Mi compañera de oficina

Yo seguía dándole verga y sintiendo como se acercaba a terminar, ella empezó a gemir, como si estuviera llorando, apretó sus piernas y sentí como sus jugos estallaban contra mi verga y su vagina se contraía con fuertes espasmos, al igual que su culito, se dejó caer y se le salió mi verga, quedando tirada en el piso, con las piernas abiertas, su tanga estaba súper empapada.

Trabajé durante cinco años en una oficina y Perita, una de mis compañeras, siempre me llamó la atención, sobre todo después de que tuvo a su bebé; ella es morena, llenita, con el cabello negro, largo y quebrado. Cuando volvió a la oficina, sus tetas lucían espectaculares, esto por que amamantaba a su hijo.

A inicios de este año, durante semana y media, estuvimos solos en la oficina, así que comíamos juntos y una tarde, nos quedamos charlando sobre cualquier tema pero no podía despegar mi mirada de sus hermosas tetas. Ella traía una blusa blanca bastante escotada y se le asomaba un bello sostén de encaje del mismo color, además se le marcaban los pezones de una forma por demás excitante.

Ella se dio cuenta y trató de cubrirse pero al mover uno de sus brazos, tiró un vaso de agua fresca sobre sí misma, inmediatamente trató de limpiarse pero estaba totalmente empapada, así que corrí por un trapo para ayudarla. Cuando llegué con ella, el espectáculo era supremo, sus tetas se le notaban al cien y sus pezones estaban totalmente erectos, por lo frío del agua y por más que quería retirar mi mirada de ella, no podía.

Enseguida, ella tomó el trapo junto con mi mano y se los llevó a sus pechos, diciéndome “Ernesto, ayúdame a limpiarme, no te me quedes viendo” y no tardo, empecé a pasarle el trapo por ambas tetas y acercándose a mí, me dijo “¿crees que no he notado cómo me miras?, anda, aprovéchate ahora, no creas que no me he puesto cachonda con la forma en que me miras”. Empecé a darme un gusto bárbaro, pues le retiré su blusa y empecé a besarla y al abrazarla, mis manos soltaron su sostén, que quedó adherido a su piel húmeda.

Suavemente, yo se lo retiré y quedé impresionado por el tamaño de sus pezones y el ancho de las aureolas negras, negras, enseguida me agaché a mamarle ese par de tetas tan hermosas; cuando le mamaba sus senos, le daba arrimones con mi verga y ella abría sus piernas, inmediatamente sentí lo caliente de su panochita. Luego, me acomodé detrás de ella para besarle el cuello y con mis manos, acariciarle las tetas; luego, mis manos fueron bajando poco a poco por su cuerpo hasta llegar a su pubis, el que sentí abultado y muy caliente.

Al momento, le empecé a sobar su panochita sobre su pantalón, que ya se encontraba bastante húmedo, luego le aflojé el pantalón y fui bajándoselo poco a poco, esto, sin dejar de besarle el cuello y sus oídos. Ella está que estallaba, respiraba rápido y entrecortado, enseguida la volteé para besarla y nuestras lenguas se buscaron febrilmente mientras que le tallaba su conchita súper mojada con una pierna.

Perita me sobaba muy rico mi verga totalmente dura hasta que le dije que nos fuéramos a una de las oficinas, ya que están alfombradas; ahí, inmediatamente nos acostamos en el piso y empezamos a fajar muy rico. Para entonces, ella estaba solo con su tanga y yo había terminado de quitarme el pantalón, el bóxer y los zapatos, solo traía mi camisa, estábamos súper calientes y nos besábamos y nos toqueteábamos.

Yo empecé a bajar por su cuerpo hasta tener su pubis a la altura de mi cara, enseguida le acerqué mi boca y sobre la tela, le empecé a chupar su panochita mientras ella se arqueaba, bufaba y decía “ya, cogeme, no aguanto, quiero que me la metas toda”. Rápidamente, la volteé poniéndola de “a perrito”, ahora sus hermosas nalgas estaban a toda su anchura, era bello ver ese culo comiéndose el hilo de su tanga.

Al instante, me acerqué, le hice el hilo a un lado y apunté la cabeza de mi verga en la entrada de su vagina, ¡uta!, el calor y la humedad en su cosita era fenomenal, entonces mi verga resbaló hasta el fondo y Perita lanzó una especie de gruñido. Así, empecé el chaca, chaca lento, aunque ella me pedía que se lo hiciera más fuerte, enseguida estiré una de mis manos para acariciarle sus tetas y lo dura y erecto de sus pezones, eso me puso como loco, me encantan las tetas de pezones grandes y Perita los tenía muy, pero muy grandes.

Ya mi ritmo estaba al cien y su vagina se empezaba a contraer, anticipando su orgasmo, entonces bajé la vista para ver como me la estaba cogiendo y vi que su ano se abría y se cerraba también de una manera fenomenal. Al momento, le dejé caer algo de saliva y acerqué uno de mis dedos a él, ella respingó inmediatamente, echándolo hacia atrás, tratando de que mi dedo se incrustara ahí, enseguida se lo empecé a meter y vaya, le entró con suma facilidad.

Yo seguía dándole verga y sintiendo como se acercaba a terminar cuando empecé a meterle dos dedos, enseguida ella empezó a gemir, como si estuviera llorando; de repente, apretó sus piernas y sentí como sus jugos estallaban contra mi verga y su vagina se contraía con fuertes espasmos, al igual que su culito. Acto seguido, ella se dejó caer y se le salió mi verga, totalmente mojada y dura, dura, quedando tirada en el piso, un tanto de lado y con las piernas abiertas, su tanga estaba súper empapada.

Pasados unos instantes, me acerqué a ella, le retiré su tanga y me puse a mamarle su culito, entonces ella se separó sus abundantes nalgas con sus manos y dejó expuesto un hermoso ano negro, que se abría pidiendo ser penetrado. Así, le pasé mi lengua repetidas veces para lubricárselo bien, ya mis dedos entraban como en mantequilla, de hecho, le metía tres de ellos y le dije “Perita, te voy a coger por tu culito”, ella solo soltó una leve risita.

Cuando le acerqué mi verga, ¡guau, qué calor se sentía!, enseguida ella empezó a sobarse el clítoris y a llevarse una de sus tetas a su boca, estaba súper excitada y empecé un mete y saca, ella contraía su ano de tal forma que cuando se la sacaba, ella lo apretaba súper rico. Así estuve por cerca de diez minutos mientras ella se mamaba sus tetas y se seguía sobando su tripita hasta que sentí nuevamente que se acercaba su orgasmo y aceleré el ritmo para terminar en su interior.

De repente, ella lanzó un gran chorro de líquido por su panocha y luego, otro más, la alfombra estaba empapada y la oficina olía a sexo, entonces yo agarré sus nalgas y se las separé tratando de terminar en lo más profundo de su ser; hacía mucho tiempo que no tenía una venida tan abundante y finalicé recostado sobre ella. Luego, nos besábamos muy rico, yo le acariciaba sus hermosas tetas, las que habían causado tanta calentura en mí.

Luego de un momento, entramos al sanitario a lavarnos, yo la veía y mi leche le escurría por su culito, fue muy rico pasar esa tarde con ella. Más adelante, les contaré las otras dos ocasiones en que nos dimos tremendas cogidas, chau

Autor: Ernesto

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Amarrados para mí

Empecé por Abraham. Tenía una vergota como de 20 centímetros, blanca, curva, muy peluda en la base, delgada, que acaricié con mis dos manos, sopesé, medí, sentí cómo palpitaba y lo masturbé con cuidado al principio y violentamente después. No podía hacer solo eso. La panocha me ardía y sentía un conocido desasosiego en todas mis entrañas.

Me costó trabajo perder, pero lo logré: ya bebidos y fumados, los amigos habían estado insistiendo en que el juego de la botella, que el juego del beso, que les enseñáramos las chichis, hasta que Karla dijo: -Yo diría que sí, pero no quiero perder hoy, con ninguno de ustedes, ¿qué me lo garantizaría? -Lo juraríamos –dijo uno de los chicos.

-No te creo –contestó ella-. Me han dicho que la verga parada no entiende razones. -¿Y si los amarramos? –sugerí yo, atendiendo una vieja fantasía. -Cámara –dijo Luisa.

Jimena, la cuarta chica, quiso protestar, pero fue rápidamente mayoriteada. Los chicos discutieron un poco, pero al final quedaron los cinco bien amarrados a sendas sillas, cuando les juramos que la perdedora los masturbaría a todos. Una vez amarrados, nosotras nos sentamos a la mesa y acordamos el juego (un dominó, beis-ball de cuatro, lo que significa que, cada entrada, una de las cuatro descansaría, es decir, que se jugarían 12 entradas en total), y lo que las perdedoras de cada mano debían hacer:

1ª Mano perdida: quedarse solo con la blusa y el pantalón. 2ª Fuera blusa. 3ª Fuera pantalón. 4ª Fuera brassier. 5ª Contoneo frente a ellos. 6ª Beso a los cinco. 7ª Fuera panty. 8ª Mostrarnos ante ellos en la posición que cada uno pida. 9ª  Si alguien perdía todas las entradas, chuparles las vergas en lugar de masturbarlos. Y todo, en total silencio, salvo el buen rock del estéreo.

-Pero eso, ni sueñen que va a pasar –les dijo Karla.

Una última condición, pedida por Jimena, fue que las no masturbadoras tuvieran que salir de la habitación, para que la perdedora lo hiciera en privado. La idea me gustó y me prometí perder… de hecho, empezó a hacérseme agua la boca… del sexo.

En verdad, ni Luisa, ni Karla, ni yo éramos vírgenes, pero no tenía por que enterarse todo mundo, y menos nuestros calenturientos amigos de la escuela, los cinco babosos ahí atados… a nuestra disposición, con sus vergas firmemente enhiestas desde antes de que nosotras empezáramos el juego. De Jimena no sé nada, porque no era nuestra amiga o, al menos, no como lo éramos las otras tres, inseparables y casi hermanas. Ella estaba ahí casi por accidente y a juzgar por su juego, no estaba muy de acuerdo.

(Juro que me entretendré muy poco en el juego en sí).

Luisa, Karla y yo sabíamos que jugaríamos a perder. Somos muy buenas para el dominó, así que estaría duro. En la primera mano descansó Karla y la ganó Luisa, de modo que Jimena y yo quedamos listas para empezar en serio. La segunda mano, en que descansó Luisa, ganó Jimena, así que me saqué la blusa mientras Karla se quitaba los zapatos. La tercera entrada, en que descansó Jimena, la ganó Karla, y me quedé sin pantalones. Las miradas de los cinco chicos mientras me los sacaba, mostrando a la luz mis morenas e interminables piernas, me erizaron la piel y me juré que perdería todas las manos y mamaría las cinco vergas que me esperaban.

Descansé la cuarta mano, que ganó Jimena, de modo que Karla y Luisa se quitaron las blusas. La quinta Karla descansó y ganó Luisa. Jimena se quitó la blusa, pero apenas la miraron, porque solo tenían ojos para mis pechos, morenos, puntiagudos, de grandes y morados pezones erizados por sus solas miradas.

¡Sí!, también perdí la sexta mano, ganada por Jimena (Luisa descansó) y me moví cachondamente ante los chicos mientras Karla se quitaba el pantalón. Y también perdí la séptima, ganada por Luisa (Jime descansó). Esperé que Karla se quitara el bra mostrando sus rosados y bien formados pechos y, una por una, probé las cinco bocas de los chicos. Los besé con cuidado, sin tocar ninguna otra parte de su cuerpo con el mío. Lamí sus labios, succioné sus lenguas, pasé lamía por su cavidad entera, poniéndoles sus vergas más duras, si es posible, de lo que ya estaban y yo, también si es posible, más caliente aún.

Descansé la octava, que ganó Jimena, única que jugaba para ganar. Karla, alta, delgada, guapísima, bailó ante ellos mientras Luisa se quitaba los pantalones. Cuando Jimena ganó la novena entrada pensé que estaba a punto de lograrlo. Luisa se quitó el bra y mostró sus excepcionales melones, sueño maternal de todos ellos que, no obstante, también miraron con hambre cómo me sacaba las empapadas pantys mostrando mi peluda panocha.

La 10ª entrada fue para Karla, así que yo sentía tocar el cielo. Nadie peló que la Jime se quitara el pantalón porque yo, totalmente en pelotas les mostraba el culo en pompa, la panocha abierta, la mano acariciándome, en fin, que yo estaba a punto de turrón, ellos también, y la Karla y la Luisa también un poco moviditas, je, je.

Pero las malditas jugaron juntas contra mí la 11ª ronda, última mía (y que descansaba Jimena), así que gané (es decir, perdí), y Karla besó a los chicos mientras Luisa bailaba ante ellos y yo, disimuladamente, me acariciaba, porque la escena era digna de un Oscar. Durante la última entrada seguí acariciándome, hasta alcanzar un orgasmo silencioso. Por supuesto, ganó Jimena, así que tocó a Luisa besar a los chicos y a Karlita quedar en pelotas, con el coño al aire.

Luisa los besó rápido, porque apenas acabando de hacerlo, dijo: -Pues ahí están, Erika, todos tuyos. Era verdad: aunque perdí más manos que ellas, en puntos quedé muy, muy cerca de Karla, pero de todos modos era la perdedora… o ganadora. Mis queridas Karla y Luisa salieron, mirándome con ojos entre malos y divertidos. Creo que las muy putas sabían bien que no me conformaría con masturbarlos. Yo me acerqué a los cinco chicos y con unas tijeras, rompí, uno a uno, sus calzoncillos.

-No les importa, ¿verdad? –les pregunté. No. No les importaba. -Se mantiene la prohibición de hablar –les recordé.

Empecé por el primero de la izquierda, llamémosle Abraham. Tenía una vergota como de 20 centímetros, blanca, curva, muy peluda en la base, delgada, que acaricié con mis dos manos, sopesé, medí, sentí cómo palpitaba y lo masturbé con cuidado al principio y violentamente después. No podía hacer solo eso. La panocha me ardía y sentía un conocido desasosiego en todas mis entrañas. Cinco pares de ojos masculinos admiraban mi desnudez mientras cuatro palpitantes vergas esperaban mis manos a falta de otra cosa mejor. Dejé a mi mano izquierda alrededor de la verga de Abraham haciendo movimientos casi mecánicos y llevé la derecha y la atención al segundo chico, Braulio, cuya gruesa y corta verga estaba tan necesitada que se derramó en menos de dos minutos, casi al mismo tiempo que Abraham.

Me limpié las manos con la camisa de uno de ellos y me coloqué entre los tres, pues me acababa de formar un nuevo plan, al calor de sus vergas. Con la mano izquierda empecé a sacudir la de Carlos, el tercer chico; con la derecha, atendí a Ernesto, el quinto; y llevé mis labios a la voluminoso y sonrosado glande de Daniel.

Mientras mis manos trabajaban mecánicamente, mi lengua acariciaba todo el tronco, mis labios sentían la delicada piel del glande, mi boca entera percibía su sabor y su calor, la consistencia de sus venas, su palpitar, los suspiros que dilataban su pecho. Succioné con ansia, con prisa: quería que terminaran los cinco antes de gozarlos, aunque mi panocha exigía verga a gritos. El aire contenido en los pulmones, el vacío de mis entrañas, el escozor de mi clítoris, todo era un fuego que exigía una manguera, pero yo aguantaba, mamaba con violencia y masturbaba con igual prisa.

No sentí llegar el semen de Daniel hasta que explotó en mi boca. Nunca me ha gustado el sabor, así que me hice a un lado rápidamente. Miré a uno y otro lado los rostros de Carlos y Ernesto y supe que este no aguantaba más y efectivamente se vino entre ahogados gritos. Llevé entonces mi boca a la negra verga de Carlos para obtener, menos de medio minuto después, una nueva y generosa ración de lechita caliente.

Me apliqué a la verga de Ernesto, sin saborearla, con prisa creciente, pellizcándole sus tetillas, jalando, jalando, jalando hasta que me volví a llenar de leche. Mucha leche.
Me incorporé, mostrándome enterita, sabrosa y empapada. Los cinco me veían con ojos de borrego y de lobo, al mismo tiempo. Las vergas de Abraham y Braulio estaban paradas otra vez. Había llegado el momento de sentarme, por fin…

-Apenas empezamos –susurré, para su información. Pero eso se los contaré otro día.

Autora: Aboguarra

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Como me cogí a mi hermana

Comenzó a tragarse con la boca toda mi polla mientras que yo también estaba pasando mi lengua sobre la vulva que estaba increíblemente mojada, nunca pensé que ese instante llegaría. Era sorprendente como chupaba mi polla como una niña con su paleta, acto seguido se recostó y abrió sus piernas para recibir mi pene que estaba esperando entrar a su vagina desde hace muchos años.

Hola amig@s, les contaré como fue que mi sueño de hacer el amor con mi hermana se hizo realidad con un poco de ayuda y suerte. Mi nombre es Ernesto, soy un joven universitario de 21 años, mi hermana se llama Verónica,  tiene 25 años y posee un cuerpazo de diosa ya que es coreógrafa de un grupo de danza y está casada con mi mejor amigo Carlos desde hace un año.

Todos somos aficionados al futbol. Carlos y yo siempre solemos apostar con dinero y otras cosas, pero en esta ocasión la apuesta se volvió muchísimo más interesante. Era la final de la liga nacional, en donde junto a mi hermana apoyábamos un equipo y Carlos apoyaba al otro. La apuesta fue iniciativa mía, Carlos siempre supo de mi deseo por cogerme a mi hermana  desde los 14 años. Yo sabía que para él no había ningún inconveniente que  yo pudiera cogerme a mi hermana si resultaba ganador de la apuesta aunque ella fuera su mujer, ya que en otras ocasiones habíamos intercambiado parejas.

De igual forma Carlos podría cogerse a mi novia si yo era quien perdía la apuesta. Mi novia Eunice no es aficionada al fútbol, pero el día de la final estaba apoyándome junto a mi hermana ignorantes que sus vaginas eran las que realmente estaban en juego.

El día de la final de fútbol mi hermana Verónica vestía unos jeans blancos que le transparentaban la pequeña tanga que traía puesta, se veía muy provocativa con su camisa alusiva a mi equipo que apenas llegaba arriba del ombligo y me dejaba ver su vientre plano que hacia volar mi mente. Mi novia Eunice no se quedó atrás con su sabroso culito que se le marcaba con un pequeño short que solo cubría lo necesario y una camisa idéntica a la de mi hermana. Éramos tres contra uno, estaba ansioso para que diera inicio el juego y saber si por fin iba a poder penetrar a mi hermana como en mis sueños.

Por fin el juego inició y con Carlos entrelazamos nuestras miradas y sonreímos con complicidad, sabiendo que el ganador podría llevarse a la cama a la mujer del otro. Mis manos sudaban de nerviosismo y ansiedad ya que los primeros 40 minutos del juego aun nadie había anotado gol, fue hasta el minuto 44 que Carlos gritó de felicidad por que su equipo había anotado y ganaba ventaja sobre la apuesta.

Así terminó el primer tiempo, y mis nervios no me dejaban tranquilo. Iniciado el segundo periodo  al minuto 9 Carlos aumentaría su ventaja con el dos por cero que me alejaba de la posibilidad de meter mi pene en la vagina de mi bella y buenísima hermana Verónica.

Después de 15 minutos una esperanza llegó, era un gol que se había marcado de tiro libre, mi pene rozaba a mi hermana que me abrazaba por la anotación, yo sabía que mi pene estaba cada vez más cerca de introducirse en la vulva de mi hermana, que ignorante de la apuesta celebraba conmigo. Cada vez que podía aprovechaba para sentir el cuerpo de Verónica pegadito al mío, hasta que al minuto 39 el gol del empate hizo que mi novia, mi hermana y yo gritáramos de alegría porque se había logrado una gran hazaña y mi pene comenzaba a despertarse por la emoción que mi sueño se iba a poder hacer realidad.

Cuando faltaban 2 minutos para que el juego terminara el árbitro pitó una falta dentro del área que le daba a mi equipo un maravilloso penal. Las mujeres que me apoyaban me tomaron de las manos a la expectativa de lo que pasaría, y ¡Goool! Abrazé y besé a mi novia y después como sabiendo lo que le esperaba mi hermana rodeó mi cadera con sus dos piernas de un solo salto y puse mis manos sobre su grandioso trasero el que esperaba también penetrar por la victoria de mi equipo.

Así terminó el encuentro y Carlos como buen perdedor aceptó su derrota y me dijo que estaba dispuesto a entregarme a mi hermana para que fuera mi mujer. Ahora solo había un pequeño problema. ¿Cómo lograríamos que Verónica se dejara coger de su propio hermano?

El plan estaba hecho. Esa misma noche me quedaría a dormir en la casa de mi hermana y Carlos, y durante la noche yo sustituiría a Carlos para poder gozar de las delicias del cuerpo de mi hermana. Ella siempre me ha tenido confianza de vestirse como quiera frente a mí y después de tomar un baño decidimos ver una película, Verónica únicamente vestía una camiseta blanca y transparente que llegaba hasta su ombligo y una tanga blanca que se perdía entre su enorme culo y en la parte de adelante el escote de su tanga casi no cubría la nada de su vulva que se transparentaba perfectamente por los encajes que me dejaban ver como se había depilado dejando solo una pequeña línea de pelitos arriba de la rayita de su coño.

El plan entraría en marcha desde la media noche, yo me hacía el dormido para que Carlos comenzara a calentar a mi hermana para que estuviera lista para mí cuando las luces estuvieran apagadas. Podía escuchar como Carlos besaba como loco a mi hermana, y después pude escuchar como mi hermana daba unos pequeños gemidos a lo que le dijo que no convenía hacer mucho ruido esta noche para no despertarme ya que estaba en  la misma habitación, todo era parte del plan.  Por eso harían el amor de una manera silenciosa solo gozarían con las luces apagadas, dicho esto la habitación quedo a oscuras y todo quedó en un excitante silencio, solo se escuchaban las agitadas y excitantes respiraciones.

-Tengo que ir al baño dijo Carlos, pero prepárate Verónica porque esta noche será diferente a las demás, espero que lo disfrutes tanto como tu hermano disfrutó del triunfo de su equipo esta tarde, dijo en un susurro.

A lo que mi hermana respondió que estaba muy caliente y que se apresurara porque ella también estaba preparada con movimientos muy candentes. Fue en ese momento en que el cambio se llevó a cabo, yo regresé a la cama con mi hermana y Carlos se quedó cerca para escuchar lo que estaba a punto de pasar.

-¿Por qué tardaste tanto?

Preguntó mi hermana a lo respondí con un apasionado beso en sus labios que correspondió con mucho entusiasmo. En ese momento sentí que la sangre me recorría muy caliente, y comencé a tocar cada parte del cuerpo de mi hermana. Lo primero que quite fue su camiseta para proceder a besar sus pechos que se sentían tan firmes y sus pezones totalmente erectos. Mientras besaba sus pechos rápidamente busqué su vagina que comencé a tocar por encima de su tanga. Mi hermana gemía como loca y me decía:

-Carlos, hace mucho tiempo que no me tocabas así, ya me hacía falta.

Procedí a despojarla de su pequeña tanga que estaba toda mojada de sus líquidos vaginales, y después seguí acariciando su clítoris con mi mano mientras que su respiración aumentaba, ella tacaba mi pene totalmente erecto y húmedo y me bajó el calzoncillo para poder mamármela. Comenzó a tragarse con la boca toda mi polla mientras que yo también estaba pasando mi lengua sobre la vulva que estaba increíblemente mojada. Fue un momento increíble, nunca pensé que ese instante llegaría. Era sorprendente todas las formas como chupaba mi polla como una niña con su paleta.

-Carlos hazme tu mujer…

Dijo mi hermana, acto seguido se recostó sobre la cama y abrió sus piernas para recibir mi pene que estaba esperando entrar a su vagina desde hace muchos años. Antes de penetrarla la besé nuevamente en la boca y en el instante coloqué la punta de mi pene en la entrada de su coño húmedo.

-Te deseo Carlos.

Respondí a sus palabras con un pequeño empujón con el que le dejé ir la mitad de mi polla en el canal de su vulva que esperaba la otra mitad. Así lo hice, con todas mis ganas la penetré totalmente y ella gimió de placer, mis labios aun estaban en los suyos, fue entonces cuando por el placer que sentía me mordió muy fuerte mis labios y me dejó una marca que no se borraría tan fácil hasta después de unos días.

Pasamos más de una hora haciendo el amor como locos, en diferentes posiciones, pero todas increíblemente placenteras. Ambos terminamos, deposité mi semen dentro de ella, esa era otra de mis aspiraciones. Nos quedamos dormidos, abrazados y desnudos. Felices de la experiencia. Por suerte el cansancio de mi hermana era tan grande que no sintió cuando me levanté de la cama y me vestí para que no sospechara nada. Carlos tomó nuevamente su lugar a las 6 de la mañana. Preparé el desayuno y me dirigí a despertarlos a ambos, mi hermana aun estaba desnuda por lo que fingí que tenía vergüenza de verla así, a lo que ella respondió que no había problema, que ese sería mi regalo porque mi equipo había ganado el campeonato lo que me causó cierta gracia. Mi hermana se levantó de buen ánimo,  me abrazó y me dijo:

-Hermanito te amo como no te lo imaginas. -Yo también te amo hermanita y te disfruto más que a mi propia novia, cuando estoy contigo no me hace falta nada y le di un pequeño beso cerca de la boca.

Sonrió y me miró cariñosamente, pero se sorprendió cuando miró que mis labios estaban mordidos y me preguntó qué me había pasado.

-Es una larga historia hermanita, algún día te la contaré del principio al fin, le dije.

Después seguimos hablando del partido de ayer y de lo emocionante que había estado.

-Ayer fue un día perfecto. Dijo mi hermana…-Así es hermanita…Respondí enseguida.

Por fin el sueño de cogerme a mi hermana se había hecho realidad y sin inconvenientes.

Solo me quedó una gran duda, mi hermana me miraba con una sonrisa cómplice, y murmuraba…-Ayy Carlitos, Carlitos, y se pasaba la lengua entre los labios mientras sus ojos estaban clavados en los míos…

Autor: Ernesto

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Violada en vacaciones por el obrero

Cuando ya tenía la cabeza dentro mío yo lo rodeé con mis brazos por el cuello y él metió sus brazos debajo de mis piernas, agarrándome por cerca de los muslos y empezó a levantarme y a sentarme en su pija, cosa que de a poco la metió toda hasta el fondo, yo levanté bien las piernas para que me la pusiera toda y ahí empezó a darme con todas las fuerzas.

Por lo general los fines de semana nos vamos afuera a un balneario donde mi padre tiene casa cerca de la playa para disfrutar del sol y la tranquilidad. Por ser invierno mi padre aprovechó para hacer unas refacciones en la casa y se fue de viaje, dejándonos las llaves y pidiéndonos que pasáramos de vez en cuando para ver cómo iba la construcción.

Llegó el fin de semana y aprovechando la casa que quedaría sola pensamos ir con mi pareja a tomarnos un descansillo. Salimos temprano para aprovechar todo el día y llegamos como a las 7 de la mañana, ahí estaba la casa y toda su tranquilidad, entramos por el fondo para ver cómo estaba quedando el patio trasero con su piscina y el nuevo techo que construían para la barbacoa. Entramos, nos preparamos café y nos pusimos a acomodar las cosas que traíamos no antes de prendernos un pitillo rico.

Lo que me gusta es ponerme la malla y salir a tomar sol al fondo, cosa que no importa que sea invierno o verano porque el fondo es todo cerrado por los costados impidiendo que pase el viento y frío y junto a la calefacción de la casa, eso se transforma en un paraíso en invierno. Ya eran las 8 y el sol ya estaba rico así que agarré un libro y me fui directo para el fondo, Nico como siempre se tiró a dormir, era muy temprano y no le gusta tomar sol, el pitillo le da o por tener sexo como loco o por dormir y esta vez, por desgracia, fue para el lado de Morfeo.

Ahí estaba yo recostada en un colchón tomando sol desnuda para quemarme parejo, (aprovechando claro que no se puede ver para ningún lado y puedo estar tranquila), ensimismada en mi libro que no siento nada y de pronto una voz me dice, -¡Que sorpresa! lo menos que me esperaba hoy es encontrar una petisa tan linda desnudita toda para mí, como viento me puse la tanga y pegué un salto mirando quien era.

Ahí estaba Ernesto (el amigo de papa que es vecino de aquí y es el que le hace la instalación eléctrica de toda la casa) mirándome y riéndose, con la parte de arriba de mi malla en la mano dándomela me dice…-Por suerte soy yo peti, ni cuenta te diste que estaba aquí parado si no te hablo podía seguir tranquilito mirándote, pero ya me estabas tentando y como siempre estás con el Nico pegada no me animo. -Se mira y no se toca, le digo mientras le saco la malla de las manos y me la pongo.

Ernesto es de confianza, lo conocemos hace mucho y siempre con Nico juegan conmigo y aquel le dice siempre que si se anima que me entre, que yo aguanto.

Para hacerla corta me cuenta que tiene que adelantar trabajo y por eso vino, que si no le molestaba que se quedara, que no sabía que veníamos, le dije que no teníamos problema que lo de él era sin hacer ruido y no molestaba y que ya me había visto desnuda así que trabajara tranquilo.

Al medio día con Nico despierto y después de los saludos nos fuimos a comprar comida, a la vuelta invitamos a comer con nosotros a Ernesto para que tomara un descanso.

Comimos y charlamos un montón, cosa que me divierte mucho, después con Nico nos fuimos a caminar por el bosque que es muy lindo a esa hora por la sombra y el viento que tiene. Como a las cuatro llegamos y nos vamos a pegar una ducha y Nico me dice que se va a andar en bici por ahí para hacer ejercicio, yo le digo que me voy a tomar sol tranquila…

A la salida le grita a Ernesto… -Cuídame a la peti… y el otro le grita… -Andá tranquilo que no se rompe…se ríen y aquel se va.

Me baño y me pongo la mallita y me voy al fondo. Me tiro en la colchoneta boca arriba y me pongo a charlar con Ernesto, -Si te molesto me voy a otro lado, le digo jugando…- No me molestas mas bien me distraes, me dice riéndose, -Bueno entonces me pongo de espaldas y te dejo tranqui…me saco la parte de arriba sabiendo que me está mirando y me pongo de espaldas acostada.

-No juegues mucho, mirá que no está aquel para defenderte….me dice…-Acordate que aquel dice que aguanto, le digo y me quedo callada haciéndome la dormida.

Al rato de estar tomando sol de espaldas me doy media vuelta para tomar de frente sin importarme que me está mirando a ver que me decía…al ratito de estar así, él viéndome sin decir palabra baja de la escalera, pasa caminando al lado mío y entrando a la casa me dice…-Vení petisa.

Me agarró desprevenida, en unos segundos me levanté y entré, él me estaba esperando sentado en una silla y me dijo que me acercara, me acerco y él abre sus piernas, me agarra de la cintura con su brazo izquierdo y me pega a él, yo quedo parada entre sus piernas bien sujeta por la cintura casi sin poder moverme, él mete sus dedos en la boca para mojarlos y con su mano derecha me corre la tanga metiéndome la mano bajo ella y me empieza a acariciar la concha con sus dedos.

Lo hace de una manera tan suave y delicada que me mojo en un segundo, cosa que logra que me abra más, que él aprovecha metiéndome lentamente los dedos cada vez más adentro.

Todo eso sin mediar una palabra mirándome a los ojos (cuando los tenía abiertos), yo aguantando como podía de pie con las piernas como gelatina, me dejo caer al borde de su pierna, él ahí no solo me mete y saca sus dedos en mi concha si no que aparte juega con mi culo, acariciándolo y metiendo un dedo mientras me pasa la lengua muy despacio por mis pezones…(solo por la punta de mis pezones) ahí yo ya estaba con los ojos completamente cerrados y con la cabeza para atrás gimiendo con la boca abierta.

Viendo como estaba me para y me baja lentamente la tanga que aun llevaba puesta, yo parada inmóvil veo que se abre las bermudas y se las medio baja sin pararse, ahí veo que tenía una muy buena pija, muy grande y bien gruesa, (parecía la de una película porno) la tenía súper parada.

Me agarró de la cintura con las dos manos y me empezó a acercar a él…esta vez tenía las piernas juntas haciendo que a medida que me acercaba tenía que abrir yo las piernas en un momento, ya me tenía sentada en sus piernas, de a poquito él fue abriendo sus piernas provocando, no solo que yo me abriera más, sino que me fuera acercando a su pija…ahí él agarró su pija con la mano y empezó a jugar con los labios de mi concha que los tenía empapados. Yo que no aguantaba más levanté un poquito mis piernas y me deslicé para meterme de a poquito esa pija.

Cuando ya tenía la cabeza dentro mío yo lo rodeé con mis brazos por el cuello y él metió sus brazos debajo de mis piernas, agarrándome por cerca de los muslos y empezó a levantarme y a sentarme en su pija, cosa que de a poco la metió toda hasta el fondo, yo levanté bien las piernas para que me la pusiera toda y ahí empezó a darme con todas las fuerzas, con sus brazos rodeando mis piernas llevándome hacia atrás y adelante, metiéndome esa pija con todo, provocando que me tuviera que mover como una puta con las piernas bien levantadas y empujándome hacia su pija…

Cuando empecé a temblar y a gemir de placer él se me metió bien adentro, enterró la pija bien hondo, yo lo abracé del cuello bien fuerte y empezó a mover su pija en círculos, lentamente, haciendo de inmediato que me corriera… pegando un gemido, poniendo los ojos en blanco y la cabeza hacia atrás…

Ahí sentí como él también no se aguantó y empezó a llenarme de leche bombeándome lentamente.

Quedamos en silencio un momento, él me levantó de sus piernas parándome, se puso las bermudas y salió a seguir trabajando…yo empapada y con las piernas temblando me fui a pegar una ducha…

¿Que más les puedo contar?, lo que pasó en la noche es otra historia.

Autora: Elena75

Y ahora a bajar un buen video y a gozarla… Clika aquí http://www.videosmarqueze.com/ no te lo prives.

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Con mi prima Mónica

Me empecé a mover con más intensidad, ya no importándome nada más que el momento, le repegaba cada vez más la verga, y ella se movía cada vez más, hasta que ya no soporté más, en una metida que le di de mi verga a su culo eyaculé de una forma impresionante, era algo riquísimo, nunca lo había experimentado, algo tan calentito, tan rico, tan suave, y le llené el culo de semen.

Mi nombre es Ernesto, cuando tenía 18 años viví la mejor experiencia sexual que pueda tener, incluso en la actualidad me masturbo pensando en aquella ocasión, ahora cuento con 25 años y no he podido olvidar esa maravillosa experiencia.

Acudía mucho a la casa de mis tíos, puesto que llevamos una buena relación, me quedaba a dormir muy seguido y me la pasaba muy bien, tengo dos primos, uno es Alberto y la otra es Mónica, con Mónica llevaba una excelente relación desde que era un infante, pero cuando llegué a la adolescencia empecé a ver a mi prima de una forma muy distinta. Al principio todo eran roces, pequeños toqueteos, cosas inocentes, debido a la diferencia de edad, puesto que Mónica tenía 21 años en ese tiempo y yo 18, pues tocaba lo que podía, y nunca me había animado a dar el siguiente paso a pesar de ser bastante caliente.

Una de aquellas tardes de fin de semana que me quedaba, estaba mi prima en su cuarto viendo la televisión acostada en su cama, siempre existió gran confianza entre nosotros, así que la acompañé acostándome junto con ella a ver la televisión.

Mi primo pasaba mucho tiempo con nosotros, pero ese día se había ido a jugar fútbol, mi tío estaba en la sala viendo también televisión, y mi tía no estaba, así que me metí debajo de las cobijas igual que ella, ya con ese simple hecho mis pensamientos eran morbosos, ver a mi prima con ese diminuto short y blusita, además que mi prima estaba bastante buena, delgada, con tremendo culo y excelentes tetas, aparte de tener una cara hermosa, en realidad pensaba en ese tiempo que estaba enamorado de ella, pero en realidad estaba muy caliente y con ganas de coger.

Mientras estábamos ahí acostados se me empezó a hacer una erección terrible, para mi fortuna yo estaba bajo esas cobijas que me hacían que no se notara, poco a poco y con toda la intención empecé a acercarme a ella, muy poco a poco, a fin de que no se notara mi inminente calentura, hasta que mi mano rozó, huyyy rozó con sólo una pequeña parte de ese tremendo culo. En ese momento la verga se me puso totalmente erecta, estaba que reventaba, todavía con miedo voltee a verla, y ella no dijo, ni hizo ninguna expresión, así que decidí seguir con más intensidad, me giré hacia ella de lado, y me repegué un poco, a medida que me iba acercando ella no decía nada, y por el contrario ponía una cara que aunque seria, se notaba que ella tenía morbo también.

Poco a poco mi pene se encontró con su cuerpo, de no haber sido por la pena en ese momento hubiera terminado, ella sintió mi pene totalmente erecto, y no dijo absolutamente nada así que me repegué un poco más, ella bajó la mano un poco y me lo rozó, pero que caliente estaba.

De pronto ella se movió alejándose de mí, y pensé que ahí había terminado mi aventura, pero mi sorpresa fue que ella se rodó de costado igual que yo dejándome su hermoso culo pegado a mi verga, que en ese momento ya estaba por terminar, con todo y ropa coloqué mi pene poco a poco, siendo sutil en la raya de sus nalgas, así con un leve impulso empecé a hacer suaves movimientos, al principio ella no hacía nada, pero pasaron un par de minutos y ella empezó a mover ese culo hermoso, huyyysss.

Sentía que estaba en el cielo, así que viendo la reacción decidí tomar más riesgo, ni ella ni yo hablábamos una sola palabra, desplacé mi brazo hacia su vagina, y con inexperiencia la empecé a masturbar, sin saberlo empecé a masajear su clítoris, yo jamás había tocado uno.

Era maravilloso, ella se puso más caliente, pero no decíamos una sola palabra, después empecé a notar que ella hacía gestos con su cara, pero como mi tío no estaba lejos ella no emitía un solo sonido, ahora me doy cuenta que ella estaba acabando, pero en ese momento yo no lo sabía, me arriesgué de nuevo y fui por sus hermosas tetas.

¡Qué redondas y suaves eran! De acordarme casi me masturbo de nuevo, estaba tan excitado que no recuerdo que haya estado tan excitado alguna otra vez en mi vida, seguía haciendo movimientos y repegando mi verga en sus nalgas, en eso mi prima toma el short y lo baja sólo un poco, huysss, pero que caliente estaba, y de poco se lo bajó totalmente dejando descubierto su culo hermoso.

No lo veía puesto que estábamos bajo la cobija, llevaba unos jeans, cuando ella de repente me baja el cierre del pantalón y me sale el pene totalmente erecto y deseoso, ya mojado de la enorme excitación, y me dejó acercarme a su culo, inmediatamente me posicioné en su raya del culo y empecé a moverme, encontré su culo, y me repegaba a él, pero no entraba, hasta que entró sólo un poco.

Me empecé a mover con más intensidad, ya no importándome nada más que el momento, le repegaba cada vez más la verga, y ella se movía cada vez más, hasta que ya no soporté más, en una metida que le di de mi verga a su culo eyaculé de una forma impresionante, era algo riquísimo, nunca lo había experimentado, algo tan calentito, tan rico, tan suave, y le llené el culo de semen, huyyy que hermoso y rico es recordar ese momento que pasó hace ya tantos años, todavía me puedo masturbar recordando eso.

Después ella se subió de nuevo el short y se fue al baño, sin decir una sola palabra, yo tampoco dije nada, me metí el pene de nuevo al pantalón y me salí a la sala a ver la televisión con mi tío. Ese fue el primero de dos encuentros, el segundo fue mejor y se los contaré después.

Autor: Ernesto

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Un rápido con la fácil de la clase

En ese momento quería darle por el culo, pero su estrategia funcionó y la dejé caer de golpe sobre mí, penetrándola de primera intención y con sus deliciosos pechos en mi boca, ya yo tenía una erección bastante avanzada tenido a la buena mamada que me había hecho, y ella no necesitaba mucho debido al tamaño de mi arma para llegar, por lo que dentro de poco ya estábamos acabando casi juntos.

Lo que les voy a contar sucedió en mi último año en la escuela, primero que todo, esto es el Caribe, aquí estamos acostumbrados a tener huracanes todos los años que nos hagan tener vacaciones inesperadas por el uso de las escuelas como refugio, lo que no estamos acostumbrados es a tener terremotos que nos hagan cambiar del edificio de nuestra escuela porque el original se derrumbó. Tuvimos que cambiarnos de edificio, pero quizás esto fue lo mejor que pudo haber pasado, pues el nuevo local resultó ser un paraíso para los rincones escondidos donde hacer travesuras.

En mi clase como en todas existía la “pizza”, esa chica que se entrega en 30 minutos y está siempre caliente, pero esta quizás está un poco más buena que el resto, se llama Nadia, es una pelirroja no muy alta pero con proporciones de ensueño, una colita paradita de esas que no te cansas de mirar y te mueres por acariciar, senos firmes y para nada pequeños, por su piel siempre imaginé que tendría pezones rojizos como su cabello, pero lo mejor del caso es que ella siempre supo que está bien buena, parecía encantada con que la miraran descaradamente y no era muy difícil andarse manoseando con ella, aunque yo por lo general me cuidaba pues como mi actual esposa, entonces mi novia, estaba también en mi clase, y me celaba hasta con la sombra de Nadia, pues todos sabían su fama de ligera; aún así, no faltaron las ocasiones en las que en busca de una tarea o para que la “ayudara” en un trabajo me dejara sentir bien de cerca sus duros senos o me dejara deslizar mis manos por sus maravillosas nalgas.

A quien pueda interesar, mido 1,92 y hace ya un tiempo que estoy yendo al gimnasio por lo que estoy algo fuerte y con el tamaño suelo verme muy bien.  Lo más que llegamos fue a una recalentada en mi camioneta una vez que le llevé el cuaderno a su casa, no pudimos más porque estábamos muy cerca de su casa y todavía no había hecho que le tintaran los cristales, cosa que me cuestionó mi novia, pero pude escaparme al darle la excusa de que no podía dejar objetos de valor como la laptop o mis discos a la vista de los ladrones.

En fin, después del cambio de edificio cuando vi todo el local me encontré en el tercer piso un rincón que estaba tan oculto que ni siquiera la administración lo había descubierto, y que bueno, pues inmediatamente se me ocurrió que podría ser un magnifico lugar para echar un polvo rápido y clandestinamente, de esa manera que pone mucho más caliente. Pensé llevar a mi novia cuando fuera posible a mi pequeño “motel” del que no le había contado a nadie aún, pues quería ser quien lo estrenara, pero pasó algo que me hizo usarlo antes de lo esperado.

En este país se va a la escuela con uniforme, pero en ocasiones se flexibiliza la regla cuando se hace una celebración o cualquier tipo de actividad extracurricular, bueno, al caso que ni me acuerdo que había esa vez pero nos tocaba ir sin uniforme y por cuestiones de la vida mi novia no fue a clase ese día, luego al llamarla supe que estuvo enferma, lo que me hizo sentir algo culpable de haber hecho lo que entonces hice. Al llegar me provocó curiosidad saber cómo vendría Nadia para provocar a los tipos en su única intención de parar los miembros de todo el que la viera, ya me esperaba algo espectacular, pero lo que vi como a todos me dejó sin aliento.

Llevaba el pelo rizado, ya era de todos conocida la discusión que siempre llevaba con mi novia porque no se quería rizar el pelo a pesar de que yo lo prefería así, en ese momento no lo relacioné con mis aficiones pero me encantó que lo haya hecho así, bajo su pelo entonces rizado sus hombros lucían descubiertos pues llevaba un top con mangas finas que se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel, dibujando perfectamente su cintura y ajustado a sus senos que exhibían al aire la mitad de su hermosa piel, la pequeña blusa terminaba justo sobre el piercing que adornaba el obligo que ya había tenido la oportunidad de saborear en mi camioneta, lo mejor quizás era, que llevaba una falda corta hasta los muslos negra y ajustada a sus caderas quizás la hacían parecer un poco una mujerzuela, pero a ella no le importaba mucho, estaba haciendo lo que quería, atraer las miradas de todo aquel con suficiente testosterona para fantasear con ese monumento de mujer, no porque llevara poca ropa, pues más que la mini y el top, lo que me puso a mil fue esa mirada que me dio cuando se percato de que le miraba descaradamente los senos; cuando tuve la oportunidad de mirarle los ojos, saboreo sus labios como deseando que yo lo hiciera, a lo que sonreí deseando terminar ahí mismo lo que habíamos dejado inconcluso en mi camioneta.

Desde entonces traté de buscar el momento oportuno ese día para mostrarle mi lugar “secreto” luego de las primeras clases salimos al receso, ella fue con unas amigas y yo los el grupo de siempre por unos refrescos, como el sitio en el que estábamos no estaba ideado para ser una escuela, podíamos entrar y salir cuando queríamos, era algo que la administración no podía controlar, y fuera cerca había una cafetería bastante agradable donde podíamos comprar bebidas y una que otra fruta, allá nos fuimos por unas bebidas cuando encontramos al grupo de chicas en el que estaba, no había sido coincidencia, prácticamente la estábamos siguiendo para ver más de cerca y por más tiempo sus escotes, desde mesas diferentes pude ver como Nadia pelaba una banana y la mordía muy sugestivamente mirándome a los ojos, cuando digo sugestivamente quiero decir que se la metió casi entera a la boca para sacársela de nuevo y morder solo la punta, miré hacia los lados a ver si alguien más lo había visto pero parece que solo yo lo noté pues era el único que le miraba los ojos, los otros se entretenían con ese cuerpazo.

Antes de volver a clase, vi que se separaba del grupo, yo como no le quité los ojos de encima, vi que me seguía mirando, yo torpemente le inventé una excusa a mis amigos para separarme no era lo suficientemente buena como para que me creyeran pero en ese momento no me importaba, la seguí hasta que vi que iba camino a los baños, para no llamar mucho la atención no dije su nombre, sino que la llamé con un silbido, ella entendió que era con ella, cuando me acerqué me preguntó:

– ¿No estarás siguiéndome al baño?- A lo que dije: -Tengo pensado algo mejor.

La muy zorra solo había pensado en calentarme sin medir las consecuencias, pero no se imaginaba que ya tenía el plan listo desde hacía rato, mu sigilosamente subimos las escaleras y sin que nadie nos viera llegamos a mi lugar. En el camino le había dicho que aún no me terminaba de pagar por el cuaderno que le había prestado, y que me gustaría ver como terminaba de comerse una banana, ella me dijo que si encontraba sitio hasta lo podría sentir. ¿Cuál sería su sorpresa cuando se encontrara en un sitio oculto después de pasar tres puertas incluyendo una oculta que parecía una pared?

La poca luz que entraba al sitio entraba por una especie de ventana que había en el techo, donde de haber alguien de todas formas no podía ver donde estábamos, solo debíamos cuidarnos de no hacer ruido pues no sabía que podía haber en el cuarto contiguo. Cuando entramos no aguanté las ganas de besarla a lo que ella respondió fácil y sin problemas colgando sus brazos de mi cuello, yo la levanté y la pegue contra la pared, con firmeza pero en silencio luego pensé si debía besarla, pues imaginé la cantidad de vergas que habrían pasado por esa boca, pero por lo caliente que estaba y de pensar que luego pasaría la mía no me importó mucho mientras la besaba manoseaba su cuerpo hasta llegar a sus perfectas nalgas que tan bien palpaba a través de su falda, antes de yo notarlo, literalmente se sentó en mis manos enredándome totalmente con sus piernas.

En ese momento sentí su vagina en mi abdomen cuando la cargué y empecé a besarle el cuello y hasta los senos a lo que ella respondía mordiendo mi oreja, a la vez que me decía “Hazme tuya mi amor”, ya sabía que son de las estrategias de las zorras para ponerte más caliente, pero me dio una idea de algo sumamente excitante, como ya les dije yo estoy alto y fuerte y ella es flaquita y pequeña, por lo que no se me hizo muy difícil pasarla del abrazo hasta subir sus muslos sobre mis hombros, al estar recostada a la pared, no me pesaba nada y su vulva ahora estaba justo frente a mi rostro, pude sentir su raja húmeda a través de su tanga blanca que luego le quité desde atrás enrollándola por su precioso culito, dejando libre su concha para hacerle una mamada espectacular, la que le provocó unos gemidos un poco más alto de lo que hubiese esperado.

Ella seguía derramando sus jugos sobre mi cara, mientras mis manos seguían acariciando su cuerpo hasta donde pudiera hacerlo con el balance necesario, hasta para una putilla como ella esta era una situación sumamente pervertida, estaba colgando de los hombros de un tipo que le hacía una mamada en la escuela, ella normalmente le daba a los tipos algo rápido, para sacarle el polvo de prisa, pero ahora estaba gozando sola y de lo lindo, por lo que pronto la sentí estremecerse con su primer orgasmo.

Seguí dándole besos cortos mientras se calmaba y yo recogía con mis labios sus jugos vaginales, luego la bajé y me dijo: -Te toca. La dejé caer lentamente hasta que ella misma bajó hasta quedar arrodillada frente a mi paquete que desde hacía rato ya estaba desesperado por salir del pantalón.  No pretendo presumir, pero hasta en el Caribe mis 23 cms son respetados por eso aún ella, que de seguro ha visto muchas con las cuales compararla, no ocultó su asombro al encontrarse con el tamaño de mi verga, inmediatamente se la llevó a la boca, succionando primero mi glande, estimulándolo con su lengua.

No puedo negar que eso me estremece, no cabe duda de que tiene experiencia la chiquilla, después trató de tragar lo más posible, aunque no logró entrarla completa, mientras ella chupaba la hice poner el culo en pompa que ya lucía desnudo al tener la fada enrollada en la cintura, con la imagen de su cuerpo contorneándose y con el buen trabajo que hacia tragando, subiendo y bajando hasta mis bola y lamiéndome el glande debo reconocer que de haber seguido así me hubiese venido dentro de poco pues la chica sabía lo que hacía.

Luego saqué mi pene de su boca y la dejé como estaba, en la posición del perrito me di vuelta y empecé a besar su culo mientras desde atrás acariciaba sus pechos, le quité la blusa y la dejé con sus tetas al aire, definitivamente no necesitaba sostén, tenía un tamaño más que aceptable y eran totalmente firmes, cuando me arrodillé tras ella supo mis intenciones de romperle la colita, a lo que inmediatamente se giró, diciendo que solo lo había hecho una vez, con un pene más pequeño que el mío y le dolió tanto que no se había vuelto a atrever, me hubiese molestado no poder darle en ese momento pero me distrajo verla desnuda frente mío y con su coño latiendo a la espera de que se lo destrozara, puso cara de niña buena y se llevó un dedo a la boca preguntándome:

-¿No vas a aprovechar que mi conejito te está esperando?

En ese momento quería darle por el culo, pero su estrategia funcionó, inmediatamente me senté y la dejé caer de golpe sobre mí, penetrándola de primera intención y con sus deliciosos pechos en mi boca, ya yo tenía una erección bastante avanzada tenido a la buena mamada que me había hecho, y ella no necesitaba mucho debido al tamaño de mi arma para llegar, por lo que dentro de poco ya estábamos acabando casi juntos.

Después que ella dejó de cabalgarme al terminar yo dejé salir todo lo que tenía dentro de ella, pues por la calentura ni nos percatamos de usar condón, luego ella me dijo que se tomaba siempre la píldora, claro, putita al fin, solo me quedé preocupado por alguna enfermedad pero por suerte hasta ahora no ha habido problemas.

Luego de ponernos la ropa, volvimos fuera, donde todavía no empezaban las clases, yo me fui directo al cuarto convertido en salón donde luego vi entrar a mis amigos que puede que hayan tenido alguna sospecha pero no les dije nada hasta la graduación unos meses después, luego les contaré como logré romperle la cola y la primera vez que logré meter a mi novia en el rincón, saludos.

Autor: Ernesto

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Mejor amigo y mejor amante

Era mi primera vez. No me supe controlar. Mi semen salió disparado hacia su garganta. Él sólo gimió, lo que me dio a entender que estaba complacido. No me había percatado que mientras me complacía se había estado masturbando. Acerqué mi cara a su miembro y puede contemplar cómo explotaba haciendo salir aquel líquido tibio que esperaba impacientemente.

Me llamo Ernesto. Esta historia, no se la había contado a nadie antes, pero bueno, aquí estoy.

En aquél entonces, estudiaba el segundo semestre de preparatoria y deseaba tener un encuentro gay.

Mi mamá me invitó a acompañarla para recoger unas cosas. Al llegar al edificio de gobierno, en donde ya nos esperaban, mi madre se fue con unos colegas suyos y a mí me dejó en una sala de espera. En esas estaba cuando me di cuenta que necesitaba ir al baño, me dirigí hacia la puerta en donde se leía: “hombres”; para mi sorpresa, la puerta estaba cerrada. Decidí esperar ahí hasta que algún empleado de ahí entrara y así me dejara el paso libre. Mientras esperaba se acercó un hombre que me miró, sonrió en forma maliciosa y me abrió la puerta del baño.

Adentro, me metí a un cubículo, acabé de orinar y salí a lavarme las manos, en tanto, me daba cuenta que sólo estábamos él y yo. Me estaba secando las manos cuando el hombre se acercó y empezó la conversación:

– ¿Llevabas mucho tiempo esperando? – No- le dije. – ¿Y ahora qué hago?

Me quedé un momento en silencio. Entonces me di cuenta que traía la verga de fuera. Era muy larga y gorda, tenía todavía el prepucio y con su erección apenas se notaba un poco de su glande.

– ¿Se le paró?- pregunté con nerviosismo. – Sí, pero no sé como bajármela, ¿Sabes cómo? Se acercó bruscamente pegando su enorme polla a mi mano.- Tócala, chúpala- me decía al oído- ¿has hecho esto antes? – No.- Déjame vértela a ti.

Sus manos tocaron mis genitales por encima del pantalón rojo que traía. Esto hizo, casi inmediatamente, que mi pene se excitara tremendamente. Yo, para entonces, ya tenía su pene cubierto por mis manos y, sin pensarlo, me incliné e introduje su miembro a mi boca.

Aún puedo recordar su sabor. Sus testículos chocaban contra mi labio inferior provocando gemidos desgarradores por su parte. Se oyó un chasquido. Mi espanto hizo que me levantara de un intento y él inmediatamente se introdujo en un cubículo. La puerta se abrió estrepitosamente.

Dos hombres entraron y sin notar mi presencia se dispusieron a orinar. Al oír que la puerta se cerró tras los dos extraños, me metí al cubículo donde me esperaba mi amante.

– ¿Quieres que te lo chupe?- me decía con una excitación que lo hacía temblar.- Sí,- logré pronunciar entre gemidos.

Mi pene de 15 cm. entraba y salía bruscamente de su boca.Era mi primera vez. No me supe controlar. Mi semen salió disparado hacia su garganta. Él sólo gimió, lo que me dio a entender que estaba complacido. No me había percatado que mientras me complacía se había estado masturbando.

– Ya me vengo- me gritó- acércate.

Acerqué mi cara a su miembro y puede contemplar cómo explotaba haciendo salir aquel líquido tibio que esperaba impacientemente.

Salimos y una carcajada salió sin control de mí.

– Es mi primera vez- le dije entre risas.- ¿Y te gustó? – Por supuesto- respondí con tal seguridad que sorprendió a mi amante.- Me gustaría volver a verte, mi número es…, ¿nos podríamos ver hoy?  – Gracias hoy no puedo, pero te llamaré y…

La voz de mi madre resonaba en la reducida habitación. Había regresado. Me despedí de Eliseo y salí a encontrarme con mi madre Una semana después lo contacté y me invitó a cenar y desde entonces es mi mejor amigo y mi mejor amante. Tiene 20 años y estudia derecho.

Autor: Ernesto

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Perita mi compañera de trabajo III

Lanzó un gemido y de su pucha salió un gran chorro de fluido, todo su cuerpo se contrajo y su ano apretó mi verga dentro de ella con todo; con lo que yo alcanzaba a ver, sus ojos estaban en blanco y sus tetas súper erectas. Eso le duró casi un minuto, en el que yo dejé de moverme, luego ella se desvaneció y mi verga quedó liberada de su ano, realmente había perdido el sentido.

Hola, estoy de regreso y les cuento lo siguiente:

Como les dije en mi anterior relato, me corrieron de mi chamba y pensé que pasaría mucho tiempo para ver a Perita, mi compañera de trabajo; de hecho, llegué a pensar que nunca más la vería pero no fue así. El hecho fue que Rosy, la otra chica de la oficina, me habló a mediados de julio, diciéndome que Perita le pidió que me avisara que sería el cumpleaños de su niño, a ver si podía ir; no lo pensé y le respondí que sí, entonces quedamos de acuerdo en el lugar, la hora y el día en que nos veríamos.

Fue por la estación Aculco del Metro, en una unidad habitacional bastante grande que está a un lado, llegué y había bastante gente, estaban sus hermanas y ella me saludó como si nada. Ese día, Perita llevaba un vestido completo que se le veía muy bien y me puse a charlar con Rosy, luego el tiempo pasó, lo que sí es que nunca vi al esposo de Perita y notando que no habría chance de platicar con ella, decidí despedirme pero me pidió que me esperara.

Eran ya las 8 de la noche y solo quedaban dos de sus hermanas, una con su esposo y la otra, que es soltera y mayor que ella. Ya con el ambiente más tranquilo, nos sentamos a platicar, ahí me enteré que su esposo andaba de viaje y que al niño se lo llevaría una de sus hermanas a pasar la noche con sus primos; ya siendo casi a las 9, me despedí con el plan de regresar en cuanto ella me llamara a mi teléfono celular.

A las 9:10 p. m., sonó mi teléfono, ella Perita y me dijo “ya se fueron, regrésate”; cuando llegué a su departamento, ¡wow!, ella se había cambiado por un vestido pegado, muy cortito, unas zapatillas de plataforma y unas medias de red del mismo color, no traía sostén ni tanga. Enseguida, ella me indicó “pásate, te he extrañado, ¿y tú a mí?”, le respondí “claro que te he extrañado, corazón”, luego me comentó “como ves, mi esposo no está y casi no ha estado por andar con el pinche político ese pero vente, papacito”.

No nos esperemos más, inmediatamente me prendí de su boca dándole un gran beso de lengua y agarrándole las nalgas, que apenas eran cubiertas por su mini vestido; al sentir sus nalgas apretadas por la red de sus medias, me puse más cachondo y le mamaba sus tetas ricas con muchas ganas, me entretenía chupándole y estirándole sus pezones ricos y duros. Ya sentados en su sala, le empecé a meter mano en su panochita, que de nueva cuenta, la traía totalmente pelona, además el olor que emanaba de ella me excitó a más no poder.

Rápidamente, me bajé a mamársela, jalándola más a la orilla y le levanté las piernas, se las abrí a todo; el ver esa vagina húmeda en medio de la red, me hizo clavarme inmediatamente en ella, saboreando sus jugos de manera exquisita, me sabían a gloria. Empecé a darle lengua a su clítoris, que enseguida se le pudo erecto y duro, al tiempo que ella se entretenía con sus tetas, ya que le gusta mamárselas.

Mientras yo le mamaba su puchita, ella me quité el pantalón y mi bóxer, luego me levanté y se lo dirigí a su boquita, inmediatamente lo tomó con sus labios y empezó a darme una mamada de antología mientras yo seguía sobándole y penetrándole su vagina hirviente con mis dedos. A estas alturas, el vestido lo tenía todo enrollado en su cintura y yo ya sentía que mi leche pugnaba por salir de un momento a otro, entonces decidí sacársela de su boca, luego le quité el vestido y la contemplé así como estaba, recostada en el sillón, abierta de piernas, con su puchita súper mojada, sus tetas hermosas con los pezones erectos y duros, sus aureolas más negras que de costumbre, enormes e hinchadas, ¡puta, se veía como toda una putita!, hasta sus mejillas se le veían totalmente rojas, de lo caliente que estaba.

A continuación, le tomé sus pies por los tobillos y empecé a besárselos, al pasar por sus muslos, ahí me entretuve, me encantaba sentir su piel en mi boca mientras ella estaba que bufaba por lo rico que sentía, besándole el interior de sus piernas y me llegaba el olor a panocha riquísimo. Luego, baje una de mis manos a su puchita y el calor que sentí era cabrón, sus jugos le escurrían hasta su ano, entonces mis dedos se movieron hacia él y empezaron a juguetear con ese lindo hoyito, al tiempo que yo me prendía de su boca y con la otra mano, de sus tetas.

Ambos estábamos súper calientes, excitadísimos en verdad y para ese momento, su culito ya recibía dos de mis dedos sin ninguna dificultad. Yo no aguanté más y le metí mi verga de un solo golpe en su panocha, el sonido que hizo por lo húmeda que estaba se escuchó en toda la sala mientras le daba con todo y ella se sobaba su clítoris y con la otra mano, se sobaba sus tetas y se las mamaba.

Con todo esto, los dos no aguantamos mucho y terminamos muy rápido, mi leche golpeó contra su útero y ella soltó un buen chorro de fluidos, los que inundaron la sala con su olor, ambos terminamos sudorosos y desfallecidos, todavía ella se metía los dedos en su pucha y se los chupaba con mis mocos que se sacaba de su interior.

Descansamos un rato hasta que ella me dijo “espérame un momento, tengo otra cosita que lucir”, yo aproveché esto para ir a orinar y a tomarme un poco de cerveza. Cuando regresó, traía puesto un body de encaje, con licra, de color negro, que le cubría todo su cuerpo excepto su culo, su vagina y sus tetas; aparte, se cambió sus zapatillas por otras de charol negro, se veía como toda una puta jariosa.

Al momento, yo me acerqué a ella e inmediatamente empecé a fajármela, le frotaba su panocha con uno de mis muslos mientras le chupaba y le mordisqueaba sus orejas; con eso, mi pierna no tardó en llenarse de su humedad y le decía “prepárate putita porque te voy a romper tu culito, te la voy a meter toda y te la llenaré de mi leche”. Luego, la hinqué y la puse apoyada en la sala, así me bajé a mamarle su ano, que estaba hinchado y caliente, enseguida tomé un pomo de Vasenol que había traído y se lo empecé a untar con mis dedos, diciéndole “Perita, te vas a aguantar porque te voy a cumplir lo de romperte el culo” y me contestó “has lo que quieras conmigo”.

Procedí a dedearla hasta meterle cuatro dedos, ella pujaba y se abría las nalgas a todo lo que daba hasta que de repente, le solté una sonora nalgada que le dejó mis dedos marcados en sus carnes. Al instante, su esfínter se contrajo y ella me pidió “sigue, no pares por nada”, así que empecé a meterle y a sacarle mis cuatro dedos en su ano de forma acelerada, pues ya estaba bien lubricado, también le di más de una docena de nalgadas y con esto, sus carnes estaba súper rojas y calientes mientras ella se daba dedo en su clítoris.

Ya mi verga estaba dura y expectante para penetrarla de un momento a otra, ya fuera por el culo o por la vagina, entonces Perita se empezó a dar más fuerte en su cuquita hasta que sentí como se contraía su ano, anunciando su orgasmo. Yo lo aproveché, le saqué los dedos y le clavé mi verga hasta el fondo de una estocada y me movía brutalmente ante los espasmos de su ano, ella chillaba a punto de venirse.

De repente, lanzó un gemido y de su pucha salió un gran chorro de fluido y luego otro, todo su cuerpo se contrajo y su ano apretó mi verga dentro de ella con todo; con lo que yo alcanzaba a ver, sus ojos estaban en blanco y sus tetas súper erectas. Eso le duró casi un minuto, en el que yo dejé de moverme, luego ella se desvaneció y mi verga quedó liberada de su ano, realmente había perdido el sentido, así que le di su tiempo, su respiración era profunda, eso me tranquilizaba.

Casi después de 10 minutos, ella volvió en sí, como si despertara de un largo y confortable sueño, diciéndome “nunca me había pasado algo así, ¿terminaste tú?”, le contesté “no mamacita, aún estoy con mi verga parada”, luego se tocó el culo y se dio cuenta que lo tenía hinchado y abierto aún, muy irritado. Al instante, me pidió “por favor, por el culo ya no, te la mamo o métemela por mi panocha pero por atrás no, creo que mañana no me podré sentar”.

Acto seguido, nos acomodamos en la sala y empezamos de nuevo a cachondear, ella se bajó a mamarme la verga y yo le sobaba sus nalgas, que le habían quedado muy sensibles por las nalgadas recibidas, luego me moví y procedí a besárselas y a darles pequeños mordiscos. Inmediatamente Perita respondió cerrando sus ojos y dando leves quejidos, enseguida empecé a sobarle y a penetrarle su panocha con una de mis manos, al tiempo que la carne de su trasero temblaba, su panochota ardía y se mojaba a todo. Después, yo la recosté y se la metí por su pucha, ¡uta!, le ardía en verdad, enseguida su perrito respondió y yo sentía riquísimo.

Ya que sentí que estaba por estallar, se la saqué y se la metí en su boquita sedienta de leche, entonces ella me la empezó a mamar de forma deliciosa, sentía que me aspiraba lo más profundo de mí y no aguante más, así que le tomé su cabecita y se la clavé hasta el fondo de su garganta; ahí le solté toda mi leche, la que ella se tragó sin derramar ni una sola gota.

Ahí quedamos ambos desfallecidos hasta que vimos la hora, ya pasaban de las 2 de la mañana, realmente el tiempo se nos había hecho nada pero lo disfrutamos al máximo, enseguida procedí a asearme mientras ella pidió un taxi para mí.

Me despido y espero pronto escribir más sobre Perita, para contarles alguna parte de lo que me ha platicado sobre su vida, bye.

Me despido y espero pronto escribir más sobre Perita, para contarles alguna parte de lo que me ha platicado sobre su vida, bye.

Autor: Ernesto

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Mi compañera de oficina III

Perita estaba enloquecida de deseo y se empezó a meter el tremendo dildo por su panocha y a mamar mi verga, sus tetas se movían al aire, yo le penetraba su culo con cuatro dedos, con la otra mano tomé el dildo y se lo empecé a meter y sacar de forma furiosa, ella gritaba y apretaba sus ojos, mis dedos sintieron como se contraía su culo y del dildo empezó a escurrir néctar de su panocha.

Aquí terminaré de contarles mis andanzas con Perita mi ex compañera de oficina.

Como les conté en el primer relato, a inicios de año tuve el privilegio de cogérmela, bueno de ahí hasta mayo solo nos pudimos dar tremendos fajes, cuando surgió lo de la influenza yo estaba super caliente ya que no tenía más ojos que para ella, en fin se dio la alerta sanitaria y en la oficina nos dijeron que dejaríamos de ir a trabajar, solo que el gerente nos pidió que fuéramos al otro día ya que llegaría un paquete de Guadalajara, ella y yo nos ofrecimos a estar el otro día ahí.

En fin desde que llegamos no dejamos de besarnos y toquetearnos, lo bueno de todo es que a las 9:30 llegó la mensajería y nos dedicamos a disfrutar uno del otro, yo estaba entretenido mamando esos bellos melones cuando me dijo que porqué no íbamos a alguno de los hoteles que están sobre Eje 8 para estar más cómodos, no me lo volvió a repetir, yo estaba puesto.

Cabe mencionar que Perita ese día traía puesto un lindo traje blanco, de saco y pantalón, se le notaba su tanga que se perdía en medio de sus nalgas, un top de encaje blanco muy traslucido, con el cual sus pezones se notaban un buen, sobre todo estando tan hinchados y erectos,  salimos de la oficina y en 10 minutos estabamos ya entrando al hotel, yo la abordé inmediatamente pero me dijo, espérate tantito, traigo unas cosita que quiero ponerme, te parece si nos damos un baño antes de entrar en acción, nos desvestimos y entramos juntos al baño, nos tallábamos uno al otro, ella me dijo que se adelantaba para ponerse lo que traía, que le diera 10 minutos, yo esperé y antes de que transcurriera el tiempo me dijo que podia salir, me sequé rápidamente ya con mi verga bien firme, salí del baño y la habitación estaba a media luz.

Perita estaba en la cama recostada, traía puesto un baby doll rojo con tanga abierta en la entrepierna, liguero y medias del mismo color, se habia puesto nuevamente sus zapatillas de tiritas, la escena me enloqueció, me acosté junto a ella y como si fuera mi novia la empecé a besar con mucha ternura, la tenía abrazada y le amasaba sus hermosas y duras nalgas, sus tetas se dibujaban excitadas, sus aureolas grandes y oscuras y ni que decir de sus pezones crecidos y duros, me aboqué a mamárselos como si deseara terminar de alimentarme de ellos, se los mordisqueaba y ella gemía cachondamente, bajé una de mis manos a su panocha y estaba super humada y caliente, su clítoris esta hinchado, le empecé a dar dedo y nuestra calentura aumentaba, nos movimos y nos pusimos en posición de 69, quedando yo encima de ella dándonos tremendas mamadas, yo le chupaba su botón y con mis dedos le penetraba su vagina y su ano, era tanto el placer que ella sentía que dejó de mamar mi verga, sentí como su clítoris iba aumentando de tamaño y sus piernas temblaban, su vientre se empezó a convulsionar anunciando su orgasmo, sus piernas me apretaban la cabeza como queriendo ahorcarme, yo aumenté la velocidad de mi lengua y de repente un chorro de fluidos salió de ella, a mi me sabía a gloria su venida.

Sentí tres chorros en mi boca, los cuales traté de beber en su totalidad, Perita cayó desfallecida, yo me despegué de su chocho y compartí con ella su deliciosa venida besándole la boca, la puse de lado y le acerqué mi camote a sus nalgas, inmediatamente sentí el calor que emanaba su delicioso ano, besándole la espalda bajé hasta sus nalgas para finalizar mi recorrido en ese delicioso hoyo, de su boca salió un prolongado gemido de satisfacción, al empezar a mamárselo, me di cuenta que parte de sus jugos habían resbalado hasta su culito, lo que me ayudó a meterle un dedo, ese culito me tenía fascinado, no paraba yo de darle lengua y dedo, le metí otro dedo más, el cual entró con suma facilidad, sin pensarlo le metí uno más, esto la hizo gemir más fuerte y me dijo, ensártame el culo, ya por favor, lo deseo ¡ya!

La puse de a perrito y le coloqué la cabeza de mi verga en su entrada, Perita me dijo, métemela de un solo golpe, sin pensarlo se la dejé ir hasta el fondo, ella lanzó un gruñido de satisfacción, yo empecé a moverme y ella me decía, cogeme fuerte, me gusta salvaje, yo inmediatamente empecé un mete y saca frenético, mi verga estaba al cien y mi leche a punto de estallar, aguanté lo más que pude hasta que le inundé sus entrañas con todo mi néctar, ella decía entre dientes, perra, soy una perra puta. Nos encontrábamos bañados en sudor, mi verga flácida se escurrió de su ano, acompañada de los mocos que escurrían de ella, nos quedamos somnolientos, abrazados.

Sentí que se levantaba e iba al baño tomando un gran bolso que ese día habia llevado, no tardó en salir con un corset negro con medias del mismo color, el corset dejaba sus tetas al aire, me dijo, ¿te gusta, como me veo? Claro que si, te ves super rica, me contestó diciéndome, hoy soy tu puta y voy hacer todo lo que me pidas, me levanté y la empecé a besar y a mamar de nuevo esas tetas que tanto había soñado, Perita me dijo, traigo un juguetito, que deseo usar, de su bolso sacó un pene largo y grueso, me dijo deseo que me lo metas y que lo muevas como más gustes, la acosté de frente y nuevamente bajé a mamarle su chocho y su ano, el dildo se lo empecé a meter en su hoyito trasero, ella bufaba, cuando tenía más de la mitad del juguete dentro de ella, me le subí y le metí mi verga en su vagina, la cual se sentía super abultada por el dildo que se encontraba en su colita, le jalé sus piernas hacia sus hombros para penetrarla hasta el fondo.

Ella se mamaba sus tetas, se pellizcaba sus pezones, mientras su chocho ponía en funcionamiento su perrito, que me apretaba la verga muy, pero muy rico, mi próstata y mis huevos estaban cargados de bastante leche, la cual habia guardado para ella, le bajé las piernas quedando de lado, de esa forma le metía mi verga y con una mano le movía el consolador en su culo, Perita chillaba de placer, sentí que mi leche pugnaba por salir, le dije Putita, estoy a punto de venirme, ella se desensartó de mi verga para dirigir su boquita a ella, me la empezó a mamar como desesperada, no aguanté más y aventé un buen chorro de mocos, los cuales se fueron directamente a su garganta, otro chorro más y otro más, hasta que caí de espaldas, Perita se quedó hincada en la cama saboreando mi néctar y con su culo atravesado con el dildo, me dijo, papito mueve mi juguetito en mi ano, lo siento arder de deseo, se puso de a perrito encima de mi, y con mi mano se lo empecé a meter y sacar, en un movimiento se lo saqué todo, quedando su ano totalmente abierto y dilatado, aproveché para meterle cuatro dedos! los cuales le entraron como cuchillo en mantequilla.

Con ellos la empecé a penetrar su ano, en el cual aun había residuos de mi leche, Perita estaba enloquecida de deseo y sin pensarlo se empezó a meter el tremendo dildo por su panocha y a mamar mi verga, la cual nuevamente se encontraba dura, la escena era super cachonda, sus tetas se movían al aire, yo le penetraba su culo con cuatro dedos y ella se daba dildo en su panocha y me mamaba, con la otra mano tomé el dildo y se lo empecé a meter y sacar de forma furiosa, ella gritaba y apretaba sus ojos, mis dedos sintieron como se contraía su culo y del dildo empezó a escurrir néctar de su panocha, gritando como loca alcanzó un orgasmo más, su cuerpo temblaba todo, se convulsionaba una y otra vez,  yo habia quedado con mi verga parada y aprovechando que Perita habia quedado de espaldas y con su culo expuesto, de un solo golpe la penetré, esta vez me movía a un ritmo acompasado, ya que su ano estaba super hinchado y tenía miedo de lastimarla, así estuve hasta que descargué de nuevo mi leche en sus tripitas.

Ambos estábamos exhaustos, nos quedamos dormidos cerca de una hora, nos levantamos y nos bañamos, estábamos sudorosos y olorosos de sexo, en la regadera la acariciaba con mucha ternura demostrando lo agradecido que estaba con ella, le daba besos muy tiernos en sus labios carnosos, sin proponérmelo, ya tenía mi verga parada de nuevo, salimos del baño y nos acostamos tratándonos como novios, yo le rozaba su puchita con mi camote y sentí su humedad nuevamente, esta vez se la metí poco a poco, ella con sus ojos cerrados disfrutaba de esa cogida de novios, sentía sus fluidos correr por su cuevita super caliente, mientras que ella se sobaba su clítoris, así estuvimos cogiendo alrededor de 20 minutos hasta que terminé dentro de ella, viendo que ella no habia llegado aun a otro orgasmo, me bajé y le empecé a mamar su chocho, mi boca recibió la mezcla de sus jugos con mi semen, realmente me agradó mucho, le mamé hasta que sentí como se vaciaba, yo ya me sentía totalmente vacio, ella estaba totalmente abandonada al descanso, cuando vimos la hora nos dimos cuenta que pasaban ya de las 5 de la tarde, nos arreglamos para salir totalmente satisfechos.

A la semana que regresamos a la oficina me llamó el gerente para decirme que me corrían por la situación por la cual estábamos pasando económicamente, cuando me despedí de ella me dijo, corazón yo sabía que te iban a correr por eso te di tu despedida, suerte, y me dio un exquisito y apasionado beso.

Autor: Ernesto

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Mi compañera de oficina II

Ella tomó mi verga y se la dirigió a su culo, entró fácilmente e inicié de nuevo el mete y saca, ella apretó más su ano y me la empezó a exprimir, terminamos desfallecidos ambos, yo no dejaba de mamar sus tetas y ella de darse dedo en el clítoris, cuando estaba por tener otro orgasmo me bajé y con mi boca le ayudé, con sus piernas me rodeó la cabeza, me apretaba hasta que se vino en mi boca.

La vez pasada les conté como se dieron las cosas para coger con Perita, mi compañera de trabajo, les cuento que en la oficina somos cuatro personas, el gerente, Rosy la chaparrita, Perita y yo, Rosy se accidentó, así que estuvo incapacitada un mes y el gerente se fue a Guadalajara toda esa semana, así que estábamos totalmente solos.

Al día siguiente aun calientes pero más tranquilos charlábamos sobre nuestro encuentro, ella me contó que Carlos su esposo andaba apoyando a un precandidato para diputado y que desde noviembre prácticamente no tenían sexo, aunado a que él es profesor de filosofía y de su escuela lo estaban mandando a Monterrey a dar unos cursos, en fin andaba desatendida y pues el ganón resulté yo.

Ese día cada que teníamos chance nos dábamos tremendos fajes, a tal grado que yo traía mi verga super dura y babeante y ella pues ni se diga, ese día llevó puesto un traje sastre con falda corta, medias negras, y una blusa bastante escotada y sin brasier, sus tetas se le notaban a todo, sus pezones super parados.

En cuanto llegó la hora de la comida pusimos la contestadora automática y nos olvidamos de comer para darnos tremendo faje, nos besábamos super rico, nuestras lenguas se trenzaban como queriendo llegar a lo más profundo del otro, mis manos se daban vuelo con sus tetas y sus nalgas tan ricas, sentía el calor que salía de su entrepierna a tal grado que cuando acerqué mi mano a su panocha estaba super empapada, mi sorpresa fue mayor al sentir que a diferencia del día anterior su puchita estaba libre de vellos y aparte olía super rica, se había puesto un perfume exquisito.

La senté en uno de los sillones de la recepción y le abrí las piernas, la vista era soberbia, sus piernas enfundadas en las medias negras y su panochita totalmente depilada cubierta apenas por un triangulo de tela negra trasparente y bastante mojada, acerqué mi boca poco a poco, subiendo por sus muslos hasta llegar a su pubis, de ahí fui bajando a su rajita que olía tan bien, al momento de posar mi boca sobre su clítoris, aun sobre su tanga, ella respingó de tal forma que arqueó su cuerpo y se empezó a sobar sus tetas, las cuales ya estaban fuera de su blusa, su chochito emanaba fluido en abundancia, sabía super rico, ya que se mezclaba con el aroma del perfume.

No tardó mucho en empezar a convulsionarse, signo de que llegaba a su orgasmo, ¡puta! se vino super rico, todo su cuerpo temblaba, se quedó quieta y con los ojos cerrados, me senté a su lado y empecé a mamar sus ricas tetas mientras que ella reaccionaba poco a poco, mis manos le quitaron la tanga y la empecé a dedear, bajando un poco más comencé a pasarle mis dedos por su culito, el cual inmediatamente reaccionó y comenzó a palpitar, ella bajó su cara a mi verga y me la empezó a mamar, por lo caliente que yo estaba, no tardé en venirme en su boca, Perita se tragó toda mi leche.

Descansamos un poco, me decía que estaba disfrutando y que le encantaría que se la metiera por su culito, ya que le encanta por ahí, yo la seguí dedeando y la puse de a perrito, ¡puta! al ver sus magníficas nalgas y ese hoyito prieto palpitar me puso a cien, y ni que decir de su panochita toda mojada y pelona, sin sacarle el dedo del culo se la dejé ir por su chocho, mientras ya tenía dos dedos metidos en su culito y ella se daba masaje en su clítoris, de repente me dijo que se la metiera por su ano, que deseaba sentirse penetrada por ahí.

Se la saqué y bajé a darle unas ricas mamadas a su ano el cual también estaba perfumado, ya bien mojado y dilatado se la empecé a meter poco a poco pero ella se hizo para atrás para que le entrara lo más pronto posible, entendiendo la señal se la dejé ir de un solo golpe, inmediatamente empezó a gemir como desesperada y se jalaba uno de sus pezones, el calor en el interior de su ano era cabrón, inmediatamente empezó a contraerlo, yo sentía super rico, en cierto momento se la saqué y la puse acostada frente a mi para mamarle las tetas.

Ella tomó mi verga y se la dirigió a su culo, entró fácilmente e inicié de nuevo el mete y saca, de sus tetas me pasaba a su boca para besarnos de lengua super cachondo y con una mano le amasaba una y otra teta, yo sentía que estaba por terminar y se lo dije.

Ella apretó más su ano y me lo empezó a exprimir, ¡wow! que rica venida me aventé, terminamos desfallecidos ambos, yo no dejaba de mamar sus tetas y ella de darse dedo en el clítoris, cuando estaba por tener otro orgasmo me bajé y con mi boca le ayudé, ella con sus piernas me rodeó la cabeza y me apretaba hasta que se vino en mi boca.

El sentir sus jugos provocó que se me volviera a parar la verga y sin esperar a que se recuperara se la metí en su vagina y le di a lo bestia, hasta que ambos terminamos, yo apenas pude aventarle unos cortos chorros de leche y ella todavía se vino en abundancia, ya no pudimos más y descansamos, nos lavamos, nos vestimos y…, ya les contaré la tercera y última vez que cogimos, bye…

Autor: Ernesto

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Ficción y realidad con mi suegra

Me costaba controlar el orgasmo. Estaba súper excitado. Tenía casi media polla dentro y ella se estaba volviendo loca de placer. Desde su coño salía un torrente de fluidos que resbalaban lentamente por el interior de sus piernas. La mujer estiró su mano derecha hasta poder tocar con la punta de sus dedos mis huevos. Me estaba agradeciendo, como mejor sabía, mi esfuerzo.

Fui un estúpido, porque ya había ocurrido otras veces. Aunque la bronca que recibí en esta ocasión fue brutal. MI mujer descubrió en mi ordenador – le encantaba meterse en mis asuntos personales- uno de los relatos eróticos que preparaba. Ya lo he dicho, no era la primera vez. Pero el texto, en esta ocasión, trataba de una fantasiosa aventura sexual con mi suegra.

El relato lo escribí sin tomar como referencia a la madre de mi mujer. Porque Antonia, como así se llamaba mi suegra, no era de mi gusto. Era una historia en la que la protagonista se asemejaba mucho a Carmen, la madre de mi mejor amigo. Esa si que era una mujer de bandera: de unos 55 años, pero con un cuerpo interesante, bien cuidado y con unos pechos sugerentes.

Yo, a mis 38 años, seguía siendo un tipo al que le gustaban las mujeres maduras. Había sido así desde mi más tierna infancia. Mi mujer, María, lo sabía, y, tal vez por eso, montó en cólera cuando vio el texto. Ella, al igual que yo, sabía que la suegra que en él aparecía no tenía ninguna semejanza con su madre. Pero sólo el hecho de imaginar una fantasía sexual con una mujer mayor la encabritó.

Estuvo varios días sin hablarme. Y debió contárselo a sus padres, porque sus caras, cuando los volví a ver, transmitían un disgusto enorme. Aunque, a decir verdad, fueron educados y no sacaron el tema. Todo lo contrario que mi mujer, que durante varias semanas no dejó que le tocara ni el pelo de la cabeza. Pasó el tiempo, perdí el relato –mi mujer lo borró del ordenador- y llegaron las vacaciones. Soy de Valencia y, como en otros años, alquilamos un apartamento en El Perelló; un pueblo cercano a la capital con una playa muy agradable. No hay aglomeraciones y el tipo de turismo, muy familiar, era el que mejor se ajustaba, dado que tenemos dos hijos.

Siempre alquilábamos el mismo apartamento, en una pequeña urbanización, en primera línea de playa, con piscina para mayores, otra para niños y una pista de tenis. Era una vivienda de tres habitaciones con un comedor enorme. Como todos los años, mis suegros se venían con nosotros. Egoístamente, era la mejor manera de disfrutar del verano, ya que ellos se encargaban del cuidado de los niños y eso nos permitía, a mi mujer y a mí, disfrutar de un tiempo libre merecido después de meses de trabajo.

Voy a ir al grano. La aventura que justifica este relato comenzó el día en el que mi suegro, Vicente, mi mujer y mis hijos se fueron a Valencia para realizar unas compras y, de paso, llevar al cine a los niños. Yo había ido ese mismo día por la mañana a Játiva a ver a mi madre, pero decidí volver antes de hora al apartamento porque deseaba ver el partido del Trofeo Naranja entre el Valencia y el Real Madrid, que lo retransmitían por el canal autonómico.

Creí que no encontraría a nadie porque pensé que todos estarían en Valencia. Entré en la vivienda y, efectivamente, estaba vacía. Acudí a la habitación principal y me quité la ropa. Hacía un calor horrible. Desnudo, me dirigí a la cocina para tomar agua fresca. En ese momento escuché que la puerta del lavabo se abría. No tuve tiempo de reaccionar. Mi suegra, cubierta solo con una toalla, salía del baño y me encontró a mi desnudo, en un gesto ridículo intentando taparme los genitales, en el pasillo. Creo que para los dos fue una situación muy embarazosa. Pero, contra lo que creí, ella se comportó de manera muy educada.

– Lo siento Ernesto- dijo mi suegra mientras aceleraba el paso para ir a su habitación. – Más lo siento yo.

Yo también aceleré el paso, fui a la habitación y me puse un bañador y una camiseta. En pocos segundos me había adecentado y volví a acudir al comedor, donde esperé hasta que mi suegra volvió a aparecer; esta vez vestida con un pantalón tipo bermudas –que le quedaba horrible- y una blusa blanca.

– Oye, le dije, por favor, no le digas nada de esto a María. – No te preocupes, no voy a decir nada, porque a Vicente tampoco le haría gracia.

Aquella respuesta me tranquilizó. No quería ni imaginar qué hubiera ocurrido si mi mujer se entera de que mi suegra me había visto en pelotas después de haber leído aquella fantasía que yo deseaba mandar. Antonia, en ese momento, se sentó en una silla del balcón. Parecía no querer decir anda más.

– Te han dicho a qué hora llegarán, le pregunté por preguntar algo. – Si, María ha llamado y dice que ahora entraban en el cine. Yo creo que llegarán tarde porque Vicente quería llevarlos a todos a una pizzería antes de volver al apartamento.

Está claro que mi mujer no quería dejarme a solas con mi suegra. Pero, tal vez, ella pensó que yo iba a llegar de Alcira muy tarde, como ocurría otras veces, y que vería el partido allí en compañía de mis amigos de infancia.

– Bueno, le advertí a mi suegra, si no te molesta dentro de un rato podré la tele para ver el partido.
– No me molesta. ¿Oye?, preguntó, si quieres te preparo alguna cosa. – Más tarde, respondí, ahora estoy bien.

Pasaron unos minutos y la situación resultaba extraña. Yo nunca me había quedado a solas con mi suegra. Era una mujer bastante sensata, y con la que nunca había tenido los problemas que otros amigos me habían comentado con las suyas. A decir verdad, era una buena mujer y se desvivía siempre porque mis hijos estuvieran muy bien cuidados.

Fue en ese momento cuando me entró un impulso un tanto loco y me acerqué a la terraza para sentarme a su lado. Me entró una enorme curiosidad por saber si había leído o si mi mujer le había contado algo sobre el famoso relato. Mientras desarrollaba esa acción intenté fijarme en ella no como mi suegra, sino como una mujer. Y, la verdad, es que no vi en ella nada especial. Era una mujer de 58 años un tanto llenita. En su juventud debía haber sido una mujer guapa y, aunque apenas tenía arrugas, su rostro confirmaba que el paso del tiempo daña los rostros más bellos. Sólo salvaba de su cuerpo sus piernas que, a pesar de su edad, aún tenían un aspecto juvenil.

– Oye Antonia, comencé, ¿te dijo algo María de un relato que yo había escrito sobre una aventura con mi suegra? Se lo pregunté así, tal cual. Temí que se hiciera la loca o que me soltara un exabrupto. – No, no lo he leído, pero –sonrió- ya me dijo María que era una guarrada. – ¿Se lo dijo también a Vicente? Soltó una sonora carcajada. – Estás loco. Si eso se lo cuenta a Vicente mi marido te mata. – Era sólo una fantasía, una ficción, y, además, la mujer con la que había recreado la historia era otra.

El último comentario pareció molestarle a tenor de la mueca que hizo en su rostro.

– ¿Qué pasa, que tu suegra es un adefesio? – No mujer, lo que ocurre es que si llego a pensar en ti y mi mujer descubre que eras tú se divorcia, directamente. – Ya, lo que quieres decir es que conmigo esa historia no hubiera sido creíble porque soy una vieja.

Esa respuesta me mosqueó, y a la vez me encantó, porque me daba pie a sacarle a Antonia algunos secretos de su persona.

– Mujer, añadí, no podría haber pensado en ti, no hubiera sido moralmente acertado. Pero, además, tienes que saber que en un cuento erótico se hacen muchas cosas que a lo mejor tú detestarías. – ¿Cómo qué?, me preguntó sin sonrojarse.

Pensé durante algunos instantes mi respuesta y decidí ir de menos a más en las acciones sexuales que había imaginado en aquel cuento para ver cómo reaccionaba. Sinceramente, yo empezaba a estar un poco caliente con la situación.

– Pues, por ejemplo, juegos eróticos como acariciarse, besarse por todo el cuerpo, morder algunas zonas erógenas… – ¿Y eso son guarradas? Preguntó Antonia con una voz muy segura. – No, yo no digo que sean guarradas. – ¿Te crees que yo me he caído del árbol? Mira Ernesto, aunque soy vieja, también he sabido disfrutar del amor y del sexo. – Vaya con mi suegra, le respondí. Veo que también has sabido disfrutar como mujer. – Déjate de tonterías y dime qué más cuentas en ese relato.

Vale, me di cuenta de que ella quería saberlo todo, y no me corté.

– Pues joden como locos, le hace el amor, la sodomiza varias veces, ella le hace un francés exquisito y se corre en su boca. ¿Te parece poco? – Bueno, no está nada mal. Pero nada de lo que has contado es antinatural. – Para muchas mujeres de tu edad seguro que lo de que les den por el culo no lo tienen muy asumido.

Dije aquello y no entendía nada. Estaba con mi suegra, sólo, hablando de sexo, de sexo duro y sin pelos, y ella, contra lo que yo podía imaginar, estaba tan tranquila, como si aquella conversación hubiera sido algo natural en varias ocasiones de su vida.

– Hombre, si te digo la verdad, tu suegro nunca me ha dado por el culo. – Antonia, le corté, de esta conversación ni una palabra a nadie, ¿vale? Ella rió con ganas. – Tranquilo, Ernesto. Yo no cuento nada, pero tú me tienes que decir todo lo que había en ese relato. – No te creas; más que la acción sexual, lo que da morbo es la situación en la que se crea. Cuando estaba a punto de enviarlo pensé que la gente que lo leyera se excitaría más en el primer contacto y en el primer francés, que en el resto de acciones sexuales entre los dos. – ¿Y si tú eres el personaje, también te habrás descrito en tu relato? – Si. – ¿Y cómo te defines? – Bueno, ya me has visto en pelotas. Un hombre joven, cuidado. – Y con un buen rabo, me espetó ella.

Me dio por reírme. Estaba comenzando a ponerme nervioso.

– ¿Me lo has visto? – Si, se te salía por las manos. La verdad es que mi hija debe disfrutar mucho contigo. – No te creas, le dije con cierta sorna, ella no lo aprovecha todo lo que debería. – ¿Por qué? – Porque hay fantasías que ella no quiere hacer conmigo. – Pues mal, porque si una mujer quiere tener satisfecho a su hombre debe de cuidar esas cosas, hasta las más íntimas. ¿Por cierto?, añadió, ¿me dejarías vértelo otra vez?

Me costó creer que ella hubiera realizado esa pregunta. No me lo podía creer. Aquello superaba todas mis fantasías y dudé, por unos segundos, haberlo escuchado.

– ¿Qué dices? – Me has oído bien. Quiero verte el rabo otra vez.

Lo dijo así, “rabo”, lo cual aún me desconcertaba más. Lo dijo con autoridad, como quien pide en un bar una cerveza.

– Antonia, le informé mientras la miraba alucinado, ¿sabes lo que me estás pidiendo? – Perfectamente. Me apetece mucho. Pero si no quieres lo dejamos. Y, te insisto, tranquilo porque de esto no se entera nadie. – Oye, no me importa, pero me da mucho corte y, además, igual se presentan por la puerta la familia. – No vendrán hasta dentro de dos o tres horas.

Me envalentoné. Me levanté, me acerqué a ella, que permanecía sentada en la silla, y por encima del bañador me saqué la polla. Lo hice con decisión y al hacerlo me di cuenta de que estaba dura como una roca. Mi suegra la miró como quien mira un ordenador mientras se concentra antes de comenzar a escribir. Se le veía tranquila, relajada.

– Es enorme, me dijo. – Mujer, no tanto, más que larga es gorda. – Es preciosa. Aquel comentario me halagó y le sonreí. Ella levantó la mirada y se dio cuenta de que me gustó su piropo. Acercó su mano derecha y comenzó a tocármela. – ¿Te gusta que te la acaricie? – Me parece maravilloso lo que estás haciendo, aunque estoy un poco atolondrado.

La acariciaba con las dos manos, con mucha delicadeza, jugando con las yemas de sus dedos. Un poco en el glande, un poco en el tronco, hasta llegar a mis testículos. Era maravilloso y, mirando su cara, ella parecía disfrutar tanto como yo.

– ¿Te gustaría que te la chupara?

No me dio tiempo a responder. Se la metió toda en su boca y comenzó a hacerme una mamada increíble. Me apretaba el culo para que la polla le entrara más. Yo estaba fuera de mí. Ver a mi suegra chupándome la polla era algo que nunca había imaginado, porque el relato que yo había escrito había sido pensando en otra mujer, no en Antonia. Siguió con la mamada sin parar, parecía poseída. Le advertí que parara o me iba a correr en su boca, pero a ella pareció no importarle demasiado aquello. Y así fue. Le descargué toda mi leche dentro y ella no sólo no se quejó, sino que se la tragó toda, sin dejar nada que se perdiera. Siguió y siguió hasta que mi pene perdió parte de la erección.

– Antonia, le pregunté mientras le sacaba mi polla de su boca, ¿estás bien? – Si, ¿y tú? – Me ha encantado, y te lo agradezco muchísimo. Pero me cuesta creer que esto haya ocurrido.

Mi suegra se levantó de la silla, me tomó la mano derecha y me arrastró hasta el interior de la vivienda. Fuimos directamente a su habitación.

– Quiero que me hagas un favor, dijo con una voz muy dulce. – Pídeme lo que quieras. – Se que no soy una mujer hermosa para ti… – No digas tonterías, eres muy hermosa… – Cállate. Se lo que soy, y se lo que tú eres. Pero hace años que tengo una fantasía y te pido por favor que me ayudes a hacerla. – Pídeme lo que quieras, le insistí. – Quiero que me des por el culo.

Mi rostro delató que me extrañaba mucho aquella pregunta.

– Escucha, siguió ella, mi marido siempre se ha negado y a mí siempre me ha dado mucho placer meterme un dedo por el culo mientras me masturbo. Ahora quiero masturbarme con tu polla metida ahí detrás.

Mi suegra se había convertido en aquel instante en la mujer más viciosa y perversa que yo había conocido en mi vida. Y, queridos lectores, aquello era maravilloso. De repente, la mujer mayor y casi vieja que yo había conocido se transformó en una “mujer” con mayúsculas. Su edad y su físico me importaban muy poco en aquel momento. Deseaba, de todo corazón, hacerla feliz.

– Ponte sobre la cama como si fueras una perra y déjame hacer a mí. – Ernesto, ¿le has dado por el culo alguna vez a tu mujer? – Nunca me ha dejado, le dije con sinceridad.

Antonia se quitó los bermudas, se bajó las bragas horribles que llevaba y me descubrió un trasero muy decente para su edad. Se quitó también la blusa y el sujetador, y me enseñó unos pechos muy grandes, caídos, pero grandes y con unos pezones puntiagudos y sugerentes. Obedeció mi orden y se colocó a cuatro patas sobre la cama. Se notaba que se había acabado de duchar, porque su culo olía muy bien. Conforme me acercaba a su orificio vi que su coño aún tenía una buena mata de pelos. Nada más poner mi lengua en su agujerito negro dio un largo suspiro que confirmaba que aquello le encantaba.

Comencé a intercambiar chupaditas con la introducción de mi dedo índice. Lo hice poco a poco y con mucho cariño. A veces, bajaba un poco y dejaba que mi lengua rozara su coño, que comenzaba a estar muy mojado, con un líquido agrio, pero agradable… Estuve así un buen rato hasta que comencé a meterle dos dedos en el culo.

– ¿Te duele? – No, pero ve con cuidado, por favor… es mi primera vez.

Aquellas palabras eran la confirmación de que yo iba por el buen camino. Seguí lamiendo, echando saliva dentro, y metiendo los dedos para preparar el camino a mi polla que, en aquel instante, ya había recuperado su mejor aspecto. Ella miró hacia atrás, vio el estado de mi herramienta, y sonrió.

– Antonia, voy a empezar poquito a poquito a metértela. – Vale, respondió.

Así lo hice. Primero empujé un poco, pero costaba. Volví ha hacerlo y noté como la punta de mi pene entraba en su culo. Ella comenzó a gemir fuerte, le dolía, pero le gustaba también. Con mi mano izquierda guiaba mi polla, y con la derecha le acariciaba sus enormes tetas para que se excitara más.

– Si te duele paro. – Cállate y empuja, me contestó.

Me costaba controlar el orgasmo. Estaba súper excitado. Tenía casi media polla dentro y ella se estaba volviendo loca de placer. Desde su coño salía un torrente de fluidos que resbalaban lentamente por el interior de sus piernas. La mujer estiró su mano derecha hasta poder tocar con la punta de sus dedos mis huevos. Me estaba agradeciendo, como mejor sabía, mi esfuerzo.

Seguí y seguí hasta que, de un golpe, se la metí toda dentro. Caímos juntos, yo sobre su espalda y con la polla metida en su culo, sobre la cama. Yo, en esa situación, decidí que lo mejor era bombear con fuerza. Antonia se corrió, Lo noté, porque su cuerpo se estremeció, como si una carga de corriente eléctrica la hubiera atravesado de arriba abajo. Me pidió que no me corriera yo y que siguiera dándole por el culo. Me decía muchas cosas, todas hermosas. Chillaba a ratos, gemía, murmuraba palabras incomprensibles. Estaba disfrutando como una zorra.

Pero yo también estaba disfrutando. Creo que a aquellas alturas, Antonia se había corrido varias veces.

-Antonia. – ¿Qué?, respondió con una voz gutural. – Quiero follarte por el coño y correrme dentro de ti.

Se apartó de golpe nada más oír aquello, se dio la vuelta y se metió mi polla en su coño. Por primera vez en toda esta historia su cara estaba frente a la mía. Por un momento los dos dudamos, pero sólo fue eso, un momento, porque enseguida comenzamos a besarnos con pasión. La mujer besaba de puta madre. Mis golpes le llegaban muy a fondo. Ella parecía una posesa. No pude más, me corrí otra vez dentro de su coño y ella lanzó un grito maravilloso. Nos quedamos abrazados un largo rato.

– Ernesto, ha sido maravilloso. – Para mí también.

No dijo nada más. Se levantó, se fue al baño y se adecentó. Una hora más tarde llegó la familia y mi suegra dijo que yo había acabado de llegar. Nunca más he vuelto a enrollarme con mi suegra. Pero os puedo decir, queridos lectores, que la aventura real superó las expectativas de la fantasía que yo quería escribir. Un abrazo a todos.

Autor: Tarquim

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