El Trio con Lucia y Jairo

El inicio de mi depravación.
Hola amigos les voy a comentar una experiencia de mi tiempo en el cole, tenía 18 años y fue para mi el mejor encuentro sexual que he tenido hasta ahora.
Durante la mayoría de años en el colegio siempre estuve acompañada de mi mejor amiga Lucía, tenía mi misma edad y éramos inseparables, nos contábamos todo, éramos muy íntimas. Ella había conseguido novio desde hace ya 3 años y estaba enamoradisima, el tipo no me caía bien sin embargo acepto que era muy guapo al igual que Lucía ella tenía un cuerpo de envidia y era muy popular en el colegio. A mi la verdad no me gustaba la idea de tener novio, me gustaba pasarla bien y ya. Cierto día de camino a casa íbamos juntas como siempre, entonces ella me comentó algo que lo cambiaría todo.
Lucia: sabes que Jairo (su novio) me está pidiendo hacer un trío!
Yo: jaja que dañado! Que le dijiste?
Lucía: me quedé fría pero me pica la curiosidad jaja
Yo: estas loca! Vas a permitir que el este con otra!
Lucía: no se, lo tengo que pensar.
Después de despedirnos y llegar a mi casa no pude evitar imaginar ese trío, escenas de eso me rondaban la cabeza y la verdad también me entró la curiosidad. Varios días pasaron con normalidad y no volvimos a topar ese tema hasta un viernes que ella llegó a mi casa para quedarse a dormir y aquella noche en mi habitación…..
Lucía: sabes que me sigue fregando con eso del trío! Me dice que eso quiere de regalo para su cumpleaños

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Teresa Despertando la puta que vive en su interior 2

Teresa Despertando la puta que vive en su interior 2

Lunes 8:00 a.m Teresa está sola en casa, hace 5min que Alfredo salió hacia la farmacia.

Extraño fin de semana (piensa Teresa) el sábado mi marido me pone una inyección para convertirme en su puta. Resultado tres orgasmos y el último en plan exhibicionista en la ventana, bueno mas bien guarra exhibicionista que es como me he sentido después, sin embargo no puedo decir que no me gustase. Tal vez por eso estoy dispuesta a no correrme hasta que no me lo permita AMO porque en el fondo me gusta. Fue duro aguantar el calentón de aquel supositorio si me hubiesen dejado habría tenido por lo menos tres otra vez y en cambio lo que he tenido que darme son tres duchas frías.

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Mi tia Sofia, parte 1

Milfs, Amor Filial Hetero. Era el cumpleaños de mi padre y justo esa semana habían ocurrido dos eventos familiares, con mis tías (sus hermanas) la menor Paula había sido madre de un varón y justo había vuelto a casa y la mayor Sofía había sido abandonada por su marido quien al dejó por su secretaria.

En ese momento yo tenía 8 años, Sofía 42 y Paula 30, mi padre era el hijo del medio cumplía 39 ese año, habían hecho en mi casa una fiesta de las tradicionales de cumpleaños, todos estaban emocionados con el nacimiento de mi primo menos yo que nunca le daba bolilla a los bebés y mi tía Sofía que estaba deprimida por su tema sentimental, eso hizo que esa noche Sofía se sentara al lado mío y estuviese hablando de todo conmigo, escuché todo su dolor por el abandono que había sufrido.

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Con mi otra compañera

Mi nombre es Simón y la historia que voy a contar sucedió una noche de junio cuando fui al cumpleaños del novio de mi amiga Carmen.

En esa fiesta estaban todos sus amigos incluso estaba mi compañera Beatriz muy amiga de su novia y mía, y para mi desgracia también estaba el novio de Beatriz “el Fiti”. Esa noche Beatriz iba vestida con un vestido de hilo que se le transparentaba su negro sujetador y resaltaba su piel bronceada. La novia de Jorge el cumpleañero, Carmen, también estaba. Ella llevaba una falda larga de hilo y un top que dejaba ver su ombligo. Es castaña, con el pelo ondulado, sus ojos son marrones y su boca es excesivamente grande en comparación con su rostro, mide 1,80 m pesa alrededor de 60 kilos, tiene unos pechos, no muy grandes, de una talla C y una piernas larguísimas las cuales le encanta enseñar siempre que el tiempo se lo permite y eso noche el tiempo se lo permitía.
Estuvimos hablando con la gente, muy maja toda. A eso de las 4 de la mañana nos escapamos “El fiti”, Beatriz, Carmen y yo a la chupitería, en verdad fuimos al baño todos menos “ El Fiti” al baño cuando salí me encontré a Fidel, El fiti, en la barra con dos cervezas, luego Beatriz y Carmen pidieron una copa y luego nos liamos a chupitos mientras que Fidel y Beatriz volvieron a la cerveza Carmen y yo nos metimos con el albariño, vino blanco, nos bebimos casi dos botellas, es suave al entrar pero una vez dentro de un gran pelotazo en la chorla. Beatriz y Fidel empezaron a discutir porque Fidel había quedado con su colegas y Beatriz se quería quedar con su amigos, la cosa acabó en pelea y como no Beatriz cediendo. Carmen y yo nos quedamos en la mesa de la chupitería solos con una segunda botella de Fragata medio vacía.Nos servimos otra copa de fragata, y brindamos por nosotros. Empezamos a hablar y el tema se desvió al sexual. Empezamos a contarnos anécdotas, algunas graciosas y otras excitantes. Las miradas se iban cruzando, y yo, con las ansias de sexo, y el alcohol que había tomado y ella va y me dice

– Sabes… alguna veces me masturbo pensando en el polvo que echamos en mi casa.
– ¿qué?
– Si el polvo que echamos en mi casa delante de Jorge y Beatriz, ¿ te acuerdas?
– ja ja ja ja ja, si.
– Pues muchas noches me masturbo pensando en ese polvo.y quiero que lo repitamos.
– Carmen estás borracha, y no piensas lo que dices.
– Sabes los borrachos y los niños dicen la verdad, o es que no quieres volver a chupar esos pechos.- dijo tocándose los pechos, me acerqué mirando sus pechos e intenté besarle los labios. Ella me paró.
– Simon, ¿ qué haces? aquí puede vernos Jorge o cualquiera de sus amigos.
– Es verdad.- sígueme.
la abracé y salimos del local dirigiéndonos al grupo donde estaba su novio y sus colegas-
– Jorge, Carmen está muy perjudicada para conducir, me la voy a llevar a casa.
– No espera Simón, que la llevo yo.
– No Jorge, tú disfruta de tu cumple con tus colegas.
Convencido el novio Carmen y yo nos fuimos a su coche.
– ¿Dónde quieres que vayamos?
– a casa.

Conduje el coche de Carmen por la ciudad hasta llegar a su casa, ella abrió el garaje y me dijo “ metemelo hasta el fondo… el coche” nos reímos. aparcado el coche y apagado el motor nos quedamos quietos hasta que la puerta del garaje se cerró entera. Saltamos el uno contra el otro besandonos y tocandonos, su short salió por encima de su cabeza, mi camisa se abrió en un abrir y cerrar de ojos. Su falda en nada de tiempo desapareció, yo le besaba en los labios y en el cuello, ella me besaba en los labios y en la barbilla, lamía mi pecho y mis pezones. Abrió mi bragueta y sacó mi polla medio morcillona.

– Vamos a adentro. me dijo

Salimos del coche y entramos en su casa, nada más llegar al salón la volteé y le quité su sujetador, comencé a besar y a succionar sus preciosos pezones, y ella comenzó a gemir y a clavarme las uñas. Su cuerpo se movía cadenciosamente. Al poco le dije al oído: “quiero que me la chupes”, y ella aceptó sin inmutarse. Me desabrochó los pantalones bruscamente, y me los bajó hasta las rodillas junto con los calzoncillos, cogió mi verga y se la fue metiendo en la boca poco a poco, haciéndome sentir un enorme placer. Ella me miraba, y al ver la cara de placer que tenía, se excitaba mas, moviendo su cabeza más rápidamente. Cuando creí que ya no aguantaba más, ella paró, como si lo adivinase que iba a correrme en su boca “aún no, quiero que te corras dentro de mí”,me dijo lo cual me excitó muchísimo, así que me decidí a bajarle las bragas y dejarla completamente desnuda, la subí encima de la mesa, le abrí las piernas, y le comencé a chupar su lindo y peludo coño, haciéndola gemir de placer. Sus jugos me ponían enfermo, y mi polla estaba dura como una estaca. Ella me pedía a gritos que la follara, así que accedí encantado. Introduje mi verga suavemente en su coño, y ella gimió otra vez, mientras me decía: “hazme tuya, clávamela hasta el fondo, quiero sentirte muy dentro de mi”. Estas palabras me ponían cada vez peor; ella movía sus caderas cada vez más rápido, teniendo un gran orgasmo. me miró la cara de defraudado y dándose la vuelta me dijo “ dame por atrás”. Me coloqué detrás de ella, y comencé a penetrarla suavemente. Poco a poco fui incrementando la velocidad, hasta que ella llegó a otro orgasmo más brutal que el de antes. Su cuerpo se retorció y ella me sonrió de manera pícara, y me dijo: “ahora te toca a ti”. Se incorporó y cogió mi polla entre sus manos, y comenzó a chupársela con energía, y mientras tanto me acariciaba los genitales con suavidad, hasta que no pude aguantar más y me corrí dentro de su boca. Nos recostamos el uno junto al otro en el sofá y nos fumamos un cigarrillo, y ella me comentó que con su novio Jorge la tenía un poco larga que yo pero yo la tenía más gruesa, lo que hacía que disfrutara tanto como conmigo. Después nos vestimos y la dejé en su casa y me fui a la mía.

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La caída moral VI

El orín de Jorge caía ya en mis tetas, en mi pelo y yo como una yegua barata y sucia abría la boca para poder tragar su líquido dorado Cogimos en todas las maneras posibles y por todos los huecos que mi cuerpo tenía, A la 1.25 de la mañana llegué a casa, cansada, con olor a semen, a orín, a flujo.

Pasaron dos días en los que no quise ir a trabajar. Si es que se le podía llamar trabajar a estar pendiente de la pija de Jorge.

En casa las cosas eran literalmente un desastre. Los momentos en que estaba en casa parecía un zombie, no contestaba a mi marido, no contestaba a mis hijos, no me interesaba por la comida, por la ropa, por las compras, por nada.

Vivía desesperada ansiando el momento en que mi jefe me deseara nuevamente. Llegué al extremo, al tercer día de esta situación de ir a trabajar sin bragas, con la remota esperanza de que Jorge lo notara y me llamara a su despacho. Y así fue.

-Ana, ¿podes venir? -Si, como no.

Las piernas me temblaban al caminar y la vagina comenzaba a humedecerse. Entré a su despacho y sin mediar palabra él se puso de pie y avanzó a mi encuentro, me abrazó y besó tiernamente.

-Quiero que esta noche cenemos juntos.

Mi corazón casi se rompe…era el cumpleaños de mi hijo menor y teníamos a toda la familia de visita en casa esa noche.

-Jorge, esta noche no….no puedo, quizás mañana…

Comencé a llorar.-No, es hoy cuando tengo ganas, ¿porque no podes Ana?-Es que es el cumpleaños de mi hijo Jorge y…-Ah, bueno. Si cambias de opinión hacémelo saber por favor.

Y dio media vuelta y se sentó nuevamente en su escritorio

Di media vuelta y salí de su despacho con lágrimas en los ojos y en el alma. Mi familia, mi hijo, mi otro hijo, su cumpleaños, la torta preparada en la heladera de casa, los tíos, primos, abuelos, cuñados y cuñadas.

Mi deber de madre y de esposa, luchaban una batalla desigual con mi progresivo degeneramiento. Mi caída moral era increíble.  Mis lágrimas eran un río ya cuando tomé el intercomunicador y marqué el interno de mi macho.

-Si? -Soy yo Jorge….pensé que si vamos temprano a cenar puedo estar en mi casa relativamente temprano y argumentar trabajo extra inesperado… -No te prometo nada, respondió.  A las 21 salimos de acá a cenar Ana. ¡Y me cortó!

A las 21 estaban citados todos en casa.

Llamé a Germán a su trabajo. Mi voz temblaba cuando le dije: -Germán llegaré un poquito más tarde hoy, ¿podes hacerte cargo de todo?  -¡Ana! Es el cumpleaños de nuestro hijo, ¡tenemos a toda la familia en casa! ¿No podés, aunque sea hoy, venir a la hora en que solías hacerlo siempre?

Ese “aunque sea hoy” sonó como una bofetada para mi. -Haré todo lo posible, le dije.

A la hora indicada por Jorge comencé a impacientarme, hasta que a las 21.15 hs salió de su despacho. Estaba hermoso, radiante, dominante, como siempre. Ni siquiera me miró al pasar a mi lado y yo como una perra sucia me apresuré a correr tras sus pasos. En el auto no me dirigió la palabra y manejó hasta uno de los hoteles más hermosos de la zona de Recoleta.

La mesa estaba reservada a su nombre y fue exquisita, regada con abundante vino blanco helado como correspondía.  Charlamos de cosas triviales y reímos distendidos. Parecíamos una pareja de esposos o de novios como tantos hasta que…el reloj de pared del restaurant, con sus campanadas  anunció las 22,30 hs Hace una hora y media que me esperan en casa, pensé desesperada.

El, seguramente advirtió el cambio en mi semblante porque rápidamente llamó al mozo y pagó la cuenta. Se puso de pie, me tomó del brazo y me guió hasta la escalera que llevaba a las habitaciones. Lo miré interrogándolo con la mirada y él suavemente me susurró: -Lo estás deseando Ana. En ese instante tomé la decisión que cambió mi vida. Ese fue el instante, ahora lo sé, en que perdí a mi familia.

Mientras él se duchaba en la lujosa suite que había rentado, tres mensajes de texto entraron a mi celular. Dos de Germán y uno de mi hijo: “mamá, ¿ te falta mucho? quiero apagar las velitas. Y apareció Jorge de la ducha, mojado y con la verga apuntándome. Las sienes me estallaron y me dediqué a apagar la vela yo. Su vela. Su inmensa vela.

Una vela venosa, roja que se balanceaba a medida que él avanzaba.

En un instante me desvistió entera y yo me abalancé a chuparle la pija como desesperada mientras él con sus manos me acariciaba las tetas. Yo estaba desesperada por orinar y le pedí ir al baño a lo que respondió -Vamos los dos…Nos metimos en la bañera y se acostó en ella cuan largo era con mis piernas a sus costados.

-Dale, oriná o te va a hacer daño, me dijo.

Insólitamente advertí que yo seguía con el celular en la mano y mientras comenzaba a bañarlo de mi orín tibio y humeante, este comenzó a sonar.

-Atende, me dijo con su sonrisa característica que tanto me podía.  -¿Hola? dije.-Ana,  ¿Qué diablos haces? Acá están todos muy desesperados ya por tu ausencia. Era mi marido. -Amor…ya en un rato estoy ahí, balbuceé mientras con mi cadera hacía movimientos para regar la mayor cantidad posible  del cuerpo de mi macho. -¡Ana! ¡No podes hacernos esto justo hoy! Claro que podía. Y lo estaba haciendo.

Estaba traicionando a mi familia en un día tan sagrado como era el cumpleaños de uno de mis hijos.

-¡Ana! ¿Me escuchas? Todo esto mientras Jorge se incorporaba y suavemente me acostaba en la bañera y era él quien ponía sus pies a los costados de mi cuerpo. -Si…si, acá estoy Germán. El orín de Jorge caía ya en mis tetas, en mi pelo y yo como una yegua barata y sucia abría la boca para poder tragar su líquido dorado

Cogimos en todas las maneras posibles y por todos los huecos que mi cuerpo tenía, A la 1.25 de la mañana llegué a casa, cansada, con olor a semen, a orín, a flujo. Suavemente y como pude hice girar la llave y vi en el sillón del living a mi hijo. Restos de comida en la mesa y la torta de cumpleaños…intacta, sin cortar. De la oscuridad, una voz me sobresalto: -No quiso cortarla hasta que su madre no estuviera.  Comencé a llorar. La madre había preferido que su jefe le abriera el culo como un túnel, tragar orín, semen y pajearse para él, mientras este, con una sonrisa comía una porción de torta con champagne que había pedido a conserjería.

-¿Que vas a hacer de nuestras vidas Ana? Sé de donde venís, me dijo Germán.

Ni siquiera atiné a responder nada. Mi mente recreaba una vez más, mientras lloraba, la hermosa sensación de ser regada en orín por Jorge.

Y mi vagina se mojaba nuevamente…

Autora: Ana.

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Continuara…

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Infidelidades de una cuarentona II

Fue soberano, me metió la lengua hasta el útero, esa lengua que no paraba. De nuevo me corrí. Me bajó, sentados en la arena, abrió sus piernas, me atrajo hacia él y otra vez de nuevo al galope, yo eché el tronco hacia detrás, amasó mis tetas y estrujó mis pezones hasta hacerme gritar, me besaba con esa boca llena de mis flujos vaginales e hizo que me corriera de nuevo.

Los regalos de cumpleaños de mi negro.

En una anterior narración os conté la primera experiencia sexual completa a los 40 años. También os expliqué que me veo con mi negro, sin pagarle, una vez a la semana y que follamos sin parar toda la tarde. Es la dieta que mejor me va para perder peso.

Cuando faltaban 4 días para mi cumpleaños, mi negro me preguntó qué tipo de regalo quería, material o de placer. Le dije que de placer: una experiencia sexual que no había tenido nunca, ser el jamón de un bocadillo (él y otro negro con una polla, si cabe más grande que la suya) y que me comiera el coño una joven negra, con unas tetas tan inmensas como las mías. No se sorprendió. Sólo me puso una condición: que no le pidiera tocar al otro tío. En su profesión de puto sólo se dedicaba a las mujeres.

El día de mi cumpleaños era sábado, por suerte mi marido estaba todo el fin de semana asistiendo a un Congreso en Alemania (creo que él se lo empezó a montar con otra colega, ese mismo fin de semana). Le dije que le esperaba en mi casa a las 2 para comer. Vino solo. Me trajo un ramo de flores y un conjunto de lencería precioso, muy sexy, con dos orificios para dejar los pezones al aire y un tanga con una raja para dejar a la vista el chochito. Yo quedé decepcionada, esperaba otro regalo: que viniera en compañía. El notó mi expresión y me dijo que lo mejor vendría por la noche.

Comimos, bebimos, follamos y dormimos. A eso de las 5, bajamos a la playa, aunque era invierno, la temperatura ambiental era buena, la del agua no tanto. Era la primera vez que nos bañábamos en el mar juntos. Había una luz rojiza, de atardecer, su cuerpo se parecía al de un Dios, fuerte, musculoso, un culito bien formado, respingón y esa piel negra que tanto me gusta y que tan bien sabe, brillante con los últimos rayos del sol. Tiene el pelo corto y no muy rizado, sus ojos son grandes y muy brillantes, la nariz chata, la boca…, la boca es un placer: labios grandes y generosos que se saben de memoria todas las partes de mi cuerpo, unos dientes blancos y bien formados que me muerden y me hacen temblar y una lengua grande y rosada para volverme loca: palpa, pellizquea, embiste y lame todas las partes de mi cuerpo que se le ponen por delante. Y lo mejor, tiene una polla superdotada, larga y gorda, con un glande enorme de color grana y una piel suave, donde se le marcan las venas, que se incrustan en las paredes de mi vagina y me hacen sentir dolor y placer hasta perder el sentido.

Después de admirar ese cuerpo yo entré en el agua ya mojada, me chorreaba el coño y ya echaba de menos su verga. Hacía una hora que no la tenía dentro. Él vio mi expresión y dijo que se me había puesto cara de viciosa y de putona y que iba a tener otra experiencia: follar en el mar, al compás del oleaje. Su verga empezaba a mirar el cielo y se ponía gorda, al contacto con la primera ola, ya estaba del todo empinada, dispuesta a ser engullida. El agua me cubría hasta el cuello, a él hasta las axilas. Me cogió en brazos, cara a cara, puso mi coño a la altura de su polla y me la insertó de un golpe seco, como estaba muy excitada y mojada apenas sentí dolor, además a fuerza de haber follado con él tantas veces, mi vagina ya estaba, prácticamente hecha a su medida, aunque siempre me sorprende que toda esa dimensión quepa en un cuerpo pequeño como el mío. No había nadie en la playa, por eso no me sentía reprimida, podía gemir y gritar a gusto.

Fue maravilloso, nos pusimos de espalda a las olas, él sólo sostenía mis piernas en sus caderas y mordía mis tetas y pezones, yo bajaba y subía y sentía que sus huevos me golpeaban el culo. En esas subidas y bajadas, perdí el contacto con su verga en varias ocasiones, pero después volvía a encontrarla entre el agua y me la clavaba más adentro. Apretaba mis piernas a sus caderas para no caerme y me apoyaba en sus hombros, él me tenía cogida por la cintura y me ayudaba a galoparlo con más presión en mis bajadas, hasta hacerme sentir que sus huevos iban a entrar en mi vagina. Con el movimiento de una ola un poco fuerte y un empellón enorme que me dio, me corrí. Fuimos hasta la parte menos profunda de la playa y bajé hasta tocar suelo, me dio un morreo fenomenal, cogió aire y se metió debajo del agua a buscar mi vulva. Metió su cabeza entre mis piernas y me abarcó todo el coño con su boca, hacía fuerza y me levantaba hacia arriba, yo sentía que perdía el contacto con el suelo, me cogió de las caderas y me levantó hasta quedar él, de rodillas con la cabeza fuera del agua y echada hacia detrás y yo sentada en toda su cara, con el coño en su boca.

Fue soberano, me metió la lengua hasta el útero. Yo me apoyaba en sus hombros por miedo a perder el equilibrio y además me servía para cabalgarle los labios, el paladar, los dientes, y esa lengua que no paraba, dura y guerrera… De nuevo me corrí. Me bajó de su cara a tierra firme, uno enfrente del otro, sentados en la arena, abrió sus piernas e hizo lo mismo con las mías, me atrajo hacia él y otra vez de nuevo al galope, yo eché el tronco hacia detrás y él amasó mis tetas (no os lo he contado pero con tanto masaje he ganado una talla de sujetador, ahora es la 120, y además las tengo más firmes y turgentes que nunca, os lo recomiendo) y estrujó mis pezones hasta hacerme gritar, me besaba con esa boca llena de mis flujos vaginales e hizo que me corriera de nuevo.

Eran las 6 de la tarde, ya oscurecía, mi negro llevaba una hora empalmado, me había dado tres orgasmos y tenía que agradecerle todo eso. Le hice un masaje por todo el cuerpo con los pezones mojados (tamaño chupete) y bien erguidos y mi coño lleno de jugos. Abrí bien su culito y le metí un pezón por el ano, a la vez le toqué los huevos como si fueran bolas chinas y le pellizqué el glande con los dientes hasta que la verga estuvo a punto de reventar. Acabé haciéndole una cubana, mis enormes tetas eran proporcionales a su gran verga. Me gustaba coger con la boca la cabeza de su polla, allí en medio del enorme surco que dejan mis tetas, apretarla y moverla arriba y abajo hasta que él ya no puede más. Según mi negro ni la puta más puta, lo hace mejor. Se corrió, me llegó hasta la garganta y me tragué todo su semen (debe ser un buen remedio para la hipertensión, pues ya no la padezco), y lamí su polla hasta dejársela en estado de revista. Me besó, como siempre, con pasión y deseoso de volver a empezar otra vez. Nos metimos de nuevo en el agua para limpiarnos de tanto jugo corporal, después nos vestimos y fuimos al cine y a comprar algo para la cena.

Cuando volvíamos a casa, estaba esperándonos “el 1er regalo de placer”. Era un mulato soberbio. 1,80 de altura, espaldas anchas, culito estrecho, buen paquete, pelo muy corto, labios sensuales y unos ojos verdes muy expresivos. Mi negro me lo presentó, el nuevo iba lanzado me saludo con un soberano morreo y unas caricias nada inocentes en el culo, yo le respondí exactamente igual. Cenamos y nos servimos unas copas de cava. En cuestión de media hora nos habíamos cepillamos una botella y empezamos la segunda. Tomamos unos pasteles de trufa y licor. Sobraron algunos. El “1er regalo” jugueteaba, manchándome la nariz y el escote con la trufa y después se acercaba y lo lamía. El ambiente se estaba caldeando. Mi negro nos miraba inexpresivo.

Yo necesitaba desinhibirme, me tragué otra copa de cava. Estaba un tanto violenta delante de la situación que yo misma había provocado. Mi negro me sugirió que me pusiera el conjunto de lencería sexi que me había regalado. Subí a la habitación y me duché. Después me puse el sujetador y el tanga. Me miré al espejo, me sobraban todavía unos cuantos kilos, pero con ese conjunto que dejaba ver mis pezones-chupete y mi chochito depilado y gordito, podía poner cachondo al más frígido. Yo ya estaba caliente y húmeda. Abrí la puerta del baño y de poco me mareo, dos vergas gigantes estaban mirándome. Se acercaron y me empujaron suavemente hacia la ducha. En la ducha tengo colocadas unas espalderas para hacer gimnasia, mi negro me las hizo subir y me colocó colgada de la última barra, sentí un poco de vértigo y de dolor en los brazos, pero mis pezones denotaban mi excitación y mi vagina se dilataba y sudaba. Me roció la boca, las tetas, el vientre y el coño con el cava y los pasteles de trufa que había sobrado. Me dijo que le apetecía tomarlos así.

Mi negro se puso de pie debajo de mí y colocó su boca, por el orificio del tanga, sorbiéndome y comiéndome el chocho, sabía a cava, a trufa y a flujo, su polla cada vez estaba más grande. Me dijo que me soltara y dejara caer todo mi peso en su boca, como en la playa, empezó a follarme con la lengua. El “1er regalo” subió por las espalderas y me lamió las tetas, mordió los pezones y empezó a sobármelas y mi negro seguía comiéndome el coño y follándome con la lengua. Me corrí. Le puse la cara perdida de flujo. Cambiaron la postura. Ahora, mi negro arriba y el “1er regalo” abajo. Mi negro me acercó su cara para que lamiera todos los restos, me dio un morreo que parecía una follada bucal. Era un amante excepcional. Sabía lo que me ponía cachonda en todo momento. El “1er regalo” no estaba mal, pero no era lo mismo. Mi negro me dijo al oído que me quería toda para él, pero que por esa noche aceptaría mi deseo de compartirlo. A pesar de la excitación del momento y de la postura rara que teníamos, me dio tiempo a comprender que estaba un tanto celoso.

Mi negro me bajó al suelo, me abrió las piernas, el “1er regalo” se metió debajo y empezó a morderme el clítoris. Mi negro se puso de pie y empezó a embestirme la boca con su enorme polla, me llegaba hasta la laringe, me ahogaba, no me dejaba disfrutar del trabajo que me hacía el “1er regalo”. Mi negro me empujaba cada vez más fuerte la cabeza en dirección a su polla y no paraba de gemir de placer y me decía: querías sentirte como una putona, pues ya lo has conseguido, las putas no eligen, sólo tragan. Me cabreó pero a la vez me puso más cachonda y con más ganas de ponerlo celoso. Me zafé de sus manos y de su polla, retiré de mi coño al “1er regalo”, lo estiré en el suelo y empecé a tocar su magnífica verga, le restregué otro pastel de trufa y licol y empecé a comérsela como una auténtica profesional, le hice una cubana igual que las que le hacía a mi negro. El “1er regalo” se corrió dentro de mi boca, dejé que su verga se pusiera blandita y sin sacarla empecé a ponérsela a tono, mordiendo sus huevos, su glande, lamiendo sus surcos y tragándomela toda. Seguía con la mamada y mi negro no se perdía detalle, me cogió de las caderas, separó la tira del tanga y me metió dos dedos y después me enculó de una sola embestida.

Me hizo daño, y él lo sabía, empujaba fuerte el cabrón, iba a partirme en dos, era de las veces que empleaba más fuerza, empujaba y dejaba caer todo su peso sobre su verga, yo aprovechaba sus embestidas para darle el mismo ritmo a la mamada que le estaba haciendo al “1er regalo”, éste se corrió sin remisión a la tercera embestida. Mi negro seguía maltratándome y me destrozaba de dolor y de placer, gritaba como una posesa, él salía de mi culo y se metía en mi vagina, y así un buen rato y a mi me volvía loca, le lleve las manos a las tetas, tiró del sujetador y me las estrujó con fuerza, yo daba alaridos, me iba a romper, pellizcó con fuerza los pezones, a la vez que yo sentía sus huevos golpear contra mi culo y así siguió unos instantes hasta que me corrí por segunda vez. Después mi negro se estiró en el suelo con ese miembro mirando al techo, me senté encima, quería más, se la dirigí hacia mi agujero chorreante, aprete y me la tragué de una vez. Él estaba pasivo, yo me movía arriba y abajo y el “1er regalo”, ya recuperado, se colocó de pie, con la verga señalando mi boca, de espaldas a mi negro, y me empujó la cabeza hacia él, para que me la comiera. Que gusto me daba, dos pollones perforándome a la vez, una por abajo y otra por arriba. Nos corrimos los tres a la vez. Era la 1 de la mañana. Nos duchamos. Estabamos exhaustos. Llevábamos 2 horas follando sin parar. Mi negro prácticamente ni me miraba. Fuimos a la cama los tres juntos. Yo me coloqué en medio de los dos. Dormimos bastante rato.

Me desperté a las 5 de la mañana, me parecía un sueño estar rodeada por dos tíos imponentes y con unas dotes sexuales nada desechables. No me reprimí, era mi cumpleaños y quería disfrutarlo a tope. Cogí una polla en cada mano y empecé a agitarlas. Ellos estaban durmiendo boca arriba, me puse en medio de los dos, con la boca a la altura de sus miembros. Se despertaron y me miraron sorprendidos, les dije que se pusieran más juntos, seguía agitando sus vergas y alternándolas, ahora chupaba una, ahora la otra. La de mi negro no respondía bien. Se notaba que estaba mosca. A fuerza de dedicación respondió. Mi negro me dijo que saliera de la cama y se puso de pie junto a mi. Me levantó, pasé las piernas por encima de sus caderas y me la insertó. Él “1er regalo” se colocó detrás, me lamió el agujero, se ensalivó la verga y me la metió. La postura era incómoda, no quedaba a la medida. Intenté tocar el suelo pero no pude.

Estaba colgada de enormes vergas, que me tenían clavada por delante y por detrás, con un vaivén que me mareaba y dolor intenso. Era una sensación extraña, parecía una muñeca, las embestidas de mi negro se juntaban dentro de mí, con las del “1er regalo”, tenía la sensación de que las puntas de sus cipotes se tocarían dentro y me perforarían. Mi negro se acercó a la oreja y me dijo que ya se había cumplido mi fantasía sexual: ser el jamón de un bocadillo. Le mordí la punta de la lengua. Me estaban dando mucho placer, me sentí la puta más grande del mundo y la más afortunada. Me gustaba. Me corrí, no sé cuantas veces. El “1er regalo” se corrió el primero, sentí un chorro caliente que salía con fuerza y me recorría todo el ano. Sacó su verga y siguió salpicando semen por toda mi espalda. Se puso a lamerla como si tuviera hambre. Mi negro, se estaba poniendo enfermo, me demostró una vez más la potencia sexual que tenía.

Sacó su polla de la vagina, me cogió por el culo y me arrinconó contra las espalderas del baño, me cogí a una de las barras altas, puse las piernas encima de sus hombros y el metió su boca en mi coño, me lo maltrató, lo tenía escocido de tantas embestidas, me mordió, tiró con los dientes de mi clítoris, yo daba alaridos de dolor o de placer, todo junto. Me follaba con la lengua sin parar. Parecía una maquina de placer. Me corrí de nuevo. Salió de mi vagina con toda la cara empapada, se la lamí y le hice un morreo como nos gustaba a los dos, hasta la laringe. Seguía agarrada a la barra, me puso las piernas en sus caderas y tiró de mí hacia fuera, cambié las manos a una barra más baja, quedé como si estuviera estirada en una cama, pero estaba en el aire, con dos únicos apoyos: su elemento y una barra en la pared.

Me la insertó con violencia para castigarme por haber querido compartir el placer con otro tío. Sus embestidas me hacían perder el mundo de vista, alargaba sus manos hasta mis tetas para maltratarlas, tiraba de los pezones, me parecía que se salían. Con sus embestidas mis brazos cedían con riesgo a golpearme la cabeza en las barras de la espaldera, pero él no parecía darse cuenta, estaba siendo una máquina de follar y de dar placer. Al poco rato empezó a correrse, salió rápido de mi vagina, me puso de pie en el suelo y me disparó todo el semen en la cara y las tetas. Me lamió la cara y me morreó de nuevo, mordió mis pezones hasta hacerlos casi sangrar y yo volví a correrme. Empecé a llorar. Se dio cuenta, se disculpó y me besó en los párpados. Sabíamos que esta experiencia nos cambiaría la vida. Y así ha sido. Cuando acabamos, el “1er regalo” se estaba vistiendo, se despidió con un beso en la mejilla y se fue.

Nos duchamos con agua muy caliente. Tenía todos los orificios de mi cuerpo escocidos y doloridos. Mi negro me puso crema de caléndula en los pezones, en el chochito y en el ano. Me besó en el cuello y nos fuimos a la cama cogidos de la mano.

A las 12 de la mañana sonó el timbre. Era “el 2º regalo”. Una negra con unas tetas enormes, tal como yo la había pedido. Tenía labios enormes e iba muy maquillada. Daba el aspecto de putón. No me gustó. No sé por qué. Se veía muy sexi y cachonda y seguro que esa boca sabía dar placer. Empezaron mis celos, porque seguro que mi negro se la iba a tirar delante de mí.

Le dije que subiera a la habitación. Fui a la cocina a preparar café. Cuando subí me quedé perpleja, la tía estaba en pelotas y mamándole la polla a mi negro. Me senté en el sillón, me tomé el café y esperé a que mi negro me mirara. No lo hizo. Se dejaba hacer por aquella zorra. Se corrió enseguida, cosa que nunca le había sucedido conmigo. “El 2º regalo” se percató de mi presencia, vino al sillón, me retiró la taza de café, me quitó el batín, y se sentó encima. Con una mano empezó a acariciarme las tetas y a tirar de los pezones y con la otra me metió dos dedos en mi chochito. Me gustó, me sabe mal reconocerlo, pero me gustó y era una tía.

Supe que era bisexual. Bajó su cabeza a la altura de mi coño y empezó a comérmelo, me corrí. La llevé hasta la cama, nos estiramos y empezamos a acariciarnos, me estiré encima de ella, fue curioso ver como se juntaban nuestras enormes tetas, las movíamos con fuerza y cuando chocaban y se juntaban nuestros sexos depilados me daba un gran placer. Ella ya se había corrido y seguía metiéndome los dedos por la vagina empujando como si quisiera meter todo su puño, me puso muy cachonda. Me tenía rodeada, con una mano me trabajaba el clítoris y con la otra me follaba el culo.

Mi negro se estaba empalmando. Probé su chocho, hacía buen olor y estaba bueno. Se lo recorrí entero con la lengua, se la metí bien adentro y la tía se revolvía buscándome las tetas con la boca. Me gustaba la postura que teníamos, yo con los dedos dentro de su coño y ella comiéndome los pezones. Nos corrimos de nuevo. No la deje descansar, seguí con su coño y con la otra mano cogí la verga de mi negro y se la maltraté con fuerza. Se puso a tono y mientras yo mamaba el chocho de “el 2º regalo”, me la metió por detrás. Fue estupendo, sólo me tocaba a mí. “El 2º regalo” se corrió de nuevo y vino a buscar mi coño. Casi se juntaban su lengua y los huevos de mi negro. Me corrí al momento.

Estaba cansada. Mi negro la sacó de mí, se puso un preservativo, cogió “el 2º regalo” y la enculo con fuerza mientras yo miraba. Le retorcía los pechos, la besaba en el cuelo y se la follaba por el culo. Se la sacaba del culo y se la metía por el chocho. Y así hasta que eyaculó. Yo había contado el tiempo, 5 minutos. Me sentía celosa y cabreada, aunque conmigo aguantaba hasta una hora. Hice una reflexión: hasta ese momento no había recapacitado sobre su trabajo: hacer felices a mujeres que como yo lo había buscado para darse placer.

Nos duchamos por separado y “el 2º regalo” se fue. Eran las 2 de la tarde.

Nos estiramos en la cama, nos besamos y me dijo al oído con voz muy caliente: quiero que te separes de tu marido, yo cambiaré de trabajo y viviremos en pareja. Y de cuando en cuando, sin que te acostumbres, te haré regalos como los de ayer y hoy. Te quiero. Hicimos el amor durante toda la tarde. Nunca lo habíamos hecho. Siempre habíamos follado. Nos hicimos el amor durante horas.

Me separé de mi marido amigablemente. Mi negro se dedica a dar clases de inglés en una academia. Yo sigo trabajando con mi ex. Seguimos siendo buenos amigos. Él también ha probado el placer con otras y está disfrutando. Todos somos más felices que antes. Yo he adelgazado los kilos que me sobraban y cada día me veo mejor. Con mi negro, 8 años más joven que yo, vamos a adoptar un niño de Guinea, su país de origen. A mi negro ahora le llamo MI AMOR.

Os seguiré explicando los regalos de mi negro.

Autora: Cuarentona

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28 de junio

Le dije que me chupara el pene, lo hacía de maravilla, había momentos en que introducía totalmente mi pene en su boca, sus labios rozaban mi vello púbico, diría que parte del pene le tocaba  el esófago. Me estiré en la cama, ella se puso encima, al ponerse encima me cayó una gota de jugo vaginal en mi ombligo, estaba extremadamente excitada.

Hoy es el día de mi cumpleaños, todo está preparado para que vengan los invitados, estoy algo nervioso porque viene una invitada que no conozco, es la hermana de un compañero de trabajo, la chica vive con su hermano y tiene algo de fobia a la soledad y no quería quedarse sola en su casa, por lo tanto, vendrá con su hermano a la fiesta, y claro, no puedo decirle que no. ¡Ring! ¡Ring! ¡Ring! Me llaman al móvil.

– ¡Dime Carlos! – Carlos: Hola Cristian, llegaremos un poco más tarde, porque hay mucho tráfico, ¿de acuerdo?- Vale, he quedado con todos los invitados dentro de 2 horas. -Carlos: Haremos todo lo posible para llegar cuanto antes.-Venga, no tardéis mucho, que la fiesta empieza a las 6.-Carlos: Venga, hasta ahora.

Hoy he tenido un día muy estresante en el trabajo, he vendido más coches que nunca, pero estoy contento, estoy ganando mucho dinero ahora. Me dormiré un rato, la fiesta empieza dentro de 2 horas. ¡Ring! ¡Ring! Ya están aquí, voy abrir la puerta, acabo de escuchar la voz de Carlos, a ver qué tal está su hermana, nunca la he visto, estoy dispuesto a enrollarme con ella, si vale la pena, claro.

-¡Holaaaaa! ¡Qué tal! -¡Hola tío, que pasa! -¡Pasar, pasar!

No me lo puedo creer, pero que pedazo de hermana tiene Carlos, morena, pelo largo, ojos de color miel, y 175 cm aproximadamente, cuerpazo impresionante, no me la puedo dejar escapar, esta chica tiene que caer en mi cama hoy mismo.

– Mira Cristian esta es mi hermana Mónica. -Encantado guapa, ¡Mua! ¡Mua!, ir para el comedor y poneros cómodos.

He tenido que ir al lavabo a masturbarme no podía aguantar más, esta mujer me tendrá en tensión durante toda la fiesta, está claro que, esta noche será mía, aparentemente la he visto muy tímida, es una chica que está muy buena y a la vez introvertida, una combinación perfecta de morbo, siempre me han gustado las chicas así.

-Voy un momento al coche, me he dejado una cosa.-Vale Carlos, puedes ir, tranquilo que no me voy a ir. Mónica deja escapar una sonrisa.

Vaya, la chica esta me acaba de reír la gracia, me parece que le he caído simpático, es un punto a favor, la cosa va viento en popa. Que pensamientos más raros estoy teniendo, ahora que ha ido Carlos al coche estoy por decirle algo a Mónica, pero no puedo dejarme guiar por estos malos pensamientos, además, no quiero dejar mal a Carlos, no puedo hacerle esto, podría perder su amistad.

-¿Cuántos años cumples Cristian? -Mmm, 27. -¡ Ah! Como pasan los años, yo tengo 31 y parece que fue ayer cuando tenía 18, cuando eres adolescente estás deseando de ser mayor de edad, una vez lo eres se pasan los años volando.-Ya ves, que me lo digan a mí, que parece que fue ayer cuando celebraba mi último cumpleaños. Pero mira, la vida es así.

Si quiero hacerle algo, lo tengo que hacer ya, antes de que vuelva Carlos, podría perder su amistad, mejor que no haga nada, lo dejaré para más tarde, cuando acabe la fiesta, he comprado bebida y cuando esté un poco borracha, me la llevaré para la habitación.

-¡Ya estoy aquí! ¿Cuándo empezará a venir la gente Cristian?-Vamos a ver, son las 17:30, y he quedado con la demás gente a las 18:00, pues dentro de media hora Irán viniendo, a no ser que vengan antes.-Está bien, nos podríamos tomar unas cervezas mientras vienen, ¿no? -Vale, pero no te acostumbres. Mónica sonríe nuevamente.

Esto va mejor de lo que pensaba, Mónica se está riendo en cada comentario gracioso que le hago a Carlos, tengo que ser hábil en mis conversaciones, que Mónica se dé cuenta que soy un tipo gracioso. Si la trato bien y le caigo en gracia, tendré muchas posibilidades de llevarla a la cama, el problema está, en cómo llevarla.

-Tomad las cervecitas, a ver si os vais a emborrachar antes de que empiece la fiesta.-Mónica: Je je je-¡Joder! Cristian, pero si has comprado cervezas sin alcohol.-¡Anda! Se me ha ido el santo al cielo en el súper, ¡que torpeza tío! ¿Ahora qué?-No pasa nada, llévate estas dos a la nevera, tranquilo que no pasa nada.- ¿Y eso? ¿Y la cerveza de Mónica, qué?

-Perdona Cristian, no te lo había dicho, Mónica está tomando unas pastillas contra la fobia y no puede tomar nada que lleve alcohol.-Bueno, pues nada, espero que te lo pases bien sin bebida.-Tranquilo Cristian, estoy acostumbrada a ir serena por la vida.-Ah, perdona si te he ofendido, no era mi intención cariño, voy a llevar esto a la cocina.

La cosa empieza a ir hacia atrás, ni bebe y para colmo le ha sentado mal lo que le he dicho. Es igual, hay otras formas de llevarla a la piltra, tengo que tener la mente lúcida para no cagarla, un movimiento en falso y podría ser fatal.

-¿Pero qué es esto? -Ven a mis brazos cariño mío, ven y fóllame, fóllame, fóllameeeeeeee!

Esto no me lo puedo creer, como puede ser que este Mónica en el sofá desnuda y con las piernas abiertas, y dónde estará Carlos, si hace medio minuto estaban los dos en el salón, no le ha podido dar tiempo a desnudarse y a Carlos desaparecer, aquí está pasando algo muy raro.

-Vamos a follar, que Carlos está al llegar, date prisa Cristian, que Carlos vendrá y te comerá.-Eso está hecho muñeca, vamos para la cama.

La cogí de la mano, la estiré en la cama, empecé a tocarle la vagina, la tenía muy húmeda, le introduje los dedos que se deslizaban muy suavemente, tenía la mano totalmente lubricada de jugo vaginal, se le veía muy excitada. Acto seguido le dije que me chupara el pene, lo hacía de maravilla, había momentos en que introducía totalmente mi pene en su boca, sus labios rozaban mi vello púbico, diría que parte del pene le tocaba  el esófago. Me estiré en la cama, ella se puso encima, al ponerse encima me cayó una gota de jugo vaginal en mi ombligo, estaba extremadamente excitada.

Después, la puse a 4 patas, me dijo que era su postura favorita, el pene entraba con muchísima facilidad. Me corrí 2 veces dentro de ella. De repente abrió la boca y dio un fuerte grito de placer que hizo eco en toda la casa. Fue un rato inolvidable, cuando acabamos le dije que se vistiese que ya mismo empezaba la fiesta, pero no quiso y eso me preocupó bastante, ya mismo vendría la gente.

Salí de la habitación y cuando entré en el salón, habían unas 20 personas diciéndome: ¡Felicidades! Eran personas que no conocía de nada, tenían el rostro tapado, noté una sensación muy rara. Fui hacia la habitación y encontré a Mónica con un bebé entre los brazos que me decía:

-Papá, papá, ven conmigo, mamá te quiere, todo el mundo te quiere.

Giré la cabeza y vi como entraba Carlos por la ventana con una botella de champagne y decía:

-¡Enhorabuena Cristian, brindemos por el niño! Los tres cogimos una copa y cuando fuimos a brindar aparecieron todos los invitados en la habitación. De repente la habitación se convirtió en el comedor, había una mesa con Mónica desnuda estirada en ella y el bebé en brazos, y todos los invitados alrededor. Y dijo Carlos:

¡Salud por el niño, y todos gritaron, Saluuuud!

Cuando subí la copa para brindar se derritió y fui el único que no pudo brindar. Entonces todos me miraron a mí, y me pusieron cara de malos. De repente se tiraron encima de mí y me empezaron a golpear la cara.

-Eh tío, eh, despierta joder, que tío más despistado, la puerta de la calle estaba entreabierta, si fuese un ladrón ya te hubiera robado todo lo que tienes. -Joder, me he quedado dormido, vaya asco, todo ha sido un maldito sueño, vaya mierda vida. -Pero que estás diciendo tío, va, espabílate que faltan 10 minutos para que empiece la fiesta.

Sin duda, había sido todo un sueño, un sueño donde todo te lo imaginas bonito y fácil, pasé un buen rato, aunque solo fuese un sueño, incluso me había corrido en los calzoncillos.

Fue una fiesta muy divertida, bailamos, bebimos, etc. Cuando acabó la fiesta y todo el mundo se fue, me tuve que conformar con masturbarme con una peli porno. Nunca había visto una tía tan fea como la hermana de Carlos. En mis sueños la viví como una chica atractiva y sensual, conseguí follármela, incluso pude ver a nuestro hijo, es más, todos brindamos por nuestro amor y por nuestro hijo.

Autor: eternity_life_xy

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El regalo de cumpleaños

Comenzó a introducirme la cabeza de su pene con absoluta suavidad. Entró con mucha facilidad y siguió hundiendo hasta llegar al fondo. Yo no podía contener la excitación, sentía convulsiones de placer. Siguió bombeando dentro de mi hasta que dijo, me vengo, sentí un chorro de semen inundando mis entrañas. Siguió un poco más hasta asegurarse de haber expulsado todo.

Comenzaré por describirme. Soy un joven de 25 años. Soy muy pobre por lo que comparto un departamento con un amigo de mi edad. Él se llama Damián y es gay, es un chico tranquilo y casi nunca lleva a nadie al departamento sin embargo tiene mucha experiencia. Compartimos el departamento desde hace varios meses y sé que me tiene muchas ganas, en verano duermo con unos slips elastizados bastante ajustados al cuerpo y apenas tapado por una sábana o nada y puedo sentir como él me observa y hasta se pajea mirándome mientras yo me hago el dormido.

Pero por más que nos llevamos muy bien nunca había pasado nada hasta el día de su cumpleaños. Ese día yo no sabía que regalarle y no le compré nada, a la noche  vinieron unos amigos de él, varios de ellos gays tomamos cerveza hasta emborracharnos, comimos, contamos chistes, etc. Cuando ya era tarde, se fueron yendo hasta que quedamos solos de nuevo. Estábamos tan ebrios que no podíamos mantenernos parados, sobre todo yo, y él me llevó abrazado hasta su cama donde me acostó y me quitó los zapatos. En un torpe movimiento, simulando estar más ebrio de lo que estaba, él se tiro a la cama junto a mí. En eso yo le dije:

-¿Sabes? No sabía que regalarte para tu cumpleaños. -Pero lo pensé muy bien y ya se que te daré.-Yo no necesito un regalo. Contestó él.-Pero este te gustará.- ¿Qué es? Preguntó intrigado.-Esto. Respondí pasando suavemente mi mano desde mi cadera hasta mi pierna.

-¿Qué cosa?-Esto, mi cuerpo, para que hagas por hoy lo que quieras con el.- ¿De verdad? -Absolutamente, quiero darte el gusto, se que te va a gustar.-Claro que sí. Respondió. -¿Pero puedo hacer todo lo que quiera?-Todo lo que quieras hacerme o que te haga, solo dilo.-De acuerdo, entonces, quiero que beses. Me dijo para saber si era en serio.

No lo dudé ni por un instante. Tomé su cabeza y junté nuestros labios en un beso excitante. Él metió su lengua en mi boca como probando si era en serio y yo le correspondí de la misma forma. Comenzó a quitarme la ropa y yo su ropa apasionadamente hasta quedar ambos semidesnudos. En eso me detuvo y me tiró contra la cama como indicándome que me quede acostado. Bajó hasta mis slips y me los bajó con la boca. Mi pene estaba ya erecto y comenzó a mamarlo como todo un profesional. Comenzó lento y seguía cada vez más fuerte. Yo ya no daba más de la calentura y él eso ya lo sabía, entonces me hizo detenerme, tomó un pomo de vaselina y se untó una buena cantidad. Y me dijo:

-Quiero que me penetres.

Yo obedecí como si fuera una orden. Me puse detrás suyo y comencé a penetrarlo suavemente hasta alcanzar un buen ritmo. Qué fantástico que se sentía penetrarlo escuchándolo gemir como una yegua. Después de un rato así no puede aguantar más el, mete y saca, y terminé viniéndome dentro de él. Me tira a su lado, ambos estábamos empapados en transpiración, la cama estaba hecha agua del calor. Pero él todavía no había terminado así que me decidí a hacerlo.

Bajé hasta su pene que estaba erecto, y duro como hierro, en el camino le besaba y lamía su pecho y su cuerpo que estaba salado y húmedo por la transpiración. Y mientras él miraba comencé a chupársela. Lo tenía a mil, y eso me calentaba mucho a mi también. Me pedía que lo mirara a los ojos mientras se la chupaba, eso lo excitaba más. Pero la tenía tan dura que estaba a punto de explotar. Él me decía:

-Sigue, sigue. Pero yo lo detuve como lo hizo él. Era su cumpleaños, así que quería entregarle el regalo mayor. -Aunque me encantaría que terminaras dentro de mi boca, quiero que termines en un lugar mejor que habías deseado desde hace mucho tiempo.

Temblando de excitación me contestó:

-Por favor dime que no es un sueño.-Claro, que no, solo trae ese pomo de vaselina, y por favor se suave.

Así lo hizo. Me puso boca abajo en la cama, me separó las piernas, agarró el pomo y me rellenó de vaselina como un a un pavo. Exageradamente mucho, pero mejor estar preparados.

-¿Estás seguro de esto? Preguntó…-Ya abre tu regalo de una vez. Le respondí.

Se puso detrás de mí y comenzó a introducirme la cabeza de su pene con absoluta suavidad. Entró con mucha facilidad y siguió hundiendo suavemente hasta llegar al fondo. Yo no podía contener la excitación, sentía convulsiones de placer. Siguió bombeando dentro de mi en cámara super lenta. Después de un rato de tanto placer comencé a sentirme algo ansioso por tanta delicadeza así que comencé a pedirle:

-Más duro,… -¡Más duro!,… ¡Más duro!

Y así lo hizo hasta alcanzar un ritmo que renovó muestra mutua excitación. Yo comencé a gemir como él lo hacía, en parte por placer y en parte porque le gustaba. Siguió aumentando el ritmo hasta que dijo,

-Me vengo, me vengo. -Hazlo. Respondí, y  en eso sentí un chorro de semen caliente inundando mis entrañas.

Siguió bombeando un poco más hasta asegurarse de haber expulsado todo y salió de dentro de mí. Ambos estábamos tan cansados que solo nos quedamos tirados donde estábamos y pasamos la noche juntos.

Si te gustó el relato, aguardo tus comentarios…

Autor: Test1784

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La primera vez

Hoy acabaste con la virginidad de mi vagina, porqué no me das por el culo, si tú quieres podemos intentarlo mi amor, le dije, ella me ofreció lo que un hombre quisiera tener a toda hora, culo y coñazo juntos, besé su coño mientras le miraba el culo que iba a desflorar, le di unos lengüetazos y me incorporé, me puse tras de ella y con mi pene hacía que los jugos de su vagina impregnaran su ano.

Hola a todos los lectores que lean este relato, es la primera vez que me atrevo a escribir mi historia y es que al leer las que vosotros mandan, me han dado el ánimo para participarles de mi real vivencia sexual. Tengo 25 años y realmente mi testosterona siempre me ha hecho quedar bien, mi deseo sexual nunca decrece y cuando no puedo tener una mujer a mi lado para satisfacerla y satisfacerme, pues recurro a técnicas de masturbación realmente calientes.

Mi debilidad siempre han sido las mujeres y os voy a contar lo que me ocurrió con mi primera novia, vivía cerca de mi casa y era realmente una trigueña es-pec-ta-cu-lar, tenía un cuerpazo y por eso la asediaban los jóvenes de entonces, sin embargo conmigo hubo química y nos enamoramos, ella tenía una cara divina, unas nalgas impresionantes y voluminosas y unas piernas deliciosamente hermosas, bien torneadas que yo me imaginaba besando y abriéndolas a mi gusto, pero la verdad fue otra, ella tenía unos principios muy moralistas y no me fue posible desvirgarla sino dos años después de conocerla, no creáis que fue falta de morbo y tonterías mías, simplemente era de esas chicas bien difíciles, pero cuando ella cumplió sus 18 años, esa noche de fiesta logré alcanzar mi objetivo y convertirla en mujer.

Después de su fiesta, eran como las 3:00 de la mañana y estando toda su familia en el club donde ésta se realizó, su padre me pidió que llevara a casa su hija, porque realmente ella estaba cansada, la fiesta seguiría sin ella y obviamente sin mí, yo asentí gustoso porque dentro de mi morbo sabía que en casa estaríamos solos, pero yo ya estaba acostumbrado a que todo eran caricias y besos y nos mojábamos los genitales de la excitación, pero nada más, pero cual no sería mi sorpresa cuando al bajar del auto, ella misma me invitó a seguir a su casa y su cara de cansancio desapareció por arte de magia, ella estaba bellísima, y me dijo: todo esto fue una mentira, quería llegar a casa y quedarme a solas contigo, porque quiero que el primer día de mis 18 años me conviertas en mujer.

Esas palabras tan llenas de erotismo y sexo tan directas, me llenaron la cabeza de morbo y excitación, pero puse los pies en la tierra y pensé en que debía ser una madrugada muy especial y que debería portarme a la altura con semejante oportunidad, pensé entonces en ser el mejor amante para que su primera vez fuera realmente inolvidable.

Así pasamos a su casa y después de cerrar la puerta se aferró a mi cuello y yo a su cinturita de avispa y nos estrechamos en un beso larguísimo, donde nuestras lenguas y labios jugueteaban sin cesar, mis manos no aguantaron el nerviosismo y de su cintura bajé lentamente a tu culo, el cual empecé a acariciar suavemente, empecé a subir su vestido rosa brillante y empecé así mismo a besar el cuello y sus hombros desnudos, mis manos lograron apartar la tela de su vestido y tomar las nalgas de mi novia con firmeza, sus panties eran muy pequeños y la piel estaba a mi entera disposición, quise en un momento tomarle el coño encima de sus bragas pero pensé que sería mejor de otra manera, saqué mis manos de abajo y empecé a desabrochar su vestido, poco a poco, mientras sus ojos cerrados me denotaban su excitación, sus jadeos eran más fuertes y seguidos, al fin terminé de liberar el vestido y éste cayó, ofreciéndome el cuerpo escultural de mi novia, solo para mí, había llegado el momento de olvidar tantas caricias furtivas, tantos deseos inconclusos, tantas eyaculadas sobre sus panties, ahora todo iba a ser distinto, todo se iba a consumar, su cuerpo virginal estaba a mi disposición y mi pene estaba dispuesto a dar lo mejor de sí, nos estrechamos en un profundo abrazo y empecé a bajar recorriendo su cuerpo con mi lengua, mis manos hacían lo propio acariciando cada centímetro de piel, como pude…

Liberé su sostén, y llegué sin prisa a cada seno redondo, turgente, cuyos pezones erectos esperaban por mi lengua, cada pecho se ofrecía con tal delicia que ella mediante sus manos, hacía que no me olvidara que tenía otro esperando por mis besos y chupadas, mis manos ahora tomaban sus nalgas y yo las separaba para que su culo se estremeciera de placer, sus jadeos eran realmente hechizantes, cuando estuvo bien de mamadas a su senos, me levanté y la cargué, la llevé a su cama amplia y bien dotada, la acosté suavemente y ella se llevó la mano a sus pechos para seguirlos acariciando, yo me quité todo lo que tenía por encima de la cintura, mi cuerpo siempre fue orgullo para mí, un poco musculoso debido a que hacía gimnasio, me acerqué a ella y besé por unos instantes sus pechos, empecé a bajar poco a poco, llegué a su ombligo y con mi lengua hacía círculos en su piel, ella instintivamente abrió sus espectaculares piernas para que mi pecho se encajara en su pubis, mis manos tomaban ahora sus caderas y yo poco a poco me acercaba al encaje de sus bragas, las cuales besé desenfrenadamente mientras ella disfrutaba con goce y sin temor todo este preludio.

Tal vez estaba muy segura de este paso que iba a dar, porque pensé en algún momento que no era su primera vez, pero un rato después… confirmaría cuán equivocado estaba yo. Cuando logré llegar a pubis, el olor a sexo era evidente, la vulva de mi novia estaba rebosante, bajé un poco más sobre sus bragas de seda de color rosa y con mi lengua empecé a recorrer la forma de su vulva, imaginándome como sería, quería ya quitar ese trozo que me separaba de ella, pero este juego nos gustaba, los jugos lubricantes de su vulva empapaban exageradamente su panty, en ese instante en que ya era apreciable el tamaño de su clítoris para mi lengua, ella instintivamente levantó sus piernas, las juntó y me ofreció el espectáculo de sus piernas, culo y coño juntos, tomé sus panties y la liberé de ellos.

El espectáculo que me ofrecía mi novia en su primera vez, era digno de reyes, su pubis estaba realmente liso, sin rizo alguno, estaba depilado, y sus labios vaginales eran divinos, ella abrió aun más sus piernas, tomó la almohada y como pudo se la metió debajo para ofrecerme aún más su coño divino, el cual saboreé durante más de media hora, ella apretaba mi cabeza contra su sexo y se movía como en círculos y a veces arriba y hacia abajo, a veces ella metía sus dedos para jugar con mi lengua y ayudaba a abrir sus labios para dejar el clítoris bien al descubierto, yo lo chupaba, lo succionaba, lo rozaba, lo besaba y sus jugos eran cada vez más cálidos y brotaban tanto que mi cara estaba totalmente empapada, yo miraba a veces hacía su cara y sus gestos me excitaban aún más y podía ver sus senos a punto de estallar.

Yo estaba de rodillas y ella me pidió que me subiera a la cama, que ella quería hacerme lo mismo que yo le estaba haciendo, me trepé en menos de un segundo y quedamos de lado a modo de un 69, yo seguí chupando y ella tomó mi pene enormemente engrandecido, largo y gordo, y sentí como su cálida boca lo envolvía por primera vez, su lengua intentaba a veces hasta meterse en el hoyuelo de mi pene…

Ella lo tomaba con dulzura y recorría cada centímetro fuera y dentro, yo abría abajo su coño desnudo y lo recorría con delicia, su cuerpo temblada en unas oleadas extrañas durante toda la sesión y me imaginaba que mi novia estaba teniendo múltiples orgasmos, pero me parecían exagerados que tuviera tantos, tal vez estaba haciendo bien mi trabajo, pero esto mismo me lo confirmó ella al poco rato, ya que le dije que si seguía chupando mi pene de esa manera tan sensacional, tendría un orgasmo y me vendría en su boca, ella replicó entonces que sería maravilloso sentir mi semen en su boca y que era justo que eyaculara en ella, porque los que yo le había hecho sentir hasta el momento eran inimaginables.

Seguimos con placer extremo durante algunos minutos y no pude contenerme más, le advertí que me venía y ella apretó mis nalgas contra ella y mi pene atravesó su boca hasta su garganta, oleadas de placer invadieron mi cuerpo y mi pene turgente disparó ráfagas de leche cálida y espesa en su virginal boca, ella jugaba con placer con mi pene, lo metía una y otra vez, exprimía sus jugos hasta el máximo y la leche se la bebió toda, replicó que era un manjar, lo mamaba con tal lujuria que en un minuto estaba ya como si nada, estaba duro y diría yo hasta más grande, yo seguía lamiendo su vulva lentamente ahora, para no permitir que su vulva se habituara y perdiera de pronto algo de sensibilidad, cuando en un momento dado, sacó mi pene de su boca y me dijo, estoy realmente preparada, es el momento, esas palabras me transportaron al lugar donde los dioses se preparan para desflorar a las doncellas.

Me incorporé y le dije las palabras de rigor, llenas de ternura para prepararla para el momento, ella me dijo sin temor que cual debería ser la mejor postura para ser penetrada y le repliqué sin machismo que ella debería llevar las riendas, es decir, encima de mí, para que tuviese el control de la penetración, yo me acosté hacía arriba y mi pene estaba a punto, totalmente lubricado y parado como una mástil, ella con su pubis angelical desnudo y lubricado me iba a dejar ver el momento de la desfloración en primer plano, sus senos turgentes estaban super erectos, su cabello negro cubría sus hombros y sus piernas y su vientre plano me iban a hacer realmente loco.

Ella se acercó observando mi pene y lo miraba con delicia y picardía, se imaginaba ese momento después de muchos años en que solo nos habíamos excitado con caricias, esto era real y se consumaría al instante, ella se subió sobre mí, colocó sus piernas abiertas y se arrodilló y se sentó lentamente en mi verga, la cabeza se fue perdiendo de mi vista, sus labios vaginales apretados empezaban a ceder y a rodear mi pene, un pequeño quejido empezó a brotar de la boca de mi novia, pero su excitación era tal que el dolor que sentía era menos importante, al notar que la penetración era lenta, empuje un poco y ella soltó mi pene de su mano, y dejó que yo empujara.

El calor de su vagina era delicioso, mi pene resbalaba hacia adentro, ella dejó de hacer fuerza en sus piernas y literalmente se acopló y se sentó en mi verga, sacudió su cabeza hacía adelante, su cabello cubrió su rostro y se quedó allí un momento, volvió a echarse hacia atrás, apoyó sus manos en mis rodillas y me ofreció un vulva entreabierta y mi pene totalmente adentro, se levantó un poco y mi pene salió victorioso, mi novia no dejó que la cabeza saliera, pero el cuerpo de mi verga tiesa salía de un tono rosado producto de su desfloración y su lubricación.

Empezó a subir y bajar con frenesí, su vulva apretaba con furia y mi pene se batía con fiereza en su interior, empezó a moverse como una profesional, mi novia brincaba sobre mi carne y hacia de este acto un verdadero festín, comía cada centímetro y lo sacaba una y otra vez para embestirlo con violencia, la pérdida de su virginidad fue total, ella se echó hacía adelante y empecé a comerme ese delicioso postre, le tomé las nalgas para ayudarla a subir y bajar, mientras mis caderas se agitaban una y otra vez, en un momento ella se tumbó hacía un lado y yo la seguí, quedé ahora sobre ella y ella colocó sus piernas abiertas bien atrás, tocando sus propios hombros, me acosté sobre ella y empecé a entrar y salir de ella como loco, ella se veía claramente perdida de la excitación.

Estaba totalmente entregada a mi verga y su vientre contorsionaba y gemía de placer, se llevó el dedo pulgar a la boca para acallar sus pequeños gritos y quejidos y mi pene como roca tocaba su interior vaginal y su vientre tenía oleadas de placer, tenía uno y otro orgasmo y nuestras lenguas se retorcían entre ellas, sus uñas rallaban mi espalda y yo besaba sus senos también, quiero venirme contigo de nuevo, replicó, ella tuvo dos orgasmos más y cuando estuve listo le dije que no aguantaría más, eso la hizo venirse rápidamente y descargué mi leche en su interior, en ese punto el pene se hincha otro tanto y la vagina se contrae, por eso nos quedamos como perros, amarrados, llenos de pasión y sexo virginal, no quería dejarme salir de su intimidad, pero se le ocurrió otra idea más loca…

Hoy acabaste con la virginidad de mi boca, de mi vagina, porqué no me das por el culo, me dijo: ¡me quedé de una sola pieza!, si tú quieres podemos intentarlo mi amor, le dije: ella, se colocó en cuatro, me ofreció todo lo que un hombre quisiera tener todos los días a toda hora, culo y coñazo juntos, esta vez besé su coño de nuevo, mientras le miraba el culo que iba a desflorar, le di unos lengüetazos y me incorporé, me puse tras de ella y con mi pene hacía que los jugos de su vagina impregnaran su ano.

Además el semen de la eyaculación servía de primera y salía a borbotones de sus labios, la empape, tomé mi pene con la mano y empecé a empujar mi gran cabeza sobre el culito de mi novia, ella no se relajaba, tal vez por reflejo o instinto, pero eso no era problema, tome las dos nalgas, las aparté y su culo se entreabrió, acerqué mi pene y se lo empecé a embutir suavemente.

Ella ahora apretaba su esfínter y hacía que mi pene volviera a cobrar un tamaño grandioso, se agachó en la oscuridad de la sala, sacó mi pene ya duro de nuevo y lo besó con tal pasión que se paró como un resorte, ella me pidió que la cargara.

Así lo hice y cuando iba bajándola, ella echó su pubis hacía adelante, yo sentí su vulva contra mi pene y la ensarté hasta el fondo, ella me apretó con pasión y le hice el amor parado y ella rodeó mi cintura con sus piernas, así la cabalgué un rato mientras ella tenía intensos orgasmos, se la saqué, se agachó de nuevo y me la mamó hasta hacerme eyacular, se tragó mi leche y me fui feliz a dormir.
Ese era el momento porque en cualquier instante podría llegar su familia de aquella que era su fiesta de cumpleaños. Todos los días, durante mucho tiempo, seguimos conociendo las mieles del sexo en todas las posiciones y formas inimaginables, sin inhibiciones, pero mis ansias no quedarían ahí…

La hermana de mi novia me atraía aún más, ni que decir de la prima de ella y de su madre, una delicia de mujer madura de 49 años, y es que realmente era una familia de mujeres deliciosas, exuberantes, bien dotadas y lindas, que yo con mi personalidad conquisté siempre y cuya historia real continuaré muy pronto, porque logré “acabar” con todas estas mujeres de esta familia, no es fantasía, es real, y si me dais el voto de confianza, podré contarles quién estaba espiándonos esa madrugada y como disfruté del sexo con todas estas mujeres. Desde Colombia, les escribe un verdadero Casanova.

Espero hayáis disfrutado mi historia y gracias por excitarse conmigo, yo termino esto y voy a masturbarme un rato porque mi actual esposa no se encuentra aquí, sino, la cogería en esta misma silla, la haría mamar, le follaría la vagina, le succionaría los labios vaginales, le daría por el culo y haría que se tomará toda mi leche. Adiós.

Autor: Koronel

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Sexo con mi tía

El grito de placer de los dos debió de oírse en todo el edificio. Ella gritaba…Vamos cabrón no pares, entiérramela de una buena vez…rómpeme en dos…Yo seguía follándola por el culo hasta que mi tía empezó a gritar que se estaba corriendo cosa que me excitó aun más y empecé a darle más fuerte, cosa que le provocó un nuevo orgasmo.

Hola amigos lectores. Llevo bastante tiempo leyendo esta página y de la misma forma que vosotros creo que debo contaros lo que me pasó hace tres días.

El día 12 fue mi cumpleaños 22, y como suele ser normal mi tía Fernanda tiene 43 años, es morena, 1.76 y por lo menos para mí está re buenísima, me llamó para que fuera a por mi regalo, yo pensé en que como siempre consistiría en dinero, pero esta vez no fue así. Llamé a la puerta y mi tía me abrió.

Iba vestida con unos vaqueros ligeramente ajustados y con una sudadera ancha. Me recibió con su clásico “mi sobrino preferido” y dos besos. Solo con eso ya me puse a cien, pero cuando se dio la vuelta para cerrar y pude admirar su culo deseé poder hacerle el amor ahí mismo, pero además de no atreverme, era mi tía y seguro que no se había fijado en mi.

Pasamos al salón y me dijo que me sentara que ella iba a ir a buscar mi regalo. En los 5 minutos que tardó en volver yo estaba deseando poder hacerme una nueva paja en su honor. Para mi sorpresa cuando volvió venía en bata, y eso hizo que la polla se me pusiera durísima imaginándola sin ropa, y fue cuando me dijo “¿No vas a abrir tu regalo?” y cogió una de mis manos y la llevó al nudo de la bata…

La bata se abrió, cayó al suelo y mis sueños se hicieron realidad; sus pechos pequeños pero bien formados estaban frente a mi, y su coño depilado estaba a la altura de mi boca. Mi tía solo dijo “Hazme tuya”, no fue necesario nada más.

La  agarré, la senté en el sillón y comencé a besarla en la boca mientras ella con una mano se masturbaba y con la otra me frotaba el pene. Empecé a bajar recorriendo su cuerpo con mi lengua y empecé a chuparle sus pezones, ella lanzó un gemido cuando se los mordisqueé a la par que mis dedos estaban jugando con su húmeda vagina.

Escucharla gemir me hizo desearla más y lancé mi boca a su vagina. Comencé a chuparle los labios mientras dos de mis dedos penetraban en ella. Ella empezó a retorcerse y a gemir más alto, y cuando mi lengua empezó a morder su clítoris, mi tía gritó que se estaba corriendo y sentí como derramaba sobre mí todo su orgasmo.

Me puse de pie y nada más hacerlo sus manos bajaron mi pantalón y mis calzoncillos. Mi polla saltó como un resorte pero fue atrapada por sus manos que comenzaron a masturbarme. Yo le dije que llevaba años haciéndome pajas pensando en ella y ella me dijo que me iba a hacer algo mejor, y se la metió en la boca.

La chupaba como una diosa (si no os a hecho una mamada una tía vuestra no sabéis lo que os perdéis), se la metía hasta el fondo y luego la sacaba lentamente. Yo no pude aguantar mucho y le dije que me iba a correr así que se la sacó de la boca, la separó unos centímetros y me la cascó con la mano hasta que me corrí en su cara.

Mi tía me la limpió con su boca y la reanimó en seguida, para luego preguntarme si quería hacer algo especial con ella; le dije que me encantaría darle por el culo, y ella lo único que hizo fue ponerse a cuatro patas y soltar “Taládrame, mi hermoso sobrino vergudo”

Era la primera vez que yo iba a tener sexo anal y se lo dije, pero me contestó “Hace rato que tenía muchísimas ganas de tener tu polla bien dentro de mi culo”. Cogí mi polla y la puse sobre su ano, y en cuanto lo notó ella empujó hacia atrás taladrándose ella misma.

El grito de placer de los dos debió de oírse en todo el edificio. Ella gritaba “Vamos cabrón no pares, entiérramela de una buena vez! ¡Rómpeme en dos!”  Yo seguía follándola por el culo hasta que mi tía empezó a gritar que se estaba corriendo cosa que me excitó aun más y empecé a darle más fuerte, cosa que le provocó un nuevo orgasmo.

Mi tía se desacopló y me hizo sentarme para acto seguido coger mi polla con su mano y dirigírsela a su húmeda vagina. Se desplomó sobre mí y empezó a cabalgarme como ninguna mujer antes, ni si quiera mi novia. Verla botar sobre mí, sus tetas moverse arriba y abajo mientras se pellizcaba los pezones y gemía era una visión gloriosa.

Mientras me follaba noté que me venía el orgasmo y se lo dije, pero me miró y solo dijo “Córrete dentro de mi cuevita mi amor”. Cuando llegó el orgasmo apreté mi cara en sus tetas y gritando solté toda mi leche en su vagina inundándosela.

Mi tía se quitó de encima, se agachó y me la chupó un rato limpiándome el semen sobrante. Se levantó, nos besamos y me dijo “Creo que mañana vuelve a ser tu cumple y mi regalo será mucho más lindo”. Así que imaginaros, somos amantes y llevamos 3 días follando como conejos.

Un saludo a todos los lectores y a todas esas tías que hacen felices a sus sobrinos.

Autor: lemanrus

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Profesor atractivo de 35 años, busca…II

Sergio siguió la plática, y se serenaba y sinceraba más con cada momento que pasaba, y por fin me confesó que esa era la razón por la que se había divorciado de su mujer, ya que en su adolescencia tuvo algunos encuentros homosexuales y que esos “placenteros” recuerdos lo perseguían al punto de volverse loco.

¿Qué fuerza es lo que hace al hombre ir en diferentes direcciones y al mismo tiempo lo mantiene unido?

No podía respirar, no podía pensar, no podía hablar, me estaba retorciendo de desesperación  en mi lugar, era como estar ahogado en un horrible silencio dentro de mí mismo, por paredes castrantes invisibles que contenían mi alma en agonía, y  de pronto esa luz de nuevo, mucha luz…

Los faros de un automóvil estacionándose con las luces altas dieron directamente dentro de la casa, entrando por la ventana al lado del sofá donde me encontraba sentado, pero ahora de pie, esa molesta luz me impedía ver con claridad quién rayos era la joven mujer con la que Sergio había llegado.

La chica era hermosa, de una piel brillante y castaña cabellera, su sonrisa era abrumadora y al entrar Sergio, yo fui el primero al que la presentó, ella sonriente y muy simpática me extendió la mano y yo correspondí a su cortesía devolviéndole el saludo pero esbozando una sonrisa desconocida hasta ese entonces por mí: una sonrisa retadora y en ese instante supe que una feroz lucha por defender mi territorio iba a comenzar.

Su nombre era Lila, y había estando chateando a la par de mí con Sergio todo este tiempo, se conocieron a través de la misma página de contactos donde yo lo encontré y la verdad que nunca pensé que Sergio le ocultara una cosa así a “Gaby” pero después de todo, él solo era un hombre.

Al avanzar la noche los miré desafiante y a la vez amistoso, me sentía totalmente fuera de lugar, una extraña combinación de celos con empatía, si la chica no fuera mi “rival secreta de amores” me hubiera identificado con ella, y hasta formar una bonita amistad.

Mi vaso de tequila amenazaba con terminarse, así que fui a la cocina a servirme otro poco y estando ahí un compañero de clases y de “amores” con el que tuve alguna aventura al iniciar la carrera, se me acercó sigiloso y retador, en un obvio estado de ebriedad y tomándome por los hombros me llevó contra una pared.

-He visto como lo miras cuando crees que nadie te observa- me dijo sujetándome fuertemente y sintiendo su fuerte aliento alcohólico y haciendo derramar mi vaso de tequila con jugo de toronja.

-¿Y a ti que te importa?- mascullé furioso por su no solicitado comentario -¡mucho! Pensé que tú y yo teníamos algo Gabriel, ¡además él nunca podrá ser para ti, siendo un hombre mayor y Hetero! Ja-ja-ja ¿en verdad crees que tienes oportunidad? -Eso es algo que no pienso contestarte, porque no te compete, y no, tú y yo no tenemos nada Luis, aquello fue solo un acostón de borrachera, ¿cuándo vas tú a darte cuenta?

Su respuesta fue un fuerte puñetazo contra la pared a escasos centímetros de mi cara, Luis era un chavo temperamental, además de corpulento y algo fornido ya que entrenaba en el equipo de fútbol de la escuela, y aunque acostarme con él fue uno de mis “logros” personales, desde que Sergio había llegado a mi vida no tuve interés en nadie más, es raro pero solo dos veces en mi vida me he sentido así.

-¿Estás pendejo o que? ¡Ya déjame en paz borracho!- le contesté haciéndolo a un lado y percatándome de que Lila estaba detrás de nosotros y no sabía exactamente el tiempo que llevaba ahí o que había escuchado. -¿Todo bien chicos?- nos preguntó confundida –si, Luis esta algo alucinado je-je-je creo que es mejor que se vaya a su casa- le dije viéndolo a los ojos. -Ok, me llevo estas servilletas- nos dijo regresándose a la sala con Sergio, y yo volviendo con Luis y tratando de suavizar las cosas, le dije que ya estaba muy borracho y que no sabía lo que decía, que al día siguiente no recordaría nada. -Eso crees tu Gabriel, mejor ándate con cuidado tú y tu pinche maestrito de quinta que nadie se burla de mí-

Aventándome con su mano se alejó furioso, y yo me quedé ahí pensando que lo último que necesitaba era un ex amante celoso en mi vida. Luego de eso, rápidamente se me ocurrió esperar hasta que Sergio y Lila se fueran, para pedirle de “favor” que me diera un aventón después de dejarla a ella en su casa y así tener la oportunidad de estar a solas con él y confesarle…. bueno, declararle lo que sentía. Al llegar el momento indicado, cuando Sergio y Lila empezaron a despedirse le pedí el favor a Sergio delante de Lila sabiendo que no se negaría, y él un poco desganado aceptó. Después de un incómodo silencio en el auto con ellos dos y al llegar a casa de Lila, Sergio se bajó del carro con ella y entre sombras desde el coche pude distinguir que se dieron un tierno y tímido beso, -¡ah! así que esto es lo que se siente la rabia de los celos- me dije a mí mismo en voz baja.

Sergio volvió al auto y lo arrancó, íbamos platicando de trivialidades y de pronto se me ocurrió invitarlo a un bar que quedaba cerca y poder seguir un rato más la juerga, Sergio titubeó un poco, pero al final aceptó ir conmigo y echarse unas cervezas, a final de cuentas apenas eran las 12:30 de la noche y…. mi juego comenzaba.

Llegamos al bar “33” y nos sentamos en un cómodo sillón, y a lo largo del lugar se escuchaba “Love fool” de The Cardigans, un suave viento soplaba en la terraza donde estábamos instalados y la embrujadora melodía seguía su curso: “love me love me, ¡say that you love me!”

Tomamos una cerveza y los vientos amainaron, para cuando íbamos por la tercera los ánimos y las risas treparon por nuestras felices gargantas, y todo era un ¡salud! después del otro. Para ese entonces por fin me animé a preguntar: -¿así que….tu y Lila eh? ¿llevan mucho tiempo saliendo?- no mucho- me contestó animado, -no sé en realidad si sea para mí, no tenemos mucho en común, pero bueno….he estado mucho tiempo a dieta- esbozando una maliciosa y sexy sonrisa al final de su oración.

Nada hasta este momento ni sus gestos, ni un movimiento en falso, ni siquiera alguna palabra en doble sentido, me hacían pensar que tenía alguna oportunidad con él, y mi paciencia comenzaba a terminarse. Así que mi única oportunidad era el viejo truco del alcohol.

Las rondas de cerveza no pararon, y al final estábamos junto a otro grupo de amigos brindando abrazados y saltando al ritmo de una alegre canción de fiesta, descubrí en ese momento que Sergio no era tan aburrido como él mismo pretendía aparentar, y que con unas copas de más, su lado festivo se ponía en evidencia. Sergio me abrazaba y pasando uno de sus brazos por mi nuca, yo podía sentir su aroma, era embriagante, un macho en toda su gloria. Poco a poco el otro grupo regresó a su mesa y algunos comenzaban a despedirse y nosotros volvimos a nuestros asientos a pagar la cuenta. Al final de la velada y animándome a ganar o perderlo todo me animé a ejecutar el plan B y me ofrecí a manejar y a llevarlo a su casa, la suerte estaba echada….

“Y me lanzo a la media noche como voy, hoy voy a verte voy a sentirte….hoy me decido te voy a amar….voy a dejarte huellas en la intimidad”

Eran las palabras que una noventera Thalía cantaba con chaqueta de cuero negro y pelo alborotado, las cuales nos despedían del lugar. Sergio se tambaleaba y a duras penas pudo subir al auto, se reía solo y se quedaba viendo el piso, sentado en el asiento del copiloto, mientras yo arrancaba el coche. En el camino Sergio dormitaba o despertaba de repente riéndose y diciendo que yo era un buen amigo, y de pronto posó una mano sobre mi pierna y comenzó a acariciarla. Yo sintiendo la suave brisa de verano rozando mi rostro, me armé de valor y le dije a quemarropa:

-Me he enamorado de ti, soy gay, tal vez eso ya lo sepas y sabiendo que no tengo oportunidad te lo confieso, porque ya no puedo guardármelo más-

No cabe duda que el tiempo es relativo, debieron pasar tan sólo unos segundos, pero para mí el tiempo se detuvo en una repetitiva agonía desesperante, como preparando mi alma para lo que vendría después cuando quedaría atrapado en aquella presa. Sergio no se inmutó, solo posó sobre mi una tierna mirada y sonriendo volteó su cabeza hacia la ventanilla del coche, yo sin saber reaccionar seguí conduciendo y al llegar a su casa lo ayudé a entrar y luego en su recámara a desvestirse acostado en su cama.

Mi corazón palpitaba a mil por hora al ir descubriendo lentamente cada parte de su anatomía, primero fue su camisa y pude deleitarme la vista con su pecho y axilas peludas, un abdomen peludo y marcado, y el camino que lleva a la perdición. Luego retiré los zapatos y los calcetines y sus peludos y blancos pies quedaron al descubierto, al final tragando saliva y ocultando mi erección, desabroché su pantalón de mezclilla y haciendo unas maniobras propias de un circo pude quitárselo, no sin antes dejar su ropa interior a medio bajar, por los jaloneos. Una sexy pelambrera púbica quedó al descubierto cuando sus cachondísima y muy masculina trusa negra quedó a medio bajar.

Sergio dormitaba profundamente y yo acercándome lentamente a él comencé a acariciar su peludo pecho sintiendo la tibieza de su piel. Rocé mis labios gentilmente por todo el vello de su cuerpo, sintiendo su aspereza, su suave tacto, y su aroma de hombre de campo.

Lo besé tiernamente en el cuello, pasando mi lengua a lo ancho y largo de su peludo pecho, le acariciaba suavemente sus genitales por encima de la trusa y podía sentir la calidez de sus gordos testículos, su verga comenzaba a despertar y cuando pude darme cuenta ya estaba más dura que el acero, asomándose cachondamente fuera de su ropa interior. Sergio me tomó con una de sus manos mi nuca y mi cabeza bajando suavemente hacia su ombligo, todo parecía indicar que mi maduro profesor deseaba una mamada a su verga.

Cuando estuve a tan sólo unos centímetros de su grueso pene, un aroma a macho caliente me inundó los sentidos, lo primero que hice fue saborear la piel de su peludo escroto con la punta de mi lengua, pasándola  una y otra y otra vez por sus gordas pelotas y con una mano meneando suavemente su gruesísima verga erecta, y pude sentir con la punta de mis dedos el viscoso líquido pre seminal que babeaba abundante. Sergio gemía calladamente de una manera tan masculina que pensé que yo mismo tendría un orgasmo, siempre me ha dado placer al darle placer a otros.

-Mmmm ¡así mi vida!- jadeaba frenético en un paroxismo de placer,  y mis errantes lengüetazos se volvieron más y más agresivos por todo su escroto su verga y el camino que llevaba a la raja peluda de entre sus nalgas.

Sergio mordía la almohada y relamía su bícep derecho como queriendo besar a alguien en un total estado de excitación y movía sus caderas de arriba abajo como imitando una ruda penetración, yo por mi parte succionaba con toda mi alma su ensalivada verga. Sobaba sus gordas pelotas y las lamía en su totalidad y luego volvía a su mojada verga y la mamaba con todas mis ganas saboreando el rico palo de carne.

Cuando Sergio anunció su venida me tomó por completo de sorpresa, pensé que todavía se tardaría un poco más y apenas estaba sacando mi propia verga de su encierro para poder masturbarme, cuando fuertes trallazos de leche blanca, espesa y ardiente, cayeron directamente en lo más profundo de mi garganta, aquél néctar divino sabía al mejor manjar del mundo, me devoré como loco su espesa leche cremosa y salada, y cuando mi maduro amante por fin terminó de venirse, yo aún continué un poco más lamiendo y relamiendo su vibrante masculinidad peluda, limpiando cualquier resto de su pastoso semen.

Después de esto Sergio quedó completamente dormido, relajado hasta el último de sus fuertes músculos, se desvaneció inconsciente con los brazos y piernas abiertas en su cama matrimonial. Yo me desnudé por completo y terminé de masturbarme con el sabor fuerte de su semen aún en mi boca, limpié la mancha y quise recostarme en su peludo pecho y dormité unos momentos, y esa primera sensación de su cuerpo peludo acariciado por mis manos, se quedó como una fotografía en el baúl de mis recuerdos.

Algo me despertó de pronto e incorporándome me percaté que Sergio aún dormía plácidamente, vi el reloj el cual marcaba las 5:36 de la mañana y luego de levantarme, encendí la pantalla de su computadora, para poder mandar un e-mail a mi hermano que lo checaba muy temprano en la mañana e informarle que me había quedado en casa de un amigo a dormir, para que pudiera avisarle a mis padres y estos no se preocuparan.

Pero antes, algo llamó mi atención era una carpeta llena con fotografías de culos de hombres de todo tipo: peludos y lampiños, rasurados, fuertes, musculosos, delgados, gordos y blancos. Mis ojos no daban crédito a lo que veía, ¡Sergio tenía un fetiche por culos de hombres! Y luego de la espectacular mamada que me dejó regalarle, de pronto y para mi enorme alegría puse en duda su sexualidad. Mandé el correo, apagué la pantalla y regresé a la cama y abracé nuevamente al motivo de mis desvelos y fantasías.

Cuando sonó el teléfono al otro día, el sonido me despertó bruscamente y cuando busqué mi reloj para ver la hora, no podía creer que eran ¡las 7  de la noche! Me levanté asustado y vi que Sergio ya no estaba a mi lado, me vestí rápidamente y me dirigí al baño, luego me lo llamé por toda la casa y lo vi cómodamente sentado en la sala sin camisa y con unas largas bermudas viendo un partido de fútbol.

-Hola- atiné a decir aliviado de verlo en la casa, -hola- me respondió a secas posando brevemente su mirada en mis ojos, y al instante siguiente volviendo a dirigirla hacia la televisión. -Se hizo tarde ¿eh?- volví a dirigirle la palabra, -si- contestó nuevamente sin ahondar en otros temas, -será mejor que te lleve a tu casa, tendrás cosas que hacer ¿no? ¿quieres darte un baño antes?- me preguntó por fin con una gran naturalidad.

Titubeé un torpe si, y me dirigí a su baño y me duché pensando en que decirle, si tal vez no recordaba nada de lo que habíamos hecho la noche anterior, o si estaba confundido, cuando estuve listo y totalmente limpio me presenté de nuevo ante él y ahora Sergio llevaba una camisa sin mangas de color negro dejando ver su hermosa alfombra peluda sobre su pecho y unos shorts del mismo color que contrastaban con su hermosa piel de leche.

-¿Nos vamos?- me preguntó impaciente, -si, vamos que es tarde- le dije abriendo la puerta de su casa y dirigiéndome al exterior.

La noche era estrellada y la luna se asomaba menguante de entre las nubes grises, que comenzaban a formarse, y me percaté de un halo de humedad, cuando el suave olor a tierra mojada halagaba mi sentido del olfato.

Nos subimos al auto sin hablar palabra alguna, y su silencio me estaba matando así que por fin me animé a decir:

-¿Sergio, te acuerdas de algo de lo que paso anoche? ¿qué opinas sobre eso?…. ¿recuerdas algo?…. mmmm ¿lo que sea?….contéstame por favor.

Sergio seguía manejando en silencio y cuando paró en un semáforo, no aguanté más e inclinándome a su asiento lo besé tierna y tímidamente, él sin siquiera inmutarse con su mirada perdida y su boca cerrada no me apartó, sino que avivando mi desesperación dejó que lo besara, y de pronto comenzó a corresponderme cerrando sus ojos y me quitó el aliento con un beso profundo, apasionado y tan lleno de su alma. Y casi al instante siguiente me apartó diciéndome que esto no estaba bien y que la noche anterior había tomado demasiado.

Continuó la marcha hacia mi casa y cuando llegamos a la puerta le dije que me diera otro beso que ya no podía vivir sin él y comencé a besar su cuello con desesperación chupándole levemente su masculina piel y con otra mano metiéndola por su playera sin mangas acariciando suavemente su velludo pecho. Él jadeando de placer, se dejaba hacer y yo aprovechando la situación desabroche su short y al tocar por encima de su trusa mi corazón palpitó muy agitado al comprobar que tenía una hermosa y potente erección. En eso me tomó con sus fuertes brazos por debajo de los míos e hizo sentarme encima de él, besándonos apasionadamente como si el mañana fuera un mito de leyenda.

Me quitó la playera y al descubrir mis rosados pezones los mordió fuertemente y luego los lamió delicadamente como reparando el castigo de sus dientes. Siguió lamiendo mi cuello y pezones de una manera que me hacía gemir calladamente de placer, la calle enfrente de mi casa estaba oscura y vacía y eso nos daba abrigo y el escondite perfecto.

En un hábil movimiento nos cambió al lugar del copiloto y haciéndome subir al tablero, me sentó en él e hizo que me recargara sobre mis codos y desabrochó mi pantalón bajándolo con todo y trusa hasta mis tobillos y elevando mis piernas tomándolas por las pantorrillas mi rosado ojete quedó a escasos centímetros de su cara.

Él dándome una mirada lujuriosa por unos segundos, sacó la lengua y la posó directamente en mi palpitante hoyo rosadito y lampiño, sus lengüetazos iban en aumento y mi agujerito quedaba húmedo y más abierto cada vez, yo en estos momentos gemía como loco y arañaba el tablero, el toldo y todo lo que se me pusiera enfrente, estaba en el limbo del placer.

Con una mano mantenía elevadas mis dos piernas y con la otra se jalaba el tronco de su verga furiosamente mientras que su lengua hurgaba más y más profundo la más secreta intimidad de mi agujero.

En eso me bajó a su regazo nuevamente y por unos segundos sentí la enorme cabeza de su gordo rabo tratando de penetrar mi culo y cuando siento que la punta de su gran cabeza entra borrando los pliegues de mi ano penetrándolo, Sergio mete su lengua en mi boca y por unos instantes sentí el sabor de mi propia raja del culo todavía presente en sus labios. Y así sin más habiéndome penetrado con solo la cabeza de su verga Sergio me apartó de pronto y me hizo a un lado, y vistiéndose me dijo que me bajara del carro.

Yo confundidísimo me vestí rápidamente y saliendo por la puerta del copiloto Sergio se acercó a la puerta del volante donde me había quedado y la abrió, esperando que yo saliera y cuando lo hice rocé con mi boca delicadamente su cuello, Sergio se estremeció levemente y tomando el volante arrancó inesperadamente su auto, dejándome confundido, solitario en medio de la calle y caliente.

Su extraña actitud había dejado mi mente nublada y confundida, no sabía que hacer y espere unos instantes antes de darme cuenta que tenía un leve ardor en mi culo, que comenzaba a llover, que no sabía que podía oír los latidos de mi propio corazón,  y que todos los pensamientos contradictorios de furia llegaban demasiado tarde porque estaba perdida e irrevocablemente enamorado de él.

“Esta mañana ya no es igual, hoy no soporto sin ti despertar, duele mi miedo, tu indecisión, duelen las horas sin tu amor….pídeme tiempo para pensar, pero no; no te alejes.” “atrévete a quedarte conmigo, yo te aseguro que soy tu destino….¡quédate conmigo!”

Eran las palabras de la canción “Quédate conmigo” de Janette Chao, las que me hacían abrir los ojos a la mañana siguiente después de un sueño profundo,  provenientes del despertador de mi estéreo y concordaban exactamente con el estado caótico en el que se encontraba mi mente.

Me percaté sorprendido que una gran mancha de semen seca estaba en mi ropa interior, y recordando el sueño más hermoso que he tenido con Sergio, en el cual ataviado de una playera negra ajustada y jeans azules, llegaba por mí en una espectacular motocicleta nueva, y me hacía manejar su vehículo pegado a mis nalgas y sintiendo el palpitante bulto de su verga contra éstas, me hacía venir de una manera deliciosa.

Creo que mi cuerpo reaccionó a la gran calentura que mi maduro profesor había dejado en mi al no completar la relación sexual, dejando mi cuerpo y mis ganas bramando de deseo. Todo el día de ese domingo me la pasé pensando en él, y el tiempo alternaba en secuencias de rapidez y lentitud, haciéndome perder la concentración de la tarea que debía entregar la mañana siguiente.

Al otro día al terminar las clases me decidí a enfrentarlo, venía caminando por un solitario pasillo, y al verme parado en el aula vacía pasó de largo sin saludarme y yo decidido le hable: -¡sé que sientes algo por mí! Ayer lo sentí en ese beso que me diste, ¿por qué te empeñas en negar tu sexualidad? ¿por qué la reprimes?-  Sergio se detuvo en seco y continuó dándome la espalda por unos instantes.

Se volvió hacia mí y furioso me tomó de una de mis muñecas y sujetándome fuertemente me dijo: -¡porque esto no está bien! ¡soy tu profesor, cabrón! ¡con una chingada! ¿no puedes simplemente dejar las cosas así? ¡me puedes meter en muchos problemas! -¿eso es todo lo que te importa? ¿los problemas que puedas tener? ¿y por eso vas a reprimirte? El sábado correspondiste a mis besos de una manera tan sincera que supe en ese momento que nunca te he sido indiferente ¡que también me deseas! -te recuerdo que soy mayor de edad, que nadie se tiene que enterar de esto, que tal vez podamos llegar a… – me frenó en ese momento mis palabras y de pronto me dijo: -¿llegar a que? No sueñes niño, esto fue un error y no volverá a repetirse, ¡nunca pasó! ¿ok? Ahora déjame tranquilo y sigamos con la relación alumno-profesor como si nada ¿de acuerdo?- me dijo en un tono tan sincero y firme que reprimió la salida de una de mis lagrimas.

-¿De acuerdo?- insistió ahora de una manera más serena, con una angustia reflejada en su guapo rostro- de acuerdo- le contesté dándome la media vuelta y regresando a mi aula escuché sus pasos alejarse.

Pasaron los días y las semanas y Sergio llegaba a su clase y la impartía como si nada, pero de vez en vez cuando nos dictaba algún tema y yo agachaba la cabeza para transcribir sus palabras en mi laptop sentía su mirada taladrándome el alma. Una tarde mientras escuchaba “Me cuesta tanto olvidarte” del grupo Mecano, en mi computadora, súbitamente recordé a mi alias olvidado “Gaby” y a la cuenta de Hotmail que creé con el propósito de enamorar a mi profesor, y cuando ingresé, mi sorpresa sería enorme al descubrir varios correos de Sergio sin leer.

Los abrí uno a uno rápidamente en el orden en el que llegaron y los devoré ansioso, y mi corazón latió fuertemente al leer en el último correo que extrañaba chatear conmigo y que cuando viera esto me conectara, ya que tenía que contarme algunas cosas de su vida y no sabía con quién desahogarse. Esa noche me conecté usando el alias de “Gaby” y al poco rato lo hizo también mi amado profesor de Física.

La plática comenzó con los típicos ¿cómo estás?  y te extrañe mucho, cuando Sergio se puso serio y me dijo que ojalá no me decepcionara por lo que iba a contarme, pero que había tenido un encuentro sexual con un chico menor que él, que se sentía confundido, que le costaba tanto decirme esto, pero que era una experiencia que lo había marcado.

Yo me quedé atónito a lo que estaban leyendo mis ojos, ¡mi corazón sentía que después de todo tal vez tendría una oportunidad con él! Y haciendo uso de mis mejores consejos psicológicos que mis 19 años podían permitirme hacer, lo escuché pacientemente, lo dejé desahogarse y por fin le dije que, si bien me sorprendía en gran manera, no era yo “la indicada” para juzgarlo y que lo mejor que podía hacer era hablar con “el chico” y hacer un esfuerzo por sincerarse con él mismo y definir su situación, a nadie le gustan las “ambigüedades”

Sergio siguió la plática, y se serenaba y sinceraba más con cada momento que pasaba, y por fin me confesó que esa era la razón por la que se había divorciado de su mujer, ya que en su adolescencia tuvo algunos encuentros homosexuales y que esos “placenteros” recuerdos lo perseguían al punto de volverse loco.

+Ella por supuesto no lo perdonó, y lo abandonó hace años, y que ya siendo soltero no se animó nunca a volver a tener nada con otro hombre hasta que conoció a mi “tocayo” Gabriel.

También le contó que recientemente salía con una mujer llamada Lila, y que no sabía porqué diablos trataba de enmendar su camino con ella, si sabía perfectamente que aunque le atraía sexualmente también lo hacían los hombres y que no podía soportar el hecho de que estaría muy tentado a engañarla con alguno si su relación se formalizaba, así que había decidido hablar con ella y terminar su romance. Yo comportándome como “una buena amiga” lo dejé hablar por horas hasta que las 4 de la mañana nos sorprendieron y al despedirnos nos fuimos a dormir, yo con una enorme sonrisa en mi rostro.

El final del ciclo escolar al igual que mi cumpleaños se acercaban, y decidí organizar con unos amigos una fiesta para celebrar mi onomástico y el final de cursos. Dos días antes de que finalizara el semestre, llegué al escritorio donde estaba Sergio sentado revisando unos exámenes y sin decirle nada le dejé una invitación para ese fin de semana con motivo de mi fiesta, él sorprendido la tomó en sus manos y yo con una sonrisa le dije que esperaba que fuera y salí del salón. Junto con unos buenos amigos organizamos mi fiesta en casa de uno de ellos y ese día ultimando detalles, inflábamos globos y acomodábamos los snacks en las mesas.

“Give it to me” de Madonna retumbaba en toda la casa, cuando los invitados comenzaban a llegar.

Sinceramente jamás imaginé que Sergio fuera a ir a mi fiesta, una cosa era lo que le había contado  a “Gaby” y otra muy diferente que algún día se animara a hacerlo, así que traté de divertirme sin la sombra de su recuerdo por una noche. Y de pronto cruzando la puerta del jardín llegó corriendo con un regalo en sus manos y usándolo como protección para los aspersores de agua que en ese momento se encendieron mojándolo suavemente.

La escena la viví como en cámara lenta, viendo la totalidad de este hombre representando para mi la perfección masculina. Sonriendo llegó apenas mojado y riendo ambos nerviosos sin saber que decir, tan sólo atinó a regalarme el más increíble de los abrazos, enloqueciendo mis sentidos, y atesorando ese bello momento hasta el final de mis días. Y así como así, le gente iba y venía al ritmo eterno de la música, los tragos, las risas y cuando Sergio me regaló la más hermosa de las sonrisas desde la mesa de bocadillos donde platicaba con unos alumnos, pensé que la vida no podía ser mejor, viví uno de los mejores cumpleaños de mi vida.

Estaba a punto de ir a su lado y tal vez poder platicar sobre nosotros cuando la presión de una fuerte mano contra mi boca y otra contra mi cuello sujetándome, hizo desorbitar mis ojos de miedo, cuando comenzó a empujarme hacia un cuarto alejado del resto de la casa y un atemorizante shhhhh me indicaba que esto no era una broma…..

Continuará…

Autor: BABYBOY

israboston@hotmail.com

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La mamá de mi polola

Nos revolcamos con pasión, y me dispuse a penetrarla, levanté una de sus piernas, la puse en mi hombro, y se la metí despacio dentro de su vagina caliente, ella solo gimió despacio, sabía que le había causado muchas sensaciones, así empezó el mete y saca que nos calentó mucho más a los dos, sus grandes pechos bailoteaban al son de mis empellones, y eso  a mi suegra le fascinaba.

Para comenzar me presento, me llamo Fabián, tengo 23 años, vivo en Iquique, Chile, soy moreno, delgado, atlético, mido alrededor de 1.80, atractivo por lo que me dicen, pololeo (así se le dicen en Chile a los noviazgos), hace tres años con Sandra, una hermosa chica de 20 años, con la que me llevo muy bien en todo sentido, pero les quiero contar lo que me sucedió con mi suegra, Oriana.

Ella es rubia, pelo corto, gordita, tiene 46 años, unos pechos enormes y un culo grande y redondo, desde que la conocí, la encontré atractiva, a pesar de su gordura, era guapa, siempre que yo iba a la casa, a ver a Sandra mi novia, hablaba con ella, sus preocupaciones conmigo, me hacían creer que yo le importaba algo más, pero no, siempre creí que era sólo mi imaginación.

Me decía que estaba cansada de sentirse sola, su marido es camionero, y recorre Chile de punta a punta, pasa más fuera de la casa que con ella, y me decía que eso la tenía aburrida, mientras me decía eso, yo pensaba en el tiempo que llevaba sin tener sexo, y eso en lo particular me calentaba demasiado.

Yo siempre la encontré deseable, quería ser algo más que el pololo de su hija, su amante, estaba dispuesto a ser el hombre que ella necesitaba, el que siempre la atendería como una reina, la reina de mi vida.

Fue así que en un día de septiembre, fui a su casa, había quedado de salir con mi polola, llegué y ella se había ido a la playa con unas amigas de la universidad, su hermana tampoco estaba, y mi suegro tampoco, andaba de viaje en el sur, por lo tanto, Oriana estaba sola, la oportunidad que yo estaba esperando, por fin se había dado, y lo mejor de todo era su cumpleaños.

Llegué la saludé con un cálido beso en la mejilla y pasé, me dijo que si la quería acompañar a almorzar, ya que estaba sola y era lo peor pasar un cumpleaños sin la compañía de sus seres queridos, yo le abracé y le deseé un feliz cumpleaños me miró-gracias, eres el único que se acordó-me dijo, para que vea cuanto la quiero-le respondí.

Seguimos hablando y comiendo, hablamos de muchas cosas, de lo sola que se sentía, de lo botada que se encontraba de repente, y que hacían meses que estaba dejada de lado, sexualmente hablando, -¿Cómo mi suegro ya no la toca?-pregunté, -ya no Fabián, me debe encontrar gorda, vieja y fea-, me dijo, -para nada usted, esta mejor que nunca-le respondí-, me miró y se sonrojó, era gordita si, pero bella, andaba con una blusa celeste y una falda negra, nada sexy, pero me calentó.

Brindamos y a Oriana se le cayó un tenedor, se agachó a recogerlo y yo también, quedamos al lado de la mesa, mirándonos frente a frente, y en un arrebato nos besamos, con pasión, ella se arrepintió,-disculpa- me dijo, -no se preocupe, yo la quería besar-le respondí, nos seguimos besando, y nos fuimos a la pieza de alojados que había en su casa, no quería culear en la cama matrimonial, aunque en esa cama hace rato que ya no pasaba nada.

Llegamos a su pieza, Oriana se quitó la blusa y apareció un lindo sostén blanco, que sujetaba esos grandes pechos, parecían explotar dentro de ese sostén, yo me quité la camisa, los pantalones, y solo con un slip, la abracé por detrás…

Mi suegra sintió mi erecto pene, rozando sus grandes nalgas, aún cubiertas por su falda, le costó quitarse la ropa interior, le daba vergüenza mostrarme su cuerpo gordo…

-No se preocupe, usted así me enamoró…

Le quité el sostén y su calzón, aparecieron unos grandes pechos, con pezones rosados, duros y con ganas de ser chupados y lamidos con mucha pasión.

Y una concha, con poco vello, y que pedía placer, la besé en el cuello, apreté sus pechos, bajé y lengüeté su vagina y chupé su clítoris, ella solo gimió, acariciando mi pelo, con mi otra mano, acariciaba su vagina, húmeda, y caliente.

Me quité mi slip y desnudos nos acostamos, mi suegra tomó mi pene entre sus manos, lo acariciaba, me puse encima de ella, le besé los labios, juntamos nuestras lenguas, besé su cuello, sus enormes pechos, su ombligo y llegué a su vagina húmeda, le lamí el clítoris y suspiró levemente, el olor a hembra de su vagina, me volvió loco, lamía con frenesí, ese delicioso manjar que era solo para mi, ella solo gemía.

Me despeinaba, apretaba mi cabeza y la hundía cada vez más dentro de su concha, en eso acabó y sus líquidos vaginales  cayeron en mi lengua y los saboreé con mucho placer…

Me puse encima de ella y la besé, mientras ella apretaba mi espalda ancha y pellizcaba uno de mis glúteos, nos revolcamos con pasión.

Me dispuse a penetrarla, levanté una de sus piernas y la puse en mi hombro, y se la metí despacio dentro de su vagina caliente, ella solo gimió despacio…

Sabía que le había causado muchas sensaciones, así empezó el mete y saca que nos calentó mucho más a los dos, sus grandes pechos bailoteaban al son de mis empellones, y eso  a mi suegra le fascinaba.

Le avisé que iba a acabar y me moví con más velocidad, ella gemía de placer, y en un instante acabé y su sexo se llenó de mi leche caliente y espesa, que inundó su intimidad…

Así agotado, me acosté a su lado, la besé, y le abracé, ella apoyó su cabeza en mi pecho sudado, lo besaba, me dijo que hacía meses que no lo cogían tan bien en la cama…

El único problema es que yo era el novio de su hija y eso no era correcto, y aparte yo era mucho menor que ella, le respondí que no importaba, nadie tenía porqué saberlo, iba a ser nuestro secreto.

Esa tarde volvimos a coger, con pasión no dejé ninguna parte de su cuerpo sin besar, le dije que la deseaba y que cuando ella quisiera yo iba a estar ahí a su lado siempre disponible, tuvimos sexo en la ducha, con nuestros mojados, volví a hacerla mía, como siempre anhelé.

Así llevamos un año amándonos en secreto, yo me caso el próximo mes con su hija, y ella se ofreció a darme la despedida de soltero, yo feliz que me despida de la soltería mi propia suegrita, así que todo queda en familia.

Autor: Fabián

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Olegario lo conocía

Como quería ver como me entraba y al mismo tiempo disfrutar con la cara de gozo que pondría Jacobino me puse de espaldas sobre la cama con las piernas bien en alto, pero antes de decirle que entrase le extendí una buena cantidad del gel sobre su verga antes de que se pusiese el condón y luego me apliqué otra en mi recto.

En otro relato ya hablé de mí amigo Olegario, cuando fue su cumpleaños y allí tuve un encuentro muy cercano con uno de los invitados.

Pero lamentablemente en materia de “soldaditos” me lleva la delantera porque es muy raro que él no los haya probado antes que yo.

El domingo último estaba aburrido en casa, por eso lo llamé por teléfono con la intención de ir a visitarlo para charlar un poco y no pasar ese día tan huérfano de amistades.

Efectivamente estaba atendiendo su pequeña almacén por eso me dijo que fuese después de las 14 horas porque esa e la hora en que cerraba y después de almorzar tendríamos toda la tarde libre para conversar porque como a las 20 vendría su macho de turno a cumplir con su deber.

Almorcé solo en casa, después saqué el auto del garaje y me encaminé por Gral. Flores hacia la casa de mi amigo que como recordaran es por Piedras Blancas.

Un lugar obligado en ese camino es un cuartel que hay pasando Batlle y Ordóñez y que me bombón  me encontré en la parada del ómnibus que había en las cercanías…

Allí estaba un soldadito como de 25 años, que de tan lindo que era me hizo dar marcha atrás y preguntarle si lo podía acercar a algún lado porque los ómnibuses por ser domingo demoran bastante.

-Voy hasta El Manga si vas para allá te agradecería que me acercaras a la casa de mi novia porque hace más de una semana que no la veo y tengo las bolas por reventar de llenas que están.

A primer vista me pareció más lindo de lo que en realidad es, a lo mejor fue por las ganas de probar una nueva verga o quien sabe por que razón me impactó su figura, es más bajo que yo, regordete de color canela como con un corte de pelo casi rapado y de penetrantes ojos achocolatados

Le contesté que iba solamente hasta Piedras Blancas pero que igual por unas cuadras más no me importaba llevarlo.

El soldadito se sentó al lado mío, desde donde pude verle sus enormes manos una de ellas cubierta con un dragón tatuado lo que me dio tema de conversación.

-Que lindo tatuaje! Tenés más?

-Siiii.. Tengo uno en el culo.. Bueno no en el agujero sino en la nalga.

Reímos los dos  por su salida a la descripción del lugar donde tenía el tatuaje y aproveché para decirle:

-Y  en la pija no tenés ninguno?

Me miró un poco más serio luego se sonrojó un poco pero igualmente me contestó:

-Noooooo!! Porque allí duele mucho…

Mientras lo decía se alisaba la bragueta  la cual miré asombrándome como había crecido.

-Se ve que andás muy caliente!! Se te nota mucho bulto debajo de tu mano.

-Sí… Ya te dije que hace una  semana que no cojo.

Me aventuré a cualquier cosa, total no tenía nada que perder, más que una puteada del soldadito y luego de mandarme a la mierda se bajaría de mi coche.

-Vos tenés toda esa leche y yo ando buscando una buena ración para llenar mi despensa.

Nuevamente me miró serio pero cuando esperaba su puteada me dijo:

-Vos sos trolo? ¿Andás buscando verga?-Me gustaría extraerte toda esa lechita y dejarte las bolas vacías!

En es momento estábamos llegando a la calle donde vive Olegario, tenía que doblar allí pero como le había dicho que no me importaba conducir unas cuadras más para llevarlo hasta su  destino seguí mientras él pensaba su respuesta.

La cual muy autoritariamente salió de sus labios.

-Si me das $500 te doy mi verga por todo el rato que quieras para sacarle toda la leche que puedas..
-Es mucha plata… no tengo esa cantidad acá…

En realidad en mi billetera tenía más dinero que ese, pero no le iba a pagar tanto, si el  no era un profesional y además tendría que pagar algún hotel…

-Te doy $200, pero tendrás que demostrarme que podés acabar tres veces…

Luego de discutir el precio acordamos en que le daría  $300 y luego de esa pequeña discusión comercial agregó:

-Acepto porque estoy muy caliente por eso te voy a llenar el culo con cuatro lechadas que me voy a mandar adentro de él.

Por ahí no conocíamos ningún hotel por eso se me ocurrió ir a lo de Olegario, porque éste no me iba a negar una cama ya que él había disfrutado con sus  amantes ocasionales tantas veces en mi lecho que no podía negarme ese pedido.

-Esperá que llamo a mí novia y le digo que no me espere.

Sacó su celular e inventó algo como que cuando había salido del cuartel lo  llamaron porque lo necesitaban de guardia retirándole el permiso que anteriormente le habían concedido.

Olegario se sorprendió mucho al verme acompañado pero al verme con que estaba con el soldadito me dijo:

-Así que vos también conocés a Jacobino?

El sorprendido fui yo, pero mi acompañante no pudo negar que también había sido “alquilado “ en otras ocasiones por Olegario para que llenase su culo hambriento de verga a toda hora.

-Así que te levantaste al Jacobino, vas a ver es una máquina de producir leche, no para de largar chorro tras chorro… te va a dejar las tripas llenas y por una semana no vas a poder vaciarlas…

Tomamos unas cervezas antes de pedirle a Olegario su cama la cual nos cedió  gustoso pero con la condición de que la dejásemos libre antes de la  hora en que vendría su macho de turno.

Después de un rato Olegario terminó de arreglar su cocina, se preparó un termo de agua caliente y nos dijo que se iba a tomar mate a la casa de su vecina del fondo así tendríamos toda la casa para nosotros porque el Jacobino hace mucho bochinche cuando coje.

Cuando se hubo sacado sus calzoncillos me mostró su verga la cual apretó entre sus manos mostrándome una pija circuncidada de cabeza morada, no muy larga pero bastante gruesa en la base, me acerqué hacia él la tomé con mi mano para medir su calibre diciéndole:

-Es muy gruesa! Me vas a lastimar todo! -Ahora te aguantás porque ando muy caliente y ya es tarde para  llenar de leche a mi novia… -Voy a ver si Olegario tiene algún lubricante en algún cajón porque tenés una verga muy apetitosa.. Y no me la quiero perder por nada del mundo.

Siguió un rato apretándola para que se le pusiese dura aunque era más por exhibicionismo  que por otra cosa porque con la calentura que tenía no era necesario hacer tanta alharaca de ella, mientras él seguía jugando con su herramienta yo revolvía  las cosas de Olegario y por suerte encontré un tubo de lubricante.

Lamentablemente no tenía mi cámara fotográfica porque no había ido con la intención de “cazar” sino de visitar a mi amigo Olegario para pasar el rato, pero gracias a los inventos modernos hay teléfonos celulares con cámara.

Antes de pasar a la acción saqué el celular y al verme con él en la mano bastante molesto me dijo:

-Te vas a poner a hablar? Déjate de joder vení a chupármela de una vez!!

Apunté a su verga y tomé la primera fotografía, la cual lo hizo enojar bastante.

-¿Vinimos para coger o para que me saqués fotos? -Para todo. Déjame que te saque unas fotos para  mi álbum después hacemos lo que quieras…

Un poco más resignado me pidió que no le sacase fotos de su cara, que de lo demás no había problemas por eso me agaché y logré una tremendamente hermosa fotografía de su verga desde abajo y quiero compartirla con mis lectores.

Las bolas estaban muy apretaditas ocultando las reservas lácteas que ni me imaginaba que habían producido en esa semana de abstinencia, no sé el por qué pero en las fotografías desde abajo las vergas  parecen más grandes de lo que en realidad son o Jacobino estaba muy excitado y al verme agachado allí con mi cámara cerca de su verga se imaginó quien sabe que cosa que lo hizo poner con la verga de ese tamaño porque en las otras tomas que hice de su herramienta jamás la vi tan enorme con en la foto tomada desde el suelo.

Jacobino finalmente se tiró en la cama donde le tomé la última fotografía antes de comenzar con lo que relataré a continuación de la fotografía.

Aunque parecía limpio cuando lo recogí en Gral. Flores igualmente le pedí que se bañase porque quería ver como se enjabonaba y al mismo tiempo lavarlo con mis manos.

No ves que estoy limpito… pero como nunca me lavó un hombre…  te voy a dejar que lo hagas a lo mejor me excita más y te acabo cinco y no cuatro veces como te lo prometí, pero si seguís con tantos alargues  no vamos a terminar antes que llegue Olegario.

Entramos los dos juntos a la ducha, tomé el jabón y me puse a enjabonarle su verga la cual estaba a punto de estallar por eso me dijo que no lo pajeara mucho porque iba a desperdiciar su leche y luego me puse a lavar su hoyito ante sus protestas de que él no era puto para que tratase de meter mis dedos  por allí por eso dejé de hacerlo para dedicarme a enjabonarme el mío.

Al volver al dormitorio tomé el tubo de lubricante y me apliqué una buena cantidad en el interior de mi anatomía mientras Jacobino mirándome  me decía:

-Humedécelo bien porque hoy seguro que te lo rompo!!

Cuando él se acostó a mi lado  comencé a acariciarle todo su cuerpo sin que él se moviese un milímetro simplemente sus lentos susurros de placer podían oírse en esa habitación,

Su piel canela oscura se estremecía bajo  el contacto de las yemas de mis dedos pero cuando comencé a mordisquearle las tetillas me empujó diciéndome que ya era suficiente que me pusiese a mamársela de una vez por todas.

A pesar de que su verga había estado dura como un garrote por alguna extraña razón cuando comencé a lamerla estaba lo que vulgarmente decimos “bobona”, pero con unas pocas caricias linguales y unas buenas succiones las cuales hice muy rápido ésta adquirió el esplendoroso vigor que había perdido por unos instantes.

Él estaba boca arriba mientras yo apretaba sus rodillas con mis muslos saboreando su rica herramienta podía sentir sus manos apretándome la nuca para que me la tragase entera.

Tomó mi cabeza para guiar los movimientos controlando cuando su verga salía de mi boca para que inmediatamente me la tragase nuevamente lamiéndole el glande y a los pocos segundos podía sentir sus vellos púbicos chocar con mi nariz.

Jacobino no podía aguantar más quería expulsar su semen y me lo demostró con su gran agitación mezclada con gemidos y contracciones de su pija dentro de mi boca por eso detuve la labor que estaba haciendo para pedirle que no acabase porque mi entrada trasera lo esperaba.

Mi excitación también era notoria porque mi ano latía con unas  increíbles contracciones del esfínter que reclamaba que lo visitasen inmediatamente.

Jacobino me dijo:

-Date vuelta, que ya está lista!

Y tenía razón porque su cabeza estaba completamente rojiza por lo inflamada que estaba ya que además de mis succiones él la mantenía apretada entre sus manos obligando a la sangre a amontonarse dentro de su glande.

Como quería ver como me entraba y al mismo tiempo disfrutar con la cara de gozo que pondría Jacobino me puse de espaldas sobre la cama con las piernas bien en alto, pero antes de decirle que entrase le extendí una buena cantidad del gel sobre su verga antes de que se pusiese el condón y luego me apliqué otra en mi recto.

Con dos almohadas bajo mi cintura Jacobino acercó su enfundada herramienta a los pliegues de mi orto presionando en ellos, como todo un experto hizo que éste se abriese dándole paso a su tranca por lo que ambos resoplamos  de placer cuando su glande pasó sin siquiera darme ninguna molestia dolorosa.

-Por suerte entró!!! Sin dolerme… -También con todo el lubricante que te metiste en el culo, te hubiese entrado un camión.

Tenía su cara muy cerca de la mía por eso podía ver como gozaba con cada pedazo de carne que iba introduciendo en mis entrañas y hasta podía ver su mirada perdida, podía sentir su aliento sobre mi boca cada vez que lo emitía dándome a entender que le gustaba lo que estaba haciendo.

Comenzó a moverse a buen ritmo, en el momento en que tuve mi orgasmo lanzando toda mí leche sobre mi vientre lo atraje con mis piernas detrás de su cintura y apenas posé mis labios sobre los suyos me dio un cachetazo diciéndome:

-Pará puto!! Yo no soy trolo para que me andés besando.

Luego con una furia incontrolable me la clavó casi hasta los huevos lanzando unos gemidos muy audibles y su verga comenzó  a expandirse hasta que dejé de sentir sus latidos detrás de mi próstata.

Sé que acabó mucha cantidad porque su eyaculacción duró mucho tiempo y cuando hubo cesado sacó su enfundada mandolina vaciando a continuación sobre mi pecho el contenido del condón diciéndome:

-No se te ocurra besarme otra vez! Gocé mucho dentro de tu culo como te diste cuenta pero nada de cosa de putos.

Mi esfínter al sentirse vacío aun pulsaba dándome a entender  que necesitaba más estocada violentas, pero yo ni sabía lo que iba a pasar después de esa tremenda “trepada”.

Aunque su verga estaba asquerosa por el lubricante derretido y la leche la acercó hasta mí boca obligándome a lamerla hasta que no estuvo nuevamente limpia no dijo ninguna palabra.

-Cómo me apretaste el culo cuando iba a acabar!!! Mirá son el tercer trolo que me cojo y el que me hizo gozar más, a lo mejor es porque andaba muy caliente…

Me puso en cuatro patas, luego comenzó a  pasarme la verga por el anillo abierto dándome golpecitos con su herramienta aun bobona y luego de estar jugando con sus dedos  en mi hoyito me pidió otro condón y sin  lubricante alguno me la dejó ir.

-Apretá el orto!!!

Gimió como un condenado cuando casi le estrangulé la verga por la fuerte contracción que mis reflejos cerebrales transmitieron a los centros nerviosos del esfínter.

-Noooooooooooooo tanto, loco!!!

Paf, paf, paf cada vez más acompasados se podían oír esos golpes de sus caderas contra mis nalgas a la vez que sus huevos chocaban con los míos, después toda su ferramenta desaparecía para volver a emerger trayendo tras de sí gemidos, susurros, y toda clase de palabras groseras las cuales fueron emitidas por su garganta.

Pasó sus manos bajo mí estomago apretándome como si fuese una tenaza pero no llegó a tocarme la verga, que era lo que yo deseaba que hiciese, que me pajease para disfrutar por delante y por detrás al mismo tiempo.

Estuvo dándome un buen rato hasta que pude sentir que la sacaba totalmente pero cuando esperaba que me llenase de nuevo me dio un manotón haciéndome poner boca arriba y sacándose el condón se pajeó a toda velocidad hasta que de su verga brotó otra generosa ración láctea  la cual fue mezclada con la anterior que ya estaba secándose.

-Viste como cumplo!! Ya van dos y vos recién te echaste uno… -Sí, pero mirá que dura la tengo!
-Bahhhh!! Pero ni rastros de leche se asoman por tu agujero. -No me diste tiempo! La sacaste antes de que comenzase a gozar… -Tenés un culo fabuloso!! Mejor que el de Olegario que está muy dilatado, mi verga  allí dentro baila  de lo grande que lo tiene pero como paga bien me  lo cojo cuando me llama.

No me iba a poner a decirle cosas de mi amigo Olegario, supongo que hará como cincuenta años que traga pija por su orto, porque empezó de niño en su pueblo allá en Salto, supongo que siempre fue pasivo porque nunca me dijo que usaba su verga, pero cada vez quiere más grandes será por la dilatación tremenda que dijo Jacobino que tiene que no goza con vergas normales.

Mi cuerpo estaba muy pegajoso y al mismo tiempo el olor a semen era bastante alto por eso le dije a Jacobino que me iba a bañar y él me contestó  que iba a hacer lo mismo  porque tenía algunos restos de semen sobre su abdomen mezclados con el olor a la transpiración producida por el esfuerzo de empujar y empujar…

Mientra nos bañábamos me dijo:

-Me hiciste gozar mucho, pero espero más. Mirá ya te dije que me cogí a dos putos antes que a vos, lo hice por plata pero también porque me gusta sentir como le abro el culo con mi verga haciéndolos gemir de placer y de dolor. -Se nota que conmigo estás disfrutando… -Sí porque sos el más joven de los tres, tu culo no está tan flojo como el de ellos, el primero era un señor sesentón no aguataba mucho después que acababa, no quería más y yo siempre estoy caliente.

Bajo la ducha comencé a tocársela porque como yo no había acabado aun tenía ganas y él respondió al estímulo de mi mano guiando su verga hacia mi boca, mientras el agua caía sobre mi cabeza mamé su instrumento por unos minutos hasta que luego de secarnos un poco volvimos para la cama de Olegario.

Él se sentó sobre la cama pidiéndome que se la chupase hincado entre sus piernas cosa que  hice, pero a los pocos minutos mi lengua traviesa se había desplazado hasta sus bolas las cuales habían disminuidos en tamaño dándome la pauta de que se estaban  vaciando.

Cuando llegué a la raíz de  su verga le pregunté:

-Me dejás chuparte el orto?

-Ya te dije que no soy puto!!! Pero si querés podés lamerme todo el aro pero por fuera no hay problema!.

Le levanté las piernas doblándolas hacia su pecho dejando sus nalgas abiertas para que pudiese lamer todo el espacio entre sus bolas y su agujero, el cual mi lengua golosa fue saboreando hasta llegar al umbral  del sitio donde no podía avanzar.

Finalmente casi lo había logrado el que no era puto estaba frente a mí con el centro del varón a mi entera disposición tratando de estimularlo lo suficiente como para que me pidiese verga!.

Abrió sus piernas como una puta caliente dejándome que pusiese mi cara frente a sus nalgas y mi lengua comenzó a lamer aquel agujero que ni en sueños me había imaginado que fuese tan peludo.

Después de recorrer toda la parte circundante noté que gemía mucho pero no se atrevía a decirme que avanzase hacia su agujero, por eso comencé a humedecer con mi saliva sus pliegues rugosos y al sentir como mi lengua trataba de distenderlos me gritó desesperado:

-Meté solo la lengua!! Me está gustando!

Mi lengua se abrió camino mientras su hoyo al sentir al invasor se contrajo de una forma muy brusca apretándomela instantáneamente, contracción que me fue casi imposible revertir por el dolor que sentía en la punta de la sin hueso.

El soldadito emitió un fuerte gemido porque su placer era inmenso pero igualmente no aflojaba su esfínter, hasta que con mi lengua en el centro y con mi mano pajeándolo lo fue aflojando porque su gozo pudo más que sus temores.

Podía sentir como sus bolas se agitaban subiendo y bajando hasta que no se contuvo más explotando en un sinfín de gemidos acompañados de otra cantidad de lechecita tibia la cual me mojó  la mano que le apretaba su verga.

El culo de Jacobino  latía bajo mi lengua y poniéndome de pie apunté mi verga hacia allí mojándole todo el agujero con mi descarga la cual se produjo inmediatamente después de abandonar las lamidas de su orto.

A pesar de que su verga dejó de expulsar leche Jacobino seguía gimiendo a lo mejor fue por el calor que le produjo mi lechada sobre en su culito virgen.

Finalizada toda la excitación nuestros cuerpos volvieron a su estado de reposo casi habitual, el cual aprovechamos para charlar un rato mientras nos fumábamos unos cigarrillos.

Jacobino estaba preocupado porque el anilingus que yo muy expertamente le había practicado lo había llevado prácticamente a las nubes y estaba temeroso de que se estuviese volviendo gay.

Estaba tratando de convencerlo de que era normal lo que había sucedido cuando oímos el grito de Olegario que nos decía:

-Todavía no terminaron? -Pahhhh!!! Llegó Olegario!! Que rápido pasó el tiempo!!! Todavía te debo un polvo…..

Le gritamos a Olegario que ya terminábamos y me puse a mamársela a toda prisa por suerte a Jacobino todavía le quedaban reservas porque me puso a lo perrito mandándomela hacia adentro con toda facilidad.

El soldadito estuvo un buen rato con el mete y saca hasta que nuevamente oímos el grito de Olegario que nos decía que se iba a bañar porque estaba por llegar su amigo.

Demoró un buen rato en acabar nuevamente mientras yo ya me había derramado mojando toda la cama de Olegario, pero cuando el soldadito se puso muy tenso me di cuenta de que iba a finalizar esa dulce tortura que estaba recibiendo mi ano.

Al sacarse el condón me mostró su cuarta eyaculacción diciéndome que había cumplido.

No sé cuanto duró en verter este último polvo el cual  me mostró dentro del condón, pero supongo que fueron como 20 minutos porque Olegario ya se había bañado y pugnaba por entrar a su dormitorio para vestirse.

No nos dio tiempo a bañarnos porque ya eran las 8 de la noche, Olegario estaba impaciente porque en cualquier momento iba a llegar su nuevo amigo por eso nos lavamos un poco y luego de vestirnos nos despedimos del dueño de casa.

De regreso por Gral. Flores le pregunté a Jacobino donde quería que lo dejase.

-Déjame cerca del cuartel porque estoy muy cansado pero antes pará en un supermercado porque tengo sed y quiero comprarme una cerveza.

Le di los $300 pero no bajé con él, me quedé esperándolo en el coche y mientras lo hacía pensaba en cuanto había disfrutado aunque me hubiese gustado llevarlo a mi casa para otro rato más de esparcimiento no lo hice porque estaba muy agotado.

Lo dejé a una cuadra del cuartel con su botella de cerveza la cual estaba tomado y pensaba terminarla  antes de entrar.

Me dio su celular diciéndome que estaba a mi servicio cuando quisiera siempre y cuando le diesen libre en el cuartel.

Un abrazo

OMAR

PD: Espero que les hayan gustado mis relatos.

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