Historia de Josefina de Esade

HISTORIA DE JOSEFINA DE ESADE

 

EN EL CINE

 

Esta vez se decidió. Bajó las escaleras que la conducían a lo que parecía un auditorio hecho de lamentos. En la oscuridad se pegó a una pared lateral que recorría la sala de proyección. Llegó a la última fila y con las manos tanteó los respaldos de las butacas. Se introdujo por un pequeño pasillo lateral y se sentó en la tercera butaca desde la izquierda. Sus ojos  vieron entonces una enorme pantalla. Los lamentos que escuchó al inicio se convirtieron en alaridos de placer. La oscuridad lo bañaba todo excepto ese rectángulo luminoso donde se sucedían las imágenes. No había más dudas. Una sensación de cierta incomodidad pero a la vez de curiosidad contenida le recorría el espinazo. Cómo había decidido dar ese paso ,ya ni lo recordaba. Una sensación de fuga, tal vez , un intento de destrozar las equidistancias de un territorio desconocido, vedado, excitante.

Comenzaba a calentarse tanto que ni  tan siquiera reparó en que a ambos lados de ella, las butacas habían sido ocupadas. La pequeña ráfaga de luz que bañaba la sala iluminó por un instante dos sonrisas marfileñas. Dientes demasiado blancos para rostros extremadamente oscuros. Cuando quiso darse cuenta una mano reposaba en su muslo. La percibió demasiado tarde cuando el dedo ya llegaba fatalmente al encaje de la media y aún así le dio igual. En ese momento se giró. Sus ojos percibían algo más que oscuridad. Dos rostros oscuros. Volvió a mirar de nuevo. La dialéctica entre la pupila, el cristalino y la retina le permitió ver mejor. Dos rostros negros la miraban con tanta curiosidad que ni tan siquiera se percató de una segunda mano por encima de su rodilla. Pero a estas alturas ya lo había comprendido todo. Incluso antes de que ocurriera. Levantó  su pierna derecha, casi como un resorte y la colocó sobre la roca de una rodilla. Entonces lo supo. Iba a disfrutar como nunca lo había hecho hasta entonces. El primer dedo había superado la barrera del encaje de unas medias satinadas de color negro y se posicionaba en la cara interna del muslo. La segunda mano había llegado todavía más lejos y apenas la notó. La falda se plisaba por encima del vientre. Sus manos hasta ahora quietas se abrieron en aspas y aterrizaron sobre dos bultos enormes. La cabeza se dejaba caer en el respaldo y comenzaba a desentumecerse. Sabía que llegaría ese momento , pero no que fuera tan pronto. El negro de su derecha le facilitó el trabajo. Se desabrochó la bragueta de forma sincopada hasta que el tirador llegó al final. La mano izquierda de ella buscaba todavía una cremallera mientras que la derecha encontraba un promontorio sobre una tela de algodón .Unas manos nudosas levantaban las costuras de la braguita y acariciaban los bordes de sus labios genitales. Antes de hiperventilar empezó  a gemir en silencio. Más tarde llegarían las súplicas. Y el ” dame más” , ” la quiero también en el culo”. La cabeza contorsionada. El rostro contraído. La mano derecha de ella comenzó a sacar no sin cierto esfuerzo el preludio de un cipote enorme, el resto necesitaría dos manos y voluntad de tragar mucho . No podía abarcar su circunferencia con el anillo que formaban sus dedos. Siempre le habían gustado la pollas grandes. Tener la sensación de perder el control. No poder acabarse nunca un pene con las manos o con la boca, ni tan siquiera poder dominarlo dentro de ella. Una polla grande conseguía lo imposible: dilataba hasta un extremo insospechado la cavidad vaginal llenando al mismo tiempo sus paredes. La  cremallera del negro de la izquierda quedó franqueada. Los dedos africanos le trabajaban el cuello del clítoris simultáneamente como pistones, en pequeñas secuencias circulares. Mientras un dedo formaba elipsis, el otro dibujaba verticales. Estaban cubiertos de babas. Y cuando quiso darse cuenta ya había sucedido. Tenía dos pollas, una en cada mano, con venas como tallos y una corona que dibujaba dos glandes enormes que empezaban a supurar un líquido gelatinoso. Se desplazó ligeramente hacia la derecha y se inclinó sobre la primera polla. Comenzó lamiendo el cuerpo del pene. Quería retrasar lo inevitable .Comenzó a dar pequeños mordiscos hasta rodear el prepucio con sus labios. Su mano izquierda seguía bombeando la segunda polla en sacudidas rápidas.Cuatro dedos negros habían dejado de bascular en los bajos fondos. Uno de ellos, díscolo, comenzó a trabajarle el agujero del culo en una primera exploración. Otra mano enorme sostenía su cabeza como una garra iniciándola en un ritual . Ni tan siquiera escuchó las palabras del negro. Más tarde las recordaría. Sin darse cuenta tenía casi la mitad de la polla, todo lo que podía abarcar, dentro de su boca, la trabajaba de forma voluntariosa con la lengua. Las arcadas venían de vez en cuando. Después desaparecían. Dejó de mamársela y se levantó. También supo que eso era lo que siempre había querido. Se dirigió a un reservado de la parte posterior del local. Las miradas los siguieron. El placer los precedió. Entraron en un pequeño cuarto. Una falleba cromada aseguró la intimidad. Se inclinó hacia abajo doblando las rodillas. Los negros entendieron su deseo. Se colocaron uno a cada lado. De su bolso aparecieron un par de guantes de muselina. Quería experimentar el placer a través de un tamiz. Palpar el tallo de una polla con raíces como un guante quirúrgico busca la vena . Y empezó a hacer sonar las cuerdas de un banjo. Y viajó hasta Nueva Orleans. Y descubrió un jazz de diámetros grandes. Sabía desde el principio lo que ocurriría después. Las dos enormes vergas dentro de su boca le dibujaron por un instante una sonrisa jockeriana.  A horcajadas del primer negro recibió en su cavidad vaginal un cilindro de 27×6 cm que la hizo correr casi al mismo tiempo que otro tren de cargas de 28x7cm le perforaba el culo. Supo que no podría dejar de correrse si continuaba el embudo. Decidió esperar hasta que no pudo más. Se levantó y recibió la primera leche en la barbilla borrándole por un instante la fina película de maquillaje que llevaba. La segunda descarga la quiso contener en sus labios hasta que decidió que no podía tragar más. Se incorporó .Se limpió el rostro. Se subió las medias. Se estiró la falda. Se adecentó. Se despidió de ellos con una sonrisa en los labios y una promesa en los ojos.Recorrió la pared lateral , subió las escaleras, hizo girar el torno, salió de la sala y pisó la calle. Había oscurecido. Llegó la noche. El crujido de una llave la sacó del sopor. Escuchó un timbre de voz que le era familiar.

Y entonces recordó las palabras en la fosa oscura.

” Te gustan grandes ¿eh?”

Sí. Lo cierto es que le encantaban las pollas de ébano.

 

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Mis primeras veces 8

La primera vez que me corrí rodeado de mirones fue después de salir del cubículo donde hacía unos momentos me habían enculado. (Leer mis primeras veces 7)

Al abrir la puerta y salir a la zona de los urinarios había cuatro o cinco hombres y por sus miradas deduje que habían escuchado los gemidos y los cuchicheos del que había salido poco antes que yo.

Me dirigí a la sala pequeña donde pasaban películas porno heterosexuales y me apoyé contra la pared detrás de las butacas. Había unas siete u ocho personas; algunas sentadas en las butacas y otras de pie alrededor de las butacas. En ese momento, en la pantalla se veía una escena en la que dos enormes pollas estaban ensartando los dos agujeros de una rubia escultural  que lanzaba unas evidentemente falsas expresiones de deseo y placer. No habrían pasado ni quince segundos cuando se me acercó un hombre y sin vacilar me agarró el paquete apretándolo con suavidad.

Como yo todavía estaba muy empalmado, evidentemente le gustó lo que tocó y pasó inmediatamente a bajarme la cremallera de los pantalones sacando mi mega-excitada polla.

En ese momento hice un amago de cubrirla porque me cohibía la gente que había a nuestro alrededor, pero pensé que eso sería otra experiencia con algo de morbo, que son las que me gustan.

El hombre era bastante mayor que yo y le dejé hacer.

Se arrodilló con una facilidad que evidenciaba que estaba muy acostumbrado a hacerlo y con una lengua y unos labios muy mojados y expertos me la fue chupando como si dentro de la boca tuviera la cosa más deliciosa del mundo.

La verdad es que era un experto chupapollas. Las personas que había escampadas por la sala se fueron acercando para contemplar de más cerca la escena.

En esos momentos olvidaron las grandes tetas, el coño y las pollas que se veían en la pantalla para ver algo más real.

Yo estaba muy acelerado, ya que estaba disfrutando mucho de aquella buenísima mamada, aunque me sentía un poco incómodo con aquellos espectadores.

Pero al cabo de unos segundos me concentré en el contacto de aquella suave boca con mi polla y me olvidé de que nos estaban mirando.

Me corrí enseguida llenándole la boca de leche mientras yo podía ver a un par de espectadores que se masturbaban.

Se tragó lo que le había regalado con evidente placer e incorporándose me dio una palmadita en el culo, me susurró al oído que mi polla estaba muy rica y se marchó.

El grupo de mirones también se dispersó y luego me fui yo.

Ese día disfruté mucho, lo malo es que en otras ocasiones en las que he ido a ese cine, no se ha vuelto a repetir.

Sí que me la han mamado alguna vez en las butacas y en los lavabos, pero no como aquel día que fue completo.

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En el baño del cine

Siendo este mi primer relato,  debo advertirles sobre mi falta de experiencia al redactar un relato erótico.

 

Primero que nada soy de Mazatlán, Sinaloa,.. México, soy blanco, mido 1.70 complexión regular, ni gordo ni flaco, de cabello oscuro.

 

Todo comenzó un día como cualquiera, me aburría y decidí ir al cine, como no encontré eco en las invitaciones, me fui solo, era de noche, llegué un poco temprano a la función y la sala estaba aun vacía, por lo que salí al baño a orinar antes de que comenzara la película, ya en el baño entre a un cubículo con puerta para tener privacidad, sentía mi pene erecto y quería acomodarlo dentro del pantalón, mi pene no es muy grande mide 16 cm aun así es incomodo andar con el pene erecto nomas porque si, lo saqué del bóxer para acomodarlo cuando escuché la puerta abrirse, me asome por la rendija de la puerta y alcance a ver a alguien asomándose a mi cubículo, yo tenía el pene en la mano, y lo movía para que perdiera un poco su rigidez, noté que el movimiento rápido, (como cuando alguien se sabe descubierto) al salir del cubículo me di cuenta que aun seguía ahí, era una silueta delgada con un culito respingón con el uniforme del cine, Pantalón beige con playera tipo polo azul marino y cachucha al color dela playera, mientras me lavaba las manos observaba que no volteaba, seguía en lo suyo como tratando de ignorarme, yo nunca he estado con un hombre pero me daba curiosidad penetrar a uno, le dije con voz firme,..

 

-¿te gustó lo que viste?

 

Solo bajo la cabeza y simuló arreglar el dispensador de toallas de papel, terminé de lavar mis manos y me dispuse a salir, no sin antes pasar por el dispensador de toallas y acercarme un poco, al pasar por detrás suyo le hice una insinuación,..

 

-Si te gusta lo que ves pídelo.

 

Sequé mis manos y al salir le di una palmadita en el trasero para observar la reacción, y solo dio un pequeño sobresalto y un pequeño gemido escapó de su boca, noté algo extraño en su tono, pero me excitó un poco más de lo pensado.

 

Volví a la sala del cine sin más acción que el haberme atrevido tocar ese culito, ya en la sala me perdía por momentos recordando la escena del baño y casi no ponía atención a la película, en eso note que entró a la sala la misma silueta, volteando a los asientos como buscando algo, para ese entonces la sala ya estaba medio llena y no notó donde estaba yo sentado, al salir de la sala, me pregunté ¿a que habrá entrado?,  ¿me estaría buscando o sería coincidencia?, decidí entonces salir de la sala, ya para ese momento la película era lo de menos, me excitaba pensar que podría darse algo, yo no acostumbro estar con gente desconocida, pero,  ¿a quien no le ha cruzado por la mente hacerlo?

 

Salí de la sala, y volteé hacia el otro lado del lobby del cine en una zona más oscura donde están otros baños, ahí estaba, y al verme se enfiló hacia el baño de hombre y entró, yo le seguí, el lobby es algo largo y se me hacia aun más lejano para llegar, la emoción me hacia latir mas fuerte el corazón, al llegar por fin al baño y entrar, me apuró un poco a entrar y cerró la puerta, y solo dijo,..

 

-Si me gustó lo que vi, fue entonces que noté de nuevo su tono y advertí que era una chica menudita, delgada de piel blanca y con una carita linda, yo estaba nervioso pero ya estaba ahí y no era momento de pensar, me acerque despacio y la besé en la boca, tomándola con mis manos por la cintura y pegándola a mi cuerpo, se separó un poco para decirme que solo teníamos poco tiempo,  subí  su camiseta de uniforme para descubrir unos senos pequeños pero bien formados, redonditos y firmes hice hacía arriba su sostén y me dedique a chupar esos pezones rosas deliciosos, ella gemía y eso me puso aun mas excitado, mientras estaba chupándolos ella comenzó a desabrochar su pantalón y le ayudé a bajarlo y quitárselo, vi entonces un tanga de encaje rosa pálido que casi se perdía entre su piel blanca y tersa, la cargué para sentarla en el lavamanos de mármol  y quitar su tanga , ella desabotonó mi camisa y me la quitó, yo comencé a besar su cuerpo bajando por hacia su ombligo y llegué a su rajita, era hermosa, de un color rosa brillante con un clítoris que apenas sobre salía, su respiración era acelerada y comencé a chupar esa conchita que ya estaba empapada en jugos, con un dedo jugaba en su panochita mientras con la boca lamia su clítoris y estimulaba sus labios vaginales tenía un olor que me encantó, comencé a penetrarla con mi dedo mientras la chupaba, ella agarraba mi cabeza y solo atinaba a decir que le gustaba, que siguiera, aceleré el ritmo de la mamada para hacerla gemir y en poco tiempo noté sus convulsiones, -ooh si, así me gusta, me vengo, me vengo- ella trató de retirarme al venirse pero no la dejé hundí mas fuerte mi boca en su panochita y la comí más duro, ella tapó su boca con su mano para evitar un grito y tuvo un orgasmo fabuloso, yo notaba como su jugo inundaba mi boca y eso me daba placer, subí a besar su boca aun son sus fluido en la mía y ella contestó el beso, saqué mi pene del pantalón el cual estaba tan duro como era posible, tomé un condón y me lo puse, y la penetré de un solo golpe, ella abrió los ojos en un gesto de placer, y le dije, – aquí esta lo que querías- ella solo asintió y cerro sus ojos, y comencé a penetrarla lento, y ella se movía al ritmo de mis embestidas, la tomé por la cintura para acelerar el ritmo y ella me abrazó la cargué un poco subiéndola y bajándola para penetrarla en esa posición, ella solo callaba sus gemidos y buscaba mi boca, la volví a sentar en el lavamanos, para poder penetrarla con mayor facilidad, y asi estuvimos por un par de minutos, luego ella se bajó del lavamanos y se volteó, yo la tome por la cintura y la volví a penetrar en esa posición su cuerpo recargado en el lavamanos y yo entrando y saliendo en su conchita jugosa volteé al espejo que estaba enfrente y ella me veía con cara de lujuria, eso me puso a mil y aceleré el ritmo, ya sentía venirme cuando ella comenzó a gemir diciendo que se venía en ese momento no pude mas y me vine en un orgasmo largo e intenso, mientras veía en el espejo el orgasmo de ella en su rostro, mis piernas temblaban y la abracé por la espalda besando su cuello, al salirme de nuevo escuche un leve gemido de ella, me quité el condón y le ayudé a subirse la tanga, limpié mi pene con papel y subí mi pantalón mientras ella se vestía, abotoné mi camisa y ella me dijo, jamás lo había hecho con un desconocido, volteé y con una sonrisa le conteste que también era la primera vez que hacia algo así, al terminar de vestirse nos dimos un largo beso y me dijo, “no le cuentes a nadie”, sonreí y salió del baño, espere un tiempo prudente para salir yo y me dirigí al estacionamiento, fue al llegar que me di cuenta que no le había pedido nada para volverla a contactar, regresé al cine y la busqué, con mi tarjeta en la mano, ella venía caminando y me dijo,..-Ya salí… Sonreí  le di mi tarjeta y le pregunté,.. ¿a dónde te llevo?… Pero esa es otra historia, que contaré después.

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Historias de Viana 3: Primer Contacto

Hace semanas que Nico me ha agregado a Facebook, obviamente respondí a su solicitud, no tardó mucho en enviarme un mensaje privado diciendo que Marco me sugirió como su amiga y que tardó más de un mes en decidir si hacerlo o no, desde ese día hemos estado yendo a tomar el café a una cafetería que está en nuestra misma calle casi todos los días, es un tío super encantador, parece muy inalcanzable para una chica como yo, él es mucho más alto que yo, mide 1,88 aproximadamente, por 1,68 que mido yo, él va al gimnasio, yo el único ejercicio que hago es andar en bicicleta.

Lo que más me ha llamado la atención de él es la cantidad de gustos que ambos compartimos, a los dos nos encanta la naturaleza, sobretodo ir a los acuarios y pasarnos horas observando a los peces, la novela histórica, la de fantasía, pero sobretodo un buen café, buena conversación y el chocolate, me siento muy a gusto con él, me transmite serenidad, confianza, es en una de nuestras salidas a tomar el café cuando me invita a cenar el Viernes por la noche, yo accedo encantada.

La cena del Viernes transcurre sin contratiempos, hablamos de nosotros mismos, de los últimos libros que hemos leído, páginas web interesantes, hasta que me dice que le gustaría volver a repetir lo de esta noche.

-Deberíamos repetir.- dice Nico de repente.

-Estoy de acuerdo, lo estoy pasando muy bien.- le respondo.

-Cuando la compañía es buena se pasa el tiempo volando y te quedas con ganas de más.- responde él.

-Comparto lo que has dicho, es extraño que un hombre como tú no tenga novia.-

-He tenido novias, pero ninguna me ha llenado, te veo a ti y no sé, eres diferente a todas las mujeres con las que he salido, contigo puedo hablar, llevamos casi tres horas aquí y no te has levantado para ir a pintarte los labios, y mira todo lo que has engullido, me encanta.-

-¿Me estás llamando gorda?.- le pregunto con un toque de indignación.

-¿Qué?, ¿cómo?, ¡nooooo!, en absoluto, jamás, en realidad me siento muy atraído hacia ti, tanto mentalmente como físicamente, mírate, no eres un esqueleto con un pellejo de piel encima, por primera vez siento una conexión muy fuerte con alguien.- contesta Nico.

-Gracias por los piropos, yo también siento una conexión muy fuerte contigo.-

Seguimos hablando otro rato, de repente a Nico se le ocurre la idea de ir al cine, son sesiones de pelis antiguas, compramos nuestra entrada, y nos metemos en la sala, está completamente vacía, la película que están reponiendo “Metrópoli”, no llevamos ni diez minutos de película cuando Nico me coge de la mano y me obliga a mirarle, sin verlo venir empieza a besarme, siento su lengua dentro de mi boca, busca la mía para jugar sensualmente con ella, la acaricia, mi lengua responde a esas caricias, hasta que no nos queda otra más que volver a respirar, le veo sonreírme y me da un tierno beso en los labios, yo le sonrío. Volvemos la mirada hacia la pantalla pero su mano no ha dejado la mía. Me siento mejor en el asiento, de repente la mano de Nico desciende hacia mi entrepierna y empieza a tocarme, yo abro un poco las piernas para que tenga más acceso, le sonrío, y él me sonríe, ayudándose de su otra mano me desabrocha los pantalones, me levanto un poco para dejarlos caer hasta mis rodillas, pasa su mano por encima de mis bragas, vuelve a sonreírme como si me estuviera pidiendo permiso, yo pongo una de mis manos en su entrepierna notando algo duro debajo de sus pantalones, abro su cremallera y meto la mano para dejar libre su pene, no puedo verlo en la oscuridad pero me gusta su tacto, es grueso y de una longitud normal, le acaricio, él se desabrocha los pantalones y se baja un poco los calzoncillos para que yo pueda tener más acceso a él, toco sus huevos, son peludos, nada de esas chorradas depiladas de los metro sexuales, recorro toda su longitud con mi mano, haciéndole cosquillas con un dedo en el glande, le miro a los ojos, los ha cerrado y respira entrecortadamente, muevo mi mano con más rapidez y sigo haciéndole cosquillas, con la otra mano aprieto sus testículos, para luego acariciarlos con suavidad, su respiración cada vez es mucho más rápida, me urge a que mueva mi mano mucho más rápido y que le apriete más los testículos, está a punto de correrse, cojo rápidamente un pañuelo de papel que se queda empapado de su semen por completo, le vuelvo a mirar y le veo completamente relajado y devolverme la mirada.

-Guau.- me dice. –Creo que me toca.-

Nico se sube los calzoncillos y los pantalones, me obliga a levantarme ya ponerme delante suyo, me siento sobre el respaldo delantero apoyando mis pies en las butacas que están al lado de él, antes he tenido que despojarme de toda la ropa mi parte inferior. Pasa su mano por mi sexo, que está completamente húmedo, empieza a jugar con mi clítoris, hacerme cosquillas, las odio, pero me excitan, lo frota con suavidad haciendo movimientos circulares, con su otra mano extiende la humedad que mana de mi vagina, después de unos minutos se levanta para volver a besarme, se sienta y sigue con su juego, separa las dos partes de mi sexo, y es cuando empieza a introducirme dentro uno de sus dedos, primero lo mueve con cuidado, luego con menos cuidado, recorre cada centímetro de mi húmeda y oscura y secreta cueva, está disfrutando, luego decide meter otro dedo, la sensación es maravillosa, los mueve como si estuviera apretando algo de modo que a la vez presione mi clítoris, mete la otra mano por debajo de mi camiseta y la siento pellizcarme un pezón, estoy muy cerca de llegar al clímax total,  muevo mi cuerpo para que sus dedos puedan entrar más, aunque en realidad no pueden porque los tiene completamente hundidos, pero mi propio movimiento incrementa la sensación de placer, no puedo más, entre sus caricias y sus palabras bonitas el mundo deja de existir para mí durante unos instantes.

Me visto, y salimos del cine que está completamente desierto, no está lejos de nuestro edificio, así que vamos andando, entramos y subimos a nuestro piso, me vuelve a dar otro beso, muy intenso.

-Me ha gustado.- le digo.

-A mí también, vayamos despacio ¿de acuerdo?.-

-De acuerdo.- le contesto.

-Cada vez que te toques quiero que pienses en mis manos tocándote.- le dice al oído.

-Ya lo hago.-

-La próxima vez daremos un paso más, pero si no estás segura habla conmigo, comunicación Viana, es importante.-

-Vale.- le respondo.

-Bueno, nos vemos.-

Nico se despide de mi con un húmedo beso con lengua, me sonríe, da unos pasos pero vuelve sobre ellos para volver a besarme. Por fin conseguimos irnos a nuestros pisos, entro en el mío, cierro la puerta con llave, de la habitación de Marcos y Gael vienen ruidos, decido no interrumpir su momento de placer, y decido seguir disfrutando del mío hasta quedarme dormida en la oscuridad de mi dormitorio.

FIN.

HISTORIAS DE VIANA 4: Descubrimientos y Pasos Pequeños … PRÓXIMAMENTE.

NOTA DE LA AUTORA: esta es una historia de ficción, los personajes que aparecen en ella NO son reales.

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Descubrí sexo en cines porno de México

En la gloriosa época de oro del cine mexicano, cuando se producían más de cien películas al año, en su mayoría de malas a muy malas, pocas fueron realmente buenas, fue cuando se abrieron múltiples y grandiosas salas, que con el tiempo y por muy variadas causas fueron desapareciendo. Para subsistir, algunas salas empezaron a proyectar cine porno.

Hacia 1990, hice mi primera incursión en cines porno del centro de la ciudad de México. Uno de los primeros al que asistí fue al Savoy, muy cercano al Eje Central, donde se encuentra la Torre Latinoamericana.

Ese día proyectaban una película italiana, ambientada a principios del siglo XX, supuestamente porno, pues sólo se les veían los pechos a las mujeres. Los tipos se montaban vestidos en ellas que gemían, pero nadie se desnudaba realmente, y de lo poco que me acuerdo de la historia e imágenes, es que había una actriz a la que su personaje sólo le gustaba por el ano porque quería seguir siendo virgen, la empinaban sobre un árbol y dizque la penetraban y al final descubrían que era hombre. En esa ocasión, un tipo me rozó ligeramente la pierna y de inmediato le retiré con energía la mano, se levantó y se fue. Terminé de ver la película y me fui.

Poco a poco le subieron lo explícito a sus películas, el viejo cine Savoy es el típico con asientos en la parte de abajo y otros arriba de la sala, esta última área, actualmente ha sido acondicionada para dividir el cine en dos salas de cine porno, la de abajo heterosexual y en la de arriba gay, primero le dedicaron un solo día (viernes), luego dos (lunes y viernes), luego tres y ahora no sé si diario. Pero desde que se hizo sala gay hace unos cinco años, sólo he ido en cinco ocasiones.

Espere como un año o dos para pisar nuevamente otra sala porno. Ahora fue al cine Teresa, una enorme, vieja, y el algún momento lujosa sala de cine de dos niveles muy amplios. De cine familiar paso a sala porno, tiene la taquilla sobre la acera, así que cualquiera que transite por el Eje Central puede ver a los que nos formamos para pagar y entrar.

Hacia 1992 me ponía nervioso de sólo imaginar que pudiera verme afuera o adentro alguien conocido, ahora sé que es algo poco probable en una ciudad de más de 20 millones de habitantes. Al entrar me sentaba en la última fila y colocaba en mis piernas la mochila que llevaba de la escuela, de forma tal que me permitiera discreta y cómodamente acariciarme el pene, y si un tipo se sentaba al lado mío, de inmediato colocaba la mochila en medio de mis piernas, con lo que tapaba todo y daba a entender que no habìa posibilidad de que pasara algo. Así la dejaba hasta que mejor desistía y se iba. Así en varias, muchas ocasiones hasta que…

Un día como cualquier otro en el que iba al cine Teresa, al atravesar las pesadas cortinas, me senté en mi lugar habitual,
hasta atrás de la sala.

En esa ocasión descubrí que podía haber sexo en el cine, en el primer asiento hacia el pasillo había un señor de pelo blanco, como de 60 años, con lentes. De rato, un tipo como de 35 años, 1.75, de complexión fuerte, varonil, de pelo ondulado, moreno y de bigote pidió permiso de pasar al señor de pelo blanco y se sentó junto a mí, de inmediato coloque mi mochila en señal de no querer nada y fije mi mirada en la pantalla, percibí que se sacó el pene, pero no voltié en ningún momento, entendió y se recorrió un asiento hacia el señor de 60 años.

En otras ocasiones percibía que algo pasaba en otros asientos pero me daba mucho miedo voltear a un lado o a otro, pero ese día me armé de valor y me di cuenta de qué pasaba. El tipo joven se sacó el pene, pude ver que era grande, estiró uno de sus brazos, el izquierdo que quedaba del lado del señor canoso, y apoyó su mano en el respaldo del asiento de adelante.

Entonces, observé que ese movimiento de brazo, facilitaba que el del asiento de a lado pudiera tocarle el pene y tapar un poco la mirada de curiosos cuando pasaban por el pasillo. La mano del señor se movía discretamente, con miedo o nervios. El moreno le dijo algo al señor, se levantó y se colocó de pie sobre el pasillo, al otro lado del señor, y tenía su pene afuera del pantalón, no entendía bien por que se levantó, pero el señor del pelo blanco optó por levantarse e irse.

El tipo del pene grande se sentó nuevamente, dejo libre el primer asiento hacia el pasillo, al poco rato llegó un chico como de 25 años, delgado se sentó y de inmediato estiró la mano y comenzó a masturbarlo frenéticamente, eso me tenía a mil, me atreví a sacarme el mío, pero aún con discreción. El moreno le dijo algo al oido del recién llegado y nuevamente se levantó y se colocó de pie del otro lado, sobre el pasillo, ligeramente recargado en el marco de la entrada, con el pene de fuera y…

El tipo sentado giró la cabeza y comenzó a darle una mamada muy vigorosa, con fuerza, durante unos cinco minutos, en ocasiones interrumpidos cuando alguien entraba a la sala. Finalmente terminó en la boca del mamador, se guardó el paquete y se fue, el que estaba sentado escupió el esperma y el ruido que hizo al caer todo lo que le dejó en la boca hizo que me viniera.

Así, pude ver el mecanismo de acción, alguien se sienta cerca, si te gusta subes tu brazo y colocas tu mano en el asiento de adelante, el otro estira la mano y te masturba. Visitas después, también me di cuenta que además podían mamarte la pistola estando sentado, sólo había que cuidarse del par de empleados del cine que de vez en cuando pasaban para echarte la luz e intentar impedir o sólo disimular que lo intentaban, y evitar que pasara lo que pasaba en toda la sala.

Al poco tiempo de esa experiencia me decidí a dejarme mamar la verga. Nuevamente ocupé mi tradicional lugar, de rato llegó un tipo de traje, algo gordito, serio, varonil, guapo, se sentó junto a mi, levanté mi brazo, el estiró su mano y me preguntó si quería que me la mamara, asentí con la cabeza, estaba muy nervioso y excitado. Y fue delicioso sentir su húmeda y cálida boca sobre mi cabezota caliente y dura. No alcanzaba a chuparme más allá de la mitad del pene, pero no iba a aguantar mucho y le pregunté si me dejaba venir en su boca. Dijo que sí, le sostuve la cabeza con mi otra mano y le aventé todo, sentí como no se daba abasto a chupar la cantidad que me salía y como caían algunas espesas gotas al piso.

Después de ese día comencé a ir al menos una vez por semana, y me fijé más en como estaba la movida en el cine, no siempre que iba dejaba que me la mamaran , pero cuando me dejaba les preguntaba si me dejaban echarles el esperma en la boca, si decían que no, no terminaba, los dejaba mamar y de rato me lo guardaba.

No es por sangrón, sino porque además que la tengo grande me salen como seis u ocho tiros espesos, abundantes, con mucha fuerza y no me gusta embarrarme, ensuciar respaldos o que la leche brinque al asiento de adelante o pudiera manchar a alguien.

Yo hasta esos días pensaba que esas eran buenas mamadas, pero no. En cierta ocasión, se sentó junto a mí un tipo de pelo ondulado, de estatura mediana, delgado, velludo, moreno, de bigote que, cuando se bajó a mamar, era capaz de engullirse completo todo mi pene y mamarlo con fuerza, realmente me sorprendió que se metiera mis casi 20cm, sentir el fondo de su boca y el inicio de su garganta al chocar mi cabezota dentro de esa cavidad y su bigote en la base de mi pene fue super excitante.

Realmente fue tan delicioso que en ocasiones posteriores, cuando me la mamaban otros tipos, les empujaba mi verga con fuerza para que se la tragaran toda, pero no cualquiera podía, les daban arcadas y yo les sostenía con firmeza la cabeza, los lastimaba en serio, pero querían aguantar mis embates, querían una verga así de buena, resistían lo más que podían, como acto reflejo estornudaban con fuerza para no ahogarse, se les salían las lagrimas y los mocos por ojos y nariz respectivamente, muchos se levantaban y se iban, y yo pensaba “si no puede chuparla completa no se la merece”.

Ahora, con más experiencia y 35 años de vida pienso diferente, creo que la leche es de quien mejor la trabaja, eso sí, me sigue gustando que me la mamen completa, durante mucho rato (30 – 45 minutos), a puros labios, boca y garganta, nada de meter las manos para chaquetearla, o bien, que me dejen tomarles con firmeza la cabeza y darles hasta el fondo, que me dejen follarles la boca …

Agradezco por adelantado sus comentarios
ciudad de México 2010

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Historia de las mamadas que he dado

Aunque no me llenó la boquita de leche se vio que la disfrutó pues sus expresiones eran de que lo estaba haciendo como toda una putita profesional, además de mamar se la acaricié, lo masturbé y seguía mamando, chupando sus huevos, pasando mi lengua por toda su verga, por el agujerito donde sale la leche pero me quedé con ganas de lechita.

Después de los fajes que tuve con mi amigo Charly en el cual me agasajaba vestidita de nena y los minifajes del relato los fajes de Ximena la verdad necesitaba más pues necesitaba sentir lo que es mamar una buena verga

Por mi mente pasaba la idea de ir a un cine porno pero pues la verdad me daba miedo, incluso alguna vez  entre y me salí por miedo.

Un día fueron más las ganas y me armé de valor y entré al cine Araceli ubicado en el centro de Monterrey N.L. México, al principio no tenía la más mínima idea de cómo empezar a buscar a quien darle una buena mamada, me sentaba al lado de alguien pero se levantaban y se iban, incluso vi a alguien masturbándose, al acercarme y preguntar si lo ayudaba se enojó y de mala manera me corrió, intenté también quedarme parado recargado en una bardita y cada que pasaba alguien parar las nalgas pero ni así,

El caso es que estaba en la parte equivocada pues descubrí que si quería acción era en la parte de arriba del cine y no en la planta baja, pues en la parte alta había mucha acción, vi unos tipos que estaban de pie y uno solo masturbaba al otro, solo usaba la mano (habia más parejas pero esta es clave en el relato) pero yo sin saber cómo acercarme a alguien.

Cuando ya estaba resignada y decidí sentarme a ver la película veo venir un señor que se me deja venir y al ver que se estaba sacando su verga la verdad me dio miedo pero dije, ya estás en esto y no hay marcha atrás,  a pesar de que tenia un olor muy fuerte que desde lejos noté,  sin pensarlo cuando me acerca la verga a la cara y dice, órale,  ahí está, abrí la boca y empecé a chupar y aunque se que lo hice muy bien pues ponía mucha atención en las películas porno para saber cómo se hacía.

El pobre tipo no pudo tener una erección y decidió irse y dejarme con las ganas, cuando vi que al tipo que minutos antes vi que masturbaban ya estaba solo me le acerqué y le dije si quería una mamada a lo que él aceptó y me pregunta, ¿Dónde?  lo llevé a las butacas, me senté y el de  pie, y aunque no la tenía al 100 % erecta, pues supongo que ya se habia vaciado antes.

Se veía más excitado, me agarraba de la cabeza, me jalaba hacia él, me pedía que la mordiera y yo me sentía toda una putita hasta que sentí algo espeso caer en mi lengua que no me supo a nada, la verdad me sentí de lo más putita cosa que me encantó,  además de mamársela me gustaba darme golpecitos con su verga en la lengua y cara , se día fue suficiente y me retiré pero volví tiempo después

El día que volví me fui directo al sanitario, había varios tipos con la verga de fuera pero no tuve valor de acercarme pues había mucha luz así que solo oriné y me fui a la parte de arriba, vi a un señor que se masturbaba una verga muy apetitosa, grande y gorda al cual primero le dije que si lo ayudaba y responde que no, pero al verme que me senté dos filas adelante y me le quedaba viendo con cara de antojo se compadeció y me hace la seña que me siente a su lado.

Sin pensarlo directo me puse a mamar esa verga riquísima pero no acabó, él solo me dijo que iba al sanitario y pues ahorita me pongo a pensar que fui una pendeja, pues tal vez quería que lo siguiera, pero no fue así, en vez de eso me puse a ver con cara de cachonda a los que estaban parados y un muchacho entendió la indirecta y sin pensar se me acerca, se sienta a mi lado y nuevamente mamando una verga también gorda,  grande,  muy sabrosa.

Como estaba empinadita en la butaca le tomé la mano y la puse en mis nalgas, me desabroché el pantalón para que me tocara mejor pero lo hizo poco, aunque no me llenó la boquita de leche se vio que la disfrutó pues sus expresiones eran de que lo estaba haciendo como toda una putita profesional, además de mamar se la acaricié, lo masturbé y seguía mamando, chupando sus huevos, pasando mi lengua por toda su verga, por el agujerito donde sale la leche pero me quedé con ganas de lechita.

En fin, la verdad quisiera un poco más, no sé si que me penetraran pero si quisiera una lengua en mi culito y más lechita en mi boca.

Si eres de Monterrey y quieres acción en eses cine escríbeme a mi correo a ver que hacemos.

Besitos

Autora: Ximena

ximenatv2000@yahoo.com.mx

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Vintage

Con las dos manos le sujeté una de sus nalgas y así, sin cambiar de posición, continué penetrándola. Me acomodé en una postura muy extraña, pero que a ella le encanta, y comencé a joderla con fuerza. Ella comenzó a aturdirse, me tomó una nalga con una de sus garras. Con una nalgada y un bramido angustiante, supe, o creí saber, que se estaba viniendo.

“Lo importante es que nunca pude hacerte sentir mal, feliz Día de la Mujer Mundial”
Andrés Calamaro

“If I changed anything about my past, I wouldn’t be the same person I am today, and I like me today”
Seka

Cómo podría imaginar que llegarían tiempos oscuros en los que la vida, al igual que la pornografía, se convertiría en una predecible realidad a la carta, un imperio de la patanería sin trama ni sorpresa alguna, en pocas palabras, que la realidad tendría rasurado el pubis y sería empinada en un gang bang de autosuficiencia asfixiante. No es raro, entonces, que me dé cuenta que toda historia porno está basada en hechos reales.

Cualquiera diría que el porno no es como para dedicarle muchas letras. En mi caso, y como se verá, ha resultado inevitable.

Aquél día comenzó como todos los lunes. Carolina, mi novia, y yo, inaugurábamos el día con un palito mañanero. Esa mañana estábamos haciendo una prueba de calidad de una pinche pasta dental de marca Colgate que prometía que te lavabas los dientes en la noche y en la mañana el aliento te amanecía fresco. Fuimos ingenuos en creer que nos sucedería como en el comercial de televisión, ese en el que una pareja aparece tendida en una cama y el sol entra por la ventana. La chica, seguramente argentina, sonríe y de la boca le surge un vapor de azul antártico que seguro olía a menta. El vaho bendito es aspirado por la narizota de su pareja, seguramente ecuatoriano, un cabrón que hasta se le quita el sueño con tanta frescura.

Acá quien sonrió primero fui yo. La cara de mi chica no fue como la de quien aspira la fragancia de la menta.

-¡No inventes! ¡No funcionó! ¡Toma!

Me pasó un vaso con agua y un cepillo que tenemos ahí junto a la cama, dizque para no levantarnos de tajo, sobre todo si queremos retozar un rato por la mañana.

Ya con boca fresca me oculté bajo las sábanas para meterle la lengua mentolada en el coño que, modorro aun, estiraba los huesos en mi boca. Los labios de su sexo se abrían como bostezando mientras yo hurgaba con paciencia. Su olor por las mañanas es tan fuerte que me enciendo de inmediato. Es algo en su espesa mata de vello lo que me adormece el cerebro pero me la pone durísima. Por la mañana le amanece hinchado su cuerpo, recargado de energía.

Como de costumbre, ella prefiere no despertarse del todo y dejarse querer. Quizá su mente analítica permanece dormida, pero su cuerpo, instintivo como es, se abandona a lo que sea que yo quiera hacerle. Luego de un rato de estármela comiendo su sexo está muy hinchado. Como quien no quiere la cosa me incorporo en mis piernas, dejando a su alcance mi verga. Su mano dormida no tarda en deslizarse hasta dónde está mi garrote, y lo empieza a tocar como si fuese la primera vez que siente un palo en la mano. Instintivamente empieza a puentearme, y aunque me encanta como muñequea, entrecorto su entusiasmo de una u otra manera para evitar que me coloque tan cerca del orgasmo. Y no es que no quiera regarme, sino que, si la dejo mamarme y masturbarme, me haría eyacular en menos de un minuto, y la verdad sería un desperdicio no aprovechar este coño hinchado.

La forma más simple de distraerla de su afán puñeteador es voltearla para meterle la lengua en su ano. Nunca se queja de eso. Ya que está bien caliente, me incorporo y empiezo a juguetear en su coño con la punta de mi verga. Ella se retuerce y se estira, como si se estuviera despertando en ese preciso instante, me mira a los ojos como si me reconociera y me sonríe como si me dijera, “ah, eres tú”. No sé por qué me enternece esto siendo que cuando llegamos a este momento llevo ya veinte minutos de meterle en sus orificios la lengua y los dedos, veinte minutos en que ella se llevó la mano a la boca para ensalivársela y comenzar a masturbarme con una habilidad sorprendente. Si es hasta los veinte minutos de esto que ella reacciona y se cuestiona quién le está haciendo todo esto, ya estoy cabrón.

Como sea, a veces corro con esa suerte de que reaccione rápido, pues en ocasiones ella “despierta” cuando le caen en el vientre mis chorros de semen. En fin. En esta ocasión estaba ella con una pierna levantada, con su coño expuesto, y yo sencillamente me le encajé hasta el fondo. Aunque despierto por fuera, sentí como si por dentro se abriesen distintos departamentos, cada uno con distinta temperatura y dureza.

Con las dos manos le sujeté una de sus nalgas y así, sin cambiar de posición, continué penetrándola. Me acomodé en una postura muy extraña que no es del todo cómoda para mí, pues prácticamente me pongo de cuclillas en el inestable colchón, pero que a ella le encanta, de hecho es su ensamble favorito para venirse. Me puse así y comencé a joderla con fuerza. Ella comenzó a aturdirse y sin medir las consecuencias me tomó una nalga con una de sus garras. Yo hice acopio de fuerza para no reducir ni un ápice mi ritmo, pese a que me estaba ella encajando un dedo –incluida su uña de acrílico- en el culo. Con una nalgada y un bramido angustiante, supe, o creí saber, que se estaba viniendo. Ella no es de venirse una vez. Me exigió que siguiera en esa misma postura y, con esa misma enjundia, se vino unas tres ocasiones más o bien el único orgasmo duró lo que cuatro de ellos.

Abrió su pierna, lo que interpreté como que ella estaba satisfecha. Me acomodé y perfilé mi aterrizaje. Para cuando ella se viene ha pasado mucho tiempo en el que he tenido que suprimir mi eyaculación. Seguido ella me complace y me anuncia desde el principio “Quiero que te vengas”, y yo, obediente, concluyo con esto que no le interesa venirse ella, aunque a veces el cuerpo la traiciona. En esas veces la duración del acto se reduce drásticamente porque me enfoco en lo mío. Pero cuando no me aclara que quiere que me venga, no me siento en la comodidad de correrme si ella no se ha corrido primero. Esta vez, como ella ya se había venido, pues todo era como caer en el vacío.

Me puse a penetrarla con fuerza. Ella estaba ahí, de espaldas sobre la cama, con sus piernas abiertas, yo Embistiéndola. Le tomé su mano derecha, ella quiso entrelazar románticamente nuestros dedos, pero yo tenía otro plan. Saqué mi verga a punto de estallar y se la entregué en la mano. Ella tardó una milésima de segundo en entender que le estaba regalando la responsabilidad de mi orgasmo. No es ella una chica que no sepa qué hacer en cualquier situación, y menos aun en este tipo de situaciones. Su intuición la llevó a masturbarme con una habilidad impresionante, cuidando de engullir con su coño mis testículos. Como fruto de su muñequeo comencé a regarme en su mano que, al contacto de la primer gota caliente, se volvió loca de calentura y puñeteó con el furor de un chamaco. Mi semen terminó de convertir mi verga en una salchicha resbalosa, y ella seguía con su muñequeo hasta no convencerse que no saldría una gota más.

Yo estaba envuelto en sudor. Le sonreía diciéndole lo rico que me había venido, cuando sonó el teléfono. Vi la pantalla del teléfono, era el número de Claudia, mi secretaria. Cierto, los lunes no llego muy temprano que digamos, pero esta vez no iba ni siquiera retrasado. Me pareció extraño que la llamada proviniera del teléfono personal de Claudia y no del conmutador de la oficina. “¿Quién se habrá muerto durante el fin de semana?” pensaba yo mientras le devolvía su llamada.

-¿Bueno? Claudia, ¿Cuéntame qué pasa? ¿Cuál es la urgencia? -Ay jefe, se metieron a robar a la oficina. -¿Qué se llevaron? ¿Cuándo? ¿Tú cómo estás?- repuse sin saber en qué orden preguntar las cosas. -Bien, yo estoy bien. Bueno, un poco nerviosa. No sé que se llevaron. -¿Qué crees que pasó? -No sé. Se metieron por el techo. No se metieron a todas las oficinas, sólo a la suya y a la de coordinación. Yo pude pasar como si nada, el guardia ni sabía que habían robado, yo fui quien le dijo. Me senté en mi silla y me pareció raro ver la puerta de su privado abierta, como siempre la cierra, luego me fijé mejor y vi que el cristal de la puerta estaba roto. Me asomé a su privado y había un regadero. Grité y me fui de ahí. -¿Quién está ahí ahora? -Nadie. Desalojaron el inmueble hasta que usted llegue. -¡Que nadie entre hasta que llegue yo a dar indicaciones!

Regularmente me despierto a las ocho y media, me baño, almuerzo, me tomo un café con Carolina, y termino llegando a las diez con treinta, es decir, una hora y media más tarde de mi horario de entrada. Con la llamada de Claudia me levanté igual, a las ocho y media, pero me bañé en chinga, no almorcé ni bebí café. Con la camisa y pantalón arrugados y con una línea de la almohada marcada en la mejilla izquierda, me dirigí a la oficina.

Durante el camino sólo pensaba una cosa: “Seguro los ladrones encontraron el paquete con los discos de porno que guardé en el cajón de la derecha del archivero”. En efecto, tenía guardado en la oficina un paquete con discos. Con suerte se habrían llevado el tambache de películas así como las dejé, envueltas. Eran como 130 copias ilegales de piratería, sin caja de plástico, en su celofán transparente, en juegos de disco y portadilla. Estaban empaquetadas porque el mismo lunes iba a vendérselas o regalárselas a un tipo que tiene un puesto en el mercado que queda cerca de la oficina, no porque me dedicara a venderlas, sino que desde que había conocido a Carolina me hice el firme propósito de dejar el vicio de la pornografía, en consecuencia quería deshacerme de ellas. Pero eso ya no sucedería.

En el mejor de los casos, los ladrones dejarían la bolsa tal como estaba y en el fondo del cajón. Era una posibilidad, aunque muy remota, pues las tenía dentro de una bolsa negra remachada con cinta de embalaje, la cual daba un aspecto sumamente sospechoso. Los ladrones tendrían que ser absolutamente faltos de curiosidad para dejar intacta esa bolsa que gritaba “¡Ábranme putos!”. En un segundo escenario, los ladrones darían con el paradero de la bolsa y se la llevarían, dejándome sin películas pero liberándome de la tarea que tener que deshacerme de ellas. En el tercer escenario, el más terrible, los ladrones destriparían la bolsa y regarían por diversión las películas dentro de mi privado, todo ello a propósito, dándole un toque bochornoso a la escena del crimen, porque eso era mi oficina en esos momentos, una escena del crimen.

Llegué a las nueve con cinco al edificio del Gobierno del Estado. A mi arribo ya se había regado como pólvora el chisme de que los ladrones se habían intentado llevar el dinero de un cajero automático que estaba dentro del edificio, había trascendido que los rateros eran unos principiantes que no sabían que el cajero tenía dentro una caja fuerte que no podrían abrir a martillazos. Había trascendido también que, quizá por capricho, de las cincuenta y tantas oficinas que alberga el edificio de cuatro pisos, sólo se habían metido a mi privado y a otra oficina, ambas en el cuarto piso.

La gente de nuestras oficinas estaba amontonada en una plaza que queda frente al edificio, esperando el momento en el que se les permitiera entrar a trabajar, mientras que la policía estaba en camino. Le pedí a Ruiz, mi empleado más alcahuete, que me acompañara a revisar las instalaciones. Entramos con un agente investigador. Sentía una curiosidad inmensa de ver cómo habían dejado mi privado, de ver qué habían roto, de ver qué se habían robado, y sobre todo, de ver en qué había parado el tema de las películas.

Cuando entramos a mi oficina las películas estaban, en efecto, regadas por todas partes. Las portadillas parecían exhibidas para su venta y yacía uno que otro disco tirado. Nada más a la entrada estaba la portadilla de “Rocco se ensarta a Suzie”, con el semental italiano Rocco Siffredi cogiéndose precisamente a la tal Suzie, al estilo perro y echando una pierna para adelante para joderla mientras le da a chupar uno de sus pies. Junto a esta portadilla estaba “Blackzilla: La peor pesadilla de Papi” en cuya portada está un negro de nombre Shane Diesel que se hace apodar Blackzilla, por aquello de que el rabo le crece por el frente y parece un Godzilla con la cola al frente. La temática es que él es, precisamente, la pesadilla de Papi porque con semejante vergota destartalará a una jovencita que seguro es hija de alguien (el “Papi” en cuestión, que tiene razones para considerar una pesadilla el que el actor se la meta entera a su hijita, causándole cuando menos daño hepático o renal). Y así, portadas por todo mi privado, regadas y sin posibilidad de recogerse porque variarían la escena del crimen, las huellas, las pistas.

Ruiz, que es mi empleado y sabe que no debe molestarme, sólo dibujó una sonrisa socarrona y dijo con la alegría de un niño “Mire licenciado, esa ya la vi” y señaló “Las Putas de Nacho Vidal”.  Iba a empezar a dar explicaciones estúpidas para idealizar el por qué estaban ahí las películas, pero pensé que era una pendejada intentar reparar lo que ya estaba hecho. Por mi mente pasó el recuerdo de una vez traté de hablar de pornografía con Carolina, pero desistí porque ella opinó antes de siquiera entrar al tema: “Yo pienso que los infelices que ven pornografía tarde que temprano terminan pasando vergüenzas”. Ni qué decir, a mí me había llegado mi momento.

Sugerí que se limpiara rápido todo el regadero, pero el encargado de seguridad del edificio había amenazado que todo debía quedarse como estaba porque era escena del crimen. Ruiz ponía cara de madurez, como si dijera, “estas cosas pasan”.
Llegó la policía.

Uno a uno entraron gorilas a revisar la escena del crimen, todos ponían esa cara de “esto de encontrar ciento treinta películas pornográficas por todo el piso es absolutamente normal”. Obvio, ninguno de ellos creía que aquello fuese normal. Era como una manada en la que los policías eran los machos dominantes que de vez en cuando se acoplaban con las hembras mientras yo era un macho periférico e inexperto al cual además se le atorara la verga en un alambre y que sólo pudiera salir de ese predicamento con ayuda de los demás pero sin evitar desgarrarse el pito, y ellos, los policías, más por benevolencia que por otra cosa, miraran para otro lado para no ver mi verga sangrante. La siguiente comunicación se repitió como seis o siete veces:

-¿De quién es esta oficina? -Del Subcoordinador. -¿Quién es el Subcoordinador? -Yo.  Siempre la miradilla despectiva. Todos compadeciéndose de mí. Uno de ellos de plano no me quiso saludar de mano. Pregunté si ya podía juntar todo aquel desastre en vista de que no se habían llevado nada. Dijeron que no, pues estaban por llegar los peritos. Es decir, toda la bola de changos que se habían paseado por mi oficina en realidad no tenían ni por qué estar ahí, pues no encontrarían los ladrones ahí bajo el escritorio.

Cuando creí que las cosas no podían empeorar recibí en mi teléfono móvil otra llamada de Claudia (quien estaba afuera del edificio porque no les permitían entrar) quien dijo: -Licenciado, necesito que salga. Es urgente.

Se cortó la llamada. Intenté marcarle yo, pero su teléfono no admitía mi llamada. Me resultaba más sencillo salir para ver qué era eso urgente que ella decía. Cuando salí y vi quien estaba a lado de Claudia se me heló la sangre. Junto a ella estaba el licenciado Julián Fajardo, ni más ni menos que el Coordinador Nacional, es decir, ese que podía despedirme con un chasquido de dedos estaba ahí, en el peor día y en el peor momento. Con la sangre liviana que tiene Claudia me dijo:

-Mire quien está aquí licenciado. Visita sorpresa.

Yo sonreí maldiciendo las putas visitas sorpresas. El Coordinador Nacional me saludó y me pidió cuentas de cómo estaban las cosas. Le dije que todo estaba bajo control y que no se habían llevado nada. “Hay un desorden en mi privado, pero nada que no pueda manejar” recuerdo haberle dicho.
-Vamos para su oficina…

Me sentí como han de sentirse los ratones que caen en una de esas trampas de pegamento, esos que están vivos pero saben que es cuestión de tiempo que les llegue un martillazo en la cabeza, o que los tiren en la basura envueltos en esa especie de melaza jodida. Cada paso me calaba. Cuando llegamos a mi privado vi que el escritorio no tenía una sola película. Alguien las había juntado. La sangre me volvió. Dije algo chistoso, no se qué fue exactamente, pero algo dije.

Mi alegría duró poco, pues en efecto, nada había encima del escritorio, pero debajo de él estaban todavía muchas películas. “El Anal-ista”, “American Creampie”, “Ten Little Piggies 2”, “Especial de Zoofilia (Vea a la escultural Mónica Mattos chupándosela a un caballo)”, y un vasto repertorio.

El Coordinador Nacional recogió algunas películas, vio las portadillas al revés y al derecho. No parecía conmocionado. Incluso me dio por pensar que le daba alegría el enfrentar una situación así en la que él estaba en una posición sumamente segura y donde yo estaba completamente jodido. Quizá él pensaba que oportunidades como ésta se dan sólo una vez en la vida, prestándose incluso a la anécdota chistosa que podrá contar miles de veces y en la que él no corre ningún riesgo ni deshonra, justo como ver un sismo desde un helicóptero, algo muy del tipo de “Una vez corrí a un pendejo que tenía cientos de películas porno en la oficina y tuvo la puñetera suerte de que entraron a robar y los ladrones no se llevaron nada pero regaron las películas por todas partes”. Sus oyentes dirían “No mames, pinche mala suerte”. Y él diría taciturno, “Sí, el que es pendejo es pendejo”.

Mi trabajo siempre ha sido muy bueno, siempre intenté ser brillante en lo que hacía, pero ¿Cómo lidiar con esto? Pertenecíamos a la Coordinación Nacional del Sistema Nacional de Equidad de Género, ¿Cómo justificar que tuviera yo este material tan pleno de inequidad de género? Podía salir con la estupidez de que estaba yo estudiando al enemigo para comprenderlo mejor, pero ¿Quién creería semejante mamada? En eso, entró un policía con otro tanto de películas.

-Tome licenciado, nos las habíamos llevado para investigarlas.- reía.

El Coordinador Nacional alzó las cejas como diciendo “¿Cómo, hay mas?”, y también se rió, no porque tuviera ganas de reírse, sino porque no había forma de no hacerlo. Nada más me faltaba traer el cabello rojo y ponerme una puta nariz de bolita, o agacharme a juntar las películas y me tronara el pantalón en la línea del culo. Pude por fin guardar en una bolsa de basura todas las películas y refundirlas en un cajón para tirarlas esta misma noche.

De ahí en adelante el licenciado Fajardo desvió el tema de las películas y se comenzó a interesar en el resto de aspectos de aquel conato de robo, incluso me preguntó cómo iban los resultados de la oficina. Parecía que no hubiera pasado nada. En verdad que su compostura me confundía un poco. Sabía de su fama de patrón culero, y su agudeza era casi mítica, pues pesaban sobre él leyendas de que a sus treinta años había hecho llorar a un Coordinador Estatal de Chihuahua con sólo mirarlo, y que la escena dio pena porque el llorón tenía cincuenta y siete años. Yo no entendía nada, prefería que si me iba a correr me lo dijera ahí, a solas, sin aplazar la ejecución.

La gente entró a laborar y el Coordinador Nacional fue muy amable con todos. Apenas el viernes tenía yo la ilusión de que me ascendieran al puesto de Coordinador Estatal, de hecho me había estado haciendo cargo de todo desde hacía dos meses que dicho puesto estaba vacante, pero hoy la cosa era muy distinta, pues con suerte y me despromocionarían, cuando no que me iban a echar a la calle. De manera sorpresiva el licenciado Fajardo me preguntó enfrente de todo mi personal: -¿Qué me dices, mi buen Ricardo, aceptas mi invitación a incorporarte a mi equipo como Coordinador Estatal?

Yo balbuceé. Se me inundaron los ojos de lágrimas. La gente creía que estaba yo conmovido por el ascenso. Nadie, excepto Ruiz, comprendía que lo que me alegraba no era el asenso, sino el no despido. Incluso el buen Ruiz me guiñó el ojo seguro de que yo le cedería mi puesto por encima de los demás compañeros del mismo nivel, no porque fuese el más capaz, que lo era, sino simplemente porque no ascenderlo aflojaría su lengua como la de una vaca loca. Él sabía lo de las películas y con su guiño me lo estaba recordando. En un microsegundo descubrí que estaba ante algo a lo que no estaba acostumbrado. -Claro que sí, Señor, Acepto.

Fajardo me indicó que volviéramos a mi privado, me ordenó que cerrara la puerta con llave, y luego me pidió que sacara del cajón la bolsa donde había guardado las películas. Sin saber para qué las querría, las saqué. Saqué del escritorio la bolsa repleta de películas porno. El licenciado Fajardo me miraba inquisitivo y yo me movía torpemente. La situación no podía ser más incómoda. -Ponlas sobre el escritorio…

Sin pensarlo comencé a colocar las películas en el escritorio, pero de una manera inconsciente las estaba acomodando por género. No me hubiera dado cuenta de ello, a no ser porque Fajardo dijo:
-Pinche Ricardo. Si serás metódico. ¿Las estás acomodando? -No lo sé, Señor. -Pues mira y dime. Miré… y le dije.  -Pues al parecer así es. -¿Qué criterio seguiste, si se puede saber?

La mirada del licenciado Fajardo era pesada, escrutadora, desarticulante. Tardé en contestar, no porque no pudiera hacerlo rápido, sino porque estaba atónito ante una conclusión que acababa de sacar: Sólo había una razón para que Fajardo pudiese descubrir que las estaba acomodando: que él mismo reconociera el refinado vínculo entre las películas de cada grupo, es decir, que él conociera también los criterios de clasificación. De alguna manera él sabía el nexo invisible entre los distintos grupos de títulos. No quise exponerlo, así que contesté su pregunta:

-Créame que lo he hecho sin pensar, pero sí, creo que hay un orden en esto. Las de acá son del género gonzo, que es una vertiente que pretende ser espontánea y retrata un falso realismo; estas de acá son producciones de un director italiano que se llama Mario Salieri, estas otras corresponden a una actriz que se llama Brianna Love… -Escucha las chingaderas que me estás diciendo Ricardo.  Guardé silencio. Luego de ese silencio incomodísimo balbuceé.

-Me da mucha pena toda esta situación, licenciado, de verdad. Le juro que nunca más traeré pornografía a la oficina. Sé que resulta irrelevante cualquier explicación que yo le dé a esta situación, pero se la diré de todas maneras: había traído estas películas para deshacerme de ellas con un tipo del mercado…

-¿En qué año naciste, Salas? -¿Perdón?-¿Qué en qué puto año naciste?-En 1969, Señor.
-¿Cuándo viste la primer cinta porno de tu vida?-Supongo que por allá de 1983, en un cine que permitía la entrada de quien fuese. -Eras menor de edad. -Sólo respondo su pregunta, Señor.
Fajardo dio una respiración profunda y exhaló como si soltara un pedazo de su espíritu. Arqueó las cejas y su cara dejó aquella expresión severa para asumir una faz más bien triste. Todo entró en una calma chicha.

-Te envidio, mi buen Ricardo.-No comprendo- Contesté con interés verdadero.-Sí, te envidio. No digo que estuviese bien que hubieses estado expuesto a la pornografía a tan temprana edad. ¿Cuántos años tendrías? ¿Catorce? No importa. Lo cierto es que la oportunidad para ti fue así, no hubieras podido ver el porno a los veinte porque sencillamente no habías nacido antes. Naciste en el sesenta y nueve, qué se le va a hacer. Estabas en pleno desarrollo psicosexual y fue entonces que te tocó ver el mejor cine porno, como se debe, en una sala de cine. No comprendo cómo es que tienes toda esta mierda –comenzó a tomar en sus manos algunas portadillas, las cuales comenzó a aventar con desdén en la bolsa de basura-, esto es una mamada de cine.

Yo nací en 1979, cuando hubiere tenido oportunidad e interés de ver porno ya se producía pura basura. Créeme Salas, nunca te avergüences de haber entrado al cine siendo un menor, pues era así o no era de ninguna manera. La era estaba en tu contra. Sólo sobreviviste. Los ochenta eran una mierda en general, lo único digno que se hizo en ese entonces era el porno.

-Supongo que tiene razón en lo que dice, Señor.-Puedo ver que no puedes evitar clasificarlo todo. Eres un espécimen raro, Ricardo. Todo te ha de parecer extraño. ¿Nunca te ha dado por escribir cosas cachondas?

-Una vez Señor. Como celebración al no sé qué centenario de Don Quijote pretendí escribir mi propia versión alternativa de la obra de Cervantes; la iba a llamar Don Cachote. Así como Don Quijote narra la historia de un hombre que de tanto leer historias de caballerías se vuelve loco y va por el mundo creyéndose que el mundo es un mundo de caballeros andantes, yo escribiría acerca de un hombre que de tanto ver porno y leer relatos eróticos enloquecía e iba por el mundo creyendo que la realidad era una realidad porno, colocándolo en toda serie de situaciones chuscas. -Muy complicado Salas, para ello necesitas haber leído Don Quijote. -Lo hice, pero tardé tanto que cuando acabé ya no era año de su aniversario.

Su rostro comenzó a tornarse duro. La amabilidad y la sinceridad de Fajardo se estaban esfumando ante mis narices. Con un gesto me dio a entender que no me creyera que entre él y yo podía haber confianzas. Él estaba regresando a su olimpo, y yo volvía a ser su vasallo. Respiró hondo pero corto. Con mímica me hizo sentarme en mi silla, detrás de mi escritorio, con la superficie repleta de películas pornográficas. Con velocidad de alguacil sacó su teléfono móvil y con la cámara me tomó una foto. El muy cabrón me la mostró. Aparecía yo muy campante con mi escritorio lleno de portadillas, la más visible la de “MILF who love Freak Brothas”, es decir, una ruca rodeada de dos vergas negras de prótesis.

-Te advierto que nada de lo que estamos platicando ahora debe saberse fuera de estas cuatro paredes. Te advierto que puedo correrte cuando me de la gana. Vas a conducir esta oficina con los mismos resultados que hasta ahora, pero además vas a tener que hacer una tarea especial para mí. Vas a ir a una tienda de computación y vas a comprar con tu dinero una memoria de ciento cincuenta gigas, y vas a concentrar ahí las películas que creas que son significativas en la historia del porno, y además deberás redactar una reseña de cada una de ellas. No quiero que me hagas reseñas técnicas, sino que escribas cómo apreciaste tú la película, lo que significó para ti. Me vale una chingada si la película de que se trate está en ruso, tú me vas a anotar qué entendiste. No quiero que busques traductores ni que me trascribas críticas ajenas. No quiero que seas un sabio.

Cada día esperaré que me mandes a mi cuenta de correo electrónico las dos reseñas que puntualmente deberás mandar. Cuando llenes los ciento cincuenta gigas quedarás liberado. Entre tanto, y puesto que veo que no tienes secretaria, te mandaré una de mi absoluta confianza que no sólo te ayudará con las necesidades de la oficina, sino que te ayudará a que puedas cumplir tu misión. ¿Hay alguna duda?
-No Señor. Se puede decir más fuerte pero no más claro.

Ese es el inicio de la historia. Han pasado muchas cosas desde entonces. El recuento de los daños es como sigue: Me he quedado con un amor y he recaído en el porno. Me queda un texto que explica cómo integré el catálogo de películas XXX significativas, que he titulado “Vintage”. Me deja un escrito en el que cuento mi particular historia de la pornografía, al que he titulado “La Vie in Porn”. Permanecen numerosas reseñas de películas, identificadas bajo la serie “Stag Life”. Y por último, me queda en el bolsillo una memoria USB de 150 gigas repleta de cine Vintage y meses de trabajo que me resisto a borrar pero no he podido vender.

Complicado.

Autor: Jilo

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Retraído y tímido, pero no tanto

Empecé a recorrer su boca con mi lengua. Otro tabú roto. Tocamientos, mamadas, besos. Yo estaba entregado. Y mi vecino lo sabía. Dentro de mí surgió el deseo de ser suyo. Otro tabú se caía, quería que esa polla que tocaba y mamaba me penetrase, me bajé el slip y el pantalón, le ofrecí mi culo para que lo tocara, cosa que yo deseaba y me penetrara si él lo deseaba o lo quería.

Vivo en Alemania pero cada 2 meses voy a Madrid. En septiembre entré en un cine de Madrid donde una vez me hicieron una paja y yo la hice.

Había dejado atrás mi timidez que era un impedimento para repetir aquellos momentos que recordaba muy agradables.

A los pocos minutos de haber entrado ya me habían rozado varias veces el paquete por encima del pantalón, me calenté de inmediato y mi paquete no demoró en ponerse bien empinado.

Decidí sentarme y a poco alguien se sentó a mi lado. Comenzó el tocamiento disimulado en el muslo y por encima del paquete. Yo me dejaba hacer, me estaba agradando, si bien me puse un poco tenso !ah esa timidez!

Mi vecino de asiento me abrió la bragueta del pantalón y por encima del slip me apretaba muy suavemente la polla, se notaba que lo hacía con gran satisfacción. El placer empezaba tanto para él como para mí.

En un momento en el que dejó de sobarme bajé el slip y apareció mi polla. Mi vecino aprovechó, se agachó metió mi miembro en su boca y me dio una corta mamada. Me atrajo hacia sí y quiso besarme. Yo no abría la boca.

Y cambió de táctica. Me apretó los pezones muy fuerte. Me hacía daño y quité su mano. Me subió la camisa y empezó a besar y chupar mis pezones como si fuesen los de una mujer, como si intentase sacarme leche y de vez en cuando pasaba sus dientes con suavidad y así con placer empecé a fantasear que era una hembra y mi vecino un macho hambriento. Intentó de nuevo besarme y no me dejé, pero eso no fue inconveniente para él.

De nuevo me dio una mamada a la polla, esta un poco más larga, otra vez besos de hombre a mis pezones y vuelta a besarme en los labios.

Yo no quería abrir la boca y estiré mi mano para tocar su polla, ya estaba engrasada, unos movimientos y empezó a gemir. ¿Fueron esos gemidos? ¿Fue mi calentura? No lo sé pero me arrodillé y le di una mamada metiéndomela hasta el final de la garganta. Era mi primera vez y me había prometido no hacerlo nunca.

Volví a sentarme para recuperar el aliento. Momento que mi fugaz amante aprovechó para besarme en la boca, poco a poco fui abriendo mi boca, dejé que su lengua recorriera una y otra vez mi boca.

Y empecé a recorrer la suya con mi lengua. Otro tabú roto. Tocamientos, mamadas, besos. Yo estaba entregado. Y mi vecino lo sabía. Dentro de mí surgió el deseo de ser suyo. Otro tabú se caía, quería que esa polla que tocaba y mamaba me penetrase, me bajé el slip y el pantalón, le ofrecí mi culo para que lo tocara, cosa que yo deseaba y me penetrara si él lo deseaba o lo quería.

En ese momento en mi cabeza estaba el pensamiento de ser por una vez mujer de alguien, de que alguien me hiciese suyo.

No quiso, siguió concentrado en el toqueteo e ignoró mi culo. Decepcionado miré a mi alrededor donde se habían congregado algunos mirones y me entró el deseo de tocar y chupar otras pollas y dejarme hacer lo que quisieran. Los mirones lo notaron y alguno se bajó el pantalón y se acercaron pero mi vecino apartó al que más cerca estaba de mí.

Y habló por primera vez…

-Vamos delante allí tenemos más sitio.

¿Que me pasó?

¿Quizás la decepción de que no había hecho caso de mi culo pudiendo hacerme su hembrita sin siquiera pedírmelo?

¿Quizás que apartó a los demás no dejándome que me hicieran puta cuando yo sí lo quería y lo deseaba firmemente?

Me levanté y me fui.

Y ahora se que tengo que volver, si la timidez me deja, que me dejará, porque tengo que contestar a estas preguntas: ¿Quiero ser hembrita de un solo hombre o quiero ser putita de varios? Cualquier respuesta que encuentro me pone muy caliente.

A veces pienso que sería bueno encontrar alguien que me introdujese con paciencia en el placer gay, que rompiese mi timidez y mi culo. Ser pasivo y esto me fascina, lo deseo con todo mi cuerpo, y si él quiere alguna vez activo.

¿Alguien me puede ayudar en esto (en Madrid o hasta 300 Km alrededor) o en resolver mis dudas?
Aunque sea por correo electrónico.

Autor: Retraídoytímido

Y ahora a bajar un buen video y a gozarla… Clika aquí http://www.videosmarqueze.com/ no te lo prives.

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Vaya con mi mamá

Nuestros manejos ya habían hecho mella en la desconocida, cuando sus jadeos eran muy frecuentes, lo cual indicaba el grado de excitación al que la habíamos llevado, se inclinó hacia el desconocido y extrajo su pene erecto metiéndoselo a la boca, dejándome su culo a la mano, sin perder un solo segundo le introduje un dedo, lo movía en pequeños círculos dentro de su cálido orificio trasero.

Les voy a platicar la experiencia que tuve unos días atrás, tengo 18 años y les voy a narrar cuando descubrí que tan puta podía llegar a ser mi mamá, a la cual les voy a describir, ella es morena de ojos verdes, con 35 años cumplidos, ya que nos tuvo muy joven y se separó de mi padre hace poco tiempo, tiene un cuerpo capaz de resucitar a un muerto, tiene un culo a lo Patricia Montero y unos senos grandes y firmes como de una jovencita, ya que ella acude a clases de aeróbicos, por lo regular viste de forma muy provocativa, como por ejemplo vestir mallones de colores claros donde se marca a la perfección su ropa interior, y como ella gusta de usar tangas, ya se imaginarán el espectáculo, también viste minis bastante breves de vuelo amplio, donde si se inclina un poco se puede apreciar el nacimiento de sus enormes nalgas, y continuamente despierta la bajas pasiones a su paso por las calles, ya que en repetidas ocasiones nos ha platicado a mis hermanas y a mí, cómo cuando va por la calle algún tipo de vez en cuando se atreve a tocarle el culo y decirle palabras candentes como:

– Que buenas nalgas tienes zorrita.

Incluso algunos de mis amigos me han mencionado lo buena que está mi madre y que como desearían follársela, lo cual en ocasiones me enfada, y por más que le decimos que se vista menos sensual nunca nos ha hecho caso, por lo que nosotros terminamos por ya no decirle nada.

Pero mi forma de verla cambió un día cuando me encontraba paseando por el centro de mi cuidad, caminaba sin rumbo alguno, cuando me topé con un cine donde se proyectaban películas porno, como no tenía nada que hacer decidí entrar a la sala, todo estaba en penumbras dado que ya había empezado la película, entre jadeos del sonido de la cinta, me apresuré a tomar asiento, una vez que me acomodé y mis ojos se acostumbraron a la poca luz, me puse a observar un poco a mi alrededor, cuando escuché cierto murmullo de la gente, y es que la silueta de una solitaria mujer se aproximaba por el pasillo central, y por suerte se sentó en la fila frente a mí, no acababa de sentarse cuando se sentó un tipo junto a ella, después pude observar como el fulano comenzaba ciertos avances con la chica, ya que podía apreciar cuando la iluminación de la cinta lo permitía, como su mano comenzó a tocar sus desnudas piernas, sobando delicadamente sus rodillas y deslizándose por los bellos muslos de la mujer, ya que la tipa llevaba un vestido delgadito de verano con botonadura por la parte frontal.

Yo comencé a poner más interés en la pareja que a la película, ya que al paso del tiempo la mujer abrió sus piernas y se recostó un poco en el asiento, supongo que para facilitar el acceso de la mano a su monte Venus, y pude notar como la mano del tipo desaparecía bajo su falda, en ese momento me dije; – Yo también quiero disfrutar de la golfa- y acto seguido me paré semi agachado y me situé del lado libre junto a la desconocida, y casi de inmediato comencé mis avances, tocando sus piernas, las cuales se sentían perfectamente formadas y duras, traté de tocar su sexo pero me topé con la mano del otro individuo, por lo que opté por incursionar en otro lado, y noté que el vestido era levantado en su parte alta por un desarrollado par de inmensos senos, por lo que pasé mi brazo por sobre su hombro y metí mi mano bajo el vestido, y qué sorpresa notar que no existía el sujetador, sus tetas eran como un par de rocas, de lo firmes y juveniles que se sentían, por lo que me apoderé de sus erectos pezones, me afané en frotar con mis dedos esos duros botones, pero me moría por ver de fuera ese delicioso pecho, fue hasta en ese momento en que reparé en su rostro y pude notar que portaba unas gafas oscuras.

También noté que llevaba un tipo de peluca, y comprendí que era para guardar su anonimato, por lo que continué en mi labor de liberar el par de tetas de su encierro, por lo que abrí los botones del vestido dejando de fuera sus tetas, y como el tipo que también manoseaba a la hembra ya había desabotonado la falda por la parte baja el vestido terminó completamente abierto, cayendo totalmente de su cuerpo y quedando en la butaca, solo quedó vistiendo un pequeño tanga de satín color negro, al fin pude admirar ese bello cuerpo casi al desnudo, portaba un vientre perfectamente plano, el cual enmarcaba una breve cintura y sus deliciosas caderas, y ni mencionar lo delicioso que se apreciaba su sexo, de inmediato, el desconocido y yo, le magreamos todo su cuerpo, mamamos sus tetas, metimos los dedos en sus orificios cálidos, sentimos sus fluidos por su cálida raja, yo me apropié de su pequeña tanga, ya que en rápido movimiento se la arranqué de sus nalgas y la olí, era el perfume más delicioso del mundo.

Para esos momentos nuestros manejos ya habían hecho mella en la desconocida caliente, cuando ya sus jadeos eran muy frecuentes, lo cual indicaba el grado de excitación al que la habíamos llevado, se inclinó hacia el desconocido y extrajo su pene erecto y húmedo, metiéndoselo de inmediato a la boca, dejándome su culo y ano a la mano, sin perder un solo segundo, le introduje un dedo en el ano, lo movía en pequeños círculos dentro de su cálido orificio trasero, notando a la perfección cada rincón de sus calientes intestinos, noté como la mujer se estremeció con mi acción, sus movimientos de mamar se hicieron más frenéticos y rápidos, y en unos minutos me percaté que el fulano eyaculaba, y como su semen chocaba en la cara de la mujer, quién con su dedo índice apuraba los restos de semen para metérselos a la boca y tragárselos, de inmediato se volteó hacia mí y repitió la operación con mi pene, era magnifica mamando la verga, y como el desconocido, yo también no tardé en eyacular sobre su rostro.

Mientras nos recuperábamos, ella tomó su vestido y se lo puso, y en un rápido andar abandonó el cine, yo tenía ganas de ver si podría lograr llevarme a la desconocida a follar a un hotel, así que me apresuré a seguirla, ella caminaba muy rápido por lo que no lograba alcanzarla, en un callejón ella dobló para meterse al mismo, y al acercarme sigilosamente me percaté que la tipa se deshacía de su peluca y de las grandes gafas, al mirar su rostro casi me voy de espaldas, ¡era mi madre!.

En un principio un gran enfado me golpeó la cabeza, me contuve para no lanzármele encima y gritarle lo puta que era, pero después al recordar lo que sucedió en el cine, me calmé ya que le iba a sacar ventaja a la situación, por lo que esperé a que terminara de arreglarse la ropa, y la seguí de lejos, donde me percaté que abordó el metro, y cuando ella entró yo me metí detrás de ella, al reconocerme me preguntó: – ¿Qué haces en este lugar? , por lo que me acerqué a su oído y le dije:- Tú eres la que me tiene que explicar lo que hacías en el cine porno.

Ella palideció y me dijo una vez repuesta de la impresión. – No sé de qué hablas, y yo sólo le dije que no fingiera, acto seguido metí mi mano a mi bolso y le mostré su tanga, ella se puso más pálida que un fantasma, y no articuló palabra alguna, a lo que aprovechando su estupor, le tomé su culo por encima de su faldita, colocando mis dedos en la raja de sus enormes nalgas, mientras le apretaba sus duras carnes, ella me dijo: – Déjame, soy tu madre, a lo que le respondí – No parecías mi madre cuando me mamabas la verga.

Ella sólo guardó silencio, y yo aprovechando que el vagón venía lleno, deslicé mis manos bajo su delgado vestido, tomando sus nalgas directamente y en un rápido movimiento, sin darle oportunidad de nada le volví a introducir un dedo en el ano, ella no emitió sonido alguno, por lo que le dije que si no se convertía en mi esclava, mis hermanas se enterarían de lo golfa que era su madre, ante esto mi madre sólo emitió un leve quejido como de sollozo, mientras hablábamos yo ya había extraído mi pene del pantalón y llevé su mano directo a el, le ordené que me hiciera una paja, a lo que ella sin chistar me obedeció…

Que grato era sentir su cálida mano subir y bajar la piel de mi caliente miembro, una vez que mi pene no podía estar más empalmado, le retiré su mano de mi pene y comencé a frotarlo por el canal de sus nalgas, mientras una de mis manos se introducía por los botones delanteros del vestido para apoderarme de sus paradas tetas, la otra de mis manos le tocaba su depilado coño, el cual aunque parezca mentira ya estaba lubricado por sus fluidos, tanto que ya no logrando aguantarme, acomodé la punta de mi miembro en la entrada de su vagina y se lo metí de un solo empujón.

A lo que ella sólo emitió un quejido apagado, y se inclinó levemente y se paró sobre las puntas de los pies, con lo que me facilitó que mi pene entrara hasta la empuñadura, así escondidos entre el gran número de gente, comencé a bombear a mi madre, lo cual me ponía a mil por dos razones, imagínense follar a su madre y no sólo esto sino para colmo en un lugar atestado de gente, no sé cuánto tiempo follamos a bordo del vagón en movimiento, ya que llegamos a nuestro destino y yo seguía dentro del cálido chocho de mi madre, cuando ella me dijo que me apurara ya que teníamos que bajar, por lo que saqué mi pene y eyaculé fuera de ella, golpeando mis chorros de semen sus enormes nalgas, notando perfectamente cómo se quedaron los hilos de semen en sus carnosas nalgas y con su mismo vestido le limpié su culo lleno de lefa, dejando mojada la tela del vestidito delgado de verano.

Una vez abajo, parecíamos una pareja de enamorados caminando bien abrazados, ya que mi madre después de descubrir que tenía un hijo capaz de darle tanto placer, ya no pensaba desperdiciarme ni un minuto más, nos alejamos por un callejón oscuro, donde la volví a tomar por debajo del vestido, tomando el nacimiento de su culo, y nos prometimos, que de ahora en adelante repetiríamos este tipo de cogidas y que incluso nos platicaríamos nuestras fantasías, para que las efectuáramos juntos, pero ya después les narraré las fantasías de mi madre y mías.

Saludos y dulces pajas.

Autor: T.T.

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En el cine triple XXX

Mi mujer me gritó, quiero que me folle, no te das cuenta que tengo mucha hambre de polla, quiero que me follen bien de una puta vez, quiero correrme de verdad, tu polla es una mierda. Vete y que te jodan y olvídame. En ese momento el tío de mi izquierda me cogió del brazo y tiró de mí dejando a mi mujer con esos tres tíos. Mientras oía como mi mujer gritaba: Sí, así, clávamela, que gusto.

Ese sábado del mes de agosto en el que volvíamos de juerga a eso de las 10:00 de la mañana, no era consciente que mi vida daría un giro impredecible. Mi mujer, de 33 años, iba vestida con unos vaqueros y un top muy ajustados; es una mujer con las formas bien marcadas y aquella noche había salido sin sujetador. Yo tengo 34 años y también con buena presencia, ambos llevamos casados 6 años. Volvíamos a casa después de haber pasado toda la noche de copas y bailando por las terrazas de mi ciudad y según íbamos andando por las calles del centro hablábamos del polvazo que echaríamos al llegar a nuestra cama. Yo me había tirado casi toda la noche empalmado observando a mi mujer marcando pezones y bailando con todos mis amigos y amigas con la sensualidad que le caracteriza.

En una de las calles vimos un cine x que para mi sorpresa ya estaba abierto, en ese momento nos miramos y los dos pensamos lo mismo… ¿Porqué no? Así nos calentaríamos de lo lindo y nuestro polvo sería antológico. Tengo que decir que nunca habíamos ido a una sala x, como todos veíamos porno para calentarnos, pero nunca algo así. Pagamos la entrada entre nerviosos y excitados, y sin soltarnos de la mano entramos en el cine. La sala estaba muy oscura y nos sentamos en la fila que nos indicó el señor de la entrada. Pude ver que había unas cabezas al fondo, pero la sensación era de estar solos de la mitad para adelante. En la película dos fontaneros entraban en una casa en la que sólo había una mujer.

Mi mujer y yo nos fuimos poniendo calientes viendo como la tía de la pantalla daba cuenta de los dos pollones de los fontaneros, en ese momento ya tenía la mano de mi mujer encima de mi paquete y yo luchaba con sus botones para empezar con mi mano en su coñito. En esto estábamos, cuando un tío de unos 50 años se puso a mi izquierda. Mi mujer se puso nerviosa al igual que yo, pero con lo calientes que estábamos ninguno vimos problema en continuar. Así empecé a tocar su coño ya mojado y ella metió su mano para acariciarme, comentándome al oído “estoy deseando llegar a casa para montarte… aunque estaré pensando en una polla como las de la película”.

El señor de mi lado puso su mano en mi rodilla y me dejó paralizado y me preguntó si podía mirar. Yo le dije que no y crucé mis piernas, pero el tío no se marchó. En esto, otro, éste bastante más joven, se sentó a la derecha de mi mujer. Ella instintivamente cruzó también sus piernas y los dos nos quedamos quietos, pero muy excitados. Yo le pregunté a mi mujer si nos íbamos de allí, a lo que ella respondió que esperásemos. Yo estaba notando que cada vez estaba más excitada.

El tío que tenía un aspecto de joven cuidado, con brazos fuertes y manos muy gruesas, comenzó a hablarle al oído, no sé lo que le estuvo diciendo, pero si noté que mi mujer se estaba poniendo cachonda de verdad. Más, cuando el “hijo puta” puso su mano en la pierna de mi chica. Yo le pedí que nos fuésemos, pero me dijo que estuviese tranquilo, que no iba a pasar nada y que sólo la excitaba. El tío no dejaba de decirle cosas y yo seguía con mi mano en su coño. En esto mi mujer separó las piernas y el tío subió su mano hasta tocar la mía y desde ahí subió a sus tetas, ella soltó un gemido, apretando más mi polla. Le volví a pedir que nos fuésemos, pero mirándome me dijo que le metiese un dedo, que estaba muy cachonda y que no me preocupase que no pasaría nada.

Este tío volvió a bajar su mano, esta vez la puso encima de la mía retirándola y desabrochándole más el pantalón. Fue cuando pude notar que sus dedos eran fuertes y gordos; y se quedó en su coño. Pensé morirme aunque mi mujer seguía cogiéndome la polla que ya no movía y que sólo apretaba. Pude notar como el cabrón le metió un dedo por el suspiro que dio mi chica y por lo que dijo en alto: “me está follando con su dedo… y es muy gordo”

Yo no podía entender lo que estábamos haciendo; pero la cosa no terminaba ahí ya que pude ver como mi mujer le estaba agarrando la polla a este hijo de puta y se la estaba meneando. Tengo que decir que era una polla enorme, gorda y larga, de unos 20 ó 25 cms. En ese momento me quise morir, me entraron unos celos terribles, pero mi polla seguía tiesa aunque siendo bastante más pequeña. Le increpé a mi mujer que qué hacía y ella me espetó “disfrutar con una polla de verdad” y que me callara.

Él, se puso de rodillas entre sus piernas, le bajó los pantalones y le rompió las bragas que yo le había regalado meses atrás. Yo le dije que no, que no hiciese nada, que nos dejase en paz. Él ni me miró, sólo se fijó en la cara de mi chica y le preguntó si quería. La respuesta me dejó helado, le imploró que siguiese. Fue cuando el señor que estaba a mi izquierda me dijo: “este tío se va a follar a tu mujer, si no quieres sufrir vámonos”. Yo no me moví y vi como ese hijo de la grandísima puta metió su cabeza en las piernas de ella. Así pude notar como mi mujer se corría con las primeras lamidas, ese cabrón se comió su coño a lo grande, se le veía mamarlo con avaricia. Entonces me di cuenta que había más gente a nuestro lado. Uno estaba sentado al lado de mi mujer y otro estaba detrás de nosotros de pie y con la polla fuera, tocándosela. Este último metió la polla entre mi mujer y yo; vi como la muy puta se la metió en la boca, supuse que con la otra mano pajeaba al otro, por los gemidos que éste daba.

Yo entonces le grité que qué estaba pasando, que por qué me hacía esto, y el que se estaba comiendo su coño levantó la cabeza y sin mirarme le dijo a mi mujer: “Te gustan la pollas de verdad, ¿eh? ¡Tú tienes mucha hambre!, ¡a ti nunca te han follado bien! Yo te voy a follar. Dile que se calle o que se vaya”. Mi mujer me miró mientras mamaba una polla, no me dijo nada… pero con los ojos me pedía que me callase.

Le dije que no, que parase; entonces ese tío le volvió a decir: “Te voy a follar porque lo estás deseando, porque nunca te han follado bien, este gilipollas (por mi) no sabe darte caña, se te nota mal follada, dile que se vaya”. Yo le llamé cabrón, hijo de puta, que qué se creía… y el tío que sólo la miraba a ella le repetía muy calmado: “te voy a follar”, “voy a ser yo quien te reviente”, “te la voy a clavar” “Lo estás deseando”.

Entonces mi mujer me gritó: “Vete a la mierda, quiero que me folle, quiero esta polla, no te das cuenta que tengo mucha hambre de polla, quiero que me follen bien de una puta vez”. “déjame en paz y vete a tomar por culo, quiero correrme de verdad, tú no sabes y tu polla es una mierda.” “Vete y que te jodan y olvídame”. En ese momento el tío de mi izquierda me cogió del brazo y tiró de mí dejando a mi mujer con esos tres tíos. Mientras andaba hasta la parte trasera del cine oí como mi mujer gritaba: “Sí, así, clávamela, que gusto, siiiiiiiiiiiiiiiiiií”

Me sentó en la última fila, desde ahí pude ver como el que llevaba la voz cantante la estaba montando y como mientras ella seguía comiéndose la polla. El que me había sacado de mi chica, se puso de rodillas y comenzó a comerse mi polla, me la puso dura como una piedra, pero antes de que me corriera el  tío eyaculó y se marchó. Me quedé solo mirando como se follaban a mi mujer. No había nadie más en el cine, yo en la última fila y ellos en la parte de delante.

Vi como se sentaba encima del que empezó todo pudiéndome ver de esta forma, mientras otro la metía por el culo ¿a mi nunca me dejó? y seguía comiéndose la polla de antes. Esto mientras gemían y la insultaban a ella y a mí. Yo lejos de estar comiéndome por los celos empecé a estar a mil, con un empalme que nunca he tenido y no paraba de pajearme.

El de su boca se corrió primero y enseguida el de su culo y se retiraron medio vistiéndose. Pero ella no paraba de cabalgar esa polla enorme, no se cuantas veces se corrió. Los que habían terminado vinieron hacia atrás; por lo que decían se dirigían a los baños. Al verme se rieron y uno dijo: “Ya se quien me va a limpiar la polla”. Se acercaron uno por detrás y otro a mi lado, el de detrás me dijo escojonándose: “no puedes tener a una mujer con tanta hambre, haber si aprendes” y me metió su polla en la boca…

No se lo que me pasó, empecé a comérmela, sabía a hombre y me puso más cachondo. El otro me ensalivó el culo y me la clavó de un golpe. Me rompió, grité de dolor mientras veía a mi mujer votando encima de un hijo de puta. Al rato comenzó a moverse sentí la gloría… empecé a gemir como una putita en celo y el que me estaba dando dijo en alto: “a este ya sabemos lo que le gusta”.

Se corrieron casi juntos, noté como se llenaba mi boca y mi culo de leche, la saboreé y me la tragué; tuve el orgasmo más grande de mi vida ya que el que me había estado dando me pajeó hasta que me corrí. Ambos se marcharon a los baños y al salir el que me había follado se acercó y comentó en alto: “Adiós maricona” y acercándose a mi oído me dijo:

“Toma mi número, se que te ha gustado, llámame quiero que te sacies de polla”. En esto mi mujer gritó como una posesa, se corrió como yo nunca he conseguido que lo hiciese, se reía y gritaba al mismo tiempo. Yo me quedé solo viendo como ahora mi mujer se comía la boca con su desconocido. Se sentaron juntos y se les veía riendo y muy acaramelados; al rato, cuando entró en la sala una persona, se levantaron y se marcharon. No miraron hacia atrás.

Un cuarto de hora más tarde salí y me fui hacia casa sin saber que iba a ocurrir; por el camino, todo eran preguntas, miedos y excitación por que me acordaba de las dos pollas que había tenido para mí y que en el fondo me había puesto a cien ver a mi chica follando con una polla descomunal y corriéndose como una cerda.

Cuando llegué la encontré sentada en la cocina despeinada, con el top manchado y con una taza de café. Me miró y tenía una cara de relajación que yo nunca le había visto. Pensé que verdaderamente yo la tenía mal follada y que le había venido de muerte que le echasen un buen polvo. Me dijo riéndose: “No quiero una escena, hoy he descubierto lo que me he estado perdiendo toda mi vida y lo importante que es folla bien y tú no sabes. Yo te amo con mi alma, pero necesito follar y hasta que no aprendas voy a seguir jodiendo con Sergio (así se llama el hijo de puta), hemos quedado esta noche y aquí en casa, si te quieres quedar y aprender será calladito, sino vete a donde te de la gana”. Yo me puse flamenco y le dije que también quería llamar a alguien, a lo me respondió: “Vale, pero nosotros nos quedaremos con la cama”.

Podéis suponer a quien llamé yo…nos fuimos a la cama ella haciéndose la cansada y ante mi insistencia sólo me dejó que le comiese y limpiase el coño con mi lengua, sabía a otro… estaba muy abierta…se corrió casi a desgano… y a mi me gustó su nuevo sabor. Lo que ocurrió aquella noche fue la hostia…

Gracias por leer mi historia…

Autor: panterarosa69

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Mi primer trío

El se la empezó a meter y a mí me pegaba otra mamada, luego vi que él le metía el dedo en su hoyito trasero, y me indicó: tú por adelante y yo por atrás. Me acosté en el asiento, ella se me subió como si fuera a cabalgar, se la ensarté cosa que ella deseaba, y después de tenerla bien adentro, él se puso detrás de ella y se la dejó ir por atrás, estaba como loca gimiendo y pidiendo más.

Esto me sucedió en México DF, de donde soy originario. Me llamo Juan y en ese tiempo tenía 24 años, me gusta mucho el cine y fue ahí donde tuve mi primer trío.

Si mal no recuerdo era un viernes que salía de la universidad y decidí entrar a un cine normal a ver una película de estreno. Me ubiqué en la parte de atrás en el centro que es el mejor lugar para ver una película. A pesar de ser un estreno no había mucha gente. Si acaso algunas 50 personas. La mayoría ubicada en la parte de en medio y una que otra al menos 2 filas de los asientos de enfrente de mí.

Yo no conocía nada de tríos, ni de encuentros sexuales grupales, ni de parejas que buscaban sexo o roces en lugares públicos. Por lo que se hizo normal que a un asiento de mí se sentó una pareja, ella vestía una falda corta a la altura de las rodillas, no llevaba medias, una camisa de botones y una gabardina que le cubría el cuerpo y la hacía pasar desapercibida cuando estaba parada o caminando. Lo noté porque se paró a algún lugar. Cuando se sentó se quitó la gabardina y la recargó en los asientos de enfrente. Después sabría el por qué enfrente y no en el asiento libre de al lado, además este cubría bien su pantorrilla y piernas. No era una gran mujer, pero si tenía unas piernas muy bien cuidadas y torneadas, en pocas palabras piernuda, aunque sus pechos eran medianos. Lucía atractiva la chica. Él se me hizo de lo más normal, como de 1.75, complexión normal, vestido formal para un fin de semana.

Desde que llegaron se decían palabras de te quiero, chiquita, etc., se daban besos y noté que cuando ella se paró a comprar, él le dio una nalgada. Yo seguí en lo mío esperando el comienzo de la película. Cuando empezó la película, se apagaron las luces y durante la mitad del transcurso de la misma, veía como se besaban y se abrazaban de lo más normal, pero había algo raro en el movimiento de piernas que ella realizaba. Las cruzaba, las descruzaba y las abría, echaba el cuello para atrás en algunos momentos. Fue entonces cuando mi mente empezó con pensamientos lujuriosos de que podría estar pasando. Por lo que de reojo volteaba y ponía más atención tratando de ver lo que pasaba. Este juego de ver e imaginar me estaba poniendo caliente. Así hasta que terminó la mitad de la película y por lo tanto el intermedio para que la gente consumiera en el cine.

Él se levantó al parecer al baño. Cuando salió pude notar que la falda de ella estaba más arriba de lo normal, y cuando se sentó la falda se recorrió por el mismo acto de sentarse. Pude ver que tenía unas piernas bien depiladas. Ella me preguntó la hora, le di la hora y me dijo: “¿hace calor verdad?”, yo en mi mente dije ¿calor?, si el aire acondicionado estaba al máximo ya que yo tenía frío. Le contesté “si algo”, ella me preguntó: “¿y te está gustando la película?”  “Si, la mejor parte fue cuando hacían el amor”. Ella sólo sonrió.

En ese momento llegó su pareja y yo deseaba verla parada de nuevo y contemplarla completita con lo caliente que estaba. Ella se paró le dijo algo a él y se fue, él se corrió al asiento de ella y pensé que se había molestado y por eso le hizo el comentario a él de que se corriera. Pero cuál fue mi sorpresa que al regresar ella se sentó en medio de los 2 entre el asiento que había entre su pareja y yo. Otra vez puso su gabardina enfrente de los asientos y cubrió sus piernas. Al empezar la película disimuladamente abrí mis piernas e intenté pegarlas a las de ellas con la intención de tocarla, lo logré y ella no dijo nada. Ellos empezaron de nuevo a besarse y en un movimiento levantó su pierna izquierda y la cruzó sobre la derecha y al mismo tiempo se volteó para abrazarlo a él. Al hacer esto, su falda dejó descubiertas sus piernas y muslos que al verlos me calentó más.

Dudando coloqué mi mano derecha en el descansa manos, pasaron al menos 5 minutos cuando él la abrazó fuerte repegándola a él y fue ahí cuando pude contemplar su trasero y su tanga que se empezaba a hundir entre sus nalgas. Me quedé viendo sus piernas y nalgas durante 10 ó 15 minutos hasta que ella regresó a su posición original y abrió sus piernas, las cuales quedaron pegadas a las mías. Decidí entonces meter mi mano bajo la gabardina y empecé a rozarla con un dedo, luego con dos, como no decía nada y ambos miraban la película. Decidí tocarla con mi mano completa y si acaso esperar un insulto o reacción. Lo cual para mi sorpresa no pasó, al contrario ella abrazó a su pareja en la posición anterior de cruzar la pierna y dejar descubiertas sus piernas y le comentó algo a él. Yo al ver eso decidí acariciarle con más confianza su pierna.

Estaba temblando, sentir la piel de alguien en un momento y lugar que no esperabas me ponía a mil. Recorrí sus piernas, las sentí muy suaves y fuertes, toqué sus nalgas, ella seguía abrazando a su pareja y no decía nada, al ver su tanga decidí quitársela, me giré para tener más alcancé en medio de sus nalgas y empecé a recorrerlas hacia abajo ella al sentir, entendió lo que quería hacer, se tapó con la gabardina, sólo la jaló para cubrirse, se levantó un poquito del asiento y logra bajársela hasta la mitad de sus piernas, pero se atoró y no pude bajarla más, entonces noté como del otro lado él también le estaba bajando los calzones enfrente de mí y en acuerdo con lo que pasaba. Ya con eso le quitamos la tanga, ella volvió a su posición original y empecé a acariciarle la parte de arriba de sus, que deleite el mío con esa mujer ajena. El hacía lo mismo. Ella solo se recargo hacia atrás disfrutando el momento.

Abrí sus piernas y acaricié desde su pantorrilla hasta llegar a su puchita, se notaba que lo estaba disfrutando ya que tenía los ojos cerrados y emitía exhalaciones de aire muy seguido, noté que estaba húmeda, depiladita, suave. Con un dedo acariciaba su interior, él acariciaba sus pechos encima de su camisa desabotonó un botón y metió su mano para acariciar su pecho. Todo en un ambiente de discreción y calentura para que los de adelante si volteaban no notaran nada. Ella tomó la gabardina y se tapó, por lo que pudimos acariciarla por donde se pudiera. Los tres estábamos muy calientes. No decíamos ninguna palabra. Ella con sus manos acariciaba mi pierna y la de él, intentó bajarme el cierre, pero con una mano y la posición no pudo. Yo bajé el cierre y saqué mi pene que estaba bien parado y con flujos. Ella lo tomó entre sus manos y lo apretaba, subía y bajaba su mano, me sentía explotar. Era algo increíble.

La gabardina tapaba todo lo que pudiera estar pasando. Al finalizar la película nos acomodamos, ella se quedó sin su tanga, se puso su gabardina y todo normal. Fue cuando ella le comentó algo a su pareja y me dijo: “nos acompañas”, yo sin saber que decir sólo dije que “si”, “síguenos”. Ella pasó al sanitario, al igual que nosotros, al salir él me sonrió. Yo los seguía al lado sin decir nada, ellos sólo reían y se abrazaban. Al llegar al auto del estacionamiento. Él me preguntó: “¿cómo te llamas?” “Juan” le dije. “Mucho gusto” contesto él. “Somos Miguel y Erika vamos a nuestra casa en x, ¿tienes algo que hacer?” “No” contesté, ella se acercó y me dijo: “qué bueno; te invitamos algo en nuestra casa”. Acepté y me subí a su auto.

Ella se subió conmigo en la parte trasera, se quitó la gabardina, ya en transcurso a su casa, me dijo que la había puesto muy caliente que si no quería seguir haciendo lo mismo. Le dije que sí. Pero en esta ocasión ella se sentó, pero con los pies estirados en el asiento y recargada a la ventana. Me dijo: “aparte de que me acaricies me puedes dar un masaje”. “Claro” le dije. Le quité los zapatos y me dejó ver unos pies bien conservados, uñas bien pintadas y alineadas, empecé un masaje suave como acariciando sus pantorrillas, después puse un poco de presión para hacerla sentir relajada y sentir lo fuerte de sus pies, subí a sus piernas y realicé lo mismo, primero desde sus pies suavemente hasta la mitad de sus piernas, ya que ella traía la falda, después me arrimé hacia ella y coloqué sus piernas sobre las mías y le empecé a masajearlas y comencé a subir su falda, pude contemplar sus piernas, suaves, fuertes, vi que se había puesto de nuevo su tanguita, de color azul, con bordes blancos.

Acaricié sus piernas con más fuerza y después sólo las acariciaba, empecé a acariciar su puchita encima de su tanga, que ya estaba mojada, después la hice a un lado y pude ver su puchita blanca, depilada, húmeda, introduje uno de mis dedos dentro de ella y me jaló la mano para que entrara lo más posible. Él seguía conduciendo y de vez en cuando veía por el retrovisor lo que sucedía. En un instante en que verifiqué que no había autos o gente observando. Levanté sus piernas sobre mi hombro y me introduje entre ellas para saborear sus ricos jugos, le lamía su clítoris, le metía un dedo luego 2, la mordía, le apretaba sus pechos, me la quería comer ahí mismo. Pasaron como 20 minutos cuando él dijo: “listo ya llegamos”. Estábamos en una casa mediana con estacionamiento propio. Yo pensé que bajaríamos y realizaríamos algo adentro, pero ella dijo: “no te vayas sigue en lo que estabas”.

Con la calentura que tenía me volví a meter entre sus piernas a seguir chupando esa cosa rica, el abrió la puerta del lado de ella y le empezó a tocar los pechos, le quitó la camisa, y la dejó sin sostén, yo hice lo mismo con su falda y tanga. Estaba completamente desnuda. Se acostó colgando su cabeza en el asiento, le bajó el cierre del pantalón y le empezó a mamar a él, así estuvimos como 10 minutos, pausándonos yo para respirar, ella también y él para no venirse. Después ella dijo: “déjame probar lo que toqué en el cine”. Me hizo sentarme, me bajó el cierre y empezó a lamerme el pene, después de limpiarme mis flujos iniciales se lo metió en la boca y me dio una rica mamada, su pareja le metía el dedo en su puchita y en su culito, ella lo disfrutaba ya que gemía. Le dije que ya me iba a venir y me pidió que aguantara para que se la metiera.

Se acomodó en el asiento en 4 patas y él se la empezó a meter y a mí me pegaba otra mamada, luego vi que él le metía el dedo en su hoyito trasero, y me indicó: “tú por adelante y yo por atrás”. Me acosté en el asiento, ella se me subió como si fuera a cabalgar, se la ensarté cosa que ella deseaba, y después de tenerla bien adentro, él se puso detrás de ella y se la dejó ir por atrás, estaba como loca gimiendo y pidiendo más, así estuvimos por 5 minutos y por el peso de los 2 les dije que intercambiáramos. Él le daba por adelante y yo por atrás, así estuvimos hasta que ella se vino gimiendo, después yo en su hoyito y luego él en su puchita.

Terminamos cansados, me salí del auto para cambiarme, ella se vistió dentro del auto, al igual que él, nunca entré a su casa, lo hicimos en el estacionamiento de su casa dentro del auto. Ella me dijo que le había gustado la aventura, me dio las gracias por haberlos acompañados. Me dieron un aventón cerca de donde vivo y fue toda una aventura para mí. Todo en silencio, todo con discreción, pero un gran momento de sexo.

Al día de hoy he buscado algo parecido, pero no se ha dado. Sólo otras aventuras que he tenido a partir de descubrir los tríos e intercambios. Espero encontrar alguna pareja de México, DF, que busque algo parecido y poder volver a repetirlo. Espero comentarios de estas vivencias mías.

Autor: Juan

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Protagonista real de un relato

Me sentía en el cielo, olvidando donde estaba, completamente desnudo, me sacó el pene del culo, noté un gran vacío, me ardía, me palpitaba, me besó en la espalda y se marchó. Yo seguí mamando la enorme polla que tenía en la boca, la saboreé en todo su esplendor, hasta que explotó dentro de mi, otra vez volví a sentir el sabor dulzón de antes, no dejé escapar ni una gota, me entretuve con ella hasta que quedó completamente limpia.

Era tal mi obsesión que un buen día me decidí a acudir al único cine porno que hay en mi ciudad, con la intención de volverme el protagonista de uno de esos relatos que tanto me hacían fantasear y que me ponían a 100. Serían aproximadamente las 11 de la mañana, el cine ya estaba abierto y pasé a la sala, proyectaban una película en la que tres hombres a la vez estaban disfrutando de una sola mujer y esta gemía como loca. Me senté en la penúltima fila en el centro, el cine esta prácticamente vacío, supongo que por lo temprano de la hora y me puse a disfrutar de la película, No pasó mucho tiempo cuando un hombre, de unos 50 años, se sentó a mi lado derecho, yo ni lo miré, seguía con mi mirada fija en la pantalla, pero por mi cabeza pasaban una y otra vez esos relatos que me obsesionaban y mi excitación fue en aumento, él supongo que se daría cuenta porque sin mediar palabra y sin permiso apoyó su mano sobre mi abultado paquete, yo seguí con la mirada fija en la pantalla y separé mis piernas en sentido de aprobación, entonces él inició un masaje por encima de mi pantalón que me excitaba de sobremanera.

Cuando creyó suficiente su masaje y notó que mi pene estaba a punto de explotar, desabrochó el pantalón y metió su mano por dentro de mis calzoncillos, agarrando mi miembro con fuerza, con su dedo pulgar me acariciaba el capullo, que estaba totalmente lubricado debido a mi enorme excitación, “¿Te gusta, putita?” me susurró al oído, yo estaba inmóvil  no contesté,  volvió a insistir, “no te he oído, putita,¿ te gusta que te acaricie?” entonces sin mirarle y con los ojos fijos en la pantalla conteste “si”, ¿quieres que siga?, me preguntó, y volví a responder “si”, ¿vas a ser mi putita obediente? esta vez tardé en contestar, tenía miedo pero la excitación del momento me hizo responder de nuevo con un monosílabo “si”

Está bien putita, dijo él, dame tus calzoncillos, quiero olerlos, yo seguía inmóvil, venga date prisa putita, no tenemos todo el día, volvió a repetir, yo mecánicamente levanté el culo del asiento, bajé mis pantalones y calzoncillos hasta mis rodillas, volví a sentarme y seguí bajándolos hasta los tobillos, saqué mis zapatos y con los pies me quité ambas prendas, me agaché a coger los calzoncillos se los entregué y cuando me disponía a volver a ponerme los pantalones me dijo, no te los pongas, así estarás más cómodo, quiero que abras bien esas piernas para mi, puta,  dejé mis pantalones en el suelo y separé todo lo que pude las piernas, él disfrutaba de mis testículos y mi pene, acariciándolos con ambas manos y yo disfrutaba como loco de aquella situación, estaba absorto con lo que me hacía, y de repente noté que alguien nos miraba, miré y vi que otro hombre, cuatro asientos a mi izquierda, estaba disfrutando más de nuestro espectáculo que él de la pantalla, instintivamente me incorporé para intentar taparme y susurré, nos miran, él contestó: mejor putita, más morbo, vamos a enseñarle lo puta que eres.

Con su mano izquierda me volvió a empujar contra el respaldo y me dijo: obedece y no te muevas, y como si sus palabras fueran órdenes inquebrantables me recosté sobre el asiento y permanecí inmóvil, a sus caprichos y a las miradas del otro, empezó uno a uno a desabrochar los botones de mi camisa a la vez que seguía acariciando mi pene, de reojo yo miraba a nuestro espectador que no nos quitaba ojo y se tocaba su paquete por encima del pantalón, acariciaba mi pecho y pellizcaba mis pezones, y me susurró al oído, quítate la camisa, y otra vez sus palabras fueron órdenes, me quité la camisa y la dejé en el suelo junto a los pantalones, estaba completamente desnudo en un cine, a merced de un hombre al que no conocía y con un espectador invitado, las excitación era brutal, jamás me había sentido tan cachondo, tan salido y porque no tan puta.

Muy bien dijo él, veo que si vas a ser una buena putita obediente, se agachó hacia mi pene y se lo introdujo en la boca haciéndome una extraordinaria mamada, yo la disfrutaba a la vez que me erguía para que mi espectador pudiera vernos, con la excitación clavé mi mirada en nuestro espectador y mecánicamente sin querer hacerlo recorrí mis labios con la punta de la lengua, no era mi intención pero el lo interpreto como una invitación a nuestra pequeña fiesta, se levanto y volvió a sentarse pero esta vez en el asiento de mi izquierda y empezó a acariciar mi pecho y mordisquear mis pezones, allí esta yo completamente desnudo, entregado a dos hombres, en un cine porno, mientras uno chupaba mi poya otro me mordisqueaba los pezones, el que me la chupaba se levanto y me dijo ahora te toca a ti, veo que has invitado a nuestro amigo, eres mas puta de lo que pensaba, venga chúpamela, que hoy vas a tener suerte, jamás había chupado una poya, pero tampoco jamás había estado como estaba y además algo tenía que sus palabras siempre eran órdenes, me agaché, desabroche su pantalón, no tenía calzoncillos así que su pene salió disparado, era normal como el mío más o menos, y me lo metí en la boca.

No me disgustó el sabor, al contrario, aun me excitaba más y la textura suave de su capullo me enloquecía así que me centré en hacerle una buena mamada como las que me hacía mi novia, mientras mi otro desconocido empezaba a jugar con un dedo alrededor de mi ano, introdujo la punta y no me dolió como había leído en los relatos, al contrario, me producía un placer nuevo muy, muy agradable, así que le puse mi culo en pompa para que siguiera metiendo el dedo hasta el fondo, mientras yo seguía mamando la poya del otro hombre al que le había dicho que iba a ser su putita. Estaba super excitado, mi pene babeaba como nunca, aquella poya en mi boca me volvía loco y para rematar la faena otro hombre me estaba metiendo ya dos dedos por el culo generándome doble placer y de paso con la otra mano me masajeaba mi miembro.

Al que se la chupaba me dijo, basta, que voy a correrme y quiero que ese culo de puta que tienes sea mío, ponte a cuatro en el suelo que voy a follarte como a una perra, y volví a obedecer sin rechistar, me puse a cuatro entre los asientos, con mis piernas separadas y mi culo a su disposición, apoyó su capullo en mi ano y poco a poco fue introduciéndolo, esta vez si dolió, iba a gritar cuando el otro hombre me metió su pene en mi boca, ya no podía gritar y de un empujón lo metió hasta el fondo, se quedó quieto, yo también estaba inmóvil paralizado por el dolor y mientras el otro me follaba la boca, con un vaivén que hacia que su capullo pasara mi garganta, el que estaba detrás empezó a moverse, a follarme, el dolor poco a poco fue pasando a placer, y ya el movimiento era más mío, movía mi cuerpo de adelante a atrás, para sentir placer por detrás y seguir mamando la poya que tenía en mi boca, así estuve un buen rato, hasta que me volvió a ordenar: date la vuelta putita que quiero llenarte la boca de leche, y yo volví a obedecer sin respetar al que se la estaba mamando, me di la vuelta y empecé a mamar aquel pene que había tenido dentro de mi culo.

Mientras el otro hombre me introdujo su pene por el ano, yo estaba como antes, con mis agujeros llenos, solo que habían cambiado de posición. No tardó mucho en correrse en mi boca, me la llenó de leche, el sabor esta vez era diferente, ya no era salado, era más bien dulzón no me disgustaba, el ordenó de nuevo, trágatela toda puta, yo volví a obedecer, me la tragué toda, le limpié el capullo con la lengua le saqué hasta la última gota, entonces se levantó se subió los pantalones y dijo es tu turno y se marcho, yo pensaba que lo decía por el que me estaba follando el culo, pero no fue así, otra polla, esta más grande que la anterior se metía en mi boca, y yo empecé a chuparla, me pareció más rica que las anteriores, el que tenía detrás empezó a follarme más rápidamente, noté que se iba a correr, entonces yo empecé a moverme también más rápido, no se que hice ni como, pero de repente empecé a correrme a la vez que se corría dentro de mi culo.

Creo que debí poner los ojos en blanco de tanto placer y no poder gritar al tener mi boca ocupada con otro pene, solo de recordar aquel orgasmo se me eriza el bello de todo el cuerpo, estuvo todavía un rato dentro de mi, mientras yo disfrutaba de mi nueva polla en la boca, me sentía súper puta, nunca había estado con un hombre, en un rato ya había probado tres pollas y las tres me gustaban, había tenido un orgasmo increíble sin haberme tocado, me sentía en el cielo, olvidando donde estaba, completamente desnudo, me sacó el pene del culo, noté un gran vacío, me ardía, me palpitaba, me besó en la espalda y se marchó.

Yo seguí mamando la enorme polla que tenía en la boca, la saboreé en todo su esplendor, hasta que explotó dentro de mi, otra vez volví a sentir el sabor dulzón de antes, no dejé escapar ni una gota, me entretuve con ella hasta que quedó completamente limpia, se levantó y se fue, a este ni siquiera le había visto la cara, luego yo me vestí, al salir del cine oí una voz que me preguntó: ¿Lo has pasado bien putita? era el primer hombre la que obedecía sin rechistar, acompáñame que eres mía y tenemos una fiesta mejor, pero eso ya es otra historia.


Autor: anaemi

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Anécdota de Acapulco

Se fue directamente a mi verga y la empezó a chupar, primero poniendo su lengua en la punta de mi verga, y poco a poco la fue metiendo hasta tenerla toda adentro, Paco aprovechó y se la metió desde atrás, los tres tomamos un ritmo sincronizado, él se la sacaba de la vagina y yo se la metía en la boca, y viceversa.

La siguiente anécdota me sucedió cuando vivía en la Cd. de Acapulco, México, escribí un artículo para ser publicado en una revista erótica de relatos, en el cual platicaba de mis aventuras con mis primas, publicaron también mi dirección de correo, a los 20 días de que se publicó recibí carta de Francisco, en la cual me enviaba su número telefónico para que me pusiera en contacto con él, ya que estaba interesado en que saliéramos a conocernos junto con su esposa, haciendo la aclaración de que él era 100% hetero y que lo único que le interesaba era que platicáramos de nuestras experiencias sexuales, ya que a su esposa le había excitado mi historia.

Lo llamé y quedamos de encontrarnos en el hall de un cine en la parte céntrica de esta ciudad, llegué a las 7:00 PM., hora acordada para nuestro encuentro, había varias personas en la sala, algunas parejas estaban en la dulcería, otras personas se paseaban solas, al parecer yo era el único hombre solo que paseaba por ahí, lo que para ellos sería fácil identificarme, después de unos minutos reparé en una mujer que estaba sentada en uno de los sillones frente a la dulcería, me pareció atractiva, estaba analizando y dando el visto bueno cuando llegó su pareja, ella debió de hacerle alguna seña de aprobación a su pareja con respecto a mí ya que él se dirigió de inmediato hacia donde yo estaba y saludándome me dijo que era Francisco.

Lo saludé y fuimos al encuentro con su esposa, a la que llamaré Bety por razones obvias, nos presentamos y mientras eso sucedía Francisco se encaminó a la taquilla a comprar los boletos, mientras ella y yo comentábamos de cuál sería la película que íbamos a ver, Paco regresó y nos dirigimos a la sala en la cual se encontraban solo 6 ó 7 parejas, el cine era antiguo o sea que la sala era demasiado grande y se veía totalmente vacía, nos fuimos hacia la parte trasera, donde no había nadie, mientras empezaba la película estuvimos platicando de nuestras profesiones y donde trabajábamos, él decidió dejarnos mientras iba a la dulcería por unos refrescos, yo seguí platicando con Bety, y observando detenidamente su anatomía, su estatura como de 1.60, el color de su piel apiñonada, pelo corto hasta los hombros de color negro, sus piernas bien formadas sin medias, (en esta ciudad no se usan por el calor), y de cara agradable.

Bajo el vestido se podían apreciar un par de tetas bien formadas y levantadas. Al poco tiempo llegó Paco y continuamos la plática de pronto la luz se apagó y comenzó la película, ella quedó en medio de los dos, Paco me dijo que tocara a Bety y a ella le dijo que me sacara la verga, yo dudé un poco, pero me puse a acariciar sus piernas, al poco tiempo le estaba acariciando las tetas y ya tenía una de mis manos acariciándole el clítoris, y ella con sus piernas abiertas me masturbaba, mientras Paco, observaba como gozaba su esposa, y le acariciaba de vez en vez las piernas o las tetas, cuando yo dejaba de hacerlo, él a su vez se masturbaba, era excitante lo que estaba pasando era mi primera experiencia de este tipo y yo estaba bien caliente.

Así nos pasamos casi toda la película, ella se vino 2 veces mientras le chupaba la conchita, y la acariciábamos las tetas entre Paco y yo, cuando me vine ella limpió mi verga con un pañuelo que le pasó Paco, así salimos del cine. Como yo no había llevado mi coche, ellos se ofrecieron a darme un aventón a mi casa y quedamos de que nos pondríamos en contacto para volver a salir, pasó una semana y me volvió a llamar Paco, me platicó que su esposa quería ir de nuevo al cine, y me hablaba para invitarme, nos encontramos cerca de su casa y nos dirigimos al cine de nuestro primer encuentro.

Salimos otro par de veces y sucedía lo mismo siempre, él comentaba que su esposa quería tomar un poco más de confianza para poder ir a otro lugar, donde pudiéramos estar a gusto sin ser observados por algunos mirones que iban al cine a observar parejas mientras se masturbaba, cosa que pudimos observar en varias ocasiones.

Pasaron algunos días y me llamó Bety para decirme que querían verme, me dijo que nos veríamos en cierta calle y como referencia me dio el nombre de un hotel que yo veía de pasada al trasladarme de mi trabajo a la casa, y el cual sabía que no era turístico, ellos llegaron 20 minutos tarde lo que me hacía pensar que se habían arrepentido, como nunca habían llegado retardados yo estaba a punto de retirarme cuando vi llegar su auto, me bajé de mi auto y me acerqué a ellos, me dijo Paco que los disculpara que él había llegado tarde de trabajar y que ese era el motivo de su retraso, me dijeron que dejara mi auto ahí estacionado y que me subiera al suyo, les pregunté donde iríamos y me contestó Bety que no sabían donde iríamos, pero que ya lo decidiríamos.

Me subí al auto y Paco se dirigió al hotel que me habían dado como referencia, los dos voltearon a verme y yo únicamente sonreí, nos metimos al estacionamiento del cuarto y se bajó a pagar la habitación al tipo que cerró las cortinas, después nos bajamos Bety y yo, subimos los tres al cuarto abrazando a Bety, de la cintura y acariciando sus nalgas, las cuales olvidaba decir que las tenía bastante apetecibles, llegamos al cuarto y como no iba yo preparado para ese tipo de encuentro llamé a recepción y pedí que me llevaran una caja de condones, cuando llegó el tipo se quedó paralizado ya que no se había dado cuenta de que yo iba en el auto, y al vernos a Bety y a mí en el cuarto, Paco estaba en el baño, se llevó un gran desconcierto al ver a una persona diferente a la que le pagó, volteaba para todos lados para encontrar a la persona que le había pagado.

Bety se le quedó viendo y se rió, mientras él más desconcertado me daba las gracias después de entregarme el paquete de condones, y se marchaba, tuve que hacerle notar que aún no le pagaba, regresó y le di una generosa propina que aún lo desconcertó más, cerró la puerta y apareció Paco que nos encontró riéndonos de lo que había pasado, después de platicarle procedimos a desnudar a Bety, ella iba preciosa con un vestido corto como siempre acostumbraba a llevar, una tanga pequeña la cual hacía resaltar sus grandes nalgas, y un brassier que hacía juego con la tanga, las dos prendas de color blanco casi transparente, la recostamos sobre la cama y mientras yo me desvestía ella me observa, cuando terminé Paco me hizo una seña para comenzar.

Emprendí besando sus tetas encima del brassier, ella empezó a temblar, bajé mi mano y la metí bajo sus bragas y sentí un gran bulto, era su vagina con una gran mata de pelos, estaba completamente mojada, estaba muy excitada y me pedía que le mordiera los pezones, mientras su esposo nos observaba.

Paco le dijo a Bety que me la chupara, ella lo volteó a ver sin saber si realmente eso era lo que le estaba pidiendo, él le confirmó y se fue directamente a mi verga y la empezó a chupar, primero poniendo su lengua en la punta de mi verga, y poco a poco la fue metiendo hasta tenerla toda adentro, Paco aprovechó y se la metió desde atrás.

Bety volteó a ver qué pasaba, los tres tomamos un ritmo sincronizado, él se la sacaba de la vagina y yo se la metía en la boca, y viceversa, de reojo pude ver como Paco volteaba al techo, me desconcertó esto ya que a él le gustaba observar cómo me cachondeaba a su esposa, pero al voltear me di cuenta que había espejos en el techo y no perdía detalles de lo que estaba sucediendo.

Bety se vino en un orgasmo casi interminable, pidió descansar un poco, estuvimos recostados no más de 3 minutos cuando iniciamos el ataque, ahora ella estaba boca arriba y yo se la estaba metiendo de frente con sus piernas recargadas en mis hombros, él estaba frente a mí a la altura de la cabeza de Bety, ella tenía su verga en la boca y él le tocaba las tetas.

Seguíamos viéndonos aproximadamente cada 15 días, nos íbamos al hotel o al cine y hacíamos gozar a Bety entre los dos. Ahora que me regresé a vivir a la ciudad de México, perdí el contacto con esta pareja, pero cuando vuelva a Acapulco iré a visitarlos a su casa.

Autor: mauriciovrmx

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Sesión golfa

Siguió chupando metiéndose todo el palo hasta la garganta, mientras sentía que una de mujer la hacía disfrutar, lamiendo y mordisqueando su clítoris hinchado y deseoso de explotar. Así estuvieron unos minutos hasta pudo sacarle toda la leche al hombre que tenía en su boca y exprimirle la verga, mientras llegaba a otro orgasmo con la mamada que le daba la mujer en su concha.

Mi esposa no estaba muy acostumbrada a este tipo de cosas, pero me latía que le simpatizaba la idea. Cuando hacíamos el amor le hablaba al oído de la posibilidad que estuviera entre nosotros otro hombre o dos más y le encantaba. La notaba que se ponía más caliente y me pedía que le pusiera la verga en el culo porque quería más.

Nunca lo hacíamos y al final quedaba todo olvidado, pero la siguiente noche volvía el fantasma de la lujuria y mientras veíamos un video caliente, era evidente que le encantaba la parte donde un tipo de raza de color, con una verga de unos 23 cms. se dejaba que una chica rubia se la chupara, se la hiciera crecer y luego se la deslizara primero por su húmeda rajita caliente y después por el culo. Ella comenzaba a excitarse fuertemente y me daba la impresión que deseaba ser la protagonista de la película.

Poco faltaba para que se lanzara sobre la pantalla para ayudarle a la rubia con la faena que le hacía al moreno. Ella es rubia, de mediana estatura, caderas apetitosas y unos pechos sensacionales, grandes, duros y con unos pezones pequeños, pero sabe que cuando los muestra, aunque sea con una blusa ajustada, los muchachos y los hombres la ven con deseo y no dudo que más de una vez se haya humedecido en su sexo cuando la ven con insistencia y algún atrevido, cuando no me doy cuenta, se chupa los labios mientras le ve los pechos.

Aunque ella es muy discreta, no dudo que disfrute eso. Me lo ha dicho y creo que ha puesto algunos miembros duros por la calle cuando la ven y le ven el trasero en sus faldas cortas.

Un día le propuse que dejáramos los niños en casa de su hermana para ir al cine por la noche. No le dije qué película veríamos, pero dirigí mi coche a un lugar un tanto retirado del centro de la ciudad, donde algunas veces cuando joven, ahora tengo 34 y ella 29, me gustaba ir a ver filmes calientes. El cine no era cómodo, ni mucho menos; el aire ni siquiera funcionaba bien y se sentía calor. Era verano y hacía calor. la sala estaba casi vacía.

Dudó un poco en entrar, pero al fin lo hicimos. Ella llevaba una falda negra, corta, arriba de la rodilla, una blusa de botones floreada, tacos altos, sin medias. Sus piernas torneadas por el gimnasio eran un manjar para cualquiera. Nos sentamos y la película recién había comenzado. Sin tema alguno, sexo puro. Eran tres chicas vestidas de monjas que manoseaban a un hombre vestido de sotana café como monje franciscano, al cual ya había dejado casi desnudo; le había levantado el hábito y las tres se afanaban por excitarlo, aparentemente, contra su voluntad.

A los pocos minutos de estar viendo la peli, ella y yo ya estábamos intercambiando besos y algunos toqueteos; mi brazo por encima de su hombro pellizcaba uno de sus pezones, que ya estaba duro y ella me ofrecía su lengua traviesa que entraba en mi boca cada vez más profundo y toca mi verga que estaba endureciendo.

Una pareja que estaba a nuestro lado, de unos 25 años él y ella un poco mayor, de unos 35, estaban en lo mismo. Salvo que ella, morocha, de cabello corto, delgada, tenía su vestido de botones al frente y abajo de la rodilla, abierto en su parte media y él metía la mano, goloso, hurgando en el sexo de ella. Estábamos en la parte trasera del cine y no dudo que premeditadamente hubiesen ido a sentarse atrás, donde estábamos nosotros.

La chica descaradamente sobaba la verga de su pareja mientras me veía a mí besar a mi esposa y tocarla ya con la mano dentro de la blusa y la otra entre sus piernas. La luz de la película nos daba en el rostro y veíamos nuestras caras perfectamente. Lo besaba y sonreía. Entre Dalia, mi esposa y el tipo había un asiento vacío, pero la cercanía era evidente; los gemidos de ella, nos llegaban y más nos excitaba. Ya la película ni la veíamos, estábamos en lo nuestro.

De pronto, muy disimuladamente el tipo se brincó un asiento y pasó a estar casi a centímetros de mi esposa mientras tocábamos. La chica se paró y le dijo algo al oído de que iba al tocador. Al pararse me guiñó un ojo a mí y sonrió mi esposa.

Para entonces, yo continuaba besándola y metiendo la mano entre su sexo, primero dos dedos que luego saqué y los metí en mi boca para saborearla y continué masturbándola y ella gimiendo. Ya me había sacado mi herramienta que estaba gruesa y dura y crecía cada vez más y la acariciaba.

– ¿Te gustaría tener otra verga, mamita?, le dije al oído.- Noooo… esteee…. siiiii, quiero otra más, dos, tres más… estoy ardiendo, papito.- ¿Donde la quieres chiquita, ya tienes una en la mano, ahorita me la vas a mamar y luego te le voy a enterrar toda…. ¿quieres otra, como esa?

Le hice girar la cara y vio que el tipo había abierto su pantalón y se la mostró. Gruesa, más grande que la mía y casi en pie de guerra.

Entrecerró los ojos. Extendió la mano y la tomó; la pulsó, y se la quería comer con la mirada. Se aproximó al tipo, le pasó la lengua por los labios y se volvió para comenzar a chupar mi verga y a masturbarlo a él; comenzó a chupar más y cada vez más fuerte hasta casi hacerme terminar y al mismo tiempo jalaba fuertemente masturbando a su compañero.

El le quitó la mano, se deslizó hacia el espacio entre los asientos, le abrió gentilmente las piernas, mientras ella no dejaba de chupármela a mi, le hizo a un lado la tanguita de encaje negro que traía y le comenzó a chupar su sexo, a darle lengüetazos furiosos en su panocha caliente mientras ella seguía gimiendo y tratando de exprimir mi palo ardiente. Siguió chupando aprisionando su clítoris con sus dientes y metiendo la lengua en su sexo hasta hacerla terminar y tener un tremendo orgasmo que pudo disimular con un gemido sin soltar mi verga con su boca.

Siguió chupando furiosamente y subiendo y bajando su mano hasta que logró hacerme estallar y pudo tragarse toda mi leche… hasta la última gota. Mientras, seguía gozando de la lengua del joven que seguía lamiendo su cosita caliente y limpiándola a lengüetazos.

– Paaapi, que ricoooooo.

Se incorporó, mientras el tipo volvía a su asiento, con la verga en la mano y se la mostraba orgulloso. Se sentó en el reposa brazos para ofrecérsela. Dalia, ni tarda ni perezosa se lanzó sobre el instrumento que brillaba con el resplandor de la pantalla y comenzó a besar la cabeza y saborearla como una paleta. La compañera del tipo regresó, pero no se sorprendió de lo que vio. Había estado unos minutos observando la maniobra, de pie, unos metros atrás recargada en la pared, disfrutando de lo que veía a media luz y tocándose su sexo, manipulando su clítoris y pellizcándose los pezones que estaban cada vez más duros y su sexo cada vez más inundado.

– ¿Puedo? Le dijo a mi esposa, pasando a un lado de su esposo y acercándose casi al oído.

Mi esposa se sorprendió un poco porque no la vio llegar. La sonrisa amable de “no hay problema”, la hizo tranquilizarse. Le pasó la lengua por la mejilla y subió hasta succionarle el lóbulo de la oreja izquierda.

-¿Puedo? Le repitió casi en un susurro, al tiempo que metía la mano entre sus piernas y las abría, para luego sonreírle y meter la lengua entre su sexo. -Siiiii…. puedes… hazme lo que quieras… Le dijo con voz temblorosa, mientras no soltaba el palo que tenía en la mano y al sentir la lengua que se abría paso entre sus labios vaginales, volvía a tragarse todo el palo del esposo de ella.

Siguió chupando fuertemente metiéndose todo el palo hasta la garganta, mientras sentía que una de mujer la hacía disfrutar, lamiendo y mordisqueando su clítoris hinchado y deseoso de explotar de nuevo.

Así estuvieron unos minutos hasta pudo sacarle toda la leche al hombre que tenía en su boca y exprimirle la verga, mientras llegaba a otro orgasmo con la mamada que le daba la mujer en su concha sabrosa. Los gemidos pararon. La sala seguía casi en penumbras y casi a solas.

– ¿Te vas a quedar así?, -le pregunté a la chica- Quiero meterte la verga toda en tu raja sabrosa y por el culo y en tu boca…-En otra ocasión, papito… por ahora, tu mujer lo necesita tanto como yo. Dale lo que quiere. Nosotros venimos el jueves próximo y aquí los vemos. Pero, oye, sólo nos vemos aquí porque tenemos que ir a un lugar donde tengamos más libertad y privacidad… ¿te parece, papi…? -Mmmmee parece estupendooo.

Dalia aún no se reponía de la batalla. El tipo se inclinó, le dejó un beso metiendo la lengua entre sus labios y, sin decir palabra, le regaló una sonrisa a ella, me guiñó el ojo y sólo dijo adiós con la palma de la mano.

Autor: El Gato Bodeguero

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Aventuras con una veterana

Saqué mi mástil de su concha y se lo hundí en su culo, entró limpiamente a la primera estocada. Ella se retorció, lanzó un pequeño gemido y empujó con su culo hacia atrás. Nunca dejé de acariciar su clítoris mientras la penetraba por el culo, bastaron unas pocas estocadas para que la puta empezara a acabar y con ella también yo, cuando saqué mi verga pude ver su culo del cual rezumaba mi leche.

Mi nombre es Jorge, soy de Uruguay y tengo 33 años, lo que voy a relatarles paso hace unos meses, por esa época yo estaba saliendo de una relación muy fea y me encontraba medio tristón, pero muy caliente.

Solía ir a los bailes y a clubes de solteros a tener aventuras casuales, lo que casi siempre sucedía, y cuando no ocurría me masturbaba. No había día que no hubiera una felación, un polvo al descuido o por lo menos una buena paja en el baño o en la cama. Como sentimentalmente no estaba bien, a veces estas actividades me aburrían, así que me fui al cine, lo curioso es que en el cine estaban promocionando algún producto que ahora no recuerdo, la promotora era una señora mayor, a la que le di, 45 o 50 años, seriamente vestida con un trajecito oscuro, pero con una mirada ardiente y penetrante.

Me dirigí al mostrador interesado en el producto, y luego de una breve charla e intercambio de miradas, me dio su teléfono. Debo admitir que saqué su teléfono más por flirtear un rato que por estar dispuesto a llamarla. A la siguiente semana y sin ningún plan en vista, decidí llamar a la veterana a ver que pintaba, siempre me han gustado las mujeres mayores que yo, aunque nunca había estado con una que me llevase más que unos pocos años.

Ella se alegró que la llamase, su nombre era Rebecca, viuda, con hijos mayores y vivía sola, conversamos un rato, y vimos que a los dos nos gustaba el teatro, así que acordamos ir a ver una obra, ya que ella conocía a los actores y me iba a presentar algunos. La obra fue muy entretenida, y efectivamente me presentaron algunos actores, lo pasamos muy bien, aunque muy castamente, luego me ofrecí a llevarla a su casa en mi auto y ella aceptó. Sería como la una de la mañana cuando llegamos a su apartamento, me invitó a pasar y tomar un café, allí continuamos charlando y me confiesa que tiene 59 años, y si luce más joven es debido a la cantidad de deporte que se obliga a practicar.

Llegado este punto deposité mi pocillo de café en la mesa y abrazándola le murmuré a su oído, lo bien que lucía, lo buena que estaba, y mientras hacía esto, le besaba el cuello, y la oreja, ella no tardó en reaccionar y buscó mis labios con los suyos, nos confundimos en un excitante beso de lengua, sentía sus manos recorrer mi espalda y las mías pasaban por sus senos. Rápidamente la despojé de su camisa, tenía un corpiño blanco, con encajes, su carne, si bien no era joven, estaba bastante firme y tenía los abdominales suavemente marcados. Cuando le saqué el corpiño, sus grandes tetas, aunque caídas, aparecieron magníficas, con sus enormes pezones oscuros que invitaban a ser chupados, lo que empecé a hacer inmediatamente…

– “Que ricas tetas tenés…” Ella se retorcía de placer y me sacó la camisa y rápidamente se apoderó de mi pija…

Me la empezó a pajear, terminamos de desnudarnos sin dejar de tocarnos, ella todavía en bombacha me agarró de la pija y como un corderito me condujo al baño, Allí me dijo.

– “Te voy a enseñar una cosa, antes de una relación tenés que lavarte la pija con agua fría, así duras más”,- mientras lo hacía, me enjabonó la pija y la lavó con agua fría, con lo cual debo admitir que perdí parcialmente la erección.

Nos fuimos al dormitorio, y allí se sacó la bombacha, tenía una magnifica concha, bien rasurada, parecía una nenita y para nada la señora seria que había conocido en el hall del cine.

Me hizo acostarme de espaldas y se sentó a horcajadas en mi boca, refregando su concha contra mi lengua, podía sentir sus jugos y su sabor, ella gemía y gritaba como una colegiala, sin más se dio vuelta y comenzó a chuparme la verga que ya estaba muy dura, comenzamos a hacer un terrible 69. Yo me estaba poniendo a mil, a pesar de tener experiencia esta vieja me estaba dejando loco, ella percibió que me aproximaba al orgasmo y dejó de chupármela.

-“Tranquilo, tranquilo, todavía no….quiero sentir tu verga dentro.” Lo que sucedió a continuación es increíble, la veterana me montó, extendió sus brazos en cruz en el aire y empezó a mover la pelvis de una forma que ni la más experta de las putas podría igualar, mientras lo hacía, y sin mover el resto del cuerpo ni dejar caer sus brazos gritaba como una loca:

-“Que divino, ahhhh, que divino” Todos los vecinos deben haberse enterado…yo le acariciaba las tetas y metiendo mis dedos en su boca, los mojé bien en saliva y empecé a masajearle el clítoris, fue como una explosión, la vieja se retorcía y se echó como tres polvos seguidos, nunca había visto nada igual, estaba asombrado, acababa como loca, gritaba y se retorcía.-“Que divina pija, metemela toda ahhhhhhhhhhhhhhh, divino….” yo no aguantaba más, apretando los dientes hasta el último segundo, acabé, llenando su concha de leche lo cual ella pareció disfrutar mucho. “Toda, dámela toda”.

Mi verga estaba sensible, pero ella no dejó de moverse hasta que el último chorro de leche fue recogido por su concha, yo sentía una mezcla de placer y dolor en ese momento. Luego de eso caímos rendidos y nos dormimos.A eso de las 0430, siento algo y veo que es ella que me está chupando la pija, mientras lo hace me mira, lo cual me excita más, así que me incorporo, la pongo en cuatro patas y le hundo la pija en su concha en posición perrito, ella se retuerce y goza como una verdadera perra, no dejo de acariciar su clítoris con una mano y con la otra empiezo a sobar su culo, usando mi dedo pulgar mojado en sus jugos vaginales, empiezo a acariciar el agujero de su culo en círculos, el cual para mi sorpresa, se dilata rápidamente, sin que medien palabras saqué mi mástil de su concha y se lo hundí en su culo, entró limpiamente a la primera estocada.

Ella se retorció, lanzó un pequeño gemido y empujó con su culo hacia atrás. Nunca dejé de acariciar su clítoris mientras la penetraba por el culo, bastaron unas pocas estocadas para que la puta empezara a acabar y con ella también yo, cuando saqué mi verga pude ver su culo del cual rezumaba mi leche. A la mañana me trajo el desayuno, cogimos nuevamente, esta vez en forma tradicional y nos despedimos por ese día.

Fue memorable. La relación duró un par de meses, pero se terminó cuando ella me vio con una novia en el centro de la ciudad, nos cruzamos, nos saludamos y nada dijo, pero no volvió a contestar mis llamadas…

Fin

Autor: Rod

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Una tarde de cine

Poco después pegó su cara a mí, dándome unos furiosos mordiscos en la nuca, que me produjo un breve estremecimiento y me hizo sentir una agitación especial por el efecto de una corriente que recorrió mi médula espinal. El siguió soltando resoplidos amortiguados para no ser oído por el público de la sala hasta que noté los latidos de su polla, señal cierta de la descarga de su orgasmo.

Habían puesto en los cines de la ciudad una película muy exitosa, de tema atrevido y rompedor, que además había conseguido algún premio importante, por lo que todo el mundo recomendaba no perdérsela. Lorena, una de mis buenas amigas,  me propuso ir a verla cualquier  tarde después de salir del trabajo. Como me encanta el cine, tanto para verlo en casa como en una buena sala, acepté la idea y quedamos para ir juntas a una sala de reciente apertura, equipada con los sistemas más avanzados de sonido y visión.

El día concertado, salí de mi trabajo, fui directamente al cine, llegando a nuestra cita unos minutos antes de las 8:00 la hora de inicio. El tiempo pasaba y Lorena sin aparecer, comencé a ponerme nerviosa, menos mal que ese día era jueves y no había mucha gente en las taquillas. En esto, me suena el teléfono dentro del bolso, y al abrirlo veo que era ella.

Me llamaba para avisarme de que se le había complicado el trabajo, lo sentía mucho por mí pero su jefe había  montado una reunión inesperadamente y no podría salir hasta que terminara. Confiaba en acabar pronto pero me aconsejó que entrara en la sala y me ubicara a la derecha los más atrás posible, cerca de la puerta de entrada. Ella intentaría venir lo antes posible y reunirse conmigo en el cine, pero si en media hora no llegaba, podía hacer mi marcha sin contar con ella, ya que tan tarde ya no le valía la pena venir.

Entonces, me apuré para tomar una entrada y meterme en la sala, ocupando un asiento en la última fila de la derecha, tal como había convenido con Lorena. No se por que razón, sería por el día de la semana o por la hora, pero la sala estaba poco concurrida; así, los pocos asistentes se habían colocado en las butacas del centro. Yo atrás en la última fila, en mi asiento, me sentí desubicada por  tan alejada de los demás, estuve a punto de cambiarme y agruparme con el resto de la gente, pero tenía que respetar el lugar en que Lorena podría encontrarme fácil si entraba a oscuras.

Yo no tengo la costumbre de ir al cine sola, como otras gentes que si suelen hacerlo; siempre había ido a ver cine acompañada de amigas o de algún hombre. Por eso, me encontraba un poco rara, allí sola en un asiento apartado. Era la hora en punto y pronto apagarían las luces, estuve mirando hacia la puerta esperando que Lorena entrara de un momento a otro y nada.

En vez de mi amiga, en la misma puerta había un tipo de unos cuarenta y tantos años, con el cabello entrecano y abundante, vestido informalmente pero con cierta clase. Nada más reparar en mi, me miró como sorprendido de mi presencia en un rincón solitario de la sala. Luego, su mirada se hizo invasiva, me estuvo retratando con todo detalle. Me sentí aturdida por el acoso visual del caballero, comencé a mirar a la puerta insistentemente como dando a entender que esperaba a alguien, aunque rehuyendo su mirada.

Seguramente el hombre estaba intrigado imaginando quien podía ser la joven solitaria, que, aún sentada como estaba, dejaba ver sus hermosas piernas, apenas tapadas en una cuarta parte por una minifalda negra, además de la melena rizada que descansaba abundante sobre sus hombros redondos y bien torneados, bien al descubierto por una escasa camiseta de tirantes y de generoso escote. Lo más probable es que en medio de la desértica sala al hombre le llamara la atención  esa chica de buen ver, con su cabellera copiosa y de buen estilo que enmarcaba su cara,  adornándola y añadiéndole un toque de sensualidad.

Avanzó unos pasos lentamente, y se sentó en la misma fila que estaba yo, en el centro de la sala un poco detrás del resto del público. Se redujo la iluminación y comenzó un pase de trailers de películas de próximo estreno, que duró unos diez minutos. Después se encendieron las luces de nuevo, el tipo siguió mirándome descaradamente, se levantó y salió al vestíbulo donde estaba el servicio de bar. Yo seguía allí agazapada sin saber cual era mi papel de espectadora perdida entre los asientos de la amplia sala y a todo esto,  Lorena sin llegar…!

Estaba yo volteando la cabeza para mirar la entrada cuando entró de nuevo, sin que pudiera evitar que nuestras miradas se cruzaran. En lugar de ocupar su puesto, se dirigió adonde yo estaba con una sonrisa leve y misteriosa, se quedó parado junto a mí y me habló lo siguiente:

-Hola, ¿que haces aquí tan arrinconada…? Parece que te gusta la soledad.

Su forma de abordarme fue tan educada y natural que me pareció innecesario estar defensiva, aunque reaccioné mirándole de lado como sorprendida por nuestra conversación un tanto injustificada. Le contesté segura.

-No, es que estoy esperando a alguien, que se ha  demorado. -Ah..! pues muy mal hecho por ese alguien, no es lo que merece una belleza como tú.

Yo le respondí con una sonrisa de circunstancias, aunque pensé que el tipo tenía buena pinta a pesar de ser algo entrometido. Él  se dio la vuelta y se fue a sentar en la misma fila pero esta vez más cerca de mí, dejando una distancia de cuatro o cinco butacas.

Se hizo oscuro en la sala y comenzó la película, a poco, en las primeras escenas aparecen dos adolescentes en bolas, la jovencita le chupa con gran dedicación la verga a su joven amante en la camita de la chica. El tío se giró hacia mí, como si la pantalla del cine estuviera en mi cara. Mientras hubiera distancia y oscuridad en la sala yo podía seguir allí refugiada en mi asiento, pasando del tipo que no me perdía de vista ni me dejaba tranquila. Sólo él y yo éramos conscientes de nuestra presencia en el cine, el resto de los espectadores seguían apelotonados en el centro del local ignorando nuestra existencia tan cerca de ellos.

Habría transcurrido un cuarto de hora, cuando pude observar que se movía de su asiento y se estaba aproximando a mí. Silenciosamente llegó y se sentó a mi lado. Le miré indiferente, con desaprobación. Él se escoró contra mi asiento, inclinando su cabeza para hablarme en susurros y evitar ser oído o molestar al público.

-Perdona que insista pero ese acompañante que esperas te ha fallado. Me cuesta creer que alguien te haya dado un plantón  tan imperdonable. –dijo. -No es problema suyo si viene tarde o no viene mi amiga. Y ahora, quiere dejarme a solas, ¿por favor? – le contesté defensivamente. -Ni pensarlo…no voy a dejarte aquí aburrida y desatendida. -Estoy bien así, ¡no necesito nada! -Esta película es demasiado truculenta para disfrutarla a solas. -Hay muchos asientos libres en la sala, no tiene porqué sentarse a mi lado, y estar haciendo comentarios que estorban mi atención y no me interesan. -Si, pero mi entrada me da derecho a ocupar un asiento vacío y este lo está.

Había pasado ya el tiempo razonable para que Lorena hubiera llegado. Seguro que se le hizo tan tarde que se marchó a casa desde su oficina. Mi asunto ahora era que hacer con este seguidor impenitente, que tenía en el asiento de al lado, escorado hacia mi y cuchicheando a mis oídos, sin dejarme concentrar en la película. No sabía que hacer…las alternativas que tenía ante mí eran cambiarme de asiento, pero él se cambiaría también, levantarme  y quejarme de abuso a los empleados del cine, con lo que se iba a armar  buen escándalo o marcharme a casa de inmediato. Todo eso pasó por mi mente en unos segundos, para terminar pensando que me iba a quedar en mi sitio, tomándolo por el lado bueno y ver la película, sin darle más importancia.

A partir de entonces, depuse mi actitud hostil y comencé a contestar a sus comentarios de forma amistosa, como si fuéramos dos conocidos. La película era un tema dramático pero tenía intercaladas muchas acciones de sexo. Esto le daba pie a comentarios más o menos osados y escabrosos.

-Oye… ¿a ti no te pone lo que estás viendo en la peli?- me preguntó. -No, al fin y al cabo es ficción, es cine.-le dije indiferente. -Pues a mi me tiene al rojo vivo, te lo digo. –concluyó él.

Algo de eso debía de estar ocurriendo, porque por momentos se iba poniendo muy pegajoso, se revolvía en su asiento,  me tocaba el brazo con su mano, sus labios rozaban mi oído al hablarme, su aliento cálido inundaba mi cuello y su respiración era cada vez más fuerte.

-¿Me puedes decir como te llamas, princesa? –siguió. -¿No es necesario que lo sepa! – respondí evitando el tuteo.  -¿Que mal tiene que seamos amables entre nosotros? Yo me llamo Gabriel.

De mala gana le dije mi nombre. Se alegró de mi confidencia y me dijo:

-Tienes que ser encantadora, Rocío… Un exquisito bombón desaprovechado, si …! -Oiga, ¿por qué no se calla y vemos la película? ¡Nos van a llamar la atención por su culpa! -Si, si…tienes razón nena, pero desde que te he visto a ti,  ha dejado de interesarme esa historia. Si quieres tú miras el cine y yo me dedico a ti entretanto, sin molestarte…! -A ver si es verdad y  deja de distraerme, por favor. -Es que no me explico como se puede dejar una joyita como tu abandonada. -Yo te puedo dar ciertas  atenciones  que de seguro te mereces, niña Rocío. –seguía. -Solo tienes que ser comprensiva y amable conmigo y ya veras…!

En ese momento en la pantalla estaba sucediendo algo muy fuerte, suficiente para remover nuestra adrenalina. Se trataba de una escena de alto contenido erótico, donde una señora iniciaba a un adolescente en el sexo oral. Al mismo tiempo que me decía esto apoyó su mano abierta  sobre mi muslo, quedándose inmóvil a la espera de mi reacción. Inmediatamente yo le agarré la mano con firmeza y la separé de mi pierna, pero el aprovechó para atrapar mi mano con la suya y mantenerme con fuerza aprisionada. Intenté forcejear, pero era imposible soltarme.

-Mira….la gatita quiere pelea, ¿si..?  -Venga, suélteme de una vez…Gabriel, ¡si es que se llama así! -Jaja…para ti seré Gaby. Tu esclavo y humilde servidor. -Tienes unas manitas divinas, Rocío. ¡Cuantas cosas se podrían hacer con ellas! -Si te portas bien y me dejas llevarte todo irá mejor, nena. -Veamos la pantalla ahora, mira que mamada tan genial le está haciendo al muchacho! -¿Qué me dices ahora…¿no te gustan esos ejercicios? – él seguía con su monólogo.

Me dediqué a mirar a otro lado, pero empecé a sentirme vulnerable, con mi mano entre la suya. Entre el acoso de este inesperado admirador y el cuadro de la pantalla, me quedé aturdida, sin capacidad de reacción. Este hombre porfiado, de buena presencia y maneras educadas no se qué se había propuesto conmigo, pero la realidad es que me tenía enredada como si fuera lo más natural del mundo, condenada a no levantar la voz ni dar lugar a una bronca que alarmara a los espectadores. Me di cuenta entonces que me estaba enrollando con él poco a poco como si le conociera de siempre. Y a  este tipo  no lo había visto nunca.

Por fin me soltó la mano, respiré con alivio, pero sin mediar palabra extendió su brazo atenazándome por la espalda para atraerme más a su lado, sujetándome para acercar su cara a la mía. Comenzó a besarme las mejillas y el cuello. Estiré el cuerpo intentando apartarme, impidiendo que él siguiera  adelante.

-Perdona, no quería forzarte…me he dejado llevar por lo que estaba viendo. -Gracias…eres un caballero. –le dije sin saber bien por qué.

El hombre se estiró en su asiento, con las piernas abiertas, tocándose en su zona  genital por encima de la ropa.

-Pero, ¿es que no te dan envidia estos niñatos de la película? –inquirió incrédulo. -No se porqué, ellos tienen que hacer su papel y punto. –le contesté -Pues ya ves…ellos se la están pasando tan bien,  mientras tú y yo sufrimos aquí en la butaca como dos tontos…insistió. -¿Sabes…? creo que nosotros también tenemos nuestro papel aquí y ahora.

Al decirme esto, pegó tanto su boca a mi oreja que pudo lamer mi lobulillo varias veces, y sin detenerse bajó su cara hasta mi hombro para  mordisquearlo suavemente.

-Hummmmm…sabes que tu cuerpo huele a gloria, despides un de aroma delicioso…¿que perfume usas, corazón?

Yo me había quedado sin habla, había perdido el control de la situación, me había despistado del hilo de la historia de la pantalla, me sentía sometida a los peligrosos escarceos de mi vecino de asiento; tenía un infierno en la  butaca de al lado. Él, seguía ajeno a la película, se había desentendido del entorno para dedicarse a mí, tal vez había notado mi acaloramiento y se lanzó a aprovecharlo sin dejar que me enfriara.

Sin perder más tiempo me tomó por el cuello, haciendo ademán de besarme en la boca. Había conseguido meterme en su juego, contagiándome su fuerte deseo, y siendo que nadie nos iba a ver, sorprendiéndome a mi misma, le ofrecí mis labios, dejándole hacer complaciente al principio; poco a poco fui liberando mis remilgos, correspondiéndole a su beso con entrega y pasión, facilitando que su lengua ardiente entrara a jugar con la mía, y relamiera mis cálidos labios, saboreándolos a placer. El beso había sido largo e intenso, húmedo e impregnado de fuerte carga química y de emoción.

Al acabar, me abrazó extendiendo sus brazos por debajo de mis axilas, apretando mi pecho con su mano, hundiendo su cara en mi desprotegido escote para llenarlo de besos. Liberó una de sus manos, con la que me subió la camiseta, buscando mi ajustado y repleto brasier. En seguida, con habilidad, logró soltarme el prendedor por la espalda, dejando al descubierto la turgencia suave de mis senos a merced de su boca, lengua y manos.

Me palpaba ansiosamente, amasando mis dos tetas  con delicadeza, después su lengua inició un delicioso recorrido terminando en una caricia aspirante, pues sus labios como si fueran dos potentes ventosas, me chupaban los pezones con exagerada avidez.

Mi pecho comenzó a agitarse, moviéndose al compás de mi respiración acelerada. El resto del mundo había dejado de existir para nosotros, estábamos cegados por la galopante excitación. Él se mostraba desesperado por gozar, más que cachondo, hambriento de sexo y de avances más atrevidos.

Estábamos hacia la mitad de la  proyección de la cinta, la sala en penumbra, nadie cerca, nadie a la vista y nosotros rodando nuestra propia película, ebrios de lascivia y de lujurioso placer.

Mi acompañante, seguro de haber vencido mis reservas defensivas, se sentía dueño del territorio y  seguía besando mis pechos, chupando y lamiendo con fruición insaciable. A continuación, bajó una mano hacia mis muslos, acariciándolos minuciosamente, abriéndolos un poco para deslizar una mano por debajo de la falda, rozando mi sexo con sus dedos por encima de mi ropa íntima, luego apartó la braguita para frotar tiernamente mis labios en carne viva,  tocándome  con ansia y suavidad mi portal del placer, ya caliente y húmedo, después de haber restregado hábilmente las yemas de sus dedos sobre mi vibrante clítoris.

Mi estado era tan febril que mi cuerpo se removía agitado en la butaca. Él se dio cuenta de mi trance de calentura e intentó desbordarme y rematarme haciéndome estallar de gusto. Me levantó la falda y se inclinó para poder apagar el fuego mi sexo con su lengua, pero el respaldo del asiento le impedía alcanzar bien su objetivo. Así y todo, apoyando una de sus rodillas en el suelo en un ejercicio casi acrobático, consiguió hacerme sentir sus esforzados lamidos, explorando largamente mi concha y el endurecimiento de mi clítoris. La persistencia de su lengua, durante unos minutos, me fue extasiando, avivando el rico ardor de mi coño, arrancándome mis primeros suspiros de placer, mientras yo me agarraba fuertemente a su cabeza para dirigir sus succiones. Por un momento, creí que me venía en un subidón de gusto. Quise evitar correrme estando su boca en mi sexo y  le aparté la cabeza hacia arriba.

Él, al ver que yo boqueaba ávida de oxígeno y de algo más, metió su dedo pulgar en mi coño, lo untó de mis jugos y luego lo introdujo en mi boca,  invitándome a chuparlo con entusiasmo y fruición, haciéndome disfrutar de mi propio sabor.

Mientras chupaba su dedo con gran deleite, yo miraba de reojo hacia el resto de la gente en la sala, que seguía ignorando nuestra presencia. Él, notando mis recelosas miradas alrededor me dijo:

-¡Relájate preciosa mía, que nadie nos ve! –me tranquilizaba dándome dulces besos en la cara. -Se van a dar cuenta…¡esto es demasiado! –protesté.

De repente, me tomó una mano y la guió con firmeza hacia su cuerpo, obligándome a posarla sobre su entrepierna. Por encima de la ropa pude notar  la esplendidez de su dotación, ya en plena erección. Le hice un tímido frotamiento exacerbando aún más su dureza. Él seguía manteniendo el dedo de la otra mano en mi boca, disfrutando de la sensualidad de mis interminables  chupadas, premonitorias de lo que se adivinaba a venir.

En la zona sur de nuestra guerra particular, él se abrió discretamente la cremallera y puso en mis manos su crecida verga, totalmente parada y a punto de arder.

-¡Ooohh…! ¡Madre mía!-exclamé sorprendida al contacto de su carne suave y caliente.

Comencé a acariciarla, masajeándola suavemente. Entonces él sacó su dedo de mi boca y sujetando mi cabeza, doblegó mi cuerpo sobre el suyo poniéndome su enorme polla entre los labios. Con la voz entrecortada por la excitación aún pudo decirme algo.

-Tómala  nena, es toda para ti, lo estás deseando… ¡te va a saber a gloria…!

El efecto sensorial de chuparle el dedo anteriormente, me había predispuesto  a disfrutar de una verdadera succión, pero no imaginaba que iba a ser la de aquel pene glorioso y desconocido. Por eso, le propiné una mamada insaciable, voraz e intensa, alternando chupadas y lametones a lo largo de todo el tallo. Se puso tan rígido que empezamos a temer una avenida explosiva e incontrolada. Sacó su verga de mi boca y  metiendo las manos por debajo de mi falda me retiró la braguita jalándola hasta las rodillas.

-Quítatela del todo y guárdala en el bolso, ¡cari! –me espetó con tono autoritario. -Pero… ¿de qué vas hombre? ¡Ya hay bastante! -Tenemos que terminar la fiesta antes de que acabe la película. -Noo, no podemos hacerlo aquí. ¡Es una locura! -Si, será la locura más hermosa de nuestra vida.

Sin esperar mi acuerdo, sacó la braguita por mis pies.

-Me voy a quedar con ella como recuerdo de tus encantos. –me dijo mientras se la guardaba en un bolsillo.

Acto seguido, me agarró por la cintura con las dos manos, levantándome de mi asiento y colocándome sobre  él, quedando su  rígido mástil entre mis muslos.

-Espera….no me penetres todavía, ponte esto. – le pedí al tiempo que extraía un pequeño envoltorio redondo de mi bolso.

Él, lo abrió y enfundando su pene con el adminículo de látex, apuntó entre mis labios vaginales, hundiéndolo en mi sexo en toda su longitud. Yo estaba sentada sobre sus piernas, de espaldas, dejando que él me ensartara desde atrás con su polla, mientras se agarraba a mis pechos con ambas manos. Luego tomándome por la cintura, me hizo mover el cuerpo de arriba abajo, para aumentar el efecto de sus embestidas, metiendo y sacando frenéticamente su verga de mi vagina durante unos minutos.

Poco después, pegó su cara a mí, dándome unos furiosos mordiscos en la nuca, me estaba haciendo daño con sus dentelladas, pero a la vez me produjo un breve estremecimiento, que  me hizo sentir una agitación especial, por el efecto de una fulgurante corriente que recorrió mi médula espinal. El siguió soltando resoplidos amortiguados, para no ser oído por el público de la sala,  hasta que noté sus convulsiones y los latidos de su polla, señal cierta de la descarga de su orgasmo.

Me liberó de su abrazo, sacando su polla y retirando el preservativo. Se subió los pantalones, arreglando su ropa. Yo hice lo propio, reajustándome el sujetador y bajándome la camiseta. Se acercó a mí y me dio un beso prolongado y cálido.

-Gracias…Rocío, perdona por asediarte de esta forma, pero era una tentación irresistible tenerte ahí abandonada mientras nos mostraban en la película el camino a seguir.            -Hemos rodado una bonita película, muy nuestra, superando en mucho a los actores de la pantalla.. -Contéstame… ¿has podido disfrutarlo como yo, mi preciosa?

Yo por toda respuesta le miré a los ojos fijamente, moviendo la cabeza en la oscuridad. –Nunca pensé, ni en sueños, tener un encuentro como éste, ¿lástima que no pueda repetirlo…! Ha sido de cine, nunca mejor dicho.-me dijo por toda despedida.

Rápidamente se levantó y desapareció por la puerta sin esperar a que terminara la proyección. Yo me quedé ensimismada, flipando, preguntándome si aquello había ocurrido así o si había sido un sueño, o una fantasía calenturienta por las emociones de la película.

Terminó la sesión, se encendieron las luces, salí a la calle mirando alrededor sin que pudiera ver a mi vecino de butaca, al desconocido Gabriel, ni a nadie que hubiera sido testigo del evento excitante y extraordinario que acababa de vivir. Me fui a casa con la carga de las recientes sensaciones, con un cierto regusto placentero, dedicándole un pensamiento a mi amiga Lorena, que gracias a su oportuno contratiempo me dejó a solas. Si me preguntaba alguna vez por el argumento de lo que había visto en el cine, tendría problemas para contarle, pues apenas me enteré de la película. La historia que yo me sabía era otra menos confesable.

Autora: Poppy

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Cabalgando a una hembra en un cine porno

Deseaba a toda prisa que te convirtieras en mi dios y yo en tu diosa, tenía la necesidad de calmar ese deseo desenfrenado, necesitaba calmar el instinto más básico que existe, el deseo animal, el deseo de ser follada por un macho, el deseo de hacerlo como dos seres que buscan sólo el placer de follar, el deseo de sentirme como tu puta y el deseo de que tú te sintieras como mi macho cabrón.

Nos conocimos aquí, gracias a esta página. Y digo gracias, porque de no haber sido a través de este medio seguramente nunca nos hubiéramos cruzado en el camino. Y ahora se que conozco a la persona más impresionante y sexualmente morbosa que he conocido jamás.

Yo leo de vez en cuando en esta sección de relatos eróticos, algunos bastante buenos, han conseguido excitarme de verdad. A mí también me gusta escribir sobre experiencias vividas o fantasías que se me ocurren. Pero hasta hace poco no había publicado nada. Un día como otro cualquiera cayó ante mis ojos uno de esos relatos especiales. Su autora, según ponía era una chica. Había conseguido que me sumergiera en su historia, no sabía si real o ficticia en ese momento, aunque después me ha quedado muy claro que era auténtica.

Nunca me había planteado la opción de escribir a alguno de los autores que aquí dejan sus historias, pero ese día y después de haberme masturbado leyendo ese relato, me aventuré a hacerlo. Precisamente la duda de saber si era cierto lo que allí contaba me animó a escribir y también el hecho de haber imaginado en muchas ocasiones, una historia muy similar a la suya. Escribí un email a su dirección, y si os digo la verdad, con ciertas dudas respecto a una posible respuesta. Entre otras cosas porque siempre he pensado que la personalidad de alguien que escribe en un sitio así puede ser totalmente distinta a la real. Pensaba que incluso podía no ser una chica la que escribía esos relatos.

Me contestó y curiosamente ese no sería el único mensaje de ella. Después de ese hubo más, nos hicimos asiduos poco a poco. Intercambiábamos opiniones sobre los relatos que leíamos, yo le mandaba relatos míos, ella me mandaba los suyos antes de publicarlos y así nos fuimos conociendo un poco más cada día.

Lo que más me alucinaba aunque por otro lado asustaba también, era el placer que ella experimentaba al sentirse y actuar como una autentica puta. En sus relatos lo plasmaba perfectamente. Y digo asustaba, porque lo que en un principio pensaba que era una manera de escribir esos relatos, me daba cuenta a través de sus emails personales, que no, que ella misma era así. Hasta ahora la manera que yo tenía de tratar a las mujeres siempre había sido con ternura, delicadeza, entrega y pasión. Pensar que alguien pudiera someterse a mis más ocultos deseos, obedecer, desear ser sometida y sentir placer con ello, no había pasado por mi cabeza. Pero ahora empezaba a despertar ese deseo, ella lo despertó.

Llegó el día que decidimos dar un paso más, hablaríamos por teléfono para quedar en persona y hacer realidad el deseo que había surgido entre los dos. Ser una puta para mí. Así sucedió y así le escribí a ella lo que sentí y viví en esos momentos, al igual que ella también escribió algunas partes de esta historia antes de publicarlo para todos vosotros.

La llamé por teléfono. Era la primera vez que lo hacía. En mi oreja el ruido de la línea, el teléfono marcando. En mi pecho el corazón latiendo acelerado ante la incertidumbre de escuchar una voz al otro lado.

– ¿Si? – Hola. – Hola, cuanto tiempo sin oírte. – Si, toda una vida. – Esperaba tu llamada… me tienes como loca de nervios y muy caliente.

Dejaste esa palabra flotando en el aire. Pasaron unos segundos, quizás menos. Una nueva voz al teléfono nunca es igual a como la hemos podido imaginar. La tuya me sorprendió, me gustaba más que la que yo tenía en mi imaginación.

– Me alegro, es lo que quiero. Pero aún queda mucho por calentar y voy a derretirte. – Uuufff, claro… lo que tú quieras… ya sabes que lo estoy deseando.

Tú corazón también se había acelerado, mi voz acariciaba tus oídos y hacía que la excitación aumentara por momentos.

– Pues te voy a decir donde podemos quedar. (…), es una plaza conocida, no creo que te sea difícil llegar. Hay una salida de metro cerca de una heladería Haägen-Dazs. Verás la cabina azul que ya te comenté, y allí me esperas.

– Oye, ¿no me vas a decir tu nombre? – ¡No!, Eres mi puta y de momento no quiero que lo sepas. Tendrás que ganártelo. – ¡Joder como me tienes! – Si, lo se. Y así quiero tenerte. Vas a saber lo que es ser una puta de verdad. – AAuuuhhh… eehh… ¿a qué hora nos vemos? – Diez y media, ¿te viene bien? – Vale, estupendo. ¿Sugieres algo más? – Si. Me gustaría que llevaras puesta una falda, pero con nada debajo. Quiero que el tanga lo lleves en el bolso. Más tarde te lo pondrás delante de mí. Quiero ver como lo haces y poder contemplar ese fantástico culo con el tanga puesto. – Que cabrón, como me has puesto, me tienes encharcada. – ¡Chiiissss!, calla, no digas nada. Ya me lo contarás luego. – Vale, pues hasta luego. – Hasta luego.

Cuando llegué a las 22:30 ya estabas allí junto a la cabina. A pesar de que era de noche y desde la otra acera solo se apreciaba la figura de una mujer, sabía que eras tú. Solo había visto aquella foto que me enviaste, pero una melena negra como esa es inconfundible. Según me acercaba pude comprobar lo impresionante que estabas. Minifalda blanca, camiseta ajustada de tirantes marcando unas tetas de impresión y un pequeño bolso colgando del hombro. Imaginaba tu sexo dándole el aire, pensando que me habías hecho caso y venías sin nada. Imaginaba como habría sido el viaje hasta allí, sintiendo los pliegues de tu vulva hinchada por el deseo. Me acerqué hasta tu lado.

– Hola. – Holaaa… – ¿Sabes?, Eres mi puta preferida, vas a ser mi esclava, has venido hasta aquí para venderte y me vas a ofrecer tu cuerpo.

(Esta parte está escrita por ella).

Tú no paras de dar vueltas a mi alrededor, observándome a mí de pie, quieta. Veo como miras mi culo, mis tetas. Pasas tus manos por mis nalgas comprobando si la mercancía es de primera, acercas tu cabeza por detrás y te pegas a mí, oliendo mi pelo mientras me dices: “Serás una buena puta para mí, te quiero para mi disfrute personal, para que me hagas correr, para que me hagas gozar”. Sigues comprobando el material, levantando un poco la minifalda metes una mano entre mis piernas y la subes hasta mi coño. Un coño que no lleva nada encima excepto los flujos que están saliendo de él. Compruebas el tamaño de mi coño, su tersura, su hinchazón, para ver si tu polla dura se ajustará bien a él, para ver si me podrás dar unas buenas folladas.

Después de comprobarlo me dices: “Sí, tu coño está hecho para mí, el producto me convence”. Das la vuelta por detrás de mí observando las curvas de mis caderas. Con uno de tus dedos vas marcando un camino por ellas, bajando hasta el borde de la falda para introducirlo entre mis nalgas y llegar hasta el mismísimo agujero de mi culo, porque con un movimiento de mis caderas te facilité el camino. Entonces dijiste: “Tienes el culo perfecto para que mi polla descargue en él”. En último lugar comienzas a mirar mis pechos y me preguntas: “¿Podré mamar de ellos? Yo sigo callada.

Me dices que vas a hacer la prueba final. Vuelves a mi coño y directamente metes un par de dedos en mi abertura. ¡Y si!, soy tu puta, estoy mojada y mucho, tanto que cuando te separas de mí observas como una corriente de deseo se desliza por mis muslos. Me gusta pensar que me follarás, es más, me encanta saber que voy a ser tuya y que mi coño llamará a tu polla a gritos. Después de hacer la prueba me dices que definitivamente soy para ti. Que soy una puta que desea que su cabrón la folle hasta llevarla al éxtasis. ¡Eres mía!

(Yo).

Pensé que estaba flotando, viendo una película. Pero al acercar mis dedos hasta la nariz, supe que no.

– ¿Me acompañas?

Con un gesto de asentimiento de tu cabeza mientras tus ojos se fijaban en los míos y una sonrisa de lujuria se dibuja en tu rostro, aceptaste la invitación. Empecé a andar y seguiste a mi lado hasta llegar a mi coche, entré en él y te abrí la puerta. Una vez acomodada en el asiento pude ver tus largas piernas porque no las cubría la minifalda ni a mitad del muslo. Las dejaste separadas (supongo que aposta). Me preguntaste:

– ¿A donde me vas a llevar? – Ya lo verás. Contesté yo.

Fuimos hasta una sala de cine que no había muy lejos de allí. Era un cine porno.

(Escribe ella).

Llegamos al cine, ambos nerviosos y excitados. El deseo que tenía hacia ti antes no tenía rostro, solo cuerpo, pero ahora, después de habernos visto en la cabina de teléfono ese deseo se localizaba en cada centímetro de tu cuerpo… la expresión de tu cara, tus ojos, tus labios, tus manos, tu olor… todo ello me invitaba a follarte y a que tú me follaras como un auténtico salvaje, ayudados además por la excitación que provoca estar en un cine porno, viendo enormes pollas y tetas en la pantalla y tener a cantidad de hombres sentados en las butacas, excitados y pendientes de cualquier pareja que entrara a la sala. Nosotros íbamos a tener la oportunidad de darnos el gustazo de hacerlo.

Estábamos en la puerta de acceso al cine, estaba nerviosa de no saber lo que allí dentro me esperaba, pero tu mirada me tranquilizaba. Entramos a toda prisa en la sala, nos sentamos en la última fila para así poder divisar bien la sala. No había mucha gente. Solo algunos hombres por el medio de la sala y otros en primera fila. Te sentaste y yo me senté a tu lado. Tus ojos no se apartaban de mi escote. Te animaba a deslizarte por él, pero decidimos esperar a que las luces se apagaran. Mientras eso ocurría comenzaste a provocarme susurrándome: “Imagino ahora tus labios rojos deslizándose por mi polla dura, tus manos recorriendo mi cuerpo, oliendo tu pelo mientras meto mi polla por tu culo y sujeto tus tetas para que no te escapes. Ahora el deseo tiene forma, y esa forma me encanta”.

Crucé mis piernas, mi vulva palpitaba por la excitación que me estabas provocando. Tú que lo sabías seguiste excitándome mientras esas malditas luces no se apagaban: “Ya te he follado con mis mails, con mi imaginación, pero ahora seré yo en persona el que te folle, seré yo el que tomará posesión de tu coño, será mi lengua la que recogerá la última gota de tu corrida, seré yo el que sentirá el calor de tu cuerpo, seré yo el que sentirá mi polla dentro de tu boca, ambos seremos dos animales en celo dando rienda suelta a nuestros instintos.”

En ese momento creí que no aguantaría más, deseaba a toda prisa que te convirtieras en mi dios y yo en tu diosa, tenía la necesidad de calmar ese deseo desenfrenado, necesitaba calmar el instinto más básico que existe, el deseo animal, el deseo de ser follada por un macho, el deseo de hacerlo como dos seres que buscan sólo el placer de follar, el deseo de sentirme como tu puta y el deseo de que tú te sintieras como mi macho cabrón.

Las luces se apagaron y comenzó la fiesta. Me tomaste de mi cabeza y me acercaste hasta tu boca, una boca ansiosa por buscar mi lengua, por morder mis labios, por dejarme su humedad, mientras, una de tus manos se deslizó sobre mi camiseta, palpando los pezones sobre la tela, apretándolos con tus dedos…

Mi respiración se hacía más fuerte y mi excitación aumentaba por momentos. Apartaste tu boca de la mía y te levantaste. Te pusiste de pie frente a mí, tomaste mis piernas y las colocaste en los reposa-brazos de la butaca. Mi cuerpo se había abierto para ti, para mi cabrón. Te arrodillaste ante mí y subiste mi falda hasta la cintura. Mi coño estaba completamente a tu merced, era para ti, para que gozaras con él y me hicieras gozar a mí con esa boca que tanto había deseado. Abriste mi coño con tus manos y tu lengua comenzó a deslizarse por mi vulva.

Notaste como me retorcí de placer porque te tomé de tu cabeza y de mis labios se escaparon gemidos de placer, tu lengua recorrió todo mi coño, haciéndolo lubricar y mojarse de deseo y de lujuria. Metiste la lengua dentro de mí y comenzaste a hacer círculos con ella dentro.  ¡Joder como me estabas poniendo!  Mis gemidos se hacían más intensos mientras intentaba mirar a la pantalla. El protagonista estaba desnudando a una chica y yo esperaba que le comiera el coño como me lo estabas haciendo tú. Así fue, el tío con su lengua estaba recorriendo todos los rincones de la entrepierna de esa chica.

Ver las imágenes y sentirlo en mi cuerpo me hacía gemir como loca. Pero en la sala no solo se escuchaban mis gemidos, unos hombres que había varias filas por delante se habían percatado de lo que ocurría. Me miraban, aunque al principio cuando les miré a la cara intentaron disimular volviendo la mirada a la pantalla, pero después al ver mi cara de lujuria y placer no les importó ocultar los movimientos y los resoplidos que experimentaban mientras se masturbaban. Te levantaste del suelo y te dirigiste a mi boca, querías que saboreara mi excitación y así lo hice.

Nuestras lenguas y nuestras salivas se mezclaron con el sabor de mis flujos, mordía tus labios, mordía tu cuello. Mientras el beso continuaba, comencé a explorarte. Encontré tu polla dentro del pantalón, gorda y dura. Te sentaste en la butaca y ahora la que se agachó fui yo. Bajé tus pantalones y dejé tu polla al aire. Comencé a mamarla como si llevara siglos esperando hacerlo. La recorrí con mi lengua, saboreé tu capullo como si de una golosina se tratara y la ejercité con mis labios. Me pediste entre gemidos que parara, porque si seguía haciéndolo un manantial surgiría de tu polla hacia mi boca.

Me cogiste del pelo y casi me obligaste a levantarme, porque querías, necesitabas clavar tu polla en mi coño. Me senté de espaldas a ti, situé la polla en la entrada de mi coño y fui poco a poco acoplándome a ella, mientras de mi boca se escapaban gemidos, notaba como tu polla recorría todos mis huecos, tus manos se perdían en mis tetas, eché mi cabeza hacia atrás sobre tus hombros y la giré para comenzar a morder tus labios, para buscar tu lengua.

Tus manos ahora se situaron en mis caderas y junto a ellas comencé a subir y bajar. Tu polla recorría mi coño, notando como me desgarraba, contraía mi vagina para sentirla aún más, mi rostro se desencajaba más y más, mis uñas se clavaban en tus piernas y de mi boca solo se escapan jadeos de placer por sentir tu polla dentro de mí. Me obligaste a parar y a levantarme. Tú también lo hiciste porque habías decidido cambiar de postura. Yo seguía mirando hacía la pantalla cuando pasaste un brazo por mi vientre y con la otra mano empujando sobre mis hombros me indicabas que debía inclinarme hacía abajo. Así lo hice apoyando la tripa sobre el respaldo de delante mientras estiraba los brazos para apoyar las manos sobre el asiento. Noté que te inclinabas sobre mí para acercarte a mi oído.

– Quiero ver tus tetas colgando.

Con tus manos subiendo por mi cintura levantaste la camiseta hasta las axilas para dejar mis tetas al aire. También introdujiste tu rodilla entre mis piernas forzándome a que las abriera. Estaba a tu merced, excitadísima, sentirme así me hacía enloquecer. Esperaba con ansia que me embistieras. Separaste mis nalgas con tus manos y sentí como unas gotas de saliva acertaron en mi agujero. Apreté y moví los músculos de la entrada a mi culo queriendo atrapar esas gotas, pero en ese instante sentí la presión de tu capullo como un hierro caliente sobre ellos y lo más que pude hacer fue aflojarlos para dejar que tu polla empezara a taladrar mi culo. Entraba despacio, lentamente, mientras mis caderas te incitaban a meterla hasta el fondo. Y así lo hiciste, porque noté como tus huevos chocaban contra mí.

(Yo).

Mi polla en tu culo se movía como los pistones de un tren a vapor, adelante y atrás, apretada por tus músculos, friccionando con ellos, ardiendo de calor. Me agarré con fuerza a tus caderas y con cada movimiento podía ver como tus tetas chocaban contra el asiento. En la pantalla se acababa de correr un tío en la boca de una chica y sonriendo lo enseñaba a la cámara. Cogí con una mano tu melena y tirando de ella hice que levantaras la cabeza para verlo. Tu boca estaba abierta igual que la de la chica de la pantalla. Me sentía cabalgando una yegua, con las riendas en la mano y mi cuerpo chocando contra el animal.

Aumenté el ritmo y estaba a punto de correrme, pero aún quería que probaras algo más. Inclinándome más sobre ti, bajé mi mano derecha por debajo de tu cuerpo hasta alcanzar la raja de tu coño. Fue bestial la sensación de encontrarme un charco entre mis dedos y un reguero de humedad bajando por los muslos. Empecé a frotar la palma por todo tu sexo e introduje un par de dedos en esa cueva encharcada, consiguiendo que mi mano se empapara con tus jugos. Volviéndome a incorporar tiré de la melena hacía un lado para que ladearas la cabeza, y llevando esa mano hasta tu boca te dije:

– ¡Lámela!

Pasabas tu lengua por la palma de mi mano, como esa yegua en la que te habías convertido bebería de ella. Jadeabas a la vez y con el mismo ritmo que había empezado de nuevo a taladrar tu culo. Cada embestida mía, un “aahhh…”, salía de tu garganta, un sonido ahogado, gutural proveniente del fondo de tu cuerpo, mientras con tu lengua estirada terminabas de limpiar toda mi mano. La retiré de tu boca para ponerla en tu cadera. Acerqué mis labios a tu oreja.

– ¿Sabes que voy a hacer? – ¡Nooo!, dijiste en un gemido.

Sin que te diera tiempo a imaginarlo, con mi mano izquierda tapé tu boca, y la otra que permanecía pegada a tu piel, la levanté con energía para dar un fuerte cachete en el culo, ¡plass! Quisiste gritar (de placer seguro), pero no te dejé. Lo que si escuchaste en tu oído fue:

-¡Puta!, me voy a correr en tus entrañas.

Tus manos se agarraron con fuerza al asiento cuando una corriente recorrió mi cuerpo y provocó nuevos movimientos. Sentiste esos golpes como latigazos en tu cuerpo cuando un torrente de placer empezó a inundar tu culo. Levantaste la cabeza hacia arriba al igual que haría ese animal en el que te habías convertido, pero en vez de relinchar un gemido escapó de tu garganta. Las paredes de tu culo se contraían exprimiendo mi polla y sacando toda la leche que aún podía quedar. El orgasmo fue tan bestial que mis piernas flaqueaban.

(Ella).

Caíste exhausto sobre mí y una sensación de placer inmensa me llenó al pensar en todo lo que habías disfrutado de mi cuerpo y a la vez como me habías hecho disfrutar a mí. Era una puta contenta del trabajo que había hecho. En la oscuridad de la sala pude ver como uno de esos hombres que no nos habían quitado el ojo de encima, me estaba sonriendo. Le devolví la sonrisa a la vez que nos incorporábamos y en ese instante pude sentir como escurría de mi culo aún abierto la leche de tu corrida. Relamí mis labios con lujuria e intuí que ese hombre se estaba corriendo, gracias a mí y a lo puta que era.

(Yo).

Sudorosos y fatigados nos colocamos la ropa y salimos de la sala, pasamos antes por el servicio para lavarnos y allí fue donde cumpliste uno de mis deseos.

– ¡Saca el tanga de tu bolso!, quiero ver como te lo pones.

Rebuscaste en el bolso y sacaste esa prenda. Un tanga color burdeos. Me disté la espalda, pero seguí tu mirada en el espejo que tenías frente a ti. Remangaste la minifalda hacía arriba para enseñarme tu culo, allí ante la blanca luz de los fluorescentes era algo esplendido. Vi como te inclinabas con el tanga en tus manos, tu culo me miraba, entre los muslos la prominencia marcada de tu sexo y sobre él ese agujero, colorado aún por el trabajo que había hecho. Vi como introducías los pies por la tela, como la subías lentamente por los tobillos. Como contoneabas las caderas al llegar con ella a la cintura. Y como lo colocaste entre las nalgas del culo y con delicadeza sobre los labios de tu coño.

Estiraste hacía abajo la falda y colocabas tu pelo frente al espejo dándome la espalda todavía, cuando tu mirada buscó la mía para decirme:

– ¿Nos vamos?

Autor: robinblue8

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