LA SEÑORA BIEN III

LA SEÑORA BIEN III

Matilde prometió eterna fidelidad y estar al servicio del placer de su esposo, este le pidió una prueba definitiva, que no le dejara dudas, para esto convoco a sus tres amigas, con las cuales ya había hablado, las invito a cenar, una condición era que todas debían vestir polleras, pero a Inés la cito dos horas antes, la recibió solo vestida con una corta pollera, nada mas tenia que cubriera su cuerpo, su esposo y diana esperaban en el dormitorio acostados y desnudos.

Cuando llego la invitada se sorprendió de verla así , soy la cornuda de mi esposo dijo justificándose, sin que nada le preguntara , y te elegí como mi tutora, serás quien me guíe en el camino de mi esclavitud , dicho esto la tomo de la mano y la llevo al dormitorio , cuando entraron estallo Inés en carcajadas al ver que lo dicho era verdad , veo cerda que al fin has tomado tu lugar , desde que te conozco se que es tu espíritu ser usada ,pues bien prepárate para lo peor ahora , Matilde le contó que luego esperaba a las otras dos y cual era la idea para esa noche .

Inés se arrimo a la cama y tomando de los pelos a Diana, la arrastro a un rincón diciendo, con la basura de mi amiga podrás divertirte pero ante mi no eres nada, si no te gusta puedes retirarte, no nos haces falta, pero si aceptas quedarte, este hombre estará o bastante ocupado para atenderte , así que serás mía ahora, es el precio que cobro por educar a mi amiga, ella decide , Matilde respondió que si , que necesitaba de su guía y podía quedarse con la chica , bien niña entonces diviértete con tu señora ahora que puedes mientras yo gozo de este hombre hasta que llegue el resto de las invitadas , después de jugar con ella preparen todo que pasaremos una excelente noche .

Gritos, llantos y suplicas de Matilde resonaban en la casa, mientras el culo de Inés era taladrado por Juan, realmente era una bestia haciéndolo, todo lo sucedido este tiempo había desatado tal lujuria en todos, esto sumado al hecho de que el era el dueño de todas, distaba bastante del señorial matrimonio que comenzó en esta historia .cuando el culo de Inés estaba repleto de dos acabadas, fue taponado con un plug y reservado para después de la cena.

Sandra y Beatriz llegaron juntas, habitan tenido tiempo de conversar y comentar la extraña actitud de su amiga en común, cuando llegaron se encontraron a diana desnuda y su cuerpo adornado por varias pinzas de las que colgaban campanitas, a Matilde solo con la diminuta pollera, que las recibía informándoles su nueva condición, aunque les costo entenderla, ambas lo aceptaron finalmente, entre asombradas y divertidas se sentaron a la mesa, a la que también se sumaron Inés y Juan.

Mientras eran servidos, Matilde gateando bajo la mesa, les suplicaba a sus tres amigas que la hicieran cornuda, que estuviera dispuesta a todo para ello y que su tutora desde ese día, se encargaría de arreglar los detalles cada vez que quisieran estar con su esposo o usarla a ella , mientras hacia esto escuchaba a su esposo halagarlas y comentarles sus preferencias sexuales y su gusto por la dominación , todas confesaros el placer que sentían engañando a otra, mas si esta era considerada amiga y que cuando estaban bien cogidas , se entregaban sexualmente por completo al hombre que les daba placer .

Inés tomo a Diana y la sentó en sus piernas, les presento a mi nueva perrita decía mientras la hacia sufrir tirando de sus broches, incluso esta puta será superior a la cornuda, hizo salir a Matilde de debajo de la mesa y que les agradezca a sus amigas el ayudar en su nueva condición, luego beso a su esposo diciéndole que ella lo hará siempre feliz, que le encantara saber que el disfruta sexo con todas sus amigas.

Sandra con su típica soberbia, fue la primera en aprovechar la confesada sumisión de su amiga, sabes preciosa le dijo, creo que los sábados será mi día fijo para dormir en tu cama, además te conviene, pues como sabes me gusta tener mi ropa impecable y mientras yo disfruto puedes limpiar bien mi casa, o tenias otros planes para salir? Al no obtener respuesta fue su propio esposo quien la zamarreo del pelo, gritándole que debía ser educada con todos y responder inmediatamente.

La noche termino con todos tomando y festejando, mientras Matilde modificaba todos sus correos, de los cuales los presentes tendrían ahora el manejo de los mismos, la máxima humillación llego cuando, Inés propuso un brindis, la cornuda les sirvió a todos, tu ya lo tienes servido , tomaras la leche que tu esposo te preparo , la obligo a ponerse de rodillas , sacarle el plug limpiarlo bien y luego beber todo lo que salía de su culo , para finalmente limpiarlo completamente , todo se filmo y la misma Matilde debió subirlo en la pc, para que todas sus amigas y contactos vieran como aceptaba ser humillada , luego se le aviso que al día siguiente Diana la llevaría a hacerse ciertos adornos, también irían de compras

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LA SEÑORA BIEN II

LA SEÑORA BIEN II

Ver primera parte para entender mejor este relato

La tarea de Matilde no fue fácil, Diana tomo el control de sus correos y fue eligiendo las amigas que esta entregaría a su esposo, supo detalles íntimos de cada una y la fue supervisando en como despertarles ella misma el interés en acostarse con Juan.

Casa noche se tomaban dos horas para esa tarea, antes de hacerlo, ambas eran sometidas a un castigo que marcaba sus cuerpos ya sea con cinto, fusta o con las manos luego Diana de rodillas se la chupaba a Juan mientras recibía el mismo trato de quien debía tirarse en el piso para besar su sexo y culo, luego cojian furiosamente delante de ella, quien entre insultos y burlas de ambos trataba de contar las bondades sexuales de su esposo a sus mas morbosas amigas.

La primera fue Sandra una mujer de ya casi cincuenta años, solterona y típica saca maridos, cuando solían reunirse era común que con gran soberbia las desafiara a todas de que si se lo proponía lo lograba, por mas fiel que este fuese.
Debió soportar también las burlas de su amiga, quien al leerla se soltaba mas y la hacia entrar en detalles de manera escandalosa, que si se la chupaba y tragaba, que si le entregaba el culo, si la hacia estar con otras mujeres, si la enfiestaba, la humillaba al darse cuenta que algo extraño pasaba, lo que motivaba aun mas a su esposo y su nueva amante oficial, quienes cuando termino y se aseguro que su amiga , sin decírselo directamente , había entendido que tenia libertad de acostarse con Juan , festejaron haciéndola atenderlos en una fogosa y morbosa noche .

El día siguiente fue el turno de Inés, una viciosa del sexo anal con los hombres y
, pero también confesada activa con otras mujeres, rogó y suplico que no la eligieran a ella , solo obtuvo burlas como respuesta , luego de prepararle igual que el día anterior , la dejaron desnuda y escribieron cornuda en su frente , este fue el dialogo que le habian preparado , al comunicarse con ella .

M : hola amiga, perdóname pero te molesto por lo siguiente , Juan se la agarro ahora que quiere sexo anal y me vuelve loca con eso

I: jaja y disfrútalo entonces, es lo mas lindo que hay

M: Pasa que me da mucho miedo, el es muy bruto en eso

I: El dolor es hermoso, vos sabes que me encanta tener perritas para hacerlas sufrir, y te aseguro que lo disfrutan, te acostumbraras

M: mira, no quería decirte esto, pero encima es muy bien dotado, me va a romper toda

I: Si, les encanta saber que ellos pueden hacerse sentir, por eso es lo único que hago con hombres, me dejan tranquila y satisfecha

M: No se aun dudo, pero tendré que aprender a hacerlo

I: amiga espero compañía para esta noche, debo dejarte, pero mañana iré a visitarte, invítame a cenar, tienes mucho aun por aprender, sin decir mas corto
La esperaba el culo de Diana, listo para ser lamido y preparado, Juan puso especial énfasis en hacerla aullar de dolor, mientras descargaba su furia abofeteando y escupiendo a su esposa, quien después limpio sus restos.

Tercer día tercer amiga, Beatriz, una cuarentona que desde chica, fueron compañeras de colegio, era la chupapijas del grupo, lo que motivo un comentario de Juan, al final son todas putas tus amigas, mira vos estas yeguas ricachonas que se las dan de grandes señoras, el dialogo que le prepararon para ella fue aun mas humillante, debía mostrarse como una experta y desafiarla a que es mejor que ella a pesar de su largo tiempo chupándosela a todos.
La charla se desarrollo de manera tal, que otra vez fue motivo de burlas y enseñanzas de su amiga, quien incluso la desafío a demostrarle en su presencia como debía darle placer oral a su esposo.

Como siempre al terminar, recibió su dosis de humillación, esta vez consistió en que siendo guiada de sus pelos por su antigua sirviente, su boca fue largamente entrenada, hasta ahogarse varias veces tragando la leche de Juan.

Al día siguiente mientras les servia el desayuno, diana divertida le preguntaba como se sentía en su nueva condición, Matilde trato de ocultar que en parte la situación la excitaba, pero cuando Juan contó que tenia preparado para estas tres amigas , su cuerpo la traiciono estallando en un sonoro orgasmo , que fue aplaudido por su esposo y ex sirvienta , ya sin poder ocultarse mas , confeso que por amor estaría dispuesta a eso y mucho mas , también te amo dijo Juan , pero merecías una lección por tu mala actitud , todo volverá ahora a su lugar , pero jamás dejaras de ser la cornuda ni la esclava de tu sirvienta y de quien yo lo disponga .

Una salida, una cena y la noche de amor sello el pacto de un amor eterno y una entrega a ser usada en beneficio del placer de su esposo

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La señora Bien

Matilde era su nombre , bella y bien conservada, había sido bailarina y modelo en su juventud , cuerpo cuidado siempre en gimnasios , de origen humilde pero gracias a su fina forma de ser casada con un acaudalado empresario , jamás había hecho trabajos de esfuerzo y tenia sus sirvientes para todos los quehaceres en la casa , también para su cuidado personal .

Una de ellas, morocha pero de finos rasgos era quien atendía su ropa y se ocupaba de maquillarla y peinarla, Diana tenía tan solo 23 años y su madre era la fregona de la casa, motivo este por el cual a veces tenía acceso a la casa sin que sus dueños estuvieran presentes.

En una de esas ocasiones en que estarían ausentes varios días, al juntar la ropa que aunque usada aun olía a fino perfume, decidió probársela era un vestido entallado que marcaba las curvas de su cuerpo , acompañado de una chaqueta que destacaba aun mas sus pechos y finos zapatos de taco, se maquillo y peino con los elementos de su señora , como igual debía lavarla decidió salir a dar una vuelta así vestida , noto la mirada de los hombres y en su fantasía señorial decidió seducir a uno de ellos , quien la halago con una cena y una salida que ella jamás hubiese imaginado vivir , luego la llevo a bailar , el intento de seducirla la asusto y como pudo desapareció regresando a la casa .

Al regreso de los señores todo continuaba normal los primeros días, pero el trato de Matilde se fue endureciendo con ella al pasar el tiempo, hasta llegar a ser humillante, cierto día que el matrimonio disfrutaba una tarde de sol, el maltrato alerto a Juan, su esposo, quien le pregunto el motivo del mismo , tomando a diana de los pelos la llevo frente a la pc la prendió y le mostró las fotos de su noche soñada , mientras la increpaba con insultos lejanos a su fina manera de ser , el esposo miraba asombrado y solo comento , se ve preciosa , igual que tu cuando te saque de la miseria donde vivías , eso termino en una discusión en la que no se hablaron durante días .

La discusión no fue solo de palabras, a Matilde se le habían quitado sus tarjetas y cerrado créditos por sugerencia de su esposo, harta de la situación un día exploto y le reclamo al esposo le devolviera todo eso, el se negó diciendo ya que decidiste despreciar a esta niña, es bueno que aprendas lo que ella siente, cuando intento hablar recibió un sonoro bofetazo que la hizo callar y ponerse a llorar, su vida cambio desde ese momento , mientras diana recibía todos los favores de parte de su señor .

Un día las junto a ambas y las obligo a vestirse iguales, aunque bella los 45 años de Matilde contrastaban con la juventud de diana y les dijo que saldrían los tres a cenar, Matilde protesto diciendo que no pensaba salir con una sirvienta, ante esto su esposo dijo, pues bien quédate si lo deseas y se fueron patrón y empleada juntos , regresaron entrada la madrugada completamente tomados y con signos de una noche lujuriosa , a la mañana siguiente , fue a despertar a Matilde diciéndole , desde hoy tu serás la sirvienta y aprenderás a hacer todas las tareas de la casa , ante la negativa la emprendió dándole una furibunda paliza , logrando que cumpliera su orden sin queja alguna .

Mientras desayunaban , le marcaba pautas de cómo debía referirse a Diana , la llamaras siempre señora y tu serás la cornuda, ese es tu nuevo nombre , pagaras caro tu soberbia y el haber olvidado tus orígenes , de ejemplar esposo paso a ser un exigente dominante la ex sirvienta una amante de lujo , también sumisa del señor , pero con todos los derechos sobre su ex patrona , lo primero que hizo fue explicarle en detalles como le agradaba a ella que hiciera cada tarea que se le indicaba , pues ahora era la única sirvienta de la casa .

Matilde pasaba las noches escuchando las morbosas batallas sexuales en su anterior dormitorio , esto comenzó a causar su efecto ya que ella no era atendida sexualmente y se la ignoraba , lo que incremento aun mas su sumisión y descubrió en ella que le causaba placer como era tratada , lo que no paso desapercibido para Diana , quien comenzó a divertirse con eso y sugirió una morbosa idea , juntar a las mas viciosas amigas , todas de alta sociedad pero putas de naturaleza , para presentar a Matilde en su nueva vida , pero fue mas allá aun , en su condición de cornuda ella misma debía provocar , que todas se acostaran con su esposo y le puso un plazo para lograrlo , si no lo conseguía seria aun peor .

Mientras esto de gestaba la humillación de Matilde llego al limite de que estaba presente cuando hacían el amor y participaba ayudando para reírse de ella , aprendió a besar sexo y culo de ambos, a limpiarla después , a pajearse sola , recibió meos y escupitajos ….

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Mi jefa en llamas II

Comenzó a chupármela de una, arrancado el bóxer con cierta desesperación, mi pija sentía el calor de su lengua cada vez más húmeda hasta que pude acabar a los minutos, para terminar nuestra obra la volví a coger sin forro, sintiendo sus acabadas al menos tres veces, pude aguantar un buen tiempo con mi pija en su concha, hasta que al final pude acabar.

Como les había contado anteriormente lo que pasó con Sandra esa tarde debía repetirse, por lo que a ambos nos gustó la idea, los días siguientes a ese polvazo habíamos tenido algunos leves contactos sexuales, cuando estábamos solos nos saludábamos con un piquito y jugábamos a adivinar el color de nuestra ropa interior.

Sin embargo no habíamos vuelto a hacerlo, hasta que a las dos semanas de lo que pasó en el primer relato, un sábado por la tarde me encontraba tomando algo en un bar con mi novia, cuando en el mismo lugar apareció mi jefa con su marido, nos saludamos, le presenté a mi novia y ella a su esposo, todo lo formal, al rato con Gabriela, nos fuimos, la acompañé a su casa y quedamos en vernos a la noche, justo ella había terminado los días de su periodo por lo que estaba ansiosa por tener sexo esa noche, así que pasaría a eso de las 23 hs por casa, en ese momento eran las 17.30.

A la media hora recibo un llamado en mi celu de Sandra, preguntándome si podia hablar, le dije que sí, que estaba solo, me dijo que al verme le habían venido muchas ganas de hacerlo en ese momento, lo cual me excitó muchísimo, me dijo que su marido habia ido al club y tenía dos horas libres antes de la cena, si podía pasar por casa a eso de las 18.30, le dije que sí, con la condición que se esmerase con un modelo sexy de lencería a lo que accedió riéndose.

Esperé ansiosamente que se hiciera la hora hasta que sentí el timbre, cuando le abrí la puerta pasó y en él ascensor me dio un beso muy fuerte en la boca, me empezó a chupar el cuello mientras yo la acariciaba tocando su cola, al entrar a casa, me pidió que me tapara los ojos y tenía la sorpresa de su nueva bombacha que había comprado especialmente para ese momento, yo esperé cómodo sentado en el sillón y la vi, se quitó su pollera, era una hermosa bombacha blanca con flores rojas y rosas con bordes negros, aunque al tocarla noté que estaba mojada, lo que me excitó mucho, me dijo, ¿Que querés bombón?, tuve que esperar una hora, fui a una calle aislada y pensé en vos y me pajeé para tranquilizarme un poco.

La tomé de la cintura comencé a besarla en todo su cuerpo, moví a un costado su bombachita y comencé a masturbarla a lo que ella le encantó, me empecé a tomar su jugo, luego ella me dijo, ahora es mi turno…

Comenzó a chupármela de una, arrancado el bóxer con cierta desesperación, mi pija sentía el calor de su lengua cada vez más húmeda hasta que pude acabar a los minutos, para terminar nuestra obra la volví a coger sin forro, sintiendo sus acabadas al menos tres veces, pude aguantar un buen tiempo con mi pija en su concha, hasta que al final pude acabar, lo más caliente fue que me dejó la bombacha en mi casa, que guardo como trofeo y la tuve que esconder de mi novia, que venía al rato y ella tuvo que comprarse otra…

Autor: Cocotero

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Mi jefa en llamas I

Mientras sacó mi herramienta de mi bóxer negro y comenzó a lamerla, su lengua jugueteaba con mi verga, solo sacó la boca un segundo y me dijo: Acabá tranquilo me la trago toda, esto me excitó mucho, a los pocos minutos acabé de lo excitado que estaba y ella cumplió su promesa, seguí acariciándola, saqué mi pija y como un inconsciente, sin forro, le bajé la bombacha y se la metí.

Esto me sucedió este año, soy un profesor de inglés en Buenos Aires, Argentina, trabajo en varios institutos dando clases en la ciudad, por lo cual conozco a mucha gente aunque nunca había tendió la posibilidad de experimentar nada con una jefa, si con alumnas por suerte, pero esa es otra historia.

La jefa del instituto en cuestión se llama Sandra, una bella mujer de 39 años, morocha, con culo y tetas impresionantes, pero la verdad es que me había fijado muy poco en ella porque siempre la relación fue formal, además tengo una excelente relación con mi novia.

Sucedió que cierto día del mes de mayo, a pesar de la época todavía hacía calor en Bs As, tenía que verla a Sandra, mi jefa, en su oficina, eran las 19 hs y debía entregarle el informe mensual de clases…

Me llamó la atención que ese día su pollera era excesivamente corta, ella siempre vestía pantalones o polleras largas y además no llevaba medias lo cual atrajo mi mirada, me pidió que no me sentara en el escritorio ya que tenía muchos papeles y textos que arreglar, por lo que se sentó en uno de los sillones y yo frente a ella en el otro…

Me pidió que le hiciera el informe semanal de las clases como lo hacía habitualmente, yo empecé a hablar, pero comencé a mirarle la entrepierna, y llegué a divisar el triangulito violeta de su bombacha, aunque con esfuerzo por no desconcentrarme de lo que le estaba contando.

Ella hizo un par de preguntas y al mismo tiempo abrió más las piernas dándome un panorama más amplio de su ropa interior, pude notar que su prenda de color violeta tenía dibujitos de unas pequeñas brujitas de color blanco, hacía esfuerzos por no desconcentrarme pero seguía hablando…

Ella sonrió levemente, mi erección se fue incrementando hasta no poder disimularla más, no aguanté y le dije:

-Sandra, ¡que bombachita te pusiste! ¡No puedo parar de mirarte! ¡Se te  ve súper deliciosa!

Ella se rió, me tomó de la mano y me dijo.

-Estoy más aliviada, al menos vos lo notaste, el sábado cumplí 15 años de casada y la compré para celebrar con mi marido, y él ni me dio bola, me dijo que se tenía que ir a cerrar un negocio, ¡mentira! se que sale con su secretaria.

Comenzó a desabrocharme el pantalón y me dijo.

-Soy una boluda, te tengo acá y nunca hago nada y él me llena de cuernos, esto es injusto…

Mientras sacó mi herramienta de mi bóxer negro y comenzó a lamerla, su lengua jugueteaba con mi verga, solo sacó la boca un segundo y me dijo:

-Acabá tranquilo me la trago toda, esto me excitó mucho, ya que es algo que mi novia no le gusta hacer, mientras le acariciaba su pelo…

A los pocos minutos acabé de lo excitado que estaba y ella cumplió su promesa, seguí acariciándola, saqué mi pija y como un inconsciente, sin forro, le bajé la bombacha y se la metí…

Nooo…ooo haaaa..yyy proooo..bleeee..mmm..aaa, me dijo ella entre gemidos entrecortados, estoy ovuuuu..laaaa…ndoooooooo, sentí el calorcito de sus tres orgasmos, su vagina comprimía mi falo como queriendo sacarme hasta la última gota, hasta que, de tanta calidez de su labios vaginales, finalmente acabé y le llené la conchita con mi abundante lechita cremosa y caliente…

Nos quedamos en el piso ahí un buen rato fumando un par de cigarrillos, y por qué no, chupando sus hermosas tetas y acariciando su más que hermoso culito lo que produjo que mi falo se pusiera otra vez con ganas de guerra… ella lo notó y….pero eso es tema para otro relato.

Autor: Cocotero

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La eterna cornuda

Me decidí a entrar, espié por la ventana y los vi en mi dormitorio; estaban los dos desnudos en mi propia cama. Mi marido estaba encima de ella y la penetraba con una desesperación terrible, con cada empujón Virginia pegaba unos gemidos de placer muy intensos; ella lo besaba y no dejaba de abrazarlo en ningún momento; el cuerpo de ambos estaban unidos por la enorme verga de mi marido.

Lo que voy a relatar ocurrió hace unos años atrás y continúa hasta la actualidad.

Virginia es una amiga mía muy hermosa, de piel negra y cuerpo escultural, una morena infernal, en ese entonces ella estaba estudiando y estaba de novia con el que hoy es su marido que trabajaba para ayudarle a costear sus estudios, cuando mi marido conoció esa monumental morena se volvió loco por poseerla.

Virginia no era partido fácil para mi marido Walter; era muy fiel y estaba muy enamorada de su pareja. Walter insistía en ir a visitarlos y cuando estábamos con ellos la desnudaba con la mirada; se le iban los ojos hacia el culo de Virginia, yo veía como se le agrandaba el bulto cuando la miraba y no era para menos, ella es muy linda de cara, con labios gruesos, muy buen cuerpo sobre todo el culo, y es una mina muy culta y con clase; mi marido quería cogerla a toda costa pero siempre se encontró con la negativa de Virginia.

Poco tiempo después de estar de novia se juntó con su novio y al final las dos parejas nos frecuentábamos bastante. Virginia y yo nos hicimos muy amigas a tal punto que ella me llegó a contar de todas las veces que Walter se le lanzaba, también reconoció que mi pareja, Walter, le resultaba atractivo; él es rubio, carilindo, de estatura media con el cuerpo muy bien formado pero sin exagerar la musculatura y tiene un miembro enorme, largo y muy grueso, siempre fue muy mujeriego y tiene muy buen desempeño sexual, las mujeres se le pegan como moscas.

Pasó el tiempo y todo continuaba igual parecía como si nada ocurriera entre Virginia y Walter, para eso yo me había hecho muy amiga de los dos de Virginia y de su pareja.

Ella hizo una carrera espectacular en la facultad, obtuvo su título rápidamente, y ganó una beca para un máster en EEUU, todo esto fue posible gracias a lo sólida que estaba su pareja y a que su marido no dejó que le faltara nada para su carrera, a veces hacía horas extras en su trabajo y Virginia pasaba mucho tiempo en casa.

A pesar que todo parecía andar sobre ruedas, había algo que en el fondo no cerraba, el sexto sentido que tenemos las mujeres me decía que algo estaba mal y que debía tener cuidado; al final lo hablé con el esposo de Virginia en un café para poder decirle con tranquilidad las dudas que estaba teniendo, yo veía que el trato entre Walter y Virginia era de mucha confianza, mi marido pasaba mucho tiempo a solas con ella, a veces la iba a buscar en el auto a la facultad y un sin número de cosas de ese tipo que me ponían en alerta, al final concluimos que lo mejor seria estar atentos y mantenernos en contacto para saber en todo momento que es lo que estaban haciendo nuestras parejas.

Aunque nuestra actitud siempre fue vigilante nunca pudimos ver nada raro; Virginia y su pareja se radicaron en EEUU por el tema del máster que ella había ganado, pero ella venía seguido porque como parte de su actividad tenía que desarrollar algunos trabajos en empresas que tenían sucursal en Argentina, y cuando estaba aquí paraba en mi casa, porque venía sola, debido a que el marido quedaba en EEUU porque estaba trabajando allá; es decir que durante todo el tiempo que duró el máster, cuando Virginia estaba en nuestro país vivía con nosotros y era mucho el tiempo que pasaba a solas con mi marido Walter.

Aunque yo me mantenía siempre alerta para ver si los pescaba en algo raro, nuca pude ver nada fuera de lugar, aunque conociendo a Walter y viendo el tiempo que él le dispensaba era casi seguro que algo tenían, pero nos lo estaban haciendo muy bien ya que era imposible engancharlos en falta, el tiempo pasó, ella terminó exitosamente el máster y volvieron a Argentina, obteniendo una gerencia regional, se ubicó sumamente bien a nivel profesional.

Mi marido siempre fue un mujeriego incorregible y pasaba el tiempo sin que me enterara de que estuviera haciendo algo con alguna mujer, tal como fue siempre tan característico en él. Yo estaba casi segura que Walter se cogía a Virginia, el problema era que siempre nos había resultado imposible comprobarlo.

El esposo y yo decidimos seguirlos en aquellos momentos en que pensábamos que se encontrarían, sin que ellos se dieran cuenta, para eso rentamos un auto por si ellos llegaban a verlo que no fuera conocido y de esa manera nosotros pasar desapercibidos. Los primeros dos días no vimos nada fuera de lugar pero en el tercero vimos a Walter pasar a buscar a Virginia al trabajo e irse juntos en el auto de el; los seguimos y por fin confirmamos lo que durante tanto tiempo sospechamos, mi marido y la negra entraban a un motel.

Fue una situación muy fuerte ellos dentro del motel y nosotros en el auto bien cornudos los dos. Si bien a partir de ese momento él y yo tuvimos la seguridad de ser terriblemente cornudos, no sabíamos desde cuando lo éramos ni que grado de relación tenían Walter y Virginia, si eran amantes fijos o si cogían eventualmente.

Durante un tiempo aguantamos la situación pero al final el tema explotó, en las dos parejas generó un montón de discusiones pero a pesar de todo eso ellos siguieron viéndose y al final nos fuimos enterando que Walter y Virginia cogen desde que empezamos a frecuentarnos, una de las primeras veces que Walter y ella quedaron a solas él logró hacerla calentar tanto que al final cogieron.

A ella le gustó tanto la forma en que Walter se la clavó que siguieron teniendo sexo desde que estaba estudiando, cuando vivió con nosotros, cuando estaba fuera del país y venía a parar a casa quedando a solas con Walter, etc.; todo el tiempo nos adornaron la frente al marido y a mí nos hicieron recornudos, durante todo el tiempo cogían y nosotros ni enterados ¡que cornudos, súper cornudos, somos recontracornudos!

Una tarde en que estaba en mi trabajo muy molesta por la situación que estábamos pasando pedí permiso para irme a mi casa y me lo dieron. Cuando llegué me llamó la atención ver en la puerta el auto de la negra, y otra cosa rara era que todas las ventanas estaban cerradas; me decidí a entrar por la cochera y pasé al patio sin hacer ruido, espié por la ventana y los vi en mi dormitorio; estaban los dos desnudos en mi propia cama.

Mi marido estaba caliente como nunca, ella estaba encima de él y la penetraba con una desesperación terrible, con cada empujón de su vergota Virginia pegaba unos gritos y gemidos de placer muy intensos; ella lo besaba con mucha pasión y no dejaba de abrazarlo en ningún momento; el cuerpo de ambos estaban unidos por la enorme verga de mi marido.

Yo me sentía la más boluda de la tierra, estaba llena de ira pero también me estaba calentando esa situación de estar viendo lo terriblemente cornuda que estaba siendo y comencé a pasarme la mano por la vagina con una mezcla de enojo y de excitación por saberme cornuda y pajera, llegué a calentarme mucho, frotaba mi cara en la pared y todo mi cuerpo mientras me masturbaba como una forra, hasta que al final sentí los gritos de la negra y mi marido que estaban a punto de acabar.

Los miré y vi como Walter acababa dentro de la concha de Virginia todo su semen sin parar de bombearla ella gritaba mientras recibía su leche diciéndole: “…dame mi amor dame….Te Amo Te Amo…”.

Yo también acabé en ese momento y me dio mucha vergüenza e ira; ellos continuaban besándose en mi cama. Salí corriendo y caminé un montón de cuadras sin rumbo fijo me sentía la más boluda forra y cornuda del planeta.

Desde ese momento mi matrimonio entró en decadencia, y mi marido y la negra poco a poco fueron solidificando cada vez más su relación.

Autora: Carmen Fernandez

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La suegra se lo cogió a Pepe

Pepe, retribuye con caricias linguales llevando a Mary al mejor de los mundos, quiere quedarse en estado de placer orgásmico “in eternum”. Agotados y abrazados se dejaron ganar por el relax benefactor. El estado de ensoñación propio de tamaño desgaste físico los llevó a tal estado de liberación espiritual nunca antes conseguidos, el sueño reparador los acogió en su seno. Volvieron remozados, nuevos bríos, más deseos de gozar los placeres de la carne urgente.

Antes de comenzar el relato, es necesario presentar a los actores principales: Pepe, el marido, buen tipo, cuarenta y cinco años, pintón, deportista, empresario, costumbres y hábitos normales. Nora, esposa, veintitrés, bella como su madre, elegante y simpática. Mary, suegra de Pepe, cincuenta, casada con Roberto, septuagenario.

Pepe y Nora, tres años de casados, sin hijos, relaciones esporádicas y poco fuego, Nora apática, conserva las apariencias, él, cegado por el amor incapaz de ver lo evidente. Mary, lozana y vital, con muchas horas de Gym, se siente y hace sentir bien, mente abierta y predispuesta a innovar. Presentados que fueron, aquí comienza la historia.

En oportunidad que padre e hija partieron por una gestión familiar; el diablo, cuando no, metió la cola y produjo el génesis y epicentro de toda esta historia un tanto peculiar de Pepe y la suegra. Mary se presenta con trivial excusa del almuerzo, él pone la mesa, ella pasa al baño y regresa diciendo:

– ¿Qué te parece esto? – conjunto íntimo, rojo de sangre y sus pechos bien marcados.

Pepe, desorbitado, asombrado, ver a la Mary de todos, la revelaba como una espléndida mujer digna de cualquier deseo.

– Si no te gusta el menú me cambio –gestos y mohines de chiquilina mimosa pescada en falta.
– No… ¡Por favor no, quédate así!… –recuperado del shock inicial, recupera el aliento, primera vez que la tutea, salta el cerco del vínculo familiar –… ¡Toda la vida, así como estás!

El ambiente saturado de erotismo e intencionalidad definida, actores nuevos para este escenario nuevo y provocativo, acicateando sus fibras íntimas incitándolos a vencer la barrera cuasi incestuosa de la situación. Había “piel y química” en este encuentro generado por la mujer. El pensamiento simple y lineal de José, errático sin ver el final de túnel al que ingresó empujado por la actitud Mary. Esta mujer ardía en la llama del deseo insatisfecho, avasallaba el débil intento defensivo de un hombre ganado por la sorpresiva actitud, vencido antes de luchar por el contrincante superior, lo supera en astucia y deseo.

Fácil vencer la resistencia de Pepe, y dar contención en brazos de Mary, quedó inerme entre los pechos voluptuosos, sin voluntad, dejándose llevar, de aquí en más todo en la vertiginosa espiral de calentura pasional, a la cama, explotar en urgente revolcada, liberando los instintos primarios del sexo insatisfecho.

Contacto íntimo, urgido de calentura, ávido y exacerbado, quejidos y gemidos atronaron el escenario marital, exquisito aroma de sexo en su máxima expresión perfumaron el ámbito, generoso derroche de pasión en la carne ansiosa. Calmos los ánimos y el explosivo deseo, diálogo sin promesas, sin justificaciones, prolongar el disfrute reciente y cómo hacerlo más y mejor durante el tiempo de libre albedrío restante.

Restauraron fuerzas y calmaron el espíritu, frugal almuerzo y brindis en esta “impasse”. Enfrentados en la mesa, se veían ansiosos como quien está ocupando una piel que no es la propia, los comensales no son los mismos que compartieron cama, la pasión pide espacio para expresarse, la excitación es una tropa de caballos salvajes que quieren liberarse a cualquier costo. Nada importa más que vivir el momento del contacto carnal, se miran, se buscan, se desean, se desafían a una lucha sin cuartel por conseguirle al otro el mejor polvo de su vida, todo se ha dicho el silencioso idioma de los que sienten como los devora la llama de la pasión irrefrenable del sexo.

Aparentan serenos, dos jugadores de póker estudiando al oponente, intentando adivinar que se trae, juegan a la seducción para quien claudica primero y avanza. Mary sentada en el regazo de él, compartieron un whisky, un solo vaso, el licor pasaba “boca a boca” espontánea y natural, como de siempre.

Vueltos al lecho, retoman el lenguaje corporal, en todas sus formas y matices. Mary se lleva las palmas en la expresión “oral” por la excelente calidad del servicio, cambio de roles, ella pide del satisfecho lo mismo para sí. Pepe, retribuye con caricias linguales llevando a Mary al mejor de los mundos, quiere quedarse en estado de placer orgásmico “in eternum”. Agotados y abrazados se dejaron ganar por el relax benefactor. El estado de ensoñación propio de tamaño desgaste físico y emocional los llevó a tal estado de liberación espiritual nunca antes conseguidos, el sueño reparador los acogió en su seno. Volvieron remozados, nuevos bríos, más deseos de gozar los placeres de la carne urgente.

Pepe despertó en erección, dentro de la boca golosa de Mary, que quiere desayunar con jugo de pija, sin soltarlo lo mira a los ojos, disfruta el placer de la expresión, retoma su búsqueda, sacude y fricciona la carne vibrante entre las mandíbulas, entrando y saliendo a ritmo de coito, para hacerse de un abundante desayuno. José siente como se acerca al momento sublime de correrse, ya casi, inminencia, último tramo del salto a la libertad, le avisa:

– Mary, me voy, sácala o termino dentro. –más cortesía que deseo, súplica que no acepté, que lo reciba.

Con los ojos y la cabeza dio vía libre, Pepe, enfervorizado, apuró el movimiento, final a toda orquesta y con toda la música que le imponía la eyaculación potente y caliente. Directa justo en la glotis, golosa, tragó a desgano, reservo las últimas emisiones de la leche de José para saborearlo, lo retuvo sobre la lengua, ávida de probar el sabor del macho que la colmó de gozo.

La boca de Mary seguía en las postreras caricias, en sincronismo, Pepe colmaba de prodigiosas caricias el “magma” genital buscando la vía de escape de la lava hirviente que corría por las entrañas de esta mujer volcánica, busca explotar en un orgasmo que la transporte más allá de los límites del placer mismo, entrar en la dimensión desconocida, donde todo puede suceder, y todo está por descubrir.

La habilidad táctil de Pepe hizo vibrar la cuerda femenina, arrancó los mejores acordes y armonías; la habilidad lingual descubrió sus dotes de experta en gemidos. El recinto genital se llena de música fluyendo por los labios verticales abiertos, confundidos con los del hombre en el boca a boca que consume a fuego lento, enrojecidos, aleteando de deseo presuroso. El clímax consiguió que Mary entonara el “aria” triunfal como la mejor soprano, cantó todo el placer que la recorría de pies a cabeza, la lengua de él no se retira del escenario, solicita que vuelva a escena, un par de veces repite el final. Agotada por los bises se deja estar, maltrecha, vencida triunfa en el logro de un glorioso orgasmo gritado en la boca de su amor.

El resto del tiempo fue “increscendo” hasta el agotamiento total. Vueltos al mundo real, a la normalidad rutinaria y familiar, los amantes hablaron sobre los hechos recientes, y cómo sería en adelante. La mente de Pepe bullía, sentimientos encontrados, sin conseguir encauzar esta nueva realidad. La cama con Mary se hizo uso y costumbre necesaria durante un par de meses.

Pepe se cuestionaba, la aventura, ahora hábito dependiendo, lo hacía cavilar que no estaba por el curso correcto, tal era el desconcierto que Mary, conociendo la situación encontró el modo y la forma de llegar al alma de su “socio” de cama. Con tacto y delicadeza se adentró en la conciencia culpable de Pepe, confesando que lo tuvo como objetivo desde el primer día que Nora lo presentó en familia, sin hacer caso de la sorpresa de él, avanzó diciendo que no tenía que sentir culpa, pues esta relación impropia no debía ser considerada como culpa, sino en todo caso como una devolución de atenciones, retribuyéndola a Nora el pago recibido.

– ¿No entiendo? –dijo Pepe, sin poder comprender las palabra de Mary, quedó pasmado esperando la explicación.

Mary abundó en detalles, de cómo Nora, le era infiel desde antes del casamiento con un tipo casado de su entorno laboral, el casamiento fue la forma de disimular la relación extra para el otro amante, explicaba con pelos y señales a un escucha ausente, que no podía dar crédito a esta realidad tan brutal como sorpresiva. Pepe quedó desconcertado, removiendo su cerebro, buscando respuestas. Repasó los acontecimientos como mirando fotogramas de un film, evaluaba actos y actitudes de su consorte.

Se negaba a la realidad de los hechos, comprobó que todo era cierto, la sufrió al verla entrar, siempre al mismo hotel alojamiento, y salir semi oculta detrás de los grandes lentes oscuros que él mismo le había regalado, rostro radiante y complacido, hasta dos turnos alguna vez. En casa el mismo débito conyugal como para cumplir, cada vez más espaciado y con menos entusiasmo, solo rutina obligada por él como forma de molestarla, en especial cuando suponía que venía de una sesión con su amante oficial. Reconoció a Mary la dura verdad comprobada y los por menores hasta el momento.

Mary fue más allá, dijo: – Nora “conoce lo nuestro”, sabe todo desde nuestra primera vez.

Nuevamente la realidad lo tomó desprevenido, otra revelación casi tan fuerte como la anterior. Pepe acusó el mazazo de la última confesión, nada quedaba del yerno triunfante que se volteó a la apetecible suegra un fin de semana canalla, ahora el ego desinflado, traicionado y corneado de manera vil, menospreciado y degradado en su fuero íntimo. Quién sabe cuántos más están al corriente, todos saben y todos callan, todos cómplices en la cruel encrucijada de este mortal, apuñalado por la espalda, todos partícipes de este vodevil trágico en que él es protagonista y principal intérprete.

Por hoy, su matrimonio sigue, todo blanqueado, relación abierta, sin culpas ni reproches. Todo en feliz armonía. Antes de terminar quiero dejarle este mensaje, a las lectoras que puedan y quieran sentirse formar parte de esta aventura de Pepe, me lo hagan saber. Las estaré esperando, sabré responder a sus expectativas.

Autor: Luganes

luganes83yahoo.com.ar

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El esposo de mi mejor amiga

Me acomodo en el carro y me penetró de una manera tan deliciosa, lo dejó ir todo de una vez, estaba muy cachonda, me corrí de una vez y de una manera bestial, él dijo que no podía más y lo sacó, yo como una viciosa me le fui encima y de una vez me lo metí en la boca, quería sentir esa corrida divina en mi boca, sentir su lechita caliente en mis labios, mi lengua y bajar lentamente por mi garganta.

Hola amigos, después de tanto leer y degustarme con todos sus relatos decidí contar algo que me sucedió con el esposo de mi mejor amiga, los nombres no los voy a colocar por respeto a los involucrados solo hare referencia como él, ella y yo ok.

Esto es algo que viene sucediendo desde hace un año aproximadamente, como todos los fines de semana nos reuníamos para tomarnos unos tragos sociales, el esposo de mi amiga me ha atraído desde que lo conocí y la atracción era correspondida, cada vez que estábamos reunidos lo buscaba con la mirada.

Llevaba camisas sugerentes para que pudiera ver mis senos, y lo tocaba de manera provocativa para que él se excitara, él no se quedaba atrás, siempre me rozaba, bien sea al despedirse de mí, porque me daba besos muy cerca de mi boca, y en varias oportunidades me tocaba con su paquete al pasar por detrás de mí.

Pues bien, un buen día estando en su casa una prima le pide que la lleve a su casa y como yo ya me iba decidí acompañarlos para que me dejara de vuelta en mi casa, que de paso queda cerca de la de ellos (mis amigos), luego de dejar a la prima veníamos en el carro y él me toma de la mano a lo que dice:

-Eres pichirre (tacaña) -¿Porqué? -Porque no me has dado un beso y no sabes las ganas que tengo de besarte. -Bueno si te doy un beso ¿te quedas tranquilo?(yo sabía que lo que iba a provocar en lugar de calma era lujuria y lo deseaba demasiado)así fue en la parada de un semáforo nos dimos un beso que hizo que me mojara de una vez, estaba súper cachonda, mis senos se pusieron duros y mis pezones ni hablar.

Seguimos manejando sin dejarnos de meter mano durante todo el camino de regreso a casa, yo le desabroché el pantalón y le iba dando un rico masaje en su pene que estaba erecto al máximo (debo decir que tiene un pene rico, blanquito, con una cabeza rojita divina, grueso, de unos 20cm más o menos)

En una de esas él hace una parada en un aparcamiento de carros y me quita la blusa, me empieza a besar, lamer y morder los pezones yo solo le digo: – Si papi come toda, que rico lo haces. -Que ganas tenía de comerte las tetas, mira ese coquito grande, estás toda mojadita que rico, me empieza a meter un dedo, luego dos y lo disfruto al máximo empiezo a gemir…

–Ahhhhhh que rico, si papi dame así rico, que gustazo me das, quiero que me cojas, quiero tenerte dentro…

Fue rico pero nos tuvimos que ir porque es una zona peligrosa, luego más adelante nos volvimos a parar, esta vez en una estación de gasolina que tiene un aparcamiento y es seguro y muy oscuro así que nadie podía ver lo que hacíamos en el carro.

Ahí en medio de la oscuridad lo seguí besando esta vez le bajé el pantalón y arrimé su asiento lo más que pude hacía atrás y me dediqué a darle una rica mamada de esas que te hacen gritar de placer y en las que provoca correrte de una vez.

–Sigue perrita que gusto me das, nunca me habían mamado el guevo así, que divino, ni mi esposa lo hace tan bien como tú, que rico lo haces mami.

El estaba demasiado excitado y mientras yo le hacía esto él seguía metiéndome sus dedos por mi cuquita que estaba chorreante y con ganas de ser penetrada.

El me dijo voy a acabar y quiero hacerte gozar también perrita rica, entonces me acomodo en el carro y me coloco de manera tal que me pudo penetrar de una manera tan deliciosa, lo dejó ir todo de una vez, estaba muy cachonda y con el solo hecho de meterlo me corrí de una vez y de una manera bestial, él dijo que no podía más y lo sacó, yo como una viciosa me le fui encima y de una vez me lo metí en la boca, quería sentir esa corrida divina en mi boca, sentir su lechita caliente en mis labios, mi lengua y bajar lentamente por mi garganta.

Como pudimos nos arreglamos y continuamos el camino ya estábamos a unas pocas cuadra de nuestras casas, él me dejó en la puerta de mi casa pero no sin antes darme un beso tremendo que me volvió a prender (pero ya no se podía hacer nada)

Su esposa, mi amiga, ya lo llamaba porque se había demorado y estaba preocupada) eso si le dije que eso no se quedaba así que quería me diera una buena cogida de esas que te dejan temblando hasta las pestañas…

La semana siguiente me quedé sola en casa y él antes de irse a su trabajo y luego de que su esposa se fue al suyo vino a visitarme y darme lo que tanto quería, desde ese día somos amantes, no estoy enamorada de él y de verdad disfruto mucho todo lo que hacemos, debo decir que nunca en mi vida había tenido tantos orgasmos tan ricos con un hombre.

Nos hemos portado mal hasta el punto de hacerlo en su casa en su cama, e incluso un día su esposa estaba tan pero tan tan borracha que cayó redonda en su cama y sin más ni más lo agarré y lo hicimos en la cocina, estuvimos cogiendo rico como dos horas y ella ni se enteró, ella me ve como su mejor amiga y lo que no sabe es que también disfruto de su esposo.

Ahora los dejo, este relato me puso a mil y él está a punto de llegar para “darme la cola al centro de la ciudad”

Se despide tormenta, no sé si les gustó pero es 100% real.

Autora: Tormenta

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Cogiendo al lado de mi novio

La polla de Erick era enorme. Había soñado con ella en más de una ocasión ayudada por las fantasías de mi novio, yo ya había decidido metérmela, pero sobresalía tanto por delante de mi coño y estaba tan hinchada que no sabía cómo arreglármelas para poder llevarla al interior de mi coño sin tener que levantarme arriesgándome a que alguien se diera cuenta de lo que ocurría en aquel rincón del coche.

Esta historia esta escrita a petición de una amiga “muy casta” que me dijo que le gustaría ver escrita su fantasía.

Me llamo Mariana. Tengo 19 años y soy una mujer realmente ardiente. Me encantan los hombres, disfruto excitándolos y despertando en ellos el deseo. No soy una calientapollas, ya que si pongo a un hombre cachondo me gusta complacerle posteriormente. Creo que soy la mujer más afortunada del mundo en lo que al sexo y a la relación de pareja se refiere.

Me explico: como cualquier mujer de verdad tengo la cabeza llena de fantasías de lo más morbosas y viciosas. Las mismas que casi todas las mujeres tenemos y que casi ninguna se atreve a confesar a su pareja. Pero ahí radica precisamente mi suerte. Mi pareja y yo tenemos exactamente las mismas fantasías.

Lo descubrimos meses después de estar juntos, durante una noche de juerga en la que nos pusimos hasta arriba de alcohol. Te desinhibes y parece que puedes contar cualquier cosa como lo más normal del mundo. Bueno, al grano. A mí pareja le encantaba fantasear con la idea de que yo me lo hiciera con sus amigos -siempre con su complicidad- pero a menudo la fantasía pasaba porque esos amigos no se enteraran de que él estaba al tanto de todo. A partir de aquel momento empezamos a follar como locos, mientras él me relataba su última fantasía mientras echábamos un polvo.

Me pedía que me imaginara poniendo cachondo a mengano o a fulano, follando con ellos a escondidas en un baño, enseñándoles el coño en un bar. Yo me ponía como loca. En una ocasión, tras una noche de juerga con amigos hicimos el reparto de cada uno en nuestro coche. Yo había estado de lo más cachonda durante toda la noche y me tocó sentarme sobre las piernas de uno de los chicos en el asiento de atrás de nuestro coche, mientras mi novio conducía.

Al chico se le puso dura y a mí me excitó, pero la prudencia impidió que ocurriera nada de lo que me pudiera arrepentir. Sin embargo, al llegar a casa le conté lo sucedido a mi novio y aquello lo puso como una moto. Fantaseamos sobre aquello durante largo tiempo, hasta que agotamos la fantasía y pasamos a otra. Sin embargo, un año más tarde ocurrió lo inevitable: que una de nuestras fantasías fuera más allá. Ocurrió durante las vacaciones de verano. Coincidimos tres parejas amigas en un hotel de playa durante un fin de semana.

Salimos de juerga, copas, baile y final en la playa para bañarnos desnudos a la luz de la luna. Un juego excitante pero sin mayores consecuencias. De vuelta de la playa nos metimos todos en el Twingo alquilado. Mi novio conducía y yo tenía que sentarme en el asiento trasero sobre el regazo de su mejor amigo. Antes de entrar crucé una mirada vidriosa por el alcohol pero de clara complicidad con mi novio. Su amigo me había estado observando con deseo, aunque con cautela, toda la noche. Y yo por fin di un paso más.

Contando con la supuesta aprobación en la mirada de mi novio me subí al coche con mi pequeño vestido de verano, ajustado y cortísimo, y sin bragas. Esto último sólo lo sabía yo. El resto de los chicos vestían exclusivamente sus calzoncillos. Nos pusimos en marcha por un camino de tierra que conducía desde la playa hasta la carretera, con la música a tope y la oscuridad más absoluta. Yo iba sentada sobre las piernas de Erick con el cuerpo hacia delante, haciéndole mimos a mi novio y besándole la oreja.

El camino estaba lleno de baches y en uno de estos mi cuerpo quedó completamente encajado sobre el de Erick. Todos cantaban al ritmo de la canción del verano que sonaba en la radio pero hubo algo que a mí me obligó a guardar silencio. Teníamos cerca de media hora hasta el hotel y la polla de Erick se había endurecido de una forma escandalosa. Noté que se sentía violento, pero no se atrevía a hacer un sólo movimiento. Se había puesto cachondo involuntariamente. Para mí, la sensación de excitación fue incontrolable, y además yo sabía que no llevaba nada bajo el vestido.

Comencé a mojarme inmediatamente pero tampoco me atreví a hacer un solo movimiento. Yo seguía inclinada hacia delante y empezaba a sobar los hombros de mi novio con fruición y a besarle el cuello. Él notó enseguida que algo estaba ocurriendo y se limitó a decir: “ponlo a cien, diviértete, pero no te pases”. ¿Qué significaba aquello? Yo tenía que sacar mis propias conclusiones.

Sin dejar de acariciar el cuello de mi novio terminé de acomodarme lo más disimuladamente posible. Miraba al resto de los amigos y todos parecían estar absortos cantando excepto la novia de Erick, que se había dormido a su lado. Es decir, tenía vía libre. Saqué valor de mi propia excitación y haciendo ligeros y discretos movimientos logré que la polla de Erick quedara perfectamente encajada entre mis piernas, abrazada por mis nalgas y mi coño con el único impedimento de la tela de sus calzoncillos, que se habían empapado con mis flujos.

Erick empezó a percatarse de que yo era consciente de la situación y la estaba aprovechando, y tuvo el valor de hacer él también sus discretos movimientos para colocarse de la manera más cómoda posible. Entretanto, yo continuaba sobando a mi novio cada vez más intensamente y él se volvió ligeramente para pedirme por favor que le contara qué estaba ocurriendo. Se lo resumí como pude, ocultándole el detalle de que no llevaba bragas. Es decir, él era consciente de todo excepto del hecho de que mi coño estaba en contacto directo con el calzoncillo de su amigo.

Miré hacia el calzoncillo de mi novio y la polla estaba a punto de salírsele. Le pregunté que si quería que continuara, y me dijo que si me gustaba que siguiera adelante, pero que por supuesto ya sabía dónde estaba el límite. Habíamos hablado de llevar a cabo fantasías en más de una ocasión y yo sabía que el supuesto límite estaba justo antes de la penetración, eso era tabú y exclusivo de nuestra relación. Yo le dije que por supuesto, que no estaba loca… pero en aquel momento sí que lo estaba.

A todas estas Erick se movía ya con más descaro y había posado sus manos en mi trasero. Luego se aventuró a levantar mi vestidito y fue ése el momento en que se dio cuenta de que no llevaba nada debajo y de que lo que había empapado sus calzoncillos no era mi bañador mojado… Ya no había nada que ocultar. Si ya la tenía grande y durísima, esto hizo que creciera aún más y que empezara a sentir espasmos, dado que no podía mover sus caderas. Empezó a sobarme el culo y yo, ya incontrolada, metí mis manos por debajo de mi vestido y empecé a sobarle la polla. Al principio por encima de la tela, pero inmediatamente busqué la abertura del calzoncillo y se la saqué.

Creo que no he estado más excitada en mi vida. Me di cuenta de que mi novio reclamaba mi atención y llevé mi mano izquierda otra vez a su cuello. Empecé a practicar en su cuello con una mano los mismos movimientos que estaba efectuando sobre la polla de Erick con la otra. Mi novio sabía lo que estaba ocurriendo, de hecho él se estaba tocando la polla con su mano izquierda y sólo me dijo: “No te pases, ya sabes hasta dónde puedes llegar”. Mi respuesta fue la misma de antes: tranquilo, no estoy loca.
La polla de Erick era enorme. Había soñado con ella en más de una ocasión ayudada por las fantasías de mi novio, pero creo que no me la había imaginado tan grande. No soy de esas mujeres que prestan importancia al tamaño de las pollas pero en aquella ocasión no me quedaba más remedio que hacerlo. Fundamentalmente por lo que ya pueden imaginar. Yo ya había decidido metérmela, pero sobresalía tanto por delante de mi coño y estaba tan hinchada que no sabía cómo arreglármelas para poder llevarla al interior de mi coño sin tener que levantarme descaradamente arriesgándome a que alguien se diera cuenta de lo que ocurría en aquel rincón del coche.

Erick se percató de mis intenciones y se hizo para atrás cuanto pudo. Yo me incliné más incluso sobre mi novio hasta el extremo de que pude tocarle su polla con mi mano izquierda. En el momento en que metí mi mano bajo su calzoncillo para tocarla directamente y de oír un suave gemido de mi novio Erick hizo un movimiento brusco y logró colocar su polla en la entrada de mi coño. Justo en ese momento me incorporé hacia atrás y sentí como aquella enorme polla se deslizaba suavemente por mi interior.

La penetración no es mi ejercicio sexual favorito, pero aquella situación estaba marcando un antes y un después en mi vida sexual. No pude reprimir un gritito por lo que mi novio me preguntó si me estaba corriendo, pensando que sólo estaba jugando a los roces. Sin embargo, me conoce lo suficiente para saber cómo respondo a los estímulos y me preguntó: “¿No te lo estarás follando?”. Yo tardé un poco en poder hablar y lo negué como siempre: ¿Te crees que estoy loca? Pero él no era tonto, de manera que me dijo que lo disfrutara pero que disimulara para que no se diera cuenta nadie. Y añadió un lacónico “ya hablaremos”, al mismo tiempo que continuó tocándose la polla, ahora ya con descaro y fuera del calzoncillo.

En aquel momento ya se habían dormido todos los pasajeros excepto nosotros tres. Erick, sin embargo, creo que continuaba ignorando que mi novio estaba al tanto de todo pues estaba en las nubes con los ojos cerrados. Una vez que comprobó que todos dormían llevó las manos a mis tetas y palpó los pezones durísimos y que tantas veces había mirado con deseo y, estoy segura, tantos celos habían provocado en multitud de ocasiones en su novia. Ya sabéis que las mujeres odian a las chicas que tenemos pezones muy pronunciados, pues sabido es que es una de las imágenes que más cachondo pone a cualquier hombre.

Apretándome los pezones Erick empezó a mover ligeramente las caderas, al tiempo que yo hacía lo mismo encima de él mientras con una mano me acariciaba el clítoris y con la otra jugueteaba con la boca de mi novio, que no hacía más que chuparme los dedos del mismo modo que yo le chupaba a él la polla.

Erick no pudo aguantar más y empezó a tener espasmos dentro de mí. Yo me recliné hacia delante y le cogí la polla a mi novio. Ambos se corrieron simultáneamente.

A continuación lo hice yo, y ya no me corté nada. Cabalgué sobre Erick y sobé con fuerza la polla de mi novio y su cuello. En aquel momento ya llevaba todo mi vestido abierto por delante con las tetas fuera. Estábamos a punto de llegar al hotel y me abroché el vestido pero en ese momento se despertó la novia de Erick y no pude hacer el movimiento para sacarme la polla que llevaba en mi coño.

Mi novio paró el coche en el parking, abrió la puerta y se bajó para permitir que bajáramos los pasajeros del asiento trasero.

En ese momento, y ya con todos esperando salir del coche me incorporé lentamente, sabiendo que mi novio se daba cuenta de la situación y que según me iba levantando me iba sacando de mi coñito aquella enorme polla, aún dura, sin que la ingenua de la novia de Erick se diera cuenta de que el semen de su novio estaba resbalando por mis muslos.

Erick hizo lo que pudo para guardársela tapándose con una toalla, seguramente pensando lo mismo de mi novio que yo de su novia. Según puse un pie fuera del coche, sujetándome la falda para que la novia de mi reciente amante no se diera cuenta de mi desnudez, no pude evitar lanzar un pequeño gemido de placer al notar mi coño y mis piernas empapadas y el vacío de mi coñito. La novia de Erick preguntó:

“¿Te has hecho daño?”.

Autor: Erick

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Morbosa experiencia

Le acerco mi pene rojísimo, me puse sobre ella con mis piernas alrededor de su cuello y la penetraba por la boca, ella estaba como poseída, sentí que me venía y un gran calor salió de mí, una descarga de leche directo a la garganta de ella que se lo tragó todo y lo que quedó en su boca, se incorporó para con un beso dármelo en la boca, se levantó agarró sus cosas y de puntitas salió de la habitación.

Hola amigos, que les digo, soy casado, tuve la suerte de casarme con una hermosa mujer, ya hace 4 años, con la que puedo decir, me ha ido muy bien como esposa y como madre de mi hija. Por diversas, circunstancias al conocer a mi esposa, esto hace 5 años, recién supe que había participado años antes, en un concurso de belleza donde no ganó, pero con las chicas con quienes participó mantuvieron en el tiempo una buena amistad.

Mientras avanzaba nuestra relación, comencé a conocer a cada una de sus amigas, todas eran preciosas y cada una de ellas tenía su propia vida. Una de ellas en particular me captó por su belleza, su nombre no viene al caso, pero la llamaré Liliana, me gustaba y ni modo yo no podía hacer ya nada, me casé, y me mudé a otro estado, donde trabajaba, y mi esposa se comunicaba con sus amigas por mail.

Desde que la conocí quizás inconscientemente, mostré muy rápidamente que me había impactado, ella lo notó, pero lo superó, ella también tenía ya pareja. Pasó el tiempo, ella terminó con el novio que yo conocí, y escribía a mi esposa sobre sus vivencias y experiencias y cosas que le pasaban, obviamente yo me enteraba de todo.

Pasaron 2 años y me entero que nos invitaba a su boda a la ciudad de México DF, lamentablemente mi esposa estaba embarazada y no podíamos asistir pues el embarazo era de riesgo. Se casó, y era con un antiguo novio, según mi esposa todo era por interés pues esta persona tenía mucho dinero. Y él por motivos de trabajo, viajaba frecuentemente al DF. Hace 1 año aproximadamente, regresamos al estado de mi esposa por dos semanas de vacaciones, y obviamente nos volvimos a frecuentar con los amigas de ella. Participando en diversas reuniones con ellas.

En una noche que estuvimos, tomando en la casa de mi cuñada, también estaba Liliana y su esposo tomando diversos tragos, estuvimos hasta tarde tomando entre comentarios y bromas diversas, ella estaba con una minifalda azul que en toda la reunión fue motivo de muchos comentarios, de parte de todos incluido su esposo, entre diálogo y diálogo me percaté que fugazmente buscó mi mirada, fue solo una milésima, pero sentí por primera vez en esa mirada que también tenía interés por mí, quizás fue el licor, pero en ese momento lo sentí.

Mi esposa era todo risa solo quedábamos en la sala, dos parejas y mi cuñada, como a las 2 AM mi esposa se levanta y me dice voy a dormir, no doy más, la llevé a nuestra habitación, regresé a la sala, y seguimos tomando y riéndonos los cuatro, de vez en cuando sentía su mirada, nos percatamos que se acabó el licor.

Dije “voy a buscar donde comprar más” y me dice el esposo de Liliana “¡voy yo! Sigan Uds.” Y salió a realizar la compra, a los 5 minutos se oyen las bocinas de un carro, era las amigas de mi cuñada que estaban regresando de una fiesta y al ver la luz en la casa, fueron a sacarla para irse, mi cuñada rápidamente salió y nos dice: “me voy, pero no hagan travesuras”. Nos quedamos solos riéndonos del comentario, nos miramos, sonrió y solo dijo: “voy a lavar los ceniceros”, se levantó y me quedé embobado mirándole las piernas y las nalgas mientras levantaba unos ceniceros y unos vasos.

Se dirigió a la cocina, yo no sabía que hacer. Me dice: “ven a ayudarme”, me levanté presuroso y me dirigí a la cocina. Estaba de frente a mí de espaldas al lavabo, mirándome desafiante. Ella una mujer hermosa, una reina de belleza, me dice: “¡Que! ¿Se te acabaron las ideas?” Me acerqué despacio, disfrutando el hecho de saber lo que pasaría, me detuve frente a ella, puso sus brazos alrededor de mi cuello, puso su labios frente a mí y me dice: “a que no aguantas besarme”.

Comprendí el juego, teniendo nuestros labios solo 4 cm de distancia, le digo: “¿crees que no?”, me dice: “apuesto que no aguantas un minuto sin querer besarme”, sonreí la miré y puse un poco de esfuerzo y le digo “¿no?! ¡La que me vas a besar vas a ser tú!” Ella pone sus labios en mi oreja y me dice despacito “se que no. Tú me vas a besar” y pasa su lengua por mi oreja, yo solo quería besarla y sentirla mía, puse mis manos alrededor de su cintura sentí su estremecimiento bruscamente la presioné hacia mí, ella solo me daba pequeños besos en la oreja en las mejillas diciéndome, “¡dime que te gusta!”,”que te gustaría besarme!”, “¡no te resistas!, yo lo se” Más me decía esto, más me aguantaba, agarré sus nalgas, las sentí duritas, tanto tiempo soñando con tocarlas, ella me dice: “¡Ooohh no!, todavía no” y subió mis manos a su cintura.

Mi mente se bloqueó dije que “¡diablos!” Intenté besarla ella retiró su rostro La miré, me sonrió, ella me dice, “¡perdiste!” Y me besa de una manera que aún la recuerdo, por fin se abandonó y sentí su cuerpo entregado, fue un beso con furia, quizás con violencia, la abrazaba, pasaba mis manos por sus nalgas y la presionaba a mí… de repente un ruido de un motor nos trajo a la realidad, era el esposo que regresaba de comprar bebidas, nos soltamos, ella me agarró la verga sobre el pantalón, con fuerza me besa y me dice: “¡llámame!”, se acomodó la ropa y regresamos a la sala.

Su esposo entró al departamento, y le extrañó encontrarnos solos, le extrañó no encontrar a mi cuñada, le expliqué lo sucedido, y seguimos tomando unas cervezas más hasta cerca de las 4.30 se despidieron de mí y se fueron. Lamentablemente, no tuve oportunidad ni de llamarla y mucho menos de encontrarme con ella, pues por ser el tiempo corto para estas vacaciones, tenía poco margen para darme una escapada y tuve que regresar a mi estado de residencia con el recuerdo de lo que pudo ser.

Mi esposa continuó en comunicación con esta amiga a través del mail y a la vez me comentaba de las cosas que a ella le sucedían en su vida de casada. Hace cuatro meses aproximadamente, regresando del trabajo, encontré un vehículo desconocido para mí, en la puerta de mi casa, tenía placas del estado de mi esposa ingresé a casa y grata fue mi sorpresa de encontrar a mi esposa con su amiga que había venido a pasar una semana con nosotros, había tenido una fuerte discusión con su esposo, y necesitaba unos días para pensar y descansar y había llamado a mi esposa quien le brindó la ayuda necesaria y la había invitado a la casa.

Obviamente, llegó un viernes, y ese fin de semana la pasamos los tres yendo de aquí para allá, en la compras, almorzando juntos, paseando todo el tiempo, busqué su mirada, pero ella nada, solo se comportaba como una amiga, aún cuando nuestras miradas se encontraban yo le era indiferente, así que al tercer día me quedé con la idea que lo sucedido esa noche, fue solo un momento de debilidad y de los tragos de la noche.

Era lunes día de trabajo, mi esposa y su amiga se quedaron solas y yo tenía que ir a trabajar, esa mañana mientras me alistaba para ir al baño sentí que se estaba bañando me acerqué sigilosamente a la puerta que estaba entreabierta, ella pensó que quien estaba afuera era mi mujer, lo comentó después.

Me acerqué, la vi en la tina parada desnuda, contemplé su riquísimo cuerpo, ella ni se percató de mi presencia, yo la miraba, metí medio cuerpo a la ducha para contemplarla mejor, ella concentrada en su aseo, yo disfrutaba esos segundos en contemplar cada pliegue de su piel, mi erección era evidente, ella sintió mi presencia, volteo a la puerta y me mira, su primera reacción fue instintiva, agarró una toalla y se cubrió medio cuerpo, yo pensé que me iba a decir algo, me miró y nuevamente vi esa mirada que vi la noche que nos embriagamos, sonríe, estaba bellísima, sin una gota de maquillaje, el cabello revuelto, mojado.

Me dice buenos días bebé, dirigiéndose a mi pene, estábamos a metro y medio de distancia, me dice “no te acerques o grito”, me dice “tócate”, la escena era muy singular, yo parado con la mitad del cuerpo dentro del baño y la otra mitad en el pasadizo, ella soltó la toalla y empezó a tocarse los pechos y acariciarse su vagina despacio, yo saqué mi verga y empecé a acariciarla en toda su extensión, nos mirábamos y no tocábamos, la miraba y ella a mí, los dos masturbándonos.

Ella aceleró el movimiento de su dedo y su rostro me decía que quería algo de mí, hice el intento de dar un paso y me dice: “¡no!, quiero verte terminar”, seguí con el juego y continué acariciándome, me olvidé del mundo, solo la miraba y me masturbaba, mi mente estaba en blanco.

Un ruido proveniente del segundo piso, me volvió a la realidad era mi esposa quien decía, ¡amor! ¿Estás ahí? ¡Alcánzame tal cosa! Sentí la voz muy cerca en la nuca, solo atiné a decir, voy amor, estoy haciendo tal cosa, y la dejé a ella concentrada en lo que hacía, fui al dormitorio mi mujer estaba en la cama, solo en bragas me dijo, aún es temprano amor entra a la cama, no me hice de rogar e ingresé a la cama, ella se puso en mi pecho y buscó mi entrepierna me dice ¡oh!, estás excitado esta mañana y se sonrió, se metió debajo de la cama y empezó con una de las mamadas que a mí me enloquecían, sentí sus labios y su cuerpo, yo solo pensaba en la amiga que estaba a unos metros nuestros, masturbándose.

Era tanta mi excitación que sin mucho esfuerzo y luego de la calentura de la mañana me vine a borbotones de leche que mi esposa tragó con una pasión diciéndome luego, “¿qué te pasa que hoy amaneciste inquieto?, ¿será que te gusta Liliana?” solo sonreí, bajé a tomar una ducha y me cambié para salir al trabajo. Regresé en la tarde, ellas tomaban el té conversando, saludé a mi esposa con un beso. Y nuevamente la indiferencia de ella, la misma que una vez ya había visto como que nunca pasaron las cosas.

Esa noche salimos al cine, y todo siguió con la misma formalidad. Pero en mí había la decisión de que no volvería a jugar conmigo sería a mi manera no como ella quisiera, así pasaron lentamente cada uno de los días de la semana.

Era la noche de un viernes, decidimos salir a un bar cercano a tomar unas copas y tomar, la pasamos bien, yo procuraba que mi esposa tomara más de la cuenta, cosa que logré a las 3 horas de estar fuera, ella se sintió un poco mareada me dije a mí mismo, mejor me aseguro y digo vamos a bailar, y dicen, vamos. Allí más licor y en un momento dado mi esposa se encontraba con unas ganas de irnos y dormir, como ella ya no quería bailar salí con la amiga, coincidiendo en una balada romántica que bailamos.

Al estar pegados, ella me dice, “Crees que no me doy cuenta que la embriagaste” “si, ¿te incómoda?” “¡no! La verdad que no, al contrario”. Como estaba a oscuras, le agarré de las nalgas y la acerqué a mí, ella sólo se estremeció y buscó mis labios, nos besábamos mientras bailábamos, a dos metros mi esposa cerca de la inconsciencia.

Al rato dijimos, ¡vamos a casa! Y salimos los tres al estacionamiento de la disco, caminando yo en el medio abrazando a las dos, mi esposa tomándome se mantenía en pie con la otra mano, le agarraba las nalgas a Liliana. Llegamos al estacionamiento, y subimos a mi mujer a la parte de atrás del vehículo. Y nos sentamos los dos adelante, yo conduciendo, nos sentamos y por instinto nos acercamos a besarnos, era riquísimo sentir sus labios, ya no era juego éramos los dos, se echó en el respaldo del asiento mientras yo acariciaba sus senos, detrás mi mujer durmiendo.

Salimos de la cochera, el camino a casa era de cerca de 35 minutos, ella se inclinó, bajó mi zipper, sacó mi verga y empezó una larga mamada de media hora, ella procuraba que no me viniera, calculaba mi excitación, pasaba por las calles, algunos se percataban, solo soltaban bocinazos. Yo en el cielo. De momento, ¡Carlos! Escuché mi nombre, era mi mujer que en sueños me llamaba, por un segundo ella se detuvo en seco, pero al yo empujarla con la mano seguí disfrutando, con mi mano derecha le había levantado la mini y mi dedo taladraba su ano que estaba lubricado con sus propios jugos.

Llegamos a la colonia, aún había gente en las calles por ser fin de semana, ingresé a la cochera de la casa, bajamos, le vi el rostro, tenía una mirada de excitada, todo el rostro manchado de saliva pues se pasaba el pene por su rostro, cargamos y llevamos arrastrando a mi mujer al dormitorio, donde cayó con todo su peso, la puse a un lado de la cama, le saqué la ropa que tenía encima le acomodé para descansar ella sólo decía, Ummmm, estaba profundamente dormida.

Me incorporé, ella se acercó a mí, me miró, nos abrazamos besándonos, sentí el sabor de sus labios, le agarré de las nalgas, era algo que quería hacer a cada momento, ella me quitó la camisa mientras yo le bajaba la falda, me bajó la trusa y acariciaba mi pene, nos desnudamos con desesperación. Ella se echó sobre mí y yo quedé echado al lado de mi esposa, que solo dormía, me separa su cuerpo solo 10 cm, y ella encima de mí, poniéndome su dedo sobre mi boca indicándome silencio.

Se puso de costado, siempre mirando a mi mujer, y empezó una mamada, despacio, pero deliciosa, humm, humm, era el único sonido que hacía, por momentos se detenía y lo pasaba por su rostro, mientras hacía esto miraba a mi mujer y su mirada era diferente, yo en el cielo, se incorpora, y se coloca en un precioso 69, donde ella solo gemía y gemía.

Yo acariciaba con mi lengua su botón, y pasaba mi lengua por su ano, ya nada me importaba, mi esposa la tenía al lado, pero en ese momento estaba en el fin del mundo. Sentí un estremecimiento y sus piernas presionando mi rostro, se incorporó, se acercó y me dice, métela y me pasó la lengua por todo el rostro.

Me incorporo, la pongo de cuatro, ella se acomoda de tal modo que su rostro queda a 10 cm de mi esposa. Me acomodo detrás de ella. Pongo el pene en la entrada de su agujero, pero solo lo rozo con la punta, ella toma aliento, por favor mételo tratando de decirlo despacio, pero su excitación la traicionaba, en un momento de un solo empujón la penetré, y ella solo dijo, ¡aaaaaaahh! empecé a meterla y sacarla, la tenía a ella en cuatro penetrándola, le agarré del cabello y continué mi ritmo, ella inclinó su cabeza y la acomoda entre el brazo y cuello de mi mujer.

Seguí y seguí bombeando sentí que me venía, pero me aguanté y le digo, ahora de costado, se coloca frente de mi esposa, pero de lado, me pongo detrás de ella, y la penetro y levantamos los dos las piernas en forma de V, le daba morbo el saber que estaba frente a mi esposa.

La penetré durante un buen rato, le agarraba los senos y ella solo se estremecía y me dice, quiero que te vengas, en mi cara, se echa de espalda, con su cabeza al lado de la de mi mujer y le acerco mi pene rojísimo, me puse sobre ella con mis piernas alrededor de su cuello y la penetraba por la boca, ella estaba como poseída, sentí que me venía y un gran calor salió de mí, una descarga de leche directo a la garganta de ella que se lo tragó todo y lo que quedó en su boca, se incorporó para con un beso dármelo en la boca, se levantó agarró sus cosas y de puntitas salió de la habitación.

Me quedé solo, me puse un calzoncillo busqué que no quedaran huellas, me acosté y me quedé dormido, ya eran las 4 AM. Me desperté a las 11 am. Casi simultáneamente con mi esposa, ella sólo se quejaba del dolor de cabeza, y que nunca más tomaría y esas cosas, me dice, tuve un sueño raro, pero no se acordaba, yo le dije ayer que llegamos mientras estabas ebria, me puse a jugar contigo, “¿y qué me hiciste?” “¿qué crees?” “eres una basura” ¡que ni me acuerdo!  Si “pero eso no decías ayer” le contesté. “Prepárame un desayuno amor” me dice, “claro, ¿qué deseas? Pero en un rato más que aún tengo sueño” y de nuevo se tapó con las sábanas. Fui al baño me asee, y salí a la cocina, allí estaba ella, me sonríe, “¿cómo amaneció el esposo modelo?” Le digo “no tan bien como la esposa modelo”, nos empezamos a reír.

Me acerco a servirme una taza de café, ella estaba ya lavando el suyo, me pregunta “¿cómo amaneció ella?” Le digo “bien, se acaba de volver a dormir”, “¿estás seguro?”, “si respondí” Se acerca a mí que estaba sentado, se abre de piernas, se sienta en las mías y me dice: ¿qué se te ocurre que hagamos mientras ella duerme? mientras me besa las orejas. “¿Qué deseas?” Pregunto. Me dice, “¿te da esto alguna idea?”, me alcanza el bote de la mantequilla. Como un resorte mi verga se puso durísima que ella al instante se percató, vaya, parece que te emociona. Le bajo el pijama que tenía encima, la pongo boca abajo pegada en la mesa de la cocina, beso cada una de sus nalgas, “despacio amor, nunca lo he hecho” acaricié sus nalgas y con mi lengua busqué su ano, lo besé, acaricié y sentí su estremecimiento, me paré, acaricié sus nalgas, pasaba el pene por su rajita, solo escuchaba suspiros, ella pasó una mano para atrás para acariciar mis huevos, “esto es lo que quería, que me lo rompas amor”

Escuchar estas palabras me volvían loco, agarré el bote de mantequilla y le unté el culo, ella sonreía y decía, despacio amor, despacio, le puse suficiente mantequilla y ya entraba un dedo, dos, sin ni ningún problema, le gustaba que la penetrara con los dedos, le digo “¿ya amor?” “si bebé, métela”, “ábrete las nalgas”.

Puso sus manos atrás y ella misma se abrió las nalgas para tenerlas a mi disposición, le coloqué la cabeza, en la punta, y presioné levemente me dice, “despacio duele un poco”, si le digo, ¡aguanta! Suspiró yo seguí, otro empujón, y ella aguantó el dolor, me dice, duele, amor, mejor sácala, ¡no!, aguanta un poco, le acariciaba las nalgas. Y me dice, sigue bebé otro empujón, sentí como que algo se rompía, ella dijo ¡sácala! ¡Sácala! Bebé por favor me duele ayyyyy, no amor, y otra vez metí un empujón más fuerte que los anteriores.

Ella solo dijo, “Ayyy ayayay, sácalo duele, me quedé quieto, la besaba y empecé a meterla y sacarla, al inicio se quejaba y luego, sigue amor, me gusta, ¡que rico! ¡Sigue! Aaaahhhh. Yo en la gloria de un momento otra vez otro empujón y todo estaba adentro, sentí sus nalgas en mis huevos y empecé a bombear y bombear, ella solo gritaba, y gritaba con muchos ay “¡mi amor! ¡Mi cielo! ¡Sigue! ¡Dame! ¡Dame!”

Gemía y gemía hasta que dio un grito un Ayyy profundo que coincidió con mi eyaculación, una abundante masa de semen que quedó atrapado en sus intestinos, sentí delicioso, ella se separó vio un poco de sangre, se acercó, me besó, un lindo beso tierno, fue hermoso, se acomodó la ropa, se fue a lavar, yo me asee en la misma cocina, y salí a comprar las cosas para el desayuno que me habían pedido.

Regresé a la hora, mi mujer se levantaba recién, le llevé el desayuno y se alimentó, me dijo que su amiga le había dicho que se iba a misa, según mi esposa era bien religiosa, solo atiné a decir, “me imagino los pecados que tendrá” y nos reímos. Regresó en la tarde y ya no volvimos a coincidir pues siempre estaba mi esposa para cada movimiento.

A los 2 días tenía que regresar, el esposo le pidió perdón y suplicó que regresara a su casa, y a la fecha viven juntos. A los dos meses me escribió un mail muy formal donde veladamente me decía que lo pasado fue muy lindo y que quedara así, pues solo fue pura atracción y los dos debíamos seguir con nuestras propias vidas, y que por el bien de todos, todo quedara entre los dos.

Fue una hermosa, experiencia, dudo, porque la conozco que se vuelva a repetir.

Autor: Peru38

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Sexo anal con Vero

Él sostuvo con su mano el miembro que apuntaba al techo, Vero se subió a horcajadas, se acomodó la verga en la entrada y comenzó a bajar clavándose despacio. Gemía y se agitaba, meneaba las caderas adelante y atrás facilitando que el enorme miembro fuera entrando. Cuando todo lo que Vero pudo aguantar estuvo ya dentro de ella, comenzó a masajear su clítoris con sus dedos.

Vero es una chica que tiene esas características físicas que a mí particularmente me agradan tanto, es bastante delgada, alta, de cabellos lacios y largos. De cintura muy estrecha, su culito es pequeño y redondo y sus glúteos parecerían que van a caber en la mano por completo. Lo generoso de su cuerpo son sus pechos, tiene unas tetas muy grandes de esas que llenan sobradamente cualquier corpiño y con pezones que apuntan hacia arriba.

Siempre me gustaron las flacas con grandes tetas, no puedo resistirme a ellas, pero en el caso de Vero existían pocas posibilidades de que yo pudiera verme enredado con ella y esto debido a varias razones. En primer lugar porque es más joven que yo y en segundo lugar porque es hija de una persona a quien conozco.

De modo que existía una traba por parte de ella debido a que seguramente tendría pretendientes más jóvenes que la satisfacían y de mi parte un condicionamiento moral de no “traicionar” de algún modo la confianza de sus padres a cuya casa llegué siempre como amigo. Al momento de ocurrir los hechos que voy a relatar Vero era una mujer de más de 20 años aunque un poco ingenua según me parecía, ya que no demostraba interés aparente por cosas relacionadas con el sexo. No obstante me seguía gustando, no podía evitarlo, esa inocencia me parecía aún más atractiva, me calentaba más.

El último verano Juan su padre me invitó a pasar un fin de semana en su quinta. Llegamos el viernes y nos instalamos en la amplia casa que contaba con una pileta de natación muy bonita además de otras comodidades para pasar un fin de semana agradable. Yo había ido sólo pues mi mujer estaba en un congreso de medicina en una ciudad del interior al que no quise ir porque esos eventos me aburren terriblemente ya que mis preferencias pasan más por las actividades a cielo abierto.

El sábado fue un día muy caluroso y por lo tanto lo pasamos en la pileta. Ver a Vero en malla todo el día fue terrible para mí pues la vista de sus hermosos y grandes pechos apenas contenidos por una pequeña biquini y la raya de su redondo culito dibujándose a través de la malla mojada me tuvieron en una erección continua y temía que mi pantalón de baño no pudiera disimular mi verga durísima.

Por la noche Juan propuso ir a cenar afuera a un lugar donde servían un fantástico asado criollo y que tiene además una muy buena bodega. Al final fuimos solamente Juan, Ana su esposa y yo pues Vero tenía planes con unas amigas que pasarían por ella. Me tranquilicé ya que por lo menos podría disfrutar de la cena sin tener que estar en esa sensación de turbación que me ocasionaba la presencia de Vero.

Disfrutamos de una excelente comida y a los postres Ana dijo que le gustaría ir a algún lugar a tomar unos tragos y continuar la velada de la noche de sábado. Me pareció que interfería en algún plan de la pareja y consideré que mejor sería no acompañarlos de modo que di una excusa cualquiera y regresé a la casa en un taxi dispuesto a acostarme temprano. Llegué a la casa cerca de medianoche, la luz del patio estaba encendida y no se veía signos de que Vero haya regresado ya.

Para ir hasta mi alojamiento se transpone la entrada a la casa principal, que es la primera desde el portón de acceso y donde alojan Juan, su esposa y Vero, luego hay que pasar un amplio patio donde está la pileta para luego tomar hacia la izquierda en una bifurcación de un sendero de ripio. A la derecha queda una especie de cabaña de madera que también sirve como alojamiento cuando son muchos los invitados y que entonces estaba desocupada. Por las distancias entre cada construcción y debido a la entrada independiente existe intimidad para los que viven en cada una de las construcciones.

Al aproximarme a mi alojamiento vi que había luz en la cabaña, pensé que podrían haber ladrones o tal vez la luz quedó encendida al irnos pues esa ventana no se ve desde la casa principal ni desde la entrada. Me acerqué con cuidado pero a medio camino escuché fuertes gemidos que venían desde la cabaña. Me paralicé un momento hasta que percibí que eran gemidos de una mujer. Con cautela llegué hasta la ventana y les aseguro que no estaba preparado para lo que vi.

Vero se hallaba acostada de espaldas sobre una de las camas, tenía las piernas levantadas y apoyadas sobre los hombros de un hombre que intentaba penetrarla con una descomunal verga. Cuando me asomé la retiraba de la concha de Vero para luego humedecer con saliva la cabeza y la entrada de la conchita.

Era un miembro que impresionaba al verlo, largo y grueso con las venas muy marcadas. El tipo se la tomaba con toda la mano y le sobraba pija por delante y detrás, se la pajeaba despacio mientras miraba la entrepierna de Vero. Apoyó nuevamente la cabeza de la verga en la entrada y separó con los dedos de la mano derecha los labios de la concha y luego empujó la verga cuya cabeza desapareció entre los pliegues rosados.

– ¡Aaaaaayyy…!, despacio bruto, gimió Vero.

El tipo empujó otro poco y la pija entró hasta la mitad.

-¡Aaaahhh!… hijo de puta, ¡qué verga tenés!, mandámela despacito que me partís. – Quedáte quieta que te entra bien, decía él.

Empujó nuevamente y más pija entró en la conchita que ya se estiraba.

– Ahh; Ahhh; Ahhh; Ayyy!!, Gemía y jadeaba Vero que poco podía hacer más que aguantar las embestidas por la posición en que se encontraba. – Sacámela, sacámela ahora, no la aguanto, me está tocando fondo.

La enorme pija comenzó a salir despacio, brillante por la lubricación de la concha de Vero.

– Acostáte de espalda que yo te monto dijo Vero.

Él se acostó y sostuvo con su mano el miembro erecto que apuntaba directo al techo, Vero se subió a horcajadas, se acomodó la verga en la entrada y comenzó a bajar clavándose despacio. Gemía y se agitaba, meneaba las caderas adelante y atrás facilitando que el enorme miembro fuera entrando.

Cuando todo lo que Vero pudo aguantar estuvo ya dentro de ella, se reclinó levemente hacia atrás y comenzó a masajear su clítoris con sus dedos. No tardó en sacudirse en un violento orgasmo y luego se inclinó hacia adelante permaneciendo acostada sobre el pecho de él. El tipo permaneció quieto y luego se volcó de costado y le dijo algo al oído a Vero. No escuché que fue pero pude imaginarlo por el brinco que ella pegó. Permaneció un momento mirándolo muy seria y luego le dijo.

– ¡Debes estar loco si piensas que voy a dejar que me metas ese tronco en el culo!, date por satisfecho que te dejé metérmela en la concha. – Pero linda, voy a tener cuidado, primero te lubrico bien y luego te la pongo muy despacio. Replicó él.- Estás loco, completamente loco, ni se te ocurra. – Sólo la cabeza, ¡por favor!, Tenés un culo tan lindo. – En otra oportunidad trataré de intentarlo, ahora no, si querés te la chupo para que puedas acabar en mi boca.

Resignado él se pone boca arriba nuevamente y Vero se aplica a darle una mamada espectacular hasta que el tipo explota entre sacudidas y gruñidos sordos.Yo estaba en una mezcla de asombro incredulidad y calentura que no había experimentado antes. No podía creer que Vero la que yo tenía por tímida e inocente haya protagonizado lo que acababa de ver. Comencé a alejarme despacio de la ventana y en mi turbación tropecé con unas herramientas de jardín que hicieron mucho ruido.

Temeroso de que me escucharan abrí la puerta de mi habitación y me acosté sin encender la luz. Al día siguiente muy temprano me levanté, encontré a Juan en el jardín y le dije que había recibido un llamado de mi socio que quería hablar conmigo. De esa forma me fui para evitar ver a Vero pues no sabía como iba a ser mi reacción al verla. Pensé que la mejor forma de tranquilizar mis impulsos sería dedicarme a algo que mantuviera mi mente ocupada, de forma que fui a la oficina donde tenía algunos informes que terminar para el lunes, de paso si Juan me llamaba por algo me encontraría trabajando lo que daría consistencia a la excusa que le di para irme de su casa tan rápidamente.

A las cinco de la tarde decidí ir a casa pues el día se había vuelto frío y comenzaron a caer unas gotas de lluvia, quería estar en mi hogar antes de que la lluvia fuera torrencial. Cuando me dispongo a salir suena el timbre de la puerta de entrada, atiendo y para mi sorpresa escucho que dicen.

– Abrí, soy Vero, Papá me dijo que estarías aquí. Me quedé mudo, sin reaccionar. – ¡Hola! ¿Estás ahí?, ¡soy Vero!, repitió la voz.

Oprimí el botón de apertura de la puerta principal (pues mi oficina está en el piso diez y la puerta de acceso se abre mediante el sistema de portero eléctrico). Esperé, oí el ruido del ascensor al detenerse en el piso y luego el timbre de la puerta. Abrí y allí estaba Vero, vestida con una falda corta y bastante escote; encantadora.

– Pasá, ponéte cómoda, atiné a decir. Ella entró, se sentó en el sofá y comentó – Qué bonita oficina tenés. – Sí, bueno, le hace falta un cambio en el papel de las paredes, respondí. -Mirá, no voy a andar con vueltas, sé que viste lo que sucedió en la cabaña el sábado en la noche, escuché los ruidos afuera y el único que podía estar allí eras vos pues mis padres llegaron mucho más tarde. -Discúlpame, dije, no fue mi intención espiar es que… – No, no pidas disculpas pues en realidad no me preocupa que me hayas visto, sólo vine a pedirte que no les digas nada a mis padres, ya sabés que ellos son educados a la antigua y no quiero causarles ningún disgusto. – No te preocupes, respondí, no diré absolutamente nada, por mí es como si nada hubiese ocurrido en esa cabaña. – Bueno, tampoco es para tanto, para mí fue bueno que lo hayas visto porque quiero pedirte otro favor.

– Dime. – Primero respóndeme algo: ¿Te quedaste hasta el final?. – Si. -¿Te percataste de lo que quería hacer el que estaba conmigo? – Bueno, no sé si correctamente pero me pareció que era algo que no te gustaba. – En realidad el tipo me la quería meter por el culo y no quise porque como habrás visto tiene una poronga muy grande y yo no he tenido experiencias aún por esa vía. El caso es que él insiste con eso cada vez que nos acostamos y creo que no podré mantenerlo mucho tiempo más a raya. – ¿Porqué no lo dejás y listo?, solucionás el problema. – Bueno, la verdad es que me agrada ser ensartada por esa tremenda herramienta, la disfruto mucho y quiero seguir haciéndolo y además, a pesar de que tengo cierto temor también deseo que me la ponga por la colita, lo que no quiero es que sea el primero. Desearía experimentar con algo más “normal” ¿me entendés?

Esa conversación me estaba volviendo loco, de pronto comencé a preguntarme el porqué de tanta franqueza de ella hacia mí. Intuí que algo estaba pasando ya de lo que yo aún no había caído en la cuenta o no quería hacerlo porque no me parecía muy real. ¿Me estaba Vero ofreciendo desvirgarle el culo? No; demasiado bueno para ser cierto.

– El caso es, continuó Vero, de que mi amigo, el de la gran poronga, es medio inexperto y muy impulsivo, temo que pueda lastimarme si yo no sé controlar la situación y no sabré hacerlo si no sé antes a qué atenerme, en cambio vos ya sos un hombre con experiencia, sé que me tratarás bien y puedo confiar en que no saldré lastimada.

Vero habrá visto la expresión de mi cara entre desorientada y pasmada pues rápidamente agregó.

– Perdón, no debí ser tan directa, quizá ni te gusto. -No, no es eso, respondí, muy por el contrario, es que es algo inesperado y me tomó por sorpresa. -Pensalo dijo ella, si la idea de tener sexo conmigo te agrada tengo el viernes próximo libre y podemos ir a algún lado.

Antes de que pudiera responder ya se había ido. Esa semana me pasé pensando en Vero, tuve infinitas fantasías no me la podía sacar de la cabeza, hasta mi mujer se mostró un tanto sorprendida por el entusiasmo conque le hice el amor a su regreso, es que si bien era ella quien estaba debajo de mí en realidad era a Vero a quien penetraba en mi mente.

El viernes llegó al fin, había arreglado con mi amigo Roberto que me prestara su departamento de soltero, él es médico y ese día estaba de guardia en la clínica. Recurrí a él porque tiene su departamento bien preparado para ese tipo de eventos como cuadra a un buen soltero que no huye de las diversiones. Además se encargó de una oportuna llamada a mi casa invitándome a “una cena con los amigos” para ese viernes. Pasé a buscar a Vero y fuimos a un bar de esos para parejas con luz suave y música al tono, debía demostrarle mi experiencia hasta en los previos pues si me abalanzaba sobre ella como un garañón (como tenía ganas de hacer) demostraría no ser demasiado distinto a su amigo.

Charlamos, bailamos muy apretados, nos acariciamos y la temperatura fue subiendo a medida que rompíamos el hielo y entrábamos en confianza. Cuando la cosa estaba madura partimos para el departamento. Algo más de música y un par de tragos y pasamos a la acción.

Desvestí a Vero muy despacio y luego de acostarla la recorrí completamente con mi lengua deteniéndome en lugares estratégicos, en aquellos puntos en que los roces son irresistibles. Le dediqué una especial atención a sus hermosas y grandes tetas, lamiéndolas, chupándolas y acariciando los pezones con mi lengua hasta que ella se retorció de gusto. Sumergí luego mi cara en su entrepierna que tenía ese irresistible aroma a mujer que me gusta tanto, jugué con su clítoris hasta que estuvo bien lubricada luego dejé que ella tomara la iniciativa. Me puse de espaldas, aún tenía el slip puesto pues quería que fuera ella quien me lo quitara, a las mujeres les gusta hacer eso. Tenía ya una considerable erección de modo que cuando ella me baja la prenda mi miembro saltó como un resorte. Ella se quedó un instante mirándolo y luego exclamó:

– ¡Huyy! me parece que no me beneficié mucho con el cambio, ¡Qué verga tenés! ¿Es que ya no hay gente con pijas normales?

El asunto es que si bien yo no tengo las proporciones del otro amante de Vero en cuanto a longitud la naturaleza me dotó de una verga de unos 18 cmts pero muy gruesa, especialmente la cabeza que es ancha y de bordes marcados y muy sobresalientes, mi anterior pareja le llamaba “tapón de champagne” pues tenía una cabeza muy prominente luego de la cual se afinaba para engrosar nuevamente hacia el final.

– Discúlpame, le dije, si querés dejamos todo aquí, o hacemos lo que quieras, no quiero que te sientas presionada. – Bueno, no me va a resultar fácil creo, pero puedo intentarlo, siempre que vos pares si yo te lo pido.

Comenzó a mamarla, la cabeza le cabía apenas en la boca pero una vez adentro movía su lengua de una forma que hacía la mamada sumamente agradable. La lamió bajando desde la punta hasta llegar a las bolas las que también metía de a una dentro de su boca mientras su mano se movía a lo largo de mi pija en una lenta masturbación.

La puse de espaldas y la penetré despacio, me costó un poco pues era bastante estrecha pero pude alojar toda mi pija en su conchita que se sentía apretadita y deliciosa. Me moví un poco, muy despacio, luego se la saqué por completo para rozar su clítoris con la cabeza del miembro y penetrarla nuevamente hasta el fondo. Con cada embate ella gemía y me clavaba las uñas en la espalda. Mi intención era llevarla muy próximo al orgasmo que es cuando más relajados están los agujeritos y es más fácil penetrarlos.

-No me la saques ahoraa, metémela maaaás, Clavame hasta el fondo!, decía ella.

Las rítmicas contracciones de los músculos de su conchita me decían que estaba cerca de acabar, de modo que se la saqué y la puse boca abajo sobre la cama, doblé una almohada y se la coloqué debajo de la pelvis de modo de dejar bien levantado su culo.

Separé sus nalgas con mis manos y vi su pequeño agujerito muy estrecho, pensar que metería mi verga en él me calentó más e hizo que se me endureciera como un palo, la cabeza de la pija latía y se hinchaba como nunca. Pobre Vero, pensé, le va a costar trabajo comérsela por atrás. Lamí un rato su entradita cosa que al parecer le agradó pues sentía que se relajaba. Me arrodillé detrás de ella y lubriqué todo mi miembro con una crema que había traído, luego con un dedo también lubriqué el culito de Vero.

-Abrilas, le dije mientras le indicaba sus nalgas.

Tomó una con cada mano y se las separó, les aseguro que ver sus manos delicadas, de uñas bien pintadas separando sus nalgas para mí era algo difícil de resistir, pero me obligué a mantenerme en control. Apoyé la punta de mi verga en la entrada del culo e hice apenas presión. Vero se tensó pero volvió a relajarse al ver que yo no iba más allá.

– Respirá profundo y lento y tratá de relajarte, esto va a entrar sólo. -Metémela despacio por favor o me va a hacer daño, es una pija muy grande, dijo ella. Empujé otro poco y vi como la cabeza comenzaba a entrar. – Aaaahhhh! Aaaahhhh! gimió. Otro empujón corto y solo quedaba afuera el reborde de la cabeza. -Aayyy!, despaciooo! me vas a romper el culo.

Permanecí quieto hasta que ella se fue relajando y su culo se acostumbró a lo que ya tenía adentro. Me moví un poco de forma de meter y sacar la pija sólo hasta donde había llegado.

-Respirá que va otro poquito, le dije y empujé. El culito se estiró hasta quedar brillante y sin pliegues y a pesar de que hacía ya bastante fuerza para meterla la última parte de la cabeza no entraba.

– Aayyy!, Ayyy! gritaba Vero y mordía la almohada, Qué verga!, me desgarra el culoo! gemía. Sacámela!, ¡Sacámela un ratito! me urgió.

Se la saqué y ella se levantó y fue rápidamente al baño. Cuando regresó dijo:

-Quería asegurarme que no me habías roto el culo, me lo refresqué bien con agua fría y me alivió.

Tomó mi verga en sus manos y la acarició diciendo:

– Es una herramienta terrible querido, si me como esta me como cualquiera, mirá que tremenda cabeza tiene ¿me entrará?, intentémoslo otra vez, pero muy despacio ¿eh?

Se puso en la misma posición en que estaba antes, se abrió las nalgas y yo volví al ataque.

-Relájate bien que te entra, dije y metí media cabeza y luego otro poco. Quedaba la parte más ancha y pensé que la única forma de pasarla sería de un sólo empujón.

-Respirá profundo ahora le dije, cuando sentí que su esfínter se aflojó di un empujón corto y firme y la cabeza desapareció en el culo de Vero y su anillo se cerró con fuerza apretándome la pija.

-AAAAhhhhhhyyyyy! gritó y se aferró a las sábanas soltando sus nalgas. Aaahhhhhhh!, Aaahhhyyy!.. ¡Ayyy mi culito! gemía.

No me moví hasta que ella se fue calmando, luego de un rato su culo ya se había dilatado y amoldado a la verga aunque Vero aún gemía despacio y permanecía agarrada a las sábanas.

– Queda poco, le dije, aguantá otro poquito que te la meto toda y diciendo esto empujé lento pero sin pausa hasta que sentí que llegaba al fondo.

-Uuuuuuhhhh! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡No la aguantooo!, ¡No doy más!, ¡No resisto esa pija enorme! gemía, pero yo estaba demasiado cerca del orgasmo para sacarla. Comencé a moverme afuera y adentro de Vero que seguía gimiendo hasta que me vacié en su culo en un orgasmo que es el mejor que recuerdo haber tenido.

Mi verga se fue ablandando dentro de Vero, no se la saqué enseguida porque sabía que es mejor para ellas dejar que se achique adentro y que sus esfínteres recuperen lentamente sus dimensiones naturales. Ella gemía cada vez más despacio y se fue tranquilizando hasta que se quedó laxa y completamente relajada y luego dijo muy despacio.

– Querido, esa verga que tenés es tremenda, siento que me late el culo y me parece que me va a latir por unos días dijo Vero. -¿Fue muy difícil?, pregunté. – No te puedo decir que no me dolió, me dolió bastante, pero no fue algo insoportable, en realidad bastante menos de lo que me esperaba y eso gracias a que te tomaste todo con paciencia y en forma tranquila, no quiero imaginar que te manden ese pedazo de un solo golpe hasta el fondo, creo que me desmayaría.

En resumen, todo fue más o menos como esperaba, antes de decidirme había hablado con una amiga de la facultad que practica el sexo anal con frecuencia y ella me aconsejó que me iniciara con alguien con experiencia porque es fundamental la primera vez y además me dijo que no esperara disfrutar hasta luego de varias sesiones que es cuando uno ya va sin temores y completamente relajada.

– Me alegra haberte ayudado, dije, yo también lo disfruté. Ella me miró con cara pícara y agregó. – De eso estoy segura, a considerar por la forma en que me mirabas en la pileta de casa y por el bulto que tenías permanentemente entre las piernas. -¿Se notaba mucho? pregunté sobresaltado. – Con eso que tenés te aseguro que no pasás desapercibido, de todas formas no te preocupes que la única que lo veía era yo, ya sabés que mamá y papá no ven nada sin anteojos y nunca se los ponen para ir a la pileta. – De todas formas, dijo ella, antes de animarme con mi amigo quiero tener algunas experiencias más con vos ¿te parece? – ¡Por supuesto!, dije complacido, te aseguro que va a ser un placer. – Además te tengo otra sorpresa, pero te la digo después.

Nos fuimos, y me quedé pensando en la sorpresa que tenía para mí.

Autor: Mike

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Mi suegra sedienta de sexo

Se había puesto un ajustado vestido corto sin bragas, y mi debilidad: altos zapatos negros de tacón con punta de acero. Era una puta poseída por el placer. Gateaba sobre la mesa para incitarme y yo la follaba como a una perra por su cueva y por su culo. Nunca decía basta. Ni siquiera en los intervalos, donde bebía whisky como agua y en su borrachera aumentaba su deseo.

El padre de mi esposa, Francisco, es un hombre muy adinerado de 69 años. Yo lo conocí hace ya un lustro en un foro internacional para presidentes de empresas y por razones de piel simpatizamos enseguida a pesar de ser él 35 años mayor que yo. Creo que se impresionó por ver que a mi edad tenía los cojones suficientes como para mantener mi propia compañía, y la amistad se hizo genuina y rápida. Al tiempo de frecuentarnos profesionalmente, conocí a su hija y me enamoré de ella. Francisco no opuso resistencia. Al fin de cuentas era evidente que la unión sería más que algo sentimental una virtual fusión de capitales.

Un año después de mi matrimonio, su esposa falleció y un año más tarde, luego de un viaje, él anunciaba que había contraído en secreto nuevas nupcias con otra mujer, desconocida para todo su entorno familiar y 25 años menor. Recuerdo bien esos tiempos. Mi esposa era una furia de celos, y, siendo muy moralista, estaba escandalizada.

Creo que por eso Francisco demoró en presentarla formalmente. Sin embargo, y gracias a nuestra amistad, me confesó que Sandra (ese era su nombre) había sido un gran consuelo en su vida. Por consejo mío, accedió a presentarla en una reunión social que brindaría en su mansión junto a nuestras amistades. Yo supuse que en público mi esposa lo soportaría mejor. Lo que no podía suponer era que el verdadero peligro era yo mismo. Y me di cuenta en cuanto vi a Sandra por primera vez.

Ella resultó ser de alta clase. Refinada, esbelta, de un rostro precioso que cuadraba perfecto a sus 45 años. Aunque su esbelto (¿O debo decir escultural?) cuerpo parecía de 30. más aún cuando mi primera visión de ella fue enfundada en un vestido blanco entallado, muy escotado para poder lucir unos pechos que se adivinaban firmes y grandes, piernas de gimnasio interminables y sandalias plateadas de tacón con finísimas tiras y tacos aguja. La vi y me enamoré. A partir de ese momento supe que mis esfuerzos solo serían para follármela.

En segundos la catalogué como a una perra sedienta de sexo. Placer que Francisco no podría darle por su avanzada edad y por su secreta afición a la bebida. Apenas pude dominarme al darle el beso de presentación en la mejilla. Sin pensarlo, mi mano escapó de control y se posó en su espalda baja que el vestido dejaba profundamente al desnudo y casi al límite superior de su redondo culito. Sentí que ella acusó el movimiento. Tal vez, luego de un nanosegundo de duda pensó que no era algo preocupante. Que quizás exageraba al pensar… Y simplemente me devolvió el beso al tiempo que decía a mi esposa: “Eres más linda de lo que tu padre cuenta. Te mereces este galán que tienes por esposo”.

Para mí eso fue un mensaje: Me había registrado y no le era indiferente.

Esa noche para mí fue muy larga. Sandra me tenía poseído con su blanca sonrisa de dientes perfectos, sus ojos celestes de muñeca y su lacio pelo rubio que caía hasta casi los hombros. Sus pasos eran un desfile de bellísimas piernas. Acodado en la barra mi polla se endurecía con la imagen de mí mismo lamiendo sus sandalias y penetrando su culo solo tapado ante mis ojos por un finísimo hilo dental. Francisco estaba feliz. Pero bebía en exceso. Era obvio que esa noche Sandra no tendría sexo y eso me estaba desquiciando.

Fuimos los últimos en irnos y cuando llegué a casa mi mujer recibió la mejor cogida que yo recuerde haber propinado a alguien. Pero ni eso me calmó. Casi no pude pegar un ojo hasta que, con mi esposa ya dormida, pude acariciar mi polla con la fantasía de poseer a Sandra. El tiempo comenzó a pasar lentamente a partir de ese día. Todos mis pensamientos estaban destinados a Sandra.

Por razones sociales íbamos a muchos lugares juntos ambas parejas. Eventos de empresa, cenas de caridad, días de campo ó simplemente tardes en mi mansión o en la de Francisco. En todas ellas Sandra parecía ser una modelo. No importaba que ropa luciera, si eran zapatos cerrados de alto tacón y punta metálica, ó finas sandalias altas, siempre, siempre lograba ponerme a mil. Y nunca tenía oportunidad de acercarme. Pero esa oportunidad llegó casi sin quererlo, cuando un viaje sorpresivo alejó a Francisco de la ciudad. Tan sorpresivo fue, que solo lo pensé al salir conduciendo mi automóvil del aeropuerto donde lo había acompañado a abordar su avión.

Solo al imaginar que estaba decidido a atacar hizo que mi polla se erectara y sin darme cuenta, pocos minutos después, estacionaba mi auto dentro de la mansión de mi suegro.

Sandra se mostró sorprendida de verme a esa hora tan poco habitual. Yo sin embargo, al verla con ese ajustado traje de falda a la rodilla y zapatos blancos de tacón supe que había hecho bien en acudir. Me invitó a pasar y me ofreció un whisky para ambos que ella misma preparó dándome la espalda y dejándome una vez más el placer de venerar su maravillosa figura. No pude controlarme. Lentamente me acerqué a ella por la espalda y tomándola por la cintura empecé a besar su cuello. Ella se sacudió y dándose vuelta sobresaltada me dijo:

“¿Que haces?

Entonces saqué fuerzas de donde no creí tener y le conté todo lo que sentía con lujo de detalles, sin retroceder un solo paso para mantener con su cuerpo una distancia de impacto. Sentía su aroma y mi cuerpo alcanzaba temperaturas límite.

Ella guardaba silencio, pero mirándome fijo a los ojos me dijo con voz temblorosa.

“No podemos Carlos. Esto está mal”.

¡Ella también estaba que ardía por mí! Yo insistí atrayéndola hacia mi cuerpo mientras mis manos buscaban su culo.

“No Carlos”, repitió, “los sirvientes…vamos al cuarto”

Y me separó, tomó la botella de whisky y sin mirarme caminó hacia el ascensor con una sensualidad que jamás había yo visto en alguna mujer.

Cuando la puerta del cuarto se cerró y la tomé en mis brazos ella ya no se resistió. Nuestras lenguas chocaron con fuerza y mis manos trataban de abarcar su cuerpo con fuerza y con pasión. Ella desabotonaba su camisa para dejar libres sus firmes y puntudos senos. Yo desabroché su falda y solo quedó con su tanga de hilo dental y sus zapatos blancos de tacón. No aguantaba más. Mi polla parecía atacada por fiebre. Me tomaría mi tiempo para follarla.

Me acosté en el suelo y empecé a lamer sus pies y sus zapatos. Ella metía sus dedos en la raja y acariciaba sus propios senos. Me incorporé y mi polla estaba a reventar, así que la recosté en la cama y la penetré sintiendo como su vagina se transformaba en un ajustado guante para mi pija. Solo al hacerlo ella comenzó a acabar. Y al hacerlo jadeaba en mi oído. Y me hablaba:

“No sabes como deseaba esta pija dentro mío. Francisco vive borracho de frustración porque su pene ya no sirve, y vos sos el único hombre que me ronda y me ronda”. ¿Te gusta mi pija, putita? “Si” Comémela “Si”

Yo no podía creer que me la estaba follando. Tanta era mi pasión que en medio de la cogida mis ojos seguían admirándola como a una obra de arte. Ahora que era mi amante nuestra vida se transformaría en un morbo permanente en el que tendríamos que ocultar el deseo todo el tiempo y con interminables caricias a escondidas.

Era una espléndida lame vergas. Y también una adicta al semen. Lo bebía con desesperación. La cogí con suavidad y con furia. La hice una cualquiera. Transformé una dama de sociedad en alguien licencioso y perverso.

Ese día llegué tarde a casa. Tarde y cansado. Al día siguiente ella llamó a mi celular al mediodía. “Estoy esperándote” Bastó para tomar mi tarde libre. Y follarla sobre la mesa de billar en la sala de juegos.

Se había puesto un ajustado vestido corto sin bragas, y mi debilidad: altos zapatos negros de tacón con punta de acero. Era una puta poseída por el placer. Gateaba sobre la mesa para incitarme y yo la follaba como a una perra por su cueva y por su culo. Nunca decía basta. Ni siquiera en los intervalos, donde bebía whisky como agua y en su borrachera aumentaba su deseo.

Al fin, cuando ya tarde tuve que partir, pude observar como la beldad que horas antes me había recibido ahora me despedía con paso tambaleante por el cansancio y el alcohol, pero sin perder un ápice de belleza. Una verdadera puta.

Cuando Francisco regresó de su viaje nuestra libertad de movimientos se restringió. Sandra estaba cebada. Tan en celo que la presencia de su marido solo sirvió para aumentar su audacia: Había conseguido mi verga y la conservaría. Así que en cada oportunidad fregaba su culo en mi polla, o acariciaba mi sexo bajo la mesa de las cenas, o me invitaba a follar en baños de señoras de lugares ajenos. Éramos presos de una locura.

En una ocasión me invitó a almorzar junto a su esposo y se aseguró que este bebiera una cantidad desacostumbrada de vino durante la comida. Tal vez hasta usó algún narcótico. Yo notaba que Francisco cabeceaba suavemente y que sus palabras salían desarticuladas de su boca. Sandra servía su copa con una mano y con la otra masturbaba mi polla debajo del mantel.

Cuando Francisco al fin se durmió en su sitio, ella se deslizó bajo el mantel y me propinó una mamada de antología sin dejar derramar una sola gota de semen. Sandra era a mis ojos una reina. Para el postre, ella estaba cabalgándome en su habitación y gimiendo sin ningún tipo de censura. Yo acariciaba su cintura y me extasiaba con la visión de su cuerpo.

Aún la veo desnuda, solo vestida con sus zapatos de tacón y recorriendo la habitación con completo dominio de sus actos. Tal vez lo hacía adrede. Al verla mi polla siempre reaccionaba y la cosa terminaba con sexo rabioso y muy cercano a la condena eterna. Su audacia crecía.

Primero con cierta cautela y luego con periodicidad, comenzó a concurrir a mi oficina por cualquier excusa. Llegaba vestida como la dama que era. Y se dedicaba a comer mi polla arrodillada frente a mí. Pero quienes han tenido amantes alguna vez, saben que lo difícil es mantener el control de las cosas para evitar un desastre. Y yo lo estaba perdiendo. Sandra estaba totalmente loca por mi polla. Loca y desquiciada.

Cuando Francisco murió fue en parte un alivio para mí. Al menos ya no debía preocuparme por hacerlo cornudo. Pero por otra parte ya no tuve excusas para ir a su casa. Mi esposa, que nunca había terminado de digerir del todo a Sandra, me impedía siquiera tener contacto con ella.

Sandra no soportó que menguara su dosis diaria de sexo. En su locura le contó a mi esposa absolutamente toda la verdad. Incluso una parte que ni yo mismo sabía: Sandra estaba embarazada de mí.

Perdí todo. Mi esposa me quitó el fruto de todo mi trabajo de años y me prohibió judicialmente acercarme a menos de 2 km de la que había sido mi casa. En ese contexto, dejé de ver a Sandra.

Supe más tarde por un encuentro casual con un amigo de aquellas épocas, que Sandra no tuvo ese niño, y que, sola en la mansión heredada de Francisco, se había convertido en cortesana y dedicaba sus días a la práctica de sexo de alto nivel social. Su fama era conocida en los círculos más selectos y no había ejecutivo que se preciara de tal que no hubiese dejado dinero a cambio del placer de Sandra.

A mí ya no me importaba. Solo me importa llegar temprano a mi trabajo en el matadero municipal porque si lo pierdo quedaré en la indigencia total.

Autor: kralik89

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Mi nuera y mi marido

Colocó su pene en la rajita de su nuera y fue introduciéndoselo poco a poco. María se quejaba en cada entrada. Hasta que de una sola embestida le introdujo toda su verga. María soltaba gemidos de dolor mezclado con placer y mientras se besaban apasionadamente y Manolo acariciaba sus tetas, comenzó a eyacular, cayó parte en la cara de mi nuera, la cual limpió mi marido lamiéndolo.

Hola a todos, soy Ana y tengo 67 años, creo que no os habrán planteado muchas veces algo tan grave y vergonzoso.

Veréis, somos una familia de agricultores, por lo tanto, tenemos el trabajo en el campo, vamos a ayudar en la recolección de las avellanas, almendras, aceitunas y en la vendimia, que es todo lo que poseemos.

En la pasada recolección de las almendras, yo no pude ir porque me dolían las piernas debido a las varices. Se lo dije a mi esposo y me dijo que podía reemplazarme mi nuera, que tiene 43 años y vive con nosotros. Tenemos solo un hijo, Manuel de 45 años, que está trabajando en Alemania y solo viene por Navidad. Mi nuera, María, es dócil y obediente y aceptó de buen grado ayudar a coger almendra y llevarlas a casa para quitarles yo la cáscara ya que eso lo puedo hacer sentada.

Un día aprovechando que había despellejado todas las almendras que me habían traído y como eran las cinco de la tarde, me ha hecho ilusión ir a ver como estaban los almendros y, si podía, ayudarles un poco.

Pero no vi ni a mi marido ni a mi nuera, no hice caso porque hacía tanto calor pensé que habían ido a beber agua fresca del pozo, y sin llamar ni nada me acerqué a la masía.

Al llegar vi la puerta cerrada, empujé, pero habían echado la llave. Escuché la risa de mi nuera y la voz de mi marido, aunque no pude entender lo que decía.

Di la vuelta intrigada por detrás de la masía en donde hay un ventanuco pequeño que servía de respiradero del mulo.

Me asomé procurando no hacer ruido y me encontré a mi marido con su propia nuera en pelotas en el pajar que fue del animal y él con su gran verga que ya estaba lista para el ataque.

-¡Mira cómo me tienes!- le dijo mi marido, Manolo, a su nuera, y comenzó a acariciarle sus grandes senos.

Se acercó a ellos y comenzó a lamer, chupar y morder. Manolo acostó a María en el pajar, en donde la tenía enteramente a su disposición.

Seguía lamiendo mientras que la otra mano encontró su chocho. María no dejaba de gemir más y más.

Entonces Manolo abrió las piernas de María y se acercó a su coño y comenzó a lamer e introducir su lengua en el agujero hasta que tuvo su primer orgasmo. En eso se incorporó y dijo:

-Ahora María te voy a penetrar. Lo voy hacer despacio para que no te duela, como siempre. -Está bien Manolo, pero hazlo rápido que no aguanto más – le respondió.

Colocó su pene en la rajita de su nuera y fue introduciéndoselo poco a poco. María se quejaba en cada entrada. Hasta que de una sola embestida le introdujo toda su verga.

María soltaba gemidos de dolor mezclado con placer y mientras se besaban apasionadamente y Manolo acariciaba sus tetas, comenzó a eyacular, cayó parte en la cara de mi nuera, la cual limpió mi marido lamiéndolo. Se echó a un costado y María le agradeció por lo que le había hecho sentir.

Yo me había quedado perpleja ante semejante escena, y saltándoseme las lágrimas, escuché como mi nuera decía:

-Oye Manolo, ¿por qué siendo tan guapo, te casaste con Ana, tan gorda que parece una vaca? Y mi marido le respondió:

-Ahora es una vaca, pero antes era un bombón, ya ves, de bombón ha pasado a bomba.

No quise oír más y sin hacerme notar salí corriendo, sintiendo asco hacia los dos.

Autor: Josi

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El novio de mi madre

Mientras él la perfora por el culo yo le chupo su vagina, ella me apreta más fuerte contra su vagina, luego él dice que se va ir, nos hace ponernos de rodillas y comienza a tirar su chorrito en nuestras bocas, lo tragamos todo. El tipo continúa con su verga erectada, me agarra y me empieza a coger por mi conchita hasta que se va adentro mío, es riquísimo sentir su semen en mi concha.

Mi madre es una mujer muy caliente de 42 años, 6 de divorciada, hace 1 año conoció a un tipo menor que ella. Recuerdo que junto a una amiga hablábamos mucho de sexo, de cómo nos follaban los tipos con los que salíamos, incluso más de una ocasión follamos juntas. Un día después de clases yo me fui a la casa y encontré a mi madre y a este tipo en su cuarto culeando de lo más rico, en ese momento los miraba y tocaba mis calzones que estaban mojándose con los jugos de mi vagina, tuve que ir de urgencia a masturbarme, ese tipo tenía una verga que era exquisita.

Luego de un par de meses fue a vivir con nosotros a la casa. Recuerdo que en el verano le tocaron distintas fechas de vacaciones a los dos, así es que mi mamá iba a trabajar y yo me quedaba en la casa con el tipo, yo estaba toda sudada porque estaba limpiando, él venía desde la habitación levantándose con un pijama que se le podía ver a simple vista ese gran bulto entre sus piernas, yo lo veo al tipo y no puedo evitar de mirar su gran pene.
Él rápidamente se da cuenta y me mira y se va al cuarto, entre tanto yo voy al baño a ducharme, cuando veo que alguien está mirándome, como se que es él me empiezo a tocar todo el cuerpo lentamente él corre la cortina de la ducha y le muestro mi vagina mojada, comienzo a tocar mis pechos y a bajar con mi mano hasta tocar mi vagina, me introduzco mis dedos y él mira muy caliente.

Me agarra de un brazo y me saca muy rápidamente de la ducha, y chupa mis tetas, que tipo, me chupa entera hasta llegar a mi conchita, me comienza a rozar con su lengüita mi clítoris cada vez se hacen más intensas las lamidas de él en mi concha, yo toda mojada comienzo a tomar su cabeza como si quisiera que me penetrara.

En ese momento me agarra y me sube en el lava manos me corre las piernas y me introduce su gran pico en mi conchita y comienza haciendo un movimiento de mete y saca.

Lo hace lento, pero me penetra toda, tiene un pene muy grueso y largo nunca antes me habían follado así, luego me baja y me tira al piso en cuatro patas y me comienza a golpear la entrada de mi ano con su glande, yo estoy tan caliente que lo dejo.

Comienza a introducir su pene en mi ano de una manera muy brusca, creo que me dolía, pero con todo el placer que sentía en ese momento no me importaba me estaba haciendo gritar de placer entonces me toma fuerte y me empieza follar más fuerte y rápido…

Yo tengo un gran orgasmo que parece nunca acabar, me dice que se va, entonces  el tipo me agarra y de una sentí su chorrito dentro de mí, estaba toda empapada en leche, yo me giro y empiezo a chupar su verga que estaba sucia con jugos y su leche…

En ese entonces tocan el timbre, era mi amiga, el tipo dice que abra la puerta, salgo con la camisa de levantarme y le abro la puerta…

Ella me mira y puede ver que estoy muy caliente, entramos a mi casa y ella ve al tipo en el comedor desnudo masturbándose con una verga increíble…

Él viene hacia donde mí y me comienza a coger delante de mi amiga, yo invito a mi amiga a que se integre, ella se acerca y empiezo a introducir mis dedos por debajo de su faldita.

Ella me toca los pechos mirando al tipo con deseo, entonces él me deja y se lanza contra ella y le levanta su falda, le corre el calzón y procede a penetrar su ano muy fuerte ella grita, pero luego de un rato le gusta.

Mientras él la perfora por el culo, yo le chupo su vagina, ella me toma de la cabeza y me apreta más fuerte contra su vagina, luego él dice que se va ir, nos hace ponernos de rodillas y comienza a tirar su chorrito en nuestras bocas, lo tragamos todo…

El tipo continúa con su verga erectada, así es que me agarra y me empieza a coger por mi conchita hasta que se va adentro mío, es riquísimo sentir su semen en mi concha, mi amiga se va porque se le hace tarde.

Luego nos duchamos los dos y seguimos practicando sexo, él me folla cada vez más por mi ano, son tantas las veces que hemos follado que siento que mi ano ya no puede más y que me voy a partir.

Y desde entonces fornicamos todas las veces que mi madre no está.

Autora: Kabrona

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Mi cuñada culeadora

No fue solo la súplica de Perla sino que ya no podía aguantar más, apuré los últimos movimientos y llegar juntos a la cima del mundo, nos movimos, me lancé dentro de ella como para atravesarla, profundicé los enviones, fueron menos sacudidas que las deseadas por mí. En medio de un descomunal orgasmo de Perla volqué toda mi calentura, nos confundimos en un solo grito.

Tener relaciones con la cuñada es un clásico en cualquier conversación, quien no ha pensado o acariciado la intención de tener un “asunto” de cama con la cuñada, quien esté libre de culpa es por que no tiene cuñada.

Yo no soy la excepción, tengo una cuñadita que está para llevarse todos los premios, por belleza, gracia, sex-appeal y porque sí nada más.

Desde que la conocí me llenó los ojos de ella, más de una noche teniendo sexo con mi mujer cerraba los ojos y me imaginaba haciendo el amor con Perla, tal es el nombre de la joya familiar, que por cierto hace honor a su nombre.

Desde que mi novia me presentó a Perla, doce años mayor que mi esposa, no tuve un momento de calma, cada vez que asistía en la obligada visita de novios no hacía otra cosa que buscarla, estar atento a sus movimientos, era un karma en mi vida, ocupa y preocupa mis sentidos.   En sus treinta y tantos exhibía contundente belleza que me dejó loquito, rápido supo leer la pasión que despertó en mis jóvenes veintiún años, más aún parecía solazarse y disfrutar el efecto seductor que ejercía en mí, los catorce años que me llevaba los había utilizado muy bien, sabía como ponerme cada día más loco.

Diría que no le alcanzaba con jugarla de seductora, sino que con el tiempo fue agregando roces y jueguitos intencionados, como si buscara acercarse con cualquier excusa, disfrutaba tenerme cerca, a juzgar por la forma como apretaba mi brazo cuando nos saludábamos parecía querer algo más, pero tal vez por mi inexperiencia y su temor a producir un problema familiar las cosas no llegaron a mayores.   La paz familiar prevalecía sobre el deseo que nos quemaba.

Ella ejercía cierta tutela sobre mi futura esposa, por afecto y por diferencia de edad.   Fue madrina de casamiento, en la fiesta, con la excusa de unas copas de más, no economicé elogios para los atributos que se prometían en el generoso escote.   Dejé en claro mi admiración, halagada asintió con graciosa aceptación, se mostró más complaciente y afectuosa que en la habitualidad de la relación familiar, hasta me pareció que me estaba dando pie para algo más, pero deseché esa peregrina idea pensando que era todo fruto del momento de excitación por la fiesta, el alcohol y el entorno que modifica la percepción de la realidad.

La fiesta siguió, como se acostumbra, hasta el desayuno, es decir que había mucho tiempo aún para  seguir con el viejo truco del alcohol como excusa, no pierdo oportunidad para insinuarme diciendo que me quita el sueño, con más tragos más valor y en un aparte con Perla me arrimé para confiarle que me “enganché” con Luisa, la desposada, para estar cerca de ella.  Fue en un momento que la invité a bailar, justamente un tema lento, un almibarado bolero, acusó el golpe, dudó, perdió el control dela situación, la dejé descolocada y sin reacción.

Todo eso o tal vez algo que desconozco motivó que me dijera bien pegada a mi oído:

– Al condenado a matrimonio, siempre se le permite una última voluntad.  Dime lo que quieras o calla para siempre. – ¿Si eres Perla, cómo será…?  -simulé vergüenza y pudor, corté la frase con poca convicción, por acicatearla. – ¿La ostra? Ibas a decir… ¡La mejor!, ¡Sin duda, la mejor!  – Aprieta y suspira, para eludir cualquier duda. – Te creo, aunque… – ¡Para!, con la calentura, después de la fiesta tenés donde esmerarte. –apretó la pierna justo contra el miembro y dijo: -Este postre tiene dueño hoy, ya veremos al regreso…

Volvimos a vernos al regreso del “mielerío”, nos invitó a su quinta, un trofeo de guerra después del divorcio, para un fin de semana largo.

En la primera ocasión a solas le recordé la promesa pendiente, atracción mutua, miradas que podían derretir el hierro de la verja.  Durante la estancia no faltaron los roces osados, en la primera ocasión que la tuve sentada frente a mí comenzó el derroche de lujuria, separó bien las piernas para que pudiera apreciar la trasparencia de la tanga, en cada cruce de piernas no faltaba la pimienta de exhibir cada vez más lento y más explícito el juego de precalentamiento.

En este juego de alto contenido erótico Perla gozaba ver como hacía para disimular el efecto de su exhibición.  La noche pasó calenturienta, no hubo forma de poder tener un momento a solas, me tuve que conformar con el desahogo habitual, para colmo Luisas es una mujer de poco fuego, lo hace como a desgano y por cumplir con el precepto del débito conyugal.

Me levanté temprano, preparé café, esperando…   Llegó, me encontró mirando por la ventana, apoyó su cuerpo contra mi espalda, dos tetas, el perfume dice que es ella, sin voltear extiendo la mano hacia atrás, busco su entrepierna, bajo la bata, llego fácil a la entrepierna, no hay bombacha, acaricié el suave vello, juego en la espesura, llego a la cueva, me empapo en la espesa humedad, caliente.  Suspira, gime, vuelve a suspirar profundo, intenso, como quien se desprende de una pesada carga.

– ¡Ah, ah!… ¡Siente que ostra tiene Perla!  – mientras me da un beso bien húmedo en el cuello.
– ¡Vamos fuera! ¡Nos puede ver!  – sin dar tiempo al arrepentimiento, ¡cómo si lo fuera a intentar!

Nos metimos en un galponcito, trancamos la puerta, desnudo total, exhibe orgullosa las tetas, carne firme, vigorosos pezones.  Tomo algo de distancia para una visión integral, mejor perspectiva como la del artista que estudia su modelo, admiración sería el término preciso para decir la impresión que producía esa tremenda mujer, tantas veces imaginada y ahora toda desnuda ante mí, ofreciéndome todos sus encantos para mi placer.

Tanta hermosura y lujuria toda para mí, era más de lo que podía ambicionar, tomada de la cintura la senté sobre una rústica mesa de campo, que al colocar tamaña belleza se engalanaba, la fina porcelana cincelada por la pródiga naturaleza se ofrecía como agua para sofocar el fogoso deseo que me consume.    Los labios afiebrados por la pasión buscaron la abertura húmeda.

Lamer, mamar sin solución de continuidad, saciar la calentura atroz que nos invade por igual, mientras escudriño la profundidad de la cueva ella prorrumpe en una retahíla de palabrotas obscenas y soeces que son las únicas capaces de expresar su estado calenturiento.  Las manos son tenazas que me conminan a quedarme dentro de ella hasta el fin del mundo.
Mientras mis labios y lengua le prodigaban maravillosas sensaciones en el clítoris, pretender acallar los gemidos, en realidad más parecidos a los aullidos de una loba, era como querer tapar el sol con un dedo.

El orgasmo alcanzaba su cúspide cuando el dedo mayor de mi mano hizo su entrada triunfal en el “chiquitín”. La profusión de jugos fue tal que parecía que el volcán Krakatoa había entrado en erupción.

Las piernas y sus manos eran la gloriosa cárcel que me tenía secuestrado en su goce supremo.   Sentirla como se debatía en las contracciones de un orgasmo jamás presenciado, era una maravilla verla y sentirla, era el fruto de esfuerzo ganado con el sudor de mi boca.

Los labios conservan el brillo del jugo, prolijo vello púbico realza la jugosa ostra, los dedos de Perla abren y exponer el interior rosado, la sonrisa vertical que pide atenciones nuevamente, no fue suficiente quería más, una máquina de gozar, insaciable, pero esta vez tenía otro destino.  Entre sus piernas, accioné nuevamente el botón, la perla clitoriana, liberó la desmesurada lascivia, profuso, intenso y fogoso orgasmo, con el pulgar juego en la conchita y el dúo de índice y mayor en el ano.

Despatarrada sobre la mesa, las piernas colgando, inermes, abiertas, el vello brillante de humedad.   Volví entre sus piernas, las elevo hasta colocarlas sobre mis hombros, me aproximo a la ostra, con el miembro enhiesto y duro como el acero, apunto, amenazo a la abertura con él.   Recaliente apoyé la cabeza entre los labios y en un solo envión entró la mitad, el resto lo hizo ella traccionando con los talones en mi espalda.  Se sentía ajustado, profundo, intenso movimiento de mete y saca, volvía a excitarse con renovado entusiasmo.   Goza y devuelve placer apretando los músculos vaginales en torno del miembro que pistonea con afiebrado deseo.

Era más que obvio que conocía como complacer a un macho calentón, manejaba los labios vaginales a voluntad, sentía como producía con ellos un efecto que semejaba a la boca cuando succiona, produciendo en el nacimiento del glande un efecto tan placentero jamás sentido, movía la pelvis y caderas con tal armonía y sincronismo que necesité de todo mi poder de concentración para demorar mi orgasmo.  No soy para nada precoz, todo lo contrario, pero ante semejante máquina de coger no era fácil demorarse y gozarla a pleno.

Ahora soy yo el que le dice le dice todas las procacidades para acrecentar el grado de excitación, contestó con su propio vocabulario, fue el espacio necesario para dejarme disfrutar un poco más de la penetración por demás gozosa.  Una estocada a fondo y sostenida le hizo perder la compostura y apurar el proceso, estaba llegando el momento triunfal, forzada respiración, como pez fuera del agua, el corazón latiendo a mil y las contracciones musculares eran síntomas inequívocos de que el orgasmo está llamando a su puerta.

– ¡Dale, cabrón! ¡Dame tu leche, dame tu leche! ¡Da…me…!  -Paró de vociferar para poder respirar.      – ¡Por favor, ven conmigo, estoy llegando!   ¡Quiero juntos, vamos dámela!

No fue solo la súplica de Perla sino que ya no podía aguantar más, apuré los últimos movimientos coitales para ponerme a ritmo y consonancia con su excitación y llegar juntos a la cima del mundo.  Me moví, nos movimos, un final a toda orquesta, me lancé dentro de ella como para atravesarla, profundicé los enviones cuanto pude, fueron menos sacudidas que las deseadas por mí.

En medio de un descomunal orgasmo de Perla volqué toda mi calentura, nos confundimos en un solo grito, un solo estertor postrero que selló nuestra comunión de almas.

El sonido a dúo de gozo fue el arrullo de la emisión de semen, brotó incontenible, con fuerza y cantidad imposible de mensurar.   Quedamos enchufados, soldados, sin poder ni querer salirme de ella, permanecer así eternamente.

Al levantarme contemplé como el riego espermático se escurría por el muslo de una mujer agradecida.

Antes de concluir el fin de semana hubo otras escaramuzas a la apurada.  Lo mejor vino en los encuentros de sexo que se sucedieron, pero no por habituales dejaron de tener la espontaneidad y fogosidad de esta primera vez, con el tiempo fuimos incorporando nuevos incentivos a nuestro juego de sexo.

Esto será para otro relato.

Autor: arthurk

arthurk1986@yahoo.com.ar

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Gracias a mi esposa

Rosemary se pegó a mi verga como si en eso le fuera la vida, estuvimos un buen rato mientras que ella me daba tremenda mamada me chupaba los testículos lo que me demostró que sabe muy bien lo que hace la muy puta, separé sus piernas y dirigí mi verga a su sabroso coño. Y cuando menos ella lo esperaba en una en que se lo saqué del todo, al volverlo a enterrar lo hice dentro de su culo.

Todo comenzó el día que Graciela mi mujer, que de por si es algo celosa, mientras nos encontrábamos en nuestra habitación, me comenzó preguntarme, algo que a ella le molestaba. Como ya la conozco bastante, sé que cuando se pone con esas cosas, simplemente quiere que se lo meta, pero antes de que eso suceda, me hace pasar por un calvario por sus celos infundados.

Esa noche comenzó hablarme de una vecina, bastante joven, que según Graciela, cada vez que salíamos de la casa, la condenada chica no hacía otra cosa que mirarme, e insinuarse constantemente, cosa que yo francamente no me había dado cuenta de ello. Pero Graciela continuó describiéndola casi como una puta callejera que se le ofrece a los que pasan, que se paraba en la acera de enfrente, y aparte de que no me quitaba la mirada, se ponía a posar, en ocasiones según mi mujer abriendo sus piernas y sobre el minúsculo pantalón que acostumbraba a usar colocar de manera bien descarada, su mano sobre su coño, cuando no era que usaba una blusa o camiseta que le quedaba bien holgada, y justo cuando yo pasaba se inclinaba hacia adelante tranquilamente, a pesar de que sus senos prácticamente quedaban al aire por completo.

Claro que Graciela a medida que me fue diciendo lo puta que era esa vecina, fue imitando alguna de sus poses, yo en todo momento le dije la verdad, primero ni idea tenía de quien ella me hablaba y segundo, que la única mujer a la que yo miraba, o ligaba como dicen los chicos, en todo momento era ella, esas simples palabras la hicieron que dejase de hablar sobre la vecina, y como por arte de magia comenzó a desnudarse, preguntándome en todo momento, qué era lo que más me agradaba ver de su cuerpo. Yo me quedé como si estuviera viendo a una bailarina nudista, y a medida que ella se fue despojando de sus ropas, yo mostraba mucho mayor interés en todo su cuerpo, pero cuando comenzó acariciar sus grandes senos, como en su peludo coño. Le fui diciendo que me encantaba verlos de cerca, que abriese sus piernas para ver mejor su hermoso coño.

Cuando prácticamente bailando frente a mí, separando por completo sus piernas, mostrándome de manera clara sus senos así como su coño,  se me acercó lo suficiente, la agarré por las caderas, y sin demora alguna comencé a pasar mi lengua por la superficie de su vulva. Ya a los pocos segundos, la escuchaba decirme entre gemidos y profundos suspiros, que continuase para luego pedirme que se lo empujara. Graciela en la cama no es nada discreta, por suerte los chicos estaban en el cine con sus abuelos, ya que sus gritos claramente se debían escuchar por toda la casa.

Después de un buen rato en que tanto con mi lengua como con mis labios y dientes le estuve chupando su clítoris y maniendo todo su coño, saqué mi rostro de entre sus piernas y agarrando mi verga la dirigí directamente entre sus muslos, que debido a mi saliva y a lo bien lubricada que estaba toda su vulva le entró como cuchillo caliente en mantequilla.

Sus gritos, gemidos y profundos suspiros, así como el montón de palabrotas que dice cuando la tengo bien clavada, no se hicieron esperar. En condiciones normales, detesto a las personas groseras, pero en esos instantes escuchar a mi mujer que me dice. Hijo de puta dame bien duro, me encanta tu verga, quiero que me jodas, y cosas así por el estilo, me excita tremendamente. Pero no me conformo con seguir clavándomela, sino que en ciertos momentos la pongo a mamar, cosa que a pesar de que a ella definitivamente no le agrada hacer, yo la obligo, y al ver como sumisamente se encuentra chupando por completo toda mi verga y lamiéndome los testículos, vuelvo nuevamente a metérselo por el coño, pero colocándome a sus espaldas. Después de un rato, en que al tiempo que me la estoy metiendo y sacando por completo toda mi verga de su vulva, y agarrando salvajemente su clítoris, Graciela asustada comienza a decirme que por favor no le vaya a dar por el culito.

El efecto que eso me produce es casi inmediato, ya que a pesar de sus reclamos y objeciones, comienzo por introducir y sacar una y otra vez, mi dedo pulgar entre sus nalgas, por lo que ella comienza a quejarse y a pedirme que no continué haciendo eso, justo en esos momentos sus alaridos de placer me indican que alcanzó un profundo orgasmo, mientras que yo haciéndome el sordo en lugar del pulgar comienzo a introducir otros dedos dentro de su culo, hasta que  en una de esas en que se he sacado por completo toda mi verga de su coño, mientras ella continua pidiéndome que no continué, haciéndole eso a su culo. Yo sin más contemplaciones le empujo mi verga entre sus nalgas.

Sus chillidos, una mezcla entre dolor y placer, se deben escuchar por toda la casa, mientras que continuó apretando todo mi cuerpo contra el de ella, sin dejar de agarrar fuertemente todo su coño incluyendo su clítoris con los dedos de mi mano izquierda. Graciela en esos instantes enloquece, ya que segundos antes me pedía casi llorando que se lo sacase del culo, moviendo sus caderas de manera desenfrenada, me comienza a decir que le siga rompiendo el culo, hasta que ya no puedo contenerme más y apretando todo mi cuerpo contra el de ella me vengo hasta finalmente detenerme por completo.

Bueno, Graciela queda bien conforme, adolorida, pero bien conforme, mientras que yo me quedo abrazo a sus espaldas, hasta que ya sea ella o yo nos levantamos al día siguiente. Por lo general me quedo dormido rápidamente, pero en esa ocasión me quedé pensando en la tipa de la que ella me hablaba, la verdad es que nunca le había puesto atención a esa y a ninguna otra vecina, ya que la experiencia me ha enseñado, que mientras más lejos de casa y de mi trabajo, tenga mis deslices con otras mujeres, es mucho más saludable para mi matrimonio y para mí.

Pero la descripción que hizo Graciela, de esa mujer fue tal, que me dio curiosidad por lo menos saber de quién se trataba. Así que al día siguiente al salir de casa lo primero que hice fue observar a ver si veía a esa tipa, pero quizás era algo temprano, me dirigí a mi oficina y en la tarde al regresar, ya casi me había olvidado de ese asunto, cuando justo estoy terminando de estacionar mi auto la veo. Lo cierto es que Graciela no exageraba, la chica tiene unos veinte años más o menos, o sea mi mujer tiene fácilmente el doble de su edad, un excelente cuerpo, y esa cara de puta buscona que no se la quita nadie. Yo traté de darme por desentendido, pero al momento de entrar a casa le dirigí una mirada y en su rostro se dibujó un guiño, yo medio sonreí y desaparecí por la puerta.

Desde ese día me di cuenta de que realmente Graciela no exageraba en nada, la chica me saludaba de lejos, un día en la panadería cercana a casa, me buscó conversación, pero fiel a mi manera de actuar, cortésmente la terminé casi de inmediato. Pero sin dejar de pensar en ese hermoso par de nalguitas que se movían provocativamente frente a mí. Fue cuando sucedió el milagro, mi adorada suegra se ganó un viaje a Tierra Santa, pero mi considerado suegro, debido a que no podía abandonar su empresa en esos momentos, le pidió a su hija que se fuera con su madre.

De esa forma o manera, fue que estando en la panadería, después de despedir a mi suegra y a Graciela en el aeropuerto, me encontré con la vecinita. Su nombre es Rosemary, tiene veintiún años, es madre soltera y para mi sorpresa vive justo en la casa que da hacía la ventana de nuestro dormitorio, su padre Arturo, mi vecino es muy buen amigo mío, pero ella como me dijo de sí misma, es la oveja negra de la familia. Cosa que yo desconocía, pero esa misma noche me la llevé a un motel de mi preferencia, y cuando estábamos compartiendo en la barra antes de irnos a la habitación Rosemary me preguntó por mi esposa, y le dije que se encontraba de viaje. Fue cuando después de beber un par de tragos y encontrarnos bailando, me confesó, que tras escucharla en un sin número de ocasiones, como gritaba de placer cada vez que teníamos relaciones, fue que a ella le dio curiosidad por saber que tal era realmente yo en la cama.

Al escucharla mientras aun bailábamos, comencé a introducir mi manos entre el muy bajo escote de su espalda, para darme cuenta felizmente de que ella no estaba usando nada bajo el vaporoso vestido que estaba usando. La manera en que ella movía su cuerpo contra el mío a medida que seguíamos juntos en la pista, me permitió sentir el calor de su coño contra mis piernas, y decidí no perder más tiempo. Así que ha pedido mío  y nos dirigimos a la habitación, y en un abrir y cerrar de ojos ya estaba completamente desnuda, pero a diferencia de Graciela, la putita tiene todo su sabroso coño completamente depilado. Yo por lo general soy muy precavido pero esa noche no lo pensé dos veces y de inmediato a medida que nos besábamos comencé acariciar todo su cuerpo, en particular su coño y sus paradas nalgas, hasta que después de chupar sus parados senos por un buen rato dirigí mi boca a su coño.

No llevaba ni tan siquiera unos cinco segundo chupando su clítoris cuando Rosemary, comenzó a pedir que le diera más y más por lo que me afinqué con mi boca sobre su coño, haciéndola gritar de placer, mi lengua lamía toda su raja desde su clítoris hasta su oscuro huequito del culo, cosa que a ella la estremecía completamente. Yo había escuchado de mujeres que se meaban o que soltaban un chorro de líquido por su coño, pero jamás me había dado con una hasta ese momento con ella.

Sus gemidos y gritos de placer nada le debían envidiar a los de Graciela, cuando terminando de quitarme toda mi ropa dirigí mi verga a su depilado coño, Rosemary casi se quedó como congelada, por unos momentos. Pero cuando terminé de clavar mi verga dentro de ella, la putita comenzó a moverse como toda una profesional, a medida que clavaba mi verga una y otra vez dentro de su coño, ella echando su cabeza hacia atrás ponía los ojos en blanco y me pedía que le diera más y más duro. Hasta que nuevamente alcanzó otro torrencial orgasmos, prácticamente empapándome todo mi cuerpo. Fue cuando me provocó ponerla a mamar, tal y como pongo a mi mujer.

Pero a diferencia de Graciela, que se niega hacerlo en principio, Rosemary se pegó a mi verga como si en eso le fuera la vida, y así estuvimos un buen rato, mientras que ella me daba tremenda mamada, ocasionalmente me jaloneaba los testículos lo que me demostró que sabe muy bien lo que hace la muy puta. Tras lo cual, la coloqué boca arriba, separé sus piernas y dirigí mi verga a su sabroso coño. Y cuando menos ella lo esperaba en una en que se lo saqué del todo, al volverlo a enterrar lo hice dentro de su culo.

Rosemary chilló, gritó y creo que hasta lloró pidiendo que se lo sacase al principio, pero después de unos pocos segundos, en que al mismo tiempo le apretaba su coño con una de mis manos, ella comenzó a mover su apretado culo de lado a lado.

Cuando salimos de la habitación, nos sorprendimos al ver que frente a la puerta   se encontraba una patrulla de la policía, el agente de mayor rango cortésmente se dirigió a nosotros, y le preguntó sin rodeos a Rosemary si todo estaba bien. A lo que ella con una cara de felicidad en su rostro, y una picara sonrisa le respondió que sí, y que si deseaba entrar a la habitación a revisar que lo hiciera ya que nosotros nos íbamos.

Al parecer el alboroto que formamos entre ella y yo fue tal que la administración del motel temiendo que se estuviera cometiendo una violación o algo pero llamó a la policía. Durante la semana y media que mi mujer y su madre estuvieron fuera, Rosemary y yo no perdimos tiempo, ella el resto del tiempo me buscaba en mi propia oficina, donde apenas se marchaban los empleados teníamos nuestros encuentros. Hasta que justo un día antes de que llegase mi mujer, le presenté a uno de los contables de mi empresa, un chico recién graduado de la universidad, que nada más al ver a la chica quedó prendado, el pobre, se la presenté como la hija de mi vecino, una muy buena muchacha, que había tenido mala suerte, ya que su novio después de embarazarla la abandonó.

Bueno hoy en día ya mi mujer no me molesta más por Rosemary, ella se casó con el contable, mi vecino Arturo me tiene en muy alta estima por resolverle ese problema, y yo ocasionalmente le pido a Sergio el esposo de Rosemary que vaya a realizar alguna auditoría en las sucursales de mi negocio. Casualmente los mismos días en que mi mujer sale de viaje con su madre ya sea para el Vaticano o a algún lugar como la gruta de Lourdes, viajes que mi suegro, felizmente se empeña en que paguemos a medias, ya que me parece que también tiene su segundas intenciones como yo.

Autor: Narrador

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Brindemos socio II

Fue adelantándose con las embestidas de Alberto, hasta quedar con su pubis arriba de la pijota de Mario. Se sacó la de Alberto y se metió la del socio. Así, sin más, lo miró a su marido para que entendiera que debía hacer el papel del consolador trasero. Él sin más, le hizo el rabito, mientras ella gritaba la locura de su calentura a los cuatro vientos.

Hemos hecho muy buenos negocios, pero como este por tiempo y satisfacciones… pocos… y lo seguiremos haciendo, para regocijo de nuestras damas y placeres propios. Alberto supo en sus fueros más íntimos, que debía hacer algo con su matrimonio.

Todo aparentaba estar bien, pero lo perturbaba saber que él engañaba a su mujer con la acción de compartir a la mujer de su socio. Sabía que aquella cardióloga morocha, lo había cautivado con sus ojos verdes, con su colita dura, con su conchita caliente, con sus mamadas de antología. Que estar una vez por mes en una orgía sexual con aquella yegua impresionante, que si bien era la mujer de su socio, no dejaba de ser una amante frente a su matrimonio. Habló una tarde sinceramente con su socio.

– Mario, quiero que compartamos a mi Alejandra, tal como lo hacemos con tu mujer Mirta, y no se de qué manera, pero lo tenemos que hacer. – Pues tú debes encontrar la forma, sabiendo que yo, estoy bien dispuesto, ya que tu mujer me apetece, y mucho, lo sabes.

Sabía Alberto que no era fácil, porque si bien, ella se ratoneaba un rato, cuando él le dijo de concretar, ella se negaba rotundamente. Así que consultó manuales, para encontrar caminos. Aquella tarde de sábado, como otros sábados, fueron a la casa quinta, donde a la hora de la siesta, ambos, jugaron con cosas comunes. Él la ató levemente, le tapó los ojos, y la masturbó con consoladores varios, para regocijo de su caliente mujercita. Pero ese sábado, algo era diferente.

Los consoladores no alcanzaban a estar los tiempos requeridos para lograr que ella comenzara aquellos orgasmos continuados. Así fue que ella reclamó, más, más, dame más… Que me vuelves loca… Ah, quieres más… pues acá tienes más… y abriendo sus piernas de par en par, le dio unos lengüetazos que abrieron los labios de su rajita, dejando expuestos aquel clítoris nacarado que la hacía sufrir si no lograban estrujarlo. Dame más, por favor, dame más… Se contorneaba la rubiecita, deseosa de placeres, de pechos duros, cuerpo elegante y piel de terciopelo.

Así fue que se sintió que le abrían más aún las piernas, que su marido le metió las manos debajo de la cola para levantarla suavemente al momento que le hundía la cara en aquella concha semi abierta, de labios dulces y muy calientes. Y fue un motor aquella lengua que le repiqueteo rápidamente en el clítoris ardiente, sintió que aquello que él le hacía no era otra cosa que chuparle todo metiéndoselo en la boca, y gimió de goce orgásmico. Ahhhhhh, aaaahhhhhhh, así… Así… y ¿?, sintió que le mordisqueaban sus duras tetas, y se sacudió de dudas… al momento de que su marido la apretó contra la almohada, comiéndole los labios dulces.

Él quitó la venda, y ella pudo ver la silueta de Mario, que levantando repetidamente la cara de su vientre orgasmando, bajaba una y otra vez, para darle más, y más placer.

– Lo sabía, guachos, lo sabía. Sabía que algún día lo iban a hacer. Hijos de perra, yo no quería, pero tenía ganas, muchas ganas… ahhhh, ahhhhh. – Y te vamos a coger, mamita, te vamos a coger.
– ¿Los dos? – Para eso estamos. Pero cállate, que queremos disfrutarlo.

Ya para eso, estaba Mario, con su pijote, listo, apuntando la abierta concha de la rubia ex secretaria, mujer de su amigo socio, la tomó desde debajo de la cintura con las manos, hizo palanca para ir metiéndosela suave, pero sin pausa.

Ella puso cara de asombro, enojo, pero predominó su rostro de placer, al sentir aquella pijota que le entraba hasta su deseosa cueva de placeres. Y mientras su marido le acercaba la polla a la cara, ella se movía al ritmo que le imponía su nuevo macho.

Ella se soltó de las ataduras, acarició a su marido y luego a su socio. Este, se contuvo un momento para prolongar su erección en peligro. Ella se fue sentando, para arrimarse a besarle el pene, y sentir que más que pene era una pija enorme que se podía chupar degeneradamente. Así lo hizo, con un par de lengüetazos.

Esa posición fue aprovechada por Alberto, que la embistió de atrás, haciéndola sacudir de nuevo. Ella era delgada, pero sabía hacerse grande en la cama. Pronto fue adelantándose con las embestidas de Alberto, hasta quedar con su pubis arriba de la pijota de Mario. Se sacó la de Alberto y se metió la del socio. Así, sin más, lo miró a su marido para que entendiera que debía hacer el papel del consolador trasero. Él sin más, le hizo el rabito, mientras ella gritaba la locura de su calentura a los cuatro vientos.

Acababa escandalosamente, pedía que no pararan de someterla a lo que ella sentía, era el mejor momento sexual que hubiera quizás soñado. Si lo hubiera imaginado, se los hubiera pedido hace años… cachorritos divinos.

Alberto quedó fulminado, se paró para ir a la ducha, no si antes, pedirle a su socio, que ocupara el orificio trasero de su mujercita, que estaba abierto y podía llevarse ese rico premio extra.

Ella de un solo movimiento, se puso hacia el otro lado, como para que Mario la montara como perrita. Quiso ella experimentar también aquello.

El socio la cabalgó por atrás, y fue preciso, le lamió la espalda, recorrió infinitamente la hermosura de sus pechos, llenándose las manos firmemente, y finalmente llenándole la colita de esperma caliente.

Cuando se fue el socio, Alberto, debió recurrir igual a un consolador para saciar las emociones de su mujer. Increíblemente, ésta estaba sobre pasada de calentura. El le prometía, una y otra vez, que lo de esa tarde se repetiría. Ella entre goce y más goce, sólo decía, que así sea, que así sea.

Autor: Marianella

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Cuidado con lo que deseas

Se la dejo ir con fuerza, siento algo que se rompe en su interior, Ana da un grito y dijo espérame deja que me acostumbre ya que soy virgen. No lo podía creer que le estuviera rompiendo el quinto a mi cuñadita. Entre gemidos Ana empieza a mover sus caderas de atrás hacia delante. La sujeto de sus caderas y empiezo un mete y saca con rapidez, Ana solo gemía.

Ten cuidado con lo que deseas. Ya que se puede hacer realidad. Y terminé acostándome con mi cuñada.

Todo empezó en una ciudad de México hace 10 años. Llevaba 2 años de casado y mi pareja tenía 6 meses de embarazo, y entre su familia y yo había una buena relación. De su familia con las que mejor me empezaba llevar eran con dos de sus hermanas, (Bety y Ana), otro de sus hermanos el más chico (Joel). Y su hermana (Martha), la más grande. Fue en diciembre. Cuando nos invitaron a una boda por parte de conocidos de ellos, asistimos y empezamos a disfrutar de la fiesta.

Trascurrieron las horas y empecé a platicar más con mi cuñada Ana. La más chica de ellas, Bety iba con su novio y mi mujer, Joel y Martha platicando de cosas que no le presté atención. Como mencioné antes, yo platicando con Ana. Me pedía que le sirviera más tequila y se empezó A poner alegre con la bebida. A mi esposa le incomodó la forma en que estábamos conviviendo en esa ocasión. Ya que nunca tuve la oportunidad de convivir con Ana.

De esa manera, tan compenetrante y sin malicia, pero el exceso de bebida en Ana la hizo desinhibirse y ante los demás aparentaba que yo era quien la quería poner borracha. Ella misma era quien se estaba sirviendo los tragos de manera sin igual, total que el tequila tomó efecto en su persona. Ya no podía ni siquiera hablar bien. Yo para bajarle la peda la saqué a bailar, pero su cuerpo apenas si podía estar en pie. En el baile tuve que meter mi pierna entre sus muslos, esto causó reacción en su cuerpo ya que su respiración comenzó a entrecortarse, emanando ciertos gemidos de su boca y juntaba su cuerpo más a mí, yo no pude evitar tener una erección.

En eso me fijé que mi esposa nos estaba viendo, le expliqué la situación, pero a ella no le pareció, total que dimos por terminada la fiesta por la borrachera de mi cuñada. El ambiente ya era hostil por parte de mis demás cuñados. Así pasó unos 15 días donde me traían como el malo de la fiesta, mi esposa se molestó conmigo, yo traté de explicarle lo que pasó, pero ella solo vio que su hermanita era la víctima.

A los 15 días, mi cuñada Ana pierde su trabajo, y mi esposa me pregunta que si no  conozco a alguien que le pueda dar trabajo, para mi desgracia o fortuna en el lugar donde yo trabajo solicitaban una secretaria y le comenté que fuera haber si le interesaba, y así fue, se entrevistó y le dieron el trabajo. A partir de ese día las cosas cambiarían de manera descomunal mi vida. Como les dije no tuve mucho tiempo de convivir con mi cuñada Ana. Apenas la estaría conociendo en el trabajo (déjenme describirla, mide 1.60 mts, cabello largo, unas tetas redondeadas y un culo que mataría a cualquiera, es delgada, pero con un cuerpo de tentación), cosa que yo no le había puesto atención hasta que en mi mente regresó el día en que estábamos bailando, vino a mí mente cuando apretaba su cuerpo en el mío.

Quise sacar esa imagen de mi mente y lo logré por un tiempo, pero mi cuñadita tendía a vestirse de forma muy liberal, escotes pronunciados, mini faldas y pantalones entallados. Solo un tonto no se fijaría en ella.  El convivio empezó a darse más frecuentemente. Que cuando íbamos a la casa de mi suegra ya platicábamos más y cada vez más, que empecé a tener problemas con mi pareja. Yo solo le explicaba que en el trabajo la veía todo el día que por lo mismo tenía más confianza de acercarme a Ana, en la casa de su mamá.

Total que mi pareja no estaba de acuerdo con esa amistad, con el tiempo nuestra relación era muy buena ya que ella empezaba a abrazarme sin malicia, bueno eso pienso yo, y de ahí no pasaban las cosas. Todo cambió un día que llegó a la oficina con un atuendo de lujo, una blusa blanca escotada dejando ver un sujetador negro de encaje y una minifalda bien embarrada a sus caderas que le a hacían ver un culo espectacular.

Para mi suerte ese día ella estaba sentada frente a mí y al cruzar la pierna le vi su panty blanca y no pude evitar una erección recordando el día en que estuvimos bailando, de ahí en adelante buscaba la forma de ver su escote y ver su redondo trasero, tanto así que empecé a tener fantasías con Ana. Buscaba la oportunidad de estar cerca de ella para sentir su cuerpo, tanto así que empecé a desearla, era tanto el deseo que me imaginaba tirándomela, transcurrió el tiempo y se acercaba el día de mi cumple años. Ana me dijo que planes tenía.

Yo le comenté que ninguno ya que meses atrás había nacido mi primer hijo y no era prudente andar de parranda. Ana dijo en voz autoritaria que mi cuñado consentido no va a festejar su cumpleaños, ¡cómo de que no!, yo en encargo de eso y así hizo planes para el fin de semana. Llegó el sábado por la tarde y recibo una llamada a mi celular. Era Ana diciéndome que me esperaba en el jardín central en una cafetería para celebrar, yo acepté, le dije a mi esposa que saldría esa noche con amigos, no puso objeción ya que pocas veces salía.

Llegué la cafetería y ahí estaba Ana esperándome, se veía genial, con el pelo suelto. Me acerqué a la mesa, se paró, me dijo feliz cumple y me dió un beso cerca de mis labios, yo no lo tomé de manera maliciosa, total llegó la hora de ordenar, me preguntó que si quería café o cerveza, yo le dije que cerveza, por lo que ella pidió lo mismo. Tomamos como 3 ó 4 cervezas y me dijo hay que festejarlo bien vamos a una disco. Pedí la cuenta y partimos para allá, llegamos el ambiente era grato empezamos a tomar, al rato Ana se para, me estira la mano y me jala para bailar.

No le di importancia y fuimos para la pista, en cuanto llegamos cambiaron el ritmo de música disco a romántica, le dije a Ana que no, pero ella me jaló pegando su cuerpo junto al mío, y me dijo no tiene nada de malo.

Empezamos a bailar y no pude evitar que el roce de su cuerpo me pusiera a mil. De repente siento su respiración entrecortada y vuelvo a recordar ese día en que le metía mi pierna entre sus muslos. Yo la tenia agarrada de un hombro y la otra mano en la cintura,  su respiración era cada vez más agitada, me agarró de  la mano que estaba en su hombro y la llevó a  su cintura, y me abrazó con tal fuerza para que pudiera sentir su vientre en mi bulto, y sus pechos pegados al mío.

Hay un indicio en las discos que cuando ponen la música romántica es porque se da por terminada la noche. De salida Ana me comenta que se siente mareada. Ya eran las 2 de la madrugada, y que no podía llegar a su casa así.  Le dije que, que tenía que hacer para quitarle la peda. Me dijo que con un baño se le pasaría, y yo le contesté donde crees tú que te puedas dar un baño a estas horas, me respondió que en un hotel de paso. Le dije estás loca como crees que vamos a entrar a un lugar de esos, y me dijo relájate solo me voy a bañar.

El chiste es que llegamos al hotel y entrando al cuarto yo me puse frente al televisor, mientras Ana se metía a la bañera que solo era tapada por un cancel. Empezó a desvestirse. El reflejo de la lámpara hacía que se delineará la silueta de ella. Yo no pude evitar otra erección. Sigo viendo la tele cuando de repente se oye un golpe. Era Ana que se había caído. Entre risas me grita que la ayude, no sabía que hacer y Ana me decía:

Ven levántame, entré y no podía dar crédito a lo que veía. Era la niña más linda con un cuerpo fenomenal. No estaba del todo desnuda.

Tenía su ropa íntima puesta, pero aún así me parecía una diosa. Me dijo que se había lastimado parte del tobillo y el muslo, por lo que se empezó a dar un masaje ella misma, pero su respiración de nuevo se exaltó. Me dijo que le ayudara con el masaje, a esa altura yo ya no sabía ni quien era. Acerqué mi mano a su tobillo dando un masaje torpe y brusco, Ana jaló mi mano a su muslo diciéndome: Aquí es donde más me duele, empecé a sobarle el muslo y sentía su piel caliente.

Empezó con gemiditos vi su rostro y tenía los ojos cerrados, no se porqué me acerqué a su boca y le planté un beso, el cual Ana me correspondió, entrelazamos nuestras lenguas y mis manos se encontraban en sus tetas.

En eso ella me tumba a la cama, se pone encima de mí y se quita el sujetador dejando ver unas tetas divinas con unos pezones chiquitos, pero puntiagudos, me los acerca a mi boca, yo me prendo de su pezón y le doy una mamada, Ana empieza a quitarme la ropa entre besos por fin quedé desnudo.

Ella se acercó a mi pene dándome una mamada de lujo. De pronto se voltea y quedamos en un 69, le hice su tanga a un lado y empecé a darle una pasada con mi lengua a su rajita ya mojada.

Soltó un gemido. ¡Aaahh! Papi que rico. Seguí disfrutando de su rajita con una matita de pelos entrelazándose en mi lengua, ella sólo seguía gimiendo con mi pito en su boca.

Yo ya quería tirármela así que la puse en la cama con sus rodillas apoyadas en la orilla de la cama, le empecé a bajar su tanga de color rosa y pude contemplar su redondo culo, con la punta de mi pito empecé a darle una sobada de arriba abajo…

Ana me suplicaba que se lo metiera y yo trataba de enloquecerla más. ¡Papi por lo que más quieras métemela yaa!… La puse en la entrada de su panocha y empecé a empujar poco a poco. ¡Si! ¡Métemela, aaahh!…   Empezó a deslizarse en su interior con un poco de dificultad.

Entre quejidos y gemidos, Ana me decía: métemela de un solo golpe, y que se la dejo ir con fuerza, siento algo que se rompe en su interior, Ana da un grito y dijo espérame deja que me acostumbre ya que soy virgen. ¿Quéee? No lo podía creer que le estuviera rompiendo el quinto a mi cuñadita. Entre gemidos Ana empieza a mover sus caderas de atrás hacia delante.

Si papi, ahora si, dame como quieras. La sujeto de sus caderas y empiezo un mete y saca con rapidez, Ana solo gemía, si dame más, más mássssss. Yo no paraba de darle, después de estar así un rato, la volteo poniendo sus pies en mis hombros, le vuelvo a meter mi pito en su raja dándole empujones contra su pelvis chocando mis testículos contra sus nalgas. Se la saco, hago una pausa y veo un hilo de sangre.

Eso me pone más caliente y se la vuelvo a hundir de un empujón bastante profundo, arrancándole gemidos. ¡Si papi, más, sii!…

Yo le daba con todas mis ganas. Mientras la besaba le sobaba sus pechos y mordida sus pezones, luego me acuesto yo sobre la cama y le digo que me monte, ella agarra mi pito y se lo pone en la entrada de su pucha.

¡Aaahh! Que delicia ir sintiendo como voy penetrándola lentamente. su rajita está calentita, le pellizco sus pezones, ella empieza un sube y baja paulatinamente por un rato, Ana arquea su espalda dando gritos de placer: ¡Si, si ooouaaaaa! Y se derrama sobre mí.

La jalo hacia mí para sentir sus tetas en mi pecho y aprovechó para sobarle sus nalgas, yo ya estaba a punto de venirme también. Sigo acariciando sus nalgas con desesperación y uno de mis dedos se acerca a su ano, empezando a hurgar su interior, esto hace que Ana frunza sus nalgas diciéndome: ¡No, por ahí no aauu!…

Yo intento meter mi dedo en su ano pero ella opone resistencia apretando su vagina, oprimiéndome el pito y empiezo a venirme dentro de ella, le muerdo un pezón y ella se retuerce en otro orgasmo.

Quedamos los dos tendidos sobre la cama por un buen rato besándonos y acariciándonos, empezamos a vestirnos, una vez vestidos, Ana se sienta en mi regazo y me dice: ¿qué hemos hecho?

Después le platicaré mi segunda vez.

Autor: yaj

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Nata, la prima de mi mujer

Se sentó sobre mi verga, yo le chupaba las tetas, se puso en cuatro y de una se la mandé, gimió, le sobaba su ano con un dedo y le gustó, puse el glande en su anito y empujé, se lo metí todo de una, comencé a meter y sacar, lo sacaba todo, le dije que me iba a venir, dijo que no lo hiciera dentro que quería sentir mi sabor, la puse en su boca y salieron chorros de semen, lo tragaba todo.

Hola, me llamo Javier, tengo 34 y soy ingeniero civil, mido 1.68 mts contextura normal; soy casado pero con mi esposa las cosas no andan nada bien pues nos fuimos a vivir demasiado jóvenes

Nacionalidad colombianos residentes en Bogotá, tenemos una casa amplia, no podemos tener hijos y la casa la compartimos con una prima de ella que viene de la provincia, es una niña muy linda alta y espigada con unos senos deliciosos y unas caderitas ricas, es rubiecita de cabello ondulado.

Está trabajando y estudia por la noche; mi esposa trabaja y también estudia. Los sábados llego normalmente tipo dos tres de la tarde, la casa sola.

Un sábado estaba haciendo bastante calor, llegué me puse una pantalonera y me pegué una ducha, Yo presentí que alguien me observaba pero no di importancia pues sabía que la casa estaba sola.

El tiempo pasó normalmente pero notaba que Nata, la prima de ella, se portaba muy especial conmigo, me hacía juguito, el desayuno y constantemente me preguntaba que como estaba y fuera de esto se vestía de una forma muy peculiar, con pantalones bien tallados que dejaban ver sus tanguitas, y no usaba sostén, siempre usaba camisetas blancas que dejaban entre ver sus muy bien formados senos, en especial sus ricos y deliciosos pezones.

Un domingo tipo medio día, me levanté y Nata, me dijo que si quería una cerveza, le dije que si que mientras ella la traía Yo me duchaba.

Me estaba duchando cuando sentí otra vez que me observaban, miré por el espejo que hay en el baño y si, era ella que me miraba, automáticamente me dio una erección tremenda y recordé su forma de vestir últimamente; con disimulo me acomodé para que me mirara bien y comencé a masturbarme con la regadera abierta, tomé el jabón y me enjaboné bien las manos y me hice una paja de mil maravillas hasta derramarme delante de ella.

Cuando salí de la ducha, estaba sentada en el patio con un short y un Toth que escasamente le tapaban los senos porque se le veía el nacimiento de los mismos, al ver esto sentí como me empezaba a crecer la verga otra vez, creo que ella se dio cuenta porque me dijo, primo tienes un miembro bravo, ven y nos tomamos la cerveza que te la traje bien fría.

Me senté junto a ella y me pude dar cuenta que sus senos estaban bien paraditos y sus pezones se notaban gruesos y duros; rápido y sin pensarlo puse una mano sobre su pierna y con su mano me la fue subiendo lentamente hasta llegar a su entrepierna, acerqué mi boca y nos besamos, nuestras lenguas se enredaron en un frenesí…

Nos paramos aún besándonos y juntamos nuestros cuerpos, con mis manos tomé su cinturita y la acerqué bien hacia mi verga que estaba en todo su fulgor; me abrazó por el cuello y yo bajé mis manos hasta sus nalgas, se las apretaba duro, con suavidad me dijo que fuéramos a la alcoba nupcial que lo hiciéramos allí.

Llegamos y le bajé el short, tenía una cuquita bien depiladita, la recosté en la cama y le subí las piernas, me arrodillé en el piso y puse mi boca en su rajita que estaba ya bien mojadita…

Abrí sus labios y le lamía toda su cuquita, apenas toqué su clítoris con mi lengua sentí como se contorsionaba y acababa en mi boca.

Se quedó un ratito quieta, yo seguí mamando su clítoris hasta que reaccionó, se sentó, me dijo que me recostara y se colocó encima mío otra vez con sus piernas en mi cara…

Sentía como me lo tomaba  con su mano derecha a la vez que con la lengua me lamia el glande y bajaba por toda la verga hasta los testículos tratando de llegar hasta mi ano.

Yo le abría sus nalgas e introducía mi lengua   hasta donde más podía.

Dejamos esa postura y se sentó sobre mi verga, y comenzó un movimiento espectacular, colocaba sus tetas sobre mi cara. Yo las tomaba con ambas manos y se las chupaba, no aguantaba más le dije que se colocara en cuatro, me coloqué detrás y de un solo empujón se la mandé toda ella, gimió del placer y me quedé quieto haciendo fuerza teniéndosela toda adentro…

Tenía una vista espectacular y comencé a sobarle su anito con un dedo y parece que le gustó, no dijo nada, se lo introduje un poquito y apretó pero siguió tranquila.

Comencé a meter y sacar el dedo y de vez en cuando le movía la verga y ella decía que me quedara quieto que le hiciera más presión que le gustaba mucho así…

Le metí dos dedos y comenzó a mover su culito lo más de rico, abría los dedos y su culo se dilataba, le dije que se lo iba a meter en el culo y me dijo que todo era mío…

Saqué mi verga y puse el glande en su huequito y empujé un poquito, me dijo:

Papito seguí empujando, hasta que metí la cabeza, ahí si se lo metí todo de un empujón. se quedó quieta, comencé a meter y sacar, lo sacaba todo y se lo metía de una sola y le gustaba, le dije que me iba a venir, dijo que no lo hiciera dentro que quería sentir mi sabor  en su boca se lo metí todo y le hice harta fuerza…

Sentí que me derramaba, se lo saqué y rápido se lo puse en la boca, lo tomé duro con mi mano derecha, le puse el glande en su boca y salieron grandes chorros de semen, lo tragaba todo, agarró mi verga, lo lamia todo, lo chupaba y se lo pasaba todo por la cara, estaba exhausto me recosté y quedé dormido…

No se cuanto tiempo pasaría, cuando me desperté me estaba acariciando, me lo estaba mamando y se lo metía todo en su boca, simplemente me quedé mirando hasta que no aguanté y eyaculé en su boca.

Me dijo, eres fantástico, colocó su cabeza en mi pecho y se quedó dormida, la cerveza que no probamos debe estar caliente.

Autor: Nico

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