Cura Cachondo

El cura proseguía gozando de Blanca con singular enjundia, cuando hubo un cambio de estrategia, deshicieron su abrazo y ella sin sacarse la polla, apoyándose sobre el escritorio, inició a subir y bajar sus caderas con movimientos cada vez más rápidos, daba gozo el ver las nalgas estrellarse contra los muslos del padre, tragando aquel jugoso coño el pene del sacerdote.

Regresábamos mi novia Blanca y yo en coche hacia Huelva desde Badajoz, era de noche, era la primera vez que hacíamos ese trayecto, el camino resultaba ser muy tortuoso, ya que habíamos cogido para acortar un atajo que nos recomendaron por la sierra, la cual estaba cubierta por vegetación frondosa, que incluso impedía ver normalmente el cielo. Al rato de circular por la sierra, empezamos a sospechar que nos habíamos perdido, estábamos fatigados, y según parecía perdidos. Durante veinte minutos más continuamos en el camino, hasta que se tornó recto y dar a llegar a un monasterio.

Al llegar a este, me bajé del coche para ver si en el monasterio había alguien que me pudiera guiar, y de camino estirar las piernas y tomar un poco de aire fresco. Segundos después, oí los pasos de mi novia acercándose a mí. Blanca es una mujer hermosa, 22 años, con un gran cuerpo donde resaltaba especialmente su cintura, sus caderas y su bello trasero, su rostro era atractivo, con grandes ojos azules, y una piel entre blanca y rojiza, encuadrada en una copiosa y prolongada cabellera rubia, es más en ocasiones, la habían confundido con extranjera. Llevaba un vestido rojo muy femenino, acinturado y con una caída extensa que le alcanzaba ligeramente la parte superior de sus rodillas.

Nos dirigimos a un costado del templo, donde se apercibía una luz encendida, golpeamos una puerta de madera con la ilusión de que nos escucharan. Al momento, oímos como descorrían la cerradura y nos acercamos a la puerta, esta se abrió y apareció un sacerdote calvo con lentes, con un hábito oscuro.

– Buenas noches, ¿qué desean?- Preguntó el sacerdote. – Disculpe la molestia a estas horas, pero queríamos solicitarle un pequeño favor. Contestó Blanca. – Sí, ¿en qué puedo servirles? – Nos hemos perdido, llevamos muchos kilómetros y no sabemos dónde estamos. – ¿Se han perdido?, dijo, normal, si no conocen la carretera, es fácil despistarse y más de noche. – Sí, dije yo, podía guiarnos, estamos cansados, muertos de sed y hambrientos, queremos llegar a Huelva lo antes posible. – Lo mejor que pueden hacer es quedarse a dormir aquí hoy, y continuar mañana por el día, es mejor en vuestra situación que partáis por el día, que será más fácil, además aquí hay camas de sobra, pues solo estoy yo en el convento.

Después de mirarnos, decidimos hacer eso, y le dijimos que vale, que nos quedábamos. Pasamos, él cerró la puerta y lo seguimos entrando a uno de los cuartos laterales de la iglesia, que tenía el aspecto de una menuda oficina, con muebles bastante sencillos, algunas sillas, un añejo escritorio de madera y un estante con libros debajo de la única ventana. Él nos comentaba que estaba solo porque las demás personas habían tenido que ir a la diócesis a no sé que cuestión y estarían fuera unos días. El cura nos ofreció café, ya que alimentos no tenía, lo que tomamos ambos con sumo gusto, él nos acompañó tomando algo de vino e inicio una alegre plática en la que nos distrajimos por un buen rato. Pronto se acabó el café y el padre nos brindó un poco de vino que era lo único que quedaba, sonreímos y aceptamos. Él fue a por dos vasos y por más vino, el hombre era atrayente en su trato, de mediana estatura, algo obeso, con pocos pelos negros debido a su calvicie, ojos castaños, piel clara y velluda, y con algo de papada, no como yo que era más alto que él, peso normal, moreno, ojos negros y piel tostadita.

La charla continuó, al igual que el consumo del vino, que mezclado con el cansancio del viaje, hizo que nos sintiéramos relajados y cómodos, la conversación y el consumo de vino continuaban, y sin darnos cuenta, los tres estábamos ya algo contentos, empezando a decirnos el sacerdote que era muy común que él estuviera solo en grandes lapsos de tiempo, que nuestra inesperada visita era un bálsamo para su habitual soledad, unido a las durezas que impone la vida religiosa, algunas de ellas durísimas de soportar.

– ¿Cuál es la más difícil? Preguntó Blanca terminándose de beber otro vaso de vino. – El lograr mantener con voto de castidad a este pobre. Respondió él, levantándose la parte delantera del hábito y enseñándonos que no llevaba ropa interior.

Nos quedamos sorprendidos al dejar su paquete al descubierto, por debajo de su grueso y peludo vientre tendía un miembro sumamente rollizo, que contaba con una gran mata de vello púbico que le coronaba, debajo quedaban unos testículos grandes. Según parecía, el hecho de mostrar su miembro con mi esposa ahí presente había causado cierto grado de excitación en ellos, y mi novia comenzó a exponer interés en esa polla, se percibía un brillo en su mirada. Arrimándose al sacerdote con cara de admiración, extendió su brazo derecho y con su mano albergó y mimó sus testículos, lo que produjo que la verga comenzara a erguirse, adquiriendo más longitud y más grosor.

Blanca se acuclillaba frente al padre, flexionando sus piernas y separando generosamente sus rodillas. Esto me dejaba pasmado, más que nada por el hecho de ver a mi esposa manoseándole las bolas a un cura, mostrándole su entrepierna cubierta con unas bragas blancas y aproximando cada vez más su rostro hacia ese pene. Me miró como solicitándome mi consentimiento, y yo dentro de mi asombro, asentí con un liviano movimiento de cabeza. Inmediatamente, sacando su lengua aspiró la pequeña gota de humedad de la punta del glande, exclamando, ¡Delicioso!.

Comenzó a darle lengüetazos a la base de la polla, lamiendo posteriormente el tronco a lo largo, hasta llegar a los testículos, donde se deleitó dándole con la lengua por todos sitios, metiéndose por turnos los testículos en la boca, mientras con su mano derecha le hacía la paja al párroco, el cual se mantenía parado pero plegando con ambas manos el frente del hábito. Ella viajaba con su lengua de forma ascendente, hasta llegar a la enorme cabeza de la verga, la cual engulló, fijando la cara de zorra que tenía en la cara del padre, instante en el que el sacerdote echó su cabeza hacia atrás y abrió la boca en un gesto de gozo. Blanca mamaba gozosamente el cipote, encajando sonoramente cada vez mayores porciones, observando con cara pícara su efecto en el rostro del sacerdote. La verga logró su máximo tamaño y dureza, el cura empezó a flexionar acompasadamente sus piernas metiendo grandes trozos del pene en la boca de mi esposa, deformándole a veces sus cachetes, ella como buena hembra, resistía los embates tragando la ración que le decretaba el padre, ensalivando con sus labios aquella polla.

El párroco comenzó a robar el control del escenario, estiró su brazo izquierdo para levantar el cabello de Blanca y manteniendo la correcta posición para seguir follándosela. La visión de ver a mi novia, acuclillada, con las piernas separadas y dejando ver sus mojadas bragas blancas, mamándosela a un representante de la Iglesia, era una visión muy caliente, esto hizo, que mi polla mostrara actividad, la mezcla de emoción, excitación y nervios había logrado excitarme al máximo, más aun cuando el único ruido que se escuchaba era el húmedo sonido del machacar la verga en la lagrimosa boca de ella.

Ella nos sonrió gozosamente, vanidosa por su gesto, su rostro estaba muy ensalivado, y con aquel miembro enfrente de su rostro. No aguanté más, la llevé hacia el viejo escritorio acostándola, situé su pierna izquierda en mi hombro, separando como podía la entrepierna de su braga, y le empotré mi polla en su inundada concha, mientras su pierna derecha estaba pegada a la mesa del escritorio. Mi pene entraba y salía fácilmente de ese jugoso coño, estaba más caliente y húmedo que nunca, el párroco logró adaptarse encima de la cara de mi novia, para que ella le retornara a lamer, volviéndole a encajarle la polla. Durante un gran rato conservamos la posición, solo alterada por él, que a veces cogía su verga y con ella azotaba el rostro de Blanca, quien con cierta desesperación esperaba a que se atajara el dulce castigo para retornar alegremente a seguir mamando, viendo como la calva cabeza del padre se llenaba de gotas.

Seguidamente, el cura se acostó en el escritorio y Blanca se colocó encima, se recogió su falda en la cintura, y tomando la verga con la mano derecha la dirigió a la entrada del depilado coño, el padre ayudaba, retirando con la mano sus braguitas hacia la nalga izquierda de ella, gradualmente pero fácilmente se introducía, hasta que solo quedaron los testículos fuera. El sacerdote situó sus manos en cada glúteo de mi novia, abrió ampliamente sus piernas, colocándose Blanca en los huecos, aprisionándola él con sus piernas, ambos quedaron encajados. La sala se inundó de jadeos y olor a sexo, yo me senté en una silla, contemplando la follada y pajeándome, podía ver el rojizo trasero de Blanca manoseado por el padre, quien le apartaba las nalgas abriéndole la hendidura del culo, mostrándome con total lujo de detalle la follada.

Observando como el cura proseguía gozando de Blanca con singular enjundia, continuaba masturbándome, cuando hubo un cambio de estrategia, deshicieron su abrazo y ella sin sacarse la polla, apoyándose sobre sus pies y manos sobre el escritorio, inició a subir y bajar sus caderas con movimientos cada vez más rápidos, daba gozo el ver las nalgas estrellarse contra los muslos del padre, tragando aquel jugoso coño el pene del sacerdote, era ella la que se lo follaba gozosamente, giró su cabeza y fijó su vista alegre en mí, mostrándome con su culo al aire la forma en que se tiraba al cura.

Me acerqué a ellos, situé una mano en las nalgas de Blanca, y ensalivándome el dedo medio de la otra mano recogía parte de los flujos de ellos con los que lubricaba el pequeño ano de mi novia, el párroco volvió a sujetar y separar las nalgas de ella, facilitándome el trabajo, introduje mi dedo en el ano de Blanca, no perturbándose ella, luego le metí dos e igual. Me quité mis pantalones y slip y con cuidado me subí también sobre el escritorio, acomodándome apropiadamente encima del trasero de ella, situé la punta de mi verga en el pequeño orificio y el diligente padre separó más el culo para facilitar la penetración, doblé las rodillas y efectué presión sobre el culo, entraba muy lentamente por la pequeña hendidura de las nalgas, hasta que la penetración resultó perfecta, quedando solo fuera mis testículos, gritando Blanca con ansia gozando de la doble penetración.

Esta enculada era diferente, no era como otras. Gradualmente sincronizamos e incrementamos nuestro martilleo sobre ella, las vergas entraban y salían cada una en su respectivo agujero, mi novia usando sus brazos se empujaba y mecía hacia atrás, deseosa de recibir la mayor ración posible de pollas. Seguimos reventando intensamente a Blanca, el apretado ano me oprimía deliciosamente el pene y a la vez sentía la polla del sacerdote, la cual alcanzó su primera eyaculación, pude sentir a través de mi pene como anegaba de leche la vagina de mi novia, convulsionándose ella, teniendo un gran orgasmo al sentirlo, que crearon pequeñas contracciones de su ano sobre mi polla. La cantidad de semen arrojada fue bestial, su verga ocupaba tan plenamente el coño de ella, que la leche empezó a escurrir fuera, deslizándose por el tronco del miembro, dejando pringoso el todavía embutido cipote, junto con los testículos del clérigo.

Yo continuaba castigando el culo de Blanca como al quitarme yo, él bombeó un poco a mi novia, y enseguida le dijo que se arrodillara para darle su bendición, ella así lo hizo, abrió la boca, sacó la lengua, y el sacerdote restregó la verga en ella, pajeándose a la vez, hasta que empezó a correrse, la primera leche bendita cruzó la cara de Blanca llegando incluso al cabello, después un flujo más lento y espeso que depositó en la lengua de ella, Blanca la metió de vuelta en su boca y lo degustó tragándoselo todo, después ella volvió a tragar la polla del cura, chupándola hasta sorberle los últimos restos de leche.

Después nos vestimos, y nos fuimos a dormir, partiendo el día siguiente hacia Huelva por donde nos recomendó el sacerdote, llegando sin problemas.

Autor: Fary

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Más sexo para vivir

Se levantó y se acercó a mí, me besó y me cogió firmemente el pene, pasó la mano por mis testículos, estaba caliente ya, para variar, le aparté las manos, me tumbé en la cama, se puso encima, pasé mis dedos por su mojada rajita, y se metió mi pene, ella soltó un gemido. Inmediatamente empezó a botar, quería sentir mi miembro dentro de ella.

Este relato sucedió en Kenia, en un viaje que hice por allí, fui a un Safari, el cual consistía en ir con un grupo de cazadores, que tenían un contrato legal con un zoo, le facilitaban los animales, y mientras los turistas observaban ese mundo.

El grupo era de unos quince, la mayoría chicos, y sólo una pareja, nos presentaron a los cazadores, al frente estaba una chica, se llamaba Maite, era española, rubia, de complexión fuerte, estatura media, delgada, con senos medianos, solía ir con un pantalón muy corto y una camisa, todo ello marrón. El primer día, nos dijeron que íbamos a ir a ver a los leones, para ver cuál era el que nos interesaba, la manada de leones descansaba plácidamente al lado de un charco, había cuatro machos y siete hembras, un león destacaba, era más grande y con melena larga.

Después vimos otras especies de animales y tras ver esto, la caravana para pasar la noche se instaló a pocos kilómetros de los leones. Al anochecer empezamos a cenar todos, nos sentamos formando un corro y hablamos del trabajo del día siguiente. Una vez que finalizó la cena, nos fuimos a las tiendas, observando cómo Maite agarraba a uno de los excursionistas, argentino, y se lo llevó a su cama. Al día siguiente, mientras desayunábamos la gente de la excursión, él nos contaba a unos pocos lo que hizo la noche antes, nos dijo que entraron en la tienda, casi sin saludarse, ella le desnudó rápidamente, lo tiró al colchón, y empezó a chuparle la polla velozmente, decía que tardó poco en correrse, entonces Maite le miró enfadada, momentos después se desnudó ella, dejando ver su voluptuoso cuerpo, sus pechos, su gran culo, su coño poblado de vello rubio, entonces nos dijo que ella se puso de rodillas encima de la cara de él y éste empezó a chuparle la raja, pero por lo que se veía a Maite no le gustaba como él lo hacía, pues no tardó mucho en quitarse, para volver a tirarlo al suelo, y a continuación ella sentarse encima de él, nuevamente el chico no aguantó mucho con la rubia, y Maite lo echó.

Una vez terminado el desayuno, partimos, a Maite se le veía muy cabreada hoy, le gritaba al resto de los cazadores de su grupo, cazamos varias aves y un par de gacelas, y fuimos nuevamente a observar los leones, para saber por dónde andaban, al atardecer retornamos al campamento. Por la noche, de nuevo nos pusimos en coro para cenar, cuando terminamos cada uno se fue a su tienda, pero esta vez Maite cogió de la mano a un inglés del grupo.

A la mañana siguiente este se puso a hablar con la gente que lo entendía en su idioma, y aunque no me enteré de casi nada, la gente decía que él iba diciendo que se lo habían pasado muy bien, pero que ella era insaciable, fuimos por unos cuantos rinocerontes, y volvimos al campamento para almorzar, tras esto, en la siesta, Maite nuevamente fue a buscar al chico al que le había echado el ojo, esta vez un portugués, el cual le dijo que solo no iba, que su amigo también tenía que ir, ella sin problemas aceptó, y se metieron en su tienda. Ellos cuando salieron nos dijeron que esa chica era una ninfomanía, que era insaciable, que hizo con ellos lo que quiso, que le chuparon los dos el culo y el coño, que se la metieron por los dos sitios, que se la metieron los dos a la vez, pero que no lograron dejarla exhausta.

Por la tarde, salimos a explorar el terreno cercano a los leones, el momento de la caza estaba próximo, y el plan casi listo, y una vez esto realizado, retornamos a cenar, comimos en coro como siempre. Por la noche, esta vez Maite cogió a dos hombres y una mujer, eran argentinos también los tres, le había gustado lo de los grupos, nunca tenía problemas para escoger puesto que todos estábamos ansiosos por follar con ella, además era bastante guapa, y su fama de ninfomanía le daba mucho morbo.

Al día siguiente, uno de los chicos, con el cual hice bastante amistad, me contó lo que sucedió la noche anterior, decía que ella ordenó que se desnudasen los dos chicos, que se las chupó, después se denudó ella, que era impresionante, y que se la fueron metiendo, primero él y después el otro, mientras descansaban cogió a la chica para que le chupase el coño, para que no se enfriase, que le agarró la cabeza a la chica, y que se la apretó contra su coño, refregándosela arriba y abajo, jugando con la cabeza de la chica, para que cuando se repusieron, nuevamente se la follaron los dos.

Tras desayunar, ella nos convocó a todos, nos dijo que hoy era el día en que iban a cazar al león, Maite formó varios grupos de cuatro personas, yo caí con ella, y con dos franceses, nuestro grupo iría a vigilar la trampa y los demás llevarían a los leones hacia allí, podía haber un trayecto de una hora. Nos colocamos en los alrededores, detrás de unos arbustos, en parejas de dos, un francés y yo, y el otro con ella, pero ambas parejas nos veíamos, la trampa estaba en un camino. Llevábamos unos minutos tirados en el suelo esperando cuando Maite empezó a tocarle la polla a su compañero, el cual se resistió al principio, pero acabó sucumbiendo, él se desabrochó los pantalones y se los quitó, se bajó los calzoncillos y se sacudió la verga para que cogiera consistencia, Maite mientras tanto, se abrió la camisa que llevaba, se quitó el sujetador y dejó al descubierto sus pechos, él empezó a chuparle los pezones y a bajarle los pantalones.

Nosotros éramos testigos con una inmejorable situación, ella sabía que los veíamos, pero no le importaba, de un tirón le rompió las bragas y en el suelo la tumbó, le separó las piernas y se la metió, la polla del francés estaba taladrándola, en cada sacudida le proporcionaba bastante placer, hasta que él llegó al orgasmo y empezó a soltar chorros de semen. Maite se incorporó y chupó ansiosamente las últimas gotas del pene, después le lamió el tronco y se la metió en la boca, y empezó a resucitarla, hasta que lo logró, y volvió a ponerse firme, se la sacó de la boca y se puso a cuatro patas, apoyó la cara en el suelo y con las manos se separó los labios vaginales, el francés empezó a palparle las nalgas, introduciendo un poco un dedo en el culo, Maite le dijo que eso es lo que tenía que hacer, se le escuchaba perfectamente, luego se lo metió en el coño y empezó a moverlo en círculos, ella cerró los ojos y empezó a disfrutar del momento.

Tras esto, él, le agarró las tetas y le clavó su polla en el coño, empezó a moverse compulsivamente y a bufar ruidosamente, ella jadeaba cada vez con más fuerza. Nadie prestaba atención al león y la trampa, ellos estaban en lo suyo y nosotros éramos los espectadores, hasta que él soltó su semen y Maite inmediatamente se corrió intensamente, segundos después abrió los ojos y vio como el león estaba bajo la trampa, se subió los pantalones apresuradamente, y se puso la camisa un poco, los pechos se les veían, y las bragas rotas estaban en el suelo, llegó a la cuerda, y soltó la trampa, y en el límite cazó al león, se arregló la camisa adecuadamente y los demás grupos fueron llegando. Tras esto llegamos al campamento, estuvimos todo el día por allí, Maite sola no salió de su tienda en todo el día, estaba cabreada, cuando cenamos nos fuimos a dormir, pues al otro día emprendíamos la vuelta para ir a vender los animales, era el último día de safari. Estando dormido, y siendo ya de madrugada, entró en mi tienda una chica, me dijo que saliera, lo hice y era Maite, me agarró la mano y me llevó a su tienda.

Una vez allí, me desnudó apresuradamente, se tumbó en el colchón, se quitó la ropa y por un rato me contempló, después me dijo que yo era el único español del grupo, que a ver como dejaba el pabellón. Se levantó y se acercó a mí, me besó y me cogió firmemente el pene, pasó la mano por mis testículos, estaba caliente ya, para variar, le aparté las manos, me tumbé en la cama, se puso encima, pasé mis dedos por su mojada rajita, y se metió mi pene, ella soltó un gemido. Inmediatamente empezó a botar, quería sentir mi miembro dentro de ella, pero para mi sorpresa, a los pocos saltos ya estaba corriéndose y gritando de placer. Tras esto, me levanté, la lancé al suelo, ella cayó a cuatro patas, me puse detrás y la penetré bruscamente por el coño, tras esto, empecé a darle fuertemente, hincando profundamente mi verga.

Maite tenía que hacer fuerza con los brazos para no irse hacia delante, hasta que ella nuevamente llegó a otro orgasmo, que coincidió con el mío, el semen comenzaba a llegar, la verga empezó a bombear semen, yo gemía levemente, la leche empezó a salir de su coñito y a caer al suelo cada vez que le daba un empujón, las sacudidas eran más intensas y espaciadas, hasta que con una de ellas Maite se soltó, llenando su culo, coño y piernas con lo que quedaba. Tras esto, Maite se quedó sentada mirándome, con cara de rareza, con sus senos desnudos, su rubio coñito, y debajo un pequeño charco de semen, mi pene no bajó mucho, estaba de pie.

Al rato, se levantó, con una toalla se limpió su raja, y caminó hacia mí, agarró mi pene con la mano, y se lo metió en la boca, se entretuvo un rato, por los lados, metiéndosela entera, quitándome los restos de semen, seguidamente Maite me puso el coño en la boca y empezó a comerme de nuevo la polla, haciendo un sesenta y nueve, me dediqué a lamerla y a meterle levemente mis dedos, ella le daba lengüetazos a mi miembro. A continuación, me tumbó en el suelo, Maite se sentó en mi polla y volvió a botar, estuvo así hasta que nuevamente se corrió, se quitó de encima y se limpió con la toalla. Descansó unos minutos, hasta que se sentó a mi lado, acarició mi pene, hasta que nuevamente se puso encima de mí, y empezó a botar, sudábamos mucho, ella no tardó en volver a correrse, era una mujer multiorgásmica, después se tumbó a mi lado, dándome la espalda, la abracé por los pechos, le di besos en el cuello, y con la polla empecé a entrar de nuevo en ella, lentamente, hasta que de forma lateral empezamos a follar más rápidamente, gemíamos los dos, me movía y ella pasiva recibía, hasta que ambos llegamos al nuevo orgasmo. Después de esto quedamos descansando un rato tumbados en el colchón.

Descansamos una hora, y tras esto, cogí la toalla, le limpié su enrojecido coñito, y la desperté lamiéndole el coño, ella abrió los ojos y me miró como diciendo basta ya, no le hice caso, la tumbé boca arriba, y volví a tirármela, ella no tenía fuerzas para nada, quería dormir y descansar, no hacía nada, aunque de vez en cuando soltaba pequeños gemidos, hasta que Maite se animó, me indicó que estaba un poco lastimada, que cada vez le dolía más el coño, después me dijo que mejor que follásemos ahora por el culo, que tenía la vagina quemada, yo acepté.

Se puso en cuclillas y se esparció un poco de semen por la entrada del culo, luego se lamió el dedo anular y empezó a introducírselo muy lentamente por el ano, hasta que se lo metió hasta el fondo, lo dejó dentro unos minutos para que se dilatara, después se lo sacó, se puso a cuatro patas y repitió la misma operación, pero con un dedo mío. Cuando Maite creyó que estaba bien dilatada, me sacó el dedo, me chupó un poco la polla, para lubricarla más, y me dejó hacer, situé mi polla en la entrada del culo, y metí con mucha delicadeza la puntita, ella gritó de dolor.

Fui metiéndosela lentamente, con largos espacios de tiempo entre centímetro, ella soltaba en cada movimiento grandes alaridos, pero le gustaba, era una buena puta, ninfómana insaciable, la verga entraba lenta, pero de forma constante, al poco tiempo estaba toda dentro, repetí varias veces la operación, hasta que su culo ya aceptaba bien mi verga, entonces empecé a darle lentamente, Maite arañaba el suelo, gritaba desgarradoramente, gemía de placer, le estaba partiendo más aún su roto culo, le gustaba, se corrió nuevamente, yo aceleré más, ella gritaba dolorida, hasta que minutos después, nos corrimos los dos, inundé su culo, momentos después saqué mi polla, y su culo empezó a vomitar semen, su ano estaba destrozado, abierto, enrojecido.

Tras esto, nos tumbamos en el colchón y nos dormimos al rato agarrados. Al día siguiente el campamento se desmontó y volvimos a vender los animales, y al otro día retorné a mi casa en Huelva, eso sí con el Messenger de Maite. Ahora sigo en contacto y ella me cuenta lo que va haciendo en los safaris, más que nada a quien se tira y como.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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Poblado caliente

La siguiente en surgir fue Erika, una chica a la que le gusta la marcha, enseñando sus encantos, para después tragarse la verga del chico, y una vez que la había saboreado, se da una sesión de sexo con él, gozando ella con cada penetración, hasta que el chico se corre dentro de ella.

Este relato sucedió hace pocos meses, un día que estaba solo en casa, no sabía que hacer, el aburrimiento se apoderaba de mí cuando me puse a navegar por Internet un rato, buscando algo para entretenerme. Miré bastantes paginas pero no encontraba nada interesante, así que tras un rato me puse a ver las que tenía agregadas como favoritas, pinché esta página, que me gustaba bastante, en la cual había bastantes áreas de sexo, y en cada una aparecía una chica chateando, como ya me había registrado anteriormente, puse mi nick y mi clave y entré.

La primera que pulsé llevaba como nombre Alejandrina, apareció morena, con un cuerpo tostado, enseñando sus pechos y su culo tras irse quitando la ropa, después le mamó la polla a un chico, el cual se la folló y finalmente se corrió en su boca. Instantáneamente, me quité los pantalones y el slip, dejando al descubierto mi polla, sin demora encerré mi pene entre mi mano, oprimiéndola un poco, en la punta del glande se podía ver un poco de líquido preseminal, el cual servía de lubricación, con todo esto y viendo como la chica se desnudaba, empecé a recorrer con mi mano de arriba abajo mi verga.

Seguía acariciándome cuando abrí otra área, esta vez a Angela, era una pelirroja espectacular, vestida de estudiante, hizo un striptease, enseñando perfectamente su coñito y su culito, después se metió un dildo por el culo y después con otro hizo una doble penetración, para finalmente jugar con unas bolas chinas anales, yo continué con mi masturbación a ritmo lento. Pinché otra área y apareció Bailey, una rubia estadounidense, era espectacular, se fue desnudando, enseñando sus perfectos pechos, después se quitó por completo la ropa y dejó ver su coñito, con algunos pelitos en su monte de Venus, la chica estaba muy potente, tras verla cambié de técnica, puse cuatro dedos en el tronco de mi pene, y el dedo gordo arriba, meneando la mano por todo el pene.

A continuación aparecieron Crystal y Natalie, dos rubias, se desnudaron, Natalie le lamió los senos a su compañera y después su coñito, todo ello mientras enseñaba sus encantos, finalmente se fundieron en un sesenta y nueve, incluso con consoladores, mirando a las chicas seguí con mi masturbación. Luego vino Dani, valenciana, se fue quitando su ropa, hasta dejar que se le pudiera ver su cuerpo desnudo, sus hermosos pechos, su rasurado coñito, y su delicioso culo, ante ella decidí cambiar de posición en mi autosatisfacción, cogí mi verga como si fuera un lápiz, pudiendo recorrer toda mi polla desde la base hasta el glande, el contacto era menor aunque también era una buena técnica.

La siguiente en surgir fue Erika, una chica a la que le gusta la marcha, enseñando sus encantos, para después tragarse la verga del chico, y una vez que la había saboreado, se da una sesión de sexo con él, gozando ella con cada penetración, hasta que el chico se corre dentro de ella.

Higinia fue la siguiente que surgió, una modelo rubia con ropa interior de leopardo, la chica fue quitándose la ropa, dejando ver sus senos, su rajita y su culo. Katja emergió como la siguiente, con su pelo pelirrojo teñido, desnuda, con su coñito coronado por unos cuantos de pelos morenos, pronto empezó a chupársela al chico, con sumo placer, quien después se la folló por el culo, ante el dolor y placer de la chica, volví a ponerme sentado, con una mano continuaba sobándome el escroto, y con la otra lubricaba el glande y el pliegue entre el dedo medio y el cuarto, seguidamente separé los dedos y coloqué la polla entre ellos, moví la mano arriba y abajo lentamente, frotando el pene, variando de velocidad y de presión.

Pulsé otra foto, y apareció Lonnie, una rubia explosiva, con un cuerpo angelical, el cual no dudó en enseñar, se quitó toda la ropa, dejando ver sus bellos pechos y su coñito rasurado, jugó un poco con sus tetas y se metió algún dedo en la vagina. Olga con su cara de viciosa era la siguiente, una chica menuda, se desnudó y se la mamó gustosamente a un chico, la lamió, la saboreó, después el chico se la folló un rato y finalmente el muchacho se corrió, llenó su cara de leche, tras ver esto, encerré mi pene con las dos manos, una encima de la otra, una en la base y la otra cerca de la cabeza, después las moví a la vez arriba y abajo, era muy gustoso, e incluso a veces variaba las direcciones de mis manos, una hacia arriba y la otra hacia abajo al mismo tiempo, notaba que estaba cerca mi orgasmo.

Quira con su escultural cuerpo y sus grandes pechos fue la siguiente en aparecer, se desnudó y se la empezó a mamar al chico, el cual después se la fue follando de diferentes posturas, dejando ver sus encantos, finalmente le llenó la cara de leche. Rocio fue la sucesora, primero puso caliente al chico rozando su culito por su polla, a continuación se desnudó, y tras esto se la folló el muchacho de varias posturas, para terminar corriéndose en su cara, tras esto, adopté una nueva postura, con el pliegue de mi mano entre el dedo índice y el dedo gordo, froté lentamente el área donde empieza la cabeza del pene, la zona estaba lubricada, y era muy agradable.

Sonia a continuación hizo su aparición, una morena, se desnudó poco a poco, fue enseñando su delicioso cuerpo, era una chica cortada, aparentemente, aunque cuando se puso lo hacía muy bien, mostrando sus tetas, su coñito y su culito, para rematar la cosa jugó con un consolador con su vagina. Estaba casi a punto de correrme, empecé a frotarme la cabeza de mi pene con la palma de una mano, mientras me masturbaba con la otra, la sensación era muy placentera.

Por último puse a Taua, una rubia venezolana, se desnudó, mostrando su hermoso cuerpo, y después se puso a mamársela al chico, con sumo arte, gustándole, después se la folló y se corrió en su cara, esto fue mi final, no aguanté más y me corrí, varios chorreones de semen cayeron sobre mi mano y mi barriga, me quedé relajado, satisfecho.

Tras esto me aseé y apagué el ordenador, sabía que tenía en esa página un tesoro, había muchas chicas aun por ver.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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Trío amigo

Laura estaba acostada con las piernas abiertas, con cara de estar feliz, mordiéndose los labios, incluso dirigiendo con sus manos el ritmo de Teresa, me acerqué a Teresa, le levanté el duro culo separando las rodillas le inserté la verga en su coñito, todos estábamos entretenidos, así estuvimos un gran rato, Laura gemía sonoramente por el trabajo de Teresa y esta gemía ahogadamente por mis penetraciones.

El relato que os cuento, me aconteció el año pasado, estando en la universidad, dentro de mi clase tenía un grupo de amigos, éramos cinco chicos, Ángel, Luis, Pedro, Pepe y yo, y cuatro chicas, Laura, mi novia por aquellos entonces, Mónica, Raquel y Teresa. Nuestro grupo era bastante liberal, muchos de los componentes estuvieron liados entre ellos, algunas chicas y chicos habían pasado por varios. Yo había disfrutado de Laura, y antes de Mónica una noche de excitación, y de Raquel un mes de relación.

Laura era íntima amiga de Teresa, con ella tenía más relación que con las demás, eran inseparables. Ambas eran morenas, cabello lacio moreno corto Teresa, Laura lucía un rizado pelo rubio, las dos tenían labios gruesos, mi novia tenía una cara normal, su amiga era más guapa, ojos marrones ambas. Laura medía 1,65 y la otra 1.67, las dos tenían pechos grandes y redondos, Teresa tenía una estrecha cintura, mi novia algo menos, y por último sus culos, los cuales eran lo mejor de ellas, las tetas eran llamativas, pero sus culos respingones aun más, además al estar envueltos normalmente en minifaldas cortas atraían hacía ellas las miradas, era delicioso observar sus apretados culos y sus firmes piernas.

Llevaba con Laura dos días de relación, y aun no habíamos tenido sexo, era jueves y todo estaba previsto para el viernes. A la tarde de ese día, recibí una llamada de Teresa, citándome en un café para decirme algo. Yo intrigado acudí, pedimos unos cafés y ella me dijo que el asunto era el siguiente, que estaba enamorada de Laura desde hacía tiempo, y aunque era su amiga, no había podido o no había querido ir más allá, yo la miraba sorprendida. Ella continuó diciéndome que sabía que a Laura le agradaba la idea de estar con una mujer, de probar si le gustaba, que le había dicho que le atraían Mónica, y dos compañeras más de clase, y que pensaba que ella también.

No dije nada, Teresa siguió diciéndome que antes de que esas barbies cayeran, ella quería mostrarle esa faceta del amor. Tras esto, Teresa me dijo que sabía que yo me moría por María del Mar, otra compañera, y que si estaba con Laura era por pasármela por la piedra, quise interrumpirla para decirle que no era verdad, pero no me dejó, y continuó hablando, proponiéndome un trato, me indicó que en breves momentos llegaría al café Laura, que yo le siguiera a ella la corriente, que obedeciera en todo, y que con esto hoy jueves a Laura me la follaba yo y se la follaba ella.

Yo me quedé pensativo, entonces ella me dijo que me preguntaría porque me lo propuso si creía que podía tirársela sin mi ayuda, ella misma se respondió diciéndome que necesitaba a un hombre para ponerla a tono. Me quedé pensando, ella no hablaba, a continuación le pregunté por lo que ganaba con eso, y ella me dijo que además de follarme a Laura, tendría a dos mujeres a su lado, juntos los tres, y que ya sería yo tonto si no aprovechaba.

A mí Laura me gustaba, era una chica tierna, lista y película era mala, y tan pronto nos servimos las copas, Teresa abrió fuego, pidiéndome que les contara una experiencia sexual, yo les narré mi relación con una chica, a las chicas les gustó oírla. A continuación, Teresa nos contó que su primer orgasmo lo había tenido a los catorce años, con la mamá de una amiga suya del colegio, que casi se podía decir que la violó, que estuvo bien, pero que fue raro, después nos pidió que no saliera esta historia de la habitación, no dijimos nada, la mirábamos expectantes, ella continuó, nos dijo que tras esto, durante un año retornó a la casa de su amiga siempre que sabía que ella no estaba y la madre sí, que por aquellos entonces pensaba que eso era el sexo.

Seguidamente, Laura le preguntó que cuando había perdido la virginidad, Teresa le dijo que con ella, y después le preguntó a su amiga que si pensaba que el único objeto para meterse en la vagina era un pene, Laura no dijo nada, Teresa después le dijo que con hombres la perdió en segundo del instituto, lo que le contó a ella, pero que la verdad es que le habían roto el himen años antes. Permanecimos callados un par de minutos, y entonces le pregunté a Laura por su primera vez, ella contó rápidamente que también la perdió en el instituto, con su quinto novio, del que prefería no acordarse porque no fue una buena experiencia. A continuación, Teresa le pidió que contara su fantasía a Laura, ella le respondió que era ser esclavizada por cuatro chicos, ser forzada y llenada, Teresa se quedó sorprendida, no esperaba esa respuesta. Seguidamente, Laura le preguntó a Teresa por su fantasía, entonces Teresa dio un largo trago de la copa, y mirándola a los ojos, le dijo que su fantasía era vernos hacer el amor, a los dos, a su amor platónico y mí, y que luego nos volviésemos sus esclavos. Laura le replicó que esa era una fantasía fácil de cumplir, se giró hacia mí y me preguntó por la mía, le dije que la de Teresa estaba bien para hacerla.

Tras esto, Laura me miró y me dijo que íbamos a hacer feliz a Teresa, que la follase. La amiga puso la silla mirando a la cama y yo me lancé hacia Laura con ansia, le quité rápidamente la minifalda, la blusa, y a continuación el sujetador, con esto se puso al aire sus hermosas tetas, sus pezones morados, inmediatamente empecé a mordisquearlos, a lamerlos, mientras ella, me iba quitando la camisa y me bajaba el pantalón. En segundos estábamos casi desnudos, solo con las partes bajas de la ropa interior, continuamos besándonos, masajeándonos, acariciándonos, el nivel de excitación de ambos subía, hasta que metí la mano dentro de sus braguitas y pude notar que estaba empapada, los flujos le chorreaban.

Sin demorar más la cosa, la tiré de espaldas en la cama, le di unos lengüetazos rápidos a su raja de arriba abajo, saboreando sus flujos, ella se empezó a retorcer, segundos después jugué con su clítoris, Laura me gritaba que no podía más, que estaba a punto, estuve un poco más de tiempo, y ella se corrió, tras ello, pasé un rato más lamiendo su coñito, hasta que lo puse a tono nuevamente, entonces, con la postura del misionero, dirigí la cabeza de mi polla a su ansiosa vagina, la cual la engulló de un solo golpe fácilmente, estaba muy lubricada, entraba sin dificultad, su coño estaba muy mojado, mientras Teresa miraba expectante mientras se acariciaba sus pechos por encima de su ropa.

Comencé a follarla, despacio, para con el tiempo ir más veloz, haciendo círculos, mientras la follaba le chupaba las tetas, estaban durísimas, ella gemía, gritaba, me arañaba la espalda, mientras la cogía Laura comenzó a chupar los pechos de Teresa, su amiga lo agradecía, le gustaba que ella le chupase las tetas. Cuando terminó, se dirigió a su coñito, y entonces se aplicó a beberse los jugos que escurrían de la palpitante rajita de Laura, la cual estaba acostada boca arriba, con las piernas abiertas y flexionadas, los generosos pechos expectantes, con cara de estar feliz, mordiéndose los labios, incluso dirigiendo con sus manos el ritmo de Teresa. Cuando me repuse, me acerqué a Teresa por detrás, le levanté el duro culo y separándole las rodillas, le inserté la verga en su coñito, con suavidad, todos estábamos entretenidos, de esta forma estuvimos un gran rato, Laura gemía sonoramente por el trabajo de Teresa, y esta gemía ahogadamente por mis penetraciones.

Pasado un tiempo, Laura tuvo un orgasmo sonoro, Teresa aceleró, y mi novia gozó grandilocuentemente, tras esto, su amiga retiró mi polla de su coñito, y dejó de mamar la raja de Laura, quedaron las dos tías tumbadas en la cama, y yo de pie al lado, estuvieron así unos minutos, hasta que Teresa se sentó en el borde de la cama y le dijo a Laura que ella sabía que mamaba las pollas muy bien, pero que era hora de aprender a succionar clítoris, Laura obediente, se hincó de rodillas delante de ella y empezó a ocuparse del coñito de Teresa, lo hacía bien, disfrutaba de toda la raja, de su clítoris, de su vagina, su amiga se tumbó en la cama y empezó a gemir, clamar, suspirar gustosamente, la posición que tenían me vetaba el ingreso a cualquier agujero, así que me quedé mirando acariciándome mi polla.

El estar Teresa con su amor platónico femenino hizo que no tardara mucho en correrse, agarró la cabeza de Laura y la metió todo lo que pudo en su coñito, refregándola, disfrutando de su orgasmo. Cuando terminó, Laura me miró y me dijo qué era insaciable, me tumbé en la cama, y ella vino hacia mí, se puso a horcajadas sobre mí, se abrió sus jugosos labios vaginales y se insertó mi polla en su agujerito, y sin demora se puso a cabalgar con cierta prisa, ambos gemíamos desesperadamente, hasta que cuando ya estaba avanzada la cosa, ella me empezó a decir que me corriese fuera de ella, no dije nada y continuamos, hasta que noté que terminaba, la empujé de encima de mí y la tiré sobre su amiga, la cual estaba reponiéndose, ambas boca arriba, Laura encima de Teresa, entonces empecé a soltar mi leche sobre sus caras, casi todo lo recibió Laura, aunque Teresa también acogió una parte.

Descansamos un rato, y después fui al baño a orinar, al regresar Laura estaba vistiéndose, yo hice lo mismo, mientras Teresa permanecía desnuda sobre la cama mirándonos. Una vez que terminamos y cuando ya estábamos a punto de salir, Teresa nos dijo que había que repetirlo, Laura le contestó que ya se vería la cosa y nos fuimos de su casa.

Autor: Fary

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Follando a mi sobrina

Le metí mi polla hasta que desapareció, ella trató de gritar pero yo le tapé la boca, después de un rato se acostumbró, y empecé a meterle y sacarle mi polla, ella gemía y me decía que yo iba a ser su tío favorito que jamás se me negaría, en ese instante me dijo que se venía, eso me excitó todavía más, al rato sentí como se había corrido, la humedad que despedía, decía que ya era toda una mujer.

Hola, me llamo Víctor, hace unos días me encontré con esta página buscando algo nuevo y excitante, me llamó mucho la atención la sección de relaciones entre miembros de una misma familia y por eso me animo a contarles esta historia real. Todo empezó un día como cualquier otro, en ese tiempo yo tenía como 18 años y me gustaba masturbarme mucho, lo hacía por lo menos dos veces al día, tomaba mis revistas y me metía al baño.

Un día me encontraba masturbándome muy a gusto, de pronto se escuchó el timbre de la puerta y rápidamente salí del baño y guardé la revista antes que la viera mi madre, era mi hermana con mis sobrinas, una de 18 años y otra de 19 años, me caían mal porque siempre estaban agarrando mis cosas y eran muy fastidiosas, mi hermana le fue a preguntar a mi mamá si íbamos a ir a la casa de la playa para las vacaciones de verano y ella le contestó que sí, así que quedamos en que nos veríamos allá el sábado.

Mi cuarto en la casa de la playa se encontraba arriba, enfrente del de mi hermana y por consiguiente de las de mis sobrinas, la más chica se llamaba Sandy y la más grande se llamaba Fary, ella es bonita, tiene un cuerpo de lujo, con senos redonditos, como dos manzanas, con unas piernas bien formadas y un trasero grande para su edad, ojos azules y cabello negro.

El sábado como quedamos acababan de llegar, las ayudé a meter sus cosas y le pregunté a mi hermana sobre mi cuñado, y ella me dijo que tenía mucho trabajo y no iba a poder venir, ese mismo día mi hermana y mi sobrina Sandy se fueron a la planta baja a platicar con mi mamá, y mi sobrina Fary entró a mi cuarto y como siempre se acostó sobre mí en mi cama, solo para fastidiarme, así que yo giré y me puse hacerle cosquillas hasta que ella ya estaba revolcándose conmigo en la cama y me pedía que parara, hasta que lo hice.

Acostándome en la cama, mi sobrina Fary de pronto se colocó de caballito sobre mí y empezó a hacerme cosquillas, yo la tomé de la cadera y la empujé como a la medida de mí pene, yo ya estaba caliente y me la quería follar a esa misma hora sin importarme que era mi sobrina, ella sintió el bulto entre sus piernas y le gustó, ya que ella se iba restregando en lo largo de mí pene, entonces yo la fui ayudando agarrándola de sus caderas y levantándola un poco, ella sonrío y me dijo que sentía rico y que le gustaba la sensación, y entonces la tomé de un seno y ella gimió en ese instante.

Sentí como su cuerpo se estremeció, así que le alcé la blusa y vi esos pechos más redonditos y con unos pezones rozados y sin ser mordidos todavía inflamados del placer, ella me dijo que cerrara la puerta, me levanté y la cerré, enseguida ella se quitó la blusa y su short, yo la camisa, el pantalón y mi trusa, ella se recostó en la cama, yo le di un beso y ella abrió completamente su boca y me la ofreció.

Yo la tomé de sus senos y le lamía, ella gemía de placer, la fui recorriendo toda con mi lengua y al llegar a su coñito noté que estaba empapada, me dijo que no podía más que no perdiera el tiempo, que la penetrara y que después tendríamos más tiempo para otras cosas, en ese instante me sentí en la gloria ya que me follaría a la hija de mi hermana, le abrí las piernas y me dijo que despacio, tomé mi pene y se lo metí en su boca para que lo ensalivara.

Fary saboreó por un momento y me dijo que ya no aguantaba, que ya se lo metiera, así que fui metiendo mi polla poco a poco hasta que topó, y en ese mismo instante le metí mi polla hasta que desapareció, ella trató de gritar pero yo le tapé la boca, después de un rato se acostumbró, y empecé a meterle y sacarle mi polla, ella gemía despacio para que no nos escucharan abajo, y aumenté la rapidez ella gemía y me decía que yo iba a ser su tío favorito y que jamás se me negaría, en ese instante me dijo que se venía y eso me excitó todavía más, al poco rato sentí como se había corrido ella, la humedad que despedía, y que decía que ya era toda una mujer.

Yo ya no podía más estaba en lo máximo, ya me estaba viniendo, así que saqué mi polla y la asenté en su barriguita y me corrí sobre ella, y le di un largo beso y le recordé su promesa que me había hecho, ella se levantó y me dijo que sería mi putita particular y que me agradecía por haberle mostrado lo que era el placer.

Ya les contaré que pasó con ella y que otro miembro de la familia cayó en nuestros juegos.

Autor: Víctorsortis

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Cunnilingus y fellatio

Después de comerme su rico coñito, la puse en la posición del perrito, me puse detrás de ella y le fui metiendo mi verga en su vagina, entró sin muchos problemas, empecé a follarme su coñito, ella gemía incansablemente, cada vez la follaba más rápido, Magdalena pedía más, la taladraba a gran velocidad, con mis manos le abría sus nalgas, podía observar como se abría su culo, era delicioso.

Hace bastantes meses me agregó al messenger Magdalena, una chica de diecinueve años, estuvimos hablando unos meses, siempre de cosas relacionadas con los relatos, de las cosas que se recogían en él, de que le gustaría probarlas, así como asuntos de su vida. Pasado un tiempo, Magdalena me empezó a pedir que quedáramos un día y tuviéramos sexo, ella vivía en Almería, en la otra punta de Andalucía, así que nunca concretábamos nada, lo más que había visto de ella eran varias fotos, era morena, linda, estatura media, rellenita y buenos senos.

Llegó un día en que recibí una llamada de teléfono a mi móvil, era ella, me dijo que a la otra semana se quedaba sola en casa, que sus padres se iban de viaje y no regresarían hasta pasados unos días, y finalmente me dijo que quería que fuera hasta Almería para estar juntos, me lo pensé un rato y después le contesté que de acuerdo, que iría. El día indicado partí hacia el oriente andaluz, cargado de varios juguetes y algunos lubricantes.

Cuando llegué, ella me recibió, era tal y como la foto, me invitó a pasar a su casa, y en cuanto cerró la puerta me abrazó y comenzó a besarme con gran pasión, Magdalena vestía muy sensual y provocativa, llevaba una blusa negra muy escotada, sin sujetador, lo que me permitía ver sus ricos pechos con sus duros pezones excitados, debajo portaba una minifalda roja, que no dejaba mucho a la imaginación, y de zapatos llevaba unos negros con un gran tacón.

A continuación me cogió de la mano y me llevó al dormitorio, nada más entrar, Magdalena se lanzó a besar mis labios mientras me desnudaba, cuando me había quitado la camisa y los pantalones, dejó de besarme y se agachó, colocando su cara a la altura de mi verga, me quitó el slip y cogió mi polla con su mano y comenzó a masturbarme lentamente, con la otra mano sujetaba mis testículos. Seguidamente recorrió su lengua sobre sus labios para tenerlos húmedos, me miró a la cara, y con la vista le dije que quería ver como la chupaba, Magdalena abrió su boca ligeramente, me estaba excitando, se acercó a mi polla, respiraba sobre ella, la soplaba con su aliento caliente, después sacó su lengua y tocó mi glande, me estaba atormentando. Con su lengua goteante de humedad, comenzó en la base de mi pene, lamió hacia arriba lentamente, girando la cabeza de lado, simulando morderme, colocando sus dientes suavemente en mi carne. Su mano izquierda entretanto estaba tocando mis testículos, arañándolas ligeramente con sus uñas, buscando después debajo y detrás de los testículos para encontrar mi área tan sensitiva justo antes del ano, incluso luego pasando sus dedos sobre mi ano muy levemente.

Magdalena seguía lamiendo el cuerpo de mi verga por los alrededores un montón de veces, estaba todo húmedo y duro. En uno de sus balanceos hacia arriba con su lengua, desde la base hasta el glande, no se detuvo y continuó su húmeda lamida sobre la punta del pene, insistiendo en el agujero del garganta, permaneció así durante un momento, sintiéndola dentro de ella. En este momento Magdalena se puso a deslizar hacia atrás, hasta el extremo de la polla su lengua, yo sentía como un hormigueo, después empezó a mover tan rápido como podía aguantar su boca dentro y fuera de mi polla, deslizándose arriba y abajo por mi pene como si estuviera follándolo, se la metía hasta el final, resbalaba sus dedos en forma de o alrededor de mi polla, arriba y abajo con el ritmo de su chupada. A continuación, tomó tan sólo el glande en su boca, y empezó a mamarlo, era delicioso, después comenzó a hacerme mamadas más largas y profundas, cogía mi polla completamente y la chupaba todo el tiempo hacia arriba como si fuera una aspiradora, después hacia abajo y nuevamente lo mismo.

Mi polla estaba a punto de estallar, ella lo notó y llevó su mano derecha a la base del pene y apretó allí, esto provocó que mi verga se llenara y espesara, el glande estaba brillante y suave, Magdalena continuó manteniendo el pene en su boca, chupándolo con su lengua, mamándomelo, sacándolo y metiéndolo en su boca, hasta que no pude soportar más, iba a disparar. Magdalena sacó la polla de su boca y se puso a unos centímetros, solté el primer borbotón el cual fue a parar a sus labios, ella sacó la lengua y allí cayó el segundo, después se metió la polla nuevamente en la boca y varios chorreones fueron soltados allí, ella los mantuvo y se los tragó después. Mi verga escupió un poco más de semen, lo que le sirvió a Magdalena para derramarlos de su boca y deslizarlos alrededor de mi ya húmeda polla, haciéndola muy escurridiza y deliciosa de tocar, ella la empezó a recorrer con su manos, sintiendo la polla, esparciendo la reluciente leche sobre el glande, para finalmente meterse otra vez mi pene en su boca y dejármelo sin restos de semen, era una hermosa imagen sensual, me había echo una gran mamada.

Tras esto, ella se puso de pie, y haciendo un striptease muy sensual se fue quitando la ropa, su blusa, dejando ver sus hermosos pechos, después la minifalda, y finalmente sus braguitas, ante mí tenía su coñito, con unos cuantos de pelos en forma de triángulo en el monte de Venus. Cuando terminó, me dijo que era su hora, que deseaba disfrutar también, se tumbó en la cama y me fui hacia su rajita, pasando mi lengua por sus muslos antes, chupándolos y besándolos, haciendo dibujos con la punta de mi lengua, lamía el pliegue donde las piernas se juntan con su coño, después acaricié mi cara con sus pelitos, con mis manos acariciaba su rajita, manoseaba su precioso coño, le decía que era magnifico, cepillaba mis labios sobre su raja sin presionar, para posteriormente excitarla.

Seguidamente, me quedé mirando su coñito unos segundos, para después suavemente apartar sus labios y luego los labios internos, podía ver su rosado coño, pronto empecé a chupar sus labios interiores, separando las partes superiores de estos hasta que encontré su clítoris, el cual estaba bastante pronunciado, me humedecí un dedo y lo fui pasando por él, después lo chupé, mojándolo a veces con sus jugos internos. Magdalena estaba moviéndose y tratando de forzar la cosa para que me acercase más a ella, puse mis labios en la superficie de su raja, besándola suavemente y después mas fuerte, mi lengua separaba los labios de su vagina y cuando se abrían hacia correr mi lengua arriba y abajo entre las capas de carne, a la vez suavemente separé más sus piernas con mis manos.

Seguidamente, empecé clítoris. Después le introduje un nuevo dedo, dos tenía dentro, los deslizaba hacia dentro rápidamente, la follaba con ellos, se lo estaba pasando en grande, los pezones estaban muy duros, estaba colorada, empezaba a temblar. Momentos después Magdalena empezó a tener su orgasmo, no dejé escapar su clítoris, perseveraba en el, así estuve un tiempo, hasta que cuando empezó a decaer del orgasmo, presioné mi lengua contra el lado inferior del clítoris dejando que mis labios cubrieran la parte superior, movía la lengua hacia dentro y hacia fuera de su coño con mis dedos aun dentro, los cuales movía. Tras haberla hecho correrse, continué lamiendo sus labios, le acariciaba con delicadeza su pecho, su cuerpo, seguí haciéndole el amor suavemente con mis dedos, así estuve hasta que ella se calmó.

Después de comerme su rico coñito, la puse en la cama, con la posición del perrito, me puse detrás de ella y poco a poco le fui metiendo mi verga en su vagina, entró sin muchos problemas, estaban muy lubricada, empecé a follarme su coñito, ella gemía incansablemente, cada vez la follaba más rápido, ella pedía más, era bestial, la taladraba a gran velocidad, con mis manos le abría sus nalgas, podía observar perfectamente como se abría su culo, era delicioso, Magdalena me preguntaba que si me gustaba, yo le decía que sí, ella gemía más fuerte como contestación.

Pronto, saqué mi polla de su vagina y comencé a lamerle el culo y su coñito, alternativamente, llenaba su ano de mi saliva. Después la agarré de la cintura, y con mi verga jugaba en sus hoyitos, metiéndosela en la vagina y dándole puntazos en el culo, Magdalena estaba expectante, esperando la estocada final, hasta que no aguantó más y me dijo que se la metiese ya, que estaba súper cachonda, que quería ser mi puta, que se la introdujera de una vez. Entonces empujé mi verga sobre su ano, y este comenzó a ceder, introduje la punta y ella gritó de dolor, ante esto, con el glande dentro esperé un poco, se oían sus quejidos, cosa que me excitaba mucho, después Magdalena empezó a morder la almohada.

Pasados unos segundos, ella me dijo que le dolía mucho, pero que no parase, que metiera un poco más, eso hice, entró la mitad de mi polla, Magdalena no se quejó mucho y me dijo que se la metiera toda, cosa que hice seguidamente de otro empujón, entró por completo, eso le gustó y me animó a que la follara, me dijo que era mi puta, que le diese por culo, comencé a penetrarla lentamente a lo que ella solo decía que le encantaba, tenía cara de dolor, pero esto le gustaba, comencé a moverme mas rápido por su apretado culo, hasta que no aguanté más y bañé su cavidad de mi semen, ella gemía sonoramente.

Al rato, retiré mi verga de su culo, ella se quedó tumbada boca abajo en la cama, y momentos después se quedó dormida, yo al lado suya pude observar su hermoso cuerpo, hasta que también me quedé dormido, mi cyber amiga había sido una buena pareja.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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Madre penetrada

Mi polla entró por completo en su coño, proporcionándole bastante placer, y lanzó un gemido fuerte, pronto empecé con las embestidas, al principio sutilmente, pero luego las fui haciendo cada vez más fuertes. Pasados unos minutos, la puse de lado en el sofá, con las piernas a un lado, entonces me puse en cuclillas detrás de ella y se la volví a meter, follándola lateralmente ella y yo de frente, esto le daba mucho placer, gemía alocadamente, se notaba que estaba disfrutando.

La historia que les voy a narrar sucedió hace seis años, todo empezó un día que fui a la casa de un amigo a hacer un trabajo de la universidad, en la casa estaba él y su madre, ella era una mujer fenomenal, rubia, alta, rellenita, cuerpo bellísimo, cara angelical, senos no muy grandes, culo maravilloso, unos cuarenta y cinco años, bien conservada. Al parecer se había enterado hacía unos meses de que su marido le había puesto los cuernos con otra mujer, y estaban separados. Estuvimos haciendo el trabajo los dos en su habitación, hasta que pasadas un par de horas le dije a él que iba a ir al baño, entré en el baño y me llevé una sorpresa, estaba la madre, Luisa, llorando sentada en el wáter.

Me acerqué a preguntarle por lo que le pasaba, y ella abatida me contó todo lo del marido, me estaba confirmando los rumores, tras esto comenzó a llorar desconsoladamente, yo en un esfuerzo de consolarla, la abracé muy fuerte, para que se desahogase, en ese momento pensé en llamar a mi amigo, pero luego analicé la situación y decidí que iba a ser más difícil para ella contarle lo del padre al hijo, entonces seguí con el abrazo, mientras le decía al oído que no valía la pena que se pusiera así, que era una pedazo de mujer y que se merecía algo mejor, que era aun muy hermosa. En eso se separo de mí y me preguntó si en verdad creía eso, entonces le respondí que sí. Tras decirle eso, me dijo que si yo quería podía invitarla un día a cenar, y así podía salir, yo me lo pensé y acepté, quedamos para el sábado.

Fuimos a cenar a un restaurante del centro de Huelva, la comida estuvo muy bien, mi amigo, su hijo había salido con nuestro grupo, yo les dije que no tenía ganas, esa fue la excusa para no salir. Después de cenar, estuvimos hablando y paseando por las calles peatonales, camino a su casa, pues vivía cerca de El Corte Inglés. Cuando llegamos, me dijo que subiera, lo hice y nos sentamos en un sofá a ver la televisión mientras nos tomábamos unas cervezas. Al rato, me dijo que me estaba portando muy bien con ella, y seguimos viendo la tele.

Minutos después, Luisa se abalanzó sobre mí y me besó de manera ardiente, con mucha fuerza, como sacándose la rabia de encima, yo me quedé impresionado por lo que estaba pasando, no lo podía creer, pero eso no me impidió devolverle el beso. Tras el arrebato inicial, me empujó y me tiró al suelo, cayendo boca arriba y ella encima de mí, le acaricié la espalda y luego bajé lentamente hacia su culo, Luisa no oponía resistencia, le apreté con fuerza el culo, luego empecé a deslizar mi otra mano hacia sus bellas tetas. Sus besos empezaron a bajar a mi cuello, mientras yo metía mi mano en su pantalón, para poder sentir sus pelitos y más abajo su rajita con su vagina.

A continuación, Luisa me bajó la cremallera del pantalón, seguí besando el cuello hasta que ella me quitó la camisa y sentí el suelo frío en la espalda, me besaba el pecho, ella me quitó la ropa que tenía puesta, después su ropa interior, a continuación con una mano se deleitaba manoseándose sus tetas, su coñito estaba expectante, con vello púbico recortadito, el cual empecé a chupar sin más demoras, le pasé mi lengua a lo largo de su rajita, dejándola muy lubricada, me entretuve en el clítoris, jugando con el, después pasé a su vagina, metiéndole la lengua, imitando que la follaba, Luisa se retorcía de placer, le amasaba los senos, ella suspiraba fuertemente, estaba a punto de correrse, cosa que hizo minutos después.

Pasados unos minutos donde estuvimos acariciándonos, nos pusimos a besarnos con mucha pasión, la acariciaba por todos lados, tetas, culo, vagina, incluso mis dedos penetraron su coñito muy húmedo, ella agarró mi pene con una mano y lo empezó a acercar a su vagina, pronto mi glande comenzó a entrar suavemente en su vagina, cuando ya había entrado la mitad, me agarró del culo y me empujó hacia ella, arremetí contra ella y de un solo empujón, mi polla entró por completo en su coño, proporcionándole bastante placer, y lanzó un gemido fuerte, pronto empecé con las embestidas, al principio sutilmente, pero luego las fui haciendo cada vez más fuertes. Pasados unos minutos, la puse de lado en el sofá, con las piernas a un lado, entonces me puse en cuclillas detrás de ella y se la volví a meter, follándola lateralmente ella y yo de frente, esto le daba mucho placer, gemía alocadamente, se notaba que estaba disfrutando.

Transcurridos unos minutos, ella se incorporó, me cogió de la mano y nos fuimos a su cuarto, me tumbó boca arriba en la cama y ella se puso encima, a horcajadas y de rodillas, le metí mi polla, y empecé a follarla, se la metía entera, ella retrocedía un poco para recibir más, sus senos botaban delante de mí, era muy excitante poder verlo, se metía un dedo en su boca, jugaba con el, seguí embistiéndola, hasta que ella tuvo un nuevo orgasmo, se corrió otra vez, yo estaba a punto, Luisa lo sabía, así que se quitó de encima de mí, y me hizo sentarme al lado suyo en el borde de la cama, cogió mi polla con su mano y me la empezó a masturbar, yo le agarraba con mis manos sus tetas, nos besábamos, hasta que segundos después me corrí sobre su muslo derecho, ella sonrió feliz.

Ella se limpió con una toalla y me pidió que no le dijera a nadie lo que había pasado, se lo prometí, al rato me vestí y me fui de su casa con una satisfacción tremenda, todavía impresionado por lo que me acababa de ocurrir.

Autor: Fary

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Sirvienta Nigeriana

Ella levantando su pelvis me indicaba que estaba lista para ser penetrada, no la hice esperar, cogí mi verga y con ella lamí su rajita. Guadalupe estaba desesperada, me gritaba que se la metiera, continué un rato, hasta que empujé mi polla sobre su vagina, empecé a bombearla con la postura del misionero, recorría con mis manos sus nalgas y con mi boca me comía sus pechos negros.

Este relato que os cuento ahora sucedió hace bastantes años, por aquella época teníamos a una asistenta de raza negra, la cual se encargaba de arreglar todo en la casa. Ella se llamaba Guadalupe, era de Nigeria, estuvo contratada durante un año, tenía la piel muy negra, con un cuerpo muy bien formado, cabello negro azabache, labios carnosos. Ella vivía también en nuestra casa, en una de las habitaciones que estaban al otro lado de las nuestras donde nosotros pernoctábamos. Desempeñaba muy bien las tareas del hogar y al principio todo era muy normal, además mis padres estaban muy contenta con ella, pues era muy eficiente y pasaba inadvertida por la casa normalmente.

Un día, estaba viendo la televisión en el sofá, y la vi sacando brillo al suelo, estaba de espaldas a mí, con un vestido muy corto, el cual dejaba ver sus fastuosas piernas y parte de su rosita ropa interior. Ese día me excité mucho con ella, y la empecé a ver con otros ojos, cada día pensaba como hacerla mía, de una manera en la que no se diese casi ni cuenta, por las noches mientras me dormía no podía conciliar el sueño, pensando en mi negra sirvienta.

La cosa fue pasando hasta que un día se me ocurrió una idea, aprovechándome que era una chica algo ingenua, ya que era de un país alejado del mundo, y que ese fin de semana mi familia salió al campo y no volverían hasta el día siguiente. Salí de compras, en una tienda compré lencería femenina, unas medias de encaje blancas, un picardías negro algo trasparente, y unas braguitas negras también trasparentes. Llegué a mi casa, y oí el agua corriendo de la ducha, era Guadalupe, fui a mi habitación, saqué la ropa de sus paquetes y lo puse todo sobre mi cama. Esperé a que saliera y antes de que entrara en su habitación la llame, le dije que viniera un momento, contestó que se vestía e iba, pero insistí, le dije que era un momento, ella aceptó, y entró en mi habitación, estaba vestida con un albornoz color salmón, se veía hermosa, la fragancia que emanaba su piel recién bañada era celestial, esto me excitó.

Le dije que al pasar por una tienda vi esto, señalando a la cama, y que como ella se portaba tan bien, me apetecía regalárselo. Ella se quedó con la boca abierta, me dijo que era hermosa la ropa, yo le dije que quería que se la probase para ver si le quedaba bien, y ella rápidamente me dijo que enseguida iba a su cuarto y se lo probaba. En ese momento metí más presión, y le solicité que se cambiase en mi cuarto, que me daba la vuelta, que no pasaba nada y así le daba mi opinión, ella se sonrojó, bajó su mirada, vio que en mi pantalón había un bulto en la bragueta, y sin decir nada se giró, se abrió el albornoz y me pidió la ropa. Le alcancé la lencería, se quitó el albornoz, y pude observar su adorable culo duro, en ese momento tuve que hacer esfuerzos para no abalanzarme sobre ella.

Se puso el conjunto completo, se dio la vuelta, y preguntó por como le quedaba, le dije que perfecto, y ella empezó a bailarme, eso me puso loco, la traje hacia mí y sus pechos se agitaron, después me separé de ella, me bajé el orificio del pantalón, y salió mi pene. Le dije que una chupadita podía estar bien, ella se arrodilló lentamente, tomó mi verga y empezó a mamarla de manera dulce, sus gruesos labios abarcaron la cabeza de mi polla, la tragó hasta la mitad, sentí su lengua girar alrededor del glande, tomé su cara y saqué mi polla, para a continuación volverla a meter, repetí la operación varias veces, ella hacía perderse mi verga entre sus labios carnosos, Guadalupe dentro de su boca en cada envestida relamía mi pene, después de un rato, ella se retiró un poco, soltándose de mis manos, y comenzó a lamerla por los lados, subía y bajaba ricamente, hasta que en uno de esos vaivenes, agarró uno de mis testículos, y se lo metió en su boca, lo chupó enérgicamente, y me llevó al cielo, después la agarré de la nuca, y le introduje nuevamente mi polla en su boca, le guié el ritmo, poniéndole uno más fuerte y rápido, al rato se separó nuevamente, y me dijo que sabía muy rica mi picha, yo no aguantaba más, le introduje la polla otra vez, y me corrí en su boca sin avisarle, pero a ella no le importó mucho, se tragó todo, solo dando una pequeña arcada en uno de los chorreones.

Tras esto, pensaba que la cosa había terminado, pero no era así, Guadalupe me miró y me dijo que ella también quería disfrutar, que hacía mucho tiempo que no mantenía relaciones, se puso ella de pie, y yo me arrodillé en su espalda, agarré sus nalgas, una con cada mano y por primera vez palpé sus firmes nalgas, puse mis dedos pulgares casi enfrentados en su raja, ella levantó su culo, aceptando mis roces y adivinando mi propósito. Gradualmente introduje los dedos en la raja, abriéndola lentamente, apartando hacia un lado sus braguitas, lo primero que vi fue su ano, para finalizar observando los labios velludos, entre los que salía una brillante humedad, debida a la excitación que tenía Guadalupe. Acerqué mi cara lentamente a sus nalgas y poniéndola sobre la raja, empecé a lamer un poco su culito, el cual era aun más negro que su piel, para continuar por sus tostados labios vaginales, que dejaban entre ver su rosada vagina.

Después de un tiempo, se giró, se quitó las bragas, y su coño quedó exactamente enfrente de mi cara, ella ya estaba metida en situación, y no iba a parar hasta el final, su coño excitado desprendía el olor característico, acentuado por lo brillante de sus labios vaginales. Puse una mano en su muslo, cerca de la ingle, y con la otra acaricié su velludo monte de venus, después ella con sus dedos abrió los labios superiores de su coño, dejando ver los morados menores, los cuales de menores tenían poco, y sobre los cuales bajaba su brillante jugo, que enlazaba con sus pelos, humedeciendo estos. Me incorporé, la cogí de la mano, la llevé a la cama, recostándola, se tumbó sobre su espalda y levantó sus rodillas hasta los hombros, quedando completamente al aire su coñito, el cual era espectacular, con negros y peludos labios vaginales, el vello enrollado en pequeños rizos cubría todo el borde, y tras separar sus labios mayores y menores con mis dedos, se mostró ante mí su clítoris, el cual estaba hinchado, y más abajo se observaba su gruta de color morado, la cual debía ser muy profunda, y que derramaba bastantes líquidos los cuales corrían hacia el carnoso ano.

Le dije que le iba a lamer su rajita, ella con desesperación me dijo que rápido, que estaba deseándolo, le desnudé y la terminé de desnudar besando cada parte de su cuerpo que quedaba descobijada, besé su cara negra, sus labios carnosos, lamí sus grandes pezones marrones, chupé con la punta de mi lengua su clítoris el cual estaba durísimo, acariciándolo repetidas veces, mientras con mis manos sobaba sus tetas, hasta llegar con mi boca a su vagina. Estaba sobre mi cama, seguía chupándole su vagina, ella daba gemidos de placer, besaba sus dulces piernas hasta llegar a su ano, ella levantando su pelvis, me indicaba que estaba lista para ser penetrada, yo no la hice esperar, cogí mi verga y con ella lamí su rajita. Guadalupe estaba desesperada, me gritaba que se la metiera, continué un rato, hasta que empujé mi polla sobre su vagina, entrando progresivamente y fácilmente, empecé a bombearla con la postura del misionero, recorría con mis manos sus nalgas y con mi boca me comía sus pechos negros.

Después me puse de pie en la cama, levanté las piernas de la zorrita tostada, hasta colocarlas en mis hombros, puse la punta de la verga entre sus labios, y la empujé, se deslizó hasta el fondo, mi blanca verga se sumergía en la cueva negra rodeada de pelitos rizados negros, se tragaba sin restricciones la dura vara, la sacaba completamente y la volvía a introducir. Las pieles contrastaban, el terso cutis moreno de Guadalupe y el bronceado de mi pálida piel.

A continuación, me pasó las piernas alrededor de la cintura, sentí sus talones en mis riñones, aproveché y se la clavé a fondo repetidas veces, después me flexioné un poco buscando sus tetas, metiéndome un pezón en la boca, chupándolo y mordiéndolo, mientras sepultaba mi verga en la babeante gruta de la puta negra, sacándola y metiéndola acompasadamente, su hueco era suave, caliente y muy jugoso, quien lo iba a decir de mi sirvienta, que era muy tímida, estaba muy excitada ya, y mirándome a los ojos se empezó a venir, me dijo que se corría, que mi verga era excelente, que la matase con mi palo. Me apretó con sus piernas, incrustándome dentro de su vagina, y se corrió, para al momento derrumbarse sobre la cama.

Yo mantuve sus piernas en mis hombros, y mi polla entraba fácilmente en el negro túnel encharcado, continué bombeándola, observaba como su dilatado coño con sus pelos mojados se comía el palo blanco, hasta que mi semen anunció su salida, la leche entró a chorros sobre su cueva, pero yo continuaba taladrando a aquella guarra, hasta que no pude más porque su vulva me aprisionaba mi polla, por lo que esta exprimía mi verga.

Después nos tumbamos cada uno en un lado de la cama, y empezamos a besarnos, jugueteamos un rato más hasta que ella se fue a su cuarto desnuda, mostrando su desnudo cuerpo negro, y con su nueva lencería en la mano, la putita fue por el pasillo desnuda hasta su habitación.

Autor: Fary

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Muchacha desvirgada

Comencé a besarle su coñito, olía a inocencia, pasé mis dedos por su clítoris y Nuria gimió algo, le tapé la boca para que la madre no nos oyese, me puse a lamerle sus labios exteriores, los engullía con mis labios, los mordía suavemente, pasaba mi lengua a lo largo de su rajita, tras esto y sin más, se empezó a retorcer, hasta que se corrió, se podía ver salir por su vagina sus flujos.

Este relato acaeció hace ya bastantes años, cuando estaba yo en el instituto. Estaba empezando a tontear con una chica de mi clase, se llamaba Nuria, morena, alta, delgada, con buenos pechos, y un excelente culo, guapa. Un día nos fuimos a su casa a ver una película, ella según decía solo había tenido dos novios, y solo se enrolló con ellos. Estuvimos en el sofá mientras transcurría la película, la madre había salido pero estaba al llegar, al igual que en el cine, nos besamos a veces, tocando lo que se podía, los muslos, un poco las tetas, ella muy recatada no hacía mucho más que enrollarse. Pasado un tiempo, me puse a pasar la mano más cerca de sus nalguitas, ella al igual que cuando le tocaba las tetas ponía cara de miedo, aunque no lo impedía, se notaba que quería pero que no se atrevía.

Cuando la película iba a terminar, entró la madre, estuvo un rato con nosotros, pero como iba a acabar se fue a acostar a su habitación, que estaba al lado del salón. Cuando la película acabó, le dije que me iba a ir ya, pero Nuria me dijo que me quedara un poco, que no tenía aún sueño, acepté y nos fuimos a su habitación al ordenador, allí estuvimos un tiempo con la puerta cerrada, este cuarto estaba en la otra punta del de la madre.

Llegado el momento, comenzamos a besarnos, a enrollarnos, nuestras lenguas se chocaban, se cruzaban, era delicioso. Estábamos de pie, deje mis manos correr por su cuerpo, le agarré sus nalgas, subí por su cintura las manos, llegando a sus pechos, le acariciaba los senos por encima de la camiseta, Nuria respiraba profundamente, gemía excitadamente. Nuria en un momento de arranque me agarró el culo con sus manos, y me apretó hacia ella, mi pene se estrujó contra ella.

Yo estaba sumamente excitado, le quité la camisa, Nuria llevaba un sujetador blanco, me deshice de él rápidamente, y comencé a lamer sus senos, sus pezones rositas muy duros, ella gemía dulcemente. La acosté en la cama y empecé a besarla en su boca, bajando a su cuello, a su pecho, lo besaba con pasión, le chupaba sus pezones, se los sobaba con delicadeza, Nuria me agarraba la cabeza, presionándola contra sus tetas. Posteriormente, continué bajando hasta su barriga, para después comenzar a bajar su pantalón, ella me agarró las manos y me detuvo, para preguntarme a continuación si sabía que ella era virgen, le dije que sí, entonces ella soltó mis manos, y le quité el pantalón, y después sus braguitas blancas.

Comencé a besarle su coñito, olía a inocencia, pasé mis dedos por su clítoris mojado, y Nuria gimió algo fuerte, le tapé la boca para que la madre no nos oyese y continué. Después me puse a lamerle sus labios exteriores, los engullía con mis labios, los mordía suavemente, para a continuación pasarle mi lengua a lo largo de su rajita, tras esto y sin más, se empezó a retorcer, hasta que se corrió, se podía ver salir por su vagina sus flujos, la acosté en la cama, cogí sus piernas y se las besé desde los dedos hasta sus muslos, volví a lamerle el coño, ella seguía soltando sus jugos, puse sus piernas abiertas, ella se retorcía y respiraba rápido, me tocaba temblando, le dije que se tranquilizara, que no le iba a hacer daño, que cuando ella quisiese nos parábamos, ella me dijo que continuara.

Agarré mi pene, el cual ya estaba lubricado, por su saliva y por mi líquido preseminal, y comencé a pasarlo por toda su rajita, de arriba abajo, pasando por su clítoris y su agujerito, ella gemía, le tapé la boca, y cuando cesó sobé un rato sus pechos. Después, con una mano jugué con sus labios y con la otra acaricié su vagina, la cual estaba muy húmeda, Nuria estaba súper excitada, se retorcía. Tras esto, le dije que había llegado el momento, ella aceptó con la cabeza, y se la empecé a meter suavemente, mi polla metió la cabeza, sentí como se abría su vagina, como se resbalaba mi pene dentro de ella, momentos después metí media verga, su himen ya no oponía resistencia. A continuación le dije que como estaba, y Nuria me dijo que la metiera toda, eso hice, y poco a poco su coñito engullió mi verga, mientras ella soltaba leves quejidos, cuando entró entera se empezó a retorcer, estaba teniendo otro orgasmo.

Transcurridos unos minutos, empecé a mover mi polla, fuera y dentro, muy despacio, ella seguía gimiendo, con sus manos agarraba fuertemente las sábanas, yo fui cogiendo ritmo, Nuria lo agradecía, de esta forma a velocidad lenta estuvimos un rato, era muy placentero sentir su cerrado coño frotar mi pene, me estaba encantando desvirgarla. A cabo del rato, aceleré el ritmo a una cosa media, así estuvimos un gran tiempo, hasta que ella nuevamente tuvo otro orgasmo, sus paredes palpitaban, su boca de la vagina apretaba mi polla, esto me puso aún más excitado, y noté que iba a estallar. Le dije jadeante que me corría y ella respondió que lo quería probar, saqué presto mi verga de su coñito, me senté, la giré, y tumbada boca abajo y con su boca alrededor de mi polla terminé masturbándome, ella se la introdujo en su boca, la apreté hacia mí y le solté varios chorros de semen, los cuales no pudo contener en la boca y algunos le chorrearon por la boca, Nuria, puso cara de no gustarle mucho, pero succionó hasta la última gota que mi polla soltaba, dejándola limpia, sin restos del semen.

Tras terminar, minutos después me vestí, Nuria quedó en la cama desnuda, era muy hermoso contemplarla, me despedí de ella porque era muy tarde, salí de su cuarto y de su casa sin que la madre se despertase aparentemente y me fui a mi hogar tras desvirgarla.

Autor: Fary

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Panadera degenerada

Se la volví a meter, gritaba como loca, esperé un rato con mi pene dentro de su vagina, y después empecé a follarla nuevamente, ella miraba cómo mi pene entraba y salía, me pidió que aumentara el ritmo, que le encantaba ver cómo me la estaba tirando, le dije que eso era normal en una putita como ella, Almudena puso cara lasciva y me dijo que siguiera follándola como si fuera una perrita.

El siguiente relato acaeció cuando estaba estudiando en el instituto, en el Alonso Sánchez. Cuando salía al mediodía, era de costumbre, comprar el pan en una panadería de allí cerca, en la cual había tres personas trabajando, la dueña, su hija y su hijo. La dueña era de unos cuarenta y cinco años, se llamaba Teresa, estaba bien conservada, castaña, tenía buenos pechos, estatura medio, peso normal, su cara era muy morbosa con unos labios gruesos, en su cuerpo se notaban los efectos de un gimnasio. El hijo, Juan, de unos veinticinco años estaba poco, pues estaba liado con finalizar la carrera. La hija, Almudena, una preciosa muchacha de unos veinte años, era muy agradable, muy guapa, rubia, más alta que la madre, delgada, con los pechos de la madre, los labios también. Por ver solo a la hija merecía la pena ir a comprar allí.

Fui casi todo el curso a esa panadería, me pillaba de camino y de paso me alegraba un poco la vista, tenía bastante confianza ya con ambas hembras. La tienda era más bien pequeña pero contaba con un amplio sótano que hacía las funciones de almacén abajo, lo conozco porque a veces los ayudé a bajar cajas.

Un día, llegué como de costumbre, estaba Almudena sola, pocas veces lo estaba, pregunté por la madre y me contestó que había tenido que salir, llevaba unos pantalones vaqueros azules y una camiseta de mangas cortas rosa. Me quedé charlando con ella mientras me tomaba un refresco, hasta que cuando pasó el movimiento de la compra de pan, ella bajó al sótano, me quedé en la tienda, era algo normal. Pasó un tiempo y no subía, entré un poco y le pregunté que si estaba bien, me respondió que le cerrase la puerta de la tienda, y que si podía que bajara a ayudarla. Yo hice lo que mandó, cerré y bajé al sótano, cuando llegué ella se puso enfrente de mí, casi rozándonos los labios, al no esperarme esa reacción, me quedé quieto, Almudena me dijo que desde que me conoció no había dejado de pensar en mí, no supe que contestarle y casi sin darme cuenta, estaba besándola, noté su lengua impaciente por recorrer todas las partes de mi boca.

Tenía ya por entonces una gran erección, mi pene estaba súper erecto, más aun cuando al instante, Almudena agarró sobre el pantalón mi paquete, inmediatamente, ella dejó de besarme y me dijo que eso era lo que quería, se agachó y fue desabrochando botón por botón con la boca, eso me produjo una excitación aún mayor, mi pene estaba reventando, y esto quedó patente cuando me quitó los pantalones y me bajó los slips. Sin dudarlo un momento, se lo introdujo en la boca y empezó a engullirlo como si llevase varios días sin comer, lo sacaba y recorría el glande con su ardiente lengua con sensuales movimientos circulares, después volvió a succionarlo como hasta el momento había estado haciendo, estuvo unos minutos metiéndose en gran cantidad hasta que la agarré del pelo y de la nuca, e hice que las follada de boca fueran más interna aun, ella gemía de dolor y placer, daba arcadas.

Al rato la levanté y le quité la camiseta, sus pechos estaban firmes y sus pezones expectantes, empecé a pellizcarle un pezón mientras que con mi otra mano me dedicaba a soltar los botones de su pantalón, mi mano recorrió palmo a palmo sus pechos y pezones, ella disfrutaba viendo esto, con la otra mano fui quitándole los pantalones y después sus preciosas bragas de encaje burdeos, quedó al descubierto su depilado coñito. Pasé mi mano por su raja varias veces, estaba muy húmeda, acaricié su clítoris, ella lo agradecía, sustituí mi mano del pecho por mi boca, jugaba con mi lengua con sus senos y pezones, Almudena mientras tanto, acariciaba mi miembro.

Después de hacerla llegar casi al clímax con mi mano, ella se sentó en la escalera, abrió las piernas y me brindó su coñito, me agaché y empecé a comerle su preciso clítoris, mi lengua recorría todas las partes de su precioso coño, su flujo fluía, hasta que ella llegó al orgasmo lanzando un gemido que prácticamente se podía oir desde la calle, me levanté, la miré y Almudena tenía cara de inmenso placer, nos miramos y ella me dijo que se la metiera.

Sin más dilación, la giré, apoyó sus brazos en un escalón, su culo quedaba en alto, a la altura de mi pene, le separé un poco las piernas y mi polla se abrió paso entre sus preciosos labios bañados en su flujo vaginal, ella lanzó un nuevo gemido mientras le iba introduciendo mi pene, una vez que llegué al final, se la saqué y se la metí, así varias veces lentamente, su vagina estaba muy lubricada, así que mi ritmo iba aumentando, la arremetía cada vez con más fuerza, ella hacia fuerza con sus manos, mis testículos hacían tope en su clítoris. Pasados unos minutos dándole fuerte, se la saqué, acaricié con mi mano su raja, después la giré y le dije que me la chupara un poco, así lo hizo, se tragó todo su propio esperma que bañaba mi polla, ella disfrutaba con eso, mientras que con la otra mano se seguía acariciando el clítoris.

A continuación la senté en las escaleras, y le abrí las piernas, ella estaba deseosa de seguir siendo penetrada, tomé mi pene y lo dirigí hacia su vagina, se veía brillante y lubricado ya que no había parado de segregar flujo, con sus pechos duros y su cara de placer. Se la volví a meter, lo hice muy despacio, e inmediatamente se le produjo otro orgasmo, gritaba como loca, esperé un rato con mi pene dentro de su vagina, y después empecé a follarla nuevamente, mientras se la metía, ella miraba cómo mi pene entraba y salía, y al rato y una vez repuesta, me pidió que aumentara el ritmo, que le encantaba ver cómo me la estaba tirando, yo le dije que eso era normal en una putita como ella, Almudena tras esto puso cara lasciva y me dijo que siguiera follándola como si fuera una perrita.

Tras unos minutos, mientras la miraba cómo disfrutaba, noté que estaba a punto de descargar, aceleré el ritmo a tope, miré su entrepierna, cómo sus labios vaginales abarcaban mi pene y llegué al orgasmo al igual que ella, ambos soltamos varios gemidos sonoros. Estuvimos un momento abrazados, con mi verga dentro de su coñito, y después ella me retiró, cogió mi miembro, y se puso a limpiarlo con su lengua, le encantaba saborear sus propios jugos, además esta vez estaban mezclados con los míos.

Terminado el acto, nos vestimos y subimos a la parte de arriba de la tienda, recogió un poco, y después nos fuimos a nuestras casas no sin antes enrollarnos unos momentos en la puerta. Al día siguiente volví a comprar el pan, allí estaba su madre, su hermano y ella, les saludé y después de intercambiar unas cuantas palabras, cogí camino de mi casa…

Autor: Fary

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Negrita sudamericana

Gloria gemía, iba a ritmo, de más lento a más rápido, en el más veloz estuve unos minutos, noté que iba a correrme, entonces paré y ralenticé la marcha, Gloria tomó con una mano mis testículos, y los estuvo acariciando unos segundos, le apreté los glúteos, dejando mi pene encerrado en ellos entrando y saliendo de su coñito, esto me gustaba mucho, ella lo agradecía, me miraba mientras gemía.

Este relato acaeció hace unos cuantos meses, con motivos de trabajo, la empresa me mandó a Buenos Aires un mes. Cuando llegué, por la mañana, me acomodé en el Hotel, y por la tarde fui a ver la ciudad un poco, antes de empezar al otro día con el curso, así pasé por la Avenida Nueve de Julio, vi la Torre de los Ingleses, el Teatro Colón, el Puerto Madero, hasta llegar a la Plaza de Mayo, donde me paré en un bar cercano a tomar una copa.

Mientras me bebía lo solicitado, miraba la gente que se encontraba en la plaza, y de todas, me llamó una la atención, era una mujer, de raza negra, pelo negro corto, alta, delgada, con buenas curvas tanto en sus pechos como en su culo, vestía con unos vaqueros azules y un top blanco. Cuando terminé de beberme la copa en el bar, me fui a sentar en un banco cerca del que ella se encontraba leyendo un libro, y me puse a disfrutar de ella. Al momento, un hombre llegó y se sentó a su lado en el mismo banco, y segundos después le empezó a decir que era muy guapa, que estaba deseando follar con ella, agarrándola del brazo, yo al ver eso, me acerqué hacia ellos, y les pregunté si había algún problema, él me dijo que no, y ella que sí, que el hombre la quería violar, al decir esto él la soltó y se fue del lugar.

Tras esto nos sentamos en el banco, y entablamos conversación, se llamaba Gloria, era jamaicana, estaba allí trabajando en una casa limpiando, ella hablaba mal el castellano así que unas veces en un calamitoso español, otras en inglés y otras en espaninglish nos fuimos entendiendo. Tras un rato, la invité a cenar en mi hotel, ella aceptó y nos dirigimos hasta el Gran Hotel Argentino. Mientras cenábamos, Gloria que se dio cuenta de que la miraba, admirando su cuerpazo, me preguntó que si ella me gustaba, yo esperé unos segundos y le contesté afirmativamente con la cabeza, ella sonrió. Tras cenar Gloria me dijo que si la iba a invitar a mi habitación, le dije que sí y nos fuimos hacia ella.

Nada más entrar en mi habitación nos besamos con gozo, nos desvestimos y nos fuimos a la ducha, nos enjabonamos mutuamente, comencé a besar su nuca mientras mis manos recorrían toda su anatomía, ella hacía lo mismo, mi polla estaba muy dura, sus pezones apuntaban al techo. Tras esto, nos fuimos hasta la cama, me tumbé boca arriba y ella encima de mí adoptando la postura del sesenta y nueve, lamía su coñito, su clítoris, sabía delicioso, Gloria me chupaba la polla, subía y bajaba, daba pequeños mordiscos, la lamía, pasaba lentamente su lengua por mi glande haciéndome estremecer, yo seguía concentrado en su clítoris, hasta que de repente comenzó a tener pequeñas convulsiones, seguidas de bastante flujo que anunciaba el orgasmo que estaba teniendo, continuaba lamiendo su clítoris, ella me decía que no parase, hasta que soltó un profundo suspiro, señal de que había llegado al fin. Pasado este, se giró, se agachó, agarró mi polla de nuevo y la empezó a trabajar, metiéndosela casi entera en su boca negra, disfrutando de ella, hasta que consiguió que me corriera, dirigió mi leche hacia sus tetas, se la restregó como si fuera una crema corporal. Tras esto hicimos un pequeño descanso.
Pasado un tiempo, comenzamos al unísono a acariciarnos, estuvimos así un buen rato, hasta que volvimos a ponernos a tono, después mutuamente nos acariciamos nuestros aparatos, y cuando estaban mojaditos, la puse a cuatro patas, me puse detrás de ella y a continuación se la introduje lenta y progresivamente hasta que llegó al final, ella soltó un gemido. Le empecé a acariciar sus negras tetas, su espalda y su clítoris con mis manos. Pronto comencé a darle, a bombearla, ella se agarraba fuertemente con sus manos a la sábana.

Gloria gemía, iba a ritmo, de más lento a más rápido, en el más veloz estuve unos minutos, hasta que empecé a notar que iba a correrme, entonces paré y ralenticé la marcha, Gloria tomó con una mano mis testículos, y los estuvo acariciando unos segundos, le apreté los glúteos, dejando mi pene encerrado en ellos entrando y saliendo de su coñito, esto me gustaba mucho, ella lo agradecía, me miraba mientras gemía.

Cuando me recuperé, comencé a ir más rápido, a follarle su coñito, le abría las nalgas, podía ver su culo, el cual era más negro aun que su piel, era espectacular, le escupí varias veces en su ano, me metí el dedo en la boca llenándolo de saliva, y poco a poco se lo metí por el culo, se lo dejé dentro mientras me follaba su coño, momentos después con el dedo fui taladrando su culo, ella gemía alocadamente, su respiración estaba acelerada, le giré la cara para poderla ver mientras le perforaba, y en ella se veía reflejada el sufrimiento y placer que le producía, me encantaba mirar a esa negra.

Trascurridos unos minutos, explotamos casi a la vez en el segundo orgasmo de la noche, nos quedamos quietos, su coño se fue llenando de mi semen, ella iba recuperando la respiración normal. Al cabo de un rato quedamos en la cama tirados, para pasados unos minutos empezar ella a vestirse, decía que tenía cosas que hacer. Cuando terminó de ponerse la ropa, se fue.

Autor: Fary

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La amiga viciosa

Mi polla estaba dispuesta a satisfacer a las dos putas, estaban desnudas tocándose y besándose, puse a Anabel encima de mi cara y comencé a comerle su coñito, mientras tanto, Charo le mamaba los pechos a su amiga, la cual estaba fuera de sí por la excitación. Luego, bajó su boca a mi verga, y otra vez se puso a mamarla, mientras yo acariciaba los negros pezones de mi amiga.

Este relato sucedió hace algunos años ya, tenía una novia que se llamaba Charo, y solíamos salir con otra pareja de fiesta por las noches, ellos se llamaban Mateo y Anabel. Ella era la novia de mi amigo, tenía veintitrés años, una cara celestial y aniñada, labios de ensueño gruesos, carnosos y delicados, cabello castaño claro, lacio que le caía por su espalda, medía poco más de 1.70, delgada, con un precioso trasero duro y unos pechos increíbles que saltaban a la vista al ser grandes. Charo, tenía veinte años, guapa de cara, pelirroja con el pelo corto, 1,72, delgada, con un hermoso culo redondo, pechos medianos, y de complexión atlética.

Al principio los cuatro siempre estábamos juntos, pero con el tiempo ellos dejaron progresivamente de salir, Mateo estaba enganchado al ordenador, a internet, y no le apetecía salir de casa, su novia Anabel hacía lo mismo aunque no era de su agrado, así el desinterés de Mateo se hacía cada vez más evidente, hasta llegar al extremo de no salir nunca. Un día vimos a Anabel, y le preguntamos el por qué de no vernos, ella contestó que Mateo no quería, que por ella si salían, pero que él no lo deseaba, así que la invitamos a salir un día los tres, Anabel aceptó, y quedamos para el fin de semana.

El sábado salimos los tres, fuimos a un local con música independiente, cuando llegamos al club, Anabel se sentó frente a mí, cruzó sus largas y bien torneadas piernas, y estas quedaron completamente desnudas al abrirse los vuelos de su vestido de gasa blanca, por arriba, su espalda iba al cubierto y por delante solo dos tiras verticales blancas aparecían, las cuales tapaban a duras penas su generoso busto, dejando fuera una teta. Charo se sentó a mi lado, ella no estaba nada mal tampoco, un vestido negro largo, con una larga raja, y con un buen escote que dejaba entrever sus fabulosos pechos, la espalda al descubierto hasta el comienzo de su tremendo culo.

Allí estaba yo sentado junto a esas dos hermosas mujeres, pedimos unos tragos para entrar en calor y nos dispusimos a gozar de una noche de buena música y charla entre amigos, una velada agradable. Bebimos y hablamos animadamente, hasta que la cosa se fue pasando de la raya, Charo y Anabel bromeaban entre ellas y me hacían ver que se tocaban disimuladamente aunque ambas me miraban al hacerlo y sonreían, yo también reía aunque por dentro estallaba de mi calentura ante la visión de ellas dos toqueteándose. Continuamos hablando, y mi excitación se hizo evidente, mi pene se puso erecto, y el bulto se dejaba ver, ambas lo notaron y empezaron con las bromas sobre mi verga, a esas alturas ya estábamos los tres bastante bebidos y casi ni prestábamos atención a la banda.

No obstante, me puse a mirar las deseables tetas de Anabel, y pude cerciorarme de la excitación que le producían las bromas a ella también, ya que sus pezones formaban notorias protuberancias en su vestido. Momentos después, me acerqué a Charo y comencé a acariciarle lentamente sus piernas hasta llegar a sus braguitas, pude comprobar que ella también estaba muy excitada por la humedad que tenía, entonces le dije al oído que si deseaba tener una fiestecita los tres para terminar la noche, ella me contestó que por ella no había problema, que le volvería loca verme hacerlo con Anabel, pero que habría que ver que decía ella, le contesté que no creía que hubiera problemas, que la notaba excitada, casi más con ella que conmigo.

Charo se lanzó al ataque, se puso a acariciar el brazo y las piernas de Anabel, momentos después, ambas estaban trenzadas en un beso poco inocente, sus lenguas se juntaban y luego se mordían los labios una a la otra, esta escena, me puso peor de lo que estaba, creí que eyacularía allí mismo, por lo que pedí la cuenta y nos aprestamos a salir del club, con nuestra actitud habíamos despertado miradas indiscretas y curiosas de otras mesas.

Nos dirigimos al coche, me monté en el lugar del conductor, pero Charo no en el del copiloto, las dos se pusieron atrás, mientras me dirigía a casa, miré por el espejo retrovisor, y allí estaban las dos muy a gusto dándose unos terribles lengüetazos y tocándose a más no poder, se refregaban como poseídas, hasta que tras un rato, Anabel me dijo casi a gritos, que estacionara el coche en algún lugar oscuro, sin hacerme de rogar, me fui a uno que conocía, paré y me quedé un rato mirando como las dos perras desbordantes de deseo se manoseaban y comenzaban a buscar sus partes íntimas con sus manos.

Tras observarlas un rato, gustándose ambas en la escena, Anabel me dijo que fuera hacia ellas, rápidamente entre los asientos, pasé a la parte trasera del coche, me uní a ellas, lo primero que hice fue besar apasionadamente a Charo, la cual tenía su boca entreabierta gimiendo por el placer que le provocaba el roce con Anabel, la besé y con la lengua recorrí sus jugosos labios, mientras con mis manos comenzaba a tocar sus duras tetas, aun no me animaba a ir a tocar a la novia de mi amigo. Momentos después, Anabel se encargó de romper el hielo, se abalanzó hacia nosotros y se unió al beso metiendo su lengua dentro de mi boca, aparté un poco a Charo y me dediqué a liarme con ella, mi lengua recorría sus carnosos labios, jugaba con su inquieta lengua.

Mientras continuábamos besándonos, mi novia le echó a un lado las tiras del vestido a Anabel, quedando al descubierto sus pechos, e inmediatamente se lanzó a por ellas, comenzó a comérselas, mordiendo delicadamente los enormes y negros pezones de nuestra amiga, la cual se retorcía de placer, refregaba su lengua contra mi boca, yo sobaba sus hermosas tetas mientras Charo seguía mamándolas, Anabel me besaba cada vez más apasionadamente, denotando su calentura extrema.

Al rato de estar así, Charo tomó una mano de Anabel y la dirigió hacia mi bragueta, con mi pene erecto notándose, posó su mano sobre mi pantalón y lentamente comenzó a bajar la cremallera, después me quitó el botón y me bajó un poco el pantalón junto al slip, dejando mi erecta verga al descubierto. Sin mediar palabra se inclinó sobre mi regazo y se zampó mi polla, se la tragó de una vez casi completamente, después comenzó a mamar la verga, la novia de un amigo me chupaba la polla mientras mi novia observaba, hasta que decidió intervenir, Charo se sumó a la fiesta, ambas se disputaban mi miembro, sus bocas luchaban, ambas se pasaban mi verga de una boca a la otra, amasando las tetas de las dos con mis manos.

Minutos después, les indiqué que estaba a punto de correrme, sin importarles, aceleraron el ritmo hasta que de mi verga comenzaron a brotar intensos chorros de semen que inundaron sus bocas y sus caras, bañaron a las dos chicas. Cuando terminé, ellas continuaron mamando mi decreciente polla, para luego incorporarse y besarse ardientemente ambas, comiéndole una a la otra la leche que estaba depositada en sus bocas, Anabel con una mano seguía masturbando mi verga, no quería darle descanso, la quería endurecer otra vez, y esto no tardó mucho en suceder.

Mi polla a los minutos nuevamente estaba erecta, dispuesta a satisfacer a las dos putas, las cuales completamente desnudas estaban tocándose y besándose. Me recosté en el asiento y puse a Anabel encima de mi cara con las piernas a horcajadas, y comencé a comerle su coñito, olía a sus jugos, los cuales eran abundantes, mientras tanto, Charo le mamaba los pechos a su amiga, la cual estaba fuera de sí por la excitación. Luego, bajó su boca a mi verga, y otra vez se puso a mamarla, mientras yo acariciaba los negros pezones de mi amiga. Pasaba mi lengua por su raja, se la metía en la vagina, mordía su clítoris, está explotó en un orgasmo húmedo, yo seguí y otra vez ella se puso súper excitada, hasta que cuando logró el segundo, se levantó y se sentó a horcajadas sobre mi verga, su coñito empapado la devoró sin esfuerzos, enseguida comenzó a galopar acompasadamente, contoneando sus caderas de forma semicircular, mientras Charo se sentó sobre mi boca y comencé a mamar su también húmeda rajita, a la vez que ella chupaba las tetas de Anabel, la cual follaba de forma espectacular, hasta que nuevamente ella se volvió a correr.

Al momento, le cedió su lugar a Charo, la cual se puso en cuclillas sobre mí, y se metió mi polla en su coñito, botó varias veces, e inmediatamente se metió dos dedos llenos de saliva en su culo, se lubricó bien para después levantarse y meterse mi verga por el ano, seguidamente empezó a cabalgar sobre su culo, a la vez ambas chicas se besaban y manoseaban sus tetas, Charo levantaba y bajaba su culo, jugaba con una mano con su coñito, hasta que acabó en un estruendoso grito de placer, se había corrido.

Posteriormente, saqué la verga del culo de mi novia, y me fui a por Anabel, la puse a cuatro patas, y entre Charo y yo le humedecimos su culo con saliva y los líquidos que fluían de su coño, se lubricó bien y después apoyé mi glande sobre la entrada del culito, y comencé a empujar mientras agarraba sus duras tetas, ella gemía como una perra y me insultaba, esto me calentaba más, más aun cuando ambas se empezaron a besar, Anabel me insultaba y arengaba para que siguiera, me decía que era un cabrón, y que le partiera el culo.

La bombeé unos minutos más, hasta que noté que me corría y saqué mi polla de su ano, ambas se sentaron juntas mamando mi verga, hasta que solté otra vez mi semen, bañó sus caras, sus cabellos y sus pechos, a continuación, Charo me limpió mi polla con su boca, yo mamaba las tetas deliciosas de Anabel.

Cuando Charo acabó de limpiar mi verga, se fue a comerse el coñito de Anabel, y esta hizo lo mismo con el de mi novia, se pusieron a hacer un sesenta y nueve, mientras yo acariciaba el culo de Charo que estaba arriba, las dos se chupaban desesperadas, por lo que no tardaron mucho en correrse, ambas tuvieron un nuevo orgasmo.

Tras esto, nos vestimos y fuimos a dejar a Anabel, los tres juramos no decir nada de lo sucedido, aquella experiencia fue magnífica, pero nunca se repitió, ya que Anabel no quiso salir más sola sin su novio.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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Sexo en la playa

No me costó metérsela pues se hallaba lubricada por el aceite, comencé a metérsela y sacársela, ella gemía, estaba tumbada, y por la posición de las piernas, cerradas, la penetración era muy encajada, sintiéndola más que nunca, así durante un tiempo, follándomela más rápido, más lento, y ella sin inmutarse mucho, solo dando leves gemidos.

Lo que voy a relatar me ocurrió por semana santa del pasado año, me iba a la playa en Mazagón, por el parador a ir cogiendo ya algo de sol, solía ir solo y me daba jornadas intensivas. Un día, me coloqué aislado de la gente, no había casi nadie por los alrededores, y además me metí un poco entre las calas. Estuve tomando el sol un tiempo hasta que decidí ir a darme mi primer chapuzón. Cuando regresé a mi sombrilla, a pocos metros de mí, se había situado una mujer, era rubia, tendría sobre unos 40 años, tenía buen aspecto físico, portaba una camiseta holgada y una toalla alrededor de su cintura.

Me puse a tomar el sol en la toalla, y al rato ella se quitó la camiseta, tenía un bikini amarillo, con pequeños triangulitos de tela en ambas partes, apenas le tapaban los pezones, el tanga lo tenía incrustado entre sus hermosas nalgas, por delante se tapaba lo imprescindible. Yo fingí naturalidad aunque tenía una erección espantosa que a duras penas lograba disimular con mi bañador, más aun, cuando empezó a expandirse la crema protectora por delante de su cuerpo, por la dura barriga, por los senos, por los hombros, por las piernas, hasta que para sorpresa mía, ella me gritó que si le ponía crema protectora en la espalda, mi erección fue total, me quedé pasmado, hasta que reaccioné, le dije que sí. Me acerqué a ella, me dijo que se llamaba Paula, hablamos un poco sobre la playa y se puso bocabajo, eché la crema y toqué sus generosas formas del cuerpo, ella estaba relajada, masajeaba su espalda y ella tenía cara de gustarle, después pasé a sus recias piernas, hasta que subí hacia su culo, y empecé a darle crema, ella levantó la cabeza, me miró, y me preguntó si me gustaba, y seguidamente retomó su anterior postura, yo le dije que era hermoso, ella no respondió.

Tras esto regresé a mi sombrilla, hasta que al rato ella me dijo que se iba a bañar, que si me iba con ella, yo acepté y estuvimos un gran rato dentro, después salimos y nos fuimos a las duchas, a quitarnos la salina, las cuales estaban un poco apartadas de donde estábamos. Seguidamente volvimos a nuestras sombrillas y nos pusimos a tomar el sol. Al rato, ella me dijo que fuera nuevamente a echarle la crema que se le había quitado, yo fui, pero cuando apreté el bote no había ya loción, ella al verlo, sacó de su bolso un bote de aceite, y se lo expandí por las piernas, después subí al culo y lo mojé por completo de aceite.

En ese momento, no pude aguantar la situación, y aparté con una mano la tirilla que cubría su culo, y lo comencé a untar con aceite, ella levantó la cabeza, me miró, y nuevamente me preguntó si me gustaba, y seguidamente otra vez retomó su anterior postura, yo le dije que sí, ella no respondió. Lubriqué sus nalgas y su raja con el ano incluido, y después continué recorrido hasta su coñito, el cual encontré mojado, ella no se inmutó, lo mojé un poco de aceite, y subí mi mano hasta su ano, el cual bordeé con mi dedo llenó de aceite, hasta que lo introduje, Paula protestó levemente, pero continuó tumbada.

Antes de darle tiempo a reaccionar, me quité mi bañador, le eché a un lado su tanga y apunté mi polla hacia su coño, la penetré desde atrás, pues seguía bocabajo, no me costó metérsela de un solo golpe, pues se hallaba lubricada por el aceite y por sus propios jugos, la agarré fuerte de las muñecas y comencé a metérsela y sacársela, ella gemía, estaba tumbada, y por la posición de las piernas, cerradas, la penetración era muy encajada, sintiéndola más que nunca, así durante un tiempo, follándomela más rápido, más lento, y ella sin inmutarse mucho, solo dando leves gemidos.

Tras un rato reventándole la vagina, saqué mi polla y la encaucé hacia su lubricado ano, conseguí introducir la cabeza, provocando quejidos en Paula, me dejé caer progresivamente, y con mi propio peso la polla se hundió imparable hasta tocar con los huevos su coñito, Paula dio un grito seco y agarró con fuerza la toalla, ya no hizo nada más, cuando vi que su culo se había acostumbrado a mi verga, la saqué y la volví a meter, así varias veces, hasta que a los pocos minutos mi polla entraba y salía de aquel agujero fácilmente, en esta postura estuvimos un rato. Momentos después, Paula comenzó a gemir de nuevo, yo le decía que era una zorra, que tenía un culo rico, que me encantaba partirle el culo a las perras.

Al rato, se la saqué, y la coloqué a cuatro patas, Paula tenía la cara desencajada por el placer, le puse la punta en el ano, y fácilmente entró, y seguí taladrándole el culo, abriéndoselo cada vez más con cada envite, continué cada vez más salvajemente, ella solo soltaba gemidos, cada vez más sonoros, a la vez que con una de sus manos, se tocaba su coñito, masturbándoselo, hasta que sus gemidos auguraban que estaba llegando al orgasmo, entonces aceleré la enculada, y cuando noté que me iba a correr, saqué la polla, me puse delante de ella, la tomé por el pelo y le bañé toda la cara de semen.

Tras esto nos fuimos a bañar, quedamos todo el día juntos, y después cada uno se fue para su casa.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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Desvirgando el ano de mi amiga

Lamí toda su raja, comiéndome el coño entero, pronto empezó a tener espasmos de gusto. Mamaba su coño cuando me pidió con voz de auténtica puta que le metiera un dedo en el culo, continué comiéndole el coño salvajemente, a la vez le metí mi dedo por su ano, que entró con facilidad debido a los jugos que resbalaban de su vagina, lo metí, lo saqué, lo giré, ella gemía y se retorcía de gusto.

Este relato ocurrió cuando yo estaba en el instituto, no conocía nadie allí, al haber estado en un colegio lejos de ese instituto. Con el tiempo me fui haciendo amiga de una chica de la clase, llegando a ser esta amistad muy íntima, cogimos mucha confianza, ella se llamaba Paloma, nunca nos habíamos liado, pero nos llevábamos muy bien, nos contábamos nuestras intimidades, nuestras relaciones con otras personas. Paloma era morena, 1´65, rellenita, con un buen cuerpo, con grandes tetas y un culo algo gordito, estaba bastante bien, el peso era ideal, ni gorda ni delgada, lo justo para tener unas grandes curvas.

Muchas veces salíamos juntos, con o sin amigos, bebíamos y hablábamos. Uno de esos días que estábamos tomando unas copas en mi casa, salió un tema interesante, hablando de las fantasías sexuales, le comenté a Paloma que la mía era tener sexo anal, darle por culo a una tía, ella respondió rápidamente que eso solo lo hacían las tías de las películas porno, yo le dije que no, ella me respondió que debía doler una barbaridad, le respondí que a algunas chicas le dolía mucho, a otras poco, y muchas sentía placer, ella respondió que no debía de sentir nada las chicas, pues el punto g lo tienen delante y que detrás solo lo poseen los chicos.

Tras un rato hablando de esto, me dijo que solo conocía a una chica que lo hacía y que le gustaba, Nuria, que estaba en el último curso, yo me quedé helado con la frase, pues conocía de vista a esa chica y estaba muy bien, era morena, ojos negros, alta, delgada y con dos pechos preciosos, incluso había posado para algunos catálogos de moda. Yo la conocía de vista, pero Paloma la conocía de algo, pues coincidía con ella en clases de música, incluso habían salido juntas algunas veces. Le rogué que quedara con ella para salir juntos e intentar liarme con ella, y después de mucho rogarle accedió, pero con la condición de que me llevase a mi amigo César, por el que Paloma estaba coladita. El fin de semana lo logramos y quedamos con ellos y más gente, todo parecía ir bien, le tiraba los tejos a Nuria, Paloma intentaba ligar con César.

La noche iba perfecta, hasta que salimos un momento del bar y al entrar vimos como se liaban César y Nuria, se estaban enrollando. Paloma y yo nos llevamos una gran decepción, así que al rato nos fuimos, decidimos ir a su apartamento, pues como ella era de Nerva, tenía un apartamento alquilado aquí. Por el camino, con alguna copa tomada, nos fuimos acordando de las familias de César y Nuria. Cuando llegamos a su casa nos pusimos a beber Martini, que no era muy fuerte, pero algo hacía para ahogar las penas, cada vez estábamos más lanzados, hasta que entre risas me dio por decirle a Paloma que vaya pena, que llevaba varios días sin masturbarme reservándome para la ocasión, que encima había estado toda la noche con un gran empalme y que al final nada, que cuando llegara a mi casa iba a tener que masturbarme para relajarme.

Ella se rió y respondió que ella iba a tener que matarse a hacerse dedos, nos reímos un gran rato. Al momento, Paloma se sentó a mi lado, llevaba unos pantalones negros ajustados, en su entrepierna se marcaba todos los de su coñito, hasta que envuelto en mi excitación planté mi mano en su coño, sobándoselo por encima del pantalón, ella no dijo nada, entonces le dije que si quería que los dedos se los hacía yo, Paloma llevó la mano a mi pene, agarrándome la polla por encima del pantalón y me dijo que entonces las pajas me las haría ella.

Comenzamos a besarnos, metiéndonos las lenguas hasta el fondo, jugando con las lenguas fuera de la boca, escapándosenos varios gemidos de gusto, los suyos aumentaron cuando me dirigí al cuello, sabía que era su punto débil, y con mi lengua y mis labios empecé a saborearla, se retorcía de gusto. Después llevé mi mano a sus pechos y comencé a estrujarlos, después por su escote se las sobé por debajo del sujetador. Su camisa y su sujetador no duraron mucho, y sus hermosos pechos quedaron a la vista, con los pezones pequeños y oscuros, me puse a lamerlos, mordiendo sus pezones, succionándolos. Bajé mi mano a su coñito, por encima del pantalón, gemía como una perra, mientras que decía que la había puesto muy cachonda, mientras le desabrochaba el pantalón, le quité el pantalón y las bragas, la tenía completamente desnuda tumbada en el sofá. Yo me desnudé delante de ella, mientras Paloma me miraba acariciándose el coño.

Me puse encima de ella, besándonos, colocado entre sus piernas, rozando nuestros miembros. Después ascendí por su cuerpo hasta que mi pene quedó a la altura de su cara, hice movimientos circulares frotándoselo por la cara, ella me puso las manos en el culo y me bajó hacia su boca, la abrió y mi pene entró en su boquita húmeda, metí la punta, y a continuación ella presionó mi culo y casi se la metió hasta la mitad, movía su lengua dentro de la boca, haciéndome gemir de gusto, que bien la chupaba, después se la metió entera, y tras un rato así paré, porque veía que me corría.

Seguidamente me deslicé hacia abajo, separé sus piernas y observe su coño, depiladito con solo pelos en su monte. Acerqué mi cara, y lamí toda su raja, al rato me lancé al clítoris, comiéndome el coño entero, jugando con mi lengua. Pronto empezó a tener espasmos de gusto, sobre todo cuando un dedo entró en su vagina. Mamaba su coño cuando me pidió con voz de auténtica puta que le metiera un dedo en el culo, continué comiéndole el coño salvajemente, a la vez le metí mi dedo por su ano, que entró con facilidad debido a los jugos que resbalaban de su vagina, lo metí, lo saqué, lo giré, ella gemía y se retorcía de gusto.

Minutos después, me pidió que le metiera otro dedo, le estaba gustando, obedecí y se lo metí, entró también sin mucha dificultad, los giré en su ano, metiéndoselos y sacándoselos, al principio despacio y después más fuerte, cuanto más hacía bestia con los dedos en su culo y con la mamada del coño, más gemía ella. Aparté mi cara de su coño y añadí un tercer dedo sin que me lo pidiera, quería ver su culo recibiendo tres dedos, pero esto le dolió, se quejó, moví los dedos lentamente, pronto empezó a gemir de nuevo.

Estaba lanzado, le pregunté si quería que se la metiese por el culo, ella sin demora me dijo que sí, que se la metiese pero con cuidado. Saqué los dedos y le metí dos en el coño, mojándolos bien, le lamí un poco el ano, después le levanté las piernas, colocándole las rodillas a la altura de su cabeza, y dirigí mi pene a su agujero, ella se separó las nalgas con las manos, me miró con cara de viciosa y me dijo que se la metiera, que hiciera lo que le iba hacer a Nuria, agarré mi pene y apreté contra su agujero, poco a poco empezó a deslizarse para dentro.

Paloma se quedó sin respiración, inmóvil, con los ojos abiertos, cuando el glande entró en su culo se relajó, lanzando un suspiro y soltando el aire de la respiración contenida, el ano estaba muy cerrado, estaba seco a pesar de la lubricación, así que llené de saliva mi pene para facilitar las cosas. Lentamente empecé a moverme, despacio, con empujones mínimos, metiendo un poco más de pene cuando su culo iba acostumbrándose. Paloma tenía los ojos cerrados, lanzaba leves quejidos, aunque no decía nada, tras un rato entró entera y se lo dije, ella con su mano comprobó que era cierto, eso la relajó, empecé a moverme un poco más seguido, y ella empezó a gemir de gusto. Pasado un tiempo, y con su culo ya acostumbrado, empecé a decirle que tenía un culo hermoso, ideal para partirlo, ella empezó a decirme que me follara su culo, que no parase, aumenté el ritmo y ella aumentó sus gemidos.

Pronto noté que no iba a aguantar mucho, le grité a Paloma que me iba a correr acelerando el ritmo, me la follaba como si se tratara de su coño, ella no se quejaba. Cuando comencé a correrme sentí como ella se arqueaba y empezaba a lanzar gemidos alocados, suspiros entrecortados, gritando que ella también se corría. Lancé mis chorros dentro de su culo, metiéndole todo mi polla, cuando acabé la miré y vi que ella tenía la mano en su coño, se había masturbado mientras me la follaba, estaba muy mojada.

Saqué mi polla y mi semen se salía de su culo, su ano se le quedó abierto unos instantes, luego se cerró con un par de espasmos. Nos abrazamos, nos besamos, y horas después ya me marché hacia mi casa.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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Mamada en la oficina

Moviendo su cuello hizo que mi polla entrara y saliera de su boca, sus labios apretaban firmemente y con la mano se ayudaba para que mi prepucio no envolviera el glande y perdurara expuesto e hinchado, con su lengua no perdía oportunidad de lamerlo, ayudando a hacer más fuertes los movimientos.

Os voy a relatar una cosa que me sucedió, con una compañera de trabajo del Ayuntamiento de Huelva.

Resulta que había una reunión del departamento de personal, donde toda la sección asiste a ella. Yo fui en ese momento a la zona de personal, a preguntar por el jefe, y allí sólo estaba su secretaria, la cual me indicó que estaba en una reunión, y que si quería que lo esperase. Con esa chica yo tenía bastante confianza, pues yo estaba mucho por personal, y solía hablar con ella bastante, se llamaba Sofía, mediría sobre 173, pesaría alrededor de 60 kilos, era morena, con ojos profundos negros, una boca carnosa, un cuerpo espléndido, además tenía puestas una gafas tipo intelectual, que le hacían espectacular.

Yo me senté en un despacho de los que había, con una mesa y una silla, separados estos por separadores, ella estaba frente a mí, pudiendo ella ver todos los despachos. Empezamos a hablar, primero del por qué de ella no asistir a la reunión, y así otros temas, después empezamos a hablar de nuestras vidas, ella me dijo que llevaba mucho tiempo sin relaciones, así fue subiendo el tono de la conversación, hasta incluso decirle que en este momento deseaba tener algo de sexo, ante esto, ella se rió, y me dijo que podía incluso si quería ponerme más caliente, yo no dije nada, pero mi mirada me delataba, ella lujuriosa totalmente, se subió la falda, dejando ver sus blancas bragas, y empezó a acariciarse los senos por encima de la camisa, yo me quedé perplejo, estaba súper caliente, ella lo sabía, y continuó así un rato, no aguanté más, y me empecé a tocar el pene sobre el pantalón, amasándomelo con lo que veía, ella continua igual.

Me dijo que me tranquilizara, que ella iba a solucionar mi problema, se puso de pie, se subió la falda, dejando ver sus bragas blancas, se dio la vuelta y dejaba ver como sus bragas se metían entre sus nalgas. Yo me saqué la verga, la cual estaba ya bien grande, y me empecé a masturbar, se acercó al escritorio y se echó a un lado su braga, dejando ver su vello, y con una mano, se empieza a masturbar, abriendo sus labios vaginales, observando cómo le escurren sus fluidos. Después, se pone a mi lado, agarrándome el pene, y me empieza a masturbar, yo le empiezo a masajear los senos y a tratar de alcanzarle su rajita, una vez que la alcanzo, le empiezo a meter un dedo y luego dos, entran con facilidad en su vagina, la cual está caliente y húmeda de los líquidos que le brotan.

Ella a continuación se metió debajo del escritorio, bajó la cremallera de mi pantalón, empezó a menear mi pene, apresándolo por encima de los calzoncillos, estaba duro y humedecido, al momento me quitó el cinturón y el botón, para bajar el pantalón y el slip un poco, posteriormente comenzó a lamer el pene, humedeciéndolo con su saliva. Primero lo hizo en la parte inferior, con los testículos, con mucha suavidad lo recorría de abajo a arriba, y a veces se introducía parte en su boca, después subió, deteniéndose placenteramente en el surco que separa el tronco del pene de la cabeza, luego empezó a concentrarse sólo en la cabeza, que estaba muy hinchada, lamiéndola y succionándola con sus labios, la sensación era espectacular, a la vez, metí mi mano en sus bragas, tocando sus vellitos, después mis dedos acariciaron su clítoris, el cual estaba completamente empapado.

Tras un rato así, continuaba de rodillas debajo de la mesa, pero ella me sacó las manos, como diciéndome que ahora no era el momento de eso, que me concentrase en la mamada, y comenzó a morder mi pene suavemente, sus dientes se hincaban sobre la piel de mi miembro y me hacían estremecer, ella lo notaba y cambiaba a lamerme nuevamente. Más tarde, cuando pensó que era suficiente se concentró en los testículos, meneándomela con la mano, me lamía los huevos a la vez que con su otra mano me masturbaba con firmeza apretando la verga.

Estaba a punto de reventar, se lo dije, y ella bajó los movimientos, como dándome tiempo para relajarme, pero al rato, volvió a seguir, empezando a hacer los movimientos de una penetración, moviendo su cuello hizo que mi polla entrara y saliera de su boca, sus labios apretaban firmemente y con la mano se ayudaba para que mi prepucio no envolviera el glande y perdurara expuesto e hinchado, con su lengua no perdía oportunidad de lamerlo, ayudando a hacer más fuertes los movimientos.

De repente llamaron a la puerta, ella hizo el intento de salir, pero yo le detengo por la cabeza para que no salga, era una chica preguntando por uno de los que trabajaba allí, a la cual le indicó que estaba sólo esperando a la gente de personal que están en una reunión, mientras digo eso, siento que me empieza nuevamente a mamar la verga, me puse algo nervioso, tratando de disimular la cara de placer, entonces la chavala me da las gracias y me dice que ya volverá.

Cuando cierra la puerta, Sofía me dice que se va, yo no la dejo salir, la agarro de la cabeza, no pudiendo salir, ella se calma, y continúa en su labor, haciéndome sentir en las nubes, fue lo máximo, chupaba con mucho entusiasmo, seguía follándome su boca, ahora le agarré yo la cabeza, y era el que ponía el ritmo, me quería correr, y la posibilidad de que viniese más gente y fastidiara la sesión hizo que todo fuera más rápido.

No podía contenerme más, y una gran cantidad de semen caliente se derramó en su boca, ella continuó chupando, su lengua atrapaba cualquier resto de líquido que quedara, era espectacular, así siguió hasta que sintió que el pene estaba perdiendo su erección, entonces lo dejó reposar, lo recorrió lentamente con su lengua humedecida de arriba abajo varias veces, y luego le dio algunos besos. A continuación se levantó, y me preguntó si me había gustado, a lo que obviamente respondí que sí, tras esto ella se fue de la habitación supongo que al baño, y antes de venir ella ya llegó su jefe y me puse a hablar con él.

Autor: Fary

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La enfermera del asilo

El anciano innatamente tensó todo su cuerpo e hizo una exclamación pequeña, como un murmullo, parece que había disfrutado, aunque no se enterase de lo que pasó.  Amanda estaba muy excitada, y se empezó a masturbar alocadamente, gimiendo de placer, hasta que estalló, y se corrió, estaba súper a gusto.

A continuación, les voy a detallar un acontecimiento real que acaeció en Huelva, ya hace algunos años. Yo por esos tiempos, tenía una amiga trabajando en el asilo, Amanda, y a veces iba a visitarla por las noches, pues ella estaba sola cuando le tocaba ese turno y se aburría.

Lo que les cuento seguidamente, sucedió una noche, fui a visitarla, normalmente estábamos en su despacho, y allí hablábamos o pasábamos el rato jugando a algo. Lo que me resultaba raro era que siempre mi amiga se iba una vez al baño, según manifestaba ella, y tardaba bastante en volver, no sé lo que ella hacía allí, pero no era normal. Una de las noches de las que le giré visita, decidí seguirla cuando ella se disponía a ir al baño como todos los días, comido por la curiosidad, me acerqué al baño, pero allí no estaba, además no había ningún síntoma en el aseo de haber pasado por allí, me paré un momento a pensar, y decidí empezar a curiosear por el asilo, para ver si la veía, empecé por los alrededores del aseo, pero no la encontré, empecé a ver algunos dormitorios, hasta que visitadas unas cuantas habitaciones di con ella.

Amanda estaba de pie al lado de una cama de matrimonio, en el interior de esta, se hallaba un anciano dormido, el cual con la posición, miraba hacia el techo, la habitación estaba en penumbra, la única luz que había era de un flexo que tenía este dormitorio. Mi amiga Amanda, era castaña, el pelo le llegaba por los hombros, su estatura estaría alrededor de 1,70 cms, pesaría alrededor de unos 60 kilos, ella tenía unos senos muy hermosos y grandes, una boca lujuriosa, muy carnosa, un culito respingón, que atraía bastante.

Al momento de yo estar allí, en la puerta de la habitación, sin que ella me pudiera ver, silenciosamente y sin que se diese cuenta de mi presencia, Amanda relajadamente se introdujo en la cama del abuelo, colocándose en su lado derecho, el viejo tenía una complexión media, ni gordo ni delgado, y no era muy alto. Ella se puso a acariciarlo con la mano derecha suavemente sin despertarlo, comenzó en el pecho, donde se recreó un largo tiempo gustosamente, para posteriormente del calentamiento inicial, descender su mano hasta alcanzar el pantalón del pijama, una vez que llegó, empezó a acariciar un poco el pene del anciano por encima de los pantalones, para pasar al rato a quitarle el botón y ella le bajó un poco estos y los calzoncillos a la vez, todo esto sin despertarlo.

Tras observar un momento la polla que tenía delante, tomó su verga sabiamente con una mano, y tiró de su prepucio hacia atrás, hasta que emergió el glande, esto hizo que su pene expusiera los primeros signos de excitación claros, ya que el aumento del tamaño de la polla del anciano fue considerable, de estar relajada, a empezar a estar alterada. Ella pausadamente, acercó su cabeza al miembro, abrió la boca y se metió la cabeza de su pene, quedando sus carnosos labios fuera, la verga estaba aunque excitada algo blandita, aunque eso sí, el pene crecía por momentos.

Saboreaba su polla con la lengua, hasta lograr ponerla a su máximo esplendor, después de esto, empezó a meterse más en la boca, embutiendo casi toda, se la sacaba y metía disfrutando de esto, después continuó por fuera, mamando los laterales del pene, continuó con introducciones más profundas, las cuales le debían llegar a la garganta, pues teniendo en cuenta el tamaño del pene, y que se lo metía entero, el fin de este debía ser la parte más profunda de la boca, tras un rato así, y con sonrisa de estar disfrutando, ella se sacó de la boca la verga, y empezó a masturbarlo con una mano, primero lentamente, y después algo más rápido, mientras, a la vez, ella se pajeaba con la otra mano su coñito por dentro del pantalón del uniforme.

Ella continuaba masturbándolo a él plácidamente con una de sus manos, disfrutando del momento que tenía, cada vez lo hacía con más violencia y rapidez, que era seguida por su otra mano, la cual también era más veloz con su coñito, se pasaba la mano de arriba abajo, refregándola en su rajita, a veces intercalaba este movimiento con la introducción de algún dedo en su vagina, su coñito estaba muy mojado, estaba muy húmedo, esto se reflejaba en su mano, la cual cada vez estaba más brillante.

Poco tiempo pasó, cuando el pene del viejo comenzó a latir alocadamente, deseoso de reventar, para posteriormente empezar a arrojar bestialmente chorros de semen, que cayeron por varios sitios, parte en el pijama del anciano, algo en el suelo y lo último a lo largo del brazo de Amanda. Mientras esto sucedía, el anciano innatamente tensó todo su cuerpo e hizo una exclamación pequeña, como un murmullo, parece que había disfrutado, aunque no se enterase de lo que pasó, había sido un sueño del que disfrutó físicamente también, después de esto, inmediatamente se relajó, prosiguiendo su sueño normal.

Amanda estaba muy excitada, y se empezó a masturbar alocadamente, gimiendo de placer, hasta que estalló, y se corrió, estaba súper a gusto. Tras un pequeño relajamiento, se puso a limpiar todo un poco, primero a él como podía y sin alterarlo, para después pasar a limpiar el suelo con un trapo, y antes de que ella se asease, yo me dirigí rápidamente a la oficina, para no ser descubierto. Al momento llegó ella, no le dije nada de lo sucedido, y Amanda hizo como los otros días, como si nada hubiera pasado continuamos hablando y jugando a cosas.

Después de un tiempo, yo me fui, me dirigí a mi casa tras despedirme de ella, una vez que alcancé mi domicilio, corrí hacia el cuarto de baño, donde aún con el recuerdo de lo observado, me bajé los pantalones y los calzoncillos, y me masturbé pensando en ellos, sin muchas complicaciones expulsé el semen acumulado anteriormente con el numerito de mi amiga con el anciano.

Autor: Fary

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Dejando de ser virgen

Estaba siendo espectacular, mi pene quedaba atrapado entre sus glúteos, la penetraba velozmente, ella me gritaba que se la metiera más duramente, yo la taladraba a todo trapo, ella gemía sonoramente, hasta que me dijo que se iba a venir, aceleré más, dándole más fuerte, de repente sentí un nuevo orgasmo de ella, salía fluido de su vagina, bañó mi pene, al sentir eso, no tardé mucho en correrme, inundé su vagina de mi semen, hasta que se desbordó cayendo por sus piernas.

Este relato sucedió hace pocos meses en Huelva, un sábado que salí de juerga por mi ciudad conocí a una chica, se llamaba Ana, era joven, veinte años, morena, guapa, alta, delgada, de piel un poco oscura, tetas duras y grandes, un culo redondito, o sea que estaba bastante bien, ella era modelo. Cuando fueron las cuatro de la madrugada, ella se fue, no sin antes darme el número de teléfono suyo para que la llamase.

Al día siguiente, contacté con ella, y quedamos para ir al cine, así estuvimos unas días, hasta que uno me dijo que ella era virgen aun, que le daba mucha vergüenza, y que por eso me lo contaba por si la quería dejar, yo le dije que eso no era nada malo, y que alguna vez sería la primera, de esta forma tuvimos nuestra primera relación sexual, en la que Ana me dijo que lo máximo que había hecho era una pajilla a un amigo con la mano.

Al domingo siguiente, salimos de nuevo a ver una película al cine La Dehesa, dentro hubo algunos besos, acompañados de toqueteos por mi parte de sus pechos. Al salir ya era de noche, inmediatamente me di cuenta de que ella estaba un poco contenta ese día, su cara la delataba, nos fuimos al parque de Zafra que está próximo y nos sentamos en un banco retirado de las pocas personas que aun había en el. Allí estuvimos hablando, estuvimos un rato, hasta que comenzamos a besarnos, Ana estaba muy lanzada, parecía deseosa de lograr avanzar en su experiencia sexual, pronto empezó a besarme el cuello, luego deslizó su mano hasta mi pantalón agarrándome mi pene. Segundos después me bajó la cremallera, a continuación en botón del pantalón, y luego me descendió un poco el slip, lo siguiente fue tomar en su mano mi pene, lo miró con asombro, como algo novedoso, ya que había visto antes una verga solo en su vida.

Pasada la sorpresa inicial, empezó a acariciarlo con la mano, para minutos después comenzar a pajearme lentamente, yo la observaba mientras me masturbaba, miraba sus dos grandes tetas, hasta que no pude aguantarme más, miré alrededor del parque, estaba casi desierto, y entonces le abrí la blusa, pude ver su sujetador azul, el cual le levanté a los pocos segundos, pude ver ante mí sus pechos sobresaliendo entre la abertura de la camisa, no tardé mucho en acariciárselos, y después en chupárselos. Acariciaba sus tetas mientras que ella me pajeaba, gemía de excitación con el sobeo de los pechos.

Minutos después, bajé mi mano hacia su pantalón, le desabroché este y metí mi mano por dentro de sus braguitas azules hasta llegar a su coño, se depilaba, tenía escasos pelos, acaricié un poco su rajita y ella empezó a gemir más fuerte, después le metí un dedo en su coñito y comencé a masturbarla, ella estaba ya a punto de correrse, cosa que hizo poco tiempo después, noté sus jugos en mi mano. Seguidamente le dije que me masturbase, que si quería que me hiciera una mamada, pero ella dijo que no con la cabeza mientras sonreía, a la vez que empezó a acelerar con la mano, hasta que minutos después me corrí, cayendo mi semen sobre su mano. Nos limpiamos con unos pañuelos y nos dirigimos hasta su casa, donde la dejé, y después me fui a la mía.

El sábado siguiente, nos encontrábamos en una fiesta con unos amigos en casa de uno de ellos, estuvimos bebiendo y todo eso, en un momento de la noche, Ana me dijo que tenía una deuda pendiente conmigo, darme una mamada, me quedé sorprendido por su comentario, a continuación me dijo que después de la fiesta lo intentaría.

Cuando la fiesta terminó a altas horas de la noche, la acompañé a su casa en coche, aunque a mitad de camino me desvié y nos paramos en un descampado. Inmediatamente me preguntó por lo qué quería hacer, le respondí que me debía algo, y ella con cara de preocupación me advirtió de que no sabía hacerlo, yo le dije que yo la guiaba.

Segundos después, me bajó el pantalón, me quitó mi ropa interior, se agachó desde su asiento del copiloto y procedió a mamarme mi polla, tomaba mi verga, la ponía en su lengua, entraba y salía de su boca, la mordía dulcemente con sus dientes, la chupaba. Minutos después, me dijo que si me gustaba como iba, le respondí que sí, pero que empezara un poco más rápido, ella continuó al mismo ritmo, le volví a decir que un poco más rápido, y Ana seguía igual, hasta que al rato me dijo que no sabía. La calmé, y le comenté que la iba a guiar yo ahora, ella me respondió que de acuerdo, así que ella continuó mamando lentamente mi polla, hasta que la agarré por la parte trasera de la cabeza y le introduje todo mi miembro hasta la garganta, le cogió de improvisto, y se quedó casi sin aire, saqué mi polla, y se la volví a meter, esta vez aguantó mejor, así varias veces, hasta que en una de ella, la metí más de la cuenta y le empezaron a dar arcadas, tenía los ojos desencajados cada vez que metía mi miembro, aunque se le veía que estaba disfrutando.

Momentos después, noté que iba a correrme, le quité la polla de la boca ya que era su primera vez, e inmediatamente ella me preguntó por lo que hacía, le dije que me iba a ir, ella respondió que por qué la sacaba, otra vez le dije que me iba a correr, Ana replicó que para eso estaba su boca. Segundos después, agarró mi verga entre sus manos, la apretó y se la metió nuevamente en la boca, la mamó enérgicamente esta vez, hasta que derramé mi leche dentro, se la tragó toda, a continuación me limpió la polla con la lengua, y momentos después la dejé en su casa.

Al día siguiente, me fui a comer a su casa, pues estaba sola, almorzamos, y después le dije de ir a dormir la siesta, Ana respondió que sí, nos fuimos al cuarto y nada más llegar comencé a desnudarla, hasta que quedó sin ropa, nunca antes la había visto completamente desnuda, era espectacular, se tumbó en la cama y empecé a besarla, a abrazarla, besaba sus pezones, los lamía, hasta que llegué a su coñito, solo tenía un triangulo encima de su clítoris, estaba mojada, su corazón latía aceleradamente, acaricié sus ingles, y después le abrí con mis dedos sus labios, luego comencé a lamerle la raja, ella no tardó mucho en empezar a gemir, momentos después le iba a meter un dedo en su vagina cuando tuvo su primer orgasmo en mi boca, saboreé este durante un rato, y después la volví a besar en la boca, intentando calmarla.

Minutos más tarde, me pidió por favor que le metiera mi polla, que la hiciera mujer, que no la torturase más, sin más demora, ella se puso debajo, yo arriba, la postura más clásica y universal, cara a cara, agarré mi verga y se la introduje poco a poco, era muy placentero penetrar el coñito virgen, mi miembro haciéndose camino entre su himen, desvirgando su vagina, ella gritando de placer, la sentía haciéndose mujer bajo mi cuerpo, minutos después llegué al tope, permanecí quieto un tiempo, para que se acostumbrara, hasta que pasado un rato empecé a bombearla muy lentamente, ella agarraba mis glúteos, me lo masajeaba, yo le frotaba su clítoris con mi dedo, sentía mi polla aprisionada entre su cerrada vagina, con cierta dificultad en la penetración, así estuvimos un rato.

Pasado un tiempo, la libré de mi cuerpo, ella permaneció boca arriba, le levanté una de sus piernas, la sostenía arrodillado a las puerta de su coño, hasta que lentamente la volví a penetrar, tomé el control de la penetración, con diferentes ritmos, la postura me permitía variar el sentido de la penetración y la apertura de sus piernas, su rostro reflejaba ansiedad, excitación, placer, lujuria, hasta que ella nuevamente llegó al orgasmo, noté su entrada de la vagina palpitar, apresando mi polla, yo estaba cerca de correrme también, pero paré para después continuar, mantuve un tiempo mi verga dentro de ella, hasta que se le pasó el subidón del orgasmo.

Pasados unos minutos, mi nivel de excitación había bajado bastante, el de Ana subía por momentos, nos besamos nuevamente, para después recostarme sobre la almohada, estaba sentado con las piernas flexionadas y un poco abiertas, la llamé a ella, y la senté encima de mí, después con la ayuda de mi mano acomodé mi polla en la entrada de su vagina, y se le clavó entera, ella dio un suspiro, a continuación le dije que era su turno, que tenía que follarme, y Ana empezó a cabalgar torpemente, pero gustosamente a la vez, yo acariciaba su clítoris al tiempo que la sostenía de la cintura un poco para guiarla, así permanecimos unos minutos.

Transcurrido un tiempo, cambiamos otra vez de postura, la coloqué a cuatro patas, y yo me puse detrás, le introduje mi verga en su enrojecido y húmedo coño y empecé a follármela, le tocaba su clítoris, incluso varias veces pasé un dedo por su ano, Ana con una mano tomó mis testículos. Estaba siendo espectacular, mi pene quedaba atrapado entre sus glúteos, la penetraba velozmente, ella me gritaba que se la metiera más duramente, yo la taladraba a todo trapo, ella gemía sonoramente, hasta que me dijo que se iba a venir, aceleré más, dándole más fuerte, de repente sentí un nuevo orgasmo de ella, salía fluido de su vagina, bañó mi pene, al sentir eso, no tardé mucho en correrme, inundé su vagina de mi semen, hasta que se desbordó cayendo por sus piernas.

Nos quedamos abrazados, nos besamos, durante un tiempo, hasta que pasado un rato me dijo que debía de haber empezado antes a tener sexo, que tenía que recuperar el tiempo perdido. A continuación nos metimos en la ducha, y durante todo el día estuvimos liados.

Autor: Fary

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Aprendiendo la lección

Empecé a bombear su coñito por detrás, imaginado que era el culo lo que le estaba follando. Ella gemía cada vez más estaba llegando al orgasmo, paré, se la saqué, y la empecé a penetrar con dos dedos, mientras tanto, coloqué el glande en la puerta de su culo, y lo fui introduciendo lentamente pero sin pausa, estaba cumpliendo mi propósito, tenía metida casi entera mi verga en su ano.

Este relato sucedió cuando estaba empezando a descubrir cosas relacionadas con la sexualidad, era una cálida tarde de verano en Punta Umbría, yo estaba con una chica, Mamen, sexualmente no habíamos avanzado mucho, los típicos besos y morreos, con los tradicionales toqueteos para calentar el ambiente, ninguno de los dos habíamos tenido muchas relaciones, pero ambos nos habíamos estrenado.

Una tarde quedamos en su casa, como era frecuente, solía ir a recogerla, no solía haber nadie, sus padres trabajaban, y el hermano se iba a la playa y volvía de noche, llegué algo temprano porque no tenía nada que hacer, y llamé a la puerta varias veces y nadie me abría, di la vuelta a la casa, y entré por el patio, que normalmente estaba abierto, al pasar al salón, oí la ducha, empecé a llamar a Mamen, pero no contestaba, subí, y la puerta estaba medio abierta, y entonces la vi, y me quedé sorprendido, estaba sentada en el wáter, con una revista porno en el bidé, el agua de la ducha corría, se estaba masturbando, tenía la ropa puesta, camisa arriba y falda abajo, sólo le faltaban las bragas.

Al estar de espaldas a la puerta no se percató de mi presencia, y me quedé mirando sorprendido, con una mano se frotaba el coño circularmente y con la otra se acariciaba sus rígidas tetas por encima de la camisa, Mamen gemía placenteramente sin darse cuenta de que la observaba. Este escenario me excitó en exceso, no pude contener mis deseos, y me metí cuidadosamente en el baño, me quedé dentro de pie, permaneciendo de espaldas a ella, la cual ni se inmutó, supongo que por estar concentrada en su masturbación, y por el ruido de la ducha.

Me regalé el observarla un poco más, su ritmo había aumentado algo, y ya ni miraba la revista porno, la cual exponía a un hombre latino penetrando a una rubia nórdica por el culo. Tras un rato observándola, me abracé por detrás a ella, dándole un susto de muerte, se sobresaltó, y al volver la cara y por la que puso, se dio cuenta de que la había sorprendido masturbándose, su cara se enrojeció, debía estar muy abochornada, pero yo echándole una mano, me lancé sobre ella y la besé con pasión, para que pasara el rato, y para que no dejase su calentura. Ella bajó su nivel de excitación algo, por el shock, pero me encargué de calentarla de nuevo con mis besos y caricias, aunque esto no era muy difícil, porque Mamen estaba hoy más alterada que nunca.

Muestra de esta sobre excitación fue el que al instante, me dijera que si quería verle las tetas, cosa que nunca me había dejado vérselas, obviamente yo le respondí que sí, algo cohibido y nervioso ante esta nueva situación. Fue dicho y realizado, sin demora se desabrochó la camisa y se quitó el sujetador, dejando caer al suelo la ropa, y permitiéndome ver los senos redondos y bien formados que tenía, con pezones oscuros y pequeños. Acto seguido, y al ver mi cara de asombro, me dijo que podía tocarlos, estaba desconocida y atrevida, había dejado a un lado las inhibiciones y había pasado al ataque, eso me gustaba mucho, me ponía muy cachondo. La volví a besar, chocamos nuestras lenguas, y mientras tanto le tocaba los pechos, primero los sobé con delicadeza, estaba un poco nervioso, e iba manoseando aquellos senos, después empecé a acariciarlos un poco más fuertes, no podía parar, me encantaba apretar esas tetas, acariciar sus pezones, duros y erizados, que contrastaba con la flexibilidad del resto de sus pechos.

Separé mi boca de la suya y recorrí su rostro y cuello con la lengua, parándome en las zonas que a ella más le excitaban, hasta que llegué a sus pechos, que lamí con lujuria, mi lengua se movía frenéticamente por sus pezones, iba alternando de seno cada poco tiempo, y mis manos se encargaban de que ninguna de sus dos tetas quedara ignorada. Ella se estaba poniendo muy cachonda, y para mi sorpresa, se metió una mano en el interior de su falda, que estaba sin bragas, quería masturbarse mientras le chupaba las tetas, así estuvo un rato, hasta que quité una mano de los senos y le bajé la falda, a lo que no puso impedimento, aunque me observaba atentamente para saber lo que iba a hacer.

Una vez desnuda, le dije de irnos al dormitorio, ella asintió con la cabeza, se acostó en la cama y le dije que iba a comerle el coño y que iba a correrse en mi cara, ella se puso algo nerviosa, pero tras unas caricias, ella abrió las piernas tímidamente, observando su coño, el cual no era virgen, pero si era muy nuevo, me puse de rodillas en la cama y le metí la lengua en su peluda y húmeda rajita, que desprendía su clásico aroma. Pasaba mi lengua de arriba abajo, y Mamen soltaba leves gemidos, todo esto hacía que mi polla se me pusiera extremadamente dura, ella se dio cuenta del asunto, y me quitó el pantalón y el slip, y mi polla dura y firme asomó ansiosa por un poco de acción, Mamen dio un giro, y cogimos una posición tal que cada uno tenía delante de su cara el órgano del otro.

Ella se encargó de satisfacer mi polla, se la metió toda de golpe en la boca, sentí su campanilla rozar mi capullo, le produjo una arcada, los nervios le habían causado una mala pasada, eso me excitó más, yo aumenté el ritmo de la lengua, lamía su rajita como loco, para después empezarla a penetrar con ella, obteniendo alocados gritos de placer por su parte. Al cabo de un tiempo, la excitación acumulada por Mamen se derramó en una intensa corrida, bañándome mi cara de sus jugos, ella era muy feliz, cambió de posición, y se arrodilló en la cama, chupándome la polla cada vez más velozmente, hasta que cuando me iba a correr, la saqué, tomé mi verga con la mano, y apunté a su cara, y mi pene escupió hacia allí, quedó totalmente mojada de chorreones, los cuales le goteaban hacia el pecho por la barbilla.

Después nos limpiamos un poco, pero ella aún quería más, Mamen se acercó a mi polla, y la siguió chupando, la quería reanimar, y al rato lo logró, la polla se me puso dura de nuevo. Mientras la lamía pensé en lo que había visto en el baño antes, en la revista, y se apoderó de mí el deseo de penetrarla por el culo, tenía muchas ganas. Tras un rato de caricias previas, la puse a cuatro patas sobre la cama, me puse por detrás, le pasé mi verga por toda la rajita, la cual estaba muy mojada, terminando siempre en su culo, el cual sin darse ella cuenta, estaba lubricando, le acariciaba los senos, besaba su lumbago, continué pasando mi pene por su rajita, hasta que tomé mi polla en la mano, y la puse a la altura del ano, me disponía a penetrarla analmente, pero la muy guarra me dijo que de darle por culo nada, me quedé contrariado, e hice un segundo intento, ella giró la cabeza, y me dijo que no repetidas veces, tomó con su mano mi pene, y se lo metió en su vagina.

Accedí a sus pretensiones, y empecé a bombear su coñito por detrás, por poco tiempo despacio, para después pasar a hacerlo rápidamente, imaginado que era el culo lo que le estaba follando. Ella gemía cada vez más estaba llegando al orgasmo, yo lo sabía, y paré, se la saqué, y la empecé a penetrar con dos dedos, mientras tanto, coloqué el glande en la puerta de su culo, y lo fui introduciendo lentamente pero sin pausa, ella gritó que no quería, yo la agarré de las ingles con las manos, quedando sujeta y sin escapatoria, estaba cumpliendo mi propósito, tenía metida casi entera mi verga en su ano.

Empecé a sacársela despacio y volver a metérsela, y ella gritaba que la dejase, que eso no se hacía, que no era decente, hasta que ya consciente de lo que había pasado, dejó de oponer resistencia y comprendiendo que su culito ya no era virgen, empezó a disfrutar de la situación, además yo la incitaba, gritándole que no se quejara, que era lo mismo que las fotos de la revista porno, que iba a sentir lo que notaba la chica, que su culo estaba ya como el de la zorra de la revista porno. La perra de Mamen empezaba a disfrutar, tanto quejarse, para después gustarle, y más aún, cuando se empezó a meter un par de dedos en su vagina, quería ser doblemente penetrada, yo continuaba penetrando su culo que cada vez estaba más abierto debido a mis bestiales sacudidas.

Antes de que me corriera empezó a sangrar por el ano, eso me dio un poco de miedo, así que se la saqué del culo sin haberme corrido, tenía la polla algo manchada de sangre de su ano, pero yo estaba a punto de correrme, y ella estaba a segundos, se la metí en la boca, mientras ella continuaba acariciándose el coño hasta lograr correrse por la cara que puso. Mamen tras un pequeño parón, me la siguió mamando, ayudada de la mano que me estaba pajeando, inmediatamente me corrí en su boca, llenándosela de semen, que tras quitar yo mi pene, ella escupió, cayéndole por la barbilla al pecho a manantial.

Tenía aspecto de puta, como la de la revista porno, le dije que ya estaba lista para poder posar en ellas, las que tanto le gustan, ella oía con cara de obsesa sexual. Cuando cayó la noche yo me retiré a mi casa, y la dejé allí a ella con su familia, había recibido una lección sexual gratis de lo que se debe hacer para satisfacerse a ella misma y a un chico.

Autor: Fary

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Ana y los cuatro

Ramón se acercó a ella ofreciéndole su pene erecto para que se lo chupara, David no pudo evitar abalanzarse sobre sus pechos y empezó a lamer y succionar sus pezones, Javi seguía de rodillas en la cama, pero ya no a la altura de su pecho sino de su cintura, estaba colocando cada una de las piernas de mi amiga alrededor de su cintura, y mientras apuntaba con su descomunal miembro a su vagina.

Esta historia que les voy a narrar sucedió hace unas fechas, cuando estaba hablando yo con una amiga a través de Internet. Ella se llama Ana, vive en Madrid, y ese día, me contó lo que le había sucedido hacía poco. Esta chica tiene cuarenta y dos años, es morena, mide 1,70, delgada, pechos grandes, trabaja en el hospital como enfermera.

Me comentó un suceso que le ocurrió hacía unos días, pero antes de ocurrir esto, ella me aclaró que desde hacía un tiempo, sufría fantasías y sueños por las noches, que hacían que se despertase cada noche sudorosa, en estas fantasías ella estaba con varios chicos. Estando sufriendo estas fantasías, Ana me dijo que en el día en cuestión en que le acaecieron los acontecimientos, ella estaba durmiendo ya que había estado el día anterior de guardia en el hospital, entonces sus vecinos de al lado se mudaban, y la despertaron con el ruido de la mudanza sobre las diez, ella libraba ese día, así que se levantó al haber sido despertada.

Una vez que dejó la cama, Ana subió la persiana, entonces vio el camión de la mudanza en la calle, inmediatamente salió a la terraza del dormitorio, extrañada porque no sabía que se fuese a mudar ningún vecino, ella me comentó que embargada por la novedad, tal fue la absorción que no se dio cuenta de que estaba en camisón, el cual era de seda, de color burdeos, que le tapaba medio muslo. Cuando se dio cuenta, vio a dos trabajadores de la mudanza en la terraza contigua, los cuales estarían por la veintena de años, ellos estaban colocando cajas en una especie de grúa y hablando a voces con otros dos chicos que estaban abajo en la calle junto al camión, uno de ellos un adolescente que acabaría de cumplir la mayoría de edad y el otro era el mayor de todos, que pasaría los treinta años.

Tras contemplar todo el escenario, se dio cuenta de que los dos muchachos de arriba se habían quedado embobados mirándola, así que entró en el dormitorio de nuevo, dándole un escalofrío nada más hacerlo al pensar en la mirada de esos jóvenes. En ese momento ella me confesó que se excitó muchísimo, y que se pasó gran parte de la mañana mirándolos por una de las ventanas sin que ellos se dieran cuenta, que no se los podía quitar de la cabeza, que sólo hacía pensar en ellos, más aún con las fantasías que había tenido en días anteriores.

Ana me dijo que estaba tan caliente y ensimismada mirándoles, que cuando se dio cuenta eran las once del mediodía, así que se vistió rápido y bajó a comprar el pan, ya que su hijo, pues tiene un retoño de diecinueve años, llega sobre las dos y el marido al poco tiempo. Mi amiga me dijo que al volver no estaban en la calle, entró en el portal y vio como se cerraba la puerta del ascensor, pero de inmediato alguien desde dentro la detenía poniendo su mano, al abrirse vio a dos de ellos en el interior, los de la terraza de antes, le preguntaron si subía y ella dijo que sí, que iba al cuarto, dicho esto ellos le respondieron con una sonrisa que lo sabían.

Me dijo que en el corto trayecto del ascensor pudo apreciar el olor de sus cuerpos fornidos y ver sus torsos musculosos más de cerca, notó que se miraban entre ellos sonriendo tras haberme mirado ambos antes el pecho, al bajar se despidió con un adiós y uno de ellos le respondió que hasta luego guapa, lo cual hizo que le recorriera un escalofrío por el cuerpo.

Ella me comentó que fue entrar en casa y empezar a sentir un volcán por dentro, su imaginación se disparaba y su coño le ardía y reclamaba su atención. Entonces fue al dormitorio, se tumbó en la cama y sacó el vibrador de la mesilla, se levantó la falda, se abrió de piernas, y con las bragas un poco apartadas se lo metió de golpe, no le hizo falta ningún lubricante de lo mojada que estaba, sintió que llegaba con él al fondo, apreciaba su flujo resbalar por sus muslos, empezó a oír el chapoteo que producía el movimiento del consolador en su vagina, quería calmar ese fuego, y se masturbaba compulsivamente, tal energía y empeño puso que momentos después lo logró. Se quedó tirada en la cama, reposando de la masturbación, se había corrido pensando en los dos chicos de la terraza, ella disfrutaba con ellos en su mente.

Estando en la cama reposando de su masturbación, llamaron a la puerta, ella se apresuró a ponerse las bragas y la falda bien nuevamente y se dirigió hacia la entrada de su casa, cuando abrió vio que era uno de los de la mudanza, de los que estaban antes en la terraza, era moreno, guapísimo, fibroso y, este le preguntó que si tenía agua fría, que hacía mucho calor y la dueña del piso en que estaban haciendo la mudanza no tenía, ella le dijo que sí, entonces Ana fue hacia el frigorífico y le trajo una botella grande, el chaval le dio las gracias, y ella le dijo que no era nada, y que si quería otra cosa, refrescos, cervezas o zumos pues que ella podía facilitárselo, él chico se lo pensó un poco, y después le respondió que una cerveza estaría bien, entonces Ana le dijo que entrase, se fueron los dos a la cocina, ella tomó dos cervezas del frigorífico, las abrió, le dio una al chico y la otra comenzó a bebérsela ella, acto seguido cogió un paquete de patatas fritas y puso en un plato unas cuentas, él comenzó a beber y a comer.

Pronto entablaron una conversación, él le comentó que su vecina se iba a las afueras  de la ciudad, y que tenía muchos muebles y cosas, que iba a ser una mudanza larga, ella le comentó que no sabía nada, que ni su marido ni su hijo le habían dicho tampoco nada, él le preguntó por donde estaban ellos y ella le respondió que en el trabajo y en el instituto, él tras oír eso se empezó a soltar y a ser descarado, le dijo que si ella fuera su mujer no la dejaría sola, que estaba muy bien y que cualquiera podía quitársela, ella se ruborizó por el descaro, y le comentó que no era para tanto, él ya desbocado le dijo que era una chica espectacular, todo ello mientras acababa la cerveza y se acercaba a ella.

Ana le dijo que ella siempre había sido fiel a su marido, que él no debía de tener problema por eso, pero ella me comentó que en verdad estaba ardiendo y deseosa de tener sexo con ese chico, él le dijo que era una pena, porque le gustaba mucho, todo esto teniendo su cara frente a la de ella, Ana le respondió que ella era fiel, y él le dio un beso, el cual ella respondió. Estuvieron besándose un rato aceleradamente, él le agarraba mientras el culo, apretándolo hacia ella, sintiendo su miembro encerrado, poco después, él sin dejar de besarla se la llevó hacia su dormitorio, que estaba junto a la cocina, y que también daba al hall del piso.

Cuando llegaron, él la tiró en la cama, encima de la colcha, el chico se empezó a desnudar, mientras ella apartaba la colcha y dejaba la cama con la sábana, una vez desnudo, se fue hacia ella, le levantó la falda negra y tras arrancarle las bragas, le metió la polla en su coñito, no hubo más preliminares, pero no hicieron falta, ella estaba muy mojada por la situación y por su anterior autosatisfacción individual, él comenzó a follársela en su cama de matrimonio, a ritmo medio, le metía su polla una y otra vez hasta el fondo, su vagina la aceptaba gustosa.

El chico le decía que cuando la vio por la mañana en el balcón casi en pelotas imaginó que era una cachonda y que no se equivocó, que le dijo a su compañero, que a ver si alguno tenía suerte hoy con ella, que el acompañante decía que las maduritas eran las mejores y no se equivocaba, porque tenía un precioso coñito. Ana le respondía que nunca había hecho eso antes, que no siguiera ya que estaba casada, que el chico le respondía que lo sabía, que ya se lo dijo antes y que además había visto la foto de la boda en la mesilla, y que el marido tenía una cara de cornudo impresionante, que estaba ahí contemplando cómo estaba su mujer abierta de patas y recibiendo la polla. El chico continuaba diciendo que se la iba a follar a base de bien, para que se quedase satisfecha, que tenía un coño apetitoso, muy estrechito.

El chico le metía una y otra vez el miembro en su húmedo coñito, ella le decía al chico sin mucha consistencia que no siguiera, pero a la vez le comentaba que hacía mucho tiempo que no se la follaban y menos un chaval tan jovencito, incluso Ana le rogaba que no empujara tanto. El operario le respondía que se relajase y disfrutara, que se le notaba falta de miembro masculino, pero que iba a quedar reventada como una zorra.

Ella le pedía que no siguiera, que se iba a correr de nuevo, él se quedó sorprendido, y al ver la cara ella le dijo que antes había estado masturbándose un poco, él sonrió y le dijo que era una putita insaciable, el chico continuó encima de ella follándosela con las piernas lo más abiertas posible, el pene entraba por completo una y otra vez, Ana la cual había perdido ya también su camisa blanca, le rogaba que dejara de mordisquear sus pechos, que le iba a dejar marcas, para después decirle que se iba a correr de nuevo. Él le dijo que esperase un poco, que aguantara, que tenía unos pedazos de tetas, que el marido era un inútil al no tirarse a su mujer más a menudo, ella le dijo que terminase, que su hijo de diecinueve años estaba a punto de llegar a las dos, él le respondió que hasta esa hora quedaba aún mucho tiempo, y que su hijo gozaba de pocos años más que él, que tenía veintitrés.

Ana estaba boca arriba en la cama, desnuda totalmente, abierta de patas completamente, con el chico encima de ella, el cual no paraba de penetrarla una y otra vez a gran velocidad, ella gritaba de placer, chillaba de gozo, le rogaba al chico que continuara, él le decía que le iba a meter el miembro lo más que pudiera, que disfrutara de su coño, que seguro que con el cornudo de su marido no se corría así.

Ana no aguantó más y se empezó a correr, mientras el chico le decía que él también, ella sentía los espasmos del pene, notaba su semen en su vagina, llenándosela, él le decía mientras se corría que era una mamá muy putita, y ella le pedía que no se la sacase, que quería más, estuvieron un rato inmóviles en esa postura, reposando, hasta que pasado un tiempo él se apartó de ella y le dijo que se tenía que ir, que le estarán echando en falta, que tenía que ir a trabajar un poco, que si luego podía, volvía y le daba más, que era una viciosa y que tenía unas enormes ganas de polla, Ana, que tenía sus flujos por todos lados, le dijo con cara de pena que estaba de acuerdo, así que el chico se vistió y se marchó de la habitación.

Ana me contó que se quedó en la cama tirada, reposando de nuevo de su segundo orgasmo, pero poco le aguantó esta situación, ya que se dio cuenta de que no estaba saciada, que su calentón era aún mayor de lo que pensaba, así que ante su soledad, empezó a acariciarse su coñito, estaba desnuda encima de la cama, y jugando con sus deditos en su coñito, llegando incluso a penetrarse con ellos.

De repente, ella me comentó que estando así vio como entraban los dos jóvenes de la terraza en el cuarto, el chico había vuelto con su compañero, yo estaba ahí masturbándome delante de ellos, entonces el chico le dijo al otro que viese lo puta que era, que estaba abierta de patas masturbándose ansiosa de más, el otro respondió que menuda guarra, y después le preguntó a ella que si iba a dejar que le follase, ella no respondió, el primer chico entonces le ordenó al nuevo que se la follase, y acto seguido se fue, dejándolos solos, era obvio que no había cerrado la puerta al irse.

Al quedarse los dos, ella me comentó que dejó de masturbarse, el nuevo chico era moreno, muy guapo, bastante musculoso y  alto. Este se fue acercando a ella mientras se quitaba la ropa, quedando desnudo completamente al poco tiempo, pudo ver su musculoso cuerpo marcado, se le notaban las abdominales y los pechos, y abajo un enorme pene. Ana se quedó inmóvil mirando al chaval, él se acercó a ella, una vez estaba al lado, sonrió y se subió a la cama, se puso de rodillas a la altura de los pechos de mi amiga, una pierna a cada lado y él empezó a amasar sus pechos, los agarraba con fuerza y tiraba fuerte de sus erguidos pezones.

Ana estaba a merced del chico, el cual le dijo que tenía unas tetas hermosas, para preguntarle seguidamente que si iba a dejarse follar, no respondió, y él continuó diciéndole que le encantaban las maduritas, que iba a gozar su miembro, después le comentó que las jovencitas solían asustarse al ver su pene, que no se relajaban y no la sabían disfrutar bien, para finalizar preguntándole que si ella iba a saber hacerlo, ella respondió que era inmensa y gorda, que no iba a poder hacerlo, él siguió diciendo que quería disfrutar metiéndola entre sus tetas, cosa que hizo, mientras apretaba sus pechos hacia dentro, dejando aprisionado su miembro, le dijo que le encantaban sus pechos, que con pocos podía hacerlo, las juntó al máximo para sentir el tacto ambos completamente, y le preguntó mientras movía su polla entre ellas que si le gustaba sentir su miembro ahí, Ana le dijo que tenía la piel suave y que sentía su calor, que estaba ardiendo, él le dijo que normal, que estaba muy excitado, que le encantaba mover su pene entre unas tetas así.

Acto seguido y mientras continuaba con esto le metió un dedo en su coñito, ella gimió, y el chico le dijo que lo tenía muy lubricado, para después preguntarle que cuanto hacía que no follaba en casa, ella respondió que un mes, que su marido no solía tener ganas, él le expresó que con su edad y un coño así la tendrían que follar a diario para que disfrutase bien de él, que la había debido follar poco, que el cornudo de su marido debía estar poco dotado porque lo notaba muy estrecho, Ana le dijo que hasta hoy sólo había estado con su marido, y el chico le dijo que le encantaba, que era una madura con un coñito de quinceañera, que se lo iba a dar de sí un poco e iba a aprender a gozar bien de él, dicho esto le introdujo dentro de su órgano tres dedos, Ana le comentó que parió por cesárea, por eso y por lo otro lo tenía de esa forma.

El chico continuaba jugando con su coñito, le metía sus deditos repetidas veces, para después sacárselos y hacer que ella los chupase, saboreando sus flujos, esto lo repetía una y otra vez, la masturbaba, el chico le decía que se lo estaba pasando muy bien, con su pene entre las tetas y tres deditos en la vagina, él le decía que le iba a abrir bien el coñito, ella no decía nada, pero disfrutaba de la situación, posteriormente el muchacho, mientras seguía con los dedos en su coñito, le dijo a ella que se la chupase un poco, Ana le respondió que nunca había chupado una así, que era enorme, dicho esto, empezó a pasar la lengua por toda la polla, mojándola por todos lados, permaneció así un rato hasta que le dijo a él que le gustaba su miembro, y que si seguía con los dedos así iba a correrse, el chico le respondió que de eso se trataba, que quería que se corriese de nuevo para que se dilatara bien, que por eso se le estaba follando su coño depilado con los dedos, los cuales hacían ruido al introducirse con tantos flujos.

A continuación el muchacho le dijo que se tragara su polla, y ella comenzó a metérsela, primero un poco, después un tanto más, hasta que logró introducirse la mitad, estaba a tope su boca, no podía con más, pero él la animaba a que se metiese algo más, cosa que hizo, provocándole inmediatamente arcadas cada vez que se la metía, su boquita no podía abarcar toda la polla, y eso que lo intentaba a pesar de las numerosas arcadas, y de las lágrimas que le salían por los intentos, ella estaba disfrutando de la situación aunque no lograba por mucho que lo intentaba introducirse más centímetros del miembro, él a horcajadas sobre sus pechos lo disfrutaba mientras masturbaba su coñito. Con esta situación se estuvo un rato, hasta que ella se corrió de nuevo, empezó a soltar fluidos por su agujerito, inundando las sábanas, mientras continuaba mamando la polla del chico lentamente a la vez que iba soltando gemidos por su orgasmo.

Ana estaba con la polla en su boca, mamándola, y su coñito soltando flujos sin parar, estaba pletórica, su calentura no tenía fin, el chico estaba aún encima de ella a horcajadas, con ella chupándole lentamente la polla, cuando de repente vio que en la habitación estaban todos los operarios de la mudanza, los cuatro. Al verlos, el muchacho que estaba encima de ella les dijo que habían llegado justo a tiempo, porque la madurita se acababa de correr y estaba jugosa, y que iba a empezar a follársela. Los dos nuevos chicos comentaron que no se podían creer que fuese cierto lo que les había contado, que era cierto lo puta que era, Ana cuando los vio se sobresaltó y eso hizo que prolongase aún más su orgasmo anterior, estaba gozando en una mañana más que toda su vida de casada.

Me comentó que cuando quiso reaccionar estaban los cuatro alrededor de la cama, desnudos, mirándola con ojos de deseo. Entonces el primer chico que la folló se presentó, dijo que se llamaba Óscar, después comentó que el compañero se llamaba Javi, seguidamente dijo que los otros dos eran, uno Ramón, que tenía treinta y seis años, casado, muy varonil, el más fuerte de todos, y el otro se llamaba David, tenía diecinueve años, que al oírlo ella casi se desmaya, tenía la misma edad que su hijo, poseía una cara aniñada, aunque su cuerpo fibroso no estaba mal.

Enseguida Ramón se acercó de pie a ella ofreciéndole su pene erecto para que se lo chupara, David no pudo evitar abalanzarse sobre sus pechos y empezó a lamer y succionar sus pezones, Javi seguía de rodillas en la cama, pero ya no a la altura de su pecho sino de su cintura, estaba colocando cada una de las piernas de mi amiga alrededor de su cintura, y mientras apuntaba con su descomunal miembro a su vagina, le decía a los demás que una tía de esta edad lo que necesitaba era una polla como la suya, que a ella aún no le habían dado y que prácticamente la iba a estrenar, sin más y de un sólo empujón introdujo la cabeza de su pene en su coño, Ana dio un grito de dolor.

Jamás había tenido nada con semejante grosor dentro, él sonriendo le dijo que se relajase, que ya había pasado lo peor y que ahora empezaba lo bueno, era todo un experto, y en cuanto vio que los músculos de su vagina se relajaban y dejaban de estar tensos, introdujo más de la mitad de su pene sin mayor esfuerzo en el chorreante coñito, ella nunca había sentido nada igual, las paredes de su vagina parecían adaptarse al grosor de ese miembro que luchaba por dilatarlas y la presión que ejercía sobre ellas comenzaba a transformarse en una sensación verdaderamente placentera, ella se estaba dejando llevar.

Ana comenzó a succionar la polla de Ramón con avidez, y a la vez disfrutaba de cómo David seguía chupando y mordisqueando sus pezones. Javi comenzó un lento vaivén en su interior, en cada paso iba introduciendo más y más su polla en ella, ella no podía creer que su vagina pudiera albergar su miembro y menos aún que éste le empezase a producir semejante placer, ella notaba como su vagina se había adaptado a la polla, su pene rozaba la entrada de su útero en cada empujón, Ana no pudo más y comenzó a correrse en medio de un gran alarido de placer.

Mientras ella se corría de nuevo, la chica pudo oír a los chicos hablar entre ellos, Javi les decía que vaya lo poco que había aguantado, y que como le gustaba, que tanto quejarse y luego como le gusta, que ese coño era increíble, que iba a tener que follársela más veces si quería dejar de tenerlo así de estrecho e irse acostumbrando a follar, para finalmente preguntarle a Óscar que si él pensaba lo mismo, ya que antes se lo había cargado y lo llenó de semen, el cual aún salía de su vagina con sus flujos, haciendo que hubiese un gran rebujo de líquidos, el compañero le respondió que era cojonudo, que a él le ordeñó antes la polla, pero que volvía a tenerla dura y que tenía ganas de pajearme viendo el espectáculo. David les dijo que las tetas eran magnificas, enormes y con unos hermosos pezones, y Ramón les comentó que como siguiera chupándosela así no iba a tardar mucho en correrse, que su mujer en la vida se la había chupado igual, que se la podía meter casi hasta la garganta y que era muy placentero eso.

Javi le dijo a ella que tenía un coño muy rico, que parecía querer succionarle la polla, Ana no dijo nada, aunque no paraba de jadear, Javi le comentó que si la viese su marido con la escena que se estaba produciendo, en la cual a ella se la trataba como si de una puta se tratase, a lo mejor su esposo la comenzaba a follar mejor, ya que, continuó diciéndole, tenía un coño para que disfrutase de él y para disfrutarlo, mi amiga continuaba sin hablar, pero seguía luchando por respirar. Javi continuó con su monólogo, le recomendó a Ana que ese día era mejor que no follase con su marido, porque le dijo que le iba a dejar el coño tan abierto que podría enterarse de que se la habían estado montando. Mientras Javi hablaba, le fue metiendo cada vez más su miembro en su vagina, hasta que se lo dejó prácticamente entero dentro, entonces Javi le comentó que sólo faltaba un poco más, que se había adaptado enseguida a su polla y que quería que gozara con ella.

En ese momento, Ana no paraba de tener orgasmos, encadenaba uno con otro, cada vez mejores, podía sentir como Javi con sus fuertes brazos la cogía de las caderas y la acercaba y alejaba de su cuerpo del suyo al ritmo que él imponía, ella sentía ese miembro hirviendo entrar y salir de ella, rozando las paredes de su coño como nunca otro lo había hecho jamás. De repente Javi acercó con más fuerza el cuerpo de ella hacia él, entonces ella pudo notar como el glande traspasaba la entrada de su útero y se introducía en él, ahora sí la habían penetrado por completo, Ana podía sentir su vagina completamente llena y más dilatada que nunca y la totalidad de la cabeza del miembro en el interior de su útero, el gemido que dio debieron de oírlo todos los vecinos, no podía dejar de correrse. Javi mientras destrozaba el coñito le decía que ahora sí que estaba bien abierta, que pocas llegaban hasta tan hondo, le decía que tenía un coño impresionante, estrecho y muy voraz al mismo tiempo, Javi le comentó que estaba disfrutando mucho metiéndosela por completo, a la vez que le ordenaba a ella que disfrutara de ella y siguiera corriéndose.

Estando así, Óscar les dijo a Ramón y David que se apartasen, que iba a echar toda su leche sobre ella, estos le obedecieron y al mismo tiempo que se corría ella también lo hacía Óscar sobre mi amiga, el chico se había estado masturbando mientras veía todo, Ana podía sentir su leche hirviendo sobre sus pechos. Óscar le decía que le encantaba ella, y que disfrutara de su semen en sus pechos, que sabía que le gustaba, porque a las putitas les encantaba eso.

Mientras sucedía este acontecimiento, Javi dijo que no aguantaba más, que su coño era un auténtico volcán, pero él le iba a apagar el fuego que llevaba dentro, acto seguido se empezó a correr, Ana al darse cuenta, le dijo que no se corriese dentro, que ya se lo había llenado antes el compañero, pero Javi no le hizo caso y continuó, la polla de él palpitaba una vez y otra en su vagina, y con cada una podía notar como estaba depositando toda su leche hirviendo no en su vagina sino en el interior de su útero, en el que notaba la presencia de la cabeza de su miembro, bastó notar esos intensos, calientes e interminables chorros dentro de ella para prolongar aún más su orgasmo.

Mientras se corría, Javi le decía a mi amiga que estaba disfrutando mucho corriéndose en su interior, que era una hembra muy buena, que le estaba sacando todo su semen, que tenía que ver su marido las veces que se estaba corriendo y lo que podía llegar a tragar su coño. Óscar continuó diciendo que habría que montarla varias veces al día para dejarla satisfecha, que está visto que eso es lo que le falta, que lo raro era que hubiera aguantado tanto para ponerle los cuernos al soso de su marido, para finalizar diciendo con una gran sonrisa que una tía con un coño así necesita que la follen bien, en su casa o fuera de ella.

Tras unos momentos de implas, cuando Ana volvió a ser consciente de lo que sucedía, pudo ver como David se había tumbado junto a ella en la cama, al mismo tiempo que Javi sacó su polla del coño de mi amiga. Poco después, Ramón y Óscar la cogieron a ella por los brazos en volanda hasta ponerla encima de David, en el corto trayecto pudo sentir como todos los flujos que tenía en su vagina resbalaban por sus muslos, al bajarla, le enfundaron la polla del crío en su vagina, él boca arriba, y ella encima, David le decía que era un gustazo, que siempre había querido que le cabalgase una madura tetona como ella, a la vez que le ordenaba que se moviese, mientras le amasaba sus pechos.

Ana en ese momento pensaba que se estaba volviendo loca, estaba  cabalgando a un chico que podría ser su hijo, pero eso no le influyó, empezó a subir y bajar sobre su joven miembro como una auténtica loca, mientras, podía ver a los demás riendo, Óscar decía que con lo puta que era, ella es capaz de todo, Javi decía que ya no iba a pasar ni un sólo día en que no se follase una o varias pollas, Ramón, incrédulo, afirmaba que jamás pensó que una casada pudiese llegar a ser tan zorra. Mientras, ella seguía subiendo y bajando sobre el chico, podía sentir su miembro en el interior, le producía una sensación placentera, pero ni por asomo igual a la que había experimentado anteriormente.

David le pellizcaba y tiraba de sus pezones, mientras que le decía que era una mamá muy guarrilla, que disfrutara de su polla, que le iba a dar lo que necesitaba, que siempre había soñado con follarse a una madura casada. Al Ana oírle decir eso hacía que se pusiese más y más cachonda aún, cosa que notaron Ramón y Óscar, el primero aprovechó para ponerse de pie en la cama y la obligó a chuparle su polla de nuevo, al tiempo que seguía cabalgando al más joven de todos, el segundo se sentó sobre la cama, detrás de ella, y comenzó a acariciar con sus dos manos sus nalgas.

Al poco de estar así, ella pudo percibir como uno de los dedos de Óscar, empapado de sus flujos vaginales, empezaba a perforar poco a poco su ano, la sensación, a pesar de ser nueva para ella, era sumamente placentera, el hecho de sentir que tenía una polla en su coño, otra en su boca y un dedo ya completamente dentro de su ano, hizo que se corriese de nuevo. Ella tuvo que dejar de chupársela a Ramón para poder comenzar a gemir como una posesa, momento que aprovechó Óscar para intentar introducir otro de sus dedos en su esfínter, pero su culito ejercía un poco de oposición así que al poco los sacó de él.

Ana continuaba follándose a David, y enseguida notó que empezaba a intentarlo de nuevo, introdujo uno de sus dedos por completo en él, ejerciendo un ligero vaivén, y enseguida lo sacó, de inmediato intentó introducir dos a la vez, ella notó de nuevo una presión sobre su esfínter, pero esta vez era diferente, al girarse pudo ver que no era Óscar sino Ramón el que estaba tras de ella, continuó igual, hasta que de repente empezó a penetrarle el culito con su pene, con una de sus manos empujó su espalda dejándola prácticamente inmovilizada sobre el pecho de David, que aún tenía su polla en ella, y ejerciendo un poco de presión albergó la punta de su glande en el ano, Ana tuvo la sensación de que le introducían un hierro al rojo vivo en su cavidad, y enseguida le pidió que no siguiese, que nunca lo había hecho por ahí.

Ramón le dijo a ella que se tranquilizara, que estaba seguro de que le iba a gustar, que parecía mentira que a una tía de su edad y tan buena como ella, la tuvieran prácticamente sin usar, para continuar diciéndole que se dejase estrenar el culito, que se lo iba a inaugurar y vería después que gusto sentía, que a su mujer le encantaba que se lo hiciera y que a él no había cosa que más gusto le diese que follarse el culo de una tía, para finalizar diciéndole que se tranquilizara que ya empezaba a entrar.

Poco después, Ana le dijo a Ramón que fuera más despacio, que la iba a reventar, cosa que él hizo, preguntándole después si así le gustaba más, ella le respondió que sí, que empezaba a gustarle, él le comentó entonces que lo sabía, que era divina, que le encantaba lo estrechito que tenía el culito, que se había follado un montón de culos en su vida, pero que nunca había estrenado uno, ni siquiera el de su mujer, que era una maravilla lo estrechito y caliente que estaba, para terminar diciéndole que ya tenía la mitad de su miembro dentro.

Ana le dijo que le estaba gustando, que llevaba tiempo con ganas de probarlo, pero nunca se había atrevido a confesárselo a su marido, Ramón con una sonrisa en la cara le comentó que no sabía su marido lo que se perdía, porque ella tenía un culo divino e iba a ser él quien se lo abriese, después Ramón le dijo que se dejase meter un poco más, y ella le dijo que de acuerdo, pero que lo hiciera despacio. La situación era espectacular, David inmóvil boca arriba con la polla dentro de Ana, Ramón perforando el ano de ella y Javi y Óscar de espectadores.

Ramón le comentó que disfrutara, que ya estaba casi toda dentro de ella, poco a poco iba entrando entera, Ana les comentó que no se podía creer lo que le estaban haciendo, que tenía dos pollas dentro de ella, Ramón le replicó que se lo creyese porque era cierto, y porque ahora sí estaba completamente dentro su miembro. Javi le comentó que era una yegua de primera que necesitaba ser montada y que ellos eran unos potros salvajes que habían venido a solucionar su problema, Ramón le dijo que ella estaba en celo y que ellos se lo iban a quitar, para finalmente preguntarle a David si eso era verdad, el cual le respondió que sí, y que notaba su polla dentro junto a la suya, los dos miembros se podían sentir mutuamente a través de la fina pared separadora.

En ese momento, David comenzó de nuevo a follársela, para ordenarle seguidamente a Ramón que también lo hiciera a la vez, este lo hizo respondiéndole que no iba a parar hasta que regase su culo por primera vez de leche, que esa tía era un cañón y que parecía mentira que no la follasen bien en casa, que no podía creer que hubiera dejado su marido ese culito para otro, que era divino.

Óscar les comentó a sus compañeros que cuando se la folló antes no pensaba que fuese tan puta, que si lo llega a saber se lo hubiese estrenado él, que jamás imaginó que le fuese a gustar tanto tener dos pollas dentro, que al final él tenía razón, que es una buena zorra que se está corriendo de nuevo, que menudos gemidos daba, que la iban a oír todos los vecinos. Javi entonces les dijo que no se preocupasen, que él le iba a tapar la boca, que si le gustan dos pollas seguro que con tres se lo pasa mejor. Entonces Javi se subió de pie a la cama y le ofreció su enorme miembro de nuevo erecto a Ana para que comenzase a mamarlo.

Minutos después, Ramón comentó que no podía más, que tenía el culo tan estrecho que iba a hacer que se corriese de un momento a otro, David le replicó que él en el coño aguantaba todavía un rato más, y momentos después Ramón empezó a correrse, diciendo en voz alta que se lo iba a llenar de leche por primera vez, que era divino, que ella estaba disfrutando, que estaba dando grandes espasmos con la corrida en su culo, David le comentó que los estaba notando en su coño. Javi les dijo que a pesar de estar corriéndose, a él se la seguía mamando como si tal cosa, que a Anita iban a tener que follársela más. Dicho esto, Óscar apartó a Ramón diciéndole que quería tirársela de nuevo.

Ana estaba en la gloria, se había corrido innumerables veces, acababa de experimentar lo que era tener tres pollas dentro de su cuerpo, le había encantado y más aún, había descubierto que era capaz de satisfacer a tres hombres a la vez. Óscar subido a la cama, ocupó el lugar de Ramón, y se la introdujo en el culo, David seguía follando su coño a buen ritmo y ella disfrutaba chupando la polla de Javi.

Así estuvieron un rato, hasta que Óscar sacó su miembro del culo de mi amiga, estuvo un rato fuera, para después poner sus manos sobre las caderas de ella, Ana puso un poco más su culo en pompa para facilitar su entrada, pero ella se había equivocado, Óscar le pidió sitio a David, quería meter su polla también en el coño, acto seguido ella pudo notar como comenzaba a introducir su miembro en su coño tras haber parado antes los movimientos David, que tenía quieta su polla en el interior de su vagina, ella tenía cara de incredulidad, no podía creer lo que estaba pasando, en ese momento, ella pensaba que le iban a desgarrar su coño, pero al poco tiempo pudo notar cómo se iba abriendo paso en su vagina hasta sentir que se introducía por completo

Óscar le dijo a ella que al fin lo lograron, que ahora sí que estaba bien abierta, que habían hecho falta dos pollas, pero al fin habían conseguido abrir ese coño de quinceañera que tenía, que ahora ya estaba lista para disfrutar a tope de él, para concluir preguntándole que si le gustaba sentir dos pollas dentro, Ramón le dijo que cuando lo usase su marido no lo iba a reconocer, que ahora tenía el coño digno de una puta y que iba a sentir la necesidad de usarlo a diario, que las que habían probado esto aún los llamaban, porque ya no tenían bastante con lo que les daban en casa, que ahora necesitaban que las montasen a diario y de bien, que esto era follar y no lo que le daban en casa. Javi le dijo que si ella quería irían a diario a follarla, que le iban a soltar tanta leche que al final se quedaría preñada, que ya habían hecho unas cuantas barrigas y los cornudos de sus maridos criaban a los niños como si fuesen de ellos.

Óscar entonces al ver la pasividad verbal de Ana, le ordenó que dejase de chupar y le dijese que si le gustaba como la estaban follando, ella obedeció, y les dijo que debía de estar loca, pero sí le gustaba, que le encantaba, que no se preocupasen por lo del embarazo que tomaba la píldora, seguidamente continuó mamándosela a Javi. Momentos después él le dijo que se corría, le sacó la polla de la boca y empezó a expulsar semen sobre la espalda de ella, quedó blanca, poco después David le dijo que no aguantaba más, se salió de debajo de ella, y empezó al poco tiempo a verter su leche sobre la espalda y el pelo de Ana, ahora sí que estaba embadurnada de semen.

Óscar todavía aguantaba, ella estaba a cuatro patas y él se la metía por el coño desde atrás, Ramón se puso delante, con su pene flácido, pero metiéndoselo en la boca a Ana para que lo saborease y se lo pusiera de nuevo a tono, Óscar le daba una y otra vez, mientras le decía que era una putita en repetidas veces, le manifestaba que su coño ya no era el del principio, pero que a él le gustaban más así, bien abiertos, tragones y siempre con ganas de tener pollas dentro. Óscar le comentaba que una tía como ella había nacido para ser montada, incluso él la incitaba a que se dedicase a eso profesionalmente. David y Javi de pie, al lado de la cama miraban el espectáculo, mientras a Ramón se la chupaba de nuevo, su polla estaba otra vez erecta.

Pasados unos minutos, Óscar le dijo que se corría de nuevo, se la sacó, la tumbó boca arriba, quedándose Ramón si la boca de ella, y empezó a bañar sus tetas, mientras lo hacía Ramón puso su polla en la boca de Ana, y comenzó a follársela, metiéndosela todo lo que podía, ella estaba sobrepasada por esa follada de boca, pero sacaba toda su lengua para saborear entera el miembro del chico, Óscar mientras terminaba de descargar su semen incitaba a Ramón a que se la metiese hasta la garganta, Ana se le saltaban las lágrimas con la polla de él en su cavidad bucal, no dejaba nada fuera, y ella de vez en cuando soltaba arcadas. Ramón seguía así, y los otros tres chicos de pie le incitaban a que continuara. Pasado un rato, Ramón se corrió de nuevo, en la boca de ella en principio, pero después por su cara y pelo, Ana tenía una gran sonrisa mientras esto sucedía, la cual intercambiaba con sacadas de lengua de su boca de forma ansiosa buscando la polla del chico.

Ella quedó tendida en la cama, embadurnada completamente de semen por la totalidad de su cuerpo, entero brillaba signo de tener todo cubierto, la cama estaba chorreando entre el semen y sobre todo los muchos flujos que había soltado ella con tanto correrse. Los chicos se vistieron y se marcharon a continuar con su tarea, no sin antes dejarle sus teléfonos por si querían llamarlos, ella quedó en la cama tirada, reventada del esfuerzo, su coñito estaba muy abierto, enrojecido, lo tenía ahora que se le secaba muy escocido, el culo igualmente estaba ruborizado, abierto, se notaba que había tenido uso.

Al rato se dio cuenta de que faltaban diez minutos para que llegasen su hijo y el marido, así que se levantó inmediatamente, metió toda la ropa de la cama en la lavadora y se fue a bañar. Cuando salió del baño ya estaban allí los dos, ella no se podía ni mover, y sentarse le dolía, estaba completamente destrozada, sus agujeros habían tenido más uso del acostumbrado.

Ana desde esos momentos no deja de soñar con los chicos de la mudanza, incluso más de una vez se ha masturbado pensando en ellos. Su marido no se dio cuenta de nada, dice que pasaron unos días hasta que mantuvo relaciones con él, y no fueron muy satisfactorias.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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Rompiéndole el culo a una extraña

La verga se hundió en su culo, se notaba que no era virgen, quedando fuera un poco que no pudo tragar su culito, mis testículos tocaban a veces su coñito, Toñi soltó un quejido de dolor, su culo se había acostumbrado a mi verga, la saqué y la volví a meter, así varias veces, hasta que a los pocos minutos mi polla entraba y salía de aquel agujero, su culito aceptaba fácilmente mi polla.

Seguidamente os narro lo que me sucedió un día del principio del verano en la playa, ese día me desperté y decidí irme solo a la zona costera a tomar un poco el sol y darme un baño, aun no había mucha gente en la playa porque todavía no había comenzado la época fuerte estival, me dirigí a la playa que está entre el cruce y Punta Umbría, que suele ser más tranquila que las demás, aunque la verdad que ese día como era laboral no había mucha gente allí, más bien la población en la zona arenosa era escasa.

Ese día estaba aislado de la gente, no había casi nadie por los alrededores, y además me puse en la zona más cercana a las dunas y árboles que se encuentran en el lugar. Estuve tomando el sol durante un tiempo hasta que decidí ir a darme mi primer baño, cuando regresé a mi toalla, a pocos metros de donde estaba situado, se había situado una mujer, con su sombrilla, su toalla y su bolso playero, había mucha playa donde ponerse sin estar cerca de nadie, pero eligió estar muy próximo a donde yo estaba, ella era rubia, tendría sobre unos treinta y poco años, ojos marrones, tenía buen aspecto físico, los pechos se veía medianos, el culo era respingoncito, estatura media, delgada, guapa, y algo atlética, se notaba que le gustaban los deportes, pues aunque no estaba musculada, si se le notaban marcados los brazos y piernas, tenía puesta una camiseta holgada blanca y una toalla alrededor de su cintura.

Yo me tumbé en mi toalla y me puse a tomar el sol, hasta que minutos después ella captó mi atención, se quitó la camiseta, y lució un minúsculo bikini amarillo, con dos rayas blancas horizontales, apenas le tapaban los pezones, era bastante provocador, aunque supuestamente ella lo usaba para que le dejase menos marcas, posteriormente se quitó la toalla y mostró el tanga a juego con la parte superior, lo tenía incrustado entre sus hermosas nalgas, por delante se tapaba lo imprescindible.

Al verla, fingí naturalidad, me puse boca abajo, con la cabeza girada hacia ella, con esta maniobra pude ocultar la realidad, ya que tenía una gran erección que a duras penas lograba disimular con mi bañador cuando estaba boca arriba. Poco después ella empezó a expandirse la crema protectora por delante de su cuerpo, por la dura barriga, por los senos, por los hombros, por las piernas, estuvo durante un rato embadurnándose su cuerpo, hasta que finalizó la parte delantera, entonces para sorpresa mía, la chica me dijo que si le hacia el favor de ponerle crema protectora en la espalda, mi erección llegó a tope, fue total de golpe, me quedé pasmado, hasta que cuando reaccioné le respondí que sí.

Me acerqué a ella, nos presentamos, me dijo que se llamaba Toñi, hablamos un poco sobre la tranquilidad y hermosa que estaba la playa, y se puso bocabajo, le esparcí la crema, y mientras lo hacía pude masajear las generosas formas de su cuerpo, ella estaba relajada, amasaba su espalda, y ella tenía cara de gustarle, después pasé a sus recias piernas, las cuales cubrí con la protección, habiendo terminado en las partes menos comprometidas estuve pensando unos instantes si se la esparcía por sus glúteos, hasta que decidí que lo iba a hacer, así que subí hacia su culo, y emprendí mi tarea de darle crema por esa zona, ella al notarlo levantó la cabeza, me miró fijamente, y me preguntó si me gustaba hacerlo, seguidamente retomó su anterior postura con total relax, al ver la naturalidad con la que tomaba eso, le dije que sí me estaba gustando, que era muy hermoso, ella no respondió a lo dicho por mí, y continuó disfrutando del masaje.

Tras finalizar la tarea, regresé a mi toalla, permanecimos los dos tomando el sol durante un tiempo, hasta que ella captó de nuevo mi atención, se levantó y se fue a bañar, pude ver todo su cuerpo moverse acompasadamente, su culo era impresionante, lo pude contemplar en su totalidad, ya que su tanga no tapaba nada, se introdujo en el agua y empezó a nadar de un lado a otro, pasando continuamente por delante mía, me quedé sorprendido, estuvo alrededor de veinte minutos braceando en el agua, hasta que se salió, y volvió a su toalla, por el camino de vuelta pude contemplar su encantos de la zona delantera, más aun con lo minúsculo de su bikini, que casi no dejaba nada a la imaginación en su parte superior, pudiéndose contemplar sus redonditos pechos, en la parte inferior se podía averiguar de que estaba rasurada, tapando su tanga lo imprescindible.

Nuevamente permanecimos en la toalla un rato, hasta que ella se incorporó y me dijo esta vez que se iba a bañar, para seguir preguntándome si me iba con ella al agua, además de estar ya bastante acalorado e ir pegando un baño, su propuesta era irrechazable, acepté y estuvimos un buen tiempo dentro, después nos salimos y volvimos a nuestras toallas y otra vez nos pusimos a tomar el sol, el cual cada vez iba quemando más, se aproximaban las horas del mediodía que son las más abrasan.

Al poco tiempo de estar cada uno en su toalla, Toñi me llamó de nuevo para que fuera nuevamente a echarle la crema que se le había quitado ya con los baños, yo me levanté y fui a donde estaba, pero esta vez cuando apreté el bote, no había casi nada de loción, ella al contemplarlo, buscó otro en su bolso, pero no lo encontró, así que sacó un bote de aceite, y me dijo que le echase eso mismo tumbándose boca abajo a continuación, lo cogí y se lo expandí en primer lugar por las piernas, después subí hacia su culo, y lo mojé por completo de aceite, comencé a masajearlo con la excusa de esparcirle el aceite, estando así, no pude aguantarme, y le retiré con una mano la tirilla que cubría su culo, y seguidamente se lo comencé a untar con aceite, ella al notar esto levantó la cabeza, me miró, y me preguntó si me gustaba masajearle el ano, me quedé un poco cortado, pero instantes después Toñi otra vez retomó su anterior postura, yo le respondí que sí, que me gustaba todo su culo y ella con cara de satisfacerle lo que sucedía no respondió.

Lubriqué más aun sus nalgas y su rajita, con el ano incluido, y después continué recorrido hasta su coñito, el cual encontré bastante mojado, ella no se inmutaba por nada de lo que le hacía, lo mojé un poco de aceite, y le acaricié todo lo que iba pasando por mi mano, su clítoris, sus labios, su entrada en la vagina, todo quedó muy bañado con el aceite, después subí mi mano hasta su ano de nuevo, el cual bordeé con mi dedo llenó de aceite, hasta que lo introduje lentamente y progresivamente, Toñi protestó levemente haciendo una mueca con su cara, pero continuó tumbada, mi dedo y su ano estaban perfectamente engrasados, repitiendo la introducción de mi dedo varias veces más, yo miraba a los alrededores de la playa, y no se observaba a nadie por las cercanías.

Sin decir nada y antes de darle tiempo a una posible reacción, me quité mi bañador, le eché a un lado su tanga, le abrí un poco las piernas y apunté mi polla hacia su coño, una vez estaba el glande en su mojada entrada, le empecé a penetrar su vagina desde atrás, pues Toñi seguía bocabajo sin decir nada, no me costó metérsela en su cavidad, pues se hallaba lubricada por el aceite y por sus propios jugos, pronto le la introduje entera, se la volví a sacar y nuevamente se la metí hasta el fondo, ella ni se inmutó, solo soltó un leve gemido, posteriormente la agarré con mis manos de sus muñecas, le cerré las piernas, y comencé a metérsela y sacársela, a un ritmo medio, ella ya gemía, seguía tumbada, su mirada estaba perdida mirando el horizonte de la playa, la posición de las piernas, cerradas, hacía que cada introducción de mi miembro fuera con más fricción, sintiendo los dos cada penetración con sumo gusto, con gran placer, así, con mi polla en su vagina desde atrás y con mis manos tirando de sus brazos hacia mí continué durante un largo tiempo, follándomela a veces más rápido, y otras más lentamente, ella continuaba sin inmutarse mucho, solo soltando leves gemidos.

Tras transcurrir un gran rato perforando su vagina, saqué mi pene del interior, le solté las manos, quedando estas a la altura de su cabeza, refregué mi miembro por toda su rajita y posteriormente la encaucé hacia su lubricado ano, colocando mi glande en su ano, haciendo círculos sobre él, ella no se inmutaba, permanecía sin decir nada, con la boca semi abierta y soltando  cada cierto tiempo algún gemido poco sonoro, momentos después conseguí introducir la cabeza de mi miembro, provocando quejidos en Toñi, la cual agarró con fuerza con una de sus manos la toalla, salvo esto ella seguía igual, con la mirada perdida no decía nada, me fui dejando caer progresivamente, y mi polla súper lubricada fue entrando en su culo mojado, se notaba que no era virgen, tenía el culito algo flexible, con mi propio peso la verga se hundió imparablemente en su culo, hasta que dejó de entrar, ya estaba en su interior, quedando aun fuera un poco que no pudo tragar su culito, mis testículos tocaban a veces su coñito…

Una vez así, Toñi soltó un quejido de dolor, agarró con más fuerza aún la toalla, y tras esto ya no hizo nada más, siguió aceptando lo que le hacía, cuando vi que su culo se había acostumbrado a mi verga, la saqué y la volví a meter lentamente, así varias veces, hasta que a los pocos minutos mi polla entraba y salía de aquel agujero fácilmente, su culito aceptaba fácilmente mi polla, ella con las manos debajo de su cara, y mirando hacia el mismo lado de siempre sin quejarse, con los ojos semi cerrados, pero con cara de dolor y placer, yo continuaba metiéndosela y sacándosela lentamente, ella no paraba de gemir suavemente con cada penetración, introduciéndose a veces uno de sus dedos en la boca, su culito se podía observar como se ponía cada vez más rojizo, y mi polla iba entrando y saliendo con más facilidad, lo que hacia que Toñi aumentara su disfrute con esto, a mí me encantaba follarme ese culito tan hermoso, le agarraba las caderas y la atraía hacia mí, yo me agarraba la polla mientras se la metía para hacerle la penetración un poco menos profunda, continuaba dándole por el culo a esa casi desconocida…

Ella continuaba boca abajo, con las piernas casi cerradas, con sus manos debajo de su cara, agarrando la toalla, con su mirada puesta en el horizonte de la playa, y soltando gemidos acompañados con algún gritito, su cara denotaba dolor, pero también mucho placer, estaba exhausta de tanto gemir y disfrutar, en esta postura estuvimos un rato, yo le preguntaba si le gustaba, ella asentía con la cabeza, le decía que era una zorrita a la que le gustaba follar en público, y nuevamente asintió con la cabeza, le dije que tenía un culo rico, que me encantaba partirle el culo a las perritas como ella, y no dijo ni hizo nada, continuó disfrutando de mi polla en su culo.

Pasado un rato, se la saqué, y la coloqué a cuatro patas, Toñi tenía la cara desencajada por el placer, le introduje varias veces un dedo en su culo, follándome su culito con mi dedo, a ella le gustaba, incluso echaba su culo hacia atrás para tener más dedo dentro, noté que estaba chorreando, así que le puse de nuevo la punta de mi pene en el ano, fácilmente entró otra vez, seguí taladrándole el culo, abriéndoselo cada vez más con cada envite, sus tetas botaban, no paraba de gemir, llegando incluso a ser ella la que se penetraba su culo, moviendo su culo hacia atrás rítmicamente, mientras ella realizaba el trabajo, le quité la parte superior del bikini, dejándoselo puesto pero sobre el cuello, pudiendo contemplar el movimiento de sus pechos de forma majestuosa, después posé mis manos en su culo, y la dejé hacer por un rato, hasta que ella empezó a desfallecer en el ritmo…

La agarré de la cintura y comencé a penetrarle el culito a un ritmo medio, ella hizo caer su parte superior del cuerpo sobre la toalla, quedando solo su culo elevado, yo continué, ella tenía los ojos cerrados, no paraba de gemir, jadeaba aceleradamente, a veces soltaba algún quejido, y otras se metía algún dedo en la boca, continué cada vez más salvajemente, ella no paraba de soltar gemidos, cada vez más sonoros, a la vez que con una de sus manos, se tocaba su coñito, acariciándose su clítoris, su coñito, masturbándose su vagina incluso, todo esto mientras yo seguía taladrando su ano.
Seguimos así un tiempo más, hasta que sus gemidos auguraban que estaba llegando al orgasmo, entonces aceleré la enculada, ella inmediatamente llegó al orgasmo, yo estaba casi, así que cuando noté que me iba a correr, saqué la polla, y comencé a soltar mi semen en su ano y en sus nalgas, quedando blancas al momento, cuando terminé me puse en pie, miré alrededor, y no se observaba a nadie por la zona aparentemente, ella quedó tumbada boca abajo en la toalla, aún jadeaba de la acción, se podía contemplar su culito enrojecido y abierto debajo de la película de semen que lo cubría.

Momentos después, Toñi sacó de su bolso unas toallitas húmedas y se limpió, quitándose mi semen de su cuerpo, acto seguido se colocó bien de nuevo el tanga, aunque no llegaba a tapar su aun dilatado culo, seguidamente se puso la parte superior del bikini, después miró la hora, eran las dos del mediodía, me dijo que se iba a marchar a comer, que había quedado con sus padres para almorzar en Punta Umbría, yo le respondí que me quedaría un poco más y después también me iría, Toñi estaba aun boca abajo, se giró y se sentó, dando un brinco rápida e inesperadamente, me quedé mirándola sin saber que le pasaba, cogió la camisa, se la puso de nuevo y me dijo que le dolía un poco el culo, sonreí tímidamente, y le respondí que lo sentía, ella cogió su falda, se la puso y me replicó que no pasaba nada, que a ella le había gustado, que por eso me la había follado por ahí, porque le gustaba, me quedé más tranquilo, la ayudé a recoger la sombrilla y la toalla, y tras esto me dijo que se iba, que ella a veces iba a esa zona de la playa, que a ver si nos veíamos otro día, le dije que de acuerdo, nos dimos un beso y se fue, ya no andaba igual que antes, se notaba que tenía molestias en su culo, lo hacía con sumo cuidado para no frotárselo mucho al caminar.

Cuando pude comprobar que ya se había ido, empecé a recoger, no dejaba de pensar en Toñi, en como sin buscar nada me la había follado por sus dos agujeros, no se me olvidaba el como le había dejado el culo, lo dilatado que había quedado, después me fui para mi casa, y algunos días salteados volví a la zona, pero nunca más coincidí con ella.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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