Nunca la dejes sola con el amigo

Ayer, estábamos de fiesta mi novia un amigo de ella y yo en una casa que rentamos para el fin de semana. Ella es Jennifer: alta, cabello castaño claro, ojos miel, cintura estrecha y unas nalgas talladas por los dioses. Ella tiene 24 años cumplidos y quería festejarlos conmigo y sus amigos aunque muchos ya se habían ido en la mañana. En la alberca sólo quedábamos Mauricio, ella y yo. Las rondas de cervezas habían sido constantes y sonantes.



Era una piscina con temperatura controlada así que a pesar que era un buen día soleado era muy rico el agua templada mientras tomábamos las cervezas; platicando sobre el día anterior y los osos de sus amigos. Una en particular fue la que se llevó la atención de todos: Valeria terminó en la cama con su novio y uno de los amigos de su novio de la borrachera que traían. Hoy al despertar no podían vernos a los ojos y el novio se peleó con su amigo y por eso se fueron. El tropezón estuvo increíble ya que durante la fiesta hasta le bajamos volumen a la música para escuchar sus gemidos y los golpeteos de los cuerpos. Yo sé que más de uno en la fiesta quiso participar.



No me desvío del tema. Nosotros estábamos escuchando buena música con bastante alcohol en la sangre y las idas al baño se hacían cada vez más constantes. Jennifer conocía a Mauricio desde la carrera: hace poco más de 4 años. Ella me contaba lo bien que la llevaban y que siempre se ayudaron. Hoy, me di cuenta de la clase de ayuda que se daban mutuamente. Hoy, me di cuenta que en ella tengo una pervertida hija de la chingada, pero lo peor de todo es que me gustó.



En una de esas idas al baño me tocó a mí. Al ir hacia dentro de la casa en mi mente pensaba que si en serio estaba pensando en dejar a mi novia en bikini con esas nalgas sola con un tipo que es como 3 veces yo en masa muscular y como 10 veces más galán que yo y alcoholizado. Llegué al baño y extrañamente tenía una erección y pues tuve que orinar en la regadera porque sino mojaría toda la taza y el piso. Hice correr el agua de la regadera para limpiar y me dispuse a caminar hacia la alberca, no sin antes asomarme primero hacia la alberca.

Ahí estaba mi novia con su galán amigo platicando y riendo muy cerca el uno del otro. Me pasó por la mente el imaginar que estarían haciendo debajo del agua con sus manos. De la nada, ya no escuchaba risas ni platicadas. Esa seriedad se me hizo sospechosa y me escondí un poco poniéndome contra el piso y viéndolos por debajo de un mueble que estaba en un desnivel que me permitía ver la alberca. Recuerdo que se me vino a la cabeza ese refrán popular que reza:”El que busca, encuentra”.



Yo estaba ahi contra el piso viendo hacia la alberca a mi novia con Mauricio volteando hacia la casa (imagino que para ver si venía yo) y al no verme sólo vi a Mauricio colocarse en frente de mi novia, colocando sus brazos contra el borde de la alberca y mi novia de espaldas a mí. Fue algo muy rápido ver como de la nada veía a mi novia abrazarse a su amigo Mauricio mientras comenzaba a ver como subía y bajaba a un ritmo lento pero constante, a un ritmo que provocaba punzadas en mi estómago pero una erección en mi pene. Su amigo Mauricio la estaba penetrando y ella no se oponía. Al contrario, ella era la que se movía para él. Era ella la que dejaba entrar a su tan querido amigo.



Yo seguía observando de lado como ella se mecía sobre la verga de Mauricio, yo estaba masturbándome casi al mismo ritmo en que ella subía y bajaba. En esos momentos yo deseaba ser Mauricio, yo deseaba estar penetrando a mi novia ahora. En estos momentos yo tenía más ganas de eyacular con todo mientras observaba a la puta de mi novia cogiéndose a su amigo de la facultad.



De repente pararon y el se colocó de espaldas a mi, aún en la alberca, y ella subió sus piernas a sus musculosos hombros y comenzaba el vaivén de nuevo. Ahora era un poco más rápido y yo veía como lo disfrutaba porque observaba como tensaba y curvaba los dedos de sus pies. Ella seguro lo disfrutaba. Podía ver de repente su rostro de deseo, yo creo que hasta se le olvidó que yo podría llegar. Yo estaba inmóvil, no podía dejar de jalarme la verga, no podía reclamarles, no podía hacer entrada sorpresiva. Yo sólo observaba como otro le sacaba gemidos a mi novia. Ella seguía pegándose a él: yo veía como se tensaban sus muslos cada vez que aceptaba la entrada de ese pene. Ya nadie volteaba hacia la casa. Para ellos, sólo existían ellos en ese momento.

Me calentó demasiado ver como se le subía el color al rostro, me encantó ver como mordía sus labios recibiendo esa verga. Yo quería moverme para observar de otro ángulo, pero la casa no lo permitía. Ahí estaba yo eyaculando, viendo como ella se entregaba sin pena alguna. Sin decir nada, limpié mi semen del piso y me dirigí al baño. Me vi al espejo, y me dije a mi mismo:- “Eres un cornudo, y te encanta cabrón”. Al salir, azoté la puerta y me dirigí con cuidado hacia la alberca. Ellos estaban como si nada, ella con la cara ruborizada y Mauricio se excusó para ir al baño. Le pregunté a mi novia que si ya tenía calor y me dijo que si que mejor saliéramos de la alberca. Ella me pidió salir primero para ayudarla, no sin antes darme cuenta que movía el agua de la alberca con sus manos. ¡El maldito se había venido dentro de ella!

Me gusta / No me gusta

Primera vez de muchas

Su lengua comenzó subir por mi espalda hasta llegar a mi oreja, donde su lengua comenzó a ser lo mismo que estaba haciendo en mi trasero, me dijo relájate, sus manos se pusieron en mis nalgas y las separaron, y de una manera muy suave, sentí como su pene iba entrando en mi culito apretadito. De manera muy suave entraba y salía, y poco a poco el dolor se fue convirtiendo en placer.

Para empezar quiero primero describirme, para después proceder a contarles como fue que perdí mi virginidad, y como empezó un idilio de sexo y pasión que aun no ha terminado.

Cuando tuve mi primera experiencia homosexual, tenía 23 años, soy un tipo atlético, mido 1.70 mts, tengo unas excelentes piernas, y en términos generales estoy bueno. En aquella época, acababa de salir de la universidad, y había empezado a trabajar en un lejano pueblo del sur de Colombia.

Comencé a vivir solo, en un edificio de apartamentos, yo vivía en el segundo piso al pie de las escaleras; poco después de estar viviendo allí se mudó al tercer piso un tío que estaba muy bueno, medía 1.78 mts, era blanco, con ojos negros, tenía un trasero que me ponía a volar.

Cuando se mudó yo no le podía ni hablar, pero si me subía a verlo por su ventana, desde donde lo veía dormir, hasta que una noche al divisarlo lo vi como se masturbaba, fue lo máximo, a medida que él lo hacía, yo también lo hacía. Además me le robaba la ropa interior para masturbarme con ella.

Desde ese momento me dispuse a conquistarlo y a hacerlo mío. Como para llegar a su apartamento, primero debía pasar por mi ventana, entonces recogí mi cortina y dormía desnudo en mi habitación, y cuando sabía que él estaba me quedaba en ropa interior.

Al poco tiempo nos prendamos y comenzamos a saludarnos. Un día me le acerqué a su habitación, vestía una pantaloneta muy apretada, una camiseta ajustada y no tenía ropa interior, comenzamos a hablar, no se que pero bobadas, yo haciéndome el tonto me le recosté a su lado, y me hice el dormido, él entonces comenzó a tocarme, de inmediato yo me le abalancé y lo besé, a lo que él me respondió.

De inmediato le mandé la mano a su pene y se lo sentía duro como una roca, él me metió la mano en la pantaloneta y me tocaba mis nalgas, nos comenzamos a desvestir el uno al otro, cuando ya estábamos completamente desnudos él me llevó a la cama y me puso a mamárselo, y yo se lo mamaba, era un sabor excelente, me sentía en la gloria, cuando pasó algo que me llevó al límite.

Él me acostó y me puso su pene en mi boca, para que yo se lo siguiera mamando. Y comenzó a mamar mi pene, yo no podía de lo excitado que estaba, también me mordía las piernas y la entrepierna, se notaba que tenía una gran experiencia, después sin pensarlo dos veces se me subió encima, y yo le dije que era virgen y él entonces me dijo que no me preocupara, que me lo haría con suavidad.

Me subió el trasero hasta que yo quedara en cuatro, puso por debajo de mí unas almohadas donde mis caderas quedaran reposadas, yo me estaba preparando para el dolor, pues sabía que eso iba doler. Y lo que hizo fue que me empezó lamer el culito, yo no podía contenerme de lo excitado que estaba, sentía como su lengua tibia como subía y bajaba y daba vueltas alrededor de mi culito.

Cuando yo creía que la dicha no podía ser mayor, sentí que sacaba un preservativo de debajo de la cama, y sin quedarme la lengua de mi culo yo vi. Cuando se puso el condón en ese pene de aproximadamente 15 cm. y además mucho más grueso que el mío. Inmediatamente su lengua comenzó subir por mi espalda hasta llegar a mi oreja, donde su lengua comenzó a ser lo mismo que estaba haciendo en mi trasero.

Cuando me dijo relájate, sus manos se pusieron en mis nalgas y las separaron, y de una manera muy suave, pero con mucho dolor, sentí como su pene iba entrando en mi culito apretadito. De manera muy suave entraba y salía, y poco a poco el dolor se fue convirtiendo en placer.

Mientras él tenía su pene en mi trasero y lo meneaba adentro, su mano me tocaba mi pene y me lo masturbaba, cuando él mi dijo. Me voy a venir, comenzó a masturbarme más seguido, y cuando yo iba a terminar, él aumentó el ritmo y lo metió con más fuerza y de un fuerte gemido, terminamos los dos juntos.

Después de esto comencé a frecuentarlo en su habitación casi todas las noches, y casi siempre teníamos sexo; pero nunca voy a olvidar como fue que perdí mi virginidad.

Autor: Edisson

Me gusta / No me gusta

La caída moral IV

Tomé mi teléfono mientras arrimaba mi ojo a la mirilla de la puerta. Quedé duro. Al borde de un ataque o de tensión, observé a mi esposa desnuda, y con las piernas abiertas a más no poder, sentada en un sillón enorme, se pajeaba con una mano, chupaba desesperada una verga dura, gruesa y venosa mientras en su otra mano sostenía su celular en su oreja.

Se inserta en esta parte de la historia la visión de la situación que en ese momento tenia Germán, el esposo engañado.

Algo no funcionaba correctamente. Esa no era mi Ana. Algo en mi cabeza me decía que no todo estaba en su lugar. Y no lo estaba exactamente desde que Ana había comenzado a trabajar. Serví la cena y nos sentamos a la mesa con mis dos hijos. Ana no aparecía por el comedor y los niños pedían a gritos que les sirva pues tenían mucha hambre. Como un autómata les serví la comida y me disponía a servir mi plato cuando Ana hizo su aparición en escena.

Comimos en silencio mientras ella contestaba como autómata las preguntas de los niños y su mirada esquivaba la mía perdiéndose de a ratos en la televisión encendida. Ni siquiera atinaba a dar fin a las constantes discusiones de los chicos como siempre solía hacer. Yo no articulé palabra y esperé a que los niños se fueran a dormir.

– ¿Querés un café Ana? – Si…me vendría bien, me respondió, al tiempo que comenzaba a llorar muy despacito.

Me arrimé, la rodeé con mis brazos y ella recostó la cabeza contra mi pecho.

– Podes confiar en mí, le dije. – No es nada Germán…. Es solo que mi nuevo trabajo no es como lo esperaba.  – ¿A que te referís Ana? No es necesario que continúes…

Eso pareció enardecerla:

– ¡Ni se te ocurra que renuncie! Me gritó. – Nos hace falta el dinero y en cierto modo me agrada….Es solo que tengo más obligaciones de las que supuse tener, me respondió.  – Está bien Ana.

No dije ni una palabra más pero en ese momento decidí investigar algunas cosas y prestar más atención a otras. Fue así como al otro día  demoré mi partida a mi trabajo y recostado en la cama le hablé de cosas triviales e intrascendentes mientras observaba como ella se vestía para ir a su trabajo. Algo me llamó poderosamente la atención. Fue que se ponía las bragas haciendo juego con el corpiño, cosa que todos los maridos sabemos, no es tenido en cuenta por las esposas a la hora de vestirse pues, en teoría, nadie va a notar que son de distinto juego.

Me refiero a que una bombacha negra  y un corpiño amarillo, por ejemplo son perfectamente usables, pues en teoría, repito, en teoría, nadie que no sea el marido lo verá. Pues no, ella mirándose al espejo se colocó un juego de bombacha y corpiño amarillos  para luego, no conforme, se los cambiaba por otro juego de encaje, blancas ambas prendas.

Tomé nota mental mientras continuaba hablándole de mi trabajo y ella me respondía con monosílabos.  Decidí irme a trabajar y ella pareció aliviada al saludarme con un beso en la mejilla. En lugar de ir a mi trabajo fui al de ella. Por supuesto que no entré. Aun restaban veinte minutos para que ella arribara, calculé. Finalmente me dirigí a la portería de la empresa y pregunté por la Sra. de Funes.  Debo contarles que Funes es mi apellido. Germán Funes.  El guardia de seguridad sonrió y me dijo:

– Ah la secretaria personal del jefe…- No se su puesto, respondí. – Si, es la secre del jefe y se comenta que en toda la empresa que es muy eficiente….y muy gritona. – ¿Gritona? le pregunté. – Si…bueno ya sabe… – No, no se… – De todos modos ella aun no llega, debería estar acá en unos diez minutos, si desea esperarla…  – Me temo que no tengo mucho tiempo, respondí mientras me dirigía a la salida.

Tomé asiento en un banco de plaza que había justo al frente, ligeramente en diagonal a la entrada y cubrí mi cara con el periódico. Ana llegó puntual y radiante. Estaba hermosa realmente. Para no tener problemas en mi trabajo decidí marcharme mientras mil preguntas me quemaban la cabeza. A las 13.30 no pude más con mis cavilaciones y volví a la empresa de Ana. El guardia no era el mismo.

– Por favor la Sra. de Funes. – Un momento….ah si, la secre del jefe, tercer piso, es la antesala del despacho del jefe. – Gracias, respondí y tomé el ascensor temblando como una hoja.

¿Y si me equivocaba, y arruinaba su trabajo?

La puerta se abrió y me encontré con un coqueto escritorio adornado con la foto de mis dos hijos entre otras cosas. Desierto, vacio, no supe que hacer. Una puerta de caoba lustrado de hoja doble era la única salida que tenía aquel recinto, pues se llegaba a el directamente por el ascensor, por donde yo había llegado. Sin saber que hacer me arrimé a la puerta y alcancé a oír el nombre de mi esposa. Alguien la llamaba por su nombre.

– Ana…hacelo, es lo que más te gusta, dijo la voz de un hombre.

En ese momento mi celular me sobresaltó ¡Por suerte acostumbro a tenerlo en modo vibrador! Tomé mi teléfono en la mano mientras arrimaba mi ojo a la mirilla de la puerta. Quedé duro. Al borde de un ataque o de tensión o del corazón o de algo, observé a mi esposa desnuda, y con las piernas abiertas a más no poder, sentada en un sillón enorme, se pajeaba con una mano, chupaba desesperada una verga dura, gruesa y venosa mientras en su otra mano sostenía su celular en su oreja.

Mi celular seguía vibrando e instintivamente lo abrí y dije, “Hola…” mientras seguía observando la escena con un ojo.

– Hola amor…, me decía mi mujer.

De un salto me retiré tres o cuatro pasos hacia atrás para que no me escuchara y respondí…

– Hola Ana…

Mi cabeza a punto de estallar  de furia me ordenaba que entrara…

– Hola Germán…

No respondí y me acerqué a la mirilla de la puerta.  Ella se masturbaba aun con más fuerza y solo se sacaba la pija de la boca para poder articular aquel “Hola Germán “

– ¿Que hacés Ana? – Nada especial, aburrida acá, te extraño por eso te llamé.  – Me imagino que es así. Bueno Ana te llamo luego, me solicitan acá. – Ok Germán, me respondió.

Yo corté la comunicación y observé como ella cerraba su propio teléfono y lo dejaba a su lado. Ahora con esa mano ya libre acarició tiernamente los huevos del hombre  parado a su frente.

– Chupame la concha Jorge….por favor lo necesito, chupámela…- Cerda, puta, te encanta ¿no? Te pone a mil escuchar a tu marido mientras me la chupás ¿no?

Mi mujer por toda respuesta se puso de pie y tomándolo de los cabellos con furia tiró de el al tiempo que volvía a apoyar su hermoso culo desnudo en el sillón. Con una fuerza inaudita guió su cabeza a su entrepierna al tiempo que le decía.

– Callate de una vez y chupame la concha que me muero…

Impactado, destrozado, avejentado mil años di media vuelta y con lágrimas en los ojos me dirigí a la salida…  No tengo idea de que sucedió de ahí en más el resto del día. Solo recuerdo que levantando los restos de la mesa donde habíamos cenado con los niños escuché las llaves girar en el picaporte y automáticamente miré el reloj de pared de la cocina. Las diez y cinco de la noche.  Ana llegaba a las 7 de la tarde…

Cuando se acercó a besar mi mejilla no pude dejar de notar el olor a cigarrillo.

– ¿Te sucede algo? Me dijo. – ¿A mi? A vos, Ana, ¿Te está pasando algo? – Un día duro, respondió…

Continuará…

Por Germán…el marido engañado.

Autora: Ana

Me gusta / No me gusta

Ultimo domingo de enero

Parecía un volcán en erupción, con una mano sostenía su pija y con la otra agarraba la mía. Sus chorros de semen cayeron sobre su barriga y él al tratar de secarse lo corrió hacia abajo y los pendejos quedaron mojados. Seguía apretando mi pija hasta que decidió a chupármela. Me puse arriba de él, con mis piernas aprisionando las suyas y me fui acercando a su boca con la pija en la mano.

Con David, mi compañero de depto., (ya hablaré de él en alguna otra oportunidad), almorzamos y no sabíamos que hacer Se le ocurrió tomar un micro y cruzamos hacia Paraná, allí tomamos otro y terminamos en una de esas playas del Río Paraná, esas playas familiares de río adentro

Bajamos del micro y nos encaminamos a la arena, allí plantamos la sombrilla, bajo la mirada permanente de un chico de unos 26 años que estaba cerca Me molestó bastante, que quería ese tipo que no dejaba de mirarnos. De cuerpo no estaba mal, se había cortado el pelo casi a rape, tenía un pelo muy cortito color castaño, y la barba igual, de dos o tres o sea que pelo y barba tendrían el mismo largo, pero lo que más me llamó la atención fue una raya blanca en la cabeza, ignoro si sería una cicatriz o la marca de una operación?? Me desvestí, siempre bajo su mirada, y me tiré en la arena, de espaldas a él, con el temor de que quisiera provocarnos alegando que nosotros lo mirábamos Pero fue mejor, porque del otro lado había un tipo sentado en una silla de playa mucho mejor!!

Ahí estaba ese tipo, no muy atrayente, de unos 30 o 32 años, pelado, pero con la parte de atrás de la cabeza y los lados afeitados, no sé para que se afeitaba la cabeza totalmente?? No estaba solo, lo acompañaban una mujer y una niña pequeña, que a ella le decía mamá, pero a él no le decía papá. En realidad no supe que relación los unía, porque el tipo no era cariño con ninguna de las dos ni ellas con él.

Lo empecé a mirar, no se movía de la silla, era de un color tostado grisáceo, no me agradó el color. Se levantó y vi que tenía un pantalón corto de algodón y en un lado decía Adidas, se fue al agua se metió por un buen rato.

La mayoría de lo muchachos que había en esa playa eran los típicos argentinos ridículos que se ponen para ir a la playa unos pantalones gruesos, hasta la rodilla o más largos, llenos de bolsillos y todavía abajo calzoncillos de algodón. Querido amigo yo quisiera saber que placer encuentran en estar en una playa horas y horas empapados con esas telas que demoran tanto en secarse.¿? Dime si no es más cómodo ponerse una malla como usan los brasileros o un short de nylon o de alguna tela fina y cortos. Me fui del tema. David comentaba algo de los chicos que veía en la playa y yo seguía mirando al pelado que salía del agua. Se senté en su silla, pero antes se estiró el short, como despegándolo de un bulto chico se envolvió en una toalla y se sentó de frente a mi. Yo seguí mirándolo y él se dio cuenta o tal vez lo hizo así para mirarme. Se sacó la toalla, conversó un poco con sus acompañantes y medio al descuido posó una mano en su bulto.

Empezó a acariciarlo hasta que notó que se había crecido un poco.

David estaba en el agua y el otro ignoro que haría porque estaba atrás mío. El pelado me miraba, bajaba la vista a su bulto que seguía masajeando con sus dedos, hasta que me hizo un gesto con la mirada y la boca, indicando que lo siguiera. Yo me estaba comenzando a excitar de solo ver como se pasaba la mano tan disimuladamente por su bragueta. Me excitó aunque estaba molido porque la noche anterior (sábado a la noche, como no salimos con David, terminamos en su cama teniendo una doble sección de sexo y estaba bastante agotado, pero esa novedad me había despertado el sexo nuevamente) Se levantó y se dirigió a una zona arbolada, yo lo seguí con la mirada, en eso me sacó de mi concentración la voz de David que me preguntaba que miraba tan obsesionado. Le conté de esa extraña proposición en esa playa desconocida y me dijo que si tenía ganas que no la desaprovechara.

El pelado se metió entre unos árboles, pero antes miró hacia atrás como indicándome que era por allí. Se perdió entre esos árboles, me levanté y me dirigí a ese lugar. A los pocos pasos de entrar allí lo vi recostado en un árbol con una mano dentro de su pantalón, moviéndola allí dentro con mucha rapidez. Choqué con una rama, él miró al sentir el ruido y cuando me acerqué simplemente bajó la parte delantera del short y me la mostró como ofreciéndomela.

Sin palabras la miré, era una verga normal unos 18 o 19 cm, pero bastante gruesa y pareja no era como esas pijas que la cabeza es pequeña y se van agrandando hacia la base o como otras cabezonas y después se achican. No, esta era pareja, la cabeza tenía el mismo grosor que toda la otra parte, otra cosa que me llamó la atención fue que al agarrarla y abrirle el agujero para meter mi lengua, vi que tenía un borde parecido a unos labios, sí querido amigo parecía una boca, un borde más oscuro rodeaba ese agujero donde mi lengua se iba a introducir. A indicación suya me agaché y comencé a mamársela, a veces me guiaba empujando mi cabeza hacia atrás o adelante según le apeteciera en ese momento. -Al verte me imaginé que vos serías un experto chupapijas.-fue todo lo que me dijo. Yo seguí entretenido disfrutando de ese caramelo tratando de sacarle todo el jugo posible y deslicé una mano hacia abajo y comencé a jugar con mi verga que estaba muy tensa. Con la otra mano traté de abrirme camino entre sus nalgas, pero me la retiró y la puso sobre sus bolas por las cuales fue descendiendo mi lengua hasta la unión de estas con el ano.

Ahí me detuvo y me dijo: -Adelante haceme lo que quieras, pero atrás no. Recorrí con mi lengua el espacio entre sus dos huevos y seguí buscando otra vez la cabeza de esa arma maciza hasta que sentí que empezaba a latir. El seguía con el short y lo bajó hasta las rodillas, se tiró en la arena, intenté un 69 pero no quiso. -Vení sentate arriba, quiero enterrártela toda hasta que me salga la leche.

-¿Tenés un forro?- le pregunté. Como no tenía ni yo tampoco, seguí chupando hasta que sentí sus gemidos y saqué mi boca de allí. Parecía un volcán en erupción, con una mano sostenía su pija hacia arriba y con la otra me agarraba la mía.

Sus chorros de semen saltaron bastante alto y cayeron sobre sus barriga y él al tratar de secarse lo corrió hacia abajo y todos sus pendejos quedaron mojados. Seguía apretando mi pija hasta que finalmente se decidió a chupármela. Me puse arriba de él, con mis piernas aprisionando las suyas y me fui acercando a su boca con la pija en la mano. Al llegar a sus labios, los toqué con la cabeza, abrió la boca, me pasó las manos por las nalgas y trató de meterme sus dedos, como no entraban los apretó contra mi orifico y los dejó allí mientras se ocupa de darme una buena chupada. Sentí que me iba y se lo avisé, ni siquiera la sacó, me empujó más sus dedos y me hizo caer hacia adelante.

Quedé con las manos apoyadas en la arena más atrás de su cabeza, mi pija fue empujada hacia el fondo de su garganta, mis huevos apretados por una de sus manos y la otra apretando mi culo. Ahí no aguanté más y expulsé todo lo que pude de semen en las profundidades de su garganta. Descansamos un poco, se levantó el short y corrió hacia el agua para lavarse el pegote que tenía y reaparecer cerca de donde estaba la mujer y la niña. Nunca supe quiénes eran, ya que solamente intercambiamos sexo y unas pocas palabras. No era un tipo hablador? O tal vez no tenía nada que decirme solamente le interesó eso que hicimos entre los árboles y nada más?

Cuando volví donde estaba David, noté que el tipo que nos miraba tanto no estaba y supuse que estaría en el agua. David me preguntó como lo había pasado, le conté y le comenté lo extraño que era el tipo que ni me habló. El pelado salió del agua, hizo la misma ceremonia de secado y se fue, al rato apareció con una botella de refresco de naranja y le dieron a la chiquilina, mientras ellos tomaban mate. El tipo que nos miraba, no aparecía, pero bajo su sombrilla estaban dos mujeres un hombre y una niña. Al rato apareció, pero como yo no miraba no supe de donde vino, pero de algo estaba seguro del agua no salió, porque yo miraba en esa dirección y de allí no vino.

Mientras tanto al pelado no lo podía ver bien porque una silla me lo impedía, ignoro si la puso a propósito o quedó al descuido en esa posición, al rato dio vuelta la silla y quedó de espaldas a mí y siguió con su mate y galletas o empanadas o le que fuera que la muchacha sacó de una caja. David me dijo que se iba a bañar un poco antes de comer algo y se fue al agua, casi seguido por los acompañantes del mirón que decidieron irse a remojar un poco. El sol me daba mucho y me cambié de lugar, ¡quedé mirando al mirón! Al estar solo sacó una lapicera y anotó algo en un papel.

Se acercó a mí y sin decirme nada me lo dio y volvió a su lugar. Intrigado, lo abrí y en el papel había escrito: “Vi lo que hicieron entre los árboles. Espero tu llamado. Daniel” E incluía un número telefónico que me pareció que era de Paraná.

David al volver, sacó nuestra merienda y refrescos y nos pusimos a disfrutarla mientras le contaba lo que había hecho Daniel el mirón, que se fue al agua en cuanto llegaron sus amigos.

Nos fuimos a la parada, hicimos la fila y finalmente llegamos a casa, cansados, llenos de arena y con la piel un poco roja y ardiente. Querido amigo, no pude aguantar más y esa misma noche como a las 10 y media llamé a ese número. Me atendió una señora, le pregunté por Daniel, me preguntó quién lo llamaba, pensé él no sabe mi nombre, ¿como va a saber que soy yo? Le dije mi nombre, pero por las dudas no le di ningún detalle de el motivo de la llamada ni de como podía identificarme.

Finalmente atendió el dichoso Daniel, no se acordaba de ningún Omar, le dije si era él el que había estado en esa playa. Cuando comprobé que era él, le dije que era el que recibió su papelito. Me dijo que esperara, que se llevaba el fono para su cuarto y hablaríamos más tranquilos.

Así fue como me enteré de por qué miraba tanto. -Me gustaste desde que llegaste, y al ver que te ibas para atrás de los árboles siguiendo al pelado te seguí y me oculté atrás de un árbol, al ver lo que estaban haciendo me excité tanto que me tuve que hacer una paja pensando que era yo que estaba chupándotela a vos y no él pelado ese, cuando terminaron y se fueron me quedé oculto terminándome la paja y me dije que tal vez tendría suerte contigo. No sabía como entrar en conversación contigo y al verte solo se me ocurrió darte mi teléfono.

-Sí, a mi me molestó tu mirada tan fija en nosotros. -Esa chica es mi novia…., la acepto por mi familia que es muy estricta y me matarían si saben que me gustan los hombres. Me gusta que me la metan hasta las bolas y que me pajeen mientras me la meten y me la sacan…

Ahí lo interrumpí y le dije que yo no era Taxi boy. Al final siguió hablando y me dijo que quería estar un rato conmigo, de dónde era y donde podríamos encontrarnos. Le dije que vivía en Santa Fe, Capital y para sacármelo de encima le dije que lo volvería a llamar. Que te parece amigo, ¿lo llamaré? No me apetece mucho, era atractivo, pero otro más…

Basta por hoy, ya te conté lo último que me sucedió.

De David te lo debo, en otra oportunidad te hablaré de él.

Un abrazo.

Si quieren comentar algo a mi correo.

Autor: OMAR

omarkiwi@yahoo.com

Me gusta / No me gusta

Familia caliente y morbosa

Gimena mi cuñada, estaba recargada en el marco de la puerta a la sala dejándome ver su delicioso cuerpo, mientras mi hermano le introducía la verga y al mismo tiempo intentaba espiar lo que sucedía en la sala, comprendí que él veía todo de perfil, no podía ver entre las piernas de mamá, pero si tuvo una excelente perspectiva de mamá quitándose las bragas.

Me llamo Esteban, y soy el hijo menor de mi familia, la cual esta compuesta por mi madre Cristina mi hermano mayor Luciano, Mi hermana mayor María cristina y yo, ya que mi padre se fue de la casa cuando yo iba a cumplir 15. Mis padres se casaron siendo muy jóvenes, siguiendo la tradición del pueblo, él 16 y ella 15 de hecho mi hermano mayor nació cuando mi madre tenía 16. En la actualidad yo tengo 18 mi hermana 19 y meses mi hermano 21 y mi madre 36.

Mi hermana es novia de un pintor supuestamente algo reconocido que tiene unos 35 años y al cual ni conozco, y mi hermano que siempre ha sido de complexión atlética y rostro agraciado, ha hecho de todo, desde ser mesero en los bares de la Condesa, pasando por guardaespaldas, modelo, y actualmente extra de TV, trabaja para la empresa de TV más grande de México y no le va nada mal.

Mi madre es una mujer muy atractiva, no es una belleza, pero siempre llama la atención, tampoco tiene un cuerpo voluptuoso, es más bien de complexión normal, pero lo que si tiene de aplaudirse, son sus senos, grandes, pero absolutamente estoy convencido que llaman la atención de más de tres. Amén de su forma de vestir, bastante sexy sin caer en lo vulgar. Ella trabaja como recepcionista en una firma de publicidad el Insurgentes, al sur de la ciudad.

Un fin de semana, el viernes, salí después de mis hermanos, pero al llegar al lugar de mi fiesta, esta se había cancelado debido a un conato de incendio, resignado y algo desalentado, regresé a casa, como normalmente olvido las llaves, tengo que saltar una pequeña reja que divide el jardín de la casa, me dirigí a la cocina con ánimo de sacar unas cervezas del refrigerador e irme a mi cuarto, cuando escuché ruidos provenientes de la sala, me dirigí al vestíbulo.

Estaba por asomarme cuando una mano me detuvo justo en el umbral de la puerta entre el vestíbulo y la sala, era mi hermano mayor, estaba abrazado con su novia escondido en la sombra, al voltear sorprendido a verlo, me hizo una seña de que no hiciera ruido, me quedé muy callado y extrañado, intenté atisbar por el quicio de la puerta.

Mi hermano me pateó las nalgas y a señas me indicó que me echara para atrás y me colocara a gatas, estaba a gatas en el piso del vestíbulo a la expectativa, y fue entonces que escuché un finísimo roce de ropas y discretamente volteé a ver a mi hermano, su novia estaba frente a él, vestía una mini, pero la mano de mi hermano estaba metida entre sus piernas, los escuchaba suspirar y sus respiraciones agitadas, pero realmente me daba miedo voltear a verlos directamente. Ellos estaban atisbando hacia la sala por la cristalera de la puerta portal de acceso. Sin hacer ruido, me agaché en lugar en donde podía observar lo que sucedía en cualquiera de los dos espacios.

Dado que había medio visto a mi hermano meterle mano a su novia, primero me asomé al vestíbulo, ahí, afortunadamente la luz de las farolas de calle me permitían ver lo que sucedía.

La novia de mi hermano estaba literalmente con el rostro pegado a la cristalera, mientras mi hermano le levantaba la mini por detrás y le acariciaba el culo con deleite. No aguanté más y saqué mi verga del pantalón para empezar a hacerme una paja mientras los observaba.

De pronto, mi hermano giró y repentinamente su cuerpo tapó la deliciosa visión de las nalgas de su novia, por lo que recordé que ellos espiaban a alguien, me imaginé que sería a mi hermana y estaba listo para verla, pero cuando me recorrí un metro para ver lo que sucedía en la sala, quedé ¡perplejo!…

Mi madre estaba sentada en el sofá, se encontraba con la blusa parcialmente desabrochada y se le entreveían sus enormes senos. Tenía las piernas abiertas, la falda mucho más arriba de medio muslo, y dejaba ver sus bragas casi transparentes, con su mano derecha sostenía una mano de póquer, mientras con la otra, acariciaba el muslo de su pareja, o al menos eso pensé de momento. Enfrente de ellos, sentado en el piso se encontraba otro tipo, de unos 45 años, también con una mano de póquer.

Esto si me sorprendió, coraje no me dio ya que yo imaginaba a mamá teniendo relaciones con su pretendiente en turno, pero aquí, la situación era realmente excitante. En ese justo instante, mamá perdió la mano y acto seguido, mientras el amigo los observaba, comenzó a desabotonarse, hasta que su blusa quedó totalmente abierta. Tanto su pareja como el amigo le chiflaron y ella medio en broma, abrió su blusa totalmente para enseguida volver a cerrarla, pero sin abrochar ningún botón.

En la sala todo eran risas y gritos de ¡salud!, la otra mano, salud, etc.

Me retiré un metro y ahora pude ver a mi hermano pegado a la cristalera, mientras su novia hincada en el piso le chupaba la herramienta. Podía ver como empujaba y retiraba la boca del fierro de mi hermano, mientras él le manoseaba las tetas.

De verdad no sabía quien espiar, las dos escenas eran bastante cachondas, y por un lado, desde que la conocí, muchas veces fantaseé con cogerme a mi cuñada y verla encuerada y por otro, muchas veces había deseado poder espiar a mamá hacerlo con su novio. Tenía la verga totalmente parada y necesitaba descargarme, por lo que seguí con mi paja mientras regresaba a ver lo que ocurría en la sala.

La siguiente mano noté que la perdió el tipo en el piso, con calma se levantó y después de desabrocharse el cinturón, tranquilamente se bajó los pantalones. Traía unos bóxer bastante guangos y enseguida quedó en evidencia, estaba totalmente empalmado, y no hacía nada por disimular su mirada clavada entre las piernas de mi madre, que seguían abiertas.

La pareja de mi madre que estaba a su lado, al notar la mirada de su amigo, sencillamente tomó la falda de mamá y sin más, se la levantó casi hasta la tanga. Mi madre volteó a verlo y sin cortarse lo más mínimo, le prodigó un achuchón por sobre el pantalón al pito de su pareja. El que se acababa de quitar el pantalón juntó las cartas y comenzó a barajar…

Aprovechando la pausa, regresé a espiar el vestíbulo, y ohhhhhhhhhhhhhhhhh! Ahí estaba mi deliciosa cuñada con la falda recogida mientras mi hermano le metía mano. La pareja de mi madre sirvió tres vasos de tequila y después de decir salud, cada uno se lo terminó.

Mientras volvían a barajar, volví a recorrerme para espiar el vestíbulo…

Gimena mi cuñada, estaba recargada en el marco de la puerta a la sala dejándome ver su delicioso cuerpo, mientras mi hermano le introducía la verga y al mismo tiempo intentaba espiar lo que sucedía en la sala, comprendí que él veía todo de perfil, no podía ver entre las piernas de mamá, pero si tuvo una excelente perspectiva de mamá quitándose las bragas.

Definitivamente decidí solo espiar la sala, ahí había luz suficiente para poder observar todo lo que sucedía, además, de que si me las ingeniaba y lograba abrir sin hacer ruido una pequeña ventila, ¡También podría escuchar! La operación me llevó unos tres o cuatro minutos, pero con ayuda de una palita de jardín, logré correr la ventila.

Ya totalmente decidido, busqué el mejor lugar de observación, justo acostado encima de una banquita del jardín que se encuentra a la altura de la ventila, retiré sin hacer ruido la funda protectora y después de acostarme lo más cómodo posible, volví a cubrirme con ella, quedé tan bien situado y oculto que aunque alguien prendiera la luz del jardín sería difícil poder verme.

La siguiente mano la perdió la pareja de mamá, se levantó del sofá y quedando de frente a mi madre, se volteó a preguntarle al otro tipo ¿quieres que le enseñe la verga a tu vieja? Me quedé perplejo, suponía que el novio de mamá era a quien ella le había acariciado la verga anteriormente, pero por lo visto, ahí sucedía algo la mar de morboso.

El que estaba sentado en el piso (Javier) le contestó que se quitara el pantalón y le enseñara su tranca a la putilla.

Cuando el sujeto (Adrián) se bajó los pantalones, apareció una verga de tamaño más bien grande, ya que el tipo no traía ropa interior, se acercó un paso a mi madre y de esta manera la cabeza de su verga quedó a escasos centímetros de la cara de mi madre.

Mi madre abrió los ojos con sorpresa y al mismo tiempo sus piernas, ahora, desde donde yo estaba, podía ver una escena de peli porno, protagonizada por mi madre y dos cabrones.

A través de la ventila escuché como Javier le preguntaba a mamá si le gustaba lo que veía, mamá respondió con un si inaudible, por lo que Javier insistió y ella ya más tranquila contestó coquetamente… ¡me encanta lo que veo!

El que estaba en el piso solamente gruñó algo para enseguida preguntarle ¿te gustaría ver más? Al responder ella afirmativamente Javier le ordenó que les enseñara las tetas, a lo cual ella no opuso ningún reparo y sin el menor pudor, se quitó la blusa.

Estaba en la gloria, siempre había deseado ver las tetas de mi madre y ahí estaban, grandes, desafiantes a la gravedad y totalmente ¡expuestas! Se notaba su excitación en la rigidez de sus pezones.

Luego, Javier, sin levantarse del piso le dijo a mi madre que le hiciera una rusa a su amigo, mi madre volteó a verlo a los ojos, pero no noté ningún reproche en la mirada, más bien mi madre tenía los ojos vidriosos y su excitación la superaba, hizo que Adrián se acostara en el sofá y luego hincándose en el piso, se recostó sobre de el de tal forma que sus deliciosos pechos acunaron tremenda verga para deleitarse con una fabulosa rusa…

En esos momentos no sabía para donde espiar o si me hacía una buena paja…

Era realmente un dilema.

Autor: Esteban

Me gusta / No me gusta