Mi esclava traga

Este relato no contiene los nombres verdaderos de sus protagonistas debido a posibles represalias en contra de mi persona, por parte de la persona afectada, (el marido de mi esclava sexual).

Todo comenzó hace cinco años. Por aquel entonces yo estudiaba Económicas en la Facultad de Santiago de Compostela, tenía 25 años y mis hormonas sexuales más salidas que nunca, y tras dos años de noviazgo con una morenita, rompí mi relación con ella por encontrarme agobiado (controlado), y comencé a buscar de nuevo una mujer para consolar mi sexo.

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Casi inocente.

Infidelidad, jóvenes y cachondas. Él tocaba mi vagina y tenía su verga dentro de mi boca, quedé helada de excitación y asombro, él estaba en mi casa, en mi cuarto, abusando totalmente de mi y sentía una gran necesidad de gritar y moverme pero por el contrario solo cedía llena de satisfacción a sus abusos, metía y sacaba sus dedos de mi vagina, acariciaba mi clítoris ya súper hinchado y bajaba su dedos hasta mi ano. Read more

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Souvenirs

Karla era bonita, aunque se sentía cohibida porque estaba unos cuatro kilos arriba de peso, sin embargo, compensaba su exceso de carga siendo muy desinhibida, sus papás pensaban que criaban a una monja, pero ella era un pequeño demonio.

Era experta en mamármela en el coche, en el cine y en la sala de su casa; tenía una amiga muy puta, con la que supuestamente sus papás no le dejaban juntarse, Isis se llamaba, que era supercachonda, aunque vulgar.

Yo me obsesioné con los pechos de Isis, que estaba fea, pero de todas maneras merecía el riesgo, un día convencí a Karla de cogernos a Isis. Nuestra relación sexual había evolucionado, a Karla le gustaba enseñar su cuerpo en los antros, a veces no usaba ropa interior o enseñaba brevemente los pezones. En fin.

Una semana aprovechamos que sus padres fueron de viaje a Puebla y Karla dijo que la iba a cuidar su abuela, lo cual obviamente no sucedió, para proponerle a Isis que se dejara coger.

Isis accedió, pero dijo que lo haría por una lana, que de a gratis sólo con sus novios. No fue mucho, pero el hecho de pagarle nos hizo sentirnos sus dueños.

La tarde indicada el asunto se frustró porque Isis tenía la regla, sólo pude cogerme a Karla; tras muchas frustraciones, por fin pudimos culminar nuestros preparativos.

Esa tarde Isis llegó con ropas muy ajustadas, era muy corriente y sabía que me gustaba y que Karla envidiaba su figura, aunque yo había puesto a mi vieja a dieta y había bajado dos kilos, por lo que estaba buenísima. Me encantaba darle nalgadas para sentir su carne firme y mamarle los pechos hasta que le dolían.

Empezamos jugueteando a las escondidillas, luego hicimos poner a Isis sólo en brassier, mientras Karla se paseaba en tanga.

Ella nos modeló y nos bailó. La untamos de miel y la acostamos, a su pesar Isis estaba excitada, le metimos unas cervezas y nos turnamos para acariciarla, dijo, antes quiero ver como se cogen estúpidos, pero no, hice que Karla le comiera el coño y que ella me mamara la verga, la cual de la excitación se vació en su rostro.

Encoraginado las hice hacerme un show lésbico, el cual Karla disfrutó mucho cuando recuperé la dureza de miembro, me cogí a Karla por detrás, lentamente. Luego, Isis dejó que la amarráramos, Karla y yo le introdujimos un pepino en el coño, por cierto, lubricado con aceite de oliva.

Isis pidió ir al baño a orinar, cuando regresó Karla le tenía una sorpresa: te después.

Isis nos había cobrado razonablemente bien, lo que nos hizo sentirnos aún más dispuestos a gozarla de todas formas.

Al llegar la usamos de gata, la obligamos a asear la casa y a prepararnos una rica cena de carnes frías. Hacía bastante frío, sin embargo la obligamos a andar apenas con una blusa porque yo quería ver sus pezones endurecidos, Karla me envinó el pene y me lo chupó, yo le introduje fresas en el coño y se las iba comiendo, Isis nos veía nada más hasta que entre los dos la fuimos excitando, le pasábamos hielos para ponerle duros los pezones, le metíamos el dedo el ano bastante lubricado con un aceite especial con base en agua, con un condón para no oler mal, finalmente me la puse armas al hombro y se la metí con violencia, yo le metí el vibrador a Karla en el ano también, la hice llorar y se encabronó.

Eso no me gustó, así es que alié con Isis, amarramos a Karla e Isis le introdujo el vibrador por el culo mientras yo le untaba el clítoris con aceite, me pidió perdón y la soltamos no sin que antes le introdujera un pepino en el coño, me había gustado como se abría la vagina de Isis para recibir ese objeto extraño y decidí reproducir el procedimiento con mi novia.

Al día siguiente después de caminar por los bosques y antes de comer nos asoleábamos, yo fajaba a una, luego a la otra; de pronto la vecina más cercana se aproximó con nosotros, dijo que si le podíamos prestarle azúcar o algo de la cocina, creo que era un pretexto para visitarnos, la invitamos a tomar una copa, su marido había tenido que volver a México de urgencia y no volvería hasta mañana por ella. La invitamos a comer, ella aceptó aliviada de no quedarse sola todo el día.

Era un bombón, mejor que mis viejas, rubia y veinte añera, a propósito le metimos bastante alcohol, le dije a Karla me la quiero coger, y ella aceptó, metimos a Isis en la frecuencia, le dijimos que empezara a hacerle masaje, la tonta vecina se fue dejando llevar. Isis le propuso hacerle un masaje profesional adentro, para evitar el sol.

En una recámara le dijo que se quedara sólo en bragas, fue por aceite, yo sugerí que Karla me diera su vez un masaje, lo cual hizo muy bien; oíamos a la vecina gemir de gusto, Isis la convenció de quedar desnuda, la cabrona estaba excitada, primero le hizo un gran trabajo en las nalgas, la relajó por completo, le pidió voltearse, aunque me solicitó que no viera, con lo que oía era suficiente; escuché que le masajeaba los senos, se los puso duros y luego introdujo sus hábiles manos en la concha, la vecina gritó pero se dejó hacer.

Yo hice que Karla me la mamara sin venirme, la vecina se veía desconcertada pero ya Isis le chupaba el coño. Cuando terminamos esa ronda, Isis fue por vino y condones, yo la hice ponerse en cuatro patas y la tomé así, la vecina se quería ir pero ya era imposible: Karla la estaba seduciendo, fue por su vibrador y le pidió que se lo metiera, la vecina vaciló pero lo hizo.

Terminé con Isis. La obligué a limpiarme el pito, y a que me lo chupara hasta que se me pusiera duro de nuevo, le dije a la vecina: que quieres cariño, verga o vibrador, la muy perra comentó de las dos, ¡pero no le digan nada a mi esposo!

Karla y yo sonreímos, iba cayendo la noche. Isis se sentó en una silla con el vibrador parado y encendido, como si fuera su pene, le pedimos a la vecina que bailara y se lo introdujera, para esto yo le estaba metiendo mano, lo hizo y se comió bastante la cabrona, yo no quería que acabara, le hice una seña a Karla me puso e chupáramos cada parte de su cuerpo, la trabajé muy bien en el cuello, las orejas y los pies. Karla se dio un banquete con su coño e Isis con sus pechos, hice que Karla me la mamara y la monté primero, después de todo era mi novia. Luego le introduje a Isis, a la que habíamos untado con un poco de miel, el vibrador por el coño y el culo.

Sin embargo el pito seguía parado, la vecina pedía verga a gritos, lo exigía. Muy excitado, pero nada tonto, le dije a Karla que la video grabáramos. Ella discretamente lo hizo, la puse en tres posiciones antes de venirme.

Luego nos vestimos y la acompañé a la puerta de su casa, la besé en la boca y le agarré las firmes nalgas.

Estaba agotadísimo, eran casi las once de la noche. Karla estaba muy acelerada, me dijo ya mañana no vas a poder, hay que hacerle algo especial a nuestra esclava. Sin embargo dormimos, la mañana siguiente estábamos cansadísimos y apenas nos movíamos, me convertí en ginecólogo al untarle crema en el coño a mi par de putas, pero Karla tenía razón, teníamos que desquitar nuestro pago a la pendeja de Isis.

Pusimos la grabación de la noche anterior en la tele y nos super excitamos, no sé de dónde pero mi pene recuperó vigor. Desvestimos a Isis y la pusimos en cuatro patas, Karla le comía el coño, mientras yo maniobraba con sus tetas las cuales se pusieron durísimas, le dije a Karla que era su turno se puso en cuatro patas e Isis le efectuó una gran labor que la volvió multiorgasmica.

Habíamos limpiado muy bien el vibrador, se lo metí lentamente a Isis, Karla se lo metía ahora. Dije Karla prepárate para lo bueno, le pusimos un condón al vibrador y logramos meterle al mismo tiempo mi pene y el vibrador, lo mío en el culo, lo otro por delante.

Tiempo después rompí con Karla, se casó con un hombre muy rico y, por lo que supe, se volvió una esposa ejemplar y muy fiel. Empero conservé bastantes grabaciones y fotos de ella.

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Nuevamente con B

Saludos amigos, después de mucho tiempo sin escribir, relataré lo que sucedió el pasado mes de julio cuando B se comunico conmigo de nueva cuenta.

Después de mucho tiempo sin saber de ella, me mando algunos mensajes, diciéndome que quería verme de nuevo, pero esta vez quería que fuera una experiencia como las que acostumbro tener con otras sumisas, le di las indicaciones de como me gusta que vistan.

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LA SEÑORA BIEN III

LA SEÑORA BIEN III

Matilde prometió eterna fidelidad y estar al servicio del placer de su esposo, este le pidió una prueba definitiva, que no le dejara dudas, para esto convoco a sus tres amigas, con las cuales ya había hablado, las invito a cenar, una condición era que todas debían vestir polleras, pero a Inés la cito dos horas antes, la recibió solo vestida con una corta pollera, nada mas tenia que cubriera su cuerpo, su esposo y diana esperaban en el dormitorio acostados y desnudos.

Cuando llego la invitada se sorprendió de verla así , soy la cornuda de mi esposo dijo justificándose, sin que nada le preguntara , y te elegí como mi tutora, serás quien me guíe en el camino de mi esclavitud , dicho esto la tomo de la mano y la llevo al dormitorio , cuando entraron estallo Inés en carcajadas al ver que lo dicho era verdad , veo cerda que al fin has tomado tu lugar , desde que te conozco se que es tu espíritu ser usada ,pues bien prepárate para lo peor ahora , Matilde le contó que luego esperaba a las otras dos y cual era la idea para esa noche .

Inés se arrimo a la cama y tomando de los pelos a Diana, la arrastro a un rincón diciendo, con la basura de mi amiga podrás divertirte pero ante mi no eres nada, si no te gusta puedes retirarte, no nos haces falta, pero si aceptas quedarte, este hombre estará o bastante ocupado para atenderte , así que serás mía ahora, es el precio que cobro por educar a mi amiga, ella decide , Matilde respondió que si , que necesitaba de su guía y podía quedarse con la chica , bien niña entonces diviértete con tu señora ahora que puedes mientras yo gozo de este hombre hasta que llegue el resto de las invitadas , después de jugar con ella preparen todo que pasaremos una excelente noche .

Gritos, llantos y suplicas de Matilde resonaban en la casa, mientras el culo de Inés era taladrado por Juan, realmente era una bestia haciéndolo, todo lo sucedido este tiempo había desatado tal lujuria en todos, esto sumado al hecho de que el era el dueño de todas, distaba bastante del señorial matrimonio que comenzó en esta historia .cuando el culo de Inés estaba repleto de dos acabadas, fue taponado con un plug y reservado para después de la cena.

Sandra y Beatriz llegaron juntas, habitan tenido tiempo de conversar y comentar la extraña actitud de su amiga en común, cuando llegaron se encontraron a diana desnuda y su cuerpo adornado por varias pinzas de las que colgaban campanitas, a Matilde solo con la diminuta pollera, que las recibía informándoles su nueva condición, aunque les costo entenderla, ambas lo aceptaron finalmente, entre asombradas y divertidas se sentaron a la mesa, a la que también se sumaron Inés y Juan.

Mientras eran servidos, Matilde gateando bajo la mesa, les suplicaba a sus tres amigas que la hicieran cornuda, que estuviera dispuesta a todo para ello y que su tutora desde ese día, se encargaría de arreglar los detalles cada vez que quisieran estar con su esposo o usarla a ella , mientras hacia esto escuchaba a su esposo halagarlas y comentarles sus preferencias sexuales y su gusto por la dominación , todas confesaros el placer que sentían engañando a otra, mas si esta era considerada amiga y que cuando estaban bien cogidas , se entregaban sexualmente por completo al hombre que les daba placer .

Inés tomo a Diana y la sentó en sus piernas, les presento a mi nueva perrita decía mientras la hacia sufrir tirando de sus broches, incluso esta puta será superior a la cornuda, hizo salir a Matilde de debajo de la mesa y que les agradezca a sus amigas el ayudar en su nueva condición, luego beso a su esposo diciéndole que ella lo hará siempre feliz, que le encantara saber que el disfruta sexo con todas sus amigas.

Sandra con su típica soberbia, fue la primera en aprovechar la confesada sumisión de su amiga, sabes preciosa le dijo, creo que los sábados será mi día fijo para dormir en tu cama, además te conviene, pues como sabes me gusta tener mi ropa impecable y mientras yo disfruto puedes limpiar bien mi casa, o tenias otros planes para salir? Al no obtener respuesta fue su propio esposo quien la zamarreo del pelo, gritándole que debía ser educada con todos y responder inmediatamente.

La noche termino con todos tomando y festejando, mientras Matilde modificaba todos sus correos, de los cuales los presentes tendrían ahora el manejo de los mismos, la máxima humillación llego cuando, Inés propuso un brindis, la cornuda les sirvió a todos, tu ya lo tienes servido , tomaras la leche que tu esposo te preparo , la obligo a ponerse de rodillas , sacarle el plug limpiarlo bien y luego beber todo lo que salía de su culo , para finalmente limpiarlo completamente , todo se filmo y la misma Matilde debió subirlo en la pc, para que todas sus amigas y contactos vieran como aceptaba ser humillada , luego se le aviso que al día siguiente Diana la llevaría a hacerse ciertos adornos, también irían de compras

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LA SEÑORA BIEN II

LA SEÑORA BIEN II

Ver primera parte para entender mejor este relato

La tarea de Matilde no fue fácil, Diana tomo el control de sus correos y fue eligiendo las amigas que esta entregaría a su esposo, supo detalles íntimos de cada una y la fue supervisando en como despertarles ella misma el interés en acostarse con Juan.

Casa noche se tomaban dos horas para esa tarea, antes de hacerlo, ambas eran sometidas a un castigo que marcaba sus cuerpos ya sea con cinto, fusta o con las manos luego Diana de rodillas se la chupaba a Juan mientras recibía el mismo trato de quien debía tirarse en el piso para besar su sexo y culo, luego cojian furiosamente delante de ella, quien entre insultos y burlas de ambos trataba de contar las bondades sexuales de su esposo a sus mas morbosas amigas.

La primera fue Sandra una mujer de ya casi cincuenta años, solterona y típica saca maridos, cuando solían reunirse era común que con gran soberbia las desafiara a todas de que si se lo proponía lo lograba, por mas fiel que este fuese.
Debió soportar también las burlas de su amiga, quien al leerla se soltaba mas y la hacia entrar en detalles de manera escandalosa, que si se la chupaba y tragaba, que si le entregaba el culo, si la hacia estar con otras mujeres, si la enfiestaba, la humillaba al darse cuenta que algo extraño pasaba, lo que motivaba aun mas a su esposo y su nueva amante oficial, quienes cuando termino y se aseguro que su amiga , sin decírselo directamente , había entendido que tenia libertad de acostarse con Juan , festejaron haciéndola atenderlos en una fogosa y morbosa noche .

El día siguiente fue el turno de Inés, una viciosa del sexo anal con los hombres y
, pero también confesada activa con otras mujeres, rogó y suplico que no la eligieran a ella , solo obtuvo burlas como respuesta , luego de prepararle igual que el día anterior , la dejaron desnuda y escribieron cornuda en su frente , este fue el dialogo que le habian preparado , al comunicarse con ella .

M : hola amiga, perdóname pero te molesto por lo siguiente , Juan se la agarro ahora que quiere sexo anal y me vuelve loca con eso

I: jaja y disfrútalo entonces, es lo mas lindo que hay

M: Pasa que me da mucho miedo, el es muy bruto en eso

I: El dolor es hermoso, vos sabes que me encanta tener perritas para hacerlas sufrir, y te aseguro que lo disfrutan, te acostumbraras

M: mira, no quería decirte esto, pero encima es muy bien dotado, me va a romper toda

I: Si, les encanta saber que ellos pueden hacerse sentir, por eso es lo único que hago con hombres, me dejan tranquila y satisfecha

M: No se aun dudo, pero tendré que aprender a hacerlo

I: amiga espero compañía para esta noche, debo dejarte, pero mañana iré a visitarte, invítame a cenar, tienes mucho aun por aprender, sin decir mas corto
La esperaba el culo de Diana, listo para ser lamido y preparado, Juan puso especial énfasis en hacerla aullar de dolor, mientras descargaba su furia abofeteando y escupiendo a su esposa, quien después limpio sus restos.

Tercer día tercer amiga, Beatriz, una cuarentona que desde chica, fueron compañeras de colegio, era la chupapijas del grupo, lo que motivo un comentario de Juan, al final son todas putas tus amigas, mira vos estas yeguas ricachonas que se las dan de grandes señoras, el dialogo que le prepararon para ella fue aun mas humillante, debía mostrarse como una experta y desafiarla a que es mejor que ella a pesar de su largo tiempo chupándosela a todos.
La charla se desarrollo de manera tal, que otra vez fue motivo de burlas y enseñanzas de su amiga, quien incluso la desafío a demostrarle en su presencia como debía darle placer oral a su esposo.

Como siempre al terminar, recibió su dosis de humillación, esta vez consistió en que siendo guiada de sus pelos por su antigua sirviente, su boca fue largamente entrenada, hasta ahogarse varias veces tragando la leche de Juan.

Al día siguiente mientras les servia el desayuno, diana divertida le preguntaba como se sentía en su nueva condición, Matilde trato de ocultar que en parte la situación la excitaba, pero cuando Juan contó que tenia preparado para estas tres amigas , su cuerpo la traiciono estallando en un sonoro orgasmo , que fue aplaudido por su esposo y ex sirvienta , ya sin poder ocultarse mas , confeso que por amor estaría dispuesta a eso y mucho mas , también te amo dijo Juan , pero merecías una lección por tu mala actitud , todo volverá ahora a su lugar , pero jamás dejaras de ser la cornuda ni la esclava de tu sirvienta y de quien yo lo disponga .

Una salida, una cena y la noche de amor sello el pacto de un amor eterno y una entrega a ser usada en beneficio del placer de su esposo

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Paula y Andrea van a la playa

Le estiré fuerte uno de los pezones y, con mi rodilla le empecé a frotar en círculos su coño” y, eso la calentó más. Era una caricia correspondida, ella me tocaba mi espalda y ambas nalgas, que dentro del agua se sentía una sensación envolvente.

Andrea, es mi mejor amiga, una niña bien y mide 1,66, pesa 56 kilos, sus medidas no tienen nada que envidiar a las modelos (es el típico bomboncito de 21 años). Nos encontramos en la cafetería de la Facultad y me dijo que quería hablar conmigo, que me había visto por el barrio y empezamos a hablar, nos caímos bien e intimamos, y claro vamos juntas a la Universidad.

Mi nombre es Paula, tengo 20 años, físicamente, soy una chica rubia, de pelo largo y liso, ojos oscuros, de 1,68, muy delgada. Ah, soy de buena familia, o lo que se conoce como una niña bien o una nena pija. Tengo las tetitas pequeñas, pero muy paraditas y sensibles, de hecho casi siempre salgo sin sujetador; y tengo un culo muy bien puesto, respingón y que atrae la mirada de chicos y de alguna de mis amigas. Vivo con mis padres, estudio, salgo con mis amigas y tenía novio (por ese entonces), ahora tengo a mi Amo, y vivo pensando en estar con él.

Había pasado el día en grupo, con mi novio (Joan), y mis amigos (Andrea y Lluís): estuvimos en la playa jugando, bromeando y poniéndonos a tono. Bueno a mi novio lo puse a 1000. El me puso crema, y luego nos estuvimos dando el lote sobre la toalla (una de esas enormes), él sabe besarme y me gusta cómo me toca. Pero sobre todo, dentro del agua… y, nos calentamos tanto que, se la tuve que sacudir (en el agua, claro), haciéndolo correrse un par de veces (por la mañana).

Luego él, como estaba contento, me invitó a comer un helado y tomar algunas cosillas, le dejé tocarme otro poco más; me había puesto el vestido, en el coche. Me gusta sentir como me toca, así me excito mucho, lo paso bien (pero no llegué a correrme). A veces pienso que soy rara, porque además el clítoris no me sale nunca; siento… sí, una sensación muy agradable, pero no me llega el orgasmo (bueno en sueños sí, y eso me daba que pensar).

Por la tarde luego de comer, los chicos se empeñaron en hacer un partidillo de futbol, con otros amigos, que conocemos de otras veces, pues vamos mucho a Platja d’Aro, y Andrea y yo nos quedamos solas. Hablamos y, Andrea me dijo que también estuvo cariñosa con Lluís, y dijo que me había mirado, que se excitaba más mirándome a mí he imaginado que está conmigo. Que si a mí sólo me gustaba con chicos, pero que ella es bisex. Yo, ya lo sospechaba, en cómo me miraba y, le dije que no he estado con chicas. Pero, le comenté lo que me pasaba con Joan, y que ni tocándome a solas llego a eso que llaman orgasmo, que me excito y es agradable, no siento ni sacudidas, ni cosas así… pero que si me mojo…

Me respondió que, si siempre era igual, y le dije que en sueños sí que siento más fuerte, pero que luego no me acuerdo que he soñado. Sólo que cuando me levanto, estoy arañada por todos lados y, a veces hasta noto que me he mordido los labios. Por eso, me arreglo cada vez más las uñas (bien cortitas) y, uso mucho la crema labial…

Dijo que quería estar conmigo, en el agua, y jugar un rato. Y como ellos (los chicos), estaban haciendo el bobo con el balón. Le dije que estaba bien. Se puso contenta, nos pusimos la parte de arriba (para ir más cómodas y evitar tanto moscardón…); y por señas les hicimos ver, a los chicos que íbamos a dar una vuelta, que no se preocuparan. Lo entendieron y nos alejamos de ellos empezando a bromear.

Yo notaba que Andrea no paraba con sus miradas, y que buscaba excusas para acariciarme. Yo simplemente, me sentía bien, y bueno ella tampoco se pasaba. Fuimos haciéndonos confidencias… y todo iba bien. Nos alejamos algo más de lo que habíamos pensado, y llegamos a una zona casi sin gente. Y me dijo, que si quería entrabamos en el agua a jugar, que fuera es todo demasiado claro y aunque hay poca gente, llamaremos la atención si jugamos demasiado… Estuvimos jugando un buen rato, nos masturbamos mutuamente. Nos sacamos la parte de abajo… Luego, le subí la parte del suje, para tener sus tetitas libres, y empecé a tocarle el vientre y el culo. Me dio un par de besos en la boca, y apretándose se frotó un rato largo conmigo. Me dijo:

Paula, estoy a mil, me has puesto como una moto. Quiero comerte ahora, bajo el agua… ¿sí?

Andrea, se zambulló sin esperar mi respuesta, y estuvo lamiéndome mi coñito sumergida, también me lamió mi vientre, las nalgas y el culo. Se sumergía, subía a tomar aire (cuando no podía más), y jugaba así… un rato. Me frotaba con su lengua, con la boca, con la cara y con las manos. Luego se pegaba a mí, frotando sus tetitas con las mías, con mi vientre, y con mi pubis… Era muy agradable, me excitaba, y yo quería más… así que, separé las piernas y le acariciaba la cara y la cabeza. Salió, para tomar aire, después de esa tanda de inmersiones calientes. Su respiración estaba alterada… la cara roja… Me dijo que… la tocase y que me deseaba, se colocó en frente y estaba a punto de venirse… Me fijé que alguien… si… un chico nos miraba (sin acercarse, pero sin perder detalle), y se lo dije. Respondió ya a punto de llegar al orgasmo:

¡Es igual, ahora no pares Paula, por favor…! ¡Fóllameeee, fueeeerte y duroooo…!

Empecé a tocarle las tetas, a apretarlas, y aún me pedía más… Quise vengarme… por envidia de que se corra… y yo no. Y “le estiré fuerte uno de los pezones y, con mi rodilla le empecé a frotar en círculos su coño” y, eso la calentó más. Era una caricia correspondida, ella me tocaba mi espalda y ambas nalgas, que dentro del agua se sentía una sensación envolvente. Le dije que:

¡Eres una puta y voy a azotarte hasta que te corras, guarra!  Y tú, sujétate a mis caderas y ábrete más…

Lo hizo, y además se frotaba… fuerte, ella misma, con mi rodilla. La estuve azotando, y dándole besos, sin parar, y ella se entregaba totalmente… Así estuvimos hasta que Andrea, se vino, la sentí gozar entre mis brazos, apretándose a mí… Yo, mientras, también me había excitado, pero no sentía como ella (Andrea se movía, temblaba y emitía unos suspiros que envidié). Y, me hizo sentir mal, saber que yo no podía sentir lo mismo. La envidié, con toda mi alma, juro que la envidié. Me hizo sentir, la importancia de conseguir correrme, no sabía cómo, pero lo deseaba… Luego seguimos un rato, con caricias, y más relajadas. Y Andrea, me dijo que iba nadar un rato. Le contesté que bien, y yo… también nadé… un rato… Al rato me paré y vi a aquel chico que nos miraba, que se me acercaba, y empezó a hablarme:

Hola, me llamo Kharlos, te he visto con tu amiga… Luego hablamos… pero eso tal vez lo cuente otra vez… jajaja

He aportado mis notas, y mi amo con sus recuerdos, ha redactado este relato. Pero desde mi perspectiva. Me lo ha hecho leer, y me ha dicho que lo escribe porque así soy más suya. Y así hay otras que saben que soy su esclava, y su perra.

Si lo deseáis; podéis enviar vuestros comentarios.

Autor: Kharlo1

Goza con un buen video, clica aquí. http://www.videosmarqueze.com/ y lo guardas en tu PC.

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L. (I)

Saqué mi polla y comencé a follarla por el coño. A través de la cortina podía ver la gente de la calle, y alguien que se paraba a mirar, aquella chica que, con cara desencajada de placer, estaba allí desnuda, mostrando sus pechos pegados a la ventana. Pero L. no veía nada, estaba con los ojos cerrados, disfrutando de mi polla, de la polla de su amo, que la estaba follando, cada vez más rápido.

Conocí a L. casi sin quererlo. Era una mañana gris y espesa, y entré al chat unos minutos. Vi su foto, claramente falsa, y piqué sobre su nombre, con indiferencia, casi mecánicamente. L. contestó enseguida, y comenzamos una breve charla. En unas pocas frases tuve la sensación de estar hablando con alguien que conocía desde hacía mucho tiempo, con quien me entendía perfectamente. Iba de frente y, como comprobé más tarde, era absolutamente sincera. No hubo punto intermedio, y enseguida pusimos las cartas sobre la mesa. L. buscaba lo que yo estaba dispuesto a dar, y ella me ofrecía lo que estaba buscando. Así que decidí probarla.

L. es lo que se diría una triunfadora, o al menos está en ese camino. Y por eso todos los que tiene alrededor la respetan y la temen. Todos menos yo. Y por eso elegí su cueva de triunfadora, su despacho, para probarla, para saber hasta donde era capaz de llegar. Me contó que iba vestida de manera elegante, con blusa y falda ajustada. Que le gustaba vestir bien, sentirse deseada. En la distancia no podía explotar por mi mismo el deseo, por lo que decidí que serían otros ojos los que lo hiciesen por mí esa vez.

Hice que se quitara las bragas y el sujetador, que abriese sus piernas y que se tocase para mí, hasta que su excitación aumentase. Quería que estuviese húmeda, que casi se puede oler su humedad, y que sus pezones estuviesen duros y excitados. L. me obedeció, como siempre a partir de este momento, y comenzó a tocarse, tanto que humedeció su falda. Imaginaba cómo sería su coño, y quería que mis dedos fuesen los suyos, esos los que estaban sintiendo su calor y su humedad, esos que la acariciaban.

Cuando estaba a punto de llegar al orgasmo hice que parara. Le ordené que llamase a alguien de su despacho, cualquier hombre al azar, de esos que la temían y respetaban, y que lo hiciese venir a su mesa. Tenía que estar con la blusa abierta, para que ese desconocido pudiese ver sus pechos al acercarse. Tendría que comportarse como una puta para mí, haciendo que él se acercarse a su lado, que pudiese ver, que pudiese oler. Y L. lo hizo, sin rechistar, sin pensárselo dos veces. Lo hizo y me lo contó. Lo hizo y le gustó. Más de lo que seguramente pensaba. Una puerta en ella se abrió, y yo entré por allí. Porque, como luego L. me confesó: “se folla con la cabeza y no con la polla”.

Nos citamos en un hotel céntrico, en una 5ª planta, en una habitación que daba a la calle. Era un edificio modernista de esos que abundan en Barcelona, que los turistas van mirando y fotografiando continuamente. L. llegó puntual, y yo ya estaba esperando dentro, sentado en una cómoda butaca, en penumbra. Le dije que se quedase en el centro de la habitación y que se fuese desnudando para mí, poco a poco. Primero su blusa, luego su falda. Llevaba puesto un erótico conjunto de bragas y sujetador que se había comprado especialmente para mí.

Le ordené que recogiese su pelo, de manera que su cuello quedase completamente libre, y que se quitase su collar, anillos y pendientes, pero que dejase sus tacones. “Toma”, le dije, y le tiré el collar de perra que había comprado para la ocasión. Era de cuero negro, con tachuelas brillantes, ancho. Al ponérselo resaltaba aún más su cuello esbelto y elegante, y el contraste con su piel.

“Ahora, abre la ventana, zorra”. L. se dirigió a la ventana, sin rechistar, y la abrió de par en par. “La cortina también”, le ordené. Ella descorrió la cortina, y el sol de la ciudad entró y acarició su cuerpo.
“Bien, acércate a la ventana, que se te vea de la calle”. L. se acercó, casi hasta rozar el cristal, y mostró su cuerpo al exterior. Observó como circulaba un río de gente. Cualquiera que pasase por la calle podría verla allí, de pie, casi desnuda. Pero para eso había que levantar la cabeza y fijarse un poco. Había que observar atentamente. Comprobó también que cada cierto tiempo algún turista hacía una foto del edificio. Y L. se excitó pensando que su imagen, semioculta y discreta, iba a estar viajando por cualquier lugar del mundo, que más adelante, cualquiera, en cualquier lugar, vería aquella mujer desnuda en la ventana, aquella puta obediente a las órdenes de su amo.

“Ahora, zorra, quítate las bragas y el sujetador”. L. me miró, un poco desconcertada, pero hizo lo que le ordenaba. Ahora sí, su cuerpo se mostraba totalmente desnudo. “Bien, vas a hacer lo siguiente: quiero que te inclines un poco, de manera que tu cara y tus pechos rocen el cristal. Abre tus piernas y haz tu culo para atrás, de manera que te vea bien, zorra. Eso es. Ahora tócate, muy despacio, quiero que estés mojada, mientras miras hacia la calle, a ver si alguien ve tu cara de puta.” “Y no quiero oírte gemir, zorra”

L. me obedeció, y comenzó a tocarse muy despacio. Podía ver su cuerpo estirado, abierto, sus pechos y su boca abierta por el placer, pegada al cristal. Movía su mano un poco más rápido cada vez y comenzó a respirar aceleradamente. Hacía esfuerzos por no gemir, y su olor a hembra, a puta, fue invadiendo la habitación. Me levanté y cerré las cortinas detrás de ella, dejando su culo detrás de la tela. De esta manera, desde la calle se podía ver su cuerpo, su cara y sus tetas. Pero no se me podía ver a mí, que estaba ahora detrás de ella. “Para”, le dije.

Toqué su coño húmedo, muy húmedo, con mis dedos, y llevé un poco de sus jugos hasta su culo. Estaba realmente excitada. Tomé un pequeño consolador anal que llevaba en mi mano y lo introduje en su culo, hasta casi el final. L. gritó un poco, porque no estaba preparada para esto. “Calla, zorra”, y le di un fuerte azote en sus nalgas por haberme desobedecido. “Si, amo”, contestó ella. “Qué calles, te he dicho”, y volví a azotarla con fuerza. L. aguantó los golpes en silencio. “Así me gusta, zorra”.

L. estaba como yo quería, excitada, humillada, expuesta. Era mi puta, mi zorra. Y me excitaba. Saqué mi polla y comencé a follarla por el coño, muy despacio. Empujaba su cuerpo, que se pegaba contra el cristal. A través de la cortina podía ver la gente de la calle, y alguien que se paraba a mirar, aquella chica que, con cara desencajada de placer, estaba allí desnuda, mostrando sus pechos pegados a la ventana. Pero L. no veía nada, estaba con los ojos cerrados, disfrutando de mi polla, de la polla de su amo, que la estaba follando, cada vez más rápido.

L. sólo quería que la siguiese follando, mostrarle al mundo lo puta que era y lo que la hacía disfrutar su amo. Y quería que su amo se corriese en ella, completamente, para complacerlo hasta el final. Yo la follaba cada vez más rápido, y comencé a azotar su culo, a follarla con fuerza, mientras me vaciaba completamente en el coño de mi puta, de mi zorra, de mi esclava. Mientras lo hacía, L. tuvo un orgasmo intenso, y no pudo reprimir sus gemidos, sus gritos. Ya no le importaba nada, sólo quería disfrutar, sólo quería sentir mi polla, y sentirse mi zorra, mi hembra.

Nos derrumbamos y caímos al suelo exhaustos, agotados por el placer. Empujé a L., y la aparté de mi lado. La dejé allí un rato, tumbada en el suelo, desnuda, recuperando el ritmo de su respiración.
Yo me levanté, me vestí y me fui. Sabiendo que L. siempre sería mía.

(Continuará…)

Autor: Amobcn

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Los 80, recuerdos

Me sujetó fuertemente y empezó la perforación, sentí que se quedó quieto, pero solo era el inicio de todo, de un solo golpe me penetró, fue algo terrible, me dolió muchísimo, fue como si me partieran en dos, sentía como me desgarraba y un escozor como nunca había sentido, lo sentía dentro de mi ano, y aunque yo deseé tener ese pedazote en mi interior me estaba haciendo daño.

Hola amigos, antes que nada quiero decirles que todo lo que va a leer a continuación es totalmente real, aquí no hay fantasía, lo cuento tal cual sucedió, la historia se remonta a los años 80, en el barrio teníamos un equipo casi todos éramos adolescentes de dieciocho, diecinueve años. Me decidí a contar mi historia debido a que he leído muchos cuentos parecidos, pero es todo realidad, bien lo que cambió mi vida en ese momento ocurrió a partir de un día sábado que teníamos que ir a jugar a un lugar un poco lejano de nuestro lugar habitual por lo que teníamos que ir en los vehículos de las personas mayores que eran los que hacían las veces de entrenadores, nos repartimos en varios autos y camionetas, a mí me tocó ir en una camioneta.

Como éramos muchos y los vehículos pocos en algunos íbamos más de los que iban normalmente sentados, así que optamos por que algunos se sentaran en las piernas de otros, me tuve que sentar en la piernas de una de las personas mayores que siempre nos iba a ver jugar y nos acompañaba a todas partes, debo aclarar que esta persona que nombro siempre me miró de una manera distinta, además me aconsejaba y siempre me decía que había jugado muy bien, al principio lo hice en una de las piernas porque me sentía un poco incómodo pero con el transcurrir de los minutos a Carlos, que es el nombre del que fue mi hombre por casi un año, se le acalambró la pierna por lo que disimuladamente me empezó a acomodar para que me siente entre sus dos piernas.

Enseguida nomás note que me acomodó en su bulto, y a pesar que no había erección sentí una rara sensación al notar que entre mis nalgas había algo, lo que pasó es que íbamos todos en pantalones cortos listos para jugar por lo que inmediatamente sentí que debajo de sus pantalones había algo grande… ¡y que grande…!

Con el correr del tiempo y el ajetreo de la camioneta sentía como cada vez se endurecía más el paquete, yo disimuladamente intentaba no apoyar todo mi culito en sus piernas pero no podía sostenerme por mucho tiempo intentando estar levantado por lo que no tenía más remedio que sentarme con todo en su bulto, debo reconocer que a pesar de todo a mi me gustaba en el fondo sentir la dureza del bulto y lo que es peor, deseaba sentirlo pero no podía demostrar que estaba a gusto, como pude y sin que Carlos notara que lo deseaba, abrí las nalgas para sentir el bulto totalmente apoyándome en la entrada de mi ano. Está claro que yo hasta ese momento jamás se me ocurrió tener alguna relación homosexual, si bien yo notaba que Carlos me miraba de manera distinta hasta ese momento me gustaban las mujeres y mucho.

Bueno, así llegamos al lugar del partido, jugamos, disfrutamos del paseo y hasta tomamos algunas cervezas, por lo que la vuelta ya fue un poco más descarada, hasta nos buscamos para volver nuevamente en la misma posición, dijimos que cada vehículo volvía tal como había venido, ya de noche iniciamos el regreso a casa, nuevamente me acomodé como para que no se diera cuenta que estaba deseoso de sentir todo su bulto entre mis nalgas.

Carlos se dio cuenta y como estaba oscuro con sus brazos me comenzó a apretar como para que no me saliera del trono, a mí no se me había cruzado por la mente hacerlo, ya que con la cerveza que habíamos tomados, más las ganas por conocer lo que había entre sus piernas, cada vez me acomodaba para sentirme suyo, además se notaba que estaba durísima, ya que la tenía totalmente apoyándomela bien en medio de mis nalgas, yo no quería demostrar que estaba a gusto pero en un momento llegó a tanto las ganas de ambos que Carlos me sentó en una pierna y llevó mi mano hacia su verga. Estaba tan dura y jugosa que en ese mismo momento me hubiera bajado los pantalones para que me penetrara pero no lo podía hacer porque se hubieran enterado los otros que iban con nosotros en la camioneta, pero como deseaba en ese instante que se hermoso pedazo de carne rompiera mi culo.

Así seguimos hasta que llegamos nuevamente al barrio, Carlos insistía para que lo acompañara hasta su casa diciéndome que tomaríamos algo, que como estaba solo necesitaba un rato de compañía, y después me llevaría hasta mi casa, él vivía solo desde hacía un año ya que su esposa lo había abandonado por lo que a veces se le veía bastante triste, y aunque las ganas no me faltaban opté por no hacerlo, ya que pensé que sería demasiado evidente si vamos los dos solos, por que me imaginaba que los demás se habían dado cuenta de nuestros jueguitos en la camioneta, cosa que no había sido así pero igualmente me inquietaba, lo convencí que cualquier otro día gustoso lo acompañaba a tomar algo en su casa.

Ese día no tardó mucho en llegar por que al martes siguiente, cuando venía de regreso del instituto, por que había salido 3 horas antes de la prevista, alguien me toma por el hombro y me abraza, era Carlos que estaba yendo a su casa, inmediatamente me recordó la promesa, por supuesto que yo estaba dispuesto a cumplirla ya que apenas me tocó sentí un pequeño estremecimiento en mi cuerpo así que nos fuimos a su casa, pasamos por un mercadito y compramos algunas cosas para comer y algunas cervezas, llegamos a su casa y se puso a preparar la comida, mientras me dijo que me sirviera algo para tomar y le llevara también a él.

Cuando llegué a la cocina con el vaso, me tomó la mano me acercó a él y me empezó a besar el cuello sentí algo hermoso que me gustó así que me dejé llevar, tratando de no poner resistencia ya que estaba a gusto, y mientras seguíamos preparando la comida, cada vez que podía, me tomaba la mano o me abrazaba con mucho amor, incluso en un momento me tomó por detrás y sentí su miembro apoyándome, lo que me produjo un pequeño escalofrío, yo me dejaba llevar por que eso me ponía cada vez más caliente, después nos sentamos a comer y cuando terminamos me dijo que me tenía una sorpresa.

Nos levantamos de la mesa y enseguida me abrazó y comenzó a besarme el cuello nuevamente parece que se dio cuenta que esas caricias me dejaban sin defensas ya que era tan placentero que me hacía entregarme completamente, siguió con la caricias mientras me decía que yo lo hacía muy feliz, eso fue lo que me hizo aflojarme del todo y me entregué completamente a sus brazos, se dio cuenta que me tenía a su disposición y se decidió a seguir con su cometido, me dijo que fuéramos a su dormitorio para ver la sorpresa, en cuanto entramos a su dormitorio me dijo que me sacara la ropa que quería que me pusiera algo para complacerlo, no lo hice esperar y me desvestí quedando solamente en calzoncillos, se acercó a mi y empezó a besarme por todo mi cuerpo.

Eso si que me puso a mil por lo que ahora si me decidí a hacer lo que me pidiera, también lo empecé a besar, eso le encantó así que se puso feliz, me dijo que en el ropero había algo especial para mi, lo abrí y me encontré con mucha ropa interior de mujer, me dijo que eligiera la que más me gustara y me la pusiera, que deseaba verme con ropa de mujer para recordar viejos tiempos, elegí una tanguita roja y me la puse, eso fue el éxtasis total tanto para mi como para él, enseguida se vino hacia mi y me tomó por detrás, me abrazó y me besaba como loco, yo me entregaba a él y lo besaba también.

Me llevó suavemente a la cama, se sacó la ropa quedando desnudo, tomó mi mano y la llevó hacia su pene, que sorpresa me llevé al tocarla con mi mano, era inmensa, y estaba que reventaba, comencé a sentir algo de miedo al verla, sentí como que me iba a hacer mucho daño, pero la calentura y las ganas de ser poseído era tal que enseguida me olvidé de eso y me entregué al placer, me puso de costado me apoyó toda su verga en mis nalgas y se movía suavemente, yo lo acompañaba en el movimiento sin saber lo que me esperaba.

Me sacó la tanguita y me pasaba el dedo por mi rajita, ahhh no saben que rico se sentía, hubiera querido ser penetrado en ese mismo momento pero me hacía desear, me ponía la verga en la entrada de mi ano empujaba y la sacaba, yo trataba que me la metiera pero enseguida se retiraba hacia atrás y me dejaba con las ganas, hasta que se decidió a desvirgarme, esta vez me apoyó la verga y yo solito comencé a intentar metérmela, estaba muy jugosa y resbalaba por todo mi raja.

En un momento dado me la puso en la entrada y empujó, sentí un pequeño dolor y retrocedí, me apretó hacia el y me dijo si quería ser su hembrita, que si quería sentirlo, moví la cabeza asintiendo por lo que decidí desinhibirme totalmente y tomar la iniciativa, le dije que se la quería chupar por lo que le agarré la verga con mis dos manos y me la llevé a la boca, la verdad es que casi no me entraba la cabezota por más que abría la boca, estaba jugosa y yo deseaba tenerla en lo más profundo de mi, en eso él me agarró de la nuca y me la metió hasta la garganta, se la estuve chupando como 20 minutos.

Enseguida me dijo que me volteara, comenzó a besarme el culito…ahhh, que placer, me pasaba la lengua por mi ano y me hacía estremecer de placer, me preguntó de nuevo si deseaba ser su hembra, como yo veía ese tremendo pedazote sentía miedo, pero la excitación era tanta que le dije que sí, me acomodó boca abajo y me dijo que abriera las piernas,…que algo me iba a doler pero que iba a ser muy suave, que no tuviera miedo que él sabía de esto,…sentí como puso su verga en mi ano y empezó a empujar, como estaba tan jugosa…al principio sentía algo muy lindo cuando me la pasaba y cada tanto empujaba…era como estar en el cielo.

Era tanto el placer que me olvidé lo grande que era, pero cuando la puso nuevamente en la entrada de mi ano y comenzó a penetrar, Ayyyy..que dolor tan grande, en ese mismo momento quise salirme pero me dijo que no me asustara y que si deseaba gritar lo hiciera que estábamos solos, me sujetó fuertemente y empezó la perforación, sentí que se quedó quieto..pero solo era el inicio de todo, de un solo golpe me penetró….fue algo terrible, me dolió muchísimo, fue como si me partieran en dos, sentía como me desgarraba y un escozor como nunca había sentido, lo sentía dentro de mi ano…y aunque yo deseé tener ese pedazote en mi interior me estaba haciendo daño.

Él me decía que estaba muy rico así que comenzó a meter y sacar, yo deseaba que terminara lo antes posible pero él seguía penetrándome, lo sentía muy adentro cuando empujaba todo y sus huevos chocaban en mis nalgas, así estuvo como 15 minutos, después de todo el mete y saca no sentía tanto dolor pero sentía como se deslizaba adentro mío, no sentía placer aunque él me decía cosas lindas como que era como una niña muy rica y que lo hacía muy feliz, de repente aceleró su ritmo y sentí algo tibio dentro de mi, se había corrido, llenó de semen mi culito que me ardía a más no poder, después de unos minutos cuando se puso flácida la sacó, sentí enseguida como mi ano se cerraba y me palpitaba, él me abrazó me besó suavemente en los labios y me dijo que había estado espectacular, que parecía como hecho para él, yo estaba deshecho por el dolor pero sentía como que le pertenecía, que era mi dueño, me había poseído y deseaba ser el único.

Ese día después de tan placentero y doloroso momento me fui a casa pensando como seguiría mi vida, porque sentía que le pertenecía a Carlos, y eso él lo sabía porque al día siguiente me fue a buscar y me llevó nuevamente a su casa, a pesar del dolor que aún sentía me entregué otra vez a sus brazos, esta vez fue mucho más placentero, tuve mi primer orgasmo, por lo que sentí que lo estaba complaciendo como una verdadera mujer.

A partir de ese momento y por casi un año fui su hembra, aprendí a gozar con él y varias maneras de coger, fui su esclava total, hacía lo que quería conmigo pero porque yo quería complacerlo, me sentía con derechos como si fuera su esposa y él lo aceptaba, fuimos como marido y mujer hasta que por razones laborales se fue a otro lado dejándome solo.

Desde ese tiempo nunca más tuve relaciones con hombres ahora tengo 46 años y hay momentos en que deseo revivir aquella experiencia, deseo tener otra vez a mi hombre conmigo aunque yo me casé y tuve hijos, hoy estoy divorciado pero recuerdo con mucho amor lo que viví con mi amigo, fue mi primer y único hombre hasta deseo encontrarlo nuevamente y ser su mujer para siempre.

Autor:eduardo_lalo46

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La puta de mi mujer y sus amigas III

Los dos obedecimos. Y me corrí, y me corrí, fue eterno, salieron lecherazos bien fuertes, mientras la zorrita Carlos apretaba bien los labios para que no saliera nada. Creo que me estuve corriendo durante 30 segundos, sin exagerar. Mientras mi ama me seguía dando por el culo, que ahora me parecía gloria, yo follaba al unísono la boca del puto Carlos. Mi ama salió de mi culo y yo salí de la boca de Carlos, que apretó bien los labios para que no saliera nada.

Y volvió, o mejor dicho he de decir que volvieron después de cenar. Traían la cuchilla de afeitar y brocha y empezaron a afeitarme todo el pelo alrededor de la polla y culo hasta dejarlo todo bien limpio. Luego me depilaron el resto del cuerpo. Esto dolió bastante por no decir mucho. Después me pusieron el anti-erector bien prieto y me vistieron con ropa de mujer: medias largas, falda corta, muy corta y camiseta fina, sin bragas. También me pintaron la cara y me pusieron peluca, negra, quedé bastante puta. La verdad es que se me veía bastante buenorra. Me habían puesto inyecciones de cortisona en los labios y en los pezones y pechos lo cual hacía que se me inflaran los pezones y que pareciera que tenía unas pequeñas tetitas (ya tengo algo de tetas de por si ya que hago natación). Todo esto si cabe hacía que pareciera más puta, ya que no llevaba sujetador. Me temía lo peor y efectivamente salimos los cuatro de fiesta esa noche del sábado. La verdad es que “las” cuatro estábamos imponentes. Ellas también iban con faldas bastante cortas pero con tangas (yo era la puta y ellas las amas). Fuimos a una discoteca y mi mujer y sus amigas empezaron a tontear con tres chicos hasta enrollarse. Yo estaba sentado en una mesa sin decir nada, con las piernas cruzadas, intentando que no se viera el antierector aunque la falda era tan corta que se podía ver una parte del cachete del culo. La verdad es que era una pose bastante femenina. Entonces ellas me señalaron a los chicos y se empezaron a reír. Mi mujer se acercó y me dijo:

“Puta ven”

Los que estaban al lado miraron de reojo al oírla. Yo me levante y la seguí detrás de ella. Salimos todos y nos metimos en los coches. Yo con mi mujer y Carlos y Pedro en uno (los nombres los oí, no es que me los presentaran, ya que yo no decía nada y mi mujer solo se dirigía a mi para darme órdenes). Mientras Marta y María se fueron con Alberto. Mi mujer me dijo

“Puta conduce tú. Esta es la dirección de Carlos”

Y me dio las llaves. Yo me senté delante mientras ellos tres se sentaron detrás. Enseguida empezaron a morrearse y le empezaron a comer el coño.

“Mira también son sumisos, aunque no tanto como tú” y se empezó a reír.

Llegamos pronto a casa de Carlos, así como los otros. Cuando llegamos me hicieron ponerme de rodillas y con las manos en la espalda, aunque miraba de reojo la situación. Estaban todos desnudos y morreándose. Yo estaba excitadísimo y como siempre chorreando líquido seminal. Llevaba ya más de un día así! Aun no habia eyaculado y lo notaba en los huevos. Mi mujer era la que llevaba la voz cantante. Lo que esperaba sucedió (llegados a este punto de excitación no sabía si quería que pasase eso o no, pero no me queje). Les dijo a los tres chicos que se sentaran el sofá y a mi que les chupara las pollas, cosa que nunca antes habia hecho, pero que empecé a hacer sin ningún reparo y lo mejor que pude (era la puta sumisa de mi mujer y sus amigas). Ahí estaba yo, de rodillas, con las manos en la espalda, depilada, con un anti-erector bien apretado en mi polla y chupando pollas lo mejor que podia y tan al fondo como podía (hasta me entraban arcadas). Mi mujer y sus amigas se reían un montón.

“¡Vaya con la puta! Como le gusta chupar polla”

De vez en cuando mi mujer me cogía de la cabeza y me la metía bien hasta el fondo hasta que me entraban arcadas. Pero yo no me quejaba, era una buena putita sumisa. Entonces mi mujer dijo

“Muy bien, pasemos a la siguiente fase” me levantó la falda hasta la cintura y le dijo a Carlos. “¿Ves este culito depilado? Pues es virgen, es tu oportunidad de desvirgarlo” Esto también lo esperaba, aunque eso no quiere decir que me hiciera ilusión, la verdad es que no me excita que me den por el culo. De todas maneras, como una buena sumisa, estaba dispuesto a aceptar lo que mi ama me dijera. Además lo que si me excitaba, y un montón, era toda la situación, y cuando no eyaculas, llega un momento en que cualquier cosa te excita, estás como medio loco por correrte. Total que nos pusimos en una postura de cine porno. El Carlos ese me empezó a follar por atrás (al menos con vaselina, un detalle) mientras yo le comía el coño a mi mujer, que además me tenía cogido del cuello con un collar de perro. Con cada mano les hacía una paja a Pedro y Alberto que estaban sentados también en el sofá. Estos les comían los coños a Marta y María que estaban de pie en el sofá (la verdad es que estos tres también eran unos putos sumisos, hacían todo lo que mi mujer les decía). Así estuvimos un buen rato. La verdad es que era un poco incómodo. Tenía como ganas de cagar y me tenía que aguantar pero yo estaba excitadísimo, habría hecho lo que fuera, lo que fuera, por correrme. Como seguía echando liquido seminal, desde la tarde me habían puesto una bolsita para recogerlo. El primero en correrse fue Carlos en mi recién desvirgado culo (lo noté porque se hinchó todavía más y la sensación de cagar se hizo casi insoportable). Ante mi sorpresa mi mujer le dio una soberbia bofetada en la cara.

“¡Aquí nadie se corre sin mi permiso!”

Los otros dos no se atrevieron a decir ni mu. Además Marta y María los cogieron fuerte de la cabeza para seguir comiendo coño

“Ahora resulta que voy a tener que domar estas putas también”

Cogió a Carlos de una oreja fuerte, lo sacó de mi culo y lo hizo poner a cuatro patas. El preservativo se quedó incrustado en mi culo pero para mi fue un alivio. En cualquier caso yo seguía comiendo el coño de mi ama lo mejor que sabía. Mi ama sacó el preservativo y la leche que habia dentro y se lo puso en la palma de la mano. Le volvió a dar otra sonora bofetada a Carlos, más que nada para que quedara claro quien mandaba, y le ordenó comerse su propia leche, cosa que hizo sin rechistar lamiendo la palma de la mano de su nueva ama (que sumisos que podemos ser a veces los hombres, joder). Supongo que toda la situación y la comida de coño que le estaba haciendo, la llevo al clímax, puso los ojos en blanco y se corrió echando todos los flujos en mi boca, que intenté tragar lo mejor que pude. Entonces Marta y María también se corrieron en la cara de Pedro y Alberto. Estos estaban cerca de correrse, pero yo no les podia masturbar bien, primero por la postura, y segundo porque no sabia, total que les costaba. En cualquier caso mi ama me hizo parar. Los dos hicieron un cierto gesto de disgusto y, efectivamente, mi ama les dio un par de bien dadas bofetadas (se les puso la cara como un tomate). Yo seguía con mi cara en el coño de mi ama, refregándome suavemente (no me tenia que retirar hasta que mi ama me lo indicara), y Carlos seguía lamiéndole la palma de la mano, aunque ya no quedaba semen (puto sumiso…).

“Mirad los tres, sois putos sumisos y haréis lo que yo diga”. Y mirando a Pedro y Alberto, le volvió a dar una bofetada, más fuerte si cabe, a Carlos, mientras decía:

“Aquí nadie se corre, y sobretodo eyacula sin mi permiso”

Marta y María entendieron el mensaje, fueron por unas cuerdas que ataron a los huevos y la base de la polla de Pedro y Alberto. La erección de estos se hizo más fuerte si cabe (y por mi experiencia supongo que también dolorosa).

“Ahora le vais a follar el culo al puto Carlos para que aprenda quien manda aquí” Os recuerdo que no os podéis correr. Cuando estéis a punto tenéis que salir y dejar al otro.”

Carlos no había hecho ningún ademán al oír la situación. Seguía lamiendo la palma de la mano de la ama. Creo que a partir de la segunda o tercera bofetada se había vuelto en un perfecto sumiso. Total, que se lo follaron, bien follado, durante una buena hora, hasta que mi ama dijo basta. Sorprendentemente aguantaron sin correrse, pensarlo me excitaba, ya que pensaba en su propia excitación, o que yo era quien follaba a Carlos. Cuando paramos me quitaron el antierector y a ellos las cuerdas de huevos y polla, aunque nos ataron las manos a la espalda y a la pata de la mesa para que no pudiéramos masturbarnos. Esa noche dormimos así. Ellas se fueron a las camas a dormir, mientras nosotros estuvimos con una señora temprera, medio adormilados pero sin poder dormir. En mi caso era insoportable. Me hubiera roto la columna vertebral para poder chupármela, viéndola en un estado de erección casi imposible.

Ellas despertaron sin prisas, desayunaron, y se mearon en las bocas de ellos. Los tres tíos tragaron sin rechistar (vaya nenazas). Cayo al suelo, pero como era el piso de ellos no le importo a mi ama. De hecho nosotros nos meamos también ya que nos dejaron allí toda la mañana, y ellas se fueron a la playa. Eso si, antes de irse, nos dieron un buen palmotazo en los huevos para que bajara la erección (aunque no duró mucho…).

Al volver soltaron a Carlos y le dijeron que preparara la comida. Le pusieron solo un delantal mientras se reían. A Pedro, Alberto y a mi nos hicieron limpiar el suelo de orín con la lengua. Las manos seguían atadas ya que no se fiaban que nos pudiéramos masturbar, y no podíamos, pero si entre nosotros (a estas alturas ya habíamos perdido cualquier dignidad), total que nos intentábamos frotar disimuladamente los unos a los otros mientras limpiábamos el suelo o lamernos la polla, con el sabor de orín incrustado en nuestras bocas, hizo falta muy poco para estar cerca de corrernos.

“¡Mira las mamonas!” dijo mi ama riendo.

Entonces nos separaron, nos pusieron cubitos de hielo en la polla para bajarnos la erección, y nos pusieron un antierector a cada uno. Era horrible, quería correrme, no podia soportarlo mas, y ahí estaba de nuevo con el antierector. Ellas no parecían estar muy preocupadas por eso y se pusieron a comer.

Después de la siesta, nos pusieron en el suelo a Pedro, Alberto y a mí, mientras a Carlos, castigado, lo pusieron atado de rodillas mirándonos. Y empezó la sesión otra vez. Nos ataron los huevos y a follar! Esta vez tenían la cuerda cogida con la mano y a veces tiraban, just for the fun of it. En particular, mi mujer se estaba follando a Pedro, la primera vez que follaba a alguien que no fuera yo, ¡y yo mirando!

“Mira putita, ¿ves como me follo a otros hombres? Acostúmbrate porque pasara más veces. Sois todos unas zorritas. En el fondo todos deseáis que os traten así”

Y mientras decía eso se corrió. Por cierto el Pedro, ¡que aguante!, no se corrió en todo momento, aunque por la cara de sufrimiento, no lo debía estar pasando bien, ya que mi mujer lo regulaba con la cuerda. Lo mismo hacían Marta y María con nosotros hasta que se corrieron, dejándonos a los tres con un palmo de narices, aunque al menos nos soltaron las cuerdas de los huevos. Que alivio, pero yo llevaba desde el viernes por la tarde en un estado de excitación continuo y sin poder eyacular, los demás no creo que estuvieran en una situación mucho mejor, excepto el cabrón del Carlos. Total, al final su castigo habia sido que le follaran por el culo. Tal como estaba yo lo hubiera aceptado mil veces.

Entonces mi ama me dio un pequeño golpecito con el dedo en los huevos, que me ardían, e hice un gesto de dolor. Entonces dijo:

“Parece que la putita ya está lista” No se a que se refería pero yo tenía una erección de campeonato, dolorosa.

Me hizo poner a cuatro patas y le dijo al Carlos “Ven, mastúrbalo, ¡pero que no se corra!” “¿Como?” Pensé. Hasta cuando me iba a hacer sufrir mi ama, aunque yo chitón, como un buen sumiso. Carlos, otro buen sumiso, me empezó a acariciar suavemente mi dolorida polla, ahora libre en mucho tiempo. No la podia tocar mucho ya que si no me correría. Entonces mi ama cogió un consolador y me empezó a follar por el culo. Ahora hasta esto me excitaba, no era un consolador muy grande. Estaba en el cielo. Me cogió por el pelo.

“Mira puta, cuando estés a punto de correrte, quiero que me avises, ya sabes que no puedes correrte hasta que yo te de permiso”

“Si mi ama” respondí, aunque no estaba muy seguro de que tenía en mente, ¿me dejaría de nuevo con las ganas? En cualquier caso no tardé mucho en saberlo. La suave masturbación del Carlos y la follada de mi ama estaban empezando a hacer su efecto.

“Ama, estoy a punto de correrme, ¿puedo hacerlo?” supliqué.

Entonces mi ama cogió la cabeza de Carlos por los pelos y le obligó que me la chupara (obligar es un decir, era un esclavo bien dócil). Esto casi hizo que me corriera, aunque intenté aguantar, ya que mi ama no me había dado permiso todavía, pero ya estaba en el punto de no retorno, afortunadamente mi ama dijo

“Ya puedes correrte, puta” “Y, Carlos, zorrita, no quiero que caiga ni una gota al suelo ni que te la tragues”

Los dos obedecimos. Y me corrí, y me corrí, fue eterno, salieron lecherazos bien fuertes, mientras la zorrita Carlos apretaba bien los labios para que no saliera nada. Creo que me estuve corriendo durante 30 segundos, sin exagerar. Mientras mi ama me seguía dando por el culo, que ahora me parecía gloria, yo follaba al unísono la boca del puto Carlos. Mi ama salió de mi culo y yo salí de la boca de Carlos, que apretó bien los labios para que no saliera nada. Mi mujer y yo nos levantamos, entonces ella me preguntó:

“¿Lo hemos hecho bien, amo?”

Mi respuesta fue pegarle una buena bofetada en la cara.

“¡Ya has olvidado que ante mi has de estar de rodillas al menos que diga lo contrario?”

Las tres se pusieron en actitud sumisa: de rodillas, manos a la espalda y mirando al suelo. Entonces sonreí, les acaricié la cabeza a las tres y dije

“Sois unas buenas perritas, lo habéis hecho muy bien”

A todo esto los tres tíos se habían quedado de piedra, pero no se movieron, ¡vaya zorritas!, el puto Carlos seguía con mi leche en mi boca y por lo que veía bien empalmado, los otros dos seguían con el antierector. Le dije a mi mujer.

“Átalos a las patas de la mesa”

Y me fui a descansar un rato al sofá. Cuando volví, el Carlos seguía teniendo mi leche en su boca. Sonreí, no le había dicho nada, pero la última orden (de hecho de mi mujer) habia sido que se quedara con mi semen en su boca, y esto es lo que hay que hacer hasta que haya una nueva orden. Este tío también era un buen sumiso, así que decidí probarlo, lo desaté y lo puse a cuatro patas.

“Veo que eres una puta sumisa, ayer te follaron tus amigos y hoy lo voy a hacer yo. A ver como se folla el culo de un tío”

Estuvo bien, el culo estaba bastante prieto a pesar de lo de ayer. Además me daba morbo follarme un tío…con su boca llena de mi leche. Total que me corrí rápido.

“Muy bien puta, ahora tienes mi semen en tu culo y en tu boca”

Cogí a Pedro y Alberto y les dije. “Venga limpiadle el culo y la boca” lo cual hicieron dócilmente. Pensé, “Joder aquí todo el mundo es sumiso” Esto me excitó.

“Vaya, vaya, le voy a coger gusto a follar culos de tíos”

Cogí a Pedro pero no la tenía suficientemente dura, así que le dije a mi mujer que me la chupara. Me dio morbo ver como me limpiaba la suciedad del culo de Carlos. Esto me entonó lo suficiente y me follé a Pedro, mientras veía como le limpiaba la boca a Carlos. Aquí estuve un buen rato, y quiero decir un buen rato, hasta que me corrí. Cogí a Alberto e hice que me la limpiara. De nuevo me fui al sofá a descansar pero me llevé a Alberto para que me la siguiera chupando. Me daba morbo que un hombre me la chupara, además quería que aprendiera a hacerlo bien. Total que me tumbé y le ordené que me la fuera chupando de forma suave. De vez en cuando le daba bofetadas para que supiera quien mandaba. Es agradable estar en el sofá, tumbado, mientras alguien te la chupa. De hecho el puto tío le puso ganas y al final me corrí. Aproveché entonces para coger a los tres esclavos y ponerlos delante de mí en posición sumisa

“A partir de ahora sois mis esclavos y deberéis estar disponibles si así lo dispongo”

“Si, mi amo” dijeron los tres al unísono mientras me meaba en ellos.

Después de esto mis esclavas y yo nos fuimos.

Ya sabéis, una buena esclava también tiene que saber ser una buena ama, si su amo así lo exige.

Autor: Pervertido

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La puta de mi mujer y sus amigas I

Empecé a metérsela en el culo. Ella se quejó pero la amenacé con dejarla con la otra y no se quejó. Seguí follándola, le dije a la amiga que esperara con la boca abierta y la lengua fuera, decidí que era el momento de llamar a mi esposa, el espectáculo era tremendo. Tenía a sus dos amigas atadas y boca abajo. Una de ellas tenía la boca abierta y ya estaba babeando y a la segunda le estaba abriendo el culo a conciencia.

Todo empezó hace dos años. Hacía 5 que me había casado con mi mujer y teníamos una vida sexual que calificaría de normal. La follaba en diferentes posturas y también me la mamaba aunque nunca se tragaba la leche (lo cual la verdad que me molestaba un poco); sacaba la polla un poco antes de que me corriera. Alguna vez habíamos hecho sexo anal pero esto había decaído con el tiempo (también para mi desespero). La verdad es que ella se lo pasaba bien mientras la follaba y se ponía supercachonda. Se le ponía el coño supermojado y se podía correr varias veces antes de que yo llegará.

Por mi trabajo yo tenía que viajar a menudo. Las folladas a la vuelta eran las mejores ya que se notaba que ella me cogía con ganas. En una de estas estábamos cuando empecé a comentarle lo mojadita y cachonda que estaba (una costumbre que habíamos empezado recientemente para dar algo más de morbo a nuestras folladas). Ella me respondía que si y que estaba muy caliente. La verdad es que yo también estaba muy caliente. Y le iba diciendo.

-¿Que? Te gusta mi polla, ¿eh? Se nota que estás disfrutando. -Si, mi amor, ya sabes que me gusta mucho.

En este punto me gustaba parar de follarla para que ella me pidiera que siguiera.

-Métemela, métemela. Sigue. No pares.

Normalmente las conversaciones no pasaban de aquí pero esta vez me sonó a imperativo y le dije.

-¿Quieres que te folle? -Si. -Si. ¿Que? -Si. Por favor. -Así me gusta. ¿Quien manda aquí? -Tú. -¿Tú?

Ella dudó pero dijo.

-Tú, mi señor, pero fóllame.

Entonces repetí.

-¿Quien manda aquí?

Esta vez dijo sin rechistar.

-Tú, mi señor.

Esto era lo que quería. Decidí seguir follándola pero esta oportunidad no iba a perderla. Cuando veía que estaba todavía más caliente volví a parar.

-Por favor no pares. -¿Qué? -Por favor no pares, mi señor. -¿Quien manda aquí? -Tú, mi señor.

-Entonces ya está bien de pedir tanto. Ponte de espaldas.

Un poco sorprendida se puso de espaldas. Entonces empecé a restregar la polla por su coño. Ella esperaba que la metiera por ahí pero esta vez dije.

-Creo que te la voy a meter por el culo. -Por el culo no por favor. Me va a doler.

Ni me digné a contestar y empecé a presionar ligeramente mi polla en su culo aunque sin meterla, mientras con la otra mano la restregaba por el coño. Quería tenerla caliente. Ella no quería que se la metiera por el culo pero le gustaba lo que le estaba haciendo en el coño. Cuando su resistencia fue cediendo, quizás porque creía que no se la iba a meter al final o porque estaba cachonda perdida, le volví a preguntar.

-¿Quien manda aquí? -Tú, mi señor.

Esta vez me sonó totalmente entregada y aproveché para metérsela por el culo mientras no dejaba de trabajarme su coño. Ella empezó a respirar fuerte. Era evidente que le costaba y estaba sufriendo pero no se quejó. Al final se la metí entera y empecé el mete-saca. Al principio lentamente y posteriormente más rápidamente. Al compás de mi mano en su coño. Ella lo estaba empezando a disfrutar. Eso era lo que yo quería. Quería que se corriera con mi polla en su culo. Ahora estaba gimiendo, pero era de placer.

-¿Te gusta?

Ella gimió. Entonces repetí.

-¿Te gusta? -Sii…iii…iii” Dijo con voz entrecortada. -¿Si?  -Si, mi señor. -¿Te gusta que te la meta? -Si, mi señor. -¿Te gusta que te la meta por el culo? -Si, mi señor” decía y ahora estaba gozando a fondo.

Ahora si que me parecía entregada y toda la conversación me estaba poniendo a mil pero quería aguantar por todos los medios así que paré ante su sorpresa.

-¿Harás todo lo que yo te diga? -Si, si mi señor.  dijo mientras se retorcía intentando prolongar el gozo que tan bruscamente había parado. Estaba totalmente entregada.

-Eres una calentorra. Harías lo que fuera para que te la metiera. Ella asintió. Era el punto clave. Había que subir el tono hasta llegar al insulto para que supiera que era mía.

-Venga, mastúrbate pero no te corras, guarrita.

Ella obedeció mientras seguía a cuatro patas y con el culo en pompa y todavía abierto.

-¿Qué eres?”, le susurré al oído. -Soy tu esclava y haré lo que me pidas.  -Y una guarrita. Añadí yo medio cariñosamente mientras le metí tres dedos en el coño. Noté un escalofrío en su cuerpo. Estaba a punto de correrse. Esto no lo quería. -Deja de masturbarte, ¡zorra! grité. Ella paró bruscamente un poco sorprendida. Nunca la había llamado así. De hecho yo también estaba sorprendido. Pero no se quejó. Estaba a punto de caramelo.

-Estabas a punto de correrte. ¿No sabes que solo podrás correrte cuando tu amo te lo diga? -Si mi señor. Lo siento. -Fíjate lo calentorra que estás… y le di a probar sus flujos. Ella se los metió en la boca sin rechistar y empezó a chuparlos mientras gemía.

-Que guarrita. Supongo que esperas poder correrte pero estás aquí para servirme y hoy no te vas a correr. Lo que vas a hacer es que me la vas a chupar y te vas tragar toda mi leche.

Ella no dijo nada, dudaba, aparte de tragarse mi leche, se tenía que meter mi polla después de haber estado en su culo.

-Hoy te voy a follar por los tres agujeros. Estaba totalmente salido y empecé a restregar mi polla por su cara mientras volví a masajearle el coño. Ella reaccionó enseguida. Estaba salidísima. Saqué los dedos de su boca y puse la punta de mi polla en su boca. Ella abrió la boca y empezó a chuparme la polla. Ahora si que la había dominado por completo. Esto me puso a mil y no pude aguantar más corriéndome en su boca mientras gritaba.

-Chúpala así,¡zorrita! ¿Te gusta mi leche? Trágatela.

Fue una de las mejores corridas de mi vida. Ella se la tragó toda y no hizo ademán de retirarse hasta que yo quité la polla. A eso ella todavía seguía a cuatro patas. Le susurré al oído.

-Lo has hecho muy bien. A partir de ahora serás mi zorrita particular.” Ella asintió con la cabeza sin mirarme.

Todo esto me había puesto muy salido y quería follar de nuevo pero no quería que se corriera hoy. Lo había dicho y tenía que cumplir la promesa. Entonces se me ocurrió algo. La verdad es que estaba fuera de mí. Sabía que también le gustaba a dos amigas de mi mujer, ya que ella me lo había dicho, y yo mismo había estado dudando antes de escoger a mi esposa. Una de ellas era bastante delgada aunque con una cara de estas viciosas. Lo más llamativo de la otra era su culo. Me fui al comedor y llamé a sus dos amigas para que cenaran esta noche en casa. Las dos aceptaron encantadas. A todo esto mi mujer seguía en la cama en la postura que la había dejado, quieta sin atreverse a hacer nada.

-He llamado a tus amigas para cenar esta noche. Nos vamos a divertir los tres. Vete a preparar la cena.

Esto le sorprendió pero no dijo nada, solo:

-Si, mi amo. He hizo ademán de empezar a vestirse. La paré bruscamente. -No te he dicho que te puedas vestir todavía. Ve a la cocina.  -Lo siento mi amo.  y se dirigió a la cocina. Ya era evidente que podía hacer con ella lo que quisiera. Estaba en la situación que todo hombre podía soñar. Fui a buscar la ropa adecuada para su nueva situación. Encontré un top lo suficientemente corto y estrecho para satisfacer mis propósitos y una falda que tuve que recortar yo mismo así como hacer más estrecha. Con estas dos piezas fui a la cocina y le dije: – Hoy te vas a poner esto.

Me miró con cara de sorpresa pero se puso las dos piezas. Al verse con ellas puesta comprendió la magnitud de lo que parecía: las tetas estaban que se le salían o por debajo o por arriba o según como que se le rompería la camiseta sin más, la falda no era mejor, a la que se agachara se vería que no llevaba bragas, la verdad es que verla así me estaba poniendo la polla como una piedra.

-Pero así me van a ver mis amigas. Le pegué un azote fuerte en el trasero. -¿Que has dicho?  Bajó la cabeza y dijo: -Lo siento señor, pero me da vergüenza ir con esto delante de mis amigas, parezco….” -¿Que pareces? -Una prostituta, señor. -¿Y que crees que serás a partir de ahora? Mi putita particular.

Mientras le decía esto le volvía a meter los dedos en el coño, seguía mojadísimo. -Como no quieres que te trate como a una puta. Fíjate como tienes el coño, mientras le metía los dedos en la boca.  -Estás deseando que te la metan, ¿verdad?  -Si mi señor. -Ya te da igual quién te la meta, solo quieres polla, ¡so puta! -Si mi señor, soy una puta. Haré lo que diga mi señor. -Joder que puta. No aguanto más.

Levanté levemente la falda y se la volví a meter por el culo. Esta vez me costó muy poco. De tres embestidas me volví a correr de lo caliente que estaba. Ella estuvo a punto pero conseguí correrme antes. Se quedó con la cara de puta que se le estaba poniendo y restregándose con el armario de la cocina. -Para de restregarte como una puta y termina de hacer la cena. Te la volvería a meter por el culo pero primero tienes que hacer la cena.

Me fui al comedor a descansar. Me puse a ver la tele y estuve descansando lo que quedaba de tarde. A eso de las 10.00 llegaron las dos amigas. Les di dos besos bastante efusivos y no pudieron disimular la sorpresa al ver las ropas que llevaba mi mujer. Empezamos a cenar. La verdad es que mi mujer apenas paraba en la mesa mientras yo departía con sus amigas, el vino también estaba corriendo de forma abundante de forma que ellas estaban cada vez más contentas y mis manos iban cayendo en sus piernas y espaldas de forma cada vez más continuada. A todo esto ellas estaban bastante extrañadas con el comportamiento (y ropas) de mi mujer pero a medida que se fue desarrollando la noche se les fue pasando.

Al terminar de cenar (ellas más que contentas con el vino) nos pusimos los tres en el sofá mientras que le decía a mi mujer que fuera acabando en la cocina. Para entonces tenía abrazadas a las dos de forma cariñosa y estábamos semi-estirados en el sofá. En esta postura de forma natural fuimos apretándonos mutuamente. No hay nada como dos mujeres bebidas y en celo total que al final casi se pelearon para empezar a besarme. Empecé a pegarle un morreo a las dos mientras mis manos empezaban a pasar por encima de las tetas. Ellas iban mirando de forma nerviosa hacia la cocina pero la situación las estaba excitando sobremanera y parecían no dispuestas a perder la oportunidad de obtenerme, algo que siempre habían querido (mi mujer me lo había confesado alguna vez). Aparte la competición entre ellas hacía que intentarán adelantarse a la contraria. Así, aunque mirando hacia la cocina, habían empezado a sobarme la polla por encima del pantalón.

Yo por mi parte ya les había levantado la falda y les masajeaba el coño por encima de las bragas. Estaban a cien. Les dije: -Bajaros las bragas. -¿Y si viene tu mujer? Respondieron casi al unísono. -No os preocupéis, en cualquier caso siempre podéis bajaros las faldas si viene. Se miraron y medio nerviosas, por no quedar detrás de la competidora, se quitaron las bragas tan rápidamente como pudieron. Le froté el clítoris a cada una de ellas. Ambas tenían el coño supermojado. Para entonces ya me habían desabrochado totalmente el pantalón y me estaban empezando a pajear. Como no me habían bajado el pantalón no estaba totalmente cómodo. Les dije_ -Voy a ponerme algo más cómodo, seguidme. Pasamos por delante de la cocina, yo con el pantalón semi bajado y ellas sin bragas.

-Ahora tumbaros en la cama y quitaros la ropa, la primera tendrá premio. A pesar de que podia venir mi mujer los celos hicieron que se quitaran la ropa tan rápido como pudieron y les empecé a chupar el coño a las dos. Gemían como verdaderas putas. Obviamente mi mujer las podía oir. En esto paré, mi táctica habitual, y también dijeron: -¡No pares! -Aquí las cosas se piden por favor. -Por favor, no pares. -¿A qué estarías dispuesta por que siguiera. -A lo que sea. -Poneros de espalda. y les tapé los ojos con una venda y les até las manos a la espalda, y esta vez puse la cámara para grabar.

Cogí la que me más me gustaba el culo y empecé a metérsela. Ella se quejó pero la amenacé con dejarla con la otra y no se quejó. Seguí follándola. Mientras le dije a la amiga que esperara con la boca abierta y la lengua fuera, que no se tragara la saliva. Me gusta ver como babean.

En esto decidí que era el momento de llamar a mi esposa. Cuando llegó el espectáculo era tremendo. Tenía a sus dos amigas atadas y boca abajo. Una de ellas tenía la boca abierta y ya estaba babeando y a la segunda le estaba abriendo el culo a conciencia. Pero ella ya estaba totalmente en su papel y solo dijo:

-¿Que desea mi señor?

Sus dos amigas escucharon sorprendidas pero no dijeron nada. Una no podía, tenía que tener la boca abierta y la otra estaba demasiado preocupada por mis embestidas.

-Quiero que me chupes el culo mientras me follo a tu amiga.

Ella obedeció sin rechistar.

Cuando estuve a punto de correrme la saqué de su culo y la metí en la boca de la amiga. -Chupa polla, ¿te gusta el sabor del culo de tu amiga? Vaya par de putas. Y me corrí en su boca.

Continuará…

Autor: Pervertido

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Mi chica favorita está gorda

Exigió que la follara con todas mis fuerzas, casi con violencia. Yo entraba y salía a mi ritmo, disfrutando del bamboleo de sus tetas, de sus gemidos, de sus manos empujando hacia dentro de mí. La follé saltando sobre ella que me recibía abriendo sus piernas para ofrecerme todas las facilidades para entrar en su chapoteante coño. Tan caliente estaba que llegó al orgasmo justo antes que yo.

Es mi primer año en la universidad. No soy atractivo. Metro setenta, velludo como un oso, miope…  como mi padre es agricultor, al trabajar habitualmente en el campo, mi físico es de cuello corto y espaldas anchas, brazos y piernas fuertes, la piel oscura quemada por el aire y el sol. Reconozco que soy poco hablador, pero se me dan bien los idiomas y todos están de acuerdo que soy un buen aprendiz de cocinero. Hasta hace unos meses yo era un virginal y vigoroso chico de campo recién llegado a una gran ciudad.

Ella estudia filología hispánica, mide dos dedos más que yo, tiene el cabello castaño cortado por encima de los hombros, ojos grandes, sonrisa inmensa entre unos labios esbeltos, piel rosada, carnosos pechos, inmensos, caídos por el peso y coronados por unos pezones gruesos que apenas sobresalen de unas grandes aureolas, barriguita desbordante acabada en un culo grande que se mueve de un lado a otro al caminar. En resumen, preciosa de cara y con quince kilos de más (opinión de mi compañero de piso).

Era en un café, donde yo intentaba con la ayuda de un té cargado repasar los apuntes de una clase de esa mañana. A mis espaldas ella conversaba con algunas amigas y el tema era “los hombres y el sexo”; todas hablaban con absoluta familiaridad de los dos temas e incluso se pavoneaban de algunas hazañas, ella compartía las risas, pero apenas aportaba algo. En un momento dado empezaron a interrogarla poco sutilmente sobre su “experiencia” sobre esos temas a lo que ella respondió con un lacónico:

– ¿A qué hombre le puede gustar una gorda como yo? No sé porqué dije lo que dije, pero en ese momento sólo sé que me salió del alma. Sin pensarlo. Inconscientemente. – A mí. Por ejemplo.

Todas estallaron en risas menos ella que se quedó petrificada. Me giré intentando no parecer aburrido, pero tampoco excesivamente interesado en su conversación. – Tiene una cara preciosa, unas tetas y un culo interesantes, eres divertida, no estás obsesionada por las tallas o el maquillaje…  Eres diferente. Volvieron a reírse. Ella estaba desconcertada.

– No es como esas tablas muertas de hambre con pechos, pendientes hasta el aburrimiento de todo y en todo momento…  Mi maquillaje, mi figura, mi comida, mi ropa…

Ahí ellas continuaron el debate y me añadieron al círculo. Les caí bien y aunque ella en un principio me veía con cierta suspicacia al final logré que confiara en mí. Desde ese día ella y su grupo de amigas comenzamos a quedar varios días a la semana por la tarde.

El último viernes de noviembre ella me llamó porque estaba resfriada y no iba a casa como sus amigas. Se sentía aburrida sola en el piso, me pidió que le trajera algunos medicamentos y que de paso le hiciera compañía. Me recibió vestida con un pijama rosado y sobre él un albornoz. Estaba sudando, tenía el rostro congestionado, los ojos casi cerrados y la voz gangosa. La dejé tumbada en la cama medio dormida después de tomarse un vaso caliente de leche con miel.

La dejé dormir toda la tarde y aproveché para limpiar el fregadero (es increíble lo que se pueden acumular para limpiar en los pisos de los estudiantes) y cocinar algo ligero para que cenara. Cuando la desperté se encontraba bastante recuperada. Respiraba bien por la nariz, la congestión parecía haber desaparecido y aunque la fiebre apenas había bajado se encontraba más despejada. Tomó la sopa y la tortilla que le había hecho y se levantó para arreglar un poco la cama. Aún se sentía cansada, le dolían los hombros y la espalda. Me pidió que le diera un “masaje” por encima del pijama antes de que se acostara.

No sabía nada de masajes, pero improvisé y resultó pues la ayudó a relajarse. La conversación se hizo más ligera y desinhibida. Me contó su eterna envidia hacia sus amigas por su facilidad para ligar, de la poca autoestima que sentía por su cuerpo, de su afición a las novelas rosa…  Y en un momento dado me preguntó que si era verdad lo que había dicho el primer día que nos conocimos.

Asentí. Empezaba a darme cuenta como su cuerpo seguía a mis manos.  Se combaba como una gata mimosa al paso de los dedos. Acerqué mi boca a su oreja y le susurré de nuevo por qué me gustaba mientras las manos se deslizaban peligrosamente rozando a sus pechos. Aparté con cuidado el pelo besándola detrás de la oreja mientras le preguntaba por sus temores respecto a los hombres y al sexo.

Sus manos, que al principio parecían evitar moverse por miedo a su torpeza acabaron por coger  las mías y llevarlas hasta sus senos. Se dejó caer en la cama y cogiéndome del cuello me atrajo en un improvisado beso lleno de fogosidad. Ansiosa de caricias y sexo después de tanto tiempo esperando un imposible, se mostró como una fiera hambrienta que no quiere perder la oportunidad. Cuando quise darme cuenta me había despojado de la camisa y había abierto los pantalones y liberado mi polla que recibió con saltos de alegría las manos de ella.

No fue una mamada espectacular digna de una película porno. Ella ponía toda su buena voluntad e interés, pero carecía de experiencia y técnica. Cuando se levantó de golpe para tomar aire por un momento se mareó y casi se cae. Creyendo que aquello rompería toda la magia quiso continuar, pero yo lo impedí. La llevé al baño, la desnudé y luego yo. Bajo un chorro de agua templada un poco fría para ayudarla a bajar la fiebre compartimos besos y caricias. Me encantó acariciar aquellos pechos infinitos, frotar mi polla erecta contra su peluda rajita, clavar los dedos en ese rollizo culo…

Acabamos tumbados en la bañera medio cubiertos por el agua. Ella sobre mí jugaba con la polla que tenía entre sus piernas justo frente a su coño. Yo jugaba con sus tetas…  Ninguno de los dos nos atrevíamos a continuar pues ninguno tenía condones allí y tampoco estábamos dispuestos a apartarnos. Comencé a mimar su coñito con mis dedos. Deslizaba sin prisa alguna yema por el borde de sus labios y descubrí ciertos recorridos que la encelaban. Sus pezones se llenaban aún más, parecía que le faltaba el aire y sus fuerzas flaqueaban. Cuando quise darme cuenta estaba masturbándola con una mano, con la otra utilizaba los dedos para penetrarla mientras ella se acariciaba los pechos o guiaba a la mano mía.

No sé si fueron dos o tres. Pero logré que se estremeciera y suplicara más caricias varias veces antes de que cayera rendida y sin fuerzas. Acabó gimiendo incoherencias sobre lo que iba a hacer con mi polla. Yo le susurré algunas ideas que ella añadía a sus delirios…  Pero fue cuando le propuse que me pajeara con sus pechos cuando por fin volvió a la realidad. Se lo tomó en serio. Me besó antes de ponerme en pie como si fuera la última vez que nos fuéramos a ver. Luego arropó con sus dos enormes tetas a mi rabo y las movió arriba y abajo…  Apenas necesitó una docena de movimientos para que me corriera. Le avisé y ella colocó su cara frente a la punta para recibir el chorro en primer plano.

Extendió toda la corrida por su cara y pechos como si se tratase de una crema.  Nos duchamos y ella improvisó una mamada después de que yo descubriera como es el sabor de su coño cuando se corre. Estaba tan caliente que no me importó su habilidad; apenas necesitó tenerla dentro de la boca más de un minuto para que yo la inundara con una nueva carga de leche. Acabado el deporte acuático nos secamos entre comentarios y caricias pícaras…  Y acabamos en la cama los dos desnudos y abrazados. Ahí el sueño nos pudo.

Cuando me desperté por la mañana todavía no había amanecido. Una de sus manos estaba posada en mi polla que se mostraba en toda su grandeza ante aquellas inconscientes caricias. Su respiración era regular. El calor de su cuerpo contra el mío me devolvió la excitación al resto del cuerpo…  Tenía que follarla como fuera. Con cuidado la dejé en la cama arropada y dormida. Me vestí dejando la puerta cerrada en apariencia, pero con un papel impidiendo que el cerrojo se bloqueara. Compré condones, unas pastillas para el resfriado (por si me lo contagiaba), y una docena de churros. Cuando se despertó fue por un beso mío y bajo el olor de un chocolate caliente.

Desayunamos los dos en la cama y cuando acabamos le enseñé la caja de condones. Se mostró excitadísima  ante la idea de practicar “de verdad el sexo”. Apenas me lo puse exigió que la follara con todas mis fuerzas, casi con violencia. Yo entraba y salía a mi ritmo, disfrutando del bamboleo de sus tetas, de sus gemidos, de sus manos empujando hacia dentro de mí. “Más fuerte, más rápido, más… más… ” reclamaba procurando no hablar a gritos.

Tanta exigencia me estaba poniendo nervioso y en un arrebato de agresividad me levanté, la cogí de las piernas y colocándola de rodillas en el suelo con el cuerpo apoyado en la cama comencé a follarla como ella pedía. Cuando hablaba para pedir algo le azotaba las bamboleantes nalgas con las manos…  Tanto le gustó, que acabó corriéndose antes de que yo pudiera alcanzarla en medio de una azotaina. Enfadado la volví a tumbar sobre la cama y dejándome caer sobre su coño con todo mi peso la penetré con toda mi fuerza y furia. La follé saltando sobre ella que me recibía abriendo sus piernas para ofrecerme todas las facilidades para entrar en su chapoteante coño. Tan caliente estaba que llegó al orgasmo justo antes que yo.

Empapados los dos de sudor nos encontrábamos en el cielo. Ella suplicaba que continuara, que su coño le ardía y quería que mi polla apagase el fuego. Mientras declamaba esa petición con metáforas de todos los colores y estilos, yo le acariciaba aquella encharcada raja que se mostraba abierta dejando manar como con desgana un viscoso líquido blancuzco. Cuando mis caricias la llevaron a un nuevo orgasmo su coño pareció casi escupir con furia más y más de aquel líquido.

Aquella mañana la penetré dos veces más, la masturbé otras dos y agotado ante su insaciabilidad me fui a la cocina traje una botella de vino y sin elegancia ni delicadeza se la introduje bruscamente en el coño que casi lo absorbió hasta más allá de la mitad. Sólo en ese momento le fallaron las fuerzas, sus ojos se quedaron en blanco  y por un momento pareció a punto de perecer. De aquel agujero que debía estar lleno se escapaban hilos de más y más líquido mientras ella comenzaba a relajarse. No creo que fuera la fiebre, pero las obscenidades que brotaron de su boca mientras movía la botella dentro de su incansable coño hubieran asustado a cualquier mujer que la hubiera escuchado.

Tanto follar la dejó agotada y durmió durante todo un día. Cuando se despertó yo ya no estaba y lo primero que hizo fue llamarme y pedirme que volviera. Que necesitaba mi polla. Que quería que la volviera a follar…  Me hice de rogar, pero acabé volviendo y de nuevo agotó mi reserva de esperma, de fuerzas y casi de vida.

Para saciar su ansia he probado de todo. Torturarla como esclava, sodomizarla, penetrarla con los más variados objetos e incluso la conseguí convencer para compartirla con unos amigos un día que estaban un tanto bebidos. Pero eso ya os lo contaré otro día.

Autor: Alfredobmundo

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Sometiendo a Ana II

Ella no paraba de jadear y de pedir más. Se corrió una vez más mientras la follaban, Ana estuvo así un buen rato, siendo usada como un trozo de carne por los tres chicos y se corrió al menos tres veces más. Rubén le ordenó ponerse de rodillas. Ana lo hizo y éste comenzó a masturbarse hasta que se corrió. Los demás lo imitaron y poco tiempo después Ana estaba con semen de la cabeza a los pies.

Miré como Ana se alejaba hacia la puerta. La minifalda apenas le cubría las nalgas, realzadas por las plataformas de 17 centímetros. Con cada paso que daba el diminuto tanga se alcanzaba a ver y una parte del plug que llenaba su culito. Sus muslos brillaban, mojados por la excitación que llevaba sintiendo toda la tarde. El delantal dejaba su espalda desnuda y el collar que acababa de ponerle le sentaba de maravilla. Se me puso dura cuando, con pasos tímidos llegó a la puerta.  Mientras giraba el pomo aumenté la velocidad del vibrador que llevaba dentro del coño.

Cuando abrió se encontró con Pedro, un chico de unos 30 años. Moreno, alto y el típico cachas. Lo había conocido en el gimnasio, al igual que al resto de mis compañeros de póker. Ana no los conocía ni ellos a ella, lo que me animó a invitarlos diciéndoles que tendrían una sorpresa, sin darles más detalles.

La cara de Pedro era de shock. Se quedó parado unos segundos, comiéndose a Ana con la mirada de arriba a abajo sin entrar. Me acerqué y le dije:

“Pasa Pedro, esta es mi esclava que nos atenderá esta noche mientras jugamos”, dije mientras Ana estaba con la cara roja por la vergüenza que estaba pasando.

Pedro entró a casa y yo apagué el vibrador para dejar que mi novia se repusiera un poco. Le ordené que guiara a nuestro invitado al salón para ponerse cómodo. Mientras iba delante, Pedro no paraba de mirarle el culo y se notaba un bulto en su pantalón. Se sentó en el sofa y Ana se quedó de pie, sin saber muy bien que hacer.

“La putita está aquí para servirnos en lo que queramos”, dije poniéndome detras de Ana y dándole un azote seco en el coño mientras encendí el vibrador. “Si quieres puedes examinarla en lo que llegan los demás, pero no la desvistas que quiero que todos se lleven la misma sorpresa que tu”.
Pedro rió y yo cogí una correa de perro y se la ajusté al collar. Pedro se puso de pie y tiró de la correa hacia el. Ana, desacostumbrada a los tacones, casi se cae pero el la cogió entre sus brazos, aprovechando para tocar sus tetas y magrear su cuerpo.

“Levantate la falda, putita. Enséñale a nuestro invitado como estás de llena hoy. Dile lo cachonda que estás”

Ana me miró con una especie de odio y lujuria, Vio, en el rabillo del ojo, la cámara que grababa todo y pensó que no tenía mucha opción así que hizo lo que le ordené. Pedro empezó a meterle mano y sonrió cuando sintió la base del plug.

“¿De donde sacaste a esta guarra?”, preguntó mientras metía y sacaba el plug y le tocaba el clítoris por encima del tanga.

“Esta zorra es una pija que nunca pensó en hacer esto, pero ya ves, se pone un poco cachonda y mira en lo que se transforma. ¿Verdad putita? Dile a nuestro invitado lo que eres”, dije azotándole el coño.

Antes de que pudiera responder sonó el timbre otra vez. Ana comenzó a caminar a la puerta pero le ordené parar. “Ponte a 4 patas, perrita, que Pedro te lleve”. Encendí una vez más el vibrador, lo que causó que sus rodillas se doblaran pues no se lo esperaba. Pedro aprovechó para tirar de la correa y rápidamente Ana estaba a 4 patas.

Pedro tiró de ella hacia la puerta y Ana lo siguió obediente. El panorama de mi novia totalmente sometida, cuando horas antes se cabreó porque la llame zorra, era espectacular. Pedro abrió la puerta y esta vez estaban José y Rubén, los dos que faltaban. Primero entró José, hablando sobre cómo pensaba quitarnos la pasta esa noche y se fue directo al salón, sin siquiera notar la presencia de Ana que se había puesto detrás de Pedro, supongo que para evitar que la vieran desde el pasillo. Rubén sí que la vio y se quedó parado unos segundos, mientras Pedro tiraba de la cuerda para exhibirla. Después de unos segundos dijo: “bonita mascota” y sin mediar palabra se bajó la bragueta y comenzó a golpear la cara de Ana con su polla que se fue poniendo dura. Yo aproveché para aumentar la potencia del vibrador al máximo, lo que produjo un grito en Ana que inmediatamente después empezó a buscar la verga con la boca. Rubén aprovechó para metérsela y follar su boca unos segundos tirándola del pelo.

“Está buena la perra”, dijo Rubén, “se ve que le gusta”. Sacó polla de la boca de Ana y se la guardó en el pantalón. Pedro tiró de la correa hasta el salón y al llegar le dijo: “Ponte de pie putita para que te vean”. Ana obedeció y seis manos comenzaron a recorrer todo su cuerpo, tirando sus pezones, dándole nalgadas y metiendo los dedos en su raja descaradamente. Rápidamente perdió el delantal y mientras Rubén pellizcaba y tiraba de sus pezones, José empezó a meter y sacar el plug. Ana sólo gemía y jadeaba como perra en celo.

“No excitéis mucho a la zorra”, anuncié mientras apagaba el vibrador, “que lleva toda la tarde esperando correrse y vamos a asegurarnos de que nos atienda bien antes de dejar que tenga placer”.  “Antes de que llegaran”, recordó Pedro, “esta guarrilla estaba a punto de decirnos algo”. La azotó en el culo y le dijo: “anda, dínoslo”.

Ana recorrió la habitación con los ojos, mirándonos a todos fijamente mientras se mordía el labio. Finalmente dijo: “Seré vuestra zorra esta noche, haré todo lo que me digáis. Pero por favor folladme y usadme como os plazca. Quiero ser vuestra putita”.

“Pues entonces por qué no nos sentamos a jugar y dentro de un rato la usamos, no se vaya a cansar”, dijo Pedro riendo mientras se acomodaba en la mesa. Los demás le seguimos, poco a poco, dejando a Ana jadeando junto al sofá sin percatarse de que nos alejábamos y de que nadie estimulaba su cuerpo. Supongo que habría estado a punto de correrse pero que el estímulo no fue suficiente.

Nos sentamos en una mesa de cristal redonda, mientras Ana seguía junto al sofá, perdida en las sensaciones así que le grité: “Putita, deja de tocarte y ven con los invitados a ofrecerles algo de beber”. Ana se acercó y se paró entre José y Rubén mientras todos le fuimos diciendo lo que queríamos beber. Verla en tetas y con una minifalda frente a cuatro tipos que no paraban de meterle mano era sin duda lo más excitante que había visto hasta ahora. La pobre se fue a la cocina zigzagueando y comenzamos a repartir cartas.

Tras varias partidas Ana volvió con una bandeja con nuestras bebidas. Cuando la vi acercándose, encendí el vibrador al máximo y comencé a verla haciendo malabarismos con la bandeja hasta que tropezó a causa de los tacones y se cayó todo al suelo.

“Zorra estúpida”, le grité. Ven aquí a recibir tu castigo. Ana me miró a lo lejos y se acercó cabizbaja a la mesa mientras todos la observaban expectantes. “Ve con Rubén y pídele que te de diez azotes como castigo”.

Ana caminó hacia él y Rubén le ordenó que cogiera sus tobillos y se subiera la falda. Ana hizo lo que le ordenaba ese extraño y pronto todos podíamos ver su espléndido culo con la base del plug sobresaliendo. El tanga brillaba de lo empapado que estaba mientras Rubén se quitó el cinturón y soltó el primer azote en las nalgas de Ana que gritó, una mezcla de pero a la vez un jadeo.

“Gracias”, dijo Ana cuando sintió el primer impacto. Rubén continuó azotándola, cada vez con más fuerza, y Ana agradeció cada uno de los azotes a pesar de que nadie se lo había ordenado. Cuando terminó su culo quedó rojo con las marcas del cinturón. Rubén le ordenó que se incorporara y vimos lágrimas en sus ojos pero a la vez una mirada de lujuria que nunca había visto.

“Ahora ve a limpiar el desorden que hiciste, putita, y trae nuestros tragos”, le ordené mientras repartía las cartas. Tuvimos unos 15 minutos para jugar sin distracciones. Vi a Ana acercándose pero esta vez no traía la bandeja, sino solo una copa. Encendí el vibrador pero esta vez lo esperaba así que aunque se balanceó un poco no tiró nada. Lo dejó en el sitio y tras 3 interminables viajes de ida y vuelta a la cocina, Ana cumplió su misión y se paró junto a la mesa, distrayendo nuestra atención de la partida. “Ponte a 4 patas, putita”, le ordené “y ve con Rubén a terminar lo que empezaste en la puerta”.

Encendí el vibrador a lo más bajo y Ana empezó a gatear hacia él. Se puso frente a sus piernas, debajo de la mesa, y le bajó la bragueta. Los demás podíamos ver todo a través del cristal de la mesa. Aunque seguíamos jugando, todos estábamos más pendientes de lo que hacía Ana que empezaba a lamer el pene de Rubén de arriba a abajo mientras lo cogía con una mano. Rubén volvió a golpear su pene contra el rostro de Ana, dejándolo bastante mojado. Después cogió a Ana del pelo y le metió toda la polla en la boca. Era muy grande para ella que empezó a protestar y a tener arcadas pero a Rubén le importó poco y empezó a usarla como si fuera un coño. El maquillaje de Ana se corrió y su cara estaba llena de su propia saliva. Después de unos cinco minutos en los que paró la partida, Rubén le ordenó que lo pajeara y poco después se corrió en toda su cara. Por segunda vez en su vida, y todo el mismo día.

Ana salió de debajo de la mesa para ir hacia el baño pero la detuve del brazo. “¿Dónde crees que vas putita? ¿Y los demás qué?”

Ana me miró desafiante pero se dirigió a Pedro y con voz de niña la preguntó: “¿Me dejarías comerte la polla?” Pedro no dudó en decir que sí y se bajó la bragueta mientras Ana, a 4 patas, gateaba debajo de la mesa hasta ponerse frente a el. Empezó a lamerle los huevos , metiéndoselos en la boca, mientras Pedro la animaba diciéndole lo puta que era y que como se notaba que le gustaba comer pollas. Ana seguía a lo suyo, subiendo poco a poco con la lengua, entreteniéndose en el glande mientras lo pajeaba con la mano. A estas alturas nadie prestaba atención a la partida. José, incluso, metía y sacaba el plug y los jadeos de ella se distinguían a pesar de la polla en su boca. Después de unos minutos así, Pedro explotó y Ana lo tragó todo, sin derramar una gota…

“Mmmmmm, qué rico”, teatralizó Ana. Sin que nadie le dijera gateó hasta José, le bajó la bragueta y comenzó a mamársela otra vez. Cuando intentaba metérsela en la boca, José cogía su polla con la mano y le daba golpes en la cara, esparciendo la lefa que tenía de las corridas previas mezclada con su saliva. Estaba echa un asco, pero nunca la había visto tan sexy. Yo, mientras tanto, cambiaba la intensidad del vibrador… José sin decir palabra se puso de pie y empezó a pajearse hasta que se corrió sobre la mesa. Después cogió a Ana del pelo, la puso de pie y acercó su cara a la mesa: “Límpialo putita, sabemos que te gusta”.

“Si amo”, respondió y comenzó a limpiar la mesa mientras José le metía los dedos en el coño. Cuando lo dejó todo limpio se dirigió a mi.

“Ponte de rodillas y metete mi polla en la boca putita y no hagas nada más. Quiero probar si me traes suerte en el juego, así que no me distraigas”, le ordené. Ana se puso a 4 patas caminó hasta estar entre mis piernas y se metió la verga en la boca. La sensación fue incredible, tenía un calentón tremendo de ver como se había comportado hasta ahora.

Tuve asi a Ana como 45 minutos, mientras jugábamos a las cartas y empezaba a tener una buena racha. Pasado ese tiempo, estaba cada vez más caliente, me costaba mucho concentrarme y mi suerte empezó a cambiar. Los demás, respuestos ya de sus corridas, comenzaban a mirar cada vez más la boca de Ana inmovilizada sobre mi polla.

“Sal de ahí abajo, putita”, le dije a Ana tirando de la correa que todavía llevaba, “Ponte de pie junto a mi, guarra, y cogete los tobillos”.

Ana obedeció sin rechistar. Llevaba más de 8 horas siendo estimulada y se notaba que lo único que le interesaba a estas alturas era correrse. Cuando tuve su culo frente a mi le quité el tanga y se lo metí en la boca. Después quité el plug que llenaba su culito. Tenía el ano totalmente dilatado.

“Señores, yo me retiro un rato de las cartas para follar por el culo a esta zorra. Aunque la vean así de guarra ese agujero es virgen. Hasta esta noche ni siquiera me había dejado correrme en su boca. Pero ya ven lo puta que en realidad es mi novia. Si alguno de ustedes quiere usar algun otro de sus agujeros, adelante”. Dicho esto le escupí en el ojete y metí un dedo para lubricar bien. Mi polla estaba empapada y durísima de haber estado en la boquita de Ana así que sin mediar palabra se la metí de un solo golpe.

Ana pegó una larido, ahogado por las bragas que tenía en la boca. Tiré de su pelo py lo usaba para coger impulso mientras embestía su culo. Los demás sólo miraban aunque después de unos minutos así, Rubén decidió pellizcar sus pezones mientras Pedro le comía el coño. Yo bombeaba cada vez con más fuerza y Ana se corrió por primera vez esa tarde. Además del alarido que soltó, todos nos dimos cuenta de lo que estaba pasando porque la muy zorra eyaculó, tirando un chorro de flujo sobre el parqué. Algo que nunca había hecho antes.

Al verlo no pude aguantar más y tuve una de las corridas más intentas que recuerdo, llenando su culo de leche. Cuando me recuperé saqué la polla de su y me puse frente a ella. Ana sabía lo que tenía que hacer y se la metió a la boca hasta que la dejó totalmente limpia.

“Le voy a follar el coño”, dijo José, “A ver que tan mojada está esta puta”. Se sentó en el sofá mientras Ana se hincó frente a él dejando sus tetas para que pudiera tirar de ellas. Mientras la follaba le ordenó que se inclinara hacia él y que se separara las nalgas. Ella sabía lo que venía.

“Siempre he fantaseado con una doble penetración”, gritó mientras José taladraba su coño.

Yo, mientras tanto, estaba en otro sofá fumando un pitillo y tomando fotos y vídeo del momento. Rubén se puso detrás de ella y la empezó a penetrar el culo. Cuando estuvo llena ambos comenzaron un vaivén mientras ella no paraba de jadear y de pedir más. Se corrió una vez más mientras la follaban así y Pedro aprovechó para acercarse a su boca y que se la mamara.

Ana estuvo así un buen rato, siendo usada como un trozo de carne por los tres chicos y se corrió al menos tres veces más. Rubén le ordenó ponerse de rodillas. Ana lo hizo y éste comenzó a masturbarse en su cara hasta que se corrió. Los demás lo imitaron y poco tiempo después Ana estaba con semen de la cabeza a los pies. Se veía exhausta, pero feliz. Los chicos se vistieron y les pedí que se marcharan. Cuando estuve solo con Ana le di un beso y le pregunté:

“¿Te gustó?” “Me encantó. Me da vergüenza decirlo pero nunca imaginé hacer algo así y la verdad es que me encantó. Nunca había disfrutado tanto.

La miré con ternura y la besé, probando la leche de los hombres que la habían usado esa tarde. Después le dije al oído:

“Todavía no he usado tu coño y estoy cansado así que móntame, putita” Ana me miró, me besó de nuevo y me susurró al oído: “¿Podemos ver el video de esta tarde mientras me follas?”

Autor: Amo123

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El laberinto del sexo

Esta es la historia de una sesión de una pareja, en la cual ella es sumisa a los caprichos del Amo, pero no esclava ya que al Amo no le gusta imponer, sino ver como su gatita por amor y lujuria se vuelve dócil ante sus deseos, y en el fondo ella se ve esclava ante sus propios necesidades ocultas, necesidades que solo se atreve a mostrar al hombre al que ama.

Su relación es de bdsm suave y erótico rozando el vainilla, espero que os guste. Su físico no es importante ya que en el bdsm cuentan más las sensaciones y situaciones ,una sumisa es un tesoro ya tenga 40 o 20 años, pero si quieren hacerse una idea, él es un amo de 30 años, apuesto, bello pero fuerte, y ella es una muchacha en último año de carrera, por ejemplo.

Comienza…Uno de mis primero relatos más sensual que sexual…

En algún lugar de Valencia.

-Querida gatita ¿sabes a donde te he traído vendada?

El amo le quita la venda, y la besa.

– Estamos en el campo Amo, hay muchos setos, respondió rápidamente ella, aun estando algo confusa por la situación. -Error, estamos en una de tus fantasías, estamos en un laberinto verde, lleno de setos, en el cual hay cuatro salidas, y tú y yo nos encontramos listos para una sesión, ya que hoy es un día especial ¿Verdad? La cuestión es que dentro de 60 minutos esto tendrá que acabar, y ya que estamos en un jardín de la ciudad de Valencia, te propongo un juego de sexo público, esto es todo lo que puedo decir, dime, ¿quieres o no quieres jugar? -Amo, no se….Esto es…-Susana, te doy mi palabra de amo que no pasara nada mientras sigas las normas, además fuiste tú la que me pidió hacer sexo público, dijiste que era excitante.-Pero y si viene gente y… – Tienes tiempo de sobra, la cuestión es, ¿confías en mi o no? -Si Amo, lo haré.  (¿Ella se somete voluntariamente?  o, ¿es el morbo lo que la obliga?) -Bueno pues, desnúdate ahora.

Susana empezó a quitarse la ropa, pese a ser las 10 de la mañana en verano, la brisa fresquita de la noche, le ponía duros los pezones y la piel de gallina.

-Ven aquí, preciosa.

Susana se acercó, él la calmó acariciándole a lo largo de la espalda, mientras la acercó a un seto, le cogió suavemente las manos y se las encadenó por encima de la cabeza.

-Bien ahora que estás encadenada a la fantasía te diré las normas, primero no huyas del laberinto ya que tu ropa estará doblada en el centro del laberinto, y tienes 60 min. para llegar, cuando lo hagas,… bueno eso ya lo veremos, ahora lo que importa es que no puedo resistirme a la idea de acariciar a mi gatita ahora que está tan provocativamente encadenada.

Él la besó apasionadamente, ella le respondía, sus pezones erectos rozaban con la suave camisa del amo, él la siguió a acariciando suavemente y le puso una mordaza de bola que le impidió hablar, pero no respirar, las caricias del amo iban subiendo en intensidad y bajando desde los pechos, pasando por el ombligo de ella, omitiendo su sexo y acabando en sus piernas, él la iba besando por todo el cuerpo, le dio la vuelta mientras le daba besitos en las piernas, mordisqueaba y besaba su hermoso culo, para acabar subiendo por la espalda lamiendo todo lo largo de la columna vertical hasta llegar al cuello que ahora besaba y soplaba, ella se estremecía, movía sus piernas y su sexo chorreaba, lo deseaba, estaba totalmente indefensa en medio de un laberinto con un hombre que la deseaba más que a nada y ella solo pensaba en hacerle el amor cuanto antes, contoneando sus caderas, buscando la fricción que levanta la pasión, para disfrutar del lujo de la lujuria de un hombre, cuando él le dijo:

-Susana, se que piensas, pero no hay tanta prisa, mejor que disfrutemos y alarguemos este momento y ahora te confieso que tengo la lengua seca de tanto saborear tu cuerpo, así que déjame refrescarme.

Bajó a su sexo y empezó a lamerlo muy despacio, ella suspiró a través de la mordaza, e intentaba acercarle su conejo al Amo, pero estaba atada, no podía llegar, él lo sabía y solo lamía superficialmente el clítoris, ella lo miraba suplicante y él se levantó, la miró a los ojos y la besó, uniendo sus lenguas.

-Se que estás caliente cariño, pero aguanta un poco más, ahora nos divertiremos, pero si ves que no puedes más con este calor veraniego solo dímelo. -Mmmm. -No entiendo lo que dices, bueno déjame acabar de saciarme ya que aun tengo sed además tenemos que darnos prisa ya que el tiempo corre, ahhh! se me olvidaba, espera un segundo, voy a por una silla y unas cosas y ahora vuelvo, por cierto hermosa gatita, no te escapes o me pondré muy triste, dijo esto mientras se reía sonoramente.

Él se fue, volvió a los cinco minutos con una silla y unos botes de pintura, ella pasó todo el tiempo buscándolo, asustada por que alguien la viera, temblaba pero su sexo no la correspondía, este no hacia más que rebosar excitación líquida.

-Bien como veo que pese a proponer lo de sexo público te asusta bastante, he decidido darte dos opciones, puedes ir desnuda por el laberinto ahora o puedo pintarte con pintura especial todo el cuerpo, así si alguien te ve no te vera desnuda, claro que la cuestión es que pintarte todo el cuerpo llevará su tiempo, te quito la mordaza y me lo dices que eliges. -Amo, vamos hacerlo aquí y ahora, estoy muy caliente, vamos déjame calmarte esa erección.-Te he dicho que elijas, puede que vengan la gente antes de lo previsto.

Ella miró de un lado al otro, y eligió la pintura, él sonrió, la amordazó y se sentó en la silla, cogió el primer pincel y lo pasó por el cuerpo de ella, pensando como iba a pintarla, ella estaba mirándole una y otra vez, pero él no parecía decidirse por empezar, dejó el pincel en el bote, puso papel en el suelo y cogió un huevo vibrador, se lo pasó por los pezones a ella, bajó por su vientre zigzagueando para luego acariciar su clítoris, lo metió dentro de su vagina y le dijo que hiciera fuerza para que no se cayera, cogiendo el tanga lo pasó por las piernas de ella y lo subió, consiguiendo así evitar que el vibrador salga.

-Susana cariño, serías tan amable de guardarme este juguete un rato, no lo quites de donde lo he puesto ya sabes como me molesta no saber donde están mis cosas. -Mmmmmmmmm…-Veo que no dices que no, gracias eres muy amable, creo que por eso me gustas tanto.

Además del tanga él le puso rodilleras, y unos guantes negros, ella no entendía el porqué, pero el amo no se detenía ya que continuación le puso unas esposas de cadena larga en los tobillos, con lo que podía andar a pasos cortos pero no correr, ella ya no podía pensar, tenía la excitación de que alguien la viera, el vibrador estaba a mínima potencia con lo que la mantenía caliente sin poder llegar al orgasmo y sobretodo confiaba en su amo y quería ver donde le llevaría esta morbosa sesión, al fin y al cabo los gatos son curioso.

(Mente de Susana)- Él me empezó a pintar, el pincel me hacía cosquillas, eran unas caricias muy delicadas, mis pechos tan sensibles como son, estaban siendo pintados, al igual que cada parte de mi cuerpo expuesto a la mirada de mi amo, notaba sus manos por todo mi ser pintando, cada pincelaba me vestía cara al público pero me desnudaba ante mi amo, que me miró y pintó cada rincón de mi cuerpo, me estremecía al pensar que él me conocía mejor que nadie, desde mis largas piernas hasta mi cuello, él me hablaba de la suavidad de mi piel, de lo bella que era, esas palabras me hacían estremecer pues eran brutalmente sinceras ya que él si de verdad conocía mi cuerpo, no es lo mismo cuando un obrero te lo grita, el obrero no te ama o te desea de la misma forma, no se cuanto tiempo pasó, solo se que mi amo se recreaba en masajear y sobar cada parte de mi cuerpo haciéndolo muy lentamente, cuando acabó, me dijo que pusiera el culo en pompa, ya sabía lo que iba hacerme, iba a ponerme mi cola de gatita, es un elemento de atrezo acabado en plug con una cadena de bolas de goma que se alojan en mi recto y por la forma exterior  realza mi figura y mi rol de animal domestico, al estar en mi ano las bolas acarician y llenan mi recto, yo esperaba que mi amo me penetrara él mismo, quería que se desahogará en mi culo de esa erección que tenia desde hace mucho tiempo y que debía dolerle, pero no lo hizo, solo me metió la cola, Ahhhhggg miauuuauuu, luego me puso la diadema de orejas de gato besándome al acabar, yo notaba que me faltaba algo pero no sabia que era, estaba confusa con todas las sensaciones que mi cuerpo experimenta, tanto por fuera como por dentro.

-Bueno mi caliente gatita, ya estás vestida de pintura, ahora voy a coger estas tijeras y cortaré el tanga, con lo que quedaras desnuda, por cierto no te quites las rodilleras ya que si te caes al andar podrías hacerte un rasguño con las piedrecillas del suelo, ahora te soltaré, y te esperaré en el centro del laberinto, con esas cadenas no podrás correr tras de mi, pero espero que vengas a buscarme, si no llegas antes de tiempo no podrás tomar tu lechecita calentita, me masturbaré y consideraré que me has fallado, por cierto esta pintura se cae con el sudor y ya empieza a hacer calor, espero que me encuentres pronto ya que no me gustaría almorzar solo sin mi dulce gatita, te esperaré Susana hasta que acabe el tiempo. tic-tac.

Él la soltó y la besó, ella intentaba seguirle, pero lo perdió de vista pronto, iba tras él, pero se perdió, no sabia donde estaba lo cierto es que se había desorientado en ese laberinto verde, buscaba y buscaba intentando recordar el camino, pero estaba tan caliente y asustada que no podía recordar por donde iba, la idea de su amo masturbándose, de traicionarle le asustaba, solo podía pensar en él, el único hombre que deseaba ver en ese laberinto, buscaba y buscaba con miedo de encontrar a alguien, creía que ya había pasado por algunos pasillos incluso encontré las salidas del laberinto creí oír ruidos, y me asusté, ya no podía mirar en cada esquina por si había alguien, empecé a correr pero me tropecé y caí, menos mal que llevaba las rodilleras (mi Amo lo sabe todo), seguí buscando pero tener algo introducido en el culo me ponía caliente, el calor de la mañana y el sudor de la búsqueda empezaba a desnudarla en medio de una ciudad verde, sola y desnuda pero con su conejo salvajemente chorreante, estaba tan excitadísima que sus flujos vaginales diluían la pintura de sus piernas, no podía calmarse masturbándose ya que tenía unos guantes con forma de pata de gata que eran de un tejido que arañaba, además no debía masturbarse, debía encontrar a su amo, el tiempo pasó, ella estaba segura que había pasado el tiempo prefijado, ahora encima tenía sed.

Cuando creyó oír la voz de su amo, se quedó quieta, solo su cola se movía por inercia mientras afinaba el oído,  no era una voz, eran unos cascabeles, los cascabeles de su collar, eso era lo que le faltaba de su atuendo, su hermoso collar que la unía al hombre que amaba, demostrando su sometimiento y amor, siguió el sonido, sabía que el único hombre que tenía ese collar era su amo, ya no le importaba que pudiera haber alguien más en el laberinto, ella se dirigió al centro, un lugar por el que ya había pasado, eran un muro que describía una curva, corrió alrededor, sabía que cuando diera la vuelta encontraría a su amo sonriente por su éxito, pero por más que corría no encontraba la entrada, debía estar lejos por lo que había corrido, pero el sonido parecía cercano, pensó en atravesar el seto pero al ir desnuda seguro que se hacía daño con las ramas, empezó a oír a un hombre gemir, su amo se masturbaba, iba a fallarle, estaba desnuda ya no quedaba casi nada de pintura, agotada de correr, se iba a dar por vencida se sentó en el suelo a llorar cuando al mirar el suelo vio una apertura a los pies del seto, era como una entrada de mascotas, ella había buscado puertas o zonas sin setos, nunca se le habría ocurrido buscar entradas en el suelo, entonces se dio cuenta para que servían las rodilleras, se puso a cuatro patas, ando gateando a través del agujero, cabía perfectamente un adulto, entonces lo vio sonriente.

-Cariño por fin, ven acércate que te acaricie, te has portado muy bien.

Ella ni se levantó, se acercó gateando, parecía una autentica gata, orejas-diadema, guantes-gato, cola-plug y una mirada felina y lasciva que nadie le podía quitar en estos momentos de felicidad. El iba vestido con una bata blanca de piscina y unos bóxers ajustados, cogió unas uvas y se las metió de una en una dulcemente a ella en la boca, el frescor de estas calmo su sed y él le coloco su collar, su hermoso collar.

-Sabes que hoy es el aniversario de mi gatita preferida, tal día como hoy yo te puse este mismo collar hace un año, ella se olvidó de todo su cansancio en ese instante. -Me tenías preocupado, te he oído pasar por aquí un millón de veces, lo cierto es que esto es un círculo de setos cerrado cuya única entrada es una abertura en el suelo, como ves es bastante íntimo, aquí nadie nos verá, y podemos pasar todo el tiempo que queramos, y como es el centro del laberinto tiene una decoración distinta, esto tiene el suelo de madera como verás, además de esa preciosa fuente, y con eso y algo de fruta para comer…

(Ella le cortó…)

-Miauuuauuu ¿Amo, has tenido esa erección todo el tiempo? acaso no es mi deber como sumisa cuidar de mi amo, veras amo (voz dulce), tengo mucha sed miauuuauuu, la gatita quiere su lechecita, así que con su permiso ya me sirvo yo sola. – Bien, yo pensaba que estarías cansada, para tener un sexto sentido  gatuno, te ha costado encontrarme, jajaja ,pero si quieres mimar de tu amo, no seré yo quien te lo impida, pero antes me gustaría un beso o no te quito las esposas.

Ella se le abalanzó y le besó apasionadamente, y él le quitó los guantes, las cadenas y una vez ella liberada él la cogió de la mano, la metió en la fuente, todo los restos de pintura y el sudor se fue, la fuente la refrescaba pero no conseguía calmar su sed de pasión, buscó la polla de su amo y le miró suplicante, él le dijo:

-Gatita ya puedes tomarte tu lechecita, que hay que ver como os gusta esto a los gatos.

Ella sonrió y empezó a lamer el musculado abdomen del amo, acariciándole las piernas, quitándole esa bata y dejando ver lo que ocultaba, oliendo por encima del bóxer su tesoro, describiendo círculos con su nariz y besando y lamiendo, le quitó el bóxer con los dientes, se acurrucaba como una gatita  entre sus piernas, rozando sus mejillas con los muslos de su Amo, maullando, mientras su nariz levantaba suavemente sus huevos para comenzar a lamer y chupar la cola del Amo, le encantaba su sabor, las caricias de su amo en la espalda y sus gemidos era lo único que necesitaba ahora, mientras lamía su glande ella recordaba la excitación de correr desnuda por el laberinto, de su amo pintando su cuerpo con pinceles, de la sonrisa de su amo al llegar, y el hecho de no defraudarlo, de ser ella la que él mima con sus caricias, con sus besos, la única que toca sus erecciones y la única que saborea su blanco y puro néctar…

El amo no tardó en correrse, después de todo lo sucedido era normal, ella saboreó su lechecita feliz de liberar al amo se su estrés, que con toda la fruta que su amo había comido estaba dulcecito, su Amo gimió como un león cuando se corrió, sonreía, bueno me sonreía a mi, yo le había hecho feliz, entonces se levantó, su erección se mantuvo incluso después de correrse, yo seguí chupando, lamiendo saboreando, pero él me levantó, comenzó masturbarme con su mano, notaba sus dedos en mi chorreante coño, él me mordisqueaba el cuello y me acariciaba los pechos, los besaba y jugaba con mis pezones, me calentaba la respiración alterada de mi amo sobre mi piel.

Me hizo sentar en el borde de la fuente, con los pies metidos en la refrescante agua, me abrió las piernas, yo no me resistía, lo deseaba, esa pasión de un hombre caliente, que me lamía con furia el coño, como me sobaba los pechos cada vez con más dureza, su erección dedicada a mi alma, levantada hacia el cielo, mostrándose con esas venas guerrilleras que buscan descansar en mi cálida cueva y así calmar esa furia, ese calor, esa pasión.

Mi amo me dio la vuelta y me colocó a cuatro patas dentro de la fuente, teniendo mis manos y rodillas mojadas con la cabeza fuera de la fuente, mirando al cielo soleado y al bosque laberíntico que ocultaba nuestro amor a los ojos del mundo pese a estar al aire libre, mi amo me la metió con fuerza en el coño, moviéndonos creamos olitas en la fuente, el balanceo de mis pechos hacía que mis erectos pezones tocaran las aguas frías, contrastando con el calor de mi corazón desbocado, de mis altos gemidos, olvidando el presente, pasado, futuro y el lugar donde me encontraba, nada me importaba salvo nuestro placer,…

Mi amo estaba desbocado, tanto que se había aguantado y soportado mi llegada había producido en el una pasión incontrolable, unos movimientos de cadera pasionales que hundían toda su virilidad en mi, cuando mis gemidos y los suyos empezaban a sincronizarse, cerca ya del orgasmo que quería darle a mi amo, este quitó mi cola-plug con bolitas de gato de un solo golpe, cada una de las bolitas acariciaron mi recto.

Estaba llena un segundo antes, mi coño y mi ano, y de repente lo sacó de golpe, Agggg, que placer, mi cuerpo se arqueó levantando mi ansioso y vacío culo, bajando mis tetas que se sumergieron en la fría agua, azotándome con la cola de gato con una mano mientras me acariciaba con la otra mi hinchado clítoris, el tiempo se detuvo, ambas almas gritaron unidas, en ese instante sentí todo lo que deseaba como mujer: el frío unido al calor (agua-sol), pasión-amor, dulzura-agresividad, intimidad con compañía, culpabilidad-felicidad, humillación de mi belleza-exaltación de la misma, la belleza de lo natural con lo comodidad de lo urbano, y sobretodo el placer de recibir el orgasmo, y de saber que yo le puedo dar el placer al hombre que más amo, mi Amo.

Después de las convulsiones, de la electrificante gratificación del orgasmo, mi amo y yo nos quedamos en las ya templadas aguas de la fuente, mirando al cielo, abrazados, desnudos, mirando como caían los chorros de agua, cuando le pregunté si podía quedarnos más, que no me importaba si nos veían, él se rió y me dijo:

-De verdad creías que te desnudaría en mitad de una ciudad a mi querida gatita, jajajaja, no Susana, estamos en Valencia, si, pero en el jardín botánico de un amigo mío, lo visita gente pero estos no vendrán hasta mañana, tenemos todo el día para correr desnudos, explorar el laberinto, comer la fruta y dulces, beber champagne y bañarnos, además que se me han ocurrido un par de morbosos juegos más, como has podido dudar, no te dije que lo había pensado todo, la cuenta atrás era para meterte prisa, pero tú eres la que ha llegado a la conclusión de que vendría gente en ese tiempo y la que tenía la fantasía de hacer sexo público, yo solo deseaba estar con mi gatita maullando a mi lado en un lugar hermoso y de paso si puedo verte sonreír de placer disfrutando tu fantasía, mejor que mejor, espero que te haya gustado.

-Amo, miauuuauuu, te amo, tengo más sed, tienes más leche para tu sumisa gatita sedienta, tendré que lamerte las bolas para que produzcas más cantidad, ya sabes que a las gatas nos encanta la leche, jugar con las bolas u ovillos de lana, y nuestra morbosa curiosidad no tiene límites, miauuuauuu.

Fin

Espero que les haya gustado…

Autor: Lordarcia

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La Diosa Laura

Con un movimiento preciso, toda su mano enguantada en goma negra desaparece hasta la muñeca dentro de la vagina de su amiguita. Tras la ligeramente áspera goma nota las contracciones violentas de su chica. Está dentro de ella por completo, de una forma inusitada, deliciosa. La sensación de penetración no podría ser más completa. Cada movimiento de cada uno de sus dedos le arranca un orgasmo inacabable.

Me gustaría escribirles sobre un sueño que tuve hace unos días, no os voy a decir sobre qué tratará. Sólo os digo que no os vais a arrepentir de leer éstas líneas.

Entra en la sala. Es una de esas diosas, una mujer imponente, alta, larga cabellera negra, mirada altiva de rimel, labios prietos, piel suave, sin manchas. Un cortísimo vestido de cuero negro y finos tirantes hacen fantasear sobre las curvas que cubre. Sus largos tacones resuenan en la sala. Ahí está su chica, como si no la hubiera visto entrar… Su pequeña, de expresión curiosa y expectante, esperando, sentada en su taburete. La diosa se acerca sin prisa, contoneando de ese modo tan famoso sus caderas, haciendo a su cautiva estremecerse con cada paso.

Ella se atreve a levantar la mirada. Sus ojos se cruzan y surgen las sonrisas, sin palabras. La diosa observa a su presa. Eso es lo que es: su cautiva, su prisionera, para hacer con ella su voluntad. La ronda, camina en torno a ella para examinarla por todos lados. Ella, baja la mirada con el aliento acelerado, tan sólo esperando a que ella haga. Por fin siente el aliento en su cuello, ese aire que sale caliente al roce de sus labios, que sale perfumado desde lo más profundo de su organismo. Sin más dilación, sin aviso, una lengua que le lame la mejilla la hace suspirar. Parece que no podrá aguantar este estado de espera mucho más tiempo, estos preámbulos. Sin embargo sabe muy bien que su ama se encargará de que así sea. No hay más remedio. Se extenderá y se extenderá sin fin, para tormento de su carne y su sed.

La punta de la lengua que lame su cachete, de arriba a abajo, la estilizada mano que acaricia su cuello para preferir luego deslizarse un poco más abajo, entre el escote de su camisa negra. Los largos y fuertes dedos, la palma de la mano que cubre sin dudas su pecho, nota el contacto, incluso en los centímetros de piel que cubre la estúpida tela del sujetador… Y le quema, su boca suspira una vez más, en una súplica que queda a medio. El aliento y la lengua en su cara, quemando también. Su diosa adora sus pechos. En sus manos intenta en vano abarcarlos, tan grandes son, ni con los dedos completamente abiertos, en abanico, los aprisiona una sola mano. Los sujeta a ambos con cariño rudo, los comprime hacia su dueña, que gime. Las yemas expertas de sus dedos deslizan hacia abajo la prisión de las copas del sujetador, liberando las aureolas. Son de esas aureolas enormes, dos amplísimas cumbres de la piel púrpura más suave, con dos escondites en el centro, de donde, a base de pellizcos pausados, surgen con miedo los pezones.

La diosa se sitúa frente a ella, se miran. Observa el rostro de su presa bajo las delicadas torturas que sus dedos le prodigan en los pezones. Cuando estos arden como lanzas, le suelta a su desdicha, boqueante. Se ríe de su anhelo, de saber que ella está deseando ser devorada. Así debe ser, debe sufrir lo indecible, eternamente, así es como el placer se potencia de verdad. No hace caso a las súplicas de su esclava. Por más que se retuerza, que suplique, no va a continuar, no la puede complacer tan pronto.

– Por favor… -gime la chica, implorando con sus ojos marrones. – Ni hablar, cariño -responde su diosa-. Vas a quedarte así un ratito, ardiendo. No quiero que tu fuego se consuma demasiado rápido. Sin embargo, por ser tan buena prisionera, te daré esto…

Sujeta su redonda barbilla entre tres de sus dedos y acerca los labios. El beso es ligero, pero comunica todo el amor que siente la diosa por su presa. Los ojos agradecidos, devuelven ternura.

– Y ahora, no te muevas -le dice a su prisionera-. Voy a traer algo que nos va a gustar mucho.

Se retira unos instantes, tras los cuales vuelven a sonar los tacones de vuelta. Trae un larguísimo rollo de fina cuerda y una sonrisa malévola. La prisionera no tiene que preguntar. Sabe qué va a pasar, y sabe que pasará porque así lo desea su raptora. Tan fuerte es la diosa que coge a su chica en brazos, y la transporta como si fueran recién casadas hasta una pequeña plataforma mullida. La deposita cuidadosamente. Sonríe perversa cuando comienza a desenrollar la cuerda. Comienza por sus manos, un buen nudo sujetándolas a la espalda, para que no entorpezcan. Un nudo tenaz, alrededor de sus muñecas de niña. A partir de aquí, hay cuerda para dar una y mil vueltas. Subiendo por sus brazos, atándolos muy apretados entre sí. Una vuelta alrededor de su cuello, sin apretar hasta la asfixia, sólo suficiente para hacer más difícil su liberación.

La cuerda baja por su vientre, da una vuelta a su cintura y sube hasta sus pechos. Estos no se escapan. La cuerda los rodea fuertemente, estrangulándolos hasta que son dos grandes frutas colgantes, a punto de estallar la camisa que las envuelve. Al principio la presa se queja porque duele, pero al rato el dolor se convierte en presión, la presión en calor y el calor en deseo. Su ama se detiene un momento a contemplar tan excitante obra. Ella sabe que está haciendo esfuerzos para contenerse y no lanzarse en ese mismo momento para follársela.

Los últimos atados la dejan en una posición difícil. La cuerda rodea sus muslos, tirando de ellos hacia la cabeza. Queda así con las rodillas dobladas, las piernas abiertas. Está deliciosa, indefensa, impúdica. El último nudo, en torno a uno de sus delicados tobillos. Cautiva y captora se miran a los ojos, salta el fuego. Se acabaron los preámbulos. Al fin. Sólo ellas y una cuerda. La única intromisión es la ropa de la atada. Eso la convierte en más deseable, presa más difícil y delicada de consumir.

La diosa, ya lanzada, comienza desabrochando los pantalones. Deslizarlos bajo las cuerdas tan apretadas es difícil, su víctima se retuerce con los tirones, las cuerdas torturan su carne. A duras penas los pantalones llegan hasta los muslos. Esto no puede quedar así. Para sorpresa de la atada, se aleja a toda prisa y sale de la habitación. Vuelve con unas enormes tijeras de costura. La cautiva de las cuerdas apenas tiene tiempo de gritar “¡cuidado!”, cuando la brusca maniobra cerca de su delicada entrepierna ha partido en dos el pantalón, dos jirones arremolinados en sus tobillos. La diosa se relame. Tiene ante sus ojos un precioso paquete, un monte de Venus apretadísimo bajo unos bóxers naranjas. Abultado quizá por la postura indecorosa, o quizá por la excitación propia del aparato.

Su mano se lanza ya a acariciar, y su víctima se deshace entre las cuerdas. Por fin, las manos, por fin el contacto directo, el placer. Los dedos que apretujan su vulva y su ano, los pellizcos a sus nalgas, la tela que separa a la una de la otra, la maldita tela. La hace temblar, la hace retorcerse, la hace querer más, sufrir. Y eso es bueno. Eso es el placer, el juego, eso es demostrar quién manda. Ella sabe que no son suficientes para su presa los pellizcos, las caricias por encima de la tela, no son suficiente sensualidad. Sin embargo, aún no le dará más, a pesar de esa respiración acelerada (ya no se sabe la de quién lo está más).

Cautivadora y cautiva se miran a los ojos, una implorante, la otra poderosa.

– ¿Te gustan mis caricias, cariño? – Sí… Mmmm… – Te gusta el trato que te doy, ¿no es cierto? – Oooh… Lo adoro.
Y mientras hablan, sus dedos siguen torturando ese pubis.

– Exacto… ¿Qué otro trato podría darte? Te doy el que te mereces, el de una sucia esclava, mi esclava preferida. Mi cautiva. Oh, mírate, torturada, maltratada bajo mi voluntad, por cada una de las caricias que yo, y sólo yo, decido darte… o no darte. Mírate, atada como un vulgar animal, con esa mirada tan inapropiada en una señorita, esos ojos que parece que me están pidiendo… pidiendo… ¿qué me están pidiendo? De repente la masturbación cesa, y la cautiva sufre, pues su ama la mira a los ojos y no entiende, no sabe qué demanda ahora.
– Dilo -susurra ella-. Pídelo. – ¿Qué…? -gime la sometida. – Pídemelo.

Entonces por fin comprende, y sus labios musitan la palabra.

– Repítelo, cariño -sonríe la diosa. – Sexo… -repiten sus labios. – Más fuerte… ¿Qué es lo que quieres?- Sexo… – ¿Sí? Sexo… – Mmmh, vaya, eres una chica muy mala. Bueno…

Sus ojos la recorren de arriba a abajo- Te daré lo que pides. Ven aquí. Se besan de nuevo. Esta vez el beso no es simple ternura, no un contacto superficial. Ahora es un contacto profundo, unos labios húmedos que se atrapan y dos lenguas que se enroscan y saborean una a la otra. La mano vuelve a acariciarle las braguitas, y ella se queja deliciosamente. Las bocas no se separan. La otra mano, buscando tarea, sube hasta sus pechos, aún presos de la ropa y las cuerdas. Los manipula y estruja en su doloroso envoltorio, a punto de estallar. Empuja uno de los pechos hacia un lado, luego hacia el otro, lo eleva y lo comprime… La tela tensa cruje, las cuerdas se retuercen. Mientras una mano tortura los pechos sin piedad, la otra aparta los bóxers. Ella gime dentro de su boca, pues el beso aún dura y parece no acabar nunca. Gime como dando gracias, como diciendo que sí, que por fin, que hasta el final.

Sigue la humedad del beso, la saliva compartida, los dientes, los labios carnosos y palpitantes… La mano que estruja un portentoso pecho… Los dedos que acarician los labios vaginales… Ella tiembla, cae temblorosa y se separa de la boca de su ama. Los dedos recorren arriba y abajo la entrada de su vagina, volviéndola loca. Ésta no tarda en dilatarse, en humedecerse, hasta que los dedos largos y fuertes se deslizan siseantes en un pequeño cañón húmedo.

– Sí… Dame… ¡Dame…!

Las aletas de la nariz de la diosa se agitan. Le llegan los efluvios excitados de su pequeña cautiva, ese olor que pide, que declara y borra cualquier duda sembrada por la actitud o la expresión, el aroma que acompaña esa palabra pronunciada por carnosos labios: “Sexo…”.

El dedo corazón se aventura en el interior de su querida. Pero no será una penetración, eso sería darle gozo. Debe jugar con ella, demostrarle que está bajo su control, que sale y entra en ella cuando lo desea, que la profundidad la elige ella, que es libre de detenerse y olerse el dedo, obligarla a chuparlo y volver a metérselo. Casi se deja llevar en un momento de debilidad y le mete el dedo hasta el fondo, haciéndola botar. Casi olvida quién es: el ama, la dueña, la dulce torturadora. Decide torturarla doblemente. La punta de su lengua dura azota uno de sus pezones, mientras dos de sus dedos pellizcan el pequeño bulto del placer de más abajo.

Podría comerse sus tetas enteras, podría metérselas enteras en la boca y chupárselas hasta desfallecer, pero eso no sería correcto, sería el descontrol, sería el placer sin medida, sin juego, sin jerarquía de dominadora y dominada. Podría acariciar su clítoris hasta hacer que se corra, azotarlo en círculos hasta hacerla gritar, pero eso no sería lo que ella quiere, y lo que la diosa quiere es lo único que cuenta. La esclava se agita. Cuando está a punto de convertir sus gemidos en gritos de placer, es abandonada una vez más, pierde todo contacto en el aire.

– ¡Por favor…! -suplica, desesperada- ¡No pares ahora! ¡Ooohh, te lo suplico! ¡Estoy a punto, al borde! ¡Haz que me corra de una vez! ¡Quiero correrme!

Su diosa enfurece. Su rostro enfadado está tan hermoso… La mira desde arriba, ofendida, con los brazos cruzados.

– Oh, pequeña. No, no, no… -dice- Qué mal. Eso no se hace. ¿Le estás dando órdenes a tu ama?  – ¿Qué? ¡No! ¡Por favor! ¡Te lo estoy suplicando! – ¡Calla! ¡No contradigas a tu ama, zorra!

El insulto la golpea como un enorme miembro invisible. En ese momento ambas se miran, conscientes de la excitación que han descubierto en el maltrato verbal.

– No, por favor… -suplica ella, falsamente, incitándola en realidad. – ¡Cierra la boca, sucia! ¡Eres una puta despreciable! ¡No mereces que te follen, guarra! – ¡No! – ¿Cómo que no? – ¡Eres una zorra, un pedazo de carne, una sucia esclava! ¿Entiendes? ¡Mírate ahí, como una puta atada, me dan ganas de romperte el coño, zorra de mierda!

Su pecho, el de ama y esclava, se agita excitado por las palabras de desprecio y violencia. Ya no hay marcha atrás, han encontrado un impulso hacia el éxtasis y no pueden retroceder.

La mira, atada de arriba a abajo. Saben que están disfrutando, pero reconocerlo rompería la magia.

– Espera aquí -dice su ama, algo más calmada-. Enseguida vuelvo. – Vuelve pronto, por favor, no aguanto más… – Claro que sí. Aún tienes que aguantar mucho.

Con el misterio de estas palabras, se aleja. Busca su bolsa de cuero negro y vuelve con ella. Mete en su interior la mano y saca una fusta, delgada, pero rígida. Los ojos de la cautiva se dilatan de pronto. Esto es nuevo para ella. Su ama la agarra sin ningún remilgo y le da la vuelta, poniéndola bocabajo, de culo hacia ella.

– Muy bien -dice-. Te lo estabas buscando, nena mala, y lo has conseguido. A ver si así aprendes a comportarte como una verdadera esclava. – Pero ¿por qué? -¡Aaaah!
El primer latigazo cae sobre su trasero. La sensación la recorre desde la base de la columna que es el culo hasta el cerebro. Y este sólo es el primero.
– ¿Te gusta? Exclama su ama, presa del placer de ocasionar dolor. – ¡No! ¡Ah! La fusta vuelve a golpear. Los glúteos tiemblan.
– ¡Respuesta equivocada! Di: ¿Te gusta? – ¡Sí! ¡Aaaah! Cae otro azote, ya irracional ante cualquier respuesta.
– ¡Pues entonces pide más! – ¡Más! – ¡Pídelo! – ¡Azótame! ¡Dame fuerte! ¡Márcame, ponme al rojo vivo, por favor! ¡Ponme el culo rojo! ¡Ah! ¡Ah!¡Aaaaaaahh!

La diosa golpea y golpea y pierde la cuenta, y con cada sacudida, su vientre se sacude presa de lo que intenta ser un orgasmo, pero tan contenido y violento que se convierte en algo casi más placentero. Sí, no hay nada más excitante que azotar el prieto trasero de una bella muchacha hasta la locura.

Por fin se detiene. Suda, respira con dificultad, su pelo está revuelto, sus piernas tiemblan, su pecho sube y baja sin parar, su boca queda abierta recibiendo no se sabe qué. Su víctima cae sin fuerzas sobre la mullida plataforma. Su trasero está como un delicioso tomate, pero un sólo bocado la inundaría de dolor. Tira la fusta lejos y se acerca, se tumba junto a ella y busca su rostro. Se miran. Su esclava por fin sonríe, está contenta, complacida siempre que su ama esté complacida.

– Delicioso, ¿verdad? – le pregunta. – Sí, mi ama. – Muy bien. Pues aún… aún hay más. Tengo algo que te va a encantar.

Se levanta y va hacia su bolsa. Ella quiere seguirla con la mirada, pero sus ataduras no lo permiten.

– ¿Más? -dice, asombrada. – Sí, pero esta vez dejaré en paz tu culito. Pobrecito, ya tiene bastante.

Extrae una prenda del bolso. Comienza a ponerse un guante de goma negra. Lo estira hasta que acoge perfectamente su mano, hasta el codo. Lo examina, como interesada, y luego la mira a ella, muy seria, amenazadora, deliciosa. Se acerca con su brazo enguantado en luto. De nuevo la pone bocabajo, orientando hacia la zona vaginal. La mano enguantada recorre la piel de sus ingles. Es delicioso el contacto de la piel con la goma, suave, excitante en su simbología, en todas las imágenes eróticas que evoca. La atada suspira de placer. Sus caderas se menean, ofreciendo sobre todo su sexo, pidiendo.

La mano hace caso, por una vez, y baja hasta sus labios vaginales. Los acaricia hacia adelante y hacia atrás. Un dedo se introduce entre la carne. El flujo comienza a resbalar hasta barnizar el guante. Los chorros acaban dejando resplandeciente la goma negra. Y mientras, su cautiva gime de gusto. Se muerde los labios, mueve su cuerpo al compás de la masturbación, una masturbación tan lenta, delicada, examinadora… Sus tetas se balancean, apetitosas.

– Eso es, mi putita… -susurra la jefa- Mira cómo te meneas. Apuesto a que te gustaría que te metiera otro dedo…  – Oh… Sí… Ummmmm… Métemelo, méteme otro dedo -¡Ah!- ¡Métemelooo! – Ummmm, pues allá va otro dedito. Mmmh, qué resbaladiza estás…

Y ya son dos los dedos enfundados en goma que entran y salen de su carne húmeda, produciendo un delicioso sonido de succión. Luego, sin previas palabras, otro dedo más, ya son tres dedos negros follándola, desapareciendo dentro de ella, hasta los nudillos. La goma negra la penetra, ella gruñe… De repente los dedos se curvan dentro de su cueva hacia arriba, ensalzándola, elevando sus caderas de una forma violenta e involuntaria, arrancándole un grito bestial de placer.

– ¿Quieres más deditos, mi vida? -le pregunta su ama. – ¡Sí, por favor! ¡Méteme más! ¡Métemelos todos!

La diosa parece ahora dispuesta a pasar por alto que su esclava le sugiera siquiera lo que debe hacer. En su coño no caben más dedos, por ahora. Sin perder tiempo se ensaliva uno de la otra mano y lo encamina hacia el otro agujero, el pequeño orificio apretado y secreto. Ella se apercibe y, entre espasmos, se voltea para mirarla. Es una mirada feroz, de entrega, de súplica, de riesgo…

La diosa mantiene serena la mirada de su chica… y penetra. Un gruñido de satisfacción recorre su garganta. El dedo es apresado por los músculos de la pequeña entrada, pero su dueña lo mete y lo saca sin contemplaciones. La difícil entrada está pronto bien lubricada y el dedo llega a los más profundo, mientras los otros tres dedos, a la vez del otro, penetran como locos en su vagina. Hay que probar hasta el límite, hay que llevar la pasión más allá, hasta la frontera con la bestialidad… Eso dice la mirada de su esclava, con sus labios medio cerrados, suplicando un beso o quizás escapando un fino aliento. Tres dedos penetrando salvajemente la vagina, tres dedos castigándola.

– ¡Vamos, mi niña! ¡Mueve el culo, joder! ¡Muévete, guarra! – ¡Uuuuungh! ¡Sí! ¡Aaaaaaaaay! ¡Lléname, joder! ¡Métemelo todo! ¡Méteme todo lo que tengas, méteme la mano! ¡Aaaaaaahh!

La diosa nunca ha necesitado hacerse de rogar. Con un movimiento preciso, toda su mano enguantada en goma negra desaparece hasta la muñeca dentro de la vagina de su amiguita. Tras la ligeramente áspera goma nota las contracciones violentas de su chica. Está dentro de ella por completo, de una forma inusitada, deliciosa. La sensación de penetración no podría ser más completa. Cada movimiento de cada uno de sus dedos le arranca un orgasmo inacabable. Abre y cierra la mano lentamente, haciéndola gritar.

El puño castiga la dilatadísima vagina. Los dedos que nadan dentro de su cavidad hacen el esfuerzo y consiguen palpar a través de la pared de carne en la cavidad vaginal… Y eso definitivamente es el Apocalipsis. La cautiva se corre con un desgarrador grito, presa de terribles convulsiones bajo las cuerdas que aprisionan su hermosa carne hasta el último segundo.

Con el orgasmo, un enorme torrente de flujo mana de su cueva, chorreando hasta el codo de su ama. Se desploma, sin fuerzas. Ambas jadean, agotadas. La diosa, lentamente, para no perturbar a su niña, extrae su mano del interior. La admira extasiada, brillante, cubierta de flujo, como una joya negra. Se lo lleva a la nariz, disfruta el íntimo aroma y lame la yema de los dedos en éxtasis, como habiendo acabado un delicioso banquete. El sabor que experimenta la hace temblar, el sabor a hembra, el sabor más interno, sabor orgánico, salado y dulce al tiempo.

Se tumba junto a ella, en silencio. La cautiva abre por fin los ojos, soñolienta. Se sonríen. La cautiva reúne fuerzas y habla en un gemido.

– Pero… ¿Ves? Yo he tenido placer, y tú no has tenido nada, es injusto. – Oh, sí, cariño -responde el ama-. He disfrutado muchísimo contigo. No importa que no me haya corrido. Al fin y al cabo, alguien tiene que ser la diosa…

Autor: YoLiPoP

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Nueva en la ciudad II

Mis dedos se movían en su interior provocando el nacimiento de sus flujos que bajaban por mis dedos, los saqué empapados y los deslicé hacia arriba, hacia su culito y lo acaricié. Sentí el escalofrío que la recorrió y que la hizo pegarse más todavía a mi cuerpo. Mi dedo índice acariciaba lentamente su ano, provocándole pequeños suspiros. Apreté despacio, pero sin cesar hasta que noté su culito abriéndose ante la presión de mi dedo. Un pequeño grito de dolor se le escapó cuando mi dedo comenzó a penetrar en su culo.

Cuando desperté en una cama extraña, en una habitación desconocida, me sobresalté hasta que todas las imágenes de la noche anterior llenaron mi cabeza haciéndome sonreír. Estaba solo en una cama revuelta la poca luz que se filtraba por la ventana apenas me permitía apreciar los detalles de la estancia. Me incorporé y noté algo bajo la palma de mi mano. Lo agarré. Era el vibrador de la noche anterior, en un impulso me lo acerqué a la cara y lo olí. Una nueva sonrisa afloró a mi cara.

Me levanté, me puse el bóxer y salí del dormitorio. Oí el ruido del agua procedente del fondo del pasillo. Mientras me dirigía hacía allí fui observando los detalles de la casa. Unos grabados decoraban el pasillo, todo era bastante sencillo, pero con buen gusto. Al final del pasillo se abría lo que supuse era el salón, la luz me molestó, debía ser tarde por la cantidad de luz que entraba a raudales por la ventana.

Lentamente abrí la puerta del baño. Vi su silueta velada por la mampara mientras se duchaba. Era como ver una película. El vapor llenaba la habitación y yo observaba sus manos recorriendo su cuerpo enjabonándose, como elevaba los brazos para lavarse el pelo. Cuando cerró el grifo y se abrió la mampara se sorprendió de verme allí.

– Buenos días – me dijo. – Hola. ¿Qué tal has dormido? – dije mientras sujetaba un albornoz que había en una percha junto a la ducha para se lo pusiera. – Muy bien – sonrío – ¿Y tú? – Como hace mucho tiempo – respondí – no recuerdo cuando me quedé dormido. – Un par de segundos antes que yo… ¿Sabes que pones una cara muy graciosa cuando duermes? – rió traviesa. – ¿Ah si? – así que me estuviste observando.- Bueno… tú antes me estuviste mirando a mí… – Uf… ya lo creo – dije afirmando con la cabeza. – Verás… lo de anoche…

Me quedé callado esperando que continuara.

– No suelo acostarme con desconocidos y menos como lo hicimos…- continúo dubitativa. – ¿Y cómo lo hicimos? – Interrumpí – yo sólo recuerdo una noche de sexo espectacular con una mujer hermosa – dije mientras mis manos se movían sobre su cuerpo para secarla con el propio albornoz. – ¿Te pareció espectacular? – dijo con esa sonrisa de niña mala que ya había visto. – Si – afirmé convencido
– Entonces no se que vas a decir la próxima vez – y escapando de mis manos corrió hasta la puerta riéndose – ahí tienes toallas, date una ducha mientras hago café. – Eres un bicho – le dije mientras me desnudaba.

Me di una ducha larga, tenía un montón de cosas en mi cabeza y parecía el agua templada me ayudaba a ponerlas en orden. Cuando terminé me sequé, me puse una toalla a la cintura y seguí el olor del café reciente. Ella seguía con el albornoz, estaba de espaldas a la puerta, cacharreando sobre la encimera. Me puse a su espalda sin que me oyera y rodeando su cintura con mis brazos apoyé mi cabeza en su hombro izquierdo. Ella dio un respingo.

– ¿Qué hay para desayunar? – pregunté. – Joder que susto me has dado – dijo – aunque la idea de que un hombre medio desnudo me asuste así no me disgusta…- terminó antes de reír una vez más.
– Serás… – ¿Zorra? – Completó ella – Jaja iba a decir bruja, pero vale. ¿Te ayudo? – No, ya está todo, el café está terminando de salir. – Enséñame la casa mientras – sugerí. – Claro, pero antes voy a ponerme otra cosa, el albornoz está mojado.

La seguí hasta el dormitorio y apoyado en el quicio de la puerta observé como se quitaba el albornoz. Se puso un tanga negro con un pequeño dibujo de brillantitos en el pubis.

– Te sienta muy bien- comenté. – Gracias – dijo ella como un poco avergonzada. – Me gustaría que te pusieras otra cosa…- dije mirándola a los ojos. – ¿El qué? – preguntó como poniéndose a la defensiva. – Esto – dije sacando el collar que había visto la noche anterior en el baúl. – ¿Eso? ¿Para desayunar?
– Contestó más relajada – ¿qué clase de sitios frecuentas? – rió a carcajadas

Me aproximé con el collar en la mano y se lo coloqué, ella no opuso ninguna resistencia.

– Un poco más fuerte – fue su único comentario.

Cuando lo tuvo puesto enganché la cadena a la argolla.

– Ahora estás perfecta – dije – enséñame la casa – y al decir esto di un pequeño tirón de la cadena a la vez que recogía la fusta.

No presté ninguna atención a sus explicaciones. Me mostró la habitación de invitados, su despacho, la cocina, el baño, me habló de la decoración… pero yo solo tenía ojos para su cuerpo, verla caminar delante de mí llevando un tanga mientras en mi mano sujetaba la cadena que iba hasta su cuello era más de lo que necesitaba para excitarme. Me deshice de la toalla que llevaba a la cintura y tiré de la cadena.

– Ven aquí – ordené – ¿Por qué me excitas tanto? – pregunté. – No lo se… ¿Porque eres un cabrón?

La agarré por la nuca y la besé con fuerza, hundiendo mi lengua en su boca.

– Y tú mi perra – contesté – y las perras van a cuatro patas.

Sin rechistar se agachó y se puso a cuatro patas.

– ¿Así? – preguntó mirándome desde el suelo. – Vamos – ordené – dando un pequeño golpe con la fusta en su culo.

Comenzó a gatear, deslizándose por el parquet mientras yo veía sus caderas moverse delante de mí notando un cosquilleo en los genitales. Llegamos al salón y la situé en el centro de la alfombra. Recorrí su cuerpo con la fusta, dando golpes ocasionales en sus caderas y en su culito.

– ¿Así que te gusta ser una perra? – Es lo que soy- fue toda su respuesta.

Pasa la punta de la fusta sobre tu coño, apretando, deslizándola entre sus nalgas. Me senté en el sillón y tiré nuevamente de la cadena. Ella gateó hacía mí, se inclinó y comenzó a lamer la punta de los dedos de mis pies. Se los metió en la boca uno a uno, chupándolos sin dejar de mirarme. Tiré un poco más, su boca subió por mis pantorrillas, lamiendo, dejando un rastro de saliva por mi piernas siguió subiendo hasta mis ingles, acariciando mis muslos. Sentí sus pechos sobre mi piel, rozándome con sus pezones. Mi polla se estaba poniendo dura por momentos, pero cuando ella acercó su boca di un tirón más fuerte, casi estrangulándola.

– ¿Mi perra tiene hambre? No tengas tanta prisa dije.
Ella sonrió. Y continuó subiendo por mi vientre, chupó mis pezones, dejando caer un poco de saliva sobre ellos antes de volver a chuparlos.
– Eso está mejor…

Cuando llegó a mi cara me moría de ganas de besarla, pero cuando fue a hacerlo retiré la boca. Agarré la cadena casi en el enganche y tiré un poco más.

– Quiero ver tu cara mientras te pones caliente como una perra. – Ya lo estoy – fue su respuesta.

Estaba tumbada sobre mi pierna, apoyada en mi rodilla y con la mano libre comencé a acariciar su culito.

– No lo bastante – dije mientras tiraba de su tanga hacia arriba.

La tira de tela se hundió entre los labios de su coño.

– ¿Ummmm otra vez tienes ganas de ser un cabrón? – Contigo no querría ser otra cosa

La golpeé con la fusta sobre las nalgas, dejando una pequeña marca colorada que contrastaba con su piel dorada y suave. Comenzó a moverse lentamente, deslizándose arriba y abajo, sentía como frotaba su pubis contra mi muslo contra mi rodilla. Notaba el calor que despedía.

– Ahora empiezas a ser una zorra. – Siempre lo soy – dijo y sin avisar me mordió el cuello con fuerza.

Mi reacción inmediata fue dar un azote en su culo con toda mi mano que lo único que provocó fue que volviera a morderme con más fuerza.  Agarré tu tanga y tiré. Se lo arranqué y volví a darle otro azote.

– ¿Es así como te gusta puta? – susurré a su oído.- Si… soy la más puta… quiero más. – Me encanta como te mojas perra – dije mientras colaba la mano entre tus nalgas bajando hasta su coño ya totalmente empapado.

Comencé a frotar su coño. Ahora sentía sus flujos mojando mi pierna mientras sus caderas seguían moviéndose restregando su coño contra mi rodilla. Seguía sin besarla mientras mis dedos comenzaron a jugar en su coño, estaba muy húmeda y mis dedos se deslizaron con facilidad en su interior. A esas alturas mi polla ya estaba totalmente dura y noté su mano acariciándola. Mis dedos se movían en su interior provocando el nacimiento de sus flujos que bajaban por mis dedos, los saqué empapados y los deslicé hacia arriba, hacia su culito y lo acaricié. Sentí el escalofrío que la recorrió y que la hizo pegarse más todavía a mi cuerpo. Mi dedo índice acariciaba lentamente su ano, provocándole pequeños suspiros. Apreté despacio, pero sin cesar hasta que noté su culito abriéndose ante la presión de mi dedo. Un pequeño grito de dolor se le escapó cuando mi dedo comenzó a penetrar en su culo. Me escupió en la cara.

– ¡Bastardo! – ten cuidado.

La escupí y tirando de la cadena acerqué su cara a mi boca para lamer mi propia saliva que resbalaba por su mejilla antes de empezar a comer su boca con ansia, con todo el deseo que sentía en ese momento. Ella me correspondió en un beso largo y húmedo mientras la saliva resbalaba por la comisura de nuestros labios. Mi dedo ya estaba dentro de su culo y lo moví lentamente, entrando y saliendo. El movimiento de sus caderas se amoldó al ritmo que marcaba mi dedo y sus gemidos comenzaron a ser más audibles. Su culito ya estaba dilatado y mi dedo entraba con facilidad, así que comencé a introducir otro.

Se separó de mí, arqueando su espalda con un aullido mientras era penetrada por dos dedos. Sus pechos se ofrecieron ante mí y me lancé a morderlos y besarlos. Mi boca iba de uno a otro de sus pezones, el sabor limpio de su piel después de la ducha era a la vez fresco y cálido. Unas pequeñas marcas rojas de mis dientes aparecieron en su piel y las besé con suavidad.

– Levántate – ordené mientras retiraba mis dedos.

Estaba increíble, de pie frente a mí, desnuda salvo por el collar, con los labios hinchados, los ojos brillantes, su pecho subiendo y bajando por la respiración acelerada, su coño depilado a la altura de mis ojos, abierto y brillante por sus jugos. Me puse de pie frente a ella y la besé en la boca.

– Te voy a reventar el culo putita – dije mirando a sus imposibles ojos verdes.

La tiré sobre el sillón sin soltar la cadena enrollada en mi mano. De rodillas en el suelo con el cuerpo apoyado en el asiento del sillón su coñito y su culo se ofrecían ante mí, totalmente abiertos. Nuevamente busqué la fusta. Azoté su culo, y con la lengüeta de la punta golpeé sobre su coñito. Me coloqué de rodillas detrás de ella. Pasé mi polla por su coño, casi no me la había tocado, pero la tenía durísima, con el capullo de un rojo púrpura, el escroto tenso, las venas hinchadas y despidiendo un intenso calor. La deslicé entre sus nalgas moviéndome arriba y abajo, para que la sintiera.

– Pídemelo. – Fóllame el culo, por favor, hazme tu puta, quiero que me revientes…- susurró girando su cabeza para mirarme.

Mi glande presionó la entrada de su culo… presioné… notaba la resistencia que ofrecía, pero no paré, seguí presionando hasta que conseguí que se fuera abriendo. Muy lentamente mi polla fue penetrando en su culo.

– ¡Bastardo, hijo de puta! ¡Para!- gritó ella. – No… una puta como tú se merece esto y más- respondí.

Dejé caer algo de saliva sobre mi polla, cuando la retiré un momento antes de volver a metérsela. Esta vez la penetración fue más profunda. Notaba su culito estrecho, caliente, envolviendo mi polla, cediendo lentamente ante mi empuje hasta que conseguí tenerla toda dentro. Me incliné sobre su oído.

–  ¿De verdad quieres que pare? – Pregunté desafiándola.- Hijo de puta… fóllame y deja de hablar. Vamos cabrón – dijo con voz imperiosa.- Esa no es forma de hablar – dije dándole un azote. Tiré de la cadena levantando su cabeza y volví a comerle la boca. Muy despacio mis caderas se movieron sacando mi polla de su culo, casi del todo.- No, por favor, no la saques. Seré tu puta.- ¿Estás muy caliente verdad?- Más de lo que he estado nunca… quiero que me folles, que me destroces que me hagas tuya una y otra vez.

Sus palabras fueron la señal para comenzar a moverme más rápido, mi polla entraba y salía de su culito cada vez con más facilidad, provocando sus gritos y sus gemidos, mezclando placer con el pequeño dolor de su culo dilatándose al paso de mi polla. Mi mano se deslizó bajo su cuerpo, buscando su coño. Estaba más mojado que nunca, los flujos resbalaban por sus muslos y ni se inmutó cuando introduje dos de mis dedos.

– Trae tu mano – ordené.

Cuando la sentí sobre la mía la agarré y guié sus dedos hacia su interior que se introdujeron junto con uno de los míos. Ahora sus gemidos eran fuertes, desgarradores y oírla así no hacía más que excitarme más, cada vez que la escuchaba. Aumenté el ritmo follando su culo y su coño a la vez mientras se retorcía debajo de mí. Saqué mi dedo, retiré mi mano y tiré de la cadena obligándola a mirarme.

– Me vuelve loco montarte zorra- dije

Tiré más aún de la cadena, casi estrangulándola, y dejé que fuera su propio movimiento el que hiciera que mi polla la llenara una y otra vez. Ya entraba y salía con facilidad lubricada por mi saliva y sus flujos. Con la mano libre daba azotes en su culo provocando sus gritos de placer. Sus dedos también entraban y salían a un ritmo frenético. Estábamos totalmente descontrolados.

– Me voy a correr – acertó a pronunciar. –  ¿Y piensas que por eso voy a parar de follarte puta?

Una pequeña exclamación salió de su boca… coincidiendo con su orgasmo al oír mis palabras. Sentí la tensión de su cuerpo, seguida de un par de sacudidas que hubieran arrancado mi polla de su interior sino hubiera sujetado su cadera con fuerza. Nos quedamos inmóviles unos segundos, jadeando.

– Joder… cómo me pones cabrón – dijo mirándome. – Pues todavía no has terminado…- dije mientras me incorporaba mostrándole mi polla totalmente erecta.

No tuve que decir más… gateó hasta mí y lamiendo mis muslos fue subiendo hasta mi polla. Solo mirarla me excitaba más de de lo que muchas mujeres me habían excitado antes. Se tragó mi polla en un solo movimiento, me costó no correrme en ese preciso momento. Continuó la mamada a un ritmo alocado, la saliva caía de la comisura de sus labios.

– Uffff vas a hacer que explote. – Es lo que quiero… es lo que se merece un cabrón como tú – dijo sacando mi polla de su boca. –  ¿Ah si? – dije

La empujé sin soltar la cadena y cayó con la espalda apoyada en el sillón, comencé a masturbarme mirándola. Sus ojos iban de los míos a mi polla.

Noté como me invadía ese estremecimiento que indicaba que iba a correrme.

Mi semen empezó a brotar cayendo sobre su cuerpo, ella sonrió, y con sus manos comenzó a extender mi leche por su cuerpo, por su vientre, por sus pechos antes de incorporarse y lamer la última gota que asomaba de mi polla.

Me dejé caer a su lado, en el suelo. Desabroché el collar y besé la marca roja que había dejado en su cuello.

– Luego saldremos a comer… y te regalaré un pañuelo – dije riéndome por lo bajo. – Serás…- ¿Cabrón? – completé yo. – No, capullo – dijo inclinándose sobre mí, haciéndome carantoñas.

Besé su cara mientras acariciaba su pelo. Nuestros cuerpos sudados se fundieron en uno mientras nos abrazábamos, compartiendo calor, sudor, olor, flujos.

– Me gusta desayunar contigo –dije en su oído antes de rozar su oreja con mis dientes. – Pues todavía no sabes que cenas preparo…- contestó con una carcajada. – Jaja anda… creo que necesitamos otra ducha.

Me levanté, ofreciéndole mi mano mientras se incorporaba y cuando estuvo de pie frente a mí me rodeó el cuello con los brazos y de un salto sus piernas se enroscaron en mi cintura, la agarré del culito casi perdiendo el equilibrio entre risas antes de dirigirme al cuarto de baño…

AUTOR: carlos.gonzal

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La nueva sirvienta II

Una enorme polla llenaba su coño, otra su culo y saboreaba una más. Su cuerpo se convulsionaba con cada nuevo orgasmo, sintiendo las embestidas, notando las dos pollas que la llenaban mientras se comía una tercera sin cesar. Gimió, jadeó y chilló hasta que no pudo más, pero no paró de dar placer a los tres hombres que la rodeaban. Sofía nunca había sentido nada semejante.

Al día siguiente la muchacha se despertó en su cama, desnuda y con recuerdo fresco de la noche anterior y sobre todo de la promesa, mañana…”. Se vistió como un día normal y comenzó su rutina diaria. Pensaba en su familia en como se veía obligada a servir al señor para evitar la ruina de su familia y sin poder evitarlo recordó las veces que el señor la había hecho suya, su zorra, como el decía. Era una sensación extraña, había estado antes con hombres, pero nunca había sentido esa excitación de estar totalmente sometida a los deseos de su amo, pero su cabeza seguía negándose a aceptar lo que su cuerpo había aceptado y deseado.

Sirvió el desayuno en la biblioteca como era costumbre, el señor ya estaba allí ojeando un libro con apariencia de antiguo.

-Buenos días señor.    -Buenos días Sofía – respondió el lacónicamente.  -Su desayuno – respondió la muchacha y se quedó esperando, quería una respuesta a la intrigante frase de la noche anterior, esa promesa de un día intenso.   -Puedes retirarte – fue la única respuesta que obtuvo.

Continúo con sus quehaceres diarios y a la hora de la comida de nuevo entró en la biblioteca, el dueño de la casa seguía allí, enfrascado en la lectura de libros que ella desconocía.

-La comida señor – dijo y sin esperar respuesta comenzó a retirarse. -Un momento – dijo el señor levantando la vista de su lectura – creo que ya puedes empezar a llamarme por mi nombre.  -Si señor. -Luis, a partir de ahora y mientras estemos a solas podrás llamarme Luis – la rectificó él.
-Luis – dijo ella como paladeando el nombre.  -Si, creo que ya me has demostrado tu fidelidad y tus deseos de servir… – dijo dejando la frase en el aire – y si lo deseas hoy podrás saldar todas las deudas de tu familia y superar la última prueba de mi confianza.  -Señor… Luis – vaciló ella – ¿Qué debo hacer?  -No debes saberlo Sofía, sólo debes estar dispuesta a obedecer como hasta ahora, sin sombra de duda por tu parte. Si cumples los problemas de tu familia y los tuyos estarán resueltos para siempre – respondió él.  -Como deseéis – dijo tras una leve vacilación.  -Entonces prepara el gran salón, esta noche tendremos invitados – -¿Cuántos señor? – Preguntó ella – lo digo por la cena.  -Luis – dijo él- soy Luis. No es necesaria cena, a las 8 ven a mi habitación. Eso es todo.

Sofía se retiró nuevamente y tras recoger la cocina descansó unos minutos en su habitación antes de continuar sus tareas, pero no se iba de su cabeza la proposición del señor. ¿Qué clase de reunión sería esa? ¿Cómo iba a solucionar los problemas de su familia?  Estas preguntas rondaron toda la tarde en su cabeza y sin casi darse cuenta dieron las 8 y se dirigió apresurada y ansiosa al dormitorio de su amo.

-Adelante – respondió él a los golpes en la puerta.

Estaba vestido como de costumbre y buscaba algo en el cajón de su mesilla.

-Bien, seguro que deseas saber que va a suceder esta noche – dijo mientras le indicaba con un gesto que entrará.  – Si…- me gustaría saberlo.  -Nada especial, solo la última y definitiva prueba de tus deseos de complacerme. ¿Estás dispuesta? – preguntó.  -Si Luis, estoy dispuesta – respondió ella.  – Entonces ven y mira – y le indicó que se acercara a una de las paredes donde colgaba un tapiz – te voy a presentar a los invitados a la cena.

Tras retirar el tapiz Sofía observó una pequeña mirilla, se acercó y la escena la sorprendió. Un hombre de pie acariciaba la cabeza de una mujer que arrodillada frente a él, acariciaba su pene que comenzaba a adquirir rigidez mientras lamía suavemente sus testículos. Sofía quiso retirarse, pero su señor la sujetó y la obligó a mirar.

-Observa – ordenó mientras se pegaba a ella y sus manos se colocaban sobre sus caderas.

Ella continuó observando la escena, cuando el hombre se giró observó que llevaba una máscara que ocultaba su rostro. Era una máscara de lobo que ocultada cualquier rasgo de su cara. La muchacha, que parecía alta, delgada, rubia y de pelo largo ya hacía desaparecer la polla en su boca, lentamente, lamiendo cada centímetro de la piel. Mientras observaba sintió las manos de Luis subiendo por su pecho, hasta atrapar sus tetas, aumentando la presión lentamente, mientras sus labios rozaban su nuca. Sus pezones comenzaron a ponerse duros inmediatamente.

-¿Ves? No eres la única esclava…- fue su comentario apenas audible – Observa como complace a su señor.

Sofía estaba excitándose rápidamente y cuando una de las manos de su señor se deslizó por su vientre y comenzó a recoger su falda sabía que su coño estaría mojado cuando la mano se posara directamente sobre él. Notaba la verga de Luis endureciéndose pegada a su culo y movió lentamente sus caderas en círculos suaves.

-Veo que te gusta, no esperaba menos – fue la respuesta del hombre.

La mano de Luis ya subía entre los muslos desnudos de la joven que los separó para facilitar el acceso a su coñito, ya totalmente excitada. Pero su señor se limitó a acariciarla suavemente, excitándola más y más, mientras la mano libre había liberado sus tetas y jugaba con sus pezones.

– Ahora ven aquí – dijo Luis mientras se dirigía a la pared opuesta y descolgaba un cuadro.

Por la nueva mirilla observó una escena parecida, un hombre esta vez con máscara de pájaro era masturbado por una muchacha morena de pelo corto y grandes pechos que se retorcían sobre su señor arrodillada en la cama. Nuevamente notó la polla de su señor y su mano entre sus muslos acariciando su clítoris.

-He hecho una apuesta – dijo Luis mientras se retiraba de la mirilla y liberaba a Sofía – He jugado mucho dinero con esos hombres a que eres la mejor esclava de las tres. Si ganas el dinero será para ti.  -Pero señor… -Luis, todavía estamos a solas- interrumpió él -Te conozco, puedes ser la mejor y más complaciente. Cuando te excitas y te liberas tu cuerpo actúa con deseo, te conviertes en una zorrita ansiosa de placer y polla.  -Yo…- balbuceo ella- no se si podré hacerlo -Podrás – respondió él mientras se colocaba una nueva máscara, en esta ocasión con la efigie de un dragón – vas a demostrar lo guarra que puedes ser y con eso será suficiente. Ahora ya estás lo bastante excitada, esos hombres cometen el error de excitarse ellos y no de excitar a sus esclavas, en cambio tú ahora estás dispuesta a todo y dentro de unos momentos lo comprobarás.

– Si mi señor, soy vuestra esclava – respondió ella.  -Bien, acércate – ordenó mientras sacaba el objeto que había buscado en la mesilla. Era un collar de cuero negro con una correa que colocó en el cuello de la muchacha- ahora eres mía.

Cuando entraron en el gran salón las otras cuatro personas ya estaban allí. Todos los amos llevaban a sus esclavas con una correa igual a la de Sofía. Las colocaron frente a una mesa sobre la que había diversos juguetes, las liberaron de la correa y los hombres se sentaron en tres sillones frente a la mesa.

Mostradnos lo zorras que sois – dijo uno de los hombres sin que Sofía pudiera identificarlo, las mascaras distorsionaban la voz.

Las chicas comenzaron a desnudarse. Sofía se quitó lentamente su vestido, sin alardes, y se dejó únicamente las medías y la ropa interior. Las otras chicas estaban contoneándose acariciándose, pero a Sofía le pareció que lo hacían de forma artificial. Ella se terminó de quitar el sujetador y acarició sus pechos suavemente, sus pezones ya estaban duros desde que el señor le colocó la correa. Los pellizcó mientras su otra mano desaparecía en el interior de su tanga. Cerró los ojos y todos sus problemas desaparecieron, solo quería sentir placer, dejarse llevar, gozar. Cuando abrió los ojos vio que las dos muchachas se estaban masturbando. La rubia pasaba por su coño unas bolas y las iba haciendo desaparecer una a una mientras la morena se frotaba el coño con un enorme consolador de color negro.

Se quitó el tanga y tras observar de reojo como los tres hombres se desprendían de sus pantalones se fijó en un arnés que había sobre la mesa. Tenía incorporado un consolador. Sin pensarlo lo cogió y se lo colocó. Acarició el pene artificial como si fuera real. Si los amos querían ver una zorra es lo que les daría. Se acerco a la rubia que tumbada boca arriba sobre la mesa mostraba a los espectadores como las bolas entraban y salían de su abierto coñito. Se las retiró. La rubia hizo un amago de apartar a Sofía, pero una voz le ordenó permanecer quieta.

Sofía dejó caer su saliva sobre la gran polla que ahora surgía entre sus piernas y tras extenderla con la mano se colocó entre las piernas de la rubia y comenzó a acariciarla con él, recorriendo todo su coñito. La extraña sensación de poder la dominó, estaba muy excitada, ahora entendía el placer de su señor y mezclado con saber que estaba siendo dirigida por él, que seguía siendo su esclava, lo hacía aún más intenso.

Sin esperar empujó. El consolador se abrió paso en el coño de la mujer que gritó y se agarró los pechos con fuerza. Sofía inició un movimiento con sus caderas, haciendo entrar y salir el objeto de la vagina de la chica que se retorcía y jadeaba, mientras la morena casi había cesado en su juego para observar. El grado de excitación de Sofía aumentaba sin cesar, pero esa polla que hacía gritar a su ahora dominada no le proporcionaba ningún placer. Inclinándose un poco hacia delante comenzó a acariciarse el culito con una mano. Sabía que ese espectáculo excitaría también a los amos, pero su único objetivo era disfrutar.

-Suficiente – volvió a escucharse la voz – ahora caminad hacia aquí.

Sofía se quitó el arnés y se colocó junto a las otras. Las tres de pie frente a sus amos cuyas pollas estaban totalmente duras gracias al espectáculo que habían presenciado, sensación que complació a Sofía, al saberse responsable y no pudo evitar fijarse en la gran polla del hombre con la máscara de lobo, nunca había visto una así y casi no pudo retirar la vista de ella.

Los hombres se levantaron y juntaron a las muchachas en un triángulo espalda con espalda y vendaron sus ojos. Acto seguido comenzaron a acariciarlas, a jugar con sus pechos, mordiendo pellizcando, chupando. Dedos jugaban en su coños, arrancando gemidos que se mezclaban con la respiración cada vez más fuerte de los hombres. Sofía creyó reconocer los dedos de su amo cuando los sintió en su interior, como resbalaban en su interior, nunca recordaba haber estado tan mojada, pero casi al instante fueron sustituidos por otros más finos, notó tres entrando y saliendo sin parar de su coñito. Otra mano acarició su culito, separando sus nalgas, haciéndola estremecer cuando la yema de un dedo presionó para hundirse lentamente en su culo.

-Las zorras están listas – anunció una voz diferente a la anterior – ahora veamos si son las putitas que necesitamos.

Unas manos sobre sus hombros obligaron a Sofía a arrodillarse e inmediatamente notó una polla caliente y dura acariciando su cara. No era lo bastante grande para ser la que había visto y no era la de su señor que reconocería en cualquier parte, así que dedujo que era la del hombre pájaro.

Comenzó por lamerla lentamente desde los testículos y mientras acariciaba el capullo con la lengua su mano la rodeó y comenzó a masturbar al hombre. Oía como las otras esclavas engullían las pollas,

el ruido de los labios al cerrarse sobre los penes erectos y resbalar lamiendo cada centímetro.

– Vaya putas – pensó para sí, y acto seguido engulló la polla que tenía en los labios. Se centró en la mamada, tenía la boca llena de saliva que resbalaba por la comisura de sus labios y aumentó el ritmo metiéndose la polla hasta el fondo de la garganta.  -Cambio – esta vez la voz procedía del hombre que tenía frente a sí, hubiera jurado que estaba a punto de correrse cuando habló.

Esta vez la polla que llenó su boca era la del hombre lobo. Era enorme, muy gruesa, tanto que casi no pudo meterla en su boca, escupió sobre ella y abriendo su boca todo lo que pudo, se tragó la descomunal polla que estaba mojada por la saliva de alguna de las otras. El tamaño le provocó una arcada, pero no paró en su mamada, la polla entraba y salía sin cesar y Sofía babeaba más y más, agarró al hombre por las nalgas para empujarse la polla bien adentro de su boca y saborearla.

-Cambio – se repitió la orden.

Esta vez reconoció la polla de su amo y se lanzó ansiosa por la polla que la esperaba, sintió las manos de Luis en su cabeza y cómo la empujaban, haciendo que la polla llegará al fondo de su garganta, haciéndola toser y llenar la polla de su amo de baba que colgaba de ella cuando la retiró de su boca y que nuevamente recogió deseosa al mismo tiempo que su amo volvía a llenar su boca.

Sentía su coño estremecerse, necesitaba ser follada en ese mismo instante y retirando las manos de las caderas y la polla de su señor comenzó a masturbarse metiéndose tres dedos que su coño engulló.

-¿Quién te ha ordenado hacer eso? – oyó que decía una voz.

Ella se paró al instante, y sintió su boca vacía al retirarse la polla que la llenaba, se lamió la saliva de las comisuras de los labios e inclinó la cabeza. Sus ojos seguían vendados y no sabía que estaba pasando.

-Es suficiente – dijo la voz – poneros en pie zorras.

Las tres obedecieron y permanecieron quietas esperando órdenes. Sofía sintió nuevamente la correa enganchada a su cuello y como era conducida fuera de la habitación. Oyó abrirse una puerta y cuando su amo, todavía con la máscara, le quitó la venda vio que estaban en la habitación del potro donde su amo la había conducido en otra ocasión.

-¿No os he satisfecho amo? – preguntó temerosa la muchacha.  -Siéntate – fue la respuesta del amo.

Cuando Sofía se sentó Luis se arrodilló ante ella y separando sus muslos hundió su cara en su coño, todavía chorreante y comenzó a lamer, a hundir la lengua todo lo que podía en su interior mientras sus manos buscaban los pechos de su esclava para estrujarlos, apretarlos fuerte y pellizcar sus pezones. Su señor nunca la había comido así el coño, el ruido de su lengua, de su boca al beber sus abundantes flujos, la excitaba tanto que sintió como la invadía un orgasmo que la obligó a arquear la espalda levantando las caderas, empujando el coño contra la boca que la devoraba sin incensar, incluso cuando los músculos de la joven se relajaron la lengua continuó su recorrido. El amo dobló las piernas de la esclava hacía atrás, exponiendo su culito y su coño, todo estaba húmedo de flujos y saliva.

-Te has portado como una auténtica zorra – dijo – nunca he tenido mejor esclava.  -Entonces…
-Entonces tu familia es libre, podrá saldar sus deudas – continuó él – pero ahora debes compensarme a mí por la fortuna que he perdido con la apuesta.  -Soy vuestra mi señor – fue su respuesta.

Luis con una sonrisa volvió a lamer todo su coño, bajando hasta su culito, donde jugueteó un rato recogiendo las gotitas de flujo que resbalaban.

-¿Qué sentías cuando te comías esas pollas? – preguntó.  -Placer mi señor – respondió la joven.
-¿Y cómo te sentías?  – Como una guarra mi señor.  -Y eso te complace.  -Mucho mi señor, nunca he disfrutado tanto.  -La noche no ha terminado – fue la respuesta del amo hacía su esclava.

Estiró la mano y cogió algo que luego mostró a Sofía. Era un extraño consolador. Corto, de forma cónica y color negro con el que empezó a juguetear en su culo. La joven sentía como la punta se deslizaba en su interior con facilidad, pero según avanzaba notaba la resistencia de su culo. Un pequeño grito de dolor surgió de su garganta.

– ¿No te gusta?  -Si, mi señor – respondió ella apretando los dientes – metedlo todo.

La presión continuó hasta que Sofía sintió su culo lleno, notaba como las paredes rodeaban y apretaban el juguete. El vacío que dejaba al retirarse y como disfrutaba cuando volvía a tenerlo todo en su interior. Estaba tan absorta que no se dio cuenta de la presencia de los otros dos hombres en la habitación.

-También debes compensar a los perdedores – dijo Luis.  -Si mi amo, obedeceré.

El amo se colocó de rodillas entre las piernas de su esclava y pasó su polla por su coño, introduciéndola lentamente en su interior. Ella vio como los dos hombres se desnudaban, dejándose las máscaras y se acercaban a ella, colocándose uno a cada lado. Sin esperar instrucciones agarró cada una de las vergas con una mano y comenzó a masturbar a sus dos nuevos amos. Se las fue introduciendo por turnos en la boca, el hombre lobo soltaba gruñidos de placer cada vez que su enorme polla desaparecía en el interior de la boca de la esclava y movía sus caderas, follándole la boca, mientras el hombre pájaro contemplaba la escena y disfrutaba de las caricias de la mano de la joven. Luis sacó su polla de la esclava y la introdujo en su culo, totalmente dilatado gracias al juguete, y comenzó a follarla con fuerza. Embistiendo más rápido cada vez.

-Ponte a cuatro patas – ordenó a Sofía – ellos también deben comprobar que eres la más zorra.

Obedeció y cuando estuvo a cuatro patas su señor ocupó el lugar de los otros dos frente a ella que comenzó una mamada a su señor, de nuevo todo había desaparecido de su mente salvo el placer que sentía y proporcionaba. Notaba las manos de los otros dos hombres recorriendo su cuerpo, acariciando sus pechos jugando con sus dedos en su coñito y culo mientras el señor marcaba el ritmo de la mamada moviendo adelante y atrás la cabeza de Sofía.

El hombre pájaro fue el primero en penetrarla, su polla era más larga, pero más delgada que la de los otros dos hombres y Sofía sintió como llegaba hasta el fondo de su vagina. Cada embestida hacía que engullera más a fondo la polla de su amo, hasta las pelotas que ya estaban cubiertas de la saliva de la joven.

-Me toca – dijo una voz tras la máscara de hombre lobo.

Se tumbó en el suelo y Luis levantó a Sofía y colocándola sobre la polla erecta la hizo descender lentamente. De nuevo sintió esa sensación de estar llena cuando la descomunal polla fue entrando en su coño según ella se dejaba caer.

Cuando la tuvo toda dentro suspiró y comenzó a balancearse lentamente, aumentando el ritmo progresivamente. Esta vez fue el hombre pájaro quien se puso delante de ella y sujetó su cabeza para comenzar una nueva mamada, cosa que hizo sin dudar. Su coño chorreaba sin parar, no sabía cuantas veces se había corrido ya, pero seguía más excitada cada momento que pasaba, cada embestida que sentía.

-¿Mi zorra no tiene bastante? – preguntó Luis.  -No mi señor, estoy cachonda, como una perra en celo – respondió ella sacándose la polla del hombre pájaro de la boca.

Sin esperar respuesta Luis la inclinó, ella intuyó lo que iba a pasar y se sintió sacudida por otro orgasmo en cuando notó el pene de su señor entrando lentamente en su culo.

La muchacha gimió y se retorció de placer, una enorme polla llenaba su coño, otra su culo y saboreaba una más.

Su cuerpo se convulsionaba con cada nuevo orgasmo, sintiendo las embestidas, notando las dos pollas que la llenaban mientras se comía una tercera sin cesar. Gimió, jadeó y chilló hasta que no pudo más, pero no paró de dar placer a los tres hombres que la rodeaban. Sofía nunca había sentido nada semejante.

-Más, quiero más – pidió.

Luis se retiró, levantó a su esclava y la colocó a cuatro patas.

-Muy bien, tú lo has pedido – dijo su amo.

Comenzó a untar su culo con lubricante mientras indicaba al hombre lobo que se acercara. Sofía notó tres de los dedos de su señor follando su culo, todavía no lo bastante dilatado para lo que se avecinaba, luego se colocó frente a su esclava y le sujetó la cabeza obligándola a mirarle mientras el hombre pájaro separaba sus nalgas y comenzó a sentir la enorme polla del tercer hombre deslizándose arriba y abajo entre ellas hasta que comenzó a penetrarla. El capullo entró sin demasiada dificultad en su lubricado culo, pero un pequeño grito de dolor se le escapó cuando sintió la gran polla que presionaba abriéndose paso, pero olvidó ese pequeño dolor cuando su culo se fue llenando con el descomunal pene.  Su señor la miraba fijamente a los ojos y ella decidió no decepcionarle.

-Más – fue su única palabra

El hombre lobo presionó nuevamente y gran parte de su polla desapareció en el interior de Sofía que boqueó sin aire, pero comenzó a mover lentamente sus caderas. La gran polla la llenaba por completo, nunca había tenido una sensación tan brutal a la vez que excitante. Sin pensarlo se lanzó por la polla de su amo que dura e hinchada esperaba frente a su cara y comenzó una mamada, enloquecida por el placer que sentía. La polla entraba y salía de su culo, ahora totalmente abierto, cada vez más rápido y fuerte. En un momento en que sintió los testículos del hombre que follaba su culo aplastados contra su nalgas engulló entero el pene de su señor y fue sacudida por un intenso orgasmo. Cuando retiró la boca hilos de saliva colgaban desde sus labios a la polla de Luis y prácticamente se derrumbó cuando su culo, totalmente abierto, quedó vacío.

-Desde luego es una perra en celo. Ahora veremos si nos confirmará que además es una guarra – dijo el hombre pájaro.

Los tres hombres se incorporaron mientras ella seguía de pie. No tuvieron que explicarle más. Primero fue la polla del hombre lobo la que engulló mientras acariciaba las otras dos. Los hombres se fueron turnando en la boca de la esclava que babeaba, chupaba, lamía y acariciaba pollas como una posesa. El hombre pájaro fue el primero.

Cuando Sofía volvió a tener su polla en la boca, inmediatamente comenzó a eyacular, un gran chorro de semen cayó sobre su cuello y su pecho y cuando terminó volvió a lamerla. Sin esperar el hombre lobo apartó a su predecesor e hizo que Sofía abriera toda la boca para tragarse su polla. Su corrida fue menos abundante y cayó sobre su cara. Cuando Sofía se dirigía hacia la polla de su señor este se retiró dos pasos.

-Demuéstrame que lo deseas – dijo.  -Mi señor, por favor, dádmelo, dame vuestra polla, quiero sentir como os corréis – suplicó la muchacha mientras con las manos se extendía la leche de los otros dos hombres por todo su cuerpo – soy vuestra zorra, vuestra esclava.

Él se acercó y ella ansiosa se introdujo la polla en la boca mientras Luis la agarraba del pelo y guiaba sus movimientos, cada vez más rápidos y brutales, llegando hasta el fondo de su garganta. Luis se estremeció cuando eyaculó, llenado la boca de su esclava mientras los otros dos hombres miraban. Cuando retiró la polla su semen desbordó los labios de la muchacha y cayó por su barbilla, resbalando hasta sus tetas, donde la polla de su señor lo recogió y lo extendió por su cuello y su cara mirando sonriente a su esclava que también sonreía.

Cuando se retiraron los dos hombres Luis se dirigió a Sofía.

– Ahora tú y tu familia ya sois libres, puedes irte cuando quieras.  -¿Y si deseo seguir a vuestro servicio mi señor? – preguntó ella.  -Entonces seguirás, pero en cuanto dejes de satisfacerme deberás irte – replicó él.  -Eso no sucederá, no encontrarás otra tan zorra como yo…

Autor: carlos.gonz

carlos.gonzal@hotmail.com

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La nueva sirvienta I

El culo de la joven cedió a la presión de la polla, hasta aplastar sus testículos contra el coño de la chica, el hombre sentía como el culito de su criada se abría y engullía su polla.La criada sintió como la polla de su amo eyaculaba en su interior y a la vez, se corrió, contrayendo los músculos de su vagina y su ano, apretando la polla que la llenaba, como queriendo retenerla dentro para siempre.

No hacía mucho que había entrado al servicio del señor de la mansión, apenas un par de meses desde que abandonó el hogar familiar en provincias y decidió dejar la vida de la granja que tanto la asfixiaba. Era una de rostro dulce, pelo moreno largo, caderas suaves y redondeadas y unos ojos brillantes que parecían trasmitir todo lo que ocurría en su interior.

Las primeras semanas transcurrieron con normalidad. El amo del palacio no era demasiado exigente, su trabajo se limitaba a servir las comidas y la limpieza. Era la única que atendía al señor y dormía en el edificio, el resto de la servidumbre tenía dependencias apartadas.

La muchacha se fijó en como la observaba el señor cuando desempeñaba sus tareas, en su cuarto encontró un uniforme de sirvienta que era su ropa de trabajo. Era un trae negro con puntillas blancas en los bordes, delantal, cofia, incluso medias negras que llegaban a medio muslo.

El señor era un hombre de unos 30 años, alto, en buena forma gracias a los ejercicios de esgrima y a la caza que practicaba con asiduidad. La muchacha se extrañó de que ninguna mujer residiera en el palacio y el resto de sirvientes no parecían muy dispuestos a contar ninguna historia a la “favorita” de señor.

La primera vez que el señor tomó posesión del cuerpo de su criada esta se quedó sorprendida, no habría esperado ese comportamiento. Pero lo que menos habría esperado era la forma como disfrutó cuando el señor la sometió de aquella forma. Nunca antes la había pasado algo parecido. No era virgen, en su pueblo natal había mantenido relaciones con un chico de su edad, pero desde luego no era comparable a las sensaciones y el placer que obtuvo aquella noche sobre la mesa del inmenso salón. En los días siguientes no cambió el comportamiento del señor, pero ella se había masturbado varias veces mientras recordaba como la había poseído, como usó sus manos, sus dedos, su lengua y su pene para proporcionarle placer y como ella se había sometido, primero recelosa y luego gustosa a los caprichos de su nuevo amante.

Siempre que servía la cena en el gran salón deseaba excitada que se repitiera aquella noche, pero su señor se comportaba como si aquello no hubiera sucedido….Hasta esa noche.

Cuando estaba sirviendo el vino la mano de su seño se deslizó por su pierna, colandose bajo su falda.

– Te gustó ser mía la otra noche? – preguntó. – Si, mi señor, mucho. Deseo complacerle en todo lo que pueda – respondió mientras notaba la mano que llegaba al final de sus medias y acariciaba la cara interior de sus muslos. – Eres una buena sirvienta. Pero todavía debes mejorar. – Cómo mi señor?
– preguntó ella – solo debéis ordenar, respondió en un suspiro cuando notó el pulgar acariciando levemente su coñito.

– Debes estar siempre dispuesta para mi, cuando yo te necesite tu deberás estar lista para satisfacerme – respondió el señor aumentando levemente la presión. – Lo estaré, señor. – Debo asegurarme – dijo él – acércame esa caja que hay sobre el aparador del fondo.

Ella se dirigió, solicita y ansiosa, recogió la caja y la colocó sobre la mesa. El señor la abrió y de ella extrajo lo que parecía ropa interior de mujer. La desplegó y la muchacha pudo observar que en la parte interior de la ropa había colocado un pequeño apéndice, tenía el grosor de un par de sus dedos y era algó más corto.

– Debes llevar esto puesto siempre, mientras realizas tus tareas, mientras duermes, en todo momento.
– Pero señor…- balbuceó.

Él la agarró por la cintura y la sentó sobre la mesa.

– Siempre – dijo mientras levantó su falda y e quitó la ropa interior que llevaba – veo que ya estás excitada.

La muchacha enrojeció y bajó la mirada.

– Si, mi señor. – Así debe ser, y esto te ayudará.

Comenzó a deslizar la nueva prenda por sus muslos y ayudado por dos de sus dedos separó los labios de su vagina para que el pequeño apéndice la penetrara.

– Señor… – Sin excusas, siempre debes llevarlo – dijo él en tono autoritario. Ahora puedes retirarte. – Pero…- ¿Esperabas algo más? – preguntó. – No, mi señor, nada más…

La muchacha pasó la noche retorciéndose entre sueño lujuriosos, frotando sus muslos uno contra otro y cuando despertó su nueva ropa interior estaba empapada de sus flujos, al igual que las sábanas. Pasó toda la mañana en la misma situación, excitada, con sus jugos desbordando su coñito. Cada movimiento que hacía provocaba el roce en su interior excitándola más y más. El señor hizo caso omiso de sus miradas cada vez que se cruzaban por la casa.

A la hora de la comida, una vez más mientras servia el vino sintió la mano que se colaba bajo su falda y se dirigía directamente a su entrepierna, palpando su húmeda ropa interior.

– Bien, así debe ser, quiero que estés lista para recibirme cuando yo lo desee. Ahora retirarte, tengo trabajo – y sin más el señor volvió a centrar su atención el plato.

La joven estaba tremendamente excitada, llevaba todo el día con su coñito abierto, desando ser penetrada por una buena polla una y otra vez para que cesara esa sensación de eterna excitación, así que después de ser ignorada una vez más por su señor, se dirigió a la cocina y tumbándose sobre la mesa levantó su falda y comenzó a masturbarse con furia. Una mano movía su tanga, haciendo que el juguete se moviera enloquecido en su interior mientras con la otra mano acariciaba su clítoris con fuerza.

– ¿Te he dado permiso para eso? – tronó la voz del señor abriendo la puerta de la cocina de un golpe.
– No, mi señor, yo..- acertó a decir la criada. – Me has desobedecido. Ahora debes sufrir las consecuencias. – y agarrándola de la mano la condujo fuera la cocina.

Después de bajar las escaleras que conducían a la bodega el señor sacó una llave de su bolso y abrió una puerta en la que la muchacha nunca había reparado. Era una estancia amplia, con una chimenea, un sillón,  una gran cama y algún extraño aparato con correajes que la joven no había visto nunca.

– Desnúdate – ordenó. – Lo siento señor, no quería desobedeceros, pero no podía aguantar más – se excusó ella. – Tus disculpas ya no importan. Ahora desnúdate.

Ella comenzó a desvestirse lentamente. Bajo el vestido solo llevaba un corpiño, la ropa interior que le colocó su amo y las medias.

– Todo –dijó él.

Ella obedeció y tras quitarse el corpiño y la ropa interior se detuvo. El señor la miró y creyó observar un extraño brillo en su mirada.

– Es suficiente – dijo él – puedes dejarte las medias. Ahora ven y túmbate.

La muchacha se acercó y se tumbó en lo que parecía una especie de gran aspa de madera en horizontal con correajes en cada punta.

– Bocabajo – ordenó el señor.

Ella se tumbó y notó como correas de cuero se ceñían a sus muñecas y tobillos mientas reposaba la cabeza en un especie de plataforma para ello. El señor se acercó a la mesa y cogió un objeto que ella no pudo distinguir desde su posición.

– Muy bien, ahora vas a tener lo que querías – dijo mientras exhibía antes sus ojos un gran pene de cristal pero que parecía compuesto por diversas esferas pegadas una a otra que aumentaban de tamaño progresivamente hasta la base.

Se colocó detrás de la muchacha, indefensa, atada, exhibiendo su coñito abierto y brillante por la humedad de sus flujos. La muchacha sintió el contacto frío del cristal. Se estremeció por el contraste de temperatura con su vagina y sin que tuviera tiempo de más notó como su coño se abría ante el empuje del pene artificial. Sintió cada una de las esferas que iban despareciendo en su interior.

– Por favor señor, parad – gimió. – No es lo que estabas haciendo, ¿no es lo que querías? – preguntó. – Si, pero… – Creí que tenías claro que tu deber era complacerme, eres mi esclava y me obedecerás. – Como desee mi señor.

La criada notaba como su coño engullía el esa gran polla falsa, como la estremecía el coño que atrapaba el objeto. Nunca había sentido una penetración tan profunda y cuanto más grandes eran las esferas más se dilataba su vagina y más disfrutaba. Noto las protuberancias cuando entraban…una, dos, tres, cuatro, cinco..y sus gemidos eran más fuertes cada vez.

– Te gusta ¿verdad? – preguntó él. – Si mi señor, mucho, no pareís por favor, necesito más. – Así me gusta, quiero que vuelvas a ser mi zorra. – Nunca deje de serlo señor – respondió ella

El consolador salió casi del todo y volvió a entrar de golpe arrancando un grito de la garganta de la muchacha que tensaba las correas que la ataban, el ritmo de la penetración aumentó. Sentía entrar y salir es objeto que tanto placer la proporcionaba, que la llenaba y hacía que su coño chorreara sin parar, el ruido se percibia claramente, sobre todo cuando teniendo casi todo el juegute dentro el hombre inició movientos cortos, rapidos y fuertes que la llevarón a jadear sin control.

– Si mi señor, folladme, llenadme el coño, soy vuestra zorra cachonda, hacedme vuestra gritó. – Ahora si estás comportándote como una buena esclava y te mereces un premio – respondió el hombre .

Colocándose a su costado se bajó el pantalón dejando al descubierto su polla hinchada y pasó el glande por la mejilla de la muchacha que inmediatamente giró la cabeza para engullir lo que se la ofrecía. Comenzó a lamer y chupar con ansia, sentía la polla caliente entre sus labios que seguía creciendo cada vez que desaparecía entre sus labios, cada vez que acariciaba el capullo con su lengua. El señor agarró a la muchacha del pelo y comenzó a aumentar el ritmo de la mamada guiando su cabeza, haciendo que la polla entrara hasta el fondo de la garganta de su esclava, totalmente entregada al placer, a la sensación de sometimiento que tanto la excitaba.

La saliva resbalaba de su boca y cuando la polla salió totalmente de su boca, varios hilos de ella colgaban de la polla y llegaban hasta la polla de la joven que ansiaba volver a tener esa polla en su boca. El señor miró a los ojos de su esclava y percibió ese ansia y sin esperar volvió a empujar su polla dentro de la boca a la vez que con la otra mano volvía a llenar el coño de la joven.

– Estás babeando, mira el suelo – dijo él señalando las gotas de saliva que habían caído– realmente estás muy caliente. Ahora podría hacer contigo lo que quisiera.- Si mi señor, soy su esclava – y sin decir más engulló de nuevo la polla dura y caliente. – Quiero ver como te corres zorra y tú vas a sentir como me corro yo – dijo él.

La muchacha no pudo contestar con la boca llena, pero supo inmediatamente lo que se avecinaba. El ritmo que marcaba el hombre moviendo la cabeza de su esclava con furia agarrándola del pelo aumentó a la vez que la el consolador la llenaba el coño una y otra vez, sin parar.

Los orgasmos fueron casi simultáneos. Ella arqueó el cuerpo, tensando las correas todavía más mientras sentía como su señor eyaculaba en su boca. El semen cayó al suelo mezclado con la saliva de ella cuando retiró la polla de boca de su esclava y sin decir palabra se colocó nuevamente detrás de ella para retirar el cristalino objeto de su coño y observar como palpitaba totalmente abierto y arrodillándose pasó lentamente su lengua por toda la superficie recogiendo los abundantes flujos que todavía brotaban de su interior.

– Me gusta tu sabor – dijo a la muchacha colocándose frente a ella a la vez que acercaba el consolador a su boca.

Sin esperar instrucciones la muchacha lamió suavemente el cristal y luego pasó la lengua por la comisura de sus labios recogiendo las ultimas gotas del semen de su amo.

– ¿Has tenido bastante? – preguntó el hombre. – Si mi señor. He sido una buena esclava? – preguntó ella. – Si, pero esto todavía no ha terminado. Quiero que sientas mi polla en tu interior – y agarrando su cara con las dos manos la levantó para que ella volviera a lamer su polla antes de que perdiera su rigidez.

La joven volvió a iniciar el baile de su lengua sobre el  pene, recorriéndolo con la punta, dibujando las venas hinchadas, bajando hasta las pelotas, que tensas ansiaban el contacto de los labios de la muchacha.

– Además, se que una zorra como tú no tiene bastante con esto – continuó el señor.

La mano del hombre bajó por la espalda de su esclava hasta llegar a sus nalgas y comenzar a acariciarlas. Deslizó el dedo índice entre ellas, bajando hasta su coño todavía empapado y mojándolo en el recorrió nuevamente el camino, deteniéndose en el agujero de su culito. La muchacha elevó el pubis para sentir con más fuerza el dedo que la recorría.

– Sabía que no habías tenido bastante – dijo él con una sonrisa.

Él continuó su trabajo y lentamente el culo de la chica se fue dilatando. Aumentó la presión y el dedo comenzó a desaparecer en el culito estrecho y caliente que ansiaba recibirlo.

– Ha sido fácil – dijo él.

Y sin esperar respuesta otro dedo comenzó a presionar. La muchacha nuevamente excitada continuó su mamada, nuevamente su saliva resbalaba por la polla que ya había recuperado su rigidez y sus labios subían y bajaban sin parar y cuando sintió como otro dedo la penetraba el culo engulló la polla hasta el fondo de su garganta, provocándose una arcada que expulsó gran cantidad de saliva de su boca.

– Creo que estás lista – dijo el señor retirando la polla de la boca de su esclava. – Si mi señor, lo estoy deseando, ser su zorra es lo que más deseo.

Se situó detrás de ella entre sus piernas y pasó su polla por todo su coño mientras con las manos separaba las nalgas para dejar al descubierto su culo dilatado por los dedos. Colocó la punta de su polla en la entrada.

– Lo deseas? – preguntó. – Si mi amo, folladme. Follad a vuestra perra. – Eso es…mi perra cachonda – y sin decir más empujó.

El culo de la joven cedió a la presión de la polla que se abría paso en su interior.

– Llenadme señor, dadme vuestra polla. – Si, te voy a follar como a la zorra que eres – respondió el.

Retiró la polla del todo y nuevamente volvió a empujar consiguiendo que entrara hasta el fondo en su solo movimiento hasta aplastar sus testículos contra el coño de la chica que jadeaba sin aliento. Agarrando sus caderas con fuerza el hombre empezó a bombear en el culo de su esclava, entrando y saliendo sin parar.

– Voy a reventarte el culo – dijo el apretando los dientes y embistiendo con más fuerza. – Si mi señor, reventadme, soy vuestra.

El ritmo era cada vez más rápido y las embestidas más fuertes. La polla entraba y salía una y otra vez y el hombre sentía como el culito caliente y estrecho de su criada se abría y engullía su polla.

– Vamos, quiero ver como te corres, estás caliente como una perra, lo noto – gritó mientras azotaba el culo de la joven con la palma abierta. – Siiiii – gritó ella – vuestra perra mi señor, follad el culo de vuestra perra. – Me voy a correr en tu culo – anunció él

Simplemente con oír eso la muchacha comenzó a saltar sobre el potro, agitándose, sacudiéndose para sentir más profundamente la polla que la llenaba sin cesar, sintiendo el orgasmo que se avecinaba.

– Tómalo zorra, siente mi leche caliente en tu culo.

La criada sintió como la polla de su amo comenzaba a eyacular en su interior y a la vez, en un profundo gemido, se corrió, contrayendo los músculos de su vagina y su ano, apretando la polla que la llenaba, como queriendo retenerla dentro para siempre. El hombre se desplomó sobre la joven.

– Te has portado bien – susurró a su oído a la vez que desataba sus muñecas – ahora vete y descansa. Mañana te espera un día intenso. – ¿Intenso mi señor? ¿Más que hoy? – respondió la muchacha con una picara sonrisa. – Si, creeme que lo será…. – dijo mientras retiraba su polla del interior de la joven y el semen resbalaba fuera de su culito abierto.

Autor: Carlos

carlos.gonzal@hotmail.com

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