Fui muy puta

Me puso a cuatro patas, sentía su capullo que jugaba en la entrada de mi chocho y yo pidiendo métemela por favor, en eso empecé a sentirla dentro, cada vez más hasta llegó en un momento que me dolía, nunca me había imaginado que todo eso cupiera dentro, no se las veces que me corrí esa noche, me penetró un montón de veces cambiando de posición, el cabrón duró toda la noche.

Hola, mi nombre es Ana, tengo 49 años me dicen que muy bien llevados, y os voy a contar lo puta que me comporté unos años atrás cuando tenía unos 25 años, yo estaba casada, con un hijo, y era muy mal tratada por mi ex-marido, dándome, palizas, insultos, bueno de eso no me gusta recordar.

Yo trabajaba en una fábrica y todo empezó cuando uno de los encargados que teníamos empezó a tirarme los tejos, era mayor, tendría unos 40 años, en una posición bastante cómoda y empezó a regalarme braguitas, bombones y yo no le hacía caso, le decía que estaba casada y no me interesaba nada, además con un marido muy celoso que no podía ni hablar casi con mis propios hermanos, se ponía furioso y no digamos con otras personas, pasó un fin de semana que fuimos a una boda de unos amigos y cuando llegamos a casa me dio una paliza que el lunes no pude asistir a trabajar.

En fin que Pedro, el encargado, no desistía en su empeño, era muy amable conmigo, seguían sus regalitos que me dejaba en la taquilla, me esperaba a la salida, hasta que un día accedí a subir en su coche para acercarme a casa, y me propuso tener relaciones con él, yo negándome, llegó a ofrecerme dinero, cosa que en casa escaseaba ya que la única que trabaja era yo, pero me resistía una y otra vez, ya un día me ofreció dinero para hacerle una paja yo nunca había estado con otro hombre que no fuera mi marido y ese día lo acepté nos fuimos lejos de la ciudad como a unos 60 km. por miedo supongo, en el coche se sacó la polla y empecé a pajearle, cuando llevaba un buen rato me la metí en la boca y terminó corriéndose en mi boca, yo solo le dejé que me tocara por encima de mis braguitas ya que nadie más que mi ex me lo había hecho.

Pasó un mes aproximadamente y mis hermanos y cuñados, o sea la familia, propusieron de ir a comer a un restaurante, cada uno pagaba su parte, y mi ex-marido me decía que no podíamos ir porque no teníamos dinero, le dije que yo a escondidas había ahorrado algo, con lo cual podíamos ir a esa comida, él se puso todo contento y que tenía una maravillosa mujer que sabía muy bien administrar y ganar la pasta ya que a él ningún trabajo le duraba. Si decía yo te voy a invitar de los cuernos que llevas, cabrón, yo ya estaba muy harta de él pero lo quería.

El caso que Pedro seguía insistiendo en vernos y la primera vez no había estado mal, había sido muy fácil ganar ese dinero. Me propuso que le comunicara que no me encontraba bien por la tarde y me daría la tarde libre, y él también la tomaría, y así lo fue, esta vez me llevó más cerca, a Sagunto, a unos 30 km. de la fábrica, igualmente solo fue una paja como la vez anterior, y él poco a poco fue retirando las bragas a un lado hasta meterme los dedos dentro, no le dejé más ya tuve un buen orgasmo comiendo su hermosa polla, con su mano que no dejaba de acariciarme. Dándome otra vez la misma cantidad de euros y mi ex seguía insultando que yo era una puta, ahora si ya lo había conseguido. Repetimos varias veces más sin nunca llagar a penetrarme yo no quería pero me gustaba cada vez más.

El tema fue que llegó el verano nos fuimos de vacaciones y cuando regresamos en septiembre la fábrica había cerrado. Y todos a la calle, nos seguimos viendo ya que hacíamos guardia en la puerta para que no se llevaran los dueños las máquinas y nos quedásemos sin cobrar. Pedro seguía insistiendo hasta llegó a ofrecerme unos cuantos euros, eran muchos, por una noche y tonta de mí no lo acepté, él me decía que ahora que pasábamos las noches de guardia me sería más fácil, pero yo no acepté. (Tonta de mí, ahora me arrepiento no haber sacado más pasta).

Tampoco él me gustaba, si en cambio acepté irme con otro compañero, una noche en su casa Manolo, un chico de 30 años, muy majo, llevaba unos meses separado, la noche era muy fría y dije que no me sentía bien, él se ofreció a llevarme a casa y nos fuimos por el camino a casa, me dijo que sabía lo mal que lo pasaba con mi ex, bueno, lo sabía todo el mundo, y me eché a llorar, paró el coche y claro le expliqué, ahora la que me espera cuando llegue a casa, me preguntará quien me ha llevado y ya tendré la bronca, con lo cual me propuso ir a su casa descansar y por la mañana podría regresar a mi casa con el bus, y me gustó la idea y acepté ir a su casa, me cuidó muy bien me ofreció unas infusiones y la verdad empecé a sentirme mucho mejor, estábamos hablando en el sofá, empezó a decirme que siempre me había admirado, que era muy guapa y palabras muy amables, la cuestión que se me había ido el frío por completo y cada momento estaba más caliente y excitada por lo que me decía y me contaba.

Sin casi darme cuenta nos estábamos besando, empezó por mi parte débil mi cuello y estaba yo como un flan, no tardé nada en ponerle la mano en su paquete y como estaba de duro, ummm cuando lo recuerdo, le bajé la cremallera y salió disparada, vaya polla, nunca antes había visto nada igual, larga y gorda, intentaba tragarla toda pero no había forma, casi no cabía en mi boca, me dio media vuelta metió su cara debajo de mi falda y a mordiscos me arrancó mis bragas, no tardamos nada en irnos los dos, yo tenía un orgasmo descomunal con su polla en mi boca y su lengua jugando con mi chocho, como nunca nadie había hecho antes conmigo, paramos un rato, nos fumamos unos pitillos, y al poco rato pasamos a la habitación.

Nos quitamos las ropas mal puestas que teníamos y me tumbó en la cama, su lengua recorría todo mi cuerpo con lo que no tardé en tener otro orgasmo, pero tenía unas ganas locas de tener esa polla dentro que se lo pedí por favor, métemela, no puedo aguantar más, me puso a cuatro patas, sentía su capullo que jugaba en la entrada de mi chocho, y yo pidiendo métemela, métemela por favor, y en eso empecé a sentirla dentro poco a poco, cada vez más hasta llegó en un momento que me dolía, nunca me había imaginado que todo eso cupiera dentro, no se las veces que me corrí esa noche, me penetró un montón de veces cambiando de posición, el cabrón duró toda la noche se corría y a los 5 minutos estaba otra vez con el cacharro en posición, nunca me lo había imaginado, cuando se corría mi ex ya no había forma y yo pensaba que todos los hombres eran iguales, que equivocada estaba, cuantas cosas me había perdido.

Y llegaron las 7 de la mañana me di una ducha me vestí y no tenía bragas ya que estaban rotas, me tuve que ir en el bus sin bragas y sin poder casi caminar, tenía el chocho como un tomate muy maduro, cuando llegué a casa le dije a mi marido que no había dormido nada, que era muy duro eso de hacer guardia toda la noche, y que me iba a descansar. A partir de ese día tenía más guardias que antes para estar con Manolo, la cosa duró tres meses dos veces por semana, hasta que Manolo regresó con su ex-mujer. Nunca lo he olvidado, fue el primero que me hizo sentir mujer y disfrutar como una perra.

Autora: Ana

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Tres hembras maduras II

Una vez terminado mi curso de verano en Besançon y el master intensivo de educación erótica dirigido por Simone con Marion y Marie Louise como profesoras adjuntas tenía que encontrarme con mi mamá en Paris.
En la cena de despedida agradecí a las tres sus cuidados y les juré que nunca iba a olvidarlas. Marion me regaló un precioso reloj Breguet, que todavía llevo, con una dedicatoria grabada. Simone una pluma estilográfica de oro también grabada con su nombre y el mío. Marie Louise me prometió un regalo sorpresa. Mi regalo fue el follarme de nuevo a las tres juntas exhibiendo para su contento la recién aprendida maestría.
Un viernes a mediodía llegué a Paris. Llevaba un equipaje voluminoso y me di un lujo subiendo al taxi que me llevó de la Gare de Lyon hasta la place des Vosges, en el Marais cerca de la Bastille. Mi madre era, por herencia de sus abuelos, dueña de un amplio apartamento duplex resultado de una división y posterior rehabilitación de un palacio del -creo-XVII. Mi madre había nacido en el seno de una familia enriquecida a principios del XX pero que habían ido gastado casi todo su patrimonio. Mi padre era un profesional con unos holgados pero no excesivos ingresos. Mis dos hermanas mayores, ya casadas y emancipadas, no habían cursado más allá del bachiller. Yo, el varón y favorito de mi madre, había sido un privilegiado: soy desde la infancia bilingüe en español y francés y a edad temprana ya dominaba el inglés. Como desde pequeño manifesté afición por las matemáticas y las ciencias en general  recibí la ayuda de profesores particulares muy competentes en esas materias.
Dejé las maletas en la portería y subí los escalones de tres en tres. Mi mamá ya me había oído llegar y me estaba esperando con la puerta abierta. Nos fundimos en un abrazo y pude apreciar su turgente cuerpo, su tibieza  y oler su dulce aroma.
Después de cenar me preguntó si estaba decidido a intentar ingresar en la Grand Ècole: la Polytechnic, que eran dos años de preparación etc. Contesté que sí, que estaba dispuesto a emplearme a fondo.
-Entonces voy a llamar a un matrimonio amigo, Anick y Jean. Jean es una persona muy importante que nos puede ayudar. Los invitaré a cenar.
Pasé el día siguiente callejeando por Paris y visitando Notre Dame en compañía de un conocido que trabajaba en su rehabilitación. Fue un día hermoso de final del verano.
Al volver al apartamento casi me caigo de la emoción: Marie Louise mi preciosa y madura mulata me abre la puerta. Era tarde y no hubo lugar a efusiones. Mi mamá al notar mi sorpresa me dice que Marie Louise le ha sido prestada gentilmente por  Simone para que se ocupe de mí durante el tiempo en que ella estuviera en Madrid.
Temía que la cena fuera un aburrimiento con dos gabachos presuntuosos. Pero no fue así. Anick era dueña de un rostro y unos ojos muy expresivos. Cabello largo castaño oscuro con reflejos rojizos. Tenía la edad de mamá y su misma serenidad de espíritu y además estaba buenísima, con unas carnes firmes que había notado  en el momento de la presentación: me dio un suave abrazo. Jean era un excelente conversador, brillante que no pedante.
Tras la cena Jean y yo pasamos a la pequeña biblioteca a tomar café. Tras un intercambio de frases corteses fue, sutil pero directamente, al verdadero objeto de nuestra reunión:-Carlos, debes saber que te conozco desde el momento en que eras un bebé recién nacido y que, aunque es la primera vez que nos reunimos, tu madre me ha dado cumplida cuenta de ti,  de tu educación…. Como parece ser que todos estamos de acuerdo en que la opción que deseas es la mejor: ingresar en la Ècole Polythecnic, yo tomando decisiones con las que tu madre está totalmente de acuerdo te he inscrito en una CPEG (escuela preparatoria). Te he inscrito bajo mi apellido, con lo cual tendrás todos los derechos de un ciudadano francés en el momento que firmes estos papeles.
Sacó de un sobre grande unos folios y me los alargó. Comencé a leerlos y al llegar al tercer folio levanté la vista, escruté el rostro de Jean y lo comprendí todo: Jean era mi padre biológico. Sin inmutarme le devolví el escrito y le dije-Señor, lo he comprendido. Y estoy de acuerdo.

Levantándome le tendí la mano y Jean, emocionado, me la estrechó y me dio dos besos en la mejilla al más puro estilo gálico.

En ese momento, como si hubieran estado esperando pegadas a la puerta entraron mi mamá y Anick, también emocionadas, con los ojos húmedos, me abrazaron con fuerza, con lo que pude paladear de nuevo sus tibios cuerpos.
En un ambiente alegre y distendido largamente hablamos de nosotros mismos y nos citamos en una notaría para ratificarnos en el documento que a continuación firmamos todos. Y para terminar Jean me dijo:-Carlos, hijo mío, perdóname por ofrecerte algún consejo: primero no hagas nada de lo que no te sientas capaz de asumir sus consecuencias, mantente internamente tranquilo aunque te rodee el caos, ni olvides la posibilidad de desorden en un tiempo de orden. Lee, si no lo has hecho ya, cuatro libros que están detrás de ti en la librería: El libro de las cinco esferas de Miyamoto Mushashi, El Príncipe de Machiavelli, El Arte de la Guerra de Tsun Zu y Las Amistades Peligrosas de Chordelos de Laclos. Todo eso complementará las enseñanzas de la bella  Simone.
Al oír esto último casi perdí la presencia de ánimo. Anick y Mamá rompieron a reír y me abrazaron de nuevo para mi placer.
Aquella misma noche me leí de un tirón los tres primeros volúmenes y comencé el cuarto durmiéndome sobre las cinco de la mañana. Temprano me despertó Marie Louise con el desayuno. Antes de terminar estaba preparada la bañera: la hermosa mulata me frotó con una suave esponja todo el cuerpo, me lavó la cabeza y rasuró mis mejillas de una escasa barba, me secó y para terminar la faena me dio un masaje suave. Me dejó como nuevo después de una noche de poco sueño.
Mi mamá me llevó a comprar la ropa y el equipo que iba a necesitar. Tras encontrarnos en la notaría con Jean y Anick y ratificarnos en lo firmado (mi madre tenía poderes específicos de mi padre nominal) la noche anterior fuimos a almorzar en un pequeño restaurante. Jean al oír a mi madre, al tiempo del café, comentar que había pasado la noche leyendo los libros recomendados preguntome por mis impresiones:-De Mushasi es muy interesante la idea del constante perfeccionamiento individual a través del ejercicio de tu oficio y la necesidad de reflexionar sobre ti mismo y sobre todo aquello que te rodea, buscando la verdad que subyace. De Tsun Zu que el mejor líder es el que vence sin luchar batalla alguna. De Machiavelli que en la lucha por el poder se debe ser inexorable. De Chordelos que no se puede confiar en los sentimientos de los seres humanos, y que si tienes alguna debilidad te harán pagar por ella.
Jean me dijo que estaba agradablemente asombrado por el resumen. Al despedirnos me aseguró que debíamos mantener un estrecho contacto y que su casa, y todo lo que tenía, estaba abierta para mí cuando lo deseara.
El primer día de clase se pasó en la presentación de los alumnos. En seguida congenié con varios chicos y con chicas: especialmente Brigitte, Bernadette y Christoffe. Brigitte tenía una apariencia regordeta pero en realidad era de constitución atlética y también parecía alegre y extrovertida. Bernadette era dueña de un rostro precioso y un cuerpo estilizado. Era reservada pero enseguida noté que tenía gran interés en mí y me complacía en la idea de, llegado el momento oportuno, meterle mi rabo en su coñito: consideré que iba a ser un proceso complicado, una partida de ajedrez ya que mi deseo era no hacerle ningún daño.  Con respecto a Christoffe le catalogué como a un gallito que tenía capacidad y ganas de constituirse en líder de la clase entera y juzgué que controlándole a él tendría controlados al resto de una manera discreta.  Me dediqué por unos días a conocer y valorar a cada uno de mis compañeros y de los profesores. Me di cuenta que el dinero que habían invertido mis padres en educadores privados había sido fructífero: el nivel que tenía en matemáticas era muy superior al del resto y en físicas y química era sencillamente mejor.
Adopté el papel de compañero perfecto: procurando no demostrar todos mis conocimientos ayudaba con discreción a cualquiera que me solicitara. Respecto a los docentes los estudiaba cuidadosamente buscando sus debilidades tanto profesionales como emocionales. Recababa cualquier dato sobre compañeros y profesores confeccionando una base de datos que me pudiera ser útil para controlarlos en cuanto tuviera necesidad de ello.
Brigitte vivía encima de un café enfrente del centro Pompidou. Su madre, viuda de militar, era dueña de dos cafés más en París. Según su hija, vivía únicamente para sus negocios.
El día en que llevé a mi madre al aeropuerto para un vuelo temprano a Madrid me había citado con Brigitte en la explanada del Pompidou para hacer footing. Al llegar no la vi y me dirigí hacia el café que estaba a medio abrir. Asomé la cabeza y al momento, con un tono de urgencia, me llamó una voz femenina:-¡Ven a ayudarme! Me percaté que de pie sobre una silla, en precario equilibrio y con una mano levantada apenas apoyada en un estante alto había una mujer. De un salto entré y llegué a tiempo de cogerla por la cintura y alrededor de los muslos antes de que cayera. La deposité en el suelo suavemente y ella después de darme las gracias me preguntó quién era yo:-Soy Carlos compañero de Brigitte.Habíamos quedado citados. Ella me contestó-: Claro eres Carlos. Yo soy su madre. Brigitte ha tenido que hacer un encargo pero enseguida viene. Y me ofreció compartir el café que había preparado y mientras lo bebía la contemplé detenidamente. Tenía un aspecto peculiar vestida con una bata de trabajo: no era muy alta, 1,65, pelo muy rubio cortado casi al cero, ojos azules porcelana, cutis perfecto, un rostro ovalado con nariz fina y menuda, labios carnosos y boca pequeña y un delicioso lunar cerca de la comisura, de piel muy blanca, rosada, cuerpo con apariencia fuerte, caderas anchas por la edad y la maternidad y unas pantorrillas finas y bien esculpidas. Quedé completamente enamorado de la madura Joëlle. Enseguida empezó mi campaña comentándole a Brigitte lo hermosa que me había parecido su madre y lo mucho que me gustó salvarla de la caída al rodear con mis brazos su cintura y muslos. Todo esto se lo dije de una manera naïf y graciosa para que pudiera trasmitirlo a Joëlle sin que ninguna de las dos se sintiera molesta.
Esa noche con mi mamá ya en Madrid, al llegar a casa la encontré silenciosa. Comencé a buscar a Marie Louise la mulata de mis amores. Vi luz en el dormitorio principal y allí tendida en la cama con un negligé trasparente encontré a mi Venus africana esperándome.:-¡Cuánto te he echado de menos! Y ella me contestó que le había pasado lo mismo. Con premura me desnudé y comenzamos un 69 delicioso donde su lengua, boca y saliva alternaban verga, huevos y culo  y las mías se introducían a fondo en su culito y en la profundidad de su vagina sin olvidar el hinchado clítoris y los gruesos labios de su vulva hasta que ella me hizo el regalo de su gran orgasmo dejándome la cara regada con sus líquidos y viendo como palpitaba su sexo. Marie se puso a mi lado y con su mano se introdujo mi verga y comenzó a mover rítmicamente sus hermosas caderas: mi pene entraba y salía con enorme suavidad de su encharcado coño mientras nos besábamos. Mis manos apretaban sus nalgas y a la vez le metía los dedos en su culo para abrirlo y relajarlo y cuando noté que su excitación crecía me coloqué encima, le puse sus pantorrillas en mis hombros y le metí mi verga en su culo mientras ella se acariciaba el clítoris. Al cabo de un rato fuera de sí me gritó que quería mi leche en su vagina y entonces la coloqué apropiadamente y comencé a follarla al estilo misionero hasta que estallamos a la vez en un orgasmo maravilloso. Descansando desfallecidos me dijo que le volvía loca el río de mi semen llenándola y que me quería como una madre incestuosa. Yo le conté que había conocido a Joëlle y que me parecía muy atractiva. Marie Louise, riéndose, me dijo que sabía que yo no era hombre de una sola mujer, que yo y la gran verga que tenía harían enloquecer a muchas mujeres y que ella me ayudaría en todo pero que no debía olvidarme de ella. Le prometí que yo también la quería como un hijo y que nunca iba a dejar de follármela.
Al cabo de unos días aprecié un avance-: Mi madre me ha preguntado cuál es mi relación contigo. Le he contestado que solo somos buenos compañeros, que no somos novios y que en todo caso que tú estabas enamorado de ella jaja. De todas formas le has caído muy bien pues no tiene inconveniente a que entres en casa cuando quieras. A partir de ese momento alternábamos mi casa y la suya para estudiar. Joëlle solía echarnos un vistazo, nos llevaba un tentempié y se demoraba unos momentos cambiando frases amables y al despedirse nos acariciaba a los dos la cara en una caricia delicada que a mí me excitaba mucho. Yo aprovechaba para cogerle la mano y besársela.
En una fría y lluviosa tarde del otoño de Paris durante la cual habíamos estado estudiando Brigitte se sintió enferma y me rogó que fuera a recoger a su madre al café de la elegante Avenue Montaigne pues Joëlle no conducía ni le gustaba pagar a un taxi. Recogí las llaves del coche, salí y me dirigí al café adonde llegué 15 minutos más tarde. Al entrar en el caldeado local fui recibido por Joëlle que con la excusa del frío y de que yo debería tener hambre hizo que nos sentáramos en la mesa de un rincón. Mandó, después de cerciorarse que me apetecía, que me sirvieran un steak tartar y una copa de vino tinto. –Carlos, quería conversar contigo y me ha venido muy bien que seas tú el que me recojas. Joëlle comenzó a hablar de sí misma, de su viudedad, de su dedicación a sus negocios, de la educación de su hija, de la ayuda que yo les estaba prestando no solo a su Brigitte sino también a ella misma, de que yo era un soplo de aire fresco, de las insatisfactorias experiencias que había tenido con un hombre que la dejó desilusionada y con la certeza que para ella el amor se había terminado…Al oír esto la interrumpí y la cogí de la mano:- Querida Jo-Jo eso para mí, sería una pena, pues estoy enamorado de ti. Se le humedecieron los ojos al oírme:-¿De verda? Pero  eres muy joven…Sin embargo quiero confiar en ti…quiero entregarme a ti. Le contesté que eso dependía de ella misma y que yo solo quería compartir con ella los placeres y éxtasis del amor.
Ya dentro del automóvil me dijo que aunque mi cara era todavía la de un niño mi carácter era el una persona muy adulta y acercando su boca a la mía comenzó a besarme suavemente aunque a cada beso iba aumentando la pasión con que lo hacía hasta que nuestras lenguas se entrelazaban en cada nuevo beso. Yo le devolvía sus besos sin intentar acariciar sus intimidades pues no quería asustarla. Quería que ella sola se entregara a mí.
Al cabo de un buen rato de este jugueteo con un suspiro me dijo:-Llévame a casa, cariño mío.
La llevé a mi casa. Entramos al caldeado interior enlazados por la cintura. Marie Louise, previsoramente, había preparado el dormitorio principal. Al entrar cerré tras de nosotros y comenzamos a besarnos de nuevo. Senté a Joëlle al borde de la cama y poniendo frente a ella con la rodilla en el suelo le quité las botas y calcetines que llevaba puestos ese día y aproveché para chupar cada uno de sus dedos . Tras esto le desabotoné la blusa y aflojé su falda. Llevando las manos a su espalda solté el cierre de su bracier: a los pocos instantes estaba casi desnuda: unicamente tenía la pratección de unos clásicos calzones. La tumbé sobre la cama y procedí a besarla: en la frente, las sienes, los ojos, su lunar cerca de la comisura y ya sus labios. Fui bajando y mi boca se apoderó de una tetas grandes y firmes y de sus gruesos pezones. Procedí a desnudarme completamente mientras Jo-Jo me miraba. Le hice darse la vuelta y le saqué sus feos calzones y le acaricié sus grandes y hermosas nalgas separándolas: me encontré el agujerito de su culo orlado por un círculo de piel marrón clara. Por allí le pasé repetidamante la lengua emitiendo sonidos guturales como los que se hacen cuando terminas de comer algo que es delicioso:-Ummm.. Joëlle se retorcía dulcemente y empinanaba su culo para facilitarme la tarea y entonces le introduje la lengua en su ano y la moví circularmente haciendo que se relajara y ensanchara:-¡Es la primera vez que me lo hacen, Bebé! ¡Cómo me gusta! Al oirla llamarme Bebé, como hacen mi mamá y Marie Louise, sentí un aumento de mi excitación y mi verga dio un salto. Después por medio de lamidas y bocaditos le busqué y encontré otros centros sensibles en corvas, cuello, nuca, orejas, espalda. Le dije:- Date la vuelta y enséñame tu coño que quiero saborearlo. Así lo hizo y levantado sus rodillas abrió sus muslos dejándome ver su ya abultada vulva con una sedosa pelambrea rubia. En ese momento se dio cuenta del tamaño de mi verga y gritó extasiada:-¡Qué grande! ¡Va a ser para mí, dejámela un poquito. Incorporándose ligeramente la cogió y se la llevó a su boca chupando por unos momentos el capullo.-Toma mi coño y hazme lo que tu quieras ¡Esta noche quiero ser tu perra!.
Le di su gusto: poniendo la cabeza entre sus muslos le chupé los labios del chocho y llegué a su clítoris que ya se apreciaba grande y hinchado. ¡Qué bueno sabía! Casi en seguida tuvo un orgasmo que no la dejó ni gritar. Sólo contrajo y retorció su cuerpo y con las dos manos me apretaba la cabeza para que no me separara de su vientre. Al fin conseguí separarme lo suficiente para encontrar con mi glande la entrada de su chucha y empujé despacio para que se acostumbrara al grosor de la herramienta que la estaba ensartando pero sentí que mi verga era primero atraída y luego absorbida sin remedio dentro de su vagina tan mojada. De manera que mi deso de metérsela suavemente se convirtió en realidad en una entrada brusca y salvaje hasta el fondo de sus entrañas y ahí Jo-Jo comenzó a deleitarse con una serie de orgasmos: en cuanto terminaba uno empezaba el siguiente. No los conté, claro, pero recordando ahora al menos encadenó tres. Al terminar comenzó a llorar como una niña. Era esa clase de llanto que estalla cuando ha desaparecido la ansiedad que te domina. La acurruqué en mi pecho para calmarla y la besé  suavemente, una y otra vez hasta que la ternura se tornó en deseo y su lengua acarició la mía:-¿Me dejas chuparte la polla?-Siií y me senté en el borde de la cama y mi puta se arrodilló ante mi y se la metió en la boca. Umm lo hacía realmente bien: se tragaba lo máximo que podía y empleaba la lengua con maestría. Después le tocó el turno a los huevos y cuando en ello estaba entretenida empuje su cabeza hasta que su boca se encontró con mi culo y su lengua me chupó el ano. No podía más. Necesitaba correrme. Me levanté, le subí la cabeza hasta que pudo comerme la verga y luego empecé a follarle su boca. En ese momento sentí que su pelo fuera tan corto: no podía tirar de él para hacer que avanzara y rotrociedera sobre mi verga. Así que le cogí fuertemente de las orejas y le guiaba así el movimiento de su cabeza a la vez que yo movía mis caderas hacia atrás y hacia delante. Fue maravilloso: su boca era como su coño y pronto de solté mi semen sin dejar que se saliera de su boca: se lo tragó todo. Con la verga todavía dura coloqué a Jo-Jo de rodillas  en el suelo y apoyando se cabeza en el borde del lecho. Yo me coloqué detrás de pie y flexionando las rodillas lo suficiente y cogiéndomela con la mano se la fui pasando por su coño de arriba abajo. Desde el clítoris hasta la entrada de su vagina, que estaba encharcada, y al agujero de su culito a la vez que con los dedos llenos de la crema, que previsoramente me había preparado Marie Louise embadurnaba su culo  y mi verga. Cuando escuché que Jo-Jo runrruneaba de placer coloqué el glande en su ano y, gentilmente, comencé a introducírselo. Como estaba relajada conseguí introducir una buena mitad y comencé a cualearla y a la vez a acariciar su clítoris. Era morbosamente encantador ver su sumisión mientras mi pene la culeaba a placer. Trabajé como un artesano, como me habían enseñado, pendiente de las reacciones de mi dama, buscando y estimulando sus zonas erógenas con gran entusiasmo ¡Jo-Jo era, en realidad, mi primera conquista!
Cuando noté que su orgasmo se acercaba saqué mi verga de su culo y, obligándola a que bajara su cabeza un poco más de manera que su  hinchada vulva se mostrara a mis ojos en su plenitud, le ensarté en su vagina mi herramienta. Primero a cámara lenta y el último tercio de forma brusca enterrándola totalmente en sus entrañas. Jo dio un grito:- ¡Me llenas toda! Comencé a follarla y mis huevos a cada acometida chocaban en sus nalgas,mi glande buscando su punto G con gran dedicación. Al cabo de un par de minutos le llegó el enorme orgasmo: los labios de su vulva palpitaban a la vez que sus fluidos salían abundantemente dejándome empapados los huevos y la pelvis. En ese momento dejé que mi leche la inundara y se mezclara con sus jugos.
Descansamos tendidos en al cama:-¿Te llevo a casa?- Prefiero pasar la noche contigo-¿Lo sabe Brigitte?-Sí.

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La amiga de la familia

La agarré por la cintura y comencé un mete y saca muy lento, gozando cada centímetro de su vagina, esa postura me excita mucho más que las anteriores, le dije de cambiar porque me iba a correr muy fácil, así que esta vez, se sacó mi pene y lo empezó a lamer, hasta metérselo todo en la boca mientras me acariciaba los huevos, hasta que ambos terminamos por tener una corrida monumental.

Tengo que decir que lo que voy a contar, sucedió realmente. Yo hoy tengo 37 años, y me he decidido a contarlo, porque creo que nadie se molestará, sobre todo la protagonista, junto conmigo, de esta historia, ya que lamentablemente murió hace algunos años. Por esa razón, omito nombres.

Todo comenzó cuando yo tenía 18 años. Por aquel entonces, yo estaba experimentando ese fuego que sólo se siente al amanecer de la adolescencia. Ella era amiga de la familia, de unos 36 años, más bien baja, 1.55 cm, con unos pechos que a mí me volvían locos, grandes y hacia adelante, y un buen culo. De cara no era muy agraciada, pero sí muy pícara. Tengo que decir que lo que sucedió, no fue por iniciativa de ella, sino más bien por mi terca insistencia.

El hecho fue que con motivo de las fiestas patronales de mi pueblo, ella se desplazó desde su ciudad, hasta mi casa con la idea de pasar unos días con nosotros. Su habitación estaba junto a la mía, y la utilizamos normalmente como cuarto para ver la televisión. Por ese motivo, por las noches yo permanecía en su habitación un rato, viendo la TV., mientras ella acostada, me acompañaba. En los primeros días, yo me excitaba muchísimo viendo su enorme sujetador, colgando de un lado de la silla de la habitación, y ella me lo notaba, pues yo estaba en pijama, y ya se sabe.

Yo aprovechaba cuando se iba al baño para oler su ropa interior, ese aroma que dejaban sus tetas en el sujetador, esas minúsculas bragas, (en esos días no se usaban por aquí los tangas, como ahora). Luego le hablaba de que me gustaría follarla, y ella una y otra vez me decía qué era lo que veía en ella, que yo tenía unas cuantas primas muy buenas, algo mayores que yo, no mucho, que seguramente estarían encantadas de follar conmigo. Yo la verdad, lo veía difícil, y además se me caería la cara de la vergüenza, si me rechazaban, así que lo más seguro, y rápido para mí era seguir insistiendo.

Una noche me dijo si quería ver la TV. desde su cama, así que me senté al borde, apoyando mi espalda en el cabecero. Al rato, ella al ver mi pene tieso, me dijo si sabía como aliviarlo, y yo le dije que no. Entonces me bajó un poco el pantalón del pijama, y comenzó a acariciar mi pene. Yo sentí un escalofrío en la espalda, que era nuevo para mí. Siguió con sus caricias, cada vez más rápidas, hasta que en unos minutos, tuve mi primera corrida, la cual fue a parar toda en sus manos. Esa noche dormí como un recién nacido.

Seguimos con esa práctica unos dos días más, hasta que una noche, insistí en metérsela por la vagina, a lo cual ella, después de tanto insistir, accedió. Yo creo que esa vez no llegué a metérsela, pues nada más estar encima de ella, chupando sus enormes tetas, y el roce de mi pene, con los pelos de su pubis, me corrí como nunca. Como la experiencia fue muy corta, acordamos repetirla al día siguiente, ya que mis padres irían al baile de las fiestas, y yo podría estar toda la noche en la cama con ella.

Durante el día siguiente, ella se cruzaba conmigo por los pasillos de casa, o se hacía la encontradiza, y levantándose la falda, me dejaba ver unas bragas minúsculas, que dejaban salir los pelos del pubis por todos lados. También, y cuando mis padres se iban a trabajar, se quitaba el sostén, y caminaba por la casa solo con una camiseta larga, que le llegaba un poco más abajo del culo, con lo que yo fácilmente notaba la figura de sus pechos balanceándose dentro de su camisa. Todo eso me ponía de lo más cachondo, pero ella me tenía prohibido masturbarme hasta la noche.

La noche siguiente, la tengo grabada a fuego en mi mente. Después de cenar, mi hermana pequeña se fue a dormir, por lo que yo me metí enseguida en la cama con “la amiga de la familia”. Totalmente desnudos comencé a chupar sus tetas, y con una mano, acariciaba su vagina, intentando con sus indicaciones, tocarle el clítoris. Ella mientras comenzó a masturbarme muy suavemente. Su intención no era otra que hacerme correr, para que luego pudiera completar mi penetración vaginal. Así fue.

Después de correrme sobre ella, y aún con el pene tieso, ella me guió hasta la entrada de su vagina, que aunque sólo la había tocado muy levemente con mis dedos, se encontraba bastante mojada. El pene, que por aquel entonces ya lo tenía más o menos del tamaño actual, unos 16 cm., se introdujo en ella con una suavidad increíble.

Me estuve moviendo sobre ella al principio muy rápido, hasta que ella me dijo que me calmara, que sino me iba a correr demasiado pronto. Ella gemía, primero muy calladamente, para ir subiendo de tono poco a poco, hasta que me corrí en su interior, aún recuerdo esa corrida.

Ella que tenía sus piernas cruzadas sobre mí, se desplomó, y yo sobre ella. Después de descansar no sé por cuanto tiempo, me dijo que me pusiera boca arriba, poniéndose ella sobre mí. Al instante ya tenía mi pene erecto, y ella se lo introdujo nuevamente en su vagina, iniciando unos movimientos pélvicos, que me excitaron increíblemente.

Yo mientras tanto le agarraba las tetas, chupándoselas con desespero. Ya cuando estaba a punto de mi tercera corrida, y habiendo tenido ella un nuevo orgasmo, se sacó mi pene, poniéndolo entre sus pechos, haciendo lo que se conoce como una “cubana”, terminando yo por chorrear de semen sus tetas y cara.

Por increíble que parezca, después de todo un día de aguantar sus provocaciones, todavía me quedaron ganas de otro, y ella me dijo de probar a cuatro patas, así que me puse detrás de ella, y fue ella la que la introdujo en su “chocho”. La agarré por la cintura y comencé un mete y saca muy lento, gozando cada centímetro de su vagina.

No sé por qué, pero esa postura me excita mucho más que las anteriores. Entonces le dije de cambiar porque me iba a correr muy fácil, así que esta vez, se sacó mi pene y lo empezó a lamer, hasta metérselo todo en la boca, mientras me acariciaba los huevos.

Estuvimos así como 5 minutos, girándose poco a poco hasta que tuve su vagina junto a mi cara.
Me dijo, “chúpamela”, y fui directamente al asunto, comenzando primero con la punta de la lengua, hasta acabar por meterla toda en su vagina, chupando sus jugos. Ella se retorcía con mi pene en su boca, y eso me ponía a tope, hasta que ambos terminamos por tener una corrida monumental.

Ya casi de madrugada, me volví a mi cama, quedándome el mejor recuerdo de mi iniciación sexual con la “amiga de la Familia”. Luego tuvimos más ocasiones, en las cuales me enseñó más cosas, sobre todo en verano, mientras pasábamos las vacaciones en la playa, pero esas son otras historias

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Me comí el chocho de mi madre

Me comí el chocho de mi madre tal y como ella quería, paseaba la lengua por todo su coño, me centraba en el clítoris, lo succionaba, lo lengüeteaba, tal  como ella me decía, hasta que se le arqueó la espalda y comenzó a gritar, más fuertemente que cuando se masturbó delante de mis ojos por primera vez.

Hace no mucho mis padres se divorciaron. Mi madre era muy joven cuando se casó y me tuvieron, por eso la diferencia de edad tampoco es muy grande. Yo tengo ahora 18 añitos, recién cumplidos, mi cumpleaños fue hace una semana. Mi madre tiene 35 años. Mis padres siempre han sido muy modernos y les ha gustado cuidarse a ambos, es más, mi padre siempre ha flirteado mucho y creo que por eso se divorciaron.

El caso es que desde hace unos 5 años me pajeaba con todo lo que pillaba de por medio (revistas, pelis, fotos en internet….). Tampoco tenía mucho cuidado, esto es, no echaba el cerrojo del WC cuando me masturbaba ni de la puerta de la habitación. Nunca he pensado en mi madre como Diosa del sexo hasta que un día la vi a ella masturbarse. Sí mi madre siempre ha estado muy buena (1,55m altura, pechos normales tirando a grandes, pelo por los hombros castaña, y el cuerpo muy bien porque hace mucho aeróbic).

Esa noche fue colosal. Yo había salido por la noche y mi madre se quedó en casa. Volví muy pronto porque un colega le dio por pelearse en un pub antes de que quedáramos, le rompieron la nariz y tuvo que ir al hospital, así que casi no me dio tiempo ni a coger el autobús. Cuando llegué a casa no dije nada porque pensaba que mi madre estaría durmiendo en su habitación y en su habitación sí que estaba, pero no durmiendo precisamente. Tenía la TV no muy alta, pero lo suficiente para que la oyera a medida que me acercaba a su cuarto, entonces entendí qué película estaba viendo por los gemidos que despedían los altavoces. Dejó la puerta bastante abierta, no me esperaba y se había descuidado demasiado, supuse.

Al principio no sabía qué hacer, si decir algo antes de pasar, si irme y dejarla sola…cuando de repente, entre los gemidos de la TV reconozco la voz de mi madre gimiendo también, y ése fue el detonante para que mirara furtivamente. Ella estaba en su cama a cuatro patas con la cabeza en dirección a la TV y masturbándose con la mano derecha. Esa escena, ver en realidad a una mujer perfecta masturbándose en casa, sin al principio pensar que era mi madre, hizo reacción en mi pene ejerciendo en él una erección incontrolable y hasta gotas de pre-esperma saliendo por el capullo. Seguí mirando mientras ella seguía jadeando y vi cómo se metía los dedos en su coño, que para estar sola lo tenía bien cuidado (muy depilado).

Aquello no duró más de 5 minutos, calculo yo, hasta que entre gemidos se corrió, vi su cara de satisfacción, eso me puso más caliente aún, fui al baño a pajearme sin fijarme si la puerta estaba, o no, bien cerrada.

Con lo descuidado que era me extrañaba que mi madre nunca me hubiera pillado pajeándome, y como sé que mi madre es muy moderna un día tenía que intentarlo así que hablamos de sexo de forma muy abierta:”Mamá, en el instituto me preguntaban que cuantas gayolas me hago” (era demasiado ingenua la pregunta, pero yo ya estaba harto de tanta paja solitaria) -Hijo, pues tú sabrás…

-Yo no tengo ni idea de que es una gayola, me dijeron que si no sabía que te preguntara a ti. -Joder con tus amigos, que cabroncetes. Bueno, no me puedo creer que tú no sepas qué es eso (me dijo con total incredulidad claro) – Pues no lo sé, ¿qué es? – Venga ya Luis, ¿en serio no lo sabes? – Pues no, ¿he hecho algo malo? – No hijo no, sólo que me pareces muy inocente. Es como vulgarmente se le dice a masturbarse. – Ahhh, pues yo no sé ni cómo se hace. – Venga ya… eso sí que no me lo creo, ¿no has visto películas porno ni una revista ni nada? – No mamá, no, joder tú también tratándome como un bicho raro… (Había que ponerle un poco de dramatismo para que ella me creyera).

– Aay perdona Luis, no quería herirte, pero para la edad que tienes y los amigos con los que vas, pues creía que estabas más despierto hijo. En el caso de los hombres la masturbación es la frotación del pene imitando el coito, es decir con la mano generalmente se acarician el pene de arriba a abajo (cuando empecé a oír eso de mi madre mi polla comenzó a levantarse como un misil), con el fin de llegar al orgasmo. Suelen eyacular esperma cuando lo hacen, y en el caso de las mujeres es la frotación de su vagina con el mismo fin.

– ¿Qué fuerte no mamá, y es normal hacerse muchas? – A tu edad sí, ¿de verdad no te has masturbado nunca hijo? – De verdad. ¿Qué se siente? con esta pregunta me salí. – Buff, pues mucho placer. (Yo estaba muy excitado, pero noté como en la camiseta de mi madre se desarrollaban los pezones y se endurecían), cuanto más controles tu propio cuerpo más placer sabrás darte. -¿Y cómo sabes que has tenido un orgasmo? – Pues, es mejor que lo pruebes tú un día, seguro que lo adivinarás. Creo que con esto se quitó del medio rápido.

– Bueno…pues voy ahora al WC.

Mi madre se quedó con cara de “vaya qué lanzao” y ni corto ni perezoso me fui. Me bajé los pantalones, estuve un rato sin hacer nada y luego grité…-Mamá puedes venir por favor.  -¿Qué pasa Luis? (me dijo desde el otro lado de la puerta) – Pasa por favor – (Entró) A ver, que pasa.

– Que creo que lo hago mal porque me estoy haciendo daño. – No querrás que yo te enseñe no (no lo decía muy molesta así que seguí haciéndome el tonto). – Pues si no eres tú en quien puedo confiar ya me dirás en quién.

– Aay hijo, me pones en unas circunstancias… a ver bájate los pantalones (diciendo esto le tembló un poco la voz y se puso roja como un tomate). Asomó mi pene que no estaba fláccido del todo. – Bueno, que conste que empiezo yo, te dejo solo y luego ya terminas tú ¿vale? – Vale (no me lo creía ni yo) – Mira, y comenzó a frotar mi polla con mucha dulzura, comentando cómo debía hacerse.

Yo estaba concentrado en el placer que me estaba dando mi propia madre….qué gustazo. Pensaba en que tenía que disfrutar, pero no me podía correr enseguida porque sino todo se acabaría enseguida. Cuando miré hacia abajo, mi madre ya se había callado y también estaba concentrada en lo que hacía y parecía que gozaba con ello, miré su entrepierna, no vi nada debajo y observé su depilado coño, ella lo notó y sin dejar de frotar mi polla, me miró a los ojos y comenzó a darme instrucciones para que la hiciera un cunnilingus…

Me comí el chocho de mi madre tal y como ella quería, paseaba la lengua por todo su coño, me centraba en el clítoris, lo succionaba, lo lengüeteaba, tal como ella me decía, hasta que se le arqueó la espalda y comenzó a gritar, más fuertemente que cuando se masturbó delante de mis ojos por primera vez.

Después de unos segundos, tumbada, creo que reflexionando sobre lo tenso del asunto, se acercó y me dijo aún exhausta: “El sexo es muy privado y esto que hemos hecho debe quedar entre tú y yo, ni tus mejores amigos deben saber lo que hemos hecho. Yo te he enseñado cómo masturbarte, así que a partir de ahora, cuando quieras podrás hacerlo tú mismo” Yo dije que sí, pero la cosa no quedó ahí, otros días hubo muuuucho más. Pero me he extendido mucho y lo siguiente lo dejaré para otra vez.

Espero que os excitara tanto como cuando me pasó (mamás, pajear a vuestros hijos mayores de edad. Chavales, que vuestras madres os toquen todo lo que podáis).

Autor: C.

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Una realidad auténtica

Después de hacerme acabar varias veces, me tomó de la nuca y me llevó la cabeza hasta su verga que realmente es más grande de lo que uno puede imaginarse, con decirte que prácticamente no podía tragármela. Cuando estaba a punto de acabar, me la sacó de la boca y en ese momento le dije que te iba a llamar; mientras lo hacía fue que me penetró hasta hacerme gritar, y casi me desmayo.

Me llamo Luis y mi mujer Andrea, tenemos ambos 30 años y somos lo que se dice una pareja bien parecida, sobre todo Andrea, que es alta, llenita, morocha de ojos muy negros y pelo también muy negro, con unas tetas bien paradas y duras y un culo, realmente para ponerlo en una exposición.
Aunque parezca mentira, luego de 8 años de casado fue que recién me di cuenta que mi mujer es la más puta de las mujeres, y que eso a mí me gusta. Mi matrimonio era de lo más normal, muy fogoso al principio, para luego ir decayendo un poco, pero siempre teniendo sexo bien satisfactorio, y con bastante frecuencia.

En algún momento empezamos a tener fantasías cuando hacíamos el amor, hablando de que nos gustaría hacer un trío, o simplemente mirar como otro hombre u otra mujer haría el amor con uno de nosotros. Las fantasías siguieron y nos calentábamos mucho, hasta que empezamos a fantasear con que “yo te voy a avisar cuando vaya a coger con alguien” y cosas por el estilo.

En una oportunidad, me llamó por teléfono a mi trabajo y yo no estaba. Cuando esa noche me lo comentó, le dije que había salido para ir a acostarme con una amiga, siempre como parte del juego, me preguntó quién era; qué le había hecho, si le había chupado bien el coño, si le había dado por el culo, etc. A medida que iba inventando las respuestas, mientras nos acariciábamos, nos íbamos calentando cada vez más y nos echamos un polvo inolvidable como cuando éramos novios. Así seguimos por un tiempo relativamente largo, avanzando en nuestras fantasías, por ejemplo, cuando ella se bañaba, perfumaba y maquillaba para salir de compras con sus amigas, me decía que iba a encontrarse con Pedro, o Andrés, o Fernando, que le iban a comer su coñito, o que Manuel o Luis se la iban a follar hasta que no pudiera estar de pie.

Otro día que había ido a tomar el té con sus amigas me llamó para avisarme que iba a llegar más tarde porque en ese momento estaba siendo enculada por mi amigo Raúl que luego se tomaría un taxi. Cuando llegó yo la esperaba ya con mi verga a punto, y otra vez tuvimos un encuentro memorable. La relación realmente había mejorado mucho y parecíamos recién casados por la calentura en que nos encontrábamos casi permanentemente hasta que un día que yo sabía se iban a reunir con otras amigas en casa de Sofía para ver las fotos del último viaje, la vi vestirse con una blusa bien escotada y una minifalda que a mi me deja “de cabeza”, medias negras y zapatos de tacones bien altos y finos.

-¿Adónde vas vestida así? Pregunté más bien para jugar que para saber la respuesta. -A follar con Fernando. Me contestó. -A que sí. Cuando te esté follando quiero que me llames y me lo digas. -Te lo prometo.

Casi no puede irse porque yo ya estaba empalmado y quería cogerla allí nomás antes de que se fuera.
Alrededor de las 19 h. llamó por teléfono Laura, para avisarle a Andrea que la reunión se suspendía para el otro día porque ella y Julia no podían ir. Cerca de las 21 h. yo estaba poniéndome ya nervioso por la tardanza ya que sabía que Andrea no estaba en lo de Sofía cuando sonó el teléfono.

-Hola mi amor ¿cómo estás? Dijo. -Bien, ¿dónde estás tú? -Ya te lo dije, follando con Fernando.

Yo no podía creer lo que estaba oyendo, pero al no haber ido a lo de Sofía, comencé a dudar de que fuera cierto lo que me estaba diciendo.

-No te creo, y me tienes preocupado, dime dónde te has metido. -Estoy con Fernando, que en este momento me está comiendo el coño y yo le acaricio la polla. -Mami, me tienes a mil, vente lo más rápido que puedas, que hoy te voy a hacer de todo. -Tendrás que esperar Papito, porque ahora, estoy a punto de tirarme a Fer, que tiene la polla más grande que me he comido hasta hoy. Escucha como me hace gemir cuando me la pone,- ay Fer… despacio… con cuidado… la tienes muy grande. -¿Desde dónde me estás hablando, Andrea? -¡Qué importa!, déjame gozar y luego te cuento.

Creo que llegué a contar hasta los minutos hasta que regresó, pues no podía con mi calentura y con las ganas de saber en realidad donde había estado. A las 10 y 15′, cuando regresó yo ya estaba esperándola para desnudarla y he de decir que si no la hubiera encontrado tan lubricada, casi habría sido una violación, pues casi sin preliminares me la follé. Luego de ese primer polvo, nos quedamos un poco relajados y mientras la acariciaba y besaba por todos lados, (boca, cuello, espalda, tetas), comenzamos a conversar, y yo le pedí que me contara la verdad de lo que había hecho.

-Ya te dije que me fui a follar con Fer a un motel. -Cuéntame entonces todo con detalles. -Pues me pasó a recoger en su coche y nos fuimos al motel, ya de antes estábamos muy cachondos, así que ni bien subí y nos dimos un beso, me empezó a meter mano, en los pechos y entre las piernas, pues como ves con esta pollera, se me subía hasta dejar que casi se me viera la tanga y eso era una invitación que él aceptó.

-Dices que te metía mano mientras manejaba ¿y tú que hacías? -Mientras me acomodaba bien adelante en el asiento del coche y abría las piernas para que me tocara y viera que mojado tenía el chochito le tocaba la verga por encima del pantalón, y luego se lo desprendí, no me dio el tiempo de hacerle una mamada allí mismo porque llegamos, que si no nos hubiéramos ahorrado el gasto.
-Cuéntame, cuéntame. -Me desnudó casi a los tirones y luego hizo lo propio y me empezó a besar como lo estás haciendo tú ahora. -Sigue que me estás volviendo loco otra vez.

-Me comió el chocho durante no sé qué tiempo y después de hacerme acabar varias veces, me tomó de la nuca y me llevó la cabeza hasta su verga que realmente es más grande de lo que uno puede imaginarse, con decirte que prácticamente no podía tragármela más allá de la cabeza. Cuando estaba a punto de acabar, me la sacó de la boca y en ese momento le dije que te iba a llamar; mientras lo hacía fue que me penetró hasta hacerme gritar, y casi me desmayo. -Si serás puta. -Como le gusta a Papito, o no te gusta que sea así. -Claro que me gusta.

Ya a esa altura yo no podía hablar más pues mi lengua estaba ocupada yendo de su coño a su culito y nos echamos otro polvo de antología. Después de 8 años de casado echarse dos polvos no era una cosa de todos los días y quedé en un estado de relax, como en el limbo, pero, recordé que realmente no sabía dónde había estado, puesto que a lo de Sofía no había ido.

-Dime ahora realmente donde fuiste. -Ya te lo he contado. -¡Pensé que era otra fantasía! -Claro bobito, estuve en lo de Sofía con Laura y Julia.

En ese momento no sabía cómo reaccionar y le dije:

-No es cierto, llamó Laura para avisar que la reunión se cancelaba, que no podían ir.

-Papito, tú tenías una fantasía, querías que yo te pusiera los cuernos, pues te los he puesto, mejor, te los vengo poniendo desde hace un tiempo, y para ti era fantasía, pero sé muy bien que te ha gustado, só cabrón, así que desde ahora, cuando me empiece a “picar el chocho” voy a salir a coger con quién me dé la gana y luego, como favor, si me lo pides, te lo contaré.

-Si me has contado la verdad, si me has hecho un cabrón, tienes que por lo menos alguna vez, dejarme mirar. -Claro Papito, su nena lo va a dejar mirar como otro macho se la coge, le come el coño y la culea.

Al principio creí que los celos me matarían, pero pronto descubrí que me gustaba, que ver gozar a Andrea con otro hombre era realmente excitante y que eso fortalecía nuestro cariño, pues ella jamás se involucraba sentimentalmente, sólo los quería para follar, y que además yo gozaba nuestros polvos como nunca.

Autor: Luis

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La novata amiga de mi hermana

Se subió en mi polla, al comienzo lo hizo suavemente, luego se sentó un poco más, pero le dolió, así que intentó retirarse, la agarré de la cintura penetrándola completamente. Ella dejó escapar un grito mezcla de placer y de dolor, sentía lo caliente y lo estrecho de su chocho, se comenzó a mover hasta que cabalgaba como una yegua loca. Tuvimos prácticamente un mismo orgasmo.

Mi hermana invitó a una amiga a casa, ya que mis padres salieron de viaje, y yo me iba a una fiesta. Esa noche llegó Adriana, así se llama la amiga. La conocía desde muy niña pero últimamente estaba hecha toda una mujer. La saludé rápidamente, ya que yo iba de salida. Esa noche me la pasé bailando con una amiga cuyas tetas siempre me trajeron loco, pero tenía novio, así que no me atrevía a hacer nada.

Regresé a mi casa súper caliente y dispuesto a hacerme una pajita, pero para mi sorpresa, encontré a Adriana durmiendo en mi cama, entonces me acordé de que le había dicho a mi hermana que no iba a volver hasta el día siguiente. Para esto, Adriana estaba destapada y solo dormía con una trusa sexy larga que se le había subido, dejando al descubierto su coñito sabroso y bien depilado, así que decidí jugármela y cuidadosamente separé sus piernas y empecé a lamérselas muy suavemente, para que no se despertara. Pero aún así se despertó, yo me asusté y traté de pedirle disculpas pero ella me pidió que siguiera, ya que esa noche ella y mi hermana habían encontrado una de mis películas preferidas y en ella salía como le comían el coñito a una chica y se había quedado muy caliente.

Yo no me hice de rogar, primero le quité la trusa y dejé al descubierto sus grandes tetas, cuando quité su sensual sostén y con sus pezones rosaditos, que aún me excitan mucho. Empecé a jugar con ellos, pellizcándolos y lamiéndolos muy suavemente, se comenzaron a poner duros y su respiración empezó a agitarse poco a poco. Seguí bajando por su estómago, hasta detenerme en su ombligo. Luego seguí bajando, empecé a lamiéndole los bordes de su coño, con lo que ella se volvió loca y empezó a moverse, tratando que penetrara mi lengua más adentro y no la hice esperar, fui avanzando hasta encontrar su clítoris.

Cuando mi lengua hizo contacto con el, empezó a soltar unos gemidos, primero entrecortados y luego más seguidos. Le dije que mordiera la almohada para que no hiciera mucho ruido, seguí jugando con su clítoris hasta llegar a su boca y le di un largo beso dejándole esa delicia de clítoris. Le pregunté si le había gustado y me dijo que sí. Le dije que eso era solo el comienzo. Me quité la ropa, liberando mi polla que estaba a punto de reventar y, sin decirle nada, la puse en sus labios.

Primero me dio una mirada extraña, pero decidió hacer lo que había visto en la película, así que empezó a mamarla, no tenía experiencia pero el esfuerzo que hacía por hacerlo bien bastaba. Estuvo mamando hasta que me corrí en su boca, mientras descansábamos, le pregunté si quería sentir mi polla dentro de ella me dijo que no, porque aun era virgen y me decía que no quería sentir dolor. Le dije que iba a sentir un poco de dolor, pero que el placer iba a ser mayor. Me llevó un rato más convencerla, pero finalmente aceptó, sólo si la dejaba sentarse encima para que ella pudiera salirse si le dolía mucho. Se subió en mi polla, que estaba armada nuevamente.

Al comienzo lo hizo suavemente, dejando que mi cabecita sintiera el calorcito de su coñito. Luego se sentó un poco más, pero le dolió, así que intentó retirarse. Pero en mi excitación la agarré de la cintura y la llevé hacia abajo, penetrándola completamente. Ella dejó escapar un grito mezcla de placer y de dolor, y la dejé en esa posición un rato para que se acostumbrase a ese momento. Fue uno de los que más disfruté, ya que sentía lo caliente y lo estrecho de su chocho. Luego de un rato, empecé a moverme, suavemente al comienzo.

Ella dejaba que yo hiciera todo pero, mientras más avanzaba su excitación, se comenzó a mover hasta que cabalgaba como una yegua loca. Tuvimos prácticamente un mismo orgasmo, que nos dejó rendidos al punto de que al rato nos quedamos dormidos.

Al día siguiente, mi hermana entró a mi cuarto a buscar a su amiga y la encuentra desnuda durmiendo encima de mí. Al comienzo pensé que mi hermana iba a hacer un escándalo, pero Adriana me pidió que las dejara a solas un rato. Cuando volví, las dos tenían una mirada traviesa, mi hermana me dijo que no iba a decir nada con la condición de que yo le consiguiera quien le hiciera lo mismo, ya que entre hermanos, no ¿verdad?

Y aun sigo viendo a Adriana, y cuando podemos, cogemos como unos desenfrenados, pero ésa, es otra historia…

Manden comentarios.

Autor: Adrián

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Palomitas de maíz

Calla tonto, lléname todo el chocho de leche, una tía dispuesta a recibir tu corrida es más de lo que se puede desear, y toda resistencia por mi parte acabó al escuchar esas palabras de su boquita contra mi oreja… le llené el chocho de leche con la mayor corrida de mi vida mientras ella meneaba la cintura recreándose con cada chorro en su interior, la tía lo estaba disfrutando más que yo.

Soy un chico normal de 27 años, alto, moreno, deportista, no soy un top-model, pero siempre he tenido mi atractivo, aún así creo que la labia y la forma de mirar/jugar con una chica puede reportarte tantos o más éxitos que el físico. He tenido la suerte de tener (supongo que como casi todo el mundo) una serie de experiencias sexuales muy estimulantes en mi vida y voy a contaros alguna de ellas en una serie de relatos, completamente basados en hechos reales.

No sabía por cual empezar y creo que lo haré por esta que título palomitas de maíz, por razones obvias que entenderéis a continuación, pero os adelanto que una chulería que puede parecer para niños te puede hacer conseguir muchas cosas,  que no son precisamente para niños.

Bien, todo empezó con una cita entre amigos de mi provincia que frecuentábamos un canal de chat, pero la mayoría nos conocíamos en persona. Digo la mayoría porque hasta ese día yo no conocía a Carmela (la cual si lee esto creo que enseguida se va a sentir aludida), pero ella y yo hablábamos bastante por Internet. Ese día concretamente mis intenciones estaban puestas en otra de las chicas del grupo, y las de ella también creo, se llamaba Mabel y llevábamos toda la semana tirándonos los trastos cuando íbamos a tomar café o unas cervezas, pero no se había dado aún la ocasión para quedarnos a solas.

Ese día en concreto pensaba enrollarme con ella en el cine, y realmente la película me importaba un comino, ni siquiera recuerdo cual era. El caso es que entramos en la sala al menos 6 chicos, ellas dos y yo que iba muy pegadito a Mabel, la chica con la que pensaba relacionarme, bueno ya me entendéis. Pero la casualidad quiso que justo en ese momento recibiera una llamada al móvil de un amigo que ahora no viene al caso que me hizo separarme del grupo,  el caso es que me mantuvo 5 ó 10 min entretenido, suficiente como para que las luces de la sala se apagasen y comenzase la película. Cuando entré en la sala no veía absolutamente nada y desconocía la situación física de mis amigos, tanto en la sala como entre ellos, y la colocación que tuviesen era muy importante para mis intenciones.

Decidí avanzar por uno de los dos pasillos hasta dar con ellos,  pero la mala (o buena) fortuna quiso que entrase justo por el lado contrario a donde estaba la chica que pretendía. Ellos estaban colocados justo al revés: primero ella, Mabel, que se había colocado en una punta para esperarme, después los 6 chicos que se habían colocado juntos para hacer bromas y tal, y en la otra esquina (por la que yo entré) estaba Carmela, a la cual como os he dicho había conocido esa misma tarde, pero solo habíamos cruzado un par de palabras. Una vez que me metí por ahí no tuvo solución la cosa, porque Carmela me señaló el asiento junto a ella, y aunque de vaqueros (más tarde le pregunté por aquel cambio y me dijo que lo había hecho para que me fijase en ella,  las chicas se las saben todas). Le dije que me gustaba su nuevo atuendo y ella me dedicó una bonita sonrisa y me dijo: – Gracias, tú también vas muy guapo.

No la he descrito, pero ella era bajita, morena con el pelo rizado a melenita, y con un cuerpecito muy mono y cara de niña mala,  sobre todo cuando ponía esa sonrisa de no he roto un plato, pero puedo romperlo en cualquier momento.

La película era mala de solemnidad así que aprovechamos para irnos conociendo aunque yo en aquel momento aún no tenía claras ideas de enrollarme con ella, pero bueno, había que hacer tiempo. Le comenté que con el lío de la llamada del principio no me había dado tiempo ni de comprar palomitas, nunca sabe uno lo apropiadas que pueden ser ciertas frases tontas, porque pienso que esa en concreto me reporto un fantástico polvo: Ella sacó un cubo repleto que me dijo que había pedido pensando que iba a ser más pequeño y que ella sola no iba a poder, que si quería podíamos compartirlo. Le dije que vale aunque no pensaba cogerle muchas, no soy un caradura, así que durante los siguientes 10 min apenas le cogí un par de ellas. Ella se dio cuenta de que no quería abusar así que se encargó de que si lo hiciera, metiéndome ella misma las palomitas en la boca.

Es un juego bastante típico y que puede parecer inocente,  pero ella me dejaba los dedos en la boca un segundo más de lo prudente,  me lo pareció desde el principio, pero cada vez era peor que la anterior,  y estaba consiguiendo empezar a calentarme. Me metía una palomita tras otra en la boca con esos deditos tan juguetones e insinuantes, pero o tampoco me atrevía a hacer nada sin estar seguro. En una de estas quise confirmar mis sospechas y cogí yo un par de palomitas y se las puse en la boca, a lo que ella contestó comiéndoselas muy despacio y chupándome el dedo detenidamente, eso consiguió ponérmela como una piedra y olvidarme completamente de la otra chica.

Comenzamos en ese juego de te chupo un dedo, te chupo dos, ahora tú, ahora me toca a mi, etc., etc. y nuestras caras cuando nos mirábamos eran un poema,  en esto me atreví a empezar a acariciarle las piernas desnudas hasta la parte superior del muslo, mientras ella me facilitaba la operación dejándose caer para abajo del asiento y frotándome la misma zona de mi anatomía,  Esa chica estaba poniéndome a cien con la cara que tenía y con la naturalidad que tenía su mano a 5 cm de mi polla habiéndome conocido dos horas antes,  No pude más y le pegué un par de muerdos en el cuello que ella me ofrecía con ganas,  veinte segundos después estábamos morreándonos sin que nuestros amigos parecieran percatarse, o eso creía yo, porque dos minutos después noté una mano que me tocaba el hombro por detrás,  era Mabel visiblemente cabreada que me comentó una excusa estúpida por la que tenía que irse a su casa.

La verdad es que con la mente lúcida me hubiera importado, pero estaba tan cachondo que en realidad eso me allanaba el camino para follarme a Carmela que era en lo único que pensaba en ese momento, así que no la detuve y se marchó enseguida (no la he vuelto a ver). Mientras tanto Carmela y yo seguíamos con lo nuestro, metiéndonos mano,  y lengua y pasamos el resto de la peli deseando que terminase para ir a enrollarnos en profundidad a cualquier sitio.

Cuando acabó la peli un amigo común nos ofreció llevarnos en coche a casa, pero le dije que yo al menos prefería andar, ella murmuró una excusa parecida que rápidamente le despejé la duda:

– Vamos a enrollarnos a mi casa. Ella solo dijo: – Ammm vale. Como si le estuviera proponiendo un café, realmente esa chica me sorprendía, pero yo también podía sorprenderla a ella.

Poco tardamos en llegar a mi casa, abrí la puerta del portal y ella pasó tras de mí, le impedí encender luz alguna y empecé a tocarle el culo por debajo de la falda mientras le daba un buen morreo, llevaba toda la noche deseando disfrutar ese culito que apenas me había dado tiempo a mirar y que ya estaba palpando por encima de las finas bragas que ella llevaba. Seguimos dándonos morreos hasta llegar al sofá de cuero del portal y allí nos sentamos, yo me estaba calentando muchísimo y no quería llevarme un chasco, así que decidí preguntarle: – ¿Quieres que sigamos adelante? Ella me contestó con un – ¡Sí! Muy seguro y oscuro que no dejaba ninguna duda, así que empecé a dedicarme a sus tetas, que eran duritas y de tamaño mediano.

Se las saqué por encima del escote y empecé a lamerle los pezones mientras ella me frotaba los brazos y el pecho,  me estaba dando un festín con sus tetas y con sus pezones duritos, marrones y pequeños,  en ese momento recuerdo perfectamente que empezó a bullir en mi cabeza la idea de que no llevaba condones (pensaba comprarlos en una máquina para follarme a la otra chica, pero con el cambio de planes se me había olvidado todo), pero bueno, pensé que me arreglaría con una mamadita,  que equivocado estaba,  y seguí mamándole las tetas dejando esos dilemas para después. Ella se removía y se la notaba aún más cachonda que a mí y pidiendo a gritos un tratamiento en el coño que yo aún no le había dado, así que empecé a bajar la mano por su tripita hacia la zona en cuestión.

En ese momento ella me paró la mano y me dijo: – Antes de que sigas tengo que advertirte una cosa importante. Yo que estaba a mil en ese momento no estaba para mucha charla y lo que quería era disfrutar de aquel chocho lo antes posible, me quedé alucinado con la interrupción y la miré suplicante. Ella añadió: – Verás, soy anorgásmica, o al menos me cuesta mucho correrme, creo que es justo que te lo diga antes de que pase nada más para que no pienses luego que es culpa tuya. Yo ya estaba cachondísimo de toda la tarde, pero aquello era todo un reto, y si cabe consiguió ponérmela aún más dura,  así que le contesté rápido y conciso: – ¿Anorgásmica? ¡Te vas a enterar!

Le aparté un poquito, las minúsculas bragas blancas que llevaba, lo justo para dejar al aire un chochito recortado,  y bastante mojadito, se notaba que llevaba así al menos una hora (desde el cine, cosa que no me extraña porque yo mismo ya llevaba la polla empapada de líquido preseminal). Empecé a jugar con aquel tesoro recién abierto abriéndoselo bien con los dedos sin parar de morrearla, la verdad es que me ponía como una moto saber que le estaba tocando el chocho a aquella semi desconocida (aunque habíamos tonteado alguna vez por Messenger) mientras ella me lamía la lengua como una descosida. Se notaba que le iba la marcha porque jadeaba:

– Mmmmm, siiii, que bien.

Mientras yo seguía acariciándole el coño sin detenerme en ningún sitio en particular,  solo quería explorar terreno conquistado antes de empezar a darle gusto de verdad,  pero ella creo que tenía otros planes porque aprovechó ese momento para sacarme la polla del pantalón y empezar a hacerme una paja de escándalo,  – ¡Ufff vaya rabo, niño! Me encanta, exclamó ella relamiéndose y empezando se la estuvieran follando, y el tratamiento empezó a dar sus frutos enseguida,  ella empezó a gemir bien fuerte y sin reprimirse: – ¡Aahh, mmmmm, que bien! ¡que gusto me das! Dame, dame, mmm ¡que dedo más rico! ¡Me encanta!

Por supuesto le seguí dando así, mientras ella me acariciaba la polla con la mano ahora sin ningún ritmo, se notaba que no podía concentrarse en otra cosa que no fuera su coñito inundado,  así que me aproveché para quitarle de la cabeza esa tontería de los orgasmos y le proporcioné el primero a fuerza de acelerar el ritmo de la vibración de mi dedo sobre su clítoris. Ella lo recibió con ganas, se notaba que realmente estaba necesitada y gritaba: – ¡Aaaaahhh me viene! ¡No puedo creerlo! ¡Me estoy corriendo! ¡Que gustito en el chocho!

Mientras tanto me exprimía la polla con su mano derecha y me mordía el hombro, realmente es un disfrute ver como se corre una chica de esa manera por tu culpa,  y más si te dice eso de que le cuesta tanto,  te levanta muchísimo el ánimo,  y lo que no es el ánimo, ¡porque mi polla estaba a tope! Tan a tope como agradecida estaba ella que quería tirarse a chupármela como una loba, pero la detuve y le dije: – No, no, aún no he terminado con ese chochito.

Me puse de rodillas frente al sofá y empecé a lamerle la tripita levantándole la falda, y a continuación le pegué un par de lametones en aquel chochito recién corrido e hipersensible, lo cual ella agradeció con un murmullo,  aún no estaba recuperada de su inesperado orgasmo, pero yo quería que disfrutase bien de aquella noche, así que empecé a lamérselo más intensamente y a meterle el dedo corazón bien adentro,  esto pareció gustarle porque se abrió bien de piernas y empezó a pedir caña: – ¡Si, si! ¡Métemelo, más adentro, más! ¡Dame dedo, dame! Mi amiguita estaba resultando ser una zorrita integral, y yo no iba a desaprovechar esa fantástica oportunidad de disfrutármela a lo grande,  seguí dándole dedo y nuestra amiga anorgásmica tuvo su segundo orgasmo en 40 segundos, gritando como una verdadera puta y repitiendo: – ¡Otra vez me corro! ¡Increíble, increíble! No me lo creo.

Ahí fue cuando no pude resistir más y la dejé que me regalase una buena mamada, cosa que se le daba bastante bien, así que me recosté en el sofá, y la dejé hacer su trabajo de buena mamadora,  me comía la polla lamiéndome bien el capullo y limpiándomelo a fondo, después me lamía el tallo desde arriba hasta llegar a los huevos, y finalmente se metía media polla en la boca (todo lo que le cabía sin demasiada dificultad). Después me la succionaba sin parar de pajeármela con la mano, en plan peli porno, y yo me moría de gusto tumbado en el sofá. Ahí fue cuando ella me dijo: – ¿Niño, te la acabo? ¿O quieres que echemos un polvo?

Evidentemente yo me moría por follármela y se lo dije, pero le mencioné el famoso problema de los condones que había recordado antes,  y ella no disimulaba su cara de decepción. Me dijo que realmente tenía ganas de que me la follase,  y eso es más de lo que un tío puede oír,  así que le respondí lo típico en estos casos: – Si quieres te la meto un poquito que se nos quiten las ganas. Ella me miró y me dijo: – No se, no se,  mira que me conozco y después no hay quien me pare.

¡Cuanta razón tenía! Yo ceo que cualquiera que haya hecho eso alguna vez sabe que una vez que se empieza,  ¡cualquiera para! Pero aún así ella creo que sin querer dejarme reflexionar demasiado sobre el asunto se levantó veces, ¡no me ha pasado esto en mi vida, aaaaahhh! Pero que pollón tienes, fóllame cabrón, ¡me corro!”, decía ella mientras me cabalgaba desatada y yo le sobaba el culo y las tetas a mi antojo. Y se corrió… ¡vaya si se corrió! Noté perfectamente como las paredes de su coño se contraían ordeñándome la polla… y eso fue más de lo que pude aguantar:

– “Carmela quítate de encima, rápido, que se me sale, ¡me corro me corro!” Le grité desesperado, pero la niñita con 20 añitos no me soltó: “Calla tonto, aprovéchate, lléname todo el chocho de leche”, dijo apretándose contra mi cuerpo, sentándose sobre mi aún más fuerte… cualquier tío que me oiga sabrá que en ese momento, una tía dispuesta a recibir tu corrida es más de lo que se puede desear… y toda resistencia por mi parte acabó al escuchar esas palabras de su boquita contra mi oreja… le llené el chocho de leche con la mayor corrida de mi vida mientras ella meneaba la cintura recreándose con cada chorro en su interior… la tía lo estaba disfrutando más que yo. Y me vacié por completo en aquel chochito insaciable… sin ningún remordimiento.

Nos estuvimos morreando a oscuras un rato más con toda la ropa hecha un cristo y medio desnudos, y después la acompañé con sus primos… y me fui a dormir.

Nos hemos visto un par de veces después, pero nunca con la intensidad de esa primera vez… y creo que hay que atribuirle parte del merito a ese cine… y por supuesto a las palomitas de maíz, así que desde entonces siempre que voy a uno no se me olvida pasarme antes por la tienda… por si acaso.

Si alguien quiere comentar algo de este relato.

Autor: Salteador Neo

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Mi madre

Mientras me estaba follando a mi mujer me lo metió por el culo, sentí abrírseme las entrañas y llegarme hasta los mismos cojones la punta del vibra, mi madre lo puso a plena potencia, todo mi cuerpo vibraba hasta que descargué la leche de mi polla en el interior del coño de mi mujer.

Amigos, antes que nada me voy a presentar, vivimos en Madrid, llevo once años teniendo relaciones sexuales con mi madre, estoy casado, tengo hijos y comparto a mi mujer y a mi madre en asuntos de cama. Ella tiene actualmente sesenta y siete, años, unos 75 kilos de peso, 160 de altura, grandes pechos adornados por una aureola de unos seis centímetros de diámetro, coronados con unos pezones como dedales, culo gordo y algo respingón, piernas muy torneadas, de carnes apretadas y muy morena. Desde que tengo uso de razón tan sólo la he visto usar braguitas los días de la regla.

Mis aventuras con ella comenzaron desde joven, por esa época me hacía invitar a la piscina de casa a un grupo de amigos míos, con la excusa del calor y que era bueno tomar el sol en cueros vivos, nos ponía a todos en pelotas en la piscina, y ella también en cueros nos iba dando crema solar uno por uno, con la particularidad de que se esmeraba muchísimo en los genitales y culo, hasta el punto que nos bajaba con delicadeza el prepucio dejándote al aire el capullo después de un buen masaje, mismo que las primeras veces hacía que nos corriéramos en sus manos.

Mientras nos pajeaba con una mano con la otra te amasaba los cachetes del culo con los dedos te iba masajeando el ano hasta poder meterte un dedo que movía en círculos o metiendo y sacando, aquello nos ponía a cien, entre baño y baño nos iba llamando uno a uno, y los demás deseando que les llegara el turno y así poder verla de cerca, excitada con las tetas duras como piedras y esos pezones enrojecidos que tocábamos con una especie de misterio o magia que hacía que mientras le tocabas los pezones sus piernas se abriesen dejando ver entre esa gran mata de vello púbico, que era nuestra mayor envidia, una especie de boca de fondo rosado y húmedo con un bultito arriba cubierto de piel como nuestras pollas, suave como terciopelo, que cuando lo frotabas le hacía salir líquido de su chocho y la hacíamos respirar de forma acelerada, dando gemidos y suspiros hasta que soltaba un grito y nos separaba la mano de ese botoncito mágico.

Con el paso del tiempo nos fuimos atreviendo a más, le metíamos los dedos por su culo, por el chocho mientras ella nos pajeaba, hasta que llegó el día que decidió follarnos, fue una tarde en estábamos viendo TV (mis tres amigos y yo), se acercó a nosotros con refrescos y la merienda, a decirnos cosas picantes, a tocarnos por encima de la ropa, hasta que terminamos todos desnudos en el salón. “Hijo mío hoy vamos a hacer algo que ni tú ni tus amigos habéis hecho antes”. Se puso de rodillas delante de nosotros y comenzó a mamarnos la polla, cuando nos tuvo a los cuatro con los rabos bien tiesos dijo: “vamos niño méteme la polla por el coño”. Tuve el honor de ser el primero, aquella experiencia fue maravillosa, sentía como ese húmedo coño me abrazaba el capullo y conforme metía la polla se me iba echando para atrás la piel, sentía cada pliegue del coño en mi polla que la metía muy despacio entre miedo a lo desconocido y por el placer que me daba.

Sentí los labios vaginales dar en mi pubis, al igual que el botoncito rozándome mi piel, ella se movía como culebra, por instinto le comía los pezones, sentía como sus dedos me abrían el ano y sus dedos jugaban en el, hasta que de pronto todo mi cuerpo se convulsionó como si una descarga eléctrica me hubieran dado, mi polla empezó a llenarle el chocho de leche, mi culo palpitaba con sus dedos dentro, quería seguir moviendo la polla dentro de su chocho, pero el gusto era tan intenso que no podía seguir, así que la saqué y dejé sitio a mis amigos. Viendo a estos follarse a mi madre me volví a empalmar me puse cerca de su boca y mi madre comenzó a mamarme de nuevo la polla hasta vaciarme otra vez mis cojones.

Con el tiempo mis amigos fueron desapareciendo de nuestras vidas, dando sitio a otros. Pero principalmente follaba con mi madre a solas. Un día al levantarse de la silla de un bar, se le pillaron los pelos del coño entre unas tiras de maderas que estaban sueltas, dejándose en la silla un buen manojo de pelos,  esto la impulsó a depilarse por completo el chochete, labor que me encargaba a mí, y cada vez que le hago una depilación terminamos follando como verdaderos animales, usamos vibradores que tanto se lo meto yo por el culo como que me los mete ella a mí, el follártela con un buen vibra metido en el culo que te roce la próstata mientras ella tiene otro metido por su culo que roza tu polla por dentro del chumino te hace levitar al llegar al orgasmo.

La última vez que follé con ella fue hace unos días durante sesión de depilación, a ella le gusta ponerme una especie de taparrabos que básicamente es una cinta rodeando mis caderas con dos rectángulos de tela, uno me tapa los cojones y otro el culo. Ese día fui con mi mujer a su casa, nos recibió con tan sólo una camiseta playera ajustada marcando pezones y hasta el ombligo se le marcaba.

La coloqué encima de la mesa del comedor, tumbada con las piernas en V, le di un buen masaje a su abierto chumino que la puso mojadísima, mi mujer al ver el masaje de coño se puso a mil por hora, hasta el punto de masturbarse mientras observaba el masaje preliminar, cuando tenía su chocho lleno de fluidos se subió a la mesa y de rodillas sobre la cara de mi madre le hizo comerle el coño, a mi madre parecía que los fluidos de mi mujer le recorrían todo su cuerpo y le salían por su coño, yo seguía con la depilación hasta dejarla sin un pelo, antes de acabar mi mujer ya se había corrido entre gritos y gemidos.

Mi madre pidió que le metiésemos por el culo un vibrador negro de grueso calibre mientras le acaba la depilación. Cuando vio que la depilación estaba terminada empezó a pedir que la folláramos: “cabrones follarme no me dejéis con las tetas a punto de explotar y el coño hinchado”. Al verla tan cachonda no me lo pensé dos veces me la traje hasta el borde de la mesa y le metí la polla hasta los cojones, mi mujer se volvió a colocar encima de la mesa, pero esta vez como si se follase a mi madre rozando chocho con chocho para así poder comerle las tetas.

Yo alternaba el chocho de mi madre, el chocho de mi mujer y por culo le metí otro vibrador, cuando mi madre se corrió quiso dejar sitio a mi mujer y al hacer el movimiento de salir de debajo de mi mujer, se metió hasta el soporte de las baterías el vibra que tenía en el culo, se puso como poseída echó mano a otro vibra y mientras me estaba follando a mi mujer me lo metió por el culo, sentí abrírseme las entrañas y llegarme hasta los mismos cojones la punta del vibra, mi madre lo puso a plena potencia, todo mi cuerpo vibraba hasta que descargué la leche de mi polla en el interior del coño de mi mujer. Nos “desembalamos ” los tres y no dimos una ducha en común revitalizante.

Autor: mteresa1955

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El que la sigue, la consigue

Después de lavarme y secarme bien fui a donde ella me esperaba en la posición que le había mandado y me monté encima, la penetré y comencé el vaivén, dentro y fuera para masturbarme la verga en el interior de su chocho mientras ella me acariciaba la espalda y el culo. Así me follo a las furcias como tú, guarra, y la culeé hasta inundar su coño con mis chorros de esperma.

Todo empezó hace unos diez o doce años cuando una noche de amor con mi esposa le dije que me encantaría hacerle el amor a Elisa, su propia madre, viuda desde hacía muchos años. Ella me dijo que estaba loco pero enseguida añadió que decidiera por mi mismo si llevarlo a cabo o no. He de decir que mi mujer no era muy ardiente que digamos en materia sexual; todo lo contrario a mí que soy un hombre muy dado a toda clase de juegos sexuales. Creo que, si deseamos a cualquier mujer merece la pena intentarlo. No importa su condición. Personalmente lo he hecho con algunas, solteras y casadas: tardaremos más o menos tiempo pero las probabilidades que tenemos los varones de conseguirlas son muy altas si nos ponemos a ello sin desánimo. Ellas lo desean tanto como nosotros los hombres pero han sido educadas frecuentemente en el recato y la pasividad. Empecemos por las más cercanas, las mujeres de nuestras propias familias, primas, tías, hermanas, sobrinas… suegras. La convivencia familiar, a mi entender, también incluye el sexo.

Así que inicié mi plan dejándome ver por ella, por Elisa, en ropa interior. Yo notaba cómo se alteraba cuando, aprovechando que Marisa, mi mujer, estaba al otro extremo de la casa y yo irrumpía donde ella estaba llevando encima tan solo un slip mínimo, blanco y muy finito, semitransparente. Se le mudaba el rostro y hacía como que miraba a otro lado. A mí eso me excitaba mucho: decidir el momento, ponerme el slip o el tanga más provocativo, espiar para que mi mujer no se enterara y acercarme así a mi suegra con cualquier pretexto banal pero con la intención de exhibir mi cuerpo ante ella. Por supuesto que cuando me acercaba ya estaba empalmado y mi paquete ostentaba un bulto considerable. Algunas veces incluso humedecía mi prenda más íntima para que fuera aún más transparente. Yo gozaba con su azoramiento y, a veces, tenía que terminar masturbándome para aliviar mi excitación.

En una ocasión en que estábamos Elisa y yo solos en mi casa me fui a duchar. Lo hice con la puerta del baño abierta y la llamé para que, por favor, me acercara la toalla. Cuando me la tendió a través de las cortinas inicié una conversación lo más natural que pude en la que exponía la necesidad que teníamos los hombres de obtener un continuo alivio sexual, que ella me gustaba y que deseaba hacerle el amor. “Estás loco!” me contestó. En mi interior le di la razón pero yo continué con mi plan de caza.

Entonces íbamos con frecuencia los tres a una casa de campo. La puerta del baño tenía un pequeño agujero por la que veía a Elisa ducharse: tenía un cuerpo atractivo aunque no era ya una mujer demasiado joven. Unas tetas medianas y todavía firmes y el oscuro vello que cubría su chumino no era tan poblado como para no permitir que se le viera perfectamente el corte de aquella raja que tanto deseaba yo penetrar y comerme. Me ponía a cien … pero me decía a mi mismo que aún no había llegado el momento.

El siguiente paso que se me ocurrió lo llevé a cabo en aquella misma casa. Un día por la mañana me armé de valor y me levanté el primero de los tres. Cuando oí ruido en el dormitorio de mi suegra supe que ya empezaba a levantarse. Me quité el pijama quedándome completamente desnudo y con mi verga dura como un poste me arrimé a una esquina de la mesa del salón sobre la que apoyé mis cojones y, agarrándome con la mano el tronco de mi cipote, empecé a bambolear mi cuerpo en un movimiento de vaivén que imitaba la copulación. Se me saltaba el corazón cuando Elisa salió en bata de su dormitorio como todas las mañanas para ir al baño y se encontró con el espectáculo gratuito que yo había montado para ella. Anduvo unos pasos, se detuvo al verme, dio media vuelta y regresó a su cuarto donde estuvo un buen rato hasta que se atrevió a salir de nuevo. Para entonces yo había regresado a mi cama junto a mi mujer. Como yo miraba en otra dirección mientras agitaba mi miembro en la mano no cruzamos nuestras miradas pero supe que ella se había tragado la visión de su yerno en pelotas masturbándose a un par de metros o tres de ella.

Así, más o menos, sin prisas pero sin pausas, siguieron las cosas durante dos o tres años. Por otra parte nuestro trato era tan cordial y agradable como siempre pero yo sabía que ella sabía, y ella sabía que yo sabía… ! Fue entonces cuando mi esposa cayó gravemente enferma. Al tercer año de su enfermedad y conociendo que su final estaba anunciado yo me volqué en ella, pero eso no impedía que yo siguiera teniendo necesidades sexuales. Elisa se vino a vivir con nosotros para poder atender mejor a su hija y un buen día decidí dar un paso definitivo. Cuando oí que ella estaba en la cocina preparando el desayuno me levanté de la cama, fui donde ella estaba y sin decirle palabra alguna me acerqué, metí mi mano por debajo de su falda hasta llegar a sus bragas que franqueé y empecé a acariciar su mata de pelo y su tajo.

Ay, chico, déjame… que Marisa se va a enterar … No te preocupes que está dormida y tú y yo necesitamos esto, le dije. No, no. Suéltame. Házselo a Marimar (una de nuestras más íntimas amigas). A ella le gustara y seguro que se deja. Ya, pero no está aquí y tú sí estás. Además tú también lo necesitas y sé que te gusta. No, no, yo no quiero esto.

Ella decía que no quería “esto” pero para entonces yo me había sacado ya el cipote y los huevos del interior del pijama y le había hecho agarrármelos a Elisa con su mano. Con la boca decía una cosa pero hacía otra: parecía que le hubieran pegado la mano con cola y no la apartaba del poste de mi verga por nada a la vez que protestaba contra mi acción y se negaba pudorosamente a continuar. Yo sabía de su lucha interna: por un lado necesitaba sexo ella también, por otra parte yo era el marido de su hija … al que ella deseaba sin atreverse a confesárselo a sí misma.

Ahí quedó la cosa y dejé pasar unos días. Nuestra relación era como si no hubiera pasado nada pero había pasado mucho. Yo empecé a repetir lo de levantarme por la mañana pronto los fines de semana, ir directamente a la cocina al encuentro de mi suegra, desnudarme delante de ella en silencio y abrazarla por detrás. Ella seguía trasteando como si nada pero sintiendo la dureza de mi miembro desnudo apoyado fuertemente en sus nalgas. Le tocaba las tetas, le levantaba las faldas, le bajaba las bragas y pegaba mi miembro contra su culo. Poco a poco le fui enseñando a ponerse detrás de mí, entonces yo separaba mucho las piernas y le decía que me la agarrara desde atrás. Ella lo hacía entre ciertas protestas de inocencia y se veía que le encantaba. Finalmente le metía la mano izquierda por delante, entre las bragas, y le acariciaba la pepita mientras me masturbaba con la derecha. Ella esperaba muy dócilmente a que me viniera y vertiera mi producción láctea para desahogar mi excitación.

Después del doloroso fallecimiento de mi esposa pasaron unos meses hasta que volví la carga definitiva.

Una tarde, al levantarme de una siesta, me aparecí desnudo del todo en el salón donde ella estaba y le dije sin más preámbulo: Elisa, voy a follarte. Me acerqué a ella, empecé a quitarle la ropa y comprendí que iba a ser definitivamente mía cuando no opuso la menor resistencia. La senté en el sofá y le separé las piernas lo más posible. Al fin pude mirarla a mis anchas, recostada ahí con los atributos de su feminidad mostrados en su plenitud y observados por mis ojos con descaro. Luego me dirigí al vídeo y puse en marcha una película porno sentándome a su lado. Ya a las primeras escenas tomé su cabeza y le obligué a mamármela: le encantaba!

¿Te gusta cómo usan a esas hermosas putas de la película? Sí … sí … ¿Verdad que están cojonudas? Sí, están muy buenas. Ya lo creo. Saca más fuera el culo para ofrecerme mejor tu chocho, que te lo voy a masturbar.

Seguí haciendo comentarios acerca de la longitud de aquellos nabos que se ensartaban en los orificios de aquellas espléndidas y sumisas hembras, “mira cómo la tiene ése, está para comérsela … ya me gustaría a mí también que me agarrara un tío así por banda y que hiciera conmigo lo que le apeteciera …”. Nos gustaba especialmente mirar cómo se la sacaban antes de correrse y se vaciaban en las bocas y rostros de las chicas. Ella obedecía en todo. Era, por fin, mía. Y yo me volvía loco mirando cómo crecía su excitación mientras yo le acariciaba su clítoris arriba y abajo por medio de su pelambrera; a un lado y al otro, hasta que le hacía estallar, jadear de placer incontenible … le faltaba la respiración y no sabía para dónde mirar mientras buscaba ansiosamente el aire que le faltaba para poder soportar las oleadas del gusto que se adueñaba de todo su cuerpo.

Normalmente a mí me gustaba y me gusta prolongar mucho las sesiones de sexo. Siempre me invento cosas para ello.

Cuéntame cómo te usaba tu marido. Ay, pues no sé. Lo normal … no? Supongo que además de joderte a veces te pedía que lo masturbaras, verdad? Sí, claro. ¿Cómo lo hacías? Pues me llevaba al salón cuando no estaban los niños en casa, se sentaba desnudo en una butaca con las piernas abiertas y yo tenía que cogérsela con una mano y se la movía arriba y abajo hasta que no podía más y se le salía toda la leche a chorros ¿Se la chupabas? Claro, claro, como a ti. ¿Tienes fantasías sexuales? Pocas. La más habitual es que estoy paseando sola en un parque, se me acerca un hombre y me fuerza. Yo me resisto pero él me obliga y acaba violándome. Y ¿te masturbas? Sí. En la cama y a veces en un sofá. ¿Te has masturbado pensando en mí? Por supuesto, muchas veces. Eres una puta, una zorra! ¿Lo sabías? Sí pero no más que cualquier mujer. Todas somos por dentro unas putas y estamos locas porque nos jodáis. ¿Cuándo empezaste a usar tu mano sobre tu raja? Tendría diez u once años. Una vez, con el movimiento del tranvía, me excité y me corrí allí mismo. ¿Te gusta cómo te uso sexualmente? Sí, mucho. Bésame.

Y abría su boca de para en par y yo me la comía entera. Y su coño. Y sus tetas. Y toda ella hasta que volvía a explotar de gusto.

¿Te acuerdas de Isabel, nuestra amiga? Sí, me acuerdo. Otra zorra. ¿Sabías que durante años fue mi esclava sexual? No, no lo sabía. ¿Qué le hacías? De todo. Teníamos hecho un pacto por el cual ella se dejaba usar por mí. Me gustaba especialmente mandarle masturbarse frente a mí recostada en un sillón. Cada vez que la visitaba en su apartamento le pedía que me trajera un cinturón de goma que ella tenía. Sabía muy bien para qué. No la pegarías … Oh, sí, justamente es lo que hacía. Y siempre antes le explicaba las razones aunque se las sabía de memoria: que era doloroso pero que ella lo necesitaba mucho y era imprescindible para que se sintiera esclava; y que cuando hubiera terminado no olvidara darme las gracias.

Luego le mandaba ponerse en posición y ella se iba dócilmente siempre frente al mismo armario, se colocaba de pie con las piernas abiertas, en ligueros y calzada con zapatos de tacón alto, las manos atrás en la nuca y a esperar la lluvia de golpes que se le venía encima. Antes de empezar le anunciaba cuántos y dónde se los iba a administrar. El miedo se le traslucía en los ojos pero ello no impedía que yo le diera unos cincuenta correazos repartidos por el bajo vientre, las nalgas y la cara interior de los muslos que son muy sensibles y era donde más le dolía.

Cuando terminaba ella me daba las gracias, yo la abrazaba y la besaba para consolarla y acto seguido la penetraba hasta satisfacerme. Vaya … la muy guarra …! ¿Hace años que tú me deseas a mí, verdad? le pregunté. Pues claro … ¿Y tú sabías que yo iba a por ti cuando me aparecía en slip delante de ti dejándome ver algunos pelos de mi vello púbico? Hombre, claro, no soy tonta. Lo notaba todo. Como cuando te pusiste a hacerte una paja allí en medio del salón … Y luego tú te masturbabas recordándolo, no? Lógicamente. Cuando volví a mi habitación asustada por haberte visto así me tumbé en la cama, me subí el camisón y me puse a masturbarme como una loca. A ver, Elisa, me voy a rasurar toda esta molesta pelambrera de la polla y de los cojones, ven y mira, le dije.

Fui al baño y volví con todo lo necesario. La puse bien cerca de mí para que contemplara cómo iba cortándome primero con unas tijeras la larga y espesa mata de pelos que recubría mis genitales y luego le mandé que fuera sujetando cada zona mientras yo iba lentamente afeitándomelo hasta quedarme como un niño impúber pero completamente limpio (y me ha gustado tanto ir afeitado que ya no soporto desde entonces tener mi sexo en medio de tan espesa selva y sólo me dejo un centímetro de pelo sobre el vientre, el resto tan limpio como mi cara y sólo puedo usar tangas pequeños que me sujeten el paquete por delante y una cinta ceñida a la raja de mi culo). Ve a la cama y espérame allí boca arriba y con las piernas bien abiertas, le dije finalmente. Ella obedecía ya sin rechistar todas mis órdenes.

Después de lavarme y secarme bien fui a donde ella me esperaba en la posición que le había mandado y me monté encima, “ábrete bien esa raja de puta que tienes, que te voy a clavar la polla en ella”. “Sí, sí, húndela en mi coño …”, la penetré y comencé el vaivén, dentro y fuera para masturbarme la verga en el interior de su chocho mientras ella me acariciaba la espalda y el culo. “Así me follo a las furcias como tú, guarra …!” y la culeé hasta inundar su coño con mis chorros de esperma.

De ésta o parecidas formas he venido utilizando a mi suegra Elisa para mi placer durante estos cinco o seis años últimos hasta que por circunstancias de la vida ella ha tenido que irse a vivir a una ciudad muy distante.

Autor: Cazador

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Mi historia con mi cuñada

Bajé mi pantalón y así como estaba Daniela mirando también por la ventana pero oculta tras las cortinas la penetré y empecé un brutal mete saca con la excitación que me provocaba ver al esposo de mi Daniela a unos metros de donde me estaba tirando a su mujer, así llegué al mejor polvo que me he tirado en mi vida.

Me ponía a millón el solo pensar en volver a tirarme a mi cuñada, así que llamé a su casa como se que está pasando un mal momento con su marido y además se está tirando a un sujeto que no me cae bien por su arrogancia, y pregunté por Pedro su marido, claro que yo sabía que no estaba, pero era para comprobar que estaba sola y tuve mucha suerte estaba totalmente sola, así que sin avisarle nada me fui para su casa y le pregunté que si Pedro ya había llegado y me contestó que tal vez se demoraba porque estaba en los trámites del seguro de su carro, así que sin mediar palabra me acerqué y hábilmente la besé y traté de abrazar.

Esto la sorprendió mucho pero se veía insegura, le dije que era la mujer que más deseaba , que ninguna mujer me hizo sentir tanta pasión, trató de huir a su habitación pero yo la seguí y le pedí que abriera la puerta, ella se negó inicialmente pero le dije que si no le gustaba sentirse deseada, que lo del amante que tenia era diferente porque él tenía una esposa gorda y fea y que estar con ella era una experiencia fabulosa, y que conmigo era diferente porque mi esposa (su hermana) era igual de hermosa que ella, que yo lo estaba arriesgando todo por sentirla, sentir esa dulzura que lleva guardada hace tiempo, porque yo creo que ese sujeto que tienes por amante no te hace feliz.

Entonces se abrió la puerta de su habitación, me dijo entra. Tenemos que hablar, primero, quiero que todo esto sea un secreto, segundo, ¿quien más sabe lo que está pasando con mi amigo?, tercero, quiero tener sexo, no quiero enamorarme de nadie porque no se qué va a pasar con mi matrimonio, si puedes con esto adelante, no sin prometerme que será un secreto.

Así le prometí que nunca diría una sola palabra, se acercó a mí y me permitió que la besara en el cuello y pasara mis manos sutilmente por su espalda, se empezó a erizar y a pedirme que la tocara por todo el cuerpo, empecé por abrir los botones de su blusa uno a uno mirándola a los ojos para luego quitársela, apareció ante mí un hermoso sostén de color rosa con bordes de finos encajes que le hacían ver unos senos fantásticos que sin ser grandes estaban bien paraditos, empecé a besarla al rededor del sostén para luego bajar hasta ese vientre blanco y muy plano con un ombligo poco profundo que me permitía ver el fondo limpio que me llamaba para que tocara con el ápice de mi lengua, mirándola a los ojos vi en su rostro el deseo y el placer que le estaba provocando.

Aceleré el paso para bajar el pantalón y sorprenderme con semejante visón, la de mi querida Daniela en un tanga tipo seda dental con unos encajes que hacían juego con el sostén, y esas nalgas blancas y bien redonditas, les confieso que me temblaba todo el cuerpo y no sabía por dónde empezar así que opté por besar esas hermosas nalgas, mientras le acariciaba los muslos ella dejaba escapar unos pequeños gemidos que me excitaban aún más, luego me incorporé para poder pensar y llevarla a otro nivel de excitación pues de este momento dependía si se repetiría esta situación, le quité el sostén y saltaron ante mí un par de esculturas redondas pequeñas pero hermosas.

Unos pezones pequeños y rosados me estaban haciendo perder el control así que los toqué y los besé suavemente para comprobar que eran reales, Daniela no podía más y me pidió que la penetrara y yo le dije que esperara solo un minuto, pero ese era mi juego, hacerme desear así que bajé a atender su chochito, mordí el tanga y empecé a bajarlo con los dientes para ese entonces estábamos transformados, volví a su chocho y abriéndole las piernas pasé rápidamente y de un solo toque por su clítoris de mi lengua ella gritó y me dijo con voz temblorosa, Juancho, no me hagas esto por favor! cómeme ya!

Pero yo empecé a lamer ese chocho que tanto deseaba sintiendo así ese magnífico olor tan especial y ese sabor a miel que solo tiene mi Daniela, porque era mía en ese momento y así me lo demostró cuando unos segundos después me dio un orgasmo como pocos he visto en mi vida. Me tomó del pelo y me llevó con fuerza hasta ella y me hizo acostar en su cama para luego darme un beso y quitarme lo que me quedaba de ropa y darme una espectacular mamada de como 10 segundos pero con la intensidad de toda la vida, de un salto quedo encima de mí y abriendo bien su chocho puso mi glande en su entrada y despacito muy despacito empezó a deslizar mi pene en su interior, luego empezó a dar unos saltos que se fueron acelerando y hacerme sentir en la gloria, pero después de como 5 minutos se escuchó el ruido de un motor era Pedro.

Daniela me dijo dámelo ya que llegó Pedro, pero mi susto no lo dejaba salir, pero conté con la suerte que atrás llegaba otro carro era un amigo de Pedro y traía cerveza se oyó cuando este saludó y ofreció una cerveza a Pedro y luego destaparon el capot del carro para ver algo en el motor, en ese momento Daniela se levantó, yo ya estaba vestido y ella mirando por la ventana me dijo algo que todavía me tiene perplejo, -¿No quieres acabar lo que empezaste? yo rápidamente miré por la ventana y Pedro y su amigo estaban mirando el carro por dentro así que bajé mi pantalón y así como estaba Daniela mirando también por la ventana pero oculta tras las cortinas la penetré y empecé un brutal mete saca con la excitación que me provocaba ver al esposo de mi Daniela a unos metros de donde me estaba tirando a su mujer, así llegué al mejor polvo que me he tirado en mi vida.

Se lo eché por completo dentro, me vestí y bajamos a la sala cuando Pedro y su amigo entraron a la casa y nos saludaron como es normal, lo que no fue normal fue el apasionado beso que Daniela le dio a Pedro delante de los que estábamos ahí sorprendidos hasta Pedro se sorprendió ya que estaban cruzando un mal momento y teníamos entendido que hacía un par de meses no tenían nada como pareja, espero que haya contribuido para bien de los dos, y no me importaría no volver a hacer nada con Daniela pero si se repite les contaré.

Autor: Juanka

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Follándome una buena botella de vino

Dame por el culo que eso nos gusta a ambos. Mi mano la pasé por mi culo, me metí un dedo,  lo restregué por mi chocho, lo devolví a mi culo y me metí un segundo dedo, separé mis cachetes, me dio un azote, me la metió sin problemas y se corrió dentro. Al poquito y casi a la vez yo  me corría dándome  al coño.

Hola queridos folladores: Después de bastante tiempo reaparezco para haceros participes de otra de mis morbosas aventuras. Os sitúo: Actualmente resido en Inglaterra, lugar donde conocí al protagonista de este relato, y con el cual mantengo actualmente una relación sentimental (y por supuesto sexual). Este fue quizás nuestro primer polvo notable. Espero que lo disfrutéis y me deis vuestra opinión. Besos húmedos.

Vuestra puta que disfruta siéndolo.

Un día, hace poco, nos quedamos solos en su casa (comparte casa, así que la intimidad muchas veces brilla por su ausencia),  así que decidió  prepararme  una cenita en plan velitas, vino… Hacía no mucho habíamos ido a un restaurante donde nos sirvieron un vino blanco que yo definí como “mi nuevo vino favorito” y él, muy solícito se quedó con el nombre del vino y compró exactamente el mismo para la ocasión.

Así que allí estaba yo sentada a la mesa saboreando mi copa de vino y mirándole con agradecimiento por esos pequeños detalles que te hacen sentir tan importante…  Y pensando como agradecérselo se me ocurrió lo siguiente:

Con mi mejor mirada de ternura, de inocencia me acerqué a él, (que estaba sentado), como si fuera a besarle y de repente me puse de rodillas en el suelo, se la saqué y simplemente me la metí a la boca de golpe sin dejar de mirarle con ojos de ternura y agradecimiento. Se la chupé un poquito y cuando ya la tenía dura le dije: bien, vamos a cenar. Entonces hizo el amago de guardársela para servir la cena y le dije: “no, no, de eso nada. Bueno, espera que si te sientes más cómodo quedamos al descubierto los dos”. Me quité los pantalones y el tanga, aunque me dejé el top quedándonos los dos con la parte de cintura para abajo al descubierto.

El entrante transcurrió con toqueteos, charlando y disfrutando la comida y entonces me preguntó que si quería el segundo a la inglesa o a la española (en España habitualmente el segundo plato se sirve inmediatamente después de los entrantes, pero en Inglaterra, por regla general, no se comen entrantes, pero si así se hace se deja pasar una media hora entre ambos platos).

Entonces me levanté, me senté sobre él y le dije que estábamos en Inglaterra así que mejor hacer algo de ejercicio para tener buen apetito y valorar más su comida. Reaccionó rápido: me atrajo hacia él, me la metió y comencé a cabalgarlo uno frente al otro, él sentado y yo mirándole. Me quitó la camiseta y me sacó las tetas del sujetador metiéndolas en su boca sin más ritual… Cuando llevamos un ratito así con nuestros gemidos y comentarios guarros, saqué la polla, me giré rápida, me puse mirando a la mesa, la volví a meter y apoyé mi pecho en la mesa de forma que al estirarme mi culito quedaba abierto y accesible. Él empezó a escupirme el ano y a restregarlo mientras yo seguía follándole y con la otra mano me empecé a frotar el clítoris.

Me corrí en segundos, un dedo suyo en el culo, otro mío en el clítoris y una polla dentro. Él iba a correrse también así que me cogió, me la sacó, me puso de rodillas al lado suyo y se corrió en mis tetas, restregó un dedo en su corrida y me dijo: “ahora a cenar”, me puso el dedo en la boca, se lo chupé y se fue por el segundo plato

Volvió con una servilleta de papel para limpiarme y cuando fue a hacerlo le dije:”No no, es el condimento de mi cena”.

Sirvió el segundo. Los dos estábamos completamente desnudos y decidí que por un rato era mejor parar para centrar la atención en su deliciosa cena que con tanto esmero había preparado; la conversación se centró en otro tipo de cosas más inocentes aunque ambos éramos muy conscientes de nuestra desnudez y de la corrida recubriendo mis tetas  que se empezaba a resecar

Por ello, cuando sirvió el postre le dije: “Bien, y con el postre la leche”. Comencé a chuparme las tetas, tratando de no desperdiciar su leche, pero sinceramente estaba ya muy reseca y llegaba mal… “ahora me quedo con sed”, le comenté. El chico, que aunque no la tiene muy grande es muy morboso  se acercó a mí y  empezó a comerme las tetas  es decir, a comerse su leche), diciéndome: “No te preocupes, que hay mucha gente pasando hambre y aquí nada se tira… y por tu sed, tranquila, que tengo litrossssss de leche para que te bebas”.

Eso me mojó el coño aún más y le dije: “bueno para ir saciando algo mi sed me beberé esto”, y empecé a mojarme los dedos en el coño y a lamérmelos. Me preguntó que si estaba rico, así que también se los di a lamer a él hasta que terminó, como debe ser, comiéndome el coñito. De nuevo, me corrí. Todo esto sucedió al lado de la mesa, en el suelo.

Entonces decidimos irnos a la cama, que aunque convencional es muy cómodo. Cuando ya estaba yo buscándole el rabo con mi boca me dijo que iba a apagar las velas de la cena y volvió con una botella de albariño y dos copas. El cual le había comentado que es otro tipo de vino que me encanta, pero que en Inglaterra es muy difícil encontrarlo, así que me quedé sorprendida. Empecé a agradecérselo y, entonces, me saltó el muy cabrón:

“Cállate, puta, no lo he hecho por ti, simplemente te estoy comprando. Si quieres bebértelo tienes que dejarme hacer lo que quiera”.

Ummm, como respuesta yo me abrí las piernas.

Sin apartar la mirada de mi coño me dijo:”muyyyy bien, muyyyyy bien, pero ahora abre la boquita también”. Así lo hice.

Se colocó encima de mí en posición de 69, y empezó a follarme la boca a la vez que me follaba el coño con 2 dedos y su lengua. Pasó a 3 dedos y empezó a abrirlos dentro, como intentando dilatar el coño. Entonces empecé a percatarme de lo que quería: ¡follarme con la botella! No podía esperar más así que le pregunté qué quería hacer y, efectivamente,  me dijo que me quería follar con  la botella. Le dije que prefería metérmela yo para él, pero que me metiera la polla antes.

Así que me folló muyyyyy salvajemente. Le pedí que me metiera un par de dedos o 3 mientras me follaba. Así lo hizo y me fue abriendo el coño de forma importante.

Cuando ya ambos estábamos muy cachondos le dije que la sacase y me diese la botella. Me la pasó y comencé a meterme el cuello (entraba sin ninguna dificultad), hasta que llegué a la parte donde la botella ensancha. Empujé un poco y noté que me dolía, pero le miré la cara y estaba flipando sin perderse detalle y pajeándose a muyyyyy buennnnn ritmo así que hice de tripas corazón,  comencé a darme en el clítoris para endulzar el dolor y empecé a empujar; me estaba doliendo, pero por otra parte excitando.

Yo seguía dándome y empujando la botella y cada vez dolía más así que cerré los ojos e imagino que tenía cara de dolor porque me cogió la mano, me la retiró de la botella, me la sacó un poco y comenzó a follarme sólo con el cuello. Le dije que la metiera si quería, que no pasaba nada, y me dijo que prefería que ambos disfrutáramos así que me di la vuelta le puse el culo en pompa y le dije:

“Entonces dame por el culo que eso nos gusta a ambos”. Me escupí la mano, la pasé por mi culo, me metí un dedo,  lo restregué por mi chocho, lo devolví a mi culo y me metí un segundo dedo. Entonces los saqué, me cogí los cachetes, los separé abriendo el culo y le dije: “¿Crees que está listo para tu rabo?”. Entonces me dio un azote y me dijo: vamos a comprobarlo, me la metió sin problemas y se corrió dentro.

Al poquito y casi a la vez yo  me corría dándome  al coño. Nos quedamos dormidos y al rato nos despertamos (con ganas de más).  Cogí la botella de albariño, y le dije: “Vamos a bebérnosla”. Acto seguido empecé a chupetearla por fuera, bebiéndome primero mi sabor a coño. Él dio una lamida también y me dijo: “Ese líquido me gusta más beberlo de su recipiente original”. Así que me abrí de piernas y bajó a beber. Mientras tanto me dispuse a servir las dos copas de vino.

Cuando estaban listas subió, dejándome muy mojada. Le besé para saborear mi coño y brindamos por unos estupendos polvos y los que nos quedaban esa noche aunque el resto no es necesario contarlo porque fue más convencional e íntimo.

Este chico es un buen follador.

Si deseáis opinar lo podéis hacer.

Si te ha gustado espero vuestros comentarios y que lo votéis, más besos húmedos…

Autora: Zorrita Insaciable

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Cuando conocí a mi cuñado

Nunca me habían follado así. Tuve múltiples orgasmos, perdí la noción del tiempo, mi hermana sentada, con los dos pies apoyados sobre la mesa se masturbaba viendo como me follaba su marido. Por fin la sacó y se la metió de nuevo a su mujer en la boca donde se corrió. Mi hermana llegó al orgasmo masturbándose mientras el semen le caía por la comisura de los labios.

Hace un par de años descubrí esta página, desde entonces soy una habitual seguidora de estos relatos. Nunca me había atrevido a escribir, pero hoy no he podido más y voy a contar mi historia. Una historia real que empezó hace muchos años. Por razones obvias los nombres y lugares son ficticios pero los hechos son tal como se describen.

Tengo cincuenta y un años bastante bien llevados, me cuido y procuro estar atractiva. De ciertas parte de mi cuerpo, que no voy a detallar, me siento orgullosa y creo que con razón. Desde hacía unos años pertenecía a un club social de mi ciudad, allí nos reuníamos un grupo de chicos y chicas. Realizábamos actividades deportivas, culturales y sociales. A pesar de no conocernos todos, ya que cada uno se dedicaba a una u otra actividad, solíamos coincidir en la cafetería del club y nos relacionábamos entre nosotros con más o menos intensidad.

A mis dieciocho años me había fijado en un chico que solía aparecer a menudo ya que estaba metido en el grupo de teatro. Me gustaba, pero mi timidez, y los seis años que me separaban de él solo me permitían cruzar alguna palabra inconexa. A mediados de julio el club celebraba la fiesta anual de fin de ejercicio. Ese año se celebró a las afueras de la ciudad, en un restaurante al aire libre junto a un lago. Gracias a que los padres de una amiga, conocidos de los míos, que asistirían también, y tras mucho insistir, pude salir por primera vez de noche sin la compañía familiar.

Cuando llegué al lugar del acontecimiento el corazón me dio un vuelco, allí estaba él. Días antes habíamos coincidido con él en la cafetería, me había saludado e iniciado una conversación trivial, en la cual deslicé la pregunta de si asistiría a la fiesta, su respuesta fue negativa. Allí estaba charlando y riendo en un corrillo con una cerveza en la mano. Pasé por su lado mil veces, ni se fijó. Al cabo de un rato se separó del grupo y se encaminó al interior del local, aproveché para hacerme la encontradiza, le saludé con una sonrisa, me devolvió el saludo con un movimiento de cabeza y desapareció. En ese momento llamaron para que nos acomodásemos en las mesas. Había una preparada especialmente para la gente joven. Me senté, a mi derecha se sentó mi amiga y al otro lado un chico con una cara llena de granos.

Toda la juventud tomó asiento, el único sitio libre quedó justo en el otro extremo de mi posición. Mi deseo de poder sentarme junto a él no se iba a cumplir. El vecino de los granos había iniciado una conversación conmigo que malditas las ganas de seguirla. Mientras Intentaba no ser descortés con mi interlocutor, una voz a mi derecha me pidió si le podía acercar la botella de vino. Sentado a mi lado, a menos de quince centímetros, pidiéndome una botella de vino estaba el chico de mis sueños, busqué a mi amiga. Estaba en el lugar que le hubiese correspondido a él, sonriendo malévolamente y guiñándome un ojo. Luego me enteré que cuando le vio asomarse al jardín, mientras yo atendía al de los granos, dejó su puesto y ocupó ese lugar dejando la única silla libre de la mesa a mi lado.

Te he pedido la botella de vino – me repitió – no que te cases conmigo. No sabía que hacer, las manos me sudaban, le acerqué como pude la dichosa botella y rocé su mano al dársela. Todos los espectros del rojo se posaron en mis mejillas, mis hormonas de quinceañera se dispararon. Notaba que mis pezones se apretaban contra el sujetador, mis braguitas se humedecían, las piernas me temblaban, las palabras se me trabucaban en la boca. Los primeros minutos de la cena estuvo hablando con varios comensales, yo le miraba sin decir nada. Cuando me atreví a intervenir en la conversación, se giro, paso el brazo por el respaldo de mi silla y muy cerca del oído me susurro,- creía que la chica más guapa de la fiesta se había quedado mudita.

Si antes las hormonas se me dispararon, ahora estallaban dentro de mí como las palomitas en un horno, la respuesta fue un balbuceo incomprensible que me fue correspondido con una risotada. A partir de ese momento todo fueron atenciones por su parte. Terminamos la cena, sirvieron los cafés y unas cuantas copas. Pasó su brazo sobre el respaldo de mi silla, yo hacía lo posible para rozar con mis hombros su brazo, de vez en cuando acentuaba sus palabras con suaves golpecitos sobre mi espalda que a mi me parecían las más dulces caricias. Hablamos y reímos. Al otro lado del jardín, junto al lago empezó a sonar música, se formaron parejas y grupos que se fueron a bailar. Nos quedamos casi solos en la mesa.

Un par de amigos vinieron a buscarle para que fuera a bailar, contestaba diciendo que eso del baile no se había hecho para él. Seguimos charlando y riendo, en un momento dado me dijo.

– Ve a bailar, yo me quedo aquí, diviértete. No te quedes aquí por un pobre inepto del baile. – No, te hago compañía, además – mentí – el baile tampoco es mi fuerte.

Seguimos charlando, mi amiga vino a buscarme y me arrastró al lavabo para que le contara las novedades. Estaba más emocionada que yo, por lo visto éramos la comidilla de todo la mesa. Raúl, así se llamaba, era uno de los chicos del club que más pasiones despertaba entre las chicas, y hasta la fecha no se le conocía ningún romance con nadie del club. Aparecía por el club los días de ensayo del grupo de teatro, se tomaba unas cervezas en bar social, charlaba con los que por allí se encontraban y desaparecía. No era como otros, mi caso, que nos pasábamos todas las horas posibles en las instalaciones del club.

Regresé con mi amiga del aseo, ella se fue a la pista de baile, y yo me senté de nuevo junto a Raúl. No había tomado asiento cuando se levantó, tiró de mi mano y dijo:

– No me perdonaría nunca desaprovechar la oportunidad de bailar con una belleza como tú – me tenía de pie frente a él, con su dedo pulgar acariciaba mi mano – eso si estás dispuesta a aguantar algunos pisotones e improperios -. No me dio tiempo a contestar me arrastró hasta la pista.

Una canción de Adamo, sus manos en mi cintura, sonaba en el tocadiscos. Por lo visto debo poner las manos en tu cintura – me susurró, mientras me rodeaba con sus brazos – hasta aquí es fácil, lo difícil viene ahora -. Mis manos subieron a sus hombros y poco a poco fueron rodeando su cuello. Me hablaba, me pisaba. Nunca he sabido que me dijo, ni sentí sus pisotones. Estaba en una nube, no veía, ni sentía. Solo notaba sus manos que paseaban por mi espalda. El roce de su pecho en el mío hizo que mis pezones se irguieran hasta sentir un dulce dolor. Un calor indescriptible me invadió por todo el cuerpo. Nunca he sentido algo parecido, ese momento es el más maravilloso que he vivido en la vida, creo que tuve varios orgasmos.

Bailamos y bailamos, abrazados como si no pudiéramos despegarnos. Por suerte los adultos estaban a lo suyo alejados de la juventud. Varias parejas se perdieron por los jardines del restaurante. Por desgracia nosotros no, y eso que yo estaba dispuesta a perder todo lo que me hubiera pedido
Como a Cenicienta me llegó la hora de irme. Los padres de mi amiga le habían prometido a los míos que antes de la dos estaría en casa. Cumplieron. Él se quedó con el amigo con el que asistió a la fiesta. Era plenamente consciente que me había enamorado perdidamente de ese chico.

Esa noche al meterme en la cama me masturbé, una, dos, tres veces, perdí la cuenta, solo se que al día siguiente tenía los labios de la vagina enrojecidos. Mi hermana, cinco años mayor, que dormía en la misma habitación que yo, a la mañana siguiente me dijo pícaramente, – hermanita, anoche no parabas de jadear, debiste despertar a todo el barrio, ¿Qué pasó en la fiesta? -. Me sonrojé y callé.

Hacía pocos meses había cumplido dieciocho. Mi vida consistía en ir al colegio, pasar los ratos de ocio en el club, ir algún día al cine con amigas y cuando mis estrictos padres me lo permitían, asistir a alguna fiesta Mis relaciones con los chicos no habían pasado de oírles decir cuatro burradas, nunca había besado a nadie y desconocía lo que era el sexo. Me masturbaba por puro placer sin relacionar la excitación con alguien en concreto. Esa noche cambió mi vida, mi cuerpo notó sensaciones desconocidas. Descubrí que el placer de masturbarme pensando en alguien era una forma de practicar el sexo. Desde ese día hasta hoy, más de treinta años después cuando me masturbo pienso en esa noche, en Raúl y en lo que me hizo sentir.

En mi casa cualquier conversación era excusa para hablar de Raúl, mi hermana se pasaba el día haciendo broma sobre él. A partir de entonces acudía al club con la esperanza de encontrar al chico de mis sueños. En el club cada vez que se abría la puerta miraba si era Raúl el que entraba. Él siguió con su rutina cotidiana, aparecía cuando había ensayos, se tomaba una cerveza, charlaba con los amigos y se iba. Lo único que gané es que ahora cuando me veía me daba dos besos y a veces se sentaba charlar conmigo. No sabía que hacer para llamar su atención y quedarme a solas con él.

En mis fantasías siempre aparecía él. Me besaba, me desnudaba, me acariciaba, me lamía todo el cuerpo y me follaba hasta quedar inconsciente. Estos pensamientos me excitaban de tal manera, que si la masturbación había sido algo íntimo en mi habitación, pasó a ser una necesidad en cualquier momento. Aprendí a masturbarme en cualquier sitio. Apretando los muslos uno contra otro con un ligero movimiento de la pelvis logré obtener placer en los lugares más peregrinos, el autobús, el cine, incluso sentada en la parte trasera del coche de mi padre.

Cualquier lugar en el que pudiera sentarme era un lugar propicio para darme placer. Raúl sin ni siquiera besarme era el responsable de haber abierto un camino de placer infinito. La educación mojigata de la época llegó a hacerme plantear si eso era una enfermedad y me estaba condenando a una vida totalmente pecadora dependiente de mi sexo.

Los dos meses de verano los pasé fuera de la ciudad, con lo que los encuentros con Raúl fueron imposibles. De nuevo en casa, llegó la rutina diaria y el reencuentro con los amigos del club. Volví a ver a Raúl, tan amable y simpático como siempre. Por esas fechas mi hermana sentimentalmente no andaba bien. Estaba a punto de dejar un novio con el cual llevaba año y medio y que no disfrutaba del beneplácito familiar. Era un chico pendenciero y bebedor, que todavía hoy no entiendo como mi hermana pudo enamorase de él. Por este motivo, mi hermana, pasaba por un momento sentimentalmente delicado.

Una tarde en que la noté especialmente deprimida la llamé a la oficina y le dije que la pasaría a buscar, así podría conocer a Raúl del cual se pasaba el día haciendo bromas sobre su existencia. A las seis de la tarde estaba en la puerta de su oficina, la encontré más animada. Era mi única hermana y siempre la había admirado, congeniábamos y nos tapábamos una a la otra de las tiranías de nuestros padres. Mi hermana era muy diferente a mí, no era tímida, había salido con muchos chicos desde una edad más temprana a la mía, cosa por otra parte, hizo que nuestros padres la marcaran muy de cerca. Muchas veces mentí por ella para evitarla duros castigos, sobre todo por lo estrictos horarios que nos tenían fijados.

Fuimos andando hasta el club, durante el camino solo le hablaba de Raúl, ella se reía de mi admiración. Confesó que tenía ganas de conocerle, por que un chico que haya conseguido –dijo – que mi hermana descubra que lo que tiene entre las piernas sirve para algo más que para hacer pis y tener la regla, es de admirar.

Llegamos al club. No estaba, temía que al conocerlo mi hermana le dijera lo loca que me tenía. A última hora de la tarde apareció por la cafetería. Le saludé, le presenté a mi hermana y se sentó con nosotras. Como siempre se mostró atento, servicial y simpático. Llegó la hora de irnos, salimos los tres juntos, al llegar a la calle se despidió de nosotras.

Como teníamos tiempo para cumplir con el horario de llegar a casa, decidimos ir dando un paseo. Mi hermana me comentó que tenía muy buen gusto, que era un chico muy guapo. La conversación no siguió por esos derroteros, por primera vez en su vida mi hermana me contó los problemas que tenía con su actual novio. No sabia que hacer si dejarlo o seguir con él, era consciente que era un bebedor empedernido, que corría detrás de cualquier falda que se pusiera por delante, pero no era capaz de dejarlo, estaba enganchada. En estos momentos llevaba más de un mes sin verle y solo sabía de él por terceras personas.

Pasó el tiempo, mi hermana animada por mi, comenzó a frecuentar el club ya que era una manera de hacer nuevas amistades y tratar de olvidar ese novio que solo la llamaba de vez en cuando. Para no hacer más extenso el relato, mi hermana empezó a salir con Raúl, todo sea dicho que no fue ella la que lo provocó. A Raúl le gustó mi hermana desde el primer momento y la invitó varias veces a salir. Nunca dije nada ni lo hablamos con mi hermana. Las cosas son como son.

Con el tiempo empecé a salir con otros chicos hasta que encontré el amor definitivo con el que me casé. Mi hermana se había casado con Raúl un par de años antes. Mi matrimonio fue feliz, hasta que un desgraciado accidente de coche me dejó viuda con treinta y dos años y dos niños pequeños. A pesar de que esos años de casada fueron maravillosos, nunca pude olvidar esa noche con Raúl en la que no pasó absolutamente nada. Además le veía con mucha frecuencia puesto que era mi cuñado. Jamás pasó nada entre nosotros, me trataba como su hermana pequeña, con bromas y chanzas.

A raíz del fallecimiento de mi marido tanto él como mi hermana se volcaron en mí y en los niños, poco a poco fui rehaciendo mi vida. Volví a trabajar y pasaba temporadas en casa de mi hermana con los niños, se habían mudado a una localidad costera y en verano los niños pasaban con sus tíos y los primos un par de meses en la playa. Yo acudía los fines de semana o cuando tenía vacaciones. Durante esos años tuve un par de relaciones más o menos duraderas, pero que no cuajaron. Hace un par de años decidí no intentar más aventuras, desde entonces me relaciono más con mis amigas y paso muchas temporadas en casa de mi hermana. Los chicos ya son mayores y hacen su vida. Raúl sigue como siempre, atento, simpático y bromista conmigo.

Mi hermana vive en un chalet con jardín y piscina en verano paso muchos días con ellos. Las noches estivales de calor la ventanas y puertas quedan generalmente abiertas. Oigo a mi hermana y mi cuñado en sus juegos amorosos, sobre todo a mi hermana que es muy escandalosa. Esos jadeos me transportan siempre a esa noche cuando bailé con Raúl, me excito muchísimo y acabo masturbándome pensando en tenerle dentro de mí. En su casa, cuando me ducho pienso en Raúl. Ha pasado por ahí unos minutos antes, me lo imagino acariciando mi cuerpo desnudo y húmedo.

Un caluroso día de hace cuatro veranos, estábamos mi hermana y yo tomado el sol en una hamaca junto a la piscina, una voz llamó desde el chalet de al lado. Era la vecina que le recordaba que habían quedado en ayudarla a hacer una tarta para el cumpleaños de su hijo. Mi hermana se levantó, me confesó en voz baja que se le había olvidado, le dije que se fuera que ya recogería yo la cocina. Se puso un pareo y se fue a casa de la vecina, no sin antes decirme que tenía por lo menos para un par de horas.

Decidí poner la cocina en orden. Me levanté de la hamaca. Raúl estaba al otro lado del jardín bajo la sombra de un espeso árbol, dormía la siesta, el periódico le tapaba la cara. Me fui hacia él a coger la taza de café y la copa de coñac que estaban en el suelo. Me acerqué y pasó algo que nunca pensé que pudiera pasar. Me agaché a coger la taza y la copa, le miré, puse mi mano en su pecho y le acaricié, no se movió. Bajé la mano hasta el borde de su bañador, paré. La mano no obedeció a mi cerebro y escarbó bajo el bañador, hasta llegar al pene, estaba flácido. Mi voluntad dejó de existir, me arrodillé, con la otra mano bajé el bañador, el pene seguía flácido sujeto por mi otra mano. Le pasé la punta de mi lengua por el glande, tuvo un ligero espasmo, repetí varias veces, notaba que crecía. Me lo metí en la boca chupando y lamiendo, crecía por segundos.

Algo en mi interior me decía que parara, no podía. Raúl seguía con el periódico sobre la cara sin moverse. Su polla crecía en mi boca mientras seguía chupando y lamiendo, empecé a mover esa polla arriba y abajo con la mano, mientras con la otra mano acariciaba mi clítoris y metía mis dedos dentro de la ya húmeda vagina. Me corrí, poco después me regaló un buen chorro de leche que se esparció por mi cara.

Aparentemente seguía dormido. Chupé su polla para dejarla sin rastro de semen y la volví a poner bajo el bañador. Con la cara llena de sus efluvios cogí la taza, la copa de coñac y me fui a la cocina maldiciendo lo que había hecho por una parte, pero por otra, satisfecha de haber culminado algo que tenía pendiente desde hacia cuarenta años. Llegué a la cocina, me lavé la cara y me dispuse a fregar la vajilla. El agua del grifo iba enfriando mi cuerpo todavía caliente. Le daba vueltas a lo que acababa de hacer, nunca me perdonaría haber traicionado a mi hermana. Trataba de justificarlo, fue algo impulsivo, irracional, algo deseado durante años.

Mis manos restregaban el estropajo sobre un cazo cuando las braguitas de mi bikini fueron fuertemente impulsadas hacia abajo. El susto fue monumental, no me dio tiempo a reaccionar cuando intenté girarme estaba sentada sobre la encimera de la cocina con la piernas abiertas y la polla de Raúl apuntaba a mi coño. No me resistí, entró toda dentro de mí con un placer inigualable. Entraba y salía a una velocidad de vértigo, sus huevos golpeaban mi culo y eso producía más placer. Si es posible más placer.

No nos dijimos nada, yo tenía mis manos apoyadas sobre la encimera, me arrancó la parte superior del bikini, su boca mordía y lamía mis pezones. No se cuantos orgasmos llegué a tener, jamás había experimentado tanto placer ni tantos orgasmos seguidos. No se el tiempo que duró ese polvo, pero cuando él se corrió yo ya no podía mas. Salió de mí, se agachó y me dio un lametón en el chocho caliente, dilatado y mojado de mis efluvios y su leche, se levantó y se fue. Me quedé allí, quieta un buen rato hasta que me vi capaz de reanudar lo que estaba haciendo.

Al rato llego mi hermana, se puso a charlar conmigo en la cocina. Minutos después Raúl nos recordó que esa noche íbamos a cenar a casa de unos amigos, y que el se iba a comprar unas botellas de vino ya que la bodega estaba bajo mínimos. No conté nada a mi hermana de lo sucedido.

Volvimos a casa de madrugada tras la cena en casa de los amigos. Estaba en mi habitación medio dormida, todavía con el placer en mis huesos del polvo con mi cuñado en la cocina. De fondo se oían los jadeos y grititos de mi hermana, producidos por la verga de Raúl. El pensar que hacía unas horas esa polla había estado entrando y saliendo de mi coño hizo que me mojara como una colegiala, empecé a pasar mis dedos sobre el depilado coño. Mi hermana jadeaba como una locomotora. No pude más, me levanté de la cama y me encamine a su habitación.

Mi hermana estaba tumbada en la cama, sus piernas sobre los hombros de Raúl mientras este bombeaba con su polla el coño de mi hermana. Entre jadeos suplicaba que no parara. Sus ojos se cerraron y unos cuantos grititos secos indicaron que había llegado al orgasmo. Él sacó su polla y empezó a hacerse una paja mientras ella seguía jadeando en la cama, se había dado la vuelta, su cuerpo yacía sobre la cama, sus pies apoyados en el suelo dejaban ver un coño abierto y brillante. Me acerqué por detrás le cogí el pene y me lo llevé a la boca, apartó mi boca de su polla y me tumbó en la cama en la misma posición de mi hermana. Una al lado de la otra.

Mi culo se ofrecía a su polla, metió la lengua en mi culo, luego un dedo, luego dos, me dolía, por fin me la clavó violentamente, grité. Mi hermana giró la cabeza y me vio a su lado penetrada por su marido, no dijo nada. Raúl seguía follándome por el culo, el dolor inicial se convirtió en placer. Sacó su polla de mi culo y se lo clavó a mi hermana. Mi culo se movía compulsivamente, sin control. De nuevo salió de mi hermana y me folló a mí. Así estuvo mucho rato, follándonos a las dos, yo me corrí dos o tres veces, mi hermana pedía más. Al final nos dio la vuelta a las dos y nos puso la polla en nuestras bocas, por fin se corrió, ambas nos tiramos a lamer esos jugos que salían de ese pene que tanto nos había hecho gozar. Me levanté como pude y me fui a mi habitación.

Por la mañana no veía el momento de levantarme. No sabía como justificar lo de la noche anterior, me moría de vergüenza de presentarme delante de mi hermana y mi cuñado. Mi hermana golpeó la puerta de la habitación y me invitó a levantarme, el desayuno estaba servido en la terraza, eran las once de la mañana. Me puse una bata sobre mi cuerpo desnudo, hice de tripas corazón y salí a desayunar. Un suculento desayuno estaba preparado en la mesa del porche. Mi hermana se sentó a mi lado, Raúl como todas las mañana se había ido a buscar el periódico y a dar su paseo matutino.

Ambas en silencio empezamos a dar cuenta de las viandas, era indudable que el ejercicio de la noche nos había abierto el apetito. Por fin mi hermana sacó el tema, me preguntó que me había pasado, si tan mal estaba para que tuviera que follarme a su hombre. Me puse colorada y no supe que contestar. Mi hermana soltó una risotada que me dejó perpleja. Me contó que ellos se excitan mutuamente contándose con quien les gustaría echar un polvo, y Raúl siempre dice que tiene una deuda pendiente conmigo. Que cuando me conoció le atraje mucho, pero que eso de seducir a una niña de 18 años le dio miedo, y más viendo lo dispuesta que estaba en esos momentos.

A medida que pasaron los años siempre le decía que cualquier día iba a terminar eso que hace casi cuarenta años no se atrevió a hacer, follarme. Siguió diciéndome que ella se daba cuenta que yo también deseaba saldar esa “deuda”. Al principio la molestaba y sentía ciertos celos de pensar que su marido se quería follar a su hermana, pero, con el paso del tiempo esos celos se habían diluido y si tenía que ser engañada con alguien que fuera con su hermana. Raúl no era mujeriego siempre había sido fiel. Más de una vez mi hermana le había retado a que me follara, que se atreviera a decirme sus deseos, lo único que exigía era saberlo.

Raúl nunca lo intentó, y no por falta de ganas, en las fantasías que le contaba a mi hermana frecuentemente aparecía yo. La conversación terminó dándome todas las facilidades para que follara con su marido. Me quedé sorprendida, pero dispuesta a aprovechar esa oportunidad. Desde que me quedé viuda había tenido varias relaciones, pero lo que ahora se me planteaba era lo ideal para una mujer, follar con un hombre que te gusta, pero sin tener que aguantarle cada minuto.

Mi cuñado volvió cuando habíamos acabado de desayunar, se acercó a nosotras, mi hermana cogiéndole por la cintura lo atrajo hacía ella. Me miró, me guiñó el ojo y me dijo – es hora que vayas aprendiendo ciertas cosas -. Bajó su pantalón y su polla quedó al aire. La tomó con su mano izquierda y con la derecha cogió una cuchara que metió en la mermelada, con ella embadurnó esa polla que ya iba tomando consistencia. Se la metió toda en la boca, chupando y lamiendo, mientras con la mano iba moviéndola lentamente de arriba abajo.

Alucinaba con lo que estaba viendo, me estaba excitando y mis manos apartaron la bata y se dirigieron a mi coño, que empecé a acariciar. Raúl apartó la vajilla de la mesa, alargó su mano y me cogió del pelo, me levantó de la silla y me tumbó en la mesa. Sacó la polla de la boca de mi hermana que ya estaba tiesa y dura, puso otra cucharada de mermelada sobre mi chocho y me hizo la comida de coño más placentera de mi vida. Cuando estaba a punto de correrme metió la polla dentro de mí. Entraba y salía muy lentamente. Nunca me habían follado así. Tuve múltiples orgasmos, perdí la noción del tiempo, mi hermana sentada, con los dos pies apoyados sobre la mesa se masturbaba viendo como me follaba su marido.

Por fin la sacó y se la metió de nuevo a su mujer en la boca donde se corrió. Mi hermana llegó al orgasmo masturbándose mientras el semen le caía por la comisura de los labios.

Desde ese verano me follo a mi cuñado cuando me apetece, esté o no delante mi hermana. A veces dormimos los tres juntos en la misma cama, o me despierto porque mi cuñado se ha venido a mi cama y me está follando. Otras veces soy yo la que voy a su cama y me lo follo mientras mi hermana duerme a su lado. Algunas veces nos lo follamos mi hermana y yo al mismo tiempo.

Como buenas hermanas compartimos muchas cosas, entre ellas al mismo hombre. Lo único que siento es que todo esto no hubiera ocurrido años atrás. Ahora debemos ganar el tiempo perdido.

Autora: CaldaMarta

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La hija del director

Subió bien mi falda, apartó mi tanga y comenzó a chuparme el coño de una manera espectacular, yo no dejaba de gemir y de pedir más como una puta. Me corrí dos veces mientras él me comía toda la almeja, después se puso de pie, agarró mis piernas hacía arriba y me metió toda su polla sin contemplación. Yo no podía parar de chillar y él metió un dedo en la boca para que se lo chupara.

Este relato me ocurrió un verano en el hotel del que mi padre era director. La cadena de hoteles en la que él trabajaba es muy grande, tiene hoteles en las Baleares, en las Islas Canarias, en Santo Domingo, en Méjico… en fin, en muchos sitios, y van cambiando a los directores de un hotel a otro a los 5 ó 6 años. En esta ocasión a mi padre lo mandaron a trabajar a Mallorca, por lo que mi madre decidió que nos fuéramos allí con él a casa de mi tía Carla. Para mi parecía ser la peor idea que podía haber porque tenía que dejar a mi novio en Madrid todo el verano, pero no había discusión alguna, así que todos a Mallorca.

Antes de empezar decir que tengo 19 años, mido 1.67, pelo largo y moreno y tengo los ojos verdes. Soy delgada y de pecho estoy bien servida, tengo un 95. Bueno, a lo que íbamos, a mi padre no se le ocurrió otra idea que meterme a trabajar con él en el hotel. A mí en un principio no me hizo mucha gracia, pero después pensé que eso me ayudaría a pasar el verano más rápido y además ganaría un dinero. Llegamos a casa de mi tía y empezó a darme besos como de costumbre, cosa que odiaba, para mi tía Clara yo seguía siendo su niñita. A mi tía siempre le encantaron las niñas y ella tuvo nada más que niños, 4 chicos. Mis primos eran todos mayores que yo. Mi primo Felipe tenía 33 años, Carlos 28, Nico 25, y Diego 22. Ninguno de ellos estaba en casa cuando llegamos, pero estando en la cocina charlando con mi tía, se escucha abrir la puerta y era mi prima Carlos.

¡Cuánto tiempo hacía que no veía a Carlos! No me acordaba apenas de él, pero era guapísimo, un morenazo lleno de músculos con unos ojazos negros, cuando se acercó a mí a darme un beso y me cogió de la cintura no pude evitar pensar como esas enormes manos me acariciarían todo el cuerpo. Más tarde nos pusimos a cenar y llegaron el resto de mis primos, ¡a cual más guapo! No podía entender lo buenos que estaban mis primos con lo feilla que era mi tía. Nos pusimos a comer y Felipe se sentó a mi lado, mmmmm ¡qué bien olía! Esa noche al irme a dormir no podía parar de pensar en cómo sería follar con mis primitos.

A la mañana siguiente mi padre me llevó a que viese el hotel, y la verdad es que me gustó mucho, me dieron el uniforme que consistía en una falda azul marino y una camisa blanca. Cuando llegué a casa le dije a mi madre que me la arreglara porque me quedaba muy grande, estando probándome la falda pasó Nico y me dijo:

– Mmmm primita, que bien se te ve con esa faldita. Y me dio una cachetada en el culo yo me reí y mi madre también, pero todo quedó ahí.

Al día siguiente empezaba a trabajar y he de reconocer que el trabajo me gustó mucho, pero más me gustó el guardia de seguridad que tenía el hotel. Desde el primer día hice mucha amistad con él. Me decía bromas y yo también a él, pero me respetaba mucho por ser la hija de quien era. Una tarde que no había nadie por el hotel y mi compañero había ido a comer, Jorge (que así se llamaba el chico de seguridad), pasó dentro de la recepción para poner el mismo la música que le gustaba, en eso llamaron al teléfono de la oficina del subdirector que no estaba y tuve que entrar yo a cogerlo, me incliné un poco hacia la mesa para coger el teléfono y noté como Jorge no quitaba ojo de mi culo, quien llamaba era el director general de la empresa, por lo que no hice más caso a Jorge y quise atender bien la llamada.

Unos segundos después noto como Jorge se va pegando más a mí, pone sus manos en mi cintura y comienza a rozar muy suave su polla por mi culo, yo no sabía cómo reaccionar, primero por la llamada y segundo porque notaba como la polla de Jorge estaba cada vez más dura, él como veía que yo no hacía nada subió sus manos hasta mis pechos y me los amasaba, eso empezó a calentarme de una manera brutal y ya no sabía ni lo que le decía al director general. Jorge me besaba en el cuello y no paraba de rozarme su polla que ya notaba por completo. Enseguida colgué, pero no quería moverme porque esa polla me estaba volviendo loca. De repente escuchamos como se abre la puerta y era mi compañero que volvía así que Jorge se fue.

A mí me dejó a mil y no pensaba en otra cosa que en esa polla. Al rato que no aguantaba más fui al servicio con la intención de saciar las ganas que me había provocado Jorge, cuando fui a cerrar la puerta del baño noto como alguien empuja para abrir y era Jorge. Entró y cerró la puerta tras sí y sin mediar palabra se acercó a mí y empezó a besarme como jamás nadie había hecho, sus manos no paraban de acariciar mis tetas y yo empezaba a acariciar su pelo mientras su lengua no paraba de moverse dentro de mi boca. Yo estaba a mil, así que bajé mi mano y la puse encima de su polla por arriba del pantalón, estaba durísima y se notaba enorme. Él me sentó en la taza del wáter y me dijo al oído: -Cariño, te voy a follar como jamás te han follado, llevo con la polla tiesa desde que entrante en este hotel con aires de niña buena, pero yo sé que no, yo sé que eres una puta. Eso me puso a mil y no era capaz de decir nada, nada más gemía cada vez que él pasaba un dedo por encima de mi tanga.

– Mira cómo estás, eres una guarra con el coño hecho agua por mí.

Una vez dijo esto se agachó, subió bien mi falda, apartó mi tanga y comenzó a chuparme el coño de una manera espectacular, yo no dejaba de gemir y de pedir más como una puta. Me corrí dos veces mientras él me comía toda la almeja, después se puso de pie, agarró mis piernas hacía arriba y me metió toda su polla sin contemplación. Yo no podía parar de chillar y él metió un dedo en la boca para que se lo chupara y dejara de chillar, porque allí podía venir cualquiera. Sus embestidas eran cada vez más rápidas y yo no pude más y me corrí otra vez. En eso estábamos cuando a él lo llamaron por el busca, porque había una pelea en el hotel y se tuvo que ir, pero no sin antes decirme:

– Putita me tengo que ir, pero esto no va a quedar así, mañana terminaremos lo de hoy.

Y antes de irse se llevó mi tanga. Yo me arreglé lo que pude, me bajé la falda y me fui a trabajar sin tanga. Cuando llegué a casa estaba molida por el día de trabajo así que me senté en el sofá al lado de Felipe, esté me vio la cara de cansancio que traía así que se ofreció a darme un masaje y yo acepté. Me tumbé en el sofá y puse mis piernas encima de las suyas para que me diera un masaje en las piernas que era lo que más me dolía por haber estado todo el día de pie. Él comenzó a darme un masaje en los pies y yo estaba en la gloria, iba subiendo por mis piernas haciéndome sentir como una reina, me masajeaba los gemelos, las rodillas, por mis muslos y yo estaba medio dormida cuando se acerca a mí y me dice muy bajito:

– Primita, no es por ser indiscreto, pero ¿vas a trabajar sin braguitas…?

No me acordaba que mi tanga se lo quedó Jorge. Me levanté medio mosqueada por la pregunta y me fui a mi habitación. Cuando salí a cenar Felipe no dejaba de mirarme de una forma rara, como si supiera lo que había pasado con Jorge. Después de cenar me tumbé en el sofá rodeada de mis cuatro muchachos y mi madre. Estábamos viendo la película de Juana la loca y a mi madre no le gustó y se fue a dormir. Felipe también se iba a dormir y vino a darme un beso de buenas noches:

-Susi, no te enfades por lo de esta tarde, sólo me sorprendió ver a mi primita sin bragas y con el coñito mojado. No me gustaría que nadie se esté follando a mi primita, sin antes hacerlo yo, claro.

Después de esto Felipe me dio un beso y se fue a dormir, estuve dándole vueltas a lo que me dijo toda la noche y no me enteré del final de la película, así que yo también me fui a dormir. Me acosté y empecé a imaginarme como sería follar con mi primo y con Jorge a la vez. Me puse tan cachonda que comencé a masturbarme, estaba en plena faena cuando se abre la puerta de mi habitación y era mi primo Carlos, se quedó mirándome y yo con tres dedos dentro de mi coño no atiné a sacarlos. Él no se movía, nada más miraba fijamente mi chocho todo empapado con mis dedos dentro…

Autora: Susi

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Con dos chicas en la playa nudista

Mi polla empezó a engordar, ¿quieres que lama tu picha para que se ponga contenta?, si lámeme toda la verga zorrita, se la metía toda en la boca hasta darle arcadas, esa polla tiene que estar bien húmeda y la quiero en mi culo, la saqué de la boca de Marta y derechita al culo de Laura, cada vez que la sacaba la boca de Marta esperaba ansiosa, del culo a la boca de la boca al culo.

Bueno como ya os prometí ahí va el día de playa con mi amiguita y una de sus mejores amigas.
Ella me llamó al móvil y me preguntó: ¿Te vienes con nosotras a tu playa favorita?, ¿Quienes vais?  Pregunté, una amiguita y yo, ¿que te vienes? yo loco de contento le respondí vale, no tenía nada que hacer hoy. A las 10:30 te recogemos hoy, lleva el coche mi amiga, a las 10 ya estaba preparado y loco de contento, como será su amiguita, como sea como ella me destrozan.
Justo a la hora indicada llega un golf con las dos tías y que tías, me monté detrás de ella después de las presentaciones, ya le he contado un poquito como es esa playa y está loca por verla, jajajaja. Al grano una vez en dicha playa nos fuimos bastante alejados de todo el mundo, ellas eligieron el lugar cerca de unas dunas y mirando al mar, empezaron a quitarse la ropa, ya sabían a lo que iban, sacaron sus cuatro tetazas a la vez, mientras se subían las camisetas iban apareciendo esos pezonazos que tenían, mi polla se puso un poquito a tono, ¿Que tú no te desnudas? jajaja, ahora mismito, cuando dejé mi pollón a su vista  mi amiga le dice, ¿era grande o no?, ya lo creo y otras risitas, esta vez me da la crema mi amiga, ehhh, yo deseando ver como se daban la cremita la una a la otra.

Mi amiga se tumba boca abajo y pone su culito un poquito en pompa, cuando llega con la crema a ese pedazo de culo se recrea todo lo que quiso, metiendo un dedito por la raja muy despacito, yo mirando sin cortarme un pelo, mi polla engordando cada vez más, mi amiga mira hacia ella y me pregunta, ¿que ya quieres jugar?, no mujer vosotras daros bien la cremita no os queme el sol, me podías dar tú la crema a mi mientras yo se la pongo a Marta, dicho  y hecho, me levanto con mi picha empalmada y me pongo detrás de ella, estaba de rodillas y sus piernas un poquito abiertas  pudiendo ver toda su conchita bien depilada y el culo de los que quitan el sentido, cuando llegué al culo me dice, no te cortes y dame bien por todas partes ehhh, mis dos manos se entretuvieron en el culo un buen rato,  tocaba su agujerito, cada pasada que le daba sus piernas se abrían un poco más y sus manos no dejaban de manosear a Marta.

Hacía un rato que se había dado la vuelta  y sus tetas estaba llenas de crema, con los pezones en punta, sus piernas abiertas y el chochito húmedo, su amiga no dejaba de mover el culo para que yo pudiera tocárselo mejor, el agujero del culo dilató bastante  y una  de las pasadas que la vi metí un poquito el dedo, me agaché lo suficiente para ver ese culo abierto, viene gente dijo y paramos en ese momento un ratito, cuando pasó la pareja nos miraron y se pusieron a una distancia prudente de nosotros, ¡ostia que corte! dice la amiga, porque le dije, esta playa es así ya lo verás, ya me dijo ella ya me contó Marta el día que estuvisteis aquí, ¿todo te contó?, todo dijo Marta echándose a reír.

Bueno chaval, ¿tú no te das crema?, estaba esperando que me ayudarais, pues túmbate boca arriba, anda que con cuatro manos acabamos pronto, y enseguida llegaron a la zona del rabo, Marta enseguida lo cogió, cuando su amiga vio el trabajito que estaba haciendo se animó a ayudar mientras decía, mira la pareja, no nos quita ojo, por eso se pusieron ahí porque imaginarían que habría tema, que placer ver a esas dos chicas enganchadas a mi polla y mis huevos.

Marta dijo, metimos la pata en dar crema, porque, a ver quien se la mete en la boca ahora, jajajaja, serás guarra y puta dice su amiga, ya a que tú no te comías una polla así ahora mismo, ¿yo?  Pues claro que me la comía y me la metía donde antes metió él un dedo, serás cabronazo, ¿donde le metiste el dedo? y sin decir yo nada saltó ella, en todo mi culo, te jodes, jajajaja mientras decían eso mi leche empezó a salir de mi capullo, Ohh  que  rico saltaron a la vez.

Un bañito y salimos los tres corriendo al agua, en el agua les metí mano todo lo que quise, sus chochos abiertos para mí, salían a gatas del agua para que yo pudiera ver ese par de culos,  cuando fuimos a las toallas  la pareja se estaba dando el lote, ella encima de él movía su pelvis en círculos,  vaya polvo que están echando y nosotras no, jajajaja , en ese momento nos dice Marta,  miren que dunita más bonita, os espero en ella y echó a correr, su amiga iba a correr cuando le dije, ve despacio, a ella la gusta esperarnos con el culo en pompa, verás, justo al llegar a ella su culo estaba bien abierto y su chochito se veía por debajo, ¿Que te dije? pues primero se lo chupo, yo que seguro te pone cachondo ver como una tía chupa el culo y el coño a otra, ya lo creo, que eso es el sueño de todo hombre.

Mientras le lamía el culo sus dedos le abrían el coño de repente le dio un azote bien sonoro, ¿te gusta zorra?, si azótame el culo. Tú ven aquí me dijo, quiero que le pongas el culo bien rojo de tus azotes, mientras le comía el coño mis azotes cada vez sonaban más, seguid así, quiero correrme en tu boca Laura, ¿quieres correrte en mi boca puta?, si mi amor, pues córrete zorra,  yo no podía creer lo que estaba viendo, mi polla latía, tu métele esa polla en la boca, todo eran órdenes y nosotros las cumplíamos.

Me la empezó a mamar como una loca, me la mordía, quítala de su boca y métesela por el culo ya que lo vea yo, ella seguía comiéndole el chocho tumbada en la arena, yo de pie, me agaché poco a poco hasta que mi polla tocó su culo, si méteme esa polla en el culo si,  quietos, yo lo haré, cogió mi polla poniendo mi capullo en el  agujero del culo, empuja despacio.

Mi polla empezó a entrar poco a poco, una vez dentro toda mi polla empezó a mearse de placer, su meada caía encima de Laura, así zorra así meame, me corro, empecé a decir mientras salía mi polla del culo la leche salía detrás, su culo quedó bien abierto, ¿te gusta ese culo tan abierto? ehhh pues así me tienes que dejar el mío.

Marta se quedó tumbada en la arena, Laura se puso a cuatro patas para mi, empecé a chuparle el culo, méteme la lengua por el agujero, venga,   su culo se dilataba a pasos agigantados, Marta se puso en pie y al ver el culo de Laura se quedó con la boca abierta, madre mía que agujerito para meterla, ¿ehhh?

Mi polla empezó a engordar al oírlas decir esas cosas, ¿quieres que lama tu picha para que se ponga contenta?, si lámeme toda la verga zorrita, se la metía toda en la boca hasta darle arcadas, esa polla tiene que estar bien húmeda y la quiero en mi culo, la saqué de la boca de Marta y derechita al culo de Laura, se la metí con fuerza para que entrara toda de un tirón,  cada vez que la sacaba la boca de Marta esperaba ansiosa, del culo a la boca de la boca al culo, así un buen rato.

Marta se estaba haciendo un dedito mientras me comía la polla, mis dedos entraban en el coño de Laura, hasta cuatro la metí en el chocho, sus espasmos cada vez eran más fuertes, me corro me corro gritaba,  en ese momento saqué mi polla del culo de Laura y con sus boquitas mirando mi polla empecé a correrme en sus caras, se lamían la cara la una a la otra, mi leche salía con fuerza, sus bocas abiertas para ver si encestaba en ellas,  buenos chorros cayeron dentro.

Empezaron a lamerme la polla las dos a la vez, sus lenguas se tocaban, se repartían la leche, los tres reíamos sin fuerzas, creo que tendríamos que comer algo y echarnos una siesta en las toallas, buena idea les dije, porque quizás por la tarde el juego sea más duro, jajajaja, ¿verdad esclavas?
Pero eso será contado en otro momento.
Un saludo.

Autor: Rutas21

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Ana, la mujer de mi amigo

Ana empezó a cabalgar sobre mí. Ese polvo matutino era si cabe el más rico, pues podía tenerla más de cerca, su cuerpo pegado al mío, su piel más suave que la noche anterior, acariciando sus tetas y su espalda, viendo como su preciosa figura se apretaba contra mí y como su coñito se comía mi polla. Ella tuvo un nuevo orgasmo, algo más apagado que la noche anterior.

La mujer de mi mejor amigo es Ana, una chica fantástica en todos los sentidos: guapa, simpática, cariñosa, sincera, inteligente y con un cuerpo divino. ¿Qué puedo decir?, a mí me encanta, no paro de recordar muchas de sus poses, de sus gestos, de sus curvas… Me he matado a pajas siempre pensando en ella. Es mi mujer ideal, lástima que sea la mujer de mi amigo.

Físicamente podría decir que es alta, con el pelo liso de media melena color castaño, ojos verdes, nariz pequeña, labios carnosos no muy grandes, una dentadura perfecta, una piel fina como terciopelo, unas tetas bien puestas, cintura estrecha, culo redondo, piernas largas con buenos muslos… es difícil describir a Ana y expresar lo preciosa que es. Ella es muy elegante y sexy, con unos vaqueros no tiene rival, con faldas está para comérsela, en bikini te desmayas y desnuda…

Vayamos por partes, me llamo Emilio, tengo 29 años, actualmente divorciado, tengo dos hijos guapísimos y siempre he tenido una relación maravillosa desde muy pequeño con mi gran amigo Miki. Siempre hemos ido juntos a todas partes, a la playa, al cine, de paseo, de viaje, hasta en nuestras bodas fuimos padrinos respectivamente uno del otro. Un buen día Miki conoció a una chica, Ana, la primera vez que la vi, supongo que como él, me quedé electrizado. Alta, delgada, guapa y muy sexy, para colmo era simpatiquísima. Miki y yo mantuvimos nuestra amistad a pesar de nuestras parejas y así continuamos durante largo tiempo saliendo los cuatro, incluso después de casados, viajando siempre juntos a todos lados, y saliendo las dos parejas juntas todos los fines de semana.

Yo, naturalmente, con Miki tenía mucha confianza, pero también la empecé a tener con su mujer, que como ya he dicho es muy simpática y muy agradable. Muchas veces bailamos juntos, luchábamos en el agua cuando íbamos a la playa, o la llevaba en mi moto, que le gustaba mucho, era un placer sentir su cuerpo pegado al mío, sus tetas adosadas a mi espalda…, o íbamos de compras ya que el horario de trabajo de Miki no le dejaba acompañarla. La confianza se hizo mutua y nos hicimos muy amigos. Sus movimientos, sus frases, sus gracias, su silueta, me volvían loco, la deseaba por cada cosa que hacía o decía, hasta el punto de que cuando hacía el amor con mi mujer tenía a Ana en mi pensamiento.

Pasados los años, mi mujer y yo, pasando por malos momentos en nuestro matrimonio, supongo que por incompatibilidad o por cualquier otro motivo, acabamos divorciándonos, aunque amistosamente, ya que al fin y al cabo tenemos dos hijos en común. Después de nuestra separación, yo pasé por alguna que otra depresión, pero gracias a mis amigos Miki y Ana, lo superé, y es incluso hoy que no me separo de ellos y seguimos yendo juntos a todos lados. Parecemos el trío La, la, la.

Pasado un año de mi divorcio, es cuando me sucedió algo increíble: Una noche de sábado, como otras muchas veces, Ana y Miki me invitaron a cenar en su casa, aunque esa vez celebrábamos mi cumpleaños. Llegué pronto y ayudé a Ana en la cocina, ya que me gusta cocinar, mientras Miki ponía la mesa en el salón. Después de una charla más o menos poco trascendental, ella me hizo una pregunta algo más directa:

– Oye, ¿te puedo hacer una pregunta íntima? – me dijo. – ¡Claro! – contesté. – No tienes que contestarla si no quieres. – No seas tonta, ya sabes que con vosotros yo no tengo secretos. – ¿Cuánto tiempo hace que no haces el amor?.- preguntó ella.

Aquella pregunta me dejó un poco sorprendido, pero como ya he comentado, tenemos mucha confianza y no me importó responderla, además Ana no se cortaba a la hora de hacer ese tipo de preguntas: – Pues si te digo la verdad ni me acuerdo. Debe hacer más de un año. – le dije.

– ¿Tanto? – Pues sí… – mi respuesta fue un poco de conformidad. Al fin y al cabo en ese tiempo no había conocido a ninguna chica con quien poder intimar. – ¡Vaya, vaya! – respondió irónica. Estarás como un toro. – Sí, sí. Así que ten cuidado, no te descuides, que como te pongas a tiro. – afirmé a modo de broma. – Ja, ja, ja, o sea que si me pillas, me violas…

Yo ya estaba acostumbrado a sus comentarios al respecto, ya que es una tía muy cachonda, que por cierto siempre me pone cachondo. “Si ella supiera…” pensaba para mí. El caso que Ana insistía en hacerme preguntas de ese tipo, que yo en principio interpretaba como normales, pero poco a poco me fui mosqueando con tanta preguntita y tanta risa, pero más adelante entendería el motivo, el caso que yo me estaba poniendo a tope. Ella fue a cambiarse y Miki y yo nos quedamos charlando tomando un vino en el salón, esperándola para cenar. Cuando Ana apareció por la puerta me quedé petrificado. Ella siempre acostumbra a vestir elegante y a mostrar todos sus impresionantes atractivos, pero en ese momento se puso una ropa extremadamente sensual que habitualmente no usa.

Llevaba el pelo recogido con un moño, la boca pintada de rosa fuerte, bastante maquillada, los ojos bien perfilados, un colgante brillante al cuello, varias pulseras, anillos y lo mejor de todo, un mini vestido de lycra de tirantes, color crema, ajustado al máximo a su cuerpo, que mostraba todas sus curvas perfectamente. Un grandioso escote mostraba un canalillo más que deseable, sus pezones se notaban erectos por debajo de la fina tela. El ceñido vestido dejaba entrever la silueta de sus braguitas tipo tanga. Sus esculturales piernas destacaban morenas en contraste con su vestido beige, aquellas hermosas piernas brillaban y ese corto vestido las mostraba por entero. Una pulsera de oro brillaba en su lindo tobillo. Unos zapatos de tacón fino negros remataban una vestimenta más que sensual. Estaba divina.

– ¡Preciosa! , ¿No crees? – dijo su marido señalándome.

Yo me quedé sin habla y así se lo hice entender, también estaba cortado, aunque deseaba devorarla con la mirada. No pude contestar y simplemente afirmé con la cabeza. Ellos se miraban y se reían de mi embarazosa situación. Servimos la cena en una redonda mesa de cristal, que naturalmente permitían ver las hermosas piernas de Ana que estaba situada casi frente a mí. No podía evitar desviar mi mirada, entre bocado y bocado, hacia la escultural figura de esa chica, su cinturita, sus piernas cruzadas, su perfil, su lindo cuello… Sus movimientos me hacían enloquecer, con sus intencionados cruces de piernas, con su inclinación de cabeza ofreciéndome algún condimento para la comida y con esos gestos que te hacen las mujeres y que a nosotros nos vuelven locos.

Mi pene se mantuvo bastante erecto durante toda la velada y era casi imposible, para un ser humano normal, no empalmarse con esa mujer. Aquel vestido la hacía mucho más explosiva. Fue una cena divertida como siempre, charlando de muchos temas y contando algún chiste y las aventuras del pasado. Ya rozando los postres se fue caldeando y los temas se hicieron más picantes.

– ¿Qué es lo que más te gusta de una chica? – se atrevió a preguntar una de las veces la insinuante de Ana. – Su sinceridad, su inteligencia… – respondí yo inocentemente. – ¡Tonto!  Digo de su físico. – me recriminó ella. – Bueno… – dije – … yo lo primero en lo que me fijo es en sus ojos, pero luego los míos se desvían a sus piernas, a su culo, a sus tetas… creo que eso nos pasa a casi todos los hombres.

– ¿Y de mí?, ¿qué es lo que más te gusta de mí? – me cuestionó la muy víbora. – De ti… – dejé una pausa – … ¡me gusta todo!- contesté azorado, aunque sonreí para no darle mayor importancia al asunto. – A mí… – prosiguió Miki – …me gustan los muslos y la entrepierna, es algo que me vuelve loco, después de chequear la cara de una mujer, me fijo en sus piernas y luego voy subiendo a su chochito, como un instinto animal… – Y… ¿a ti de los chicos ? – le pregunté a ella.

– Yo me fijo en los ojos y en las manos, es algo que debe superar mi test de prueba, después ya me fijo en su culo o en su paquete, pero en primer lugar miro a los ojos y las manos, yo creo que es una manía. Sus ojos deben de expresar belleza y sensibilidad y sus manos deben ser tiernas y fuertes a la vez. Yo capto el carácter de una persona con una mirada y un apretón de manos.

Lo cierto es que Ana lo sabía bien pues su profesión de intérprete de francés en muchos congresos le habían convertida en una experta en apretón de manos.

– ¿Y mis manos y mis ojos pasan tu test? – pregunté yo, siguiendo el juego. Los dos se carcajearon mirándose con cierta complicidad.

– ¿Qué pasa? – pregunté. – Nada,… – dijo Miki- … es que precisamente ayer lo comentamos y a Ana le encantan tus ojos y tus manos. Creo que enrojecí.

Bueno, después la conversación se fue caldeando cuando, tras varias risas y comentarios, llegó la hora de contar nuestra primera experiencia sexual y fue Miki el primero en contarla. Ya he dicho que para nosotros eso es normal y nos contamos todo.

– La primera vez… – recordó Miki…- fue un poco precipitada, ya que casi nos pillan, fue con mi vecina de enfrente que tenía por entonces unos 40 años. El caso es que me la encontré en el portal una tórrida mañana de verano con un montón de bolsas de la compra y yo muy cortésmente me ofrecí a ayudarla, ya que en aquel edificio donde vivíamos no había ascensor y vivíamos en un cuarto piso.

La verdad es que aquellas jodidas bolsas pesaban lo suyo. Cuando las metí en la cocina y ya dispuesto a irme a mi casa, me dijo ¿no quieres una Coca-cola?, y siempre recuerdo que ella metía un trozo de limón en la botella, metía una pajita, me la daba y me decía: ¡Su Coca-cola a la americana!

El caso es que acepté el refresco, me senté en la encimera del fregadero, colgándome los pies y la muy bestia se apretó contra mí preguntándome, ¿Nunca te han hecho una mamadita? Me dejó flipado, pero sin darme tiempo a contestar me bajó la cremallera de mi pantalón y sacó mi polla que en su mano fue creciendo más y más. Se agachó y de un bocado se la metió entera en la boca y fue apretando con sus labios y lamiendo con su lengua.

Creo que yo me traspuse pues no recuerdo como reaccioné. Lo que si sé es que sin poderlo remediar y sin casi disfrutar del asunto, me corrí en su cara y ella pareció de estar encantada ya que también tuvo un orgasmo mientras mi miembro soltaba toda la leche del mundo, cayéndole mi semen por las cejas, los párpados, el cuello. Asustado me subí la cremallera y salí corriendo para casa. Esa fue mi primera y acelerada experiencia.

Aquella historia de Miki nos entonó bastante, por lo menos a mí, y fue entonces cuando me tocó a mí seguir el turno de contar la primera historia: – Yo recuerdo la primera vez perfectamente. Tenía unos 18 años y fue con una prima mía de Valencia que vino a pasar el verano a mi casa. Ella se llama Tere y tenía entonces muy bien puestos 20 años.

Mi prima Tere siempre ha sido muy pecaminosa y muy cachonda, le gustaba contarnos chistes verdes, besarse con mi hermano menor y conmigo y que la metieran mano por todos lados, unos años atrás mi hermano y yo habíamos descubierto en la oscuridad de un cine lo que eran unas tetas y un coño, pero la luz del revisor no nos dejó contemplar mucho tiempo. Pero un día de ese verano la cosa fue más allá. Fuimos a la playa mi hermano, ella, otro amigo y yo. Estuvimos jugando y bañando toda la tarde. Tere estaba buenísima con su bañador de colores y sus 20 añitos la hacían muy deseable. Luego nos contó que ya no era virgen y que en Valencia lo había hecho con varios chicos. La muy putilla nos ponía como motos. Luego me dijo que quería dar un paseo por la playa hasta el pinar. ¡Oh si el pinar hablase!. Yo era el mayor y se la veía muy cachonda con ganas de jarana. Llegamos al pinar y detrás de un montecillo me dijo ¿te gustaría tocarme entera sin el bikini? ¿Qué iba a hacer?

No me podía negar y así fue, se quitó el sujetador y sus redonditas tetas, más bien pequeñitas estaban más blancas que el resto de su cuerpo. Sus pezones estaban duros. Se bajó la braga del bikini y su piel también más blanca se resaltaba con los pelitos negros de su coño. Venga tócame. me dijo agarrándome por las manos. Yo no sabía muy bien qué hacer pero gracias a su ayuda fui acariciando sus tetas, su cintura, su espalda, su húmedo chochito. De repente me bajó el bañador y mi polla saltó dura como uno de aquellos pinos que nos rodeaba. ¿Te gustaría metérmela?.

Nada me apetecía más en ese momento que estrenarme en aquel coño. Me tumbó en el suelo, se colocó en cuclillas sobre mí, agarró mi polla la masajeó un poco mientras me sonreía, acercó la punta a su chochito mojado y se sentó sobre mí de golpe. Me hizo daño, pero cuando empezó a botar sobre mí, el gusto que sentí era mejor que cualquiera de las mil pajas que yo me había podido hacer. Sus pequeñas tetas rebotaban a cada impacto, hasta que ella tuvo un orgasmo, levantó su coñito de mi, me agarró la polla que estaba a punto de reventar y empezó a pajearme muy deprisa y me corrí sobre sus muslos , su culo y sus caderas. Me hubiera gustado correrme dentro, pero ella lógicamente no quería riesgos. Nos pusimos los bañadores y regresamos donde los demás. Esa es más o menos mi primera historia.

Fue Ana la siguiente en contar su primera vez y con su habitual sonrisa dijo: – Esa historia que has contado es muy excitante Emilio. Os contaré la mía, aunque Miki ya la sabe: Tenía un compañero de clase que me tenía loca. Recuerdo que aquel día, Víctor, que así se llamaba aquel chico de unos 18 ó 19 años, que era el mayor de la clase pues había repetido 3 veces el curso, era guapillo, un poco pijo y con melena, se quedó castigado en clase de gimnasia y yo aproveché la situación e hice honores para quedarme castigada también. Nuestro amado profesor nos dejó solos dando vueltas por todo el gimnasio y al final le dimos pena y nos levantó el castigo. Víctor se fue a las duchas de chicos y yo a las de las nenas.

Estaba como loca por verle desnudo, ya que vestido me atraía mucho, había visto algún chico desnudo pero a escondidas y de lejos. Me metí sigilosamente en el vestuario de los tíos, donde sólo estaba Víctor. Se oía la ducha, me acerqué y tras una cortina se oía canturrear a Víctor mientras se enjabonaba. Metí mi cara por aquella cortina y me puse a observarle desnudo durante un rato. Estaba como un tren, musculoso, un culo precioso y el agua y el jabón cayéndole por toda la piel. Me decidí a arriesgarme y quitándome el chándal y mi ropa interior, me puse en pelotas y me metí en la ducha con él. ¡Hola! le saludé. Cuando se giró y abrió los ojos no se creía lo que veía, teniéndome desnudita frente a él. Yo no sabía cómo iba a reaccionar. ¿qué haces? me preguntó, pues ayudar a ducharte, le contesté y sin más miramientos le empecé a enjabonar la espalda.

Al principio él se quedaba un poco parado, pero se fue animando poco a poco. Se giró y empezó a enjabonarme por todo mi cuerpo, los hombros, las tetas, la tripita, las piernas, el coño y yo le toqué su miembro duro como una roca, era la primera vez que le tocaba la polla a un chico y empecé a masajearle, cosa que pareció gustarle mucho. Aquel chico se excitó muy rápido y besándome ardientemente, me agarró por la cintura y me hizo brincar sobre él, poniendo mis piernas alrededor de sus caderas. Notaba como su polla golpeaba deseosa en mis muslos y en mi culo. En esa posición intentó colocar su aparato en mi cuevita, pero no podía, la postura, los nervios y el agua cayéndonos encima no era muy cómodo.

Me llevó en brazos hasta uno de los bancos del vestuario y allí me tumbó al borde. Colocó su erguido nabo en mi sexo e intentó penetrarme, pero tampoco lo conseguía, ya que yo era virgo y él estaba demasiado nervioso. ¿Eres virgen? me preguntó muy excitado. Sí, pero haz que deje de serlo, le contesté también muy cachonda. Parece que mis palabras le ayudaron y situándose de nuevo a las puertas de mi sexo, me logró penetrar. Él suspiró y a mí me dolió bastante, ya que no tuvo excesivo cuidado y lo hizo a lo bestia. Apenas llevábamos un minuto en el forcejeo, cuando oímos la voz de nuestro profesor que se acercaba a las duchas y tuvimos que separarnos rápidamente, y yo recogí mi ropa y salí disparada a mi vestuario. No nos pilló por los pelos. Esa fue mi frustrada primera experiencia que por cierto a pesar de haber perdido la virginidad, me dejó con las ganas y él también se quedó puesto.

A mi, la verdad, después de aquella vez tan frustrada, aquel chico dejó de gustarme. En otra ocasión y en un portal pude hacerlo con otro compañero y fue mucho más divertido, entonces aprendí lo que era echar un polvo, pero mi primera vez no me dejó muy buen sabor de boca.

La conversación fue muy entretenida y Ana sirvió el café en el sofá. Primero sirvió a Miki, dándome la espalda y mostrándome de cerca su redondo culo. Su vestido ascendió un poco hacia su culito y pude contemplar todas sus piernas por completo hasta llegar a ver donde los muslos se juntan con las posaderas. ¡Qué vista más hermosa!. Yo notaba como aquellos movimientos eran intencionados. A continuación me sirvió el café a mí, agachándose y enseñándome todo el escote y viendo casi por entero sus tetas, hasta el punto de notar el color encarnado de sus pezones. De buena gana una de mis manos se hubiera lanzado a agarrar uno de sus senos. Para entonces yo me estaba percatando de que todo aquello era una encerrona y que lo estaban preparando contra mí, pero no entendía muy bien el juego.

– ¡Bien! – dijo Miki de repente – creo que es hora de darte tu regalo de cumpleaños. – No tenías que haber comprado nada hombre. contesté yo cortésmente. – No lo hemos comprado, respondió Miki. – Entonces, ¿cuál es el regalo? – pregunté totalmente desconcertado. – Yo. – afirmó Ana. – ¿Qué? – mi pregunta saltó de pronto. Ana se sentó a mi lado y me concretó: – Pues que el regalo no nos ha costado un duro. El regalo soy yo, toda entera para ti, aunque sea por una noche.

Mi cerebro no alcanzaba a digerir aquello. Estuve durante unos segundos en silencio pensando si aquello era una broma o iba completamente en serio y quise salir de dudas:

– ¿Qué broma es ésta? – No. – respondió Miki riendo- Mira te puedo explicar que Ana y yo hemos estado hablando durante estos días y sabemos que no mojas desde hace mucho tiempo, por otro lado ella siempre me ha dicho que tras saber que yo que soy un poco promiscuo, y en mis viajes por ahí, me he acostado con alguna que otra chica, pues que a ella también le apetece probar otro cuerpo y yo egoístamente he preferido que seas tú.

– Esto es una pasada – dije con cierto enfado, ya que como broma era de mal gusto. – No te mosquees – respondió Ana – lo hacemos con todo el cariño. Perdónanos por el atrevimiento.

Yo sé que te gusto mucho, solo hay que ver con qué ojos me miras. Seguro que en más de una ocasión te has masturbado pensando en mí. ¿ no es verdad? – ¿Cómo lo sabes? – pregunté completamente asombrado.

– Tontito – me respondió ella – las mujeres lo sabemos, os brillan los ojos…, además yo también me he masturbado mogollón de veces pensando en ti. Me gustas mucho. Cuando estuvimos hablando Miki y yo, él propuso tu nombre y yo me alegré un montón, pues me apetece muchísimo hacerlo contigo. ¿A ti no te gustaría follarme?

¡Madre mía! pensaba para mí. ¿Me estaba ocurriendo aquello a mí? ¿Era un sueño?, ¿se me había subido el vino a la cabeza y estaba alucinando?, ¿estaba proponiéndome la mujer de mi amigo hacer el amor con ella? ¿Me lo preguntaba tranquilamente delante de su marido?, ¿había oído bien la pregunta?, ¿que si me gustaría follármela? – Sí, claro – dije con cierta timidez – me encantaría, pero…

– ¡No hay peros! – afirmó Miki – Os dejo solos.

Tras decir esto, se levantó, cogió su chaqueta abrió la puerta y salió de casa, cerrándola tras de sí.

– Pero… ¿dónde va? – pregunté a Ana algo aturdido.

Ella me miró a los ojos, me sonrió y dijo: – Pues, él se va a pasar la noche por ahí. Así lo hemos acordado. Hoy le doy libre. Habíamos quedado que yo soy tu regalo de cumpleaños por esta noche y estoy toda entera a tu disposición, además, ¡súper encantada! – Pero… yo no entiendo nada… – me levanté confundido y nervioso.

Me agarró por un brazo, me hizo sentarme de nuevo a su lado, se puso su dedo índice en los labios muy tiernamente y me hizo callar. Mi pene quería salirse de la bragueta de mi pantalón, pero la situación todavía se planteaba muy cortante para mí, aunque algo menos para ella, pues se le notaba mucha excitación. Servimos dos copas de cava.

– Por ti. – dijo ella – ¡Feliz cumpleaños! – Gracias. – no pude decir otra cosa. Yo estaba muy aturdido.

Bebimos aquel trago, seguimos hablando para ir rompiendo el hielo hasta que ella se levantó, hizo un giro y me dijo:

– No me has dicho nada de mi vestidito. – ¡Pues que me encanta! – afirmé. – ¡Gracias! – contestó ella haciendo una especie de reverencia. – Pero, yo no entiendo lo que está pasando Ana, ¿qué es todo esto? – ¿Quieres dejar de hacer preguntas? – saltó ella- déjate llevar y relájate. Por fin vas a poder probarme y hacerme el amor. ¿No es lo que querías?

Ella, sin dejarme contestar se volvió a sentar a mi lado me alargó la mano hasta mi cuello y dulcemente apoyó sus labios en los míos. Todo el vello se me erizó. Su boca se entreabrió invitando a mi lengua a jugar con la suya. Tímidamente introduje mi lengua en su boca para más tarde morrearnos sin ningún pudor. Toda su boca ardía. Fue un beso largo e intenso. Yo le acariciaba la espalda y ella mi nuca. Mi sueño, el sueño de mi vida, se estaba haciendo realidad, más realidad de la que hubiera podido soñar jamás. Me agarró una mano y la colocó sobre una de sus rodillas, que yo al principio acaricié suavemente y luego fui subiendo la mano sobre sus muslos por su parte exterior y luego su parte interior, rozando su entrepierna, después seguí por encima del vestido rozando sus caderas, su cintura y sus pechos.

Ana me soltó tres botones de la camisa y metió sus blancas uñas por mi pecho, rozando mis pelos y acariciando mi torso, después me quitó el resto de los botones y posteriormente la camisa entera. Yo proseguía en mis caricias por sus curvas. ¡Qué hermosa mujer!, seguía rozando sus desnudos hombros, acariciando su cuello, su pelo, su cara… Ella hacía lo propio con mi espalda, todo sin dejar de besarnos con pasión. Nos separamos por un momento como si algo nos hubiera frenado, pues nuestra confianza se había apartado para pasar a intimar de repente. Nos quedamos frente a frente mirándonos por unos segundos y nos sonreímos.

Volvimos a besarnos de nuevo y aquello ayudó más a desinhibirnos, seguimos con nuestras mutuas caricias. Ana se soltó una horquilla del pelo y su moño desapareció en un instante. Puso su boca en mis hombros y empezó a besarme por ellos, por mi cuello, por mis tetillas y con sus habilidosas manos consiguió sin muchos problemas soltarme todos los botones de mi bragueta y soltarme el cinturón. Me quitó un zapato, luego el otro, me agarró los pantalones por debajo de mi culo y tirando de ellos me los sacó enteros.

Me quedé solo con el slip, enormemente abultado. Yo le quité un tirante del vestido, besándole el hombro, luego el otro tirante y fui bajando poco a poco su ajustada prenda, estaba deseoso de ver sus tetas y a medida que iba mostrándome su escote yo me quedaba más alucinado, hasta que su vestido quedó a la altura de la cintura y pude contemplar unas tetas preciosas, con un tamaño ideal y duras como rocas.

Se las acaricié y besé sus encarnados pezones, para luego chupar con mi lengua aquel dulce manjar. Ella seguía besándome en los hombros, hasta que su mano acarició mi polla por encima de los calzoncillos. Pegué un brinco, levanté la vista, me sonrió y siguió con sus caricias. La música acompañaba aquella divertida velada.Mis manos algo temblorosas, se esforzaron por terminar de quitarle el vestido y con su ayuda salió por completo. Sus pequeñísimas braguitas transparentaban su negro vello púbico.

– Tengo ganas de ver cómo la tienes. – me dijo agarrándome con fuerza mi verga.

Se arrodilló en el sofá y tiró del slip quitándomelo por completo. Mi juguetona polla saltó jubilosa.

– Tal como me imaginé… – dijo ella – – ¿Cumple tus expectativas?- pregunté – Sí. – Ahora quiero ver yo tu chochito – le dije.

Tal y como estaba de rodillas no tuve problemas para sacarle las braguitas. Esa impresionante mujer era y es aún más bella desnuda.

– ¡Estas buenísima! – me salió aquella frase como resumen de lo que estaba viendo.

Yo no creía estar viviendo algo real, sus redondas tetas, su cinturita, su fina piel, su coñito con poco pelo, sus preciosas piernas. Me dio la mano y tirando de mí dijo:

– ¡Vamos a la cama!

Y prácticamente corriendo fuimos a su habitación. Su culo temblaba a cada paso que daba y aquel panorama que tenía delante me extasiaba. Llegamos al cuarto, me empujó a la cama y me quedé sentado. Se arrodilló a mis pies y empezó a menearme el pene con mucha ternura.

– Si supieras las ganas que tenía de tocarte y poder hacer esto… – me comentó.

Cómo me gustaba que me dijera aquello y que me masturbara así. Me sonrió, me lanzó un besito y con su lengua, sin dejar de pajearme con la mano, empezó a chupar la base de mi tronco. Mi cuerpo se estremecía. Su mano libre acariciaba mis muslos. Su lengua fue subiendo despacio por todo lo largo de mi polla hasta llegar al prepucio donde saboreó mis jugos con sus ardientes labios, con los dientes apretaba ligeramente todo mi glande como si se lo fuera a comer y yo me estremecía de placer. Apretando fuertemente con sus labios fue introduciéndose en la boca todo mi falo hasta llegar a tocar con la punta su garganta. Entre mis movimientos pélvicos y su experimentada lengua el gusto era mayúsculo y nunca había sentido un gusto semejante.

– ¡Qué rico! – soltó ella en una de las veces que se sacó mi aparato de su boca.

Y siguió en su meneo de meter todo mi miembro en su boca una y otra vez. En un momento le separé la cabeza pues me venía una incontrolable eyaculación.

– ¡Quiero tragármelo todo! – dijo. Y a continuación se dedicó por entero a mi glande y sus labios se apretaban en el perímetro de su base. Sin poderlo remediar, un cosquilleo invadió todo mi cuerpo y un gusto feroz llegó hasta mis genitales, soltando todos mis jugos en su boca en una corrida sin precedentes para mí. La leche iba saliendo a borbotones pero ella no dejó derramar ni una sola gota fuera de su boca, tragándose aquella cálida leche sin dejar de bajar sus labios por todo el falo. ¡ Qué gusto sentía de ver su preciosa cara y mi pene penetrando en su boca!

Me sonrió una vez más y con su lengua acaparó las últimas gotas de semen que le pudieran quedar en la comisura de sus labios.

La levanté por las axilas y la tumbé suavemente en la cama.

– Ahora me toca – dije dispuesto a comérmela entera. Y así lo hice, tumbada como estaba fui besándole por la frente, por la boca, por el cuello, los hombros, los erectos pezones, sus tetas, su cintura, su ombligo, sus muslos, sus caderas, volviendo al interior de sus muslos hasta llegar a su pubis. Le separé bien las piernas y me quedé observando como atontado aquel sexo que tantas veces yo había deseado.

Estaba allí frente a mí, diciéndome que me le comiera entero, aquella mujer entregada totalmente para mí. Ella se acariciaba las tetas y esperaba que yo empezase con la merienda. Primero quise dedicarle unas buenas lamidas a sus depiladas ingles y a sus muslos y en un momento que mi lengua rozó sus labios vaginales, ella soltó un suspiro y me agarró la cabeza.

– ¡Chúpame ya! – me rogó.

Yo quise esperar algo más para que su placer fuese mayúsculo, dándole mayores besos al monte de Venus y siguiendo con mi lengua la unión de sus muslos al tronco. Mi lengua se entretuvo cerca de su ano y ella no paraba de rogarme.

– ¡Por favor, Emilio, cómeme el coño!

A mi aquello me encantaba, verla completamente entregada a mí, rogándome, por lo que hice durar aún más su desesperación, hasta el punto de que cuando mis labios y mi lengua decidieron empezar a explorar su húmedo agujero, en la primera lamida, no pudo contener un largo y profundo orgasmo que la hizo dar un pequeño grito y varios gemidos de placer. Tuvo una buena corrida y yo con sus gemidos de placer tuve una rápida erección que me hizo colocarme sobre ella y pasar mi glande por su vagina ardiente, cosa que le provocó un nuevo orgasmo, sin apenas recuperarse del anterior. De una sola embestida metí mi polla en su dulce coñito. El gusto me hizo agarrarme a la cama pues me impedía mantener el equilibrio y mi falo iba creciendo en cada metida.

Mis huevos chocaban contra su culo y ella se relamía los labios con la lengua. Yo embestía con más fuerza y notaba como las paredes de su coño se apretaban para sentir de lleno todo mi tronco en su interior. A cada acometida en su chochito, todo mi cuerpo se estremecía de gusto. Yo la contemplaba a ella, disfrutando de tenerla debajo, viendo por entero toda su belleza sólo para mí. Observaba cómo entraba dentro de ella y eso me encantaba. Por un momento pensé en mi amigo Miki, pero después ese pensamiento se esfumó. Seguí disfrutando de aquel polvo, de como esa tan deseada mujer gozaba de como me la estaba follando. Su cuerpo desnudo brillaba por el sudor y yo le acariciaba en sus muslos y en su cinturita. Nuestros gemidos se entremezclaban…

– ¡Qué gusto, qué gusto! – decía ella. – ¡Qué polvo más rico, qué bien! – decía yo.

Ana puso sus manos en mi culo y cuando mis embestidas llegaban al fondo, me apretaba fuertemente contra ella para sentir más fuerte la penetración. Los músculos de su rico coñito se apretaban y se comían mi miembro mientras nuestros jugos lubricaban las metidas. El mayor placer me llegó cuando uno de sus dedos me rozó el ano y sus uñas me arañaban por todo el trasero. El gusto me fue subiendo por el culo a través de mi espalda, por mi nuca, hasta llegar a erizar mi cabello.

De pronto, sin apenas poder contenerme, eyaculé como un colegial dentro de aquella preciosa mujer. Mi polla soltaba toda la leche en el interior de Ana y ella lo recibía con gusto, haciéndome sentir todo el placer del mundo. Mi cuerpo suduroso y cansado, al igual que el suyo, cayó sobre el de ella, quedándonos un buen rato así. Ella me separó pues mi peso casi no le dejaba respirar. Todavía sentía por todos mis poros un gusto enorme y ella también.

– ¡Qué preciosa eres! – le alcancé a decir mientras la contemplaba tumbada en la cama, agotada y sudorosa. Se incorporó, me agarró la cabeza y me besó. – ¡Qué bien me has follado! – me susurró al oído.

Encendimos un cigarrillo cada uno y tumbados boca arriba mirando al techo, fumamos casi sin hablar, pues estábamos en plena recuperación. Ella fue la primera en recuperarse y dándome la espalda se sentó sobre mi sexo. Podía observar las espléndidas curvas de Ana, su espalda brillante, su estrecha cintura, su culo redondo y respingón. Comenzó a moverse adelante y atrás, haciendo que los músculos de su pelvis y su trasero despertaran a mi pene.

Éste no tardó en reaccionar y fue creciendo, poco a poco, hasta alcanzar un tamaño más que considerable. No podía creer que después de haberme corrido dos veces como nunca, estaba dispuesto a una tercera embestida. Me agarró la polla, la situó a la entrada de su cueva y otra vez entré en su interior. Ana se colocó casi a gatas y se sentaba literalmente sobre mis huevos. Mi dolorido miembro todavía disfrutaba con un nuevo polvo. Ella no parecía estar completamente satisfecha.

¡Métemela por el culo! – me pidió. – Nunca lo he hecho, no sé… – dije hasta que ella se volvió.

Se agachó de nuevo sobre mi erguida polla y se la metió en la boca de nuevo para lubricarla bien. Puso bastante saliva en la punta. Se giró, poniendo su culo en pompa y yo me arrodillé colocando mi glande en la puerta de su ano. Al principio se resistía a entrar, pero centímetro a centímetro fue introduciéndose. Ella daba grititos y con la cabeza pegada en el colchón, mordía y apretaba las sábanas.

Mi pene logró penetrar por completo y pude sentir un dolor punzante en la punta que fue convirtiéndose en placer a medida que salía y entraba de aquel culito tan lindo, mientras yo le agarraba las posaderas con mis manos. Ella apretó el culo en un momento, concentrándose en las acometidas y con mi mano empecé a sobarle su húmeda rajita, rozando con la punta de mis dedos su clítoris, hasta que irremediablemente se corrió, girando en redondo sus caderas lo que hizo que yo también tuviera un nuevo orgasmo dentro de su culo.

Esa tercera corrida fue también potente y sentía mi miembro escocido y dolorido. Me separé de ella y esta vez nos quedamos un buen rato tumbados boca a abajo. Nunca me había corrido tres veces en tan poco tiempo. Nos quedamos dormidos en esa posición y me desperté cuando Miki entró en la habitación y nos tapó con una sábana. Al ver que me despertaba, en un susurro para no despertar a Ana, me preguntó:

– ¿Qué tal?

Yo estaba algo incómodo, ¿cómo podía decirle a Miki que me había divertido como nunca follándome a su mujer?, aunque él lo organizara todo. Tímidamente le respondí.

– Bien… ¿ qué hora es? – pregunté para evadir la cuestión. – Las 7 y media de la mañana, me voy a la cama del cuarto de arriba, hasta luego.

Olía bastante a alcohol y tras esa frase se marchó. Me quedé mirando a Ana, que estaba acurrucada a mi lado, destapé algo la sábana y estuve observándola un buen rato mientras dormía. Estaba bellísima, allí dormida, desnuda junto a mí. Creo que después de tanto mirarla me quedé otra vez dormido.

Cuando volví a despertarme, Ana estaba a los pies de la cama observándome desnudo sobre las sábanas. Ella permanecía de pie con una rodilla subida en el colchón y una especie de combinación de tirantes encima. Vestida así aún estaba más excitante y apetecible. Se quedó mirando mi erección matutina.

– ¿ Qué tal has dormido ? – me preguntó. – Muy bien, ¿y tú? – Estupendamente. Lo pasamos en grande anoche, ¿ no? – dijo ella. – Como nunca. Acércate, quiero quitarte esa combinación.

Parece mentira, pero aún estaba yo con ganas de seguir tirándomela. Se acercó a mí, le quité los tirantes de su fina prenda y ésta cayó al suelo. Volvió a quedarse en pelotas de pie frente a mí. Me senté al borde la cama y ella pasó sus piernas por encima de mis caderas y abrazados nos besamos, me agarré el pene con una mano y no le costó volver a entrar en su cálido chochito.

Ana empezó a cabalgar sobre mí. Ese polvo matutino era si cabe el más rico, pues podía tenerla más de cerca, su cuerpo pegado al mío, su piel más suave que la noche anterior, acariciando sus tetas y su espalda, viendo como su preciosa figura se apretaba contra mí y como su coñito se comía mi polla. Ella tuvo un nuevo orgasmo, algo más apagado que la noche anterior y yo seguí agarrándola por el culo metiéndome dentro de ella una y otra vez.

– ¡No quiero que esto se acabe nunca! – le repetí una y otra vez sacando todo el jugo a ese último polvo.

Por fin me vino el orgasmo y toda mi leche inundó su interior. Ella me mordisqueó en el cuello lo que hizo hacerme sentir mayor placer.

Nos separamos, nos duchamos juntos acariciándonos de nuevo y metiéndonos mano a base de bien, como si hubiéramos hecho nada en toda la noche y fuimos a desayunar y a comentar la ajetreada faena. La noche mágica acabó ahí. Fue la mejor noche de mi vida, que nunca podré olvidar, ya que disfruté del sexo como nunca hasta entonces con la mujer que más deseaba.

Hoy en día seguimos recordando esa fiesta de cumpleaños tan especial y aún nos hemos hecho mucho más unidos y la confianza de los tres es total. Lo más curioso de todo es que Miki y yo compartimos la misma mujer.

Después de aquella magnífica velada, esporádicamente hemos seguido celebrando estas fiestas Ana y yo, siempre con la aprobación de Miki, que no parece importarle, ya que él se siente más libre, su mujer disfruta y su mejor amigo, o sea yo, también disfruta con su mujer.

Autor: Tartufo

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Una confesión alucinante

Empecé a entrar y salir de su chocho, espera un poco hijo, sácamela y ponte boca arriba, ella se puso a horcajadas sobre mi, me cogió la polla y la acercó a la su peludo y negro coño. Empezó a metérsela poco a poco. Sus pezones estaban erectos de excitación, y sus enormes aureolas arrugadas y de un oscuro color marrón. Como se movían sus tetas, yo las tocaba sin parar, excitándola aún más.

Es muy difícil explicar cosas privadas a las personas que no nos conocen, pero aprovechando la intimidad de la red, les contaré la alucinante historia que me ocurrió hace algún tiempo.

Yo tenía 18 años y vivía en casa con mi padre (47 años) y con mi madre (41 años). Por el hecho de ser hijo único siempre había estado algo más mimado de lo normal. Y el apego a mi madre era muy grande. Teníamos mucha confianza en todos los temas, excepto en el sexual. A pesar de que mi madre es aun joven, esos temas siempre le han resultado embarazosos, y las pocas preguntas que le había hecho me las contestaba pasando de puntillas o pidiéndome que se lo preguntara a mi padre. Pero para hablar con mi padre había que hacer una instancia. Siempre estaba en el despacho o viajando. Y cuando paraba por casa, leía un rato y luego se marchaba a dormir temprano. Esa desatención hacia mi madre fue lo que permitió lo que al final pasó.

El caso es que por mi carácter, algo retraído, pasaba mucho de mi tiempo libre en casa, y eso me brindaba muchas oportunidades de ver a mi madre en diferentes situaciones. De una forma inapreciable me empecé a fijar en ella con ojos viciosos. No se como ocurrió, pero había pasado de no notar su presencia a fijarme en mil detalles que me excitaban mucho. Mi madre es bastante alta, casi 1,80; y es muy grande toda ella. Lógicamente no es una mujer de revista, pero para quien le gusten las maduras, su cuerpo es ideal.

Tiene un culo grande y fantástico, que se mueve de locura bajo la bata de estar por casa. Unas piernas macizas, y hermosas. Unas tetas muy grandes, no sé, quizás una talla 130; siempre se ha comprado los sujetadores en tiendas especializadas. Pelo negro y abundante. En realidad por aquellos años llevaba el pelo corto, pero digo abundante porque es muy velluda. La miraba y no podía evitar el imaginar como tendría el coño. Peludito, negro y seguro que con grandes labios. Algunas mañanas que no iba a clase, me sentaba en el sofá del comedor para leer el periódico.

Entonces entraba ella para limpiar y ordenar un poco. Miraba con disimulo el movimiento de su cuerpo, cubierto solo con una ligera bata.

Cuando subía los brazos, la falda dejaba libres sus muslos, y en más de una ocasión sus bragas quedaban ligeramente a la vista. Mi polla se ponía dura, y mi mente empezaba a fantasear a mil por hora. Me apretaba la polla con disimulo y el placer me volvía loco. Entonces veía sus sobacos sin depilar, y eso aún me ponía más cachondo. Joder que buena está mi madre –pensaba-. Se agachaba a limpiar la mesita del centro y asomaban sus enormes tetas sin sujetador. Podía ver el bulto de sus pezones en la fina tela de la bata. Y ya no aguantaba más, tenía que ir a mi cuarto y hacerme una paja. El hacerlo en mi habitación con mi madre rondando por casa aumentaba el morbo.

Estar allí, subiendo y bajando mi mano por la polla cuando mi madre podría entrar en mi habitación en cualquier momento, hacía que me corriese como un loco. Un día, decidí limpiar mi corrida con una pequeña toalla de tocador de mi madre, y la dejé en el suelo, al lado de mi cama. Después me marché con el corazón acelerado pensando en lo que haría mi madre cuando encontrase la toalla llena de semen. Por la noche no hubo ningún comentario al respecto, ni mi madre actuó de forma diferente. Intuí que no se había percatado, por lo que desde ese día cuando me pajeaba, (que era muy a menudo), me limpiaba siempre con una toalla de tocador de mi madre. Así pasaron algunas semanas en las que me parecía notar que mi madre me miraba de forma diferente.

Una mañana me dijo que estaría en la terraza tomando un rato el sol, que ya calentaba lo suyo anunciando un caluroso verano. Cuando escuché que abría la puerta de la terraza, salí de mi habitación y fui al comedor para espiarla por entre las cortinas de la ventana. Me puse de rodillas y sin hacer ruido miré. Allí estaba ella extendiendo la toalla en el suelo. Colocó una almohada de esas inflables y preparó el bote de crema solar. Empezó a quitarse la bata y yo ya no podía más. Que buena estaba. La veía en bikini como tantas otras veces, pero ahora mi polla estaba dura, y me la tocaba a través del pantalón de deporte.

Estaba caliente, y cuando estoy caliente pierdo los papeles y hago cosas que en otras ocasiones serían impensables. No podía apartar la mirada del cuerpo de mi madre. Que tetas más increíbles, que grandes eran, y con unos pezones que se adivinaban gordos tras la tela del bikini. Que piernas tan deliciosamente carnosas, rematadas por un culo apetitoso, que se movía de locura. El coño abultaba mucho la braga, y eso me ponía más cachondo. Mientras miraba como se ponía el bronceador, me levanté y fui hacia la terraza, yo estaba totalmente fuera de mí. Solo notaba mi polla dura y unas fenomenales ganas de follar con mi madre. Salí a la terraza y le comenté:

– Hola mamá. Con el calor que hace no se como puedes aguantar.- Bueno, pero luego estaré bien morenita – contestó mientras se ponía el bronceador.- Si lo haces para estar más guapa, no será posible. Ya eres muy atractiva mamá, y no será fácil superarlo.- Mucho me estás alagando, bandido. Seguro que quieres algo y por eso me haces la pelota.- Que voy a querer, mamá. No seas tonta. Solo digo lo que veo y lo que siento.

Mientras estaba de pie ante ella, hablando, notaba como la polla se me estaba poniendo morcillona. Así como estaba, sentada en el suelo, se le notaba la raja del coño en el bikini. Veía las tetas moviéndose mientras se extendía la crema; por el pecho, metiendo un poco los dedos por el sujetador, por la barriga llegando a la braga, por las piernas. Parecía que se estaba acariciando. Y mi polla, que si bien no tenía una erección completa, estaba bastante dura. Estaba intentando ponerse crema en la espalda, y esa fue una buena excusa:

– Mamá, si quieres te ayudo y te pongo el bronceador en la espalda- le dije mientras me acercaba más a ella queriendo que viera el bulto que hacía mi polla.- Jaja, ya lo creo que quieres algo hijo. Toda esta amabilidad no es normal en ti. Pero lo voy a aprovechar. Venga, ponme en la espalda.

Y mientras me hablaba se puso boca a bajo. Hay estaba su culo precioso ante mí. Me arrodillé y empecé a extenderle el bronceador. Despacio, muy despacio, saboreando todas las sensaciones que sentía al acariciar su piel con mis manos. Me coloque sobre sus muslos dejando su culo ante mi abultada polla y le frotaba la espalda con las dos manos, hacia adelante y hacia atrás hasta el inicio de las bragas. Que cachondo me estaba poniendo; ahora si estaba mi polla totalmente dura, y la apretaba contra su culo, no lo hacía de forma descarada pero seguro que la estaba notando. Al cabo de un minuto:

– Venga hijo ya está. No pongas tanto esmero.

Lo dijo de forma sofocada y queriendo que lo dejara de forma inmediata. Seguro que el contacto con la dureza de mi polla la había hecho sentirse violenta. Me levanté mientras se giraba, y vi como miraba el bulto en mi pantalón de deporte. Fueron unos pocos segundos, pero me puso loco. Salí y me fui a mi habitación para hacerme una buena paja. Tumbado en la cama, con los ojos cerrados recordando lo que había visto, he imaginando como sería follarme a mi madre, subía y bajaba mi mano por mi polla; me pellizcaba un pezón, aún notaba el tacto de la piel de mi madre en mis manos y en mis piernas.

Escuché unos ruidos en el pasillo que delataban a mi madre acercándose. No sabía si iba a espiarme o si se dirigía a su cuarto, el caso es que sin dejar de masturbarme entreabrí con disimulo los ojos y vi como mi madre estaba mirando por una rendija de la puerta. Dios, eso me calentó mucho más. Estaba a punto de correrme, y me dejé llevar, no quise retrasar la corrida; quería que mi madre lo viese. Y así fue, el placer me invadió y me vino el orgasmo. No dejaba de meneármela mientras manchaba la almohada, luego mi barbilla, el pecho. La polla me palpitaba, y seguía pajeándome, ahora más despacio y pellizcándome el pezón. Y mi madre viéndome. Sin lugar a dudas, a sido la mejor paja que me he hecho en mi vida. Nunca había sentido, ni he vuelto a sentir nada parecido.

Estuve un par de días pensando en lo que había pasado, y siempre llegaba a la conclusión que buscando el momento oportuno podría seducir a mi madre. Ahora tenía que decidir como lo haría. Empecé a ser muy atento con ella, intentaba rozarla siempre que podía. Cuando coincidíamos en la cocina, mientras ella fregaba los platos, yo siempre necesitaba un vaso. Me ponía tras ella y pegándome literalmente a su cuerpo cogía el vaso de la estantería de arriba, rozando mi bragueta con su culo, notando a través de la fina tela del pantalón de mi pijama el intenso calor de su culo. A veces, casi siempre, ponía una mano en su costado, debajo de su teta, simulando esfuerzo para coger un vaso de la parte más lejana. Su teta, sin sujetador, caía sobre mi mano. Y mientras, rozaba mi polla, ya muy dura, por su culo. Un día me dijo:

– Ya está bien Andrés, (ese es mi nombre), te pones encima mío teniendo vasos limpios aquí. – No me gusta beber en vasos recién lavados. – Lo que pasa es que quieres sobarme, ya te he notado últimamente demasiado cariñoso. Y por cierto, ya quería yo hablar contigo de esto. Eres ya un hombre y hay ciertos temas que me incomoda hablarlos – me decía esto en un tono normal, no estaba nada enfadada. – Pero que temas mamá. Yo no sabía que decir. El corazón me latía a mil por hora. Había una parte de mi fuera de sí por la lujuria, y otra parte no dejaba de recordarme que era mi madre, y que desear follármela era muy fuerte.

– No sé que dices por solo coger un vaso- le contesté.- Mira Andrés, cariño, siempre vienes cuando estoy fregando, te pegas a mí. No sé, si tienes algún problema coméntamelo, porque hablar con tu padre es imposible.- No es nada mamá – no sabía que hacer.- Venga hijo. Dime lo que pasa por tu cabecita – y diciendo esto me besó suavemente en la sien. Eso fue suficiente para mí.- Es que, mamá, me gustas mucho. Eres tan bonita y tan dulce. Me encanta estar contigo. Estaría siempre a tu lado. Siempre estoy pensando en ti. Cierro los ojos y te veo. – le dije con voz suave, mientras le cogía los hombros y ponía mi cara frente a la suya. Muy, muy cerca.

Supongo que el sentirse amada y deseada hizo que se dejara llevar por la situación. Me contestó:

– Espero que cuando estás en tu cama con los ojos cerrados no pienses en mí. – ¿Por qué dices eso?- Por los regalitos que me dejas cada mañana al lado de tu cama.- me dijo mi madre.

Nuestras caras estaban muy cerca, y yo la mantenía cogida por los hombros. Aunque suavemente se los empezaba a acariciar.

– Perdona mamá. Últimamente voy más excitado de lo normal. Siento haberte disgustado.- No hay nada que disculpar Andrés. Pero al encontrar las toallas tan a menudo, me preocupé un poco.- ¿A menudo? – Le dije – ¿Encontrar una toallita cada mañana te parece mucho? Entonces más te preocuparías si supieses las veces que me limpio con papel higiénico.- Pero hijo, has de calmarte un poco. No puedes estar todos los días así.- Contigo delante, mamá, es imposible que me calme.- Andrés yo no puedo provocarte eso. Primero porque soy tu madre. Y segundo porque a mi edad no puedo gustarte.

– Mamá – le dije acercándome a ella. Casi rozando sus labios con los míos – eres tú quien me pone así. Estás preciosa. Y la besé. Atrapé sus labios, y sin poder esperar más, abrí mi boca y con mi lengua la obligué a que abriera la suya. Chupaba su lengua con desespero, abrazándola fuertemente. Empujaba el bulto de mi polla contra su coño y lo notaba blandito por su vello. Entonces me movía hacia un lado y hacia otro notando un placer alucinante. Bajé mis manos hasta poder apretar su precioso culo. Coño, que durito estaba y que gusto tocarlo. Empujado mis hombros separó sus labios. Pero continuó muy cerca de mí. Y yo seguía acariciando y apretando su culo.

– Me parece Andrés que nos estamos equivocando.- No mamá, nadie se está equivocando – le contesté intentando besarla de nuevo. Ella apartó ligeramente la cara.- Escucha hijo, esto no está bien.- yo seguía acariciando su culo. Entonces subí un mano y acaricié sus tetas. Estaba desesperado y mi mano se movía de una a la otra con rapidez. Eran muy grandes, y algo caídas como a mí me gustan. Era maravilloso sentir su peso. Pasé mi mano sobre un pezón, y lo cogí entre mis dedos y la tela de la bata. Joder, que gordo era. Se lo pellizcaba suavemente y se endurecía mucho – Dios, hijo, eso no. Por favor no me hagas eso. Ahora tenía la cabeza un poco hacia atrás y había cerrado los ojos. Yo seguía acariciando sus tetas y su culo, y entre besos le decía:

– Tú también tienes un problema y deberías habérmelo explicado mamá.- ¿Qué problema hijo? Además tu padre…- Ese es tu problema – la interrumpí – Si él no ha querido ni sabido cuidarte, yo sí quiero hacerlo. Además es casi como si estuvieras con papá. Y además yo sí sabré hacerte feliz.- No hijo, por favor – le desabroché la bata y se la quité. Solo llevaba las bragas – No hagas eso.

No la dejé continuar. Sabía que tenía que aprovechar la oportunidad, puede que fuese la única. La besé de nuevo, metiendo mi lengua en su boca y chupando su saliva. Que rica estaba. Mis manos tocaban sus tetas. Los pezones los tenía muy excitados, y las aureolas eran preciosas, grandes y oscuras; eran un sueño de tetas. Las tocaba, las besaba, las mordía, me encontraba en el paraíso. Mi madre empezó a acariciarme la espalda. Me bajé el pantalón del pijama como pude, y me apreté contra ella. Ahora mi polla estaba pegada a su coño. Y a través de sus bragas notaba lo caliente que lo tenía.

Desprendía un calor que me hacia volver loco. Me separé un poco de ella y cogiendo una de sus manos la llevé hasta mi polla. Mi madre la agarró y estuvo quieta. Solo le daba ligeros apretones, como disfrutando de su dureza. Entonces moví mis caderas un poco. Ella con la otra mano me detuvo, y empezó a hacerme una paja. Suave y lenta. Yo bajé mi mano y acaricié su coño. Metí los dedos entre el elástico y lo toqué. Era realmente peludo, y me enloquecen los coños peludos. Llegué a la entrada de su vagina. Acaricié sus labios, eran grandes, tanto que los acaricié como si fueran campanitas. Con el dedo buscaba su clítoris. Si aquí está, duro y mojado. Tenía el coño realmente mojado.

Mi madre seguía pajeándome. Una mano en mi polla y la otra acariciando mis huevos. Ella había decidido seguir hasta el final – pensaba yo.

Me puse de rodillas y le bajé las bragas mientras besaba su coño. Ella se apoyó en el mármol de la cocina. Con mi lengua golpeaba y chupaba sus labios vaginales. Metía mi lengua entre ellos hasta la entrada de su coño y subiendo un poquito lamía su clítoris. Mi madre solo suspiraba y empezaba a dejar ir ciertos quejidos. Yo seguía chupándole el coño, y le metía la lengua dentro, todo lo que podía. Mojando mi cara por sus jugos y mi saliva. Tenía el chocho empapado. Con mis dedos le tocaba el clítoris, mientras seguía metiendo la lengua dentro de ella.

– Oh, coño, joder – dijo suavemente – me estoy corriendo hijo. Estás haciendo que me corra. Que gusto, que gusto – y me apretaba el pelo.

Me puse en pie y la besé. Tenía mi cara mojada de su coño, y ella con la lengua me chupaba, y me besaba…

– Me gusta mamá. – Espera, dejame un momento – me dijo apartándome. Se arrodilló y empezó a pajearme otra vez. Tenía la boca muy cerca, notaba su respiración en mi polla. Poco a poco, con la punta de la lengua me acariciaba el capullo, cada vez más rápido, hasta que se la metió en la boca. Era increíble. Yo agarré su cabeza y ella la movía hacia delante y hacia atrás, moviendo su lengua sobre mi verga. Como me la chupaba, me estaba follando con su boca, me estaba llevando al cielo y casi me despisto, faltó muy poco:

– Para, para, mamá por favor, para un momento. – le dije – Ven.

No quería correrme todavía. Aguantaría al máximo para que cuando me corriese le pudiera dar mucha leche. Y además en recuperarme tardo un rato, no podía permitir que se enfriara. Era mi oportunidad y no la iba a dejar pasar. Quería follármela, no que solo me la chupara.

La tumbé en la mesa de la cocina y le abrí las piernas. Acariciaba su chocho. Estaba muy mojado. Empecé a chuparla de nuevo, rápidamente con cierta violencia. Mi madre con los ojos cerrados, me agarraba la cabeza.

– Sigue hijo, que gusto. Hacía ya tanto tiempo….Oh me voy a correr, joder, me voy a correr… Entonces me levanté, y acercando mi polla a su coño, se la metí. La altura de la mesa era ideal para follar. La primera sensación fue notar en la polla el tremendo calor de su vagina, y la gran presión que hacía en mi verga. Mi madre se estaba derritiendo, no se lo esperaba, y se corría. El calor de su coño era indescriptible, paré unos segundos mientras le tocaba el clítoris. No me quería correr todavía, pero cada vez aguantaba menos.

– Fóllame hijo. Siiiii… metémelaaaa… no pares…jódeme… fóllame…ooohh me voy a correr otra vez… me viene, siii, me viene… – Oh mamáaaa, que gusto. Me encanta tu coño. Me encantan tus tetas – y le mordía los tiesos pezones – Me encanta tu boca, y tu lengua y tu saliva – entonces la besaba con fuerza.

Tenía que parar, solo unos segundos. Ella me pellizcaba los pezones, mirándome a los ojos. Buscando mis expresiones. Eso me calentaba aún más. Entonces decidí no esperar más. Empecé a follármela con fuerza, besándola. Ella me dijo muy suavemente al oído:

– No me lo eches dentro cariño, sácala cuando te vayas a correr.- Oh mamá, déjame que me corra dentro… – Aaaah, Andrés… no… Aaaah, madre mía, que gusto, No…No te corras dentro. No tomo nada y me puedes preñar.- Venga mamá, déjame que te eche toda ni leche. Solo para ti, toda…No voy a aguantar mucho… – No hijo, mi amor, sácala. Más adelante si, pero ahora….no, creo que estoy ovulando y me puedes preñar….

Ya no podía aguantar más, necesitaba correrme, y sin hacer caso a mi madre me dejé llevar. Ahora solo pensaba en correrme dentro de su chocho caliente, sin importar las consecuencias

– Toma mamá, que me viene…me viene – y apretando mi polla bien dentro de su coño, me empecé a correr. Que gusto – Ooohh mama, mama, que gustoooo…toma mi leche dentro de tu coño. – Noooo, sácala Andrés…oh, cuanta leche estás soltando, me vas a preñar… Aaaah, por favor….que caliente está, mi niño…siii, me has dejado llena.

-Espera, espera mi amor, ahora no tengas prisa por salirte de mí, ya no importa. Siente como late mi coño… ¿Lo notas? Es por ti, hijo mío, me has hecho disfrutar de verdad. ¿Notas que caliente está? Me ha gustado mucho, pero escucha cariño, si te digo que te corras fuera, me has de hacer caso, solo nos faltaba que me dejaras embarazada. Si me prometes que me obedecerás te aseguro que lo pasaremos muy bien los dos. Tenemos mucho pendiente…

– Te lo prometo, te lo prometo, si, te lo prometo…- Jajaja, vale hijo…Uuhhmmm, parece que te sientes cómodo dentro de mi – me dijo al notar como mi polla estaba dura de nuevo. Esas palabras suyas y el calor de su coño fueron suficientes. Empecé a entrar y salir de su chocho – Espera un poco hijo, sácamela y túmbate en la mesa, así, ponte boca arriba.

Luego ella se puso a horcajadas sobre mi, me cogió la polla y la acercó a la entrada de su coño. Su peludo y negro coño. Empezó entonces a metérsela poco a poco. Sus pezones estaban erectos de excitación, y sus enormes aureolas arrugadas y de un oscuro color marrón. Como se movían sus tetas, yo las tocaba sin parar, excitándola aún más…

Así comenzó nuestra historia…

Salud para todos…

Autor: Andrés

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Alberto y Beatriz

Comencé mi mete-saca en el chocho de Beatriz. Ahora tenía dos vergas en sus entrañas y que iba a encadenar el orgasmo que terminaba con uno nuevo, Alberto aumentaba el ritmo de su follada en el recién estrenado culo de su mujer, yo apenas me movía puesto que sus embestidas ya provocaban el movimiento suficiente para que mi verga entrara y saliera del chocho  de ella sin apenas moverme.

Soy un hombre de 37 años, vivo en La Paz, Baja California y estoy casado con una mujer de un físico nada fuera de lo común. Lo pasamos muy bien en la cama, practicando toda clase de fantasías dentro de las normas de la prudencia. Nos encanta ver películas XXX, usar consoladores, practicar posiciones etc., pero ella se ha negado rotundamente a realizar cualquier cosa fuera de la pareja. Alguna vez que le sugerí hacer un trío o intercambiar parejas he recibido un NO rotundo a la propuesta.

Yo no quiero obligarla a participar en este tipo de juegos si no quiere, pues se que ella no va ha ceder. Me pregunto: ¿Ella no desea explorar su sexualidad, pero, puede ella obligarme a mí a reprimirme? Desde mucho antes de casarme fui muy caliente y ya de muchacho me masturbaba a diario cuando no tenía una noviecita a la mano y sexualmente tuve muchas experiencias.  Me gusta la sensualidad, la excitación…. crear situaciones de auténtico morbo y disfrutarlas con otras personas en un ambiente de amistad y buen rollo, con respeto, pero con mucho, muchísimo erotismo.

Soy profesional, y por mi trabajo he tenido más de una ocasión para ponerle los cuernos a mi mujer, empezando con mi secretaria, que tiene unas tetas impresionantes y de la que me he enterado  le encanta hacer unas mamadas de campeonato y tragárselo todo…. hasta algunas clientas con falta de cariño que más de una vez se me han insinuado… Pero creo que esas historias tarde o temprano terminan mal y repito que mi relación con mi mujer, en todos los aspectos, es inmejorable…. aunque yo necesito más morbo, más juegos….

Pensando en todo eso llegué a la conclusión de que podría intentar cumplir mi fantasía sin la intervención de mi mujer, contactando alguna pareja o matrimonio que quisiera encontrar a un hombre de físico agradable, limpio, sano, discreto, educado, morboso y con experiencia…. capaz de hacer todo satisfaciendo las expectativas de ambos y me dispuse a poner anuncios en diferentes páginas de contactos.

Como vivo en La Paz, que no es una gran ciudad,  mis posibilidades de contactar con alguien me parecían un poco remotas por la limitación en los medios, pero decidí intentarlo sin demasiada convicción de tener éxito, a través del Internet…Todas las mañanas, al llegar a mi trabajo abría mi correo electrónico sin demasiadas esperanzas… hasta que un día recibí un mensaje que me enviaba un hombre de mi misma ciudad.

…Me explicaba que se habían casado muy jóvenes, después de un largo noviazgo y que ella no había conocido otro hombre más que a él. Que después de unos años de matrimonio, .habían fantaseado con su esposa la posibilidad de hacer un trío con otro hombre, para que ella pudiera saber lo que sería alguien diferente a su marido,  y si bien ella se excitaba mucho con la idea cuando hacían el amor, a la hora de la verdad no se decidía a hacerlo.

Yo le contesté con un mensaje muy amable, diciéndole que para mí sería un honor y, por supuesto, un placer ayudarle a hacer realidad su fantasía, pero que su esposa lo debería tener bien claro antes de nada, para evitar situaciones desagradables… Le conté escuetamente algunas de mis experiencias y que podíamos conocernos sin compromiso y que, si llegábamos a algo, yo desaparecería de sus vidas en cuanto ellos me lo pidieran, sin más explicaciones.

Tras intercambiarnos varios mensajes y viendo que coincidíamos en la forma de ver las cosas (morbo y sensualidad pero con educación y respeto), quedamos los dos solos para tomar un café, conocernos y comentar el tema. Nos vimos en una cafetería del centro de la ciudad, nos sentamos en un lugar discreto y, él, nervioso, me comentó que prefería un hombre casado pues con seguridad sería más discreto que un soltero,  y que tuviera experiencia en el tema para poder manejar la situación con más naturalidad y mucho tino.

Me dijo que su esposa no sabía nada de nuestro encuentro, pero que él quería conocerme y si pensaba que yo le atraería a ella sexualmente, se lo comentaría y le diría que tenía un candidato ideal para realizar su fantasía…. En su opinión yo era el tipo de hombre que podría atraer a su esposa. Yo le comenté que sería ideal crear un ambiente adecuado de complicidad entre los tres para que la situación se diera y fuera lo más placentera posible para todos….

Me mostró una foto de su esposa desnuda, que la había publicado, según me comentó, en Internet sin conocimiento de ella, por el morbo de recibir comentarios eróticos acerca de cómo veían y deseaban a su mujer los cibernautas. Se veía un cuerpo apetecible, ni delgada ni gruesa, trigueña, con unos pechos generosos (talla 90 ó más), melena por los debajo los hombros con ondas largas y muy sugestivas en una cara atractiva y unos labios lo bastante sensuales que dejaba entrever que podría ser muy puta en la cama pero que sabía perfectamente cómo controlarse y ser una señora… no le veía el culo, pero por la caderas que tenía debía tenerlo precioso… Mi verga dio un vuelco dentro del pantalón…

El me comentó que deseaba compartir su esposa con otro hombre, que le excitaba mucho esa fantasía y que quería disfrutar mirando y/o participando…. pero que ella no estaba decidida, aunque tampoco se había cerrado a no hacerlo. Debes tenerlo muy claro, le dije,  porque no me gustaría que tu o ella se sintieran mal, y que esto pudiera repercutir negativamente en su relación de pareja….más aún, si como me dices, es algo que ella lo haría por primera vez. Después de nuestra conversación, Alberto dijo que le comentaría a ella nuestro encuentro cuando estuviese muy excitada… con la esperanza de que se atreviera a intentarlo. El sabía que ella se excitaba con la idea, pero  le faltaba decidirse…. Quedamos en que me enviaría un correo electrónico por la mañana con el resultado de su propuesta y la decisión de su esposa….

Esa noche penetré a mi mujer salvajemente, mientras pensaba en lo que sucedería al día siguiente. Llegando a mi oficina, lo primero que hice fue encender el ordenador y abrir el correo… mi verga sintió un cosquilleo cuando vi que había un mensaje de Alberto… lo abrí… y decía: “La convencí a medias, quiere conocerte… pero dice que no te hagas muchas ilusiones” Inmediatamente me dispuse a contestarle. Le comenté que lo ideal para conocernos era ir a almorzar juntos (yo invitaba)… pero que si ella aceptaba seguir adelante, no era bueno posponerlo y quedar para otro día porque estaría nerviosa hasta que llegara el momento y muy nerviosa cuando llegara el día…

Lo ideal era reservar antes una habitación en un motel u hotel discreto y almorzar en el restaurante del hotel. Le comenté que si la propuesta le parecía correcta yo me encargaría de todo… Si su esposa lo deseaba pero se reprimía, después de unas botellas de buen vino y unos licores seguro que sus prejuicios desaparecerían y se lanzaría…. En el mensaje le incluí mi número de celular.

Pasé aquel día excitado pensando en cómo desarrollar la situación para que ella se sintiera a gusto y se dejase llevar por sus instintos… A la mañana siguiente abrí el correo y allí estaba el mensaje de Alberto… mi verga volvió a dar otro salto de alegría dentro de mi bragueta. Era muy escueto, sólo decía: “Estamos de acuerdo en todo, saludos de Alberto y besos de Beatriz”, incluía un número de móvil y una posdata “Llámanos a mediodía”.

Era la primera vez que ella participaba en un mensaje, ella entraba en escena: “besos de Beatriz”… Pensé en lo de “Llámanos a mediodía”, quizás me pasaría con ella y podríamos hablar… si era así aprovecharía para tranquilizarla y transmitirle confianza. Sobre las dos de la tarde, nervioso, cogí el teléfono y marqué el número que me había dado…. Contestó la voz de Alberto:

– ¡Hola! ¿Cómo estás…? ¿Tan nervioso como yo? Nos reímos a carcajadas… Me comentó que Beatriz prefería ir a cenar, que la noche era más sensual y más propicia para lo que habíamos planeado… y que estaba de acuerdo en conocerme y comentar los tres el tema, aunque sólo se comprometía a eso, el resto quedaba en “ya veremos”.

Intenté transmitirle confianza y le comenté que no debía estar nerviosa, que no iba a pasar nada que ella no deseara, y que si pasaba algo ella lo iba a disfrutar mucho… Se hizo un silencio y pensé que algo iba mal… Volvió a sonar la voz de Beatriz: “Alberto dice que si podría ser mañana…” Mi verga se alegró visiblemente y yo le contesté que me parecía perfecto… Me atreví a tantear su grado de convicción y le dije:

– “¿Beatriz?” – “¿Si?” – “No sé si pasará algo mañana, pero quiero que sepas que me encanta la lencería sexy…” le dije y recibe un primer y húmedo beso donde más te guste. – “Lo tendré en cuenta”, me contestó con una voz relativamente ronca por la excitación… y me pasó con Alberto.
-“¿Qué le has dicho?, se ha puesto roja”, me comentó Alberto riéndose. – “Que te lo cuente ella” le contesté. Concretamos los detalles y quedé en llamarlo en cuanto tuviera las reservas confirmadas…

A la mañana siguiente luego de pensarlo mucho, reservé una habitación en un hotel con unas habitaciones relativamente cómodas, donde se puede escuchar música, tomar unos tragos, entrar en confianza y principalmente sin nadie que nos conozca y decidí optar para la cena por otro lugar también cercano. Una vez decidido y arreglado esto llame a Alberto para comunicarle. Me dijo que Beatriz estaba nerviosa y muy excitada, que yo le había caído muy bien (cosa que me extrañó por lo poco que hablamos) y que él pensaba que había muchas posibilidades de que todo saliera como deseaba…

Yo le comenté que se tranquilizara y la tranquilizara, que en realidad sólo íbamos a cenar juntos y que, por ahora, no pensara en nada más. Que ocurriría lo que tuviera que ocurrir. Quedamos sobre las siete de la noche en el restaurante.  Hasta entonces”, me dijo, y colgó. Llegué al hotel sobre las seis y media, pagué la habitación y pedí que subieran champaña. Tras eso me senté a una mesa apartada y discreta del restaurante a leer la prensa tomando una cerveza e intentando tranquilizarme.

Sobre las siete y cuarto vi entrar a Alberto acompañado de Beatriz. Los dos íbamos de chaqueta y corbata. Ella llevaba un traje de falda y chaqueta sobre una blusa vaporosa con un sólo botón desabrochado (un poco recatada). También pude observar que llevaba medias.

Alberto me estrechó la mano con una sonrisa y me presentó a Beatriz, que me miró fijamente a los ojos, entre tímida y sensual, y nos dimos un beso en la mejilla. Mirando a Alberto comenté: “La verdad es que en persona es mucho más atractiva que en la foto que me enseñaste”. Ella sonrió sonrojándose y comentó: “Ya sé que me has visto desnuda….”.

Tras las presentaciones nos quitamos las chaquetas y nos sentamos, Beatriz frente a mí y al lado de su marido. En el momento que Beatriz se quitaba la chaqueta estiró los brazos hacia atrás y pude comprobar cómo sus generosos pechos presionaban la suave tela de su blusa y se marcaban bajo el sujetador… Ella se dio cuenta de mi mirada y sonrió entre cortada y halagada…

Intentando que todo transcurriera con normalidad, pedimos la comida y un buen vino. Al poco rato aquello parecía una comida de negocios o de amigos, charlábamos animadamente sobre temas banales, nos reíamos, comíamos y yo no paraba de llenar las copas cada vez que se vaciaban.

Se notaba a Beatriz mucho más relajada, participando en la conversación y disfrutando tanto de la comida como del vino. Mientras hablábamos a veces me miraba como un poco pensativa… Yo estaba seguro de que estaba imaginándose lo que podía pasar dentro de un rato…y no parecía que le disgustase. Alberto y yo nos dirigíamos miradas de complicidad, confirmando que todo se desarrollaba perfectamente, mejor de lo esperado…

Tras cenar pedimos unos cafés y unos licores. Los tres estábamos un poco más alegres de lo normal, pero al mismo tiempo yo notaba cierto nerviosismo por parte de ellos, al darse cuenta que se acercaba el momento de las decisiones. Los licores nos animaron un poco más, la conversación era muy amena e incluso divertida, y decidí dar el primer toque de atención y le pregunté a Beatriz:

– “¿Cómo lo ves? ¿Crees que tengo posibilidades…?” Ella miro a Alberto y él asintió con la cabeza y luego mirándome se sonrió y con una mirada entre tímida y sensual contestó: “¡Tengo miedo ahora, ya no se que decir de lo que podría pasar… estoy muy nerviosa!” (Se notaba excitada….). Ante aquella respuesta me atreví a comentarle: “En la foto que me enseñó tu marido se notaban unos pechos muy sugerentes…. quizás deberías explotar más tus “argumentos”… como vas con la blusa tan abrochada… Esperé su reacción y vi cómo giraba sus ojos, que denotaban los efectos del alcohol, hacia su marido como esperando su actitud. El sonrió y me dijo: “Creo que tienes razón… es lo que yo le digo…”.

Beatriz se sentó recta en la silla y discretamente pasó una mano por la blusa desabrochándose el segundo botón y aprovechando la maniobra para colocarse el cuello. Mientras lo hacía me miró fijamente a los ojos, y presentí que estaba totalmente decidida a entregarse. Quería saber qué se sentía al ser follada por un extraño ante los ojos de su marido… sabía que pronto iba a tener dos vergas a su disposición…. pensé.

Alberto sonrió al ver la reacción de su esposa y comentó: “¿Sólo eso…? Beatriz miró a su marido y le dijo: “Paciencia cariño, que dentro de poco habrá más…”. Y diciendo esto volvió a desabrochar otro botón de la blusa, el tercero, que ya dejaba al descubierto parte del maravilloso canalillo que formaban sus pechos apretados por el sujetador… Me miró fijamente a los ojos y me preguntó: “¿Te gusta lo que ves…?” – “Mucho…” contesté

La miré a los ojos y le dije: “Beatriz, me la has puesto muy tan dura (y pase mi mano por mi verga para acomodarlo disimuladamente ella lo noto por que se le encendieron las mejillas)… y creo que a tu marido también…”. Alberto se rió y me dijo: “¡A su marido también….!” Beatriz metió la mano bajo la mesa discretamente, se la pasó a Alberto por el paquete y exclamó: “¡ A mi marido también…!”. Y nos reímos los tres con sonoras carcajadas…..

– “Creo que será mejor pedir la cuenta y retirarnos a un lugar más discreto e íntimo, me tome la libertad de reservar uno, que aunque es modesto y discreto creo que nos sentiremos a gusto…” comenté con sorna.

– “Estamos de acuerdo, ¿verdad cariño…? le comentó Alberto a su mujer.

Beatriz se quedó en silencio, pensativa. Se le notaba excitada, transpiraba erotismo, se le notaba con ganas de experimentar algo atrevido, algo prohibido, y de compartirlo con su marido… Nos miró a los dos con ojos de gata en celo… Miró a Alberto un poco seria y le dijo: “Cariño, ¿Tienes claro lo que vamos a hacer…? ¿Realmente lo deseas…? Al decir esto Beatriz se ruborizó a pesar de la desinhibición del alcohol, y Alberto le contestó con otra pregunta: “Beatriz, tu ya sabes lo que deseo pero, ¿Y tu, lo deseas…? Dime la verdad”.

Beatriz no contestó, se arregló el escote y cogió su bolso, nos miró y preguntó: “¿Nos retiramos a donde podamos estar cómodos y más a gusto? Mi verga se revolvió dentro de mi bragueta, Alberto y yo nos miramos y nos sonreímos con cara de complicidad. Nos levantamos, y mientras nos poníamos las chaquetas pagué la cuenta.

Nos dirigimos hacia los parqueos donde también ellos habían dejado su vehículo. Se notaba la tensión de la excitación del momento. Los tres éramos conscientes de lo que iba a pasar, y creo que tanto Alberto como yo queríamos que Beatriz se lo pasara lo mejor posible. Yo era consciente de que aquel momento era muy importante para su relación de pareja y sabía que mi actitud podía perjudicarla o unirles más de lo que ya estaba si todo transcurría de forma agradable, natural y con buen rollo.

A sugerencia de ellos decidimos abordar su vehiculo y dejar el mío.  Alberto conducía, Beatriz se sentó a su lado y yo me senté en la parte de atrás. Al entrar en el hostal pedí directamente las llaves y se las di a Beatriz. Seguidamente el camarero nos indicó el camino. Al subir las gradas noté que se le había abierto un poco la blusa, y mi vista se fue hacia sus pechos… Ella se dio cuenta y sonriendo nerviosamente le comentó a Alberto mirándose el escote: “Parece que le gustan…”. A lo que él le contestó: “Seguro que le gustarán más cuando pueda verlos.”. Llegamos y Beatriz abrió la puerta de la habitación con ciertos nervios… Al entrar vieron la botella de champaña y celebraron mi idea.

Me dispuse a tomar las copas y abrir la botella mientras les comentaba que aquel encuentro era digno de celebrarse. Beatriz y Alberto se quitaron las chaquetas y observaron la habitación: había una amplia cama, un sofá doble, un sillón y una cómoda. Beatriz se fue hacia el baño diciendo que quería refrescarse.

Cuando nos quedamos solos Alberto y yo, él me dijo que estaba muy agradecido conmigo por todo lo que había hecho. Yo le contesté, con sorna, que yo le estaba agradecido por todo lo que iba a hacer, y nos reímos a carcajadas. Un poco serio le dije que los dos me parecían buenas personas, que podía ayudarles a hacer realidad sus fantasías y además yo iba a tener el placer de compartir con él a una señora tan atractiva como su esposa…. Alberto se sentó en el sillón y me pidió que me sentara en el sofá doble para obligar a Beatriz a sentarse junto a mí. Teníamos las copas en la mano cuando ella salió del baño. No se había quitado nada de ropa. Alberto le alcanzó su copa y ella, lentamente y con cierta timidez, se sentó a mi lado.

Brindamos y yo solté: “Por vuestro matrimonio, por que lo que pase en esta habitación les una más y sea el inicio de una vida más atrevida y apasionada  juntos”. Beatriz se levantó del sofá, se dirigió hacia Alberto y le dio un beso en los labios diciéndole: “Gracias por confiar en mi cariño… esto lo hago por ti por que te quiero…”. Alberto le contestó: “Las gracias te las debo a ti, por dejarme hacer realidad mis sueños…”.

Beatriz se volvió a sentar en el sofá, se giró hacia mí y me dio un leve beso en los labios y me dijo: “Gracias por entendernos…” Alberto se recostó en el sillón con la copa de champaña en la mano y se dirigió a mí… “Bueno… tu dirás… ¿Qué se hace ahora…?” Yo le contesté con otra pregunta: “¿Qué te gustaría que pasara…?” Alberto respondió con cara de excitado y tímido:

“Ya les he comentado a los dos que, en principio, me gustaría mirar…” Me dirigí a Beatriz, la tenía muy cerca, casi podía notar los latidos de su alterado corazón y olía su sensual perfume. Yo la sentía excitada y nerviosa, esperando… sin saber muy bien qué hacer… Yo quería ir despacio, no precipitar las cosas, disfrutar del morbo de cada momento y que ellos dos no olvidaran aquella tarde en mucho tiempo…

– “Y a ti, ¿Qué te gustaría que pasara…?” le pregunté. – “No lo sé, nunca he estado en una situación como esta me siento más nerviosa que en mi noche de bodas (se notaba excitada), no lo sé, respondió, el experto eres tu”. – “¿Estás nerviosa?” le pregunté, le cogí una mano, que estaba muy fría denotando el nerviosismo que sentía… “Relájate… intenta disfrutar… y a partir de ahora deja de controlarte y da rienda suelta a tus instintos…”

Alberto se dirigió hacia mí: “A Beatriz le encanta que la acaricien… que la besen… tiene unos pechos muy sensibles… “. Y le dijo a ella: “¿Por qué no te pones cómoda, mi amor?”. Beatriz se quitó los zapatos y le dio un buen trago a la copa de champaña, acabándola. Luego se levantó mientras comentaba que se le iba a arrugar la falda, se acercó a su marido y le preguntó si quería desabrochársela… Creo que ella ya sabía la respuesta: Alberto le comentó que prefería que lo hiciera yo. Volvió a llenar su copa sensualmente y se acercó a mi y me preguntó: “¿Me la desabrochas tú…?”

– “Será un placer” le dije mientras ella se colocaba de espaldas a mí y yo llevaba mis manos a su cremallera, que bajé lentamente. Sentía cómo Alberto alternaba su mirada entre los ojos de Beatriz y mis manos. Una vez bajada la cremallera tiré lentamente de la falda hacia abajo y aunque no pude ver su culo porque lo tapaba el largo de la blusa (seguro que ella esperaba que lo descubriera y se lo sobara pero yo quería seguir disfrutando cada instante), sí descubrí unas piernas bien torneadas y bronceadas enfundadas en unas medias de lycra.

Terminé de quitarle la falda y le acaricié suavemente las piernas hasta un poco más arriba de las rodillas. “Preciosas” le comenté mientras yo sentía que se le ponía la carne de gallina. Ella le dio un buen sorbo a la copa de champaña mirando a Alberto quien se levanto y manipuló los interruptores hasta encontrar un tono a media luz, seguidamente el volvió a sentarse, colocó la falda sobre la cómoda y se sentó muy cerca de mí, subió las piernas al sofá y apoyó su espalda sobre mi pecho…  Mi brazo izquierdo quedó tras su espalda, por lo que pasé por encima de su hombro y le cogí una mano, “¿estás mejor, más relajada?” Alberto se había recostado en el sillón y se acariciaba la verga discretamente. Miraba a su esposa, excitado… y a mi me gustaba mucho ir tensando la situación, sin precipitar nada, que las cosas fluyeran naturalmente… Quizás él quisiera que las cosas fueran más deprisa… Rodee a Beatriz con mis brazos, con la mano izquierda le cogí su mano izquierda y las situé bajo su pecho, con la mano derecha le acariciaba distraídamente el brazo derecho… Beatriz temblaba de excitación…

Me dirigí a Alberto: “¿Te gusta lo que ves?”. “¡Mucho!” me respondió… “Sigue por favor”. Al igual que a Beatriz, le pedí que no se cortara y que dejara sus instintos en libertad…

Beatriz apoyó su cabeza en mi hombro y se giró ligeramente mirando a su marido, hasta poner su boca frente a la mía. Primero fue un suave contacto de nuestros labios, luego lentamente fue abriendo su boca y me regaló su lengua, y finalmente terminamos aquel primer beso con cierta pasión controlada, devorándonos mientras yo le acariciaba el estómago con mi mano izquierda y le rozaba (con toda intención) la parte baja de sus tetas…

Ella me agarró la mano y se la colocó sobre el pecho derecho…. Sentí la dureza de mi verga dentro de mi bragueta pidiendo la libertad incondicional… Dejamos de besarnos pero ella mantenía mi mano izquierda agarrada sobre sus senos. Empecé a acariciarle el pecho suavemente y los dos volvimos la mirada hacia Alberto que, descaradamente, se acariciaba el paquete mientras fumaba un cigarrillo…

“Continúa, por favor…” me dijo por toda respuesta… Solté la teta de Beatriz y fui desabrochándole los botones de la blusa muy lentamente mientras miraba a Alberto, que tenía una cara de morbo impresionante y se veía que estaba disfrutando mucho con el espectáculo…

Tras quitarle la blusa, Beatriz quedó en ropa interior… Llevaba un precioso conjunto de tanga y sujetador negros de encaje y transparencias que insinuaban perfectamente sus pezones y los pelos del chocho…   Las medias eran medias… y estaban sujetas por un sensual liguero a juego con el sujetador y el tanga…. Alberto le pidió a su esposa que me dejara ver bien su sensual lencería, ya que era la sorpresa que me quería dar… le pidió que caminara un poco por la habitación…

Ahora tenía una visión impresionante de su cuerpo… Beatriz estaba realmente sensual, en tanga y sujetador, con la copa de champán en la mano y caminando lentamente hasta la cómoda. Dejó la copa sobre el mueble apoyando sus brazos y echando su precioso culo hacia atrás…

Alberto se sobaba el paquete con fruición, se había abierto la cremallera y había introducido la mano en su bragueta acariciándose la verga. Yo me había quitado la corbata, los zapatos y los calcetines y aproveché para desabrocharme el pantalón y dejar que Beatriz notara mi verga hinchada a través de los calzoncillos negros… Ella se dio la vuelta y nos pilló a los dos acariciándonos las vergas por encima del calzoncillo… Abrió los ojos con cara de morbo total… llevó una mano a su pecho derecho y la otra a su chocho   y se acarició suavemente, ya perdiendo totalmente la timidez, y observándonos de manera muy lasciva…

Se dirigió a su marido.. (La bebida también estaba ayudando a desinhibirla) “Cariño, sácatela y déjame ver cómo te la meneas… porque voy a cumplir una de tus fantasías…” Alberto se había quitado la corbata… rápidamente, como para no perderse lo que sabía que iba a pasar, se puso de pie y se desnudó totalmente en un santiamén, volviéndose a sentar con su verga ahora libre entre sus manos, meneándosela lentamente y esperando….

Beatriz lo observaba muy excitada… volvió la vista hacia mí, que me acariciaba el paquete por encima de los calzoncillos, sin quitarme todavía la ropa… Se acercó lentamente y se puso de rodillas frente a mí. Mientras, yo aproveché para despojarme de la camisa…. Mi verga estaba como una roca, tenía a Beatriz frente a mí, con una perspectiva inmejorable de sus tetas todavía dentro del sujetador, sus pezones hinchados se marcaban perfectamente a través de la tela transparente… Una vez terminó hizo ademán de bajarme los pantalones, a lo que yo levanté un poco el culo del sofá para ayudarla en la operación… Tiró mis pantalones hacia un rincón de la habitación y puso sus manos sobre mis muslos, acariciándolos…

A continuación me separó las piernas y se metió entre ellas mientras seguía acariciándome el rabo… “Tienes una buena verga, eh” me dijo… Y agachando la cabeza me mordió suavemente la tranca por encima de la tela de los calzoncillos… Su melena caía sobre mi herramienta y yo quería disfrutar del morbo de verla con mi verga en la boca, y tampoco quería que Alberto se perdiera el espectáculo que tanto tiempo había esperado, así que se la aparté suavemente.

Ella ahora recorría todo el largo de mi miembro (todavía enfundado en el calzoncillo) con la lengua, se había puesto a cuatro patas para ofrecerle una excitante vista de su culo a su marido. Pensé que si seguía así Alberto se iba a perder algo que le daba mucho morbo: ver a su esposa quitarme los calzoncillos y meterse mi verga en la boca. Así que le cogí la cara a Beatriz suavemente y se la aparté de mi herramienta, la puse a la altura de mi boca y le di un beso apasionado de tornillo mientras aproveché para llevar mis manos a los corchetes de su sujetador… no lo solté… esperé su reacción… dejó de besarme y me pidió: “Quítamelo…”. Se lo desabroché y lo dejé así mientras seguía besándola… de reojo veía cómo Alberto no se perdía detalle, tenía la verga hinchada y morada de tanto meneársela y pensé que no tardaría mucho en acabar…

Beatriz se bajó los tirantes del sujetador, se lo quitó y se separó un poco de mí para ofrecerme una visión de sus impresionantes tetas… “¿Te gustan?” me dijo… Las cubrí con mis manos sintiendo la suavidad de su piel, la dureza de sus pezones, el pálpito de su acelerado corazón… Beatriz cerró los ojos disfrutando del momento mientras Alberto nos miraba con los ojos como platos, excitadísimo… Beatriz se pegó a mí apretando sus pechos contra el mío, me dio un beso de campeonato y yo aproveché para alargar mis manos hasta su culo, poner una mano sobre cada nalga y sobárselas a conciencia, apartándolas una de la otra levemente, sabiendo que su marido no se perdería detalle.

Como los tres ya estábamos bastante excitados decidí dar un paso más…

“Estoy seguro que Alberto quiere verte sentada en la cama…” le dije a Beatriz, que me miró con cara de no entender. De todas formas se levantó con sus tetas bamboleantes y se sentó en el borde, y al mismo tiempo yo me acerqué de pie junto a ella, de lado para que su marido no se perdiera detalle de lo que iba a pasar… Acerqué mi verga dura como un palo (todavía encerrada en los calzoncillos) a su cara y ella sonrió y miró a Alberto… puso la mano derecha sobre mi paquete y empezó a recorrerlo de arriba abajo… Después llevó una mano a cada lateral de mis calzoncillos y fue bajándolos lentamente hasta que mi verga totalmente hinchada saltó como un resorte junto a su cara… Me bajó los calzoncillos hasta los pies y pasó la lengua cerca de mi verga para atrapar un hilillo de líquido seminal que se escapaba…

Beatriz, ya totalmente desinhibida agarró mi herramienta con la mano derecha y comenzó a moneármela lentamente mientras con la izquierda sopesaba mis huevos… tenía su boca a pocos centímetros de la cabeza de mi verga.

Miró a su marido con cara de lujuria absoluta y le espetó: “¿Esto es lo que querías verme hacer..no mi amor.? Y sin esperar la respuesta engulló mi verga totalmente y comenzó a mamármela lentamente, con delicadeza… Llevó la mano izquierda de mis huevos a mi culo y acompañó la impresionante mamada con unas caricias a mis nalgas, clavándome suavemente sus uñas… Estaba mamando otra verga por primera vez en su vida. Yo me sentía en el séptimo cielo. Miraba a aquella esposa, aquella señora con cara de niña-bien, mamándome la verga como una experta profesional…

Volví a apartarle la melena suavemente para que Alberto no se perdiera detalle de lo que tanto tiempo había estado esperando ver… Estaba maravillosa, sus tetas se movían al compás de la mamada, sus piernas, enfundadas en aquellas medias negras de lycra y bien abiertas, dejaban ver la minúscula tanga humedecida por la excitación y el morbo del momento que estaba viviendo…

Beatriz seguía comiéndome la verga, su lengua ávida recorría cada centímetro de mi piel. Con la mano izquierda pegó el pene a mi vientre y arremetió contra mis huevos, metiéndoselos alternativamente en la boca y chupándolos, mientras introducía su mano derecha en el tanga y comenzaba a masturbarse lentamente… Podía ver su anillo de casada a través de la tela transparente de las bragas…

Miré a Alberto que seguía meneándosela ahora con un ritmo acelerado, y con la cara roja del morbo de ver a su esposa chupándole la verga a un extraño .. Le hice una señal para que se acercara.

– ¿Te gustaría tener una verga en cada mano…? le pregunté a Beatriz, que estaba ensimismada, con los ojos cerrados sintiendo los dos dedos que se había metido en el chocho   mientras seguía chupándome el miembro… No me contestó.

Alberto se puso de pie y se acercó a donde yo estaba, acercando su verga a la cara de Beatriz, que abrió lo ojos y creyó estar en el “país de las vergas”… sorprendida sacó su mano derecha del tanga y atrapó la verga de su marido.

Dejó de chupar la mía y engulló la de Alberto mientras me masturbaba con su mano izquierda…. Beatriz gemía y temblaba de lujuria, con una cara de golfa impresionante, mamaba y masturbaba alternativamente las dos trancas moviendo acompasadamente el culo en el mismo borde de la cama, intentando sentir más…. Ya necesitaba que alguien se encargara de darle placer a ella… Alberto miraba extasiado a su esposa y le acariciaba el pelo, tanto él como yo jugábamos con sus pechos y sus pezones, acariciándolos, pellizcándolos, amasándolos mientras ella emitía gemidos cada vez más fuertes…

Alberto, mirando a su mujer con la boca llena de verga, me dijo: “¡Quiero ver cómo se lo comes…!”. Al instante ella soltó mi verga y se dejó caer lentamente en la cama, quedando boca arriba con el culo en el borde, los pies colgando y apoyados en el piso. Alberto se acomodó a un lado de su esposa, que no tardó nada en atraparle el miembro y acercárselo a su cara para continuar con la mamada que le estaba pegando…

Yo me arrodillé en el suelo, entre las piernas de Beatriz. Tenía una perspectiva inmejorable: su boca mamando la verga de su marido mientras con las manos le acariciaba los huevos y lo masturbaba, sus tetas parecían dos flanes moviéndose al compás de sus “trabajos manuales”… y abriendo y cerrando las piernas, ansiosa por que le trabajaran el chocho…

No me hice esperar, con las bragas puestas le di unos leves besos en la cara interior de sus muslos que las medias dejaban al descubierto, y ella se revolvió como pidiendo más…exigiendo más….pensé que ya estaba muy caliente y necesitaba correrse pronto… Metí los dedos índices a cada lado de su tanga y comencé a bajarla lentamente. Ella levantó el culo para facilitarme la operación y Alberto miraba extasiado cómo el chochete de su esposa, por fin, quedaba a disposición de otro hombre que no fuera él….

Una vez que se las bajé del todo, quedó ante mi cara un cochito delicadamente depilado, sólo con un mondonguito de pelo en forma de triángulo en el pubis y el resto totalmente afeitado… Metí mi cabeza entre sus piernas y pude percibir una agradable mezcla de perfume caro y flujos de hembra caliente. Me dediqué otra vez a besar la cara interna de sus muslos, a pocos centímetros de su chocho hambriento… sabía que Beatriz estaba a punto y que con poco que le hiciera se correría como una loca… y así fue.

Bajó la mano derecha hasta mi cabeza, y agarrándome de los pelos llevó mi cara hasta su sexo mientras me ordenaba: “¡Chúpamelo, cómemelo yaaaa!” Le puse una mano en cada corva de las rodillas y le levanté y separé las piernas hasta casi hacerlas chocar con sus tetas, de esta forma su chocho   quedaba totalmente abierto y a mi entera disposición… Empecé lamiéndole los labios con delicadeza y se revolvió como una posesa…

Alberto le sostuvo una de las piernas, liberándome la mano derecha, lo que aproveché para meterle el dedo corazón en el chocho   y comprobar que aquello era una bañera… Cuando comencé a darle suaves golpes con mi lengua en el clítoris me agarró la cabeza con las manos y se corrió en mi boca mientras emitía unos extraños grititos roncos por tener la boca llena de la verga de su marido, que miraba la situación totalmente empalmado y a punto de correrse…

Seguí dándole caña para hacer que la corrida de Beatriz no decayera, metí mi lengua en su chocho   y se la movía en círculos, la metía y sacaba a modo de miembro, le solté la otra pierna y metí mis manos debajo de sus nalgas levantándole el culo… Alberto le había sacado la verga de la boca, supuse que por el evidente riesgo de la inminente corrida, y ahora se dedicaba a besar a su mujer y comerle las tetas… mientras ella suspiraba y se retorcía de placer…

Yo seguía comiéndole el chocho,   lamiéndoselo, chupándoselo.. Metiéndole primero uno y después dos dedos… Tenía la impresión de que aquel culo era virgen (y pocas veces me equivoco)… y fui bajando mi lengua a todo lo largo del chochito hasta llegar a su ojete… Ella dio un suspiro sonoro al sentir que invadía aquella zona hasta ahora prohibida… pero no dijo ni insinuó nada, mientras yo seguía perforándole el culito con dos dedos. Le lamí el ano haciendo círculos con mi lengua a su alrededor y sentí cómo relajaba sus músculos, señal de placer y aprobación… Seguí comiéndole el culo y finalmente introduje levemente mi lengua en el ano, ensalivándoselo bien. Cada vez que le daba una lamida ella experimentaba unos curiosos temblores de placer…

Volví con mi lengua al chocho   de Beatriz, se la pasaba por todo lo largo, desde arriba hasta abajo como si lamiera un helado, y ella lo agradecía gimiendo y retorciéndose… Quería ponerla a prueba y apoyé la punta de mi dedo índice en el huequito de su culo… Ella hizo un reflejo de apretarlo, pero segundos después lo relajó y yo aproveché para introducirle la primera falange, que entró sin demasiado problema por la cantidad de saliva que le había dejado anteriormente… Como no sentí ninguna reacción negativa continué con mi impresionante comida de chocho   y le introduje la segunda falange…. Beatriz cerró el huequito de su culo con fuerza… Pensé que se había molestado, pero segundos después cerró sus muslos en torno a mi cabeza y me apretó mientras gemía y temblaba… Comprendí que se había corrido otra vez en mi boca y saboreé sus jugos ralentizando el ritmo de la comida de chocho   que le había ofrecido…

No podía ver a Alberto. Pero sabía que él estaba absorto observando mi actuación… Debía tener la verga en carne viva después de tanto meneo y tanta mamada.

Beatriz estaba acostada boca arriba, se había apoyado en sus codos y me miraba con cara de perra… Estaba preciosa, la cara enrojecida de placer, abierta de piernas con el chocho   rezumando jugos… Miró a Alberto, que estaba a su lado, y le dijo con voz ronca: “Cariño, necesito que me tiren ya. ¡Tírenme por favor…!”.

Inmediatamente me puse de pie,  busqué mi chaqueta, cogí dos preservativos y le di uno a Alberto. Esperé que ocupara la posición que ella demandaba… Beatriz se dio la vuelta y se puso a cuatro patas con el culo en pompa hacia los pies de la cama y la cara mirando al cabecero…

Miré a Alberto y le dije: “¡A qué esperas… debes estar a punto de correrte!”. Alberto se puso el condón, se colocó detrás de su esposa y le metió la paloma de un sólo golpe, que Beatriz recibió con un grito de sorpresa y placer… Empezó a tirarse a su esposa casi con desespero, con un mete-saca desenfrenado que ella recibía con una especie de lamentos entrecortados… se estaba corriendo como una loca.

Yo observaba la situación junto a la cama, extasiado por el espectáculo… hasta que Beatriz me hizo una señal para que me sentara en la cama delante de ella mientras recibía la verga de su marido desde atrás. Tardé una milésima de segundo en estar sentado en la cama, con la espalda pegada al cabecero, mis piernas abiertas y la boca de Beatriz en mi verga otra vez…

Beatriz jadeaba, gemía, se atragantaba con mi verga, sus tetas se balanceaban al ritmo de la follada… Quise darle morbo a la situación y me puse a hablar con Alberto… “¿Te gusta culear a tu esposa mientras ves que chupa otra verga…? ¿ te gusta mirar cómo pide verga a un extraño y lo disfruta cuando este se la mete..?. Alberto me respondió con voz entrecortada por el placer…: “Ssiiiiii, ¡me encanta!… me excita muchísimo ver lo puta que es mi mujer… ¡Eres un hombre que si sabe como llenarlas de verga y hacerlas sentir en el cielo!… ¡Quiero ver cómo te la tiras, destrózala con tu verga!”. Beatriz soltó un “¡Aaaaaaaahhhhh..!

Alberto volvió otra vez al mete-saca desenfrenado… Beatriz y yo no nos movíamos, ella se limitaba a chuparme la verga con los impulsos que le estaba dando su marido… que incrementó aún más el ritmo y empezó a soltar toda la tensión (y la leche) acumulada… Beatriz soltó mi verga y se quedó a cuatro patas recibiendo la descarga de su marido… agarraba las sábanas con sus manos… tenía los ojos cerrados y la cara desencajada. Con las embestidas de Alberto sus pechos saltaban mientras ella se corría como una posesa (inolvidable espectáculo)… abrió los ojos y se me quedó mirando… yo alargué mis manos y le atrapé las tetas pellizcándole los pezones… Alberto seguía bombeándole el chocho,   ya a un ritmo menor, terminando con aquella monumental corrida…

Alberto le sacó la verga lentamente, ella dio un extraño gemido mezclado con suspiro cuando notó cómo se le salía… se puso de rodillas en la cama todavía de espaldas a su marido y se giró levemente para darle un beso de campeonato… él aprovechó el beso para sobarle un poco las tetas y pellizcarle los pezones. Beatriz dejó el beso y le susurró a su marido: “Quiero que mires, quiero complacerte y quiero que sepas lo puta que puedo ser con la verga de otro, trataré de ser lo puta que siempre me pediste que fuera con otro hombre mientras hacíamos el amor en nuestra cama … Quédate donde estás para que tengas un primer plano de su verga entrando en mi chocho…

” Cuando Beatriz se giró hacia mí se sonrió al comprobar que ya me había puesto el preservativo… De rodillas como estaba se fue acercando hasta dejar su chocho   a la altura de mi verga. Yo estaba boca arriba con media espalda apoyada en el cabecero de la cama, ella quedó de rodillas sobre mí, ofreciéndome una espectacular perspectiva de su cuerpo desnudo y sudoroso (sólo llevaba las medias y el liguero).

Bajó un poco su cuerpo y colocó su chocho   a la altura de mi verga, con la mano derecha me agarró el miembro y comenzó una suave masturbación, frotándose mi verga dura y caliente por la entrada de su chochito, mientras suspiraba y jadeaba sin parar… Yo no podía más… sentía sus tetas aplastadas en mi pecho… Beatriz me besó con mucha calentura… me metió la lengua hasta la garganta… llegaba el momento de sentir la verga de un desconocido clavado en su chocho   como siempre su marido se lo había pedido y había llegado, sin él saberlo, a ser una obsesión para ella… delante de su marido…, ella penetrada como una actriz porno, en público, una verga, dos vergas,…todas las que él quisiera, “ahora ella estaba dispuesta a todo”.

Dejamos de besarnos y se giró levemente… miró a Alberto que estaba sentado a los pies de la cama con su miembro en la mano… observando detenidamente los juegos de su mujer con mi verga y le dijo:

“¿Cariño… quieres ver lo que has estado esperando tanto tiempo…? ¿Quieres verme follando con él…? ¿Quieres ver cómo me penetra su verga…? Míralo mi amor…. mírame…” Diciendo esto se volvió hacia mí y se quedó mirándome fijamente a los ojos y me dijo mientras me agarraba el miembro con la mano derecha y se lo iba introduciendo lentamente…hoy me estoy convirtiendo en una puta, quiero ser hoy tu puta y haz de mi lo que quieras, déjame disfrutar de tu verga…ahhhhhh”  El momento y la situación tenían un morbo indescriptible. Beatriz sentada a horcajadas sobre mi verga se la metió hasta la empuñadura y se quedó totalmente quieta, sintiendo cómo le llegaba hasta el fondo de sus entrañas mientras seguía mirándole fijamente a los ojos….. Yo tenía el miembro como una roca incandescente, casi me dolía, embutido en un chochito muy caliente y que rezumaba jugos como una esponja….. Pensé que no iba a aguantar mucho en aquella situación…

Sentía a Alberto sentado a los pies de la cama con una perspectiva inmejorable de mi verga entrando en el chocho   de su esposa…masturbándose lentamente…

Alargué mis manos y las puse sobre sus tetas…. Beatriz cerró los ojos y empezó a moverse lentamente … y luego con fuerza, mientras subía el tono de sus gemidos a gritos de placer, saltaba sobre mi verga mientras yo le pellizcaba los pezones y le sobaba los pechos… Ella se dirigió a su marido:

“Alberto… me gusta…. me gusta su verga…. mira cómo me está tirando y lo rico que me lo está haciendo, lo hace ricoooo…….. muy rico, perdóname pero que delicioso había sido tener otra verga en el chocho…  ahhhh…ahhhh me estoy corriendoooo”.  “Sigue mi amor… me gusta mucho mirarte…. Asiiiiii” le respondió él…

Beatriz continuaba moviéndose encima mío, contoneando sus caderas mientras subía y bajaba sentada sobre mi verga. Le solté las tetas y la agarré por las caderas con fuerza para incrementar la intensidad de mis golpes de miembro en su chocho…   Ella se mordía el labio inferior, gemía…

Se echó hacia atrás doblándome la verga y aprovechando para acercar su cara a la de su marido y pedirle que la besara…. Mientras lo hacía le meneó la verga por unos instantes y volvió a quedarse como estaba, saltando sobre mi verga… que estaba a punto de estallar después del combate vivido….
Sentí que no tardaría mucho en correrme… la agarré por los brazos y la atraje hacia mí…nuestros cuerpos quedaron pegados otra vez… sus tetas mojadas por el sudor se apretaban contra mi pecho… Nos besamos…Me iba a correr…

Alargué los brazos y la agarré por las nalgas para incrementar el ritmo y fuerza de los mete – saca… poco a poco fui jugando con su culo hasta poner mi dedo índice derecho sobre su ojete…. y ella dio un gemido…Lentamente, aprovechando las embestidas de mi verga en su chocho,   le introduje el dedo en el culo unos centímetros, lo justo para notar mi rabo en el interior de su chochete…. Ella tensó su cuerpo…. se estaba corriendo una vez más…

Alberto, con la voz ronca por la excitación, exclamó: “Así me gusta cariño, que seas muy puta… me gusta que seas muy perra…” “Me gusta ser tu puta mi amor…. quiero ser tu puta… aaaaaaahggg…..” casi chilló Beatriz…. Le saqué el dedo del culo y la agarré con fuerza por las caderas… Y no pude más….Mi verga estalló en el chocho   de aquella mujer que hacía realidad la fantasía de su marido y, seguramente, la suya propia…y por supuesto también la mía. Normalmente me corro de una forma muy violenta y con mucha fuerza…. Mi verga se pone como una barra de hierro, aumenta aún más de tamaño… y escupe abundante semen…. y tras la enorme calentura que llevaba no iba a ser una excepción….

Beatriz echada sobre mí, pecho contra pecho, se había abandonado y yo manejaba su cuerpo a mi antojo… A pesar del preservativo ella sentía los abundantes chorros de leche caliente que escupía mi verga… por los estertores de placer que demostraba… gimiendo, temblando, chillando, sudando…

Tras la monumental corrida fui bajando el ritmo de la follada lentamente… poco a poco…. hasta sacarle la verga del chocho…  . Beatriz dio un sonoro suspiro cuando sintió su chocho   libre otra vez y se dejó caer en la cama, boca arriba, a mi lado derecho,  Alberto nos observaba con la verga otra vez morcillona en la mano, “¡ Jooooder!” exclamó “¡No sabía que tenía una mujer tan puta…!” “Y más puta voy a ser, cariño… a partir de ahora todo lo que me pidas, ya no tengo miedo Voy a ser tu puta…y luego te voy a hacer un regalo, mi amor…” le respondió Beatriz con la voz entrecortada, recuperándose de su último orgasmo…

“¿Qué regalo…?” le preguntó Alberto…”Ten paciencia… Ya verás… es algo que me has pedido varias veces… pero que nunca te he dado y hoy lo vas a tener….” dijo Beatriz sonriendo con cara de malicia.

Estaba acostada boca arriba, sus tetas todavía se movían al compás de su agitada respiración… Alberto se acercó por el otro lado de la cama, se sentó junto a ella e inclinándose se fundieron en una serie de besos…

“Te quiero…” le dijo Alberto a su esposa mientras le acariciaba los pechos suavemente…. “Yo también te quiero a ti…” le respondió ella…

En vista de la situación, me levanté de la cama y me dirigí al baño con la intención de darme una ducha rápida. Mientras caminaba hacia el baño comenté en voz alta: “Parece que todo ha ido bien… ¿no?… “Ambos giraron su cabeza hacia mí y sonrieron… Alberto comentó: “¿Qué tal te pareció mi hembra, es preciosa, verdad? ¿Lo hicimos bien para ser primera vez?,” “Creo que aprenden demasiado aprisa….” comenté entrando en la ducha y abriendo el grifo…

A los pocos minutos, cuando estaba a punto de salir, entraron ellos en el baño. Alberto se quedó apoyado en el marco de la puerta y Beatriz se quitó las medias y el liguero y se metió conmigo en la bañera… “¿Me enjabonas la espalda…?” me preguntó con cara de putita. Le respondí con otra pregunta: “¿Sólo la espalda…?” “Bueno… la espalda… el culo… las tetas… el cochito…., lo que tú quieras…” susurró Beatriz mirando a su marido que le sonreía desde la puerta….

Pensé en la Beatriz que había entrado en el restaurante hacía unas horas… una atractiva señora casada, recatada, tímida…. que ahora me pedía que le enjabonara el culo y el cochito… y que ya me había entregado aquel jugoso y apetitoso chocho,   se había revelado como una mujer ardiente, morbosa, con muchas ganas de dar y recibir placer sin demasiados prejuicios…

Me llené la mano de gel y empecé a frotarle la espalda… rodeé su cuerpo con mis manos y continué con sus pechos generosos… sopesándolos y pellizcándole los pezones entre la agradable sensación de la espuma y el agua caliente corriendo por nuestros cuerpos… Mi verga se había puesto dura y caliente y aproveché para pegársela a su culo… Ella dio un suspiro y se dio la vuelta sonriendo… Me agarró el miembro y, mirando a su marido que seguía en la puerta de pie masturbándose lentamente y fumando un cigarrillo, exclamó: “¡Parece que pronto empezará el segundo tiempo…!

Beatriz me dio la vuelta y se quedó detrás de mí… Con su mano izquierda llena de espuma me masajeaba la verga y los huevos… y con la mano derecha empezó a enjabonarme la espalda… hasta llevar su mano a mi culo… Me enjabonó bien el culo y de pronto sentí que me pasaba los dedos por mi ojete… Ella sintió cómo me estremecí y me susurro: “Quiero dejártelo limpio para pagarte la deuda que tengo contigo…”. Mi verga oyó aquello y terminó de animarse…

Salí de la ducha y cogí una toalla mientras le comentaba a Alberto… “¿No me habías dicho que ella no tenía muy claro lo de hacer un trío…?… ¡Anda que si lo llega a tener claro!… Nos reímos a carcajadas…

Alberto se introdujo en la ducha con su mujer y yo me fui hacia el dormitorio, encendí un cigarrillo y llené nuevamente las copas de champaña… Al poco rato salieron de la ducha y le acerqué una copa a cada uno… “¡Por esta tarde…! “brindé… “Y por las que vengan en el futuro…” comentó Alberto con cara de potro mirando a Beatriz… ” Y por las que vengan en el futuuuro papacito” le respondió ella con cariño a su marido. Estábamos los tres de pie, desnudos en el centro de la habitación… Sentía a Beatriz un poco acelerada… se tomó la copa de champaña de un trago y se quedó mirándonos a Alberto y a mí con expresión de lujuria… Nos miraba de arriba abajo, deteniéndose en nuestras vergas…

Beatriz exclamó: ” ¡Ahora me toca a mí…!. Ahora los dos van a hacer lo que yo les indique, ¿de acuerdo?” dijo mirando a su marido… Alberto la observaba con cara de curiosidad… “Mi amor… ¿Confías en mí…?” le preguntó ella a su marido mientras cogía el sillón y lo colocaba a pocos centímetros del lado izquierdo de la cama… “Por supuesto” respondió Alberto con una picara sonrisa……… para darle más ánimos.

“Pues siéntate aquí, tócate y míranos….. por ahora, ¿esta bien?” le dijo a su marido mientras lo cogía de la mano y lo sentaba en el sillón… “Te prometo que después tendrás algo especial y lo entenderás todo…., ¿esta bien?” Beatriz me miró y con voz casi autoritaria me dijo: “Acuéstate en la cama boca arriba, cerca del borde por favor…”. Yo miré a Alberto con cara de no entender nada pero hice lo que ella me indicaba…

Se acercó a Alberto, le cogió la cara con las dos manos y mirándole a los ojos le dijo: “Mi amor, primero vas a ver algo que tengo ganas de hacer y te gustará, quiero hacer algo que él hizo conmigo y que yo quiero hacer con él. Él me hizo algo que nunca hiciste y quiero que mires para que después me lo hagas igual… quiero que me lo vuelva a hacer, y quiero hacérselo a él…..”  Luego verás cómo me penetra… y después…. después te voy a hacer un regalo… algo que no te esperas y sé que deseas…. ¿de acuerdo cariño…?” Alberto le respondió: ” Beatriz… ya me has dado más de lo que esperaba… me has hecho muy feliz compartiendo conmigo esta fantasía… Me encantará verte follando con él otra vez…. Hazle lo que quieras…. ¡si él se deja, claro! (dijo mirándome mientras sonreía)… Yo sonreí, acostado boca arriba en la cama fumándome un cigarrillo, y le dije a Beatriz: “Yo tendré algo que decir… ¿no?”.

Beatriz se acercó a la cama… pasó la pierna derecha por encima de mi cabeza y se puso de rodillas sobre mi cara, dejando el chocho   a la altura de mi boca y ella de espaldas al cabecero, mirando hacia los pies… “¡Cómemelo, chúpamelooo…!” exclamó con voz llena de lujuria y tono autoritario.
Tenía su chocho   sobre mi boca y sus nalgas en mi cara… no me hice esperar y empecé a lamerle el interior de los muslos, pasándole la lengua suavemente por la piel… Estiré mis brazos hacia arriba y le atrapé los pechos…

Beatriz empezó a suspirar y se dirigió a su marido, que estaba sentado en el sillón a escasos centímetros de ella: “Cariño, ya me has visto tirar con otro hombre…¿Te ha gustado…?”. “¡Mucho!… me gusta y me excita mucho ver cómo te mete su verga y lo mucho que disfrutas con la verga de otra persona…”.

“¿Sabes una cosa?” decía Beatriz suspirando entrecortadamente, mientras yo ya le daba suaves golpes con mi lengua en el clítoris… “¿Sabes que a mí también me gusta y me excita muchísimo que me mires mientras tengo la verga de otro hombre dentro de mi…?… me gusta tener dos vergas para mí sola….¡Uffffffff…que rico es tener dos machos a la vez …… ahhhhhh! ” Yo le comía todo el chocho   con avidez… sus jugos iban inundando mi boca… y mi lengua no paraba de explorar cada centímetro de su caliente e inundado sexo…

Mientras esto ocurría Beatriz seguía de rodillas sobre mi cabeza… se puso a cuatro patas y me agarró la verga con la mano derecha, empezando a moneármela lentamente… La postura intuía un próximo “69”. “¿Te gusta mirar cómo se la chupo…?” volvió a dirigirse a Alberto, que con voz ronca por la excitación le contestó: “¡Chúpasela!”…

Beatriz no se hizo esperar… engulló mi verga de un golpe y comenzó a mamarme el miembro como si le fuese la vida en ello… Estábamos haciendo un fantástico “69”… Yo seguía comiéndole el chocho   cambiando de ritmo… chupando, lamiendo, comiendo, mordiendo… ella suspiraba con su boca llena de mi tranca gorda, dura, caliente… Beatriz paró su mamada, levantó la cabeza y con voz libidinosa casi me ordenó: “¡Lámeme el culo, mete tu lengua ahí otra vez que me pusiste loca cuando lo hiciste!… Házmelo otra vez…”. Le separé las suaves nalgas con mis manos, le abrí bien el ojete y sin pensármelo más ataqué su culo con mi lengua….

“Aaaaaaaaaaaggggghhhh…. Asssiiiiiii…”. “Me gussssstaaaa….mi amor….., me gusta que me coman el culoooo…” suspiraba Beatriz dirigiéndose a Alberto. No lo podía ver pero seguro que tenía el rabo como una piedra observando lo que había organizado su esposa…

Le lamí todo el contorno del ojete para terminar metiéndole mi lengua a modo de verga y follarle el culo con ella…Beatriz volvió a la carga y se metió mi tranca en la boca…pero sólo le dio un par de chupadas y la volvió a soltar… se enfrascó en lamerme los huevos, se los metía alternativamente en la boca y los chupaba…

Segundos después siguió lamiendo por la base de mis huevos… y metió su lengua entre los huevos y mi ojete…. Pensé: “¿Lo va a hacer….? ¿Me va a jugar con su lengua el culo…?. Casi antes de que terminara de pensarlo sentí la lengua de Beatriz explorando entre mis nalgas… mi verga se puso aún más tiesa y dura…

Me separó y me levantó las piernas ligeramente y entonces,… entonces metió su lengua con avidez, con fuerza en mi ojete y empezó a lamérmelo mientras suspiraba con fuerza… Yo seguía trabajándome su ano, incluso había apoyado mi índice muy cerca del agujero y se lo acariciaba junto con mi lengua… Los dos suspirábamos por el placer que nos estábamos dando…. “¡mierda que rico, que puta eres!” oímos exclamar a Alberto… Beatriz seguía comiéndome el culo, parecía que le había gustado la novedad… me relamía el ojete, me metía la lengua… incluso sentí una de sus lamidas penetrar ligeramente en mi ano… Yo le correspondí y le introduje la primera falange de mi índice suavemente pero sin parar… Volví a sentir cómo se contraía… para luego volver a distenderse y permitir la entrada en su agujero prohibido…. me di cuenta de cual iba a ser la sorpresa para Alberto… “¡Aaaaaaaaaghhhhh!… “. Volví a sentir cómo vibraba su cuerpo sobre el mío entregándose a un nuevo orgasmo…

Beatriz separó su cara de mi culo, se apoyó en sus brazos y empezó a suplicarme con voz ronca: ¡Fóllame!… ¡Fóllame!… ¡Fóllame!…

Se levantó rápidamente, se giró y se colocó encima mío (cabalgándome de frente), ahora colocando su chocho   sobre mi verga. Sus tetas brillaban por el sudor, me miró una vez más fijamente a los ojos, me agarró la paloma con la mano derecha y de un sólo golpe se lo metió en lo más profundo de sus entrañas…”¡Qué puta soyyy… ¿te gusta amooor, te gustaaaa?, Alberto estaba excitadísimo que no supo que decir¡!” Ella comenzó a saltar sobre mi verga, que entraba y salía con facilidad de su chocho embadurnado de mi saliva y sus jugos…Brincaba sobre mí haciendo que la penetración fuera profunda… casi la golpeaba con mi miembro en sus entrañas… Sus tetas se bamboleaban al salvaje ritmo que le estaba dando a la cabalgata…

” ¡Cariñooooo…..! . ¡Te lo voy a darrrrr… ! ¡Aaaaaaaaghh….! ” Beatriz se dirigía a su marido casi gritando, con la cara congestionada por el placer, excitada por lo que sabía que iba a pasar…Yo seguía con el mete-saca… dada la rapidez y la urgencia de Beatriz no me había puesto el preservativo y ahora podía sentir su chocho   realmente caliente y húmedo… Seguía rompiéndose el chocho   con mi verga, que no tardaría en escupir la poca leche que me quedaba…

Podía ver a Alberto con su verga en la mano dura y roja por la excitación…  Beatriz le gritó: ” ¡Coge mi bolso!…”. Alberto se puso de pie y cogió el bolso de su esposa… “¿Qué hago ahora…?” le preguntó a ella…”Aaaaaaghhh… ¡Saca el bote pequeño y rosado que hay dentro!….” Vi cómo Alberto revolvía en el bolso y sacaba lo que ella le había indicado… en un segundo la expresión de su cara cambió mostrando una amplia sonrisa: ” ¡Vaselina!” ” ¡Ssiiiiii… mi amorrrr! ¡Rómpeme el culo! Es tuyo…. gritaba ella. ¡ Rómpeme el culo…! repetía mientras seguía cabalgándome…

Mi verga casi se salía de su chocho   dada la enorme cantidad de flujo que humedecía todo… incluso lo sentía correr por mis huevos y mis muslos…

Ante los acontecimientos que se avecinaban decidí ayudar a Alberto, puse una mano en cada nalga de Beatriz y se las separé con fuerza, abriéndole el ojete todo lo que pude… ” ¡¡ Ssiiiiii….. ábremelo…. Quiero sentir dos vergas dentro de míiiiiii…….como me lo dijiste aquella vez Alberto como me lo dijiste… Alberto se untó la verga de vaselina y sentí cómo hacía lo mismo con el agujero virgen de su mujer….

” ¿Quieres mi culo…? ¿Quieres culearme por ahí….? ¡Es tuyo, mi amor…! “Estiré mis piernas poniéndolas rectas para facilitar la postura de Alberto…. Beatriz ya tenía la verga de su marido en la entrada de su ojete… su cara se había puesto tensa… las mandíbulas apretadas… me miraba fijamente a los ojos con una expresión entre temerosa y putísima… “Relájate… relájate si no quieres que te duela…” le dije mientras aflojábamos el ritmo de la follada para facilitar la penetración de Alberto… y al instante pude sentir cómo la punta de la verga de su marido se iba adueñando muy lentamente del ano de Beatriz, iba descubriendo aquel reducto virgen del cuerpo de su mujer….

Alberto empujó con suavidad pero con firmeza y… ¡plop! … consiguió meterle la cabeza gorda y dura de su verga en el culo de Beatriz… ¡Aaaaaaaaaaah! gritó ella cuando sintió que su ano perdía definitivamente su virginidad. Alberto paró y se quedó quieto (el también sabia lo que hacia), como esperando que el ojete de su mujer se relajara y se distendiera, acostumbrándose a la presencia del deseado pero doloroso intruso… Yo había parado mi mete-saca para facilitar la penetración de Alberto, pero en vista de que él se lo tomaba con mucha paciencia y delicadeza (era lo mejor), decidí continuar tirándome a Beatriz ahora lentamente para que ella no perdiera el clímax al que había llegado.

Alberto la tenía agarrada por las caderas con la punta de la verga ya dentro del culo de ella, yo le acariciaba los pechos y me movía despacio haciéndole sentir cómo entraba y salía cada centímetro de mi verga… Beatriz tenía una cara que era todo un poema.  Sus facciones eran una mezcla de miedo y lujuria, ansiosa por sentirse penetrada, y bien culeada, también ella quería y tenia derecho a sacar partido de la situación, y calmar lo que tanto había pregonado su marido hasta hacerlo en sus sueños una obsesión ser penetrada por dos vergas a la vez….pero al mismo tiempo temerosa del dolor que aquello podría significar para ella… Alberto le preguntó: ” ¿Estás bien mi amor…?”. “Ssssssiiiiiiiii……, métemela toda…. por favor….métemela toda……ábreme más el culo yaaaaaaa…..” respondió ella.

Beatriz estaba de rodillas apoyada sobre sus brazos, sentada sobre mí y con mi verga ensartada en el chocho,   sus pechos colgaban sobre mi cara… tenía la cabeza de la verga de su marido dentro de su culo… su expresión era de dolor mezclado con expectación…  Le cogí los brazos e hice que no se apoyara en ellos, cayendo su cuerpo sobre el mío… sus pechos se aplastaron contra mi pecho y aproveché para fundirnos en un beso de lengua suave y húmeda… Quería transmitirle seguridad, quería que se relajara… Pasé mis brazos por su espalda y la abracé apretando su cuerpo contra el mío…. De aquella forma su culo se levantó ligeramente y se abrió, facilitando la tarea de su marido. La mantuve así y me dediqué a acariciarle la cara mientras movía mi verga lentamente dentro de su cochito…

Entonces pude ver la cara de Alberto, roja de excitación. Nos miramos y nos transmitimos un sentimiento de complicidad y agradecimiento…

Alberto comenzó a empujar con suavidad pero con decisión… Ella respiraba agitadamente y yo podía sentir cómo la verga de Alberto se abría paso en las entrañas de Beatriz… hasta que sus huevos chocaron con las nalgas de su esposa…. Nos quedamos los tres inmóviles durante unos segundos…

Beatriz, por primera vez en su vida, tenía dos vergas grandes, gordas y duras en lo más profundo de su ser… comenzó a temblar… era como si tuviera frío… pero no… se estaba corriendo…. estaba teniendo un orgasmo sublime, suave, maravilloso…

“¡Madreeeee míiiiiiiiiiiaaaaaaa….cuánto placerrrrrrrrrr…! Exclamó en un susurro.

Sentía la verga de Alberto a través de la membrana que separa el chocho   del culo… Él empezó a moverse lentamente, iniciando un suave mete-saca en el culo de Beatriz, que seguía abrazada a mí con sus tetas aplastadas contra mi pecho y se reponía de su enésimo orgasmo… Me coordiné con los movimientos de Alberto y también comencé mi mete-saca en el chocho   de Beatriz… Ahora tenía dos vergas en movimiento en sus entrañas y estaba seguro que pronto iba a encadenar el orgasmo que terminaba con uno nuevo y quizás más fuerte…  Alberto aumentaba el ritmo de su follada en el recién estrenado culo de su mujer… yo apenas me movía puesto que sus embestidas ya provocaban el movimiento suficiente para que mi verga entrara y saliera del chocho   de ella sin apenas moverme…  Beatriz volvió a apoyarse en sus brazos, separándose de nuestro abrazo y volviéndome a ofrecer sus pechos en mi cara… volví a pegarme a ellos como un niño… chupando, lamiendo, mordiendo… Sus pezones iban a reventar… Beatriz jadeaba, gemía… su cara estaba desencajada de tanto placer… sudaba… el sudor resbalaba por su cara, por sus pechos… por todo su cuerpo, haciendo aún más morboso el momento que estábamos compartiendo…

Podía ver la cara de Alberto… estaba tenso… concentrado en la follada que le estaba ofreciendo a su esposa… pensé que ninguno de los dos aguantaríamos mucho más… Beatriz volvía a convulsionarse… a temblar… tensando los músculos de la cara… sus manos estrujaban las sábanas… se estaba corriendo una vez más…. ” ¡¡Me están rompiendoooooo….. Me están abriendooooo…… me corrooooooooo………aghhhhhhhh………. !! ” Y volvió a desplomarse sobre mí… Alberto fue disminuyendo el ritmo… pensé que sentía la inminente corrida…

Beatriz pensó lo mismo que yo porque se dirigió a su marido con voz entrecortada: “Espera mi amor….. No te corras…. espera…. la quiero en mi boca….. por favor… ” Ella alargó su mano derecha hacia atrás colocándola en el vientre de su marido, que estaba pegado a sus nalgas, con ademán de que le sacara la verga. Sentí como Alberto abandonaba el canal trasero y cómo su tranca se retiraba lentamente…  Una vez sintió su culo liberado del intruso, se sacó mi verga del chocho   y se dejó caer a mi derecha, volteándose y quedando boca arriba sobre la cama…. “Acércate mi amor… ven cariño… dame tu leche…” le dijo a su relativamente asombrado marido quien a la vez se quitaba el preservativo, el había comprobado cómo en aquella tarde su recatada y atractiva mujer se había liberado de una educación represiva y unos prejuicios impuestos y se había revelado como una gran folladora, una gran puta y una gran culeadora… como una mujer decidida a disfrutar de su cuerpo y a dar placer con su cuerpo…

Alberto, con síntomas de cansancio, se acercó al lado derecho de la cama y se colocó de rodillas acercando la verga a la boca de su esposa… Beatriz no perdió el tiempo y la engulló con avidez mientras pasaba la mano derecha entre las piernas abiertas de su marido para acariciarle el culo… Me sorprendió lo perra que se había vuelto al pasarse la verga de su culo directamente a su boca, sin mayor problema… Beatriz alargó la mano izquierda y me agarró el miembro, tirando de él hacia arriba… entendí que quería que me colocara en la misma posición que su marido, y así lo hice…

Estaba acostada en la cama, boca arriba. A su lado derecho estaba Alberto con la verga a punto de explotar en la boca de su esposa, que chupaba, lamía, besaba y relamía la tranca con dedicación… A su lado izquierdo estaba yo, recién colocado y dispuesto a recibir el mismo tratamiento que Alberto…

Ella pasó su mano izquierda entre mis piernas abiertas, al igual que hizo con su marido, y se dedicó a acariciarme el culo…. Me apretaba las nalgas… me pasaba un dedo por la raja… y a mí aquello me gustaba y me estaba excitando mucho….  Alberto y yo nos mirábamos, cansados pero excitados, esperando la inminente corrida y disfrutando de las desconocidas y sorprendentes innatas habilidades de Beatriz… Con las manos ocupadas en nuestros culos, ahora ella alternaba nuestras vergas en su boca buscándolas con sus labios y con su lengua… Sentí un dedo de Beatriz merodeando por mi ojete… Le acariciábamos los pechos…le pellizcábamos los pezones… y ella estaba enloquecida esperando la descarga… ansiosa de leche en su boca… “¡Quiero tener dos vergas en mi boca… juntas! ¡Quiero que me llenen la boca de leche… Quiero tragármela toda…!” Alberto y yo nos agarramos la verga con la mano y se las metimos juntas en la boca de Beatriz… Sentí mi verga junto a la de él y ella abriendo su boca al máximo para poder acaparar los dos miembros al mismo tiempo… Parecía que sus ojos se iban a salir de las órbitas…

Los tres estábamos muy, pero que muy excitados, y tanto Alberto como yo ya teníamos muchas ganas de corrernos y liberarnos de tanta tensión acumulada… Sentí un dedo de Beatriz que volvía a jugar con mi ojete… el dedo fue rodeando mi ano hasta que ella intentó introducirlo y… metérmelo en el culo… Supuse que estaba haciéndole lo mismo a su marido y supuse bien por la cara de gusto que tenía Alberto… No podía aguantar más ni quería aguantar más… Beatriz todavía jugaba con las dos vergas en su boca… y con los dos culos con sus dedos… ” ¡Mira que tu mujer es una linda y sensual putita… !” ¡Mira que eres puta Beatriz…!” exclamé sintiendo el inminente orgasmo… y exploté…

Mi cabeza y mi verga estallaron en una corrida descomunal… Miré fijamente a la cara de Beatriz que, sintiendo mi orgasmo, separó el miembro de su marido y abrió su boca y sus ojos para disfrutar de aquel momento irrepetible… recibió la primera descarga con avidez… pero también la segunda… y la tercera… no dejaba que se escapara una sola gota… y al mismo tiempo que la leche inundaba su boca era tragada hacia su garganta con una avidez impresionante… La cara de Beatriz era puro morbo. Ver cómo su boca recibía y tragaba la corrida era puro morbo…

Mi verga no paraba de expulsar borbotones de leche y yo hacía esfuerzos por mantenerla dentro de la boca de Beatriz y mantener el equilibrio… Alberto, excitado por el espectáculo, acercó el rabo a la boca de su esposa con desesperación… Ella, consciente de lo que ocurría, intentó abrirla más y…
Alberto también explotó… Cuando mi verga ya escupía los últimos chorros, su marido comenzó a descargar, y Beatriz repitió la operación de no dejar escapar ni una sola gota de semen, aquello que logro escapar ella misma lo distribuyo habidamente en sus senos y con sus propias manos,…

Terminada mi corrida me dejé caer hacia atrás exhausto, y me quedé sentado en la cama junto a Beatriz mientras ella seguía engullendo los últimos estertores de Alberto… La imagen era de lo más morbosa: Beatriz, una atractiva hembra de 32 años, estaba acostada boca arriba en la cama totalmente desnuda, su cuerpo brillaba cubierto con una película de sudor… tenía un hombre desnudo a cada lado mientras se pasaba los dedos de la mano derecha por su boca, relamiéndose las últimas gotas de semen con la lengua… Los tres teníamos la respiración agitada y nos quedamos en silencio durante unos segundos, acostados, recuperando el aliento…

Alberto abrazó a su mujer y la besó con un beso de tornillo de lo más sugerente… Yo me senté en la cama, encendí un cigarrillo y se lo pasé a Beatriz, que ya había terminado el beso con su marido… Le pasé otro cigarro a Alberto y yo encendí otro para mí… Nos los fumamos mientras comentamos lo maravillosa que había sido la experiencia. Alberto estaba realmente contento, cansado pero muy contento…  Beatriz se notaba satisfecha y algo sorprendida de sus reacciones tan sensuales y tan morbosas con los dos hombres que había tenido a su disposición aquella tarde… Yo sonreía y les comentaba que estaba muy satisfecho y muy contento por lo bien que había salido todo.  Les comenté que me parecían dos personas extraordinarias y que me alegraba de haberles “pervertido” un poco…. Nos reímos a carcajada… Alberto dijo que le daba mucho morbo ver a su esposa con otro… que había disfrutado mucho… y agradecía mi actitud de tacto y respeto con ellos sin haber renunciado al morbo y a la sensualidad…

Una vez me hube terminado el cigarro me levanté y me fui al baño mientras les comentaba que ahora ellos deberían quedarse acostados, y cuando yo ya no estuviera, deberían follar apoteósicamente recordando la experiencia vivida esta noche… ambos se miraron y sonrieron…

Me introduje en la ducha y abrí el grifo. El agua caliente cayó sobre mi cuerpo y una agradable sensación me envolvió… cerré los ojos y me relajé…luego de terminar salí del baño, Beatriz al verme se levantó de la cama y se dirigió al baño comentando que necesitaba una buena ducha para poder seguir con los ojos abiertos pues los ojos se le cerraban y las piernas le temblaban de cansancio. Una vez que ella desaparecía Alberto me preguntó “Y bien, ¿que te pareció? ¡Uffff…Tienes una esposa volcánica!” le contesté sonriendo… “Es maravillosa, de verdad, todo un volcán…” Me senté en el sillón y encendí otro cigarrillo antes de vestirme.

“Si supieras que nunca había sido así…” me contó Alberto. “Beatriz es una mujer maravillosa, pero hasta ahora, por su educación había sido una mujer muy convencional en la cama… Estoy realmente sorprendido de sus reacciones de hoy… No te puedes imaginar lo alucinado y lo contento que estoy… Creo que se ha abierto una puerta en nuestro matrimonio…. Y lo más importante… es que supimos elegir a la persona adecuada para un buen comienzo y que ese sea un buen augurio..” me confesó Alberto. Yo estaba sorprendido y agradecido por la confianza, os comentarios y las confesiones que me hacía…

“Llevaba años pidiéndole que me dejara culearle el ojete…. No te imaginas lo que significa para mí lo que ha hecho hoy… ¡Regalarme su culito que lo tiene riquito de verdad…!. Continuó. “Sólo hice lo que me pediste y lo que te prometí hacer… nada más…” le contesté… “Además, culearme a tu esposa ha sido una experiencia impresionante y muy, pero que muy morbosa… Yo también te agradezco muchísimo que me lo hayas permitido…” “Y espero que no sea la última vez…” comentó Beatriz con una sonrisa mientras salía del baño… Alberto y yo nos reímos a carcajadas….

Una vez me terminé el cigarrillo miré el reloj, eran las doce y media (poco más de media noche), y comencé a vestirme.

“Han pasado cinco horas y media desde que nos sentamos en el restaurante” comenté. “Cinco horas y media que han cambiado nuestras vidas” subrayó Alberto. “Sí mi amor, esto ha cambiado nuestras vidas, porque espero que repitamos esto de vez en cuando… ¿verdad?” comentó Beatriz.

Yo ya había terminado de vestirme y me dispuse a despedirme…

“Bueno… ya saben lo que tienen que hacer… ahora les toca hacerlo como locos recordando la experiencia vivida y compartida… consejo de quien entiende por que paso por la misma grata experiencia…” les dije mientras me acercaba a la puerta. Ambos sonrieron. Beatriz estaba de pie y se acercó a mí. “Gracias por todo cariño” me dijo…

Alberto se levantó de la cama y se acercó a nosotros estrechándome la mano efusivamente con sus dos manos “Gracias, gracias por todo… A partir de ahora quiero que sepas que te considero mi amigo…” Me dispuse a abrir la puerta. Alberto y Beatriz se miraron… Beatriz se acercó a mí y me dio un último beso en los labios “Gracias por el placer que me has dado… hasta pronto” “Eso, hasta pronto…” repitió Alberto…”Mañana te envío un e-mail… adiós”.

Abrí la puerta, salí y la cerré mientras los dos me miraban de pie,  desnudos, uno al lado del otro…

Después de aquella maravillosa experiencia mantenemos una muy fluida correspondencia vía e-mail en la cual estoy al tanto de ciertas gratas y apasionantes experiencia que les toco vivir y que quieren según ellos enseñarme algunas cosillas que ellos aprendieron..

Alberto me confiesa los cambios que ha experimentado Beatriz en su comportamiento sexual y me comenta que sus vidas han mejorado en ese aspecto. Ahora se sienten más cómplices, ahora comparten un secreto por lo que se sienten más unidos…

Quiero insistir en que este relato es totalmente verídico y que, básicamente, sucedió tal como lo cuento…y lo que me impulsó a escribirlo es el respeto y agradecimiento a esa fabulosa pareja a quienes prometo pronto estar ahí….y esta dedicada a muchas otras que merecen alguien que realmente valga la pena, para empezar esta fascinante actividad erótica de pareja. Quizás el relato me ha quedado un poco largo, pero he querido hacer hincapié en los detalles porque me parecen le dan un morbo especial a la historia.

Autor: Carlos

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Ella, mi Marcela, sabe lo que hace

Mis bolas golpeaban contra su cuerpo caliente, mi verga entraba y salía de su concha en medio de sus gemidos de placer, de pronto se enervó y sentí en mi verga el derrame de sus jugos, le chupé una teta mientras ella se corría otra vez, era fantástico ese baño con sus jugos, mi pija enloquecida frotando los bordes de su vagina hambrienta, le mordí un pezón y me corrí dentro de ella.

Hola, mi nombre es Alex, soy de Puerto Rico, pero llevo tiempo viviendo en Argentina. Estoy en pareja con una Argentina muy perra (como dicen aquí). Ella se llama Marcela y es hermosa. He visitado esta página y se me ocurrió la idea de mandarles el relato de cómo ella y yo nos conocimos para que lo publiquen. Claro que ella está de acuerdo.

Resulta que yo tenía un problema jurídico referido a mi trabajo; soy entrenador de básquetbol y no me dejaban entrenar por ser extranjero. No viene al caso pero era una locura. Unos amigos me recomendaron un estudio jurídico y yo allí fui. Al entrar vi sentada detrás de una computadora a una mujer despampanante, era verano, hacía calor y ella llevaba una blusa blanca muy ajustada con dos botones desprendidos.

Cuando se levantó a decirle a su jefe que yo estaba allí noté que llevaba una minifalda negra no ajustada pero muy mini que dejaban ver sus exquisitas piernas. Me presenté ante ella y le comuniqué cuál era mi problema. Me contestó que enseguida me hacía pasar. Esperé dos minutos en los que aproveché para mirarla mejor y entré. Hablé con su jefe sobre mi asunto y terminamos acordando una solución. Entonces más en confianza le pregunté cómo se podía concentrar con tan hermosa yegua.

Me contestó que no podía concentrarse sobre todo cuando le comía la polla (aquí le dicen pija o verga) debajo del escritorio. Juro que se me paró de golpe y como pocas veces pasaba. Salimos de allí y él le pidió a ella que me tomara declaración. Contestó que estaba muy ocupada y que si podía volver después. No me podía negar a un pedido de ella. Me fui a casa y esperé la hora de volver. La cita era para las 19:00 y aproveché para echarme una buena masturbada imaginándola desnuda. Se hizo la hora y partí para el estudio nuevamente. Al llegar allí me esperaba ella vestida igual que a la mañana.

Me recibió y empezó a preguntarme cosas como que de dónde era, edad y todo eso. En una de esas aproveché para preguntar si estaba su jefe. “No, sólo yo, él se va como a las 17:00 me deja las llaves y yo cierro cuando me voy” me contestó con su dulce voz. Se hizo ya tarde y se la notaba cansada. Habíamos pasado allí más de dos horas y…. nada. Fue a tomar otra taza de café y ya no había. “Me cansé” me dijo. “Vamos a mi casa? Allí es más cómodo que aquí y hay café”. Le contesté que me parecía bien. Ya no me hacía ilusiones porque nada había pasado entre nosotros, si bien me moría por tirármele encima. Caminamos como cinco cuadras hablando de todo un poco, muy entretenidos hasta llegar a su casa.

Subimos dos pisos por un ascensor y llegamos a su departamento. Abrió, entramos, estaba un poco desarreglado, había ropa hasta interior tirada por allí. Con muy poca vergüenza me pidió disculpas por el desorden alegando que era todo de su amiga que seguro había estado con su novio. Peor para mí, más sufrimiento, mi polla no daba más, quería salir pero no podía. Preparó algo de café y mientras se terminaba de hacer me dijo que me sentara en el sillón y fue al baño. Estuvo allí sólo un momento y al volver sirvió el café. Se sentó enfrente de mí con su dejó las piernas mientras miraba mi entrepierna. Tendrías que averiguarlo le dije. Entonces se paró y vino hacia mí.

Me empujó hacia el espaldar del sofá y se me sentó encima. Yo estaba durísimo. Me refregó la polla con su culo duro mientras me agarraba del cuello y me daba un beso que me dejó sin respiración. Sacó su lengua y jugó con la mía. Yo sabía que no había retorno, así es que dejé correr mi mano por su espalda hasta llegar a su culo y apretarlo salvajemente. Metí mi mano debajo de su mini y con dificultad llegué a su chochito, después busqué el cierre de mi pantalón y lo bajé. Saqué mi negro pedazo y lo hice rozar con su chocho. Ella me decía al oído que mi pedazo estaba muy caliente. Nunca me habían dicho algo así y yo solté algo de semen.

Ella se dedicaba a morder mi oído, mi cuello, mi pecho y yo tocaba su espalda. Me volvió a besar apasionadamente terminando con su lengua por mis labios. Se bajó de encima mío y se arrodilló. Yo quería tocar sus tetas pero ella tenía una idea mejor. Agarró mi polla con ambas manos, sacó el capullo y se mordió los labios mientras me miraba. Mi pene se humedeció aún más y ella me dijo; “mira este pedazo tan rico”. No más palabras, se dedicó a besar el capullo, a lamerlo, a pasar su lengua por todo mi tronco. Llegó hasta mis bolas, era una sensación increíble, sabía lo que hacía. Se las metió de a una en la boca. Después se dedicó a mi polla. La mordía, la besaba, pasaba su lengua por ella, mientras rasguñaba mis bolas. La empezó a mamar, me quería morir, la sacó de su boca y me preguntó si ya acababa, le dije que sí, entonces dejó de chupármela para sacarse la blusa y dejar sus tetas al descubierto, no llevaba corpiño.

Con una mano agarró mi pene y con la otra lo acomodó entre sus tetas. No podía creer lo que hacía. Allí estaba mi pedazo, ella apretó sus tetas e hizo subir y bajar por mi polla. Eran enormes. Mi pene llegaba a tocar su boca y ella la abría y sacaba su lengua. Así estuvo un rato hasta que le dije que me venía y así fue. Le acabé en la cara, las tetas y ella como si nada la seguía pajeando allí.

Cuando no quedó más semen por salir pasó la lengua por sus labios y se tragó el semen. Me dediqué a tocar sus tetas, eran redondas, grandes, cerca de la perfección, con mi dedo índice saqué el poco semen que tenía allí y se lo puse cerca de la boca, sacó su lengua y lo lamió con mucho morbo. Se paró y al oído me dijo que me quería dentro de ella. Me hizo parar del sofá y ella se puso en cuatro con sus manos apoyadas en el espaldar.

Le toqué el chocho para saber si estaba húmedo como para penetrarlo y así fue, estaba muy mojada. Agarré mi polla y la acerqué. Jugué un poco allí, acercándola, hasta que me dijo que se la pusiera de una vez y no la hiciera sufrir. Así lo hice, se la metí de un tirón, me impresionó como entró aunque ella gritó como si le hubiera clavado un cuchillo. Le dije ahora vas a ver lo que es gozar perra atorranta y ella me contestó diciendo entre gemidos “Cogeme”.

La arremetí con todo, mis bolas golpeaban contra su cuerpo caliente, mi verga entraba y salía de su concha en medio de sus gemidos de placer, de pronto se enervó y sentí en mi verga el derrame de sus jugos, le chupé una teta mientras ella se corría otra vez, era fantástico ese baño con sus jugos, mi pija enloquecida frotando los bordes de su vagina hambrienta, le mordí un pezón y me corrí dentro de ella…

Desde aquélla noche hace como un año que no paramos de coger frenéticamente, créanme cuando les digo que ella es una experta mamadora de penes. Espero que les guste la historia y la publiquen, si es así les mandaré más historias porque hay muchas, muchas, muchas más y mejores también.

Autor: Alex

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Cartas calientes en la red

Algunos tienen unas pollas muy gordas que una piensa que no van a caber pero caben perfectamente y te hacen gozar de un modo muy bestia y luego no puedes pasar sin ella o te tienes que meter un pepino, ya sabes que me gusta hacerlo con mujeres jóvenes, mi cuerpo goza con una buena polla o cuando una mujer me chupa bien todo mi cuerpo, en especial mi clítoris que es enorme.

Aquí estoy de nuevo Loli, me ha gustado cantidad que me respondas, pero me he quedado insaciada por no saber más cosas sobre ti. Querría saber tanto de ti para llegar a conocerte mejor y poder saber más de tus gustos para contarte los míos, ardo en deseos de saber como lo tienes todo, el chochito, las tetas etc… Yo te contaré todo lo que pueda, pues aunque mi experiencia no es la tuya tengo muchas fantasías, sobre todo con chicas, aunque me gustaría saber más de los hombres, sobre todo que se siente cuando te la meten bien dentro y si cuanto más grande sea la polla es mejor.

A mí me gusta mucho como lo hacemos mi amiga y yo, te pregunto, ¿eso es también follar?, porque si es así follamos en cantidad, de todas las formas que se nos ocurren, lo que más hacemos es comernos bien los coñitos después chupar bien los jugos ricos que nos salen, a mí me gusta mucho el sabor de los de mi amiga Isabel, más que los míos, también nos hemos duchado alguna vez juntas y nos hemos hecho pajitas con el chorro de la ducha, metiéndonos agua dentro de la vagina y después bebiéndola.

Cuando se me pone el clítoris bien grande Isabel me lo chupa y mordisquea hasta que me corro como una loca hasta tres veces, a mi amiga no se lo puedo chupar como a mí me gustaría pues no le sale como el mío de grande. Me gusta también mucho cuando podemos estar en la cama desnudas ponernos una enfrente de la otra con las piernas bien abiertas y entrelazadas y así nos restregamos los chochos durante mucho rato, a mi eso me da el gran gustito pues como yo tengo el chocho bastante abultado y mi clítoris sobresale mucho me doy unas corridas sublimes.

El otro día nos estuvimos metiendo la mano del mortero, pues no teníamos nada mejor a mano, porque de los plátanos estoy escarmentada, mira fue sensacional, Isabel me lo metió bien hondo y luego hacía como un molinillo, el chocho se agrandaba cada vez más y salía mucho jugo por el, mi amiga se lo metía todo en la boca y después nos lo bebíamos besándonos muy ardorosamente, como me gusta eso del beso mojadito, me corro cuando lo hacemos y para terminar hicimos el 69 hasta quedar exhaustas las dos.

Me gustaría mucho que pudiéramos quedar y así como profesora me podrías enseñar muchas más cosas, seguro que sabes como hacer feliz a una mujer, donde poner tus dedos, donde acariciar y cómo frotar nuestro cuerpos para que me vuelva loca de pasión, creo que con estas cartas que te escribo está naciendo algo en el fondo de mi corazón, que te deseo que quiero conocerte, me da mucho morbo que una profesora me enseñe todos los secretos y que tenga tantas sensaciones nuevas que ya no pueda dejarte ni prescindir de ti nunca más y lo hagamos cada noche y cada día, haría cualquier cosa por que eso se cumpliera, es uno de mis sueños más húmedos.

Espero que todo lo que te cuento te guste y te sirva para hacerte tu también una buena pajita cuéntamelo por fa si es así… Por fa cuéntame por fa como eres y como tienes lo tuyo para dejar correr mi imaginación por tu chocho.
Espero no haber sido una pesada…

Ardorosamente…María.
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No has sido una pesada sino todo lo contrario, me arde mi chochito y mi clítoris ya va asomando entre mis labios. Querida, claro que eso es follar, bueno, yo creo que se puede llamar así. A mí me pasa que cuando lo hago con un alumno, si la tiene muy grande, como te frota más por las paredes y el clítoris, pues hace que goce más  Mi vagina es grande y prominentes mis labios, tengo vello pero me lo depilo, lo dejo como de 2 mm, Mis tetas son grandes, redondas, blanquitas, en verano me tengo que poner mucha protección si voy a una playa nudista, que me gustan mucho, pues disfruto viendo los cuerpos de chicos y chicas.

Mis aureolas son rositas y los pezones se me abultan con tan solo leer cosas como las que me has mandado.

No solo me gustan los chicos o las chicas solas, me gusta cuando lo hacemos todos juntos, cuando nuestro jugos se revuelven tienen un gusto especial, si no has chupado la polla a un chico tienes que probarlo como una experiencia nueva, se la coges despacio, acaricias, al principio está caída, tienes que hacer que vaya subiendo, lo más práctico es irte desnudando, si llevas sujetador erótico y bragas o llevas puestas medias negras de encaje con sus ligueros correspondientes, esto les vuelve loquitos, tan solo que dejes entrever tus piernas, que subas un poco tu falda, se ponen a cien y si les acaricias el paquete por encima del pantalón, de paso vas bajando su cremallera, y ve tu cara de lujuria y tus ojos como están radiantes, tu bola que deja asomar tu lengua poco a poco tu saliva con deseo de besarle e intercambiar jugos con su boca, ya sabes, cara de mujer fatal, entonces cualquier chico que sea, por duro que se haga, no es posible que lo soporte.

Te lo recomiendo porque vale la pena que no solo lo hagas con una mujer sino que también experimentes el placer de ver una polla en toda su plenitud, las hay muy, que muy gordas y grandes, no es broma esos aparatos consoladores tan grandes, algunos la tienen como caballos. Te aseguro que ver como goza y como te llama con todos los nombres más guarros, puta, zorra, todo eso es muy excitante, yo de decirlo ahora me estoy mojando y con una mano me tengo que consolar, metiendo mi dedo para que pueda calmar esta calentura que me ha entrado.

Pues algunos tienen unas pollas muy gordas que casi piensa una que no van a caber por la vagina pero luego es muy elástica y cabe perfectamente, se adapta y esas te hacen gozar de un modo muy bestia, muy traumático y luego no puedes pasar sin ella o te tienes que meter un pepino grande de la frutería para poder seguir gozando cada día de una cosa tan grande.

Aparte de esto ya sabes que me gusta hacerlo con mujeres jóvenes, yo ya tengo 36, soy madura aunque estoy muy bien y mi cuerpo todavía goza con una buena polla o cuando una mujer me chupa bien todo mi cuerpo, en especial mi clítoris que es enorme como el tuyo y también mis pezones que están muy sensibles y necesitan cada vez más que alguien los chupe y succione, pero todo poco a poco con un ritual bien marcado, desnudarse poco a poco de las prendas íntimas tan bonitas que tengo y tan excitantes y luego poco a poco acariciarnos, entre nosotras, por cada centímetro de nuestros cuerpos, despacio, sintiendo las sensaciones, pequeñas lamidas, escuchando los gemidos y grititos de la otra, succionando cada parte y cada extremidad de nosotras, es una verdadera gozada, hacer lo que la otra persona te pide y le gusta, chupar su coño, sus pechos, su ano, meter bien la lengua por la vagina. Es una sensación tan rica, que me estoy calentando un montón de solo pensar que estamos juntas haciéndolo.

Me gustan mucho los relatos eróticos de todo tipo, en especial cuando incluyen descripciones de lencería, y es de sexo entre mujeres maduras como yo y con jovencitos con los penes grandes y punta rosita y grande, o entre familiares y relaciones de superior y sirviente o amo y esclavo pero no sadomasoquismo ni dolor. Me gusta sobretodo lo sensual, las sensaciones gustosas. Lo que me mandaste me encantó.

Cuéntame más cosas así, y pregúntame si tienes interés por algo concreto. Una vez lo hice, lo que tú dices 69, y mucho rato frotando nuestros coñitos y casi me vuelvo loca de placer, ojala lo experimentemos tú y yo, alguna vez, no pierdo las esperanzas.

Un beso muy grande, mi cielo.

Autora:María,Loli,

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En el billar del pueblo

Ana estaba a punto de tener un orgasmo cuando le di la vuelta, la puse a cuatro patas y comencé a masajearle el culo, mientras Lorena seguía chupándole la concha y Cristina se estaba metiendo la barra del futbolín. El culo de Ana se notaba que nunca había sido penetrado así que empecé poco a poco a introducirle mi polla, cuando llegué al final el grito de Ana se tuvo que oír en todo el pueblo.

Aquel día se presentaba como tantos otros, normal, como todos los días desde que decidí marcharme a un tranquilo pueblo. Había ido allí a trabajar de camarero y la verdad es que ganaba un buen dinero. Solamente tenía un problema, el sexo.

En aquel pueblo, eran muy mayores todas las mujeres que había y las jóvenes estaban ya casadas. Así que la sequía estaba siendo larga. Aquella noche solamente quedaba un cliente en el bar, ya estaba muy borracho y me negué a servirle más copas, debido a que el muy cabrón ya me había roto dos vasos. En esas, llegó su mujer, Ana, para llevarlo a casa. Era una mujer de 30 años guapísima, con el pelo moreno y unas medidas que catalogué como 95-60-95. Llevaba solo un camisón, y se notaba que no se había arreglado mucho.

¡Otra vez borracho!- Abroncó ella a su marido – Anda vamos para casa.

Pero el marido ya estaba dormido en la barra. Así que trató de cargar con él ella sola. Yo vi mi oportunidad en ese momento con lo que me ofrecí muy galantemente a acompañarla a casa y ayudarla con su marido. Ella aceptó ya que no podía con su marido ella sola. En un momento del camino, el marido estuvo a punto de caerse. Cuando ella se agachó a cogerle pude ver que no llevaba ropa interior e inmediatamente me empalmé debido a que tenía un coño bien rasurado.

Llegamos a casa, le hicimos vomitar en el lavabo y el muy cabrón me llenó de mierda. Después le metimos en la cama y se quedó inmediatamente dormido. Salí al comedor y ella se ofreció para dejarme ropa, ya que estaba lleno de mierda.

Toma pruébate estos pantalones que seguro que te quedan bien- Me dijo…

Mientras, ella se sentó cono las piernas abiertas, la visión por segunda vez de ese coño tan perfecto, hizo que me volviese a empalmar. Pero en esta ocasión ella lo tuvo que ver ya que yo estaba sólo con mi bóxer. Me puse los pantalones como pude y comprobé que eran más ajustados que los que yo llevaba, con lo cuál la zona del paquete estaba a punto de reventar.

Si quieres tomarte algo- me dijo…

En ese momento yo recordé que el bar todavía estaba abierto, con lo que debía ir a cerrarlo. Maldiciendo por lo bajo, le dije que tenía que ir a cerrar el bar y ella me dijo que otra vez sería. Llegué al bar maldiciendo la ocasión que había perdido. Cuando estaba haciendo la cuenta, un coche paró justo a la puerta del bar. Abrí pensando que podía ser Ana, pero no era más que la Guardia Civil que estaba haciendo la ronda por el pueblo.

Por este pueblo pasaban dos Guardias Civiles mujeres y aquel día con el calentón que llevaba me parecieron más atractivas que nunca.

-¿Hola está el bar cerrado? -Preguntaron. -No, para la Guardia Civil siempre está abierto- contesté.

Pasaron las dos y se pidieron dos orujos. Se lo tomaron mientras charlábamos. Me dijeron sus nombres: Cristina y Lorena. Lorena era la más pecosa y Cristina era rubia con unos pechos firmes y grandes. Les invité a un segundo orujo y ellas empezaron a comentarme que no era normal ver gente tan guapa como yo por esa zona y demás cosas.

En estos términos seguía la conversación cuando a Cristina se le cayó el décimo orujo que se estaban tomando. El orujo fue a caer a mis pantalones, (aquel no era el día de los pantalones), y ellas pudieron ver lo empalmado que estaba. Lorena se ofreció a secármelo y empezó a manosearme primero con la servilleta y luego sin ella, por encima del paquete que se puso mucho más empalmado.

En eso me confesaron que durante el servicio de hoy habían estado haciéndose unos dedos las dos y que al verme entrar en el bar habían decidido que yo les quitara el calentón. Empezaron a quitarse la ropa, mientras yo me empezaba a pajear. Cuando terminaron yo ya estaba muy caliente. Ellas empezaron a chuparme mi hermosa polla, alternativamente. Cristina viendo que sobraba comenzó a chuparle el coño a Lorena. Lorena, que debía estar aún más caliente que yo terminó corriéndose enseguida, en ese momento coloqué a Cristina encima del billar del bar y comencé a metérsela por el coño. Mientras Lorena me chupaba los testículos, en aquel momento la vi correrse y con su humedad yo hice lo mismo.

Lorena se levantó y fue a donde guardaba los palos de billar, cogió uno y comenzó a metérselo por su concha. Eso me puso cachondísimo y volví a empalmarme, en ese momento Cristina comenzó a chupármela como una posesa, mientras tanto yo no podía dejar de mirarle las tetas, que estaban en erección y eran tremendamente grandes.

Tumbé a Cristina y mientras Lorena se me colocaba encima restregando su concha por mi hombro, yo coloqué mi polla entre las tetas de Cristina y las moví suavemente. Cristina colaboraba y comenzó a mover ella sus tetas con lo que yo le empecé a meter un dedo por su chocho. Acompasaba el ritmo y según yo metía y sacaba más rápido mis dedos ella movía sus tetas igual.

Al final Cristina se corrió y Lorena que a estas alturas ya llevaba dos orgasmos se colocó encima de mí y me cabalgó como una amazona, sujetando la piel en la base del pene. Aquello me dio una excitación que me hizo estar a punto para correrme.

En ese momento colocaron el tricornio que estaba en el suelo y me hicieron correrme en el interior. Cuando estaban las dos lamiendo el tricornio, oímos la puerta del bar y nos asustamos.

-¿Tan caliente te he dejado que has necesitado dos para enfriarte?- Oí como decía Ana desde la puerta, convertida en una diosa con su camisón repleto de transparencias.  -No- respondí- ni con dos me basta para enfriarme le contesté.

Ana se desnudó y cogió la botella de orujo que todavía estaba en la barra, se tumbó y echó el orujo por todo su cuerpo. Comencé a chuparle, el sabor del orujo se me subía a la cabeza mientras que a Ana se le iban erizando los pezones. Al llegar a su concha el orujo se mezclaba con sus propios flujos y hacían que chupara con mayor avidez.

Al final se me volvió a empalmar y comencé a follármela. Estaba apunto de tener un orgasmo cuando se me ocurrió una última posibilidad, le di la vuelta y la puse a cuatro patas y comencé a masajearle el culo, mientras Lorena seguía chupándole la concha y Cristina se estaba metiendo la barra del futbolín.

El culo de Ana se notaba que nunca había sido penetrado así que empecé poco a poco a introducirle mi polla, cuando llegué al final el grito de Ana se tuvo que oír en todo el pueblo. Comencé a bombearla y cuando terminé el orgasmo de Ana estaba siendo espectacular. Me corrí en sus intestinos y caí exhausto. La noche fue inolvidable, la repetimos en más ocasiones y conseguimos hacer aquella orgía semanal. Nadie sospechó. Ni siquiera cuando encuentran un palo de billar o la barra del futbolín mojados.

Autor: Joaquin

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