Compartiendo el culo de su esposa 2

Infidelidad Consentida, Parejas liberales.

Hola amigos!! Nuevamente me animo a escribirles a ustedes, debido a comentarios agradables y calientes que he recibido en mi correo, me conforta saber que existen otros hombres que tienen gustos y placeres similares a los míos. Algunos me criticaran pero desconocen este tipo de vida y de placer, es como una droga, una vez que lo pruebas, ya no puedes ni quieres volver atrás; sino todo lo contrario, estás en la espera de que el macho elegido venga a tu casa y converse un momento contigo, mientras tus vecinos y familiares piensen que solo es una simple visita o vienen a hablar de negocios. No imaginan que quien entra a mi casa como si nada pasara,  se coge a mi escultural mujer a su antojo y que sus gritos y gemidos son apagados por las paredes y la música que pongo para que ellos puedan desahogarse a gusto, mientras me masturbo lentamente fumando y bebiendo mi cerveza, hasta ver cómo le abre mi amigo el culo a mi esposa con su gruesa verga, con la crema anal que yo mismo compre para dilatar el esfínter de mi bella puta. Read more

Me gusta / No me gusta
cuernos con orgullo

Cornudo (1): Inicio

Hetero Infidelidad, Cuernos Consentidos. Soy un gran cornudo consentido que disfruta demasiado de su condición, iniciaré una serie de relatos en los que cuento como fue que mi mujer y yo nos iniciamos en este estilo de vida que tantos y tan diferentes placeres nos ha dado.

Read more

Me gusta / No me gusta

El trío más esperado

Pasé bastante tiempo cogiendo con Lu y algunas de sus amigas, cada vez que viajaba a Buenos Aires para coger con Marta.

A Lu la compartía con su joven novio, pero eso no me significaba sino un alivio a mis obligaciones sexuales. Aunque ella siempre se quejaba, estaba enamorada de su noviecito, pero él no sabía cogerla como ella esperaba. Tímidamente me insinuaba que alguna vez tendríamos que acostarnos los tres para que Javier viera la forma correcta de coger. Le pregunté si a él le parecería bien que yo me cogiera a su novia en su presencia. La respuesta me dejó azorado, Javier me tenía por un ídolo ya que yo le había abierto la puerta para cogerse a su novia, despejando el duro inconveniente de la virginidad de ella. Además la pendeja le contaba cada una de sus sesiones de sexo conmigo, hasta en cada detalle, para ver si aprendía, pero el chico no aprendería sin ver y sentir.

Yo ya estaba dispuesto a acceder a lo que me pedían, pero no encontraba la forma, en la casa de Marta era imposible, necesitábamos mucho tiempo, y allí no lo teníamos. Hasta que un día se me ocurrió decirle a Marta que quería invitar a Lu y a Javier a conocer Mendoza, no le pareció mal, porque conocía mi casa y sabía que era muy amplia y con muchas habitaciones. Lamentablemente Marta no podría acompañarlos en la ocasión (eso ya lo sabía yo).

Fue así que un día llegó la joven parejita a Mendoza y a mi casa; era un mediodía sofocante de enero. Les serví el almuerzo que me había preparado Yolanda, mi asistente doméstica, regado con buen vino de esa tierra, luego les propuse que descansaran, porque llevaban el agotamiento del viaje y del madrugón. También yo me fui a recostar un rato, y me quedé dormido. Unas dos horas después Siento que Lu me despierta arrojándose en mi cama de tres plazas, cama y colchón de resortes hechos a medida, me besa en la boca y me dice si no quería empezar a darles lecciones; bien descansado y dispuesto le respondí afirmativamente. Se fue a buscar a Javier y entraron los dos: Lu con un Baby Doll del que sólo tenía la parte de arriba, Javier con sólo el short de un pijama. Los invité a la cama y se acostaron ambos. Les pedí que empezaran a hacer lo suyo; para estimularlos le quité a Lu su Baby Doll y le acaricié las tetas, pronto Javier me imitó y chupaba las tetas de Lu con verdadero empeño, mientras yo me conformaba con acariciarle el culito.

Javi ya la tenía bien parada, su tamaño era apenas normalito, pero la dureza era envidiable, sobre todo para mí. A poco quiso ponerse sobre su novia para penetrarla. ¡ALTO!!! Le dije, primero tiene que estar bien caliente, mirá cómo se hace. Y le empecé a mostrar cómo se chupa una concha, subía y bajaba mi lengua sobre los labios mayores y meno El chico se empeñaba y se contenía, yo le miraba su culito redondo y lampiño que subía y bajaba a cada bombazo. Javi no aguantó más y le descargó toda su leche en la concha a Lu que tuvo un intenso orgasmo. ¿Les gustó? Pregunté.

-¡Mucho!- Contestaron al unísono.

El comentario de Lu era que Javi nunca antes la había cogido así, siempre se la ponía antes de que ella estuviera bien caliente y acababa antes de hacerla gozar. Me agradeció la lección y me pidió que siguiera. Primero nos metimos los tres en el yacuzzi para volver a la cama aún húmedos. Javi nunca la había cogido por culo, le pregunté si quería hacerlo y me pidió que le enseñara cómo se hacía. Fuimos los tres al baño y preparé un enema de agua tibia con sal, Lu se acostó en el suelo con las piernas abiertas y ofreció su ano, le introduje la cánula lubricada y dejé entrar el líquido. Se lo hice retener unos minutos y luego sentada en el inodoro evacuó todo, se lavó cuidadosamente el culo y volvimos a la cama. Le unté bien el culo con gel y le dije a Javi que le metiera un dedo, explicándole que tenía que moverlo en círculos, luego dos dedos y al final tres, cuando el culito ya estaba bien abierto le dije que le metiera su pija; pero el chico estaba asustado y su erección no era suficiente, le dije a Lu que se la mamara mientras yo aprovechaba el culo bien dispuesto. La mamada y el ver como me enculaba a su novia lo pusieron en forma, se la saqué a Lu sin eyacular, y le dije a Javi que era su turno. El culo estaba bien dilatado por mi verga y la puso con facilidad. Me coloqué debajo y ayudé a Lu mamándole la concha que chorreaba jugos. La doble estimulación hizo que Lu empezara a tener sus consabidos orgasmos a repetición y el movimiento que imprimió a sus caderas llevó al chico a una acabada monumental.

Vuelta al yacuzzi y vuelta a la cama, la parejita joven volaba de caliente, y no les cuento cómo estaba yo que no había acabado ni una vez. Ellos se besaban con ternura y yo empecé a acariciar el culo de Javier que no se dio por enterado, entonces le rocé el ano con un dedo y traté de introducírselo. Me dijo que no era trolo (gay). Le expliqué que una vez de tanto en tanto no lo iba a convertir en puto, y que se la iba a hacer parar al mango. Le puse gel en el culo y emprendí la dilatación con los dedos. La hice poner a Lu en perrito y Javi le puso su pija en la concha mientras yo con mucho trabajo penetraba el culo de Javi que se quejaba un poco, nunca desprecio un culito masculino si es joven, durito y lampiño como este, el chico lo tenía bien apretado y sabroso, mi verga estaba feliz y ajustada. Los tres bombeando al compás acabamos como caballos, los gemidos y gritos de Lu se oían a mil kilómetros. Llegó el momento del descanso la cerveza helada y la conversación, hicimos una evaluación completa de esa primera lección. Lu dijo que había tenido un montón de orgasmos y que la había pasado muy bien. Javi también declaró haber gozado mucho y bien, aunque le dolía un poco el culo confesó haber gozado de ese momento en que cogía a su novia y era penetrado en el culo por mí. Yo que había acabado sólo una vez y seguía muy caliente, pedí que más tarde me compensaran. Lu nunca había hecho una mamada tragándose la leche, y Javi nunca le había acabado en la boca. Era temprano aún y ese día estaba dedicado a coger. Serví tres whiskys, el alcohol ayuda a aflojar las inhibiciones y los chicos lo necesitaban para lo que vendría.

De vuelta en la cama acerqu pero lo puse a Javi boca arriba y a Lu arrodillada delante de él, esto me permitió que mientras la pendeja lo mamaba al novio yo pudiera encularla con facilidad, ya que mi verga se había parado de nuevo, como siempre era una delicia sentir mi pija en el culito de Lu, mientras me recostaba sobre ella y le masajeaba las tetas. No se quién marcaba el ritmo, si ella con su mamada o yo con mis bombazos en su culo, la cuestión es que acabé antes que Javi, pero el orgasmo anal de Lu lo hizo venir enseguida.

Nos vestimos sumariamente para cenar, previo darnos una buena ducha los tres juntos. La comida transcurrió entre comentarios de lo bien que la estábamos pasando, de lo que le había gustado más a cada uno. Lu me reprochó que no la había cogido por la concha aún, le contesté que pronto lo haría, pero en una situación que le iba a gustar mucho. Comimos trucha asada con ensalada de apio, roquefort y nueces para estimular el vigor. Luego del postre, peras al borgoña, tomamos café en la sala viendo la filmación de todo lo que habíamos hecho por la tarde; a Javi y a mí se nos volvió a parar, lo que se notaba perfectamente a través de la ropa liviana que llevábamos. Lu se sentó entre los dos y tomó una pija con cada mano. Así, agarrados, nos llevó de tiro a la cama donde nos desnudamos. Me acosté boca arriba y Lu se sentó sobre mi verga que le entró entera, la dejé que me bombeara un poco y Javi ya entraba en erupción, entonces le pedí que la enculara, el chico le metió toda su pija en el culo y yo sentí como esa pija rozaba la mía a través de la delgada separación.

Como los dos hombres ya estábamos controlados fue un polvo muy largo, para satisfacción de Lu que acababa entre gemidos y gritos, como siempre en orgasmos sucesivos, era increíble la cantidad de orgasmos que podía tener la pendeja, era tan multiorgásmica como la mamá. Javi acabó antes que yo y Lu al sentir la leche en el culo inició un frenético meneo que me hizo soltar mi leche en un instante. Para mí basta, chicos.- les dije.  Si ustedes quieren seguir vayan a acostarse a otro cuarto, yo quiero dormir.- Los dos me dieron las gracias por todo y se retiraron. En el cuarto que les había preparado había una video y varias películas porno para que se entretuvieran. Yo, que no era tan joven estaba agotado y me dormí pronto, al día siguiente me esperaba una dura faena.

Me gusta / No me gusta

Daniela y sus compañeros. Parte I.

La tarde era tranquila, en esa época el calor de la temporada era algo mas intenso, así que nuestro mejor refugio en la escuela era la cafetería, mis compañeras de grupo estaban en examen, el cual yo ya había terminado, así que sin pensarlo fui a la cafetería y pedí un refresco, me senté y al hacerlo no tuve cuidado de tal forma que mi falda de por si corta como era mi costumbre se me subió mas de la cuenta, mostrando mis ricas piernas, muy quitada de la pena abrí mis muslos para sentir algo de frescura en mi rajita apenas cubierta por una tanga de frente transparente, mientras mis senos sin brassiere dejaban ver mis pezones punteando bajo la tenue tela de mi blusa.

Read more

Me gusta / No me gusta

Historia de mi caliente mujer sevillana

Esta es la historia real de cómo preparé la relación sexual de mi mujer, María, con su sobrino Román que costó varios meses pero que culminó muy bien. Yo siempre he sido lo que llaman un “cornudo consentido” debido a que mi sexualidad es muy fuerte, mi mujer tiende a la rutina sexual debido a una educación represiva en ese aspecto, llegó virgen al matrimonio muy a pesar mio, aunque virgen significa no penetrada por un pene (yo lo mas que pude conseguir es meterle la punta del pene en muy contadas ocasiones y creo que otros lo mismo o más…) pero si por dedos, lenguas y todos los magreos, toqueteos, sobeos y pajas en coches, camas y cualquier otro sitio que imaginar pudierais, esa era su mentalidad de joven y con total tozudez la mantuvo hasta la boda, aunque yo siempre he mantenido mis dudas sobre su supuesta virginidad ya que fue tocada, sobada y pajeada por diversos hombres en su tierna juventud.

A mi no me importa compartirla y que otros disfruten y la hagan disfrutar ya que cuando hace algo extra se vuelve medio ninfómana, le supura la sexualidad y la calentura por cada poro de su cuerpo hasta el punto de que en uno de esos momentos yo mismo he presenciado como se iba al cuarto de baño de una caseta en la Feria de Abril y volver sin bragas ni sujetador, para mas tarde verla besándose con uno con el que estuvo bailando sevillanas con mucho roce y mucho toqueteo, mientras que le metía la mano por debajo de la falda y le acariciaba su conejito y sus tetas en un rincón oscuro de una caseta, en esas épocas es cuando mas he disfrutado en mi relación con ella, ella disfruta, yo disfruto y otros disfrutan, es una situación muy buena. Mi mujer, en resumen, en unos momentos es una estrecha reprimida y en otros es una ninfómana y yo prefiero a la ninfómana aunque me pese un poco más la cabeza pero no podéis haceros una idea de cómo folla, que es capaz de hacer, como va provocando, es… algo indescriptible y el precio es muy bajo.
Físicamente es muy finita, pechos pequeños, de esos que caben en una mano o en la boca, pezón siempre de punta, piernas bien torneadas y un culo glorioso, ni grande ni chico, perfecto en su dimensión, en su textura prieta, en su movimiento al andar, en fin un culo para ser comido, tocado y penetrado. De cara es guapa sin ser espectacular ya que sus rasgos son suaves. En la época que cuento tenía 34 o 35 años.
En esa época íbamos todos los domingos a comer a casa de su madre viuda, también iba una tía ya mayor y también iba Román, que en esa época era un chico de unos 18 años y se iba haciendo grande, de vez en cuando lo descubría mirándole el culo o el escote y se situaba estratégicamente cuando se agachaba por algo para mirarle las tetas, o sea que se ponía muy caliente cuando le miraba. Eso me dio la idea para preparar ese paso adelante en nuestra vida sexual, ya que por aquella época estaba como muy parada, conformista, rutinaria sexualmente y esto podía ser un acicate.
Lo primero que hice fue pedirle, insistentemente, que los domingos para ir a casa de su madre no usara sujetador ni bragas, que usara camisa y que se quitaras el primer botón de la camisa, para cuando se echara hacía delante se le vieran las tetas. Poco a poco aceptaba todo lo que te pedía, aunque con cierta dificultad ya que no se explicaba ese repentino interés por que no usara ropa interior los domingos, aunque simultáneamente también había comenzado otra campaña para que enseñara las tetas en su trabajo ya que en aquella época trabajaba cara al público y eso también ayudaba. Llegó el día en que no tenía que decirle nada y se vestía así por su cuenta.
Lo siguiente fue pelearme en broma con su sobrino tirándonos por el suelo para intentar tirarla con nosotros para magrearla y toquetearla pero no había forma de conseguirlo pero, por lo menos, le mirábamos por debajo de la falda y veíamos los pantys sin bragas. Esto me dio otra idea pedirle que se pusieras medias en vez de pantys, todo ello pensando que la podíamos ver con medias en vez de con pantys, como otras tantas veces la vimos.
Domingos después de aquellos juegos que normalmente eran al final, a la hora de irnos, cuando ya se había ido su tía, ese domingo antes de comer la llevé a la salita y allí estábamos preparados para “luchar” con ella, nos tiramos encima de ella en el sofá los dos, agarrándola de todos los lados, tocándole las tetas, los muslos, todo hasta que caímos en la alfombra, cada uno en un lado agarrándole los brazos con la intención de desabrocharle los botones de la camisa, abrírsela y cogerle las tetas en directo y si iba la cosa bien chupárselas, además con la lucha yo le había subido la falda hasta la cintura y le acariciaba los muslos y su húmedo coñito por encima de los pantys, le cogimos las tetas, le quité el primer botón de la camisa pero, no se como, se escapó, se soltó y se puso de pie, ya de pie dijo con cara de cachonda “¡ me he escapado!” Y añadió mirándome “mira como me has puesto”, ni enfado ni reproche ni nada. Mi intención era que le hubiéramos quitado todos los botones y le hubiéramos abierto la camisa totalmente, se las hubiéramos cogido, chupado y también le hubiéramos metido mano en los muslos, le hubiéramos quitado los pantys y al final se la hubiéramos metido uno detrás del otro y además de uno por delante y otro por detrás.
Como la cosa iba muy bien e iba aceptando todo lo que iba pasando cada vez de mejor grado es por lo que algún domingo después me traje a su sobrino a mi casa con cualquier excusa para enseñarle las fotos de María desnuda, tengo una gran cantidad en todas las posturas y le expliqué que le iba a proponer que se acostara desnuda y que él iría a “despertarla”, le expliqué como la tenia que tratar, como le tenia que acariciar la clítoris, como podía avanzar en función de sus reacciones, cuales eran los signos que delataban que la podía follar, como le gustaba que la follaran, como le gusta que la besen y la besen hasta déjala sin respiración, como le encanta cabalgar, como le gusta que se la metan por detrás, como le gusta que le coman el coño y como le gusta una mamada y como le gusta todo de todo y además es multiorgásmica. Mientras había iniciado con ella la campaña para que se acostara desnuda y que iba a recibir una agradable “visita”, que así podría enseñarle a su sobrino todo lo sabía, al comienzo fue ni pensarlo, después me da mucha vergüenza y al final fue si, todo con bastante facilidad para lo que ella suele ser.
Mientras, para que yo me conformara y desistiera, le enseñaba mas las tetas a su sobrino, se rozaba mas y hasta un día llegó a ponerse las medias para cruzarse y pararse por encima de nosotros que estábamos en el suelo, que hartón de coño. Pero curiosamente lo que conseguía era ponernos mas calientes todos, incluida ella, y tener mas ganas de lo otro.
El domingo de marras dijo que estaba muy cansada, que había dormido mal esa noche y que iba a dormir un rato de siesta y que la despertara una hora después y se fue al dormitorio, se desnudó y se acostó sobre la cama sin taparse, yo, que había encargado a Román que despertara a María a una hora determinada, la estaba viendo por los visillos que tiene la puerta que es de cristales en la parte alta, con un visillo lo que permite por una rendija ver todo lo que pasa dentro sin ser visto, luego yo me metí en una habitación que hay en el mismo pasillo justo al lado, me acosté en un sofá y la puerta del pasillo al salón comedor estaba cerrada con lo que las demás personas no veían lo que pasaba en dicho pasillo y en la puerta del dormitorio. Cuando llegó la hora Román entró en el pasillo cerró la puerta del comedor y se fue hacia el dormitorio, yo lo vigilaba por una rendija, se quedó en la puerta, tomó ánimo y entró, salí disparado para ver lo que pasaba y lo que pasó fue que entró, se acercó a la cama y se quedó mirando, se acercó a la cabecera de la cama la miró a la cara y le rozo una teta, como no reaccionaba, parecía estar muy dormida, le volvió a tocar la teta y como seguía igual, le cogió las dos, luego se animó y empezó a comérselas, a lamérselas y comenzó a meterle un dedo, como yo le había enseñado, hacía la clítoris, cuando comenzó a acariciarla empezó a abrir las piernas y a agitarse pero con los ojos cerrados, él le daba en la clítoris y en la vagina, le comía las tetas y se iba quitando la ropa hasta quedarse totalmente desnudo con la verga en la mano.
Le abrió las piernas y ella, por supuesto, se dejó hacer, estaba agarrada a las sabanas y gesticulaba mucho, pero seguía con los ojos cerrados, él tenia el nabo en una mano y su coño en la otra, era el momento en que tenía que decidir si se la metía o no, por que ella estaba en ese momento en que no es capaz de negarse a nada, en ese momento hubiera podido hacer con ella lo que hubiera querido, decidió que lo mejor era dejarse la polla en paz, ya que estaba a punto de reventarle y dedicarse a comerle el coño a ella, antes de tres minutos tuvo un orgasmo frenético, luego él se puso encima, ella abrió los ojos y le ayudó a metérla por inexperto, él la comenzó a besarla en los labios como yo le había dicho, sin dejarla en ningún momento, casi sin respirar, mientras se la metía y sacaba y se corrió muy pronto, inmediatamente ella se bajo de la cama y comenzó a chupársela con tanta intensidad que antes de cinco minutos se había corrido en su boca, ella se deleitaba tragando todo el semen e inmediatamente comenzó de nuevo a chupársela y cuando se la enderezo lo cabalgó hasta un nuevo orgasmo mutuo, el se levantó, vistió y salió del dormitorio media hora después hecho un hombre, era su primera experiencia, muy trabajada, a partir de ese momento se le abrían horizontes magníficos.
A los diez minutos apareció ella por el comedor, después de haber pasado por cuarto de baño, un poco agitada todavía y un poco colorada, como cuando la follan o similar y además estaba radiante. Todo el mundo se dio cuenta de algo había pasado, había sido un tiempo excesivo, mi suegra miraba a su hija y a su nieto con curiosidad y luego a mi de forma picara para volver a mirarlos a ellos, sé, algunos años después hablamos de ello, que se dio cuenta de que había pasado algo gordo entre ellos pero no sabía qué y me lo preguntó, yo le dije que habían follado y curiosamente no le pareció mal a pesar de su educación represiva, solo le preocupaba si tenían cuidado para no quedarse embarazada, presuponía que seguían acostándose, lo que me hizo pensar que mi suegra era como su hija que necesitaba algunos incentivos para ser una ninfómana y lo que hice es la prueba definitiva que fue irme al cuarto de baño, desnudarme con la puerta abierta y meterme en la ducha, llamarla y pedirle que me enjabonara la espalda, ella ni lo dudó, me enjabonó entero, pero esa es otra historia .
A partir de ese día solo en una ocasión, estando sentados en una mesa camilla con brasero eléctrico y la falda de la camilla tapándonos las piernas, vi como Maríase sentó junto a él, se pegó a su silla lo mas que pudo, disimuladamente se subió la falda y Román metió las manos bajo la camilla para calentárselas y bien que se las calentó en la entrepierna de ella que al no poder resistir el placer se levantó se fue a otra habitación y llamó a su sobrino para que la ayudara con una cosa, no se si se la metió pero a los diez minutos salió colorada y contenta y él se fue al cuarto de baño, en otras ocasiones noté un cierto toqueteo, aparecer los dos de una habitación un poco mas agitados de la cuenta, que mi mujer usaba medias en vez de pantys y dejo de usar sujetador y bragas durante años.
Esa noche follamos casi en silencio, solo dijo una frase: “¿Estás contento?” y si que lo estaba, durante años lo he estado. No se si después de aquello folló mas veces con su sobrino pero no me importa, bendito sea su coño aunque sea compartido, ya que eso es lo que la convierte en la mejor amante, la mas viciosa, la más puta de todos los tiempos.

Me gusta / No me gusta

Ayuda al Camión (Dedo al Camión 3)

Ayuda al Camión
Por Rebelde Buey

Estaba desesperado. Había reunido a mis dos íntimos amigos, a mi primo y a un vecino de confianza para que me ayudaran, para que me dieran ideas, plata, lo que sea con tal de sacar a mi novia del emputecimiento en el que estaba sumergida.
Los miré uno a uno, tragando saliva. Resultaría difícil no quedar como el rey de los cornudos.
—Se trata de Violeta…
Me miraron preocupados.
—¿Le pasó algo?
—No. Bueno, sí. Pero nada grave. O sí, muy grave…
—¿Qué pasa, Henry? ¿Se van a separar?
Estábamos en el living de mi casa, sentados en los sillones.
—Está en problemas. Tiene un especie de… adicción…
—¿Drogas…?
Los miré. No sabía cómo decirles.
—Es adicta… al sexo.
Uno de mis amigos sonrió como si yo estuviera bromeando.
—No es lindo. Ni excitante. No es solo adicta al sexo… -me sentía tan incómodo de revelarme así delante de ellos. —Es adicta al sexo con… camioneros… Está como obsesionada… Es una historia larga, pero… Se la pasa cogiendo con camioneros…
Primero rieron. Luego vieron mi rostro destruido y entendieron que, por extraño que pareciera, era verdad.
Me eché a llorar.
—Henry, disculpá… -me dijo uno de mis amigos. —Pensé que era una joda…
—No lloro por ustedes, pero ella… Tengo que hacer algo… no quiero perderla…
—¿Te va a dejar? -quiso saber mi primo.
—No. Ella me sigue amando. Y yo también. Pero no puede salir de esa puta parrilla…
—¿Qué parrilla?
—Trabaja en una parrilla y el dueño la hace coger con los camioneros por 100 pesos… Y ella se deja…
—No puede ser…
—Hasta yo… Para cogérmela yo también tengo que pagar… Necesito ayuda…-imploré.
Todos conocían a Violeta y, aunque la veían siempre de polleritas y remeras ajustadas, con sus tetas a punto de explotar y la carita de puta alegre, les resultaba imposible de creer.
—¿Querés que le hablemos?
—Es al pedo hablar. No le importa nada. No es que no me quiera, es que no lo puede evitar… Es como una droga, no puede dejar de cogerse camioneros…
Yo estaba con la cabeza gacha, llorisqueando, y no pude ver cómo entre los cuatro se cruzaron miradas.
—¿Cómo es el sistema…? -me preguntó mi primo.
—Los camioneros comen algo, se anotan en una lista y cuando les toca el turno, pagan comida y polvo y se llevan a mi nena a su camión…
—¿Por cuánto tiempo?
—Media hora…
Se volvieron a mirar.
—¿Y hay alguna restricción… o cualquiera puede ir y…?
—Creo que cualquiera. No sé. Mientras se le pague al hijo de puta de Antonio, el parrillero…
En ese momento entró al living Violeta y nos sonrió. Ya se habían saludado antes y ella iba y venía por la casa sin saber lo que hablábamos nosotros. Llevaba puesto un mini short colorinche, enterradísimo entre las nalgas, que la exhibía demasiado. Esa era otra cosa que me molestaba de todo el asunto: el hijo de mil putas de Antonio, además de prostituirla, le había cambiado la forma de vestirse y comportarse. Ya en el barrio se rumoreaba que era una putita.
Mis amigos la siguieron con la mirada, especialmente cuando se agachó a acomodar unas cosas en una mesita. Mi primo, fanático de los culos grandes y redondos, se quedó colgado del mini short de mi novia, que casi le dejaba media cola afuera.
—¿Vieron? -les dije cuando se fue. —¿Vieron lo cambiada que está?
—Yo no la veo muy cambiada -dijo mi primo. —O por ahí un poquito más delgada, con mucho mejor cola que antes, creo está más buena que nunca…
—¡Cambiada de actitud, boludo!
—Ah, sí, sí -admitió a modo de disculpa.
Los miré a los cuatro, suplicante. Eran mi gente de mayor confianza.
—¿Y? ¿Me van a ayudar o no?
—Por supuesto, Henry. Algo se nos tiene que ocurrir. Pero decime… la parrillita esa… ¿dónde queda…?

Idearon rápidamente un plan. Me pidieron 400 pesos, 100 para cada uno. Irían en la semana a ver cómo era el sistema ese, por el que el Antonio prostituía a Violeta. Santiago, uno de mis amigos, consiguió un camión. Pagarían, llevarían a mi novia a la cabina y tratarían de convencerla. Por supuesto, ellos no le harían nada. Eso me aliviaba. Si bien me iba a costar 400 pesos, al menos esa noche ella no sería tan usada como de costumbre.
Llegamos a la parrillita y mis amigos y mi primo se anotaron en la lista. Casi se atragantan cuando la vieron llegar de un camión con su uniforme de ese día, una mini falda tableada y cortísima, que le dejaba media cola al aire, y una tanga demasiado metida en la raya. Arriba, un top corto donde las tetotas se peleaban por salir.
—Hola, mi amor -me saludó mi novia. —¿Trajiste platita para hacerme el amor?
—N-no… -balbucí. —Pero mis amigos… -Ella giró para verlos y les sonrió. —Vienen a hablarte.
—Que se anoten en la listita, mi amor… -dijo con cierta indiferencia.
Media hora después, mi amigo Dani se llevaba a mi gordita hermosa al camión, previo pago de los 100 pesos que le había dado. Dani era el más pirata de todos, a excepción quizá de mi primo, por lo que verlos entrar a la cabina me despertó una alarma. ¿Y si se llegaba a propasar con ella?
—Tranquilo -me dijeron los otros tres. —A Dani lo conocés desde la primaria. ¿Cómo te va a hacer una cosa así?
Me calmé. Todo este asunto me estaba poniendo paranoico. Fue una media hora de chicle, nunca se terminaba. Por un lado mejor, pensé, todo este tiempo estaría tratando de convencerla.
Pero cuando regresaron, también lo hizo la paranoia. Porque conozco a Violeta y en la cara le vi que había cogido. Mi amigo venía feliz y relajado. Algo andaba mal.
—Santiago -anunció Viole con el papelito en la mano, y le sonrió a mi vecino cuando éste se levantó de un salto. Le vi el bulto que le hacía el pantalón y lo noté muy poco concentrado en su misión real.
—¡Ey! -reclamé mientras se alejaba con mi novia de la cintura y le magreaba disimuladamente las nalgas. —Tratá de convencerla…
Los vi entrar al camión y otra vez algo se me atragantó. Giré ansioso hacia Dani, el que recién había estado con Viole.
—¿Y?
—Formidable… -respondió con una sonrisa de satisfacción plena.
—¿Cómo formidable?
—Quiero decir, difícil… Mirá, traté de hablar, pero es imposible, tenías razón…
—¿Y qué hiciste media hora ahí?
No esperé a que me contestara. Fui corriendo como un loco hacia el camión. Llegué agitado y subí al estribo y me asomé por la ventanilla. Santiago estaba con los pantalones por los tobillos bombeando a mi chiquita, que lo atendía con sus piernas abiertas y abrazándolo por la cintura. ¡Se estaba cogiendo a mi novia!
—¡Santiago! -grité indignado.
Pero el hijo de puta se la seguía garchando y masajeándole las tetotas, mientras ella entrecerraba los ojitos.
—¡Santiago, dejá de cogerte a Violeta! -volví a gritar. Se ve que no me escuchaban porque mi amigo seguía dándole maza y penetrándola como una animal. Entonces golpeé el vidrio de la ventanilla. —¡Hijo de puta, largá a mi novia!
Ahí saltaron del susto. Santiago me miró con culpa pero no se salió de entre las piernas de mi amorcito. Levantó los hombros y puso cara de disculpa.
Y se dio media vuelta y continuó fifándosela.
Golpeé de nuevo, inútilmente. Decidí abrir la puerta del camión. El turro la había trabado. Forcejeé con la manija mientras miraba angustiado cómo mi amigo seguía bombeándola hacia arriba y hacia abajo, entre las piernas de ella. Su culo peludo moviéndose contra mi nenita hermosa y ella con las piernitas arriba, recibiendo verga, asiéndolo de la cintura y trayéndolo hacia sí para que la penetración fuera más profunda. Volví a forcejear.
Permanecí en el estribo del camión la media hora que duró esa cogida, asomándome angustiado por la ventana y tratando de abrir. En ningún momento Santiago dejó de cogérmela y le acabó adentro un par de veces.
Al salir de la cabina me encontró como amansado, resignado, seguramente, y con una erección que no me correspondía. Intentó explicarme algo pero yo me quedé allí, sin reacción, y él y mi novia volvieron hacia la parrillita. Nadie me vio entrar al camión. No me iban a cagar otra vez, mi primo y mi otro amigo me iban a tener adentro para evitar que me la zarpen otra vez.
Los sorprendí cuando entraron. A Violeta y a mi amigo Juanjo.
—¿Qué hacés acá? -me retó ella. —No me vengas a hacer lio al trabajo.
—Vengo a impedir que estos hijos de puta me sigan cagando.
—¿Pero qué decís? ¡Son tus amigos!
—Sí, Henry, ¿cómo te vamos a cagar? -me dijo Juanjo sorprendido, mientras se abría el cinturón del jean.
—¡Se están cogiendo a mi novia desde que llegaron, hijos de puta! ¡Se suponía que solamente iban a hablar!
—¿Y qué querés que hagan si ya le pagaron a Antonio, mi amor? -Encima mi novia los defendía.
—¿Quién te entiende, Henry? Estamos tratando de ayudarte -y luego se refirió a Violeta en otro tono: —Girá la colita más para acá, mi amor… así…
—¡Dejá a Violeta en paz! ¡No te la cojas, Juanjo!
—¡No me la voy a coger, boludo! -me quiso tranquilizar mi amigo, pero ya tenía la pija dura en la mano y a mi novia sin el culote puesto. La tomó de la mano y la guió hacia él.
—Henry, dejá de hacer papelones… ¿querés?
—Estoy tratando de ayudarte con Violeta. -Juanjo le hizo pasar la pierna por arriba y la ayudó a mi novia a ponerse por encima de él, de frente, con la conchita deliciosa a punto de clavarse.
—¡Te la vas a coger, hijo de puta! ¡Dejala!
—¡Te digo que no me la voy a coger! -prometía. Tomó de la cintura a Viole y la acomodó sobre su pija, puerteándola, y le marcó a ella el movimiento hacia abajo. Violeta solo se dejó caer sobre esa pija durísima y el entierre de la verga en esa conchita fue impecable. —Mmm…
—¡Turro de mierda, te estás cogiendo a mi novia!
—No…. No… -jadeaba el hijo de puta mientras hacía subir y bajar a Viole sobre su pija. —No me la estoy… uhhh… cogiendo…
—¡Te la estás cogiendo, hijo de puta, te estoy viendo!
—Te juro que… no me la estoy… uhhh… uhhh… síii… asíii…. -Su verga venosa salía de mi novia y volvía a entrar, y los líquidos de ella le sacaban brillo a la cogida.
—¡Henry, no seas desubicado! -me retó mi novia, que lo cabalgaba como una puta.
—Me dijeron que iban a convencerla de salir de acá. -dije a mi amigo con un nudo en la garganta.
—No, Henry. Te dijimos que íbamos a ver cómo era todo este sistema. Esto es parte del sistema… -y le gimió bajito a ella: —Uhhh… qué buena que estás, corazón…
Tuve el impulso de pegarle una trompada, pero el guacho empezó a acelerar sus embestidas y vi claramente cómo su pija horadaba una y otra vez esa conchita que era de mi propiedad. Eso me distrajo y ya no supe qué contestar. Viole fue más práctica.
—Además ya pagó, mi amor… ¿No creés que es justo que me coja un poquito…?
Ahora Viole se daba vuelta y le ofrecía la espalda, siempre sentada sobre su verga. Mi amigo la elevó un instante, con la pija en la mano.
—Correte, Henry -me regañó mientras la agarraba de la cintura a ella para bajarla y clavársela otra vez. —Estás muy cerca y no me dejás mover la pierna para mandársela bien al fondo…
Me corrí.
—Ahhhh… -comenzó a gemir mi novia cuando la pija de Juanjo le entró en esa nueva posición.
—Gracias -mi amigo finalmente empujó a mi novia hacia abajo y se la clavó hasta los huevos.
—Ay… Síii… -gimió ella. —Así, Juanjo…. ¡qué buena pija…!
—¡Viole! ¡Al menos tené la decencia de callarte!
Pero siguió gimiendo como una puta en celo mientras mi amigo se la garchaba sin compasión, disfrutando de mi novia con cada embestida, sintiéndola toda para él.
—Sostenémela un poquito de ahí para que no se me vaya para adelante -me pidió. Lo hice, ¿qué podía hacer? Mi amigo la agarró de las nalgas y con cada penetración le abría la cola para metérsela más adentro. Violeta gozaba de verdad, aunque también podía ser la actuación aprendida en este trabajo.
Lo que no era actuación, estoy seguro, fue cuando media hora después se la cogió el último de los cuatro a los que yo les estaba pagando: mi primo. Es que a ese hijo de puta mi novia siempre le había tenido ganas. Y eso lo sabía yo de una charla tonta que había tenido una vez con Violeta. Ya dentro del camión, mi primo se impuso ante mi primera queja y no me dejó margen de negociación:
—Cuerno, no me rompas las pelotas porque a tu novia le tengo ganas desde hace años y pienso darle sin asco. -Me quedé helado. —Cerrá la jeta, no hagás quilombo y portate bien.
No me sentí tan humillado como debiera. Quizá porque ya él era el cuarto que se la iría a coger y estaba claro para todos que yo era un flor de cornudo.
Mi primo puso a Violeta en cuatro patas hacia adelante, con el culazo hermoso y redondo a su total merced. Le subió la poco decente minifalda y apoyó el sobrecito del preservativo sobre su cintura, ahí donde muere la espalda. “Menos mal”, pensé. “Por lo menos éste me la va a coger con forro”
Pero lo que hizo en realidad mi primo fue quedar con sus dos manos libres, y entonces le abrió con hambre las nalgas a mi novia.
—¡Qué pedazo de culo que tenés, Violeta! No sabés cuánto hace que le quiero entrar. -Mi novia echó una risita halagada y paró más la cola. Mi primo la manoseó lujuriosamente, gozando cada centímetro de carne, y cada segundo que la tenía para sí. Agarró su pija enorme y durísima y se la fue acercando despacio hasta que comenzó a penetrarla.
Con el movimiento de pelvis que hizo mi chiquita para que la penetración fuera más adentro reparé en que el sobrecito del preservativo seguía sin abrir en su cintura.
—Uhhh… -gemía él. —Qué rica estás… Estás tan buena como siempre te imaginé…
—Primo, te la estás cogiendo sin forro. -le reclamé más resignado que firme, patético. —Ponete el forro, por favor…
—Uff, no seas escandaloso -minimizaba, y seguía meciéndose hacia ella una y otra vez, despacio, pero penetrándola cada vez más profundo. —Ahhh… Qué buena que está tu novia, cuerno…
—No seas hijo de puta, ponete el forro, aunque sea.
—Ay, mi amor -terció Violeta. —No seas tan pesado, al fin de cuentas es de la familia.
Mi primo no dejaba de enterrarle la pija hasta los huevos ni por un segundo. La sacaba casi íntegra y la volvía a meter despacio pero sin detenerse jamás. Y el hijo de puta disfrutaba ese roce húmedo y me lo demostraba con cada jadeo.
—Te voy a acabar adentro, Viole… No sabes las veces que soñé con hacerte eso…
—Ay, sí, llename de leche…
—¡Pero ustedes están locos! ¡Viole, te puede dejar embarazada!
—No estoy ovulando, mi amor… Y ya te dije que no me molestes cuando trabajo para Antonio…
—Primo, no me podés hacer esto… -le supliqué.
—No quiero, cuerno… -le abría las nalgas y miraba lascivo la penetración que él mismo le propinaba a mi novia. Y gozaba. —Pero no sé si voy a resistir la tentación… -Con cada pijazo que le clavaba jadeaba más y más. —No sabés… ahhh… lo que es … Uhhh… esto… mmm… Es el mejor polvo que me eché en mi vida…
—¡Dejate de joder, mirá si la embarazás!
—Te la lleno, cuerno, te la lleno… -anunció y comenzó a acelerar las embestidas. Mi novia jadeaba al ritmo de mi primo.
—¡No seas hijo de puta…!
—Te la lleno… Disculpame, primo, pero te la lleno de leche…
Y aceleró más y empezó a bufar sonoramente, y de pronto el recontra hijo de putas de mi primo empezó a deslecharse adentro de mi novia.
—Síiii… -se emocionó Violeta. —Llename… ¡Llename de leche, papito!
—¡Sos un hijo de puta! -le grité al borde de las lágrimas.
—¡Te la estoy llenando, cuerno! ¡Te la estoy llenando! -me anunció mi primo mientras la seguía bombeando. —¡Mirá!
Y yo miraba. ¿Cómo no iba a mirar? Me sentía furioso, indignado, contenido de violencia y a punto de explotar en un llanto, pero hipnotizado por esa imagen surrealista de la verga de mi primo latiendo dentro de la delicada conchita de mi novia. Y sabia que cada latido era un chorro de semen directo a sus entrañas, y cada quejido de ella no era otra cosa que una súplica de placer, porque también sabía que le excitaba sentir adentro la leche tibia de sus machos.
Me fui en seco sin poder evitarlo y un lamparón de humedad afloró en mi pantalón, avergonzándome. En cambio, el hijo de puta de mi primo seguía bombeando a mi chiquita mientras la asía de las nalgas con sus garras y la surtía sin compasión.
Pensé que todo iba a terminar ahí. Mi vejación no podía ser peor.
¡Qué equivocado estaba! Mi primo sacó el buen pedazo de verga del que dispone y lo apoyó sobre las nalgas de ella. Estaba brilloso de fluidos y todavía duro. El peso de esa pija sobre su cola, y el chasquido que el semen viscoso hizo contra su piel fue toda una premonición.
—Uuuy… -dijo mi novia, mimosa.
—Te voy a romper el culo, muñequita. Siempre quise hacerte esa colita hermosa que tenés.
“Já”, me ufané en mis pensamientos. “Si le quiere hacer el culo está jodido, solo le pagó 100 pesos a Antonio, y para hacerle también la cola debería haber pagado 150”
—Mmm… me encantaría, primito… -respondió mi novia.
La respuesta de Violeta no me gustó ni medio.
—Mi amor, no te puede hacer la cola -le recordé. —Él te pagó nada más que 100 pesos.
Mi primo se enojó.
—Callate, cornudo, no seas botón.
—Es que es una pija tan rica…
—¡Viole, sos una hija de puta, a mí no me dejaste!
—¡Callate, te dije, cuerno!
—Si te dejás hacer la cola por cien pesos le cuento a Antonio.
Me sentí tan extraño declamando semejante cosa. Pero ya todo estaba muy fuera de lugar. Mi primo me miró con odio. Quizá si no estuviera recomenzando la cogida a mi novia, otra vez, me habría pegado. Viole gimió al recibir esa pija, pero me sonrió y me tranquilizó:
—Nunca le fallaría a Antonio, amor… Nadie puede hacerme la cola si no paga 150.
Sonreí triunfal. Sí, le sonreí triunfal a mi primo, que estaba de rodillas detrás de mi novia, penetrándola otra vez, haciéndola gemir y pedir más pija. Sí, triunfal, aunque no sé por qué.
—¡Qué pedazo de cornudo…! -sentenció mi primo. Y mi triunfalismo flaqueó. Comenzó a ensalivar el ano de mi novia, masajeándolo, de paso, pero solo para ensalivarlo de nuevo y otra vez.
—¿Qué hacés?
—Voy a romperle el culito a la puta hermosa de tu novia…
—No podés… Ya escuchaste a Viole, tenés que pagar 150.
—Vengo acumulando ganas desde hace tres años, primo…
Me miraba y seguía dilatando el agujero de Violeta. El turro le apoyó la punta de la verga en la entrada del ano. Solo lo apoyó, y empujó casi nada, como para marcar presencia.
—Tenés que darme antes los 50 pesos que faltan, corazón -anunció mi novia, rindiendo obediencia a su proxeneta parrillero.
—Ya lo sé. -Le apoyó más fuerte la cabeza de la pija y le metió unos dedos en la conchita.
—¡No lo hagas, hijo de puta! Viole, no lo dejes, o le aviso a Antonio.
—No va a hacer falta, alcahuete… -se quejó mi primo. Le metió media cabeza de pija en el ano ya bastante dilatado de mi novia y me dijo lo más campante: —Prestame 50 pesos.
La turrísima puta se desinfló con una sonrisa de satisfacción total.
—Sos un hijo de puta… -le festejó. Yo no quería entender.
—¿Qué? ¿Cómo?
—¡Que me preses 50 pesos, cuerno! -me ordenó muy firme, casi con violencia. —Dame la guita que le quiero romper el culo a tu novia.
—¡No me digas cuerno! -fue mi reacción desesperada, confundida.
—¡Dame los 50 mangos, la re puta que te parió!
—¡Viole, decile algo!
—Ay, Henry, dejá de portarte como un chiquilín. Después te los devuelve.
No me los iba a devolver nunca, lo sabía.
—Dale, cuerno, que tengo la verga dura y el culo de tu novia a punto de caramelo… Te prometo que no le va a doler….
Violeta se rió.
Y yo me vi como un autómata sacando mi billetera despacio, incrédulo, viendo cómo mi gordita putona, culo para arriba, me miraba a los ojos y me tiraba un besito silencioso.
—Tengo un solo billete y es de cien.
—Mejor -dijo mi primo. —Así le queda de propina. No quiero que tu novia piense que soy un miserable.
Le di los 100 pesos.
—Así me gusta, cuerno.
Mi primo agarró los 100 pesos y sacó su propia billetera. Sacó de allí un billete de 50 y se guardó el de cien. Vi que tenía al menos 200 pesos más.
Vencido, vi como mi primo tomó el billete de 50 y lo enganchó en el elástico de la bombacha de mi novia, en la cintura, donde termina la espalda. El elástico hizo un chasquido y mi novia se contorsionó de placer.
—Putita… -le dedicó mi primo. —Ahora sí…
Volvió a ensalivarse la pija y el ano de ella. Lo masajeó un ratito y le fue enterrando la cabecita de a poco pero firmemente.
La buena de mi novia bufó callada y se esforzó por dilatarse. No le costó mucho. Aunque esa noche no le habían hecho la cola todavía, no le faltaba práctica. La cabeza de la pija de mi primo entró íntegra y allí descansó unos segundos. Y luego siguió perforando.
—Vení, cuerno, mirá -me invitó orgulloso.
Aunque lo odiaba, fui.
—¿Ves? -me preguntaba mientras le iba enterrando muy muy despacio la pija por el culo. Yo no daba crédito a mis ojos. Jamás había visto a mi novia penetrada desde una distancia tan corta. Y fue más corta aun: —Acercate, primo. Mirá bien de cerca cómo le lleno el culo de verga.
Le hice caso y puse mi rostro pegado a las nalgas de mi Viole, mientras la pija de mi primo seguía taladrándola a cuatro centímetros de mis narices.
—Escupile -me ordenó de pronto mi primo. Y me señaló el ano de Viole, que estaba tapado por el grosor de su miembro, metido bien adentro de ella. Yo escupí ahí donde él me dijo, y entonces él retiró la pija unos centímetros. —Escupí de nuevo, dale.
Y se la empezó a enterrar otra vez. Repetimos la acción un par de veces, yo escupiendo sobre su pija, y él sacándola y metiéndola.
—Ahora ayudame, cuerno, mantené la bombacha de tu novia al costado, que no me moleste.
Tuve que rozar la mano de él, que estaba agarrando las nalgas de mi novia como si fueran una masa, abriéndole lo más posible sus gajos para comenzar a penetrarla más seguido. Y yo le sostuve la tanguita en el costado, para que él la sodomizara más cómodo.
—Uhhh -gimió ella.
Mi primo retiró un poco la pija.
—Escupile de nuevo, cuerno.
Escupí. Y mi primo arremetió otra vez perforando el ano de mi Viole.
—Ahhhh…. Siiiii…
—Qué buen orto que tiene tu mujer… -bufó él. —¡Escupí, cornudo! Ayudá a tu novia.
Me tuvo así, lubricando su propia cogida unas cuatro o cinco veces más. Para escupir tenía que acercar mucho mi rostro, y como él nunca terminaba de sacar su pija, todo me quedaba muy cerca. Tenía un plano tan detallado de la penetración a la que sometía a mi novia que me fue inevitable despedir otro chorrito de semen dentro de mi pantalón.
Mi primo comenzó a bombearla más y más rápidamente. Yo seguía sosteniendo con una mano la bombachita para que él no estuviera incómodo mientras se la cogía. Con el correr de las estocadas, la pija de mi primo se fue tornando más y más audaz, e iba cada vez más rápido y más profundo.
Violeta jadeaba y gritaba como una puta. Bueno, lo era. Pero gozaba de verdad. La pija de mi primo la taladraba ya con violencia y le entraba y salía completa sin delicadeza, y cada envión del hijo de remil putas le enterraba la pija hasta la garganta, y la hacía gemir. La estuvo sodomizando durante diez minutos, quizá menos, en los que mi primo se solazaba con la cola de mi novia “te estoy haciendo el culo, Viole. Por fin te lo estoy haciendo…” y mi novia, bien puta: “sí, primito, sí… siempre quise saber cómo se sentiría tu pija adentro mío…”
Hasta que él anunció que se venía.
—Me voy, mi amor… Te lleno el culo de leche…
—Sí, papito, sí -suplicaba Violeta.
Mi primo cambió apenitas su posición, elevándose para lograr una penetración más profunda todavía. Y comenzó a redoblar velocidad. Ya a esa altura bufaba como una locomotora y con cada embestida que penetraba a mi novia, en el mismo movimiento le separaba las nalgas, logrando llegarle literalmente hasta los huevos.
—Te lleno el culo, Viole, te lo lleno…
—Sí, sí, sí, sí…
—Cuerno, soltá la bombacha y agárrame la pija que le acabo a tu mujer…
Quise poner una cara de ofendido pero no me salió.
—Dale, boludo, que nunca vas a tener otra chance como esta.
Solté la tanguita y con dos dedos hice un círculo sobre la pija de mi primo, ahí donde nace, que era el único lugar que no penetraba la cola de mi novia. Mis dedos quedaron como un anillo en la base de su pija, chocando constantemente contra la cola de mi amada con cada embestida con que la sodomizaba.
—Apretá, cuerno. Quiero que sientas venir la leche. -Le hice caso y apreté. —Así, así, cuerno, muy bien… Uhhh… -era puro morbo toda la situación. Yo agarraba la base de la pija de mi primo y la piel que tocaba no se movía, pero sentía cómo la carne de la pija, la que estaba dentro de esa piel, corría hacia adelante y atrás como un pistón, clavándose a mi novia. —Muy bien, Henry… sentí cómo te la cojo… -Seguía columpiándose dentro del culo de mi Violeta con violencia. —Qué buen cornudo resultaste, yo sabía… sentime, primo, sentime… -Y vaya que lo sentía. Era una barra de pija que le incrustaba a mi novia en el culo y mis dedos eran escribanos que certificaban fehacientemente la superioridad de él como macho por sobre mi patética inferioridad de cornudo.
Entonces mi primo le mostró a Violeta:
—Mirá lo que hace tu novio, preciosa.
Violeta giró y el morbo de verme anillando la pija que la estaba taladrando fue demasiado.
—Mi amor… -musitó. Y comenzó a acabar como una yegua hija de puta, y eso le disparó lo propio al turro de mi primo.
—¡Te la lleno, cuerno! -me dijo con sonrisa sádica. —Apretá más fuerte que te la lleno de leche.
Obedecí y le apreté más la pija, ya con tres dedos. De pronto sentí la pija latir con una fuerza increíble. Estaba a punto de venirse.
—Me viene la leche, primito… -al borde de acabar, trataba de erguirse un poco para penetrar a mi novia más de arriba y seguir clavándosela más profundo, si es que eso era posible. La redondez gordita de la cola de mi chiquita era de una perfección que me enloquecía. Y era mi perfección. Ver esa cosita inmaculada perforada por el pistón de mi primo me humillaba pero me excitaba como nada. —Me viene la leche, pedazo de cornudo…
Aferrado a las nalgas ya rojas de mi novia, mi primo comenzó -por fin- a llenarla literalmente de leche y yo pude ver cómo la pija se le dilataba y contraía, y sentí fluir los chorros entre mis dedos como si se tratara de un sachet de mayonesa.
—Te estoy llenando de leche, mi amor… -le decía mi primo. Violeta ya estaba acabando morbosamente mientras no dejaba de mirarme anillando a su macho.
—Te la lleno de leche, cuerno, te la lleno de leche… -me repetía mi primo mientras se la seguía bombeando y la inundaba con los últimos chorros. —Te la lleno de leche…
Se derrumbó sobre ella, empapado de sudor y exhausto. Yo quedé medio descolocado, pero con mis pantalones totalmente mojados en mi propio semen.
Un minuto después él se irguió y antes de sacarla dijo:
—¿Querés hacerla acabar vos, ahora?
Semejante compensación no me la esperaba, y asentí agradecido. Aunque no sabía si se me iba a parar, ya que recién había acabado sin tocarme. Me desabroché el pantalón.
—No, cuerno, no seas iluso… -sacó su pija del ano de mi novia, la pobre estaba totalmente dilatada, como yo nunca había visto, y embadurnada de semen, por dentro y por fuera. —Dale -me invitó. No le entendía. —Dale -me insistió.
Me tomó desde arriba de la cabeza y me empujó hacia la cola de mi novia, a ese ano explorado y explotado, cubierto de él. Violeta gimió tan encantada de placer que pensé que iba a acabar de nuevo.
—¿No querías darle placer a ella? Vas a ver que le va a encantar.
Y la hice acabar por primera vez en mi vida con solo tocarla.

Al regreso volvíamos los seis en el camión: Violeta, mi primo al medio y yo, manejando. El resto atrás. Nadie hablaba.
Justo antes de entrar al pueblo mi novia se recostó en el asiento, apoyando su cabeza entre las piernas de mi primo, que viajaba a mi lado, y comenzó a chuparle la pija con total naturalidad, como si nada. Miré la escena de reojo. Supuestamente no debía… Antonio no la dejaba… No debía estar haciendo eso…
Pero mi primo me hizo notar un detalle, que me llenó de esperanza.
—¿Ves? -me dijo al oído. —Ya no obedece tan ciegamente a ese Antonio… Con dos o tres sesiones como la de hoy, yo creo que te la sacamos de la parrilla sin ningún problema…
—¿Qué? Pero… ¿Se la quieren seguir garchando, hijos de puta…? -le hablaba en un murmullo, mientras mi chiquita tragaba carne ahí abajo. Mi indignación era total. —¿Y encima quieren que yo lo pague?
Al otro día les di a mis amigos 400 pesos para que vayan a la parrillita a seguir convenciendo a mi novia de que abandone esa vida perdida. Y el fin de semana, otros 400. Me la cogieron dos o tres veces por semana durante un mes y medio, siempre a costas mías, que tuve que empezar a trabajar horas extras para juntar el dinero para que me la sigan cogiendo.
Pero mi primo tuvo razón porque los resultados llegaron. Un buen día él mismo me planteó una solución, algo que a mí jamás se me hubiese ocurrido y que, les debo ser franco, me daba un poco de miedo. Aunque eso, amigos, ya será historia del próximo capítulo.

Fin

Me gusta / No me gusta

Ni Gorda ni Flaca (Parte 2, Final)

Agustín fue a reemplazar a Carlos en menos de un segundo. Tan rápido fue todo que mi novia no pudo cambiar de posición, o siquiera moverse. Ella seguía con su conchita y cola sobre mi cabeza, pegadas a mi rostro, que quedaba aplastada sobre el sillón, mientras mis amigos se la cogían sin misericordia; todo para mostrarme que ella no era ninguna gordita.

Así que en instantes tuve una segunda pija recorriéndome toda la cara con cada una de las embestidas que le entraban a mi novia. Bruni enseguida comenzó a jadear, y a juzgar por la superficie de verga que se friccionaba en mis mejillas, ésta era bastante más ancha. Igual que los jadeos. Agustín parecía más salvaje que Carlos. La tenía tomada de las nalgas, clavándola como un poseso desde el minuto cero, con velocidad, con violencia. Se ve que la conchita de mi novia le enguantaba bien (es que en serio él la tenía muy ancha) porque a cada rato se frenaba, para calmar la calentura y no acabar, y así seguir cogiéndomela.

En uno de esos descansos Agustín sacó la pija casi en su totalidad, dejando la cabezota de su verga en la puerta, apenas suspendida en el aire. Mi Brunita ronroneó y reclamó la falta de pija con un movimiento involuntario de su pelvis, y la cabezota de la verga de mi amigo fue a caer directamente sobre mi rostro. Estaba muy húmeda, pegajosa y bastante caliente. Sentir esa pija sobre mi rostro me desesperó del asco, pero estaba aprisionado por todo el peso de mi novia y no podía sacármelo de la cara. Agustín, tan borracho como cualquiera de nosotros, se rió un poco y comenzó a hamacarse contra mi novia, como cogiéndola. El problema era que su pija estaba afuera, rozando por completo toda mi cara. Su cabeza se metía apenas unos milímetros en la conchita de Bruni, el resto de pija me lo debía aguantar yo. Agustín se estaba pajeando sobre mi rosto, sin querer, y yo ni siquiera podía hacerme entender para que supiera que le estaba errando.

—Goggig megstgs goggiendo a meggijaaa..

Agustín siguió como si tal cosa, cogiendo la nada, friccionándose sobre mi rostro. En un momento pidió más vodka y Carlos le trajo una botella. Si bien yo estaba atrapado bajo el peso de los cuerpos, mi rostro quedaba libre. Agustín destapó la botella y comenzó a verter tragos en mi boca, forzándome a tomar y tomar.

—Vas a necesitar un poquito de ánimo ahora, cornudo… —explicaba mientras me metía el vodka.

A los pocos minutos dejó de hamacarse sobre mi novia y se me acercó para decir:

—Cuerno, se me secó la pija, voy a necesitar un poco de lubricación para seguir cogiendo…

Yo estaba demasiado alcoholizado para entender por dónde venía la mano. Sentí que en una de las veces que la pija me acarició la cara hacia abajo, al regresar en dirección a mi novia el recorrido fue otro. Y de pronto sentí una carne dura y gomosa penetrar entre mis labios y avanzar dentro de mi boca, provocándome un escalofrío.

No sé ni cómo me di cuenta que era una pija. El alcohol podría haberlo ocultado bien, pero lo que tenía en la boca era indudablemente un buen pedazo de pija. Traté de escupirlo hacia afuera, cerré mis labios, solo que la vergota era tan gorda y ancha, y había calzado tan bien dentro de mí, que realmente se hizo difícil expulsarla. Hasta que por fin lo logré.

—Muy bien, Cuerno, ahora que me lubricaste te la puedo seguir cogiendo…

Aunque yo no entendía, me di cuenta que me habían usado para facilitar la penetración de mi novia.

Le mandó una estocada a fondo.

—Ahhhhhhh… —gimió entonces Bruna.

Otra.

—Ayyy, Diossss… —suspiró, vencida por el placer.

—Se me volvió a secar, Cuerno.

Agustín volvió a sacar por completo la pija y esta vez, advertido, me vi venir la vejación. Cerré la boca para que no me entrara nada. Agustín empujó y la cabezota embadurnada con los flujos de mi Bruni me caminó toda la línea de los labios, sin lograr entrar. Ahí Agustín se me acercó y estiró sus manos, y metiéndome unos dedos me abrió la boca a la fuerza. Sentí cómo reacomodó su cuerpo y adiviné que el vergón infame me taladraría. Me entró su pija con tanto ánimo que me la clavó hasta la garganta.

—Muy bien, Ramiro… Así se tiene que comportar un buen cornudito…

El muy hijo de puta comenzó a hacer pequeños movimientos hacia adelante y atrás, siempre adentro. Yo sentía el buche lleno de carne dura y caliente; todo lo que tocaba, no solo con la lengua sino las mismas paredes de la boca, estaba abrazando el vergón de Agustín, así que sentía la piel de la pija recorrerme todo por dentro, un instante hacia afuera, otro instante hacia adentro, y así. Fueron dos minutos de una humillación total, que los efectos del alcohol no lograban esconder.

Gracias a Dios la sacó y volvió a penetrar a mi novia.

—¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhh…!! —gritó ella, muy fuerte, muy puta.

—El Cuerno te está ayudando, ¿sabés, Bruna?

—Sí… sí… Que ayude, que siga ayudando así aprende cómo tratarme…

Y se la volvió a clavar.

—¡Dios, Dios, Diosssss…!!

—Tomá, puta… —le murmuraba Agustín.

—¡Turro, qué pedazo de pijaaahhh…! —se desinflaba mi novia de calentura.

Y se la serruchaba suave y lentamente.

—Tragá verga, putón… Así… Así…

—¡Uhhhhh…! ¡Síii…! ¡Más fuerte! ¡Dame más duro!

Cada tanto el vestidito blanco se le corría al putón, digo, a mi noviecita, pero Agustín, con las mismas manos que le abría las nalgas redondas y voluminosas, le volvía a subir la falda hasta la mitad de la cola. Y penetraba con más ganas, ya con cierta furia.

—Cuerno, se me volvió a secar.

Esta vez, creo que por el vodka que me habían obligado a tomar, obedecí como un imbécil y abrí la boca.

—¡Muuuuy bien, Cuerno…! —me festejaron mis victimarios—. Así me gusta, que te portes bien y obedezcas a los que se cogen a tu novia…

Yo asentí humillantemente con la cabeza, en un movimiento casi imposible, patético.

—Abrí más grande, Cuerno…

Obedecí y abrí la boca más grande.

—¡Muy bien, Cuerno, muy bien…!

Un segundo después la vergota ancha de Agustín penetraba mis labios y me recorría por dentro toda la garganta.

—Así, Cuerno… ¡Uhhh…! ¡Síii…!

Me bombeaba, el hijo de puta. Me bombeaba adentro con ese gomón asqueroso. No fuerte, más bien suave y tranquilo, como gozando. ¡Me estaba cogiendo por la boca otra vez, como cuando éramos chicos y me castigaban por haberme puesto de novio con Estelita, la gorda del barrio!

—Ensalivá bien, ¿eh? Que ahora voy a romperle ese hermoso culazo a la putita de tu chica.

Bruna levantó la pelvis, dándome un baño de aire, de frescura, que bebí como si fuera oxígeno bajo el agua.

—Mi amor, ensalivalo bien que por fin me vas a hacer la cola.

Y yo chupaba y chupaba, recorriendo con mi lengua la cabeza de la pija y tratando de dejarle la mayor cantidad de saliva posible.

Medio minuto después Agustín dejó de bombear dentro mío y debo reconocer que tuve un minúsculo gesto instintivo, creo que más bien un reflejo, y estiré los labios para retener la cabeza de la pija que abandonaba mi boca. El violador volvió con Bruna. A clavar. Por la concha y a fondo. Hasta hacerla gemir y putear de placer.

Y entonces comenzó a puertear el exquisito orificio de aquella no menos exquisita cola.

—Le vamos a hacer el culo a este putón, ¿eh, Cuerno?

Yo asentía con la cabeza aprisionada, contento como un imbécil. La concha usada de mi novia me aplastaba la cara, y cada vez que Agustín le aprisionaba el orificio de su ano hacia abajo, enterrándole un dedito bien despacio, mi cabeza se hundía bajo ellos.

—Mi amor, por fin me vas a llenar la cola de pija…

Me hablaba a mí, ¿no?

Le estuvieron dilatando el ano unos cuantos minutos —Agustín y Carlos, que estaba otra vez al palo— masajeándolo y llenándolo de saliva. En un momento Agustín se alzó sobre sus rodillas y fue a alcanzar la cola de mi novia con la pija. Sentí un leve respiro y enseguida el peso de él sobre Brunita me aplastó hasta hacerme doler el cuello.

Sentí más presión hacia abajo.

—¡Ahhhhhhh…! —gritó mi novia, muy fuerte.

—¿Te duele, mi amor…? —Agustín pareció levemente preocupado.

—Ggghhh… Fffgzzss… Ñññ… —me quejé.

—Un poco, sí… Pero seguí…

Más movimientos. Otra vez el dolor insoportable.

—¡Ahhhhhhhhhh…! —ella.

—¿Te la aguantás, mi amor…?

—Sí… Sí… Pero despacio que me estás partiendo…

—Te metí media cabecita, hermosa… Igual no te preocupes que ahora me lubrico un poco más…

Sentí que el peso despareció y revivió mi cuello chamuscado.

—Abrí la boca, Cuerno.

Abrí la boca bien grande.

—Ensalivá.

Y otra vez a tragar esa buena verga… quiero decir, esa verga.

—Ensalivá bien así no le duele a tu novia…

Ensalivé con todo mi corazón, mientras Carlos seguía escupiendo el agujerito de Bruna y lo agrandaba con sus dedos.

Agustín me sacó la pija y otra vez fue a subirse sobre la cola de mi novia. Cuando mi cabeza se aplastó contra el sillón escuché un nuevo grito de mi Brunita.

—¡Ahhhhhhhhhh…!

—Tranquila, mi amor… Me quedo ahí…

—Sí, sí… No te muevas…

En ese instante en que el tiempo se detuvo sentía claramente sobre mi rostro el latir de la cola de mi novia. Llena de pija y a medio romper, el culo de mi amorcito se resistía a la invasión bombeando sangre a la zona dinamitada. Pero mi novia quería que la corrompieran. Quería esa brutalidad hasta los huevos para regalarme vaya a saber qué lección. Sentí cómo se relajó para acostumbrarse a esa verga y re comenzar la penetración.

—Muy bien, Bruna… Dilatá… Así…

—Sí, Agus… pero no me claves todavía…

—Tranquila, mi amor… Tenemos toda la noche para enterrártela como Dios manda…

Carlos seguía escupiendo sobre la penetración, aunque no entraba saliva porque el orificio del ano estaba taponado por la pija de Agustín. Alguno la masajeaba abajo como para excitarla. O distraerla.

—Cornudo, si pudieras ver cómo dilata tu novia con la chota bien adentro estarías orgulloso de ella… Sabe relajar… como si ya le hubieran hecho la cola un montón de veces.

No podía escuchar muy bien lo que me decía mi amigo, que seguro era algo bueno sobre mi Bruni.

—Mgggffhhzziagsss…

Carlos le propuso a mi novia:

—Mostrale al cornudo lo que se va a perder por andar diciendo que estás gordita…

Bruni pareció encenderse, más de venganza que de deseo.

—Sí… Sí… Cornudo hijo de puta, mirá cómo me van a llenar la cola de verga… Mirá bien, cornudo…

—Mfffghhh… SSgghññ…

—¡Clavame, Agustín! ¡Clavame para que el cornudo aprenda a respetarme y tratarme como a la novia ejemplar que soy!

Agustín sonrió, escupió sobre la penetración y le abrió los gajos en un mismo movimiento.

—Sí, bebé… Te la mando hasta los huevos…

—¡Síiiiii…! ¡Por Dioooossss…!

Y comenzó a taladrar.

—Tomá, bebé…

—¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…!

No fue hasta los huevos, por los movimientos que noté. La cosa no estuvo así de fácil, pero tampoco tan difícil para una cola supuestamente virgen, como me había hecho creer hasta ese día Bruna.

—¡Qué buen pedazo de culo que tenés, mi amor!! ¡Cómo te lo estoy gozando…!

—¡Clavame, Agustín! ¡¡Llename de pija!!

—Desde que llegaste a la fiesta con el cornudo que no hago otra cosa que mirarte y desearte este tremendo culazo que tenés…  ¡Te lo lleno de pija, bebé…!

Se hamacaban sobre mí. El turro de Agustín se la iba enterrando más y más con cada embestida, aunque el que debía soportar la peor parte era yo. Bueno, mi novia también parecía dolorida, pero al menos ella gozaba como una puta.

—¡Ya tenés media pija adentro, mi amor…!

—¡¡Síiiiaaaaaaaahhhhhhhh…!!!

Al cabo de una media hora la hermosa y carnuda cola de mi novia estaba taladrada por la verga de Agustín hasta la base, tragándose toda esa pija como si fuera un dedito meñique.

—¡Mi amor! —se entusiasmó Brunita—. ¡Tengo el culo relleno de verga! ¡Mirá, mi amor, mirá! ¡Por fin me estás haciendo la cola!

Bueno, yo no estaba haciendo mucho, más que lubricar a mis amigos para que se la empernen a ella, pero de alguna manera me sentía participe

—¡Dejalo salir, quiero que me vea clavada hasta los huevos!!

Me dejaron salir y medio mareado por el dolor de cuello, me arrodillé ante el sillón, donde a escasos centímetros de mi rostro Agustín perforaba la colita virgen de mi novia. Hacia adentro. Hacia afuera… Hacia adentro… Hacia afuera…

—¡Ahhhhhh…! ¡Ahhhh…! ¡Ahhhh…!

—Ramiro, qué pedazo de puta tenés de novia…

—¡Cornudo, mirá bien! ¡Mirá bien y aprendé a tratar a tu mujer!

Yo estaba como en trance.

—¡Necesito lubricación, Cuerno! —me exigió de pronto Carlos, sin el mínimo rodeo.

Agarré la botella de vodka y le robé un trago generoso. Y abrí la boca como si ensalivar la pija de mis amigos fuera lo más natural del mundo, y mientras al lado Agustín seguía taladrando la cola perfecta de mi novia, Carlos, de pie, me tenía arrodillado entre sus piernas ensalivándolo desde la punta de la pija hasta la base.

—Muy bien, Ramiro… Tragá pija… Tragá pija, cornudo…

Y yo estiraba la cabeza hacia arriba, tratando de cumplir mi parte, cualquiera sea el rol que estuviera cumpliendo.

Estuvimos así unos cinco o diez minutos hasta que Agustín anunció.

—Te acabo, Brunita… Estás demasiado buena para aguantar más…

—Síii… Llename la cola… Llename la cola de leche para el cornudo…

—Yo también me voy… —anunció Carlos. Mi borrachera se disipó unos instantes, abrí los ojos con total sorpresa. Se ve que Carlos se dio cuenta y me tomó la cabeza por los pelos para que no dejara de ensalivarlo.

—Chito, Cuerno… —me advirtió—. Seguí chupándole al macho de tu novia, que es lo que corresponde… —No me dejaba salirme de su pija. Sus manazas me tenía sujeto a ella y mi voluntad no era la más firme. Así que seguí chupando—. Tragá, Cuerno… Tragá pija que enseguida vas a tragar leche…

Yo hacía con la cabeza que no, pero Carlos me sujetaba bien y mis movimientos hacia los costados no alcanzaban a hacerme zafar de la pija, así que seguía tragando carne. De pronto Carlos comenzó a jadear sonoramente.

—Uhhhh… ¡Síiii…!

Mis ojos se abrieron más. Ya estaba sintiendo desde hacía unos minutos una cosa viscosa en la lengua, medio asquerosa.

—Agarrame la pija por el tronco, cornudo… con las dos manos…

Obedecí como un imbécil.

—Pajeame, así… Uhhhh… Sí… Sí, Cuerno, así… ¡Uhhhhhh…!

Estaba de rodillas, tomándole la pija con ambas manos y sosteniéndome con la boca, que iba y venía sobre su tronco en una mamada fenomenal, tambaleándome un poco, aunque sostenido de mis cabellos por el propio Carlos, que me los tironeaba hacia atrás y adelante para guiar a su ritmo la felación a la que me sometía.

A mi lado Agustín seguía sodomizando a mi novia, que comenzaba a acabar como una puta, influenciada por verme chupando la pija del que fuera su macho un rato antes.

—Me viene la leche, cornudo… Abrí la boca bien grande que me viene…

No sabía qué hacer. Miré a mi Bruna buscando un consejo, pero estaba tan llena de pija y morbo que no me veía. Ya que no lograba zafarme, debí seguirle el juego a Carlos, pero en medio de su acabada iba a escupir todo por la comisura de mis labios.

Carlos se arqueó y gimió como un animal.

—¡¡Ahhhhhh…!! ¡¡Me viene!! ¡¡Me viene, Cuerno…!!

Se dobló sobre sí mismo y sin soltarme los pelos con una de sus manos, fue a tomarme la mandíbula con la otra, no permitiéndome bajarla o ladearla.

—¡¡Sentila, Cuerno…!! ¡¡Ahhhh…!! ¡Acá viene…! ¡Ahhhhh…!

Me moví más fuerte. Me agarró más fuerte.

—Viene, Cuerno, viene, viene, viene, vieneeeee…

—Mfffgggghhh…

—Ahhhhhhh siiiiiiiiiii…

—GGGHHHHH…

—¡¡¡SIIIIIIIII…!!!!

—GGHHHHFFFGGHHH…!!

—¡Te estoy acabando, Cuerno!! ¡¡Te estoy acabando!!

No podía escaparme para ningún lado, y la leche comenzó a invadirme a ráfagas breves y rápidas, y a llenarme toda la boca.

—¡¡Tragá, Cuerno!! ¡¡Tragá la leche del macho de tu mujer!! ¡¡Tragá, putito, tragá!!!

No podía escupirla, y la manaza me aprisionaba. En un momento me di cuenta que si quería respirar, no me iba a quedar otra que tragar. Miré a mi fiel Brunita, la cabeza hacia abajo, los cabellos sudados y pegados a su rostro, jadeando, movida una y otra vez con los violentos topetazos de Agustín, que ya le acababa adentro y se la gozaba a morir. Tragué.

—Muy bien, Cuerno… Así se tiene que comportar un noviecito como vos… —Y volví a tragar—. Mirá, Bruni… Mirá al cornudo cómo toma la leche de tu macho…

Bruni giró, despejó sus cabellos y me vio arrodillado y con el garguero trabajando para tragar lo que me surtía Carlos desde su vergón. Se revolucionó. Y comenzó a agitarse otra vez y a gritar en medio de un orgasmo que le vino repentino, tan solo de verme.

—¡¡Ahhhhhhhh…!! Cornudo, así te quiero ver siempre… Desde ahora vas a tragar pija cada vez que me den… ¡Cómo vas a tragar pija, cornudo…! ¡¡Cómo vas a tragar pijaaaaahhh…!! ¡Por Dioooosss… Síiiiiiii…!!

—¿Escuchaste, Cuerno? —me retó Carlos—. Desde hoy vas a tragar pija de los machos de tu novia…

Arrodillado como estaba, asentí mientras miraba hacia arriba a Carlos, a los ojos, y me quitaba su cabezota rechoncha de los labios, a la vez que me secaba una gota de semen.

Eran las once de la mañana cuando nos fuimos todos a dormir. Ellos a la cama matrimonial, y yo al sillón donde habían estado sodomizando a mi Bruna. A la tarde siguieron y yo debí seguir chupando pija.

Desde ese momento comencé a verla sexy. Es cierto que también desde ese día ella cambió su forma de vestir y algunas costumbres. Empezó a ir al gimnasio y a andar muy atractiva todo el día, no de puta, pero sí sensual, y se permitió hacerse garchar por mis amigos. No solo por Carlos y Agustín, sino el resto de la banda, uno siete chicos más.

Y sí: comencé a tragar pija en forma casi proporcional a los cuernos que me fue poniendo. Pija de sus machos. O como dice ella, de nuestros machos, porque ya no tengo permitido cogerme a mi propia novia: mi única actividad sexual es ensalivar a sus machos para que le hagan la cola o por simple placer de ellos o de mi Bruni.

Eso sí, la buena noticia es que me curé, porque ya no la veo gordita a mi novia Bruni.

Fin (final)

Me gusta / No me gusta

Ni Gorda ni Flaca (Parte 1, de 2)

Bruna es mi novia desde hace unos meses y, si se las tuviera que describir, no sabría cómo hacerlo. Mi primer impulso sería decirles que es una gordita. Pero les estaría mintiendo. Bruna no es gordita, creo que ni siquiera rellenita. Pero la impresión que da —o que me da a mí, al menos— es que es gordita. Un poco por la cara, y bastante por la pancita que tiene. Bueno, no tan pancita, es más bien una panza. Para mí es bastante grande, para los demás parece que no tanto. Fuera de eso —de la panza— no es gordita. Aunque a mí igual me lo parece. Los muslos no son los de una modelo. Son llenos, no gordos… bueno, no sé. La cola redonda, inflada… linda cola. Espectacular cola, si no fuera que parece la cola de una… No sé, mejor les cuento lo que opinaron mis amigos cuando la conocieron, porque lo que es yo, no voy a ponerme de acuerdo nunca, ni siquiera conmigo mismo.

Para mí Bruna siempre había sido gordita; siempre la vi como gordita. Ella se vestía con ropa holgada, pantalones que no le marcaban la cola, se recogía el cabello y la verdad es que conmigo nunca se producía. Más allá de la ropa, yo la veía rellenita. Especialmente cuando se desnudaba y hacíamos el amor.

Ustedes dirán: qué importancia tiene. Bueno, la tuvo. Porque a partir del segundo mes el cuerpo de ella, o su panza, ya era medio una obsesión para mí y me des-erotizaba por completo. Primero, porque ella se vestía siempre de la manera más anodina y ordinara que había, lo cual ya no me despertaba gran cosa. Y cuando íbamos a la cama… verla medio gordita, verle la panza y esa ropa interior casi de vieja… ¡qué quieren que les diga, no se me paraba mucho!

Estuvimos así tres o cuatro meses más. Sin coger porque a mí no me terminaba de funcionar a pleno. Intentábamos, pero la mayoría de las veces yo no podía. Créanlo o no, a ella parecía importarle poco. Se desquitaba con una porción de torta o unas facturas y se iba a dormir. Y ahí era peor, porque cuando la veía comiendo, la veía más horrible.

Pero un día pasó algo. Uno de mis amigos hizo de su cumpleaños una fiesta de disfraces, y Bruna se mostró muy entusiasmada.

Ya saben que para las mujeres las fiestas de disfraces son una excusa para vestirse de putas sin culpa y sin que nadie las acuse de… putas. Bruna se preparó toda la semana para esa fiesta.

El sábado se metió en el vestidor por espacio de dos horas, y cuando salió casi se me para el corazón (y no solo el corazón). Ahí estaba mi gordita, mirándome provocativa bajo la puerta, pero hecha una perra en celo, fuertísima como nunca la había visto, desparramando ya no sensualidad, sino sexualidad. Estaba enfundada en un vestidito blanco muy breve que terminaba en una minifalda corta, demasiado corta en realidad —¡extremadamente corta!—. No podía ni agacharse dos centímetros que se le subía la faldita y se le veía claramente el borde bajo de la cola. Si se agachaba un poco más, directamente se le veía la tanguita, también blanca. Me preocupé al descubrir esto, ya que en uno de sus movimientos descuidados vi que llevaba una bombachita muy sensual, bien de guerra, metidísima entre las nalgas. Por suerte —pensé— esa cola era nada más que mía y si esa noche se me paraba… Iba con botas muy altas, la turra, y se había arreglado el pelo de una manera que parecía recién salida de la ducha. ¡Estaba para matarla! ¿Dónde habían ido a parar los kilos que llevaba antes de entrar al baño?

—¿De qué…? ¿De qué te disfrazaste, mi amor…? —atiné a preguntar.

Se acercó a una bolsa sobre una silla, de la que sacó un gorrito blanco que reconocí enseguida.

—De marinerita.

Nos fuimos a la fiesta y en el taxi aproveché para manosearle los muslos desnudos, un poco la cola; lo que podía. Yo estaba alzadísimo, y mi novia lo festejaba, aunque comenzó a reprimirme en cuanto notó que el taxista espiaba por el espejito.

Ya sé, van a decir que soy un hijo de puta. Pero la verdad es que con ese freno que me puso, me fui enfriando. Cierto es que ella estaba más sexy que nunca, y muy hermosa, pero se ve que me fui acostumbrando y se me hizo evidente lo de siempre: que mi novia no tenía una gran cintura, y la panza seguía ahí. No digo que no estaba linda —porque lo estaba, doy fe— pero ya al entrar al departamento de mi amigo yo la veía como siempre, solo que mejor vestida.

Me di cuenta que Bruna causó en mis amigos la misma impresión que había causado conmigo. Se quedaron todos boquiabiertos, los pocos que la conocían murmuraron entre ellos su aprobación. Los que no, la zalamearon con adulaciones pegajosas, bordeando lo pajero.

Un rato después y cuando pude separarme de mi novia, Carlos, el anfitrión, se me acercó conspirativo.

—¡Boludo, me dijiste que tu novia era una gorda!

—¡Gorda, no! Gordita. ¡Te dije gordita!

—Pero qué gordita, ¿estás en pedo? ¡Está re fuerte!

—Es por el vestido, pero fijate la cintura…

—Está re buena, ¡Mirá el culazo que tiene! ¡¡¡Y las tetas!!! Te felici…

—Sí, sí…  A mí me gusta, no es que no me guste… Pero nobleza obliga: es gordita.

—¡Vos estás enfermo!

No me lo decía mal, sino sorprendido. Me dejó y fue a atender a otros invitados. La fiesta estaba llena de gente. Las mujeres, como era de esperarse, casi todas disfrazadas de algo-putas. Una de enfermera puta, otra de bruja puta. Todas de putas. Pero la que acaparaba la atención era Bruna. Inesperadamente, estaba más sociable que nunca. No es que no fuera sociable, pero parecía más animada, más segura de sí misma. Creo que era porque se daba cuenta que todos los hombres en ese cumpleaños —absolutamente todos—, se la querían coger. Sentirse deseada la habría dado confianza, imagino. Estaba sola la mayor parte del tiempo, mis amigos me solicitaban a cada rato para ayudarlos, y también para manifestarme su sorpresa por lo buena que estaba mi novia y felicitarme por ello. Bruna, entonces, aprovechaba e iba a charlar con unos y otros. La vi riéndose, tomando vino, hablando con otras chicas, tomando champagne, seduciendo sin seriedad a unos muchachitos, tomando un daiquiri, eligiendo música con otro de mis amigos, tomando un vodka con Gancia.

Yo también tomaba a la par, solo que no estaba tan acostumbrado. Me juntaba de a ratos con ella, pero mis amigos me solicitaban una y otra vez. Aproveché en un momento en que Bruna no estaba a la vista para acercarme a Lucila, una morocha delgada y hermosa, bien flaquita como las modelos europeas. No sé bien qué pretendía yo. Con mi novia en la fiesta, difícilmente pudiera seducirla y sacarla de allí. Quizá quise conseguir su teléfono, no recuerdo; el alcohol comenzaba a hacer estragos. La cuestión es que apenas me insinué, la morocha me miró a los ojos, aguantó una risita, luego simplemente se rió en mi cara y me dijo:

—Pero… ¿para qué querés mi teléfono si a vos no se te para…?

Me quedé helado. Por un segundo la adrenalina me puso sobrio.

—¿Cómo que no se me para…? ¿Estás loca? ¡Eso es mentira! ¿Quién te…?

—No te enojes, bebé… —fue condescendiente—. Me caés bien… pero el sexo me gusta demasiado como para estar haciendo beneficencia por las noches… Perdoname, pero en la cama necesito un macho de verdad…

Me puse de mil colores, no me había sentido tan humillado en toda mi vida. En eso la vi a mi novia charlando y riendo con dos chicas y dos chicos más, y uno de ellos la tenía medio abrazada por la cintura. A mi novia. Nada grave, casi como de casualidad, pero Bruna no le había sacado la mano. Fui hasta ella y la increpé al oído.

—¿Vos estuviste diciendo que a mí no se me paraba…?

—Ay, mi amor, no sé… puede ser… Estuve hablando de sexo toda la noche con todo el mundo…

—¿Pero cómo vas a decir semejante…?

Mientras hablaba, vi que mi novia se había medio recostado sobre el chico que la abrazaba. No había mucha luz, pero sí la suficiente como para darme cuenta. Me tranquilizó que no la tenía tomada de la mano o algo personal, aunque la terrible cola enguantada en esa minifalda escandalosa se recostaba sobre la pierna del vividor.

—Es que tomé mucho… —se disculpó Bruna—. Por ahí se me fue un poquito la lengua, la verdad que no sé…

Fue cuando me llamó Agustín, el más crápula de mis amigos. Casi me arrancó del pequeño grupo, lo que salvó a mi novia del reproche.

—¡Hijo de puta! —me festejó—. ¡Me dijiste que tu novia era una mina del montón y es una terrible perra!

—¡No es una perra, no sé qué le picó hoy que se vino así!

—No lo digo por cómo está vestida, boludo, si están todas de putas… ¡Lo digo porque tiene un lomazo!

—No sé… Está un poco pasadita de… Está bien —reconocí finalmente—. Admito que por ahí estoy un poco susceptible con ese tema, pero ya sabés por qué es…

Mi amigo se hizo a silencio mostrándome su arrepentimiento.

—Éramos chicos… Tenés que dejar de enroscarte con eso… Vas a terminar cagándola con tu novia, que está más buena que el dulce de leche.

—Para mí no está taaan buena, pero igual la quiero…

—Más vale que la vas a querer… No sabés la suerte que tenés… No sabés cómo te envidio… No sabés cómo me gustaría cogerla…

Era ya una conversación de borrachos.

—Y yo que puedo, no se me para… Nunca me motivaron las gordas…

—Dejate de decir boludeces, lo único que tiene es un poco de panza que se le va con cuatro meses de gimnasio…

En algún momento se ve que me dormí. No sé cuándo. No sé cuánto. Pero me desperté en el sillón del living, con todo dándome vueltas producto del alcohol que todavía me tenía bien ebrio. Estaba solo. La fiesta había terminado y había botellas y paquetes de porquerías por todos lados. La luz era bastante poca, solo un velador iluminaba el ambiente.

Unas risas que venían de la habitación me dijeron que no estaba para nada solo. Eran las risas de mis amigos y de mi novia, y sus voces que hablaban como en susurros fuertes. También parecían borrachos.

Me quise levantar para ir a ver qué pasaba y me caí, arrastrando algo de la mesita ratona. Todos vinieron por el ruido.

Me encontraron en el piso, caído, y fue un estallido de risas general. Estaban dos de mis amigos —Carlos y Agustín— y mi novia, ellos en camisas sueltas y calzoncillos, y mi novia casi igual que como la había visto por última vez, solo que el escote de su camisa parecía más importante.

Carlos me fue a socorrer, mientras me gastaban bromas.

—Mi amor —intervino Bruna, tentada—. ¡Nunca te vi tan pasado de copas!

Yo no estaba de humor, me sentía realmente mal, todo me giraba alrededor.

—Vamos a casa, tengo mucho sueño…

—No podés manejar así, mi amor…

—¿Por qué están en calzoncillos…?

—Le estábamos demostrando a tu novia que no está tan gorda como vos decís…

En ese momento no estaba en condiciones de advertir lo absurdo de lo que me estaban diciendo. Solo asocié palabras y disparé.

—Pero si está gorda.

—¡No estoy gorda, Ramiro! —me gritó Bruna—. ¡Me tenés harta con mortificarme de esa forma! —Mi novia se puso seria y como angustiada—. ¡Sos un hijo de puta!

No sé qué me decía. No me importaba. Yo solamente quería dormir en mi cama y que el living del departamento de mi amigo dejase de dar vueltas.

—Sos un boludo, Ramiro. Bruna no es gorda, y te lo vamos a demostrar. Todo depende de cómo la mires, no de lo que mires. —Se dirigió ahora a mi novia—. Parate derechita, bombón.

Bruna se paró erguida delante de mí, que todavía permanecía sentado en el sillón. Agustín se sentó a mi lado. Carlos fue a no sé dónde y regresó con un centímetro.

—¡Mirá!

Se le puso a un costado y con el centímetro le midió el busto a mi novia. En el tambalear de la operación, las manos y uno de los brazos le frotaron los pechos notoriamente. Bruna rió un poco. Carlos también. Finalmente me dio el resultado.

—120. ¡Una diosa!

—¡Cualquier gorda tiene 120! —dije, rebelde. Mi novia me miró con rencor.

Carlos le tomó los brazos y me los mostró.

—¡No tiene brazos de gorda, pelotudo!

No, no los tenía. Carlos se arrodilló y con las dos manos comenzó a maniobrarle los muslos. Con el movimiento, la falda de mi novia se había subido un poco y se le veía la bombacha blanca en la parte de la conchita. Mis amigos se quedaron sin aliento y Agustín fue a agacharse, solo para mirarla. Ahí me di cuenta que bajo sus calzoncillos, estaban al palo.

Carlos midió los muslos y me dijo:

—53. Muslos de puta madre.

—Sí, sí… Tiene lindos muslos… —admití, pero en casa parecían de gorda. No sé por qué ahí y ahora parecían de una terrible hembra.

Carlos fue a medirle la cola. Bruna sonrió divertida, se dio vuelta y se arqueó un poco, sacando bastante su fabulosa cola, que les dejaba entregada. Era innecesario, era parte de un juego. Pero Agustín, que se había arrodillado, tuvo entonces un primerísimo primer plano de su culazo cortado a la mitad por la minifalda, y la tanguita blanca enterrada entre los glúteos.

—Yo quiero medirle los pechos —dijo Agustín, saltando del piso.

Carlos le midió la cola y esta vez también fue parte del juego manosearla bien manoseada. Bruna tenía dos manos en su cola y reía alcoholizada. Agustín le tomaba la medida del busto, pero no tenía centímetro.

En dos minutos mi novia estaba siendo hurgada por mis dos amigos de forma descarada, ella de pie y dejándose vejar alegremente, con el vestido todo desencajado, la minifalda subida y ya casi toda la bombacha al aire, el escote desbordado, sin corpiño —que había perdido en la habitación— los pelos revueltos, ebria y caliente; y yo frente a ella, a treinta centímetros, sonriendo borracho en el sillón.

—¡110! —gritó Carlos al terminar de medirle la cola, y todos gritaron como si se hubiera proclamado la constitución nacional.

Bruna me miraba y me sonreía con cierta revancha en los ojos. Carlos se le puso de costado y la miró con ojo clínico.

—¡Yo la veo bárbara a tu novia, ché! —dijo y se le acercó. Comenzó a manosearle las piernas—. Hermosas gambas… —La otra mano se la metió en la cola, como una pala que la recorrió desde arriba hacia abajo. Pude ver claramente la expresión de mi Bruni cuando Carlos se aventuró bien abajo, ya adelante, y ella hasta cerró los ojos—. Buenos pechos… —concluyó metiéndole mano por el escote. Sin soltarla de arriba fue hacia atrás de ella y dijo—: De atrás está mejor que de ningún lado, Ramiro… Tiene una cola… —Lo dijo con lujuria, y volvió a empalarle la mano recorriéndole toda la raya de la cola, pero por sobre la bombacha (la minifalda ya estaba arriba) y otra vez mi novia entrecerró los ojos y se arqueó mucho más cuando él llegó abajo.

Esta vez, sin embargo, Carlos se quedó allí y la siguió manoseando asquerosamente. Era una imagen extrañada, además por el alcohol. Como la tenía de frente, veía a mi novia levemente a horcajadas hacia mí, con la minifalda subida por el manoseo. Podía verle la conchita enguantada en la tanga blanca, interrumpida rítmicamente por la mano  de Carlos que se le colaba por la entrepierna una y otra vez, todo el tiempo, para darse y darle placer. Agustín seguía midiéndole el busto, lo que significaba que le metía mano dentro del escote, y como ya no había corpiño, imagino que ella ya tendría los pezones rosados y duros de tanta fricción.

—Yo te digo cómo hacer para no verla gordita a tu novia… para verla tan fuerte como la veo yo…

Bruna giró su rostro, libidinoso rostro, y con la boca abierta de deseo le pidió:

—Sí, decile…

Carlos sacó a Agustín de encima de mi novia y la llevó a ella hacia el sillón, el mismo en el que estaba yo sentado y me había despertado hacía unos minutos.

—Parate, Ramiro —me ordenó.

Me puse de pie con dificultad, tambaleante. Carlos tomó de la cintura a mi novia y la depositó sobre el sillón, poniéndola de rodillas como un perrito… bueno, una perrita. Los dos muslos eran unas columnas duras y poderosas, la cola le quedó bien paradita, cortada a la mitad por la minifalda, que había sido reacomodada en un absurdo gesto de decencia.

—Meté la cabeza entre tus brazos, mi amor —pidió Carlos. Mi novia obedeció. Agustín permanecía expectante.

Carlos se ubicó detrás de ella, también arrodillado, y posó sus manos sobre los generosos glúteos de mi Bruna, sobándolos. Me llamó.

—¿Ves? —me preguntó cuando estuve a su lado—. Mirá cómo se ve desde acá.

Miré. La verdad es que no sé si por el alcohol o el cansancio, o por la postura de mi novia, la cola aparecía como formidable.

—Está buena.

—¿Ves, boludo? ¿Qué te dije? Mirá estas piernas… —y la manoseaba—. Mirá esta cintura… —le subió la minifalda nuevamente hasta arriba y mi novia quedó expuesta ante mis amigos, solo protegida con la tanguita calzada bien profundo entre sus nalgas. La verdad era que así tenía una mejor cintura, pero tampoco era una modelo—. Con esta posición se te para sí o sí… ¡mirá! —y se señaló su propio bulto, que dentro del calzoncillo se presumía importante.

Se bajó un poco el bóxer y peló una pija grande y rechoncha, totalmente erguida y en plenitud.

—¿Ves? Así se te va a parar… —Se la tomaba con una mano y se la masajeaba como para parársela todavía más, mientras con la otra tenía tomada a mi novia de una nalga.

—Sí, sí —dije desesperado. Veía a mi amigo arrodillado detrás de mi novia, las piernas de él casi pegadas a las piernas de ella. Mi novia se asomaba de entre sus brazos y echaba miradas hacia atrás, cada tanto, pero más hacia Agustín, con quien sostenía un diálogo mudo que les provocaban sonrisas. Yo quise agregar—: Entonces ahí le meto con todo…

—No, Ramiro, mirá… —comenzó a magrearle las nalgas y meterle unos dedos en los pliegues de la tanga, allí donde cubría la conchita de mi novia—. Así tenés que hacer…

Le metió un dedo, luego dos dedos, y comenzó a pajearla suave y rítmicamente. “Así, Ramiro… Así le tenés que hacer…” Mi novia comenzó a arquearse y respirar distinto. Carlos le corrió un poco la tanguita y ya le metió cuatro dedos y la seguía serruchando.

—Acercate, mirá bien… —Me acerqué—. No seas boludo, poné la cara pegada a la cola de tu novia.

Sin preguntar ni decir nada, puse mi rostro a un costado de la cola de Bruna, mientras vi con cierta zozobra cómo Carlos se tomaba la pija gorda y dura y la enfilaba para la conchita de mi novia, todavía entangada de blanco.

—Mirá bien, ¿eh? Así le tenés que hacer a tu novia…

Se acercó más y más, ya casi para tocarla con la pija. Mis ojos estaban a centímetros de todo y yo —como hipnotizado— no atinaba siquiera a decir nada.

—Correle la bombachita para el costado, cornudo…

Borracho, obedecí. Tomé a mi novia de una de las nalgas y la magreé con lascivia. El contacto con esa piel tan de ella y tan mía me calentó. Metí la mano debajo de la tanguita, a la altura de la concha, y mis dedos rozaron su humedad tibia y deseable. Me estremecí y la dejé desnuda ahí —solamente desnuda ahí— expuesta por completo a la vergota dura y venosa de mi amigo. Le corrí la tanguita para mi lado, y la sostuve con mi dedo índice haciendo de gancho, para que no se volviera a su posición y molestara a Carlos.

Tenía la acción a no más de cinco o diez centímetros. Ver la cabezota gigante de la pija de mi amigo, el chorizo venoso detrás que empujaba como un ariete de profanación, toda esa carne, toda esa pija yendo despacio pero directo a la conchita de mi novia… Era mucho y era como si nada a la vez.

—Así, Ramiro… Mirá bien…

Y miré bien. Miré cómo la cabeza tocó la conchita de mi novia y cómo empujó y le costó penetrar la primera fracción de segundo. Cómo la cabezota se quedó allí en una breve vacilación; breve, un suspiro. Hasta que perforó.

—¿Bruna? —la llamé. Ella se giró para mirarme y Carlos empujó nuevamente y le enterró apenas la mitad de la cabeza.

—Ahhhhh… —jadeó Bruna, entrecerrándome los ojos.

—¡Mirá, cornudo! —se enojó Carlos. Es que yo había volteado para verla a mi novia. Vi que la cabeza de la pija de mi amigo ya estaba adentro, tragada por la conchita golosa de mi novia—. No te molesta que te diga cornudo, ¿no, Ramiro?

Ni me daba cuenta qué me estaba diciendo. Todos mis sentidos ahora estaban en esa pija entrando centímetro a centímetro en los pliegues de mi amada gordita.

—¡Qué bueno, Ramiro! Siempre quise decirte cornudo, no sé por qué…

—Por la novia que se echó —festejó Agustín, y rieron un poco, menos mi novia, que ya comenzaba a jadear.

—Mirá, cornudo, mirá bien… ya le entró la mitad…

—Sí, Carlos, veo…

Mi novia ya tenía la mitad de la verga adentro, mientras Carlos seguía empujando muy despacio.

—Vení, parate y ponete al lado mío. —Lo hice. Mis ojos estaban muy cerca y a la altura de los suyos—. ¿Ves…? —preguntó mientras me mostraba el cuerpo de guitarra de mi novia, pero yo solo podía ver esa vara gruesa clavada hasta la mitad, dura y quieta, a medias dentro de ella—. La agarrás de la cintura así… —Y se aferró de la cintura de mi novia—. Y empezás a enterrarle la verga despacito… —Y empezó a penetrarle la media pija que le faltaba. Mis ojos no podían apartar la vista de esa perforación lenta y soberbia—. Y se la clavás… así… así… Uhhh… ¿Ves, cornudo, que tu novia no es gorda…?

Le fue enterrando la pija centímetro a centímetro, despacio, con delicadeza. El otro zángano acompañaba en silencio la coronación de otro cornudo en el mundo, aunque yo no me daba cuenta, creo que por el alcohol. Es que así como Carlos me lo explicaba, parecía que todo era una molestia suya para enseñarme a valorar a mi novia. Le fue clavando la pija hasta que su abdomen chocó con la cola de mi Bruni.

—Abrile un poquito las nalgas, cornudo, así se la clavo hasta los huevos.

—¡Ya se la clavaste hasta los huevos!

—No… Abrila y vas a ver que puede entrar un poquito más.

Le pedí permiso a mi novia.

—¿Te puedo abrir un poquito más, mi amor?

—Sí, Cuerno…  —me sonrió ella.

La abrí y Carlos la agarró de las nalgas, con lujuria, me miró a los ojos sonriendo y movió brutalmente la pelvis hacia adelante, remachando a mi novia literalmente hasta los huevos.

—¡Ahhhhhhh…!

—¿Te dolió, Bruni? —me preocupé.

—No, Cuerno… —y esta vez directamente se rió en mi cara.

Carlos comenzó a sacársela lentamente.

—Vení, cornudo, mirá desde acá…

Me acerqué otra vez y a su lado. Me mostró la pija toda afuera, húmeda del flujo de mi amorcito. Y comenzó a enterrársela otra vez. Mi novia volvió a gemir.

—Ahhhhhhh…

—Mirala bien… —Y otra entrada de verga. Carlos ya comenzaba a moverse más rápido—. ¿Qué ves…?

—¡A mi novia cogida por un terrible pedazo de pija!

—No, boludo, mirala a ella… —Y otra estocada a fondo.

—Ahhhh… Sí, Carlos, así… —gemía mi novia.

—Ahora vení acá… —Me puse otra vez junto a él. Como si fuera él, solo que yo estaba parado y él le estaba enterrando la pija a mi novia, sin piedad y sin forro—. Mirala desde acá… ¿le ves la pancita…?

Desde arriba, solo se le veía la espalda, que se movía sensualmente con cada empujón de Carlos.

—No.

—Pero le ves los hombros, la espalda…

Me hablaba como si nada, pero no dejaba ni por un segundo de bombearla y usarla.

—Uhhhh… por Diosss… —murmuraba mi novia.

—Sí, sí…

—El cabello cayendo re sensual… Mirá…

Y otra clavada a fondo.

—Ahhhhhh… —gemía mi nena.

—Sí, es cierto…

—Y mirale la cintura, boludo… Mirá la cinturita que tiene…

Carlos era un genio. Mientras ella estuviera en cuatro patas y yo cogiéndomela desde atrás, la cintura como que se le angostaba.

—Tenías razón, Carlos… —De seguro la adrenalina de la cogida y de ver a mi novia siendo profanada por mis amigos me fue despabilando. Las cosas me seguían dando vueltas y me sentía tan mal como cuando me desperté, pero comencé a preguntarme si todo lo que estaba sucediendo debía ser así o había algo mal—. ¿Pero no debería estar yo ahí, en vez de vos…? Porque Brunita es mi novia, ¿no…?

—Mi amor, no seas tan detallista… —opinó Bruna—. Agus, servile un poco más de vodka, el cornudo lo necesita…

—¡Y mirá la cola! —seguía entusiasmado Carlos. Justamente de ahí la agarraba, de las nalgas. Tenía clavados los dedos y enrojecía los cachetotes blancos de la cola de Bruni. Y le surtía pija sin misericordia.

—Una cola hermosa —le admití mientras Agustín me inclinaba el vaso que yo ya tenía en la boca, para apurar mi trago—. Dan ganas de hacérsela —agregué secándome el vodka con la manga.

—Y se la vamos a hacer, Ramiro. Quedate tranquilo, y te vamos a enseñar de qué manera, para que no la veas tan gordita a tu novia, que es una diosa… Mirá cómo se queda para que vos aprendas…

Se quedaba quietita, mi Bruni. Aunque quizá porque estaba entretenida con algo que ahora le metían en la boca. Bruni comenzó a cabecear rítmicamente con una verga en el buche mientras Agustín la tomaba de sus cabellos.

—Tragá, bebé… Así… Tragá pija, tragá…

Y mi nena tragaba.

—¡Qué rica que está tu novia, cornudo…! ¡No sé qué carajo le ves de gorda, si está buenísima…! —Carlos le surtía pija ya moviéndose muy fuerte. La seguía tomando de la cola, a veces de la cintura para darse más fuerza y penetrarla más profundo. Mi novia gemía con cada sacudida, y ya mi amigo comenzaba a gemir también.

Carlos comenzó a sacudirse más y más. La verga le sobresalía brillosa como el sol y se le volvía a esconder dentro de mi Bruni. Comenzó a agitarse ya fuerte y a pegarle chirlos a la cola.

—¡Qué buena estás, puta…! Ahhhhh…

—¡Ey!¡No le digas así a mi novia!

—Te estoy enseñando cómo tratarla, cornudo… Ahhhh, por Diosss… Abrile las nalgas, Cuerno… Abrile que te muestro cómo te la tenés que enlechar…

Fui de un salto a abrirle las nalgas. Si había algo que me hacía volar hasta el cielo era acabarle adentro a mi novia.

—Así, Cuerno… Así te la tenés que coger… —me decía Carlos, aferrado a la cintura de su víctima y hamacándose dentro de ella como un mono en celo.

Bruna soltó por un segundo el vergón de Agustín, que estaba mamando, y giró divertida para constatar cómo yo miraba su violación.

Carlos comenzó a bombearla más rápido, y a bufar notoriamente. Sacudía a mi novia tanto que a ella le costaba retener en su boca la pija de Agustín.

—¡Qué buena puta que tenés, Cuerno, qué buena puta que tenés!!

Yo sonreía orgulloso, con mi rostro pegado al culazo de mi novia y mis dedos abriéndola para que Carlos me enseñe más cómodo. La telita de la tanguita se tensaba con cada sacudida de mi amigo y a veces me costaba retenerla bien abierta para no tocarlo a él.

Tan cerca estaba que podía ver claramente las venas hinchadas de la pija de mi amigo, y la porosidad de la cabeza cada vez que salía del todo para taladrar nuevamente a mi novia.

—Así la vas a llenar, asíiii…

Yo le abría más las nalgas a ella, la perforación era escandalosa.

—¿Ves, Cuerno? ¿Ves bien?

No le respondí porque estaba absorto observando el pistón de carne entrar y salir dentro de esa conchita inocente, a centímetros de mis ojos. Carlos habrá entendido que yo no veía bien y me tomó la cabeza y me empujó hacia la penetración que él mismo sojuzgaba. Mi cara fue a dar a la concha empapada de mi novia y, como además estaba siendo penetrada, el vergón de Carlos también me rozó la cara. Y el hijo de puta apretaba mi cabeza contra verga y concha, y me gritaba:

—¡Mirá, Cuerno, mirá cómo te la enlecho!

—No pfffedo verff nada, Cagglogggs… —Mi cara pegada a ellos estaba soldada con tanta presión, ejercida por sus manos y movimientos, que no me permitía hablar bien. Sentía la conchita exquisita de mi Bruni en uno de mis ojos y la pija yendo y viniendo sobre mi nariz y parte de una mejilla.

Sin dejar de bombear, Carlos empujó violentamente mi cabeza contra el sillón, pero por debajo de mi novia, que seguía en cuatro patas. La puso encima de mí y le trajo las rodillas hacia él, empujando la cola de ella hacia abajo. Mi cabeza quedó aprisionada entre el sillón y mi Brunita, así que para no asfixiarme la puse de costado. La concha me quedó entonces sobre la oreja, por lo que se me dificultó escuchar. Carlos se apoyó desde arriba con las dos manos sobre las ancas de mi amorcito y comenzó a perforar empujando hacia abajo. En su recorrido hacia la concha de mi novia, la pija dura y carnosa me acariciaba toda la mejilla, de ida y de vuelta.

—Te la enlecho, Cuerno… ¡¡Te la lleno de leche!!

Yo no escuchaba más que una voz indescifrablemente grave, y los gemidos de mi novia directo desde su cuerpo.

—¡Te lleno de leche, putón!

—Llename, Carlos… ¡¡Llename toda!!

Carlos ya comenzaba a temblar, pero no dejaba de bombearla con velocidad. La pija entraba y salía y me impregnaba la mejilla de pija, de fricción, de disfrute de ella.

—Te lleno para que aprenda el cornudo, mi amor…

—Llename para el cornudo… ¡¡Para que aprenda a valorarme!!

—Te lleno, mi amor, te lleno, te lleno te lleno te llenoooo…

—Síiii, para el cornudo, síiiiiiiii…

—Para el cornudooooaaahhhh…

Sentí sobre mi rostro cómo los chorros de semen latigueaban dentro de la pija e iban a dar al interior de mi novia. Lo sentía en la cara, como pequeños temblores, y en el vientre de Bruna, a quien se le había puesto la piel de gallina y acababa en pequeños espasmos de placer.

—Tomá, puta… Toda para el cornudo… Toda para vos…

Y le seguía acabando.

—Sí, sí, Carlos, para el cornudo…

Mi novia le festejaba a Carlos la dedicatoria. Como sus piernas  estaban demasiado abiertas, los primeros hilos de leche comenzaron a salírsele y bajar desde su concha para dar sobre mi rostro. Por suerte casi todo fue bien adentro de mi novia y resultó poco lo que tuve que soportar.

Carlos le acabó por completo adentro y se desinfló sobre Bruna, aplastándome todavía peor. Tenía la pija clavadísima hasta el fondo y la hacía descansar. El problema, me percaté recién ahí, era que sus holgados huevos también descansaban, pero sobre mi rostro, incluso uno de sus testículos se recostaba directamente sobre mis labios, que yo obviamente mantenía sellados. El semen de mi amigo seguía cayendo de la conchita de mi novia y goteaba sobre mi cara. En eso, Carlos se salió, cansado, con esfuerzo, y sacó lentamente su pijón embadurnado de flujo y semen. La verga se salió y fue a dar sobre mi mejilla, dejándome un reguero de leche a lo largo de mi rostro.

—¡Caggglogggsss…! —me quejé.

—No te pongas impaciente, Cuerno, que ahora mismo te enseñamos cómo romperle el culo a tu novia, y que te parezca delgadita como a vos te gusta.

Así aplastado como estaba y con media cara embadurnada de semen, no pude estar más contento con la propuesta. Seguramente producto del alcohol que corría por mis venas, pero lo cierto es que en ese momento pensé que ¡qué bien, que por fin le iba a hacer la cola a mi novia!

Aunque eso, claro, será contado en la próxima.

(concluye en la parte 2)

Me gusta / No me gusta

Dándole al Joystick

Dándole al Joystick (toda la noche)

Por Rebelde Buey

Florencia tiene un cuerpo perfecto (al menos para mi gusto). Es nada más verla y tener una erección. Es increíble lo que me sucede con ella. Nunca jamás me pasó algo parecido con nadie. Ni remotamente parecido.
Pero a ella no le sucede lo mismo. Nos amamos más allá de lo físico, claro. Pero debo confesar que si yo no sintiese semejante atracción y, por ende, miedo de perder eso tan preciado, nunca la hubiera dejado tener un amante fijo.
El amante se llama Diego y si lo ves, no podés creer cómo a mi novia le puede gustar. No es atlético ni buen mozo, para mí tiene cara de nabo, pelo enmarañado y ondulado, y encima tampoco es brillante. Pero el hijo de puta se la garcha, mínimo, una vez por semana. Y las semanas que se la coge dos veces, puede pasar que se la coja más que yo, lo cual, obviamente, trae reclamos míos hacia Florencia y peleas en la pareja.
En fin, que desde hace dos años Diego se la coge todas las semanas, y yo terminé acostumbrándome y aceptándolo como algo normal.
Hasta que un día Flor vino con una idea surrealista: quería que yo vaya a lo de su amante, y que de alguna manera estuviera en la casa mientras ella se lo cogía en la habitación.
-Vos estás loca -le dije.
Pero ella ya había pensado todo. Diego tenía una PlayStation 3 y un montón de juegos. Su idea era ir uno de los días que estuviera alguno de sus sobrinos, que lo visitaban justamente para darle toda la noche a la Play y, mientras el sobrino y yo jugábamos, Diego y ella irían a la habitación, casi a escondidas.
Le dije que no, pero esa misma noche, mientras me cogió como los dioses, me hizo claudicar y aceptar esa locura. No me importaba tampoco tanto, porque contaba con una ventaja: Diego no sabía que yo estaba al tanto de que él me cogía a Flor, de modo que lo más probable era que él no aceptara llevarla a la cama en mi presencia. Diego no era uno de esos tipos dominantes que atropellan y todo les importa un carajo. Me tranquilicé. Aquella idea morbosa de mi novia no iba a prosperar.
Sin embargo, dos viernes después fuimos a la casa de Diego con la excusa de jugar a la Play. Diego estaba visiblemente nervioso, pero no dijo nada. Yo tampoco. Lo saludé como otras veces que lo había visto. Flor estaba radiante y hermosa, tratando de que charláramos entre nosotros como viejos amigos.
La primera sorpresa me pegó como una trompada en la cara. El sobrinito de Diego no era tal. Era un flaco de unos 27 años llamado Matías, muy bien vestido y simpático. Flor no pareció sorprenderse por su presencia. Pero a mí me puso a la defensiva. ¿Por qué estaba ahí? ¿Ese flaco era el que iba a “distraerme”? La idea de quedarme jugando con un sobrinito mientras mi novia cogía en el otro cuarto me dejaba relativamente tranquilo porque el chico no se enteraría de gran cosa. Pero Matías se iba a dar cuenta y la perspectiva de quedar como un enorme cornudo no me hizo mucha gracia.
Comimos algo y tomamos unas cervezas, mientras charlábamos de boludeces. Era casi gracioso ver a los flacos aguantarse las miradas sobre mi novia. Ella se había ido con una minifalda bastante corta, una remera y unas botitas. Estaba muy sexy, sin parecer una puta. Por suerte evitó todo tipo de histerias o mostrarse en exceso. Disfrutaba de hacerse la legal delante de mí, y no de mostrarse puta. Yo me quería ir, pero no lo iba a hacer. En el fondo tenía miedo de que, si me iba, no solo Diego se garcharía a mi novia, sino también Matías.
Pronto estábamos los cuatro frente al televisor, joysticks en mano, jugando un partido de futbol.
Con la excusa del anfitrión, Diego me dejaba jugar todo el tiempo a mí. Matías simplemente acaparó uno de los controles y no lo soltaba con nada. Me di cuenta que Flor se había parado detrás del sillón, a mis espaldas. Cuando Diego se paró a su lado, Flor apoyó sus dedos en mi hombro.
Me costó concentrarme. No iba a darme vuelta porque le arruinaría el juego a mi novia, pero sabía que la minifalda era toda una invitación para el manoseo, y la había visto elegir una diminuta tanguita negra con encaje. Los dedos de mi novia me presionaron un poco y los ojos de Matías comenzaron a bailotear hacia ellos. Estaba más desconcentrado que yo y comencé a hacerle goles.
Le estaban manoseando a mis espaldas esa cola perfectísima, sobándola, hurgándola seguramente en sus agujeritos, y yo transpirando delante de ella y sin poder hacer nada. De pronto noté que tenía una leve erección y eso me dio más bronca que lo que estaba pasando atrás mío.
Flor se reclinó hacia mí, como para hablarme, pero de lo que se trataba era de dejarle la cola a completo merced de su Diego.
-Mi amor -me dijo con voz entrecortada. -Te están llenando el arco… Tenés que defenderlo mejor…
No quise darme vuelta. No sabía qué hacer, en realidad. Creo que Matías tampoco, porque miraba pero no quería mirar. Me llegué a preguntar si estaría sobre aviso, o era tan ignorante como -se suponía- lo era yo.
El timbre me sobresaltó. Pero solo a mí.
-¿Pidieron una pizza? -dije desde mi inocencia más completa.
Diego fue a abrir. Sin dejar de jugar, escuché gran alboroto en la puerta, saludos efusivos y risas. Todas masculinas. Giré un segundo para ver venir a tres flacos más, de entre 27 y 33 años, uno bajo y flaquito y dos grandotes, uno de ellos demasiado grandote y morocho, con una traza que metía miedo. Era el único que no sonreía y no hizo otra cosa que mirar a mi novia de arriba abajo como si fuera una cosa usable, o una puta. Nos presentaron. Se hizo un silencio incómodo cuando me anunciaron como “el novio de Florencia”. En ese momento supe que todos sabían lo cornudo que era. O al menos, que iba a ser. Porque si Flor se llevaba a Diego a la cama, iba a ser imposible parar al grandote.
Yo estaba desconcertado, aquello era demasiado. Matías ofreció su joystick y uno de los nuevos lo agarró, para comenzar a jugar. Yo debería haber hecho lo mismo. Si supuestamente no sabía lo que iban a hacer, por una cuestión de cortesía me correspondía tener el mismo gesto. Giré un poco para ofrecer el joystick y por el rabillo del ojo vi a mi novia detrás de mi respaldo, y al morocho grandote detrás de ella. Diego, rápido de reflejos, me atajó y me hizo girar nuevamente hacia adelante. Eso me dio la pauta que el grupo no sabía que yo sabía que mi novia estaba en plan de regalo.
-¿Hay algo para tomar? -dijo el morocho grandote. Su voz era firme.
-En la cocina -dijo Florencia. -Vení que te muestro.
Vi cómo mi novia iba bamboleando su minifalda, con el otro atrás, mirándole su andar.
-¿Jugamos un cuadrangular? -propuse.
-No, mejor “ganador queda” -dijo Diego.
La única forma de tenerme toda la noche sentado frente al televisor era que se dejaron ganar para que yo permanezca allí.
Comenzamos a jugar. Florencia apareció por detrás mío y preguntó dónde quedaba el toilette. Diego le indicó. Y ella salió del living hacia el pasillo que daba al baño y a las habitaciones.
Jugué. Gané. Pasó otro y le iba ganando cuando escuché los pasos del morocho grandote yendo hacia las habitaciones. No dije nada, pero mi mente se fue del partido. Hice un esfuerzo sobrehumano para no girar mi cabeza, pero la distracción pagó con un gol. Los otros cuatro chicos estaban tensos y en completo silencio. El grandote se perdió en el pasillo y en seguida mi rival se dejó hacer un gol. Los partidos duraban unos diez minutos. Cuando terminó ese, el cual por supuesto gané, ni mi novia ni el grandote volvieron.
¡Hija de re mil putas! Florencia se estaba garchando al morocho sin haberlo acordado previamente conmigo. Yo había levantado temperatura, transpiraba. Y tenía una erección a medias, que repuntaba y se aflojaba según los pensamientos que tenía.
Al promediar el segundo partido hubo un par de segundos donde el juego se pausó y hubo un silencio casi total. Fue cuando se escucharon muy levemente unos suaves jadeos de mujer, que venían del pasillito. No fue tan evidente como para provocar un escándalo, el silencio fue tan breve que incluso para alguien que estuviera distraído -como yo, jugando- hasta habría pasado inadvertido.
Pero lo escuché. Y también lo escuchó Diego. Mi interés desde ese momento fue tratar de escuchar los jadeos de mi novia por encima del sonido del videojuego. Era realmente difícil. Pero unos minutos después, los jadeos de mi novia comenzaron a hacerse un poquito más fuertes y pude percibirlos nuevamente, aunque todavía bajos.
Diego se levantó y puso la radio en el equipo de música.
Luego del tercer partido que me dejaron ganar, el morocho todavía no había re aparecido. Negro turro, se la estaba gozando como un hijo de puta.
Casi al terminar el cuarto apareció. Solamente él. No mi novia. Se sentó en un sillón del costado, se tomó medio litro de cerveza de un tirón y se puso a mirarnos.
Me puso tan nervioso que aunque se dejaran ganar, terminé perdiendo. Me tuve que levantar y para evadir la mirada del morocho, me fui a la cocina y encontré media botella de vino. Me la mandé de una.
Estaba confundido, asustado, nervioso. Mi novia se había ido al carajo con todo ese jueguito. Volví luego de mojarme la cara. Faltaba uno de los chicos del grupo, el otro morocho. ¿Estaría en la pieza cogiéndose a mi novia, él también? Por la mirada de desprecio que me regalaba el grandote me di cuenta que sí. Estaba jugando y entonces aproveché para observarlo. Estaba totalmente despreocupado, muy seguro de sí. Empecé a imaginármelo cogiéndose a mi novia y tuve una erección instantánea. Tuve el morbo de verle el bulto pero con los pantalones holgados no pude adivinar nada. ¿Qué pretendía, yo? ¿Quería que la tuviese grande? ¿Por qué le miraba ahí? En ese momento se estaban cogiendo nuevamente a mi novia. Imaginármela con esa cola redonda y ese cuerpo perfecto, siendo poseída por estos desconocidos me estaba excitando cada vez peor. Algo andaba mal en mí.
Veinte minutos más tarde yo estaba ganando otro partido y Matías rumbeaba para la habitación. Yo ya estaba más cómodo, más relajado. Y un poco más en mi papel de cornudo boludo que le están cogiendo a la novia sin darse cuenta.
Hablaba mientras jugaba, los cargaba cuando les ganaba (o se dejaban ganar) y charlaba con ellos más distendido. El alcohol había hecho su efecto y los había soltado también a ellos. Los hijos de puta, cuando yo les hacía un gol o hacía alguna jugada destacada, a modo de agresión aprobatoria me insultaban, primero con el clásico “hijo de puta” pero enseguida se pusieron osados y comenzaron a decirme “cornudo”, no como cornudo sino como un insulto bueno.
“¡No seas cornudo, no me podés hacer es gol!”
“¡Cornudo, dejame meterte aunque sea una!”
Cornudo esto, cornudo aquello.
Se miraban entre ellos y se reían. Y se pasaban de la raya constantemente. La cerveza los hacía más osados, y el vino, a mí, me hacía más permisivo.
Para cuando los cinco se habían garchado a mi novia a mis espaldas, ya todos me nombraban únicamente por cornudo. Se había convertido en mi sobrenombre.
-Cornudo, pasame el celular que tengo que llamar a unos amigos.
Y yo se lo pasaba y respondía a ese mote con total naturalidad.
Entonces apareció mi hermosa novia, pero solo por un rato. Con el cabello más revuelto, la ropa hecha un desastre pero con la minifalda puesta. Al menos, conservaba las formas. Tomó Coca Cola, tomó cerveza y estuvo charlando un rato.
Pero en cuanto a mí me tocó jugar un partido, se levantó y se fue nuevamente a la habitación, y detrás de ella, literalmente detrás de ella, ya sin el más mínimo disimulo, el hijo de puta del grandote la siguió y se metieron en el pasillito que llevaba las habitaciones.
Jugué un partido completo y parte de otro y el morocho se la seguía cogiendo. Pero mi vejiga explotaba y necesitaba ir al baño. Tenía la cabeza tan llena de alcohol que no me era sencillo pensar ni moverme. Le di el joystick a Diego y me fui al baño.
El baño estaba a un costado del pasillito. Pero la habitación estaba al fondo, pegado, y la puerta no del todo cerrada. La claridad con la que se escuchaban los jadeos de mi novia y del grandote me sorprendieron. Fui al baño e hice lo más rápido que pude. Salí y disfruté de ese concierto exquisito que era mi novia jadeando con pija nueva.
No eran jadeos electrizantes ni de película porno. Eran jadeos tranquilos, sensuales, cadenciosos. Cada tanto se escuchaba la voz del morocho diciéndole alguna cosa, pero no se entendía bien. Y mi novia respondía con algún gemido más excitado. Tenía una erección formidable que ya me molestaba en el pantalón. Metí mi mano para acomodarme la pija y sentí un alivio doble, por zafarla de esa posición, y por el roce con mi mano.
De ahí a acariciarme hubo un solo paso. Me asomé por el hilo de luz que dejaba la puerta y pude ver el movimiento de los cuerpos. No se veía mucho y mi semi ebriedad no ayudaba, pero el cuerpito perfecto de mi novia siendo usado por ese hijo de puta se adivinaba bien. Me acaricié un poco la pija sin sacarla del pantalón.
Taté de acompañar los jadeos de ella con mis movimientos. En un ratito la muy puta de mi novia recibió no solo toda la pija sino también toda la leche tibia de su nuevo macho.
-Sí, mi amor… -susurraba.- dámela toda… dame toda la lechita.
Y el bufido semi gutural del morocho acabándole como un animal en celo. Casi me voy en la mano con la escena, pero la adrenalina me puso un poco más sobrio y tomé conciencia de que si me descubrían allí, se perdía el juego de mi novia.
Me fui a jugar al PlayStation nuevamente. Nadie sospechó nada.
En fin, esa noche mi novia terminó siendo usada por segunda vez por los amigos de Diego. No solo eso, a las 4 de la mañana cayeron tres tipos más, que pudieron disfrutar de Flor al menos una vez cada uno.
Desde esa noche ya nada volvió a ser igual en nuestra pareja. Florencia tuvo que convencer a Diego y sus amigos de que yo no sabía nada, de que era medio tonto y que con alcohol era capaz de no ver lo evidente. Todo para satisfacer su morbo.
Y ahora, más o menos mes por medio, nos reunimos con Diego y sus cada vez más numerosos amigos en reuniones donde corre el alcohol, yo me hago el borracho o el dormido, y veo o estoy en presencia de cómo uno por uno van, sigilosamente, pasando al cuartito donde los espera mi novia para ofrecerles ese cuerpito perfecto que debiera ser mío y nada más que mío.

Fin.

Pueden visitar mi blog personal, donde tengo algunos relatos más.
Lo tienen en mi perfil o en
http://rebelde-buey.blogspot.com/

Me gusta / No me gusta

Un Poco de Ayuda

UN POCO DE AYUDA

Por Rebelde Buey

Otra noche igual en casa. Yo cocinando, o limpiando después de cenar, y mi mujer en mi cama, cola para arriba, recibiendo pija del incansable Servio. El turro ese sabe lo que hace, la penetra una y mil veces y le acaba casi a voluntad, provocándole a mi mujer varios orgasmos por noche. Yo no podría provocarle ni medio.
No me gusta ser cornudo pero no me queda otra. No sabía que yo era un mal amante hasta que conocí a la que es ahora mi mujer. En realidad, como ella misma dice, no es que sea un mal amante. No soy ni malo ni bueno, simplemente no tengo gracia. Y no es que ella no motive. Es una hermosa morocha de grandes labios, senos y cintura chicos y cola de buen tamaño, redonda y perfecta, sin dudas lo que más le miran. Pero aparentemente no soy muy hábil.
Abigail, mi mujer, me lo hizo saber sin reproches pero de inmediato, apenas comenzamos a noviar. Quería que me esforzara más. Yo no mejoré y ella no volvió nunca sobre el tema. Hasta que dos años después, planificando el casamiento, le descubrí un mensaje de texto muy comprometedor de un tal Servio, y admitió que me era infiel.
Para mi sorpresa, la tranquilidad y naturalidad con la que me lo confesaba logró que no me enfureciera. En el fondo, yo sabía que era lógico. Las pulsaciones de ella no debían de ser más altas que cuando toma un té con las amigas. Me dijo que sí, que había cogido con Servio, un compañero de oficina que yo ya conocía, un grandote con cara de malo peligroso. Pero no solo eso, también a veces le daba al profe del gym y a un chico que había conocido en un boliche, en una despedida de soltera.
No me pidió disculpas. Tampoco me estaba pidiendo permiso. Yo no sabía qué decir ni qué hacer. Una hora antes habíamos decidido el salón donde haríamos la fiesta. Ella permaneció callada, se cruzó de piernas y encendió un cigarrillo, cosa que rara vez hacía.
—¿Qué vamos a hacer? -pregunté.
—Mirá, te fui fiel los primeros tres o cuatro meses, esperando que cambie un poco la cama… -exhaló humo. —Me parece medio boludo romper lo nuestro. Vos me querés, yo te quiero… -lo decía como si estuviera leyendo el horóscopo en voz alta.
—¡Acabás de admitir que cogés con otros!
—Ay, no seas boludo. ¿Te pensás que si no te quisiera estaría planeando casarme con vos? No soy tan tarada. Guita no te sobra, coger, no cogés bien… Es obvio que te quiero. Y vos a mi también.
—Pero… esto no… esto no puede…
—Cuando no sabías nada, la relación te parecía perfecta. Es cuestión de que no te enteres, nada más…
—No. Si vas a hacer algo quiero saber. Una cosa es ser cornudo y otra un cornudo imbécil.
—Como quieras, pero después no vengas con quejas.
Mi cabeza iba a explotar. Tenía más pensamientos y preguntas de las que podía expresar. Y por otro lado no quería dar tiempo a que ella gane terreno. Qué tonto. Tenía todo el terreno ganado.
—Bueno, no sé… -balbucí. —¿Cómo es esto? ¿Elegís uno y armamos un cronograma de tus cogidas? Esto es absurdo… no sé cómo actuar ni qué decirte… me siento un estúpido.
Abi me miró pensativa.
—Supongo que podríamos cuidar un poco las formas. Puedo hacerme la señora con los tipos de por acá… No sé, al del gym le puedo cortar… no quiero que quedes como el cornudo del barrio, mi amor.
Lo decía como si estuviera haciéndome un favor.
—¿Con cuántos tipos querés coger? No me gusta, Abi, bastante con que sigas cogiendo sin hacerte quilombo… Elegí uno, por favor… -imploré ya sin el mínimo orgullo.
Me miró, creo que se apiadó de mí. Suspiró resignada y me prometió que sí, que estaba bien, que uno solo.
Ese “uno solo” fue Servio, el de la oficina. Aunque fue “uno solo” por un tiempo, ya que el muy turro se la quería enfiestar con otro compañero, y para la fecha del casamiento, más precisamente dos días antes de la iglesia, convenció a mi novia. Abi prefirió no decirme que se había despedido de la soltería con un trío, hasta después de casarnos. Exactamente hasta la noche de bodas, que fue cuando me lo confesó.
Esperó hasta que estábamos haciendo el amor para decirlo. Yo, caliente como nadie por estar cogiéndome ese cuerpo espectacular al que amaba, y ella más tibia que una cerveza al natural. Pero fue decirme eso, que había sido enfiestada a mis espaldas, verla a la cara confesándome el punto más alto de su putéz y su hija-putéz, que me disparó el orgasmo incontenible.
Me quedé más sorprendido que ella, y mientras acababa y gozaba veía cómo Abi disfrutaba de mi debilidad y sonreía. Y ese rostro amado y diabólico no hizo más que desangrarme de leche hasta casi morirme.
Me derrumbé sobre ella, agotado de casi no cogérmela. Ella me sacó de encima, fue a lavarse y se negó a volver a hacerlo. Y apagó la luz para dormir.
La luna de miel fue de lo más bizarra, hicimos el amor solo una vez por cada noche, con el rumor de sus labios en mis oídos, escuchando cómo lo había hecho con uno o con otro, relatándome alguna de los más memorables cuernos que me había metido durante el noviazgo. Los polvos eran intensos pero muy, muy breves. Mi calentura llegaba a picos realmente altos en segundos. A veces le pedía que deje de hablar, pero ella no se detenía. Al contrario, lo disfrutaba. O en tal caso quería que yo acabara rápido. Nunca me permitía volver a poseerla, me dejaba caliente y expectante hasta la noche siguiente.

Pero eso había sido un año atrás. Ahora estaba en mi cama con Servio, uno de sus machos, como lo hacía casi día por medio. Pero algo iba a ser distinto esta noche. En principio, Servio se la estaba cogiendo desde hacía larguísimas horas. Yo había entrado un par de veces a llevarles algo fresco para tomar, y encontraba a mi mujer tapada con la sábana, que me agradecía con una sonrisa y me echaba rápido para afuera de la habitación. Así, al otro lado, me quedaba escuchando el movimiento de la cama, sus jadeos, sus orgasmos, sus puteadas y las nalgadas que recibía de su verdugo. No me permitían espiar por la cerradura, Abi decía que se podía inhibir. Pero esa noche, después de más de seis horas de recibir pija y pija de Servio, mi mujer por fin me llamó.
—Cornudooo… -me reclamó de un grito. Yo ya estaba en el sillón del living, tratando de dormir, pero me levanté como un resorte.
No era habitual que me llamara “cornudo”, pero a veces lo hacía. Especialmente cuando Servio se iba luego de una sesión de sexo o cuando venía de la oficina recién cogida.
Golpeé la puerta.
—Entrá, Cuerno -Servio, en cambio, se refería a mí solo con el nombre de Cuerno. Siempre me decía Cuerno, jamás me nombró de otra forma.
Cuando ingresé, mi mujer estaba cola para arriba, desnuda, sudada por completo, incluso el cabello empapado. Servio detrás de ella, arrodillado, en medio de sus piernas, con la pija enorme como un mástil, dispuesto a clavarla. Sin embargo:
—Servio no da más -me explicó mi mujer. —Ya me echó no sé cuántos polvos… Está agotado, pero yo quiero uno más… Lo tenés que ayudar…
Por un momento creí que me iba a dejar cogerla, cosa que por hache o be no me permitía desde hacía unos meses, casualmente desde que comenzara a cogerse a dos compañeritos más y a un amigo de Servio.
Pero me equivoqué.
—Sentate en la cama y empezá a moverte con ritmo -me pidió Abi. No le entendí.
—Así, Cuerno -me indicó Servio, se inclinó hacia mi esposa y la penetró. Abi lanzó un gemidito. Yo tenía la pija durísima de ver esa cola perfecta y a merced de ese hijo de puta. Servio apoyó sus manotas en la cola de mi mujer y comenzó a bombearla.
—Mmmm… -ronroneó ella.
Pero con el movimiento se empezó a mover la cama. Y mucho.
—Ahora movete siguiendo mi ritmo -dijo Servio.
Sentado, yo comencé a moverme hacia abajo y arriba, empujando con mi cola, primero tímidamente y luego, cuando comprendí que tenía que seguirlo a él, con más seguridad. Pronto él y yo nos estábamos moviendo en perfecta sincronía, solo que él se estaba clavando a mi mujer con cada subida y bajada y yo solo los miraba.
En segundos él se quedó quieto. El movimiento que yo le daba a la cama hacía que el cuerpo y la cola de mi Abi fuera hacia arriba y hacia abajo, dejándose penetrar por su verdugo. Ninguno de los dos se movía, yo impulsaba todo con mis saltos de sentado sobre el borde de la cama.
Era un espectáculo maravilloso. La piel oscura de mi mujer, transpirada y brillosa, moviéndose a mi ritmo, pero penetrada por su macho hizo que casi me viniera sin tocarme. Amagué hacerlo.
—Ni se te ocurra -me advirtió Abigail. —Concentrate en lo que tenés que hacer… así lo ayudas a Servio, que está cansado…
Me seguí moviendo mientras el otro hijo de puta se beneficiaba de todo. Comencé a transpirar.
—Mi amor, me estoy cansando…
—Seguí, cornudo… -me alentó mientras su cola viajaba una y otra vez hacia su macho, empalándose. —Seguí que vas bien…
Y yo seguía saltando sentado sobre la cama.
—Dale, así… -decía ella. Así, bien… Mmm… cómo la siento…
Y yo dale que te dale, ayudándola a subir y bajarse ese pedazo de pija.
—Mi amor, me canso…
—Seguí, cornudito… por favor seguí que lo estás haciendo bárbaro…
Sí que lo estaba haciendo bien. Servio solo se apoyaba en Abi, y ella no hacía ningún esfuerzo por subir o bajar. Todo lo hacía yo. Me sentía útil, por un lado, cansado por otro y definitivamente muy usado por Servio. Aunque sabía que se la había estado garchando por horas y horas y debía estar muerto, no pude menos que sentir algo de bronca por estar muriéndome de agitación para que él sintiera toda la conchita de mi mujer en su pija mientras yo hacía meses que nada.
El cansancio hizo que yo perdiera ritmo.
—Un poquito más, mi amor… Un poquito más… -me rogaba Abi yendo hacia atrás y adelante mientras jadeaba.
—Seguí, Cuerno. No me aflojés ahora que le quiero echar el último polvo a tu mujer.
La indignación por la humillación me dio un poco más de energía y logré mantener el ritmo un ratito más. Pero estaba exhausto.
Podía ver cómo mi Abi se mordía el labio con cada estocada que yo ayudaba a que se clave. Le temblaba el brazo y tenía la cola en piel de gallina. Me di cuenta que el turro de Servio le iba a arrancar otro orgasmo, algo que yo nunca había logrado. Aunque de alguna forma me sentía partícipe de esta inminente acabada.
—Seguí, cornudo, no pares… seguí que ya estoy… -decía mi Abi con los ojos cerrados. Agarró fuerte las sábanas, arrugándolas con violencia.
—Venite, putita -terció Servio. —Mostrale al Cuerno cómo gozás con una buena pija.
Abi tenía el cabello todo pegado a la cara, yo se lo corrí en un gesto instintivo de ternura hacia ella. Pero el movimiento me desestabilizó y se perdió el ritmo.
—¡No! No pares ahora, no pares, mi amor…
Pero yo no podía más. Me puse de pié, sin soltar a mi mujer, la tomé de los hombros, la incorporé un poco y comencé a moverla hacia Servio.
—¡Bien, Cuerno! Empujala con fuerza que se la mando hasta los huevos.
Abi me agarró de la ropa, del cuello, de donde podía. Parecía que se estaba desarmando.
—Sí, mi amor, clavame contra su pija… clavame, mi amor… sí, sí…
Y yo la seguía empujando contra Servio. Con los ojos cerrados, a veces abriéndolos, ella me gritaba “cornudo, aprendé” o “mi amor, así”, dependiendo de la oleada de morbo que sentía.
Cuando le empezó a venir el orgasmo me agarró fuerte de los brazos y empezó a gemir y gritar como una puta. Servio comenzó a darle chirlos en la cola, un poco fuertes.
—¡Así, Cuerno! Así hay que cogerse a tu mujer -y la seguía bombeando mientras le pedía: —Puta, mostrale cómo te gusta mi pija…
Pero Abi estaba en una nube. Pronto abrió los ojos y mientras yo la seguía empujando, ya más suave, buscó mis labios y me besó en la boca con una pasión de enamorada.
—Mi amor, -me decía —qué buen polvo me echaron… -y luego en mi oído. —Me hacés la mujer más feliz del mundo, cornudo…
Servio se desplomó en la cama. Abi lo vio, sonrió y me dedicó un beso dulcísimo. Yo tenía una erección tremenda, estaba para cualquier cosa.
—Quiero hacerte el amor -le supliqué desesperado.
—Ay, mi amor, no seas egoísta -dijo sonriéndome con maldad. —Me están cogiendo desde hace seis horas, estoy muerta.
Se puso la bombacha y el corpiño para que no la viera desnuda.
—Me encantó cómo ayudaste. Es la primera vez que tengo un orgasmo con vos. -No supe que responder. —¿Te gustó? -me preguntó mientras se acostaba junto a Servio y se tapaba.
—S-sí… ¿te vas a acostar con él…? Deberíamos mandarlo al sillón del living…
—¿Estás loco? -se sorprendió. —¿Quién es el macho acá? ¿Quién es el único hombre que coge en esta casa? -me esperó un rato para que yo dijera algo. No dije nada.
Sonrió satisfecha y apagó el velador. Afuera ya estaba aclarando y, aunque me arropé bien en el sillón, supe que no iba a poder dormir.

– FIN –

Me gusta / No me gusta

Nuestro Primer Trío

Bueno, antes de contar lo vivido con mi esposa le comento que somos un matrimonio normal, ella de contextura normal mas menos 1,68 Mt. Y yo 1.78 Mt igual de contextura normal, lo que si ella tiene grandes tetas que le dan el toque, es muy bonita, y un culo que se los encargo.

Bien, pasando al punto, nosotros somos muy calientes, las hemos hecho todas, siempre hablamos mucho de todo de nuestras historias y  anécdotas, uno de esos días entretenidos nos calentamos hablando de temas y vimos algunas películas XXX donde se hacían unos tríos muy buenos HMH y MHM. Luego de eso hablamos de que pasaría si nosotros hiciéramos un trío ya sea otra mujer y otro hombre… nos calentamos y le dimos hasta más no poder…

Al día siguiente no se habló del tema hasta la noche donde por Messenger  conocimos a un tipo que se veía bien, ella habló un momento con él mientras yo me servía un trago… luego iniciamos nuevamente el tema de realizar un trío y le pregunté cual sería su mayor fantasía y ella me dice que es tener sexo con dos hombres, yo y otro…., eso me calentó mucho y lo hablamos los supuestos y nos calentamos de nuevo y nos dimos como nunca…

Luego de 1 mes de hablar con nuestro amigo nuevo de MSN, coordinamos una salida nos dimos los celulares y quedamos en contacto, él menor que nosotros ella y yo 39 años, nuestro amigo de 30. Nos coordinamos para juntarnos en un bar muy tranquilo para conocernos, antes yo ya había buscado un motel donde se pueda entrar con más de dos.

Acordamos juntarnos a las 21:30 hrs. En el lugar indicado, ella para la ocasión se compró un corsé, pantys negras muy sexy y un sostén muy pequeño que pareciera que las tetas se iban a arrancar y unos colaless muy pequeños, aparte de eso se depiló completa…. Se veía muy rica… yo salí de casa caliente….

Cuando llegamos al bar ahí estaba esperando nuestro amigo, nos saludamos él muy cordial y nosotros muy nerviosos, bueno el estaba igual… pedimos unos tragos, el nos contaba acerca de que hacía, mi esposa entre traguito y traguito comenzó a hacer preguntas de su vida sexual, y comenzamos el tema de sexo, entre tema y tema yo ya no daba más de caliente, me imagino que los tres estábamos en las mismas, finalmente hasta que calló el tema, les dije…. Bueno y ahora que hacemos, podríamos ir a algún lugar mas privado y ella que estaba mas menos caliente dice … claro ustedes deciden… y yo ya había planeado el tema del Motel para tres, le dí la dirección a nuestro amigo, compramos un Ron unas bebidas y nos fuimos…. Ya en el auto ella parte muy silenciosa y le dije que el juego es de los dos… y que de esa noche no se hablará más…

Al llegar al motel estacionamos los autos a la salida de la habitación, entramos juntos con cositas para picar y nuestro traguito, al entrar el lugar era bastante cómodo, nos entramos, pagamos la habitación y nos sentamos hablamos algunas cosas y nos servimos nuestros traguitos de  forma muy normal.

Iniciamos inmediatamente hablando de sexo en las parejas nuestras experiencias hasta que mi esposa se me acerca y yo rápidamente comencé a tocarle las tetas y ella comenzó a suspirar y calentarse muy rápido, luego, ella se paró y nos dice que irá al baño.
Quedamos sentados los dos hablando de lo rica que estaba y de repente ella sale del baño con su ropa sexy que se había comprado en el sexshop y quedamos de una pieza, caminó hacia nosotros y se acercó a mi me bajó el cierre de mi pantalón lo desabrochó y me saco mi pene del pantalón y comenzó a chupar como loca…. Luego nuestro amigo me miró como pidiendo autorización y solo asentí con a cabeza, él se acerco y mi esposa se dio cuenta y se acomodo como para realizar la misma operación con él, nuestro amigo le agarró una teta mientras ella ya no daba más con los suspiros, hasta que sacó su pene del pantalón y mientras a mi me masturbaba a él se lo chupaba como las diosas.

Rápidamente me puse de pié y me saqué toda la ropa, luego ella saco de su boca el pene gigantesco de nuestro amigo como esperando lo mismo, él se paró y se sacó toda la ropa mientras yo le comí las tetas hasta que no di más luego a ella le hice sexo oral mientras él le comía las tetas y la besaba, en eso ella comenzó a agitarse y llegar a un gran orgasmo que no había visto nunca en ella, y continuo haciendo lo mismo en dos minutos más otro orgasmo muy rico de ella, luego ella se levanto y comenzó a chupárselo a nuestro amigo como que si se fuera a acabar, mientras yo comencé a acomodarla para meterselo desde atrás, estaba muy mojada solo de una se lo metí y ella hizo un gemido y comenzó a mover la cintura para que entrase muy adentro, fue tanta la calentura que acabamos los dos al mismo tiempo de una de una forma fue muy fuerte sus saltos los míos fue genial. Me salí de atrás y nuestro amigo se dio cuenta que ya era el momento de hacer lo mismo, yo me senté muy agitado y ella comenzó a chupármelo a mi muy rico (como siempre ella lo hacía) nuestro amigo que tenía tremendo pene, se paró tras de ella y de una se lo mete por la cara que puso parece que le produjo un placer muy grande ya que me lo chupaba con más ganas, hasta que me comencé a recuperar y al ver tal escena donde nuestro amigo la tomaba de la cintura y la apretaba contra él ella me apretaba mucho era un momento muy rico, hasta que nuestro amigo comenzó a gemir muy fuerte y mi esposa también yo no aguanté y fue un orgasmo  fenomenal. Ella con su boca llena de semen, él abrazado a su espalda, ella mojada entera entre sus piernas y muy agotada, nos paramos cada uno se dio un baño, cuando fue mi esposa a darse una ducha nuestro amigo me indica que quiere ir con ella y le dije que estaba bien, luego de un rato me asomé en el baño y él la tenía clavada en la ducha y le daba y ella lo apretaba, se notaban muy calientes, en eso ella se levanta y comienza a clavársela de una forma fenomenal hasta que nuestro amigo acabó de forma abundante en su boca y sus tetas.

Luego de esto nos sentamos hablamos un rato y comenzó nuevamente el show, ella ya con unos traguitos demás, se montó sobre nuestro amigo y ella misma le tomó su gran pene y se lo puso hasta el fondo y comenzó a moverse como una loca, me calenté mucho al ver tal escena y me levante y comencé a tocarle su culito, no aguanté más y comencé a metérselo muy de a poquito (ese era mi sueño, un doblete) hasta que ya estaba bien adentro y nos comenzamos a mover los tres  ella alcanzó al menos 3 orgasmos más y nosotros no parábamos, luego de unos momentos comenzamos a movernos ya sin sincronismo y comenzamos a acabar de una forma espectacular dentro de ella fue genial, ella se paró casi exhausta y se acostó en la cama, nuestro amigo se vistió se despidió de los dos y se fue.

Yo me senté al lado de ella y me volví a calentar no aguante ella me miró y me dio las gracias y quedamos que eso quedaba para siempre en nuestro recuerdo, nos besamos nos abrazamos y seguimos haciendo el amor como cuando recién nos casamos muy riiiccooooo….
Al día siguiente llegamos a casa como si nada, desde ese día  nuestras relaciones sexuales mejoraron en un 200%, fue genial….  En una de esas volvemos a realizar alguna otra salida.

Me gusta / No me gusta

Compartiendo a mi esposa III

Pasaron como dos meses después de esto casi no nos vimos mi compadre, hasta que se aparecían una tarde en la casa para pedirme de favor si podía Rosa acompañarlo a cobrarle a un cliente por que así seria mas fácil que este le pagara si iba acompañado de una hermosa mujer y que si era posible que fuera vestida con minifalda, yo le dije que por mi no había problema que le iba a decir a ella a ver que decía, entre y le dije a Rosa lo que mi compadre me había dicho, y le dije ándale ve no seas mala onda a lo mejor te invitaba otra vez al hotel, ella acepto y se quedo arreglándose yo salí a decirle a mi compadre que si iba a ir que se estaba arreglando como en quince minutos salio super arreglada y con una minifaldita, se despidió de mi y se subió al coche, mi compadre me dijo, bueno al rato te la traigo no nos tardamos mucho,(si como no me la trajo hasta mas de las cinco de la mañana), Rosa me platico que luego dando la vuelta a la esquina se detuvo para plantarle un beso y meterle mano, acariciándole las piernas, ahí se dio cuenta mi compadre que ella se había puesto liguero, y el dijo guau gracias por el detalle, acariciándole su panochita sobre la pequeña pantaleta que se había puesto, de ahí paso a una vinatería para comprar tequila y refrescos, después se enfilo al hotel y Rosa le pregunto, ¿no íbamos a cobrarle a un cliente?, y él le contesto nomás fue pretexto para sacarte de tu casa para haber si ahora si se me hace hacerte el amor, Rosa ya no dijo nada y entraron al hotel, ya en el cuarto se sentaron a platicar y a tomarse unas copas para que Rosa se le calmaran los nervios, Rosa tomo la iniciativa se quito el saco, la blusa, el brasier, los zapatos y sin quitarse la falda, abrió las piernas, dejándole ver a el liguero y las mini pantaletas trasparentes en color negro que se puso intencionalmente para el momento, el vio eso e hincándose le quito las pantaletas oliéndolas, para después mamarle su panocha, ella empezó a gemir pidiéndole que le metiera los dedos, al poco rato Rosa se vino pidiéndole que parara, él se incorporo para desnudarse y darle la verga a mamar, Rosa se la mamo ricamente por un largo rato hasta que le que le pidió se la metiera, él la puso en la orilla de la cama en posición de a perrito le arremango la falda y le pregunto ahí te va Rosita, y ella de dijo ándale métemela y le metió la verga de un solo golpe, me dijo Rosa que vio estrellitas pero ah!!! que rico sintió dice que estuvo cogiendosela como media hora y que ella se vino como cinco veces,(es que no les había dicho que Rosa es multi orgásmica), mientras que él se la cogía le decía que tenia un hermoso culito y que le encantaban sus nalgas, el intento penetrarla por el ano pero ella le dijo que por ahí no. Él termino, la acabo de desvestir, acostándose un rato, se levanto para tomarse un tequila invitándole a Rosa otro tequila, ella se levanto y se puso la camisa de el se sentó en la mesita junto a el dándose un largo beso, para después degustar el tequila, poniéndose a platicar por largo rato, después el le pregunto que si quería otra vez y Rosa le contesto que si, invitándola a la cama, ella le dijo que si podía mamarle la verga otra vez y él le dijo que si claro. Rosa se la empezó a mamar, y ella me comento que se le puso mas grande y gruesa haciéndosele agua la panocha, Rosa le dijo métemela ya papacito, él la acostó en la cama y poniéndosela de patitas al hombro empezó a cogérsela diciéndole que le encantaba su colita rosita, dice Rosa que ella se vino a chorros varias beses mojando mucho la cama, el tardo bastante en venirse hasta que sacando la verga y eyaculando en el vientre de ella.

Él se acostó a lado de ella un rato para recuperar fuerzas, levantándose sentándose en la mesita, para refrescarse, viendo la cama bien mojada y diciéndole a ella, oye si que te mojas eh, Rosa le contesto si siempre eh mojado así, no te gusta?, él le dijo: claro que me gusta te vienes bien rico, hasta ahora ninguna mujer que me he cogido se había venido como tu, eres lo máximo, coges riquísimo, Rosa le dijo oye nunca me habían cogido de esta forma, (diciéndome a mi perdón viejo pero es la verdad ya sabes que yo soy bien sincera, OK no hay problema asumo las consecuencias), volviendo al relato ella le dijo, oye siempre tardas tanto en llegar, si siempre he sabido controlar mi eyaculación, después se aventaron el tercer palo probando varias posiciones.h Rosa me describió una que nunca habíamos hecho, me la describió así, él le dijo que se hincara en la orilla de la cama recostando la cabeza de lado y extendiendo lo mas posible los brazos, relajándose lo que mas pudiera, el se hinco detrás de ella y separándole sus nalgas la empezó a penetrar muy lentamente, dice ella que lo disfruto mucho según me contaría ella, como les dije a principio la fue a dejar después de las cinco de la mañana, cuando Rosa mi vio me abrazo, y le pregunte que como le había ido, ella me contesto bien que ahora si le habían dado hasta por debajo de la lengua y le pregunte: ¿lo disfrutaste?, y me dijo siendo sincera si, oye te bañaste le pregunte, claro dijo ella, entonces te voy a dar unas mamadas a tu panocha, la acosté en la cama le quite las pantaletas, lastima ya no traía el liguero a mi me encanta que use liguero, y le empecé a dar una rica mamada hasta que se vino y después le aventé un rico palo, todo esto ahora si me lo platico en la noche, poniéndonos los dos bien calientes, esa noche nos quedábamos solos por que invitaron a mis hijos a quedarse con sus primos, estaba tan prendida que le propuse hacerlo en el garaje y ella acepto, a que rico lo hicimos ella gemía sin pena alguna como si estuviéramos en la recamara, ah como lo disfrutamos, después de esto se hicieron amantes, confidentes y grandes amigos, principalmente por que hicieron buena química y a Rosa siempre le han gustado los hombres feos y de piel morena, ja! como es el destino se caso con un feo pero de piel blanca.

Me gusta / No me gusta