mi esposa cristina de calienta vergas con los vendedores

Otra de las aventuras de cristina, fue hace poco, cuando me dijo que había comprado algo de ropa y se la iban a llevar a la casa,

Yo de principio pensé que no podía pasar nada malo, hasta que después de unos minutos de que me dijo eso, salió de la recamara vestida únicamente con una pequeña bata semitransparente, que dejaba ver perfectamente su ropa interior, me le quede viendo algo extrañado y le dije,

– ya estás pensando en estar de puta, verdad., cristina,

Ella solo me sonrió y me dijo,

– bien sabes que si me sale algo interesante, pues no voy a dejar pasar la oportunidad, además el chico que me atendió ayer estaba bastante guapo y espero que sea el quien me la traiga, así que mejor ni digas nada,

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Cuando una noticia en televisión puede cambiar las cosas.

Amor Filial Hetero, Tía y sobrino. Sexo con maduras. Ella estaba llegando a su segundo orgasmo y yo al primero, retiré mi pene, la llevé a la tapa del inodoro y apunté a su frente. Fueron tres tiros de leche caliente en su cara. Nunca había hecho eso antes, y había sido estupendo. Si bien, no le gustó a mi tía como terminé, se llevó con gusto mi leche a su boca, y luego se lo tragó, poniéndome la mejor cara de turra posible al hacerlo.
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El secreto de la dueña de casa

Deseoso de seguir metiendo y sacando mi verga de su culo aceleré mis movimientos, ella seguía moviendo sus nalgas, me vine apretándola contra mi cuerpo, me quedé acostado a su lado, cuando sentí su mano sobre mi verga, la agarró y la comenzó a limpiar, de inmediato sentí como la metía en su boca con la que divinamente me la chupó, hasta que se me volvió a poner dura.

Cuando joven recién había llegado a la ciudad, dispuesto a trabajar en la misma empresa en la que hoy soy gerente. Por suerte gracias a mis padres, había conseguido ese empleo, pero necesitaba donde vivir. Aunque tenía algo de dinero no era mucho, también gracias a uno de los empleados conseguí una habitación, en casa de una señora. Cuando lo escuché referirse a ella como una vieja rara, me hice la idea de que sería más o menos, como mi abuela materna que era bastante vieja. Pero cuando llegué a la antigua casa, dentro de una las más lujosas urbanizaciones de la ciudad, comencé a llevarme varias sorpresas.

Después de tocar la puerta, salió una llamativa y exótica mujer, mucho mayor que yo, que apenas tenía veinte años en esos momentos, pero ella se veía muy bien conservada, alta de cabello rubio platinado, de tez morena y ojos almendrados. De elegante vestir y muy finos modales. La verdad sea dicha, me impresionó, pero por lo visto yo a ella no, me tomó algunos datos y me pidió el pago del mes adelantado, que realmente tomando en cuenta todo lo dicho sobre la casa, no era mucho. Ella misma me dijo que tenía derecho a desayunar y cenar, pero que no le gustaban las fiestas ni visitas en su casa. Cosa que para mí no era problema, no conocía a nadie en la ciudad, como para invitarlos a visitarme. Desde ese momento me sentía casi como en mi propia casa, podía ver la televisión en la sala, leer, estudiar y a la señora Cristina, la dueña de la casa, en nada le molestaba.

En ocasiones la podía ver, que recibía la visita de un hombre mayor que yo, pero menor que ella, con el cual pasaba horas encerrada en su habitación. Cuando me levantaba, había días en que ella estaba vistiendo únicamente una delicada bata de cama, que le quedaba muy bien, ocasionalmente no es que lo hiciera con intención, pero accidentalmente podía ver parte de sus llamativos senos y hasta sus oscuros y parados pezones. Cuando no era que al sentarse distraídamente, también podía ver, sus fabulosos muslos, los cuales quedaban casi del todo descubiertos.

Ella por lo general, no se encontraba en la casa cuando yo regresaba de estudiar de noche. Pero un sábado mientras limpiaba y ordenaba mi dormitorio, pasé frente a la puerta de su habitación, la que estaba completamente abierta, por curiosidad di un vistazo y lo que alcancé a ver me dejó loco. La señora Cristina se encontraba completamente desnuda acostada en su cama, por la posición en que estaba nada más podía verle gran parte de sus bellas nalgas. Pero solo eso bastó, para que yo de inmediato me dirigiera al baño a masturbarme como un loco.

Desde ese día, no perdía ocasión para ver si podía echarle una buena mirada a la señora. Quizás de manera inconsciente, comencé a hacerle veladas insinuaciones a ella. Las que por lo visto o ella no se daba cuenta o simplemente no me hacía el menor caso. Comencé a salir del baño apenas con una pequeña toalla cubriéndome, con la esperanza de que ella se fijase un poco en mí, lo único que me dijo un día de esos, fue que me cubriera, que me podía dar un catarro. Pero nada de nada, ni siquiera piedras me tiraba, como dicen en mi tierra. Yo estaba algo descorazonado, Cristina era toda una hembra, alta, de cabellera rubia platinada, grandes ojos verdes, de piel morena y ese enorme par de tetas que me tenían loco, sin contar su tremendo culo, que movía tan y tan bien cuando caminaba por toda la casa.

Cuando llegaban los fines de semana, yo compartía un poco más con ella. Pero un sábado salió temprano y no la vi durante todo el día, hasta que llegó ya entrada bastante la noche. Ya me disponía a irme a dormir, cuando Cristina como cosa rara me buscó conversación, encantado me puse a charlar con ella, fue que me di cuenta por el olor de su aliento, de que la señora había estado bebiendo, hasta que en cierto momento, me ofreció un trago el que acepté de buena gana, pero le dije que con la condición de que ella me acompañase. Después de seguir charlando, ella me comentó que se iba a cambiar de ropa, pero que regresaba enseguida. Cuando regresó vistiendo esa sensual bata que tanto me gustaba verle puesta, en lugar de sentarse en su butaca, tomó asiento a mi lado en el sofá de la sala y seguimos charlando de un montón de cosas sin importancia. Yo solamente me conformaba, con verle parte de sus hermosos senos. Ella me volvió a servir otro trago y además ella también se sirvió otro.

Mis ojos no veían otra cosa que parte de sus senos, cuando ella por lo visto se dio cuenta de mi gran interés. Fue cuando me pregunto sin rodeo alguno ¿te gustan? Yo me quedé cortado, sin saber que decir. Casi de inmediato, ante mis propios ojos los descubrió ante mí. Yo no podía creer lo que estaba sucediendo, frente a mí y a tan poca distancia, estaban uno de los motivos de mis mayores pajas, desde que llegué a esa casa.

Pensé que poco faltaba que me dijera que se los tocase, cuando de momento su melosa y gruesa vos como si me hubiera leído la mente me preguntó si deseaba tocarlos. Tartamudeando de la emoción, apenas respondí un casi audible sí. Cristina me tomó ambas manos y las dirigió directamente sobre sus parados senos, los que yo casi temblando comencé a tocar, hasta con miedo de que me fuera a decir que me detuviese. Por un rato, realmente no sé por cuanto tiempo no hice otra cosa que acariciar sus senos y pezones con mis manos, sentir la suavidad y el calor de su piel bajo mis manos. Hasta que nuevamente escuché su voz preguntarme ¿quieres besarlos? a lo que casi sin salir de mi asombro, le respondí que si, pero asintiendo con la cabeza, es que la voz no me salía, de lo emocionado que estaba. Lentamente fui colocando mis labios sobre sus parados y oscuros pezones.

Me sentía como en las nubes, era la primera vez en toda mi vida, realmente que llegaba a tocar a una mujer. El aroma de su tersa piel me tenía embriagado, sus manos comenzaron acariciar mi cabeza, mis cabellos mis orejas, mientras que yo seguí chupa que chupa, pegado a esas tetas como si yo fuera un nene pequeño a su madre. En esos momentos mientras yo seguía chupando sus tetas desesperadamente, me dijo que tuviera calma, que se las habían operado hacía menos de seis meses. Mientras yo seguía disfrutando de tal experiencia, la bata se le fue corriendo hasta que parte de ella cayó al piso de la sala. Vi de reojo apenas parte de su oculto coño y como si fuera un imán, mi mano se sintió atraída por el. Había ya casi colocado mis dedos, sobre la pelambre superior de su coño, cuando su mano agarró la mía con una fuerza que no sospeche que ella tuviera, diciéndome. Espera, no te desboques, que todo llega a su tiempo, pero antes quiero ver que me muestres tu cosa.

No lo podía creer, ella quería ver mi verga. La que dentro del corto pantalón que cargaba puesto yo en esos momentos, luchaba por salir. Apenas escuché su pedido, de inmediato aunque de manera bien torpe me quité los pantalones y hasta el interior. Quedándome desnudo de la cintura para abajo, súper excitado aunque algo cortado. Ella sin embargo, me siguió hablando tranquilamente, mientras tomándome de las manos, me hizo sentar nuevamente a su lado. Apenas me senté, ella dirigió sus manos a mi verga, la acarició delicadamente, mientras la observaba con detenimiento. No me había dado cuenta pero a su lado en la pequeña mesa de sala, había una pequeña fuente llena de agua y una pequeña y mullida toalla blanca. Con la que sin decir palabra, después de tomarla entre sus dedos, comenzó a pasarla humedecida en el agua, por toda mi verga. Yo me quedé esperando que ella me dijera que más hacer, no quería romper la magia del momento, metiendo las patas tirándome sobre ella. Sin soltarme la verga me dijo, quiero llegar a un acuerdo contigo, pero antes de que sigamos hablando déjame ver algo.

No sabía a que se refería con dejarla ver algo, pero casi de inmediato me di cuenta de que se trataba. Cuando colocó su boca completamente sobre mi verga y con su lengua comenzó a lamerla, para después seguir mamándola divinamente. Yo estaba que me sentía en las nubes, la señora Cristina me estaba dando mi primera mamada de mi vida y que rico se sentía. De la misma manera que comenzó se detuvo, levantándose del sofá y sujetando su bata evitando quedar toda desnuda frente a mí, me dijo, que la acompañase a su habitación.

Yo la seguí a pocos pasos de ella sin quitar la vista de la parte superior de sus bien formadas nalgas, ya que el resto quedaba oculto por la condenada bata. Apenas entramos me tomó una mano y cerrando la puerta me dijo, soy un poco rara sabes, cuando estoy con un hombre como tu, la primera ves me gusta hacer el amor de manera muy especial, pero con las luces completamente apagadas. La oscuridad era total, pero la sola idea de que me acostaría con ella, realmente poco me importaba que las luces estuvieran prendidas o apagadas.

A medida que me iba subiendo a la cama, me dijo que me quitase la camiseta y que hiciera todo lo que ella me indicaba. Pensé para mi, ha esta señora le gusta mandar, pero eso tampoco me importaba. Lo que deseaba, era acostarme con ella. Con la palma de mis manos fui tocando la cama hasta que sentí sus piernas y fui subiendo por ellas hasta encontrar sus nalgas. Sentí como Cristina, separaba sus piernas diciéndome, colócate sobre mí. De inmediato le hice caso, agarrando mi verga con una mano mientras que con la otra tocaba sus nalgas. Lentamente me fui inclinando sobre ella una de sus manos guió mi verga y sentí como poco a poco la iba penetrando. Me sentía en la gloria, no podía creer que se lo estuviera metiendo a la señora en esos momentos.

Cristina movía sus caderas de una forma y manera que para mi me parecieron únicas, aunque no lo crean me había enamorado completamente de esa mujer. Yo como podía, acariciaba sus senos, la sujetaba por las caderas con fuerza contra mi cuerpo, en fin no sabía que más hacer. Hasta que justo antes de venirme dentro de ella, me dijo. Sabes que me estás dando por el culo, yo no lo podía creer, pero al fin y al cabo darle por el culo o por el coño para mi era lo mismo, en esos momentos. Deseoso de seguir metiendo y sacando mi verga de su culo, aceleré mis movimientos, mientras que ella también seguía moviendo sus nalgas divinamente. Hasta que me vine apretándola con fuerza contra mi cuerpo. Por un buen rato me quedé acostado a su lado, cuando sentí su mano nuevamente sobre mi verga, la agarró y nuevamente la comenzó a limpiar. Para luego de inmediato sentí como la metía en su boca. Con la que divinamente me la chupó, hasta que se me volvió a poner dura. Pero Cristina no se detuvo siguió y siguió, hasta que aunque demoré un poco me volví a venir.

Yo estaba, que no podía creer, todo lo que me había sucedido. Después de un corto rato Cristina prendió la luz de la mesa de noche, ella se encontraba acostada boca arriba, con parte de sus sábanas apenas tapándole el coño. Mientras que yo completamente desnudo, estaba recostado a su lado. Fue cuando me dijo, ahora quiero que tú me lo mames. Tras decir eso, con un rápido movimiento de su mano retiró la sabana. Realmente en mi vida no había visto un coño de mujer tan de cerca, si los había visto en fotos y en alguna que otra película porno, pero nada como eso, en vivo y a todo color. Aunque no sabía ni que hacer, ante mí tenía ese oscuro monte de pelos negros, me atreví a ir colocando mis manos en sus rodillas, hasta que le pregunté que más hacía,

Cristina me tomó con una mano por la nuca, mientras que con la otra separaba los labios de su vulva. Dirigiendo mi cara al centro de su coño me dijo, ahora a medida que yo me mueva tú me lames o me chupas aquí. Como que al principio no le vi la gracia, pero a medida que mi cara se acercaba su aroma me comenzó a embriagar, apenas mi lengua tocó su clítoris, algo en mi sucedió, comenzó a gustarme eso de mamarle el coño a ella. Mientras más enterraba mi cara entre sus piernas, más ella se movía, mi saliva estaba por todo su coño.

Cristina comenzó a gemir como una loca, hasta llegué a pensar que le estaba dando un ataque al corazón, pero como seguía moviéndose y restregando su coño contra mi cara, yo también seguí mamándoselo hasta que ella soltó mi cabeza y agotado se quedó completamente recostada, conmigo a su lado. Cristina se vino a convertir para mí, en toda una maestra. Durante varios años viví en su casa, aún después de salir de la universidad y comenzar a subir de puestos dentro de la empresa. Al tiempo me enteré que el hombre que la visitaba y del cual yo había comenzado a sentirme celoso, era su único hijo.

Autor: Narrador

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Fui violada por mi esposo y sus amigos

El moreno continuaba metiendo y sacando su enorme miembro de mi vulva, no pude evitar mover mis caderas, es que su cosa era tan y tan grande, que me llenaba toda, haciéndome sentir y disfrutar de cosas que jamás había sentido y mamé con mayor empeño el miembro que tenía entre mis labios, alcancé un tremendo orgasmo gracias a como el moreno ese me enterraba toda su macana.

El moreno me la enterró en mi coño y casi el mismo tiempo no sé quién de ellos, me enterró su verga por el culo, mientras Efraín me puso su verga contra mi boca. La que sin demora comencé a mamar.

Si así como lo leen. Después de todo decidí hablar de esto que me sucedió. Mi nombre es Cristina, tengo 28 años, y estoy casada con Efraín desde hace casi 8 años, no tenemos hijos, y trabajo en una de las oficinas de gobierno. Efraín trabaja en el  campo de la construcción por lo que hay temporadas, en que no trabaja. Lo que a su vez le genera mucho más tiempo libre para compartir con sus amigotes.

Bueno debido a eso, mi esposo y sus amigos habían agarrado la mala costumbre de ponerse a beber, iban de bar en bar, hasta que un día mi madre me convenció de que por aquello de que no fuera a pasarle algo, le propusiera que mejor comprasen la cerveza y se la tomasen en casa. Yo acepté, pensando que de esa manera, por lo menos sabía dónde estaba. Por lo general los fines de semana mi casa prácticamente, se convertía en un bar más del barrio, se la pasaba llena de gente que yo ni conocía.

Al principio, yo les atendía, es decir les servía sus tragos o  cervezas, hasta les preparaba algo para que si les daba hambre comieran. Pero la manera en que comenzaron a verme alguno de los amigotes de Efraín, me incomodó bastante, se quedaban viendo mis nalgas y senos sin la menor discreción. Para colmo en más de una ocasión escuché claramente, como se referían a mí, pero de manera bien vulgar, diciéndose entre ellos. Mira qué lindo culo tiene Cristina; si me dejan soy capaz de comerle el culo a la mujer de Efraín.

Cosas como esas realmente me molestaban y mucho, aunque les diré también, que en ocasiones me sentía algo alagada, a pesar de lo vulgares que eran. Cuando al día siguiente se lo reclamaba a mi esposo, Efraín me decía que era cosa de borrachos que no mes hiciera el menor caso, cosa que me molestaba más todavía. Hasta que una noche, mientras les servía los tragos y recogía las colillas de cigarrillo del piso, volví a escuchar lo que decían de mí y mi culo, fue cuando me di cuenta de que al agacharme a recoger la basura, les juro que sin querer y sin intención alguna, les mostré gran parte de mis muslos y nalgas.

Pero aun y así pensaba llamarles la atención y ponerlos en su lugar, cuando de momento sentí que me agarraron por la cintura y sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo, me han subido la falda y bajado las pantis, en ese instante escuché la voz de mi esposo, que decía completamente borracho y entre risas. Ven el lindo culo que tiene Cristina, esta noche me lo como, y tras decir eso me dio una ardiente nalgada, que me dejó toda la nalga derecha ardiendo y bien colorada.

Cuando me soltó, yo salí llorando más que por el dolor, por la vergüenza que me acababa de hacerme pasar, frente a todos sus amigotes. Normalmente después dejar todo más o menos arreglado me iba a la cama, después de darme un baño. Pero en esos momentos dejé todo como se encontraba y me marché a nuestra habitación.

Efraín se emborracha con facilidad, y por lo general, en la madrugada llega a nuestra cama, con ganas de acostarse conmigo, al principio yo me hacía la desentendida, hasta que finalmente de tanto él insistir, yo terminaba por abrirle mis piernas. Pero esa noche después de lo que me hizo, me dije a mi misma que antes de dejar que me volviera a tocar, me iba para la casa de mi mamá. Temprano lo sentí que entraba en nuestro cuarto, así que antes de que se pusiera con sus cosas le dije. Que no me tocase, que se fuera con sus amigos, que no lo quería ver más. Efraín solo dijo Ok. Con que esas tenemos, está bien. Tras decir eso salió de la habitación, sin decir o hacer más nada.

Yo me quedé dormida en la cama, creo que de tanto llorar, hasta que de momento me desperté al sentir que me arrancaban la cobija con que dormía. Cuando traté de reaccionar, Efraín saltó sobre mí como si fuera un salvaje, al tiempo que me arrancaba prácticamente la bata. No sé si fue lo rápido que sucedió todo, pero me quedé paralizada de miedo, al no entender que era lo que pasaba. Cuando de repente escuché otras voces que le decían a mi marido. ¿Estás seguro de lo que vas hacer?, si quieres lo dejamos para otro momento. A Lo que mi marido le respondió. Yo dije que lo haríamos y lo vamos hacer.

Su tono de voz me asustó más todavía, en ese instante fue que me di cuenta de que él me había arrancado la cobija que estaba usando, dejándome con mi bata de dormir nada más. Efraín se volvió como loco, prácticamente me terminó de desnudar, frente a todos. De momento alguien prendió la luz de la habitación, lo que terminó por dejarme, más confundida y asustada. Ya que apenas mis ojos se adaptaron a la luz, vi que en nuestra habitación, se encontraban como cuatro o cinco hombres más, algunos los conocía de vista nada más, y a otros ni idea tenía de quienes eran. Yo infructuosamente traté de zafarme, pero mi esposo había dejado caer casi todo el peso de su cuerpo sobre el mío, impidiendo así que yo escapase. No fue hasta que él mismo se los ordenó, que ellos me sujetaron, por pies y manos. Lo único que yo veía era la manera en que todos ellos me miraban.

Efraín separó mis piernas, y sin consideración alguna, sacando su miembro del pantalón frente a sus amigos, me lo a metió salvajemente.  No podía creer que él me hiciera eso, y menos frente a esos tipos. Efraín me clavaba su miembro de manera salvaje sin consideración alguna, mientras que yo inútilmente trataba de resistirme, por lo que de momento me ha dado una tremenda cachetada, que me hizo quedarme quieta, al tiempo que le preguntó a sus amigos ¿quién vendría después de él? De inmediato un moreno alto y bastante grueso dijo que él. Y sin llegar a venirse dentro de mi coño, Efraín sacó su verga, y regó con su leche todo mi vientre. De inmediato él y el moreno cambiaron de lugar, mientras que yo entre confundida y asustada, me quedé sin moverme.

El moreno agarró lo que quedó de mi bata de dormir, la pasó sobre mi coño y mi vientre, retirando la leche que Efraín había derramado sobre mi cuerpo y de inmediato, vi como entre una de sus manos mantenía agarrado, algo que me pareció de primera impresión casi como un bate de beisbol, pero bien negro.

A diferencia de mi esposo, el tipo ese fue más considerado, al punto que en cierta forma sentí algo de placer a medida que enterraba su cosa dentro de mi cuerpo. Aunque en el fondo, me sentía sucia, vejada, en fin violada, y lo peor de todo era que mi propio esposo lo había propiciado todo. A medida que el moreno continuaba clavándome su verga, uno de los tipos, acercó la suya a mi boca, y fue cuando escuché a Efraín decirle, no te preocupes que no te va a morder, si se atreve hacerlo le tumbamos todos los dientes a patadas. Escuchar eso para mí fue una clara advertencia de lo que me pasaría de no obedecer, así que tragándome mi indignación y rabia, abrí mi boca y comencé a  mamar.

Después de un corto rato ellos se dieron cuenta de que yo ya no oponía la menor resistencia, por lo que me soltaron, dejando que el moreno continuara metiendo y sacando su enorme miembro de dentro de mi vulva. Ya en esos instantes, no pude evitar el comenzar a mover mis caderas, es que su cosa era tan y tan grande, que me llenaba toda, haciéndome sentir y disfrutar de cosas que jamás había sentido. A tal grado que mamé con un mayor empeño el miembro que tenía entre mis labios. Lo que trajo en consecuencia que a los pocos segundos sintiera como se llenaba mi boca con el semen de ese extraño.

Yo no lo hubiera querido así, pero alcancé un tremendo orgasmo, gracias a como el moreno ese me enterraba una y otra vez toda su macana.  A diferencia de Efraín, el moreno se vino por completo, dentro de mi coño, sentí todos y cada uno de sus embates contra mi cuerpo, hasta que finalmente se detuvo y permaneció quieto hasta que otro de los tipos le dijo que él seguía. Aun en ese momento me sentía sumamente avergonzada, inútilmente trataba de esconder mi completa desnudes con mis brazos y cerrando mis piernas. Por mi cara corrían unos cuantos lamparones de leche, los que traté de limpiar con una de mis manos, hasta que sin que yo lo pidiera Efraín me entregó una botella de ron, y me ordenó que bebiera, amenazándome con darme otra cachetada de no hacerlo.

Después de que me bajé unos cuantos tragos, el siguiente tipo, sin tan siquiera esperar a que me lavase o aseara el coño por lo menos, se bajó los pantalones, y dirigió su verga contra mi cuerpo. No quedándome más remedio que abrir mis piernas, ante la amenaza de volver a ser golpeada por Efraín. A medida que comenzó a meterme su miembro, y que el ron que me habían obligado a tomar hacía efecto, comencé a moverme mis caderas, y al voltear a un lado de la cama vi a Efraín masturbándose mientras observaba como ese otro tipo me penetraba. Realmente mi coño estaba más que lubricado por el semen del moreno, y al parecer el idiota que estaba sobre mí en ese momento ni cuenta se dio de ello, ya que a los pocos segundos de haberme metido su verga se vino.

No bien él se había levantado, cuando Efraín me volvió a obligar a que siguiera bebiendo,  lo que rápidamente se me fue a la cabeza, ya que comencé a sentirme bastante mareada y que como aunque no quería, eso de que me violasen me estaba comenzando a gustar. Fue cuando el cuarto tipo, me agarró entre sus manos y como si fuera una muñeca de papel me volteó, colocándome boca abajo. De inmediato sentí como sus dedos llenos de saliva me los fue enterrando suavemente dentro de mi culo.

Yo en mi vida había dejado que Efraín me hiciera eso, y mucho menos lo que ese tipo después continuo haciéndome. Pero cuando sentí lo caliente de la punta de su  verga, presionando contra mi pobre culito virgen, me asusté. Aunque la bebida que me había ya tomado, en parte como que también me hizo pensar, que era algo gracioso el que un tipo, me diera por el culo, frente a mi marido quien nunca me lo había hecho así.

Cuando él comenzó a presionar su verga contra mi culo, sentí como se abría, aparte de un fuerte dolor, que hasta me hizo correr varias lágrimas. Pero cuando su cuerpo finalmente estuvo en pleno contacto con el mío, quizás fue la borrachera que ya tenía, que comencé a mover mis nalgas de un lado a otro, y de momento que otro de los tipos me vuelve a poner una verga frente a mi boca, no quedándome más remedio que ponerme a mamar, bajo la continua mirada de mi esposo, que sin dejar de masturbarse les decía a ellos que hacerme, y a mi diciéndome puta que moviera más el culo…

Cosa que estuve haciendo hasta que ese mismo tipo, me ha enterrado una de sus manos dentro de mi coño de manera bien bruta, no se conformaba con meter y sacar toda su verga dentro de mi apretado culito, sino que introducía una de sus manos prácticamente por completo dentro de mí, lo que yo disfrutaba ampliamente, y lo demostraba gimiendo y moviendo mis caderas a más y no poder.

Cuando menos lo esperaba volví a tener otro orgasmo, y algo bien morboso me sucedió, ya que lo disfruté bastante, por el solo hecho de que Efraín nos miraba sin dejar de masturbarse e insultarme. El tipo ese me dejó bien agotada, y pensé que se marcharían los cuatro, pero no fue así. El moreno me tomó por el brazo me levantó y me condujo al baño, al tiempo que mi marido me volvía a obligar que me diera otro trago de ron, ya en el baño, el moreno me sentó en el bidé y me dijo que me lavara el coño y culo, lo que hice frente a todos ellos como si estuviera haciendo una gracia.

Al terminar, me levanté dando tumbos, por lo mareada que me encontraba, y nuevamente me tiraron en la cama, fue cuando el moreno, poniendo su monstruosa verga frente a mi boca me ordenó que se la mamase, lo que me dediqué hacer hasta que comencé a sentir que eso casi me ahogaba, fue cuando él la sacó de mi boca y nuevamente me la enterró en mi coño, pero colocándome sobre él, y casi Al mismo tiempo no sé quién de ellos, me enterró su verga por el culo, yo estaba que no sabía ni que hacer, mientras Efraín acercándose a mí, me puso su verga contra mi boca. La que sin demora comencé a mamar.

En cierto momento pude ver mi cuerpo, en el espejo de la peinadora, en mi vida había ni tan siquiera pensado en hacer algo como eso, y lo mejor de todo era que lo estaba disfrutando como una loca. Hasta que por el agotamiento o la borrachera que agarré me quedé dormida. Lo último que recuerdo fue al moreno grandote, que apretando su verga entre mis tetas, se vino en mi cara.

Lo cierto es que cuando al día siguiente me desperté, me encontraba sola en casa, completamente desnuda, hedionda a sudor, mi cabeza me dolía, me dolía mi culo, mi coño, mis tetas, además de varios mordiscos en mi cuerpo, tenía grandes lamparones de leche por todo mi cuerpo y mi cabello, en fin estaba hecha un desastre.

De inmediato recordé todo lo sucedido, y me dio rabia y dolor el que mi propio marido me hubiera violado, y para completar en compañía de todos esos tipos. Por un largo rato pensé en llamar a la policía, pero también me acordé, de lo mucho que disfruté en parte de que me hicieran todo eso. Y que sería mi palabra contra la de todos ellos, además pensé que si Efraín decía que todo fue idea mía al decirle que invitase a sus amigos a casa y  con que uno de ellos, hablase de cuando me agaché a recoger las colillas de cigarrillo del piso, que me pudieron ver parte de mis nalgas. Cualquiera diría que fue que los provoqué, además nadie me creería que mi marido auspició todo.

Finalmente mientras me di un buen y reparador baño de agua caliente, decidí no denunciarlos. No porque perdonase a mi marido por lo que había hecho, nada de eso, es que después de pensarlo bien, como ya lo dije pensé, que llevaba las de perder si lo hacía. Efraín se apareció prácticamente al día siguiente, sin decir nada, se me quedó viendo y de momento se puso a llorar como un chiquillo, pidiéndome que lo perdonara. Estaba bien asustado, quizás pensó que lo había denunciado, pero para su tranquilidad y la mía propia, le dije que no lo había hecho y que no lo pensaba hacer.

Casi me besó los pies, me juró por todos los santos que más nunca pasaría nada igual. Durante los siguientes días, se comportó como todo un modelo de marido, hasta que me dijo que pensaba salir a beber a un bar con sus amigos. Fue cuando le dije, que no, Efraín se quedó cortado, cuando le sugerí que los trajera a casa, que yo les serviría como de costumbre, pero con la condición de que no se emborrachase. Cosa que yo de por sí sabía, que él no iba a cumplir.

Apenas llegaron sus amigos, los recibí como si nada hubiera sucedido, puse los tragos, serví la comida, pero en lugar de encerrarme en mi habitación, fui y me cambé de ropa cuando me di cuenta que Efraín ya se encontraba bien borracho, y sus amigos comenzaban hacer comentarios sobre mi cuerpo.

Al regresar, al igual que ellos me puse a tomar, para después de un buen rato, comenzar a bailar sola y a pedido de Efraín, comencé a quitarme la poca ropa que tenía puesta. Hasta que me quedé completamente desnuda y todos ellos me volvieron a hacerme sentir la mujer más deseada del mundo. A medida que me fui acostando con todos y cada uno de ellos, ante la atenta mirada de mí satisfecho marido.

Autor: Narrador

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De señora a puta II

Iba entrando y yo no podía contener pequeños gritos de dolor, ya la tenía toda dentro. Parece que mi culo empezaba a acomodarse. Él empezó a bombear. Aunque todavía sentía dolor, no era tan intenso, y aunque me cueste admitirlo, sentía una especie de placer difícil de describir, que me hizo lanzar pequeños jadeos, también para mi interior…no le iba a dar el placer al hijo de puta ese.

Voy a seguir explicando un poco cómo me van las cosas. Los días van pasando y el piso de la calle Rosellón de Barcelona se está convirtiendo en mi segundo hogar. Ya he cobrado por primera vez…y no ha estado mal. Por una semana de trabajo me he llevado 800 €.

He podido pagar lo que debía en el piso dónde estoy y aún me ha sobrado algo de dinero. He podido comprarme algún capricho. Hacía tanto que no me sentaba en una cafetería y dejar pasar el tiempo y la gente delante de mí dejando que me sirvieran, sin pensar si mañana voy a tener algo de dinero en el bolsillo para comer. Esta ha sido la única parte gratificante y me pregunto si vale la pena.

Sí, finalmente tengo mi independencia, finalmente tengo algo de dinero en el bolsillo, pero no tengo amigos, no conozco a nadie y cada día pienso en mi hija, a la que no me atrevo a llamar. Le he fallado tanto que no puedo decirle nada. Si consigo suficiente dinero como para mudarme a un apartamento de alquiler para mí sola quizá llame a mi hija y decirle que su madre la necesitaba y que si quería pasar unos días conmigo.

Además he perdido cualquier resto de dignidad que pudiera quedarme al vender mi cuerpo cada día a todo el que está dispuesto a pagar por el. Seguro que muchos pensareis que es un trabajo más, pero no es cierto. Hay clientes que te degradan hasta hacerte sentir que no vales absolutamente nada y que no mereces ni que te paguen ni siquiera el aire que respiras. También es cierto que a veces, tienes suerte y te toca algún hombre que lo único que quiere es no sentirse solo durante un rato, sentirse acompañado, en alguno de estos casos, he llegado a sentir ternura.

Supongo que os interesará saber qué pasó después que Marcos y Cristina me contrataron. Pues bien, efectivamente fui a hacerme unos análisis de sangre a la consulta de un médico cercano al piso dónde iba a trabajar. Me esperaban, una enfermera me sacó sangre, me dijo que la analizarían y que ellos mismos enviarían los resultados a Marcos.

La enfermera me dijo que esperara que el médico me visitaría. Poco más tarde, un señor de unos 40 años me hizo pasar a su consulta, me dijo que era ginecólogo y que me iba a hacer una exploración. Me dijo que estaba todo bien, que tomara pastillas anticonceptivas y que nunca trabajara sin condón. Que volviera allí cada lunes antes de las 9 de la mañana para un análisis. Con estas me fui a la otra dirección que me dieron que resultó ser un piso particular de unas estilistas. Me mandaron desnudar. Una de las chicas me rasuró completamente con un aparato que no había visto nunca que hacía un poco de cosquillas. Me dijo que el pelo tardaría en aparecer de nuevo.

Me arregló el pelo, me hicieron masajes…me dijeron que debía ir allí cada semana. Una de las chicas me dijo que estaba preciosa y me invitó a que me mirara en un espejo de cuerpo completo. Y lo estaba. Mi coñito depilado quedaba súper sexy aunque se me hacía raro no ver ningún pelo ahí. Me recomendó ropa interior blanca para resaltar el color de mi piel.

Tres días después, estaba yo muy nerviosa. Era el día de empezar a trabajar. Llegó la hora y me presenté en el piso. Me esperaba Cristina. Me presentó a Juan, un hombre de unos 55 años, tan amanerado que parece artificial y al resto de chicas con las que iba a compartir turno. Eran 8 más, sólo una española, el resto eran de distintos países de América y una polaca. Las reglas eran que cuando llegaba un cliente, lo atendía Juan, que le preguntaba si quería una chica en concreto. Si decía que no, pasaba a una sala de espera y Juan nos llamaría para que pasáramos a saludar.
Había que entrar, de la forma más sexy posible, y decirle nuestro nombre. Juan le preguntaría que servicio sería y le cobraría. Juan nos diría quien es la escogida. Me pareció que aquello sería como una exposición de caballos, a ver cual se vende mejor.

En seguida vi entre las chicas que aquello iba a ser una competencia, que todas te hacían buena cara, pero me examinaban, cómo comparándose con ellas, cómo evaluando quien era más guapa. Pasaron tres clientes que no me escogieron, pero el cuarto, un hombre de unos 35, vestido con traje, bastante guapo tengo que decir, me escogió a mi. Juan, vino con Cristina y me dijo: bueno ya toca. Ese señor ha pagado por completo con griego. Cristina iba a empezar a hablar cuando la interrumpí: qué es un griego? Cristina me dijo: por detrás, por el culo. ¿Lo has hecho antes verdad? yo me la quedé mirando, con ojos llorosos y le dije que no, que nunca me habían penetrado por el culo. Me dijo…que mala suerte tienes Susy… para ser tu primera vez. Relájate, y no llores más, joder, sécate las lágrimas y ve con el cliente.

Nos fuimos a la habitación, el cliente ni me dijo hola, Como un mueble. Se desnudó entero. Yo no podía dejar de mirarle y pensar lo que me esperaba, lo que estaba haciendo…Él me sacó de mis pensamientos: ¡Qué! te desnudas o no? le pedí disculpas con voz muy tenue, me desnudé. Él mismo empezó a ir hacia el baño, que estaba en la puerta de al lado. Era como si hubiera estado aquí miles de veces. Se sentó sobre el bidé. Yo no sabía que quería…Oye guapita, no pierdas el tiempo que cuesta mucho dinero, me lavas la polla y empezamos ya, ¿por favor? tenía el mismo sentimiento que hacía tres días con Marcos, como un autómata empecé a lavarlo, la tenía grande y al contacto con mi mano, se hizo más grande.

Me estaba entrando el terror. En poco se levantó y se fue hacia la habitación. Por lo que me habían dicho, yo también tenía que lavarme, antes y después del “servicio” así que lo hice y volví a la habitación yo también. Allí estaba él, de pie. Me dijo: a ver, ponte de rodillas y empieza a chupármela, me arrodillé y empecé a metérmela en la boca, era grande y caliente. él empezó a gemir, diciéndome lo bien que lo hacía. Me decía que seguro que hacia mucho que era una putita come pollas y cosas por el estilo.

En ese momento me vino a la mente lo que me dijeron: nada sin condón. Y me la saqué de la boca. ¿Qué te pasa? me dijo él. ¿Creo que te falta el condón no? él, con cara de pocos amigos, me permitió que se lo pusiera. Me costó muchísimo. Estaba muy nerviosa y hacía tiempo que no le ponía un condón a nadie.

Una vez puesto, él me dijo: oye mira, no vamos a perder el tiempo. Mi mujer no quiere que la encule y para eso he pagado, así que ponte en cuatro. A mi se me llenaron los ojos de lágrimas aunque no llegó a caer ninguna. Le hice caso, me puse en esa posición, esperando lo peor. Él me preguntó dónde estaba el lubricante. Ah! el lubricante…pensé para mi, sí, está ahí y se lo pasé. Me puse a rezar. Poco después empecé a notar en mi parte trasera un dedo, luego dos, que se iban haciendo camino por mi culo, aún virgen, untándome crema.

Vaya culo precioso, iba diciendo él…que bien lo voy a pasar. Y el agujerito…parece que no lo haya usado nunca nadie, esto es más de lo que esperaba! sacó sus dedos y por un momento quedé a la espera. Duró poco…en seguida algo mucho más grande intentaba abrirse camino por mi agujerito aún cerrado. y con un dolor indescriptible para mí…lo estaba consiguiendo.

Iba entrando y yo no podía contener pequeños gritos de dolor, aunque hubiera gritado hasta quedarme sin voz y le habría partido la cara…pero no, allí estaba. Ya la tenía toda dentro. Parece que mi culo empezaba a acomodarse. Él empezó a bombear. Aunque todavía sentía dolor, no era tan intenso, y aunque me cueste admitirlo, sentía una especie de placer difícil de describir, que me hizo lanzar pequeños jadeos, también para mi interior…no le iba a dar el placer al hijo de puta ese.
En cinco minutos más, todo estuvo ya…él se corrió, pensaba que me iba a destrozar, pero no…allí estaba yo, con mi culo partido, pero mi primer servicio hecho. Me había sentido sucia y todavía me sentía, pero ahora ya estaba. El cliente parece que se fue contento. Cuando volví con mis compañeras y Juan, me preguntaron como fue. Les dije que bien, pero que necesitaba un rato de soledad.

Cristina se acercó a la silla dónde estaba y me dijo: Bueno, ya has hecho tu primer servicio, ahora ya los siguientes serán más fáciles. Trabaja mucho y deja felices a los clientes y seremos amigas.

Os debéis preguntar (de hecho os preguntáis) como fueron los siguientes días: pues sí, a todo se acostumbra una, y yo me estaba acostumbrando a pasar más horas desnuda que vestida, a que todo tipo de pollas entraran por mis agujeros. a no preguntar a hacer lo que me mandaran…a que Cristina de vez en cuando se me acercara y me dijera ve a la 7 y espérame, quiero que me comas el coño. Tampoco había probado nunca a una mujer…y no me disgustó.

La vida sigue y yo cada vez me siento mejor. Empiezo a tener nuevas ideas y aunque me sigo sintiendo sucia…ahora soy una mujer sucia, con dinero para llegar a final de mes.
Quizá pueda ver a mi hija pronto. Quizá.

Me jode que en el piso se queden tanto dinero de mi esfuerzo. Le empiezo a dar vueltas a otros métodos. No sé. Os seguiré contando.

Besos, Susy.

Autora: Susy

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De señora a puta

Me sacó su aparato de la boca y me puso a cuatro en el suelo, yo en este punto, ya no sabía ni que estaba pasando y me dejaba hacer. Me la clavó de golpe, desde atrás en mi coñito. No sé que es lo que fue, pero empecé a sentir placer. Él no dejaba de bombearme, la mujer me miraba y yo, allí empecé a gemir. Le oía a él, de fondo, decir, venga puta, si encima te lo pasas bien.

Aún no tenía muy claro cómo había llegado a aquella situación. Era la tarde de mi segundo día en aquel piso dónde no paraban de afluir hombres, buscando aventuras sexuales pagadas. A mis 20 años yo había tenido una vida sexual bastante activa. Había estado casada e incluso tenía una hija esperándome al otro lado del Atlántico.

Me llamo Carolina, pero desde ayer me llaman Susy. Todavía no me he acostumbrado y cuando Juan dice Susy cortinas o Susy te ha escogido a ti a veces no me doy por aludida.

Tengo padre español y madre dominicana, he vivido toda mi vida en Santo Domingo, me educaron en la escuela española, he vivido como una privilegiada, hasta que hace unos meses, decidí dejarlo todo, a mi hija, mi marido, al que ya no podía soportar más…e irme a España, sin nada, a encontrarme a mí misma, sin que nadie hiciera nada por mí. Quería demostrar que podía vivir sola, ganarme la vida sola.

Aterricé en España, sin nada, deseando empezar una nueva vida. Pronto descubrí que para los españoles yo era una sudaca que podía limpiar sus casas y para los dominicanos yo era la pija española. Iba a ser más difícil de lo que pensaba.

Empecé a trabajar haciendo la limpieza en algunas casas…pero a duras penas me podía mantener con lo que ganaba, para el esfuerzo que requería. Yo, que estaba acostumbrada a levantarme tarde y hacer poco…tenía que recoger la basura de otra gente.

Una mañana, en el metro, un señor olvidó un periódico, que yo agarré y me puse a leer pronto. Llegué a una sección, en la parte trasera dónde había anuncios, que decía, demandas relax, allí buscaban algunos anuncios, mujeres jóvenes y guapas dispuestas a ganar mucho dinero haciendo compañía a hombres. No tenía ni idea en qué consistiría el trabajo…pero la remuneración era muy buena, y la única condición era ser guapa.

De eso, modestia aparte, yo lo soy mucho: morena, con cara simpática, bastante aniñada. De cuerpo delgadita, no mucho pecho pero muy buen puesto, bien formada y cuidada, muchos años de gimnasios todas las tardes. El color de mi piel era tostado, como si hubiera pasado muchas horas al sol. Me gustaba vestir con prendas bastante ajustadas y sexys y el resultado global es que muchos hombres se me quedaban mirando.

Me presenté al primero de estos anuncios y aterricé de golpe cuando me explicaron exactamente en qué iba a consistir mi trabajo…lo de compañía a los hombres era un subterfugio para llamar a una prostituta. YO prostituta. ¡Nunca! me fui indignada.

Fueron pasando los días y las semanas y yo iba a peor cada vez, tenía menos dinero, gastaba más de lo que ganaba. tuve que trasladarme del hostal en el que empecé viviendo, a una pensión y luego a un piso compartido con 7 personas más colombianas, de clase bastante baja, con poca educación y que chillaban todo el día. Y llegó el día en el que esas colombianas de clase baja podían pagar su parte del alquiler y yo no. Así que me dieron una semana para que fuera buscando otro lugar dónde vivir si no pagaba mi parte.

Pasé muchas horas pensando…y finalmente decidí que las únicas alternativas eran robar…o volver a mirar el periódico algún anuncio de aquellos de mujeres para hacer compañías a hombres…aquel que yo dije que nunca haría. Me llamó la atención uno en la calle Rosellón de Barcelona, en el que prometían unos ingresos medios de 3000 € mensuales. Y fui.

Les expliqué que nunca había hecho aquello. Eran un hombre y una mujer los que me atendían, creo que no me escucharon mucho. Me pidieron que me desnudara. Yo me quedé paralizada. Él me dijo: oye guapa, no tengo todo el día. Desnúdate que te veamos o lárgate. De forma inconsciente me quité el top que llevaba dejando a la vista un sujetador de encaje que escondían mis preciosos pechos y mi vientre plano con un piercing en el ombligo.

El hombre me miró apremiante, la mujer…admirada. Me quité los jeans y dejé un tanga a la vista, de color negro. Les miré, y él me hizo un gesto como diciendo…sigue…y seguí…me quité sujetador y tanga quedando completamente desnuda delante de aquellos dos extraños que me miraban como a mercancía.

Ella rompió el silencio que se había hecho en la pequeña sala: eres muy guapa cariño…ahora arrodíllate y chúpasela a Marcos. ¿Cómo? respondí yo, a lo que él, con menos contemplaciones, se bajó la cremallera del pantalón se sacó su pene, que estaba ya completamente preparado para el ataque, se me acercó, me cogió del pelo y me acercó la cabeza a su aparato.

Yo estaba como en un estado artificial, no sabría cómo explicarlo, abrí la boca y me lo metí dentro. Yo tengo una vida sexual bastante activa desde años y en este terreno, creo que he probado bastantes cosas y una de las que me gustaba más era tener el control de un hombre mientras se la chupaba.

Pero aquello era distinto, ¡estaba mamándosela a un desconocido, que me estaba haciendo una prueba para ser prostituta! me sacó de mis pensamientos cuando Marcos le comentó a la mujer, vaya…para ser que no ha hecho esto nunca…mama como una putita bastante experta…voy a probar como folla ahora.

Me sacó su aparato de la boca, me agarró con su potente brazo y me puso a cuatro en el suelo…yo en este punto, ya no sabía ni que estaba pasando y me dejaba hacer. Me la clavó de golpe, desde atrás en mi coñito. No sé que es lo que fue, pero empecé a sentir placer. Él no dejaba de bombearme, la mujer me miraba…y yo, allí empecé a gemir. Le oía a él, de fondo, decir, venga puta, si encima te lo pasas bien.

Con esta nos vamos a forrar, zorra, te vamos a convertir en una putita adicta al sexo. Volví a levantar la vista y la mujer estaba con una pequeña cámara de video grabando las escenas finales de nuestro encuentro y no puede más, me corrí, ruidosamente, a la par que él soltaba toda su carga dentro mío, como un caballo, gimiendo y agarrándose a mis tetas desde atrás. Cinco minutos después, yo estaba todavía en el suelo, temblando, no muy segura de qué hacía allí ni qué había hecho ni qué iba a pasar desde aquel momento.

Marcos estaba ya con su pantalón subido de nuevo, diciéndome: bien Carolina, estás contratada. Mañana por la mañana vas a esta dirección que te hagan un análisis completo de sangre, no quiero putas enfermas en mi casa, luego te vas al centro de estética de esta otra dirección que te depilen entera. No quiero ni un pelo en tu cuerpo. Ese coño es demasiado peludo, a los clientes les gusta afeitado, que te arreglen, te tonifiquen la piel y luego vuelves aquí, en tres días si no te hemos llamado para decirte que hay algún problema con los análisis, vuelves aquí, lista para trabajar.

Te llamarás Susy, aquí dentro ya no te llamas Carolina, nadie sabrá que te llamas Carolina. Mis reglas son: análisis semanales. Si encuentran cualquier tipo de droga en tu sangre o alguna enfermedad, a la calle y no cobras esa semana, los clientes obtienen exclusivamente el tiempo por el que pagan. No te tomes confianzas con ningún cliente.

Los clientes obtienen T O D O por lo que pagan. A la tercera queja de un cliente, no cobras esa semana y no hace falta que vuelvas. Te pagaré cada sábado al acabar el día, el 50% del importe total de los servicios que hayas hecho. Nosotros llevaremos el control y tú también puedes llevarlo. Cristina (señalando a la mujer) o yo, tenemos derecho a follarte cómo y cuándo nos apetezca y eso no cuenta como servicio.

¿Alguna duda? yo me quedé mirándolos…y contesté con un hilo de voz “no”. Así empecé mi vida como prostituta en Barcelona. Ya os contaré como fue mi primer día y como me va a partir de ahora. Os adelanto que ya he dejado de llorar.

Saludos Susy (antes Carolina)

Autora: Susy

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Mi prima Cristina

La tumbé en la cama con las piernas abiertas, cogí espuma de afeitar y le rapé los pocos pelitos que tenía, después se lo comí entero y mi pene entró otra vez en erección, le mojé con los dedos la entrada de su culo y cuando ella esperaba esa enculada, de un golpe seco se la metí en su coñito, ella gritó de dolor, yo empujaba a muerte mientras sentía mis huevos golpeando su culo.

Mi historia comenzó cuando yo tenía 20 años y vino mi prima Cristina a pasar una temporada con mi familia para olvidar algunos problemas que tenía con sus padres (os aseguro que los olvidó). Ella por aquel entonces tenía 18 años, llevaba gafas y un aparato de ortodoncia que la hacía un poco fea además aparentaba ser más niña por su forma infantil de vestir. Mis padres trabajaban en turno partido por lo que tenía que estar con ella casi todo el tiempo, una noche mientras cenábamos mis padres nos aconsejaron que fuésemos a la piscina municipal o al río que pasa cerca de donde vivíamos.

Al día siguiente decidimos ir a la piscina municipal, al entrar le indiqué dónde estaban los vestuarios y le dije que la esperaba en la salida, cuando salió de allí me di cuenta que todo iba a cambiar entre nosotros, aquella chica un poco repelente se había quitado las gafas y lucía un minúsculo bikini que prácticamente no tapaba casi nada, bajo la fina tela se imaginaba un coñito tierno y virgen y unos pechos que parecían querer salir de su opresión, pasamos el día jugando en la piscina tocando su cuerpo intentando que no se diese cuenta que aquello para mí no era un juego, sus pezones estaban muy duros y eso hizo que tuviese que salir de la piscina para ir al baño intentando disimular mi erección, parecía que iba a reventar el bañador y una vez allí tuve que masturbarme, no podía creerlo lo había hecho pensando en mi prima. A las seis nos fuimos y ella se puso otra vez aquellas gafas y aquellos trapos, volvía a ser la niña repelente.

Por la noche planeamos ir al día siguiente al río a pescar, aproveché para aconsejarle que cogiera el bikini pues allí había un agua cristalina y ella asintió con la cabeza. Nos levantamos a las 8 de la mañana, cogimos la moto y ella me propuso conducirla, yo no puse ningún inconveniente, durante el trayecto me cogí a su cintura y con disimulo le rozaba los pechos por lo que otra vez mi erección fue evidente. Cuando llegamos preparé los artilugios mientras ella preparaba el almuerzo, a media mañana por fin se quitó la ropa, las gafas y otra vez aquella hembra estaba frente a mí, yo me puse las gafas de sol para poder mirarla sin que ella lo notase.

Cuando menos lo esperaba me dijo que si le podía untar crema protectora, yo sin dudarlo me fui hacia ella, se puso boca abajo y empecé a untarle la crema, aquella situación me envalentonó de tal manera que le propuse que hiciera top-less pues aquel lugar era muy tranquilo, ella no dudó ni un instante se soltó el nudo y ante mi cara aparecieron sus pechos en forma de pera, eran medianos pero muy bien formados para su edad, yo no sabía qué hacer, si tocárselos o seguir pescando, finalmente la cordura hizo decidirme por lo segundo, la tarde pasó sin más, de camino a casa sufrimos un pequeño accidente con la moto, yo no me hice nada pero ella se rascó la espalda, le propuse llevarla al hospital pero me sugirió ir primero a casa para asearse, así lo hicimos.

Al llegar se fue al baño para darse una ducha, al poco de entrar me llamó para ayudarla, sin pensarlo me dirigí hacia el baño, me pidió que la ayudase a desnudarse ya que sola no podía, dudé pero me dijo que no pasaba nada que éramos primos, le hice caso y la ayudé, aquella situación la excitó pues al quitarle el pantalón noté la humedad en la parte inferior del bikini, estaba húmeda como una perra, después se lo quité y pude ver su coñito con muy poco vello y otra vez sus tetas me miraban a la cara desafiando la ley de la gravedad, esta vez no pude evitar tocarlos e incluso los besé, después me propuso ducharnos juntos, sin dudar me desnudé y vio mi pene, estaba duro, se agachó y se lo llevó a la boca, todavía llevaba el aparato de ortodoncia, me la chupó, estuvo jugando con mi pene, le daba mordisquitos, el roce con el hierro frío era algo total.

Nos metimos en la ducha y la hice sentarse, abrí sus piernas y metí mi lengua en su coño, ella gemía mientras me sobaba el pene, después me dijo que la penetrase por detrás para guardar su virginidad, la giré de espaldas, la puse un poco en cuclillas y de un golpe seco se la metí hasta que mis huevos tocaban sus cachetes, se estremecía de placer, su culo se tragaba mi polla como si nada, al momento se la saqué, se giró y abrió su boca para acoger mi corrida, descargué dentro y ello me miró riendo mientras se le escapaba la leche entre sus labios, después nos lavamos y fuimos al hospital donde nos dijeron que sólo tenía una pequeña rascada, o sea nada de importancia.

Por la noche mis padres nos preguntaron que cómo había ido y entre sonrisas de complicidad les dijimos que muy bien, después de eso pensé en lo que había hecho, me había tirado a mi prima de 18 añitos en la bañera de mi casa y en ese momento decidí poner fin a aquello.

Durante toda la semana siguiente intenté evitar roce alguno, en cambio ella no dejaba de calentarme, se paseaba por casa en ropa interior o simplemente con una camisa que cubría su perfecto cuerpo, así pasaron los días, ella seguía insinuándose, otro día salió de la ducha tapándose con una toalla que al pasar junto a mi lado dejó caer ante mí y otra vez pude ver aquel cuerpo joven y sensual, como yo intentaba no hacerla caso me amenazó que si no hacía lo que ella quería le contaría a mis padres lo que habíamos hecho, yo no tuve más remedio que obedecer, una vez me hizo echarle un bote de nata por todo su cuerpo y después tuve que lamerla toda, entre sus piernas, sus tetas y aquello para mí no fue una obligación aunque así se lo hice creer.

Ese mismo día estuve pensando que si quería sexo lo iba a tener en ración extra, le dije que íbamos a probar una cosa nueva, la até de manos, le tapé los ojos y la puse en pompa encima de mí, me saqué el cinturón y le di unos azotes, por cada azote ella me respondía con un gemido, como aquello no surtía efecto decidí poner fin a algo que ella guardaba con mucha gusto así que decidí desvirgarla.

Me desnudé, le obligué a que me la chupara y otra vez el roce con aquel aparato bucal y los movimientos hábiles de su lengua hicieron que me corriera entre sus labios y ella aún me dijo que quería más, la tumbé en la cama con las piernas abiertas, cogí espuma de afeitar y le rapé los pocos pelitos que tenía, después se lo comí entero por lo cual mi pene entró otra vez en erección, la giré de espaldas, le mojé con los dedos la entrada de su culo y cuando ella esperaba esa enculada, de un golpe seco se la metí en su coñito, ella gritó de dolor, pero aquello dio paso a un jadeo constante, yo empujaba a muerte mientras sentía mis huevos golpeando su culo, ella me decía que siguiera, mientras me la tiraba, con las manos pellizcaba sus pezones, se la sacaba del coño y se la metía en el culo, así durante un rato.

Ella tuvo dos orgasmos antes de que me corriera inundando su coñito afeitado, la giré, le di un beso en la boca y le dije que cuando me provocara tendría otra ración de lo mismo. Nos pasamos todo el verano follando como locos, incluso alguna vez participó algún amigo mío. Yo fui su primer macho y espero que nunca se le olvide aquel verano del 94 en que ella perdió su virginidad y yo follé como nunca.

Lo mejor es que este fin de semana viene a verme, ella tiene ahora 20 años y hace tiempo que no la veo, ¿llevará el aparato de ortodoncia? ¿Y las gafas? ¿Lo tendrá afeitado? espero contestar muy pronto a esas preguntas.

Autor: Mensakka

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Mi ardiente madura

Tuvo un orgasmo fuertísimo por las caricias de mis dedos en su botoncito, presioné un poquito para apenas meter la cabeza de mi pene y acabar casi dentro de su ano, con mi mano agarraba mi pene y desparramaba la leche entre su ano y su vagina, sintiendo las contracciones en sus dos agujeros y resbalando por la mezcla de sus jugos y los míos.

Hola a todos, ante todo me presento, me llamo Eduardo soy de la ciudad de La Plata, Argentina, tengo 32 años, 1,84, de contextura robusta (siempre he practicado deportes), morocho y casado, si bien como a muchos/as les pasará, estoy muy bien con mi matrimonio, pero el tema es que desde que tuvimos nuestro hijo es como que mi señora le fue restando importancia al sexo y yo en ese sentido (si bien no soy Superman ni mucho menos) soy bastante activo y me gusta disfrutarlo seguido.

Esto que les voy a contar me sucedió a principios del 2008, por curiosidad un día entré al chat de yahoo y buscando alguien con quien charlar vi un nick que me llamó la atención, ahí conocí cibernéticamente a Cristina, me contó que tenía 48 años (eso me llamó más la atención ya que me encantan las maduras), que era casada y demás cosas que uno charla en el primer contacto, como estaba en la oficina y ella en la casa y ya era hora de mi horario de salida me despedí diciéndole que ya le escribiría y quedamos de acuerdo que los dos la habíamos pasado muy bien y se había generado muy buena onda entre nosotros.

Al otro día envié un mail saludándola, ya que ella en su trabajo no podía conectarse al Messenger, tendríamos que comunicarnos por esa vía, así transcurrieron unas semanas, hasta que, ya con más confianza, comenzamos a charlar de cosas más íntimas.

Un día aprovechando que había salido temprano del trabajo y estaba en su casa, se conectó y la charla se puso muy picante, hasta el grado de preguntarle como estaba vestida y me dio el detalle a lo cual comencé a hacer volar mi imaginación (que la tengo y a granel) y se dio una charla de lo más caliente, confesándome que estaba súper mojada y excitada, ya que no sabía que se pudiera dar rienda suelta por esa vía y diciéndome que ella no hacía ni la mitad de lo que le estaba contando, porque las cosas con su esposo eran muy rutinarias ya que no pasaban de algunos morreos, el típico misionero, a veces inconcluso para ella (él se iba muy rápido, según ella) y a dormir.

Así seguimos fantaseando vía mail por unos cuantos meses, y charlando telefónicamente (¡que voz!) hasta que un día le dije si le gustaría que nos viéramos, a lo cual ella no tuvo ningún problema, salvo que como yo voy por lo menos tres veces por mes, por motivos laborales a Capital (60 Km. aproximados de La Plata), y ella trabajaba en otra ciudad cercana, teníamos que convenir un horario cómodo dentro del horario laboral.

A las dos semanas de haber sugerido la idea, tenía una reunión a media mañana, en dicha cuidad, así que después de intercambiarnos los números de celular, quedamos en que cuando me desocupara, la llamé y si podía salir nos encontraríamos.

Siendo las 11:30 y terminada la reunión, no hice otra cosa que llamarla al móvil, me comentó que estaba todo tranquilo en la oficina y no tendría problemas en salir y dejar dicho que no volvería porque tenía que hacer unos trámites personales, así que los nervios y las ansias que no habían aparecido en ningún momento ¡ahí aparecieron todas juntas! Y después me quedé tranquilo porque ella me confesó lo mismo. En el acto llamé a mi oficina para decir que no regresaría hasta última hora y aprovecharía estar en el centro para hacer unas cosas…

La premisa era que ella como tenía el auto disponible y yo cuando viajo lo hago en remis (por una cuestión de comodidad), me dio los datos del auto y yo le comenté el color de mi traje, camisa y corbata, (si bien no nos conocíamos físicamente, sabíamos como éramos por detallarnos en los mails, ya que nos pudimos de acuerdo en no enviarnos fotos para que la cosa fuera más aventurera todavía), me pasaría a buscar por X esquina y allí me pondría al volante, porque a ella le daba no se que entrar manejando al hotel.

Llegado el momento vi que se acercaba un auto de las características y era ella, no me había mentido en absoluto y es más creo que era muchísimo más linda de lo que decía… estaba vestida con un trajecito gris, de esos compuesto por falda, y saco (creo que se llama trajecito sastre), con una camisa blanca por la cual se traslucía un corpiño del mismo color con encaje, rubia de ojos claros, 1,70, tenía el pelo atado, y unos lentes que la hacían ver muy sensual, sus pechos eran medianos tirando a grandecitos, con una cintura no muy marcada pero que hacían un contraste muy interesante con sus caderas y lo que más me encantó fue que tenía una cola de esas medio grandecitas pero sin llegar a ser gordas, con los cachetes redonditos y medio paraditos… en fin creo que los minutos que estuvimos parados al lado del auto saludándonos los aproveché para sacarle una radiografía jajajajajajaja…

Ya dentro del auto, le pregunté si antes quería ir a tomar algo, a lo que con una mirada de esas que te comen y un beso profundo, me contestó que no, ya que me quería “aprovechar” al máximo y no le gustaría perder tiempo, ya que deseaba con locura revivir todo lo que nos habíamos dicho en su momento…

Por supuesto arranqué y me dirigí a un hotel que queda por el bajo, que ya conocía, un lugar muy cómodo y agradable… hicimos los trámites de rutina (pagar, pedir las llaves, etc.) y nos dieron una habitación en el 5º piso, pasamos al ascensor y ahí comenzamos a besarnos y a acariciarnos, la abracé de la cintura y comencé a lamerle el cuello, mientras le decía lo que me gustaba y ella haciendo lo mismo se apretaba contra mi pene, que lo podía sentir muy bien gracias a la delgada tela de mi pantalón.

Llegamos al piso, entramos y pusimos el lugar a media luz para que fuera más acogedor, puse música y nuevamente nos besamos como queriendo comernos, le saqué el saco, ella hizo lo mismo y agarrándola de la mano nos dirigimos a un sillón que había a los pies de la cama, ahí nos sentamos y comencé a acariciarle la espalda mientras jugábamos con nuestras lenguas, le lamía el cuello mientras ella tiraba la cabeza para atrás, mientras masajeaba suavemente sus pechos con una mano y con la otra recorría todo el costado de sus piernas y cadera.

Mientras ella me besaba y jugaba con sus manos en mi pecho y lo iba bajando hacia mi pene que frotaba sobre el pantalón, luego me sacó la corbata, desabrochó mi camisa, mientras yo hacía lo mismo, era un concierto de, mmmmmmmmsssss, y siiiisssssss, le saqué el corpiño y comencé a jugar con sus pezones con la yema de mis dedos mientras mi lengua seguía enroscándose con la suya, fui bajando la boca hasta apoderarme de sus pezones, esto la ponía cada vez más caliente ya que de suspirar pasó a gemir muy suavemente, mientras ya había bajado mi cierre y me sobaba el pene sobre el slip…

Luego la hice parar y la giré, tomé el cierre de la pollera y lo bajé muy lentamente mientras acariciaba sus caderas, le desabroché el botón y bajé la pollera haciéndola rozar muy suavemente por sus piernas, ahí comprobé lo que me había dicho, que le gustaba usar tangas, esta era muy pequeña, al igual que su corpiño blanco y con un triangulo de encaje adelante y se hundía por completo por su cola, así parada se tiró un poco para adelante y me pude deleitar la vista con el bultito que producía su conchita con la tela de la tanga, comencé a pasar mi lengua por sus hermosos cachetes mientras mis dedos recorrían el borde de la tanga hasta perderse en los contornos de su conchita, me levanté y la abracé desde atrás apoyándole mi pene en su cola mientras le lamía los hombros y cuello, pasando la punta de mi lengua por sus lóbulos, mientras mis manos seguían masajeándole los pechos, como sopesándolos al principio para pasar a acariciarle los pezones con ambas manos, ella cada vez gemía más y se restregaba más contra mi pene que a esa altura estaba en su máxima expresión (no me gusta poner medidas pero más o menos de 17 x 5, si… bastante gruesito)…

Me terminó de bajar los pantalones y el slip y la llevé de la mano hasta la cama, se acostó boca arriba y yo me puse de costado mientras nos besábamos, le pasaba el dedo medio por su tanga rozando levemente su vagina hasta su ano, luego comencé a bajar por su cuello y al llegar a sus pezones, que estaban súper duros y más que erectos, me deleité lamiendo en círculos y a la vez levantándolos con mi lengua, seguí bajando por su abdomen lamiéndolo entero, y al llegar al su monte de venus jugué con mi lengua por el triangulito de encaje, mientras ella gemía cada vez más profundo, me situé entre sus piernas acostado y comencé a pasarle la lengua por el contorno de los elástico de la tanga mientras abría sus piernas con mis manos, luego agarré la tanga (muy mojadita) por los bordes y se la bajé, levantó la cola para ayudarme a sacarlo, ahí encontré su tesoro, unos labios carnosos semiabiertos y casi toda depilada, salvo un triangulito en el pubis y comencé a lamerle la conchita por los bordes y sobre sus labios, realmente olía exquisito y eso me ponía más caliente todavía.

Con mi lengua fui abriendo sus labios mayores que estaban hinchados y pude comprobar que sus jugos brotaban en cantidad, dándole un brillo especial a sus muslos y al interior rozado de su concha, comencé a pasar mi lengua a todo lo largo y alternaba metiéndola lo más posible ya que notaba que eso la ponía a mil, así estuve un buen rato hasta que comencé a lamer su clítoris mientras abría sus labios con los pulgares, después de unos minutos me agarró la cabeza y me apretó casi con violencia contra su vulva y casi gritando, aaaayyy, siiiiii, bebeeee, chúpame, meee maaaataassss connn esaaaa leennguaaaaaaa ¡huuummmmmmmmm! tuvo un orgasmo espectacular… me separé lleno de sus exquisitos jugos y me pasó la lengua por mi cara como limpiándome y saboreándolos, mientras su conchita latía seguía con mis dedos estimulándola y alargándole el placer que estaba sintiendo…

Luego me pidió que me pusiera arriba para formar un 69, seguí jugando con mi lengua y mis dedos mientras ella me daba una mamada grandiosa ya que mientras me pasaba la lengua o la tenía en su boca, recorría con la yema de los dedos mis huevos y seguía hasta mi ano, así estuvimos un rato más hasta que volvió a acabar, lo que aproveché para meter la punta de mi dedo medio en su ano sintiendo como se contraía, en ese momento le dije que parara porque ya no aguantaba e iba a largar toda mi leche y no quería terminar así…

Entonces volví a desandar el camino con mi lengua hasta nuevamente fundirnos en un beso muy caliente, mientras ella tomaba mi pene y se lo refregaba sobre su concha y lo hacía en círculos sobre su clítoris, hasta que en un momento lo colocó en la entrada y de a poco se lo introdujo mientras abría las piernas todo lo que podía, mientras yo también las abría al máximo para trabárselas con las mías, como para que la penetración fuera bien profunda y nuestras pelvis se pegaran al máximo… primero lento, la sacaba hasta la cabeza y la volvía a meter hasta que tomamos un ritmo frenético para explotar los dos al mismo tiempo de una forma brutal, lo que más me gustó era su control sobre los músculos vaginales ya que sentí como que me ordeñaba y eso prolongó mis contracciones y mi erección por un buen rato…

Después de higienizarnos por separado, pedimos unas gaseosas y seguimos prodigándonos mimos, caricias y besos y charlando de lo bien que la habíamos pasado, y lo lindo que fue sentirme dentro, más porque era medio estrecha y sumado a que mi pene era más grueso de lo que acostumbraba (marido) el roce era muchísimo, hasta que nuevamente comenzamos a recorrer nuestros cuerpos con manos y lenguas para quedar ella sobre mí, y amarrándome el pene lo refregaba pasando la mano desde atrás y tomando mis testículos, sobre su vulva mientras le comía los pechos y con la superficie de mi lengua le apretaba los pezones y cerraba mi boca en torno a ellos lengüeteándolos rápido, cuando ya estaba a punto otra vez la hice poner en cuatro y comencé a lamer sus hombros mientras refregaba mi pene por su cola y vagina, bajé con mi lengua por su espalda mientras masajeaba sus pechos, y seguí hasta llegar a su cola la cual recorrí alternando su ano y metiéndola en su concha ya que por la posición quedaba perfectamente abierta para mi deleite, al rato me dijo porrr favorrr noooooo seaaasssss maaalooo y… cooogemeee hummmm!

Acaricié su espalda y me situé atrás refregándole mi pene por los labios vaginales y jugando con la cabeza sin llegar a penetrarla hasta que ella misma tirándose hacia atrás se fue penetrando lentamente, hasta sentir mis huevos rozar su monte de venus, la agarré de las caderas y comencé el tan conocido mete y saca suave, hasta que nuestros gemidos aumentaron y automáticamente el ritmo, de golpe levantó su torso y casi lo pegó a mi pecho así tiró sus brazos para arriba y me tomó de la cabeza, lo que aproveché para poder lamer su cuello y bajar las piernas como sentándome en mis tobillos para que quede literalmente sentada en mi pene, y así alternar con mis manos sus pechos y su clítoris.

Después de unos minutos más la hice volver a la posición original y sacaba mi pene y lo pasaba por su ano apoyándolo a lo largo, rozándolo, como bombeando en el aire sin querer penetrarlo, ya que en su momento me había comentado que no le gustaba el sexo anal, y no quería romper el encanto del momento, aunque como no me dijo nada y al hacer esto coincidió con que tuvo un orgasmo fuertísimo por las caricias de mis dedos en su botoncito, presioné un poquito para apenas meter la cabeza de mi pene y acabar casi dentro de su ano, mientras decía aaaayyy, siiiiiiii, humm, beebee, mee, gustaaaaaa, hummm!, mientras con mi mano agarraba mi pene y desparramaba la leche entre su ano y su vagina, sintiendo las contracciones en sus dos agujeros y resbalando por la mezcla de sus jugos y los míos… mientras nos recuperábamos abrazados, me comentó que no le había disgustado la pequeña invasión en su ano y me dijo que quizás probaríamos más adelante, realmente pasamos una tarde espectacular y quedamos muy contentos de poder encontrarnos, y compartir esos momentos tan calientes que nos debíamos desde hace algún tiempo…

Luego de eso nos fuimos a duchar juntos teniendo el último polvo de la tarde mientras corría el agua y la espuma por nuestros cuerpos… cuando nos quisimos acordar habíamos pasado más de tres horas en el hotel y ya no contábamos con tiempo como para seguir dando rienda suelta a nuestra imaginación, a nuestros cuerpos y a nuestras ganas y había que volver a nuestra rutina, aunque por supuesto mucho más aliviados y con otra mirada a las cosas, porque creo que estas vivencias sirven como para darle nuevos aires a nuestras vidas…

Lamentablemente no pudimos volver a repetirlo ya que su marido enfermó y las cosas se le complicaron bastante, por supuesto lo respeté aunque mis instintos primitivos me pedían poder verla nuevamente, hoy seguimos hablando pero dadas las circunstancias y como se imaginarán todo se enfrió y no pasa más que de compartir algún café o algún almuerzo, hoy somos muy buenos amigos y confidentes…

Ojalá les haya gustado el relato, realmente es la primera vez que escribo y espero haber volcado como se merecen mi experiencia, es 100% real y espero vuestros comentarios.

Autor: Blackangel

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55 Años

Me la follaría pensando en su hija. La insultaría llamándola puta una y otra mientras me la follaba y comencé a lamer aquella raja. Separé con ambas manos los labios y lamí sin cesar, Ana se agitaba cada vez más. Emitía sonidos de todo tipo. El, auhh, más, era un ritual en su boca. Mi verga dura estaba lista. La reventaría una vez se la clavara. Ocuparía con mi polla el lugar deshabitado por Pedro.

No acostumbro a ser imprudente en mi vida. Cuando hago algo es por que lo he meditado bastante. Soy extrovertido, educado a la antigua usanza, y no tengo mucha simpatía por las modas de los jóvenes de ahora. Estoy casado desde hace 30 años. No tengo familia directa y toda ella se reduce a la de mi mujer. Ella tiene tres hermanos. Dos varones y una hermana. Bien, pues esta hermana, muy volátil y dada a la improvisación, se quedó embarazada con 17 años. Como eran otros tiempos, ni aborto ni nada, se casó. Y se casó con Pedro. Un buen tipo y al cual yo tengo mucho cariño.

Como no tengo hermanos, tampoco tengo sobrinos carnales. Aunque he tomado los de mis cuñados como propios. Tengo 7 sobrinos. Todos mayores ya. Pero este relato es para contarles lo que me ocurrió con mi sobrina pequeña, Cristina. Ella es la hija menor de Ana, mi cuñada y hermana de Emilia, mi mujer.

Cristina es joven,  tenía 19 años recién cumplidos. Joven y moderna. De esta época. No la he conocido novio alguno ni amigo “especial”, aunque sé que al ser tan extrovertida y natural, alguno habrá tenido con “derecho a roce” como dicen ellos. Visita nuestra casa con asiduidad, algo que me agrada, pues como he dicho antes es extrovertida y simpática. Aunque algo ligera de cascos. Rebosa juventud y alegría. Es una chica a la que siempre he mirado como “mi sobrina”. No quiero ocultar que los encantos de su juventud, alguna vez me han hecho meditar profundamente en la figura escultural que posee. Pese a mis 55 años, no pierdo el deseo por el sexo. Y la vista me funciona muy bien. Y es por ahí por donde empieza a entrar el deseo.

Estando de vacaciones hace unos veranos, las dos familias veraneábamos juntas en un chalet que alquilábamos y compartimos, surgió esta historia que paso a relatarles.

Habíamos vuelto de la playa y uno a uno nos fuimos duchando para quitar los restos de arena acumulados en nuestros cuerpos. Cris se duchó la primera. Yo fui el último en hacerlo. Ella se había vestido con un sujetador de un bikini rosa y una falda transparente de gasa marrón. Dicha falda cubría por entero sus piernas, pues el borde acariciaba sus tobillos con cierta gracia cuando caminaba.

Una vez hubimos terminado de comer, uno a uno se fueron yendo a dormir la siesta, dejándonos a Cris y a mí en el salón de aquel chalet. Ella estaba sentada sobre un sillón y andaba distraída pintándose las uñas de los pies. Apoyaba sus pies sobre el asiento. Sus piernas recogidas sobre sus pechos y su cabeza apoyada en sus rodillas, se me antojaba una postura algo incómoda para esa tarea. Yo andaba tirado de mala manera sobre un sillón mirando la televisión. Con mis piernas separadas. Daban el tour de Francia y eso me gusta. La etapa transcurría monótona y aburrida. Mi sobrina no hablaba, estaba centrada en su tarea. Yo en la mía. Los ojos se me cerraban de vez en cuando. Sólo llevaba puesto unos bermudas un poco anchos. Acariciaba mi vello del pecho, canoso ya, mientras esperaba que algún ciclista rompiera la monotonía del pelotón.

Cris refunfuñaba. Se quejaba que no veía con claridad.

-¿Qué te ocurre Cris? ¿Problemas con  las garras? Pregunté refiriéndome a sus uñas. -No veo, tito.  Así es como me llamaba, tito. No me gustaba, me gustaba más tío. -Ponte allí, bajo la ventana. Dije.

Cris se levantó y arrastrando la planta de los pies como si esquiara, se dirigió hacia la ventana. Se sentó frente a mí, en paralelo con el televisor. La postura fue la misma. Sentada, con los pies encima del sillón y sus piernas recogidas. Sus pechos se aplastaban contra sus muslos y rebosaban por el borde superior del sostén del bikini. Se aplicó con el pincel nuevamente. Los ciclistas seguían cansinamente su carrera.

Pasado un rato terminó con sus uñas y esperó a que se secaran. Me miraba. Yo la observaba por el rabillo del ojo y no decía nada. Pero me ponía nervioso que me observara.

-¿Pasa algo Cris? -Si. Se te ve tu cosa. Dijo llanamente. -¿Qué cosa? Pregunté sin  entender nada. -La polla y los huevos, tito. Por el borde del pantalón. Dijo señalando mi pierna.

Me quedé perplejo. Me incorporé del sillón y me atusé los bermudas.

-Lo siento. Dije azorado. -Es igual. No tiene importancia. No me voy a asustar a estas alturas. No es la primera vez que veo algo así. -¡Estos jodidos bermudas! ¡No llevan braguero! -Mejor, así estarás mas “suelto”. Más cómodo.

No dije nada. Seguí centrado en el tour de Francia. Cris resoplaba sus uñas en un afán de secarlas antes. La miré de soslayo aún azorado por lo que acababa de ocurrir.

-Tito. -Dime. -¿Con tu edad…se te pone dura aún?

Mi sobrina podía conmigo. Yo sabía que era así, pero me sorprendía. De sobras sabía a qué se refería. Me hice el tonto.

-¿El qué se pone duro? -La polla. -¿Por qué me preguntas eso Cris? -Curiosidad. ¡Como eres viejo! -No soy viejo. Soy más mayor que tú. Pero aún no soy un vejestorio. Soy como tu padre. -El es viejo. Aseveró ella. -No Cris. No somos viejos. Somos más mayores que tú. Eso es todo. -Pero no has contestado a mi pregunta. -¿Qué pregunta? -Si se te pone dura. ¡Pero no te pongas colorado! ¡Estás hablando con tu sobrinita querida y la más favorita!-Es que me sorprendes. Dije para tratar de no contestar.-Pero ¿se te pone o no?

Puede que ella estuviera muy acostumbrada a hablar en esos términos con su círculo de amigos. Yo no. Ni siquiera con mis cuñados. Y confieso que mi sobrina me estaba poniendo nervioso.

-¿Tú que crees? Pregunté para salir del paso. -Que si. -Pues eso. Dije. -¡Que bien!  Ana Mari, una amiga suya, dice que cuando sois como mis padres no se os pone dura y que ya no lo hacéis. -¡Bobadas! Dile a tu amiga que está equivocada. -Lo sé tito, no soy tonta. Se que lo hacéis hasta que podéis. Y eso es mucho tiempo. Pero Ana Mari se refiere a que mis padres ya no lo hacen.-Pues no lo sé Cris, pregúntaselo a ellos. -Lo haré. Dijo y se quedó tan a gusto.-Yo no lo haría. Les pondrás en una situación….difícil.-¿Tú lo haces con la tita? -¡Pero qué preguntas me haces Cris! -¿Lo haces verdad? -¡Claro que lo hago! ¡Todo el mundo lo hace! Siempre que puede.

-¿Muchas veces? -Menos que cuando era más joven. Pero aún tenemos vida sexual. ¡Y dejemos ya esta conversación! No me dejas ver el tour. -¿Sabes? He oído a mis padres cuando lo hacen y te confesaré un secreto, mi madre es muy viciosa. Siempre está dispuesta. Pero mi padre debe sufrir la “pitopausia” y no le apetece tanto como a mi madre. Les oigo entre frases. Y leo entre líneas en sus conversaciones. Se creen que no les escucho, pero lo hago. Suerte que he salido a mi madre.

El silencio se apoderó hasta del tour de Francia. “Suerte que he salido a mi madre”. Esa frase comenzó a deslavazarse palabra por palabra en mi mente. Ella dejó unos instantes de silencio antes de atacar de nuevo.

-¿Recuerdas las primeras veces con la tita Emilia? Así se llama mi mujer. -¡Claro que lo recuerdo! ¡Vaya bobadas! -¿Cómo lo hacíais? -¡Cris deja ya esta conversación! No está bien.-Sólo quiero que me digas como lo hacíais.-Como todo el mundo.-No tito, ahora no se hace como antes. Ahora lo hacemos mejor. He visto cosas.-¿A qué te refieres?-Sé cómo se hacía antes. El misionero. Ya sabes. Uno encima del otro, por detrás…-¡Pues no, no sé! Eso se hace igual siempre. Puedes variar las posturas…-A eso me refiero. Las posturas. Ahora nos subimos encima y os cabalgamos. Las mujeres nos hemos liberado. No nos gusta ser folladas. Queremos follarnos a los tíos nosotras.

-¡No me dejas ver el tour! Exclamé de los nervios. Sus frases eran contundentes y espontáneas. -Es una etapa aburrida. ¿No prefieres hablar con tu sobrina? -Si. Pero de esto no. -¡Ah claro! Te pone nervioso. ¡Que no se diga tito! -Pues si. Me pone nervioso. Dije algo alterado. -Yo lo tengo depilado. -¡Gon! Un golpe en mi cabeza. Hasta oí el zumbido.-Me lo depilo yo. Con mucho cuidado.

Ante mi silencio Cris insistió.

-¿Lo quieres ver?

Las orejas las notaba rojas y ardiendo. Mi cara congestionada por la sangre que se había reunido en ella me provocaba calor.

-¿Quieres verlo? ¿Quieres que te lo enseñe? Mira.

Cris levantó su falda hasta las rodillas y abrió sus piernas. Al estar sentada con las piernas encogidas, me ofreció una imagen difusa. No pude ver nada. Excepto que no llevaba nada debajo de la falda. La claridad a su espalda me lo impidió.

-¿Qué haces? ¿Nos puede ver alguien? -Te lo enseño. ¿Lo has visto?-No he visto nada. Y no quiero ver nada. Dije molesto.-Peor para ti. A fin de cuentas soy tu sobrina. No hay nada malo en ello. Mis amigos ya me lo han visto.-Eres muy ligera de cascos. Como tu madre.-¿Se lo has visto a ella? -¡Jesús que cosas dices!-¡Anda! No sería extraño. Sois cuñados. -Pues no. No se lo he visto a nadie.-Mayor motivo para que me lo veas a mí, pero si no quieres….

El silencio se hizo en el salón. La voz del comentarista televisivo se oyó perfectamente. Ana entró en el salón. A punto de sorprendernos.

-¿Qué hacías? Preguntó a su hija.-Nada. Me pintaba las uñas y el tito esta viendo el tour.-No puedo dormir. Hace un calor bárbaro. Dijo sentándose a mi lado. ¡El ventilador no va!-Pues yo me iba a echar la siesta….Dije para huir.-Pues no te lo aconsejo. Hace mucho calor y sudarás de lo lindo. No hay quien esté en la cama. Y luego tu padre no para de roncar. Dijo mirando a Cris.-Bueno pues yo me voy a acostar un rato. Dije a la vez que me levantaba de al lado de mi cuñada.-¿No estabas viendo la carrera? Me preguntó ella.-Son unos paraos, van caminando. Está muy aburrida. Mañana será mejor. Hay montaña. Hasta luego.

Eché a caminar y me fui dejando a la madre y a la hija allí. No sé que hablarían después. Yo estaba muy violento. Al llegar a la habitación asignada encontré a Emilia tumbada de lado encima de la cama. Roncaba. Me eché a su lado y cerré los ojos. Repasé mentalmente la conversación con mi sobrina. Me excitaba. Me descubrí con una mano dentro de mis bermudas acariciando mi pene. Estaba “morcillón” pero con deseos. Pensé en despertar a Emilia para follar. Sus ronquidos quitaron por completo mi deseo. Me centré en mi sobrina. Imaginé sus pechos, sus curvas. Quise ver su raja depilada, pero la oscuridad de la oquedad de la falda me lo impedía. Cada vez más agitado opté por irme al baño. Nadie me vería. Me quité los bermudas y me quedé desnudo. Y comencé a masturbarme pensando en mi sobrina. Tardé un poco en conseguirlo, pues los pensamientos lascivos no eran los correctos para fíltralos por mi mente, pero al fin lo conseguí. Y también conseguí que mi cuñada viera como me masturbaba. Aún no sabía como. Pero me vio. Tal vez por el pomo de la puerta. Estaba algo holgado y la claridad fluía por el.

Al día siguiente nos fuimos a la playa. Una vez dentro del agua Cris se me acercó.

-¿Está buena eh tito? Preguntó refiriéndose al agua. -Si. Está de maravilla. Dije.-Ayer nos interrumpió mi madre.-¿Ayer?-Si. Nuestra conversación.-¡Ah es eso! -Si.

Cris se puso tras de mí y me abrazó por la espalda. Trataba de subirse con sus piernas sobre mis costillas. Casi provocó que nos diéramos una buena zambullida.

-¡Estate quieta Cris! Acabaré ahogándome.-Eso no me gustaría tito. Perdería un buen aliado.-¿Aliado de qué?-De mis secretos. ¿Quieres que te cuente uno?-Tú verás. Contesté sin saber por dónde iba a salir mi sobrina.-Ayer me masturbé pensando en tu cosa.

Sus ojos chispeantes me miraban sin cesar. Sostenían la mirada sin rubor mientras braceaba en el agua.

-¡Estás loca Cris! Exclamé cuando lo que hubiera querido decir era, y yo también. -¿Me dejas que te la toque? -¡Que dices! -Quiero tocártela. Nadie nos verá. Estamos aleados de la orilla. Y dentro del agua.

Su mano se fue a mi bañador y eso provocó que al retirarme de ella me zambullera en el agua. Ella reía mientras yo aclaraba mis ojos para poder abrirlos.

-Eres peor que mi padre. Eres viejo. Y eres tonto tito. -Y tú una descarada. Y una desvergonzada. Y una…

Su mano se aproximó a mi bañador y se deslizó dentro de él. Noté como su mano agarraba lo que aún se mantenía con vida de mi pene. Ni sé porqué ni sé como, pero me quedé quieto. Sin decir nada. Ella con su grácil mano tanteó el tamaño minúsculo de mi miembro encogido por el agua.

-¿Quieres tocarme tu tito? -¿Pero que te pasa a ti Cris?

Su braga del bañador fue descubierta por mí en sus manos. Se la había quitado. Traté de alejarme de allí nadando, pero ella me lo impidió.

-Tócame tito. Tócame. ¡No te vayas!

Su mano tomó la mía y la guió bajo el agua hasta aquella diminuta raja. Pude notar su calor pese a estar en el agua. La suavidad de su piel salada. Mi pene despertó. Mi corazón se aceleró y mi cara dibujó el deseo. Ella lo notó.

-¿Sólo lo has hecho con la tita? Me preguntó.-¿El qué?-Follar.-No. Dije.-¿Alguna puta?-No. Otras novias.-No me lo creo.-Da igual.-¿Lo harías conmigo si no fuese tu sobrina? ¿Te gustaría acostarte conmigo si no me conocieras de nada?-¿Porqué me preguntas eso?-Quiero saber si te gusto como mujer. Ya soy mayor. ¡Y estoy muy bien!-Eres una chiquilla. Y muy descarada. Apenas tienes 19 años.

-¿Lo harías tito?-Seguramente sí. Contestó mi polla elevando su voz hasta mi garganta.-¿Seguramente sí? ¿No lo tienes claro?-¡Está bien! Lo haría. Ahora era mi polla quien había tomado el mando. Ella respondía.

-¿Lo hacemos? Yo ya lo he hecho unas cuantas veces.-¿Tú?-Si. Con mis amigos. Con algún chaval que he conocido. Dijo alejando su mano de mi pene.-¿Lo sabe tu madre?-No.-Si se entera tu padre. -Me da igual. El es un reprimido. No entendería nada. Pero me da igual. ¡Y no se va a enterar! -Tu padre es un buen padre. Quiere lo mejor para todos. Para vosotros, para…-Lo sé, pero parece bobo. Mi madre se cansará un día de él y lo dejará. -¿Te ha dicho tu madre algo de eso? -No. Pero se nota. ¿Tu no lo ves tito? -No veo nada. Anda ponte el bañador y vámonos de aquí. Yo, al menos, me voy.-¿Te ha gustado tocarme?

-No te he tocado. Nunca ha pasado esto. Has sido tú quien ha llevado mi mano ahí. -No te preocupes. No voy a decir nada a nadie. ¿Quién crees que soy?-No lo sé Cris, no lo sé. A veces me das miedo. -¿Quieres que nos acostemos juntos? ¿Quieres que follemos?-¡No! ¡Cállate ya con eso!-¿No te gustaría meterme esa cosa aquí? -Me voy Cris. Estás loca. Dije a la vez que me alejaba dando brazadas de deseo.

Ella me siguió una vez se hubo puesto la braga del bikini. Llegamos al grupo y todo quedó como si nada hubiera ocurrido. Ese día tampoco comimos en la playa, pese a que los planes eran esos. Nos fuimos al chalet y después de las duchas de limpieza me enteré de los designios que se habían gestado mientras yo estaba con Cris en el agua. Emilia, mi mujer, quería ir a un Carrefour a comprar unas cosas. Pedro necesitaba no sé que artilugios para la pesca. Ana se quitaba de en medio arguyendo que no le apetecía ir y que tenía mucho sueño. Es mas, imploraba dejarlo para otro día, pero su marido, Pedro, estaba obsesionado con la pesca y a toda costa quería ir a comprar cebos y no sé que más cosas. Mi mujer quería ir a comprarse un bikini nuevo y algunas cosas que nos hacían falta para la casa. Yo y mi tour de Francia eran innegociables. No iba a acompañarlos. Ni se me pasaba por la cabeza perderme la etapa reina y menos estando Miguel Indurain por medio. Cris dijo que se iba con ellos. Afortunadamente.

Todo solucionado pues, y después de comer y arreglar la cocina, mi cuñada dijo que se iba a echar la siesta. Mi mujer y mi cuñado, acompañados de Cris se prepararon para irse al Carrefour. Yo para dar pedales acompañando a Indurain. La paz llegó a aquella casa. Me acoplé en mi sillón predilecto y me serví un J.B. con coca-cola. Mi paquete de tabaco perfectamente alineado encima de la mesa junto a mi cubata iban a ser mi avituallamiento. Mi cuñada se marchó a su habitación y mi mujer, mi sobrina y mi cuñado se fueron a Carrefour.

La etapa reina estaba de lo más interesante, Chiappucci se había escapado del pelotón, Miguel le seguía. Si le alcanzaba, buena escapada. Todo se vino abajo cuando Ana se presentó en el comedor con tan sólo la braga puesta.  Mi cuñada es menor que mi mujer. Tenía 47 años. Estaba de buen ver. Yo podía dar fe de ello.

-No puedo dormir. Hace demasiado calor en este jodido chalet. Dijo sentándose a mi lado. -¿Qué haces así? Dije refiriéndome a la desnudez de sus pechos.-¿No te vas a asustar ahora de verme las tetas? ¿No? -No. Pero me sorprende. Y más estando sólos.

Ciertamente ya se los había visto alguna vez en la playa, pero me sorprendía que estando solos saliera así de su habitación, sólo con la braga. ¡Y con qué braga! Transparente total. Su vello negro se traslucía perfectamente.

-¿Cómo van esos? Dijo señalando la tele a la vez que me cogía un cigarro del paquete. -Bien. Chiappucci va escapado e Indurain casi le alcanza. Buena etapa. Se puede poner líder. -¡Y buena paja!

No sabía si había oído bien. Me quedé anonadado. Ella se sentó a mi lado. Puede que hubiera dicho “pájara”. Palabra empleada en el ciclismo cuando un ciclista sufre un desfallecimiento. Pero no, había dicho “paja”. Compañera inseparable de hombres excitados que no tienen una mujer  a su lado.

-¿Te lo pasaste bien? Te vi. Te vi haciéndote una paja en el baño. -¡No sabía yo que cuando uno está en el baño pueda ser expiado!-¿No te has fijado en el pomo de la puerta? Tiene holgura.-¿Y tú te has asomado por la holgura no?-Si. Pensé que quien estaba dentro era Pedro. -¿Qué más da quien esté dentro? Eso no se hace Ana. Además…no estaba haciendo nada. Me miraba, eso es todo.-¿Mi hermana no te da el sexo que necesitas?-Tengo suficiente como estoy. Dije malhumorado al verme descubierto por mi cuñada.-¡Pues parece que necesitas más! Yo sin embargo no tengo suficiente con Pedro.

Y se abalanzó hacia mí. Y me besó en los labios. En esos segundos pensé muchas cosas. Pensé en su hija Cris, en la situación de ambos allí sentados, en la actitud particular de Ana. En mi mujer y Pedro. En rechazarla.

-¿Qué haces Ana? -¿No te gusto cuñado? No me rechaces por favor. Me moriría de vergüenza. -No es eso…..es…-Chisssss…..calla…..Y su mano se fue directa a mi tronco cabezón que ya había despertado ante la visión de los pechos de Ana.

Lógicamente despertó mi deseo. Pensé en las consecuencias de aquello que estaba pasando. Pero los hombres pensamos más con la polla que con la cabeza. Y me líe la manta.

-No te preocupes cuñado, nadie lo sabrá. Y mi hermana menos.

Se puso en pie y nos fuimos a su habitación. Allí en la pantalla, quedaron Miguel Indurain y Claudio Chiappucci con una escapada que prometía. En su habitación, los dos cuerpos desnudos comenzaron  a darse placer. Mi cuñada sabía bien lo que hacía. Se la notaba deseosa de sexo. Pedro no la abastecía lo suficiente. Era mucha mujer para sostener esas carencias. Su lengua se paseaba con mimo por mi glande. Mis manos alcanzaban su raja peluda y mis dedos se mezclaban con sus vellos. Las sábanas de su cama olían a ella. No pensaba en mi mujer ni en su marido. Estarían en Carrefour. Cada uno con lo suyo. Al menos tardarían tres horas en volver. Tendríamos tiempo de sexo. Mi verga tiesa así lo demandaba. Una vez me lié la manta a la cabeza, ya sólo quería follármela. Me había provocado. Y yo estaba pensando en su hija. Sus piernas delgadas y morenas, sus pechos bastante firmes para su edad y sus nalgas blancas por la protección del bikini, habían conseguido que me pusiera como un perro rabioso en busca de sexo. Abrazaba su cuerpo, lamía su piel. Jugueteaba con sus pechos. Todo con mis ojos cerrados y pensando en su hija.

-¡Cómeme el coño! Exclamó. Pedro nunca lo hace. ¡Mataría por que me lo comieran!

Mucho pedir. Pero no me podía negar ante la mamada que me acababa de hacer. Era el paso anterior a la penetración. Lamería su raja y luego la embestiría con rabia por ser tan golfa. Decía que no tenía bastante sexo con su marido, pero yo la iba a dar una ración extra. Lo sentía en mi cuerpo. Me veía potente para hacerla gritar. Me la follaría pensando en su hija. La insultaría llamándola puta una y otra vez mientras me la follaba. Me agaché con  el culo en pompa y comencé a lamer aquella raja. Separé con ambas manos los labios y lamí sin cesar, con lentitud, con maestría. Ana se agitaba cada vez más. Emitía sonidos de todo tipo. El “Oh si, auhh, más” era un ritual en su boca. Mi verga dura estaba lista. La reventaría una vez se la clavara. Ocuparía con mi polla el lugar deshabitado por Pedro. Cada vez que ahondara en ella pensaría en su hija.

-¡Vaya qué sorpresa! ¿Desde cuando dura esto? Preguntó. -No es lo que parece Cris. Dije hecho un manojo de nervios a la vez que abandonaba la entrepierna de su madre.

No es lo que parece. ¡Vaya frase soltada por un gilipollas al que acababan de pillar lamiendo el coño a su madre! ¿Qué es lo que parece entonces? ¿Una nueva forma de hacer la cama? ¿Una búsqueda incompleta dentro de las entrañas de su madre? ¿Tal vez una nueva forma de quitar la arena acumulada en aquella grieta? ¡Estúpido de mierda! Pensé. Era casi lo peor que nos podía pasar. Que nos pillara Cris.

-¡Está bien! Nos has pillado. Dijo Ana con una calma extraordinaria. ¿Y qué? ¿Correrás a decírselo a la tita? ¿A tu padre? ¿Armarás un escándalo y destrozaras dos familias? No deberías estar aquí. Deberías estar con ellos en Carrefour. Esto es cosa de mayores y tú no lo entenderías por más que yo tratara de expl…-Quiero participar. Dijo Cris sentándose en el borde de la cama. -¿Qué quieres qué? Preguntó su madre.

-Que quiero estar con vosotros. No diré nada a nadie pero a cambio me permitiréis disfrutar del sexo en vuestra compañía. Haremos un trío. Yo quiero al tito también.-Yo me levanto y te doy dos guantazos ahora mismo. Dijo Ana.-No mamá, tu no me vas a dar dos guantazos, el tito nos dará otra cosa a las dos ¿Quieres tito? ¿O prefieres que la tita se entere de esto? ¿Tal vez preferirías contárselo tú a mi padre cuando estéis pescando? Mirar yo lo veo así, la tita y papá se han ido a Carrefour. Estamos sólos y…..vosotros ya habéis empezado sin mí. Se puede ver así ¿no? -¿Pero que estás haciendo aquí? ¿Os ha ocurrido algo? ¿Has venido tu sóla? Todo lo que salía de mi boca eran preguntas y más preguntas. -Si. Me han dejado en la gasolinera. He vuelto andando. Les he dicho que ya no me apetecía irme a Carrefour y que me volvía andando. De paso me chuparía un helado por el camino. Dijo con picardía.

Mi sobrina tiró de sus pantalones piernas abajo y pude ver su raja depilada. No llevaba ropa interior. Ahora sí la vi, no como la vez del salón. Su camiseta salió disparada de su cuerpo y sus pechos firmes impactaron en mi mente. No pude por menos que comparar los de mi cuñada y los de mi sobrina. Ambos perfectos, cada par  en su edad. Mi cuñada, a regañadientes, y mi sobrina con ansia, tomaron mi pene en sus bocas y volvieron a hacerme padecer los infiernos del placer y la lujuria. Yo acariciaba sus culos mientras ellas felaban mi verga en dura pugna. Había perdido toda razón de ser. Me había embarcado en una historia impensada por mí. Cris lamía con su pequeña lengua de forma más inexperta. Al contrario que su madre, que engullía más de la mitad de mi polla en cada embestida a la vez que apretaba mis cojones. Suele ocurrir en estos casos que tú deseas follarte primero lo que te gusta más, pero también suele suceder que acabas follando a quien menos te gusta. No fue mi caso.

Mi sobrina, ardiente ella donde las haya, una vez se hubo asegurado que mi polla estaba dura, se sentó encima de mí. Pude comprobar y sentir lo que se sentía cuando se folla a una hembra joven. Todo era dureza y ternura. Sus pechos inflados y sus pezones arrogantes me transportaron a otro lugar, a otros años, a otro cuerpo, el de su tía Emilia.

Cris apoyó sus manos en mi canoso pecho y comenzó a cabalgar como si tuviera prisa. Sentía el resbalar de mi pene duro dentro de su coño. Me abrasaba.  Afortunadamente la edad me sirvió para no correrme de inmediato como si fuera un joven novel. Ana colaboraba en aquél polvo. Su mano entre nuestros cuerpos trataba de dar placer a su hija. Con sus dedos acariciaba, o trataba de acariciar, el clítoris de ella. Su coño resbalaba por mi polla de arriba hacia abajo y ascendía nuevamente. Sin freno y con deseo, mi sobrina se corrió pronto, demasiado pronto diría yo. Se mordió los labios y se dejó llevar suspirando más profundamente. Supe que ya había follado varias veces. Eso se nota. Se corrió y se lo pasó divinamente. Y me consta que no fingió. Mi cuñada Ana se arrodilló a cuatro patas y me dijo que se la metiera por detrás. Tomando sus caderas me deslice en el interior de su coño. Apliqué unos golpes lentos al principio y veloces después. Mi sobrina se tumbó bajo su madre y lamía mis testículos y mi periné mientras yo me encargaba de ahondar todo lo que mi pene permitía en el interior de Ana. La eyaculación poco cuantiosa se hizo presente. Me corrí dentro. Sabía que Ana tomaba pastillas. Mi corazón se aceleró a la vez que impulsaba mi semen hacia ese útero ávido. Las manos de Cris me apretaban los huevos mientras besaba mis muslos y mi ano.

Derrumbado en la cama, asistí a una nueva felación por parte de mi cuñada. No podía endurecer mi pene nuevamente. Demasiado para mí. Madre e hija hicieron lo que pudieron. Pero mi pene no respondió.

Terminada la sesión de sexo, las duchas se sucedieron mientras en cada uno de nuestras cabezas íbamos acomodando lo que acababa de suceder en aquel chalet. Nunca hubiera imaginado que alguna vez tendría ni el más mínimo roce con mi sobrina Cris, pero no solo nos habíamos tocado bajo el agua, si no que me la había follado. Y me la había follado con el consentimiento y delante de mi cuñada. Y Tampoco pensé que mi cuñado Pedro tuviera tan desabastecida a mi cuñada. Aunque analizando las cosas fríamente creo que Pedro actuaba con ella normalmente, quizá fuera ella la que necesitaba más. Las circunstancias hicieron que aquella tarde corriera dos etapas en una. Por cierto Indurain se puso líder del Tour de Francia, y a la postre lo ganó.

Al regreso de Emilia y Pedro nos enseñaron todas las cosas que habían comprado. Ella su bikini, que le quedaba horrible por cierto, él sus aparejos para la pesca, que no pescaba nada. El único que pescó aquellas vacaciones fui yo. ¿O fueron ellas? Da igual, aquello no se repitió más durante nuestra estancia en aquel chalet. Yo sufría y abandoné a Emilia sexualmente el resto de aquellas vacaciones. Me masturbaba a diario pensando en mi cuñada y mi sobrina. Buscaba pretextos para estar a sólas con mi sobrina. No lo conseguía. Me había encoñado y quería más. En una tarde de locura y con unas copas de más estuve a punto de decir a mi mujer lo que había pasado. Objetivo, hacer que ella participara con su hermana y su sobrina. Afortunadamente no lo hice. Me mordí la lengua y ella no sospechó nada.

Ana dejó a Pedro como era de esperar. Y entre madre e hija hicieron mis delicias durante el otoño y el invierno siguiente. Todo de maravilla. Hasta que al llegar la primavera, Ana encontró un hombre bien dotado y se enrolló con el. Cris aún mantuvo los deseos hacia mi cuerpo y me solacé con ella hasta el verano siguiente. Fueron muchos los encuentros, en distintos hoteles de Madrid, en distintos días. Pero aquellos encuentros sexuales fueron dando un giro inesperado para mí, pues cada vez que nos veíamos mi sobrina me sacaba dinero. Y yo se lo daba. Al fin comprendí que me salía muy caro follar con Cris. De acuerdo que era una joven de 19 años y yo disfrutaba de un cuerpo tierno, pero estaba pagando encubiertamente por ello. Hice lo posible por finiquitar aquella historia y lo conseguí. No hubo enfados ni reproches. Ni hubo más dinero por medio. Pensé que tal vez con el dinero que le daba a ella, bien podría follarme a alguna jovenzuela dedicada a la prostitución. Sin compromisos, sin nervios y sin riesgos de joder mi matrimonio. Y así lo vengo haciendo regularmente, casi todos los meses me doy el homenaje con alguna chica de algún club de alterne. Pago por ello, pero no es lo mismo que con mi sobrina. Ellas hacen su trabajo y ya está. Mi sobrina sabía como tratarme y tenía paciencia conmigo. Una vez lograba enderezar mi pene, lo aprovechaba al máximo.

Cris llama a su tita Emilia de vez en cuando. Alguna vez ha ido a mi casa. Siempre que nos visita la largo 50 euros. Pero ya no hay sexo. Sólo miradas cómplices. Sin embargo quien también nos visita con cierta frecuencia y es quien más miedo me da es mi cuñada Ana y su novio Ismael. El se toma muchas confianzas con mi mujer, y Ana no para de hablarle de lo grande que tiene la polla, de lo bien que se lo pasa y hace continuas comparaciones entre Ismael y Pedro.

Mis temores son infundados, al menos eso creo. Conozco a Emilia. Pero quien me asegura a mí que lo mismo que yo tuve un lío con Ana y su hija, mi mujer no se deje arrastrar por su hermana y comparta cama con Ismael y Ana. Me da que pensar, pero si esto se produce y me llego a enterar, no duden que se lo contaré.

Autor: Coronelwinston

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Para mi tía con amor II

Cris entre gemidos, miró al pasillo y observó a su hijita dándole sexo oral a su sobrino. Directamente me miró con cara de reproche. Mi única seña fue mandarle un beso. Ella estaba comprendiendo, su hijo no estaba teniendo sexo con ella de casualidad. Acto seguido, se tornó una yegua. Sus movimientos de cadera sobre Dani eran impresionantes; nos estaba dando un show a Jime y a mí.

Hola a todos, mi nombre es Gabriel, les voy a contar la continuación de mi relato anterior (para mi tía con amor).

La última vez que estuve en casa de mi tía, había tenido la experiencia más espectacular de mi vida. Pero como en la vida no hay que estancarse, decidí volver a su casa al otro mes, como hacia usualmente. Pero no pudo suceder como quise, debido a exámenes en la facultad, pospuse mi visita para el otro mes. Así ya habían pasado 2 meses de haber tenido sexo con mi tía y pretendía un round más.

El viernes de esa semana, salí de la facultad, llegue a mi casa y partí hacia la casa de mis primos. Sabía que esta vez no seria como la anterior; mi tío estaría allá, pero también mi primita estaría en casa; esta vez, tenía un pro y un contra. Mi prima es una joven de 19 añitos, 1,60m, rubia como su madre, de ojos marrones, unos pechos firmes y una cola de ensueño.

Luego de caminar 7 cuadras desde la estación de tren, llego a mi destino. Toqué el timbre y me recibió mi primita Jime con un fuerte abrazo, refregándome sus tetas en mi pecho. Pero enseguida llegó mi primo Dani y perdió encanto ese momento. Lo saludé y luego fui a buscar a mi tía. La saludé con una mirada picaresca; estaba tan tentado de hacer más pero estaba en presencia de mis primos. Sin más que hacer, continúe mi visita como siempre hice; pero con un plan en mente. A las 2 horas llegó mi tío del trabajo, cansado por la jornada, nos saludó a todos y subió para darse una ducha. Luego de eso, cenaríamos todos juntos.

Me decidí a poner en marcha mi plan. Cargué la videograbadora, dejé a mi primo chateando en internet y mi primita no salía de su habitación; así que proseguí yendo a cachondear a mi tía. Mientras ella cocinaba, me le acerqué desde atrás y apoyé mi bulto sobre su cola, diciéndole que necesitaba otra vez estar con ella. Me contestó que esta vez no iba a poder ser, ya que su marido estaba en casa y que debía ser más respetuoso con mis manoseos. Pero yo continuaba sobándole los pechos ahora. Me pedía que terminase. Se notaba que tenía miedo, pero en su rostro se notaba que le gustaba. Le pedí unos minutos más, que así tendría algo que recordar antes de irme a dormir.

En menos de 2 minutos después, se escucha a mi tío bajar la escalera. Rápidamente me senté y traté de ocultar la erección, mientras que mi tía se trataba de arreglar un poco. Mi tío tomó por la cintura a mi tía y le dio un gran beso, y mi tía le correspondió ese beso con otro más furioso, demostrando un poco que esa noche quería pasarla bien. Mi plan entraba en acción.

La cena fue normal y tranquila; luego todos tendríamos planes diferentes para esa noche, mi prima se iría a bailar con sus amigas, mis tíos subirían “a dormir” y con mi primo nos quedaríamos abajo jugando con el PlayStation. Antes de que mis tíos subieran, entré a su habitación, y oculté la videocámara. Pretendía grabarlos. Dejé la habitación de mis tíos, y en el medio del pasillo veo salir a mi prima de su cuarto. Vestía una minifalda de jeans, un top negro luciendo un hermoso escote y unos zapatos de taco. Infartante. Le dije que con esa vestimenta mataría a más de uno en el boliche. Ella se reía. Continúe diciéndole que era una pena que no las acompañase. Me contestó “la próxima será”, me besó en la mejilla y bajó la escalera. Entre el terror que me daba que mis tíos encontraran la cámara y la excitación que me provocaba ver a mi primita así, estaba a mil.

Mi tío llevó a mi prima a la casa de su amiga, como mi primo estaba preparando las cosas en el living (el videojuego y unos fernets), insistí con un último esfuerzo de excitar a mi tía. Volví a intentar el mismo juego, pero esta vez, sobando su montecito y dándole un beso en la boca. Fueron unos segundos, y volví al living. Pero sin antes decirle que me encantaría oírla gemir bien alto esa noche. Mi tía solo se mordía el labio.

A los 30 minutos regresó mi tío. Ellos subieron a su habitación y nosotros nos quedamos en el living matando la noche. Ya entradas un par de horas, entre el juego y el alcohol, empezamos a escuchar un par de gemidos provenientes de arriba. Le pedí hacer silencio a Dani, pero él no quería escucharlos. Dani tiene 18 años. Parecido a su padre pero con el cabello rubio, un joven alto y delgado con rasgos bien marcados. Luego de hacer un par de chistes sobre el asunto, le pregunté a Dani cuantas veces los había escuchado. Me dijo que nunca los había escuchado así. Le pregunté si alguna vez se había masturbado pensando en su madre. Me dijo que nunca, que nadie haría eso. Le insistí y me terminó admitiendo que una vez con su madre y otra con su hermana. Le comenté que su madre y su hermana estaban hechas unas mujeres infartantes y que seguramente serían unas bestias en la cama.

Continuamos riendo y pudimos escuchar como terminaban su acto allá arriba. Nos miramos con cara de asombro y dimos un pequeño aplauso felicitándolos en broma, pero no muy alto para que no nos oyeran. El tema, por esa noche, lo dejamos ahí. Pero mi plan ya había dado un nuevo paso. Ya eran las 4 am, decidí irme a dormir, había sido un día agitado. Yo fui directo a un colchón en el suelo en la habitación de Dani y él fue directo al baño. Supongo que estuvo entretenido por un rato, ya que se tardó bastante.

Al despertar, me levanto y me fijo donde estaban las personas de la casa, mi tío estaba preparando un asado, mi tía en la cocina, Dani dormía. Por lo que fui a la habitación de mis tíos, busqué la videograbadora que aun tenía batería. Rebobiné y quise ver lo que se había grabado. Eran imágenes estupendas para la ubicación donde la había dejado. Pero me distrajo la puerta entreabierta del cuarto de Jime. Ella dormía en su cama. Algo destapada y se podían ver sus hermosos y firmes pechos. No pude contenerme, entre el video y el paisaje que tenía al lado mío. Decidí pajearme delante de ella y dejar toda mi leche en su precioso rostro. No podía más conmigo mismo. Que morbosidad me generaba masturbarme frente a su carita inmutable. Descargué dos potentes ráfagas de semen, una sobre su mejilla y nariz y la otra en su frente y pelo.

Salí huyendo como una rata. No sabía como reaccionaria, y tenía el presentimiento de haberme mandado una gran cagada. Era ya pasado el medio día, y el asado ya estaba casi listo. Dani y yo estábamos en el living viendo una película, cuando Jime baja y saluda normalmente, como si nada hubiera pasado, yo en cambio estaba pasmado; temía a su reacción. Para mi suerte, el almuerzo estuvo tranquilo. La tarde estaba cayendo. Intenté continuar mi plan. Empecé a decirle a Dani que lo bien que la pasaron ayer sus padres, por como estaban de humor esa tarde. Al principio no pretendió darme comentario, pero al notar el tono gracioso de la charla entró en tema. Le pregunté que le haría si tuviera la chance de tener sexo con una mujer madura. Me confesó que él, aún, era virgen pero que si tenía la chance de tener sexo con alguien como su madre, que seguro intentaría tener sexo anal. Unos chistes más así y el tema se desvirtuó y terminó en cualquier cosa. Sabía que marchaba bien la cosa, solo era cuestión de esperar.

Mi tío estaba yéndose a ver a su equipo de futbol preferido y volvería alrededor de la media noche; mi prima se iba a la casa de una amiga. Así que mi plan fue tomando vuelo esa noche sin que lo hubiese pretendido. Conecté la videograbadora en la televisión del living y dejé preparado el video. Le dije a mi primo que me iba a bañar, y también si había visto la videograbadora, porque no la había podido encontrar desde ayer a la noche. Antes de subir al primer piso, le digo a mi tía lo bien que se la escuchó la noche anterior; y que eso sería una idea para entretenerme durante mi ducha.

Subí despreocupado y esperé a escondidas que mi primo pusiera el video. Así lo hizo. La grabación estaba en pausa, con mi tía succionando el miembro de mi tío. Dani quedó anonadado. Miraba sin pestañar prácticamente. Lentamente empezó a manosearse. Seguramente los había escuchado, pero visto nunca. Descaradamente empezaba a cascarse. Esperé a que llegara la mejor parte. Mi tío haciéndole la cola a mi tía. El sueño de Dani. Busqué donde estaba mi tía, y tratando de imitar la voz de Dani, la llamé. Cristina fue directa al living.

La imagen fue excelente. Dani masturbándose sin detenerse, sorprendido por su madre, que a su vez no podía creer que estuviera en el video del televisor. Cristina se dio media vuelta con la intención de irse, pero Dani la tomó de la cintura y le pedía que por favor no se vaya; que necesitaba estar con una mujer y que su madre era la que más necesitaba. No pude oírlos, pero mi tía estaba llorando mientras jalaba el pene de Dani. Todo tomaba vuelo. Había conseguido mi nuevo objetivo.

Cris llevó a su hijo al sillón. Dani le levantó el vestido y comenzó a lamer esa concha de penachos rubios. Ella realmente lo estaba disfrutando. Se giró y quedó con su rostro a centímetros del rojo cabezal. Se lo llevó a la boca. Podía a penas distinguirse el rostro de Dani. Estaba en su sueño. Mi visual era fantástica. Podía verlos a ambos disfrutarse el uno al otro. Mi tía se levantó y decidió que ya era hora de desvirgar a Dani. Se sentó de frente a él y lentamente lo llevó dentro de ella. Dani se entretuvo con los pechos de su madre, mientras que ella, empezaba su cabalgata, demostrando lo bien que disfrutaba el incesto con su hijo.

Yo decidí liberar a mi pene de su encierro y comenzar una paja increíble. Sin antes darme cuenta, una voz femenina me dice al oído: “¿Que estás haciendo primi?”

Jime estaba atrás mío y yo con mi verga erecta al desnudo. Jime se asomó para ver lo que estaba espiando y quedó asombrada por lo que estaba viendo. Me miró y me dijo: “¡Son Dani y mamá!”. Solo atiné a retirarla hacia atrás, le hice señas de que no hablara ni los molestara; ella entendió. Ambos nos quedamos mirando la escena. Dani ya estaba detrás de Cristina, en la posición de perrito. Los gemidos de mi tía se hacían cada vez más fuertes a medida de que la brutalidad de Dani aumentaba. No solo era inevitable que continuara masturbándome, sino que al mirar a Jime, ella también lo hacía. Decidí ayudarla, y ella actúo similarmente. Me le acerqué al oído y le dije: “Hoy te dejé un regalito. Ayer me dejaste tan calentito, que te lo merecías. Espero que te haya gustado”. Sin dejar de tocarnos, puso cara de asombrada y me dice: “¿Fuiste vos? Pensé que era papi, siempre me hace cosas así cuando no coge conmigo”.

Ahora el que estaba atónito era yo. Mi tío se cogía a su hija y hasta le lecheaba la cara mientras dormía. Y mi tía, apenas, se estaba cogiendo a mi primo por primera vez.  Jime me agarró de la cara con su otra mano, me dijo que el regalo había estado rico. Me besó y se agachó a comenzar un excelente pete, mientras ninguno de los dos quitaba los ojos de la otra escena. Que sensación increíble. Esa boquita hermosa que tiene recorriendo mi miembro desde la punta hasta casi entera. Con una mano manoseaba mis huevos y con la otra se tocaba ella. Ya no sabía que mirar.

De golpe, Jime me muerde para llamar mi atención, indicándome que vuelva a mirar a mi tía. Ella se estaba quejando de algo pero Dani la forzó un poco. El estaba por penetrar a su madre analmente. Ensalivó sus dedos y lubricó la zona. Mi tía realmente disfrutaba de eso. Cris se sentó encima de Dani nuevamente, pero de espaldas a él. Dani estaba cumpliendo todas sus fantasías.

Cris, entre gemido y gemido, miró directamente al pasillo y observó a su hijita dándole sexo oral a su sobrino. Directamente me miró con cara de reproche. Mi única seña fue mandarle un beso. Ella estaba comprendiendo, su hijo no estaba teniendo sexo con ella de casualidad. Acto seguido, se tornó una yegua. Sus movimientos de cadera sobre Dani eran impresionantes; nos estaba dando un show a Jime y a mí. Estaba a punto de correrme y Jime me dice: “Lo quiero todo, pero todo en mi boquita”. No tardé ni un segundo más; largué toda mi esencia en su boca. Jime me miró y se lo tragó todo, limpiándome los pequeños restos de semen de mi pija.

Dani ya no daba más. Tomó a su madre por la cintura y, aferrándose a ella, acabó dentro de su culo. La expresión de Cristina era increíble. Lujuria neta. Lentamente Dani retiró su pene flácido de la cola de su madre y enseguida comenzó a caer semen de ella. Sin que Dani nos viera, subimos la escalera y Jime me dice “esto lo provocaste vos. Pervertido. Da gusto tener un primito así.” y entró al baño cerrando la puerta con pasador. Fui al cuarto, miré el reloj; mi tío estaba a punto de llegar en cualquier momento.

No solo mi vida había cambiado, también la de mis tíos y mis primos. Estaba feliz.

Gracias por leer. Mis aventuras las continuaré en otro relato.

Muchas Gracias por compartir esto con Uds.

Autor: Gabriel

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