Fabiana II

Él tomó la iniciativa, la tomó como una muñeca y la puso boca abajo, separó las redondas nalgas y fue penetrando suavemente. Quedaron de costado sobre la cama y comenzó a estimular el clítoris con una mano y los senos con la otra. La hembra vencida, comenzó muy lentamente a disfrutar los estímulos.

Gustavo y Fabiana, dejaron de verse unos meses, debido a que él tuvo que viajar por trabajo. Habían tenido un comienzo muy intenso: él fue su primer hombre y Fabiana sabía que podía hacer cualquier cosa que Gustavo le pidiera.

Durante los meses que no se vieron, Gustavo escribía cartas que encendían el espíritu de la joven, él conocía la pasión de Fabi por la literatura y sabía muy bien como mantener vivo su amor. Ella mantenía el secreto de su aventura, ni siquiera sus amigas más íntimas sospechaban lo sucedido; leía con avidez las cartas de su amor secreto. Sus palabras llegaban a sus fibras más íntimas, en las noches imaginaba que Gustavo estaba a su lado y le susurraba al oído todas las cosas que escribía en sus cartas. Se acostaba desnuda, acariciaba su cuerpo y sólo podía pensar en él y en los momentos que vivieron en el hotel.

Ella a su vez, respondía sus cartas con otras llenas de palabras de amor, ansiedad, deseo, lujuria: “Sólo puedo pensar en el momento de encontrarnos nuevamente, deseo tocarte, tocar tu sexo por el que fui inmensamente feliz. Sólo puedo pensar en tenerte dentro de mí, en que tomes mi cuerpo como tu esclava incondicional del amor. Te necesito mucho, por las noches me despierto sobresaltada, empapada en el deseo que me enloquece”.

Finalmente Gustavo volvió, durante los primeros días sólo se vieron de lejos y hablaron telefónicamente, él tenía que ordenar sus cosas y cumplir con su familia. Cuando pudieron encontrarse a solas (en la casa de Fabiana), se miraron por espacio de unos minutos que a ambos les parecieron una eternidad, pero necesitaban ese espacio para reconocerse y comprobar cómo se deseaban. Casi pudieron poseerse sin siquiera tocarse. Cuando reaccionaron, se abrazaron vigorosamente, se besaron apasionadamente, pero sus deseos incontenibles de tener sexo no iban a cristalizarse esa tarde. Llegó gente a la casa y debieron separarse hasta el otro día.

Al día siguiente, Gustavo la esperaba en la puerta del edificio, ella subió al coche, se hundió en sus brazos. Él arrancó a velocidad y sólo se detuvo cuando llegaron a un hotel en las afueras de la ciudad. Tomaron una habitación por todo el día, Fabiana pensaba en darle placer a su hombre y así se lo hizo saber: “Amor, quiero tocarte, quiero hacerte gozar”. Gustavo miró sorprendido a su mujer, pero no podía negarse, la invitó a bañarse juntos. Se desnudaron en silencio, pero sin dejar de mirarse y se metieron en la ducha. Suavemente ella comenzó a besar el pecho del hombre descendiendo hasta alcanzar su pene. La boca y las manos de la joven trabajaban con destreza, recordando las cartas del hombre que le había relatado sus sueños más eróticos.

No tardó mucho en llegar la erección y el semen brotó desbordando su boca, bañando sus pechos. Fabiana se incorporó y nuevamente se besaron. “Ahora es mi turno de hacerte gozar, no olvides que eres mi esclava. Tu cuerpo tierno es mío. Déjame secar tu piel, darte un masaje que te hará volar”.
Tomó una toalla muy blanca y acarició con ella el cuerpo de la chica, se inclinó, separó sus piernas y frotó el clítoris suavemente, pero fue suficiente para que las piernas dejaran de responder. Fabiana cayó tendida sobre la cama, Gustavo la preparó para el masaje: llevó sus brazos hacia atrás y los ató a la cabecera de la cama, separó sus piernas y también las ató. La respiración de Fabiana era cada vez más agitada, estaba completamente indefensa frente a aquel hombre que observaba el cuerpo de la hembra como un animal en celo.

Trajo del baño unos aceites afrodisíacos, el aroma inundó el ambiente, no dejaba de mirar el sexo húmedo de Fabiana y comenzó sus masajes. Estimuló los pezones hasta que estaban tan duros que dolían, se inclinó a morderlos mientras sus dedos aceitosos masturbaban el sexo y el ano. Entre suspiros y gemidos Fabiana rogaba que la penetrara de una vez, pero Gustavo realmente estaba disfrutando de aquella situación. Se montó sobre la muchacha de manera que la posición le permitía hacerse una paja con sus senos.

“¡Mamita! ¡Te crecieron las tetas, realmente estás hermosa! Me gusta tanto que podamos estar así, alcanzar esta intimidad, este grado de compenetración”. Así le hablaba mientras su cuerpo resbalaba sobre el torso de la chica.

Esta vez eyaculó sobre su cuerpo, utilizando su semen para completar el masaje. “Quiero impregnarte de mi esencia, llevarás mi olor toda la vida”. Quitó las ligaduras, liberó a su amante, quien se abrazó a su cuerpo con desesperación y se desmayó. La jovencita no resistió tanta excitación, él se asustó primero, pero de inmediato la hizo reaccionar. Se acostó a su lado, la acercó a su cuerpo y así descansaron un rato. Gustavo había cumplido 46 años y si bien era un hombre fuerte tampoco estaba preparado para lidiar con una hembrita tan joven y lujuriosa.

Dormitaron, luego se levantaron volvieron a la ducha, estaban exhaustos, ambos deseaban más sexo, pero de pronto tomaron conciencia de que apenas se habían dirigido la palabra. Permanecieron desnudos, se sentaron en una pequeña terraza privada y tomando un refresco hablaron sobre las cosas que habían sucedido mientras estuvieron separados.

-“¿Estuviste con alguien?” -(Lo miró sin entender la pregunta). ¿Qué quieres decir? -No tengas vergüenza de confesarlo, quiero saber si tuviste sexo con alguien. No te estoy pidiendo explicaciones, sólo quiero saber. -Me hiciste mucha falta, no sé si alguna vez podré estar con alguien más. Soñaba con tus caricias, me masturbaba pensando en tu pene dentro de mí.

Se hizo un largo silencio, Gustavo entendió la influencia que podía ejercer sobre aquella mujer que estaba totalmente entregada a él. Sintió miedo al principio, pero conforme la seguía mirando y veía como aquel cuerpo desnudo se dejaba mirar sin inhibiciones, lo fue ganando la idea de ser su hombre para siempre. Se sentía capaz de dejar todo, para hacerla feliz. El día terminaba y ya casi era hora de volver a la realidad. Se vistieron dejaron la habitación, subieron al auto y retornaron a casa.

Fabiana no durmió esa noche, dio vueltas toda la noche pensando en su hombre. Al otro día no se vieron, pero hablaron para planificar otro encuentro. Se encontraron en la casa de Fabiana, sus padres estaban trabajando, ella le dio una llave a Gustavo de manera que no lo escuchó llegar. Él conocía la casa así que fue directo a su habitación, la puerta del baño estaba abierta y la sorprendió semidesnuda tratando de depilarse.

Ella se sobresaltó, la avergonzaba la situación, intentó cubrirse, pero él no se lo permitió.

-“Ah no, nada de pudores conmigo chiquita. Yo soy tu hombre, tú eres mía. Déjame verte, déjame hacerlo por ti”.

Despacito Fabi se descubrió, permaneció sentada, separó las piernas, se echó hacia atrás y Gus comenzó a trabajar. Las mieles no cesaban de fluir de la vagina, la respiración del macho estimulaba su sexo. Cuando terminó el pubis estaba totalmente rasurado. Se fueron directo a la cama, ella se tendió, flexionó las piernas, él se arrodilló a sus pies y hundió la cabeza entre sus piernas, su lengua comenzó a trabajar a gustó y llegó el primer orgasmo. Penetró el ano con su dedo, mordió levemente el clítoris y los labios vaginales y llegó el segundo orgasmo.

Se incorporó, su pene estaba más erguido que nunca, comenzó a rozar el sexo de la mujer y sin mucho trámite la penetró duramente. Fabiana aún era muy estrecha de manera que lanzó un grito impresionante. Lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos y esto estimuló más al macho que continuó con arremetidas feroces. Esta vez su semen se derramó en el interior de la vagina, cuando se retiró el cuerpo de Fabiana se arrolló de costado. Estaba dolorida y asustada, siempre se habían cuidado de eyacular fuera de la vagina. Gustavo estaba muy excitado y no reparó demasiado en los sentimientos de su compañera.

-“Mi putita, ponte de espaldas que quiero entrarte por el culo. Ese culo que me enloquece y con el que sueño desde la primera vez que te cogí”.

Fabi no se movía de manera que él tomó la iniciativa, la tomó como una muñeca y la puso boca abajo, separó las redondas nalgas y fue penetrando suavemente. Esta vez la muchacha gritó con más fuerza, pero él giró los cuerpos, quedaron de costado sobre la cama y comenzó a estimular el clítoris con una mano y los senos con la otra. La hembra vencida, comenzó muy lentamente a disfrutar los estímulos. Cuando el macho se calmó, se separó del cuerpo de la mujer y se fue a su casa dejándola agotada y sola.

Esa había sido una tarde de placer animal, no hubo lugar para los sentimientos. Ambos gozaron como animales, aún en el dolor.

Autora: Amandaz

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Mi cita con Nora

Y ahora sentado en un sillón, mientras mi sexo se adentra en su boca, mientras me complace alzando la mirada para comprobar mis reacciones a sus caricias, recuerdo aquella niña extrañada porque pudiéramos acariciarnos tres horas, asombrada de que la hiciera caricias que no eran habituales para ella, temerosa de mirar en el espejo la imagen de su propio cuerpo enlazado con el mío.

 

Permitid que, primero, me describa. No soy nada especial. O tal vez sí, pero no soy consciente de serlo. Tengo más de 50 años, en toda mi vida no he ido más de tres veces a un gimnasio, pese a lo cual mantengo un tono muscular aceptable pero tengo al menos 10 kilos más de los que debería pesar, conservo todavía todo mi pelo aunque de un gris más claro cada día. Para completar mi descripción diré que el tamaño de mi sexo es corriente, tirando a pequeño, en la parte baja de las estadísticas.
 
Nora es una hembra apetecible, capaz de excitar a un hombre mientras la contempla…
Tiene esa edad indefinida de las mujeres maduras atractivas, entre 35 y 45 años… ni pequeña ni grande, en una medida exacta y bien proporcionada, su cuerpo se sostiene en dos piernas muy bien torneadas, muy bien definidas aunque no musculosas, sólidas, de tobillos fuertes… Me gusta contemplarla por detrás cuando lleva zapatos de tacón alto, medias y falda… son piernas de hembra poderosa, que proclaman su fuerza de mujer en su plenitud…

Cuando las medias acaban a medio muslo y se levanta la falda para que pueda contemplarlas en toda su longitud, destaca la tersura de la piel… muslos blancos y suaves… Sí… tiene la piel suave y delicada, tersa, en todo el cuerpo, pero especialmente en los muslos… los he disfrutado en algunas épocas en que se apretaban, rebosantes, juntándose uno al otro y cerrando los espacios… los he disfrutado en otras, como ahora en que está más delgada, haciendo un breve hueco entre ambos, apenas una pequeña rendija en la parte del centro… pero siempre blancos, de piel delicada, suave y tersa…

Vista de frente o desde atrás, sus caderas se abren en una curva muy bien dibujada, de guitarra bien construida, de mujer consistente, sin exageraciones… como es ella… para cerrarse de inmediato en una cintura estrecha… En la suave y muy breve curva de su vientre no puede descubrirse el rastro de sus maternidades… Ese vientre resulta juvenil y tan terso como antes destacaba en sus muslos… En la breve protuberancia de su pubis, apenas un mullidito cojín bajo su vello, se anuncia la promesa de un sexo húmedo, jugoso y sabio, capaz de acariciar el sexo de un hombre como si tuviera vida y placeres propios…

Tiene los pechos pequeñitos, infantiles, y tal vez por ello capaces de desafiar la fuerza de la gravedad y mantenerse erguidos, mirando hacia arriba con descaro, con sus aureolas rosadas y no muy grandes, los pezones de respuesta fácil a las caricias, dispuestos a endurecerse y sobresalir con el contacto de una mano o de una lengua…

Sus brazos son finos, rematados por unas manos rotundas, fuertes, acostumbradas al trabajo y a los esfuerzos tal vez, o tal vez fruto de la herencia de siglos de mujeres trabajadoras en su estirpe, pero cuando las usa conmigo son delicadas, suaves, un poco torpes e inexpertas al principio, un poco inseguras siempre, pero al final eficaces, capaces por sí solas de extraer cuanto placer pueda guardar el cuerpo de un hombre…

De hombros rectos, casi siempre acariciados por su propio pelo, cortado en media melena morena, el cuello exacto, la expresión de la cara de mujer feliz, a veces pícara, otras serena, las más inquieta e interesada en todo lo que la rodea… Recientemente he descubierto la expresión que puede tener cuando contempla una película pornográfica en la que una mujer vestida al estilo de las matronas romanas devora un inmenso falo imposible de meter en una boca humana…

La mejor combinación, claro, sus ojos y su boca… pueden volver loco a un hombre… pero eso no es para describirlo… eso es para vivirlo… no hay palabras… ¿Cómo pueden tantos hombres vivir sin saber lo que esa boca es capaz de provocar?

Y ahora, tranquilamente sentado en un sillón, mientras mi sexo se adentra en su boca, mientras me complace alzando de tanto en tanto la mirada para comprobar mis reacciones a sus caricias, recuerdo su larga evolución… desde aquella niña tímida extrañada porque pudiéramos acariciarnos tres horas, asombrada de que la hiciera caricias que no eran habituales para ella, temerosa de mirar en el espejo la imagen de su propio cuerpo enlazado con el mío.

Desde aquella mujer muerta de vergüenza al entrar en la habitación de una casa de citas, hasta esta mujer que se escribe en el cuerpo mi nombre cuando vamos a vernos, que desnuda su sexo bajo la falda, durante horas, mientras lleva a cabo las tareas cotidianas solo porque sabe que me gusta que lo haga, que se hace pajas a escondidas pensando en mi o me dice en voz alta que quiere ser mi mejor puta y follarme como nadie me haya follado jamás…

Sigue así, mi niña… sigue con esa boca llena de saliva matándome de placer… mientras, recuerdo aquel momento tan especial, muy especial por lo que podías sentir en ese instante, por lo que significaba de entrega a mi capricho… el día que traspasaste la puerta de la habitación sin saber si había otras personas dentro, sin saber si te entregaría a la lujuria de otros hombres y mujeres, si te acabarían acariciando, una vez atada, otras manos, otras lenguas, otros sexos…

No lo sabías… te había convencido de que vinieras, de que entraras y te dejaras vendar los ojos, que otras manos y otros sexos te asaltarían… podrás decirme que imaginabas que no habría nadie o que si había alguien más no volverías a verme… podrás decirme muchas cosas, pero atravesaste la puerta, te sometiste a mi capricho, te dejaste atar y vendar y, con los ojos vendados, me hiciste una mamada en medio de la habitación, arrodillada frente a mi, sin saber si estabas exhibiéndote frente a ojos desconocidos… Nunca te entregaste, ni te entregarás a nadie ya, como lo estabas haciendo en ese instante. Sí, un largo recorrido…
 
Entre aquella mujer algo infantil, inquieta y generosa, muy inocente y bastante insegura que conocí al principio y esta otra que me espera algunas veces al finalizar la jornada en el despacho vacío para desnudarse, dejar volar su recién descubierta lujuria y hacerme lo que me está haciendo ahora mismo, hay mucha distancia…
 
Entre aquella mujer que un día cargada de tensión y temblándole las rodillas se dejó besar en los labios un instante y la hembra que se abre el sexo con sus dedos para que mi lengua recorra mejor sus pliegues, parece haber pasado un mundo…

Entre aquella mujer aniñada que me confesaba no haber tenido nunca el sexo de un hombre en su boca y esta otra que abre mis cachetes para jugar con la punta de la lengua en los lugares más prohibidos, no hay apenas comparación…
 
Sin embargo eres la misma… me gusta de ti que pese a todo el recorrido que hemos hecho, pese a que sin duda has ganado muchísima seguridad y autoestima, sigues teniendo el aire de frescura inocente que siempre has tenido…  Hummm, Nora…
 
Me voy… derramaré una vez más mi semen en tu boca mientras te contemplo de rodillas frente a mi…Y aunque es imposible verlo, aunque con mi sexo en tu boca no podría jamás nadie asegurarlo, yo sé que mientras me agitan los espasmos de placer, sonríes complacida al comprobar que, una vez más, me has elevado hasta tu cielo…
 
Sí… Lo sé… Lo veo en tus ojos…  Ven… recuéstate en mi regazo, mi niña… descansa de tus esfuerzos de hembra complaciente… te quiero…

Autor: Allceus

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Mi madurita top model del trabajo

Sus pezones eran rosados, no aguanté mucho y comencé a chuparlos, besarlos, tomé uno de sus pechos, mientras la besaba en la boca, con mi otra mano recorría su vulva sobre el pantalón, cuando noté que empezaba a gemir apreté aún más fuerte y ella continuaba con sus movimientos para sentir mis caricias, bajé un poco su calzón, que mata de pelos tenía, impedían llegar a su coñito.

Hace bastante tiempo que me gusta leer relatos y si bien he tenido algunas experiencias que pueden ser contadas, nunca me atreví a escribir…Lo que relataré a continuación es cien por ciento real… ¡Y sucedió hace muy, muy poco!

Mi nombre es Eduardo, soy un tipo normal de un metro setenta y dos, tez blanca, ojos claros y contextura normal, de 44 años de edad, felizmente casado y con 4 hijos. Nunca antes había montado cachos, mucho menos podía imaginarme haciéndolo, tampoco me considero una persona extrovertida en extremo, pero a medida que voy ganando confianza, pues me abro mucho más en mi relación con las personas y siempre me ha gustado jugar y atacar con mucho sarcasmo e indirectas con doble sentido a ver hasta donde llego o me deja llegar a las mujeres con quienes frecuento socialmente o laboralmente hablando.

Todo ocurrió en la oficina donde laboro desde hace unos cuatro años, una típica empresa familiar de mediano tamaño.  Desde que llegué a trabajar con el grupo y a pesar que mi actividad profesional no está directamente relacionada con la actividad comercial del grupo, por tratarse de una ramificación comercial de la cual yo directamente me haría cargo, la imagen hacia terceras personas, compañeros de trabajo, etc de mi persona y capacidad profesional era muy alta.

Al presentarme a cada uno del personal que labora en la empresa sabía que ese trabajo me cambiaría mi vida y no tuve duda de ello desde que la vi por primera vez, supe que sería mi compañera de trabajo favorita en la oficina y fuera de ella y que su belleza física cambiaría mi fidelidad hacia mi pareja afectiva y más temprano que tarde ella sería mi gran amante y no sé que más.

Amelia es administradora de profesión, responsable del manejo diario de la contraloría y finanzas del grupo, un trabajo estresante y de altísima responsabilidad.  Ella tiene 42 años, mujer madura, económicamente independiente, deportista, de cuerpo atlético, muy bien formado y conservado, de pelo amarillo claro, hermosos ojos verdes, con unas suaves y hermosas tetas y un culito bien redondo, digno de usar como prototipo de cirujanos plásticos, además de todos estos atributos, es suficientemente hermosa e inteligente para derretir a cualquiera que le interese pero lo suficientemente madura para que no cualquiera le montara los cuernos.

Más que una administradora más bien parece una hermosa top model o actriz de cine.  Casada y con una picara hija, era la responsable partir de ese día de mis sueños, apetencias sexuales y deseos eróticos.  La idea de poder ser amantes en un futuro cercano comenzó a formar sentido en mi mente.  Tenía que ser mía, era la meta, mi objetivo dentro del ambiente de trabajo y comencé a preparar mi plan de ataque.

Al principio demostré muchísimo profesionalismo en la relación diaria, esa era mi estrategia para entrarle más fácilmente y ganar algo de confianza. Reuniones de trabajo entre mi personal, mis jefes y Amelia demostraban que ambos estábamos muy bien enfocados profesionalmente, que nuestros patronos tenían una alta estima en nuestro trabajo y que les gustaba nuestra actitud y entrega hacia la oficina y los objetivos de trabajo.

Afortunadamente y muy rápido logré que Amelia avalara mi trabajo diario, lo que ayudó de sobremanera mi estrategia de ataque.  Diariamente buscaba conversar con ella en horas de receso laboral o buscaba cualquier excusa para consultar alguna actividad contable por tonta u obvia que ella pareciera, pero era suficiente excusa para poder reunirnos más.  Llegó el primer diciembre y decidí que era el momento de comenzar a romper el hielo de las conversaciones profesionales y las mismas alternarlas con conversaciones más personales.

El viejo truco del regalo de fin de año fue la estrategia, una pulsera de fantasía, de poco valor comercial pero con inmensos resultados.  A partir de ese momento Amelia y yo comenzamos a conversar no solo de cuestiones de trabajo, sino comenzamos a incluir temas banales pero personales al fin y al cabo, nuestra casa, nuestros hijos, el colegio, hobbies, etc.

Pasaron los meses y nuestras conversaciones banales, siempre en el trabajo eran cada vez más amenas y largas, comenzábamos a tenernos cada vez más confianza el uno con el otro y esa confianza permitía que comenzara a trabajar mejor mi plan de ataque.  Amelia hasta ese entonces siempre le había sido fiel a su marido pero ella aceptó igualmente y comenzó también a jugar y seguir el sarcasmo mío.

Trabajo de hormiguita muy lento pero efectivo, así llegó su cumpleaños y esta vez la invité almorzar y aproveché de entregarle otro pequeño regalo y tuve por primera vez la ocasión de hablar con ella del tema de pareja de cada uno, ambos fuimos muy sinceros y abiertos como lo hacen 2 amigos que se conocen pero no intimidan.  La ventaja de esto es que no tenía que suponerme mucho más.  Su vida sentimental era estable, más sin embargo se abría la sutil ventana de poder aceptar algo más.

La cena de fin de año de la empresa, fue considerada mi mejor jugada para conquistarla.  Asistí a ella y decidí no compartir exclusivamente con Amelia la velada, el no mostrar mis deseos e intenciones para con ella, disfrutando y compartiendo la cena de navidad con todo el personal de la empresa, de mesa en mesa por tiempos más o menos iguales.  Por supuesto, antes de la cena ya le habría ofrecido llevarla de vuelta a casa después de la celebración, al igual como le ofrecí a otras 2 compañeras de labores.

Al finalizar la fiesta la llevé a su casa y nos despedimos como cualquier compañero de trabajo hasta supuestamente el año siguiente, deseándole la mejor de las suertes y los mejores deseos para el próximo año, no sin antes en el frente de su casa nos quedamos conversando durante unas 3 horas antes de despedirnos, Un pequeño beso de despedida prendió la llama del deseo.

Al reiniciar el año siguiente, decidimos compartir cada vez más tiempo, conveníamos en salir a almorzar juntos, frecuentábamos al mismo tiempo los breaks para tomar café, solo porque queríamos estar el uno del otro  y por supuesto las indirectas y sarcasmos eran cada vez más obvias.  Fue así como en una celebración de despedida de una compañera de trabajo, con la cual no tenía mucha relación, ni motivos para ir pero Amelia me convenció que la acompañara, pues ella era su jefa y por lo menos necesitaba pasar un rato en esa despedida, acepté el ir.

Terminamos bebiendo tequilas y cerveza entre algunos compañeros, donde el calor y el alcohol hicieron efecto para terminar besándonos, por primera vez,  a vista de los demás, no importaba nada, ahí fue la primera vez que sentí esa lengua maravillosa que se retorcía junto a la mía, fue exquisito, no pasó nada más que besos. Ya en el trabajo no solo buscábamos hablar, sino que también y seguíamos buscando oportunidad para besarnos, parecíamos jóvenes ardientes, pero sin querer pasar a la siguiente fase por temor a las consecuencias en nuestras vidas privadas.

Un sábado yo cargado de trabajo extra llegué a la oficina para adelantar un poco y por casualidad de la vida, Amelia se encontraba en la oficina ajustando unos balances que se necesitaban con urgencia para el lunes siguiente. Fue como caído del cielo,  esta es mi oportunidad dije en mi interior, fue así que al verla me acerqué a ella con toda la intención, luego de saludarla comencé a  acariciarle el pelo, lo desenredaba, olía a frescura, sus rulos suaves caían sobre sus hombros, los cuales separé para besarla detrás del cuello, luego supe que bajo la oreja y detrás del cuello se calentaba mucho, súbitamente dejó  la carpeta de los balances y sin importarle más nada se dejó acariciar, respiraba en su cuello, acariciaba su espalda, besaba sus hombros hasta que finalmente fui por esa boca que me devolvió el beso, nuestras lenguas se retorcían, queríamos comernos a besos, respiraba agitada, hacía calor y nosotros aumentábamos la temperatura, era como un volcán en erupción luego de años de inactividad, necesitaba tocar y masajear esas hermosas tetas, fuente inagotable de tantas pajas en su honor.

Corrimos abrazados a la sala de reuniones donde hay un sofá en cuero, nos acostamos sobre este y  comenzamos el manoseo, nos abrazábamos, nos besábamos, tocaba todas sus partes, saqué su blusa y quedaron esas hermosas tetas a la vista, luego pasé mi mano por su espalda y con ella misma retiré el sujetador, sus pechos apuntaban al techo, y descasaban hacia los costados, sus pezones eran rosados, no aguanté mucho y comencé a chuparlos, morderlos, besarlos, con mis dos manos los agarraba, crucé mi mano por su espalda y tomé uno de sus pechos, mientras la besaba en la boca, con mi otra mano recorría su vulva sobre el pantalón, cuando noté que empezaba a gemir, apreté aún más fuerte y ella continuaba con sus movimientos, para sentir más fuerte mis caricias, abrí su cierre y bajé un poco su calzón, que mata de pelos tenía, impedían llegar a su coñito…

De tanto intentarlo logré por fin introducir un dedo en su húmeda concha, solté su teta y le bajé el pantalón, arrastrando su calzón, con mis piernas terminé de bajárselo completamente, era mía y ella lo sabía, estaba desnuda con sus piernas abiertas, emanando olores a hembra, me saqué mi camisa y giré colocándome de costado, su culo sobre mi verga y mi mano entre sus piernas, la punteaba y le tenía metido dos dedos en su mojada almeja, ella agarró una de sus tetas y se la metió en la boca, era increíble verla tan caliente, se besaba el pezón, agarré su mano libre y junto a la mía la hice que se tocara, por lo que he visto existen distintas formas de pajear a una mujer y a ella le gustaba fuerte, con tres dedos y mi mano sobre su clítoris, me soltó mi mano y se revolvía para ambos lados, noté que faltaba poco para su primer orgasmo, su cara estaba desencajada, abría las piernas y apretaba mi mano, hasta que se corrió entre jadeos.

Eran las 4 de la tarde y el trabajo quedó en el olvido, nuestros cuerpos sudorosos, me sentí de puta madre pensando que le conseguí un orgasmo con mi mano, rápidamente me bajé los pantalones e intenté clavarla, fue cuando me dijo que estaba en sus días y podía quedar preñada, no me gusta con forro fue mi respuesta, pero tuve que acatar si quería culear, y fue así como me puse un condón que llevaba en mi billetera siempre, luego abrí sus piernas, apunté y todo adentro, empecé a meterlo con fuerza, ella se quejaba y gemía, con mis manos sobaba sus tetas, agarraba su culo, la besaba, el sudor caía todo era calentura, seguimos por un buen rato.

Cuando le dije te lo saco, me miró agarrándose una teta y me dijo mételo, metémela toda, no la saques, le pregunté por qué, me dijo estoy caliente y quiero tu rabo, para mí era el fin de tantas pajas, para ella el comienzo de una infidelidad, su marido en su trabajo y ella en el sofá con sus piernas abiertas y yo en su interior, no quise correrme debe haber una mejor manera que con forro, quise bajarme y besarle la concha, me dijo que no, le gustaba estar bañada antes, cagué dije internamente, me saqué el condón y la abracé, terminé mi tarea con tres dedos nuevamente en su zorra y ella corriéndose nuevamente…

La abracé por su espalda, sintiendo el rico sabor a transpiración, sus tetas estaban mojadas, su raja también, seguí tocando y apretando su cuerpo contra el mío, la transpiración empezó a correr por su espalda, mojando su culo, yo aun lo tenía duro por cuanto empecé a deslizar mi pico por la raja de su culo, no faltó mucho para llegar a su agujero, hice un poco de presión y me sorprendió más aún al momento que empujaba sus anchas caderas hacia atrás, no había duda quería que la enculara, no podía entrar, me estaba cansando, pensaba que no podría, hasta que siento que mi cabeza está en su interior, era como si me hicieran una paja con dedos, ella apenas hablaba y me decía despacio mi amor, nunca lo hecho por ahí, no puede ser dije yo, una hembra tan hermosa, casada y virgen del culo, no te preocupes lo haré despacio.

Mentí y de una la enculé chocando mis huevos, lo hice rápido por si se arrepentía, me dejó hacer, la giré boca abajo y empecé el mete y saca, su culo era estrecho, parecía de verdad que era virgen, sus gemidos eran gritos ahogados, mordía los almohadones del sofá,  aumenté la fuerza y ya no pude más descargando toda mi leche acumulada, le llené su redondo y estrecho culo con leche, me salí, sé que hay que sacarlo despacio pero todo lo hacía con brutalidad, queriéndola hacer pagar por tanto tiempo perdido entre ambos….nos besábamos y descasamos un rato, hasta que nos lavamos en el baño.

Me dolía el pene de tan estrecho culo que rompí, en el baño le pasé gel de jabón por su espalda, no faltó mucho para que estuviera listo de nuevo, pero lo mío era su coño, fue así como me senté y ella abrió sus piernas con sus manos me entregó su dulce almejita frente a mi cara, quien iba pensar que en una tarde la vi chuparse las tetas, me entregó su culo y más abría sus piernas para que le chupase la raja, solo quería sentir, como queriendo dejar una marca de fuego para volver a hacerlo, fue grandioso…

A partir de entonces los trabajos de ambos en la oficina los sábados se han hecho rutinarios y las extensas horas de trabajo y de reuniones a puerta cerrada en la sala de conferencias pues se ha hecho una bellísima rutina, ¡Así si da gusto trabajar!

Autor: Eduardo

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Amor de madre

Retiré mi pija y comencé a masajear con mi dedo, comenzó a aflojar su ano, traté de introducir otro más, le acerqué la punta de mi pija, y tomando a mamá de las caderas la atraje hacia mí, de una sola la enterré hasta la mitad, como me haces esto, preguntó, cállate y seguí culeando, no te das cuenta de cómo estoy gozando de la mamá tan puta que sos, cuánto tiempo hemos perdido yegua.

Esta historia que describo a continuación es verdad, a algunos les parecerá descabellada pero a mí, esto me ha hecho muy feliz.

Me llamo Eduardo y lo que aquí voy a contar ocurrió hace algunos años, yo tenía 18 años, soy rubio, 1,74 metros de altura, ojos pardos, cuerpo atlético, vivo con mamá que es soltera yo nací cuando ella cumplía apenas 14 años, es soltera por que el tipo que la preñó se fue, desapareció, se lo tragó la tierra, etc., etc. Volviendo a mamá, es una mujer que como decía es joven ya que en ese entonces contaba con 32 años, mamá es una mujer de aproximadamente 1,70 metros de estatura, rubia cabellos hasta la cintura (hoy a media espalda), con unas medidas que le envidiarían más de una pendeja, digamos que para ser una descripción más cercana a la realidad, mamá es más parecida a Michelle Pfeiffer de lo que ella quisiera.

Como mamá fue madre muy joven y mis abuelos estaban y están en muy buena posición económica, mamá no tuvo que salir a trabajar con lo cual se dedicó a seguir sus estudios, ya que mis abuelos que también son jóvenes trabajaban, con lo cual hasta cumplir los 9 años me atendía una niñera, cuando mamá se recibió de abogada y abrió su propio buffet.

Mamá, que es hábil en los negocios, no tardó en ganar dos o tres juicios muy importantes que hicieron posible pasar de la casa de mis abuelos a nuestra propia casa (por una cuestión de independencia, decía ella), ubicada muy cerca de esta, pues no tenía nada que envidiarle, un gran parque de 7000 metros cuadrados una espectacular casa de 860 metros cuadrados. Mamá a efectos de escuchar si me pasaba algo durante la noche me colocó en una habitación que lindaba con la suya, de esta manera me podía oír si yo necesitaba algo en la noche, pues la casa contaba con 9 habitaciones.

El tiempo fue transcurriendo, y al cumplir los 18 años, mamá orgullosa de mí me realizó una gran fiesta de cumpleaños y como obsequio me regaló un Mercedes 190 E y un puesto en la compañía que es de su propiedad, el buffet había quedado ya lejos, yo me empecé a preocupar pues significaba que tenía que comenzar a trabajar además de estudiar, cosa que no me causaba gracia (hasta ese entonces yo era lomo virgen, y quería seguir siéndolo hasta que me recibiera), pues solo quería dedicarme a pasarla bien, que necesidad había de que yo trabajara. Un mes después de haber ingresado a trabajar, me debía despertar temprano, para ir a la oficina, hacer algunas cosas, y luego partir a la facultad. Bajé como todas las mañanas, Marta (así se llamaba una de las mucamas) estaba preparando la mesa para el desayuno y me dijo:

– Señor su café.

Lo probé y estaba dulce, vio la cara que puse, levanté la mirada y le dije:

– Marta, el café que tomo es negro, No sugar, No milk, negro como la noche sin luna, y vos lo sabes bien. – Discúlpeme, Señor, no sé en que estaba pensando cuando lo preparé. – Apurándose a retirar la taza y servir otra.- Acércate que yo se que lo que estás necesitando.

Comenzó a mamar con desesperación, mientras yo le acariciaba los pechos a traves de su uniforme, estaba por acabar cuando escuché como un grito contenido, no sabría como explicarlo, miré hacia el lugar del cual había escuchado, y vi una sombra, Marta seguía chupando, sospeché que tal vez sería mamá quien había visto la escena, y pensé, problemas, por otro lado ya estaba llegando así que no le di mayor importancia y seguí disfrutando de la mamada que me estaba haciendo Marta. Cuando acabé le dije:

– Lo siento ahora no te puedo satisfacer, pero te prometo que cuando vuelvo te cojo como mereces.

Recogí mi maletín y al llegar a la puesta observo que el automóvil de mamá no estaba, regresé sobre mis pasos y le pregunté a Marta si mi mamá ya había desayunado, me dijo que no, y que ella supiera todavía estaba es su habitación, sospecha confirmada, voy a tener problemas, me dije. Con lo cual solo atiné a ir a trabajar, al llegar a mi despacho (contiguo al de mamá, y al pedo, porque apenas si estaba en el más de dos horas), entra Claudia quien ingresa con un café expreso doble, y me dice:

– Buen día, Señor. – Buen día Claudia, ¿con que empezamos hoy? – Solo una reunión a las 9 (eso yo ya lo sabía), y supongo que parciales en la facultad. – Dedícate solo a las tareas de oficina, y no te metas en otras cosas que no son de tu incumbencia, hoy no estoy de humor. – No pensé que le molestaría que le hiciera una broma – dijo algo nerviosa. – Claudia no importa, te podes retirar – dije sin más, viendo como ese cuerpo salía por la puerta. Claudia era y es mi secretaria, en aquel entonces ella contaba con 28 años y yo con varias de pajas en su memoria, había pensado en bajarle la caña en más de una oportunidad (me miraba con bastante interés) pero yo no quería problemas y menos con una mujer casada. Abstractos en mis problemas, y releyendo los documentos discutiría en la reunión de las nueve, escucho por el intercomunicador la voz de mamá.

– Eduardo, podes venir un minuto, tengo que hablar con vos. – Ya voy – Problemas. Abrí la puerta que separaba las oficinas y como si nada hubiese sucedido le dije: – ¿Que querés, mamá? esperaba el discurso. – Mucho cuidado hoy en la reunión, estos personajes son de cuidado, no era sobre lo de esta mañana, bien, muy bien- y si nos descuidamos, quedamos mal parados. – No te hagas el más mínimo problema, primero que hablen ello y después hablamos nosotros, ¿te parece? – Si.

Sin más que decir, salí, y así pasó el día, cena normal, sin reproches, no vi a Marta así que supuse que estaba en la cocina y por ello Bibiana era quien servía la cena. Luego me enteré que Marta había dejado de pertenecer al servicio doméstico, cosa que me molestó un poco, transcurrido unas semanas, se había incorporado al servicio doméstico Susana, sencillamente era un bombón, y en cuanto la vi me dije, esta murió.

Tres semanas más tarde, un día miércoles, dormía hasta tarde (yo siempre duermo hasta tarde los días no laborables, mamá lo sabía), era feriado y sobre las 11 de la mañana, entró en la habitación Susana, a Susana ya la había pasado por las armas, al entrar yo me desperté al palo como siempre, Susanita estaba siempre en el lugar justo y en el momento justo, salté de la cama la comencé a besar y acariciar, acercándola hacia la cama, en donde comencé a revolcarme con ella, bajé hasta su vagina que lamí con desesperación una vez que acabó (le ponía algo que mordiera a efectos de hacer ruido), le ofrecí mi pija para que la chupara, lo hizo lento de abajo hacia arriba como me gustaba, le dije que se pusiera en cuatro, ella se incorporo me besó y se dio vuelta ofreciéndome su hermosa concha.

Le apoyé la cabeza en la entrada y de un solo golpe se comió los 18 x 6 que calzo, y comenzó un bombeo frenético, estaba a punto de acabar, y se abre la puesta por la cual aparece la cabeza de mamá (esto se estaba convirtiendo en costumbre), miré instintivamente hacia la puerta si dejar de entrar y salir de la concha de Susana, mamá retiró la cabeza, cerró la puerta, mientras tanto, yo había tenido el mejor polvo hasta el momento.

Al bajar a desayunar mamá no estaba, me extrañó, habíamos quedado en jugar un partido de tenis, pero evidentemente lo había suspendido y no me había avisado, vuelta a mi habitación a cambiarme de ropa. Tomé mi Mercedes y salí, mientras pensaba en el polvo que había tenido un rato antes, y llegué a la conclusión que en realidad le había acabado a Susana de esa forma que estaba pensando que me cogía a mamá. Llegué también a la conclusión que necesitaba una veterana a toda costa y no chicas que a lo sumo tendrían 2 años más que yo.

Llamé a mi tío Gerardo y le dije que necesitaba hablar con él, así que fui hasta su casa, saludos efusivos de mi tía luego de lo cual, nos encerramos en la biblioteca, no sin antes mi tío decirle a mi tía que se abstuviera de entrar pues se iban a hablar cosas de hombres, le expliqué lo que me había sucedido:

– Vos debes de ser estúpido, ¿cómo vas a coger en la casa de tu madre? – ¿Y vos nunca fuiste joven, y nunca te volteaste a una sierva? – Sí, pero lo hacía con discreción.- Yo también soy discreto, hace más de 3 años que cojo en casa a escondidas, empleada que llega, si está buena, muere. – ¿Y que queres que haga yo? – Necesito un departamento, bulo, o como se te ocurra llamarlo.- ¿Y?

– Yo no tengo todavía edad para alquilar uno, necesito que alguien lo alquile por mí, pero nadie de la familia debe saberlo, excepto vos.- Yo te presto uno que tengo sin alquilar – dijo mi tío- pero vos te encargas de la decoración y todos los demás chiches, ¿te parece? – Fabuloso, gracias tío. – Vamos, salgamos que si no tu tía puede sospechar, andá preparando algo para cuando llegues a casa, porque tu mamá va a saber que estuviste, no lo sabrá por mi off curse, sino por – y me señalo a mi tía en el jardín – vos sabes cómo son las mujeres.

Llegué a casa como a las 8 de la tarde, era verano recién estaba bajando el sol, al abrir la puerta me encuentro a mamá en la sala, estaba realmente estupenda, saludé y subí las escaleras hacia mi habitación, ya en el descanso de la escalera siento la voz de mamá, me doy vuelta y la veo al pie de la escalera que me dice:

– Eduardo, tenemos que hablar.- ¿Tenemos? pregunte, tratando de poner la mejor cara de boludo.- Si, ¿vas a tardar mucho? – No me ducho y bajo.

Me duché, un rato más de lo acostumbrado pensando en las mil formas diferentes en que me podría recriminar lo que vio en la mañana, como había pensado en mil, decidí no pensar más y bajar. Salí me vestí y bajé. Al llegar a la sala, mamá estaba de espaldas, y pude contemplar su cintura y su culo dentro de ese pantalón negro y pude ver claramente su sostén por blusa blanca, casi transparente, me sorprendí a mí mismo, pensando en mamá como una mujer, como el objeto de mi deseo.

– Mamá – dije ingresando mientras me acercaba al sillón sobre el cual me sentaría. – Eduardo, esto no puede seguir así – Yo pude apreciar como venía la mano así que me levanté y me fui hasta el bar, necesitaba un trago.- ¿Queres tomar algo? Pregunte sin darme vuelta. – Si, lo mismo que vos – Yo casi largo una carcajada, y pensé si vos quisieras lo mismo que yo, no estaríamos en la sala, sino en la cama – Entonces que sean dos los dobles sin hielo, y le acerqué el vaso de whisky – Perdón, que decías mamá

– Eduardo, esta situación no puede seguir así. – ¿Que situación? – No puedo estar cambiando el personal doméstico cada dos o tres meses- dijo mientras daba un gran sorbo a su vaso. – Y por que lo cambias tan seguido, a mí me parece muy eficiente. – Eduardo, no te hagas el estúpido, vos sabes a que me refiero, te bajas a cada una de las empleadas, y no puede ser.

– Mamá, soy un hombre, necesito mujeres, tengo deseos – mientras decía esto vi como sus pezones se iban poniendo erectos) – y por supuesto – tomé un sorbo de mi vaso- no está en mis planes vivir como el caballo a paja y agua, pero quédate tranquila que estoy tomando los recaudos para que esto no vuelva a suceder. – Bien, eso es lo que quería oír.

El problema fue menos traumático de lo que pensé que sería. Tenía ya un departamento y ahora solo me faltaba conseguir una veterana, de la edad de mamá. Cenamos, normalmente, comentamos algunos temas, y por supuesto la reunión con mi tío, le dije que fue sobre una computadora que quería comprar y quien mejor que él que tenía una empresa que se dedicaba a la venta.

Me retiré de la mesa y subí a mi habitación, música, vídeo, algo que me ayudara a pensar, en cómo hacerlo, unos treinta minutos después me recosté sobre la cama y se abrió la puerta de mi habitación, era mamá que venía a darme las buenas noches, me sorprendió como se había vestido, ya que venía con tacos altos, una tanga, un sostén, medias y un salto de cama totalmente transparente, la verdad que estaba más que cogible, me incorporé (al palo) y le dije.

– Si no te molesta, me gustaría que la próxima vez que ingreses a mi habitación tengas la deferencia de golpear a la puerta. – Siempre entro sin golpear, ¿a que viene todo esto? (me dijo mientras desplazaba su vista por todo mi cuerpo deteniéndose justo en donde yo quería que se detuviera).- Vos sabes lo que pasó, y no quiero que vuelva a pasar.

– Eduardo me dijiste que habías tomado recaudos, para que no pasara.- No me refiero – dije casi con enojo – a lo de esta mañana específicamente, pero hay otras cosas como que este desnudo en el cuarto u otras cosas.- ¿Como cuáles? La miré – Oh, ya entiendo. – Me alegro.

El beso de las buenas noches, y salió de la habitación. Yo me desvestí rápidamente, tenía que hacerme una paja o moría.

El departamento que me dio mi tío era estupendo, una buena vista del río (lo que menos me importaba), amplio, así que lo decoré en forma exquisita, junto con una amiga, mi amiga pensó que era para mí, le dije que esto era para mi tío, con lo cual asunto terminado. Me fui a una agencia de contacto (era la única forma de encontrar lo que yo buscaba, una mujer mayor que quisiera conocer un pendejo), el tipo que me atendió me invitó a sentarme y me explicó que eran una agencia seria, responsable, etc. Le expliqué lo que necesitaba, se sacó los lentes y me dijo:

– Nosotros somos una agencia seria.- Me parece excelente, yo busco una mujer mayor que desee establecer relación con un hombre más joven, dígame si la tiene, si o no – dije algo malhumorado. – Déjeme ver que puedo hacer.

Me levanté y me fui. Como a la semana recibo un llamado de la agencia si podía acercarme a la brevedad, al llegar me recibe el tipo y me dice que encontró lo que yo buscaba, me pasó un recibo y una hoja con el membrete de la agencia, pagué, tomé el papel lo guardé y me retiré. En el papel indicaba el teléfono y los horarios de llamada, estos eran todos los días después de las 18 horas, miré ansioso el reloj eran las 15 horas, así que decidí irme hasta casa y ver si podría hacer algo para controlar la ansiedad.

Miraba el reloj cada 10 minutos más o menos (más bien menos), 30 minutos antes de la hora convenida me fui hasta el departamento, llegué 10 minutos pasada las 18 horas, y tomé el teléfono para llamar, marqué y luego de unos cuantos segundos escucho la voz de una mujer:

– Hola… – Hola – dije impostando la voz. – ¿Que desea? – Hablo de parte de la agencia XXXXXXX, ellos me dieron tu número para llamarte.- Por supuesto – dijo, no se pero presentí que su voz había cambiado a una voz más sensual.- Desearía saber cuándo nos podemos encontrar para charlar.

– Debería ser después de las 10 de la noche, el día si querés lo podes poner vos.- ¿Te parece bien esta noche?, ya al palo, imaginando por su voz que era un bombón.- Bien, el día esta cálido y parece que será una noche agradable. – Perfecto, donde te gustaría que nos encontremos.

– Hay un bar en Olivos, XXXXXXXX, ¿lo conoces? – Por supuesto – fantástico, pensé cerca de casa, lugar discreto, si es un loro no hay problemas porque hay poca luz – excelente idea, ¿pero a que hora y como te reconozco? – 23,30 te parece, y decime vos como vas a estar vestido, yo soy tal cual lo pediste según me dijeron.

– Allí estaré – no me gustaba la idea de no reconocerla, pero le dije – me verás entrar con una rosa blanca en la mano derecha. – Chau, lindo. – Chau, linda – Corté, claro que al palo.

Fui a casa, mamá aun no llegaba, me senté en la sala a tomar un whisky y escuchar música, mamá llegó unos minutos después, y le ofrecí tomar algo eran las 19 horas, me dijo que sí y le serví un whisky sin hielo, me sorprendió que se lo tomara de un solo trago, nunca la había visto así.

– ¿Problemas en la compañía? – No, pero te comento que esta noche voy a salir, tal vez regrese tarde, vos sabes cómo son los juegos en casa de Gabriela.- Muy bien, yo también tengo que salir, y lo más probable es que también llegue tarde, Gabriela era una amiga de mamá que estaba refuerte y en más de una oportunidad creí ver en sus ojos miradas de deseo hacia mí. – OK, cuídate.

Cena normal, y subí a mi habitación a cambiarme de ropa, mamá hizo lo propio, alrededor de las 22,45 horas, se vino a despedir de mi, estaba muy bella, con una pollera minifalda pegada al cuerdo y una botas (tipo bucanero), sino fueras mi mamá pensé, Eduardo me voy, beso en la mejilla y salió, noté que estaba al palo, ¡si fuera así la veterana con la cual saldría esta noche!, ese pensamiento más que pensamiento fue un ruego.

Avenida Libertador, y yo sin saber donde estacionar, estacioné cerca como a mí me gusta apenas dos cuadras del lugar de encuentro establecido, al bajar del auto tomé la rosa y me puse en camino, sentía una cierta vergüenza en caminar con la rosa en la mano, si me veían algunos de mis amigos, las cargadas podían llegar a convertirse en infernales, en la puerta miré para todos lados, tomé coraje e ingreso en el bar, el bar es a media luz, mucho no se ve si no se está cerca de la barra que tiene una luz amarilla, me pegué a la pared y comencé a buscar a alguien con las características que yo le había solicitado mientras la vista se iba adaptando a la luz del antro, apoyada en la barra de espaldas a la puerta veo una mujer que podría llegar a tener las características que yo buscaba, me acerco por atrás y cuando estaba como a un metro, esta se da vuelta al verme con la rosa blanca en la mano derecha.

No tengo palabras para describir la sorprendido que estaba, y cuan sorprendida estaba mamá, la sonrisa con la que se había dado vuelta se borró, al igual que la mía. Solo atiné a dar vuelta sobre mis pasos y salir del bar, que ya me ahogaba, mamá atrás diciéndome que la espere, por supuesto que la espere. Una vez en mi auto, lo puse en marcha y salimos rumo a casa, dejamos el auto de ella donde estaba, se sentó cruzando sus piernas en el asiento, mientras yo manejaba y me dijo:

– ¿Que haces acá? – Lo mismo que vos, pero a la inversa, ¿porque lo preguntas? – ¿Y que sabes lo que yo ando buscando?- Tenés razón, no sé lo que andas buscando, pero me lo imagino.- Y que te imaginas.- Nada mamá, nada.

Llegamos a casa y entramos en la sala. Me fui al bar derecho whisky doble de un solo trago y mamá que me dice, y para mí no hay nada, dos whiskys dobles más uno de ellos para mamá y me siento en el sillón cerca de ella.

– ¿Que pasa?, ¿no me pueden gustar ir a un bar y tomar una copa? – Si vas a ser sincera, hablamos y estoy dispuesto a una conversación, caso contrario me retiro a mi habitación. – Está bien, está bien, fui porque me… – ¿Porque mamá?, se breve y concisa.- Porque me había quedado en juntar con un tipo, que resultó que es mi propio hijo.

– Si, ves así la conversación tiene otro color, vos estás buscando un pendejo como yo y yo una mina como vos, así de fácil.- Lo que pasa que he visto cosas en esta casa que…- Los dos sabemos que es lo que has visto.-Y bueno, para serte sincera hace años que no me acuesto con un tipo, y por otra parte te recuerdo que vos también estabas ahí.

– Si, ¿sabes lo que pasa?, que yo se que sos mi mamá pero también te veo como a una mujer y realmente buena. – Eduardo, soy tu madre.- ¿Querés que tengamos una conversación en serio o no queres que tengamos una conversación en serio?- Lo que pasa que es algo cruda.- Pero es la realidad, temes que admitirlo, es así. – Si – dijo casi con un hilo de voz y se puso a llorar, me acerqué aun más a ella a efectos de consolarla.- Bueno está bien, no llores más.

La abracé y comencé a sentir como se me paraba, la cabeza de mamá en mi hombro y yo que miraba para abajo vi como sus piernas esbeltas habían quedado al descubierto y dejaban ver los encajes de sus medias, comencé a darle besos chicos en su cabellera y en sus mejillas, algo se calmó, la tomé en mis brazos y la llevé a su habitación, mientras subía la escalera separó su cabeza de mi hombro y me dijo:

– Eduardo, eres tan amable y gentil – y degenerado pensaba yo, mientras sentía que la pija me iba a estallar en el pantalón, rozó sus labios con los míos, como yo había llegado al final de la escalera la bajé, se paró frente a mí y yo no pude más y la abracé y comencé a besarla, nuestras bocas se abrieron, nuestras lenguas se buscaban con desesperación, yo bajé las manos hasta su culo y la pegué bien a mí, comencé a subir su vestido, tomó mi mano y me dijo: – Vamos, llevándome hacia su habitación.

Al llegar la di vuelta y comencé a besarla de nuevo en forma casi desesperada, le saqué el vestido, quedando con todo su maravilloso cuerpo a mi disposición, la di vuelta y comencé a quitar su sostén, lentamente, besando sus hombros, mientras sentía su mano bajar hacia mi entrepierna, suspiró al llegar a tocarme la pija

– Apúrate – me dijo casi como un sollozo, necesito que estemos en la cama, necesito sentir tu pija dentro mío,

Yo estaba que no creía lo que escuchaba, confieso que esas palabras me hicieron bramar

– Tranquila, disfrútalo – dije yo.

Que en realidad quería que me suplicara que me la cogiera, luego de sacarle el sostén, comencé a pasar mi lengua por su columna desde los hombros hasta llegar a su bombacha que retiré suavemente hacia abajo mientras ingresaba mi lengua en el nacimiento de su culo, cuando la bombacha llegó al piso y pudo caminar, se dio vuelta, me dio un beso y deslizó su manos a mi pecho, tomó la camisa y la abrió de golpe rompiendo la misma, me di cuenta que si yo bramaba de calentura, mamá bramaba mucho más, se agachó, me bajó los pantalones y el slip, mi pija saltó hacia delante una vez liberada de su prisión, mamá la tomó con sus dos manos subió la vista y me dijo.

– He esperado mucho para comerla – y comenzó a pasarle la lengua de arriba abajo y luego se la introdujo toda adentro

Yo comencé un a mecerme mientras que con mis manos acariciaba su cabeza, unos momentos después me agaché y la tomé de los hombros y se incorporó, me besó en la boca y sin soltar mi pija se dio media vuelta y me llevó a la cama. Se tiró de espaldas con las piernas abiertas y yo como un buen hijo me arrodillé entre ellas para beber sus jugos que eran abundantes, subía y bajaba mi lengua por aquella raja que había soñado tantas veces, mamá tomaba mi cabeza y la oprimía contra su concha diciéndome:

– Así, si asíííííí… hijo mío, que bien que me la chupas, seguí no pares.

Cuando escuché esto la paré, la di vueltas y seguí con su culo, un momento más, cuando intentó darse vuelta la empujé para que se quede abajo y me monté en su espalda, poniendo mi pija entre los cantos de su delicioso culo y comencé a acariciar todos su cuerpo, retorcer sus pezones, mientras mordía su nuca y luego acariciaba su columna con mi lengua, yo tenía el control porque había acabado un momento antes en seco, al estar más calmo esto me permitió moverme mejor, transportarla y llevarla al placer que yo quería que obtuviera.

Siento la voz de mamá que un poco más ronca me dice:

– Eduardo, por favor cogeme, cogeme hijo – le di vuelta, y ahora sí, ahora si me la iba a coger como se merecía, y me di cuenta que le encantaba el lenguaje duro mientras se comía la chota que le daba.
– Ahora te voy a coger mamá, ahora – mientras decía esto la iba clavando de a poco en su concha jugosa, indicando con mis manos apoyadas en sus caderas el ritmo – ¿Te gusta cómo te coge tu hijo, putita? – Si, mi amor, nunca me hubiera imaginado que un macho me iba a coger tan, bien, hijo -cada palabra que escuchaba me transportaba, si seguía hablando así yo acabaría en unos segundos más.

– Como me calentás yegua, movete, movete, se la puta que necesito – le dije mientras comencé a dar estocadas en forma oblicua con movimientos circulares, sin soltar el pezón que me había alimentado cuando niño. – Que acaso me vas a decir que Marta y Susana te cogen mejor de lo que te coge tu madre, decía esto mientras cruzaba las piernas sobre mi espalda y el cuero de sus botas se clavaba en mi espalda.- Mamá, vos coges muy bien.- decíamos esto mientras nuestras caderas libraban la una batalla que parecía final, yo no quería acabar hasta ver como acababa ella.

– Nadie – me dijo, y dejó de moverse – Nadie te va a coger mejor que tu madre, nadie, desde ahora esta concha está abierta de par en par, no quiero que desperdicies tu leche en otras mujeres, porque de ahora en más tu madre será tu mujer.- Mamá te voy a acabar adentro – le dije

Yo no me pude contener más, inundé sus entrañas con mi leche, justo en el momento en que ella acababa por segunda vez, saqué mi pija y ella presurosa comenzó a limpiarla con su boca, cuando terminó, yo ya la tenía otra vez al mango, me miró y me dijo:

– Hijo, que feliz vas a hacer a tu madre, si tardas tan poco en que se te pare.- ¿Tanta necesidad de pija tenés? – Necesito que me tapes todos los agujeros, sabes las pajas que me hice pensando en coger con vos, después de verte coger a todas y cada una de las empleadas de la casa. – Entonces date vuelta y ponete en cuatro patas. – ¿Que vas a hacer?- Ya vas a ver, je, más ver vas a sentir – observando a mamá delante de mí ofreciéndome su hermoso y adorado culo.

Le apoyé la mano en la cara interna de sus muslos notando que el encaje de las medías estaba humedecido, y comencé a desplazar la mano hasta la concha donde se estaban corriendo los jugos, unté mi mano con ellos y comencé a desplazarlo hacia su ano cuando estaba bien lubricado.

Le apoyé la punta en el ano, se quiso dar vuelta, no se lo permití y me dijo:

– ¿Que vas a hacer? – Ahora realmente te voy a culear, te voy a hacer el culo, mamá.- Hijo, hace mucho que no me hacen el culo.- Es hora de que alguien te lo vuelva a hacer mamá.

Con lo cual retiré mi pija que había apoyado en su culo y comencé a masajear con mi dedo, relájate le dije, y se comenzó a aflojar su ano con lo cual en unos momentos el dedo entró sin problema, así que traté de introducir otro más, cuando lo pude lograr, nuevamente le acerqué la punta de mi pija, que estaba a punto de estallar hasta su culo, y tomando a mamá de las caderas la atraje hacia mí.

– Paraaaa, déjame descansar un segundo – yo tenía dos o tres centímetros adentro y no sabía cuánto más podía aguantar- decidí dar la embestida final, y le pregunté: – ¿Lista?- Si, pero Eduardo, despacio.

Me ubiqué un poco mejor, con firmeza la atraje, de una sola embestida hasta la mitad:

– Hijo de Putaaaa, ¿Como me haces esto? – Cállate la boca y seguí culeando, no te das cuenta de cómo te estoy gozando, como estoy gozando de la mamá tan puta que sos, cuánto tiempo hemos perdido yegua.

– Si siento como me gozas, siento como gozas de lo puta que soy – decía esto mientras yo ya no me movía ella quien se movía frenéticamente corriendo su culo a lo largo de toda mi verga, estaba como poseída yo no podía creer que esa mujer era tan ardiente.

– Si sos bastante puta.- Como seré de puta que me estoy culeando a mi propio hijo.- Si pero movete más sacame la leche, mamá.- Si, dame más, dame, más hasta el fondo, guacho.- Tómala toda, mamá – le dije y de otra embestida hasta el fondo – sintiendo su culo ajustarse contra mi pelvis.

– Papitooooo…, que bien que se siente tu chota hijo, acábame adentro tírame tu leche en el culo.

Estaba recaliente y eso me transportaba al cielo, verla revolverse como, y entendí que el lenguaje sucio le volvía más loca todavía.

– Sos una yegua en celo, una puta, que te haces culear por tu hijo.- Quiero ser tu hembra, tu mujer.

– Yo voy a ser el macho que necesitas, no te preocupes de eso, si chota es lo que queres chota es lo que vas a tener, pero por favor acaba que no doy más.- Si papito dame la leche, dale la leche a tu madre hijo.- Toma mi leche mamá, tómala toda- Decía esto entre espasmos mientras caía recostado en su espalda.

Luego de fumar un cigarrillo, me fui al baño, eran las 2 de la mañana, por lo visto mamá estaba para otro encuentro, con lo cual vino al jacuzzi que hay en su baño, ya sin sus botas ni sus medías y me dijo:

– Puedo – pasándome una botella.- Por supuesto, respondí – mientras tomaba la botella de champagne para abrirla, mamá se sentó a mi lado con las dos copas y completamente desnuda, yo aun no asumía lo que había pasado, me había culeado a mi propia madre y estaba bastante tranquilo, destapé la botella y serví las dos copas, mamá alzo la suya y me dijo: – Eduardo, ¿que pensas de mí?, dije muchas cosas y las dije sin pensar, disculpame, pero es que siento que estoy enamorada de vos, que locura enamorarme de mi propio hijo.

– Mamá, me hiciste el hombre más feliz del mundo, yo estoy enamorado de vos, estoy enamorado como la real hembra que sos – mamá me dio las gracias y se incorporó y se paró en el jacuzzi, apoyó sus manos en los laterales, giró su cabeza y me dijo: – Clávame, culeame otra vez, mi amor, necesito chota, tu chota, la chota de mi adorado y querido hijo.

Yo me levanté y me puse detrás de ella, tomé la botella y comencé a efectuar una cascada de champagne en su culo y su concha mientras chupaba con desesperación los jugos de mi madre mezclados con la bebida.

– Assííííííí, sácame todos los jugos, así papito así, Edu Culeame, culeame ahora, cogete a tu mamá, decime soy la puta que buscabas, decímelo.- Si, me encanta culearte y sos más puta de lo que esperaba.- Cogeme Eduardo, Cogeme durante toda la vida, mi amor.

Es el día de hoy, tengo 35 años, mamá tiene ahora 49, se mantiene muy bien ya que a los 25 yo tomé las riendas del negocio, y ella solo de dedica a cuidarse (su cuerpo es su religión) y a ser la envidia de más de una treinteañera, porque ella solo busca estar hermosa para su macho, es decir, para mí.

Autor: Eduardo

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Le puse los cuernos por los relatos

Lo estaba cogiendo a mi gusto, él me amasaba los senos y no dejaba de besarme yo recorría todo lo que alcanzaba de su cuerpo, tomó mi cintura haciendo más largos y profundos mis movimientos, que diferencia con el mete y saca de mi marido, sentía en las paredes de mi vagina cada vena de su verga, cada gota que salía de su cabeza mientras mis flujos ya habían llegado mis rodillas.

Hola amigos, mi nombre es Sonia Muñoz Hernandez soy nueva en esto de escribir relatos pero quiero platicarles algo que me sucedió en un mes de diciembre. Soy una mujer casada de 32 años tengo 3 hijos, soy más bien bajita pero de un cuerpo muy sabroso, cachondo y sensual, mis medidas son 90-60-99 vivo en alguna ciudad cuyo nombre no quiero mencionar

Mi mente, mi cuerpo y mi vida han estado viviendo una dualidad por muchos años ya que por un lado me criaron con una disciplina donde todo lo relacionado al sexo era malo y pecado, por otro lado soy de una personalidad muy pero muy caliente, al tener estos dos hechos en mi vida pues se creo una dualidad donde por un lado deseo y necesito mucho sexo del más fuerte y perverso y por otro lado me detiene mi crianza de pecado hacia el sexo.

Me casé muy joven a los 19 años con mi novio de casi toda la adolescencia, ya casados y después de muchos años de tener sexo con mi esposo no me satisfacía lo suficiente, era bonito por el amor que le tengo y por ser mi pareja desde hace mucho tiempo, pero por otro lado él siempre me trataba con mucha suavidad en la cama y yo pues realmente necesitaba que fuera más rudo y audaz y me poseyera como lo deseaba, de ahí venía mi insatisfacción, total que mi sexualidad fue evolucionando poco a poco, no lo con la rapidez que yo hubiera deseado pero al fin, tanto va el cántaro al agua hasta que le gusta (no es así el dicho, pero en mi caso se acomoda mejor), total que me fue gustando las diferentes facetas del sexo y se fue despertando mi sexualidad y real personalidad.

Siempre he tenido suerte para que me persigan los hombres, me halaguen y reciba todo tipo de frases y propuestas, con el tiempo fue aflorando en mi la necesidad de escuchar cosas que me hicieran sentir cachonda y putona al punto que me seducían las palabras sucias que me decían en la calle, al recibir propuestas sexuales por hombres atrevidos mis piernas temblaban pero mi concha se mojaba, en esos momentos la calentura me entraba por los oídos pero siempre me detuve por mis principios “morales”.

Se me fue haciendo un vicio el escuchar todas esas cosas sucias que los hombres dicen de tal forma que ya buscaba con la mirada para provocar que me dijeran cosas que tanto me calentaban, y continuaba mi evolución…

Mi esposo viaja mucho por cuestiones de su trabajo (donde lo habré escuchado?) pero siempre nos quedamos tranquilos ya que vivimos en una colonia que es una privada rodeada de altas paredes y con una sola puerta de acceso que esta custodiada en una caseta por vigilantes que se van turnando cada dos días, de esta manera pues siempre estamos seguros por que en la entrada de la colonia se deben registrar todas las personas que quieren acceder a la colonia y que no son residentes de la misma, la vigilancia esta las 24 horas del día, cerca de la caseta de vigilancia hay un pequeño parque interior donde los niños se juntan por las tardes a jugar.

Debido a las largas ausencias de mi esposo, pues me atiende muy poco en la cama, menos del que necesito, pero aun así fue despertando la puta que llevo adentro a pesar de su abandono. Me fue gustando el sexo oral (profundo, tanto que ya me considero una real garganta profunda) y más rollos que en su momento se los platicaré.

Mi esposo comenzó a traer a casa diversos juguetes sexuales que me encantaron pero nunca los usaba cuando estaba con él, siempre le decía que no me gustaban y que lo prefería a él (todo por causa de mi dualidad, pero me servían para calmar mis ansias cuando estaba sola), pero claro que los usaba, mi preferido siempre fue un vibrador con adornos de un delfín, este estaba compuesto de el falo recubierto de perlas que giran al encenderlo y un pequeño delfín en la base del vibrador que hacía pulsaciones sobre mi clítoris de una forma deliciosa, este juguete en especial fue el que más compañía me hizo durante las largas noches de soledad, le tenia que cambiar pilas continuamente y en ocasiones llegué a despertar a su lado (je, je, je)

Después de los juguetes sexuales comenzó a enviarme relatos a mi cuenta de correo, recuerdo que el primer relato que me envió lo leí en la oficina, fue de una chica que prestó sus servicios sexuales prostituyéndose, la forma como estaba estructurado el relato para mí era una sorpresa, palabra tras palabra mi mente no lo podía asimilar, en particular esa ocasión sentí que la silla donde estaba sentada leyendo el relato se alejaba y se acercaba y todos mis sentidos estaban embotados, no podía dejar de leer y comencé a tocarme los senos y mi calentura se fue a mil o a un millón, estaba hipnotizada leyendo y cuando lo terminé no me pude contener y me masturbé riquísimo, esto no me tranquilizó por lo que tuve que salirme a la calle a recibir aire fresco, me sentía una sucia y vulgar como si yo misma hubiera sido la chica del relato sentí que mis feromonas se podían oler a varios kilómetros por que todos los hombres me volteaban a ver de una forma irresistible para mi, después de los relatos mi esposo comenzó a leérmelos cuando él estaba fuera de la ciudad y me hablaba por las noches para ver como estaban las cosas de la casa.

El primer relato que me leyó fue de un matrimonio donde el esposo queda paralítico y la santa esposa después de tiempo estaba a una temperatura no normal y acaba cogiendo con el jardinero y después de ahí se desata y comienza a salir de cacería  (yo estaba calentísima escuchándolo) mientras me lo relataba comencé a masturbarme y a pasar mis manos por todo mi cuerpo fue tanta la excitación que tuve que me vino un orgasmo riquísimo como nunca lo había sentido, y mi esposo (bueno ahora mi cornudo esposo) quitado de la pena siguió leyéndome el relato mientras yo estaba viniéndome y sin poder hablar y con mis manos acariciándome fuertemente mi clítoris.

Después de conocer los relatos escritos y narrados mi mente estaba siempre pensando en sexo a todas horas, hasta que un día le dije que ya no mandara nada ni me relatara por que si no iba a responder de mi, y como siempre el cornudo obediente cesó toda forma de envío, después de unos días me di cuenta que necesitaba volver a escuchar o leer algo que hiciera encenderme, y el fatídico día (bueno fatídico para él y lujurioso para mi) 29 de diciembre (sábado por la noche) me llamó para decirme que llegaría hasta el día siguiente por que tenía mucho trabajo y etc. etc. Ese día le dije que me platicara algún relato y el maldito se estaba haciendo rogar acordándome que yo le había pedido que ya no relatara nada, y fue cuando me dijo que le podía ofrecer para poder leerme algo esa noche, después de mucho pensarlo (como 3 segundos) le dije que si me lo relataba saldría esa misma noche a seducir al vigilante que estaba de guardia en la caseta de la entrada de la colonia, la propuesta fue seducirlo y regresarme dejándolo súper caliente.

Mi esposo aceptó de muy buen agrado pensando que no me atrevería a hacer nada, total comenzó a contarme un relato donde una adolescente, que realmente se comportaba como una zorra, seduce a un nuevo cura que llegó al pueblo, durante la trama del relato la chica pasa por muchas dificultades para lograr su objetivo pero no se rendía y hasta que llegó el día que logró su objetivo, me quedé admirada por la persistencia de la chica (yo se que tal vez fue una fantasía irreal pero en ese momento para mi era una heroína), cuando terminó el relato me retó a cumplir con mi palabra, a esas alturas del partido yo estaba dispuesta a llegar a todo así que le dije que cumpliría y colgamos.

Como yo ya estaba acostada en mi camita me levanté y comencé a vestirme de la siguiente forma, me quité la ropa que traía puesta (solo traía puesta mi tanga de hilo dental) y me puse un pantalón negro de lycra, los acompañé con unas botas también negras que me llegan justo debajo de la rodilla, arriba me puse una blusa cuyos tirantes se anudan por la nuca y no me puse sostén para sentirme más putona, como esa era una noche particularmente fría tomé una chamarra que tiene una gorra rodeada de peluche, me vi en el espejo y pensé “vaya puta, debes de cumplir tu palabra y gozar lo más que se pueda”, ya a esa hora mis hijos estaban dormidos, así que salí de la casa sin hacer ruido y comencé a caminar por la calle que lleva directo a la caseta de vigilancia, en la noche solo se escuchaban mis tacones que hacían contonear mis caderas más de lo que yo quisiera, mientras iba acercándome a la casete mi concha comenzó a mojarse y lo podía sentir por mi pantalón que estaba humedeciéndose.

Mientras iba caminando estaba pensando quien estaría en la caseta ya que como les había comentado los vigilantes se turnan cada 2 días y en total hay cuatro vigilantes diferentes para cubrir toda la semana, de ellos hay dos chicos guapetones que no estaría mal que estuviera uno de ellos, el tercer vigilante es un señor que tiene cara de pocos amigos y nada agradable, el cuarto vigilante es ya un señor de muy avanzada edad, no sabía quien estaría pero poco me importaba el relato había logrado calentar mis oídos y no podía escuchar nada ni pensar tampoco.

Cuando llegué a la caseta de vigilancia estaba obscura por ser ya muy tarde, no podía ver nada hacia adentro a pesar de contar con amplios ventanales, así que toqué la puerta muy lento deseando que nadie abriera, pero la tercer vez que toqué se abrió la puerta y…

Me saludó el vigilante más guapo de los cuatro, su nombre es Noe y agradecí a todos los dioses del olimpo por mi suerte, siempre me han gustado los hombres que portan algún tipo de uniforme tal como militares, policías, etc. Con la calentura que estaba cargando me pareció todavía más apetecible, me invitó a pasar a la caseta ya que el frío estaba muy fuerte en la noche y preguntándome en que me podía ayudar, él comenzó a recoger algunas revistas que estaban tiradas por el piso y le dije que tenía un problema y si me podía ayudar, me dijo que si, que lo que fuera necesario, yo me sentía como una zorra frente a su presa a punto de saltarle encima y le dije que no podía dormir y que solamente había dos cosas que podrían ayudarme en ese momento a lo cual me contestó que lo que fuera necesario él lo haría.

Le dije que una de las cosas que podía hacerme dormir era una coca cola y que si podía el ir a alguna de las tiendas que abren las 24 horas ya que yo no contaba con automóvil ese día, le dio mucha pena y me dijo que no podía dejar su puesto porque lo reprendenderían ya que durante todo el día hay patrullas haciendo rondines para verificar que los vigilantes estén alertas y en sus puestos, le dije que entonces me iría caminando hasta encontrar una tienda abierta, él me detuvo haciéndome notar que por la hora y por la lejanía en que se encuentra la colonia no era muy seguro salir a la calle y que mejor esperáramos a que pasara un taxi para pedirle que nos trajera lo que necesitaba y le dije que estaba bien, no sabía como seguir con mi seducción por lo que tomé asiento mirando las cosas que tenían por ahí todas regadas y comenzamos a platicar de su vida, comentándome que tiene 22 años y que estaba yendo al gimnasio, y que hacia poco había ganado un concurso de posar músculos (la verdad me saboreé ese cuerpo aun que no lo había visto bien aun) a todo eso él recordó que le había dicho que dos cosas podían ayudarme y preguntó por la segunda cosa a parte del refresco, le dije que la segunda cosa era… hacer el amor, increíblemente él comenzó a temblar de todo su cuerpo y entablamos el siguiente dialogo, palabras más palabras menos

– ¿De verdad? –  Si claro eso puede ayudarme también y además me gusta más. – No lo puedo creer, ¿usted estaría dispuesta? –  Si, es por cuestiones médicas que necesito alguna de las dos cosas. – Pero, pe..ero, p..er..ro, no esto no puede ser posible, usted es una señora hermosísima y cada vez que pasa por la caseta de camino a su casa siempre me quedo admirándola por su belleza. –  No pasa nada te prometo que nadie lo sabrá. – No, es que no puede ser posible.

A todo esto él seguía temblando de una forma increíble no podía controlarse, sus palabras se atropellaban y yo fui ganando confianza al ver su reacción.

– Señora por favor déjeme tomar un poco de aire aquí en el parque (que está como a unos 10 metros de la caseta)

Lo vi alejarse golpeándose la cabeza y se veía que estaba hablando él solo tal vez convenciéndose de que todo estaba sucediendo de verdad, como a los dos minutos regresó y yo pensé que ya había cumplido con mi palabra y le dije que ya mejor me iba a mi casa, él me tomó fuertemente del brazo (mmmm, como me gusta que me sometan) y me dijo que no, que ahora no lo podía dejar así.

A lo cual me tomó de la cintura y empezó por besarme muy lentamente en mi boca, yo tenía mis brazos sueltos a los lados de mi cuerpo sin hacer nada más que seguir correspondiendo a su beso, poco a poco fue ganando más confianza y comenzó a acariciarme los senos de una forma muy rica y a pasar su manos por mis nalgas y todo mi cuerpo, mi cuerpo en ese momento se desconectó de mi mente, y sin que me diera cuenta ya estábamos dentro del baño de la caseta y con la puerta cerrada, él encendió la luz del baño y sin dejar de besarme y acariciarme me quitó la chamarra violentamente, desamarrando los cordones de la blusa que estaban en mi nuca yo seguía sin participar realmente mucho, cuando bajó mi blusa dejando al descubierto mis senos él comenzó a mamármelos y en ese momento me dije, Sonia pues ya estás aquí y pues ya no hay salida (del cornudo de mi esposo ni me acordé en ese momento) empecé a acariciarle la cabeza y a revolverle todo el cabello mientras me mamaba ricamente, mientras sus manos recorrían por completo todo mi cuerpo deteniéndose especialmente a sobarme mi concha sobre el pantalón, dejó de chuparme recargándome en una de las paredes y puso mis manos en sus pechos mientras él comenzaba a desabrocharse la camisa y yo se los acariciaba comprobando que realmente hacía mucho ejercicio.

Al voltear hacia abajo pude ver un bulto de considerables dimensiones en su pantalón formando una carpa, cuando él vio donde tenía mi mirada me acercó su macanota de carne a mi muslo pudiendo sentir todo el calor de su cuerpo haciendo movimientos como si me estuviera violando el muslo mientras pasaba toda su lengua por mi cuello. La manera tan violenta y fuerte de tratarme me tenía entusiasmada y no podía dejar de gemir como una perra en celo ante su macho, no resistí y comencé a frotarle su gran verga sobre el pantalón mientras su boca había llegado nuevamente a mis pechos estrujándolos y maltratándolos de una forma deliciosa, de pronto dejó de acariciarme y tomándome de los hombros me sentó en el inodoro, yo sentí que estaba en una nube y entre la bruma lo vi desabrochándose el pantalón bajándolo hasta las rodillas y pude admirar una verga de gran dimensión con el tronco cubierto de venas que parecían a punto de reventar, tiene unos huevos grandes y duros como del tamaño de pelotas de tenis, la cabeza de la verga la tenía mojadísima y asomaba por el hoyuelo una gota que líquido que me invitaba a saborearla.

No hubo palabras de ninguno de los dos, nos vimos a los ojos y mi mano automáticamente subió hasta su gran verga como si toda la vida lo hubiera hecho encontrando ella sola el camino, cuando la tuve entre mis manos la pude comparar y honestamente era más grande y gruesa que la de mi esposo, con el dedo pulgar tomé la gota traviesa y llevé el dedo a mi boca para saborear su esencia de macho, al probar el líquido, mi boca no se pudo contener acercándome rápidamente a mamársela con la maestría que había adquirido con el tiempo, primero me concentré en la cabeza para extraer todo el líquido que pudiera y él comenzó a gemir como todo un macho ante su hembra, le pasé la lengua desde la base de la verga y recorriendo todo su palo, sabía a sudor, a excitación, a deseo, a morbo, a lujuria, y ya no pude detenerme y comencé la felación más rica que he hecho hasta el día de hoy, él me sostuvo de la cabeza marcando el ritmo a su gusto y yo me dejé llevar.

Cuando sentí que estaba próximo a la eyaculación aceleré los movimientos de mi cuello para sentir su esperma en la boca, pero repentinamente él me detuvo por la frente y yo trataba de sacar mi lengua y haciendo fuerza para regresar al lugar de mi deseo, pero él me levantó y volteándome hacia la pared me puso una mano en mi espalda para evitar que me moviera, mientras con la otra mano comenzó a bajarme el pantalón, ¿yo? ayudándolo con mis manos y piernas a bajarlo más rápido, cuando lo bajó me acordé que no había traído condón pero en ese momento ya no me podía detener por esas pequeñeces, además él no me habría permitido moverme de esa pared donde me tenía aplastada con sus poderosos brazos, se acercó hacia mí con su verga durísima y pidiendo guerra, metió su palo entre mis piernas desde atrás, las piernas no podía abrirlas mucho por que aun tenía puestas las botas y el pantalón a las rodillas, sin meterlo comenzó a hacer movimientos hacia atrás y hacia delante que me volvían loca.

Imagínense yo la señora casada y madre de tres hijos, con un esposo que se mata trabajando y yo en el baño de esa caseta de vigilancia con la blusa enrollada en la cintura, las botas puestas, el pantalón a las rodillas, y con un macho tras de mi, no pude aguantar y tomando con mi mano su verga la introduje en mi concha en la misma posición en la que estaba, él al sentir que me estaba empalando dio un golpe seco de sus caderas metiéndola hasta el fondo y comenzó un mete y saca brutalmente rico, yo sentía que salían chispas de mis nalgas por la fuerza y le velocidad a la que lo estaba haciendo, comencé a sudar y a gritar como loca, él con su mano me tapó la boca para silenciarme pero sin dejar el ritmo de zamba que tenía su cuerpo, no se cuanto tiempo estuve así ni recuerdo cuantos orgasmos llegue a tener en esa posición, pero sentía que no existía el tiempo ni el espacio, solo sentía a mi macho tras de mi regalándome todo el placer del mundo.

Llegó un momento donde él dejó de moverse sin salirse de mi y comencé a bajar del cielo (o a subir del infierno, no se donde estaba) él se sentó ahora en el inodoro y me atrajo hacia si con fuerza (vaya ya se le estaba haciendo costumbre esos jalones) en esa posición me quitó una de las botas sacándome el pantalón de esa pierna por lo que quedé con una bota puesta y el pantalón de esa pierna y la otra pierna sin nada, él me obligó (bueno yo también quería sentirlo) a sentarme sobre su palo del demonio y ahora era yo la que lo estaba cogiendo a mi gusto y a mi velocidad que también era muy rápida,  él mientras me amasaba los senos al tiempo que no dejaba de besarme y yo de recorrer todo lo que alcanzaba de su cuerpo, él tomó mi cintura haciendo más largos y profundos mis movimientos (que diferencia con el mete y saca de mi marido) yo sentía en las paredes de mi vagina cada vena de su verga, cada gota que salía de su cabeza mientras mis flujos ya habían llegado mis rodillas.

Cuando me percaté de esto arrecié mis movimientos, quería sentir su leche hirviendo dentro de mi, quería que su volcán derramara toda su lava para consumirnos en el fuego de la lujuria, utilicé los músculos de mi vagina para prácticamente succionarle la verga y de pronto comenzó a explotar dentro de mí y me dejé caer completamente sobre él, no les miento pero en ese momento su pene creció aun más dentro de mi y podía sentir como sus lechazos llegaban hasta mi útero directamente, yo también tuve un orgasmo muy intenso que hizo que mi vista volviera a nublarse me di cuenta que los dos estábamos a grito abierto, después de sentir no se cuantos disparos de su arma más peligrosa dentro de mí, retornó un poco la calma, recostándome sobre su cuerpo sudado y fundiéndonos en un solo cuerpo yo seguía dándole latigazos suaves con mi concha para sacarle todo su esperma mientras nos besábamos.

Cuando recobramos la respiración, en silencio comencé a vestirme, me subí el pantalón, me puse la bota que me faltaba, me anudé nuevamente la blusa y me puse mi chamarra, lo volteé a ver y se veía lindísimo ahí sentado, todo sudado con su verga mojada y todavía erecta, su vientre y piernas llenas de mis jugos y con la camisa desabrochada y toda arrugada por el esfuerzo que hicimos, le aventé un beso con mis manos y salí de nuevo al frío de la noche.

En la calle todo era silencio y me puse a andar para mi casa, sentía el cansancio de cada uno de mis músculos después de la batalla donde no hubo vencedor ni vencido, solo hubo placer, sentía como la leche comenzaba a salir de mi concha, la cual estaba un poco adolorida pero satisfecha como su dueña, y pensé que había cumplido con mi palabra, al llegar a mi cama me desnudé completa me acosté e increíblemente dormí como una bebé.

Fin.

Espero sus comentarios, sus felicitaciones y críticas.

Autora: Sonia Muñoz Hernandez

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Sodomizando a Sonia

Nuevamente sus palabras, ahora me comes el culo, mira toda la leche que hay allí, mientras me tocaba los huevos. Eso me quitó la posibilidad de aguante, cuando noté que ella se venía, saqué mi verga de su culo, se la puse en su coño y la bombee hasta que exploté en sendos chorros de leche que ella sintió, mientras su concha, su coño, me atrapaba la verga y la succionaba.

Tengo ganas de compartir algunas de mis aventuras, ya que he visto que muchos lo hacen y quizás al escribirlas las pueda ir rememorando a través del tiempo. Les adelanto que no soy un superdotado, no tengo una polla de 20 cm, ni soy un galán de cine. Mido 1.73, ojos verdes oscuros, tez blanca, peso 68 kilos y apenas he pasado los 40.

Mi recuerdo se ha ido a unos años atrás, cuando tuve que viajar por trabajo a otra ciudad. Obviaré nombres y datos particulares. Allí me recibieron aquellos con quien iba a negociar, un binomio ejecutivo, integrado por hombres maduros, avezados y un tanto aburridos. Toda la mañana y parte de la tarde nos pasamos hablando de negocios, hasta que llegó la hora de retirarnos y uno de ellos, él más joven me dice que pensaba hacer en la noche. La verdad que nada le dije y me invitó a cenar en su casa, al igual que a su socio, el cual se disculpó por no poder ir.

Acepté, la vedad que a regañadientes, pero era parte del circo profesional. Quedamos para las 8 PM, a lo cual fui puntual de manera que todo terminase rápido. Al llegar me encuentro con un edificio muy lujoso. El portero me abre la puerta principal y me indica el camino. Cuando llego al piso una mucama me atiende y me hace pasar. Inmediatamente una mujer rubia, de unos cuarenta y tres o cuatro años se presenta.

Era la mujer de este tipo, la verdad una hermosa hembra, ojos azules, boca delineada, unas tetas grandes metidas en un vestido negro y una cintura con un hermoso culo. La saludé y me dijo que su marido ya venía, si deseaba tomar algo, le agradecí y me quedé mirándola. ¡Me gustaba! Mientras su marido no venía le saqué conversación, hacia casi 15 años de casados, tenían dos hijos estudiando en la capital y ella era presidenta de una obra benéfica. Al rato llegó el marido y la ignoró, tanto que ella se fue quedando a un lado.

Pasamos a un bar donde tomamos algo y él hablaba y hablaba, pero yo solo la miraba a ella de reojo. Estaba hermosa, era una mujer madura, deseable. En un momento le dije por que no hablábamos de cosas para que ella, Sonia, pudiera incorporarse a la conversación, a lo que el tonto gordo dijo que las mujeres y los negocios son incompatibles. Ante esa idiotez le pregunté a ella por su obra y comenzó a hablarme.

Era muy inteligente, vivaz y sumamente agradable. Estaba sentada y sus piernas cruzadas, le veía el tajo de su vestido que mostraba unas piernas bien plantadas sin medias, pero muy formadas. Su escote me dejaba ver un par de tetas considerables y sin duda hermosas en su desnudez. En un momento, luego de la cena, suena el teléfono y era para él la llamada. Le digo a Sonia, en un arrebato de locura, eres una mujer inteligente, abnegada con tu obra y muy hermosa.

Ella me mira y me dijo gracias, es un halago que me hace, ella le dice que irá al departamento de su mamá que está en la otra torre, para ver como está todo, mientras su madre estaba en la capital con su hermano. Bajamos los tres juntos. Ella hace un ademán a su marido y me da la mano a mí mientras sale del edificio, él va hasta el subsuelo a tomar su auto. En ese momento le digo, disculpa pero prefiero caminar, le doy la mano y salgo como aire del ascensor. Atravieso la puerta y busco la figura de ella.

La veo casi a veinte metros. La sigo, acelero mis pasos, hasta que me quedo cerca y le digo, que rápido vas. Entonces se da vuelta, me mira y me dice… ¿y tú, a donde vas? Pues no sé, pero si no te importa sigo unos pasos contigo. Claro que no pero, me quedo acá, era la puerta de un edificio donde vivía su madre. Bueno entonces seguiré solo. Ella me mira, queda un segundo en silencio y me dice no sé si hay café en el departamento. Le dije no importa, mientras ya estaba con ella abriendo la puerta del edificio y un vigilante corría raudo a abrir.

Llama al ascensor. Subimos en el y por el espejo la miro, era hermosa y estaba con sus mejillas sonrojadas, vi que marcó el piso veinte. No hablábamos, entonces, me acerqué a ella, le dije, me gustas, y le di un beso en los labios. Me sacó la cara enseguida, se apartó. Fui hacia ella, le dije, vine hasta acá porque me gustas, la tomé por la cintura y le besé en los labios pero ahora con mi lengua.

Ella quiso apartarse, pero la abracé, cuando noté la timidez de su lengua rozando la mía supe que esa hembra estaba tan caliente como lo imaginaba. Toqué su culo por encima del vestido, lamí su boca hasta su garganta, gemía en el beso. Era ardiente, nunca sentí tanto calor en una mujer al besarla. Le besé los pechos en medio y los mojé con mi saliva.

El ascensor se detuvo, llegamos al piso, ella bajó, yo detrás. Puso la llave, entramos, apenas lo hice cerré detrás de mí la puerta y la llevé de improviso contra una pared. La besé en los labios, se los mordí, gemía como una loca, le levanté el vestido mientras acariciaba su culo, sus piernas, todo era tremendamente excitante, sexual.

Ella me abrazaba con locura, se movía con su vientre a cada toque mío de su coño y gemía, gemía como jamás había visto gemir a una mujer. Me aparté unos pasos y la contemplé, estaba con sus bragas metidas en la raja de su agujerito, se tocaba los pechos, sus ojos entrecerrados y su boca semi abierta. Me fui hacia ella, metí mi lengua en su boca, comencé a bajarle el vestido, apenas toqué su cierre trasero ella misma hizo los movimientos para quitárselo.

Quedó en corpiño y bragas, unas tetas espléndidas, para su edad, medianas casi grandes, que enseguida liberé y dos pezones marrones, parados, excitados saltaron al aire. Los besé con mis labios, los lamí con mi lengua, en tanto ella solo gemía y decía, chúpalos, por favor chúpalos. No solo me ocupaba de sus pechos, en forma casi inmediata fui bajando sus bragas pero con ellas yo. Iba descendiendo con mis manos y flexionando mis piernas hacia abajo, pasé por sus pechos, los lamí.

Llegué a su vientre, lo mojaba con mi lengua, hasta que encontré los pelos de su pubis y con ellos jugó mi lengua. Ella movió sus piernas para que las bragas quedaran en el piso, pero yo solo me concentré en su concha, su coño, húmedo, abierto, latiendo, entonces le besé, se estremeció. Volví a besarlo, gimió, metí mi lengua en él, se la giraba entre su clítoris y sus labios interiores, se corrió.

Sus gemidos eran tremendos y sus palabra como hacía que mi polla de 17 cm pareciera de ¡cien! Me levanté, la levanté a ella, estaba mojada, rocé sus piernas, tenía todos sus jugos en ellas, la llevé a la alfombra, la acosté puse sus piernas en alto tocando sus talones las nalgas y comencé a lamerle de nuevo su coño. Gemía, gemía, pasaba mi lengua por su culo, y volvía a su coño. Subí hasta ella y le clavé de un golpe la pija, la penetré hasta el fondo, sentí como se abrían sus paredes, su gemido fue inmenso. El mío también, porque sentí como mi verga se comía aquella concha, un coño empapado en jugos y saliva. Llegué a su boca, la besé con mi lengua.

Sus gritos debían de oírse desde el pasillo, sus pedidos de fóllame, ponla toda dentro, hazme lo que quieras, siento que me follas, que me matas de placer me voy a correr en tu verga, te la voy a dejar llena de mi lechita. Sus palabras eran lascivas, calientes como sus mejillas que estaban sonrojadas. Salí de ella, la di vuelta, levanté su cola y se la clavé de nuevo en su rajita húmeda mientras mis manos tocaban su culo.

Fui poniendo un dedo en él, ella solo gemía, fui besando su espalda, antes de correrme puse mi pija, en la puerta de su culo. Lo que sucedió me dejó perplejo, ella misma se la introdujo, hizo un fuerte movimiento hacia atrás y con sus manos me tocaba los huevos hasta que yo solo pujé, entonces ese enorme y hermoso culo se comió mi pija entera.

Debo de reconocer que no estaba tan abierto como pensé, pero su calentura y la enorme lubricación de mi verga, hicieron que entrara pese a que noté que algo debe haberle dolido. Fueron segundos, instantes, décimas porque inició nuevamente sus palabras, ahora me comes el culo, ahora me la das por detrás y mira toda la leche que hay allí, mientras me tocaba los huevos.

Eso me quitó la posibilidad de aguante, por ello cuando noté que se venía ella de nuevo, saqué mi verga de su culo, se la puse de nuevo en su coño y la bombee con todas mis fuerzas hasta que exploté en sendos chorros de leche que ella sintió, mientras su concha, su coño me atrapaba la verga y la succionaba.

Se salió de su posición, se puso a mi lado, tomó mi verga y la lamió, aún tenía leche en su punta y la lamía y tomaba con todo el placer del mundo, puso sus manos en su coño, mi leche le caía, así la recibió y lamió sus manos.

Terminado eso se recostó a mi lado, me dio un beso en los labios y me dijo al oído, esta follada me la estaba reservando, el cabrón de mi marido no me folla desde hace meses y cuando lo hace solo se corre y se duerme encima de mí. Se rió, fue al baño, miré su culo desde atrás y recordé que ya era tarde.

Espero les guste, fue una de las mujeres que más recuerdo.

Para ti Sonia, donde quiera que estés.

Autor: Onlyman43

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Mi hermano y Evangelina

Me shoquea el alarido de placer de esa hembra desbordada por el deseo y el orgasmo que la está inundando junto con la leche de mi hermano que debe estar corriendo como un río de lava en su interior, aturdida por los gritos y alaridos de los dos que están sumidos en una descontrolada eyaculación…me invade un orgasmo en el que me dejo caer hasta quedar casi inconsciente.

Mi locura sexual con mi hermano Guillermo se desató porque… él… es un adonis. Morocho, casi moreno, a los 22 años tiene un cuerpo musculoso y viril de un hombre de 26 ó 28; como consecuencia de muchos años de jugar buen vóley, su aspecto es el de un deportista de alta competición. Su metro ochenta y siete de altura lo hace imponente cuando camina por el departamento que compartimos. Para colmo, lo copa andar todo el día solo con sus adorados slips strech brasileros, que usa también en la playa (y que hacen correr ríos de baba y otros jugos non-santos, de mis amigas más íntimas).

Mis compañeras de facultad se pelean por venir a estudiar conmigo, sobre todo a la noche que es cuando él esta. Vivimos los dos, aquí en Buenos Aires, en un departamento de estudiantes (somos de un pueblo de la provincia de Córdoba) que compartimos desde principios de este año en que inicié mi carrera de abogacía. La rutina diaria de Guille es muy simple. A la mañana trabaja en una Agencia de Publicidad donde ingresó como modelo hace dos años y ahora ya es Jefe (de no se que cosa). Desde allí, a las 14, se va a la facultad donde estudia Análisis de Sistemas y después directo al gimnasio donde practica por dos horas.

Luego viene a casa, casi siempre con alguna de sus hembritas, o las espera boludeando en su habitación hasta que ellas, solitas vienen a caer al matadero (nunca mejor aplicada la palabra, jejejejeje). Para su placer… y mi tortura (quejidos, jadeos, llantos, gritos…etc, etc) parece que necesita tener en permanente funcionamiento su descomunal aparato sexual (sus amigos en nuestro pueblo lo llamaban <burrito herniado>) A sus víctimas las <trabaja> dedicadamente por casi tres, o a veces hasta cuatro horas, hasta destruir por completo todas las resistencias físicas, anímicas, espirituales y viscerales de su “hembrita de turno”. Allí reduce sus inagotables reservas de sexo y después que termina la <faena> las despide desde la puerta o las deja un rato en su habitación para que se repongan y puedan caminar para irse. Se vuelve a poner su slip y viene a la cocina donde yo preparo siempre alguna cosa rica que compartimos hablando de temas generales sin ninguna relación con lo que, solo unos momentos antes, acaba de ocurrir.

Se que mi hermano es… un predador nato (no depredador, ¡Ojo!)…. es una fiera hasta que logra saciar lo que necesita -esto es asegurarse que su hembra ya no querrá sexo por lo menos por una semana- entonces se transforma en un dulce, cariñoso y hasta mimoso bebote que parece incapaz de espantar una simple mosca… por miedo a golpearla. A pesar de mi extremo cuidado en no interferir en la vida de Guille…. las cosas no me salen como deseo.

No entiendo que es lo que nos ha cambiado. Hace algún tiempo que ha comenzado a comportarse de manera extraña conmigo. Esta re-celoso y muy mezquino. Este ha sido un año en el que las relaciones con mi hermano se pusieron bastante tensas y difíciles siendo que siempre habíamos sido muy compinches en todo. A veces supongo que son celos ya que mi desarrollo como mujer ha provocado que (ya muy cerca de cumplir 19 años) mi figura se ha ido ¡reforzando! en forma notable.

Me cela con todo el mundo. Desde el portero del edificio (un negrazo azabache, brasilero, de 46 años que tiene un lomo espectacular) hasta el cigarrero que me vende los puchos (un dulce y tierno marido que tiembla como una hoja cuando me da el vuelto delante de su mujer).Él dice que a estos dos se le pone la vista vidriosa cuando, a media mañana, vuelvo con las calzas y remera empapadas de sudor, de mi rutinaria carrera de tres kilómetros.

Porque yo también tengo mi rutina. Desayuno con el Guille, a las 8 él se va, arreglo las dos habitaciones, me pongo mis calzas y me voy a correr. Si llueve tengo mi bicicleta fija en el baño que me hace transpirar como loca…. sin embargo, trato de no usarla porque me pone en un estado de calentura descontrolada….. Me deja….bufff. Es que sabiendo que no me conviene hacerlo me encanta pedalear apoyando mis antebrazos en el manubrio. El asiento se mete en mi entrepierna y frota mi clítoris a través de la calza (que casi siempre termino sacándola y sigo desnuda)…. y me pone como un volcán que ni la ducha posterior logra calmarme.

Para colmo de males Guille usa mi bicicleta fija para otros menesteres (que ya les contaré) lo que provoca que me ponga más caliente el pensar lo que en ella pasa con otras niñas arriba. Luego me visto y voy a clases de inglés. De ahí, a la facultad y regreso a casa al anochecer. Navego un rato en Internet y me preparo para el espectáculo de ese día (Guille y sus niñas). Mi relación con Guille tuvo una coyuntura un día muy preciso, que tengo muy presente. Fue hace dos meses.

Llegó muy nervioso a las 10 de la mañana (extrañísimo en él, andar por casa a esa hora). Yo sabía que volvía de acompañar al Aeropuerto de Ezeiza al presidente del directorio de su empresa que viajaba a Miami. Entró re-nervioso y se fue a su habitación, lo seguí extrañada y le pregunte que le pasaba. Me dijo que tenía que cambiarse de ropa porque iba a acompañar, por pedido del Presi, a su esposa a una reunión de beneficencia y su ropa sport no era adecuada. En eso sonó el timbre, fui a atender… Me quedé impactada de ver el monumento de mujer que había tocado timbre.

Desde el palier me miraba con una sonrisa una mujer madura (38 que aparentan 30) de una belleza… que me deslumbró (y eso que soy mujer). Tan alta como mi hermano, de tez bronceada por el sol (sin exageración) pelo color azabache, natural, suelto hasta los hombros y unos ojos color verde claro que no eran de lentes de contacto, estoy segura. Tenía puesto un trajecito de tela muy fina color miel que ajustaba un cuerpo escultural.

Como era un día caluroso de fines del verano se notaba claramente que debajo del saquito solo estaba el soutién que sostenía, sin contener, por lo menos 98 cm de pecho (como dicen los varones). Junto con su sonrisa entró decididamente al living… en ese momento pude apreciar tres cosas… dos de las cuales me llenaron de envidia. La cola que marcaba su ajustada pollera tubo no me dio envidia porque si bien esta mujer era un monumento no tengo nada que envidiar… yo tengo lo mío… ¡ y recién 19 añitos ! Pero los aros y las sandalias superaltas me hicieron poner verde. Esa mujer emanaba erotismo por todos los poros y si a eso le sumamos las impactantes sandalias superaltas con tiritas trenzadas en sus esbeltas piernas hasta casi la rodilla y un par de aros de antología…. bueno, que más les voy a contar!

Vos debes ser la hermanita de Guillermo, (sonrisa), encantada de conocerte, soy Evangelina, la esposa del ogro que hace tartamudear a tu hermanito (sonrisa). Sos más hermosa de lo que me habían comentado, yo no pude ir al brindis de Fin de Año porque estaba en Punta de Este. Pero los comentarios en la agencia, de tu presencia en esa fiesta, aún se escuchan, jajajaja- Claro, un prodigio de belleza masculina como la de tu hermano no puede tener una hermanita así nomás.

Tu nombre es Natalia… ¿verdad?… no te sientas incomoda, nena… sinceramente, así como estás… de “entre casa” me doy cuenta que tenés un cuerpo privilegiado… y con esa carita y mirada inocente…. mmmmmm….vas a hacer desastres cuando salgas al ruedo… (Sonrisas de las dos). En eso sale de su habitación el Guille “disfrazado” con un saco y una corbata de las que tiene aquí papá para cuando viene a Buenos Aires. Juaaaaaaaaaaa! La verdad que estaba re-pintón pero a mi me causó mucha gracia verlo con corbata y saco de papá. Me hecho con una mirada fulminante que me puso seria en el acto.

Cuando guste, señora, estoy listo (sonrisa nerviosa).- dijo Guille aprestándose a salir. Eva lo miró. Yo que estaba a un costado, pude ver un cambio impresionante en la expresión de la mujer. Se lo comía con la mirada. Guillermo esa corbata es muy seria para un joven como vos, ¿no es cierto Natalia?, y encarando decididamente hacia la habitación de Guille le dice -. A ver muéstrame las otras corbatas a ver si encontramos alguna que convine con tu saco y que sea más alegre.-

Entraron en la pieza de Guille y como el placard esta detrás de la puerta de entrada, al abrir el mueble quedó en la puerta de entrada una abertura de más o menos 10 cms. Curiosa como soy me lancé como una flecha a mirar por la pequeña apertura. La pared completa de espejo (es un perfeccionista mi hermanito… jijiji). Me daba una visión perfecta… tenía  todo el dormitorio al alcance de mi vista. Evangelina revisaba las corbatas colgadas en la puerta del placard y de allí paso a mirar la ropa colgada en la perchas.

-. ¡Guillermo! ¿Porqué no te pones este conjunto de saco azul y pantalón claro ?… te va a quedar mucho mejor… Vamos, dale, veamos como te queda… (y ante la duda de Guille) ¡Vamos… no seas tontamente vergonzoso… si es solo cambiarte de pantalones! Mientras Guille se sacaba el saco ella siguió buscando en el placard… – Ayyyyy!…esta camisa celeste es mucho mejor que la que tenés, veamos como queda el conjunto.

Guille comenzó a sacarse toda ropa hasta quedar solo con el slip brasilero que le encanta usar… Eva, con la ropa que había elegido en la mano… lo miraba como encandilada… Cuando mi hermano intento tomar el pantalón de sus manos ella los alejó y los puso en el estante. Tomo a mi hermano por los hombros y miraba con detenimiento su cara y torso. -. ¡Espera!…dejame que te vea un poco… este cuerpo es un cosa de locos!- dijo con la voz un poco enronquecida y entrecortada mientras recorría con sus manos el torso desnudo de Guille. Guille estaba duro como si le hubieran metido un palo en el culo. Ella pasaba sus manos temblorosas por la cara y el pelo de mi hermano y se iba acercando lentamente con su boca a la boca de mi hermano.

El estúpido no movía ni un pelo, Eva con una calentura que no podía ocultar lo tomó con ambas manos de la nuca y casi le comió la boca de un apasionado beso. Conozco a mi hermanito… estaba a solo segundos de que se le volara la locura…. pero se contenía bien. Esto fue la perdición de la mina. Pensando equivocadamente que el Guille no avanzaba amedrentado porque ella es la mujer del patrón, lo empujó suavemente, mientras lo besaba con furia, hasta ponerlo contra la pared y se dio vuelta de golpe apoyando la espalda y la cola contra él. Me llamó la atención ese movimiento pero en seguida me di cuenta la razón.

Mientras se refregaba lascivamente en el cuerpo de mi hermano apretándolo contra la pared se desabrocho el saquito y el gancho frontal del brassier. Dos espectaculares tetas saltaron hacia adelante. Tomando las manos de Guille que colgaban a ambos lados de su cuerpo las puso en sus tetas. Mi hermano comenzó a reaccionar apretándole con algo de furia los pezones (que me impresionaron por su tamaño y rigidez). Excitada y temblorosa la mina jadeaba como una loba en celo. Sus manos acariciaban las pantorrillas de mi hermano que estaba detrás. En un movimiento rápido desabrochó su pollera que cayó al suelo y la pateó lejos. Joder, ¡que cuerpazo escultural tiene esta guacha!

El Guille comenzó a bajar el saquito por la espalda, llevándose el brassier junto, mientras le besaba, lengüeteaba y mordía los hombros, la nuca y la espalda. Cuando le liberó los brazos Eva se prendió de sus propias tetas estrujándolas como para hacerla reventar.

Guille bajaba besando y lamiendo la espalda lentamente y con ambas manos se llevaba la tanga hacia abajo dejando a la vista el cuerpo desnudo más espectacular que he visto hasta hoy. Increíble el cuerpazo de esta veterana. Un pubis delicadamente recortado con dos terribles labios vaginales casi desproporcionados aún para un cuerpo de la talla de Evangelina. Cuando sintió la lengua que corría por entre sus nalgas se agachó casi en ángulo recto con el pelo largo colgando hacia adelante. Por el quejido que pegó supuse que la lengua había llegado a su culo o a su vulva. Tomando sus nalgas las separó para que mi hermano la comiera desde atrás con más comodidad. Sus tetas colgando eran simplemente espectaculares y muy firmes para una mujer de su edad.

Ella jadeaba, se quejaba y casi gritaba como si se la estuvieran clavando. Sabiendo lo que venía pensé: espero que esta mujer se guarde quejidos y lamentos para más adelante. Mientras le comía la vulva, con un ansia que hasta ruido hacía, el Guille le fue desatando las sandalias desde las rodillas… después se fue parando lentamente besando su espalda haciendo que ella se enderezara de nuevo. De improviso la dio vuelta y ahora sí, quedando frente a frente tomó todo el protagonismo, la abrazó con fuerza besándola en la boca con desesperación. Mi camiseta había desaparecido y mi short estaba hecho un nudo con mi tanga enrollada en mis pies. Tanto como ella, yo estaba caliente como una yegua. Mis dedos repartían electricidad por todo mi cuerpo. Al llegar a mi vulva… sentí el primer cortocircuito… y me acabé como loca frotando mi afiebrada vulva. Guille fue llevando lentamente a Evangelina hasta el borde de la cama e hizo que ella se sentara. A medida que bajaba, ella se llevaba el slip para abajo.

Cuando sus ojos, que venían mirando lujuriosamente a mi hermano a los ojos, bajaron la mirada hacia la verga de Guille… se abrieron desmesuradamente como si hubieran visto al mismísimo diablo. Mi vidaaaa… esto es algo que… por favorrrrr… nunca supuse… mmmmmm… esto es… ¡es una fantasía! La verga de Guille, aún sin estar en erección plena (lo he espiado en muchas oportunidades) ya había tomado proporciones alarmantes. Estaría recién en 22 cm y los 6 de diámetro que los toma apenas empieza la erección. Estoy segura que la lujuria de Evangelina no le permitía razonar las consecuencias… y mucho menos adivinar que mi querido hermano usaba esa herramienta como una verdadera arma mortal, sin piedad ni conmiseración alguna. Eso era lo más terrible que yo sabía y ella no.

Mientras ella tomaba con ambas manos la verga y comenzaba pasar la lengua por la cabezota salí corriendo por el pasillo, tiré mi ropa sobre la cama y busqué en el placard mi filmadora, con la que estoy armando un archivo interesantísimo. No volví a la puerta del pasillo sino al fondo de mi placard donde un paciente y minucioso trabajo personal de casi dos semanas, mientras mi hermano vacacionaba en Brasil, construyó el más espectacular visor (ocular y de filmación) que mi afiebrada mente pudo diseñar. Eva sentada en la cama tenía dificultades serias para chupar ese pedazo que ya estaba alcanzando su máximo tamaño.

Guille es muy aguantador en la mamada ya que siente un placer insano en la penetración salvaje. Eva chupaba con desesperación el glande pensando que lo haría acabar. Como también tenía los dedos de la otra mano en su clítoris terminó en un terrible orgasmo que la hizo sacudir como loca sin que al Guille se le moviera un solo pelo. Ahora si… ¡ Había llegado el momento de la verdad ! Humedecí con mucha saliva mi vibrador para que no irritara en demasía mi clítoris y lo puse paralelo a los labios vaginales tocando bien firme mi electrizante pijita (nunca me he penetrado por delante con el juguete… quiero hacerlo la primera vez como corresponde) Guille hizo parar a Eva frente a él y llevándola suavemente la ayudo a sentarse en el borde de la cómoda sobre una almohadilla (su lugar preferido). En ese lugar y posición el sexo de la hembra queda a la altura exacta de su verga, no importa la altura o el porte de la mina que lleve a ese santuario. Eva miraba hacia abajo la tremenda pija de mi hermano con una mezcla de lujuria, asombro, terror y pánico descontrolado.

-Despacio… por.. favor… mi amor…- suplicaba jadeante tomando la verga con sus manos como si quisiera detenerla.- Despacio… mi niño… que… soy un poco… estrecha… esto es… demasiado… grande…. Shhhh… Despacio mi amor… Guille con la calma que lo caracteriza entreabrió los dos primeros cajones laterales, dejando el del medio cerrado, y con mucho mimo… chupando los dedos de los pies de Eva… fue poniendo uno a uno los pies apoyados en los cajones (que están siempre dados vuelta al revés). Me enloquecía de morbo ver a Evangelina, con su tremendo cuerpazo, sentada sobre la cómoda con ambas piernas semi flexionadas sobre sus tetas y bien abiertas hacia los lados mostrando sus asombrosos labios vaginales muy separados, rojos y brillantes del flujo. El largo pelo negro revuelto y en algunas partes pegados a su cuerpo por la transpiración. Su mirada extraviada de lujuria y excitación con sus hermosos ojos claros casi salidos de las órbitas mirando lo que tanto deseaba y a la vez temía.

Guille agarró con una mano su verga y usándola como una paleta la empezó a agitar con una velocidad endiablada entre los labios vaginales de Eva que chorreaban flujo. La falsa rejilla de aire acondicionado, desde donde trabaja la filmadora, me permitía sentir el chapoteo del glande entre los labios y el clítoris. Eva se empezó a enloquecer y sacudía la cabeza hacia ambos lados en estado de trance y desesperación. -. No me… hagas así…guachoooo… que me … vas ha hacer…. acabar de nuevooo… ahhhhh… no la.. sacudassss…. por favor…. sssss… aaahhhhhh!

La cabezota pegaba sopapos en el charco de flujos que era la vulva. En su calentura descontrolada Eva empujaba un poco sus caderas hacia el borde de la cómoda para estar más cerca de Guille. En ese preciso momento él pegaba un pequeño golpe de caderas enterrando dentro de la vagina solo la cabezota… el grito y retroceso de Eva lo dejaba de nuevo en la posición de seguir con su enloquecedor frotamiento a mansalva. -Siii…como me haces gozar…pendejo… ssiiii….¡ Ayyyyyy!… ¡despacio!… hijo de puta…. ssssss…. es muy grande para mi… te dijeeee….ssssss…. mmmmm…. por favor… frota más despacio…que…me… vas…ha …hacer…acabarrrr…- Eva jadeaba pedía y rechazaba pero cada vez estaba más loca. Sabía que se debatía en una callejón sin salida Comenzó otro orgasmo que no pudo contener.- Tomaaa!…esto es…. lo que queressss…. guacho putoo…ahhhhh…ssss… que hermoso polvoo…. sssss… me vas a matar de gusto, poneme un poquito… sssss…. despacitooooo…. ayyyyyy! despacio me …estoy por acabar de nuevoooooo…

El ruido del chapoteo de flujo, por la cantidad de liquido aportado por el orgasmo de Eva, se hizo insoportable. Mi orgasmo comenzó a volcar flujo que sentía resbalar por mis piernas desnudas casi hasta las rodillas. Mojé mi mano y mis dedos llevando todo el líquido posible hasta mi cola.

Con mi dedo comencé a dilatar mi ano. La sensación de placer era indescriptible. Guille detuvo totalmente la enloquecida paja de verga que le estaba dando y mirándola muy fijo a los ojos tomo la cara Eva entre sus manos empapadas en flujo y le dio un profundo beso entrelazando sus lenguas con violencia. La verga había quedado en la puerta y una contracción característica de las nalgas de mi hermano me dio la pauta que había comenzado el martirio. Evangelina, con la boca semitapada por la lengua de Guille trataba, entre quejidos de dolor y jadeos de gozo, de detener… lo ya imparable!

-.Mmmm… esper… no..nno..ssss…aaaahhh… sssss…despac… ayyyy….mmmm… sssss….me…partis… en…dos…sssss….despacioo.

Las piernas levantadas de Eva y mi ubicación al costado de ellos me permitía ver como, inexorablemente, la barra de carne entraba… lenta… pero segura…estaba llegando a la mitad… solo podrían avanzar un poco mas… si seguían, la lastimaría. De todas las hembras que le conozco a mi hermano solo una, veterana de muy buena clase y estilo (de tanto o mayor tamaño y contextura física que Eva) soporta la tranca de Guille, por la vagina, ensartada hasta los pelos. Recuerdo que le llevó casi dos semanas de cogerla, casi todas las tardes, hasta que logró acostumbrarla a tragarse semejante chipote hasta el tronco. Evangelina lloriqueaba… jadeaba… se descontrolaba… pedía más… puteaba… gritaba de desesperación. Tomé el vibrador bien lubricado y lo comencé a meter muy despacio en mi cola.

Los sacudones eléctricos de mi cuerpo eran sublimes. Guille detuvo la penetración cuando habían entrado las dos terceras partes. Dejó su tranca muy quieta abrazando y besando con dulzura y ternura a Eva. Ella temblaba entera… sus caderas involuntariamente se movían pero, en el vaivén, llevaban también las caderas de mi hermano. Es que la verga estaba totalmente calzada como si fuera una cuña… no entraba ni salía. Eva, sintiendo que se movían juntos, creyó que estaba ensartada hasta el tronco… con mucha lujuria y morbo miro hacia abajo. Al comprobar que aún había casi 6 ó 7 cm fuera de su vagina, presa de un ataque de desesperación, se largó a lloriquear con resignación.
-Yo quiero tenerla toda… pero no voy a poder… es demasiado… me siento completa… no se va a dilatar más….. Ssss… Como la siento…palpita dentro miooo….. Sssss -.

Está bien, no temas Eva… más de allí no pasaremos. Ahora voy a empezar a moverla muy despacio. Si te hago mal, me decís, y vamos más despacio… ¿sí? Eva, mordiéndose el labio inferior apoyo su espalda en el espejo de la cómoda, puso sus brazos apoyados a ambos lados levemente hacia atrás para sostenerse y mirando con voluptuosidad los sexos ensartados se dispuso a mirar con el placer que su cara toda delataba. -. ¡Dale!… despacito, mi vida… sssss…siiiiiii…. pero no la saques del todo… ahhhhh…. como me frota las paredes… sssss…. siii… .asiii.. .despacito… mira como está de giganteee… está untada de crema…. ssssss…. no, no te detengas…ahora empezá a entrar…. asiiiiiii…..sssssss.

La calma y tranquilidad con que el Guille sacaba casi por completo su verga y luego muy despaciosamente la volvía a meter estaba desencadenando un doble orgasmo. Uno en mí que tenía  el vibrador en mi cola haciendo el mismo recorrido pausado de entrada y salida y el otro en Eva que ahora movía ella sus caderas para que sus labios vaginales masturbaran la tranca de mi hermano. -. Sos duro… guacho… esta….dura… como un… vidrio…hijo de putaaa… me estas… haciendo … volcar como.. un balde… y vos no te acabas…..sssss… toma… tomaaa… ayyyy…… como me gustaaa…. toma mi potro… te adoro… que hermosa acabadaaaa…..ssssss.

Quedaron abrazados por un par de minutos. Sin desprender la penetración separaron sus cuerpos y se miraron el uno al otro. Una carcajada surgió entre ellos. La imagen de Eva era… calamitosa… estaba hermosa en su papel de mujer recién cogida como corresponde pero tenía  todas las huellas de lo que había gozado, sufrido, transpirado, acabado, llorado, etc… Guille fue sacando muy despacio su verga totalmente erecta empapada en los flujos de las acabadas de Eva. Cuando terminó de salir quedó bamboleante apuntando al cielorraso. Eva bajó de la cómoda, se sentó en la cama y comenzó a lamerla toda hasta limpiarla por completo.

-. Que pasa, mi vida?… Porque no pudiste acabar?… ¿es que no te excito suficiente?.- preguntó quedadamente Eva con un tono de sincera preocupación, no, Eva. Me pones reloco de placer y de calentura. Pero esta es nuestra primera vez… y yo quiero estar seguro que no sea la última.- le contestó Guille con una frase que es muletilla en todas sus primeras veces con alguna mina. -. Me querés tener esclavizada sexualmente… ¡Terrible hijo de puta!…jajajaja. Te juro Guillermo que nunca había tenido tantos orgasmos juntos como en este momento. No se que me pasó hoy. Quiero pensar que es la novedad y esa cosa tan grande que nunca tuve… porque si no es así… estoy jodida, nene…y estas jodido vos también…jajajajaja… porque seré tu esclava… o vos el mío…jejejejeje. No temas, siempre me tendrás cuando me necesites.

Tengo algunas amigas… pero nunca una mujer como vos… -. Andaaaaa… a quien vas a engañarrr!. Si hace tres meses… cuando te ascendieron a Jefe de Sección, la mujer de tu Gerente de División… que juega casi todos los días al tenis con nosotras en el club… no vino por casi dos semanas… ¿que dijo que le pasaba? ayudando a su hija con una materia, ¿que investigamos nosotras? que su marido estaba haciendo un curso de perfeccionamiento en Nueva York… ¿que investigue yo? que el auto que la pasaba a buscar todas las tardecitas por la casa, era de la empresa… ¿el único Renault 19 que tiene la empresa lo usas vos, no?…jajajajajaja.

-¡Inventas! Vamos a darnos una zambullida en el yacuzzi, querés?.- dijo Guille con una sonrisa y yo me enteré quien era la veterana que, todas las tardes de casi dos semanas, tanto gritaba y tan puta parecía, hasta que logró que se la enterraran hasta el tronco. Apagué la filmadora y me quedé esperando.

Para fisgonear en el baño tengo que esperar que entren, porque mi atalaya está en la ventanita que da al lavadero y debo pasar por el pasillo sin ser descubierta. En casi todas las hembras que le conozco mi hermano despierta instintos maternales (entre los más suaves, obvio, jajajaja), siempre que las lleva al yacuzzi o a la ducha lo bañan como si fuera un bebe. Bebe que después se encarga de meterlas en el potro de los tormentos… (O sea mi bicicleta fija que guardo en el baño) hasta que quedan afónicas de gritar. Eva no fue la excepción de ninguna de las dos cosas. Jugaron como chicos un rato en el yacuzzi y luego lo hizo parar, semicubierto de espuma, para tomar el jabón y untarlo de espuma más espesa en todo el cuerpo. Como siempre Guille estaba con la tranca al rojo vivo.

Tomó a Eva entre sus brazos y mientras le traspasaba espuma de su jabón seguía enjabonando minuciosamente ese espectacular cuerpo de hembra madura. Cuando al principio de este encuentro Eva se quejó notoriamente cuando Guille llegó con la lengua a la zona de su cola, me hizo sospechar que esta señora tenía allí un punto débil. En el baño lo comprobé completamente. Salvo las caras y el pelo que no tenían jabón, los dos cuerpos en medio del baño, se abrazaban con morbo y lujuria cubiertos de blanca y espesa espuma. Guille tomó desde atrás a Eva y mientras con una mano sobaba sus impresionantes tetas enjabonadas, con la otra frotaba su vulva provocando que ella se retorciera como una anguila resbalosa. Fue bajando su mano de la tetas y pasándola hacia atrás comenzó a frotar el canal entre las nalgas. En un momento, al sentir un dedo entrando en su culo, Eva pegó un grito de placer y notoriamente abrió las piernas para facilitar las operaciones de la mano de Guille en su culo.

-Siiiiiiiii….. mi viiiiiida…. eso essss. .. lo que vuelve locaa… siiiiii….. asiiii… dos dedossss….siiiii…. massssss….me enloqueceeeeeee…

Guille sin sacar los dedos de su cola… la va llevando hacia mi bicicleta. Ahora si veo bien…. tiene dos dedos adentro y los mueve con fuerza entrando y saliendo con rapidez. Mientras Eva parece que esta perdiendo el control de sus articulaciones… se mueve espasmódicamente como en una danza extraña y desarticulada…

Saca por unos instantes los dedos y la hace sentar en la bici… pone una salida de baño doblada sobre el manubrio fijo… hace que ella apoye sus antebrazos en la toalla y su frente sobre los antebrazos para que quede bien agachada… desde el costado soba sus tetas con dureza apretando los pezones y repone los dedos en el culo… pero ahora son tres… Eva esta enloquecida gritando de placer… es evidente que la zona erógena de su culo es incontrolable para ella. Guille se va colocando lentamente detrás de ella y pasando la mano libre por la espalda de ella carga bastante espuma en la palma y unta bien todo el largo de su chipote que esta esperando la orden de entrada. Saca los dedos del culo de Eva y con las dos manos separa las nalgas al máximo calzando su verga en posición. Eva descubre que mirando hacia el costado puede ver, en el espejo del tocador, lo mismo que yo estoy viendo del otro lado… la más erotizante y enloquecedora de las enculadas que se puede imaginar en la fantasía más loca.

Eva grita pero no de dolor ya que Guille ha puesto solo la cabeza…es gozo desbordado por las cosas que dice… por la forma en que alienta a mi hermano a que avance… por como mueve las piernas en los pedales de la bicicleta fija para sentir que su cadera hace balancín sobre la terrible verga que la esta penetrando. Guille deja las nalgas y se toma de las caderas de Eva… estoy segura que ahora no va a parar ante nada… sin prisa y sin pausa, con los ojos entrecerrados mirando hacia el espejo él también, comienza a penetrar el culo de esa afiebrada mujer con una barra que no se hasta donde le va a llegar. -. ¡Entraa!..hijo de putaaa…. asiiiii… me enloquecee… me estoy acabandooo, sssss…. es un poco …. grrrrandeee….sssss…despacito por favorrrrr…. aaaajjjjjjj… turro de mierda que grande que la tenessssss…. espera… sssss… no…para… esperaaaa.!

Guillermito…por favor… hasta ahí esta bien… no más mi vidaaaaa….ayayayaya….que me duele… hijo de putaaaa…. me vas a desfondar…. me lastimassssss… .ayayayayay…. ssssss Eva boquea hacia adelante como intentando tomar aire… mira hacia el espejo como el boxeador seminoqueado que mira el reloj de la campana… ve que falta menos…traga aire en la desesperación y cuando abre muy fuerte la boca para adelante se le escapa un eructo gutural….. Su voz se pone ronca y las incoherencias que dice ya no se entienden para nada… en un momento dado se descontrola del todo y comienza a gritar desaforadamente como una loca… Guille lo sabe… es el momento del empujón final… se afirma bien y de un saque se lo entierra hasta que salta la espuma expulsada por el golpe de su pelvis contra las nalgas de ella.

Guille sabe lo que hace… ahora se queda totalmente quieto… la tiene ensartada hasta los pelos…. suavemente le acaricia las nalgas, las pantorrillas, la cintura y parte de la espalda… es como si le hiciera masajes para que afloje las tensiones. Como despertando de un largo letargo Eva se queja y lloriquea quedadamente… de a poco mueve apenas sus piernas… se siente terriblemente empalada y también siente (como yo cuando hago ejercicios) que el fino asiento de carrera de la bicicleta esta metido entre los labios de su vulva encajado por la terrible fuerza del empuje que soporto desde atrás.

Es clásico… ya lo he visto que les ha pasado a las otras…suelta las piernas para que queden colgando y sienten el contacto fuerte de su clítoris con el asiento… como su ano ya se dilató bastante y se amoldó a la barra de carne que la tiene clavada, comienza a balancear las piernas que están colgando… lo hace levemente hacia adelante y atrás…el asiento se mete y sale entre los labios apretando el clítoris… estos movimientos no son razonados (porque lo hacen todas)… esta es la señal para Guille… que comienza entrar y salir muy cortito y suavemente con su estaca. Cuando ella siente que la verga entra y sale sin causar ningún dolor pero si un intenso y desbordante placer se va soltando y dejando sus impulsos librados a su enloquecida lujuria.

La verga de Guille es una mole que avanza y retrocede utilizando casi todo su recorrido. Cada vez con mayor violencia y desenfreno. Eva se pone re-loca. Tira tan atrás sus piernas que mi hermano alcanza a manotearlas y tomándola de las rodillas, como una carretilla, la hace ir y venir por su verga y sobre el asiento…ella grita como posesa y dice no poder controlar más sus orgasmos… pide la leche de mi hermano… casi en el aire se toma del manubrio y tira un poco su cuerpo hacia adelante… al ser tirada por él hacia atrás baja deliberadamente la pelvis y la punta roma del asiento de plástico se entierra de un saque en su vulva casi al mismo tiempo que la verga se le mete hasta el tronco por su culo.

Me shoquea el alarido de placer de esa hembra desbordada por el deseo y el orgasmo que la está inundando junto con la leche de mi hermano que, después de tanta retención, debe estar corriendo como un río de lava en su interior erotizada por lo que veo (reconozco que esto de la penetración del asiento en la vulva lo veo por primera vez)… aturdida por los gritos y alaridos de los dos que están sumidos en una descontrolada eyaculación que parece no terminar nunca…me invade un orgasmo en el que me dejo caer hasta quedar casi inconsciente.

Después de un rato de estar totalmente desnuda en el suelo, siento que me vuelven las fuerzas y me recupero. Me levanto del piso del lavadero y siento que se están duchando. Me voy a mi habitación y dejando todo en orden me meto en la cama, así desnuda como estoy, para recuperar fuerzas. Al poco rato siento que entre risas salen del baño y entran en la habitación de Guille y empiezan a vestirse. Cuando estoy casi quedando dormida siento que los dos, ya vestidos, salen apurados pensando que excusa dar en la reunión a la que van a llegar para los aplausos. A partir de ese día algo cambió dentro mío… y no se explicar que cosa, ni porque.

Autora: Natalia

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Caldera diabólica

La textura de su cuerpo joven, al calor de la cama, el silencio de la noche y las involuntarias caricias que en medio de la lucha nos hacíamos habían terminado por vencer una resistencia mía que nuca fue bien estructurada, de modo que cuando sentí la cabeza de su miembro indomable separando mis labios mayores terminé por relajarme y dejarle el camino libre a su penetración.

Creo que no vale la pena insistir en que lo que voy a relatar es real, porque la verdad es que la mayoría de la gente piensa que los relatos que en esta página se leen son imaginarios. Tampoco en mi caso importa mucho eso pues en lo que a mí respecta el único objetivo que me ha llevado a escribirlo es poder alivianar una presión interior que me ha comenzado a agobiar y pienso que ventilando esto con otras personas puedo aliviar las presiones y seguir siendo feliz. Porque soy feliz. Esto comenzó hace justamente un mes cuando aterricé en este país después de haber aceptado la gentil e insistente invitación de mi amiga Marcela.

Yo había permanecido 10 años en el extranjero, período durante el cual me había separado de mi marido. Acepté la propuesta de la empresa editorial en la que trabajo de cumplir un período de seis meses aquí y como Marcela me invitara a compartir su hermoso, aunque pequeño departamento, vi como muy auspiciosa la idea de volver a encontrarme con esta amiga de la juventud.

Marcela y yo fuimos compañeras de colegio y de universidad. Amigas de esas profundas, sin secretos ni misterios y además físicamente muy parecidas – Somos de la misma edad, digamos así alrededor de los 35, morenas ambas, de buena figura y como si fuera poco de la misma profesión, ambas estudiamos bibliotecología y hemos hecho buena carrera, yo en España y ella aquí en América. Ella también ha tenido un matrimonio y aunque también fracasó en el intento, sin embargo tienen el consuelo de un hijo de 18 años, recién ingresado en una Universidad de otra ciudad.. Yo no tengo hijos. El reencuentro con Marcela ha sido sensacional. Reconocernos, analizarnos, hacernos miles de preguntas y al final de todo eso darme cuenta que unos meses maravillosos me esperaban.

Nos acomodamos muy bien en el departamento que tenía dos dormitorios y un amplio diván en el living donde debería acomodarme yo pues al día siguiente llegaría de vacaciones Miguel, el hijo de Marcela, que permanecería tan solo unos días para luego salir de campamento con otros compañeros de Universidad.

La llegada del muchacho ocasionó en nosotros una nueva explosión de alegría pues Miguel, aunque un poco retraído, tenía la simpatía y la sonrisa de su padre a quien yo había conocido. La cena de bienvenida había sido exquisita y a mí me pareció que estaba formando parte de un pequeño grupo familiar muy parecido a lo siempre había anhelado tener, de modo que esa noche me dormí agotada y feliz.

Habría de ser cerca de las tres de la madrugada, pues nuestra cena familiar había concluido a las dos, cuando pude percibir pasos en el living de la casa. Entre sueños creí ver la figura de Miguel que silenciosamente, para no despertarme, cruzaba el espacio entre su dormitorio hasta la cocina para abrir el refrigerador y sacar algo desde su interior. Volví a meter la cabeza bajo mis cobertores y creo que me dormí, no se cuanto tiempo, al perecer solamente unos minutos. Me desperté sobresaltada. Miguel estaba sentado al borde de mi cama. Lo miré sorprendida y al querer decir algo sentí su mano sobre mis labios. No ejercía presión y me hacía señas de que no hablara poniendo su dedo vertical sobre su boca. Yo no estaba asustada, más bien divertida, creí que era una broma, pero casi de inmediato sentí el contacto directo de su otra mano englobando unos de mis senos sin el menor recato.

Yo estaba desnuda y en ese preciso momento a la luz tenue que entraba por la ventana pude percibir que él también lo estaba. Tuve la intención de gritar pero de inmediato me di cuenta que eso despertaría a Marcela e imaginé el escándalo que podría generar, de modo que guardé silencio y traté de apartar su mano de mi pecho, pero el muchacho había cambiado rápidamente de posición, había arrancado los cobertores de su sitio y su cuerpo desnudo se extendía pesadamente sobre el mío, sus labios se hundían en los míos para asegurarse que yo no gritaría. Yo no lo hice. Pero había dejado de luchar, pensé, en mi ingenuidad, que aun era tiempo de hablarle y persuadirlo de lo disparatado de su intento.

El muchacho tenía un suave olor a alcohol que no me era desagradable por cuanto seguramente yo también lo tenía. Él me abrazaba con fuerza e intentaba besarme y la fuerza de su erección que sentía directamente entre mis muslos me daba a entender sin lugar a dudas cual era la intencionalidad de sus acciones. Yo diría que entablé con el una lucha silenciosa allí en medio de la oscuridad, lucha que he de reconocer que fue más bien breve. La textura de su cuerpo joven, al calor de la cama, el silencio de la noche y las involuntarias caricias que en medio de la lucha nos hacíamos habían terminado por vencer una resistencia mía que nuca fue bien estructurada, de modo que cuando sentí la cabeza de su miembro indomable separando mis labios mayores terminé por relajarme y dejarle el camino libre a su penetración.

Entonces me entregué plenamente. Quise percibir cada centímetro de su entrada, me sentí más que húmeda, receptiva y caliente, dejé que besara mis pechos ardientes y le entregué mis pezones duros, me moví acomodándome para facilitarle todas sus audacias y reprimí mis gritos ahogados de placer mientras él se hundía en mi todas las veces que quiso y yo levantaba mis muslos casi hasta acariciar sus mejillas. Un orgasmo común nos recorrió mientras él estaba llenándome de su semen espeso y yo sentí correr su río por mis comisuras mientras apretaba sus nalgas para sentirlo más cerca. Una hora después él abandonaba sigilosamente mi cama en medio de los últimos besos de esa pasión nocturna y repentina que se me antojaba desesperada y completa.

Al día siguiente su madre y yo debimos salir a nuestros respectivos trabajos y durante el desayuno al cual Miguel no apareció hablamos con Marcela de cosas rutinarias sin que ella me diera señas de haber percibido algo de lo sucedido en su departamento durante la noche. Yo no me atreví a mencionar palabra de nada.

Solamente volví a ver al muchacho a la hora de la cena en que nada especial noté en él, pues estaba sereno, callado y simpático como lo había conocido. La cercanía de la noche producía en mi una ansiedad particular pues no sabia lo que realmente pasaría…

En medio de la noche estaba más despierta que nunca. Ya no era ansiedad lo que me embargaba. Supe que era deseo. Franco deseo por ese macho joven que me había poseído como nadie. Mi estructura completa de mujer madura estaba dispuesta y alborotada y mi cuerpo latió como una bestia excitada cuando percibí su figura acercándose a mi cama. Esta vez fui yo quien sacó el cobertor y me ofrecí desnuda, palpitante, mojada y erecta. Ahora él se apoderó de mí con la sapiencia de un macho posesivo, me traspaso sin contemplaciones, sus caricias se hicieron deliciosamente bruscas y puso en la posesión una dosis cautivadora de brutalidad que me hacía temblar las entrañas de placer. Los orgasmos se me sucedían como relámpagos y en medio de ellos él me dio vuelta y sentí la frialdad de la crema que esparcía sobre la entrada de mi culo. Supe lo que venia, y adopté la posición adecuada. Yo nunca había practicado sexo anal pero ahora lo deseaba con todo mí ser.

Sentí como su cabeza penetraba en mi expandiéndome en medio de un dolor esperado y deseado y me sentí como yo le abría mis más recónditos lugares y sentí como avanzaba en mi y por fin me di cuenta que ya nada restaba por introducir ahí. Me moví como su hembra como su bestia, como su yegua y por primera vez en mi vida me sentí poseída completa. Fueron muchos minutos de placer, más de dos horas de goces repetidos y cuando él abandonó mi cama yo era una hembra agotada perforada y feliz.
Las noches siguientes fueron la creciente reiteración de estas felicidades con el hijo de mi amiga, que nada sospechaba de nuestra promiscua felicidad. Sin embargo yo, por ningún motivo quería que este secreto pudiera de algún modo alterar la armonía en esa casa y fue así como en medio de mi felicidad creciente y justamente a fin de conservarla, decidí contarle a Marcela lo que estaba sucediendo entre su hijo y yo.

Fue antes de la cena del viernes que sostuvimos con Marcela una conversación íntima, en la cual terminé por contarle que su hijo querido se había convertido en mi amante por obra y gracia de un deseo que ninguno de los pudimos resistir y que me había convertido a mi por primera vez en mi vida en una mujer feliz en el plano de la intimidad sexual. Le narré detalladamente aquellas sesiones nocturnas que sucedían a pasos de su dormitorio sin que ella hubiese sospechado nada y esta mujer parecía orgullosa del desempeño sexual de su hijo y así me lo manifestó diciendo que era para ella una felicidad saber que Miguel era un hombre bien macho capaz de hacer feliz a una hembra madura como yo. Al final nuestra conversación había sido alegre y relajada pues ella bromeaba acerca de las sensacionales sesiones de sexo que tenían lugar a pasos suyos mientras ella dormía como un ángel.

Esa misma noche nos dimos con Miguel a las caricias más intensas y desprejuiciadas conscientes ambos que su madre, enterada de lo que sucedía, no intentaría sorprendernos, de modo que luego del relajo y habiéndose marchado mi amante, me dormí pero tan solo por poco rato porque sentí de pronto que alguien se metía en mi cama. Era el cuerpo desnudo de Marcela.

Sentí el intenso calor de su piel y antes que pudiera decir palabra, ella apretó su mano sobre mi boca rogándome silencio, como lo hiciera su hijo la primera noche. Marcela se abrazó a mí y me dijo que no había aguantado el deseo de compartir el lecho conmigo, por cuanto desde el momento que yo le había contado todo, no había pensado en otra cosa sino en irse a la cama conmigo para así compartir la atmósfera de deseo desenfrenado que estaba formándose en su departamento.

La confesión caliente de mi amiga no hizo en mí sino despertar de nuevo el deseo sexual apenas dormido después del sexo con Miguel. Así me abrace a esta mujer desnuda de rara belleza y comenzamos a acariciarnos como solo pueden hacerlo dos mujeres maduras dominadas por el deseo.  Ella me confesó que nunca había estado con una mujer y como yo le dijera lo mismo comenzamos a explorarnos con una curiosidad desatada. Nos besábamos como locas y nos amamos de mil formas, inventando caricias que solamente habíamos escuchado o leído pero nunca practicado. A mí me gustó lamer su sexo porque lo encontraba de una suavidad inaudita, mientras sus dedos entraban en mi vagina como si quisieran encontrar en su fondo un escondido tesoro. Nos enseñamos la una a la otra a buscarnos nuestras partes más sensibles y a brindarnos los más refinados orgasmos y ella se encendían mucho más cuando yo le contaba de la forma como su hijo me penetraba y cuando le daba detalles de las dimensiones y características de su miembro, su sexo derramaba en mi boca los más deliciosos orgasmos plenos de líquidos calientes que yo tragaba mientras volvía a besarla.

Los días y sobre todo las noches que vinieron han sido de una pasión desatada que he disfrutado casi hasta el delirio puesto que nada le hemos contado a Miguel de lo nuestro pues no queremos que el rechace nuestra relación lésbica. Así yo sigo haciendo el amor con él furiosamente y cuando él regresa a su cuarto luego de nuestras sesiones de sexo desesperado, yo dejo transcurrir un tiempo prudencial y me voy a la cama de Marcela en la cual nos entregamos a nuestras prácticas encantadoras en medio de besos y sollozos de placer. Yo tenía miedo que esto terminara o se complicara si algo hacíamos mal dentro de nuestro esquema, pero la verdad no esperaba que sucediera lo que ha sucedido.
En tres días más Miguel se iría de campamento. Marcela ha estado particularmente cariñosa con él, siempre lo ha sido, pero ahora lo acaricia y lo besa a cada instante, como si un súbito ataque de amor maternal la hubiese invadido. Miguel quizás no percibe esto, pero yo como mujer, sé perfectamente hasta donde una caricia es filial o es una clara manifestación de deseo sexual. Marcela le da a Miguel comida en la boca con su cuchara, le acaricia el cabello y cuando le habla se acerca tanto a él que si Miguel simplemente sacara la lengua podría perfectamente lamerle las tetas que Marcela tiene tan grandes como las mías.

Más lo peor de todo ha sido que cuando le he manifestado todo esto a Marcela me ha dicho sin ningún tapujo que ella está caliente con su hijo y que lo único que desea es acostarse con él. Me ha agregado que gran culpa de lo que le pasa la tengo yo pues ha sido por mi conducta que ella ha descubierto a Miguel como hombre. La verdad es que le encontré razón y con la misma sinceridad que ella me ha hablado yo le he dicho que lo mejor que podemos hacer es que ella duerma la noche siguiente en mi lugar y que cuando Miguel vaya al sexo conmigo se encontrara con ella y allí ya no habrá vuelta atrás.
A Marcela mi idea le ha parecido maravillosa y anduvo nerviosa todo el día lo mismo que yo porque lo que habría de suceder en la noche pasaba todos los límites de cualquier calentura imaginable.

Era tanta la calentura que nos había invadido a ambas ante la perspectiva del encuentro entre la madre y el hijo, que en un momento durante la tarde en que estábamos solas en la cocina Marcela se levantó la falda y me mostró su sexo rojo de labios separados y palpitantes a lo que yo le mostré el mío que latía como loco. Entonces nos abrazamos y nos masturbamos mutuamente para poder calmar al menos momentáneamente nuestros ardores. Estábamos al borde de la locura erótica En la noche, cuando todo era tranquilidad en el departamento yo me fui al cuarto de Marcela y allí la encontré desnuda y ardiente lo mismo que yo. Nos hicimos el amor un par de veces y luego ella se fue a ocupar mi lugar y yo me quedé en su cama vigilante en la oscuridad.

A los pocos minutos escuché los pasos de Miguel dirigiéndose desnudo, como todas las noches hasta el diván donde esperaba encontrarme. Mi corazón latía acelerado, mi cuerpo sudaba intensamente y mi sexo parecía dilatado por el deseo y la ansiedad. Allí a pasos míos, un hombre que esperaba gozar mi calentura, estaba encontrándose con el cuerpo desnudo de su madre abrazada por el incestuoso deseo. Se hizo un silencio que me pareció eterno, mi corazón parecía haberse detenido, mi mano se había inmovilizado sobre ni sexo mojado y de pronto escuché pequeños ruidos provenientes desde mi diván. Me puse de pie y me acerqué a la puerta entreabierta del cuarto, miré hacia el diván y pude percibir el movimiento típico de dos cuerpos haciendo el amor.

Estaba hecho, ya no había vuelta, ella lo había logrado, él la había recibido y estaban en su incesto maravilloso, ambos se quejaban seguramente disfrutando en plenitud su pecado caliente y maravilloso. De solo imaginarlos mi sexo comenzó a latir desesperado. No bastaron mis caricias superficiales y debí profundizar en él con cuatro de mis dedos que se hicieron veloces para arrancar mis orgasmos mientras Miguel y Marcela alcanzaban la gloria.
Mañana Miguel se va de campamento.

He hablado con Marcela y me ha contado de manera casi exaltada las dimensiones gigantescas del placer que ha experimentado sobrepasando según ella todo lo que pudiera haber esperado en el plano emocional y sexual. Está como fascinada. Ninguna de las dos tiene celos de la otra pero Marcela teme que Miguel sienta vergüenza de su relación con ella y no quiera volver al departamento donde sabe que lo esperamos.

Mientras tanto nos hemos entregado con Marcela a nuestro amor de mujeres esperando la vuelta del macho. Para eso solo falta una semana y yo estoy ahora muy confusa. Pero feliz.

Gracias por oírme.

Autora: Vinka

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Aventura con Ana

La acosté y dirigí mi verga a su dilatada vagina; empezó de nuevo el bombeo…entra y sale nos besamos, sentí como sus piernas rodeaban mi cintura y al verla, mi negra verga penetraba su blanca vagina, una visión maravillosas; miro a los lados y los espejos muestran la belleza de la mezcla de razas; y al mirar al techo descubrí por que ella gemía como una perrita en celo.

Hola, hace mucho no escribo ninguna de mis aventuras; pero soy asiduo lector de esta página; en la cual he podido y he llegado a desear algunas situaciones que se narran en ella.  Bueno ¡al grano!

Hace unos meses; hará cosa de un año; estaba chateando en una sala de más de 40, muy conocida. Ahí me encontré con una mujer, de mi mismo país, Rep. Dominicana; yo de la capital, Santo Domingo y ella de un pueblo del interior a unos 80 Km. De mi localidad; a la cual yo viajaba mensualmente por trabajo.

Por razones obvias; cambiaré los nombres yo, Rodolfo; moreno de 40 años y ella Ana, una escultural mujer de 45 años; pelo al hombro, boca sensual, pocos pechos, ni siquiera usa sostenes y un cabello ensortijado entre sus delicadas tetas; piernas y culo de infarto. Bueno iniciamos a conocernos, Ana es madre de 3 hijos y casada; su marido trabaja fuera y ella externaba una soledad terrible; intercambiamos mails y seguimos conociéndonos por el MSN.

Pasaron algunos días y nuestras conversaciones derivaron en lo sexual e insinuaciones; cosa que me ponían a mil por hora; y decidí que en mi próximo viaje a su localidad, me buscara. Efectivamente me salió a buscar, pero son su hija mayor, una jovencita preciosa de 15 años tan solo y me invitó a cenar a su casa; como comprenderán yo tenía ya en mente tirarme a Ana, como fuera.

Al llegar la casa estaba repleta de gente, entrando y saliendo, no había intimidad alguna; yo me resigné, solo cené y me tragué la calentura; hablamos de mil vainas y de ninguna; que pérdida de tiempo dije para mis adentros. Me retiré como perro con el rabo entre las piernas a mi hotel, incómodo por la situación. Salí del pueblo sin despedirme y como una semana después ella se pone en contacto conmigo, diciéndome que había pasado muy buena noche conversando conmigo… ”Uffff, que vaina” dije.

Le expresé mi frustración y ella me confesó que también estaba muy excitada y que había lamentado que ni siquiera un beso, me pudiera dar. No jodas Ana que preparaste esta vaina como quisiste y así no se juega; le dije. Pasó el tiempo, cuatro meses más o menos sin comunicación, la tenía bloqueada en el MSN y un día la liberé, hablamos y decidimos otro encuentro…

La pasé a buscar en mi vehiculo y nos dirigimos a una playa desierta, fue algo como automático, desde que estacioné esa mujer se transformó…me dijo que mi ausencia le había hecho desearme más. Nos magreamos, acariciamos, besamos y me hizo una mamada de lujo, pero todo dentro del vehículo, no me permitió penetrarla pues tenía la regla; pero acordamos otro encuentro… ¡Jamás había sentido una lengua tan bien usada!, suavecita, divina. Ese día acordamos vernos en “la capital”; para tener más libertad.

Llegó el día esperado y nos encontramos en nuestros ojos había una mezcla de temor y lujuria al mismo tiempo, nos dirigimos a un hotelito, de camino. Ella traía unos pantalones jean pescadores ajustados que delineaban bien sus curvas; y una blusa de espalda afuera, como atada a la cintura; pelo suelto…Entramos en el establecimiento y empezamos a acariciarnos y tocarnos ella se acerca a mi oído y me dice “No sabes las pajas que me he hecho, pensando en este momento”

Tomamos como un respito y nos arrodillamos en la cama, empezamos a desnudarnos mutuamente, paso a paso descubrí sus senos y los besé con devoción, ricos pezones morenos que parecían ya golosinas en mi boca; ella hizo lo mismo, en mi pecho, y nos besamos, casi comimos. Continuamos con su pantalón que dejó ver una tanguita insolente metido en sus nalgas y color rojo carmesí, con encajes blancos…la miré detenidamente y ella con la manos me invitó a acercarme más para sentirme; ella me retiró los pantalones y de inmediato se hizo dueña de mi pene, que estaba insolente debajo del bóxer; lo miró detenidamente, lo engulló, mamó. Fue una de las mejores felaciones que me han hecho, yo casi explotaba, le dije que era mi turno, le saqué la tanga y pude ver un conejito depilado y precioso; delicado; abrí sus piernas y vi un clítoris maravilloso, el cual comí, se desataron gemidos de deseos incontrolables.

Así coño, que rico mamas cabrón; me decía. Tomaba mi cabeza y la oprimía en su cosita rica. Yo con una mano, en ocasiones le agarraba los senos y en otra, le metía mis dedos; luego pasé a si traserito, y solo le puse la yema de mis dedos, proporcionando una sensación que ella no había vivido.

En ese momento se corrió, explotó, emanaron jugos de su hermosa vagina y gritó. Cayó a un lado de la cama retorciéndose de gusto. Me mira lujuriosamente y la abrazo, siento sus convulsiones todavía; ya tranquila me acuesta y se introduce mi pene lentamente, pero suave por su lubricación y me cabalga, como amazona; sube y baja, sube y baja de mi falo turgente. Que bueno cabalga esta hembra, sus movimientos de cadera son alucinantes, sus ojos destilaban fuego y su boca no dejaba de expresar gusto y placer “clávame, clávame como a una reina que lo necesito, me decía. En eso ella tuvo su segundo orgasmo y yo el primero.

Nos desplomamos una al lado del otro. Gozando nuestras sensaciones, y el hilito de leche saliendo de su cuca. Se levantó y fue a limpiarse, yo por mi parte lo hice también.

Y la faena seguía, mi pene se erectó de nuevo con su tratamiento de boca, y la acosté y dirigí mi verga a su dilatada vagina; empezó de nuevo el bombeo…entra y sale nos besamos para acallar las expresiones, sentí como sus piernas rodeaban mi cintura y al verla, mi negra verga penetraba su blanca vagina, una visión maravillosa…

Miro a los lados y los espejos muestran la belleza de la mezcla de razas; y al mirar al techo descubrí por que ella gemía como una perrita en celo, se estaba mirando en los espejos y disfrutando de la visión, y llegó su tercera corrida, aproveché y la cambié de posición y en cuatro y le dije. “Mírate bien puta, que esto es de película”; Si papi, me respondía, dame duro que el cabrón de mi marido no lo hace.

Sonó su teléfono y me dijo que hiciera silencio, era casualmente él preguntándole a la hora que llegaría; le respondió que estaba donde una amiga y que regresaría un poco tarde, que se encargara del  comida de los chicos, lo despidió con un  beso y me pidió que le diera másssssssss.

Fue un día hermoso lleno de calor. Prometimos repetirlo; hasta hoy no hemos podido… Pero es una hembra deseosa de mucha verga.

Espero les haya gustado. Cualquier comentario, será aceptado con gusto…

Gracias

Autor: Mulatoporsiempre

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Encuentro sexual en la cocina

Ricardo dirigió su polla hacia la raja de Teresa, se la fue introduciendo hasta el fondo iniciando un mete-saca. Ella tomó la polla de Carlos y la chupó con ansia. Cuando él la tuvo bien dura propuso ir al dormitorio. Allí se fueron los tres y echaron en la cama a Teresa. Era un espectáculo sexual, una hembra grande y atractiva ofreciendo su sexo y sus pechos a los dos machos excitados.

Teresa, una espléndida mujer de treinta años, hermosa y alta, había ido a comer a casa de sus amigos Carlos y Carmen. Su marido estaba esa semana fuera y por eso aceptó la invitación. A la comida les acompañó un amigo de Carlos, Ricardo, de sus tiempos del colegio, que ahora era vendedor de automóviles, de unos cuarenta años, bastante fornido y agraciado de cara.

Desde que Teresa llegó la llenó de halagos. “Vaya amiga tenéis, Carlos. Eres una tía muy guapa. Un auténtico regalo para los ojos, con tu altura y tus curvas”, le dijo repasándola de arriba abajo. Ella se turbó un poco, pero sintió un punto de satisfacción en las palabras que le dedicaba Ricardo. Carlos también la miraba, y ella pensó que estaba recordando el intercambio que habían tenido unas semanas antes en su casa.

No le dio mayor importancia y por eso, cuando al terminar de comer, una comida regada con buenas botellas de vino que se le subieron un poco a la cabeza, sonó el teléfono y Carmen explicó que tenía que irse a casa de sus padres a un asunto familiar, no dudó en ofrecerse a ayudarle en la cocina a fregar y guardar todo.

Carmen se fue y Teresa se dirigió a la cocina. Empezó a fregar platos y a los pocos minutos entró Carlos. Se acercó a ella y le dijo en voz baja: “estoy muy caliente, quiero sobarte un poco. Déjame”. Teresa le pidió que se estuviera quieto, pero él se puso detrás de ella y empezó a abrazarla apretando sus tetas. Ella notó humedad en su entrepierna. Entre el vino, las miradas lascivas de los dos hombres, el sentirse una hembra deseada, su excitación creció y creció. Dejó que Carlos le manoseara los pechos y sólo le rogó que no se lo dijera a su amigo. Carlos le contestó que no se preocupara. Le metió una mano por debajo de la falda y llegó hasta sus bragas.

“Estás mojada, te has calentado”, le susurró mientras paseaba la mano por la entrepierna de Teresa. Ella dejó de fregar, se volvió y abrazó a Carlos. Empezaron a besarse en la boca, jugando con sus lenguas. La polla de Carlos aumentó de tamaño con el morreo y la sobada de bragas a la hembra caliente. Le quitó el polo y la dejó en sujetador. Sacó las tetas por encima y empezó a lamerle los pezones. Luego le bajó la falda y la dejó en bragas.

Ella le abrió la bragueta y le metió mano a la polla. “Eres un bandido, te aprovechas de mi falta de fuerzas para negarme”, le comentó. “Vamos al comedor que el pobre Ricardo lleva mucho tiempo sin estar con una mujer”. Ella se negó. “No te preocupes, es muy discreto. Nadie se enterará. Te lo prometo”, le aclaró Carlos. Y la tomó del brazo llevándola hacia el comedor.

Allí su amigo puso cara de sorpresa al ver a Teresa José en ropa interior. “¿Qué pasa aquí, Carlos?”, preguntó. “Que mi amiga nos va a dar una buena ración de sexo”, le explicó. Ella estaba algo avergonzada, pero al pensar en la situación, se dejó llevar por sus apetencias. Se quitó el sujetador, dejó sus tetas al aire y se sentó en bragas en un sillón. Los dos hombres se acercaron a ella y empezaron a meterle mano. Ricardo le chupó los pezones y la besó en la boca. Carlos le apartó las bragas y le metió dedos en la correosa raja. “Podíais dejar que me lavara, olerá mi coño a sudor, flujo y pipi”, le dijo a Carlos mientras le recorría la raja con los dedos. “No hace falta, estás muy buena”, le respondió sacando los dedos y oliéndolos.

“Huelen a hembra, a tía de bandera”. “Ponte el sujetador ahora”, le pidió Ricardo.”Me gusta ver las tetas por encima de él”. Ella se lo puso y al mismo tiempo Carlos le bajó las bragas. “A mi marido ni una palabra”, pidió Teresa. “No te preocupes, ¿verdad Ricardo?”, dijo Carlos. “Ni una palabra, eso seguro”, contestó. La hicieron agacharse entonces y Ricardo, que se había desnudado del todo como también Carlos, dirigió su polla hacia la raja de Teresa.

Desde atrás se la fue introduciendo hasta el fondo iniciando un mete-saca con ritmo. Ella estaba a punto de correrse. Tomó la polla de Carlos y la chupó con ansia. Cuando él la tuvo bien dura propuso ir al dormitorio. Allí se fueron los tres y echaron en la cama a Teresa. Era un espectáculo sexual, una hembra grande y atractiva ofreciendo su sexo y sus pechos a los dos machos excitados.

Carlos se puso debajo y ella lo montó entrando la polla de Carlos en su humedecido coño. Mientras entraba, él le quitó el sostén, le mordió las tetas y le sobó el clítoris. Ella se corrió así por primera vez. Y cuando estaba terminando de correrse notó como Ricardo le lamía el agujero del culo. “Te lo lubrico para dilatarlo y darte por el culo que me apetece mucho”, le dijo.

Ella le llamó guarro, pero se excitó con la experta lamida de su ojete que le daba Ricardo. Cuando Carlos más fuerte la follaba por el coño, la polla de Ricardo se abrió paso por su culo y al momento Teresa tenía sus dos agujeros llenos con los duros miembros de los dos hombres. El de Ricardo era muy grande y le hizo daño al entrar en su ano, pero luego cuando se acompasó con el de Carlos y los dos la bombearon a la vez, le vino otro orgasmo sin poder retrasarlo.

Mientras gemía corriéndose Carlos sacó la polla del coño, se alzó un poco y se la puso en la boca. Se corrió en su garganta sin que ella pudiera evitarlo. “Eres un cerdo, Carlos”, le dijo, sintiendo arcadas, pero sin llegar a más porque sintió una oleada de gusto cuando notó la descarga de la polla de Ricardo en sus entrañas, llenando su culo de semen caliente.

Se corrió ella por tercera vez con esta sensación que le dio el semen en su ano, y al terminar les pidió que la dejaran que se estaba meando. Quisieron ir con ella al aseo, pero no les dejó. Casi no llega y empezó a mear de pie. En ello estaba cuando vio que los dos tíos estaban en la puerta mirando su meada. Sin dejar que se lavara, Ricardo la cogió y la llevó a la cama otra vez. La abrió de piernas y le lamió los labios del coño, el clítoris y le metió la lengua por la raja.

Ella tuvo así su cuarto orgasmo. “No puedo más”, pidió. Pero no le hicieron caso y le dieron por el culo los dos a la vez, metiendo sus pollas juntas. Teresa gimió de dolor, pero cuando las pollas descargaron su semen en el mismo momento dentro de su ano, sintió un placer infinito y alcanzó su quinto orgasmo. Luego los tres quedaron exhaustos en la cama.

Hasta que se hizo la hora de que ella fuera a casa pues sus hijos llegaban del colegio. Ricardo, muy amable, se ofreció a llevarla. Los tres se ducharon, se asearon y prometieron que lo ocurrido nunca lo contarían. Aunque ella iría un par de días con las piernas medio abiertas por el gran dolor que tenía en el ojete del culo.

Al llegar a casa, mientras esperaba a sus hijos, Teresa seguía caliente aunque estaba desfallecida. Y pensando en la orgía vivida, se metió la mano dentro de las bragas, vio lo húmeda que seguía su coño, se sentó abierta de piernas en un sillón y se masturbó hasta correrse como una perra en celo. Más calmada, se levantó, se duchó y se aseó para cenar en familia.

Autor: HIGINIO H.

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Doble penetración salvaje

Al poco tiempo yo vuelvo a cogerla por atrás esa vez. La cogía muy fuerte y ella gritaba que le gustaba y le decía a su marido como le gustaba lo que le hacía. Después me puse en la cama boca arriba y ella se puso encima de mi. Verla cabalgando así sobre mí me puso a cien. Era tan guapa tocándose los senos y con cara de mujer satisfecha con dos machos a su disposición.

Hola, les voy a contar lo que me pasó este fin de semana. Como mi mujer siempre anda de viaje en su familia y se tarda unas semanas antes de regresar, decidí poner algo picante en mi vida. Les quiero decir que mi mujer tiene una libido mucho más leve que la mía y algunas veces me dijo que me buscara una amante para tener lo que quería. Decidí actuar pero quería vivir algo nuevo entonces me puse a buscar una pareja en un sitio Internet local (en Canadá). Encontré a una pareja que la mujer, de 40 años, está guapísima y su marido quiere compartirla para realizar la fantasía de su esposa. Les voy a llamar Sonia y Carlos.

Sonia es rubia, con unos senos muy bonitos, redondos y que llenan la mano de cualquier hombre y unas popas increíble. Además su cuerpo es todo bronceado (siempre se hace broncear desnuda en el patio en verano). Yo mido 6″1 y tengo un buen cuerpo con unas nalgas que sobresalen y un poco velludo. Su marido es más bajito. En la semana estuvimos en contacto por el chat e intercambiamos fotos muy cachondas y eso nos puso al máximo. Decidimos vernos el sábado. Quedamos en que venían a tomar una copa de vino en mi casa y que si nos llevamos bien íbamos a cenar en un restaurante y después íbamos a pasar toda la noche cogiendo a su esposa entre los dos.

Llegaron como a la 4:30 de la tarde y eso era nuestro primero contacto. Les quiero decir que cuando tocaron a la puerta mi corazón latía mucho (luego Sonia me confesó que le quería salir el corazón). Nos saludamos, les hice conocer el departamento y nos pusimos a tomar una copa. Poco a poco nos fuimos conociendo y bajó poco a poco el estrés del primer encuentro. Luego de una hora, Carlos estaba muy a gusto y le tocaba el pecho a Sonia delante de mí sin ninguna pudor.

Yo me estaba excitando mucho y quería tocar yo también pero decidí esperar un poco. Luego decidieron que nos llevábamos bien y querrían seguir como lo planeado. No podía creer que me iba a follar toda la noche a esa maravillosa hembra con su marido. Me daba escalofríos. Antes había hecho un trío con un amigo y una amiga que no eran pareja. Pero esa vez era mucho más excitante. Luego se fueron a vestir en la recámara y Carlos me llevó y me dijo que viera lo que me esperaba.

Su mujer estaba casi desnuda en la recámara. Entonces les enseñé fotos muy cachondas de mi mujer y yo mientras acariciaba las nalgas de su mujer casi desnuda. La acostamos en la cama y empezamos los dos a chuparle los senos. Se puso muy relajada (teníamos apenas dos horas de vernos y tenia un seno de Sonia en mi boca). Después de ese pequeño momento nos vestimos para ir a comer en un restaurante.

En el restaurante, Carlos tocaba los senos de Sonia muy discretamente, además le pasaba la mano sobre la concha también muy discretamente. Yo del otro lado muriendo para tocarla pero tenia que esperar. Hablamos de sexo, sexo, sexo y todo lo que le íbamos a hacer a su esposa

Regresando al departamento se pusieron muy confortables y nos fuimos a la sala donde todo empezó. Yo seguía vestido pero no por mucho tiempo. Entonces Carlos se puso a besar a su esposa y acariciar su concha afeitada. Luego se paró y empezó a tomar fotos de Sonia conmigo. Muy rápidamente empecé a besarla, tocarle los senos y pasar las manos por su concha que rebosaba humedad por la situación.

Me encantaba como besaba esa mujer, con una sensualidad increíble. Ella buscaba mi polla para ver el efecto que me hacía. Yo seguía besándola y acariciando sus senos mientras su marido se puso a comerla. Desde ahora empezó un noche de sexo increíble. En ese entonces era como la 10:30 de la noche.

Jugamos así durante un tiempo, ella me chupaba, su marido la comía y le entraba unos dedos adentro de su concha, después yo la comía y así durante un tiempo. Era increíble ver a esa mujer disfrutando de nosotros. En una de esas, estaba mamando a su marido y yo tocando su clítoris y se vino su marido en la boca de Sonia, ella tragando todo pero se cayó algo de semen sobre sus senos. Era increíble la sensación de verla chupar así y caer el semen en su cara y pecho estando yo muy cerca. Eso me puso a cien! Luego ella me acostó y se puso a chuparme como toda una experta hasta que me viniera en su boca y su marido tomando fotos y fotos de la escena.

Después puse un vídeo casero donde yo cogía con mi esposa. Carlos se masturbaba viéndome coger con mi esposa en la pantalla gigante que tengo. Su esposa también se animaba y lo volvió a chupar mientras yo le tocaba el ano y el clítoris. Él se vino otra vez en la boca de su esposa y ella se corrió, yo acariciando su clítoris y entrando mis dedos en su vagina. ¿Excitante no?, verme coger con mi esposa en la tele y Carlos gozando de una mamada y yo pasando los dedos y la lengua en la concha y el ano de su esposa. Que rico! Nos corrimos otra vez.

Luego de eso tomamos tequila, Sonia nos pidió entonces que la masturbáramos. Carlos y yo, obedientes, le metimos dedos en la concha juntos y se la frotamos hasta conseguir que ella se corriera con unos tremendos espasmos y gritos de perra en celo. Luego de tener los codos y las rodillas raspadas con el tapete de la sala nos fuimos a la recámara.

Era entonces las 2:00 de la madrugada. En la cama nos empezamos a besar. Sonia me pasaba la lengua por todos lados y me acariciaba el ano a veces con un dedo muy suavemente. En una de esa me estaba mamando y su marido la penetró por atrás. Wow, era increíble ver a esa mujer así gozando con dos hombres.

Después de un rato ella me dijo: cógeme por favor, cógeme quiero sentirte a dentro y quiero que eches tu semen dentro de mi. Eso es lo que querría hacer desde mucho tiempo pero estaba esperando que ella me lo pidiera. Entonces entré mi pene en su concha y empecé a bombearla con ganas y ritmo mientras su marido se masturbaba a nuestro lado. A veces se acercaba y Sonia le chupaba el pene con vigor.

Yo me vine después de un rato estando en su concha tan caliente. Era especial venirme dentro de Sonia, su marido estando a lado de nosotros. A el le excitaba mucho ver gozar a su mujer así.

Descansamos un rato hablando y tomando tequila y porto. Después de un tiempo Carlos sacó las sábanas de la cama, encendió la luz, y empezó a sobar los pechos de su mujer, que estaba desnuda entre los dos hombres. Carlos, animada su polla de nuevo, continuaba tocándole el clítoris. Sonia, ante el ataque de sus dos hombres, se corrió de tanta frotada de concha.

Al poco tiempo yo vuelvo a cogerla por atrás esa vez. La cogía muy fuerte y ella gritaba que le gustaba y le decía a su marido como le gustaba lo que le hacía. Después me puse en la cama boca arriba y ella se puso encima de mi. Verla cabalgando así sobre mí me puso a cien. Era tan guapa tocándose los senos y con cara de mujer satisfecha con dos machos a su disposición. De vez en cuando buscaba la polla de su marido. A veces lo chupaba mientras yo la seguía cogiendo.

Al rato me saqué la polla de su vagina y me corrí sobre sus piernas. Luego, luego se paso los dedos en las piernas. Así lo hizo, limpiando con su lengua todo el pringue que recogieron sus dedos en sus piernas y su marido se vino sobre sus senos viendo eso y mi corrida en las piernas de su mujer.

Ya era como la 5:30 de la madrugada. Todavía no terminaba. De lo cansado nos pusimos a dormir. Como a las 7:00 yo me desperté y empecé a acariciarle las manos a Sonia. Ella también estaba despierta. Nos mirábamos en los ojos, tocándonos con mucha suavidad y con mi pene erecto buscando la entrada de su coño y su marido al lado durmiendo. Después de un rato jugando ella sintió las manos de su marido masturbándola. Se corrió casi en el momento de tanta excitación.

Pasaron unos minutos (Sonia se había puesta muy, muy, muy caliente y cachonda) y se puso encima de mi, metiendo mi polla por su concha y le pidió a Carlos que volviera a darle por el culo pero esta vez con su pene, no solamente con sus dedos. Luego me enteré que era la primera vez que le penetraban dos hombres así. No vaciló éste y al momento Sonia tenía las dos pollas dentro de ella, en una doble penetración salvaje, con azotes en las nalgas que le propinaba Carlos y mordidas de tetas y pezones que yo le daba.

Ella seguía moviendo el culo para satisfacer más a sus hombres. Nos corrimos los dos a la vez llenando de semen su concha y su ano. Ella estaba gozando como nunca.

Ahora era como la 8:00 AM, nos duchamos y fuimos a desayunar juntos todos bien cansados. Luego se fueron. Desde ese día estamos en contactos y nos gusto tanto a los tres que vamos a volver a repetir eso. Sobre todo que llegan la vacaciones de Navidad y creo que vamos a disfrutarlas mucho. Luego les sigo contando las nuevas.

Autor: Heathack

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Me cogí a mi suegra

Conduje mi pija hasta su concha que era un mar, y la ensarté de un solo estoque lo que la hizo abrir la boca, pero no profirió ruido alguno; la calentura era demasiada, la situación, el saber que era mi suegra, el hecho de que se presentara así, el lugar y todo lo que se puedan imaginar me hizo que luego de 4 ó 5 metidas y sacadas le llenara la concha de leche.

Tal vez todos los hombres casados y los que no, tengan su fantasía, pero lo que es seguro es que más allí o más aquí todos hemos fantaseado con cogernos a la suegra. Hay veces que solo es un sueño y otras en que se convierte en realidad. A mí se me ha convertido en realidad 3 veces en mi vida: una cuando me desempeñaba en un pueblo del interior y dos desde que estoy en la capital. En una de estas dos veces (la primera) se me dio con mi suegra-suegra, es decir con la madre de mi esposa y luego con la madre de mi compañera.

Yo no he hecho muchos méritos para merecerlo, pero la verdad es que si me ha tocado ser el macho de mis suegras, y lo he disfrutado mucho. La primera vez yo tendría 30 años y ella unos 40 a 45 muy bien llevados, y debido a que con su hija hablaban de los temas amorosos de la joven esta una vez le dijo a su madre que salía con un tipo así y así, que la tenía loca, que le había “besado allá abajo” como se decía antes y que le había encantado; tanto que pensaba hacerlo todas las veces que fuera posible, y por ahí la veterana se empezó a calentar y una semana después se me apareció y solo me dijo:”vengo a ver si lo que me contó mi hija es cierto”, a lo que yo quedé pálido y solo atiné a decir:
No se lo que le dijo.

“Verás he hablado con ella y me ha contado que la atiendes muy bien y que eres un excelente hombre en la cama” Sra; por favor que cosas dice. “Cosas que se que son verdad pues mi hija en eso no me miente, y no te asustes porque yo lo que quiero es acostarme contigo, soy viuda desde hace tres años y no he tenido hombre en ese tiempo, pero luego de la conversación con ella estoy sumamente excitada y espero que le hagas honores a tu fama o saldré por el pueblo a decir que eres un pervertido.”

Ni hablar que la Sra. tuvo lo suyo y que luego de cogerla bien como se merecía, le destrocé el culo y que se fuera contenta, cosa que así fue pues su hija me lo confirmó al otro día:

“Mamá te manda saludos y dice que te portaste muy bien, que te está muy agradecida y espera que se repita”.

Cuando me cogí a mi suegra-suegra, ya se los conté y les conté toda la historia de ella en mis relatos las memorias de jai y subsiguientes. Pero lo que me pasó con Célica es de novela: después de haberla “punteado” toda una noche en un festival de música al aire libre, se mostró muy recatada hasta no hace muchos días, en que al llegar de visita me dio un beso muy cerca de los labios, tan cerca que sentí su saliva sobre mis labios y mi mente dijo… Te pasaste de la raya, ahora la quedas.

Fue así que al irse repitió lo mismo a escasos metros de su marido y de sus hijas (mi compañera y su hermana) como con naturalidad, pero que en verdad no era así sino que era una invitación. Al otro día yo llegaba a eso de las 18hrs. de trabajar y ella estaba sentada en el living de casa, y cuando la vi me mente se activó y le hice seña de silencio con el índice en la boca, mientras me acercaba despacio y sin hacer ruido por detrás de ella que estaba sentada y sonriéndome mientras me miraba; cuando llegué a su lado le dije al oído: Ahora quiero un beso de verdad.

Ella sonrió más, giró su cabeza y me ofreció su boca, haciéndome calentar al máximo allí mismo y tomándola de la nuca apreté mi boca contra la suya y nuestras lenguas se buscaron afanosas, y juguetearon un rato hasta que se separó y me dijo:”basta por ahora que nos pueden ver”,¿es que hay alguien en casa ? pregunte, “siii” asintió con la cabeza, está Verónica”. No había pasado ni 5 minutos cuando se aparece Verónica y saludándome me dice: No te sentí llegar, voy a la panadería por bizcochos y vuelvo.

Dicho esto salió, y Celica mirándome con una sonrisa se levantó y tomándome de la mano me condujo hacia un corredor que tiene la casa, yo la seguí, estaba caliente y no me pensaba quedar así. No bien salimos del living, me recostó contra una pared y comenzó a besarme con furia, con desespero, con pasión contenida quien sabe desde cuando, y mi lengua buscó la suya, y se encontraron en una danza sin fin mientras mis manos bajaban hasta el ruedo de su pollera y comenzaban a subirla y a acariciar aquellas piernas, y cuando le tuve la falda arrollada en la cintura mis manos se depositaron en sus nalgas y buscaron frenéticas el elástico del calzón y se lo bajé hasta las rodillas…

Bajé el cierre de mi bragueta, le saqué una pierna de la bombacha, le levanté una pierna y con la otra mano conduje mi pija hasta su concha que era un mar, y la ensarté de un solo estoque lo que la hizo abrir la boca, pero no profirió ruido alguno; la calentura era demasiada, la situación, el saber que era mi suegra, el hecho de que se presentara así, el lugar y todo lo que se puedan imaginar me hizo que luego de 4 ó 5 metidas y sacadas le llenara la concha de leche.5, 6 chorros inundaron su vagina, y un aaaagggghhh en suspiro y sin ruido salió de su garganta, dando aprobación a tan corto polvo.

Saqué mi verga aún chorreante, me limpié con su calzón, se lo ayudé a poner de nuevo y ahí recién habló: ¡Por favor que cantidad de leche! Me corre por las piernas, que divino ¿siempre sos asi? y tomando mi cara entre sus dos manos me dio otro beso en la boca y me dijo: ¡Gracias! Espero que se repita. No lo dudes, le dije, pero ahora vete al baño, te higienizas, pero no te pones la bombacha, y cuando estemos todos tomando el té, yo haré como que se me cae algo, me agacharé a recogerlo y quiero que tú abras las piernas y me muestres esa “cosota” divina que ahora no vi…

Desde hoy serás mi hembra y me complacerás en todo o de lo contrario, yo no estaré más para ti. Si mi vida, haré todo lo que me pidas, dónde lo pidas y cuándo lo pidas, serás el compañero de mi hija, mi macho, mi amante, y yo seré tu hembra, tu puta.

Pasó hace pocos días. Solo esperaba la oportunidad para contárselos. Espero les haya gustado, Celica no sabe lo otro con su otra hija y con su nietita la menor, es decir con Verónica y con Sandrita.

Chau.

Autor: Olimarcito

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En los hombres se puede confiar

Mi polla se apretó contra el potro al que me había atado. La sensación subió por mi espalda como una ola cálida, y estalló en mi nuca. Me encantaba, quería que me follase, ser sometido por aquel macho dominante, que me tomase como suyo, como su puta, su hembra, su perra, su guarra. Que me usase para lo que quisiese y que luego me tirase a un lado, hasta que tuviera ganas de follarme de nuevo.

No se por qué cuento esto ahora, cuando ya han pasado tantos años. Debería haberlo contado en su momento, para que todo el mundo hubiese condenado lo que me hicieron, pero supongo que en el fondo no quería que nadie los castigase. En el fondo me había gustado tanto como a ellos.

Era el año 1980, más o menos el mes de abril. Había repetido un par de cursos 5 años antes, a causa de la muerte de mi padre, pero este era mi último año en el colegio. Al año siguiente tendría que empezar el instituto, y reconozco que me daba miedo. Mi colegio era muy conservador. Quizás años atrás todos los profesores eran curas, pero en mi época esto había cambiado. Eso si, seguíamos siendo un colegio exclusivamente masculino. Las chicas eran algo desconocido para nosotros, algo prohibido, y para alguno de los pocos curas que aún daban clase, eran el demonio.

Supongo que lo creí, o que me lavaron el cerebro, pero las aborrecía. Por el contrario mis compañeros, mis profesores, el director… Todos eran hombres, y en ellos si se podía confiar. Una tarde el profesor de gimnasia nos hizo un examen sorpresa. Yo era muy responsable, vamos, que era el típico chaponcete, y me puse muy nervioso porque todo me había salido muy mal. Nunca fui muy fuerte, ni muy ágil, y en ese examen quedó claro.

Me sentí tan mal que me puse a llorar. El profesor, Don Andrés, era un tipo alto, de espalda ancha, de unos 45 años. Tenía una ligera barriguilla, pero se mantenía en buena forma, supongo que gracias a su trabajo. Tenía un pelo oscuro y bastante tupido, y llevaba un bigote espeso y bien cuidado. Era un cascarrabias, el típico profesor autoritario que te grita por todo y para el que todo lo que haces está mal. Por eso me sorprendió tanto que mandase a todos los alumnos que se reían de mí a las duchas, se sentase a mi lado y con una voz grave y tranquila me dijese:

– Pero Juan hombre, no te pongas así. Que esto no es para tanto. – Si que lo es Don Andrés, me ha salido fatal, y va usted a suspenderme.- sollocé. – No hombre – me dijo – esto ha sido sólo para asustaros y que os toméis el curso en serio, tú tranquilo… Y allí se quedó, más de 20 minutos consolándome y tranquilizándome, hasta que vi el reloj. – Caray Don Andrés, son casi la ocho y media. Van a cerrar el colegio y me voy a quedar aquí encerrado. – No te preocupes –me dijo- voy a avisar al director de que no cierre la puerta, y así podrás salir. Dúchate rápido y ve corriendo a casa, que tu madre estará preocupada. – No se preocupe, mi madre no llega de trabajar hasta las diez y media. Si usted avisa al director no hay problema.

Me fui corriendo a la ducha. El vestuario estaba ya vacío. Todos mis compañeros se habían ido a casa. Me quité la ropa y la dejé desperdigada en uno de los bancos del vestuario. Olía a humedad. Era normal, los vestuarios estaban en el sótano del pabellón del colegio y no tenían ventilación. Había unas ventanas en lo alto de la pared del fondo, pero estaban selladas y pintadas con una pintura opaca. Años atrás habíamos tenido un par de problemillas con un mirón de la zona, y se decidió que lo mejor era quitarle todas las posibilidades de vernos de cerca.

Abrí el grifo y me metí en la ducha. Aún estaba un poco fría, pero pronto aumentó su temperatura. Me froté rápido con jabón la cabeza y el cuerpo, y empecé a enjuagarme. Y de pronto todo se oscureció. No veía absolutamente nada. Abrí y cerré los ojos unas cuantas veces, porque no creía que pudiese haber una oscuridad tan absoluta, pero al final me convencí.

– Mierda –pensé- a ver como llego ahora hasta la mochila.

No recordaba donde la había dejado, y no me veía capaz de encontrarla a ciegas, sobre todo porque los bancos cambiaban de sitio cada día a causa de nuestros juegos y peleas mientras nos cambiábamos. Salí de la ducha con las manos extendidas. Di un pequeño resbalón y mi pie se estampó contra la pata metálica de uno de los bancos.

– ¡Ahhhhhhhhhh! –grité mientras me frotaba el pie sentado en el suelo. – ¿Juan estás bien? Era Don Andrés. Menos mal, aún no se había marchado. – Juan, tranquilo, ha habido un apagón. ¿Dónde estás? –lo oí gritar. – En el vestuario –dije como pude a causa del dolor. – No te muevas, voy para ahí. –dijo Don Andrés. – Vale –respondí.

Oí sus pasos acercarse, un poco dubitativos a causa de la oscuridad supuse. Entró en el vestuario y a tientas y guiado por mi voz llegó hasta donde yo estaba.

– Tranquilo, ya estoy aquí –dijo- Pero Juan, estás empapado, y helado. – Si, no tuve tiempo de secarme, no encontraba la toalla.-respondí.

Hasta entonces no había notado el frío, creo que porque estaba muerto de miedo, pero en ese instante me di cuenta de que tenía la piel de gallina.

– No te preocupes, en mi despacho hay una taquilla, y tengo varias toallas dentro. Iremos allí y te secas. – dijo Don Andrés. – Pero no sabré ir a su despacho… -respondí. – Tranquilo hombre, que te guió yo.

Y entonces puso una mano sobre mi cuello, justo en la unión con los hombros. Estaba caliente, muy caliente, y me dieron varios escalofríos de placer a causa de la diferencia de temperatura entre su mano y mi cuerpo. Era una mano contundente, dura y segura de si misma, con autoridad, pero me guió suavemente hasta su despacho. Una vez allí me dijo:

– Quédate aquí y no te muevas. Vuelvo enseguida con la toalla. Y no te muevas- repitió- o me costará mucho encontrarte.

Me quedé allí quieto, desnudo, empapado y helado. Totalmente indefenso. Oía a Don Andrés buscar en la taquilla, y de repente el ruido paró.

– ¿Don Andrés?-llamé. – ¿Siiiiii?

Salté del susto, pues la voz lasciva venía justo de detrás de mí. A pesar de mi salto dos manos fuertes me cogieron, una por la cintura y la otra por la nuca, y me obligaron a inclinarme hacia delante, haciendo una L.

Mi cara se topó de golpe con algo duro, pero acolchado, y el golpe me atontó un poco. Noté como me colocaban sobre algo pequeño, boca abajo, y me ataban a él con una cuerda. Reconocí de inmediato aquello sobre lo que estaba tumbado. Era el potro de salto de la clase de gimnasia. El pequeño, que solo usábamos para dar saltos con las piernas abiertas. Mis pies aún estaban en el suelo, y mi culo totalmente abierto estaba en pompa. Me ató las piernas a las patas del potro, e hizo lo mismo con mis brazos y las patas delanteras.

– Don Andrés ¿Qué hace? Suélteme por favor…-grité. – ¡Cállate!- gritó Don Andrés aún más alto.- Don Andrés yo… -empecé a decir. – Muy bien, si no te callas…

Metió una tela en mi boca y la ató fuerte con una cuerda. Grité lo más fuerte que pude, pero nada salió de mi boca. La tela era muy gruesa, y casi no me dejaba respirar, mucho menos emitir sonido alguno. Entonces noté una respiración excitada en mi oído, era Don Andrés.

– Ahora eres mío, solamente mío, y te voy a hacer ver las estrellas. De dolor…y de placer. Vas a ser usado como lo que eres, una puta, mi puta. Y te aseguro que si te resistes… será peor, mucho peor.

Me moría del miedo. Sabía lo que iba a hacerme, y me horrorizaba, pero no podía hacer nada. Se colocó detrás de mí, y empezó a masajearme el culo. Poco a poco pasaba su lengua por mi ano virgen y me lo llenaba de babas. Y entonces ocurrió lo que yo menos esperaba. Me empalmé. Mi polla creció de golpe y se apretó contra el potro al que me había atado. No me lo podía creer. Me estaba gustando. La sensación subió por mi espalda como una ola cálida, y estalló en mi nuca. Me encantaba, estaba totalmente salido. Quería que me follase, ser sometido por aquel macho dominante, que me tomase como suyo, como su puta, su hembra, su perra, su guarra. Que me usase para lo que quisiese y que luego me tirase a un lado, hasta que tuviera ganas de follarme de nuevo.

Y Lo hizo. Cuando consideró que mi culo estaba bien mojado colocó su polla en mi ano virgen y me la metió de un solo golpe. Grité del dolor, pero seguía queriendo más. El dolor pasó, y mi calentura aumentaba por momentos. Me di cuenta de que le quedaba más polla para darme, y relajé mi culito para recibirla como se merecía. Era una buena polla gruesa y dura, o por lo menos eso le parecía a mi anillito recién desvirgado. Se acostó sobre mi espalda y noté su pecho y barriga peludos, como los de un buen macho, y ese placer hizo que me corriera. Don Andrés notó las contracciones de mi culito contra su polla, y se acercó a mi oído diciendo…

– Así que en el fondo eres una putilla. ¿Te está gustando verdad?

Y mientras decía esto no paraba de follarme, cada vez más duro, cada vez más al fondo. Pensé que estaba apunto de correrse, pero me equivoqué. Mi hombre era un macho de verdad, un macho que sabía tratar a su hembra, fuerte y duro como su polla. Yo seguía amordazado aunque ya no hacía falta, a no ser por los gritos de placer. Me costaba respirar y para coger un poco de aire levanté un poco la cabeza, liberándola de la mano de mi macho, que la estaba sujetando por los pelos. Me quedé de piedra.

Frente a mí vi una luz roja, pequeña, que por momentos intensificaba su brillo. Era la brasa de un cigarrillo, no, algo más grande, la de un puro, y en todo el colegio sólo una persona fumaba puros. Don Julián, el director de la escuela. No sabía que hacer. No podía avisar a mi macho, que seguía follándome sin piedad, de que el director había entrado y nos había pillado. Moví mis nalgas como pude, pero Don Andrés no paró, y el director seguía acercándose. Desató la cuerda que me amordazaba y retiró la tela de mi boca.

– Don Julián, esto…

No pude continuar. Me agarró por el pelo y clavó su enorme polla en mi boca, hasta el fondo. No sabía como reaccionar, no entendía nada, intenté apartarme y…

– Puta, o chupas esa polla o te juro que Don Julián apagará ese puro en tu espalda- dijo Don Andrés.

Así que eso era. Lo entendí de repente. Estaban en compinche desde el principio. Desde que supieron que mi madre no me esperaba, o incluso desde antes. Quien sabe si aquel examen sorpresa no era tal. Ya me extrañaba que el cabrón de Don Andrés hubiera estado tan amable consolándome. Don Julián era el más antiguo de los profesores del colegio, pero aún así sólo tenía 50 años. Estaba calvo y tenía barriga, pero si mi macho quería que se la chupase… Se la chuparía hasta dejarlo seco.

Don Andrés seguía follándome cada vez más rápido, y consiguió que volviera a empalmarme. Cada una de sus embestidas hacía que la polla de Don Julián entrase hasta mi garganta. Al principio me daban arcadas, pero conseguí relajar la garganta al igual que el culo, y acabó entrando suavemente.

– Lo ves Julián – dijo Don Andrés- te dije que este chico era una puta, que se le veía en la cara, y yo a las putillas como esta las reconozco nada más verlas. – Tienes toda la razón, la come de puta madre, es más creo que… uh… voy… uuuhhhh

Y se corrió en mi garganta, con la polla metida hasta el fondo, con los pelos de su pene haciéndome cosquillas en la nariz, y su mano en mi nuca aplastándome contra su barriga. Ni siquiera tuve que tragarme su semen. Simplemente bajó por mi garganta despacio, cálido y pastoso. Empezó a retirarse hacia atrás, pero cerré la boca y mis dientes arañaron suavemente su capullo hinchado y rojizo.

– ¡Ehhhh! –gritó. Y mi macho me dio una palmada en el culo. – Trata bien a Don Julián puta o te acordarás de nosotros –dijo Don Andrés.

Ya tenía la boca libre y podía hablar.

– No Don Andrés, no quería lastimarlo, sólo pretendía limpiarle bien la polla, para que no tenga que limpiarla él con papel higiénico que es muy áspero.-dije. – Joder Andrés, menuda joya que has encontrado-dijo Don Julián volviendo a meter la polla en mi boca.- Chupa hijo chupa, por mí que no quede.

Don Andrés se había quedado quieto de la sorpresa. Supongo que no esperaba que fuese tan puta como había demostrado, y su polla había salido de mi culito, que latía hambriento de su macho, bien abierto para recibir toda su fuerza.

-Por favor Don Andrés no pare, fólleme por favor, hágame su putita, reviénteme el culo, haga lo que quiera, pero no pare.-dije sacándome la polla de Don Julián de la boca.

Aquello excitó más aún a mi macho, que me la clavó sin piedad hasta el fondo, y tras unas cuantas rápidas embestidas, se corrió en mi culo, empujándome con cada chorro de lechita que salía de su nabo, tirándome de los pelos y mordiéndome la nuca. Salió de mi culo lentamente, agarró mi polla y la meneó hasta que me corrí. Estaba muy cansado, así que me llevaron a la ducha y me limpiaron bien a fondo. Me vistieron y abrieron la puerta del despacho. Fuera ya había luz. Miré inquisitivamente a Don Andrés.

– Ya hemos conectado los fusibles. No hubo ningún apagón putilla, solo queríamos follarte- me dijo. Don Julián se reía en una esquina. -¿Sabes?-continuó mientras agarraba con fuerza mis pelotas. –El otro examen lo suspendiste, pero este lo has pasado con nota… perra. Creo que no hace falta decirlo, pero como digas algo a alguien te mato. Lo mire a los ojos y le dije. -Usted lo ha dicho Don Andrés, no es necesario. -Muy bien- contestó- ya nos veremos para próximas evaluaciones- y apretando fuerte mis pelotas me empujó fuera del gimnasio y cerró la puerta.

Me fui a casa, y…

Este relato, aunque relatado como real, es totalmente ficticio. Cualquier similitud con lugares o personas reales es simple casualidad.

Espero vuestros comentarios.

Autor: yomiamo

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Cabalgando a una hembra en un cine porno

Deseaba a toda prisa que te convirtieras en mi dios y yo en tu diosa, tenía la necesidad de calmar ese deseo desenfrenado, necesitaba calmar el instinto más básico que existe, el deseo animal, el deseo de ser follada por un macho, el deseo de hacerlo como dos seres que buscan sólo el placer de follar, el deseo de sentirme como tu puta y el deseo de que tú te sintieras como mi macho cabrón.

Nos conocimos aquí, gracias a esta página. Y digo gracias, porque de no haber sido a través de este medio seguramente nunca nos hubiéramos cruzado en el camino. Y ahora se que conozco a la persona más impresionante y sexualmente morbosa que he conocido jamás.

Yo leo de vez en cuando en esta sección de relatos eróticos, algunos bastante buenos, han conseguido excitarme de verdad. A mí también me gusta escribir sobre experiencias vividas o fantasías que se me ocurren. Pero hasta hace poco no había publicado nada. Un día como otro cualquiera cayó ante mis ojos uno de esos relatos especiales. Su autora, según ponía era una chica. Había conseguido que me sumergiera en su historia, no sabía si real o ficticia en ese momento, aunque después me ha quedado muy claro que era auténtica.

Nunca me había planteado la opción de escribir a alguno de los autores que aquí dejan sus historias, pero ese día y después de haberme masturbado leyendo ese relato, me aventuré a hacerlo. Precisamente la duda de saber si era cierto lo que allí contaba me animó a escribir y también el hecho de haber imaginado en muchas ocasiones, una historia muy similar a la suya. Escribí un email a su dirección, y si os digo la verdad, con ciertas dudas respecto a una posible respuesta. Entre otras cosas porque siempre he pensado que la personalidad de alguien que escribe en un sitio así puede ser totalmente distinta a la real. Pensaba que incluso podía no ser una chica la que escribía esos relatos.

Me contestó y curiosamente ese no sería el único mensaje de ella. Después de ese hubo más, nos hicimos asiduos poco a poco. Intercambiábamos opiniones sobre los relatos que leíamos, yo le mandaba relatos míos, ella me mandaba los suyos antes de publicarlos y así nos fuimos conociendo un poco más cada día.

Lo que más me alucinaba aunque por otro lado asustaba también, era el placer que ella experimentaba al sentirse y actuar como una autentica puta. En sus relatos lo plasmaba perfectamente. Y digo asustaba, porque lo que en un principio pensaba que era una manera de escribir esos relatos, me daba cuenta a través de sus emails personales, que no, que ella misma era así. Hasta ahora la manera que yo tenía de tratar a las mujeres siempre había sido con ternura, delicadeza, entrega y pasión. Pensar que alguien pudiera someterse a mis más ocultos deseos, obedecer, desear ser sometida y sentir placer con ello, no había pasado por mi cabeza. Pero ahora empezaba a despertar ese deseo, ella lo despertó.

Llegó el día que decidimos dar un paso más, hablaríamos por teléfono para quedar en persona y hacer realidad el deseo que había surgido entre los dos. Ser una puta para mí. Así sucedió y así le escribí a ella lo que sentí y viví en esos momentos, al igual que ella también escribió algunas partes de esta historia antes de publicarlo para todos vosotros.

La llamé por teléfono. Era la primera vez que lo hacía. En mi oreja el ruido de la línea, el teléfono marcando. En mi pecho el corazón latiendo acelerado ante la incertidumbre de escuchar una voz al otro lado.

– ¿Si? – Hola. – Hola, cuanto tiempo sin oírte. – Si, toda una vida. – Esperaba tu llamada… me tienes como loca de nervios y muy caliente.

Dejaste esa palabra flotando en el aire. Pasaron unos segundos, quizás menos. Una nueva voz al teléfono nunca es igual a como la hemos podido imaginar. La tuya me sorprendió, me gustaba más que la que yo tenía en mi imaginación.

– Me alegro, es lo que quiero. Pero aún queda mucho por calentar y voy a derretirte. – Uuufff, claro… lo que tú quieras… ya sabes que lo estoy deseando.

Tú corazón también se había acelerado, mi voz acariciaba tus oídos y hacía que la excitación aumentara por momentos.

– Pues te voy a decir donde podemos quedar. (…), es una plaza conocida, no creo que te sea difícil llegar. Hay una salida de metro cerca de una heladería Haägen-Dazs. Verás la cabina azul que ya te comenté, y allí me esperas.

– Oye, ¿no me vas a decir tu nombre? – ¡No!, Eres mi puta y de momento no quiero que lo sepas. Tendrás que ganártelo. – ¡Joder como me tienes! – Si, lo se. Y así quiero tenerte. Vas a saber lo que es ser una puta de verdad. – AAuuuhhh… eehh… ¿a qué hora nos vemos? – Diez y media, ¿te viene bien? – Vale, estupendo. ¿Sugieres algo más? – Si. Me gustaría que llevaras puesta una falda, pero con nada debajo. Quiero que el tanga lo lleves en el bolso. Más tarde te lo pondrás delante de mí. Quiero ver como lo haces y poder contemplar ese fantástico culo con el tanga puesto. – Que cabrón, como me has puesto, me tienes encharcada. – ¡Chiiissss!, calla, no digas nada. Ya me lo contarás luego. – Vale, pues hasta luego. – Hasta luego.

Cuando llegué a las 22:30 ya estabas allí junto a la cabina. A pesar de que era de noche y desde la otra acera solo se apreciaba la figura de una mujer, sabía que eras tú. Solo había visto aquella foto que me enviaste, pero una melena negra como esa es inconfundible. Según me acercaba pude comprobar lo impresionante que estabas. Minifalda blanca, camiseta ajustada de tirantes marcando unas tetas de impresión y un pequeño bolso colgando del hombro. Imaginaba tu sexo dándole el aire, pensando que me habías hecho caso y venías sin nada. Imaginaba como habría sido el viaje hasta allí, sintiendo los pliegues de tu vulva hinchada por el deseo. Me acerqué hasta tu lado.

– Hola. – Holaaa… – ¿Sabes?, Eres mi puta preferida, vas a ser mi esclava, has venido hasta aquí para venderte y me vas a ofrecer tu cuerpo.

(Esta parte está escrita por ella).

Tú no paras de dar vueltas a mi alrededor, observándome a mí de pie, quieta. Veo como miras mi culo, mis tetas. Pasas tus manos por mis nalgas comprobando si la mercancía es de primera, acercas tu cabeza por detrás y te pegas a mí, oliendo mi pelo mientras me dices: “Serás una buena puta para mí, te quiero para mi disfrute personal, para que me hagas correr, para que me hagas gozar”. Sigues comprobando el material, levantando un poco la minifalda metes una mano entre mis piernas y la subes hasta mi coño. Un coño que no lleva nada encima excepto los flujos que están saliendo de él. Compruebas el tamaño de mi coño, su tersura, su hinchazón, para ver si tu polla dura se ajustará bien a él, para ver si me podrás dar unas buenas folladas.

Después de comprobarlo me dices: “Sí, tu coño está hecho para mí, el producto me convence”. Das la vuelta por detrás de mí observando las curvas de mis caderas. Con uno de tus dedos vas marcando un camino por ellas, bajando hasta el borde de la falda para introducirlo entre mis nalgas y llegar hasta el mismísimo agujero de mi culo, porque con un movimiento de mis caderas te facilité el camino. Entonces dijiste: “Tienes el culo perfecto para que mi polla descargue en él”. En último lugar comienzas a mirar mis pechos y me preguntas: “¿Podré mamar de ellos? Yo sigo callada.

Me dices que vas a hacer la prueba final. Vuelves a mi coño y directamente metes un par de dedos en mi abertura. ¡Y si!, soy tu puta, estoy mojada y mucho, tanto que cuando te separas de mí observas como una corriente de deseo se desliza por mis muslos. Me gusta pensar que me follarás, es más, me encanta saber que voy a ser tuya y que mi coño llamará a tu polla a gritos. Después de hacer la prueba me dices que definitivamente soy para ti. Que soy una puta que desea que su cabrón la folle hasta llevarla al éxtasis. ¡Eres mía!

(Yo).

Pensé que estaba flotando, viendo una película. Pero al acercar mis dedos hasta la nariz, supe que no.

– ¿Me acompañas?

Con un gesto de asentimiento de tu cabeza mientras tus ojos se fijaban en los míos y una sonrisa de lujuria se dibuja en tu rostro, aceptaste la invitación. Empecé a andar y seguiste a mi lado hasta llegar a mi coche, entré en él y te abrí la puerta. Una vez acomodada en el asiento pude ver tus largas piernas porque no las cubría la minifalda ni a mitad del muslo. Las dejaste separadas (supongo que aposta). Me preguntaste:

– ¿A donde me vas a llevar? – Ya lo verás. Contesté yo.

Fuimos hasta una sala de cine que no había muy lejos de allí. Era un cine porno.

(Escribe ella).

Llegamos al cine, ambos nerviosos y excitados. El deseo que tenía hacia ti antes no tenía rostro, solo cuerpo, pero ahora, después de habernos visto en la cabina de teléfono ese deseo se localizaba en cada centímetro de tu cuerpo… la expresión de tu cara, tus ojos, tus labios, tus manos, tu olor… todo ello me invitaba a follarte y a que tú me follaras como un auténtico salvaje, ayudados además por la excitación que provoca estar en un cine porno, viendo enormes pollas y tetas en la pantalla y tener a cantidad de hombres sentados en las butacas, excitados y pendientes de cualquier pareja que entrara a la sala. Nosotros íbamos a tener la oportunidad de darnos el gustazo de hacerlo.

Estábamos en la puerta de acceso al cine, estaba nerviosa de no saber lo que allí dentro me esperaba, pero tu mirada me tranquilizaba. Entramos a toda prisa en la sala, nos sentamos en la última fila para así poder divisar bien la sala. No había mucha gente. Solo algunos hombres por el medio de la sala y otros en primera fila. Te sentaste y yo me senté a tu lado. Tus ojos no se apartaban de mi escote. Te animaba a deslizarte por él, pero decidimos esperar a que las luces se apagaran. Mientras eso ocurría comenzaste a provocarme susurrándome: “Imagino ahora tus labios rojos deslizándose por mi polla dura, tus manos recorriendo mi cuerpo, oliendo tu pelo mientras meto mi polla por tu culo y sujeto tus tetas para que no te escapes. Ahora el deseo tiene forma, y esa forma me encanta”.

Crucé mis piernas, mi vulva palpitaba por la excitación que me estabas provocando. Tú que lo sabías seguiste excitándome mientras esas malditas luces no se apagaban: “Ya te he follado con mis mails, con mi imaginación, pero ahora seré yo en persona el que te folle, seré yo el que tomará posesión de tu coño, será mi lengua la que recogerá la última gota de tu corrida, seré yo el que sentirá el calor de tu cuerpo, seré yo el que sentirá mi polla dentro de tu boca, ambos seremos dos animales en celo dando rienda suelta a nuestros instintos.”

En ese momento creí que no aguantaría más, deseaba a toda prisa que te convirtieras en mi dios y yo en tu diosa, tenía la necesidad de calmar ese deseo desenfrenado, necesitaba calmar el instinto más básico que existe, el deseo animal, el deseo de ser follada por un macho, el deseo de hacerlo como dos seres que buscan sólo el placer de follar, el deseo de sentirme como tu puta y el deseo de que tú te sintieras como mi macho cabrón.

Las luces se apagaron y comenzó la fiesta. Me tomaste de mi cabeza y me acercaste hasta tu boca, una boca ansiosa por buscar mi lengua, por morder mis labios, por dejarme su humedad, mientras, una de tus manos se deslizó sobre mi camiseta, palpando los pezones sobre la tela, apretándolos con tus dedos…

Mi respiración se hacía más fuerte y mi excitación aumentaba por momentos. Apartaste tu boca de la mía y te levantaste. Te pusiste de pie frente a mí, tomaste mis piernas y las colocaste en los reposa-brazos de la butaca. Mi cuerpo se había abierto para ti, para mi cabrón. Te arrodillaste ante mí y subiste mi falda hasta la cintura. Mi coño estaba completamente a tu merced, era para ti, para que gozaras con él y me hicieras gozar a mí con esa boca que tanto había deseado. Abriste mi coño con tus manos y tu lengua comenzó a deslizarse por mi vulva.

Notaste como me retorcí de placer porque te tomé de tu cabeza y de mis labios se escaparon gemidos de placer, tu lengua recorrió todo mi coño, haciéndolo lubricar y mojarse de deseo y de lujuria. Metiste la lengua dentro de mí y comenzaste a hacer círculos con ella dentro.  ¡Joder como me estabas poniendo!  Mis gemidos se hacían más intensos mientras intentaba mirar a la pantalla. El protagonista estaba desnudando a una chica y yo esperaba que le comiera el coño como me lo estabas haciendo tú. Así fue, el tío con su lengua estaba recorriendo todos los rincones de la entrepierna de esa chica.

Ver las imágenes y sentirlo en mi cuerpo me hacía gemir como loca. Pero en la sala no solo se escuchaban mis gemidos, unos hombres que había varias filas por delante se habían percatado de lo que ocurría. Me miraban, aunque al principio cuando les miré a la cara intentaron disimular volviendo la mirada a la pantalla, pero después al ver mi cara de lujuria y placer no les importó ocultar los movimientos y los resoplidos que experimentaban mientras se masturbaban. Te levantaste del suelo y te dirigiste a mi boca, querías que saboreara mi excitación y así lo hice.

Nuestras lenguas y nuestras salivas se mezclaron con el sabor de mis flujos, mordía tus labios, mordía tu cuello. Mientras el beso continuaba, comencé a explorarte. Encontré tu polla dentro del pantalón, gorda y dura. Te sentaste en la butaca y ahora la que se agachó fui yo. Bajé tus pantalones y dejé tu polla al aire. Comencé a mamarla como si llevara siglos esperando hacerlo. La recorrí con mi lengua, saboreé tu capullo como si de una golosina se tratara y la ejercité con mis labios. Me pediste entre gemidos que parara, porque si seguía haciéndolo un manantial surgiría de tu polla hacia mi boca.

Me cogiste del pelo y casi me obligaste a levantarme, porque querías, necesitabas clavar tu polla en mi coño. Me senté de espaldas a ti, situé la polla en la entrada de mi coño y fui poco a poco acoplándome a ella, mientras de mi boca se escapaban gemidos, notaba como tu polla recorría todos mis huecos, tus manos se perdían en mis tetas, eché mi cabeza hacia atrás sobre tus hombros y la giré para comenzar a morder tus labios, para buscar tu lengua.

Tus manos ahora se situaron en mis caderas y junto a ellas comencé a subir y bajar. Tu polla recorría mi coño, notando como me desgarraba, contraía mi vagina para sentirla aún más, mi rostro se desencajaba más y más, mis uñas se clavaban en tus piernas y de mi boca solo se escapan jadeos de placer por sentir tu polla dentro de mí. Me obligaste a parar y a levantarme. Tú también lo hiciste porque habías decidido cambiar de postura. Yo seguía mirando hacía la pantalla cuando pasaste un brazo por mi vientre y con la otra mano empujando sobre mis hombros me indicabas que debía inclinarme hacía abajo. Así lo hice apoyando la tripa sobre el respaldo de delante mientras estiraba los brazos para apoyar las manos sobre el asiento. Noté que te inclinabas sobre mí para acercarte a mi oído.

– Quiero ver tus tetas colgando.

Con tus manos subiendo por mi cintura levantaste la camiseta hasta las axilas para dejar mis tetas al aire. También introdujiste tu rodilla entre mis piernas forzándome a que las abriera. Estaba a tu merced, excitadísima, sentirme así me hacía enloquecer. Esperaba con ansia que me embistieras. Separaste mis nalgas con tus manos y sentí como unas gotas de saliva acertaron en mi agujero. Apreté y moví los músculos de la entrada a mi culo queriendo atrapar esas gotas, pero en ese instante sentí la presión de tu capullo como un hierro caliente sobre ellos y lo más que pude hacer fue aflojarlos para dejar que tu polla empezara a taladrar mi culo. Entraba despacio, lentamente, mientras mis caderas te incitaban a meterla hasta el fondo. Y así lo hiciste, porque noté como tus huevos chocaban contra mí.

(Yo).

Mi polla en tu culo se movía como los pistones de un tren a vapor, adelante y atrás, apretada por tus músculos, friccionando con ellos, ardiendo de calor. Me agarré con fuerza a tus caderas y con cada movimiento podía ver como tus tetas chocaban contra el asiento. En la pantalla se acababa de correr un tío en la boca de una chica y sonriendo lo enseñaba a la cámara. Cogí con una mano tu melena y tirando de ella hice que levantaras la cabeza para verlo. Tu boca estaba abierta igual que la de la chica de la pantalla. Me sentía cabalgando una yegua, con las riendas en la mano y mi cuerpo chocando contra el animal.

Aumenté el ritmo y estaba a punto de correrme, pero aún quería que probaras algo más. Inclinándome más sobre ti, bajé mi mano derecha por debajo de tu cuerpo hasta alcanzar la raja de tu coño. Fue bestial la sensación de encontrarme un charco entre mis dedos y un reguero de humedad bajando por los muslos. Empecé a frotar la palma por todo tu sexo e introduje un par de dedos en esa cueva encharcada, consiguiendo que mi mano se empapara con tus jugos. Volviéndome a incorporar tiré de la melena hacía un lado para que ladearas la cabeza, y llevando esa mano hasta tu boca te dije:

– ¡Lámela!

Pasabas tu lengua por la palma de mi mano, como esa yegua en la que te habías convertido bebería de ella. Jadeabas a la vez y con el mismo ritmo que había empezado de nuevo a taladrar tu culo. Cada embestida mía, un “aahhh…”, salía de tu garganta, un sonido ahogado, gutural proveniente del fondo de tu cuerpo, mientras con tu lengua estirada terminabas de limpiar toda mi mano. La retiré de tu boca para ponerla en tu cadera. Acerqué mis labios a tu oreja.

– ¿Sabes que voy a hacer? – ¡Nooo!, dijiste en un gemido.

Sin que te diera tiempo a imaginarlo, con mi mano izquierda tapé tu boca, y la otra que permanecía pegada a tu piel, la levanté con energía para dar un fuerte cachete en el culo, ¡plass! Quisiste gritar (de placer seguro), pero no te dejé. Lo que si escuchaste en tu oído fue:

-¡Puta!, me voy a correr en tus entrañas.

Tus manos se agarraron con fuerza al asiento cuando una corriente recorrió mi cuerpo y provocó nuevos movimientos. Sentiste esos golpes como latigazos en tu cuerpo cuando un torrente de placer empezó a inundar tu culo. Levantaste la cabeza hacia arriba al igual que haría ese animal en el que te habías convertido, pero en vez de relinchar un gemido escapó de tu garganta. Las paredes de tu culo se contraían exprimiendo mi polla y sacando toda la leche que aún podía quedar. El orgasmo fue tan bestial que mis piernas flaqueaban.

(Ella).

Caíste exhausto sobre mí y una sensación de placer inmensa me llenó al pensar en todo lo que habías disfrutado de mi cuerpo y a la vez como me habías hecho disfrutar a mí. Era una puta contenta del trabajo que había hecho. En la oscuridad de la sala pude ver como uno de esos hombres que no nos habían quitado el ojo de encima, me estaba sonriendo. Le devolví la sonrisa a la vez que nos incorporábamos y en ese instante pude sentir como escurría de mi culo aún abierto la leche de tu corrida. Relamí mis labios con lujuria e intuí que ese hombre se estaba corriendo, gracias a mí y a lo puta que era.

(Yo).

Sudorosos y fatigados nos colocamos la ropa y salimos de la sala, pasamos antes por el servicio para lavarnos y allí fue donde cumpliste uno de mis deseos.

– ¡Saca el tanga de tu bolso!, quiero ver como te lo pones.

Rebuscaste en el bolso y sacaste esa prenda. Un tanga color burdeos. Me disté la espalda, pero seguí tu mirada en el espejo que tenías frente a ti. Remangaste la minifalda hacía arriba para enseñarme tu culo, allí ante la blanca luz de los fluorescentes era algo esplendido. Vi como te inclinabas con el tanga en tus manos, tu culo me miraba, entre los muslos la prominencia marcada de tu sexo y sobre él ese agujero, colorado aún por el trabajo que había hecho. Vi como introducías los pies por la tela, como la subías lentamente por los tobillos. Como contoneabas las caderas al llegar con ella a la cintura. Y como lo colocaste entre las nalgas del culo y con delicadeza sobre los labios de tu coño.

Estiraste hacía abajo la falda y colocabas tu pelo frente al espejo dándome la espalda todavía, cuando tu mirada buscó la mía para decirme:

– ¿Nos vamos?

Autor: robinblue8

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Edgar

De un golpe introdujo aquel hierro candente en mis entrañas. Al intensísimo dolor inicial, lo siguió una sensación nueva para mí, sus movimientos me devolvían sensaciones de placer tan intensas que me llevaron a sentirme por primera vez como una hembra en celo, completamente entregada. Cuando retiró su miembro para eyacular sobre mis nalgas, yo ya había disfrutado de múltiples orgasmos.

No sé de dónde salió tu inquietud por saber a estas alturas qué sucedió entre Edgar y yo, hace ya tantos años, ¿tal vez por mi comentario de que era un golfo? ¿No te parece más lógico que este comentario se debiera a que vi como trataba a mi amiga? ¿Por qué te preocupa tanto? ¿Cuáles son tus razones?  Sea como fuere, creo que ya ha pasado bastante tiempo y que nuestra relación ha evolucionado lo suficiente como para que te pueda confesar la verdad sin ningún temor ¿me equivoco?

Físicamente ya te había comentado que me parecía muy feo, a mí los rasgos indios y ese tono de piel tan oscuro no me resultan muy agradables, además era bajito y algo gordito, pero a Esther, mi compañera de piso, le gustaba y era lo que realmente importaba. Sobre todo me causó una mala impresión por su forma de ser, pero no se lo comenté a nadie porque a la pobre Esther se la veía muy ilusionada y, como ya me había equivocado tantas veces al juzgar a personas por mi primera impresión (recuerda si me hubiera quedado con eso solamente, jamás hubiera salido contigo), decidí que era mejor esperar a ir conociéndolo mejor, para no meter la pata.

Como sabes, en Mallorca, y debido a la agradable temperatura que teníamos todo el año, en casa andaba siempre en camiseta y sin sujetador, por comodidad. Yo, en mi inocencia, no me había percatado de nada, pero Tere, la vecina del piso de arriba, me comentó un día que tendría que cuidar un poco mi vestimenta porque Edgar no me sacaba los ojos de encima y la pobre Esther se empezaba a sentir algo celosa.

Un día especialmente caluroso estaba viendo la tele con aquella camiseta blanca de algodón (¿recuerdas? la que tú me decías que tirara porque estaba muy gastada y que utilizaba sólo para dormir), y un pantalón corto que me era muy holgado en las piernas cuando, de improviso, llegó Edgar de visita y se sentó en el salón a ver la tele con nosotras. Estuve a punto de ir a cambiarme rápidamente al ver que no me miraba precisamente a la cara cuando entró en el salón, pero sentí que iba a pasar más vergüenza todavía y opté por quedarme sentada, eso sí, con los brazos cruzados sobre los pechos.

Se sentó en el sofá de tres plazas, junto a Esther. Yo estaba en uno de los sillones, ladeada hacia la tele y un poco adelantada a su posición. Sólo tenía que desviar la mirada para verme. Corroboré que era cierto, que no me quitaba el ojo de encima, pero como se dirigía a mí comentándome cosas de lo que estábamos viendo, no tenía razones suficientes para calificar su comportamiento como anormal.

Se fueron los dos a la habitación de Esther, les oí hablar de ir al cine. Cuando ya llevaba un rato sola comencé a relajarme, despreocuparme de ellos y me desperecé en el sofá. Más que sentada estaba tumbada, con las piernas separadas, en una posición muy masculina. En un momento que giro la cabeza descubro a Edgar en el marco de la puerta observándome, no sé cuanto tiempo llevaría allí, pero me puse colorada como un tomate cuando me percaté de a dónde miraba: fijamente hacia mi entrepierna. Por debajo sólo llevaba puesto aquél tanga blanco transparente, que me daba vergüenza poner porque era tan estrecho por delante que enseñaba más de lo que tapaba. Me comentó con ironía que Esther se estaba duchando y que, por una vez, había merecido la pena tener que esperarla. Desde luego que había disfrutado de las vistas: el bulto en su pantalón era más que evidente. Sentí tanta vergüenza que me levanté rápidamente, murmuré una excusa tonta y me marché a mi habitación.

Desde ese día su interés se convirtió en más que evidente, aprovechaba cualquier oportunidad para rozarse conmigo, las primeras veces realmente me parecieron sólo roces accidentales: una mano que se engancha con uno de mis abultados pezones al cruzarnos en un pasillo, un leve roce en una nalga… Empecé a sospechar que estos contactos no eran tan accidentales cuando de pronto se convirtieron en exageradamente frecuentes: sentir sus manos sobre mis pechos, o su miembro en el culito, rozándome, cada vez que nos cruzábamos en un pasillo o en el marco de una puerta no podía ser tan accidental, imagínate lo evidentes que tuvieron que ser los contactos para que se percatara alguien tan inocente como yo.

Dado lo iterativo de su conducta, me entró la duda sobre una vez que se tropezó con la mesa-camilla del salón y se cayó sobre mí, que estaba sentada en el sofá. En su momento lo interpreté como un accidente, pero ahora, y a causa de su reciente forma de comportarse para conmigo, me parece demasiado casual que sus manos fueran a parar cada una sobre uno de mis pechos, seguiría aceptándolo como accidental si no fuera porque se apoyó más tiempo del necesario para levantarse y porque, al hacerlo, sus dedos pellizcaron sospechosamente mis pezones. Recuerdo que había quedado bastante desasosegada por este contacto, pero aún así no vi otra razón en él que la circunstancial de su tropezón.

Decidí no comentar nada porque eran sólo tonterías y sabía que tú te enfadarías muchísimo. Además, a la pobre Esther se la veía tan ilusionada: no quería que me pudiera ver en algún momento como causante de sus desgracias. Era mucho mejor que ella se percatara de las cosas por si misma.

Edgar interpretó mi silencio como una aceptación y sus contactos comenzaron a prolongarse. El límite lo sobrepasó una vez que estaba yo hablando por teléfono contigo y llegó a buscar a Esther. Ella le abrió la puerta y se fue a su habitación a arreglarse. Yo seguía hablando contigo al teléfono cuando comenzó a acercarse a mí, noté algo en su mirada que hizo que me empezara a poner nerviosa. Se paró delante y, con una sonrisa lasciva, dirigió sus manos directamente a mis pezones, aprisionándolos entre sus dedos (no sé si lo recuerdas, pero se me escapó un suspiro y preguntaste qué me pasaba, tuve que improvisar una excusa tonta, que pareció que te habías creído, porque no indagaste nada más). Pero esta vez no retiró sus manos, siguió y siguió estrujando mis pechos y tirando de mis pezones mientras hablaba contigo. Yo ya no sabía que hacer, si colgaba iba a tener que darte muchas explicaciones porque estábamos hablando de algo importante, pero Edgar seguía apretando mis pezones y cada vez me costaba más disimular para que no notaras nada.

Estaba intentando abreviar la conversación para poder escapar de su acoso cuando, de repente, comenzó a alzarme la camiseta, intenté impedirlo, pero fue muy rápido y yo tenía un brazo ocupado con el teléfono. Aún así, conseguí sujetarla lo suficiente con los codos y el otro brazo para que sólo descubriera el nacimiento de uno de los pechos. Pero el muy ladino no se conformó, en vista de mi maniobra me agarró el pantalón de deporte y la braga por un lateral mientras que con la otra mantenía sujeta la camiseta. Tuve que despreocuparme de la camiseta para sujetar rápidamente el pantalón (sé que en esos momentos tú notaste la alteración en el tono de mi voz porque me volviste a preguntar si me pasaba algo, y no estuve segura de que aceptaras mi explicación, pero de todos modos no indagaste nada más).

Tuve que resignarme a que acariciara mis pechos sin ninguna traba mientras intentaba mantener la compostura al teléfono. Pero el muy cerdo no se conformó con eso, en vista de mi pasividad, se agachó y comenzó a acercar su boca. En contraposición a los modos bruscos de los que había hecho gala con sus manos, los besaba con suavidad: primero introducía el hinchadísimo pezón en su boca, jugaba un rato con su lengua sobre él y después, sujetándolos entre sus labios, comenzaba alejar lentamente la cabeza, tirando delicadamente de ellos hasta que se soltaban de la caricia, deleitándose con la mirada mientras el pecho rebotaba para, seguidamente, repetir toda la operación con el otro.

Al mismo tiempo, había introducido sus manos por la parte de atrás del pantalón de deportes y éstas amasaban, también con suavidad, mis nalgas, introduciendo de vez en cuando uno de sus dedos en el ano. Inexplicablemente, estaba comenzando a sentirme tremendamente excitada, ya no sujetaba con igual firmeza el pantalón. Menos mal que se alejó cuando oyó la puerta de la habitación de Esther, sino no sé a donde hubiera podido llegar. A mí me dio el tiempo justo de recomponer la camiseta. La pobre supongo que pensó que el enorme bulto que se le notaba en el pantalón se debía a que se había puesto muy guapa.

Pasaron tres semanas en las que me vi extrañamente libre de sus acosos hasta que un día se presentó en casa. Me resultó raro porque sabía que a esas horas Esther nunca estaba, así que le hice notar mi extrañeza. Pero el muy caradura, sonriendo cínicamente, me dijo que ya lo sabía y que era yo a quien quería ver. Su actitud me irritó, así que comencé a echarle en cara su mal comportamiento para conmigo, así como las razones de mi pasividad; le dejé muy claro que ya no estaba dispuesta a tolerarlo más y que a su próximo roce te lo contaría todo a ti y a Esther. Me dejó terminar mi discurso sin borrar la sonrisa cínica de su rostro para comentar: “tranquila Luisa, no volverá a suceder nada que tú no quieras ¿qué te parece si vemos una película de video que grabé el otro día?”

Introdujo la cinta casera y, ya más tranquila, me senté a ver la película. Pero me puse lívida cuando comprobé su contenido: en ella primero aparecía yo tumbada en cama, con la camiseta sobre los pechos, después se veía como una mano (obviamente la suya), se acercaba por delante del objetivo hasta sujetar uno de los pezones; seguidamente, y tal y como se hace en el cine “dogma”, se veía la mano acercándose a mis braguitas para comenzar tirar de ellas hacia un lado, hasta dejar un sensacional primer plano de mi rajita. Había una breve interrupción, que debió aprovechar para posar la cámara sobre un trípode porque en las tomas siguientes la imagen ya no oscilaba y volvía a aparecer su mano acercándose de nuevo a mi entrepierna para retirar la braguita hacia un lado, esta vez seguida por su cabeza: comenzó a pasar la lengua sobre mi rajita, dedicándole de vez en cuando una de sus sonrisas cínicas a la cámara.

No pude aguantarlo más y apagué el video lívida. El comenzó a explicarme con toda tranquilidad que Esther le había comentado alguna vez que yo tenía el sueño muy pesado y simplemente decidió aprovecharlo. Si no quería que todos mis conocidos vieran esta película o incluso que no la vendiera como video porno casero, tendría que acceder a sus deseos, después me la daría. Con un hilo de voz, y sabiéndome en sus manos, le pregunté cuáles eran esos deseos, como si desconociera la respuesta. Me ordenó que me desnudara y que me tumbara en el sofá. Lo hice rápidamente procurando no mirarle a la cara.

“Quiero volver a saborear tu lindo conejito, pero esta vez hasta oírte gemir de placer”. Se agachó, separó mis piernas y comenzó a introducir la lengua en mi rajita, lo hacía a impulsos, como queriendo llegar a hasta el fondo de mi vagina. Con una mano separaba mis labios vaginales y con la otra estimulaba mi clítoris entre sus dedos. Realmente lo hacía bien, por lo que comencé a sentirme excitadísima y a notar como me humedecía rápidamente (me sentía sucia y culpable: ¡como era posible que mi cuerpo reaccionara de aquella forma a esos intolerables abusos!), tardó bastante poco en arrancarme un tremendo orgasmo, mezclado con mis lágrimas de vergüenza.

Después se sentó sobre mi barriga y puso su miembro entre mis enormes melones, de tal modo que la punta quedaba a la altura de mi boca. “Venga hazme una cubana” instó, pero en ese momento mi expresión debió de reflejar extrañeza (realmente no sabía a qué se refería), porque seguidamente comentó: “¿No me digas que no sabes cómo se hace? ¡Es igual, tú abre la boca!”. Sujetó mis pechos contra su enorme pene y comenzó a moverlos hacia arriba y hacia abajo, mientras introducía todo el glande en mi boca, era enorme y sonrosado. Mientras lo hacía pulsaba mis pétreos pezones con sus dedos, como si fueran botones.

Volvió a aparecer esa extraña sensación de excitación, distinta a lo que me sucedía contigo, pero tal vez más intensa. No podía evitar, por mis gimoteos, que mi lengua rozara y recorriera aquél sonrosado melocotón, y estos contactos parecían transportar a Edgar a otra dimensión porque me daba la sensación de que el fruto depositado en mi boca aumentaba de tamaño. Ordenó de forma tan categórica que no se me ocurriera apartar la boca que empecé a sentir miedo de él y ni siquiera se me ocurrió pensar en hacerlo, así, cuando comenzó a manar semen de aquel sonrosado capullo fue a parar todo a mi boca.

Era tal la cantidad que tuve que tragar rápidamente para no atragantarme. No te puedo dar ninguna razón lógica de ello, tal vez fue un acto motivado por el pánico, con la misma sumisión que puede demostrar un preso con su carcelero, pero tras unos instantes de recuperarme, comencé, sin que él me lo ordenara, a pasar dulcemente mi lengua por sus testículos, introduciéndolos en mi boca y soltándolos, para, seguidamente, seguir lamiendo aquel falo -que ya comenzaba a mostrarse morcillón- en toda su extensión, con ternura, como hace una vaca con la piel de su recién nacido.

No era mi intención desde luego, pero mi boca actuó como el mejor de los afrodisíacos, porque aquel trozo de carne, antes flácido y colgante, tornaba a mostrarse de nuevo erguido y orgulloso como un mástil. Edgar me giró bruscamente y me colocó de rodillas sobre el sofá, comenzó de nuevo a lamer mi humedecida rajita, pero esta vez prolongó el recorrido de su lengua hasta mi sagrado agujerito posterior. Mi cuerpo volvió a reaccionar de nuevo, contra mi voluntad, a sus estímulos, mientras mi mente se resignaba a ser profanada en mi intimidad. Extrañamente, ni siquiera me resultaba desagradable, sino placentero, que de vez en cuando introdujera uno de sus dedos en mi ano (algo que sabes que siempre me ha molestado). Pero cuando me percaté de que lo que trataba de introducir en mi agujerito posterior ya no era su dedo sino algo mucho más grueso, intenté huir y gritar, pero el pánico me paralizaba y estrangulaba mi aliento.

Me agarró con fuerza por las caderas y de un golpe introdujo aquel hierro candente en mis entrañas, desgarrándome por dentro. Al intensísimo dolor inicial, lo siguió una sensación extraña, nueva para mí, sus cadenciosos movimientos en mi interior estimulaban alguna parte de mi anatomía que me devolvía sensaciones de placer tan intensas que me llevaron a sentirme por primera vez como una hembra en celo, completamente entregada.

Mientras seguía bombeando en mi interior, soltó mis caderas para volver a sujetar de nuevo mis estimulados pezones entre sus dedos, esta vez con violencia, tirando de ellos hacia fuera, como queriendo arrancármelos, al mismo tiempo su lengua recogía el sudor depositado sobre la piel de mi cuello y mi rostro para devolvérmelo, introduciéndolo con ella en mi boca con pasión. Besaba mis pechos con fruición.Cuando retiró su miembro para eyacular sobre mis nalgas, yo ya había disfrutado de múltiples orgasmos. Realmente tengo que reconocerte que ese día he gozado como nunca lo he vuelto a hacer en mi vida, espero que esta confesión no hiera tu orgullo masculino.

Decidió que por aquél día ya era bastante, pues pronto llegaría Esther de trabajar y se marchó. Todo esto coincidió más o menos cuando estábamos con los preparativos para venirnos para la península. Este fue el verdadero motivo por el que insistí en que adelantáramos el viaje, esto pasó tres días antes de marcharnos. Tuve mucha suerte y en esos tres días no volví coincidir nunca a solas con él, tuve la precaución de estar acompañada siempre por alguien, y se tuvo que conformar con los habituales roces robados.

Aquella copia de la cinta la destruí por supuesto, pero nunca tuve ningún tipo de garantías de que fuera la única, cosa que me extraña dada su forma de ser. Solo rezo para que otras posibles copias las haya guardado para su consumo personal o de alguno de sus amigotes, y no las haya empleado en otro uso más lucrativo.

Autor: Luroba35

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Me follé dos hembras en la madrugada

Ambas hembras se arrodillan y cada una atrapa una bola con su boca succionándolas con fuerza y mientras con sus cuatro manos me manosean toda la verga que a esa altura mi  glande estaba morado y de un tamaño que creí que se iba a reventar y comienzo a gemir como un animal mientras me corro y ambas se abalanzan al glande para atrapar mi semen que salía por cantidades.

Estimados amigos, leo frecuentemente los relatos que han publicado y me gustan muchos de ellos. Yo me estoy iniciando con este relato y se trata de la siguiente experiencia que gocé mucho:
Hace un par de años, tuve una experiencia con dos mujeres, cosa que nunca había esperado que me ocurriera; había visto varias películas porno y como hombre soñaba algún día gozar teniendo sexo con dos mujeres, pero de ahí a que eso se convirtiera en realidad era otro cuento.

La historia es la siguiente, tenía una novia por varios años, con la cual teníamos una buena relación que por supuesto incluía la cama. Sin embargo, la relación se fue enfriando hasta que terminamos. Después de eso, pasaron varios meses sin que tuviera contacto con mujeres y al séptimo mes, estaba con mucha ansiedad… de sexo, ya no bastaban las noches con masturbaciones y viendo películas porno, por lo que decidí un día ir a una de esas fiestas que promocionan para solteros y solteras.

Conocí a un chica, digo más bien una mujer de unos 30 años (yo tenía 36) de buen cuerpo, llamada Sofía, se notaban firmes su culo y tetas; bailamos, tomamos unos tragos y con buen tema de conversación, bien pasada la media noche le ofrecí llevarla a su departamento, a lo cual aceptó con entusiasmo, lo que me hizo pensar en que tendría posibilidades de sexo esa noche y al momento de irnos me dijo que en la fiesta estaba su amiga Alicia con quien compartía el departamento y me pidió si la podía llevar también, le dije que por supuesto que sí, pero en mi interior me dije “cagó mi noche de sexo”.

Al llegar a su casa, ambas me invitaron a pasar un rato a charlar y tomar otro trago, la amiga debo decir que estaba muy rica también. Todo normal hasta que Alicia dijo que se iba a su dormitorio y quedamos Sofía y yo solos; eso me hizo volver a la acción e intenté abordarla, le besé el cuello y  acariciarla, al principio se mostró un poco fría pero a medida que fui subiendo la intensidad de mis besos y caricias se fue entregando…

Nos revolcamos en el sofá y como podía me fui despojando de zapatos, camisa y pantalón y también le fui tirando la ropa a ella. En eso, ella me detiene y quiere que vayamos a su cuarto, al ponerme de pie se percata que solo llevo puestos mi bóxer blanco de algodón elastizado y nota la silueta de mi verga dura, debo decir con orgullo que es grande, a lo cual exclama picaronamente…

“Ummmm….. Que riiiicooo…” me lleva por el pasillo y no me toma de la mano, sino que agarra firmemente mi bulto y me arrastra a su dormitorio.

Ya en su cuarto que era amplio con cama de dos plazas y una banca de tapiz rojo oscuro a los pies, seguimos besándonos. Yo estaba muy excitado, Sofía se saca el resto de ropa que tenía y hace que me recueste de espaldas en la banca que no era más ancha que mi cuerpo, me abre las piernas y se arrodilla para acercar su cara a mi entrepierna…

Que delicioso y excitante fueron sus besos y suaves mordidas sobre mi verga aún dentro del bóxer, me lo quita y para mi sorpresa no atiende mi verga dura que apuntaba al techo, comienza a besar y lamer mi escroto (zona que me afeito regularmente), se introduce una bola en la boca y siento como cierra sus labios atrapándola y su lengua tibia e inquieta acaricia mi bola por todas partes y la succiona fuerte como queriendo separarla de mi cuerpo, a lo que yo gimo de placer…

Repite lo mismo con mi otra bola y mi verga comienza a dar latidos y saltos de excitación, le ruego que me lo mame y ella  con un gesto me dice que espere, que deja lo mejor para el final.

Saca un aceite aromático de su velador y me unta la verga y bolas, y comienza a darles el mejor masaje de mi vida y luego se come mi glande, chupándolo y lamiéndolo en todo su contorno como si fuera un helado en barquillo que se está derritiendo, y a cada tanto se tragaba toda la verga; yo a esas alturas estaba entregado después de tantos meses sin sexo, con mi rostro mirando al techo.

En eso noto una luz en el techo que me indicaba que alguien abrió la puerta del cuarto que estaba a mi espalda, al momento supe que era la amiga y no hice ningún gesto que delatara que me había dado cuenta y cierro mis ojos, pensé “… le gustará mirar a su amiga mientras goza con un tipo… y esa idea más me excitaba”

Para mi gran sorpresa abro los ojos y Alicia estaba de pie encima mío, desnuda, con su piernas abiertas sobre mi cara y mirándome mientras Sofía no para de chupar y chupar mi verga, me pregunta que quiere participar (yo no lo podía creer) y con mis manos la atraigo hacia mí  para que su coño quede en mi cara y se lo lamo y saboreo sus fluidos con desesperación mientras gime de placer.

Como verán era mi primera experiencia con 2 hembras, y me sorprendo aún que no haya acabado rápido, cuando estaba a punto de correrme, me zafo de ellas dos y me pongo de pie… quería correrme de pie para disfrutar el orgasmo al máximo…

No sé si a otros tipos le pasa lo mismo, porque estando de pie y sentir el peso de mi verga erecta  y bolas colgando mientras me corro siento que el clímax es más intenso…

Volviendo al tema, ambas hembras se arrodillan y cada una atrapa una bola con su boca succionándolas con fuerza y mientras con sus cuatro manos me manosean toda la verga.

A esa altura mi  glande estaba morado y de un tamaño que creí que se iba a reventar y comienzo a gemir como un animal mientras me corro y ambas se abalanzan al glande para atrapar mi semen que salía por cantidades…

No dejan que se pierda ninguna gota y se turnan para exprimir mi pene chupando hasta la última gota…. Quedé exhausto y los tres dormimos juntos.

En el siguiente relato, les cuento la segunda parte… Como me follé a estas dos hembras en la madrugada y me fui a vivir con ellas para darles duro muchas veces…

Autor: Álvaro

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A tremenda hembra, tremendos cuernos

Ella no se percató que yo estaba en su apartamento, me dirigí a su habitación a despedirme de Gloria, la encontré mamándole la verga, a uno de los tipos de la mudanza, mientras que el otro se la clavaba tomándola por detrás. Por un buen rato permanecí oculto tras la puerta de la habitación, por lo que no me perdí ni un solo movimiento de sus nalgas restregándolas, contra el cuerpo del tipo ese.

¿De qué forma, uno le dice a su mejor amigo, que su mujer le monta los cuernos?

Es un serio dilema, en el que me encontré hace poco tiempo. Resulta que conozco a Pedro, desde que éramos niños, y siempre fuimos los mejores amigos del mundo, pero crecimos, estudiamos, él se casó y hasta ahí todo iba bien, ocasionalmente los visitaba a él y a su mujer Gloria, la que desde el primer momento en que la vi, me pareció tremenda hembra, como quien dice demasiada mujer para mi amigo, alta, pelirroja, de tez blanca, llamativos ojos verdes, y dueña de un escultural cuerpo, en fin toda una hembrita de pies a cabeza. Pero algo en su manera de mirarme me confundió, pero como aparentemente amaba tanto a Pedro, no sospeche en esos momentos nada malo.

Bueno, para hacerles el cuento largo corto, un día la veo entrando a un motel del centro de la ciudad, acompañada de un viejo. No lo podía creer, que la mujer de mi mejor amigo se fuera acostar con ese viejo, porque no había otra explicación, es más me preguntaba a mí mismo, cuanto estaría pagando el viejo ese para acostarse con ella. Pero decidí no meterme en lo que no me importaba, así que supuse que mi amigo pasaba por una mala situación, y decidí acercarme a él para brindarle mi ayuda, pero al ir a visitarlos, me encuentro con la noticia de que estaban en el proceso de mudarse, y pensé que se irían a un sitió más económico, pero todo lo contrario, Pedro me comentó que habían comprado una propiedad en una lujosa zona de la ciudad.

Mi amigo se fue adelante en su auto, mientras que Gloria terminaba de dar los últimos toques de la mudanza, pero por lo visto ella no se percató que yo estaba en su apartamento, porque cuando me dirigí a su habitación a despedirme de ella, la encontré mamándole la verga, a uno de los tipos de la mudanza, mientras que el otro se la clavaba tomándola por detrás. Por un buen rato permanecí oculto tras la puerta de la habitación, por lo que no me perdí ni un solo movimiento de sus nalgas restregándolas, contra el cuerpo del tipo ese. El ver eso me dejó no tan solo sorprendido sino que bien preocupado, por mi amigo.

Fue tanto lo que eso me impresionó, que finalmente decidí hablar con Pedro, pero ni idea tenía de cómo hacerlo, durante varios días nada más pensé en ello, hasta que llegué a la conclusión, que mejor hablaba personalmente con ella primero, y quizás si le daba un buen susto, dejase de montarle los cuernos a Pedro. Por lo que la llamé a su nueva casa, para asegurarme que ella estuviera y no fuera a perder el viaje, además fui en el momento, en que yo sabía que mi amigo se encontraba en su negocio. Al llegar a su casa, ella me recibió de la manera en que un ama de casa decente, no lo haría.

Tenía puesta una bata semitransparente, que le llegaba hasta los pies, pero eso y nada vendría a ser casi lo mismo, porque debajo de la bata, no me costó trabajo el darme cuenta de que ella estaba del todo desnuda, y que únicamente aparte de la bata, calzaba unos finos zapatos de tacones bastante altos y puntiagudos, que acentuaban más sus caderas al momento de caminar. Apenas llegué, me condujo hasta la sala, y cuando le dije que deseaba hablar con ella de algo muy delicado, me pidió a que esperase a que ella me sirviera algo, por la hora pensé, que sería café, pero no fue eso precisamente. Cuando se levantó, mis ojos se clavaron en sus hermosas y bien formadas nalgas, y cuando regresó con una par de copas en una pequeña bandeja, me di cuenta de que no le quité los ojos de su coño y tetas hasta que casi estuvo a pocos centímetros de mí.

Mi idea era ser claro y preciso, y de esa manera decirle que si continuaba siéndole infiel a mi amigo, yo le contaría todo a él. Gloria, justo cuando yo terminé de darme un trago, de lo que ella me había traído, movió su cabeza y su hermosa cabellera pareció flotar en el aire, dejándome con la boca abierta, ya que también vi como sus hermosos senos se movieron de un lado al otro también. Tragué, y sin tener idea de lo que le iba a decir a ella, comencé a balbucear. Fue cuando Gloria, me preguntó qué era lo que yo deseaba, mentalmente me dije a mi mismo, acostarme contigo puta, pero eso solo fue un pensamiento.

Hasta que me volvió a preguntar, y yo aclarando mi voz le dije. Gloria el asunto que me trae por aquí es algo bien serio, y continué hablando sin detenerme. Hace unos días te vi entrando al motel del centro en compañía de un señor mayor, ella trató de interrumpirme, pero continué diciéndole, y si fuera eso tan solo, no me metería en sus asuntos, pero Pedro es mi mejor amigo, y el día de la mudanza, vi con mis propios ojos cómo le mamabas la verga a uno de los cargadores mientras que el otro te enterraba su verga. Así que lo que te quiero decir es…y en ese momento, ella con una tranquilidad tremenda se deshizo de su bata, y comenzó a caminar hacía donde yo estaba sentado.

Ya del todo desnuda y usando como únicas prendas de vestir, sus zapatos de tacón alto, se arrodilló frente a mí y diciéndome, lo que tú quieres decirme es que si no me acuesto contigo, se lo dirás a mi marido ¿verdad?

Mi respuesta inmediata, fue un rotundo no pero casi inaudible, en ese mismo instante ella colocó su delicada mano sobre mi pantalón, exactamente sobre mi verga, que de inmediato al sentir como me lo agarraba por encima de la tela del pantalón se me puso bien duro. En cosa de segundos Gloria con una destreza increíble, extrajo mi verga de su escondite, y antes de que yo pudiera reaccionar, ya la tenía dentro de su boca chupándomela ricamente. En mi vida me han dado buenas mamadas, pero como la que Gloria me dio en esos momentos, nunca antes había disfrutado de algo así. Sus carnosos labios rodeaban por completo el tallo de mi verga, y el calor de su boca así como lo mojado de su saliva lo sentí rápidamente, a la primera chupada que me dio, mi glande pegó contra su lengua, y así estuvo por unos cuantos minutos, para posteriormente seguir chupándomela, pero dejando que mi verga le llegase hasta el fondo se su garganta.

Desde ese instante dejé de pensar en mi amistad con Pedro, y me concentré en lo divino que Gloria mamaba mi verga, la que en su boca aparecía y desaparecía una y otra vez, haciendo que yo disfrutase del extremo placer de su gran mamada. La manera en que ella agarraba mi verga con sus dedos, como de cuando en cuando, su lengua lamía desde la mis bolas hasta la punta de mi glande, era única. A medida que Gloria continuaba mama que mama, yo me tiré a su lado y busqué su depilado coño, el que apenas puse mi boca contra él, Gloria abrió sus piernas y de inmediato por mí parte también busqué que ella disfrutase.

Al pasar mi lengua por sus labios vaginales, y chuparle su clítoris de manera salvaje, pero fue tanto el placer que yo sentí, al momento en que ella se ensañaba mamando toda mi verga, que no pude contenerme más y finalmente me vine dentro de su boca. Pero a pesar de ello, continué por un buen rato chupando y acariciando todo su coño, hasta que ella colocando sus manos sobre mi cabeza, presionó con fuerza mi cara contra su cuerpo, al tiempo que le arrancaba profundos gemidos de placer, los que anunciaron el orgasmo que ella había alcanzado.

Ya después con calma, como si nada Gloria se levantó del piso, y me dijo. Si gustas pasas mañana, y seguimos discutiendo lo que le piensas decir a Pedro. En ese momento volví a tomar conciencia, de que el pobre Pedro era mi amigo. Al día siguiente puntualmente regresé a la casa de mi amigo, donde Gloria y yo hemos mantenido infinidad de todo tipos de encuentros sexuales, y así he continuado visitando la casa de mi amigo, por buen tiempo, sin que Pedro tuviera la menor sospecha de ello.

Por todo eso, definitivamente no hay manera de decirle a mi mejor amigo, que su mujer le monta los cuernos, y de paso no con uno sino con varios hombres, incluyéndome a mí entre ellos. Lo peor de todo es que en una ocasión mientras Pedro y otros conocidos nos dábamos unos tragos, en su casa. Salió a relucir el tema del sexo, y por una indiscreción del propio Pedro, el resto de los presente nos enteramos, que Pedro jamás en el tiempo que lleva  casado con Gloria, nunca ella le ha mamado su verga, y como para completar tampoco su mujer le ha dado el culo. Según mi amigo, no se atreve a pedirle a su mujer que haga esas cosas, porque piensa que sería faltarle el respeto a ella, si el pobre supiera, que precisamente es eso lo que le gusta a su mujer, que le falten el respeto por todos lados y bien duro…

Autor: Narrador

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Una madura de rara belleza

Empezó a gritar y a moverse aceleradamente hasta que sus jugos abundantes fueron a dar a mi nariz y mi boca casi ahogándome, ella me hacía enloquecer, pero gozaba torturándome con mi palo bien enterrado y dándose dedo, hasta que de nuevo empezó a convulsionarse y sentí que mi vientre, mi pene y mis piernas se llenaban de su líquido de amor caliente.

Yo tenía 19 años y recién había ingresado a la empresa donde la conocí, ella contaba con cuarenta y estaba divorciada, tenía una sensualidad que le brotaba hasta por los ojos, ese brillo intenso que tienen las mujeres cuando te dicen todo sin decirte nada. Sin exagerar en describir sus atributos físicos, solo quiero hacer énfasis en que se sabía una mujer hermosa y eso le hacía proyectar una belleza muy poco común… una rara belleza, todos en la compañía querían acostarse con ella, y es que a pesar de todo, tenía fama de come hombres.

Le gustaba platicar mucho con la gente, de ahí aprendí que todas las personas tienen mucho que ofrecerte, por lo que ahora no me pierdo la oportunidad de conocer a alguien. Con el paso de los días y el trato obvio por el trabajo, nos fuimos haciendo poco a poco de una confianza mutua, por lo que nuestras pláticas se fueron haciendo cada vez más íntimas, hasta llegar al tema del sexo, cosas supongo un poco absurdas en ese tiempo ya que mi experiencia con mujeres hasta esa fecha había sido casi nula, si acaso dos o tres mujeres, pero nada del otro mundo.

Ella me contaba del sexo oral y eso era algo que yo aún no practicaba, por lo que sus pláticas me ponían bastante caliente y creo que lo notaba porque a veces la sorprendía mirando mi entrepierna, en ocasiones quitando toda mi timidez le contaba mis fantasías, como tener sexo en la oficina, ella sonreía y me preguntaba si me gustaba alguien de los demás departamentos, pero yo le decía que como era demasiado tímido no me atrevía a contarle quien me gustaba, y así poco a poco, cada vez no hacíamos mejores amigos.

Un día, ella tenía que entregarme unos reportes de su departamento, pero no los tenía listos para la hora que tenía que entregármelos por lo que me pidió ayuda para terminarlos, ese día tenía una blusa blanca que transparentaba unos senos apenas cubiertos con un sostén de encaje blanco, ella en tono de broma me suplicaba ayuda recargando sus codos en el escritorio y depositando sus senos en la madera de éste, lo que le hacía verse totalmente sensual, además portaba una minifalda negra sin medias, por lo que podían apreciarse sus vellos dorados y muy finos, eso me terminó de poner totalmente caliente, así que le dije que le ayudaría con la condición de que tenía que pagarme algo a cambio; sonriendo me contestó que lo que quisiera agregando a su voz un tono sensual que me hizo humedecer la entrepierna, le dije que era simple: quería un beso…

Como siempre sin dejar de sonreír y mirándome con esos ojos que siempre me derritieron, se levantó y rodeando el escritorio se paró frente a mí y yo me hice hacia atrás sentado en la silla giratoria, quedando ella entre el espacio del escritorio y yo. ¿Quieres que te de el beso ahí sentado? Me dijo con una voz melosa que en mis sueños sigue sonando quedito como la canción más bella que jamás haya escuchado, yo poniéndome todo nervioso, me levanté, la tomé de la cintura y teniendo tan cerca esos ojos como de miles de estrellas y esa boca roja-fresa, del color de la sangre que tenía agolpándose en mi cerebro y en mi pene, la recargué en el escritorio y me pegué a su cuerpo tibio, mejor dicho, ardiente porque mis manos se sentían tocadas por miles de brazas ardiendo todas al rojo vivo.

Primero fue un roce con los labios y al sentir su boca entreabierta, no pude resistir más y el yo tímido que siempre tenía frente a mí, se escondió para siempre para dar paso al hombre que se atreve a todo, incluso a besar algo más que esa boca dulce que tenía a mi disposición, así que nuestro beso se prolongó no se cuantos minutos, pero bien pudieron crearse y destruirse algunas estrellas en ese lapso… cuando reaccioné o algo así, me encontré acariciando sus piernas y su grandioso culo apoyado en mi escritorio y ella respirando entrecortadamente aprisionando mi cuerpo con sus piernas, le desabotoné un poco su blusa y mis manos inexpertas exploraron sus senos un poco duros y que se sentían deliciosamente tibios, como su aliento divino de mujer madura, no podíamos seguir así, ya que los demás compañeros aún tenían documentos por entregarme y podrían entrar en cualquier momento, así que acordamos vernos a la hora de la salida, en un departamento que compartía con una amiga.

Aún eran las doce del día y yo veía el reloj cada cinco minutos, ya que aún faltaban unas seis horas para estar frente a esa mujer que me hacía temblar de una extraña excitación como nunca antes había sentido. Me pasé casi todo el día imaginándome todo lo que podría aprender con ella y me tuve que aguantar las ganas de masturbarme pensando en ella, cosa que no me había atrevido siquiera a pensar un día antes. Apenas alcanzaba a darme cuenta del giro que estaba dando mi vida, cuando el reloj dio las seis de la tarde y ya me había fumado un par de cigarrillos, la vi salir radiante por la puerta de salida y agitando en el aire las llaves de la puerta del cielo.

Tomamos un taxi y nos dirigimos al que sería nuestro rincón preferido, llegamos al lugar y apenas cerrar la puerta nos empezamos a besar apasionadamente tocando cada parte de nuestro cuerpo, pero con la pared que significaba nuestra ropa, me tomó de la mano y me llevó a su recámara, juntamos nuestros labios estando de pie y ella empezó a desabotonar mi camisa besando mi cara, mi cuello, mis tetillas, desnudándome poco a poco, se sentó en la cama yo estando de pie, mi verga ya dura y húmeda palpitaba de excitación debajo de mis bóxers, sin dejar de mirarme y en un lapso que a mí me pareció una eternidad fue bajando mi ropa interior hasta que salió mi pene totalmente erecto y ella tomándolo con una ternura y una pasión combinadas, se lo fue metiendo a la boca lentamente hasta devorarlo por completo, después lo sacó lleno de su saliva diciéndome: que rica verga tienes papacito, ¡que cabezona! para después engullirla con ternura violenta, con movimientos que reflejaban su experiencia.

Se la metía con suavidad a la boca y la sacaba con una pasmosa calma, me chupaba los huevos y los mordía suavemente, mientras por detrás me acariciaba el culo formando círculos alrededor del ano, era una delicia mirar su cara de ángel de la lujuria vestida de lencería, yo le acariciaba los senos con ansiedad y locura, poco a poco la fui desnudando también, ella seguía comiéndose mi verga tan deliciosamente que en pocos minutos ya estaba por venirme, mucho debido a su experiencia y un poco debido a mi inexperiencia, ella lo notó porque bajó la intensidad de sus embestidas en mi tranca y tomando mi mano se fue recostando diciéndome en silencio que era mi turno, así que ella se situó en el borde de la cama y yo pude contemplar su hermoso cuerpo maduro cubierto por el encaje, al ver su sexo lleno de vello no pude sino excitarme más de lo que estaba y eso era ya casi imposible, así me puse de rodillas y mi instinto me guió silenciosamente a la entrada de su húmedo sexo que brillaba con la fuerza de los años contenidos.

Tenía un aroma a hembra en celo, agridulce, inexpertamente empecé a pasar mi lengua por los labios exteriores y entre mi lengua sus vellos se hacían hilos de amor transparente con mi saliva y sus jugos, me enloqueció su sabor ligeramente salado y sobre todo ver que ella se frotaba con el dedo índice… seguí en mi tarea de darle lengua ahora más profundamente mientras me decía: ¡así mi niño dame más de tu lengua! Que delicioso me la estás mamando!… miré que su dedo casi desaparecía debido a la rapidez con que se acariciaba, de pronto un grito y sentí que surgía un río de la fuente de su entrepierna, así sucesivamente, olas y olas de sus jugos amargos fueron a dar a mi boca y me los tragué con un poco de dificultad ya que eran abundantes, no sabía que las mujeres tuvieran orgasmos que se notaran tan obvios y eso me encantó de ella, sentir que tiraba de mis cabellos para introducir más mi lengua en los rincones húmedos de su intimidad ahora entregada a mí.

Sin dejar de sujetar mi cabeza, se empezó a mover ella como si fuera mi lengua su juguete sexual preferido, colocó sus pies sobre mis hombros y tomándome de las mejillas se movía como una posesa susurrando cosas ininteligibles, yo trataba de poner la lengua lo más dura que podía y me era difícil respirar en la posición en que estaba, pero yo quería darle todo el placer que pudiera, cuando de pronto, empezó de nuevo a gritar y a moverse aceleradamente hasta que sus jugos abundantes de nuevo fueron a dar a mi nariz y mi boca casi ahogándome, pero ella me tenía bien aprisionado me hacía enloquecer, yo quería que empezara a subir y bajar, pero ella gozaba torturándome con mi palo bien enterrado y dándose dedo, hasta que de nuevo empezó a convulsionarse y sentí que mi vientre, mi pene y mis piernas se llenaban de su líquido de amor caliente mientras me decía: ¿te gusta como te mojo mi niño? ¿Te gusta que tu puta se derrame de esta manera?

Yo sólo sonreía hechizado por esta maestra que me demostraba que no sabía nada de la vida, lo mejor aún estaba por venir ya que ella empezó a subir y bajar lentamente, a veces, sacaba mi verga y se golpeaba con la punta la entrada de su húmeda gruta, de pronto se la metía de nuevo hasta el fondo y hacía círculos con las caderas, como si su culo tuviera vida propia, de nuevo empezaba a subir y bajar con rapidez, otras veces con calma, otras veces los círculos, otras veces me ofrecía sus pezones para morderlos hasta hacerle marcas que ella quería para que la marcara su hombre, me decía, hasta que empezó un ritmo veloz de sus movimientos con sus caderas… y de nuevo hasta el fondo… y de nuevo los círculos… y de nuevo subía y bajaba… y sus ojos… y sus labios rojos y jugosos… y su culo como si tuviera vida propia… y yo me ausenté del mundo y sus habitantes para dejar la estela de una vida láctea que ahora se estrellaba en chorros calientes de una hembra que me despertaba a la sexualidad…

Tardé no sé cuanto tiempo en volver a la realidad al sentir su boca tibia pasando por la punta de mi pene, y sus dientes en mis huevos, luego su lengua pasando de mis huevos a mi ano… Si esto era el paraíso algo bueno hice en la vida para estar aquí… de nuevo tenía la verga dura como una roca, me levanté para colocarla en cuatro patas al borde de la cama… ¡así mi rey, de perrito me enloquece! Decía mientras me ofrecía un culo espectacular que se movía invitándome a sumergirme mientras se acariciaba por debajo… le metí la verga de golpe y ella dio un grito que me hizo enardecer y sentir que mi sangre cambiaba de colores y que yo no era yo, sino que alguien utilizaba mi cuerpo para darle placer a esa mujer que ahora estaba dispuesta a entregarse como pocas…

Así empecé un ritmo acelerado de mete saca, rápido y furioso, sin tregua, sin parar, yo creo que no tardé mucho, pero cuando ella me decía: ¡de nuevo papito, de nuevo papito! Y sentía sus primeros jugos resbalando por mis piernas, no pude más y le empecé a descargar mi semen mientras le decía: ¿quieres mi leche? ¡Tómala toda! ¡Tómala toda! Yo ya gritaba fuera de mí, incluso esas palabras me parecían extrañas saliendo de mi boca, pero era nuevo para mi alcanzar la gloria al mismo tiempo que mi amante, eran todas las primaveras brotando de sus piernas y todas la flores chorreando por mi pene… ella se dejó caer extendiéndose sobre la cama conmigo encima, así sin sacar mi pene me quedé dormido encima de ella, soñando con todos los mundos que aún faltaban por explorar…

Autor: Diamantes_de_dolor

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Con el padre de José

Me puse de cuatro patas y se acercó a mi le puse un condón y le dije que me penetrara, que quería ser su hembra y él como loco de un solo golpe me la clavó hasta las entrañas y empezó con un mete-saca que me volvía loco, cambiamos de posición. Él tendido en la cama y yo galopando encima de él de pronto dijo que se corría y se quitó el condón y lo hizo encima de mi pecho.

Hola a todos los que leéis relatos de esta página. Yo hace tiempo que lo hago y nunca me había decidido a contar mis experiencias. Os contaré una que sucedió hacer varios años. Primero me llamo anto y tengo 30 años, moreno ojos verdes y cuerpo algo cuidado por motivos de mi trabajo.

Todo empezó cuando yo sin pensar decidir y de viaje con mi amigo-hermano fran, viajamos a Madrid y decidimos ir a chueca, entramos a una discoteca mixta y conocimos a varias personas.

A fran le molaba un chico de su misma edad pero a mi me llamaba la atención el hombre que lo acompañaba. Tendría unos 40. De tantos que los mirábamos decidieron acercarse a nosotros y presentarse los dos se llaman jose. y yo para no confundir al joven le llamaba jose y al que me gustaba le decía pepe.

Empezamos a hablar un poco de todo. Nos invitamos a varias copas hasta que fran y jose decidieron de ir a un hotel. Allí creía que acababa mi noche junto a pepe, pero no fue así, me asombre cuando jose llamo a pepe y estuvieron hablando, luego se acercaron y pepe dijo que fuéramos los cuatros a llevar a fran y jose al hotel.

Nos dirigimos a la salida de la disco y caminamos hacia el coche de pepe, nos montamos a mi me dijeron delante junto a pepe mientras él conducía, fran y jose se besaban en el asiento de atrás.
Mientras llegábamos al hotel yo miraba de reojo el cuerpo de pepe y como no su entrepierna, llevábamos una conversación de los cuidados que debíamos de tener de los ligues y todo eso… llegamos al hotel y nos dirigimos a la recepción y pepe pagó la habitación y le entregaron las llaves a jose.

Fran y jose se subieron al ascensor y pepe caminó hacia el coche donde yo estaba. Cuando subió al coche metió la llaves para arrancarlo y antes de hacerlo me comentó que jose era su hijo y que él le había llevado a la disco porque le había confesado que era gay y quería ser él quien por su mano conociera el mundo gay…que no le importaba que fuera gay que era lo único que tenia en la vida ya que su esposa falleció hace varios años a causa de un accidente de trafico.

Yo no sabia que decir solo lo miraba y escuchaba allí en el aparcamiento del hotel, él seguía hablándome de su vida y yo lo escuchaba no se como en mis ojos empezaron a salir lágrimas por la emoción de escuchar sus palabras, cuando el se dio cuenta me dijo que lo disculpara que necesitaba desahogarse y lo había hecho conmigo. Después de un silencio le dije que era de su vida que si había tratado de buscar una nueva novia y rehacer su vida.

Él me dijo que el trabajo e intentar educar a su hijo no le daba tiempo para salir e irse con mujeres que desde hace tiempo que no tenía relaciones con una mujer. No se como pasó pero cuando reaccioné tenía mi mano en la entrepierna de pepe.

Él me miró y me dijo que él no era gay, y me retiró la mano, yo le respondí que solo quería echar un polvo con él y eso no cambiaría que siga siendo hetero. Solo pasar esta noche y que te desahogues conmigo como si yo fuera una mujer. Él se quedó sin habla, me bajé del coche y le pedí que hiciera lo mismo.
Fuimos a la recepción del hotel y pedí una habitación. Subimos en el ascensor y no me decía nada. Abrí la puerta de la habitación y entramos, cerró la puerta y encaminamos a la habitación me acerque a él estaba temblando y lo abracé.

Así estuvimos hasta que sentir el palpitar de su corazón. Le besé el cuello mientras le iba desnudando, le besé los pezones y le salió un gemido, seguí bajando hasta llegar a su pene, un pene derecho circundado de unos 18cm.

Me la metí toda en la boca y empecé a mamarlo como si me dejara la vida en ello, él solo , al cabo de unos minutos él empezó a decir lo rico que lo hacía que nadie (ninguna chica se la había mamado como yo lo estaba haciendo)

De pronto me levantó y me puso de pie junto a él y me quitó toda la ropa se volvió a poner de pie y se acercó a mi y me besó en la boca con mucha pasión después me puse de cuatro patas y se acercó a mi le puse un condón y le dije que me penetrara, que quería ser su hembra y él como loco de un solo golpe me la clavó hasta las entrañas y empezó con un mete-saca que me volvía loco, cambiamos de posición.

Él tendido en la cama y yo galopando encima de él de pronto dijo que se corría y se quitó el condón y lo hizo encima de mi pecho.

Nos metimos en la ducha y nos enjabonamos juntos cuando salimos nos vestimos y salimos de la habitación. Caminando por el pasillo escuchamos unos gemidos, eran las voces de fran y jose. Nos miramos sonreímos y bajamos al coche.

Me dio las gracias por el placer que le había dado y yo le respondí que gracias a él. Seguimos hablando y llegaron fran y jose y se sorprendieron de vernos todavía allí.

Le dijimos que nos pusimos a hablar y que no nos dimos cuenta del tiempo que llevábamos hablando, cuando volvimos a Andalucía le confesé a fran lo que pasó aquella noche…

Autor: Anto

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