Me atreví

Al sentir todo ese calor dentro de mi cuerpo, exploté. Su boca besó todo mi cuerpo, y de momento comencé a sentir que separaba mis piernas y su lengua entraba en contacto con mi clítoris. Fue tal la impresión que por un buen rato, ni tan siquiera recuerdo haber movido un sólo músculo, disfrutando de lo que me estaba haciendo con su boca.

Hola, mi nombre es Lisa, y desde hace algunos meses tengo algunas amistades con derecho. Para los que no estén familiarizados con el término, amigo con derecho significa, por lo menos en el ambiente donde me desenvuelvo, que ese chico o chica tienen todo el derecho del mundo de mantener relaciones sexuales con su amigo o amiga, pero como dice mi padrino que es abogado, siempre y cuando sea por consentimiento mutuo, pero sin ningún compromiso de parte de ninguno de los dos.

Hace unos cuantos meses, cuando me enteré de eso, pensé que los chicos eran unos aprovechados, y las chicas unas retardadas o que estaban tan desesperadas que se prestaban para eso. Pero al asistir a una fiesta privada, con algunas de mis amigas, me encontré que una de ellas, después de un rato se escapó al patio, con un chico con el que mantuvo relaciones sexuales.

Pensé al principio que eran novios, pero al día siguiente, al tocar el tema con ella, me confesó que su verdadero novio se encontraba de viaje, y que antes de ir a la fiesta habló con ella por teléfono, pero que la dejó tan excitada, por las cosas que él le dijo, que pensaba hacerle cuando él regresara en un par de días, que al llegar a la fiesta y encontrarse a ese amigo suyo, lo invitó a que la ayudara a que se le quitase la calentura, a lo que el amigo de ella, encantado de la vida le dijo que sí.

Cuando yo los vi caminando hacia el patio trasero, agarrándose y besándose mutuamente, como les dije pensé que eran novios, y me dio curiosidad por saber que pensaban hacer, por lo que los seguí discretamente hasta el patio trasero de la casa donde se ocultaron tras unos paneles de madera al tiempo que seguían besándose y acariciándose mutuamente, también se fueron despojando de toda su ropa.

Hasta que ya del todo los dos desnudos, vi como mi amiga abría sus piernas y el tipo que yo pensaba era su novio, le enterraba sabrosamente su miembro dentro del coño. Mi amiga comenzó a mover sus caderas al tiempo que él metía y sacaba una y otra vez su miembro del cuerpo de ella. Bueno como me quedé algo excitada y muerta de envidia de la suerte de mi amiga, que pensaba yo que tenía a su novio para compartir ese momento, me marché, dejándolos en paz.

Pero cuando mi amiga me contó todo, me quedé sorprendida, tanto que ella se dio cuenta y me dijo. En lugar de ponerte a juzgarme, la próxima vez que estés con ganas de que tu novio te lo meta y él no se encuentre, llama a algún amigo tuyo para que te resuelva, si te atreves. Esa era la clave atreverme, la idea me estuvo dando vueltas en la cabeza, hasta que mientras leía una novela, me adentré tanto y tanto en la trama, que leyendo un capítulo, donde los personajes centrales mantenían un tórrido romance.

Quedé tan excitada, que las palabras de mi amiga me daban vuelta en la cabeza, y por casualidad un compañero de clases, pasó a buscar un informe por mi casa, en ese momento estaba sola, y al verlo parado en la puerta, lo invité a entrar, así que mientras me dirigía a mi habitación, seguida por él, como de costumbre para sacar el informe de mi computadora y pasarlo a su memoria USB, me atreví a preguntarle si sabía que era eso de amigos con derecho.

Por unos segundos él se quedó callado, hasta que me dijo. Bueno son ese tipo de amigas, que cuando uno como hombre, tiene muchas ganas de tener sexo, ellas se acuestan con uno sin compromiso alguno, que no sea el de pasar un buen rato. Y de inmediato le pregunté y si es la chica la que tiene las ganas, él sonriendo me respondió, es lo mismo, la idea es que los dos pasen un buen rato, pero sin compromiso. Es decir él tiene su novia y esta no se entera y ella puede tener su novio, y ese tampoco se entera.

Al terminar de decirme esas palabras, se me acercó y de manera suave mientras llevaba su mano a mi rostro, me preguntó, ¿necesitas un amigo con derecho?  A lo que bajando mi rostro algo avergonzada, le respondí que sí. Él me volvió a preguntar, si realmente deseaba tener un amigo con derecho y nuevamente le respondí que si, entonces me dijo, bueno si eso es cierto cambia esa cara, alégrate, ya que los dos pasaremos un buen rato…

Sin decir más colocó su boca contra la mía y me comenzó a besar de manera salvaje.

Yo aún me sentía algo tímida, pero al sentir todo ese calor dentro de mi cuerpo, exploté. Toda esa calentura que sentía dentro de mí, la dejé salir de golpe. Y como una desesperada me quité toda mi ropa mientras que sentía sus calientes labios contra los míos.

Sin pensarlo dos veces, me separé de su boca, le tomé de la mano y prácticamente lo jalé hasta mi cama. Su boca besó todo mi cuerpo, y de momento comencé a sentir que separaba mis piernas y su lengua entraba en contacto con todo mi clítoris. Fue tal la impresión que por un buen rato, ni tan siquiera recuerdo haber movido un solo músculo, disfrutando de lo que me estaba haciendo con su boca.

De esa manera alcancé un orgasmo muy especial, tras el cual separó su cara de mi vulva, y vi como dirigía su erecta verga directamente a mi coño. A medida que me fue penetrando, el placer que sentí fue único, y así como con él, he sentido ese indescriptible placer con otros amigos con derecho, que de la misma manera que ellos me han buscado a mí, yo los he buscado a ellos para pasar un buen rato.

Autor: Narrador

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Confesión y penitencia

De pronto, la mano se apartó, y mi coño empezó a temblar, vacío y palpitante. Una polla dura y enorme ocupó el lugar de la mano, embistiendo con fuerza una y otra vez, hasta que llenó mi coño completamente. Mientras las manos tironeaban de mis maltratadas tetas, alternando con pellizcos y azotes en mis enrojecidas cachas.

No necesito una excusa para contarte mis andanzas en el pueblo. Con esta manía de las fotos, pensé en hacer algunas desde lo alto de la torre de la iglesia. Mis hijas me dijeron que no habría problema, pero de todas formas, pensé que tenía que pedir permiso al cura, así que entré en la iglesia, estaba vacía, pero él estaba en una garita de esas de confesarse. Hace tanto que no las uso. Me acerqué, y antes de que me diera tiempo a decir nada, me preguntó de qué me acusaba.

¡Vaya con el cura! Que cotillo. Me quedé cortada un momento, pero luego pensé en las ganas que tenía de contarle a alguien nuestra historia. Y recordé que los curas, si se lo cuentas allí no se lo pueden decir a nadie. Así que me arrodillé y le solté de golpe: ¡De lujuria, padre!  Eso pareció interesarle. Creo que hasta pegó un salto. No podía verle la cara, estaba muy oscuro. Se puso más tieso y acercó la oreja.  ¿De lujuria, hija?  Me preguntó.

Yo empecé a contarle mis andanzas. Diciéndole cuanto me gusta follar contigo por los rincones. Y como voy a trabajar sin bragas esperando que me toques el coño y me metas los dedos dentro, como una perra en celo. Que le he puesto los cuernos a mi marido en mi propia cama, como chillo y me retuerzo cuando me comes el coño. Que me la has metido por el culo, y también he disfrutado como loca. Él parecía escandalizarse, pero yo creo que se estaba poniendo cachondo.  ¿También has disfrutado con eso? ¡Claro!

Disfruté cuando mi culo se abrió para él. Fue como si me desvirgara. Como si nos desvirgáramos mutuamente. Porque para él también fue la primera vez. Disfruté oyéndole decir una y otra vez que le avisara si me hacía daño. Y sintiendo sus manos por mi cuerpo agarrándome con cuidado. Y cuando se corrió dentro de mi culo después de pedirme permiso… De repente me interrumpió, silenciosamente, abrió la rejilla y, sacando la mano, empezó a sobarme las tetas. Empecé a jadear, conteniéndome. Intentando mantener la compostura. Pero la verdad, es que yo también estaba cachonda de recordar todo lo que habíamos hecho.

Él continuaba tocando y manoseando por encima de mi camiseta. Empezó a tirar de ella hacia arriba, hasta que consiguió meter la mano dentro, haciendo que se contrajeran mis pezones. Me preguntaba detalles. Y yo se los daba cada vez más satisfecha. Y más orgullosa. Cada vez que callaba, él me pellizcaba un pezón y yo gemía. Entonces, volvía a pellizcármelo con más fuerza para que continuara. Continuaba hablando, como si no estuviera manoseándome. Hablaba de los pecados y de la penitencia. Me amenazaba con el infierno, como si hubiera peor infierno que no estar contigo. Así que seguí contándole como te follo de pie, sentado y tirados por el suelo encima de un cartón como indigentes. Y como disfruto cuando te corres para mí. O dentro de mí. O cuando te la meneas delante de mi cara.

Pero… ¿hay algo que no hayas hecho? ¡Sí!. Le dije.  No le he follado por el culo. Tengo ganas de meterle algo por allí. Y ver como su polla crece y crece, antes de meneársela y comérmela hasta que reviente. El tío pesado seguía diciendo: ¡Serás castigada te castigará!  ¡Me sonríe cada vez que él me toca!  Le contesté, y eso parece que le puso de mala leche. Así que cuando llegó el momento de la penitencia me dijo que no iba a ser algo habitual, que yo merecía otra cosa y me dijo que volviera a la iglesia y que me arrodillara delante del altar, pero desnuda.

Me desnudé como me lo había indicado. Y estuve así, desnuda, sintiendo cómo aumentaba mi humedad y resbalaba por mis muslos, a pesar del frío que hacía. Pensando en ti. Preguntándome si te gustaría verme allí, arrodillada en pelotas en una iglesia, temblando de frío, con las tetas de punta. Durante una eternidad no sé porqué, me acordé de la última vez que estuvimos en uno de nuestros escondites. De que también hacía mucho frío. Y de que te enfadaste. De que quería pedirte que me besaras y no me salían las palabras. Y de cómo a pesar de los problemas luego seguimos igual o mejor. De pronto, cuando empezaban a dolerme las rodillas, alguien se acercó y empezó a sobar mi culo.

Empecé a temblar. Unas manos elevaron mis caderas, obligándome a apoyarme sobre los pies, mientras permanecía inclinada, de forma que mi coño estaba abierto y accesible. Imagino que brillaría sonrosado bajo las cachas, entre mis piernas abiertas. Empecé a recibir azotes que estallaban en una extraña mezcla de dolor y placer. Que poco original. Yo esperaba algo mejor de un cura. Pero me gustaba recordar cuanto te gusta que me peguen y las ganas que tengo que lo hagas tú. Así que empecé a mover el culo, gimiendo bajo los azotes. Como tantas veces he soñado hacerlo para ti.

Bien, había sido azotada y estaba excitada, con el culo rojo, igual que las tetas. Unas manos acariciaron mis nalgas enrojecidas provocándome un gemido. Después sentí como me manoseaban el coño, tirando de mis labios mojados y retorciéndoselos, yendo adelante y atrás. Abriendo mi raja y volviéndola a dejar. Yo perdía el control de mi cuerpo y balanceaba las caderas, sin querer, buscando el contacto, igual que cuando me tocas tú. Unos dedos hurgaron dentro de mi coño, donde se movieron con fuerza. Sentí un vacío y la necesidad de juntar las piernas, apretar esa mano y liberar mis ansias de correrme, pero la mano que me controlaba se endureció, sin permitírmelo.

Ahora otra mano tocaba mis tetas con fuerza, casi me dolía, pero estaba demasiado cachonda para ello. De pronto, la mano se apartó, y mi coño empezó a temblar, vacío y palpitante. Una polla dura y enorme ocupó el lugar de la mano, embistiendo con fuerza una y otra vez, hasta que llenó mi coño completamente. Mientras las manos tironeaban de mis maltratadas tetas, alternando con pellizcos y azotes en mis enrojecidas cachas.  ¿Así te folla él, zorra? Me preguntaba con voz muy ronca, mientras empujaba más y más, aplastando sus huevos contra mi coño.  ¡No! Él me follaría mejor. Sobre todo si estuviera aquí y nos viera. Le respondí mientras seguía moviendo el culo.

Mi respiración era una serie de gemidos, acompasados a los empujones una y otra vez; cada vez más profundos; cada vez más firmes; cada vez más largos y más rápidos. Junté las piernas, apretándolas, deseando correrme, sintiendo con más fuerza la carne en mi interior. Me paralicé un instante, justo antes de reventar sobre la polla que tenía dentro. Mi coño palpitó y mis caderas se balancearon tirando de ella arriba y abajo. Él sintió la explosión en su verga estrujada por mi coño que temblaba en un violento orgasmo. Lo sintió y se dejó llevar, explotando en mi interior, vaciándose completamente.  Ahora, vete y no peques más me dijo y no vuelvas la cabeza o te pesará.

Me incorporé y sin volverme, empecé a vestirme. Aunque la corrida resbalaba por mis piernas. Con las prisas, allí se quedaron mis bragas, aún húmedas. Pues parece que ir al pueblo puede ser hasta divertido. ¿Te gustaría?

Autor: Pecadora

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La primera vez

Mis piernas se aferraban a sus caderas y no quería que se apartara, lo quería más adentro de lo que ya estaba, su pene lo sentía mojado y resbaladizo y yo perdía el sentido de todo, lo único que se escuchaba eran nuestros gemidos y el grito casi de desesperación cuando por fin él hizo que acabara, fue el primer orgasmo que tenía con su pene dentro de mí, fue increíble, me sentía completa.

Hola, en primer lugar quiero contarles que es la primera vez que escribo historias para publicarlas a través de Internet, pero desde hace un tiempo que me he convertido en una fiel lectora de las experiencias e historias que se publican en esta página, y por ello me animé a relatar mi corta, pero muy placentera experiencia en este ámbito.

Tengo 23 años, y soy chilena, físicamente soy alta, delgada, senos no muy grandes, caderas y trasero redondos, piel blanca, ojos cafés, mi color de pelo lo voy cambiando constantemente, ahora lo tengo rojizo, rostro agradable, en resumen soy bastante atractiva, siempre llamando la atención del sexo masculino. A los 21 años recién perdí mi virginidad, y nada menos que con mi jefe, ahora ex jefe ya que desde hace un tiempo ya no trabajo para él, pero igual seguimos en contacto. Es importante destacar, que él soltero y 20 años mayor que yo, pero es un hombre bien conservado y muy atractivo, por lo menos a mí me fascina y me vuelve loca. Fue él quien con un simple beso despertó mi sexualidad aún dormida, y desde ese momento, ya hace dos años, no he podido separarme de él.

Habían pasado aproximadamente cuatro meses desde que me había dado mi primer beso… cuatro sexuales meses desde que habíamos comenzado a practicar los más placenteros juegos eróticos, desde el roce de sus labios calientes con los míos, hasta la succión hambrienta de mis labios calientes sobre su dureza… mmmmm. Durante esos cuatro meses nunca hubo penetración, y no porque él no quisiera, sino porque yo nunca había tenido relaciones sexuales y mi sentido común me decía que no debía ceder ante tal tentación, que debía esperar a la persona adecuada, pero él no me ayudaba mucho, con solo tocarme yo me excitaba, me excitaba mucho, y él para calmar ese hambre sexual que despertaba en mí, metía los dedos de su caliente mano en mi palpitante humedad, y las movía, las movía de una manera que yo gemía de placer, gritaba, movía mis caderas de una manera incontrolable, mientras que su boca devoraba mis pechos blancos e hinchados de excitación, los cuales se endurecían a su contacto.

Mmm los mordía, los saboreaba, los mordisqueaba, mmmmm, sus manos las sentía por todas partes, en cada rincón de mi cuerpo, pero en especial en mi vagina, y siempre hacían que yo acabara una y otra vez… ahora con sólo recordar, mi feminidad se vuelve a mojar, vuelve a revivir esos momentos… y sólo lo quiero tener cerca para que me haga suya.

Pero después de cuatro meses con esas sensaciones, mi cuerpo estaba caliente, estaba listo, estaba deseoso, estaba muy, pero muy hambriento y él lo sabía…

Aún recuerdo aquel día, su erección era inmensa, listo para el ataque, y yo cada vez más ansiosa de ser atacada. Luego, desnuda hace que me siente en el borde de la cama, y él de pie frente a mí introduce su excitado pene en mi boca, y yo comienzo a chuparlo, a succionarlo, a saborearlo, a sacarlo y a meterlo en mi boca… mmm ¡qué delicia! mientras él gemía, jadeaba y movía sus caderas al ritmo que yo bebía el líquido de su masculinidad, yo igual jadeaba, estaba demasiado excitada, me quejaba de placer y comencé a tocarme también en mi humedad para sentir el mismo placer que yo le provocaba a él…

Luego ambos caímos desnudos sobre la cama, nuestros cuerpos estaban calientes y sudorosos, él no dejaba de tocar ni de besar ningún rincón de mi cuerpo y yo no dejaba de acariciar el suyo, estábamos listos, no había marcha atrás y yo no quería que la hubiera. Lentamente abre mis piernas y se posiciona entre ellas, y su pene duro, jugoso y muy excitado se adentra en mí, al principio no pudo, porque la barrera de la virginidad se lo impedía, pero él la derribó y al fin, con un poco de dolor en mí, él me penetró… y las sensaciones más placenteras me embargaron, estaba sumamente excitada, ambos nos movíamos con hambre, con deseo, su pene salía y entraba en mi vagina a un ritmo que me dejaba completamente loca de placer, yo no quería dejar de sentir esas sensaciones, pero esas sensaciones se hicieron más fuertes mientras llegaba el momento… el momento se acercó, y se acercó y se acercó…mmmmm el momento en que mis caderas se movían incontrolablemente y mis gemidos se transformaban en gritos, ya no podía más… estaba lista.

Mis piernas se aferraban a sus caderas y no quería que se apartara, lo quería adentro, más adentro de lo que ya estaba, su pene lo sentía mojado y resbaladizo y yo perdía el sentido de todo, lo único que se escuchaba eran nuestros gemidos y el grito casi de desesperación cuando por fin él hizo que acabara, fue el primer orgasmo que tenía con su pene dentro de mí, fue increíble, me sentía completa, pero a la vez hecha pedacitos mmmmm, pero no terminó ahí, luego él se levantó y fue a buscar el gorrito como le llama, y me penetró nuevamente, me volví a excitar, él tiene algo que hace que me excite con facilidad…

Comenzó a moverse, ambos gemíamos, pero esta vez le tocaba a él, lo único que yo quería era sentirlo acabar, y no pasó mucho tiempo cuando su respiración empezó a acelerarse y sus movimientos de caderas se hicieron más fuertes y rápidos, su pene estaba dentro de mí, duro, caliente, y muy, pero muy jugoso, de su boca salían gemidos, los cuales me excitaban mucho, hasta que el grito que se escuchó en la habitación no fue el mío, si no el de él, por fin había acabado, y ambos caímos exhaustos sobre las sábanas…

Aquella noche, hizo que acabara tres veces, y fue la primera noche de placer de muchas que siguieron después. Ese hombre me convirtió en la mujer ardiente que soy ahora, y ha sido el primero y el único, y hasta el día de hoy no me arrepiento de haberme entregado a él…

Agradezco cualquier comentario sobre mi relato.

Autora: Diablita Indomable

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Paula I

Allí estábamos las dos, moviendo nuestras lenguas frenéticamente para hacernos gozar. El coño de Paula estaba empapado de flujo y de saliva, al igual que el mío. Las lamidas cada vez se hicieron más intensas, de vez en cuando levantábamos las cabezas y apartábamos las bocas para jadear.

Hola a todos, me llamo Ana, tengo 24 años y soy madrileña. Trabajo como delegada de ventas en una compañía aseguradora. En junio tuve que irme a Málaga para reunirme con la delegada de ventas de esa ciudad.

Llegué a la estación de Málaga sobre las 20h de la tarde. Allí estaba Paula (delegada de Málaga). Era una chica muy atractiva. Tenía 29 años, pelo moreno rizado, largo, ojos azules rajados, un cuerpo muy moldeado, medía aproximadamente 1.75, era un poco más alta que yo nada más, y tenía unos labios que de ser ciertos los rumores que había de que era lesbiana, los imaginé por un momento posados en mi coño y me hizo comenzar a mojar mi tanga. Yo había hecho algún pinito que otro como lesbiana, y la verdad es que había gozado mucho con las mujeres que había estado.

De la estación nos desplazamos a la oficina. Saludé al resto de compañeros que había allí y nos adentramos en el despacho de Paula. Ella no apartaba su mirada de mí. Yo llevaba un vestido de color blanco que me llegaba a la altura de las rodillas, tenía una abertura lateral, un escote en forma de v (el cual había subido mis tetas considerablemente), atado al cuello, y con media espalda al aire. Llevaba unos zapatos de tacón blancos que realzaban aún más mis piernas.

Comenzamos a intercambiar opiniones sobre la reunión que teníamos que preparar. Pasaron dos horas, durante las cuales, las miradas, mordisqueo de labios y suspiros no pararon de darse en la persona de Paula. La muy zorra se estaba poniendo caliente mirándome, imaginando lo que podría hacer con mis tetas, con mis labios, con mis manos, con mi coño. Un coño que a cada segundo que pasaba deseaba más ser lamido por esos labios carnosos que tenía Paula. La tía me estaba excitando y no poco.

Paula iba vestida con un pantalón blanco muy apretado, el cual le hacía marcar el hachazo que tenía entre las piernas. Por cómo se notaba deduje que tenía que tener un buen coño, unos buenos labios. Arriba vestía una blusa blanca, semitransparente, que dejaba entrever un sujetador de media copa que hacía que la mitad de sus pechos sobresalieran. Estaba buenísima la tía, la verdad. Hacia las 22h de la noche nos quedamos las dos solas en la oficina. Estábamos sentadas en una mesa redonda, discutiendo sobre la reunión. Me dijo que le apetecía descansar un rato y relajarse. Para ello, subió sus piernas a la mesa y las abrió.

“Ana, ponte cómoda si quieres”. Me miró con cara de deseo, de lujuria. No paraba de mordisquear un boli que tenía metido en su boca. Una boca que yo ahora estaba imaginando posada sobre mi coño. Me levanté de mi silla, me fui hacia donde estaba ella, le retiré sus piernas de la mesa y me senté yo en ella. Me subí mi vestido hasta la cintura, quedando vestida de cintura para abajo con un tanga de color visón transparente. Le abrí mis piernas.

“Paula, hace tiempo que no estoy con una mujer, pero tú estás demasiado buena y demasiado caliente y creo que me encantará revivir buenos momentos con una mujer”.

Paula se puso en pie y se acercó a mí. Se despojó de su blusa y de su sujetador de media copa, quedando sus maravillosas tetas al aire. Llevó sus manos hasta mi cuello y desabrochó mi vestido. Lo dejó caer y todo mi vestido se concentró en mi cintura. Comenzó a rodear mis pezones que estaban erectos con sus dedos. Yo cogí una de sus manos y me la llevé hasta mi boca. Tomé uno de sus dedos y lo lamí de arriba abajo impregnándolo con mi saliva, para luego bajarlo de nuevo hasta mis pechos y que los rodeara con ese dedo mojado.

Paula se acercó a mí, apretó sus pechos contra los míos, sus pezones erizados con los míos. Sacó su lengua y la deslizó por mis labios… Mmm… Increíble el tacto de su lengua, húmeda y caliente a la vez. Mi coño cada vez palpitaba con más fuerza, notaba como mi vagina se contraía. La muy cerda me estaba poniendo muy mojada. Mientras ella mordía mis labios yo tocaba con mis manos su culo, un culo prieto y firme. Dejó de besar mis labios para recorrer mi cuello, un beso tras otro, notaba su excitación, y ella notaba la mía, mi respiración, mi coño… todo mi cuerpo se estaba estremeciendo. Mis manos seguían en su culo, tocándolo, acariciándolo, decidí meter mis dedos por la raja de su culo, la zorra de Paula emitió un leve gemido, mis dedos se desplazaron ahora hasta su coño.

Como estaba ese coño. Mojado, muy mojado. Deseaba mojar mi boca con esos flujos que había desprendido su coño por la excitación. Ella llegó hasta mi oído y me dijo: “Ana, quiero comerte el conejo, quiero hacerte correr, quiero ver como gritas, como te retuerces…” Me tumbó en la mesa con mis piernas abiertas. Comenzó a morder mis pezones, a pellizcarlos, a decirme que me iba a hacer gozar como nunca un hombre lo hizo. Se apartó, tomó la silla y se sentó en ella. Mi coño estaba a la altura de su cara, listo para ser mamado. Comenzó a besar mis muslos, a morderlos, yo no podía más, necesitaba ver su boca morreando mi coño.

“Paula no seas cabrona y mama de una puta vez. No puedo aguantar más. Quiero correrme en tu boca”. “Y lo harás zorrita. Te correrás en mi boca y luego yo me correré en la tuya. Luego intercambiaremos nuestras corridas, para ver cuál de las dos es más zorra, cuál de las dos sabe más a puta”.

Comencé a respirar como si faltara el aire, estaba excitada, tocaba mis pechos con brusquedad, así que sin más, la tomé de ese pelo rizado y posé su cabeza contra mi hermoso coño. Ella se apartó y me pidió que me tranquilizara. Abrió mi coño de par en par con sus manos y deslizó su lengua por cada pliegue de mi coño… mmmmm… como me puso aquello, jadeaba más y más… allí estaba Paula, lamiendo mi coño, bebiéndose mi néctar, mientras yo disfrutaba como una perra. Su lengua se adentró en mi vagina y empezó a recorrerla con ella. Paula era una experta comiendo conejos, de eso no cabía duda. Arqueaba su lengua dentro de mi coño, la sacaba y me daba unos lametazos increíblemente buenos, escupía sobre mi coño y seguía mamando.

Se apartó de nuevo y metió uno de sus dedos dentro de mí. Metía y sacaba. Le pedí que me diera de mamar con ese dedo. Lo hizo. Mi flujo estaba exquisito, sabía a lujuria, a la lujuria que una mujer estaba provocando en mí. Paula se puso en pie y yo me senté de nuevo en la mesa. Tomé sus tetas como una posesa y comencé a mamarlas, a succionarlas, a pellizcar sus pezones con mis dientes, mientras a la misma vez, bajé una de mis manos hasta su coño y le metí de una sola vez uno de mis dedos. Menudo gemido emitió. Estaba muy excitada. Ella también deseaba que yo me comiera su conejo, y yo lo deseaba también.

“Ana vamos a ponernos en el suelo y vamos a comernos los coños mutuamente. Gozaremos mucho”.

Paula se tumbó en el suelo y yo me coloqué encima de ella. Mi coño se quedó a la altura de su boca y yo comencé a bajar mi cabeza para ir hasta su coño. Lo abrí con mis manos y comencé a frotar con mi lengua el garbancito de Paula. Ella también lo hacía. Allí estábamos las dos, moviendo nuestras lenguas frenéticamente para hacernos gozar. El coño de Paula estaba empapado de flujo y de saliva, al igual que el mío. Las lamidas cada vez se hicieron más intensas, de vez en cuando levantábamos las cabezas y apartábamos las bocas para jadear. Paula me pegaba cachetadas en mi culo y me decía que no separara mi cabeza de su coño, ni siquiera para gemir.

Comencé a mover mi lengua en círculos más y más de prisa, ella también lo hacía, estaba más y más excitada, yo notaba como me bajaba algo, como bajaba una corrida que me iba hacer derretirme de placer. Notaba como ella estaba a punto, succionaba mi coño con más fuerza, hasta que ambas nos corrimos como nunca antes. Un manantial de flujo invadió mi boca… mmmmmm… qué bien sabía el flujo de Paula, estaba delicioso. Le di los últimos lametones mientras su orgasmo daba los últimos espasmos. Quería lamer hasta la última gota de su corrida. Una vez que hube relamido su coño me levanté y ambas comenzamos a besarnos, a intercambiar esas corridas maravillosas.

Le dije: “Paula, tu flujo sabe más a perra que el mío. Esto no me lo puedo permitir. Vamos a tu casa. Te tengo que ganar la partida”.

Autora: Ana

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Tamara y su amante desconocido

Me fue excitando y dilatando con sus dedos, primero introdujo uno, me dolió mucho, cuando notó que se movía mejor metió otro más, ya el dolor no fue tan intenso, sacó ambos dedos hasta que sentí algo grande que intentaba meterse dentro mío. Empujó dos veces y a la segunda vez lo logró. Sentía como se movía en mi culito esa inmensa masa de carne que me producía tanto placer.

Siempre leo los relatos y quise compartir este con ustedes que totalmente real.

Mi nombre es Tamara, tengo 18 años, vivo en Buenos Aires y esto me sucedió arriba del tren en el que voy todos los días a la Universidad.

Hace un tiempo le agarré el gusto a que los hombres me toquen o se apoyen en mi, ya que siempre el tren viene muy lleno. Esta vez alguien estaba en la misma tarea.

Primero me tocó suavemente con la mano sobre mi pantalón de gimnasia. Como no le dije nada siguió con toda la mano sobre mi cola. Yo lo dejaba hacer, me gustaba lo que sentía. Después de unos minutos se ubicó detrás de mí y me apoyó su bulto totalmente duro sobre mi cola, y se acomodó para que yo lo sienta bien en el medio. Así viajamos cuatro estaciones, unos 20 minutos.

Aun yo no conocía su cara, pero estaba muy excitada. En ese momento me dijo al oído, que se bajaba, y me preguntó si yo me bajaba con él. No sé por qué, pero allí fui, me bajé del tren con ese hombre, un perfecto desconocido. Ahí me di cuenta que era bastante mayor que yo, tendría unos 38 años.

Fuimos a su oficina. Allí me desnudó, me pidió que chupara su verga, que estaba hermosa, muy gorda, y colorada. Yo lo hice, disfrutando cada momento de esa extraña sensación. Saboreé sus huevos uno a uno, chupaba su cabeza, que me regalaba sus jugos deliciosos, le acariciaba los testículos mientras le chupaba esa verga enorme.

Antes de terminar, me acostó sobre el sillón de espaldas a él y se subió encima de mí. Me abrió lentamente de piernas, se agachó y me besó la vagina, metió su lengua dentro de ella, creí morir del placer, me chupaba el clítoris y comencé a correrme, se bebió mis jugos.

Eso me puso más caliente, me acomodó y lentamente me enterró su miembro, al que le había dado una buena ración de su saliva, fue muy lindo, sentirme penetrada por esa verga inmensamente gorda, y de un tipo más grande, era una idea que me corría por la mente desde hacía semanas.

Después de un rato me dijo que le gustaba mi cola, de pendeja, durita, que la haría suya. Nunca me lo habían hecho. Pero él fue un buen maestro.

Me fue excitando y dilatando con sus dedos, primero introdujo uno, me dolió mucho, lo hacía lento, cuando notó que se movía mejor metió otro más, ya el dolor no fue tan intenso, sacó ambos dedos hasta que finalmente sentí algo grande que intentaba meterse dentro mío. Empujó fuertemente dos veces y a la segunda vez lo logró.

Sentía como se movía en mi culito esa inmensa masa de carne que me producía tanto placer, metí mi mano en mi conchita y comencé a masturbarme, me revolvía de calentura y me corrí dos veces, él se percató y me la metió más profundo.

Fue alucinante, me sentía muy llena de verga, una sensación distinta, dolorosa, pero hermosa a la vez. Estuvimos cogiendo así alrededor de 10 minutos. Yo ya no resistía más, hasta que sentí la explosión de su enorme verga dentro mío, toda su leche caliente inundando mi cuerpo.

Cuando la sacó, mi cola rebalsaba de lo que él me había dejado. Chorreaba por mis piernas hasta el piso.

Tomé su verga que tanto placer me había regalado y se la chupé con ganas, como queriendo expresar mi gratitud por tan fascinante momento que pasé todo este tiempo.

Me dejó el culito muy abierto, tuve esa sensación durante tres días después de eso, ni sentarme casi no podía. ¡Pero contenta! Y muy satisfecha con muchísimas ganas de que se repita.

Autora: Tamara

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Carretera del deseo

Empezó a chupar mis bolas,  luego se la metió toda en la boca, cuando estaba dura se subió sobre mí y empezó a moverse,   saltaba de un lado al otro, apreciaba como sus jugos bajaban sobre mis piernas,  estaba muy excitada, mientras mis manos jugaban con su  orificio de atrás ella gemía y pedía más, sus pechos estaban duros, sus ojos nublados del deseo.

Hola mi nombre es  Michael, tengo 33 años  moreno, una persona normal que vive en El Salvador y contaré algo que me sucedió hace corto tiempo.

Mi amiga  Alondra es una morena con unos pechos híper deliciosos, grandes muy apetecibles, con unas nalguitas muy paraditas y ricas, le encanta que se las aprieten  mucho y muy fuerte, tiene 35 años, pero con sus sesiones de gimnasia parece diez años menor

Ya terminada la presentación les contaré una salida que  hicimos al mar, quedamos en que pasaría por ella  a las 6 p.m.  Llegué un poco pasada la hora, ella estaba lista  para nuestro paseo. Ella vestía una falda muy corta con una blusa de botones muy abierta adonde podían apreciarse sus deliciosos pechos, pasamos al supermercado a comprar unas cervezas para el camino y los hombres  se daban gusto observando sus nalguitas paraditas y lo mucho que enseñaba de  sus senos.

En la carretera ella se sentó  sobre sus piernas dejando su  vulva libre para mí, entre un trago de cerveza y la manejada  abrí un poco su calzoncito blanco y me puse a jugar con su clítoris, ella empezó a moverse, a llevar el ritmo del movimiento de mi mano y a presionar esta contra su vulva…

Poco a poco sentía como se mojaba cada vez más, su respiración era más intensa, más rápida, sus gemidos eran más fuertes, cada vez me pedía que siguiera “no te detengas papi, más rápido mételos más decía”.

Luego en un giro inesperado ella se movió y se colocó en cuatro sacando su cabeza por la ventana, me pidió que metiera dos dedos mientras yo manejaba. Estaba muy oscuro como a 45 minutos de la capital,  enseguida le metí dos dedos en su vulva calentita y muy húmeda, sus líquidos bajaban por sus lindas piernas.

Así seguí jugando un par de minutos más hasta que se escuchó un fuerte gemido de placer  y su cuerpo cayó rendido de placer en el asiento del carro, metió uno de mis dedos en mi boca y me preguntó que me parecía el sabor…  Obviamente  estaba muy delicioso el sabor de su cosita más un sorbo grande de cerveza, ¡delicioso!

En eso abrió mi cremallera y se metió su mano y sacó mi miembro,  empezó a jugar con mi pene, al principio daba mordiditas, pasaba sólo su lengua por la cabecita, se la metía toda, estaba poseída por el deseo, no dejaba  de chuparla y repetía:

“Es mía, toda mía, la quiero adentro de mi boca toda para mí”.

Me pedía su lechita y seguía metiéndola con más fuerza en su boca, la lamía de lado, se la metía toda, la mordía hasta que salió su lechita, la empezó  a tragar toda y lo poco que estaba quedando fuera lo tomó con sus dedos y comenzó a jugar con sus pechos.

Luego metió uno de sus dedos en la vulva,  me mostró que estaba muy  húmeda y quería más… Llegamos a la casa adonde dormiríamos y ella se quitó su  ropa, se tiró encima de mí y me dijo quiero que me cojas con fuerza, hazme tu mujer, quiero sentirte dentro de mí…

Empezó a chupar mis bolas,  eso hace que se me pare muy rápido, luego se metió toda en la boca, cuando estaba dura se subió sobre mí y empezó a moverse,   saltaba de un lado al otro, apreciaba como sus jugos bajaban sobre mis piernas,  estaba muy excitada…

Mientras mis manos jugaban con su  orificio de atrás ella gemía y pedía más, sus pechos estaban duros, sus ojos nublados del deseo, de pronto empezó a decir los siento me vine, ya terminé, lo siento, lo siento, lo sientooooo.

Se levantó y me dijo vamos a la piscina quiero que juegues conmigo ahí, quiero que me la metas atrás en el agua… pero esa es otra historia…

Los comentarios son bien recibidos.

Sobre todo de mujeres de El Salvador y más si son… Maduras…

Autor: Michael

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Mi vecina la madurita

Dejé caer yogurt sobre mi polla. Ella entre mis piernas se la iba comiendo, sin dejar que cayera nada al suelo, su lengua y su cara llena de yogurt como mi polla y mis huevos, me estaba poniendo a mil,la tumbé sobre la mesa de la cocina, la penetré y volví a follarla salvajemente. Estaba tan excitada que se corrió enseguida. Y yo al oír sus gemidos y ver su cara de perra satisfecha, volví a correrme.

Hola otra vez, amigos. Voy a seguir contándoos mis sesiones de sexo con mi vecina la madurita. Para los que no hayáis leído mis relatos anteriores, os diré que vivo en Zaragoza, que tengo 33 años, que llevo casado ya algunos años y que nunca había sido infiel hasta hace unos meses, en los que me he vuelto un completo morboso y salido.

Todo empezó el día que pasé a arreglar el ordenador de mi vecina de 50 años (es atractiva, con unas tetas todavía firmes, buenas caderas y un culo terso y apetecible). Os diré a demás, que es todo vicio, y que se pliega a mis fantasías sin ningún reproche, sacando toda la lujuria acumulada durante sus más de 25 años de matrimonio.

Lo que sucedió en esta ocasión, es que como otras veces, pasé a arreglarle un problema con el correo electrónico (ella es muy torpe con el ordenador y mi mujer lo sabe, así que me pide muchas veces que le eche una mano). Su marido no estaba porque trabaja de noche, y como siempre, me esperaba con la bata y sin nada debajo.

En cuanto entré en su casa, le quité la bata y la arrodillé para que empezase a chuparme la polla, me encanta sentirla dura en su boca y en su cara, y me encanta que me lama los huevos y el culo.

Cuando me puso cachondo, la levanté y la apoyé en la mesa del salón de espaldas a mí… empecé a besar su cuello, su espalda, su culo… mordía sus nalgas (con cuidado de no dejarle marcas) y cuando empezó a jadear como una perra, abrí su culo y metí mi lengua (me encanta lamerle el culo).

Ella lo estaba esperando, lo deseaba y abrió bien sus piernas para dejarme chupar y lamer… el placer que le producía mi lengua le hizo perder fuerza en los brazos y se apoyó con las tetas directamente sobre la mesa.

Yo agarraba bien sus caderas mientras seguía lamiendo su culo y su coño peludo… cuando estaba bien cachonda, me levanté, saqué mi polla y la penetré por el culo. Mi polla entró enseguida, su culo la esperaba ansioso.

Empecé a bombearla salvajemente mientras con las manos me aferraba a sus caderas y de vez en cuando me inclinaba sobre su espalda para besarla y decirle lo zorra que era al oído. Cuanto más se lo decía, más cachonda se ponía.

Estaba a punto de correrme cuando saqué la polla de su culo y agarrándola del pelo la arrodillé para correrme sobre sus tetas (le encanta, y debe sentarle bien porque cada día tiene la piel más bonita)…

Cuando me corrí ella extendió mi leche por todo su pecho y por sus pezones… Yo seguía de pie, delante de ella y le hice limpiarme con la boca lo que quedaba…

Todo había sucedido muy rápido, por lo que calculé que me daría tiempo a otro asalto (los problemas informáticos suelen durar mucho tiempo entre instalar y reinstalar).

Me desnudé por completo, fui a la nevera, a ver que tenía y encontré un bote de yogurt de beber, le dije que viniese a la cocina (se había quedado tumbada sobre el suelo del salón, esperándome).

La senté en la encimera y empecé a dejarle caer despacito yogurt por el escote, por sus grandes tetas, por sus pezones… y cuando empezaba a escurrirse hacia su ombligo y sus piernas, lo chupaba y lo recogía con mi lengua.

Eso la excitó muchísimo y empezó a jadear otra vez ardientemente. Seguí así un rato para que desease mucho que me la follase.

Cuando estaba bien caliente, la bajé de la encimera, la volví a arrodillar y empecé a dejar caer yogurt sobre mi polla. Ella de rodillas entre mis piernas se la iba comiendo, sin dejar que cayera nada al suelo… me puso a cien, su lengua y su cara llena de yogurt, como mi polla y mis huevos… me estaba poniendo otra vez a mil.

Hice que se levantara y la tumbé sobre la mesa de la cocina, esta vez mirando hacia el techo, y sin muchas contemplaciones, la penetré y volví a follarla salvajemente. Estaba tan excitada que se corrió enseguida. Y yo al oír sus gemidos y ver su cara de perra satisfecha, volví a correrme.

Me lavé un poco porque el olor a yogurt era muy descarado, me vestí y volví a casa con la satisfacción del deber cumplido.

Una mujer madura e insatisfecha sexualmente es algo indescriptible. Os seguiré contando mis andanzas.

Autor: Casadojoven

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Sueño de una fantasía

No pude hacer otra cosa que volver a tomar esos labios carnosos deliciosos. Parecía una colegiala, sintiéndome torpe en mi entrega hacia a ti, me sentía nerviosa, súper caliente, muy cachonda y excitada, sin dar crédito que me correspondías y eso me excitaba más y ganas de darte más placer, era indescriptible el placer que sentía y mis ansias locas de no dejarte de besar.

Vanesa…

Era una noche preciosa, iluminada solo por la hermosa luna; bajaste del coche y ya te esperaba sintiendo como mi corazón se paralizaba, pensando en lo que pasaría; cuando sentí tu calida mano apretar fuertemente la mía e  inmediatamente lo acompañaste con una enorme sonrisa que meregresó el alma al cuerpo y pude articular palabra y decirte “que placer conocerte al fin”

Enseguida te jalé hacia mi, y sentí como por primer vez tus senos se apretaron calientemente con los míos y al tratar de saludarnos con un “inocente” beso, mañosamente maquilado, tratando de rozar tus exquisitos labios rojos, me pareció eterno el segundo que tus labios tardaron en buscar los míos y el “inocente” beso terminó siendo un salvaje intercambio de  lengua y deliciosos fluidos tan ansiado y esperado.

Lo disfruté cada segundo, cada mínima partícula de tu boca…bajé cuidadosamente la lengua por tu hermoso cuello, lamiendo y mordisqueando, sentí como te estremecías y más placer me provocó el sentir tu mano sobre mi seno…mmmm…¡fue delicioso! como poco a poco sentí mojarme más y más.

Tu escote era precioso y no podía desaprovecharlo así que bajé lentamente con el temor de sufrir un frustrante stop…pero no pasó así, me dejaste llegar hasta tus sugerentes pezones que saboreé, lamí, mordisqueé y disfruté enormemente, tomaste mi rostro entre tus manos y me obligaste a verte a los ojos y enseguida hundiste tu lengua en mi boca…arrancándome un suspiro de placer…

Cintia…

Hundí mi lengua en tu deliciosa boca fogosa, el encanto de sentir tu saliva uniéndose con la mía, sintiendo como me mojaba más y más, mis manos no dejaban de recorrer tu espalda recorriendo de arriba de abajo, hasta tomarte de tus rostro con las dos manos sin separar mi labios de los tuyos, siento como se transmitían nuestros dos fuegos ardientes y cachondos.

Mis manos bajaron a tu cintura y no pude más que dejarme llevar por el ardor que sentía en mi cuerpo que me quemaba por dentro y que pedía más de ti, recorrí con mi lengua tu cuello bajando a tus pechos, recorriéndolos con mi lengua, deleitándome con su sabor pude constatar lo que me decías, están riquísimos…

En ese momento no me importaba nada, más quedarte el placer que yo sentía al saborear esos preciosos senos, que tantas fantasías me habían provocado y al tenerlos de frente a mi era una fantasía cumplida.

Pero más me calentaba al ver y sentir que lo disfrutabas, que gemías y te retorcías con cada lengüetazo en tus pezones por parte de mi boca, dejé mi postura y volví a verte a los ojos, mirándolos fijamente, como si me hipnotizaran y no pude hacer otra cosa que volver a tomar esos labios carnosos deliciosos…

Parecía una colegiala, sintiéndome torpe en mi entrega hacia a ti, me sentía nerviosa, súper caliente, muy cachonda y excitada, sin dar crédito que me correspondías y eso me excitaba más y ganas de darte más placer, era indescriptible el placer que sentía y mis ansias locas de no dejarte de besar.

Apenas me separaba de ti y era parar verte de cuerpo completo y continuar ese beso eterno, te pregunté que si te gustaban mis senos, muy convencida y con un tono de voz encantador me dijiste que si y te los ofrecí nuevamente, deseaba que los tuvieras, que eran tuyos que muchas veces se habían puesto duros mis pezones pensando en ti.

Me los lamiste de una forma que me hiciste gemir de placer, te pedía que no pararas que lo estaba gozando, que los disfrutaras al máximo, me llenaste de placer y nuestra caras se volvieron a encontrar para disfrutar de un beso aun más apasionado y sintiendo como nuestros senos desnudos chocaban unos con los otros…

Autoras: Tocayas Zorras y Golosas

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Cinco pañuelos de seda

Por fin su lengua entra dentro de mí, cálida, aprieta su cara contra mi sexo. Me imagino el dulce y salado sabor de su sexo, hicimos un 69 y entonces, justo entonces, ya no puedo más y me sobreviene un orgasmo que me deja exhausta. Es tan fuerte que, cuando pasa, con sólo el roce de sus dedos sobre mi clítoris, arqueo la espalda y sacudo las caderas, desesperada ante su contacto.

La mujer del corsé rojo se sube pausadamente los guantes negros de cuero hasta los codos. El corsé se adapta tan perfectamente a su anatomía, que le realza los pechos hasta casi dejar al descubierto sus pezones. Es consciente de que está enseñando sus firmes nalgas y eso le gusta. Unas botas altas, negras, también de cuero, ocultan parcialmente unas largas piernas que se adivinan atléticas.

El tanga, también rojo, es tan mínimo que apenas alcanza a ocultar a mis ojos su sexo rasurado. Su oscuro cabello se desparrama como una cascada sobre sus níveos hombros desnudos hasta la mitad de su espalda… Es muy guapa. Me avergüenzo hasta de mirarla, porque yo me siento inferior. Por eso le sugerí esta idea. Tiene unos enormes ojos azules y apenas va maquillada. La miro. Le pido con la mirada que no se demore más, que venga ya a mí… necesito que me haga suya… dejo escapar un débil gemido…

Ella se acerca despacio a la cama. Yo, feliz, me dejo llevar, inconsciente de lo que me espera. Es la primera vez que me atan a una cama. Antes ella sacó unos pañuelos de seda y con ellos me fue atando a cada extremo de la misma. Solo se puso los guantes porque se los había comprado hace años y no se los ponía nunca. Quería tener un recuerdo para esos guantes. Pero a mí no me gustan, yo prefiero su tacto… pero no le digo nada. No quiero hablar, quiero que ella actúe por su cuenta.

Se sitúa a los pies de la cama. Se arrodilla. No me mira. Se inclina sobre mis pies y, fugazmente, me lame el dedo gordo del pie derecho con la punta de su lengua – yo me estremezco de placer, para luego cubrírmelos de besos a medida que va ascendiendo por el pie hasta el tobillo, y de éste, sube por la pierna hasta la rodilla. Son besos leves, apenas me roza la piel con sus labios, pero yo, que ya la estoy viendo venir, comienzo a sentirme más húmeda. Al inclinarse alcanzo a ver la voluptuosidad de sus pechos, que luchan por salir de la cárcel de su corsé. Quiero adorar esos pechos. Ojalá me deje hacerlo… yo no puedo decir nada, no puedo pedírselo. Hicimos ese pacto.

Deseo que continúe, que me coma, pero ella, quizás intuyendo mis ansias, decide hacerse de rogar y apoya su cabeza en mi muslo mientras desliza la palma de su mano enguantada y extendida desde el interior de mi muslo hasta mi bajo vientre, sin rozarme ni un solo vello púbico. (A ella no le gustan los sexos depilados. A ella le gusta todo…).

Su mano izquierda descansa sobre la cama, a mi lado. Yo quiero que me la acerque a los labios, pero no hablo. No digo nada, la dejo hacer. Quiero que me disfrute con total libertad. Entonces descubre con satisfacción que mi sexo ya brilla por la desbordante humedad que emana de él. Sonríe y me despeina ligeramente el vello de esa zona mirándome pícara a los ojos… ¡Ah, cuánto anhelo su tacto!… Me tiembla todo el cuerpo, cada vez que me toca me estremezco.

Se levanta y se dirige a la cómoda. Abre uno de los cajones y saca otro pañuelo de seda. El quinto pañuelo de seda. Me pongo a hacer pucheros, no quiero que me tape los ojos, No, por favor… ¡quiero, necesito verla, quiero devorarla con los ojos! ¡No me tapes los ojos!… pero mi grito es mudo, como no podría ser de otra manera. Ahora la oscuridad lo rodea todo. Cierro los ojos y me rindo a mi suerte, a ella.

Siento su cara cerca de la mía, puedo sentir su respiración y la caricia dulce del inconfundible olor de su piel. Un dedo suave, forrado de cuero, me perfila los labios: primero el labio superior y luego el inferior. Yo lo intento besar, pero ella, juguetona, lo retira rápidamente, dejándome oír su risa suave. El olor del cuero mezclado con el de su piel me está volviendo loca. Vuelve a colocarme la mano en los labios y me pide que le quite el guante con los dientes. Así lo hago, dedo a dedo. Por fin lo consigo.

Un ligero murmullo y entonces siento que ella apoya la mano que acabo de desnudarle en mi sexo, suavemente, ¡tan suavemente que me desespera! El clítoris se me hincha, anhelando su contacto. Ella ríe. Me lo acaricia una, dos, tres veces… yo levanto las caderas, como pidiendo más, pero ella parece que ha decidido que aún no. Se coloca sobre mí, a cuatro patas. Siento su largo pelo rozándome la piel. Comienza a besarme los pechos, de forma incontrolada, siento el roce de sus labios aquí y allá. Luego me las agarra de la base y las sujeta de tal forma que las une. Hunde su cara entre mis pechos. El calor de su respiración me estremece, siento cómo cada vez me estoy humedeciendo más y más. Me da varios lametones en ambos pezones. Aprieta más mis generosos pechos y se introduce los dos pezones a la vez en la boca. Me los chupa, los dos al mismo tiempo. Después le dedica su particular homenaje a cada uno de ellos, por igual. Yo estoy tan excitada que creo que me voy a volver loca.

Cuando acaba con mis tetas, las suelta y se alza un poco, lo suficiente como para besarme el cuello e ir bajando por la clavícula. Noto la abundancia de sus pechos sobre los míos. Ella vuelve a ascender y me besa en los labios, nuestras lenguas se entrelazan mientras su mano ve descendiendo lentamente hasta mi sexo, para quedarse allí acariciándome los labios, los de abajo. Ahora se aleja de mí y desciende sobre mis caderas, me abre los labios superiores y sopla levemente, como hacia dentro. Me recorre un escalofrío y me entra la risa. Ella también ríe…

Por fin su lengua entra dentro de mí, cálida, ágil y profunda. Y aprieta su cara contra mi sexo. A mí me entra la absurda sensación de que mi sexo debe de ser una fuente, una especie de manguera, de la cantidad de flujos que noto por ahí abajo. Me imagino el dulce y salado sabor de su sexo, me imagino cuando mucho antes de esto, hicimos un 69 y entonces, justo entonces, ya no puedo más y me sobreviene un orgasmo que me deja exhausta. Es tan fuerte que, cuando pasa, con sólo el roce de sus dedos sobre mi clítoris, arqueo la espalda y sacudo las caderas, desesperada ante su contacto.

Entonces ella me besa profundamente para que yo pueda saborear mi propia miel. Estoy agotada, pero al mismo tiempo tan excitada, que tengo que controlarme para no morderle los labios. Me está volviendo loca el no poder verla, el no poder tocarla…

Luego ella se sienta sobre mi cara, con todo su sexo abierto ante mí… y por culpa del maldito pañuelo que tengo atado a la nuca no puedo verla, disfrutar de la visión de sus pechos vistos desde abajo. Sus labios vaginales entran en contacto con los de mi boca. Los aplico dulcemente sobre ellos y comienzo a buscarle, a acariciarle su hinchado clítoris con mi lengua. Sus jugos comienzan a desbordarme, trato de tragármelo todo, pero me es imposible, es demasiado. Noto cómo se deslizan en frágiles gotas por entre mis comisuras. Las saboreo hasta la saciedad. Su olor me inunda, su sabor calma mi sed, sus gemidos son música celestial, sus manos me queman…

Finalmente ella se corre en mi boca. El espeso líquido se cuela por entre mis labios antes de que me dé cuenta. Eso me desespera porque quiero más, pero ella se levanta, se acurruca a mi lado, abrazándome con las piernas, con los brazos, con todo. Siento su cálido sexo en mi cadera mientras que con una mano me acaricia el vientre… y entonces, Morfeo entra por la puerta… y nos acoge a ambas entre sus brazos.

Autora: Aliena Del Valle

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A mi sobrino siempre lo desee

Mi sobrino me tenía totalmente excitada, me sentía una guarrona en toda regla y eso me gustaba. Yo quería más y estaba deseando que mi sobrino se corriera en mi canalillo y así ponerlo todo pringado de semen, deseaba que su semen me salpicase por todas partes, al final llegó el justo premio y por lo que habíamos estado trabajando tanto, mi sobrino aceleró el ritmo y se corrió en las tetas.

Exhausta después de ese orgasmo tan especial que había tenido gracias a mi sobrino, me metí en la ducha para recuperarme del sofocón y refrescarme un poco dejándolo a él maravillado y viendo las estrellas de gustito sobre la cama. Desnudarme no me tenía que desnudar porque ya venía de la habitación en pelota picada y con el vestido en la mano para ponérmelo después porque afortunadamente no se había manchado de semen, ni de flujos, ni de nada.

Abrí el grifo y… joder, hacía tanto calor que el agua salía como el caldo de la tubería… este verano fue brutal. Me metí debajo del chorro de agua y empecé a ducharme. Estaba súper caliente, no podía expresar con palabras la alegría que tenía en ese preciso momento en mi cuerpo. Hacía años, no meses, sino años, que no sentía el calor de una polla en mi interior. Este que había tenido, era el primer orgasmo de verdad desde hacía muchísimo tiempo. Y solamente de pensar que era mi sobrino quien me lo había proporcionado, que estaba allí tumbado en mí cama, que lo tenía para mi sola allí en mi propia habitación y que teníamos todo el verano por delante… mmmmmmmm, se me hacía la boca agua y la situación era de un morbo sin igual.

Al final, limpia y fresquita salí de la ducha, me sequé y me volví a poner el vestido, luego abrí la puerta. Mi sobrino seguía allí tumbado en mi cama. Ese pedazo de hombretón estaba allí estirado esperándome para entrar a ducharse, y entonces… miré bien y ¡su polla estaba tiesa como una estaca! yo creo que ya hasta le debería de doler un poco. Se había corrido tres veces conmigo y la volvía a tener tiesa, ¡madre mía qué juventud y qué vigor! Para asegurarme más lo llamé para que entrase al cuarto de baño mientras yo me arreglaba el pelo frente al espejo, él se levantó y se acercó hacia mi posición; efectivamente, el chico estaba empalmado de nuevo y su verga absolutamente tiesa y apuntando al cielo. Haciendo como que no le miraba y mientras me peinaba un poco le comenté:

– Chico… (No diré su nombre y tampoco quiero dar uno falso) ¿No te duele un poco después de haberte corrido tres veces y tenerla así como la tienes? – Pues -dijo él- me molesta un poco sí, pero a ver si se me pasa… me podría correr otra vez, pero más ya no porque entonces sí que me dolería un pelín seriamente.

– ¿Te correrías ahora mismo otra vez? ¿Serías capaz? ¡Anda ya! -le dije yo extrañada. – Sí, otra vez sí, pero luego… pfffffffff, casi que sería imposible hacerlo más veces ya, me tienes hecho polvo tía (me encantó cómo dijo eso último).

– ¡Madre mía! aún le queda fuerza para una más, ¡qué tío! -exclamé- Y entonces me miró, esperó un poco y me dijo: – Si quieres comprobarlo, es muy fácil… quítate el vestido, siéntate en ese taburete, pones mi polla entre tus tetas y ya verás si puedo o no correrme una vez más…

Yo estaba absolutamente petrificada con lo que acababa de escuchar. Jamás en mi vida me habían dicho o propuesto algo así. Y digo “petrificada”, no porque me sorprendiese escuchar que existía una práctica como esa (que es de lo más normal) y tampoco porque no me gustase, es que simplemente, yo, ignorante de mi, nunca jamás había hecho eso…

Ahora ya sé que se llama “hacer una cubana” o “paja cubana”, y resulta que después de ir haciéndosela a mi sobrino varias veces durante nuestras sesiones de sexo -desde el verano hasta ahora- es una de las cosas que me encantan, ya que mientras se la hago, mientras aprisiono bien la polla de mi sobrino entre mis pechos, pues disfruto como una perrilla salida del tacto, el grosor y la calentura de su miembro en plena ebullición y en una parte de mi cuerpo diferente, es más, yo lo suelo hacer de manera que mis pezones erectos y durísimos a más no poder, queden pegaditos a su cuerpo para que así mientras él disfruta y jadea como un poseso al sentir su polla aprisionada entre mis tetas, poder yo rozar mis pezones con su cuerpo y excitarlos aún más para disfrutar como una loca…

Y además otra cosa que me ayuda en mi excitación, de esa forma también, pues le puedo mirar los ojillos de vicioso que pone mientras siente cómo su pedacito de carne dura y caliente es rodeada por mis senos y aprisionada mientras se desliza por el canalillo arriba y abajo. Desde la posición en la que sea que le haga la cubana a mi sobrino yo siempre procuro que ocurra esto…

Por supuesto os diré que desde ese día, lo de hacerle una cubana a mi sobrino suele formar parte de las cosas que habitualmente hacemos los dos en nuestros encuentros sexuales, lo mismo que la penetración, el sexo oral y demás, pero hasta ese momento nunca un hombre me lo había pedido ni yo sabía lo que era eso. Así que yo estaba, digamos que confusa y excitada a la vez, me sentía estupenda y deseosa de seguir y de no parar de sentir placer con ese jovencito.

Me tenía excitada como a una colegiala. En ese mismo momento hubiese hecho cualquier cosa que me hubiese pedido y como explicó aquello de esa manera tan deliciosa, me entraron unas ganas de hacerlo inmensas. Aunque claro, me acababa de duchar, pero… es que tenía ganas inmensas de probar aquello y había acumulado tato deseo de jovencito que ya no sabía como parar; y como nunca lo había hecho, pues sentía una curiosidad del estilo de la que sienten los críos el día de abrir sus regalos de navidad: necesitaba hacerlo ahí, en ese momento y enseguida. Lo deseaba.

Miré a mi sobrino por unos instantes y ni corta ni perezosa, separé mis tirantes, dejé caer al suelo el vestido y me dispuse a sentarme en el taburete. Lo miré y le dije:

– Ven aquí, a ver cómo dices que es eso de la polla en las tetas que no lo he hecho nunca -le dije a mi sobrino. – ¿Nunca has hecho “una cubana”? -me preguntó. – Vaya -contesté yo- así que además tiene nombre… ¡sí que tienes una tía anticuada! y yo sin saber lo que es, anda cariño enséñamelo de una vez que suena muy bien como lo has explicado antes.

– Pues mira -me empezó a decir él-, a esto todo el mundo lo llama “cubana” o “paja cubana” y más o menos la cosa consiste en meter la polla entre las tetas de una mujer… – ¿Meterla entre las tetas…? pues… tendrá que ser por aquí por el canalillo ¿no? -le pregunté, deduciendo ya por dónde iban los tiros. – Sí claro, por ahí, por el canalillo, exacto… ¿a que parece que el canalillo ha sido diseñado expresamente para esto? ja, ja, ja -me dijo con una sonrisa a la que yo correspondí- y entonces lo siguiente ya sería que mientras que tú te aseguras de no dejarla escapar de ahí dentro, pues moverme deprisa para que la polla vaya arriba y abajo y así hacer como si te follase las tetas.

– O sea -dije yo concluyendo- que es como hacerte una paja, pero en lugar de hacértela tú mismo o yo con la mano, quien te la hace y con lo que te frotas es con mis tetas, ¿no es eso? – Sí, supongo que por eso le llamarán “paja cubana”, porque es como una paja ¿no…?, pero yo -me dijo- lo de la “paja” lo entiendo porque es una paja, ahora, lo de “cubana” no lo acabo de pillar… porque que yo sepa y por las fotos que he visto así en general, las cubanas no es que tengan por así decirlo unas tetas tan grandes como para hacer esto. Las caribeñas en general son guapísimas y tienen unos cuerpos geniales pero eso de tener pecho, lo que se dice pecho, no es que tengan mucho ¿no…? A no ser que sean unas gordas de escándalo o así, digo yo.

– Joder -le dije yo a mi sobrino después de oir su reflexión-, pues tienes razón ¿por qué lo llamarán así entonces?, igual es que lo empezó todo la madre de Fidel Castro y resulta que era una gorda de cuidado o algo así… ¡vete tú a saber! ja, ja, ja, ja -nos reímos los dos- pero bueno, que le den por saco a Castro que lo importante es que ahora tú y yo esto lo tenemos que probar ya mismo porque suena muy bien… ¡venga vamos!

Mi sobrino entonces se acercó a mí con su verga empalmada. Yo estaba sentada en el taburete y con unas ganas terribles de hacerle eso a su polla… se acercó y colocó su polla frente a mi canalillo. Para ayudarle en su propósito y meterle mano a la vez, puse mis manos alrededor de su culete y lo apreté contra mí mientras él colocaba su polla entre mis tetas.

Después de unos breves instantes de excitación y de impaciencia tanto suya como mía por culminar la acción, la polla de mi sobrino encajó en mi canalillo como un guante. Cuando la vi allí metidita sentí algo especial y recordé lo que él había dicho antes y que nos había hecho sonreír hace un momento, aquello sobre que parecía que el canalillo de las mujeres había sido diseñado para esto… pues fuera las tonterías y frasecillas bobas típicas de la situación la cosa era totalmente cierta.

Yo estaba gratamente asombrada de cómo encajaba perfectamente la forma de la polla de mi sobrino con la forma de mi canalillo y lo bien que mis tetas quedaban rodeando su pedazo de pollón. La perfección y el diseño del cuerpo humano son increíbles, me decía yo a mi misma, mientras sentía su caliente verga entre mis tetas. Es que era soberbio cómo mi sobrino encajaba en mi como el zapatito de Cenicienta en su pie. Era como si desde el principio de los tiempos esta práctica sexual estuviese ya preestablecida para el disfrute y gozo de la humanidad. Mi sobrino entonces y al ver su polla en posición dijo:

– ¿Ves? ya está, pues ahora ya voy haciendo así y tú sujetas tus tetas para que no se salga, claro -me dijo mientras iniciaba con su polla el recorrido ascendente por mi canalillo…

Lo que ocurría es que tanto él como yo veíamos que la cosa costaba un poquito por el roce con la piel y después de tres corridas que él había tenido y después de haberme duchado yo… pues mi piel estaba muy suave pero seca y a su polla le costaba subir y bajar. Con lo cual a ambos no vino enseguida la idea de cómo facilitar el asunto:

– Me parece que esto hay que hacerlo con la zona humedecida -le dije a mi sobrino- – Sí -dijo él- es lo que te iba a decir ahora mismo.

Ni corta ni perezosa comencé a rozar mi lengua con mis dientes produciendo grandes cantidades de saliva hasta que noté que ya sería suficiente. Entonces la deposité despacito sobre la cabecita de su polla que asomaba por entre mi canalillo cubriéndola por completo. Él comenzó con el descenso de forma que la gran cantidad de saliva fue bajando con él y entonces, como lo hacía muy despacito, yo deposité el resto de saliva de mi boca en el hueco y agujerito que a modo de cuenco o mini vasito había surgido al bajar él su polla y tener yo sujetas mis tetas de esa manera que las tenía.

Él además había hecho lo mismo que yo y cuando yo terminé de depositar mi saliva, él me retiró la cabeza y en ese momento y desde arriba depositó en el mismo hueco la suya. Ni que decir tiene que el hueco en cuestión se llenó por completo y al subir él con su polla todo se lubricó como si de una máquina de precisión se hubiese tratado: mi canalillo entero se llenó de nuestra saliva, la polla de mi sobrino se bañó en su totalidad en nuestros jugos bucales y evidentemente, el resto del maravilloso líquido lubricante salivar rebosó por todas partes pringando todo mi escote, sus huevos y todo lo que encontró por su camino, lo cual no solamente nos daba lo mismo sino que nos excitó sobremanera a los dos.

Ahora sí que aquello era lo que tenía que ser. Mi sobrino estaba muy excitado y movía su polla por mi canalillo a toda velocidad. Habíamos cogido la mejor postura, su verga estaba bien aprisionada y no se salía de su autopista y gracias a la saliva la circulación era de altísima velocidad lo mismo que la excitación. En el movimiento de sube y baja yo descubrí que mis pezones al rozarse con mi sobrino se excitaban tanto como cuando yo me los pellizcaba en mis sesiones masturbatorias privadas… o incluso más, por ser la piel de un jovencito la que estaba en contacto con ellos… o más todavía por el morbo que me daba el que ese jovencito fuese mi propio sobrino… o… muchísimo más aun por sentir a la vez cómo ese pedazo de pollón de mi joven y vigoroso sobrino, caliente y duro como una piedra, me recorría el canalillo excitándose y jadeando…

Para sentirlo mejor todavía, me incorporé sin soltar mis tetas para así que no se saliese la polla y me acerqué más a él, que sintiendo lo que yo quería hacer y al tener las manos libres me apretujó contra su polla de manera que mis pezones entraron en contacto ya totalmente con su piel. Sus manos estaban sobre mis hombros, él me follaba las tetas, mis pezones estaban siendo excitados a tope y además la humedad de la zona era de sobras la que necesitaba.

Mi sobrino me tenía totalmente excitada… el taburetito hace tiempo que era ya un charquito pequeño debido al flujo que rebosaba de mi coñito y que resbalaba por mis muslos. Me sentía una mujer salvaje, libre, felina, una guarrona en toda regla y eso me gustaba. Yo quería más y más y estaba deseando que mi sobrino se corriera en mi canalillo y así ponerlo todo pringado de semen y saliva. Estaba deseando que en su corrida el semen me salpicase por todas partes: a mi cara, a mi pelo, a mis tetas, al suelo del baño, a la pared…

Y al final llegó el justo premio y por lo que habíamos estado trabajando tanto rato, mi sobrino aceleró el ritmo y se me corrió en las tetas. Fue algo maravilloso y memorable. No salpicó todo lo que yo hubiese querido porque se quedó casi todo en mis tetas y mi canalillo, pero estuvo fenomenal.

Por esa tarde ya había sido suficiente. Mientras él, completamente hecho polvo, se duchaba yo limpié lo poquito que habíamos dejado en el suelo y la superficie del taburete. Ni que decir tiene que a partir de entonces y durante lo que durase nuestro verano, tendríamos sexo apasionado, sin tabúes ni problemas de ninguna clase y que desde esa misma noche y en lo sucesivo, siempre que pudiésemos, dormiríamos juntos los dos.

Autora: Pili

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Club swinger

Marcos cuidadosamente separó mis piernas, su pene se acercaba deliciosamente a mi vagina. Sentí su pene entrar y salir de mi cuerpo infinidad de veces. Su fricción era embriagante. Mi lengua no se detenía. Mara esbozó un pequeño gemido cuando alcanzó su primer orgasmo ayudada por mis dedos en su vagina y mi lengua sobre su clítoris.

Era la segunda vez que visitábamos el club. A pesar de que nuestra primera visita había sido más que positiva esta situación nos ponía algo tenso a ambos. Nos encontramos en tu casa para salir juntos. Apenas llegué noté que observaste que por  la transparencia de mi camisa se veían mis pechos. Sentí el fuego de tu mirada tratando de penetrar mi abrigo.

Rozaste suavemente mis labios con los  tuyos y me susurraste al oído que estaba hermosa. Llegamos y los coordinadores se acercaron a saludarnos. Buscamos un lugar cerca de una pista de baile y nos sentamos. Tomaste mi cara y me besaste tiernamente como soles hacerlo, sentí el sabor de tu saliva más saludable que nunca. Fuiste en busca de algo para tomar para nosotros y te esperé allí sentada, mirando algunas escenas interesantes. Marcos se acercó unos segundos después de que te levantaras y me preguntó si podía sentarse con nosotros. Comenzamos a hablar de obviedad es mientras contaba los segundos que faltaban para que regresaras.

Los segundos se convirtieron en horas para mí. Sin embargo, debo reconocer que nuestro nuevo amigo hizo varios intentos para que la tardanza fuera menos traumática. También se acercó su novia, algo menor que yo, y por cierto muy atractiva. Ellos resultaron muy afectivos entre sí mientras dialogaban conmigo. Me explicaron reiteradas veces que en varias oportunidades solo venían a mirar porque eso los calentaba mucho. El se ofreció a hacerme unos masajes en el cuello para ayudarme a relajarme. Ella insistió, me explicó, que a Marcos no suele gustarle cualquier mujer, y que le habló de mí desde que entramos la primera vez. Que ellos se sintieron muy intrigados por la diferencia de edad y lo afectuosos que éramos entre nosotros.

Sus manos levantaron suavemente mi cabello hacia un costado y sus yemas frías se depositaron sobre mi cuello. Sus dedos se afirmaban sobre cada uno de mis músculos y cada vez descendían más por la espalda. Ella se acercó lentamente hacia mí y me desabrochó el primer botón de la camisa. Ante mi sobresalto, me indicó que era para que Marcos pudiera trabajar mejor. Algunas exhalaciones se produjeron porque la sensación era placentera. Poco a poco sentí como la palma de su mano se acercaba más al comienzo de mis  pechos. Y con la otra sostenía mi cabello. Se acercaba tanto a mí que podía sentir su respiración cerca del lóbulo de la oreja, su respiración algo excitada y caliente.

Ella se dirigió al centro de la pista y te interceptó en tu regreso. Tomó tus manos y te propuso bailar seductoramente. Esa parte no me agradó demasiado, hasta que él tomó mis manos también y me llevó al encuentro con ustedes. Bailamos nosotros dos abrazados mientras ellos se besaban intensamente. Noté tu excitación sobre mi cuerpo, y tu respiración agitada. Tus manos recorrían mi cuerpo con intensidad y rapidez. Comenzabas acariciando mi cabello, seguís con el cuello, los pechos y los muslos. Alternabas esos agradables mimos con deliciosos besos húmedos cargados de calentura. Decidí relajarme y disfrutar de esa fantástica sensación que recorría mi cuerpo entero. Marcos se paró detrás de mí y tomó mi cadera por sorpresa. Te miró y dijo que desde que me vio quiso bailar conmigo y si eso era posible.

Me acercaste hacia él y quedaste bailando con Mara. Ella te tomó del cuello y tardó pocos segundos en comenzar a besar tu cuello y tus manos. Vos respondiste tomando sus caderas y acercándola hacia vos. Marcos bailó conmigo un buen rato hasta que tomó a Mara y mirándonos a las dos dijo: Bailen para nosotros. Nos miramos y pensé ¿porqué no?

Apenas empecé a moverme noté que él buscaba su pene dentro del pantalón y se masturbaba lentamente mirándonos apasionadamente. En vos noté una excitación alevosa a través de tu pantalón. Mara se movía con mucha suavidad y deja ver algo de sus muslos levantando ingenuamente su falda. El baile y ustedes mirando eran un ingrediente perfecto para mi calentura. Comencé a desabrocharme los pocos botones que quedaban prendidos en mi blusa y dejarla caer sobre la espalda. Los movimientos sensuales ayudarían a retirarla por completo. Mara asintió y se sacó su remera. Noté que tenía grandes y firmes pechos. Ahora también vos masajeabas deliciosamente tu pene por fuera de tu pantalón. Ambas pijas sonaban deliciosas, pero el baile era un compromiso. Ya no solo ustedes dos miraban. Varias parejas habían interrumpido su diversión y se tocaban sus sexos mirándonos.

Marcos se paró y tomó mi cintura, lentamente bajó el cierre y deslizó la tela hasta mis tobillos. Luego retiró la falda de Mara. Nos tomó de las manos y dijo: aquí terminó el espectáculo público. Los cuatro nos dirigimos a la sala que los coordinadores nos indicaron. Tomé tus manos con algo de inseguridad pero la situación me excitaba lo suficiente como para no retirarme en ese momento. Acercaste mi cabeza a tu entrepierna. Pude sentir el sabor de semen que se asomaba necesitado de mi saliva. Saboreé cada porción de tu pija. Comencé besando intensamente los testículos y llegué con toda la calentura que recorría mi cuerpo a la cabeza de tu pene que tanto placer me da.

Cerré los ojos y disfruté. Lengua, saliva. Marcos propuso que siguiéramos con el baile, ya que todavía teníamos ropa por retirar. Mara y yo disfrutábamos bailando para ustedes. Tocábamos nuestros pechos sutilmente para contener tanta calentura. Ella se acercó a mi espalda y desprendió mi corpiño y entregó su espalda para que yo la ayuda a ella. La situación me resultó embarazosa pero sabía que a vos esa situación te resultaría por demás caliente. También desprendió lentamente mis ligas, y retiró con la ayuda de besos las medias de mis piernas. Ustedes ya sin ropa se masturbaban gloriosamente mientras miraban.

Ella se apoyaba sobre mi, y yo sobre ella. Nuestras tetas se acercaban y se separaban lentamente al igual que nuestras piernas. Noté que Mara tenía los pezones duros y parados. Cuando quedamos enfrentadas no pude resistirme a la tentación de acariciarlos. Estaban fríos pero sumamente firmes, Mara pasó sus dedos por mi boca buscando saliva y pasó nuevamente sus dedos por los pechos. Solo dijo, muero por sentir tu boca sobre ellos. Mis labios tomaron el calor de sus pezones. Y mi vagina se humedeció inmediatamente. Sentí la turgencia de sus pechos en mi boca y en mis dedos, tanto como sentí sus dedos que lentamente, y después de recorrer, parte de mi cuerpo se acercaban lentamente a mi vagina.

Sentí como sus dedos acariciaban lentamente mis labios. Te llamó y te pidió que la ayudes. Tus dedos calientes estaban dentro de mi concha, y sus dedos friccionaban con experiencia mi clítoris. Marcos se acercó y comenzó a besar mis pechos. Alcancé a ver como mordías sus pezones y acaricias fuertemente su culo.

Acercaste su cabeza a mi vagina y saboreó cada uno de tus dedos dentro de mí. La sensación era deliciosa. Tus experimentados dedos y su experimentada lengua dentro de mi caliente y necesitada concha.

En pocos segundos estallé en un primer orgasmo caliente y profundo. Mara tomó mi cara y me dijo: estabas  deliciosa, te espero. A pesar de semejante satisfacción de placer mi calentura seguía intacta. Me acerqué a su entrepierna y comencé a acariciar su clítoris. Mis dedos recorrían circularmente toda su intimidad. Primero fueron dos dedos que quedaron atrapados en su sexo y luego tres. Mientras entraban y salían mis dedos, sentí que mi cara rozaba con tu deliciosa pija, que caliente y parada como siempre se acercaba a mi boca. Alterné entre tu pija caliente y el clítoris necesitado de Mara. Que placer. Que hermosa sensación.

Marcos se me acercó por detrás y cuidadosamente separó mis piernas. Sentí como su pene se acercaba deliciosamente a mi vagina. Sentí su pene entrar y salir de mi cuerpo infinidad de veces. Su fricción era embriagante. Mi lengua no se detenía. Mara seguía acostada con mi cabeza entre sus piernas. Marcos por detrás de mí y vos recostado a su lado, besabas sus pechos. Mara esbozó un pequeño gemido cuando alcanzó su primer orgasmo ayudada por mis dedos en su vagina y mi lengua sobre su clítoris. Apenas acabó se colocó de rodillas y dirigió su lengua fresca sobre tu pene. Ambas pasamos reiteradas veces la lengua sobre tu pija. Saboreamos, y disputamos pequeñas porciones de semen que ese escapaba incontrolablemente. Mara pasaba su lengua por tus testículos y acariciaba tu entrepierna, mientras yo me dedicaba a mi parte favorita.

Sentí varias veces la lengua de Mara fundirse con la mía y el calor de sus labios sobre los míos. Todo ese placer acompañado por la cuidadosa penetración de Marcos fue suficiente para acabar en un segundo y contenido orgasmo. Sentí la tensión en todo mi cuerpo. Y el frío que recorría mi cuerpo.

Mara se colocó abierta de piernas sobre tu cuerpo y comenzó a moverse, a frotarse sobre tu intimidad hasta gemir nuevamente de placer. Para esa altura Marcos había cambiado de posición. Se colocó encima de su mujer y le penetró exitosamente el culo mientras ella seguía frotándose contra vos. Me pediste que colocara mi vagina  sobre tu boca para poder besarme. Nunca sentí tanto placer junto y creo que vos tampoco. Sentí el gemido de Marcos y pude ver su expresión casi al unísono con la tuya. Un nuevo escalofrío recorrió mi cuerpo del que fuiste testigo directo.

Solo segundos después Mara y Marcos se despidieron y explicaron que la ducha la preferían tomar solos. Casi en silencio nos vestimos. La ducha preferíamos tomarla en tu casa. Llegamos, nos duchamos juntos para poder seguir jugando y disfrutando de nuestros cuerpos.

Ambos coincidimos que próxima vez iríamos por más.

Autora: Marian

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Más golfa de la cuenta

El dolor estaba cediendo al placer, quién me iba a decir a mí que aquella noche iba a acabar poniéndole los cuernos a mi marido teniendo una aventura con dos jóvenes y mucho menos dejarme follar por todos sitios como lo estaba haciendo, pero estaba sintiendo mucho placer con todo aquello y ahora era yo misma quien se movía para rozarme más y más, me sentía como una perra caliente.

Hola, mi nombre es Yolanda, tengo 44 años, estoy casada desde hace 10 y trabajo en una empresa como secretaria, he escrito éste relato para contar algo que me ocurrió hace algún tiempo y que me dejó un recuerdo imborrable.

Físicamente, diré que soy más bien bajita, peso 52 kg, pelo moreno, tengo bastante pecho, el culo redondito y los muslos bien formados; todavía a mí edad dicen que estoy de muy buen ver, debiendo admitir que en más de una ocasión he sido víctima de piropos de todo tipo, tanto por parte de jóvenes como por hombres de mediana edad, además, en alguna ocasión he visto como me han repasado descaradamente con la mirada de arriba a abajo, cosa que a mí me molestaba y avergonzaba cuando paseaba junto a mi marido, pero que él, lejos de enfadarse, dice que se siente orgulloso de llevarme a su lado, ya que no todos los hombres tienen la suerte de ir acompañados de una guapa y atractiva mujer.

En el terreno sentimental me encuentro muy bien con mi pareja, nos queremos, nos respetamos y nos entendemos bastante bien en la cama, aunque, desde hace algún tiempo, mi marido me venía insistiendo con una extraña propuesta, decía que le excitaba la fantasía de imaginarme seducida y entregada a otro hombre que no fuese él, es decir, con algún amigo, con algún compañero, incluso con desconocidos, y me planteaba situaciones morbosas y extrañas, inimaginables para mí, a lo que yo siempre me he negado rotundamente a seguirle el juego, ya que además de que no se imaginarme ninguna situación con nadie que no sea él, va en contra de los principios morales que tengo yo del matrimonio, aunque él me insistía, diciéndome que le explicase cosas, momentos, deseos íntimos que me produjeran morbo el pensar en ello, que tuviera confianza en él y que no me avergonzase por esto, que con eso disfrutaría sin hacer mal a nadie y que no tratase de confundir las fantasías con el amor, pero tras varias veces de intentarlo, me sentía ridícula y no me producía la más mínima excitación.

Además de trabajar y de las labores del hogar, dos días por semana voy a una academia donde imparten clases de francés y a la que asisten entre otras personas dos chicos de poco más de 20 años llamados Carlos y Marcos; desde hace algún tiempo venía observando que cada vez que entraba en clase me miraban y luego hacían algún comentario entre ellos acerca de mí. Al principio la situación me resultaba algo incómoda y violenta al sentirme observada y procuraba pasar desapercibida.

Debo reconocer que pasadas unas semanas y no se si fue por las continuas miradas que me lanzaban aquellos jóvenes unidas a la insistencia de mí marido con aquellos temas sobre seducciones, situaciones morbosas, flirteos, etc., comenzó a picarme la curiosidad y con ánimo de recoger momentos y situaciones para luego comentar a mí marido, comenzó a despertarse dentro de mí la coquetería que toda mujer lleva dentro cambiando mí actitud ante aquellos chicos, respondiendo a sus miradas con una picarona sonrisa, reuniéndome con ellos durante los descansos y a vestirme incluso de forma más provocadora, atrevida y juvenil para asistir a clase, con pantalones ajustados, camisetas ceñidas que resaltaban el tamaño de mi pecho o con cortas faldas con las que mostraba gran parte de mis piernas, incluso alguna vez olvidé ponerme sujetador, cosa que no tardaban mucho tiempo en adivinar.

Empezaba a gustarme el hecho de atraer y gustar a otros hombres además de mi marido, ya que como mujer y más a mi edad necesitaba confirmar que todavía me sentía joven. Durante la cena todos estuvimos comentando anécdotas del curso, ocupaciones, aficiones, etc., en un ambiente distendido y desenfadado a la vez que mis dos compañeros se mostraban muy amables y caballerosos hacia mí, me llenaban continuamente la copa con vino y notaba como me miraban de una manera especial, pero fue poco antes de los postres cuando noté como por debajo del mantel la rodilla de Víctor rozaba la mía; al principio creí que no se había dado cuenta y la aparté discretamente, pero volvió a insistir a la vez que Marcos tocó con su pie el mío bajo la mesa.

Estaba nerviosa y no podía evitarlo. Con asombro comprobé que el muy descarado se había descalzado. Su dedo gordo comenzó a tocarme despacio, desde mis pies hasta la rodilla, luego bajaba de nuevo, así una y otra vez, pero cuando intentó subir más arriba, cerré las rodillas. Con toda la cara, al notarlo, él presionó. No sé si fue el morbo de sentirme acariciada bajo la mesa, el hecho de que nadie se enteraba de nada o la imposibilidad de montar un número cambiándome de asiento, lo que hizo que muy despacio separase las rodillas.

El iba despacio, rozándome los muslos hasta que llegó a mi entrepierna y tocó con aquel dedo la tela de mis bragas; la impresión fue tremenda. Lo más morboso de todo aquel sobeo tan íntimo y directo que me estaban dando es que aquellos dos chicos seguían hablando como si nada. Ahora yo estaba tan abierta de piernas como la falda lo permitía y en menos de un minuto mi coño empezó a humedecerse, no me atrevía a mirar a ninguno de los dos, pero sentía tanto gusto con todo aquello que abría y cerraba las piernas muy despacio.

Así, durante los postres, me estuvo tocando aquel sinvergüenza aunque, a decir verdad, yo también era una descarada ya que no hice nada para apartarme, sino que continué espatarrada. Aprovechando que llegaba el camarero con la cuenta y mis compañeros decidían a donde iríamos después de cenar, me disculpé, me levanté y me fui al servicio. Me metí en uno de los lavabos, pasé el pestillo y levantándome la falda hasta la cintura, me bajé las bragas.

Mi mano fue directa a mí coño, estaba gordo y muy mojado, procuré tranquilizarme, me limpié con un papel, me arreglé la ropa, me refresqué las manos y salí de nuevo. Al dirigirme hacia la mesa vi que no quedaba nadie y que mis compañeros y la profesora abandonaban el local, mientras que Carlos y Marcos me esperaban en la barra. – Hemos acordado en ir al cine a ver una película en versión original, por lo del idioma ya sabes y luego ir a una discoteca, si es que todavía estamos animados; los demás han marchado ya hacia allí, pero nos hemos quedado para acompañarte, dijo Carlos.

Me pareció bien, así que cogimos el coche y marchamos hacia allí. Carlos conducía, Marcos se sentó a su lado y yo me senté en la parte posterior del vehículo ya que me encontraba algo aturdida, no sé si por el vino o por el sofoco. Tardaríamos un poco en llegar al recinto, ya que se encontraba a las afueras de la ciudad y aproveché el trayecto para cerrar los ojos e intentar tranquilizarme de la bochornosa situación en la que me encontré. Transcurridos unos minutos noté como el coche entraba en un camino sin asfaltar pensando que llegábamos a la zona de aparcamientos del recinto, pero al mirar por la ventanilla vi que no nos encontrábamos allí sino en un descampado sin iluminación a las afueras de la ciudad. Todo aquello era muy sospechoso y yo me encontraba algo nervioso dado la situación.

Víctor comenzó a besarme por el cuello y a acariciarme suavemente por encima de la ropa. Marcos no tardó en aprovechar la oscuridad de aquel solitario lugar para colocar su mano sobre mí muslo, iniciando una lenta y suave caricia hacia arriba mientras Víctor me separaba suavemente la otra pierna haciéndome lo mismo. Intenté convencerles para que lo dejasen, pero estaban demasiado excitados como para venirse a razones y es que la situación no era para menos. Cerré mis ojos mientras me dejaba acariciar por aquel par de chicos que me habían calentado tanto durante la cena.

Cuando quise darme cuenta me encontraba ya con la camisa desabrochada y abierta, quedando a la vista un minúsculo sujetador negro del que asomaban la mayor parte de mis pechos y la falda remangada hasta más de la mitad, mostrando casi la totalidad de mis muslos. – Joder… como viene vestida nuestra amiguita esta noche…

– Por favor… dejadme… esto es una locura… vosotros sois muy jóvenes… yo soy una mujer casada… – ¿Casada?… ¿ya sabe tú marido el modelito que te ponías esta noche para salir a cenar con los amigos?… – No… No lo sabe… por favor… será mejor que lo dejemos… si se enterase mí marido… él… él… – El no se va a enterar de nada de lo que pase esta noche, al menos por nuestra parte y por la tuya creo que tampoco te interesa, así que no te preocupes y relájate… – Yo… yo no debería… yo… yo… -¿Tú…?  Tú lo único que quieres ahora es que te den una buena polla… ¿verdad?

Durante unos segundos dudé, y luego cerrando los ojos asentí con la cabeza e instintivamente mis manos fueron resbalando sobre los muslos de aquellos jóvenes, y una vez allí no tardé en encontrar unos enormes y alargados bultos que palpitaban bajo la cremallera de cada uno de los pantalones. No podía creerme lo que estaba haciendo, me encontraba con la falda remangada hasta las ingles y con mis tetas casi al aire en la parte posterior de un coche dejándome acariciar y con el deseo de ver y amasar la polla a aquellos dos perversos jóvenes a los que prácticamente ni conocía; así que sin perder un instante más, bajé la cremallera a uno, luego desabroché los botones del tejano al otro y me apresuré en sacar y ver cómo eran en realidad aquellas dos pollas que, debo reconocer que en más de una ocasión me había querido imaginar como serían y que debido al amor hacia mi marido me reprimía estos sucios pensamientos, pero ahora las tenía en mis manos a mí entera disposición.

Víctor la tenía muy gorda y carnosa, aunque algo flácida todavía, mientras que Marcos la tenía más larga, dura y muy mojada ambas buenísimas y con unos gordos testículos en la base. Mientras tanto, ellos tampoco perdieron el tiempo en acabar de remangarme la pequeña falda uno y pegando un pequeño tirón del sujetador hacia abajo dejando mis tetas al aire el otro. – Joder, que buena que está… – …vosotros tampoco estáis… nada mal, dije mientras alternaba las miradas a cada uno de los miembros de aquellos muchachos; era la primera vez que veía y tocaba una polla distinta a la de mi marido y debía contenerme para no apretar en exceso aquellas dos pollas mojadas que resbalaban de mis manos. – …y que par de tetas… dijo el otro mientras contemplaba el espectáculo.  – …seguro que tu marido no te hecha un buen polvo desde hace tiempo, pero esta noche te vamos a dar ración doble de polla, no te merece menos…

Marcos me separó las piernas y comenzó por apartar mí braga con dos dedos y con gran maestría comenzó a darme una suave caricia en mí clítoris cosa que hizo que lanzase un pequeño suspiro sólo pude abrir la boca para decirles: – Sois unos cabrones… me estáis matando de gusto… me tenéis muy mojada… metedme vuestras pollas y folladme de una vez, como sigáis así me voy a correeer, aahhh…  Así, espatarrada, dejándome sobar y chupar los pezones por uno, metiéndome mano en el coño el otro y una polla en cada mano me corrí por primera vez sin poderlo evitar, retorciéndome de gusto como una tonta veinteañera.

La situación no era para menos, pero me encontraba muy excitada y no podía parar. Me giré entonces hacia Víctor, vi su gorda y mojada polla, y sin pensármelo dos veces me amorré comenzándola a engullir con auténtico desenfreno, me apetecía metérmela en la boca y lamerla, chuparla a fondo, no sé si era por el morbo de tener una polla tan enorme a mí disposición, o por el hecho de encontrarme en aquel lugar, dejándome meter mano por aquellos dos jóvenes y sin que mi marido se enterase de nada, el caso es que yo acabé derrotada ante tal situación, entregándome al placer, al sexo.

Mientras, con el culo ofrecido a Marcos, éste no tardó en darme lo que tanto necesitaba ; puso su polla a la entrada de mi mojado coño y empujando suavemente la metió hasta el fondo, provocando que yo lanzase un quejido de placer, después comenzó a follarme suavemente, luego aceleró, entrándola y sacándola al completo, acompañando al ritmo de la mamada que le estaba propinando a Carlos: – Ah… que bien la chupas… que gusto… como sigas así me voy a correr… ah… si… tómala toda…  Carlos descargó toda su leche dentro de mí, fue como una explosión que acabó por llenarme toda la boca y mientras yo me apresuraba en sorber y tragar todo aquello, Marcos comenzó a bombear acelerando y profundizando aquel mete y saca tan bueno que me estaba dando: – Yo también me corro ya… Toma… ah… – Sí, sigue… que yo también me voy ya… ah… Y así, con el chapoteo de mí coño con la polla de Marcos entrando y saliendo de él y con la polla de Víctor en mí boca nos corrimos los tres.

Me incorporé tras unos instantes después de relamer y limpiar la polla a Carlos y entonces Marcos me dijo: – ¡Chúpame ahora a mí la polla!… ¿te apetece? Sin contestar y cegada por mi calentura me amorré y así, agarrándola con una mano comencé de nuevo a meneársela y a chuparla y ésta no tardó mucho en reaccionar, volviendo a ponerse dura y con una erección enorme, teniendo que dejar tres o cuatro dedos de polla fuera de mi boca ya que casi me daban arcadas al intentar tragarla entera. Mientras Víctor colocó su polla en la entrada de mí culo y comenzó a presionar. – No por favor, por ahí no… Me duele… te lo ruego… por lo que más quieras… me duele… – ¿Qué pasa? ¿Qué no estás acostumbrada a que te la metan por aquí?… o… ¿es que ésta polla es más gorda que la de tú marido? – …aahhh, las dos cosas… – Pues ésta noche te la voy a meter por éste culito de zorra que tienes, verás como te gusta…

Así, sin hacer caso a mis protestas y agarrándome por la cintura, comenzó a presionar; primero con un golpe seco metió el glande en mis entrañas. El dolor era terrible y después de tres o cuatro empujones más supuse que tenía toda su polla dentro de mí, confirmándomelo el golpeteo de sus huevos sobre mis carnes. Así, con toda su polla dentro, comenzó a encularme lentamente, como si tuviera todo el tiempo del mundo.

Me di cuenta que el dolor estaba cediendo al placer, gemidos, suspiros y en alguna que otra palabra grosera y sucia; quién me iba a decir a mí que aquella noche iba a acabar poniéndole los cuernos a mi marido teniendo una aventura con dos jóvenes y mucho menos dejarme follar por todos sitios como lo estaba haciendo, pero estaba sintiendo mucho placer con todo aquello y ahora era yo misma quien se movía para rozarme más y más, me sentía como una perra caliente.

– Mmmum… mmmum… – Ahora no te quejas, ¡eh!… – Mmmum… mmmum… – Sí, parece que le gusta… – Calla… calla y sigue follándome… así… así… que gorda la tienes cabrón… como me llenas… asiii… ay… como me está gustando ahora que me follen por el culo… Aay… Entonces Marcos, cogiéndome por la nuca me acompañó de nuevo hasta su polla – Calla y sigue chupándomela… – Mmmum… mmmum… – No aguanto más, me voy a correr como sigas retorciendo tu culo… ¡ahhhh! – Ahhh… que bueno… clávamela toda… así… que gorda la noto… fóllame bien… así… ahhh… me corro… me corro… ¡ahhhh! – Yo también me corro, toma mi leche… – y la mía también…

Así, nos corrimos de nuevo los tres, descargando uno toda su leche en mí culo y el otro en mi boca, y así, tras lamer y saborear todo aquello, con mí culo inundado y el coño chorreando, incorporándome les ofrecí mí boca a los dos como muestra de satisfacción; después de relajarnos unos instantes nos pusimos bien la ropa como pudimos y nos marchamos, sin haber visto ninguna película y sin bailar, pero satisfechos. Cuando llegué a casa mi marido estaba durmiendo, me lavé ya que iba chorreando por todos sitios y con las bragas empapadas, luego me metí en la cama procurando dormir. Durante dos días tuve dolorido mi culo, pero mereció la pena.

De todo esto a mí marido naturalmente no le conté nada, pero a raíz de aquella primera ración de cuernos cambió totalmente mi actitud hacia los hombres ante situaciones de la vida cotidiana…

Ahora debo reconocer que hay momentos en los que me gusta sentirme observada cuando voy por la calle, visto con ropa más femenina, ajustada y provocativa, incluso cuando voy a alguna cafetería o restaurante y coincide que llevo alguna falda corta y estrecha aprovecho para situarme frente algún desconocido y provocar una excitante situación ya que descuidadamente cruzo las piernas quedando a la vista gran parte de mis muslos o bien las dejo entreabiertas para hacerlo enloquecer con sus calientes pensamientos.

Semanas más tarde, cuando una noche mi marido comenzó a tratar el tema me atreví a contárselo como si de una fantasía mía se tratase, y al comprobar como se iba poniendo cachondo se lo fui explicando con todo tipo de detalles, sin imaginarse que todo aquello me ocurrió en la realidad, disfrutando yo también mucho, ya que me sentía muy excitada al recordar aquellas dos pollas y en como me follaron aquellos maliciosos jóvenes; fue a partir de entonces cuando comencé a participar activamente y a seguirle el juego de sus fantasías con otros hombres en situaciones imaginarias en las que me intenta involucrar; lo que no imagina es que con todo esto ha conseguido que su recatada y tímida mujer se haya vuelto un poco más golfa de la cuenta.

Autor: mafli123

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El atraco

María dejó que le bajaran las bragas, el intruso la empalmó por la vagina desde atrás, aunque quería evitarlo no dejaba de gemir de placer, la veía con un movimiento cadencioso y acompasado. Igual pasaba con Paola, el otro muchacho hacía con el misionero las maravillas que quizás Roberto nunca lograba. Ella tenía los ojos en blanco y estaba en verdad gritando de placer.

Ese día nos encontrábamos mi señora y yo con una pareja de amigos en nuestra propiedad rural localizada a unas dos horas en automóvil de la ciudad donde vivimos. Era una noche en verdad fría y los cuatro estábamos alrededor de la chimenea, tomando un poco de ron y escuchando música.

Paola la esposa de mi amigo es una morena encantadora con cara de pícara y notablemente caderona, con un trasero levantado y respingón; tiene muy buenas tetas y normalmente no las disimula con su estilo de ropa que las realza. Roberto en cambio es recatado y tímido, tiene un tufillo de intelectual universitario y sería incapaz de matar una mosca. Mi señora María es delgada, cabello trigueño, con piel muy blanca, tiene un cuerpo armonioso, casi perfecto con una cara de aire angelical. Aquella noche como siempre yo fantaseaba en como sería estar con la dos mujeres al mismo tiempo. Eran varios años de pensar obsesivamente en el mismo tema y como siempre terminaría en la cama haciéndole el amor a María y pensando que Paola estaba con nosotros.

Oímos un ruido afuera, pero con tantos perros en el vecindario jamás imaginábamos que algo malo pudiera estar sucediendo. Luego de otros ruidos adicionales que terminaron por inquietarnos, abrí la puerta de la calle para ver lo que pasaba; me encontré de súbito con tres hombres que me amenazaban con escopetas. Eran dos hombres jóvenes con cara de curtidos campesinos y un hombre mayor que sin duda era el jefe. Nos preguntaron por el dinero, las joyas y las armas. Pero aparte de unos pocos pesos de las billeteras, los anillos y pulseras de las chicas y nuestros relojes, los hombres no encontraron nada adicional de valor. Procedieron a amarrarnos a Roberto y a mí con las manos en la espalda usando una soga que traían y dejaron a las mujeres juntas en el centro de la sala, sentadas espalda con espalda, apenas si atadas con una sábana que volvieron trizas.

Los hombres fueron a la nevera siempre guiados por las órdenes del señor de edad al que le decían Don Antonio. Hicieron sándwiches de jamón y tomaron leche a pico de botella; pronto parecieron saciar un hambre antigua que portaban. Luego sorprendí a los jóvenes campesinos mirando a nuestras mujeres con inusitado interés. Sus miradas ardían. María mi mujer estaba con una falda de jeans que permitía ver un poco más allá de la mitad de sus muslos blancos y apetitosos; sentada con las piernas dobladas hacia un lado era inevitable que cada vez mostrara más y más de lo que sería aconsejable en una situación tan delicada como esta. Paola, del otro lado, tenía un pantalón negro muy ajustado, con una camisa blanca que permitía ver el vértice de sus tetas de tamaño no menor a 36 y su brassier que era un suspiro de encajes.

Los hombres se veían en cada vez más excitados y Don Antonio pronto se percató del hecho. Con una orden seca les ordenó hacerles el amor, mejor dicho, les dijo: “Adelante muchachos, que no solo de pan vive el hombre”, siempre dominando la situación con una escopeta que a leguas se veía era más moderna que las de los otros dos. Los muchachos se acercaron con cierta respetuosa timidez; mi mujer me miró a los ojos, como implorando ayuda o ¿pidiendo autorización?, pero era poco lo que yo podía hacer en esta situación. Algunas veces me había manifestado en la intimidad su deseo de ser tomada por un hombre desconocido que le hiciera el amor con fruición.

Vi que ambos se quitaron los pantalones quedando con la ruana que les cubría cómicamente las piernas desnudas. Las separaron dejándolas atadas con los retazos de sábanas. El que admiraba a mi mujer se le acercó con suavidad por detrás y levantó su falda dejando a la vista unas pequeñas bragas rosadas que parecieron enloquecerlo aún más. En el forcejeo se levantó la ruana dejando ver una verga erecta de buen tamaño y grosor. Mi mujer estaba tumbada de lado, con las manos atrás, la falda totalmente levantada y los cachetes de las nalgas escapando por los bordes de su prenda íntima. Sin duda se veía más que apetecible, así el hombre la olía por detrás y le enviaba lengüetazos a su coño que la hacían retorcer en el suelo.

Roberto estaba de espaldas, mirando hacia la pared, por tanto era yo el que miraba este espectáculo de frente.

El otro muchacho llegó donde Paola, secundado por don Antonio que no dejaba su actitud amenazadora y con la verga también enhiesta comenzó a forcejear con el pantalón de la muchacha. Ella estaba sentada en el suelo pataleando y gritando que no la tocaran. Cuando el hombre terminó de bajarlos dejó a la vista un cuerpo moreno aún más espectacular de lo que yo había proyectado, con unas impactantes bragas negras minúsculas que se clavaban en la piel. Los hombres eran toscos, pero tenían una evidente practica sexual; ambos comenzaron a frotar sus vergas contra el cuerpo de nuestras esposas y estas sin poderlo evitar pronto estaban también excitadas.

María tenía esa mirada que yo le reconozco cuando está de verdad interesada en el sexo. Dejó que le bajaran las bragas, con débiles protestas de su parte, el intruso la empalmó por la vagina desde atrás, aunque quería evitarlo no dejaba de gemir de placer. Pronto la veía con un movimiento cadencioso y acompasado, por momento buscaba mi mirada como pidiendo perdón. Pero yo la comprendía, por supuesto que sí. No era la hora de celos y otras barrabasadas inoportunas.

Igual pasaba en el otro lado. Paola estaba ahora boca arriba, con las bragas negras abajo y el otro muchacho hacía con el misionero las maravillas que quizás Roberto nunca lograba, quizás por una eyaculación precoz nunca tratada. Ella tenía los ojos en blanco y estaba en verdad gritando de placer. El muchacho arremetía furioso mientras le manoseaba las tetas que había sacado de la camisa. De manera increíble todavía tenía las manos atadas atrás, lo que le daba un aire de indefensión aún más excitantes. Sin embargo lo aupaba a que continuara en cada vez más rápido.

Mi señora comenzó a gritar en las convulsiones del orgasmo, el hombre le acariciaba las tetas desde atrás. Paola aún no llegaba, pero sus gritos podían oírse a muchas cuadras a la redonda. Mientras tanto don Antonio se había sacado una verga gordota y se estaba masturbando con evidente satisfacción.

La función duró unos diez minutos, máximo quince, que nos parecieron horas, finalmente don Antonio le acercó la verga a la cara de Paola que estaba más excitada que mi mujer y eyaculó abundantemente en su cara. Paola le daba lengüetazos sin poderse contener y la leche continuaba saliendo a raudales. Luego de dar las gracias y sin hacernos daño se retiraron tan silenciosos como vinieron…

Autor: JUAN 23

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Mi alumno particular

En cuestión de pocos minutos mientras lo besaba me empecé a sacar la ropa, él quedó petrificado ante todo esto y cuando menos se dio cuenta me arrodillé al borde de la cama para empezar a comer y saborear lo que ya en él se estaba poniendo duro, estuve unos 10 minutos allí comiendo todo, desde sus amigos gemelos hasta la cabecita que cada vez estaba más colorada e hinchada.

Hola a todos, ante todo quiero decirle que después de conocer esta página y de relacionarme con varios jóvenes voy a contar como empecé en este mundo y en este tema que para mi era solo una fantasía y nada más.

Me llamo Mónica, actualmente tengo 44 años, una hija de 25, soy divorciada hace ya más de 6 años, soy profesora universitaria en una localidad de aquí de Bs. As., Argentina y físicamente me considero aún llamativa, ya que paso horas en un gym y comprando alguna que otras cremas. Me beneficia mucho la forma de vestirme ya que es a la moda y no tengo problemas con el que dirán, ya que no le debo nada a nadie.

Esta historia pasó más o menos hace 4 años atrás, yo tenía 40 y él un alumno mío de la facultad tenía 18, yo hacía 2 años que no tenía nada de nada por que después de divorciarme me preocupé solo por mi y mis cosas y no en aventurarme, era una persona de prejuicios con respecto a los jóvenes, aunque algunos ratones rondaban en la cabeza mía, nunca me fijé en ellos como para concretar algo.

Este alumno aquí lo llamaremos (X) era muy particular era de observarme todo el tiempo como petrificado, era de acercarse a preguntar cualquier cosa con tal de mirar el escote y era el que primero se sentaba en la primer fila para tenerme cerca, lo he descubierto miles de veces mirándome las piernas por debajo del escritorio, o haciendo comentarios cada vez que me daba vuelta.

Él era común, ojos marrones, estatura normal, ni delgado ni gordo común, pero si muy mirón, se quedaba fuera de hora para hacerme cualquier pregunta sobre el tema tratado o algo que yo me daba cuenta que inventaba en el momento y era de halagarme en todo desde mi letra hasta mi auto, cuando a veces me acompañaba hasta el estacionamiento. Todo empezó porque como ustedes sabrán aquí damos los mail de consulta para alguna duda que tengan sobre la materia o notas.

Un día recibí un mail con la dirección inventada con un nombre loco, en el cual decía que le encantaba como explicaba la clase, lo dulce que hablaba, pero lo que más le llamaba la atención era la forma en que me vestía, los tacos que usaba y lo bien que me maquillaba, rápidamente relacioné ese mail con X y me eché a reír, pero a la vez a darme vuelta la cabeza para probar lo que aún no hablaba de mí.

Nos citamos cerca de un hotel, yo estaba recaliente ese día, él me decía de lo buena que estaba y lo puta que era, yo volaba…

Todo eso me excitó, entonces lo que hice rápidamente mientras nos besábamos y tocábamos, fue buscar dinero en mi cartera para ir rápidamente al hotel más cercano. Una vez adentro nos tocábamos y besábamos con pasión, él no era virgen, hacía algo ya sabía, rápidamente le saqué la ropa y le bajé el pantalón que llevaba y el bóxer y frente a mis ojos vi salir algo que hacía tiempo no veía.

Un gran y enorme pedazo de carne durísimo como una roca y un tanto húmeda por el juego, rápidamente lo tomé entre mis manos y lo toqué mientras lo besaba en la boca, de golpe sentí como una gran explosión mojaba y manchaba la pollera que llevaba en ese momento, X se empezó a disculpar no sabía que hacer hasta que lo calmé y le dije que yo sabía como resolver eso.

En cuestión de pocos minutos mientras lo besaba me empecé a sacar la ropa, él quedó petrificado ante todo esto y cuando menos se dio cuenta me arrodillé al borde de la cama para empezar a comer y saborear lo que ya en él se estaba poniendo duro, estuve unos 10 minutos allí comiendo todo, desde sus amigos gemelos hasta la cabecita que cada vez estaba más colorada e hinchada.

Mientras lo miraba a los ojos, él tomaba mi cabeza y decía groserías que me ponían a mil, cuando me di cuenta que ya estaba, lo tumbé en la cama, tomé su pene, le coloqué el preservativo que estaba sobre la mesa de luz y lo introduje en mi vagina, grité como una loca porque dolía, hacía bastante que no sentía eso.

Mientras inclinaba la espalda hacia atrás y con mis manos tomaba mis tacos como para hacer equilibrio estuve saltando sobre él un poco más de 8 minutos hasta que de golpe tomó mi cintura y me tiró a un costado de la cama, dándome la orden de que me pusiera en cuatro y que dejara de gemir como una loca por que iban a echarnos.

Apenas lo hice, él se puso detrás de mí y lo volvió a meter por la vagina, pero esta vez bien duro mientras me tiraba del pelo y en ocasiones me daba nalgadas, así hemos estado unos 10 minutos más hasta que de golpe se frenó y la sacó, se quitó el preservativo y sin media palabra me tomó del pelo y dirigió mi cabeza bien enfrente de su pene, apenas sintió mi respiración cerca, un gran charco de leche enchastró toda mi cara, mi pelo y boca, la cual atiné a abrir para recibir el segundo chorro y así hasta el final donde ambos nos vestimos a la apuradas, pagué el hotel y nos fuimos.

Lo dejé a 5 cuadras de su casa con la idea de vernos en otra ocasión y tener muchos más encuentros que este.

Espero que les haya gustado esta historia de mi vida.

Autora: Mónica

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Carretera del deseo

Empezó a chupar mis bolas, eso hace que se me pare muy rápido, luego se metió toda en la boca, cuando estaba dura se subió sobre mi y empezó a moverse. Saltaba sobre mi de un lado al otro, sentía como sus jugos bajaban sobre mis piernas estaba muy excitada, mis manos jugaban con su culito, ella gemía y pedía más, sus pechos estaban duros, sus ojos nublados del deseo.

Hola, mi nombre es Michael tengo 33 años,   una persona normal que vive en El Salvador y contaré algo que me sucedió hace corto tiempo.

Mi amiga Alondra es una morena con unos pechos híper deliciosos, grandes muy apetecibles, con unas nalguitas muy paraditas y ricas, le encanta que se las aprieten mucho y muy fuerte, tiene 35 años pero con sus sesiones de gimnasia parece diez años menor

Ya terminada la presentación les contaré una salida que  hicimos al mar, quedamos en que pasaría por ella  a las 6 p.m.  Llegué un poco pasada la hora, ella estaba lista  para nuestro paseo.

Ella vestía una falda muy corta con una blusa de botones muy abierta adonde podían apreciarse sus deliciosos pechos, pasamos al supermercado a comprar unas cervezas para el camino y los hombres se daban gusto observando sus nalguitas paraditas y lo mucho que enseñaba de sus senos.

En la carretera ella se sentó sobre sus piernas dejando su  vulva libre para mi, entre un trago de cerveza y la manejada  abrí un poco su calzoncito blanco y me puse a jugar con su clítoris, ella empezó a moverse   a llevar el ritmo del movimiento de mi mano y a presionar esta contra su vulva…

Poco a poco sentía como se mojaba cada vez más su respiración era más intensa más rápida sus gemidos eran más fuertes cada vez me pedía que siguiera…

“no te detengas papi, más rápido mételos más decía”

Luego en un giro inesperado ella se movió y se colocó en cuatro sacando su cabeza por la ventana, me pidió que metiera dos dedos mientras yo manejaba.

Estaba muy oscuro estábamos como 45 minutos de la capital,  enseguida le metí dos dedos en su vulva calentita y muy húmeda, sus líquidos bajaban por sus lindas piernas.

Así seguí jugando un par de minutos más hasta que se escuchó un fuerte gemido de placer  y su cuerpo cayó rendido de placer en el asiento del carro solo metió uno de mis dedos en mi boca y me preguntó que me parecía el sabor…

Obviamente estaba muy delicioso el sabor de su cosita más un sorbo grande de cerveza, ¡delicioso!

En eso abrió mi cremallera y se metió de un solo mi pene empezó a jugar con el, al principio daba mordiditas, pasaba solo su lengua por la cabecita, se la metía toda estaba poseída por el deseo, no dejaba de chuparla y repetía:

“Es mía, toda mía, la quiero adentro de mi boca toda para mi”

Me pedía su lechita y seguía metiéndola con más fuerza en su boca, la lamía de lado, se la metía toda, la mordía hasta que empezó a salir su lechita, la empezó a tragar toda y lo poco que estaba quedando fuera lo tomó con sus dedos y empezó a jugar con sus pechos.

Luego metió uno de sus dedos en la vulva y  me mostró que estaba muy  húmeda y quería más…Llegamos a la casa adonde dormiríamos y ella se quitó su  ropa y se tiró encima de mi y me dijo quiero que me cojas con fuerza, hazme tu mujer,

quiero sentirte dentro de mi…

Empezó a chupar mis bolas,  eso hace que se me pare muy rápido, luego se metió toda en la boca, cuando estaba dura se subió sobre mi y empezó a moverse…

Saltaba sobre mi de un lado al otro, sentía como sus jugos bajaban sobre mis piernas estaba muy excitada…

Mientras mis manos jugaban con su  orificio de atrás ella gemía y pedía más, sus pechos estaban duros, sus ojos nublados del deseo, de pronto empezó a decir los siento me vine ya terminé, lo siento, lo siento, lo sientooooo.

Se levantó y me dijo vamos a la piscina quiero que juegues conmigo ahí, quiero que me la metas atrás en el agua…

Pero esa es otra historia…

Autor: Michael

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Mi madre es una diosa en la cama

Casi rogándome me dice que la penetre, ella misma me lo agarra, y se lo mete brutalmente, era una princesa mi madre en la cama, estoy totalmente hechizado por la pasión de mi madre, me abraza y llegó a un hermoso orgasmo, se siente el golpe de nuestra piel y nuestros jugos. Me abraza otra vez con mucha fuerza, y yo siento que estoy por estallar y derramo todo mi néctar dentro de ella

Todo comenzó aquel día que después de cinco años de no ver a mi madre. Yo me había ido de mi país, en busca de un futuro mejor. Por suerte mis proyectos se cumplieron mejor de lo había pensando. Casi los cinco años en el extranjero, fue suficiente para conseguir un muy buen trabajo y una excelente vida, con bastantes lujos.

Siempre que hablábamos por teléfono con mi madre ella lloraba, diciéndome lo mucho que me extrañaba, y lo que me necesitaba, a mí eso me partía el alma. En este tiempo mi madre se había separado de mi padre, cosa que no me extrañó mucho, porque hacia mucho tiempo que las cosas no andaban bien con ellos. Sabiendo que mi madre no estaba muy bien, no dudé en invitarla. Sin pensarlo, al ofrecerle mi invitación ella dijo que sí. Pero no quería viajar sola, así que lo hizo con una de mis tías.

Mi madre, tiene 42 años, mi tía tenía en 35 años, eran y son, unas mujeres muy hermosas. Mi madre siempre fue muy linda. Aunque nunca la había mirado como una mujer sexy. Sabía que lo era, por la forma de ser ella, atrevida y provocativa. Mis amigos siempre me lo decían, cosa que siempre me molestaba. Pero muy dentro de mí sabía lo atractiva y apasionada que ella era. Llegó el día. Las fui esperar al aeropuerto. Fue reencuentro muy emotivo. Las dos estaban hermosas, muy sexy, mi tía con pantalón de cuero, ajustado, marcando todas sus curvas, y una remera muy ajustada, delineando muy bien sus pechos, lo cual no paso nada desapercibida entre toda la muchedumbre.

Mi madre, siempre fue más clásica, pero aún así, mucho más sexy. Una pollera muy corta, hasta las rodillas, unos tacos muy altos, una camisa, transparente, que dejaba ver sus hermosos pechos, debajo de su corpiño de encaje.

Después de un mes de estar en casa, la estábamos pasando muy bien. Yo me sentía muy a gusto con ellas y al parecer ellas también. Cada uno tenía su habitación. Yo siempre llegaba tarde de mi trabajo y ellas me esperaban, junto a mi novia, para cenar.

Tendría que hacer un capitulo aparte, sólo para hablar de ella. Mujer físicamente perfecta. Es y será hermosa, medidas espléndidas. Y lo que más me gustó de ella es su devoción al sexo.

Esa noche, salimos con mi novia, los dos solos. Una noche normal de una pareja. Y al regreso, sexo y más sexo en mi habitación. Ese día los dos estábamos muy excitados, lo pasamos realmente bien. Ella gemía como nunca, que seguramente esos gemidos los había escuchado mi madre o mi tía. Estábamos los dos agotados, mi novia se durmió profundamente. Y fui a buscar desnudo algo de tomar.

Voy hasta la cocina y al regreso, siento unos ruidos. Me paralizo. Y no sabía qué era. O por lo menos no quería imaginar que era. Efectivamente eran susurros de excitación, provenían de la habitación de mi madre. No lo podía creer. Era mi madre, masturbándose me pregunté. Seguía sin querer creerlo. Sigilosamente abrí la puerta de la habitación y vi, a través del espejo, a mi madre masturbándose delicadamente. Mi erección fue instantánea. Se masturbaba entre las sábanas, mi morbo quería ver más.

Casi como escuchándome se destapa del todo y veo su mano entre sus piernas, recorriendo dulcemente cada rincón de su vagina, penetrándose tiernamente. Con la otra mano entre su camisón de seda, se acariciaba sus pechos, se los pellizcaba, era grandioso. Era mi madre masturbándose. Mordió el camisón, para no gritar, porque obviamente estaba por llegar a un majestuoso orgasmo. Sentía el perfume de mujer ardiente en la habitación, me estaba volviendo loco. Y vi cómo llegaba a un orgasmo, sus gemidos entre cortados, su repicaron agitada… y con un final que me dejó total paralizado. Entre su cuerpo deseoso y el silencio de la noche, dijo… mi nombre. Paralizado por aquella situación, encendió en mi conciencia los pensamientos más morbosos, quería buscar junto a ella la suma nuestro placer, estaba listo para hacer amado por mi madre.

Lentamente me fui a mi habitación. Mi novia me preguntó qué me pasaba, al verme tan excitado. Me miró, sonrió y me dijo: -Mi amor, cómo estás hoy. Hice el amor con mi novia, como nunca, pero pensando únicamente en mi madre.

Pasé toda la noche recordando lo ocurrido. Aunque, traté de olvidar todo pero me fue imposible. Al otro día como todas las mañanas anteriores mi madre se levantó a prepararme el desayuno antes de irme a trabajar. Mi novia seguía durmiendo, había tenido una noche muy apasionada.

Al verla a mi madre, aquella vez, no fue como todas las mañanas. Tenía puesto un vestido largo, con un gran escote en sus pechos. Estaba preciosa. Observé sus pechos, no estaba utilizando nada más que un vestido, y seguramente y diminuta tanga. Sus pezones se marcaban en el vestido. Ella se dio cuenta que algo me pasaba. Y me lo preguntó.

-Qué te pasa mi amor. -Nada, tan sólo te aprecio. ¿Te dije alguna vez que sos hermosa?. Le contesté. -Sí muchas veces, me contestó y me volvió a preguntar: -¿Qué te pasa? La miré a los ojos y obviamente no le pude decir que quería gozar con ella. Después de unos segundos de silencio. Mientras hacía que miraba el diario. Ella se acercó y me dice: -Amor, no quiero entrometerme en tu vida, pero anoche, veo que la pasaron muy bien con tu novia.

No dije nada tan sólo la miraba. -No es por mí, mi amor, pero recordá que está también tu tía. -¿Se escuchó? Pregunté. -Sí y ¡cómo! Me contestó.

Sonrío, y le pido perdón, diciéndole que no fue nuestra intención. Ella me acarició muy tiernamente mi cara, diciendo: -Me encantó escucharlos hacer el amor.

Mi sonrisa se borró de mi cara. Y ella se paró y se fue a su habitación. No podía creer lo que estaba pasando. Me dirigí hacia la habitación donde estaba ella, golpeo y pregunto si podía entrar. A lo que contestó que sí. Entré, y sentí otra vez, ese aroma a mujer excitada, de la noche anterior.

-Me estaba por cambiar me comenta. -Por qué dijiste que te gustó, pregunté. -¿Qué cosa ? me responde.

La miré seriamente. -Mi amor, no pensé que te había molestado, tan sólo dije que me gusta sentir como los demás disfrutan del buen sexo, y especialmente mi hijo.

Para eso momento yo lleno de deseos hacia ella. Le pregunté: -¿Cómo podés decir eso mamá?, soy tu hijo. Se sentó a mi lado. Y no pude evitar mirarle el escote. Ella me dice: -Soy tu madre, y tú me miras los pechos, ¿qué diferencia hay?.

Cerré los ojos, me tomé la cara con mis manos. Diciendo: -¿Qué pasa mamá? Ella me sorprende con otra pregunta: -¿Te parezco atractiva?.

Sin pensarlo le digo que es hermosa, siempre me pareció hermosa. Y me sorprende otra vez. -Anoche te vi amor, cómo hacían el amor con tu novia, y me encantó. Mientras tanto me seguía acariciando pero ahora la pierna. Y le contesto: -Anoche te vi cómo te masturbabas.

Se detuvo. -¡Me viste! Sorprendida aclamó. Y después de unos segundos me preguntó:   -¿Qué te pareció? -No lo podía creer mamá, estaba muy excitado, me encantó.

Ella sin pensarlo dirigió su mano a mi bulto. El cual era bastante visible. Al tocarme ella, mi madre, me recorrió tu terrible escalofrío. Pero yo no dudé en dirigir mi manos a sus pechos. Ella me masturbaba sobre el pantalón. Yo acariciaba sus pechos, sobre su vestido. Lentamente corrí los breteles de sus vestido y vi sus hermosos pechos, sus pezones erectos… era todo un sueño. Sin pensarlo dirigí mi boca a ellos. Antes de rozarlos con mi boca, ella ya estaba gimiendo. Al tocarlos con mis labios, me abrazó, y se dejó caer sobre la cama. Ahí comenzaría todo. Me acomodé sobre ella.

No dejaba de besar sus pechos, morderlos, pellizcarlos… ella ya había buscado mi pene por debajo de mi pantalón. Sus palabras eran: -No pares mi amor, seguí, soy toda tuya… como tu novia. Me volvía loco. Me paré. Y me desnudé quedando a la vista con mi pene erecto. De un solo empujón le saqué el vestido. Y sentí una oleada de perfume de mujer excitada. Fui directamente a su boca. Nos besamos como nunca lo había hecho con alguien. Mientras frotaba mi pene, sobre su vagina húmeda, ella movía sus caderas. La miré a los ojos, y dirigí mis manos a su centro de placer. Lentamente le saqué su tanguita. Y llegué a sentir su calor con mis dedos, la penetré con mi dedo.

-¿Así lo hacías anoche? ¿O mejor?

Ella no dejaba de gemir. La masturbé por unos minutos. Hasta que le saqué mis dedos y los coloqué en su boca. Me los limpió con una buena perra. Y lentamente fui con mi boca, a su centro de pasión. El aroma era penetrante. Pero sin pensarlo, comencé a lamer su vagina. Mi lengua la estaba violando. Y no dejaba de gemir, hasta que llegó a un orgasmo, sentí todos sus jugos en mi boca. Casi rogándome me dice que la penetre. Sin pensarlo, me pongo sobre ella, y tomo mi pene, y le rozo intencionalmente sobre su vagina, hasta que ella misma me lo agarra, y se lo mete brutalmente. Sentí que estaba en las nubes.

Ese calor era increíble. Comenzó un movimiento majestuoso, era una princesa mi madre en la cama. Yo la acompañaba. Me rodeó con sus piernas, y brazos. Yo seguía con mis movimientos, hechizado por la pasión de mi madre, me abraza muy fuerte y llegó a un hermoso orgasmo, el cual me provoca que acelere mis movimientos de penetración, ya son con locura… se siente el golpe de nuestra piel, y nuestros jugos. Me abraza otra vez con mucha fuerza, y yo noto que estoy a punto de estallar… y con fuertes movimientos derramo todo mi néctar dentro de ella, gozo… ¡Qué hermoso!

Caigo rendido sobre su cuerpo desnudo, me suelta y se relaja. Me mira a los ojos. Y me dice:

-Sos hermoso mi amor. Antes que yo diga algo, me tapa la boca con sus dedos tiernamente.

Me pide que no salga, que me quede, que me quiere sentir. Yo podía creer lo que había pasado. Pero realmente fue estupendo. Nos habíamos olvidado de todo, y de todos, en esos minutos. Hasta que yo comienzo levantarme y me siento al costado de la cama. Y ella se tapa con la sábana. Nos dijimos nada, tan sólo nos sonreímos con complicidad, y mis únicas palabras fueron:

-No me arrepiento, sos hermosa. Y me dirijo buscar un beso que nos lleve al infinito. Pero en ese momento sentimos un ruido. Obviamente nos habían visto. Era mi tía, o mi novia, o las dos.

Pero esa es una historia que otro día les contaré.

Autor: Alfred

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