Mi mujer, su amante y yo

Volvió a las 12 del mediodía, con el pelo mojado, recién salida de la ducha de casa de él y la ropa del día anterior. Estaba como loca, lloraba de alegría, me abrazaba, me besaba, se lo había pasado genial. Me estuvo contando los detalles durante una hora, decía que David era un amante extraordinario, había tenido 3 orgasmos con él, había practicado sexo oral y lo habían hecho con condón.

Hola a todos, soy seguidor de esta página desde hace bastante tiempo. Tengo 42 años y mi mujer 40.

Me llamo JL. Desde hace más de un año ella tiene un amante. La relación es absolutamente consentida y sincera.

Nos casamos muy jóvenes y hasta entonces ella solo había practicado sexo conmigo. El caso es que hace unos dos años, empezamos a fantasear con algunos relatos eróticos, pelis eróticas de Tinto Brass, revistas y demás.

Digamos que nos empezó a picar el gusanito del rollo liberal. Compramos un consolador para nuestros juegos y le pusimos nombre. Estuvimos un tiempo así, jugando, fantaseando hasta que un día decidimos hablar sobre nuestra situación y nuestras fantasías.

Yo había tenido más relaciones con otras mujeres antes del matrimonio y estaba de acuerdo en que ella debería probar al alguien más que a mí. En principio no se planteó como un rollo de cornudos, simplemente, si a ella le apetecía estar con alguien sabía que contaba con mi aprobación, por lo que ella aceptaba esa situación, al ser dependiente de ella y sin ninguna presión.

Pasaron los meses y ella conoció a alguien de su trabajo. Era un superior, pero no su jefe directo. Un hombre de 52 años, alto, viudo, bastante atractivo, con el que empezó a quedar después de trabajar, para tomar unas cañas, salir a cenar y demás.

Durante esas semanas que se vieron, se sinceraron mucho, se hicieron muy amigos y ella le habló sobre mí, sobre nuestros gustos y demás.

Así fue pasando el tiempo hasta que un dia mi mujer me dijo: ” Creo que David me gusta, es un hombre encantador y me gustaría que le conocieras, es el hombre con el que quiero llevar a cabo nuestra fantasía”

Cuando me dijo eso casi me da algo, al principio reaccioné mal (por orgullo) y me enfadé. Pero después de un rato recapacité y le dije a mi mujer que le trajera a casa para presentármelo.

El día que vino quedamos a las 8 de la tarde en nuestra casa y cenamos como 3 amigos. Me pareció un hombre encantador, culto, muy atento, sincero. A mi mujer le encantó que me cayera tan bien, cuando se marchó mi mujer me dijo:

“El sábado me ha invitado a cenar a su casa y me apetece mucho ir si no tienes inconveniente” Le dije que no. Me abrazó con mucha ternura y me dio las gracias. Me dijo: ” Ten en cuenta que es posible que el sábado pase algo” y le dije: “lo sé”. Esa noche hicimos el amor.

Durante la semana, estuvo como loca, muy nerviosa y excitada, El viernes se compró un par de vestidos y se depiló. Mientras tanto yo, tenía una mezcla extraña de dolor, cabreo y excitación.

A las 8 de la tarde vino David a buscarla, subió mientras ella terminaba de arreglarse. Le serví un vino mientras esperábamos los dos viendo el fútbol por la tele.

Cuando apareció iba preciosa, llevaba un vestido negro con medias y tacones. Iba muy bien maquillada y muy elegante. Él le dijo lo guapa que iba y ella le dio un beso en la mejilla y preguntó: ¿nos vamos?

Les acompañé hasta la puerta, él me dio un apretón de manos y ella un beso en la cara. Me dijo:
“Luego te llamo” y me susurró al oído: “Gracias”

Cuando se fueron, no sabía donde meterme, estaba muy excitado, por un lado deseaba que se lo pasara bien pero por otro quería que volviera enseguida. A las 11 de la noche, recibí un mensaje al móvil que decía:

“Lo estoy pasando genial, David cocina muy bien, tiene una casa preciosa, no me esperes despierto, te quiero”

Estaba muy nervioso y no me podía dormir, la estuve llamando pero no me contestaba, no se cuantas veces me masturbé esa noche.

Al día siguiente volvió a las 12 del mediodía, con el pelo mojado, recién salida de la ducha de casa de él y la ropa del día anterior. Estaba como loca, lloraba de alegría, me abrazaba, me besaba… se lo había pasado genial.

Me estuvo contando los detalles durante una hora más o menos, decía que David era un amante extraordinario, había tenido 3 orgasmos con él, había practicado sexo oral y lo habían hecho con condón.

Estaba contentísima y a la vez muy cansada. Como todos los hombres le pregunté: ” ¿Como la tiene David?” me dijo:

“No quieras saberlo”

Parecía una adolescente, no sentía ni vergüenza ni arrepentimiento.

Pasaron 2 semanas, de mucho morbo, muchos juegos entre ella y yo, y un día me dijo:

“Me gustaría volver a quedar con David”

Continuará.

Si les interesa la historia sigo. Un saludo a todos.

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Amar Haciendo El Amor (III)

Aquí tenemos el final de una serie de relatos que comencé a publicar en febrero de este año. Aunque la segunda parte se publicó solo dos meses después de la primera, esta tercera parte ha demorado bastante. Aún así, espero que quienes hayan conocido las dos primeras partes y querían leer el desenlace sigan por aquí. Y para todos aquellos que no lo han leído y quieran saber de que va la historia, aquí les dejo el link para la primera y la segunda parte:

Amar Haciendo El Amor (I)
Amar Haciendo El Amor (II)

Amar haciendo el amor III

Froto mis ojos antes de acomodar mis brazos sobre el pupitre y mi cabeza sobre ellos. Me siento extrañamente cansado. He estado soñando con Víctor durante varios días, siempre en las mismas circunstancias. Siempre que sucede eso despierto muy cansado, como si realmente me hubiera pasado la noche entera teniendo sexo con Víctor.

-Te dije que estaría aquí -oigo decir a una voz conocida.

Volteo la mirada hacia la puerta de mi salón, y tal como lo sospeché al oír la voz se trata de mi amigo Miguel, acompañado de Samuel. Los dos entran al salón en el que me encuentro (en el cual solo hay además de mí unos cuantos compañeros más que decidieron quedarse en el salón después de que nos anunciaran que el profesor no se presentaría).

-¡Hola! ¿Cómo estás? -pregunta Miguel mientras se sienta de lado en la banca frente a mí y Samuel hace lo mismo en la que está al lado de la mía.

-Hola -le regreso el saludo, y luego, creyendo que no tiene sentido fingir añado-: Algo cansado, pero bien.

-¿Por qué cansado? -pregunta Samuel mientras se balancea sobre su banca.

-No he podido dormir bien -contesto.

-¿Tiene que ver con Víctor? -pregunta Miguel.

Volteo a ver a mi amigo totalmente confundido. ¿Por qué él piensa que tiene que ver algo con Víctor? No puede imaginarse lo que ha estado pasando cada noche en mis sueños, ¿o sí? Aquello es sencillamente impensable, inimaginable.

-¿Por qué tendría que ver con Víctor? -le pregunto mientras intento mantener una expresión neutral, aunque por dentro siento como el miedo me invade completamente.

-Porque no te has juntado con nosotros desde el día en que tú y Víctor se fueron a “platicar” -me contesta Samuel, con un leve énfasis en la voz que hace que me confunda aún más.

-Eso solo es coincidencia -les contesto mientras cierro los ojos por un momento para bostezar-. Solo es que he estado algo ocupado.

-¿Seguro? -inquiere Miguel.

Veo a mis dos amigos con atención. Sus expresiones me parecen extrañas. Estoy acostumbrado a verlos divertirse, a verlos reír con chistes o incluso a sus caras de excitación cuando cuentan sus aventuras. Nunca los había visto como en este momento: molestos, preocupados.

-Por supuesto que estoy seguro -respondo-. ¿Qué les sucede a ustedes?

Mis amigos se lanzan una mirada de complicidad antes de que Miguel me conteste.

-Israel, Víctor no tiene derecho a hacer lo que se le venga en gana -me dice Miguel con la rabia tiñendo su voz-. Si te hizo algo lo mejor es que nos lo digas ahora.

-¿Hacerme algo como qué? -pregunto yo. Aquello si me confunde totalmente. ¿Qué demonios piensan mis amigos que pudo haberme hecho Víctor?

-Israel, aunque no lo digamos ya la mayoría de nosotros sabemos que eres gay -comenta con mucho tiento Samuel.

-¿La mayoría de ustedes? -contesto mientras siento que los colores se me suben a la cara. Aquello no puede ser cierto. ¡Si eso es algo de lo que no estoy seguro siquiera yo!

-Bueno, no puedes esperar que por ejemplo Juan y Alfredo se den cuenta -contesta Miguel mientras pone los ojos en blanco-. Vamos, si ni siquiera se dan cuenta cuando le gustan a una chica. Uno tiene que ser el que se los ande diciendo.

-Dejémoslo en que Miguel y yo lo sabemos -agrega Samuel-. Creo que los demás si no lo saben por lo menos lo sospechan. Digo, tampoco se necesita ser un genio para darse cuenta que no te gustan las mujeres.

Bajo mi cabeza abochornado. ¡No es posible que los demás ya se hayan dado cuenta de aquello que a mí me ha tomado tanto tiempo aceptar!

-No tienes nada de que avergonzarte Israel -me dice Miguel mientras me toma del brazo-. Eres gay, ¿y qué? No por eso dejas de ser nuestro amigo.

Siento un terrible arrebato de agradecimiento hacia Miguel. A pesar de que no suelo charlar mucho cuando estoy con ellos, me doy cuenta que entre nosotros sí ha crecido un lazo que nos une.

-Sin embargo, el que seas gay no le da derecho a Víctor de hacer lo que se le venga en gana -añade mi amigo.

Aquello me vuelve a confundir. ¿De qué demonios está hablando Miguel? Volteo a verlo solo para ver su expresión de molestia y preocupación nuevamente. Miro a Samuel buscando alguna explicación, pero él solo me mira perspicazmente, como si estuviera esperando alguna reacción de mi parte.

-¿De qué hablan? ¿Qué creen que me hizo Víctor? -inquiero mientras miro uno al otro alternativamente.

-Víctor se las puede dar de muy machito -contesta Miguel-. Pero yo sé bien que ese wey se tira a cualquier cosa que se mueva y tenga un agujero para penetrarlo. Pero si cree que contigo puede hacerlo solo porque eres gay está muy equivocado.

-¡Santo cielo! ¿En qué están pensando? -grito debido a la sorpresa, al mismo tiempo que me pongo de pie. ¿Cómo es que Miguel sabe aquellas cosas sobre Víctor? Dudo que él se lo haya contado, ya que a mí me dijo que no quería decírselo a ningún otro de los chicos.

-¿Te ha hecho algo relacionado con eso Israel? -me pregunta Samuel mientras él y Miguel se ponen de pie también.

-Porque si es así ahorita voy y le parto toda su madre -expresa Miguel mientras golpea una de sus manos con la otra.

-No, no, no -niego-. De verdad Víctor y yo jamás… ¿Cómo se les ocurre?

-¿Entonces por qué quería estar solo contigo? -inquiere Samuel perspicazmente.

-Quería que habláramos -respondo-. Sobre la chava que le gusta. Creía que yo era el que mejor podía entender su situación.

Mis amigos parecen relajarse ante aquella respuesta.

-Bueno, entonces no es tan idiota como creíamos -comenta Samuel mientras asiente distraídamente.

-Sí, la verdad es que yo también te buscaría a ti si se tratara de hablar sobre enamoramientos -opina Miguel-. Sin embargo, eso no explica porque desde ese día has estado evadiendo reunirte con nosotros.

-Ya les dije que he estado ocupado -contesto con una sonrisa-. Pero intentaré dejar que mis deberes ya no me absorban tanto. No es bueno también que pase tanto tiempo solo y sin amigos.

-Eso espero wey -me dice Miguel mientras me da un ligero golpe en el hombro-. Bueno, de todas formas me alegra haber aclarado las cosas. Sobre todo teniendo en cuenta que mi impulso inicial había sido ir a golpear directamente a Víctor.

-Y si yo no le digo que mejor primero habláramos contigo sí lo hace -comenta Samuel para después reírse-. Bueno Israel, entonces te dejamos. Cuídate y nos andamos viendo.

Miguel se despide chocando su mano contra la mía, aunque Samuel me da un abrazo. Uno de esos abrazos raros donde más parece que chocas contra el otro que otra cosa, pero el gesto es lo que importa. Mis amigos se marchan, dejándome nuevamente solo. Una vez que se fueron me doy cuenta de algo tremendamente cómico y comienzo a carcajearme. Mis amigos estaban enfadados porque creían que Víctor había hecho algo que yo me moría porque hiciera, y que sin embargo no había hecho más que en mis sueños.

——❤——

El tiempo corre de una manera extraña para mí últimamente. Los días me parecen eternos, sobre todo debido al cansancio que me produce no dormir bien por las noches. Sin embargo, al pensarlo, me parece sorprendente que hayan pasado quince días desde que habíamos hablado Víctor y yo sobre su enamoramiento, pues esas dos semanas se me han pasado volando. Extrañamente mis días son más largos que mis semanas.

-Israel -oigo una voz frente a mí.

En ese momento me doy cuenta que Víctor se encuentra justo frente a mí. Iba distraído, pero al verlo de repente ahí sonriéndome, cuando voy saliendo del baño, no puedo evitar enfocar mi atención totalmente en él.

-Ah hola -le digo. Lo único que pienso es que ojalá no me esté poniendo rojo. Porque no me sorprendería después de apenas haber visto a Víctor los últimos quince días, a excepción de mis sueños, donde estaba en unas situaciones que… bueno, es mejor que Víctor no se entere de ello, creo.

-¿Dónde te has metido todos estos días? -pregunta de repente él mientras se borra su sonrisa y un gesto de preocupación aparece sobre su rostro.

¡Qué cosas! ¿Por qué me siento más nervioso ante la idea de que él se preocupa por mí? Aquello no puede ser bueno.

-He estado ocupado -le contesto, de la misma manera en que lo hice con Samuel y Miguel.

-Ah, vaya -dice él mientras frunce los labios-. Entonces, ¿no tiene nada que ver conmigo?

-¿Por qué tendría que ver contigo? -le pregunto confundido.

-Pensé que lo habrías notado y habrías decidido echarte a correr -dice él mientras comienza a mover un pie nerviosamente.

-¿Qué fue lo que noté? -inquiero mientras siento mi confusión crecer.

Él me mira un momento detenidamente, como si buscara algún indicio de que mi reacción es fingida. Sin embargo, no hay nada que fingir. ¿Qué demonios cree él que habría notado que me habría hecho evitarlo?

-¿Entonces no dedujiste quien es la persona que me gusta? -pregunta él.

-Pensé que no la conocíamos -le digo yo cada vez más confundido.

Víctor vuelve a quedárseme viéndome atentamente. Al final parece decidir que no finjo, porque su sonrisa vuelve a surgir espontáneamente, haciendo que mi corazón dé un brinco.

-Ah, olvídalo, estoy loco -dice él-. Oye, ¿crees que podamos charlar nuevamente un rato?

-Este… tengo pendiente una tarea de matemáticas -contesto, agarrándome a lo primero que se me ocurre-. No creo tener tiempo en la tarde.

-Oh, vaya… -dice él luciendo frustrado, aunque inmediatamente recupera su confianza-. Tengo una excelente idea. Yo también tengo tarea que hacer. ¿Por qué no vienes a mi casa o yo voy a la tuya después de clases y aprovechamos para hacer la tarea y charlar?

No encuentro una razón para negarme a aquello, así que antes de separarnos Víctor logra que le prometa que nos veremos a la salida para ir a mi casa a hacer la tarea. Una vez hecho eso, él entra al baño y yo me dirijo hacia mi siguiente clase. Mientras voy por el camino no dejo de darle vueltas en mi cabeza a lo que me ha dicho. ¿Por qué creía que yo me echaría a correr al saber quien le gusta a él?

Después de un rato, se me ocurre una explicación, y la verdad me aterroriza saberlo. Si es cierto lo que me dijeron Samuel y Miguel sobre que todos sospechaban que era gay, quizás Víctor ya sabía que a mí me gustaba él. Quizás por eso creyó que yo ya no querría nada con él. Aunque si él sabía que a mí me gustaba él y a él no le importaba, tal vez podríamos seguir siendo amigos.

——❤——

Me encuentro a la salida de la escuela con Víctor, y en cuanto nos juntamos comenzamos a caminar hacia mi casa. Durante el camino se me hace fácil olvidar cualquier cosa que me preocupe sobre si Víctor ya sabe que me gusta, ya que se porta muy bromista y me hace reír constantemente. Resulta que además de los chistes sobre sexo que suele contar cuando estamos en compañía de los demás también se sabe otros igual de divertidos pero sin esa clase de contenido. Es imposible seguir tenso cuando uno se divierte de aquella manera.

-¿No hay nadie? -pregunta él una vez que entramos a mi casa y nos recibe el silencio.

-No, mis padres trabajan y mis hermanas estudian por la tarde -le contesto yo.

-Tu casa es bastante agradable -comenta él mientras entramos a la sala.

-Gracias -le respondo yo con una sonrisa.

Dejamos nuestras mochilas sobre un sillón, sacamos los cuadernos que necesitamos y aunque yo propongo la mesa él dice que porque no mejor simplemente nos tumbamos sobre la alfombra. No encuentro ningún pero, si bien jamás lo he hecho. Me pongo con los problemas de matemáticas, aunque intento hacerlos despacio pues no quiero terminarlos rápidamente y que Víctor se de cuenta de que solo buscaba un pretexto cuando hablamos en la escuela.

Sin embargo, mi reticencia resulta innecesaria. Víctor resulta ser realmente malo en matemáticas, todo lo contrario de mí, por lo que paso mucho tiempo intentando explicarle como resolver los problemas que le dejaron de geometría analítica.

-No, así no se calcula eso -digo sin poder aguantarme la risa ante un intento de resolución de un problema por parte de Víctor bastante cómico.

-¿No? -pregunta él confundido. Incluso frunciendo el ceño me parece extremadamente lindo.

-Te lo explico de nuevo -le digo con calma mientras me acuesto justamente a su lado.

Hasta que no termino de explicarle el método que debe de seguir no me doy cuenta de lo cerca que me he colocado de él. Desde donde estoy puedo ver perfectamente su perfil mientras él se concentra en su cuaderno, donde nuevamente comienza a hacer cálculos. Siento como mi corazón comienza a acelerar mientras veo sus bellas facciones y siento el calor de su cuerpo a tan solo unos centímetros del mío. Nada me costaría acercar un poco más mi cuerpo al suyo, incluso podría hacerlo pasar por un movimiento casual y así podría estar junto a él como nunca antes he estado, a excepción de mis sueños.

-Por cierto, ¿qué ha pasado con la chava que te gusta? -pregunta él justo en ese momento.

Aquello hace que pierda el hilo de lo que estaba hablando, y que la cruel realidad se imponga frente a mí. ¿De qué me serviría acercarme a él si de todas formas él va a estar pensando en alguien más?

-Lo mismo que ha pasado y pasará -le digo yo-. Nada.

-¿No te has intentado acercar a ella? -pregunta él mientras voltea a verme.

Yo evito su mirada. No quiero hablar de ello, pero supongo que no tengo alternativa.

-Voy a renunciar -afirmo tajantemente-. Creo que desde el principio siempre supe que lo haría.

-¿Por qué? -inquiere él confundido.

-Porque es más importante para mí la felicidad de esa persona que el que esté conmigo -le contesto finalmente mirándolo a los ojos.

Esa es la simple verdad. Es mucho más importante para mí verlo a él feliz que el hecho de que esté conmigo, o peor aún, a arriesgarme a la posibilidad de que él me rechace y no quiera volver a saber de mí.

-Oye, cambiando de tema -dice él con la mirada clavada en su cuaderno. Es obvio que no le presta atención a los problemas, pues empieza a rayar una de las esquinas de su libreta con garabatos-. ¿Recuerdas que te hable que me había metido con chicos gay?

¡Madre mía! ¿Acaso Víctor estaba pensando en hacerme una propuesta? Pero si él sabe que yo soy gay, o cualquier cosa que sea por estar enamorado de un chico ¿por qué me había preguntado en femenino sobre la persona que me gusta?

-Sí -le contesto con algo de reticencia.

-¿Tú crees que dos hombres se pueden realmente amar? -inquiere él finalmente.

No le contesto de inmediato, lo cual hace que él hable más.

-Mucha gente suele condenar muy feo a los gays -cuenta-. He oído que muchos dicen que los gays solo buscan sexo, pero no creo que todos busquen solo eso, ¿o sí? Es decir, también entre los heterosexuales hay quienes solo buscan sexo, pero hay otros que buscan algo más. Incluso si uno es de los que en un principio solo busca sexo puede terminar enamorándose, ¿no? ¿Por qué debería ser sustancialmente diferente entre los gays?

No sé que contestarle. ¿Sospecha algo o solo es un tema casual? Quizás es una duda que tiene desde mucho tiempo atrás, pero solo conmigo ha encontrado alguien en quien confiar para sacar esos temas a colación y no recibir burlas e insultos.

-¿Tú qué piensas? -pregunta él nuevamente ante mi silencio.

-Es un chico -contesto sin mirarlo. Las palabras surgen de mis labios sin que las haya razonado.

-¿Es un chico? -repite él confundido.

Yo inhalo profundamente mientras mantengo la mirada en el muro que se encuentra frente a los dos. Si ya le confesé la primera parte no me cuesta nada explicarle.

-La persona de la que estoy enamorado es un chico -aclaro.

-¡Oh! -es lo único que le oigo decir.

Quiero voltear a verlo para saber su expresión, pero también tengo miedo. Tengo miedo de que esa revelación le lleve a concluir que el chico que me gusta es él, y que eso implique el fin de nuestra amistad.

-Entonces supongo que tú si crees que dos hombres se pueden amar -dice él casi murmurando.

Yo permanezco con la vista clavada en el muro de enfrente. Me siento incapacitado para mirarlo, el miedo no desaparece aunque su tono de voz no suena a que este molesto o decepcionado. Más bien parece esperanzado, si soy sincero. ¿Pero esperanzado en qué?

-Israel, si tú has decidido renunciar a ese chico, quizás… no sé… podrías… fijarte en mí -dice él. Comienza con una voz fuerte y segura, sin embargo, la última parte de su discurso es apenas un susurro. Eso hace que yo no pueda estar seguro de haber oído bien.

-¿Qué fue lo que dijiste? -inquiero volteándolo a ver finalmente, mientras mi corazón comienza a acelerarse.

-Me gustas mucho Israel -me dice él mientras su rostro se acerca lentamente al mío.

No puedo creer lo que estoy oyendo. Debo estar alucinando, puesto que aquello no es posible. Es sencillamente imposible que Víctor me esté diciendo que yo le gusto a él.

Sin embargo, de pronto sus labios me demuestran que no estoy teniendo alucinaciones auditivas, puesto que se estampan contra los míos y comienzan una suave danza acompasada. El sabor de sus labios es mejor de lo que había soñado. Sin separar nuestras labios nuestros cuerpos se mueven, hasta que quedo recostado boca arriba y él encima de mí, apenas recargando su peso lo suficiente para saber que está ahí pero sin volverlo incómodo.

Cuando nuestros labios se separan aún me parece difícil de creer. Su rostro se separa un poco del mío mientras me observa atentamente, al igual que lo hago yo. Intento convencerme que seguramente estoy soñando, pero no hay nada que me lo indique de esa manera. Estoy cien por ciento seguro que no puede tratarse de un sueño, aunque lo que esté sucediendo sea increíble.

-Estoy enamorado de ti Israel -dice él mientras me mira fijamente.

-Pero yo creí… -comienzo a decir, pero él me interrumpe.

-¿Qué se trataba de una chica? No. Siempre se ha tratado de ti Israel -dice él mientras deja que sus dedos acaricien mi pómulo y mi mejilla-. Sé que parece extraño, pero eres la primera persona por la que siento una atracción que no implica solo querer coger. Cuando te veo siento algo más, algo que me atraviesa el corazón y me hace desear tenerte a mi lado, poder abrazarte y protegerte.

Siento como mi corazón se infla al escuchar esas palabras, y es que oírlas mientras veo sus profundos ojos oscuros me hace darme cuenta que está siendo totalmente sincero. Jamás lo he visto ver a nadie con esa ternura y pasión en su mirada. Siento mis ojos aguarse mientras pienso en todo lo que ello implica para el presente y el futuro.

-Claro que si tú no sientes nada por mí… -dice él mientras empieza a incorporarse.

Pero antes de que pueda hacerlo lo detengo poniendo una de mis manos detrás de su nuca.

-Eres un tonto -le digo antes de levantar mi cabeza para poderlo besar.

Cuando termino de besarlo él parece confundido. Así que decido explicarle:

-Eres tú. El chico al que pensaba renunciar eres tú.

Al principio parece que él no me cree, pero lentamente su rostro da paso a una sonrisa como nunca he visto en su rostro. Es una sonrisa de éxtasis total.

-Supongo que eso significa que tú no tendrás razón para renunciar, y yo podré estar con la persona de la que me he enamorado -dice él mientras deja que su cuerpo se pose suavemente contra el mío.

Sus labios vuelven a pegarse a los míos, pero esta vez con más fuerza, más desesperación, como si el hecho de saber que es correspondido desde hace tiempo le diese un nuevo impulso. Mi boca se entreabre para poder atrapar su labio inferior, pero él usa ese instante para meter su lengua dentro de mí, la cual comienza a entrelazarse con la mía, reconociéndose por primera vez.

Nuestras lenguas no son lo único que se está reconociendo. De repente mis manos parecen poseídas de voluntad propia mientras recorren su rostro, acariciando cada una de sus facciones, sintiendo la textura de su piel, lo rasposo de su escasa barba que vuelve a salir.

En determinado momento él hace que nos demos la vuelta, esta vez quedando yo encima de él. En cuanto estamos así él empieza a meter sus manos por debajo de mi playera, acariciando mi espalda baja y mi cintura. Mi respiración se agita al pensar que estamos solos en mi casa por horas. Todo podría pasar.

No es solo emoción lo que recorre mi cuerpo, también siento miedo. Una cosa es soñar con algo y otra muy diferente hacerlo en la realidad.

-¿Qué pasa? -me pregunta él al ver la expresión de su rostro, aunque deja sus manos sobre mi cintura.

-Víctor, yo jamás lo he hecho -le contesto atropelladamente.

Él me mira con una sonrisa tierna.

-Bueno, para mí será la primera vez que lo haré con alguien de quien me he enamorado -contesta él-. Así que podemos decir que para ambos será la primera vez.

Suelta una ligera risa para después mover sus manos y atraerme más hacia él, hundiendo su rostro en mi hombro, inhalando con fuerza, lo cual me provoca escalofríos.

-Si no quieres no tenemos que hacerlo -me dice él sin dejar de abrazarme.

Pero quiero hacerlo. Tengo miedo, pero no puedo pensar en otra cosa que desee en el mundo más que estar con Víctor. Excepto quizás estar la vida entera a su lado. Sin embargo, eso es más bien cuestión de tiempo, mientras que tener relaciones sexuales con él sería algo en el presente.

Me equivoco. No sería tener relaciones sexuales con él. Estoy convencido que aquello implicará más que eso. Con él realmente se trataría de hacer el amor.

Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Alguien sin experiencia puede pensar en una manera de complacer a un hombre que ha tenido múltiples experiencias con otras personas? Las dudas me carcomen. Mi única referencia es el mundo de los sueños, y no parece una buena referencia desde una perspectiva racional.

Comienzo a acariciar el cabello de Víctor con una mano y con la otra su cuello. El contacto con su piel me produce chispas que parecen encender un fuego potente, y sé que él siente lo mismo cuando sus brazos se cierran con fuerza alrededor de mi tronco.

-Quiero hacerlo -le digo mientras mis labios chocan contra su cuello, comenzando a besar y succionar levemente.

No es momento para dudas. Hacer el amor no es un acto racional, es un acto intuitivo, emocional; y como tal he decidido que me dejaré guiar por mi instinto y mis emociones. Algo en mi interior me dice que no importa que Víctor haya tenido encuentros sexuales antes y yo no, puesto que independientemente de eso como él lo ha dicho aquella será la primera vez para ambos. La primera vez que haremos el amor.

Víctor vuelve a acariciarme debajo de mi playera, esta vez llegando más arriba, tocando mis costillas y deslizando sus dedos por sobre de ellas con suavidad. Mientras tanto yo beso su cuello y la línea de su mandíbula, subiendo lentamente hasta llegar a su oreja.

Después de un momento ambos nos incorporamos a medias, yo arrodillado, todavía sobre sus piernas en tanto él se sienta. Lentamente, casi con timidez, voy levantando la playera que él lleva ese día. Él levanta sus manos para permitirme quitársela por completo, dejando a la vista su torso. No es como esos de los anuncios donde siempre usan chicos con pectorales y abdominales increíbles, es simplemente un torso que se estrecha un poco en la cintura, cubierto por aquella piel morena que me vuelve loco, donde lo único que resalta son sus tetillas por ser más oscuras que el resto de su piel. Y sin embargo, a pesar de no ser un torso de comercial, me gusta más por el simple hecho de pertenecer al chico que se ganó mi corazón sin proponérselo.

Mis manos se escurren por aquella piel que tanto me gusta. Mis pulgares juegan con cada una de sus tetillas al mismo tiempo que él cierra los ojos. Una sonrisa beatífica aparece sobre sus labios. Sé que disfruta de eso. Así que me dejo llevar, y acercándome a él pegó mis labios sobre su pecho. Beso su tetilla primero con delicadeza, para luego comenzar a lengüetearla y finalmente morderla suavemente. Mientras estoy inclinado besando su pecho, siento como él comienza a jalar mi playera por mi espalda. Cuando llega lo suficientemente arriba me jalo hacia atrás mientras estiro mis brazos, permitiendo que él me la retire por completo.

Vuelvo a besar su cuello mientras él acaricia mi espalda y hunde su rostro en mi cabeza, entremezclando su cálido aliento entre mis cabellos. No sé que me gusta más, si el sabor de la piel de su pecho, la sensación que me da su aliento enredándose entre mis cabellos o sus manos que danzan sobre mi columna y mis costillas. Tal vez no se trate de que una de esas cosas me guste más que otras, quizás se trate de una única sensación: la sensación de compartir todo eso con el chico que amo.

Amor. Una palabra muy fuerte que sin embargo sé cierta mientras mis manos se deslizan por el abdomen de Víctor, mientras hundo mi rostro en su pecho inhalando su aroma y dejo que mi mejilla se deslice por él.

En poco tiempo ambos volvemos a estar recostados besándonos. Él sigue acariciando mi espalda, pero hay algo nuevo que antes no estaba, dos durezas a la altura de nuestra entrepierna que a pesar de la ropa que hay entre ellas no dejan de rozarse. Mis manos se mueven por sus costados desde sus hombros hasta sus piernas mientras no paro de mover mi cadera en círculos, mientras que él hace un movimiento más hacia arriba y hacia abajo.

-Israel -dice él con voz ahogada cuando nuestros labios se separan.

Sus manos se deslizan por debajo de mi pantalón y mi ropa interior para acariciarme el trasero. Me recorre un escalofrío, mezcla de placer y miedo. Sin embargo, me recuerdo que he decidido dejar el miedo atrás. Beso nuevamente su cuello mientras me las arreglo para meter una de mis manos entre nuestras caderas y poder acariciar su miembro sobre el pantalón. Dejo que mi mano envuelva aquel pedazo de carne y la tela que lo rodea, y comienzo un movimiento que va desde la base de su pene hasta la punta.

-Ya no aguanto -dice él mientras me empuja hacia arriba.

Ahora me toca ponerme en cuatro. Él se pone justamente encima de mí, restregándome su paquete contra mi culo. Comienza a besarme la espalda mientras sus dedos se afanan en desabrochar mi pantalón. No puedo evitar arquearme ante la sensación que me producen sus labios deslizándose por mi espalda. Cuando al fin desabrocha mi pantalón, mete sus manos por debajo hasta poder acariciar mi pene con una mano. Con la otra me doy cuenta que se está desabrochando su propio pantalón, puesto que roza ocasionalmente mi trasero.

Al final logra desabrochar su pantalón, y baja la prenda de ambos hasta las rodillas, para empezar a frotar su pene sobre mi culo con solo la tela de la ropa interior de por medio, mientras sus manos me toman por el pecho para acariciarme las tetillas y sus labios alcanzan mi oído para besar su lóbulo.

-¿Quieres que te lo meta? -susurra en mi oreja.

-Antes de eso quiero otra cosa -le respondo.

No sé bien como lo logro, pero consigo darme la vuelta debajo de él, de manera que quedo tendido de espaldas con su entrepierna sobre mi rostro. Él comprende de inmediato mi deseo de hacer un 69, puesto que deja caer su cuerpo sobre el mío, con su bulto pegado a mi rostro. Con mis labios yo recorro la forma de su miembro que resalta debajo de la ropa interior, mientras que él imita mi movimiento sobre mis genitales.

Subo mi mano rozando su abdomen hasta llegar al elástico de sus interiores, el cual jalo hacia abajo para dejar a su pene libre. Es una visión espléndida la que se presenta ante mí: su falo totalmente erecto, con aquellos testículos colgantes por debajo. Inmediatamente hago que mi lengua pase por todo su tronco, saboreándolo como si se tratara de un helado. Con diferencia el helado más tentador de mi vida, pues no solo me hace salivar, sino hasta me parece que mi propia verga cobra mayor dureza ante la idea de encontrarme finalmente frente a frente con el objeto de mis fantasías.

Víctor mientras tanto ha conseguido levantar una de las perneras de mi bóxer, dejando con libertad mis bolas, las cuales se dedica a lengüetear con delicadeza. Llega incluso a meterse mis testículos en su boca, masajeándolos suavemente con su lengua.

Comienzo a comerme su verga mientras mis manos se deslizan por arriba de él, rodeando sus nalgas. Bajo también sus calzones por la parte de atrás, para poder acariciar aquel traserito con total libertad, sintiendo el contacto de su suave piel directamente bajo las yemas de mis dedos. Aprieto sus posaderas disfrutándolas, pues estrujarlas me da un extraño placer. Cada vez me acerco más al valle que se encuentra entre ellas, y cuando llego dejo que mis dedos se deslicen por el fondo hasta que uno de ellos topa con un pequeño botón que se contrae involuntariamente. Hago que mis dedos estimulen con cuidado los bordes de aquel agujero cerrado mientras ya su pene ocupa por completo mi boca.

Con cuidado voy presionando cada vez con mayor fuerza la entrada de su recto mientras con la boca succiono y saco su miembro. Me trago su falo casi por completo para después sacarlo hasta solo tener la punta dentro de mi boca, la cual me dedico a estimular con la lengua rodeándola e intentando meter la punta por el agujero de su uretra.

Finalmente consigo que uno de mis dedos entre en su interior. Voy poco a poco, pero puedo sentir como él se tensa y deja de besar mis testículos.

-¿Te molesta? -le pregunto tras sacar su pene de mi boca.

-Continúa -dice él con voz desfallecida. Sin embargo, entiendo que ese tono es resultado de que realmente le gusta lo que le estoy haciendo.

Chupo uno de mis dedos para hacer más fácil la tarea de penetrarlo, tras lo cual comienzo nuevamente a chuparle el pene y a penetrar su ano. Él no vuelve a la tarea de besarme los testículos, pero no me importa, pues lo que verdaderamente me gusta es sentir su cuerpo que se tensa, su respiración acelerada y su rostro restregándose contra una de mis piernas mientras suelta gemidos de satisfacción, lo cual es síntoma de que le está gustando lo que estoy haciendo.

Logro tragarme su miembro hasta que mi nariz se hunde en los vellos que decoran sus bolas y mi barbilla choca con su pubis. Por detrás, mi dedo ya logra entrar sin ningún problema por lo que cuando saco su pene de mi boca aprovecho para tomar más saliva entre mis dedos y ahora intentar introducirle dos. Oigo su gemido claro y potente cuando empiezo a penetrarlo nuevamente, pero él no me pide que pare, y yo no tengo intenciones de hacerlo.

-Basta -dice él de repente separándose de mí.

Aquello me saca de onda, pero la visión de su rostro frente al mío cuando se coloca justo encima de mí hace que me olvide rápidamente del asunto, especialmente cuando sus caderas se asientan sobre las mías.

-Sé que hace ratito quería penetrarte -dice él a pocos centímetros de mi rostro-, pero ahora creo que si esto va a hacer la primera vez de ambos quiero que sea la primera vez completa.

-¿De qué hablas? -le pregunto, aunque dentro de mí algo lo intuye y hace que mi pene gane más dureza si es posible.

-El ano es el único lugar del que sigo siendo virgen -contesta él mientras se desliza hacia abajo para poder desprendernos a ambos de lo único de ropa que nos queda.

Después de eso se dirige hacia su mochila, de dónde saca un condón que traía consigo. Me quedo tendido de espaldas mientras él me pone el condón con cuidado para después colocarse él mismo de tal manera que pueda sentarse sobre mi verga. Es la misma posición que tuve en mi sueño hace quince días, y la idea me encanta. Él toma mi falo con su mano orientándolo justo hacia su ano, y comienza a sentarse. Me recuerdo a mí mismo que aquello debe ser difícil, así que me contengo de levantar mis caderas y meterle así con fuerza mi miembro en su interior.

Él va clavándose mi herramienta poco a poco mientras intenta respirar profundamente. Cuando lleva la mitad dentro retira su mano y continua su camino hacia abajo. Finalmente logra que su culo se asiente directamente sobre mis caderas, y con ello suelta un gemido de satisfacción.

Es genial la sensación de su culito apretado, cuyas paredes presionan a mi pene por todas direcciones. Lo tomo de la cintura, sencillamente sintiendo el placer que me da la sensación de saber que estamos completamente unidos.

Víctor comienza a moverse, primero solamente su cadera en leves círculos, pero poco a poco empieza a alzar sus caderas para comenzar un movimiento de mete y saca que me transporta al paraíso. Lo ayudo de dos maneras, moviendo mi cadera hacia arriba y hacia abajo y cargando algo de su peso con mis manos en su cadera cada vez que él se levanta.

Las penetraciones parecen volverse cada vez más profundas. Sé que es físicamente imposible que mi pene llegue más adentro que lo que logramos inicialmente, pero así me lo parece. Quizás sea solo el efecto que resulta de que cuando Víctor levanta las caderas prácticamente solo queda mi glande dentro de su recto, o quizás sea la fuerza con la que comienzan a chocar mi cadera contra su trasero mientras la velocidad del movimiento aumenta. En cualquier caso aquello me hace desear tener a Víctor más cerca de mí, y lo logro pasándole mis brazos por la espalda y atrayéndolo hacia mí, hasta que su rostro queda justo frente al mío.

-Te amo Israel -murmura él antes de estamparme un beso.

En esa posición Víctor ya no puede saltar hacia arriba, pero el movimiento de nuestras caderas mantiene el mete y saca sin dificultades.

-Yo también te amo -le digo mientras entierro mi rostro sobre su hombro y lo abrazo con más fuerza.

Siento como mi placer comienza a incrementarse cuando oigo a Víctor gemir con fuerza y siento como su recto aprieta con fuerza mi pene, como no lo había hecho hasta el momento. Su recto se contrae de una manera que me lleva a un éxtasis completo. Siento mi orgasmo mientras aprieto el cuerpo de Víctor contra el mío y le empujo mi miembro lo más dentro posible, como si fuera posible a pesar del condón que mi semilla se depositara en su interior y de esa manera le estuviera regalando lo mejor de mí.

Dura solo un momento, pero se trata del instante más sublime del mundo. Cuando el orgasmo pasa mi abrazo pierde fuerza, pero no necesito de fuerza para sentir el cuerpo de Víctor sobre el mío, puesto que Víctor permanece en esa posición mientras su respiración se normaliza poco a poco.

-Jamás me había venido sin penetrar a alguien o sin la ayuda de una mano -comenta él mientras besa mi cuello.

-Eres fantástico -le digo yo mientras acaricio con sutileza su espalda.

Nos quedamos un buen rato ahí, sobre la alfombra, uno sobre el otro, disfrutando del contacto de nuestros cuerpos desnudos, aunque quizás no como hace un momento. Después de todo, aún faltan un par de horas para que llegue alguien más a mi casa. Horas que puedo disfrutar en compañía del único chico que me gusta en el planeta.

-Israel -dice él de pronto mientras coloca su rostro sobre el mío.

-¿Qué sucede? -inquiero yo.

-¿Somos novios? -me pregunta él con algo de pena.

-¿Quieres ser tú mi novio? -le regreso la pregunta sonriendo.

-Me encantaría -contesta él antes de besarme nuevamente con una mezcla de ternura y pasión.

Me emociona pensar que finalmente conseguí que mis sueños se hicieran realidad, y que ahora podré despertar cada mañana sabiendo que no fue un sueño, sino que en algún lugar alguien más se despierta igualmente pensando en mí, esperando el momento de verme. Estoy convencido que algún día podría despertarme al lado de ese rostro que tanto me gusta cada mañana, sabiendo que tendríamos la vida completa por delante para amarnos.

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Amar Haciendo El Amor (II)

Bueno, aquí traigo la segunda parte de la historia que subí hace dos meses Amar Haciendo El Amor (I). La vez pasada me parece que no comenté que el título del relato salió de una canción que me gusta bastante, y que inspiró de esa manera toda la historia. Como sea, espero que les guste la continuación de esta historia. Y después de esto todavía falta una parte más.

Amar haciendo el amor II

—¿En qué piensas? —me pregunta Víctor, interrumpiendo mi flujo de recuerdos.

—En algo que me pasó hace tiempo —le contesto mientras cruzo las piernas. Acabo de darme cuenta que me había excitado al recordar aquel sueño.

Nos encontramos sentados en una de las mesitas de la heladería. Él también había pedido un cono sencillo, aunque su expresión parecía anhelar algo más grande. Probablemente lo había hecho para no aparentar más que yo. Se lo agradecía, pero realmente hubiera preferido que él se hubiera comprado lo que más le gustara.

Suelto un suspiro. Lo que más le gustara. Si aquella chica realmente le gustaba y ella podía hacerlo feliz, ¿qué más daba que no pudiera yo escucharlo jamás decirme “te amo”? Mis sentimientos habían evolucionado a tal grado que ya no quería escucharlo que me dijera te amo, simplemente quería verlo feliz. Pero todavía no era cien por ciento cierto aquello. Él podía ser feliz con aquella chica, ¿pero yo?

—¿Por qué suspiras? —inquiere él mientras me mira de forma indescriptible.

Decido contestarle con parte de la verdad.

—Pensaba en la chica que te gusta —le digo—. Me cuesta trabajo creer que alguien haya ganado tu corazón finalmente.

—¿Por qué es tan difícil de creer? —me pregunta.

“Porque yo no lo he logrado” pienso sin poderlo evitar. Las palabras están a punto de salir de mis labios, pero decido que no puedo decirle eso.

—No lo sé —contesto mientras alzo mis hombros y me llevo el helado a la boca—. Tal vez porque nunca he visto a otro chico enamorado.

—Pero tú sí has estado enamorado —supone él.

Volteo a verlo, y me doy cuenta que puedo confiar en él. Él no se burlará como temo lo harían los demás. Con él puedo ser sincero, porque él vive una situación parecida.

—Sí, una vez —le respondo mientras miro mi helado—. A decir verdad, aún lo estoy.

—¿Es por eso que sigues siendo virgen? —me pregunta.

—En parte —le contesto—. Por otro lado las chicas…

Dejo que la frase se desvanezca en el aire. He estado a punto de decirle que las chicas no me interesan. Aquel hubiera sido un error garrafal.

—Apuesto que si intentaras abrirte un poco más podrías ganar el corazón de esa chica —me dice él, aparentemente pensando que mi frase iba en otro sentido—. Eres un buen chico. No como nosotros. No acabo de entender como te juntas con todos nosotros.

—Tú tampoco eres como ellos —le digo bruscamente.

Él me mira sorprendido, y yo bajo la cabeza abochornado. He hablado de más. Puedo sentir como los colores se me suben a la cara.

—Bueno, si tú lo dices —dice Víctor con una sonrisa mientras él también mira su helado—. El caso es que no me voy a poner a discutir sobre eso, en realidad quería oír tu opinión sobre mi situación. Sé que si se las pido a los demás me dirán que es una pérdida de tiempo clavarse con una sola chava, pero creo que tú puedes darme otra perspectiva, ya que tú también has estado enamorado. O estás.

—Primero debo preguntarte: ¿qué sentiste cuando Juan dijo que todas las chicas eran iguales? —le pregunto.

—Deseé que fuera una conquista tan fácil como todas las que he hecho en mi vida —me contesta él—. De esa manera no lo dudaría tanto.

—¿Qué quieres con esa chava? —le cuestiono—. ¿Quieres solo sexo como con todas las demás o…?

No concluyo la frase, ya que no sé como hacerlo. Sin embargo, él capta el sentido.

—Quiero estar con ella —me contesta él—. Para siempre. Incluso si eso suena algo rídiculo. No quiero simplemente sexo, pero creo que si fuera igual a todas mis conquistas anteriores podría acercarme a ella sin problemas.

—¿Y por qué no lo intentas? ¿Por qué no te acercas a ella como lo has hecho con las demás? —le pregunto.

Su cara es de incredulidad total. No lo entiendo. ¿Qué dije? No puede ser tan malo lo que he dicho, ¿o sí?

Bajo la mirada. No puedo entender que dije mal. De repente él suelta una carcajada. Levanto la vista, y él parece estarse divirtiendo como nunca.

—No creo que le guste mucho —me confiesa él sin dejar de reírse—. Creo que sería muy tonto llegar y decirle: “¡Hola guapa!”. Creo que sentiría que es una ofensa.

—¿Por qué? —inquiero yo confundido.

—No quieres saberlo —me dice él.

—No entiendo —le confieso—. Si lo que quieres es acercarte a ella, ¿por qué no haces eso? No te la piensas llevar a la cama, simplemente conocerla.

—¿Qué sentirías si llego y te digo “hola guapa”? —me cuestiona directa e inesperadamente.

Aquello me toma con la guardia baja. ¿Qué sentiría yo si él llegara diciéndome eso? Por una parte me molestaría que se refiriera a mí como una mujer, pero otra agradecería el cumplido proveniente de sus labios.

—¿Lo ves? —me dice mientras yo sigo en mi confusión mental—. No a todos les gustan ese tipo de frases.

Intento decirle que probablemente a una mujer sí le guste, pero no encuentro las palabras. Es como si mi cerebro estuviera bastante entretenido intentando decidir si me gustaría o no que él llegara saludándome así.

—Además, ya le hablo —me confiesa él—. Eso lo hace aún más difícil. Temo que si intento conquistarla, salga corriendo. No quiero perder lo poco de relación que ya tengo… —hace una pausa—… con esa persona.

Lo veo atentamente. Sus ojos parecen reflejar una inmensa tristeza. Decido que un toque no estará mal, y estiró mi mano para colocarla sobre su hombro. De repente es como si nuevamente descargas eléctricas recorrieran mi brazo.

—Los demás tienen razón: nadie puede resistírsete.

Por alguna extraña razón se me quiebra la voz al decir la última palabra. ¿Por qué? ¿Acaso me asusta saber que esa chica también va a caer en sus redes y los dos acabaran juntos, felices y enamorados? ¿O es por que yo mismo caigo en esa categoría?

Él levanta su mirada asustado, la cual se cruza con la mía. Él parece preocupado, y eso solo logra que me ponga peor. Siento las lágrimas que pugnan por salir de mis ojos.

—¿Qué sucede? —me pregunta él.

Yo retiro la mano de su hombro para enjugarme las lágrimas. No puedo contestarle, porque ni siquiera yo lo sé, pero decido decirle lo primero que salga de mis labios.

—Solo pensaba en que realmente tú puedes conquistar a cualquiera, mientras que yo no logro atraer la mirada de nadie.

En cuanto las palabras acaban de salir de mi boca me percato de su verdad. Eso es lo que me duele. Me duele el saber que yo no soy capaz de atraer su mirada, que él jamás se va a fijar en mí. Es lo que ansío con toda mi alma, pero eso no hace que sea posible. Si nadie se ha fijado nunca en mí, ¿qué probabilidades de que un chico como él, con tanto pegue con las chicas y heterosexual, se fije en mí?

—No digas eso Israel —me dice mientras ahora es él quien coloca su mano sobre mi hombro—. Estoy seguro que si te lo propones tú podrías lograr que aquella chica se fijara en ti.

Suspiro. No quiero que una chica se fije en mí, quiero que él se fije en mí. Su mano sigue sobre mi hombro, y de repente pienso en lo lindo que sería su pudiera recargar mi cabeza en ella.

—Israel, yo…

Miro fijamente a sus ojos. Víctor parece quererme decir algo. Sin embargo, aprieta sus labios antes que más palabras salgan de su boca.

—¿Qué sucede? —le pregunto.

Él sonríe torciendo un poco la boca. No es su sonrisa de siempre, pero también me gusta.

—¿Puedo confiarte un secreto? —me dice.

—Creo que sí —le respondo.

—Es un poco saliéndonos de tema —me dice—. Sé que no te gusta mucho hablar de sexo, pero la verdad es que siempre he tenido ganas de comentar esto con alguien más.

—¿Y por qué no se lo dices a los demás? —le pregunto. La verdad es que me molesta el cambio de conversación. No quiero oírlo hablar de las chicas a las que se ha tirado. Estábamos bien hablando de enamoramientos.

—Es algo que no entenderían. Solamente me juzgarían —argumenta él—. Y creo que probablemente acabarían rechazándome. Tendrían miedo que quisiera hacerles algo.

—¿Algo como qué? —inquiero yo. No sé me ocurre algo a lo que mis amigos puedan tenerle miedo en el aspecto sexual. En todo caso creo más probable ser yo quien salga huyendo.

Víctor se inclina sobre la mesa, reduciendo la distancia que existe entre nosotros. Yo hago lo mismo, ya que me doy cuenta que él no quiere que nadie se entere de lo que me va a decir bajo ningún motivo. Su rostro cerca del mío hace que mi pulso se acelere.

Aparentemente no soy el único que está nervioso. Él se ha puesto rojo, y parece bastante azorado.

—He tenido sexo con otros chavos —me confiesa finalmente.

No entiendo su declaración.

—¿En trío o qué? —le pregunto confundido.

—No —me responde él mientras se pone aún más rojo—. Me refiero a que he tenido sexo con chavos… gays.

Aquella noticia me toma totalmente desprevenido. Me imaginaba cualquier confesión excepto esa. Mi sueño vuelve a mi memoria con una fuerza inusitada.

—¿En serio? —le preguntó con la boca abierta, al mismo tiempo que mi corazón late con una fuerza inusitada.

—En serio —me contesta él con la vista clavada en la mesa—. O bueno, no sé si realmente pueda decir que he tenido sexo con ellos. La verdad es que solo he dejado que me la mamen y me los he cogido, pero que sea yo el que me ponga a mamar o me deje coger… nunca.

La noticia me tiene en shock. No sé que contestarle. Algo ha crecido en mi entrepierna; ahora sé que hay posibilidades de volver mi sueño realidad. Realmente podría llegar a ser suyo, aunque solo fuera por un momento.

—¿Por qué me cuentas esto? —le pregunto con trabajo, ya que no puedo hilvanar dos palabras seguidas.

Él me mira fijamente mientras se muerde el labio.

—No lo sé —me contesta finalmente—. Creo que es porque quiero que me conozcas.

—¿Quieres que te conozca? —le pregunto confundido—. Pero si ya nos conocemos.

—No quiero ser un simple conocido en tu vida —repone él negando también con la cabeza—. Quiero que me conozcas tal y como soy, por completo. Creo que esa es la única manera de…

—¿De qué? —le pregunto.

Él no me responde enseguida. Parece tragar saliva, y cuando finalmente parece que va a contestarme me mira a los ojos y comienza a reírse.

—¿Qué es tan gracioso? —le pregunto, temiendo que sea algo relacionado conmigo.

—Quiero ganarme un buen amigo, alguien que realmente me entienda sin juzgarme —me confiesa—. Creo que es todo lo que me merezco.

La última frase la dice con la vista clavada en la mesa.

—Te mereces más que eso —le digo mientras coloco mi mano nuevamente sobre su hombro.

Él me mira de una forma que me parece casi suplicante.

—¿Lo dices en serio? —me pregunta.

—Por supuesto —le contesto—. Realmente creo que mereces encontrar el amor con esta chica que te gusta.

Quisiera ser yo, ¿pero qué puedo hacer? Yo soy el que no es merecedor de su amor. Por un momento me cruza por la cabeza la idea de que tal vez la naturaleza se equivocó de sexo cuando mis padres me concibieron, pero desecho ese pensamiento rápidamente. Me gusta demasiado ser hombre, y no lo cambiaría por nada del mundo, aunque eso aumentara mis posibilidades de gustarle a Víctor. Quiero gustarle tal como soy, no como podría ser si fuera mujer.

—¡Ah, te referías a eso! —me dice él mientras aparta la mirada.

—¿A qué más podría referirme? —inquiero—. ¿No es lo más importante para ti ganar el corazón de esa chica?

Víctor me mira fijamente antes de contestarme.

—Supongo que tienes razón —acepta con una sonrisa, aunque parece más dirigirse a él mismo que a mí—. Lo que quiero es ganarme el corazón de esa persona, y lo haré sin importar cuanto trabajo me cueste. Haré que se olvide de la persona que le gusta actualmente y vea que en mí tiene a alguien que siempre estará ahí.

El corazón se me remueve al oír esas palabras. Por un momento me pregunto por qué yo no puedo pensar de esa manera. Pero no, es demasiado arriesgado. Además, quiero que sea feliz con la chica que le gusta.

Ahora los dos nos hemos acabado el helado. Es hora de despedirnos. Sin embargo, no nos despedimos como siempre, chocando las manos, sino que él se acerca para darme un abrazo. No puedo evitar sentirme abochornado, pero no lo dejo alejarse. Realmente me gusta sentirlo tan cerca de mí.

Me voy a casa con la cabeza dándome vueltas. Mañana será otro día.

——❤——

Todo comienza con un delicado beso. Soy plenamente consciente que no se trata más que de un sueño, pero quiero aprovecharme de la fantasía. Quiero hacer lo que jamás me atrevería a hacer en la realidad.
Bajo mis labios por su barbilla. Él levanta la cabeza, y me deja libre el camino hacia su cuello.

—Israel —susurra mi nombre con el deseo marcado.

Coloco una de mis manos sobre su pecho. Me percató que él está desnudo de la cintura para arriba, así que mi mano tiene tacto directo con su piel. Está ardiendo. Pero sé que él no es el único que lo está haciendo. Yo también estoy igual.

Juego con mi mano en su pecho mientras mi boca sube hacia su oreja. Muerdo levemente su lóbulo, y él suelta un ligero quejido. Sé que le gusta. Me lo dicen sus manos puestas en mi espalda, las cuales me atraen con fuerza hacia él. Apenas y me queda espacio para manipular mi mano, pero me las ingenió para deslizarla hasta su abdomen. No está muy marcado, pero me fascina ese tacto. Mi mano izquierda rodea su cintura, y hago círculos en su espalda baja con mi dedo índice.

—Israel —me dice acercando su boca a mi oído. Sé que está sonriendo—. No sabes cuanto he soñado con este día.

—No creo que sea la décima parte de lo que yo lo he hecho —le digo mientras pongo mi nariz contra la suya, de manera que ambos quedamos viéndonos fijamente.

—Eso sería difícil —me contesta él con una gran sonrisa.

Ladea un poco su cabeza, para que nuestras narices no nos estorben, y vuelve a poner mis labios sobre los suyos. El más deliciosos sabor que he probado en mi vida destila de sus labios, mientras una de sus manos sube a mi nuca. Sé que él tampoco quiere que ese momento acabe, pero ambos terminamos sintiendo la imperiosa necesidad de respirar. Es increíble como a pesar de tratarse de un sueño se necesita respirar. ¿Por qué no sueño que soy un vampiro?

Pero creo que en ese caso Víctor no me gustaría tanto.

Ahora es él quien baja hasta mi cuello. Ese es uno de mis puntos débiles. Siento un placer indescriptible e infinitamente satisfactorio. Mi cuerpo se estremece, y sé que él es capaz de percibirlo. Notó como sus manos me abrazan con más fuerza y su boca recorre una porción más de mi cuello mientras sus labios se tuercen formando una sonrisa. El muy pícaro sabe bien que me está volviendo loco.

Yo no me quedó atrás. También abrazo su cintura con más fuerza. Nuestros abdómenes y pechos se tocan, produciendo una sensación insuperable. No solo son nuestras bocas, también el resto de nuestra piel parece querer devorar al otro. Y hay algo un poco más abajo que también se roza. Ambos estamos listos para lo que sea, y lo ansiamos más que cualquier otra cosa en el mundo.

Él continúa jugando con su boca, y la dirige hacia mi pecho. Yo hundo mi cabeza en su cabello, aspirando aquel embriagador aroma que despide. No quiero despegarme de él, no quiero dejarlo por nada en el mundo.

Acarició suavemente su nuca con mi mano izquierda. El movimiento ha separado algo nuestras caderas, ya que ahora él está ligeramente inclinado. Pero está bien. Cualquier sensación a su lado es extremadamente grata.

Sus labios continúan bajando, y prontamente él se encuentra recorriendo mi abdomen mientras con mis manos recorro su cabeza. Al verlo me pregunto si habrá algo más lindo que aquel chico en el mundo, pero inmediatamente mi mente me responde que no. Jamás seré capaz de encontrar algo más lindo que Víctor.

Me acuclillo al igual que él. Nuestras caras quedan frente a frente, y ambos sonreímos. Volvemos a besarnos mientras caemos en el suelo, yo sobre él. Recostado sobre él puedo sentir más claramente lo que esconde su pantalón, pero son tantas y tan placenteras las demás sensaciones que recibo que no presto demasiada atención al asunto, al menos de momento. Es un sentimiento increíblemente confuso, ya que soy capaz de sentirlo por completo, y al mismo tiempo no siento nada. Puedo sentir sus labios contra los míos, sus mejillas con mis manos, una de sus manos sobre mi espalda, la otra tocándome delicadamente el trasero, nuestros penes rozándose sobre la ropa. Soy capaz de sentir todo eso, y al mismo tiempo no puedo sentir nada, ya que cada emoción intenta atraer toda mi atención sin lograrlo.

No dejo que quedé centímetro de su piel sin que mi boca conozca. Él me acaricia suavemente la oreja y la mejilla mientras beso su pecho. Comprendo que para él también soy el chico más lindo que existe. Sonrío con ese pensamiento. Me siento tan feliz.

Bajo un poco más mi boca y mientras mi boca recorre su abdomen mis manos se encargan de desabrochar su pantalón. Se acerca el momento con el que no he dejado de soñar desde la tarde, el momento de pertenecerle completamente.

Froto suavemente su miembro sobre el bóxer, mientras deslizo un poco su pantalón hacia abajo.

—Ven acá —me dice él incorporándose a medias.

Me arrodillo frente a él, y él aprovecha para desabrochar mi pantalón. Me lo baja hasta las rodillas, y coloca suavemente su boca sobre mi miembro atrapado.

—No querrás ser el único que disfrute, ¿cierto? —me dice mientras con sus labios aprisiona mi pene.

No puedo evitar cerrar los ojos y gemir. A pesar de la tela que existe de por medio, puedo sentir claramente su calor. Nunca hubiera creído que era posible conocer tanta excitación.

Momentos después los dos nos recostamos de lado, frente a frente, ya con los pantalones fuera. Su cuerpo en ropa interior me parece aún más hermoso que nunca. Su piel morena es un espectáculo digno de quedar grabado para siempre. Si fuera un pintor o dibujante no dudaría en hacer algo al respecto, pero nunca se me ha dado bien ninguna de las dos.

Acaricio suavemente su cintura mientras él sonríe, viéndome a los ojos.

—Me alegra haberte conocido Israel —me dice mientras acerca su rostro al mío—. Me alegra finalmente haber conocido el amor.

Posa sus labios sobre los míos, mientras sus brazos se aferran con fuerza a mi cuerpo. El beso se vuelve cada vez más apasionado, mientras nuestro abrazo es cada vez más apretado. El espacio es demasiado. Queremos compartir un solo lugar, llegar a ser realmente una sola piel.

Él baja sus manos hacia mi trasero, y una gran excitación recorre mi espina dorsal. Él mete sus manos debajo de mi ropa interior, y mientras mi boca conoce su lengua y sus dedos los alrededores de mi ano, comprendo que el momento se acerca. No deseo otra cosa en el mundo.

—Víctor —le digo cuando el beso termina, mientras acaricio su pene sobre su bóxer nuevamente—, quiero que me penetres.

Él se muerde los labios.

—No —me responde.

Sus palabras me confunden. Su gesto no es de rechazo, como si se estuviera contradiciendo interiormente. No me puedo sentir herido, porque sus ojos me dicen que no hay persona en el mundo que desee más que a mí. Estoy a punto de descubrir que esa es la razón por la cual me dijo que no.

—Tú sabes que eso lo he hecho con otros chicos —me dice mientras toma mi pene, metiendo su mano bajo mi ropa interior—. Pero tú no eres como todos aquellos. Por ti siento algo verdaderamente especial, y no quiero que esta noche acabe sin conocer lo que es tenerte dentro de mí.

Sus palabras me sorprenden. ¡Demonios! Este sueño es demasiado bueno para ser cierto. Resulta que no solamente puedo pertenecerle, sino que además yo voy a penetrarlo.

—Me encantaría —le susurró en su oído mientras ahora soy yo quien mete las manos debajo de su ropa interior para tocar su trasero.

Víctor gime mientras mis dedos juegan con su orificio anal. Estoy más que emocionado. Él libera de la prisión que es mi ropa interior mi pene mientras continúa masturbándolo. Es una sensación maravillosa.

Nos movemos para poder quitarnos lo que nos queda de ropa, y en el movimiento quedamos en posición de 69. Es demasiada tentadora la oferta que tengo frente a mí, así que comienzo a lamer su pene mientras mis manos siguen entretenidas en su trasero.

Él no se queda atrás. Igualmente comienza a hacerme sexo oral. No puedo evitar pensar que mi fantasía es lo mejor que me ha pasado en la vida. No solo estoy teniendo sexo con el chico que más me gusta, si no que además él me está haciendo todo lo que no había hecho con otros chavos. No puedo evitar considerarme afortunado. Y también dichoso. La dicha era algo que nunca había conocido tan a fondo.

Mis labios y mi lengua recorren sus testículos, mientras siento como él aprisiona mi pene en su boca. Me acercó otro poco más a su orificio, y en cuanto mi lengua pasa por su frenillo puedo sentir como se retuerce. Eso parece darle la idea a él, y siento como uno de sus dedos me acaricia con algo de fuerza la misma zona. El placer es indescriptible.

Me acomodo otro poco, listo para darle un beso negro. Siempre había creído que sería algo asqueroso, pero con la excitación de por medio no me lo parece. Además, parece como si Víctor se acabase de bañar, como si se hubiera preparado explícitamente para la ocasión.

Mi lengua recorre su ano con avidez. Puedo sentir como todo su cuerpo se tensa por el placer. Debo prepararlo. Su primera vez, mi primera vez…

—Creo que es hora —me dice incorporándose, después de haber jugado con mis dedos en su ano.

Él tiene un condón entre sus dedos. Realmente me sorprende. Pero él tiene razón. La protección es lo primero, independientemente que estemos soñando. Él se encarga de colocármelo mientras yo me acuesto boca arriba. Su mano recorriendo mi miembro me provoca oleadas de placer.

—Listo —anuncia él después de haberme colocado el preservativo.

Se sube encima de mí, y se va sentando poco a poco sobre mi pene. Puedo sentir las paredes de su recto presionar mi miembro. Nunca había sentido algo tan placentero. Él respira lentamente. Puedo ver que le cuesta algo de trabajo, pero al mismo tiempo parece no querer detenerse. Yo intento moverme lo menos posible, a pesar de que mis instintos me gritan que se lo meta todo de golpe. Pero creo poder imaginarme que aquello solo le traería un dolor innecesario al chico que amo.

Después de un momento que parece eterno al fin puedo sentir la piel de su trasero directamente contra mis caderas. Todo mi miembro está dentro de él. Víctor cierra los ojos un momento, probablemente buscando acostumbrarse a eso.

—¿Te gusta? —le pregunto mientras pongo mis manos sobre su cintura.

—No estoy seguro —me confiesa—. No puedo decir que sea totalmente cómodo, pero creo que tiene su encanto.

—Yo tendré que probarlo después —le digo.

Él me sonríe con su perfecta dentadura. Comienza a moverse lentamente sobre mí, primero en círculos y después levantándose suavemente de mí. El placer que experimento en ese momento es sencillamente indescriptible. No puedo evitar gemir. Intento no moverme, ya que por sus movimientos pausados sé que aún le cuesta algo de trabajo. Sin embargo, mi cuerpo no le hace caso a mi mente. Quiero sentir el placer de penetrarlo profundamente, y quiero que él también sienta lo que es tenerme completamente dentro de él.

—¡Ay! —se queja él cuando comienzo a acelerar demasiado.

Mi ritmo baja, pero igualmente continuo moviéndome. Él tiene los ojos cerrados, aparentemente disfrutando de las sensaciones que recibe en todo su cuerpo. Para mí es un espectáculo increíble verlo sobre mí mientras siento mi pene entrando y saliendo de su estrecho agujero y mis manos agarradas firmemente en su cintura. Veo como su pecho sube y desciende, en medio de su respiración profunda y pausada. Miro su pene moviéndose ligeramente tras cada uno de sus movimientos. Todo eso no hace más que prenderme más de la cuenta.

Recorro mi mano derecha y tomó su pene entre mis dedos. Él abre los ojos, me mira fijamente y me sonríe. Yo también le sonrío mientras sigo moviéndome dentro de él. Claro que él también ayuda, y con esos movimientos circulares de cadera vuelve delirante la situación. No quiero que termine nunca. Pero hay algo que aún nos falta por hacer.

Sacó cuidadosamente mi pene de su ano, mientras él se pone de rodillas yo me doy la vuelta para quedar de perrito. Él saca otro condón (¿Es tan fácil conseguir las cosas en los sueños?) y se lo coloca, para después penetrarme lentamente.

—¡Oh! —suelto un gemido sin poder evitarlo cuando consigue meter su pene completamente dentro de mí.

Siento sus bolas contra mi cuerpo, y después la manera en que su pene va saliendo lentamente de mí. Además, sus manos están en mis caderas, lo cual me parece condenadamente placentero.

—¡Uh! —exclama él con placer—. Israel, no sé que tienes, que esto me resulta mejor que cualquier chico o chica con el que haya estado.

Aquello me prende todavía más, y pego mi trasero hacia él para enterrarme yo solito su falo. Mi respiración comienza a acelerarse al igual que la suya mientras el ritmo de la penetración va aumentando. ¡Demonios! Aquello se sentía totalmente bien. Si aquello no es el punto G no tenía la menor idea de que pudiera ser, porque no se me podría ocurrir cosa más placentera que aquello.

—Te amo —me susurra mientras pega todo su cuerpo contra mi espalda, aprovechando para besarme el cuello.

—Yo también te amo —le contestó mientras intento voltear mi cuello.

Nos besamos en la boca. Es un gran trabajo hacerlo en esa posición mientras me sigue penetrando, pero no quiero que sea de otra manera. Nuestras lenguas se entretienen mientras mi recto le da suaves apretones a su miembro al mismo tiempo que éste se mueve hacia dentro y hacia afuera.

Él comienza a gemir, y sé que su explosión se aproxima cuando vuelve a la posición inicial y se despega de mi espalda.. Saca su pene de mi culo, y apenas se retira el condón empieza a eyacular con fuerza sobre mi espalda.

—¿Y eso a que vino? —le preguntó mientras volteó a verlo un poco decepcionado. Tenía la esperanza que se viniera dentro de mí.

Pero no me contesta nada. Simplemente se inclina y con su lengua empieza a recoger el semen que ha depositado sobre mi cuerpo. Las caricias sobre mi piel, más lo que alcanzan a ver mis ojos me parece tremendamente erótico. En cuanto termina de recoger con su boca lo más que puede de sus propios líquidos se acomoda debajo de mí y empieza a chupar mi pene. No duro mucho, la verdad. En menos de un minuto me vengo abundantemente en su boca debido a la sensación que me produjo su húmeda cavidad. Creo que me la estaba chupando sin haberse tragado su semen.

Él sube más debajo de mí, pasa sus manos por detrás de mi nuca y me jala hacia sí para darme un beso. Inmediatamente le respondo, dejo que mi lengua penetre dentro de la boca de aquel chico que me gusta tanto. El sabor de nuestros fluidos seminales mezclados me parece afrodisíaco, y permito que mi cuerpo caiga sobre el suyo, logrando una compenetración perfecta. En ese momento compartimos todo: piel, placer, sudor, semen, amor…

El beso solo termina cuando ambos hemos comido parte de nuestros fluidos seminales mezclados. Separo levemente mi rostro del suyo, pero no permito que nuestros cuerpos pierdan contacto.

—Fantástico —dice él.

—Maravilloso —concuerdo yo.

Me mira fijamente a los ojos, y yo le sostengo la mirada porque me encanta ver como me ve. Su mirada es tan tierna, tan amable…

—Te amo —dice él.

—Yo te amo aún más —respondo antes de volver a plantarle un beso.

Un sopor se va apoderando de mí poco a poco. Las sensaciones que Víctor me produce son cada vez menos vívidas. Me lamento de que aquello no esté sucediendo en realidad. Porque si fuera más que un sueño, su cuerpo no se desvanecería mientras vuelvo a caer en la inconsciencia.

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Si visitas Bogotá

Me aproximé por detrás y vi su ranura dilatada y excitada esperando ser poseída, El esposo me pasó un condón y me lo puse, le apunté a su agujero y se lo clavé hasta el fondo, escuché su exhalación de placer… Empecé a entrar y a salir en semejante mujer que estaba siendo poseída por mí, el esposo le preguntó cómo se sentía y ella le decía que delicioso; algo le mencionó acerca de que esa chochita llevaba mucho tiempo hambrienta.

Mantuve algunos contactos por Internet con una pareja que vive de la Ciudad de Cúcuta, especialmente con él: un hombre de unos 45 años, muy agradable y muy culto,  quien tenía conversaciones con su pareja para vivir nuevas cosas en su vida, una rubia de ojos verdes con unos 38 años de edad muy bien vividos.

Por algún anuncio de la página me escribieron un correo diciendo que pensaban viajar a Bogotá y querían conocerme. Yo muy diligente les contesté ofreciéndome a ser su guía por la ciudad y a recibirlos como buen anfitrión.

En el siguiente correo me pidieron que enviara unas fotos y a cambio me estaban enviando unas de ellos en poses insinuantes que dejaban ver un trasero muy bonito de ella y unos ojos verdes llamativos y agradables.  Todo en su conjunto me pareció excitante.

Me contaban en el correo que era su primera experiencia con alguien distinto en su propio cuarto, pero que consideraban que era el momento de probar nuevas cosas. Me prometían que si las fotos eran de su agrado, me volverían a escribir y efectivamente me respondieron diciendo que tan pronto viajaran a Bogotá, me contactarían.

Pasaron como 4 meses sin saber de ellos y supuse que se habían arrepentido, hasta cuando recibí una llamada de él, en la que me decía que si tenía disponibilidad para el día siguiente porque venía a Bogotá con su esposa. Le dije que sí y conversamos por unos minutos.

Me comentó que estaban hospedados solos en el apartamento de un hermano que vivía en Cúcuta y lo tenía para sus visitas a la ciudad y que la idea era que conversáramos un poco en un bar del Centro Andino. Quedamos de vernos al siguiente día a las 5:00 p.m., pero hablaríamos previamente para concertar el sitio exacto.

Al día siguiente, yo tenía una reunión de trabajo a las 2:30 p.m. que calculaba terminaría a eso de las 4 p.m. para cumplir la cita, pero por ley de Murphy, mi jefe no pudo llegar a la reunión de las 2:30 p.m. y me pidió que lo esperara un par de horas… Pensé que todo se había dañado y llamé a nuestro amigo para comentarle el percance.  Él fue muy comprensivo y me pidió que le marcara en cuanto pudiera salir.

Lo llamé a las 6:30 p.m. y me contó que estaban en el barcito cerca al centro Andino y que esperaban a que se terminara el pico y placa para que nos encontráramos en el apartamento. Así lo hicimos, yo partí hacia la dirección de la calle 127 que él me acababa de dar. Llegué a las 7:10 p.m. y ellos estaban ya allí. Él salió a recibirme y creo que nos caímos bien mutuamente.  Mientras subíamos las escaleras me dijo que la idea era hacerle un masaje con aceite a ella y de ahí, mirar a ver si pasaba algo.

Cuando entré al apartamento las luces estaban apagadas, a excepción de la cocina. Me invitó a pasar y me ofreció un vodka en lata.  A continuación me invitó a pasar al cuarto.

Allí estaba ella con una levantadora, acostada en la cama… La saludé de beso en la mejilla y le pedí permiso para sentarme al borde de la cama. Hablamos durante algunos minutos, me preguntaron por mí, por mis cosas y por algunas de mis experiencias en el tema, que no son tantas.  Me dijeron que era su primera vez, pero que necesitaban hacerlo y que me habían escogido a mí. Creo que fueron totalmente directos, pero eso lo hizo muy diferente. Entonces, él dijo que empezáramos a darle un masaje. Él se puso en calzoncillos y yo me quité mi camisa… empezamos a dar el masaje y al cabo de unos minutos retiré también mi pantalón.

Él masajeaba las piernas de ella y yo su espalda.  Luego él pasó a masajear su espalda y yo sus pies, pero me di cuenta que ella aprovechaba para chupar su palito.  Entonces, yo aproveché para masajear sus partes íntimas.   Luego, cambiamos nuevamente y él empezó  a darle lengua en su conchita húmeda, mientras yo me coloqué por delante de ella: tomó mi pene entre sus manos y empezó a acariciarlo para que se empezara a parar.

Cuando mi herramienta se creció ella lo miró y le dijo a su esposo que le gustaba… Él le contestó ¿y lo quieres tener adentro? Ella le respondió que sí y él le preguntó que ¿por qué? Ella contestó que estaba gruesito y que se lo quería medir.  Toda esa conversación mientras él la estaba clavando en cuatro.

Me aproximé por detrás y vi su ranura dilatada y excitada esperando ser poseída, El esposo me pasó un condón y me lo puse… le apunté a su agujero y se lo clavé hasta el fondo, mientras escuché su exhalación de placer… Empecé a entrar y a salir con todo mi deseo por semejante mujer que estaba siendo poseída por mí en ese momento.

El esposo empezó a preguntarle cómo se sentía y ella le decía que delicioso; le preguntaba si así quería estar, ella le decía que sí y él replicaba diciéndole que así quería verla…  Algo le mencionó acerca de que esa chochita llevaba mucho tiempo hambrienta.

Por mi parte yo le dije que tenía  un culo riquísimo y que lo estaba disfrutando mucho… mientras ella gemía de placer le di una palmada en sus nalgas y maulló de más placer… El esposo mientras tanto observaba totalmente excitado.

Cuando sentí que me iba a derramar lo retiré de su caliente hueco y le di paso a su esposo quien la penetró; me dediqué mientras tanto a acariciarla y a besarle sus deliciosos senos… y en algún momento el esposo se recostó en la cama y ella se paró para sentársele encima… vi cómo su verga iba entrando deliciosamente por su apretado culito…

Una vez que se lo hizo entrar hasta el fondo ella recostó su espalda contra el pecho de él y abrió sus piernas…

Aprecié como tenía toda la verga entre el culo y como estaba de húmeda su rajita… se me volvió a parar al máximo y empecé también a penetrarla.

Me excitó sentir como ella y su esposo se quedaron quieticos para permitir la entrada de mi arma… sentí como se abría paso en el interior de su vagina y percibía el movimiento del pene de su esposo en el otro orificio…apenas un pliegue de piel separaba una verga de la otra.

Esa mujer se sentía la más afortunada del mundo, con la verga de su esposo en el culo y con la mía en su húmeda conchita… empezamos a movernos todos y la sensación era impresionante… sentí ganas de morderle un seno y empecé a hacerlo suavemente mientras ella me decía que delicioso…

Quizás tuvo unos tres orgasmos ella, hasta que finalmente me derramé entre el condón, mientras que el esposo lo sacó, se quitó el condón y se acercó a su boca para dejarle caer toda la leche…

Fue una experiencia excitante e inolvidable para todos…  después de ello nos hemos hablado y escrito para volverla a repetir… tenemos algunas cosas en mente, pero aún no nos hemos vuelto a ver… Ya ha pasado casi un mes… ellos desean que nos veamos y yo también.

Cuando ocurra algo nuevo les contaré, pero por ahora si les ha gustado esa experiencia a mí me gustaría recibir sus comentarios…

Autor: hotwrites

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Me pasó en Brasil

Me puso el condón con la boca, contoneándose por la cama como una gata en celo, luego se sentó sobre mí y se la metió en la vagina de golpe. Empezó a restregarse, a subir y a bajar, yo apretaba sus tetas, se corrió entre fuertes espasmos, me quité el condón y le metí la polla en la boca, utilizaba sus tetas para moverla por la cama, me corrí en su garganta, ella se la comió y se lo tragó todo.

Desde que conocí esta página, la leo de vez en cuando y me gusta conocer sus historias. Por eso me he animado a contar lo que me pasó en Brasil hace 4 años durante unas vacaciones en Salvador de Bahía. Me llamo Vicente, Soy de Valencia, España, alto de 1.94, delgado, las mujeres dicen que soy atractivo.

Para entrar en situación debo decir que el ambiente allí en Brasil es embriagador, sol, calor océano, playas, mujeres etc…

Marché solo para desconectar del trabajo aquí en España y allí iba completamente a mi aire, no paraba, excursiones y playa de día, y discotecas y garitos de noche, un poco de eso que ahora llaman turismo sexual

Al tercer o cuarto día allí ya me había aclimatado totalmente, y ya estaba cansado de tanto fulaneo nocturno y del incordio de taxis y moteles en estas aventuras nocturnas, así como del coste que ello supone. Debo aclarar que está prohibido subir a mujeres a las habitaciones del hotel en que me hospedaba. Era un hotel de 5 estrellas, en primera línea y con todas las comodidades, Era una lástima no aprovecharlo al máximo.

Por las mañanas temprano bajaba a la playa y a la piscina del hotel a espabilarme de la juerga de la noche anterior, ahí observaba a la masajista oficial del hotel como preparaba la camilla y sus cremas para dar masajes de espalda a los clientes del hotel que lo solicitaran previo pago.

La chica llamaba la atención, tenía unos 20 años, era blanca, pero muy morena ya que se pasaba al sol todo el día. Pelo castaño y ojos verdes, no era muy alta pero estaba muy jamona que decimos en España, para nada gorda pero si tenía un culo fantástico y lo mejor de todo, unas tetas grandes y muy bien formadas, que se adivinaban por el contorno de su camisa muy frescas y lozanas. Era muy atractiva e irradiaba sexualidad de la cual ella no era consciente, y esto la hacia aún más apetecible.

Yo me entretenía desde la tumbona con varios rones en el cuerpo observando a la chica como realizaba los masajes a otros huéspedes europeos con toda la profesionalidad médica exigida, como correspondía a los servicios en ese tipo de establecimiento de lujo. Y empecé a idear un plan, una mujer así no se me podía escapar.

En un momento que estábamos los dos solos en la piscina y ella no tenía clientes, la llamo y le indico que se acerque a mi tumbona.

Cuando se acercó obediente y la vi desde la tumbona me gustó aún más, estaba algo sudada y la ropa se le pegaba al cuerpo, los finos shorts exudaban y marcaban todas sus partes íntimas y un culo súper tierno. El fino tanga se adivinaba que estaba escondido entre tanta exuberancia. Su camisa blanca estaba envolviendo como podía sus generosos pechos naturales que parecía que en cualquier momento fueran a reventar y sacar leche.

Su cara era muy linda, y con toda educación y sin dejar de sonreír me preguntó muy dulcemente y en portugués si quería un masaje. Yo le dije sonriendo y en mal portugués que si, pero no en la piscina. Tomaría el masaje en la habitación, ya que tenía problemas dermatológicos con la piel si me exponía mucho al sol. Le mentí.

Se quedó pensando y me dijo que no era la norma del hotel, pero le volví a explicar la excusa y a insistir. Ella accedió, debía dar servicio a los huéspedes y no podía prescindir de ningún cliente por miedo a tener problemas con su trabajo. Me indicó que en ese caso habría un pequeño suplemento por el servicio particular en la habitación. Le indiqué el número de habitación y quedamos para media hora más tarde.

Yo subí a la habitación, me di una ducha fría y abrí todas las ventanas. La brisa y la vista del océano eran increíbles. Yo estaba excitado, había desayunado bien, hecho algo de deporte y me había tomado unas copas, y eran aún las 12 de la mañana. No conseguía quitarme el jet lag del cuerpo

Solo con una toalla enrollada en el culo, me tumbé en la cama relajado a esperarla. Llegó puntual, cargada con sus toallas, aceites y demás potingues, algo extrañada de veme solo con la toallita, pero no dijo nada.

Me indicó que me tumbara de espaldas, y me dio un buen masaje por un rato. Hablamos poco ya que yo no hablo portugués y ella nada de español o inglés. Estaba claro que era una chica sencilla, de algún arrabal de Bahía que trataba de conservar un buen trabajo en un país difícil como Brasil.

Durante el masaje yo descaradamente intenté tocarle las nalgas, ella muy correcta me retiró la mano y siguió a lo suyo.

Cuando acabó con mi espalda, que me la dejó nueva, me dijo que me tumbara cara arriba para proceder a masaje de hombros y piernas. Con el movimiento para darme la vuelta en la cama, la toallita se me había subido algo, y el bulto de mi pene era más que aparente. Al rato me indicó que había acabado y que como me encontraba, yo le dije que muy bien, pero que necesitaba otro masaje a mi pene, Bartolo, señalándoselo, para que todo fuera perfecto 100%.

Ella se ruborizó y me dijo que eso no era posible, algo afrentada, y que se jugaba el puesto. Yo me quité la toallita y le pedí por favor que me la pajeara, que seria un momento, que no lo sabría nadie y que le pagaría servicio doble. Ella dudó, se quedó mirando mi pene morcillón y lo cogió con la mano. Empezó a apretarlo suavemente y a meneármela despacio, el pago del servicio doble y la visión de mi polla la habían convencido.

Yo disfrutaba de ver a esa hermosura pajeándome muy recatadamente, y en un momento coloqué mi mano en su seno acariciando toda su voluptuosidad y apretando suavemente, luego la acaricié por dentro de la camisa, palpando el sujetador y apretando más el contorno de sus pechos.

Ella seguía masturbándome y me dejaba tocar sus tetas y espalda con libertad. Pronto advertí que a ella le daba placer y le gustaba, y que llevábamos el mismo ritmo acompasado de movimientos. En un momento, para facilitar mi sobe de tetas, ella se quitó la camisa y el sujetador y emitió un jadeo.

Sus tetas eran hermosas, gordas y firmes, y colgaban lozanas desafiando a la gravedad con un precioso pezón rosadito ya algo puntiagudo por su excitación. Le cogí las tetas con las dos manos, las apreté y me las llevé a la boca inmediatamente. Ahí estuve besándoselas, estirándolas y apretándoselas, cuanto más fuerte se las apretaba, más notaba que le gustaba y su respiración se hacia más rápida.

Mi pene estaba ya firme y curvado, masajeado con fuerza por mi masajista y cogiendo su máximo tamaño. Estaba en el cielo y ella también. En ese momento con mi mano, envolví con fuerza su pecho y con suavidad dirigí su boca a mi pene, lo engulló todo y chupó con fuerza. Se la metió toda en la boca con avidez y también me masajeaba y besaba los testículos.

En esa posición, con ella al borde de la cama chupándomela, empecé a palparle el culo y el coño.  Rápidamente, le bajé el short y el tanga y le introduje un dedo en su vagina y empecé a moverlo, estaba húmedo y carnoso. Ella se retorcía de placer y me la chupaba con más fuerza, yo la abría y me acerqué su culo a mi cara para poder hacer un 69. Que gusto. A todo esto yo apretaba sus pechos con tanta fuerza que sentía lastimarla, pero a ella le gustaba.

Cuando me faltaba poco para correrme, le dije que se tumbara, y a horcajadas sobre su pecho con mi pene entre sus senos, la indique que me la chupara, mientras que con mis manos abrazaba sus enormes senos y me pajeaba con ellos.

Ella se volvía loca, comiéndome la polla, con sus tetas siendo apretadas y golpeadas con mi pene y con mi mano libre le frotaba la vagina y le metía un dedo. Todo a buen ritmo y jadeando.

Cuando estaba a punto de correrme, saqué mi polla de su boca y le golpeé con ella sus tetas con fuerza repetidamente, a ella le gustaba y buscaba lasciva mi polla con su boca para tragárselo todo, yo me corrí sobre sus senos apretando sus tetas con mi polla. Luego la metí en su boca para que me la limpiara.

Me separé algo sudado y la vi toda excitada, frotándose su coño y metiéndose los dedos en su vulva abierta, con la otra mano se retorcía los senos y me miraba con cara de excitación. Le gustaba mucho, se le notaba a la legua, quizás su noviete brasileño no la cuidaba tanto.

Yo me metí en la ducha para quitarme el sudor y la llamé para que se metiera conmigo en la ducha, allí nos enjabonamos un poco no dejando de manosear sus tetas y apretárselas, luego incliné su cabeza bajo el agua tibia y le metí mi polla en su boca, mientras me movía y la obligaba a tragar más y con más fuerza. Sus senos, ahora brillantes y rojos por su sudor y el agua, colgaban como ubres de rica miel que yo no paraba de manejar.

Cuando ya estábamos más refrescados, me tumbé en la cama y le di un condón.

Me puso el condón con la boca, contoneándose por la cama como una gata en celo, luego se sentó sobre mí y se la metió en la vagina de golpe. Empezó a restregarse, a subir y a bajar, yo apretando fuerte con mis manos sus tetas la ayudaba a coger más fuerza en sus movimientos.

Se corrió entre fuertes espasmos, yo la quité de encima, me quité el condón y le metí la polla en la boca, utilizaba sus tetas como agarraderos para moverla por la cama y cambiarla de posición. Ella se la comió con fuerza y se lo tragó todo.

Al terminar recogió sus cosas, me miró y me dio un buen beso. Yo le pagué con propina incluida. Ella estaba muy contenta y agradecida. Habíamos sido muy discretos.

Tuve “masaje” en mi habitación dos veces diarias durante el resto de mis vacaciones, una por la mañana cuando empezaba ella la jornada y otra al finalizar. Simplemente bajaba a la piscina y concertaba la hora, todo muy discreto y normal. Ella ya sabía lo que había.

No tuve que pagar ningún extra más, Solo la tarifa barata del masaje pues directamente subía a mi habitación y nos poníamos a follar. Ya no tuve que ir más de farra a discos ni garitos.

Me fui ganando su confianza pues me portaba bien con ella y lo pasábamos muy bien, le hacía regalitos e incluso me llevó a su casa una vez. Allí ella vivía con su prima en una pequeña casita con una habitación, y al advertir que me atraía su prima y con mi insistencia después de cenar me organizó un dúplex con ella, no quería que su prima se me beneficiara con exclusividad. Fue estupendo.

Pero eso es otra historia.

Lo pasé genial. Viva Brasil.

La vida es para gozarla, para llenarla de polvazos, y si en algo ayudé a “calentar” la vuestra espero sus comentarios.-

Autor: Vicente

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El hombre de mi vida

Los días pasaban lentamente y yo moría por mi vecino Diego. Alto, delgado, con un cuerpo de infarto; me pasaba las noches soñando con él desde aquel día que lo había visto sin playera. Pectorales marcados, un lavadero de diez; exactamente el tipo de hombre con el que cualquiera pasaría la noche despierto con todo gusto. Sin embargo, él no daba la más mínima señal de saber que existía.

Pasé muchos días planeando que podía hacer para lograr acercármele, pero todos los planes que se ocurrían flaqueaban en algún punto. Sin embargo, un día se presentó la oportunidad perfecta sin siquiera propónermelo.

Iba tranquilamente en el camión. Un chavo se había sentado junto a mí, pero yo no le había prestado la menor atención hasta que él me habló.

-Oye, tú eres hijo de don Memo, ¿verdad? -me preguntó.

Volteé a ver al chico en cuestión. Me di cuenta que era Gerardo, mi tocayo, el hermano mayor de Diego. Él no era nada despreciable, pero no era lo que yo estaba buscando. Yo acababa de cumplir los dieciocho años y él ya tenía veinticuatro. Diego tenía diecinueve.

-Sí, lo soy -le respondí.

Así comenzamos a charlar, y cuando bajamos nos pusimos a caminar hacia nuestras casas. A punto de llegar él me dijo que había estado estudiando no sé que cosa relacionada con matemáticas, y que cualquier cosa que tuviera problemas, no dudara en ir a su casa. Estuve a punto de decirle que no necesitaba su ayuda, después de todo, era el mejor alumno de mi curso de Cálculo; pero lo pensé bien, y le dije que necesitaba un poco de ayuda con las integrales. Así él me propuso que fuera a su casa el sábado por la tarde, proposición que yo acepté encantado.

El sábado por la mañana estuve muy emocionado: me bañé, me rasuré, me puse mis mejores ropas y me perfumé (cosa que casi nunca hago). Sabía que Diego estaría en casa, y no quería bajo ningún motivo pasar desapercibido.

Llegué a su casa a las tres de la tarde en punto. Me recibió Gerardo y me hizo pasar. Nos sentamos a la mesa, y él me preguntó cuál era la parte que se me dificultaba de las integrales. No recuerdo que le contesté, pero si recuerdo que él me empezó a explicar desde las derivadas. Creo que mi respuesta le dio a entender que de cálculo no sabía nada. He de confesar que era algo aburrido fingir que no entendía aquello cuando en realidad me lo sabía a la perfección, pero afortunadamente creo que Gerardo tomó mi aburrimiento como el clásico tedio que experimenta el alumno promedio hacia las matemáticas.

Después de un rato aparecieron en la sala Diego y Marcos (otro hermano, éste de 21 años). Me saludaron y se sentaron a ver la televisión. A partir de ese momento yo medio escuchaba a Gerardo; estaba más entretenido viendo ocasionalmente a Diego. Gracias a que ya conocía el tema podía contestarle a Gerardo sin ningún problema cuando me hacía una pregunta sobre lo que acababa de explicar, y también resolver algunos ejercicios que me puso para practicar. Claro que hice uno que otro mal a propósito para no dejar caer la farsa.

A las cinco de la tarde llegó la hora de la comida, y los tres me invitaron a comer. Su madre no estaba, por lo que me invitaron a comer (en cuanto a su padre, nunca he sabido que fue de éste). Así que comimos los cuatro juntos. La comida estaba bastante bien aunque era el recalentado de lo que había dejado su madre; y mientras comíamos empezamos a charlar y a bromear. Yo participé muy animadamente en la charla y me la pasaba riendo. Era la primera vez que hablaba con Diego, y me parecía cada vez más encantador.

Al llegar al postre, Marcos y Diego se pusieron a hablar y yo me le quedé viendo a Diego. Quizás no fuera muy carita, pero a mí me agradaban sus facciones. De repente tuve el impulso de voltear a ver a Gerardo y así lo hice. Él me estaba viendo, y cuando nuestras miradas se cruzaron él sonrío. En aquel momento me pasó por la cabeza la idea de que Gerardo tenías unas facciones mucho más lindas que las de su hermano, aunque le faltaba aquel cuerpo de infarto. Le devolví la sonrisa y volteé hacia mi plato. Cuando terminamos de comer me retiré a mi casa, después de prometer regresar al siguiente sábado.

El segundo sábado fue casi igual. Seguimos viendo lo de las derivadas. No obstante, al llegar la hora de la comida sucedió algo.
Estábamos hablando animadamente cuando Diego preguntó si no quería comer más.

-No, gracias -le respondí.

-¡Oh vamos! -exclamó Marcos mientras me ponía la mano en el hombro-. No tengas reservas. Después de todo ya casi eres de la familia.

En ese momento Gerardo se atragantó con la comida y los otros dos comenzaron a reírse. Yo no entendí el porqué de la situación, especialmente cuando Gerardo les lanzó una mirada de advertencia a los otros dos. Así que solo sonreí ligeramente para quedar bien.
Al poco rato me despedí, y quedé con Gerardo que el siguiente sábado llegaría más temprano.

El tercer sábado llegué al mediodía, al mismo tiempo que la madre de los tres hermanos salía. La saludé y la despedí al mismo tiempo. Entré a la casa. Gerardo estaba totalmente arreglado, como siempre, con sus jeans y su playera de rayas, peinado con gel. Marcos estaba frente al espejo arreglando su cabello, y supuse que Diego debería estar en su cuarto. Me senté con Gerardo a la mesa. Finalmente habíamos logrado pasar a las integrales.

-Ya párate huevón -oí decir la voz de Marcos.

Concluí inmediatamente que se lo había dicho a Diego, y me sorprendió. No estaba seguro de cómo alguien podía aguantar seguir en la cama hasta tan tarde.

En cierto momento Gerardo me dejó porque tenía que ir al baño. La puerta del baño estaba cerca, y justo cuando entró al baño Diego hizo su aparición en la sala, causándome una gran impresión.

La gran impresión fue debido a que Diego había salido solo llevando encima un bóxer ajustado, dejando a la vista su torso marcado, al igual que sus piernas torneadas. Pero lo que más me llamó la atención fue el asombroso bulto que se veía debajo del bóxer.

Él me saludó y yo intenté devolverle el saludo, cosa que no estaba seguro de haber logrado. Diego volteó la cabeza y se empezó a rascar el paquete. Mi pene empezó a aumentar de tamaño rápidamente entre mis piernas, y tuve que reprimir el fuerte impulso que sentí de correr hacia ese cuerpo y empezar a besarlo.

Él se sentó en el reposabrazos de un sillón, y yo no hice otra cosa que seguirlo con la vista. Me estaba excitando demasiado, y me temía que él no tardaría en darse cuenta. Por suerte en ese momento Gerardo salió del baño y Diego entró. Aún así, estuve todo el día con aquella imagen en la cabeza, y por la noche no pude evitar masturbarme recordando el cuerpo de Diego. De hecho, así me la pasé toda la semana, viniéndome con la imagen de Diego en la cabeza.

Al siguiente sábado otra vez llegué temprano a su casa, aunque en esta ocasión no me encontré a su mamá en el camino. Llegué a su casa y me recibió Gerardo. Me sorprendió no ver ni rastro de Diego o Marcos.

-¿Y tus hermanos? -le pregunté.

-Salieron a una fiesta -me contestó él.

Me decepcioné un poco al oír eso. Eso significaba que aquel día no vería a Diego. Traté de disimular mi decepción, aunque al darme cuenta de cómo me estaba viendo mi tocayo me preocupé. Era una expresión que no recordaba haber visto nunca en ninguna otra persona.

-¿Qué te pasa? -le pregunté mientras inclinaba la cabeza.

Él no respondió en seguida. Se quedó otro momento mirándome así, y después dio un paso vacilante hacia mí.

-Verás -comenzó-. Tengo algo que confesarte.

Hubo otro momento de silencio. Yo me sentía confundido. ¿De qué demonios me estaba hablando Gerardo? Cuando finalmente se decidió a hablar, me tomó de las manos.

-Desde el primer momento en que te vi, sentí algo muy especial en mi interior, así que cuando tuve la oportunidad de hablarte decidí aprovecharla. Y luego, al irte conociendo más, pues… me fui enamorando totalmente de ti.

La declaración me dejó estupefacto. No sabía qué decir. Yo le había hablado a Gerardo para poder llegar hasta Diego, y ahora él me decía que estaba enamorado de mí. ¿Cómo le podía explicar la situación sin herirlo?

No obstante, no tuve tiempo de pensar en una respuesta, ya que él me plantó un beso. Fue un beso lento y calmado, muy tierno, y sin embargo muy profundo. Aquello me hizo perder la cabeza. No tenía ninguna intención de contestar su declaración, al menos no con palabras.

Lentamente Gerardo fue bajando hacia mi cuello. Una parte de mí quería detenerlo, pero por otro lado de repente el chico que se encontraba frente a mí me estaba haciendo sentir cosas que ningún otro hombre me había hecho sentir. No podría explicarlo con palabras, ya que no entendía de dónde surgía aquella sensación de plenitud y de que me tenía completamente bajo su control que me embargaba mientras sus manos recorrían lentamente mi cintura y su boca mi cuello. Solo sabía que me fascinaba que fuera tan delicado, tan cuidadoso.

Gerardo subió hasta mi oreja y metió su lengua dentro. Ningún hombre me había hecho aquello antes. Empecé a gemir, y me empecé a preguntar si lo que sentía era por lo que me estaba haciendo y la forma en que lo hacía, o simplemente porque se trataba de Gerardo.

Él comenzó a desabrocharse la camisa, aunque yo terminé de hacerlo. Mis manos temblaban, así que me decidí a recargarlas sobre su pecho y abdomen para detener el temblor. No estaba nada marcado, lo único bueno es que no tenía panza. Le quité la camisa entera. Mis manos seguían temblando, mi respiración se aceleraba mientras él seguía besándome entre la oreja y el cuello.

Comencé a acariciar sus brazos y su espalda, atrayéndolo un poco hacia mí. Mientras tanto, él iba levantando suavemente mi playera, rozando al mismo tiempo mi piel con sus dedos. De antaño hubiera jurado que me fascinaba el sexo ligeramente rudo y salvaje, donde la ropa sale volando en menos de un minuto. Creía que un chico que fuera lento a la hora del sexo no valdría la pena. Pero en aquel momento junto a Gerardo, en el que todo parecía dudar una eternidad, sentía que era aquel tipo de relación el que valía la pena.

Al terminar de quitarme la playera me tomó de la cintura y volvió a besarme el cuello. Lentamente fue bajando hacia mi pecho, el cual también besó. Al llegar a mis tetillas, sentí un placer indescriptible. Siguió bajando y al llegar a mi ombligo me tenía al borde del extásis. No sé cómo le hice para que se pusiera nuevamente de pie, pero cuando lo hice nos volvimos a besar. Sus besos me enloquecían, y por un momento me pasó por la cabeza la idea de que sería feliz si pudiera besarlo cada día de mi vida.

Después del beso bajé hasta su cintura y comencé a desabrocharle el pantalón. Comencé a bajárselo de la misma manera en que él me había quitado la playera, suavemente y sintiendo con las yemas de mis dedos la delicada piel de sus piernas, las cuales tenían muy poco vello y eran increíblemente blancas. Por lo visto, no dejaba que les diera el sol muy seguido. Llevaba puesto un bóxer ajustado, el cual resaltaba su pene, el cual obviamente ya estaba erecto. No se veía muy grande, me daría la impresión que mediría unos trece o catorce centímetros, pero aquello no apagó mi pasión. Puse mis labios contra aquel bulto, del cual emanaba un calor extrañamente reconfortante. En ese momento recordé tantas otras aventuras que había tenido en mi vida, aquellas en las que lo importante era llegar a la penetración ya fuera oral o anal lo más rápidamente posible. Definitivamente, lo que estaba viviendo con Gerardo superaba con creces aquellas aventurillas.

Comencé a bajar su bóxer con mis manos, dejando al descubierto su hermoso pene. A pesar del tamaño me pareció maravilloso. Aunque bueno, nunca he sido muy fanático de los penes enormes. He de aceptar que visualmente son muy atractivos, pero a la hora de pensar en una penetración como que la cosa ya no es tan linda. Como fuera, el pene de Gerardo me pareció digno de admirarse, con su prepucio que se recorría fácilmente hacia atrás y su cabeza ligeramente más ancha que el tronco. Acerqué mi boca a aquel tronco, y lentamente fui abriendo la boca, dejando que al principio el contacto fuera exclusivamente con mis labios. Poco a poco su pene entreabrió mi boca, y poco a poco fue entrando en ella, empujando mi lengua. Mi saliva comenzó a cubrir aquel miembro, y mi lengua se enroscó a su alrededor.

Gerardo puso su mano contra mi mejilla, y a partir de ahí comenzó a acariciar mi rostro. Yo disfrutaba grandemente con el sabor de su pene. Se notaba que se acababa de bañar, pero aún así conservaba aquel sabor suavemente seductor que caracteriza a un hombre. Gerardo pasó su mano por mi oreja y de ahí subió a mi cabello. A mí siempre me había molestado que me acariciaran el cabello mientras les hacía sexo oral, me sentía como un perro; pero con Gerardo era totalmente distinto. Con él no me sentía como un perro, si no como un hombre amado, algo a lo que tal vez siempre había aspirado.

Empecé a sacar el pene de Gerardo de mi boca lentamente, y cuando solo tenía su glande dentro de mí comencé a rozarlo con la lengua. Pasé mis manos por la parte posterior de sus piernas, luego por enfrente y las fui subiendo hacia su entrepierna. Acaricié suavemente sus testículos con mi mano derecha. Aparentemente era el único lugar del cuerpo de Gerardo donde los vellos resaltaban, y sin embargo así resultaban suaves al tacto. Él bajó su mano y pasó por mis párpados hacia mi nariz. Su forma de acariciarme era tan suave y tan maravillosa, que resultaba sencillamente perfecta.

Subí mi mano derecha hacia su falo, y lo acaricié mientras continuaba con su glande dentro de mi boca. Mientras tanto, mi mano izquierda se entretenía con la suavidad de sus piernas.

Al sacar su pene de mi boca, el se agachó para que quedáramos a la misma altura.

-Te amo -me susurró él, con la voz más dulce y tierna que he escuchado en mi vida.

Acercó su rostro al mío y me volvió a besar. Parecía que no importaba cuantas veces me besara, no importaba si eso significaba que nuestros genitales quedaran separados, pero quería que me siguiera besando.

Al terminar el beso Gerardo me tomó del brazo, me ayudó a levantarme y me llevó hacia su habitación. Durante el camino me rodeó la cintura con el brazo, y yo me recargué en su cuerpo. Era sumamente agradable caminar de aquella manera.

Al llegar al cuarto me volteó para quedar frente a él y me volvió a besar. Su lengua se introdujo con dulzura dentro de mi boca, recorriendo suavemente mi paladar, mis dientes y también mi propia lengua. Al terminar de besarme, se separó un poco de mí y se me quedó viendo sin soltarme de la cintura. Fue la mirada más tierna y linda que he visto en mi vida, acompañada de la sonrisa más dulce y que siempre he disfrutado ver.

Puso su rostro contra mi pecho y comenzó a recorrerlo con la lengua mientras me desabrochaba el pantalón. Cuando lo hubo conseguido empezó a bajar su lengua al mismo tiempo que mi pantalón. Pasó por mi abdomen, y al llegar a mi pene lo rozó suavemente con la lengua. Siguió bajando por mi pierna izquierda, y cuando faltaba poco para llegar a mi rodilla terminó de bajarme el pantalón y se volvió a levantar. Me puso una mano detrás de la espalda y con la otra me empujó con cuidado sobre la cama hasta que quedé acostado en ella.

Una vez acostado, él se acercó a mi pene. Después de todo lo que habíamos hecho mi pene había soltado algo de líquido preeyaculatorio y éste había quedado embarrado en mi calzón. Gerardo sacó la lengua y comenzó a lamer aquel valioso líquido. Su lengua recorriendo mi glande, aunque fuera sobre la ropa, me enloqueció. Solo esperaba el momento de sentir su lengua recorriendo mi miembro sin ninguna tela de por medio.

Cuando terminó de limpiar mi ropa interior levantó un poco la cabeza, tomó el resorte de mi trusa con los dientes y la empezó a bajar. Yo lo ayudé levantando ligeramente mis caderas de la cama. Así la llevó con mis dientes hasta casi llegar a mis pies, donde la tomó con sus manos para terminar de quítarmela. Cuando hubo terminado y comprendí lo que seguía, mi pene volvió a producir un poco de líquido preseminal. Gerardo lo notó inmediatamente, y con la punta de su lengua empezó a recorrer mi glande, saboreando aquel líquido que brotaba de mi interior.
Yo por mi parte sentía que tocaba el cielo, y comencé a acariciar su cabello con mi mano. Alcancé a ver cómo el sonreía, tomó mi pene con su mano y comenzó a lamerlo como si fuera la mejor paleta que hubiera probado en su vida. Comenzó a bajar su lengua por mi falo mientras con su mano me masturbaba lentamente. Llegó a mis testículos, y sin detener su lengua siguió bajando hasta llegar muy cerca de mi ano. Luego volvió a subir. Durante su ruta de regreso me estremecí de placer, y cuando llegó de nuevo a mi glande se empezó a tragar mi pene. Fue introduciendo lentamente mi pito en su boca. Era como una máquina de succión, y lentamente entraba más y más.

Cuando sentí rozar su campanilla con la punta de mi pene pensé que él se detendría, pero él continuó como si nada hasta que tuvo mi pene totalmente dentro de su boca (tampoco es que tenga el pene enorme, por lo que realmente no fue mucho más adentro de lo que implicaba que se hubiera detenido cuando rocé su campanilla). Sentí mi glande en su garganta, y él inició a sacar mi pene de su garganta tras unos segundos. Cuando la mitad de mi falo estuvo fuera él volvió a tragárselo todo. Comenzó a hacer esto repetitivamente y yo me sentí en la cima del cielo.

Mientras él seguía metiendo y sacando mi pene de su boca comenzó a penetrarme mi pequeño agujero con su dedo índice. No le costó gran trabajo debido a toda la excitación que estaba cargando, pero aún así metió su dedo cuidadosamente, causando cero dolor y una oleada de infinito placer. ¿Qué más se puede esperar cuando tienes al chico más delicado haciéndote una mamada espectacular y penetrándote con un dedo?

Gerardo sabía mover aquel dedo a la perfección, estimulando mi punto G con maestría, mucho mejor de lo que lo habían hecho en toda mi vida, incluyéndome a mí mismo.

Cuando Gerardo me sacó el dedo y se separó de mi pene me dijo con voz dulce:

-Voltéate.

No me lo tuvo que pedir dos veces. Estaba completamente a su merced. Lo obedecí sin pensarlo, y me acabé alegrando por eso. Tomó mis dos nalguitas con ambas manos y me las empezó a masajear. Sabía muy bien lo que hacía, apretándolas de una forma que me enloquecía, sin ser agresivo o duro.

-¡Tienes un culo buenísimo! -me dijo.

-Es todo tuyo -le respondí.

Gerardo separó con sus manos mis nalgas, y al momento siguiente sentí su lengua en la entrada de mi ano. Fue introduciéndola lentamente en mi interior (“Qué bien que me bañé bien antes de venir” pensé). Cuando la tuvo lo más adentro posible comenzó a moverla. Me volví a sentir en el cielo. No había otra comparación posible para lo que me hacían sentir sus manos masajeando mis nalgas, su cara contra mi trasero y su lengua moviéndose en mi interior.

Momentos después se separó de mi culo, se dirigió hacia una cómoda que había en su habitación y sacó un condón y lubricante que guardaba en el cajón. Abrió el condón, se lo puso y comenzó a colocarme lubricante en mi ano. Finalmente colocó su pene a la entrada de mi recto, tras haberle echado más lubricante encima.

-¿Estás listo? -me preguntó.

-Listo -le contesté yo. Sencillamente no podía decir otra cosa.

Comenzó a meter su pene lentamente en mi lubricado y dilatado ano. Lo metió con máximo cuidado, sin provocarme ninguna clase de dolor. Cuando lo tuvo dentro comenzó a sacarlo de una manera casi parsimoniosa. Recordé aquellas ocasiones en las que me cogían lo más rápido posible, y en aquel momento pensé que en aquellas otras veces no había disfrutado ni la centésima parte de lo que ahora disfrutaba con Gerardo. Él se recargó totalmente sobre mí, sintiendo de esa manera su cuerpo contra mi espalda, así como su respiración en mi nuca. Metió con algo de trabajo su mano debajo de mi cuerpo y me empezó a masturbar.

-Te amo -me dijo nuevamente al oído.

En ese momento me empezó a besar el cuello y yo no quise saber más. Solo sabía que quería quedarme ahí para siempre, sintiendo su mano en mi pene, su pene en mi culo y su boca en mi cuello.

Pero lamentablemente todo tiene un final, y el nuestro llegó luego de un rato de estar así. Sentí en mi interior como el condón se inflaba, sentí la respiración de Gerardo acelerarse a mi espalda, las contracciones que le dieron en su cuerpo; todo al mismo tempo que yo sentía que aquellas sensaciones también me atacaban a mí. Cuando terminamos Gerardo oprimió levemente mi pene como si lo ordeñara y yo sentí otra oleada de placer. Poco después me quedé dormido.

Desperté al anochecer, acostado de lado y Gerardo me estaba abrazado por detrás. Me di la vuelta con cuidado, pero eso originó que Gerardo también despertara.

Nos miramos un momento a los ojos, y después él empezó a rascarme la oreja mientras yo me decidí a acariciarle la mejilla. Por un momento pensé que podría acostumbrarme a eso. Entonces Gerardo habló:

-Tengo que hacerte una pregunta -me dijo.

Yo detuve mi caricia un momento. Él me miraba de la manera más tierna posible.

-¿Quieres ser mi novio? -me preguntó.

En primera instancia no supe que contestarle. Me había gustado lo que habíamos hecho, sin duda alguna; pero a mí me seguía gustando Diego. ¿O ya no?

No sé si él habrá visto mi indecisión, pero supo disipar mis dudas de la mejor manera posible: me dio otro beso. Fue un beso que me pareció duró horas, y cuando terminé me di cuenta de una simple y llana verdad: no me importaba que Diego tuviera un mejor cuerpo que Gerardo, no me importaba que la diferencia de edad fuera mayor con el hombre frente al que ahora estaba. Gerardo era el hombre con el que quería estar siempre al lado, era el rostro que quería disfrutar viendo el resto de mi vida.

-Me encantaría -le contesté perdiéndome en aquella mirada que en ese momento reflejaba la mayor alegría posible.

Éste es uno de los pocos relatos que lamento que solo sean una fantasía :) Espero que lo hayan disfrutado tanto como cada vez que yo lo leo

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Mi compañero de semestre

Me acosté boca arriba atrayéndolo hacia mí, tomando su pene con mi mano, guiándolo hacia mi vagina introduciéndolo hasta que él inició un meneo con su propio ritmo, en el proceso alcancé por lo menos dos orgasmos intensos, cuando ya no aguantó más llegamos los dos al mismo tiempo quedando exhaustos y cansados, pero satisfechos.

Cuarta semana de semestre, trabajos de investigación, trabajos en grupo, trabajos de taller, trabajos…trabajos…trabajos y también mi séptima semana sin novio y aunque la U. no me deja casi tiempo libre para pensar en el romance si siento la falta de pareja a la que venía acostumbrada y créanme que aunque cada uno de nosotros es un experto en el arte de la masturbación las sensaciones no son las mismas y la necesidad de un macho no hace más que rondarme la cabeza y todos los sentidos, como decimos por aquí: el verano está bien largo…

Me preocupaba que veía en cada compañero bonito o feo una pareja sexual para pasarla rico y por las noches me masturbaba pensando en uno u otro compañero imaginándome como sería el sabor de su pene en mi boca o la fuerza de sus embestidas mientras me penetraban con pasión y desaforo. Así que parte de la solución estuvo en el gym al que acudía cada dos días tratando de salir al máximo cansada y con ganas de dormir.

Por el contrario mis amigas no hacían más que pasarla de maravilla con sus novios y cada vez que salíamos juntas me sentía como florero mal parqueado y encima cada una no hacia más que presentarme al galán de ocasión que al final de la noche no hacia más que mandarme la mano a las tetas o la cuca y para colmo de males ninguno me inspiraba un mal pensamiento (que aunque a dieta, no me como lo primero que cae).

En la U. no me llamaba la atención ninguno de mis compañeros y para colmo de males me tocó de compañero de grupo el más tontarrón de todos, no es que sea feo, pero es el típico niño de mamá siempre bien vestido, el que nunca se queda después de clases por que tiene algo que hacer en casa, el que nunca se toma una cerveza (y no es que a mi me guste el trago) por que ese es plan para los vagos alcohólicos en fin la clase de tipo que a mi no me cuadraba. Físicamente es alto (1,86 cm.) de más o menos 70 Kg., ojos castaños oscuros, cabello siempre bien recortado y peinado y de cuerpo esbelto más nada fornido.

Como llegué tarde a clase un día (por estar chateando) me encontré que nos habían asignado a los dos en un grupo para un trabajo que incluía presentación en el tablero y por supuesto un informe detallado del tema. Le sugerí que nos reuniéramos en mi apto. el siguiente viernes para hacer el trabajo, pero él (después de sonrojarse hasta la raíz del cabello) prefirió que nos encontráramos en la biblioteca de la U. en las horas de la tarde ya que lo consideraba un sitio neutral (¡que tontera! Pensé), pero igual fui juiciosa a las 3:00 p.m. a su encuentro.

Finalmente no pudimos adelantar nada ya que los computadores estaban todos ocupados así que retiramos un par de libros y nos marchamos a mi apto. Empezamos a trabajar y empecé a notar que mi compañerito no hacía más que mirar mis senos y mi entrepierna de forma disimulada cada vez que tenía la oportunidad y aprovechaba toda oportunidad para rozar su antebrazo con el mío cuando estábamos revisando cualquier cosa en el computador lo mismo que sus rodillas contra las mías cuando había ocasión; mejor dicho me resultó un avión el muchachito.

Al rato me pidió prestado el baño y cuando salió para sentarse a mi lado venía con la cara roja nuevamente sin mirarme a la cara así que le pregunté que le pasaba, por que se comportaba de esa forma conmigo,

-¿Puedo preguntarte algo? Me dijo. -Claro, pregunta. -¿Tú usas esa ropita del baño? (me acordé que yo lavo mis calzones cuando me ducho y siempre los dejo colgados en la división del baño). -Sip. Son míos, ¿por qué, te molestan? -Noooooo, para nada, es que son bien pequeñitos y no puedo evitar pensar en cómo se te ven puestos… -Ja, ja, ja, pues como se le ven a cualquier mujer, ¿acaso tus hermanas no usan tangas? -¿Estás loca? Mi papá no se lo permitiría y yo solo tengo una hermana mayor.

-Pues si, yo los he visto juntos en la U. y te aseguro que ellas las usa, fíjate que en el jean no se le marca la ropa interior, ¡a no ser que no use! -¡Yo le conozco la ropa interior a mi hermana y se que no usa eso! -¿Ahora resultó fisgón también? ¿Le revisas los cajones a la hermana? ¿No me dirás que también te pones la ropita de ella? -¡Qué tal? Para nada, es que siempre me han causado curiosidad esas cosas en las mujeres.

-¿Y no le preguntas a tu novia? Mi pobre compañero no podía estar más rojo y a la vez temblando de nervios. -Yo nunca he tenido novia. -No te creo. Tú eres mayor que yo, debes tener 24 y ¿nunca has tenido una novia? -Aunque no me creas así es. Yo no tengo suerte con las mujeres nunca les puedo hablar sin sonrojarme o titubear; mejor dicho ¡soy una hueva completa! A lo que empecé a reírme como loca de verlo todo sonrojado y achantado; él se puso de pie y como pudo metió sus cosas entre el maletín y antes de que llegara a la puerta lo abracé desde atrás deteniéndolo.

-Espérate, ¿qué te pasa? -¡Yo no vine aquí para que te burles de mi! -No me mal interpretes, no seas bobo, es solo que siempre te he visto tan serio y tan sobrador que me sorprendiste con lo que me acabas de contar. Además cálmate que yo soy muy fresca y de aquí no sale nada de lo que hablemos.

Ya calmado me contó que la mamá lo sobreprotegía y por eso ninguna de sus amigas era aceptada en la casa y siempre las sacaba corriendo acosándolas por todo y que lo mismo le pasaba a la hermana aunque él si la había pillado manoseándose con el novio. En fin toda la confesión de su vida amorosa. Yo le conté sobre mi ex novio, de mi vida amorosa, mejor dicho dejamos de estudiar y al final de dos horas conocíamos todas nuestras intimidades y nuestros proyectos y todo de todo; muchos abrazos y todo lo cursi que pasa en estas situaciones, me sentía hablando como con una de mis amigas, no porque lo viera como una mujer si no por que me inspiraba esa confianza.

En fin, terminamos el trabajo como a las 8:00 p.m. y decidimos pedir una pizza a domicilio para cenar; nos sentamos en la sala y empezamos a hablar de bobadas haciendo tiempo y él cada vez con más descaro me miraba los senos o el culo cuando me paraba, pero no pasaba de ahí. No se por que decidí pasar a la acción y empecé a seducirlo con disimulo, parándome enfrente de él para alcanzar algún libro de la repisa dejando entre ver las tiras de mi tanga al empinarme y viendo de reojo como me devoraba mirando el jean entre mi entrepierna o mirando mi blusita cuando me agachaba para servirle la gaseosa y sin embargo nada lo hacía pasar a la acción.

Cuando llegó la pizza nos la devoramos en pocos minutos y cuando me iba a tomar mi gaseosa descuidadamente me la derramé encima de la blusa y del pantalón maldiciendo después y avisándole a mi compañero que me iba a dar un duchazo para no quedar pegajosa. Intencionalmente dejé la puerta de mi cuarto entreabierta de tal forma que con poco esfuerzo él pudiera verme mientras me desnudaba y me metía al baño, pero a la vez yo lo podía ver a él por el rabito del ojo por el espejo de la cómoda.

Me quité la blusa y el bra y dándole la espalda me bajé el pantalón y la tanguita mientras veía como él se ponía de pie y se metía la mano entre el pantalón para arreglarse el pene que en ese momento debía estar totalmente estrangulado en su entrepierna; a los pocos minutos lo llamé con la excusa de que me alcanzara una toalla del tendedero de la cocina y en menos de un minuto estaba tocando en la puerta del baño estirando el brazo para alcanzarme la toalla a lo que pícaramente le dije:

-¿Y qué? ¿No te das el duchazo conmigo? -¿En serio? -¿Tú que crees?

Mientras le decía esto me estaba lavando el jabón de la cara y cuando abrí los ojos él ya estaba enfrente mío totalmente desnudo; mi primera reacción fue la de cubrirme los senos con un brazo y con el otro mi sexo. Al ver esto él se atemorizó y trató de salirse pidiendo disculpas a lo que yo respondí estirando mi brazo reteniéndolo y abrazándolo por la espalda dejándolo sentir mis senos y mi cuerpo sobre su espalda; él se quedó muy quieto sin saber cómo reaccionar mientras yo lo abracé pasando mis manos por su pecho, acariciando sus hombros mientras le besaba el cuello y la nuca mientras el gemía de placer y un temblor invadía su cuerpo.

Seguí bajando mis manos por su pecho hasta llegar a su vientre para encontrarme con su miembro totalmente erecto y palpitante, el cual acaricié bajando su prepucio y apretando su glande con la punta de mis dedos sintiendo como reaccionaba inflándose después de cada apretón. Acaricié sus testículos mientras él colocó sus manos contra la pared disfrutando de mis caricias.

-Dime que tengo que hacer Sandra, enséñame por favor. -¿Qué tal? ¿Ahora yo de profesora?

Le di la vuelta para que nos fundiéramos en un beso y poco a poco penetré su boca con mi lengua y jugueteamos no se cuanto tiempo con nuestras bocas mientras le puse sus manos en mi cola para que me la apretara meneando nuestras caderas al mismo ritmo sintiendo su verga sobre mi vientre subiendo y bajando lentamente controlando sus movimientos con mis manos sobre su cadera.

Duramos un buen rato en este juego hasta que él con su mano subió una de mis piernas de tal forma que lo abrazara sobre su cintura dejando que su pene quedara a la entrada de mi vagina y al adivinar sus intenciones lo detuve; espérate un poco, le di la vuelta nuevamente haciendo que apoyara sus manos sobre la pared y ubicándome a sus espaldas abrazándolo desde atrás para morder su cuello, colocando una de mis manos entre sus piernas para acariciar sus testículos mientras con mi otra mano lo empecé a masturbar agarrando su verga con cuatro dedos por delante y el dedo gordo por detrás (así me enseñó mi novio)

Él solo gemía de placer empezando a aumentar el movimiento de sus caderas al ritmo de mis dedos en un aprieta y afloje hasta que ya no pudo contenerse más y se vino con un chorro caliente de semen que se estrelló contra la pared, entonces puse mi mano en su glande para sentir esa leche caliente saliendo de su volcán y recibirla esparciéndola sobre todo el tronco de su pene en un menear de arriba hacia abajo hasta que ya no salió nada más. Cerré la ducha y cogidos de la mano salimos del baño para pasar a mi cama; él quedó cansado y se recostó mientras yo secaba su cuerpo con la toalla.

-¿Te gustó? -¡Es lo mejor que me ha pasado en toda la vida! -Que rico que te haya gustado, me encanta ser tu primera vez y espero que nunca lo olvides.

El empezó a adormilarse por lo que me apresuré a secarlo notando que su pene no había perdido la erección del todo, entonces me agaché sobre su verga acariciándola con mis manos, subiendo y bajando su prepucio hasta que recobró su erección totalmente notando que el forro no le cabria totalmente en su glande. Entonces le di un beso suave con mis labios en su glande a lo que él respondió con un gemido apagado tomando mi cabeza con una de sus manos obligándome a permanecer en esa posición. Bajé con la punta de mi lengua por todo su tronco hasta sus pelotas jugueteando con ellas y nuevamente subí hasta su glande introduciéndolo suavemente en mi boca sintiendo su palpitar, sintiendo su sabor y disfrutando del momento.

Empecé a succionarlo masajeado su tronco de arriba hacia abajo y con mi otra mano masturbándome yo misma, ya que él no tomó la iniciativa hasta que en pocos minutos sentí nuevamente su excitación con el aumento del ritmo de sus caderas y la tensión de los músculos de sus piernas entonces empecé a consentir la punta de su glande con la punta de mi lengua hasta que alcanzó otro orgasmo salpicando mi cabello con su semen ya que no me alcancé a quitar, cuando levanté mi cara para verlo estaba completamente cubierto en sudor con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados con un gesto de placer indescriptible.

Me puse de pie y fui caminando al baño para lavar mi cabeza y al regresar él estaba sentado en el borde de la cama esperándome, me acerqué caminando despacio y mirándolo a los ojos hasta que desvió su mirada a mi sexo; me paré enfrente ofreciéndole mi raja para que no le quedara duda de la geometría femenina.

Tomé su cabeza con mis manos y lo atraje sin mucha resistencia hacia mi rajita a lo que él empezó a besar mientras que con sus manos apretaba mi culo pegándose literalmente contra mi sexo, como sabes de rico me decía, ¡no me imaginaba un sabor así! Chupaba, lamía y se notaba su inexperiencia, pero lo dejé hacer a su antojo hasta que me hizo alcanzar un orgasmo delicioso.

Entonces lo atraje hacia mi cara y lo hice acostarse sobre mí separando mis piernas para recibirlo y a la vez bajando su rostro a la altura de mis tetas pidiéndole que me las besara y me las mordiera cosa que hizo de inmediato sin necesidad de repetírselo, pude sentir su erección sobre mi muslo y separándolo un poco busqué en mi mesa de noche los condones entregándole uno, él procedió a abrirlo colocándoselo al revés por lo que el látex no podía bajar por su pene, entonces se lo quité colocándolo como debe ser con mis manos y asegurándome que lo cubriera totalmente.

Me acosté boca arriba atrayéndolo hacia mí, tomando su pene con mi mano, guiándolo hacia mi vagina introduciéndolo hasta que él inició un meneo con su propio ritmo: suave al principio y después de unos minutos incontrolables, hasta que tuve que calmarlo para disfrutar un poco más del momento. No puedo negar que en el proceso alcancé por lo menos dos orgasmos intensos y al final cuando ya no aguantó más llegamos los dos al mismo tiempo quedando exhaustos y cubiertos de la mezcla de nuestros sudores, cansados, pero satisfechos.

De esto ya han pasado varias semanas y aunque seguimos viéndonos en la U. no ha vuelto a ocurrir nada nuevo.

Espero que les guste. Un beso.

Autora: Sandra

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Historia real con una mujer madura

Metí mi cabeza entre sus piernas, la mordisqueé los muslos, pasé mi lengua por su rajita y con los dedos separando sus labios metí la lengua, y después  en su clítoris. La situación era deliciosa, yo estaba muy motivado y ella con su mano me oprimía la cara contra su coñito. Se incorporó, me la chupó, bastante bien por cierto, no podía más, saqué un condón, me lo puse y me puse sobre ella.

Hola, por fin me decido a empezar mi relato. De vez en cuando me gusta leer relatos eróticos, sobre todo aquellos que son factibles, nada de esas fantasías raras y que solo son posibles en la mente del autor. Yo como no tengo mucha imaginación, me limitaré a contar mis vivencias personales, ni más ni menos, eso sí, puede que los nombres que aparezcan en el relato no se correspondan con los reales, pero bueno, supongo que los nombres aquí es lo de menos.

Este relato tiene dos personajes protagonistas, yo, que ahora tengo 24 años, pero los hechos que les contaré datan de hace 2 años.  Yo tenía 22 y ella… 40 por aquel entonces.

¿Cómo nos conocimos? Muy típico, hablamos por el chat de nuestra ciudad, la agregué al Messenger y seguimos charlando sobre nosotros, la envié mi foto… -“Que chico tan guapo” me dijo, no la creí, ella me envió su foto, no estaba mal, pero bueno, no lo di mayor importancia, una foto de tantas como las que te mandan por el Msn.

Tardé un tiempo en volver a hablar con ella, unas semanas creo recordar, y desde ese día hablamos un poco más seguido, nos contamos nuestras cosas intimas, etc… Está casada, tiene un hijo de 10 años y un trabajo bien pagado en una importante empresa, y hablando, hablando, pensamos a ambos nos apetecía conocernos en persona, y tal vez, algo más. Pues así fue, en unos días allí estábamos frente a frente, la verdad que la situación no fue para nada tensa, y ese día hablamos frente a una taza de café, fue una conversación cordial. Rubia, pelo por los hombros, unos ojos castaños, estaba rellenita, pero bueno, a mí nunca me importaron unos kilitos de más, de pecho andaba bastante bien, la verdad que cuando la vi, me dije, si, me apetece acostarme con ella.

Quedamos algún día más a tomar algo y si, a ambos nos apetecía pegar un polvo, el problema es que no había un sitio propicio para ello.

Un día me propuso que la acompañase a unos recados en coche, y yo, pues sí… fui, y bueno, la cosa se empezó a calentar, así que mientras conducía por la carretera… la subí como pude la falda, le aparté el tanga y la empecé a meter un dedo, dos, estaba muy mojada, y cuando me quise dar cuenta había parado el coche en una trasera de una urbanización, la verdad, a mí aquello no me daba buen rollo, me daba la impresión de que alguien podía aparecer en cualquier momento, pero, nos miramos, nos empezamos a besar, meter mano y me dijo si me apetecía follar, no lo dudé, y dije, “claro”, “pues vamos a la parte de atrás”.

Afortunadamente era un todo terreno, ella se tumbó, la desabroché la camisa y le subí los pechos por encima del sujetador, se alzó la falda y disfruté quitándola el tanga, bueno, no se lo quité del todo, lo dejé en un tobillo… sin pensarlo dos veces metí mi cabeza entre sus piernas, la mordisqueé los muslos, pasé mi lengua por su rajita y con los dedos separando sus labios metí la lengua, y después me entretuve en su clítoris… puff. La situación era deliciosa, yo estaba muy motivado y ella con su mano, me oprimía la cara contra su coñito. Se incorporó, me la chupó, bastante bien por cierto, no podía más, saqué un condón, me lo puse y me puse sobre ella…

Mis labios chupaban sus pezones, mordisquitos, Mmm, y se la metí, y empecé a moverme sobre ella, la verdad es que estaba realmente con ganas, no tardó mucho en correrse, yo sin embargo seguí…y a ella la gustaba. Sin pensarlo más la dije que se diera la vuelta, que se pusiese a cuatro patas, que me apetecía darle por el culo, se que a ella por detrás no le gustaba mucho, así que no estaba convencido de que se dejara, pero no dijo nada, se puso con el culo en pompa y con la cabeza pegada al asiento. Le comí el culito durante un rato, metí un dedo, la puse saliva, dos dedos, y creo que estaba lista para admitir mi pene, y así fue, no costó mucho el meterla, delicioso, estuvo un buen tiempo en esa posición hasta que no pude más, me corrí increíblemente, fantástico, nos abrazamos y besamos, pero…pasada la pasión del momento pensamos que tal vez lo más recomendable sería salir de allí.

Me dijo que había estado muy bien, que no disfrutaba así con su marido, y que le dolería el culo unos días, que no estaba acostumbrada a un pene de ese grosor, y por eso la dolió un poco, pero que aun así la encantó. Se me olvidó un dato, un dato importante que dota de morbo a todo el polvo, yo tenía una cámara de fotos digital y ella me dejó hacerla fotos en todas posiciones… (No, no me pidan las fotos, porque como es obvio no las voy a mandar, tengo su permiso para publicar esto, pero no para enviar las fotos)

Y esta fue el primero de muchos otros encuentros que si lo desean les seguiré contando, la verdad que ese día fue genial, pero poco a poco fuimos probando cosas nuevas en nuestra relación…ya lo contaré.

Autor: Ano Nimes

Goza con un buen video, clica aquí. http://www.videosmarqueze.com/ y lo guardas en tu PC.

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Que rico es el sexo sea como sea

José trataba de penetrarlo, cuando lo penetró Juan nos pidió detenernos y mantener la verga toda adentro del otro, nos pidió apretar el culo y a la vez apretar la verga dentro del culo en cuestión, que riquísimo fue eso yo sentía riquísimo, estar penetrado con toda una verga muy rica dentro de mí y sentir a la vez como el culo que albergaba mi verga se apretaba muy rico.

Hola amigos, aquí estoy de nuevo ya tenía un tiempo sin escribirles, pero había estado casi sin actividad, bueno sin actividad de la que me gusta a mí, les mando otro relato que al igual que los anteriores se desarrolla en el metro de la ciudad de México (divino transporte), este me ocurrió apenas ayer.

Salí algo ya tarde de la oficina y me dirigí a el metro Viveros, al llegar vi que ya había muchísima gente esperando su llegada, al llegar este no venía con tanta gente, pero al terminar de subir la gente en esta estación el vagón se llenó por completo yo fui a dar hasta adentro del vagón casi pegado a la puerta posterior solo quedó un hombre como de 28 años detrás de mí, pero sin quedar muy pegados el metro empezó su andar y de inmediato sentí como el tipo que había quedado frente a mi dándome la espalda me empezó a repegar su trasero, poco a poco mi verga se fue poniendo a todo lo que da y él empezó un rico movimiento restregándome su rico culo por encima de ella, yo venía con las manos libres pues quedé lejos de algún tubo como para poder sujetarme, llevé mis manos a su cintura y lo agarré y empecé a jalarlo hacia a mí como si lo estuviera penetrando y él me restregaba el culo más rico.

En la siguiente estación bajó algo de gente y el aprovechó para girarse y quedar de frente a mi y al subir la gente de esa estación volvimos a quedar apretadísimos aún más que antes, él enseguida buscó mi verga con sus manos me la sobaba muy rico por encima de mi pantalón y yo solo cerraba los ojos disfrutando de eso, un caballero que iba a un costado mío se dio cuenta de esto porque vi que no retiraba su mirada de nosotros y me empezó a repegar su verga en una pierna, se sentía muy rico y me súper excité más.

Llevé mi mano hacia la verga de este caballero y se la empecé a sobar muy rico, se sentía de muy buen tamaño, estuve solo algunos segundos así y después le bajé el cierre y metí mi mano adentro de su pantalón y la tomé, me sorprendí al ver que no usaba ropa interior, pero lo agradecí porque esto facilitó mi trabajo, lo masturbaba muy rico dentro de su pantalón y agarraba su cabeza  sintiendo como ya estaban sus jugos saliendo de ella, entonces el metro se detuvo en el túnel y nos dio tiempo para disfrutar más aún, el de enfrente ya había bajado mi cierre y tenía mi verga ya afuera de él y me masturbaba muy rico yo al ver esto hice lo mismo con el señor al que estaba masturbando y se la saqué, bajé un poco la mirada para verla y se la seguí sobando muy rico, yo estaba casi a punto a terminar  y para no hacerlo me hice hacia atrás quitándole mi verga de sus ricas manos, pero al hacerme hacia atrás me pegué a él que estaba detrás de mí y la idea me gustó y empecé a restregarle mi culito al de atrás, este se dio cuenta y se quedó quietecito y yo sentí como le crecía su verga al entrar en contacto  con mi culito.

El metro reanudó su viaje y aproveché para dejarle ir todo mi peso en su rica verga y sentí como él me sujetó por la cintura y me jalaba hacia él y yo sentía su verga exactamente en mi culito y me le dejaba ir con todo, el chico de enfrente ya había tomado de nuevo mi verga, pero ahora me masturbaba más tranquilito, más rico, el tipo de el costado se peleaba mi verga con él y yo para no llamar la atención se la di al tipo del costado y busqué la verga de el chico de enfrente y se la saqué y lo masturbé muy rico, así estuvimos hasta que llegó la estación Balderas cada quien guardó su verga y para sorpresa mía también bajaban ahí, el tipo de al costado me preguntó mi nombre y que si tenía tiempo me invitaba a un lugar, pero el chico de enfrente me pidió irme con él, estaba decidiendo cuando el tipo que quedó detrás de mí se unió a nuestra plática y nos preguntó si queríamos tener acción, yo le dije que si los demás también y nos pidió esperar unos minutos al regresar él nos llevó a una entrada de servicio de la estación entramos y él cerró con llave desde adentro.

Para nuestra suerte él es un trabajador del metro y le prestaron llaves de ese lugar, al estar ya adentro todos sacamos la excitación que habíamos tenido controlada en el vagón, el chico de enfrente se llama Juan, él se agachó, me sacó la verga de inmediato y se puso a chuparla muy rico, la metía y la sacaba de su boca muy rápido y le pedí que lo hiciera más despacio y accedió, se la sacaba y lamía mis bolas muy rico, mientras el señor del costado, de nombre Esteban, me quitaba la camisa y me besaba todo el cuerpo y el trabajador del metro, de nombre José, me quitaba el pantalón y me apretaba las nalgas y me picaba mi culito.

Yo estaba en la gloria pues era atendido por todos lados pues José ya me mamaba el culito muy rico y me metía su lengua hasta a donde llegara, ellos también se empezaron a desnudar yo aproveché para sentarme en un sillón y Juan se fue a arrodillar ahí y me la siguió mamando Esteban se subió a el sillón y me puso su verga en la boca, al fin después de algunos meses de no probar una verga tenía una enterita para mi, se la agarré y metí la cabeza en mi boca la empecé a chupar como si fuera un caramelito estaba riquísima empecé a meterla más a la boca hasta que la metí hasta donde me cupiera y le agarraba sus nalgas y lo jalaba hacia a mí y lo retiraba, pero también aproveché para abrirle sus nalgas chuparme un dedo y metérselo en su culito, Juan me la seguía mamando muy rico y escuché que empezó a gemir muy rico y a decir – así, así papito, así – entonces retiré un poco a Esteban y vi que José ya le estaba mamando su culito y gemía muy rico

De pronto José levantó a Juan y se lo llevó y lo inclinó en un escritorio le puso su verga en la entrada de su culo y se la empezó a meter muy rico, Juan solo gemía y pedía más, pedía todo y José se lo dio todo y empezó un tremendo mete y saca riquísimo Esteban y yo nos quedamos viendo y nos acomodamos en el sillón para un riquísimo “69” yo mamándole su verga no dejaba de picarle su culito y él a mí estuvimos como 5 minutos así y Juan y José seguían en lo suyo, yo me levanté y fui a donde ellos y me puse a ver como le entraba y le salía a Juan la verga de José, al estar cerca de este me agarró la verga y me la empezó a sobar mientras Juan gemía y pedía más.

Esteban llegó por detrás de mi y me empezó a mamar el culito y me  metía un dedo muy rico, se levantó me pidió acostarme en el sillón se ensalivó la verga y me la quiso meter pero le pedí que usara condón, pero para mi sorpresa ya lo tenía puesto entonces lo dejé seguir y me la empezó a meter, su verga era como de 17 cms., pero delgada y no me dolió mucho cuando estuvo toda adentro de mi, escuché los gemidos de José que estaba apunto de terminar dentro de Juan y Esteban aceleró más su movimiento, pero lo detuve para poder ver a José terminando dentro de Juan, me levanté y fui a donde ellos le di mi verga a Juan que la empezó a mamar como desesperado y Esteban me volvió a llegar por detrás y me la volvió a meter toda, sentía sus bolas chocar en mis nalgas mientras José solo nos veía sentado en el sillón.

Alcancé mi cartera y saqué un condón me lo puse y Juan entendió se dio media vuelta y me dejó su culo a mi entera disposición y se la metí de golpe, entró todo de una sola estocada, imagínense la imagen yo penetrando a Juan y Esteban metiéndomela toda, pero yo masturbando a Juan, yo entraba y salía de Juan como desesperado cuando escuché que Esteban pedía cuidado, al voltear vi ya repuesto a José tratando de penetrarlo, cuando lo penetró Juan nos pidió detenernos y mantener la verga toda adentro del otro, nos pidió apretar el culo y a la vez apretar la verga dentro del culo en cuestión, que riquísimo fue eso yo sentía riquísimo, estar penetrado con toda una verga muy rica dentro de mi y sentir a la vez como el culo que albergaba mi verga se apretaba muy rico y fue así como terminé, cuando gemía y echaba mi lechita en el condón Juan se separó de mi y me la limpió muy rico tragándose toda mi leche.

Esteban no se acomodaba muy bien para venirse y me la sacó y terminó masturbándose y echándolos en el suelo y José si terminó dentro de él, quedamos exhaustos, pero de inmediato me metí a el bañito de ese cuartito y me lavé, salí y me vestí solo José no se vistió por completo pues se iba a quedar hasta media noche los demás nos vestimos y nos salimos de ahí no sin antes quedar para otra ocasión nos despedimos y cada quien agarró su camino y así amigos es lo que acabo de vivir apenas este 5 de enero y la verdad que mejor forma de empezar el año o ¿no lo creen?

Espero sus comentarios y me pongo a su completa disposición por si alguien tiene en mente una pequeña orgía y que me invite a ser parte de ella.

Autor: Mister

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Una chica normal

Todo el tiempo pensaba que estaba totalmente desnuda debajo de la bata de trabajo, normalmente llevaba alguna ropa ligera, pero ese día sólo llevaba las bragas y mira donde habían terminado. Me excitaba de pensar que se me abriera la bata de repente y desconocidos saltaran sobre mí para follarme, fantasías por supuesto. Pero después de la experiencia que había tenido todavía quería más.

Nunca he destacado por la calle por ser una chica 10. De esas que levantan más que pasiones cuando andan por la calle. A lo más, algún que otro piropo perdido por parte de algún obrero viejo y feo, una vez que se me levantó el vestido con el viento…

No, yo soy una chica normal y corriente, tirando a bajita y morena. No estoy gorda, pero tampoco tengo un cuerpo estilizado. De cara soy normal, ni guapa ni fea, para gustos se hicieron los colores, ¿verdad? He tenido varias relaciones con varios chicos, antes de que me pasara lo que os voy a contar, pero muy normales, no creo que destacara mucho en la cama ni cosas de esas. Cuando salgo con mis amigas, tengo éxito, es cierto, pero más porque suelo caer bien a los chicos que porque sea un bellezón.

Trabajo en un supermercado en una ciudad del País Vasco, pero no voy a dar más datos, perdonadme, porque no quiero que nadie se llegue a dar cuenta de quién soy. En ese momento tenía 23 años y estaba saliendo con un antiguo compañero de instituto, nos habíamos encontrado un día en un bar de copas, nos enrollamos esa misma noche y empezamos a salir más o menos formalmente. Vamos, yo le consideraba mi novio y él me consideraba su novia. Llevábamos así más de un año. Yo acababa de terminar en la universidad, y como tampoco había destacado muchísimo en los estudios (soy así de normal), me había buscado un trabajillo donde fuera, mientras que estudiaba idiomas e informática, en fin, para completar estudios, ya sabéis…

Como ya he dicho, encontré trabajo en un pequeño supermercado, ni siquiera en un hipermercado o algo así. Me pusieron a trabajar primero de reponedora, pero finalmente, como se me daba bien la gente el jefe se decidió a ponerme de cara al público en la sección de congelados. El trabajo era sencillo y no me mataba de cansancio. Ayudar a los clientes a echarse lo que compraran en las bolsitas, pesárselo, cerrar la bolsa, ponerle una etiqueta con el precio y había terminado con ellos. También reponía lo que se acabara, hablaba con el almacén, llevaba el recuento… Vamos ese tipo de pequeñas cosas.

En general, la vida era bastante aburrida, durante el día sólo veía marujas y por la tarde-noche iba a mis clases (dos horas cada día), a veces me iba para casa y otras veces mi novio venía a buscarme, cuando podíamos echábamos un polvo rápido, a veces se la chupaba (ya se lo había hecho a otros), pero tampoco lo hacía con demasiado entusiasmo y jamás le había permitido que se corriera en mi boca. Él tampoco es que fuera una maravilla, la mayor parte de las veces terminaba, casi antes de que yo hubiera empezado. Pero como yo tampoco había tenido muchas experiencias en mi vida, casi me había acostumbrado a que fuera así. Me gustaba, pero parecía que siempre me quedaba a medias y muchas veces, después en casa tenía que masturbarme para poder dormir tranquilamente. No me hacía preguntas, ya había entrado en la rutina. No sabía que las cosas iban a dar ese giro, la verdad.

El día que empezó todo yo estaba en los congelados, como cada día, atendiendo a una señora que nunca se acababa de enterar de cómo funcionaba esta historia. Cuando un hombre llegó. Al principio ni siquiera miré hacía él. Sólo cuando el hombre tropezó con una caja le miré a los ojos… ¡qué mirada! Me miró tan fijamente que parecía que entraba dentro de mi cerebro y me leía los pensamientos, me humedecí al momento y mis pezones se pusieron duros (casualmente se día no me había puesto sujetador y se notaban a través de la bata de trabajo). Aparté mi mirada y me ruboricé, pregunté si se había hecho daño, mientras él se disculpaba por haber tirado la caja al suelo, con su ayuda la levanté y de paso pude observarle bien, me sorprendí de que un hombre así me hubiera excitado, era tan normal como yo.

Tendría casi 40 tacos y se le notaba un poco la barriga, estaba afeitado y de cara era normal, supongo que de joven no se le darían las chicas ni bien ni mal, no sé por qué me imaginé que estaba casado. Sus ojos, eran marrones, tan normales como los que más y sin embargo, cuando me miró de nuevo, mis pezones volvieron a ponerse duros. Él me miró los pezones y yo, roja como un tomate, me di la vuelta un poco y le pregunté si podía ayudarle en algo, el hombre tartamudeó un poco, estaba tan nervioso como yo. Diciendo que no, me dio las gracias y se marchó. Me quedé en medio del pasillo, más caliente que una perra en celo y me puse a recoger unas cajas. No podía concentrarme, así que pensé que lo mejor era hacer como la mayoría de las veces cuando acabo con mi novio, ir al baño y masturbarme. Le pedí a un compañero que se quedara mientras iba al baño y me fui a la parte de atrás.

Mis pezones, se iban poniendo cada vez más duros sólo pensando en aquel hombre que había despertado mis instintos. Cuando estaba cerca del baño, y al estar sola, comencé a acariciarme los pezones. Y hubo un momento que puse mi mano en mi entrepierna, cuando oí un ruido, de nuevo me ruboricé, cuando vi que era uno de los repartidores. Me di la vuelta para meterme al aseo y no sé por qué lo hice, pero me desabroché en un segundo los dos botones superiores de mi bata de trabajo. Como ya he dicho, ese día no llevaba sujetador y con los pechos erectos como los tenía me acerqué al repartidor, preguntándole si quería ayuda, según andaba notaba que mi bata se abría y cerraba dándole una visión bastante buena al chico que había abierto la boca mientras me decía en voz muy bajita que no necesitaba ayuda.

– Yo creo que sí la necesitas. Y cierra la boca, que te van entrar moscas…- Le dije, con una sonrisa. El no podía apartar la vista de mis pechos.- Sólo tengo que coger esa caja-, dijo agachándose.

Me las arreglé para inclinarme lo suficiente para que él tuviera una buena visión. Su pene había comenzado a aumentar sus dimensiones. Cuando él se levantó con la caja en las manos, le roce suavemente el paquete y a él se le cayó de las manos la caja. Es que era un chico muy joven, 18 años y acababa de entrar en la empresa. Era la primera vez que yo le veía, pues no siempre venían los mismos. Le pedí perdón por haberle tocado y me respondió poniendo una de sus manos en una de mis tetas, como con miedo. Yo no hice nada, así que se animó y me cogió la otra. No me creía que pudiera estar haciendo aquello, pero todo se disparó. Comenzamos a besarnos como si fuera lo último que hacíamos en nuestras vidas. Entonces yo le saqué la polla del pantalón y me arrodillé a chupársela, como nunca había hecho en mi vida. Casi explota allí mismo, aunque me di cuenta y no quise quedarme así, teniendo que masturbarme al final… Le cogí de la camiseta y le metí en el baño. El se sentó en la taza y yo, apartándome un poco la braga me metí su polla hasta el fondo, estaba teniendo un orgasmo.

No me lo podía creer… Y seguí subiendo y bajando, pidiéndole que se aguantara. Entonces él me levantó, con fuerza, sin miramientos y me dio la vuelta, me la metió por detrás como si fuera una perra y cómo lo estaba disfrutando, gemía sin parar, sin control, hasta que el chico estalló en mí, sin control ni nada, menos mal que tomaba la píldora y ni siquiera pensé en enfermedades. Me dejó las bragas destrozadas, y le dije que se largara y que no quería verle más. Yo me lavé como pude y tiré las bragas envueltas en mil papeles a la papelera. Sólo de pensar que alguien me hubiera visto en esa situación me daba vergüenza… Volví a mi puesto de trabajo, diciéndole al jefe que no me había encontrado muy bien y que por eso había tardado tanto. Me dijo que me fuera a casa, pero no quise. Esto acababa de empezar. Todo el tiempo pensaba que estaba totalmente desnuda debajo de la bata de trabajo, normalmente llevaba alguna ropa ligera, pero ese día sólo llevaba las bragas y mira donde habían terminado…

Me excitaba de pensar que se me abriera la bata de repente y desconocidos saltaran sobre mí para follarme, fantasías por supuesto. Pero después de la experiencia que había tenido todavía quería más. Miraba mis compañeros de trabajo, pero decidí que no, luego empezaban las habladurías y no era plan… Seguí trabajando y llegó un cliente que compró dos cajas de determinado producto. Allí sólo tenía una, así que le dije que iba al almacén por la otra y él me dijo que mientras tanto pagaría. Puse las dos cajas en un carrito y le dije que se lo llevaba a su coche. El hombre, este sí que era barrigudo y viejo, me dijo que lo tenía aparcado en el garaje más próximo. El tío no me excitaba en absoluto, ni siquiera había pensado en el sexo con él, así que le acompañé. Cuando estábamos llegando, el hombre iba detrás de mí, el carro chocó un momento con una piedra de la carretera y se paró por un segundo. Eso bastó para que yo frenara en seco y el hombre chocara contra mí, mi culo tocó su paquete y durante esos dos segundos, yo se lo froté.

Pensé al momento, ¿pero qué hago? Y seguí mi camino, al entrar en la oscuridad y lo anterior, me desabroché el botón de la bata y caminé moviendo mis caderas delante del hombre. Sabía que el tío me miraba y no se lo podía creer, tendría como 60 años. Al meter las cajas en el capó del coche me incliné lo suficiente para darle una vista esplendida de mis tetas. Me estaba poniendo a cien, ya no podía parar. Al acabar, hice lo anterior, cuando iba delante me paré en seco, él chocó contra mí y yo me incliné a atar mi zapatilla, rozándole increíblemente. Su polla empezaba a crecer, era ahora o nunca. Me di la vuelta y me abrí la bata, el viejo, con los ojos fuera de las órbitas, me tocó el duro pezón con la mano y como le dejé comenzó a chupármelo mientras yo buscaba su polla. Joder, que grande la tenía el cabrón y le estaba creciendo rápido para ser tan viejo y decrepito. Se la manosee y le dije que me la metiera ya, que no podía más.

Entonces me di cuenta, en el coche había otro viejo, que acababa de abrir la puerta para ver mejor el espectáculo. Le hice señas para que se acercara y mientras le decía al otro que me la metiera mientras me ponía a cuatro patas sobre el suelo. El otro viejo llegó y comenzó a chuparme las tetas, era increíble, me estaba follando dos viejos y me estaba gustando. Le saqué la polla al otro, era más pequeña y me la metí en la boca mientras el otro me follaba sin descanso, me lo estaba pasando genial. Luego cambiaron y me puse a cabalgar sobre el viejo al que se la había chupado mientras el primero me tocaba y chupaba las tetas sin descanso.

El viejo se corrió justo en el momento en que íbamos a hacer otro cambio, pero lo hizo fuera de mí, el viejo que me chupaba las tetas, tomó rápidamente su lugar y me folló como un loco, estaba sobre mí, desenfrenado, pensé que igual le daba un ataque al corazón, ponía los ojos en blanco y se le estaba cayendo la baba y yo estaba teniendo otro orgasmo… Era increíble, con dos viejos asquerosos, hasta que también se corrió, mierda, otra vez dentro de mí, pensé que tenía que coger condones por si acaso, a este paso…

Los viejos se montaron en el coche, me dejaron una toalla para limpiarme y me dieron besos en las tetas antes de irse, prometiendo volver en un tiempo… Uno de ellos se metió la mano al bolso y sacó dos billetes de 100 euros, ¡joder con los viejos! Encima me había tomado por una puta. Y eso, sin querer hizo que me excitara. Arrancaron el coche y se marcharon, yo estaba otra vez con mi bata puesta y me dirigía a la salida, cuando me vio el vigilante, este si estaba bien, era alto y con músculos, aunque no le veía bien la cara. Estaba oscuro. Le conté que había venido ayudando a un cliente, llevaba el carro conmigo. Me dijo que muy bien, pero me dijo que no volviera a entrar sola, porque a veces entraba gente que él no controlaba y era peligroso por la oscuridad, etc. Estaba caliente otra vez y tuve la idea de buscar el peligro, algo que al momento olvidé, tampoco estaba en ese plan.

Llevaba la bata medio desabrochada, el guardia se dio cuenta y como no aparataba la vista de mis pechos, me abroché al momento, pidiéndole perdón recatadamente. El me dijo que no pidiera perdón, si a él le estaba haciendo un favor. Me reí… y sin querer le dije que podía hacerle más si él quería… ¡Joder! Pero qué me pasaba, yo nunca he sido así y ahí estaba diciéndole a un tío que me follara allí mismo, hice ademan de irme, pero el chico me cogió de un brazo. Y me beso, uf… Me puse a mil otra vez, y nos lo hicimos allí mismo, esta vez afortunadamente con condón, pero este tuvo muchísimo más aguante… Me dijo que me esperaba a la salida del supermercado, pero cuando volví adentro me lo pensé mejor, para novios ya tenía el mío, ahora quería vivir. Me cogí un paquete de condones de la estantería y le pedí a mi jefe que me dejara salir media hora antes. El día no había terminado y menos la semana.

Autora: Jade

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De señora a puta II

Iba entrando y yo no podía contener pequeños gritos de dolor, ya la tenía toda dentro. Parece que mi culo empezaba a acomodarse. Él empezó a bombear. Aunque todavía sentía dolor, no era tan intenso, y aunque me cueste admitirlo, sentía una especie de placer difícil de describir, que me hizo lanzar pequeños jadeos, también para mi interior…no le iba a dar el placer al hijo de puta ese.

Voy a seguir explicando un poco cómo me van las cosas. Los días van pasando y el piso de la calle Rosellón de Barcelona se está convirtiendo en mi segundo hogar. Ya he cobrado por primera vez…y no ha estado mal. Por una semana de trabajo me he llevado 800 €.

He podido pagar lo que debía en el piso dónde estoy y aún me ha sobrado algo de dinero. He podido comprarme algún capricho. Hacía tanto que no me sentaba en una cafetería y dejar pasar el tiempo y la gente delante de mí dejando que me sirvieran, sin pensar si mañana voy a tener algo de dinero en el bolsillo para comer. Esta ha sido la única parte gratificante y me pregunto si vale la pena.

Sí, finalmente tengo mi independencia, finalmente tengo algo de dinero en el bolsillo, pero no tengo amigos, no conozco a nadie y cada día pienso en mi hija, a la que no me atrevo a llamar. Le he fallado tanto que no puedo decirle nada. Si consigo suficiente dinero como para mudarme a un apartamento de alquiler para mí sola quizá llame a mi hija y decirle que su madre la necesitaba y que si quería pasar unos días conmigo.

Además he perdido cualquier resto de dignidad que pudiera quedarme al vender mi cuerpo cada día a todo el que está dispuesto a pagar por el. Seguro que muchos pensareis que es un trabajo más, pero no es cierto. Hay clientes que te degradan hasta hacerte sentir que no vales absolutamente nada y que no mereces ni que te paguen ni siquiera el aire que respiras. También es cierto que a veces, tienes suerte y te toca algún hombre que lo único que quiere es no sentirse solo durante un rato, sentirse acompañado, en alguno de estos casos, he llegado a sentir ternura.

Supongo que os interesará saber qué pasó después que Marcos y Cristina me contrataron. Pues bien, efectivamente fui a hacerme unos análisis de sangre a la consulta de un médico cercano al piso dónde iba a trabajar. Me esperaban, una enfermera me sacó sangre, me dijo que la analizarían y que ellos mismos enviarían los resultados a Marcos.

La enfermera me dijo que esperara que el médico me visitaría. Poco más tarde, un señor de unos 40 años me hizo pasar a su consulta, me dijo que era ginecólogo y que me iba a hacer una exploración. Me dijo que estaba todo bien, que tomara pastillas anticonceptivas y que nunca trabajara sin condón. Que volviera allí cada lunes antes de las 9 de la mañana para un análisis. Con estas me fui a la otra dirección que me dieron que resultó ser un piso particular de unas estilistas. Me mandaron desnudar. Una de las chicas me rasuró completamente con un aparato que no había visto nunca que hacía un poco de cosquillas. Me dijo que el pelo tardaría en aparecer de nuevo.

Me arregló el pelo, me hicieron masajes…me dijeron que debía ir allí cada semana. Una de las chicas me dijo que estaba preciosa y me invitó a que me mirara en un espejo de cuerpo completo. Y lo estaba. Mi coñito depilado quedaba súper sexy aunque se me hacía raro no ver ningún pelo ahí. Me recomendó ropa interior blanca para resaltar el color de mi piel.

Tres días después, estaba yo muy nerviosa. Era el día de empezar a trabajar. Llegó la hora y me presenté en el piso. Me esperaba Cristina. Me presentó a Juan, un hombre de unos 55 años, tan amanerado que parece artificial y al resto de chicas con las que iba a compartir turno. Eran 8 más, sólo una española, el resto eran de distintos países de América y una polaca. Las reglas eran que cuando llegaba un cliente, lo atendía Juan, que le preguntaba si quería una chica en concreto. Si decía que no, pasaba a una sala de espera y Juan nos llamaría para que pasáramos a saludar.
Había que entrar, de la forma más sexy posible, y decirle nuestro nombre. Juan le preguntaría que servicio sería y le cobraría. Juan nos diría quien es la escogida. Me pareció que aquello sería como una exposición de caballos, a ver cual se vende mejor.

En seguida vi entre las chicas que aquello iba a ser una competencia, que todas te hacían buena cara, pero me examinaban, cómo comparándose con ellas, cómo evaluando quien era más guapa. Pasaron tres clientes que no me escogieron, pero el cuarto, un hombre de unos 35, vestido con traje, bastante guapo tengo que decir, me escogió a mi. Juan, vino con Cristina y me dijo: bueno ya toca. Ese señor ha pagado por completo con griego. Cristina iba a empezar a hablar cuando la interrumpí: qué es un griego? Cristina me dijo: por detrás, por el culo. ¿Lo has hecho antes verdad? yo me la quedé mirando, con ojos llorosos y le dije que no, que nunca me habían penetrado por el culo. Me dijo…que mala suerte tienes Susy… para ser tu primera vez. Relájate, y no llores más, joder, sécate las lágrimas y ve con el cliente.

Nos fuimos a la habitación, el cliente ni me dijo hola, Como un mueble. Se desnudó entero. Yo no podía dejar de mirarle y pensar lo que me esperaba, lo que estaba haciendo…Él me sacó de mis pensamientos: ¡Qué! te desnudas o no? le pedí disculpas con voz muy tenue, me desnudé. Él mismo empezó a ir hacia el baño, que estaba en la puerta de al lado. Era como si hubiera estado aquí miles de veces. Se sentó sobre el bidé. Yo no sabía que quería…Oye guapita, no pierdas el tiempo que cuesta mucho dinero, me lavas la polla y empezamos ya, ¿por favor? tenía el mismo sentimiento que hacía tres días con Marcos, como un autómata empecé a lavarlo, la tenía grande y al contacto con mi mano, se hizo más grande.

Me estaba entrando el terror. En poco se levantó y se fue hacia la habitación. Por lo que me habían dicho, yo también tenía que lavarme, antes y después del “servicio” así que lo hice y volví a la habitación yo también. Allí estaba él, de pie. Me dijo: a ver, ponte de rodillas y empieza a chupármela, me arrodillé y empecé a metérmela en la boca, era grande y caliente. él empezó a gemir, diciéndome lo bien que lo hacía. Me decía que seguro que hacia mucho que era una putita come pollas y cosas por el estilo.

En ese momento me vino a la mente lo que me dijeron: nada sin condón. Y me la saqué de la boca. ¿Qué te pasa? me dijo él. ¿Creo que te falta el condón no? él, con cara de pocos amigos, me permitió que se lo pusiera. Me costó muchísimo. Estaba muy nerviosa y hacía tiempo que no le ponía un condón a nadie.

Una vez puesto, él me dijo: oye mira, no vamos a perder el tiempo. Mi mujer no quiere que la encule y para eso he pagado, así que ponte en cuatro. A mi se me llenaron los ojos de lágrimas aunque no llegó a caer ninguna. Le hice caso, me puse en esa posición, esperando lo peor. Él me preguntó dónde estaba el lubricante. Ah! el lubricante…pensé para mi, sí, está ahí y se lo pasé. Me puse a rezar. Poco después empecé a notar en mi parte trasera un dedo, luego dos, que se iban haciendo camino por mi culo, aún virgen, untándome crema.

Vaya culo precioso, iba diciendo él…que bien lo voy a pasar. Y el agujerito…parece que no lo haya usado nunca nadie, esto es más de lo que esperaba! sacó sus dedos y por un momento quedé a la espera. Duró poco…en seguida algo mucho más grande intentaba abrirse camino por mi agujerito aún cerrado. y con un dolor indescriptible para mí…lo estaba consiguiendo.

Iba entrando y yo no podía contener pequeños gritos de dolor, aunque hubiera gritado hasta quedarme sin voz y le habría partido la cara…pero no, allí estaba. Ya la tenía toda dentro. Parece que mi culo empezaba a acomodarse. Él empezó a bombear. Aunque todavía sentía dolor, no era tan intenso, y aunque me cueste admitirlo, sentía una especie de placer difícil de describir, que me hizo lanzar pequeños jadeos, también para mi interior…no le iba a dar el placer al hijo de puta ese.
En cinco minutos más, todo estuvo ya…él se corrió, pensaba que me iba a destrozar, pero no…allí estaba yo, con mi culo partido, pero mi primer servicio hecho. Me había sentido sucia y todavía me sentía, pero ahora ya estaba. El cliente parece que se fue contento. Cuando volví con mis compañeras y Juan, me preguntaron como fue. Les dije que bien, pero que necesitaba un rato de soledad.

Cristina se acercó a la silla dónde estaba y me dijo: Bueno, ya has hecho tu primer servicio, ahora ya los siguientes serán más fáciles. Trabaja mucho y deja felices a los clientes y seremos amigas.

Os debéis preguntar (de hecho os preguntáis) como fueron los siguientes días: pues sí, a todo se acostumbra una, y yo me estaba acostumbrando a pasar más horas desnuda que vestida, a que todo tipo de pollas entraran por mis agujeros. a no preguntar a hacer lo que me mandaran…a que Cristina de vez en cuando se me acercara y me dijera ve a la 7 y espérame, quiero que me comas el coño. Tampoco había probado nunca a una mujer…y no me disgustó.

La vida sigue y yo cada vez me siento mejor. Empiezo a tener nuevas ideas y aunque me sigo sintiendo sucia…ahora soy una mujer sucia, con dinero para llegar a final de mes.
Quizá pueda ver a mi hija pronto. Quizá.

Me jode que en el piso se queden tanto dinero de mi esfuerzo. Le empiezo a dar vueltas a otros métodos. No sé. Os seguiré contando.

Besos, Susy.

Autora: Susy

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El muchacho del gimnasio

Mi culo palpitaba pidiendo verga, pasamos a un 69 él encima de mí ofreciéndome su verga y él chupando la mía mientras metía sus dedos en mi culo, yo chupaba su verga desesperado, me sentía en la gloria, se volteó y me dijo que me iba a culear que me iba abrir el culo con su verga, que ahora iba a tener la verga de un macho, buscó un condón, lubricante y su verga entró completa en mi culo.

Lo que les voy a relatar me sucedió hace unos días atrás, siempre leo relatos especialmente los de acá que son muy buenos y hoy me tocó narrarles mi experiencia… Tengo treinta años, bien parecido, blanco, cabello castaño oscuro, 1.78 m, delgado, pero con definición muscular.

Al salir del trabajo es mi rutina ir al gimnasio, el cual queda muy cerca de mi trabajo y caminando llego en cinco minutos… Allí libero estrés, me pongo en forma, me deleito con cuerpos esculturales, y por supuesto ver variedad de vergas en los vestidores y el sauna, claro disimuladamente, ya que soy un tipo serio y no demuestro mi condición…pero me encanta verlas, las hay gordas, cortas, blancas, morenas, largas, en fin me encanta ver a los tipos como le brincan las vergas cuando caminan y salen mojaditos de las duchas, a mi mente se vienen variedad de fantasías y deseos… Desde ya hace unos días he cruzado algunas miradas con un chico del gimnasio y ustedes saben como son esas miradas, yo entreno solo y en muchas ocasiones lo he pillado mirándome y él también a mí, no sé ni cuál es su nombre únicamente hemos cruzado palabras cuando yo le he preguntado si algún equipo está ocupado o cuanto le falta para empezar yo a utilizar la máquina.

El es un tipo un poco más alto que yo, algo tímido, blanco, totalmente masculino, de buen cuerpo y una cara linda que eso me mata. Yo siempre llego antes que él al gimnasio y me impacienta cuando veo que no llega, me encanta ver tan lindo ejemplar y ese jueguito de miradas que es tan excitante…pero un día el decidió ir mas allá de esas miradas, lo cual me pareció excelente… Un día por casualidad él entrenaría los mismos músculos que yo y me pidió si podía hacerlo conmigo, yo sin replicar gustoso le dije que si, que ya había realizado una serie y que comenzara de una vez…mientras entrenábamos aproveché y entablamos una conversación, muy normal, hablamos de cosas genéricas, fue muy amena, Daniel, porque supe su nombre, aparte de lindo era muy simpático…terminamos la rutina de ejercicios y ya nos disponíamos a irnos, al instante me preguntó que donde vivía, yo le respondí e inmediatamente me dijo que el tenía carro y esa era su vía y con gusto me daba la cola a mi casa, cosa que igualmente acepté con gusto respondiéndole que si…

Subimos al estacionamiento al lado del gimnasio, su carro estaba como en el cuarto piso, llegamos y entramos al auto, estando ambos sentados inclusive antes de encender el vehículo nos quedamos mirando fijamente, no hubo palabra alguna y parecía que se detenía el tiempo justo ahí… como un impulso mutuo nos besamos, besos que fueron entrando en calor y fueron más apasionados y calientes, chupábamos nuestras lenguas y labios, estaba completamente erecto, nos tocábamos como locos y él tenía su verga dura como una piedra… me dijo que estaba en su apartamento solo y que allá estaríamos más cómodos…

Mientras conducía a su apartamento yo me pegaría de su verga hasta llegar a su apartamento, me encanta mamar…él llevaba unos shorts, el cual yo deslicé junto a su bóxer para saltar de un brinco una verga erecta como de unos 18 centímetros, sin circuncidar, la tomé y pelé su prepucio para mostrarme una cabeza brillante mojada y chorreando gran cantidad de líquido preseminal y desprendiendo un olor a macho que me vuelve loco y me excita demasiado… lengüeteé su cabeza probando ese rico liquido saladito, él suspiró de placer, y la introduje en mi boca, mamando como un becerro, de arriba abajo, lengüeteaba su frenillo y todo el borde de la cabeza del pene, emitía un quejido de placer, bajé más su short y alcancé a chupar sus huevos velludos, introduje uno a uno en mi boca, masajeándolos con mi lengua.

Él seguía conduciendo emitiendo pequeños quejidos, mientras yo metido allí abajo mamando esa gloriosa verga que olía a macho, a sudor y orine, una combinación de olores que me hacia tragar esa verga con más gusto y placer… me sentía extasiado…así estuve mamando bajando la intensidad porque él me dijo que estaba a mil y si seguía así se vendría en mi boca. Llegamos a su apartamento y todo a penas comenzaba, entramos y junto con cerrar nos comimos a besos de lengua mientras nos quitábamos la ropa, todavía recuerdo su olor a macho al pasar la lengua por su cuerpo, no nos habíamos duchado después de entrenar…chupé sus pezones, su cuello mientras mis manos tocaban ese cuerpo musculoso…

Estábamos por fin completamente desnudos, tenía completito para mí este macho escultural…él fue bajando de chupar mis pezones, por mi abdomen hasta que se encontró con mi verga erecta, empezó a mamarla como un loco, se la metía hasta la garganta y yo con mi mano dirigía su cabeza para darle una culeada por la boca… le dije que quería que me culeara, quería tener esa verga completita, hasta el fondo en mi culo, pasamos a su dormitorio y me acostó en su cama boca arriba y empezó de nuevo a mamarme mi verga como un loco, sentía que si seguía iba a explotar… hasta que bajó hasta mi culo y empezó a lengüetearlo sutilmente para luego forzar su lengua en mi culo, yo gemía de placer…su lengua estaba apoderada de mi culo intentando entrar en él…

Mi culo se dilataba y palpitaba pidiendo verga…luego pasamos a un 69, él encima de mí ofreciéndome su verga para mamar y él chupando la mía mientras metía sus dedos en mi culo, yo chupaba su verga  desesperado, me sentía en la gloria, se volteó y me dijo que me iba a culear, que me iba abrir el culo con su verga, que ahora iba a tener la verga de un macho…buscó un condón y lubricante, untó mi culo y su verga de lubricante, tomó mis piernas (yo boca arriba en la cama) y las abrió colocándolas en sus hombros, alcanzó una almohada y la puso bajo mis nalgas…

Ahora sí, mi culo quedó completamente a merced de su verga (lo que yo deseaba), acomodó su cabezota en mi dilatado culo, y solo al sentir lo caliente de su verga en mi culo gemí de placer, le dije culéame, entiérrame tu verga, pero hazlo hasta el fondo, quiero hasta tus huevos en mi culo, empezó a empujar y… el dolor fue mínimo en comparación al placer que me daba la verga de Daniel…me clavó completo, su verga entró completa en mi culo…me sentía lleno, completamente clavado, le dije déjamela adentro un rato.

En minutos empezó a meter y sacar… la sacaba completamente y la metía de golpe en una sola embestida… él tomó mis brazos presionando mis muñecas sobre la cama, estaba inmóvil, solo recibía verga por mi culo… en cada arremetida yo gemía y podía ver la expresión en su cara, lo cual me excitaba aún más… él gemía como un toro, yo solo decía que quería verga, ¡dame más verga!…y el arremetía con más fuerza, yo empecé a pajearme… él dándome por el culo y yo pajeándome, ya sentía que iba a explotar… le dije que venía leche, ¡viene leche Daniel!…el empujó su verga hasta el fondo levantando mi culo con el empujón…expulsé chorros y chorros de leche, ¡fue una venida del coño!…sentía que botaba litros de leche…

El inmediatamente sacó su verga de mi culo, se quitó el condón y empezó a pajearse y en cuestión de segundos descargaba su leche, yo apresuré y coloqué mi cara, saqué mi lengua y llegué a probar unos cuantos chorros de esa leche exquisita. El cayó encima de mí y nos besamos, me dijo que día a día soñaba con tenerme y hacerme suyo, nos levantamos a ducharnos sin parar de darnos besos… estábamos exhaustos y caímos rendidos en la cama. Era fin de semana y amanecí con él hasta el otro día. Y esto fue el comienzo de una caliente relación…Hoy tengo ganas de que me rompa el culo…y siento mis cojones cargados de mucha leche…

Espero les haya gustado mi experiencia…

Autor: Sergio

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Mi madurita top model del trabajo

Sus pezones eran rosados, no aguanté mucho y comencé a chuparlos, besarlos, tomé uno de sus pechos, mientras la besaba en la boca, con mi otra mano recorría su vulva sobre el pantalón, cuando noté que empezaba a gemir apreté aún más fuerte y ella continuaba con sus movimientos para sentir mis caricias, bajé un poco su calzón, que mata de pelos tenía, impedían llegar a su coñito.

Hace bastante tiempo que me gusta leer relatos y si bien he tenido algunas experiencias que pueden ser contadas, nunca me atreví a escribir…Lo que relataré a continuación es cien por ciento real… ¡Y sucedió hace muy, muy poco!

Mi nombre es Eduardo, soy un tipo normal de un metro setenta y dos, tez blanca, ojos claros y contextura normal, de 44 años de edad, felizmente casado y con 4 hijos. Nunca antes había montado cachos, mucho menos podía imaginarme haciéndolo, tampoco me considero una persona extrovertida en extremo, pero a medida que voy ganando confianza, pues me abro mucho más en mi relación con las personas y siempre me ha gustado jugar y atacar con mucho sarcasmo e indirectas con doble sentido a ver hasta donde llego o me deja llegar a las mujeres con quienes frecuento socialmente o laboralmente hablando.

Todo ocurrió en la oficina donde laboro desde hace unos cuatro años, una típica empresa familiar de mediano tamaño.  Desde que llegué a trabajar con el grupo y a pesar que mi actividad profesional no está directamente relacionada con la actividad comercial del grupo, por tratarse de una ramificación comercial de la cual yo directamente me haría cargo, la imagen hacia terceras personas, compañeros de trabajo, etc de mi persona y capacidad profesional era muy alta.

Al presentarme a cada uno del personal que labora en la empresa sabía que ese trabajo me cambiaría mi vida y no tuve duda de ello desde que la vi por primera vez, supe que sería mi compañera de trabajo favorita en la oficina y fuera de ella y que su belleza física cambiaría mi fidelidad hacia mi pareja afectiva y más temprano que tarde ella sería mi gran amante y no sé que más.

Amelia es administradora de profesión, responsable del manejo diario de la contraloría y finanzas del grupo, un trabajo estresante y de altísima responsabilidad.  Ella tiene 42 años, mujer madura, económicamente independiente, deportista, de cuerpo atlético, muy bien formado y conservado, de pelo amarillo claro, hermosos ojos verdes, con unas suaves y hermosas tetas y un culito bien redondo, digno de usar como prototipo de cirujanos plásticos, además de todos estos atributos, es suficientemente hermosa e inteligente para derretir a cualquiera que le interese pero lo suficientemente madura para que no cualquiera le montara los cuernos.

Más que una administradora más bien parece una hermosa top model o actriz de cine.  Casada y con una picara hija, era la responsable partir de ese día de mis sueños, apetencias sexuales y deseos eróticos.  La idea de poder ser amantes en un futuro cercano comenzó a formar sentido en mi mente.  Tenía que ser mía, era la meta, mi objetivo dentro del ambiente de trabajo y comencé a preparar mi plan de ataque.

Al principio demostré muchísimo profesionalismo en la relación diaria, esa era mi estrategia para entrarle más fácilmente y ganar algo de confianza. Reuniones de trabajo entre mi personal, mis jefes y Amelia demostraban que ambos estábamos muy bien enfocados profesionalmente, que nuestros patronos tenían una alta estima en nuestro trabajo y que les gustaba nuestra actitud y entrega hacia la oficina y los objetivos de trabajo.

Afortunadamente y muy rápido logré que Amelia avalara mi trabajo diario, lo que ayudó de sobremanera mi estrategia de ataque.  Diariamente buscaba conversar con ella en horas de receso laboral o buscaba cualquier excusa para consultar alguna actividad contable por tonta u obvia que ella pareciera, pero era suficiente excusa para poder reunirnos más.  Llegó el primer diciembre y decidí que era el momento de comenzar a romper el hielo de las conversaciones profesionales y las mismas alternarlas con conversaciones más personales.

El viejo truco del regalo de fin de año fue la estrategia, una pulsera de fantasía, de poco valor comercial pero con inmensos resultados.  A partir de ese momento Amelia y yo comenzamos a conversar no solo de cuestiones de trabajo, sino comenzamos a incluir temas banales pero personales al fin y al cabo, nuestra casa, nuestros hijos, el colegio, hobbies, etc.

Pasaron los meses y nuestras conversaciones banales, siempre en el trabajo eran cada vez más amenas y largas, comenzábamos a tenernos cada vez más confianza el uno con el otro y esa confianza permitía que comenzara a trabajar mejor mi plan de ataque.  Amelia hasta ese entonces siempre le había sido fiel a su marido pero ella aceptó igualmente y comenzó también a jugar y seguir el sarcasmo mío.

Trabajo de hormiguita muy lento pero efectivo, así llegó su cumpleaños y esta vez la invité almorzar y aproveché de entregarle otro pequeño regalo y tuve por primera vez la ocasión de hablar con ella del tema de pareja de cada uno, ambos fuimos muy sinceros y abiertos como lo hacen 2 amigos que se conocen pero no intimidan.  La ventaja de esto es que no tenía que suponerme mucho más.  Su vida sentimental era estable, más sin embargo se abría la sutil ventana de poder aceptar algo más.

La cena de fin de año de la empresa, fue considerada mi mejor jugada para conquistarla.  Asistí a ella y decidí no compartir exclusivamente con Amelia la velada, el no mostrar mis deseos e intenciones para con ella, disfrutando y compartiendo la cena de navidad con todo el personal de la empresa, de mesa en mesa por tiempos más o menos iguales.  Por supuesto, antes de la cena ya le habría ofrecido llevarla de vuelta a casa después de la celebración, al igual como le ofrecí a otras 2 compañeras de labores.

Al finalizar la fiesta la llevé a su casa y nos despedimos como cualquier compañero de trabajo hasta supuestamente el año siguiente, deseándole la mejor de las suertes y los mejores deseos para el próximo año, no sin antes en el frente de su casa nos quedamos conversando durante unas 3 horas antes de despedirnos, Un pequeño beso de despedida prendió la llama del deseo.

Al reiniciar el año siguiente, decidimos compartir cada vez más tiempo, conveníamos en salir a almorzar juntos, frecuentábamos al mismo tiempo los breaks para tomar café, solo porque queríamos estar el uno del otro  y por supuesto las indirectas y sarcasmos eran cada vez más obvias.  Fue así como en una celebración de despedida de una compañera de trabajo, con la cual no tenía mucha relación, ni motivos para ir pero Amelia me convenció que la acompañara, pues ella era su jefa y por lo menos necesitaba pasar un rato en esa despedida, acepté el ir.

Terminamos bebiendo tequilas y cerveza entre algunos compañeros, donde el calor y el alcohol hicieron efecto para terminar besándonos, por primera vez,  a vista de los demás, no importaba nada, ahí fue la primera vez que sentí esa lengua maravillosa que se retorcía junto a la mía, fue exquisito, no pasó nada más que besos. Ya en el trabajo no solo buscábamos hablar, sino que también y seguíamos buscando oportunidad para besarnos, parecíamos jóvenes ardientes, pero sin querer pasar a la siguiente fase por temor a las consecuencias en nuestras vidas privadas.

Un sábado yo cargado de trabajo extra llegué a la oficina para adelantar un poco y por casualidad de la vida, Amelia se encontraba en la oficina ajustando unos balances que se necesitaban con urgencia para el lunes siguiente. Fue como caído del cielo,  esta es mi oportunidad dije en mi interior, fue así que al verla me acerqué a ella con toda la intención, luego de saludarla comencé a  acariciarle el pelo, lo desenredaba, olía a frescura, sus rulos suaves caían sobre sus hombros, los cuales separé para besarla detrás del cuello, luego supe que bajo la oreja y detrás del cuello se calentaba mucho, súbitamente dejó  la carpeta de los balances y sin importarle más nada se dejó acariciar, respiraba en su cuello, acariciaba su espalda, besaba sus hombros hasta que finalmente fui por esa boca que me devolvió el beso, nuestras lenguas se retorcían, queríamos comernos a besos, respiraba agitada, hacía calor y nosotros aumentábamos la temperatura, era como un volcán en erupción luego de años de inactividad, necesitaba tocar y masajear esas hermosas tetas, fuente inagotable de tantas pajas en su honor.

Corrimos abrazados a la sala de reuniones donde hay un sofá en cuero, nos acostamos sobre este y  comenzamos el manoseo, nos abrazábamos, nos besábamos, tocaba todas sus partes, saqué su blusa y quedaron esas hermosas tetas a la vista, luego pasé mi mano por su espalda y con ella misma retiré el sujetador, sus pechos apuntaban al techo, y descasaban hacia los costados, sus pezones eran rosados, no aguanté mucho y comencé a chuparlos, morderlos, besarlos, con mis dos manos los agarraba, crucé mi mano por su espalda y tomé uno de sus pechos, mientras la besaba en la boca, con mi otra mano recorría su vulva sobre el pantalón, cuando noté que empezaba a gemir, apreté aún más fuerte y ella continuaba con sus movimientos, para sentir más fuerte mis caricias, abrí su cierre y bajé un poco su calzón, que mata de pelos tenía, impedían llegar a su coñito…

De tanto intentarlo logré por fin introducir un dedo en su húmeda concha, solté su teta y le bajé el pantalón, arrastrando su calzón, con mis piernas terminé de bajárselo completamente, era mía y ella lo sabía, estaba desnuda con sus piernas abiertas, emanando olores a hembra, me saqué mi camisa y giré colocándome de costado, su culo sobre mi verga y mi mano entre sus piernas, la punteaba y le tenía metido dos dedos en su mojada almeja, ella agarró una de sus tetas y se la metió en la boca, era increíble verla tan caliente, se besaba el pezón, agarré su mano libre y junto a la mía la hice que se tocara, por lo que he visto existen distintas formas de pajear a una mujer y a ella le gustaba fuerte, con tres dedos y mi mano sobre su clítoris, me soltó mi mano y se revolvía para ambos lados, noté que faltaba poco para su primer orgasmo, su cara estaba desencajada, abría las piernas y apretaba mi mano, hasta que se corrió entre jadeos.

Eran las 4 de la tarde y el trabajo quedó en el olvido, nuestros cuerpos sudorosos, me sentí de puta madre pensando que le conseguí un orgasmo con mi mano, rápidamente me bajé los pantalones e intenté clavarla, fue cuando me dijo que estaba en sus días y podía quedar preñada, no me gusta con forro fue mi respuesta, pero tuve que acatar si quería culear, y fue así como me puse un condón que llevaba en mi billetera siempre, luego abrí sus piernas, apunté y todo adentro, empecé a meterlo con fuerza, ella se quejaba y gemía, con mis manos sobaba sus tetas, agarraba su culo, la besaba, el sudor caía todo era calentura, seguimos por un buen rato.

Cuando le dije te lo saco, me miró agarrándose una teta y me dijo mételo, metémela toda, no la saques, le pregunté por qué, me dijo estoy caliente y quiero tu rabo, para mí era el fin de tantas pajas, para ella el comienzo de una infidelidad, su marido en su trabajo y ella en el sofá con sus piernas abiertas y yo en su interior, no quise correrme debe haber una mejor manera que con forro, quise bajarme y besarle la concha, me dijo que no, le gustaba estar bañada antes, cagué dije internamente, me saqué el condón y la abracé, terminé mi tarea con tres dedos nuevamente en su zorra y ella corriéndose nuevamente…

La abracé por su espalda, sintiendo el rico sabor a transpiración, sus tetas estaban mojadas, su raja también, seguí tocando y apretando su cuerpo contra el mío, la transpiración empezó a correr por su espalda, mojando su culo, yo aun lo tenía duro por cuanto empecé a deslizar mi pico por la raja de su culo, no faltó mucho para llegar a su agujero, hice un poco de presión y me sorprendió más aún al momento que empujaba sus anchas caderas hacia atrás, no había duda quería que la enculara, no podía entrar, me estaba cansando, pensaba que no podría, hasta que siento que mi cabeza está en su interior, era como si me hicieran una paja con dedos, ella apenas hablaba y me decía despacio mi amor, nunca lo hecho por ahí, no puede ser dije yo, una hembra tan hermosa, casada y virgen del culo, no te preocupes lo haré despacio.

Mentí y de una la enculé chocando mis huevos, lo hice rápido por si se arrepentía, me dejó hacer, la giré boca abajo y empecé el mete y saca, su culo era estrecho, parecía de verdad que era virgen, sus gemidos eran gritos ahogados, mordía los almohadones del sofá,  aumenté la fuerza y ya no pude más descargando toda mi leche acumulada, le llené su redondo y estrecho culo con leche, me salí, sé que hay que sacarlo despacio pero todo lo hacía con brutalidad, queriéndola hacer pagar por tanto tiempo perdido entre ambos….nos besábamos y descasamos un rato, hasta que nos lavamos en el baño.

Me dolía el pene de tan estrecho culo que rompí, en el baño le pasé gel de jabón por su espalda, no faltó mucho para que estuviera listo de nuevo, pero lo mío era su coño, fue así como me senté y ella abrió sus piernas con sus manos me entregó su dulce almejita frente a mi cara, quien iba pensar que en una tarde la vi chuparse las tetas, me entregó su culo y más abría sus piernas para que le chupase la raja, solo quería sentir, como queriendo dejar una marca de fuego para volver a hacerlo, fue grandioso…

A partir de entonces los trabajos de ambos en la oficina los sábados se han hecho rutinarios y las extensas horas de trabajo y de reuniones a puerta cerrada en la sala de conferencias pues se ha hecho una bellísima rutina, ¡Así si da gusto trabajar!

Autor: Eduardo

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Una buena mañana

Me puse el condón, fui empujando mi pene poco a poco, me detenía un poco para no causarle dolor, cuando llegué a meter mis nueve pulgadas se lo dejé un momento mientras su ano se acostumbraba al grosor de mi pene, él comenzó a mover su culo para adelante y para atrás y cada vez que él se movía a hacia atrás yo se la metía más duro, él gritaba de placer.

Hola a todos los lectores de esta página.

Yo soy un visitador frecuente de esta página, que es una de mis  favoritas, hace mucho escribí un relato aquí y me dio mucho gusto recibir e-mail enterándome  que les gustó.

Bueno al grano, hoy tengo 40 años, pero como todos los gay estoy en buen estado de salud y físico.  Mido 1.80 mts, peso 85 kilos, soy de cabello negro con algunas canas en las patillas, de piel moreno muy claro, mucha gente piensa que estoy guapo, bueno yo que puedo decir. Mi roll sexual soy activo.

Me gustan mucho los hombres delgados bien formados, con nalgas redonditas, pero sobre todo que tengan bonita cara y ojos dulces. Soy de origen Español, viví en México y ahora vivo en Miami Florida. Mi relato que es uno de tantos y es 100% verdadero.

Desde que era joven he tenido mucho éxito con mis parejas, novios, acostones y lo que sale por ahí, siempre me gustaron los chicos más grandes que yo. No se si es por la edad pero últimamente me siguen los muchachitos jóvenes, la verdad yo no quería nada con ninguno de ellos. Con esto no quiero decir que no me gustan.

Yo trabajo en un mall, en una tienda donde la mayor parte de la manana la paso solo. Un día entró un joven como de 23 o 24 años de edad, una cara linda, bien formado, ojos grandes y verdes, no tan alto, como de 1.70 mts con cabello semi claro, por su acento me percaté que era de Brasil. Preguntó por cosas sin importancia, lo entendí, pero al estar hablando su mirada bajaba hacia mi zipper. Ese día salió de la tienda sin que pasara nada.

Al otro día por la mañana regresó muy temprano, yo aún no abría la tienda para el público, él tocó la puerta con el pretexto de preguntarme a que hora abrían el mall exactamente, yo le dije que el mall abría a las 10.00 am. Que si quería esperar ahí en mi tienda mientras abrían, él me contestó que si, y cerré la puerta otra vez con seguro, ya que yo tenía que hacer cosas como resurtir la tienda, en la parte de atrás tengo una bodega con un baño, ahí está la mercancía que tengo en que sacar a la parte delantera de la tienda.  Pues yo enrollado con mi trabajo en la parte trasera de la tienda cuando menos me doy cuenta él ya se encontraba junto a mí. Antes de poder decir otra cosa me dio un rico beso y sin decir nada se puso de rodillas junto a mí bajando mi zipper y abriendo el botón de mi pantalón. Yo lo tomé por la cabeza para tener el control de lo que quería que hiciera, besó mi pene por arriba del slip, lo mordía levemente mientras él cerraba los ojos.

Poco a poco mi pene empezó a crecer y a salir la punta por una parte del bóxer, con sus labios me besaba la punta y decía que quería comérselo todo, rápidamente me quité el resto de la ropa para dejarle a libre el camino a ese chico. Él al ver el tamaño de mi pene (que es como nueve pulgadas y grueso) se  puso como loco y se quitó toda la ropa, solo quedando con sus tennis puestos,  nuevamente se agachó a seguir con su tarea de  darme  una rica mamada, se la metía lentamente saboreando cada pedazo que entraba en su boca, así seguía recorriéndola toda desde la punta a la base, hasta que llegó a tragársela toda, metiéndosela en la garganta, textualmente me lo cogí por la boca.

Cada vez que se la retiraba de la boca él jadeaba de placer y se la metía otra vez con mayor desesperación haciendo un ruido con la garganta que me  ponía a mil, cuando yo quise sacar la leche y dársela me dijo no, que esperara un segundo. Me dice, también quiero que me des por el culo ya que estoy limpio para ti. Fue a su pantalón, me dio un condón y lubricante que traía en un pequeño paquetito plástico. Así que lo puse ahí mismo en cuatro patas, le apliqué el lubricante metiéndole un dedo en el culo el cual le sacó un gemido de placer, diciendome que la quería tener toda dentro, que quería disfrutar cada pedazo de mi pene dentro de su ano.

Me puse el condón, fui empujando mi pene poco a poco, me detenía un poco para no causarle dolor, cuando llegué a meter mis nueve pulgadas se lo dejé un momento mientras su ano se acostumbraba al grosor de mi pene, él comenzó a mover su culo para adelante y para atrás y cada vez que él se movía a hacia atrás yo se la metía más duro, él gritaba de placer, pasamos como 10 minutos así. Ahí se la saqué toda de un jalón. Lo llevé a una caja que tenía en un rincón, lo puse sobre ella y le levanté las piernas sobre mis hombros para que su culo quedara a la altura de mi verga para seguir dándole placer, yo tenía un poco de miedo que nos escucharan en las otras tiendas, pero él no paraba de gritar de placer.

Cuando estamos los dos a punto de terminar me dice que la saque y me quite el condón. Se arrodilló ante mí y me dijo, termíname en la boca y en la cara, así lo hice, ya que él me chupaba las bolas le llené la cara de leche, parte de la boca, ya que él sacaba la lengua para recibir mi líquido completo por todo su rostro, él me agarraba el pene y traía los restos de leche que tenía por toda la cara hacia su boca limpiándome la verga dejándola bien limpia y brillante, mientras él hacía eso sin tocarse se corrió por todo el piso, él se estremecía del placer que sentía, eso fue muy rico.

Ahí lo ayudé a incorporarse, fue al baño, se limpió, se vistió, yo hice lo mismo y me preparé para abrir la tienda y tener un buen día de trabajo.

El me dio su número y su nombre (Adilson) para que lo visitara en  su hotel, pero esa es otra historia que luego les contaré.

Autor: latintop

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Te dije que esto no terminaba aquí III

Ángeles sintió que se desgarraba con un dolor placentero. Sintió como sus carnes se abrían al empuje de ese tronco duro y caliente y deseó recibir más.  Y lo pidió con un susurro de voz. Ya el dolor se transformó en placer y mientras seguía implorando “no me lo rompas” se movía y lo bombeaba le seguía pidiendo más aun después de sentir los huevos de Salvador contra sus nalgas.

Lo que contamos aquí ocurrió realmente a principios del otoño. Entre mayo y junio enviamos los dos primeros relatos que se publicaron en Infidelidad. Esta tercera parte sale con un retraso involuntario, pero prometemos que la cuarta y última será para dentro de pocos días.
Durante el resto de la semana solo compartieron alguna charla telefónica. Los compromisos profesionales en sus respectivos congresos no dejaron tiempo para más. Pero ambos sabían que el viernes sería su día.

Temprano en la mañana Ángeles terminó de armar dos bolsos. Uno con la ropa que no usaría hasta su regreso y el más pequeño con todo lo que necesitaría para las más de 24 horas que pasaría junto a Salvador, incluyendo un juguete que había comprado con la intención de sorprenderlo.  Mientras lo guardaba aún envuelto, sonreía para sus adentros solo pensando en la cara que él pondría al verlo.

Desayunó, cerró la cuenta y salió del hotel.

El pasó a buscarla en su auto, cargaron los bolsos y al llegar al edificio de Salvador, discretamente subieron desde la cochera al departamento solo con el pequeño bolso de mano.

Las miradas en el ascensor ya anticipaban los deseos contenidos. Pero había tiempo así que se sentaron en el living a contarse como les había ido en sus actividades y charlaron un buen rato como amigos que eran. Ella sirvió el café y otra vez con un cuidadoso descuido mostró sus piernas sus muslos y hasta dejó ver el puño de encaje de sus medias oscuras y el breve tríangulo negro de la breve tanga sexi que usaba.

La charla, era inevitable en ellos acostumbrados a excitarse aun sin verse por Internet, derivó en temas calientes. Recordaron con placer episodios virtuales y luego los del encuentro real de hacia un año. ¿Qué te gustó más de aquello? se preguntaron y los dos coincidieron que todo y que solo deseaban hacer lo que en el momento se les antojara, cumplir una de las tantas fantasías, la que más le gustara en ese momento. Ángeles dijo: se me antoja primero desnudarme para vos y hacerme una paja sin que vos me toques. Eso si deberás mostrarme algo para calentarme más.

El puso música suave,  se sentó plácidamente en un sillón y se dispuso a observarla, solamente mirar, sin tocarla, soportando las enormes ganas de hacerlo. Ese fue el acuerdo. Ángeles comenzó a bailar, a balancearse dando vueltas, mostrándose vestida y de a poco fue subiendo su falda, y dándose vuelta mostraba la cola, que sabía que le enloquece…

Se la quitó suavemente y la tiró en sus rodillas…  se quedó solo con su  tanga negra, breve, muy sexi que dejó  para último momento,  continuó con la blusa, y así en ropa interior, se acercó a Salvador, mientras le mostraba sus  tetas que salían del corpiño, se las ofrecía, las tocaba por él, las masajeaba. En ese momento las sacó por arriba del corpiño, y ayudándose con las manos las llevó a la boca, lamió su pezón endurecido, lo mordió, lo chupó mientras con la mano libre masajeaba la otra, así pasó un rato alternando una teta y otra…

Después se quitó el corpiño y quedaron libres para él… sentía que Salvador moría por manosearlas, chuparlas, y ella se desesperaba porque lo hiciera, pero debía cumplir con su parte, ¡quería pajearse, pajearse sola!

Salvador estaba caliente y por lo que intuía debajo de su pantalón claro y pulcro, se movía un bulto que el trataba de sostener con su mano, eso la puso a mil…

Siempre contoneándose al son de la música, buscó el  juguete y chupándolo se acercaba a Salvador, él no podía creer lo que veía, y su cara de calentura y placer le encantó…aun tenía la tanga puesta… se sentó en una silla que puso frente a él y comenzó a jugar con esa pija de silicona, la lamía, se la pasaba por las tetas, y comenzó a tocarse la concha metiendo la mano  debajo de la tanga, eso la calentaba más…estaba mojada,  deseaba meterse esa pija y cogerse… quitarse esta calentura…

Empezó a pasarla encima de la tanga, la hizo a un lado y sola fue a su concha ya mojada… palpitante…  Salvador le pidió que se quitara la tanga y lo hizo… estaba más libre, abrió las piernas levantándolas un poco y comenzó a  masajear el clítoris, mientras la  concha se abría más, esperando ser cogida…Le encantaba mostrarse así y que él la mirara. Así, ambos se calentaron aun más y ella se la metió suavemente, y con la otra mano se apretaba las tetas, la pija de siliconas entraba y salía al principio despacio y luego rápidamente, más, más, más, estaba fuera de sí, nunca había utilizado un juguete, y la excitaba y ¡le gustaba!

En medio de ese desenfreno, acabó dando alaridos   ahogados…. se  corrió pensando en el placer de Salvador… y en el placer que tendrían en unos minutos cuando lo hicieran  juntos…

Cuando se normalizó su pulso y la respiración se dio cuenta que Salvador estaba realmente muy excitado, que no aguantaba más.  Entonces le pidió que se desnudara y lo ayudó a hacerlo y así en el sillón sentada en su falda se ensartó en su pija y se cogieron. Ángeles al moverse subiendo y bajando sacudía sus tetas con un ritmo sensual. Salvador las tomó, las apretó, pellizcó los pezones duros como nunca y las mamó. La calentura hizo que él no durara demasiado. Pero no importó. Ella estaba tan caliente que acabó nuevamente y allí los gritos no fueron contenidos.

Después, holgazanearon un largo rato en la bañera y contenidos apenas sus deseos de seguir acariciándose, se vistieron y salieron a comer a un restaurante cercano. Al regreso ambos sabían que era el turno de la fantasía de Salvador.

Cuando él la abrazó por detrás, con una aparente brusquedad que no era natural en él,  Ángeles lo entendió y supo inmediatamente  que la fantasía de él  era que ella se negara y él siguiera lo mismo acosándola con sus caricias.

Entonces jugó a retirarse, a alejar su cuello, sus orejas su pelo y le dijo “no me toques, no me beses, no me abraces y ni se te ocurra pensar en culearme” pero mientras lo decía se apretaba y hundía su culo durito y caliente contra el bulto creciente de Salvador y lo movía sensualmente.

Él le apretaba mucho las tetas y trataba de que gire el mentón para besarla en la boca. Ella seguía el juego negándose, pero finalmente cedía.

El juego duró un buen tiempo y los dos se calentaron jugándolo. Cuando ya estaban los dos a punto él le levantó la falda, le bajó la tanga y parada la llevó contra una pared.

Ella se apoyó con las manos en la pared, acomodando el culito preparando la posición más cómoda para lo que vendría, pero siguió diciéndole: “No te atrevas a culearme, pero si lo vas a hacer usa crema y un condón lubricado”.

En esa posición la dilató al ponerle abundante crema y ya con la pija muy dura frotó el glande contra el ano. Siguió dilatándola con dos dedos y finalmente la penetró muy suavemente. Ángeles sintió que se desgarraba con un dolor placentero. Sintió como sus carnes se abrían al empuje de ese tronco duro y caliente y deseó recibir más.  Y lo pidió con un susurro de voz. Ya el dolor se transformó en placer y mientras seguía implorando “no me lo rompas” se movía y lo bombeaba le seguía pidiendo más aun después de sentir los huevos de Salvador contra sus nalgas. Puso todos sus músculos en juego y apretaba la pija contrayéndolos, la soltaba, la estrujaba. Llevó las manos de él desde las tetas a la concha y le dijo siguiendo con el juego que tanto los calentaba:  ni se te ocurra pajearme mientras me rompes el culo.

Esa fue su última aparente negativa. A partir de ese momento pidió más.  Se movió más, gozó con la culeada que le estaba haciendo Salvador y se estremeció con las paja que recibía en su concha. Cuando sintió el orgasmo próximo aceleró sus movimientos, jadeó y lo escuchó jadear, gritó y le pidió que acabaran juntos y se fueron ambos en una orgasmo interminable.

Les quedaban todavía el resto de la tarde y toda la noche antes de despedirse. Se ducharon y juntos, desnudos, abrazados durmieron una siesta reparadora. Lo que siguió después será motivo de otro relato con el que terminaremos la serie.

Autores: Ángeles y Salvador

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Noche de fiesta

El chico había enterrado toda su polla en el culo del espectador, le aprisionaba para que la sintiese cada vez más adentro, el rictus de dolor se convirtió en una cara de placer. Ahora estaba disfrutando de aquel trozo de carne, de aquella herramienta que entraba y salía de su culo, el chico sacó la polla del culo del hombre y masturbándose comenzó a soltar leche sobre la espalda del hombre.

Cuando esa noche decidí ir a tomar una copa no imaginaba lo que iba a encontrar. Entré en un bar de copas que ofrecía un espectáculo consistente en desnudos y pases porno con participación activa del público, según se leía en la cartelera. Pasé dentro del local, me di una pequeña vuelta observando su composición y tras ello me dirigí a uno de los rincones del mostrador que había frente del escenario, donde por cierto se veían unos chulazos de espanto, tíos cachas y musculosos, la mayoría con camiseta que le marcaban los músculos de los hombros y el pecho, charlando animadamente entre ellos y observando a los distintos clientes, como pensando a ver a quien me toca fajarme esta noche solicité una cerveza.

Me la estaba tomando, mientras observaba el personal que había en la zona donde me encontraba, cuando comenzó el espectáculo el escenario se iluminó, mientras que la sala se quedó en penumbra, bastante oscura, por cierto, y apareció un chaval joven y bien plantado, que comenzó a bailar mientras se iba quedando en cueros. Primero la camisa, luego el pantalón, se quedó con un pequeño tanga que le marcaba un abundante paquete, paquete que él se acariciaba y cada vez iba cogiendo más consistencia y volumen. Algunos de los que se encontraban cerca del escenario tendían sus manos con el fin de acariciar sus nalgas y su paquete, el chico, como buen profesional del desnudismo, se acercaba solícito a todos con el fin de que le acariciasen, se notaba a simple vista que estaba en su salsa, que le encantaba sentirse deseado.

Yo me encontraba lejos del escenario y me conformaba con mirar, en esto entró un grupo de chicos y, con el movimiento del resto de la gente y la poca capacidad del local, me quedé atrapado en una zona donde nos encontrábamos pegados unos a otros, un rincón de la pequeña sala, que por lo que pude observar era el preferido de la mayoría de los allí presentes, pues, existía mucho movimiento de clientes hacia esa zona, tanto por la oscuridad que había en la misma, como por el amontonamiento de la gente, estábamos todos pegados unos a otros y en semioscuridad. Enseguida me di cuenta que era la zona del magreo, del ligue rápido y directo, pues, noté a mi alrededor movimientos de manos y de frotarse el paquete con el que se encontraba delante. Algunos se movían al compás de la música, frotándose de forma descarada con el que se encontraba delante de él. Se sentían, más que verse, manos que se movían por todos lados, buscando que acariciar, tanto culos, como paquetes, lo importante, por lo que podía observar, era acariciar y sentirse acariciado. También el sonido de alguna que otra hebilla y de ropa que bajaba.

Aquí se folla en vivo y en directo, pensé, con toda la razón del mundo, pues no tardé en notar como algunos de los chicos que estaban a mi lado se dejaban bajar los pantalones por los de detrás y estos les intentaban meter su polla entre las nalgas, comenzando un movimiento delatador, estaba en medio de lo que se puede denominar un cuarto oscuro con espectáculo y a unos metros otros clientes viendo el espectáculo y disfrutando e imaginando lo que pasaba en el rincón oscuro. Yo me encontraba en la zona del fondo, prácticamente en la última fila, detrás de mi sólo estaban los chulazos. Por el movimiento que había a mi lado pude comprobar que cada uno de ellos se iba poniendo detrás de la persona del público que ya tenían vista con anterioridad o la que le tocaba en suerte, pues, no era fácil moverse en esa zona, ya que estábamos todos aprisionados como sardinas en lata. Lo que si era fácil era sentir como se movía el personal de forma sensual, movimientos que delataban que se estaban calentando y algunos eran follados,

Me encontraba pendiente de estos movimientos y del chico del escenario, éste tenía ante sí a dos clientes arrodillados que pugnaban por bajarle el tanga, le besaban y acariciaban por todos lados, cuando su polla quedó liberada de la tela, se levantó mirando desafiante al techo, tenía una hermosa polla, grande, gorda y cabezona, al momento ya no la podía ver, los dos clientes se peleaban por metérsela en la boca, se la disputaban uno al otro. Al final el chico apartó a los dos que estaban sobre del escenario, los expulsó del mismo, y se dedicó a ofrecerse a todos los que se encontraban en la primera fila, se movía de un lado al otro del escenario, con su rabo enhiesto, desafiante, recorría los pocos metros del escenario, buscando las caricias y las chupadas sobre su enrome rabo. Cuando algún cliente abría la boca con la intención de chupar su polla, le cogía por la cabeza para dejarle sentir durante unos pocos minutos la inmensidad de su miembro, se los follaba literalmente por la boca, un par de minutos con cada uno. Luego se movía unos cuantos metros, se daba la vuelta dejándose acariciar el culo, pienso que sería para aguantar más tiempo con la herramienta dispuesta y no correrse muy pronto. Pues, el espectáculo tendría que durar un tiempo mínimo para poder ser atractivo y atrayente para los clientes. Yo ya estaba con el palo completamente tieso y quizá deseando ser uno de aquellos clientes que tenía la suerte y, se atrevían, claro está, a chupar aquella hermosa polla en público. En público, no, pero en privado seguro que la chuparía.

En esto estaba pensando cuando sentí que el chico que se encontraba tras de mi, comenzó a pegar cada vez más su paquete a mi culo, con unos movimientos como de baile o de danza, lo mismo da, frotaba su paquete contra mis nalgas, yo me dejé hacer, pues, estaba demasiado caliente para despreciar sus caricias, seguía frotándome su paquete en las nalgas, lo podía sentir duro y pensé que era grande y gordo. En esto me había pegado completamente al de delante y comencé a frotar mi polla con su trasero, de igual manera que me lo estaban haciendo a mí, el chico de delante, empujaba hacía detrás, lo que era un claro ofrecimiento, mis manos se apoyaron en su cintura y comencé a frotarme contra de él una de sus manos vino en busca de mi polla. Me la acarició por sobre el pantalón, otra mano la del chico de detrás llegó en ese preciso momento, ahora me estaban los dos acariciado la polla, me apretaban los huevos y pugnaban por desabrochar el pantalón.

El espectáculo seguía, el chico tras ser mamado por la mayoría de los clientes de la primera fila, se estaba masturbando en el centro del escenario, nos ofrecía la visión de su enorme polla, mientras se la sacudía.

El presentador solicitó un voluntario para hacer el amor con el chico en el escenario. De los varios que se presentaron fue elegido un hombre de unos 35 años, alto, fuerte y con un buen cuerpo, los que no fueron aceptados le ayudaron a desnudarse, al final su premio fue, desnudar y poner a punto al elegido. Unos y otros le fueron dejando sin ropa, mientras le besaban y chupaban por todos lados, le acariciaban y chupaban su pecho, su polla, su culo. Al terminar de desnudarle bajaron del escenario dejándole frente al chico que le esperaba con su enorme polla en la mano. Le invitó a arrodillarse ante él y le metió la polla en la boca, se lo estuvo follando en la boca durante unos minutos, mientras daba vueltas a su alrededor y le obligaba a dar a él a su vez. Para que todos los clientes tuvieran una visión de lo que estaba haciendo. Luego le puso a cuatro patas, con las piernas bien abiertas y enfiló su culo con su enorme herramienta, la polla tendría que medir unos 25 cm. o más, ver aquel espectáculo era el no va más.

El hombre a cuatro patas, mirando hacía la puerta del local, de forma lateral a los clientes, para que todos pudiésemos ver en buena perspectiva, lo que sucedía y, tras él, el chico con su enorme pollón, que se lo frotaba en las nalgas, se lo pasaba por el culo, recreándose en su disfrute y haciendo disfrutar al hombre sometido a su herramienta y al público de la sala que, la mayoría, estábamos deseando ser el sometido a tan enorme herramienta. Cuando comenzó a meter aquél trozo de carne entre las nalgas del hombre se oyeron muchos suspiros en la sala, también el quejido del hombre, pues, el grosor de la herramienta le provocó un rictus de dolor en el rostro y que se le escapara un quejido. A mi lado derecho, ya eran varios los que estaban follando y yo deseándolo.

En esto sentí como una mano me cogió la mía y la llevó a mi espalda, así pude acariciar y sentir el tremendo pollón que tenía el chico que estaba a mis espaldas, era grande y gorda por lo que pude catar, la acaricié y sobé durante unos minutos sin perder la visión de lo que sucedía en el escenario.

El chico había enterrado toda su polla en el culo del espectador y comenzaba a moverse al compás de la música, con sus manos le agarraba de los hombros y le aprisionaba contra de él, para que la sintiese cada vez más adentro.

Luego la sacaba hasta que se veía asomar la cabeza y se la dejaba ir de golpe, el rictus de dolor de los primeros momentos se convirtió en una cara de placer. Ahora estaba disfrutando de aquel trozo de carne, de aquella enorme herramienta que entraba y salía de su culo. El ritmo de la música fue subiendo de forma gradual y los movimientos del chico entrando y saliendo también, comenzó a moverse cada vez más rápido, según el ritmo de la música le iba marcando y al final, tal como estaba previsto, lo debe tener muy entrenado, pues, la música marca la follada. Cuando el nivel de la música llega al máximo sacó la polla del culo del hombre y masturbándose bajo el ritmo que marcaba la misma, comenzó a soltar leche sobre la espalda del hombre, a cada pauta de la música, un chorro de leche, chorros que llegaban hasta el cuello del cliente, algunos de los primeros, creo que le superaron.

Tras llenarle la espalda de leche, le volvió a meter la polla en el culo y levantándole le puso frente a los espectadores y le ayudó a correrse masturbándole con fuerza, como con rabia, quería que se corriese de forma violenta y vaya que si lo consiguió. El hombre comenzó a soltar chorros de leche que llegaban al borde del escenario. Tras la mutua corrida se retiraron los dos por una puerta de servicio, mientras un empleado recogía las ropas y se las llevaba tras de ellos.

Pensé que el espectáculo había terminado y sentí algo de frustración, pero nada más lejos, sólo acababa de comenzar, otro chico salió a escena y comenzó otra vez el ritual de desnudarse y dejarse desnudar. En esto el chico que tenía delante se bajó un poco el pantalón dejando su culo a disposición de mi polla, me desabroché el pantalón sin pensar en las consecuencias y como mejor pude me puse un preservativo y se la enfilé en el culo al chico de delante, no tuve mucho miramiento, pues, estaba tan caliente que tenía que coger como fuera, el de detrás me bajó un poco el pantalón por la parte trasera, dejando mi culo a su disposición, al momento noté como una mano con saliva me buscaba el ojete.

Esto se está poniendo bueno y peligroso a la vez, pensé, como pude saqué otro preservativo del bolsillo y se lo puse en la mano al chico de detrás, noté como se lo enfundaba en su pollón y volvía a ponerme más saliva en el culo, metió sus dedos, primero uno, luego dos y comenzó a abrirme para poder recibir aquel trozo de carne, yo tenía al chico de delante cogido de la cintura y con una mano busqué su polla, comencé a pajearle mientras me movía a su compás, se la tenía metida toda dentro y el chico empujaba hacia atrás como buscando más o buscando que no se saliese. En esto noté que el de detrás había sacado los dedos de mi culo y puesto la cabeza de su polla en mi ojete, comenzó a empujar y consiguió meter el capullo, sentí que me abría, estuve por quitarle pero era tanto el deseo, aparte de que no había forma de escapar.

Aguanté un poco, quedándome completamente quieto, el chico que tenía ensartado siguió moviéndose, ahora más despacio, seguro que se dio cuenta de lo que sucedía, pues, mi cuerpo estaba súper tenso y le había metido todo dentro sin apenas moverme, más por la contracción que por otra cosa. El chico de detrás se fue moviendo lentamente, muy lentamente, sabía de la enormidad de su miembro y que no era fácil de resistir, cada vez lo notaba más adentro, parecía que me estaba abriendo, notaba como subía dentro de mi, me tocaba el espinazo por dentro y mi culo se abría cada vez más dejándole paso, cuando se pegó del todo a mi culo, cuando sentía sus huevos pegados a mis muslos, comprendí que la tenía toda dentro, que ahora ya sólo era moverse rítmicamente hasta que mi culo se habituase a su tamaño y poderla disfrutar a gusto.

El chico comenzó un mete y saca suave, muy lentamente, sacaba un poco y la volvía a meter hasta el fondo, así hasta que de forma progresiva fue aumentando el ritmo, ritmo que me hacía aumentar a mi y que el chico de delante sentía en su culo, pues, le tenía ensartado hasta las bolas y le metía según me metían a mi. El chico de delante comenzó a moverse rápido y noté que se iba a correr, aumenté el ritmo de la masturbación y el de las enculadas, hasta que se quedó quieto, escupiendo leche sobre mi mano y sobre los que se encontraban delante, allí el que estaba delante recibía las descargas de los que estaban detrás. Sin poder aguantar más comencé a correrme dentro del culo del chaval, se lo llené de leche, bueno al final ésta se quedaba en el preservativo, pero para mí la sensación era que estaba llenándole el culo de leche.

El chico de detrás también fue aumentando el ritmo y enseguida noté como la cabeza de su pollón se movía dentro de mi, cabeceaba como si tuviese vida propia, mientras el resto de la polla no se movía, sólo la cabeza, cada vez que soltaba un chorro, parecía que tenía vida y daba unos saltos enormes. Terminó de correrse y seguía moviendo su polla en mi interior, ahora lentamente, pero todavía con el rabo duro, no se le había aflojado nada, la sentía dura y poderosa como cuando me la metió al principio. En el escenario estaba terminando el espectáculo el chico desnudo se estaba pajeando mientras los más cercanos intentaban meter mano a su rabo y a su culo. Se oscureció el escenario y el chico se marchó por una puerta lateral. Esto se ha terminado, pensé, pues a mi lado todo eran movimientos de arreglar ropas y de besos furtivos, se la saqué al chico de delante, mientras notaba como el enorme pollón que tenía en mi culo lo iba abandonando, poco a poco, sin muchas ganas de salir, al final cuando salió del todo, noté un vacío enorme en mi interior, como pude me subí el pantalón y me lo abroché, el chico de delante se dio la vuelta y me dio un fugaz beso en los labios, era un chico joven y bastante guapo, por lo poco que pude ver, en esto ya la gente se comenzó a mover y a abandonar la zona oscura. Yo me dispuse a hacer lo mismo, cuando una mano, la del chico que me había estado follando, pues, todavía estaba tras de mi, arreglando sus ropas, me cogió de la cintura y atrayéndome hacia atrás sentí que me decían.

– ¿Te apetece ir a un sitio más tranquilo? Era una voz ardiente, joven.

Me dirigí a la zona de luz buscando los servicios, sobre todo para quitarme el preservativo, antes de que se me derramara toda la leche acumulada en el. Los servicios estaban en la planta baja, bajé la escalera y me encontré con un bar donde había cantidad de gente morreándose y acariciándose sin ningún pudor, en una pantalla estaban proyectando una película porno. Seguí a la búsqueda de los servicios y me metí en un pasillo en semioscuridad, pasé una puerta que todo estaba oscuro y luego una pequeña sala con un televisor donde estaba la película porno y varias puertas que daban a privados. En un lateral había una entrada que supuse eran los servicios, me colé por ella y al entrar vi un espectáculo digno de la mejor película porno, un tío a cuatro patas era follado por un gorila enorme, mientras le chupaba la polla a otros dos gorilas que se estaban morreando entre ellos. Me puse ante uno de los urinarios y sacando la polla me quité el preservativo que tiré a una papelera que había al efecto en casi todos los urinarios. Aproveché para descargar la vejiga, mientras observaba la follada que le estaban dando al chaval. Terminé de descargar la vejiga y seguí en el mismo lugar, sin decidirme a abandonar los servicios, me estaba poniendo cachondo de nuevo de ver como se follaban al chaval y como se acariciaban y besaban entre ellos.

A mi lado se puso un chico y por el reflejo de la pared o por el rabillo del ojo pude ver que sacó un enorme pollón, no pude evitar girarme para observarlo con detenimiento, realizó la misma operación que había hecho yo un minuto antes, se quitó el preservativo y lo dejó caer en la papelera, luego descargó la vejiga, yo le observaba sin quitar la vista, esa enorme herramienta me tenía embobado. El chico se dio cuenta de mi interés por su enorme pollón y retirándose un poco del urinario me la ofreció para que se la chupara, se la cogí con la mano y se la acaricié en toda su extensión, pero allí delante de los demás no quise metermela en la boca, aunque lo estaba deseando. El chico se la metió en el pantalón y cogiéndome de la mano me llevó con él, salimos de los servicios y nos metimos en el cuarto oscuro.

Allí no se veía nada, se oían los jadeos y los murmullos, los chupeteos de las pollas y tropezabas con manos y pollas por todos lados, me llevó hasta el fondo del cuarto y sacando de nuevo su pollón me lo dejó a mi disposición, comencé a acariciarlo lentamente, la polla, los huevos, el chico me besó en los labios y a continuación presionó sobre de mis hombros para que me agachase ante su enorme rabo. Me bajé y se la comencé a chupar, mientras le acariciaba los huevos, las nalgas y hasta me atreví con el ojete, mientras se la chupaba le fui metiendo los dedos. Antes de terminar me levantó y me besó apasionadamente, mientras sus manos acariciaban mi culo, mi espalda. Me bajó el pantalón y se agachó ante mi, me chupó la polla, mientras me acariciaba los huevos. Luego me dio la vuelta y comenzó a chuparme el culo, sentí como me metía la lengua entre las nalgas, me abría las nalgas y pasaba la lengua por ellas, buscando el ojete. Al final terminó metiendo su lengua en el llenándolo de saliva y lubricándolo, dejándolo presto para recibir su pollón. Se levantó, me besó con fuerza mientras se ponía un preservativo y dándome la vuelta, me pegó a la pared, se puso tras de mí y noté como el enorme pollón intentaba abrirse paso en mi interior.

Consiguió que pasara la cabeza y luego con firmeza me metió el resto, me hizo sentirla en toda su dimensión, joder, dos pollas iguales de enormes en una noche para mi sólo, que coincidencia, pensé. Al final descubrí que estaba equivocado, era la misma, el chico me había seguido desde que me folló en la parte alta. Me estuvo follando durante un buen rato mientras me pajeaba, al final sus embestidas se fueron haciendo más fuertes y pude sentir como me llenaba de leche, aún a pesar el preservativo, notaba como se movía la cabeza, cada vez que escupía un chorro de leche. En esto yo no podía aguantar más y me corrí llenando la pared de leche.

– Tienes un culo fabuloso – era la misma voz de antes, por lo tanto no eran dos pollas iguales, era la misma polla dos veces y en dos zonas diferentes del mismo local.

Tras recomponer mis ropas me dirigí a la barra del bar a tomar una copa, el chico se acercó a mi y me pidió si me podía invitar, acepté su invitación y tomamos la copa juntos mientras veíamos la película porno que estaban proyectando.

Al poco rato abandoné el local, no sin antes quedar con mi nuevo amigo para otra ocasión.

Autor: Manbi

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Un rápido con la fácil de la clase

En ese momento quería darle por el culo, pero su estrategia funcionó y la dejé caer de golpe sobre mí, penetrándola de primera intención y con sus deliciosos pechos en mi boca, ya yo tenía una erección bastante avanzada tenido a la buena mamada que me había hecho, y ella no necesitaba mucho debido al tamaño de mi arma para llegar, por lo que dentro de poco ya estábamos acabando casi juntos.

Lo que les voy a contar sucedió en mi último año en la escuela, primero que todo, esto es el Caribe, aquí estamos acostumbrados a tener huracanes todos los años que nos hagan tener vacaciones inesperadas por el uso de las escuelas como refugio, lo que no estamos acostumbrados es a tener terremotos que nos hagan cambiar del edificio de nuestra escuela porque el original se derrumbó. Tuvimos que cambiarnos de edificio, pero quizás esto fue lo mejor que pudo haber pasado, pues el nuevo local resultó ser un paraíso para los rincones escondidos donde hacer travesuras.

En mi clase como en todas existía la “pizza”, esa chica que se entrega en 30 minutos y está siempre caliente, pero esta quizás está un poco más buena que el resto, se llama Nadia, es una pelirroja no muy alta pero con proporciones de ensueño, una colita paradita de esas que no te cansas de mirar y te mueres por acariciar, senos firmes y para nada pequeños, por su piel siempre imaginé que tendría pezones rojizos como su cabello, pero lo mejor del caso es que ella siempre supo que está bien buena, parecía encantada con que la miraran descaradamente y no era muy difícil andarse manoseando con ella, aunque yo por lo general me cuidaba pues como mi actual esposa, entonces mi novia, estaba también en mi clase, y me celaba hasta con la sombra de Nadia, pues todos sabían su fama de ligera; aún así, no faltaron las ocasiones en las que en busca de una tarea o para que la “ayudara” en un trabajo me dejara sentir bien de cerca sus duros senos o me dejara deslizar mis manos por sus maravillosas nalgas.

A quien pueda interesar, mido 1,92 y hace ya un tiempo que estoy yendo al gimnasio por lo que estoy algo fuerte y con el tamaño suelo verme muy bien.  Lo más que llegamos fue a una recalentada en mi camioneta una vez que le llevé el cuaderno a su casa, no pudimos más porque estábamos muy cerca de su casa y todavía no había hecho que le tintaran los cristales, cosa que me cuestionó mi novia, pero pude escaparme al darle la excusa de que no podía dejar objetos de valor como la laptop o mis discos a la vista de los ladrones.

En fin, después del cambio de edificio cuando vi todo el local me encontré en el tercer piso un rincón que estaba tan oculto que ni siquiera la administración lo había descubierto, y que bueno, pues inmediatamente se me ocurrió que podría ser un magnifico lugar para echar un polvo rápido y clandestinamente, de esa manera que pone mucho más caliente. Pensé llevar a mi novia cuando fuera posible a mi pequeño “motel” del que no le había contado a nadie aún, pues quería ser quien lo estrenara, pero pasó algo que me hizo usarlo antes de lo esperado.

En este país se va a la escuela con uniforme, pero en ocasiones se flexibiliza la regla cuando se hace una celebración o cualquier tipo de actividad extracurricular, bueno, al caso que ni me acuerdo que había esa vez pero nos tocaba ir sin uniforme y por cuestiones de la vida mi novia no fue a clase ese día, luego al llamarla supe que estuvo enferma, lo que me hizo sentir algo culpable de haber hecho lo que entonces hice. Al llegar me provocó curiosidad saber cómo vendría Nadia para provocar a los tipos en su única intención de parar los miembros de todo el que la viera, ya me esperaba algo espectacular, pero lo que vi como a todos me dejó sin aliento.

Llevaba el pelo rizado, ya era de todos conocida la discusión que siempre llevaba con mi novia porque no se quería rizar el pelo a pesar de que yo lo prefería así, en ese momento no lo relacioné con mis aficiones pero me encantó que lo haya hecho así, bajo su pelo entonces rizado sus hombros lucían descubiertos pues llevaba un top con mangas finas que se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel, dibujando perfectamente su cintura y ajustado a sus senos que exhibían al aire la mitad de su hermosa piel, la pequeña blusa terminaba justo sobre el piercing que adornaba el obligo que ya había tenido la oportunidad de saborear en mi camioneta, lo mejor quizás era, que llevaba una falda corta hasta los muslos negra y ajustada a sus caderas quizás la hacían parecer un poco una mujerzuela, pero a ella no le importaba mucho, estaba haciendo lo que quería, atraer las miradas de todo aquel con suficiente testosterona para fantasear con ese monumento de mujer, no porque llevara poca ropa, pues más que la mini y el top, lo que me puso a mil fue esa mirada que me dio cuando se percato de que le miraba descaradamente los senos; cuando tuve la oportunidad de mirarle los ojos, saboreo sus labios como deseando que yo lo hiciera, a lo que sonreí deseando terminar ahí mismo lo que habíamos dejado inconcluso en mi camioneta.

Desde entonces traté de buscar el momento oportuno ese día para mostrarle mi lugar “secreto” luego de las primeras clases salimos al receso, ella fue con unas amigas y yo los el grupo de siempre por unos refrescos, como el sitio en el que estábamos no estaba ideado para ser una escuela, podíamos entrar y salir cuando queríamos, era algo que la administración no podía controlar, y fuera cerca había una cafetería bastante agradable donde podíamos comprar bebidas y una que otra fruta, allá nos fuimos por unas bebidas cuando encontramos al grupo de chicas en el que estaba, no había sido coincidencia, prácticamente la estábamos siguiendo para ver más de cerca y por más tiempo sus escotes, desde mesas diferentes pude ver como Nadia pelaba una banana y la mordía muy sugestivamente mirándome a los ojos, cuando digo sugestivamente quiero decir que se la metió casi entera a la boca para sacársela de nuevo y morder solo la punta, miré hacia los lados a ver si alguien más lo había visto pero parece que solo yo lo noté pues era el único que le miraba los ojos, los otros se entretenían con ese cuerpazo.

Antes de volver a clase, vi que se separaba del grupo, yo como no le quité los ojos de encima, vi que me seguía mirando, yo torpemente le inventé una excusa a mis amigos para separarme no era lo suficientemente buena como para que me creyeran pero en ese momento no me importaba, la seguí hasta que vi que iba camino a los baños, para no llamar mucho la atención no dije su nombre, sino que la llamé con un silbido, ella entendió que era con ella, cuando me acerqué me preguntó:

– ¿No estarás siguiéndome al baño?- A lo que dije: -Tengo pensado algo mejor.

La muy zorra solo había pensado en calentarme sin medir las consecuencias, pero no se imaginaba que ya tenía el plan listo desde hacía rato, mu sigilosamente subimos las escaleras y sin que nadie nos viera llegamos a mi lugar. En el camino le había dicho que aún no me terminaba de pagar por el cuaderno que le había prestado, y que me gustaría ver como terminaba de comerse una banana, ella me dijo que si encontraba sitio hasta lo podría sentir. ¿Cuál sería su sorpresa cuando se encontrara en un sitio oculto después de pasar tres puertas incluyendo una oculta que parecía una pared?

La poca luz que entraba al sitio entraba por una especie de ventana que había en el techo, donde de haber alguien de todas formas no podía ver donde estábamos, solo debíamos cuidarnos de no hacer ruido pues no sabía que podía haber en el cuarto contiguo. Cuando entramos no aguanté las ganas de besarla a lo que ella respondió fácil y sin problemas colgando sus brazos de mi cuello, yo la levanté y la pegue contra la pared, con firmeza pero en silencio luego pensé si debía besarla, pues imaginé la cantidad de vergas que habrían pasado por esa boca, pero por lo caliente que estaba y de pensar que luego pasaría la mía no me importó mucho mientras la besaba manoseaba su cuerpo hasta llegar a sus perfectas nalgas que tan bien palpaba a través de su falda, antes de yo notarlo, literalmente se sentó en mis manos enredándome totalmente con sus piernas.

En ese momento sentí su vagina en mi abdomen cuando la cargué y empecé a besarle el cuello y hasta los senos a lo que ella respondía mordiendo mi oreja, a la vez que me decía “Hazme tuya mi amor”, ya sabía que son de las estrategias de las zorras para ponerte más caliente, pero me dio una idea de algo sumamente excitante, como ya les dije yo estoy alto y fuerte y ella es flaquita y pequeña, por lo que no se me hizo muy difícil pasarla del abrazo hasta subir sus muslos sobre mis hombros, al estar recostada a la pared, no me pesaba nada y su vulva ahora estaba justo frente a mi rostro, pude sentir su raja húmeda a través de su tanga blanca que luego le quité desde atrás enrollándola por su precioso culito, dejando libre su concha para hacerle una mamada espectacular, la que le provocó unos gemidos un poco más alto de lo que hubiese esperado.

Ella seguía derramando sus jugos sobre mi cara, mientras mis manos seguían acariciando su cuerpo hasta donde pudiera hacerlo con el balance necesario, hasta para una putilla como ella esta era una situación sumamente pervertida, estaba colgando de los hombros de un tipo que le hacía una mamada en la escuela, ella normalmente le daba a los tipos algo rápido, para sacarle el polvo de prisa, pero ahora estaba gozando sola y de lo lindo, por lo que pronto la sentí estremecerse con su primer orgasmo.

Seguí dándole besos cortos mientras se calmaba y yo recogía con mis labios sus jugos vaginales, luego la bajé y me dijo: -Te toca. La dejé caer lentamente hasta que ella misma bajó hasta quedar arrodillada frente a mi paquete que desde hacía rato ya estaba desesperado por salir del pantalón.  No pretendo presumir, pero hasta en el Caribe mis 23 cms son respetados por eso aún ella, que de seguro ha visto muchas con las cuales compararla, no ocultó su asombro al encontrarse con el tamaño de mi verga, inmediatamente se la llevó a la boca, succionando primero mi glande, estimulándolo con su lengua.

No puedo negar que eso me estremece, no cabe duda de que tiene experiencia la chiquilla, después trató de tragar lo más posible, aunque no logró entrarla completa, mientras ella chupaba la hice poner el culo en pompa que ya lucía desnudo al tener la fada enrollada en la cintura, con la imagen de su cuerpo contorneándose y con el buen trabajo que hacia tragando, subiendo y bajando hasta mis bola y lamiéndome el glande debo reconocer que de haber seguido así me hubiese venido dentro de poco pues la chica sabía lo que hacía.

Luego saqué mi pene de su boca y la dejé como estaba, en la posición del perrito me di vuelta y empecé a besar su culo mientras desde atrás acariciaba sus pechos, le quité la blusa y la dejé con sus tetas al aire, definitivamente no necesitaba sostén, tenía un tamaño más que aceptable y eran totalmente firmes, cuando me arrodillé tras ella supo mis intenciones de romperle la colita, a lo que inmediatamente se giró, diciendo que solo lo había hecho una vez, con un pene más pequeño que el mío y le dolió tanto que no se había vuelto a atrever, me hubiese molestado no poder darle en ese momento pero me distrajo verla desnuda frente mío y con su coño latiendo a la espera de que se lo destrozara, puso cara de niña buena y se llevó un dedo a la boca preguntándome:

-¿No vas a aprovechar que mi conejito te está esperando?

En ese momento quería darle por el culo, pero su estrategia funcionó, inmediatamente me senté y la dejé caer de golpe sobre mí, penetrándola de primera intención y con sus deliciosos pechos en mi boca, ya yo tenía una erección bastante avanzada tenido a la buena mamada que me había hecho, y ella no necesitaba mucho debido al tamaño de mi arma para llegar, por lo que dentro de poco ya estábamos acabando casi juntos.

Después que ella dejó de cabalgarme al terminar yo dejé salir todo lo que tenía dentro de ella, pues por la calentura ni nos percatamos de usar condón, luego ella me dijo que se tomaba siempre la píldora, claro, putita al fin, solo me quedé preocupado por alguna enfermedad pero por suerte hasta ahora no ha habido problemas.

Luego de ponernos la ropa, volvimos fuera, donde todavía no empezaban las clases, yo me fui directo al cuarto convertido en salón donde luego vi entrar a mis amigos que puede que hayan tenido alguna sospecha pero no les dije nada hasta la graduación unos meses después, luego les contaré como logré romperle la cola y la primera vez que logré meter a mi novia en el rincón, saludos.

Autor: Ernesto

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El encargado de la red

Me puse de rodillas, y tuve frente a mi su verga, la miré y me lo devoré, comencé a mamar ese pedazo de verga, disfruté cada centímetro de esa herramienta y aproveché cada gotita de presemen que salía, René gemía, yo mientras tanto intruseaba en su culo y entre los vellos rubios pude encontrar su hoyito apretado y fui despacio metiendo mi dedo, esto lo hacía gemir aun más.

Hola amigos, me llamo Alejandro, soy un moreno de 1.75, de unos 70 kilos, de rostro normal, bien piola, siempre gay, de 28 años, ahora con pareja. Soy un asiduo lector de los relatos de esta página, pero primera vez que escribo. Esto me pasó el año pasado, justo el día 17 de septiembre (previo a fiestas patrias en mi país).

Ese día es normal trabajar hasta mediodía, por motivo de las fiestas. Me preparaba casi para retirarme cuando mi jefe me informa que debo quedarme hasta más tarde, pues vendría el encargado de la red, que por favor le atendiera, cerrara y me fuera. Así me programé, me quedé solo en la oficina desde el mediodía, ordené mis cosas mientras esperaba, este chico se demoró así que me puse a navegar en internet hasta llegar lógicamente hasta unas páginas muy calientes, mucho porno y hermosos cuerpos, culos y vergas los que me pusieron a full.

A eso de las 15:00 horas suena el timbre, abro la puerta, no sin antes acomodarme el paquete pues lo tenía muy duro, y atiendo al jovencito, que por primera vez veía pues era un reemplazo del chico habitual: Hola me dijo, soy René… Quedé mudo, no se si fue verlo o la calentura que tenía, era un muchacho alto, de 1.80 aprox., delgado, bien blanquito y desde el botón de su camisa se asomaba una mata de pelos que me calentó más aun. ¿Cuánto te vas a demorar?, le pregunté. No mucho me respondió, creo que un poco más de una hora. Ok estaré en mi oficina en caso de cualquier cosa le dije, adelante…

Se puso a trabajar en la recepción, contigua a mi oficina, le oía tararear una canción, yo seguía muy hot, quería follar pues hace meses que no lo hacía. Fui hasta la cocina varias veces sin pretexto alguno, esto hasta que logré ver su pantalón por atrás y contemplar un culo maravilloso, ver casi su raya llena de vellos me excitó más aun.  Como la calentura no me dejaba ahí mismo en mi puesto de trabajo comencé a darme una paja a todo dar, olvidándome incluso de la presencia de René…

Me abrí el cierre del pantalón, mientras veía porno, me mojé la punta de la verga y al cabo de tres sube y baja sentí la presencia de alguien y al levantar la vista estaba René mirándome con cara de espanto. Oye disculpa le dije, eh, yo, tú, mí, emmm, me quedé mudo y traté de guardarme la verga y cerrar el cierre cuando él me interrumpe y me dice: No se preocupe, sonrió y se fue. Me levanté, acomodé mi verga y me dirigí al baño, cuando pasé por la recepción el chico continuaba agachado arreglando cables.

Entré al baño, y antes de que se cerrara la puerta entra René tras de mi y me dice en tono irónico: ¿Viene a terminar lo que empezó?, y pude notar en su expresión cierta calentura también. Me atreví y le dije: Si acaso ¿quieres ver?, no me dijo, lo quiero acompañar. Wow no lo podía creer, ese joven macho arregla cables quería acompañarme en mi paja.

Dale le dije, si quieres puedes pajearte, cosa que comenzó a hacer parado un poco atrás de mi, bien cerca. De reojo miré y pude ver su verga, se veía grande, blanca, llena de pelos, no muy gruesa. No aguanté más y giré por completo hasta verlo. Se pajeaba, yo también, dos machos calientes paseándose frente a frente. Lo miré a los ojos y pude ver su aprobación. Quería cogerlo. Me acerqué y lo besé, fue un beso muy hot, cálido y mojado.

Sin pensarlo me puse de rodillas, y tuve frente a mí su verga, saqué su mano y la tomé con la mía, la miré y sin pensarlo me lo devoré, comencé a mamar ese pedazo de verga, desde la cabeza hasta la base disfruté cada centímetro de esa herramienta y aproveché cada gotita de pre semen que salía, René gemía y a ratos afirmaba mi cabeza para dirigir la mamada, yo mientras tanto intruseaba en su culo y entre los vellos rubios pude encontrar su hoyito apretado y fui despacio metiendo mi dedo, esto lo hacía gemir aun más.

Lo di vuelta, me paré tras de él, le saqué lentamente la camisa, comencé a chuparlo por todos lados mientras mis dedos jugaban con su culo, me agaché y metí mi rostro entre esas apetecibles nalgas, primero con suavidad y luego muy fuerte metiendo mi lengua lo más adentro que podía, me puse un condón y comencé a tratar de penetrarlo, estaba ya muy dilatado. Coloqué la punta de mi verga en la entrada de su hoyo, metí la cabeza y para mi sorpresa el muy puto me afirmó y solo de un empujón se metió el mismo toda mi verga hasta chocar mis bolas en su culo dando un grito de dolor y haciéndome gemir a mi también.

Quédate así un ratito me dijo, luego de esto comencé despacio a meter y sacar, primero de a poco y luego toda, solo dejaba la cabeza y de una se la metía toda, así unos exquisitos 10 o 15 minutos, ya a esas alturas estábamos ambos sudados, tanto movimiento y encorvadas para alcanzarnos las lenguas y poder besarnos, entre gemidos, apretones, besos, pequeñas palmadas que le daba sentí que me venía y le avisé para que acabáramos juntos, ya casi listo se la saqué, me saqué el condón rapidito, el muy puto se giró, agachó y cuando vio que me venía de una se metió toda mi verga a la boca y se tragó toda mi leche, él acabó casi al mismo tiempo, nos besamos tiernamente.

Nos lavamos, nos vestimos y cada uno siguió en lo suyo. Le dije ya casi a las 17:30 que se apurara, terminó, cerré y nos fuimos sin decir nada cada uno en dirección distinta. Luego de dos semanas vino de nuevo a arreglar la red en mi trabajo y mi jefe nos informó que sería el titular en asuntos de red en la empresa.

Apenas pudimos intercambiamos números de teléfono. Follamos varias veces hasta que conocí a mi actual pareja.

Espero sus comentarios.

Autor: Alejandro

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Limpiando la piscina con mi tío

Yo rodeaba su cintura con mis piernas y él me la metía y sacaba, me volvió a coger con la pija dentro sin sacarla, me tumbó y yo comencé a cabalgarlo, oh que gustazo era estar encima de mi tío. Me dijo que se venía, se quitó el condón y me la volvió a meter para correrse dentro. Pronto noté como unos chorros de leche reventaban mi intestino seguido de un gemido de mi tío.

Hola soy Adolfo de nuevo y aquí os cuento el relato que os prometí en el relato anterior titulado “El primo de mi Amigo”. En este espero más comentarios que en el anterior porque en el aquel no tuvo ninguno.

Como recordareis soy de aspecto musculoso, moreno y alto. Y este relato me ocurrió a principios de este verano preparando la piscina para abrirla durante la temporada veraniega.

Cada año mi tío me avisa a principio de verano para vaciar y limpiar la piscina y yo cada vez voy a ayudarle.  En esta ocasión coincidió que ya estábamos a mediados de junio y ya pues hacía bastante calor y mi tío me dijo que iba a cambiarse, es decir, a ponerse el bañador y que ya venía, que mientras tanto empezara a vaciar la piscina y así lo hice.

Al volver viene en calzoncillos muy cabreado diciendo que su mujer, es decir mi tía, se había llevado los bañadores para la casa y que no los tenía aquí y que tendría que quedarse en calzoncillos a lo que yo le comenté que no habría problema y así lo hizo.

Al rato la piscina ya estaba vacía y nos metimos los dos en el interior y comenzamos a fregarla con lejía y agua fuerte. Mi tío le estaba dando con el estropajo a las juntas para quitarle el verdín del invierno y yo iba por detrás con la goma aclarando las juntas, en una de estas se me escapó la goma, os juro que fue sin querer y la goma se puso en el suelo, nos puso a los dos chorreando yo estaba en bañador, pero él como os dije estaba en calzoncillos y eran blancos lo cual sabéis que se transparentan al mojarse y él me dijo que no pasaba nada, más fresquitos estábamos.

Entonces seguimos con la faena y yo de vez en cuando le miraba el culo que se veía precioso y redondito. Y una vez de las que le estaba mirando el culo se giró y me pilló mirándole el culo a lo que se gira del todo y me pregunta: ¿Qué, te gusta mi culo?, yo no dije nada, entonces él empezó a tocarse el paquete el cual estaba muy mojado y se le veía todo.

En ese momento mi pija comenzó a ponerse dura y él lo notó, él me dice que por lo que se veía si me gustaba, se baja los calzoncillos y se acerca con su pija ya bien dura. Y me dice, siéntate en los escalones (los escalones eran de obra es decir de estos que van incluidos en la piscina) yo así lo hice, él se acercó y me besó y seguidamente me puso la pija en la boca, esa pija era desorbitada, tenía un tamaño de 20 cm lo menos y muy gorda. Comencé a mamarla y al principio me costó metérmela entera ya que como digo era muy gorda y me costaba.

Así estuvimos al menos unos 15 min, él decía que le encantaba como la chupaba pero que ya era hora de que entráramos en temas mayores. Así que me levantó, me puso al pareo de él y comenzamos a besarnos mientras que yo masturbaba las dos pijas a la vez.

Me dio la vuelta y me puso contra la pared y comenzó a metérmela, pero me dolía mucho, me dijo que fuera a su habitación que en el segundo cajón de su cuarto tenía lubricante y condones, que los trajera y así lo hice al momento, volví con ello en la mano y me dijo, ponme el condón tú que yo te dilataré el culo, comenzó a meterme un dedo y sigue metiendo uno, dos, tres y hasta el cuarto. Me volvió a poner contra la pared, me puso su pija en la entrada de mi raja y se puso a jugar, a pasarla por la raja sin llegar a meterla.

Ya era la hora de que me la metiera y la puso en la entrada, me la metió toda de un golpe, yo estaba que no cabía de gusto y al mismo tiempo de dolor porque esa pija era gordísima. Empezó un mete-saca, mientras que me masturbaba y me besaba el cuello. Así estuvimos unos diez minutos, tras esto me la sacó y me giró, me puso de espaldas contra la pared y metiéndomela. Yo rodeaba su cintura con mis piernas y él me la metía y sacaba mientras nos besábamos. Me volvió a coger con la pija dentro sin sacarla y me tumbó, se sentó en los escalones y yo comencé a cabalgarlo, oh que gustazo era estar encima de mi tío.

Me dijo que se venía y se quitó el condón y me la volvió a meter dentro para correrse dentro. Pronto noté como unos chorros de leche reventaban mi intestino seguido de un gemido de mi tío que yo creo que se escuchó a tres km a la redonda, la dejó dentro y comenzó a masturbarme, yo ya me venía y no le dije nada y mis chorros de leche llegaron hasta su boca. Nos levantamos y cogimos la goma para poner la piscina a llenar y nosotros mientras tanto nos fuimos a la ducha a ducharnos.

Hasta aquí llega mi relato, espero vuestros comentarios para ver en que fallo y que es lo que más os gusta para que cada vez mis relatos sean más interesantes.

Autor: Adolfo

Completa bajando un buen video: http://www.videosmarqueze.com/

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Exhibiéndome en la autopista III

Empecé a mamársela, me dijo que quería mejor cogerme si no se vendría muy rápido, como él no traía condones le dije que yo si traía,  le di un par y se bajó el pantalón por completo, se puso el condón, apenas me estaba agachando cuando siento de un solo empujón como rechinó en mis nalgas, sentí un poco de dolor pero la calentura en cuestión de segundos apagó el dolor.

Para finalizar mi relato al salir de ese hotel que está a las orillas de la carretera y a la entrada de Chacalilla, salgo del hotel en mi short, bañado y con una tanga limpia que traía, mi nervio fue al salir porque estaba una camioneta Ford lobo gris con placas de Jalisco y una persona que no podía ver bien más solo venía que estaba solo y estaba fumando un cigarro, esto me puso algo nervioso pero subí a mi carro y continué mi camino.

Al salir a la carretera vi como encendía las luces la camioneta que estaba parada y venía atrás de mi, si me puso esto muy nerviosos  bajaba la velocidad para que pasara  me rebasó y vi como se paraba más delante de mí a un costado de la carretera, pasaba por ahí y él volvió a seguirme, esto si ya me tenía nervioso, así estuvo detrás de mí por más de 30 minutos y en algunas ocasiones me ponía las luces altas y las apagaba,  me armé de valor ya en el entronque de Punta Mita hay una nueva caseta de federales de camino, me paré más adelante y para mi mala suerte no había nadie en la comandancia ya que todo estaba apagado y no había ninguna patrulla,  la camioneta pasó atrás de mi y se bajó un señor ya grande, calculo que de unos 48 a 50 años, pero muy bien conservado, se acercó a mi ventana y me tocó el vidrio, me dijo que tenía una luz fundida de mi carro, que no quería asustarme que solo quería avisarme de esto, como solo traía un short y mi camisa de licra  le di las gracias y me preguntó que a donde me dirigía  le dije que a nuevo Vallarta ya que ahí vivía yo, él me comentó que iba para el mismo lugar.

Me dijo que si no tenía ningún problema en irse atrás de mi ya que íbamos casi al mismo lugar, obviamente vio mi desconfianza y me entregó una tarjeta de presentación que decía que era ingeniero y el nombre de una constructora que está en Punta Mita que ya conocía, más no me percate cual era su posición,  dejé la tarjeta y al pasar por la nueva mega comercial de Bucerias entré a nuevo Vallarta donde cuando menos me sentiría más seguro, él por atrás seguía muy pegado a mí,  me paré pasando la caseta pero en un lugar apartado y medio obscuro para decirle que ya estaba por llegar a mi casa y que yo era casado, que le daba las gracias de todo,  me contestó que de igual era casado, que venía de Guadalajara y venía muy cansado y estresado, seguimos platicando diciéndole que yo también venía del mismo lugar  y que había hecho algunas paradas en la carretera para refrescarme y que el sueño se me había volado por completo.

Él respondió que de la misma forma se le había ido el sueño y que estaba con ganas de hacer algo pero no me especificaba que,  le empecé a cuestionar que hacía en la carretera parado atrás de mi carro  me dijo que me había visto en el balcón desnudo, que pensó que yo era scort y  me quería pedir mis datos  por que nunca había visto unas nalgas tan redondas y grandes como las mías,  me reí algo nervioso pero con la calentura seguí el juego y a preguntarle si le habían gustado mis nalgas,  me empezó a decir que si y que quería vérmelas, yo ya con la calentura le dije que dejáramos mi carro afuera de algún hotel y nos fuéramos a pasear él y yo, sin pensarlo dos veces dejamos mi carro afuera del RIU y me subí a su camioneta, él traía un pantalón café y una camisa tipo polo blanca,  veía por encima de su pantalón que la traía ya parada,  ya dando la vuelta por nuevo Vallarta me preguntó que para donde nos íbamos  le sugerí a una parte sola que hace conexión con Bucerias y está muy solo y rico para hacer algunas cosas,  pasando por ahí cruzamos la caseta de vigilancia y vimos a un vigilante dormido que no dio luces de nada, nos paramos más delante de la caseta, en un lugar donde nos daba oportunidad de ver si venía carro o patrulla por ahí,  se paró y se recargó en la puerta y me dijo que si quería mostrarle mis nalgas,  me bajé de la camioneta, me quité el short y traía  una tanga amarilla y se notaba muy bien en la obscuridad.

Sin pensarlo se bajó de su camioneta y llegó por detrás y empezó a arrimarme su verga parada entre mis nalgas,  yo me contoneaba para sentir más su verga, como yo ya venía bien dilatado de mi hoyo sentía como se hundía su verga sobre mi tanga y entraba fácilmente.

Empezó a manosearme las nalgas y a besarme el cuello, y yo sin preguntar nada me volteé y me agaché para probar esa deliciosa verga, la  sacó y era una verga larga pero no gruesa, yo calculo que de unos 18 a 19 cms, pero delgada, muy blanca y llena de vellos.

Ya agachado olí su verga y olía a limpio y a loción algo que me calentó de más, empecé a mamársela poco a poco,  me quitó y me dijo que quería mejor cogerme, si no se vendría muy rápido, como él no traía condones le dije que yo si traía,  le di un par y se bajó el pantalón por completo, se puso el condón, apenas me estaba agachando cuando siento de un solo empujón como rechinó en mis nalgas, sentí un poco de dolor pero la calentura en cuestión de segundos apagó el dolor y en un metisaca que duró más de 10 minutos, yo sentía que no se iba a venir hasta que le sugerí que yo tomara el control, lo recargué en el asiento y me monté encima, poniéndole mi pecho en su boca, empezó a chuparme mi pezón y yo a moverme más rápido.

Me dio un rico mordisco en mi teta, sentí como se corría dentro del condón dentro de mi culito,  lo cabalgué un poco más hasta sacarle toda la leche, él quedó sin aliento,  me quité la verga de mi culo, de la cajuela  sacó una toalla y se limpió, nos vestimos y nos fuimos hasta mi carro no sin antes intercambiar teléfonos y correos electrónicos.

Ya cansado y muy bien cogido por dos ricuras me fui a mi casa, me bañé rápidamente y me metí a la cama, descansé todo el día siguiente después de esa cogida descomunal y esperando salir de nuevo de viaje y exhibirme en la carretera.

Autor: fabiangyf

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