Uriel

Mi niño estaba enardecido y bombeaba. Sacaba y metía. Yo arrimaba el mentón sobre la roca, comencé a sentir el estremecimiento en los huevos, ese que produce el semen cuando está por escupir hacia fuera. Mis testículos produjeron tanto esperma que corrieron por los conductos de mi verga y escupieron hacia el agua. Logré ver a mis espermatozoides ser llevados por la corriente del arroyo.

Amigos: hoy es mi última narración acerca de mi vida actual. Recuerdo detalles de mi “primera vez” con 44, cuyo relato fue el primero, el inicial. Aquella vez, pensé que sería el único. Fue entonces, cuando descubrí la necesidad de compartir con alguien. Los elegí a ustedes a través de un medio que parece frío: Internet. Lo experimenté como un espacio en el que existe la posibilidad cierta de que las personas se encariñen entre si. Ustedes me han “domesticado” como le dice el zorro al principito de Saint-Exupéry. Me sentí acompañado por los lectores. Varias veces me enviaron mail o escribieron sus comentarios al pie de mi historia.

En aquel tiempo “44” tenía 41 y yo apenas 21. Hoy, faltan días para que cumpla 45. Fue en una playa de la costa atlántica argentina, en los primeros días de febrero. Nos dimos cuenta de que no podíamos detener el impulso que cada uno sentía por el otro. Durante todo el año anterior, mis ojos claros lo buscaron insistentemente. Cuando él hablaba me sorprendía mirándole  los labios. Mi mirada se detenía en la suya, que al principio escapaba esquiva y con los meses se fue acostumbrando. Me comenzó a gustar que sus manos gruesas despeinaran mi negra cabellera y sus dedos, cual si fuesen tenazas, me atrapara mi blanca y respingada nariz.

En ese tiempo era compañero de facultad de Nicolás, su hijo mayor, quien me abrió la puerta de su casa. Cuando miré  por primera vez a su papá: me fascinó. Alto, atlético, con sus cabellos castaños y lacios siempre despeinados.  Su piel bronceada que le exalta la belleza. Sus dientes blancos y perfectos que lucen en una permanente sonrisa. Sus ojos, ellos son una trampa implacable. Son verdes y de un mirar bondadoso. Él se había dado cuenta de mi atracción por su persona. Huía. El hecho de que huyera en lugar de rechazarme me llenó de esperanza y me transformé en cazador. Busqué atrapar la presa y la hora llegó.

Les recuerdo que como instrumento de caza tengo una cara de niño bonito, buenas piernas, pero sobre todo un culo redondo y paradito. Glúteos que siempre han llamado la atención. Nicolás me había invitado a pasar las vacaciones con su familia en un pueblo de la costa. Una tarde, la hora culmen de la caza llegó. En la casa de veraneo quedamos solos 44 y yo. Veníamos del mar y su familia había salido de compras. Él se duchó y salió del baño desnudo, tan solo con slip. Encendió un cigarrillo, se recostó en el sillón y se puso a ver televisión. Entré a ducharme. Estaba excitado de haber contemplado su desnudez. Después de enjuagarme se me ocurrió una idea.

Salí completamente desnudo con un toallón en los hombros. Mientras me secaba, le di la espalda a propósito, mientras fingía ver televisión. Mi culo quedó expuesto. Con un pie me rascaba el otro y ese movimiento me obligaba a parar la cola. Esperé “algo” y ese algo llegó a través de un comentario lleno de picardía. 44 me dijo: “¡qué culazo que tenés pendejo!”. Fue la excusa que necesité. Tiré el toallón y me lancé desnudo al cuerpo desnudo de 44. Comenzamos una luchita. Continué “el juego” y pidiéndole que silbara le tomé con mis manos sus testículos. Descubrí que él tenía su pija erecta. Su pene estaba parado, duro.

Cuando sintió que le había atrapado sus genitales se sintió descubierto y se volvió loco. Me metió la mano en el culo. No reía. Jadeaba. La presa estaba atrapada. Se sacó el slip y lo tiró contra el piso. Me llevó de los cabellos hacia su miembro y le di la primera de tantas ordeñadas que le haría con los años. Chupaba golosamente ese caramelo. Lamía el glande, el tronco, los huevos. Pasaba mi lengua con delicadeza extraordinaria sobre la cabeza de su verga. Luego la tragaba entera y así reiteradamente. 44 gemía. Luego me puso de costado e intentó penetrarme, pero me dolió tanto que grité. Fue al baño y volvió con crema hidratante, la misma que descansaba su piel en la playa.

Me untó crema en el culo, me lubricó el esfínter. Se puso arriba mío y con su mano dirigió su tronco contra mi ano. Era nuevo en eso. No tuvo cuidado. Enterró su pija prácticamente de una vez. Estaba enloquecido. Era su primera experiencia homosexual. Bombeó, gimió, yo apretaba los dientes aunque en ese mismo momento sentía el placer de ser penetrado por un macho que vivía como tal. Derramó su semen dentro de mí. No me dio tiempo a mi orgasmo. No se dio cuenta. Luego del coito, se llamó a silencio. Me di cuenta de que estaba avergonzado. Yo sabía que era el comienzo de una larga tormenta. Sentía la satisfacción del cazador y me dispuse a disfrutar la presa.

Una relación hermosa de 3 años. Me sentí amado y protegido y devolví con amor y sexo. 44 quedará en mi vida para siempre. Ya es parte mía. Nunca lo olvidaré. Pero como les conté. La relación fue tormentosa. Hubo excitación, deseo, ternura, confidencias, pero también hubo subordinación, prepotencia, dominación y sobre todo: infidelidad. 44 está casado con una médica maravillosa: Salomé. Una mujer extraordinaria a la que mencioné muchas veces en mis relatos y le otorgué un capítulo aparte. El problema es, que Salomé no solo es su esposa sino que fue transformándose en mi mejor amiga. Eso influyó decididamente en mis afectos.

Cada vez que me acostaba con su esposo sentía la crueldad de mi engaño hacia ella. Sumaba el hecho de que 44 ama a su mujer. Hoy estoy seguro que yo podría renunciar a cualquier hombre, pero no aceptaría perder a mi amiga. El hijo menor de la familia estuvo desde siempre en la casa, incluido el día que fui por primera vez. En aquella oportunidad, apenas era un adolescente al que ni siquiera llevé el apunte. Uriel, así se llama, entró en mi vida hace un año. El hijo menor de 44 y Salomé es alto como su papá y de facciones parecidas.

Tiene 19 años, piel bronceada, ojos verdes achinados. Una verga como la de su progenitor y un trasero redondo y levantado. Piernas de futbolista (deporte que practica con pasión). El muchacho hereda de su madre una larga cabellera rubia que le cuelga como hilos de oro y  unos labios gruesos y sensuales. Comparte con su mamá una serie de ideales como la solidaridad, la honestidad, la verdad, la justicia y el amor por los pobres. Es inteligente y maduro. Estudia abogacía. Uriel se enamoró de mí e insistió a pesar que le rechacé en varias oportunidades. Un día tuve sexo con él, otro día me enamoré de él y otro, su padre nos descubrió en su casa, en una escena pasional.

Rafael es un gendarme amigo de la infancia de mi padre. Me confesó hace poco su condición gay. Además supe por él, que papá es su amor no correspondido desde hace 25 años. Esa revelación me conmovió totalmente y fue logrando una mutua seducción. Tuve sexo con él en dos oportunidades. El militar es soltero y me ha propuesto formalizar una pareja. Quiere pedir un traslado y que nos vayamos a vivir juntos, lejos de mi entorno. El sabe que Uriel es mi novio y que siempre que nos quedamos a dormir en su casa, tenemos relaciones sexuales. Una noche Uriel y yo nos quedamos a dormir allí. Estábamos en la habitación “entregados al placer, cuando la puerta se abrió.

Los dos miramos hacia ella. No podía creer lo que veía: Rafael completamente desnudo se dirigía hacia nosotros. Dijo: “¿puedo?”. Su intención era gozar de un trío. Mi novio y yo nos miramos. Uriel reaccionó e interrogó: “¿Qué estás haciendo?”, el militar dijo: “¿puedo acostarme con ustedes? ¿Puedo participar?”. El hijo de 44 se puso de pie, lo miró furioso y luego me dijo: “Emmanuel nos vamos de aquí. Vístete”. Mientras se vestía yo permanecía inactivo. Entonces Uriel me dijo: “¿qué esperas para vestirte? ¡Nos vamos inmediatamente de esta casa!” Rafael me miraba sorprendido. Yo no reaccionaba”.

Miré al muchacho y miré al gendarme. Ante la inminente partida de Uriel, el soldado me clamaba con sus ojos que no me marchase. Llegó a murmurar “quédate”. Uriel nos miró sorprendido y confundido. El benjamín de Salomé, en silencio me alcanzó la ropa y me la puse. Después  estiró su mano y me dijo: “vamos”. Me aferré a esa mano y mientras nos retirábamos de la habitación miré al militar. Rafael bajó la cabeza y se rindió.

A los dos días, al salir del colegio en el que trabajo, me esperaba 44: “Emma,  necesitas hablar con tu padre. El sabe la verdad de tu condición sexual. Rafael habló con tu papá. No pienses mal del milico. Parece que lo hizo con buena intención”. Le pregunté: “¿cómo sabes todo esto?”. Me respondió “El gendarme le dijo a tu padre en que situación te encuentras. El miedo que tienes de confesarles la verdad acerca de tus opciones. El terror que tienes de mostrarte a ellos como sos. Le contó acerca de tu generosidad de renunciar a disfrutar de lo tuyo para no hacerlos sufrir. Para no decepcionarlos.

Le dijo que eso no podía seguir así, y que un padre lo es, sea la condición que sea la que vive el hijo. Le dijo que sos un excelente muchacho y que está en sus manos que seas feliz”. Estaba muy perturbado y volví a interrogarle: “Pero… ¿cómo sabes todo esto?” 44 continuó: “Porque también le dijo que tu novio es Uriel. Le dijo a tu padre, que mi hijo está lleno de valores. Tu padre lloró. Cuando yo entraba a su oficina el militar salía de ella. Llegué en el momento oportuno. Tu padre me recibió afligido y aprovechó de desahogarse. Me preguntó si yo sabía algo de vos y de Uriel. Le respondí como se había enterado y me habló sobre la visita de Rafael.

Me senté y compartí con él la experiencia de tener un hijo gay. Le conté que estaba orgulloso de mi Uriel. Le recordé que él tenía que estar igualmente orgulloso de vos, porque sos un tipo  íntegro…en fin, yo, mejor que mucha gente, se lo bueno que sos”. La oficina de mi padre me pareció más lejana que nunca. Siempre supe lo conservadores que son mis padres. Hoy sé que papá llegó a renunciar a un gran amor para no contradecir las pautas sociales. La formación que nos dieron a mi hermana y a mí, ha sido la clásica de un hogar católico: con muchos valores, pero también con algunos prejuicios.

Toqué su puerta e ingresé. Nuestras miradas se encontraron y ninguno de los dos dijo nada. Observando la tristeza de mi padre solo atiné a decir: “papá, vengo a pedirte perdón por la frustración que sientes…pero todo lo que te dijo Rafael es cierto…no es mi culpa, tampoco la tuya ni la de mamá…no se que pasó…soy así, y si quieres que me vaya de casa, te comprenderé…” Papá no hablaba. Cerró sus ojos y dos gruesas lágrimas se le corrieron por las mejillas. Luego me llamó con sus brazos, puso mi cabeza sobre su pecho, me abrazó fuerte y mientras sollozaba decía: “¡mi chiquito!, hijito te quiero mucho, perdóname que hayas tenido que dar vos la iniciativa”.

Nos abrazamos y lloramos juntos. Nunca lo había sentido tan padre como en ese momento. Hablamos mucho tiempo. Le contaba cosas tan escondidas en mi vida y él me miraba sereno a los ojos. Le pregunté si mamá lo sabía. Me dijo: “Es hora de decírselo, es una buena madre para estar ocultándole lo importante. Lo importante sos vos. Vamos hijo. Aunque para ella sea una sorpresa fuerte es necesaria la verdad. Ah! Me olvidaba. Rafael ha sido trasladado. Dice que no sirve para las despedidas. Viaja este fin de semana. Me pidió que entraras en tu correo, que allí te saluda…anda, lee eso mientras yo me preparo para que regresemos a casa”.

Nervioso ingresé a mi correo. En la bandeja había un mensaje con el asunto: “siempre amigos”. Abrí el mensaje de Rafael. Decía: “Emmanuel: ¡me gusta tu nombre! Después de conocerte disfruto pronunciarlo. Amigo: no se si al leer este mail ya hablaste con tu padre. Me imagino que si. Prometió llamarte allí mismo. Apenas salí de su oficina me puse a escribir estas palabras. Si lees esto antes de hablar con tu papá, entonces vuelve a leerlo después que eso ocurra para comprenderme. No soy un metido, ni tampoco me movió otra intención que la de tu felicidad. Posiblemente sea reprochable mi iniciativa, pero quiero decirte que no estoy arrepentido de haberlo hecho.

Amiguito, sé lo que es vivir en el ropero. Lo que es callar sentimientos. También he vivido renuncias forzadas. Es difícil estar escondiéndose siempre. Mejor ponerse una sola vez colorado que mil veces amarillo. Lo se por experiencia. Te amo y no quiero para vos lo que yo viví. Mis padres murieron sin saber mis preferencias sexuales. Murieron sin el nieto que soñaban. Traté de esconderme siempre y esconderse es quedar solo. El miedo a reconocer termina dejándonos en soledad. Me atreví a hablar con tu papá…porque te quiero y también porque soy la única persona capaz de tratar con él este tema. 25 años de postergación me dieron la autoridad suficiente.

¿Por qué me voy?…en primer lugar porque no me gusta la ciudad. Extraño la frontera…Yo que siempre he vivido en “las fronteras” jajaja. Pero también decidí partir porque cada vez que te veo me comienza a palpitar más rápido el corazón y se me estremece el ombligo. Indicadores que me hacen sospechar que volví a enamorarme y otra vez de la persona equivocada. Uriel tiene casi tu edad. Habrá más afinidad. Dile que me perdone. Disfrútalo….ah! y si alguna vez se separan recuerda que en la frontera hay uno que se anota como postulante. Fue un gusto conocerte. Evitaré las despedidas físicas por lo que aprovecho ahora para darte un beso. Hasta siempre. Rafael.”

Es mediodía y hace calor. La moto ha logrado trepar con facilidad la sierra. Vamos a la cabaña del tío de Uriel. Recuerden que el dueño le encargó que mantenga la casa. Desde que somos novios hemos decidido que el mantenimiento de la misma debe ser frecuente. Sobre todo ahora que estamos en primavera. Uriel lleva como casi siempre un jeans que le marca las piernas y el culito. Su torso desnudo como si fuera el jinete salvaje de la moto. Dos trenzas de los costados  se estiran y se unen en su nuca sujetando su cabellera rubia que le cae disciplinada por la espalda. Sus gafas lo hacen mayor de edad y también le dan la facha de actor de cine. Voy aferrado a su cintura.

Vamos felices. Llegamos. Abrimos puertas y ventanas con la necesidad de aires nuevos.
El arroyo cristalino en época estival se vuelve una tentación. Tiramos nuestros toallones en el suelo y nos dispusimos a tomar sol. Es día de semana y falta tiempo para las vacaciones. El turismo no ha llegado todavía. Nos pusimos a tomar “mate”. Uriel me dice: “tengo que contarte dos cosas. Una que el próximo año se casa Nicolás. Termina su carrera en la facultad en diciembre y planean casarse en abril”. Le respondí: “espléndido, pero ya lo sabía… ¿la otra?”. Uriel me dice “Mis padres decidieron como regalo de casamiento para Nico, esa casa que alquilan.

…Pero ahora viene lo mejor…papá dijo que la ley pareja no es rigurosa y con mamá van a pasar a mi nombre un departamento con el que un cliente le pagó a mi padre. Fuimos a conocerlo, es pequeño y agradable”. Le pregunté: “¿dónde queda ese departamento?” Después de escuchar la dirección, sonreí. Le dije: “me alegro. ¿Puedo bautizarlo? ¿Puedo ponerle un nombre a ese departamento?”. El hijo de 44 dice: “¡Estupenda idea! ¿Qué nombre le pones?”…Le respondí: “¿Me amas?”. Él me dice: “Como a mi propia vida”…Le dije: “Entonces llámalo Sebastiano, recuerda que es mi segundo nombre”. Riéndose dijo: “suena bien…se llama Sebastiano” ambos reímos.

Estábamos al borde de un codo del arroyo en el que hay un pozo natural. Empujo al agua a mi chiquillo que disfrutaba intensamente. Me zambullo en el arroyo y le tomo por los pies. Él mete la mano y me atrapa del culo. Forcejea y mi short de baño vuela hacia la rivera. Me zambullo de nuevo y esta vez le bajo el suyo. Tropieza, cae y revoleo al aire su short como botín de guerra. Desnudos, exuberantes, como Dios nos trajo al mundo, comenzamos a acariciarnos. Apoyó su espalda en una piedra y abrió sus piernas invitándome a que le de una mamada. Mis labios atraparon  su verga. Estaba dura como el acero. Uriel flotaba en el agua y movía su cadera.

Yo le chupaba el tronco mientras me retenía en la misma piedra. Mi diablillo gritó: “nooo…no quiero volcar así, quiero derramar en tu culo”. Comprendí. Dejé libre su verga excitadísima y me abracé a la peña. Mi rostro se posó sobre la roca bañada por el río. Puse firme mis pies en el fondo abriendo mis piernas y parando mi culo. Sentí caer su cuerpo en mi espalda. Con un brazo me rodeaba la cintura y con el otro dirigía su pene en mi orto. Seguro de la ubicación, hizo  envión con la cadera y su glande entró como un corcho en la botella. Reíamos y gritábamos. Me tomó con las dos manos la cintura mientras me apoyaba contra la piedra.

Un nuevo envión y percibí como su pija invadía mi esfínter, lo estiraba y se abría paso hacia adentro. El pendejo parecía que me domaba a cielo abierto. Gritaba como si domara un caballo. Miraba las nubes mientras me golpeaba dulcemente en las costillas.
Mi niño estaba enardecido y bombeaba. Sacaba y metía. Yo arrimaba más fuerte el mentón sobre la roca, comencé a sentir el estremecimiento en los huevos, ese que produce el semen cuando está por escupir hacia fuera. Mis testículos produjeron tanto esperma que corrieron por los conductos de mi verga y escupieron hacia el agua. Logré ver a mis espermatozoides ser llevados por la corriente del arroyo.

Uriel gimió. “Estoy por acabar amor…allí va”, y un torrente se metió en mi orificio. No quiso compartir con el río ni siquiera una gota. Quedé aprisionado entre su pecho y la roca. Uriel me besó la comisura de mis labios. Escuchamos ruidos, giramos la cabeza y vimos 3 viejas que llegaban distraídas y huyeron despavoridas. Mientras las veíamos huir reíamos a carcajada.

Uriel me propone. “¿te atreves a dirigirle una palabra al Dios que crees?”. Le dije: “Acepto”, y le tomé la mano. Uriel, con una mano me arrojó suavemente agua y dijo: “Emma, aquí en este lugar de la naturaleza que nos hace feliz, le pido al dios más poderoso que haya que siempre esté enamorado de vos. Ahora te toca a ti”. Mirándole dije: “Uri aquí en este lugar en el que soy feliz, le pido al Dios más poderoso que es el amor, que siempre me movilice amarte en las buenas y en las malas. Hasta donde la vida desemboca en la muerte”. Arrojé agua en su rostro.

Me dice: “ahora debemos zambullirnos”. Impulsamos nuestros cuerpo hacia el fondo y allí él buscó mis labios y supe que en el beso largo, en la profundidad, se consumaba nuestro compromiso. Estábamos desnudos, como si esto fuese signo del caminar que comenzábamos. No estamos solos. Cada uno cuenta con el otro y los dos sentimos una vocación particular para la felicidad.

Amigos lectores. El adiós siempre duele, más cuando alguien es parte del otro. Siento que ustedes han comenzado a ser parte de mi vida. Quiero cerrar este último capítulo agradeciéndoles la lectura y el compartir. Saludos de Uriel. Los quiero mucho.

Autor: Emmanuel

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Mi prima Malú

Entonces vino aquella sensación tan cálida y violenta que es la de un orgasmo, iniciaron las convulsiones, ha sido el orgasmo más grande y hermoso de mi vida, nunca había eyaculado tanto semen, mi pene brincaba con tal fuerza que se veía como movía los muslos de mi querida prima, era un mezcla de sentimientos, era placer, era miedo de que ella despertara, era cansancio, era la gloria.

Comenzaré contando que soy un chico muy cachondo, desde que yo recuerde ya me pajeaba por cualquier motivo, comencé aquella vez que incidentalmente rocé la almohada con mi pene, aquella presión de aquél objeto suave sobre mi pija me hizo sentir algo diferente a lo que acostumbraba sentir con mis manos, es la bendita sensación de otra cosa ajena sobre tu polla, acerqué la almohada a mi cuerpo y empecé a mover mi cintura en un vaivén lento y cadencioso, las sensaciones fueron creciendo y creciendo hasta que ya no pude controlarme y me vine, tibia y plácidamente, oh que delicia fue aquella experiencia, desde aquella vez busqué nuevas posiciones, nuevos objetos que me permitieran sentir nuevas sensaciones.

No puedo negar que el masturbarse con la mano es excelente, pero el utilizar objetos le de un toque de intriga, ya que no sabes a ciencia cierta qué tipo de placer te provocará, probé con el colchón, con sillones, sillas, floreros, mesas, hasta con las llantas del auto de mi tío todas y cada una de estas cosas me proporcionaban un nuevo placer, hasta el día en que encontré un viejo florero de cristal cortado y me hizo entrar a otra nueva dimensión en placer.

Este artefacto recuerdo, era muy pesado, medía como 30 centímetros de largo y su forma era elipsoidal y estaba coronada por un engrosamiento en la entrada de las flores que pareciera como los labios inflamados de una vulva sensual, el diámetro era reducido pero perfecto para alojar mi pene, recuerdo que traté de introducirlo, pero aquello fue una labor más que imposible, mi polla y el cristal estaban secos y mi pija no podía resbalar como yo quisiera, fui a la cocina y saqué un frasco de mayonesa, coloqué un poco sobre la cabeza de mi tronco y otro poco en el cuello del florero, entonces empujé suavemente, mi cabeza se estranguló un poco en la entrada pero luego fue  avanzando poco a poco hasta que aquella vagina imaginaria se tragó mi pene en su totalidad, entonces traté de sacarlo y ¡oh sorpresa!

El vacío formado evitaba que lo sacara y pareciera como que me lo estaba succionando con fuerza, al principio me asusté, pensé y si no lo puedo sacar, ¿cómo voy a explicar esto?, pero esta duda se disipó en poco tiempo, ya que despacio pude sacarlo, sin ningún tropiezo, entonces empecé a entrar y a salir rítmicamente, la sensación era inigualable creo que eyaculé en unos segundos, ¡qué emoción!, había descubierto por primera vez lo más parecido a una vagina humana.

Mi incansable búsqueda por encontrar nuevas sensaciones se hizo cada vez mayor, encontré muy placentero el quitar la cebolleta de la regadera y dejar que el chorro de agua caliente cayera con fuerza sobre el glande descubierto, esa mezcla de calor, presión, y el golpeteo de las gotas sobre la corona del glande hacen de esto una experiencia exquisita, además de que al terminar, pues como estás dentro de la ducha, quedas limpio y no andas buscando como esconder los restos de semen que normalmente suelen quedar regados por los sitios menos esperados.

Otra vez escuchando música, subí el volumen pues me encontraba solo en la casa, entonces por la fuerza de la vibración de las bocinas, se zafó el panel que las cubría, dejando al descubierto tres bocinas de diferentes diámetros, me llamó la atención cómo se movía de rápido el cono de la bocina mayor, entonces puse mi dedo y sentí un cosquilleo muy intenso, mi mente rápidamente se preguntó el cómo sería o más bien cómo se sentiría aquella vibración en mi pene, ni tardo ni perezoso, extraje mi polla que para aquél entonces, tan solo con la idea, ya estaba más que dispuesto, lo acerqué al cono y que deleite, los diferentes matices de la música hacen que aquello vibre en diferentes intensidades, que proporcionan al pene una sinfonía de placer…

Hay que retirarse constantemente, porque si se deja pegado en unos cuantos segundos te vacías, así es que cuando sientes que ahí viene el orgasmo, pues te retiras un poco y luego vuelves a la carga, y puedes estar bastante tiempo disfrutando aquello, hasta que de plano no puedes más y te vienes de una manera explosiva, el problema es que dejas a las pobres bocinas llenas de leche que obviamente tienes que limpiar pues si algún día alguien las ve, se preguntarán que, qué es aquello que brilla como baba de caracol y siempre es algo difícil de explicar.

Así transcurría mi vida, descubriendo nuevas alternativas, creando nuevas sensaciones, pero siempre con cosas inanimadas, hasta ahora ninguna mujer había pasado por mi polla, solo en mi pensamiento, me había masturbado algunas veces viendo bañarse a mis hermanas e incluso a mi madre, pero solo a lo lejos y a hurtadillas.

Recuerdo que fue para las navidades, que llegaron a la casa los tíos que vivían en los Estados Unidos, teníamos muchos años de no verlos y me encontré que tenía tres primas y dos primos, pronto nos hicimos grandes amigos, mis hermanas eran de la misma edad que mis primas y mi hermano congenió muy bien con el par de mis primos varones, y de mi edad estaba Malú la más pequeña de mis primas, hicimos muy buena química, nos gustaba la misma música e incluso nos disponíamos a entrar a la Universidad el año entrante, jugamos, reímos,  cenamos y nos divertimos como enanos, al llegar la madrugada, llegó la hora de dormir y mi madre dispuso la manera de repartir a los invitados, contábamos con una habitación para huéspedes en la cual alojó a mis tíos, mis dos primas mayores las acomodó con mis hermanas, a los primos les tocó dormir en la habitación de mi hermano y Malú le iba a tocar dormir en un sofá cama que se encontraba en el cuarto de mis padres, Malú un poco molesta objetó aquello y pidió que la dejasen dormir en mi habitación ya que deseaba seguir comentando conmigo los planes para ir a la Universidad, mis tíos sonrieron y sólo le dijeron “no molestes mucho a tu primo y déjalo dormir”.

Mi habitación tenía una cama matrimonial y su baño completo, no era muy amplia pero para un joven como yo satisfacía todas sus necesidades, mi prima sacó sus cosas de la maleta, le hice espacio en uno de mis cajones y le asigné un lugar en el closet, una vez que guardó todas sus cosas, se metió al baño y después de unos minutos salió con un pullover hasta el ombligo y unas pantaletas blancas con unos pequeños ositos dibujados en el frente, justo donde empezaba aquél triángulo invertido, redondo y abultado, nunca había tenido a una mujer tan cerca y menos en prendas menores, bromeamos y platicamos por horas, era tan linda, sus ojos pequeños pero tan expresivos, dejaban entrever al gran ser humano que estaba detrás, sus pechos eran pequeños, y se le miraban muy firmes, y de vez en vez con las pláticas que hacíamos, sus pezones se erectaban y despuntaban a través de aquella delgada prenda, sus piernas eran hermosas, unos muslos redondos y firmes y unas pantorrillas muy bien torneadas, toda ella era hermosura, no sé si fue la proximidad o por ser mi primera vez al lado de una mujer, pero todo de ella me parecía un poema.

El cansancio poco a poco apareció y los silencios cada vez se hacían más frecuentes, entonces ella me dijo suavemente, a dormir primito, que mañana nos espera un largo día y me dio un cálido beso en la mejilla, se acurrucó y me dio la espalda, aquella cadera sinuosa, y su espalda desnuda me hicieron dirigir la mirada a la base de sus pequeños calzoncitos, se alcanzaba a ver la división de aquellas nalgas, perfectamente simétricas, tan redondas que invitaban a tocarlas, acariciarlas, pero era tan pronto que temí que despertara.

Me quedé observándola, acerqué mi nariz a sus nalgas y me deleité con aquél aroma tan delicioso, olía a un perfume tan sutil que para ese entonces tenía una erección como nunca antes la había tenido, era tan fuerte que sentía los latidos de mi corazón, las venas que recorrían el dorso de mi pija estaban hinchadas y el solo roce de mi mano hacía que sintiera escalofríos, de mi pene salían copiosas gotas de líquido claro y viscoso que confirmaban mi excitación.

Muy despacio me coloqué tras ella, con miedo de que despertara, puse mi pene entre sus muslos, justo donde empezaba su pantaleta, aquel calor  que emanaba su cuerpo, era delicioso, con mi mano exprimí el glande e hice que saliera una gota grande de aquél líquido lubricante, lo extendí sobre la cabeza y lo coloqué de nuevo entre sus piernas, ahora bien lubricado, se deslizó suavemente, empujaba despacito, milímetro a milímetro, pues no quería que ella despertara…

Mi prima dormía profundamente, lo avanzado de la madrugada, las copas de sidra que bebimos y el cansancio del viaje la hacían incluso emitir un tenue ronquido, emocionado sentí que mi pene había atravesado sus muslos sin despertarla, entonces empecé a hacerme para atrás y luego otra y otra vez, me sentía en la gloria, la sensación era única, mi pene seguía goteando lubricante copiosamente, por lo que ya podía cambiar de dirección sin ningún problema, incluso ya la lubricación producía sonidos al entrar y salir mi pene, cada vez que sentía que me iba a venir, detenía mis movimientos y al cabo de unos segundos volvía a iniciar aquél delicioso remedo de coito.

No sé cuánto tiempo pasé así, estaba tan extasiado que por un momento perdí el control y entonces vino aquella sensación tan cálida y violenta que es la de un orgasmo que ha estado aguantándose por tanto tiempo, no pude detenerlo ya, iniciaron las convulsiones y ¡oh divinidad!, ha sido el orgasmo más grande y hermoso de mi vida, que barbaridad nunca había eyaculado tanto semen en una sola emisión, mi pene brincaba con tal fuerza que se veía como movía los muslos de mi querida prima, era un mezcla de sentimientos indescriptibles, era placer, era miedo de que ella despertara, era cansancio, era ¡la gloria!

Dejé mi pene dentro de sus muslos por unos minutos, luego lo retiré muy despacio y el terror se apoderó de mi, escurría semen de entre sus piernas y la cama estaba hecha una sopa, me asomé por la parte delantera de sus muslos también escurría semen y el charco era inmenso, ¿qué le iba a decir?, que iba a hacer ella cuando despertara empapada en semen, ¿les diría a sus papás? ¿A los míos?, estaba aterrorizado, tanto que no supe cuando el sueño me venció.

La voz de mi madre me despertó al llamar a desayunar, oí que mi prima se estaba bañando, en unos minutos salió, me sonrió, me dio un beso en la mejilla y me dijo vamos a desayunar, creo que tuviste una noche muy intensa.

Esta historia continuará.

Autor: Gustavo Quijano

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Mi hermana Nuria en la playa

Tenía un coño maravilloso y follaba estupendamente, su segundo orgasmo me dio un respiro para no correrme, quería disfrutarla todo lo que pudiera. Nos empezamos a mover salvajemente, de repente, noté que me iba a correr, exploté dentro de mi hermanita mientras ella gritaba y se estremecía, no paraba de correrme. Que pasada Nuri. Que polvazo me acabas de pegar.

Hola a todos. Me llamo Javier, soy de Madrid y tengo 35 años. Descubrí ésta página y sus relatos y siempre me han gustado los relatos de amor filial, por la similitud que tiene con mis propias vivencias. Lo que os voy a contar sucedió hace cinco años.

Yo estaba saliendo con María, una chica de Roquetas 8 años menor que yo que trabajaba de enfermera en un hospital de Almería, tenía un cuerpo impresionante, casi 1.78 de altura, una 100 de pecho, una mujer muy grande y apetecible. Solía ir algún fin de semana, puentes, vacaciones, casi siempre que podía juntar algunos días para vernos. Con María la relación era impresionante, teníamos una vida sexual muy completa, la encantaba el sexo y el morbo, con lo cual disfrutábamos los dos de lo lindo. Un puente de cuatro días, le dijo a mi hermana, Nuria, por qué no venía a conocerlo, que aunque a ella le tocara trabajar, yo conocía muy bien la zona y le podía enseñar unas playas preciosas. María vivía sola en su piso y había sitio de sobra así que se animó a venir unos días de julio de 2004.

Mi hermana, por aquel entonces tenía 23 años, mide 1.63, y la verdad que es guapa y tiene un cuerpo precioso, rubia y con unos ojos azules enormes. Su pecho está muy bien colocado, usa una 95 de sujetador, cintura estrecha y un culete respingón muy bien proporcionado. En casa, era habitual verla en ropa interior, muy sugerente, con sus tanguitas, sin que le diera vergüenza de que la viera, eso que algunas veces la ropa interior se le transparentaba levemente y dejaba adivinar como era ella desnuda, pero nunca se nos ocurrió nada, casi siempre, con el calor sofocante de Madrid, nos poníamos a ver películas por la noche los dos juntos, en ropa interior, incluso nos tumbábamos en el mismo sofá, ya que era bastante amplio, con lo cual, se podía decir que la tenía muy vista, pero había mucha confianza entre nosotros, nos contábamos muchas cosas íntimas, además de hermanos éramos como dos buenos amigos.

Llegamos a Roquetas el jueves, nos instalamos y mi hermana se quedó en la habitación contigua al dormitorio nuestro, nosotros, después de dos semanas sin vernos y con lo que nos gusta el sexo, nos dimos una noche de homenaje, nos pusimos a follar como salvajes y ella, no era precisamente discreta en la generación de ruidos, jadeaba y gritaba por lo que mi hermana, se podía enterar perfectamente de lo que estaba pasando en la habitación de al lado.

Al día siguiente, a las 8 de la mañana, María salió a trabajar, ya que ese día entraba a turno de 12 horas con lo cual, no volvería hasta las 8 y media de la tarde. Preparé el desayuno y fui a despertarla. Estaba durmiendo boca abajo, solo con el tanga puesto, la visión era impresionante. Me acerqué a ella y le di un beso – Nuri, despierta… buenos días – ella boca abajo mientras se despertaba, me preguntó que hora era y le dije que eran las 8 y media de la mañana y que el desayuno estaba preparado.

Salí de la habitación mientras se despejaba un poco y fui al salón. A los dos minutos apareció ella en biquini, se había puesto uno rosa, de tela muy fina, con su tanguita, con la parte de arriba que se abrochaba detrás del cuello, le quedaba genial y muy sexy. Estuvimos desayunando y decidimos ir a una de las playas del Cabo de Gata que conocía, es una playa semi nudista, muy bonita y le dije que si le parecía bien que la llevaría. Ella me dijo que bien, pero entre risas, me dijo que ella no se pondría en pelotas.

Llegamos a la playa a las 10 de la mañana y al ver la playa mi hermana se quedó alucinada por la belleza del paisaje. Había muy poquita gente y era una playa muy grande. Dejamos las toallas y la sombrilla con el resto de trastos y nos metimos en el agua a darnos un baño. Estuvimos jugando un rato en el agua y salimos a tomar el sol. Al salir, me di cuenta de que el biquini se trasparentaba y se le veían perfectamente los pezones, tenía unos pezones muy bonitos, de unos seis centímetros de diámetro, marroncitos, redondos y muy bien puestos. Me miró y me dijo:

– Joder tío, ¿Me estás mirando las tetas? ¡Que fuerte! – Le dije – Nuri, es que se te ven las galletas perfectamente – y me reí. Me dijo que lo había comprado ésa semana, pero que no creería que se iba a trasparentar tanto. – Pues creo que hoy te vas a tener que aguantar con el puesto – Vale, pero no me mires las tetas… jajajaja… – ya te las he visto le respondí –

Nos tumbamos en la arena y me pidió que le diera crema a lo que accedí inmediatamente, ella se dio por delante mientras yo hacía lo mismo y luego me tumbé para que me untara a mí. Después yo hice lo mismo con ella. Me puse a untarle crema por la espalda y las piernas, los hombros, me daba un poco de apuro untarle por el culo y se lo dije:

– No te preocupes, no me importa – me contestó.

Nunca le había tocado el culo así, aparte de algún cachete en casa cuando se cruzaba conmigo o cuando yo llegaba de trabajar y ella estaba en la cocina o en el baño y la veía con el tanga, no había pasado nada más. Me puse a untarle el bronceador y la masajeé el culo dulcemente, subiendo con mis manos por la espalda. Ella estaba relajada, creo que demasiado y se le erizó la piel, con lo cual me di cuenta de que le estaba gustando lo que hacía. Le extendía el bronceador por todo el cuerpo y la verdad es que me estaba costando mucho esfuerzo no excitarme ante la visión de un cuerpo tan sexy, aunque fuera el de mi hermana.

Al pasarle las manos por el interior de los muslos, muy cerca del tanga que nunca llegaba a tocar, me daba cuenta de que mi hermana respiraba profundamente. Para darle crema bien en la espalda y el cuello, le desabroché la parte de arriba del bikini y al pasarle las manos por los costados, sin darme cuenta rocé sus pechos por los lados. Hizo un paréntesis en su relajación y me dijo:

– Anda, que anoche María y tú montasteis una buena fiesta – ¿Te enteraste? Le respondí. – Joder si me enteré, desde luego que esta chica lo que no es, es ser discreta, vamos, que por que tú eres mi hermano, si no, me unía a la fiesta, jajajajaja…, sólo de oíros daban ganas de presentarse en la habitación – Nuri, joder, como me puedes decir eso, que soy tu hermano… venga, cambia de tema.

Yo alucinaba como me lo estaba diciendo mi hermana, me estaba poniendo casi colorado si no fuera por el sol.

– Por cierto, ¿cuando vienes aquí con María os desnudáis? – Sí, le contesté, no viene mucha gente, aquí todo el mundo va a su aire y por eso nos gusta. – Pues si quieres hazlo, por mi no te cortes…
– ¿Qué pasa que me quieres ver en pelotas? – Ya te he visto – me dijo, como en casa las puertas suelen estar abiertas, alguna vez me ha visto desnudo. ¿No te importa? – le pregunté. – si quieres hacerlo, hazlo, por mí no te cortes, así no te tengo que ver a escondidas, jajajaja…  – Vale, pero no me mires el rabo… jajajaja… – le contesté.

Acto seguido, me quité el bóxer que me había puesto de bañador. Como había previsto mi hermana se quedó mirando. Se incorporó levemente sin ponerse la parte de arriba del bikini con lo cual le veía perfectamente sus pechos. Debo decir que verla así, me dejaba descolocado, los tenía muy bonitos y muy bien parados. Suelo estar bastante arreglado y me recorto el pelo por que a María le gustaba. Estaba levemente morcillón, ya dije que me estaba costando mucho esfuerzo no excitarme. Ella lo miró y me dijo:

– Joder, Javi, ¿eso crece mucho? – La hostia tía, ¿me estás preguntando lo que me crece la polla? Le contesté. – No, es que yo sólo he tenido relaciones con cuatro chicos y al que más grande la tenía le medía unos 15 o 16 centímetros. – Pues bueno, Nuri, joder, me parece muy fuerte decirte estas cosas. – ¿Por qué? Siempre hemos tenido mucha confianza entre los dos y nunca nos habíamos visto así. – ¿Te gusta verme así? Le pregunté. – Sí, sí me gusta, me resulta extraño pero me gusta verte…

Me tumbé de lado hacia ella, con lo cual nos podíamos ver los dos el cuerpo perfectamente, con el bañador mojado, vi que no sólo el pecho se le trasparentaba con el bañador, el tanga también se le transparentaba y veía su sexo, recortado, con una forma triangular pequeñita, muy arreglado.

-Venga, lo que me has preguntado antes, me crece hasta 20 cm – le dije. – Joder Javi, en vez de llamarte hermanito o Javi, te voy a tener que llamar pollón, jajajaja… – anda y no seas gilipollas… le contesté.

Nos tomamos unas coca cola que llevábamos en la nevera y seguimos charlando mientras tomábamos el sol. Ya nos parecía más normal vernos desnudos y estábamos más relajados… en parte, por que mi hermana, era una mujer que estaba de muy buen ver… Se dio cuenta de que cada dos por tres le pegaba un repaso visual y llegó un momento y me preguntó:

–  ¿Te gusta lo que ves? – Si, le respondí, estás preciosa… me choca mucho verte así, tan tranquilamente… joder que suerte tienen algunos… jajajaja… – Anda tonto, si llevas toda la vida viéndome – pero no de ésta forma, le contesté. ¡Qué pena que seas mi hermana, con lo buena que estás! – Anda tonto, vamos al agua a darnos un baño…

Nos metimos en el agua a darnos un baño. Yo iba totalmente desnudo y ella con su tanga. Nos pusimos a jugar con las olas. Estábamos disfrutando verdaderamente del mar. Después de unos minutos, se acercó a mí e intentó hacerme una ahogadilla. Me revolví y le hice un par de ellas seguidas. Al sacarla del agua se abrazó a mí para tomar aire. Por primera vez tenía contacto con aquel pecho, tocándonos la piel. Ella me agarró con las piernas por la cintura para que no le hiciera más y se abrazó al cuello.

En aquel momento, mi polla entró en contacto con su coñito. La agarré del culo mientras tomaba aire y se relajó.

-Nuri, esto parece otra cosa, le dije. Sí, joder, cualquiera piensa que somos hermanos. ¿Sabes una cosa? Le pregunté. – Dime… – Me gustaría tocarte las tetas un poco, quiero saber como las tienes.
– ¿En serio? – Me dijo. Sí, le contesté. – ¿Que pasa, que a María no se las tocas? Ella las tiene más grandes que yo y las tiene muy bien, que se las he visto… – Ya, le dije, pero llevo todo el día viéndote y siempre te he visto en ropa interior pero nunca te las he tocado y siento mucha curiosidad. ¿Me dejas? – Vale, pero sólo un momento.

No podía creerlo, mi hermana accedía a que le tocara las tetas. Mientras me miraba, subí por la espalda las manos que tenía en el culo y mientras mi hermana abría un espacio entre nuestros cuerpos para que pudiera tocarlas con comodidad, cogí sus pechos con las dos manos y empecé a tocarlos, acariciarlos, apretarlos suavemente, moverlos…

– ¿Te gustan? Me preguntó – Claro que sí, tienes unas tetas preciosas y están duras, tienen un tacto precioso y los pezones son una maravilla… estuve un par de minutos tocando los pechos de mi hermana. Me había excitado y ella se había dado cuenta. – Javi, te estás empalmando…

Ella mantenía la misma postura con las piernas y la polla seguía en contacto con su coñito.

– Lo siento, le contesté, no soy de piedra y me está gustando lo que estoy haciendo y tú estás muy buena. – Javi, que somos hermanos… jajajaja… – Lo sé Nuri, es una pena… jajajaja…

Cuando acabé de tocarle los pechos nos abrazamos sin decir nada. Mientras estábamos abrazados, me dijo al oído:

– ¿Sabes una cosa? – Dime, le contesté. – Me gustaría tocarte la polla, te estoy notando empalmado y me apetece tocártela, me da mucho morbo y tengo curiosidad por saber como es así, empalmado… – Le dije, hazlo, es tuya, después de que me has dejado tocarte las tetas, no te puedo decir que no, hazlo si te apetece, no te cortes.

Mi hermana puso los pies en el suelo. El agua nos cubría a la altura del pecho a ella y a mí un poco por debajo del tórax. Ella se quedó mirándola y dijo:

– ¡Que fuerte! Te voy a tocar la polla, a mi hermano.

Dirigió su mano y la agarró con dulzura, acariciándola, la recorría en su longitud, me acariciaba y agarraba los huevos. La cogió con la mano mientras la miraba y empezó un suave movimiento de sube y baja, con lo cual mi excitación iba en aumento. Me parecía mentira lo que estaba pasando, pero me encontraba con mi hermana, en la playa, metidos en el agua y ella haciéndome una paja. Tiró hacia abajo de la piel sacando el glande fuera. La miró y me dijo:

– Mmmm… Que bonita, me encanta lo que estoy haciendo.

La volví a coger de los pechos, excitado perdido como estaba y seguí tocándoselos.

– ¿Te gusta? – Me preguntó. Muchísimo, me encanta como me la estás tocando y como me estás haciendo una paja.

Ella siguió haciéndolo lentamente, la dejaba hacer lo que quisiera. Bajé una mano por su vientre y le metí los dedos en el tanga, tocando el pelo recortado que tenía debajo del tanga. Bajé un poco más y le empecé a acariciar su clítoris.

– ¿No te importa? Le pregunté. – No, me gusta muchísimo, acaríciame lo que quieras.

Le separé los labios del coñito, era pequeñito, suave, los labios pequeños y al separarlos e introducir los dedos, noté que estaba muy excitada, tenía ése tacto ligeramente baboso que tanto me estaba gustando.

– Me estás poniendo a mil Nuri. Tía que eres mi hermanita, estamos en una playa y nos estamos poniendo cachondos perdidos. – ¿No te gusta lo que estamos haciendo? Me preguntó. Mucho, le dije.
– Pues disfrútalo por que a mi también me está gustando muchísimo, tienes una polla tremenda, los chicos con los que he estado no calzaban este rabo y el tonto con el que estoy ahora mucho menos. Espera un momento y no te muevas. Seguidamente tomó aire y se sumergió en el agua.

Ella introdujo la polla en su boca y empezó a chupármela durante el tiempo que pudo aguantar la respiración. Yo tenía la polla que me reventaba. No daba crédito a lo que estaba viendo y pasando, veía a mi hermana debajo del agua haciéndome una mamada, chupando con fuerza, jugando con su lengua, me parecía increíble. Cuando salió fuera, se dirigió a mi boca y me dio un beso con una dulzura y una pasión impresionante, mientras yo retomaba mis trabajos en el tanga. La seguí acariciando el coñito y le metí un dedo dentro de la vagina, jugando con ella.

– Javi, que me estoy perdiendo, que rico… – me dijo.

Volvió a abrazarme con sus piernas por la cintura y se puso a apretar su coño contra mi polla, con un leve movimiento hacia arriba y hacia abajo. Nos seguíamos besando y me susurró al oído:

– Hazme lo que le hacías anoche a María…

Cogí su tanga y se lo bajé todo lo que pude. La dirigí la punta de la polla hacia su conchita y empecé a rozarle y acariciarle, sin llegar a metérsela. Poco a poco, encaré la polla en la entrada de su vagina y se la fui metiendo poco a poco.

– Joder Javi, me estás follando… que polla tienes… cabrón, métemela hasta el fondo, quiero sentirla entera…

Cogí y de un tirón se la metí entera, noté el fondo de su vagina, mientras ella emitía un gemido suave y largo.

– Aaaaggghhh… que rico…

Se mantuvo durante unos instantes quieta, sintiendo el rabo de su hermano en su totalidad y comenzó un movimiento de cintura de adelante hacia atrás, lento, continuo. Mientras, la había cogido las tetas con la boca y le estaba comiendo los pezones.

– Así, así, cómetelas, me encanta ver como te las comes… mi Javi, como follas… que cabrón… tío, sigue así, estoy a punto de correrme…

Acelero el ritmo y la fuerza de las embestidas. De repente me apretó con fuerza, se paró de golpe y chilló suavemente.

– Javi, me estoy corriendo como nunca… no te muevas…

Estuvo así unos segundos y enseguida volví a moverme poco a poco, ensartándola entera, cogiéndola del culo y acelerando el ritmo…

Tenía un coño maravilloso, estaba tremendamente buena y follaba estupendamente. La apretaba los pechos, se los movía en todas las direcciones, le mordía el pecho por encima de los pezones, nos estábamos pegando un polvazo de antología. Aceleré el ritmo, embistiéndola con más fuerza. Al poco tiempo ella me volvió a decir que se iba a correr otra vez, yo estaba a puntito de caramelo, pero la prontitud de su segundo orgasmo me dio un respiro para no correrme, quería disfrutarla todo lo que pudiera.

– Joder Javi, que me corrooo… siiii… cabrón, como follas… joderrr… –

Se tomó unos momentos de respiro, lo suficiente para que yo también pudiera relajarme un poco, después, seguimos con nuestra faena, tenía un coño apretadito, se movía fenomenalmente, casi llegaba a sacar la polla y se la volvía a meter hasta el fondo, en un movimiento continuo.

– ¿Te gusta como folla tu hermana pequeña? ¿Has visto que putita soy? Quiero ser tu zorrita.. Me encanta como follas, me encanta la polla que tienes… joder, como estoy disfrutando… – ¿Quieres ser mi putita? ¿Quieres que te folle en casa cuando te apetezca? – Siiii… quiero que me folles cuando quieras, nunca me lo han hecho tan bien… Ay, hermanito, como me estás follando… que gusto… – Nuri, cariño, que voy a correrme… le dije. – Y yo, yo voy a correrme otra vez.

Nos empezamos a mover salvajemente, golpeándonos las pelvis con fuerza. De repente, noté que me iba a correr, la besé en la boca y le dije:

– Nuri, cielo, que me corro… – Siiii… y yo… hazlo dentro… quiero sentirte dentro… lléname todo con tu leche.

Me sentí explotar dentro de mi hermanita mientras ella gritaba y se estremecía… me clavaba los dedos en la espalda y nos besábamos con fuerza. Tuve un orgasmo descomunal, no paraba de correrme. ¡Que pasada Nuri! Que polvazo me acabas de pegar…

– ¡Qué rico mi hermanito! ¡Qué rico lo que le haces a tu hermana! ¡Guarro! ¿No te da vergüenza? Jajajaja… – No… Jajajaja… recuerda que me has dicho que quieres que seas mi putita… – Claro que sí… siempre que quieras…

El día fue transcurriendo “normalmente”. Al salir del agua ella se había quitado el tanga y se quedó completamente desnuda a tomar el sol. Yo me quedé un rato en el agua hasta que se me bajó la erección y salí a la toalla con ella. Me había preparado otra coca cola bien fría y cuando llegué a la toalla me dijo – ¿Tienes sed? Mucha, le contesté. Seguimos hablando mientras la contemplaba totalmente desnuda. Era verdaderamente preciosa.

Ya estábamos los dos desnudos, el uno frente al otro, sin cortarnos para nada después de lo que había pasado. La veía el vello púbico recortadito, muy bonito, cuando me daba un chapuzón para quitarme el calor y la veía boca arriba, podía ver perfectamente como era íntegramente, los labios pequeños, el pelo peinado hacia el centro, unos pechos que se mantenían desafiando la gravedad, veía que tenía una hermana muy, muy rica.

Comenzamos a hablar de lo que había pasado y le pregunté como habíamos llegado a esto. Me dijo que hacía tiempo que le daba mucho morbo pensarlo y que por eso le gustaba provocarme en casa con su ropa interior, pero que no se atrevía a nada más. Pero que la noche anterior, al oírnos a María y a mí, no se pudo resistir y se masturbó mientras nos oía. Yo alucinaba a lo que me estaba diciendo. Pues no te preocupes, que siempre que te apetezca me tendrás, pero eso sí, con cuidado, que no nos pille nadie.

Durante el día, volvimos a hacer el amor otras dos veces en la playa, hasta que llegaron las siete y nos fuimos a casa a esperar que llegara María. Cuando llegamos me dio un beso y me dijo:

– Bueno, chiquitín… ¿Cómo te vas a follar a María esta noche? ¿Te quedarán fuerzas? – Que cabrona eres le respondí… voy a tomarme un par de Red Bull ahora mismo.

Nos duchamos y cuando llegó María ya estábamos arreglados. Llegó y me dio un beso. Me preguntó que tal había ido el día y le dije que para el día siguiente, que ella también trabajaba, le pediría la moto de agua a Juan, un amigo nuestro, por que si no me aburría como una ostra.

La noche con María, fue bien, me había tomado un Red Bull y pude hacer el amor con ella como dos bestias, mientras suponía que mi hermana Nuria nos estaba oyendo y se estaba masturbando. Fue un polvazo genial con María.

Más adelante os contaré más vivencias con mi hermana Nuria, durante los días que pasamos en Roquetas, otros con sus amigas, lo que fui descubriendo de ella y por supuesto, con María, que da para escribir muchísimo.

Espero que os haya gustado y lo halláis podido disfrutar casi tanto como yo lo disfruté. Si queréis comentarme algo, os gusta el relato o lo que queráis, podéis escribirme a mi correo.

Hasta pronto…

javier_xmadridx@hotmail.com

Autor: Javier

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Descuidada por su marido

Martín acercó su pija y me penetró, luego comenzó a ir y venir dentro de mí, yo gemía como loca ante la llegada del primer orgasmo, el cual no tardó en llegar, así que tomé la almohada y la mordí para que nadie escuchara mis gritos. Silvina me viene.  Vení en mi boca. Le dije, introduje su pija en mi boca y comenzó a eyacular inundando toda mi boca con su espeso semen, el cual tragué rápidamente.

¡Hola!, mi nombre es Silvina…tengo 35 años y soy profesora en la Universidad. Tengo en cabello lacio y de color negro y mis ojos son marrones; trato de mantener mi cuerpo lo mejor posible yendo al gimnasio bastante seguido y gracias a la dieta he logrado tener las medidas de 94-62-95. Vivo en Buenos Aires, Argentina; y esto que voy a contarles me sucedió hace un mes, y decidí contarlo porque, como dice el titulo, a partir de esta experiencia ahora tengo una nueva vida.

Verán, estoy casada hace seis años con un hombre nueve años mayor que yo, él también es profesor pero en una escuela. Hace ya varios años que nuestras relaciones sexuales fueron decayendo, hoy en día hacemos el amor una vez por mes y a veces ni eso. El ha perdido las ganas y yo cada día estoy más desencantada con él, creo que hemos caído en la rutina y eso acabó con la pasión.

Hace un mes, el mejor amigo de Julio (así se llama mi marido) cumplió 50 años y organizó una fiesta en su casa, una fiesta a la que asistieron casi todos nuestros amigos con sus hijos. Mi marido se colocó un traje gris y yo un largo vestido negro con un provocativo escote en V que dejaba al descubierto parte de mis pechos y un tajo que permitía ver mis piernas.

La fiesta comenzó alrededor de las 19hs y las primeras horas fueron más que aburridas, ya que me la pasé hablando con mis amigas y, la verdad, tenía más ganas de quedarme en casa; pero en fin…cumplía años un amigo mío y ya encontraría algo con qué divertirme. Mi marido se pasó casi toda la noche como un idiota riendo con sus amigos mientras bebían y comentaban groserías o fútbol. Durante la cena, todos los invitados estábamos sentados frente a una larga mesa rectangular; yo me senté junto a mi marido y continuamos conversando con las demás parejas.

De un momento al otro, cuando la conversación se tornó aburrida, noté que frente a nosotros se había sentado una pareja amiga y su hijo de 18 años, el cual miraba disimuladamente hacia mi escote mientras bebía un vaso de gaseosa. Noté que él miraba bastante seguido mis pechos y mis piernas, pero no le di importancia; después de todo, a su edad es obvio que se iba a sentir atraído por una mujer y a decir verdad, sus constantes miradas me provocaron una dulce sensación mezcla de excitación y orgullo.

Él era un chico alto, de cabellos negros y vestido con un jean celeste y una remera negra estampada con el nombre de un grupo de rock. Las horas pasaban lentamente y la charla con mis amigos se hacía cada vez más aburrida, así que decidí divertirme un rato y como Martín (así se llama el hijo de mis amigos) no dejaba de mirarme, decidí facilitar las cosas y le dije:

– Hola. Le dije con mi voz más sensual. – Cómo estás Martín?. – Bi…bien. Respondió él tímidamente mientras bajaba la mirada. – Me dejás pasar al baño?…o vas a quedarte vigilando?. Preguntó sonriendo mientras avanzaba y pasaba junto a él, tratando de que observara mis pechos. – Eh…no, pasá. Me dijo avanzando hacia el pasillo.

– Si te aburre las conversaciones de los adultos y tus amigos no te dan bolilla…si querés podemos charlar nosotros. Dije ante de cerrar la puerta. Una vez dentro del baño, arreglé mi vestido, puse un poco más de rouge rojo sobre mis labios y acomodé mi bombacha azul, a la cual noté un poco húmeda. Miré mis pechos y sonreí orgullosa, había logrado que un joven de 18 años se calentara conmigo y lo mejor es que yo me había calentado con él. Por su actitud y por su edad deduje que sería virgen y eso me dio más valor para continuar.

Regresé al salón y me senté junto a mi marido, mientras buscaba a Martín con la mirada. Estaba con los demás chicos, los cuales parecían reírse de él; verlo allí, sentado junto a los demás mientras se burlaban de él, logró decidirme…le daría algo para contarle a sus amigos, lo haría hombre. Esperé pacientemente el momento en que Martín volviera a mirarme y cuando eso ocurrió, le hice un gesto con la mano para que se acercara, pero él rápidamente bajó la mirada, pero al instante volvió a mirarme a lo cual decidí incorporarme y caminar hacia el pasillo que conducía hacia los dormitorios, haciéndole un gesto a Martín al pasar junto a él.

Al llegar a la puerta del dormitorio de mis amigos, esperé a que Martín apareciera e ingresé totalmente decidida. Él tenía 18 años y yo 35…pero esos años que nos separaban no me importaron, tampoco mi marido, el chico me calentaba demasiado y estaba decidida a realizar esa experiencia. Al cabo de unos momentos, la puerta se abrió lentamente y Martín miró temeroso hacia mí.

– ¿Te aburrís mucho? Más o menos. Me respondió mirando hacia mis pechos. – ¿Qué pasa? ¿Te gustan? – ¿Qué cosa? – No dejaste de mirarme las tetas en toda la noche…¿te gustan? – Si…no sé. Me dijo tímidamente. – Quédate tranquilo…no va a venir nadie.

Le dije mientras comenzaba a bajar el cierre del vestido, dejando mi espalda al descubierto. Luego me acerqué más a Martín y acaricié sus mejillas mientras lo miraba a los ojos, notando mucho nerviosismo en él.

– ¿Por qué te cargaban tus amigos?  Le pregunté cruzando los brazos, tratando de que mis pechos resaltaran. – Siempre me cargan…me dicen que me hago mucho la paja. Me dijo mirándome con un poco más de confianza. – Y te la hacés muy seguido?. Le pregunté sonriendo.

– Y, no sé, pasa que me cargan con que no tengo novia. Me dijo. – Bueno, vení conmigo, vamos a hacer de cuenta que yo soy tu novia, ¿te parece? Le dije mientras lo miraba provocativamente. – Pero ¿como? Me preguntó mientras miraba asombrado como yo me quitaba la bombacha azul. – Vení. Le dije mientras lo tomaba de la mano y lo acercaba hacia mí.

Por un momento nos miramos fijo y rápidamente le di un suave beso en los labios, luego deslicé muy lentamente mi lengua por sus labios y comencé a desabrocharle el pantalón.

– Ayúdame…así empezamos más rápido. Le dije antes de volver a besarlo. Luego de unos instantes, Martín estuvo desnudo delante de mí y con su pene ya erecto. Me quité el vestido y lo miré, y sonreí orgullosa al ver como miraba mi cuerpo desnudo con asombro y a la vez con excitación. Tomé su mano y lo conduje a la cama, él se sentó y yo me arrodillé entre sus piernas.

– Quedate tranquilo. Le dije mientras acariciaba su cintura y me dirigía lentamente hacia su pene erecto, mientras sentía que su respiración se aceleraba. Miré de cerca su pene y pasé mi lengua lentamente por su capullo morado, para luego introducirlo lentamente en mi boca, deslizándolo por mis labios mientras mi lengua lo acariciaba en el interior de mi boca; en ese momento comencé a subir y bajar lentamente recorriendo con mis labios todo ese hermoso pene, mientras Martín respiraba agitado y acariciaba mis tetas. Estuve chupándole la pija durante varios minutos hasta que sentí un sabor ácido en la garganta al tragar las primeras gotas de líquido preseminal. Dejé su pija y me incorporé ante la mirada de Martín, el cual ahora miraba fijamente mi vagina.

– Acostate, mi amor. Le dije suavemente mientras me acostaba a su lado y abría las piernas. Rápidamente vino sobre mi y comenzó a besarme las tetas, lo que me excitó de sobremanera. Luego, casi gimiendo, le pedí que me penetrara. Martín miró mi vagina y tímidamente acercó su pene a la entrada.

– Vení, amor…cogeme. Le dije mientras le acariciaba el pene erecto.

Martín acercó lentamente la punta de su pija a mi vagina y me penetró con timidez, luego comenzó a ir y venir dentro de mí, mientras yo gemía como loca ante la llegada del primer orgasmo, el cual no tardó en llegar, así que tomé la almohada y la mordí para que nadie, salvo Martín, escuchara mis gritos.

– Ay, mi amor…así, papito…como me gusta. Le decía mientras me volvía loca sintiendo ese pene dentro de mí. – Silvina…me viene. Dijo Martín temblando mientras me acariciaba las tetas. – ¿Qué hago? – Pará, pará. Le dije al recordar que no se había puesto un preservativo y como no quería correr riesgos, preferí esperar. – Hagamos una cosa.

– ¿Qué?…dale. Me dijo temblando de placer. – Vení en mi boca. Le dije. – La próxima me llenás toda.

Los ojos de Martín brillaron al escuchar mis palabras, me cogió durante un rato más y luego salió de mí, sentándose en la cama. Yo mojé mis labios con la punta de mi lengua y rápidamente introduje su pija en mi boca y comencé a chuparla casi con desesperación mientras Martín temblaba, hasta que de pronto, comenzó a eyacular con fuerza inundando toda mi boca con su espeso semen, el cual tragué rápidamente. Luego limpié su pene con mi lengua y lo miré tiernamente.

– ¿Te gustó? Le pregunté mientras me incorporaba. – Mucho. Me respondió agitado. – Cuando dijiste “la próxima”, ¿lo dijiste en serio? – ¿Por?… ¿te gustaría? Le pregunté sonriendo mientras me vestía.  – ¿Qué te parece?…claro que me gustaría. Me dijo mientras se colocaba los pantalones.

– Tu mamá debe tener mi teléfono…llámame y nos encontramos. Le dije antes de darle un profundo beso.

Luego regresé al salón y me senté junto a mi marido, bebí un poco de champaña y encendí un cigarrillo mientras recordaba a Martín, el chico que me dio una nueva vida.

Autora: Silvina

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La suplente de la profe

Me dice que quería mi pija en su culo, primero se lo lamí, se lo llené de saliva, esto la calentaba más, le metí el pene despacio, cada movimiento mío era un gemido de ella, la empecé a bombear más rápido, terminamos al mismo tiempo, llené su culito de leche, la puta se metió un dedo en el ano y sacó mi semen y se lo chupó, me dijo que el esperma para ella era la frutilla del postre.

La historia que les voy a contar transcurrió cuando yo tenía 19 años y concurría a la facultad en Buenos Aires, Argentina, es un relato 100% verídico.

Como todos los mediodía me dirigía a tomar el colectivo que me dejaba cerca, quedaban aproximadamente un poco más de un mes para la finalización de las clases, hacía calor, llevaba puesto un pantalón tipo gimnasia y una remera, llego a la parada del colectivo justo a tiempo, a esa hora la facu está lleno de gente, pago mi boleto y abriéndome paso entre las personas me dirijo hacia la parte de atrás, es ahí cuando la veo, una señora de aproximadamente 40-45 años, pelo rubio hasta los hombros, tenía puesta una camisa tipo de seda que escondía un par de tetas hermosas y firmes según parecía, llevaba pollera que si bien le llegaba a la altura de las rodillas, dejaba notar una cola grande, parada y una tanga que se perdía en su culo.

El sueño del pibe. Mi erección fue instantánea apenas la vi, como tenía  ese tipo de pantalón no pude disimular el bulto, decidí entonces tratar de pasar por detrás de ella y rozar mi pene en su cola (recordar que el colectivo estaba lleno), llegué al lugar, mi pija estaba a la altura de su cola, le dije permiso, cerré los ojos y pasé, esos segundos en los cuales mi pene pasó por su glúteo, su raya, el otro glúteo, fueron fantásticos y comprobé la firmeza de esa cola. Al terminar la pasada la señora se da vuelta, me mira de arriba a abajo (yo pensé se viene una puteada) y me dice casi susurrando para mi total sorpresa, no es nada fue un placer.

Ante tales palabras me volví a poner detrás y empecé a mover mi pene entre sus cachetes, esta vez mis movimientos eran correspondidos aprovechando el movimiento del colectivo, cada frenada cada maniobra brusca del conductor aprovechaba para apretar mi palo contra su culo, con la mano que yo tenía libre empecé a tomarla disimuladamente por la cintura, otra vez me asombré cuando sentí su mano acariciando la mía, como avalando mi actitud.

Pasaron las cuadras, el colectivo se despejó de apoco, nosotros seguíamos con nuestro juego, de repente se da vuelta y me dice que nos sentemos, yo estaba tan caliente que no me di cuenta que había dos lugares libres, nos sentamos, nos presentamos y sin más ella con su mano me agarró frenéticamente el pene por sobre el pantalón, yo estaba loco, lo apretaba, lo acariciaba, yo trataba de llegar a su vagina, la pollera ajustada y un poco larga me lo impedía, entonces ella se la subió hasta la mitad de su muslo, se abrió de piernas, lo cual me despejó el camino, comencé a tocar su clítoris, se notaba hinchado…

Su vagina estaba completamente mojada y caliente, me asombraba la calidad que tenía  para tocar, disimular, se notaba la experiencia, estábamos llegando a mi parada cuando me dice, a mi me gusta comerme a los pendejos (pendejos en Argentina quiere decir chicos jóvenes), con esas palabras llegué al orgasmo, fue una corrida terrible enseguida mi semen manchó el pantalón, la mujer dándose cuenta miró y dijo, así me gusta.

Saludándola le digo que en la próxima parada me bajo, noté su sobresalto y me dijo que ella también bajaba ahí. Una vez abajo me preguntó si yo iba a esa facultad, le contesté que si, ¿a que año? me preguntó, al escuchar mi respuesta lanzó una carcajada picaresca y me dice tu profesora de biología está con permiso, yo soy la suplente…me quedé atónito.

Esperé la hora de biología nervioso, asustado, excitado, no sabía que actitud iba a tomar. La hora llegó entramos al aula, ella ya estaba adentro, nos acomodamos, yo me sentaba, por mi apellido, frente al escritorio de los profesores, se presentó y comenzó la clase, todo bien como si no pasara nada, hasta que en un momento me miró y me dio una sonrisa cómplice y un guiño de ojo, la clase terminó sin novedad.

A la semana siguiente llegó la hora de biología, yo me había estado pajeando toda la semana pensando en ella, estaba completamente al palo, cuando llegamos al aula ella ya estaba, me senté y la miré, tenía  puesta una pollera corta y suelta, verla así me puso más excitado que nunca, comenzó la clase y después dio un trabajo que hagamos, yo lo único que hice fue mirarla, todos mis compañeros estaban ocupados en el trabajo, yo estaba ocupado mirándole las piernas, levanté la vista y me estaba mirando, con uno de sus dedos jugaba con el pelo, bajé de nuevo la vista y vi sus piernas totalmente abiertas, su bombachita semitransparente me dejaba ver los pelos prolijamente depilados de su concha, sus muslos firmes, no aguanté más y comencé a tocarme.

Mi pija necesitaba salir, me dolía de tan parada que la tenía, entonces se paró y fue banco por banco para aclarar dudas del trabajo, la muy puta me dejó para lo último lo cual me excitaba más, cuando llegó no le dejé decir palabra alguna y le pedí que cuando regrese del recreo venga sin la bombacha, me dijo no y se fue. En el recreo fui al baño, mi pene estaba duro y colorado, todo lubricado, me masturbé hasta que acabé como un caballo.

Al regresar del recreo me senté en mi lugar, mi pene ya estaba duro otra vez, esperé que la profesora abriera las piernas para ver si se había sacado la bombacha, dio la orden de continuar con el trabajo y sin dudarlo abrió esas piernas, mi corazón casi revienta cuando vi esa concha sin bombacha, la zorra se la sacó, pude ver bien detenidamente, su clítoris, sus labios, su vagina, la cual se veía muy brillosa por sus jugos, la miro y estaba sonriendo, veo que baja una de sus manos y empieza a tocarse el clítoris muy despacio, luego se abre los labios y se mete uno, después dos dedos y comienza a moverlos en su vagina.

Se para nuevamente pero esta vez va directo hacia mi, se agacha dejándome ver sus tetas por el escote y me dice, ¿te gustó verme? ahora oleme, y puso sus dedos en mi nariz. Yo no sabía como estar sentado, terminó la hora y pidió que alguien la acompañe a guardar las láminas ( es una sala bastante grande con mesas y estantes y una sola puerta), por supuesto fui yo, ni bien entramos tiré las láminas, trabé la puerta y la senté en la mesa, subí su falda y empecé a comerle la concha con tal desesperación que ella casi no podía aguantar los gemidos…

Su concha estaba empapada, hasta ahora no vi una concha tan mojada como esa, no tardó en acabar, llegó al orgasmo con oleadas tan intensas que se retorcía en la mesa, luego me tocó a mi, me bajó el pantalón y mi verga saltó como un resorte, me la comió entera, recorrió con su lengua todo el largo de mi pija, me chupó los huevos y el culo, se dio cuenta de que estaba por acabar pero en lugar de sacarla de su boca, apretó sus labios y le terminé adentro, por más que quiso no pudo retener toda mi leche que se le fue escapando por el costado de la boca, entonces se pasó el dedo juntando el semen que corría por su cara, lo chupó y terminó tragando todo el esperma.

Yo ahora tenía  ganas de clavarle la verga, entonces la di vuelta y la puse en cuatro patas, ella adivinó mi intención y me dijo, acá no que es peligroso, entonces me pidió que la siguiera al baño de las profesoras, se aseguró que no haya nadie dentro y me llamó, entramos a uno de los baños, bajó la tapa del inodoro, puso las rodillas sobre la tapa y las manos apoyadas en la pared, a esa altura los dos estábamos completamente desnudos, entonces agarré mi pija y empecé a frotarla en su vagina, y de golpe con un movimiento se la clavé hasta el fondo, ella lanzó un gemido de placer tan fuerte que pensé que la escucharían, gemía, me pedía más.

Con las manos apretaba sus tetas y sus pezones, estábamos gozando como animales, de pronto me dice que quería mi pija en su culo, primero se lo lamí, se lo llené de saliva, esto la calentaba más todavía, por favor me dijo, haceme acabar, le metí el pene muy despacio, cada movimiento mío era un gemido de ella, la empecé a bombear cada vez más rápido, se dio vuelta me miró y sus ojos estaban desorbitados, y por la boca se le escapaba saliva, ¡se estaba babeando de placer!, terminamos casi al mismo tiempo, le acabé adentro, llené su culito de leche el cual desbordaba, la puta me volvió a sorprender, antes de incorporarse se metió un dedo en el ano y sacó lo que sobraba de mi semen y se lo chupó, entonces me dijo que el esperma para ella era la frutilla del postre.

Así fue sin cuentos, después la volví a ver en su casa unas veces más pero esas me las guardo.

Autor: ebruno65

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Cuestión de tamaño

Lo que voy a relatar ocurrió al año más o menos de haberme casado; la verdad que no puedo quejarme de mi matrimonio por que mi marido es muy bueno, fue mi primer novio y nos casamos muy enamorados, enamoramiento que continua hasta la actualidad.

Tengo una amiga llamada Liliana con la que tengo un trato relativo, digamos que no es del todo amiga pero nos frecuentábamos bastante, ella se hizo de novia y comenzó a traer a  a su novio a mi casa; con el tiempo se desarrollo un cierto trato entre las dos parejas aunque mas que nada conmigo por que mi marido es viajante y esta muy poco en casa

Me di cuenta q las cosas entre Liliana y su novio no andaban muy bien, me llamaba la atención por que el parecía muy bueno con ella. Una vez se me ocurrió preguntarle a mi amiga y me contó que no podía tener buen sexo con el por la descomunal verga que tiene de 30 cm. aprox. y de un grosor terrible; como ella es muy estrecha cada vez que él la penetraba le hacia doler tanto que antes de que el pueda acabar lo hacia salir de encima de ella esto hacia que ninguno de los dos pudiera gozar plenamente

A mi me pareció poco creíble su versión de la historia, consideré mas histeriqueada de ella que otra cosa pero lo concreto fue que el trato de ella hacia él era cada vez peor, yo lo veía al pobre muy triste incluso venia a mi casa solo y hablábamos mucho, ahí tuve la seguridad que el era la victima de las locuras de mi amiga y que no lo estaba valorando

Debo reconocer que me daba curiosidad lo que me contó Liliana sobre lo dotado que era su novio y aunque no era muy lindo tenia el  cuerpo muy bien formado, morocho, estatura, media, nariz ancha, labios gruesos, manos grandes, es decir todas las características que el mito popular atribuye a los bien dotados; se le notaba siempre un bulto muy grande sobre todo cuando me miraba ya que a diferencia de su novia que es morocha y flaca yo soy rubia, tengo el cuerpo del tipo guitarron, con curvas, lolas y cola bien grandes y cintura de avispa.

Un día el llego muy mal de una discusión fuerte que había tenido con su novia; estaba realmente triste, incluso tenia los ojos llenos de lagrimas y se lo notaba con mucha bronca. Yo lo hice pasar le di café y lo escuche para que se desahogara contándome, como lo vi tan mal en un momento le di un abrazo, el me apretó muy fuerte  y me dio las gracias por mi comprensión; estábamos los dos parados y sentí como su bulto crecía apoyado contra mi, increíblemente también me paso lo mismo, mi temperatura subió al primer contacto, del abrazo pasamos a acercar muy despacio nuestras bocas hasta terminar en un beso muy profundo y apasionado; me dijo en ese momento “desde que te conocí que te tengo unas ganas bárbaras” y nos seguimos besando sin parar; yo le dije “no podemos yo soy casada y amiga de tu novia”. El estaba de camisa y short porque hacia calor y yo tenia un pantalón ajustado y una remera que de inmediato me saco sin dejar de besarme al mismo tiempo, el se desprendía la camisa bajaba besando mi cuello desabrochándome el corpiño; mis tetas se habían puesto muy duras salieron disparadas y el las beso con mucha dulzura y sensualidad luego volvió a subir hasta mi boca y continuamos con los besos de lenguas mientras me agarraba de los glúteos apretándome contra el cada vez mas y así fuimos para el dormitorio.

Cuando quedamos los dos desnudos en la cama pude ver que su verga era descomunal y estaba durísima; sin dejar de besarnos se subió encima mío y cuando me la empezó a meter yo grite como nunca, era una mezcla de dolor y placer que jamás había sentido; a medida que iba entrando con cada empujón esas dos sensaciones eran mas fuertes y me dijo “no te imaginas cuanto hace que no puedo tener una buena descarga porque la cornuda  siempre me hace salir cuando me estoy calentando dice que le duele” y yo le dije “estoy caliente como nunca en la vida, cogeme, cogeme, me estas reventando la concha y me encanta” una vez que estaba toda adentro comenzamos a movernos como animales y gritábamos muy fuerte; tuve dos orgasmos seguidos y me di cuenta que el también estaba por acabar; lo apreté con fuerza y nos besamos a fondo; sentí el primer chorro de su semen hirviendo dentro mío que se sucedió con otro y otro y no paraba de inseminarme, jamás pensé que alguien pudiera tener tanta leche; mi vagina rebalsaba por los bordes cada vez que el se movía.

Se quedo adentro mío unos minutos, nos seguíamos besando dulcemente y le dije “fue el mejor polvo de mi vida, nunca me calenté tanto; tu novia es una entupida por lo q se pierde” eso pareció excitarlo de nuevo; su verga siempre dentro de mi concha se puso dura otra vez, nos besábamos mas y mas, empezamos el segundo polvo, esta vez con mas placer porque su verga de desplazaba mejor en mi en mi vagina al estar llena de su acabada; me calenté tanto que me subí arriba de el sin dejar de besarlo en ningún momento, mis tetas se aplastaban contra su pecho y parecían a punto de explotar, el me agarraba del culo y me apretaba lo q hacia que la verga entre en su totalidad, sentía que mi concha se desgarraba con semejante pija,  en un momento pensé que íbamos  romper la cama por la forma en que nos movíamos; le dije a los gritos “sos el mejor, sos incomparable, cogeme, cogeme, cogeme” en un momento es paso nuevamente arriba mío y acabamos juntos llegando el éxtasis total; jamás en mi vida había gozado tanto; nos seguimos besando y sentía su semen entrando otra ves hasta la ultima gota y sin dejar de abrazarnos nos dormimos por algunas horas con la tranquilidad de que mi marido no volvería.

Cuando nos despertamos el me trajo de la heladera algo frío para tomar y me trato muy dulcemente, enseguida nos metimos en la ducha y nos bañamos juntos, me encanto enjabonarlo, sobre todo su tremenda verga que con mis toques y caricias se ponía poco a poco mas y mas dura; el me acariciaba  las lolas y me abrazaba de a momentos, nos besábamos mucho, fue muy lindo todo eso y sirvió para reponernos un poco además de haber dormido unas horas. Al salir de la ducha yo seque todo su cuerpo y el seco el mío masajeándome muy suavemente con la toalla, la temperatura de los dos iba aumentando y le propuse hacerlo en la cocina sentados porque es la posición que mas me gusta; el se sentó en la silla mas fuerte de todas y yo me puse encima de el; nuestras caras pegadas, mis tetas contra su pecho, sentí como su verga entro hasta donde nunca antes había llegado mi marido; era la situación mas caliente de mi vida estábamos los dos frente a frente comiéndonos las bocas a besos; a su verga en mi vagina la sentí llegar hasta mi matriz; me movía suavemente y nos decíamos cosas calientes; así transcurrió hasta que la cogida fue totalmente plena y sentí una vez mas su acabada esta vez tan adentro que me pareció que me llegaba hasta el corazón.

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MARTHA UNA MADURA MUY CALIENTE

Después de leer varios de los relatos que están en esta página, pensé que me gustaría compartir mi experiencia.

Después de un año de ingresar con frecuencia en una sala de chat, donde conocí amigas y amigos, se dio lugar a una cita para conocernos personalmente, cabe aclarar que todos eran personas de entre 40 y 50 años, yo tengo 35, me ubico más entre gente de más edad.

Así que se formalizó la cita para estar en una ciudad cercana, yo acepté asistir por que poniéndome de acuerdo con una amiga especial quedamos de conocernos en ese lugar ese día. Una de las amigas originaria de Querétaro fue quien hizo los arreglos para la reunión, hizo las reservas de habitación, de salón, en fin todo.

Llegó el día de la reunión y fuimos llegando de a poco, y nos fuimos identificando y comenzando a conocernos personalmente, un día anterior a esto recibí un mail de mi amiga especial avisándome que no podría estar ese día conmigo y así sin más explicación no asistiría, pero siendo que tenía yo todo listo y pagado pues decidí asistir.

Se hizo al fin la hora de la cita, bajando de mi habitación me dirigí al salón donde quedamos de reunirnos, llegando ahí comencé a saludar a los conocidos que portaban en pequeños gafetes el nick que usan en la sala de chat. Pasaron buenas y alegres horas de diversión, conociendo amigos y amigas, charlando y bebiendo, conforme fueron pasando las horas las bebidas fueron haciendo su labor, embriagando y relajando a las parejas, se comenzaban a ver parejas bailando ya más pegadas o buscando lugares aislados en ese salón iluminado tenuemente, y conforme se hacían parejas, los que no llevábamos pareja definida, nos fuimos aislando, yo dolido por la actitud de mi amiga especial, me fui a una mesa al extremo de la sala a beber y observar, al acercarme a la mesa, una señora se acercó también a sentarse a la misma mesa, así que decidimos compartir la mesa, ya que aunque conocía su nick, no tenía mucho trato con ella.

Era una mujer de 52 años, vestida muy recatada con una falda debajo de la rodilla, zapato de tacón, un saco a juego con la falda y una blusa blanca. Ella es entrada en carnes, gordita, con unas piernas que adiviné muy gruesas por lo que dejaba ver su falda, con una cola enorme, y un par de tetas que se adivinaban grandísimas, se había tomado ya un par de tequilas y estaba un poco alegre y conversadora, pero a la vez según me contó estaba aburrida ya que sus amigas se habían aislado cada una con su galán…

Como ella no tenía amigo especial nadie la acompañaba, así que compartimos penas, ella sin galán y yo sin mi amiga, comenzamos a quejarnos mutuamente de la situación y del por que todos se aislaban, yo después de haberme tomado unos tres tequilas andaba ya un poco subido de tono, y después de ver tanto cuerpo de mujer, pues andaba con una cachondez subida, así que pensé, por que no intentar algo con esta señora, madura pero buenísima, tal como siempre me han gustado las mujeres.

Pasado un rato, y entre la plática de risas que tenía con Martha (tal es el nombre de la señora), le dije que si bailábamos, a lo que me dijo que no, por que luego el chisme llegaría a oídos de su esposo y no quería problemas, además que él era muy buena gente y comprensivo, yo le dije que comprendía, pero que no era justo que hubiera ido a solo a ver a la gente divertirse, así que le dije, Martha pues entonces vamos a un salón que está cerca de aquí, y ahí bailamos y así nos divertimos, ella sonriendo dijo, no es mala idea, ya que aquí no nos hacen caso y como tú pareces muy serio, pues vamos.

Salimos del salón aquel sin que nadie notara nuestra ausencia, al salir del hotel y dirigirnos a un hotel al otro lado de la calle ella sintió frío y me dijo, no mejor no vamos Pablo, que te parece si mejor nos sentamos en una de las mesas del lobby y platicamos o jugamos cartas (según me contó le encanta jugar baraja), le dije claro Martha, vamos, pero no estaríamos a gusto, que te parece si mejor vamos a tu cuarto o al mío y ahí jugamos más cómodos y sin que nadie nos moleste, de esa manera nadie te verá conmigo y no irán a chismearle a tu marido (el marido ya era conocido de varias amigas de ella)

Ella lo pensó un momento y luego dijo, tienes razón, vamos a mi cuarto. Le dije pero que te parece si antes nos llevamos unos tragos para jugar a gusto, lo que ella aceptó ya que como estaba aburrida tenía ganas de un tequila, así que la dejé ir a su cuarto, yo salí a la vinatería cercana, compré una botella de tequila, unos vasos y cigarros, me dirigí a su cuarto y ahí estaba ella esperándome, su cuarto solo tenía una cama matrimonial y nada más, así que nos sentamos en la cama a jugar.

Ella se quitó los zapatos y el saco, quedando en la falda y en su blusa blanca, que trasparentaba el brasier que contenía sus enormes tetas, al verla así, mi verga se comenzó a inquietar, así que me senté en la cama por un lado para comenzar a jugar, le serví su tequila y yo el mío, brindamos y comenzamos a jugar.

Ella me enseñó varios juegos que yo no conocía, pero que rápido aprendí, nos estábamos divirtiendo cuando sonó el teléfono, era una amiga, Imelda, que la estaba buscando, así que escuché que la invitó a jugar con nosotros, llegó Imelda al cuarto, una mujer un poco más alta que Martha, con un culo enorme, y unas tetas que la hacían parecer más gordita de lo que era, ya que la bata que llevaba la hacía ver así. Imelda tendrá unos 50 y tantos también, llegó medio alegrona con la bebida, pero igual de desencantada por que en el salón de abajo las parejas se habían aislado y ella como también iba sola, se aburrió.

En ese momento se pusieron de acuerdo para llamar a sus maridos, a quienes llamaron desde la habitación, pidiéndome silencio, después que ambas se reportaron con sus viejos como ella mismas dijeron, se sentaron a jugar.

Comenzamos a jugar, y a beber, a fumar, y el ambiente se comenzó a relajar, ya Imelda me daba palmadas en la pierna y Martha también, yo a veces cuando iba al baño les pasaba muy cerca de ambas sintiendo sus enormes culos pegados a mi, pero de ahí no pasó.

Pasado un buen de tiempo, ambas estaban ya más ebrias que yo, y se distendían jugando y gritando alegremente, Martha se había aflojado la blusa de la falda y se le veía ya el brasier y su falda la tenía tan subida que cuando me inclinaba lograba verle los calzones, e Imelda tenía el batón, ya subido sobre las rodillas, dejando ver unas piernas gordas buenísimas.

Esto hacía que mi verga estuviera en estado de dureza que ya no aguantaba, la calentura me tenía a mil. En una de esas les dije vamos a ponerle emoción a esto, ¿por que no apostamos aunque sea frijolitos?, a lo que ellas respondieron con risotadas, diciendo que eso era de niños, entonces juguemos de prenda, quien pierda se quita algo, así se hará emocionante, Martha se quedó medio seria, pero dijo que aceptaba, Imelda como siempre solo siguió lo que decía Martha y aceptó también, como estaban ya muy tomadas la pena se había ido.

El primer juego lo perdí yo, así que me quité mi camisa, quedando en pantalón nada más, las dos mujeres solo me miraban y reían, la siguiente mano la perdió Martha que ya desenfadada, se quitó la blusa sin más, diciendo, que además ya tenía mucho calor, quedando solo con su brasier blanco con encaje, eso me comenzó a poner más caliente aun, ya que tiene unas tetas enormes, caídas supuse, pero grandiosas y se notaba como que querían salir por delante del brasier, sus llantitas a mis ojos la hacían ver más excitante.

La siguiente mano la volvió a perder Martha, que estaba muy tomadita, así que sin más se paró sobre la cama y se desabrochó la falda, pidiéndome que le ayudara con el zíper, lo cual hice, y dejó caer la falda, quedando en un medio fondo beige brillante, que dibujaba su enorme culo y como era más corto que la falda, se le veían las piernas gordas que tenía.

Al sentarse se subió el fondo para acodarse sobre la cama dejando al descubierto ya casi descaradamente su calz&

oacute;n. La siguiente mano la perdió Imelda, que un poco renuente pero con una orden de Martha, se puso de pie y se sacó la bata, quedando en brasier negro y calzones, de esos grandes negro también.

Esa vista me tenía loco, unas nalgas grandísimas, unas piernas llenitas, sus llantitas se le veían divinas y sus enormes tetas, se veían también salir del brasier. Se sentó nuevamente y seguimos jugando. Ambas ya más relajadas, olvidándose de sus preocupaciones y de sus maridos. Y yo claro más caliente que nunca con semejante par de mujeronas ahí.

Olvidé decir que ambas usan lentes, así que parecían lo que eran en realidad un par de amas de casa. A la siguiente mano perdí yo, así que sin más, me paré y me giré de espalda para quitarme el pantalón, para que no se dieran cuenta que mi verga estaba a reventar, pero Martha dijo, no Pablo sin esconderse, nosotras nos encueramos enfrente de ti, así que tú también, así que me giré frente a ellas y me quité el pantalón, quedando solo en bóxer negro, pero con mi verga completamente dura y haciendo bulto, al verla las dos mujeres solo la miraban, y reían.

Dejé mi pantalón y me senté de nuevo a jugar. El tequila seguía corriendo e Imelda ya casi no coordinaba, se estaba durmiendo ahí sentada junto a mi, y sus tetas casi se salían del brasier, de hecho se le veía ya la aureolas café oscuro de una de sus tetas. Con el movimiento y las risas, cada vez se le salían más, pero en su estado ya no le importaba.

La siguiente mano la perdió Imelda, así que se dijo y ahora que me quito, yo le dije pues el brasier…a menos que te quieras quitar los calzones, a lo que ella solo se carcajeaba, así que le dije yo te ayudo con el brasier, no opuso resistencia, me puse detrás de ella a buscar el broche entre las carnes de la espalda, se lo encontré y se lo zafé, el brasier cedió al peso de sus enormes tetas.

Ella aun con algo de pena, se tapaba con las manos, pero le dije a ver déjame quitarlo completamente quitándole las manos de enfrente y sacando el enorme brasier, viendo sus enormes tetas, del tamaño de una sandía cada una, con unos pezones café oscuro grandes y unos pezones largos que ya estaban duros, haciendo como si no me importara me sete a jugar de nuevo, y al momento se olvido que estaba enseñado sus tetas, además que casi se quedaba dormida.

Seguimos jugando, en eso Martha me comentó algo acerca de que ella se sentía al fin una vez en su vida contenta por que nunca se había divertido tanto, así que en esta charla se nos fue un rato y no jugábamos, cuando miramos a donde estaba Imelda, yacía tendida de espalda ya en la cama, dormida, con sus tetas desparramadas sobre ella y con las piernas abiertas, su calzón negro le cubría hasta el ombligo y le cubría lo que adiviné era una grandiosa vagina, gorda y jugosa.

Martha y yo reímos y dijo sigamos jugando, con las cartas que teníamos en la mano vimos lo que teníamos y de verdad paso que aunque dormida pero perdió Imelda, así que Martha llamando a Imelda le decía que pagara la apuesta, pero obvio, Imelda estaba completamente dormida, yo le dije, repetimos la mano y listo, a lo que Martha contestó, ah no, ¡Imelda paga!, y como nomás trae los calzones puestos, vamos a quitárselos, yo le dije que estaba mal por que ella dormía, y Martha insistió diciendo que deudas de juego eran deudas de honor, así que me dijo ayúdame a quitárselos.

Martha de pie en el suelo a un lado de Imelda y yo hincado sobre la cama al otro lado de Imelda, intentamos despertarla, Martha le decía comadre, tienes que pagar, perdiste.

Imelda solo movía la cabeza, abrió los ojos y Martha le repitió que te vas a quitar los calzones comadre, a lo que Imelda solo meneó la cabeza diciendo si, si, así que me dijo Martha, Pablo, quítaselos, Martha se reía y decía, la primera vez que un hombre que no es mi compadre le quita los calzones a mi comadre, yo me puse en medio de las piernas de Imelda, se las levanté y las extendí hacia delante, como acostándola, abrí mis piernas sobre las de ella y le tomé el calzón por el elástico, y comencé a bajarle los calzones, saliendo su barriguita pronunciada y sus llantitas.

Bajo su ombligo comenzó una mata de pelo negro abundante, como no podía sacar el calzón de debajo de ella,

le dije, Imelda, levanta la cola para bajarte los calzones, a lo que Imelda dormida y todo reaccionó levantando la cola y dejándome jalar los calzones, le mostré mi miembro y le dije, ¿tu marido no la tiene así?

Ella solo señaló un tamaño con sus dedos y dijo no, la de mi marido es así de chiquita, y nunca se le puso así como a ti Pablo, a lo que solo sonreí y me senté, el ambiente estaba ya muy caldeado, Martha estaba sudando ya, y yo también, pero en ella aun ganaba su decencia, y sus ganas de jugar, así que seguimos y ya haciendo trampa, la hice perder y le dije Martha a pagar, a lo que sin más, y sin chistar se quitó el brasier pidiéndome también ayuda, parándose junto a mi…

Que cosa más rica estaba viendo.. un culo enorme redondo, dos nalgas abundantes cubiertas por un calzón blanco una cintura marcada aunque llena de llantitas, como pude me tarde y le zafé el brasier.

Al zafarlo se giró y frente a mi se lo quitó y lo hizo a un lado cubriéndose las tetas, le dije, a no Martha no se vale taparse, si te tapas ya no te dejo ver mi verga, y me reí, a lo que ella respondió, está bien Pablo, no me voy a tapar, y se volvió a sentar, ella también ya ebria como yo, la siguiente mano obvio decirlo la perdió Martha, así que le dije Martha fuera calzones, y ella se reía y decía: ni modo a pagar…

Se puso de pie y se los bajó de un tirón, como estaba de pie solo vi su barriga blanca y sus llantitas, sus caderas anchísimas sostenidas por dos columnas de gruesa carne que son sus piernas, y ese triangulo de pelitos negros bajo el vientre.

Ella se reía nerviosa pero relajada, sentándose de nuevo y al abrir las piernas un inconfundible olor a sexo, diferente al de Imelda me llegó a la nariz…eso me excitó mucho más, mi pene dio un salto, a lo que Martha se fijó y me dijo, mira está viva, se movió tu palo, yo le dije solo se acomodo y nos reímos, dijo entonces Martha ¿y ahora que vamos a apostar?, le dije ahora vamos a jugar de castigo, el que pierda paga con un castigo, y ella dio si, pero nada de castigos que sean de salir encuerada al pasillo, le dije no claro que no, serán castigos para hacer aquí en la cama, y nos reímos…

Ya en ese momento pudo más todo y le dije, el que pierda le da un beso al otro en su sexo, Martha abrió tremendos ojos y dijo, ¿si yo pierdo te doy un beso en tu verga?, yo le dije si, y si yo pierdo yo te doy un beso en tu conchita.

Martha ya más cachonda también, dijo, está bien Pablo pero yo nunca eh besado una pija, yo le dije: siempre hay una primera vez, entonces me preguntó y tú has besado una conchita?, yo le dije si claro la besé y me la comí y me reí, ella preguntó entonces, como que te la has comido?, si le contesté, me la he comido mira, comerse una conchita es lamerla y morderla con los labios, ella puso cara de admiración diciéndome, a mi nunca me lo han hecho, le dije para eso también hay una primera vez-

Martha solo sonrió y dijo si con la cabeza. Le dije seguimos jugando? y ella ya nerviosa dijo que si, así que a la siguiente mano perdí, yo quería besar su vagina, ella me miró y me dijo perdiste, le dije si, pues déjame darte el beso, ella se rió y me dijo, es que nadie me ha tocado la conchita Pablo, solo mi marido, le dije, solo voy a pagar el castigo, ella sonrió y dijo, pero primero enséñame como es eso de besar si?, a ver dale un beso a la conchita de mi comadre ella ya está abiertita mírala.

Volteé a mirar a Imelda que estaba dormida tal como la dejamos con sus piernas abiertas, y le dije claro mira, y me acerqué a la conchita de Imelda aprovechando para tocar sus muslos abriendo sus piernas más, y acercando mi boca a su conchita, y así acercándome me acerqué, le di un beso entre los labios de su conchita, el olor de Imelda es muy fuerte pero delicioso, y me quedé ahí por un par de segundos dándole pequeños lengüetazos al clítoris.

Imelda reaccionó moviendo el culo hacía arriba, e inmediatamente noté que su vagina emanaba un olor más fuerte, me levanté y le dije a Martha ese es un beso, me agaché y metí mi cabeza entre las piernas de Martha, le mordí los labios vaginales con mis dientes excitándola más, su clítoris es grande e hinchado, comencé a besarlo y lamerlo, a jugar con el, sin pensarlo más.

Comenc&eacut

e; a mamarle su conchita desenfrenadamente, abriendo mi boca y lamiendo desde la entrada hasta el clítoris, acerqué mis dedos y le abrí su concha ella reaccionó diciendo, no me toques Pablo, nadie me a tocado, solo mi marido, solo bésame la concha, no me la toques, levanté la cara y mirándola le dije, Martha para besártela bien tengo que tocarte, a lo que dijo, está bien, si es por eso, está bien, me clavé de nuevo en su concha ya completamente escurriendo líquido, que me tragaba, metí mi lengua directo a su vagina hasta el interior que estaba caliente, sentía las contracciones de la vagina de Martha en mi cara.

Comencé a meter un dedo por junto de mi boca, y al meterlo Martha solo gemía y empujaba más, y cedía más, lamí despacio toda su vagina, baje hasta sus nalgas, y apartando con mis manos esas enormes masas de carne, pude ver su ano, cerradito y sin más lo comencé a tocar con mis dedos húmedos, Martha gimió y dijo ahí no Pablo, el culo no me lo toques, le dije es parte del beso, ella decía, está bien Pablo sigue cabrón.

Mojé mi dedo en su vagina y lo dirigí despacio a su ano e intentaba tocárselo, pero no se podía por sus enormes nalgas, y ella sintiendo eso levantó la cola y se puso una almohada debajo de las nalgas dejándome así ver mejor todo, desde su concha abierta, hasta su ano.

Mientras le mamaba la conchita y le metía el dedo en el culo, que se le fue como mantequilla, ella apretaba los dientes, hasta que echándome las piernas a mi espalda comenzó a gemir fuerte, cabrónn, Pablooooo…me estoy viniendoooooooo que cabronnn eresssssssss, sigueeeee, sigueeeeeeeee

Sentí en mi cara un chorro húmedo, y Martha me apretaba entre sus piernas y me empujaba la cara contra su concha, y gemía y gritaba, Pablooooo me vengoooooo papiiiii, asíiiiiiiiiiii, daleeeeee másss cabroooonnnn, mássssssssss…

Cuando terminó de venirse seguí mamando su conchita ahora abierta completamente e hinchada, ella se movía ya despacio también tomándome de la cabeza, yo comencé a subir por entre sus piernas para colocarme encima de ella, Martha no se resistió, cuando me acomodé sobre ella, sobé esas enormes tetas, comencé a mamárselas lamiéndole los pezones entre esa masa de carne blanda, ella misma lo acercaba a mi boca y me daba de mamar, sus piernas estaban rodeándome sobre mis piernas.

Martha jadeaba y empujaba sus tetas a mi boca, diciéndome, ¿te gusta mi chichita Pablo ? yo solo seguía mamando, comiéndome sus tetas, mordiendo sus pezones, ella al sentir mi verga pegada a su concha pegó un saltito en la cama, y me miró diciendo, Pablo … ¿me vas a coger?, yo le dije, si Martha, te voy coger, ella sin apartarme y apretándome con sus piernas, me decía, noo Pablo, no me vas a coger, nadie me a cogido solo mi marido, y no le voy a ser infiel ahora…

Yo me acercaba más a ella intentado que mi verga topara con su vagina, y ella no se resistía…y me volvía a preguntar… Pablo…¿me quieres coger verdad?, si Martha, te quiero coger, y ella repetía no Pablo, no seas cabrón, no me cojas.

Mi verga estaba ya con la puntita metida entre los labios justo a la entrada de su vagina húmeda, la miré y le dije Martha solo déjame mojar la puntita en tu conchita ella me miraba y me decía…mmmm Pablo …¿nomás la puntita? mmmm, está bien pero no me cojas cabrón…comencé a moverme despacio, jugando con mi verga en su entrada…

Se escuchaba el chapaleo de mi verga jugando, ella comenzó a moverse más y a gemir… en un movimiento como para acomodarme me subí un poco..y mi verga entró completa en esa gran conchita…sentí la humedad abrazando mi verga y mis huevos tocando sus nalgas…

Martha gimió fuerte y me apretó más y solo dijo, ayyy Pablo, ya me metiste todo el palo cabróonnn, me estás cogiendo…me estas cogiendo cabrónnnnn. Comencé a moverme sobre ella empujando con mi cuerpo el suyo metiéndole la verga en cada empujón y sintiendo como mis huevos pegaban contra sus nalgas. Martha gimiendo me abrazaba y decía, siiiii cogeme, asíiiiii, dameeeeee cabronnn, dame massss, cogeme, méteme todo el pito, chúpame las tetas dale,mamamelasss…cojéeme pablitooooo dame tu lechita bebé damelaaaaaaaa

Sentía en mi verga claramente cada orgasmo que Martha tenía, sus jugos bañaban

mi verga de un líquido caliente que resbalaba fuera de la vagina y empapaba sus nalgas, mis huevos y la cama. Me apoyé en mis manos a sus lados y levanté el torso para empujar hasta el fondo y dejarle mi semen hasta adentro, Martha gemía y me apretaba con sus piernas…

Caí rendido sobre sus enormes tetas…respirando agitados y bañados en sudor, entrelazados y aún dentro de ella, mi verga comenzó a perder tamaño y a salir de ella, me abrazó y me dijo… ay Pablito… nomás era un beso cabrón, mira como me cogiste, me bajé de ella…y me recosté a un lado… lo que pasó después… se los platico en la siguiente…

Gracias por la lectura del relato, gracias por sus votos.-

Autor: Pablogto

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