Oliendo el culo de Karen

Todo sucedió una calurosa tarde de verano del día domingo 25 de enero de 2009, en esa ocasión yo estaba prestando servicio transitorio de mayordomo en un condominio, mis funciones era recibir toda la correspondencia de los residentes, verificar la entrada y salida de cada uno de los residentes y sus visitas, prácticamente estaba todo el días en el hall del edificio.

Muchas veces llegaban personas por avisos de arriendos y preguntaban. En esa tarde llega una joven señorita a preguntar por arriendo, ella es Karen es una estupenda y atractiva mujer dueña de un formidable culo con forma de pera es con volumen “Es un filete femenino de primera categoría” dueña de una escultural cuerpo atlético,  no tiene muchas tetas es como pequeña, su trasero están moldeado y esculpido finamente por las manos de los dioses hasta ser  un culo perfecto, lo cual su tanga de hilo dental ajusta delicadamente sus par de nalgas y se vean deseable.

Karen en una señorita con esos típicos modales con una voz aguda que pareciera ser el indicador de estatus. Que más tarde a cualquier cosa que verbalizan le ponen tres tonos por sobre cualquier soprano. Hablan fuerte, agudísimo y arrastrando sílabas, y cuando algo les parece malo o feo no dudan en gritar que vivenciaron algo “terriiible”. Su jerga latifundio al que pronuncia la “tr” como “thr”: “Es athró, el gordo está con mucho thrabajo”. Y la “r” como “rh”: “En la casa de la Nené comimos arhoz”. A que ella utiliza bastante el movimiento de las manos, pero  ella es muy simpática y jovial. Ella debe tener 25 años, estatura media,  es muy guapa bella, su rostro es alargado y nariz larga su piel blanca como la leche, luminosa como el sol, y suave como la seda,  sus labios son pequeños pero son sensuales, su largo cabello lacio con movimiento rubio muy pegado a su cabeza que le llega a sus hombros.

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Historia de Josefina de Esade

HISTORIA DE JOSEFINA DE ESADE

 

EN EL CINE

 

Esta vez se decidió. Bajó las escaleras que la conducían a lo que parecía un auditorio hecho de lamentos. En la oscuridad se pegó a una pared lateral que recorría la sala de proyección. Llegó a la última fila y con las manos tanteó los respaldos de las butacas. Se introdujo por un pequeño pasillo lateral y se sentó en la tercera butaca desde la izquierda. Sus ojos  vieron entonces una enorme pantalla. Los lamentos que escuchó al inicio se convirtieron en alaridos de placer. La oscuridad lo bañaba todo excepto ese rectángulo luminoso donde se sucedían las imágenes. No había más dudas. Una sensación de cierta incomodidad pero a la vez de curiosidad contenida le recorría el espinazo. Cómo había decidido dar ese paso ,ya ni lo recordaba. Una sensación de fuga, tal vez , un intento de destrozar las equidistancias de un territorio desconocido, vedado, excitante.

Comenzaba a calentarse tanto que ni  tan siquiera reparó en que a ambos lados de ella, las butacas habían sido ocupadas. La pequeña ráfaga de luz que bañaba la sala iluminó por un instante dos sonrisas marfileñas. Dientes demasiado blancos para rostros extremadamente oscuros. Cuando quiso darse cuenta una mano reposaba en su muslo. La percibió demasiado tarde cuando el dedo ya llegaba fatalmente al encaje de la media y aún así le dio igual. En ese momento se giró. Sus ojos percibían algo más que oscuridad. Dos rostros oscuros. Volvió a mirar de nuevo. La dialéctica entre la pupila, el cristalino y la retina le permitió ver mejor. Dos rostros negros la miraban con tanta curiosidad que ni tan siquiera se percató de una segunda mano por encima de su rodilla. Pero a estas alturas ya lo había comprendido todo. Incluso antes de que ocurriera. Levantó  su pierna derecha, casi como un resorte y la colocó sobre la roca de una rodilla. Entonces lo supo. Iba a disfrutar como nunca lo había hecho hasta entonces. El primer dedo había superado la barrera del encaje de unas medias satinadas de color negro y se posicionaba en la cara interna del muslo. La segunda mano había llegado todavía más lejos y apenas la notó. La falda se plisaba por encima del vientre. Sus manos hasta ahora quietas se abrieron en aspas y aterrizaron sobre dos bultos enormes. La cabeza se dejaba caer en el respaldo y comenzaba a desentumecerse. Sabía que llegaría ese momento , pero no que fuera tan pronto. El negro de su derecha le facilitó el trabajo. Se desabrochó la bragueta de forma sincopada hasta que el tirador llegó al final. La mano izquierda de ella buscaba todavía una cremallera mientras que la derecha encontraba un promontorio sobre una tela de algodón .Unas manos nudosas levantaban las costuras de la braguita y acariciaban los bordes de sus labios genitales. Antes de hiperventilar empezó  a gemir en silencio. Más tarde llegarían las súplicas. Y el ” dame más” , ” la quiero también en el culo”. La cabeza contorsionada. El rostro contraído. La mano derecha de ella comenzó a sacar no sin cierto esfuerzo el preludio de un cipote enorme, el resto necesitaría dos manos y voluntad de tragar mucho . No podía abarcar su circunferencia con el anillo que formaban sus dedos. Siempre le habían gustado la pollas grandes. Tener la sensación de perder el control. No poder acabarse nunca un pene con las manos o con la boca, ni tan siquiera poder dominarlo dentro de ella. Una polla grande conseguía lo imposible: dilataba hasta un extremo insospechado la cavidad vaginal llenando al mismo tiempo sus paredes. La  cremallera del negro de la izquierda quedó franqueada. Los dedos africanos le trabajaban el cuello del clítoris simultáneamente como pistones, en pequeñas secuencias circulares. Mientras un dedo formaba elipsis, el otro dibujaba verticales. Estaban cubiertos de babas. Y cuando quiso darse cuenta ya había sucedido. Tenía dos pollas, una en cada mano, con venas como tallos y una corona que dibujaba dos glandes enormes que empezaban a supurar un líquido gelatinoso. Se desplazó ligeramente hacia la derecha y se inclinó sobre la primera polla. Comenzó lamiendo el cuerpo del pene. Quería retrasar lo inevitable .Comenzó a dar pequeños mordiscos hasta rodear el prepucio con sus labios. Su mano izquierda seguía bombeando la segunda polla en sacudidas rápidas.Cuatro dedos negros habían dejado de bascular en los bajos fondos. Uno de ellos, díscolo, comenzó a trabajarle el agujero del culo en una primera exploración. Otra mano enorme sostenía su cabeza como una garra iniciándola en un ritual . Ni tan siquiera escuchó las palabras del negro. Más tarde las recordaría. Sin darse cuenta tenía casi la mitad de la polla, todo lo que podía abarcar, dentro de su boca, la trabajaba de forma voluntariosa con la lengua. Las arcadas venían de vez en cuando. Después desaparecían. Dejó de mamársela y se levantó. También supo que eso era lo que siempre había querido. Se dirigió a un reservado de la parte posterior del local. Las miradas los siguieron. El placer los precedió. Entraron en un pequeño cuarto. Una falleba cromada aseguró la intimidad. Se inclinó hacia abajo doblando las rodillas. Los negros entendieron su deseo. Se colocaron uno a cada lado. De su bolso aparecieron un par de guantes de muselina. Quería experimentar el placer a través de un tamiz. Palpar el tallo de una polla con raíces como un guante quirúrgico busca la vena . Y empezó a hacer sonar las cuerdas de un banjo. Y viajó hasta Nueva Orleans. Y descubrió un jazz de diámetros grandes. Sabía desde el principio lo que ocurriría después. Las dos enormes vergas dentro de su boca le dibujaron por un instante una sonrisa jockeriana.  A horcajadas del primer negro recibió en su cavidad vaginal un cilindro de 27×6 cm que la hizo correr casi al mismo tiempo que otro tren de cargas de 28x7cm le perforaba el culo. Supo que no podría dejar de correrse si continuaba el embudo. Decidió esperar hasta que no pudo más. Se levantó y recibió la primera leche en la barbilla borrándole por un instante la fina película de maquillaje que llevaba. La segunda descarga la quiso contener en sus labios hasta que decidió que no podía tragar más. Se incorporó .Se limpió el rostro. Se subió las medias. Se estiró la falda. Se adecentó. Se despidió de ellos con una sonrisa en los labios y una promesa en los ojos.Recorrió la pared lateral , subió las escaleras, hizo girar el torno, salió de la sala y pisó la calle. Había oscurecido. Llegó la noche. El crujido de una llave la sacó del sopor. Escuchó un timbre de voz que le era familiar.

Y entonces recordó las palabras en la fosa oscura.

” Te gustan grandes ¿eh?”

Sí. Lo cierto es que le encantaban las pollas de ébano.

 

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Acariciando el chow chow

Esta era una de esas tardes de primavera en las cuales en el parque sentado en un banco estaba a la sombra de un árbol cuando una chica llegó y se sentó a mi lado con su perro de la raza chow chow , todos los tíos se paraban a hablar con ella y a acariciar a su chow chow, yo seguía con mi lectura.

– Perdona puedes vigilarme la bolsa.- me dijo.

A la bolsa que se refería era una maleta de rosa y negra con la cara de pucca en la parte delantera.

– Claro, sin problema.- le dije

Y ella se puso a jugar con su chow chow y yo a seguir leyendo. Al rato debido a los gritos que daba la muchacha tuve que dejar la lectura para fijarme en ella. Estaba gritando con la correa de su perro en la mano, lo llamaba una y otra vez y el chow chow no aparecía. La notaba algo inquieta así que me levanté cogiendo su bolsa y me acerqué a ella.

– Hola, ¿estas bien?.- le dije.

– No, acabo de perder a mi perro, a mi chow chow,- dijo ella.

– Tranquila que aparecerá.- la intenté consolar.

Siguió llamándolo y yo dejando su maleta cerca de ella fui a mirar por lo alrededores, no tuve que caminar mucho enseguida lo encontré jugando con un perro salchicha al pilla pilla. Se lo comenté a la muchacha, ella respiró aliviada y fue a buscarlo, yo me volví a sentar en mi banco bajo la sombra de mi árbol a disfrutar de la luz solar que me quedada.

Al rato un “Perdona” me interrumpió nuevamente.

– ¿qué ocurre?.- le dije a la misma muchacha dueña de el chow chow.

– Te quería dar las gracias por encontrar a mi chow chow . Me dijo.

– De nada.- Le respondí.

– ¿Puedo invitarte a algo?- dijo ella.

– Claro.- le respondí.

– Dime que voy al carricoche a por él.

– Un capuchino.

– Ok, un capuchino para el muchacho que ha encontrado a mi chow chow.- dijo para sí misma pero lo suficientemente alto para que me entrara.

Al momento vino con el capuchino.

– Gracias.- le dije levantándome

– De nada, mi nombre es Berta.

– Yo soy Simón, ¿ y este chow chow ? ¿como se llama?.- pregunté.

– Pues se llama esponjita.

– ¿ esponjita?.-le pregunté

– Si, porque le encanta mojarse.

– OK, hola esponjita.- le dije a su chow chow acariciándole por debajo de la boca.

Estuvimos conversando y me estuvo contando cosas de su vida y historias de su perro, Berta era una chica muy dulce algo infantil en algunos aspectos pero tenía un gran corazón en el cual no había ninguna maldad.

– ¿Quieres otro café?.- Me preguntó.

– No, empieza a hacer frío y creo que me voy a ir.

– No, por favor que me lo estoy pasando bien contigo, pocas veces se conoce a alguien tan interesante en el parque.

– Si que es verdad.- le respondí

– Si quieres podemos ir a mi casa vivo muy cerca.

– Berta eres una desconocida, y si me quieres violar, es más y si yo…soy un violador- le dije riéndome viendo la cara de susto que estaba poniendo.

– Pues esponjita me salvará.- dijo ella riéndose mientras que esponjita que había escuchado su nombre saltaba de alegría y ladraba.

Nos fuimos los tres a casa de Berta, ella sujetando la correa de esponjita y agarrada a mi brazo. Quizás ha llegado el momento de describir a Berta

Ella era una chica de 1,65 m con ojos marrones, pelo castaño corto por lo hombros y una figura delgada no debía pesar más de 60 kilos a diferencia de mi de 1,90 m y de un peso de 98 kilos.

Llegamos a su piso donde vivía con su hermana ambas estudiantes, la cual no estaba en la casa en ese momento, nada más llegar Berta preparó café y nos sentamos en el salón.

Seguimos hablando mientras que esponjita se puso en su alfombra y comenzó a dormirse Berta y yo seguimos hablando y noté que ella se acercaba más a mi colocando su mano sobre mi pierna, yo me cambié la taza de la mano izquierda a la derecha para poner mi brazo arriba del sofá y así dejarle la vía libre para hacer lo que quisiera.

Berta seguía moviendo su mano deslizadizo hacía mi entrepierna me decía.

– ¿quieres más azúcar?- y levantaba la mano de mi pierna.

– no, gracias.- le contestaba yo y ella volvía a poner la mano dos centímetros por delante de donde estaba antes.-

– ¿Quieres más café?.- decía ella levantando nuevamente la mano.

– no, gracias.- le contestaba yo y ella volvía a poner la mano dos centímetros por delante de donde estaba antes.-

Ella seguía preguntando a cada rato y poniendo la mano más cerca de mi paquete, me estuve fijando en ella. tenía una camiseta blanca que forzando un poco la vista pude ver que no llevaba sujetador lo que hacía que se le marcarán su aureolas de los pechos, también vi que la falda que llevaba negra era muy corta y enseñaba mucho sus delgadas pierna, con sus botines blanco fila que se balanceaba con la piernas cruzadas como las tenía.

Llegó a mi polla que ya estaba erecta y comenzó a masajear por encima del pantalón, yo viendo lo obvio, no hacía ningún gesto de desaprobación. Ella siguió masajeando mi polla, y yo la abrace con mi brazo izquierdo y depositando la taza sobre la mesa le levanté la barbilla y comencé a besarla.

Su boca sabía a chicle de fresa y a café y su lengua se movía con gracia en mi boca, parecía una lengua tímida metía la punta en mi boca para luego sacarla, yo mientras apacigüe a mi lengua que iba comerse la boca de Berta de una atacada.

Mi manos se metieron dentro de la camiseta de ella y empezaron a acariciar sus pechos, ella excitada por la acción de mis manos se quitó la camiseta descubriéndome algo que ya sabía. No llevaba sujetador. No se si por miedo o por vergüenza pero Berta no había avanzado y seguía cogiendo mi polla por encima del pantalón yo le ayudé quitándome el botón del pantalón, bajando mi cremallera y luego sacando mi polla de mis calzoncillos. Ella lo agradeció acariciando mi polla de arriba a abajo, mientras que su lengua ya menos tímida se introducía en mi boca de forma salvaje.

ya tenía suficientemente sobados los pequeños pechos de Berta cuando le quité el botón de la falda y le bajé las bragas, ella se puso sobre su rodillas para que pudieran salir de su entrepierna. Acaricié su coño húmedo por la excitación, luego le metí un dedo y luego dos, Berta se puso a cuatro patas para que mis dedos entraran mejor mientras que con su boca daba cobijo a mi polla huerfanita que necesitaba una buena mamadita. Estuvo mamando mi polla de arriba abajo mientras que con una mano le acariciaba sus pechos y con la otra le introducía en su coñito dos deditos. esponjita se levantó ante los jadeos de placer de su dueña. Berta con su mamada estaba consiguiendo lo que se había propuesto que estuviera apunto de correrme pero no iba a permitir correrme sin haberle metido la polla a esa chica así que le dije al oído “ Quiero follarte” Ella paró de mamar mi polla y yo dejé de hacerle un dedo luego ella se sentó sobre mi polla y yo acariciando su trasero comencé a meterle mi polla mientras que con la boca daba cuenta de sus pechos y de su boca. Los jadeos se hacían más fuertes y esponjita estaba nerviosa ladrando y aullando ante los jadeos de placer de su dueña y del chico que estaba con su dueña. Los dos jadeamos y esponjita ladraba hasta que finalmente Me corrí pero aguante hasta que Berta también lo hizo, Nos quedamos los dos rendidos, desnudos y sudados. Recuperando el aliento, tras un rato Entre bocanada de aire y bocanada le dije.

– ¿te imaginas que llega a venir tu hermana y nos pilla en el sofá follando?

– No, lo creo he activado el protocolo de emergencia.- me dijo.

– ¿el qué?- le pregunté.

– Si alguna liga le escribe a la otra para que deje el piso y eso he hecho.

– Así que ¿tenemos el piso para nosotros solos?

– Si.

Me levanté y la cogía a ella en brazos y la llevé por la casa buscando sus dormitorio.

– ¿donde me llevas?

– A tu cama, a follarte como Dios manda.- le respondí mientras ella se reía y esponjita nos seguía ladrando.

Tras varios fallos en encontrar la habitación ella me indicó cual era una vez dentro cerré la puerta dejando a esponjita fuera. la tiré en su cama, con la polla ya empalmada otra vez y abriendo la piernas le dije

PREPÁRATE PARA EL POLVO DE TU VIDA.

Los que pasó después lo dejo para otra historia que os contaré en otro momento.

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Los cuernos de Blanca

Era una noche de estas que tus amigos estaban tan borrachos que se ponían a desvariar, y me marché.

Caminando por la calle hacía mi casa me encontré de frente a siete amigos, cuatro chicas y tres chicos, que estaban de celebración ya que gritaba “viva” y esas cosas. Cuando me crucé con ellos una chica rubia muy mona que llevaba una camiseta blanca de “Love NY” con diamantes que le estaba holgada dejando ver su sujetador negro y unos vaqueros ajustados, me miró fijamente y con su labios de color carmín me dijo.

– Mi prometido es un cabrón.- se notaba que estaba algo borracha, al igual que sus amigos, lo cuales se habían adelantado y dos de sus amigas estaban detrás ya que una de ellas se estaba quitando los zapatos ya que con la papa no podía andar.

– Ya será menos.- le respondí mientras que ella se agarraba a mi brazo para no caerse.

Me contó su historia:

– Llevábamos 5 años saliendo, 3 viviendo juntos, nos casamos este año dentro de 3 meses, y ayer me entero que me ha puesto los cuernos con media empresa. Que me los llevaba poniendo desde el primer día. Unos cuernos detrás de otros, ¿te lo puedes creer?

– Vaya, no serḉa verdad niña, tu sabes que las terceras personas mucha veces mienten.

– No lo creo. Por eso he salido con mis amigos para celebrar mis cuernos. ¿Cómo te llamas? – me preguntó ella.

– Simón.

– Yo soy Blanca.- dijo ella dándome dos besos mientras que sus amigos seguían delante parados liándose un cigarro y sus amigas habían empezado a andar hacia nosotros.

– Vente a tomar algo, Simón.- Dijo una de sus amigas, ya descalza, había estado escuchando la conversación.

– Venga, sí. tómate algo, que la chica necesita consuelo.- dijo la otra chica

– Venga, sí. Tómate algo – volvió a decir Blanca .

Como era temprano y no tenía nada que perder, me fui con Blanca y sus siete amigos.

En la discoteca la música estaba muy fuerte y era espantoso. Conseguimos entrar y llegar a la barra donde invité a Blanca a una copa y conseguimos mantener una conversación. Estuvimos analizando lo que sabía y como era su prometido, yo actuando de abogado del diablo.
Por el volumen de la música tuvimos que hablar muy de cerca, mi boca casi tocaba su oreja, notaba su aliento en la mía y supongo que ella el calor de la mía, rozamos mejilla con mejilla, poco a poco de manera más natural. Como dije, estaba borracha y confusa: necesitaba que alguien le diera una visión neutra. Sacarse sus problemas, sus dudas y sus amigos no eran muy buenos ya que siempre barrieron hacia ella y no le darían la visión que le podría dar yo de sus problemas. Ella necesitaba sentirse guapa, y lo era, necesitaba sentirse deseada, necesitaba que alguien hiciera divina y no mortal, ella quería perderse una noche siendo mortal para encontrarse, y ser diosa.

Ella aprovechó mi cercanía para sentir el contacto de mi piel, el calor de mis palabras en su cuello. Yo sentía su olor en mi nariz, me dejé guiar, comencé a jugar con su lóbulo, rozándolo con mis labios mientras le hablaba, y ella se dejaba rozar, y acercó su cuerpo a mí, sus pechos entraron en contacto con mi pecho, girando poco a poco la cabeza, dejando de ser la prometida y convirtiéndose en sí misma. En ese sensual cortejo, ella me acercó su cuello, yo no lo dudé y comencé a besarlo despacio, suave, lo humedecía con la punta de mi lengua.
Ella se separó por un momento, fue cuando aproveché, que tenía su cara enfrente para besar sus labios, su labios de color carmín. Y ella se dejó besar, nuestros labios se juntaron y nuestras lenguas comenzaron a jugar. posé mis manos en su cintura, a ella le había cogido de sorpresa el beso, una mano la tenía en la barra y el otra mano se había quedado aprisionado entre nuestros cuerpos.
Ella me dio en el hombro un toque y dejamos de besarnos, bajo el rostro, no por arrepentimiento de lo que había sucedido sino para asimilar lo que estaba ocurriendo, era deseada por otro hombre que no era su novio.

Después de tres copas y varios besos tomamos un taxi. Nos fuimos a mi casa. Nada más entrar en mi casa Blanca se descalzó y comenzó a andar por ella buscando mi dormitorio. Cuando la encontró se sentó en la cama, demostrado donde quería que fuera el final de la noche.

Me miraba desde la cama invitándome a unirme a ella. Yo me puse delante de ella, le acaricie la cara, ella besó mi mano, y luego bajé la mano por su cuerpo rozando su cuello, ella se dejaba acariciar, su pecho, su cintura acabado en su pantalón. Con mis ojos clavados en los suyos posé mis manos en su pantalón vaquero. Comencé a desabrochar sus botones uno a uno mirándole a los ojos. Ella lo quería así no veía remordimiento en su ojos, fui sacando su pantalón hasta que salió por su pies luego fui metiendo, muy despacio, la mano debajo de sus tanga hasta alcanzar su sexo. Su coño estaba húmedo, más de lo que esperaba. Posé mi mano en la entrada dispuesto a acariciarlo, ella abrió la piernas para facilitar la caricia, poco a poco metía mis dedos en su coño y ella se apretaba los labios con los dientes pidiéndome que mis dedos fueran más lejos. Su rostro era una mezcla entre el deseo y la ira, entre las ganas y el luto supongo que tenía a su novio en mente.

Blanca me miró, comenzó a desabrochar mi pantalón, luego bajó mi cremallera y sacó mi polla de mis boxers. Acaricio mi polla de arriba abajo y luego abriendo la boca comenzó a comerme la polla, hacía desaparecer mi polla en su boca, mientras la humedecía más y más. Deje de meterle dedos y ella me cogió del culo e hizo que me moviera hacia ella, metiendo mi polla más adentro de su boca, Yo balancee mi cuerpo para follarme su boca de color carmín ella seguía comiéndome la polla. Me comía la polla y yo le fui acariciando los pechos luego le levanté la camiseta y le desabroche el sujetador. Me quité mi camisa quedándonos lo dos desnudos y saqué mi polla de su boca.

Ella se tumbó en la cama y yo me tumbé a su lado. Nos besamos una vez más mientras que nuestra manos acariciaban el cuerpo del otro luego me incorporé y le abrí las piernas. Le metí poco a poco mi polla, haciendo que mi cuerpo poco a poco cayera sobre su cuerpo, ella suspiró cuando estuvo toda dentro.

Mi polla en su coño comencé a follármela, ella gemía con cada golpe de mi polla dentro de ella, disfrutaba follándome su coñito húmedo y caliente. Daba cobijo a mi polla mientras que mi polla entraba y salía de su coño. Mis manos estaban encima de la almohada mientras ella acariciaba mi pecho bajando hasta mi trasero y apretando fuertemente con su manos llegando a arañarme el culo de la presión que estaba haciendo, gritando de placer.

“ Déjame arriba” me dijo ella y sacando mi polla de su coño me tumbé a su lado, ella se puso encima mío colocando mi polla dentro de su coño y poco a poco se la metió dentro soltando el mismo suspiro cuando estaba dentro, luego comenzó a mover las cadera hacia adelante y atrás, yo coloqué mis manos en su rostro pero ella me bajó las manos hasta sus pechos. Comencé a besarlos y a pellizcarlos algo que le causaba mucha excitación que era lo que yo pretendía. Aumentaba el ritmo de sus caderas sobre mi polla, y yo le mordía los pechos o cogía sus pezones con mi dientes y le daba bocado con los labios en sus pechos llegando a hacerle pequeños chupetones.

Ella seguía dándole caña a mi polla y yo dejé de acariciar sus pechos para únicamente morderlos mientras que ponía mis manos en su culo, en su redondo y pequeño culito, apretándolo contra mí con mis manos, abriéndole las cachas e incluso comencé a meterle un dedo en su ano. Ella seguía gimiendo y no hizo ninguna desaprobación de lo que mi dedo le hacía en su ano por lo que humedecí el dedo y se lo fui metiendo en el culo. Ella cabalgaba sobre mi polla y yo le metía un dedo en su ano mientras que nuestras respiraciones se solapan una con la otra llegando ella a gritar de placer.
Ella tuvo un orgasmo brutal el cual la dejó sin fuerzas, yo con cuidado la deposité sobre la cama.Ella se dio la vuelta dándome la espalda, creía que se había terminado cuando ella me abrió su culo y me dijo susurrando “ Métemela por el culo, por favor”, “ pero ten cuidado, que soy virgen… se lo había prometido a mi novio pero…” Coloqué mi polla en la entrada de su ano y comencé poco a poco a metérsela, le metía la punta y la sacaba, le metía la punta y algo más y la sacaba, le metía la punto y algo más y la sacaba, poco a poco mi polla entraba en su culo hasta que finalmente entró toda sacaba un poco lo justo para que no se cerrará el ano y luego empujaba muy fuerte, Blanca gritaba de placer ante cada acometida mía “ más fuerte” me dijo y la tomé de la cintura y comencé a follármela más fuerte, cada embestidas con más fuerza hasta que finalmente me corrí algo dentro de ella pero el resto fuera llenándola de semen.

Me levanté y ella estaba demasiada cansada para ello.La cogí en brazos llevándola a la ducha la cual abrí encendiendo el agua. Cuando estuvo saliendo el agua caliente la posé en el plato ducha y comenzamos a besarnos,a mojarnos y limpiarnos el sudor y el semen. Veía su cuerpo y los chupetones que le había propinado a lo largo del cuerpo y los arañazos que ella me había hecho, me agaché y comencé a darle besos en su coñito comiéndomelo, metiéndole la lengua y jugando con su clítoris, ella tuvo un orgasmo . Salí de la ducha y tomé una toalla para ella, la sequé su cara, sus pechos y su culo, le abrí las piernas para secarle su coñito, luego ella cogió la misma toalla y comenzó a secarme a mí la cara, el pecho la polla. Soltó la toalla en el suelo y me tomó de la mano, me llevó a mi cama en la cual se tumbó dándome la espalda “ Abrázame” y la abracé. Nos quedamos los dos desnudos abrazados dormidos.

Al despertar, ya no estaba pero había dejado un mensaje en el espejo del cuarto de baño pintado con su pintalabios de color carmín.

“ Muchas Gracias”.

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Cortejo en la Biblioteca

Estaba estudiando para lo exámenes un sábado por la mañana en la biblioteca de mi pueblo, biblioteca que es famosa por no haber ni cristo, lo que la hacía muy tranquila, cuando una chica morena con cara angelical vestida con un chaleco de al vuelo anaranjado que dejaba ver su sujetador negro, una falda corta negra  y unas manoletinas de flores se sentó a una mesa de mí, abrió su portátil tapando su torso, sacó sus apuntes, sus libros, sus bolígrafos y se puso a leer.

Yo seguía estudiando pero de vez en cuando la miraba disimuladamente, supongo que lo que yo llamo disimuladamente ella lo podría llamar acoso ya que en más de una ocasión me pilló mirándola, yo me hacía el distraído, pensativo, dubitativo pero es que me llamaba la atención esa chica, nunca la había visto en mi pueblo, tampoco es que salga mucho por mi pueblo ni vaya mucho a la biblioteca de este pero como necesitaba un lugar tranquilo para estudiar y la biblioteca de mi pueblo me lo ofrecía pues allá que fui. Me estaba picando la curiosidad y el portátil no me dejaba ver su escote que seguro que cuando se inclinaba dejaba ver algo de carne, pero era muy descarado cambiarme de posición para ver el escote así que me sumergí en mis apuntes.

Al rato de estar estudiando por el rabillo del ojo vi que ella se movía, seguramente iría al baño pero el caso es que cuando se levantó se puso la carpeta sobre el pecho  y me dio la espalda puede ver como sus caderas se movían al son de un compás binario, moviendo sus nalgas arriba y abajo, movimiento hipnótico que me estaba generando una erección tremenda. Al rato volvió con una coca cola zero en las manos, que seguro que sacó de la máquina,  y la carpeta sobre el pecho. abrió la lata y comenzó a beber de ella. en una de las veces se le cayó algo de refresco sobre ella y vi como se limpiaba la mancha del escote. el puto portátil me había privado de poder ver como se restregaba el pecho mi compañero de estudio.

Ella jugaba con su zapato a meter el pie y sacarlo del zapato mientras yo no paraba de imaginar cómo sería sus pechos, deseaba ver ese escote era una obsesión lo que tenía. Casi iba a abandonar mi deseo cuando se le cayó un boli y se agachó de lado, no era de frente pero por lo menos había visto el volumen en su costado. Ella giró la cabeza y me pilló mirándola, desde ese momento dejé de mirarla me había pillado mirándole, me quería morir de la vergüenza.

Ella seguía  frente a mí con su portátil abierto, podía verle las piernas ya que llevaba falda, ella cruzaba las piernas de forma sensual y las movía para llamar mi atención. de repente en un momento que no la miraba cambió su portátil de lugar dejándome ver su escote, aunque creo que no me vio la cara sí sé que me estaba buscando ya que desde ese momento comenzó a “arrascarse “el escote disimuladamente, movimiento que hacía que mis ojos fueran a esa zona y más cuando la tenía colorada, resaltando  en su piel blanca.  Me estaba poniendo malísimo y más cuando descruzó su piernas enseñándome sus muslos, de vez en cuando me miraba y yo hacía como que no miraba pero el caso es que la miraba.

Ella se levantó y comenzó a andar yo recorrí su cuerpo de arriba a abajo con la mirada, cuando llegué a su pelo ella se giró, me quedé paralizado ella me guiño el ojo, sonrió  y desapareció entre dos estanterías. Rápidamente me levanté y dejando mis cosas en la mesa comencé a andar buscándola, mi calentón había llegado al máximo, caminé hacía las estanterías pero cuando llegué solo pude ver su manoletinas desaparecer tras una fila de estanterías. Seguía ese pie y llegué a una esquina de la biblioteca donde había un cartel que ponía LENGUA ESPAÑOLA.

Ella estaba allí con una pierna estirada y la otra vertical al cuerpo, su chaleco naranja estaba desplazado dejando ver un pecho que estaba bajo el sujetador negro, “ Veo que te alegras de verme, vas a tocar o no lo que llevas toda la mañana mirando” dijo ella “¿ el que?” le pregunté  “ este cuerpo” y diciendo esto se abalanzó sobre mí y comenzamos a besarnos. Nuestras lenguas parecían luchadores en un ring, ninguna de ellas le dejaba dar un paso a la otra, mis manos fueron a su trasero y poco a poco fueron levantando su falda negra, su manos fueron a mi trasero y lo apretaban contra su cuerpo. Con su falda de cinturón comencé a quitarle su chaleco, quería besar, lamer, comer esos pechos a los cuales deseaba desde que los ví venir hacía mí esa mañana. Ella me quitó la camisa y empezó a jugar con mi cuello, una vez que su chaleco cayó al suelo su sujetador le siguió, ella dirigió sus manos a mi pantalón y sacando mi polla por bragueta dijo “ Follamee, aquí y ahora” no perdí más tiempo y le quite su tanga negro y mientras le comía su pechos le metí la polla en su coño, chocando su cuerpo contra la estantería de  LENGUA ESPAÑOLA, ella se agarró a la estantería de arriba mientras que con las piernas abrazó mi cintura  yo la embestía más fuerte, parecía que la estantería se iba a caer, ambos contenemos nuestros gemidos aunque estábamos solos en esa sala seguro que en alguna otra habría gente, Ella tuvo un orgasmo y soltó un grito,  escuchamos a alguien mandar silencio, ambos paramos y nos reímos pero luego la tumbé sobre el frío suelo de la biblioteca y tras varias embestidas me corrí dentro de ella. Nos vestimos y saló ella primero y al rato salí yo. Cuando llegué a nuestro sitio ella no estaba pero me había dejado una nota. “ HA SIDO EL POLVO DE MI VIDA, TENEMOS QUE REPETIRLO. BESOS M”.

A día de hoy no he vuelto a verla pero todos los fines de semana me paso por la biblioteca por si vuelve.

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Cómo conocí a Selena

Esta historia sucedió una tarde, fui al carrefour a comprar unas cosilla con mi ropa guarra mi camiseta con agujeros y mi vaquero roto,  a esto que en  la puerta de entrada vi a dos chicas, de unos 20 años, vestidas de forma provocativa, con falda vaquera corta y una camiseta corta que dejaba al descubierto sus pechos por arriba y por abajo sus barrigas, una de ellas, la rubia, lucía un piercing de lo más sensual. Ambas estaban esperando en la puerta.

Estuve comprando las cosas por las que fui y al salir, había pasado por lo menos una hora, y me volví a encontrar a las dos chicas discutiendo. Al parecer se habían equivocado de carrefour y una le estaba recriminando a la otra el error.Yo aminore el ritmo, e incluso me paré a mirar el móvil movido por la curiosidad y el morbo de escuchar la conversación de las dos amigas. Cuando más interesante se ponía la discusión entre las amigas, la chica rubia se fijó en mí presencia.

-Oye, ¿tienes coche?

-¿es a mí?- le pregunté

-Si, ¿ tu nos podrías llevar a carrefour de macarena?

-Si.- la verdad es que no pensé la respuesta y cuando fui consciente estaba montado en mi coche con las dos chicas.

Una de las chicas, la rubia se llamaba Selena su camiseta era rosa, sus pechos sobresalía de su camiseta a lo ancho y por encima, se inflaba y se desinflaba con su respiración, por la parte de abajo su ombligo estaba adornado por un piercing que brillaba atrayendo mi vista. Su falda vaquera, sentada en el asiento de copiloto, cubría lo suficiente para que no se le vieran las bragas y para más morbo se había sentado de lado con sus piernas mirando hacia mí. La otra chica morena con un corte de pelo donde en un lado tenía flequillo y por el otro lado estaba rapada al 5, llevaba una camiseta blanca de la misma forma que la de la amiga, mostrando por abajo su ombligo y por arriba sus enormes pechos, esos pechos eran más grandes que los de su amiga, y sentada en la parte de atrás entre los dos asientos delanteros con las piernas abiertas en línea con la palanca de cambio, su nombre era Barbara.

En el camino no dejaba de mirar por el espejo retrovisor los pechos de Barbara y cuando cambiaba de marcha miraba las piernas de Selena y evitaba al meter quinta marcha darle en la rodilla. En el camino estuvimos charlando les pregunté su edad , 21 años, había fallado por un año les dije mi edad y ellas se rieron, me comentaron que tenía casi la misma edad que sus padres, cosa que no me sentó bien pero la verdad es que por un varios años mi edad estaba más cerca de la edad de sus padres que de su edad. Me contaron que estudiaban peluquería que si quería un día me podía cortar el pelo gratis me dijo Selena mientras que jugaba con mi pelo con su mano cosa que hizo que un escalofrío recorriera mi cuerpo y mi polla se despertara estirándose,  Selena que estaba hablando cortó la frase y empezó a echarle miradas a Bárbara, creo que se había dado cuenta que mi polla se había puesto lista para la acción. De repente algo en el coche cambió, la falda de Selena se había retrasado un poco y casi se le veían las bragas, su rodilla estaba pegada a la palanca de cambio , ella parecía que no se había dado cuenta, además empezó a posar su mano sobre mi pierna primero sobre el muslo pero aumentaba su osadía y llegaba a posar su mano cerca de mi muslo interior a pequeños centímetros de mi polla erecta. No sé el juego que se llevaba pero yo estuve atento a ver hasta dónde llegaba su osadía, ella buscaba el roce de mi mano con su rodilla, yo cada vez que sucedí le pedía perdón cada vez que le tocaba la rodilla. Llegamos a Carrefour Macarena y me pidieron que diera una vuelta a ver si estaban su amigas, dimos la vuelta al centro comercial y no vimos a sus amigas, así que Selena escribió un mensaje a una amiga y dimos una segunda vuelta  y vi un sitio alejado de la entrada del centro comercial pero se podía ver la salida de la gente del centro comercial. Selena le explicó a Bárbara que le había escrito un mensaje a una tal Verónica para que venir a buscarlas. Con el coche parado ni Selena  ni Bárbara hicieron el amago de bajarse ni yo les dije nada. Seguí hablando con ellas esperando a la amiga, Bárbara dijo que tenía que ir al baño por lo que iba a entrar al cuarto de baño del centro comercial, y bajándose del coche cruzó la calle y entró al centro comercial, me quedé a solas con Selena. Ella siguió conversando conmigo pero puso una voz melosa acercándose más a mí llegándose a apoyarse en borde del asiento dejándome ver más su escote y sus pechos. Ella me miraba a los ojos y yo le miraba más al escote que a los ojos, cuando de repente dijo.

-Bueno, tendré que darte de alguna forma las gracias por traernos.

-No hace falta Selena, ha sido un placer.

-Pues tu cosa no dice lo mismo.- dijo posando y acariciando por encima del vaquero roto  mi polla. me quedé helado.

-Tu relájate y disfruta.- Dijo Selena acercando su boca a la mía, mientras sus manos abrieron mi cremallera y metió dentro de mi pantalón una mano cogiendo mi polla entre su dedos. Besaba a Selena y mis manos tomaron su cintura, subiendo la camiseta y dejando su sujetador negro al descubierto. Selena consiguió sacar con cuidado mi polla y una vez fuera comenzó a masajearla consiguiendo que se pusiera totalmente erecta.

-Creo que esto ya está.- me dijo antes de agacharse y meterse mi polla en su boca.

Comenzó a mamarme la polla mientras yo, podía ver como por la parte de atrás de su falda se veía sus bragas negras. Era tarde y ya había anochecido esa calle era poco transitable  por lo que nadie podía vernos;  Selena sabía cómo comerse una polla se la introducía entera en la garganta sin dejar nada fuera mientras que con una mano jugaba con mis huevos, estaba disfrutando de la mamada que me estaba haciendo cuando escuché que alguien intentaba abrir la puerta del coche. Era Bárbara que volvía del baño y no venía sola le acompañaban un grupo de chicas y varios chicos, Selena se incorporó bajándose la camiseta y yo metí mi polla dentro de mi pantalón y abrí a Bárbara la cual abrió la puerta y dijo.

-Mira Selena a quien me he encontrado.

Selena salió del coche al igual que yo. Me presentaron a todas las chicas.

Pensaba irme pero Selena insistió en que me quedara por lo menos para una copa para agradecerme que las hubiera traído así que accedí. fuimos a un bar que se llamaba “entre dos parques” todas las chicas pidieron un copazo y yo para no ser menos también pedí otro copazo. Estuvimos gran parte de la noche tomando copas y chupitos,  Selena se había colocado enfrente mía y yo la tomaba de la cintura pegándola a mi cuerpo, haciendo que sus nalgas sintiera como mi polla se estaba totalmente dura, ella me seguía el juego y aunque estaba hablando con sus amigas siguiendo el ritmo de la música movía su trasero para pegarlo a mi polla. a veces bajaba la mano y le daba un pellizco en el trasero cosa que a ella agradaba.

Pagamos la cuenta y salimos del bar para ir a una discoteca, en la puerta del bar nos distribuimos en los coches aunque había sitio para Selena en el coche de una de sus amigas, le dije a Selena que la llevaba. Ella aceptó y lanzando besos al aire le dijo a sus amigas que se veían en la discoteca.

Entramos en el coche, nos pusimos el cinturón y arranqué de sopetón.

-¿ me vas a llevar a la discoteca?- me dijo con su voz melosa.

-No.- le respondí

-¿me vas a secuestrar?

-Que te secuestre va a ser el mejor de tus problemas.

-Me gusta.¿ y que me vas a hacer?

-Te voy a follar como nunca te han follado.

-me gusta.- dijo sacándose el sujetador negro por una de las mangas de la camiseta. Podía ver como sus pezones estaban erectos.

-¿ me vas a comer mi pechos?

-claro que sí.

-Y ¿ mi coño?

-eso también.

-Me gusta, porque yo quiero comerme tu polla.

 

Llegamos a mi casa aparqué muy cerca. Nada más parar  Selena se lanzó besarme en los labios, yo la abracé por la cintura mientras que la besaba, estuvimos un rato hasta que la separé y le dije que podía vernos mis vecinos que subiéramos. Salimos del coche y llegamos al portal. Tomamos el ascensor, nada más cerrarse las puertas del ascensor me lancé a por Selena y ella a por mi boca,  saltando  y abrazando mi cintura con sus piernas llegando a caerse sus tacones al suelo del ascensor, yo la tomé del culo y la puse contra el espejo  mientras que la besaba lujuriosamente. El ascensor se paró antes de mi piso y rápidamente la bajé dejando de besarla, entró mi vecina del cuarto una señora de unos 50 años que la llamamos “la bruja del cuarto” ella nos echó una mirada de arriba abajo fijándose en que Selena iba descalza y sus zapatos estaban detrás de mis pies y que no llevaba sujetador notándose le los pezones, y en mi pantalón el bulto de mi polla sobresaliendo.

-Buenas noches.- le dije.

-Buenas.- dijo entrando y apretando el botón y dándonos la espalda. Selena y yo sonreímos, después ella se agachó para recoger sus zapatos

 

Llegamos a mi planta y salimos del ascensor.

-Adiós, señora.- Le dijo Selena con sus zapatos en la mano.

-Adiós Doña Angustias.- le dije.

-Adiós.- Nos respondió con la cara de asco.

Cuando se cerró la puerta del ascensor ambos nos reímos, abrí la puerta y entramos en mi casa. Nada más entrar Selena empezó a caminar hacia dentro de la casa tirando sus zapatos por el camino, luego desabrochando su falda vaquera y dejando que se escurriera por sus piernas,  luego levantó una pie y luego el otro y siguió caminando dejando atrás su falda quedándose únicamente en ropa interior y con su camiseta, luego tiró de su camiseta hacia arriba, sacándola por su cabeza y luego la tiró al piso quedándose solo con sus braguitas negras por último se apoyó en la mesa del comedor para quitarse la braguitas, las deslizó suavemente por su pierna derecha primero y luego la sacó por su pie derecho poco a poco fue deslizando por su pierna izquierda hasta que finalmente salió por su pie quedándose totalmente desnuda.

-¿Soy hermosa?. me preguntó, apoyada sobre la mesa totalmente desnuda

-Si, mucho. le dije mientras la observaba desnuda en mi piso a oscuras con la única luz que venía de la calle viendo cómo brillaba su piercing en su ombligo mientras que me quitaba mi camiseta y desabrochaba mi pantalón quedándome en calzoncillo.

Selena se sentó sobre la mesa y me hizo un gesto para que me acercara, me acerqué a ella y comenzamos a besarnos. Mis manos se fueron a su cintura mientras que las suyas se fueron hacía mi polla. Mi calzoncillo cayó al suelo quedándome igual que Selena desnudo en el salón de mi casa.

Dejé de besar los labios de Selena para besar sus pechos, ella inclinó la cabeza hacia atrás permitiéndome que mi boca jugará con sus pechos, que mi lengua lamiera sus aureolas , que mis labios aprisionaran sus pezones. Mis dedos empezaron a entrar dentro de su coño, entrando y haciendo que se abriera al paso de mis dedos., mientras que escuchaba su gemidos de placer. Tras un largo manoseo  saqué mis dedos de su coño e hice que Selena se tumbara sobre la mesa, le abrí las piernas y me agaché para comerle el coño. Tenía una gran mata de pelo en su monte de venus, algo que me fascinaba, tomé cada muslo de sus piernas para abrir su raja y poder meterle mi lengua dentro. Mi lengua jugaba con su clítoris lo que hacía que su coño se humedeciera más y haciéndome así disfrutar de los líquidos de su almeja mientras gemía más fuerte de placer y intentaba cerrar   las piernas para aprisionar mi cabeza en su coño.

-Para, para.- me dijo gritando de placer.

-Quiero que me hagas el amor, pero ten cuidado… que soy virgen.- con 21 años aún era virgen, la verdad es que me sorprendió pero me dio un toque dulce. La incorporé y la tomé en brazos llevándola hasta mi dormitorio. La dejé sobre la cama y luego abriendo las piernas con una mano mientras que con la otra guiaba a mi polla hasta su coño.

 

-Tranquila, mi niña, voy ha hacerlo suavemente.

 

Mi polla resbalaba por su labios los cuales le daban las bienvenida a dentro de su coño, resbalaba bien hasta llegar al impedimento. Llegamos al barra y con un golpe suave ya no hubo barrera, ya Selena podía follar sin problema. Comencé a aumentar la velocidad y ella pasó de un momento de tensión a uno de relajación. me estaba follando a la chica que apenas 4 horas había visto en la entrada del carrefour. En mi mente no hacían más que parecer imágenes de ella en el carrefour, en el coche, en el ascensor, en la mesa de mi salón y ahora la tenía desnuda bajo mi cuerpo follándomela.

 

  • Déjame ponerme arriba.- me pido ella

 

Cambiamos de posición  y ella se puso arriba mio clavándose mi polla dentro de su coño y moviéndose de arriba abajo y delante a atrás yo  puse mis manos en sus pechos para acariciarlos, estaban húmedos, llenos de sudor del esfuerzo que estaba haciendo y del placer que estaba sintiendo, bajé mis manos por su cuerpo llegando a su cintura donde posé mis manos en su culo para hacer fuerza y que mi polla se clavara más adentro de su coño, cosa que le gustó luego con una mano lo abrí sus nalgas y con la otra empecé a meterle un dedo por el ano, eso le hizo perder el ritmo y pararse. le miré a los ojos y le dije

“Confía en mí” tras 3 segundos volvió a  moverse y yo seguí metiendo el dedo en su ano.

Selena estaba siendo doblemente penetrada, por mi polla y por mi dedo, tanto placer hizo que con un grito de placer se corriera y su cuerpo se quedara flojo. Fue ese momento en el que aproveché para tumbarla boca a abajo y levantar le un poco el trasero para meterle mi polla por el culo. Mi polla se abría paso por sus nalgas abriendo su ano, Selena tras su orgasmo no tenía fuerza para negarse y eso lo aproveche yo. Estuve dando fuerte embestidas en su ano llegando a correrme a lo cual saqué mi polla de su ano, vertiendo gran cantidad semen por su culo, espalda llegando a su pelo rubio, ahora castaño por el sudor del acto, le di la vuelta poniéndola boca arriba y me tumbé junto a ella agotado por el grandioso polvo que habíamos echado. Estuvimos besándonos mientras recuperamos fuerzas para una segunda ronda. Así fue como conocí a Selena, la lujuriosa Selena.

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Sexo en horas de trabajo

Cuando entré a trabajar al restaurant, llevaba la mentalidad de ir solamente a trabajar pues no me interesan los hombres comunes así que para mí eso no iba a ser difícil. En el restaurant trato practicamente con puros hombres hablando de compañeros de trabajo pues todos los meseros, el capitán y el gerente son hombres y muy perros he de decir, así que punto menos para que llamaran mi atención.

El barman del restaurant es un tipo de estatura media, cabello negro, lentes, voz grave 34 años, complexión media y lo que noté en un principio es que tiene una actitud segura y eso me agradó pero no pasó de allí así que siempre ignoré sus coqueteos.

Pasaron meses y como vió que su esfuerzo no rendía frutos dejó de saludarme incluso supongo creyó que me desagradaba y fue entonces que comenzé a prestarle atención y comenzé a acercarme porque estaba dándome ya curiosidad la idea de tener relaciones con él.
Así que de un día para otro notó que me acercaba a él y no dudó un segundo en seguir mi juego.

El primer encuentro cachondo que tuvimos fue una ocasión en que esperaba a un amigo que pasaría por mí al trabajo y fumaba en la terraza del restaurant, entonces el aprovechó se me acercó y me dijo que hacía allí que mi blusa estaba preciosa (“claaro mi blusa”) yq ue lo habría exitado, le dije que no podía creer que una blusa lo exitara, así que se acercó bajó su cierre y guió mi mano hasta su pene estaba en lo cierto estaba erecto. Entonces solo lo masajé un poco y me fuí no sin antes acercarme y besarlo.

Poco después se acercó a mí y me dijo que tenía una petición, le dije que siempre y cuando estuviera dentro de mis posibilidades lo haría, me pidió llevar una tanga y pants el siguiente día de trabajo, en ese momento no respondí mas que con una sonrisa.

Era el día siguiente debo admitir que me emocionaba un poco la idea de saber en que momento sería que le enseñara esa tanga color rosa que traía debajo de un entallado pants negro, cayó la noche y me dijo “te veo afuera en el elevador en 5 minutos”, el hecho de que me lo haya dicho al oído hizo que me mojara así que 5 minutos después nos encontramos en el elevador y me dijo que conocería el Edén de donde trabajamos.

3 pisos abajo llegamos al sótano, no veía nada, sólo él tenía la llave, entramos…

Prendió la luz, había una silla sonreí pícaramente me senté, abrí las piernas y en ese momento me dí cuenta de lo nervioso que estaba pues no supo que hacer así que lo jalé hacía a mí lo apreté contra mi cuerpo, sintió mi cosita contra su pene, lamió mis senos bajando lentamente la blusa que traía, entonces deciddí darle la espalda se puso el condón y metió su pene en mí he de decir que era de unos 11cm pero no lo hacía nada mal, bombeaba presuroso fue entonces que decidí quitarle el condón y darle placer con mi lengua unos minutos, después me tomó por la cadera y me sentó en la silla de frente, comenzé a masturbarme mientras el me veía y metía lentamente su pene para no interrumpir mi placer, yo lo movía poniendo mi mano en su pecho echaba mi cabeza para atrás de lo exitante que me parecía esa situación doblando y subiendo mis piernas un poco arqueando mi espalda y sintiendo como bomeaba a cada momento con más desesperación, tuvimos orgasmo al mismo tiempo, inmediatamente nos vestimos y cada quien volvió a sus labores.

Han pasado unos cuantos meses de aquello y en un principio lo ignoré pues había tenido lo que quería, pero últimamente se me ha antojado de nuevo,yal vez pronto tenga mi segunda experiencia con él.

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Una historia real con una chica real

Le dijo al chico que se acercase, le agarró su polla con la mano mientras me seguía chupando. Yo intentaba tocarle su coño, pero no podía por la posición, así que le dije que se diera la vuelta, los dos haríamos un 69 mientras ella seguía masturbando al chico. Puso su coño sobre mi cara y empecé a lamerlo como un salvaje, le metí un dedo en la vagina y no aguantamos ninguno más.

En todo lo que os voy a contar no hay nada de cyber ni de fantasía, todo es absolutamente real y os lo cuento tal y como yo recuerdo que sucedió.

Todo empezó en un chat, nos conocimos, estuvimos varios días hablando y le propuse que siguiéramos por teléfono. A esa llamada se sucedieron otras muchas y esta relación se fue haciendo cada vez más morbosa y arriesgada. Llegó un punto en el que los dos estábamos totalmente enganchados a aquellas llamadas telefónicas.

¿Nos llegamos a conocer? La respuesta es sí, llegamos a conocernos, pero siento decepcionaros, no hubo ningún gran polvo salvaje, ni múltiples penetraciones por todos sus agujeros. Digamos que fue algo más sutil, más morboso. Después de muchas llamadas, después de habernos masturbado tantas veces mientras hablábamos por teléfono, a los dos nos rondaba una idea que ninguno nos atrevíamos a plantear abiertamente: Conocernos en persona.

Las conversaciones comenzaron a tomar un nuevo rumbo. La mayoría de las veces, cuando ya estábamos a tope y empezábamos a masturbarnos, las expresiones empezaron a ser en primera persona:

– Me gustaría que estuvieras aquí… que me vieras mientras me lo hago… – Me gustaría que estuvieses frente a mí, masturbarme delante de ti… ver como te tocas mientras yo me masturbo… Quiero ver tu cara desencajada por el placer que estás sintiendo… Quiero que me mires fijamente mientras te corres…

La verdad es que todo aquello me excitaba cantidad. Una de mis grandes fantasías, que aunque parezca mentira nunca he conseguido con ninguna de mis parejas, es ver masturbarse a una chica hasta el final. Sin tocarnos, solo uno delante del otro, masturbándonos y mirándonos hasta llegar al orgasmo.

Las conversaciones siguieron en esta tónica hasta que un día me atreví a planteárselo directamente. Cuando estábamos más excitados, cuando empezó a describirme lo que estaba haciendo:

– Estoy sentada en el sofá, llevo una falda que tengo levantada hasta el ombligo, me he bajado la parte superior y tengo las tetas al descubierto… Ummmmm, tengo los pezones durísimos… tengo las bragas bajadas hasta las rodillas… Como a ti te gusta… Con la mano izquierda sujeto el teléfono y con la derecha me estoy tocando… Ummmm… Cómo me gustaría que estuvieras aquí, delante de mí, quiero verte… quiero que veas la cara de puta que se me pone cuando estoy caliente… (A ella le encantaba hablar así cuando estaba excitada).

No resistí más y se lo solté:

– Necesito conocerte, solo quiero verte una vez, saber quien eres… necesito hablar contigo cara a cara… – ¿Quieres verme, verdad?  ¿Quieres conocerme?… – Si, quiero sentir como se me pone dura mientras hablo contigo, quiero ver tu cara, observar tus gestos… – ¡Javi…Javi…! (era la palabra clave cuando ella se iba a correr) ¡JavI…Javi…!  Aaaahhhhhh… Ahhhh.

Mi deseo de conocerla, de tenerla frente a mí, le había excitado tanto que no se había podido aguantar. Cuando recobramos ambos el aliento continuamos la conversación. Los dos teníamos infinitas ganas de conocernos, de saber quién éramos, pero los dos teníamos miedo. Nuestra relación telefónica llevaba ya más de seis meses y temíamos romper el encanto, al fin y al cabo no nos conocíamos y los dos nos habíamos hecho ya una composición que cómo podía ser el otro. Temíamos que todo eso se rompiese. Además, los dos teníamos pareja, no queríamos hacer nada de lo que luego pudiésemos arrepentirnos. Decidimos concedernos dos días para pensarlo pausadamente, y al cabo de ese tiempo, volvernos a llamar.

Durante esos dos días los dos pensamos en muchas cosas. En nosotros, en nuestras parejas, en nuestra relación telefónica que algún día tenía que terminar… Al fin acabó el plazo acordado y la volví a llamar:

– ¿Has pensado mucho en nuestro posible encuentro? – Sí, le he dado muchas vueltas. He estado pensando y pensando… Sopesando si de verdad quería conocerte y… Creo que sí, quiero que nos veamos…

Me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo, tenía la esperanza de que dijese que no. Tenía terror a ese encuentro, pero a la vez lo estaba deseando. Nos contamos todos nuestros miedos y nuestras dudas y al final decidimos ponernos condiciones:

– Sería un único encuentro. Ninguno de los dos volvería ni siquiera a llamar por teléfono al otro. Iba a ser el final de nuestra relación. Los dos teníamos nuestra vida hecha, ella estaba a punto de irse a vivir con su pareja, y ninguno de los dos estaba dispuesto a renunciar a su pareja. Nuestra relación era puramente morbosa, sentíamos placer simplemente porque éramos dos desconocidos. – Si al vernos, no nos gustábamos, cada uno se iría por su lado. No habría que dar explicaciones, ni el otro podría insistir en nada. – No habría penetración. Debía ser un encuentro muy morboso, eso era lo que nos unía, y lo suficientemente imaginativo como para que no tuviese por qué haber penetración.

El resto de condiciones, y puesto que tenía que ser un encuentro muy morboso, las puse yo:

– Bien, quiero que para esa cita te pongas una minifalda muy cortita, la más cortita que tengas, y vayas sin nada debajo. (Ella sabía que era lo que más me gusta, solo imaginar a una chica así en un lugar público me pone a 100 y aceptó. Le encantaba la idea). – Quedaremos en un lugar donde haya mucha gente (en concreto fue en una plaza del centro de Madrid), tú te situarás en un lugar que determinaremos. En principio no me verás, no sabrás quien soy. Quiero que te sientas observada, que te exhibas delante de mí sin saber donde estoy. Te llamaré al móvil y te iré diciendo lo que tienes que hacer. (Yo sabía que una de las cosas que más le gustaba era esa, exhibirse, sentirse observada por un hombre que la desea).

Para poderla reconocer cuando la viera, me describió como iría vestida: un vestido negro, muy corto, que solo utilizaba en vacaciones y unos zapatos altos rojos. Acordamos que llevaría una bolsa de Mango (una marca publicitaria), para que yo la pudiera reconocer.

Y llegó el día… Una hora antes de la cita, la llamé, quería saber si seguíamos con lo acordado:

– SÍIII… Llevo todo el día pensando en ello. Me estoy pintando, quiero que me veas muy guapa… Me acabo de poner el vestido, es tan corto que casi se me ve el culo… quiero que nada más verme se te ponga dura… que cuando te vea note tu bulto en el pantalón… que me mires con ojos de deseo… que te brille la mirada de lo caliente que te pongo… Me estoy excitando, UFFFF… me está subiendo el calor…

– Tranquila, tenemos tiempo… Te espero…

Llegué a la plaza y me situé en lugar estratégico desde donde podía divisar a la perfección el lugar donde se iba a poner. Estaba al lado de una columna, y cuando la tuviese que llamar me podía esconder tras ella para que no me pudiese ver. Ella no me hizo esperar, apareció por el otro extremo de la plaza y la reconocí enseguida. No era una mujer despampanante, era gordita tal y como me había dicho, pero tenía unas piernas torneadas y bien formadas, su cara, aunque llevaba gafas de sol, era muy agradable, se notaba un gesto de complicidad que me encantó (aunque parezca raro, las partes de las chicas que más me gustan y me excitan son su cara y sus piernas. No es necesario que sean perfectas, solo que tengan “eso” que sólo un hombre es capaz de detectar).

Sabía moverse, se la veía un poco nerviosa, pero decidida. Se situó en el lugar indicado. Miraba a su alrededor intentándome reconocer. Me escondí un poco y me quedé observándola. Me encantaba, la veía preciosa a pesar de que no era la mujer más bella del mundo, deseable… Me escondí tras la columna y la llamé al móvil:

– Quiero que te exhibas… quiero que vuelvas a atravesar la plaza sabiendo que te estoy mirando, que me estás excitando… Cuando llegues por la mitad más o menos deja caer la bolsa y agáchate lentamente para cogerla, quiero que todo el mundo te vea, te desee… Cuando llegues a los bancos del otro extremo, te sientas… que se te vean bien las piernas, déjalas unos segundos separadas, quiero que sientas como mi mirada se clava entre ellas…

Así lo hizo, el bulto de mi pantalón se hizo notable, tenía la mayor erección de mi vida. Cuando se sentó en el banco mantuvo un momento separadas sus piernas, estaba demasiado lejos y no pude ver nada. Casi todas las miradas de la plaza se centraron en ella, ella seguía mirando, intentando descubrir quien era yo. Uno de los chicos que había por allí se acercó y vi como ella le daba largas.
La volví a llamar, era la hora de presentarme:

– Ufffffff… me tienes a tope. No sé si voy a aguantar. Quiero que vuelvas a atravesar la plaza y salgas por la calle que hay frente a ti. Al final de la calle está la terraza de un bar, siéntate en una mesa, deja pasar unos minutos y vuelve a abrir las piernas… Creo que me vas a conocer enseguida por el bulto que llevo en el pantalón…

Mientras ella atravesaba la plaza me dirigí a la terraza. Me senté de frente a la salida de la plaza y la vi aparecer. Me encantaba… Llegó a la terraza y dudó donde sentarse. Había bastantes mesas y muchas de ellas estaban ocupadas por hombres solos. La vi nerviosa y se sentó en la que tenía a su lado. Ohhh… yo no había calculado bien, me pillaba de espaldas. El camarero se acercó y pidió una bebida. Cuando el camarero se dio la vuelta, miró a su alrededor y desde la posición en la que estaba aprecié como se abría las piernas. ¡No podía ver nada!, no aguanté más y me dirigí a su mesa. Cuando llegué estaba cruzando las piernas, me acerqué por su espalda y me senté en la silla que había frente a ella. Ella se asustó:

– Tranquila, soy Javi… – Ahhh, estoy muy nerviosa, me he asustado…

Me miró de arriba abajo y se detuvo en el bulto de mi pantalón que no podía disimular:

– Ya veo que estás disfrutando, ummmm… – Mucho, pero todavía no he visto nada. Cuando te sentaste en el banco estaba demasiado lejos, y ahora, estaba a tus espaldas… Quiero verlo de cerca… Voy a sacar unas llaves que tengo en el bolsillo, las dejo sobre la mesa y luego las tiro al suelo, cuando me agache a recogerlas te abres, quiero verlo todo… – Espera… estoy muy nerviosa…

Me saqué las llaves y las dejé sobre la mesa. Para tranquilizarla empecé a hablar de las ganas que tenía de conocerla, de lo maravillosa que estaba, de las miradas de deseo que estaba provocando… Su gesto iba relajándose, estaba menos tensa, y le hice la pregunta crucial:

– Bueno, ¿qué te parezco?  ¿Me imaginabas así?

Sentí terror ante su respuesta, se quedó parada, me volvió a mirar fijamente de arriba a abajo y se quitó las gafas:

– Eres tal y como me imaginaba… me gustas… Me sonó a gloria… – Tira las llaves… estoy preparada…

El que empezó a ponerse nervioso fui yo… Tiré las llaves, me agaché lentamente, las cogí, volvía a incorporar mi cabeza, miré hacia el frente y… Dios… Me sentía en el cielo… era el paraíso lo que estaba viendo… Llevaba el pelo cortito y se podía apreciar en todo su esplendor, algunos pelillos en su parte inferior se rizaban en forma de caracolillo y brillaban, sin duda estaba mojada.

Mi erección era inmensa, cuando me volví a sentar ella volvió a clavar sus ojos en mi entrepierna, no me podía levantar en ese estado, todo el mundo lo notaría. A ella le hacía gracia, según me contó había fantaseado muchas veces con esa situación. Seguí la conversación que habíamos iniciado con la intención de calmarme un poco. Pero fue imposible, empezamos a recordar nuestras hazañas telefónicas, a hacer comentarios cada vez más subidos de tono, estábamos demasiado calientes. Ella me preguntó:

– ¿Y ahora qué?… yo no puedo quedarme así…

La verdad es que no lo tenía muy claro, miré a mi alrededor, vi un taxi parado frente a nosotros, la cogí de la mano y nos introdujimos en él. Le dije al taxista que nos llevase a un parque que suelen visitar las parejas. Cuando el taxista volvió su vista al frente, deslicé mi mano entre sus piernas y empecé a acariciarla disimuladamente. Ella empezó a separar sus piernas y a dejarme el paso libre. Seguí subiendo hasta llegar a su sexo. Me entretuve enredando mis dedos en su vello, bajé y… le rocé su clítoris. Ella, para ahogar su grito, se lanzó sobre mi boca y me empezó a besar frenéticamente. La comencé a masajear ligeramente, pero noté que estaba muy excitada y pronunció la palabra clave: ¡Javi! Eso significaba que estaba apunto de correrse. Como yo sabía que una vez que llegaba le costaba trabajo volver a empezar paré. Ella aprovechó para continuar la frase:

– Ponte la bolsa encima… ¡A ver si se nos va a olvidar cuando nos bajemos!

Y me puso la bolsa encima de mis piernas aprovechando para colocar la mano bajo ella. En ese momento, fue ella la que empezó a tocarme por encima del pantalón. El taxista empezó una aburrida conversación a la que yo tuve que asistir como oyente, de vez en cuando decía sí o no, pero me era difícil concentrarme en ello. Ella hubo un momento en que intentó bajarme la cremallera, pero encontró dificultades y desistió porque el taxista seguía hablando conmigo. Siguió tocándome cada vez con más intensidad hasta que llegamos al parque. Desde atrás pagué al taxista y salí con la bolsa tapándome el paquete disimuladamente.

Buscamos un banco, no demasiado apartado, y ni siquiera cruzamos palabras, directamente pasamos a la acción. Nos besábamos frenéticamente y nuestras manos buceaban en el interior de nuestras ropas. Ella me bajó la cremallera e introdujo su mano, yo me coloqué la bolsa encima, pero se podía apreciar perfectamente la operación. Por mi parte le tocaba las tetas, incluso metí mi mano bajo su vestido para ello, y alternaba con toques en su sexo, estaba totalmente abierta de piernas. Tal y como hacíamos por teléfono empezamos a hablarnos al oído:

– Me encanta tu polla, la tienes durísima… – Me moría por tocarte el coño… Lo tienes empapado… quiero comértelo… – Soy tu puta, quiero ser tu puta… haz conmigo lo que quieras… Pero vámonos allí detrás…

Cuando nos tranquilizamos y nos levantamos para dirigirnos detrás de unos arbustos, vimos como un chico nos estaba mirando. Él se puso nervioso, estaba paseando a su perro e hizo como que lo llamaba. No estaba lejos de nosotros y se le podía apreciar el bulto sobre su pantalón del chándal.

– Vaya, teníamos compañía… ¿Has visto cómo está? – Es guapo, me gusta que nos haya visto… – ¡Ven!…

La agarré de la mano y la llevé a una caseta que no estaba lejos, la coloqué en la pared que estaba de espaldas al chico y volví a empezar a meterle mano. El chico siguió disimulando con su perro y avanzó hasta una posición en la que podía seguir viéndonos. Yo sabía que una de sus fantasías incumplidas era estar con dos hombres a la vez, pero no sabía si sería demasiado fuerte planteárselo. Dudé:

– ¿Te atreves? – ¿A qué? – También con ese chico…

Mostró su cara de sorpresa, la vi confundida, no sabía qué hacer… Estaba tan excitada que era capaz de hacer cualquier cosa, no se atrevía, dudaba, pero me quería decir que sí… No me lo pensé dos veces, me di la vuelta hacia el chico:

– Si quieres ver el resto, nos vamos detrás de esos arbustos…

El chico se puso rojo, cambió la mirada… Ella me miró como enfadada, nerviosa, confundida… La cogí de la mano y la dirigí hacia los arbustos, cuando dimos unos pasos se paró, volvió a mirar hacia el chico, no sabía que hacer… volvió la cabeza hacia delante y tiró de mí hacia los matorrales.

Cuando atravesamos los arbustos nos tumbamos mientras nos besábamos, le quité la parte superior del vestido y empecé a comerle las tetas. De reojo miraba hacia arriba, pero el chico no aparecía. Seguí bajando y llegué a su coño… lo lamí por todos sitios como si quisiera comérmelo de verdad. Sentí que iba a llegar y paré. Me quedé sentado, tenía la polla fuera y totalmente erecta, ella se abalanzó sobre mí y empezó a chuparla. Oohh… estaba en la gloria. No pasó un minuto en esta posición cuando apareció el chico. Ella también lo vio y se quedó parada. Temí que se marchara. El chico se quedó parado y muy educado nos dijo:

– ¿Puedo mirar? – Vale, pero solo mirar. Mientras miras te tienes que masturbar y para nada la puedes tocar a ella a no ser que ella te lo pida. – De acuerdo.

Bajó, se sentó a nuestro lado y se bajó los pantalones. Tenía la polla durísima y empezó a meneársela. Ella dudó, pero volvió a meterse mi pene en la boca, lo chupaba mientras miraba al chico masturbarse. No pasaron unos minutos cuando le dijo al chico que se acercase, le agarró su polla con la mano mientras me seguía chupando. Yo intentaba tocarle su coño, pero no podía por la posición, así que le dije que se diera la vuelta, los dos haríamos un 69 mientras ella le seguía masturbando al chico. Puso su coño sobre mi cara y empecé a lamerlo como un salvaje, le metí un dedo en la vagina y no aguantamos ninguno más. Yo le dije que me corría, pero no retiró su boca, se tragó todo mi semen mientras ella se corría con mi pene en su boca y el chico soltó un chorro de semen que casi nos manchó.

Debo aclarar que no nos hemos vuelto a ver, ni siquiera nos volvimos a llamar. Aquella noche nos dimos un beso de despedida y juramos que siempre nos recordaríamos.

Me encantarían vuestros comentarios.

Autor: jav32es

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Una chica muy caliente

Al pasarle la lengua por su culo ella me miró en forma extraña y yo solo le dije que se calmara y se dejara llevar por el placer, cuando repentinamente mientras pasaba mi lengua por su clítoris, ella explotó en su primer orgasmo, temblaba, gritaba me agarraba por los pelos pegándome contra su vagina, alzaba sus caderas, hasta calmarse.

Soy un fiel lector de los relatos de esta página desde hace mucho y hoy luego de muchos años me animo a escribir parte de mi vida sexual. Soy un joven de 24 años de edad, no soy un súper modelo, pero he tenido bastante suerte en conseguir la mujer que quiera y soy de Puerto Rico. Empecé mi vida sexual a temprana edad, me considero un chico extremadamente caliente, y me gusta inventar y experimentar cualquier cosa relacionada al sexo.

Tengo una novia que tiene 22 años, es bien preciosa, con un buen cuerpo, buenas tetas con grandes pezones, y un buen culo, estoy seguro que más de un hombre la desea. Relacionado al sexo con ella, yo fui quien la desvirgó y aquí voy a relatar como la he convertido en la chica caliente que es hoy.

…Por fin llegó el día que tanto estaba deseando, ya llevaba más de una semana tratando de convencerla a que se entregara a mí, y debido a sus creencias se negaba. Yo siendo tan caliente cada vez que salíamos buscaba la manera de rozarle los pezones o tocarla en algún lugar buscando despertar su deseo. Luego de mucho tiempo logré convencerla. El día anterior compré un kit que incluía aceites de masajes eróticos, cremas y un vibrador, inciensos y velas. Pensaba darle la noche de su vida.

Al día siguiente la busqué, estaba preciosa con una falda corta y una camisa blanca la cual transparentaba y se notaba un poco su sostén de encajes. La noté muy nerviosa, la saludé y nos fuimos. Me detuve en varias ocasiones para comprarle un trago, necesitaba que estuviera relajada. Llegamos al motel escogí el mejor cuarto y entramos. Yo observaba como miraba todo el cuarto y lo nerviosa que estaba. Puse música suave, prendí las velas y el incienso, pedí otro trago, y la invité a bailar. Noté el perfume en su cuello, lo olía y me embriagaba. Jugaba con su largo cabello y mientras pensaba en todo lo que le iba a hacer.

Empecé a besarla lo más apasionadamente que pude mientras mis manos buscaban sensualmente su cuerpo. Sus ojos cerrados y su respiración empezaba a agitarse, le fui quitando su blusa mientras la besaba y mis manos buscaban los botones de su falda, que al ver la falda caer en el suelo me separé de ella para apreciar su cuerpo casi desnudo un segundo, llevaba una tanga negra que por la parte posterior se perdía entre sus nalgas y por delante muy pequeño, que su chocho casi no le cabía, le quité su sostén y por primera vez veía esas tetas que tanto había soñado tener.

Era una visión tan erótica, La acosté en la cama boca abajo, empecé a darle un masaje y a besarla por toda su espalda, metía mis manos por los costados para tocarle los senos, luego saqué el vibrador y ella se quedó mirándolo como preguntándose que haría con él. Me desnudé poco a poco y saqué mi pene que ya me dolía de lo duro que estaba y lo puse muy cerca de ella quien no quitaba su vista como un bebé con juguete nuevo, lo tocaba casi con miedo, recorría toda la longitud y sus contornos. Le pedí que se volviera a acostar boca abajo y seguí con mi masaje, pero con el vibrador. Cuando pasé mi dedo por su chocho lo sentí súper mojado, le quité el panty y lo olí, ese perfume que tanto me fascina.

Le abrí las piernas y observé en detalle toda su intimidad, tenía bastantes pelos para mi gusto, así que busqué una navaja y yo mismo le afeité toda su chocha hasta dejarla totalmente rasurada, era tan preciosa, sus labios mayores bien gruesos, cerradita, y un clítoris que asomaba una puntita. En ese momento ella solo gemía y me dejaba hacer. Ya estaba lista así que subí nuevamente y empecé a sobarle y a chuparle las tetas, los pezones parecían querer explotar de lo duro que estaban. Al terminar mi trabajo arriba me dediqué a bajar lentamente por su pancita, pasé mi nariz por encima de su chocho para olfatear su perfume y seguí bajando por un muslo para subir por el otro, ya ella no resistía, quería que le comiera la chocha y así lo hice, pasando mi lengua, esa lengua que por tantas chochas había pasado, pero ninguna como esta.

Sentía sus jugos como salían abundantemente y yo no los quería dejar escapar, le alcé sus muslos y le pasé mi lengua por el ano. Al pasarle la lengua por su culo ella me miró en forma extraña y yo solo le dije que se calmara y se dejara llevar por el placer, cuando repentinamente mientras pasaba mi lengua por su clítoris, ella explotó en su primer orgasmo, temblaba, gritaba me agarraba por los pelos pegándome contra su vagina, alzaba sus caderas, hasta calmarse. Luego se sentó y quiso devolverme el favor, cogió mi pene en sus manos y empezó a pajearme lentamente, sin quitarle la vista de encima y sin que yo se lo pidiera poco a poco le pasó la lengua a mi pene como si fuera un helado, luego de hacerlo varias veces se lo metió en su boca.

Empezó a mamar torpemente, y yo le indiqué como debía hacerlo, lo cual aprendió bien rápido. Mientras ella mamaba yo me dediqué a meterle un dedo en su vagina que estaba súper lubricada, al tocarle el punto G ella dio un brinco y se excitó mucho y así empecé a masturbarla.

En esos momentos recordé el vibrador lo cogí y se lo pasaba por su clítoris mientras mi otra mano tenía 2 dedos dentro de su vagina buscando su punto G lo cual fue muy intenso para ella, explotó en un orgasmo tras otro, nunca en mi vida había visto una mujer multiorgásmica.

Ella soltó mi pene y solo gritaba, parecía que se hubiese orinado de tantos jugos que salían por su vagina. Luego de ese espectáculo decidí que ya era la hora de penetrarla, así que la puse en la posición del misionero, empecé a rozarle toda su chocha y le daba cantazos en su bien inflamado clítoris y poco a poco la fui desvirgando, al principio se quejaba, hasta que pude meter todo mi miembro dentro de ella, a lo que se fue acostumbrando poco a poco, ya que su vagina es bien estrecha. Pero luego de que se acostumbro empezó el placer nuevamente, la puse en cuatro y seguí penetrándola mientras ella gemía fuerte.

Así seguimos como 15 minutos más, ya yo casi no podía aguantar, así que saqué mi pene, la acosté nuevamente, me masturbé hasta que salió mi leche con una presión tremenda, le cayó en su rostro, su boca, pelo, tetas, hasta las últimas gotas que cayeron en su vagina. Ella cogió la leche con sus manos la miró y se la regó por todo su cuerpo. Luego de ese polvo lo hicimos 3 veces más esa noche en todas las posiciones posibles. De camino a su casa le dije que se preparara la próxima vez porque le iba desvirgar el culo, ella me respondió que si gozaría tanto como había gozado esa noche que no habría problemas. Pero esa será otra historia.

Autor: rtrsx69

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A por azúcar

Mi vecina quería irse a casa con el coño bien llenito, yo le metí mi rabo hasta el hígado, clavándole mi verga sin parar. La chica, muy contenta y excitada, no paraba de dar gritos de placer, le di la vuelta y le metí el pollón por el culo. Ella sin hacer ascos a la nueva situación, se metió los dedos en el coño. La chica quería irse a casa bien servida, así que me corrí en su culo y la envié a casa bien rellena.

Después de todo el día trabajando, decidí ir a casa a ducharme y relajarme. Me tomé una Coca-Cola y fui al baño. Me quité la ropa y me metí en la ducha.

El agua estaba calentita y mi polla también. Poco a poco fue creciendo, hasta que se puso bien dura. En ese momento oí como llamaban a la puerta de mi apartamento. No podía salir en aquella situación… pues mi erección era de tal calibre que parecía que fuéramos dos en aquel piso.

Cogí la toalla y me puse las chanclas. Salí corriendo hacia la puerta, con aquel pollón escondido debajo de la toalla. Al abrir me encontré a una bella joven con una tarrina en la mano. Yo no abrí del todo, pues no quería que me viese con aquel aparato a propulsión. No la conocía, pero me gustó mucho lo que vi.

Era una joven muy atractiva, con bellos pechos (vamos a decirlo así) y una figura esbelta (estaba toda buena), al parecer tenía “marido”, yo no iba a preguntar, dejar solita semejante hembra era un crimen de lesa humanidad. La joven me pidió un poco de azúcar, pues se habían mudado al piso de arriba ese mismo día (lo dicho, andaba en “pareja” y el tío la dejaba sola). Me dijo que no había tenido tiempo de comprar y que no tenía nada. Yo le dije que pasara, pero que yo iba un momento al baño. Ella pasó y me dijo que no me preocupase, que esperaría en el salón.

Yo, con el torso al aire, enfilé el camino al baño. Cuando entré en el WC, aún tenía aquella mega-erección. No sabía lo que podía hacer para bajarla. Así que intenté echarme un poco de agua fría, pero al pensar que tenía una macizorra en el salón, aún me la ponía más dura. Lo intenté, lo juro, pero no pude. Así que, intentando esconder mi gran erección, me dirigí al salón. Allí estaba ella, sentada en el sofá, mirando mi colección de CD´s. Se ve que le gustó, pues decidió pedirme un par de ellos prestados. Yo, encantado, se los cedí. Ella me dijo que si me acordaba de lo del azúcar. Yo le respondí que sí, pero la invité a cenar, pues ella me había dicho que no tenía mucha comida en casa y yo aún no había cocinado.

Además, yo tenía ganas de una buena comida, pero en el otro sentido de la palabra. Me metí en la cocina con la excusa de darle un poco de azúcar. Ella me siguió y se situó justo detrás de mí. Allí me dijo si le podía ofrecer un poco de agua, a lo que respondí que sí. Le ofrecí cerveza, vino, Coca-Cola y zumo y ella propuso que nos bebiésemos una botella de vino. Fui a buscarla al salón, donde tenía mi pequeña bodega. Escogí el mejor de todos, un rioja del 1998. Cuando volví a la cocina, ella estaba limpiando la lechuga, pero apareció mi mejor amigo, ese que tantos años me ha acompañado. Aquel día parecía tener un tamaño descomunal, fuera de lo normal. Ella, sin hacer ningún comentario, lanzó su boca hacia la polla.

Empezó a chupar con fuerza, apretándolo y lamiéndolo sin parar. Parecía que se estuviese comiendo un Pirulo Tropical en un día de agosto a las tres de la tarde. Por lo que pude ver, la chica, lo que es práctica, la tenía. No era la primera verga que se ponía en la boca, pero tampoco sería la última, pensé yo. Le apreté la cabeza hacia mí, poniéndole la punta de la polla en la misma campanilla. No hacía ningún movimiento para evitarlo; estaba disfrutando, y yo también. Nunca hubiese pensado que el azúcar iba a ser la solución a mi sequía folladora.

Mi vecina no tenía intención de dejar aquello a medias, por lo que se levantó y se quitó los pantalones. Al quitárselos pude ver que la muy guarra no llevaba nada; ni un simple tanga. Allí iba rozando su coño contra la cremallera de los vaqueros. Entonces empezó a preguntarme si realmente había venido a por azúcar o si había venido, expresamente, a comerme el rabo. Es lo que dicen, si no tienes nada para cenar, ve ha hacerle la comida al vecino. Parece que se cumplió, que la chica vino para hacerme una gran mamada. Pero ahora había cambiado de idea; quería irse a casa con el coño bien llenito. Así que yo, buen samaritano como lo soy, le metí mi rabo hasta el hígado. Moví mi cuerpo hacia delante y hacia atrás, clavándole mi verga sin parar. La chica, muy contenta y excitada, no paraba de dar gritos de placer.

Yo, que aún no acababa de creerme aquella situación, le di la vuelta y le metí el pollón por el culo. Ella sin hacer ascos a la nueva situación, se metió los dedos en el coño. ¡Aquello era el festival del sexo! La chica quería irse a casa bien servida y yo no iba a hacerle el feo de no cumplir. Así que… como si de un bollo se tratase, me corrí en su culo y la envié a casa bien rellena. Pero no penséis que esta fue la única vez que me la follé. Aquí termina el primer capítulo, pero si veo que tenéis interés, otros relatos seguirán a este. Muchas veces más ha venido a pedir “azúcar” cada vez que su “marido” se ausenta por trabajo…

Ahora os dejo, alguien llama a la puerta…

Autor: Furi

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