Vendiendo un curso de inglés

Hace mucho que no me paraba a escribir por aquí. La última vez yo aún trabajaba en el hotel, donde duré 7 años, pero a finales del año pasado dejé ese trabajo, tomé unas vacaciones y para marzo ya estaba trabajando para una escuela de inglés.

Como yo sé hablar inglés, mis amigos pensaron que trabajaba como maestro sin embargo se sorprendían al saber que no, sino que estaba en el área de publicidad y ventas. Esto me llevaba a concertar citas domiciliarias con los clientes prospectos, donde debía explicarles el programa de enseñanza y lograr cerrar la venta. Sé lo que están pensando: que concertaba citas con hombres para tener sexo. Yo también lo pensé, pero no era sencillo ya que todas mis visitas eran monitoreadas, así que no, no cogí con ninguno de mis clientes.

Dicho lo anterior, lo que voy a relatar sucedió sin esperarlo.

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La mujer de un cliente

Con mi saliva y sus flujos fui dilatando su agujerito, lento, pero con paso firme fue dando de si, hasta que tres de mis dedos podían entrar y salir con cierta facilidad, el proceso había provocado un poco de dolor, pero se veía que el placer que le estaba proporcionando bien lo pagaba.

Hola, espero estén bien, de nuevo yo, Armando, por falta de tiempo he dejado de subir relatos, pero de nuevo me pongo al corriente, como recordarán los que me han leído, siento cierto fetichismo por las gorditas (gordibuenas), en especial las que no están tan gorditas, todo exceso es malo.

Les voy a contar de Ana. Anita es una mujer a la fecha de 32 años, la he conocido hace ya más de 10 años por cuestiones profesionales, le llevaba la contabilidad a su esposo, cuando la conocí, era una mujer “llenita”, al parecer siempre lo fue, pero después de tener a su primer hijo, sus carnes tomaron un aspecto formidable pues embarneció de lo más lindo, tomando sus ya de por si buenas curvas una dimensión bastante interesante…

Ana es de estura media-baja aproximadamente, 1.63 mts., cuando la conocí aproximadamente unos 75 a 80 kilos, tez blanca, cabello largo castaño, unos ojos avellanados color miel muy bonitos y una sonrisa blanca muy pícara. Aunque era un poco llenita eso no le baja la autoestima en absoluto, bien podía usar jeans, shorts, blusas de licra al talle, ombligueras y todo eso que una chica que con algo de sobrepeso evitaría para evidenciar esos kilitos de más, en ella eso no calaba y siendo sinceros a mí en lo personal hacía que la libido se me dispara al apenas haberla visto.

Hace cinco años la relación entre Ana y yo cambió de una fría, pero cortés plática, la mayoría de las veces intrascendental, sobre mi trabajo, los impuestos de su marido o sus actividades, a algo que más tarde nos llevaría a la cama.

Y es que ya me resultaba insoportable la situación de verla y no poder pasar de ahí, así que decidí dar un paso adelante y ver qué pasaba, si esto no marchaba, posiblemente perdía un cliente de años y cualquier oportunidad con Ana, pero las cosas resultaron diferente, comencé con algunos detalles para con ella, que poco a poco fueron cambiando el ambiente entre nosotros hasta un día que llegué a su casa a dejar unos papeles para “N”(mi cliente), y ella me recibió enfundada en un body de ejercicio negro que la hacía verse sen-sa-cio-nal, no me lo aguanté y sin decir agua va le dije:

-¡Anita!, en body te ves ¡simplemente buenísima!

Ella se ruborizó ante lo inesperado de mi comentario y sonrió nerviosamente, yo tenía que aventar toda la carne al asador, sentí que era el momento, la había dejado mal parada con mi comentario y si no actuaba posiblemente no habría segunda oportunidad, pues ya con la cabeza fría, podría decirme que no volviera a hacer esos comentarios o se lo diría a su esposo, no quería que se llegara a dar cualquiera de los dos casos. Así que sin esperar ni un segundo más después de mi comentario se la solté directa y sin escalas:

– Donde no me atiendas rápido, no respondo, que estoy deseando echarte un polvo aquí mismo.

Obviamente para haber hecho este comentario yo ya había trabajado un poco de confianza con ella a lo largo de dos meses y los comentarios picantes ya viajaban en una dirección y otra en varias ocasiones, pero nada así de directo, al principio ella reaccionó como si las cosas fueran como en otras, sólo un comentario picante, pero al voltear a verme y cacharme viendo su hermoso culo, vio que mis intenciones eran reales, ella dejando su sonrisa habitual, se puso seria y se me quedó viendo por unos segundos y todavía para ratificar mis palabras me inquirió:

– ¿No estarás hablando en serio?

A lo que respondí tras su pregunta:

– Nunca he hablado más en serio, me gustas desde que te conozco y si no te había dicho nada es por respeto a “N”, eres su esposa, él mi cliente y no se me hacía ético, pero tenía que decírtelo.

Ana me entregó los papeles y me despachó, su semblante era serio y me escudriñaba con su mirada como buscando algo, me despedí de ella y pensé que todo había acabado antes de comenzar. Pasaron algunos días antes de regresar a la casa de “N”, tenía que ir a dejar mi recibo de honorarios y “N” como de costumbre no estaba, así que tuve que ver nuevamente todo con Ana, contrario a lo que esperaba, ella me recibió muy jovial, alegre, coqueta; estaba cocinando y me invitó a pasar a la cocina para que ahí viéramos lo que traía, le mencioné que sólo pasaba a dejar el recibo y que tenía que retirarme, ella hizo caso omiso a mis palabras y me ofreció un vaso con agua, mi organismo lo agradeció y yo también…

Estaba haciendo un calor espantoso eran aproximadamente las dos de la tarde, Ana empezó a preguntarme sobre mi día, el calor, la salud y terminó diciendo, “lo he pensado Armando”, obviamente hasta el agua me entró “chueca”, haciéndome toser, a lo cual cuando me pude recomponer, le dije haciéndome el occiso:

– ¿Acerca de qué Ana?

Ella quedándoseme viendo con cara de “no me vengas con pavadas” me recordó:

-De lo que me dijiste el otro día, o ¿era alguna de tus bromas?, porque yo lo pensé en serio.

Me limité a contestar,

-Si Ana es en serio, sólo me agarraste en curva y no sabía a qué te referías.

Ana cambiando el semblante y tomando una de mis manos me dijo:

-Acepto, la verdad siempre he tenido la fantasía de serle infiel a mi marido, pero hacerlo con cualquiera no me daba seguridad, una nunca sabe con quién se puede meter y tú me generas esa seguridad, además se que eres un hombre limpio por tu apariencia y eres agradable y porque no decirlo, me gustas.

Para esto Ana estaba frente a mí, yo me encontraba sentado en un banco de la barra de la cocina, así que ella estaba entre mis piernas, acariciando mi pecho y mis piernas alternadamente mientras me decía lo anterior, yo la sujeté del mentón y la halé para darle un beso que siguió mientras mi manos recorrían sus hombros, brazos y seguían la línea de sus brazos para volver a subir hasta su cuello y mentón.

Ana ese día traía una falda de mezclilla corta, a media pierna, una blusa blanca de algodón muy ligera, se notaba dentro un top blanco también de esos que no tapan más que lo necesario sin tirantes, nuestros besos se hacían cada vez más ardientes y nuestras manos se movían frenéticamente tratando de acariciar todo lo que la posición nos permitía, mis manos se apoderaron de sus senos que sentían duros, grandes y ya marcaban su pezón en el top…

Las manos de Ana iban de mi pecho a mi cara, bajaban por el medio hasta perderse en medio de mis piernas, acariciaba mi pene por encima del pantalón y apretaba con sus dedos como queriendo arrancar la tela encima de él. Pronto extrañamos su blusa y top y mi camisa, la falda siguió el mismo destino de las prendas anteriores, ella quedó en una tanga deliciosa color roja que se incrustaba en toda su piel, perdiéndose entre sus nalgas y en la parte delantera un pequeño triángulo de tela apenas cubría su vulva, dejando ver un depilado perfecto en su coñito.

Me bajé del banco y ella se hizo cargo de mi pantalón y bóxer, mi polla ya acusaba cierta rigidez, se puso en cuclillas y con dedicación comenzó a darme una mamada deliciosa, mientras lo hacía no dejaba de mirarme degustando golosa mi polla, lamiendo, chupándolo, pajeándome mientras lo hacía, eso me puso a mil, pero no quería acabar aún, así que le dije que fuéramos a la recámara, ella se levantó y sin soltarme el pene nos dirigimos a ella.

Al estar ella frente a mí al entrar en la recámara, la abracé por la cintura y me pegué totalmente a ella recargando mi polla en su culo, mis manos sujetaron con fuerza sus senos, Ana solo recargó su hermoso trasero para sentir mi polla entre sus nalgas, yo le besaba y mordía su espalda, ella movía cadenciosamente sus nalgas y acompañaba mis manos con las suyas, tras unos segundos, la arrojé sobre la cama de frente y ahí tenía a mi disposición su tremendo culo totalmente ofrecido, me puse tras ella y besando y mordiendo cada palmo de su piel fui bajando por su espalda guiándome por su columna, hasta el resorte de su tanga que fui bajando conforme mi boca avanzaba por esas nalgas monumentales, retiré completamente su última prenda, mi lengua marcaba la división de esas masas de carne, su culo olía a sudor y mierda, pero poco me importó.

Abrí sus nalgas con mis manos y mi lengua fue en la búsqueda de su ano, lo lamí con total devoción, Ana estaba perdida entre suspiros, gemidos y uno que otro espasmo que le provocaba mi lengua en su ano, abrí sus piernas y mis dedos buscaban la entrada de su vagina, pronto tenía dos dedos en su conchita y mi lengua no le daba cuartel con su culo…

Ana no tardó en tener su primer orgasmo, al tenerlo, le metí un dedo también por el culo y seguía lamiendo por los laterales, mordiendo sus nalgas, no pudo apagar sus gritos de placer, lo único que hacía era gemir y revolcarse encima de la colcha de su cama, lamí delicadamente su vulva tras su orgasmo unas cuantas gotas de flujo resbalaban por sus labios hacia su clítoris que también recibió su atención tras su orgasmo.

Después de su orgasmo ella se volteó, se sentó en la cama y comenzó a pajearme para después meterla en su boca y regalarme otra mamada, cuando estuve en pie de guerra nuevamente, ella me indicó que no podía hacerlo por la vagina pues estaba en tiempo fértil, que eso le apenaba, pero que se lo hiciera por el culo, “en otra ocasión será”, me indicó, se volteó nuevamente boca abajo y me dejó hacer, le pregunté si lo había hecho por el ano y me dijo que nunca, pero por las caricias que le había prodigado sentía unas ganas terribles que se lo hiciera por ahí…

Así que con mi saliva y sus flujos fui dilatando su agujerito, lento, pero con paso firme fue dando de si, hasta que tres de mis dedos podían entrar y salir con cierta facilidad, el proceso había provocado un poco de dolor, pero se veía que el placer que le estaba proporcionando bien lo pagaba, cuando vi que era suficiente hice que me la mamara una vez más para bañar mi pene con saliva y dejé caer un poco de saliva de mi boca en su ano, esparcí la saliva con mi glande y apunté directo a su ojete.

Lento, pero sin detenerme fui dentro de ella, me detuve en dos momentos, el último fue a fondo, quedé acostado sobre su espalda y poco a poco fui entrando y saliendo de ella, le pedí que se pusiera en cuatro puntos, cosa que hizo de inmediato sin dejar salir nada de su culo, empezamos un mete y saca delicioso, toda su cola temblaba a cada choque con mi pelvis, cada vez más rápido…

Mis gemidos y sus gritos llenaban la habitación, estaba que me vaciaba, pero traté de retener lo más que pude, era prácticamente imposible moverme o retener, una cosa o la otra, aflojé mis músculos y me derramé totalmente dentro de su intestino, la sujeté por los senos y la levanté para meterla y sacarla rápidamente mientras uno a uno de mis chorros de leche se depositaban en su ano.

Mi leche empezaba a fluir por donde podía escapar entre mi pene y las paredes de su ano, me dejé caer junto con ella en la cama sin sacársela aún, nos volteamos de lado y así nos quedamos abrazados un rato, mi verga se salió prácticamente solita de su habitáculo (bien dicho, habita-culo), se volteó hacia mí, nos besamos y platicamos de lo sucedido, ella estaba segura que en cuanto pudiera tenía que hacerle el coñito, en ese momento podíamos hacerlo con preservativo, pero a Ana no le gusta así, le gusta al natural.

Lo hicimos una vez más, variando las posiciones, realmente Ana es una mujer muy caliente, al menos eso descubrió conmigo, pues con su esposo a veces llegaba al orgasmo, conmigo ese día tuvo tres, tras darnos un regaderazo rápido, dejé su casa y en esas anduvimos por dos años, siempre en su cama, la de “N”, nunca estaba en las tardes, y yo como perfecto contador tengo la ética de atender con atingencia a mis clientes y vaya que esta clienta era demandante.

Nuestra separación se dio porque quería dejar a “N” para irse conmigo, pero yo no estaba dispuesto a dejar a mi esposa, las cosas fueron a mal y decidí zanjar el tema, aún es mi cliente “N”, pero ahora voy a su negocio y por cierto tiene una secretaria buenísima ya les contaré de ella.

Agradezco cada uno de vuestros votos… y comentarios…Gracias…

Autor: Armando

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Mi primer viaje a Bahía

Mi culo seguía muy lubricado, porque la crema había penetrado muy profundamente, esa gran verga visitó los lugares más lejanos de mi ser, Raulinho se agachó y me hizo una gran chupada. Braulio se retiró de mi interior tiró el forro y la lavó. Yo me di una ducha en el bidet, con lo agrandado que estaba, los chorros de agua fría llegaron hasta lugares nunca antes visitados por ese elemento.

Hace casi dos años que fui a Bahía por primera vez y hasta ahora la única. Más exactamente en el invierno del 2001. Iba a ir con mi compañero de vivienda y de alguna que otra intimidad, pero el destino, “cruel” destino se opuso. Operaron a su papá y tuvo que quedarse en el sanatorio a cuidarlo. Como yo tenía la licencia y no quería postergarlo me fui solo. Pensando me aburriré bastante en la cama, pero voy a aprovechar y veré todo lo que pueda de esos interesantes lugares.

Yo quería conocer Ouro Preto, de la cual me habían hablado maravillas, pero todas las excursiones salían de Buenos Aires, yo tendría que ir hasta allí para tomar el avión. Pero no quise ir en avión porque me llevaría directamente a Salvador de Bahía y yo tenía otros planes. Elegí una excursión terrestre, que también salía de la Capital, pasaría por Paso de los Libres y entraría al Brasil por Uruguayana. Así lo hice me tomé un micro para Paso de los Libres y allí abordé la excursión. Eran unas veinte personas, la mayoría mujeres cincuentonas que iban en peregrinación a Lemanjá, algún matrimonio y un hombre solo, que tendría unos setenta largos. Como yo iba a ir con mi amigo, me tocó habitación solo. Mejor porque sino la tendría que compartir con el setentón, que no era malo, pero tenía sus rarezas. De allí la siguiente escala sería en Porto Alegre, pero la primera noche fue en Camboriú. Recorrimos la ciudad, fuimos a cenar, en fin todas las cosas que hacen en las excursiones.

Las señoras como siempre lo hacen: compras. No sé por qué tienen la maldita costumbre de quejarse del dinero, que esto que lo otro, pero siempre compran, la mayoría son porquerías que ni saben para qué las quieren, pero las compran igual, será para hacer ver que estuvieron de viaje. En Camboriú descansé de tantas horas de micro, ¡pero esas fueron pocas! De allí partimos rumbo a Ouro Preto, interminables rutas, campos y más campos, pasamos por las afueras de San Paulo y desviamos tierra adentro, después de horas y horas de ver todos esos monótonos paisajes arribamos a un hotel muy raro en Ouro Preto. De mi habitación se divisaban algunos morros con iglesias encima y muchas flores y plantas, verde por todos lados. Me duché para quitarme el cansancio, cuando me estaba vistiendo para bajar a almorzar, golpearon a mi puerta. Al abrir me encontré con un joven de unos veinte años, muy blanco, extremadamente blanco y transparente con el cabello casi blanco de tan rubio, que me dijo que lo mandaban de la recepción.

Me traía el control remoto de la TV, que si le permitía pasar lo probaría para comprobar si funcionaba. Yo tenía la toalla anudada en la cintura, con el cabello desordenado y empapado, me hice a un lado y lo dejé pasar. Comprobó que todo marchara bien, me dio el control y se dirigió a la puerta. Como pude con las pocas palabras de portugués que conocía lo invité a tomar “cerveza”. Se negó porque estaba trabajando y si le sentían aliento alcohólico tendría problemas, pero dijo que como hacía calor me aceptaría una gaseosa. Hice un gesto con mi mano y él abrió la heladera, sacó una gaseosa de limón y comenzó a beberla mientras yo lo miraba. Me preguntó si le veía algo raro que lo miraba tanto. -No, no tenés nada raro, me llama la atención la transparencia de tu piel y la blancura, no pareces de acá. Supongo que muchas palabras no las habrá entendido, pero el concepto sí, porque me respondió que sus padres eran finlandeses, de Laponia. -Me gustaría ver si todo tu cuerpo es igual, ¿las partes que oculta tu ropa son iguales? Se ruborizó un poco y dijo que sí. Pero lo que más me sorprendió fue que me dijo ¡que si lo quería comprobar con unos cuantos dólares bastaría!

Me dejó impresionado. Miles de cosas pasaron en un instante por mi mente. ¡Me dije este es un taxiboy! -O senhor deseja ver, eu mostro por U$5. -Me gustaría algo más que ver. Titubeó un poco y me pidió U$10, pero solo podía chupársela, nada de penetraciones, y rápido porque notarían su ausencia. A esas alturas mi toalla estaba levantada por la parte de adelante, mi verga inactiva por unos cuatro o cinco días, al sentirse próxima a una “transa” no aguantó más y reaccionó. El posó su mano en el bulto que se destacaba bajo la toalla. -¿Tanta necesidade tem? Desanudé la toalla y la dejé caer. El quedo frente a mí con la mano estirada y queriendo ver los dólares. Fui hasta mi ropa, los busqué en la cartera y se los mostré con gestos de que quería ver. Ni corto ni perezoso, se desabrochó la camisa y se la sacó, todo su pecho era igual de transparente se le notaban unas venas azules por todos lados, ¡nada de pelos! Sus tetillas apenas estaban cubiertas por una pelusa blanca, muy diminuta. Desbrochó su pantalón, levantó una pierna luego la otra y se lo sacó mientras mi verga en mi mano lo apuntaba y mi otra mano sostenía los U$10 porque no tenía billetes más chicos. Vi que tenía un jockstrap como llaman los norteamericanos a esa prenda que pone la pija y las bolas en una especie de bolsa y el culo queda afuera, sujeto por unos elásticos.

Se dio vuelta y pude verle las nalgas apenas tapadas por los elásticos. Soberbias, transparentes y en la raja se volvía a notar esa pelusa nevada. Se agachó como haciendo un show, separó las piernas y con sus manos separó las nalgas y dejó su culo al aire. Aaaaahhhhh… Como estaba gozando ese espectáculo, y eso que todavía no había sucedido nada. Yo tenía la cabeza de mi verga toda húmeda y pegajosa por los jugos pre-seminales que empezaban a aparecer. A continuación se sentó en el borde de la cama, levantó las piernas y se quitó la prenda que aún lo cubría. Pude ver que lo que ocultaba era una pija normal, ni grande ni chica, ni larga ni corta. Pero como estaba baja no podía adivinar a cuánto ascendería su tamaño en estado de erección. Me llamó con las manos como diciendo que ya estaba listo. Yo quería contemplar el espectáculo. Me acerqué y lo examiné de cerca. Sobre la pija tenía unos pocos vellos rubios como los de cabellos de su cabeza, pero más claros y finitos. Le levanté la pija para verle los huevos, estaban acordes a lo demás no muy grandes, pero perfectos, cubiertos con la misma pelusa que tenía por otras partes de su cuerpo. Me dio a entender que estarían por notar su ausencia, me dijo apúrate y chúpamela. Me agaché en el piso al borde de la cama, él levantó las piernas y las apoyó en mis hombros, acerqué mi boca y la besé luego la lamí y finalmente succioné la cabeza.

En ese momento sentí como crecía dentro de mi boca y me di cuenta que se estaba despertando. El empezó a gemir y a decirme cosas que no entendí, porque era un idioma desconocido para mí. De repente la saqué de mi boca y la miré, era blanca y poblada de venas azules muy finitas salvo una que parecía por reventar y era más oscura. No había crecido mucho más serían unos 18 cm. Le pedí que se corriera, que me dejara lugar sobre la cama. Me puse arriba de él en posición de 69 y le acerqué mi pau, como dicen ellos a la boca. Dijo que por ese dinero no lo hacía, pero como yo le había caído bien me la chuparía, pidió que cuando la porra estuviera por salir que se la sacara de la boca. Acepté, a esa altura aceptaba todo lo que me diera placer. El se la metió en la boca y yo la empujé hacia su garganta, la rechazó y tosió un poco, quejándose de que era muy larga, que lo hiciera despacio. Me la lamió mientras yo bajaba y subía de su verga y le lamía los huevos. Me metió un dedo en el culo y me pajeaba con la boca y con la otra mano, mientras yo me ocupé de su culo tan limpito, blanco y con un agujerito apenas rosado. El me estaba tirando de las bolas y me la estaba chupando con fuerza cuando sentí que no aguantaba más y acatando lo convenido se la saqué de la boca. Ahhhhhhhh… ¡seguí lamiendo no parés! El se puso debajo de mí y me lamió desde abajo, hasta que paró de caer toda la leche sobre la cama.

Su pija seguía dura, él se puso de pie y con una mano comenzó a pajearse mientras se metía un dedo en el culo. Ohhhhhh… Huuuyyyy… Acercó su pija a la mía, y toda la leche me cayó encima. -Dame un beso de despedida. Se agachó me besó en los labios, y se fue al baño. Lo seguí. Se lavó la pija, se secó y volvió al dormitorio, se vistió en silencio y me dijo que si al otro día quería otro servicio de cuarto que lo llamara. -Pregunta por Veikko. Agarró el dinero y se fue. Yo volví a bañarme nuevamente y bajé muy tarde a almorzar. Lo volví a ver en el comedor, era el encargado de tomar el pedido de las bebidas, me preguntó que iba a tomar como si no me conociera. A la tarde recorrimos la ciudad, las innumerables iglesias y a la noche me dormí muy temprano, cansado del viaje y satisfecho por la bienvenida que había tenido en esa ciudad. A la mañana siguiente lo vi en el salón del desayuno, pero ni me miró. Me hubiera gustado despedirme de él. Pero como todo taxiboy, vende su cuerpo, lo demás no existe. Cargamos las valijas y salimos para Belo Horizonte. Dimos unas vueltas por ahí y luego a la ruta nuevamente. Salvador nos esperaba. Después de horas y horas metidos en el micro llegamos a nuestro destino. El hotel se encontraba en una calle lateral a la playa, pero del piso 14 en que estaba mi habitación podía ver una panorámica muy buena de la costa.

Nos llevaron a recorrer la ciudad, el ascensor que lleva a la parte baja de la ciudad y después al famoso “Pelourinho”, donde se filmó “Doña Flor y sus dos maridos”, allí nuestro guía nos dijo que nos dejaba en manos de un guía local, porque había un reglamento en Brasil que en ciertos lugares sólo guías locales podían llevar a los turistas y además eran personas muy experimentadas y sabían todo lo referente a los sitios que visitarían. Nos presentó a Raulinho, un moreno cuarentón de piel gris- pajiza, bajo, sin motas, tenía poco cabello ondulado, pero no en vías de volverse calvo, simplemente era su naturaleza esa clase de cabello. Sabía muy bien el castellano, porque estaba acostumbrado a turistas de toda Sudamérica, nos indicó todo sobre el famoso barrio que estábamos visitando, las iglesias y nos llevó a una especie de mercado que en el fondo hay una plataforma de madera desde la cual se divisa gran parte de la ciudad. Este Raulinho me empezó a mirar de una forma sospechosa. Pensé ¿le habré gustado o se habrá dado cuenta de lo que me gusta?

Los demás turistas iban y venían recorriendo el mercado y yo me quedé a solas con él, que me miraba como para que yo le dijera algo. -Raulinho, hace días que ando por tu país y me gustaría tener una experiencia distinta. -¿A qué clase de “experiencia” te refieres? Lo dijo de una forma tan extraña, como queriendo decir largá el rollo y decime que querés hacer. -Me gustaría tener una transa como le dicen ustedes con un negro, pero bien negro. Raulinho no se asombró y me contestó que él tenía un “amigo” al cual le gustaba complacer a los turistas…  -¿Cuándo podemos verlo? -Cuando quieras, vive cerca de acá. -Después de esta recorrida no tengo nada más que hacer hasta la noche que nos tenemos que encontrar para ir a cenar. -Lo llamo por teléfono y le digo que nos espere… -¡Sí, decile que vamos! Raulinho agregó:

-Cobra U$100 y trabaja conmigo… -¡Qué! ¡Es mucho dinero!

En esa época el peso argentino estaba a la par del dólar y no había corralito, yo no era ejecutivo para pagar esas tarifas que ellos suelen pagar. -Sí eso es lo que acostumbramos cobrar a los turistas. Braulio que así se llama, deja satisfechos a sus clientes, tiene una gran “ferramenta” y puede estar muchas horas con un cliente… Habló tanto de ese Braulio que ya me intrigaba y sentía cosquilleos bajo mi bragueta. Acepté y lo llamó desde un fono del mercado, después de despedir a los demás pasajeros me llevaría a su casa. Yo les dije que me quedaría un rato más conociendo el lugar, que los encontraría para cenar. Raulinho me llevó por unos laberintos de callejuelas desparejas, llegamos a una casa muy vieja, abajo había un restaurant, la casa tenía dos balcones con barandas de hierro, por una escalera oscura subimos a la planta alta, allí había una living-comedor bastante moderno, nada que ver con el aspecto exterior de la vivienda, Raulinho siguió a la habitación contigua, yo lo seguí y entramos.

Del techo pendía un ventilador y sobre una gran cama estaba recostado Braulio, un moreno enorme, mediría cerca de dos metros, solamente lo cubría una pequeña malla verde-limón de esas telas fluorescentes, que se destacaba más por el color negro berenjena de su dueño. Sí, porque Braulio no era de esos negros marrón o chocolate o como Raulinho, era totalmente diferente… Esa malla apenas le cubría lo que después vería en su total magnitud, porque en ese momento solamente pude apreciar que tenía un bulto enorme. Raulinho entró, se dirigió hacia los brazos extendidos que le ofrecía su amante, se dieron un beso muy apasionado y al finalizar nos presentó. Braulio no sabía castellano, lo poco que hablamos no fue necesario que Raulinho fuese el intérprete. Raulinho dijo que estaba acalorado y transpirado porque había andado mucho por el Pelourinho mostrando el lugar a los turistas, se excusó y se fue a bañar. Braulio me hizo señas de que me sentara en la cama. Como había mucho calor a pesar del ventilador de techo, me saqué la remera y quedé solamente con el short.

Braulio conocedor de su oficio, me empezó a tocar el pecho, mientras yo lo miraba y trataba de descifrar el color tan extraño que tenía. Repentinamente agarró una de mis manos y la apoyó en su pecho como indicándome que a eso había ido. Toqué ese pecho sin pelos, jugueteé con mis dedos dentro de su ombligo y finalmente posé mi mano en lo que más quería ver que era su paquete. Sentí una cosa bastante grande y blanda, pero maciza. El retiró mi mano y se sacó la malla… ¡Vi una verga enorme!, le colgaban hacia abajo como 20 cm de “pau preto” y su grosor era increíble.  ¿Cómo será esto cuando se levante? Fue la pregunta que pasó por mi mente. El me sacó de ese pensamiento cuando quiso sacarme el short. Cuando quedamos los dos en bolas, él la agarró con una mano, corrió el forro para atrás y mostrándome una cabeza muy brillosa me la ofreció para que la chupara. Me acerqué y la olí antes de lamerla. ¡Qué aroma extraño emanaba de esa pija! No era olor a suciedad, porque estaba muy limpio, era un olor natural, parecía almizcle. No me agradó, pero tampoco lo rechacé.

Lamí esa cabezota medio mustia, la metí en mi boca mientras él me pellizcaba las nalgas y se abría paso para tocarme mi agujero posterior. Dentro de mi boca esa cabeza empezó a revivir, no pude aguantar más y la tuve que sacar, no me cabía en la boca y eso que ya había probado con vergas de gran tamaño, pero ¡como esta ninguna! Al sacarla la miré. Tendría como 25 ó 26 cm de largo, el grosor fue más difícil calcularlo, pero la agarré de la base donde había unos pendejos negros muy enrulados y noté que no cabía en el espacio formado entre mis dedos índice y pulgar. Por lo que deduje que su diámetro sería de unos 6 cm o más. Braulio me tomó la cabeza y la empujó sobre su pija, la cual no pasó más de media cabeza para adentro de mi boca. Solamente pude lamer y deleitarme con ese aroma tan extraño. Lamí a lo largo de todo ese espléndido ejemplar como si se tratase de un helado de un sabor desconocido. Cuando entró Raulinho desnudo, nos encontró en esa actitud. Yo estaba sobre Braulio, éste me metía un dedo por atrás y desde allí sostenía mi pija que a esa altura estaba muy dura. Raulinho se acomodó entre nosotros y le ofreció su pija a su enamorado, que muy gustoso la empezó a chupar con mucho pasión. Yo me corrí hacia el costado porque quería ver a los amantes en acción. Hicieron un 69 muy caliente, Braulio le metía la lengua en el culo de Raulinho y este mientras tanto bajaba y subía de esa enorme vergota con una destreza de la cual yo carecía.

Ahhhhh… gritaba Braulio y Raulinho al sentir un dedo hurgando en su ser gemía muy suavemente. Yo empecé a acariciar las piernas de Raulinho y veía como los dedos y la lengua de Braulio, jugueteaban con su ano. Pararon un momento para tomar aire y nuevamente me puse a lamer la vergota que ya estaba muy lubricada por los jugos pre-seminales y por la saliva de Raulinho. Raulinho al ver que mi pija también tenía jugos se la metió en la boca y me la empezó a chupar con una facilidad bárbara. Bueno, después de tragar la de Braulio todas son como caramelitos pequeños. Braulio seguía jugando con su culo hasta que nuevamente se detuvieron. Trajeron condones y me pusieron uno. Yo pensé ¿qué querrán hacer ahora? Raulinho se puso una almohada bajo la cintura, levantó las piernas bien alto con el culo bien a la vista y me indicó que se la pusiera. Así lo hice, fue muy fácil, lo tenía muy dilatado, y también con semejante marido… Pasó las piernas atrás de mi cabeza, mi pija iba y venía. Supongo que se excitaría o fingiría estar excitado porque no creo que pudiese sentir algo. Mi pija es normal, pero ese culo está acostumbrado a instrumentos de 5 ó 6 cm más que el mío. Ahhhhhhhh…Omar seguííííííí así…

Braulio se colocó atrás de mí y me empezó a meter sus dedos ensalivados. ¡Metió hasta cuatro! Ahhhhhhh… Braulio me estás haciendo gozar. El contestó algo como que ya iba a venir lo bueno. Quedé intrigado con su respuesta, pero al instante sentí que algo era apoyado en mi ano. Sí, era su vergota, la cabeza empujaba para entrar, pero era inútil. Me dijo que la dejara dentro de Raulinho, que levantara bien el culo y no me moviera. Sentí algo frío, era crema ¡me lo había untado con crema! El forro que se puso era de los extra-grandes, pero no llegaba hasta la raíz de su vergota la cual también fue untada con esa crema, me separó los cachetes, hizo sostener la abertura con las manos de Raulinho y la apoyó de nuevo.

Entró un poco de la cabezota… Ayyyyyyyy… Braulio pará que me duele… La sacó y me masajeó con los dedos, sentí una gran suavidad, mientras mi pija seguía enterrada en Raulinho. Nuevamente la apoyó y metió toda la cabeza, atravesó mi esfínter con mucho dolor. Ayyyyyyy… Braulio me duele… La sacó otra vez, se sacó el forro, me dijo que saliera y se la enterró toda de una vez a Raulinho. Pude ver cómo iba y venía sin ninguna dificultad. El culo de su amigo estaba muy acostumbrado, pero el mío no. Braulio se la sacó, se acostó boca arriba, Raulinho se sentó sobre esa verga que era sostenida por una mano de Braulio y descendió como si nada monstruoso entrara dentro de su ser. Raulinho la tenía muy dura, me pidió que se la chupase un poco. Con esta no tuve problemas, la chupé muy fácilmente. Ahhhhh… sigan así, gemía Raulinho mientras bajaba y subía, después de gemir unas cuanta veces me pidió un forro y se lo puso, se recostó sobre el pecho de Braulio, los dos de piernas abiertas me ofrecían un gran espectáculo: la gran pija de Braulio se perdía dentro del cuerpo de Raulinho, las bolas de Braulio colgaban sobre la cama mientras la pija de Raulinho miraba hacia arriba. ¡Me senté sobre los dos! Ahhhhhhhhhhh…

Raulinho cuando la hubo acomodado toda dentro de mí empezó a jugar con mi pija, cada empujón que le daba Braulio repercutía en mi culo y la mano de Raulinho bajaba y subía con mayor rapidez. Ooohhhh… Ahhhhhhhhh… Fueron los sonidos que emitió Raulinho y dejó de jugar con mi pija. Me levanté, le quité el forro y vi una gran cantidad de leche que le corría desde la cabeza hacia la raíz de su verga. El también se levantó y Braulio se puso a chupársela y se tragó hasta la última gota del elixir que había salido del cuerpo de su amante. Braulio seguía de pija dura y yo estaba igual. Sólo Raulinho había gozado. Me puse boca abajo sobre la cama, mi agujero estaba más dilatado, con la crema derretida por el calor, pero igual Braulio me puso otro poco, se puso otro forro y lo untó todo con la crema. Se puso sobre mí, apoyó la cabeza y esta vez entró sin problemas, dio un empujón y sentí un dolor muy intenso, con mi mano toqué para tratar de sacarla y noté que de un solo golpe me la había metido casi toda.  Ayyyyyyyy…  como dolía… sácala Braulio no aguantó más.

No sé si me entendió o que sucedió, la sacó casi toda, menos la cabeza, sentí un gran alivio. Ahhhhhhhhhh… ¡por suerte la sacaste! Cuando estaba sintiendo el alivio, nuevamente la mandó hacia adentro al no tener resistencia o ser casi nula. Braulio empezó un mete y saca muy rápido, me tiró hacia atrás y quedamos los dos de rodillas sobre la cama, así podía agarrar mi pija con comodidad. Ahhhhhhhhh…  seguí Braulio… me cosquillea toda la pija, voy a acabar… Cuando dije eso, sentí algo húmedo en la bolas… era Raulinho que me las lamía tratando de lamer algo del cuerpo su amante. Ohhhhhhhhhhh… Braulio… Sentí un tirón en mi verga, Braulio me había corrido todo el forro para atrás y la apretaba de una forma espantosa, me dolía muchísimo, toda la piel de mi pija estaba muy tirante, parecía que en cualquier momento se iba a reventar.

Sentí un vacío en mi intestino y era Braulio que la sacaba, pero al instante me dio una embestida muy violenta. Ahhhhhhhhhhh… no aguanto más me duele mucho…. En eso sentí un gozo inesperado en la cabeza de mi verga, miré y vi unos chorros de leche que cayeron sobre el pecho de Raulinho que estaba debajo de nosotros lamiéndole las bolas a Braulio. Braulio me dio unas estocadas más y la sacó, se quitó el forro y se la ofreció a Raulinho para que terminara el trabajo. Este se la tragó nuevamente y yo me puse a lamerle los huevos que latían mucho, subían y bajaban. Ahhhhhhhhhhh… exclamó Braulio y la sacó de la boca de su amigo. Una enorme cantidad de leche blanquísima salió de esa enorme verga negra, ¡nunca había visto tanta cantidad junta! Le hice un comentario sobre eso a Raulinho y éste me contestó que hacía unos tres días que no tenían clientes y que cuando no los tienen no lo hacen, porque guardan las energías para satisfacer a los clientes.

Ellos se dieron un abrazo y un beso interminable, mientras mi culo ardía y me dolía mucho. Nos bañamos mutuamente, y allí en la ducha se la chupé a Braulio un poco hasta que creció mucho y ya no pude hacerlo nuevamente. Le dije que me dolía, pero quería probarla otra vez para llevarme el recuerdo a mi tierra.

Mi culo seguía muy lubricado, porque la crema había penetrado muy profundamente, Raulinho le dio un forro y allí parados bajo el agua esa gran verga visitó los lugares más lejanos de mi ser, Raulinho se agachó y me hizo una gran chupada. Yo eyaculé casi en su boca, fue casi sin aviso mi nueva eyaculación que apenas salieron las primeras gotas, Raulinho la sacó de su boca. Braulio embestía tanto que pensé que eyacularía otra vez. Pero no sucedió eso, al ver que yo había expulsado mi segunda descarga, se retiró de mi interior tiró el forro y la lavó. Yo me di una ducha en el bidet, con lo agrandado que estaba, los chorros de agua fría llegaron hasta lugares nunca antes visitados por ese elemento.

¡Qué alivio sentí! Le pedí a Raulinho que me lo mirara porque sentía muchas molestias en esa zona. -¡Te quedó a la miseria! Está todo enrojecido y hay lugares en carne viva, será mejor que te ponga algún medicamento que quite la irritación. Yo te voy a dar un yuyo. Me dio unas hojas y me dijo que eran refrescantes que me las pusiera allí y que las cambiara varias veces al día. Les di el dinero acordado, y Raulinho me llevó en su moto al hotel, porque se había hecho muy tarde y ya estarían cenando. De allí la excursión siguió para Porto Seguro.

En el hotel donde nos alojamos conocí a un chico muy amable que me ofreció sus servicios porque dijo que yo le había gustado. Me quedaba poco dinero porque faltaba mucho para terminar el viaje y yo no había calculado el gasto “extra” de Bahía. Una noche lo llamé a mi pieza con la excusa de que revisara la heladera. La revisó y dijo que funcionaba bien. Todavía me ardía mucho mi orificio, hacía tres días que había tenido esa intensa actividad que lo había dejado en ese estado pero… Yo abracé al chico y se dio cuenta de que heladera era la que no funcionaba bien. En ese abrazo le toqué las nalgas, muy duritas, él tanteó las mías, pero no lo dejé seguir hasta mi dolorido “amigo”.

Me preguntó que quería hacer, no respondí simplemente le bajé el cierre y me puse disfrutar de lo que encontré. Nada del otro mundo, pero bien de este. Fue una cosa rápida, porque tenía miedo que notaran su ausencia y que lo despidieran ya que era su primer empleo allí… Tenía 18 años recién cumplidos, dijo que no era gay, pero cualquier dinero le vendría bien. Mientras se la chupaba me hizo una paja bastante buena, no me la quiso chupar, pero me lamió los huevos. Por suerte no intentó tocarme la zona “herida”. Le di unos reales que tenía en el bolsillo y se fue a seguir con su trabajo.

Más tranquilo, después de desagotar los “pozos seminales”, me dormí hasta el otro día. Nuestro nuevo destino era Río de Janeiro, el cual recorrí con los compañeros de viaje en los casi dos días que pasamos allí. La última noche fue en Blumenau, pero allí no tuve ganas ni dinero para aventuras. Cruzamos otra vez la frontera por Paso de los Libres, pero no me quedé allí para cambiar de micro, seguí en la excursión hasta Gualeguaychú y allí me despedí de los compañeros de viaje, me tomé un micro para Santa Fe y volví a casa.

Autor: Omar

omarkiwi@yahoo.com

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Mi culito virgen

La estocada fue brutal e hizo salir un alarido de mi garganta. Mis lágrimas salían a borbotones y con la boca abierta sin poder articular palabra, me preguntaba que estaba haciendo yo allí. Luego con  el violento mete y saca del cabrón el dolor remitió un poco y hasta pude adivinar un poquito de placer que me produjo un tímido orgasmo cuando al final el mamón acabó dentro de mi culito violado.

Todo empezó un día que estaba aburrida en la barra de una discoteca de ambiente en Barcelona. Allí conocí a una chica guapísima con la que empecé una relación de amistad y con el tiempo de algo más. Un día en una de nuestras salidas nocturnas en busca de fiesta me confesó que ella se dedicaba a ser chica de compañía de ejecutivos/as, cuando la solicitaban para ir a fiestas, cenas, convenciones o simplemente para ir a un hotel sin más preliminares.

La verdad es que yo me quedé un poco estupefacta, resultaba que con la chica que últimamente salía y que nos lo pasábamos tan bien, era prostituta de alto standing. “Vaya, vaya” es lo único que se me ocurrió decir. Esa noche mi cabeza no dejaba de darle vueltas al asunto, no me lo podía sacar de la cabeza.

La cosa con el tiempo se quedó aquí y no volvimos a comentar el tema hasta un día que recibí un mensaje en el móvil donde me decía que le urgía hablar conmigo. Cuando pude la llamé y quedamos en tomar un café en el centro. Cuando nos encontramos, después de darnos un beso de los de película que hizo mirar embobados a cuantos estaban en el pequeño café, me dijo el motivo del encuentro.

– ” Mira Alba, resulta un poquito delicado lo que voy a proponerte, pero me gustaría que no te enfadaras, si no te gusta simplemente di no y seguiremos siendo tan amigas” – Mirándola con los ojos abiertos y con una cierta impaciencia para saber el asunto tan misterioso, le dije – ” No te preocupes, suéltalo” – Acompañando esto con una sonrisa.

– “Mira ya sabes a que me dedico cuando me lo piden, tengo mis clientes, buenos clientes que cuando vienen a la ciudad y precisan de mi compañía me llaman. Pues bien, tengo un cliente que de vez en cuando me hace partícipe de sus fantasías más íntimas. Normalmente se las puedo satisfacer yo, pero en este caso tiene uno que no.” –

La cosa se iba poniendo interesante, más  o menos veía por donde iban a ir las cosas pero dejé hablar a Clara antes de decirle que no.

-” Tengo un cliente que me ha pedido si tuviera alguna amiga con el agujerito de atrás virgen, para podérselo cliente desflorar. Que le encantaría muchísimo una niñita para poseerla por detrás” -Yo le había confesado a Clara que esa parte de mi estaba todavía intacta y aunque alguna vez ella me había puesto los deditos, cosa que me había encantado, no llegamos a penetraciones más serias.

Cuando oí su propuesta, aunque ya me la estaba temiendo, no lo podía creer. Me estaba proponiendo que me prostituyera, que fuera la putita de uno de sus clientes. Al verme tan descolocada me dijo que la perdonara y que olvidara lo dicho. Que era evidente que no me había hecho ninguna gracia la propuesta.

Esa noche no pude conciliar el sueño, di un montón de vueltas en la cama pensando en Clara y su “amigo” y aunque me escandalizaba solo de pensar en que yo pudiera ser una putita, la verdad es que me ponía en situación y me calentaba de mala manera. Al día siguiente la llamé y le dije que de acuerdo, pero que yo no sabía como actuar en esos casos. Clara me comentó que era perfecta, sin experiencia, con la carita aniñada que tengo y muerta de miedo era lo que el “pájaro” quería.

Quedamos una tarde en su casa para prepararlo todo. El individuo llegaría más o menos a las 18:00 h y primero estaría con Clara y luego lo pasaría a la habitación donde estaría yo encima de la cama con braguitas de niña, calcetines blancos y sin sujetador. Clara me comentó que no me preocupara que ella estaría vigilando para que el tío no se pasara, que yo debía mostrarme en todo momento modosita, un poquito con miedo y quejarme cuando me penetrara, pues debía de pensar que era la primera cosa que me entraba en el culito.

Esa tarde antes de oír el timbre de la puerta Clara me estuvo más ajeando el culito y dilatándomelo un poquito para que no fuera tan dura la primera experiencia, pero no demasiado como para que él notara que estaba dado el agujerito. Nos lo pasamos de maravilla las dos en la cama, yo nerviosa como un flan y ella trabajándome el agujerito con sus deditos y lubrificador, tuve unos orgasmos anales increíbles, aunque lo bueno me había de llegar.

Cuando el tipo entró en la casa Clara lo recibió como solía hacerlo, se lo llevó a la habitación de al lado y pude oír las conversaciones obscenas que mantuvieron y todos y cada uno de los gemidos que se produjeron. No pude evitar ponerme muy caliente imaginándome la escena y me bajé las braguitas de algodón blancas, para no mancharlas

Después de una pausa empecé a oír lo que decían de mi y todo lo que pretendía el “pájaro” hacerme. Me empecé a ponerme nerviosa, muy nerviosa. Entre muchas de las cosas que quería hacerme estaba el azotarme, amordazarme, taparme los ojos y como no, clavármela. Clara le dijo que taparme los ojos y atarme no. Que lo otro mientras no se pasara que de acuerdo.

La verdad es que cuando entraron estaba muy asustada y Clara estuvo a punto de decirle a su cliente que lo dejáramos. Yo estaba encima de la cama sentada con las piernas encogidas sobre mi pecho y temblando como una niña pequeña. Esto al “pájaro” lo calentó de mala manera, solo faltaba que babeara.

Cuando el tipo le dijo a Clara que me amordazara ella me dijo al oído que si querría dejarlo, yo le dije que no con la cabeza y entonces me dijo que estuviera tranquila que ella estaría en la habitación de al lado.

– “Venga zorra vete ya, que quiero comerme los postres”-oí que decía. Clara salió de la habitación ajustando la puerta sin cerrarla cosa que me tranquilizó un poco.

El tipo vino hacia mí y agarrándome de las muñecas me tendió encima de la cama, haciéndome mostrar mis pechos duros y empinados por la mezcla de excitación y miedo. Me los agarró de forma brusca y pellizcándome los pezones dijo -“así me gusta una zorrita novata, cuando acabe contigo ya podrás salir a hacer la calle” – Un gemido sordo salió a través del pañuelo que Clara me había puesto delante de la boca.

Un momento más tarde ya tenia al individuo sudando encima mío manoseando, chupando y mordisqueando mis pechitos. Quería pedirle por favor que parara, que no quería seguir pero solo me salían palabras ininteligibles que aún le excitaban más. Vi que Clara asomaba la cabeza por la puerta, cerré los ojos y agarré fuerte las sábanas. Había querido jugar y tenía que jugar.

Unas cuantas veces mordió más de lo debido mis pezones haciéndome chillar y arquear todo el cuerpo de dolor. El resultado fue una carcajada de placer del “pájaro”. Cuando se cansó de mis pechitos ya rojos y doloridos me bajó directamente las braguitas y sin mostrar demasiado interés por mi pubis depilado y mi vagina mojadita y cerradita, solo me pellizcó un par de veces el clítoris cosa que me hizo arquear otra vez de dolor y me salieron las primeras lágrimas. XOX2

Luego dándome la vuelta me hizo poner a cuatro patas y allí empezó el verdadero tratamiento de posesión. Al ver mi culito redondito, terso, rosadito y durito, despertó el animal que llevaba dentro, o al menos la parte que aún no había salido. Se lo comió todo de arriba abajo y de izquierda a derecha, sin ningún tipo de miramientos y ausencia de toda delicadeza.

Mordiscos, pellizcos, azotes fueron todo lo más aproximado a una acaricia. Noté como me introdujo la lengua hasta donde pudo dentro de mi ojete. Y esa saliva y un par más de salivazos fue la única lubricación que recibí.

Cuando se cansó de todo esto ya pasó directamente a introducirme los dedos a lo bruto. Primero uno hasta lo más hondo, luego un par de aquellos gordos y callosos dedos. Eso me estaba dando placer pero recordé que Clara me dijo que me quejara y así lo hice. Amordazada y gimiendo de dolor. Mientras el tío me trabajaba mi querido agujerito con un mete y saca de los deditos, notaba como su aparato que le colgaba se iba refregando por mis muslos y nalgas a la espera de la estocada final. De pronto sobrevino una calma, premonición de lo que habría de venir.

-“Zorra, puta,.. Te voy a enseñar a gozar”-vino precedido de un par o tres de fuertes cachetes en mis doloridas nalgas. Y luego un grito y. “Goza zorra…”

Un latigazo me recorrió todo el cuerpo, desde la parte baja de mi columna hasta estallarme en mi nuca. La estocada fue brutal e hizo salir un alarido de mi garganta hasta casi quedarme afónica. Mis lágrimas salían a borbotones y con la boca abierta sin poder articular palabra, me preguntaba que estaba haciendo yo allí.

Luego con el posterior bombeo del animal, el violento mete y saca del cabrón que tenía detrás, el dolor remitió un poco y hasta pude adivinar un poquito de placer que me produjo un tímido orgasmo cuando al final el mamón acabó dentro de mi culito violado.

Después de la corrida, sin decir nada el tipo se dejó caer encima mío y mi agotado cuerpecito no aguantó su peso, desplomándome encima de la cama con el cuerpo del tío encima mío chorreando sudor Cuando hubo descansado se levantó y sin decirme nada me dejó boca abajo tendida en la cama y salió de la habitación a liquidar con Clara. Me saqué la mordaza y tendida como estaba en la cama eché a llorar hasta que Clara me consoló, pero eso será mi segunda historia…

Autora: Alba

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Virgen a los 28

Mi calentura era tal que yo misma me lo empujé todo adentro, sintiendo un poco de dolor y al momento sentí un placer y una excitación como nunca creí que se pudiera sentir. Le pedí que me clavara, que me la metiera bien adentro y él colocando mis piernas contra mi pecho, se dejó ir con todo, sintiendo que esa enorme verga me llegaba hasta el estómago.

Me llamo Natalia y siempre he considerado que una mujer que se precie de ser femenina, mejor dicho toda una mujer, debe de vestirse desde adentro con ropas muy sensuales, siendo la interior la principal, pues cuando estás con un hombre, debes de darle una imagen inolvidable. Por razones de mi trabajo, pues soy secretaria ejecutiva de una importante empresa de mi ciudad, me toca asistir a reuniones, cócteles y otro tipo de reuniones sociales, pues mi jefe dice que mi imagen le ayuda a cerrar sus negocios.

Soy una chica de 28 años y aunque no lo crean, virgen hasta esa noche, mis medidas 92-63-100 y mido 1,78 de estatura, mi pelo es castaño claro y algo rizado y mis piernas generalmente son el foco de atención pues me esmero en cuidarlas y siempre me encanta vestir ropas muy provocativas si llegar a ser vulgar pero si muy sexy.

En la ocasión que quiero contarles, me llamó mi jefecito y me dijo que esa noche tendríamos un recepción para un cliente muy especial y que iba a ser de gran gala pues este señor era el dueño de una serie de empresas, lo que en mi país llamamos un grupo empresarial, y que quería que se llevara la mejor de las impresiones y que parte de ese trabajo me correspondería a mi, despachándome para la casa para que tuviera tiempo de arreglarme. La reunión estaba pactada a partir de las 8 p.m. y como eran las 11 a.m., me dispuse a ponerme lo más linda, sexy y atractiva que pudiera pues quería que mi jefe y su cliente se llevaran una buena impresión, así que me fui a mi apartamento, pues vivo sola, para darme una ducha y luego ir al salón de belleza para que me peinaran y maquillaran diciéndole al encargado que esa noche quería verme espectacular.

Después de esto y de que realmente espectacular me dirigí al apartamento y seleccioné la ropa que iba a usar esa noche. Seleccioné un vestido negro con aberturas laterales que llegaban a la mitad de mis muslos, y la ropa interior que seleccione era una tanga tipo hilo dental un brassier strapless ya que el vestido era de ese estilo, liguero negro y medias negras y zapatos cerrados con un tacón de 10 ctms. Cuando terminé de vestirme llamó mi jefe para decirme que se encontraba en camino a recogerme y efectivamente como a los 10 minutos llegó y partimos hacia el sitio de la reunión que era uno de los hoteles más elegantes de mi ciudad.

Yo me imaginaba que el señor importante al que íbamos a tender sería un viejito, cual no sería mi sorpresa cuando me presentaron a un hombre de unos 45 años, moreno y con una sonrisa que derretía el hielo, dedicándome una que me dejó sin saber que decir. Su nombre era Carlos. No se si fueron cosas de tragos o si realmente yo deseaba ser tomada por él, por Carlos, pero notaba que mi conchita se estaba humedeciendo bastante. Mi sorpresa fue grande cuando mi jefe me dijo que Carlos quería que yo le mostrara la ciudad partiendo de la reunión a eso de las 11 p.m.

Recorrimos varios sitios y él me preguntó que si me gustaba bailar a lo que le respondí que si y que conocía un sitio en el que podríamos estar tranquilos, invitándolo a mi apartamento.

Llegamos al departamento y subimos en el ascensor. Mientras subíamos noté que no quitaba la mirada de mis tetas y que con su mirada me recorría entera de arriba hacia abajo, diciéndome que estaba muy sexy con lo que cada vez me sentía más y más excitada. Creo que él lo notó pues apenas entramos cerró la puerta y me tomó en sus brazos y me dio un beso que me dejó sin respiración y así, sin soltarme, bajó la cremallera de mi vestido, quedando en la ropa interior que ya describí.

Me preguntó en donde estaba la habitación y tomándolo de la mano lo guié hacia ella pues ya no aguantaba más y quería que este hombre me montara y me hiciera lo que él quisiera. Cuando entramos a la habitación, le pedí que me dejara desnudarlo a lo que respondió con una de esas sonrisas maravillosas que tanto me gustaban, así que procedí a quitarle el saco, la corbata y la camisa. Cada vez que yo le quitaba una prenda, él me daba un beso y me acariciaba toda.

Cuando le quité el pantalón y quedó en calzoncillos, casi me desmayo al ver el bulto que se había formado y no aguanté más le quité la ropa interior y me lancé de cabeza a saborear esa maravilla de verga, medía unos 18 cms. de largo y era bastante gruesa, tanto que casi no me cabía en la boca. Empecé a lamer la cabeza, como si fuera un cono de helado y poco a poco me la fui introduciendo hasta casi llegar a tenerla toda adentro.

Mientras se la mamaba no quitaba mis ojos de su rostro y podía ver la cara de satisfacción que ponía. En un momento me pidió que parara para que él me desnudara y tendiéndome en la cama, me quitó el brassier y el panty quedando solo con las medias y el liguero. Me dijo que quería darme placer y sin pensarlo dos veces puso mis piernas sobre sus hombros y se metió de cabeza entre ellas para darme una mamada de conchita que me hizo estallar en un delicioso orgasmo, llenándole la cara con mis jugos. Después de este orgasmo, me depositó boca arriba en la cama y empezó a recorrerme el cuerpo con su lengua, sintiendo en cada lambetazo un corrientazo pues ya sabía lo que vendría después. Le pedí que no me hiciera esperar más que me la metiera, eso si le advertí que era la primera vez que estaba con un hombre y él me respondió que lo sorprendía y que tendría cuidado para no lastimarme.

Se tendió sobre mí y colocó la punta de su verga en la entrada de mi coñito y empujó un poco hasta que sintió como llegaba al himen y paró para que me acostumbrara a sentirlo. Mi calentura era tal que crucé mis piernas sobre sus caderas y yo misma me lo empujé todo adentro, sintiendo un poco de dolor y al momento sentí un placer y una excitación como nunca creí que se pudiera sentir. Le pedí que me clavara, que me la metiera bien adentro y él colocando mis piernas contra mi pecho, se dejó ir con todo, sintiendo que esa enorme verga me llegaba hasta el estómago, empezando a bombearme, sacándola casi toda para luego embestirme una y otra vez hasta que llegué otra vez al orgasmo pidiéndole que quería sentir su leche dentro de mí, que por favor me llenara de ella.

Así lo hizo y en dos o tres bombeos más se derramó todo dentro de mí. La sensación al sentir su semen dentro de mi fue algo maravilloso.

Descansamos un rato, durante el cual nos bebimos unos tragos de vino, preguntándome si me gustaría repetirlo pero por otro lado, le pregunté que por donde y me respondió “por el culo muñeca” le contesté que eso dolía, pues amigas a las que les habían roto el culo me habían dicho que eso era así.

Él me tranquilizó diciéndome que eso pasaba cuando no se estaba bien preparada. Sus palabras me inspiraron confianza y le dije que me preparara para recibirlo y me colocó boca abajo dedicándome una lamida de culo que me hizo ver las estrellas, al mismo tiempo y ayudado por mis jugos, pues todavía estaba súper mojada, luego me colocó en cuatro patas, con mi cabeza enterrada en la almohada y me fue metiendo un dedo y luego dos y luego otro más hasta que sentí la cabeza de su verga a la entrada de mi virgen culito, empezando a penetrarme poco a poco.

Sentí al principio un dolor terrible y le pedí que me la sacara pero su respuesta fue una profunda embestida, quedando yo totalmente ensartada en esa vergota, se quedó quieto un momento para que me acostumbrara a sentirlo y luego empezó a bombearme de una manera deliciosa, convirtiendo el dolor y las molestias en puro placer. Creo que me tuvo así como unos diez minutos hasta que sentí como se tenso, me la metió hasta los huevos y se corrió dentro de mí.

Esta historia no termina aquí, pues con él he aprendido muchas cosas sobre el sexo. A propósito ya no trabajo para mi antiguo jefe, ahora trabajo para él y en la oficina cuando no se encuentra nadie han pasado muchas cosas que en otra ocasión les contaré.

Si quieren hacerme comentarios sobre mi relato…

Autora: Natalia

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Me gusta mucho la dominación

Comencé por la base de su pene hasta llegar con mi lamida hasta su glande el cual estaba humedísimo, le pasaba la lengua de lado a lado, de arriba abajo, la verdad he de reconocerle que se contenía muy bien para no venirse aún, después comencé a metérmela por completo y sacarla rítmicamente, en este punto él me puso las manos en mi cabeza ayudándome a moverla.

Hola, me llamo Fernanda y les voy a contar una de mis tantas anécdotas. Comenzaré contándoles sobre mí, soy una nena físicamente agradable (eso me dicen), soy alta, delgada, de cabello castaño y quebrado, ojos claros, unas caderas lindas que siempre bamboleo al caminar y unas tetas redonditas que siempre arrancan piropos tanto de hombres como de mujeres, la verdad es que no es por presumir pero soy apetecible, jejeje, en fin, como se darán cuenta soy algo vanidosa, además de fiestera, loca, me encanta ir de compras, pero sobre todo amo el sexo.

Ahora bien, aquí va mi historia (es 100% real por cierto). A mí me gusta mucho la dominación, soy una sumisa declarada, en esa época daba mis primeros pasos en este campo, era dominada y sometida a los caprichos de dos amigas mías, les llamo amigas, pero la verdad es que desde que me comenzaron usar podríamos considerarlas como mis “amas”.

El caso es que un día tuve una sesión con ellas, esa vez me recibieron con muchos insultos y humillaciones, como tenían acostumbrado, pero para variar me dijeron que ese día me iban a llevar de paseo.

– Hoy queremos presumirle a todo mundo nuestra perrita- dijo Roxana, una de mis amas- solo tienes permitido ponerte esto puta.

Dicho lo anterior me arrojó unas cuantas prendas, que resultaron ser una mini que apenas y me tapaba las nalgas, un top negro y mi collar de perra de cuero que me hacían usar en todas nuestras sesiones, la verdad es que iba a lucir como toda una puta por la calle, sin embargo, a esas alturas ya había aprendido a no rechistar a ninguno de los caprichos que ellas tenían, además debo admitir que la idea me encantaba y calentaba mucho, aunque nunca lo había hecho por temor a varias cosas, pero como ahora era una orden, no tenía de otra más que obedecer.

Me quité la ropa que traía y me puse lo poco que me dieron; salimos a la calle y yo inmediatamente me daba cuenta de la forma en que me miraban la mayoría de los hombres, muchos incluso me silbaban y me decían o incluso gritaban cosas como “¿Cuánto cobrás?” “Somos cinco ¿Podrás con todos?”, eso me hacía sentir profundamente humillada y por lo consiguiente excitadísima, además tengo que decirles que yo caminaba unos pasos atrás de ellas y con la cabeza agachada, aunque por otro lado todas las mujeres que veía me lanzaban miradas llenas de veneno y las señoras mayores se horrorizaban, ya se imaginarán la situación.

La verdad no sabía a dónde me llevaban, pero obviamente por mi posición ni se me ocurría preguntar, finalmente no importó a dónde me llevaban, pues pasó algo que captó nuestra atención e hizo de ese día  uno de los más interesantes de mi vida, lo que pasó fue que de pronto un tipo que pasaba por ahí de repente se fijó en mí, lo curioso fue que entendió que no debería hablar conmigo sino con mis amas, por lo cual, se dirigió a ellas; hablaron unos minutos, sin que yo me enterara de lo que estaban hablando. De pronto Roxana sacó mi correa y la fijó en mi collar y me comenzó a llevar, cual sería mi sorpresa cuando me subió al auto del tipo con el que habían hablado, yo bien sabía que era un tipo al que no conocían ni ellas ni mucho menos yo, por lo tanto me sorprendió que me hicieran subir junto con ellas al coche del desconocido.

Mi curiosidad iba en aumento mientras el tipo conducía por calles que no conocía, la situación me parecía sospechosa, pero ya que mis amas estaban conmigo la verdad es que no me quejaba. Al fin llegamos a nuestro destino: un hotel, uno no muy caro hay que decir, al ver a dónde habíamos llegado, las cosas se me hacían más claras, íbamos a tener una sesión de sexo, pero, ¿Cómo podía ser? Mis amas eran lesbianas 100% yo siempre he sido bisexual, así que tal vez todo consistiera en que entre todos me harían algo, ¿o no?

Subimos a la habitación que nos designaron y de pronto él se comenzó a desvestir, yo no entendía que iba a pasar, sin embargo, al  ver mi cara de estupefacción ellas me llevaron aparte y me dijeron:

– Fernanda, este tipo nos dijo que se le antoja cogerte, al ver como te vistes creyó que eras una prostituta a nuestras órdenes, por lo cual nos ha ofrecido una buena suma para darte por la vagina y ano sin condón, así que ahora ya lo sabes, haz lo que te decimos que nosotras nos quedamos para ver el show.

Al oír esto me quedé de piedra, la verdad no me lo creía, el comenzar a ser una mujerzuela, una prostituta, sentía que sería lo más bajo que podría caer, además de tener que hacerlo con un tipo que apenas acababa de conocer y solo de vista era más de lo que me hubiera imaginado, ¡y además querían que cogiera sin protección! Eso de verdad que era demasiado, así que por primera vez desde que comenzamos a practicar esto, me negué a hacerlo.

Al oír mi negativa su reacción no se hizo esperar, se enojaron enormemente, me gritaron, me insultaron, me decían que una perra como yo no tenía ni voz ni voto, que era de su propiedad y que podían hacer conmigo lo que quisieran y cosas por el estilo, a pesar de todo, me seguí negando, cosa que es muy rara en mí. A pesar de todo, la idea comenzaba a crear cierta expectación en mí, la situación poco a poco me comenzaba a calentar y mientras más pasaba el tiempo, la idea de ser humillada de esa manera me comenzaba a parecer más y más excitante.

Después de todo lo que me decían, ellas comenzaron a negociar conmigo, así pues, después de mucho hablar y algunas rabietas, al final me dijeron que solo le tendría que hacer una mamada, pero sabrosa, larga y duradera. Al oír esto me quedé callada un rato y finalmente accedí.

A estas alturas, mi “cliente” ya estaba ansioso y algo aburrido, antes de comenzar mis amas hablaron con él y le expusieron la situación, yo me imagino que era porque no quería quedarse con las ganas de hacerme algo, así que accedió a los nuevos términos.

Finalmente yo me acerqué a él y me puse de rodillas poco a poco; mientras él se desabrochaba el pantalón, sacó su verga, yo la contemplé, era de tamaño medio, unos 18 ó 19 cm. A esas alturas yo ya me había comido miembros más grandes que ese, por lo tanto comencé como la experta que soy, poco a poco le lamí su tronco, desde su base hasta antes de llegar a su glande, varias veces me deleité lamiendo ese rico tronco, después de unas cuantas lamidas comencé con sus testículos, esas bolas deliciosas hechas de carne, le pasé la lengua alrededor y entre ambos, tal vez él estaba en la gloria, pero imagino que lo suyo no era nada comparado con lo que sentía yo. Usada, humillada, obligada a prostituirme, estaba mamándole la verga a un desconocido, todo el morbo de la escena me volvía completamente loca, mi vagina sacaba jugos como nunca en la vida y me ardía tanto que pensé que podría subir la temperatura de aquel cuarto.

Seguía con mi trabajo, ahora le tocaba el turno a su glande, comencé nuevamente por la base de su pene hasta llegar con mi lamida hasta su glande el cual estaba humedísimo, como a mí me gusta, le pasaba la lengua de lado a lado, de arriba abajo, la verdad he de reconocerle que se contenía muy bien para no venirse aún, después comencé a metérmela por completo y sacarla rítmicamente, en este punto él me puso las manos en mi cabeza ayudándome (aunque no hacía falta) a moverla.

En eso estaba, cuando mis amas comenzaron a decirme:

–  ¿Cómo ves a la puta? – Pues como siempre, ya decía yo que era lo suficientemente perra como para no hacerlo. – Tienes razón y yo que de verdad lo comenzaba a dudar. –  ¡Que va! Ya ves como lo está disfrutando esta ramera, mírale el culo, le está chorreando- dicho esto, me dio una patada algo fuerte en mi culo, debo de decirles que para entonces yo ya estaba en cuatro.

La patada arrancó un gemido de dolor de mí, el cual sonó ahogado ya que tenía adentro la verga de mi cliente; como sea, poco después de la patada, comenzó a moverme más rápido mi cabeza mientras yo me dejaba ya sin hacer fuerza, en ese momento se vino en mi boca, tal vez llevaba tiempo sin hacerlo, pues me llenó la boca con su semen.

– ¡Más vale que te lo tragues perra!- innecesariamente dijo una de mis amas, digo innecesariamente porque yo siempre me trago el semen.

Había terminado, mi experiencia como prostituta terminó así, después de recobrarse, mi cliente habló con mis amas felicitándolas por la perra que tenían, asegurándoles que le había dado la mejor mamada de su vida, también les pagó, aunque no ví cuanto, hecho esto se fue de la habitación no sin antes darme una nalgada. A pesar de que el cliente se fue satisfecho, mis amas estaban enojadas porque no quise obedecerlas al principio, como consecuencia me dijeron:

– ¡Estúpida! Como te atreves a desobedecer lo que te digo- y me abofeteó. – Por esto no deberíamos darte nada- dijo Roxana – No, dale algo, debe de sentirse toda una puta, pero una barata, no le des mucho

Así pues me dieron un billete de $100.00 (en esa época $100.00 mexicanos valían aproximadamente 10 USD).

Para terminar el día me llevaron de regreso a su casa y me castigaron por mi desobediencia con unos ganchos para los pezones bien apretados y un consolador grandote en cada uno de mis orificios.

Muy bien, este es mi relato, espero que les haya gustado, se agradecen comentarios especialmente de mujeres…

Autora: Sexy Girl

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