Sexo con mi hijo

Me imaginaba que la gente desde afuera nos estaría viendo como éramos de degenerados y que hacíamos sexo, como me dejaba hacer sexo por mi hijo, sentía que la gente me miraba por las rendijas de la puerta como me tragaba con hambre su verga y me la metía toda cuanto podía a pesar de la mezcla de dolor y placer y el ajeno a todo solo se regodeaba con mi cuerpo.

Era nuestro último día en ese hermoso lugar llamado La Comarca, ya era muy tarde cuando nos avisaron de un lugar especial y muy revitalizador, de aguas térmicas especiales así que allí estábamos mi hijo y yo, en una especie de sauna-minipiscina, no habíamos llevado traje y para no perder la ocasión de tan largo viaje decidimos entrar a bañarnos a pesar de las circunstancias. La desnudes o no sé que la cercanía el agua caliente o el trago hicieron que la situación entre ambos, desnudos se caldeara un poco así que decidí que era hora de retirarnos, además que ya se había cumplido nuestro tiempo de estancia.

Pero mi hijo estaba animado y habló con el conserje y le extendió un plazo más por el uso de ese lugar y pidió un par de copas más. A todo esto yo ya me había retirado del agua y ya no quería tomar nada ni seguir con este “juego”, digo si quería pero no debía pensé, así que me alistaba para irnos, en ese momento me puse a cambiarme de espaldas a él, me estaba secando con la toalla cuando de pronto se me acercó por atrás, me abrazó haciéndome sentir su cuerpo caliente y me rodeó con sus brazos, me suplicó que nos quedáramos un rato más que ya había extendido media hora más, me abrazaba cálidamente mientras me hablaba, honestamente no pude evitar sentir su masculinidad en mi trasero, se la noté caliente y avivadamente crecida, lo peor de todo es que yo estaba sin calzón con la toalla… ¡Que atrevido!

Yo estaba de pie, él a mi espalda, tenía el trago en la mano y tomé un sorbo, él no tenía ningún reparo en que su pene haga contacto con mis nalgas, al sentir esta cosa caliente carnosa, olvidada que tanto he extrañado en mis muchas noches de soledad, que me presionaba por la posición en que nos encontrábamos, entre mis nalgas presionaba hacia abajo, sin darme cuenta separé un poquito los muslos apenas y su cosa se introdujo entre mis muslos y nalgas por inercia de la presión que ejercía hasta sentirla piel con piel, me pegué a él e inmediatamente di un salto, allí perdí totalmente el control y casi me caigo así que tuvo que sostenerme pues mis piernas me negaban resistencia con sus manos desde atrás me tomo con fuerza y me pedía:

– Vamos al agua, vamos al agua mamá, vamos.- No papi no, no por favor, hmmmm, noooo amor, basta, aahhhh… – Ven mamá solo una vez más por favor ven…- Hijo, hijo, no, papi suéltame ya es tarde, debemos irnos… hijo, ¿qué haces amor? ¡Oh! ¿Que haces mi vida?… no papi nooo…suéltame.

¿Qué estaba ocurriendo? Yo soy divorciada, me separé hace casi cuatro años, y sola he aprendido más de deseos sexuales que estando con mi esposo, pero nunca puedo concretarlo, me da miedo, soy demasiado evasiva con los que me pretenden, después en la soledad de mi habitación cuando doy rienda suelta a mis deseos sexuales autosatisfaciéndome me acuerdo de esos hombre rechazados, de los cuales sé que sólo buscan placer, darme y recibir placer de mi cuerpo, estoy muy ansiosa, deseosa, necesitada pero no me atrevo fácilmente.

Pero ahora, esto era tan prohibido como morboso, yo estaba desnuda, él estaba con el pollón erecto, descomunal y groseramente expuesto a mí, y desde lo más hondo de mi ser de hembra, me es vergonzoso aceptar que lo deseaba… ¿Y qué decir de él? Un muchacho en la plenitud de su desarrollo, simplemente súper cachondo excitado y duro… Nuestros cuerpos estaban pegados mis piernas no se resistían y fui con él, me llevó al agua de nuevo como su prisionera…

Al entrar al agua caliente me arrodillé y él también por detrás de mí, solo me abrí un poco de piernas y él ya sabía lo que quería hacer, se me acercó, yo me agaché un poco asida del borde de la piscina y le sentí con más ganas como si tuviera mi completo consentimiento, actuaba con soltura y siento que con mucha confianza y seguridad de haberme quebrado la voluntad de resistirme puso su pene buscando posición y queriéndome ingresar desde atrás, yo pensaba en las cuestiones morales, en que no debía permitirlo más, en lo correcto o no pero mientras eso me iba inclinando poco a poco y abriendo los muslos, el agua me llegaba hasta los hombros, no veíamos lo que pasaba debajo del agua, sólo sentí que él ya había encontrado el camino y presionó y presionó, mientras yo la sentía invadirme.

La sensación de su presión en las puertas de mi vagina, el agua caliente, mis ganas y mis manos hicieron que diera blanco y con un dolor agudo recibí a su erecta verga y me calzó primero el grueso cabezón que me partía abriéndome y luego alimentándome con buenas porciones de su sabrosa verga carnosa que me ingresaba caliente, por el calor del agua era una sensación indescriptible, y yo me levantaba un poco para que no me duela mucho pues me estrechaba, trataba de ser valiente para dar cobijo a semejante vergón que mi nene tiene entre sus piernas…

Yo solo atinaba a cerrar los ojos y concentrarme en disfrutar al máximo pues se que esto no se repite así no más y recordaba mis muchas noches de soledad sexual y sentía sus labios por mi nuca morderme los hombros despacio y sus manos recorriéndome los senos. Su pene, ¡su pene!, qué dura verga, su pene merecía una descripción especial, su volumen, su rugosidad, sus venas, su grosor, su longitud que me llenaba ahogándome la vagina y me hacía acostumbrarme a él con placer, esta sensación deliciosa que me embargaba a cada centímetro de su verga en mi vagina, cobramos un ritmo cadencioso, su vergón me entraba caliente con el agua caliente y sus huevotes cortaban el agua y ese sonido que hacía el agua con nuestro meneo y sus huevos dentro del agua al impactarme entre mis nalgas era delicioso…

Allí empecé recién a cooperar y a mover el trasero en círculos y a comerme su verga con intención, me gustaba el sonido bajo el agua y el calor de su verga mojada al introducirme con algo de humedad de la piscina y así empecé a querer más y más, a suplicarle y agradecerle, a decirle cuanto necesitaba esto así, y asiii… y más y más y allí y allí…

Yo a pesar de que me entregaba con ardor tenía temor, me imaginaba que la gente desde afuera nos estaría viendo como éramos de degenerados y que hacíamos sexo, como me dejaba hacer sexo por mi hijo, sentía que la gente me miraba por las rendijas de la puerta como me tragaba con hambre su verga y me la metía toda cuanto podía a pesar de la mezcla de dolor y placer y el ajeno a todo solo se regodeaba con mi cuerpo.

Mi hijo se dio cuenta y se le ocurrió la brillante idea de evacuar todo el agua y quedar con la piscina vacía, así lo hicimos, esperamos y cuando ya estaba vacía me eché de espaldas en el cemento, claro sobre la toalla, y me abrí todo cuanto podía, levantaba las piernas y él vino a mí, me cubrió con su cuerpo y me la enterró de nuevo, allí yo me movía como una loba, y me comía su vergón con deleite y jadeaba en silencio, a su oído le susurraba y lo alentaba y él con sus pies sobre la escalera se impulsaba y prácticamente se lanzaba sobre mí en cada arremetida dejándome salvajemente atorada y empalada y esta vieja le arañaba la espalda a mi muchacho, le hundía las uñas, sus huevotes me golpeaban el culo.

Luego me la sacó, se recostó y yo me monté sobre él y como una amazona le cabalgaba con su mástil enterrado muy profundamente, yo saltaba y me clavaba su vergón y le arañaba los pechos, sus ojitos estaban entrecerrados y mi bebe gozaba y sudaba, el pobre se esforzaba por quedar bien con mamá y vaya que lo lograba, no me importaba que mis rodillas se golpearan con el piso (así me lastimé de un golpe la rodilla) yo lo montaba y se la movía en círculos parecía una licuadora, los dos sudábamos demasiado, hacía mucho calor y nos levantamos sudorosos.

Tomamos de lo que quedaba del licor y salimos de la piscina, él me ayudó porque me dolía un poco la rodilla, una de sus manos todo el tiempo estaba prendido de mis senos y de vez en vez me la chupaba riiico jugando con su lengua sobre mis erectos y enormes pezones, ya no me importaba si veían por la mirilla de la puerta, total mañana no estaríamos en este lugar, fuimos al asiento por donde estaba la ropa, él puso ropa me eché, abrí mis piernas y él me la introdujo despacito, lentamente.

En verdad mi chaval sabe cómo llevar al delirio a su madre, sabe cómo me gusta y como me vuelve una zorra, a tal punto de romper mi voluntad y ser su presa fácil, yo no le dejaba ir, la seguía con el culo cuando se retiraba y él volvía con fuerza y me metía toda la polla y yo aullaba por lo grueso, lo duro y cabezón, me besaba el cuello, los oídos y sus manos me estrujaban toda y yo a él.

Así hacíamos el amor, rico, rico papi, riiico, hasta que llegó la deliciosa producción testicular, su lechita que me la salpicó por todo el ombligo, los senos, el pecho y me regaba todo el cuerpo con su eyaculación violenta, su pene estrangulado por su mano que le sacaba hasta la última gota que yo recibía con placer. Lo abracé y lo besé en su boquita de caramelo, le acaricié su pene aun duro, me limpié toda con mi calzón, no quería hacerlo con la toalla para que no nos descubran, no había ducha sino hasta el otra ala del establecimiento, pero yo quise irme así y bañarme en el hotel, salimos en silencio, abrazados y nos fuimos al hotel, estábamos sudando bastante los dos…

Al día siguiente partiríamos a casa en silencio como si nunca esto hubiera pasado…. No lo podemos superar.

Autora: Jessy

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Pepe, mi vecino peludo II

Me decía que siempre que yo pasaba por su casa lo ponía caliente y que se había masturbado miles de veces pensando en penetrarme, jalarme de los cabellos y hacerme gritar, que se moría de ganas de hacerme suyo y fue que aquel día con su amigo Ricardo que me obligaron a tener sexo con ellos, que se dio cuenta lo mucho que gozó con su verga enterrada en mi culito, y mi cara de dolor y placer que puse al penetrarme profundamente con su gruesos 22 cms.

Era una tarde lluviosa a finales de agosto, el mes más caluroso del año, así que la lluvia nos caía de maravilla, estos días me ponen nostálgico y melancólico pero de un modo extraño y deliciosamente feliz, como recordando un gran amor que nunca tuve y haciendo de mi memoria el huésped perfecto para historias de amor prohibidas.

Tomé el periódico del día anterior y me fijé en una noticia sobre un accidente ocurrido en la madrugada. Inmediatamente se dibujó en mi rostro una mueca de asombro y un frío recorrió toda mi espina dorsal, vi las fotos ¡y era el carro del padre de pe-peludo! ¡No podía creerlo! Era demasiada coincidencia, estaba convenciéndome a mí mismo de que era un error cuando continué leyendo y vi que en negritas venía marcado: José Luis Villegas joven accidentado y muy grave internado en el hospital general.

La sangre se me fue a los pies y los sentía de plomo, no podía moverme y mi respiración se volvió agitada, dentro de la penumbra que en ese momento era mi mente, reaccioné y tomé el auto para el hospital general.

Al llegar el ambiente me abrumó, había unos familiares de Pepe llorando inconsolablemente, sentados en unas bancas afuera del segundo cuarto de traumatología, donde llevan a los pacientes de choques y accidentes, reconocí a su madre y le pregunté que como estaba –mal- me dijo sollozando,

-Charly, (como me dice de cariño la mamá de Pepe) parece ser que el auto que lo chocó comprimió su auto, y el asiento le quebró la espalda además de muchas fracturas en otras partes del cuerpo, ¡los doctores piensan que no volverá a caminar!-

En ese momento mis fuerzas me abandonaron y quise caer al suelo a llorar, pero me contuve, me repuse como pude porque además quería verlo pero me dijeron que en unos minutos más lo llevarían al quirófano a practicarle una seria y complicada operación.

Las horas fueron eternas, y para animarme mientras esperábamos como había salido de la operación, me puse a pensar en Pepe antes del accidente, su cuerpo fuerte y macizo, peludo y lleno de vigor, incluso pasó por mi mente el incidente en donde él y su amigo tuvieron sexo conmigo, a pesar de que no era un buen recuerdo debido a la tristeza que me dio el saber que solo sería sexo con el y nunca amor, incluso ese recuerdo me parecía dulce en estos momentos.

Cuando por fin salió el doctor, solo pude recoger fragmentos de su conversación con sus Padres: múltiples fracturas, futuro incierto…lo siento. A partir de ese momento decidí que siempre estaría con él, aunque el no quisiera, iba a animarlo y ayudarlo en su recuperación, no sabía como pero iba a hacerle sentir mejor.

Pasó una semana y por fin salió de terapia intensiva y pude verlo, estaba acostado en su cama con un aparato que le presionaba la cabeza con unos tornillos y bajaba hasta su cuello, tenia una de esas batas de hospital abiertas en el frente, y su hermoso pecho peludo al descubierto, tenía algunos golpes en la cara, pero aún así me pareció el hombre más guapo de esta tierra. Cuando me vio su expresión cambió de triste a enojado, e inmediatamente le dijo a su madre que no quería verme, yo contrariado no tuve más remedio que salir del cuarto sin siquiera decir un: ¡hola! ¿cómo te sientes?.

Tres días después recibí una llamada telefónica de su madre diciéndome que Pepe se quería disculpar conmigo, que aún no aceptaba su condición y le daba miedo no volver a caminar y por ende estaba frustrado y malhumorado. Un vuelco me dio en el corazón y dejé mi clase para ir a verlo al hospital. Esta vez su actitud fue otra y hacia el esfuerzo por sonreír y ser amable, platicamos por espacio de 15 minutos, y poco después su madre tuvo que salir a hablar con la enfermera así que me quede a solas con él.

-Carlos… comenzó a decir, yo, quiero disculparme por lo que te hicimos, en serio yo…

¡Hey, olvídalo no pasa nada, le interrumpí, ahora debes de concentrarte en ponerte bien, te esperan unos días difíciles, tienes que echarle ganas a la terapia física ¡tienes que ponerte bien!-

En ese momento soltó el llanto y una ternura profunda se apoderó de mí, quería abrazarlo así que me acerqué y lo abracé, él descargo todo su pecho en lágrimas y lamentos lastimosos, cuando pudo calmarse me dijo – gracias por haber venido, me gustaría que siguieras viniendo si puedes-

-Claro que lo haré, le dije sonriendo, verás que pronto podrás levantarte de esa cama-

Pasaron los días y las semanas, haciéndole bromas, llevándole presentes, cantándole e incluso una vez me disfracé de payaso para hacerlo reír hasta que lágrimas brotaban de sus ojos.

Un día me contó que ninguno de sus amigos le había llamado, y que sólo una ex novia vino a verlo una vez, pero que jamás regresó. Le daba gusto verme casi todos los días, me había convertido en su único amigo, pero a mi me daba miedo ser eso: solo un amigo. Aun así me decía a mi mismo, que valdría la pena, si nunca surgía nada entre nosotros, si podía verlo caminar de nuevo. Soy una persona bastante optimista, siempre le veo el lado bueno a las cosas, y algo me decía que Pepe volvería a caminar, así que le regalaba libros de motivación personal y espiritual, siempre le decía que declarara que algún día saldría por su propio pie de ese lugar, y eso siempre le sacaba una sonrisa.

Los doctores checaban su progreso y siempre se sorprendían de los avances que Pepe presentaba a cada momento, pronto llegó el tiempo de terapia física, enseñarlo a ponerse de pie y a dar sus primeros pasos otra vez.

Ya podía estar sentado en silla de ruedas y eso lo ponía feliz, su espalda estaba haciéndose cada vez más fuerte y recuperándose.

Un día se me hizo tarde para ir a verlo porque tuve un examen en la universidad, y cuando llegué su cama estaba vacía, una enfermera me dijo que estaba en las regaderas y que insistió en bañarse solo pero que si yo llegaba pasara a ayudarle.

Entré al cuarto de las regaderas y estaba semidesnudo con una toalla cubriéndole solamente los genitales, regulando el agua caliente de las manijas, sentado en su silla de plástico.

Cuando me vio entrar una enorme sonrisa dibujó su rostro, -¡hola que bueno que viniste! Estaba pensando que ya no vendrías ¿me puedes ayudar?- claro repliqué nervioso por verlo desnudo de nuevo.

En cuanto se quitó la toalla un espasmo recorrió mi cuerpo y comencé a excitarme, yo sabía que él se daba cuenta que me ponía cachondo el poder verlo desnudo, siempre lo supo.

Su verga estaba semi erecta y más peludo que nunca, fue cuando me di cuenta que Pepe, se recortaba un poco el vello de su cuerpo, pero ahora estaba totalmente en su estado natural.

Con una sonrisa me dijo que cerrara con seguro la puerta, así nadie podría molestar, titubeando le pregunte – ¿molestar? ¿Que vamos a hacer?, tu sabes que vamos a hacer, tengo muchas ganas de que me la chupes, me dijo jalándose la verga, sus huevos colgaban hasta la silla de plástico y se veían relajados y enormes.

Me quité lo más que pude de mi ropa y me hinqué a mamarle la verga, el chorro del agua caía sobre nosotros, le tomaba los huevos con una mano mientras mordisqueaba delicadamente la cabeza de su pene, pasaba mi lengua por sus ingles peludas, y de vez en vez subía hasta sus pezones rosas y duros, cubiertos de vello negro.

Le pasaba la lengua por su pecho mojado, y él subía los brazos a la nuca para saborear sus axilas peludas, regresaba a su verga y la tomaba delicadamente en mis manos y lamía todo su tronco como si fuera un caramelo, viéndolo a los ojos, le lamía los testículos y con cada pasada de mi lengua él se retorcía de gusto y de placer –ooohh si así nene, pasa tu lengüita por mis bolas- eran sus palabras casi tartamudeando por el placer, sus huevos tenían unos pelitos largos y muy gruesos eran en realidad unos huevos muy peludos.

Sentado en la silla de plástico se inclinó tanto hacia abajo y abrió tanto tus piernas por la mamada de huevos que le estaba dando, que su culo lleno de pelos quedó expuesto a mis ojos, titubeando un momento bajé por ese camino de pelitos de su escroto hasta su ano con mi lengua, y a él pareció no importarle, en cuanto llegué ahí me puse a pasar la punta de mi lengua en círculos por los pliegues de su culito, él solo jadeaba y bufaba como toro, y me decía que se sentía poca madre, tenía los ojos cerrados y los brazos detrás de su nuca con la boca abierta y jadeando de placer, le estaba dando su primera mamada de culo y tenía un sabor a limpio delicioso, ya que se había enjabonado todo su cuerpo, su verga parecía querer reventar la tomaba con una mano y la aventaba contra su abdomen rebotando hacia mi de lo dura que estaba, y todo esto sin dejar de mamar su culo.

Me tomó de la cabeza y me dijo que parara porque todavía faltaba lo mejor.

-Quítate la trusa y agáchate parado dándome la espalda quiero dedearte ese culito- me ordenó, inmediatamente hice lo que me pidió y comenzó a meterme un dedo húmedo en mi colita, yo gemía lo mas bajo que podía y movía mis nalgas en círculos alrededor de su dedo, pronto me metió dos y me decía que mi culito blanco con mis dos grandes nalgas sin pelos lo excitaban mucho, y que también le excitaba mucho ver mi agujerito rosado con pelitos alrededor, me pidió que así como estaba me sentara poco a poco en su verga, yo tenía miedo de lastimarlo así que lo hice con mucho cuidado, pero al estar totalmente penetrado hasta sus huevos me abrazó y me apretó contra él.

Yo tuve que moverme de arriba abajo cogiéndome yo solo con su gran pene dentro de mí, el por su parte me apretaba las nalgas, me mordía el cuello, me decía obscenidades al oído, me decía que siempre que yo pasaba por su casa lo ponía caliente y que se había masturbado miles de veces pensando en penetrarme, jalarme de los cabellos y hacerme gritar, que se moría de ganas de hacerme suyo y fue que aquel día con su amigo Ricardo que me obligaron a tener sexo con ellos, que se dio cuenta lo mucho que gozó con su verga enterrada en mi culito, y mi cara de dolor y placer que puse al penetrarme profundamente con su gruesos 22 cms.

– ¡Me la estás aguantando toda! Todas las viejas que me he cogido lloran cuando les meto la mitad de la verga y ya no quieren continuar, y tú te la estas tragando toda- me dijo al oído casi susurrándome.

Me movía cada vez más fuerte hasta que comenzó a venirse dentro de mi, -ahhhhhh me vengo ¡me vengo!- Y en ese momento pellizco mis pezones y recargó una mejilla contra mi espalda mientras me mordisqueaba, cuando me saqué su verga no podía creer la cantidad de semen que me escurría por las nalgas, habían sido más de tres meses sin soltar su descarga cremosa.

Al instante yo mismo tuve un orgasmo, vaciando mi semen por completo en la regadera de ese cuarto de hospital.

Estaba feliz esta vez había sido muy tierno y cariñoso, incluso sentí en algunas ocasiones sus labios en mi hombro y espalda mientras me cogía.

En ese momento me incliné para darle un beso en la boca y él me rechazó volteando su cabeza, y me dijo –nada de besos, yo no puedo besarte- me dijo en un tono serio -¿y entonces que fue esto? ¿Otra cogida y nada más verdad? Le reclamé molesto, penetrarme no te da asco pero besarme si, ¿sabes que? No puedo ser tu juguete sexual y un día te cases o andes de novio con una mujer, ¡no voy a poder soportarlo! Discúlpame pero no puedo vivir con eso- me vestí rápidamente y lo dejé desnudo sentado en su silla de plástico.

Decidí olvidarme de él que al final de cuentas él sin ninguna dificultad haría lo mismo y se recuperaría, y reharía si vida con una mujer de nuevo.

Yo hacía mi vida lo mejor que podía entre clases, trabajo y exámenes se me iba el tiempo, aún así en las noches extrañaba su aroma masculino, su sonrisa torcida, su barba de tres días, su cuerpo masculino y velludo y sobre todo su simple compañía.

Su madre me mantenía al tanto de su situación y pronto comenzó a decirme que ya aguantaba más tiempo de pie solo sin ningún tipo de apoyo, o que ya daba sus primeros pasos en la sala de recuperación física. Sin querer darme cuenta pasó el tiempo otros seis meses para ser exactos, y yo estaba seguro que Pepe ya estaba casi recuperado por completo.

Había sido casi un milagro que Pepe hubiera resistido tanto y que su recuperación hubiera sido casi completa en tan pocos meses, me daba gusto saberlo bien y haciendo su vida normal de nuevo.

Un sábado por la tarde decidí hacer un poco de bicicleta en un lugar cerca de mi casa donde había una pista, estando ahí reconocí un hombre alto y moreno con unas piernas musculosas vistiendo un short de licra de ciclista dirigirse hacia mí.

-Hola Carlitos, me dijo sonriendo, era Ricardo el amigo de Pepe, hola ¿cómo estás? Bien gracias, ¡que milagro verte! Me dijo sonriendo aún más con sus dientes perfectos, en ese momento me di cuenta de lo guapo que el amigo de Pepe era.

– ¿Qué has hecho? Le pregunté, pues trabajando todo normal, ahora que vuelvo a verte recordé aquella noche contigo, ¿sabes? No te he olvidado ni he olvidado lo que te dije, quiero ser tu pareja- yo estaba sonrojado y halagado por su propuesta encontrando las respuestas correctas en mi cabeza, cuando de entre las gradas un joven con un bastón se acercó a nosotros.

Era Pepe enfundado también en un short de licra presumiendo su enorme bulto entre sus peludas piernas, en ese momento Ricardo cambió su cara a una molesta, -Rica, ¿puedes dejarme un rato a solas con Charly? – Le dijo Pepe, y Ricardo se despidió de mí de mala gana y asintiendo se dirigió de nuevo a las gradas.

-Hola Carlos, ¿cómo estás?, bien le dije algo serio, tú te ves muy bien me da gusto que estés recuperándote muy bien, ¡Gracias! Me siento muy bien y pronto dejaré este bastón para siempre, yo, quiero decirte que… en ese momento lo interrumpí, no hay nada que decir me dio gusto verte de nuevo- y tomando mi bicicleta di unos cuantos pasos hacia la salida,

-¡Espera! Me dijo sosteniendo mi brazo derecho, no sé que me pasa, pero he pensado muchísimo en ti y quiero decirte, que desde ese día que estuvimos en las regaderas del cuarto de hospital, algo cambió y… yo no quería dejarlo continuar y le dije: mira Pepe, no revuelvas más las cosas yo estoy bien ahora así como están las cosas, dejémoslo así tu nunca serás para mí ya me quedó claro, sólo quieres cogerme de nuevo y no quiero que vuelvas a lastimarme-

– Esta vez no será así, mira, yo me recuperé gracias a ti, porque me enseñaste muchas cosas me demostraste que me quieres y bueno, pues me hacías reír y quiero eso de nuevo, últimamente me he dado cuenta de muchas cosas, este accidente me sirvió para cambiar mi vida y mi forma de ser, y también cambió mi manera de ver mi sexualidad-

-Pues no te creo, le dije mirándolo enfurecido, la gente no cambia de la noche a la mañana, no quiero enamorarme de ti ¡para que luego descubra que me engañas con una mujer o incluso con otro wey!-

Tomé mi bici y pedaleé lo más rápido que pude, Ricardo al verme tomó su bici y trató de alcanzarme, pero sólo escuché que Pepe le gritó algo y no los vi más.

Muchos de ustedes tal vez piensen que exageré y que debí quedarme y aceptar su propuesta de intentar algo, pero si alguna vez han vivido una situación parecida, sabrán que con una persona que ha sido heterosexual toda su vida y de pronto cambia así como así no es mucho de confiar, ya que son personas muy inestables que en cualquier momento pueden dejarte por una mujer sin explicación alguna así sin más. Y yo no estaba dispuesto a vivir eso nunca.

Mis días en ese entonces eran aburridos y melancólicos, hay una canción del grupo Lu llamada “la vida después de ti” lo cual habla perfecto de los sentimientos que yo tenía en aquel momento, de desesperanza, de fantasmas del pasado y tristeza por un amor que no pudo ser.

Estaba como de duelo, nada me apetecía nada me llamaba la atención, Ricardo fue a buscarme varias veces a mi casa y Pepe dejaba recados en mi celular, pero a ninguno de los dos quería atender, incluso pensé que de nuevo planeaban obligarme a tener sexo con ellos, a estas alturas los tachaba de mentirosos y de hipócritas.

Esa noche decidí irme a un bar con unos amigos y emborracharme hasta decir basta, quería despejar mi mente y olvidarme de Pepe y de Ricardo, no quería estarlos comparando y mucho menos ponerme a pensar en quién me convenía porque aunque todo apuntaba a que Ricardo en verdad tenía buenas intenciones, era a Pepe a quien yo quería.

Mis amigos me hacían bromas diciéndome que me tenían como Pancho Villa, con un viejo en cada orilla (la rima original es con dos viejas en cada orilla, por supuesto) ya medio ebrio estas bromas me causaban mucha gracia, pero en el fondo sabía que la situación no ameritaba reír.

Estaba tan borracho al final de esa noche que un amigo mío me ofreció dormir en casa de sus padres con él, acepté porque estaba cerca del bar y aparte no quería manejar en ese estado.

Mi amigo me contaría después que toda esa noche solo hable de Pe-peludo de cómo me había hecho suyo en dos ocasiones y de que estaba perdidamente enamorado de él, que lo odiaba y lo amaba al mismo tiempo y que después de hacerme el amor no podía ser ya de nadie más.

Cuando llegué a mi casa a la mañana siguiente un extraño paquete me esperaba en la entrada de mi puerta.

Continuará…

Autor: Babyboy

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Mi amiga Selma

La puse sobre una mesa, ella abrió sus piernas y se entregó completamente. Levanté sus piernas, y le dejé ir toda la furia de mi pene, nuestros movimientos eran violentos, empecé a embestirla con más fuerza, sabiendo que no tardaba en venirme, ella dejó de gemir para empezar a gritar, echó la cabeza para atrás y terminó en un sonoro orgasmo, mientras que yo, no pude más, y me vine dentro de ella.

Todo comenzó hace seis meses, cuando entré a estudiar la carrera de contaduría. Debido a mis ocupaciones, tomé la decisión de estudiar los sábados, siendo en aquellos días de agosto mi primer día de clases. Llegué tranquilamente, con la única intención de que el tiempo transcurriera velozmente, de tal manera que el día no se convirtiera en un calvario.

No tuve intenciones de reparar en mis compañeros, no me preocupaba no hacer amistades, veía mi paso por la universidad abierta como un requisito para el logro de algunos objetivos que me había propuesto. Así pasaron los dos primeros sábados, nada sobresaliente, todo era normal, monótono, y, por qué no, perfecto. Antes que nada, debo admitir que desde el primer día, una de mis compañeras había llamado mi atención.

Por el grupo de amigas con el que estaba, llegué a pensar que probablemente estaría rozando los 30 años, cosa que después supe no era verdad. Su nombre era Selma, y en fin, me llamó la atención, pero todo quedó en eso. Ya se cumplía el mes del inicio de clases, y seguía firme en mi intención de no tener más conversaciones que las que fueran necesarias. En uno de los recesos que teníamos entre clases, salí del salón, cual mi costumbre, a fumar un cigarro.

Estaba en el corredor, y veía como mis compañeros de clase se juntaban en pequeños grupos a platicar sobre asuntos banales y superfluos. Estaba tan absorto en mis ideas, que no me percaté que alguien se me acercaba por un costado. – ¡Hola! Tú eres Josh, ¿verdad? – Cuando volteé, no pude contener mi sorpresa al ver que se trataba de Selma. –Sí… hola. ¿Tú eres…? – hice como que no sabía su nombre, esperando una reacción en ella. – Me llamo Selma… ¿tienes una pastelería verdad?- Para esas fechas, tenía junto con mi esposa, una pastelería en el centro de la ciudad, y como apenas estábamos instalándola, no teníamos empleada, razón por la cual yo atendía. –si… ¿cómo sabes? – le pregunté.

-Es que te vi… el otro día pase por ahí… y te reconocí. – Seguimos platicando un rato, hasta que apareció el maestro de turno, nos despedimos y entramos a tomar la clase. Así fue como conocí a Selma. Al paso de las semanas, nos fuimos haciendo amigos. Para esas fechas, ya había dejado atrás mi antipatía inicial, y tenía un grupo de amistades. Obviamente, mi mejor amiga en aquella escuela era Selma, ya que aparte de que fue la primera persona que me habló, sentía cierta atracción hacia ella. Los sábados me iba a comer con mis compañeros de universidad, razón por la cual me ausentaba de mi casa desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche.

Poco a poco, los sábados se fueron convirtiendo en mis días favoritos, ya que toda la semana me la pasaba deseando ver a Selma. Siguió pasando el tiempo, y nuestra amistad se hacía más fuerte. Nos veíamos entre semana con el pretexto de las tareas, siempre con nuestro grupo de amigos. Sin embargo, era obvio que nosotros teníamos algo, ya que a veces era sorprendente la manera en que estábamos conectados. Y es verdad, incluso yo mismo me sorprendía, de que a veces pensábamos y decíamos lo mismo, nos reíamos solos de cosas que solo nosotros entendíamos, hacíamos todo juntos… en fin, yo supongo que más que uno se habría dado cuenta de que entre nosotros existía cierta química. Cada día que pasaba, en mi crecía cada vez más la necesidad de verla, de estar con ella.

Ella sabía que yo era casado, y siempre respetó esa condición. Sin embargo, yo ya no podía contenerme, y buscaba cualquier pretexto para hablarle, para estar con ella. Nos escribíamos casi a diario, le daba el raid a su casa, le hablaba a su celular. En mi mente, me hacía la idea de que ella también me veía como algo más que un amigo, pero no estaba seguro de ello… quería creerlo. Para esto el año ya llegaba a su fin, y vendrían las vacaciones decembrinas. Yo ya no podía contenerme, y cada vez me era más difícil estar junto a ella sin poder tocarla, buscaba cualquier pretexto para sentir su piel junto a la mía. Lo que más me intrigaba es que ella siempre me seguía el juego. Finalmente, llegó el último día de clases. Se organizó una fiesta y estuvimos un rato en eso, cuando a alguien se le ocurre decir: – ¡Todos a casa de Mónica, vamos a seguir la fiesta!

En un principio la idea no me pareció muy buena, pero Selma logró convencerme y fuimos a casa de Mony. Cuando llegamos la fiesta ya estaba en su apogeo, todo el mundo bailando y con su copa en la mano. Llegamos, Selma, otros amigos y yo. Recién llegamos nos acomodamos en unas sillas, mientras nos servíamos unos tragos. En eso, a alguien se le ocurre sacarme a bailar, y tuve que aceptar. Selma y los demás siguieron el ejemplo y en un ratito ya estábamos todos bailando alegremente. Con el ritmo de la música, y en lo que unos se sentaban y otros se iban, quedamos bailando ella y yo como pareja.

La música, el alcohol y el estar en un ambiente de confianza, nos quitaron un poco las inhibiciones y empezamos a bailar más pegados. Yo siempre respeté su distancia, y ella siempre con el recuerdo de que yo era un hombre casado. Sin darnos cuenta, nuestras manos dejaron de obedecer a nuestros cerebros, y cualquier pretexto era bueno para tocarnos, para sentirnos juntos. Sin darme cuenta, la abracé, y tomé su rostro con mis dos manos, como si fuera a besarla, en ese momento tomé conciencia de lo que estaba haciendo y me alejé. Se que ella lo deseaba tanto como yo, ya que nunca hizo nada por apartarse, pero al verme entendió que nos habíamos dejado llevar por la situación. Nos sentamos y pretendimos que nada había pasado.

Después de un rato, salimos de la fiesta y nos fuimos con nuestros amigos a tomar un café. Ese dia ya no intenté nada, sabia que cualquier situación a solas con ella iba a desencadenar en algo que quizá luego no podría detener, y no me sentía preparado para ello. Como teníamos tareas pendientes para el regreso de vacaciones, quedamos en vernos en el transcurso de la semana. Nos reunimos en casa de Selma, todo transcurrió normal, como siempre. Cuando ya decidimos irnos, traté de quedarme hasta lo último con ella, de tal manera que solo estuviéramos ella y yo. Salimos a despedir a los demás, sin embargo, una amiga, Gabby, se quedó platicando un buen rato más con nosotros, como esperando a que me fuera, razón por la cual decidí irme y no levantar sospechas.

Gabby es una amiga de la universidad, divorciada, a la que su marido engañó, y quien tengo la sospecha que ya sabe que entre Selma y yo hay algo, y que supongo que ese día se dio cuenta de lo que podía pasar e intentó evitarlo. ¿Por qué? Solo ella lo sabe, aunque el hecho de que a ella su marido la haya engañado, sabiendo que estoy casado y que tengo una bebe, supongo que ese fue su móvil. De cualquier manera, al día siguiente, fui a ver a Selma a su casa con el pretexto de llevarle unas copias, para mi mala suerte, me encontré a un amigo que se me pegó y me acompañó a verla. Pasamos por Sel, como le digo de cariño, y fuimos a ver lo de la tarea. Pasamos a casa de Gabby a dejarle unos apuntes. Nos quedamos un rato en casa de Silvia, y Daniel, el amigo que se nos había pegado, se fue aburrido por que no le hacíamos caso. Selma me dijo que si íbamos a cenar, y yo acepté (de tonto le digo que no), sin embargo, como estábamos con Gabby, la tuvimos que invitar, por lo que nuevamente no se nos hizo quedar solos.

Fuimos a cenar, y estuvimos platicando un rato, como yo tenía que ir a atender lo de mi negocio, nos salimos temprano y fuimos a dejar a Silvia. Le pedí a Selma que me acompañara, que ya se me había hecho tarde. Ella me dijo que si, mientras mis manos buscaban desesperadamente rasgarle la blusa. La acaricié toda, recorrí sus muslos, abultados, preciosos, mis manos subieron por su culo, enorme, apetecible, aquel culo con el que tantas veces había soñado y que me volvía loco.

Le comencé a quitar la blusa, ella levantó los brazos, y cuando le pude quitar la blusa, pude ver finalmente aquel par de tetas, cubiertas por un bra de media copa, con encajes, color negro… mientras hacía esto, ella se pegaba a mi, como si quisiera que nuestros cuerpos se volvieran uno solo, me acariciaba la espalda por debajo de la camisa y bajaba hasta mi culo… yo le desabrochaba el bra, y pude ver esas tetas preciosas, blancas, con unos pezones que parecía que se le desprendían de lo parados que los tenía… no pude más y bajé mi cabeza para besárselos, se los chupé frenéticamente, se los mordisqueaba, se los jalaba, quería arrancárselos, ella solo emitía leves gemidos. En eso, ella desabrochó mi pantalón, y sin quitarme el bóxer empezó a chuparme el pene, delicadamente, como si fuera una delicada figura de cristal… yo no cabía de placer, sentía que estaba en la gloria.

Como pude, le quité el pantalón, dejándola solo en tanga, con una mano le apartaba la tanga mientras con la otra le acariciaba ese culo que tantas veces me sirvió de inspiración para masturbarme. Ella comenzó a bajarme el bóxer, mi pene se levantaba erguido como un asta apuntando hacia el firmamento, lo siguió acariciando, sus manos bajaban a mis huevos, los acariciaba también, jugaba con mis vellos.

Me agaché para quitarle la tanga, se la bajé a los tobillos, ella levantó una pierna para sacársela, y entonces tuve la visión de su sexo, peludito, mojado, que inundó el ambiente de ese olor a pasión, a excitación, que tienen las mujeres cuando están que explotan… empecé a acariciar sus piernas con mis manos, mientras mi boca buscaba la entrada de su sexo… ella abría las piernas, sin decir nada… solo deseaba ser poseída por mi lengua.

Hincado como estaba, ella prácticamente se sentó sobre mi cabeza, permitiéndome penetrarla con la lengua, sus gemidos eran cada vez más fuertes, cuando sentí que estaba a punto de explotar, me paré, la levanté y la puse sobre una mesa, ella abrió sus piernas y se entregó completamente a mí. Levanté sus piernas, y le dejé ir toda la furia de mi pene, nuestros movimientos eran violentos, ella solo gemía sobre la mesa, empecé a embestirla con más fuerza, sabiendo que no tardaba en venirme… ella dejó de gemir para empezar a gritar, echó la cabeza para atrás, y terminó en un sonoro orgasmo, mientras que yo, con todo lo que estaba pasando, no pude más, y me vine dentro de ella…

Quedamos así un momento, mientras la besaba y no dejaba de acariciarla… ella parecía estar en otro mundo, tenía la mirada perdida y sus piernas temblaban. Como pudimos nos paramos y nos arreglamos. Me dijo que tenía que ir a su casa, porque no había avisado que iba a llegar tarde. Ya en el carro le dije: – Ya no podía contenerme más… era una necesidad que necesitaba satisfacer.- Ella sonrió y agarrándome la mano me dijo: -Esto es solo el principio…

Autor: eRoTiC JoSh

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A cada pajarito le gusta su nidito

Augusto se ahogaba con la pija de Patricio en la garganta, su tutor, lo hizo acostar boca abajo y después de revisarlo descartó la pijita pequeña de Augusto. Se concentró en el culito peludo y estrecho y con abundante gel se metió un consolador a pilas que estaba a full. Augusto no se resistía por lo que todos, por turno después de Roger, lo cogió sin dejarlo enfriar.

Dolores (54) y Juan Pablo (58) eran los padres liberales que cualquier hijo quisiera tener. Ellos se iban a un congreso de bioenergía que se hacía en Finlandia y se llevaban a la nena: Natalia (22) y, a la novia de Roger para cuidarlas. Roger quedaba libre y solito en la casa: era el rey. Roger (21), quien no tenía ningún programa definido para las vacaciones. Por eso, llamó a su primo Augusto (20), y a un amigo del club de remo, Adolfo (24) para hacer un asado o un almuerzo el primer sábado que tenía la casa disponible.

Buenos tragos. Algunas películas de nivel y otras pornos. Roger era un chico pícaro y algo travieso. Le gustaba el andar de Augusto: le atraía el culito de su primo. Quería explorar el tema, antes de tirarse a la pileta. Tenía una poderosa razón: su pija de 22 cm se le paraba cuando recordaba y se pajeaba. Por eso lo iba a invitar a comer y dormir.

El primero en llegar fue Adolfo que como era la primera vez que iba a la casa, curioseó por todos lados y vio, tallado en madera, el viejo refrán de la abuela: “A cada pajarito le gusta su nidito” y se sonrió mientras se agarraba con ganas su bulto: era pijón y de buenos huevos. Cuando remaba dejaba que se le saliera un huevo por el costado de la entrepierna del pantaloncito. Siempre daba resultado y Roger lo miró, varias veces, con ganas cuando salían a remar. Adolfo era cuidadoso hasta tener alguna señal, aunque tenía mundo en campeonatos deportivos como en las camas de la concentración de los remeros.

Prendieron el fuego, pusieron la carne y abrieron un buen vino tinto. Roger presentó a su primo a Adolfo. Roger puso una película mientras se hacía la comida y sirvió los vasos nuevamente, dándoles la espalda a sus invitados.

-Lindo culito tenés Roger -dijo Adolfo en broma, ya que estaba sentado detrás.-No jodas que realmente un lindo culo es el de Augusto -dijo Roger siguiendo el juego.-Bueno, comamos algo que no quiero beber con el estómago vacío-dijo Augusto. Anoche fui a bailar y recién vuelvo.-Aquí hay unas empanadas para comenzar -dijo Roger mientras volvía a llenar los vasos. La película es la argentina “El Otro” que acaba de ser premiada en Europa.

Los tres estaban sentados en el sofá grande atentos al film y vaciando las fuentes y los vasos. Cuando estuvo la parrillada, suspendieron el video y salieron a la terraza donde estaba la mesa.

-A qué se debe la invitación -preguntó Adolfo.-Le debía un regalo de cumpleaños a Augusto y tenía ganas de dárselo -dijo Roger.-No sabía que era tu cumpleaños -le dijo Adolfo a Augusto.-Fue la semana pasada -dijo Augusto. Tuve otros festejos y Roger me dijo que tenía algo para mí y que le hiciera compañía ya que estaba solo. Por eso vine.-Yo vine por la carne asada y este vinito -comentó Adolfo.

-Creo que Augusto y yo podemos aprender varias cosas sobre sexo -planteó Roger. Creo que mi primo es virgen de chicas y de todo. Y a mí, me falta recorrer experiencias.-Bueno. Empiecen las preguntas o los temas -dijo Adolfo, sin separarse de la parrilla que estaba sabrosa.-Quiero saber qué es estar en el closet o en el placard -dijo Roger. ¿Es una doble vida sexual o qué? -largó Roger.

-Es cuando una persona quiere cambiar su condición sexual, por ejemplo: de heterosexual a homosexual, pero no quiere pagar los costos, dijo Adolfo. Hacen o tienen relaciones, pero tapados o a escondidas o aparentando ser heterosexuales para no ser discriminados, ser humillados o burlados. Se quedan escondidos como en un placard. Cada uno es dueño de hacer lo que quiere sobre todo si es adulto y responsable.

-¿Salir del closet o el armario sería cuando le dicen que son homo a la familia y a la gente, entonces? -preguntó Roger.-Sí, algo así -dijo Adolfo terminando su vaso de vino. Yo por ejemplo, estoy en pareja con mi novia, pero desde hace dos años, de vez en cuando “hago una colita” de algún chico que me lo pida o que me guste y quiera. Siempre lo pregunto y soy respetuoso de la respuesta.

-¿Alguno te rechazó? -preguntó Augusto.-Sí, pero creo que fue por miedo a que lo supieran los otros. -dijo Adolfo. Hay que respetar si está en el closet o si no quiere tener nada con vos, aunque sea homosexual.

-¿A quien te gustaría coger en el club porque crees que te correspondería? -preguntó Roger mientras servía el postre.-A vos -dijo Adolfo riéndose. Me miras los huevos cuando remo y se me sale alguno afuera. Por que no vamos al dormitorio de tus viejos que hay cama grande y te sacás el gusto.
-Vamos -dijo Roger, si está de acuerdo Augusto, ya que quiero darle su regalo.

Sonó el timbre de la puerta de calle y el que llegaba era Patricio (35). Roger lo hizo pasar ya que era conocido por todos.

-¿Cuál es mi regalo? – dijo Augusto, riéndose nerviosamente. ¿Cuál? -Quiero que Patricio te prepare el nidito para que mi pajarito ponga los huevitos a empollar, si querés -dijo Roger. Vos me dijiste que te gustaba su figura y su estilo.-Y yo en el tuyo -le dijo Adolfo a Roger. Habría que cambiar el refrán de la entrada: “A mi pajarito, le gusta tu nidito” o “A cada pajarito le gusta su nidito lleno de otros huevitos”.

Adolfo sacó su pija y Roger la comenzó a mamar. Se fueron sacando la ropa.

Augusto se ahogaba con la pija de Patricio en la garganta, lo que no era agradable porque recién había comido. Por eso su tutor, lo hizo acostar boca abajo y después de revisarlo descartó la pijita pequeña de Augusto. Se concentró en el culito peludo y estrecho y con abundante gel se metió un consolador a pilas que estaba a full. Augusto no se resistía por lo que todos, por turno después de Roger, lo cogió sin dejarlo enfriar. Pasada la primera ronda, Patricio y Augusto se fueron a una cama en otra habitación para conversar sobre todo.

El que si llenó el nidito de Roger fue Adolfo, quien enterró todo el pájaro y le dejó los huevos calentitos entre las nalgas estrechas. Adolfo estaba bien dotado y tenía ritmo por lo que llegó hasta el punto G de Roger quien jadeaba con satisfacción. Le dejó la pija dentro del agujero y los huevos muy cerca. Así durmieron una buena siesta, como empollando huevos.

Al anochecer Roger pidió al delivery unas pizzas y volvieron a recomenzar. No había que dejar enfriar los huevitos que estaban en niditos calientes. Ese día el refrán de la abuela tuvo un nuevo sentido, a la vez que tres de los cuatro comenzaron a salir del closet del que cada uno tiene su propia llave.

Autor: Patricio Alonso

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Historia de un rollo fotográfico

Las dos hermanas se enzarzaron en un fogoso 69, mi amigo pensó que era su oportunidad, y enterró el miembro en la boca de la novia, de esta pasó a la de su hermana, se colocó un preservativo en el pene y lo hundió en la entrepierna de la hermana de la novia, ante las protestas de esta, la puso a cuatro patas y la penetró, mientras ella le lamía la entrepierna a su hermana.

La siguiente historia le ocurrió a un amigo fotógrafo. Esta persona se dedica especialmente a bodas, comuniones y eventos similares.

Un domingo estaba haciendo un reportaje en donde los contrayentes eran conocidos suyos. Cuando hablaron, días antes, para concertar el reportaje le hablaron de que posiblemente le pedirían un favor personal, pero que ya se lo plantearían durante la boda.

Durante la fiesta él ya observó como la cuñada del novio bailaba más con este, que la propia novia, pero en principio no le dio importancia.

A mitad de la fiesta se le acercaron los novios y le explicaron que querían un rollo erótico. El rollo erótico se ha puesto de moda en las bodas, mi amigo ya había realizado algunos, consiste en dedicar un rollo fotográfico a fotografías eróticas donde participan los novios, posteriormente el fotógrafo entrega las fotos y los negativos. Los novios le indicaron una estancia del restaurante que previamente habían reservado.

Después de informar a su compañera, encargada del reportaje en vídeo que se retirara, se dirigió con los novios hacia el lugar indicado, al entrar se sorprendió, la cuñada los estaba esperando, nada más entrar esta cerró la puerta con llave y, además, le indicó el lugar desde donde debía de realizar las fotos. Mi amigo pensó que simplemente actuaría de realizadora, pero no sabía lo equivocado que iba.

La cuñada seguía dirigiendo, indicó a los novios que se acariciaran y besaran, siempre pensando en que tenían una cámara con su correspondiente ángulo de visión apuntándoles. La novia empezó a sacarle el miembro y comenzó una felación…

La cuñada ayudó al novio a subir la falda de la novia (esta no llevaba ropa interior), y le hundió la lengua en su entrepierna, la cuñada dio a mi amigo libertad de movimiento, y pudo captar perfectamente el triángulo que habían montado los novios con la hermana de la novia.

A mi amigo se le estaba reventando el pantalón, nunca había asistido a un rollo erótico con trío, pero como buen profesional tenía que seguir las instrucciones, la cuñada le sacó la lengua a su hermana y sustituyó a esta en el miembro de su cuñado, y a pesar de la embriaguez de este, le llenó la cara de semen.

A continuación se quedó dormido.

En vista de la situación las dos hermanas se enzarzaron en un fogoso 69, mi amigo ya había acabado el carrete, y pensó que era su oportunidad, se quitó los pantalones y enterró el miembro en la boca de la novia, de esta pasó a la de su hermana…

Se colocó un preservativo en el pene y lo hundió en la entrepierna de la hermana de la novia, ante las protestas de esta, la puso a cuatro patas y la penetró, mientras ella le lamía la entrepierna a su hermana.

No tardó en tener un orgasmo junto con la novia, después lo tuvo su hermana. Naturalmente la segunda parte de la sesión no quedó gravada en fotos, y por supuesto el novio, que permanecía dormido no debería enterarse.

Mi amigo tiene ahora un pequeño drama, cada vez que ve a las dos hermanas tiene que disimular la calentura, que sólo rebaja cuando la hermana de la novia le pide una sesión particular de fotos, pero eso ya es otra historia.

Autor: buenrollo1956

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La noche que fui sola al bar

Mi novio se quedó mirándonos mientras la verga de mi amante entraba y salía sin cesar. A pesar de la furia que veía en los ojos de mi novio, noté que su pene se le había parado, así que lo jalé y le bajé la bragueta sacando su verga y la metí a mi boca. Se la comencé a chupar corriéndosela con una mano, mientras sentí nuevamente un torrente de leche, pero esta vez se derramaba en mi recto.

El relato que les contaré es real y creo que me sucedió debido a la relación monótona y aburrida que mantenía con mi novio.

Me llamo Clara y soy una chica de Valladolid que como todas las de mi edad, estamos descubriendo los placeres que significa tener un novio. Mi caso lo considero distinto, ya que mi novio es un poco aburrido por decir lo menos. Nunca quiere llevarme a un bar, donde mis amigas me han contado que uno la pasa fenomenal. Me cuentan que hay chicos de todas partes y una se libera a más no poder.

Le quise dar una oportunidad a mi novio, y le dije que esa noche me llevara a un bar para divertirnos. Él me dijo esa tarde que prefería que nos quedemos en casa, así que le pedí que esa noche no viniera. Él tenía la costumbre de venir a mi casa, llevarme a la parte trasera donde mi padre estaciona el coche, y ahí me levantaba la falda y me hacía el amor rápidamente sin dejarme disfrutar nada.

A mis 19 años yo soñaba con un hombre que me acariciara, me tomara en sus brazos y me hiciera el amor de una manera especial. Esa noche que sabía que no vendría, me alisté para salir e irme sola a un bar, para conocer como era la vida de noche en mi ciudad. Yo pensaba que mi cuerpo se estaba desperdiciando de esa forma, y desde muy chica mostré un desarrollo que mis amigas envidiaban. Aunque era bajita, mis senos eran algo grandes pero se compensaban con el tamaño de mi trasero.

Soy de piel blanca y tengo el cabello negro y siempre me hago una cola. Me puse unas braguitas color blanco y un sujetador del mismo color, pero transparentes. En mis piernas usaba unas medias de nylon, que quedaban muy bien con la minifalda que escogí. En mis pies coloqué unos zapatos de taco alto sin talón, y finalmente me puse encima un top de lycra que hacía juego con lo demás.
Cuando terminé de arreglarme, me topé con mi hermano que me preguntó a cuantos hombres iba a levantar esa noche. No hice caso de su sarcasmo, pero en mi interior estaba inquieta por lo que pudiera pasar esa noche.

Tomé un taxi y rápidamente llegó al centro de la ciudad. Al bajarme pude ver una gran cantidad de carros y motos en las calles, seguramente de la gente que venía a divertirse. Entré sin dudar a un bar que tenía un gran letrero, y se podía ver a las parejas conversando y otras bailando muy pegadas. Como yo estaba sola me senté en la barra, y pedí que me sirvieran una cerveza. Ni bien me habían servido, un chico, que tendría 26 años, me invitó a bailar. Fuimos a la pista tomados de la mano y mientras bailábamos, me preguntaba si había venido esa noche con alguien. Le respondí que no y pude sentir que en ocasiones se me pegaba más de la cuenta, haciendo que mis senos se aprieten contra su pecho.

Pasaron las horas y bailé con todos los que me invitaban a la pista. Algunos estaban un poco mareados y me decían cosas obscenas. El ambiente era a media luz y desde donde yo me encontraba, podía ver las mesas en la penumbra y a las parejas que se metían mano, sin importarles quien pasaba por su costado. Todo el ambiente era excitante y me preguntaba como había perdido tanto tiempo con el egoísta de mi novio, que al parecer solo pensaba en su placer.

Siempre le fui fiel y lo pensaba seguir siendo, hasta que un hombre de unos 30 años, me invitó a bailar. La canción era para bailar pegados, y como yo ya tenía unas cervezas dentro, me dejaba acariciar por él. En un momento acercó su cabeza a mi oído y metió su lengua en el. Eso me produjo un cosquilleo, y a continuación me dijo si yo quería descubrir lo que era gozar de verdad, con su verga entre mis piernas.

No se porque pero me llamó la atención por lo que me dijo, y me pregunté si él podría hacer que yo descubriera sensaciones, que siempre había soñado y que seguramente distarían enormemente de las arrinconadas furtivas que me daba mi novio. Le respondí que si, muy decidida, ya que estaba más que dispuesta. Tomó mi mano y con asombro vi que íbamos en dirección a los baños.

Le pregunté hacia donde íbamos y él puso un dedo en mi boca, como diciendo calla y sígueme. Para mi asombro en el baño de hombres, había algunas chicas y vi a una de ellas arrodillada, chupándosela a un tipo. Las demás personas que ahí estaban, actuaban como si fuera lo más normal, y fue por eso que no prestaron mucha atención al verme entrar.

Mi acompañante me hizo entrar en uno de los cubículos que hay en los baños, y con la puerta abierta empezó a besarme en la boca. Su lengua se confundía con la mía, mientras me agarraba las tetas por encima de la blusa. Luego bajó mi top con todo y sujetador, quedando mis tetas al aire. Yo veía hacia afuera, por temor a que alguien nos diga algo, pero al parecer esta práctica en los bares era muy normal. Luego sentí que con su mano jaló mis braguitas hacia un costado y metió su dedo índice en mi concha.

En ese punto yo me encontraba bien lubricada por la excitación del momento, y la situación tan peculiar. Siguió metiendo sus dedos y en un momento me volteó hacia la pared, haciendo que apoye mis manos en ella. Se arrodilló y me bajó las braguitas, procediendo a chuparme el coño. Yo no podía más, pero él se puso de pie y se sacó su pene. Era grande y grueso, así que me preparé para la penetración que estaba por recibir. Sentí que la cabeza de su verga entraba lentamente en mi concha y luego comenzaba a bombear, mientras yo estaba con toda mi ropa en la cintura y mis braguitas en los tobillos.

De pronto sentí un torrente dentro de mi concha, que me hizo sentir un orgasmo único, nunca experimentado. El se hizo hacia atrás, con su verga aun chorreando leche, pero yo quería sentir otra vez lo mismo y me arrodillé y empecé a mamarle la verga, para que se le pare nuevamente.

Me parecía imposible estar en esa posición chupándole la verga a un desconocido, pero mi excitación pudo más y se la mamé hasta que se puso dura como un tronco nuevamente. Así que ¿quieres más?, me dijo.

Le contesté que si y me ayudó a incorporarme, diciéndome que me iba a ensartar por el culo. Yo era virgen por ahí, pero no me importó ya que estaba dispuesta a gozar esa noche como nunca. Puso la cabeza de su verga en mi ano y empezó a empujar sin retroceder un milímetro. Casi me desmayo por la fuerza que utilizó, pero llegó a entrar todita. Enculada como estaba él bombeaba como poseído y yo sentía que me partían en dos.

Mis tetas se bamboleaban de un lado a otro por la fuerza de sus embestidas, y cuando mis ojos estaban blancos por el placer de esa tranca en mi ano, escuché una voz conocida que dijo, Clara.

Mi amante no me soltaba, así que giré mi cabeza para ver quien me llamaba y era mi novio. Puta de mierda, me dijo y el que tenía mi culo ensartado le contestó, Si quieres gozar a esta puta entra de una vez.

Mi novio entró donde estábamos y se quedó mirándonos un rato, mientras la verga de mi amante entraba y salía sin cesar. A pesar de la furia que veía en los ojos de mi novio, noté que su pene se le había parado seguramente por la escena que veía, así que lo jalé y le bajé la bragueta del pantalón, sacando su verga y la metí a mi boca. Se la comencé a chupar corriéndosela con una mano, mientras sentí nuevamente un torrente de leche, pero esta vez se derramaba en mi recto.

Cansado por las dos descargas que me había dado mi amante, le dijo a mi novio que ya había acabado y que me disfrutara si quería. Acto seguido se fue y nos dejó solos, así que le pedí a mi novio que me diera por el culo también. Sin salir de su asombro se puso detrás de mí y sentí como me la enterró en el ano, bombeando con furia a la que creía su mansa novia.

No creí que fueras tan puta me decía, y yo le respondí que si él quería podía ser su puta o con los que él quisiera. Saqué su verga de mi ano y empecé a mamársela arrodillada, hasta que eyaculó en mi cara y yo lamía su leche metiéndola en mi boca y tragándomela.

Luego me llevó a mi casa cuando el sol ya rayaba, y me dijo que de ahora en adelante solo saldría con él y así se lo prometí, aunque a veces me doy unas escapadas para ver quien me levanta por ahí.

Autora: Clara

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Como me cogí a mi prima II

Mi verga ya había entrado toda y la sacaba hasta la mitad y se la volvía a enterrar, le preguntaba si le dolía. Ella decía que sí y yo le respondía que sufra como la puta que era. Eso la calentaba más y me gritaba que era una perra puta que se hacía coger por su primo. Eso fue ya demasiado para mi calentura y le dije que estaba por de acabar, llename el culo de leche, acabame adentro del orto.

Como les conté anteriormente, quedamos con planes de volver a coger el otro fin de semana, pero con más libertad. Yo tengo un comercio que está al lado de mi casa, el jueves a la tarde, mi prima pasó por el mismo, como estaba solo, pudimos hablar sin problemas.

De movida, obvió el típico beso en la mejilla, y me dio un caliente beso de lengua como saludo, me tomó de la mano y me llevó a la parte de atrás, y me bajó el cierre del pantalón metiendo la mano para sacar mi pija que ya estaba despertando. Me dijo: Vengo a recordarte lo del sábado, y a convencerte por si te arrepentiste. Se arrodilló y comenzó a mamármela. Desde donde estaba, yo podía ver si entraba alguien, pero de todas formas, no tardé mucho en acabarle en su hermosa boquita.

De más está decir que no necesitaba semejante “convencimiento”, pero una chupada de verga nunca está demás. Le dije: Nunca pensé que te gustaba tanto la pija primita, y ella me respondió: Ya vas a ver cuánto me gusta primito, y más la tuya.

Se quedó a tomar unos mates y me contó que al hijo (10 años) se lo llevaba el padre todo el fin de semana, y a la nena (7 años) la “colocó” en lo de una amiguita. La muy turra llamó a la madre y le dijo que tenía un invitado especial  ese fin de semana y, con la complicidad entre estas putas, la otra le hizo la pata. Lo que no le comentó es quién era el invitado.

El sábado, después del mediodía, recibo un sms de ella en el celular avisándome que estaba el campo libre. Salí inmediatamente para allá, queda a unas 20 calles, y cuando estaba a 100 metros, me llama preguntando por qué tardaba tanto. Le dije que ya estaba llegando y salió a recibirme. Solamente de entrar a la casa se me echó encima y comenzamos a besarnos y meternos mano. Ella estaba con un vestido cortito, a medio muslo, y sin corpiño. Nos echamos en un sillón y ella empezó a sacarme el pantalón, yo le dije que se deje el vestido, eso me pone a mil. Empezó con su ya clásica mamada, se había hecho una fanática.

Me dijo: Quiero que me acabes así aguantás más tiempo cogiéndome, quiero mucha verga. Me empezó a pajear con desesperación mientras me lamía los huevos y me dijo: Dame mi lechita que me encanta, dámela en la boca calentita. No me hice de rogar y se la di como quería. La monté encima mío y le metí la lengua en la boca saboreando mi propio esperma mientras le desabrochaba el vestido para liberar sus tetas. Le empecé a dar lamidas en los pezones que ya estaban durísimos, mientras mi mano izquierda subía muuy lentamente por el interior de su pierna. La muy puta estaba casi parada para facilitarme el acceso. Cuando llegué a la concha pegó un salto y un gemido ronco y fuerte.

La puse en cuatro sobre el sillón, apoyada contra el respaldo le acariciaba el culo, se lo lamía, lo abría y le empecé a comer la rajita, todo muy despacio, ella me pedía que se la coma más fuerte y yo le dije: ¿No querías mi verga? Siiiii, dámela, quiero la pija yaa! Pues vas a tener que esperar, le dije, ahora vamos a hacerlo a mi ritmo. Estuve varios minutos dándole lengua el la conchita y en el culo, se lo llené de saliva y le metí el dedo índice mientras le lamía el clítoris y ella gritaba: Siiiiiiii, asssiiiiiii, mmaaaaaaaaasssss, dame la pija hijo de putaaaaaaa ¡quiero que me cojas!

Esta vez me puse un forro y le acerqué la cabeza de la pija a la zorra, se la frote despacito y ella pedía que se la meta. Le dije: ¿La querés? Me vas a tener que rogar putita. Y ella empezó a gritar: Dale primito, por favor cogeme que no aguanto más, necesito tu pija adentro mío, dámela toda (se la empecé a meter despacio) Siiiiiiii, asssiiiiiii, dámela hasta el fondoooooooo hijo de putaaaaaaa.

Que sensación más maravillosa, tener un perrita así, totalmente entregada, con todo el control de la situación, pidiendo a gritos que la coja, y por si fuera poco morbo, mi prima. ¿Te gusta que te garche tu primo? Le decía. Siiiiiiii, cogeme primito, haceme tu puta y haceme lo que quieras!

Mis embestidas ya eran brutales, mi calentura ya estaba al máximo y rebotaba contra ella con mucha violencia, en un momento la agarré de los pelos y le tiré la cabeza para atrás mientras mi dedo pulgar de la otra mano se hundía en su ojete. Sus alaridos se deben haber escuchado en toda la manzana pero estábamos ausentes de eso en ése momento, tuvo un orgasmo múltiple que duró una eternidad, yo estaba completamente sacado y le dije que le iba a coger el culo.

Ella, lejos de negarse gritaba que le haga lo que quiera pero que no le saque la pija, que se la meta donde yo quiera pero que la quería adentro. La saqué de la concha sin sacar el dedo del culo, me saqué el forro y le apoyé la cabeza de la verga en el agujerito del ojete. Empecé a empujar y ella gritaba que se la meta, Empujá, me decía, metela toda hasta la bolas, abrime el orto hijo de puta. Se la fui metiendo de a poco entre gritos y puteadas de ella, le dolía pero no le importaba a la muy perra.

Gritaba: me estás rompiendo el culo hijo de puta, me encanta esa pija gorda que tenés, dámela ¡todaaaaaaa! Mi verga ya había entrado toda y yo la sacaba hasta la mitad y se la volvía a enterrar hasta que hacía tope, le daba y le preguntaba si le dolía. Ella decía que sí y yo le respondía que así me gustaba más, que sufra como la puta que era. Eso la calentaba más y me gritaba que era una perra puta que se hacía coger por su primo.

Eso fue ya demasiado para mi calentura y le dije que estaba a punto de acabar, Siiiii,  ¡llename el culo de leche puto de mierda! acabame adentro del ortoooo. Les juro que me dolió la pija cuando salió el chorro de leche, me quedé con unos pelos de ella en la mano de la violencia con la que le tiré para atrás cuando acabé.

Nos derrumbamos en el sillón y no dijimos una sola palabra en un buen rato. Solo se escuchaba la respiración agitada de ambos hasta que se normalizaron las pulsaciones. Cuando pudo hablar, montada sobre mí, y entre nos tiernos besitos, me dijo: Primito, me acabás de dar la mejor cogida de mi vida. No sé como, pero te lo voy a retribuir, ya se va a ocurrir algo.

Seguimos cogiendo hasta el domingo a la tarde (yo tenía unos viagra) Parábamos para comer algo y obviamente descansar.

Antes de irme, me repitió que me debía una, ya se me hace agua la verga de pensar como me la va a devolver…

Autor: Cagliostro

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Espontaneos momentos de lujuria

Los tipos que la sostenían por los hombros la soltaron y se pusieron al lado, la gorda como pudo les cogió las vergas y empezó a pajearlos delirantemente, al mismo ritmo que el otro tipo meneaba su mano dentro de su cuca y le daba lengua y mamaba su gallito, cuando estuvieron a punto de descargar se subieron al mueble regándole la leche en las tetas y rostro.

Hola queridos amigos, estoy de nuevo aquí, sentado al frente de mi computador, relatando las experiencias con mi gorda, la verdad es que no he podio avanzar mucho, en mi objetivo de volverla una ninfómana del sexo, que le guste más que cualquier otra cosa, pero en fin, allí marcho, con espontáneos momentos de lujuria de ella y luego igual. Pero poco a poco hasta que consienta o nuestra relación se acabe; porque de verdad, a veces me molesta, esa vacilación, ya tengo 11 años en este deseo, el cual, quiero que de una vez por todas se finiquite.

Les cuento que me han escrito, una buena cantidad, de gente, de todas partes del mundo, queriendo ayudarme, he hecho, casi todo lo que me han dicho, pero nada, sigue actuando de igual manera, con una que otra cosa por allí, eso me tiene a punto de reventar, leo los relatos que escriben, chicas en esta página, en la que cuentan como la pasan de bien, con sus esposos, como comparten, experimentan muchas cosas juntos y la gozan, “que envidia”.

Bueno después de contarles un poco mis desesperaciones cotidianas, les contaré lo de la otra tarde, unas de las pocas que la gorda se portó como nunca, le dije que se arreglara que daríamos una vuelta, como a eso de las 10 de la mañana, quería salir en el día, ella me respondió: que fastidio otra vez a dar vueltas sin rumbo, en seguida le manifesté: ¿de qué cambio hablas, cada vez que me prometes cambiar, que serás una putica, que concebirás todo lo que yo te pida? Así seguimos discutiendo, hasta que se hizo el mediodía del domingo; yo estaba energúmeno y dije: que saldría solo, ella de inmediato cambió de actitud y me expresó: bueno, espera, me coloco el vestido y salimos, le indiqué: de ninguna manera, yo no voy a salir, con alguien que me quiera dañar el rato, ella, me respondió: por favor, haré lo que me pidas, te demostraré que soy tu putica.

Me hice del rogar un rato y luego le dije: bueno, te llevaré, pero me tienes que demostrar que eres una putica de verdad, ella me expresó: ¡Bueno! se dio un baño, se pintó los labios, con un rojo fuerte, sus ojos, todo su rostro, quedó divina, cual puta callejera, se colocó un poco de aceite en su entrepierna, loción; me dijo: ¡Listo! de verdad parecía la más vulgar puta, estaba hermosa y provocativa, nos subimos al auto y salimos rumbo al norte, que es donde más me gusta, pero en el camino al norte, se me sobrevino una idea a la cabeza, mejor ir al centro donde se encuentran ubicados los teatros porno de esta ciudad.

Cogí la calle 9 hasta la tercera, por allí en los sótanos, de esos edificios, subsisten varias salas de video porno, que por lo general son gay, pero también asisten heteros y una que otra pareja, por ser domingo las calles estaban solas, dejé el auto en un parqueadero, diagonal, al cine y nos dirigimos a la sala xxx. El chico, del parqueadero no le despegaba el ojo, la miraba por todas partes, cuando salimos caminando, salió él, detrás hasta la puerta, a reparar esa gorda, lo pude ver por el vidrio del frente; el vestido a medida de que la gorda camina se sube y deja ver, los vértices de sus posaderas, eso me comenzó a deleitar, bajamos por las escalas, hasta el sótano, compramos las entradas, abrimos el cortinón he ingresamos a la sala.

Esperamos entre tanto se nos acostumbraba la vista a la oscuridad del sitio, estaba bastante oscuro y tardó algunos minutos poder empezar a ver las sillas del lugar, nos quedamos en las escalas, a la entrada de la sala, sostenidos de unas barandillas, que hay al bajar, yo podía ver algunas sombras que nos asediaban, la gorda me abrazaba y se mostraba algo nerviosa, en un momento pude sentir una mano, que tocaba mi entrepierna, de una me pasó un corrientazo por todo el cuerpo, no podía ver quien me tocaba.

Al instante la gorda me dijo al oído: -que le estaban metiendo mano, que le querían hundir los dedos adentro de su cuquita, que digo cucota y culito, que por mucho, que comprimía, ellos hacían fuerza y no podía impedirlo, por el aceite que se había colocado, eso me puso a mil, tuve una erección casi a reventar, no pensé que tan rápido se dieran las cosas, le contesté: ¿y a qué viniste? Me precisaste que tú ibas hacer mi puta ¿no? Ella dijo: ¡si! pero tengo temor porque no puedo ver, le respondí: -deja, relájate, aquí me puedes expresar todo lo que me dices y prometes en casa.

Yo la abracé, ella pegó su cabeza en mi hombro y dejó que la manosearan, mientras tanto la mano que me apretaba mi verga empezó a bajar el cierre del pantalón, buscaba como sacar mi verga, lo consiguió al poco rato, comenzó a masajeármela y se sentía delicioso, sentí también como a la gorda le subían el vestido hasta más arriba de la cintura y pude ver como le besaban sus nalgas. Ella sólo me daba besos en el cuello, gemía muy suavemente, entretanto yo estaba a reventar de la excitación que me producía la situación. Sentí de un momento a otro como me daban una mamada de otro mundo, la engullía toda y la succionaba con una destreza exquisita. En ese momento un tipo se me arrimó y me dijo: podemos ir al cuarto oscuro, allí podremos estar más cómodos, él suplicó, hay una poltrona donde podemos pasarla bien rico.

En seguida Le comenté a la gorda, que si quería ir al cuarto que nos invitaba el señor, ella de una dijo: ¡vamos!  El señor cogió a la gorda de la mano y la guió hasta la parte del frente a un lado de la pantalla. Nosotros, lo seguimos, quité mi verga al que mamaba y seguí con ella, en mi mano, mientras que la gordis a su vez cruzaba la sala, con el vestido a medio bajar de la cintura, enseñando a todos su cucota y culo. Era un cuarto pequeño que a la entrada tenía una cortina, ingresamos, apenas se alcanzaba a ver las sombras de la gente, el señor que llevaba de la mano a la gorda, en seguida le quitó todo el vestido, yo lo cogí y lo puse envuelto en mi brazo, él le lamía con desenfreno las tetas, le cogía la morrocotuda cuca gorda, ella me apretaba fuerte la mano, se recostaba contra mí, su espalda en mi pecho, yo con mi espalda sobre la pared.

Empecé a notar que ingresaban uno a uno una cantidad de hombres, el cuarto era verdaderamente pequeño, todos metían mano, la manoseaban a ella a mí, alguien se arrimó a nosotros y comenzó a hurgarme el pecho, desabrocharme la camisa, yo estaba demasiado excitado, me gustaba lo que sentía, dejé que lo hiciera, al mismo tiempo, como 5 tipos trataban de tumbarla en el mueble a la gorda y manoseaban por todas partes, la gorda podía sentir los dedos como se metían en su empapado coño, como le apretaban los pezones y como metían también uno o dos dedos en su culo.

Uno de ellos se subió al mueble, quitándose la ropa le metió su gorda verga en la boca, podía ver como los otros se iban desnudando y la verdad era que ya no me importaba, al contrario, quería que se la consumieran y cuanto más mejor, el de la verga en la boca de la gorda se la metía hasta los huevos mientras la agarraba del pelo entrando y saliendo de su boca, la hicieron poner de rodillas sobre la verga de un tipo acostado en el mueble, sin soltarle la verga al que se la mamaba, entonces pude ver, como separaban las nalgas y como una gran verga se abría paso en su ano, pude apreciar como se calentaba más al ritmo que la iban penetrado y cómo el hombre la introducía sin compasión, hasta que pude distinguir sus huevos chocar contra su culo, entonces empezó un mete saca.

De pronto vi que por los gestos que hacía, que el tipo al que se la estaba mamando, se iba a correr, intenté decirle a la gorda lo que sobrevenía, pero el hombre la sujetó fuertemente por los pelos mientras le decía: ¡Chúpamela, puta, quiero que te bebas toda mi leche! Aprecié la descarga de aquel tío en el rostro de la gorda que por poco es dentro de la boca, no le quedó más remedio que restregarla en su rostro, su corrida era tan abundante que le escurría hasta las tetas cayendo al mueble, la verga, poco a poco fue perdiendo endurecimiento, así que se retiró quedándose sólo el del culo y la cucota que insistían en el mete saca hasta que también aprecié que se corrían dentro de su cuca y ano, la sacaron, y los preservativos estaban con abundante leche, de igual manera se retiraron, siguieron otros.

Dos de ellos separaron sus piernas lo más que pudieron, vi a uno de ellos como se acercaba con un pote de aceite, empezó a ponerle por todo la cosota de la gorda, metiendo primero un dedo, luego dos. Los tipos que la sostenían por los hombros la soltaron y se pusieron al lado, la gorda como pudo les cogió las vergas y empezó a pajearlos delirantemente, al mismo ritmo que el otro tipo meneaba su mano dentro de su cuca y le daba lengua y mamaba su gallito, cuando estuvieron a punto de descargar se subieron al mueble regándole la leche en las tetas y rostro, entonces el tipo desalojó la mano de la gran cuca que quedó totalmente dilatada, estaba extenuada, tumbada despatarrada encima de aquel mueble del cuartito, llena de semen y aceite por todas partes.

Los tipos al igual que los otros le dieron besitos de agradecimientos y salieron. Llegaron tres tipos que observaba la escena y se desnudaban rápidamente, cuando hubo acabado de quitarse la ropa uno se unió al grupo y dirigió su verga que ya estaba bastante dura a la boca de la gorda mientras que el otro tipo, le puso la verga a la gorda para que se la cogiera, entre tanto la gorda primero se metió los huevos en la boca uno a uno como si fueran bombones mientras le acariciaba el palo con suavidad al otro tipo, luego le fue pasando la lengua desde la base hasta la punta y un pequeño mordisco haciendo resbalar sus dientes cosa que hizo que el tipo diera pequeños suspiros, estaba tumbada en el mueble y otro tipo aprovechó para cuando la tuvo allí desnuda, separarle las piernas y colocándose en medio pasarle la lengua y los labios por los muslos acercándose a su cucota morrocotuda, pero sin llegar a ella.

Notaba lo excitada que estaba la gorda, llegó a la cuca y la abrió con los dedos y cogiendo con la boca el gallito que en esos momentos ya estaba bastante abultado lo apretaba con sus labios haciéndolo rodar entre ellos, mientras que el otro tipo acariciaba las tetas y chupaba con delicadeza. La pusieron en cuatro patas y le lamían el culo abriéndole las dos nalgas con las manos y con los propios jugos de la cuca le untaban el ano y se lo acariciaban abriéndose paso con un dedo dentro de el culito dilatado y girando su dedo dentro.

Cuando vio que entraba sin dificultad entonces cogió y le introdujo otro dedo, la gorda entre tanto cuando podía emitía grandes jadeos, en un momento noté que la gorda ya tenía suficientemente dilatado de nuevo su culito y él tipo también lo apreció se paró y le puso la verga en la entrada, apretando la fue introduciendo hasta el fondo, cuando estaba así emprendió a bombearla por el culo con suavidad, al mismo tiempo, el otro tipo levantaba una pierna de la gorda y apoyándola se metía debajo de ella para darle una estocada en la cuca, comenzando a enfundársela con fuerza lo que hizo que la gorda soltase la verga del otro que aprovechó para metérsela en la boca agarrándola del pelo.

El otro entre tanto la cogía por los pechos dándole pellizcos en los pezones y tumbándola encima de el que estaba bajo ella que la tenía ensartada. El tipo le daba duro por el culo la acercaba para que se lo comiera todo solo dejara sus huevos fuera. Mientras que el otro tipo seguía cogiéndola fuerte del pelo y se la metía en la boca a la gorda.

La gorda se la cogió y primero le dio unos cuantos lametones como si comiese un helado para posteriormente metérsela como si fuera un bombón de fresa, primero muy lentamente como probándolo y luego cada vez más vertiginoso. La gorda estaba a punto de tener otro orgasmo cosa que hizo que acelerase el ritmo de la mamada. El tipo le sacó la verga de la boca y masturbándose ligeramente se corrió sobre los pechos de ella en el momento que tenía un gran orgasmo que hizo que medio desfalleciese y constriñera sus orificios haciendo que los dos tipos que la perforaban por su culo y cuquita eyacularan en su culo y cuca. Sacaron sus vergas ya flácidas con los profilácticos también llenos de leche, extraída por esa puta gordinflona, caliente. Los tres chicos le dieron gracias y salieron, la gorda se cayó de bruces en el mueble con su mano en el interior de su cucota, mientras gritaba: Me corroooooooo, a lo que un tipo que se pajeaba viendo las escenas, respondió sacándosela y corriéndose sobre la espalda de la gorda. Se fue también ese tipo si decir nada.

Sentí su mano sobre mi verga que para ese momento estaba parada a todo lo que daba, me acarició de los huevos a la punta repetidas veces, se puso en cuclillas, su cara era de deseo, de morbosidad, de excitación, cogió mi verga, la acarició y se la metió a la boca, me la mamó de una manera que sentí una venida inminente, sin embargo logré controlarme y me relajé, decidí tomar una actitud más controlada, ella con una mano se masturbaba, mientras que un tipo nos miraba desde cierta distancia. La gorda soltó mi verga sin dejar de acariciarse y la noté venirse de inmediato junto a mí. La incorporé y la besé en la boca, mientras le decía lo mucho que me gustaba, que fuera precisamente una puta de las mas putas de la ciudad, él tipo que nos espiaba, se acercó, se puso detrás de la gorda y también le acariciaba los pechos desde atrás, yo la besaba, ahí estaba desnuda, salvo por sus zapatos.

Se veía encantadora con esa cara de lujuria y buscando más, con su cuquita rasurada y con sus sabrosas nalgas que resplandecían de su blancura. Le metí los dedos en su húmeda cuca, en verdad, nunca había notado a la gorda tan mojada era toda una piscina, nunca pensé que se excitara de esa manera, le bajaba sus fluidos por los muslos de sus piernas, yo le metía dos dedos en su abertura que chorreaba y la gorda me decía al oído –que rico la estoy pasando, así, házmelo. Y terminó por gozar de una manera sorprendente, se vino como un río, dejando mi mano prácticamente empapada. A mí todo eso me excitaba más, si es que más era posible.

La recostamos en el mueble de nuevo, la besamos por todas partes, el tipo le hizo sexo oral, que es lo que más le gusta que le hagan, a mí me pone largo tiempo que le mame su conchota, el tipo siguió, hasta que la hizo venirse nuevamente, yo seguí su ejemplo y logré una nueva venida de la caliente e infatigable gorda, era irreconocible todo lo que yo tenía que hacer para ponerla así y ese día era un sueño lo que vivía, mi gorda hecha toda una ninfómana del sexo. Ella nos abrazaba a los dos, nos acariciaba las vergas y nos dijo –quiero que me cojan mucho. El tipo sacó unos condones, se levantó y me invitó con un gesto a ser el primero. Le dije: -que ella era toda suya, la gorda abrió las piernas y él se puso sobre ella, levantó las piernas con ayuda de sus manos y le ofreció la famosa “cucota morrocotuda y gorda”, la jugosa cuca.

Puso la punta de su verga a la entrada de su húmeda cuevita y poco a poco se la fue metiendo sin ninguna dificultad, puesto que ella se mete la mano o dos vergas por la cuca cuando está así, él me decía que eran como un guante de seda sus húmedas paredes, ella jalaba con más fuerza sus piernas hacia arriba y levantaba la cabeza tratando de mirar como se la metía, empezó a gemir con más fuerza y él a darle con energía, con una lujuria motivada por esa habilidad total, así, así, -le decía, la gorda mientras llegaba a un orgasmo más, mientras el tipo la besaba con ternura, ella me apretaba mi miembro, lo que me daba un placer agradable y estimulante. A continuación yo me senté recargado en la pared en el descansa brazos del mueble y la gorda se puso en cuatro invitando a darle desde atrás, mientras la gorda me la mamaba a mí. Así es como te gusta verme –me preguntaba. Así es como me encanta a mí, -seguía diciendo, dame duro, dame duro, dame duro –agregó, mientras se quejaba de gusto al sentir que nuevamente la clavaba.

Que gusto ver sus nalgas a disposición, de otro tipo, que gusto darle gusto a la putona de la gorda, no pude aguantar más y me vine, de una manera formidable, mientras ella me apretaba con su boca, y tragaba mi leche exprimiendo mi verga, que sentía nuevos espasmos cada vez que ella la apretaba, una experiencia realmente deliciosa. Cosa que me encantaba, que me ponía calentísimo, que quería cogérmela mucho a la muy puta, la gorda ese día era una ricura de mujer, excitante, dispuesta y que me encantaba. A pesar de que me había venido, el tipo seguía dándole hasta que logró hacerla venir, me sentía un poco fatigado, pero el esfuerzo valió la pena ya que verla gozar era todo un placer. En un momento el tipo se quejó, la cogió duro de su cintura y le dijo: -toma perra cométela toda, a lo cual la gorda respondió con un quejido de placer, el tipo fue sacándola y con su condón lleno de leche le dijo: -gracias y salió. Me retiré un poco para verla como se la mamaba a otro tipo que se arrimó por la pared, como se deleitaba, demostrando lo mucho que le gusta mamar. El al segundo también se retorció y cogiéndola del pelo fuerte le echó un gran chorro de leche en su rostro, le dijo, eres una perra muy genial.

Me senté a su lado ella se recostó boca abajo cansada, pero esperando que seguía, me masajeaba mi verga suave y me daba besos en las piernas. Entraron otra cantidad de tipos y empezaron a aproximarse a nosotros. La gorda, no me soltaba de la mano por nada, los tipos metían mano por todas partes, aprovechando esa oportunidad, de un momento a otro, advertí como casi todos quedaban desnudos; el tipo que me había abierto toda la camisa, me quitó el resto de la ropa, me dijo: que la pusiera en los cajones de arriba, me desnudé por completo, saqué más profilácticos, que llevo para estos casos y se los pasé a la gorda, entre tanto me rozaban, vergas de todos los tamaños, por todas partes, en el afán de ambicionar pasar, para poder enganchar a la gorda, que quedaba desnuda, tirada en el mueble el tipo, qué nos llevó a ese cuarto, se acostó, en el mueble y ubicó a la gordis, para que se empalmara, arriba de él.

En un momento, ya habían, como 5 tipos más riñéndose, por el culito, de la gordinflona, yo me interpuse, les dije: -tranquilos, por turno, que ella permitirá a todos, que se deleiten con lo que se les antoje, un tipo moreno, le tocó, sacó una verga bastante grande con una curva en la mitad, se la metió, suave y en un momento empezó a bombearla, yo me coloqué en el descansa brazo, del mueble, nuevamente cogí del pelo a la gorda, enseguida la puse a mamar, a la vez tres tipos me tocaban la verga, los huevos, me los chupaban, junto con la gordis, era genial, nunca había sentido esto, les cuento que me considero hetero cien por ciento, pero la arrechera del momento rompía cualquier regla, era nuevo para mí, los tipos que enganchaban a la gorda, empujaban con fuerza queriendo partirla en dos, empezaron a acabar, a ir desfilando tomando sus ropas y colocándoselas, dándole las gracias a esa putica, que les había sacado la leche, entre tanto otros seguían haciendo la fila y metiéndosela por su culito y otras veces por su cuca.

En la posición que estaba de perrita todos le caían atrás y la gozaban fuerte, suave, de todas formas le daban mucho placer, saliendo contentos, porque consiguieron engancharse una puta gratis, después de horas, de hacerlo, ella se subió arriba del último señor que quería, que por cierto era de edad, pero también quería probar esa gorda, no había nadie más, casi todos los de la sala del cine, habían enganchado su concha y culito, no existía, quien le llenara su culito pues los dos tipos que quedaban dentro del cuarto, estaban era por tocarme a mí, entonces, me paré, le abrí sus nalgotas y se la enterré de una, ella gritó y me pidió que despacio, que ya estaba bien adolorida, de tanta verga que había entrado. Empecé a bombear, igual lo hacía el tipo de abajo tratando de seguir el ritmo, uno de los tipos empezó, a recorrerme la espalda, con su lengua, se sentía increíble; él estaba desnudo al igual que el otro chico, el otro a su vez lo abrazaba por la espalda y le besaba la nuca, él se agachó y me mordisqueaba las nalgas, mientras que el otro se la metía, por el culo.

Me daba lengua en mi culo, era una sensación increíble, que en seguida me dio por llenarle el culo de abundante leche a la gorda, ella se quejó y contrajo sus orificios y terminamos casi al tiempo los tres en un orgasmo largo y exquisito, nos paramos fuimos al baño con nuestra ropa en la mano con unos pañuelos y algo de agua, la gorda se limpió lo más que pudo el semen que tenía por todo el cuerpo, se colocó el vestido yo también me vestí y salimos del lugar, ya eran como las 7:30 de la noche, recogimos el auto, el chico seguía viéndola, como con ganas de comérsela a la primera oportunidad que le diera.  Al momento, él la paró, la volteó, ella le dijo: que con preservativo, lo dejaba, él sacó de su billetera rápidamente uno, se lo colocó, la puso en cuatro patas, sobre la taza del baño, le abrió con sus manos las nalgas e introdujo de un solo empujón, la verga en su cuca, que en ese momento estaba muy dilatada y palpitante de tanto uso y en un par de bombazos no pudo aguantar más y estalló.

Ella se despidió, salió y me dijo: ¡listo! Vamos. Llegamos a la casa, pedimos comida a domicilio, tomamos una ducha bien larga, estuvimos hablando y después de una buena comida, dijo: que eso si la había colocado, súper arrecha, el ver hombres entre si, el ver como me tocaban, eso la había puesto, a millón, hicimos el amor como locos, la pasamos genial, ahora intento hacer otra cosa más, que desde luego se las contaré cuando suceda.

Autor: ALFONSO

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Sirvienta en la alta sociedad

Muy rápido, su pene se introdujo perfectamente dentro de mi vagina y me hacía retorcer de placer, gemir de gozo. Mientras me penetraba y bombeaba, no dejaba de masajear mis pechos y yo le empujaba la cabeza hacia ellos, me excitaba mucho que me lamiera mis enormes pechos, que rebotaban con cada sacudida de placer.

Me gusta la fantasía porque uno puede ordenar las cosas como uno lo desee, o desordenarlas, según sea el caso.

Esta historia, se desarrolla cuando yo tenía 24 años, mis pechos ya habían alcanzado su madurez total y mis nalgas eran deseadas por más hombres cada vez. Debido a que me había quedado sin trabajo, tuve que entrar a trabajar como sirvienta a una casa de una familia bastante rica. Mis patrones, tenían 1 hija y 1 hijo. Como muchacha de una casa de la alta sociedad, me obligaron a usar uniforme, me gustaba bastante, pero creo que no era lo mejor para la clase de trabajo.

Para empezar era como 1 talla menor a la mía y me apretaba de las caderas y me costaba trabajo agacharme. Pero por otra parte, mis pechos se apretaban a tal grado que dejé de usar sostén, mis pechos se aplastaban contra la tela y se levantaban, haciéndolos ver muy grandes. Y mi trasero, de igual manera, se expandía por la presión que ejercía la falda y hacía que mis braguitas se marcaran. Después de un tiempo, decidí dejar de usarlas para que no se me notara nada de mi ropa íntima.

Junto a mí, entró a trabajar una mujer como de mi edad, 23 años tal vez, tenía un cuerpo precioso, el uniforme la hacía lucir muy atractiva, tenía pelo negro, ojos cafés, un trasero muy apretadito y aguadito y unos pechos medianos, tamaño normal. Ella y yo teníamos nuestras propias habitaciones y nunca trabajábamos en la noche.

Este relato empieza en uno de los días en que acabé mis labores temprano y decidí bañarme y luego salir a divertirme un poco. La primera sorpresa del día, fue cuando al asomarme por mi ventana, vi al hijo de mi jefa (Elisa), metido ahí, y mayor fue mi sorpresa al ver que tenía entre sus manos una de mis braguitas, unos calzones blancos con bordados de rosas muy finos al frente. Había envuelto su pene en él y se estaba masturbando. Me quedé viendo, la verdad no me gustó nada ver eso, pues la privacidad era una de las pocas cosas que aún conservaba. Pero decidí no interrumpirlo y esperar a que terminara.

Lo vi eyaculando sobre mis calzones, limpiando toda su leche en ellos y luego llevándoselos a su habitación. Seguramente los usaría para limpiarse cada vez que se calentara. Entré a mi cuarto y me desvestí, me quité la falda y me deshice de mi blusa. Mis grandes pechos dieron un salto al liberarlos de su encierro y me metí a la ducha. Comencé a lavarme el pelo, esos rubios mechones que se escurrían hasta mi espalda, me mojé toda, comencé a enjabonar mis pechos, llenándolos de espuma y poniéndolos al agua caliente para que se relajaran.

Luego bajé a mi vagina, enjaboné todos mis vellos, los tallé con fuerza y bajé a mis piernas. Mi cuerpo todo mojado se veía muy apetecible. Salí de bañarme y después de envolverme en una toalla, decidí que saldría a un antro o algo así. Abrí mi cajón de la ropa interior, saqué una braguita normal, de color negro y me la puse, escogí un sostén del mismo color y metí mis pechos en él. Me puse un pantalón pegado de mezclilla y una blusa que resaltaba mi busto. Vestida así, salí de la casa y fui a una disco cercana.

No habían pasado ni 5 minutos desde que entré, cuando los hombres que había ahí ya empezaban a mirarme. Al empezar a bailar en la pista, sentía como varias manos rozaban mi trasero cada vez que se podía, esos torteos disfrazados por el baile. Fui al baño un momento, después de haber bailado como 2 horas, y al salir, me encontré a un sujeto que sin dudarlo y sin preguntarme, me tomó y me recargó sobre la pared, comenzó a besarme y yo me resistí, pero era mucho más fuerte que yo, luché y luché, pero finalmente tuve que ceder a él.

Me manoseó por todas partes, metió su mano bajo mi pantalón y apretó mi vagina que empezaba a mojarse, la apretó con su mano y luego metió las manos bajo mi blusa. Desabrochó mi sostén y lo olió, lo lanzó al suelo y comenzó a masajear mis pechos, a pellizcar mis pezones y de pronto, sacó su miembro de dentro de su pantalón. El tipo lo tenía gigantesco, era anchísimo y muy largo, me puso una mano sobre él y justo cuando me iba a arrodillar a mamársela, el muy desgraciado se la guarda y se va, llevándose mi sostén, me dejó toda caliente y excitada.

Salí inmediatamente del baño y me dirigí a casa, donde podría desahogar mi calentura libremente.

Cuando llegué, ya era tarde, temí que mis patrones me regañaran, pero no había ruido, así que asumí que se habrían dormido. Pasé al cuarto de mi amiga a preguntarle sobre las actividades de hoy, pero la segunda sorpresa del día, mi patrón tenía agarrada a mi amiga de las caderas, sus piernas estaban cruzadas sobre sus hombros y su vagina se había engullido todo el pene de mi jefe. Esto no hizo más que aumentar mi calentura.

Corrí a mi cuarto y de entre mis cosas más secretas, las que guardaba bajo llave, se encontraba un consolador que le había pedido a una compañera. No dudé ni un segundo y así como así, lo metí en mi vagina, hasta el fondo y me hizo soltar un leve gemido. Me lo metí y saqué una y otra vez, sentía como ese pedazo de plástico se metía en lo más hondo de mi vagina, era algo excitante, mis pezones estaban gordos, hinchados, comencé a acelerar mis movimientos hasta que tuve un orgasmo delicioso, y caí tendida en mi cama.

Según creo, he de haber dormido media hora, porque poco después de mi orgasmo, algo me despertó, sentí como mi vagina se dilataba, y fue una gran sorpresa el encontrar al hijo de mi patrón con todo su pene dentro de mí, bombeando muy suavemente para no despertarme. No sabía que decir, ni que hacer, porque a decir verdad, se sentía muy bien, comencé a humedecerme toda, y, pues después de todo, ya que la situación se presentaba, no tuve más remedio que aceptar lo que pasó y disfrutarlo.

Comencé a acompañarlo con movimiento de caderas, muy rápido, su pene se introdujo perfectamente dentro de mi vagina y me hacía retorcerme de placer, gemir de gozo, debo decir que para ser tan joven, el hijo de mi jefe era bastante bueno en la cama. Mientras me penetraba y bombeaba, no dejaba de masajear mis pechos y yo le empujaba la cabeza hacia ellos, me excitaba mucho que me lamiera mis enormes pechos, que rebotaban con cada sacudida de placer.

Cuando pensé que el niño estaba a punto de acabar, le saqué el pene de mi vagina, lo tomé entre mis manos y comencé a masturbarlo. El niño se hincó y comenzó a masturbarse entre mis pechos, tuve un orgasmo al verlo eyacular sobre mis enormes y jugosos pechos, mis pezones llegaron a su punto máximo, mis jugos se derramaron sobre mi cama, y su semen me llenó todos mis pechos. Tomé un poco entre mis dedos y comencé a chuparlo, mientras él seguía sacando su lechita. Alcancé otro poco y le metí los dedos en la boca, para que se probara a sí mismo, lo lamió todo y me agradeció por una cogida tan rica.

Me quedé dormida un tiempo, hasta la mañana siguiente. Al despertar, volví a mis rutinas de siempre, lavar los platos, barrer, tender camas, etc.  A decir verdad, lo único que esperaba en aquel día, era llegar a la habitación del hijo de mi patrón ” el niño”, quería estar en su lugar más íntimo. Era un lugar muy cómodo, su cuarto no me daba mucho trabajo, pues siempre estaba limpio.

Comencé a esculcar entre sus cajones de ropa, hasta encontrar mi cielo, su lugar de la ropa interior. Para mí era como un paraíso, estar rodeada de su olor a macho, tan sensual, excitante. Muchos de sus bóxers estaban manchados de semen, sin duda alguna era un chico caliente. Al tener estas prendas entre mis manos, comencé a meter mi mano bajo mis calzones, estaban empezando a humedecerse.

Comencé a masturbarme, tan delicioso, pero tuve que salir antes de correrme, pues el olor me delataría. Salí corriendo y al llegar a mi cuarto, otra de mis grandes sorpresas, cuando encontré a la hija de mi patrón acostada desnuda en mi cama. Ella era una muchacha un tanto fea, la verdad, con cuerpo medio, por así decirlo, pechos medianos y trasero aplastado.

Me dijo mi hermano que eres hermosa en la cama, dijo sensualmente, mientras sacaba de entre las sábanas un consolador con un hilo. Quiero que me demuestres si es cierto. Comenzó a atarse el consolador alrededor de la cintura. No me hice del rogar y me desnudé toda, rápidamente, arrancándome la ropa. Me abalancé sobre ella y comencé a besarla en la boca, nuestras lenguas se estrecharon, mientras yo le sobaba los pechos y la besaba, ella estrujaba mis nalgotas, me sobaba y no dejaba de tocarlas.

Tampoco era una aprendiz en la cama, precisamente. Me aventó muy violentamente sobre la cama y me abrió mis labios vaginales de un jalón, me dolió mucho, me ardió y justo cuando pensaba que no podía doler más, ella introdujo el consolador completo dentro de mí, era algo gigantesco, era un consolador muy ancho y largo. La niña comenzó a meter y sacar el consolador de mi vagina, mientras yo le jalaba los pechos. La tomé de las caderas y la jalé hacia mí para que empujara más y más fuerte.

Sentía mi vagina calentarse poco a poco con estas penetraciones de una mujer, me excité tanto aquella vez, siempre me había encantado la idea de que una mujer hablara como hombre en la cama. El placer que sentía era inmenso, no podía contenerme más, así que le dije que sacara su pene de mí y que me lo diera. Cambiamos de posiciones y me amarré aquel pene en mi cintura. Tomé a la niña por las caderas y la puse de cuatro. Ahora sí vas a sentir placer niña- le dije.

Y sin dudarlo, le metí todo el pene en su vaginita, estaba muy apretada y al principio me costó mucho trabajo meterle mi pene completo, pero después de un tiempo todo se facilitó y empecé a penetrarla muy violentamente, sentía como sus labios vaginales se contraían mientras ella gemía de dolor, y se levantaba con cada embestida mía. La sujeté de las caderas y la empujé hasta mí, la hice sentir tanto dolor y placer a la vez, sus lágrimas escurrían, pero ella no dejaba de pedir más y más.

Seguí mis penetraciones dentro de su vagina unos minutos más, hasta que me agoté y finalmente saqué mi “miembro ” de ella y entonces nos besamos apasionadamente, estuvimos acostadas y abrazadas unas cuantas horas, mientras las dos jugábamos con nuestros pechos y reíamos. Mi vagina aún estaba húmeda y chorreando, mientras mi pene falso estaba lleno de los fluidos de mi nueva compañera de cama, en ese momento, me prometí que acabaría con toda la familia.

Bueno, este fue mi relato, espero que les haya gustado. Como pueden imaginar, esta cosa tendrá continuación, pero por el momento, los dejo con las dudas.

Autora: nellis_cuteblonde

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Mi nueva amiga

Entonces cuando inicio el movimiento le empecé a sobar sus tetas y veía claramente el agujerito de su culito cada vez que le sacaba mi monstruo, eso ya fue el final, unos segundos así y le coloqué mi estoque en medio de sus nalgas y me empecé a venir aventándole una buena dosis de lo que venden en los bancos de fertilización que le cayeron en la espalda, en las nalgas y en las piernas.

Mis ansias no tienen límite y ahora lean lo que hice…

Que tal, como andan todos quienes leen mis “infidelidades”, nuevamente aquí estoy con todas las ganas del mundo de exponerles un encuentro más con alguien que se había quedado pendiente y que en consecuencia… mejoró la relación y el conocimiento mutuo entre yo y la “despistada” de lentes de la historia anterior.

Mi nueva “amiga” había cedido ante mi propuesta y ahí, en plena carretera (a un lado) me había permitido “ponerle mayonesa al camarón” y a pesar de algunas traiciones de su mente en el momento preciso, se llevó una soberana “cogida” que no se la quita ni “el Satanás”, y quedó “hambrienta” por seguir probando mi “helado de carne”, a lo cual ahora les contaré como estuvo ese segundo encuentro:

Antes de iniciar quisiera mencionar que en el período de tiempo entre esa primera vez y la segunda, le di dos veces el “clásico aventón” y los ánimos subían de tono rápidamente en cada viaje, ya que al primer “aventón” yo conducía lentamente sobre la carretera para poder platicar más tiempo y apenas enfilamos, ella sin dudarlo un segundo se “abalanzó” sobre de mi empezando a “manosearme” mi “parte prohibida” por encima de la ropa, yo la vi un tanto sorprendido y ella levantó la mirada y viéndome por encima de sus anteojos, solo dijo: tú sigue manejando.

Eso era nuevo para mi, ya que conducir en esas condiciones me ponía un poco nervioso, sin embargo yo iba lentamente y ella dedicada a lo suyo, que mientras más avanzábamos era más “caliente” el “cachondeo” ya que ella me abrió el cierre y sacó el “asunto aquel” y ahora lo “chaqueteaba” a mano limpia y a escasos milímetros de su cara. Era un show para la historia, mientras yo cambiaba velocidad, ella hacía lo mismo pero con una palanca de carne…

Llegó el momento en que estaba yo tan excitado que decidí detenerme (ahora entré a un pequeño camino de tierra) y ahí, le empecé a “sobar” las cosas esas (las tetas) y ella nuevamente entró a un estado como de “letargo” donde parecía un “títere” y yo me daba vuelo, ella entre su “semi-desmayo” seguía jaloneando mi “pistola” cuando de momento dio un grito y recobró la “razón”

Nuevamente se apartó bruscamente de mi (que a toda madre, tú ya te viniste y yo ¿que?….) entonces la abracé (así, de traje, corbata, y con la “reata” de fuera) y ella no tuvo más que terminar lo que había comenzado, además no faltaba mucho, entonces por la posición media incómoda ella no se como me agarró que fueron solo dos o tres “pajazos” y para afuera, aventé unos “fuetazos” que cayeron en su pantalón y en la manga de mi saco (era un Celso Cellini que me dolió hasta el alma) y ella dijo haciendo unas muecas:

Me da mucho asco el “semen”, mientras se limpiaba el pantalón con un “trapo” que sacó de su bolsa de mano, así mismo yo también limpié mi saco lo mejor que pude (con su trapo) aunque cuando llegué a mi casa estaba todo “tieso” y lo tuve que mandar a la tintorería.

(Mi esposa me dijo, cuando le comenté, que se me había ensuciado el traje, cabrón; ese traje tiene una puesta eres un marrano pero ni creas que yo lo voy a llevar, llévalo tú…) En fin al otro aventón (como ya me imaginaba) ahora no hizo nada durante el viaje pero si me dijo que me metiera otra vez a la “tierra”, al oír esto lo primero que hice fue quitarme el saco y levantarme las mangas de la camisa.

Ella solo se reía diabólicamente, (ella no tiene idea de cuanto cuesta un traje), llegamos al lugar “maldito”, me estacioné y al darme la vuelta para quedar frente a ella, no perdió el tiempo y me recibió con los “soberanos” “chicharrones” expuestos al aire, el sostén bajado y la blusa abierta, eso me dejó la pupila muy dilatada pues de “sopetón” aparecieron ante mi vista ese par de “tetotas desafiantes de la gravedad”

Por un momento me quedé “perplejo” e inmóvil, después ya acepté la realidad y por enésima ocasión me dediqué a súper manosearlas hasta el cansancio, llegué a meterle una mano entre la cintura y el pantalón y pude sentir sus nalgas (metí la mano por atrás) y su “rayita”, ella, supongo que comenzó a “venirse” y después otra vez me sacó la mano y se vistió. Esta vez me había dejado “peor que un farol” pues no me había dejado “desflemar” y solo había gozado ella. Aun así yo estaba listo para el gran encuentro que relato a continuación: (este día solo llegué a mi casa directo al sanitario y me hice dos o tres movimientos “chaqueatorios” y ahora si “desfleme” ahí, directo al retrete).

Ahora si se llegó el gran día, (fue un día saliendo de trabajar a las 17:30hrs), la espere en el estacionamiento, llego se subió y emprendimos la marcha a darle rienda suelta al deseo carnal desenfrenado que tanto había esperado. Yo mecánicamente me dirigí al Motel de mis “movidas” pero ella cuando le dije a cual íbamos no acepto pues podía ser descubierta (según…) entonces me dijo que conocía otro más céntrico, etc… Yo solo le pedí que me diera la dirección y ahí vamos… (El lugar era lo de menos mientras hubiera cama).

Llegamos y si efectivamente ahí estaba un “hotelito” pero de muy baja “calaña”, yo todavía incrédulo le pregunté… Aquí?, si aquí dijo con cara de “me urge”. Así que el cuidador me dio un cuarto, metí el auto y finalmente entramos a la “suite”.

El “puto” lugar estaba hecho un “asco”, la cama toda “madreada” el espejo del tocador roto, y así por el estilo, pero bueno, yo a lo que iba así que me tiré “bocarriba” en el “camastro” y mi “amiguita” no tardó en quitarme los zapatos y bajarme el pantalón que aventó por ahí (otra vez me dolió pues yo siempre lo cuelgo en un gancho), y mi trusa también quien sabe donde “voló”

Yo me quité mi corbata y mi camisa y los colgué cuidadosamente en un “clavo” que era el “perchero del pen house” y así acostado y totalmente encuerado ella me dejo un momento para desvestirse lo cual hizo de prisa y aventando por los aires sus “trapitos” y acto seguido apareció “gateando” sobre la ya “vencida” cama hasta emparejar “nuestros medios”, se montó sobre de mi e inició a besuquearme y a “restregar” su “cosa” en la mía, y no se si será un fetish pero ella estaba también totalmente en traje de “Eva” pero con los malditos anteojos…

Pero bueno eso era lo que menos me importaba.

Después de un buen rato de “toqueteos” ella se levanta un poco y agarra mi “periscopio” y se lo ensarta con un certero movimiento que al instante lo devoró en su totalidad (y como les dije… no es ni chico ni grande, pero no se quedan con hambre), pero para ella parecía insuficiente, pues una vez “atravesada” cual mariposa de colección se dedicó a “jinetear” con una rapidez increíble, se lo metía y sacaba a una frecuencia elevada y se movía como una verdadera “puta”, yo solo alcanzaba a ver las “chichotototas” en mi cara brincando como liebres y de vez en cuando me caían una o la otra (los pezones) en mi boca lo que aprovechaba para lamerlos.

Les aseguro que no exagero al decir que se “meneaba” rapidísimo y gemía, gritaba, me arañaba los hombros… con decirles que con el movimiento tan fuerte, la cama se fue moviendo y ahora la cabecera golpeteaba en la pared al ritmo de los “bombazos” y la cama “rechinaba” peor que una puerta de la casa de los “Adams”…

Ella no paraba de gozar, lo podía ver, le escurría el sudor y los lentes estaban opacos por el vapor que emanaba de ella… yo hice hasta lo imposible por aguantar más, pero otra vez… cuando ella se recuperó se “desensartó” y se acostó. Ahora si no le dije… ya estoy que me vengo, no me hagas esto, déjame terminar… ella sonrió y que se pone en “cuatro patas” diciendo, apúrate pues nos tenemos que ir… no me dijo dos veces, me coloqué atrás de ella, se la “presenté” y como ambos objetos en cuestión estaban muy húmedos, con un ligero impulso le entró hasta el “full”, (creo que hasta me agarré de la pata de la cama para no irme completo)

Entonces cuando inicio el movimiento le empecé a sobar sus “grossas tetas” (que casi llegaban al piso en esta posición) y veía claramente el “agujerito” de su “culito” cada vez que le sacaba mi “monstruo”, eso ya fue el final, unos segundos así y la “desenchufé”, coloqué mi “estoque” en medio de sus “nalgas” y me empecé a “regresar” (venir) aventándole una buena dosis de lo que venden en los bancos de fertilización que le cayeron en la espalda, en las “nalgas” y en las piernas….

Ella volteó feliz y me agradeció infinitamente el no haberle “zumbado” los “mecos” en su interior y como premio ella me limpió cuidadosamente mi “magnum 357” hasta dejarla reluciente y sin rastro alguno de la “pelea”. Nos pasamos a bañar y (como era de esperarse) en ese lugar “pulgoso” el agua estaba fría, aun así nos bañamos rápidamente (creo que hasta estuvo bien el agua fría para la “calentura”), yo levanté mi “exclusivo” pantalón, me vestí quedando nuevamente impecable, ella también se vistió, me volvió a ver “con ganas”, nos fuimos y obviamente pusimos una nueva fecha para otro “acto” aunque si quedó claro que esta vez yo pondría el lugar ya que ese “hotelucho” era realmente “asqueroso”…

En el próximo les platicaré como sigue el “negocio” ya que entre las cosas que dijo durante el lapso de su letargo fue que le gustaban un “montón” los hombres, y que la “cogieran” y cosas como de una ninfomaniática…. ahí platicaremos.

Reciban nuevamente un gran saludo de quien es feliz “picando” agujeros ajenos…

Autor: El_gato_volante

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Un cornudo complacido

Me abrió de piernas y me sacó mi tanga dejándome abierta, me metió la verga de un golpe, se la sentí deliciosa, le rodee con mis piernas y sentirlo aplastar mi cuerpo, él me sacó las tetas y me empezó a chupar los pezones, me besaba el cuello, me besaba los labios y me cogía delicioso, esto me puso al borde del orgasmo y un poco después me contraje en una deliciosa venida.

Después de la pelea y discusión con mi esposo, en la cual se enteró que ya otro me había hecho suya, pasaron tres días sin que él se apareciera por casa, en realidad yo estaba inquieta y al mismo tiempo confundida, aunque suene poco creíble yo lo amo, y eso me tenía muy preocupada.

Serían al filo de las seis de la tarde cuando él llegó a casa, yo lo escuché y me puse muy nerviosa pues no sabía lo que se avecinaba, entré a la recámara y solo me hice la dormida, mi marido se acercó a la cama y recostándose suavemente, como para no despertarme, me abrazó y una de sus manos me fue a las nalgas, yo solo gemí y me seguí haciendo la dormida, sentí como me subió el vestido y luego su boca besando mis nalgas, lo sentí levantarse de la cama e intuí por los ruidos que se estaba desnudando, así fue, y en cuestión de segundos, estaba de nuevo junto a mí, me besó el cuello y yo respondí con otro quejido, sentí su verga muy parada restregarse a mis nalgas y esto me hizo temblar, sus besos en mi cuello me empezaron a calentar tal como el sabia que me ocurría, me abrazó y me hablo al oído. -¡Daniela, mi vida, ya regresé!

Yo solo me di vuelta y lo abracé mimosa, sentí su aliento a ron y eso me calentó más, puesto que yo sé que cuando está crudo se pone muy caliente, así que sin decirle nada abrí mis labios y le ofrecí mi lengua en un rico beso, una de sus manos bajó a mis muslos que yo abrí complacida, haciendo a un lado mi tanga me introdujo un dedo en mi rajita, eso me estremeció, acto seguido me bajó con su boca por los muslos y me metió su lengua en el coño como tanto le gusta, yo me abrí lo más que pude dándole mi coño en flor, así tratada, su lengua se introdujo y me empezó a chupar el coño como un desesperado, esto solo logró que yo me pusiera más ardiente que nunca.

Era nuestra forma de empezar las cogidas, él se separó de mí y me pidió –¡Chúpame la verga mi amor!, yo complacida lo hice y me sorprendí al sentirla tan dura, así que se la mamé por un buen rato, después de esto me abrió de piernas y me sacó mi tanga dejándome abierta ante sí, se acomodó y me metió la verga de un golpe, se la sentí deliciosa y le rodee con mis piernas para atraerlo y sentirlo aplastar mi cuerpo, él se las arregló para sacarme las tetas y me empezó a chupar los pezones, me besaba el cuello, me besaba los labios y me cogía delicioso, esto me puso al borde del orgasmo y un poco después me contraje en una deliciosa venida, él lo sintió y se empeñó más.

Sacándome la verga me hizo poner de rodillas dándole mis nalgas, me las besó y lamió mi coño, me entró de nuevo así como me tenía y empezó a decirme…-¿Te gusta así mi vida? ¡Dime como te gusta que te cojan! ¡Dímelo Daniela! -¡Así chiquito! ¡Cógeme así, métela muy profundo! ¡Tú sabes cómo me gusta mi amor! Desde luego que él estaba ardiendo al igual que yo y entonces vino lo inesperado, se vació en mi interior en grandes chorros de leche, pero lo más curioso es que su verga no perdió la erección, me volteó de prisa y se puso a mamarme el coño que me escurría su leche, me dijo que me sabía rico, que le gustaba mi coño enlechado y me hizo venir con sus chupadas, me abrió de nuevo las piernas y me entró su verga nuevamente, que delicia era para mí que mi esposo me repitiera la cogida, sólo lo hacía así cuando estuvimos recién casados, ahora él estaba irreconocible.

Me atrajo de la cadera y sentí como me bombeaba con furia, yo solo alcanzaba a gemir pues me estaba haciendo otro orgasmo delicioso, en eso, me preguntó…-Dime putita, ¿así te cogió tu amante?..Quiero saber cómo te la metió, ¡cuéntamelo todo! Mi sorpresa fue mayúscula al escucharlo, nunca me imaginé que mi propio marido me dijera eso, pero en un arranque de atrevimiento de mi parte, empecé a decirle todo, él me bombeaba más y más, estaba transformado y me cogía con verdadero gusto, creo que nunca lo había sentido de esta forma, así que en mi calentura le seguí narrando la cogida que me había dado Abraham.

Mi coño se contraía de gusto al sentir sus bombeos, un extraño placer me inundó y le conté con lujo de detalles la cogida con mi amante…

-¡Dime quien es mamacita! ¿Lo conozco? -Si lo conoces mi amor, pero ¡no te diré quien es! -¡Dímelo Daniela! te lo suplico, dime su nombre e ¡imagina que yo soy él! Esta nueva solicitud me prendió más, este era uno de nuestros juegos al coger, pero antes todo había sido fantasía, ahora mi esposo me estaba pidiendo que lo llamara con el nombre del tipo que me había penetrado el coño y el culo, al ver a mi esposo tan ardiente no dudé en hacerlo…

¡Cógeme Abraham! ¡Así mi vida cógeme mucho! ¡Así Abraham, cógeme másssss! ¡Soy una puta para ti! Le decía a mi esposo con gran insistencia, sin dejar de pronunciar el nombre de Abraham, haciendo que él era quien me cogía y no mi marido…

Mi esposo me bombeó con más fuerza al escuchar mis palabras ardientes diciéndole el nombre de mi amante…

-¿Te refieres a Abraham el chofer? Me preguntó entrecortadamente sin dejar de penetrarme una y otra vez.

-¡Si mi vida! ¡Él fue quien me estuvo cogiendo! Ya no fueron necesarias las explicaciones, -Cuéntame todo Daniela, dime como pasó todo, cuéntame con detalles y ¡dime si te hizo gozar! Claro que yo le empecé a describir todo.

-Dime… ¿te cogió muy rico? – ¡Si mi vida me cogió muy sabroso! -¿Quieres coger más con él? – Si mi amor, me encantaría que me cogiera de nuevo, ¡muchas veces! -¿Quieres seguir siendo su puta? -Si mi vida quiero ser su puta y tu puta, quiero que los dos me disfruten mucho, ¡quiero andar de puta!

Me encanta ser una puta, ¡tuya y de él y de muchos otros! Creo que el escuchar eso de mis labios fue el colmo del placer para mi marido, apretándome la cadera me empezó a embestir más fuerte y más rápido hasta que me hizo venir y al mismo tiempo él se derramó de nuevo en mi conchita que se contraía apretando su verga intensamente. Sudorosos nos quedamos abrazados, eran cerca de las ocho de la noche -¡Oh mi amor, te amo! Le dije yo muy melosamente mientras lo besaba con ternura, él me devolvió el beso y me contestó…-¡Daniela perdóname! Sé que yo he sido culpable de todo, no te quiero perder mamacita, y de ahora en adelante ¡puedes coger con quien tú quieras!

Lo he pensado mucho en estos días, se que eres muy caliente y yo no te puedo llenar como antes, además he reflexionado que ¡el saberte cogida por otro hombre me calienta como nunca lo imagine! Esta confesión de su parte me estremeció, mi propio esposo me estaba dando permiso de coger con otros y para reafirmarlo me dijo, ¿quieres coger con tu amante o con alguien más hoy mismo? Yo me quedé sorprendida, pero el ofrecimiento de mi esposo me calentó de nuevo…-¿Quieres tú que me vaya a coger con otro mi vida? -Si mi putita, quiero que te coja tu amante, o quien tú quieras, que te vayas a la calle y ¡regreses bien cogida para volverte a coger yo!

¿Quieres coger de nuevo con Abraham? Me preguntó empezando a excitarse de nuevo…-¡No sé mi vida! -¿Con quién quieres coger hoy Daniela? -¡Se me antoja que me invitara otro! Tal vez tú me digas quien te gustaría que me meta la verga, le contesté disfrutando ese lenguaje de callejera.

Mi marido me dijo entonces -¿En serio quieres que yo te diga con quien coger? -¡Si mi amor, tú dime con quién y le doy las nalgas muy rico! Sin dejarme decir más me contestó: Mira…sé de uno de los tipos de la constructora que tiene fama de vergudo… ¿te animarías con él? Yo te llevo donde seguro que él está ahora… sin pensarlo mucho acepté entre curiosa y caliente y más aún al ser ofrecida por mi propio marido para coger con otro hombre…-Si mi amor, si tú quieres que me coja él… ¡lo haré! ¡Le dije caliente!

Dicho esto me fui al baño, me duché y me perfumé todo el cuerpo, al salir mi esposo me veía con gusto, me dijo que me vistiera muy putona, elegí un liguero azul marino, un brassier transparente y una tanga brevísima del mismo color que el liguero, medias transparentes, un vestidito color marino y unas sandalias de tacón del mismo color que el vestido, de esas que solo se atan a los tobillos por una delgada tira de piel, me esmeré en mi arreglo como nunca, me puse mi perfume favorito , algo nerviosa tomé un trago y fumé, mi esposo bebió conmigo, me acariciaba las piernas y sus dedos se fueron a mi bollo húmedo y caliente , me levanté por un segundo trago y regresé al lado de mi marido….-¿Cómo me veo amor, crees que le gustaré?…. -Daniela te ves como puta de primera mamacita, ¡estás riquísima!

Yo le sonreí y acercándome melosa, le di mi lengua entre sus labios cuidando de no correrme el labial, mi marido me levantó el vestidito y me introdujo nuevamente sus dedos en mi bollito ya más mojado…-¿Quieres que me lo traiga a coger aquí mi vida? Le pregunté muy puta y atrevida.

-¿Lo harías? ¿Te lo cogerías aquí en la casa? -¡Si mi amor! Si tú quieres lo dejo que me coja aquí en la casa, ¿te gustaría ver cómo me la mete? -Si Daniela, ¡me muero de ganas por verte de puta con él! Me contestó sin dejar de frotar con sus dedos mi concha cada vez más mojada.

Mi esposo sacó el auto de la cochera, me subí junto a él y abrí mis muslos, me miraba de reojo y lo escuchaba percibir mi perfume de una manera discreta, hasta que me dijo, -De seguro que ese cabrón te hará disfrutar. Empezó a conducir hacia el centro de la cuidad, llegamos a lo que parecía un barcito bastante agradable, acordando de antemano que yo me sentaría sola en una mesa y mi esposo estaría con el hombre del que hablamos y al que yo no conocía, por lo tanto entró mi esposo primero al bar, yo lo hice algo después, el lugar estaba más bien vacío, dos o tres mesas estaban ocupadas, pero de inmediato vi a mi marido con su amigo.

La verdad no me decepcioné, era un hombre bastante atractivo, pero con las luces tenues no lo aprecié muy bien, los hombres que estaban en el bar me miraron y yo haciéndome la ingenua pedí mesa, el camarero me guió a una en un rinconcito, pedí un trago y se marchó, mientras vi como mi esposo le decía algo al tipo aquel que se me quedó viendo de manera muy insistente, mi esposo se puso de pie y salió del bar después de despedirse de su amigo, me miró de un modo especial y supe que algo le había dicho, salió y como habíamos quedado se fue a casa.

Yo miraba mi reloj insistentemente, como si hubiera esperado a alguien y este nunca llegó, este detalle no pasó desapercibido para el tipo que tanto me miraba, entonces se levantó de su mesa y lo vi venir hacia mí, me hice la tonta y llegando a mi lado se presentó: -Hola, me llamo Juan Arturo, no me tomes por atrevido, pero desde que llegaste te he estado mirando y me pareces lindísima, y ¡por lo que veo te han dejado de plantón! -¡Así parece! Le contesté mirándolo, -Esperaba a mi marido, pero de seguro que tuvo más trabajo… ¡como siempre! Le comenté con ingenuidad, pero haciéndole saber de inmediato que estaba casada…-Si me permites te puedo acompañar e invitarte una copa, ¡desde luego si no te causo molestia!

Yo le sonreí, pero le rechacé su invitación, él regresó a su mesa, pero me seguía mirando, yo me hacía que no lo notaba, y pedí un tercer trago que junto con los dos que tomé en casa ya eran cinco, miré de nuevo mi reloj, miré el tipo y le sonreí, me levanté para ir al baño y él me siguió, al salir allí estaba esperándome, me hizo la plática de nuevo, y me invitó una vez más, yo le acepté, pero a condición de que tomáramos algo ligero, él aceptó y me acompañó a la mesa, pedimos de beber y empezamos a charlar…al cabo de un tiempo le pedí me acompañara a hacer una llamada telefónica pues estaba preocupada por mi esposo…hice la farsa de llamar, y él a mi lado escuchaba y entendía que mi esposo no llegaría por mí.

¿Quieres que te lleve a tu casa? ¿O tomamos otros tragos? Me dijo muy amable, le acepté otro trago, y de nuevo en la mesa me miraba muy intensamente, yo ya bebida le rocé con mi pierna la suya, creo que entendió todo muy bien, se acomodó más junto a mí y su mano atrevida se posó en uno de mis muslos, yo no hice nada por retirar su mano y él subió un poco más, hasta llegar a donde mi media dejaba de cubrir, me estremecí y moví mi pierna, él me dijo entonces que estaba yo preciosa y no entendía cómo es que mi esposo me dejaba allí sola plantada, yo le comenté entre insinuante que eso era común por su trabajo y que constantemente me la pasaba yo sola en casa y que incluso simple llegaba bebido y casi amaneciendo…terminé mi trago y le dije que me iba a casa, que tomaría un taxi, pero él me ofreció llevarme, claro que yo acepté…al subir a su automóvil, subí mi vestido más de la cuenta mostrándole mis muslos y lo que traía debajo…

Íbamos ya camino a mi casa cuando le pedí si me invitaba otro trago, pasamos a una licorería y salió del auto a comprar, regresó y me ofreció un cóctel embotellado, lo bebí casi de un trago y le pedí otro, me lo dio y llegamos casa, detuvo su auto y bebimos allí en el interior, entonces empezó lo rico, me acercó su rostro y me besó, yo le abrí mi boca y le di mi lengua, me empezó a meter mano entre las piernas y me abrí para permitirle llegar a mi coño, me hizo a un lado la tanga y me dio dedo en mi raja ya mojada, así también se las arregló para sacar uno de mis senos del vestido y liberándolo del brassier me lo empezó a besar y a chupar mi pezón, yo me estremecí con este tratamiento y le di mi lengua lo mejor que pude, me encantaba el tipo, así que le toqué su verga, él se acomodó y se la sacó impúdicamente, me tomó una mano y colocándola en su miembro me dijo: ¡Chaquetéame mamacita!

Yo lo hice, pero al sentir su verga enorme crecer, me atreví y agachando el rostro se la empecé a chupar y mamar con gusto, la tenía muy dura y gorda en especial la cabeza de su pene era muy gruesa, y eso me agradó, pues me imaginé de inmediato lo que sería tener ese monstruo en mi coño.

Juan Arturo pareció leer mi pensamiento, sacándome la verga de la boca me dijo: Ven mamacita, móntate en mí que te la quiero meter, ¡ya no aguanto más! -¿Pero aquí? Le pregunté cachonda, -¡Si mamacita aquí mismo te voy a coger! Ya no dije más, me quitó la tanga y montándome sobre él me jaló y me ensartó haciéndome dar un grito, era enorme su verga, me entró de golpe ya que al sentirme en su pene, me jaló y me ensartó hasta el fondo produciéndome algo de dolor, pero muy agradable, empecé a mover mi cadera de forma que me entraba y salía muy sabroso, mientras Juan Arturo me chupaba las tetas y me acariciaba y apretaba las nalgas que quedaban entre el volante y él, yo estremecida empecé a gemir y gozar con ese monstruo en mi coño.

Me ardía porque me la metió sin lubricarme mucho, pero estaba deliciosa y yo me seguí moviendo: -Que rica verga tienes, está enorme, ¡no me deja ni respirar! ¡Así papi cógeme duro! -Que rico te mueves Dany, que estrecha tienes tu conchita, y ¡que nalgas tan sabrosas, duras y suavecitas! ¡Me vas a hacer explotar! -No papi aún no te vengas, ¡entremos a casa quiero que me la metas muy rico! y ¡que me disfrutes mucho! Lo desmonté y salí del auto sin darle tiempo a negarse, abrir el portón y él llegó a mi lado, lo tomé de la mano y lo guié al interior de la casa, en la sala me acosté abriendo las piernas, él se arrodilló y me chupó el coño, enseguida me abrió de piernas y sin quitarme siquiera la ropa me dejó entrar su verga de jalón, grité de nuevo.

No sabía dónde estaba mi marido, pero de seguro nos estaba observando, eso me calentó mucho más, y empecé a pedirle más verga a Juan Emilio, sus empujones de verga me llagaban hasta lo más profundo, me estaba clavando delicioso y yo gemía escandalosamente mientras me le entregaba toda, le pedí se detuviera, me sacó la verga llena de mi líquido vaginal, me quité el vestido y le pedí se desnudara, me vio y rápidamente se quitó la ropa, estaba totalmente velludo, era fornido y fuerte me gustó mucho más, y en especial su verga que se mostraba orgullosa y parada con esas gruesas venas que me encantaron al sentirla en mi interior, se la chupé de nuevo, y volteándome le ofrecí las nalgas poniéndome de perrito para él, me atrapó por las nalgas, me puso su verga en la entrada de mi coño y me la dejó ir nuevamente, me empezó a coger brutalmente, me entraba y salía y me hizo venir sabrosísimo.

Yo empecé a decirle palabrotas: ¡Cógeme más cabrón! ¡Clávame toda tu verga que la tienes deliciosa! ¡Qué gorda la tienes mi vida siento que me revientas por dentro! Sigue, ¡Más, más, así! Así me tenía clavada cuando vi. A mi marido, más bien lo intuí, él estaba en la penumbra de la escalera a la segunda planta de la casa, no se veía, pero vi su silueta, estaba disfrutando viendo como su amigo me tenía bien perreada… Vi una seña que me hizo, subía a la recámara y entendí…

-¡Ven mi vida! Le dije a Juan Arturo…-Llévame a la recámara, ¡allí me cogerás mejor como quieras! Saliéndome su verga lo tomé de la mano y así prácticamente desnudo él y yo en ropa íntima lo llevé a mi cama, me acosté de espaldas y me abrí de piernas, -¡Trábame más papacito!, soy una puta que le encanta la verga, ¡cógeme duro!

Juan Arturo se me trepó, me abrió más los muslos y me la metió de nuevo, yo sudaba y me movía con su verga dentro, me moví y le dije -¡De patitas al hombro mi amor, así me encanta! El se acomodó y me la metió así, me llegaba hasta la matriz y me hacía gritar, no sé como aguanté tanto, me bombeaba incansablemente y empezó a hacerme venir, me escurrí y me vine más, le gritaba que me cogiera y él lo hacía, me moví de nuevo y me la saqué yo misma, lo voltee de espaldas y me di a chuparle la verga con gusto, yo estaba más que poseída de cachondez, me lo comí todo, me le monté en su firme verga y dejándome caer me invadió de nuevo, me movía y bajando y subiendo me lo estaba cogiendo deliciosamente para mí, para él y para mi marido que seguramente veía desde algún lugar como cogía su esposa…

Juan Arturo no aguantó mis movimientos más y se empezó a venir al mismo tiempo otro orgasmo me avasalló, me vine con él, me movía más, me contraía del coño como ordeñándole la verga hasta que toda su leche era mía, la sentía escurrir entre los labios de mi coño, me dejé caer sobre él, agotada y sudorosa, me abandoné a sus caricias, se acomodó de nuevo, me vio y quedando de lado hacia mí me besaba mucho, me acariciaba las nalgas, me puso boca abajo y empezó a besar mi espalda, me estremecí, me bajó a la cintura por mi espalda y sentí renacer mi calentura, abrí mis piernas y con esto también mis nalgas, sentí su lengua por el canal de mi culo y su lengua me invadió después, lo sentí comerme el culito contraído, me imaginé lo que estaba pensando cuando lo sentí abrirme más las piernas y poniéndose en medio de mí, me lamía el culo y el coño alternadamente.

Ya no pude más y me empecé a venir de nuevo con sus lamidas, me abrió con ambas manos las nalgas y enterró sus cara entre ellas, su lengua me perforaba el culito, me lo mamaba como nadie, incluso me lo mordisqueó suavecito haciéndome gritar de gusto, entonces vino lo que esperaba, se acomodó sobre mí, su verga me buscó el culo y me intentó entrar, yo grité…-¡No! Por el culo no, ¡lo tengo virgen!

A él le valió, me la quiso meter y me dolió mucho, me moví y le impedí que siguiera, me moría de ganas por probar su verga en mi culo y ya tendría oportunidad de que me la metiera, pero no quería provocar alguna reacción en mi marido que nos veía no sé de donde…- ¡cógeme el coño solamente mi vida! ¡El culito no! ¡Nunca me han cogido así! Le dije haciéndome la virgen del culo, él me entendió y levantándome de la cadera me paró de nalgas ante él, me chupó de nuevo el coño así como me tenía y al poco rato me embistió nuevamente.

Era terrible coger con este bruto, me hacía gritar sucesivamente y me la metía a gran velocidad, me hizo venir más y más, yo sentía lo duro que me entraba, mis brazos perdieron apoyo y me deslicé hasta quedar de mejilla en el colchón, mientras Juan Arturo me detenía de la cadera bombeando incansable, otro orgasmo, y él seguía sin venirse, el coño me ardía ya de sus metidas, pero le pedía y le suplicaba que me diera más…-Trábamela toda mi amor, así dame más mucho más, cógeme como mi pendejo marido no lo hace…tómame toda. Sabía que mi marido me escuchaba y traté de ser la puta más puta. Moví mis nalgas y a cada embestida yo me empujaba hacia atrás para sentir más profundamente su cogida, esto le encantó a Juan Arturo…-que rico coges Daniela, ¡eres una puta deliciosa! -¡Si mi amor soy una puta, y mi marido no lo sabe! ¡Dime que soy putaaa dímelo y coge a esta puta que adora la verga!

Sin esperar más, me vine y él me trababa con más brío cada vez, me empujaba y me entraba toda, así una y otra vez me enfundaba su verga en mi conchita expandida por su gorda verga, hasta que se vino inundándome de nuevo, toda su leche me entró, lo sentí contraer su verga y sus chorros de leche me llenaron el bollito, me seguía trabando todo sudoroso, yo le daba las nalgas así, y él me disfrutaba, se dejó caer sobre mí y su verga dentro aún, me aplastó por la espalda y mis duras nalgas fueron su soporte, me estremecía de tenerlo así aplastando mis nalgas…su verga fue perdiendo la erección, me la sacó y sentí escurrir por mi concha su leche caliente, respiré aliviada sin su peso, me besó la nuca, me besó las mejillas y me agradeció lo rica que fui, se levantó y fue por su ropa, yo con mucho trabajo me puse de pie y fui tras él, mi coño escurría su leche, lo acompañé a la sala, se vistió y con un beso se despidió de mí, no sin antes darme su número de teléfono y prometí llamarlo muy pronto…

Lo acompañé a la puerta así semidesnuda como estaba, no me importaba que algún vecino me viera, me sentía puta y gozada y sabía que mi esposo ya estaría esperando para cogerme más…en el portón me entretuve besándome con Juan Arturo, y por fin salió y se fue…entré a la casa y allí estaba mi marido, desnudo, pajeándose la verga y viéndome entrar me dijo…

-Eres la puta más rica que existe, te cogió delicioso, lo vi, ¡eres sensacional Daniela! ¡Pero ahora yo quiero tu coño! ¡Ese coño de puta repleto de leche de tu amante! Se puso de pie y fue hacia mí, me besó descaradamente metiéndome la lengua en la boca, chupando mi saliva con sabor a licor, sus dedos entraron en mi coño, me sintió enlechada y se prendió más, me arrojó sobre el sofá donde me había cogido antes mi amante, me la metió y me dolió, estaba yo muy irritada, pero me gustó este dolor, me empezó a bombear enloquecido, me decía puta y me besaba, me chupaba la lengua, me apretaba las nalgas y me chupaba las tetas apretándolas causándome algo de dolor, pero me encantaba lo que estaba pasando con mi marido.

Me la sacó y se fue a chuparme el coño, bebió mis jugos con la leche de mi amante, lo vi tragarse los líquidos de mi concha, me la metió de nuevo y se movió más, me la sacó otra vez y me chupó nuevamente el coño, me volteó de perrito y me cogió nuevamente, me la sacó por enésima ocasión y me chupó el bollo mucho y muy intensamente, me estaba tragando el coño, finalmente no aguantó más y me la metió, fuerte, me decía puta, me encantaba, me hablaba sucio y yo le hacía lo mismo…

-¡Cógeme cabrón! ¡Cógeme puto! ¿Gozaste viendo como me cogieron verdad puto? -Si mi puta fue maravilloso verte cogida, me tienes encendido como nunca, eres una puta deliciosa, quiero que te cojan mil hombres puta cabrona! -Si mi amor…quiero tener muchas vergas para mi sola, para ser más puta y que te agrade más! ¡Quiero hacerte muy cornudo y que te agrade ser el dueño de una puta a la que se culean todos…! -¡Si puta de mierda, si perra caliente quiero que te cojan hasta por el culo! Que te lo desfloren para siempre y que te den verga por todos lados…sin dejarnos de decir tantas perradas, me hizo venir y él se vino también, mi coño estaba repleto de leche, estaba inundado y abierto, irritado de tanto coger, hinchado de tanta verga, pero lo disfrutaba, me encantaba el ardor de mi concha y se lo dije a mi marido al terminar de vaciarse en mí…

Acostados en el sofá fumábamos plácidamente abrazados…

-Daniela…quiero que cojas mucho con otros, te doy permiso de coger con quien tú quieras y que me hagas cornudo las veces que lo desees, solo te suplico que me lo digas para gozar junto contigo, y ¡cogerte después que los demás! ¡Siempre que quieras coge con quien desees! ¡Quiero ser el dueño de la puta más bella y caliente, mi esposa la más puta, que ricura de puta! -Si mi vida… ¡seré la mas puta y tú el más cornudo mi amor! ¡Mi cornudo permisivo!

Desde luego que lo que ha seguido en mi vida ha sido coger y coger, pero cada vez con más atrevimiento, contando desde luego con el permiso de mí marido…pero esos serán los siguientes relatos…

Autora: Daniela

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Mi sobrino me hizo de todo

Mi sobrino me hizo sentir divina. Nos dimos vuelta, él seguía muy caliente y me la enterró en mi conchita otra vez, sentía como palpitaba su carne en mi interior, mis labios vaginales le exprimían la verga tratando de vaciar sus divinos huevos, era incansable, me llenó la concha con su preciada y caliente lechita, yo estaba en las nubes, llena de semen por todos lados, gozosa y satisfecha.

Me llamo Roxana y soy una mujer de 28 años, alta de buenos pechos, trigueña y sensual, siempre me gusta vestir ropa cortita o minifaldas, mi marido se llama Jaime y desde hace tiempo que nuestra relación sexual ha bajado.

Antes hacíamos el amor cuatro veces a la semana, ahora con las justas, puede una o a veces dos cosa que a mi me incomoda por que últimamente he soñado con probar penes más gruesos y largos que el de mi marido.

Cuando lo hago, casi todas las noches, me despierto muy sudada y mojada, tengo que ir a darme una ducha y cambiarme de ropa interior, pero que rico he soñado, con esas vergas solo para mi, que entraban por todos mis agujeros dejándome exhausta.

La verdad en la casa donde yo vivo también vive mi sobrino Freduco, él mide 1.72 y tiene un buen físico, tiene 18 años. Siempre lo veo y últimamente se me ha estado metiendo ideas en mi cabeza, a veces sueño con él haciendo el amor, y tenía muchas ganas de saber como es él en la cama y no perdí el tiempo lo comencé a provocar.

Un día, cuando llegó de la U algo exhausto, le llevo un vaso de jugo para que se refresque y me senté a su lado, estábamos conversando un poco y se me vino a la cabeza la idea de tocarle cerca de su estómago y bajé mi mano. Sin darme cuenta estaba tocando algo blando, cuando me fijé bien estaba a la altura de su pene, me miró y se fue a su cuarto rápidamente.

Al rato salió y se fue a dar un baño, estuve atenta, cuando apenas salió lo seguí hasta su cuarto y cuando dejó caer la toalla, me abalancé hacia él, me sorprendió cuando vi ese pedazo de carne, estaba flácida y tendría unos 10 cm, era gruesa.

No esperé más y comencé a besarle las bolas, a morderlas, meterlas y sacarlas de mi boca, saboreando toda esa piel rugosa, estaba muy caliente, y yo se lo estaba demostrando. Veía como iba creciendo ese lindo aparato hasta alcanzar unos 22 cm, bien larga y venosa, ya no lo podía creer, era enorme, había logrado encontrar a la persona ideal que me hiciera sentir diferente, no era nada comparado a los 15cm de mi marido.

Sin darle tiempo lo empecé a besar, le chupé él aparato arriba abajo, pasé mi lengua por esa cabeza caliente, él gemía y me tomaba de la cabeza, lo eché en la cama y le besé todo su cuerpo. Él no se quedó atrás y comenzó a besar mi boca, mi cuello, mis senos, mi estómago, mis piernas, mi ano y llegó a mi vagina, no podía más y me vine y él se daba cuenta.

Me dijo perrita, vas a sentirme por curiosa, yo le dije si, rompeme el culo, rompeme toda, te quiero dentro, y fue así que comenzó a meterme suave por que tenía temor.

Llegó a meterme unos 15cm, ya tenía pánico por los siete cm que faltaban, contuve mi respiración y me lo metió de un solo golpe, grité muy fuerte, me dolió mucho, el dolor lentamente se convertía en un delicioso placer y  su pedazo de carne fresca y palpitante me hacía ver el cielo, el placer era inigualable.

Me siguió bombeando por un buen rato, dándome más y más placer, me pidió que me volteara, yo ya tenía temor, ¿si por mi vagina me hizo doler, que será por mi ano? No esperó y de un tiro me metió todo ese pedazo, gocé mucho, gritaba como una loca, ¡que dolor! ¡Que placer!

Me corrí con su pedazo en mi culo como dos veces más, le bañé la verga con mis jugos, estaba fascinada. La sacó y sin dudarlo se la chupé todita y me tragué sus jugos y los míos, ¡que manjar!  La metió de nuevo, ahora entró muy fácil a pesar de tenerla muy dura y enorme, me acariciaba el clítoris y estallé en varios orgasmos que corrían entre mis piernas…

Mi sobrino me hizo sentir divina. Nos dimos vuelta, él seguía muy caliente y me la enterró en mi conchita otra vez, sentía como palpitaba su carne en mi interior, mis labios vaginales le exprimían la verga tratando de vaciar sus divinos huevos, ¡que manera de coger y gozar!

Era incansable, me llenó la concha con su preciada y caliente lechita, yo estaba en las nubes, llena de semen por todos lados, gozosa y satisfecha, no todos los día tenía un amante así con tanta vitalidad…

Le agradecí mucho y ahora todas las noches antes de dormir me hace el amor por todos mis agujeros, se la chupo y me trago todo su rico semen, me hace el culito y siempre duermo tranquila. Gracias a él he vuelto a sentir la maravilla de gozar.

De vez en cuando mi marido me hace el amor me duermo, ni cuenta me doy que metió su penecito por que yo no siento absolutamente nada cuando me la mete.

Realmente se merece que lo haga bien cornudo, y cada vez va a ser mucho más cornudo luego que descubrí con mi sobrino el sabor de una buena verga, el placer de sentirme totalmente llena, plenamente satisfecha.

Cuídense espero que les guste mi relato.

TACNA PERÚ

Autora: Roxana

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Follando en las playas

La abrí de piernas, y se la enterré hasta los cojones, la cabalgué en medio de sus gemidos, hacía tiempo que no “saboreaba” una verga como la mía, llegó al orgasmo, sentía en mi verga sus jugos calientes, yo me corría también, se la saqué y me rogó que le diera mi leche, puso su boca para tener mi semen en su garganta, lo paladeó, me miró a los ojos y se lo comió todo, sin dejar rastros.

Esta playa está situada en una zona recóndita, a unos kilómetros de la ciudad de Tarragona, rodeada de una central nuclear, el acceso es complicado, en consecuencia es bastante selectiva.

La primera ocurrió un domingo de hace algunos años. Me encontraba prácticamente solo en una zona apartada de la playa, el día era gris y ya pensaba que tendría un día en blanco.

Pero sobre las 12 horas llegó una pareja que se colocó a mi lado, él era muy gordo y tendría sobre 35 años, y ella sobre 45, alta y con un físico normal, al desnudarse observe que a él apenas se le veía el miembro, tanto por su pequeñez, como por que le tapaba la bolsa de grasa que le colgaba de la barriga.

Al rato ella se dirige al agua y yo la sigo discretamente, de golpe cambia de dirección y se dirige a una zona de piedras, yo por prudencia me mantuve cerca y observé que se agachaba para orinar, para salir de dudas me puse ha hacer lo mismo, sin que ella me viese del todo, cuando acabamos ella se volvió a su lugar en la playa, yo me dirigí al agua y estuve nadando un rato. Al volver ellos habían empezado a comer, hice lo mismo, enseguida empezamos a hablar y nos intercambiamos bebidas, vivían en una población cercana a Barcelona llamada Sabadell, pero que estaban en un camping cercano.

Enseguida quedaron pocas personas en la playa, entonces él se acercó y tapó con su voluminoso cuerpo la vista del resto de la playa, ella se puso al otro lado y empezó una cálida felación a mi miembro, continuamos por un 69, realizamos diferentes penetraciones en varias posturas diferentes, pero me pidió que le arrojase el semen encima de sus pechos, le di gusto y le bañe sus tetas y su cara con mi semen caliente, ella se lo pasó por todo su cuerpo como si de crema se tratase, era realmente toda una puta, a continuación también me pidió que le orinase encima, prácticamente la duché y la dejé sin ninguna muestra de lo que allí había pasado.

Cuando acabamos nos fuimos todos al agua a refrescarnos y quedamos para otro día en su localidad.

La otra historia ocurrió en la playa del Prat, la más antigua de todas. Era un día laborable de junio, había pocas personas.

Al rato de estar allí vino una familia, abuela, madre y tres hijos, es raro encontrarlos en este tipo de playas, pero enseguida descubrí que había algo más, se situaron a mi lado, ambas señoras empezaron a conversar conmigo, eran de Barcelona, eran suegra y nuera, la abuela tendría unos 60 años y la joven 30, la mayor se conservaba muy bien.

Enseguida me pidió, que le indicase un lugar para orinar, yo la acompañé con la excusa de la dificultad del camino, cuando llegamos al sitio me pidió que me quedase y le hiciera feliz, se tumbó sobre la arena y comencé un acalorado cunnilingus, ella bufaba de placer, teniendo en cuenta que ella estaba gruesa, después de su orgasmo le ayudé a levantarse, y ante mi situación me dijo que no me preocupase que ella lo arreglaría en seguida.

Se volvió al lugar de las toallas y habló con su nuera, esta vino enseguida hacía donde yo estaba, y al llegar me dijo que había venido a acabar lo que su suegra había empezado, se arrodilló delante de mí, proporcionándome una estupenda mamada, no cabe duda que sabía muy bien como hacer feliz a un tío, su lengua era una víbora que recorría palmo a palmo toda mi verga abajo arriba, me chupó los huevos como nadie, a continuación la tumbé.

Le practiqué un muy sabroso cunnilingus y la abrí de piernas, y sin dudar se la enterré hasta los cojones, la cabalgué largo rato en medio de sus gemidos de placer, al parecer hacía tiempo que no “saboreaba” una verga como la mía en su interior, hasta que llegó al orgasmo, sentía en mi verga el deslizar de sus jugos calientes, yo me corría también, se la saqué de su concha y me rogó que le diera mi leche, ella se puso su boca sobre mi miembro para conseguir mi semen en su garganta, lo paladeó, me miró a los ojos y se lo comió todo, sin dejar rastros, nos besamos, regresamos…

Al volver los hijos seguían jugando y hubo una mirada de complicidad entre ambas mujeres, las dos habían quedado ampliamente satisfechas, me prometieron repetir la experiencia siempre que los respectivos maridos los permitiesen.

Y vaya que lo repetimos, y los tres juntos, vaya que par de putas encuentras en la playa y que te hacen más feliz la vida…

Autor: Buenrollo

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El negro Mauro

Sofía se relajó respirando profundamente y tomando el grueso pene lo colocó a la entrada de su lubricada raja. El hombre dio un berrido de gusto y se dejó caer sobre ella, enterrándole casi la totalidad de su descomunal verga, mientras mi esposa lanzaba un gemido de placer al sentir perforada sus entrañas.

Con Sofía, mi esposa, desde hace tiempo veníamos manejando la fantasía sexual de verla haciendo el amor con otro hombre, pero no nos habíamos atrevido, por temor a que esto cambiara nuestra relación de pareja y además, debíamos encontrar a alguien que le agradara a ella.

Sin embargo, después de conversarlo bastante, nos decidimos a dar el paso deseado. Nos fuimos a una discoteca en un conocido hotel de la ciudad y ella, conforme a lo convenido, se acomodó sola en la barra a poca distancia mía, para poder observar lo que pasaba

No le fue difícil llamar la atención, ya que ella es muy atractiva a sus 28 años, blanca, de cuerpo hermoso, estatura menuda de 1.60 mts., cabello pelirrojo, corto, y cara bonita muy bien maquillada, resaltando sus labios rojos, seductores y provocativos. Vestía una diminuta falda y una blusa semitransparente, sin botones, amarrada con un lacito que dejaba ver sus senos medianos y duros.

Empezó a tomarse una copa y al rato ya se le habían acercado varios tipos, pero ella los alejaba diplomáticamente, porque al parecer, no le agradaba ninguno.

Me distraje pidiendo un trago y al volver a mirar, la vi hablando con un tipo de color negro, de unos treinta años, mediana estatura y musculoso. Me sorprendí con esto, puesto que nunca habíamos considerado que podía ser con un negro, pero al parecer le caía bien ya que a pesar de no escuchar lo que decían, por el bullicio de la gente, los observé muy animados y bastante cerca el uno del otro.

El tipo, muy afable en sus ademanes le ofreció un cigarrillo y a pesar de que no me gusta que fume, me calentó el hecho de verla coqueteando con otro hombre en mi presencia. Por momentos reían y ella disfrutaba el juego mirándome disimuladamente.

Al cabo de varias rondas de tragos, ya mi esposa había establecido confianza con el negro, pues entre risas, se abrazaban y se secreteaban rozándose las mejillas.

Al sonar música romántica, él la invitó a bailar y salieron a la pista. El tipo la rodeó con sus brazos por la cintura, apretándola fuertemente y ella rodeó sus manos en su cuello. Empezaron a bailar y a pesar de la penumbra y las otras parejas yo podía ver desde mi puesto que seguían hablando.

En una de esas, se miraron frente a frente y el negro la besó en la mejilla, mientras ella descaradamente acercó sus labios hasta los de él, entreabriéndolos. El negro apoyó su boca en la de mi esposa, deslizando su lengua dentro de ella y comenzaron a besarse apasionadamente. Sofía entrecerraba los ojos sujetándolo fuertemente por la nuca, mientras él masajeaba sus senos erguidos. Por momentos era ella la que introducía su lengua en la boca de él y con una mano le acariciaba el bulto en su entrepierna.

Después de un buen rato bailando, besándose y masajeándose, se sentaron y ella con el pretexto de ir al baño, hizo que yo la siguiera.

Al acercarme, la sentí bien cachonda y medio borracha. Su cuerpo estaba sudoroso y tenía un olor a licor y macho. Me dijo que quería seguir adelante pues el tipo le gustaba muchísimo, estaba hospedado en el mismo hotel y le había propuesto subir a su habitación. Sofía le había dicho que era casada y que yo estaba ahí, a lo que él le dijo que podía subir también. Yo le dije que estaba dispuesto a todo y ella me dio un beso de agradecimiento.

Regresamos a la discoteca y al presentármelo, tuve una buena impresión del negro. Se llamaba Mauro y era brasileño. Estaba en un viaje de negocios y había salido a divertirse un rato. Me comentó que mi esposa estaba muy buena y que le había llamado la atención su físico menudo, porque era diferente a las que él conocía.

Mientras conversábamos, ofrecí varias rondas de tragos. Sofía se veía ansiosa y no pudiendo ocultar la desesperación sexual que la poseía, insistió en la invitación de Mauro. Así que pagamos la cuenta y subimos a su habitación.

Era una suite muy espaciosa y una vez en ella entablamos confianza. Nos sentamos a tomarnos unos tragos que él sirvió y continuamos charlando amenamente. Sofía y Mauro, se sentaron juntos en el sofá y ella sin ningún tipo de prejuicio, lo acariciaba.

Al acabarse mi trago, decidí servirme otro y me levanté para ir al bar. Al regresar, los observé que no perdían el tiempo: el negro estaba volteado hacia ella y se besaban apasionadamente. Los sensuales labios de Sofía desaparecían bajo los de Mauro, que metía sus manos en la blusa masajeando sus pechos erizados. Fue un largo y profundo beso que los dejó jadeantes.

Ella me miró y yo asentí. Entonces se paró y se quitó la ropa, quedando solo en hilo dental. El negro entretanto también se quitaba la suya. Me quedé sorprendido cuando mostró su tremendo pene. Era descomunalmente grande, de unas 12″, grueso, muy negro y con la cabeza morada.

Se abrazaron nuevamente y se besaron otra vez estableciendo un tremendo juego de lenguas durante un buen rato. Luego él bajó su lengua por el cuello de ella hasta llegar a sus senos, apoderándose de sus pezones y chupándoselos, haciendo que mi esposa gimiera de placer. Esto le produjo el primer orgasmo de la noche.

Al cabo de un rato, Mauro la tomó de la mano, llevándola hasta la habitación. Sofía se acostó boca arriba, mientras el negro agarraba su tremenda herramienta y la acercaba a su cara. Ella, que no la había visto bien, lo detuvo apoyando su mano en la pelvis de él. Pero ante la insistencia del tipo, la agarró, primero muy tímidamente y luego empezó a recorrerla en toda su longitud hasta que la sujetó fuertemente empezando a pajeársela.

Sofía se quedó mirando la tremenda herramienta del negro pensando si semejante macana le cabía en la boca, pero al final de cuentas era lo que menos le importaba. Sacó su lengua mojando con ella la punta del glande y luego abrió más sus labios arropando la cabezota. Sus movimientos se hicieron más eróticos cuando alojó casi la totalidad del pene y empezó a darle largas y profundas chupadas de arriba abajo.

Aquello me puso a mil, pues nunca me había imaginado a mi esposa mamándole la verga a otro hombre con tanto placer. A pesar de que a mí me encanta, ella nunca me había hecho sexo oral como ahora se lo hacía a Mauro. Inclusive, había momentos en que le chupaba las pelotas cargadas de espumosa leche metiéndoselas una por una.

El negro echaba su cabeza hacia atrás gimiendo con el tremendo placer que Sofía le daba, meciéndose suavemente introduciendo y sacando sus 12″ de la sensual boca de mi mujer, que estaba completamente concentrada en su papel de mamadora enrollando su lengua en el glande mientras sentía su vagina mojada por el deseo.

El tipo, emocionado, la agarró por la cabeza y empezó a cogérsela por la boca. Las piernas de Mauro se tensaron y empujó más profundamente en la garganta de Sofía, hasta que sus vellos púbicos se aplastaban contra los labios de ella empezando a sacudirse. Mi esposa presintiendo que se iba a venir, sacó de su boca la verga del tipo, saboreando el hoyuelo que lagrimeaba el líquido pre eyaculatorio.

El negro sin aguantar más, le quitó el hilo dental y se acomodó entre sus piernas. Sofía se relajó respirando profundamente y tomando el grueso pene lo colocó a la entrada de su lubricada raja. El hombre dio un berrido de gusto y se dejó caer sobre ella, enterrándole casi la totalidad de su descomunal verga, mientras mi esposa lanzaba un gemido de placer al sentir perforada sus entrañas.

El tipo le empujó las piernas hacia atrás y apalancó su verga dentro de ella hasta el último centímetro. Yo sentí la mía ponerse más dura de lo normal al observar al negro enterrar su torpedo de carne en la dilatada rajita de mi esposa, que ya alojaba las 12″ dentro de ella. Nunca la habían cogido tan profundamente. Le estaba entrando hasta los más íntimos rincones de su sexo.

Sofía cruzó sus piernas alrededor de su espalda y empezó a pedirle que le diera verga. El negro sacaba su pene mojado por los jugos de ella y volvía a embestir con mayor fuerza hasta pegar sus vellos púbicos a los de mi esposa, adquiriendo un ritmo enloquecedor.

Mauro comenzó a gozar el delicioso cuerpo de mi esposa dedicándose mientras tanto a comerle los senos a besos, mordidas y chupones. Ella lo abrazaba por las nalgas atrayéndolo hacia su vulva para una mayor penetración, brindándole sus entreabiertos labios. El negro se apoderó de ellos en un largo y apasionado beso y luego establecieron un tremendo juego de lenguas.

Al cabo de unos diez minutos de este sexual y acompasado forcejeo, sus cuerpos sudorosos se convulsionaron con la proximidad del orgasmo. El negro lanzó una última y profunda arremetida contra su vulva, mientras sus testículos se contraían lanzando su descarga de leche caliente hasta lo más profundo de sus entrañas e inundándole la vagina. Mi mujer aullaba y vibraba con un tremendo orgasmo, como jamás lo había tenido. Sus jugos se juntaban con los de él, chorreándole hasta las nalgas.

Nunca me había imaginado algo tan excitante. Acababa de ver a mi mujer mamarle la verga a otro hombre y éste se la culeaba en mi presencia, pero aquello me tenía con la verga bien parada y unas ganas tremendas de cogérmela yo también, así que empecé a desnudarme.

Volví a mirarlos y esperé a que terminaran. Los observé abrazados, aún moviéndose con los últimos espasmos de semejante polvo, acariciándose y besándose. Luego, el negro desensartó su largo y brillante pene de la vagina de mi esposa que chorreaba el viscoso líquido y entró al baño.

Sofía lanzaba profundos suspiros e inmediatamente me monté sobre ella. Aún jadeaba y su cuerpo estaba sudoroso y totalmente deseable. Dirigí mi pene a su vagina. La tenía tan húmeda, caliente y pegajosa por la leche del otro tipo, que al penetrarla, se le fue enseguida hasta el fondo. De hecho, la tenía ancha, amoldada al grosor de tolete de Mauro.

El placer que sentí fue indescriptible. Me abrazó y me besó apasionadamente arqueando su pierna tras mi espalda. Sus labios tenían un raro, pero erótico sabor, que me imagino era por la chupada que le había dado al negro y a pesar de todo conservaban su frescura y color rojo.

Empecé a bombearla con fuerza mientras ella movía sus caderas acompasadamente, hasta que exploté en un delicioso orgasmo, inundando su vagina con una segunda descarga de leche y revolviéndola con la del otro macho.

Nos quedamos abrazados unos minutos, mientras yo observaba el semblante de satisfacción en su bello rostro. Acabábamos de tener el mejor sexo en nuestra vida de casados. Finalmente, nos separamos y ella también entró al baño.

Al cabo de un rato, ni ella ni el negro salían de allí, por lo que fui a mirar qué sucedía. Pero, eso lo contaré en otra oportunidad.

Autor: El Garoto

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