La esposa de mi jefe

Cuando ella se puso en cuatro le arrimé la punta al culo a lo que ella se movió con sutileza y me dijo, aun no, empecé a metérsela por la panocha y gozamos de lo lindo, se la sacó de la conchita y la llevó a su culo, de una sola estocada se la metí toda. Ella empezó a moverse y a decirme que le dijera puta, perra, zorra guarra, a lo que yo accedí, después de decirle todo esto ella se vino por completo.

Les paso a contar lo que me sucedió con la esposa de mi jefe, yo trabajo en una compañía en la cual en la oficina trabajamos solo 5 personas incluyendo a mi jefe que es el dueño, él es un señor de 46 años, europeo, que llegó a mi país hace ya bastante tiempo, y se casó aquí con una muchacha de 20 años, en estos momentos ella tiene 24 años, ella es rubia, mide como 1.60mts, tiene un culo bárbaro, bien parado y duro, y unos pechos grandes muy bien proporcionados, en fin está muy buena ella.

Un día de tantos mi jefe me mandó a su casa a traer un dinero.

Cuando llegué, llamé desde debajo de la casa, ya que es de dos pisos, la esposa de mi jefe salió al balcón y me dijo que ya volvía con el dinero, para mi sorpresa fue que cuando volvió, tenía en una enagua muy corta y me lanzó el dinero desde el balcón, la parte buena fue que yo estaba prácticamente debajo de ella y pude ver un hilo dental blanco muy pequeño que ella andaba, ese día pensé que suerte la mía, ¡pero eso  no fue suerte!

Al día siguiente llegué a recoger una encomiendas y ella salió de la casa con un short muy pequeño y muy ajustado, de esos que son bajos de cadera, como lo que tenía que recoger era un ordenador ella me llevó al cuarto donde estaba y me empezó a ayudar a desconectarlo, en un momento que ella agachó para desconectar un cable y yo estaba detrás de ella por la parte de la espalda se le salió un glorioso hilo dental blanco de encajes, el cual me dejó sin palabras, al momento de estar idiotizado viendo aquello oigo la voz de la esposa de mi jefe que me dice, -Mmmmm, ¿Le gustó lo que vio, yo sin poder mediar palabra le contesté que era muy lindo.

Ella me miró de arriba abajo y me dijo, -¿Te gustaría verlo mejor?, yo asentí con la cabeza y ella se quitó el short, dándome la espalda y sentándome en una cama que había en el cuarto, me agarró las manos y las puso en sus nalgas enormes, al tiempo que se quitaba la blusa y me enseñaba esos enormes pechos yo empecé a tocarlos y a sentirlos duros.

Cuando ya sentía que no aguantaba ella me quitó el pantalón y se aferró a mi tronco y se lo empezó a meter en la boca, me lo chupaba de arriba abajo, me lo agarraba muy duro y me decía que nunca había mamado un pene así, que le gustaba que la viera mamando, y que quería mi leche en su boca, no aguanté más esa tremenda mamada que me hacía y le descargué toda la leche en la boca.

Ella se levantó y me dijo que no me moviera de ahí, así lo hice cuando regresó me tiró a la cama, abrió sus piernas y me dijo que quería que la mamara yo a ella, empecé a hacerlo, tenía una concha totalmente depilada, le abrí los labios y empecé a lamer su clítoris, la puse acostada boca abajo y le abrí sus nalgas y le empecé a chupar su culo, ella gritaba y me decía: – Cómeme todo el culo.

Al rato de estar en eso se incorporó y me acostó en la cama, agarró mi pija dura y de un solo movimiento se la metió en su deliciosa panocha, empezó a moverse de arriba abajo, movía sus caderas con fuerza y de repente empezó a gritar como loca, terminó en un gran orgasmo, se levantó nuevamente y me dijo que lo quería hacer de cuatro patas.

Cuando ella se puso en cuatro no aguanté las ganas, le arrimé la punta al culo a lo que ella se movió con sutileza y me dijo, -Aun no, empecé a metérsela nuevamente por esa panocha y gozamos de lo lindo, luego se la sacó de la conchita y la llevó a su culo, de una sola estocada se la metí toda.

Ella empezó a moverse y a decirme que le dijera puta, perra, zorra guarra, a lo que yo accedí, después de decirle todo esto ella se vino por completo, al punto de sentir como corrían sus jugos entre mis piernas, saqué mi pija del culo, ella se agachó, la tomó y se la metió a la boca dándome una gran mamada…

Yo terminé corriéndome en su boca mientras ella se lamia sus labios con mi leche… ¡Desde ese día cada vez que me mandan a la casa de mi jefe lo hago con gran placer!

Autor: mhcrza

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Sirvienta Nigeriana

Ella levantando su pelvis me indicaba que estaba lista para ser penetrada, no la hice esperar, cogí mi verga y con ella lamí su rajita. Guadalupe estaba desesperada, me gritaba que se la metiera, continué un rato, hasta que empujé mi polla sobre su vagina, empecé a bombearla con la postura del misionero, recorría con mis manos sus nalgas y con mi boca me comía sus pechos negros.

Este relato que os cuento ahora sucedió hace bastantes años, por aquella época teníamos a una asistenta de raza negra, la cual se encargaba de arreglar todo en la casa. Ella se llamaba Guadalupe, era de Nigeria, estuvo contratada durante un año, tenía la piel muy negra, con un cuerpo muy bien formado, cabello negro azabache, labios carnosos. Ella vivía también en nuestra casa, en una de las habitaciones que estaban al otro lado de las nuestras donde nosotros pernoctábamos. Desempeñaba muy bien las tareas del hogar y al principio todo era muy normal, además mis padres estaban muy contenta con ella, pues era muy eficiente y pasaba inadvertida por la casa normalmente.

Un día, estaba viendo la televisión en el sofá, y la vi sacando brillo al suelo, estaba de espaldas a mí, con un vestido muy corto, el cual dejaba ver sus fastuosas piernas y parte de su rosita ropa interior. Ese día me excité mucho con ella, y la empecé a ver con otros ojos, cada día pensaba como hacerla mía, de una manera en la que no se diese casi ni cuenta, por las noches mientras me dormía no podía conciliar el sueño, pensando en mi negra sirvienta.

La cosa fue pasando hasta que un día se me ocurrió una idea, aprovechándome que era una chica algo ingenua, ya que era de un país alejado del mundo, y que ese fin de semana mi familia salió al campo y no volverían hasta el día siguiente. Salí de compras, en una tienda compré lencería femenina, unas medias de encaje blancas, un picardías negro algo trasparente, y unas braguitas negras también trasparentes. Llegué a mi casa, y oí el agua corriendo de la ducha, era Guadalupe, fui a mi habitación, saqué la ropa de sus paquetes y lo puse todo sobre mi cama. Esperé a que saliera y antes de que entrara en su habitación la llame, le dije que viniera un momento, contestó que se vestía e iba, pero insistí, le dije que era un momento, ella aceptó, y entró en mi habitación, estaba vestida con un albornoz color salmón, se veía hermosa, la fragancia que emanaba su piel recién bañada era celestial, esto me excitó.

Le dije que al pasar por una tienda vi esto, señalando a la cama, y que como ella se portaba tan bien, me apetecía regalárselo. Ella se quedó con la boca abierta, me dijo que era hermosa la ropa, yo le dije que quería que se la probase para ver si le quedaba bien, y ella rápidamente me dijo que enseguida iba a su cuarto y se lo probaba. En ese momento metí más presión, y le solicité que se cambiase en mi cuarto, que me daba la vuelta, que no pasaba nada y así le daba mi opinión, ella se sonrojó, bajó su mirada, vio que en mi pantalón había un bulto en la bragueta, y sin decir nada se giró, se abrió el albornoz y me pidió la ropa. Le alcancé la lencería, se quitó el albornoz, y pude observar su adorable culo duro, en ese momento tuve que hacer esfuerzos para no abalanzarme sobre ella.

Se puso el conjunto completo, se dio la vuelta, y preguntó por como le quedaba, le dije que perfecto, y ella empezó a bailarme, eso me puso loco, la traje hacia mí y sus pechos se agitaron, después me separé de ella, me bajé el orificio del pantalón, y salió mi pene. Le dije que una chupadita podía estar bien, ella se arrodilló lentamente, tomó mi verga y empezó a mamarla de manera dulce, sus gruesos labios abarcaron la cabeza de mi polla, la tragó hasta la mitad, sentí su lengua girar alrededor del glande, tomé su cara y saqué mi polla, para a continuación volverla a meter, repetí la operación varias veces, ella hacía perderse mi verga entre sus labios carnosos, Guadalupe dentro de su boca en cada envestida relamía mi pene, después de un rato, ella se retiró un poco, soltándose de mis manos, y comenzó a lamerla por los lados, subía y bajaba ricamente, hasta que en uno de esos vaivenes, agarró uno de mis testículos, y se lo metió en su boca, lo chupó enérgicamente, y me llevó al cielo, después la agarré de la nuca, y le introduje nuevamente mi polla en su boca, le guié el ritmo, poniéndole uno más fuerte y rápido, al rato se separó nuevamente, y me dijo que sabía muy rica mi picha, yo no aguantaba más, le introduje la polla otra vez, y me corrí en su boca sin avisarle, pero a ella no le importó mucho, se tragó todo, solo dando una pequeña arcada en uno de los chorreones.

Tras esto, pensaba que la cosa había terminado, pero no era así, Guadalupe me miró y me dijo que ella también quería disfrutar, que hacía mucho tiempo que no mantenía relaciones, se puso ella de pie, y yo me arrodillé en su espalda, agarré sus nalgas, una con cada mano y por primera vez palpé sus firmes nalgas, puse mis dedos pulgares casi enfrentados en su raja, ella levantó su culo, aceptando mis roces y adivinando mi propósito. Gradualmente introduje los dedos en la raja, abriéndola lentamente, apartando hacia un lado sus braguitas, lo primero que vi fue su ano, para finalizar observando los labios velludos, entre los que salía una brillante humedad, debida a la excitación que tenía Guadalupe. Acerqué mi cara lentamente a sus nalgas y poniéndola sobre la raja, empecé a lamer un poco su culito, el cual era aun más negro que su piel, para continuar por sus tostados labios vaginales, que dejaban entre ver su rosada vagina.

Después de un tiempo, se giró, se quitó las bragas, y su coño quedó exactamente enfrente de mi cara, ella ya estaba metida en situación, y no iba a parar hasta el final, su coño excitado desprendía el olor característico, acentuado por lo brillante de sus labios vaginales. Puse una mano en su muslo, cerca de la ingle, y con la otra acaricié su velludo monte de venus, después ella con sus dedos abrió los labios superiores de su coño, dejando ver los morados menores, los cuales de menores tenían poco, y sobre los cuales bajaba su brillante jugo, que enlazaba con sus pelos, humedeciendo estos. Me incorporé, la cogí de la mano, la llevé a la cama, recostándola, se tumbó sobre su espalda y levantó sus rodillas hasta los hombros, quedando completamente al aire su coñito, el cual era espectacular, con negros y peludos labios vaginales, el vello enrollado en pequeños rizos cubría todo el borde, y tras separar sus labios mayores y menores con mis dedos, se mostró ante mí su clítoris, el cual estaba hinchado, y más abajo se observaba su gruta de color morado, la cual debía ser muy profunda, y que derramaba bastantes líquidos los cuales corrían hacia el carnoso ano.

Le dije que le iba a lamer su rajita, ella con desesperación me dijo que rápido, que estaba deseándolo, le desnudé y la terminé de desnudar besando cada parte de su cuerpo que quedaba descobijada, besé su cara negra, sus labios carnosos, lamí sus grandes pezones marrones, chupé con la punta de mi lengua su clítoris el cual estaba durísimo, acariciándolo repetidas veces, mientras con mis manos sobaba sus tetas, hasta llegar con mi boca a su vagina. Estaba sobre mi cama, seguía chupándole su vagina, ella daba gemidos de placer, besaba sus dulces piernas hasta llegar a su ano, ella levantando su pelvis, me indicaba que estaba lista para ser penetrada, yo no la hice esperar, cogí mi verga y con ella lamí su rajita. Guadalupe estaba desesperada, me gritaba que se la metiera, continué un rato, hasta que empujé mi polla sobre su vagina, entrando progresivamente y fácilmente, empecé a bombearla con la postura del misionero, recorría con mis manos sus nalgas y con mi boca me comía sus pechos negros.

Después me puse de pie en la cama, levanté las piernas de la zorrita tostada, hasta colocarlas en mis hombros, puse la punta de la verga entre sus labios, y la empujé, se deslizó hasta el fondo, mi blanca verga se sumergía en la cueva negra rodeada de pelitos rizados negros, se tragaba sin restricciones la dura vara, la sacaba completamente y la volvía a introducir. Las pieles contrastaban, el terso cutis moreno de Guadalupe y el bronceado de mi pálida piel.

A continuación, me pasó las piernas alrededor de la cintura, sentí sus talones en mis riñones, aproveché y se la clavé a fondo repetidas veces, después me flexioné un poco buscando sus tetas, metiéndome un pezón en la boca, chupándolo y mordiéndolo, mientras sepultaba mi verga en la babeante gruta de la puta negra, sacándola y metiéndola acompasadamente, su hueco era suave, caliente y muy jugoso, quien lo iba a decir de mi sirvienta, que era muy tímida, estaba muy excitada ya, y mirándome a los ojos se empezó a venir, me dijo que se corría, que mi verga era excelente, que la matase con mi palo. Me apretó con sus piernas, incrustándome dentro de su vagina, y se corrió, para al momento derrumbarse sobre la cama.

Yo mantuve sus piernas en mis hombros, y mi polla entraba fácilmente en el negro túnel encharcado, continué bombeándola, observaba como su dilatado coño con sus pelos mojados se comía el palo blanco, hasta que mi semen anunció su salida, la leche entró a chorros sobre su cueva, pero yo continuaba taladrando a aquella guarra, hasta que no pude más porque su vulva me aprisionaba mi polla, por lo que esta exprimía mi verga.

Después nos tumbamos cada uno en un lado de la cama, y empezamos a besarnos, jugueteamos un rato más hasta que ella se fue a su cuarto desnuda, mostrando su desnudo cuerpo negro, y con su nueva lencería en la mano, la putita fue por el pasillo desnuda hasta su habitación.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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Mi historia y perversión por la lencería

Se dirigió a mi aparato, me bajó un poco el tanga hasta la altura de los muslos y me la chupó como nunca ninguna mujer lo había hecho, colocó su miembro en mi cara y me pidió que se la volviera a chupar, lo hice y nos fundimos en un gran 69 y así, nos corrimos los dos.

Hola. Esta es la primera vez que escribo, me presentaré, mi nombre es José, tengo 31 años y soy de España. Mi preferencia sexual es heterosexual y lo sigue siendo, pero desde muy joven, he sentido una predilección especial hacia la ropa interior femenina, braguitas, tangas y culotes (o como se escriba). Me solía poner las braguitas de mi hermana cuando estaba solo en casa, me sentía súper excitado al sentir esas dulces prendas en mis partes más íntimas e irremediablemente, acababa masturbándome y derramando una gran cantidad de leche.

El tiempo fue pasando y fui dejando a un lado esa “perversión” hasta que tuve una novia y me fui a vivir con ella. Ella siempre llevaba tangas y mis deseos de poder ponerme una de sus tangas iba en aumento hasta que un día no pude más y cuando ella se fue a trabajar, fui corriendo hasta el cajón donde guardaba su ropita interior, cogí un tanguita color rosa de seda, me desnudé y empecé a ponérmelo, mi polla se endurecía cada vez más al sentir ese tanga subir por mis piernas, cuando me lo terminé de poner, me sentía genial, nunca olvidaré como el hilo dental me violaba mis nalgas, ¡que sensación! Me excité tanto que acabé haciéndome fotos con el teléfono móvil frente un espejo, ¡cuánto me arrepiento de haber borrado esas fotos!

Los días fueron pasando así, cuando ella se iba, yo repetía ese ritual e incluso me ponía una minifalda que le había regalado, que no por error, había comprado con una talla mayor a la suya. Me sentía bastante puta y eso me gustaba muchísimo, fantaseaba con que un hombre llamaba a la puerta y al verme me obligaba hacer todos sus deseos, y acababa masturbándome imaginando una polla en mi boca. A veces, incluso pensé en prostituirme, cuando ella no estaba en casa, coger una mochila y meter la ropa de mi novia y salir a la calle,  cambiarme en un descampado y esperar a que algún macho me hiciera sentir una putita, pero nunca llegué a hacerlo.

Esa historia se acabó e intenté olvidar el contacto de los hilos dentales en mi ojete, pero esa sensación era muy persistente y fuera donde fuera, me perseguía, así que, un día, entré en una tienda de todo a cien y me compré un precioso hilo dental color rosa, muy parecido al que me puse por primera vez, entré en un bar y me dirigí al servicio, me encerré y me puse el tanguita que, momentos antes había comprado. ¡Oh, que delicia volver a sentirlo en mi piel! Me volví a poner el pantalón y salí del aseo, sentía muchos ojos mirándome, aunque no fuera cierto, eso me ruborizó, pero a la vez, me hacía sentir una guarrilla.

Ese día, decidí contratar los servicios de una transexual, miré en el periódico los anuncios por palabras, y busqué en contactos. Allí se anunciaba una transexual de 22 años activa, pasiva y que recibía con minis muy cortas, me decidí y la llamé, nos citamos media hora después en su casa particular. Mi excitación iba en aumento y el pequeño tanguita ya no podía sujetar el tamaño de mi miembro duro y erecto. Llegué a la dirección que me había dicho y me recibió una señorita morena de pelo largo alta y con un traje de tirantes muy corto que no dejaba mucho a la imaginación.

Nos saludamos y me condujo a una habitación con una cama y un armario, puso una película porno donde un chico se la chupaba a una transexual, eso aún me puso más caliente, me invitó a una cerveza y empezamos a besarnos, rápidamente sentí como su polla crecía en respuesta a mis caricias, sin saber como sucedió, me vi de rodillas en el suelo levantándole la mini, sacando su enorme pene e introduciéndomelo en la boca. ¡Mmmmm, qué rica estaba! Después de un buen rato así, nos desnudamos y al ver que llevaba tanga, sonrió y me dijo:

-No sé quién es más puta de las dos.

No acerté a decirle nada, sólo sonreí coquetamente. Me pidió que me lo dejara puesto un rato, que me veía muy bien con él. Nos tumbamos en la cama y volvimos a besarnos, sus manos acariciaban mi cuerpo y mis manos sólo buscaban su polla, quería sentirla entre mis dedos, masturbarla. Ella, se dirigió a mi aparato, me bajó un poco el tanga hasta la altura de los muslos y me la chupó como nunca ninguna mujer lo había hecho, colocó su miembro en mi cara y me pidió que se la volviera a chupar, lo hice y nos fundimos en un gran 69 y así, nos corrimos los dos, ella se tragó toda mi leche sin dejar una gota, yo quise hacer lo mismo y no dejé que se fuera en otro sitio que no fuera en mi boca. ¡Qué sabor más bueno tenía! y aunque sólo habíamos lamido nuestras pollas, me quedé muy satisfecho, nos despedimos y me fui a casa feliz.

Esa experiencia me hizo desear más, volví a citarme con prostitutas transexuales y les pedía que me vistieran de chica por completo y me trataran como una puta, una de estas, incluso llamó a unas amigas suyas a que fueran a su casa y poder presentarme bajo el nombre de Priscila. ¡Buf! me sentía súper puta y me gustaba serlo. Nunca dejaba que me penetraran, sólo quería sentirme una puta y comerles la polla.

Pero dentro de mi cerebro, nacía una nueva perversión: ¿A qué sabría la polla de un chico?

Así que un día, me puse un pantalón blanco bastante transparente, me compré otro tanguita color rojo y volví a ponérmelo en los aseos de un bar, pero no me iba a mover del bar, esperando que algún hombre me dijera algo de mi tanga recién estrenado, porque al sentarme en la banqueta, dejaba verse el triangulillo de la parte trasera.

Los hombres que había en el bar y los que iban entrando y saliendo, se fijaban y miraban mucho mi trasero o mejor dicho, la parte que se veía del tanguita, pero ninguno, me dijo nada. Eso me frustró mucho, aunque me pusiera muy cachondo sus miradas. Lo intenté varios días más sin éxito, probaba con otros tangas, pero nada de nada, incluso me contoneaba al dirigirme al baño, esperando que alguno entrara detrás de mí y me dijera:

-Quieres polla, ¿verdad? ¡Pues toma esta!

Pero, nunca ha sucedido. Así que, aún espero poder saborear el miembro de un hombre y poder sacarle todo su jugo. Bueno, esta es mi historia, por el momento. Quizás pueda volver a escribir sobre mi experiencia con un hombre, pero por ahora no puedo. Mientras si lo deseáis podéis enviarme tus comentarios y me contáis si os a gustado mi historia o no.

Besitos.

Autor: chicoentanga

chicoentanga78@hotmail.com

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Haciendo amigas

Su lengua ardiente recorría todo mi coño hasta que se me nubla la vista, noto como todo el placer acumulado estalla y mi coño se me abre mucho más, gemidos, jadeos, sudor, placer que sube desde mi coño hasta la cabeza, no aguanto más, y mientras veo su boca en mi coño, me corro en ella, no paro de gritar de puro placer.

Apenas faltaban 3 minutos para el inicio del nuevo curso. En mi vientre se mezclaban una serie de sensaciones desde nerviosismo, ánimo por un nuevo curso y angustia por entrar de nuevo en la rutina. No era mi primer año en la universidad, pero tras el fracaso anterior decidí cambiar de carrera.

Al entrar en la enorme aula comprobé que el profesor ya había comenzado a hablar, por lo que tuve que ir hasta el fondo teniendo la posibilidad de ir viendo quienes iban a ser mis compañeros. Me senté al lado de una chica que me llamó la atención, al verme me saludó con una sugerente sonrisa, se llamaba Noemí. Junto a ella había dos chicas más, Sheila y Jessica. Para ninguna de nosotras era nuestro primer año, las tres veníamos de distintas especialidades.

Pasados dos meses éramos casi como amigas de toda la vida y estábamos muy a gusto las cuatro juntas. Noe era muy atractiva, con su mirada podía volver loco a casi cualquier hombre, con unas piernas perfectas, unas tetas que incitaban a ser mordidas, tan redondas y perfectas, y una melena negra hasta casi la cintura que le daban un aspecto salvaje y morboso. Era capaz incluso de despertar en mi ganas de morderle esos labios tan jugosos que siempre se pintaba de rosa haciéndolos parecer golosina para mí, siendo la primera vez que yo me fijaba en una chica, resultando todo eso muy extraño para mí, ya que yo tenía novio desde hace mucho tiempo. Además, siempre me hablaba y me miraba como si supiera que es lo que yo pensaba de ella. Y a veces yo sentía que coqueteaba conmigo, pero de forma muy sutil, de modo que por su tono de voz y su mirada sólo nosotras nos dábamos cuenta de lo que pasaba.

De repente un día en clase decidimos salir las cuatro juntas y pegarnos una buena juerga antes de los exámenes:

– Jessi: Hace ya como dos meses que nos conocimos y aún no nos hemos cogido ni una borrachera juntas, a ver si organizamos algo antes de los exámenes. – Yo: Eso se soluciona rápido este mismo jueves quedamos todas para ir de fiesta y que ninguna se quede atrás eh… no valen las excusas.
– Noe: ¡Aaaah! Sé de un pub que se inaugura este mismo jueves así que a ponernos guapísimas y no nos vamos hasta acabar reventadas de bailar. – Sheila: Así aprovecho y me busco un novio que me quiera y esté bien bueno.

Ya era jueves y habíamos quedado a las 00:30 para ir a ese pub que Noe había dicho y tan sólo faltaban 15 minutos. Me puse una de esas mini, pero que muy minifalda, ajustada, negra, con un top rojo escotado que resaltaba mi piel morena, y los tacones más altos y finos que tenía. Al llegar allí las demás ya habían llegado y como siempre yo la última. Estábamos preparadas para triunfar esa noche, Noe estaba increíble con su traje blanco ajustadísimo que le dejaba al descubierto su espalda y gran parte de las tetas. Estuvimos por los menos hasta las tres bebiendo y bailando sin parar, y los coqueteos con Noe cada vez era más descarados, seguramente por el alcohol:

– Noe: Vaya… me lo pones fácil con esa falda tan corta… – Yo: Pues no veas cómo me pones con ese tanguita negro que se te transparenta por el vestido… – Risas.

A eso de las cuatro y media Jessi y Sheila se iban ya que su residencia cerraba a las cinco y si llegaban tarde tendrían que pasar la noche en la calle. En cambio Noe y yo seguimos en la pista, bailando cada vez más pegadas y volviendo locos a todos los que nos miraban. A eso de las seis ya no podíamos más y salimos juntas de allí, fui a buscar el dinero para el taxi, pero:

– Yo: ¡Ooohh! ¡Noe, que le di mi cartera a Jessi para que me la guardara y no se la volví a pedir, tenía las llaves y todo, a ver como vuelvo ahora a mi casa! – Noe: No te preocupes, vente a mi piso que mis compañeras pasan de todo y no les importa que lleve a gente. – Yo: Ah vale, entonces sin problemas.

Llegamos al piso de estudiantes y estaban las demás durmiendo, entramos sigilosamente al cuarto de Noe. Mientras nos desnudábamos para irnos a la cama a dormir no podía parar de mirarla en tanga, tenía un culo redondo y prieto, y sus tetas descubiertas me llamaban para que le chupara los pezones, ella al verme también desnuda y al ver mi piercing del pezón me dijo:

– Noe: Nunca he probado chupar un piercing de la teta… ¿qué se siente? – Yo: Me da mucho placer cuando me lo lamen. – Noe: ¿Sí? Pues que tal si me dejas probar…

Me quedé asombrada, no me dejó apenas responder y en cuanto me di cuenta tenía su mano en mi teta y podía ver perfectamente como su lengua se acercaba a mi pezón y jugaba con mi arete, en ese momento creí volverme loca, nunca antes había tenido nada con ninguna chica. Con la boca jugaba con mi piercing y una de sus manos la iba bajando hasta mi tanga, al llegar allí metió la mano y directamente me metió por el coño dos dedos, las dos estábamos cachondas y muy calientes, yo pedía cada vez más, tres, cuatro, cinco dedos que me metió por el coño, nuestro cuerpo ardía y se movía cada vez más. De repente me tumbó sobre la cama me quitó el tanga y al ver mi coño totalmente depilado dijo:

– Noe: Así me gusta para poder comértelo todo y meterte la lengua hasta el fondo. – Yo: Cómemelo que me quiero correr en tu boca

Podía ver su cara entre mis muslos, me lo lamía todo, cada vez que me chupaba el clítoris creía que me iba a morir de gusto, sentía su lengua dentro de mi coño como me la metía hasta el fondo, y a la vez me metía tres dedos. Cada vez más rápido más placer, más calor, más sudor, una y otra vez su lengua ardiente recorría todo mi coño hasta que se me nubla la vista, noto como todo el placer acumulado estalla y mi coño se me abre mucho más, gemidos, jadeos, sudor, placer que sube desde mi coño hasta la cabeza, no aguanto más, y mientras veo su boca en mi coño, me corro en ella, no paro de gritar de puro placer, me lo sigue chupando y en vez de tres dedos ya me ha metido la mano entera, estoy que no me lo puedo creer.

Termino de correrme, me incorporo sobre la cama y poniendo mi mano sobre su cuello la traigo hasta mi boca y comenzamos a besarnos de la forma más guarra posible, nuestras lenguas enrollándose hasta hacer casi nudos. Se pone encima de mí, cuerpo a cuerpo, noto su coño totalmente mojado sobre el mío, nos seguimos besando, mientras le toco las tetas, se las chupo, se las lamo, me doy la vuelta para morderle el culo y darle un par de azotes, desde atrás le abro las nalgas y le meto de golpe tres dedos en el coño, no deja de gemir, me agacho y yo también se lo empiezo a chupar, era la primera vez que lo hacía.

Me encantaba, sentir su coñito afeitadito entre mis labios, meter mi lengua… Hasta que vi un bote de desodorante sobre su mesilla, lo cogí y se lo metí en el coño, empezó a gritar, a moverse, se le arqueaba la espalda completamente y con mi otra mano le tocaba el clítoris, cada vez yo le daba con más fuerza y rapidez, más, más y más gritos, calor, placer hasta que al fin se corre toda, pero yo no paro le sigo dando y dando y más le gusta, parece que se va a volver loca, sus piernas tiemblan y de su cara no se quita esa mirada de guarra mientras yo le daba.

Al final quedamos las dos extasiadas sobre la cama, empapadas en sudor, habiendo descubierto que nadie te puede comer el coño mejor que otra tía. Nos miramos, nos dimos un último beso y en seguida nos quedamos dormidas, cuerpo a cuerpo, desnudas…

Autora: Belladonna

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Amor de madre

Cuando mi madre notó mi primera convulsión también gritó  y mordió con fuerza mi hombro para intentar sofocar su chillido de placer. Me dolía, pero el gusto era tan intenso, notando el enorme cuerpo de mi madre abrazado al mío, sintiendo como ella se convulsionaba por su orgasmo, como yo su hijo la estaba haciendo correrse de gusto, que el dolor se convirtió en una sensación alucinante.

Tengo veintitrés años, me considero un tío que está bastante bien. Tengo bastante éxito entre las mujeres, pero la verdad es que no me hace falta salir a ligar, estoy bastante bien servido pues mi madre se ocupa de que ande bien follado. Estoy tan satisfecho que en muy pocas ocasiones he ido a buscar sexo por ahí, y cuando lo he tenido que hacer siempre he ido a buscar mujeres que me recordaran a mi madre. Me gusta follar con mujeres gordas, y en ese aspecto mi mamá cumple todas mis expectativas. Si no habéis follado nunca con una gorda os habéis perdido uno de los mayores placeres de la vida y cuando probéis una no volveréis a cambiar os lo aseguro.

Esta historia empezó hace unos meses, cuando me mudé de casa de mis padres a mi propio apartamento. Mi madre estaba triste porque su pollito abandonaba el nido y se resistía a ello. La tenía metida todo el día en casa. Me traía comida, venía a lavarme la ropa, a ayudarme a limpiar y lo que hiciera falta. Yo me había marchado de casa para tener independencia e intimidad y no lo estaba consiguiendo así que un domingo por la mañana en que mi madre se presentó con una fuente de comida, decidí que ya era hora de hablar con ella y dejar las cosas claras.

-Mira mamá, esto no puede seguir así, yo necesito intimidad, no digo que vengas a visitarme de vez en cuando, pero es que creo que te estás pasando.-Ya lo sé hijo mío, tu padre también me lo dice, pero es que te echo de menos. Tú sabes lo mucho que te quiero y se me hace muy duro no tenerte en casa.-Yo también te quiero mamá, pero debes dejar que viva mi vida. Imagínate que quiero traer una chica a casa y tú te presentas aquí en mitad de la faena, no sería muy agradable.-Así que lo que te molesta es que pueda pillarte tirándote a algún zorrón.

Su tono se había puesto demasiado áspero. No lo entendía mi madre y yo siempre habíamos tenido mucha confianza para tratar los temas de sexo. Le había contado mis primeras experiencias y ella había resuelto todas mis dudas.

-¿Qué te ocurre mamá? Parece que te has enfadado. -Perdona pero creo que estoy un poco celosa, hasta ahora yo era la mujer más importante de tu vida y ahora seguro que conocerás a otras que te darán lo que te ha faltado conmigo. -No sé de que me hablas, tú me has dado siempre todo lo que he necesitado. Eres una madre totalmente cariñosa y te quiero mucho. -Sí cariño, pero ahora has crecido, te has hecho un hombre y tienes otras necesidades, necesitas sexo de verdad y de forma regular.

Aquella conversación estaba tomando un camino muy extraño y yo no me imaginaba como iba a terminar. Quizás si hubiera continuado por otro lado no hubiera pasado lo que sucedió, y la verdad es que me alegro de que pasara.

-Por supuesto que necesito sexo, pero no se que tienes que ver tú en eso, ¿acaso quieres dármelo tú también?-Dije aquello sin ninguna mala intención, de verdad que hasta entonces no había pensado en mi madre como hembra. Supongo que inconscientemente si me atraían las mujeres gordas era porqué siempre buscaba a alguien como ella pero no lo había pensado. Su respuesta me dejó alucinado:

-Si me lo pidieras, sabes que nunca he podido negarte nada mi amor.-Mamá, que dices. ¿Serías capaz de tener sexo conmigo, con tu propio hijo? me parece sucio. -No te consiento que digas que sería sucio, sería el acto de amor más sublime. Que cosa hay más preciosa que el amor entre un hijo y su madre y la demostración más grande de amor sería entregarme a ti por completo. Ahora puedo entender que no seas capaz, que no me ames lo suficiente o que yo te repugne sexualmente.

No sabía que decirle. Mi cerebro intentaba aceptar toda aquella información y ordenarla, estaba paralizado. Entonces empecé a recapacitar. Intenté ver a mi madre solo como una mujer. Más bien bajita, aproximadamente 1,65m., cara redonda con ojos grandes y brillantes de color miel, la nariz un poco abultada daba personalidad a sus rasgos y un lunar entre ella y la apetecible boca de labios carnosos rojos como la sangre la hacían una mujer muy bonita. Su pelo rubio y ondulado caía sobre sus hombros. Tenía un escote precioso. Sus pechos de bastante buen tamaño aunque no demasiado grandes, se juntaban formando un canalillo extremadamente sensual y aunque nunca los había visto desnudos, dejaban intuir unos pezones grandes, muy de mujer.

La cintura estaba dominada por la carne, se le formaban unos pliegues en la ropa que solían atrapar sus carnes y resaltaban aún más sus anchas caderas de movimientos incendiarios. Sus muslos eran anchos y duros, sin asomo de celulitis a pesar de su gordura y formaban unas nalgas grandes y espectaculares, un culazo maravilloso. Sus piernas acababan en unas fuertes y anchas pantorrillas y en unos pies pequeños de dedos perfectos. El conjunto me pareció de una mujer absolutamente deseable, realmente mi madre era una mujer capaz de ponerme a cien y además la quería con locura. Pero seguía sin atrever a lanzarme. De repente su voz me sacó del hechizo:

-Lo siento, creo que no debería haberte dicho eso, lo mejor será que me vaya.

Mis neuronas se activaron de repente, no podía dejar que se marchara, tenía que decirle lo que sentía, necesitaba imperiosamente abrazarla y besarla.

-Espera mamá, no te marches. Es solo que no me esperaba que me dijeras eso y me has desconcertado. Me pareces una mujer increíblemente guapa y deseable y además tú sabes que te quiero con locura y voy a demostrártelo.

Avancé hacia ella y tiernamente cogí su regordeta cara entre mis manos. La acaricié y pasando mi mano entre su pelo la agarré de la nuca y la atraje hacia mi boca. Besé sus labios y empujé mi lengua dentro de su boca. Puedo recordar la sensación de su cálida saliva en mi boca, su áspera lengua recorriendo la mía, mientras sus manos recorrían mi pecho de arriba abajo. Separamos nuestras bocas y nos quedamos mirando a los ojos, con nuestras caras prácticamente pegadas.

-Te amo mamá. Deseo entregarme a ti. -Yo también te amo hijo mío. Desde el momento en que te tuve en mi pecho nada más nacer creo que me enamoré de ti. Siempre has tenido mi corazón, ahora quiero entregarte también mi cuerpo. Por favor hijo mío, poséeme, hazme tuya. Hazme sentir como una hembra entre tus brazos. -Madre, quiero hacer el amor contigo ahora mismo, te deseo con todas mis fuerzas.

Mi miembro estaba ya tieso como un palo. Me puse tras ella y mientras le acariciaba los pechos, le besaba el cuello y la iba empujando poco a poco hacia mi habitación. Oía sus gemidos mientras ella iba desabotonándose el vestido y lo dejaba caer al suelo.

Llegamos a mi cuarto y encendí la luz, quería disfrutar de aquel momento con total claridad, no quería perderme ni un detalle de aquel magnífico cuerpo. Realmente su cuerpo era grande. Su piel estaba absolutamente blanca y podía admirarla totalmente solo llevaba encima unas enormes bragas blancas y un sujetador a juego. Tiró su cabeza hacia atrás, y llevando sus manos a la espalda soltó el sujetador. Sus pechos cayeron vencidos por el peso, eran más pequeños de lo que me había imaginado pero eran absolutamente preciosos. Dos masas de carne dura y como siempre había pensado dos grandes areolas oscuras como el café y con unos pezones redondos como bolas.

Inclinándose hacia delante comenzó a bajarse las bragas. Los pliegues de su cintura se hicieron más visibles y su barriga colgaba. Lo que vi a continuación me dejó estupefacto. Mi madre tenía su coño totalmente afeitado y la grasa formaba un cojín a su alrededor que lo resaltaba aún más. El espectáculo era sobrecogedor. Notaba como mi polla empezaba a soltar las primeras gotitas.

-¿Te gusta lo que ves cariño? -Mamá estás buenísima, me pones terriblemente caliente, no me hagas sufrir más, ven a la cama.

Avanzó hacia mí, yo estaba sentado en la cama con la espalda recostada en el cabezal. Subió a la cama y se sentó sobre mí. Su gran peso me hizo un poco de daño, hasta que encontramos la posición en que los dos estábamos cómodos. Estábamos el uno frente al otro desnudos. Nuestras manos recorrían frenéticamente nuestros cuerpos y nuestras lenguas se unían en un interminable beso.

-¿Te hace daño tu gordita mamá encima hijo? -No, me da mucho gusto tenerte así mi gorda mi polla, totalmente erecta daba golpes contra su barriga. Me escurrí un poco hacia abajo hasta que apunté mi capullo contra la entrada de su húmedo coño, y mirándola a los ojos, la embestí con fuerza. Mi polla entró con fuerza hasta el fondo.

Mamá cerró los ojos y mordiéndose los labios dejó escapar un gritito mezcla de dolor y placer. Mi pelvis se movía suavemente mientras mi madre se balanceaba clavada en mi verga. Sus jadeos se hicieron más profundos, el sudor afloraba por sus poros. Mamá cruzó sus manos por detrás de la nuca, sus pechos subieron húmedos por el sudor, volví a chuparlos con frenesí. Su cuerpo olía a sudor y jugos vaginales. Nos estábamos volviendo locos de placer y mamá cambió sus jadeos por palabras:

-Así, así mi amor, con dulzura, me gusta que me hagas el amor, así hijo mío, me haces sentir tan mujer. Ahhh, me quemas el coño, que gusto me das hijo mío.

Poco a poco la calentura fue pudiendo con ella y la lujuria fue superando al amor, mamá se convirtió en una guarrilla.

-Ahhh, no puedo más, me vas a romper el coño, me siento como una perra caliente. Vamos nene, dale leche a tu mamá. Anda mi macho, córrete dentro de tu puta, de tu esclava, haz temblar las carnes de esta gorda mujer.

Todavía me excitó más que mi madre me dijera todas esas guarradas y huevos totalmente llenos necesitaban desahogarse.

-Mamá, me pones muy cachondo cuando dices esas cosas. Me encanta que quieras ser mi puta, tienes un coño tan caliente…Eres un pedazo de hembra. Voy a correrme para mi perra, mi gorda .Voy a llenar el coño de mi madre. -Sí hijo, soy tu perra, córrete en mis entrañas, lléname con tu semen.

La corrida fue tan intensa que lancé un grito de placer, notaba como no paraba de salir leche de mi polla…el coño de mamá estaba rebosando. Realmente la había llenado.

Cuando mi madre notó mi primera convulsión también gritó, sus uñas se clavaron en mi espalda y mordió con fuerza mi hombro para intentar sofocar su chillido de placer. Me dolía, pero el gusto era tan intenso, notando el enorme cuerpo de mi madre abrazado al mío, sintiendo como ella se convulsionaba por su orgasmo, como yo su hijo la estaba haciendo correrse de gusto, que el dolor se convirtió en una sensación alucinante.

Quedamos extenuados, abrazados en la cama mientras nuestros corazones recuperaban su ritmo normal, nos acareábamos con ternura sin decir nada, tan solo besándonos intermitentemente y acariciando nuestros cuerpos desnudos, gozando del momento y reflexionando.

No tenía ni por asomo el menor rastro de culpabilidad, es más en ese momento me di cuenta de que me había enamorado de mi madre. Antes la quería pero ahora sentía amor por ella, la deseaba, la necesitaba. La quería solo para mí.

-Mamá, ha sido maravilloso, hasta este momento no era consciente de cuanto te quiero realmente. Te necesito, quiero que solo seas mía, gozarte de mil maneras distintas. -Soy tuya mi niño. Este cuerpo solo te pertenece a ti. Después de gozar como hoy no voy a dejar que nadie disfrute de él, ni siquiera tu padre volverá a tocarme, si tú me lo pides. Solo quiero hacer el amor contigo, follar contigo, que me poseas solo tú, quiero ser tu madre y tu mujer a la vez. Complacer todos tus deseos. Seré la más recatada de las mujeres y la más guarra de las putas para ti.

-No quiero que papá vuelva a tocarte, a partir de ahora sólo yo seré tu amante, sólo yo disfrutaré de tu cuerpo. Te daré todo lo que me pidas y te daré todo el placer que ese enorme y caliente cuerpazo necesita. A partir de ahora eres mi mujer y yo soy tu hombre, mamá.

Aquella tarde gozamos de nuestros cuerpos varias veces. Por la noche mi madre le dijo a mi padre que no quería volver a hacer el amor con él, que había perdido interés por el sexo que entendía, que él se buscara otras mujeres y que a partir de entonces dormirían en habitaciones separadas. Mi padre tuvo que aceptarlo, pues me pidió consejo y yo le dije que debía respetar los deseos de mamá.

Mi madre siguió viniendo regularmente a mi casa, y algunos fines de semana se quedaba a dormir.

Seguimos gozando de nuestros contactos de esta manera durante un tiempo.

Autor: Adiel

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La amistad

Luis quitó sus piernas de los hombros e inclinándose sobre Puri, la besaba mientras sobaba y estrujaba sus pechos y seguía moviendo su falo dentro de la calva panocha. Puri respondía con intensidad a la tremenda tranca que la estaba invadiendo. El acompasado ritmo de sus caderas no dejaba lugar a dudas, le gustaba y estaba disfrutando.

No hay nada cómo un buen amigo que dome a tu mujer mientras miras, luego la emputezca y luego no te deje cómo simple espectador sino que te haga participar y disfrutar con él mismo y tu propia mujer.

Yo siempre lo he dicho, en esta vida no hay nada como la amistad entre tíos. No creo que nadie que tenga un amigo de verdad ponga en tela de juicio esta afirmación. Para aquellos que no tengan la buena fortuna de tener un amigo, les puedo dar el proverbial botón de muestra.

Puri y yo llevábamos 10 años de casados, ella trabajaba en una agencia de viajes y yo en un banco. No tenemos hijos porque hemos decidido que nos gusta la independencia, viajar a menudo y disfrutar de un mejor nivel de vida al no tener los gastos que dan los hijos. Puri es más bien alta, 1,75, pelo moreno claro, grandes ojos marrón claro casi verde, cara dulce y atractiva, grandes y firmes pechos, estrecha cintura, grandes caderas y nalgas, piernas quizás un poquito gruesas pero largas y bien torneadas. Nos casamos muy jóvenes, a los 18 y 20, así que ella tenía 28 y yo 30 años cuando sucedieron los acontecimientos que relato.

Nos llevábamos bien, pero al cabo de diez años de casados nuestras actividades sexuales, que nunca habían sido nada del otro mundo, se hicieron aun más rutinarias e infrecuentes. En el más puro estilo del misionero, yo me ponía encima de ella, hacía mi ejercicio, me corría y a dormir. Este excitante acontecimiento tenía lugar, como máximo, una vez por semana. Yo, con delicadeza (al menos eso pensaba yo), una vez sugerí a Puri que quizás podíamos hacer algo para poner algún picante que estimulara nuestra vida sexual. Cuando ella me preguntó cuál sería el picante yo sugerí que quizás podíamos probar algún intercambio de parejas. Puri contesto muy enfadada y ofendida que ella nunca haría eso y que solamente degenerados podían hacer cosas así, que me había creído, ¿era esa la opinión que yo tenía de ella? ¿Yo pensaba que mi mujer era una puta?… Evidentemente, no era buena idea continuar la conversación, acepte mi derrota y… hasta la próxima.

Una de mis aficiones es jugar al fútbol-sala. Suelo jugar todos los Miércoles y Sábados. Puri muchas veces viene a verme jugar y después del partido solemos ir a alguna pizeria y cenar allí. Un día, uno de los jugadores trajo a un amigo suyo para ocupar la vacante de otro que se había mudado a otra ciudad. Luis, así se llamaba el nuevo jugador, resulto muy simpático, era corredor de bolsa y como yo en el banco me ocupo de valores, teníamos bastantes cosas en común. Él era alto, casi 1,90 de estatura, de unos 34 años, de pelo y ojos oscuros, bien parecido, fuertes y anchos hombros, estrecha cintura que además del fútbol-sala hacía pesas dos veces por semana y se le notaba en su físico. Al cabo de un par de semanas, un sábado, le invite a que viniera a la pizeria con nosotros. Resulto encantador, con buen humor, buena conversación, piropeó, de forma muy discreta y elegante, a Puri, hablamos de mil cosas y nos lo pasamos muy bien. Quedamos en que la próxima semana nos teníamos que reunir otra vez. Él dijo que la próxima semana traería a su mujer, Carmen.

Cuando llegamos a casa, Puri comento que qué buena idea mía había sido invitar a Luis y que esperaba impaciente al próximo sábado, porque si su mujer era tan agradable como Luis nos podríamos hacer muy amigos.

Efectivamente, la semana siguiente vino Carmen. Resulto también muy simpática, pero de una forma distinta que Luis. Tanto en apariencia física como en comportamiento Luis era refinado y distinguido; Carmen, sin ser basta, era más bien tosca de apariencia y maneras. Más baja que Puri, no era tan guapa, pero estaba muy buena: sin estar gorda, tenía buenas carnes. Pelo largo, obviamente teñido, rubio platino, ojos y labios muy pintados, gran escote, grandes tetas, shorts tan ajustados como cortos, muslos un poco ajamonados y sandalias de alto y fino tacón que no pegaban ni con los shorts ni con la blusa, ni con los jamonazos.

Se reía con ruidosas carcajadas, se daba palmadas en sus muslazos y mientras el coqueteo de Luis con Puri había sido discreto y hasta elegante, Carmen no dudaba en frotar sus tetas contra mi, darme palmadas en mis muslos, y pellizcar y sobar mi culo con la mayor desfachatez. Lo curioso del caso es que hacía todo esto con tal naturalidad que era difícil decidir si eran gestos de amistad y confianza o escarceos sexuales. Fuera cual fuese su intención, a mí sus tetas y sus toqueteos me ponían cachondo. De cualquier manera, los cuatro nos lo pasamos muy bien y quedamos en reunirnos otra vez la semana siguiente. Carmen aprovechó la despedida para espachurrar sus tetazas contra mi pecho, besarme en la boca con sus labios abiertos y estrujarme el culo con ambas manos.

Cuando llegamos a casa Puri dijo que se había divertido y que Carmen, aunque “distinta”, le había caído bien. Se había hecho tarde y nos fuimos directamente a la cama. Como Carmen me había calentado bastante, sin mucho preámbulo echamos (o eché) un palito. A pesar de mi entusiasmo, como ya iba siendo habitual, Puri estuvo bastante pasiva. Cuando termine, insinúe que quizás podíamos pensar en hacer un intercambio de parejas. Puri salto como un resorte:

-¡Que cerdo eres tu y todos los hombres! Tú lo que quieres es follarte a Carmen. ¡Ya he visto como con cualquier excusa te restregabas contra ella! Pues mientras estés casado conmigo no te tolero que folles con nadie, me entiendes ¡con nadie!

Yo capeé el temporal lo mejor que pude, asegurándole que no era cierto, que era Carmen la que se restregaba contra mí y que la encontraba demasiado tosca para mi gusto. Hice hincapié en que yo ya había propuesto lo de los intercambios antes de conocer a Carmen y que qué injusta era Puri con esas acusaciones. Se acabo la discusión, nos tapamos, se apago la luz y yo me puse a pensar en… las enormes tetas y los muslazos de Carmen. Un poco tosca sí, pero… ¡qué buena que estaba la tía!.

Pasaron un par de meses y se desarrollo una rutina. Nos solíamos reunir con Luis y Carmen una o dos veces por mes. Luis galanteaba y piropeaba a Puri, Carmen se restregaba contra mí, yo volvía a casa caliente, follaba a Puri que demostraba el mismo entusiasmo en mi follaje como un juez escuchando el discurso de un abogado tartamudo y… hasta la próxima. Así seguían las cosas cuando un sábado por la noche después de que Carmen me calentara y Puri me “enfriara” otra vez volví a mencionar el intercambio. Para mi sorpresa, Puri no chilló, se quedo pensativa unos segundos y dijo:

– ¡Que pesado eres David! ya te he dicho que yo no puedo tolerar que tú te folles a otra. Si estás buscando excitación lo único que puedo hacer por ti es, si tú quieres, dejar que delante de ti, se me folle un tío.

Me quedée de piedra, Puri a la que el sexo aburría, de repente estaba dispuesta a follar con otro. Sin que pudiera explicar porque, la idea de Puri siendo follada delante de mí me excitaba mucho. Trate de hacerme el sacrificado:

– Bueno, para que veas que no soy egoísta, si quieres follar con otro tío yo lo acepto. Puri no estaba dispuesta a “comprar” el favor que yo vendía. – De eso nada David, yo no soy la que pide follar con otro. Tú eres el que está buscando cambio, variedad y excitación. Si la idea de ver como un tío se me folla, te gusta y te excita, por ti lo hago. Pero que conste que no soy yo quien lo pide.

Parecía que hacerme el sacrificado no iba a conducir a ningún lado, pero la idea de ver a Puri follando con otro me seguía intrigando.

– Bueno Puri, como tú digas, a mí me apetece probar la idea. – La condición David, es que sea Luis quien se me folle y únicamente Luis.- Ah, así que tú dices que no quieres follar con otro, pero ya sabes quién quieres que te folle. Me parecía que la había cogido en un renuncio. Ahora no tenía defensa.- ¡Caray David no seas memo! Yo no quiero que se me folle nadie, pero para darte gusto a ti voy a hacerlo. El tío con el que menos asco me dará es Luis. Pero repito no es que yo quiera, es que estoy dispuesta a complacerte. Y si quieres que lo haga, tú te encargas de hablar con Luis y hacer los arreglos.

¡Joder con Puri! tenía respuestas para todo. Yo murmure un bueno, bueno, ya veremos e hice como que me dormía. Los siguientes días me los pase obsesionado con imágenes de Luis y Puri jodiendo. La verdad es que Puri estaba buenísima tenía unas tetas preciosas y un culazo y muslos de ensueño y la idea de compartirla me debería repugnar; pero por otro lado la imagen de ella y Luis follando me excitaba. Así pase dos días obsesionado con la idea y sin saber cómo preguntarle a Luis sin parecer un cornudo gilipollas. El miércoles siguiente, después de nuestro partido, Luis y yo fuimos al bar del polideportivo a tomar una cerveza como hacíamos a menudo. Mientras charlábamos en la barra, paso una chica con minúscula falda de tenis que se agacho a atar sus zapatillas justo delante de nosotros y nos brindo una vista inmejorable de su delicioso trasero. Cuando la chica se alejo, yo dije:

– ¡Que culito tan rico! Luis dijo: – ¡La cabrona! Que culo tan bueno que tiene y seguro que lo ha hecho adrede para provocarnos. Me he tenido que contener para no sacar la picha y darle por el culo aquí mismo. – Coño Luis, no sabía que fueras tan salido. Además para que te vas a follar a esa niñata, teniendo como tienes a Carmen que, con todo el respeto es más guapa y esta mejor que la niñata.

– Mira David, Carmen está muy bien, tiene un cuerpazo fabuloso y lo sabe usar que no veas, pero ¿sabes? el caviar esta buenísimo y pesar de eso, me cansaría de comerlo todos los días. Además mira quien fue a hablar, Puri si que es una verdadera belleza y bien atractiva.

Yo vi que se me abrían las puertas de mi fantasía.

– ¿De verdad te parece Puri tan atractiva?- Toma, a mí y a cualquiera, es una de las mujeres más guapas que jamás he conocido.

¡Adelante David, ahora o nunca! – Pues mira Luis… allí le explique todo. Le conté como yo quería cambiar parejas, que Puri se oponía, como Puri había dicho que lo máximo que estaba dispuesta a hacer era dejar que se la follara un tío delante de mí y que follaría únicamente con Luis. Yo le invité a que lo hiciera. Mientras yo hablaba Luis puso cara de asombro hasta que al final acabó con una sonrisa.

– Mira David, por mi encantado. Ya te he dicho lo atractiva que considero a Puri. Así que para mi… fenomenal. Pero ¿estás seguro de que no te va a importar? Esto de ver a tu mujer follando con otro tío no es para todo el mundo. Me molestaría mucho que perdiéramos la amistad, que tanto aprecio, por hacer algo que no hemos pensado bien.

Yo le di las gracias por su consideración, le asegure que lo tenía bien pensado, que la idea me excitaba mucho y que no podía pensar en nadie mejor que el con quien compartir mi mujer. Él me pregunto que cuando quería hacerlo y yo le dije que por mi ese era el día. Él dijo que le parecía muy bien y estaba dispuesto. Yo dije que tendría que llamar a Puri para estar seguro que ella estaba de acuerdo. Cuando fui al teléfono tenía la boca seca y me notaba el corazón a más de cien por hora. Medio tartamudeando le dije a Puri que había hablado con Luis y él estaba dispuesto a ir esa noche. Yo esperaba que Puri protestara, que dijera que teníamos que hablarlo más, que tenía que darle tiempo para preparase, que… pero para mi sorpresa Puri se limitó a decir:

– Bien, venid.

Colgó el teléfono y me dejó con la palabra en la boca y la confusión en la cabeza. Por el tono de voz y la cortedad de su respuesta no parecía que estuviera encantada. Quizás todo iba a ser un desastre. Volví con Luis y le dije que podíamos ir. Él me dijo que me veía un poco pálido y me sugirió que tomara un coñac. Así lo hice y después de veinte minutos, un poco más calmado, nos fuimos. Mientras íbamos a nuestros coches Luis me aviso que él era bastante lanzado sexualmente y que la idea de estar con Puri le excitaba mucho y preguntó si yo quería poner algún limite a sus actividades. Yo le dije que no, el único límite sería lo que dijera Puri. Si ella decía que no a algo él tenía que aceptar el no de Puri. Él dijo que muy bien. Entró en su coche y dijo que me seguiría a mi. Tardamos como unos veinte minutos. Aparcamos y mientras íbamos hacia el portal Luis dijo otra vez:

– ¿Estás seguro David?- Si, coño Luis, estoy seguro. La verdad es que estaba nervioso e inseguro, pero al mismo tiempo excitado e impaciente. Subimos al piso abrí la puerta y pasamos al salón. Le dije a Luis que se sentara y cuando iba a buscar a Puri ella entro en el salón. Me dejo con la boca abierta. Llevaba una blusa de seda, bien ajustada de un rojo intenso, sin mangas con generoso escote y con varios botones sin abrochar. La blusa no solo llamaba la atención sobre sus generosos pechos, si no que mostraba el valle de las delicias y la mayoría de los pechazos porque el minúsculo sujetador de transparente encaje rojo que llevaba, a duras penas tapaba los pezones pero ni siquiera cubría toda la areola. Una falda muy ajustada, negra, enmarcaba su culo respingón y aunque llegaba hasta por encima de las rodillas, tenía una abertura a un lado que mostraba su muslo hasta casi la cadera. Unas medias de rojo encaje y zapatos negros de altísimo tacón completaban su atuendo.

Se había maquillado más de lo habitual pero nada excesivo. La verdad es que estaba buenísima y de lo más incitante. También es cierto que yo nunca le había visto nada de lo que llevaba puesto pero de donde quiera que sacó el conjunto, le daba un aire de puta cara, de puta de lujo, muy excitante. Cuando le iba a preguntar de donde había sacado aquel atuendo, ella se adelanto y con toda naturalidad dijo:

– Hola Luis. Me alegro mucho que hayas venido. Mientras así decía, con un exagerado bamboleo de culo y tetas se acerco al sofá sobre el que estaba sentado Luis, e inclinándose le beso en ambas mejillas. Estoy seguro que, mientras ella se inclinaba a besarle, Luis tuvo una magnifica perspectiva de sus tetas imperiales. – Espero que David te haya explicado todo bien. Yo soy nueva en todo esto, pero a mí me encanta la idea ¿y a ti?

Luis la miró de arriba a abajo y con una pequeña sonrisa dijo: – Más de lo que te puedes imaginar.

Puri se volvió hacia mí y entre preguntando y ordenando dijo: – ¿No nos vas a ofrecer nada de beber?

Yo como un bobo, pregunte a Luis que quería, él dijo que una ginebra con tónica y cuando yo me dirigía hacia la cocina a prepararla Puri dijo: – Y otra para mí por favor. Estaba visto que las sorpresas no iban a acabar aquella noche. Puri no bebía nunca y nunca la había visto comportarse con la desfachatez con que se estaba comportando. Puri dijo que me ayudaba a preparar las bebidas y vino conmigo a la cocina. Cuando estábamos preparando las bebidas yo le dije que estaba muy guapa y atractiva. Ella me miró y dijo:

– Tú esta noche a callar. Yo voy a hacer lo que tú me has pedido, pero mientras lo hago tu callado y más vale que no interfieras y hagas todo lo que yo diga.

Volvimos con las bebidas al salón. Puri se sentó delante de Luis, lentamente cruzo sus piernas y después de ofrecer a Luis una visión frontal, giro un poco para dejar el lado donde se abría la falda a la vista directa de Luis. Después de brindar a nuestras respectivas saludes se hizo un momento de silencio roto por Luis al preguntar:

– ¿Como empezamos? – Podemos jugar a las prendas con una botella de tónica, sugerí yo. -¿Cómo se juega?, preguntó Puri.

Expliqué que nos teníamos que disponer formando un triángulo, que se ponía la botella horizontal sobre la mesita de café y se la hacía girar. La persona a la que quedaba apuntando la boca de la botella se tenía que quitar una prenda y después esa persona estaba a cargo de girar la botella otra vez.

Luis y Puri estuvieron de acuerdo, decidimos lo que se podían considerar prendas y yo di la primera vuelta a la botella. Luis y yo perdimos las tres primeras veces, después Puri perdió y se quito los zapatos. La próxima vez que ella perdió dudó unos momentos Luis dijo:

– O te quitas tú algo o te lo quito yo. Puri dijo:- Tú eliges. Luis le quitó la blusa dejando sus exuberantes pechos casi desnudos, únicamente cubiertos por el mini sujetador de encaje transparente. Luis se quedó mirándolos, casi hipnotizado. El ambiente se empezaba a caldear. Después perdimos Luis y yo de forma continua, hasta quedarnos los dos desnudos. Luis tenía músculos bien desarrollados y una verga de respeto de la que Puri no separaba sus castos ojos. Tras unos momentos de silencio Luis preguntó:

– ¿Y ahora que?

Puri muy tranquila se puso de pie, los brazos en jarras y dijo:

– ¿Porque no os alternáis en quitarme prendas? – Empieza tu David, dijo Luis.

Yo le quité la falda dejando al descubierto su magnífico culazo al que una tanga roja malamente alcanzaba a cubrir el glorioso valle entre sus cachetes. Luis le quitó el sujetador dejando sus tetas al aire, enhiestas, desafiantes.

– ¡Hostia! Dijo Luis y dejó sus manos en los estupendos globos. La verga de Luis estaba prestando atención. Yo le quité las braguitas a Puri y vi que la muy puta, en menos de una hora, se había afeitado el chocho por completo. Estaba increíble, con un liguero rojo sujetando las medias de encaje y sus pechos, el culo y el magnifico y barbilampiño coño, al aire. Luis no se pudo contener y como en un suspiro dijo:

– ¡Que hembra! Por favor, vamos a dejarle las medias y el liguero. Puri estás guapísima, que coño estas, Puri eres guapísima. Te aseguro que tus pechos son de concurso, y este trasero, ¡tan redondo! ¡Tan duro! no puedo esperar ¿Quién empieza?

Yo no sabía como me tomaría el ver como alguien se follaba a mi mujer así que dije:

– Yo primero.

No sabía cómo reaccionaría Puri, me acerqué y con precaución la besé. Ella abrió la boca y metió su lengua hasta mis amígdalas. Sin ninguna ceremonia cogió mi nabo y empezó a tocar zambomba. Yo no me podía creer que Puri iba a actuar así. Acaricié sus pechazos y ella los sacaba hacia delante como invitando. Me agaché para chuparle y uno y vi que Luis de alguna manera se había sentado en el suelo, entre las piernas de Puri, y con gran entusiasmo le estaba chupando la recién afeitada almeja. Puri separó sus piernas para facilitar el chupeteo y le animaba:

– Si Luis, si. En la pipa chúpame la pipa. Ay que bueno, que bueno, mete la lengua, métela bien.

Yo no podía creerlo. La frígida Puri respondiendo a mis besos y jaleando a Luis. Con cuidado la tumbé en el suelo mientras seguía chupando su teta. Luis tranquilamente se metió la otra teta en su boca, al cabo de un momento dijo:

– Qué suerte tienes David. Puri tiene unas tetas duras, prietas, maravillosas. Son un verdadero regalo del cielo.

Sin más comentarios, se siguió aplicando a la teta, mientras con una mano acariciaba la ingle de Puri que sin dudar abrió bien las piernas ofreciéndole su sexo con total desfachatez. Me sorprendió, Puri estaba más relajada y tranquila que yo. Aquello debía ser un buen cuadro. Puri tendida en el suelo, despatarrada con liguero y medias rojas. Dos tíos chupando sus magnificas tetas, Luis acariciando su coño y ella tocando zambomba a dos manos con nuestros rabos. Yo no me pude contener, me puse entre las piernas de Puri y empecé con mi mete y saca como un loco. Puri me acomodaba bien y con toda calma dijo:

– Ven aquí Luis, ven aquí que te la chupe.

Luis no se hizo de rogar se puso a horcajadas sobre su cabeza y ella se metió su enorme tranca en la boca. Luis empezó a bombear y más que Puri chupar, parecía que Luis la follaba en la boca. ¡Hay que joderse! Para que Puri me la chupara a mí una vez al año, tenía que rogar y casi echar una instancia por escrito y ahora se estaba dejando follar la boca por aquel trancón y hasta lo había pedido ella. Aquello era demasiado para mí, me excitó tanto ver la tranca de Luis entrando y saliendo de aquella forma de la boca de Puri que no me pude contener y me corrí dentro de Puri. Me hice a un lado y me tumbé junto a Puri. Luis aprovechó para tumbarse al otro lado de Puri, besarla en la boca y acariciar sus pechos. Puri respondía sin problemas y le abrazaba, acariciaba y devolvía sus besos con gran intensidad. Yo me senté en el sofá y decidí hacer realidad mi fantasía “dirigir el follaje de Puri por otro tío”

– Luis, métesela, métesela hasta el corvejón.

Luis no necesitó más. Se puso entre las piernas de Puri, las levantó hasta ponerlas en sus hombros y con suavidad, en un largo y lento movimiento, le metió aquel trancón a Puri hasta lo más profundo. Yo pensaba que Puri se quejaría o protestaría, pero lo único que decía muy bajito era:

– Si Luis, si guapo, así, así hasta dentro.- Sin miramientos Luis, sin miramientos, dale bien dado.

Luis empezó el mete y saca con gran entusiasmo. Le dije a Luis que a Puri le gustaba que la besaran en la boca mientras se la follaban. El quitó sus piernas de los hombros e inclinándose sobre Puri, la besaba mientras sobaba y estrujaba sus pechos y seguía moviendo su falo dentro de la calva panocha. Puri respondía con intensidad no solo al beso sino también a la tremenda tranca que la estaba invadiendo. El acompasado ritmo de sus caderas no dejaba lugar a dudas, le gustaba y estaba disfrutando. Dejando de besar gritaba:

– Dame Luis, dame bien dado, méteme esa joya de tranca que tienes hasta dentro. Rómpeme el coño con ese pollón para que se entere este cabrón de lo que es joder. Dame, dame.

Se notaba que Luis hacía pesas, tenía brazos y piernas muy musculares y le estaba dando con una energía y brío a Puri que daba gloria verlo. De repente sin decir nada, Luis se levanto y de un tirón levanto a Puri, la llevo al sofá la doblo sobre el respaldo y la dejo con el culo en pompa, poniendo un poco de saliva en la punta de su capullo lo apretó contra el ojete de Puri y clavó su vergón en el delicioso y virginal culo de mi mujer. Lo hizo con tal energía que si Puri no hubiera tenido un agujero en el culo estoy seguro que aquel rígido trancón le hubiera hecho uno. Todo esto lo hizo de forma tan rápida que ni Puri ni yo tuvimos tiempo de reaccionar. Luis dijo chillando:

– Toma cachonda, toma, goza de una verga de verdad, goza mientras te hago una mujer.

Así diciendo, estiró sus manos, le agarró los pechos y empezó a meter y sacar aquel cipotazo del culo de Puri. Puri dio unos gritos ahogados y se mordió un puño, pero ni dijo nada, ni pidió que se la sacara. Yo me acerqué a ella y sentándome en el sofá cogí su cara. Grandes lagrimones le corrían por ambas mejillas. Yo le besé las lágrimas y pregunté.

– ¿Quieres que te la saque?, ¿Le digo que lo deje?

Puri esperó como un minuto sin decir nada, mordiendo su puño, por fin dio un gran suspiro, se limpió las lágrimas con una mano, sorbió los mocos de su nariz y dijo:

– Calla cabrón, que eso es lo que eres un cabrón que lo consiente. Mira y jódete, mira y aprende mientras desvirgan y rompen el culo de tu mujer. Anda Luis ¡métela hasta dentro! jódeme el culo, rómpelo jodio, méteme esa tranca gloriosa; Ay, ay, así, así jodeme el culo amante, fóllame este culo que hasta hoy era virgen. ¡Empálame! Soy tuya cabrón, jódemelo, a lo bestia, rómpeme en dos, enséñale a este cabrón de mierda como jode un macho de verdad.

Luis soltó una de las tetas y con la mano empezó a acariciarle el clítoris. Puri lo agradeció moviendo las caderas con una magnifica cadencia, disfrutando de la enculada. Luis continuó dándole a lo bestia de verdad, macerándole el culo, haciéndoselo jalea, de vez en cuando le daba unos azotes que parecían excitar aun más a Puri. Luis chillaba alabando el culazo, las duras tetas, los firmes muslos, lo prieto del culo, se le veía que sabia gozar y apreciaba todos los encantos y virtudes de Puri mientras embestía como un poseso. Puri no solo aguantaba aquellas embestidas si no que se acomodaba al ritmo y ayudaba a que el vergón de Luis entrara hasta la empuñadura. Luis, cogió a Puri por la cintura y la puso en suelo a cuatro patas como una perra y empezó a follarla como un poseso alternando el culo y el coño. La sacaba de un agujero y la metía en el otro, follaba un rato en un agujero y a toda velocidad cambiaba al otro. Puri ponía los ojos en blanco y decía con voz apagada:

– Ay, ay, socorro, socorro, me corro me corro, ahí que gusto, sigue, sigue, no pares cabrón, no pares ahora, dame, dame bien dado con esa tranca de gloria, así, así hasta dentro, por tus muertos no pares, no pares jodio, sigue, sigue.

Parecía volverse loca, movía la cabeza, las colgantes tetazas bailoteaban al ritmo de la jodienda y ella contestaba a las embestidas de Luis con un culear que hacía que la verga se clavara aun más dentro. Nada más dejaba de culear cuando los orgasmos le daban espasmos por todo el cuerpo. Nunca había visto a Puri así de enloquecida. ¡Qué coño Puri! Nunca había visto yo a una mujer así de entregada y excitada. Yo empecé a pensar que estabamos creando un monstruo. Luis no solo alababa las carnazas de Puri, también chillaba dándome las gracias a mí por mi generosidad dejándole gozar de ellas. Se ve que ¡hasta follando! era cortes el hombre.

Por fin Luis dijo:

– David que me corro, ¿me puedo correr dentro de Puri?

Antes de que yo pudiera decir nada Puri gritóo:

– ¿Y que más da lo que diga este cabrón de mierda? Dame toda tu leche Luis, dámela toda que bien lo he trabajado, me la merezco.

Con un aullido de lobo Luis la metió en el culo hasta el corvejón, se abrazó a Puri, le estrujó las tetorras, le mordisqueaba la nuca y así se corrió con estertores de placer. Por fin, derrengado se tumbó en el sofá diciendo:

– Gracias Puri, gracias, esto si que ha sido un buen polvo. ¡Qué suerte tienes David, qué suerte! Tener una mujer tan guapa como Puri, con tan buenas carnes y encima tan fogosa. – Las gracias a ti Luis, dijo Puri – Me lo he pasado muy bien y he aprendido muchas cosas, nunca, pero nunca me habían dado tanto gusto.

Puri sin decir mas, se levanto fue al cuarto de baño y volvió con una toallita húmeda. Con mucho cuidado limpio la picha de David, mientras ronroneaba como una niña:

– A esta verga tan buena y hermosa hay que tenerla bien limpia, ¿verdad que si? Porque nos da mucho gustito, ¿verdad?

Sin ningún preámbulo, cuando vio que la polla estaba limpia, se la metió en la boca y empezó a mamarla. ¡Parecía que la tía aun no había tenido bastante!

– Mira David, mira que bonita que es ¿verdad? Y además sabe tan bien. Ven aquí y pruébala.- ¿Estas loca? Yo que coño voy a chupar pollas. A ver si te crees que soy maricón.- Pedazo cabrón dejas que tu amigo no solo me folle si no que me desvirge el culo a lo bestia y ¿ahora que yo te pido algo no lo vas a hacer?

Luis como un maestro de diplomacia resolvió el problema de la forma más elegante y natural.

– Mira David no tengas tantos prejuicios, dijo – mira para que veas.

Sin más ceremonia Luis se puso de rodillas delante de mí y empezó a chupármela. La verdad es que no se si seré marica o no pero no noté ninguna diferencia entre que me la chupara Luis o que me la chupara una tía. De hecho una vez me repuse de mi sorpresa de que un tío tan macho y muscular como Luis, que se acababa de follar a mi mujer por todos los lados y la había vuelto loca de placer haciendo que se corriera tres o cuatro veces, ahora me la estuviera mamando a mí. Hasta me pareció que lo hacía muy bien y me dio mucho gusto. Tanto gusto que me empalmé bien empalmado mientras me la chupaba y se me puso más dura que la puñeta. Luis muy tranquilamente le dijo a Puri:

– Ponte a cuatro patas guapa.

Puri sin rechistar, como embobada y dominada por Luis se puso como una perra y Luis le empezó a chupar el culo. Yo los miraba asombrado, el ver a Puri tan de puta, ronroneado de placer, levantando y exhibiendo su culo como una perra en celo, me excitaba a más no poder. Empecé a meneármela mientras Puri decía:

– Si Luis, cabrito, que gusto me das, anda meteme la lengua bien metida.

Luis si ningún tapujo le metió la lengua dentro del culo y ella lo agradecía ronroneando. Con la misma naturalidad con que me la chupó a mí y le chupaba el culo a Puri, Luis se hizo a un lado y con cortesía digna de Versalles, dijo:

– Toda tuya David, disfruta de esta maravilla de culo.

Yo sin creer mi suerte, enfilé el glorioso trasero de Puri, que nunca había probado, y clavé mi picha. ¡Qué gusto! Qué pequeño tenía el ojete, ¡cómo me apretaba la picha! Yo empecé mi mete y saca con gran entusiasmo antes de que Puri empezara a protestar. Para mi sorpresa, Puri no protestóo, lo único que dijo fue:

– Anda cabrón que ¡cómo te lo estás pasando esta noche! Métela bien metida, empálame joder, dame hasta que duela, rómpeme en dos cabrón. Y tú Luis capullo, ven aquí que te chupe ese vergón glorioso, que bien os lo mereceis tú y tu verga. Que cabrones sois los hombres, entre los dos me estáis emputeciendo y voy a hacer de todo.

Mientras así decía culeaba contra mí metiéndo mi polla hasta los huevos. Luis no se hizo de rogar, se puso de rodillas delante de ella y Puri se la mamaba como la fogosa experta en que se había convertido. Yo maravillado del espectáculo, seguía fornicando su culo glorioso con el entusiasmo y energía de un chaval de quince años. Que gustazo ver y azotar aquellos cachetes duros y sólidos, ver los muslazos parcialmente enfundados en las medias rojas y mi picha entrando y saliendo de aquella cueva angosta que apretaba y daba gusto. Quizás lo que más gusto daba era ver como Puri no solo se dejaba hacer, sino que también gozaba y se movía. Lo único que yo podía decir era:

– Gracias Puri, gracias, que buena estás, ¡Qué culazo! ¡Qué patas! Me estás dando gusto como nunca. ¡Cómo me gustas so putorra! Gracias por tu culo tan bueno.

De pronto Puri gritó:

– No os corráis cabrones no os corráis, cuando os vayáis a correr decirlo. Y sin perder comba siguió mamándosela a Luis y metiendo y sacando mi verga de su culo. Lo hacía tan bien que yo ni me tenía que mover. Era ella la que con regocijo movía sus recias corvas empalándose en mi lanza una y otra vez. A los pocos minutos de follar aquel culo maravilloso yo noté que me corría y se lo dije a Puri. Ella, con un solo movimiento se sacó mi picha del culo, se tumbó en el suelo boca arriba y dijo:

– Ahora meneárosla cabrones, darle bien a las pollas capullos, quiero que os corráis encima de mí, quiero la leche de los dos en mi cara, en mis tetas, en mi tripa, por todos lados.

La verdad es que verla transformada en aquella fiera era todo lo que me hacía falta; me corrí encima de ella cubriéndole ambos pechos con mi lefa. Luis casi inmediatamente también se corrió sobre su cara y tetas. Exhaustos, caímos derrengados en el suelo, mientras Puri, voluptuosamente, con ambas manos se frotaba nuestra leche por todo el cuerpo mientras como una gata satisfecha ronroneaba:

– No estuvo mal… no estuvo mal.

Cuando nos recuperamos, fuimos al cuarto de baño para limpiarnos un poco. Puri, para mi infinita sorpresa, sin ningún tapujo, delante de nosotros se sentó en la taza y se puso a orinar. Yo le chillé:

– Coño Puri, que guarra eres, ¿no te podías esperar un poco? – Leche David, pareces tonto. Has traído a un amigo para que se folle a tu mujer. Me habéis chupado cada centímetro de mi piel, me habéis metido dedos, lenguas y pollas por donde habéis querido, cuanto habéis querido, y como habéis querido, habéis desvirgado mi culo y ahora que me estaba muriendo de ganas de mear ¿tengo que esperar a que no me veáis?

Razón no le faltaba así que me callé. Luis, siempre diplomático, sin ningún comentario también meó. Después de vestirnos le ofrecimos otra ginebra con tónica a Luis, que aceptó encantado pues decía que se había quedado seco. Charlamos un poco, acabamos las bebidas y Luis se levantó y muy cortés se despidió:

– Gracias a los dos, me lo he pasado pero muy bien. Puri, ya sabía que eras guapísima, encantadora y buena conversadora, pero he aprendido que también eres estupenda, tengo cierta experiencia y te aseguro que eres la mejor que he tenido jamás. Entre la maravilla de cuerpo que tienes, tus carnes prietas y duras, tus pechos, y lo bien que te mueves… Si en cualquier momento te apetece, con el permiso de David, me puedes llamar cuando quieras.

La cachonda de Puri, le puso la mano en la ingle agarrándole el aparato, le dio un beso en los labios y dijo:

– Caray, encima de todo galante. Creo que si guapo, creo que te vamos a llamar con frecuencia, además quiero ver cómo le das por culo a David, todavía quiero ver como él te la chupa y tú haces un hombre al cabrón de David delante de mí. – Cuando queráis y donde queráis, y si alguna vez os podemos devolver el favor… Carmen y yo estaremos encantados.

Lo ven, eso es un amigo y lo demás son leches. Con la mayor elegancia y cortesía, primero me domó a la frígida de mi mujer, luego me la emputeció y me la convirtió en una máquina de follar y no contento con eso, encima me ofreció a la cachonda de su mujer en bandeja. Por eso es por lo que yo siempre digo que como la amistad no hay nada. Bueno, nada, nada… quizás una cubana entre las tetorras de Carmen…

Autor: David

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Sometiendo a Ana I

La dejé en la ventana, un par de chicos la vieron y comenzaron a gritarle cosas, un indigente se quedó mirándola mientras se hacía una paja. Salí al balcón con una cubeta y la puse en el suelo. Empecé a tocar a Ana, que a pesar de sus quejas gozaba como puta. Le ordené, mientras azotaba su coño, que meara en la cubeta. Me miró con una pasión que nunca había visto y empezó a mear en la cubeta.

Cogí su mano derecha y la até a la cabeza de la cama. Día un paso atrás para apreciar mi obra. Sus piernas, totalmente abiertas estaban atadas a las patas de la cama y dejaban su coño abierto a cualquiera mientras que sus brazos quedaban uno a cada lado. Mi dulce novia, Ana, no podía moverse. No sabía nada pero en las próximas horas se iba a transformar en una zorra insaciable.

Ana tenía 23 años. Morena, alta, de pelo negro ondulado que le llega por encima de los hombros. Tiene algunos kilitos de más que no me importan pues tiene unas tetas impresionantes, con unos pezones pequeños pero que se ponían duros a la mínima provocación. A pesar de ese cuerpo vestía conservadoramente, nunca se ponía falda y rara vez llevaba escote. Nos conocimos en una de las clases de la universidad discutiendo. Su carácter fuerte, siempre peleando con alguien y llevando la contraria, me atrajeron al instante. Al salir de clase seguimos discutiendo y la invité a salir. Esa misma noche follamos. Resultó conservadora en eso y me parecía raro. Si la pasión que ponía por discutir la dedicaba a follar podríamos pasarla muy bien. Salimos durante un año, en los que nuestra vida sexual estaba bien pero yo sentía que podría mejorar mucho. Le pedí que se depilase todo el vello del coño y me dijo que no, soltando antes un discurso sobre el feminismo al que no le presté mucha atención.

El sexo anal tampoco quería probarlo. Aunque me la mamaba de vez en cuando, nunca me dejó correrme en su boca. Una vez la convencí de ver una porno y se la pasó hablando, bajándome de inmediato el calentón. Un día le propuse atarla y me dijo que no, aunque no con la misma convicción que otras veces. Pensé que si le insistía podía llegar a convencerla así que estuve dos semanas insistiendo en lo mismo hasta que, finalmente, accedió. No lo podía creer, así que antes de que cambiara de opinión le pedí que se quitara los pantalones y que se tumbara en la cama. Lo hizo con un suspiro de por medio. Cogí un par de cuerdas y la até lo más fuerte que pude, dejando bien separadas sus extremidades. Ahora estaba frente a mí con un diminuto tanga naranja y un jersey de cuello alto.

Le vendé los ojos y cogí una pluma que comencé a pasar muy lento por sus pies. Le hacía cosquillas, pero fui subiendo poco a poco por sus piernas, poniendo especial atención en los muslos y evitando acercarme demasiado al tanga. Para que accediese a lo que tenía en mente tenía que hacerlo muy lento. Me entretuve en las piernas un buen rato, subiendo y bajando y acercándome cada vez más a su zona íntima pero sin estimularla mucho rato. Mi intención era ponerla más cachonda que nunca para ver si así sacaba a la puta que, suponía, llevaba dentro. Por los gemidos note que no estaba mal encaminado. Así que dejé la pluma y empecé a besar sus piernas de la misma forma, subiendo y bajando. Cada vez que me acercaba a su coño percibía el olor de su sexo. Cuando acercaba mi boca, Ana intentaba mover la cadera pero era inútil, las cuerdas la tenían bien sujeta. De vez en cuando simulaba no darme cuenta y dejaba la mano encima de su pubis unos instantes mientras ella intentaba moverse.

Me acerqué a su oído y le susurré:

-“Hoy vas a ser mi putita” Ana gimió un poco pero me dijo: -“Ni se te ocurra empezar con eso que ya sabes que no me gusta nada”. Una vez la llamé zorra mientras follábamos y se paró para darme una bofetada. Hoy no tenía esa opción. -“¿Ah si? ¿Y qué vas a hacer para evitarlo zorra?”, le pregunté. -“Te vas a enterar cuando me desates, capullo”, respondió.

Salí de la habitación y volví con una cámara en la mano. Ana seguía hablando…

-“Es más, esto no me gusta. Quiero que me desates ya”, dijo. Los ojos tapados le impedían ver que estaba siendo enfocada por el lente de la cámara. -“Para asegurarme que te vas a portar bien voy a hacer esto, putita…” y antes de que protestara tomé la primera foto. Ana se quedó muda pensando si en verdad había escuchado el click de una cámara. -“¿Estás tomando fotos?”, gritó molesta. -“Si, y como no te comportes el resto de la tarde irán a parar a internet”, respondí y le bajé la venda de los ojos. Me lanzó una mirada de odio y aproveché para tomarle otra foto. -“Así sin la venda no habrá duda de que eres tú” y se la volví a poner. Tomé unas fotos más.

Ana siguió protestando y yo, ignorándola, cogí unas tijeras y me preparé para cortar el jersey. En cuanto sintió el metal contra su vientre se quedó callada.

-“¿Qué haces? ¿Qué es eso?” preguntó asustada, intentando ver a través de la venda. -“Demostrarte que estás equivocada y que a pesar de lo que digas ahora vas a terminar rogando ser mi putita y harás todo lo que te ordene”. Terminé de cortar el jersey y Ana no paró de insultarme. Respondí quitándole la venda y sacando otra foto para el álbum, en sujetador.
Después puse las tijeras en sus bragas y las corté por en medio, asegurándome de que el frío del metal tocase, un segundo, su raja. Su pequeño tanga estaba empapado. Lo cogí y se lo puse en la cara para que lo oliera, mientras seguí sacándole fotos.

-“Ya ves guarrilla, tu mente dice una cosa pero tu coño otra muy distinta” y antes de que respondiera la di un azote con la mano abierta en el coño.

Ella gimió y volvió a protestar pero para callarla froté su clítoris unos segundos con mi dedo y casi al instante cogí el tanga y se lo metí en la boca:

-“Así ya no te vas a poder quejar, zorra”. Con las tijeras recorté el sujetador por la parte de enfrente y saqué varias fotos más. Cuando terminé le volví a poner la venda. Por fin la tenía totalmente desnuda y a mi merced. Sus pezones estaban duros y comencé a pellizcarlos y jalarlos.

-“He puesto una cámara de video para grabar todo así que ya sabes que pasará si no obedeces, solo esta tarde”. Miré su sexo, lleno de vello y con las tijeras comencé a recortarlo.-“Una putita como tu debe de llevar el coño sin pelos, para que sea más fácil acceder a el y usarla como se merece”, le dije mientras seguía recortando. Ana ya no protestaba. De vez en cuando ponía el frío metal de las tijeras en su clítoris unos segundos para excitarla y otras, aprovechando que no podía moverse, la sobaba con los dedos, asegurándome que disfrutase de su depilación. Estaba empapada. Cuando no se podía recortar más con las tijeras fui al baño por una cuchilla y crema de afeitar. La esparcí en su pubis y comencé a rasurarla con mucho cuidado. Cuando tenía que afeitar en torno a los labios le metía un dedo hasta el fondo y tiraba su piel con el pulgar mientras pasaba la cuchilla con la otra mano. Ana chorreaba, literalmente. Había dejado de quejarse hacía rato y solo gemía mientras intentaba mover su pelvis al ritmo de mi mano. De vez en cuando le daba un azote con la mano abierta que, lejos de dolerle, parecían excitarla más.

Terminé de rasurarla y entonces le puse crema, para que quedara suave y no le picara. Le seguir frotando el clítoris y metiéndole un poco los dedos pero asegurándome que no se fuera a correr. A estas alturas yo tenía la polla a punto de reventar así que me acerqué a su oído mientras metía el dedo medio en su coño y con el pulgar frotaba su clítoris. Con la otra mano le quité el tanga de la boca y le pregunté.

-“¿Te quieres correr zorra?”. -“Si, estoy muy cachonda”, respondió Ana jadeando. A estas alturas estaba con la cara roja y le importaba poco como la llamase. -“Pues falta para eso guarrilla. Vas a tener que rogar mucho el día de hoy para que te deje correr. Hoy estás aquí para darme placer que yo te use como quiera así que no protestes porque estás empapada como una perra” le dije, mientras seguía follándola con los dedos. Sus jadeos se hacían irregulares, noté que estaba a punto de correrse. Paré y saqué la mano y le di un azote.

-“Primero me vas a dar placer a mí”, le dije, mientras acercaba mis dedos chorreantes de sus jugos a su boca y le hacía chuparlos. Mientras tanto me bajé los pantalones y calzoncillos. Mi polla estaba durísima y enseguida la metí en su boca. Ella empezó a lamer y yo la cogí del pelo con ambas manos y comencé a follar su boca. Saqué mi polla y me puse en posición para hacer un 69.

-“Lámeme los huevos y el culo zorra”, le ordené y yo comencé a hacer lo mismo con su raja, empapada. También lamía su apretado culito, que nunca había follado. Cogí el tanga y lo metí en su coño. Noté que Ana estaba cada vez más cerca del orgasmo así que paré. Tenía un plan para el día de hoy y para ello era fundamental no dejarla correrse hasta dentro de un largo rato. Volví a meter mi polla en su boca y a usarla como si fuera un coño. Después de muy poco tiempo estaba a punto de estallar. Saqué la verga de su boca y comencé a masturbarme hasta que exploté, llenando de leche su cara y pelo. Nunca me había dejado hacerlo y hoy no estaba para pedir permiso. Quedó hecha un asco pero todavía muy excitada. No la limpié y, sin decir palabra, me levanté. Me fui a duchar y a cambiar y al poco tiempo fui a la cocina. Abrí la nevera y cogí un pepino. A pesar de mi insistencia Ana nunca quiso tener juguetes. Eso cambiaría hoy también, aunque tendría que salir a comprarlos y, por lo pronto, el pepino bastaría para dejarla caliente el rato que estaba fuera. Volví a la habitación y le puse un condón al pepino y se lo metí poco a poco en el coño. Ana comenzó a jadear hasta que lo tuvo dentro.

-“Nos vemos dentro de un rato zorrita, no te vayas lejos” y antes de que respondiera estaba cerrando la puerta de la calle…

Lo primero que hice fue pasar a un bar a tomar algo y hacer algunas llamadas para la siguiente parte de mi plan. Después fui a un sex shop donde pasé largo rato eligiendo que comprar. Al final me decidí por un plug anal, un huevo vibrador con mando a distancia y un vibrador. También compré unas pinzas para los pezones, un collar ajustado para el cuello con una anilla y un disfraz de asistenta de limpieza que consistía en un tanga negro de hilo dental, unas medias de rejilla, una falda negra muy corta que apenas le cubría las nalgas y abierta por ambas piernas y un pequeño delantal blanco que cubría sus pechos pero la tela era casi transparente.

Al salir del sex shop fui a una zapatería para completar su nuevo atuendo con unos tacones de plataforma de 16 cm negros  y volví a casa. Habían pasado dos horas desde que me fui, volvía a tenerla dura pensando en como encontraría a Ana. De camino paré en una farmacia por un enema. En cuanto abrí la puerta olí sexo en el ambiente. Fui a la habitación y escuché jadeos.

-“Hola Putita, ¿Te has podido correr?”, le pregunté. -“No”, respondió Ana con un largo jadeo. “necesito correrme por favor”. -“Ana, para que te deje correr tendrás que pedirme que te deje ser mi esclava sexual durante las próximas 24 horas. Obedecer en todo lo que te diga y te aseguro que descubrirás una parte de ti que no conocías y que te hará disfrutar del sexo como nunca antes”. Cogí el pepino, que se había salido casi completamente desde que me fui y lo empujé un poco.

Ana comenzó a jadear, dejándose llevar por las sensaciones que le producía el que la estuviese follando de esa forma tan obscena. -“¿Qué me dices? ¿Vas a ser mi putita?”, le pregunté. -“Si, haré lo que quieras pero por favor necesito correrme”.

Saqué el pepino de golpe y la miré serio. -“La cosa es, Ana, que si te dejo correr y te desato se que luego te negarás a ser mi esclavita, y eso no puede ser, ¿no crees?” -“Te lo prometo, haré lo que me digas pero deja que me corra” me dijo molesta pues se notaba vacía.-“Si te niegas a hacer lo que te digo ahora que te desate, estas fotos y este video van a ser muy populares en Internet, así que ya sabes”.-“Si por favor”, respondió ella. -“Una cosa más. Si te quieres correr empieza a rogar putita”.

Ana me miró con ojos de odio pero con una lujuria que no había visto antes en ella. Lentamente repitió: “Quiero que seas mi amo, quiero ser tu zorra esta noche y que me uses como te plazca”.

Comencé a desatarla y cuando estuvo suelta le prohibí que se tocara y le dije que fuera al baño. Cuando se puso de pie pude ver que tenía los muslos y todo el culo empapados de sus flujos. En el baño le ordené que se cogiera los tobillos de forma que su culito quedaba bien expuesto. Sin mediar palabra cogí el enema que había comprado y le metí todo el líquido y puse el tapón. Ana simplemente gimió, no le desagradaba a pesar de que nunca me había dejado acercarme a su culito. Abrí la ducha y la bañé bien, poniendo especial énfasis en su coño y en sus enormes tetas. A ratos le metía un dedo en el coño y comenzaba a masturbarla hasta que notaba que se estaba poniendo demasiado caliente y entonces paraba. Pobre Ana, llevaba ya 4 horas sin poder correrse y siendo estimulada como nunca antes.

Salimos de la ducha y Ana iba por la toalla le dije que parara, que quería que fuera al balcón a ponerse al sol hasta que se secara. Me miró con incredulidad, nuestro balcón daba a una de las calles poco concurrida de la ciudad pero por la que pasaba gente y sobre todo a esa hora. Le recordé a Ana de las fotos antes de que protestara y salió rápido a la ventana. Me dijo que le diera un segundo para mear y quitarse el enema pero le dije que se fuera inmediatamente. La dejé ahí unos 15 minutos durante los cuales un par de chicos la vieron y comenzaron a gritarle cosas y un indigente se quedó mirándola mientras se hacía una paja. Salí al balcón con una cubeta y la puse en el suelo. Empecé a tocar a Ana, que a pesar de sus quejas gozaba como puta. Le ordené, mientras azotaba su coño, que meara en la cubeta. Me miró con una pasión que nunca había visto y empezó a mear en la cubeta. Después, le dije que se quitara el enema en la cubeta, cuando el indigente había terminado de pajearse.  Cuando entró estaba empapada y con los pezones durísimos.

-“Tienes cinco minutos para ducharte otra vez para que quedes bien limpia. Puedes usar toalla. Si tardas más te castigaré zorra” -“Si amo” dijo ella. Metiéndose en el papel y corriendo al baño. Cuando se fue saqué de sus envolturas lo que había comprado y los lavé bien.

-“Has tardado dos minutos más zorra, te mereces un castigo”, le dije en cuánto llegó. -“Si amo”, respondió mirando al suelo. -“Ahora ponte en la cama a 4 patas zorra”.

Ana lo hizo y le metí el huevo vibrador en el coño. Ella respondió moviendo el culo hacia atrás. Me puse frente a ella y lo encendí lo más bajo posible. Ana comenzó a gritar de sorpresa. Cogí el plug y le dije que lo chupara. Obedeció al instante y cuando lo tuvo bien mojado se lo metí por el culo.

-“Muy bien zorrita, ahora ya estás lista para vestirte. Toma tu ropa” y le di el atuendo de mucama que había comprado. Lo miró con incredulidad pero se lo puso sin rechistar, con el vibrador encendido en lo más bajo y yo aproveché para aumentar nuestro álbum de fotos. Cuando quedó lista la verdad es que era espectacular, los tacones hacían sus piernas más largas y su culo se veía increíble. El tanga evitaba que se saliera el plug y el vibrador. Me acerqué a ella y le di un beso, después encendí el huevo vibrador un poco más fuerte.

-“Amo”, susurró, “¿puedo correrme por favor?”-“Muy pronto putita pero ahora no. Dentro de media hora van a llegar mis invitados, prepara la casa” Ana se quedó de piedra:- “¿Cómo?”-“He quedado a jugar póker y tú nos vas a atender así que prepara la mesa, bebidas, botanas, ya sabes. No dijiste que harías lo que fuese con tal de correrte?”-“Si, pero no quiero que me vean así otros hombres, suficiente he hecho ya hoy”, dijo Ana entre jadeos. Sus muslos comenzaban a estar mojados por la excitación que sentía.

-“Verás zorra, te va a gustar mucho. Déjate llevar y veras que te corres como nunca antes. Ahora date prisa y piensa que muy pronto vas a tener cuatro pollas para ti sola que te harán gozar…”, le dije y apagué el vibrador.

Ana comenzó a hacer lo que le decía, con dificultades pues no estaba acostumbrada a llevar tacones, y menos tan altos. Además, supongo que tener llenos el culo y el coño no le facilitaba los movimientos. Al poco tiempo sonó el timbre y Ana se paralizó. Encendí el huevo y le dije que viniera al salón.

-“Faltaba esto”, dije poniendo el collar en su cuello. Después caminé con ella hasta un espejo y la puse frente a el. Se quedó callada unos segundos, sorprendida.

-“¿Qué ves?” -“Una guarra”, me respondió. -“¿Y te gusta putita?” -“Si amo” -“Abre la puerta zorra”.

Continuará…

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Autor: Amo.123

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Domingo lluvioso

Mientras ella me follaba con su culo, yo le bombeaba en el coño con la porra y le acariciaba las tetas pellizcándole después los duros pezones. Tania tiene el ano estrecho, pocas veces la he follado por el culo ya que mi polla es bastante gorda y le hago daño cuando la enculo. Por esto y por la porra que tenía en el coño no la pude penetrar profundamente, pero sí lo justo para que me pudiera correr dentro debido al placer de follar un agujero estrecho.

Aquel domingo era un día lluvioso de esos determinados para ir al cine. Durante la comida, en la casa de los padres de Tania, estuvimos mirando en el periódico la cartelera de la sala multicines que hay en el centro comercial de Fuenlabrada-2. Elegimos una de Sylvester Stallone. Nos gusta ir a las sesiones de primera hora de la tarde porque así da más de sí el día, por lo que cuando llegamos por las entradas, no encontramos dificultad para adquirir las entradas. Los asientos no estaban numerados por lo que elegimos unos pegados al pasillo de la zona central. Pocos éramos los que nos encontrábamos viendo esta película y evidentemente como se iba confirmando durante la película, era porque es un petardo de mucho cuidado.

El aburrimiento se apoderó de mí y decidí entretenerme con Tania. La minifalda que ese día llevaba me permitía explorar por debajo de ella sin problema alguno. Era una minifalda tableada, tipo colegiala, la que eligió ese día para ponerse. La minifalda le llegaba a la altura de medio muslo. Además, llevaba una blusa blanca abotonada por delante con un poco de escote y sin sujetador debajo, lo cual hacía que se le intuyeran los oscuros pezones a través de dicha prenda. Debajo de la mini llevaba unos pantys negros con ligueros y un tanga blanco de licra que le sienta muy bien ya que, como lleva habitualmente el chocho prácticamente depilado, se le incrustaba en toda la raja.

Mientras nos morreábamos con una mano levantaba un poco la mini y con la otra acariciaba por encima del tanga el coño de Tania. Teníamos puesta mi anorak y el de Tania encima de las piernas por lo que se podía intuir lo que estábamos haciendo, pero era imposible que nos vieran. Poco a poco el tanga se estaba humedeciendo debido a la calentura de Tania y me decidí a meter dos dedos por debajo del elástico e introducírselos dentro del chocho. La estuve follando con los dedos durante un rato hasta que ella decidió recompensarme mi buen hacer y devolverme las caricias. Pensé que lo iba a hacer discretamente por debajo de los anoraks como yo lo estaba haciendo, pero cuando ella está cachonda no se sabe cómo va a reaccionar.

Me abrió la cremallera del pantalón, me la sacó y fue más lejos que yo, me empezó a chupar la polla sin esconderse para nada de las demás personas del cine. La verdad era que el más cercano estaba como 7 asientos más allá de nosotros, pero podía ver o adivinar perfectamente la maniobra de Tania. Se metió el glande en la boca y movía la lengua rápidamente en torno al frenillo dándome un gran placer. Daba mucho morbo ver cómo me estaban chupando la polla delante de la gente sin reparo alguno.

La película terminó y nos tuvimos que ir con el cuento a otra parte. Los dos estábamos tremendamente calientes, la gente nos miraba y más aún a Tania que lejos de avergonzarse parecía sacar pecho orgullosa de lo que había hecho. Al lado de la sala multicines hay una sala de juegos recreativos, donde tuve que hacer una parada para ir al servicio. Cuando salí del servicio vi como los chicos se comían con los ojos a Tania, unos por lo provocativa que iba vestida y otros porque habían estado en el cine y habían visto lo puta que era la come pollas de por aquel entonces, mi novia. Nos fuimos de allí en dirección a una cervecería que hay en el mismo centro, sintiendo las miradas de los chicos en el culo y piernas de Tania.

Joder, no te quitan ojo -le dije yo- si pudieran te follaban de lo cachondos que les estás poniendo. ¿Están mirando? Como si no lo supieras que les has dejado babeando. Pues que miren que es gratis.

Hizo como que se le cayó el abrigo y se agachó a recogerlo sin flexionar las rodillas para nada. La falda se le subió por lo que se le veían por la parte posterior los ligueros de las medias y los molletes del culo. Por delante, como no llevaba sujetador, el escote de la blusa permitía que se le vieran las tetas y los pezones que los tenía completamente erectos. Recogió el abrigo como si no hubiera pasado nada y nos fuimos a la cervecería. La muy guarra sabe que me pone muy cachondo estas situaciones y efectivamente había conseguido que mi polla se pusiera dura como el acero. Nos sentamos en las mesas que tienen fuera de la cervecería, pero dentro del centro comercial al estilo de terraza de verano. Pedimos algunas raciones de ibéricos y unas cervezas para que entraran mejor. La mesa donde nosotros estábamos daba a la cristalera de la calle y desde allí podíamos observar a la gente que entraba y salía.

En la mesa de al lado estaban dos matrimonios, uno de los cuales tenía un bebé en un carrito y el otro matrimonio tenía un hijo de unos 15 ó 16 años, sentado enfrente de Tania. La conversación parecía girar en torno al bebé por lo que el pobre muchacho se estaba aburriendo más que una ostra. De vez en cuando miraba por el rabillo del ojo las piernas de Tania.

Hoy estás que rompes -le dije al oído-, me parece que el chico este de enfrente de ti se va a hacer hoy una paja a tu salud. Se va a quedar bizco como siga mirando de esa forma. Pero si es un niño. Tú, que pasa ¿con su edad no eras capaz de tirarte un tío de 25 años? Pues claro que sí. Pues él también te puede follar a ti.Pues que se la machaque cuando llegue a casa.

Se abrió poco a poco de piernas disimuladamente para que el chico pudiera ver el color de la ropa interior, cruzaba las piernas al estilo de la película de instinto básico y provocaba una gran excitación para el chico, para Tania, que me confesó que se estaba mojando, y por su puesto para mí.

Esta familia se marchó, pero Tania y yo seguimos jugando al mismo juego. En esta misma mesa de al lado se sentó otra pareja, un poco mayor que nosotros, y el hombre os puedo asegurar que le vio a Tania todo: el tanga húmedo que hacía que los pelos del coño se le clareaban de lo pegado que lo tenía y las tetas porque en alguna ocasión se agachó para rascarse el talón. La minifalda se le había subido hasta la altura del liguero de las medias y aunque cerrara al máximo las piernas se le veía el pico de la braga. Hacia el otro lado veíamos como un grupo de chicos entraba y salían constantemente por la puerta acristalada para ver las bragas a la puta de mi novia. Estos chicos tendrían entre 18 y 19 años y eran algunos de los que estaban en los recreativos. Tania hacía como que no se daba cuenta, se movía hacia un lado, cruzaba la pierna hacia el otro… nos estaba poniendo a todos la polla como la de un burro.

Me está dando miedo esta situación -le dije- el grupo de chicos de enfrente no te quita ojo. ¿Y…? Pues que a ver si cuando nos vayamos nos van a seguir al parking y…  ¿Y qué? Como se pongan tontos me los follo a todos.

Terminamos la cerveza que nos estábamos tomando y nos marchamos. Cuando se levantó Tania seguía teniendo la falda a la altura del liguero de las medias y la muy guarra no se preocupó por bajársela. Dio una exhibición de piernas por todo el centro comercial hasta que llegamos al parking. Miré atrás por si nos seguían los chicos de antes, pero parece que eran buenos chicos y se conformaron con la exhibición previa de Tania. En este sitio caímos en las cámaras de video y en el guarda jurado del aparcamiento.

Eres una puta lo sabías. Sí, pero ¿a qué te gusta?

Le terminé de levantar la minifalda hasta la cintura para que la cámara de atrás le hiciera un primer plano de su culo y le desabroché los botones de la blusa, se la abrí y le chupé un pezón. Se dejaba hacer. Le retiré la tira del tanga hacia un lado y le metí dos dedos en el coño mientras con el dedo gordo precalentaba el ano. El guarda jurado no nos quitaba ojo. Nos metimos en el coche y, cuando pasamos cerca de vigilante jurado, Tania le enseñó por la ventana el tanga que ya se había quitado y que llevaba en la mano. Después nos dirigimos hacia un descampado que hay en el barrio de Tania donde solemos ir las parejas para follar dentro del coche.

Durante el trayecto ella se dedicó a mamarme la polla. Me costaba mantener la atención en la carretera y no en lo que me estaba haciendo y en el espectáculo que estaba dando. No se cortaba para nada, ni siquiera cuando pasábamos cerca de un autobús. No cabe duda que al adelantarlos los que miraban por la ventanilla no sólo veían como me la chupaba sino también le podían ver a ella el culo y hasta el coño, ya que ella se ocupaba de elevar el trasero hasta que se le vieran bien los bajos. Una vez llegado al descampado aparcamos entre dos coches. Aparcando de esta forma corríamos el peligro de que las otras parejas de los coches cercanos te vieran follar, al igual que también les podíamos ver nosotros a ellos, pero evitábamos que en caso de venir algún mirón (que de vez en cuando los había), sucediera algo no consentido.

El que nos viera alguien era un aliciente más, sobre todo cuando veías como chicos jóvenes de unos 18 años venían a fisgonear como follábamos. Tania nada más aparcar salió del coche para mear. Como no llevaba bragas, sólo tuvo que subirse la minifalda y agacharse para orinar. Lo hizo fríamente, sabiendo que nuestros vecinos estarían pendientes de la operación. Una vez terminó de orinar, se puso de pie, se limpió el coño con un klinnex y volvió a entrar en el coche. Ya dentro comentamos lo guarra que era y lo caliente que me había puesto. Me tumbé ocupando todo el asiento trasero y ella se tumbó encima de mí en la posición del 69. Mientras ella me lamía el rabo, yo me ocupaba de su coño y de su culo porque aparte de meterle la lengua en ambos agujeros me ocupaba de meterle algún dedo en ellos.

Me encanta esta postura porque tengo todo su sexo a mi disposición, me gusta lamerle los labios del coño y meterle de vez en cuando la lengua como si fuera una polla. También me encanta hacerle el beso negro aunque a veces no me deja porque le da corte que se lo haga. Aquel día no opuso resistencia debido a la calentura de ambos. Es más, después de estar haciéndoselo un rato, me hizo ella un beso negro a mí. Se dedicó a lamerme el ano durante dos o tres minutos y, una vez que me lubricó el culo, me metió un dedo mientras me chupaba la polla.

En el coche suelo llevar una porra de madera bastante larga y con una cabeza por así decirlo, muy gorda. Se me ocurrió metérsela por el chocho. Le puse un condón a la porra y en ese mismo 69 me dediqué a hundírsela en el coño mientras le chupaba el clítoris. Ella empezó a jadear pasados unos segundos y se corrió, la porra salía con abundante líquido espeso de color blanco el cual extendí por su ano para lubricarlo aún más y meterle a la vez dos dedos en su culo respingón.

Méteme la polla de una vez. Quiero darte por el culo sin sacarte la porra del coño. Me parece buena idea, pero no me hagas esperar más.

Me senté en el medio del asiento trasero mientras hice que ella se sentara dándome la espalda clavándose mi polla en su culo. Mientras ella me follaba con su culo, yo le bombeaba en el coño con la porra y le acariciaba las tetas pellizcándole después los duros pezones. Tania tiene el ano estrecho, pocas veces la he follado por el culo ya que mi polla es bastante gorda y le hago daño cuando la enculo. Por esto y por la porra que tenía en el coño no la pude penetrar profundamente, pero sí lo justo para que me pudiera correr dentro debido al placer de follar un agujero estrecho. Tres o cuatro chorros de esperma intenso le eché en su culo. Aún habiéndome corrido no dejé de follarla con la porra hasta que ella se corrió también. Le hice levantar el culo de mi polla y aproveché que tenía el culo en pompa para limpiarle el culo y coño con la lengua, de sus jugos y de los míos.

Exhaustos nos sentamos a descansar un rato. Una vez nos recuperamos, nos recompusimos la ropa y la llevé a su casa. Cuando me dirigía a mi casa descubrí que la guarra de mi novia se había dejado en el suelo del asiento delantero el tanga el cual cogí y, sin poderme resistir, tuve que oler y lamer durante todo el trayecto.

Autor: joseleitor

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En la fiesta de su jefe

Al llegar a casa fue corriendo al ordenador. En la pantalla un redondel. Como las películas de cine. Una manecilla de una especie de reloj comenzaba a girar. Comencé a ver algo que me dejo helada: la casa, el salón y yo arrodillada chupándole el pene a mi marido. Si, lamiéndosele como una profesional. Con los pechos fuera, temblando. El muy hijo de puta del jefe lo había grabado todo.

A la primera oportunidad que tuvo, me agarró disimuladamente del brazo y me llevó al salón. Recuerdo que me había comprado una blusa roja de seda. Mi larga melena lisa y mi preciosa blusa. Una foto. Unos pantalones de pinzas, estaba al menos muy elegante y sugerente. Otra foto. Él me dijo, bueno todos los invitados me dijeron que estaba preciosa. Seguramente. Y me presentó a su jefe.

No me gustó nada. Tenía cara de prepotente. Me miró de arriba a abajo. No fue una mirada de esas que te desnudan, no. Fue una especie de examen visual. Asintió con la cabeza, como confirmando algo, como dándole la razón en algo que ya hubieran hablado. A lo mejor Paco le había dicho que yo era muy guapa y el otro asentía. Vete tú a saber. Con no se qué excusa me metió en un salón y nos quedamos solos.

– De prisa, zorra -Le miré atónita. Con los ojos abiertos de par en par. – Vamos, puta, abre la boca. Y sin más, me vi arrodillada, frente a su entrepierna, cara a cara con su bragueta. Un movimiento rápido y su pene, duro como nunca, estaba delante de mí. Ahora lo entendía, estaba excitadísimo. Tal vez por el morbo del que pudieran pillarnos o vernos. Sí, más bien vernos.

–  Traga zorra,  -me decía-, cómete el rabo. Vamos, puta, chupa… -repetía sin parar. No sé ni lo que me decía. Jamás me había insultado así. Jamás me había dicho esas barbaridades. Estaba como loco, fuera de sí. – Las tetas, sácate las tetas. Sácatelas, puta, me excitas más así, guarra.

Ni esperó, casi me arranca el sujetador. Me vi en el espejo. Arrodillada, con su pene incrustado en mi boca, con mis tetas bamboleándose rítmicamente, asomando por encima del sostén, balanceándose. Un pequeño ruido en la ventana. Traté de volver la cabeza, pero él me la sujetó. Y la vi a ella. A la mujer de su jefe. Una mirada de odio, de asco, de desprecio. Para ella yo era obviamente algo peor que una puta, más miserable, más despreciable. Obviamente no aprobaba lo que estábamos haciendo. Intenté decirle eso, intenté apartarme, detener aquella locura, pero no me dio ni la más pequeña oportunidad. Su mano apretó con fuerza mi nuca. Con la otra sujetó aun más fuerte mi cabeza.

Empujó. Me la incrustó entera. Ya sé que es una forma de hablar y eso pero creo que me comí hasta los huevos. Me ahogaba. Intentaba separarme con las manos, le empujaba los muslos para alejarme, pero no podía. Me asfixiaba. Me daban arcadas. La tenía en mi garganta. Y él no hacía más que empujar más fuerte.  Hasta que por fin noté cómo le daba pequeños botecitos. Un jadeo que salía de sus entrañas. De muy adentro. Y un tremendo espasmo, casi un estertor. Lo supe. Supe lo que venía a continuación. No necesitaba leer el guión.

Un sabor intenso. Fuerte, demasiado fuerte. En cierto modo raspaba mi garganta. Su textura era suave, viscosa, casi como cremosa, pero su sabor tan ácido arañaba mi paladar. Mi marido se estaba corriendo por primera vez en mi vida, y por primera vez en su vida, en mi boca. No en mi boca, no. Dentro de mi boca. No dejó que cayera ni una sola gota. Tuve que tragarme todo. Casi vomito de asco. ¡Qué contradicción! ¡El clítoris estaba a punto de estallar y los pezones parecían dos flechas!

– Vístete zorra.

Una sonrisa fanfarrona y un gesto de indiferencia al subirse la bragueta. Paco me dejó sola mientras me arreglaba. Ni me habló. Sabía que la mujer del jefe había visto todo, y que él lo sabía.  Al entrar en la sala estaban todos hablando normalmente y la busqué con la mirada, sí, a ella, a la mujer del jefe. Lo que me temía. Estaba hablando con su marido. No tenía precisamente cara de estar contenta. Los dos miraron en mi dirección. Al poco el jefe se acercó a mi marido y no sé qué le dijo. Mi esposo asintió con la cabeza y sonrió como por cumplir a su esposa. El jefe disimuladamente se acercó a mí. No hizo falta más. Estaba colorada como un tomate.

– Lamento mucho que tengan que irse, su Paco me ha dicho que por un imprevisto familiar, espero que no sea nada grave.

Educadamente me estaba echando de su casa. Paco se fue a buscar los abrigos. Susurrando me dijo que era una lástima que tuviera que irme tan pronto, que era una mujer muy guapa y que sin mí, la fiesta decaería. ¡Qué cínico! Pensé. Y como quien no quiere la cosa me sobó el culo y me preguntó si me había gustado la alfombra del salón. ¡Qué hijo de puta!, pensé, pero bueno, si sabía lo que acababa de hacer, qué iba a pensar de mí. Normal. Lo que hubiera pensado cualquiera. Que era una puta y una guarra.

Todo el camino lo pasamos sin dirigirnos la palabra. En silencio. Yo gimoteando, llorando de vergüenza. A Paco parecía que no le importaba nada. Como que le daba igual. Al llegar a casa, loco de excitación fue corriendo al ordenador. Miró el reloj. Los ojos se le salían de las órbitas. Ni oía lo que le estaba diciendo. En la pantalla un redondel. Como las películas de cine. Una manecilla de una especie de reloj comenzaba a girar. Una cuenta a tras, cuatros, tres, dos uno…  Alucinante.

Comencé a ver algo que me dejo helada: la casa, el salón. Y yo arrodillada chupándole el pene a mi marido. Si, lamiéndosele como una profesional. Con los pechos fuera, temblando. Moviendo mi cabeza al compás que él me marcaba. ¡El muy hijo de puta del jefe lo había grabado todo!, ¡Estaban de acuerdo!, ¡Lo habían planeado! No sé si la mujer lo sabía, pero ellos desde luego estaban de acuerdo.

– ¿Pero, Paco, te gusta que me vean haciendo eso? – ¡Cállate la boca, zorra! ¡Ven aquí, so puta!

Me negué. Pero a Paco le dio igual. Parsimoniosamente encendió un interruptor. En la pantalla del ordenador aparecieron varias ventanitas. Era nuestra casa. El muy cabrón había puesto cámaras por toda la casa. Literalmente Paco me arrancó toda la ropa. La rompió en mil pedazos. Y me poseyó como hacía tiempo que no hacía.

Comprendí muchas cosas. Aquel hijo de puta no solo era su jefe, a lo mejor si, hasta puede que fuera verdad. Pero fijo que era algo más que su jefe. Si, seguro que también era su compañero de vicios. Y lo supe sin que me dijera nada. Estaba claro que no sólo me iba a exhibir. Eso ya lo había hecho. Seguramente más veces de las que yo creía. Me iba a entregar. Mis peores o mis mejores temores se iban a confirmar. Y lo peor de todo es que no me desagradaba la idea. Hasta cierto punto lo intuía y lo esperaba. Algunas noches, cuando Paco no me hacía nada, cuando se pasaba horas muertas meneándosela frente a la pantalla del ordenador, hasta lo deseaba. Sólo era cuestión de tiempo. Sabía perfectamente que sólo era cuestión de tiempo…

Autor: A.E.C.

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Mi amiga la dentista

Estuvimos un buen rato dándole hasta que ella me avisó que iba a tener un orgasmo que continuase igual. Me cogió la mano derecha y me lo acercó a su chochito. Yo busqué su clítoris pero ella quiso que bajara un poco más lo que interpreté que quería un dedo por la vagina. En ese momento de doble penetración noté un calor en la palma de mano…Perdóname, pero me estoy meando de gusto.

Esta semana me dolió la muela de juicio y recordé que mi dentista me aconsejó quitármela. Pero como a todos, no es un tema nos entusiasme mucho lo fui posponiendo. La dentista  en cuestión  es amiga de mi mujer y mía, y además de ser un encanto de mujer,  está buenísima.

La cosa es que me presenté en la consulta para que me mirase la muela. Me dijo que debía sacármela pero mejor otro día. Me dio las instrucciones para ese día y cuando le dije que me cobrara, pues ya no me cubría la mutua, se negó. Yo le insistí pero ella no cedió. Yo bromeando le dije que entonces debería pagarle en especies. No sé, te cambio alguna bombilla, te pinto la casa, te hago un masaje, – Ummm, no sé, no sé, eso estaría bien, si no fuera porque a tu mujer no le gustaría. Me dijo. -Si, si, además ya le hace poca gracia que venga solo. -¿Por qué..? – ..Mira, cosas de ella.

La verdad es que cuando íbamos los dos, siempre hablaba conmigo más que con ella. A veces llegaba el punto que parecía que flirteábamos. Yo me puse un poco nervioso, pues soy muy tímido y quise cambiar de tema. Le pregunté por su hermana que se casó el año pasado y recordé la fiesta que hicimos en su casa para despedir la soltería de su hermana. Estuvo muy divertida, además tuvo su punto picante, le dije. Me sorprendió mucho que en los juegos que preparaste siempre sacaras temas de tangas, posturas y chochitos depilados. No me imaginaba que fueras tan picante. Ella se rió y me dijo que un poco. Que suerte, yo también lo soy pero mi mujer no me sigue. La verdad es que yo había fantaseado mucho con ella y tenía mucha curiosidad por saber hasta dónde podría llegar con el tema sin que se molestara. Así que me lancé. -Paula, ¿te puedo hacer una pregunta? –  Si claro – ¿Tú, como lo llevas? – ¿Qué?, me dijo con cara de espanto. -Ya sé que es muy atrevido, pero llevo tiempo preguntando me como lo llevas, si depilado totalmente o te dejas algo de vello…

Ella todavía colorada de la vergüenza, me confesó que lo tenía sin un solo pelito. – Que suerte debe tener tu chico. – Bueno, no tengo en estos momentos. – Pues que coqueta  que eres entonces. Yo todavía no he podido convencer a mi mujer para que se lo haga y mira que me hace mucha ilusión. Pero creo que excepto en pelis o por internet, no voy a tener la oportunidad de ver uno así. – Seguro que si que la tienes, me dijo queriéndome consolar.

– Sabes, de vez en cuando a mí también me gusta arreglarme esa zona. – Ella se rió en parte por la conversación surrealista entre una dentista y su paciente. -Paula, puede que me mandes al carajo, pero me encantaría que me lo enseñarás – le solté así, de golpe. – Pero tú estás loco, y si se entera tú mujer, nos metemos en un lío tremendo. – Tienes razón, pero yo no se lo diría a nadie, si tú no lo haces no habrá ningún problema, en la consulta no hay nadie, con no abrir y no coger el teléfono nadie molestaría. Ni hablar, me soltó. – Mira, te encuentro muy atractiva, y puede que sea la única oportunidad para ver una rajita así. Además, solo será mirar, y si quieres te bajas los pantalones y sin quitarte las braguitas te bajas la goma  y así me lo muestras. -Mira Javi, es una locura pero te lo voy a enseñar un momento para que te quedes tranquilo. Pasa nuevamente a la consulta que voy a cerrar la puerta no vayamos a tener un susto.

Me fui hacia dentro. Mi corazón iba a mil. Entró detrás de mí se desabrochó la bata blanca, se bajó los pantalones y me recordó que solo mirar. Bajó la goma de la braguita justo hasta donde empezaba su rajita, y la volvió a subir. Yo apenas pude verla. – ¡Ya esta! Dijo. – Por favor Paula, sabes que apenas he podido ver nada. – Perdona, estoy muy nerviosa y un poco excitada.

– Venga relájate, no pasa nada.- Esta vez se bajó un poco más, y yo le ayudé cogiéndole de las manos para que las braguitas, que eran rosas, pequeñas y muy sencillas, bajaran por debajo de sus muslos. -Es un chochito precioso. ¿Quien lo disfrutará?, dije.- ¿Es qué no lo estás disfrutando?, me preguntó. – Sí, pero me refería a algo más, ya sabes. – Pues venga, dejémoslo ya que te vas a poner muy malo. – Espera, espera, le supliqué. Ya que estamos en este punto déjame pasar un par de dedos por tu pubis y tus labios para sentir lo suavecito que se ve. – Te estás pasando, quedamos que solo mirar. – Sí, tienes razón, pero tampoco es tan grave…  pero si te vas a sentir mal lo dejamos pero si tú también lo deseas  déjame tocarte. – Está bien, pero nos estamos pasando.

Yo no contesté, simplemente deslicé la punta de mis dedos por su inexistente triángulo púbico. En ese momento mi miembro que estaba bastante hinchado se puso como una piedra hasta el punto de estar incómodo. Seguí acariciándola y sin perder el contacto fui a buscar sus labios. Ahí noté que ella ya no dijo nada y se dejaba hacer. No sabía si pasar un dedo por la rajita para no romper aquel momento. Lo que sí hice fue inclinar mi cabeza hacia adelante y aproximarme un poco al juguetito. En ese momento yo estaba sentado en el asiento del paciente y ella de pie justo en frente. -¿Qué haces me preguntó?  -Quería saber cómo es tu aroma. -Pues a que quieres que huela… además con lo caliente que está… Justo en ese momento se quedó callada, roja como un tomate pues reconocía que estaba disfrutando también con aquella situación.

Le cogí de las manos, se las besé y le dije, -Mira Paula, yo estoy disfrutando mucho y me gustaría que tú estuvieras disfrutando igual que yo. -Si yo también lo estoy pasando bien, me contestó. -Pues mirá, para acabar si no te importa me acercaré para olerte el conejito y  te daré unos besitos de despedida. Ella no dijo nada por lo que entendí que aceptaba. Así lo hice. Mientras disfrutaba de su olor le di el primer besito  y fui dando un rodeo hasta poner mis labios en la rajita. Entonces noté como ella ponía sus manos en mi pelo y me acariciaba la cabeza despeinándome. Eso lo entendí como una rendición y aproveché para sacar mi lengua y repasar el interior de su coñito de abajo hacia arriba. Al no esperarlo, como un acto reflejo, hizo que se separara de mí y que sus rodillas se doblasen al sentir la punta de mi lengua contactar con su clítoris.

-¿Qué haces? me dijo con un tono rozando el enfado. -Perdona Paula, siento haber abusado de la confianza,  pero he disfrutado con la vista, el tacto y el olfato, y si te hubiese pedido permiso no sé si me hubieses dejado. -Pues igual sí, me dijo bastante enfadada, pero ahora no. No te conformas con nada. Recuerda que todo empezó con vérmelo y mira a donde hemos llegado.

Paula, era unos siete menor que yo pero en ese momento parecía al revés. -Además ya veo por dónde vas, después de saborear mi conejo faltará el quinto sentido, el oído. ¿Este como lo experimentarás? -Muy fácil, le dije, si me dejas comerte el coño y consigo que goces me será suficiente con oír como gimes. -Eres un cabrón, me has embaucado poco a poco. -Pero no me digas que lo estás pasando mal, pregunté. – Mira, estoy tan caliente que espero  que no me dejes así ahora, así que  comételo y no pares hasta que te lo diga o caiga muerta.  Le hice quitarse toda la ropa y se puso nuevamente la bata blanca pero desabrochada. Se tumbó en el sillón y yo en su butaca con ruedas y nos intercambiamos los papeles. Yo sería el médico y ella la paciente. Se tumbó, se abrió de piernas todo lo que pudo y empecé a trabajárselo todo lo bien que supe.  Primero gemía y yo estaba que iba a reventar. Quise meterle un dedo pero me lo impidió.

Cuando llevaba un buen rato, y esperaba que se corriese en cualquier momento una alarma sonó a mi lado. Era el móvil de Paula en el bolsillo de su bata, una llamada. Le dije que no lo cogiera. Pero miró, era su hermana. Después le llamo. Yo cambié de opinión, cógeselo, que es muy morboso que hables mientras te lo estoy comiendo. Me dijo que parase un poco y descolgó. Yo no puede parar y mientras que hablaban de tonterías yo volví a la faena. Conseguí que se le escapase un pequeño gemido y tuvo que mentir. Dijo que estaba abriendo un video muy gracioso por internet y se le escapó la risa. Seguidamente me lanzó una mirada basilística y que hizo recapacitar y no seguir jugándomela. Entonces aproveché para sacarme mi pieza y para seguir con la broma y tentar a la suerte di la vuelta y le puse mi tronquito cerca de la boca para ver que hacía.

Lo agarró y para mi sorpresa mientras que su hermana hablaba ella me lo lamía y se lo metía en la boca sin acabar de cerrarla simulando una mamada. Al poco se despidieron y eso evitó que me corriese. – Cariño, esto hay que acabarlo ya, otro día hacemos más cositas. Yo me quedé blanco. No contaba con repetirlo. – Ahora sí que quiero que me metas dos deditos mientras me chupas la pepita. Así lo hice, me pedía más fuerte y más rápido y en dos minutos noté como sus piernas en alto dieron un espasmo y temblaron. – Estoy destrozada, no había experimentado nunca nada igual. Yo estaba muy satisfecho acariciando mi tranca. – ¿Y ahora que quieres?, me preguntó. – Que no seas tú quien me dejes a medias. – Si quieres voy a por un condón a la farmacia de enfrente. – No, no quiero que salgas todavía. – Pues, no sé Paula, chúpamela hazme una paja, lo que quieras, pero me hagas salir empalmado. Ella echó una risita y me dijo, – Tranquilo tonto, mi rajita está tan agradecida que vas a poder correrte dentro de ella. No te preocupes porque estoy tomando pastillas para un problema con la piel. Se levantó de la camilla, y se dirigió a mí y me propinó un morreo espectacular.

Se dio la vuelta, apoyó una rodilla sobre la camilla se subió la bata e inclinándose hacia adelante con el culo en pompa me dijo. – Ahora me vas a follar salvajemente. – Tranquila que con esta posición no aguanto mucho. – Lo sé me dijo ella con un tono de superioridad. Se la clavé y empecé a bombear despacio. Era espectacular la visión del agujerito de su culito. Le pregunté que si se lo habían estrenado. Mi contestó que solo una vez y que le  gustó pero el tío la tenía muy gorda y vio las estrellas. – Ahora ya pasado tiempo y tengo ganas de probarlo otra vez si puede ser con una no tan grande, así como la tuya. Te gustaría. – Nunca lo he hecho y me volvería loco. – Vale, pero si no te importa lo haremos en mi casa, en la cama que es más cómodo. – Cómo quieras.

Por segunda vez daba a entender que esto lo repetiríamos y yo no lo tenía tan claro. – Venga- me dijo- dejémonos de palabrerías y fóllame fuerte, como una perra, hazme daño. Entre las palabras, los gemidos que empezaban a ser gritos, la postura, y el rato de que llevábamos no pude aguantar más de cinco minutos. Rápidamente me dio otro beso, me obligó a vestirme deprisa y me echó de la consulta mientras que ella medio desnuda con mi semen resbalando por sus piernas me decía que me esperaba mañana para sacarme la muela.

Ya en la puerta, antes de abrirla para salir nos volvimos a dar un beso de campeonato. Mis manos recorrían todo su cuerpo y se recreaban en sus pequeños senos y en el culito que un día sería mío. En ese momento sonó un móvil. Era el mío, mi mujer que llegaría tarde. Me ofrecí para ir a buscarla. Totalmente confundido no relacionaba la maldad que acababa de cometer con mi ofrecimiento.

Ella me dijo que sí, pero que más tarde, que ya me avisaría. Mientras Paula aprovechó la oportunidad para devolverme la jugada que le había hecho antes mientras hablaba con su hermana. Se levantó la bata y acercó su trasero a mi bragueta y comenzó a hacer movimientos sensuales en círculo. Pasé mi mano libre por su vientre y fui bajando hasta dar con el inicio de la rajita.

Por un momento había olvidado la depilación y eso me hizo reaccionar con otro intento de erección. Mientras mi mano aplicaba un masaje a aquel conejo insaciable mi mente no sabía como cortar con la conversación telefónica que hacía rato que había perdido el hilo. Cuando colgué le recriminé que había sido muy mala. – Te lo debía, me dijo riéndose.  – Ah, por un momento pensé que querías adelantar tu sesión de sexo anal. – Si no fuera porque mis piernas no pueden y que seguro que tú tampoco…

– Oye, ¿quien ha dicho que yo no puedo? Además, cuando lo tengas dilatado yo ya me habré recuperado. Se lanzó a mi cuello y nuevamente me besó metiendo su lengua hasta la campanilla de mi garganta. – Vamos para adentro que en el botiquín tengo una cremita que servirá de lubricante, me ordenó.

La Paula que ahora se paseaba desnuda por la consulta no era la misma que una hora antes me había revisado la muela. Aprovechaba cualquier oportunidad para besarme. Me pidió que me quitara toda la ropa y mirándome con cara de niña caprichosa me pidió un último deseo:

– Quiero que me beses el culito. – ¡Que! – Quiero que me pases la lengua y me des gustito – Lo siento pero no veo capaz. –Pero yo sí que quiero.  Tranquilo me he pasado una toallita húmeda, lo tienes limpito para ti.

No tuve otra opción y rápidamente yo también empecé a disfrutar de aquello hasta el punto que se me puso nuevamente la poya como una piedra. Después le metí un dedo y después dos tal y como ella me dirigía para finalmente avisarme que se acabaron los juegos y que quería empezar la guerra. Estábamos de pie apoyados en un pequeño mostrador llenos de instrumental y medicamentos. Estuvimos un buen rato dándole hasta que ella me avisó que iba a tener un orgasmo que continuase igual. Me cogió la mano derecha y me lo acercó a su chochito. Yo busqué su clítoris pero ella quiso que bajara un poco más lo que interpreté que quería un dedo por la vagina. En ese momento de doble penetración noté un calor en la palma de mano.

– Perdóname, pero me estoy meando de gusto. Soy una guarra, perdóname. – Cariño, no te preocupes, le dije para consolarla mientras notaba el pipi caliente que caía por nuestras piernas. – Sigue por favor, córrete dentro de mí, me pidió.

Cuando acabamos nos limpiamos nos vestimos y me fui. La despedida fue más tranquila. Estábamos exhaustos. Salí y me metí en el coche. No podía conducir. Me quedé unos minutos en trance. Pensado en la situación que se me presentaba. En mi mujer. En lo que había pasado en la consulta. Un golpe sonó en el cristal de lateral. Miré y era Paula. Bajé la ventanilla y ella metió la cabeza para volver a meter su lengua en mi boca.  Después se fue, no sin antes decirme: mañana te llamo y no se te ocurra no cogerme la llamada. Ahora eres mío.

Autor: Emile Zola

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Tere, mi madurita calentorra

La abrí de piernas para que me mostrase toda la plenitud de su coño, estaba mojado por sus flujos y comencé a saborearlo, chupando el clítoris y cada pliegue de su coño, ella se apretaba contra mi boca y me agarraba la cabeza con las manos empujándola hacia su coño, hasta que se corrió como una loca llenándome de sus fluidos y pegó un grito que se debió de escuchar en todos los pasillos del hotel.

Hola amigos lectores, soy Oscar un chico de Madrid de 23 años, mido 1,85 ojos marrones pelo corto, y bastante deportista, me pego buenas machacadas en el gimnasio, en la piscina y practicando algo de deporte siempre que puedo.

Os voy a contar como conocí a Tere, mi madurita calentorra, una mujer de 54 años de Zaragoza, yo escribí un relato sobre mujeres maduras hace mucho tiempo, recibí su contestación, y me contaba que era una mujer de 54 años de Zaragoza, me mandó una foto suya en una playa nudista, estaba buenísima, o por lo menos a mí me lo parecía, y seguro que a muchos de los jovencitos como yo que estáis leyendo este relato, y os gustan las maduras tetonas y culonas, os pondría a mil ver sus fotos y os harías unas pajas antológicas igual que las que yo me he hecho pensando en su cuerpo, en sus tetas, en su coño y en todas las cosas que me gustaría hacer con ella.

Tere era muy guarra y sumisa, le gustaba que la tratasen como una cerda ramera, eso le excitaba escribirle en los mails tratándola como puta y también como guarra, eso creo que debía hacer que su coñito se mojase al instante. Me contaba como se follaba a un amigo de su marido, le gustaba que la enculasen, tragarse el semen… le encantaba el sexo, era una viciosa del copón.

También le encantaba la lluvia dorada y sentir como una buena polla se meaba encima de su cara o de sus preciosas tetas. A mi me excitaba mogollón la idea de que me mandase unas bragas suyas usadas… con el paso del tiempo recibí sus dos bragas preferidas según ella me contaba, a cambio yo prometí algo que no pude cumplir… prometí mandarle una foto de mi polla empalmada envuelta con sus bragas y de sus fotos recubiertas de mi espesa leche caliente. Seguro que Tere se puso muy triste al no poder comprobar al menos en foto como se ponían mis 18 centímetros de polla cuando estaban en contacto con sus bragas y yo veía sus fotos y me pajeaba pensando en ella.

La otra noche volví a soñar con ella, volví a soñar con Tere, su precioso culo, su peludo coño y sus tetazas… dándome de mamar con esos exquisitos pezones rosados apuntando hacia el cielo. Yo estaba en mi nuevo trabajo, como vendedor, comercial y representante de una conocida marca de ropa, mi jefe me había llamado para ir a Zaragoza a una reunión con otros directores y comerciales de la zona de Cataluña y Aragón, llegué a Zaragoza y en un taxi me dirigí hacia el conocido hotel de la ciudad, llegué a mi habitación, me puse cómodo y pedí un cubata al servicio de habitaciones, pagaba la empresa… así que no pensaba privarme de nada, y hacer muchas cosas que no haría en un hotel si tuviese que ser yo quien paga.

Lo siguiente que hice una vez el camarero del servicio de habitaciones me trajo mi copa, fue sacar un cigarrito y tumbarme en la cama, encender la televisión y poner un canal de pago con películas porno, que casualidad, estaban poniendo una peli de maduras… con Kitty una de mis actrices maduritas preferidas, algunos de vosotros ya la conoceréis, si a esa rubia, cincuentona, culona y tetona… tuve la suerte de conocerla en persona el año pasado en el festival de Cine Erótico de Barcelona.

Cogí mi móvil e hice una llamada al móvil de Tere para darle una sorpresa y decirle que estaba en Zaragoza para todo el fin de semana. Ella se puso muy contenta al recibir mi llamada, quedamos en que se escaparía la mañana siguiente para hacerme una vista… y follar como salvajes tal y como me dijo al teléfono, me venía perfecto, puesto que yo tenía el resto de tarde libre y la mañana del día siguiente también libre hasta la hora de la comida.

Al otro día suena mi teléfono de la habitación, era ella, subió hasta mi suite, estaba maravillosa, estaba muchísimo mejor que lo que se dejaba ver en sus fotos, nos dimos un largo beso y mis manos recorrieron su maravilloso cuerpo, ella se fue acercando más a mí, comencé a meterle mano acariciando sus muslos y ella se tocaba las tetas y los pezones que ya se marcaban realmente duros a través de su blusa. Se quitó la blusa y le empecé a comer las tetas mientras ella me desabrochaba el pantalón y acariciaba mi polla ya erecta por encima de mis bóxers.

Tere se puso de rodillas delante del sillón y sentí sus labios y su lengua recorriendo toda la longitud de mi polla hasta que se la metió en su boca y comenzó a chupar con auténtico vicio… me la mamaba con un ritmo brutal, y de repente paraba y jugaba con su lengua en mi glande… y seguía mamando, no podía aguantar más después de unos 20 minutos devorando mi polla así que la pedí que sacase la lengua y recibiese mi semen con la boca bien abierta y comencé a correrme como un caballo en su lengua, en su cara y en su boca, llevaba dos semanas sin eyacular y jamás pensé que pudiesen mis huevos almacenar tanta lefa, me quedé extasiado con una de las mejores corridas de mi vida.

Seguidamente la tumbé en la cama y la abrí de piernas para que me mostrase toda la plenitud de su coño… estaba mojado por sus flujos y comencé a saborearlo y comérmelo entero lamiendo, chupando los labios, el clítoris y cada pliegue de su coño que se me hacía más y más delicioso… ella se apretaba contra mi boca y me agarraba la cabeza con las manos empujándola hacia su coño para que se lo comiese más y más fuerte… hasta que se corrió como una loca llenándome de sus fluidos que yo acepté en mi boca con gran placer y pegó un grito que se debió de escuchar en todos los pasillos del hotel…

Le di la vuelta y con el culo en pompa le abrí el culo y se lo dejé bien ensalivado, es alucinate el lamer el culo de una mujer…

Me encanta, es una cerdada pero disfruto como un loco, chupando el ojete de una mujer… ese sabor, ese olor…mmm, mientras ella me masturbaba yo le comía el culo a Tere… me puse como una piedra de nuevo y a 4 patas empecé a follarle el coño… tomándola de la cintura y embistiéndola bien fuerte…después me puse a encularla metiendo un dedo en su culo para después meter mis 6cm de diámetro de polla poco a poco en su culo sin que se quejase mucho.

Cuando entró toda la polla comencé a follarla salvajemente hasta que no podía más y me corrí dentro de su culo inundándola con mi leche…ella se puso en cuclillas y yo comencé a sorber todo mi esperma caliente que resbalaba por su ano… me pidió que la mease y la llevé a la ducha donde le eché una buena meada caliente en su cara y en sus tetas, ella me correspondió también con una buena meada. Nos terminamos de duchar juntos y extasiados tumbados en la cama… ella me regaló sus bragas húmedas… y se fue a su casa a seguir con sus tareas de ama de casa… al fin había cumplido mi fantasía de follar a lo bestia con Tere…

Nota del autor: Me gustaría que me dejaran comentarios mujeres de más de 45 años, viciosas y culonas… que les guste que las coman el culo y el coño… la lluvia el sexo un poco pasado de rosca y que sean viciosas, o algo dominante me gusta que me de caña una mujer… y hacer guarradas de todo tipo.

Autor: Oscar

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Una buena madre

Nuevas obscenidades salían por mi boca mientras, mi polla entraba hasta lo más profundo de su ser, para salir un segundo y volver a entrar con más fuerza. Sus piernas abrazaron mis riñones y sus manos apretaban mis nalgas haciendo que costara trabajo salir de ella. Su lengua chupaba mi boca cuando no me llamaba, excitándose con la idea de que era su hijo con quien estaba follando.

Pasó sin buscarlo, sin haberlo planeado nunca, pero desde entonces mi vida tomó otro rumbo, inimaginablemente más pleno. Acababa de cumplir los dieciocho años cuando todo esto ocurrió. Pasó sin buscarlo, sin haberlo planeado nunca, pero desde entonces mi vida tomó otro rumbo, inimaginablemente más pleno. Y todo ello pasando por encima del más prohibido de los deseos: el incesto. Sí, como fantasía todos hemos tenido una alguna vez, pero sin más anhelo que el de un pensamiento caliente, más por prohibido que por deseo.

Mi madre es una mujer de lo más corriente, una madre tipo de su edad, con su físico de 40 años y dos hijos en su haber. Y yo, típico adolescente, me había masturbado infinidad de veces pensando en ella. O incluso algo más, probando el peligro, lo inaccesible: me había hecho más de una paja espiándola mientras orinaba con la puerta entornada, o cambiándose de ropa, o mientras dormía la siesta. Le levantaba un poco la falda para verle las bragas, o miraba de cerca por entre su escote sus grandes tetas mientras me la meneaba; incluso rocé más de una vez mi polla tiesa en sus manos o en su cara. Despierta, sólo le había arrimado el paquete a su culo con la excusa de llegar al armario de los vasos mientras ella fregaba los platos, o le daba algún cachete inocente en sus nalgas. Todo esto, claro, de una manera casi inconsciente, sin pensar que era mi madre y que era una mujer: en mi mente adolescente sólo era ver unas tetas, hacerse unas pajas y poco más.

Pero todo cambió un día cuando mi hermano tuvo que ir al médico porque su pene tenía demasiado estrecho el prepucio y se lo estrangulaba cuando empezó a tener sus primeras erecciones. El médico, para intentar evitar una operación, sencilla pero molesta, le ordenó unas pomadas dilatadoras y unos ejercicios, y advirtió a mis padres para que siguieran su evolución y le informaran. Mi hermano no tenía constancia y mi madre siempre estaba recordándoselo; mi hermano se quejaba por pereza y no se aplicaba las pomadas ni hacía los ejercicios, consistentes en subir y bajar la piel, una vez erecto el pene, y forzar de vez en cuando un estiramiento que siempre resultaba doloroso. Mi madre decidió encargarse ella misma de que hiciera los ejercicios. Incluso nos hizo intercambiarnos el cuarto para ver si dándole más intimidad conseguía que cumpliera con la prescripción médica.

Con el nuevo cuarto vino un descubrimiento mayor: mi madre dejaba de ser sólo mi madre para pasar a ser una mujer y deseable. Mi cama se apoyaba en la pared del cuarto de mis padres, y desde el primer día que conseguí oírlos follar, sus jadeos, los ruidos de su cama, las obscenidades que se decían para calentarse, mis espionajes, tocamientos, y por supuesto, mis pajas, crecieron en progresión geométrica. Y también mis atrevimientos: me la sacudía, sin correrme, por debajo de la mesa mientras comíamos, mirándola; o en sus siestas, me corría a su lado si esperar a hacerlo en el baño. Cuando se iba a casa de mi abuela, me entraba al servicio con una foto suya, la llamaba por teléfono y le echaba la leche por la cara al portarretratos mientras oía su voz.

A todo esto, mi hermano seguía sin hacer caso de su problema, y mi madre, harta, decidió que si no se lo hacía ella no habría manera de evitar la operación. Así, cada tarde, cuando mi padre salía a trabajar, para que no se enfadara con mi hermano, mi madre iba a su cuarto, le hacía bajarse los pantalones y ella misma le aplicaba la pomada y le bajaba la piel a tirones a la polla de mi hermano. Yo les espiaba sin que me vieran: mi hermano, aunque empalmado, estaba totalmente avergonzado, y hacía como que leía un cómic para taparse la cara y no ver lo que le estaban haciendo. Yo no conseguía entenderlo; le tenía la mayor de las envidias: mamá le hacía una paja cada tarde, sin corrida, claro, y el muy imbécil no quería ni verlo.

¡Para morirse! Yo sólo alcanzaba a, como buenamente podía, pajearme sin que me vieran espiarlos, aunque tampoco me era difícil: mi hermano tapándose la cara y mi madre haciendo su trabajo… Un día, y aunque no me pilló con la polla fuera, sí me vio espiándoles, y, cuando acabó con mi hermano vino a mi cuarto a reconvenirme:

-Juan, ¿te parece bonito mirar a tu hermano, con la vergüenza que sabes que tiene?- me dijo. –Si se llega a enterar, ya podemos acabar el tratamiento.

Yo, confuso, y sabiéndome culpable no sólo de eso sino de hacerme pajas mirándola, dije lo primero que se me vino a la cabeza:

-Es que creo que yo también tengo ese problema aunque no tan grave, claro, y tengo un poco de miedo, y quería ver que le hacías, y …- ya no supe que más decir, pero no sabía que, sin querer había hecho diana en el centro. -¡Vaya, hombre, voy a tener que tocarle el pene a todos los hombres de la casa! A ver, enséñamela, no tengas vergüenza.

¡¿Vergüenza?! No sabía ella las ganas que yo tenía. Después del primer segundo, mientras se agolpaban en mi mente todas mis fantasías, y mi polla empezaba a ponérseme morcillona, me hice un poco el remolón. Mi madre, sentándose en la cama, me hizo poner delante de ella y empezó, impaciente, a desabrocharme los pantalones. De un tirón, me bajó pantalón y calzoncillo hasta los pies, y cuando levantó la cabeza, mi polla, bastante gorda ya, aunque gacha, apareció ante su cara:

-¡Caray, Juan, esto no es el pitito de tu hermano! ¡Jolín, ya es como la de papá!-me dijo, divertida.- A ver como tienes esto…-decía, mientras me cogía la polla con una mano y se ayudaba con la otra para bajar la piel. Encima, con un mohín muy suyo, frotaba la punta de la lengua con su labio inferior, poniéndome más cachondo, si cabe, de lo que me estaba poniendo capullando y descapullando mi polla. Al poco, se dio cuenta de que una polla totalmente tiesa apuntaba a su cara.

Sorprendida, pensativa, me miró sin dejar de pelármela unos segundos más, y, de repente, algo azorada, se levantó y me dijo que creía que no tenía ningún problema, pero que me la vería de vez en cuando para cerciorarse; me dijo que cenaríamos en una hora y salió. Yo no salía de un estado de embriaguez mental, y no sabía si gritar de rabia o dar gracias por parar en aquel momento, porque unas sacudidas más y hubiera eyaculado en la cara de mi madre. Me tumbé en la cama sin temer que entrara mi madre, o dándome igual, y me la meneé con fuerza hasta que me corrí murmurando “mamá, mamá” entre jadeos de placer.

Durante toda la semana siguiente seguí masturbándome espiando a mi madre, pero sin correrme: quería provocarme un recalentón para que, si surgía una nueva ocasión, mi madre me sacara la leche a la menor sacudida.

Y la ocasión se presentó un viernes por la tarde, una semana y media después, cuando mi hermano se había librado de su ración de paja desaprovechada porque mi padre se lo llevaba a un campamento del colegio a unos 130 kms. de nuestra ciudad. Mi madre entró en mi habitación y me dijo:

-Venga, Juan, que hoy no tengo al cabezota de tu hermano, y puedo verte a ti- dijo, sentándose de nuevo en la cama. Yo no le quitaba los ojos de encima: llevaba el camisón de dormir, sin sostenes, y era como tenerla desnuda delante de mí.

Mi madre se proponía avergonzarme creyendo que yo me asustaría de pensar en que una nueva erección me pusiera en evidencia delante de ella; así, vistiendo provocativamente, esperaba que yo apartara la vista y evitara la excitación. ¡Qué equivocada estaba! Yo no podía dejar de verle las tetas, y verla a ella desabrocharme los botones del vaquero con mi paquete a centímetros de su cara me volvía loco de deseo. En aquel momento creo que se dio cuenta de su error, pero ya no podía hacer nada, así que me bajó de nuevo los pantalones, asió mi polla tiesa y empezó a capullar y descapullar como si no pasara nada. Miraba mi glande aparecer y desaparecer y después me miraba a mi, para seguir mirando mi polla otra vez, y así durante algún minuto.

Después me miró otra vez con cierta expresión de duda; creo que, la pobre, debió de pensar que yo estaba como un burro porque ella misma me había provocado el calentón con aquel camisón; miró hacia mi polla otra vez, y yo creí que en aquel momento se levantaría y se iría, dejándome otra vez con la polla a reventar; pero en vez de eso, me cogió la polla más fuerte con la otra mano, como dejándome ver del todo sus tetas moviéndose al ritmo de su mano que, ahora sí, decididamente se movía a ritmo de paja. Cuando empecé a suspirar fuertemente, intuyendo la inminente corrida, acercó mi polla a sus tetas, y en el momento que el glande tocó su piel, chorros de leche, hirviendo de cientos de pajas retenidas durante 10 días, saltaron de mi polla para estrellarse en el cuello y las tetas de mi madre, entre jadeos que la llamaban “mamáaaa, mamáaaa”. Ella no dejó de meneármela, con los ojos entornados, la mirada fija en el surtidor de esperma y la boca un tanto entreabierta, hasta que la última gota de semen resbaló hasta su mano, y, después, se levantó de la cama y se fue de la habitación.

Yo creo que lloré de gusto cuando me acosté en la cama, regodeándome con el recuerdo de lo que había pasado momentos antes, pero una punzada de preocupación me invadió, pensando en que me había aprovechado de mi propia madre, así que salí para ver que hacía o si le iba a decir algo, o…
Mi madre se había quitado el camisón, manchado de mi leche, se había limpiado el pecho y estaba sentada en el retrete desnuda, meando como tantas veces la había visto mientras me masturbaba con los ojos clavados en el culo de mis sueños; pero tenía la frente apoyada en sus manos, los codos en las rodillas, en una posición que me dio a pensar que estaba preocupada por lo que acababa de hacer: había masturbado a su propio hijo, primero, creo, sintiéndose un poco culpable, y, luego, un poco caliente por la situación, lo que le hacía sentirse muy confusa, asustada y preocupada.

-Mamá, ¿te encuentras bien?- dije yo, sacándola bruscamente de sus pensamientos. Ella, sin moverse, me respondió en un tono serio, de disculpa. -Lo siento, Juan, hijo, no ha sido culpa tuya; no sé que me ha pasado, ni porqué… No te preocupes, no volverá a pasar…Vas a pensar que tu madre es una puta, y yo…

Seguía hablando, pero yo ya sólo veía a la mujer que me acababa de hacer la mejor paja de mi vida, mi madre, desnuda, con las tetas colgando hacia los muslos, con aquel hermoso culazo redondo a pocos centímetros de mi verga, que ya estaba dura otra vez, y que solamente quería tener más sexo con ella. Me acerque, puse la polla delante de su cara, que ella mantenía agachada entre sus manos, me armé de valor y le dije:

-Mamá, tranquila, te quiero mucho. Mucho más que antes; mírame;… y házmelo otra vez.

Mi madre, sobresaltada por mis palabras, alzó la vista y allí tenía otra vez delante de ella la polla tiesa de su hijo, la polla que la había hecho perder la cabeza. Pero ahora, mi madre, en un segundo, eligió entre su culpabilidad y rechazo, y su deseo y excitación. Su elección le hizo abalanzarse hacia mi, y, cogiéndome de las nalgas, me atrajo hacia ella, metiéndose la polla en la boca de un solo golpe, para, entre jadeos de auténtica zorra, mamarme la polla como nunca antes debió haber hecho: lamía mi glande, mamaba la polla, chupaba mis huevos mientras me la pelaba, me apretaba las nalgas y me metía algún dedo en el culo, y me hablaba como yo ya sabía que le gustaba después de mis espionajes en la pared de mi habitación, sólo que no se las decía a mi padre sino a mi:

-¿Te gusta, cariño? ¿Te gusta ver como la puta de tu madre te chupa la polla? Dímelo, vamos, dímelo- mi madre se había vuelto hacia el lado opuesto de su conciencia culpable, herida por el incesto, y con esa lujuria derramada, superar la culpa con sexo puro… y duro. Mis sueños más ardientes se veían, más que cumplidos, superados. Había convertido a mi madre en una verdadera guarra hambrienta de sexo.

Yo bajaba mis manos hacia sus tetas, estrujándoselas, o le acariciaba el culo, metiéndole un dedo en el ojete como un gancho o dándole palmadas en las cachas. Me ponía ciego de vicio cogerla de la barbilla y ver como se llenaba la boca con mi polla hasta que mis huevos golpeaban en sus labios, o como éstos abrazaban arriba y abajo todo el rabo desde la punta a la raíz en un movimiento continuo que alternaba con caricias de su lengua. Y toda la calentura iba saliendo por mi boca, como ella quería:

-Sí, mamá, sí, me gusta; qué bien lo haces, mamá, eres una puta chupapollas; y quiero correrme en tu boca y que te bebas mi leche; sigue,…mamáaaa, putaaa…

Ella, sin contestarme más, aceleró el movimiento de mamada, tocándome el ojete y apretándome los huevos hasta que no pude aguantar más y me corrí…

-¡¡Me corroo, mamáaaa,… eres una puta, mamáaaa, putaaaaaaa…!-grité, muriéndome por un par de minutos, mientras mi madre se tragaba toda la leche que podía.

Por fin, acabó mi orgasmo y me abracé a ella como cuando era pequeño, rodeándole el cuello y besándola:

-¡Mamá, te quiero, te quiero! -¡Y yo cariño, y yo a ti!- y así estuvimos un minuto mientras mi corazón bajaba del cielo para entrar en mi cuerpo de nuevo. Pero mi madre no lo quería allí mucho tiempo, y, levantándose y agarrándome del nabo, aún gordo, me arrastró fuera del baño y me tiró encima de la cama: -¡Aún no has acabado, hijo mío!¡Hay mucho por hacer!

Mi madre, a horcajadas sobre mí, me besaba el cuello, me pasaba las tetas por la cara, me acariciaba los huevos, y yo no tenía más manos para sobarle el culazo. Mi polla se encabritó en un minuto de acción maternal.

-Así cariño mío, y ahora, mete ese pollón tuyo en el coño de tu mamaíta. ¡Fóllame, amor mío, fóllame bien fuerte! Yo rugía de deseo con cada palabra que me decía. Oír a tu madre decir todo eso y verla abrirse de piernas cogiéndose de las rodillas, mientras con cara de lujuria agita su lengua como una cerda es algo que ningún hombre podría soportar. Nuevas obscenidades salían por mi boca mientras, como un martinete, mi polla entraba hasta lo más profundo de su ser, para salir un segundo y volver a entrar con más fuerza. Sus piernas abrazaron mis riñones y sus manos apretaban mis nalgas haciendo que costara trabajo salir de ella. Su lengua chupaba mi boca cuando no me llamaba, excitándose con la idea de que era su hijo con quien estaba follando:

-Juan, hijo, fóllame. ¡Fóllame, cabrón! ¡Rómpeme el culo, hijo de puta!- y diciendo esto, estalló su orgasmo en mil llamaradas que salían por cada poro de su piel, mil gritos atronando en mis oídos:
-¡Me corrooo, me corroo! ¡Qué gustoooo! ¡Ahhhhhh! Yo no paré de bombear hasta que noté que sus miembros aflojaban su presa; entonces saqué mi polla ardiendo y me senté sobre sus tetas. Mi madre me agarró la polla y me hizo una paja, sacándome la lengua lujuriosa para que golpeara mi glande:
-¡Aahh! ¡Ahhhg!- no podía hablar, con la boca abierta y la lengua moviéndose como una serpiente viva que quisiera comerme la picha, pero sus jadeos y su mirada de perra me daban a entender lo cachonda que mi madre estaba por todo lo que ella y yo, madre e hijo estábamos haciendo. Un segundo más tarde me dejé ir por última vez aquel día, mirando como mi leche llenaba la cara de mi madre, que entre lengüetazos, seguía:

-¡Dame tu leche, hijo, llena de leche a tu mami! –suplicaba mientras lamía mi polla, limpiándola de semen, pasándosela por toda la cara, poseída por un furor increíble.

Exhaustos, nos tendimos en la cama, nos estuvimos besando con las piernas entrelazadas, y cogiéndonos por el culo nos dormimos hablando sobre cómo y cuándo hariamos partícipes de nuestro juego de amor tanto a mi hermano como a mi padre: mi madre ya soñaba, y yo también, con verse llena con tres pollas a la vez, la de su marido y las de sus hijos. Espero que nos cueste tan poco como lo fue empezar para nosotros.

Autor: Juan

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Cosas que dejé en Barcelona

Empezó a ronronear como si fuera una gatita en celo. Cuando entró la punta estuve sin moverme para que su ano se acostumbrara a su nuevo huésped pero después se la metí hasta el fondo, estaba aturdida de los intensos orgasmos que había tenido yo se la metía hasta el fondo salvajemente. A veces la sacaba para ver el espectáculo de cómo se volvía a meter por aquel generoso agujero.

Nunca había sido muy dado a las celebraciones, y menos cuando el homenajeado era yo. Pero esa vez lo teníamos merecido. El presidente nos agradeció las últimas operaciones financieras (en estos tiempos inciertos para la bolsa), con un viaje a Barcelona con todos los gastos pagados, en un lujoso hotel para todos los de la oficina.

Sí, esta vez el cerebro había sido yo, pero todo se habría ido al traste si no fuera por mis tres colegas de la oficina, todas mujeres, todas excelentes profesionales… y todas realmente hermosas. Sudor y lágrimas me ha costado guardar las distancias para con ellas. Mis deseos van mucho más allá de ir a sus despachos a llevarles el informe de turno, a compartir el café, o a criticar a tal o cual cliente.

Al grano, allí estábamos los cuatro, con cinco días por delante para desconectar algo del ajetreado trabajo que habíamos tenido, y que seguro nos esperaría a la vuelta. Había que disfrutar y yo me conocía lo suficientemente bien esa ciudad como para dejar que mis compañeras se aburrieran un solo segundo. He de decir que aunque trabajemos en el centro mismo de Bilbao, en un lujoso edificio de oficinas, y nuestro salario sea más que aceptable; no somos gente snob. Por supuesto que nos gustan las ropas de D&G, los BMW, los equipos de música NAD… Pero todos somos de “pueblo”, y, en el fondo, acabamos por preferir el ambiente cosmopolita y distendido de los bares del Raval, a la marcha pija del Puerto Deportivo.

De esos cinco días que estuvimos, los dos primeros fuimos a Cadaqués a bucear, pues todos somos amantes del fondo del mar. Y ya en este segundo día el ambiente se había distendido mucho. No dudaban en quitarse el top del bikini delante de mí para enfundarse el traje de neopreno. Las tres tenían unas tetas preciosas, ninguna de tamaño exagerado, bien puestas, vamos. Y yo, para no ser menos, no dudé en quitarme el bañador delante de ellas para ponerme el buzo. La directora de la oficina, al verme desnudo, se permitió un pequeño comentario picantito con el que nos estuvimos riendo un buen rato los cuatro.

En el agua nos lo pasamos estupendamente. Unos peces preciosos, unos fondos increíbles y tres sirenas alrededor mío son el sueño de todo heterosexual enamorado de la mar. Cuando cayó la noche, y ya de vuelta en Barcelona, me propuse llevarles a un bar del Raval, llamado Marsella, al que había ido meses antes con unos amiguetes. Bar de aspecto viejo y dejado; botellas con una generosa capa de polvo, otrora animadoras de tertulias de hombres de saberes, adornando las paredes; mesas con cuadrillas de extranjeros hablando de alcoholes y experiencias sexuales… Preciosas mujeres por todos los lados. Rubias foráneas y morenazas autóctonas estaban despertando mi deseo más salvajemente sexual que debía tener aletargado mientras estuviera con las chicas de la oficina.

Pedimos unas copas de absenta para no desentonar en el ambiente, y estuvimos un buen rato comentando la última operación exitosa (me volvieron a felicitar por ello), anécdotas jocosas, y prometiéndonos que había que repetir estos viajes más asiduamente, aunque los tuviéramos que pagar nosotros. En el poco tiempo que llevábamos de mini vacaciones juntos nos habíamos compenetrado muy bien. Y aunque yo he sido la última incorporación a la oficina me había integrado perfectamente, y estoy seguro de tener en ellas a tres buenas, y buenas, amigas.

Y como amigos empezamos a hablar de novios y novias, satisfacciones y decepciones… hasta que la cosa se puso bastante calentita. Yo no me lo poda creer, estaba hablando con mi jefa de las posturas apropiadas para estimular el punto G femenino; mi jefa, una mujer de no más de 35 que tenía cada oreja pegada a un teléfono y que todavía le quedaba capacidad auditiva para poner verde al abogado de turno que estuviese frente a ella. Mi jefa… que si más que el tamaño, importa el grosor, que si se hace algo incómodo el chochito cuando te empiezan a salir los primeros pelos tras habértelo depilado…

Y yo no me quedaba atrás, la absenta nos había desinhibido lo poco que necesitábamos y la franqueza era absoluta. Me estaban poniendo a 200 por hora. Sus escotes insinuantes, sus manos en mi muslo de forma amistosa… y yo que no podía quitarle el ojo de encima a una francesa con minifalda, largas piernas y estilizadas, y cara de cachonda en busca de carne que llevarse a la entrepierna. Mis acompañantes no tardaron en darse cuenta de ello; y me quedé petrificado cuando una de mis chicas acercó su silla a la de la francesa y le propuso (sin consultármelo a mí antes), un buen rato conmigo. Luego me enteré de que su conversación se centró en mis amplias dotes amatorias, por supuesto inventadas, que mi compañera aseguró que yo tenía. Y no digo que no fueran ciertas… Apenas tardó un par de minutos en girarse hacia mí y asegurarme que “esta perra francesa te va a dejar más seco que una pasa”.

Parece ser que a todas les hizo mucha ilusión esta aventurilla y bromearon sobre mi posible dificultad para bucear al día siguiente. Como ya me habían dejado bastante fácil el asunto, me acerqué a la francesa para darle palique un rato, no sin volver a sorprenderme de lo buena que estaba. Sus dedos en mi brazo, mi dedo índice recorriendo el borde de su corta falda… los acontecimientos se precipitaron y no tardé en darle el primer beso, mi lengua buscó la suya, encontrándomela lasciva y juguetona. Daba la casualidad que ella estaba en el piso de veraneo de su padre, y que afortunadamente se encontraba de viaje de negocios por China.

Le propuse ir a mi hotel, pero ella insistió en que fuéramos a su casa. A mí me dio un poco de pena desaprovechar una noche sin dormir en aquella grandísima cama de aquel magnífico hotel. Ella tenía su coche aparcado no muy lejos de allí, así que nos despedimos de nuestros respectivos acompañantes y nos dirigimos al aparcamiento con continuos besos y toqueteos, dejando atrás un murmullo de sonrisas cómplices y cuchicheos, que no hicieron sino que apreciara más a mis amigas. He de reconocer que la francesa aquella era una guarra de las que hay pocas. Y yo creo que estuve a su altura. Nada más meternos en el coche y sin mediar palabra empezó a tocarme la polla por encima del pantalón. Yo ya la tenía bastante grande así que ella se apresuró a soltarme los botones de los vaqueros y agarrarla con una mano empezando a masturbarme.

Nuestras posiciones no eran muy cómodas, pero aquello también era excitante. Creí entender que le apetecía jugar un rato allí, en su coche, y que de camino a su casa ya recuperaríamos fuerzas. No me lo pensé dos veces. Corrí el asiento para atrás todo lo que pude y me bajé los pantalones para facilitarle los movimientos. Me la estuvo meneando un buen rato hasta que acercó su boca a mi glande y empezó a besarlo muy suavemente. Sus carnosos labios en forma de “O” aprisionaban la punta de mi polla, y su lengua en mi frenillo me estaba volviendo loco. La muy zorra lo sabía hacer bien. Poco a poco empezó a metérsela toda en la boca mientras con la mano seguía masturbándome. Era increíble. Cuando me corrí en su boca ella siguió chupando y moviendo su mano, prolongando mi placer un buen minuto, hasta que la dejó completamente limpia de semen.

Yo no quería otra cosa entonces que abrirle las piernas y meterle un par de dedos por el coño hasta dejarla jadeando. Y me lo puso bastante fácil. Fue ella la que se quitó el tanga, se levantó la minifalda, y se empezó a tocar las tetas sensualmente. Acerqué mi mano a su coñito y le metí de golpe dos dedos dentro. Ella estaba muy mojada, por lo que opté por introducirle otro más. No paraba de moverse para atrás y para delante, lo cual dificultaba mis maniobras, su respiración se entrecortaba, pero tras un rato tocando su punto G no tardó en correrse en mi mano mientras blasfemaba en francés.

Esperé a que ella misma sacara los tres dedos que tenía dentro con los movimientos de los músculos de su vagina y se los di a probar a su boca, lo cual agradeció efusivamente. Sellamos la sesión del coche con un largo beso en el que saboreé la mezcla de sus jugos vaginales con su saliva y los restos de mi corrida. Delicioso. Era cerca de la una y media de la madrugada y la noche no había hecho más que empezar. El coche empezaba a perfumarse con el penetrante (pero exquisito), olor a coño. Y yo estaba con unas ganas locas de llegar a su casa para hacerle mil y una guarrerías. La muy pija tenía un apartamento en Pedralbes, enorme y exquisitamente decorado con muebles de estilo minimalista. Nada más cerrar la puerta de su casa se subió la falda y se puso a cuatro patas. Allí, en la entrada. Y como el tanga ya se lo había quitado en el coche, quedó ante mis ojos el magnífico espectáculo de ver su precioso chochito rasurado y su culo durito y perfecto diciéndome “cómeme”.

No tardé ni un segundo en poner mi lengua a trabajar en su ano. Primero lo rodeaba sensualmente, para luego meterle la lengua lo más profundo que podía. También le metía un dedo en su chocho mojado para pasarlo luego por su culo y abrírselo más. Ella, como en el coche, no paraba de jadear y de decir palabrotas en francés. Eso me excitaba mucho. Cuando ya consideré que tenía suficientemente dilatado el ano le introduje un dedo; no le costó mucho entrar, pero ella, entonces, echó su cuerpo hacía abajo y apoyó su pecho contra el suelo, conservando el culo arriba, y dejándome a mí una más que aceptable posición para continuar con cosas más trascendentales.

Me coloqué tras ella y le puse mi rabo empalmado tocando su coño, procurando estimular su clítoris. Lo debí hacer bastante bien, porque así, y mientras le metía y sacaba un dedo de su culo, ella dio unas sacudidas que me asustaron. Le tembló todo el cuerpo durante unos segundos, como si le recorriese corriente eléctrica. La zorra de ella se había corrido como nunca, y eso que no le había metido nada en el potorro, aún. Me pidió que no cambiara mi posición, pero que le metiera otro dedo más por el culo. A mí me pareció algo extraño porque ella ya había acabado, pero enseguida supe porqué.

El suave contacto de mi glande contra su zona erógena había despertado en ella la llamada de la naturaleza. Mis dedos fueron apretados por su esfínter y mi polla recibió una inesperada y agradable oleada de pis caliente. Antes de que acabara de mear decidí probar aquel licor, así que le pedí que retuviera un poco para que yo lo bebiera. Yo estaba muy caliente y no me dio asco ninguno hacerlo. Me puse bajo su potorro, abrí su vagina y pegué mi boca abierta a su coño para degustar su “líquido secreto”. Fue magnífico. No dejé que nada se desperdiciara fuera de mi boca, y cuando acabó, seguí lamiendo su chocho lo más profundamente que daba mi lengua.

La orina lo había dejado más jugoso y más sabroso. Ella miraba para atrás para disfrutar de la escena también con los ojos, mientras me decía en francés que siguiera dándole caña con la lengua. Estábamos sobre un charco de excitante pis y yo no paraba de calentarme más y más. Mientras le lamía el potorro volví a meterle dos dedos en su culo para acelerar su orgasmo. Fue una excelente idea, dio un grito que se oyó en toda la escalera y se desplomó sobre el suelo mojado nada más sacar mi cabeza de su entrepierna.

Ella había tenido su ración de placer, pero todavía faltaba la mía. La pobre no se recuperaría hasta pasados unos minutos, pero yo no podía esperar. Me puse encima de ella y se la metí por el culo muy suavemente para que no le hiciera daño. Empezó a ronronear como si fuera una gatita en celo. Cuando entró la punta, estuve sin moverme unos segundos para que su ano se acostumbrara a su nuevo huésped; pero después se la metí hasta el fondo sin contemplaciones. Ya no blasfemaba, ni gemía. Sólo un hilillo de sonido escapaba de su boca. Estaba aturdida de los intensos orgasmos que había tenido y me dejaba hacer. Yo se la metía hasta el fondo salvajemente. A veces la sacaba totalmente para ver el espectáculo de cómo se volvía a meter por aquel generoso agujero. Aceleré mis movimientos para correrme, y cuando lo hice ella volvió su cabeza para decirme que había notado cómo eyaculé dentro suyo. Era golfa hasta para eso…

Permanecí encima de ella, todavía con mi pene en su culo, hasta que decidimos darnos una ducha para reponer fuerzas y limpiarnos un poco. Nos levantamos, y mientras ella miraba voluptuosamente el charco de sus líquidos, y todavía le resbalaba pis por la tripa, se pasó el dedo por el vientre mojado, lo pasó por mi entrepierna como para acariciarme los testículos y me lo metió por el culo. Me dio un morreo de campeonato y procedió a meter otro dedo dentro de mí hasta el fondo. Cuando acabó con ese juego se fue para la cocina y vino con una fregona y un par de toallas. La ducha nos reanimó totalmente. Nos besábamos y abrazábamos, nuestros cuerpos resbaladizos. Le enjaboné todo el cuerpito y le lavé el increíblemente bonito cabello rubio que tenía.

Una vez secos fuimos a su habitación. La cama tenía una preciosa cabecera de forja, ideal para usar cuerdas y cosas de esas. Yo nunca lo había probado, pero tampoco tenía muchas ganas de hacerlo entonces. Ella se echó boca arriba, dejándome ver sus tetas y su coñito. Lo tenía todo depilado a excepción de un pequeño triángulo en la parte superior, que le quedaba muy bonito. Con mi dedo índice empecé a recorrer los bordes de ese triangulito tan sensual mientras que con la otra mano le estimulaba la aureola de un pezón. Todo muy despacio, muy sensual.

Mientras se lo hacía, estuvimos hablando sobre lo de su meada, pensó que igual me había ofendido, pero nada más lejos de la realidad. Le dije que nunca me lo habían hecho, pero que me pareció algo muy excitante. También le dije que ya empezaba a ser hora de que inaugurara su coño con mi polla, pero que me apetecía que fuera ella quien llevara la voz cantante. Nada más decírselo, se puso sobre mí y colocó sus tetas a la altura de mi boca. Yo se las empecé a mamar muy suavemente de los bordes a la aureola, y luego mi boca empezó a lamer los pezones algo más agresivamente, para pasar a succionárselos otra vez de forma pausada y sensual.

El trabajo de mi boca en sus bonitas tetas, su chochito sobre mi polla, y sobre todo, ver a aquel hermoso cuerpo sobre el mío, no tardaron en hacer su efecto y mi pene volvió a tener una erección de infarto. Supongo que ella notaría como aquella cosa crecía más y más debajo suyo, porque cuando estaba bien dura (sin que yo le dijera nada), la agarró y se la metió por el chocho muy, muy lentamente. Cuando la tenía toda dentro se quedó quieta un rato como saboreándola dentro suyo. Y luego empezó a botar encima de mí, rápido, pero acompasadamente. Yo, mientras, la agarraba por las caderas y disfrutaba del bamboleo de sus pechos. Ella no paraba quieta un segundo. Me dijo que le gustaba ver como yo disfrutaba viendo sus tetas, y empezó a tocárselas y a estrujarse los pezones con las puntitas de los dedos.

Cuando se cansó de la postura, se tendió boca arriba en la cama y me pidió que se la metiera de un lado. A mí es una postura que me encanta. Mi boca se pudo entretener con su pecho derecho, y mi mano estuvo acariciando su vulva y su clítoris durante la penetración. Durante este tiempo que estuvimos así a ella le dieron varias sacudidas de esas que anteriormente he comentado. Deduje que eran los preludios de un gran orgasmo, pero yo quería acabar junto con ella. De un movimiento y sin sacar mi polla de su humeante potorro, la giré y la puse de lado también, permaneciendo yo detrás de ella. Me gustaba correrme de aquella forma, y era hora de acabar. Aceleré mis movimientos para conseguir mi orgasmo y prolongar lo más posible el suyo. La estaba follando a una velocidad de vértigo, sin contemplaciones. Se la metía hasta dentro y se la sacaba casi hasta fuera en décimas de segundo. A este ritmo no pude aguantar mucho tiempo y exploté dentro de ella con un orgasmo bestial e iluminando su vagina con el escaso semen que debía tener para entonces.

Siguió convulsionándose incluso cuando ya se la había sacado. Y así nos quedamos, cuerpo contra cuerpo, con mi ya maltrecha polla rozando sus genitales y su culo, y abrazándola fuertemente como queriendo que esa chica a la que acababa de conocer no se fuera nunca de mi lado. Las despedidas cuanto más cortas, mejor. Por la mañana nos intercambiamos los e-mails, pero ambos sabíamos que otro encuentro sería harto improbable. Aun así, tengo el convencimiento de que a vosotras, mis queridas lectoras, también os gustaría pasar con este servidor una noche de pasión y sexo desenfrenado. Os espero.

Autor: soidimsenatas

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María, mi compañera de trabajo

Comencé a chupárselas y mordisqueárselas notando como le producía placer a ella, me desabrochó la cremallera del pantalón. Metió la mano dentro de mi calzoncillo y sacó mi polla totalmente erecta. Sin mediar palabra se la metió en su boca y comenzó a chupármela. De la forma que lo hacía se podía comprender que no era la primera vez. Joder que gusto me daba.

Como cada día, comencé a trabajar en la oficina con pocas ganas. Era un día normal, soleado en la calle y con mucho calor en la oficina ya que no tenemos aire acondicionado. Dentro de mi departamento estoy sentado en el centro por lo que mi visión es muy amplia. Desde allí podía ver a todos mis compañeros, pero en especial a mis compañeras. Me encantaba verlas, como iban vestidas, como iban pintadas, etc.

No sé, cada día me apetecía follarme a una distinta porque cada día me parecía que venía una más provocativa. Era como un concurso de belleza, ellas las concursantes y yo el jurado. Premio: estar comiéndomela con la vista durante 8 horas. Hoy había ganado mi concurso María, una chica preciosa y muy simpática pero con unas tetas muy grandes (105). Ella era una chica casada, con una hija pero todavía joven, alrededor de los 35 años.

Estaba de buen ver, 1,65 de estatura y con un culo de los que a mi me gustan, con carne donde agarrar. ¿Por qué ganó el concurso ese día? Pues porque iba con unos pantalones algo ajustados, dejando notar su culo carnoso, y porque como no, sus tetas desbordaban su blusa. Llevaba una blusa blanca de gasa y por debajo de ésta, un sujetador también blanco. Solo con ver su sujetador me ponía malo, se le notaban hasta los encajes. ¡Qué bonitas tetas! Un poco caídas, eso sí, todo por el peso pero preciosas.

No contento con verla de lejos, quise acercarme para vérselas mejor y me dirigí hacia donde ella para simular una conversación.

– Hola María. – Hola Nacho. – ¿Qué tal está tu hija? Hace tiempo que no os veo por ahí con ella. – Está muy bien..

Según hablábamos yo no podía dejar de mirar sus grandes pechos, se inflaban al respirar, se movían, que bonitos. Hasta que en una de éstas sus ojos coincidieron con mi vista puesta en sus tetas. Ella se ruborizó pero yo ardía.

– Perdona, no puedo evitar mirar las cosas bonitas y tus pechos realmente lo son. – Tranquilo, estoy acostumbrada, todo el mundo lo hace. Además me gusta sentir que gusto a la gente. – Ya puestos a hablar del tema, a mi me encantas. No hay día que no me fije en ti y en tus pechos. – Me halaga más que de nadie poder oír esto. Estás tan bueno. yo también me fijo mucho en ti y en tu culo. – ¿Te gusto de verdad? – Me encantas, desde hace tiempo, pero..me casé. no me hacías caso. – Todavía estás a tiempo, si quieres. – Ahora me da cosa, no sé, mi hija, mi marido. – No tienen por qué enterarse, de hecho me apeteces ahora, no puedo dejar pasar ni un solo segundo sin tocar tus pechos.

– Si, ¿pero donde?, yo también quiero estar contigo. – No sé, vamos al servicio como primera toma de contacto, quiero tocarte. – Vale, espera, voy yo y te digo cuando no hay nadie en el servicio de mujeres. – Ok…

Se dirigió corriendo hacia el servicio y allí quedé yo, esperando a que me avisara y pensando lo que me iba a suceder a continuación. Iba a poder tocar sus preciosos y grandes pechos y estaba dispuesto a correrme sobre ellos. Para ello tenía que convencerle a tener sexo oral, lo cual, visto su calentura, no creo que me costara nada.

Después de su aviso, entré rápidamente en uno de los servicios de tías con ella. El servicio era pequeño, de los que te tienes que arrimar a la pared para cerrar la puerta. Tenía solamente una taza con su tapa bajada. Rápidamente la besé, ella me contestó alocadamente dándome lengüetazos y dejándome toda mi boca mojada con su saliva. A la vez que nos besábamos yo iba tocándole sus tetas por encima de la camisa pero como no teníamos mucho tiempo se la desabroché rápidamente y dejé al descubierto su precioso sujetador blanco con encajes.

Le di la vuelta para poder acceder mejor al enganche del sujetador y se lo solté. En esa posición le agarré las tetas por detrás y se las comencé a masajear. No me bastaba con eso y le di la vuelta. ¡Que tetas! Eran grandes, caídas, superblandas, blanquitas y con unas aureolas grandes.

Comencé a chupárselas y mordisqueárselas notando como le producía placer a ella hasta que decidí que era el momento de que me la chupara. La agarré de los hombros y la empujé hacia abajo. Ella lo comprendió a la primera y me desabrochó la cremallera del pantalón. Metió la mano dentro de mi calzoncillo y sacó mi polla totalmente erecta. Sin mediar palabra se la metió en su boca y comenzó a chupármela. De la forma que lo hacía se podía comprender que no era la primera vez. Joder que gusto me daba…

Después de un rato chupándomela, me senté en la tapa de la taza y la dejé hacer. Era impresionante el gusto que me daba, además me encantaba ver como me la chupaba, como se movían sus tetas cuando subía y bajaba la cabeza, era extraordinario. De repente paró y agarrándose sus dos tetas comenzó a hacerme una cubana con sus preciosas tetas. Ella mientras tanto se reía y me miraba mordiéndose los labios.

– Te gusta, ¿eh? – Me encanta, no sabes cuanto tiempo deseaba hacer esto, ahhhhh, que bien. – Me encanta verte así, saber que ahora mismo eres mío. Hoy te voy a hacer feliz yo a ti pero otro día te tocará a ti hacer lo mismo. – Eso está hecho. Te follaré tantas veces como quieras María. – Ahora disfruta cabronazo, que te voy a hacer la mejor mamada que nadie te haya hecho

Dicho y hecho, cogió mi polla con una mano y comenzó a pajearme mientras se la introducía en la boca y la chupaba por todos los lados. Después me comió los huevos y para rematar la faena comenzó a introducírsela en la boca hasta la garganta. Yo creía que se ahogaba. ¡Qué bien la chupaba! Yo ya no podía más, me quería correr. Agarré sus tetas con fuerza y me follé su boca.

– Me corro María, me corrooooooo…- Córrete mi vida, córrete en mi boca, quiero saborearte cabronazo…- Ahhhhhhh, siiiiiiiiiii, sigueeeee, aaahhhh- Mmmm, que delicia… – Ahhhhhh, joder que bien lo haces, aaaaaaaaaaaaaaaaahhh…

María tenía toda la cara manchada y su boca llena de semen. Con su lengua jugaba con el metiéndoselo dentro y fuera de la boca. ¡Qué guarra era pero que buena estaba! Se tragó todo, se limpió la cara con el papel del wáter y me dijo:

– Tócame las tetas y chúpamelas porque desde hoy serán tuyas todas las veces que quieras. Y recuerda, mi coño te está esperando y te aseguro que te gustará más que mis tetas.- Mañana mismo quedamos y te haré gozar como a una loca, te lo aseguro.

Nos vestimos y con cuidado salimos del servicio sin ser vistos. Desde entonces hemos estado juntos muchos días, unas veces en la oficina y otras en mi casa, pero como aquel primer día ninguno. Es lo de siempre, cuando consigues una cosa ya pierde morbo. Por eso os aconsejo que aprovechéis la primera vez con una tía porque es la mejor.

Autor: Oscar

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Mi compañero de trabajo

Él quedó libre de manos para introducir sus dedos en mi coño, empecé a gemir y gemir y le agarré de su polla y como una perra en celo se la empecé a menear hasta que se corrió del gusto y esperó al notar que yo me corría otra vez a la vez con él. Creó que pasó gente, algún que otro borrachín también pero ni nos dimos cuenta, la excitación de ese momento nos dio todo igual.

Hola, mi nombre es Montse y tengo 25 años…os voy a contar mi experiencia de una noche que salí por ahí de fiesta con unos compañeros del trabajo…

Era un viernes, íbamos a cenar y de fiesta para despedir a una compañera de trabajo, antes de nada os quiero decir que soy una chica bastante llamativa, con culito respingón, redondito, bastante tetuda, carita linda con labios carnosos y un pelo profundamente negro y ondulado, pues bien, en la cena os cuento que éramos 12 chicas y un chico.

Yo quería lucir escote, porque me gusta y porque quería provocar a Xavi, el único chico de la cena, con el que en el trabajo tenemos ya un rollo tanto morboso, provocativo…

Pues bien, me puse mis tejanos ajustaditos marcando culito, me puse mis botas altas de tacón para resaltar más mis piernas y mis muslos bien prietos y arriba me puse un escote que no era escote, era como llevar un bikini, me tapaba lo justo y enseñaba lo necesario…casi mis pezones se salían del escote…solo verme en el espejo ya me excitaba porque sabía que iba a provocar a más de uno…uuummmmm…os tengo que confesar, que los hombres me miren, me encanta, me vuelve loca poder provocar las miradas de los hombres, esas miradas que te comen y te desnudan…me hacen sentir bien y me excitan…

Llegué sola al restaurante donde ya estaban todos sentados…justamente solo quedaba un sitio y era en la esquina al lado de Xavi…sonreí y lo miré…no me había quitado la chaqueta todavía cuando me dijo:

-Por favor, dime que no llevas escote si no quieres que me dé un paro cardíaco…

Mi contestación:

-Entonces mejor no me siento a tu lado…porque tendrás que ir de urgencias.

Me sonrió, todo era broma como siempre hablamos en el trabajo, así que me senté a su lado y me quité la chaqueta, cuando me la quité, al principio pasé apuros, todos los camareros centraron sus miradas en mi y el resto de hombres de las otras meses noté que también centraron sus miradas en mis tetas…eso me puso nerviosa y a la vez ya estaba excitada…Bufff…Xavi me dijo al oído:

-Hoy te has pasado pero me gusta que lo hayas hecho, tienes unas tetas preciosas…

Eso me puso a mí a cien y de hecho creo que a él si le puse a cien porque le puse mi mano muy cerca de su rabo, rozándole y noté un bulto enorme…Empezamos a cenar y beber vino, la cosa se iba calentando, él cada vez estaba más encima mío haciendo bromas y rozándome las tetas, cogiéndome por el cuello, hablándome muy cerca de mi boca, mi miraba mis labios carnosos con ojos de lobo…

Cuando acabamos de cenar, nos fuimos a tomar algo a un pub, llamado Pumuki, un sitio muy pequeñito y en toda la pared era un sofá…la gente se puso a la barra a tomar algo y yo me senté y de casualidad…jajaja…se sentó Xavi a mi lado también pero me traía un cubata para mí y otro para él…estuvimos haciendo bromas y ahí él ya me puso sus manos en mis piernas tonteando…se acercó mucho a mi chochito que estaba caliente, caliente…estaba ansioso…me puso una rosa entre mis tetas y me la quitó con la boca…bufff…eso me puso todavía más caliente porque me rozó con sus labios mi piel suave de mis tetas…

-Te las voy a comer cuando pueda, que lo sepas…

Eso me decía y yo le dije:

-Atrévete cuando quieras, lo estoy deseando, a ver si no eres cobarde…

Yo lo provocaba pero había un problema, él tiene novia y todos los compañeros del curro la conocemos, así que nosotros no podíamos hacer mucho el tonto delante de ellos porque sería un problema para él…la situación de prohibición también me excitaba…el hecho de provocarle, ponerlo taquicárdico, incitarle a tocarme pero él no poder porque había gente que nos veía…jijijiji…me decía:

-Traviesa, cuando te pille me dirás que pare y no pienso hacerlo…

Mientras tanto, también veía a chicos que valían la pena y Xavi me provocaba a ligármelos. Cuando íbamos por la calle…algún que otro chico me decía cosas y era curioso porque sin darme cuenta tenía a Xavi a mi ladito…jijiji…eso me gustaba…y me decía a la oreja:

-Como los pones a todos, no son los únicos que están locos por ti…

Me tenía toda la noche cachonda y ansiosa por besarlo y probarlo…bufff…

Al final llegamos a la discoteca, íbamos todos bastante ya bebidos y perdiendo el control y el sentido de todo…en donde nos colocamos todos para bailar, había un grupo de chicos que no dejaban hablar y mirar señalándome, no se cortaban ni un pelo, así que decidí acercarme y presentarme y les dije:

-Hola, veo que os gusta mucho mi escote…¿queréis ver mejor mis tetas?…pues demostrarme que vale la pena que lo haga…

Y todos me rodearon y sin quitar la mirada de mi escote, de mis tetazas, me empezaron a coger para bailar y me cogían de la cinturita que tengo y yo levantaba los brazos para que me cogieran de más arriba y así ellos poder rozarme los pechos…miraba a Xavi de reojo que estaba más atrás con el resto de mis compañeros…y estaba con cara de rabia, celos, pero me guiñaba el ojo como diciendo que estaba formidable entre todos esos chicos…uuummmmm…me excitó…Uno de esos chicos me dijo:

-Te gusta exhibirte, ¿verdad? Porque tienes un morbo y un cuerpo estupendo, te mueves de una manera que en la cama tienes que volver loco…

Le contesté: -En la cama y en cualquier sitio puedo moverme mejor que en la pista…¿porque no empiezas por besarme y hacerme mover para que tú lo puedas comprobar?

Y no se lo pensó dos veces…uuummmmm…¡como me besó!…me puso su mano en mi culo y la apretó…me sentí completamente apretada junto a él…mis pechos no le dejaban respirar y su bulto no dejaba de crecer rozándose junto a mi chochito…ufff…nos pusimos los dos muy malos…y el resto de chicos estaban ahí, rodeándonos y a más de uno ví ponerse y tocarse bien sus bultos…¡que duros los tenían todos! Me besé, me toqué, me rocé…le palpé el bulto y él a mí me sobó de arriba abajo…hasta que mis compañeros me llamaron y tuve que despedirme… pero lo hice con un buen lengüetazo y una buena apretada en su paquete…y me dijo al oído:

-Tendrían que haber más chicas como tú, preciosa golfa…

¡Me dijo golfa! Eso me excitó más porque tenía razón y se había dado ¡cuenta! Así que me fui a despedir de los demás amigos de él y a cada uno de ellos los despedí con un beso en la boca…se lo merecían…a más de uno les rocé el rabo por gusto y lo tenían que se les salía del pantalón, ¡guauuu! Me fui súper contenta y excitada…uummmmm…

Algunos de mis compañeros ya se iban para casa a dormir…pero yo no quería irme…sabía que todavía me faltaba por probar el premio gordo de esa noche…a Xavi…y él tampoco quería irse…así que entre unas cosas y otras…nos escapamos de la discoteca…estaba nerviosa y excitada por lo que iba a pasar…

Me llevó a una plaza donde apenas había y pasaba gente…uummmmm…yo ya estaba mojada…me notaba mi coño completamente húmedo…a punto para ser degustado por él…y él tenía el rabo que se le salía…lo notaba…

Me dijo:

-¿Aquí te parece que podemos tener intimidad suficiente? Porque te quiero probar toda, me muero por probar tu jugoso chochito, y me vuelve loco las ganas de comerte esas tetazas que tienes…madre…

Le dije:

-Me parece bien aquí como en medio de las Ramblas…¡pero empieza ya porque estoy demasiado excitada y no aguanto!

Nos sentamos en un banco…primero se sentó él…y yo me puse encima suyo…me desabrochó el pantalón mientras me sacó las tetas fuera del escote y me las comía, les pegaba mordisquitos a mis pezones, estaba cachonda como una perra en celo…me sentía la más puta ahí en medio de la plaza…mientras me las comía…empezó a introducir sus dedos por debajo de mis braguitas…notó que estaba chorreando y me dijo:

-Nadie antes estaba tan cachonda y tan mojada por mí…que perra que eres…como te quiero comer entera…bufff…

Cada vez que me hablaba así…yo más mojada me ponía…y ya no podía más…me separé un poco hacia atrás…y ví que el pantalón lo llevaba algo manchado…se le había escapado ya algo de semen de lo cachondo que iba él…sin tocarle todavía…buff…ñam, ñam le bajé la cremallera de sus pantalones…no hizo casi falta ni sacarla porque la tenía tan dura que fue levantar el calzoncillo y salirse sola…uummmmm…que rabo más delicioso tenía…uummmmm…no era un rabo muy largo pero tenía una anchura muy apetitosa…se la empecé a tocar con mi mano…de la anchura que tenía no podía cerrar la mano con su polla en ella…bufff..Me entraron ganas de agacharme y chupársela…y así lo hice…uummmmm…

-No hagas eso porqué puede pasar gente y se nota demasiado (yo ya estaba agachada cuando acabó de decir eso)… sigue, sigue no pares ahora…que guarra eres…

Yo no podía hablar, tenía su rabo en mi boca, que delicia, uummm, no paraba de lamerla y comerla, uufff…hasta que él me subió porque me quería comer mis tetas … quería besarme … y así le dejé hacer…estaba yo casi curvada…del placer…él me aguantaba por la cintura, mientras me comía y me mordía las tetas … bufff…puse mis manos en sus rodillas…y así él quedó libre de manos para introducir sus dedos otra vez en mi coño…en mi coño que estaba tan húmedo que no tuvo problemas en metérmelos…empecé a gemir y gemir y le agarré de su polla y como una perra en celo se la empecé a menear hasta que se corrió del gusto y esperó al notar que yo me corría otra vez a la vez con él…

Creó que pasó gente…algún que otro borrachín también pero ni nos dimos cuenta…la excitación de ese momento nos dio todo igual…

La próxima vez que ocurra…os contaré…

Un lametón…

Autora: Montse

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En los hombres se puede confiar

Mi polla se apretó contra el potro al que me había atado. La sensación subió por mi espalda como una ola cálida, y estalló en mi nuca. Me encantaba, quería que me follase, ser sometido por aquel macho dominante, que me tomase como suyo, como su puta, su hembra, su perra, su guarra. Que me usase para lo que quisiese y que luego me tirase a un lado, hasta que tuviera ganas de follarme de nuevo.

No se por qué cuento esto ahora, cuando ya han pasado tantos años. Debería haberlo contado en su momento, para que todo el mundo hubiese condenado lo que me hicieron, pero supongo que en el fondo no quería que nadie los castigase. En el fondo me había gustado tanto como a ellos.

Era el año 1980, más o menos el mes de abril. Había repetido un par de cursos 5 años antes, a causa de la muerte de mi padre, pero este era mi último año en el colegio. Al año siguiente tendría que empezar el instituto, y reconozco que me daba miedo. Mi colegio era muy conservador. Quizás años atrás todos los profesores eran curas, pero en mi época esto había cambiado. Eso si, seguíamos siendo un colegio exclusivamente masculino. Las chicas eran algo desconocido para nosotros, algo prohibido, y para alguno de los pocos curas que aún daban clase, eran el demonio.

Supongo que lo creí, o que me lavaron el cerebro, pero las aborrecía. Por el contrario mis compañeros, mis profesores, el director… Todos eran hombres, y en ellos si se podía confiar. Una tarde el profesor de gimnasia nos hizo un examen sorpresa. Yo era muy responsable, vamos, que era el típico chaponcete, y me puse muy nervioso porque todo me había salido muy mal. Nunca fui muy fuerte, ni muy ágil, y en ese examen quedó claro.

Me sentí tan mal que me puse a llorar. El profesor, Don Andrés, era un tipo alto, de espalda ancha, de unos 45 años. Tenía una ligera barriguilla, pero se mantenía en buena forma, supongo que gracias a su trabajo. Tenía un pelo oscuro y bastante tupido, y llevaba un bigote espeso y bien cuidado. Era un cascarrabias, el típico profesor autoritario que te grita por todo y para el que todo lo que haces está mal. Por eso me sorprendió tanto que mandase a todos los alumnos que se reían de mí a las duchas, se sentase a mi lado y con una voz grave y tranquila me dijese:

– Pero Juan hombre, no te pongas así. Que esto no es para tanto. – Si que lo es Don Andrés, me ha salido fatal, y va usted a suspenderme.- sollocé. – No hombre – me dijo – esto ha sido sólo para asustaros y que os toméis el curso en serio, tú tranquilo… Y allí se quedó, más de 20 minutos consolándome y tranquilizándome, hasta que vi el reloj. – Caray Don Andrés, son casi la ocho y media. Van a cerrar el colegio y me voy a quedar aquí encerrado. – No te preocupes –me dijo- voy a avisar al director de que no cierre la puerta, y así podrás salir. Dúchate rápido y ve corriendo a casa, que tu madre estará preocupada. – No se preocupe, mi madre no llega de trabajar hasta las diez y media. Si usted avisa al director no hay problema.

Me fui corriendo a la ducha. El vestuario estaba ya vacío. Todos mis compañeros se habían ido a casa. Me quité la ropa y la dejé desperdigada en uno de los bancos del vestuario. Olía a humedad. Era normal, los vestuarios estaban en el sótano del pabellón del colegio y no tenían ventilación. Había unas ventanas en lo alto de la pared del fondo, pero estaban selladas y pintadas con una pintura opaca. Años atrás habíamos tenido un par de problemillas con un mirón de la zona, y se decidió que lo mejor era quitarle todas las posibilidades de vernos de cerca.

Abrí el grifo y me metí en la ducha. Aún estaba un poco fría, pero pronto aumentó su temperatura. Me froté rápido con jabón la cabeza y el cuerpo, y empecé a enjuagarme. Y de pronto todo se oscureció. No veía absolutamente nada. Abrí y cerré los ojos unas cuantas veces, porque no creía que pudiese haber una oscuridad tan absoluta, pero al final me convencí.

– Mierda –pensé- a ver como llego ahora hasta la mochila.

No recordaba donde la había dejado, y no me veía capaz de encontrarla a ciegas, sobre todo porque los bancos cambiaban de sitio cada día a causa de nuestros juegos y peleas mientras nos cambiábamos. Salí de la ducha con las manos extendidas. Di un pequeño resbalón y mi pie se estampó contra la pata metálica de uno de los bancos.

– ¡Ahhhhhhhhhh! –grité mientras me frotaba el pie sentado en el suelo. – ¿Juan estás bien? Era Don Andrés. Menos mal, aún no se había marchado. – Juan, tranquilo, ha habido un apagón. ¿Dónde estás? –lo oí gritar. – En el vestuario –dije como pude a causa del dolor. – No te muevas, voy para ahí. –dijo Don Andrés. – Vale –respondí.

Oí sus pasos acercarse, un poco dubitativos a causa de la oscuridad supuse. Entró en el vestuario y a tientas y guiado por mi voz llegó hasta donde yo estaba.

– Tranquilo, ya estoy aquí –dijo- Pero Juan, estás empapado, y helado. – Si, no tuve tiempo de secarme, no encontraba la toalla.-respondí.

Hasta entonces no había notado el frío, creo que porque estaba muerto de miedo, pero en ese instante me di cuenta de que tenía la piel de gallina.

– No te preocupes, en mi despacho hay una taquilla, y tengo varias toallas dentro. Iremos allí y te secas. – dijo Don Andrés. – Pero no sabré ir a su despacho… -respondí. – Tranquilo hombre, que te guió yo.

Y entonces puso una mano sobre mi cuello, justo en la unión con los hombros. Estaba caliente, muy caliente, y me dieron varios escalofríos de placer a causa de la diferencia de temperatura entre su mano y mi cuerpo. Era una mano contundente, dura y segura de si misma, con autoridad, pero me guió suavemente hasta su despacho. Una vez allí me dijo:

– Quédate aquí y no te muevas. Vuelvo enseguida con la toalla. Y no te muevas- repitió- o me costará mucho encontrarte.

Me quedé allí quieto, desnudo, empapado y helado. Totalmente indefenso. Oía a Don Andrés buscar en la taquilla, y de repente el ruido paró.

– ¿Don Andrés?-llamé. – ¿Siiiiii?

Salté del susto, pues la voz lasciva venía justo de detrás de mí. A pesar de mi salto dos manos fuertes me cogieron, una por la cintura y la otra por la nuca, y me obligaron a inclinarme hacia delante, haciendo una L.

Mi cara se topó de golpe con algo duro, pero acolchado, y el golpe me atontó un poco. Noté como me colocaban sobre algo pequeño, boca abajo, y me ataban a él con una cuerda. Reconocí de inmediato aquello sobre lo que estaba tumbado. Era el potro de salto de la clase de gimnasia. El pequeño, que solo usábamos para dar saltos con las piernas abiertas. Mis pies aún estaban en el suelo, y mi culo totalmente abierto estaba en pompa. Me ató las piernas a las patas del potro, e hizo lo mismo con mis brazos y las patas delanteras.

– Don Andrés ¿Qué hace? Suélteme por favor…-grité. – ¡Cállate!- gritó Don Andrés aún más alto.- Don Andrés yo… -empecé a decir. – Muy bien, si no te callas…

Metió una tela en mi boca y la ató fuerte con una cuerda. Grité lo más fuerte que pude, pero nada salió de mi boca. La tela era muy gruesa, y casi no me dejaba respirar, mucho menos emitir sonido alguno. Entonces noté una respiración excitada en mi oído, era Don Andrés.

– Ahora eres mío, solamente mío, y te voy a hacer ver las estrellas. De dolor…y de placer. Vas a ser usado como lo que eres, una puta, mi puta. Y te aseguro que si te resistes… será peor, mucho peor.

Me moría del miedo. Sabía lo que iba a hacerme, y me horrorizaba, pero no podía hacer nada. Se colocó detrás de mí, y empezó a masajearme el culo. Poco a poco pasaba su lengua por mi ano virgen y me lo llenaba de babas. Y entonces ocurrió lo que yo menos esperaba. Me empalmé. Mi polla creció de golpe y se apretó contra el potro al que me había atado. No me lo podía creer. Me estaba gustando. La sensación subió por mi espalda como una ola cálida, y estalló en mi nuca. Me encantaba, estaba totalmente salido. Quería que me follase, ser sometido por aquel macho dominante, que me tomase como suyo, como su puta, su hembra, su perra, su guarra. Que me usase para lo que quisiese y que luego me tirase a un lado, hasta que tuviera ganas de follarme de nuevo.

Y Lo hizo. Cuando consideró que mi culo estaba bien mojado colocó su polla en mi ano virgen y me la metió de un solo golpe. Grité del dolor, pero seguía queriendo más. El dolor pasó, y mi calentura aumentaba por momentos. Me di cuenta de que le quedaba más polla para darme, y relajé mi culito para recibirla como se merecía. Era una buena polla gruesa y dura, o por lo menos eso le parecía a mi anillito recién desvirgado. Se acostó sobre mi espalda y noté su pecho y barriga peludos, como los de un buen macho, y ese placer hizo que me corriera. Don Andrés notó las contracciones de mi culito contra su polla, y se acercó a mi oído diciendo…

– Así que en el fondo eres una putilla. ¿Te está gustando verdad?

Y mientras decía esto no paraba de follarme, cada vez más duro, cada vez más al fondo. Pensé que estaba apunto de correrse, pero me equivoqué. Mi hombre era un macho de verdad, un macho que sabía tratar a su hembra, fuerte y duro como su polla. Yo seguía amordazado aunque ya no hacía falta, a no ser por los gritos de placer. Me costaba respirar y para coger un poco de aire levanté un poco la cabeza, liberándola de la mano de mi macho, que la estaba sujetando por los pelos. Me quedé de piedra.

Frente a mí vi una luz roja, pequeña, que por momentos intensificaba su brillo. Era la brasa de un cigarrillo, no, algo más grande, la de un puro, y en todo el colegio sólo una persona fumaba puros. Don Julián, el director de la escuela. No sabía que hacer. No podía avisar a mi macho, que seguía follándome sin piedad, de que el director había entrado y nos había pillado. Moví mis nalgas como pude, pero Don Andrés no paró, y el director seguía acercándose. Desató la cuerda que me amordazaba y retiró la tela de mi boca.

– Don Julián, esto…

No pude continuar. Me agarró por el pelo y clavó su enorme polla en mi boca, hasta el fondo. No sabía como reaccionar, no entendía nada, intenté apartarme y…

– Puta, o chupas esa polla o te juro que Don Julián apagará ese puro en tu espalda- dijo Don Andrés.

Así que eso era. Lo entendí de repente. Estaban en compinche desde el principio. Desde que supieron que mi madre no me esperaba, o incluso desde antes. Quien sabe si aquel examen sorpresa no era tal. Ya me extrañaba que el cabrón de Don Andrés hubiera estado tan amable consolándome. Don Julián era el más antiguo de los profesores del colegio, pero aún así sólo tenía 50 años. Estaba calvo y tenía barriga, pero si mi macho quería que se la chupase… Se la chuparía hasta dejarlo seco.

Don Andrés seguía follándome cada vez más rápido, y consiguió que volviera a empalmarme. Cada una de sus embestidas hacía que la polla de Don Julián entrase hasta mi garganta. Al principio me daban arcadas, pero conseguí relajar la garganta al igual que el culo, y acabó entrando suavemente.

– Lo ves Julián – dijo Don Andrés- te dije que este chico era una puta, que se le veía en la cara, y yo a las putillas como esta las reconozco nada más verlas. – Tienes toda la razón, la come de puta madre, es más creo que… uh… voy… uuuhhhh

Y se corrió en mi garganta, con la polla metida hasta el fondo, con los pelos de su pene haciéndome cosquillas en la nariz, y su mano en mi nuca aplastándome contra su barriga. Ni siquiera tuve que tragarme su semen. Simplemente bajó por mi garganta despacio, cálido y pastoso. Empezó a retirarse hacia atrás, pero cerré la boca y mis dientes arañaron suavemente su capullo hinchado y rojizo.

– ¡Ehhhh! –gritó. Y mi macho me dio una palmada en el culo. – Trata bien a Don Julián puta o te acordarás de nosotros –dijo Don Andrés.

Ya tenía la boca libre y podía hablar.

– No Don Andrés, no quería lastimarlo, sólo pretendía limpiarle bien la polla, para que no tenga que limpiarla él con papel higiénico que es muy áspero.-dije. – Joder Andrés, menuda joya que has encontrado-dijo Don Julián volviendo a meter la polla en mi boca.- Chupa hijo chupa, por mí que no quede.

Don Andrés se había quedado quieto de la sorpresa. Supongo que no esperaba que fuese tan puta como había demostrado, y su polla había salido de mi culito, que latía hambriento de su macho, bien abierto para recibir toda su fuerza.

-Por favor Don Andrés no pare, fólleme por favor, hágame su putita, reviénteme el culo, haga lo que quiera, pero no pare.-dije sacándome la polla de Don Julián de la boca.

Aquello excitó más aún a mi macho, que me la clavó sin piedad hasta el fondo, y tras unas cuantas rápidas embestidas, se corrió en mi culo, empujándome con cada chorro de lechita que salía de su nabo, tirándome de los pelos y mordiéndome la nuca. Salió de mi culo lentamente, agarró mi polla y la meneó hasta que me corrí. Estaba muy cansado, así que me llevaron a la ducha y me limpiaron bien a fondo. Me vistieron y abrieron la puerta del despacho. Fuera ya había luz. Miré inquisitivamente a Don Andrés.

– Ya hemos conectado los fusibles. No hubo ningún apagón putilla, solo queríamos follarte- me dijo. Don Julián se reía en una esquina. -¿Sabes?-continuó mientras agarraba con fuerza mis pelotas. –El otro examen lo suspendiste, pero este lo has pasado con nota… perra. Creo que no hace falta decirlo, pero como digas algo a alguien te mato. Lo mire a los ojos y le dije. -Usted lo ha dicho Don Andrés, no es necesario. -Muy bien- contestó- ya nos veremos para próximas evaluaciones- y apretando fuerte mis pelotas me empujó fuera del gimnasio y cerró la puerta.

Me fui a casa, y…

Este relato, aunque relatado como real, es totalmente ficticio. Cualquier similitud con lugares o personas reales es simple casualidad.

Espero vuestros comentarios.

Autor: yomiamo

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