El hijo de Patricia

Amor Filial Hetero, Madre e Hijo. Patricia no podría detenerse más, estaba lanzada al placer total, las paredes de su concha se estiraron, hijo, la tienes tan grande, los gemidos acompañaron a Simón en cada embestida de la verga contra la carne de su madre. Patricia respiró vigorosamente, por la excitación tenía los pechos enrojecidos, que apretó contra el pecho de su hijo y las manos fijas al culo empujándolo más dentro.

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Como me cogí a mi cuñada

Infidelidad. Esa hermosura de culito se deglutía mi verga centímetro a centímetro  ella hizo presión para atrás con las nalgas, y se la enterré hasta los testículos, al final dejó de forcejear, estuve como 20 minutos dándole por el culo, no se la saqué nunca desde el primer empujón, mis dedos no dejaban de acariciar su clítoris, se corrió dos veces en mi mano, no daba más y  me volví a venir en su culazo.

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Primeras Experiencias A Solas

Para todo hay una primera vez. Experimenta.

Afuera llovía copiosamente, Kenia llegaba del trabajo en un viernes por la noche. El día, y la semana en general, estuvieron bastante pesados, así que lo único que quería hacer era llegar a su departamento, llenar la tina con sales aromáticas y darse un buen baño relajante, lo tenía merecido.
Llegó hasta el 271 de su edificio y entró, la obscuridad reinaba, sin embargo conocía ese departamento centímetro a centímetro, llevaba mas de 3 años viviendo ahí. Su mano alcanzó el apagador de pared y de inmediato las sombras fueron desterradas, iluminando con potencia el recibidor.
Kenia dejó su bolso en la mesita de café al centro de la salita de estar así como sus tacones, maldijo por lo bajo el tener que usarlos diariamente, pero ahora que sus pies y su espalda estaban libres del yugo de la moda y la formalidad se sintió aliviada, y de mejor humor. Aunque faltaba por liberarse de algunas cosas mas.
Ya en la cocina preparó la tetera con algo de té negro y azahares, el cual calentaría después de su merecido baño, y se dirigió a su objetivo, el cual era como el de la mayoría de apartamentos en el edificio, solo que el de ella y unos cuantos vecinos afortunados, tenía una bañera bastante amplia. Tomó un poco de sales de a lado del bidé y las esparció por la bañera, acto seguido empezó a llenarla con agua caliente. El sonido del agua cayendo sobre el azulejo de la tina la relajaba, siempre tenía ese efecto sobre ella. La tina tardaría unos minutos en llenarse por completo así que fue a la habitación contigua, que era su habitación a desnudarse.
Era un habitación espaciosa con todo bien distribuido, el ambiente olía a su perfume, su maquillaje y a retazos de su intimidad. En una de las esquinas del cuarto, Kenia tenía un espejo de cuerpo completo enfrente del cual se vestía por la mañana y se desvestía por la noche, recorriendo centímetro a centímetro su cuerpo en busca de algún gramo de mas, normalmente no lo encontraba y eso la ponía feliz antes de meterse a la cama, completamente desnuda, por que así se sentía con mas libertad. El roce de las sábanas con sus pezones siempre le había causado un gustillo que no comentaba con nadie, ni siquiera sus amigas mas íntimas; esto también le pasaba con el vello de su entrepierna, pues cuando no lo depilaba le gustaba sentir el roce de la tela con el intrincado valle que custodiaba su entrada, su intimidad.
Su blusa de seda blanca Yves Saint Laurent estaba bastante húmeda por la incipiente tormenta, aunque ya no era así pues ahora llovía a cántaros afuera de su apartamento, y debido a esta humedad, la blusa se pegaba a sus formas revelando unos incipientes pezones reacios a quedarse pequeños y temerosos atrás del sostén. Retiró la blusa después de desabotonarla, acto seguido retiró la falda y las medias de seda también, a juego con la blusa, y se miró al espejo. Así en ropa interior o menos le gustaba estar por el apartamento, al fin y al cabo vivía sola y nadie podía recriminarle tal acto de libertad. Ahora la imagen que le devolvía el espejo era de una mujer de veintipocos, de tez clara, cabello castaño obscuro y ojos claros. Pero que también tenía una figura torneada, la cual era la envidia de muchas compañeras de trabajo por que sin ser escultural, sus senos desafiaban con éxito la gravedad así como sus gluteos, ahora enfundados en una tanga con encajes y transparencias color negra, a juego con el sostén, el cual contenía unos senos bastante prominentes y de formas bastante definidas, rematados por unos pezones claros y ahora desafiantes. Retiró el sostén de su pecho con el rebote de sus senos que esto conllevaba y sintió lo que algunas chicas llaman el alivio del fin del día, y ella sabía exactamente por que. Los examinó y contenta con el resutado acarició levemente los pezones erectos ya por el cambio de temperatura, y, acto seguido bajó su tanga con movimientos diestros, y al hacerlo reveló un pubis despejado, sin un solo vello, y su intimidad levemente húmeda, pues siempre que se examinaba se excitaba un poco. Recordaba que alguna amiga le había confesado,en una plática un poco subida de tono que ella se depilaba el sexo para poder masturbarse mejor, sin que el vello intimo se interpusiera en sus toqueteos solitarios. Kenia nunca lo había comprobado, pero suponía que así debería ser.
Se volteó y el espejo le devolvió una vista majestuosa de sus torneadas piernas, depiladas al igual que su pubis, y rematadas por un par de nalgas bastante firmes y llamativas, las cuales eran las responsables de muchas miradas a lo largo del dia, como se lo había confesado un compañero de trabajo.
Conforme con el resultado que le devolvía el espejo, cosa que en ocasiones no era así, se dirigió al cuarto de baño, donde la tina estaba a punto de llenarse. Cerró la llave del agua y probó la temperatura con el dedo índice. Estaba en su punto; ni muy caliente ni fría. La espuma acariciaba la orilla recubierta de azulejo de la tina, Kenia sabía que cuando entrara en ella se desbordaría un poco de agua, pero le encantaba hacer eso.Introdujo una pierna hasta un poco arriba de la rodilla y consiferó que ya podía entrar por completo, así que lo hizo. En el momento en que el agua acarició su vulva sintió un choque eléctrico en esa parte tan íntima de su anatomía, no sabía por que pero le agradó. Una vez con el agua por arriba de sus senos reclinó la cabeza en el borde acolchado de la bañera y se dispuso a relajarse, las sales olían a pétalos de rosa y canela, su aroma favorito. Empezó frotando sus brazos para retirar el leve sudor que el día había dejado en ellos, lo hacía con suavidad, como desearía que lo hiciera algún chico en ese momento. Kenia nunca había cedido a los placeres del sexo en solitario por que pensaba, erróneamente que el sexo sustituía a la masturbación; sin embargo después de esta experiencia comprobó que no se debe ver a la masturbación como algo aparte del sexo, sino como un complemento para una vida sexual plena.
Llegó hasta sus senos, le gustaba sentir su dureza y redondez bajo el agua, y juguetear un poco con los pezones, sin embargo eran toqueteos muy rápidos con fines únicamente higiénicos, además de la prisa cotidiana al asearse.
Pero hoy nadie tenía premura, nadie la presionaba para que llegara al cuarto para las 8, hoy podía consentirse todo lo que quisiera así que se aventuró a acariciar un poco mas, esos pezones que coronaban orgullosamente sus delicados pero firmes senos. Sus pezones volvieron a ponerse duros lentamente, era curioso sentir eso bajo el agua, pero no le desagradó, al contrario, continuó acariciando levemente, y en ocasiones haciendo una leve presión sobre ellos, acariciaba en círculos y pasaba de los pezones a las aureolas rosadas. El jabón ayudaba a incrementar las sensaciones que iban por momentos hasta su intimidad ya completamente húmeda, parte por la excitación de estimular sus pezones sensibles y parte por que el agua llegaba a sus senos, cubrendo por completo su parte íntima.
Kenia no sabía si continuar pues nunca se había sentido tan excitada acariciando su cuerpo, no sabría que hacer si se excitaba mas, pero quería saber que pasaba y mordiéndose el labio inferior empezó a bajar una de sus temblorosas manos hacia su entrada vaginal, pasando por sus costillas, su vientre y casi al final su pubis, terso como un durazno, y esa sensación se incrementaba con el agua.
Al igual que sus senos, Kenia solía tocar su intimidad para lo estrictamente necesario, pero en cuanto rozó su clítoris, el cual ya se mostraba enhiesto y desafiante, una descarga bastante placentera recorrió su cuerpo desde su sexo hasta la punta de los pies y la punta de la cabeza, pasando por los pezones, los cuales se endurecieron un poco mas.
Cerró los ojos y empezó a fantasear, con algunos chicos que conocía, compañeros de clase y uno que otro amigo, sentir sus gruesas manos sobre sus senos y su sexo, así como su miembro eran fantasías que podía permitirse en un momento como este, mientras frotaba con delicadeza ora sus labios, ora su clítoris, el cual respondía con violentas sacudidas de placer que recorrían su cuerpo como avisando que venía algo mas intenso. Y en verdad estaba por llegar.
Su sexo era virgen de sus delgados y finos dedos, aún así, no presentó mayor inconveniente cuando Kenia introdujo un dedo hasta la segunda falange, y al ver que no pasaba nada mas que sentir gustillo, introdujo todo el dedo, y empezó a meterlo y sacarlo como si de un miembro muy delgado se tratase. Pronto un dedo no fue suficiente y después de alternar su atención a su clítoris enhiesto, se decidió a introducir dos dedos en su excitad sexo.
Las paredes vaginales se sentían tersas y húmedas, eso era nuevo para ella, nunca había sentido su interior de esa manera. Estaba gozando de los placeres carnales de la forma mas íntima posible, pues estas sensaciones no las compartía con nadie, solo ella las podía sentir y eran intensas, tanto que empezó a gemir de una forma recatada, como reprimiéndose.
Pasados unos minutos su ritmo cardiaco era acelerado al igual que su respiración, sentía la sangre galopar desbocada en su rostro, uno podría adivinar que estaba sonrojada con carices de lujuria, y estaría en lo cierto.
Una mano se movía a un ritmo vertiginoso en su sexo mientras la otra deleitaba a sus senos con toques y roces que solo podía conferir una chica.
Su orgasmo estaba cerca.
Cuando ya su mano estaba al borde del quirospasmo torturando su enrojecido clítoris, una sensación muy placentera y violenta que salió de su sexo recorrió por completo su cuerpo, sus muslos se tensaron, su espalda se arqueó y hasta los dedos de los pies se tensaron. Las oleadas de placer recorrían su blanca piel y llegaban a sus lugares mas íntimos. Su mente se desconectó por unos segundos de su cuerpo, mas sus manos prolongaban las sensaciones de placer que tanto le estaban gustando. Sus gemidos debían ser audibles en los pasillos del complejo departamental, sin embargo a ella no era consciente de nada mas que de el placer que sentía en su orgasmo. Era una de las experiencias sexuales mas intensas que había tenido, y lo había logrado solo con sus manos. Jadeante y cansada recostó su cabeza en la orilla de la bañera, disfrutando de los restos de su orgasmo. En ese momento, cuando acariciaba con suavidad ya, su ahora relajado clítoris sonó el timbre.

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Me llevaron a esto y me encantó (epilogo y ultima historia)

Holas amigos de Marqueze… Espero que me hayan podido leer en los relatos anteriores, sino háganlo, no tienen desperdicio…

Arrancamos con la primera historia donde entregué mi culito a mi amigo por primera vez, en la segunda ya estaba hecho toda una putita y me cogieron mi amigo y otro más, con una pija increíble… Y en la tercera se desbocó todo en una orgía hermosa donde me hicieron una doble penetración y disfrutamos terriblemente…

El ultimo día que mi amiga estuvo cerca de casa, antes de viajar de vuelta, me llamo mi amigo para que nos juntemos y no me hice rogar… Quería que me cojan, estaba super caliente y toda la semana me estuve clavando en el culo todo lo que encontraba a mano: zanahoria, unos pepinos grandotes…

Quedamos a las 10 de la mañana y fue puntual. Como siempre me dio una bolsita, fui al baño y me puse todo lo que había ahí: tanguita, blusita transparente blanca, tacos altos, lapiz labial…  Cuando salí del baño, estaban en casa mi amiga, su marido y mi chico. No había llegado aún su amigo el más pijudo de todos…

Cuando mi amiga me vió se me acercó, me dijo: “hola mi amorcito” y me besó en la boca. Nos fundimos en un beso caliente y húmedo y comenzamos a tocarnos, cosa que aproveché para sacarle la ropa y tirarla en la cama. Nos cruzamos en un hermoso 69, yo arriba de ella, y comencé a comerle la conchita mientras le dedeaba el culo, cuando siento que su marido comienza a comerme el culo a mí, cosa que sentí y agradecí internamente… Mientras mi chico se acercó a mi por el frente y me dió a mamar su pija… Yo alternaba entre la concha de mi amiga y la pija de mi chico, hasta que esa conchita explotó y acabó en mi lengua.

No tardó mucho en hacer lo mismo mi chico, me llenó la boca de leche y me encantó y me tragué sin derramar una gota.

A todo esto, el marido de mi amiga ya estaba usando mi culo como quería: me estaba clavando un vibrador grandote y me fue poniendo un dedo junto a ese, para arrancarme gemidos y grititos de puta…

-AYYY SIII SIII JUGA CON MI COLA POR FAVOR..!!!!! HACELA TUYA..!!!! AAHHHHHH!!!!!!!!!!!!

-Quiero probar algo con tu culito, me dejás..???

-HACEME LO QUE QUIERAS, ES TU REGALO DE DESPEDIDA..!!!

Me levantaron entre los dos y me pusieron boca abajo, me pararon bien el culito y comenzaron a trabajarme con los dedos de una manera increíble… Sentí que tenía dos o tres dedos de cada uno de ellos dentro del culo, mi amiga comenzó a comerme las tetitas. Ella sabe que cuando me las comen no respondo de mí, así que me desaté..

-METANME TODOS LOS DEDOS, LA MANO, TODOOOOOOOO!!!!!!!!!! AGRANDENME EL CULOOOOOO!!!!!!!

-Ahí vamos, puta hermosa.!! (sentí que me abrían mas, me tiraban aceite, me dedeaban)

No sé cuando sucedió, pero llegó el otro macho pijudo y comenzó a cogerla a mi amiga, mientras siento que mi chico me introduce 4 dedos en el culo y le pido más… Y de a poco fue pasando su mano por mi dilatado ojete… Ahí mis gritos y suplicas no se hicieron esperar…

-AAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH ME ESTAS MATANDO MI AMOOOOOOORRRRRRRRR!!!!!!!!!! A FONDO POR FAVOOORRR!!!!! AAAAAAAAAAASSSSIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

El marido de mi amiga me puso la pija en la boca, la cual no podía chupar como quería porque estaba gimiendo y gritando desaforadamente… Mientras mi amiga era clavada por el culo con la pija de 27×7 y gritaba tambien, todo se descontrolaba.. Saqué la pija de la boca y pedí:

-JURAME QUE ME VAS A DAR ASI TODO EL DÍAAAAAAA!!! En ese momento el marido de mi amiga acabó en mi boca y me la tragué como me gusta…

Me estuvo cogiendo con su mano durante un rato largo y cuando estoy por acabar, mi amiga se acerca y me chupa la pija, tomandose toda mi leche. Se me acerca y me besa y me pasa la lechita que tenía en la boca, la cual me vuelvo a tragar… Y al instante aparece el macho pijudo y me llena la boca de leche de su acabada, ya llevaba 4 leches tragadas y esto recién empezaba.

Cuando me sacó la mano, mi culo quedó vacío y necesitado, mi chico me agarró de atrás y me clavó. Yo no sentía mucho por la abertura que tenía, pero parece que a el le gustó porque me avisa que va a acabar, la saca de mi culo y me llena la boca. Ese día estaba predestinado a tomar todo lo que saliera de sus pijas…

Mis piernas ya estaban medio flojas, por lo cual me agarron entre dos y me sentaron en la pija del mas pijudo, ahí comencé a sentir y gozar nuevamente…

-POR DIOS MI AMOR QUE HERMOSA PIJA!!! COGEMEEEE!!! MOVETE, MI MACHO!!!!!

El marido de mi amiga me lubricó y me ensartó la pija junto con a otra y me estub¿vieron cogiendo lo que para mí fueron horas, hasta que de auno fueron acabando, no sin avisarme y darme su leche en la boquita que disfrute en tragarla toda… Mi amiga estaba cogiendo con mi chico y cuando acabó me la dio a tomar tambien…

Estuvimos cogiendo hasta las 7 de la tarde, yo no podía más, casi no me movía, pero ellos se encargaban de sacudirme y llenarme de leche, de pija, de vibradores, me vestían y me cambiaban, para después arrancarme la tanguita o levantarla fuerte para que se me clavara en el culo…

Gocé como una puta hermosa, me volví loco de tanta pija y tanta leche, y terminé contando más de 9 acabadas todas en mi panza…

Ahora arreglé con mi amigo llevarlo al trabajo todas las mañanas, por lo cual estaciono y antes que se baje le como la pija y él se encarga de darme su ración de lechita calentita para mi desayuno. En una de esas mañanas mientras le chupaba la pija, me bajé el pantalón un poco y le mostré la tanguita que llevaba y el vibrador metido en la cola, el lo prendió y me pidió que lo tuviera todo el día puesto… Así lo hice, acabé como 4 veces y se le agotaron las baterías, pero lo disfruté tanto como disfruto su pija cada vez que puedo.

Me volví su puta, hago lo que me pida y eso ME ENCANTA..!!

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El ginecólogo

Se desabrochó el pantalón y se bajó los calzoncillos. Ante mi vista apareció el bulto esta vez descubierto. Lo acercó a mí sin dilación y yo cerré los ojos al notar cómo se hundía dentro de mí. Los golpes fueron incesantes, uno tras otro hasta conseguir que yo me corriera. Una fuerte sacudida y un resoplido así como la hinchazón de su glande me advirtieron que él tan bien se estaba corriendo.

Las visitas al ginecólogo no me gustan mucho. Bueno, corrijo, ahora sí me gustan. Os explicaré como se produjo el cambio de opinión. Siempre había tenido una mujer como doctora ginecóloga y confieso, que eso me desagradaba menos, pues para mí, ir al gine es desagradable. Imaginaros el rato que pasamos subidas a ese potro y con las piernas abiertas de par en par un buen rato. Nada agradable, lo dicho. Pedí cita para el ginecólogo en una revisión anual. Me dieron día y hora y lo normal. Me duché, me depilé un poco para estar más presentable y me puse mis braguitas acompañada de una falda. También lo normal, y más, si tenemos en cuenta que mi ginecóloga, no me hacía quitarme la falda. Bastaba con subírmela.

Era jueves por la tarde y llegué a la consulta a eso de las 6,30. No había nadie en la sala de espera, aunque yo estaba citada para las 7 h. Me senté a ojear una revista y en ello estaba cuando una enfermera se acercó a mí y me dijo casi al oído que si estaba esperando para ginecología. Conteste que sí, que estaba citada a las 7. Me dijo que esperara y que enseguida me decía si me podía recibir el Doctor Ramírez.

Me quedé perpleja. El doctor Ramírez. No era ese el nombre de mi doctora habitual, pues ella se llamaba Esperanza Buendía. Antes de que pudiera preguntarle nada, salió disparada hacia la consulta. Con la misma rapidez que entró en ella, salió. Me dijo que el doctor me esperaba. La pregunté qué había pasado con la doctora Esperanza y me dijo que había dejado la clínica. El doctor Ramírez la sustituía y él me atendería. Me temblaban las piernas. Que vergüenza me daba entrar a esa consulta con un hombre allí. No sabía si era mayor, joven o de mediana edad. Yo tengo 28 años y lo que menos deseaba era encontrarme a un ginecólogo de edad avanzada. No me gustaba que tocara mis partes íntimas, pues estaba segura que se recrearía en exceso abusando de su posición.

Se abrió la puerta y un hombre de unos 35 a 40 años apareció ante mi vista llamándome por mi apellido. Asentí y me invitó a entrar en la consulta. Lo hice y me dijo que me sentara. El se sentó en el otro extremo de la mesa y comenzó a ojear una carpeta con papeles, supongo que mi historial. De vez en cuando emitía unos sonidos que  a mí  me parecieron de aceptación y asentimiento. Mientras él seguía hojeando aquella carpeta, me indicó que me levantara y me fuera detrás de un biombo que había a su izquierda, que me desnudara completamente y que me subiera en el potro y me cubriera con una sábana blanca que encontraría allí, en el biombo. El, iría enseguida.

Protesté y le dije que si me tenía que desnudar completamente. El me dijo que sí, que era necesario hacer una revisión completa y eso, como era lógico, conllevaba una citología y una oscultación de mamas. Me dirigí hacia el biombo, dejando encima de la silla mi bolso, de mala gana y un poco asustada. No me gustaba la idea de desnudarme del todo y esperar a que llegara aquel hombre, que si bien era mayor, tenía buen aspecto y parecía agradable aunque muy seco como casi todos los médicos. Y tampoco me gustaba que la enfermera no estuviera allí. Aunque tampoco lo vi anormal, pues con la Dra. Esperanza, ella se ausentaba.

Me situé detrás del biombo y comencé a desnudarme. Primero mi blusa, mi falda, mi sujetador y por último mis braguitas. Deje toda la ropa doblada encima de una silla que allí había. Tomé una sábana pequeña, que estaba doblada, me la enrollé en la cintura y salí de tras del biombo. Llegué al potro sin que el Dr. levantara la vista para mirarme y me encaramé en el potro, con dificultad pero lo logré. A continuación, me cubrí el vientre con la sábana y apoyando los talones en los extremos de la silla, esperé.

El médico no tardó en aproximarse allí, y noté con cierto rubor cómo se fijaba en mis pechos desnudos. Traté de mirar hacia otro sitio pero me lo impidió el tacto de la sábana al ser retirada por él de mi cuerpo. Quedé completamente desnuda, allí, a su vista, y con las piernas abiertas y mi vulva ofrecida. El me dijo que estuviera relajada y tranquila a la vez que me daba unas palmaditas en el interior de mi muslo derecho. Se puso unos guantes y me tomó por la parte inferior del culo para atraerme hacia fuera, de tal manera que mi culo quedaba casi sin apoyo. Se acercó a mis pechos y con los guantes aún puestos, él tocó, despacio, uno a uno, los apretó, los levantó. Yo estaba un poco nerviosa y él lo notó. Me dijo que me tranquilizara, que tratara de pensar en otra cosa.

Yo pensaba que como iba a tratar de pensar en otra cosas, si me estaba tocando los pechos, si estaba allí desnuda ante un hombre que no conocía de nada. Decidió quitarse los guantes, aún no sé por que razón, bueno si lo sé, quería tocarme los pechos sin ellos, quería sentirlos sin algo que le impidiera el tacto en su máximo exponente. Una vez se deshizo de los guantes volvió a tocarme los pechos, palpo, apretó y…acarició. Sí, acarició, yo lo noté pero no dije nada. Se entretuvo en mi aureola, en mis pezones y le cambió el gesto de la cara.

Un tanto violento se alejó de mí y fue a una mesa cercana donde tenía utensilios.  Le vi que tomaba un bote en la mano y un trapo. Lo agitaba y echaba líquido en el. No presté más atención. Dejó el trapo en la mesa y volvió a donde yo me encontraba. Fue directamente a mi vagina. Sin guantes, sin nada en las manos, posó una de ellas encima de mi vello púbico. Yo me retraía y él me pidió que por favor tratara de estar relajada. Noté como su dedo se posaba en mi raja y lentamente lo fue introduciendo dentro. Apreté los labios y traté de estar quieta.

Sacó el dedo y se fue directamente a mi clítoris. Pude notar como hurgaba en el. No dije nada. Dejé que hiciera su trabajo, aunque su trabajo me parecía que ya lo había excedido. Al cabo de unos segundos noté un hormigueo en mi vientre. Los tocamientos a los que estaba sometido mi clítoris dieron un resultado que jamás pensé se producirían en mí. Sentía placer. Si hubiera sido un hombre, mi pene se hubiera hinchado. El lo advirtió.

Abandonó mi clítoris y volvió a introducir su dedo dentro de mi vagina. Ahora lo metía y lo sacaba. Yo no pensaba nada, estaba como alucinada allí, suponiendo que eso era lo correcto, aunque a mí no me había pasado nunca algo así en ninguna de mis anteriores visitas al ginecólogo. En un momento y debido a mi excitación se me escapó un gemido de placer. El lo notó y no se violentó, al contrario, me preguntó abiertamente si sentía placer. Contesté que no sabía.

Si lo sabía, pero no supe que decir. El apoyó una mano en mi vientre y lo apretó a la vez que entraba con su dedo en mi interior y lo sacaba. Definitivamente sentía placer, cada vez más. Me lubriqué y él lo advirtió. Dijo que tenía que tomar una muestra de mi flujo, pero que iba a esperar un poco para que me secara un poco por dentro ¿-? No comprendía nada. Me preguntó si yo fumaba y le dije que algunas veces. Se alejó y volvió con un cigarrillo y me lo ofreció. Me dijo que me lo fumara tranquilamente, que nadie se enteraría y que a él también le apetecía fumar.

Lo tomé, lo encendí y aspiré una gran bocanada de humo que me librara del calor y del sofoco que sentía en mi cuerpo. Agradecí aquel cigarrillo. En aquel momento, le hubiera dejado hacerme lo que él hubiese querido. Estaba sobreexcitada, no sabía que me pasaba. Traté de averiguar dentro de mis pensamientos el por qué estaba tan excitada, que era lo que me había provocado tanta salidez. Evidentemente, los tocamientos a los que fui sometida, pero me daba morbo, si tal vez fuera eso, morbo, me daba morbo ver a un médico allí, delante de mí, tocándome y procurándome placer, aunque todo, desde la más absoluta cortesía médica. O al menos eso creía yo. El no hizo referencias al sexo para nada.

Vi que se acercaba otra vez hasta mis pechos y los tocaba nuevamente. Me dijo que tendría que hacerme otro día, una mamografía, pero que en principio todo estaba bien. No pude evitar ver el bulto que pugnaba en el interior de su pantalón, pues su bata estaba abierta. Estaba empalmado. Le miré a la cara y él me devolvió la mirada sonriendo. No supe descifrar a qué se debía su sonrisa, pero confieso que me violenté un poco más. Se acercó a la mesa y trajo el trozo de trapo que había impregnado con el líquido de un bote, me dijo que oliera aquello, y así lo hice. Olía como a alcohol o algo así, era un olor suave y agradable. Volvió a ponerlo en la mesa y se acercó a mí. Me dijo que iba a ver si ya estaba algo más “seca” e introdujo, lo que me parecieron, dos dedos dentro de mi vagina. Negó con la cabeza. Me dijo que aún seguida muy lubricada.

Yo entré en una relajación absoluta, dominando mi cuerpo, mis pensamientos, pero muy relajada. Le vi que se acercaba con el aparatito que nos meten dentro para abrirnos y extraernos la muestra para la citología. Mis palabras resonaron secas, roncas, como dando órdenes. ¿No irá a meterme ese tubo? Fue todo lo que pregunté. El me dijo que sí, que era necesario, que yo debía saberlo, que era para extraer la muestra para la citología. Que no me haría daño. Trató de penetrarme con el tubo y me quejé a lo que él, se detuvo. Giró sobre sus talones y dejó el aparato en la mesa. Volvió hacia mí, se desabrochó la bata, se la quitó, tomó un  pie y lo ató con una especie de correa al estribo de la silla donde yo estaba, a continuación el otro. Dejó mis piernas inmóviles, no podía moverlas de allí, no podía cerrarlas. Volvió a penetrarme con sus dedos y ahora sí, ahora sentía placer. Un placer intenso.

El miró a mis ojos y yo a los suyos. No dije nada. Se afanó en lo que estaba haciendo y lo desarrolló meticulosamente. Parecía que nos entendíamos con la mirada. Aquella mirada. Tocaba mi clítoris con su dedo y lo presionaba a la vez que introducía otro dentro de mí. Gemía, yo estaba en la consulta del ginecólogo y estaba gimiendo, gimiendo de placer. Nos miramos los dos. Me estaba haciendo una paja el muy cabrón. Me estaba masturbando tranquilamente aprovechando su situación y la mía.

El no lo dudó. Se desabrochó el pantalón y se bajó los calzoncillos. Ante mi vista apareció el bulto esta vez descubierto. Era un pene normal, con alguna cana en su vello púbico. Lo acercó a mí sin dilación y yo cerré los ojos al notar cómo se hundía dentro de mí. Los golpes fueron incesantes, uno tras otro hasta conseguir que yo me corriera. Una fuerte sacudida y un resoplido así como la hinchazón de su glande me advirtieron que él tan bien se estaba corriendo.

Una vez vestida y fuera de la consulta, me puse a pensar lo que allí había ocurrido. No podía imaginar que yo me hubiera dejado follar por aquel médico sin protestar. Lo acepté, me dije, son cosas que pasan. Lo cierto es que me gustó y mucho.

Terminada la visita al ginecólogo y sin decirnos nada de lo que allí había ocurrido, me dio cita para la semana siguiente. Quería volver a reconocerme. Me preguntó si yo tenía algún problema y le dije que no, que lo que él dijera, que la semana siguiente iría otra vez.

Mi segunda visita fue a cosa hecha. Fuimos los dos a follar. Yo lo sabía, y quería. Le dejé que jugara conmigo el tiempo que quiso y luego me satisfizo plenamente. Aún recuerdo su lengua jugueteando con mi clítoris…

Tengo que decir, para terminar, que aún sigo yendo al ginecólogo. Voy a ver a Ramírez una vez cada mes. Es nuestro secreto. Mi marido no sabe nada ni tampoco lo sospecha. Me cita los jueves, parece ser que es la tarde que menos gente tiene, aunque sospecho que no soy la única con la que tiene un lío, pero no me importa. Lo paso bien con este hombre, me gusta dejarme llevar por sus expertas manos y por los preámbulos que monta con sus juegos.

Aquella primera tarde de jueves, cuando fui a su consulta, no podía ni imaginar lo bien que me lo pasaría. De momento nos vale con una vez al mes, en el futuro no sé que pasará. Estamos a gusto y yo espero impaciente el último jueves del mes.

Autor: Coronelwinston

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Antes de irte

Te toco, estás durísimo, también estás muy excitado, quiero metérmelo a la boca, chupártelo, besártelo, lamértelo. Que rico sabes, está durísimo. ¿Te gusta así? le doy vueltas a mi lengua en la punta y te lo chupo despacio, si mi amor, como te gusta, así te hago, que rico, te paso la lengua despacio por todo tu pene, por tus testículos, te los beso, te chupo.

…” ¿Ya te vas?  ¿Estás recogiendo todo para irte? ¿Que harás? ¿Vas directo a la casa? ¿Estás muy cansado? quería verte un ratito… si, si… ya sé que no será posible hoy… ¿sabes? estaba recordando lo que hicimos el otro día… que rico, ¿que tal si te sientas unos minutos y lo repasamos? ¿Quieres?  Bueno, tú cierra los ojos y yo te voy recreando la escena”…

Tenías mucho trabajo ese día y yo pasé por tu oficina a verte unos minutos… estabas solo, ya se habían ido todos.

Me dijiste que te sentías estresado, que te dolía el cuello, todo… yo me paré detrás de tu silla mientras tú terminabas un reporte, te empecé a masajear los hombros, la espalda… luego te echaste hacia atrás en tu butaca y yo empecé a besarte el cuello, las orejas… te acariciaba el pecho… me paré frente a ti y te desabroché la camisa.

Nos besábamos rico… me senté en tus piernas y te besaba en la boca, el cuello, el pecho… tú me acariciabas el cabello, la espalda… yo ya te aflojaba el cinturón y el pantalón… tú metías tus manos por debajo de mi vestido y me apretabas con fuerza las piernas, me besabas y me mordías los labios, mi lengua…

Tu lengua daba vueltas dentro de mi boca y contabas con tu punta mis dientes… me chupabas y me mordías la lengua, los labios…

Tus manos están metidas debajo de mi falda agarrándome con fuerza por detrás, tratando de hacer a un lado mi bikini negro, trazando con tus dedos mi hilo dental… yo ya estaba súper excitada, lo sientes…

Metes un dedo y lo deslizas con mi flujo hacia arriba y hacia atrás, quieres meterlo donde más me resisto, lo mojas otra vez con mi flujo y vuelves a intentarlo… ahora me confundes, no sé cual sensación me gusta más, si la de tus dedos en mi entrepierna o tu dedo tratando de entrar por detrás… sigue, sigue, no quiero saber la diferencia… se siente divino…

Te toco, estás durísimo, también estás muy excitado… quiero metérmelo a la boca, chupártelo, besártelo, lamértelo… Mmmm… Mmmm… Que rico sabes… está durísimo… Mmmmm… ¿Te gusta así? le doy vueltas a mi lengua en la punta, te aprieto duro con mis manos y te lo chupo despacio… si mi amor, como te gusta… así te hago… uuufff… que rico… te paso la lengua despacio por todo tu pene, por tus testículos, te los beso, te chupo…

Mmmm… Me quiero sentar encima tuyo… despacio, despacio… se siente tan rico, mételo despacio, ¡sácalo!, mételo otra vez, despacio… muévete un poco… sácalo, agárrame duro las caderas, empújame hacia abajo, con fuerza, empújalo bien adentro… aaahhhh… si, si… duro, duro, dame duro…

Agárrame duro… sácalo… mételo… sácalo… mételo… con fuerza, duro… que me duela… oooh baby, así, así… sigue, sigue, sigue masturbándome con tus dedos y penetrándome así de duro… me encanta… sigue, sigue… uhm, uhm… oooh yes, yes… si, si… Hazlo, hazlo… Aaaaaaaaaah… que rico…

Wauu baby… que divino… arréglate el pantalón, toma, ponte la camisa… yo me voy, hablamos más tarde…

Estabas divino ese día, ¿sabes? siempre lo estás… que descanses mi amor… feliz fin de semana.  Bye…”

Autora: Mimi

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Arroyo turbulento

Cuando me di vuelta le pedí que chupara los dedos de mis pies y que subiera por mi cuerpo hasta quedarse con la leche que asomaba en mi pija. Fue obediente y lo premié con una nueva penetración, acompasada con castigo en sus nalgas, con golpes suaves con una varilla, que lo llevaba a cerrar su ano aprisionando mi pene enterrado en su recto. Sentí como una boca que mamaba a mi ritmo.

El arroyo venía crecido, sucio y turbulento por la lluvia y la tormenta que había pasado, pero estaba bien porque habíamos ido a coger, no a bañarnos. No había nadie en el balneario, por lo que cerré la camioneta y nos metimos en el bosque con una lona y un botiquín para emergencias donde yo tengo profilácticos, cremas cicatrizantes, un jabón desinfectante y repelente para mosquitos…

Soy Manuel (35) y me acompañaba Leandro (19). Nos fuimos desabotonando todo a medida que buscábamos un lugar para ocultarnos. Quedamos desnudos y realmente Leandro tenía un buen físico, ejercitado por el trabajo de campo y las pajas que se mandaría con Alejandro (20) y Tomás (18). No tuve que sugerir nada porque su lengua lamía mis huevos y mi agujero frenéticamente. Le puse un condón en su pija que parecía un mástil y no necesitaba ni que la tocara. La saliva fue el lubricante y entró sin dolor en mi culo, hasta que sentí la necesidad de ir de cuerpo…Leandro era una máquina de buen ritmo para entrar y salir de mi culo, aunque no tenía romanticismo. A los quince minutos, mi agujero ardía y yo tenía que cagar. Esto tampoco era romántico, pero cumplía con la necesidad que no siempre dicen los homosexuales. Quizá porque no éramos gays, sino chicos, sin chicas para coger.

Cuando regresé Leandro estaba desnudo boca abajo y jugaba con las cosas del botiquín.  Saqué la pomada y me puse unos guantes de látex que llevo para los accidentes. Estaba muy caliente su agujerito por lo que le di rápido tratamiento con un dedito, dos, tres, cuatro y sus gemidos de dolor y gozo. Mi pija estaba tiesa y los 21 cm. no eran despreciables por lo que le pedí que se sentara sobre ella, mirándome para que pudiera ver su carita aniñada cuando mi mástil desaparecía entre sus nalgas. El mismo controlaba su movimiento, ya que yo estaba acostado boca arriba. Mi glande o cabeza de pija es grande, pero cuando vence el anillo o esfínter deja que la pija entre hasta los huevos.

Después de un rato, agotados por el calor y el esfuerzo, nos acostamos sin movernos para recuperarnos.

-Me gustó que me dilataras con los dedos -dijo Leandro -pareces un maestro. Necesitaba que me abrieran ya que hace un tiempo que no lo hago y a veces en el apuro, Alejandro me desgarra con lo que me sale algo de sangre y me duele varios días. -Es práctica cuando el sexo se hace con alguna seguridad -respondí. Por ejemplo, no se deben iniciar chicos ya que se los puede lastimar y no saben cuál es el límite. Creo que Tomás es muy joven y por eso no debe hacerlo.-Te equivocas, ya que fue Tomás el que me pidió que lo dejáramos entrar a nuestro club secreto de pajas y cogidas -me respondió.-Aunque te lo pida y quiera ser iniciado, debe esperar a tener una idea clara de lo que es amar o tener sexo -dije. -No sabía -pero lo íbamos a hacer en el galpón cuando llegaron ustedes con el tornado. Creo que Alejandro y yo lo hacemos porque no tenemos novias o chicas aquí.

Cuando tengamos, posiblemente dejemos de hacerlo y cojamos mujeres, aunque te digo que recién, cuando me empalaste con tu pija, me encantó. Sentí como si mi culo fuera una concha caliente. Leandro encendió un cigarrillo y fumaba lentamente mientras con un palito trataba de levantar del suelo al profiláctico que yo había usado…mi leche estaba dentro, pero por fuera se veían sucios unos 19 cm.

-Cómo hay que hacerlo bien y con seguridad -preguntó Leandro dándose cuenta que le faltaba conocer algunas cosas más.-Es difícil explicar cuando uno tiene ganas de coger. -Pero bueno que uno se relaje y si es posible, antes de ser penetrado, haya evacuado la caca y los gases. Así no hay tensión cuando se va abriendo el agujero con una crema y los dedos. El ano y el recto se preparan, bien lubricados, para el entra y sale de la pija de un macho.

-Con Alejandro hacemos el vuelta y vuelta -pero yo prefiero que él me trabaje el culo -comentó pensativo Leandro. Muchas veces, cuando vemos películas subidas de color, vemos unas erecciones de novela y unas cogidas increíbles después de usar “chiches” o dilatadores o vibradores. -Sí. Algunas veces son de película y otros ayudan para dilatarse ya que uno puede controlar cuánto se mete y cómo…en eso es mejor que la pija que uno quiere clavarla y mandarla al fondo sin esperar que la pareja esté preparada. Es algo que los dos o los que sean deben gozarlo juntos. -Me gustaría una fiestita así ya que estás por aquí.

Le diría a Alejandro y a Tomás, ¿qué te parece?  -propuso Leandro. -No sé. Tendría que conseguir algunas cosas para que lo que hagamos les sea útil  -dije con ganas de volver a coger a Leandro a quien había puesto, acostado de costado, para que fuera más fácil conversar, detener mi bombeo y volver a empezar.

A los 20 minutos, Leandro me rogaba que lo coja fuerte, profundo y rápido. Abría las piernas y hasta los dedos de los pies, mientras que sus manos arrancaban los yuyos del borde de la manta. Terminé dentro de él y nos quedamos abrochados, quietecitos un buen tiempo, hasta que mi pija se achicó y dejé que saliera de la cuevita de Leandro. Después, él comenzó a besarme por todas partes: la boca, las orejas, la nuez de Adán, la espalda, las nalgas y mi agujero…

Cuando me di vuelta le pedí que chupara los dedos de mis pies y que subiera por mi cuerpo hasta quedarse con la leche que asomaba en mi pija. Fue obediente y lo premié con una nueva penetración, acompasada con castigo en sus nalgas, con golpes suaves con una varilla, que lo llevaba a cerrar su ano aprisionando mi pene enterrado en su recto. Sentí como una boca que mamaba a mi ritmo.

-Ya es tarde y tenemos que volver -dijo Leandro. Tengo que prender el fuego para el asado de esta noche. Espero que te quedes, aunque no hay hotel, ni residencial en mí pueblo. Hablaré con mis viejos para que te puedas acomodar en mi pieza, como hacen mis primos cuando nos visitan.

La propuesta no era mala y por primera vez, me di cuenta que el tornado nos había dado otras oportunidades en ese pueblito perdido entre campos de soja y trigo. Nos limpiamos cerca del arroyo y enterramos los cuatro profilácticos que habíamos usado para que no anden flotando en el agua o enciendan la curiosidad de otros chicos inocentes. Este lugar era el balneario natural de las familias del pueblo y no pretendíamos que supieran que era un escondite, mejor que el galpón que ahora no tiene techo, para encuentros amorosos. El balneario no es sólo para bañarse, como la cama no es sólo para dormir, sino que lo diga Leandro quien se masajeaba lentamente su culito un poco dolorido.

Autor: Patricio

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Mi borracha soledad

Oleadas de placer guiando las entradas y salidas de mis dedos cada vez más rápidas, un grito que se va desencajando y la explosión liberadora me recorre, mil descargas eléctricas rondando mi cuerpo y siento que voy llegando, que desde lo más profundo de mí va saliendo ese grito prolongado mezcla de dolor y el placer arrancado por tu ausencia.

Aquí sentada rodeada de objetos inanimados, tan fríos y sombríos como la propia expresión de mi rostro. Sintiéndome tan sola, desorientada y a la deriva. Quemándome en el interior del más primitivo deseo por tí, que no estás. Tengo un grito atravesado en el pecho y grandes deseos de llorar, pero mi rostro continúa fríamente sereno, incapaz de generar emoción alguna. Mis ojos secos, mi garganta muda, quizá no pueda llorar más, quién sabe si hasta esa capacidad he perdido o me la han quitado. No sé…no quiero saber.

Luego de colgar contigo caminé desnuda hasta mi sala, botella de tequila en mano, me senté en el suelo a intentar pintar lo que estoy sintiendo. Quiero exorcizar, sacar, destruir o mandar a volar toda la rabia, el dolor, los celos y esta maldita pasión por ti que me está consumiendo. Sin embargo, hoja tras hojas es un fallido intento. Ningún trazo, ningún color logra reflejar esta mezcla de sentimientos explosivos. Por tí estoy aquí sentada, con la piel fría y el pecho ardiendo, bebiendo tequila y hablándole al silencio…intentando llorar por ti.

Eh…tú…dime… Contéstame ¿Cómo dibujo ese grito intenso, largo, salvaje, vehemente, atormentado, puro, maldito y sagrado que llevo atravesado en el pecho? ¿Cómo con colores y trazos, ilustro ese grito agónico que revela la más absoluta e incomprensible soledad? Si pudieras contestarme eso, si alguien pudiera contestarme y liberarme de tí. Mientras bajo un trago del amargo y ardiente licor, comienzo a pintar mis pies del más profundo rojo.

Disfruto del cosquilleo que hace el pincel en mi piel y del vago mareo que el tequila provoca en mí. Como en una sensual danza voy trazando líneas en mis piernas, me encanta sentir el frío de la pintura bajar en leves chorros desde las rodillas hasta el interior de mis muslos. Mientras, recuerdo tu sonrisa y recojo la pintura con el pincel y mis dedos para esparcirla desde los muslos hasta las caderas, recorriendo lentamente mis ingles de arriba hacia abajo.

¿Dónde estás ahora que te necesito tanto? Suelto el pincel, quiero pintarme con los dedos y pienso que son tus manos las que recorren mis nalgas apretándolas levemente, haciendo círculos. Sumerjo completamente mis manos en el bote de pintura negra. Disfruto sentir su espesura cuando la esparzo sobre mi vientre, dibujando el camino de la lujuria y el deleite hasta mi monte de venus, camino del solitario deseo.

Estoy palpitando por ti, recordando tu mirada triste y enigmática y mis ganas de verte feliz. Rodeo con las manos mis senos, enmarcándolos, tiñendo de negro los sonrosados pezones. Mil sensaciones recorren mis pechos, con cada caricia piden más, y la impúdica danza de mis dedos se va haciendo en cada segundo más salvaje.

Tendida en el suelo, junto y separo mis piernas, gozando de sentir como continua resbalando libremente la pintura por mi piel. Acaricio mi cuello y mis hombros, abrazándome y recordando tu olor, y tu manera despechada de beber por ella. Yo bebo por tí, por mis ganas insatisfechas de tí, busco el tequila y me doy un trago directo de la botella dejando que un nuevo chorro baje entonces desde mi boca hasta el pecho y descienda lascivamente hasta mi sexo ya húmedo por ti.XOX1

Pinto tu rostro en el mío, es el contorno de tus ojos y tu boca el que siguen mis dedos merodeando en mi perfil. Mi clítoris erecto, insoportablemente sensible sintiéndose tan solo como yo, me reclama atención palpitando salvajemente.

Mis dedos llegan hasta el rodeándolo con ternura, y me estremezco de puro gusto. Lo frotan suavemente en candente ritmo como bailando al son de tambores africanos, mis caderas se unen a su danza, restrego con fuerza el sexo hacia mi mano, buscando…pidiendo…luchando por conseguir más placer. Mis nalgas chocan contra el frío suelo, y de mi boca van saliendo suaves gemidos cuando con mi otra mano acaricio mis pechos y vientre resbalando por mi piel mojada de pintura y alcohol.

Necesito más, mucho más, aumentar el ritmo, dejarme llevar por la danza…los tambores retumban en mi cabeza los puedo escuchar llenando esta habitación. Froto las paredes de mi vagina, me penetro con dos dedos y a la velocidad del rayo el éxtasis recorre mi espina dorsal.

Me muevo en total abandono y frenesí viendo uno y mil cuerpos danzando alrededor de una hoguera, contorsionándose como el mío al ritmo de tambores. Gemidos hechos canciones, mientras en mi interior se va librando una guerra sin cuartel y mientras lo comprendo todo. Aquí a través de mí te voy amando a ti, queriéndote inventar un nuevo mundo a fuerza de colores, trazos y versos. Esta es mi lucha por ti sin que te des por enterado…y entones se retuerce mi cuerpo ante la final llegada del placer.

Oleadas de placer guiando las entradas y salidas de mis dedos cada vez más rápidas, mis pechos tensos…un grito que se va desencajando y la explosión liberadora me recorre, mil descargas eléctricas rondando mi cuerpo y siento que voy llegando, que desde lo más profundo de mí va saliendo ese grito prolongado mezcla de dolor y el placer arrancado por tu ausencia.

Es entonces cuando en mi borracha soledad, desnuda, húmeda y satisfecha, puedo al fin… llorar por tí.

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Encadenándome con la señora empleada

Yo aún no quería terminar, aguantaba por la masturbación, así que después de que ella terminó la volteé, ella me miraba de una manera bastante extraña, mezcla de sorpresa, alegría y excitación, me acerqué y la besé, ella me correspondió, comencé a chupar sus tetas, mientras empecé de nuevo a meterle mi verga en su vulva, esta vez me movía sin sacar mi pene de su caliente conchita.

Esta historia ocurrió cuando tenía 18 años, para ese entonces me encontraba de vacaciones, era enero, y en ese mes, aquí en Lima – Perú hace un calor insoportable, más aún por cierto fenómeno atmosférico que ocurría por aquel entonces. Mi madre se encontraba hospitalizada por un problema de salud, una operación a la vesícula, mis hermanos estaban trabajando al igual que mi padre. Un día domingo por la noche, mi padre nos dijo que había contratado a una señora, amiga suya, para que venga a lavar la ropa y ha asear la casa (yo recién había ingresado a la universidad y me tenían aún consentido). Mis hermanos asintieron y yo feliz de la vida. Mi padre me dijo que tenía que quedarme toda la mañana cuidando la casa porque de todas maneras había que tener cuidado con la señora, no vaya a ser que se robe algo.

Al día siguiente mi padre me levantó temprano, a las 7 AM. para presentarme a la señora, se llamaba Matilde, parecía de unos 37 años, era de contextura llenita y medía más o menos 164 cm., me sorprendió sus grandes y voluptuosas tetas y su trasero redondo y también grande, que además sobresalían ya que usaba un polito largo, pero algo ajustado y una falda de paño, de las que usan las señoras, pero también ajustado. Bueno, después de la presentación, y de algunas bromas pues yo acostumbraba dormir hasta las 11 AM. Por esos días, estaba de vago pues, mi padre se fue, la señora se fue al patio a lavar la ropa que ya estaba seleccionada y yo me dispuse a ver televisión. Ese día no paso nada, ni siquiera hablamos mucho, ella se fue a las 12 del mediodía y yo me fui a comer a la pensión que tenía.

Al siguiente lunes, Matilde vino de nuevo, pero esta vez mi padre ya no me levantó, me dejó dormir. Debo contar que mi cuarto queda exactamente al frente del patio, y por el calor yo dormía solo con mi calzoncillo y con la puerta abierta para que entre el aire del patio. A eso de las 9 AM, me di cuenta que Matilde daba miradas de vez en cuando a mi cuarto, y yo entre sueño y sueño miraba para ver que hacía. La veía lavar la ropa, dando la espalda a la puerta de mi dormitorio, así que veía el vaivén de su trasero en cada sacudida de ropa, además de un par de veces ver como se agachaba a recoger la escobilla, quedando de perfil, dejando a mi vista sus tetas que se traslucían por su polito mojado.

Todo aquello me produjo una erección, había acabado de lavar toda la ropa y que se disponía a limpiar el piso de la casa, a lo que asentí, yo estaba echado en el sofá viendo TV, entonces ella se acercó con la aspiradora y comenzó a limpiar la sala, que era donde yo estaba, yo apagué la TV por la bulla y me puse a leer, mientras que de reojo veía los movimientos de Matilde, esta sí que era una mujer de provincia, por el rostro, no era tan bonita, pero tenía un cuerpo muy bien formado, cuando se agachaba veía bajo su polo el inicio de sus tetas, así como podía apreciar mejor su redondo trasero, eso me iba poniendo más excitado a cada minuto que pasaba. Yo ya no aguantaba, pero como ya he dicho en un relato anterior soy demasiado tímido como para intentar algo, así que me levanté y me fui al baño a masturbarme, imaginándome a Matilde en mi cama, solo con su calzoncito, imaginándomelo amarillo y húmedo, sus tetas, me volvía loco de a poco esa señora, terminé en un chorro de leche caliente sobre el lavatorio.

Para el siguiente lunes yo hice un plan para intentar algo con Matilde, estaba esperando excitadísimo toda la madrugada del lunes que sean las 0700 para que venga Matilde. A las 0900  me levanté y vi que Matilde ya estaba lavando la ropa, como siempre estaba con su falda de señora, color marrón, pero apretada, seguramente porque como ya dije ella es llenita, llevaba también una blusa esta vez, de color blanco. Me dispuse a realizar mi plan, estaba totalmente excitado pensando en mi plan. Saludé a Matilde desde mi cama, diciéndole que hacía mucho calor, a lo que ella me dijo que si; que por que no me levantaba ya.

Yo le contesté que estaba echado solamente y que el airecito del patio me refrescaba; también le pregunté si podría hacerme el favor de limpiar mi cuarto, a lo que ella se rió y me dijo que era un vago, le pedí por favor, que estaba de vacaciones y otras tonterías más, ella me dijo que lo haría. Yo le di las gracias, y me quedé allí en la cama, esperando que limpiase mi cuarto en ese mismo instante; ella me dijo desde el patio que aún le faltaba lavar más ropa, pero que las dejaría remojando así que limpiaría mi cuarto en ese mismo instante, yo me excitaba cada vez más viendo como mi plan daba resultado.

Matilde entró a mi cuarto y empezó su labor, yo estaba medio tapado en la cama, entonces le empecé a preguntar si era casada, me dijo que su esposo estaba de viaje y que no le mandaba nada de dinero, que tenía una hija de 13 años, que estaba en su casa. Yo le dije que debe de ser difícil estar así, madre soltera, ella me daba la razón, todo esto sin dejar de limpiar mi cuarto, entonces ella comenzó a preguntarme que iba a estudiar y en donde, yo le respondía, mientras que me iba soltando de la frazada que me tapaba, quedando casi expuesto mi miembro.

Matilde en eso se sentó a un lado de mi cama para limpiar mi mesita de noche, yo me aventuré a acercarme un poquito a su trasero que estaba a centímetros de mi pene, pero con mi calzoncillo claro, mientras seguíamos conversando de su tierra natal, cada vez me acercaba más a ella, y como no me decía nada, yo seguía. En eso Matilde se mueve un poquito hacia atrás sentándose casi sobre mí, ahora si estábamos pegados, yo no dije nada, me quedé mudo, ahora sí que estaba excitadísimo, y mi pene empezó a escaparse de mi calzoncillo, la cabeza de mi pene estaba recostado sobre su trasero, separados solo por su falda, la señora no me decía nada, era imposible que no se diera cuenta de lo que pasaba.

Ella se movía para limpiar el velador, y yo la seguía con la mirada, mi pene se fregaba con su culo, ella no decía nada, solo sonreí, me atrevía a más, le acaricié sus pechos, bajé, levanté su falda, no tenía ¡interiores! , vi vagina, sus labios, comencé a abrirlos y pude ver su interior rosado, húmedo y brilloso. Yo la acariciaba con mis dedos, estaba enloquecido por el olor que su vagina emanaba. Ella se paró y sin más se sentó sobre mí, pude sentir un enorme calor en mi pene, veía sus tetas queriendo salir de su brassier, le susurré que se sacara su brassier, ella lo hizo.

Las sensaciones me embriagaban, veía sus pezones marrones, casi negros y enormes moviéndose al compás de ella, el calor infernal que sentía mi pene, y su falda que tapaba el acto de mete y saca que estábamos haciendo, no me pude resistir y comencé a soltar chorros de semen dentro de la señora Matilde, ella cuando sintió esto empezó a hacer unos gestos que eran mezcla de placer y gozo, mientras que con sus manos me arañaba mi pecho, fue una corrida fabulosa, ella me pidió que no se la sacara aún, que quería sentirla adentro un ratito más, estábamos sin movernos, ella sobre mi simplemente.

Después de unos minutos nos levantamos, ella se vistió y yo fui a asearme, después ella hizo lo mismo. Luego fui a arreglar mi cama, Matilde se puso a hacer su labor, lavar, cuando salgo de mi cuarto no me resistí al ver como se movía para lavar la ropa, me acerqué por su espalda y comencé a moverme al compás de ella mientras mis manos la abrazaban acariciando sus tetas, ella me decía que ya no joven, que se le hacía tarde, yo no hice caso y comencé a besar su nuca, mordisquear sus lóbulos, Matilde ya se dejaba hacer, así que la llevé a mi cuarto de nuevo, pero de una manera bastante extraña ya que caminaba detrás de ella siguiendo besándola y sacándole su blusa, parecía que hacíamos un trencito.

Cuando llegamos a mi cama la eché boca abajo, ahora sí que estaba bastante consciente y comencé a sacar toda su ropa, dejándola desnuda por completo, le besaba su espalda bajando lentamente hasta llegar a su trasero, le besé sus nalgas, y a explorar con mi lengua todo lo que encontraba entre aquellos enormes cachetes, además de acariciar su vulva con mis dedos, ella sorprendentemente no se quejaba de nada, se dejaba acariciar su ano sin ninguna queja, más bien todo lo contrario, gemía débilmente. Yo me desvestí rápidamente y me eché sobre ella, dirigiendo mi pene a su vagina, esta vez era yo el que tenía el control, empecé un vaivén furioso de mete y saca, a la señora parecía gustarle, ya que mi pene a cada salida se veía más brilloso por los fluidos que de ella brotaba.

Después de estar en esa posición por un largo rato ella empezó a insultarme, diciéndome también que no parara por favor, sentí claramente cuando ella terminó, me mojó hasta mis bolas. Yo aún no quería terminar (aguantaba por la masturbación, lo descubrí luego), así que después de que ella terminó la volteé, ella me miraba de una manera bastante extraña, mezcla de sorpresa, alegría y excitación, me acerqué a su rostro y la besé, ella me correspondió, era raro, pero nunca nos habíamos besamos, comencé a chupar sus tetas, mientras empecé de nuevo a meterle mi verga en su vulva, pero esta vez me movía sin sacar mi pene de su caliente conchita; y además de esto le chupaba desesperadamente sus enormes tetas, esto a ella le gustaba muchísimo ya que agarrándome de los cabellos empujaba mi rostro a sus tetas.

Después de estar así por un buen rato sentía en mi paladar un sabor dulzón de sus tetas, y de pronto ella empezó a moverse hacia arriba, parecía una loquita, sintiendo junto al sabor parecía que lo único que la sostenía era mi pene, me pidió que se la sacara, le dolía demasiado, así que así lo hice, pero le dije que yo aún no acababa así que ella se puso en posición de perrito y me dijo que ahora si le rompiera su culo, a lo que yo sin más ni más me dispuse a hacerlo, a la tercera embestida, ella me acariciaba con su mano mis bolas, haciendo que termine en todo su ano, realmente fue una experiencia gloriosa con la señora Matilde.

Luego nos quedamos un momento echados en la cama abrazados, ella me decía que hace mucho su esposo la había abandonado en realidad, y estaba bastante deseosa de sexo, después de descansar nos duchamos, juntos, pero yo ya no tenía fuerzas para nada, así que ella me lavó todo, y yo a ella, sin tener sexo en la ducha, solo acariciándonos, nos vestimos, yo me fui a ver TV y ella a terminar de lavar.

Algunos días de semana me daba mis escapadas a casa de Matilde, en las tardes que era la hora que su hija se iba a jugar, repitiendo muchas escenas de sexo, y todos los lunes también, claro, hasta que mi madre volvió a casa y solo lo hacíamos de vez en cuando, pues nos podía atrapar, ella me comentó cierta vez que su edad era 43, parecía bastante menos. Nos vimos hasta que ella se tuvo que ir a vivir a Chachapoyas con unos familiares. Bueno este fue mi relato queridos lectores, espero que les haya gustado, ya saben mi nombre es Javier y tengo actualmente 23 años, espero  sus comentarios.

Autor: Javier

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Madre penetrada

Mi polla entró por completo en su coño, proporcionándole bastante placer, y lanzó un gemido fuerte, pronto empecé con las embestidas, al principio sutilmente, pero luego las fui haciendo cada vez más fuertes. Pasados unos minutos, la puse de lado en el sofá, con las piernas a un lado, entonces me puse en cuclillas detrás de ella y se la volví a meter, follándola lateralmente ella y yo de frente, esto le daba mucho placer, gemía alocadamente, se notaba que estaba disfrutando.

La historia que les voy a narrar sucedió hace seis años, todo empezó un día que fui a la casa de un amigo a hacer un trabajo de la universidad, en la casa estaba él y su madre, ella era una mujer fenomenal, rubia, alta, rellenita, cuerpo bellísimo, cara angelical, senos no muy grandes, culo maravilloso, unos cuarenta y cinco años, bien conservada. Al parecer se había enterado hacía unos meses de que su marido le había puesto los cuernos con otra mujer, y estaban separados. Estuvimos haciendo el trabajo los dos en su habitación, hasta que pasadas un par de horas le dije a él que iba a ir al baño, entré en el baño y me llevé una sorpresa, estaba la madre, Luisa, llorando sentada en el wáter.

Me acerqué a preguntarle por lo que le pasaba, y ella abatida me contó todo lo del marido, me estaba confirmando los rumores, tras esto comenzó a llorar desconsoladamente, yo en un esfuerzo de consolarla, la abracé muy fuerte, para que se desahogase, en ese momento pensé en llamar a mi amigo, pero luego analicé la situación y decidí que iba a ser más difícil para ella contarle lo del padre al hijo, entonces seguí con el abrazo, mientras le decía al oído que no valía la pena que se pusiera así, que era una pedazo de mujer y que se merecía algo mejor, que era aun muy hermosa. En eso se separo de mí y me preguntó si en verdad creía eso, entonces le respondí que sí. Tras decirle eso, me dijo que si yo quería podía invitarla un día a cenar, y así podía salir, yo me lo pensé y acepté, quedamos para el sábado.

Fuimos a cenar a un restaurante del centro de Huelva, la comida estuvo muy bien, mi amigo, su hijo había salido con nuestro grupo, yo les dije que no tenía ganas, esa fue la excusa para no salir. Después de cenar, estuvimos hablando y paseando por las calles peatonales, camino a su casa, pues vivía cerca de El Corte Inglés. Cuando llegamos, me dijo que subiera, lo hice y nos sentamos en un sofá a ver la televisión mientras nos tomábamos unas cervezas. Al rato, me dijo que me estaba portando muy bien con ella, y seguimos viendo la tele.

Minutos después, Luisa se abalanzó sobre mí y me besó de manera ardiente, con mucha fuerza, como sacándose la rabia de encima, yo me quedé impresionado por lo que estaba pasando, no lo podía creer, pero eso no me impidió devolverle el beso. Tras el arrebato inicial, me empujó y me tiró al suelo, cayendo boca arriba y ella encima de mí, le acaricié la espalda y luego bajé lentamente hacia su culo, Luisa no oponía resistencia, le apreté con fuerza el culo, luego empecé a deslizar mi otra mano hacia sus bellas tetas. Sus besos empezaron a bajar a mi cuello, mientras yo metía mi mano en su pantalón, para poder sentir sus pelitos y más abajo su rajita con su vagina.

A continuación, Luisa me bajó la cremallera del pantalón, seguí besando el cuello hasta que ella me quitó la camisa y sentí el suelo frío en la espalda, me besaba el pecho, ella me quitó la ropa que tenía puesta, después su ropa interior, a continuación con una mano se deleitaba manoseándose sus tetas, su coñito estaba expectante, con vello púbico recortadito, el cual empecé a chupar sin más demoras, le pasé mi lengua a lo largo de su rajita, dejándola muy lubricada, me entretuve en el clítoris, jugando con el, después pasé a su vagina, metiéndole la lengua, imitando que la follaba, Luisa se retorcía de placer, le amasaba los senos, ella suspiraba fuertemente, estaba a punto de correrse, cosa que hizo minutos después.

Pasados unos minutos donde estuvimos acariciándonos, nos pusimos a besarnos con mucha pasión, la acariciaba por todos lados, tetas, culo, vagina, incluso mis dedos penetraron su coñito muy húmedo, ella agarró mi pene con una mano y lo empezó a acercar a su vagina, pronto mi glande comenzó a entrar suavemente en su vagina, cuando ya había entrado la mitad, me agarró del culo y me empujó hacia ella, arremetí contra ella y de un solo empujón, mi polla entró por completo en su coño, proporcionándole bastante placer, y lanzó un gemido fuerte, pronto empecé con las embestidas, al principio sutilmente, pero luego las fui haciendo cada vez más fuertes. Pasados unos minutos, la puse de lado en el sofá, con las piernas a un lado, entonces me puse en cuclillas detrás de ella y se la volví a meter, follándola lateralmente ella y yo de frente, esto le daba mucho placer, gemía alocadamente, se notaba que estaba disfrutando.

Transcurridos unos minutos, ella se incorporó, me cogió de la mano y nos fuimos a su cuarto, me tumbó boca arriba en la cama y ella se puso encima, a horcajadas y de rodillas, le metí mi polla, y empecé a follarla, se la metía entera, ella retrocedía un poco para recibir más, sus senos botaban delante de mí, era muy excitante poder verlo, se metía un dedo en su boca, jugaba con el, seguí embistiéndola, hasta que ella tuvo un nuevo orgasmo, se corrió otra vez, yo estaba a punto, Luisa lo sabía, así que se quitó de encima de mí, y me hizo sentarme al lado suyo en el borde de la cama, cogió mi polla con su mano y me la empezó a masturbar, yo le agarraba con mis manos sus tetas, nos besábamos, hasta que segundos después me corrí sobre su muslo derecho, ella sonrió feliz.

Ella se limpió con una toalla y me pidió que no le dijera a nadie lo que había pasado, se lo prometí, al rato me vestí y me fui de su casa con una satisfacción tremenda, todavía impresionado por lo que me acababa de ocurrir.

Autor: Fary

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Una amistad excitante

La temperatura me subía y la tensión también, con mi rodilla comencé a rozar su pene, volvía a estar hinchado quería liberarme, pero él hacía cada vez más fuerza, dejó de besar mi boca y siguió así por mi cuello, del lado de afuera del baño se escuchaban voces conocidas. Eran ellos, y estaba a distancia de una puerta, él continuó, bajó por mi escote buscando mis pechos besándome con intensidad.

Me gustaba provocarlo, pero siempre en el contra ataque, la que perdía era yo, aunque no se si en realidad perdía o encontraba lo que buscaba.

Luego de esa noche, nuestra relación cambia radicalmente, el solo hecho de pensar en él, hacía estremecerme. Cuando nos veíamos, la tensión entre nosotros era increíble. Pasamos una semana sin acercarnos más de unos metros, viéndonos con los amigos o juntándonos en algún lugar público, siempre con gente alrededor.

Toda la semana estuve provocándolo, me encantaba y lo mejor es que se quedaba con las ganas y eso me excitaba. El martes yo estaba hablando con un chico que conocía hacía un tiempo. Este era sexy pero nada comparado con él. Hablábamos de cosas sin relevancia cuando lo vi pasar, él estaba del otro lado del aparador, mirando hacia dentro, con el rostro fijo, como con celos.

Al notarlo, intenté provocarlo acercándome más a este chico, hablándole al oído, mientras a él, lo miraba fijo. Me miraba desafiante, yo me acerqué aún más a este chico y coloqué mis pechos muy cerca de su brazo rozándolo. A su vez este, pensaba que me le estaba tirando, eso ayudó más a la situación. Mientras más me acercaba, más provocativamente lo miraba. Él sin poderlo resistir más entró a la tienda. Justo en ese instante, su amigo lo empuja hacia fuera diciéndole que siguieran su camino sino llegarían tarde a clase. Se fue y de golpe mi interés en este nuevo muchacho desapareció, me alejé, lo saludé y seguí con mis cosas, pobre lo debo de haber desconcertado bastante.

Viendo como se ponía por semejante estupidez, el jueves me propuse provocarlo aún más. Estábamos en una reunión con amigos. Él muy sexy, tenía puesto ese vaquero que tanto me excita y una remera con cuellito; traía alpargatas porque hacía calor. Yo, en cambio, me había vestido provocativamente, me propuse incomodarlo a distancia.

Traía puesto unos pantalones bajos bien ajustados, una remera con un pronunciado escote, que resaltaba mis senos de manera llamativa, y mi amado saco largo. Cuando llegué saludé como es normal, pero a él lo saludé como si nada muy rápidamente, apenas. Quedó de nuevo desconcertado. Había comenzado a gustarme esa expresión en su rostro.

Me senté a la mesa justo delante de él, durante un rato largo no lo miré, ni siquiera de reojo; pero sabía que él si me miraba, sentía sus ojos sobre mi. En determinado momento, se puso a discutir con otro chico de manera muy acalorada. Dejándome así, fuera de su foco de atención, fue ahí cuando di el primer paso. Me quité el zapato y por debajo de la mesa comencé a tocarle la pierna, él dándose cuenta de lo que yo hacía, intentaba disimular y seguir el hilo de la discusión. Yo seguí subiendo hasta su entre pierna, mientras lo miraba fijo. Comencé con movimientos delicados y circulares en esta cosa que sin duda lo alteró porque perdió completamente el hilo de la conversación.

De repente se armó discusión entre los demás chicos que había en la reunión, pero él se había callado y aproveché para el siguiente paso. Puse mi brazo izquierdo como tapándome y mi dedo índice delicadamente en mi boca, mientras seguí jugando con mi pie en su entre pierna. Nadie notaba lo que estaba haciendo, a excepción de él.

Aumenté la fuerza y la cantidad de movimiento con el pie. Mientras con mi mano derecha disimuladamente recorría con los dedos el escote de mi remera, estirándolo hasta ver la hendidura entre mis senos. Esto realmente lo estaba excitando y lo alteraba por que no sabía como disimularlo y a mí me encantaba. En eso dirigieron la conversación a mí, yo me incorporé enseguida -¿Qué?, ¿de que hablan?- pregunté. – ¿En qué planeta estás? Te hablábamos de…- -Disculpen- interrumpí -voy al baño porque me siento mal- dije para salir del paso.

– ¿Qué le pasa?- le preguntaron a él, -ni idea- oí que contestaba mientras yo cerraba la puerta.

Entré al baño muerta de risa por lo que había pasado, me quedé sentada en el inodoro para tranquilizarme. Minutos más tarde, golpean la puerta, – ¿estás bien?- era él. – ¿Estás solo?- pregunté en vos baja – si, ¡ábreme!- contestó. Le abrí lentamente y él de un sopetón se metió para adentro trancando. – ¿Qué haces?- pregunté, -¡se van a dar cuenta!-. -No creo, pero el peligro me excita- dijo empujándome contra la pared.

Comenzó a besarme apasionadamente, se notaba que lo de recién había surtido su efecto yo obviamente me dejé llevar por las circunstancias. Sus manos estaban en mi cabeza agarrándome, para que no me escapara; las mías comenzaron a tocar su espalda. Iba directamente hacia ese culito que tanto me gustaba tocar, cuando de repente él, las toma con fuerza y las apretó contra la pared, sobre mi cabeza, mientras seguía besándome. La sensación era muy excitante, sus besos me volvían loca, pero que me aprisionara y encima en un lugar que se podían dar cuenta, era excitante.

La temperatura me subía y la tensión también, con mi rodilla comencé a rozar su pene, volvía a estar hinchado quería liberarme, pero él hacía cada vez más fuerza. Luego dejó de besar mi boca y siguió así por mi cuello, del lado de afuera del baño se escuchaban voces, voces conocidas. Eran ellos, y estaba a distancia de una puerta. Pero él continuó, bajó por mi escote buscando mis pechos besándome con intensidad.

Mi temperatura era cada vez más alta, cuanto más besaba mi busto, más firme se ponía y más nerviosa me ponía yo, tal vez los otros escucharían algo. Trataba de no emitir sonido, mientras él había logrado liberar mis pezones y los estaba chupando con entusiasmo, eso me ponía más cliente. La excitación de ambos aumentaba, cuando de pronto escuchamos –voy a preguntarle ¿sí está bien si le pasa algo?-. En ese momento se detuvo, me miró a los ojos y dijo muy suavemente –sigue la corriente-.

Rápidamente me dio vuelta y me puso contra su cuerpo, inmovilizándome con sus brazos, mi trasero estaba sobre su pene, grande, excitado, queriendo salirse del pantalón. No tuve tiempo de protestar ya que, – ¿estás bien?- era mi amiga preguntando. -Si, si- respondí, mientras él me tocaba con una de sus manos la entrepierna.

-¿Necesitas algo?- preguntó, él moviendo sus dedos apretaba el vaquero contra mi clítoris, con movimientos más que excitantes. Yo me volvía a calentar y la situación me ponía más nerviosa aún; si abría la puerta me iba a encontrar, excitada en sus brazos, con mis senos fuera de la remera y su mano en mi pelvis.

– ¿Estás segura, que no te pasa nada? – volvió a preguntar, -si, si ya salgo- respondí. Yo estaba demasiado excitada para salir, esa conversación no la podía seguir, sus dedos hacían maravillas sobre el vaquero, yo quería gritar pero no podía hacerlo.

Debe estar descompuesta- se escuchó de afuera, ella se había retirado. – ¡Basta!- le dije bajito pero con firmeza, él me soltó, sin dudarlo. Lo miré con una mirada desafiante, él respondió –yo dije que no iba a hacer nada que no quisieras- con cara de pícaro. –Pero la venganza ¡me la debías!- remató –.

Me incorporé, lavé mi cara, intenté poner cara de yo no fui. Pero él seguía tocándome, -¡basta!- dije, – eres sexy hasta enojada- replicó.

-Bien escóndete y sal dentro de un rato. Aquí no ha pasado nada-. Salí busqué a mi amiga y le dije que me iba, que estaba muy descompuesta. Nadie había notado nuestra ausencia, con lo que me tranquilicé y me fui. Caminado a casa, sola, imaginaba la cara de él al salir y no verme.

Había sido una experiencia peligrosa y excitante, me lo merecía por haberlo provocado. Igualmente no me iba a quedar de brazos cruzados el próximo movimiento seguía siendo mío.

Autora: Annkaxia

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Señora con hambre de sexo

Me ayudé de los dedos para separar sus labios vaginales y entré el glande sin ningún problema y enterré el nabo iniciando el vaivén del placer, la verdad es que yo estaba disfrutando de lo lindo con aquella mujer tan poco atractiva icen aquellas carnes tan blandas, en uno de los bombeos se me salió del todo y al volver a meterla equivoqué el agujero y le metí todo el glande en el culo.

Después de leer un buen número de relatos publicados en esta sección algunos de ellos excelentes, me he animado a participar ya que mis experiencias han sido numerosas y variadas, pensaba hacerlo de forma cronológica desde mi infancia pero prefiero empezar con uno más cercano en el tiempo aunque con menos riqueza de variaciones por los prejuicios de la protagonista.

Estaría yo por los 45 años y con un físico aceptable debido a la práctica deportiva, por mi trabajo tenía mucho contacto con el público, facilitando trámites burocráticos. Una mañana requirió mis servicios una señora tan bien vestida como entrada en años de entrada aparentaba entre 55 y 60.

La atendí en los trámites que necesitaba y la señora se enrolló contándome cosas de su vida, no había que ser muy avispado para darse cuenta de que se encontraba muy sola. La entrevista terminó sin más y quedamos para otro día a fin de continuar con los trámites. A la mañana siguiente volvió y empezó a manifestar su admiración por el trato recibido y volvió a largarme el rollo sobre su vida.

Viuda desde hacía casi 20 años y sin ninguna aventura en todo este tiempo. La verdad es que no me extrañó mucho ya que no era ninguna belleza, la escuché con paciencia y soltándole de vez en cuando frases cariñosas y atrevidas que ella recibía con sumo agrado. Esta vez le dije que el papeleo se demoraría unos días a pesar de lo cual al día siguiente volvió a presentarse y a la primera frase amable que le solté después de que ella hablara de que ya no estaba para despertar ningún tipo de atracción.

-Que va mujer si todavía está usted para excitar a un hombre. – ¿Usted se excitaría conmigo? me dijo acercándose hasta casi tocarme.

En aquellos momentos no pensé nada, recordé mis experiencias de niño y posteriormente de adolescente con mujeres maduras y cogiéndola por la cintura me pegué a ella dándole un morreo de campeonato. Sagrario (Así se llama) no se cortó un pelo y agarrándome la cabeza me metió la lengua hasta la campanilla, mientras nos besábamos mis manos bajaron por debajo de sus pistoleras (Tremendas) y le fui levantando las faldas hasta meter mis manos por debajo de sus nalgas.

¡Sorpresa! caray con la señora, iba sin bragas y se había puesto unas medias abiertas por el centro de las que dejan al aire la parte de la vulva y el ano. Al darme cuenta de la calentura que acumulaba Sagrario, me lancé a meterle mano sin ningún tipo de recato, le abrí la camisa y desabroché el sujetador (cierre delantero) un par de tetas medianas cayeron como dos bolsas de manteca, blancas y flácidas, pegué mis labios a sus pezones mientras sobaba con mis manos su carne tremola.

Ella no hacía nada, solo gemía y fingía que aquello iba contra su voluntad, después 20 años sin haber sido penetrada recibir un apéndice de más de 20 cm. podía ser doloroso.

Me ayudé de los dedos para separar sus labios vaginales y entré el glande sin ningún problema, seguí ganando terreno entre sus constantes gemidos y recriminaciones a los que no hice el menor caso ya que me había dado cuenta de que le encantaba quejarse de todo y enterré el nabo al completo iniciando el vaivén del placer, la verdad es que yo estaba disfrutando de lo lindo con aquella mujer tan poco atractiva con aquellas carnes tan blandas, en uno de los bombeos se me salió del todo y al volver a meterla equivoqué el agujero y le metí todo el glande en el culo.

La bronca que me pegó fue tremenda. ¡Por aquí no, so guarro, pervertido! La saqué de inmediato y se la volví a meter por delante mientras me disculpaba. – De verdad ha sido sin querer – ¡Una mierda! que se cree que soy ¿tonta?

No paró de abroncarme, pero yo a lo mío, la agarré por la cintura y empecé a bombear con fuerza para acabar cuanto antes con aquel polvo tan peculiar. Se sostenía a duras penas con los codos sobre la mesa y sus colgantes tetas se columpiaban deslizando los pezones.

Sus quejas, las tetas, el tacto de sus muslos y una mezcla de olor a sudor y coño hicieron un efecto determinante en mi excitación y me corrí con verdadero frenesí, nos limpiamos con papel higiénico y me despedí con toda la cortesía que pude, aunque de buena gana la habría mandado a paseo ya que no paró de refunfuñar en ningún momento. ¡Usted no sabe tratar a una mujer! ¡No me ha gustado nada! Etc., etc.

Cuando se largó me quedé preguntándome como podía habérmelo montado con aquella cascarrabias. La verdad es que al principio me cautivó la idea de hacer feliz a alguien con tanta carencia de afecto y placer pero después…

En fin supongo que ya puesto el motor en marcha es difícil parar.

Pensé que no volvería a verla. ¡Que iluso! a la mañana siguiente ya me llamaba por teléfono invitándome a su casa.

Autor: Fauno

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Tanga Bijou con strass

Me acomodé, y ayudé a que entrara. Y fue satisfactorio y agradable a más no poder, insólitamente gozoso para mi ser,y tanto gocé que mi esposo se daba cuenta y él también lo sentía, tal lo demostraba su polla endurecida. Me dejé hacer. Y mientras me follaban el hasta ahora resistido traserito, volví a ponerme cachonda y disfruté muchísimo lo que duró la calentura de mi enculador.

Después de aquella experiencia en el Caribe, nosotros seguimos con una relación normal. Jugábamos y fantaseábamos siempre, y aquella pareja de colegas de mi esposo, Elena y Carlos nos llamaron un par de veces, invitándonos a eventos, así fueron el centro de nuestras fantasías. Pero nada más que eso. Si tengo el pleno convencimiento que mi Néstor está con muchas ganas de intimar con ellos, por diferentes motivos, Elena lo tiene caliente, y piensa que Carlos puede ser el indicado para romper el hielo que yo fabrico cada vez que me hablan de intercambio.

Como además Carlos sabe el intento fallido de abrir definitivamente la otra puertita, mi Néstor lo tiene como posible ejecutor. Pero las cosas fueron distintas a todo lo pensado.

Llegaron unos días de vacaciones, y nos fuimos a la costa. Era pretemporada y no había mucha gente en el balneario. Así que estábamos en nuestra pequeña casita de playa, sin vecinos, porque no se veía movimientos todavía, faltaban dos meses para comenzar la temporada. Habíamos llegado, bajado todas las pocas cosas que trajimos y nos fuimos a la playa, pese a que no hacía  gran calor, la pasamos muy bien.

Volvimos pasado el mediodía, y mientras yo me daba un baño reparador, mi esposo arregló los petates y pidió unas empanaditas y pizza al centro. Mientras me secaba se me ocurrió que podría darle una sorpresa y aparecerme con mi reciente adquisición, una tanguita bijou con strass que me quedaba imponente, y para hacerla evidente me puse solo encima una camisa de mi esposo, así notaría enseguida mi nueva mini prenda. Por supuesto que me hacía  aun más sexy, y supongo mi colita quedaría más apetecible que nunca.

Llamaron a la puerta y mi esposo recibió el envío, y pronto sentí su llamado… Baja Marianella que ya llegó la pizza.

Estaba bajando cuando volvieron a llamar a la puerta y pensé que el chico se habría olvidado de algo, así que me moví despacio bajando haciendo tiempo de que se fuera para entrar en el living-comedor-cocina. Grande fue mi sorpresa encontrarme de pronto con la visión de mi esposo apuntado por un arma, y tres tipos encapuchados que se movían ágiles…tanto que un abrir y cerrar de ojos, estaba yo tumbada en uno de los sillones y en el otro estaban atando a mi marido. Estaba yo paralizada de miedo, y no me movía de donde me dejaron. Sujetaron a mi esposo en el sillón chico, le taparon la boca con una ancha cinta adhesiva, pensé que harían lo mismo conmigo, pero no, me tomaron de un brazo exigiéndome les diga dónde estaba el dinero y las joyas…

El dinero que teníamos estaba en la billetera de mi esposo y joyas. Salvo los relojes, nada. Al revisar la billetera de Néstor estaban también sus documentos, así que el que revisó, dijo… A ver doctorcito, si nos dice donde tiene el resto. No había resto, y eso los enojó bastante… Me llevaron arriba para revolver todo… En la subida me manosearon de lo lindo, y hasta se mofaron diciendo, mira que caramelito se come el doctor…

Me bajaron y ya tenía yo la camisa toda floja y no me dejaban ni prender un botón, así que estaba expuesta a sus miradas, comentarios y alguna manita que se iba a propósito. El que parecía mayor se sentó a comer una empanada, mientras que los otros me tendieron en el sillón grande frente a mi esposo…

-Che, le dijo uno… O nos dicen donde esconden la platita o podemos hacerle mal a la preciosura esta.

Mi marido sacudía la cabeza, tratando de explicar que no tenía más… Y yo solo pude balbucear, -No tenemos nada más… ¿qué quieren? -Vamos doctor, no va a dejar que le hagamos algo a esta dulzura ¿verdad? -Che, mira lo que tiene por tanga, un hilito, Ja… Está rebuena, che. -Creo que hoy comemos pizza, empanadas y nos comemos un caramelito de postre…

Mi terror era tal, que casi no podía respirar, y a pesar de que estaba mostrando mis pechos desnudos no atinaba siquiera a taparme. Uno se me sentó al lado, y me hizo parar. Fue terrible porque de un tirón me sacó la camisa, dejándome solo la diminuta Tanga Bijou con strass, que no me cubría nada.

-Wooow, dijo el depravado… mira que culo tiene esta minita….es impresionante.

Sus manos recorrieron mis nalgas a su antojo. Pronto vino otro a manosear mis lolas, mientras el más viejo, seguía comiendo empanadas. Mi susto, humillación, pavor no me dejaban articular defensa alguna, y solo atinaba a mirar como Néstor miraba con también cara de espanto. Me tomaron entre los dos, y me inundaron el cuerpo con sus manos, que yo me sentía como incómoda, porque el terror me confundía. Pronto mi Tanga Bijou con strass estaba de costado y tocaban mi sexo.

Allí me tendieron, sin dejar de meterme los dedos en la concha, y el que lo hacía, se metió de cabeza entre mis piernas, sentí su boca apretarse contra mi raja… Y reaccioné como para defenderme, pero el otro paseó una faca por mis costillas, la llevó hacía el cuello y me dijo, mientras te la chupa vos me la chupas a mí.

Me inclinó sobre su bulto, al que me obligó a sacarlo de su pantalón, yo se lo acaricié como para calmarlo, pero me gritó… chupámela putita…Ya sentía que el otro muchacho estaba saboreándome a pleno, abriendo de par en par los labios de mi vulva, y lengüeteado la mojada cavidad a su antojo. Así que, delante de mi aprisionado esposo, dejé que me la chuparan toda, yo cerré los ojos y me metí en mi temblorosa boca la pijota de ese asaltante sin chistar siquiera.

El que me lamía la conchita, lo hacía magistralmente, y me volví para que no me vieran suspirar. Mi situación era embarazosa, porque aun semi paralizada por el miedo, estaba comenzando a sentir que el gozar era posible, aun en esa situación. Pronto mi emoción crecía de tal forma, que me fui despatarrando de tal forma, que mis piernas se abrieron tanto que apoyé cada pie en los posa brazos del amplio sillón, y mi cuerpo temblaba mientras me comían rico y yo saboreaba una encantadora pija.

Fue terrible, porque el que me lamía me pasó una faca por las costillas al tiempo que me decía, ábrete amorcito… yo no tuve más opción que aceptar la orden de abrir más mis piernas… pero las tenía casi en línea recta de abiertas que estaban así fue que sucedió lo esperado, él tomó su verga y la pasó en mi rajita en claro y evidente gesto de que me la metería pronto, muy pronto y uy, u y, uyyy, pronto. Su hinchada pija se metió en mi cuevita lentamente y con algún esfuerzo, cosa que me decía de su inexperiencia, pero que motivó que yo sintiera desesperación extrema. Desesperación extrema porque quería escapar y que no sucediera, pero quería desesperadamente que me la metiera. No se, eso no me podré entender ni yo. Sentí que mi deseo era más grande que mi temor y mi cuerpo me traicionó en eso y pedía gozar más y más.

Cuando la tuvo bien adentro sentí que mi resistencia era inútil, y aflojé el cuerpo presionando hacia abajo, como para metérmela al máximo posible. Eso lo notó mi agresor, y también atacó con su puntiaguda y gruesa arma. Y en el fuerte envión me levanto en el aire. Yo gemí como loca y saqué de mi boca la otra pijota como para poder tomar oxígeno en mi temblor orgásmico. Así mientras uno me sostenía en sus brazos, con su pijota entre mis tetas el otro me bombeaba con tanta energía que mis suspiros eran quejidos que cortaban el ambiente. Sentí que la furia que me ensartaba, ya vibraba y terminó explotando dentro de mí. Cuando él mencionó algo, me percaté y volví a la realidad.

-Doctorcito, que rica está  tu nena… ¡como le gusta la pija!

Yo miré a mi marido que impávido observaba todo con grandes ojos. Cuando el muchacho que se había acabado, se retiró el otro me hizo poner de rodillas encima del sillón, y tomarme del respaldo. Así él también clavó las rodillas en el sillón detrás de mí, como para hacerme como una perrita. Abrí mis piernas para que me la metiera, pero primero tiró de mi Tanga Bijou con strass, y me dejó sin nada puesto. Yo había tenido su polla en la boca y sabía era larga y grande. Así que me preparé para su embestida… que llegó llenándome de placer. Pensé en que en esa posición podía cabalgarle y liquidarlo pronto. Me confundí.

Primero porque tuve que lidiar con el otro, que dejó de comer y vino por detrás del sillón con su polla alzada, y metiéndola entre mis tetas, comenzó a frotarse impúdicamente. Segundo, que el que me ensartó desde atrás, sacó su polla, y me la estaba empujando en mi cuevita trasera. Así que comprendí que la cosa estaba muy complicada. Con sus manos abría mi trasero, palpaba mis nalgas y las separaba, intentando con eso abrirse camino.

-Que buen culo tenés bonita. -Es virgen… dije… en un acto de defensa pero de total ingenuidad. Es virgen, no me hagas daño…. Es virgen, supliqué.

Todo lo contrario a lo esperado, eso animó más al intruso que se apretó contra mi cuerpo y me mostró la realidad.

– Entonces abrímelo porque te lo voy a partir en dos, como una naranja madura.

Tenía yo miedo pero debía prepararme mentalmente para hacer algo urgente. Ya no podía recurrir a aquello de prepararse previamente para lograr una buena penetración anal, tendría que esperar la confianza en la pareja, pero era un desconocido, tenía que ser expresiva para guiarle en su accionar, más no se si ese bruto me escucharía. Debía intentar que fuera introduciendo su aparato en forma progresiva, despacio y sin fuerzas de empuje que me rajaran. Así que colaboré y hablé y hablé…

-Ahora, dale ahora, pará, pará, espérame un poco. Si dale, seguí, seguí. Despacito amor, despacito. Así mi amorcito, así. Despacito…huuyyy, ayyy. Dale un poquito más. Si papito. Me gusta, metémela otro poquito. Cuidado, cuidado…

El me tenía tomada de las caderas y me empujaba hacia atrás, pero yo iba midiendo milímetro a milímetro la entrada de su enorme pijota en mi desesperado culito… me apoyaba contra el respaldo del sillón y apretaba mi cara contra la pija del otro, que me la sacudía, cada vez más cerca de mi cara….separaba mis piernas para que pudiera llegar sin esfuerzo y viera que yo no me resistía, más bien lo quería.

¿Lo quería?

No sé bien cuál fue el momento que pasé a quererlo realmente. Sé que en unas de esas embestidas, mis caderas temblaron y comencé a sentir un tremendo ardor que se fue transformando en placer. El en evidente papel de ganador, me dejaba hacer, así que lentamente comencé a moverme, cosa de poder manejar la situación. Esa acción de moverme me puso muy cachonda y ya no solo hablaba para dominar la situación sino para expresar mi tremenda calentura. Fue increíble, aquello, porque me habían ensartado un tremendo pijon en mi culito y yo no solo había colaborado a pleno, sino que estaba siendo la protagonista de una enculada monumental. Me zarandeaba, porque me producía placer hacerlo, subía y bajaba para meterla y sacarla en una acción de que me bombearan el ano, abierto sin dudas y gozando aquella cosa que se había metido dentro de mí.

Cuando el muchacho ese comenzó a replicar y acompañar mis movimientos ya con más ímpetu, yo estaba en el limbo, y el acercándose a su acabada. Pero llegué primero y exploté acabando estrepitosamente, y solo acallaba mis grititos la poronga que me metió en la boca el que estuvo entretenido con mis tetas. Sé que le di una fiesta de chupadas y lamidas, y se acabó con mucha furia. Se fue salpicando el piso.

El chico que me abrazaba de atrás, se dio cuenta de mi situación y ya me respondía a mis grititos con sus – Vamos putita, vamos… mostrame que sos muy perra…Metétela que me acabo… Y así… Sentí por primera vez un chorro de leche allá dentro de mi trasero…Pensé que aquello terminaba las acciones, pero estaba equivocada.

El que primero me había clavado… ahora quería también mi trasero. ¡Qué horror! Me puso en el sillón pero para el otro lado, justo frente a Néstor…que estaba quietecito y mirando todo. Y dándome unas palmadas, que me hicieron arder la cola, me dijo… ábrete nena que ahora si vas a tener una pija adentro. Mire doctorcito como me enculo a tu chica… y como va a gozar esta putita…

Tenía a mi esposo de frente… su cara estaba roja, y cuando yo abrí la boca, en señal de que el fornido muchacho me estaba metiendo su polla en mi conchita, él frunció el seño, como admirando mi exclamación… Así que cuando comenzó a cogerme, yo gozaba y abría la boca, cosa que Néstor podía notar… El que me tenía allí ensartada, provocó a mi esposo, diciéndole, -Que bueno será tenerla para encularla todas las noches che… epa…. Epa… Doctorcito…. Usted está  como yo…gozando eh… eh……Vamos nena, vamos nena… sacale las ganas a él también… vamos… Y me fue llevando hacia las piernas de mi esposo, que efectivamente tenía una gran erección, y se le notaba.

-Dale, vamos, sacale la cosa que es tuya y dale para que tenga….. Dale, dale.

Yo estaba gozando aquello, y no lo dudé, bajé el pantaloncito de Néstor y me encontré con su pija al mango… Así que pude tener un alivio, y ahora chuparme la pija de mi marido al menos. Gustito a algo conocido. Desconocido era ese placer de que me cogieran otros, y menos así inesperadamente, pero yo lo estaba disfrutando…Pero el vago, paró, la sacó y fue por lo que había venido… y otra vez mi culito era el blanco que quería aquella pija durísima y enorme. Me acomodé, y ayudé a que entrara. Y fue satisfactorio y agradable a más no poder, insólitamente gozoso para mí ser, y tanto gocé que mi esposo se daba cuenta y él también lo sentía, tal lo demostraba su polla endurecida.

Me dejé hacer… Y mientras me follaban el hasta ahora resistido traserito, volví a ponerme cachonda y disfruté muchísimo lo que duró la calentura de mi enculador, que terminó bufando a más no poder. Se fueron llevándose nuestras pertenencias, y también se llevaron toda la historia de mi culito virgen y resistidor.

Mientras me bañaba, sentía ardor en mis tetas, en mis labios, pero lo que sentía en la conchita era como una brasa, y la puerta de mi hoyito era una hoguera total. No me dolía nada, si sentía ese fuego que deja el combate sexual sobre la carne.

Cuando salí, encontré a mi esposo en el mismo sillón que estuvo atado…

-Vamos, le dije…. Porque íbamos a hacer la denuncia. -No, dijo, no vamos… no tiene sentido. Se llevaron unas pocas cosas y si tenemos que contar todo, más vale que no, porque como explicamos lo sucedido. -Que me violaron, dije. -Sí, te violaron, pero gozaste como una gata en celo y hasta me hiciste participar a mí.

-Pero…¿vas a dejar las cosas así?… -Así está  bien…. ya que tú estás bien, en realidad debemos agradecerles, se llevaron poco para ellos y también se llevaron tus miedos, nos dejaron una gran apertura, vamos a pedir otra pizza y a descansar.

Mientras comíamos, fuimos tomando todo lo sucedido con humor, reímos y nos hicimos bromas. Nos fuimos a la cama, y ahí pasó lo mejor del día…

El me acarició y besó centímetro a centímetro, y hasta indagó el estado de mi conchita y se admiró de que aun tuviera el culito semiabierto, y sus besos, los míos, sus caricias y las mías, hicieron que me pusiera en cuatro y con una mirada, él entendió que yo quería que me la diera por donde siempre quiso.

Recordé los consejos:

*Que estés muy excitada, la zona del esfínter anal relajada y dilatada, y usar abundante lubricante (de base acuosa), procurando que esté siempre presente durante toda la práctica sexual.*Empezar muy suavemente, evitar penetraciones profundas o movimientos vigorosos, la primera vez ir penetrando por “trocitos” y detenerse cuantas veces haga falta, preguntando siempre a la pareja cómo va; ante cualquier síntoma de dolor o extrañeza, retirarse un poco o renunciar.

– ¡Noooooooooo, renunciar nunca!

Si antes había llegado a gozar, esa fue una gloriosa faena, pues cuando me la metió por primera vez, y yo le ayude a movernos, comprendí, que tenía que recuperar años de goce… y pensaba recuperar terreno, cuanto antes. Mi Néstor me sacudió desde atrás por el culito que tanto deseo y lo hizo hasta llenarme bien. Ahora sí que soy bien suya.

– Vaya que esos chicos tenían razón- que culito hermoso tenemos en casa amorcito- les estaré eternamente agradecidos que abrirán la puerta a la trastienda. – No descuides el frente tampoco, dije mientras él se desplomaba agotado.

Fue al otro día que ordené y limpié todo, pero no encontré mi Tanga Bijou con strass.

Autora: Marianella

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Mi cuevita trasera

El chico me sacaba jadeos de mi conchita y culito con sus dedos metidos para darme placer, vi que mi esposo embistió a la chica. Esta le permitió que se la fuera metiendo, yo lo estaba viendo todo. Mi marido le hacía la cola a su masajista ante mi atenta mirada. Ella tenía una hermosa cola y mi Néstor se la estaba gozando a pleno, me derretí de calentura. Y comencé una orgía de acabadas sin retorno.

Estamos casados hace siete años y ambos tenemos 28 años. Nos conocimos jóvenes, estudiantes, amantes, amigos y hoy matrimonio de profesionales de diferentes rubros. Nuestra sexualidad ha sido siempre buena, Somos abiertos al diálogo y no tenemos ni secretos ni tabúes. Mi marido tiene una mayor insinuación a ser “degeneradito”, porque aunque heterosexual bien definido, siempre está relacionando nuestras cosas con cositas chanchitas tales como orgías, intercambios, tríos y hasta interraciales. Pero nada de eso nos había pasado, porque yo siempre se lo tomé como broma.

Lo que no era broma, y eso si nos trajo algunos sinsabores, fue su tentación a hacerme el amor por mi cuevita trasera, que a causa de mis temores, miedos y dolores, no pude complacerlo como él me pedía y que yo hubiera aceptado si no fuera por esa aversión. Se que tengo una buena cola, atractiva por demás, no grande, pero bien torneada, que no solo mi marido desea, lo sé, basta percibir el resoplo y las miradas de quienes me miran esa partecita. Yo he puesto empeño en complacer a mi esposo, y hasta llegué a prepararme física y psicológicamente para entregar ese tesoro, pero pese a eso y hasta los envaselinamientos o encremados que hicimos, no dio resultado. No pudo gozar mi cola.

Con ropa, con poca ropa o desnuda, él se calienta con mi cola, así, que muchas veces probamos y hasta supe yo soportar fuertes embestidas y dos veces logró penetrarme, más nada más que eso… Porque no pude moverme ni que él gozara un poquito. Yo colaboraba, pero nada hacía relajarme según él, y nada me convencía según yo. Así que con el tiempo fui cerrando esa puerta para siempre. Lo tenía yo asumido, y él se conformaba con acariciarme y darme palmaditas con cariño.

Motivado por un congreso médico, al cual Néstor había sido invitado, estábamos en un lujoso hotel caribeño. El preparaba todo. Cenamos y fuimos a la boîte, bailamos y hasta fantaseamos con el chichoneo verbal con algunas parejas del lugar. Estuvimos incluso bailando con terceros, que era hasta donde llegábamos más lejos. Fue al otro día, que él tenía libre, que recibimos en una suite una sección de masajes por él contratado. Esa sección había sido sugerida por el marido de una de las colegas de mi marido, Elena, a quienes encontramos en la playa, donde él muy sutilmente nos invitó a una playa nudista, a la que no fuimos, pero si fuimos a los masajes.

Una hermosa chica, curvilínea, sensual a más no pedir, se encargaba de untarle elixires mientras lo masajeaba todo, todo… Un fornido ejemplar de macho joven me daba tundas de placer en todo el cuerpo haciéndome derretir en mieles de satisfacciones. Sus cuerpos bien moldeados se movían armoniosos en el ambiente bien aclimatado. Cada uno dedicado a su entregado paciente. Vi como la chica, con muy poquita túnica, se esforzaba en la espalda de mi Néstor y empleaba todo su cuerpo, en esas acciones, sin dejar siquiera sus brazos y sus redonditas tetas que vi como también se apoyaban en el cuerpo de él. También mi adonis usaba técnicas subidas de excitación, porque había comenzado a darme un tratamiento algo desmesuradamente explícito, más me tenía a su merced, desnuda debajo de su atlético cuerpo, que supe recibir en roces cada vez más frecuente.

Sus manos se reiteraron en partes íntimas, y mi reacción fue levantar la cabeza buscando hacer señas a Néstor…pero este me sonrió y volvió su cara hacia el otro lado, donde la chica ya desnuda contorneaba su cuerpazo mientras se refregaba contra él en un masaje extrañamente jamás visto por mí. El chico, me palmeó y en con su voz suave, me pidió me relajara, que él cumpliría todo lo que mi marido le había pedido hacer conmigo…. Que era todo programado así que no debía yo tensar nada y solo entregarme a su tratamiento… Yo entendí el mensaje, porque conocía a Néstor muy bien. Sin dudas él me estaba regalando otra de sus calientes ideas.

El perfume, la música, el ambiente me fue llevando al horno donde el deseo del sexo se va tostando. Ya mi masajeador no solo usaba sus hábiles manos, sino que supe que su viril pedazo también servía para dar masajes. Y que rico que se siente ser golpeada por un garrote de carne de macho viril… Dije hábiles manos, porque no dejaban de recorrer todo mi cuerpo pero siempre se centraban en mi cuevita palmoteando y ya abriendo mi cuquita para repiquetear con sus dedos en mi gusanito que se salía de la vaina por explotar. Ya sus dedos se metían en la cuevita disimuladamente y otros fueron surcando y dando graciosos masajes dentro de mi ano.

Era evidente que el chico se esmeraba allí, por ex profeso pedido. Yo lo sabía y lo estaba aceptando con religiosa entrega. Sé que no fue casual, porque yo lo pensé así… Y en una de las pasadas por delante de mí le capturé el pedazo del chico y se lo besé, para que supiera que yo no era una desagradecida. El me dejó entonces repetirlo, y eso animó a la chica a que se comiera el tronco de mi esposo en reiteradas y contorsionantes emociones.

Todos notaron mi calentura y fueron acelerando, y estaba dispuesta a aceptar a pleno todo el tratamiento que me hacían hacia la apertura de puerta trasera. Fui perdiendo noción del tiempo y de los recatos de señora… Porque allí expuesta desnuda en cuatro patas me conmocionaba con los masajes que me brindaba el chico. Ella se acercó y masajeó mi espalda y comenzó a magrear mis colgantes tetas, mis endurecidos pezones comenzaron a sentir el refregar de unos dedos sabios. Mi marido detrás de ella, la abrazaba y manoseaba mientras refregaba su pija contra las nalgas de la esbelta.

El chico me sacaba jadeos de mi conchita y culito… con sus dedos metidos para darme placer… y fue cuando vi que mi esposo embistió a la chica. Esta arqueándose le permitió que se la fuera metiendo… yo allí abajo lo estaba viendo todo. Mi marido le hacía la cola a su masajista ante mi atenta mirada. Ella tenía una hermosa cola y mi Néstor se la estaba gozando a pleno. Y me derretí de calentura… Y comencé una orgía de acabadas sin retorno… El chico se subió a la camilla detrás de mí, para algo evidente y que yo hace altura esperaba.

El paseó su verga por mi trasero, mojó en la humedad de puerta de mi conchita su miembro, y fue al ataque en mi hoyito… más su embestida, que casi encuentra cabida, fue cerrada por un instintivo movimiento de mis músculos, y fue de nuevo a buscar mi calentura golpeando su cabezota en mi clítoris, y tan rápido como pude pasando mi mano entre mis piernas tomé su viril pedazo y lo enfrenté no a mi culito sino a mi cueva que quería algo adentro… Yaaaaaa.

El quiso retirarse, porque eso no era lo convenido, evidentemente, pero yo ya la aprisioné hacia atrás y seguía orgasmando a mares. Mi marido estaba en su juego, prendido desde atrás de la chica, dándole bomba y bomba. El chico me dejó retozar y volvió a su tarea, pensando que yo ya tendría más sumisa mi resistencia… resistencia que yo no le opondría, ya que seguía sintiendo ganas de colaborar, quiso otra vez el insólito músculo de cerrarse contra mi propia voluntad, y no pudo el masajista cumplir su tarea. Yo me volteé en la camilla, abriendo las piernas en clara señal de que quería que ahora me cogiera de frente… más él se retiró hacia la chica y debí esperar a que mi marido me abrazara.

-¿Yyyy?, balbuceo expectante. -Nada, no pudo.

Nos fuimos a nuestra pieza, el había tenido un culito, y yo la ultima frustración porque no había sido el mío. -Caramba dijo Néstor, ahora me siento mal por lo que hice, pero el marido de Elena, me los había recomendado. Quizás ellos puedan ayudarnos. -Nada de eso… Tu amiguita y el marido son otros dos degenerados como vos… Pero no tengas culpas, porque en realidad yo sí tengo algo que confesarte.

-¿Qué es? -Que me hice coger por el masajista, mientras te veía culear a su chica… Y le obligué a metérmela dos veces para acabar gozando con su pijota.-¿En serio? -Si, y me gustó, increíblemente me gustó, por eso te pido perdón… -Que perdón ni ocho cuartos… me has calentado así que vamos a recordarlo otra vez, mira como se me puso mi pinga.

Y nos cogimos unas cuantas horas recordando lo sucedido.

Autora: Marianella

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Lluvia en la tarde

Me toma de las tetas y me aprieta contra su pecho mientras comienza a mover su pija en mi culo, el dolor y el placer son tan grandes que me abro de piernas y me acaricio el clítoris llegando al tercer orgasmo de la tarde. Los otros muchachos se pelean por tocarme y mi hermano le dice a uno que se suba encima de mí mientras otro me la pone en la boca.

Eran las tres de la tarde, una tarde de mucho viento y frío. Y para empeorar, lluvia…

Estaba realmente aburrida en mi casa y como no sabía realmente que hacer, ya que mi esposo no estaba porque estaba viajando por varios días, me pongo a hacer zapping en la tele hasta que si proponérmelo llego a un canal de películas pornográficas. En ese momento una chica muy mona era penetrada analmente mientras en su boca tenía otro pene.

Una de mis fantasías inconfesables era poder disfrutar de varios hombres en una sola sesión de sexo, pero mi esposo era tan tradicional que no me animo ni siquiera a contárselo como fantasía. Dentro de la casa la temperatura es muy agradable ya que poseemos calefacción central, además de una estufa a leña que permanece encendida durante todo el invierno. Por eso dentro de la casa estaba únicamente con ropa interior, un conjunto de cola less y sujetador color gris de algodón. Me encontraba tirada en el sofá de la sala mirando la tele y con la ventana abierta, por la que podía ver la ferocidad de la tormenta y como caía la lluvia.

La película se ponía muy interesante aburrida como estaba y excitada por la película y la tarde lluviosa comencé a acariciarme la conchita, primero sobre la bombacha y luego directamente en mi clítoris y metiendo algún dedo en mi concha. De esa manera logré un orgasmo muy fuerte pero me dejó más caliente todavía. Si en ese momento hubiese estado mi esposo le hubiese hecho el amor toda la tarde.

Pero como no estaba me comencé a masturbar nuevamente, ahora metía alternadamente un par de dedos en mi conchita y luego los metía en mi culito, luego los sacaba y los pasaba por mi clítoris. Logré mi segundo orgasmo pero estaba más caliente aún. Necesitaba urgente coger, una pija un hombre. Tengo que aclarar que soy una mujer de 28 años, normal, bastante atractiva, delgada, rubia, con un cuerpito muy lindo y buena cola y tetas.

Me levanto del sillón para ir a la cocina a prepararme un café cuando la puerta del recibidor se abre y entra mi hermano menor. Viene con tres compañeros del liceo y vienen empapados y muertos de frío. Me dice que los agarró la tormenta saliendo del liceo y que no les dio para llegar a sus respectivas casas, y que como vio que yo estaba en casa pensaron pasar un rato hasta que pasara la tormenta. Yo estaba como petrificada en medio de la sala, en ropa interior y muerta de vergüenza, ya que mi hermano me había visto así muchas veces pero sus amigos nunca…

Los miro muertos de frío, con los labios morados y escurriendo agua… les digo que vayan al baño, se den una ducha caliente y pongan la ropa a secar en el secarropa. Les facilito unos bóxer de mi esposo y les preparo una merienda caliente. Mientras ellos se duchan yo me cambio de ropa y me pongo una camiseta larga a modo de vestido.

A todo esto me olvido de quitar el canal pornográfico y cuando llego a la sala con la merienda los veo mirando la tele, muy entusiasmados. En ese momento una chica era penetrada en forma doble mientras le chupaba el pene a otro y el cuarto hombre era masturbado pro la hermosa morocha.Los chicos estaban totalmente excitados y uno le dice a los otros “eso solo lo hacen las mujeres en las películas, de seguro que es un truco…”.

Me siento en uno de los sillones y comenzamos a merendar. La polémica seguía mientras mirábamos la película. Mi excitación era tan grande que mis labios estaban rojos por la sangre acumulada, al igual que mis mejillas. Los pezones parecían que explotaban de duros e hinchados y mi bombacha estaba totalmente empapada, en parte por la película, en parte por la tarde lluviosa, en parte por la calentura que me provocaba haberme masturbado dos veces, en parte porque veía los penes de los chicos (entre 18 y 19 años) totalmente erectos que intentaban ocultar.

Mi hermano me ve toda colorada y me dice “hermanita, ¿tenés tanto calor que estás toda roja?”… “es que entre el calor, la película, el chocolate caliente y la ausencia de tu cuñado…”Los chicos no se aguantaban más, se querían masturbar pero mi presencia los cohibía.

Mientras tanto afuera la tormenta se hacía cada vez más intensa y algunas calles habían comenzado a inundarse. En vista de la situación le digo a mi hermano si se quiere quedar en casa hasta mañana, me dice que sí y le digo que llame a nuestros padres para avisarles. Miro a los otros chicos y les digo que si alguno se quiere quedar, que por mí no hay inconveniente.

Pronto todos llaman a sus familias y les avisan que van a quedarse a dormir en mi casa.

Solucionado este problemita volvemos a sentarnos a mirar la película. Era otra película donde dos chicas y dos chicos hacían de todo. Los muchachos no aguantaban más y yo tampoco. En forma imprevista mi hermano me toma de las manos y me inmoviliza acostada en el sillón. La remera se me sube por el que me ve la bombachita, ya no ocultan sus penes que por lo que veo dos de ellos son exageradamente grandes, muchos más grandes que el de mi esposo. Me quitan la remera y la ropa interior y quito las manos de mi hermanito de las mías e intento resistirme, pero sin mucha insistencia, solamente para quedar bien.

Me meten mano por todos lados y mi calentura se hace inmensa, más aún cuando me meten los dedos en la concha y en el culo. Mi hermano se acuesta en el sillón y entre los otros tres me suben encima de él, de espaldas, su pene estaba totalmente erecto y me sientan encima haciendo que su pene penetrara mi culo acostándome sobre él.

Me toma de las tetas y me aprieta contra su pecho mientras comienza a mover su pija en mi culo, el dolor y el placer son tan grandes que me abro de piernas y me acaricio el clítoris llegando al tercer orgasmo de la tarde. Los otros muchachos se pelean por tocarme y mi hermano le dice a uno que se suba encima de mí mientras otro me la pone en la boca.

No lo podía creer, parecía la puta de la película pero estaba disfrutando muchísimo…
Autora: Hermanita caliente

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Amelia

Amelia cerró las piernas dejando mi pene totalmente aprisionado entre sus piernas, entre el calor de su concha y la humedad de sus flujos por la excitación mi pene podía moverse a lo largo de su sexo, frotando con mi pene sus labios e imitando el movimiento de la penetración. Era una sensación indescriptible, los dos sumergidos en nuestro mundo de lujuria, rodeados de toda esa gente.

Amelia es una mujer que he conocido en mi ciudad, en la ciudad donde ahora resido. Ella es una mujer mayor que yo, tiene 36 años y yo tengo 27. Es una mujer guapa, imponente, que levanta pasiones allá por donde pasa. Todo comenzó un año en el que yo trabajaba de camarero en una piscina de la ciudad. Era una piscina municipal y allí iba bastante gente para darse sus baños, tomar sus clases de natación, leer algún libro con la música de fondo y también para tomarse alguna copa mientras el calor sofocante imponía el ritmo del verano. Amelia siempre venía con su grupo de amigas, entre las cuáles se encontraba mi jefa. Todas las tardes se juntaban en la terraza para jugar unas partidas al parchís, tomarse sus cafés, alguna que otra copa para rebajar la comida, un poco de charla y también para que sus hijos e hijas se bañaran.

Al principio la relación era muy normalita, un hola, un hasta luego, cosas de ese estilo. Pero el hecho de vernos todos los días en la piscina hizo que entre todos se hiciera una amistad muy sana y bonita. Yo al principio no me había fijado en ella para nada, puesto que era una mujer casada, mayor que yo y con una hija, aunque siempre tenía en cuenta que era muy hermosa y con un cuerpo bastante bonito. Así que cuanto más nos íbamos conociendo más me fijaba en ella, sin querer me quedaba embobado mirándola jugar con sus amigas, hablaba con ella en cuanto tenía ocasión, nos reíamos e incluso empecé a jugar con ellas en sus habituales partidas mientras que mi compañero me hacía el turno y aprovechando que no había demasiada gente a la hora que llegaban.

La chispa saltó el día que cerrábamos la piscina, puesto que todas las amigas se tomaron unas copas de más y esa alegría les hizo meterse en el agua y quitarse a todas el bikini, cosa que a todos los presentes (amigos de las mujeres y los empleados) nos hizo ponernos bastante nerviosos y excitados. Así pues, una vez que se salieron de la piscina con sus bañadores puestos otra vez, fueron detrás de todos para irnos metiendo uno por uno en el agua. Como es normal, yo no me dejé coger de primeras, para darle un poco de emoción y hacer el juego más excitante, pero en cuanto vi que ellas ya perdían el interés me dejé coger y me llevaron hasta el borde de la piscina. Justo en ese momento Amelia, sin previo aviso, saltó encima de mí, por la parte de delante y se situó con sus hermosas piernas alrededor de mi cintura, sintiendo yo el contacto de su piel en la mía y notando un ligero roce entre su sexo y el mío, cosa que hizo despertar el miembro que tenía dormido hasta ese momento. Al notar como crecía mi miembro me tiré yo rápidamente a la piscina para que ninguna de las mujeres presentes lo notase. Claro está que Amelia sí que llegó a notar ese hecho, puesto que una vez que caímos al agua se mantuvo un poco de tiempo más abrazada a mí sumergidos.

Está claro que toda esta situación debió de durar unos 5 segundos, pero me dio la sensación de que se trataba de horas. Aún cuando lo recuerdo me parece que estuve muchísimo tiempo abrazado a ella. Al final todo quedó así aquella tarde y cada uno siguió haciendo su vida como si todo aquello no hubiera pasado, pero yo tenía muy claro que eso había ocurrido y que posiblemente nunca lo podría olvidar, o por lo menos a medio plazo no lo olvidaría.

Pasaron los días y las semanas y aquello se iba quedando como un recuerdo, hasta que una noche la chispa volvió a saltar. Era un sábado noche, yo estaba con los amigos de fiesta, como casi todos los fines de semana. Iba un poco pasado de copas y la euforia me podía, por lo que estaba todo el rato bailando, charlando y divirtiéndome. Una de estas veces que me puse a bailar me di cuenta que justo de espaldas a mi estaba Amelia, vestida con una falda azul clara que le llegaba unos 7 dedos por encima de la rodilla. Una de esas faldas con vuelo, que no son ajustadas, sino que cuando bailas y das una vuelta algo rápido se ve todo, también llevaba una camisa blanca y unos zapatos de tacón. Pues bien, me acerqué a ella por la espalda haciendo como que no la había visto, y justo cuando pasé a su altura mi mano recorrió justo por la parte de arriba donde termina la falda, rozando su espalda de una manera sutil y muy suave.

Este ligero roce hizo que le corriera un escalofrío, porque inmediatamente se dio la vuelta para ver quien había hecho eso, con una cara algo descompuesta debido a la sensación y sorpresa del acto. Justo cuando se dio cuenta de que el culpable de esa agradable sensación había sido yo, esbozó una gran sonrisa a la cual no respondí con otra. Me cogió del brazo, nos dimos un par de besos y nos pusimos a charlar sobre el tiempo que llevábamos sin vernos y de la ilusión que nos hacía ese encuentro. Le pregunté por su marido y me dijo que estaba en la barra, con sus amigos tomándose unas copas y que ella estaba con sus amigas bailando un rato. Al final me despedí de ella y me a la barra donde estaban mis amigos y a pedirme otra copa.

Yo me había quedado un poco alterado por su reacción cuando le pasé la mano y la agradable conversación, cosa que hizo aflorar nuevamente todos aquellos sentimientos y sensaciones que despertó esa tarde en la piscina, así que cuando llevaba medio cubata volví a salir a la pista de baile. Tengo que decir que esa noche había mucha gente bailando debido a que eran las fiestas del barrio, por lo que me costó una barbaridad conseguir llegar hasta ella, aparte de que en ese momento estaban poniendo una de las canciones del verano y todas las mujeres salieron a bailarla. Después de un gran esfuerzo conseguí volver a ponerme detrás de ella, al principio sin hacerle caso para ver si ella se daba la vuelta y me veía, pero ella bastante tenía con esquivar los codazos y pisotones de toda la gente que bailaba. Al final, toda esa multitud hizo que quedáramos unos enfrente del otro. Nos miramos a los ojos y sin decir nada nos dejamos llevar por el movimiento de la masa de gente y empezamos a bailar. La verdad es que no hablamos nada en esos 3 minutos de canción, pero nuestros ojos estaban fijos los unos en los otros y de vez en cuando dejábamos escapar una ligera sonrisa debido a lo excitante de la situación.

En el momento en que terminó la canción una de sus amigas le trajo una copa y ella se dio la vuelta y se puso a charlar con ella. Yo no podía dejar de mirarla y estaba deseando poseerla, no sabía cuanto tiempo más podría aguantar sin tocarla. La medio borrachera que llevaba actuó por mí, así que me puse justo detrás de ella, espalda con espalda, y de forma disimula puse mi mano sobre su culo, de forma muy sutil. Tengo que decir, que en la pista de baile de esa discoteca las luces son muy tenues, por lo que no se ve muy bien dentro de la pista, lo cual no quita que se pueda ver todo si pones atención en ello.

Ella torció la cabeza para ver quien era y yo hice lo mismo para ver su reacción, pero al ver mi cara y saber que era mi mano, reculó un poco más hacia mí y siguió charlando con su amiga. Ahora tenía la mano metida entre su culo y el mío y podía notar toda su nalga en la palma de mi mano. Apreté con fuerza mi mano para agarrar esas nalgas que me volvían loco y aproveché para darme la vuelta.

Una vez en esa posición y con mi mano todavía enganchada en su mollete, mi otra mano se posó en el otro mollete de su culo. Ahora la tenía cogida de sus dos nalgas y me encontraba totalmente excitado. Esa situación de morbo de que alguien pueda llegar a descubrirte, el hecho de que su marido estuviera en la barra, la cual no podía ver por la cantidad de gente que estaba en la pista de baile y, también, el hecho de que ella me dejara hacer provocó en mi que dejara escapar mis instintos más animales. La gente seguía bailando y yo estaba ya pegado a su culo completamente. Entre su culo y yo no cabía un folio. Mi sexo estaba que se salía casi por encima del pantalón, en mi vida me había notado mi polla tan grande y gorda, parecía a punto de explotar. Así que aproveché para bajar un poco más mi mano y rozar sus muslos por la parte de atrás, notando esa piel suave y tersa, un poco húmeda por el calor de la gente. Coloqué mi miembro justo entre sus dos nalgas para que ella lo notara, ella me movió ligeramente al notar eso y creo que estuvo a punto de huir, hasta que notó como subía la mano que tenía por detrás, hasta llegar por debajo de su falta justo hasta donde empiezan sus nalgas.

Ahí ella dejó de poner la leve resistencia que me dio a entender un segundo antes. Con mis dedos intentaba encontrar el inicio de sus bragas, pero no lo encontraba, subí un poco más para ver si llegaba hasta su tanga, pero tampoco lo encontraba, así que seguí subiendo un poco más la mano hasta que mis dedos tocaron su vagina. Ella había abierto un poco sus piernas para sentir mejor mi miembro justo apoyado entre su culo y mi mano jugando en la entrada de su tesoro.

Mis dedos empezaron a pasar a lo largo de sus labios vaginales. Ella se mojaba por momentos, incluso me llegó a parecer que se estaba meando, pero era demasiado espeso para ser orina. Su amiga se había ido hacia la barra hacía un rato, pero yo me acababa de dar cuenta, y con todo lo que estaba pasando estábamos justo al lado de una viga que hay en mitad de la pista. Mi espalda chocó contra la viga y dejamos de movernos por un segundo. Yo estaba que no podía más, si no me sacaba la polla esta me iba a reventar dentro. Así que desabroché los botones de mi pantalón y saqué mi pene, siempre tapado por las faldas de Amelia. Ella notaba que yo no hacía nada, así que se pensó que todo había terminado y se disponía a andar fuera de la pista de baile, cuando yo la cogí suavemente de la cintura con la mano izquierda, mientras que con la derecha le levantaba la falda justo hasta la altura de mi polla.

Así, mientras que ella reculaba un poco debido a que yo la sujetaba, de una forma rápida puse mi pene en el hueco de sus piernas. Ella se llevó un gran susto, pues no se esperaba que yo hiciera eso, pero yo la seguía sujetando de la cintura y se abandonó a lo que pasara. Amelia cerró las piernas de repente, dejando mi pene totalmente aprisionado entre sus piernas, y entre el calor de su concha y la humedad de sus flujos por la excitación mi pene podía moverse a lo largo de su sexo, frotando con mi pene sus labios e imitando el movimiento de la penetración.

Era una sensación indescriptible, los dos sumergidos en nuestro mundo de pasión y lujuria, rodeados de toda esa gente, algunos conocidos y otros no, con la música a toda pastilla, el calor, el sexo por nuestras venas…, era un cúmulo de cosas que hacían que nos excitáramos de sobremanera. El ritmo de nuestra pseudo-penetración era cada vez más frenético, yo creía que iba a poder aguantar un par de minutos más, pero de repente ella frenó en seco, noté que se ponía muy tensa y que abría un poco las piernas como para que yo sacara de ahí mi pene, pero no me dio tiempo a reaccionar a la situación. Justo enfrente nuestro vi acercarse a su marido, con un cubata en la mano y con una borrachera bastante considerable. Debido a la cantidad de gente que había o la chispa que llevaba no se fijó demasiado en mí, más bien miró a su mujer por encima del hombro y vio mi cara detrás, pero al lado de la mía había un par de cabezas más de la gente que estaba bailando.

El marido se puso delante de ella a bailar y hacer tonterías al ritmo de la música, pero mientras que asimilaba toda la situación, me di cuenta de que yo todavía tenía mi pene entre sus piernas y que mi erección no se había bajado del todo, más bien seguía prácticamente igual que antes. Así que en ese momento, en vez de echarme hacia atrás y salir de allí, lo que hice fue todo lo contrario, empecé a moverme lentamente detrás de Amelia, restregando nuevamente mi pene con su vagina, ella tensa del todo que no sabía que hacer, al principio quieta del todo y con su cara pálida, pero al cabo de unos segundos ella empieza un ligero vaivén, siguiendo el ritmo de la música y sin perder de vista los ojos de su marido. En ese momento ella pega un par de saltitos, como siguiendo el compás de la música y justo en ese momento y debido a mi tremenda erección, cuando cae en ese segundo saltito y deja caer su peso sobre mi miembro, la cabeza de éste se entierra en su vagina. Esto hace que yo me tenga que agachar un poquito más.

Ella cuando lo nota, vuelve a dar otro pequeño saltito, no sé si para que saliera mi punta o para que entrara más, pero al estar mi miembro tan erecto y con la punta ya introducida, lo que consigue al caer otra vez es que mi miembro se introduzca mucho más y yo me tenga que agachar un poquito más. Ya no había marcha atrás, mi miembro estaba dentro de ella, su vagina lo había asimilado perfectamente al estar tan mojada por los juegos anteriores y ahora no podría de dar más saltitos.

Gracias a la viga no me caí al suelo, puesto que la sensación que estaba experimentando, ese placer tan grande que sentía casi hace que me desmaye. A cada saltito que ella daba más se metía mi pene en su vagina y más rara era mi postura. Ella dejó de saltar, se puso de puntillas y mecía su cuerpo hacia atrás y hacia delante, sin parar. Se notaba que ella estaba cerca del orgasmo, al igual que yo, porque ya no coordinaba sus movimientos y se le notaba que no iba al ritmo de la música, sino al ritmo de nuestros placeres. Su marido mientras tanto no se enteraba de nada, estaba bailando con un grupo de hombres que estaban a 3 metros de nosotros.

Yo ya no podía más, cogí a Amelia de la cintura con las dos manos con fuerza y empezamos el ritmo de meter y sacar más rápido que nunca, estábamos a punto de estallar ambos. Ella estaba con los ojos cerrados y la boca abierta, dejando escapar jadeos que eran amortiguados por el ruido que nos envolvía, pero que yo podía escuchar al estar tan pegado. Yo me encontraba prácticamente igual, ambos estábamos fuera de nosotros mismos.

En ese momento noto que ella empieza a convulsionar, a sufrir espasmos en su vagina, cosa que hace que sus labios vaginales opriman con más fuerza mi miembro y lo exprima. Ella se está corriendo y se le escapa un ligero grito, yo empiezo a correrme al mismo tiempo que ella. Noto como sus fluidos empapan mi pene y ella nota como yo la lleno de mi leche. No sé si ella soltó más o menos fluidos que yo, pero aquello era una auténtica catarata de placer. Nuestras piernas temblaban, ella se tuvo que recostar totalmente en mi cuerpo para no caerse. Yo apoyé todo mi peso en la viga para aguantar su cuerpo y el mío, ¡había sido el mejor polvo de mi vida!

Esta postura duró no más de unos minutos, hasta que ambos logramos recuperar ligeramente las fuerzas y el aliento. Cuando saqué mi miembro de su vagina una cantidad de leche y flujos de ella corrieron por sus piernas y mis pantalones. Ella se dio la vuelta, me miró a los ojos durante breves segundo, acercó su boca a mi oído y me dijo: “Gracias por lo que me has hecho, eres un cielo”.

Me dio un beso en la oreja y se fue.

Esa noche ya no la volví a ver…

Autor: Alfonso

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La pomada milagrosa

Sus propios jugos comenzaron a esparcir la crema por sus labios mayores, y el ardor se fue apoderando lentamente de ellos, causando que se hincharan, y que sus jugos fluyeran aún más, llevando un poco del ardor a su ano, Liliana lamió sus dedos y los llevó a su ahora enorme clítoris. En menos de un minuto, Liliana se retorcía en un intenso orgasmo, que dio paso al sueño profundo.

“Tienes que probar esta pomada” me dijo Liliana en el MSN. Es… interesante. Sabiendo la cantidad de interés y experimentación que le dedica Liliana a su placer sexual, a las pocas horas me estaba apareciendo por su oficina.

Me contó que la estaba usando para unas marcas en la cara, y que la noche anterior se la había aplicado por error en la boca. A los minutos comenzó a sentir un cosquilleo en los labios, que fue pasando primero a ardor, luego a una sensación de frío, y finalmente le había dejado la boca muy sensible.

Esperó que todos durmieran en casa, y en la oscuridad fue al baño en que se guardan los remedios, y poniéndose una pequeña cantidad en los dedos índice y pulgar de la mano derecha, procedió a darse pomada exclusivamente en el clítoris, con cuidado de cubrirlo todo bien con la pomada sin dejar ni un milímetro cuadrado sin untar. Volvió inmediatamente a su cama y se tendió a esperar.

Lo primero fue un ardor de incremento lento pero sostenido, acompañado de una sensación de hinchazón del clítoris. El clítoris de Liliana es grande y hermoso, y  -contaba ella- creció lentamente pero sin pausa, hasta sentirse enorme, hinchado, duro y muy, pero muy sensible.

Por supuesto, aún sin tocarse, la excitación de Liliana comenzó a extenderse, y su vulva comenzó a ablandarse, mojarse y abrirse. Sus propios jugos comenzaron a esparcir la crema por sus grandes y blandos labios mayores, y el ardor se fue apoderando lentamente de ellos, causando que se hincharan, y que sus jugos fluyeran aún más, llevando un poco del ardor a su ano.

Incapaz de contenerse, Liliana lamió sus dedos, mojándolos bien, y los llevó a su ahora enorme clítoris. En menos de un minuto, Liliana se retorcía en un intenso orgasmo, que dio paso al sueño profundo.

Por supuesto, con esa historia, cuando Liliana sacó un pomo amarillo de su bolso, la curiosidad pudo más, y fui al baño de su oficina a esparcirme la pomada por el glande. Por supuesto, con la narración ya mi pene estaba bastante respetable y esparcí la pomada con cuidado y dedicación por todo el glande.

Los ojos de Liliana se fueron rápidamente a mi entrepierna al volver, mirando con aprobación el bulto en mis vaqueros. “mmmh, veo que mi pomada te ha causado al menos una erección gorda, ¿o fue mi historia?” dijo fingiendo inocencia para jugar un poco.

Se sentó al frente mío y me pidió detalles sobre lo que estaba sintiendo yo. Le conté con detalle que el ardor en la corona del glande era intenso y muy agradable, y que sentía no sólo una erección dura y placentera, sino que un placer y un tamaño desusados en el glande. Liliana me preguntaba qué sentía en la puntita del pene, mientras pasaba discretamente la lengua por sus labios. Le contesté que no mucho, pero que echaba de menos haberme untado el frenillo y el tronco con la cremita.

Me la alcanzó nuevamente, y pasé a la pieza del lado, ya que la oficina de Liliana da a la calle. Me embadurné nuevamente, y el placer es en verdad grande, muy grande.

Volví con un bulto aún más considerable a su oficina. Se relamió sin disimulo. En ese momento la pasaron a buscar para una reunión almuerzo.

Probablemente en este momento esté en su casa acariciándose la vulva y los pezones lentamente con la pomada, desnuda en su cama, como me dijo que iba a hacer -con un guiño- al despedirse.

Yo sigo aquí con una más que considerable erección preguntándome dónde venderán esa pomada.

Autor: Ro

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Una bella mujer, un bello sueño

No quiero que termine, no quiero correrme, quiero seguir disfrutándolo, pero no puedo y de repente lo siento, un orgasmo tan maravilloso y tú sigues lamiendo mi vagina y no dejas lugar sin lamer, hasta que yo termino de gemir, mi miras y te acercas, me das un beso y te apoyas en mi pecho, escuchas mi respiración agitada, cierras los ojos y me dices con tu voz tan dulce, es un secreto.

Esta historia es solo un sueño o fantasía, como quieran llamarlo.

Llamaste avisando que habías llegado, fui a abrirte la puerta, te vi solo unos segundos y me gustaste inmediatamente, te invité a pasar, subimos a mi pieza donde nuestras amigas se terminaban de arreglar para ir al cumpleaños, nos llevaste a comprar y de reojo te miraba, eres preciosa, tu carita tan delicada, tus ojos preciosos, esos ojos misteriosos que tanto me gustan, tus labios tan perfectos, y tus pechos enormes y perfectos, tu cuerpo delgado pero preciso y delicado, llegamos a la fiesta y trataba de estar siempre contigo a tu lado, aunque no te decía nada, pero no importaba, tan solo me gustaba mirarte, quería tocarte, besarte entera, hacerte el amor como si fuera la última vez,  me gustaba cuando te reías, cuando mirabas de manera misteriosa, como te movías cuando bailabas, no podía dejar de mirarte, en mis sueños te veía.

En mis sueños, te abrazaba por detrás, tú giras tu cabeza y me miras, me acerco y te doy un dulce beso con miedo a que me rechaces, pero no haces nada, giras tu cabeza y no dices nada, yo te miro esperando algo y tú no haces nada, pero seguimos abrazadas, juntas, te miro varias veces esperando algo, pero nada, de repente inclinas tu cabeza y la apoyas  cerca de mi cuello y ahí te quedas, la gente nos empieza a mirar, pero no te importa, después de un rato tomas mis brazos y los sacas de tu cuerpo, te vas, te sigo con la vista, mi cabeza dice síguela, pero mis pies no se mueven, ya no te veo, ya ha pasado mucho rato y tú no apareces, me dirijo al lugar donde ibas y te encuentro sentada mirando al espacio, tu vista está perdida, estás pensando…

¿En que estás pensando?, no me acerco, no quiero molestarte, pero quiero hacerlo, quiero sentarme cerca de ti, con miedo me acerco y me siento junto a ti, me sientes y bajas la vista, no dices nada, maldito silencio, no sé qué hacer, veo tu mano moverse y se posiciona encima de la mía, me miras y te acercas cierras tus ojos y me das un beso, no escucho nada, solo siento tus labios en los míos, el beso cada vez es más fogoso, te separas y me miras y yo me acerco más y te beso nuevamente, tus labios son deliciosos, me separo, para que respires, pero no dejo de besarte, beso tu cuello, tiernamente lo beso.

Me pides que pare, lo hago y tú te levantas con la respiración agitada, no sabes que quieres, yo sí, me levanto, te tomo por la cintura y nuevamente beso tu cuello, te suelto la capa del disfraz, corro la polera para besarte el hombro, te das vuelta, y buscas mis labios, te acerco a mí y nos fundimos en un beso, bajo a tus pechos y los beso delicadamente, te saco la polera y solo queda tu sostén, miro esos maravillosos pechos que tienes, y solo quiero tocarlos, tú te sacas el sostén, y me tomas la mano y la pones en tu pecho, los besos, los chupo como un dulce o golosina.

Bajo por tu vientre, y vuelvo a subir para encontrarme nuevamente con tus labios, me sacas la polera y los sostenes tan rápido que me sorprende, solo nos quedan los pantalones, unas simples prendas que nos separan de nuestra noche de amor, pero los pantalones desaparecen en un par de segundos, tu rapidez saca los míos y mi deseo de sentirte enteramente sacan los tuyos, estamos totalmente desnudas, besándonos fogosamente, locamente.

Te acuesto en el suelo de beso la panza y bajo, te abro suavemente las piernas y me acerco a besarte en tu preciosa vagina, solo un beso hacen que te muerdas los labios y lo disfrutes esperando algo mas y te lo doy, delicadamente te beso y te chupo la vagina, mi lengua juega con tu clítoris, lo tomo con mis labios, te gusta, te excita, me lo das a conocer con tus gemidos de placer, te tocas los senos, yo continuo con mi labor…

Juego con tus labios vaginales, meto mi lengua en tu vagina, y la saco, lo hago varias veces, te gusta, me tomas la cabeza con tus manos, para que no me aparte de tu vagina y no lo hago continuo, cuando empiezas a gemir más de prisa y me sujetas la cabeza con más fuerza, cuando de repente siento tu cuerpo moverse como si tuvieras convulsiones y me doy cuenta que tienes un orgasmo, continúo chupando y bebiendo todos tus jugos, son deliciosos…

Termino de beberlos todos y subo besando por tu panza hasta tus labios y nos unimos con un beso lleno de amor, me besas por todos lados, pones tus manos en mi cintura y yo mi mano en tu vagina, te empiezo a tocar, tú me pones al lado tuyo sin separarnos, tú te pones arriba y con tu mano empiezas a tocar mi vagina, siento miles de cosas que no puedo describir y se siente tan rico que quiero más mucho más…

Te das cuenta me miras y sonríes, bajas a mi vagina y empiezas a lamer, dejándome con muchas ganas, lo sabes y lo disfrutas, me tomas las manos y alejas de ti, no las sueltas mientras juegas con mi vagina, no dejas que mis manos te toquen la cabeza, paras, me miras y vuelves a mi vagina, pero esta vez vas con todo, lames y chupas con ganas, me succionas y me excita cada vez más…

No quiero que termine, no quiero correrme, quiero seguir disfrutándolo, pero no puedo y de repente lo siento, un orgasmo tan maravilloso y tú sigues lamiendo mi vagina y no dejas lugar sin lamer, hasta que yo termino de gemir, mi miras y te acercas, me das un beso y te apoyas en mi pecho, escuchas mi respiración agitada, cierras los ojos y me dices con tu voz tan dulce, es un secreto. Te levantas, te vistes y te vas, sé que no volverá a suceder, se que solo lo hiciste por mí, pero fue un momento maravilloso que guardaré con mucho amor.

Si quieren compartir y escribir algún comentario pueden hacerlo a mi correo.

Autora: kaliope

kaliope.blue@gmail.com

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Sexo en la playa

No me costó metérsela pues se hallaba lubricada por el aceite, comencé a metérsela y sacársela, ella gemía, estaba tumbada, y por la posición de las piernas, cerradas, la penetración era muy encajada, sintiéndola más que nunca, así durante un tiempo, follándomela más rápido, más lento, y ella sin inmutarse mucho, solo dando leves gemidos.

Lo que voy a relatar me ocurrió por semana santa del pasado año, me iba a la playa en Mazagón, por el parador a ir cogiendo ya algo de sol, solía ir solo y me daba jornadas intensivas. Un día, me coloqué aislado de la gente, no había casi nadie por los alrededores, y además me metí un poco entre las calas. Estuve tomando el sol un tiempo hasta que decidí ir a darme mi primer chapuzón. Cuando regresé a mi sombrilla, a pocos metros de mí, se había situado una mujer, era rubia, tendría sobre unos 40 años, tenía buen aspecto físico, portaba una camiseta holgada y una toalla alrededor de su cintura.

Me puse a tomar el sol en la toalla, y al rato ella se quitó la camiseta, tenía un bikini amarillo, con pequeños triangulitos de tela en ambas partes, apenas le tapaban los pezones, el tanga lo tenía incrustado entre sus hermosas nalgas, por delante se tapaba lo imprescindible. Yo fingí naturalidad aunque tenía una erección espantosa que a duras penas lograba disimular con mi bañador, más aun, cuando empezó a expandirse la crema protectora por delante de su cuerpo, por la dura barriga, por los senos, por los hombros, por las piernas, hasta que para sorpresa mía, ella me gritó que si le ponía crema protectora en la espalda, mi erección fue total, me quedé pasmado, hasta que reaccioné, le dije que sí. Me acerqué a ella, me dijo que se llamaba Paula, hablamos un poco sobre la playa y se puso bocabajo, eché la crema y toqué sus generosas formas del cuerpo, ella estaba relajada, masajeaba su espalda y ella tenía cara de gustarle, después pasé a sus recias piernas, hasta que subí hacia su culo, y empecé a darle crema, ella levantó la cabeza, me miró, y me preguntó si me gustaba, y seguidamente retomó su anterior postura, yo le dije que era hermoso, ella no respondió.

Tras esto regresé a mi sombrilla, hasta que al rato ella me dijo que se iba a bañar, que si me iba con ella, yo acepté y estuvimos un gran rato dentro, después salimos y nos fuimos a las duchas, a quitarnos la salina, las cuales estaban un poco apartadas de donde estábamos. Seguidamente volvimos a nuestras sombrillas y nos pusimos a tomar el sol. Al rato, ella me dijo que fuera nuevamente a echarle la crema que se le había quitado, yo fui, pero cuando apreté el bote no había ya loción, ella al verlo, sacó de su bolso un bote de aceite, y se lo expandí por las piernas, después subí al culo y lo mojé por completo de aceite.

En ese momento, no pude aguantar la situación, y aparté con una mano la tirilla que cubría su culo, y lo comencé a untar con aceite, ella levantó la cabeza, me miró, y nuevamente me preguntó si me gustaba, y seguidamente otra vez retomó su anterior postura, yo le dije que sí, ella no respondió. Lubriqué sus nalgas y su raja con el ano incluido, y después continué recorrido hasta su coñito, el cual encontré mojado, ella no se inmutó, lo mojé un poco de aceite, y subí mi mano hasta su ano, el cual bordeé con mi dedo llenó de aceite, hasta que lo introduje, Paula protestó levemente, pero continuó tumbada.

Antes de darle tiempo a reaccionar, me quité mi bañador, le eché a un lado su tanga y apunté mi polla hacia su coño, la penetré desde atrás, pues seguía bocabajo, no me costó metérsela de un solo golpe, pues se hallaba lubricada por el aceite y por sus propios jugos, la agarré fuerte de las muñecas y comencé a metérsela y sacársela, ella gemía, estaba tumbada, y por la posición de las piernas, cerradas, la penetración era muy encajada, sintiéndola más que nunca, así durante un tiempo, follándomela más rápido, más lento, y ella sin inmutarse mucho, solo dando leves gemidos.

Tras un rato reventándole la vagina, saqué mi polla y la encaucé hacia su lubricado ano, conseguí introducir la cabeza, provocando quejidos en Paula, me dejé caer progresivamente, y con mi propio peso la polla se hundió imparable hasta tocar con los huevos su coñito, Paula dio un grito seco y agarró con fuerza la toalla, ya no hizo nada más, cuando vi que su culo se había acostumbrado a mi verga, la saqué y la volví a meter, así varias veces, hasta que a los pocos minutos mi polla entraba y salía de aquel agujero fácilmente, en esta postura estuvimos un rato. Momentos después, Paula comenzó a gemir de nuevo, yo le decía que era una zorra, que tenía un culo rico, que me encantaba partirle el culo a las perras.

Al rato, se la saqué, y la coloqué a cuatro patas, Paula tenía la cara desencajada por el placer, le puse la punta en el ano, y fácilmente entró, y seguí taladrándole el culo, abriéndoselo cada vez más con cada envite, continué cada vez más salvajemente, ella solo soltaba gemidos, cada vez más sonoros, a la vez que con una de sus manos, se tocaba su coñito, masturbándoselo, hasta que sus gemidos auguraban que estaba llegando al orgasmo, entonces aceleré la enculada, y cuando noté que me iba a correr, saqué la polla, me puse delante de ella, la tomé por el pelo y le bañé toda la cara de semen.

Tras esto nos fuimos a bañar, quedamos todo el día juntos, y después cada uno se fue para su casa.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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