Morbosa situación

Amor Filial Hetero, Madre e hijo. Milfs. Yo estallaba de la excitación y no pude contenerme. Le pedía a mi hijo que me penetrase más y quería ser poseída por mi joven hijo. Miguel se deleitaba con mis aullidos y me cogía cada vez más fuerte, mientras besaba mi espalda y me tomaba de los pechos. En el momento de mayor éxtasis para mi clítoris, mi hijo acabó dentro de mí y me llenó de su leche. Fue el mejor orgasmo de mi vida.

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Sopresa en mi trabajo

Hetero, Infidelidad, Fantasías eróticas. La tienes tan dura que no puedo resistir levantarme, arquearme un poco y me la meto en mi vagina que esta súper jugosa, la empujo dentro y siento como tu placer va creciendo, como te doy un gustazo tremendo. Me estás follando apoyada en la puerta, con fuerza y ahora nuestros gemidos se unen y nos movemos como animales, como fieras deseosas de placer.

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Naciste para estar desnuda 2

Después de un tiempo prudente, salí de ella, le pedí que se acostara viéndome a mí.

Allí estaba Frinee, hermosa con sus pechos desparramados, el rubor delató la timidez en su cara por su evidente y total desnudez ante mí. Trato de disimular doblando una rodilla y yo me incliné suavemente abriendo sus piernas, depositando un cojín bajo sus nalgas y posándome despacio sobre ella, hundiendo toda la erección que buscaba alivio. Me sostuve apoyando mis manos en el colchón, me coloqué dentro de ella, todo, vi su pecho marcado por ese bochorno enrojecido que delata el orgasmo. Le besé despacio mientras le ensartaba con mucha suavidad, saliendo y entrando, Besando los globos de sus pechos endurecidos, hermosos, complacientes…ella empezó a gemir ayes mientras deslizaba sus dos manos sobre mi espalda. a veces apretando pero siempre al unísono con sus hermosos gemidos, y sus piernas al aire que después se cerraron alrededor de mi cintura, para hacer más poderosos mis movimientos … sus manitas se enterraban en mis nalgas, tan duro que a veces me hacía daño y quería detener mis embates pero sus gemidos de placer me hacían olvidar en dolor por momentos y más duro le daba porque gritaba;” así así, por favor, así, que lindo …” Puse sus piernas sobre mis hombros y mi pene se alojo con determinación hasta el fondo de ella, embistiendo despacio mientras le mirada directamente a los ojos y observaba detenidamente el efecto en su cuerpo de la penetración. Ella no pudo sostener la mirada, pero agradeció con un gemido largo.

Así me quedé hasta que luego inicie una serie de entradas y salidas dentro de ella, rápidas y certeras porque al regreso apenas tocaba sus labios casi saliendo, pero volviendo a entrar por sus labios vaginales. iniciaba un movimiento hacia adelante que parecía fascinarle a decir por sus gemidos mientras ella empujaba su pelvis para que la penetración fuera más salvaje, más contundente y más placentera para ambos. Sus manos se aferraban a la sabana y a veces yo podía chupar sus pies blancos y hermosos, lo que le causaba una inesperada oleada de placer que se denotaba con un gemido… inicie un ataque demoledor moviéndome en círculos, cambiando el ritmo de la entrada y la salida y vi su cara transformarse y sus manos estrujar sus propios pechos. estaba indefensa ante cada ataque inmisericorde y salvaje de mi pene que se hundía y esperaba el grito y salía despacio para volver con un ritmo incesante… no tardó en mover su cara de un lado al otro y de gritar….” si si si asi , asi duro lic duro lic todo, todo…”

Mis manos se aferraron a la cabecera de la cama y entonces el impulso fue furioso y sus gritos deliciosos, mis gemidos y el crujir de la cama inundaron el cuarto. Era un ritmo tremendo: yo embistiendo con violencia, ella gimiendo, pidiendo y agradeciendo, la cama exclamando… hasta que ella me pidió que no más, que ya por favor parara y yo me vacié dentro de ella bufando como animal y lentamente me desplome sobre ella, quitando con cuidado sus piernas de sobre mis hombros…. para besarla tiernamente, sin dejar ir todo mi peso, pues mis brazos estaban apoyados en la cama. Me rodé hacia un lado para quedar así con los ojos cerrados pero sosteniendo su mano… luego apoyando mi cabeza bajo sus senos.

– Gracias Lic. Me dijo en voz tenue.- Que bueno que me decidí, hace tanto tiempo que no sentía esto…

Me dio un beso muy suave, no tenía que ver con el momento salvaje de sometimiento que había tenido que sufrir y gozar de ese dominio absoluto de estar totalmente sometida y reducida con las piernas en una posición que en otro momento parecería a todas luces incomoda y que resolvió entregándose gustosa y disfrutando de cada ola, cada asalto; hasta recibir como premio su tercer orgasmo de la tarde. No quiero hablar me dijo solo quiero estar aquí con los ojos cerrados, sintiendo, solo eso… y quedamos de lado y de frente. Ella se dejo acariciar por mis manos tiernas en todo su cuerpo pues rozaba la raja de sus nalgas y subía por su espalda, hombros y orejas, para terminar en su cara y labios y bajar de nuevo por el frente de ella… era algo anhelado por mi… y Frineé estaba aquí para hacerlo realidad. Nos quedamos desnudos y dormidos.

Ya se había ocultado el sol, cuando abrió sus ojos almendrados, me besó el pecho y el cuello tiernamente pues en las caricias ella había quedado descansando su cabeza y su cansancio en mi pecho y una de mis manos le rodeaba suave pero firmemente su precioso pecho.
Ella bajo subió su mano blanca hacia una de mis tetillas y empezó a acariciarla de tal forma que pronto estaba muy dura, luego llevó sus esplendidos labios allí y mi pene por reflejo empezó a endurecerse… ella se dio cuenta y por respuesta bajo su mano y lo tomó con suavidad, manipulándolo hasta que alcanzó una dureza que consideró conveniente y me dijo con voz muy sensual: no me voy a ir sin montarte Lic. y volteó con suavidad apoyándose en mi pecho y rozandome con el suyo y en un movimiento ágil se volteó de mí y procedió a colocar mi pene entre entre sus piernas con lentitud. Abriendo la boca me dijo mientras lo enterraba; que delicia!!!!! y soltó la respiración al tiempo que dejaba ir todo su peso en el pene duro que se incrustó sin dificultad, resbalando por sus paredes vaginales firmes y lubricadas.. Para mí fue la delicia también pues sentí como ingresaba entre sus paredes poco a poco y con un deleite mayúsculo. Se aferraba a mis piernas y se inclinaba mientras sola se clavaba con delicadeza y a veces con furia y gritaba de placer. Luego cambio de posición y se hizo una sentadilla apoyada en mis muslos y aveces se inclinaba hacia atrás pero nunca dejaba de insertarse el pene… yo la sostenía de los senos o bien de las nalgas para darle estabilidad.. tuvo un largo orgasmo, pero sin descanso, se volteó de frente a mi y ahora era ella quien se aferraba a la cabecera de la cama para impulsarse hacia abajo y hacia arriba gritando y dejándome las delicias de sus pechos duros, ofreciéndolos. Mis movimientos, mis manos  seguían su montadura, o a mi boca que aprovechaba para besar-morder a veces. Ella se soltó y buscando otro angulo, empezó por apoyarse con las dos manos sobre mi pecho mientras se impulsaba con las piernas que descansaban -es un decir- a mis costados. Se impulsaba con sus rodillas dobladas mientras gemía al mismo tiempo y abría la boca para jalar aire. Yo por mi parte le tomaba sus enormes pechos con mis manos cuando hacia su movimiento, a veces estrujando con fuerza, otras con delicadeza, rozando sus pezones hermosos y rosados.

– Eres una belleza, le decía mientras que dejaba caer su cabellera y sus manos sobre mi pecho y seguía con un ritmo frenético clavándose sobre mí. Luego resolvió estirar su espalda hacia atrás y apoyar una mano sobre mi pecho y la otra sobre mi muslo para seguir clavándose pero esta vez estaba sin duda buscando empujar mi pene en su punto g, esfuerzo que logró de inmediato pues su gemidos de placer se aceleraron y ahora cambiaba de manos y de muslos. Ayudé a su placer ahora ya que ensalivé mi dedo pulgar y busqué hasta encontrar su clítoris con tal fortuna y atino que arranqué unos gemidos más largos y agudos de su garganta y su cabalgata se incrementó para favorecer su monta sobre mi pene hacia su punto g y respondiendo a mi estimulo hábil de su clítoris. De repente volvía a poner sus dos manos sobre mi pecho para rehacerse y descansar apenas pero con el clítoris firmemente sobre mi dedo pulgar y después de tomar un ligero descanso, volvió a tomar ese impulso arqueando su espalda y trotando impulsándose sobre una mano en mi pecho y con la otra deteniéndose e impulsándose sobre uno de mis muslos…. eres una maravilla le decía como un homenaje a ese capacidad natural para buscar y encontrar el placer. su columna arqueándose, su pelvis clavándose, sus senos bamboleando, sus gemidos hermosos en mis oídos, su pecho enrojeciéndose ……una máquina perfecta de placer con una voluntad a toda prueba de poner a su cuerpo en un ritmo frenético, embelesada egoístamente –como debe ser– en su propio placer ,, en un cuadro hermoso hasta que dijo: No puedo mas Lic. Ya me vine ptra vez y mis piernas ya no pueden más. Si sus piernas dejaron de ser pistones que iban de arriba abajo su pelvis detuvo su movimiento contra el mío que le ayudaba y de de todas manera lanzabas gemidos en cada clavada de mi pene… Luego se abandonó a la calma sobre mi pecho durante algunos segundos y ayes largos y, con una necesidad imperiosa, me descabalgo para estirar y descansar las piernas y se derrumbó a mi lado agradeciendo… apenas con balbuceos de gracias.. que rico .. gracias y se hizo un silencio dulce entre los dos que maticé con una caricia sin fin sobre su cara que se dejaba descansar sobre mi pecho.

– Nunca creí que fuera a ser así, me dijo .. gracias.. tenia lagrimas dulces en los ojos, un torrente dulce que podía seguir con mis dedos bajando por su cara.. respeté y agradecí en silencio ése gesto involuntario de su parte, daba gracias yo también por haber sido elegido su compañero para este momento tan íntimo. Después ya repuesta, me dijo:” sabe,, lloro porque no sé, no sé pero necesitaba esto y usted es tan especial y además siento la culpa de esto que se quiere hacer, que no se debe hacer, que se hace y se disfruta y ya no se debe de hacer. y pienso tambien que lo voy a querer hacer de nuevo y no sé”.
le dije con suavidad: “siente este momento y solo este momento, sin culpa, con todo, como asi ha sucedido esta bella tarde Frineé, este momento que nos dimos. Deja el futuro en donde debe estar.. más adelante”.

– Sabe, me dijo,  y yo que le quería para mi mamá, se acuerda que una vez le dije cuando fuera de viaje a Hermosillo, la invitara a salir?.. hasta hablé de eso con ella y ella esta mas que puesta… ahora sé porque todas las de la oficina quieren con usted Lic.. es que usted es tan especial ademas de tan guapo y esta muy bueno, me dijo sonriendo. No se imagina lo que dicen… y ahora cuando lo escuche voy a sentirme muy orgullosa de haber estado así como ellas quieren.. y así, empezó a decir os comentarios de algunas mujeres de ahí y yo asombrado …. me interesó sobremanera lo que dijo había expresado su prima Amelia, quien había sido muy enfática en su decir: me gustaría darme una encerrona con él, pero amarrarlo a la cama y hacer lo que yo quiera con él.. solo quiero tenerlo desnudo ya mi disposición. Amelia es una chica hermosa, una esposa insatisfecha, todos lo sabemos, una belleza delgada con la piel apiñonada y una mirada hermosa y esquiva, que te ve pero luego cambia tímidamente su dirección.. No la imaginaba así como una pantera sobre mí, sino mas bien como alguien frágil, alguien a quien habría que llevar dulcemente, lentamente en el momento intimo.

Dudando le pregunté: “estas segura que Amelia quiere hacerlo?” “Si” me dijo Frineé, “siempre que toma un poco, se anima y me confiesa que le trae muchas ganas Lic, que esta dispuesta, pero no sabe como pueda suceder. y ya ve que con la enfermedad de su esposo, hace mucho que no tiene acción por más que intenta provocarlo pues ella es muy callada pero muy caliente”.

– Muy bien, le dije.. si tu quieres puedes decirle de ti y de mí y de mi entera disposición y discreción hacia lo que pudiera ser una encerrona con ella. En verdad, a mi también me calienta pensarlo… mira  y llevé su mano a mi pene semi erecto, pero seguí con el dialogo. Si no le quieres decir, no hay problema, ya veré yo como aprovecho una oportunidad, aunque prefiero que ella se sienta a sus anchas con el tiempo y la ocasión pues veo que su marido la vigila mucho.. “yo creo” dijo Frineé “que después de estar con usted, tengo que desahogar esto que es nuevo para mí, y Amelia y yo siempre nos hemos contado muchas cosas y los mas probable es que le de confianza y se decida”. Me besó y me dijo: “me encantaría que ustedes dos lo hicieran y hasta me gustaría verlos -me daría envidia y curiosidad– , pero ella es mas penosa que yo y no creo que suceda, pero si me contará con mucho detalle todo y eso me intriga” y me volvió a besar y yo esta vez me quedé colgado y caliente con su dialogo conmigo.. que suerte me decía a mi mismo y yo que también había fantaseado como sería un encuentro intimo entre ellas, esas dos bellezas besándose, acariciándose con delicadeza. Pero no lo dije y solo le agradecí lo que pudiera hacer por mi y por ése deseo acumulado que también guardo por Amelia. dile a Amelia que la excusa perfecta podría ser estar una tarde en tu casa, ya ves que estamos muy cerca, se trae el carro y asi su esposo no puede buscarle. en fin: se que ella se las va a arreglar, solo dile que estoy mas que dispuesto le dije a Frineé y le besé despacio con mucha dulzura y sin dejar de ver sus ojos almendrados, asi como lo estoy para contigo cuando así lo decidas.

Frineé me devolvió la mirada y el beso y puso su dedo en mis labios como queriendo silenciarme y enseguida comentó de frente: Gracias, se que es así y después se deshizo de mi con intención de vestirse. caminó desnuda hacia la entrada y al ver sus nalgas de portento moverse fue cuando le dije deteniéndole con mi voz a medio camino: Frineé, Naciste para estar desnuda ella volteó con una sonrisa y se detuvo por un momento dejándome observarla y luego siguió sin mirar atras y regresó con el vestido puesto y una sonrisa en los labios tímida y coqueta. yo sabia que le agradaba lo que le acababa de decir y por eso me miraba y bajaba la vista, se sentía recorrida por mi mirada que no podía quitar de su cuerpo, un cuerpo que me atraía en forma muy notoria, sin importar que estuviera ahora vestida o un poco llenita… llego hasta donde estábamos y recogió su tanga y en eso no fue nada femenina ni sexy para ponérsela, pero le daba un aire de normalidad que le hacia humana y hasta eso me gustaba.

Se acerco a mi, ahora tenia prisa… Lic. Me pidió, vístase para que me lleve… no tardan en llegar mis hijos quedamos que a las 8 pm regresaba del Shower de regalos y todavía tengo que pasar a recogerlos.

Espero que me pusiera una short y una camiseta cuando estuve listo se acerco, se metió en mi, deslizando hacia mi nuca sus brazos para colgarse y mirarme:

– Gracias, me dijo, ofreciéndome sus labios, muchas gracias.. fue de lo mejor. No sé que pasará mas adelante pero créame que fue único, me dijo entre besos dulces y me urgió a irnos.

En el camino corto me tomaba la mano y sonreía complacida de lo que había sucedido esa tarde.

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Ascensor Fisgón

Saco la llave del bolsillo y la meto en la cerradura al abrir la puerta te encuentro en el baño, esas braguitas sexis, el sujetador que remarca tus pechos y postrada sobre el lavabo acercándote al espejo para pintarte la raya de los ojos, Con el culo hacia afuera como siempre provocándome y pidiendo guerra.
-Me ducho me arreglo y nos vamos- te digo -a mí no me queda nada- contestas.
Me meto en la ducha mientras tú acabas de vestirte y acicalarte, al salir tú ya estas lista, sólo de verte, ganas me dan de quedarme en casa y pasarlo bien los dos, pero nos esperan.

Llevas puesto este vestido gris de cuello alto de punto, que te llega a medio muslo con unas botas negras y debajo esas medias sujetas con liguero. No se te ve nada, pero deja a la fantasía lo que si se podría ver.
Yo me enfundo mis tejanos ajustados y una camisa negra me peino  y ya estamos listos para salir, aunque no sin antes, echarme esa colonia que a ti te gusta y te pone tanto.
Me dispongo a cerrar la puerta, pasas por delante mío y sin dejar de aprovechar el momento te doy un azote en el culito. Coges aire rápidamente para quejarte pero sabes que no debes hacerlo y en lugar de eso, te giras y metes tu lengua en mi boca, Me gusta que me lo agradezcas.
Cogemos el coche y vamos para Barcelona no podemos llegar tarde a la fiesta de cumpleaños de tu amiga, al llegar no tardamos en aparcar, buscamos la portería y llamamos al timbre, una cámara nos enfoca y nos saludan desde el interfono -hombre Cristina!!!!- nos abren la puerta y llamamos al ascensor.
Tú le das al botón del 6º, se cierran las puertas y el ascensor empieza a subir, me giro para mirarme en el espejo cosa que aprovechas para abrazarme por detrás.
El ascensor se para y se apagan las luces y nos quedamos con la penumbra de las luces de emergencia, esperamos unos momentos y el ascensor sigue sin funcionar.
El primer momento de pánico nos quitamos los abrigos para no sentirnos ahogados, pero poco a poco nos relajamos y todo se normaliza. Tu mano va derecha a tocar en Interfono de alarma, pero rápidamente te la cojo y evito desperdiciar una oportunidad así.
Me acerco a ti por detrás pegándome a tu espalda, notas mi miembro endureciéndose en tus nalgas y mis manos acariciando tus pechos sobre el vestido, el tacto de mis manos nota como tus pezones se ponen duros a lo que me hace suponer que ha sido buena idea.
Deslizo las dos manos por debajo del vestido, recorro tus mulos de arriba abajo tan sólo rozando tu pubis y echándote hacia atrás para que sientas mi polla en tu culo.
Te das la vuelta buscando mi boca pero aprovecho para bajar por tu abdomen hasta llegar a tus braguitas, noto con mi boca que ya están húmedas. Te las bajo y empiezo a comerte el coño estás completamente entregada, tus caderas se arquean hacia delante buscando mi lengua, tus piernas tiemblan, sueltas un gemido y  en ese momento siento un cálido chorro de flujo cayendo sobre mi boca, acabas de correrte.
Subo de nuevo, no sin antes pararme en tus pechos, esta vez eres tú la que se sube el vestido y los dejas al descubierto para qué mi boca juegue con ellos mientras tus manos desabrochan mi tejano.
Metes la mano por el pantalón y descubres que hoy no me he puesto ropa interior, empiezas a agarchate con la intención de meterte mi dura verga en la boca, pero esta vez soy yo el que te va hacer disfrutar  a ti. Te levanto y ya con mi polla fuera te pongo contra el espejo apoyando tus manos en el y empiezo a embestir. La imagen que tenemos delante es muy excitante. Una de mis manos baja hasta tu clítoris, tus caderas hacen un movimiento rítmico, una danza del placer. Con la otra mano te cojo del pelo para tener controladas mis embestidas ya no te puedes escapar, tiro de ti hacia atrás buscando meterla entera dentro de ti. Te muerdes los labios para evitar que se escuchen tus gemidos.
Un último gemido ahogado me indica que te vas a volver a correr y en ese momento de nuevo tus piernas tiemblan, y siento un líquido cálido cayendo por mis testículos. Eso me excita tanto que mi polla acaba explotando dentro de ti, unas últimas embestidas vacían nuestras tensiones.
La luz se enciende y el ascensor empieza a subir, sentimos como tu amiga nos llama desde arriba, rápidamente nos recomponemos la ropa antes de llegar arriba del todo.
Se abren las puertas y tu amiga nos espera.-¿ cómo habéis tardado tanto?-
– el ascensor se paró y no contestaban en el interfono- buena respuesta, yo no habría sabido salir mejor, del atolladero.
– ah, bueno es que ahora la compañía del ascensor ha instalado una cámara ven si hay alguien dentro y actúan más rápido, pero no sé por qué hoy han tardado más de lo normal-
nos miramos con cierto desconcierto, son unos segundos de sonrojo, pero automáticamente nos echamos a reír. -anda entremos y disfrutemos de la velada-

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Tarde ardiente

Era una tarde de verano; hacia calor, mucho calor, lo que por esas fechas de verano no era ninguna novedad. Yo estaba en casa, tumbada en la cama, con un camisoncito de algodón de color marrón chocolate y bordes negros. El camisón se ajustaba a mi piel más aun por el sudor del calor pegajoso. No tenía puesto sujetador ya que el escote era en triángulos y además cuanta menos ropa, con aquel calor infernal, mejor. Sólo llevaba de ropa interior unas braguitas diminutas de color rosa con encajitos, muy cursis, pero con unas transparencias maravillosas.

Compartía piso con unas amigas, y en ese momento estaba sola en casa porque tenía que venir aquella semana para arreglar unos papeles de la universidad, y la soledad de la casa me gustaba…mmm…silencio. Un silencio que sólo se perturbaba cuando ponía música o encendía el televisor. Desde la cama puse música en el portátil y la estaba disfrutando dejando la mente en blanco y dejándome llevar por ella, intentando olvidar el calor, aunque la música que tenía puesta de vez en cuando me hacía mover las caderas de forma sensual.

Estando así, de pronto, sonó el móvil. Puff, quién podría ser, con lo a gusto que yo estaba. Me levanté a cogerlo porque me lo había dejado en el salón, y vi que eras tú el que llamaba. La mueca de disgusto por haber sido interrumpida cambió a una sonrisa radiante mientras contestaba la llamada.
-Hola, mi amor
-Hola, cariño
-¿Qué tal estas amor? Mientras hablaba me volvía a dirigir a mi cuarto para recostarme en mi cama.
-Bien, muriéndome de calor. ¿Qué tal por allí?
-…No, estoy en el piso de aquí…creo que tengo el mismo calor que tu ahora mismo
-¿Estas aquí entonces?
-Si, amor. Tuve que venir para arreglar papeleo y estaba disfrutando de mi casa unos días sin nadie comiéndome la cabeza.
-¿Estás en tu habitación?
-Sí, recostada en mi cama.
-Mmm… ¿qué llevas puesto?
-Un camisón, porque me muero de calor.
Así seguimos hablando un rato y la conversación empezó a calentarse. Tú me indicabas donde querías que me tocara y como quería que lo hiciera y yo obedecía como tu esclava, arrancándome gemidos a través del teléfono. Y cuando estaba a punto de correrme sonó el timbre de la puerta.
-Grrrrrrrr, no puede ser… ¿y yo como abro así?
-Desde luego le va a dar un infarto al que sea y te vea así, cariño – me decías entre risas.
-Voy al baño a adecentarme un momento.
-Anda tonta. Ábreme la puerta, que soy yo.
-Serássss….. – colgué el teléfono.

Corrí por el pasillo para abrirte. Nada más abrir la puerta me cogiste entre tus brazos y empezaste a besarme con pasión, deseo, locura, acariciándome a través del camisón, revolviéndome el pelo, agarrándome el culo y apretándolo fuerte. No daba lugar a palabras, sólo nuestros cuerpos hablaban. Exigiéndose más y más el uno del otro. Como pudimos, llegamos a mi cuarto abriendo la puerta de una patada. Todo el camino sin dejar de besarnos. Me pusiste sobre la cama y te apartaste para mirarme; mis labios rojos por tus besos, mi mirada llena de lujuria y deseo, mi pelo alborotado y mis dedos llenos de los jugos que antes me habías provocado por teléfono. Nada mas verlos, te dispusiste a lamerlos hasta no dejar nada para mí.
-¿No me vas a dejar nada?
-Saboréalos en mis labios.
Y así lo hice. Recorrí con mi lengua cada parte de tu boca, saboreándome en ella.
-Mmmm delicioso – te dije.
-Tú sí que estás rica.
Me arrancaste el camisón de un tirón, sacándolo por la cabeza con fuerza, dejándome sólo con mis braguitas.
-Te voy a devorar entera.
-Tú llevas mucha ropa. – Y así, te arranqué la camiseta que traías arrojándola al suelo.
Pasé la mano por tu pecho suavemente, entre tu pelo suave, y bajé hasta tu cinturón el cual empecé a desabrochar para continuar con tus pantalones. Ahora sí estábamos en igualdad de condiciones, los dos sudorosos, con la respiración acelerada y muriéndonos por amarnos.
Te extendí la mano y te atraje a la cama, tumbándome yo primero en ella. Volvimos a entrelazar nuestras lenguas, a recorrer nuestros cuerpos con las manos, deteniéndonos en las partes que sabíamos que nos provocaban más. Tú empezaste a bajar por mi cuello, dejando un rastro de besos por él, hasta que llegaste a mis pechos los cuales empezaste a chupar y lamer con maestría ayudándote de las manos. Yo, mientras gemía de placer, recorría tu espalda con mis uñas y me aferraba a ese culo que tanto me gusta. Abandonaste mis pechos para pasar a mi ombligo, pasando por él tu lengua y jugando con el, mientras me mirabas maliciosamente y tus manos se iban dirigiendo al borde de mis braguitas. Las empezaste a bajar muy lentamente, casi torturándome, hasta que cuando llegaste a las rodillas las sacaste de un tirón. Ya estaba totalmente expuesta a ti, totalmente desnuda, con mi coño lleno de efluvios del placer que estaba sintiendo. Llevaste tus dedos lentamente a mi pequeña perla y empezaste a acariciarla y sin previo aviso introdujiste tus dedos en mí, profundamente. Mmmmmmm, qué sensación; dentro todo era calor, humedad, fuego, lava derramándose en tus dedos. De pronto, tu lengua pasó a estar en mi perla, donde antes habían estado tus dedos. Yo daba gritos, gemía, pronunciaba tu nombre una y otra vez.
-Para, para… mi amor.
Levantaste la cabeza extrañado, sin sacar tus dedos. -¿Estas bien? ¿Qué te pasa?
-Que a esto pueden jugar dos. – te dije mirándote a los ojos y sonriendo con malicia.
Me entendiste perfectamente y sacando tus dedos, que esta vez sí me dejaste lamer, lentamente me permitiste deshacerme de la escasa ropa que te quedaba y nos dispusimos a hacer un fantástico 69. Tú volviste a la miel de mi centro y yo empecé a saborear tu polla, primero lentamente capturando hasta la última gota de líquido preseminal, y luego con más rapidez ayudándome de mis manos para crear fricción y acariciarte los testículos, por los que también pasé mi lengua jugando con ellos.
Estábamos los dos cerca ya de nuestros respectivos orgasmos pero no queríamos corrernos aún. Paramos y me preguntaste:
-¿Dónde están los condones?
-En la mesita de noche, pero no te preocupes…Estoy tomando la píldora.
-De acuerdo.
Así, me pusiste a cuatro patas y me empezaste a acariciar los pechos mientras me besabas el cuello desde atrás. Subiste y me susurraste al oído.
-¿Me deseas mucho?
-Siiiii. Te quiero dentro de mí…
Me penetraste de una sola embestida y los dos gemimos al unísono al producirse el encuentro. Empezamos a movernos de forma ondulante, cada vez más rápido. Tú dándome y yo saliéndote al encuentro. Con una mano agarrada a mi cintura y la otra jugando con mi clítoris.
-No pares, no pares… – te gritaba yo. Tú no podías responderme, sólo entrabas y salías de mí.
Sin previo aviso te saliste de mí y me diste la vuelta, tumbándome boca arriba en la cama y subiendo mis piernas a tus hombros.
-Quiero mirarte a los ojos mientras te corres.- Y de esa manera volviste a llenar mi coño.
La penetración ahora era todavía más profunda y más intensa. Ya todo era rapidez, embestidas feroces, gemidos por ambas partes. Ninguna frase coherente salía de nuestros labios. Y entonces sentí tus latigazos en mi interior, cálidos y abundantes, lo que me hizo estallar junto a ti, gritando de placer. Los movimientos se fueron haciendo más lentos y nos fuimos relajando hasta caer exhaustos enredados el uno en el otro. Abrazados, sólo escuchando nuestra respiración, nos quedamos dormidos.

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El Amazonico que me Rompió

Hola, me  llamo Jossue tengo 18 años. Cuando empecé a darme cuenta el gusto que tenia por chicos a  los al principio no estaba seguro, es por eso que empecé a  entrar  al Internet y a diferentes chat gay que podía encontrar.

Entraba siempre con un nick bien cachondo para  poder llamar la atencion. Poco  a poco iba conociendo mas gente a algunos les daba mi Correo, otros me asustaban y pues la mayoria queria solo una cosa, Sexo.

Un dia en el Chat vi el nick de un tipo llamado Amazonico, soy de Perú vivo en Lima y  el tal amazonico era nato de  la Selva pero vivia  en los olivos – lima.

Me decia que era Guapo, alto, robusto cuerpo medio formado y lo mas importante  una  buena verga. Le di mi correo porque con esa descripcion si que  me animo mucho, y creo que todos  los que somos gays y estan curiosos siempre estan animados por perder la virginidad;

Lo agregue a  mi correo, era muy cariñoso ya que te hablaba y siempre te adulaba bueno al menos a  mi me  bajaba las estrellas y la luna si es que yo queria pero bueno, tambien me hablaba de  la gran casa que tenia en los olivos y de las grandes fiestas que ofrecia, ya que en su casa tenia muchos cuartos, reunia a la mayoria de sus amigos para tomar conocer mas  gente y  tener  sexo, orgias  y entre otras cosas la cosa era pasarla bien. El Amazonico me invito infinidades de veces  a ese tipo de fiestas . Yo lo veia por cam diariamente y le veia su cuerpo, sus brazos, sus piernas pero no me queria mostrar su pene solo me mostraba su paquete  con trusa pero nada mas, solo me decia que la tenia grande y que en una noche me podria hacer  gozar.

Un dia  se me vino unas ganas de  saber como era tener  una pinga dentro de ti, lo llame y le pregunte si nos podiamos ver. Nos citamos en un lugar no muy lejos de su casa, pero como no conocia muy bien los olivos nos citamos en una esquina para que  me lleve en su casa. Yo llegué primero y no lo vi, admito que estaba algo nervioso ya que conoceria practicamente a  un extraño cuando de pronto veo a un hombre alto, trigueño con un poco de  patillas que se me acercaba. No lo reconocí al principio y se me acercó sonrientemente y me dio la mano me dijo “hola Jossue, que precioso eres, te vi por cam pero ahora eres mucho mejor” le dije  hola y yo lo miraba para arriba ya que era bien alto o tal vez yo era demasiado bajo  pero  en fin, con tanto nerviosimo no noté que llevaba un buso plomo y se dibujaba todo su maso que se veia provocable, apetitoso se dibujaba bastante bien y era re notorio.

Estuvimos en una heladeria, conversamos mas o menos  yo permanecia callado; se  llamaba Felix era de la selva y tenia familia en lima asi que compro esa casa ahi en los olivos y se quedaba buen tiempo en lima luego regresaba a su tierra. Salimos de la heladeria y me pregunto: que quieres hacer?, le dije que no sabia y me pregunto si queria conocer su casa yo estaba  mas que  caliente, tenia unas ganas de  ver esa verga que parecia que se  saldria del pantalon. Llegamos a  su casa era  super grande tenia como 4 pisos y en cada piso 10 o 15 cuartos. Le pregunte que por que tantos cuartos  si vivia el solo ? y me dijo que por  las fiestas que  hacia y los amigos que tenia compraba casa grandes y siempre es necesario un cuarto. Hablamos un rato como recorriendo la casa tmb y entramos a unos cuantos cuartos. Terminamos en un cuarto con varios espejos, me volvio a preguntar  que queria hacer? le dije “quiero perder mi virginidad”.

Él me echó a la cama que estaba en el cuarto realmente  grande, por donde  quier veia a el y yo en el cuarto por tantos espejos, me empezó a quitar la ropa y a besarme y mientras mas  me quitaba la ropa mas me besaba tambien las partes del cuerpo, el cuello, los brazos, mi pecho y mi boca.

Luego se desvistió el, se quito el polo y vi todo su cuerpo y luego se quito el pantalon, mis ojos estaban desesperados por ver ese Tremendo paquete cuando se saco el pantalon me di cuenta que no tenia ropa interior, me excité aun mas aunque  tambien me entró un poco de miedo ya que vi su vergaa media unos 21cm sin siquiera erectarse. Me puse mas nervioso y trate de poner una excusa para ya no hacerlo. Le dije que mejor  no, pero fue peor para mi, me dijo que eso le excitaba mas, que me dejaria completamente abierto y ya no seria nunca mas virgen. Le dije que se ponga condon y me dijo que mas rico era sin eso, se escupió en los dedos y me los embaró en mi culo quiso introducir sus dedos pero no podia. Lo que hizo fue lamer  mi culo hasta mi huequito, metia su lengua y me mojaba todito, yo me sentia bien con un cosquilleo pero se sentia rico. Puso mis piernas en su hombro y trato de introducirme su enorme  verga, la vi erecta y era enorme aproximadamente unos 28 o 30 cm y esa cosota no podia entrar en mi ano tan puro e inocente y sobretodo virginal porque nunca trate de terme el dedo quise estar virgensito para quien me tirara. me puso en perrito no se podia nisiquiera meter la cabecita tratamos varias poces hasta que me puso boca abajo  y empeso a meter lenta mente  su masote de pura carne, empezó a entrar de a poquito su cabeza y yo gritaba  super fuerte, me sentioa mareado  gritaba de  dolor un dolor inmenso, el me dio una almohada para que la mordiera pero igual jadeaba de  puro dolor  cuando sentia que ya habia entrado le pregunte  ya entro todo? me respondio vamos menos de la  mitad, me sentia a  morir sentia que me partia en dos hasta que el amazonico paro me senti mas aliviado pensé que  ya lo habia introducido todo cuando de pronto pegué grito en el cielo ahhhhhhhhhh grité de un dolor inmenso ya que el amazonico habia parado de  introducir su gran pene para  meterme el resto de un solo golpee, me empezó a embestir el gritaba … decía que nunca había sentido un culo que le apretara tanto el miembro, me embestía muy fuerte y yo gemia a  mas  no poder, al principio le decia : Para, para, por favor para y el me decia ohh nene sigue asi y le decia paraaa, y el decia asi me excitas  mas  y era verdad  mientras le decía que parara  sentía  como se  hinchaba mas su pene  y me daba embestidas mas fuertes aun, parecia como si me estuviera  violando ya que me agarraba fuerte de las manos para que no me  moviera hasta que  zedí deje que me la siga metiendo el gritaba  wow ese culo  es el mejor que e tenido, que rico lo apretas chiquito yo gemia tanto  y sudaba que el me decia wow eres una perra sigue asi muevete hasta que saco su pene de  ano, senit como cuando destapas la cerbeza el sonidito  y senti que estaba  con un huecaso. Me chorreo toda  su leche en mi cuerpo, hizo que pruebe  su leche estaba algo indeciso y el la probo primero me dijo que me gustaria y pues lo hice;  realmente me gusto su semen. No paso ni 5 minutos y me voltio, puso mis piernas en su hombro y volvió a introducirme  su vergaza, esta vez la metio toditita de un solo empujon igual me provoco dolor peor no tanto como el anterior di  un gemido fuerte  pero luego senti  mucho placer, me tuvo piernas al hombroboca abajo de costado de perrito montado a caballo y  todas esas poses  y sin sikiera sacar su pene de  mi culo esas poses  y muchas mas me tenia en perrito cuando me dijo que se volvia a venir y que se vendria en mis nalgas  ya lo estaba sacando cuando le dije que lo siga mentiendo que queria que se venga dentro, el enseguida me obedeció y gemia como loco habra tenido como 7 espasmos senti que  chorreaba  y chorreaba  su leche dentro de mi, yo gemia me sentia toda una perra que haba sido capaz de soportar una  verga de  30 cm y siendo virgen. el se levanto me dijo: ” eres muy valiente bebé, gracias por este momento eres el primero que se come esa cosota y se toco su vergaza” salio del cuarto yo me fui al baño del cuarto cuando me toco el culo tenia sangre fui a ver la cama  y habia una parte bien manchada de  sangre  junto con semen, me asuste un poco me bañe le dije que me iria y me dijo que queria darme algo.

Estabamos en la puerta y me dio un sobre con 250 dolares, no los quise recibir  pero el insistio que deberia que fue, el mejor sexo de su vida y que  no queria que fuera ni la primera ni la ultima. Me quede con el dinero y me fuí.

Con el dinero me compre  ropa, zapatillas ahhh y un amigo me dijo que era mejor que me hiciera analisis ya que  lo hize sin proteccion salio que estaba bien, a el siguiente mes  me volvi a comunicar con el  Amazonico y me dijo que gustoso me recibiria y que pasariamos una noche grandioso y que tal vez acompañado de su primo ( su primo Tiene la  verga mas  enorme que El amazonico).

Pero eso ya es  otra historia, aveces a uno le da miedo pero tambien tiene muchas  ganas de saber como es tener  sexo de perder la virginidad y animense el sexo es  lo mejor  que hay pero con cuidado hay que ser vailentes en verdad para tragarse todas esas cosotas yo aun me sorprendo cuando pienso en que me han introduciodo 30 cm y 33cm que han entrado en mi boca en mi culito y todo eso.

TTYL…

Espero que les haya gustado, Es mi primera historia que relato ;D

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Un viejo amor, Clara y Teresa

No hicieron falta palabras, toda la pasión, el grande y viejo amor estaban allí entre nosotras. Sonreímos, nos acariciamos, no hubo palabras, hicimos el amor entre suspiros, gemidos y gritos ahogados por besos y lenguas húmedas y traviesas.

Después de Marta, entendí que yo necesitaba otra cosa. Hacía mucho tiempo que no tenía una relación más seria, es cierto que tengo amigos y amigas para conversar, discutir temas de la vida, pasear, viajar. Pero al llegar a casa nadie me espera, y si un día no llego a nadie le importa. Cursi, pero cierto, y a veces siento necesidad de contar con alguien al final de la jornada.

Pensando en todo esto, recordé a mi última relación seria, Tere, una mujer increíble, inteligente, dulce, arrolladora, linda. Mi Tere, tenía unos 10 años más que yo, habíamos tenido un romance hermoso algo así como 12 años atrás. Una relación muy fuerte, ella es una mujer poderosa, que siempre tomaba la iniciativa, a quien le gustaba tener controladas las situaciones.

Nos dejamos por un tema de distancias geográficas, ella dejaba el país por trabajo y yo no podía acompañarla y dejar todas mis cosas aquí. Nos mantuvimos en contacto por un tiempo, incluso nos hicimos algunas escapadas porque nos extrañábamos mucho, pero con el tiempo la distancia nos superó. Decidí buscarla y saber que era de ella. Me costó poco trabajo encontrarla porque seguía trabajando para la misma empresa, y ahora estaba en Buenos Aires. La llamé, hablamos mucho y con mucha naturalidad. Ella estaba sola, y se alegró al saber que yo también. La comunicación entre nosotras siempre fue muy buena, muy abierta y directa. Así fue como el siguiente fin de semana me tomé un buque para ir al encuentro de un viejo amor.

Llegué temprano en la mañana, ella me esperaba en el puerto. Nos fuimos directo a su casa a dejar las cosas y luego salimos a pasear. Caminamos toda la mañana, conversamos, nos reímos mucho. Ella estaba casi igual a como la recordaba, cabello rubio corto, alta y delgada, pero con caderas bien redondeadas, sus senos eran grandes (yo tenía el recuerdo de unos hermosos pezones puntiagudos). No nos olvidemos que se trata de una mujer de 60 años, pero muy coqueta y elegante. Siempre me había impresionado su porte, su manera firme y confiada de caminar.

Almorzamos en un lugar muy elegante, y llegando el momento del cafecito, me miró a los ojos intensamente y me dijo cuanto le alegraba verme. Tomó mi mano y la besó con dulzura. Estábamos cerca de su casa, de manera que caminamos de regreso, hablamos de nuestras vidas y le conté por qué había decidido buscarla. Sonrió, me miró a los ojos y nos besamos en plena calle. Llegamos a su casa, y me fui a descansar al dormitorio asignado. Íntimamente rogué que no me pidiera otra cosa, pues estaba muy cansada y me sentía totalmente vulnerable. Afortunadamente, adivinando mis pensamientos, me dijo que ella también tomaría una siesta, para poder salir en la noche y presentarme a unos amigos.

A la noche nos preparamos para salir, aunque hubiera preferido quedarnos solas en su casa. Sus amigos resultaron personas muy agradables, pasamos una linda velada. Cuando volvíamos en el taxi, nos tomamos de la mano y así hicimos todo el viaje. En el ascensor, nos besamos una vez más, y me susurró que me deseaba. Su cuerpo estaba recostado sobre el mío sus manos en mi rostro, su aliento caliente en mi cuello. Nos abrazamos y sentí que no podría luchar contra aquel alud de sentimientos. Entramos, nos sentamos frente al ventanal, con las luces apagadas, apenas la timidez de unas velas iluminaba la estancia.

Yo sentía miedo, de lo que fuera a pasar, dos mujeres grandes con cuerpos no tan atractivos, tratando de revivir viejas épocas, ¿qué podía salir de todo aquello? Pero no podía articular palabras, mis ojos se llenaron de lágrimas mientras a aquella mujer me besaba y abría mi blusa. Sus manos eran demandantes como años atrás. Desnudó mi pecho, tomó mis senos en sus manos y los besó con devoción. Me besaba, y ahora iba por mi sexo. Su mano me arrancó la ropa íntima, sus dedos se metieron en mi vagina con gran agilidad y firmeza. Entre lágrimas y besos tuve mi primer orgasmo del fin de semana.

Nos besamos mucho, su mano se apretaba contra mi sexo, yo me abracé a su cuerpo, y de a poco le quité la blusa. De pronto nos despegamos para mirarnos, fue una pausa increíble, no hicieron falta palabras, toda la pasión, el grande y viejo amor estaban allí entre nosotras. Sonreímos, nos acariciamos, no hubo palabras, hicimos el amor entre suspiros, gemidos y gritos ahogados por besos y lenguas húmedas y traviesas. Nos dormimos sobre la alfombra, hechas un nudo apretado. En la mañana, una sensación de paz me invadió. Me sentía liviana como una pluma, no me importaba nada, nada más que estar allí con aquella increíble mujer. Una mujer apasionada como pocas había conocido.

Demoró un rato en despertarse, así que tuve tiempo para imaginarnos juntas en alguna parte del mundo, no importaba donde, pero juntas en la vida, en la misma cama, muy unidas. Mi mente iba demasiado rápido, lo sé, pero no lo puedo evitar así soy yo. Se despertó y se sintió inquieta por su desnudez:

Clara – ¡Ay Tere, ni te molestes en cubrirte, llevo un buen rato observando tu cuerpo, y el mío, no creas! Es claro que eres una mujer hermosa, con un cuerpo de 60, y yo una linda mujer con un cuerpo de 50. Tú me encantas, adoro mirarte, tocarte y todo. Espero que te haya pasado lo mismo. Teresa – (que me miraba sonriente), si alguien me hubiera dicho hace una semana que esto pasaría, lo hubiera tildado de loco soñador. He pasado la noche más notable de los últimos años. No recordaba que éramos tan compatibles. Clara – quiero más, ahora, anda dame un beso.

Me acosté sobre ella, presioné sus senos y comencé a succionar.  Cuando acaricié su sexo, ya estaba muy mojado. Sonreí, gozosa, sentía que le estaba dando placer a una hembra maravillosa. Sus ojos pedían más y más, su lengua estaba ávida de mi piel.  De pronto giramos y ella estaba sobre mí, frotando su sexo duramente contra mi pierna, mientras apretaba mis tetas duras y enrojecidas. Gritó de placer y se derramó sobre pierna. Me miró con lujuria y se inclinó para besar mi sexo, hasta hacerme correr en su cara. Jadeantes, húmedas nos quedamos abrazadas sobre la alfombra donde pasamos la noche.

En algún momento de la mañana sonó el timbre, pero no atendió, nos levantamos en silencio y nos metimos en su cama, muy pegaditas. Luego de otro rato de mimos y caricias, decidí tomar una ducha. Ella preparó café y unas frutas para desayunar/almorzar. Cuando salí del baño el banquete estaba servido sobre la cama. Comimos, nos besamos, conversamos mucho, mucho, tanto que casi se nos hicieron las seis de la tarde y seguíamos en la cama. El timbre volvió a sonar, y esta vez fue a abrir. A pesar de ser domingo, se trataba de un asunto de trabajo que debía resolver, de manera que me quedé sola en el dormitorio, y como demoró un rato, me quedé dormida.

Al otro día cuando me desperté ya se había ido a trabajar, pero un rato después me llamó para disculparse. Yo estaba tan feliz que era imposible que me enojara, así que simplemente me dediqué a esperar su vuelta en la tarde. Ordené un poco el dormitorio, cociné algo para la noche, y me relajé en la bañera. Tanto así, que cuando llegó yo dormitaba en el agua tibia y perfumada. Me desperté al sentir su beso, y su mano que trataba de masturbarme. Ayyyyyy, por favor, que riquísimas sensaciones me provocaba Teresa. Me corrí en la bañera, con su mano en mi sexo, y su lengua en mi boca. ¡Qué placer tan indescriptible! Luego de un rato, pude incorporarme y me dejé abrazar por su cuerpo perfumado, fuimos a la cama. Me recosté y me pidió que cerrara los ojos. Todo mi cuerpo temblaba de tanta excitación, de pronto sentí sus manos separando mis piernas, y luego sus dedos hurgando mi vagina. De inmediato su lengua me lubricaba y sentí algo metiéndose dentro de mí. ¡Que ricooo!

-¿Qué es eso?, le pregunté. -Solo disfruta y mantén los ojos cerrados, amor.

Aquello comenzó a girar dentro de mí, pude reconocer las bolitas entrando y girando en mi interior. Me corrí otra vez, gritando con fuerza. Increíble, simplemente increíble.  Nunca pensé que buscar a Teresa después de tanto tiempo me diera tantas satisfacciones. Pasamos un fin de semana increíble, hablamos de todo, cosas que no había hablado con nadie y en la cama fue sensacional.

Queda para una próxima oportunidad, el resto de mi historia, con Teresa.

Autora: Amandaz

z.amanda@lycos.com

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Las cogidas a mi tía

Javier la atrajo hacia él y le comenzó a mamar las chichotas, mientras sus manos las tenía en sus enormes nalgas, cayeron a la cama y se besaron, puso a Paty en cuatro patas, le quitó la tanga y comenzó a mamarle su rajita, en eso se escucharon los primeros gemidos de mi tía, muy leves, pero los escuchaba, él no aguantó y se la clavó en esa posición, yo podía ver el rostro de mi tía y el movimiento de sus chiches, mientras masajeaba mi verga ya bien mojada y dura.

Me llamo Daniel y soy un chavo de 24 años, flaco y alto, vivo en un edificio que es propiedad de mi abuela y en donde viven un tío y mi tía Patricia la protagonista de la historia. Ella tiene su departamento justo en frente al mío por lo que la comunicación con mi mamá que es su prima, y conmigo es muy estrecha, al grado de que yo me llevo muy bien con sus hijos los cuales son tres, uno de 15, otro de 13 y un niño de tan sólo 2 años.

En cuanto a mi vida sexual considero que es muy placentera pues tengo una novia con la que por lo menos hago el amor una vez a la semana, pero pronto mis perversiones y deseos sexuales fueron aumentando, fue entonces cuando comencé a fijarme y obsesionarme más en el culo de las mujeres y así fue como descubrí como estaba de buena mi tía Paty, ella es una mujer que actualmente tiene 34 años, se casó joven porque según las pláticas indiscretas que he escuchado salió embarazada.

Paty a pesar de sus tres hijos tiene un cuerpo bastante aceptable, ella es una mujer que ciertamente ha aumentado unos kilos, pero la beneficiaron, pues sus caderas se ensancharon al grado de tener un culo de aproximadamente unos 100 centímetros, en verdad que luce unas nalgas riquísimas pues su cintura aún es algo estrecha, yo calculo que unos 65 ó 67 cm y de sus pechos mejor no hablamos, pues son unos enormes melones de aproximadamente 95 centímetros los cuales quizás no están completamente firmes, pero en realidad se ven muy antojables.

Todo esto que les describo lo comencé a notar apenas hace un par de años, pues antes de iniciar una vida sexual activa no tenía tan desarrollado el morbo. El caso es que yo me di cuenta a partir de que acudía mucho con mis primos a jugar video juegos, además de que constantemente tenía que ir a su departamento por cosas, fue así como pude cachar varias veces a Paty en ropa ligera.

Pero mi morbo se acrecentó al imaginarme el cómo se cogían a mi tía su novio Javier, pues Paty estaba completamente idiota con su nuevo novio, además de que era el primero después de su separación con su esposo. Mi tía se la pasaba cogiendo con Javier en su departamento y para esto no tenía ni una precaución pues sin importarle que estuvieran sus hijos ella se encerraba en su recámara y se aventaba tremendas cogidas, esta situación provocó muchos problemas en sus hijos al grado de que tuvieron que irse sus dos hijos mayores a vivir con su papá, pues era insoportable oír los quejidos de su madre cuando se la cogían, yo inclusive fui testigo de los gemidos de placer que emitía mi tía cuando se la cogía Javier, situación que me incomodaba al estar con mis primos, pero que provocaba que fuera a mi departamento a masturbarme recordando esos ricos gemidos.

Al irse sus hijos, Paty tuvo el campo libre para coger a gusto con Javier, incluso se cambió a la recámara de mis primos la cual es más grande y cómoda, yo seguía siendo testigo de cómo se cogían a mi tía y trataba de hacerme presente cada vez que Javier iba a verla, pues Paty me pedía que cuidara a su hijo menor el cual llevaba un rato con mi mamá, pero el niño se aburría y tenía que llevarlo de nuevo con su mamá y esos eran los momentos precisos para observar cómo se cogían a mi tía, mientras le daba algún dulce a mi primito y lo dejaba viendo tele, iba a la recámara de Paty y me ponía detrás de la puerta a escuchar como se la cogía Javier, las primeras ocasiones me limité a escuchar los gemidos de placer aiiiiiiinnnnnn, aiiiiiiinnnnn, ahhhhh, auuuuhhhhhhh, esos eran los momentos ideales para sacar mi enorme verga y chaquetearme.

Esto se volvió una constante al grado de querer ver más. Para mi fortuna mi recámara está comunicada con su recámara por medio de una ventana la cual permanece clausurada, es decir está pintada con una pintura blanca que impide la visibilidad, pero yo me las ingenié y tallé la pintura de mi lado. Sólo faltaba hacerlo del lado de la recámara de Paty, cuestión que tardó un tiempo en que pudiera hacerlo, pues no era tan fácil hacer esa tarea; pero el caso es que la oportunidad se dio y pude tallar la pintura y quedó un espacio por el cual se podía ver su recámara. Oh y vaya espectáculo.

Me frotaba las manos porque llegaba el momento de ver algo, y no tardó mucho, alrededor de las 6 de la tarde ella salió de bañarse, traía una toalla amarrada a la cintura y las enormes tetas al aire libre, en ese momento mi verga se puso más dura de lo que ya estaba de por sí, se sentó en la cama y comenzó a secarse el cabello, después tomó la crema y la untó en sus deliciosas piernas amarillas, tomó una parte de la toalla y se secó su puchita la cual no podía ver bien, tomó un calzón rojo y se los puso enseñándome unas enormes nalgas, después se puso el brassier, contemplé ese espectáculo mientras sacudía mi verga, no esperé más y saqué más leche que nunca.

Este tipo de sesiones las tenía diario, pero el mayor show era cada tercer día en que iba Javier a cogérsela, la primera vez que vi como se la cogía me excité demasiado, pues entraron a la recámara y comenzaron a besarse y Javier fue al punto, se bajó el pantalón y dirigió a mi tía Patricia hacia su verga, mi tía se veía que la chupaba muy rico, Javier como pudo le bajó el pantalón y comenzó a meterle el dedo en el culo, así estuvieron por unos 5 minutos, período en el que no aguanté y ya me había venido de lo excitado. Mi tía Patricia se paró y pude ver una rica tanga color melón, mientras Javier se quedaba sentado en la cama y se despojaba del pantalón y la camisa, y mi tía se quitaba la blusita y su sostén de donde salieron sus enormes melones.

Mi verga ya estaba dura otra vez y lo estuvo más cuando Javier la atrajo hacia él y le comenzó a mamar las chichotas, mientras sus manos las tenía en sus enormes nalgas, cayeron a la cama y se besaron, Javier hizo un giro y puso a Paty en cuatro patas, le quitó la tanga y comenzó a mamarle su rajita, en eso se escucharon los primeros gemidos de mi tía, muy leves, pero los escuchaba, Javier no aguantó y se la clavó en esa posición, yo podía ver el rostro de mi tía y el movimiento de sus chiches, mientras masajeaba mi verga ya bien mojada y dura, Javier no se contuvo ni 5 minutos y se vino, al igual que yo, se retiró de Paty y se acostó unos segundos.

Al cabo de unos minutos Javier comenzaba la segunda cogida, ahora levantó a mi tía y la puso en su verga, mi tía se daba unos sentones muy ricos, mientras escuchaba sus quejidos, ainnnnn, auuuunhh, ainnnnnn, auuuhhh, mi leche salió de nuevo, de lo tan excitado que estaba, Javier estuvo así por unos 8 ó 10 minutos y terminó dentro de ella. Yo me retiré del pequeño orificio y limpié mi semen, después de un rato volví a ver hacia su recámara y ya estaba ahí su pequeño hijo con ellos, por lo que interrumpieron sus cogidas.

Así es como yo tengo un extraordinario espectáculo diario y en vivo, en otra ocasión les contaré cuando me llegó mi turno.

Autor: Daniel

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Marisela

Un espasmo de placer me hizo cerrar los ojos y las rodillas me temblaron, me arqueo, culebreo, salto, grito, me muevo cada vez más, mi respiración se vuelve entrecortada, por momento sentía tu presencia y lo hago más rápido imaginándome que eres tú que me estás dando la más rica de las cogidas, voy soltando gemidos sin poderme controlar hasta que estallo en un gran orgasmo, grito de placer, siento que mi coño palpita y aprieta mis dedos.

Hola mi nombre es Marisela vivo en Caracas, Venezuela, tengo 20 Años, esto me pasó hace algún tiempo.

Una noche después de estar navegando en unas páginas eróticas, tenía unas ganas enormes de hacer el amor, pero a pesar de ser muy atractiva, en ese momento no tenía pareja, me desnudé y me puse la ropa más sexy y excitante que tengo, me puse un sostén blanco casi transparente, en el cual se notan mis pezones rosaditos, y paraditos, tengo tetas de buen tamaño y paraditas.

En la parte de abajo me puse un hilo dental muy sexy y pequeño del mismo color, el cual ya se encuentra mojado y huele a sexo, en él se marca mi cuca y el depilado una especie de bigotico alrededor de mi rajita, en la parte de atrás es una tira que entra por la raja y un poquito más ancha en la entrepierna. Se ven muy sexy mis redonditas, duras y paraditas nalgas, mi cuca con su corte. No sé si suena como pedante, pero me veo súper bella y buena.

Empecé a masajearme los senos, se siente muy rico, los pezones se endurecen mucho más. Tenía los pezones completamente erguidos, como nunca les había visto… siento que mi coño se va mojando y empieza a palpitar, cada vez se siente más rico, sigo bajando mis manos despacio, estoy en mi vientre, a medida que voy bajando lo siento más divino, sigo acariciando muy suavemente alrededor de mi cuquita, por encima del hilo, que ya está muy mojado, cada vez me excito más, tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no introducir mis dedos en la rajita, las yemas de mis dedos siguen tocándose los alrededores de mi rajita que anda a punto de estallar, también toco la parte interior de mis muslos, me es difícil controlarme, empiezo a jugar con mis pelitos que están todos mojados y la cuca sigue palpitando.

Comienzo a acariciar mi rajita la cual está súper mojadita que rica sensación. Me llevo el dedo medio de mi mano izquierda a mi boca me imagino que este es uno de esos ricos penes que minutos antes me habían excitado solamente viéndolos, y siento más placer y suelto varios gemidos, abro un poco más mis piernas. Poco a poco me fui quitado la ropa sexy que me había puesto. Me imagino que me estás observando con tu gran pene a millón, con ganas de comerse a su coño, siento que voy a estallar, me llevo el dedo a mi rajita está súper mojada como si fuera una sopa, al tocar mis dedos mi agujerito no puedo evitar soltar dos gemidos de placer, mi mente se imagina a tu pene, en el cual se destacaban sus venas, y la punta brillando por tus jugos, deseándolo me excito más.

Con mi mano derecha empiezo a agarrar mi clítoris que está totalmente hinchado, lo voy masajeando. Yo seguía jadeando incapaz de ahogar mis gemidos… que son cada vez más profundos y prolongados, mientras con la otra mano empiezo a meterme un dedo, luego dos y hasta tres, pero al sentirlos gemí intensamente… Un espasmo de placer me hizo cerrar los ojos y las rodillas me temblaron… me arqueo, culebreo, salto, grito, me muevo cada vez más, mi respiración se vuelve entrecortada por momento sentía tu presencia y lo hago más rápido imaginándome que eres tú que me estás dando la más rica de las cogidas, cada vez lo hago más rápido y voy soltando gemidos sin poderme controlar hasta que estallo en un gran orgasmo, grito de placer (espero no haber despertado a los vecinos), siento que mi coño palpita y aprieta mis dedos.

Luego de ese gran orgasmo pienso en ti, me llevo los dedos a mi nariz me huelen a sexo y me los chupo, pruebo mis propios jugos, me relajo y me quedé dormida, desnuda con la luz encendida y la ventana abierta, hasta que sonó el despertador, a las 6:00 am. Y me fui a bañar para ir a la oficina.

Cuando escribo esto siento que me mojo y ganas de hacer el amor y de masturbarme rico. Como estoy en la oficina entro en el baño repito la operación anterior con la diferencia que mi dedo medio de la mano izquierda bien lubricado con saliva y con los jugos de mi vagina me lo introduzco en mi ano, siento cuando este lo va apretando, es muy rico un dedo en mi vagina y otro en mi ano, los cuales entran y salen, y lo disfruto cada vez más, estoy un rato disfrutando, voy jadeando y pegando gemidos y gritos, me tiemblan las piernas, cuando tengo el orgasmo pego un grito muy grande que pienso que se oyó en todo el edificio. Han sido dos orgasmos muy placenteros.

Espero que este relato les guste si quieren hacer un comentario.

Autora: marmarfi

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No te esperabamos

Creo que nunca había sentido tanto placer en la polla, y todo gracias a aquella mujer voraz en el terreno de la sexualidad. Nos corrimos entre gritos de placer, los tres deseábamos más e intentamos reponernos cuanto antes para hacer un sándwich con Verónica. El resultado fue más espectacular aún y los tres volvimos a gozar dejando llena de semen a la mujer de nuestro amigo Eduardo.

Pagar por aquella sauna era una gozada. Merecía la pena al menos una vez a la semana. Eduardo, Roque y yo quedábamos los jueves por la tarde para una sesión de gimnasio y posteriormente de sauna. Recuerdo aquel jueves que Eduardo no apareció por allí y Roque y yo nos preocupamos pues incluso nuestro amigo había pagado la parte que le correspondía de la sauna. Después de hacer pesas y musculación Roque y yo nos metimos en la sauna y nos pusimos a hablar de qué le podía haber sucedido a Eduardo. Roque, que es un salido dijo finalmente de broma:

-Eduardo se habrá quedado en casa. Seguro que le está chupando la polla esa preciosidad de esposa que tiene.

Yo me eché a reír, aunque efectivamente Verónica, la esposa de Eduardo era guapa y estaba muy buena. Ya, confidencialmente y en voz baja le pregunté a Roque:

– ¿Te follarías a Verónica? – Por supuesto, pero sin que se enterase mi mujer. – Yo creo que también lo haría, pero esa zorra es de altos vuelos, no creo que se fijase en dos tipos como nosotros. Se casó con Eduardo únicamente por su dinero, supongo.

– Míranos, aquí hablando de follar con la mujer de un amigo. Y digo yo –comentó Roque- si te gusta la mujer de Eduardo, a lo mejor te gusta la mía. – No está mal –contesté. – Cabrón de amigo, ¿te follarías también a mi mujer? – No sé –dudé…-Es que si yo pudiera me follaba a la tuya.

Me eché a reír y Roque también…

– Pues a ver si un día hacemos un intercambio.

Supongo, que aunque estuviéramos hablando casi en broma, a Roque se le había puesto la polla tan dura como a mí sólo de pensar en hacer un intercambio con nuestras esposas. Mientras tanto, allí continuábamos, en la sauna y hablando de las muchas ganas de sexo adúltero que teníamos siempre. De repente llamaron a la puerta de la sauna y era el encargado que venía a decirnos que una tal Verónica quería hablar con nosotros. ¿Qué querría la mujer de Eduardo?

Se asomó a la puerta y era ella, tan espectacular como siempre. Simplemente vino a decirnos que Eduardo tenía una importante reunión de empresa esa tarde y no podía venir y como ella llegaba por allí de paso decidió comunicárnoslo. Le dijimos que Eduardo tenía pagada su cuota de sauna y que allí podía entrar alguien más a tomar vapores. O sea, le estábamos invitando a quedarse.

Sorprendentemente aceptó. Fue al vestuario y vino cubierta con una toalla. Verónica no era una mujer tímida ni pudorosa, quizá estar entre dos hombres en una sauna era para ella algo completamente normal, y más si se trataba de amigos de su marido. En ese punto decir, que aunque fuésemos amigos de Eduardo siempre nos trató con frialdad, tanto a Roque y a mí como a nuestras esposas a las que consideraba simples amas de casa y conejas de crianza, según sus propias palabras, las cuales tuvimos ocasión de escuchar una vez. El incidente quedó ahí, pero la considerábamos una zorra que nos miraba por encima del hombro y que pensaba que éramos adúlteros por naturaleza.

– Verónica –dijo Roque-, mañana es el cumpleaños de mi mujer y no sé que regalarle, ¿tú que me aconsejas? – ¡Vaya! –Dijo Verónica- pero ¿es que tú quieres a tu mujer? – ¿Por qué no voy a quererla? – Porque siempre se te van los ojos detrás de cualquier mujer, igual que a este –dijo Verónica refiriéndose a mí.

-Eso le pasa a muchos hombres –dije yo…- A mi marido no –contestó Verónica. -Pues claro que sí –dije. – Incluso no quita ojo a nuestras propias esposas cuando estamos reunidos –dijo Roque. – ¿A esas dos marujas calentorras?-preguntó Verónica. – Eres una grosera Verónica – dijo Roque-, si no fueras la mujer de nuestro amigo te abofetearía. – ¡Atrévete! –dijo ella.

Roque se contuvo. Verónica se había pasado. Yo propuse que nos fuéramos y olvidar aquello.

-Vámonos Roque –dije…- Sí –dijo ella sin dejar de provocar- regresad a vuestro aburrido hogar; con vuestras aburridas esposas. – No son unas aburridas –dije yo, y esperando a que Roque no se enfadase me inventé algo… Roque y yo las hemos intercambiado en más de una ocasión, y eso no lo hacen mujeres aburridas…

Roque aplaudió la idea y me siguió la corriente; así que le hicimos creer a Verónica que yo me follaba a la mujer de Roque y éste a la mía. Verónica se sorprendió, aún más cuando continuamos mintiéndole y le dijimos que más de una vez le habíamos propuesto el intercambio a Eduardo, su marido, pero que él nos dijo que su esposa no quería porque era una mojigata. Verónica bufó como un toro pues pareció molestarle aquello.

– Tu querido Eduardo –dijo Roque a Verónica- se muere por follar con nuestras mujeres, pero para eso tendría que ofrecerte a ti. De todos modos creo que Eduardo no está a la altura de nuestras dos mujeres.

– Mi marido no tendría ni para empezar con esas dos, porque es un verdadero semental. – No lo creo –dije yo- seguro que entre ambas lo dejan fuera de combate en menos de un minuto. – Cuando queráis lo comprobamos –dijo Verónica. – Ya veremos… ¿qué nos dices de ti? – ¿Qué queréis que os diga? – ¿Podrías satisfacer a dos hombres a la vez? – Por supuesto, pero no será a vosotros.

-Claro, así es fácil hablar. – Como queráis, os lo demostraré aquí mismo en la sauna. Eso si, follaré con vosotros a condición de que le pongáis en bandeja vuestras esposas a mi marido. ¿De acuerdo? – De acuerdo –dijimos Roque y yo sin saber que sucedería finalmente con nuestras mujeres y sorprendidos por el trato que ofrecía aquella mujer.

La sentamos entre nosotros y Roque fue el primero que se atrevió a meterle mano y a empezar a besarla. Yo no me demoré e hice lo mismo. La puta de Verónica se dejaba hacer: nos ofreció sus pezones para que se los chupásemos y su coño para acariciarlo.

– Te vamos a follar hasta la saciedad nena – le dije yo… – Eso espero cabrón de mierda –me dijo dándome un largo beso en los labios y metiéndose seguidamente la polla de Roque en la boca, el cual dio un enorme suspiro de satisfacción.

A esas alturas yo ya me había enamorado de aquella espléndida mujer, de la cual sospeché inmediatamente que si se había quedado con nosotros en la sauna fue con la decidida intención de que nos la follásemos entre los dos. Mientras se la chupaba a Roque, decidí meterle mi polla en aquel coño tan rico. Veía claro que Verónica no quería salir de allí sin habernos absorbido todo el semen de los testículos, porque la verdad sea dicha, estaba haciendo un trabajo impecable de felación y de fornicación.

– Decidme ahora –exclamó Verónica- , ¿quién folla mejor vuestras mujeres o yo? – Tú, mi vida– contesté yo-, procurando halagarla para que no abandonara la tarea. -Pero que delicia de mujer eres – decía Roque en el éxtasis del placer y el gozo.- Jamás pensé que fueseis tan buenos en el sexo –dijo Verónica-, he de admitirlo. Deberíamos tener una sesión de sauna y amor más a menudo porque esto me encanta.

Los tres estábamos a punto de llegar al orgasmo ya que aquello estaba resultando delicioso. Creo que nunca había sentido tanto placer en la polla, y todo gracias a aquella mujer desinhibida y voraz en el terreno de la sexualidad.

Nos corrimos entre jadeos, gemidos y gritos de placer. Fue sensacional; pero los tres deseábamos más e intentamos reponernos cuanto antes para hacer un sándwich con Verónica. El resultado fue más espectacular aún y los tres volvimos a gozar dejando llena de semen a la mujer de nuestro amigo Eduardo. Roque y yo tendríamos que cumplir nuestra parte del trato días más tarde, pero merecía la pena.

Autor: ratsss

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Dos despedidas y un remordimiento

Las coloqué a ambas enfrentadas una sobre la otra y me dediqué a las zonas húmedas, las estuve follando con mis manos, dedos, un buen rato hasta que de nuevo Raquel me dijo que parase y volviese a la posición anterior, una de ellas se colocó sobre mi cara, la otra se colocó entre mis piernas y por fin empezó a comerme, el afortunado novio había tenido una noche movidita y tenía remordimientos, mientras nosotros nos habíamos follado a su prometida durante toda la noche.

Era nuestra primera despedida de soltero. Habíamos estado toda la noche en el típico restaurante con striptease, y luego nos habíamos ido a la discoteca de siempre a emborracharnos a la salud del próximo casamiento.

Lo que no nos imaginábamos era lo que sucedería después: A eso de las 4 de la madrugada nos fuimos los últimos de la fiesta a acompañar a Juan, el novio a su piso, el motivo de nuestra celebración era su próxima boda y el motivo de la boda no era otro que el inesperado embarazo de su chica… bueno el caso es que Juan iba a casarse en una semana y nosotros le organizamos la jornada que parecía estar acabando. Por su parte Luz la futura esposa también estaba de despedida con sus amigas, la mayoría salían con nosotros, así que esa noche estábamos todos desparejados…

Al llegar a su piso volvimos a recurrir al alcohol y en menos de una hora estábamos todos tirados por el suelo con una tormenta enorme en nuestras cabezas. Luis, el mayor de todos propuso entonces alquilar en un video club cercano unas películas porno para verlas en el salón, pero Juan medio en coma dijo que no era posible que teníamos que marcharnos todos, que había quedado con Luz en que el piso estaría desocupado a las 6 para que ella volviera a dormir. Todos empezamos a quejarnos, pero empezamos a levantarnos para irnos cuando Luis propuso una solución, llamaría a Luz por teléfono y le diría que se quedase a dormir en su piso donde Juan podría encontrarse con ella. A Juan le pareció bien y el propio Luis se ofreció para llevarle en el coche. Los demás nos quedamos en el piso entre bebidas y revistas porno que Juan tenía en casa y al poco rato llegó Luis que ya había llevado a Juan a su piso y traía más whisky y las películas del videoclub.

Ya sólo quedábamos 4 y lo cierto es que nuestro estado era lamentable. Solo con slips totalmente bebidos y viendo películas porno en el video. Incluso José, que era el que estaba en peor estado, empezó a tocarse la polla delante de todos que empezamos a reírnos al ver que no conseguía ponerla en marcha debido al colocón que tenía.

Así estábamos cuando llamaron al timbre, Luis se levantó de un salto y salió como una bala hacia la puerta. Al instante entró en el salón con… Luz. Ella se quedó un poco cortada, pero enseguida esbozó una sonrisa cuando vio el cuadro que ofrecíamos. David y yo estábamos en slips en el sofá viendo la tele, con un enorme bulto que no acertábamos a ocultar, José estaba dormido con la polla fuera en medio de la alfombra, en la tele una rubia se comía a dos fornidos tipos mientras otra rubia la comía a ella… por su parte Luis estaba también en slips con una gran erección que no se preocupó en ocultar.

Ana miró a este buscando una explicación y preguntó por Juan, la respuesta de Luis no me pareció nada convincente y creo que a ella tampoco, dijo que había un malentendido y que Juan estaba en su piso donde debía reunirse con ella, pero su pícara sonrisa delataba que el muy cabrón no había hecho esa llamada y que probablemente había dejado a Juan en su piso durmiendo la borrachera. Ana nos invitó entonces a que nos marcháramos aunque Luis la invitó a sentarse a tomar algo, ella estaba también muy bebida y rechazó la oferta, retirándose al dormitorio donde al poco rato empezamos a oír sonar la ducha. Yo me levanté pensando que todo había acabado ahí, pero Luis me paró y cogiendo una botella de whisky me dijo que no me moviera de allí que nos quedásemos donde estábamos.

El muy cabrón se levantó y se metió en el dormitorio de ella sin pedir permiso. No podía creerlo, Luz iba a casarse en una semana y Luis no mostraba ningún respeto a la mujer de un amigo… pero mi sorpresa fue mayor cuando empezaron a pasar los minutos y Luis no salía, así hasta media hora, cuando de pronto se abrió la puerta… Luis salió envuelto en una toalla y me hizo una señal para que me acercase, me levanté extrañado y al oído me dijo: Vamos entra tú, está a tope… y no enciendas la luz…

-¿Qué? ¿Qué me estás contando? – joder, no seas estúpido… o le digo a David que pase él, te he dicho que está en la cama como una moto y que no enciendas la luz, que crea que soy yo. – ¿Entendido? ¡No me lo podía creer! Se había tirado a Ana y me decía que entrase yo ahora a hacer lo mismo… lo cierto es que dudé un momento, pero… fue un momento muy breve la verdad… al cerrar la puerta tras de mí no veía nada, y enseguida tropecé con la cama… entonces ella susurró:

– Venga Luis… acabemos esto de una vez…

En silencio me arrodillé sobre la cama y mi mano rozó una de sus piernas… ella se incorporó y me cogió del cuello tumbándome y haciéndome sentir entonces todo su cuerpo desnudo a mi alcance… me coloqué como pude y empecé a besarle desde el cuello, bajando por sus pechos hasta llegar a su coño, que desprendía un excitante olor a sexo, ella se estremecía y no paraba de susurrar el nombre de Luis… yo me estaba volviendo loco y mientras no dejaba de acariciarla con mi boca me bajé el slip y me incorporé para poder darle lo que tanto pedía. En cuanto me puse entre sus piernas, ella me agarró de la cintura y me abrazó con las piernas… era la chica más caliente con la que había estado… no dejó de gemir y comerme la boca en todo el rato que estuvimos en esa postura, luego giró sobre si misma y me colocó detrás de ella, y así acabamos ese inesperado polvo…

Yo estaba en la gloria aunque preocupado por como salir de la habitación sin encender la luz cuando esta se encendió de pronto. En la puerta estaba Luis apoyado aún con la toalla y una enorme sonrisa se dibujaba en su rostro, me giré a ver la reacción de Luz que no fue otra que guiñarme un ojo mientras se iba a la ducha con la botella de whisky en la mano… Fue una experiencia inolvidable… Luis y yo volvimos al salón donde la cosa seguía igual y al poco rato salió ella con un camisón y descalza, la complicidad entre nosotros se hizo entonces evidente y pasamos un buen rato riendo con los demás…

Ninguno de los tres comentamos lo ocurrido, y yo pensé que la fantasía de esa noche había concluido hasta que Luz comenta lo ridículos que somos los tíos cuando estamos borrachos mientras señala a José que continuaba tumbado en el sofá con el slip bajado y su arrugada polla en la mano, eso si… completamente dormido… Todos empezamos a reír y Luis dijo que a ese no se la levantaba hoy ni una grúa… Eso provocó un silencio en la sala y todos miramos a la chica…

– ¿Qué? ¿Qué estáis mirando?  -¿Vamos a que no eres capaz de ponérsela dura?… continuó Luis… -Venga ya no te pases… dijo ella notablemente enfadada… ya está bien por hoy, todos a casa… dejadme sola… -Vamos. No seas así, disculpa… pensaba que podía ser divertido… tu última noche de soltera… pero da igual, además no habrías sido capaz… Esto hizo cambiar su rostro…  -está bien, tendréis un show, pero luego os vais enseguida…

La muy zorra se incorporó y de rodillas se acercó al sofá donde el pobre José no sabía lo que le esperaba… sin pensarlo se arrodilló frente a él y le bajó del todo el slip para abrirle las piernas y situarse entre ellas. Entonces giró su cabeza hacia nosotros y nos enseñó su pícara sonrisa, Luis, David y yo nos acercamos hacia ellos y yo no pude dejar de pensar en lo excitante que era la situación, Luz estaba para comérsela de rodillas con un camisón que le dejaba casi todo el culo al aire y con unas finas braguitas de encaje que marcaban el precioso bizcocho que yo antes había probado…

La tía empezó a meterse la picha de José en la boca y a chuparla como si fuera un helado… todos estábamos entonces muy borrachos, pero aún así empezamos a sentir la excitación de l momento… Ella continuaba con lo suyo, pero ahora estaba gimiendo de forma exagerada, yo me tocaba la polla encima del slip y David hacía lo mismo, pero ya la tenía fuera, el más inteligente fue Luis que empezó a sobar el culo de Luz subiéndole lentamente el camisón… ella no protestaba y aunque parecía increíble estaba logrando empalmar al afortunado José que sin embargo aún no despertaba.

Era una gozada ver a esa chica devorando así la polla de José y yo estaba casi a punto de correrme otra vez, miré hacia Luis y mi sorpresa fue enorme al ver como estaba ya sin miramientos bajando las bragas de Luz. Esta se giraba para ayudar e incluso se quitó el camisón quedando totalmente desnuda, todo fue un sueño a partir de entonces…

Nuestra amiga continuaba con la polla de José en la boca, Luis empezó a comerle el coño situándose detrás de ella y David la agarró por el pelo para meterle la polla en la boca, esta no se resistió y no sólo empezó a comérsela sino que me buscó con su mano y me acercó girándose para meterse mi polla en la boca dirigiéndome una sonrisa, así estuvo hasta que Luis me cogió del hombro y me dirigió hacia él, el muy cerdo estaba metiéndole la polla mientras con un dedo le masajeaba el culo lleno de saliva y de sus propios jugos, ella continuaba en la tarea de chupársela alternativamente a José y a David, mientras Luis se aparta y me dirige una señal para que tomase su lugar, aunque me señala directamente a su pequeño orificio y me anima a probar…

Evidentemente esa fue la mejor idea de la noche al momento me encontraba enculando a mi amiga, mientras esta se comía la polla de dos de los amigos de su novio, fue todo un espectáculo, y para colmo Luis se colocó como pudo sentado en el suelo bajo ella con la intención de ocupar su único espacio libre, tarea esta que emprendió enseguida en cuanto todos nos coordinamos un momento… la chica ya no hacía más que gemir como una loca, y olvidó a los otros dos. David empezó entonces a meneársela con fuerza con la clara intención de acabar, enseguida se corrió sobre su cara de forma copiosa dejándole el pelo pegado a la mejilla, yo no pude aguantar más y acabé también en ese instante, aunque no salí de su interior hasta que no desapareció la erección, sin embargo Luis y ella seguían moviéndose como condenados en esa misma posición, Luz aunque ocupada recordó su tarea inicial y volvió a prestar atención a José, metiéndose hasta el fondo su polla en la boca y moviendo la cabeza al ritmo de la follada de Luis…

Esta tía es un espectáculo, vaya suerte tiene el capullo de su futuro marido. David y yo volvimos entonces a acercarnos al grupo y empezamos a masturbarnos mientras le metíamos mano en el culo y las tetas, así estuvimos los 5 un buen rato hasta que todos explotamos en unos tremendos gemidos, Luis dentro de ella y David y yo sobre su espalda…

La chica se apartó y se sentó frente a nosotros en el sillón para descansar un rato, su respiración era rápida se la veía auténticamente preciosa con sus piernas abiertas y llena de semen por todas partes, nosotros estábamos tumbados en el sofá junto con José que continuaba dormido, al poco Luis dijo que había sido fantástico, pero que por desgracia ella había perdido la apuesta ya que José no consiguió acabar. La diosa que estaba ante nosotros esbozó una leve sonrisa y negó con la cabeza mientras abría lentamente los labios dejando escapar abundantes chorros de semen que resbalaban por su barbilla hasta caer a su pecho donde lo recogía con los dedos y lo volvía a meter en la boca… Todos aplaudimos y reímos a carcajadas mientras no sospechábamos lo que había pasado en la despedida de las chicas…

A la mañana siguiente Juan, el futuro marido de la chica que tres de sus mejores amigos nos habíamos tirado en su despedida de soltera nos llamó a Luis y a mí por teléfono para quedar, se le notaba muy excitado y nos dijo que era urgente, que tenía que contarnos algo relacionado con la noche anterior. Cuando le vimos no paraba de comerse las uñas y se le notaba visiblemente preocupado. Nos llevó a un lugar discreto de la cafetería y de pronto soltó que algo muy grave había ocurrido la noche anterior y que tenía dudas en casarse. A mí se me cayó el mundo encima y Luis no dejaba de pisarme por debajo de la mesa… Al final nos confesó que la noche anterior al llegar a su piso, había sido infiel a su prometida… De inmediato le pedimos más explicaciones y empezó a relatarnos lo ocurrido:

– Anoche cuando me dejaste en el taxi para ir a casa no estaba tan mareado como parecía de hecho casi llegando me sentí mejor y decidí ir andando para refrescarme. Al llegar a mi piso vi las luces encendidas y pensé que era Luz que estaba esperándome… pero resulta que no era así, ella había ido a dormir a casa de su madre por lo visto y había dejado allí a cuatro de sus compañeras de trabajo que estaban con ella en la despedida. Cuando entré estaban ya en pijama y en el salón se notaba que había corrido el alcohol y algún que otro pastel con forma erótica, incluso tenían un enorme vibrador sobre la mesa con un lazo de regalo. El hecho es que en uno de los cuartos estaban Ana y Vero al parecer dormidas y al llegar salió a recibirme Cristina y Raquel que por cierto tenía una borrachera enorme, estaban las dos sólo con una camisa, y con braguitas que en el caso de Cristi era un increíble tanga rojo…

Como comprenderéis me puse muy contento al ver la situación y propuse seguir bebiendo, así estuvimos los tres un buen rato en el salón hablando de mi futura boda y otras tonterías hasta que Raquel empezó a mirarme de forma extraña, poco a poco iba acercándose a Cristi y en un momento dado le dijo algo al oído, entonces ambas se levantaron y dijeron que iban a acostarse que era muy tarde, yo contesté que dormiría en el sofá del salón a lo que ellas simultáneamente dijeron que de eso nada, tú te vienes a la cama con nosotras… de hecho es tu despedida de soltero ¿no? No podía creerlo, seguro que se estaban riendo de mí, y en cuanto me levantase cerrarían la puerta y no pararían de reírse en toda la noche… así que dije que no, que gracias, pero que no me interesaba, Cristina se mostró algo enfadada aunque Raquel no paraba de sonreír mientras se mordía el labio inferior ya sabéis como…

El caso es que Cristi se dirigió a la puerta del dormitorio y Raquel la detuvo justo en el marco de la puerta mirándome fijamente en todo momento, entonces y sin dejar de mirarme acercó su mano a Cristi y levantó la camisa permitiendo que su increíble culo me mostrase el tanga rojo que antes intuía bajo la camisa, la tía guarra me puso a cien y para colmo se puso a bajar la mano por la espalda hasta llegar al mismísimo culo de su amiga quien giró la cabeza para dejar en el salón una última mirada antes de entrar a su habitación dejando la puerta entreabierta…

Como podréis comprender eso fue demasiado, soy… era un tío fiel hasta entonces, pero no de piedra… estuve un rato dudando, pero al final me asomé a la puerta sin hacer ruido, no veía nada, ni tampoco escuchaba ruido alguno, así que me atreví a meter un poco la cabeza cuando de pronto las dos saltaron sobre mí y agarrándome de los brazos y el cuello me arrojaron sobre la cama, ellas se tumbaron sobre mí, una a horcajadas y la otra bocabajo sobre mi pecho… no dejaban de reír y la voz de Raquel me dijo al oído: -si no te mueves no olvidarás nunca esta noche, si nos tocas sin que te lo digamos se acabara todo y mañana le diremos a tu novia que llegaste e intentaste pasarte con nosotras…

Evidentemente, accedí… en definitiva era mi última juerga de soltero. Lo que sucedió a continuación fue el sueño de cualquier ser humano, os lo aseguro. Aunque por sugerencia de Cristi me privaron del sentido de la vista. Y no hizo falta ninguna venda en los ojos, ni nada parecido, simplemente cerraron las ventanas y cortinas y no se veía nada en absoluto. Bueno al poco rato la vista empezó a acostumbrarse a la oscuridad y distinguía la silueta de mis acompañantes que como podéis imaginar empezaron a desnudarse. Era evidente que Raquel tenía la voz cantante, daba órdenes a Cristi y a mí con total autoridad. ¡Vamos desnúdate cielo! Y no se te ocurra tocarnos hasta que te lo diga. — Ellas también se estaban desnudando. No me lo podía creer. Aunque estuve un rato sin oír nada no tardé en quedarme desnudo tumbado sobre la cama, esperando… de pronto noté que se acercaban a la cama y algún susurro entre ellas… alguna me pasó un trapo sobre la cara… sin duda era la ropa íntima de alguna de mis compañeras…

Entonces noté otra prenda esta vez acariciándome la polla que por aquel entonces estaba como la torre Eiffel… como es lógico olvidé mi promesa y alargué una mano con la intención de pillar algo… la voz de Raquel me advirtió que las reglas iban en serio y que sería mi última oportunidad, aún así me llevé un castigo… se apartaron de mí y sobre la misma cama estuvieron un buen rato sin llegar a tocarme… pero… ¿os imagináis que hacían mientras tanto? Pues si amigos… empecé a oír suaves besos, que dieron paso a sonoros lengüetazos, escuché como sus respiraciones se iban acelerando y se convertían en leves jadeos… escuché como ya no estaban quietas y los movimientos de sus cuerpos llegaban a mí a través del colchón… y un indescriptible olor a hembra, a sexo invadió la habitación… se lo estaban pasando en grande y me tenían a mí de mero observador sin posibilidad de intervenir y con el riesgo de que me echaran si lo hacía… eso es una tortura… deliciosa, pero tortura…

Así estuvieron más de media hora, os lo juro… y sobre todo se escuchaba lo que creí adivinar como los jadeos de Cristi, sin duda Raquel era la voz cantante también en esto… cuando se calmaron un poco volví a escuchar susurros y sonrisas… y una, dos, tres, cuatro manos me tocaron por primera vez, me tumbaron hacia arriba y empezaron a acordarse de mí… sentí… como un cuerpo desnudo se tumbaba a mi derecha y a mi izquierda la otra chica también se colocaba, pero por la maniobra que realizó lo hizo con la cabeza hacia mis pies, poco a poco fueron uniéndose sobre mi cuerpo que a duras penas soportaba el peso… aunque evidentemente no iba a quejarme… las dos tías se colocaron haciendo un 69 entre ellas sobre mi cuerpo desnudo… y empezaron a retorcerse, a restregarse sobre mií… con mi boca rozaba un muslo, una mejilla, un pecho y más abajo un inquieto cuerpo me aplastaba la polla sobre mi abdomen y una maraña de pelo me acariciaba las piernas…

En ese instante quise parar el tiempo… y quedarme así para siempre… menos mal que no lo hice… Raquel dijo a mi oído… ¡vamos nene… sólo con las manos… adelante…! Era increíble… empecé a recorrer una espalda hasta llegar al culo, con la otra mano investigué entre un par de piernas pasando por entre un buen par de tetas (o eran 3), en cuanto localicé un coño… creo que el de Cristi… aunque da igual, noté que estaba siendo atendido por otra mano… no se de quien, así os podéis imaginar, empezaron a oírse de nuevo los gemidos, metí la mano en todo lo que encontré, bocas, pelo, coños… cuando pude colocarme en otra postura me hice dueño de la situación… las coloqué a ambas enfrentadas una sobre la otra y me dediqué a las zonas húmedas, las estuve follando con mis manos, dedos, un buen rato hasta que de nuevo Raquel me dijo que parase y volviese a la posición anterior…

Por supuesto accedí y entonces una de ellas se colocó sobre mi cara tumbándose hacia delante y dejándome su chorreante intimidad a mi alcance, la otra se colocó entre mis piernas y por fin… empezó a comerme suave, pero concienzudamente… yo para no ser menos me dediqué a lo que tenía más a mano… bueno más a boca y así estuvimos un buen rato… la chica que yo me estaba comiendo no me tocó ni una sola vez y por supuesto no llegó a chupármela… sin embargo la otra lo hacía por las dos…

Era una pasada y cuando estaba a punto de acabar se separaba y empezaba a acariciarme los huevos y el interior de los muslos… me tenía a punto y a 100 pulsaciones y los gemidos de la que tenía encima ya se oían por todo el piso, entonces dijo algo y reconocí a Cristi. Efectivamente fue una noche inolvidable…

No podíamos creerlo, el afortunado novio había tenido una noche movidita y tenía remordimientos… mientras nosotros nos habíamos follado a su prometida durante toda la noche… su relato nos evitó tener que confesarle lo ocurrido… cosas que tiene la vida…

Autor: jmanceb

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Orgía con mi hermana y un amigo

Podía oír sus gemidos, pidiéndome que la follara, que follara a mi propia hermana. Apunté y le clavé mi rabo hasta el fondo, pude ver el temblor que le sacudió todo el cuerpo y le obligó a gritar, fóllame, cabrón. Estuve penetrándola con violencia, obligándola a incrustar su cara en la entrepierna de J. Pero no quería correrme todavía, tenía que disfrutar al máximo la situación.

Hacía cinco años que no había visto a J, así que su llamada me sorprendió y alegró a partes iguales. Había vuelto a la ciudad y quería recuperar el contacto con alguno de sus viejos amigos. Quedamos en tomar algo juntos esa misma tarde. Mi amigo tenía buen aspecto, alto, delgado y moreno, con el pelo largo. Hablamos de los tiempos del colegio, de las aventuras que habíamos corrido juntos, de nuestras primeras novias… reímos al recordar cómo habíamos visto juntos nuestras primeras pelis porno y cómo nos habíamos pajeado codo con codo… y entonces, sin pensarlo, le comenté que tenía un par de pelis nuevas que no estaban nada mal y que, aprovechando que no había nadie en casa, podíamos revivir los viejos tiempos… le gustó la idea.

Ya en casa, nos servimos unas copas, nos instalamos en el sofá y le dimos al play. La peli nos puso a tono enseguida, así que con algo de nerviosismo, decidimos seguir adelante con nuestro “revival”. Nos abrimos los pantalones y sacamos nuestros penes erectos. La situación era excitante pero tensa, y apenas nos atrevíamos a desviar nuestras miradas del televisor. Aún así, pude ver la polla de J roja y húmeda, mayor de lo que la recordaba. Fue J quien dio un primer paso, acercándose a mí y cogiéndome el rabo con su mano mientras decía ¿crees que podemos llegar un poco más lejos de lo que solíamos? Me quedé mudo. Estaba muy excitado, pero era tan raro saber que estaba con otro hombre. El placer que me daba sentir su mano pajeándome, hizo que me dejara llevar y también yo empezara a masajear su rabo.

Tenía una polla en mi mano, notaba su grosor, su calor… Me sentía fuera de mí. De repente quería más de algo que ni siquiera se me había ocurrido probar. Me incorporé y me tumbé sobre la entrepierna de J. Me impresionó ver su pene tan de cerca, pero sin pensarlo, abrí mi boca y me lo metí todo dentro. Cerré los ojos y me concentré en ese sabor salado, en reconocer todo el terreno con mi lengua. J suspiraba y me revolvía el pelo con sus manos. Subía y bajaba sus caderas de modo que su polla entraba y salía de mi boca. Yo estaba excitadísimo totalmente concentrado en lo que estaba haciendo, cuando oí un ruido, una puerta que se abría, y noté que J detenía de golpe todos sus movimientos. Abrí los ojos y, todavía con la polla de J en la boca, vi a mi hermana mayor, Laura, petrificada en el marco de la puerta, balbucear: “lo siento” y salir corriendo hacia su habitación.

Se me bajó la excitación al instante. Me levanté y me abroché el pantalón rápidamente. Mi hermana tenía una cena con amigas esa noche y no debería haber venido hasta bien tarde. Y ahora ¿qué le digo? J me miraba consciente del mal rollo, sin saber qué decir. Decidí que debía hablar con mi hermana. Decirle algo, cualquier cosa… con las ideas así de claras, me dirigí a su habitación. Llamé a la puerta y me hizo pasar mientras saltaba de la cama de un salto. Se alisaba la falda y se arreglaba la camisa…

– Laura, yo…- No pasa nada, Sergio… a mi no me importa… te guardaré el secreto, si es lo que quieres…- No, si es eso… yo no soy gay… yo…- Sergio, te acabo de ver con una polla en la boca. – ¿Me creerías si te digo que es la primera vez?- Sergio. Coge esa pieza de ropa que hay al lado de la puerta… ¿sabes que es? – Unas bragas… – Premio, hermanito… ¿y como están? – Mojadas… – Así es como las he puesto al veros a ti y a tu amigo… y ahora me estaba haciendo una paja tremenda hasta que has venido a interrumpirme…

– Yo, bueno… Laura…- Que no pasa nada, hombre… que está bien probar todo aquello que te apetece… ve con tu amigo y déjame terminar mis cosas…- Joder…- Aunque, igual me podríais hacer un favor…- ¿Que favor?- ¿Puedo veros mientras os enrolláis? Mira como me he puesto sólo de verte un segundo… quiero ver a dos hombres follando…- Pero si nosotros no… Te juro que es la primera vez que se la chupo a un tío…- Pues que te la chupe él ahora… haced lo que queráis, pero yo quiero verlo…

Volví al salón a comentarle a J la reacción de mi hermana. La cosa le excitó y se mostró mucho más dispuesto que yo a acceder a las demandas de Laura. Eso me acabó de decidir. La llamamos y apareció con su falda negra y su camisa escotada. Se sentó en el sillón de delante del sofá y pasándose la lengua por los labios nos dijo: “venga, empezad, que no tengo todo el día…”

La situación era increíble. Yo no sabía que hacer, pero J tomó la iniciativa: me sacó la camiseta y me empezó a acariciar el cuerpo y besar los pezones. Yo miraba como mi hermana sonreía con cara de mala. Y J me desabrochó los pantalones, me los sacó y empezó a chupar mi polla. Yo me iba entonando. Al poco rato se levantó y me besó en la boca. Su lengua moviéndose por mi boca, mi desconcierto y el sabor a mi propia polla me acabaron de desinhibir. Empecé a responder a las caricias de J, a sacarle toda su ropa, a sobar su culo, su polla… sentía la suya frotarse contra mi vientre y contra mi propia polla… quería llenarme de nuevo la boca con su sexo… cuando me dirigía hacia allí, miré a Laura. Se había subido la falda por encima de la cintura y con una mano se masturbaba mientras con la otra se sobaba las tetas por encima de la camisa.

La visión me excitó más todavía y me abalancé sobre la polla de J. La cogía con la mano derecha y me la metía y sacaba de la boca con movimientos rápidos. A veces reducía el ritmo para sentirla bien con la lengua y para lanzar miradas viciosas a mi hermana, que gemía sin dejar de pajearse. J se movió para llegar a mi polla con sus labios, formando un placentero 69. Los dos gemíamos y suspirábamos lo que nos permitían las pollas en la boca… estábamos a punto. Y fue entonces cuando mi hermana nos gritó: “¡No os corráis todavía maricones! ¡Quiero veros follar esos culitos!” J y yo nos miramos. Estábamos los dos calentísimos, pero los dos éramos vírgenes por detrás, y ni siquiera nos habíamos imaginado que la cosa podía llegar tan lejos…. Mi hermana, con las piernas totalmente abiertas, seguía tocándose el clítoris, aunque más lentamente: “¿Que pasa? ¿No os atrevéis, nenitas? A ver si esto os anima… el que se deje follar podrá hacer luego lo que quiera conmigo…”

J respondió rápidamente a la provocación: “Que Sergio me folle a mí. Pero serás tú, Laura, quien me coma el culo a fondo para dilatarlo…” Laura accedió con una sonrisa, y cuando se dirigía hacia J algo que cruzó mi cabeza me obligó a decir: “No, J. Tu me follarás a mí. Ven aquí, Laura”. Laura me sonrió, “Que le quieres hacer a tu hermanita, guapo?”. Me senté en el sofá con las piernas levantadas y bien abiertas, dejando mi ojete a la vista. Laura se acercó gateando y empezó a comérmelo. Notaba su lengua dar vueltas alrededor de mi ano, presionarlo, penetrarlo… mientras J me ponía su polla en la cara para que fuera lamiendo. Y Laura me aplicaba su saliva y me metía la lengua y los dedos provocándome escalofríos de placer que me cruzaban todo el cuerpo. Cuando dijo que ya estaba listo me puse de rodillas en el suelo, con el cuerpo apoyado en el sofá, levanté el culo y noté la polla de J presionando y la voz de mi hermana: “Si, J! Vamos, fóllatelo… fóllate a la maricona de mi hermano” Entre una cosa y otra yo estaba en otro mundo.

Sentía el pene erecto y caliente de J romperme en dos. Dolor mezclado con excitación y un placer irracional. Me la hundió toda y empezó a follarme lentamente. Mi hermana, ya sin falda y con la camisa abierta, sin sacar una mano de su coño, daba vueltas alrededor nuestro “eres una putita, hermanito… como te gusta que te follen por el culo” me decía al oído. Y J empezó a bombearme cada vez más rápido y yo gritaba de placer y J empezó a correrse y a inundarme con su leche. El sentir su corrida caliente dentro de mí provocó una descarga de placer que terminó en mi propio orgasmo. J y yo nos sentamos en el sofá, lado a lado. Le dije a Laura “Bueno, hermanita… creo que ahora me debes algo…”.

– ¿Y que es lo que quieres? – De momento, encárgate de que nuestras pollas se recuperen del esfuerzo…

Laura se acercó gateando a nosotros. Cogió la polla de J con una mano y se metió la mía en la boca. Luego se la sacó y con los labios y lengua me lamía el glande, el tronco… bajó hasta los huevos y volvió a subir. Luego le dedicó lo mismo a J mientras seguía pajeando mi rabo con la mano. Hizo que acercáramos nuestros cuerpos y trató de meterse nuestras dos pollas en la boca. La imagen de ver a mi hermana totalmente salida, con dos penes en la boca me puso de nuevo como una moto así que me levanté y me dediqué a tocar su cuerpo mientras ella seguía con su mamada a J. Sus tetas no demasiado grandes pero duras y excitantes, la barriga lisa, el culo duro, el coño empapado, goteando…

Paseé mi polla por toda la zona, sintiendo su humedad. Podía oír sus gemidos, pidiéndome que la follara, que follara a mi propia hermana. Apunté y le clavé mi rabo hasta el fondo. Entró suave por lo mojada que estaba, pero pude ver el temblor que le sacudió todo el cuerpo y le obligó a gritar “Mmmmmm…siiiii, fóllame, cabrón!” Estuve penetrándola con violencia, obligándola a incrustar su cara en la entrepierna de J. Pero no quería correrme todavía, tenía que disfrutar al máximo la situación… “J, túmbate en el suelo, cara arriba… y tú, Laura, fóllatelo”

Me senté en el sofá para verlos bien. J alargaba los brazos para sobar con pasión las tetas de Laura. Ella arqueaba el cuerpo hacia atrás y subía y bajaba con violencia por el pene de J. Sudaban. A mí me encantaba verlo. Me acerqué a besar a mi hermana, a compartir sus tetas con J. Les hice parar de moverse. Quería chupar el coño de mi hermana con la polla de J dentro. Tratar de meter mi lengua en ese agujero ya ocupado. Sentía los dos estremecerse por los movimientos de mi lengua. Hice que J levantara la parte superior de su cuerpo, de modo que los dos estaban sentados, cara a cara. Hice que se besaran, y luego metí mi polla entre sus bocas. Quería que me la chuparan los dos a la vez mientras se follaban. Sus lenguas se entrecruzaban alrededor de mi polla como serpientes, y mi pene entraba y salía al azar de una de sus bocas. La habitación se llenaba de chasquidos húmedos, gemidos y ese denso olor a sexo.

Me aparté y miré como seguían follando. Hice que los dos juntos se inclinaran hasta estar tumbados en el suelo, Laura encima de J. Tenía el culo de mi hermana al alcance. Me dirigí a él y lo lamí y lubriqué con los propios flujos de su coño… “que vas a hacer, Sergio? Por ahí no…” “Cállate, niña!” le contesté, me puse detrás de Laura, apoyé la punta de mi polla en su agujero trasero y empujé… me mataba de placer introducirla en un lugar tan caliente y apretado. Laura se abrazaba a J mientras gritaba por el dolor, el placer y la excitación de ser follada simultáneamente por dos hombres. Acabé de introducir todo mi rabo y empecé a moverme, adelante y hacia atrás. Pronto Laura y J se acoplaron al ritmo que yo marcaba. Dos pollas dentro de Laura, de mi hermana. Tres personas, mi hermana, mi amigo y yo, bailando, follando, al mismo ritmo, cada vez más rápido, con más gemidos y gritos, hasta un orgasmo que nos dejó abrazados en medio de un silencio tan agradable como denso.

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Autor: Sergio

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Convivencia con mi tía Helena IV

Se contorneaba de placer, arqueaba la espalda y levantaba su cola hermosa, siempre con los dedos de una mano entrando y saliendo de su vagina con gran presión, y con la otra acariciándose sus nalgas. En un momento en que los abrió de tal manera que pude ver su ano en todo su esplendor, pensé en vos, y sentí una sensación que no sé por qué me contuve: pasar mi lengua por ese orificio apretadito, chupárselo, darle todo el placer que era capaz en su ano con mi propia boca.

Antes que nada les debo pedir disculpas a mis lectores por el retraso de este capítulo. Trataré de brindar una explicación de por qué corté la publicación del relato, para todos aquellos que me escribieron mails solicitándolo, como también para aquellos que no lo hicieron explícitamente, pero que igualmente siguieron la serie.

El hecho fue que tuve un problema muy grave, aunque, adelanto, con final feliz.

Sucedió que un día, mi tía, mientras revisaba unas cosas en su ordenador, se encontró con mis relatos (estos que en parte ya he publicado y ustedes han leído). Como no tengo computadora, mi tía desde el primer día me ofreció su portátil para todo lo que la necesitara, principalmente para la facultad. Y bueno, como podrán adivinar, al encontrarse con todo esto que detallaba como un diario todas nuestras aventuras, donde se desnudaban todas mis impresiones hacia ella desde el primer día de convivencia, y donde ella misma se veía absolutamente desnuda, se ofendió conmigo a tal punto que no me habló por varios días.

Toda nuestra relación se transformó, bruscamente, en una desagradable tensión e incomunicación entre ella y yo. Por ello, a los tres días de esta situación decidí hacer mi valija e irme de su departamento. Aunque extremadamente dolido, creí que ello sería lo mejor para ambos. Sin embargo, esa misma tarde en que partiría, y mientras ordenaba mis cosas en la habitación, oí a mí tía abrir la puerta del departamento, mucho más temprano de lo habitual. Maldije la situación, pues no tenía el valor de verle la cara para despedirme; tan sólo tenía pensado dejarle una nota sobre la mesa. Además, si bien era muy raro que invitara gente a su departamento, ello entró con alguien más, quizá una amiga suya con quien venía hablando y riéndose desde el palier. A los pocos minutos, y dado que la puerta de mi habitación estaba entornada, las oí pasar por el pasillo.

Silenciosamente mi tía abrió la puerta y se asomó. Yo justo levanté la cabeza, y vi a su amiga pasar por detrás de ella. Mi tía vio lo que yo estaba haciendo, pero sin darle importancia siguió su camino. A los cinco minutos, sin embargo, se asomó nuevamente. A su amiga no la oí, así que intuí que se había quedado en la habitación de mi tía. Esta vez no siguió camino, sino que se quedó observándome apoyada en el marco de la puerta y con los brazos cruzados. No se me escapó un hecho muy singular: se había cambiado de ropa. Estaba infernal, debo reconocerlo. Se había quitado el traje formal de color gris para reemplazarlo por un vestido negro, enterizo, sin mangas y hasta por encima de las rodillas. El escote pronunciado mostraba la parte superior de sus senos redondos y firmes que caían libres, sin sostén, debajo de la tela. Al ser esta muy fina y algo elastizada, se le pegaba a su cuerpo y dibujaba con gran fidelidad su figura perfecta como si estuviera desnuda. Tan sólo resaltaba la tirita de su tanga sobre sus caderas Calzaba unos zapatos de taco de aguja que le marcaban los músculos de las pantorrillas. Al tener los brazos cruzados, sus pechos se realzaban vertiginosamente. Luego de un silencio me preguntó:

– ¿Qué estás haciendo?

A pesar de nuestra situación tensa, me alegraba escuchar estas palabras, las primeras después de tantos días.

–Me voy a ir tía. Estás muy enojada conmigo. La verdad que no te esperaba, no pensé que llegarías tan temprano. Tenía pensado dejarte una nota explicándote… –Si, la verdad que estoy muy enojada. Y creo que tengo razón después de lo que sucedió. Pero tampoco es para que te vayas dejando una simple nota. –Si, perdóname tía. Lo que más quiero es que me comprendas, quería explicártelo todo, al menos por escrito. Soy un tonto, pero no creas que no tenía pensado mostrarte el relato cuando estuviera terminado o quizás antas. Esa era mi intención, pero la verdad es que me daba mucha vergüenza y no sabía cómo contarte y mostrarte lo que había escrito.

–Sí, sos un tonto -Ella entró a la habitación y entornó la puerta. Se sentó en la cama junto a mí-.  Pero ¿cómo que te daba vergüenza? Después de todo relatas lo que realmente sucedió. Si hubieras inventado habría sido más grave –mi tía se sonrió–. Pero no es el caso, y no sé si seguirme preocupando por ello… –Sí, ya sé, pero…. –Pero sucede que sentí que me estabas engañando. Me cayó muy mal leer eso, no por el contenido, sino porque me lo estabas ocultando. ¿Por qué lo escribiste?

-No sé muy bien, necesitaba relatarlo. Siempre me gustó mucho escribir, y llevar algo así como un diario de mi vida. Pero cuando comencé a escribir esto que me sucedía con vos, no sé, no podía parar de teclear. Era como una necesidad, porque todo esto que nos pasó fue muy fuerte para mí. Yo sólo quería escribir algo como para recordarlo, pero sin mucho detalles…

-Si, pero al final… estaba todo muy detallado… -Sí, creo que sí. -¿Creo que sí? ¡Ay! De sólo leer lo que escribiste, hasta el mínimo detalle, ¡despierta a cualquiera las pasiones más intimas! En  mi caso fue como vivenciarlo todo, y no sólo lo digo por mí… -¿Cómo? –no comprendía. -Sí, no fui la única lectora. Ya tenés adeptos, una adepta mejor dicho. -¿En serio? –Le dije sorprendido- ¿Quién es?

-Una amiga. –Bueno, pero entonces, ¿ya no estás enojada? –Y… ya no tanto… Fui una tonta en enojarme. Ahora me doy cuenta que todo esto que nos sucede es muy extraño pero también… muy excitante…

A partir de aquí comencé a sentir que la situación se convertía en un juego, un juego… ¿peligroso? Como sea. El hecho fue que nos amigamos nuevamente. Nos dimos un abrazo. Sentí como hervía su cuerpo. De esa manera sellábamos nuestras paces. Todo volvía a estar bien de nuevo.

–Sos un pícaro –me dijo al oído. Luego me miró fija a los ojos. Y me dio un beso en mis labios. Luego de una larga mirada, me dio otro beso, pero esta vez sus labios se abrieron juntos con los míos, y nuestras lenguas se entrelazaron. Nos comenzamos a acariciar, a respirar profundo… Pero ella se separó.

–Espera –me dijo–. Ahora quiero contarte algo. Pero antes vamos a tomar algo.

En la cocina mi tía descorchó una botella de vino blanco que tenía en la heladera. Nos fuimos al living y nos sentamos en el sofá. Sirvió dos copas y bebimos en silencio unos minutos, hasta que mi tía comenzó nuevamente a hablarme:

Quiero contarte algo que me hizo repensar el enojo. Así como vos tenías necesidad de escribir, en mi caso era de hablar. Y lo hice con una amiga muy íntima. Le conté todo. Necesitaba desahogarme con alguien. Ya tenía pensado hablarlo con alguien antes de que sucediera lo de tus relatos, porque para mí también fue muy fuerte todo. Pero la verdad que tendía que ser una persona muy especial, porque no me animaba, es algo muy íntimo que no a cualquiera puede caerle bien. Pero ahora estaba muy angustiada. Me sentía sola en el mundo. Al encontrar los relatos había caído en lo que sucedía entre nosotros. ¡Después de todo sos mi sobrino! Por eso, me decidí y busqué creo a la persona ideal. Para que mi amiga pudiera comprender algo de todo esto y me diera su opinión, tendría que saberlo todo. Comprendí que lo que necesitaba realmente era eso, contarlo todo. Y tenía razón, porque me ayudó mucho hablarlo con mi amiga. Fundamentalmente me tranquilizó.

– ¿Y que te dijo? –Nunca me imaginé la opinión suya. Después de una larga charla y de haber leído el relato (sí, lo leyó aunque tal vez te enojes), quedó sorprendida, no lo podía creer, pero en el buen sentido. Me dijo que si la pasábamos bien –como de hecho deducía de lo que le contaba–, que estaba perfecto y que me relajara y disfrutara de la situación. Que nada de esto está prohibido si era una relación sincera….

Nos quedamos un momento en silencio, mirándonos. Nos abrazamos nuevamente. Como estaba intrigado, le pregunté:

– ¿Quién es tu amiga? ¿La conozco acaso? –Si, la conoces. Trabaja conmigo en la agencia, ya te la presenté. Se llama Pilar. Tiene 25 años. A pesar de la diferencia de edad nos hicimos muy amigas desde que ingresó como modelo a la agencia, ya hace como 6 o 7 años. Ahora ella también produce, además de modelar. –Y ¿por casualidad es con la que entraste hace un momento?

–Sí, es ella. Viste que anoche no vine a dormir. Bueno, en el trabajo ella hacía  unos días que me veía muy preocupada. Me insistió tanto para que le cuente lo que me pasaba que acepté revelarle todo. De hecho yo ya había pensado contarle todo, sabía que era la persona perfecta para ello y que era la única que me comprendería. Pero no sabía cuando ni donde. Y bueno, se dio todo perfecto: me invitó a cenar a su casa, tomar unos vinos y de paso charlar sobre mi preocupación. Te digo que recién me animé a contarle después que ella abrió la segunda botella de vino. Digamos que se me ablandó la lengua. Al final, estuvo mejor de lo que pensaba. Estuvimos como hasta las 2 de la mañana. Le conté todo, no sé si con tanto lujo y detalle como vos en tu relato –se sonrío–. Pero bueno, después, con la lectura del relato, le quedó todo más que claro.

–Tía, ¿así que ella leyó mi relato? –me moría de ganas por saber estos detalles. –Si, lo leímos juntas. Primero le conté todo. Y después comenzó a preguntarme sobre los relatos, como disminuyendo el problema que yo veía. Quizá por su morbo, no sé, pero insistía con los relatos que yo me negaba a mostrarle. Hasta que decidí mostrárselos.

Mi tía estaba como expectante. La sensación que tenía yo en ese momento, al imaginármelas a ellas leyendo mi relato, era una mezcla de vergüenza y de libido total. Nos quedamos en silencio. Mi tía parecía ocultar algo más. Quería saber que opinaban sobre lo que habían leído. Y no aguanté más y le pregunté ansioso.

–Y ¿qué les pareció? –Nos encantó. A ella más, porque lo miraba de afuera. Fue muy sincera y confesó que se había excitado, y su cara así lo corroboraba. La sentí diferente a otras veces… Es mi amiga, hablamos siempre de todo, sabemos casi todo de nosotras dos. Pero jamás habíamos experimentado una lectura juntas, y más de este tipo de lecturas… Mientras lo leímos, cosa que hicimos en voz alta turnándonos, ella se acariciaba las piernas de una forma… muy sensual –y se sonrió casi con vergüenza.

–Me alegra mucho tía que tengas una amiga así, que te comprenda hasta en estas cosas, y te acompañe.

–Si, la verdad que si. Como ya se había hecho muy tarde, y como estaba bastante mareada (no sé si decir borracha, pero sí muy alegre) por las dos botellas de vino, me invitó a dormir en su casa. Ella vive sola, así que no había problemas, aunque debíamos compartir su única cama. Entre el calor de la noche, de la charla y de la lectura fundamentalmente (se sonrío),  necesitábamos una ducha. Y te voy a contar un secreto, porque entre nosotros creo que ya no hay secretos…

–Y no tía, no hay secreto entre nosotros… –Por eso te voy a contar todo lo sucedido anoche. Sé que te va a gustar…–¿Y ella donde está ahora? –se me ocurrió preguntarle.–Ella está en mi cuarto. Porque hoy nos levantamos temprano para ir a la oficina, por lo cual dormimos muy poco. Debe de estar durmiendo. Espera que me fijo.

Mi tía fue a fijarse. Regresó a los pocos minutos. En ese ir y venir no pude evitar observar su cuerpo, sus movimientos, su figura, tan hermosa y rebosante… Y así se lo dije cuando se sentó nuevamente a mi lado en la cama.

–¡Sos un dulce! –y me abrazó. –Vos también estás muy lindo, tentador diría… –y me besó en la boca.

Yo también la abracé, acariciándole los brazos, las caderas, las piernas. La sentí excitarse, pero se separó, aunque sin mucha voluntad:

–Espera un momento. Quiero contarte lo que sucedió anoche… Aprovechemos que está durmiendo. –Sí, dale, contame que me intriga mucho. –Bueno. Entonces, ella me sugirió que nos duchemos juntas. Si bien ya éramos amigas, después de esta noche era diferente, me sentía más unida a ella. Así que acepté. Nos fuimos a su cuarto y nos comenzamos a desvestir. Cuando ambas quedamos en ropa de interior (y los zapatos de taco todavía puestos), al sentirme casi desnuda frente a ella y verla a su vez a ella casi desnuda, me recorrió un cierto escalofrío. Ella tiene un cuerpo escultural y joven. Siempre lo supe por las sesiones de fotos… Pero jamás la había visto así, en esa situación, las dos solas y… Para que te imagines, su lencería era tan provocativa como aquella que elegiste una vez del catálogo, te acordás. Es más, yo le dije: “pensar que si te ve Mariano se volvería loco. Esa lencería que traes puesta es igual a una que le mostré y que….”. En eso sentí la necesidad de abrazarla, provocación tanto por el vino que me había desinhibido, como por el hecho de acordarme de vos, de la angustia de haberme enojado como una tonta. Así que me acerqué y la abracé.

[Aquí el relato es de  mi tía]

–Muchas gracias por esta noche, por escucharme y comprenderme –le dije, abrazada a su cuerpo. –De nada, tonta –me dijo Pilar sonriendo–. Y yo te agradezco a vos por haber confiado en mí. La verdad que tu historia es hermosa, estoy muy feliz por vos.

Sus manos me acariciaban la espalda, muy suave. Era una sensación muy placentera. Nuestros cuerpos no se separaban. Al contrario, estaban más unidos aun. El contacto de su piel caliente me encantaba.

–Te debo confesar –me dijo con su boca pegada a mi oído– me excitó muchísimo el relato de tu querido sobrino. Me lo vas a presentar –me dijo sonriendo, y luego me dio un suave mordisco en el lóbulo que lo sentí en todo el cuerpo. –Ni loca –le dije también sonriendo al su oído.

Seguíamos abrazadas, en silencio, acariciando nuestras espaldas. En eso ella me repitió:

–Estoy muy excitada. ¡Qué cosa con tu historia, vos y tu sobrino! –y se rió pegándose más a mi cuerpo. –Yo también –le dije, e instintivamente bajé mi mano desde la espalda hasta su cola. La acaricié muy suave; era muy suave, la sentía firme… Yo sé que a vos te gusta mi cola –se jactó mi tía con una sonrisa en sus labios–; bueno, vos no sabes lo hermosa que es la de Pilar! Es perfecta. Te confieso que nunca toqué a una mujer de esa forma; anoche sólo lo hice porque estaba media borracha, cosa que –además de la situación generada por el relato mismo, la charla que habíamos tenido hacía un momento, y por estar pegada a su cuerpo– me había desinhibido de una manera que desconocía. Era irresistible. Porque no era que me gustan las mujeres (aunque ahora lo dudo…), sino más bien el clima.  Ella se dejaba tocar; sentía su pelvis pegada a mi pierna. Nuestros pechos se aplastaban unos con otros.

En eso, ella se separó de mí, y mirándome me dijo:

–Estás hermosa, tal como te relató tu sobrino en las escenas de lencería. –¿Si?, –fue como una pregunta–. Puede ser, me siento rara, así, con vos.

Y me preguntó con una sonrisa muy pícara (cosa que yo atribuía también a las copas de vino):

– ¿Que sentís al verme con esta lencería? –y levantó los brazos mostrándome su cuerpo en todo su esplendor.

No sabía que decirle, pero me dejé llevar, porque estaba realmente hermosa, y yo muy excitada:

–No sé, pero te queda muy bien, muy sensual. Vos ya tenés un cuerpo hermoso, pero esa lencería te queda muy sexy. –¿Acaso no estarás sintiendo lo mismo que sintió tu sobrino al verte así aquella vez? – me preguntó. –No sé, no sé que es lo que siento. Estoy confundida. Lo que pasa que yo no soy como él, sino que soy mujer como vos. – ¿Y qué tiene de malo eso? Me dijo– Mírame mejor…

Entonces se dio vuelta. Pude verla de espalda, recorrerla con mi mirada. Su trasero, que recién había acariciado con mis manos, era perfecto, redondo, con la tanga que se le hundía tan hermoso entre su glúteos (como te gusta escribir a vos en tus relatos, y que sé que te vuelve loco), y sus largas piernas, jóvenes. Me daban ganas, me moría por acariciarla más. Yo creo que era el efecto del vino y de fundamentalmente. Casi sin pensarlo había llevado mi mano a mi vagina y me acariciaba sobre la tela de mi tanga mientras la observaba a ella con lujo y detalle. Ella sin darse vuelta, sabiendo por mi silencio todas mis sensaciones de ese instante, se desabrochó el sostén y lo dejó caer sobre la cama. Su espalda había quedado desnuda, hermosa. Se dio vuelta y me mostró sus pechos, eran redondos, firmes, perfectos. Mientras me miraba directo a los ojos se acariciaba sus senos. Sus pezones estaban erectos, duros.

– ¿Te gustan? –me preguntó. –Si, claro que me gustan –le contesté casi con un suspiro.

Sin decir nada, ella llevó sus dedos a sus caderas, al elástico de su tanga, y la bajó lentamente hasta sus tobillos. Erguida nuevamente, frente a mí la tenía a una de mis mejores amigas pero de una forma como jamás la había visto: completamente desnuda, sobre sus zapatos de taco de aguja que la embellecían aun más, y con deseo de acariciarla y besarla. Su entrepiernas lo tenía totalmente depilado. Todo su cuerpo escultural, salvo su cabellera larga y negra, lo llevaba completa y perfectamente depilado, lo que lo hacía aun más joven y provocativo. Su piel se veía muy suave, muy blanca. Abrió un poco sus piernas y llevó sus dos manos a su vagina. Comenzó a tocarse abriéndose de piernas parada como estaba. Me mostraba sus labios, brillantes por sus jugos. La notaba muy degenerada o no sé como decirte, muy perversa, sensación que me trasmitía a mi misma.

– ¿Te gusta esto que ves? –me preguntó.

Yo no puede contestarle más que otro “Si” con un jadeo más hondo que el anterior. Para esto mi mano tocaba mi vagina, pero ahora por debajo de mi pequeña tanga. Ella se acercó a mi, me acarició la cara y nos abrazamos de nuevo. Sentirla completamente desnuda contra mi cuerpo me provocó una sensación muy extraña, pero no dejaba de excitarme. Más aun cuando comenzó a darme besos muy suaves  en el hombro, en el cuello, en el lóbulo de la oreja, en la mejilla, en la comisura y, finalmente, en mis labios. Yo me dejaba besar con los  ojos cerrados, hasta que también comencé a besarla yo a ella. Nuestros labios se besaban cada vez con más pasión… Y nuestras bocas terminaron por abrirse… Nuestras lenguas se exploraron mutuamente y se entrelazaron, con un placer jamás experimentado. Era muy dulce, su aliento emanaba un perfume que me llenaba de placer…

Nunca pensé sentir un beso así de otra mujer. Nos abrazamos fuerte, acariciándonos nuestras espaldas, brazos, glúteos. Estábamos realmente muy excitadas. Pero en eso –y fue quizá una estupidez mía, porque la estaba pasando realmente bien, me di cuenta que era una locura lo que sucedía.

La rechacé suavemente, separándola de mí por los hombros, pero a la vez no muy convencida. Ella me comprendió con una sonrisa muy cálida que me hizo dudar de nuevo, pero me contuve. Sin embargo, ello no impidió que siguiéramos muy calientes, mirándonos y acariciándonos. Ella entonces se sentó en la cama, sin dejar de sonreír y mordiéndose esos labios sensuales. Abrió sus piernas para mostrarme su sexo jugoso. Debo decirte que era hermoso. Nunca imaginé que el sexo de otra mujer pudiera gustarme, hasta el límite de desearlo. Se comenzó a tocar con una de sus manos, primero con todos los dedos por fuera, estimulándose el clítoris, después metiéndose el dedo anular en su vulva, y después dos. Por momentos cerraba sus ojos y gozaba profundamente, y por momentos los abría y los clavaba en los míos con una sonrisa de éxtasis. Yo, por mi parte también me tocaba, pero parada, frente a ella, fuera de mí. Casi me desconocía, jamás me había comportado así frente a otra persona. Llegué hasta meterme, igual que ella, dos dedos en mi vulva, que sentía húmeda como muy pocas veces. Nos estábamos masturbando como si fuéramos dos adolescentes en celo.

Gemíamos y acariciábamos nuestros cuerpos, nuestros pechos, los apretábamos como poseídas, nuestras piernas, nuestros abdómenes, sin dejar de masturbar con la otra mano nuestras vaginas. En un momento en que ella se tiró en la cama de espaldas para compenetrarse en su masturbación, girando luego de tal forma que quedó todo su cuerpo tendido boca abajo, yo me senté en la cama en el espacio que había ocupado antes. De esa forma también podía tocarme mejor, levantar las piernas y hundir más los dedos en mi vagina. Nuestros gemidos iban en ascenso, subían su tono invadiendo toda la habitación.

Sabiendo que ella no me veía, porque tenía la cara contra las sábanas, no podía quitar mis ojos de su cuerpo, que veneraba por su hermosura y juventud, y ahora tan caliente. Se contorneaba de placer, arqueaba la espalda y levantaba su cola hermosa, siempre con los dedos de una mano entrando y saliendo de su vagina con gran presión (dada mi posición podía ver perfecto su entrepiernas y el juego de sus manos), y con la otra acariciándose sus nalgas. En un momento en que los abrió de tal manera que pude ver su ano en todo su esplendor, pensé en vos, y sentí una sensación que no sé por qué me contuve: pasar mi lengua por ese orificio apretadito, chupárselo, darle todo el placer que era capaz en su ano con mi propia boca…

Quizá fue por ello, por esa visión y mis pensamientos cada vez más libidinosos, que en ese momento aceleré los movimientos de mis dedos, que entraban y salían cada vez más rápido, y apretando mis pechos con fuerza con la mano. En ese estado de delirio sólo me animé a acariciar su nalga derecha, que ella no acariciaba (con su mano izquierda sólo podía llegar a su nalga izquierda), muy suavemente, recorrer sus curvas con mis dedos. A ella pareció gustarle mucho, pues gozaba más profundo su masturbación. Y en un momento en que volvió a abrirse sus nalgas, no resistí y pasé mis dedos por su cola y… por su ano.

La sensación que nos causó a ambas fue extraordinaria, se sentía divino, apretado, muy tentador. Pero no fui más allá de eso, de su superficie, por más que adivinaba su deseo de ser penetrada por allí.  Y así no tardé en llegar en un orgasmo profundo e interminable, gimiendo y casi gritando.  Y Pilar, oyéndome a su lado y sintiendo mis caricias, también no demoró mucho más y llegó. Éramos un solo gemido. Luego quedamos exhaustas, tendidas una al lado de la otra, ella boca abajo y yo boca arriba. Nuestras pieles brillaban por la transpiración. Nos miramos largo rato, perdidas en el delicioso éxtasis, acariciándonos como idas por el placer. Y nos dimos un beso en la boca, muy suave. Después de un momento, tomamos valor, nos levantamos y nos metimos en la ducha, sólo para bañarnos… Más tarde nos acostamos y dormimos muertas de cansancio…

Continuará

Autor: Josefo

josefojosefo@yahoo.com.ar

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Cita con Dimas

El se acercó por detrás con una embestida y me penetró muy fuerte, me tomaba de los senos y con movimientos bruscos me penetraba, comencé a gemir ya que el placer era máximo, él seguía sin parar embistiendo más y más, hasta que exploté en un orgasmo y mis gemidos ya eran gritos de placer y de súplica.

Esta historia comenzó hace un año atrás más o menos. Estaba aburrida en casa y me dispuse a entrar a Internet a conocer gente, amigos. Yo entré con mi nick, Milenia, cuando llamó mi atención un nombre, Dimas; le envié un mensaje privado y él me contestó.

Comenzamos la charla y fue tornándose muy agradable y divertida. Quedamos en vernos al día siguiente, y lo que en un principio era una amistad se transformó en una necesidad imperiosa de vernos, hablarnos, conocernos, saber cada vez más el uno del otro.

Nos escribíamos muchos mails por día, nos encontrábamos siempre en ese chat; ya era casi de nuestra propiedad, de Milenia y Dimas. Luego fuimos más lejos, a los llamados telefónicos y aunque estábamos tan alejados el uno del otro ya que éramos de diferentes países, yo de Córdoba, Argentina, y él de mucho más allá, de un hermoso país tropical, no nos importaba la distancia.

A pesar de ella estábamos más unidos; luego nació la idea de conocernos personalmente, planeamos el viaje, y por fin llegó el gran día. Fui a buscarlo al aeropuerto, cuando por fin lo conocí, era como una aparición y nunca pensé que fuera tan bello; tenía el cabello dorado, con ojos color miel, unas enormes cejas que le daban un carácter especial a sus facciones, una boca bien formada.

Nos miramos casi al instante y nos reconocimos. Los nervios de ese encuentro nos jugaban en contra, ¿Qué pensará de mí? ¿Le gustaré? Millones de dudas taladraban mi cabeza, y sospecho que a él le pasaba lo mismo. Tomamos un taxi y fuimos hacia la terminal ya que de allí partiríamos a un bello pueblo en el cual yo quería pasar esos espectaculares días junto a Dimas. Villa Rumipal, así se llama, es un lugar pacífico, las casas son coloridas tipo chalets, con techos a dos aguas, las calles de arena y piedras, salvo las avenidas principales, el pueblo desemboca en un bello lago llamado Los Molinos. Los días eran fabulosos, con un sol espléndido, el lago, Dimas y yo.

Luego de llegar y de acomodarnos fuimos a dar un paseo; caminamos por la orilla del lago, Dimas me tomó la mano y entonces pude ver en persona su especial sonrisa, sus ojos tan expresivos, su tonada tan distinta de la mía; su voz era un canto, él me hablaba y yo me mareaba de tenerlo allí, tan cerca, tan palpable, tan real.

Hacía mucho calor y lo único que teníamos era una heladera pequeña con un poco de ensalada de frutas. Invité a Dimas a dar un paseo en bote; cuando estuvimos dentro del bote, él se sacó la remera y comenzó a remar; yo observaba como se movían sus músculos cuando él realizaba el esfuerzo, era como si los dioses le hubiesen dado todas las cualidades masculinas juntas, él remaba en la dirección que yo le iba indicando, llegamos a un lugar que está alejado del mundo entero; es una bahía que esta cerca de la usina eléctrica.

Esa bahía está rodeada de montañas con mucha vegetación, mayormente compuesta por árboles inmensos, lo que le da un aire parecido a un bosque virgen, solo los pájaros lo habitan, también algunos patos que se encuentran en la orilla haciéndose un festín con los peces que osan pasar por allí. A esa bahía la conocía muy bien ya que mi papá me llevaba allí para aprender a esquiar hace años; él lo hacía para que yo me sintiera tranquila sin observadores y nada que me distrajera.

Recuerdo que mientras mi padre acomodaba las cuerdas y todo eso yo me dedicaba a nadar en esas profundidades; según mi padre había de 4 a 5 metros, pero yo me sentía protegida bajo la atenta mirada de él y entonces me animaba a alejarme más de 10 metros de la lancha hasta que él me llamaba para ponerme los esquís.

Cuando llegamos ayudé a Dimas a tirar el ancla, nos sentamos uno frente a otro y nos miramos, le pregunté si sabía nadar, él asintió, le dije que allí era muy profundo pero él dijo que era un experto nadando, lo cual no dudé ya que por la forma de su cuerpo se notaba que practicaba deportes; entonces fuimos al agua, estaba ideal, la temperatura estaba súper agradable.

Jugábamos a atraparnos y él me perseguía; en un momento me tomó de un brazo y me dio un tirón, cuando me di vuelta él estaba allí, su cara estaba tan cerca, mis ojos miraron directamente a su boca entreabierta y entonces sin pensar me abalancé sobre sus labios y lo besé; su lengua me buscó y comenzamos a besarnos apasionadamente.

Él tiró del nudo de mi bikini y allí quedé con mis senos flotando en el agua, parecían más grandes, y los pezones estaban muy duros; él los besó, me saqué la parte de abajo y así quedé desnuda, luego me metí debajo del agua y le saqué su short, su pene estaba erecto, seguimos jugando a atraparnos pero cada vez que él lo hacía me tocaba, me besaba, me lamía, y yo a él, nadábamos debajo del agua y me encantaba ver como se movía su pene, es muy diferente ver a una persona nadando desnuda ya que podía ver sus testículos y su pene moviéndose de aquí para allá; él hacía lo mismo y entonces podía ver mi cola y mis pechos, salimos del agua y fuimos de nuevo al bote, pero el sol estaba muy picante y entonces él sacó la ensalada de frutas para refrescarnos.

Me acostó sobre uno de los asientos y me abrió las piernas, en ese momento estaba abandonada a lo que él quería hacerme, tomó una cereza, comenzó a jugar con ella, me rozaba las nalgas, el clítoris, me acariciaba con ella, pero después comenzó a jugar en mi vagina y metía y sacaba la cereza, hasta que en un momento la metió del todo en mi vagina, se acercó y metió su lengua dentro hasta que la encontró y entonces me la dio de comer con su boca…

Así comenzó a hacer con toda la ensalada de frutas, con peras, durazno, ananá, la fruta salía mojada con los jugos vaginales que cada vez brotaban con más fuerza, realmente eso me excitaba, verlo a él con los rayos del sol dorándole la piel, allí con esa excitación que él también tenía de verme allí rendida sin querer luchar contra ese mar de sensaciones nuevas que él me estaba ofreciendo.

Al fin terminamos de comer ese cóctel de jugos vaginales y frutas, fue delicioso, y entonces nos volvimos a meter al agua para refrescarnos del sol, esta vez ya no quería escapar de ese juego sino que todo lo contrario quería dejarme atrapar por él, quería que él me tomara porque estaba al borde del deseo, me puse al lado del bote y con mis manos me tomé de la cadena que sostenía el ancla.
Entre medio de mis piernas quedó la cadena, comencé a masturbarme con ella; la tenía allí en el medio y apretaba fuerte mis piernas, él no soportó verme y se me acercó por detrás con una embestida y me penetró muy fuerte.

Tuve que aferrarme más a esa cadena para no soltarme ya que él se había prendido de mi cuerpo y yo tenía que sostener a los dos, me tomaba de los senos y con movimientos bruscos me penetraba, comencé a gemir ya que el placer era máximo, él seguía sin parar embistiendo más y más, hasta que exploté en un orgasmo y mis gemidos ya eran gritos de placer y de súplica.

Él también llegó al final y quedamos los dos extasiados de placer al lado del bote y yo aferrada a esa cadena y él a mí. Nuestro único testigo, el sol del atardecer, replegaba sus cómplices rayos, para abandonarnos a la luz de la luna.

Autora: Ivana

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Billar

Abro tus piernas y las puertas del paraíso se abren ante mí. La proximidad ha hecho que la punta de mi polla roce la entrada de tu coño. Siento su calor y su humedad. Inesperadamente tus piernas me rodean con fuerza la cintura y hacen que te penetre de golpe. Me has llevado hasta lo más hondo. Se escapa un gemido de mi boca al experimentar esa sensación.

En su chalet tenía una bodega con una mesa de billar americano. La idea de hacerlo sobre ella rondaba mi cabeza desde hacía tiempo. ¿Recuerdas cuando llegué a tu casa?

– ¡Hola!, se me ha caído una bola de tenis en tu jardín, ¿te importaría cogerla?

Sabía que tu marido estaba de viaje. Le había visto salir por la mañana, con el maletín y la bolsa de viaje. Por lo menos un par de días estaría fuera, al menos así era siempre que salía con la bolsa de viaje. Por eso me había puesto a media mañana a jugar en el pequeño frontón que hay en mi jardín.

– Pasa, tú sabrás mejor donde ha caído.

Pasé por el salón y saliendo al exterior bajé las escaleras hasta el jardín. Allí estaba la pelota entre las arizónicas. La cogí y me dirigí hacía ti.

– ¿Qué estabas haciendo? – Limpiaba la bodega. (Dijiste señalando la puerta abierta que comunica el jardín con ella). – ¿Sabes?, me encantaría jugar una partida de billar. La última que jugamos los cuatro ganasteis vosotros. – Ya sabes que yo sola soy peligrosa. – Por eso, quiero ver como me defiendo contra la fiera que llevas dentro.

Pasamos al billar y me entregaste un palo, ese con el que ya había jugado otras veces, es como si ya me hubiera acostumbrado a él y fuera mío. Y ahora lo que quería y buscaba era que tú también fueras mía, que estuvieras dispuesta para mí siempre que yo quisiera. Los dos sabíamos el tipo de miradas que intercambiábamos en esas veladas que compartíamos a menudo. Con nuestras respectivas parejas por medio, pero a sabiendas de toda la carga sexual que transmitían no dejábamos de lanzarlas. Siempre evitando ser descubiertos, buscando los momentos más sutiles. Hoy sería el día de intercambiar todo lo que quisiéramos sin nadie por medio.

Esa mirada tuya me producía excitación. Jugueteabas con el palo entre tus dedos, haciéndolo girar, mientras tus ojos me acariciaban de una manera especial. El juego no había empezado, pero creo que los dos pensábamos en un final apasionante. El triángulo de bolas ya colocado sobre la mesa esperaba a ser golpeado. ¡Empiezas tú! – te dije. Desde el otro extremo de la mesa contemplaba tus movimientos. Apoyaste la mano izquierda sobre la verde superficie a la vez que inclinabas tu cuerpo hacía delante. Los hombros brillaban bajo la luz y la camiseta de tirantes se separaba de tu piel dejando ver las curvas de tu pecho. Concentrabas la mirada en la bola blanca cuando te disponías a tirar, pero un segundo antes de hacerlo me miraste. Yo aproveché esa mirada para ofrecerte el gesto de mi lengua humedeciendo el labio superior. La reacción fue una sonrisa en tu rostro que se quedó mientras bajabas la mirada de nuevo sobre la bola y el extremo del palo.

Un rápido movimiento de tu brazo hizo que la bola saliera disparada. Con la mirada seguíamos los múltiples choques y movimientos esperando que pararan. Sonreí… No has colado ninguna. – Has hecho trampa. Me dices.

La bola blanca ha quedado cerca de donde tú estás. Paso a tu lado rodeando tu cuerpo por detrás y ante mis ojos… tu cuello, esa visión hace que sea imposible reprimir el deseo de besarlo. Eso hago acercándome un poco más a ti. Un beso robado, fugaz, inesperado ha hecho que tus hombros se estremezcan. En mis labios se ha quedado marcado el calor de tu piel y un olor embriagador se ha colado en mi mente. Un olor dulce, conocido, la mezcla de perfume y el excitante olor de tu piel.

Me dispongo a tirar, pero en mi cabeza se mueve el deseo de seguir besándote. Muerdo mi labio inferior en un intento de querer mantener guardado ese ligero contacto que he tenido con tu piel.
Apunto a la bola blanca y dirigiéndola sobre la roja… disparo… ¡Ayysss! En mi espalda a la altura de la cintura, donde la camiseta había dejado un hueco, he notado un suave cosquilleo. Unas uñas han pasado rozando en una caricia desconcertante.

– Ufff, fallé el tiro, no he colado la bola. – Te ríes. Ahora estamos empatados.

El juego continúa, intentamos colar las bolas, pero cada vez prestamos menos atención a la partida. Nos movemos alrededor de la mesa en busca de la posición para tirar y cada vez son más los contactos inesperados, los leves roces de nuestros cuerpos, una vez las caderas, otra un brazo con otro. Las miradas se cruzan, la complicidad y el deseo va en aumento y… lo que en un principio eran contactos inesperados ahora son contactos provocados, buscamos el momento para cruzarnos, tocarnos y mirarnos. Deseo que tu cuerpo pase junto al mío, deseo tenerlo entre mis brazos, apretarlo, estrujarlo, sentir su calor. Es tanto el deseo que en uno de esos acercamientos abro mis brazos rodeando tu cintura abrazándote frente a mí. Aprieto mi cuerpo contra el tuyo aprisionándote contra el borde de la mesa. Con tranquilidad dejas el palo en ella y llevas tus brazos sobre mis hombros abrazando mi cuello.

Nos miramos y el deseo sigue su camino. Comenzamos a besarnos lentamente, los labios flotan uno sobre otro, rozándose, acariciándose. Los cuerpos se aprietan un poco más y es la señal que nos lleva a besarnos locamente, con desenfreno, dejando a nuestras bocas rienda suelta sobre el manjar de los labios, lengua y saliva que tienen delante. Quiero que saques tu lengua para ofrecerme ese piercing que llevas en ella. Y así lo haces cuando te lo pido. – ¡Miaaauu!!, digo excitado, antes de cogerlo entre mis dientes.

Tu respiración se agita cuando tiro de él, cuando tu lengua tiene que salir sometida a mis antojos. Es un pequeño gesto de sumisión y eso te excita. Mi cuerpo responde igualmente acelerándome el pulso. Entre mis piernas siento la dureza de mi polla en aumento. Quiero que tú lo notes también, contagiarte mi excitación. Me aprieto más contra ti, colándome entre tus piernas para sentir el mullido rincón de tu sexo. El piercing prisionero en mi boca y a la vez tú, presa de mí. Llevo mis manos bajo tu camiseta, deslizando las uñas por los costados, subiendo hacia tus pechos, acariciándolos, cubriéndolos con mis manos. Tu respiración jadeante desprende gemidos ahogados cuando mis dedos se aferran a los pezones.

– ¡Levanta los brazos!, te pido.

Subo la camiseta hasta desprenderte de ella. Tú haces lo mismo conmigo y ahora nuestros pechos desnudos se abrazan de nuevo. Volvemos a besarnos, con los ojos cerrados y escuchando el latir de los corazones conseguimos olvidarnos del mundo. Lleno de besos tu cara, tus ojos, tu nariz, tus orejas, mordisqueo el cuello, paso mi lengua lamiendo tu piel, bajando entre tus pechos por un sendero de brillante humedad, chupando los pezones, acariciándolos con los labios, rozando con los dientes, mientras tu cabeza cae hacia atrás en un gesto de ofrenda de todo tu cuerpo. Te cojo con mis brazos para subirte sobre la mesa. Sentada en el borde con las piernas colgando dejas caer las zapatillas al suelo, a la vez que apoyas las manos en la mesa tras de ti. Llevo mis manos a tu cintura para despojarte del pantalón. Tiro de él y del tanga que llevas debajo a la vez que elevas las caderas para dejar que termine de quitártelo.

Así recostada sobre la mesa, con los codos apoyados sobre el tapete verde y las piernas colgando, me miras a los ojos en el momento que abres tus piernas. Quieres ver mi reacción al contemplar de lleno ese oasis que tienes entre tus muslos. Y no puede ser otro que asombro y excitación al ver como estás humedeciendo el borde de la madera. Quiero ponerme entre tus piernas, pero antes de hacerlo, tus pies se apoyan en el borde de mis pantalones. Es un pantalón corto y consigues deslizarlo sin problemas con la punta de los dedos, bajándolo hasta que cae al suelo. El slip azul que llevo marca perfectamente los contornos de mi polla. Fijas la mirada en ese punto y empiezas a imaginar todo lo que podré hacer con esa parte de mí en tu cuerpo.

Estiras una pierna y alcanzas a tocarla con los dedos sobre la ajustada tela del slip. Con la ayuda del otro pie la empiezas a masajear y acariciar, apretándola y moviéndola hasta que consigues ponerla en posición vertical y así comprobar como por el borde del elástico asoma la punta, un capullo hinchado y brillante. Tus dedos recorren el mástil de arriba abajo y en ese movimiento con las uñas vas marcando la piel de mi pubis. Me acerco más, colocándome de pie entre tus piernas. Me inclino sobre ti y mi boca llega solamente hasta la parte inferior de tus pechos. Empiezo a besar esa suave y tersa piel, mi boca se llena de ti, de tu sabor. De puntillas alcanzo a coger uno de los pezones entre mis labios, tiro de él con los dientes a la vez que con la punta de lengua le doy pequeños golpecitos.

El estar recostado sobre ti, hace que en mi vientre perciba el calor de tu sexo y eso hace que me junte más, me apriete a tu cuerpo. Abres las piernas un poco más y la humedad que desprendes moja mi ombligo, noto como fricciona mi piel en la tuya y como palpita tu sexo. Tu cuerpo se estira hacia atrás invitando a mi lengua a recorrer el vientre. Bajo despacio hasta llegar al vello, surcando entre él me adentro en tu carne. Los labios de la vulva están abiertos para mí, me excita mirarlo y olerlo. ¡Hummmmm! Mi lengua se pierde lamiendo entre los pliegues, saboreando ese jugo que sale de ti. Pero hay algo que me vuelve más loco aún. Esa perla que tu cuerpo esconde y que mi lengua descubre como si fuera un tesoro. Pasaría horas unido a ese clítoris. Chupo de el, succiono, acaricio, envuelvo con mis labios, rozo con los dientes. Voy notando como crece, como se endure entre mis labios. Con los dedos retiro hacia atrás la piel que lo cubre. Ahora asoma reluciente, en erección, pidiendo ser acariciado.

Entonces vuelvo a posar mis labios lentamente, mojándolo con mi saliva. Con los dientes lo sujeto con delicadeza sin llegar a apretar, pero impidiendo que se escape. La punta de mi lengua la coloco sobre él. Y así, atrapado como está, decido quedarme inmóvil. Es sensacional notar como palpita, como tiembla. Y en el momento que mi lengua empieza a dar pequeños golpecitos, tu respiración se agita. Eso me excita, tu cuerpo me excita, tus movimientos me excitan, tu olor, tu sabor. Decido seguir con esos golpecitos.

Cada golpecito de mi lengua se ve acompañado de un gemido de tu garganta. Los gemidos van creciendo, porque mi lengua cada vez golpea con más fuerza. Mueves las caderas, pero mis dientes se aferran a ese preciado trocito de carne. Y con ese movimiento haces que los dientes lo aprieten con más fuerza, pero a la vez las sensaciones las sientes con mayor intensidad. Cuando mi lengua, que ya no da golpecitos, sino pequeños latigazos sobre ese clítoris tan duro, de tu boca salen ligeros gritos, mitad grito, mitad gemido. Me vuelve loco verte así, quiero entrar en ti, llegar a tu alma, inundarme de ti.

Tu espalda se arquea, dejas caer la cabeza hacia atrás y mis manos agarran tus nalgas mientras sigo comiendo de ti. Una mano la deslizo hacia delante para introducir dos dedos en tu cueva. Se deslizan suavemente, estás chorreando. Noto como tus músculos los aprietan al entrar. Las yemas de mis dedos buscan un lugar conocido en ese desconocido coño. Un lugar más mullido que el resto, abultado y prominente con la excitación. Lo llaman punto G y es mi perdición. Existe y solo es cuestión de saber donde encontrarlo.

Siento como aumenta de tamaño al presionar sobre él. Muevo los dedos en círculos a la vez que aumento la presión, pequeñas pulsaciones sobre él al mismo ritmo que mi lengua golpea el clítoris hacen que unas convulsiones empiecen a recorrer tu interior. Electricidad que sube desde los tobillos, pasando por tu culo y subiendo por la columna vertebral hasta la nuca, hacen que un increíble orgasmo invada tu cuerpo, el vientre se comprime tratando de aferrarte a él, los músculos de tu coño se convierten en tenazas sobre mis dedos, tu cuerpo se agita como si fuera un caballo desbocado, gritas de placer mientras mi brazo izquierdo sobre tu vientre trata de mantenerte en la mesa. Es increíble contemplar el chorro que mana de tu coño, no se de donde saldrá, pero es un auténtico chorro igual que si estuvieras meando. Se que no es así, porque el sabor es mezcla de dulce y salado. Mis labios se mojan, mi cara se moja y con la boca abierta bebo de ti.

Me levanto llegando a tu cara, quiero besarte y que me beses sabiendo a ti. Besas mis labios, muerdes, devoras. Me acerco a tu oído para pedirte algo.

-Quiero que hagas algo para mí.  – Siiiii… Contestas.

Con mi mano cojo una de las bolas de la mesa, la negra me gusta, la acerco a mi boca y paso mi lengua sobre ella.

– ¡Túmbate, toma! Pasa la bola rodando por tu pecho… vas bajando por tu vientre… y ahora llévala hasta tu sexo… Hmmmm… como me gusta verte hacerlo. – Acaríciate, frota con ella el clítoris…

Yo empiezo a masturbarme al ver lo que estás haciendo. De pie en el borde de la mesa, mi mano siente la erección, la dureza de mi polla, con el deseo incontenible de entrar en ti.

– Acaricia tu vulva, recórrela, ábrete un poco más… imprégnala de ti. Ufffff…

Me acerco con mi lengua a besar la bola. Sabe a ti, me encanta, la chupo, la humedezco y sigues acariciándote con ella. Ahora cojo la bola y la llevo hasta el borde de la mesa. Te pido que te acerques tú también al borde y con mis manos, una en cada pierna tuya te traigo hacia mí. La bola se ha quedado debajo de ti. Te pido que te sientes sobre ella y entre los cachetes de tu culo se sumerge la bola. Presiona sobre la entrada de tu culo y eso aumenta las sensaciones en esa zona, a la vez que desplaza tu sexo hacia fuera.

Abro tus piernas y las puertas del paraíso se abren ante mí. Sujetándolas con mis brazos las llevo a mis costados. La proximidad ha hecho que la punta de mi polla roce la entrada de tu coño. Siento su calor y su humedad. Inesperadamente tus piernas me rodean con fuerza la cintura y hacen que te penetre de golpe. Me has llevado hasta lo más hondo… ¡Wuuuaaauuuu! Hhhmmmmmm. Se escapa un gemido de mi boca al experimentar esa sensación. Me tienes rodeado, tus músculos me aprisionan.

Pero aún así empiezo a mover mi cuerpo adelante y hacia atrás. El tuyo fundido con el mío se mueve a la vez. La bola sigue en su sitio y hace que las paredes de tu sexo me rocen con más energía. Tú lo notas también y el placer vuelve a crecer hasta límites insospechados, gemimos como animales cuando una ola de placer sube por mis piernas, concentrándose en el centro de mis testículos.

Siento que voy a estallar y tú lo has debido percibir, porque tus piernas y tus brazos me rodean ahora con más fuerza. Exploto en un chorro de éxtasis, inundando tu interior y eso hace que otro orgasmo recorra tu cuerpo a la vez que el mío. En unos segundos que se vuelven infinitos, quedamos uno a cada lado del otro tendidos sobre la mesa, jadeando, empapados en sudor, llenos de placer.

Ahora solo se escuchan los latidos del corazón retumbar sobre el tapete y unas respiraciones que poco a poco se van suavizando. Sumiéndome en un letargo que poco a poco me hace cerrar los ojos.

El sueño me invade y en él reconozco una bola negra que rueda por mi vientre.

Autor: Robinblue

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La piscina

Tu sexo lo siento caliente y hambriento, sientes mi pene entre tus piernas, presionando tu sexo y tu clítoris hinchado. No resistes más y quieres sentir mi calor en tus entrañas. Con una mano coges mi pene con tus dedos para guiarlo hacia tu entrada. Es increíble la sensación que me recorre cuando mi punta roza los labios calientes de tu sexo, es como una boca ardiente que me rodea y succiona.

Desde que vi aquella piscina, sabía que algún día me sumergiría en ella.

Tus ojos estaban quietos con la mirada perdida en el horizonte, allí donde la línea del mar se junta con el cielo. De pie, en aquella terraza que mira sobre el mar, los brazos apoyados en la barandilla y el cuerpo ligeramente inclinado sobre ella. El sol calienta tu espalda y la brisa sube por el acantilado acariciando la piel de tus mejillas. A tu espalda la piscina, con su agua caliente, reflejando el azul intenso del cielo de una tarde de verano.

Tu mirada está en una nube, aquella frente a ti, igual que algodón. Tu mente la moldea sugiriendo figuras conocidas, pero a la vez tu cabeza acaricia el deseo de sentir unas manos que lleguen por tu espalda y con suavidad se posen en tus hombros. Crees percibir el calor y el movimiento de esas manos dando un masaje por ellos, relajando los músculos que van hacia tu cuello. Inconscientemente tu cabeza describe un sinuoso movimiento saboreando esa imaginaria sensación. Casi al instante crees percibir un calor conocido en tu espalda, un ligero roce sobre ella. Pero más que mirar hacia atrás y comprobar si es cierto que hay alguien, prefieres que esa sensación continúe y no desaparezca.

Temes que al girar se evapore ese sueño. Tu deseo hace que esas sensaciones recorran tu piel, consiguiendo que el vello se te ponga de punta y parezca piel de gallina. Es casi real la sensación que te abraza y aumenta tu calor. Un pecho en tu espalda, unas manos que ahora recorren tu cintura, dibujando caricias alrededor de tu ombligo. Tu vientre se estremece con esa sensación. Un agradable cosquilleo recorre tu cuerpo desde las piernas, subiendo por tu espalda hasta tu cabeza y a la vez hace que despierte una sensación de calor y humedad en tu sexo.

De repente un ruido a tu espalda te hace salir del letargo, y recuerdas que hace unos segundos ya no percibías esas caricias imaginarias sobre tu piel. Pero tu imaginación te hacía pensar que todavía estabas saboreándolas y sintiéndolas.

Con un movimiento reflejo te giras para averiguar cual es el origen del ruido que te ha despertado. Te das cuenta que es el ruido familiar que produce un cuerpo al entrar en el agua. La superficie de la piscina está aún revuelta y alguna pequeña gota ha salpicado hasta tus pies. Ahora te fijas y descubres una silueta moviéndose bajo el agua, agitando los brazos y las piernas, buceando con suavidad. Se aleja de ti hacia el final de la piscina, pero lo ves girar y ahora se acerca de nuevo al bordillo de donde saltó.

Otro ruido te hace temblar un poco, porque tu mente todavía mantiene un nexo de unión con el sueño que estaba sintiendo tu cuerpo. Ves emerger la cabeza, el pelo echado hacia atrás escurriendo agua y un resoplido expulsando el aire, ese aire que tú conoces tan bien. Ves mi rostro, los brazos cruzados sobre el bordillo y la barbilla sobre ellos. Mis ojos en tu mirada diciéndote sin palabras que vengas hacia mí. Tu mirada desprende deseo, pasión, excitación y confusión. ¿Será real, o es continuación del sueño?…

Un impulso irrefrenable quiere llevarte hacia mí. No te habías dado cuenta, pero tus manos se quedan atrás agarradas a la barandilla. No recuerdas cuando las pusiste ahí, pero ahora te da igual, abres los dedos y te liberas para poder continuar hacia donde tu cuerpo quiere llegar. Sigues mirándome, yo no pierdo tu rostro a pesar de las gotas que resbalan por mis ojos. Un gesto embarga tu cara, te muerdes el labio inferior mientras avanzas hacia la escalerilla. Es un gesto de deseo, que me transmites imaginando el calor que llevas dentro. Contemplo tu figura, andando sobre el blanco y caliente suelo. Tus piernas parecen flotar sobre él y todo tu cuerpo las acompaña ligero como la brisa.

Cuando me doy cuenta tus manos están en la escalerilla, tu cuerpo gira dándome la espalda para poder bajar los escalones. Me excita ver tus caderas, tu culo tapado con la única prenda que llevas sobre ti, un tanga que deja a la luz la fina piel que lo rodea. Tus pasos hacia atrás bajando cada peldaño parece que suceden en cámara lenta… ¿o es así como mi mente lo imagina? La punta de tus pies rompe la superficie del agua, primero uno y después otro, poco a poco tu cuerpo se sumerge en el agua.

No quiero dejar pasar un segundo más lejos de tu piel. Doy un impulso y voy hacia ti. Ya estás dentro del agua completamente, cuando te das la vuelta yo llego a tu lado, tus brazos se echan sobre mi cuello, tus piernas rodean mi cintura, y yo me agarro a la escalera para sujetar nuestros cuerpos. El peso no existe, pero tu calor me llega a través de los poros de mi piel, con la humedad líquida y caliente que nos une. Tus labios ardientes se posan en los míos, sientes el frescor del agua que hay sobre ellos y yo siento el contraste del fuego que desprenden los tuyos. Nos besamos con dulzura, mezclando nuestras lenguas intensas sensaciones de placer.

La excitación se apodera de mí, entre mis piernas siento la dureza creciente de mi pene. El deseo incontenible de entrar por la suave y caliente entrada de tu sexo, ahora pegado a mi vientre. Me tienes aprisionado con tus piernas, ¿o eres una parte más de mí? Quiero fundirme contigo y tú deseas lo mismo. Tus duros pezones rozan con los míos a través del agua y la excitación nos vuelve locos. Tus caderas se contonean moviéndose hacia abajo, buscando la dureza que deseas tener dentro de ti.

Tu sexo se aprieta contra mí, lo siento confortable y mullido, caliente y hambriento. Llevo una mano a mi bañador para empujarlo hacia abajo, tú te separas un poco y dejas que siga bajando por mis piernas. Ahora vuelvo a sujetarme a la escalerilla y te vuelves a apretar contra mí, sientes mi pene entre tus piernas, presionando tu sexo y tu clítoris hinchado. No resistes más y quieres sentir mi calor en tus entrañas. Con una mano tuya separas la ligera tira de tu tanga, a la vez que coges mi pene con tus dedos para guiarlo hacia tu entrada. Es increíble la sensación que me recorre cuando mi punta roza los labios calientes de tu sexo, es como una boca ardiente que me rodea y succiona.

Un leve movimiento de mis caderas hace que entre un poco más en ti, y provoca que salga un gemido de tus labios. Ahora tus piernas se aprietan un poco más contra mi culo y consigues deslizarte hasta el fondo. Estoy totalmente dentro de ti. Nos besamos con desenfreno, mordiendo con suavidad los labios, sintiendo el calor que nos transmitimos en ese lugar entre nuestras piernas. Ahora paramos de besarnos, y nos miramos a los ojos. Tu mirada me traspasa y cala mis huesos. En ese momento siento como los músculos de tu vagina dan pequeños golpecitos alrededor de mi pene, son como anillos que me aprisionan en olas de placer. El palpitar de nuestros corazones late desenfrenado, la respiración agitada nos lleva a cabalgar a un ritmo cada vez más rápido.

Mis manos se agarran a los tubos de la escalera para poder mover nuestros cuerpos con más energía. Apoyas tus manos en mis hombros para moverte con más fuerza. Siento como entro y salgo de ti, los movimientos son muy fuertes, pero el agua hace que parezcan suaves y delicados. El golpear de tu vientre con el mío dentro del agua hace que sintamos una sensación extraña, como si flotáramos en las nubes, el placer nos envuelve y nos llena. Yo estoy a punto de correrme y de mi garganta surgen gemidos incontrolados. Te contagio con mi placer y tus gemidos ahogan los míos, juntamos nuestras bocas, como queriendo acallar esos gemidos… o quizás queremos que esos gemidos de placer que salen de nosotros, entren en el cuerpo del otro.

Siento los espasmos que agitan tu cintura, recorren tu vientre y se centran en tu sexo. Eso hace que yo estalle en una ola de placer que recorre mis piernas y desemboca en latigazos que recorren mi pene desde la raíz a la punta, descargando todo el esperma que hay en mí, sintiendo como atraviesa cada milímetro de recorrido en chorros que inundan tu interior. El placer que sale de mí, llena tu cuerpo y nos envuelve en un halo de placidez mientras nuestros cuerpos se relajan compartiendo un dulce beso eterno.

Espero que te guste y tu imaginación pueda volar igual que la mía.

Autor: Robinblue

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El novio de su amiga

Sentía como sus bolas chocaban contra mis glúteos mientras sentía que su pene me atravesaba por completo, sentía que me ahogaba en gemidos de placer,sentí que el mundo se estaba acabando con tanto gozo en ese instante, me cabalgaba, sentía sus gemidos sobre los míos y como palpitaba su verga dentro de mí, terminamos juntos en una explosión que nos inundó de sexo y pasión.

Hace un tiempo escribí un relato del reencuentro con mi ex novio y los cuernos que le puse al actual, ahora quiero contarles como sucedieron las cosas hace ya varios años.

Nana era mi mejor amiga, siempre salíamos juntas y en una de esas farras ligados a dos muchachos espectaculares, iniciamos nuestros respectivos noviazgos, siempre saliendo los cuatro, pero el mío no funcionó. Ella por su parte si logró consolidar una relación con aquel muchacho, aquí como en la historia anterior, también lo llamaré Gato, a partir de ahí salíamos los tres, para mi molestia yo de violinista, pero ella decidía siempre meterme en el viaje.

Un día decidimos invitar a Gato a cenar y él llevaría a un amigo para mí, así que esta vez accedí sin protestar, ya seríamos dos en la orquesta. La cena sería en mi casa la cual ese día estaría sola pues mi madre y mi abuela se irían de viaje de negocios, preparamos una receta genial, perdices en pétalos de rosa (supuestamente afrodisíaco, adivinen, mi amiga quería coronar y en mi casa, pero bueno… mi casa es grande y yo no soy aguafiestas) y dos botellas de champaña.

Lo siguiente era arreglarnos muy hermosas, por ello el día anterior nos habíamos ido de compras ella compró una falda hasta los tobillos, pero con dos aberturas a los lados bastante pronunciadas, unas sandalias y una camisilla de manga corta, entallaba su figura de manera linda, ella no tenía un gran cuerpo, pero se veía genial, compró de lencería un conjunto de Victoria’s Secret negro espectacular, de tanga y sostén de media copa.

Por mi parte yo no tenía interés en especial, pero ella me animó, quizás conocería ahí a mi príncipe azul… decidí comprarme una falda muy cortita de color negro ajustada, una camisilla strapless que dejaba ver mi ombligo, en esa época yo practicaba mucho gimnasio y tenía unas medidas perfectas siempre a envidia de mucha gente, pero nunca me gustó exhibirme, así que mis 90 – 60 –90 eran poco vistos, siempre cubiertos por polos y sudaderas; yo también compré un juego de ropa interior de Victoria’s Secret, era un hilo dental y un strapless negro, el mío con liguero y su respectivo juego de medias, unos zapatos muy sexys y altos, yo le decía que estaba votando mucho dinero a la basura igual nadie importante me iba a ver… igual lo compré todo.

Llegó el momento y tocaron la puerta, llegaron Gato y su amigo llamado Andrés, muy simpático por cierto, pero definitivamente, no era mi tipo, igual les di mi mejor sonrisa y los invité a seguir. Todo estaba lleno de velas y aromas de incienso y esencias que mi amiga preparó, era un ambiente que invitaba a la lujuria… ellos llegaron con una botella de Dubonet la cual bebimos de aperitivo antes de pasar a la mesa en mi sala equipada con grandes sillones cubiertos por cojines, la conversación al principio era acerca de nuestros estudios (estábamos en último año), de que íbamos a estudiar en la universidad, en fin, temas sin importancia, pero a Andrés quien tomó confianza en minutos se le ocurrió “picar” un poco la conversación, preguntando sobre experiencias prohibidas, traiciones y cosas por el estilo. En eso Gato me lanzó una mirada de lujuria, yo estaba frente a él, preguntándome francamente:

– Y que pasó con Alex, ¿por qué no siguieron juntos si hacían una pareja fantástica? – Dijo con una expresión de satisfacción e inspeccionando mis piernas ignorando por completo que al lado estaba la mujer que lo amaba.

Yo le respondí estoicamente:

– A ver Gato, simplemente no nos entendimos – dije mientras cruzaba mi pierna pues me di cuenta de sus intenciones y tenía ganas de jugar con él, yo tenía muy claro que era la pareja de mi amiga, pero… así es la vida yo quería jugar y él comenzó el juego.

Después de unos minutos de charla pasamos a cenar, al parecer la comida los extasió demasiado, tenían una cara de alegría grande, en la mesa yo me senté al lado de Andrés y Nana y Gato al otro lado. Claro él enfrente de mí, no sé en que momento él empezó a tocarme mis piernas con las suyas, y yo me quité un zapato y empecé a acariciarlo también, mientras charlábamos alegremente al sabor del champaña. Yo comencé a coquetear con Andrés y noté que Gato estaba enojado, muy celoso y bebía más y más.

La champaña se terminó y bajé del mini bar una botella de whisky, la noche aún era joven y yo me estaba divirtiendo a costilla del novio de mi mejor amiga. Pusimos música y de desinhibida y loca empecé a realizar un baile exótico muy sensual. Cada movimiento de mi cadera hacía que la falda subiera y permitiera ver el filo del liguero, y al contonear mis brazos lentamente mover mi camisilla tanto que parecía caer permitiendo ver mi busto firme.

Nana moría de la risa viéndome en esas, pero los chicos estaban más excitados de lo que hubiera podido imaginar, sobre todo a Gato se le marcaba un paquete espectacular en su pantalón. Me imaginé lo que iba a disfrutar mi amiga… pues con Andrés yo no hubiera hecho nada, era como un hermano. En eso sonó el teléfono y era la madre de mi amiga, hubo una emergencia en su casa y la requería urgente en casa (un conato de incendio). Me preocupé bastante pues nuestras familias eran muy unidas y me ofrecí a llevarla yo, pero había bebido mucho, Gato no estaba apto para manejar, el único era Andrés, por lo tanto la fiestita privada que ella tenía preparada quedó para otra ocasión.

Le dije a Nana que le daría posada a su novio y después de dejarla en su casa Andrés se iría directamente a la de él. La fiesta se había empañado y el destino era irse a dormir. Ella prometió llamar tan pronto tuviera noticias. Así que Gato y yo nos quedamos esperando su llamada en la sala. Mientras terminábamos la iniciada botella de whisky… él me puso su mano en la pierna y me dijo:

– Estás hermosa esta noche, la verdad es que siempre estás hermosa. – Por favor, no seas adulador tu novia también estaba hermosa, le respondí. – Pero, como puedes compararte con ella, al lado tuyo ella no tiene más que hacer, no sabes cuanto envidié a Alex por tenerte entre sus brazos. – Tú bien sabes que los dos nunca tuvimos nada serio, él era muy mujeriego y yo no soy juguete de nadie, menos plato de segunda mesa, le aclaré por si algo se le ocurría. – Sabes por qué salgo con Nana, me dijo – solo por verte a ti, siempre me has gustado y la verdad es que…

Justo en ese momento sonó el teléfono era Nana diciéndonos que no fue nada grave, le pasé a su novio y se despidieron como tórtolos. En realidad él me gustaba, pero yo respeto lo de mis amigas, en especial lo de Nana.

Le dije que me siguiera al segundo piso a una sala más privada y puse un poco de música, le indiqué donde iba a dormir y finalmente nos dispusimos a terminar la botella. Él no habló más, parecía apenado así que comencé a hablar de cosas sin importancias hasta verlo sonreír, se veía muy bien cuando estaba feliz. En un instante nos miramos de frente y nos confesamos, nos dijimos todo lo que sentíamos, nos besamos como si fuera la última vez, pero cada beso, trajo una caricia y cada caricia nos guío directo a la necesidad de tenernos y sentirnos.

Recordé a Nana, la forma en que ella lo quería pero no importó, lo tomé de las manos y lo guié a la habitación que Nana había arreglado para ellos, tenía pétalos de rosa en la cama, velas y aromas fantásticos. Le dije que se sentara en la cama, y subí el volumen al equipo donde sonaba una sensual y romántica tonada, comencé a contonear mis curvas mientras él se libraba de la ropa sólo dejando sus bóxers, lentamente danzando me deshice de mis zapatos, comencé a girar lentamente desabrochando los botones laterales de mi falda, dejándola caer con suavidad sobre el tapete, comencé a acercame pero sin permitirle que me tocara soltando el único broche que sostenía la camisilla y la dejé caer.

Todo el tiempo que duró el baile no dejé de mirarlo a los ojos, sentí como me comía con su mirada al tenerme cerca me tumbó a su lado y empezó a recorrerme desde el cuello (un punto muy sensible para mí) hasta la punta del pie. Comenzó por retirar las medias y el liguero con su boca, podía sentir su respiración cerca de mi piel, sentía como mi excitación fue creciendo como espuma…

Luego retiró mi sostén y empezó a jugar con mi busto, mordía y lamía mis pezones como si fueran una frutilla, era un placer que me embargaba por todo el cuerpo sentía como su erección crecía con mis gemidos, sentí que su calentura se enardeció cuando arrancó mis tangas de un jalón acercando su boca para disfrutar de los jugos que mi concha comenzaba a emanar, se encontró con un triángulo muy bien depilado, encantándole bastante por la expresión de su rostro.

Comenzó a buscar mi clítoris, al dar con el ese pequeño botón estaba endurecido el comenzó a chuparlo, succionarlo y lamerlo haciéndome vibrar hasta la ultima fibra de mi cuerpo, empecé a llegar en un orgasmo gigante mientras él con su lengua inspeccionaba en el interior de mi vagina sin perder una gota de los jugos por ella producidos.

De momento le quité su bóxer suplicando que me penetrara, me dijo que muchas noches se había masturbado pensando en mi y en mis caricias, soñando como sería que estuviéramos juntos. Se levantó y lentamente comenzó a penetrarme, primero lenta y pausadamente mientras se acomodaba al tamaño de mi vagina, luego empezó a tomar un ritmo enloquecedor…

Sentía como sus bolas chocaban contra mis glúteos mientras sentía que su pene me atravesaba por completo, sentía que me ahogaba en gemidos de placer… sentí que el mundo se estaba acabando con tanto gozo en ese instante.

Antes que él pudiera reaccionar hice que se tendiera en la cama y comencé a clavarme lentamente en su firme y grandioso pene, vi su cara de éxtasis al tenerme encima de él tomándome firmemente de la cintura y el busto mientras me cabalgaba frenéticamente, sentía sus gemidos sobre los míos y como palpitaba su verga dentro de mí… me dijo – nene voy a terminar – le dije que no se preocupara, que me diera toda su leche. A los pocos instantes terminamos juntos en una explosión que nos inundó completamente de sexo y pasión.

Después le regalé para su relajación una mamada espectacular que lo hizo explotar en mi boca degustando su leche hasta la última gota.

Ya eran las dos de la madrugada del sábado, yo iba a estar sola en mi casa hasta el próximo martes… estuvimos juntos todo el fin de semana, haciendo el amor y planes.

Nana nuca supo lo que paso, él le terminó con alguna excusa y comenzamos un noviazgo secreto que solo salió a la luz seis meses después cuando Nana ya estaba “enamorada” de otra persona pero nunca se enteró de cuanto llevábamos juntos, ella pensó que eraalgo reciente… Fue mejor así para no herirla.

Autora: Connie

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Sueño hecho realidad

Comencé apretar y aflojar mi ano, él empezó a gemir hasta que le arranqué otro polvo, me llenó el culo de leche calentita, él llevaba 3 orgasmos y yo solo 2, así que quería más, quería disfrutar ahora yo, rápidamente comenzó a tocarme todo el cuerpo, a masajearme las tetas, el culo, me hizo un recorrido completo. Su polla ya no quería reaccionar ya llevaba 3 polvos seguidos.

Empezaré diciéndoles que mi nombre es Verónica, tengo 18 años y era virgen hasta este acontecimiento, lo que les voy a relatar sucedió con un muy buen amigo, diría que con uno de los mejores, su nombre es Adolfo y tiene 18 años y fue virgen también hasta ese día.

Todo comenzó con un sueño que yo tuve con él. Se lo conté y él me dijo que estaba muy bien pero que lástima que no se fuese a realizar…fue entonces cuando mi bombillo de la lujuria se prendió y le pedí que me visitara al día siguiente en la tarde.

Yo preparé todo en mi cuarto aprovechando que estaría sola toda la tarde. Cuando Adolfo llegó, a eso de las 3 pm, le recibí con un beso en la boca, y unas botellitas de unos tragos listos. Después de esto lo llevé al cuarto, entre besos, le quité la franela, lo tiré en la cama y le até las manos con unos pañuelos a los tubos de mi cama (es de hierro forjado con madera) luego le vendé los ojos y le dije:

– Vamos a vivir algo único.

Tengo que decirles que antes de que Adolfo llegara a casa me había tomado un té que me había regalado una amiga para cuando quisiera aguante y placer. Por lo que estaba con la lujuria a mil…Preparé un poquito más y se lo di Adolfo, él intentó escupirlo, pero le obligué a tragarlo. Después de unos minutos ya estaba listo para la guerra.

Le arranqué la ropa de un tirón. Comencé a besarle todo el cuerpo, cada rincón de su cuerpo todavía un poco de niño. Subí hasta su cara situando mi concha en si boca y le dije: -Bésame, como no veía se tardó en encontrar el sitio y en agarrar el ritmo, era riquísimo lo que me hacía, estaba disfrutándolo al máximo, su lengua parecía de dioses, entre mis gemidos y sus lengüetazos me arrancó mi primer orgasmo.

Después de retomar el aire comencé a besarlo con mi concha, me abría los labios y luego los cerraba en sus piernas, él sentía un beso aunque era un beso distinto porque eras mucho más húmedo. Le hice ese trabajito en todo su cuerpo, luego empecé a confundir sus sensaciones, le hacía cosquillas, lo pellizcaba, lo besaba, él se retorcía entre tantas sensaciones distintas, estaba a mil, después me dediqué a darle la mamada de su vida, se lo mamé como una puta, le hice una rusa inclusive, sus grititos y gemidos eran divinos, cuando sentí que se venía le apunté a su barriga y se acabó en la barriga, eso me excitó muchísimo.

Supongo que debido al té su polla no se baja con nada, fue en ese momento que saqué un condón de no se donde y le dije: – Viene la mejor parte, prepárate. Entonces se lo puse, era la primera vez que lo hacía así que me tomé mi tiempo. Después de calmar mis nervios me situé encima de él y fui descendiendo sobre su polla larga y dura hasta la base, una vez que me penetró por completo emití un gemido que fue ensordecedor y él suyo fue divino.

Me tomé un respiro para amoldarme a su polla y empecé el sube y baja, mientras le pasaba las tetas por la cara y él trataba de agarrarlas con la boca, pero yo se las quitaba, estaba muriéndose del deseo, no se que tantos movimientos hice, giraba mis caderas en círculos, de adelante hacia atrás, arriba y abajo, daba brinquitos ¡hice de todo! Mientras con mi mano por detrás le masajeé las bolas, él gemía y daba grititos cortos y un poco mudos. De pronto la intensidad de nuestros gemidos nos anunció unos deliciosos orgasmos que disfrutamos juntos… Fue maravilloso.

Después de recobrar el aliento me bajé, le quité el condón y le limpié toda la polla, no se que maniobra hice pero le inserté un dedo en el culo y comencé a masajearle la próstata, su polla que había bajado un poco comenzó a cobrar vida de nuevo, yo en ningún momento aparté la boca de su polla, no le quitaba atenciones, empezaba a gritar y gemir como perra y me produjo mucha risa, por lo que decidí sacarle el dedo del culo, no fuese que le gustara más de lo debido.

Pero su polla seguía firme mirando el techo, entonces decidí que experimentaríamos todo de una vez…comencé a jugar con mi culo y mi ano mientras le besaba en la boca, me introduje 1 dedo, Luego 2, como lo había hecho durante mis masturbaciones, después que sentí que estaba dilatada lo suficiente, me puse de frente a sus pies y me introduje la polla en el culo, el solo de sentir su polla ahí en ese calorcito y estrechez de mis entrañas, comenzó a gemir, estuve un par de minutos así luego me aquieté y me di la vuelta, volví a introducirme la polla en el culo y le quité la venda de los ojos, él me miraba con una cara de no se que, placer, deseo, agradecimiento, no se que era.

Me sonreí y comencé apretar y aflojar mi ano, él empezó a gemir de nuevo y estuve así hasta que le arranqué otro polvo, me llenó el culo de leche calentita, la sensación era divina, pero él llevaba 3 orgasmos y yo solo 2, así que quería más, quería disfrutar ahora yo, así que le desaté las manos, rápidamente comenzó a tocarme todo el cuerpo, a masajearme las tetas, el culo, me hizo un recorrido completo. Su polla ya no quería reaccionar ya llevaba 3 polvos seguidos.

Me pidió que le metiera el dedo en el culo a ver si así subía, pero yo le introduje 2 e hice fiesta en su culo, como yo era la que quería placer lo puse a mamarme la concha mientras le daba dedo por el culo, después de un rato su polla comenzó a subir y fue cuando me abrió las piernas y comenzó a pasar su pene por todo lo largo de mi rajita, hasta el culo, del cual todavía estaba saliendo leche, después de jugar con mi clítoris un rato me penetró divinamente, ahora él tenía el control, aprovechó para atarme a mi y empezó a darme como a una perra, me decía que yo era su puta a lo que únicamente respondía con gemidos y grititos.

Me cogió un rato, como ya no tenía mucho que acabar, podía durar muchísimo, me puso como en 4 posiciones, con mis piernas en sus hombros, de lado, y en 4 patas que fue la mejor a decir verdad, lo que sentí cuando me ensartó su polla desde atrás fue lo máximo, grité como loca, le pedí que me cogiera fuerte, duro, que diera con todo, como a su puta y él me decía que me callara, que ahora si iba a gozar, me arrancó un orgasmo largo e intenso.

Después me ensartó por el culo y fue divino también así me dio por mucho rato hasta yo me vine en otro orgasmo, esta vez más corto y él me volteó y me acabó en las tetas. No fue mucho parecía un escupitajo pequeño, pero estuvimos así un ratito basándonos y tocándonos hasta que nos percatamos de la hora, mi primito no tardaba en llegar del cole así que nos dimos una ducha rápida, pero no por ello menos morbosa, luego nos vestimos no tomamos otras botellitas y él se fue.

Déjenme decirles que aunque no parezca virgen de verdad lo era, y la sangre que vi después de la penetración lo confirmó. Todo lo que se lo aprendí en películas porno, leyendo sobre sexología y ya últimamente leyendo estos relatos.

Autora: Verónica

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Cena semanal

Me puse entre sus piernas, y con la misma técnica que había hecho correr un ratito antes a Ana, empecé a introducirle un dedo, no me costó nada, estaba muy mojada y dilatada, la fricción de mi pulgar, y las caricias de Ana a los pechos hizo que se corriera bestialmente, nos sentamos en la cama, María totalmente desnuda, Ana con su tanga, y Juan con las bragas de su mujer en la mano.

Quisiera empezar este relato contando que tengo ahora 41 años, y que estoy casado desde hace 18 con Ana, una mujer de mi edad más o menos. Ambos somos lo que se podría definir como una pareja normal, no nos consideramos feos pero tampoco espectaculares, ella tiene unos pechos más bien grandes, mide 1.70.

En lo que se refiere al sexo, mi fantasía siempre ha sido verla a ella haciendo el amor con otro hombre, y ella lo sabe, pero no quería ni entrar a discutir esta posibilidad, por lo demás, nuestras relaciones son totalmente satisfactorias, Tenemos una pareja de amigos, Juan y María, que, con los que compartimos vacaciones y una cena semanal.

Tenemos con ellos mucha confianza, y nos permitimos algunos comentarios subidos de tono, pero nada especial en este sentido Como decía, cada semana aprovechamos un día para cenar juntos, así mantenemos esta relación, ya que de lo contrario nos veríamos solo por vacaciones Esta semana tocaba en casa de Juan y María. Nos preparamos hacia las 8 de la tarde para ir a su casa, Ana se puso un vestido amplio, abierto por delante con una cremallera de arriba a abajo, muy vaporoso, con un escote importante y que le llegaba por encima de la rodilla, y unas braguitas tipo tanga (casi siempre usa tanga), con un sujetador de esos sin tiras a juego, todo ello de color rojo.

Al llegar a su casa, acabamos de preparar la cena y cenamos con una considerable cantidad de alcohol, como era normal, eso nos permitía que después la conversación fuera más picante, explicando chistes verdes o haciendo comentarios sexuales.

Estábamos liados con una charla en la que Ana decía que me conocía tan bien, que solo con el tacto serian capaces de saber si era yo el que le tocaba una mano, o la cara, o no, y los demás decíamos que esto era imposible, y que una simple caricia no podía distinguirse. Entonces María propuso que se tapara los ojos, y que lo probáramos, a lo que ella accedió. Asó que buscamos una venda y María se la puso en los ojos, atada por atrás.

Juan se acercó a ella y le cogió la mano, a lo que ella inmediatamente le cogió el brazo y dijo; “eres Juan”, pero todos gritamos que no valía, ya que ella no podía tocar. María propuso atarle también las manos, ella no quería, pero al final accedió, le tumbo en un sillón de estos que se estiran y quedan como una cama, y la puso la venda y le ató las manos a los brazos del sillón, quedando completamente estirada y le sacó los zapatos Cuando la vi así, mi miembro se puso duro inmediatamente, era una postura que muchas veces habíamos practicado en nuestros juegos sexuales, y el estar con nuestros amigos, me excitaba, además, María dijo que le gustaba hacerlo, ya que allí Juan le ataba de aquella manera alguna vez, sin más comentarios, lo que creo calentó el ambiente en general, ya que Ana dijo “Ahora te quito el sitio yo”.

Empezó de nuevo Juan, esta vez le tocó los pies, de una manera muy delicada, ella dijo que era María, y esta dijo, “¿ves como no es posible que aciertes siempre?”, pero ella disculpó su equivocación porque los pies son poco sensibles, que en la mano no fallaría, Mientras ella hablaba, se iba moviendo, y muy despacito, el vestido iba subiendo, creo que sin que ella se diera cuenta. Seguimos el juego, esta vez le tocamos los tres la mano, y curiosamente solo acertó cuando le tocó Juan, ya que confundió a María conmigo. Repetimos en los brazos, las piernas y la cara, con un éxito similar, pero cada vez tenía el vestido más arriba, además en la posición que estaba, dentro de poco rato se vería claramente su tanga. María vio lo mismo que yo, y con señas me lo indicó, pero yo le dije que callara, que no pasaba nada. En esto que seguimos con más toqueteos, pero al revés, era ella la que tenía que tocar sin desatarse, acercó la mano Juan para que procediera, y falló de nuevo, diciendo que era la mía, pero su vestido ya no ocultaba el tanga, cosa que en señas hice ver a los demás, que reímos, ella preguntó que pasaba, pero dijimos que nada, cosas nuestras.

Para animar la situación, le dije a María y a Juan que ahora le tocaría un pecho, y ella le dijo a Ana, “A ver si ahora sabes quien es”, yo me puse a su lado, y muy rápidamente le cogí un pecho, soltándolo en menos de un segundo, entonces ella dijo “ha sido Juan”. Quedamos todos asombrados, ya que no pensábamos que pudiera pensarse nunca que Juan se atreviera, ella insistió, preguntando si había acertado, a lo que Juan le contestó que no, que ya le habría gustado, pero que no, a lo que ella contesto que era tonto, y que solo era un juego. En este momento, su tanga ya era totalmente visible, y todos pudimos ver la mancha que se le había formado en su coño, marca inequívoca de su excitación.

Fue cuando María le dijo a Ana que se la había subido el vestido, y que se le veía el tanga, pero ella respondió “os gusta?” . Quedamos sin saber como reaccionar, pero Juan dijo, a mi si, me encanta, y lo que esconde, seguro que más, Ana respondió que era un pillín….

El ambiente era más que caldeado, quedamos todos sin movernos, pero Ana dijo, pensáis continuar o me dejareis aquí atada, entonces María dijo que ya no había más zonas para probar, que le habían tocado por todas partes, pero ella dijo que solo en las zonas que no tapaba su vestido, y que si molestaba, que se lo abriesen, que era fácil, solo una cremallera.

Uf, como estaba el ambiente, no sabíamos que hacer, en esto que María se acercó a ella, sentándose a su lado, y le desbrochó lentamente el vestido, Todos mirábamos las partes de su cuerpo que iban apareciendo, su escote, el nacimiento de sus pechos, sus pechos completos tapados solo por el sujetador… Se la veía preciosa, con el tanga y sujetador rojo a juego, con sus pechos que parecían salir, y sus pezones rígidos mostraban su calentura.

Entonces ella era la que guiaba, nosotros estábamos cortadísimos, y propuso un juego, que consistía en que los tres le acariciáramos un pecho, y si no acertaba, le quitaríamos el sujetador. Empezó María, que si acertó, luego me tocó a mí, que también acertó, pero Juan no se atrevía, a lo que le volví a tocar yo, entonces ella dijo que era Juan. Ya había fallado, tenía que sacarse el sujetador, pero ella le dijo a Juan otra vez que era un tonto, y que aprovechara, que esta situación no se daría muchas veces, y quiso que se lo sacara Juan. Le costó, primero vencer la vergüenza, a pesar de que los tres le animábamos, y después porque ella atada, y con el vestido solo abierto era difícil llegar a los corchetes, pero lo consiguió, cuando acabó, Ana preguntó a todos si nos gustaban sus pechos, todos contestamos a la vez que si, que nos encantaban.

No se cual de los cuatro estaba más excitado, pero creo que era María, ya que propuso el siguiente juego, que consistía en hacer lo mismo pero con sus tanga. Yo no tenía claro que aceptara, no es lo mismo que te toquen los pechos que el coño, pero ella dijo que si, pero que si acertara, tendría que ponerse ella en el sillón, y entre todos la desnudaríamos. María se puso roja como un tomate, no sabia que decir, pero su marido le dijo que era justo, y que si le gustaba el espectáculo, también podía darlo ella. Al final aceptó, Ella abrió sus piernas a no poder más y dijo, quien va a ser el primero. A empujones conseguimos que Juan se acercara, y con mucha timidez, empezó un trabajo de experto, acercándose, no se si por timidez o por calentarla, muy despacio, primero por su muslo, y muy despacio fue llegando a su coño, de golpe empezó a acariciarla con fuerza, por encima del tanga, ella se movía, agitaba todo el cuerpo, y Juan se iba animando, sus movimientos se convirtieron en gemidos, y violentamente se corrió, cerrando repentinamente las piernas y apretando la mano en su interior.

Todos quedamos callados, ella se estaba reconduciendo de un orgasmo que seguro no esperaba tener al llegar a aquella casa, esperábamos ver si identificaba correctamente a Juan, y ella dijo “María, no sabía que tu marido era tan hábil con los dedos, y por encima del tanga”, todos reímos, y yo le dije a María que se preparara, que creo que le tocaría la siguiente parte del juego a ella, mostraba una actitud mezcla de excitación y vergüenza.

El siguiente fui yo, empecé por apartarle el tanga, dejando a la vista de todos su coño mojado y excitado, María preguntó si era multiorgásmica, supongo que para saber si podría verlo repetido, ella le contestó que si, y que antes de que ella empezara pensaba correrse alguna vez mas. Le introduje un dedo, tal como lo hacía siempre, para que tuviera muy claro que era yo, ya que esta vez lo que quería es que acertara, y poder ver y jugar con María. Con el dedo pulgar le acariciaba su clítoris, mientras que tenía otro dedo dentro, yo sabia que esto le gustaba, y no me equivoqué, en pocos segundos estalló en un sonado orgasmo, incluso temimos que los vecinos nos oyeran, pero que más daba ya. Entonces ella dijo, ya sabes cariño que masturbándome eres el mejor, nadie me lo ha hecho nunca tan bien como tú. Había acertado otra vez. Entonces María le preguntó: “Te han masturbado muchos chicos?”, ella respondió que cinco más, sus antiguas parejas, y que lo que aprendió de ellos me lo enseño a mi, y que por eso sabia tanto. Nunca habíamos hablado con ellos de anteriores amantes, ni nada tan atrevido. En eso que María dijo, “sabéis que durante un año me acosté con una chica?”, quedamos asombrados, nos contó que cuando estudiaba compartía habitación con una chica que era lesbiana, y que se hicieron amantes, yo le pregunté si era bisexual, y me contestó que no lo sabia, pero que con ella había tenido una relación muy placentera. Nos comentó también que en aquella época ya tenía a Juan por novio, y que él lo sabia, y no solo no le importaba, si no que incluso una vez presenció su encuentro.

Vaya cosas que descubríamos, mi mujer contaba cuantos amantes había tenido, y María que era bisexual, o por lo menos que había practicado sexo con una mujer. Ana estaba ya impaciente, quería que un tercero, o tercera le tocara el coño, y conseguir que María fuera desnudada y acariciada por todos. Sin más, le dijo a María que quería probar a una chica, que ella nunca había estado con ninguna, pidiéndole que se acercara y empezara, pero esta respondió que no tenía porque ser ella, que eso tenía que adivinarlo, pero diciendo esto, María se acercó, se puso de rodillas al suelo, y mientras con una mano separaba su tanga, acercó su cara al coño, haciendo maravillas con la lengua, se notaba que sabía lo que hacia, y se corrió brutalmente de nuevo. Ana dijo que de aquella manera, nunca se lo había hecho un chico, y que tenía que ser María. Acertó, como yo, y creo que todos deseábamos, y tanto mi mirada como la de Juan se dirigieron a María, pero Ana dijo que no empezaran sin desatarla, que quería colaborar.

Entre todos le sacamos las cuerdas y el vendaje de los ojos, ella aprovechó para acabarse de sacar el vestido, quedando solo con el tanga.

María estaba muy nerviosa, esperando su turno, nos pidió que fuéramos a la habitación, que estaríamos más cómodos, y así lo hicimos, Ana, casi desnuda, Juan detrás de ella, y yo el último.

Entramos, y los cuatro nos estiramos en la cama, menos mal que era muy grande.

Ella dijo, “Quien empieza?”, Juan dijo que el honor les correspondía a Ana y a mi, y que él miraría, se levantó de la cama y se sentó en una butaca. Entre Ana y yo, empezamos, muy lentamente a acariciarla, a excitarla más si se podía, antes de desnudarla, íbamos jugando con su cuerpo, sin tocar ninguna zona sensible, ella ya no podía más, su cara lo decía todo, estaba súper excitada, yo tampoco podía aguantarme más, quería ver, tocar, acariciar a María, llevaba un jersey muy fino y sin mangas, y unos pantalones de piel, muy ajustados.

Le levanté el jersey, primero descubrí su cintura, después fui subiendo, ya aparecía el borde de debajo de su sujetador, era blanco, sencillo, sin florituras, amagaban unos pechos pequeños, pero que se le marcaba sus pezones, por cierto muy rígidos. Le saqué por completo el jersey, dejando que su sujetador fuera la única pieza que tenía de cintura para arriba, mientras hacía todo esto, Ana la acariciaba, se acercaba a los pechos, le marcaba el contorno del sujetador. Yo la imité, y nos dedicamos cada uno a un pecho, sin que en ningún momento se los tocáramos. Dirigí mi mano a sus pantalones, desabroché el botón y bajé la cremallera, mientras tanto, Ana seguía con sus caricias. Le bajé los pantalones, dejando al descubierto unas bragas blancas, tipo bikini, pero que trasparentaban claramente los pelos del coño, y que estaban ya empapadísimas de sus jugos.

Yo ya no podía más, estaba en una cama desnudando a una mujer junto a mi  mujer, que solo llevaba un tanga, y su marido sentado, mirando, decidí actuar, y empecé a acariciarle un pecho, ella reaccionó con un suspiro, supongo que lo necesitaba ya, con el sujetador en medio, acaricié suavemente un pezón, mientras que Ana hacía lo mismo con el otro, María gemía de placer, y no paraba de moverse. Quería verlos y tocarlos sin impedimentos, así que deslicé mis mano por su espalda, y se los desabroché, ella no paraba de moverse y gemir, en sus ojos se notaba que necesitaba más, Ana le acabó de sacar el sujetador, y yo me abalancé sobre sus pechos, los estrujé entre la mano, se los amasé, le pellizcaba los pezones, mientras sus gemidos eran cada vez más audibles. Tenía ganas de comérselos, y así lo hice, me dediqué a un pezón, mientras Ana hacía lo mismo con el otro.

Pero todos queríamos más, mientras hacía esto, bajé mi mano hasta llegar a sus bragas, eran muy suaves, de algodón, acaricié por encima su coño, ella reaccionó abriéndome las piernas, era un charco, estaba empapadísimo, Ana le preguntó si también era multiorgásmica, supongo que para saber donde podría llegar aquello, ella, entre suspiros dijo que si.

Yo quería tocar directamente su coño, así que abandoné el pecho, dejando los dos para Ana, y me dispuse a sacarle la braga, que cuando estuvo del todo fuera, las lancé a su marido, que lo primero que hizo fue llevárselas a su cara, y olerlas.

Me puse entre sus piernas, y con la misma técnica que había hecho correr un ratito antes a Ana, empecé a introducirle un dedo, no me costó nada, estaba muy mojada y dilatada, la fricción de mi pulgar, y las caricias de Ana a los pechos hizo que se corriera bestialmente.

Una vez repuestos, nos sentamos en la cama, María totalmente desnuda, Ana con su tanga, y Juan con las bragas de su mujer en la mano. Este le pidió a Ana que le diera su tanga, pero ella le dijo que no, se las había ganado.

En eso que María nos mira a todos y nos dice, Os importaría que nos quedáramos Ana y yo un ratito solas, quiero estar con una chica, hace mucho que no lo hago, y quiero un poco de intimidad.

Miré a Ana, que asintió con la cara, Juan y yo nos fuimos al salón, comentando la situación muy excitados, pudimos oír sus gemidos, sus gritos, durante una hora larga, no sabíamos que hacer, para distraernos pusimos un video, pero no le prestábamos atención. Al rato, el silencio era total, supusimos que habían acabado, en eso que mi mujer, cubierta con un batín vino al salón, y me dijo, anda, ve a la habitación, María te está esperando, y mirando a Juan le dijo, el se va a follar a tu mujer, ¿no te importa verdad?, es que yo voy a follar contigo.

Autor: AnnaG.

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