada uno que te equivoques son 5 trallazos. Si usas las manos 5 más. El de bigotes replicó, no, no, vamos a hacer algo mejor, si se equivoca, que sean 10, pero que se los de quien lo confundió, para que aprenda a reconocer vergas.

Entonces Asdrúbal dijo, bueno, ya sabes, vas a chupar y a identificar a cada quien, no puedes usar las manos y con quien te equivoques ese te da diez azotes por las nalgas.

En absoluto silencio, se acercó el primero y posó su glande en mis labios. En circunstancias normales tal vez no hubiera prestado tanta atención al juego, pero ante la amenaza hice un recuento mental de las pollas de cada uno y sus características.

Cuando me estiré un poco para mamar mejor, el dolor punzante por aquel plug inflado que tenía dentro me hizo retroceder. Dije lo más sumisamente que pude, le pido por favor, a cualquiera de mis amos, que desinfle un poco el consolador, que cuando me estiro me lástima demasiado. Uno de ellos libero un poco de aire. Probé a estirarme y pude hacerlo, aunque aún el tapón se mantenía ocupando mi recto. Le dije, muchas gracias amo, gracias al que desinfló el tapón, gracias a todos porque permitieron que lo hiciera y gracias al que me lo metió

El primero fue Asdrúbal, lo distinguí de inmediato por su grueso, sin embargo, no me aventure a decir nada rápidamente, se lo lamí largo a largo y chupe bien antes de hablar. No quería equivocarme, ni tampoco que les pareciera cosa fácil. Luego, él lo retiró y dije “Asdrúbal”. Uno de ellos dijo, al final, nos dices el orden y te decimos cuantos acertaste para que el juego sea más interesante.

El musculoso también era fácil de identificar, pues como comenté antes, tenía la cabeza del pene en ángulo, como si estuviera doblada. Me preocupaban el de bigotes y el más joven, el que era bonito, pues tenían pingas muy parecidas, pero uno tenía los testículos rasurados y el otro no. Entonces tan pronto llegaron a mí, les propiné una rica lamida en los huevos, que me sirvió para identificarlos.

A cada uno le mame tan bien como pude dadas las circunstancias. Y fui identificándolos mentalmente uno a uno.

Después me quitaron el tapa ojos. Asdrúbal preguntó y bien, que nos dices mama vergas? Dije, 1ero Asdrúbal, 2do Fulano (el musculoso), 3ro Horacio (el más joven) y 4to Zutano (el de bigotes) Horacio y dijo wow!, acertaste todos.

Me sentí estúpidamente orgulloso, contento por haber descubierto todas las pingas. Es increíble lo tanto que se puede degradar a una persona, que hasta se contenta por algo así.

Asdrúbal volvió a colocarme el tapa ojos, desinfló el plug, que salió disparado tan pronto su tamaño se había reducido. Me quitaron las esposas y fui llevado a la cama. Asdrúbal dijo, te has portado bien, ahora te vamos a coger como nunca.

Hasta aquí lo dejo por hoy. Gracias por leerme.

JP

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Esclavo sexual 3 (Canning)

Esclavo sexual 3 (Canning)

Aquella noche, Asdrúbal me llevo a un apartamento. Habíamos quedado en que estaríamos solos, pero cuál fue mi sorpresa, una vez en el lugar, había tres hombres más. La fantasía de ellos es que yo sería su esclavo(a) esa noche, una cosa llevó a la otra y acepté casi sin pensarlo.

Asdrúbal me había aplicado un enema y luego ordenado servir unos tragos, así lo hice, pero luego me ordenaron agacharme e involuntariamente el agua salió de mi culo sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo. Ello fue motivo (o más bien excusa) para aplicarme un castigo. A pesar de aquella situación, yo estaba sumamente excitado, mi verga parecía que iba a reventar de lo hinchada que estaba, en el culo tenía esa sensación, ese deseo de ser penetrado. Un fuerte deseo me hacía mirar sus pollas.

Asdrúbal tomó una silla. Me ordenó apoyar mis manos en el asiento quedando inclinado, de pie, con el culo en pompa. Sobo mis nalgas y de pronto, zas, me propinó unas tres nalgadas muy fuertes. Después, tomó una vara, delgada, de bambú o algo así, como de un centímetro de diámetro y poco más de medio metro de largo. La paso frente a mí, a mucha velocidad, como si fuera una espada, produciendo ese “silbido” (fuuu) cuando se corta el aire.

Entonces me enderecé (pensé en decir que no, pero no dije nada) El sólo dijo, colócate. Lo miré como recriminándole aquello que iba a hacer. El sólo dijo colócate, ponte. Por último dijo, hasta ahora te has ganado diez, si sigues, va a ser el doble, el triple, depende de ti.

Preguntó, te acuerdas de lo que hablamos, te acuerdas de tu compromiso. Dijo, te pregunté varias veces y respondiste que sí, que aceptabas obedecer, ser mi esclavo. Ahora no puedes arrepentirte, tenemos un acuerdo; imagínate que yo tenga un acuerdo contigo (Por ejemplo que no te haré daño) y decida romperlo; no sé, porque se me dé la gana y tú estés indefenso me provoque apalearte, yo creo que no te gustaría. Él tenía la total y absoluta razón, yo me había comprometido a obedecer en todo. Nunca supe si aquello fue una amenaza velada, que habría pasado si yo me hubiera negado, pero él tenía la razón. Luego, me puse en la posición que se me exigía.

El caminaba de un lado a otro, luego se situó a mi izquierda y sentí como toqueteaba mis nalgas con la vara, como si estuviera midiendo antes de dar el golpe, yo estaba muy asustado esperando el trallazo. De pronto zuas, un azote muy fuerte fue a dar a mis nalgas. Argg, me ardió bastante, es como si quemara.

Luego vino, el segundo, el tercero, cuarto, yo me retorcía después de cada golpe y de inmediato se me ordenaba colocarme en la misma posición de castigo.

Tal vez se pueda pensar que un azote de estos no es mucho, no es muy doloroso, pero para mí si lo fué y lo que hace terrible es la repetición. Es como una picada de abeja, una sola, ciertamente duele, pero varias es mucho peor.

Quinto y sexto trallazo aterrizaron en mis enrojecidas nalgas, mientras el “público” se deleitaba con aquello. No aguanté más, me erguí y caminé por el recinto, dando una especie de saltitos para aliviar el ardor. Para colmo, estando esposado, ni siquiera podía sobarme las nalgas.

Un minuto después, se me ordenó volver a colocarme en posición. Le suplique, le dije que era suficiente. Él dijo, es por tu bien, para que aprendas, ves que ya no estás tan altivo, tan rebelde. Sumisamente volví a la misma posición.

Él dijo, cada vez que te dé, tienes que darme las gracias, tienes que decir gracias mi amo. Yo pensé en no hacerlo, después de todo, ya me estaba castigando. Entonces vino el séptimo azote, me ardió como el demonio, pero no di las gracias. Asdrúbal, preguntó, que debes decir? Yo dije “gracias”, el siguió, porque no lo habías dicho? Yo respondí, se me olvido. El concluyó, por cada vez que se te olvide te voy a dar dos más.

Antes del siguiente, hizo varios amagues pasando la vara a toda velocidad pero sin golpearme, lo cual aumentaba mi tensión. Luego vinieron uno tras otro octavo, Gracias!, noveno Gracias!!!, decimo Gracias!!!. Me fui a incorporar y dijo, dos más de regalo y zuas, zuas. “Quemó” mis nalgas con aquella vara.

Además del dolor, fue muy fuerte para mí aquella situación, es como cuando uno piensa que ha llegado a una meta y aún falta. Me sentí desilusionado, impotente. Con todo lo sucedido no aguante más y rompí en llanto.

Entonces el paró, me sobo las nalgas, me decía ya pasó, tranquilo, ya pasó, pero tienes que someterte, si te sometes esto no te pasa más. Siguió “vamos, pídele perdón a todos y ya termina todo”. Dije perdón, él dijo así no, no me convences, de rodillas.

Me arrodillé y el sacó su tranca, la tenía bien parada, obviamente aquello lo había excitado bastante. Ordenó, chupa y pide perdón. Dudé por un segundo, al parecer él se dio cuenta de mi duda, entonces me dijo, quieres que te perdone o no, creo que te hagan falta otros diez azotes para que aprendas.

Enseguida engullí su polla gruesa y venosa, metí cuanto pude en mi boca y le pedí perdón, le dije “perdóname, mi amo, no vuelve a pasar” mientras lamia y saboreaba su pinga. Luego, el restregó sus bolas por mi rostro aún lleno de lágrimas.

Así, fueron pasando todos, a cada uno le mame la verga, mientras sumisamente les ofrecía disculpas y pedía perdón. Desde afuera se puede ver como una situación injusta, pero en el sexo mientras quienes participen en algo estén de acuerdo, todo se vale. Por ejemplo que alguien tenga que mamar una polla y le acaben en la cara puede desde afuera verse como algo humillante y tal vez lo sea, pero nada importa si quienes participan están de acuerdo.

Claro que en varios momentos me sentí demasiado humillado, quería escapar, pero nunca me atreví a negarme. En ese instante, en ese momento, pensé que aquella era una situación injusta, pero no dije nada, ya había aprendido que entre un macho dominante y un sumiso no debía esperar justicia alguna, menos en una situación tan desigual como la de aquella noche. Además yo mismo me había comprometido a todo aquello. La verdad nunca sabré que habría pasado si firmemente me hubiera negado a todo aquello, si ellos me habrían obligado o me habrían respetado.

El tercero en disfrutar de mi degradación, mientras mamaba, fue el musculoso. Teniendo yo la tranca bien adentro en la boca, me hizo pedirle perdón sin permitir que me la sacara. Yo hablaba como si tuviera algún motor o del habla, decía pedon, mi amo, no vueve a pasa. Apenas se me podía entender. Esto lo excitaba y producía las risas de los otros, quienes fungían de público. El cuarto hizo algo más o menos parecido.

Pasaron muchos años desde aquel momento, hasta que casi por casualidad me enteré que eso, dar azotes con una vara de ratán, era un “arte” del SM. Aquella noche sin saberlo, fui víctima del Canning. A veces recuerdo aquellos eventos y pienso en lo inocente que era y como aquellos tipos supieron sacar provecho.

Bueno, por ahora lo dejo hasta aquí. Regálame tus comentarios si te gusto y cuéntame si has tenido alguna experiencia similar. Gracias.

JP

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Esclavo sexual 2 (el enema)

Esclavo sexual 2 (el enema)

Aquella noche había ido con Asdrúbal a un departamento para tener sexo con él. Asdrúbal era un hombre bastante mayor que yo, que gustaba mucho de los juegos sexuales de dominación/sumisión, dónde me sometía a su antojo. Dos encuentros anteriores con él me habían dejado bastante claro las ociosidades que era capaz de hacerme. Sin embargo, acudí aquella noche a la cita, al entrar al departamento todo estaba a oscuras, finalmente, teniéndome esposado, el encendió la luz. Al abrir los ojos pude ver al fondo la sorpresa que había preparado.

Experimenté una sensación de temor y arrepentimiento por todo a cuanto me había comprometido. Había acordado con él ser su esclavo sexual, obedecerle en todo y aceptar que me disciplinara si no cumplía sus órdenes al pie de la letra.

Giré mi cuerpo hacia la puerta, como si pudiera escapar. Al girar me topé con Asdrúbal de frente, quien aún se mantenía con su par de dedos dentro de mi culo, me apretó con fuerza y dijo, vamos, qué pasa, tranquilo. Vamos para presentarte a los muchachos, para que no te quejes que no sabes quién te coge.

Yo dije, pero esto no es en lo que habíamos quedado. Me refería a que le había pedido que estuviéramos a solas que no hubiera alguien más. El respondió, tú me dejaste varado el viernes, entonces estamos a mano. Además acabamos de acordar que serías mi esclavo y obedecerías en todo

Giró mi cuerpo poniéndome frente a ellos, mantenía sus dedos a fondo en mi culo. Así esposado, me hizo avanzar un par de pasos hacia adelante, pasos cortos que di con dificultad, pues mis pantalones y calzones estaban en mis tobillos.

Uno de los tipos se paró de la silla y se acercó con una sonrisa morbosa, otro también se puso de pie y un tercero se quedó sentado.

En verdad me asusté mucho, no sólo porque eran 4 tipos en total (contando a Asdrúbal) si no que él, en ocasiones anteriores, había sido bastante rudo conmigo. Sentí una especie de mareo, un escalofrío, impotencia.

El tipo se acercó hasta nosotros y le comentó a Asdrúbal, en verdad es jovencito como dijiste, qué edad tiene?, Asdrúbal respondió 18, la edad perfecta, aún es lo bastante joven para darse un banquete, pero lo bastante viejo para no meterse en problemas (se refería que con 18 se alcanza la mayoría de edad) El tipo me dijo, no tengas miedo, si te gusta que te cojan no tienes por qué tener miedo.

Me llevaron hasta el centro de la sala, bueno, en verdad era un lugar de un solo ambiente, con una cama, una mesa, un par de sillas y un banco metálico, tapizado en cuero, que parecía un banco de ejercicios, pero era para follar.

Asdrúbal me terminó de desnudar completamente. Abrió una de las esposas para quitarme la camisa. Luego dijo, bueno, ya que vas a ser nuestro servicio te toca esto. Me puso un delantal de sirvienta, de esos que tienen una parte superior, digamos cubren el pecho y el frente, quedando mi culo expuesto. Asdrúbal volvió a cerrar las esposas, pero quedando mis manos al frente.

Entonces me presentó a quienes serían mis amos por esa noche. El primero, un hombre musculoso, en sus 30 y tantos años, blanco, con un tatuaje mal hecho en el hombro. Me dio la mano firme.

El segundo, era quien antes se me había acercado, un flaco alto, con bigotes. Me dejó la mano extendida, dijo, date vuelta para ver el culo. La mirada de Asdrúbal me indicó que debía hacer caso. Me di vuelta y él dijo, agáchate, así lo hice y el abrió mis nalgas, examinó mi orto.

Luego vino el último que se había mantenido un poco distante. Blanco pero muy bronceado, de rasgos más finos, en fin, bastante bien parecido y más joven. Me dio la mano y dijo su nombre.

La verdad, admito con un poco de vergüenza, recuerdo muy vívidamente las vergas de cada uno, pero sólo recuerdo el nombre de este hombre (Horacio) de los otros dos no puedo acordarme por más que me esfuerce.

Entonces Asdrúbal me ordenó servir los tragos, dijo que siendo su sirvienta debía atenderlos y servirles. Era whiskey, entonces les pregunté cómo los querían, todos pidieron el trago con soda y hielo. Fue bastante incómodo con las esposas pero lo pude hacer.

El de bigotes propuso un brindis, por una noche de placer, porque yo fuera una buena puta y otras vulgaridades que presagiaban lo que sucedería, el tipo de trato que yo recibiría aquella noche.

El bigotudo sacó su pinga y me ordenó acariciarla, así fui uno a uno, sobándole la pinga y masajeando sus bolas. Mientras sus manos toqueteaban mi culo, nalgas, bolas y pene. Las pollas se ponían duras gracias a mis caricias, eran digamos normales, ni enormes ni cortas, con un grueso normal, la de Asdrúbal destacaba, siendo bastante más gruesa que la del resto.

Por último, la del musculoso, era larga, pero tenía una especie de malformación o curva extraña, el glande en lugar de seguir derecho, tenía un ángulo como de 45 grados respecto al cuerpo del palo. Parecía uno de estos consoladores especiales, para estimular el punto G, que tienen una curvatura. Era una poronga larga, cabezona con esa curva hacia abajo, en la dirección del frenillo.

Este tipo no se conformó con las caricias, empujó mi cabeza por la nuca hacia abajo, en clara señal que debía chuparle el palo. Titubee un segundo, pues estaba todavía muy nervioso, había pasado de un acontecimiento a otro en cuestión de minutos y crease o no, sentía vergüenza de introducir aquella verga en mi boca delante de todos. Sin embargo, me incliné e introduje su pene en mi boca sin más preámbulo.

Estando así de pie, uno de ellos me mamó el culo, lo sentí delicioso, comencé a relajarme un poco. Luego el más joven se paró frente a mí y turne mamando una verga otra, traté de acariciar una mientras mamaba la otra, pero me era muy difícil debido a las esposas, entonces daba 3 ó 4 chupadas a uno y luego al otro.

El olor inconfundible de sus pollas inundaba mi entorno, mis manos, cara y boca, estaban impregnadas de ese olor. Uno de ellos abría mis nalgas y hurgaba en mi recto con su dedo. Mientras me daba suaves nalgadas. En ese momento sentí un deseo irrefrenable de entregármeles.

Un par de minutos después, Asdrúbal introdujo una cánula en mi recto, venía junto con una bolsa plástica llena de agua, todo ello para hacerme un enema. Yo me había habituado a hacerme lavados, usando la manguera de la ducha teléfono en el baño, en esas ocasiones llenaba mi recto con agua y la expulsaba unos segundos después. Pero en esta ocasión fue algo distinto.

Me distraje un poco mirando la bolsa y todo eso, pero enseguida ellos dirigieron mi cara nuevamente hacía su garrote para que siguiera mamando como una buena puta. Mientras mamaba, sentía como mi recto se llenaba de agua poco a poco, no sé cuánto sería, tal vez un litro, la verdad no sé.

Después Asdrúbal retiró la cánula y me dijo, no botes el agua, aguanta un poco, no es mucho así que puedes aguantar un buen rato.

Luego me ordenó servir los tragos nuevamente, esposado y con el recto lleno de agua. A medida que caminaba y pasaba el tiempo, comencé a sentir deseos de expulsar. Quise ir al baño pero el bigotudo me dijo que no, que aguantara un poco.

Tuve que contener las ganas cada vez más fuertes, comencé a sentir escalofríos, pero de pronto, aunque tenía la sensación de expulsar, ya no la sentía fuerte, había logrado contenerme.

Asdrúbal me ordenó servir un trago para mí y luego propuso un brindis. Todos hicieron comentarios lascivos, tales como que me iban a dar con todo, llevaría mucha polla, etc.

Después del brindis Asdrúbal me pidió que recogiera un vaso que estaba en el piso, cuando me agaché, tuve de inmediato la sensación de evacuar muy intensa, al instante me erguí pero fue inútil, un chorro de agua salió disparado de mi culo mojando el piso.

Mierda, bárbaro, qué pasó. Fueron algunas de las expresiones de ellos, mezcladas con risotadas burlonas. Corrí al baño para botar el agua que aún quedaba dentro.

Al regreso, Asdrúbal me regaño, me dijo que como hacía eso. Replique diciendo que era culpa del enema, que ellos no me habían dejado ir al baño. Entonces él respondió, dirigiéndose a los otros, dijo, ustedes ven como es la cosa, uno trata bien a esta puta y se alza, me contesta y todo.

Me dijo “entonces es culpa mía, no tuya que no aguantaste mariquita”. El de bigotes dijo, tienes que castigarlo, tienes que enseñarle. La verga de Asdrúbal se notaba hinchada debajo de su calzón. Entonces entendí, que todo era una excusa para escarmentarme y disfrutar con ello.

Hasta aquí lo dejo por ahora. Me encantaría saber si te gusta el relato y más aún, saber qué opinas de la situación que viví y si tú has estado en situaciones similares, jugando un rol u otro. Gracias por leerme.

JP

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Esclavo sexual 1 (el compromiso)

Esclavo sexual 1 (el compromiso)

En ese entonces, yo recién cumplía los 18 y ya había satisfecho a varios machos siempre en el rol pasivo o sumiso. He publicado otros relatos que me encantaría que leyeras para que comprendieras mejor como había llegado hasta el día que a continuación voy a relatar. Esta “aventura”, la desarrollaré en varias entregas para no hacer un episodio tan largo que pueda resultar tedioso. En fin, espero que lo disfrutes.

Esa semana terminaríamos las clases del curso técnico que estaba tomando. El Negro me había comentado que su tío el Mandingo llegaría en esos días y por mi cabeza pasaban todo tipo de pensamientos, me preguntaba qué me haría el Mandingo a su regreso, cómo me iría en el otro encuentro al que me había comprometido con Asdrúbal y también, dónde y cómo aprovechar una oportunidad para tener sexo nuevamente con El Negro, quien me había hecho gozar como nunca el fin de semana junto con su primo.

El miércoles terminaron oficialmente las clases. Sin embargo, no tenía noticia alguna del Mandingo. Asdrúbal tampoco me había llamado. Deseaba tener relaciones con el Negro, quien con nuestros encuentros continuos había ganado bastante experiencia.

Para el viernes en la mañana, El Negro y yo, aún no habíamos logrado encontrar la oportunidad y el lugar para tener sexo, en su casa o la mía siempre había gente y con el Mandingo de viaje tampoco podíamos ir a su pequeña oficina en el gimnasio que regentaba.

El viernes en la mañana, el Negro me llamo para proponerme ir a conocer su pueblo, un lugar a poco más de 200 kilómetros de la ciudad. Él estaba muy orgulloso de su pueblo y siempre comentaba cosas del lugar e invitaba a conocerlo. Ahora habiendo terminado las clases era un momento oportuno para ir.

La idea me entusiasmo muchísimo, sin pensarlo le dije que sí, mandé al diablo la cita con Asdrúbal que no terminaba de concretarse. Ese fin de semana fue muy intenso, disfruté mucho en aquel pueblo, no pasó por mi cabeza lo que ocurriría a mí regreso. Asdrúbal “ofendido” me haría “pagar muy caro” mi atrevimiento.

En la serie, Turista de día, puta de noche… cuento como me fue aquel fin de semana en el pueblo del Negro, pero por lo pronto, me enfocaré en el encuentro con Asdrúbal.

Cuando llegué a casa el domingo en la noche, me comentaron que un Sr. llamado Asdrúbal me había llamado el viernes. De esto hace tiempo, no había entonces móviles (celulares). Y que el mismo “señor” había vuelto a llamar y dejado un número telefónico. Me puse algo nervioso. Preferí no llamarle.

El lunes en la tarde me llamó nuevamente. Le expliqué que como él no había llamado pues yo había decidido irme. El me recordó que habíamos quedado para ese viernes. Entonces le ofrecí disculpas y él se mostró tolerante, como si no le diera mayor importancia. Eso me entusiasmo, me quito el temor a sus represalias por haber faltado al compromiso.

Le dije que saldríamos en la semana cuando él quisiera, que podíamos quedarnos hasta tarde si gustaba, pues había terminado las clases. Sólo le pedí que estuviéramos a solas, que no invitara a otro como había sucedido antes. En un tono casi de reclamo, le dije, que no me había gustado que me entregara así a otro tipo, del que no supe su nombre ni si quiera pude ver su rostro. (Si quieres saber lo que sucedió, puedes leer mi serie titulada A merced de Asdrúbal) Para ser honesto si había disfrutado lo que había ocurrido con aquel desconocido, pero quería poner algunas barreras a Asdrúbal, pararlo un poco. Finalmente quedamos en vernos el miércoles en la noche.

El día convenido, temprano, a eso de las 7 nos encontramos en el lugar acordado. Asdrúbal me invitó un par de cervezas. Me sorprendió un poco, pues el sólo iba directo al sexo y nada más.

Me preguntó que había hecho el fin de semana, le conté de mi visita al pueblo del Negro y el pareció interesarse en el tema. Me insistió en que detallará algunos de los acontecimientos. Así lo hice y ambos nos pusimos a mil.

En el automóvil, camino a su apartamento, aquel que tenía sólo para follar (descrito en mi relato anterior “a Merced de Asdrúbal”) comencé a sobar su verga por encima del pantalón, incluso, baje la cremallera y acaricie su pinga que estaba a reventar. En verdad estaba ansioso porque me cogiera. No sé por cual razón, cuando yo tenía mucho sexo, tan pronto se está listo para continuar, se desea tener más.

Subimos a su apartamento, antes de entrar me dijo que tenía una sorpresa, que había hecho unos cambios en el apartamento, que cerrará los ojos. Así lo hice. El abrió la puerta y tan pronto entramos la cerró tras nosotros.

Allí mismo, en un cortísimo corredor en la entrada, me apoyó contra la pared, quedé con las manos en alto en la pared y con el culo parado, quedando él a mis espaldas. Me abrazó fuerte, sentí el bulto de su entreel bulto de su entrepierna en mis nalgas.

Abrí los ojos por curiosidad, pero no pude ver nada, el lugar estaba absolutamente a oscuras. Luego me colocó un par de esposas en las muñecas, con las manos atrás. Le gustaba usar esposas de verdad, no de fantasía, imposible liberarse. Ya las había usado antes conmigo por lo cual no me sorprendió.

Estando así, desabrochó y bajó mis pantalones y calzones hasta los tobillos, dejando mi culo desnudo en pompa hacía el. Mi culo, piernas y todo, estaban rasurados totalmente, como vi que al Negro y su primo eso les había gustado, entonces me rasuré para aquella noche con Asdrúbal. Cuando tocó mis nalgas de piel suave pero firme, un shhh, escapó de su boca, me dijo, te rasuraste, sí que eres una buena puta.

Al tiempo que restregaba su verga contra mis nalgas, acariciaba mi pene. Ambos, parecía que estábamos a punto de reventar. Susurraba obscenidades a mi oído.

Ensalivo su dedo medio y lo introdujo en mi ano. Me preguntó, quieres ser esta noche mi esclavo sexual? Bien que dijera que si o que no, algo era seguro, me sometería a sus caprichos.

Pregunté ¿cómo sería? El respondió, bueno, si eres esclavo, tienes que obedecer a todo lo que te pida, ser mi sirviente y si haces algo malo, pues te castigo para disciplinarte.

Pregunté ¿pero me vas a hacer daño? El respondió, piensas obedecer como lo hiciste la última vez ¿verdad? Yo respondí sí, claro. Entonces el siguió, dijo, como vas a obedecer no tienes nada que temer, si obedeces no tengo porque castigarte.

Dude en responder, pensé me estoy comprometiendo a algo que no sé cómo va a terminar y por la experiencia que ya acumulaba, sabía que con este tipo de hombres si uno se compromete a algo hay que cumplir.

El mantenía su dedo medio y anular dentro de mi culo, los movía lentamente en círculos. Con la otra mano tenía tomado mi pene, estirando los dedos hasta mis bolas, me masajeaba el palo y las bolas. Estaba tan excitado que pensaba que iba a eyacular de un momento a otro.

Entonces volvió a preguntar, mientras hundía sus dedos recto en mi aún más ¿vas a ser mi esclavo? Respondí temblando, casi como un susurro, con mi respiración totalmente agitada. Si, voy a ser tu esclavo.

Él me dijo, te quedo todo claro? Respondí, sí. El siguió, dime entonces que vamos a hacer? Respondí, seré tu esclavo, debo ser obediente y servirte. El replicó y si no obedeces, qué pasa? Bueno, me castigas, pero me dijiste que no me vas a hacer daño.

Asdrúbal preguntó, consideras que la vez pasada te hice daño? Era una pregunta difícil de responder para mí, porque si bien hubo momentos de dolor y si hablamos de lo físico, pues me rompió el culo, aquello me había gustado. Entonces que debía responder, que si me había hecho daño pero que me gustó o sencillamente que no me había hecho daño. Todo esto a la sazón de sus caricias, que ya me hacían gemir suavemente de tanto gusto. Entonces respondí que no, que no consideraba que me había hecho daño. Estaba tan excitado, que no estaba en estado de dar mayores explicaciones.

Asdrúbal volvió, a qué te refieres con qué te haga daño? Respondí, que me golpees o cosas así. Él dijo, pero la semana pasada te di unas buenas nalgadas. Reconocí que eso lo aceptaba, que estaba bien. Mientras sus dedos protagonizaban un frenético mete y saca en mi culo. Así mencionó otro par de cosas que habían ocurrido, a las cuales respondí sólo suspirando y jadeando de tanto gusto.

Entonces él dijo, no estás claro en lo que quieres, pero yo si tengo clarito lo que quiero de ti. Dijo no te voy a obligar a nada, todo cuanto hagamos será de mutuo acuerdo, pero lo que acordemos ahora, después no permito que te eches atrás, no puedo estar todo el tiempo preguntándote, entiendes? Yo dije gimiendo como una perra, si te entiendo, tienes razón.

Entonces, él ordenó, en voz alta, no oigo. Sentí como si apenas tuviera fuerza para hablar Tome un poco de aire, dije fuerte, seré tu esclavo sexual, te obedeceré en todo y si no lo hago me castigas. Él dijo, eso es, vamos a ver cómo te comportas.

Luego, encendió la luz, lo cual me cegó en un primer momento, al abrir los ojos pude ver al fondo la sorpresa que había preparado. De inmediato, experimenté una sensación de temor y arrepentimiento por todo a cuanto me había comprometido.

Hasta aquí lo dejo por ahora. Dime si te gustó para seguir contando. Gracias por leerme.

JP

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Ballbusting con mi amiga

Era mi amiga desde hace años, y siempre habíamos tenido mucha confianza. Nos contábamos todo. Aún así, nunca había pasado nada entre nosotros. Una de las cosas de las que hablábamos sin tapujos era de nuestros gustos sexuales: ella sabía perfectamente que me gustaba la dominación, y lo entendía; igual que yo sabía de ella otras intimidades que me había comprometido a no desvelar a nadie.

En una ocasión en la que charlábamos amigablemente de sexo, le confesé una pequeña preocupación, una parafilia que estaba empezando a ser una obsesión: la pubefilia. En efecto, siempre me ha vuelto loco el pelo de los genitales femeninos. Sorprendentemente, aunque ella había reaccionado siempre con una mentalidad singularmente abierta ante nuestras conversaciones, está pequeña confesión no la dejó tan indiferente como en el resto de ocasiones. Sus palabras se me quedaron grabadas (a veces era demasiado ruda a la hora de descalificarme).

  • No tiene ningún sentido lo que me estás contando. El pelo afea estéticamente, y además no debe considerarse una fuente de excitación, sobre todo al punto en el que toda tu atención se centra sobre esta zona del cuerpo, y descuidas todo el resto de elementos que contribuyen a la excitación sexual. Yo ahora mismo llevo el coño sin afeitar, pero simplemente por descuido o por dejadez, y te puedo asegurar que es un verdadero incordio. Para usar bikini hay que tener cuidado de que no sobresalgan los pelitos por arriba, incluso al usar pantalones de talle bajo para estar en casa, a veces se me sale un poco.

Me propuso por tanto un peculiar antidoto a lo que, para ella, era un poquito enfermizo, o anormal, y yo, que confío en ella desde hace tiempo, me dejé en sus manos, no sin cierta excitación de pensar en lo que aquello me podía deparar. Se trataba de un pequeño juego que según ella me haría comprender que el pelo púbico no debía ser una fuente de excitación.

  • Quítate los pantalones. – Me ordenó.

Evidentemente, hice lo propio quedándome desnudo de cintura para abajo. Inmediatamente apareció con un cordón de zapato con el que me inmovilizó los testículos. Los ató bien prietos y acto seguido los apretó firmemente con la mano en varias direcciones para comprobar la solidez del nudo.

  • Perfecto. No creo que escapen de aquí. Bueno, haremos lo siguiente: voy a ponerte unas diapositivas de chicas desnudas en el ordenador. Cuando aparezca una chica depilada te masturbarás mirándola, cuando en la foto se muestre vello púbico te golpearé en los testículos para que te duela mientras dure la presentación de la foto. De esa manera tu cerebro relacionará el dolor con el pelo genital y terminará por dejar de gustarte. Es así, los hombres solo aprendeis de esta manera. Espera, voy a comprobar una vez más si está bien firme el nudo y comenzamos la presentación – palpó una vez más mis pelotas esta vez de forma más cariñosa, acariciándolas en toda su extensión – Muy bien, cada uno en su sitio, están bien duros por cierto. Es necesario atarlos, porque así te dolerá más.

Dispuso todo como procedía, y empezamos la presentación. Manejó un momento el ratón con una mano, mientras agarraba mis pelotas con la que después iba a golpearlas. Mientras se cargaban las imágenes me digo – ¿Estás preparado? Con una sonrisa plácida y mirandome a los ojos, y descargó sobre mis pelotas una primera tanda de manotazos inesperados e ininterrumpidos, como para comprobar que todo estaba en orden. No lo esperaba y solté un grito apagado, a lo que ella me respondió con una caricia en la nuca y una sonrisa.

La primera chica era una playmate llamada Terry Nihen, iba elegantemente vestida con un traje rojo y guantes a juego. Miraba a la cámara firmemente con semblante serio, mientras por el escote de su vestido asomaba uno de sus pechos que quedaba al aire. Habilmente con su mano derecha sujetaba una parte del vestido de manera que se viera lo que llevaba debajo: un sencillo liguero negro, que sujetaba unas medias igualmente sobrias, que cubrían hasta medio muslo de la playmate. Por encima de las medias asomaba el sexo de la chica cubierto por una espesa mata de pelos. Mi amiga no dudo en descargar un primer manotazo en mis testículos mientras miraba a la pantalla, luego dirigió su mirda a mi entrepierna y continuó su terapia con ejemplar concentrción. A ésta siguió otra chica también velluda, con lo que la tortura continuó. La tercera no mostraba su entrepierna.

  • ¡Bravo! Vas a tener suerte – Exclamó mi amiga, mientras yo empezaba a masturbarme – ¡Mira, corre, mírale las tetas! – Me hablaba como a un niño, con ese aire de superioridad y de cariño al mismo tiempo.

La cuarta se llamaba Julie McCullough, era una playmate de los años 80, se mostraba tendida sobre un divan, perfectamente maquillada, con unas medias que cubrían sus piernas hasta medio muslo y con una camisola abierta que dejaba a la vista sus partes íntimas. Con su mano izquierda pellizcaba dos o tres de los pelos que tenía en su entrepierna, tirando de ellos suavemente. Los golpes continuaron..

  • ¿Te duele? – me preguntó con aire serio al ver las muecas que se dibujaban en mi cara . – Bueno, pues de eso se trata. Es necesario que mis golpes te causen dolor, ¿vale? Para eso lo hago – dijo cariñosa y benevolente.

A esta siguió una buena tanda de ímagenes de velludas y estupendas playmates. No sabía cuando esto iba a terminar. Me encogía de dolor. A veces golpeaba con toda la palma de la mano, a veces sólo con un dedo que lanzaba con toda violencia sobre mis bolas, a veces se centraba en una de ellas primero y luego en la otra. Me dijo:

  • A ver, voy a darle a esta primero – Apartándome el pene y dejando bien expuesto mi testículo izquierdo. De vez en cuando miraba mi cara, supongo para controlar si me estaba haciendo demasiado daño. Luego se pasó al derecho, lo apretó bien y lo golpeó por distintas partes.
  • ¡Ala, se te han puesto enormes! – Me dijo mientras sonreía indolente. – ¡Qué montón de imágenes seguidas! Se te van a quedar bien condolidos.

Efectivamente, mis muecas de dolor eran más que evidentes. Hacía varios minutos que golpeaba mis huevos ininterrumpidamente. Finalmente llegó Kristine Hanson, un chica tendida boca abajo con una copa en la mano, que miraba sonriente al objetivo. Se apreciaba todo su cuerpo por detrás, incluído el culo; y por debajo del codo apollado en la cama asomaba uno de los pechos de la joven, que se apreciaba en su totalidad, desde la base hasta el pezón, que rozaba levemente la sábana. El pecho colgaba por su propio peso, ya que la chica se mostraba sutilmente erguida para mostrárnoslo sin obstáculo.

  • Bien!!! Aprovecha ahora – decía con semblante serio mientras se alejaba unos segundos para recuperar el resuello.
  • ¡Mira, tonto, mírale las tetas! ¿Son bonitas verdad? – Aclaraba sonriente.
  • Mira aquí si te quieres excitar – decía señalando el pecho de la joven – bueno, al culo también le puedes mirar, ¿vale? te excitará igualmente. El disfrute duró poco. Una nueva bofetada me sorprendió mientras aparecía la imagen de Mariane Gravatte. Me soltó una tanda de manotazos, por lo menos quince o veinte mientras me decía amigable – ¡Cerdito, deja de masturbarte.. que ya se acabó lo bueno! – Se centró, en mis testículos todavía sonriente, y poco a poco comenzó el castigo rutinario. En este caso, las bofetadas me resultaban particulermente excitantes. No lo dije nada, pero me estaba poniendo muy cachondo. Un hilo de líquido seminal colgaba de la punta de mi pene. Quise darle las gracias por lo que estaba haciendo, y me respondió “No te preopupes, no me importa hacelo.. hasta me resulta divertido”. En ese momento se me ocurrió algo genial, y tuve el coraje de decírselo:
  • Me dijiste que tu también llevabas largo el pelo del coño, ¿verdad? Bueno, podías enseñármelo mientras me pegas, así también tu coño lo asociaré al dolor..
  • ¿De verdad quieres que te lo enseñe? Es cierto, te vendrá bien, y será más eficaz el castigo.

Se retiró un momento y se deshizo de sus pantalones. Debajo llevaba una braguita blanca sobre la cual asomaban unos cuantos pelitos. Se acercó a mí señalándolos mientras decía:

  • ¿Ves lo que te digo? Son un incordio, siempre hay algno que asoma.

Ya delante de mí se bajo las bragas y las echó al suelo. Su coño quedaba justo enfrente de mi cara, y pude apreciarlo a la perfección por unos segundos. Vestía sólo una camiseta blanca que le llegaba hasta el ombliguito, y los pelos del sexo quedaban completamente a la vista. Eran preciosos, ensortijados, podía incluso percibir el aroma que salía de esa encantadora cueva, mientras ella perdía unos segundos más, manejando el ratón del ordenador. Con la tenue luz, y como la camiseta estaba justo por encima, parecía que llevara unas bragas negras que asomaran debajo de la blanca camiseta. Pero en efecto, no eran unas bragas sino que todo aquello era directamente su coño, sus partes íntimas, que se presentaban ante mí.

  • ¡Venga, que segimos! – Dijo voluntariosa.

En esta tanda de azotes, yo ya estaba visiblemente excitado. Ella recogió fría y decidida el hilo que todavía colgaba de mi pene.

  • ¿Esto que es? – dijo mientras me lo acercaba a la boca y me obligaba a tragarlo.

El coño de Karen Witter desencadenó el castigo. La segunda foto velluda era de Lonny Chin, y los golpes me parecían cada vez más fuertes y descuidados. En todo caso cada vez me dolían más sobre mis ya condolidos cojones. En un momento pensé correrme, así que pedí a mi compañera que parara. A demás, me dolían un montón los huevos y quería tomarme un respiro. Ella no accedió, alegando que efectivamente trataba de conseguir que me dolieran realmente, y que no iba a parar ahora, cuando estaba empezando a causarme un dolor intenso. Continuó golpeando. En medio de continuos retortijones pensé que mis cojones no podrían aguantar más, y acabé corriéndome como nunca lo había hecho. Mi amable amiga masturbó ella misma levemente mi pene, para colaborar a vaciar mis pelotas, mientras incrementaba la frecuencia y la intensidad de los golpes. Creí haber visto a Dios.

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La puta de mi mujer y sus amigas II

Me volvieron a atar los huevos y la base de la polla. De nuevo una tremenda erección apareció. La segunda amiga, Marta, me empezó a follar (a esta le encantaba follar por el culo, y efectivamente era el agujero que estaba utilizando mientras se masturbaba). De nuevo noté como la piel me tiraba de forma tremenda, aunque aguanté mejor que la primera vez, y ella se corrió antes que yo.

A partir de entonces las cosas cambiaron mucho. Pase a tener tres esclavas con todas sus consecuencias. Primero hice que a las tres las tatuaran “Propiedad de ….” en el culo. También les puse piercings en los pezones y en los clítoris. Lo mejor fue a la hora de pagar, ya que hice que se la mamaran al de los piercings en pago. Era como los mormones, cada día me follaba una, según como se portaran. Obviamente también compramos consoladores y bolas chinas. Para esto fuimos a un sex-shop y les hice ponerse las bolas chinas allí mismo, y nos fuimos a casa con ellas puestas. En casa duermo solo en la cama grande mientras tengo a cada una en una habitación distinta. A veces obligo una a dormir en el suelo de mi habitación con la cadena puesta. Tampoco utilizo el lavabo ya que ahora siempre meo en la boca de una de ellas cuando tengo ganas. Ella se traga hasta la última gota. Tampoco me limpio el culo cuando cago, ya que lo tienen que hacer ellas. Yo mismo estoy sorprendido de lo sumisas que son, cuando peor las trato, más dóciles se vuelven. Ellas mismas se han organizado la casa, una limpia y otra cocina. Por razones de higiene a mi mujer solo la usamos de lavabo.

Pero todo esto un día cambió. El viernes después de comer habia cogido a la del culo gordo y la había hecho sentar en mi polla para que me follara mientras estaba tumbado en el sofá viendo la tele. A las otras dos las tenía en el suelo en posición sumisa. Después de correrme, me tomé una siesta. Cuando desperté me encontré atado y con un aparato puesto en la polla que me impedía empalmarme. Cuando pregunté que significaba esto recibí una sonora bofetada. Mi mujer me dijo que a partir de ahora solo debía hablar cuando se me diera permiso, se me ocurrió decir:

“¿Qué?”

Y recibí un fuerte palmetazo en los huevos. Esta vez comprendí la situación y me callé. Entonces mi mujer me cogió de los pelos y me hizo llevar al lavabo, me puso en la bañera de rodillas y me hizo abrir la boca. Como os podéis suponer empezó a mear en mi boca que yo mantenía abierta, pero luego me dio una fuerte patada en los huevos por no habérmelo tragado todo. Me dolió bastante, pero estaba excitadísimo aunque no me podía empalmar. Me limpio la boca con la ducha y me hizo comerle el coño hasta que se corrió (por suerte no tardo mucho). Me puso una cadena en el cuello (¡la misma que usaba yo con ella!) y me llevó al comedor donde me hizo ponerme de rodillas con las manos atadas a la espalda).

Así estuve esperando el resto de la tarde (me dolía bastante la postura y la excitación era tremenda, aunque no podía empalmarme se podía ver el líquido seminal salir), hasta que llegaron sus amigas del trabajo, al verme se rieron, me cogieron, fuerte, de la cadena y me obligaron a comerme el coño de cada una hasta que se corrieron, tampoco tardaron mucho pero ya me empezaba a doler la boca y también me hicieron beber su orín que, como venían del trabajo, sabía fuerte, pero ya estaba en un punto de excitación tal, que todo me excitaba más si cabe. Ellas se fueron a ver la tele y a cenar y a mi me dejaron la comida en el plato del perro que yo había usado tantas veces con ellas, que tuve que comer con la boca ya que no podía usar las manos. Cuando acabaron me hicieron poner en la mesa boca abajo y me dieron diez fuertes azotes en el culo con una pala por haber manchado el suelo al comer. Entonces cogieron un consolador, lo untaron con vaselina y me lo empezaron a meter en el culo, la verdad es que no era muy agradable, pero tenía una excitación tremenda y además ya tenía ganas de orinar, ya que llevaba mucho rato sin hacer, pero todavía no me habían dado permiso, de todas maneras dije:

“Amas, ¿puedo orinar?”

Mi mujer me dio una tremenda bofetada en la cara.

“¡¿No te he dicho que solo hables cuando te lo diga?!”

Cogió la fusta y me dio unos tremendos azotes en el culo. No lo vi, pero estaba seguro que me había hecho sangre. De todas maneras, seguro que acabaría viéndolo ya que lo estaban gravando todo. Estaban haciendo una señora venganza. Después de darme los azotes me llevó a la bañera y me dijo: “Aquí dormirás esta noche, putita” y se fueron las tres a acabar de ver la tele y a dormir. Yo, al menos pude mear, ¡en la bañera!, aunque no pude dormir bien debido a la excitación que tenía y a la postura. Siempre que tenía ganas follaba, y no estaba acostumbrado a quedarme con las ganas.

Cuando se levantaron por la mañana, lo primero que hicieron fue mear en mi boca. De nuevo el sabor era fuerte de toda la noche, yo estaba medio atontado y excitadísimo de no poder dormir bien (el no poder tener una erección me estaba volviendo loco). Esta vez me lo bebí todo y no tuve castigo. De nuevo me llevaron al comedor, me pusieron en posición sumisa (de rodillas, mirando al suelo y con los brazos atados a la espalda) mientras ellas desayunaban y veían la tele. De nuevo me hicieron comerles el coño a las tres hasta que se corrieron (y de nuevo mi boca se quedo adolorida del esfuerzo, por no mencionar como estaba mi polla, pienso que si hubieran soplado sobre ella, me habría corrido, a pesar de que el aparato impedía que se pusiera dura). Al acabar me volvieron a poner en la posición sumisa de rodillas, con el collar atado a la mesa y la boca abierta. Así estuvimos un buen rato, ellas se pusieron a hablar, aunque a mi me pusieron unos cascos, o sea que no podía oír lo que decían, aunque miedo me daban. En estas me quitaron el aparato que me impedía tener una erección y mi polla se puso dura como un resorte. Entonces mi mujer me dio un fuerte latigazo en la polla para bajarme la erección. No puede evitar decir:

“¡Ay!”

Y de nuevo bofetón en la cara por hablar. Aunque bajo la erección, al rato volvía a tenerla dura (toda la situación me ponía a mil, ¡iba a resultar que yo era una puta sumisa!), y de nuevo un fuerte latigazo en la polla. Esta vez no dije ni mu aunque vi las estrellas. El picor de excitación en la polla era inmenso y el líquido seminal no paraba de salir, aunque intentaba pensar en otra cosa para no excitarme. Así pasó la mañana. Un poco antes de comer me llevaron a la cama, me desataron las manos para volvérmelas atar a la cabecera. Mientras los pies los ataban a las patas de la cama. Mi mujer me dijo:

“Ahora te vamos a follar”

Fue decir esas palabras y mi polla ponerse como una roca. Mi mujer se rió y me dio un fuerte palmetazo en los huevos que me bajó la erección, aunque he de decir que no totalmente.

“Que te quede claro, he dicho que te vamos a follar, no que te vayas a correr, o siendo más precisa, que vayas a eyacular”

Y se volvió a reír. No la acabé de entender, pero entonces me ataron fuerte los huevos y la base de la polla y de forma instantánea tuve una erección tremenda (mientras seguía saliendo el líquido seminal), aunque con una sensación extraña, algo desagradable (aunque el morbo de la situación hacía que la excitación fuera mayor si cabe). Mi mujer me dijo:

“Tienes prohibido correrte, si lo haces recibirás un fuerte castigo, repito, un fuerte castigo”

Y se rió otra vez. Me estaba acojonando, porque no me veía con fuerzas de aguantar (ahora con la erección tenía la sensación que con solo que me dieran un pequeño toquecito me correría). Primero empezó la amiga de mi mujer, María. Hice lo que pude pero ellas ya se habían corrido y tardaban más, por otro lado me habían apretado tan fuerte que cuando más excitado estaba me tiraba tanto la piel que retrasaba la eyaculación, pero no era suficiente. Estaba punto de correrme (cielos como tiraba la piel), pero María se dio cuenta y paro (la muy puta con una sonrisa en los labios). Entonces me puso el coño en la boca que comí y acabó de correrse enseguida, mientras yo seguía con una erección tremenda. Al acabar María mi mujer me dijo

“¡No vales para nada! ¡Te ibas a correr! ¡Abre la boca!”

Y me escupió en la boca y me lo hizo tragar. Me soltó las cuerdas de la polla y huevos (Ya no aguantaba más el dolor), se subió a la cama y me dio una fuerte patada en los huevos para bajarme la excitación (joder como dolió, cada vez pegaba más fuerte). No pude evitar gritar y patapam! Otra patada.

“¡He dicho que no hables!”

Me quedé calladito y sin erección (de momento) pero el picor de la excitación era tremendo, casi insoportable, y el líquido seminal seguía saliendo (en cierto sentido, me estaba corriendo en continuo). Mi mujer estaba cabreadísima

“Solo piensas en correrte, ¡puta! Nos vamos a comer y luego te follaremos, espero que te portes mejor a la vuelta, ¡zorra!”

Ellas se fueron a comer, y me dejaron atado a la cama. Además tenía ganas de mear, y esto también me excitaba, pero esto también lo pensaron ellas y me sentaron en un orinal de estos de hospital, donde meé todo lo que pude, también pensando en intentar bajar la excitación todo lo posible.

Así llegamos a la tarde, yo había intentando descansar todo lo que pude, no sabía que me esperaba, e intentado pensar en otras cosas, de hecho la excitación había bajado algo (aunque seguía saliendo algo de líquido seminal). Y llegaron ellas y volvimos a empezar la sesión. Me volvieron a atar los huevos y la base de la polla. De nuevo una tremenda erección apareció. La segunda amiga, Marta, me empezó a follar (a esta le encantaba follar por el culo, y efectivamente era el agujero que estaba utilizando mientras se masturbaba). De nuevo noté como la piel me tiraba de forma tremenda, aunque aguanté mejor que la primera vez, y ella se corrió antes que yo (aunque por poco, porque estaba a punto de caramelo). Mi mujer dijo con una media sonrisa.

“Vaya, parece que la putita está aprendiendo”. Yo dije…  “Gracias ama”

(Las únicas situaciones en las que podía hablar era cuando se dirigían hacía mi).

“Anda límpiale el culo a Marta”

Dijo mi mujer, cosa que hice con gusto (con el grado de excitación que tenía todo lo hacía con gusto). Tenía el culo abierto y pude meter la lengua bastante. Tenía algún trocito (duro), lo notaba mientras metía la lengua. Mi mujer se debió de dar cuenta, metió la mano en el culo de María y sacó unos trocitos pequeñitos, mientras reía, lo estaba pasando en grande. Me ordenó…

“Abre la boca puta, y saca la lengua” Me puso los trocitos en la lengua y dijo “No quiero que se caigan, ¿Me oyes maricona de mierda?” Asentí levemente con la cabeza para que no se cayeran. “Ahora me toca a mi follarte, zorrita” dijo mi mujer.

Lo estaba temiendo, a todo esto yo seguía con una excitación tremenda (joder como tiraba la piel). El líquido seminal seguía goteando. No tenía claro que pudiera aguantar sin correrme y efectivamente al poco rato de que mi mujer me follara me corrí, sin poderlo evitar, aunque como dijo mi mujer no eyaculé (debido a como tenía atados los huevos y la polla), fue una corrida frustrante, que dejaba insatisfecho (dicen que esto es sexo tranta, una mierda!) pero me bajó la erección. Mi mujer al darse cuenta me dio una fuerte bofetada en la cara.

“¡Puta! ¿Ya te has corrido? ¡Eh! Ya te he dicho que tendrías un castigo. Primero, trágate los trocitos que te di de Marta”

Así hice sin rechistar, estaba acojonado por el castigo y quería evitar males mayores. Luego me hizo beber mi orín que había hecho antes. También lo hice sin rechistar. Soltó las cuerdas de polla y huevos para mi alivio. Pensé…

“Bueno, no ha sido tan grave”

Pero mi mujer desapareció de la habitación y volvió con las pinzas de la ropa. Me puso uno en cada pezón y tres en la piel de los huevos. Dolía, pero no mucho (luego comprendí que el problema viene después). Me volvió a atar huevos y polla y de nuevo me volvió la erección (el puto tranta, como no había eyaculado!). Ahora además de tirarme la piel de la polla también lo hacía la de los huevos con las pinzas (y esto dolía bastante). En esta tesitura mi mujer me empezó a follar. Estuvimos un buen rato (a la puta de mi mujer le gusta el sexo). Yo seguía con la combinación dolor y excitación hasta que mi mujer se corrió como una loca.

Por la excitación y mientras se corría me fue quitando las pinzas de los huevos, sin mucha delicadeza, por cierto. Cielos como dolió pero en ese mismo instante me volví a correr (de nuevo sin eyacular, ¡Como me dolían los huevos, puto tranta!). Cuando mi mujer se repuso (pocas veces la he visto con una corrida así) se dio cuenta que me había corrido, no dijo nada, esto me acojonó más si cabe, pero me quitó las pinzas que quedaban (cielos como dolía) y la cuerda de la polla y huevos (dolió también un montón después de tanto rato). Además yo seguía con el dolor de huevos de no eyacular y el puto picor de la excitación. Mi mujer se fue de la habitación y yo me quedé atado, aunque sabía que volvería, y con un buen castigo por haberme corrido.

Continuará…

Autor: Pervertido

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Estudiante de fisioterapia I

Cuando le había dejado sus glúteos al rojo vivo la dio la vuelta y empezó a azotar simultáneamente su coño y sus pezones. Ella ya no tenía fuerza ni para llorar así que se dejó hacer. No mucho más tarde él empezó a follarle la boca a la vez que estrujaba los pezones de la chica. Cuando notó que se corría sacó el pene de su boca y lo la roció todo el cuerpo. Cuando finalizó se sentó exhausto en su silla.

Sala de profesores.

La carrera de fisioterapia no era fácil, requería ser constante, trabajador, practicar mucho,… pero a la vez te daba grandes conocimientos anatómicos de como utilizar las manos y otras partes del cuerpo…

Lucía empezaba la universidad con 18 años, era una chica tímida y acababa de llegar a un sitio donde no conocía a nadie. Lo peor que le podía pasar aquel primer día fue llegar tarde y entrar con la clase ya empezada por lo que todo el mundo la miraba y se sintió cohibida.

Era una chica de estatura media, 1’68, no era una sílfide pero tenía el cuerpo bien formado y con todo en su sitio. No tenía las típicas medidas perfecta 90 – 60 – 90 sino que de cadera tenía 94, 66 de cintura y, uno de sus atributos corporales más llamativos, era su pecho con una 110. Todo ello adornado por su cara fina de ojos grises y labios carnosos junto a su larga melena castaña.

Tenía buen cuerpo pero nunca lo mostraba, le gustaba pasar inadvertida y vestía con ropa holgada que disimulase sus curvas. Además, tampoco sacaba partido de sus ojos ni moldeaba su pelo.

El curso iba progresando e iba conociendo a compañeros, abriéndose un poco a los demás,… pero eso no la preparó para el primer día de prácticas donde debían despojarse de la ropa quedando en sujetador. Tuvo suerte pues se ofreció una chica como voluntaria pero nadie la iba a librar de ese mes de prácticas en el cual a la fuerza debería hacerlo.

A marchas forzadas iba perdiendo la vergüenza y fue pasando el curso, con lo cual llegaron los exámenes. No le fueron muy bien pero quiso pensar que era la novedad y en el 2º semestre todo iría mejor.

Junto a sus compañeras y con un poco menos de vergüenza fueron dejando su sitio en las filas posteriores de la clase para mudarse a las primeras filas.

Todo iba bien excepto en una clase donde el profesor la ignoraba. No era un pensamiento fortuito ya que lo había sentido anteriormente en la revisión del examen. Quería pensar que eran alucinaciones suyas pero lo comprobó día tras día cuando la ignoraba, no le contestaba las preguntas… Aquello se fue convirtiendo en una obsesión, no lo entendía y le creaba una sensación incómoda.

Llegó hasta tal punto que un buen día se presentó en la sala de profesores, sabiendo que él se encontraba allí a solas, para hablar con él sobre la situación. Ella le expuso el tema pero él ni la miró a la cara, únicamente cuando acabó le indicó en un tono autoritario que le recogiera el bolígrafo del suelo. Ella, atónita sin saber qué decir, actuó inconscientemente.

Justo cuando fue a cogerlo él empujó con su pie el boli hacia el interior de la mesa y ella, como si de un perro persiguiendo un hueso, avanzó a cuatro patas tras el utensilio. Logró recuperarlo pero su sorpresa fue cuando quiso retroceder y él se lo impedía con sus piernas, no podía moverse.

– ¿Quién te ha dicho que te muevas? Quédate ahí abajo como una buena perra que eres hasta que yo te lo diga.

Ella no pensaba obedecer e hizo el intento de escapar pero en ese momento notó como una fusta le impactó en su culo. Era la fusta que utilizaba el profesor como puntero en clase. No podía creer lo que estaba pasando y pensó que su salvación había llegado cuando alguien picó en la puerta.

– Muévete y ponte mirando a mi silla pero sigue a 4 patas. Voy a abrir la puerta pero ni se te ocurra decir nada. Si lo haces la fusta hará algo más que golpearte en tu culo de perra.

Dicho esto él se levantó y  abrió la puerta, entró otro profesor y volvieron ambos a la mesa. Enrique, el recién llegado, al sentarse a punto estuvo a punto de rozar sus piernas contra ella y enterarse de que estaba allí pero Pablo, quien la mantenía como una perra bajo su mesa, volvió a su sitio y Lucía se vio con su paquete delante de su cara.

Ambos profesores hablaban y parecía que nunca terminaban. Lucía había cerrado los ojos pero los abrió de golpe cuando sintió que el pene de Pablo le acariciaba los labios. No podia creérselo pero de golpe se vió con la polla dentro de su boca, obligada a mamársela ya que Pablo, cruzando una pierna sobre Lucía, la obligaba en otras palabras, le follaba la boca…

– En esta vida, amigo Enrique, no debes dejar escapar ni una gota de la mejor leche que te ofrecen ya que si no lo haces después vienen los azotes y las consecuencias.

Lucía sabía que eso iba por ella y no le dio tiempo a reaccionar cuando Pablo se corrió. Su corrida fue tan abundante que a ella se le escapó de la boca y pringó el pantalón de Pablo. Pablo se despidió de Enrique sin moverse de la silla y notaba como Lucía le lamía los pantalones.

– Así me gusta, que seas una buena perra, ¿ves como quieres más?…

Separó la mesa de la silla y…

– ¡Maldita zorra, mira lo que has hecho! ¡Te he dicho que ni una gota podía desperdiciarse y tú me manchas el pantalón!

Ella empezó a llorar pero él sin miramientos la cogió del pelo obligándolo a salir de debajo de la mesa. Cerró la puerta con llave y estampó a la muchacha contra la mesa.

– Ahora vas a saber qué les pasa a las zorras como tú que no hacen bien su trabajo.

Acto seguido cogió su fusta y empezó a azotarle el culo. Ella gritaba de dolor y eso lo excitaba cada vez más.

– Mira zorra, tienes otra oportunidad para mamarme bien la polla, ten cuidado si vuelves a fallar…

Ella permanecía inmóvil sobre la mesa, llorando.

– No tengo todo el tiempo, ¡espabila! – Por favor, déjeme ya, yo no quería esto…

Un bofetón le cruzó la cara e incorporándola la dejó frente a su polla.

– ¡Chupa! ¡Chupa maldita puta!

Ella no movía ni un solo músculo y la cogió del pelo de nuevo.

– Muy bien, tú lo has querido.

Le sacó el jersey y los pantalones, dejándola en ropa interior.

– ¡Mámamela! – No puedo, por favor…

Entre sollozos la chica intentaba aguantarse en pie justo cuando notó un frío objeto metálico rasgándole las bragas y el sujetador. La volteó volviendo a dejar expuesto su culo, ahora desnudo, y empezó a soltar azotes con la fusta contra sus nalgas.

Cuando le había dejado sus glúteos al rojo vivo, la dio la vuelta y empezó a azotar simultáneamente su coño y sus pezones. Ella ya no tenía fuerza ni para llorar así que se dejó hacer.

No mucho más tarde él empezó a follarle la boca a la vez que estrujaba los pezones de la chica. Cuando notó que se corría sacó el pene de su boca y lo la roció todo el cuerpo. Cuando finalizó se sentó exhausto en su silla. Ella, cuando recuperó un poco las fuerzas, empezó a recoger su ropa para vestirse.

– No te he dado permiso para que te vistas, ¡ven aquí!

Lucía, totalmente sometida, se acercó con sus ropas en la mano.

– Esto te va a sobrar y me lo voy a quedar yo. – dijo cogiendo su sostén y sus bragas – Mañana volverás a pasar por aquí antes de ir a clase y tendré una sorpresa para ti.

Ante esas palabras Lucía reaccionó mirándolo con rabia.

– Eres un hijo de puta, voy a denunciarte…

Antes de que pudiera acabar una mano le cruzó la cara.

– ¿Quién coño te crees, niñata de mierda? ¡A mi no me vuelvas a hablar así o te enteras! No puedes ir por la vida con esa cara de niña buena y luego ser la más puta de todas… – Yo… yo no… No soy ninguna… puta.  – ¿Ah, no? Y ¿por qué has venido aquí reclamándome que te mire más en clase? ¿Por qué no te has marchado cuando te he dicho que recogieras el boli,…?

– Yo… yo… no soy ninguna puta, usted me ha obligado. – Eso es lo que tú te crees, bonita. – Me ha violado… – No querida, para violarte debería haber hecho mucho más y tu venías a por lo que te he dado. -No… – ¡No me contestes! Eres una puta y si no ¿por qué te estás corriendo ahora?

Al decir eso le clavó dos dedos dentro de su coño, chorreante, y le apretó el clítoris con el pulgar. Ella no pudo más que soltar un gemido, esta vez de placer, acompañando un orgasmo.

– Lo ves, eres la más zorra y lo hemos disfrutado los dos. Ahora vístete y vete. Mañana te espero aquí y no se te ocurra desobedecer…

Dicho esto ella se empezó a vestir pero antes de poder salir el le pegó todo el jersey al cuerpo gracias a los restos de su semen.

– Así irás como lo que eres.

Llegó a casa y se fue directa a dormir.

Aquella noche soñó todo lo que había ocurrido y cuando despertó se dió cuenta de que realmente le había gustado. No quería reconocerlo pero allí estaban las pruebas: había despertado con la mano dentro de su vagina y las sábanas estaban empapadas.

Aún no sabía lo que le esperaba mañana.

Autor: nayandei

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Un verano con mis primas

Empecé a meter y sacar mi polla de su boca, al principio le dieron algunas arcadas, pero al cabo de unos minutos empezó a acostumbrarse. Estuve una buen rato disfrutando de su boca, cuando sentí que me iba a correr la agarré del pelo y se la metí bien a dentro para que tragara toda mi leche. Estuvo a punto de vomitar, pero aguantó y se tragó todo sin problemas.

Esta historia sucedió hace unos años durante un verano que pasé con mis tíos en Salamanca, había asistido con mi familia a una boda y mis tíos sugirieron que pasara el verano con ellos y con mis primas, Leticia y Cristina.

Yo tenía 18 años, y mis primas eran más o menos de mi edad, Leticia era la mayor tenía 19 años, mediría un metro setenta, tenía un buen cuerpo para su edad con unas tetas muy bonitas y un culo generoso pero apetecible, tenía el pelo claro y los ojos marrones. Cristina tenía 18 años y un culo redondito que me volvía loco, su pelo era castaño y sus ojos marrones. Mis dos primas me caían bien pero me llevaba mejor con Cristina, la verdad que me gustaba un poco, tenía una cara angelical.

Mi tío estaba bastante chapado a la antigua y controlaba bastante a mis primas, de hecho Leticia con 18 años nunca había estado con un chico. Mi tía era algo más permisiva, pero también estaba en cierta medida sometida a la disciplina de mi tío. Este verano descubrí que mi tío era algo más que estricto a la hora de educar a sus hijas. Llegué un viernes a Salamanca, mi tío fue a recogerme al aeropuerto, llegamos a su casa sobre las dos, comimos algo y mi tío se acostó, mi tía y yo estuvimos esperando hasta las cuatro a que llegaran mis primas del colegio, era el último día de clase y se retrasaron un poco.

Cuando llegaron las saludé, pero noté a Cristina algo nerviosa, pero no le di importancia. Tras un rato charlando mi tío entró en el salón, hablamos un rato hasta que mi tío le pidió las notas a mis primas, primero se las dio Leticia, había aprobado todo con muy buenas notas, mi tío la felicitó y le dio unos 100 euros como regalo. Después llegó el turno de Cristina, nada más coger el papel a mi tío se le cambió el gesto, había suspendido matemáticas, mi tío se enfadó mucho y mandó a mi prima a su habitación, le dijo que se prepara para después de cenar.  Pensé que después de la cena le daría una buena charla y la castigaría sin salir.

Pasamos toda la tarde en el salón hablando de varias cosas con Leticia y mi tía, a las ocho más o menos mi tía se puso a preparar la cena, y a las nueve llamó a mi tío y a Cristina para que fueran a cenar, me sorprendió que Cristina estuviera todavía con el uniforme del colegio, que consistía en una falda escocesa azul, un polo blanco y medias también blancas. Cuando acabamos de cenar mi tío le dijo a Cristina que fuera a buscar la vara, ella me miró para que mi tío se diera cuenta de mi presencia, pero pareció no importarle y le volvió a repetir la orden. Mientras Cristina traía la vara, mi tío me explicó que iba le iba a dar unos azotes como castigo, y que si no me importaba me quedara para verlo, ya que eso haría que mi prima sintiera más vergüenza y aprendiera la lección. Me mostré un poco reacio, pero por dentro me apetecía ver cómo le calentaban el culito a Cristina, así que accedí a la propuesta de mi tío.

Cuando llegó Cristina mi tío colocó una silla en el centro del salón, mi prima se inclinó sobre ella tocando con la cabeza el asiento, Mi tío cogió la vara y le dijo a mi prima: ya sabes lo que tienes que hacer…Empezó a darle golpes sobre la falda, tras cada golpe mi prima decía:

– Gracias papá, el siguiente por favor.

Mi tío le dio unos doce golpes tras lo cual le dijo a mi prima que se levantara la falda,  mi prima permaneció inmóvil, mi tío empezó a contar: uno, dos, tr… Antes de que terminara ya se había levantado la faldita, empezó a llorar. La visión de sus blancas braguitas empezó a excitarme, tuve que colocarme un cojín encima para disimular mi estado. Eran unas braguitas sencillas completamente blancas y con puntillitas en los bordes.

Mi tío siguió dándole varazos, y mi prima seguía agradeciendo cada uno de ellos, tras unos veinte golpes, mi tío le ordenó bajarse las braguitas, esta vez mi prima también se quedó quieta, mi tío empezó a contar otra vez, pero llegó a tres y mi prima seguía inmóvil, le pegó un varazo con mucha fuerza y le repitió la orden. Mi prima entre lloros, le pidió por favor que se las dejara puestas, que estaba yo allí y le daba mucha vergüenza. Pero mi tío no tuvo piedad, le ordenó levantarse y darse la vuelta, mi prima obedeció pensando que se iba a apiadar de ella, pero le pegó un sonoro bofetón y le volvió a decir que se bajara las bragas. Esta vez mi prima obedeció, se las bajó hasta las rodillas y volvió a colocarse en la silla.

Mi tío se acercó, le levantó la falda y le dijo que le iba a dar 30 varazos más por el suspenso y 10 más por su rebeldía. Esta vez mi prima tenía que contarlos y dar las gracias, empezaron los golpes: Uno, gracias papá, dos gracias papá. No podía quitar la vista de su culo, era precioso, mejor de lo que me había imaginado. Cristina cada vez lloraba más y no paraba de pedir perdón y prometer que sería la niña más buena del mundo.

Finalmente mi tío terminó de darle golpes, y le ordenó que se arrodillara sobre la silla, con la fada recogida y las manos en la cabeza, debía estar en esa posición durante 3 horas como parte del castigo. Mi tío se sentó en el sofá y puso una película, empezamos a ver la tele como si ella no existiera, sin embargo estaba allí sobre la silla con su culito enrojecido por el castigo. Tras unas 3 horas mi tío dijo que era hora de acostarse, mi prima se levantó y nos dio las buenas noches a todos, con las braguitas en las rodillas todavía y se fue a su cuarto rápidamente. Los demás nos fuimos a acostar, pero el castigo continuaría al día siguiente…

Me desperté a la mañana siguiente pensando en lo que había ocurrido la noche anterior, durante la noche me había imaginado a mi mismo azotando el culito de Cristina con aquella vara. Cuando llegué a la cocina para desayunar me encontré a Leticia sentada tomando unas tostadas y a Cristina de pie con una especie de uniforme de criada, pero no de esos sexys, más bien era el típico de las asistentas de oficinas. Me senté a la mesa y enseguida Cristina se acerco y me dijo:

– ¿Que desea desayunar el señor?

En un primer momento no reaccioné, pensé que se trataba de una broma, pero Leticia me explicó que era parte del castigo, Cristina sería nuestra criada durante una semana, para que se diera cuenta de lo que le pasaría si no estudiaba. Para no hacer más rara la situación le pedí un café y tostadas, mi prima se puso manos a la obra.

Mientras las preparaba Leticia me contó que mi tío solía castigarlas a trabajar de criadas, sobre todo cuando suspendían, y que ella iba a aprovechar para torturar un poco a Cristina, ya que cuando le había tocado ella ser la criada, Cristina se había pasado un poco. Mientras hablábamos llegó Cristina con mi desayuno:

-Aquí tiene Señor, espero que esté a su gusto.

Me sentía algo incómodo con la situación, le dije a mi prima que no tenía que ser mi criada y menos durante la mañana ya que mis tíos no estaban en casa. Pero me dijo que tenía que hacerlo, que si no Leticia se chivaría y sería mucho peor. Mientras desayunaba Cristina permanecía en pie frente a mí, hasta que escuchamos la voz de Leticia:

– Cristinaaaa, ven enseguida a mi habitación.

Cuando llego pude escuchar la conversación:

– Leticia: Cristina quiero que recojas toda mi habitación y limpies todo, ¿de acuerdo? – Cristina: Si señora como usted ordene. – Leticia: Y date prisa que después quiero que me des un masaje en los pies. – Cristina: Si, señora.

Leticia llegó a la cocina, y le recriminé su actitud, le dije que se estaba pasando un poco con la pobre Cristina, pero ella me dijo que se lo merecía, que peores se las había hecho su hermana. En estas llamó mi tío, quería hablar conmigo, me dijo que había surgido un problema en Madrid y que tenía que ir con mi tía a resolver unos asuntos, no me dio muchos detalles, pero me pidió que cuidara de mis primas, y le aplicara a Cristina el castigo de ese día.

No me lo podía creer, me estaba pidiendo que le azotara el culo a mi prima como él había hecho la noche anterior. Disimulé diciendo que me resultaba algo incómodo pero tras insistir un poco acepté, mi tío me pidió que lo grabara con una videocámara para poder supervisar el castigo, él sabía que me llevaba bien con Cristina y que tal vez no fuera todo lo duro que debía. Colgué el teléfono y llamé a mis primas, les conté la conversación que había tenido con su padre, A Leticia no le importo, pero la cara de Cristina se puso blanca, saber que su primo le iba a castigar con la vara debió ser un shock para ella.

Me acosté un rato a ver la tele, mientras Cristina limpiaba el cuarto de mi prima. Mi otra prima me dijo que se iba a dar una ducha y que tardaría un rato. Tras una hora más o menos Leticia salió del baño y se sentó conmigo en el sofá, llevaba solo una camiseta y un pantaloncito corto por el que se transparentaban un poco sus braguitas. Vimos un rato la tele hasta que llamó a Cristina:

– Leticia: Cristinaaaaaaa, ven ahora mismo. – Cristina: ¿Quería algo la señora? – Leticia: Si, es hora de mi masaje de pies, ponte de rodillas y empieza. – Cristina: Si señora.

Cristina se arrodilló delante de mi prima y empezó a masajearle los pies, mi prima hacía como si no estuviera y hablaba conmigo de sus planes para esa tarde.  Al rato Leticia le ordenó parar, y me preguntó si también quería un masaje, le dije que no porque no quería pasarme con mi prima, pero ella insistió, y le dijo a Cristiana: ¿Verdad que no te importa?, a lo que ella contestó: Claro que no señora. Cristina se arrodilló delante de mi, al colocarse pude ver sus braguitas, eran las mismas que llevaba durante el castigo, la verdad que no tenían nada especial pero me resultaban muy excitantes.
Empezó a darme el masaje de pies, lo hacía bastante bien, me relajó bastante la verdad, estuvo una media hora con mis pies hasta que Leticia le ordenó que se pusiera a preparar la comida, nosotros seguimos viendo la tele. Al rato mi prima nos llamó:

– Señores la comida está en la mesa.

Nos levantamos y fuimos a la cocina, todo estaba preparado, nos sentamos y Cristina empezó a servirnos la comida. Le pregunté que si ella no iba a comer, antes de que pudiera contestarme Leticia interrumpió:

– Las criadas comen después de los señores dijo.

Cuando acabamos de comer, Cristina cogió lo que había sobrado y se puso a comer, cuando terminó limpió todo y vino al salón. Nada más entrar Leticia le ordenó ponerse en posición “de espera”, que consistía en quedarse completamente firme con las manos en la cabeza. Me explicó que era hora de su castigo y me dijo que lo normal es que le diera unos 30 varazos a “culo visto”, es decir sin bragas.
Estaba nervioso por la situación pero lo hice como si fuera algo normal, coloqué la cámara y la silla en el medio de salón. Cuando todo estaba listo ordené a Cristina que se colocara en posición, como me daba un poco de vergüenza le dije a Leticia que fuera ella la que le levantara el uniforme y le bajara las braguitas, mi prima empezó a llorar antes de darle un solo golpe. Empecé con el primer varazo, tras el cual mi prima dijo: Uno, gracias Señor, pero Leticia me interrumpió y me dijo que debía darle más fuerte, que mi tío vería el video y que si no eran lo bastante fuertes le aplicaría él el castigo de nuevo, por lo que era mejor que se le pegara más fuerte. Le di el segundo varazo, mi prima lo agradeció. Miré a Leticia y asintió confirmándome que la fuerza era la correcta. Le fui dando varazos hasta llegar a treinta, mi prima agradeció cada uno de ellos.

Cuando terminé Leticia le ordenó colocarse en posición de: “exhibición” que consistía en arrodillarse sobre la silla con el uniforme recogido y las braguitas bajadas para que pudieran verse los efectos del castigo. La cámara siguió grabando para comprobar que cumplía todo el castigo. Leticia me dijo que iba a preparase para salir con unas amigas, mientras yo me quedé esperando en el salón con la tele puesta, pero mi mirada estaba fija en el hermoso culo de Cristina. Antes de salir mi prima me dijo que Cristina debería estar en esa posición toda la tarde, yo asentí, le dije que la vigilaría. También le recordé que debía estar de vuelta antes de la nueve que era la hora que me había dicho mi tío.
Al cabo de un rato a la cámara se le acabó la batería, ya habían pasado varias horas por lo que pensé que mi tío ya estaría satisfecho, le dije a mi prima que podía levantarse, que ya no había cámara, pero ella me dijo que no, que si venia Leticia y la veía fuera de la silla se chivaría y el castigo sería mucho peor. Intente convencerla pero no quiso arriesgarse.

Cogí la cámara y le dije a mi prima que iba a cargarla para el siguiente castigo, me la llevé al cuarto del ordenador, y aprovechando que mi prima estaba en el salón aproveché para sacar una copia del video, me excitó mucho calentarle el culo a Cristina y quería tener el video para verlo más veces. Volví al salón y me puse a ver una película hasta la hora de la cena, la verdad que casi no vi la película porque el culo de mi prima me parecía mucho más interesante. Leticia llegó sobre las ocho, una hora antes del límite. Nada más entrar ordenó a Cristina preparar la cena, mi prima se levantó de la silla aliviada, después de estar toda la tarde sin moverse.

Leticia me estuvo contando lo que había hecho con sus amigas, la verdad que eran bastante aburridas, solo paseaban y miraban a los chicos. Al rato llegó Cristina y nos indico que la cena estaba lista, fue igual que la comida, con mi prima sirviéndonos como una chacha. Tras la cena mi prima ordenó a Cristina ducharse antes del castigo de la noche. Entonces se me ocurrió una idea, colocar la videocámara para grabar a mi prima desnuda, había pasado la tarde deleitándome con su culo pero quería ver todo su cuerpo, especialmente sus tetas que apuntaban muy buenas maneras tras el uniforme de criada. Le dije a mi prima que esperara, que tenía que utilizar el baño, Leticia aprovechó para que Cristina le diera otro masaje de pies.

Entré en el baño y coloqué la cámara oculta bajo unas toallas sucias, podía grabar todo el baño desde esa posición, salí y le dije a Cristina que ya podía entrar. Mientras Cristina se duchaba Leticia y yo estuvimos hablando sobre los castigos que les imponía su padre, me contó que una vez le pilló un tanga entre su ropa interior y la obligó a ir sin bragas durante todo un mes, le dijo que los tangas eran para guarras y que debía ir sin ropa interior para darse cuenta de lo que es ir enseñándolo todo.
Tras una media hora salió mi prima, llegó al salón vestida con su uniforme, mi prima le ordenó ponerse en posición de espera. Les dije que iba a por la cámara que fueran preparándolo todo, cogí la cámara del baño y la coloqué en el salón para grabar el castigo. Le ordené a mi prima colocarse sobre la silla, esta vez fui yo quien le levantó el uniforme y le bajo las braguitas, aproveché para acariciarle el culo. Empecé con el castigo, le estaba cogiendo el gusto a azotar a mi prima, y cada vez que decía:

– Gracias Señor, me excitaba aun más.

Tras 30 varazos di por concluido el castigo, mi prima nos dio las buenas noches y fue a acostarse. Leticia le ordenó que se acostara con el uniforme y sin subirse las braguitas. Me dijo que era parte del castigo. Estaba deseando ver el video, así que yo también le di las buenas noches a Leticia y me fui a mi cuarto con la cámara. Puse el video de la ducha, empezaba con mi prima quitándose el uniforme, primero se quitó las braguitas, la visión de su coñito me excitó muchísimo, lo llevaba arreglado con muy poco pelo. Después llegó el momento más esperado, se quitó el sujetador y pude contemplar sus hermosas tetas, eran redonditas y no muy grandes, pero para mí eran preciosas. El video continuó con mi prima en la ducha pero al rato ocurrió algo inesperado, mi prima salió de la ducha y empezó a tocarse el coñito, se acariciaba lentamente y soltaba algún jadeo, estaba claro que se estaba masturbando. Seguí viendo el video, tras masturbarse volvió a la ducha y terminó de lavarse, se vistió y fue al salón para el castigo.

Rápidamente cogí la cámara e hice una copia del video, lo borré de la cámara y me acosté pensando en cómo mi prima se masturbaba. Estuve dándole vueltas casi toda la noche, y finalmente me decidí, iba a utilizar el video para chantajear a Cristina y convertirla en mi esclava, me serviría no sólo como criada sino como putita.

Me levanté por la mañana y fui a desayunar, me encontré a Leticia ya vestida, me dijo que se iba de compras con unas amigas y que estaría fuera toda la mañana, me senté y le pedí a cristina unos cereales con leche. Enseguida señor contestó. Mientras desayunaba llamó mi tío, me estuvo preguntando por el comportamiento de mis primas, le dije que todo iba bien y que Cristina estaba cumpliendo con su castigo. Mis explicaciones convencieron a mi tío, que además me dijo que seguramente deberían quedarse toda la semana fuera, ya que se les estaban complicando los asuntos que habían ido a resolver. La verdad que todo se me ponía de cara para poder someter a mi primita.

Cuando terminé de desayunar le dije a mi prima que recogiera todo y viniera a mi cuarto cuando terminara. Preparé el video para enseñárselo a mi prima, nada más entrar le dije que se pusiera en posición de espera, obedeció rin rechistar. Le dije que quería que viera una parte del video que me parecía un poco extraña, mi prima asintió y empecé a ponerle el video. Nada más verse en la ducha reaccionó y empezó a insultarme, me dijo que era un asqueroso y que como me atrevía a grabarla desnuda. Me levanté y le di una bofetada, le dije que se callara y siguiera mirando el video, mi prima contrariada se calló y seguimos viendo el video.

Tras unos minutos llegó la parte en la que empezaba a masturbarse, su cara se volvió blanca, paré el video y le dije que le iba a enseñar el video a su padre y que ya se imaginaba cual sería el castigo. Seguramente la enviarían a algún internado en el extranjero. Mi prima intentó defenderse y me dijo que no me atrevería, que si se lo enseñaba mi tío también descubriría que la había grabado en la ducha. Tenía razón, pero le expliqué que lo peor que podía pasarme es que mi tío se lo contara a mis padres y estos me echaran una bronca, pero que ella tenía mucho más que perder, seguramente la enviaran a un internado en el que sería castigada a diario. Mi prima se arrodilló ante mí y me dijo que por favor que no se lo enseñara, que haría cualquier cosa que le pidiera, lo que fuera. La tenía justo donde quería, así que le lancé mi proposición.

– No le enseñaré este video a nadie, pero te convertirás en mi esclava personal y me obedecerás en todo lo que te mande. Le dije.

Mi prima dudó unos minutos pero finalmente aceptó, no le quedaba otra, por mucho que me pasara con ella, siempre sería mejor que un internado con férrea disciplina. Le dije que quería que me firmara un documento con las condiciones, mi prima aceptó sin dudarlo, le ordené que se pusiera cara a la pared, con el uniforme levantado, mientras preparaba el documento. Obedeció al instante. Empecé a redactar nuestro acuerdo mientras gozaba de sus hermosas nalgas. El acuerdo que redacte incluía varias cláusulas, que me permitiría tener un domino absoluto sobre Cristina. Cuando terminé le ordené que lo leyera y lo firmara, dudó un poco pero firmó rápidamente. Guardé el documento en mi bolsillo y me dispuse a darle la primera orden a mi esclava:

– Desnúdate completamente y colócate en posición de espera.

Cristina empezó a quitarse la ropa, primer el uniforme, luego el sujetador, pero se quedó parada cuando llegó el turno de las braguitas. Le dije:

– ¿A que estás esperando, quieres que te las quite yo?

Enseguida siguió desvistiéndose, cuando se quedó completamente desnuda, se puso firme con las manos en la cabeza tal y como le había ordenado. Empecé a dar vueltas alrededor de ella, primero acaricié su culo, me entretuve un rato con él, acariciándolo, pellizcándolo,… Después seguí con sus tetas, me permití incluso darle unos lametones en los pezones. Y finalmente llegué a su coñito, me había sorprendido que lo tuviera tan cuidado, le pregunté a mi prima si se lo afeitaba, me dijo que sí, que su padre las obligaba a llevarlo con poco pelo por higiene.

Empecé a masturbarla, mi prima luchaba por permanecer indiferente, pero a los pocos minutos empezó a jadear, le pregunté que si le gustaba, me dijo que sí, que era la primera vez que se lo hacía otra persona.  Seguí hasta que estuvo a punto de correrse, entonces paré en seco y le dije que a partir de ahora no se correría sin mi permiso. Mi prima me suplicó que siguiera, que la dejara correrse, le dije que no, que a lo mejor después, pero que dependía de su comportamiento.

Quería que mi prima tuviera su propio uniforme de esclava, ya que el de criada no era muy sexy que digamos, empecé a buscar entre su ropa interior, pero me encontré con que todas sus braguitas eran casi iguales, blancas, con alguna florecita y con puntillas en los bordes. Le pregunté si no tenía más, y me contestó que no, que su padre supervisaba toda su ropa interior, y sólo les dejaba comprar ese tipo de bragas. Seguí rebuscando y en el fondo del cajón encontré unas de color rosa, con un dibujo de Hello Kitty en la parte de adelante, las cogí y le dije que se las probara.

-Pero esas me quedarán pequeñas, son de hace varios años, ¿por que no elijes otras? Me preguntó.

Me levanté y le pegué un bofetón, le dije que nunca más me replicara cuando le daba una orden, y que siempre que me hablara me tratara de Usted, y empezará o terminaría las frases llamándome Amo o Señor.

– De acuerdo Amo, contestó.

Se puso las braguitas, le ordené que se diera la vuelta y se tocara los pies, quería ver como se veía su culo con ellas. La verdad que le quedaban bastante pequeñas, pero me gustó como le sentaban así que le indiqué que siempre que estuviéramos solos llevaría esas braguitas. También le dije que debía llevar las bragas metidas por el culo en todo momento. Seguí buscando entre su ropa y encontré la parte arriba de un pijama, era una camiseta de tirantes de seda rosa, le ordené probárselo. Me gustó como le quedaba así que ya tenía su uniforme de esclava. Le dije que desfilara para mí con su nuevo uniforme, la tuve dando vueltas por la habitación unos cinco minutos, hasta que me di cuenta que Leticia estaría a punto de llegar.

– Cristina, ponte tu uniforme de criada y vete a preparar la comida. – Enseguida Señor, contestó.

Le dije que me diera su nuevo uniforme para guardarlo, se vistió y fue a preparar la comida. Mientras cocinaba me acerqué a ella por detrás y empecé a sobarle las tetas, y restregarle mi polla por su culo, estuve disfrutando de mi esclava hasta que escuché el ruido de la puerta, era Leticia. Me senté en el sofá e hice como si viera la tele. Leticia entró y me preguntó:

– ¿Qué tal se ha portado Cristina? – Bien ha sido muy obediente le dije.

Se sentó conmigo en el sofá y estuvimos charlando hasta que Cristina nos llamó para comer, como siempre nos sirvió, y solo comió cuando terminamos nosotros. Era el momento del castigo de después de comer. Coloqué la silla en el centro del salón, y la cámara sobre la mesa. Cristina se inclinó sobre la silla sin tener que decirle nada. Me acerqué para levantarle el uniforme pero esta vez al bajarle las bragas le sobé el culo descaradamente.  Leticia se sorprendió al verme pero no dijo nada. Le pegué los treinta azotes que estaban estipulados, como siempre agradeció cada golpe. Cuando terminé se puso en posición de exhibición, estaría así toda la tarde. Leticia me dijo que se iba a acostar, me pareció perfecto, así podría gozar de mi esclava durante varias horas. Nada más irse mi prima, ordené a Cristina darse la vuelta, quería que se masturbara para mí.

– Cristina quiero que te masturbes como lo hiciste en la ducha. Le dije. – Pero Leticia podría entrar en cualquier momento. Me dijo.

Hice ademán de abofetearla para que recordara que no debía discutir órdenes, agachó la cabeza y empezó a tocarse, cuanto estaba a punto de correrse la volví a interrumpir, le dije que no le había dado permiso.

– Por favor déjame terminar, me suplicó.

Le ordené que se bajara de la silla y se pusiera de rodillas con las manos en la espalda, le pregunté si alguna vez había chupado un polla, su cara se quedó blanca, me contestó que no, que una vez vio una película en la que lo hacía. Como no tenía experiencia decidí que le follaria la boca, me bajé los pantalones y le ordené abrir la boca. X0XTRES

Empecé a meter y sacar mi polla de su boca, al principio le dieron algunas arcadas, pero al cabo de unos minutos empezó a acostumbrarse. Estuve una buen rato disfrutando de su boca, cuando sentí que me iba a correr la agarré del pelo y se la metí bien a dentro para que tragara toda mi leche. Estuvo a punto de vomitar, pero aguantó y se tragó todo sin problemas. Le pregunté si le había gustado, me dijo que no mucho. La agarré del pelo y le repetí la pregunta.

– ¿Te ha gustado que te follara la boca? – Si Amo, he disfrutado mucho. – Así me gusta, le dije.

Le ordené que se colocara sobre la silla en posición de exhibición, para terminar de cumplir su castigo.

– Ahora voy a ver un rato la tele, puedes masturbarte si quieres. Le dije.

Me senté en el sillón a ver la tele, mi prima se quedó quieta, pero al cabo de unos minutos bajó su mano y empezó a tocarse, estuvo un rato dándose placer hasta que finalmente se corrió. Al cabo de unos minutos Leticia entró en el salón:

– ¿Estás bien Cristina?, te veo sofocada. Preguntó. – Si estoy bien, sólo un poco acalorada.

Mi prima me dijo que no podía dormir, y que iba a ver la tele un rato con nosotros. Empezamos a ver un programa de esos de cotilleo, me fastidiaba bastante que Leticia estuviera allí, ya que no podía disfrutar de mi esclava, finalmente una idea llegó a mi cabeza, debía convertir a Leticia en mi esclava también. Empecé a darle vueltas a la idea, y decidí que lo más fácil sería grabarla en la ducha, seguramente ella también se masturbaba como Cristina.

Autor: Luis

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