Una tarde de verano en el pantano

En este relato os contaré una de las primeras y más intensas experiencias sexuales de mi vida. Todo ocurrió hace tres veranos en el pantano cercano a mi ciudad.

En una calurosa tarde de agosto decidí salir a dar una vuelta en bicicleta. En un principio pedaleaba sin rumbo fijo pero, al no tener nada que hacer el resto de la tarde, decidí dirigirme al pantano, que se encuentra a unos diez kilómetros de mi casa. A mitad de camino empecé a sentir el calor, por lo que pensé que seria buena idea darme un baño una vez que llegase al pantano. Como no había planeado a donde iba cuando salí de casa, no llevaba bañador. Me acordé entonces que un amigo me había mencionado que el pantano tenía una zona nudista, y pensé que sería buena idea ir a bañarme allí.

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El nuevo trabajo de mi mujer V Final

Después de su Ascenso la actitud de mi mujer cambio, más segura, más abierta, mas sexual, a mí en casa me tenía loco con las historias que me contaba del trabajo y teníamos una vida sexual más activa que nunca pues, según ordenaron Silvia y Jean Claude, seguía sin ser penetrada en el trabajo y llegaba a casa cachondísima. En la oficina, en caso de calentón extremo, solo tenía que llamar por teléfono y cualquier becario se arrodillaba ante su mesa comiéndola el coño hasta correrse en su boca.

Dejó su antigua ropa a un lado y empezó a vestir mas sexy, elegante y provocativa a la vez. Al trabajo iba siempre vestida con trajes de ejecutiva, tacón alto, medias o pantys y, por lo que pude curiosear en sus cajones, nunca llevaba ni bragas ni sujetador. Empezó a utilizar prendas de Sado que combinaba elegantemente con su ropa, faldas de cuero, algún que otro corpiño, incluso cruces de latex que cubrían sus pezones. Ya solo respondía ante Silvia y Jean Claude con los que actuaba de forma sumisa aunque cambiaba al Rol de Ama en cuanto salía de su despacho.

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Leopoldo

Hace unas semanas he comenzado a trotar por una senda recientemente habilitada, ubicada en las afueras de la ciudad. Dado el calor que es muy fuerte en esta época del año lo hago a la mañana muy temprano poco después del amanecer. Me gusta hacerlo a esa hora porque la naturaleza emana sus aromas de manera más profunda que en otros momentos del día, además, los pájaros, cantan alborozados la llegada del nuevo día y todo ello me permite conseguir un estado de plenitud que me resulta altamente gratificante.

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Desde que me llamaste

Desde aquel día en que me llamaste, no pude aguantar las ganas de ir a verte. Aquel día, en que llegué por primera vez a Mazatlán, sabía que algo iba a pasar, por lo cual, me llevé ropa interior atrevida. Nuestro primer encuentro fue tal cual me lo esperaba, no nos miramos más que unos minutos y ya estábamos besándonos apasionadamente.

Discretamente nos dirigimos a tu casa y en cuanto cruzamos la puerta, apretaste tu bulto contra mis nalgas, se sintió delicioso. Mientras tanto, tú masajeabas mis pechos y me besabas locamente.

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Mi adorable novia Virginia (XV) – En el taller mecánico

El sábado 9 de julio por la mañana, mi adorable novia Virginia se levantó pronto de la cama porque debía acudir al taller mecánico. Su coche, aunque recién comprado, emitía un ruidito leve pero constante, y la verdad es que le preocupaba. Me pidió ayuda el jueves y le dije que ya sabía que yo era un negado para la mecánica y que mejor que lo llevara a que lo vieran en un taller.

Virginia había pasado la noche completamente desnuda pues en la cama se moría de calor.

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LA SOBRINA DE MI ESPOSO III

Esa noche no pude conciliar el sueño, pero tampoco quería estar con mi esposo porque mis sentimientos eran contrariados o confusos, por un lado pensaba en la propuesta de mi esposo y que excitada le había dicho que sí pero debía el conseguir a la persona, por el otro lado sentía ansiedad de saber que Sofía le había mostrado fotos intimas mías a Andres y le contaba las cosas que hacíamos con mi esposo, me gustaba saber que Andres decía que mi cuerpo era hermoso y que sería delicioso estar con una mujer como yo, a sabiendas que a pesar de ser quince años menor y que por sus conversaciones observe que se acostaba o se comía a las nenas de su edad con mucha facilidad, como para que el desee acostarse con alguien que le lleva tanta diferencia; pero también me molestaba la forma en que se refería hacia a mí como si fuera una vulgar puta, o fácil sin tener presente que las cosas contadas por Sofía solo las hacía con mi propio esposo y no con diferentes individuos, di vueltas en la cama pensando en todo, al final me quede dormida.

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Arturo follo a mi esposa hasta que se canso, parte 1

Infidelidad consentida, dominación, sexo, trio, sodomizacion, felacion!

Creo aún no les había platicado el por qué desde la primera vez Irma llevaba muchos micro vestidos, la razón era para modelarselos a Arturo pero al verlo creo que se arrepintió, pero después de experimentar su primera cogida con el eso cambio radicalmente, ahora les contaré cómo fue que Arturo gozo de mi esposa durante todo un fin de semana, yo fui únicamente un espectador y un medio para que esto sucediera

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Mi nuevo piso

Hola, me llamo Elisa y este es mi primer relato. Soy una chica de 24 años morena con el pelo largo, delgada, no muy alta 1,65 y según dicen mis amigos tengo un bonito cuerpo.

Esta historia me ocurrió hace un tiempo, cuando me fui a vivir sola a un piso, y a los pocos días de vivir allí vino para echarme una mano con la mudanza Dani, un amigo mío de toda la vida, prácticamente nos hemos criado juntos porque nuestras familias eran amigas y nos hemos llevado casi como hermanos. El tiene dos años menos que yo y es bastante guapo, pero un poco tímido, aunque la verdad, nunca me había fijado mucho en él, ya que como ya os he dicho éramos casi como hermanos.

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Un sueño con mi tío

En un caluroso domingo de enero en nuestra casa de campo, estábamos festejando el cumpleaños número 18 de Paula, sobrina de mi esposa Adriana, y por lo tanto mi sobrina política. Ella es una chica muy linda, alta, muy delgada, con hermosas tetas, piernas largas, y una cola paradita que es una exquisitez. El cumpleaños transcurría normalmente, yo estuve trabajando con el asado, hasta que luego del almuerzo tomé un pequeño descanso tirándome a la pileta. En ella había muchos chicos, que poco a poco fueron saliendo hasta que en un momento quedo solo viendo que Paula venía hacia mí. Con sus manos rodea mi cuello, con sus piernas rodea mi cintura, y me dice: Tío, ¡falta que me des tu regalo!

Este contacto físico era habitual ya que siempre jugábamos en la pileta. ¿No te dio Adriana, nuestro regalo?, contesté. En ese momento, bajó sus piernas, volvió a rodearme a la altura de mis caderas, me apretó hacia su cuerpo, apoyando su conchita sobre mi bulto, y me dijo: No, tío, yo quiero tuuuu regalo…

Me quedé helado, no podía ser cierto que me estuviera apoyando, era una adolescente, hasta hace pocos años jugaba con muñecas. Quise pensar que su movimiento de piernas y su reclamo eran casuales, pero de todas formas, mi pene había comenzado a crecer, y mientas esto sucedía, ella me presionaba cada vez más. En ese momento la madre la llama para cortar la torta, ella me suelta y me dice: Tío vamos, acompáñame a cortar la torta. Yo con la imposibilidad de disimular mi erección le contesté: Si, ya salgo en un minuto. Se dio vuelta para mirarme, y ya casi saliendo de la pileta, me dice: No importa, entiendo que tardes un poco en salir.

Nuevamente me quedé mudo. ¿Era posible que se haya dado cuenta que estaba al palo? Yo trataba de negar lo que sucedía, pero sus actitudes eran obvias. Finalmente pude salir de la pileta y mi pensamiento pasaba por alejarme de esa belleza, era imposible imaginar en llevar adelante una cuestión así. Tengo que estar físicamente bien alejado, no debo cruzar miradas con ella. Tengo que desaparecer hasta que a ella se le pase esto.

Así transcurrió toda la tarde, trataba de no estar solo, y cuando lo estaba y veía que ella se acercaba, rápidamente buscaba a alguien para charlar o servirle algo. A eso de las 6 de la tarde mi esposa se fue a llevar a los chicos a otro cumpleaños. Mi sobrina le había pedido quedarse a dormir con nosotros en el campo y esta accedió. Esto no me preocupó porque para cuando todos se fueran de la fiesta, Adriana estaría de regreso, calculaba yo a eso de las 8,30 o 9.00.

Sucedió que 9.00 en punto se fueron todos, y yo me quedé con mi sobrina solo. Tengo que trabajar ordenando el quincho hasta que llegue mi esposa, me dije. Y comencé a hacerlo mientras le pedí a Paula que ordenara la casa, así quedamos uno en cada punta del lugar. En ese momento se larga una lluvia torrencial, caían piedras, era un temporal tremendo. Nos metemos urgente en la casa, cerrando todas las puertas. Mi esposa llama diciéndome que va a esperar que pase el temporal, que le dijeron que era probable que continuará hasta el día siguiente. Por lo tanto se iba a ir a nuestra casa en la ciudad, y que yo me quedara con Paula en el campo.

Le dije, no, porque no le decís a tu hermana que la venga a buscar. Dijo que la policía recomendaba a la gente que no salga con los autos para prevenir accidentes, me contestó. Realmente estaba preocupado, temía que esta chiquita volviera a la carga al estar solos, y si bien esto me excitaba, por el lazo familiar debía evitarlo fuera como fuera. En ese momento me llama la madre y me dice que no se puede cruzar uno de los puentes que conduce al campo porque desbordó un arroyo y está intransitable, por lo tanto me pidió que me quede con ella hasta el día siguiente.

Paula tenía dibujada una media sonrisa mientras escuchaba mis conversaciones, Estábamos sentados en los sillones del living, ya eran aproximadamente las 10 de la noche, cuando le digo que me voy a dormir a mi cuarto.

Tío, ¿puedo dormir en el cuarto con vos?, tengo miedo de los truenos. No, creo que lo mejor es que duermas en el otro cuarto, en todo caso dejemos una luz prendida. Por favor, tío. Dejame dormir con vos, y así podes darme mi regalo, dijo con una voz pícara Suspendamos ese tema, te dije que Adriana ya te dio tu regalo. Por favor tío, dale, dame mi regalo. Paula, creo que te estás equivocando con este planteo, yo no tengo deseos de concretar nada que este fuera de nuestra relación familiar, dije seriamente. No me pareció que eso sucediera en la pileta, dijo levantándose y acercándose a mí. Paula, sos muy chica para estar pensando en estas cosas, dije mientras notaba nuevamente mi erección. Me miró a los ojos, se arrodilló entre mis piernas, y mientras me bajaba el short me dijo: Soy lo suficientemente grande para saber lo que quiero, ya tengo edad suficiente como para hacerlo.

Tomó mi pene con sus dos manos, y se lo metió en su boca. Yo estaba al repalo, me tiré hacia atrás y me dejé hacer, sus manos tomaban mi pene como si sostuvieran un helado y la acción de su boca de succionar me pusieron a mil. Luego de unos minutos, sacó mi pene de su boca, y sin decir nada me tomó de una mano y me llevó a mi cama. Se sacó la malla entera que aun llevaba, se acostó de espaldas sobre la cama, levantó sus rodillas, abrió sus piernitas y dirigió mi cabeza hacia su conchita. Comencé a chuparla, tenía una conchita casi sin pelos, estaba mojadita, y cuanto más pasaba mi lengua más se mojaba. Cuando estuvo bien lubricada, apartó mi cabeza de su agujerito y me dijo: Por favor tío, dame mi regalo.

En ese momento, no lo dudé, me acosté encima de ella, apoyé mi pene en su agujerito, y comencé lentamente a introducirlo. Por cierto que no era la primera vez que Paula recibía visitas en su conchita. En medio de ese camino vi en su cara un gesto de dolor, cerró sus ojos, abrió su boca y con sus manos se agarró de los barrotes de la cama. Este último gesto me puso mucho más caliente, completé la penetración y permanecí quieto unos segundos. Esa mueca de dolor se fue transformando en una de placer, hasta que abrió los ojos y como haciendo una súplica me dijo: Dame, tiito, dame porfaaaaaaaaaaaa…

Ahí empecé a moverme, el placer de tener a esta nenita debajo de mi, era indescriptible. Seguí moviéndome atento a las expresiones de Paula. Dame, tío, dame, ahhhh, si, dame Ahhhh, siiiiii, tío, siiiii. Noté que estaba teniendo su orgasmo, pasé mis manos por debajo de ella, apreté sus nalgas, y comencé a experimentar el mío. Terminamos casi juntos. Me separé un poco de ella, y vi su cara de gratitud y felicidad. Gracias tío, y me dio un beso en la boca. Nos quedamos acostados un rato, acariciándonos suavemente. Era un momento maravilloso, y al mismo tiempo me daba cierta culpa. Creo que ella lo percibió y me dijo que me quedara tranquilo que nadie iba a saber jamás de esto. Yo le aclaré que luego de esta noche no íbamos a estar otra vez juntos, ella hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Esto me tranquilizó.

En ese momento se puso boca abajo. Pude ver su pequeña cola paradita, comencé a acariciarla. Lanzó un suspiro. Yo estaba al palo otra vez. Le abrí un poco los cachetes y comencé a pasarle la lengua por el agujerito. Ella gemía más y más. Una vez que la saliva inundó su ano, me levanté, fui a la heladera y volví con un pan de manteca. Tío, no, ¿que vas a hacer?, me dijo entre preocupada y asustada. Te voy a dar la otra parte de mi regalo, contesté. Pero tío, por favor, no, escuché a mami decir que eso duele mucho.

No, mi amor, vas a ver que no duele, no haría nada que te haga daño.

Estas palabras la tranquilizaron, hundió la cabeza en la almohada y se dejó hacer. Lubriqué durante largos minutos su ano con la manteca, de tanto en tanto ella daba muestras de placer. Tres dedos entraban fácilmente en su culito. Le dije que se ponga de costado, pensé que si la posición era en 4 patas, acabaría antes de ponérsela. Me lubriqué bien el pene con la poca manteca que quedaba, Levanté su pierna derecha y comencé la penetración. Muy despacio, muy suave. Ella no decía nada, seguí penetrando hasta que estuve por completo dentro de su culito. En eso ella lleva su mano a su cola, me toca la base del pene y me dice: Tío, está completamente adentro. Sí, mi amor, viste que no te dolió. No tío, no me dolió, me gusta mucho esto.

Comencé a moverme de costado, le tocaba los pequeños pechos, le acariciaba las caderas, las nalgas, le daba besos en el cuello. Si, tío sí, que lindo, dame, dame por favor, dame Si, mi amor, como me gusta, como me gusta tu culito. Ayyyy, tío ya estoy otra vez. Si, Paula, yo también ya estoy otra vez

Puse mi mano derecha sobre su conchita, y los dos tuvimos un orgasmo fenomenal.

Luego de unos segundos le pregunté si le había gustado y no me contestó. Me incorporé un poco sobre su hombro y vi que estaba dormida. Mirando su culito lleno de manteca y semen también me quedé dormido.

 

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Seduciendo a mi primo 1

Amor Filial Gay. Voy a contar algo que sucedió hace ya bastantes años. He visto que este sitio sirve de confesionario para muchos, así que voy a compartir lo que sucedió con mi primo.

Desde niños nos visitaban de cuando en vez unos primos que vivían en la capital, nosotros vivíamos en la provincia, por lo cual generalmente ellos se quedaban a dormir en casa un par de días. Yo era el menor de 4 hermanos. El segundo de ellos era contemporáneo conmigo, le llevaba menos de un año.

Yo solía pajearme regularmente, como cualquier muchacho disfrutaba mucho de la masturbación, pero nunca había tenido relaciones con nadie. Fantaseaba con coger a alguna mujer o porque no, coger a otro muchacho.

Unos amigos del barrio comentaron como se habían cogido a un muchacho durante una excursión. Lo bien que la habían pasado con aquel putito, dejó aquella inquietud en mí. Tal vez aquello era más fácil que convencer a una chica. Lo que más anhelaba era tener sexo con alguien.

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Como una gata en celo

Jóvenes y cachondas. Quería tenerle dentro, sentirlo, acariciarlo, que me encantaba, entonces él me daba más y más fuerte con cada embestida una onda de placer nos invadía, fuimos girando sobre la cama, hasta acabar yo encima, empecé a moverme como una posesa, quería sentirle dentro de mi hasta mis entrañas y decidí que quería probarlo todo con él.

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Juegos prohibidos entre Padre e Hija

En un segundo ella empezó a hacer movimientos en señal de que estaba disfrutando su segundo orgasmo y sin cambiar mi ritmo, sentí como sus labios y toda su vagina aprisionaba mi verga en su totalidad, como una ventosa que quiere sacar toda mi leche. Poco a poco le fui dando la vuelta hasta que ella quedó boca abajo, la alcé por las caderas y me dediqué a saborear ese culo, le metía un dedo, dos, cambié por mi lengua, era increíble, ya mi pene estaba durísimo.
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Buenos Vecinos

Bisexual, fetichismo, parejas liberales. Pasaron los días y ella continuaba paseándose por el departamento así vestida, buscando provocarme y al mismo tiempo negándose a satisfacer mis necesidades, este era un juego que frecuentemente realizábamos, ella me excitaba durante días hasta que yo no aguantaba mas. Pero no pude dejar de notar que hacía muchos años ya que no lo hacíamos. Read more

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