Mi Amiga Catalina

Hace muchos años atrás, conocí una familia compuesta por una madre y sus dos hijas, la menor llamada Catalina, ella tenia 18 años y yo 21, siempre yo los visitaba porque me gustaba mucho la mayor Olga, pero un día ayudando hacer las tareas a Catalina, me acerque poco a poco atraído por un olor extraño, seductor y todo empezó cuando roce sus pelos del brazo con mi nariz, y me sentí totalmente atraído sexualmente por ella.

Catalina, es morena, pelo largo negro y velluda en sus brazos, axilas y vagina, inclusive  en su ano, al pasar el tiempo, fue aumentado la intensidad en nuestros encuentros y nunca nos dijimos nada, cuando ella cumplía ya los 19 me dijo que le dolía el cuello y yo le empece a masajearlo hasta que ella abrió sus piernas y me dijo que le mordiera el cuello.

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Las hermanitas

Sentí como su culito apretaba mi pija y Fabi pegó un grito, empecé a metérsela hasta el fondo ella gritaba y clavaba sus uñas en el sofá, pero se notaba que lo disfrutaba, yo seguía hasta sentir sus nalgas golpear con mi huevos, saqué mis dedos del culo de Lore y me dediqué exclusivamente a Fabi, apretaba sus tetas y ella gritaba hasta que no aguanté más y me vine como nunca en mi vida.

Hola a todos, esta es la primer historia que cuento; es algo que me pasó hace un par de semanas y no puedo decírselo a ningún conocido, por eso los elegí a Ustedes para relatárselos: Yo tengo 29 años y hace 3 estoy de novio con una chica que obviamente ya piensa en matrimonio, pero a mí la idea de casarme solo me parece que sería negarme a poder tener sexo con otras mujeres y por eso no puedo ni pensar en ello. Igualmente nunca había engañado a mi novia, yo siempre fui muy tímido y las mujeres que se fijan en mi (algo que, modestamente, me pasa bastante seguido) siempre me han intimidado mucho y lo único que logro, cuando alguna se insinúa conmigo, es excitarme y desquitarme con mi novia.

Lo que me pasó ha cambiado mi vida completamente desde hace 15 días: Al lado de mi casa viven dos hermanas hace ya muchos años, Fabi de 23 años y Lore de 31. Si bien estas mujeres están muy buenas yo nunca las miraba con ojos de hombre porque nos habíamos criado juntos y eran como si fueran mis primas o algo por el estilo. La madre de ambas vivió con ellas hasta hace 2 años atrás, cuando Lore (la mayor) se casó y junto con su marido ocuparon esa casa. Pero el matrimonio duró solo 3 meses y como la mamá de las chicas se había juntado con un tipo, Fabi se vino a vivir nuevamente con su hermana.

Un día, me disponía a arreglar el techo del quincho del fondo de mi casa, por lo que tuve que subirme al mismo para ver cuál era el problema. Al hacerlo observaba todo el patio de la casa de las chicas ya que hace unos años hemos construido un muro que nos separa y obviamente obstaculiza la visión. Al mirar vi que Fabi, la menor de las hermanas, estaba tomando sol con una tanguita infartante, ella no podía verme ya que me tapaba un árbol, por lo que decidí observarla más detalladamente. Esta situación, aunque tonta, no dejaba de excitarme, era algo raro poder mirarla con ese cuerpo impresionante toda transpirada sin que ella supiera de mí.

Lentamente comencé a recorrer su figura y me di cuenta de lo espléndida que estaba, era increíble como esa chica que jugaba conmigo de niños, ya era una mujer, ¡Y que mujer! Empecé a tocarme mientras miraba esos pechos que parecían tener el tamaño ideal, bien redondeados y esa tanguita súper pequeña que llegaba a perderse entre sus piernas, y su cuerpo mojado por la transpiración dejaba caer gotitas que le recorrían todo el cuerpo hasta perderse en su ombligo. De repente y sin querer produje un ruido que hizo que Fabi desviara la mirada hacia donde yo estaba. No sabía qué hacer entonces fingí que trabajaba y ella me saludó con una sonrisa muy picarona en su rostro, como si se hubiera dado cuenta de todo. Mi inexperiencia me hizo pensar mil cosas y me preocupaba que ella pensara que ya haya subido al techo solo para espiarla, cosa que en un primer momento no era cierta.

Pero para mi asombro, me empecé a dar cuenta que Fabi se desprendía el corpiño de su malla, como para hacer topless, por lo que no dudé en girar la cabeza para volver a verla. Ella sin siquiera inmutarse por mi presencia, recorrió sus pechos, que ya dejaba ver unos pezones pequeñitos y como para comérselos, se pasó bronceador apretando esas tetas con mucha fuerza como para que yo lo notara (estoy seguro de ello), se paró y casi como si se hubiera aburrido de mi, se puso boca abajo y tomó sol de espaldas. Aunque su culo era espectacular, todo mojadito y con la tanguita metida hasta el fondo, yo no podía dejar de pensar en que esta mujer estaba esperando que yo cruce el muro y le haga el amor allí mismo. Sin embargo yo era tan tonto que bajé del techo, fui a casa y me masturbé como loco pensando en ella. Yo creía que esto era todo, que de aquí en más, de vez en cuando yo subiría al techo, la vería, me masturbaría y quien sabe algún día vería sus pechos otra vez. Sin embargo, esa misma noche, yo estaba solo en casa cuando Lore, la hermana mayor, vino a pedirme si podía cambiarle la rueda al auto porque estaba pinchada.

Obviamente no dudé pero mi miedo de ver a Fabi después de lo que había pasado a la tarde era terrible, no sabía si me diría algo o si simplemente lo dejaríamos así, lo cual iba a hacer yo. Cambié la rueda, algo muy común para mí, porque me encanta la mecánica, (cosa que las chicas sabían) sin ver en ningún momento a Fabi, por lo que deduje había salido y cuando volvía a casa Lore me dijo que no me dejaría ir sin pagarme el favor. Sin dudas en mi mente la idea de cobrarme (como todos piensan) pasaba una y otra vez, pero lógicamente nunca diría una cosa así, por lo que le hice un chiste sobre que me lo cobraría pidiéndole algún día un poco de azúcar (ven lo ingenuo que era). Lore se acercó a mí, apretó sus pechos contra mi cuerpo mirándome fijamente a los ojos y me dijo que tenía una cervecita bien fría en la heladera para por lo menos sacarme la sed por mi trabajo.

Acepté, volvimos a entrar a la casa, trajo una cerveza helada, como si la tuviera preparada, y la tomamos en segundos. Allí trajo otra y otra y otra, y al darme cuenta ya estábamos hablando de nuestras experiencias sexuales, materia que tenía muy presente aparentemente porque tenía miles de historias. Yo relataba las noches y noches que cogía con mi novia solamente. En un momento empezó a acariciarme la entrepierna como si nada, seguía hablando de otra cosa y me pasaba la mano una y otra vez. Yo estaba que explotaba, ella seguía relatándome como se la chupaba a su ex novio mientras me desabrochaba el pantalón, me bajaba el cierre y empezaba a masturbarme. No sabía qué hacer, ella lo tomaba como si no estuviera haciendo eso, seguía con sus historias y me hacía una paja que me moría.

De pronto se paró y mientras me preguntaba si traía otra cerveza, se levantó la pollerita, bajó su bombachita, tenía un culo espectacular, era grande pero firme y su conchita estaba toda depilada, yo no decía una palabra, ella agarró mi pene, que estaba que reventaba de erecto, se sentó encima mío y lo metió en su conchita húmeda pero muy calentita e increíblemente estrecha, era como si fuera la concha de una niñita, tal vez era porque mi pene estaba tan duro como nunca creí que pudiera estar.

Mirándome a los ojos me decía ¡cogeme, cogeme! mientras saltaba encima mío, yo no podía más, me dijo “pedime lo que quieras, te voy a dar todo”, yo estaba tan a gusto que no me animaba a echar a perder ese momento haciendo alguna petición estúpida, por lo que no dije nada. Ella insistió, “¿dale, que querés?”, y añadió “mi culo, una chupada, mi hermana”, ¿Ehhhhh?, no podía creerlo, me estaba ofreciendo a su hermana, yo la miré sorprendido, mientras ella seguía saltando arriba mío, y me volvió a decir: “Sí, mi hermana, la que espías desde tu casa, ¿la querés acá?”.

En ese momento paró de saltarme mientras sentí como acababa, me clavó las uñas en la espalda y me puso un pezón en la boca para que se lo chupe. Yo no acabé pensando en lo que me dijo, ella sacó mi pene aún erecto de su vagina, se paró y tomó una mano detrás de una puerta, era Fabi, que estuvo todo el tiempo en su pieza con una camarita filmando todo. Lore le dio un beso en la boca a su hermana, metiéndole la lengua hasta el fondo y me dijo: “ahora le toca a ella”, yo seguía tirado en ese sofá con mi pija durísima. Fabi me dijo “así que te gusta espiar, vas a tener que cobrarme el favorcito del topless”, se levantó la remerita que tenía puesto (lo único que tenía puesto), me tiró al piso y con sus rodillas sostenía mis brazos mientras me puso la concha en mi boca sosteniendo mis cabellos con sus manos y me decía chúpame, ¡chúpame que no aguanto!

Comencé a meterle la lengua hasta el fondo, ya estaba todo mojadita por lo que deduje que se estuvo masturbando desde su pieza. De repente soltó mis cabellos y puso sus manos en sus pechos mientras yo se la chupaba, los apretaba más fuerte que esa tarde cuando tomaba sol, metió un dedo en su boca y lo llevó hacia su culito, metiéndolo y sacándolo.

De golpe sentí que me la chupaban, era Lore que ya estaba lista para seguir, y empezó a divertirse con mi pene, pasaba su lengua como si fuera un helado que se disfruta un día de mucho calor. Yo no aguantaba más, y ya jugado con esta situación por fin di un paso adelante yo.

Saqué a Fabi de arriba mío, agarré la cabeza de Lore que aún la chupaba, y las puse a ambas de espaldas. Les dije que apoyaran sus manos en el sofá en posición perrito, ellas se miraron, sonrieron y lo hicieron inmediatamente, de repente tenía estos dos culitos espectaculares enfrente mío, pidiendo ser el primero sentir mi pija adentro, las dos me decían “a mí, dale a mi”

Yo los observé un rato y apoyé mi pija un rato en cada cola como probando con cual me quedaría, cuando se la apoyé a Fabi era como si un deseo oculto de toda mi vida apareciera, en ese momento era mágico, quería metérsela más que nada en el mundo, ella sintió mi pija y gimió de manera que parecía que le hubiera pasado lo mismo que a mí, agarré mi pene que ya estaba con algunas gotas porque había eyaculado un poco en la boca de Lore sin llegar al orgasmo, metí un dedo en su culo para ir agrandando el agujero y de golpe le metí la cabeza lentamente mientras con una mano le metía un dedo en el culo a Lore que tenía un agujero mucho más grande que el de Fabi, por un momento mantuve la puntita adentro y cuando Fabi me dijo “dale, dale” de un golpe se la metí hasta el fondo.

Sentí como su culito apretaba mi pija y Fabi pegó un grito mezcla de placer con dolor que me excitó aún más, empecé a metérsela hasta el fondo ella gritaba y clavaba sus uñas en el sofá, pero se notaba que lo disfrutaba, yo seguía con todo hasta sentir sus nalgas golpear con mi huevos, saqué mis dedos que ya eran dos del culo de Lore y me dediqué exclusivamente a Fabi, apretaba sus tetas y ella gritaba hasta que no aguanté más y me vine como nunca en mi vida…

Sentí como mi leche le entraba en su culito cuando rápidamente ella me empujó para que esto no pase, sentí como si me estiraran el pene porque salió rápidamente de su culo, pero como yo estaba en lo mejor no me dolió mucho, sin embargo quería acabarle en ese culo, pero ahí me di cuenta de lo que ella quería, en un segundo dejó de estar su culo en mi pija para sentir su boca chupando todo mi semen, se arrodilló, chupó lo último de mi acabada con un placer con el que jamás nadie me la había chupado, y se metió los dedos en la concha mientras su suspiro dejó muestras de la acabada que había tenido ella también.

Dejé un rato mi pija acabada en su boca, ella cerró los ojos, Lore nos acariciaba a ambos y nos quedamos así unos segundos que parecieron horas. Era el mejor sexo que jamás había tenido en mi vida y recién allí me di cuenta lo que era realmente el sexo, sin preguntas, excusas, ni amor, solo sexo… Al irme ese día las chicas me dijeron que esto lo habían planeado hacía mucho tiempo porque veían mi timidez y las excitaba el poder enseñarme cosas (y como lo hicieron). Esa orgía con las hermanas no la volví a repetir pero desde hace 15 días a la fecha, cuando tengo ganas de echarme un buen polvo, solo cruzo el muro y alguna de mis vecinas siempre está dispuesta. Eso sí, nunca menos de 2 horas porque siempre quieren sexo súper completo: oral, vaginal, anal, etc. etc.
etc…

Así que debo ir bastante pasado en copas y bien descansado. Bueno, esta es mi historia, un poco larga lo sé pero era necesario detallar algunas cosas.

 

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Dos que duermen en la misma habitación, se vuelven de la misma condición

Esta historia comienza una tarde de sábado que estaba aburrido en casa y llamé a mis amigos. Todos tenían planes en los cuales yo no podía entrar. Por último hablé con Anna, ella había quedado con unas mellizas amigas de una amiga de ellas común. Me dijo que estaría en la cafetería Dublín a las 18 que si quería podía ir. No tenía ningún plan mejor así que cogí el autobús de la línea 31 para acercarse. Llegué tarde, Anna estaba con sus amigas, desde la puerta de entrada podía verlas de espaldas, solo dos melenas largas rubias una lisa y la otra ondulada. Anna me vio y se levantó sus amigas también y me las presentó “ Simón esta es Alejandra y esta es Julia” eran mellizas como decía Anna. Alejandra era un poco más alta que su hermana tenía el pelo ondulado, más pecho y unas caderas más redondas, Julia sin embargo era más delgada y tenía un lunar en la mejilla derecha. Les di dos besos, cogí una silla y me senté en la mesa junto a ellas. Pedimos 4 copas un whisky con cola para Anna, dos gin tonic para las mellizas y una copa de capitán Caribe para mí. Estuvimos hablando y me contaron muchas historias de ellas tres y de su amiga en común Nuria, las historias sobre Nuria os la contaré en otro momento.

Eran sobre las 22 horas habíamos bebido muchas copas y teníamos mucha hambre.Nos levantamos y fuimos al Momentum,un bar que estaba cerca a comer. En el camino estuvimos riéndonos mucho y Anna, Julia y Alejandra se estaban dando pellizcos la una a la otra en ese momento pude fijarme bien en la figura de ambas hermanas Alejandra era una chica rubia de 1,70 tenía aproximadamente una copa de 100 de pecho, tenía una figura atlética lo que le hacía ser más ancha que su hermana y con ese vestido beis de una sola pieza que llevaba le resalta más sus curvas, Julia sin embargo medía 1,65 m era inapreciable a simple vista pero cuando las veías juntas podías notar la diferencia de estatura, su copa de pecho era menor que la de su hermana pero a diferencia de su hermana era más delgada lo que hacía que su trasero fuera más respingón que el de su hermana, y más con la falda blanca que traía a juego con su camisa semitransparente que dejaba ver sus sujetador y por último Anna, amiga mía de toda la vida, Anna lucía rasgos alemanes, alta 1,75m, ojos verdes, melena castaña larga una cara angelical, unos pechos de copa 100 y una piernas larguísimas que si la subías te llevan al paraíso, pero sin novio.

Cuando llegamos al bar rápidamente nos sentamos en una mesa los 4, pedimos para beber un Lambrucio, un vino italiano que es muy suave, pedimos escalopines y varios platos al centro para picar. En la cena seguimos con las bromas, la verdad es que íbamos muy empuntados todos y jugábamos con todos los objetos de la mesa que podrían confundirse con figuras fálicas, el pan, los picos, el hielo todo se lo llevaban a la boca imitando una felación y se miraban unas a otras y a mí y se reían. Tras la cena teníamos ganas de marcha y nos fuimos a la discoteca Cathedral. Julia me dio las llaves de su coche debido a que con su nivel etílico no se atrevía a coger el coche. Nada más llegar a la discoteca el portero no me dejó entrar pero tras la insistencia de las chicas y viendo que iba acompañado de tres mujeres hermosas me dejaron entrar sin problema. Anna y yo fuimos a la barra mientras que la hermanas se fueron al vestidor a dejar sus abrigos. Llegué a la barra donde había una chica pelirroja atendiendo la cual pasaba de mí como de la mierda pero rápidamente las angelicales hermanas salieron a mi rescate llamando la atención del camarero de la barra el cual cuando vio a las dos hermanas no dudó en atenderlas a ellas, como he dicho ambas hermanas eran explosivas en pareja y dinamita en solitario. Pagamos nuestras copas y nos pusimos cómodos en unos sofás Anna y yo mientras que las hermanas se fueron a bailar en la pista de baile junto con una marabunta de gente que allí se concentraba, ellas no pasaron desapercibidas entre la gente, las chicas las miraban con cara de desprecio y los chicos con cara de salidos, yo me quedé bebiendo con Anna. Empezó a sonar una canción muy bailonga y Anna se levantó para bailar levantándome a mí, cogiéndome la mano derecha me llevó hasta donde estaban las hermanas rodeadas de una pandilla de niñatos que estaban boquiabiertos de cómo se movían las mellizas.

Anna se puso a Bailar con las dos formando un sándwich lésbico ante la atenta mirada de los niñatos que intentaban entrar en el baile el cual no podían, Alejandra le cogía del culo a Anna pegando a su ingle mientras que Anna hacía lo mismo con Julia, luego Julia se dio la vuelta y metiendo su piernas entre la piernas de Anna simulaba que se la follaba mientras que Alejandra, que estaba detrás hacía como que le daba por culo. Al igual que a los muchachos a mí también me estaban poniendo cachondo y más ver cómo se movían las tres. Los muchachos empezaron a hacer un corrillo con mis tres acompañantes en el medio, momento que aproveché para entrar antes de quedarme fuera levanté los brazos y me acerqué a las tres. Alejandra dejó el sándwich lésbico para bailar conmigo mientras que Julia y Anna seguían simulando que follaban poniendo más cachondo si era posible a todo el personal del corrillo.Alejandra colocó sus piernas a los lados de mi pierna izquierda y acercando su cuerpo al mío empezó a chocar ingle en ingle mirándome a la cara mordiéndose los labios y los brazos detrás, yo al principio tenía los brazos en alto pero luego los puse en su cintura siguiendo el ritmo con nuestras caderas. Llevaba un rato bailando con Alejandra cuando Julia se puso detrás mío a hacer los mismo que su hermana pero atrapando la pierna derecha entre las suyas, Anna bailaba sola en medio del corrillo cual oveja en medio de los lobos. Los chicos no paraban de intentar bailar con ella y ella bailaba con uno y con otro pero los iba despachando pronto a cada uno, pero por uno que era despachado aparecían dos, así que la cogí de la manos y la puse a bailar con nosotros tres cosa que hizo que los muchachos dejaron de atosigar la. Cansado de bailar y con nuestras copas vacías nos fuimos a la barra a pedir más copas, Anna dijo que ella no iba a beber más, insistimos que bebiera con nosotros pero dijo que no. Con nuestra copas en las manos nos fuimos a buscar un sitio donde sentarnos y encontramos un sofá, el cual estaba libre un sitio a los que dije a Alejandra que ella se sentara que estaba más cansada y ella insistió que que fuera yo el que se sentara llegando al acuerdo de que me sentara yo y ella se sentara encima mía. Estuvimos una rato allí sentados hasta que nuestras copas se acabaron, las chicas fueron al baño, me estaba empezando a amodorrado y pensaba irme a mi casa cuando las chicas y Julia con su voz “¿porque no nos vamos a otro lado?” Alejandra y Anna asintieron con la cabeza y los cuatro nos fuimos de Catedral hacía otro lugar.

Nada más salir estuve pensando a donde ir, no había caído cuando las hermanas propusieron un plan “tenemos una botella de licor de bellota, os apetece que nos la tomemos” decidimos tomar un taxi, los tres y Anna dijo que iba a por su coche, yo le dije que dejara el coche que mañana lo recogía pero ella insistió que iba a recogerlo que luego iba a ser un coñazo coger el coche, entonces le dije de acompañarla y ella dijo que las mellizas estaban muy borrachas que mejor fuera con ellas así que nos separamos con la promesa de vernos luego en casa de las mellizas. Mientras hablaba con ella las mellizas había parado un taxi y me estaban llamando me despedí de Anna diciéndole que luego la veía y corrí al taxi. Cuando llegue Alejandra ya estaba dentro y Julia me esperaba sujetando la puerta, me senté entre las dos hermanas. En el taxi mientras que Julia le decía la dirección de su casa al taxista Alejandra acariciaba mi pierna izquierda yo sin saber dónde colocar los brazos los puse alrededor de la cabeza de Alejandra el izquierdo y el derecho alrededor de la cabeza de Julia ellas pusieron su brazos del interior alrededor de mi tronco y fuimos en silencio hacía su casa.

“Hemos llegado” dijo el taxista Julia salió del taxi, yo pagué el taxi mientras que Alejandra salía por la otra puerta.
el taxi se fue, Julia sacó las llaves del piso y abrió la puerta del portal, Alejandra se había agarrado a mi brazo apoyándose en mí. Ellas vivían en el segunda planta de un bloque que no había ascensor, Julia iba delante nuestra dándome una visión de su culo mientras que cogía a Alejandra de la cintura. Nada más entrar Julia dejó los tacones en el pasillo de la casa al igual que Alejandra la cual se soltó de mi brazo y se fue hacía dentro de la casa diciéndome “pasa como si estuvieras en tu casa”. pasé hacía dentro de la casa llegando al salón donde dejé la chaqueta encima de una silla y me senté en el sofá. Al poco tiempo llegó Julia con la botella de licor de bellota y tres vasos de tubo con hielo, en ese instante apareció Alejandra con ropa más cómoda un pijama corto dejando al descubierto sus piernas, sus brazos y su gran escote “ ¿Tres vasos?- pregunté- tres hasta que llegue Anna dijo Julia mientras miraba a su hermana”. Julia sirvió el licor en los tres vasos y brindamos. Alejandra se sentó a mi lado en el sofá y disfrutamos de nuestra copa. En poco tiempo llegó Julia con un pijama igual de corto que el de la hermana y también se sentó en el sofá. Estuve hablando con una y con otra , parecía un partido de tenis cada vez que giraba la cabeza la hermana se había puesto de una forma más sensual. Primero Alejandra se tocaba el escote haciendo que mi vista se centrará en esa zona, luego Julia jugaba con el cordón del pantalón de su pijama hacía que me fijara en su cintura, luego Alejandra hablaba, yo giraba la cabeza y se había desabrochado un botón del pijama dejando ver parte de su pecho. Julia hablaba, yo volvía la cabeza y se había levantado la camiseta del pijama y había bajado un poco su pantalón dejando ver su ombligo. Yo seguía bebiendo y Julia y Alejandra seguía tomando pose más sensuales. Estaba hablando con Alejandra y Julia dijo algo que me llamó la atención la miré a los ojos y luego se me fueron los ojos a sus pechos, SUS PEZONES SE HABÍA EXCITADO Y SOBRESALEN DE LA CAMISETA intenté guardar la postura pero los ojos se me iban a sus pechos, Alejandra me dijo “ Qué haces mirándole los pechos a mi hermana” giré la cabeza y se me fueron los ojos a sus pechos, SUS PEZONES TAMBIÉN SE HABÍA EXCITADO Y SOBRE SALÍAN DE LA CAMISETA, entonces Julia me dijo “ Qué haces mirándole los pechos a mi hermana” ambas hermanas se rieron y ambas se sacaron las dos gominolas que se había metido en el pecho para abultar.
Hubo un momento que me entró ganas de ir al baño y me indicaron que estaba al final del pasillo, pasé varias habitaciones y llegué al baño donde orine y me lavé las manos con agua bien fría para bajar la erección que me portaba desde hacía un rato, cuando volví al salón me quise sentar en un sillón pero ambas hermanas me indicaron que me sentara en medio de ellas.

Siéntate aquí Simón que queremos contarte una cosa.-Dijo Alejandra.
– Vale – respondí-
– Mira, Anna no va a venir.-Continuo Julia.
– ¿Ha llamado? ¿ Ha escrito un mensaje? ¿ Cómo lo sabéis?
– Pues mira resulta que nos ha pasado algo que nunca nos pasa, a las dos nos gustas – me quedé helado- entonces le hemos pedido a Anna que nos dejara a solas contigo – me podía imaginar por donde iban los pasos y porque Anna se había ido sola a por su coche- pensamos que deberías saberlo.
– ok.
– No sé si tu sientes lo mismo por alguna de nosotras o no, y nos parecía que deberíamos ser claras contigo, ya que nos caes bien, pero puede ser que que no sientas lo mismo que nosotras y quizás te sientas en una encerrona y deseas irte, si es así, no pasa nada.-

Me quedé un rato en silencio analizando la situación esas dos mellizas me estaban abriendo sus sentimientos y estaban siendo sinceras conmigo, me estaba poniendo las cartas sobre la mesa y debía responder.

– Me parecéis unas chicas guapísimas y atractivas, las dos…
– ¿Pero? – dijo Julia
– No, no hay ningún pero – diciendo esto acerqué mis labios a los de Alejandra y empecé a besarla. Al principio estaba cortada pero luego correspondió a mi beso tocando con su lengua mi lengua. Noté que Julia se levantara entonces dejé de besar a Alejandra para cogerle la mano a Julia y evitar que se fuera plantando un beso en sus labios, ella rápidamente sacó su lengua y la juntó con la mía durante un rato mientras que Alejandra nos miraba. Dejé de besar a Julia y cogiendo a Alejandra y a Julia por la cintura les dije “ Creo que podemos pasarlo bien los tres, si os apetece” las dos hermanas se miraron y asintieron con la cabeza de esa forma ninguna sería despachada.

Tras un largo rato besándonos les dije al oído, “ Vamos nos a un sitio más cómodo donde disfrutar los tres” Julia sonrió. Julia me cogió de la mano a mi y yo a Alejandra y juntos los tres fuimos a una de las habitaciones de la casa una donde había una cama de matrimonio,

Nada más sentarnos en la cama volví a la boca de Alejandra. Yo le comía la boca a Alejandra, Julia se quitaba la parte de arriba dejando a la vista sus hermosos pechos, los cuales descubrió dejando caer su sujetador, luego se levantó y suavemente deslizó su pantalón de pijama y su tanga por sus piernas dejando al descubierto su peludo coñito. Una vez desnuda me acarició la barbilla para que la mirara y observa cuán hermosa era sus desnudo. Llevando mi cabeza a sus pechos empecé a lamerlos y besarlos uno a uno. Alejandra no fue menos y también se desvistió entera dejando ver sus pechos más grandes que los de su hermana y su figura con más curva que su hermana. Una vez desnuda dejando su peludo rasurado al aire tomó mi mano izquierda y la puso sobre sus pechos. Noté el calor de su piel y como su corazón palpitaba muy rápido bajo la palma de mi mano, sus manos una vez que se quedó mi mano fija en su pecho fueron a desabrochar mi camisa que cayó al suelo, luego dejé de besar los pechos de Julia y de tocar los pechos de Alejandra para que las dos hermanas me desvistieron, sacaron mi camiseta por encima de mi cabeza dejando mi pecho poco velludo al aire luego sus manos fueron a desabrochar mi cinturón y luego el botón de mi pantalón, más tarde acariciando mi cintura hicieron que mi pantalón cayera al suelo. Julia metiendo sus dos manos dentro de mi calzoncillo y como si de un pájaro acurrucó mis testículos y mi polla, y las sacó de los calzoncillos, Alejandra tiró suavemente de mis calzoncillos para quitarlos, una vez fuera bajo mis calzoncillos resbalando por mi pierna y cayendo junto a mi pantalón. Yo me quité los zapatos y saqué lo pies por los huecos de mi pantalón y calzoncillo quedando completamente desnudo. Los tres estábamos desnudos en la cama de los padres de la casa de las dos mellizas nos sentamos.
Mientras besaba a Julia, Alejandra me acariciaba la polla con fuerza y yo empalmando cada vez más, sentí como otra mano me empezaba a acariciar la otra pierna, no me lo podía creer ambas habían entrado en el juego.
Julia agarró mi polla y se agacho para chuparmela, yo empecé a tocarle los pechos a Alejandra. Alejandra se echó hacía atrás en la cama y se abrió de piernas para que le tocará el coño mientras que su hermana me la chupaba..

Empecé a acariciar su vagina para luego incorporar me, abrí con mi lengua, su labios y aborde, un sublime, lengüetazo, que a medida que aumentaba el ritmo , comenzó a emanar ,una humedad que inundaba mi boca, Julia se colocó debajo mía para seguir chupándole la polla.

Alejandra me dijo que para que se estaba corriendo entonces yo me tendí en la cama boca arriba y las dos se colocaron a cada uno de mis lados comenzando a besarme y acariciarme mientras yo las acariciaba y besaba también. Julia se puso encima de mi cara aprisionando mi rostro entre sus nalgas mientras que Alejandra se colocó encima de mi polla metiéndosela entra dentro de su coño, mientras que con sus manos acariciaba los pechos de su hermana.

Entonces Alejandra se levantó y se cambió de sitio con su hermana, ahora >Alejandra estaba sobre mi rostro y Julia sobre mi polla. Mientras yo introducía mi lengua en el coño de Alejandra, Julia se movía de arriba y luego se dejaba caer sobre mi polla. Alejandra tras un largo rato dejó mi cara libre para tumbarse junto a mí haciéndose un dedo mientras que yo acariciaba los pechos de su hermana, Julia gemía como una perra en celo mientras que su hermana junto a mi, tenía una respiración agitada que aumentaba más por minuto. Julia se corrió sobre mi polla y yo tras ese éxtasis me corrí dentro de su coño haciendo que mi polla se desinflara. Ambas hermanas se pusieron a mi lado en la cama cuando yo me incorporé y les abrí las piernas a Alejandra y Julia para meterles un dedo dentro de su coño. Julia disfrutaba de un aumento de su clímax tocándose los pechos mientras que Alejandra se mordía los labios para no chillar hasta que ya no pudo más mientras mi polla volvía a su tamaño más grande y me dijo que no podía aguantar más, que la follara ya pero por el culo, que quería que yo fuese el primero en hacerlo, yo al oír aquello y ver que ella se ponía a cuatro patas sobre la cama, me fui directo hacia ella y sin más empecé primero a lubricar aquel agujero virgen con unos lengüetazos y más tarde metiendo un dedo, y luego otro, al ver que aquel agujero ya estaba preparado, apunte con mi miembro hacia allí y poco a poco fui metiendo la punta, suave muy suave y despacito, Alejandra gemía de dolor pero me decía que no parara y así lo hice yo, al cabo de unos minutos, ya tenía toda mi polla alojada en su culo, empecé a dar fuertes embestidas y ella cabe vez gemía mas pero ya no era de dolor, sino de placer. Yo estaba semi sentado en la cama, y me giré de golpe al notar que una lengua recorría mi culo, su hermana me estaba lamiendo el ano, aquella era una sensación que nunca había vivido pero mis embestidas eran mas fuertes, aquello me estaba provocando un fuerte placer, y no pude aguantarme mas y me corrí en el culo de Alejandra. Después de aquello , creí que ya no podría hacer nada más, pero fue todo lo contrario, ahora Julia puso su coño a mi disposición mirándome mientras que de su boca sacaba un hielo, el cual se lo metía dentro de su coño y ante una oferta así, no podía negarme a penetrarla hasta el fondo y meterle el hielo más profundo, y así lo hice, después de unos minutos. Para que mi polla volviera a recuperar todo su esplendor, ayudaron las mellizas con sus bocas, empecé a follarme a Julia por su coñito metiéndose el hielo, debido a su alta calentura su coño chorreaba agua , fue toda una experiencia, poco a poco la fui penetrando, primero suave y lentamente, y luego a lo bestia, le daba palmadas en sus glúteos, que al cabo de unos minutos ya estaban de un color rojizo bastante intenso, ella pedía más guerra, dame más fuerte decía, y así lo hice hasta que la avisé que ya no podía más, las dos me pidieron que me corriera fuera y así toda mi leche fue a parar a sus cuerpos desnudos y sudorosos después de aquella sesión de sexo.

Esta experiencia se repitió una par de veces pero esa es otra historia….

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Mi viaje a Londres (3 y última)

En la semana que estuve en Londres visitando a mi amigo James, el cual él vivía con su madre Mrs Greencup  y  sus hermanas Carolina de 20 años y Jessica de 24. Carolina y Jessica aún siendo hermanas eran totalmente diferentes Carolina era rubia con ojos azules y de piel blanca sin embargo Jessica era morena con ojos marrones y tez más oscura igual que su hermano James.

Ya tuve una visita de Carolina en mi cama la cual me follé, y a los pocos días había tenido un encontronazo con Jessica en el cuarto de aseo y también me la había follado, quedaban pocos días para finalizar mi estancia cuando la última noche nos fuimos toda la familia de mi amigo James a un pub, la madre se fue junto con las chicas tras la cena y yo me quedé a solas con james.

Estuvimos bebiendo varias jarras de cervezas y acabamos muy perjudicados tanto que James no podía conducir y yo menos por el lado izquierdo de la vía, así que los dos abrazados nos fuimos hasta casa. En la casa armamos la de Dios para entrar, de hecho se despertaron las hermanas y bajaron ala plata baja. Jessica con un pantalón y camisa de pijama y Carolina con un camisón semitransparente. Entre ambas se llevaron a James a la habitación y luego bajaron a por mi. Entre ambas me llevaban pasamos la habitación donde dormía yo con  James y me metieron en la suya una vez allí cierran la puerta y nos dejamos caer los tres sobre una cama.

No estoy bien.- les decía. Ambas hermanas se colocaron cada una a mi lado y yo las rodeaba con mis brazos.

Carolina comenzó a besarme en la boca, yo me negaba pero ella seguía insistiendo a lo que finalmente acabé comiéndole la boca. Jessica por su parte bajó mi mano hasta su trasero mientras que ella levantaba poco a poco mi camiseta y me besaba el cuello.

Le subí a Carolina su camisón descubriendo sus bragas blancas y me puse a besar a Jessica. Carolina comenzó a acariciar el bulto de mi pantalón que era señal que mi polla se estaba poniendo bien dura.

¿que pasa con vosotras?, ¿ no os besáis?. les dije borracho y salido perdido.

Ellas se miraron y comenzaron a besarse, se ve que nunca lo había hecho pero la situación de dominación que estaba ejerciendo sobre ellas y las  unió el deseo por poseerme eso les empujaba a hacer locuras. Luego saqué mi lengua y las uní a las hermanas,formando un beso triple.

¿Os ha gustado?.- les pregunté. ambas asistieron. Le bajé una de las tiras a Carolina dejando salir su pecho el cual comencé a apretar, ella mientras con la ayuda de su hermana me había desabrochado el cinturón y había metido su mano dentro de mis calzoncillos acariciándome la polla. Yo las abracé.

ay mis niñas como os voy a echar de menos cuando me vaya.- Les dije.

aún nos queda esta noche y vamos a disfrutar los tres,. dijo Jessica.

Carolina acariciaba mi polla de arriba a abajo y yo ayudaba a Jessica a quitarse su pantalón de pijama desanudando el nudo que lo apretaba, una vez deshecho ella comenzó a bajárselo mientras que yo le comía la boca a su hermana. Jessica se quitó todo menos las bragas y comenzó a besar mi barriga bajando hasta mi polla la cual acariciaba aún Carolina.

¿Te gusta lo que te hacemos?.- dijo Carolina.

Si, me encanta.- les respondí.

Pues espera que aún hay más.

Se separó de mi y se termino de desnudar quitándose el camisón, luego junto con su hermana me quitaron el pantalón arrastrando también mis calzoncillos.

Ambas hermanas se pusieron de rodillas y comenzaron a comerme la polla, el primer turno fue para Carolina la mas pequeña de las dos pero las guarra. Yo acariciaba los pechos de Jessica los cuales hace pocos días me había comido. Llegó el turno de Jessica la cual no escatimó energía para comerme la polla con desenfreno y ansia. Carolina me ofreció sus pechos para que los chupara y acariciara los cuales los turnaba con su boca mientras que mi mano masajeaba su coñito.

Al rato ella se levantó y se quitó su braguitas negras tirándolas al piso y colocándose frente a su hermana para acariciar nuevamente mi polla. Con las dos hermanas frente por frente a mi polla acariciándola al unisono se me ocurrió una idea.

¿Te imaginas que ahora entrara tu madre?.- les dije.

Que pasa que con dos no te es suficiente y necesitas tres mujeres para satisfacerte.-

No hombre, pero es el coñito que me falta en esta casa por follarme.

Carolina me comía los huevos y Jessica se encargaba de mi polla yo las miraba y disfrutaba del espectáculo y de las sensaciones.

A Carolina la tenía desnuda pero Jessica aún tenía sus bragas,

¿No te molestan? le dije mientras tiraba de ellas hacía abajo y ella dejó mi polla para quitárselas Carolina aprovechó para hacerse dueña y señora de ella, luego cuando le metí la mano en el coño a Carolina para hacerle un dedo dejó mi polla para la boca de su hermana.

Metí mi otra mano entre las piernas de Jessica mientras que las dos hermanas acariciaban mi polla de arriba abajo, y yo les hacía a las dos un dedo. Carolina como siempre las más lanzada se lanzó a por mi polla tragandosela entera. Yo dejé de hacerle un dedo para ponerle mi mano sobre su cabeza y hacer que mi polla entrara mas profunda. Tras largo rato dejó mi polla y yo miré a Jessica y le dije.

Ahora es tu turno.

Ella también se metía mi polla en su boca tragándose la entera igual que su hermanita.Yo acaricia el coño de Carolina y su pechos esos pechos era muchos mas grandes que los de su hermana mayor.

Cuando su hermana terminó con mi polla, le dije

Anda súbete.

Ella se subió encima mío para que mi boca pudiera comerle el coño mientras ella me volvía a comer la polla. Jessica se uso a mi lado y miraba excitada como le comía el coño a su hermanita.

¿quieres probarlo?.- le dije.

Ella únicamente asintió con la cabeza. Tímidamente sacaba la lengua y lamía el coño de su hermana entre risas. Yo le enseñaba,

Saca la lengua y lames aquí.

Ella torpemente empezaba a comerle el coño a su hermana al excitante para ambas y para mí. Carolina seguía comiéndome la polla de forma magistral, no había nada que corregirla.

– Vente para acá Carolina.- le dije y ella se subió hasta donde estaba yo.

Me puse a los pies de la cama y con Jessica a mi lado comencé a explicarle otra vez como se le debía comer el coño a su hermanita, ella me atendió pero cuando vio mi polla comenzó a chuparla y yo me concentré unicamente en comerle el coño a Carolina.

Mi polla estaba durisima y el coño de Carolina estaba listo así que le saqué la polla a Jessica de la boca y cogiendo a Carolina de la piernas me la empecé a follar. Jessica nos observaba, veía como era penetrada su hermanita por el amigo de su hermano varios años mayor que ella y muchos más que Carolina.

Come.- le ordené a Jessica mostrando le los jugosos pechos de Carolina.

Ella no lo dudó y comenzó a comerle los pechos a su hermanita. Carolina con la excitación de mi polla y la boca de Jessica sobre sus pechos  comenzó a chillar, yo le tapaba la boca pero ella seguía chillando Jessica le tapó la boca también pero seguía chillando por lo que sin pensarlo Jessica la beso. Ambas hermanas empezaron a besarse de una forma filial lésbica, disfrutaba una de la lengua de la otra parecía que siempre se hubiera deseado la una a la otra, yo mientras me follaba al coño de Carolina.

Carolina tuvo su primer orgasmo de esa noche y de la saqué del coño.

ahora es tu turno.- le dije a Jessica.

Me senté en el borde de la cama y ella se sentó encima mía mirándome, la cogí de su trasero y comencé a meterle la polla en su coñito mientras la besaba. Era menos escandalosa que su hermana a la hora de gemir pero de todas formas su respiración era entrecortada lo que me hacía suponer que le estaba gustando lo que le hacía. Carolina al momento estaba recuperada y se puso detrás mía a besarme el cuello y a buscar mi lengua o la de su hermana.

Échate.- me susurró al odio.

Me tumbé en la cama y ella se puso su coñito encima de mi boca, yo la tomé de las nalgas y comencé a meterle mi lengua en su coñito. Las dos hermanas, mientras que Jessica seguía cabalgando sobre mi polla Carolina le acariciaba los pechos y le comía la boca, se vé que le había gustado. Cuando Jessica se corrió me faltaba poco a mi para hacerlo así que hice que Carolina se levantara de mi cara y que Jessica se bajara de mi polla para con las dos sentadas en la cama me la comieran para acabar de correrme. Ambas hermanas acabaron haciéndome correr en su caras entre risas de como había quedado llenas de gotas blancas.Les comí la boca a ambas y ellas luego se fueron a limpiar y yo me fui a mi habitación en la cual estaba James roncando como era costumbre en él.

Ya no he tenido más experiencias en Londres pero he prometido a todos los miembros de la familia Greencup que volvería.

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Mi esposa, la hermana y la madre

Siempre me sentí como un extraño en esa casa porque nunca fui apegado a los rituales familiares y por otro lado me miraron desde un comienzo como un extraño. Eso en realidad nunca me ha importado porque llegué hasta ahí sin desearlo y simplemente arrastrado por las circunstancias. Pero de pronto todo cambió cuando conocí a mi mujer en unas vacaciones en que, estando ella sola en el lobby de un hotel, me acerqué a ella con el afán de compartir nuestra mutua soledad. Resultó ser una morena simpática y directa de unos 25 años con la cual entré rápidamente en confianza y a la cual me fue fácil conquistar pues se veía desde lejos que ella estaba ansiosa de pasión y aventura.

Esa misma noche terminamos en la cama de mi cuarto del cual solamente se fue al amanecer tan solo cubierta con un abrigo y con sus calzones y el resto de su ropa íntima en las manos.

Había sido una noche salvaje. Ella era virgen y yo le destrocé todo lo que había que destrozarle en medio de una algarabía de gritos de dolor y de placer que aún no me explico como no despertaron a los huéspedes de los cuartos vecinos.

La hembra, actualmente mi esposa, se había demostrado al comienzo muy pudorosa e ignorante, cosa que debo reconocer me excitó sobre manera, pero una vez desnuda y dispuesta me di cuenta, que si bien su virginidad era autentica, la sabiduría y desenvoltura con que se comportó el resto de la noche daban la impresión de una mujer experta en las lides del amor.

Su calentura sin limitaciones y su disposición para entregarse a los juegos sexuales más inauditos me llevaron a depender de tal modo que terminé por casarme con ella porque la verdad no podía prescindir de sus favores íntimos. Lo único que me molestaba poderosamente en todo esto era que ella insistió de todos los modos en que deberíamos vivir en la casa de su familia pues ellos eran un grupo tan unido que de otro modo no sería capaz de prescindir de la cercanía de su madre y su hermana.

Abrazado por una calentura cada día de mayor intensidad yo terminé por aceptar lo que ella me pedía y sin hacer mayores problemas acepté sus condiciones por cuanto yo veía que durante el día yo habría de estar sumido en mis negocios y podría perfectamente departir con la familia un corto rato en la noche antes de irme a la cama a disfrutar diariamente de mi tesoro moreno que cada día me brindaba nuevos placeres incontrolables.

Así mi vida comenzó a desarrollarse como yo lo había planificado sin mayores problemas para nosotros dos y tampoco para su hermana mayor ni para su madre que eran los otros habitantes de la casa.

Lo único que me preocupaba era que nuestras sesiones nocturnas eran tan desaforadas que ello pudiese restar privacidad a nuestra vida. Esto lo pensaba por cuanto mi mujer gustaba de expresar su placer mediante gritos y quejidos desesperados que se me ocurría a mi habrían de resonar en el silencio de la noche molestando a su familia, pero de los cuales yo no podía prescindir porque formaban parte de nuestra felicidad y de nuestros juegos.

Uno de nuestros juegos favoritos era montar a mi mujer mientras ella caminaba en cuatro por el cuarto hasta afirmarse en el borde de la cama en donde yo terminaba clavándola sin piedad en medio de sus gritos orgásmicos desenfrenados. Fue así como una noche en medio de estos placeres y mientras mi mujer desfallecía de placer sentí pasos en el pasillo en el cual se encontraba nuestro cuarto.

No le dije nada a mi mujer y al día siguiente me comporté como siempre, pero como la noche siguiente volviera a sentir los pasos a nuestra puerta, se lo comenté a mi mujer y ella muy segura de si misma me dijo que ella estaba segura que esos pasos eran los de su hermana que a menudo le había preguntado acerca de los ruidos que escuchaba en nuestro cuarto y seguramente se había atrevido a venir a escuchar a nuestra puerta. Me dijo que ella nada le había contado pero era evidente que ella estaba alterada por lo que sucedía en nuestra pieza.

Este comentario hecho por mi mujer en medio de nuestro encuentro sexual no hizo si no encendernos más, puesto que el hecho de saber que mientras nos entregábamos a los placeres más descarados su hermana estuviese al otro lado de la puerta escuchándonos, nos hacía esforzarnos más para poder darle la oportunidad de participar en eso aunque no fuese sino a través de los ecos de nuestros gritos. Fue así como nos pusimos de acuerdo con mi mujer para que a la noche siguiente ella sola en nuestro cuarto fingiera que estábamos follando en medio de sus gritos mientras yo podía desde el otro extremo del pasillo ver quien era que nos espiaba.

Estaba pues yo la noche siguiente en mi puesto de observación desde el cual podía escuchar claramente los gritos de mi mujer simulando los orgasmos más desesperados, cuando vi a la mujer, que tratando de no hacer ruido, se acercaba a la puerta de nuestro cuarto vestida tan solo con una amplia bata de noche. No se había percatado para nada de mi presencia y se había afirmado en la pared justo al lado de nuestra puerta.

Los gritos ocasionados por mi mujer desde nuestro cuarto eran tan auténticos que estaba seguro que se masturbaba, cuando vi que la mujer se despojaba de la bata quedando desnuda en el pasillo segura que nadie la observaba y pude darme cuenta que no era la hermana de mi mujer sino su madre.

Esta hembra de unos 45 años lucía a la luz de la penumbra del pasillo un cuerpo voluptuoso y opulento. Se acariciaba los pechos muy bien contorneados y agitaba sus caderas con un ritmo en el que se adivinaba la experiencia de una hembra sabia en las lides del sexo. Sin duda estaba abrazada por el deseo y sin recato alguno los tres dedos de su mano entraban y salían de su sexo con una gracia y pericia que demostraban plenamente que ese ejercicio era sin duda habitual en ella.

Mientras tanto, era tal la tensión erótica que ocasionaba en mi los gritos de mi mujer y las acciones de mí magnifica suegra, que no pude resistirme y comencé a masturbarme allí a unos metros de ella y al parecer no lo hacía silenciosamente puesto que la mujer se sintió sorprendida y avanzó hacia el lugar donde yo estaba de tal modo que aunque fue por un corto instante nos vimos plenamente a la tenue luz del pasillo cada cual en su labor auto satisfactoria. Fue solo un breve momento pero los suficiente para saber que definitivamente éramos cómplices.

Al regresar al cuarto de mi mujer ella esperaba con ansias el resultado de mi exploración y el deseo de escuchar lo que le contaría la tenía más caliente que de costumbre y entonces yo decidí mentirle y le dije que realmente era su hermana la que estaba en la puerta y le conté todo lo que había visto tan solo poniendo a mi cuñada en lugar de mi suegra.

Al día siguiente, ya con mis planes bien estructurados volví a la casa desde mi trabajo recién pasado el mediodía hora en la cual yo sabía que mi suegra se encontraba sola. Entré sigilosamente y no la encontré dentro de la casa pero luego me di cuenta que ella se encontraba en la pequeña pieza del jardín que hacia las veces de bodega de herramientas, de modo que me dirigí allí sin demora. La mujer me miró sorprendida pero en absoluto asustada. Más bien creo que estaba esperando algo así.

La abracé desde atrás y sentí su culo firme sobre mi miembro duro. Me di cuenta de inmediato que ella estaba caliente pues se acomodó de tal modo de poder sentir mi miembro en el centro de su hendidura. Sin mayores trámites le arrastré las bragas hasta los pies e inclinándola sobre una pequeña mesa la penetré sin contemplaciones dándome cuenta que su coño delicioso cubría mi polla con sus jugos calientes.

Era una hembra madura caliente y dispuesta, pues seguramente hacía años que no conocía las delicias de un instrumento Después lo hicimos sobre el suelo levantando sus piernas torneadas y suaves hasta sus hombros mientras ella me decía que podía cogerla cuando quisiera pero que no quería que mi mujer supiera nada de esto y que tendríamos que organizarnos bien.

Así lo hicimos y los días siguientes seguí visitándola durante el día y por la noche atendía a mi mujer ya que con este doble ejercicio yo andaba más caliente que de costumbre. Así mi mujer estaba cada día más caliente con la idea que era su hermana quien nos espiaba y esto le producía cada noche más deseo y más cosas me entregaba, hasta que una noche en medio de tanta calentura me dijo si a mi me gustaría hacer el amor con ella y con su hermana, que eso a ella le calentaba mucho y estaba segura que su hermana aceptaría y que si yo quería ella le hablaría.

El solo escuchar su proposición desató en mi una descarga terrible acabando en medio de los gritos habituales de mi mujer. La idea de poder tirarme a las dos hermanitas me pareció fabulosa, de hecho comencé a prepararme para eso que acordamos sería la noche siguiente. Pero esa tarde no falté a la cita con mi suegra y fue tanta la intensidad del coito y tan salvaje lo que esta hembra me hizo sentir que en medio de la tremenda calentura no se me ocurrió nada más caliente que decirle que esa anoche me tiraría a mi mujer y a mi cuñada a lo que mi suegra encendida por lo que yo le contaba me dijo que ella se haría presente aunque no la invitaran.

A mi no me cupo la menor duda que así lo haría. Esa noche llegué un poco más tarde a la casa porque pasé al bar a tomarme un par de tragos para prepararme bien para la sesión que me esperaba. Y cual no sería mi sorpresa si cuando entré en mi cuarto mi mujer y su hermana estaban abrazadas desnudas en la cama. Esa escena me calentó tanto que rápidamente me despojé de la ropa y ya con mi fierro encendido me acerqué a la cama y comencé a pasárselos por la cara.

Las dos hembras que ya estaban calientes por las caricias que se habían brindado comenzaron a chupármelo con tal intensidad se me puso aún más duro. Ellas chupaban una por cada lado hasta que juntándose en la cabeza terminaban besándose ambas de una forma que me calentó casi hasta ocasionarme erecciones dolorosas.

Me sumergí entre sus tetas y las recorría como loco hasta que sentí la carga suave del cuerpo de la madre de estas hembras locas que se montaba sobre mí mojándome las nalgas con su sexo abierto. En ese momento sentí una descarga de tal magnitud que creí morirme, pero afortunadamente no fue así y estoy vivo para poder seguir contándoles lo que realmente me ha sucedido.

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mis hermanas II

Capítulo IV: Obsesión

Con el paso de los días, esta práctica iba siendo cada vez más cotidiana para el muchacho.

diego siempre había mirado a sus hermanas como eso, hermanas. No le despertaban ningún tipo de interés sexual. Pero con las nuevas acciones esto iba a empezar a cambiar poco a poco.

Generalmente durante el día, recordaba la ropa que llevaban puesta sus hermanas para que al final del día, supiera de quien pertenecían esas prendas.

Una de esas tardes estaba jugando en la play con su amigo, vió como su hermana Fernanda se iba de casa. Estaba con el pelo algo mojado y bien vestida, seguro iba a clase de inglés.

– Me voy!

Su amigo Luis se quedó siguiendo la partida, mientras diego no perdía oportunidad e iba al baño.

Buscó entre la ropa, y encontró la prenda de su hermana.

Una bombacha negra con bordes blancos, toda húmeda solo para él.

Se la llevó a su olfato.

– Mmmm qué delicia!!!

Ese aroma profundo, el aroma más íntimo de su hermana invadía sus pulmones llenándolo de placer.

Pensó en cómo se sentiría su hermana si se enterara de lo que hacía. Compartía una gran relación con ella. Se sentía mal por hacerlo, pero no podía evitarlo.

Dejó la prenda donde estaba, y regreso con su amigo. A la noche ya había material para masturbarse!

Transcurrió la tarde, y ese día quiso esperar a meterse a bañar. Quería ser el último, para descubrir la bombachita de su otra hermana, Angelica.

Pero no hubo caso. La chica no llegó a casa hasta tarde, asi que el adolescente tuvo que ducharse. Obviamente utilizó la bombacha negra de Fer para hacerse una estupenda paja.

Un viernes por la tarde, ya diego y fernanda habían llegado del colegio, y Angie tenía día libre en la universidad. Mamá trabajaba, y ese día tocaba hacer algunos deberes hogareños.

Ese tipo de tareas muchas veces recalaba en los jóvenes, pues la madre trabajaba varias horas por día, y siempre pedía a sus hijos que colaboren.

Había que lavar el piso y limpiar muebles en el living de la casa.

Generalmente se dividían las tareas entre los hermanos. Ese día a Diego le tocaba fregar el piso y a Angie limpiar los muebles. Fer tenía ese día “libre” en cuanto a tareas del hogar.

Diego fue al lavadero en busca de un balde, lo llenó con agua, y el trapo de piso. Pasó por el pasillo, cruzando por el cuarto de sus hermanas –Angie y Fer compartían habitación- y tocó la puerta para avisar a Angie que le tocaban los muebles. Fue hasta el living para comenzar con la tarea.

Estaba remojando el trapo cuando vino rápido Angie, pasó por delante y siguió su camino, hasta la puerta principal. Mientras cruzaba por el living, dijo:

– Perdón hermanito pero me llamó Jerry; bye.
– Qué?

Diego no daba crédito a lo que su hermana mayor decía. La muy forra se iba porque la llamó el novio, el tarado de ‘Jerry’. Le tenía bronca. No por algo en especial, pero que su hermana tenga novio no le gustaba.

Cerró la puerta y adiós.

Bueno, que más da –pensó- al fin y al cabo cuando regrese tendrá que hacerlo.

Comenzó con su tarea, cuando esta vez su otra hermana, apareció por casa.

– Hola nene. Que haces? –Fernanda saludó a su hermano con un beso.
– Limpiando un poco… Angie me dejó solo jaja.
– Jaja la loca debe andar con Jerry, no?
– Asi es
– Bueno y que hay que hacer?
– A ella le tocaban muebles hoy.
– Bueno, deja, lo hago yo por hoy. No quiero que mamá venga y vea todo sucio.

Fernanda recién llegaba a casa de gimnasia. Las dos hermanas de la casa eran asiduas a una especie de gimnasio pero donde solo iban mujeres, ya que también allí enseñaban clases de baile. Fernanda y Angie de pequeñas iban allí a baile y ahora de grandes concurren a hacer un poco de gimnasia. Claro que tenían diferentes horarios, rara vez coincidían las dos juntas.

El chico siguió con su tarea de fregar el piso, mientras Fernanda se quitaba la campera, tomaba un trapo viejo con el producto de limpieza, para comenzar a limpiar los muebles.

Diego cada tanto la miraba a su hermana –estaba de espaldas a él-. Se fijaba en el cuerpo apetecible de su hermana. Le venían a la mente los comentarios obscenos de sus compañeros sobre ellas. Fernanda tenía el pelo suelto, estaba con un top ajustado, y una calza negra muy apretada

Sobretodo le miraba mucho la cola. Cada tanto volteaba a ver a su hermana, que ajena a los pensamientos oscuros de su hermano, se limitaba a lustrar los muebles.

El miembro del muchacho fue despertándose. Le miraba descaradamente la cola grande y redonda a su hermana. La calza se le ajustaba tanto que era imposible no mirar. Mientras seguía lavando el piso, se imaginaba como se vería su hermana desnuda. Se imaginaba bajándole la calzita para dejar al descubierto ese culo perfecto y penetrarla de un solo golpe. Su pija le iba a reventar en el jeans.

Fernanda estaba limpiando el mueble del TV. Le pasaba el trapo a la madera. Se agachó y abrió una de las puertitas del mueble, para limpiar todo allí abajo.

El chico no se perdía detalle de los movimientos de su hermana. La adolescente apoyó ambas rodillas en el suelo, inclinándose hacia delante para limpiar bien la parte interna del mueble.

– Se puso en cuatro, se puso en cuatrooo!!! –Diego se repetía cosas en su mente.

Ante él, Fernanda estuvo unos segundos en esa posición comprometedora, con la cola bien levantada lista para ser penetrada.

Diego quiso sacarse la verga ahí mismo, para correrse como un loco mientras observaba el espectáculo.

Con una mano tenía el secador y con la otra se acariciaba su dura verga por encima de su pantalón. Mientras admiraba el culazo de su hermana, se imaginaba la bombachita que tendría, y con lo pequeñas que son, y lo apretada que le iba la calza, se le debía meter bien en la concha! No podía aguantar para tener en sus manos esa bombacha toda húmeda!

Finalmente, Fernanda terminó con aquello. Diego sacó su mano de donde la tenía, y disimulo que nada había pasado, siguió fregando.

– Bueno, ya esta esto. Me voy a dar un baño que estoy toda transpirada.

El chico estaba dejando de ver a su hermana justamente como hermana, y la estaba empezando a ver como ‘chica qué está buena’.

Estaba muy caliente, y esa tarde, después de que Fernanda saliera del baño, volvió a casa Angie, que también entró a ducharse. Por lo tanto ese día finalmente sería en el que conocería el aroma de Angie… y con lo que había visto de Fernanda, se imaginó el festín que se haría en el baño.

ese dia por la noche…

Luego de que las dos hermanas se duchasen, llegó mamá a casa. El chico rápidamente ingresó en el baño.

Se quitó toda la ropa, abrió la ducha para no levantar sospechas y evitar que cualquier sonido que haga se escuche.

Fue directo a la ropa tirada. Observó dos tipos de ropa claramente identificables. A un lado la “montañita” de ropa de Fernanda, y al costado la de Angie.

Comenzó a revisar y se dio cuenta que dentro de la calza de Fernanda, estaba la bombachita que había usado ese día.

“Mmm.. se sacó todo junto”.

Sacó la colaless de la calza y de lo primero que se percató fue que ya la había visto.

Era idéntica a la que había usado Angelica hace unos días, que el muchacho había utilizado para masturbarse. Era imposible olvidarse de aquello.

Pensó en si tendrían dos del mismo estilo, o sea dos prendas iguales cada hermana, pero no le importó mucho en ese momento, y ya con la pija bien en alto buscó la parte interior.

Brillosa. Otra vez bien húmeda. Con pelitos negros esparcidos por allí.

Diego puso uno de sus dedos en esa parte, y sintió como se deslizaba la yema de su dedo por la tela.

“Ufff esto es demasiado”

Se la llevó a su cara para aspirar la droga que más le gustaba. Que olor tan profundo!

Iba a tocarse pero se recompuso. Aún con la bombachita de Fernanda en su mano, buscó en el montoncito de ropa de su otra hermana.

Sacó de encima la remera, el suéter, el pantalón, el corpiño, hasta que identificó el objeto del deseo.

“No puede ser”

Dejó la bombacha de Fernanda a un lado, y juntó con ambas manos la prenda de Angie.

La estiró bien ante su vista, para verla en su forma original. Una tanga purpura, con detalles como puntitos en blanco. El muchacho se quedó estupefacto.

Se dio cuenta que estaba tirando demasiada agua la ducha, asi que se apresuró.

Observó con detenimiento la tanga de Angie y buscó en su interior.

Vió cómo la parte inferior era delgadísima! Si bien las que veía a menudo eran pequeñas, ésta lo era aún más! La parte de la tanga que cubre la vagina era muy fina, y esto llevaba al muchacho al éxtasis de placer.

“Apostaría a que se le mete toda”

No estaba húmeda, ni nada por el estilo. Se la llevó a la cara para sentir el aroma, y sí que lo tenía. La parte de tela que tocaba la vagina de Angelica desprendía un aroma a hembra igual de fuerte que el de Fer.

El muchacho se quedó sintiendo ese olor, hasta que las dejó donde estaban, para no levantar sospechas por si alguien entraba. Y se metió a la ducha.

Se baño lo más rápido que pudo: jabón, shampoo, y en unos minutos estaba listo.

Se secó todo el cuerpo, y antes de vestirse, volvió a buscar la bombacha de Fernanda y la tanga de Angelica.

Se sentó en el piso sobre la toalla que había usado para secarse, tomó las dos prendas íntimas con la mano izquierda, y se las llevó a la cara para estimularse como más le gustaba. Con la mano derecha se masturbaba.

Luego de sentir ese olor embriagante, imaginaba a sus hermanas. Recordó la pose de Fernanda cuando estaba limpiando el mueble, puesta como perrito, y se imaginó a Angie con las piernas abiertas, mostrando la concha…

Apresuró los movimientos manuales y terminó llenando el borde de la bañera con espeso semen caliente.

Lo limpió con papel higiénico, tuvo que cortar varias veces para limpiar todo lo que había soltado. Ya había quedado “como nueva”. Enseguida entraría mamá a la ducha, pero por suerte no se notaba que alguien se había hecho una estupenda paja.

Ya también puso las telas  en donde estaban, y termino de vestirse para salir mucho más relajado y a dormir  placenteramente.

El hecho de ir a bañarse era más placentero que nunca.

En los ratos libres, en vez de pensar sobre las chicas de clase, pensaba en sus hermanas.

Con el correr de los días, se iba interiorizando más y más sobre ellas.

Casi siempre aguardaba a que ambas se ducharan, y luego lo hacía él para tener las prendas de las dos hembras.

Después de varios días repitiendo el ritual, se fue dando cuenta de algunas cosas.

Ambas usaban las mismas bombachas. Muchas veces se encontraba con que una de las chicas había usado una bombachita que ya había usado la otra.

Esto había sucedido varias veces, en donde el chico encontraba las prendas que había usado Fernanda un día, y después la encontraba en la ropa de Angelica.

Y también descubría que las bombachas y tangas que usaba Fernanda estaban casi siempre más mojadas que las de Angie.

No era una regla fija, pero era más o menos así. Además en las de Fernanda casi siempre encontraba algunos pelitos oscuros, mientras que en las de Angelica casi nunca los encontraba.

Así se fue imaginando muchas cosas en sus fantasías.

Cuando pensaba en Fernanda, se la imaginaba con la concha peludita, y a Angie toda depilada.

La obsesión comenzaba a hacer mella en el adolescente calenturiento.

Eran familia, y por lo tanto muchas veces las chicas andaban con poca ropa por la casa. Momentos en donde salían de la ducha, o tenían que cambiarse, o llegaban del colegio o uni y se desvestían rápidamente para cambiarse. No les importaba que estuviera Diego viéndolas, pues nunca se hubieran imaginado como las miraba su hermanito. Hasta el momento, las chicas seguían viendo al “enano” como eso, el hermanito pequeño.

Desde siempre, toda la vida había pasado eso. En la casa eran todos familia y andar un rato con poca ropa no era nada raro.

Un día, estaban desayunando, diego, y a su lado Angie. Fernanda todavía estaba en la cama, y mamá en el baño.

Angelica tenía puesta la ropa de dormir, una remera mangas largas estirada y vieja, desteñida, y un pantalón también largo.

Estaba muy apurada, pues para la uni tenía que caminar muchas cuadras y siempre salía de casa antes que los demás. Estaba retrasada con el tiempo y se fue apurando.

Fue hasta su habitación y trajo a la cocina la ropa que se iba a poner hoy, estaba parada al lado de diego, quien estaba sentado tranquilamente tomando su té. La chica bebió un sorbo de café, puso la taza sobre la mesa, y se quitó la blusa de dormir, quedando en corpiño.

Un corpiño muy lindo, por cierto. Color piel, aunque a Diego le importó poco, porque espiaba de reojo a su hermana mientras se cambiaba a su lado.

Le veía las tetas de costado, como se movían en ese corpiño ajustado, mientras el pelo casi rubio caía sobre su cuerpo.

Esas tetas grandes y redondas querían zafarse del corpiño a cada movimiento… qué espectáculo le estaba brindando su hermana mayor sin siquiera darse cuenta.

Se colocó una blusa, seguido de otra, y una campera. Bebió otros sorbos de café y ahora se quitaba el pantalón.

Con ambas manos a los costados de sus caderas, tomando el elástico del pantalón, se lo bajó rápido hasta llegar a los tobillos, y con ayuda de sus pies, se los quitó.

Diego aprovechó para mirar de nuevo a su costado, y Angie se agachó para agarrar el pantalón del piso, cuando fue hacia abajo con sus manos para tomarlo.

Durante esos pocos segundos, su hermana había quedado con las piernas estiradas pero con el torso hacia abajo para juntar la prenda de dormir, y había quedado en franca posición sexual.

Diego observó todo aquello casi moviendo levemente la cabeza al costado, y vio como durante unos pocos segundos Angie estaba con la bombacha blanca toda metidita en la cola y agachada, por lo cual durante unas décimas de segundo pudo verle más abajo, como con la presión de estar agachada, se le marcaba levemente la chocha en la tela!

Fue durante milésimas, pero esa imagen iba a quedar grabada en su mente. Le pudo ver la parte donde la bombachita le cubría la concha y encima estaba marcadita!

Se le veía bien la rajita marcada en el medio y a ambos costados los labios abultaditos.

Obviamente el muchacho no reaccionó, y siguió con la taza de té como si nada hubiera pasado. Enseguida Angie se puso el jean, se acomodó el pelo, y se puso las zapatillas para marcharse mientras se terminaba el café…

Poco que decir sobre lo que sucedió apenas Angie se fue. Diego se fue al baño a cepillarse los dientes y… hacerse otra tremenda paja recordando lo que había visto.

Pues ese mismo día, tras la escuela y todo el transcurso de la tarde, llegó a casa al anochecer y se metió a bañar como cada día.

Buscó en el rincón de la ropa y encontró solo ropa de una de sus hermanas.

Se acercó más y se dio cuenta que era de Angie.

No le fue difícil encontrar la bombacha. La que había visto esa mañana cubriendo como podía tanta carne que tenía Angelica…

Además miró el corpiño, y recordó la visión sublime de esas tremendas tetas moviendose!

El pene le aprisionaba en el pantalón, asi que se los quitó y fue abriendo la bombachita para ver el interior.

Estaba muy húmeda, ese clásico brillo cubría toda la zona de tela que rozaba la conchita. Se la llevó a su nariz y sentir el olor penetrante a concha era supremo! Y el morbo de que sea de su hermana mayor mucho más.

“Uffff esta empapada. Estuviste calentita? Me encanta que hayas estado toda excitada hoy.”

Puso la parte mojada de la bombachita sobre su pija y se masturbaba. Embardunaba el liquido vaginal sobre el tronco de su miembro, mientras se pajeaba a ritmo frenético.

Imaginaba como la conchita de su hermana desprendía toda esa humedad pegajosa en la bombacha y se moría de placer.

Ya tenía toda la pija dura llena de la humedad de la chochita de su hermana mayor. Volvió a llevarse la tela a la cara para olerla, mientras su mano se deslizaba a lo largo de su joven pene con todo el líquido viscoso de su hermana.

Empezaron a salir los brotes de leche para todos lados… cayeron sobre sus piernas, el piso, algunos llegaron a la pared… puf!

Todo ese ritual de instinto animal era algo de otro mundo. Después de semejantes pajas se quedaba muy relajado… era terriblemente satisfactorio hacerlo con las bombachas de sus hermanas.!

Cada vez que entraba a bañarse conocía de cual de sus hermanas eran las tangas, sabía que ambas usaban las mismas, y se masturbaba a consciencia.

En una ocasión, estaba la tarde bien fresca cuando diego estaba haciendo la tarea de la escuela.

Fernanda pasaba por allí, con su ondulado pelo negro, una campera y su calza ajustada negra resaltándole ese tremendo culo…

– ¿Cómo va eso enano?
– Complicado Fer…¿vas para gimnasia?
– Sí!
– Yo en un rato también voy.

Se despidió del chico con un beso, siempre tan amable con él.

El muchacho se cansó de tanta tarea y fue también al gimnasio para despejarse un rato.

Ya una vez en el lugar, comenzó con su rutina.

Se detuvo para descansar unos momentos, observando todo el movimiento allí.

Saludó a los conocidos que estaban entrenando.

Y las chicas también haciendo ejercicio. Terminó con su programa en el gimnasio ese día, se puso la campera y se quedó a un costado observando a las chicas disimuladamente.

Las veía como siempre, pero ahora en vez de esas, se imaginaba que eran sus hermanas. Regresó a casa.

– Buenas.. ya llegué

Fernanda estaba en su cuarto, mamá no había llegado aún a casa y Agngelica estaba en la cocina.

– Me baño yo o vas vos Angie?
– Andá vos enano..
– Ok

Se metió en el baño, abrió la ducha y por supuesto fue directo a la ropa de Fernanda.

Arriba de la calza se posaba la tanga púrpura! Esta vez la había usado Fernanda.

El chico hizo lo de siempre, y se percató de que la tanguita estaba mojadísima.

“Estuvo duro el entrenamiento? Parece que transpiraste toda la concha, Fernanda…”

Ni que hablar del olor a vagina tan morboso que desprendía esa tanga!

Estaba sentado en el piso, con la campera aún puesta, con los pantalones y bóxer bajados, haciéndose una paja con la tanguita recién usada de su hermana Fernanda en la cara.

Estaba en eso, cuando…

– ¡Qué estás….?! – Fernanda había entrado al baño y descubierto todo!

Fernanda creyó que como la ducha ya estaba abierta, el muchacho estaba dentro… ahora estaba parada en la puerta como de piedra observando como su hermanito tenía una mano en su pija parada y la otra en su propia tanga.

Continuará…

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¡Que hermanitas!

Esto me pasó la semana pasada y todavía no he podido reaccionar.

Tengo una casa alquilada y la inquilina me llamó por teléfono para comentarme de algunos problemas de humedad y de pérdidas de agua, así que fui para ver la casa.

Me atendieron dos jovencitas que dijeron ser las hijas (yo no las conocía) y se presentaron “soy Rita, tengo 19 años estoy estudiando abogacía” “soy Claudia, tengo 18 años comencé este año medicina”.
Voy a aclarar que tengo 55 años pero gracias a una vida sin excesos y la habitual concurrencia al gimnasio aparento unos cuantos años menos por mi cabeza sin canas.

Hice una recorrida por la casa viendo los problemas y hubo algo que me llamó especialmente la atención así que usando el celular tomé varias fotos y en broma les digo a las chicas “ahora una fotito de ustedes dos” y les apunto con el aparato.
¡Me quedé helado!!! Las hermanitas poniendo cara de turras posan besándose la una a la otra en la boca….pero un beso de esos que te ponen la cabeza a mil por hora.
Largan la risa y me dicen “¿querés que hagamos una sesión de fotos bien cochinas?” y antes que pudiera responder se quitaron los vestidos quedando solo con las tanguitas ya que no tenían corpiño ninguna de las dos.
Voy a describirlas someramente: Claudia rubia, Rita Morocha, las dos morochas de ojos verdes, cabellos largos, caritas muy lindas, tetas duritas con lindos pezones y ¡que piernas!!!!

“Chicas no hagan esto que soy un hombre serio” les dije y ellas no me hicieron caso al pedido que se vistieran y todo lo contrario comenzaron a besuquearse y a franelearse como locas y me dicen “no querés una fiestita con nosotras dos” y agregan “la primera es gratis pero después si te gusta vas a tener que pagar”.

Yo me despedí y me fui derecho a la puerta de calle pero una de ellas se apoyó contra la puerta impidiéndome salir mientras que la otra me tomaba de atrás y comenzó a darme besos en el cuello…quedé paralizado y eso lo aprovechó la que estaba delante mio para desprenderme y bajarme los pantalones por lo que quedé inmovilizado con los pantalones en los tobillos y la que estaba detrás mio aprovecho a bajarme los calzoncillos y la que estaba delante se arrodilló y tomó mi pija (que a ese entonces estaba como fierro) entre su boca y comenzó a chuparla.

A esa altura de los acontecimientos ya no tenía otra idea que cogérmelas y se lo dije así que me terminaron de quitar los pantalones y una de cada brazo me llevaron a la habitación donde comenzaron a besarme simultáneamente por todo el cuerpo.

“Me toca a mi por ser la mayor” dijo Rita y se tiró boca arriba sobre la cama abriendo las piernas y ofreciendo su concha depilada para que la penetrara. “No tengo condones” les dije….”no importa papito nosotras tomamos pastillas ja jua jua jua” así que me dediqué al placer de montarme a la dulce criatura que tan gentilmente se me ofrecía. Se la metí hasta el fondo mientras la hermanita le chupaba las tetas y como le dije que estorbaba se colocó detrás mio y comenzó a jugar con su lengua contra mis huevos y en un momento puso su lengua en el agujero de mi culo y ¡tremendooooooo!!!!!! mientras que Rita gemía en un orgasmo que me noté espectacular por la forma en que se contraían los músculos de la vagina yo estallé y eyaculé dentro de ella…luego de unos besos que le di en la linda boca y mientras mi pija aún estaba dentro de ella seguía Claudia con su lengua intentando metermela en el culo……me tiré para el costado y entonces Claudia comenzó a chuparme la pija enchastada con la mezcla de mi semen y los jugos de Rita y ¿que hizo Rita? la muy puerca se puso de tal forma que su concha quedó sobre mi boca y la mezcla de jugos chorreaba sobre mi boca y el cuello…. guauuuuu……. eso hizo que mi pija se pusiera como un palo a los pocos minutos cosa que aprovechó Claudia para sentarse y se la acomodó entre los labios de su vagina y se empaló de un solo golpe y comenzó a cabalgarme moviendo la pelvis y ¡que espectáculo! los cabellos, la cara y las tetas sacudiéndose.
Tardé un rato bastante largo en eyacular y en ese ínterin Claudia tuvo al menos 5 orgasmos que yo notaba claramente por las contracciones de la vagina y porque además en cada uno percibí que ella largaba gran cantidad de jugos. Cuando terminamos y se paró la mezcla de sus jugos con mi semen le chorreaba hasta las rodillas.

Y esto es lo que pasó la semana pasada y ¿les gustaría que mañana les cuente lo que pasó hoy? Daniel

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Mi primera vez con los relatos.

Hola que tal me llamo Cecilia. He podido leer varios de los relato y la verdad que me gusto y me gustaria contar o relatar mejor dicho algunas de mis historias. Dado que si bien no tengo problema de hacer “cualquier cosa” en privado, muchas de las historias no se las puedo contar a nadie.
Les cuento tengo 36 años estoy casada, tengo 2 hijo, un varon de 19 años y una nena de 14 años. Me considero una persona cariñosa, inteligente, picara pero siempre con perfil bajo. En la intimidad soy muy calentona, muy gauchita y muy puta jjaja, en la intimidad. Tengo un cuerpo atractivo y también tengo mis atributos. De vez en cuando me gusta andar con poco ropa por mi casa, quizas con la fantasía que alguien me espíe.
Bueno cuento mi primera historia y creo yo que es aqui donde todo comenzó. Viviamos con nuestros padres al fondo de un terreno y adelante mi tío y su amigo Daniel tenían un taller y la casa de ellos. Eramos muy apegados a ellos y siempre nos reimos y nos hacían bromas cuando volviamos de clase. Era costumbre que agarremos un plato a la noche y fueramos a comer a la casa de ellos.
Una de esas noches fui la último en ir porque no me habían avisado que iban. Llegué a la casa golpeé y nada. Pasé y ni en el comedor ni en la cocina había alguien. Pude escuchar como un pequeño grito desde la pieza y me asuste. Pero sin embargo curiosa yo, me asomé a espiar por la puerta de la pieza. Cuando abro no lo podia creer, la mayor de mis hermanas se encontraba de rodillas en el piso con el torso del curpo sobre la cama. Sus piernas se encontraban bien juntas y la cola bien parada. A todo esto no podia quitar mi vista del pedazo de verga de mi tio, muy gorda y cabezona que intentaba meter por la cola de mi hermana. Celeste se encontraba tirada en la cama comiedole el pene a Dani. Semi-desnuda y boca abajo.
Me agarro miedo no se, pero a la vez calentura. Me puse a llorar y sali corriendo. Valeria me escucho y salio detrás mío creyendo que diría algo de lo que ví. Me alcanzo en el comedor toda transpirada desnuda su parte de abajo y solo con una musculosa blanca. Le dije que solo me había dado vergüenza y no sabía que hacer por eso salí corriendo. Hablamos un rato me calmó y nos empezamos a reir por algunas preguntas tontas que le comenzaba a hacer. Fue ahí donde me invito a que pase y lo averigüe yo. Entre a esa pieza y vi esos garrotes duros. Despues de unos segundos  comenzamos a reir y mi tío fue el que me enseño como chuparla. Apenas entraba la cabeza por mi boca pero asi y todo lo hice acabar. Y por esa noche para mi fue todo, tenia que aprender mucho.
No se si pude relatar bien mi historia espero que si y podido haber transmitido algo de lo que yo siento cuando recuerdo estas cosas. Besos
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Ser lesbiana no es fácil

Ser Lesbiana no es fácil.

Esta es la continuación del relato titulado Mi hermana me volvió Lesbiana, para quienes que no recuerden básicamente trataba de cómo yo me empezaba a fijar en mi hermana y me empezó a atraer hasta que…bueno una noche que nos quedamos solas hicimos el amor (una y otra vez, cabe mencionar). Para quienes tienen mala memoria, mi nombre es Jennifer, tengo 19 años, no soy muy alta mido como 1.50, de tez blanca y ojos verdes, mi cabello es negro y lacio y no muy largo, apenas me llega a los hombros. Tengo grandes senos, al menos es lo que muchos de mis novios me han dicho, soy copa C; de complexión no soy muy delgada pero tampoco estoy llenita, digamos que estoy normal. Mi hermana es muy parecida físicamente  a mí, solo que ella es más delgada y el cuerpo un poco más fino, con menos senos que yo pero una gran cintura con forma bastante envidiable, el cabello de ella es ondulado y más largo, es decir muy linda mi hermana, se llama Ivette y tiene 23 años.

Después de aquella noche tan hermosa que pasé con mi hermana, le siguieron unas cuantas más, no muchas pues teníamos que tener demasiado cuidado que nadie nos fuera a ver, normalmente ocurría los fines de semana cuando nuestro papás salían y estábamos seguras que tardarían bastante, pues si se llegaran a enterar estaríamos en graves problemas ya que ellos eran de ideología conservadora y de mente muy cerrada. Cuando mi hermana, a sus 18 años, les dijo a mis padres que era bisexual le armaron un buen lío, no la dejaron salir por semanas y le quitaron todo medio de comunicación (internet, celular, etc) hasta que ella salió y les mintió diciéndoles que lo sentía y que estaba equivocada, que solo había sido una tontería de la adolescencia. A partir de ahí nos dimos cuenta que sobre estos temas mis padres no entendían razón alguna.

Sin embargo fue una tarde de domingo cuando nuestra felicidad terminó, nuestros padres habían salido a un compromiso y no llegarían hasta la noche, después de que se fueron esperamos 10 minutos para estar seguras que se habían ido…

-Hermanita ven – me llamó Ivette al pasar los 10 minutos, yo estaba sentada en la sala mientras ella me llamaba desde arriba, en las escaleras – ¡Ya se fueron, ven! Tengo algo para ti.

Me levanté en seguida del sillón de piel y fui corriendo ilusionada a la escalera ¿Qué podría ser? Además de lo que ya sabía que me esperaba allá arriba ¿Habría algo más? Subí rápidamente las escaleras y al llegar al piso de arriba no pude verla, solo vi al final del pasillo la luz de su cuarto en seguida. Sin pensarlo fui hacia su cuarto y entré deprisa, pero no la vi por ningún lado, justo entonces salió por detrás de la puerta y me abrazó por atrás y me dio un tierno beso en mi mejilla, cuando volteé para tenerla frente a frente noté dos cosas: que ella ya estaba en ropa interior y que tenía algo en sus manos, pero no pude percatarme lo que era, estaba muy ocupada buscando sus labios con los míos, el beso comenzó de manera suave y dulce pero dos minutos después se volvió más rápido y hasta cierto punto agresivo, fue cuando me separé.

-¿Qué era lo que tenías para mí? – dije aún con la respiración algo agitada.

-Además de esto – dijo mientras con una mano ponía mi mano derecha sobre uno de sus senos, luego en su otra mano, vi por fin lo que tenía, era el control de su estéreo – Te compré algo.

Presionó un botón en el control, apuntando hacia su estéreo y una canción de The Killers comenzó a reproducirse, y no cualquiera era el sencillo de su nuevo disco, me acerqué al aparato para comprobar y en efecto ahí estaba la caja ¡Me había comprado el nuevo disco de mi grupo preferido!

-¿Es para mí? – todavía le pregunté, por si acaso.

-Claro que si – exclamó ella mientras me volvía a abrazar por detrás luego posó sus manos en mi vientre para después comenzar a desabrochar mi blusa – Para quien más, tú los adoras.

-¡Gracias! – dije casi en un grito mientras me volvía hacia ella y me terminaba de quitar la blusa quedando mi bra al aire. Después de un par de besos más le pregunté – ¿Pero…porque? Es decir no creo merecerlo…

-Pues porque te quiero, tonta – me dijo dándome un pequeño beso en los labios – Y porque hace un mes fue cuando empezamos a querernos…así.

-¿Hace un mes? – ¿Tan rápido ya? – Oh pero yo…lo he olvidado no te he comprado nada…lo siento.

-No te preocupes, no era necesario – dijo mientras acercaba su rostro al mío para darme otro beso igual de suave que el primero, al separarse agregó – No tienes que darme nada, solo te quiero a ti.

-Pero es que, me siento incomoda – le dije separándome un poco, aun seguíamos abrazadas – Además, entiende que estoy confundida, nuestra situación no es normal ¿Celebraremos los meses que cumplamos? ¿Los años? Cuando tengamos edad, ¿Nos casaremos y nos iremos de luna de miel? ¿Es así como lo ves?

-¿Y por qué no?

-Porque somos hermanas – dije, a pesar que mis palabras sonaban a reclamo, ella parecía muy tranquila.

-Eso no importa, somos dos seres, dos mujeres, dos personas que se quieren y que solo quieren estar juntas ¿Eso tiene algo de malo? – me dijo, cuando negué con la cabeza me dio otro beso en los labios – No pienses en el futuro, cuando tengamos que pensar en eso lo resolveremos, mientras haz lo que creas es correcto, si me quieres dar regalos está bien, si no también, si quieres contar los meses o años da igual, no te voy a obligar a nada, ¿Ok, princesa?

-Me encanta cuando me dices así – le dije con una sonrisa en la boca mientras volvía a buscar sus labios para fundirnos en otro largo beso, su boca poco a poco fue yendo de mis labios a mi mejilla, luego a mi oreja recorriendo cada centímetro con su lengua, cuando llegó allí me susurró “No te preocupes, te amo” y en seguida bajó para besar mi cuello, abrí la boca para contestarle pero lo único que obtuve fue un gemido, después bajó hasta mis pechos y comenzó a jugar con ellos, los besaba y los lamía por encima de mi bra, lo cual me excitó bastante e hizo que mis pezones comenzaran a endurecerse, ella lo notó y atrapó uno con su boca aún sin quitarme el bra.

La temperatura comenzaba a subir y mi mano como si tuviese vida propia bajó a mi pantalón y comenzó a desabrocharlo, en ese momento mi hermana por fin se había decidido a quitarme mi bra y chupaba mis pechos con lujuria,  con un gesto Ivette me dijo que me sentara en la cama, obedecí y fue ella quien término de quitarme mi pantalón, se levantó y me empujó hacia atrás para que me recostara, en ese momento otra canción había comenzado a reproducirse ella fue al estéreo y subió el volumen, luego cerró la puerta y regresó conmigo, deshaciéndose con un ágil movimiento de su bra y su tanga.

Se colocó sobre mí y siguió besándome con nuestros cuerpos uno sobre el otro mientras nuestros pezones se rozaban, ésta era una de las posiciones que más nos gustaba, y la disfrutábamos tanto… En seguida nos envolvimos en las sabanas para seguir con nuestra pose favorita, nuestros labios parecían pegados pues nos era imposible separarnos.  Todo parecía perfecto, pero de pronto escuchamos algo que nos horrorizó y nos hizo separarnos (después de todo si podíamos separarnos)

-Hijas, olvidé las invitaciones del evento, ¿No las deje a… – mi padre había irrumpido en la habitación de Ivette y había dejado la frase al aire y tenia abiertos los ojos como platos, por un momento pensé que le daría un ataque al corazón, pues no podía decir nada, hasta que por fin liberó una voz tan potente que todo el vecindario pudo haberla escuchado – ¿QUE DEMONIOS ESTÁ OCURRIENDO?

Ivette se levantó tomando solo una sabana para cubrirse y fue hacia él

-Papá, por favor te puedo explicar yo… – pero una fuerte bofetada fue la respuesta que recibió mi hermana.

-No te acerques a mi – gritó aunque ya no tan fuerte – Y explícame ¿porque te estás cogiendo a tu hermana?

-No lo digas así – me animé a decir, para mi sorpresa lo dije muy tranquilamente – No estábamos haciendo eso que dices

-Entonces ¿Qué? ¿Hacían el amor? – dijo ésto último con un aire tan burlón que me dieron ganas de pararme y darle una patada – ¡TONTERIAS! Son hermanas, no puede amor entre ustedes ¡Mucho menos sexo!

-No eres quien para decirme a quien amar o a quien no – dijo Ivette con una mano en su mejilla, su boca sangraba – Yo puedo…

-Claro que puedes, ¡Pero no a mi familia! – parecía que la cara de mi padre no se podía poner más roja de lo furioso que estaba. – ¡Eres una aberración! ¡Debí haberte mandado al psicólogo cuando me lo dijiste! Pero no, soy un idiota y creí que realmente eras normal.

-Si soy normal – la pobre de mi hermana tenía un nudo en la garganta y los ojos vidriosos

-¡Coger con tu hermana no es normal! – gritó – Eres una zorra y una cachonda, pobre de tu hermana, tan normal que era, y ahora ¡La has vuelto como tú!

-A mí siempre me han gustado las mujeres – dije en defensa de Ivette – Mi hermana no tuvo nada que ver con…

-¡Eso no cambia el hecho de que te la estuvieras tirando!- me gritó – Son un par de anormales, llamaré al hospital psiquiátrico para que las recoja inmediatamente.

-¡El loco eres tú! – le gritó Ivette, no tengo idea de dónde sacó el coraje – No será necesario que llames a nadie, Jenny y yo nos largamos de aquí.

-¿Y a donde van? ¿A casarse y formar una familia feliz? – su sarcasmo me daba nauseas – Malas noticias, zorra ¡NO PUEDEN! Es biológicamente imposible.

-A ti no te importa a donde vayamos…

-No me importa donde vayas – dijo él – Pero ella aún depende económicamente de mi, mientras así sea ella no sale de aquí. Tú te puedes largar a tirarte cuantas zorras quieras, pero a tu hermana la dejas aquí.

-Entonces adiós – dijo mientras se vestía de nuevo.

-¡No, Ivette! – dije levantándome y yendo hacia ella, no me importó que mi padre me viera sin bra ni pantalón.

-A dónde vas – dijo tomándome de mi cabello agresivamente y me empujó hacia fuera del cuarto.

-¡Déjala! – dijo mi hermana haciéndole frente a mi padre pero otra bofetada fue lo que recibió, ésta fue tan fuerte para tirarla. Luego se dirigió a mí y, de nuevo tomándome de mi cabello, tiró hacia arriba para levantarme, luego me fue, casi casi, arrastrando por el pasillo hasta que me arrojó con fuerza a mi cuarto y cerró la puerta.

-¡Mañana a primera hora te vas al psicólogo! – gritó del otro lado de la puerta – Con suerte, tú aún te puedes componer.

Me vestí con lo primero que encontré y traté de abrir la puerta pero era imposible, él la detenía desde afuera. “Déjame salir” grité pero fue inútil.

-Empieza a empacar – oí que dijo a mi hermana – No te quiero ver dentro de media hora.

Yo no lo podía creer, el paraíso de hace unos minutos se había transformado en una pesadilla ¡Ivette se iba! Mi padre me iba a mandar al psicólogo y quien sabe a donde más se le ocurriera mandarme. Seguí tratando de abrir pero era inútil, mi padre seguía afuera, le decía frases como “por favor” o “escúchanos” incluso hasta “ten piedad” Pero, o no me oía, o no quería oírme. Me senté recargada en la puerta mientras mis lagrimas bajaban por mis mejillas, lo último que le dije fue “al menos déjanos despedirnos” Lo dije tan despacio que creí que no me había escuchado, pero obtuve una respuesta.

-¡Claro! – dijo mi padre sarcásticamente – y de paso se echan un “rapidin” de despedida ¿No?

-No te preocupes hermana – dijo Ivette, sonaba a que estaba junto a mi padre, justo fuera de mi puerta – Algún día vendré por ti.

-¡No te vayas! – le grité, pero no me escuchó ya estaba en las escaleras, seguro mi padre la empujaba, traté de abrir la puerta y, efectivamente lo logré, al final del pasillo oía sus pasos alejándose. Corrí al vestíbulo de la planta alta donde un gran ventanal daba a la parte delantera de la calle, me asomé y vi a Ivette que se alejaba lentamente hacia el otro lado de la calle, mientras un terrible golpe sonaba abajo en mi casa, era la puerta que mi padre había azotado con furia. Ella volteó hacia donde yo estaba y me mandó un beso, no pude evitar recurrir al llanto cuando la vi desaparecer en una esquina…

Todo era una pesadilla, me pellizque por si acaso estaba soñando pero solo conseguí un moretón. Ese día mis padres ya no fueron al evento (temían que Ivette fuera a regresar por mi o que yo me escapara) Sin embargo no me dirigieron la palabra el resto del día; mejor para mí, yo no tenía ganas de hablarles, mucho menos a mi padre.

Al día siguiente mi padre me llevó, muy a la fuerza, al psicólogo (un hombre escogido especialmente por él, pensaba que si me llevaba con una psicóloga terminara teniendo sexo con ella. Según sus palabras)  Las semanas siguientes fueron un infierno, mis padres me llevaban a todos lados y no me dejaban ni un momento sola. Las semanas se volvieron meses y yo no sabía nada de Ivette. Entraba al Messenger con la esperanza de encontrarla ahí, pero nada ¿Le habría pasado algo? Durante este tiempo estuve platicando con mi mejor amiga, Cristal sobre esto, le pedía consejos, claro que solo se lo planteaba hipotéticamente (“¿si y quisieras estar con alguien pero tus papas no los dejaran que harías?” cosas así le decía) Creo que desde el principio ella sabía que hablaba de mí, no obstante no insistió y me apoyó lo cual hizo crecer el afecto que tenía por ella…

Justo cuando pensaba que Ivette podría estar en problemas, un mensaje de texto llegaba a mi celular “No te preocupes por mí hermanita, pronto estaremos en contacto” decía. Y efectivamente unos días después la vi en el Messenger conectada, me contó lo que había hecho y yo le conté lo mal que la había pasado. Lo que ella me contó me dejo helada, se había ido a Monterrey, una ciudad muy lejana, dijo que una de sus amigas le ofreció un departamento allí bastante económico, y en su trabajo le había resultado conveniente transferirse allá pues le dieron un aumento. También había hablado con mamá, quien aunque no estaba muy contenta con mi hermana, aún decía quererla como la hija que es, aunque tenía la esperanza de que el tiempo fuera la “hiciera recuperarse”

Ivette y yo hablamos los siguientes días que rápido se hicieron semanas por Messenger, ocasionalmente viéndonos por Web Cam., sin embargo no era lo mismo, yo la extrañaba, la quería a mi lado. El psicólogo me decía que estaba obsesionada con mi hermana y que no la quería de verdad, pero yo sabía que solo mentía ¿O…tal vez era cierto? Tal vez si estaba enferma y no podía seguir amando a mi hermana… Empezaba a creer lo que mi padre y el psicólogo decían, estaba frágil emocionalmente y estaba más confundida que nunca, así que acudí con alguien que tal vez podría despejar mis dudas: Cristal, era una muchacha muy guapa e inteligente, de las más guapas del colegio  con un cabello largo y ondulado y su piel era morena clara.

Estábamos en la escuela, cuando decidí contarle todo lo ocurrido, sentadas en una escalera mientras los pasillos estaban muy vacios, a pesar que ya le había contado sobre mis dudas en mi orientación sexual (para lo cual ella se había mostrado muy solidaria y dijo que me apoyaría sin importar mis preferencias) jamás le dije sobre lo mío con mi hermana, cuando se lo dije ella se sorprendió bastante. Le conté con lujo de detalles, incluyendo de cuando hacíamos el amor, no sé si fue mi imaginar pero parecía que mi amiga se frotaba su entrepierna disimuladamente, pero no quise mirar bien…

-Ivette y tú ¡No lo creo! – Exclamó – Que suerte, tu hermana siempre me ha parecido tan sexy…

-Quieres decir que tu… olvídalo – le dije, después hablaríamos de su reciente confesión – ¿Qué debo hacer?

-No sé nena, es complicado debo pensarlo un rato. ¿Sabes? Cuando dijiste que tenías dudas en tu orientación no creí que fuera tan serio…tanto como para que lo hicieras con tu hermana, no.

-Cristal…por favor… – pero ella con su dedo indicé me calló poniéndolo en mis labios, me dio un beso en mi mejilla, luego en mi oreja y me sopló un poco en mi oído, la sensación me provocó una sensación electrizante que rápidamente recorrió todo mi cuerpo. Me tomó de la mano y me hizo que me levantara, fuimos escaleras arriba y entramos al vestidor de mujeres, como era de esperarse estaba vacío y entramos a un compartimiento y de inmediato ella me besó en los labios, no supe porque la seguí, una parte de mi pensaba que no podía serle infiel a Ivette y que debía irme, pero otra parte de mi decía que era lo que necesitaba para sacarme a Ivette de la cabeza… Cristal besaba mi cuello con pasión y un tanto salvaje, lo cual comenzó a excitarme mucho, para el momento que me quitó mi blusa mis pezones estaban ya erectos. Ella los miró con lujuria.

-Hace tanto que quería hacer esto – me dijo llevando su boca a mis pechos lamiéndolos en la parte que mi bra de media copa no cubría.

-¿Y qué te detuvo? – le dije mientras la temperatura subía, mis manos estaban ya en el broche de mi bra, en un dos por tres ya me lo había quitado y ella ya estaba lamiendo mis pezones.

-No quería arruinar nuestra amistad – me dijo con mis pezones entre sus dientes – Pero ahora que me has contado lo de tu hermana…el tan solo imaginarlas…no me pude contener…

La tomé del cabello y suavemente la jalé hasta mi cara, dándole otro tremendo beso salvaje, nuestras lenguas se juntaron y se movían muy rápido, mis manos fueron a su vientre y le levanté su blusa para empezársela a quitar, cuando lo conseguí, revelando un bonito brasier blanco que hacía contraste con su sexy piel morena, al mismo tiempo hice que le volteara quedando de espaldas a mí, la abracé llevando mis manos inmediatamente a sus pechos (que por cierto si los míos eran grandes, los de ella eran enormes) los apreté con fuerza mientras le besaba el cuello, ella soltó un gemido discreto ,arqueando su cabeza hacia atrás; luego retiré mis manos de sus pechos ahora muy erectos y las lleve a su espalda quitándole su bra, hice que se volteara y quedamos de nuevo de frente, besé sus pechos y los lamí muy agitadamente, la temperatura subía cada vez mas y mientras yo chupaba sus grandes pechos y mordisqueaba levemente sus pezones, ella me comenzó a desabrochar mi minifalda, cuando me la quitó por completo me hizo una seña para que la besara de nuevo y fue cuando su mano bajó a mi mojada tanga y comenzó a acariciar mi sexo por encima. Esta sensación mi cuerpo la recibió tan bien, (pues tenía meses que no sentía otros dedos más que los míos) que casi unos segundos después del contacto un delicioso orgasmo hizo me mi tanga se empara en mis jugos mientras yo ahogaba un, lo que hubiera sido, muy escandaloso gemido.

Cristal bajó hasta mi sexo y solo movió mi tanga a un lado lamer y saborear mi néctar alrededor de mis labios, cuando hubo terminado subió de nuevo y me besó, extrañaba el sabor de mis jugos en la boca de alguien, nos besamos un rato mas mientras le quitaba su pantalón de mezclilla, me costó algo de trabajo pero ella ayudó. Después de unos minutos más de juntar nuestras lenguas, mientras frotábamos nuestros senos, bajé hasta su tanga blanca y le di una gran lamida a su sexo por encima, como si se tratara de un helado o una paleta, luego repetirlo mismo varias veces más mientras escuchaba como ahogaba sus gemidos mordiendo mi minifalda. Luego sentí sus manos en mi cabeza empujándome hacía su sexo.

-¡Mas! ¡Por favor! ¡Sigue! – decía en susurros, decidí no hacerla sufrir más, hice a un lado su tanga y metí mi lengua lo mas que pude, con una mano ella seguía empujándome hacia ella, con la otra sostenía mi minifalda en su boca para evitar gemir (¿o gritar?) Jugué con mi lengua dentro de su sexo, la movía en círculos y su erecto clítoris recibía ocasionalmente pequeños e inofensivos mordiscos, luego la mano con la que me empujaba la llevó a sus pezones y los pellizcaba y jalaba salvajemente, mientras oía que más gritos y gemidos eran ahogados por la tela de mi minifalda. Hasta que por fin dejó salir un placentero orgasmo el cual libero sus jugos vaginales en mi boca, los cuales saboreé con gusto, me levanté y le quité mi falda de la boca, la besé de nuevo mientras me la ponía, ella lo notó y me dijo.

-¿Eso es todo?

-Lo siento amiga – le dije aun besándola – Tengo miedo a que nos descubran, tus gemidos eran cada vez más fuertes. Además ya tengo muchos problemas con mis papas como para que les digan de esto en la escuela…

-Te quiero, amiga – me dijo, al momento no supe que decirle, me sentía mucho más confundida que antes.

-Yo a ti – le dije un pequeño instante después, ya nos habíamos vestido de nuevo y seguimos besándonos un rato mas, luego salimos del vestidor tomadas de la mano.

-¿Volverá a pasar? – me dijo al oído

-Aquí seguramente no – le contesté, hizo que me detuviera y me plantó otro terrible beso, algunos chicos se nos quedaron viendo, pero que mas daba.

-Odio a tus padres por conservadores, si fueran diferentes…

-Si…pero no lo son – le di otro beso – Nos vemos después, te quiero

Ella me contestó que ella también me quería, mientras yo caminaba alejándome de ella dirección a la puerta de la escuela…más confundida e indecisa que nunca…

¿Continuará…?

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Mi hermana me volvió lesbiana

Mi hermana me volvió Lesbiana

Hola a todos, vengo a contar como fue que me volví lesbiana y como fue mi primera experiencia de este tipo.

Tengo 19 años y mi nombre es Jennifer, siempre me habían atraído un poco las mujeres pero jamás había hecho nada con otra mujer, simplemente admiraba su belleza, Me describiré un poco, no soy muy alta mido como 1.50, de tez blanca y ojos verdes, mi cabello es negro y lacio y no muy largo, apenas me llega a los hombros. Tengo grandes senos, al menos es lo que muchos de mis novios me han dicho, soy copa C; de complexión no soy muy delgada pero tampoco estoy llenita, digamos que estoy normal.

Todo ocurrió un día que estaban haciendo remodelaciones a nuestra casa, el cuarto de mi hermana estaba en obra así que la habían mandado a dormir a mi cuarto, le dije yo podría dormir en el suelo de mientras si le incomodaba dormir conmigo pero me digo que estaba bien, además que mi cama era amplia y no habría problema por el espacio. Mi hermana es muy parecida físicamente  a mí, solo que ella es más delgada y el cuerpo un poco más fino, con menos senos que yo pero una gran cintura con forma bastante envidiable, el cabello de ella es ondulado y más largo, es decir muy linda mi hermana, se llama Ivette y tiene 23 años.

La primera noche todo pasó muy normal, ella durmió de su lado y yo el mío y, por razones que aun no comprendía, yo estaba nerviosa pero hice caso omiso de eso. En la mañana noté como mi hermana despertaba, yo ya estaba despierta y la miraba con un ojo abierto sin que ella lo notase, se levantó y se quitó la cobija, acto seguido se quitó el camisón para dormir rebelando sus pequeños pero hermosos senos, noté que usaba una pequeña tanga también bastante ajustada y sexy, tomó una toalla y salió de mi habitación.

Como si ella siguiera allí (aunque ya no lo estaba, solo me quede con esa sensación de que me vigilaban) deslicé lentamente mi mano  metiéndola en mi tanga para tocar mi vagina la cual estaba muy mojada. No lo podía creer me había excitado mi propia hermana, me sentía en shock y mareada, no sabía que pensar. Tal vez me atraían algunas mujeres y se me hacían bellas, pero jamás me había excitado ninguna y mucho menos mi hermana, estaba empezando a dudar de mi orientación.

Mis dudas y confusiones pronto se transformaron en sueño y me volví a quedar dormida, cuando desperté mi hermana se había ido a trabajar al igual que mi padre y mi madre, como yo estaba de vacaciones en la escuela podía quedarme ahí todo el día, así que comencé a hacer mis quehaceres pero por más que me distraía mi mente regresaba a la delgada figura de Ivette en tanga frente  a mi… Y mi tortura fue peor cuando recordé que esa noche dormiríamos juntas de nuevo.

Como pude paspe el resto del día distrayéndome con lo que pude y llegó la noche, mientras mis padres veían la televisión en su cuarto mientras lo leía en la sala, frente  a mí en el comedor mi hermana en vestida de short y una pequeña blusa sin mangas cenaba un plato de cereal. Yo estaba que me volvía loca, mi mirada se desviaba a cada rato hacia ella, y automáticamente mi mente la desnudaba con la mirada incluso le perdí el hilo a mi lectura varias veces y tuve que retroceder incluso algunas hojas, ella lo notó y comentó.

-Estas bastante distraída ¿verdad? – dijo sonriendo dulcemente.

-Pues….pues no mucho – balbuceé – En realidad creo que solo tengo sueño.

-En ese caso vámonos a dormir – dijo terminando su cena, guardó todo rápidamente y se fue a las escaleras – Te veo en el cuarto.

No supe si era yo o su voz parecía provocadora, como incitándome o en realidad no sé, mi mente estaba muy confusa ya. Por un momento no supe que hacer, incluso pensé quedarme ahí en el sillón a dormir, pero recordé que, por la obra, había un agujero en la pared y entraba una gran corriente de aire, me daría mucho frio en la madrugada, así que me arme de valor y me levanté para dirigirme a las escaleras y luego a mi cuarto.

Al abrir la puerta estaba todo a oscuras, creí que mi hermana ya estaba dormida asi que no prendí la luz, me senté en la cama, ella estaba del lado de la pared, me quité mis tenis y me dispuse a acostarme, pero la voz de mi hermana me hizo detenerme en seco.

-¿No te cambiaras? – me dijo, yo aun estaba vestida de mezclilla y por pensar tantas cosas había olvidado ponerme mi pijama.

-Ah es que no quería molestarte con la luz – me excusé – Creí que ya te habías dormido.

-No, sigo despierta – me dijo – Vamos cámbiate que no te moleste que esté yo aquí.

-No no, para nada me molestas – dije, pero ya no supe que decir, asi que me levanté y tome mi el pantalón de pijama de uno de los cajones y dispuse a salir, cuando ella me detuvo de nuevo con su voz

-Cámbiate aquí – me dijo casi casi como una orden – Somos hermanas, no pasa nada.

-Ok – fue todo lo que pude decir, me quité mi pantalón de mezclilla y me puse el del pijama, ella me miraba con un ojo abierto (justo como yo la había espiado a ella) Y eso fue todo, no me atreví a quitarme mi blusa frente a ella, el pantalón no fue tanto porque me cubría con la misma blusa que me quedaba algo larga (normalmente uso esas blusas cuando no voy a la escuela o no salgo)

Apagué la luz y me acosté guardando la distancia más larga que pude, creía que pronto mi mente empezaría a dar vueltas y me obligaría a tocarla y a hacerle quien sabe que cosas más, pero no fue así el sueño me invadió de repente y me quedé dormida casi de inmediato. En contraste, toda mi energía sexual se descargó en el sueño que tuve, soñé, como era de esperarse, con Ivette, soñé que la despojaba de sus ropas salvajemente y comenzaba a lamer sus pequeños senos, chupando sus pezones lentamente y mordisqueándolos, luego me sentaba en su cara y ella lamía toda mi vagina y jugueteaba con mi clítoris mientras yo tenía un orgasmo tremendo….

Desperté…miré por la ventana y ya había luz, eran las 10 de la mañana, antes de poder reaccionar sentí mi tanga súper empapada en jugos vaginales, me levanté y corrí a no de mis cajones buscando otra, me despojé de la que tenía y me dispuse a ponerme la nueva cuando mi hermana apareció frente a mí en la puerta. Me miró de cara a pies y me sonrió.

-Así que tuviste sueños locos – me dijo – ¡No parabas de gemir!

-Estemm yo… – no sabía que decir, instintivamente me vestí, sentí claramente que su mirada se desviaba hacia abajo….

-No digas nada, hermanita – me dijo mientras se acercaba a mí, yo no sabía qué hacer ¿Acaso seguía soñando?

-¿No fuiste a trabajar? – pregunté reaccionando y retrocediendo un poco

-Es sábado – dijo ella un poco mas indiferente – Entro más tarde y salgo temprano

Yo solo asentí tomé una toalla y corrí al baño, cerré la puerta con seguro y me metí a la regadera, no me pude contener mas y comencé a masturbarme, con una mano masajeaba mi vagina y con la otra mis senos y mis pezones lo cuales estaban ya muy duros, mientras que mi mente estaba en el sueño que había tenido, en Ivette viéndome mientras me ponía mi tanga, mientras se acercaba y trataba de tocarme…

Y tuve un pequeño orgasmo mientras el agua caliente de la regadera recorría mi cuerpo.

Cuando salí, mi hermana ya se había ido, me vestí y fui a desayunar con mis papas, los cuales me comentaron que en unas horas se irían a un evento y no llegarían hasta tarde.

Así que unas horas después estaba sola en la casa, me distraje como pude pero esta vez me fue casi imposible, mi mente regresaba a mi sueño que tuve que cada vez le agregaba mas detalles y mas poses…

Acostada en mi cama me desnudé y comencé a masturbarme de nuevo pensando en lo maravilloso que sería tener la lengua de mi hermanita entre mis piernas, seguía tocándome con mis manos mis grandes senos y deseaba que los mordisqueara mi hermosa hermana y los lamiera…

No podía aguantar más, me levanté mi me dispuse a ir al baño, en realidad no sabía porque, pero cuando me levanté ahí estaba, como si mi deseo se hubiera cumplido mi hermana con una sexy falda y un top me miraba desde el marco de la puerta, una de sus manos tocaba su sexo por encima de su falda.

Yo no pude contener mis deseos y me acerqué y comencé a besarla salvajemente, como en mi sueño comencé a desprenderla de su ropa, primero su top y luego dejando su sexy brasier negro a un lado, ella me tocaba con euforia mi espalda luego bajo sus manos a mi trasero, luego me separé un poco y baje mis manos a su falda quitándosela de un tirón, dejándola en su diminuta tanga, ella bajó su rostro hacia mis senos y comenzó a lamerlos salvajemente justo como lo había deseado hace algunos minutos, me sentí en el cielo.

Ivette mordisqueaba y lamia mis senos y mis pezones, jugaba con ellos mientras lentamente nos dirigíamos a mi cama, me sentó empujándome levemente y se agachó mientras me abría las piernas, enseguida metió su lengua a mi vagina y yo empecé a gemir como loca, ella jugaba con mi clítoris con su lengua y luego lo chupaba todo, yo sentía una sensación indescriptible, electrizantes olas de placer recorrieron mi cuerpo mientras ella metía y sacaba su lengua.

-Me encantan tus gemidos – me dijo – Es justo como gemías anoche y yo me masturbaba a tu lado ¿Era acaso que soñabas conmigo?

-¡SI! –grité entre mis gemidos, que cada vez eran más intensos – SOÑE ESTO, TODO ESTO Y MUCHO MAS

-Ahora vez como tus sueños se quedan cortos, hermanita – dicho esto subió de nuevo a mi cara empujándome hacia atrás recostándome, comenzó a besarme con más pasión que nunca mientras entre su saliva probaba mis propios jugos vaginales, era un sabor delicioso, limpie su lengua y su boca completamente de mis jugos mientras ella con su mano me masturbaba y no la otra jugueteaba con mis senos. Yo estaba que no aguantaba, su mano apretaba cada vez mas fuerte contra mis senos y su otra mano entraba cada vez más en mi sexo. Cuando estuve segura que ya no había rastro de mis jugos en su boca me separé un poco y me volteé poniéndome en cuatro patas colocando mi trasero en su cara de ella.

-Tu boca ya no sabe a mis jugos ¿No quieres más?

-Me encantaría – me dijo mientras comenzó de nuevo a lamerme mi clítoris y a jugar con su lengua dentro de un vagina, yo con mi mano derecha me tocaba mis senos y mis pezones que no podían estar más duros, estaba cada vez más agitada y gimiendo más fuerte y más fuerte, pero cuando sentí dos de sus dedos (empapados en lo que serian mis jugos o los de ella, no lo sé) en mi ano un terrible orgasmo liberó más jugos vaginales sobre la boca de Ivette inundándola, ella los tragó con placer mientras lamiendo todo mi cuerpo llegó de nuevo a mi rostro y me besó de nuevo.

La besé con gusto y un poco más calmada, pero ella seguía agitada y con una actitud un tanto salvaje así que decidí calmarla un poco, comencé lamiendo su cuello, chupándolo salvajemente, succionando, creándole varios moretones, y con cada uno ella soltaba un leve gemido. Mientras tanto mis manos entretenían sus senos, más pequeños que los míos que pronto atrajeron mi lengua y comencé a lamer, sentí entre mis dientes como sus pezones de endurecían más y más, hasta que llegaron a un punto que no podían hacerse más duros fue cuando empecé a mordisquearlos y mientras mi mano bajó a su tanga (empapada en jugos) y comencé a frotar su sexo por fuera, mis dedos se mojaron también y los llevé a mi boca y saboreé sus jugos.

-Rico – dije mientras ella soltaba otro gemido un poco más fuerte, seguí comiéndome sus senos mientras mi manó volvía abajo a llenarse de sus jugos, luego volvía a mi boca a limpiar mi mano, no pude contenerme más a su sabor y decidí probarlos directamente así que fui bajando por su vientre mientras ella se recostaba y cuando llegué a su ombligo ella arqueó todo su cuerpo en una oleada de placer, una de mis manos seguía aferrada a sus senos y la otra a los míos, me di cuenta me mi vagina quería de nuevo una lengua ahí metida, pero debía esperar, mi hermanita tenía que gozar primero.

Bajé lamiendo todo su cuerpecito hasta llegar a su tanga, que mas mojada no podía estar (¿o tal vez si?) la lamí por afuera y ella gimió terriblemente, sus gemidos eran menos escandalosos que los míos pero aun así se oía que gozaba, la lamí con mas fuerza y cada vez mas rápido, sus jugos eran deliciosos mucho mejores que los míos, así que le quité la tanga para probarlos aún más directamente y ella gimió más fuerte, y aun mas fuerte cuando encontré su clítoris y comencé a devorarlo mientras su gemidos iban en aumento más jugo salía de esa hermosa cavidad. Cuando me di cuenta yo ya tenía una mano en mi vagina y me masturbaba mientras le comía su sexo a mi hermanita. Sentí curiosidad y saqué mi mano para metérsela a ella, mientras seguía lamiendo pude probar mis jugos combinados con los de ella, fue algo delicioso que me puso al cien otra vez aunque sin darme cuenta mi manó la penetró demasiado y ella gritó dejando fluir un orgasmo en mi boca, lo cual me prendió aun más, yo estaba excitadísima otra vez, pero pensaba que mi hermana no quería continuar. Obviamente me equivocaba

-Bésame – dijo y yo obedecí como una autómata

La besé salvajemente de nuevo mientras ella tocaba mi trasero y yo el de ella, nos fundimos ah las dos acostadas una sobre la otra (yo arriba) en un largo beso apasionado, cuando terminó me levanté un poco para poder verla, ella me dio a los ojos y me sonrió pícaramente, su sonrisa daba un claro mensaje “quiero más”

Acerqué mis senos a su boca para que los lamiera, una vez que jugó con ellos y los empapó en su saliva hice yo lo mismo con sus pequeños pero muy firmes senos, ya que estaban llenos de saliva los juntamos y los frotamos, mis senos y los de ella, mis pezones y los de ella tocándose y moviéndose arriba y abajo era una sensación que me invadió de placer, era algo que no se puede describir con palabras. Luego nuestros movimientos se hicieron más bruscos y sentí como sus piernas se abrían para atraparme con ellas, pronto sentí su cálido sexo pegado al mío y como empezaba a frotarlo contra el mío también, era otra sensación indescriptible, era delicioso.

Nos seguimos besando mientras frotábamos nuestros exquisitos cuerpos uno contra el otro provocando mas gemidos en mi hermana sofocados por mis besos, pero pronto mi lujuria me exigía más, mi sexo demandaba una lengua ahí dentro y no había ninguna, así que me levante y justo como en mi sueño me senté en su cara y ella sin pensarlo comenzó a lamerme, mientras vi como sus manos iban a su sexo para masturbarse, como pude la detuve mi me lancé hacia su sexo y comencé a devorarlo, quedamos en posición de 69, las dos lamiamos nuestros sexos mutuamente probando nuestro sabor, gimiendo cada vez mas contantemente hasta que las dos dejamos salir otro orgasmo, justo al mismo tiempo. Fue relajador y al mismo tiempo pude descargar toda mi lujuria y mi energía sexual, me sentí aliviada. Bueno casi toda…ella comenzó a lamerme de nuevo pero solo para limpiar mis propios jugos, así que hice lo mismo, luego nos acostamos y nos fundimos en un gran beso.

-Te amo, hermanita – me dijo entre besos. Le respondí que yo también y nos seguimos besando desnudas con nuestros cuerpos entrelazados, nuestros besos fueron interrumpidos por el teléfono, mi hermana se apresuró t a ir a contestar, yo me quedé tendida en la cama, maravillada todavía.

Regreso unos minutos después, aun desnuda se quedó viéndome y sonriéndome desde la puerta.

-¿Qué? – le dije

-Nada, es que eres tan hermosa – me dijo

-Haha – me reí – Ya dime quién era.

-Era papá – dijo acercándome dándome otro largo beso en los labios, al término agregó – No podrán llegar hoy…así que tendremos toda la noche…

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Historias morbosas: El invitado II

Antonio le propuso un viaje de cinco días a la playa y Eli aceptó. Antonio necesitaba alejarse del poder de su primo Iván, una constante amenaza que le angustiaba, que le robaba el sueño cada vez que se metía en la cama. Tenía miedo por Eli, conocía a su primo y no dudaba que a las primeras de cambio podría insinuarse, incluso coaccionarla revelándole la verdad. Él amaba a su mujer, sus tendencias homosexuales las dejó atrás cuando conoció a Eli, la mujer de su vida. Pero la amenaza se cernía sobre él cada vez que se cruzaba con Iván. No quería ni pensar en la vergüenza que supondría que todo saliera a la luz, que Iván publicara las fotos que le entregó de su madre desnuda. Iván poseía el poder de arruinarle, de ahí el temor a contrariarle. Por su parte, Eli creyó muy conveniente el viaje, creyó conveniente alejarse de la seducción que le provocaba aquel cerdo. Había gozado como una loca con un joven que además resultaba ser primo de su marido, un joven que la había dominado hasta los límites de la humillación. Había supuesto una obsesión enfermiza, involuntaria e irremediable, que debía olvidar. Haría todos los esfuerzos por recuperar su dignidad, superar aquel desliz, al fin y la cabo, Antonio era el hombre de su vida.
Durante su estancia en la playa ella intentó olvidarse de lo sucedido, aunque a veces su cabeza rememoraba los actos en la cabaña y sentía la necesidad de masturbarse. Cuando su marido le hacía el amor, ella pensaba en Iván como el hombre que la penetraba. Temía fracasar en su intento por subsanar su ninfomanía. La suerte estuvo de parte de Antonio en aquellos días de vacaciones. Recibió una llamada de su primo Iván en la que le informó de que había encontrado un trabajo de repartidor en la ciudad y que se trasladaba a un piso con un compañero. Le agradeció su hospitalidad y le dijo que ya le llamaría. Antonio respiró tranquilo, su primo abandonaba la casa y se iba a la ciudad. Como loco, se lo comunicó a su mujer.
– Ya se va, menos mal, ya me estaba empezando a agobiar.
Eli sufrió una mezcla de sentimientos ante la noticia. Con la ausencia de Iván, su vida perdía emoción, perdía ese morbo por ser su objeto sexual, pero a la vez entendió que quizás fuera lo mejor para enmendar su gravísimo error. Cuando regresaron al pueblo, la vida volvió a ser la misma. Antonio con su ritmo de trabajo, con sus agobios laborales, con su estrés, aunque más relajado por la marcha del primo, y ella con su monotonía, con sus labores de casa, sin que nadie la deseara como Iván la había deseado.  Pero los recuerdos de la tarde en la cabaña no dejaban de atosigarla y la obligaban a masturbarse para saciar su vicio, masturbaciones desesperadas con las escenas de la cabaña visionándose en la mente. Notó que cada vez se encontraba peor, que los esfuerzos servían de muy poco. Una mañana decidió tantearle y le llamó al móvil.
– ¿Qué tal? Te fuiste sin despedirte.
– Me salió el trabajo de pronto y un compañero me ofreció un sitio en su piso. No pude rechazarlo. Pagan bien, aunque doy muchas horas. ¿Cómo estás?
– Bien, bueno, como siempre.
– ¿Y mi primo?
– Ya sabes, con lo suyo.
– Cuando quiera quedamos para echar una partida.
Eli sintió miedo de ser tan directa.
– Qué malo eres.
– Bueno, guapa, te dejo. Un beso.
Eli lamentó su cortedad, la oportunidad perdida, pero era incapaz de confesarle que le necesitaba para satisfacer su lujuria. Aún interpretaba el papel de niña ingenua. Transcurrió una semana. Eli cada vez se sentía más agobiada, se masturbaba con más frecuencia y no pasaba un momento sin que rememorara las escenas de la cabaña. Dejó de hacer el amor con su marido bajo la excusa de que le dolía la cabeza. Hubiese dado millones por pasar un rato con él. Ya no podía más. Como quiera que fuese, necesitaba saciar sus acalorados sentimientos.
Ideó un plan. Un día le dijo a su marido que unas amigas de la facultad la habían invitado a una despedida de soltera en la ciudad y que volvería tarde. Se arregló con esmero para él, quería que la viera guapa y atractiva, quería cautivarle, ser su único deseo. El pelo se lo peinó con una cola de caballo, se colgó un collar de perlas y unos pendientes a juego. Eligió unos zapatos de tacón y después se atavió con un vestido color negro muy sencillo, de manga larga, cortado a cintura con un lazo a la espalda, de una línea muy fluida, estrecho en el tórax para resaltar el volumen de sus pechos, y ligero de cintura para abajo, con un largo al límite de las rodillas, muy juvenil. Eligió unas bragas nuevas recién compradas, compradas pensando en Iván. Era un diminuto tanga con la delantera de muselina, dobles cintas laterales enlazadas en la espalda a una pieza rectangular de brillantes, de donde salía la fina tira insertada por el culo. Para los pechos, un sujetador copa con aros y dobles tirantes cruzados en la espalda y sujetos a una pieza brillante similar a la del tanga. Con un vestido así no daría el cante, quería que Iván creyera que todo se trataba de una mera casualidad. Por si acaso, volvió a esconder las llaves del coche de Antonio.
Emocionada, se trasladó hasta la ciudad. Eran las nueve de la noche y estaba oscureciendo. Hacía bastante calor. Aparcó en una gasolinera y extrajo el móvil con decisión. Marcó el número de su amante.
– ¿Iván?
– ¡Eli! ¿Cómo estás?
– ¿Qué tal?
– Bien, ¿y tú?
– No, es que estoy en la ciudad para cenar con unas amigas de la facultad y bueno, no sé, si quieres que luego tomemos una copa -. Cerró los ojos, abochornada y temerosa, aunque sólo la tensión la ponía cachonda.
– Vale, estoy con unos amigos tomando unas cervezas en el pub de la plaza, ven cuando quieras y charlamos.
– Vale, si puedo, me paso, ¿vale?
Colgó y tragó saliva. Le temblaban las manos. Estaba con unos amigos. Aguardó media hora montada al volante sin saber qué hacer. Estaba arrastrándose como una perra ante alguien que la vejaba y humillaba mientras el bueno de su marido se aburría en casa. Paseó durante un rato sin parar de consultar la hora. Tenía que hacer tiempo si quería ir a verle. Aguantó otra hora más deambulando por las calles y se metió en un bar para beberse dos copas de ron. Fueron tres copas. Necesitaba serenar sus nervios. Estaba enferma. Cinco minutos después de las once, se envalentonó y se desplazó hasta la plaza. Era un pub pequeño y estaba atiborrado de gente muy joven, de veinteañeros que la desnudaban con la vista. Una mujer madura, fina y elegante, abriéndose paso entre aquella panda de babosos. Encontró a Iván rodeado de amigos en un recodo de la barra. Vestía un pantalón de chándal ajustado y llevaba una camiseta corta de tirantes, color negro. Parte de su enorme panza le sobresalía por debajo. Estaba asqueroso con aquella ropa mugrienta y con las manos sucias, como si acabara de salir de trabajar. Sus compañeros presentaban el mismo aspecto desagradable. No paraban de beber cervezas. Eli llamó su atención levantando la mano y todos se giraron boquiabiertos cuando pasó entre ellos para darle dos besos al primo de su marido.
– Mirad, chico, la mujer de mi primo, el notario. ¿A qué es guapa?
Las miradas la bombardearon. Tuvo que besar las caras sudorosas de todos aquellos cerdos, entre los que se encontraba Luís, el compañero de piso de Iván, otro gordinflón con la panza pronunciada y blandengue. Tras las presentaciones, se colocó junto a Iván, quien permanecía sentado en un taburete. Le soltó una palmadita en el culo, por encima de la falda del vestido.
– ¿Qué tal?
– Bien, bueno, como siempre -. Ella le palpó la barriga -. Hay que perder.
– ¿Qué te apetece tomar?
Durante las dos horas siguientes tuvo que aguantar aburridas conversaciones de hombres y las miradas de todos aquellos cerdos, especialmente la de Luís, a quien probablemente Iván le habría contado las escenas de la cabaña. Estaba nerviosa por el reloj. Se estaba haciendo demasiado tarde y ella soportando las descaradas miradas de aquellos jóvenes. Los amigos fueron marchándose, incluso Luís, hasta que por fin se quedó a solas con él.
– Tenemos que cerrar – les advirtió el camarero.
Iván apuró el cubalibre y abandonaron el local. Eli consultó la hora. Casi las dos y media de la madrugada. Qué pérdida de tiempo.
– Te acompaño al coche – se ofreció Iván. Aquello se terminaba sin haber conseguido lo que ella buscaba -. Me tomaría otra copa contigo ahora que estamos solos, pero ya está todo cerrado.
No podía desaprovechar la oportunidad y se lanzó.
– En la cabaña tengo whisky, ¿si te apetece otra? Y así charlamos…
– Venga.
Fueron cada uno en su coche. Durante el trayecto, la cabeza de Eli no paró de dar vueltas, confundida entre el remordimiento y la emoción. Lo que estaba haciendo era imperdonable, se había convertido en una zorra adentrándose en un juego demasiado peligroso. Cuando llegaron a la cabaña eran más de las tres. Seguro que el memo de su marido ya la estaría echando de menos mientras ella se encontraba a un paso de mamar la verga de su primo. Nada más entrar, Eli encendió las luces y se dirigió hacia la percha para colgar el bolso. Iván se encendió un cigarrillo, aún de pie junto a la puerta.
– Quítate el vestido – le ordenó tras la primera calada -. Estarás más cómoda. Y dame una copa.
Eli se volvió hacia él y ante sus ojos se sacó el vestido por la cabeza. Iván volvía a recrearse con aquel delicioso cuerpo. Observó el tanga con la delantera de muselina donde se le transparentaba con claridad el vello del coño, su vientre liso y sus gigantescos pechos, aunque esta vez los llevabas más ajustados y tapados por las copas del sostén.
– ¿Whisky?
– Sí. Y suéltate el pelo, estás más guapa.
Acató la orden y se retiró la horquilla para soltárselo, después se dirigió al mueble para preparar la copa. Iván aprovechó para gozar de su culito, con la tira del tanga oculta en la raja y con la pieza brillante reluciendo en su cintura. Era como disponer de una puta a su servicio. Cuando se giró para entregarle la copa, vio que se había quitado el pantalón del chándal y se había quedado la camiseta. Llevaba un slip blanco ajustado donde se apreciaban manchas amarillentas, tal vez de orín reseco. Sólo verle sus piernas, la base de su barriga y el bulto le produjo un cosquilleo en la vagina, a pesar del mal olor que desprendía y del sudor que comenzaba a empapar su asqueroso cuerpo.  Tomó asiento en una hamaca y enseguida colocó los pies encima de la mesa de cristal. Eli, frente a él, le entregó la copa.
– Dame un masaje en los pies, tú sabes cómo relajarme.
Al otro lado de la mesa, Eli tomó su pie izquierdo y comenzó a masajearlo lentamente hundiendo los dedos en la planta y el empeine. Iván le daba sorbos a la copa sin parar de observar las transparencias de sus bragas y el leve vaivén de los pechos. Pasó al pie derecho. Pudo fijarse en el contorno del pene y en cómo iba hinchándose.
– ¿Te gusta así? – le preguntó.
– Lo haces muy bien.
– ¿Quieres que te chupe el dedo?
– Hazlo.
Se curvó más hacia el pie y comenzó a lamer el dedo gordo del izquierdo como si fuera un diminuto pene. El olor apestaba, resultaba insoportable, pero la lujuria se multiplicaba con aquella vejación.
– Mírame mientras me los chupas…
Ahora se los lamía con la lengua fuera, insertando la punta entre los dedos y ensalivándolos por todos lados mientras procuraba mirarle a los ojos. A veces abría la boca al máximo para meterse todos los dedos a la vez. Cuando pasó a lamerle el pie derecho, numerosas babas resbalaron de sus labios y algún hilo quedó enganchado a su barbilla desde el otro pie. Sentía la necesidad de tocarse el coño, pero se abstuvo y se dejó llevar por aquella dominación.
– Échame otra copa.
Eli se incorporó y se limpió los labios con el dorso de la mano antes de dirigirse al mueble y exhibir su trasero al primo de su marido. Los tacones le permitían contonearlo con estilo. Cuando se giró hacia él para entregarle la copa, vio que había bajado las piernas y las mantenía separadas. Vio el pene hinchado tras el mugriento slip. Aguardó su nueva imposición, de pie, frente a él, en silencio, mientras se encendía un cigarrillo y le daba un sorbo a la copa. Intentó comprender el alcance de su lujuria, allí, dejándose dominar por aquel asqueroso cerdo.
– Ven, anda, siéntate conmigo.
Eli rodeó la mesa, se metió entre sus piernas y se sentó en su muslo izquierdo. Sintió su fino culito rozando aquella piel áspera y peluda. Apestaba a sudor y alcohol. Iván soltó el vaso en la mesa y le acarició la espalda con la yema de los dedos.
– Estás tan buena – cogió el vaso y lo acercó a la boca de Eli -. Bebe -. Ella bebió hasta que le retiró el vaso -. ¿Y tu marido?
– Muy tarde voy a llegar.
– Te pongo cachonda, ¿verdad?
– Bueno… Lo pasamos bien, ¿no?
Iván se incorporó y la rodeó con sus brazos para achucharle las tetas con rudeza, hasta el punto de sacar parte de ellas por fuera de las blondas del sostén. Un pezón quedó a la vista. Sentía su aliento en la nuca. Le apretujaba las tetas y las zarandeaba sujetándolas por la base.
– ¿Me quito el sujetador?
– Hazlo.
Eli se desabrochó el sostén y liberó sus enormes tetas para que él se recreara sobándolas rudamente.
– ¿Estás cachonda?
– Un poco, bueno, sí, un poco… – contestó abochornada.
– Eres mi puta, ¿verdad?
Eli se sonrojó.
– Nos divertimos…
Iván le atizó una severa bofetada y le volvió la cara hacia él.
– Contesta.
– Sí.
– ¡Contesta! – gritó serio, ya fruto de su borrachera.
– Soy tu puta.
En ese instante, le metió la mano derecha dentro de la braga para refregarle el coño vertiginosamente, frotando los dedos duramente entre los labios vaginales. La braga se tensaba dados los precipitados movimientos. Ella contrajo todo su cuerpo al sentir el rudo roce de los dedos en su vagina. Le miró con el ceño fruncido y la boca abierta mientras le atizaba las severas refregaduras. Las tetas se vaiveneaban al son del brazo de Iván. Su culito se acunaba en aquel muslo peludo. Enseguida el placer la electrizó y comenzó a jadear. Se echó sobre él, con la cabeza en su hombro y los pechos sobre la sudorosa camiseta. Él prosiguió masturbándola con la mano por dentro de la braga durante al menos dos minutos.
– Te has corrido hija puta – retiró la mano y la subió para que ella le lamiera los flujos impregnados en los dedos y en la palma -. Siempre serás mi putita, ¿Verdad?
– Sí – jadeó extasiada.
Iván cogió un cigarrillo y ella, insatisfecha, se sentó encima de su muslo a modo de caballo, mirando hacia él. Y, alocadamente, se puso a refregar el coño por todo el muslo, con las tetas balanceándose cada vez que se meneaba y con la mirada perdida en el placer. Iván, sonriente, la observaba mientras fumaba y bebía, a veces la agarraba de la nuca y le acercaba la cabeza para besuquearla en la cara. Ella metió las manos por debajo de la camiseta y se recreó unos minutos acariciándole la abultada barriga. Terminó subiéndosela y acercando la cabeza para lamerle las tetillas de su pecho peludo y empapado por el sudor. Sus tetas rozaban aquel vientre grasiento y sudoroso. Deslizó la lengua por la panza hasta pasar por los pelos del pecho y llegar hasta el cuello. La mano izquierda la bajo para estrujarle el bulto del slip. La derecha la metió por detrás para sobarle la espalda y parte de sus nalgas. Aún continuaba sentada en el muslo. No pudo aguantar y metió la mano por dentro de aquel calzoncillo amarillento por la suciedad. Le sobó los huevos con la palma abierta y dejó escapar el pene por fuera del slip. Se la agarró y se la meneó con lentitud.
– ¿Quieres que te haga una paja?
– ¿Te gusta mi polla?
– Sí.
– Hazme una mamada.
Eli se bajó del muslo y se arrodilló entre sus piernas. Dejó por fuera del slip el largo y grueso pene y los testículos, después sujetó la verga por la base con la mano derecha y la comenzó a lamer con lentitud, a modo de helado, metiéndosela entera y extrayéndola con la lengua fuera, empapando todo el glande de saliva. La izquierda la empleaba para acariciarle los muslos y la barriga. Iván soltó la copa para revolverle el cabello mientras se la chupaba. Pronto cerró los ojos para jadear. Entonces Eli se la sacudió deprisa procurando que el glande le rozara la lengua. Unos segundos más tarde la polla salpicó leche contra el rostro de Eli, algunos goterones cayeron sobre el vello y unos resquicios se deslizaron hacia los huevos. Ella, a pesar de la corrida, continuó mamándosela, absorbiendo todo el semen, chupándole los testículos a base de lengüetazos, relamiéndose sus propios dedos manchados, sin parar de masturbarle.
– Joder, vas a conseguir que me corra otra vez…
– ¿Te gusta? – le preguntó mirándole como una sumisa, sacudiéndosela vertiginosamente.
– Sí… Lo haces muy bien… No sé si voy a poder contenerme – reconoció -. Sabes a qué me refiero. Me tienes muy cachondo.
– ¿Quieres follarme? – se atrevió deseosa.
– Estás deseando que te folle, jodida zorra.
– Pero, es peligroso, ¿no? No tenemos preservativo.
– ¿Te han follado por el culo?
– No.
– ¿Quieres probarlo?
– Lo que tú quieras, Iván.
Iván se levantó. Aún llevaba el slip, aunque con la verga y los huevos por fuera. Ella permaneció arrodillada ante él, mirándole a los ojos, aún con goterones de semen repartidos por su rostro, sacudiéndosela pausadamente, sin dejar de acariciarle las robustas piernas.
– Levanta -. En cuanto se levantó, Iván la agarró bruscamente de los pelos y le echó la cabeza hacia atrás. Eli abrió los ojos y la boca tras un leve quejido de dolor. Le asestó unas palmaditas en la cara – Eres mía. Quiero oírtelo decir.
– Soy tuya.
Iván le escupió. La saliva cayó justo dentro de la boca de Eli. Apenas reaccionó. Volvió a escupirle. Esta vez la saliva se estrelló bajo su nariz.
– ¿Quieres follar?
– Sí.
– Quiero oírtelo decir.
– Fóllame, por favor.
– Venga, a la habitación.
La soltó de los pelos para darle un sorbo a la copa. Eli, obediente, se dirigió hacia la habitación donde se encontraba el camastro. Se limpió la saliva con el dorso de la mano. Su ninfomanía enfermiza la empujaba hacia la lujuria más perversa, consintiendo humillaciones como las que ejercía Iván sobre ella. Estaba muy caliente, la vagina le ardía, estaba deseando ser poseída por aquel pene que la había embrujado, quería probarla dentro de sus entrañas, no separarse de ella. Él la siguió con la copa en la mano, con los ojos fijos en aquel delicado culito que pensaba taladrar.
– Ponte a cuatro patas – le ordenó.
Eli acató la orden. Se subió en la cama y se colocó a cuatro patas, con la mirada dirigida hacia la pared y el trasero hacia su agresor. Las tetazas le colgaban como las ubres de una vaca.
– ¿Así?
Con la misma brusquedad, le tiró del tanga hacia abajo y la dejó con el culito al aire. Iván se arrodilló tras ella y comenzó a sacudirse la verga.
– Ábrete el culo.
Eli apoyó la cabeza en la almohada y echó los brazos hacia atrás para abrirse la raja. Sintió un escupitajo en el ano y enseguida la yema de un dedo esparciendo la saliva. Volvió a escupirle repetidas veces hasta ensalivarlo. Después comenzó a penetrar la polla en el delicado agujerito. Ella resopló abordada por un sudor frío. Se la metió muy despacio hasta que los huevos chocaron contra los labios vaginales y se mantuvo quieto unos segundos con la verga dentro del culo. Ella se quejaba con jadeos dolorosos, procurando abrirse la raja al máximo, como si así le facilitara la penetración. La anchura de la verga le había dilatado tanto el ano que sintió calambres en su cadera. Iván se movió levemente sacándola sólo unos centímetros, pero volvió a  introducirla con la misma lentitud. Ella bufaba envuelta en sudor, empapando la almohada, con los ojos vueltos, dolorida y sin poder concentrarse en sus ardientes deseos.
– Me duele – se quejó.
– ¡Cállate!
Iván comenzó a menearse más deprisa asestándole brutales embestidas, extrayendo media polla  y clavándola duramente hasta el fondo. Eli pasó de jadear a chillar, chillaba como una loca. Retiró las manos de su culo y agarró con fuerzas las sábanas para resistir las duras embestidas. Él la penetraba con extrema dureza, sin emitir ningún sonido, a modo de castigo, acariciándole la espalda y las nalgas. Poco a poco fue acelerando las embestidas y aumentando los gritos de Eli. La verga, con el culo dilatado, ahora se deslizaba con más vértigo. De pronto, la sacó del culo.
– ¡Chúpamela, chúpamela, vamos, coño!
Eli se incorporó y se volvió hacia él a toda prisa colocándose a cuatro patas. Iván se sentó sobre sus talones sin parar de sacudírsela. Ella abrazó el glande con sus labios mientras él mismo se masturbaba. Estaba calentita, recién salida de su culo. En pocos segundos, la polla comenzó a verter leche en la boca de Eli. Una arcada la obligó a escupir sobre las sábanas. Él continuó salpicándole el rostro hasta que, derrumbado, se sentó contra la pared. Eli cerró los ojos acezando como una perra, con babas blanquinosas resplandeciendo en sus labios y colgando de su barbilla. Se incorporó y se subió el tanga tratando de recuperar el aliento. Él permanecía adormilado.
– ¿Te ha gustado?
– Me ha dolido un poco.
– Eso es la primera vez. Límpiame.
Eli le cogió la verga y se la secó con las sábanas.
– Es tarde, Iván, tendríamos que irnos.
– Sí, mañana a madrugar. ¿Te lo has pasado bien?
– Sí… – sonrió como una tonta -. Muy bien…

Cuando quiso llegar a casa, eran más de las cinco de la madrugada. Su marido la esperaba despierto y muy preocupado, pero ella se excusó alegando que habían estado tomando unas copas en casa de una de las amigas. Cómo decirle que había estado follando con su primo, dejándose dominar por él, permitiendo unas guarradas impensables. Con la excusa de la juerga, decidió no ir a la oficina y se quedó en la cama cuando Antonio se marchó a la mañana siguiente. Revivió las escenas de la cabaña una y otra vez, el sabor de la verga, de la leche, del sudor y de su saliva. Se masturbó evocando cada instante. El poder lujurioso que Iván ejercía sobre ella parecía insaciable y cada vez más peligroso. Sentía un agudo escozor en el interior del ano, incluso había sangrado. No podía seguir así, tal vez una solución fuese acudir a un psicólogo para contarle que se había convertido en una adicta al sexo. Telefoneó a su hermana Laura, de veintidós años, una chica monísima con la que siempre había compartido sus secretos. Era una chica comprensiva. Antes de que llegara Antonio, Laura se pasó por casa.
– Tienes mala cara, hermanita, ¿dónde estuviste ayer? ¿Quiénes son esas amigas de la facultad?
– Tengo un lío con el primo de Antonio.
– ¿Cómo?
– Una noche me emborraché y fuimos a follar a la cabaña. Se me fue la cabeza, no sé que me pasó, pero, malditasea, nos hemos liado un par de veces.
– Pero, Eli, por favor, ¿con ese tío gordo y feo? Pero, Eli, cómo has podido…
– Nos divertimos, es un rollo sólo sexual que me vuelve loca. Hacemos cosas, que no sé, es alucinante. Ayer lo hicimos por detrás. Apenas puedo moverme.
– ¡Joder, hermanita, vaya desliz! ¿Tan fiera es?
– Me tiene loca.
– ¿Y es verdad que la tiene tan grande?
– Así – Eli separó las manos para mostrarle el tamaño -. La de Antonio al lado de la de Iván es un dedo meñique. Y folla como tú no te puedes imaginar. Me tiene absorbida.
– ¿Y qué piensas hacer? – le preguntó Laura alucinada -. Tienes que tener mucho cuidado.
– Lo sé, lo sé.

Tres días más tarde, Eli se encontraba en la notaría cuando vio a Iván salir del despacho de Antonio. Nerviosa por la inesperada visita, se acercó y se detuvo a la altura del escritorio de Laura cuando vio que él se volvía para saludarla.
– Hola, Eli…
– ¡Iván! ¿Cómo estás? ¿Qué haces aquí?
– A firmar un préstamo. Y gratis. Con un primo notario… Estás muy guapa.
Eli lucía un vestido de corte envolvente, de gasa, con un cordón anudado a la cintura, bastante ceñido al cuerpo, negro con flores estampadas color malva, mangas acampanadas, aberturas laterales y un escote muy pronunciado a pico, todo ello complementado con el pelo suelto y tacones. Se giró hacia Laura.
– Mira, Iván, te presento a mi hermana Laura.
– Hola, qué tal…
Ambos se besaron en las mejillas.
– No me habías dicho que tenías una hermana tan joven y tan guapa.
– Vaya, gracias.
Iván la examinó con detenimiento. Era una pija monísima, delgada, con el pelo moreno y ondulado, ojos verdes, labios gruesos y sensuales, con pechos del tamaño de una mano, picudos, y con un culo algo más plano que el de su hermana. Iba con un pantalón corto de color blanco que le permitía lucir sus piernas y una camisa roja estrecha en la cintura. Héctor, su novio, se levantó para saludar a Iván. Hacía años que no se veían. Recordaron algunas anécdotas y después Héctor se disculpó porque debía hacer unas gestiones.
– Os invito a las dos a un café.
– Vale – se adelantó Laura, quien pretendía conocer mejor al amante de su hermana, aquel hediondo gordo y feo.
Antonio se asomó desde el despacho y vio a su primo Iván acompañado de las dos hermanitas. Una ola de celos le dejó noqueado y trató de serenarse.
Fueron a una cafetería. Iván se sentó entre las dos, ambas en un taburete con las piernas cruzadas. Él destacaba entre aquellas dos monadas, una madura, con las aberturas laterales del vestido dejándole gran parte de los muslos a la vista, y otra joven, igualmente con una figura espléndida. Charlaron un rato sobre temas pocos significativos. Eli se fijó en cómo Iván no paraba de mirar con descaro las piernas de su hermana, quien se reía con algunas tonterías que contaba él, como una ingenua, ajena a los obscenos pensamientos de aquel impresentable. A pesar de todo, su sola presencia encendía su vagina, aunque estuviera aprovechándose de la ingenuidad de su hermana pequeña.
– Estás muy guapa, Eli.
– Gracias.
Iván se volvió hacia Laura y le pellizcó cariñosamente la barbilla, como si fuera una niña buena.
– Y tú también, están tan buena como tu hermana.
Laura sonrió.
– Me vas a poner colorada.
Se permitió el lujo se asestarle una palmadita en el muslo, por encima de las rodillas, gesto que no provocó ninguna reacción en Laura, al contrario, volvió a sonreír con la misma ingenuidad.
– Tienes un cuerpo de muerte.
– Vas a conseguir ponerme colorada.
– ¿Te casas pronto?
– El mes que viene.
– Bueno, escuchadme, os invito a comer, a las dos, sé de un asador que hacen un cochinillo para chuparse los dedos.
– Bueno, por mí – se apresuró Eli -, ¿te animas, Laura?
– Vale – contestó arrastrada por la poderosa seducción de Iván.
– Pues a las cuatro. Y no se permiten maridos ni novios, ¿de acuerdo?
Ambas rieron con la broma. Cuando salían por la puerta, Laura marchaba entre su hermana e Iván. Sintió una pequeña palmada en el culete y sus mejillas se sonrojaron.
– Nos vemos a las cuatro, chicas. Eli, acompáñame al coche.
– Vale, bueno, Laura, nos vemos en la oficina.
– Sí… Sí…
Laura se quedó plantada observando cómo se metían en un garaje subterráneo. Decidió seguirles. Bajaron hasta la planta de abajo, donde había pocos coches, y se dirigieron al vehículo de Iván. Él se montó al volante y Eli al lado. Enseguida comenzó a desabrocharse la camisa.
– Tu hermana me ha puesto cachondo – Dejó su inmensa barriga al descubierto y se desabrochó los pantalones -. La muy zorra, qué buena está -. Se bajó los pantalones y el slip y mostró la enorme polla erecta y sus huevos endurecidos -. La hija puta me ha puesto a cien por hora -. Empezó a sacudírsela muy despacio -. Súbete el vestido, venga coño…
– Sí, sí, perdona.
Con sólo verle masturbarse, su vagina se humedeció por los flujos. Se subió el vestido hasta la cintura y dejó visibles unas bragas rojas de tul. Iván aceleró las sacudidas a la polla. Extendió el brazo derecho para manosearle la cara y el cabello con la palma, después la bajó y la metió dentro del escote para sobarle los pechos bajo el vestido. Le sacó las tetas por fuera del escote y las aplastó con rudeza.
– Tócate el coño -. Eli, obediente, se metió la mano derecha dentro de la braga y empezó a masturbarse con lentitud, refregándose los labios vaginales con las yemas de sus finos dedos -. Mueve las tetas -. Le pidió jadeando.
Ella acató la orden. Meneó el tórax y sus gigantescos pechos se vaivenearon hacia los lados.
– Está buena tu hermana, ¿verdad?
– Sí.
La agarró bruscamente de la nuca y le acercó la cabeza para besarla con la lengua por fuera, baboseándole los labios y la barbilla. Ella percibió su asqueroso aliento. Sus tetas se aplastaron contra la barriga.
– Sigue tú.
Eli sujetó la polla y prosiguió la masturbación pausadamente mientras se besaban. Desde el fondo del garaje, Laura distinguía a la perfección lo que estaba sucediendo dentro del coche. Veía a su hermana echada sobre él, besándole, con las tetas al aire, moviendo el brazo, seguramente masturbándole, pensó.  La escena y el morbo la calentaron y sintió la necesidad de tocarse la vagina, pero decidió retirarse antes de ser descubierta.
En el coche, tras unos minutos, Iván se corrió derramando leche sobre la mano de Eli y sobre la base de la barriga. Después procedió a limpiarle la verga con un pañuelo que extrajo del bolso.
– Bueno, guapa, gracias por la paja, nos vemos luego ¿no?
– Sí, sí, vale…
En la notaría, Laura aguardó con impaciencia la llegada de su hermana. Su novio, Héctor, le había propuesto para esa tarde ir a contratar el restaurante para la boda, pero ella no quería faltar a la cita con Iván y le mintió alegando que iría a ver los vestidos de novia con su hermana, que  comería juntas en la ciudad. En cuanto Eli se presentó, fue hasta su puesto. Parecía exhausta.
– ¿Dónde habéis ido?
– He tenido que hacerle una paja.
– Madre mía, sí que es fogoso el tío.
– Por tu culpa.
– ¿Por mi culpa?
– Dice que le has puesto cachondo.
– Es un descarado, ¿verdad? ¡Me ha tocado el culo!
– Ten cuidado con él – la advirtió su hermana -. Que no te pase lo que a mí. El cabrón me tiene desquiciada.
– Tú estás tonta – sonrió Laura -. Nos vemos luego. Le he dicho a Héctor que iremos a ver el vestido de novia, para que tu marido no sospeche.
– Gracias.

Ambas abandonaron la notaría una hora antes del cierre para cambiarse de ropa. Las dos se vistieron para él, para sorprenderle y provocarle. Laura quería tantear el desenfreno del que le había hablado su hermana. A pesar de los nervios, se reconoció a sí misma que Iván la había calentado, a pesar de su físico seboso y repugnante, nada comparable al de su novio, un chico atlético y romántico. Eli se atavió con un vestido de noche color verde y adornado con lentejuelas, con la espalda descubierta ribeteada con perlas, con tirantes anudados al cuello, escote a pico, ceñido al cuerpo y con volante en la base, a la altura de las rodillas. Se recogió el pelo dejando su nuca visible y se calzó con unas sandalias de tacón a juego con el vestido, muy maquillada. Bajo el vestido se colocó unas medias blancas con anchas ligas de encaje en el muslo y un tanga a juego también de encaje por delante, con dobles tiras por los lados. Decidió no usar sujetador para aparentar las tetas más flojas. Laura se vistió de manera más juvenil, aunque más insinuante. Se puso una minifalda de cuero negro con un cinturón de una gran hebilla metálica, de bajo asimétricos, se forró las piernas con unas provocativas botas a juego con la falda que le tapaban hasta las rodillas y para la parte de arriba se colocó un top brillante de escote redondo, sin mangas, color negro, y corto, hasta dejar visible su vientre liso y su pequeño ombligo. Parecía una puta con ganas de guerra. A igual que su hermana, decidió no usar sostén para sus pequeños pechos.
Media hora más tarde, Eli la recogió con su coche y ambas se desplazaron hasta la ciudad. Durante el trayecto, Eli le contó algunas cosas más, como el juego de las cartas, le narró algunas de las guarradas y cómo fue la penetración anal, situaciones que jamás había vivido con su marido, situaciones pervertidas en las que reconocía haber disfrutado como una loca. Le describió su pene, sus testículos y su dureza  en el acto sexual, conversación que aumentó la libido y la curiosidad de Laura.  Un rato después irrumpieron en el restaurante donde se habían citado con Iván. Era un bar de carretera atiborrado de camioneros que enseguida se volvieron cuando entraron las dos hermanitas. Iván las esperaba en la barra, ataviado con un mono azul de trabajo, apestando a sudor y con un aspecto sucio y mugriento. Se quedó asombrado al verlas tan despampanantes, ambas parecían dos putas de lujo a su disposición. Todos las miraban. Se habían arreglado para comer con él, se habían puesto tan elegantes y exóticas para él.
– Qué guapas están mis hermanas preferidas.

Las besó a las dos y les acercó unos taburetes. Durante media hora charlaron y rieron en la barra sin parar de beber cerveza, sobre todo Laura, cuya mente sufría una confusión debido a la emoción por la aventura sexual a la que le estaba dando alas y al remordimiento por su grave inconsciencia. Ambas hermanas, cruzadas de piernas, servían de espectáculo para los hombres que llenaban el bar. Fueron tomando confianza. Pasaron al comedor y prosiguieron las conversaciones y las risas, Iván resultaba divertido recordando anécdotas. Tras la comida vinieron las copitas de licor que Iván iba sirviendo sin parar, obligándolas a beber de un trago. A media tarde, volvieron a trasladarse a la barra, a un recodo. Él se sentó en un taburete con la espalda apoyada en la pared, Laura permanecía de pie junto a él y Eli también se había sentado en un taburete. Ambas cada vez estaban más borrachas de lujuria y alcohol. Había menos gente y la música sonaba más fuerte. Iván sacó el tema del matrimonio.
– ¿Y cómo vas a cometer la barbaridad de casarte? – le preguntó a Laura -. Estás más buena que el pan -. Le soltó una palmadita en el culo, por encima de la falda -. Podrías tener todos los hombres que quisieses.
Laura reía tontamente, fruto del efecto del alcohol.
– Pero yo sólo quiero al mío.
– El tuyo es como mi primo Antonio, un maricón.
Esta vez le plantó la mano en el trasero y se lo acarició levemente, como aguardando su reacción, pero ella no paraba de reír.
– Vaya, el supermacho.
– ¿Te folla bien? – le asestó.
Laura empleó unos segundos en reír junto a su hermana Eli, quien asistía en silencio a las embestidas de su amante contra su hermana, ya con la vagina al rojo vivo por el tono de la conversación.
– No me puedo quejar.
– Tú porque no has probado mi juguete.
– Ya me ha dicho un pajarito que eres un superdotado.
– ¿Quieres probarla?
– No, gracias.
– Voy a mear.
Iván se dirigió al servicio y las dejó solas ante la mirada de los camioneros que no quitaban ojo de la escena. Laura se puso a bailar junto a la barra.
– Me lo tengo que tirar, Eli.
– Estás bebida, mañana te puedes arrepentir.
– Sólo nos estamos divirtiendo un poco ¿no? Una canita al aire, como dicen ellos. Tampoco pasa nada…
– Te casas al mes que viene…
– ¿Quien va a enterarse?
Iván regresó del servicio y antes de sentarse en el taburete le asestó una palmada en el culo.
– Auh, canalla…
– Tienes un polvazo.
Laura continuó moviendo el esqueleto, esta vez entre sus robustas piernas. Iván la rodeó con sus brazos y entonces Laura se lanzó a besarlo con pasión. Ella le abrazó con las manos en la espalda de él e Iván bajó las suyas hasta el trasero. Eli contemplaba el apasionado beso con la vagina al rojo vivo. Vio cómo metía las manos bajo la falda y se las levantaba para mostrar las braguitas de su hermana, unas satinadas de color rosa fucsia. Le estrujó las nalgas por encima de la braga. Algunos clientes del bar se asomaron al recodo. Tras más de un minuto, Iván apartó la cara, agarró a Eli por la nuca y le acercó bruscamente la cabeza para besarla a ella con la misma intensidad con la que había besado a su hermana. Laura recuperaba el aliento observando cómo ahora besaba a su hermana mayor. Iván aprovechó para acariciarle el muslo de la pierna por encima de la media. Mantenía una mano en el culito de Laura y otra paseando por el muslo de Eli, casi dejándole las tiras del liguero a la vista de todos. Dejó a Eli y sujetó a Laura por la nuca para volver a besarla, esta vez sólo unos segundos, después retiró las manos de los cuerpos de las hermanas para encenderse un cigarro y echar un trago.  Laura estaba demasiado ida como para controlarse.
– Tengo una botella en la cabaña, ¿os apetece? Estaremos más tranquilos – propuso Eli.
– Vale, vamos – contestó Iván.
– Sigamos la fiesta – añadió a carcajadas Laura, bastante tocada por el alcohol.
Cuando emprendieron el trayecto hacia la cabaña, ya había anochecido. Eran las nueve de la noche. Iván conducía, Laura iba a su lado y Eli detrás. Enseguida Iván se puso a acariciarle las piernas sin que ella se inmutara. Sonó el móvil y Laura conversó con su novio. Durante la conversación, Iván llegó a dejar sus bragas rosas a la vista, aunque ella volvía a taparse, pero sin retirar la áspera mano que le sobaba los muslos. Cuando colgó, Iván sonrió.
– Le has mentido.
– Tampoco tiene porque enterarse de todo, ¿no? Seguro que él a veces, ¿no?
– Tu novio es un maricón.
– Vaya, habló el supermacho.
– ¿Te la ha metido por el culo alguna vez?
– No.
– Ese maricón no tiene huevos para metértela. ¿Y no te gustaría probarlo?
– Llegará el día – sonrió ella con la voz tomada.
Eli asistía emocionada a los abusos y guarradas de Iván, a sabiendas de que había arrastrado a su propia hermana pequeña a una perversión denigrante. Pero el placer que le proporcionaba Iván superaba cualquier tentación de remordimiento, de hecho, en la oscuridad del coche, fue todo el camino con la mano dentro de las bragas, palpándose el clítoris con suavidad
Llegaron a la cabaña antes de las diez. Encendieron las luces y ellas colgaron el bolso en las perchas.
– Eli, sírveme una copa -. Obediente, se dirigió hacia el mueble. Iván se desabrochó la corredera del mono dejando a la vista su enorme panza, sus tetillas pronunciadas y su pecho peludo -. Voy a ponerme cómodo, hace mucho calor con esta ropa.
Se quedó en slip, un slip blanco con la delantera manchada de orín. Laura observó fascinada el grandioso bulto, con los contornos de un pene tremendo echado a un lado y el volumen de sus testículos. Sudaba a borbotones, poseía unas piernas robustas, espalda ancha con abundante vello y nalgas carnosas.
– Qué sexy – bromeó Laura.
– Quítame las botas.
– ¿Yo?
– Vamos, hostias.
– Vale, vale, tranquilo…
Extendió las piernas y Laura procedió a quitarle las botas y los mugrientos calcetines, después se sentó ante la mesa de cristal, frente a él. Eli regresó con la copa y se la entregó sentándose al lado de su hermana. Laura apenas lograba quitar la vista de encima del slip, ya con la vagina bastante húmeda y caliente, a igual que la de Eli, a quien la morbosa situación de ver cómo su amante humillaba a su hermana le había acelerado las palpitaciones del corazón, habiéndose corrido en las bragas al menos dos veces. Iván cogió la baraja de cartas que había encima de la mesa.
– ¿Echamos una partida?
– Por mí, de acuerdo – dijo Eli.
– Adelante, aunque yo de cartas, muy mal, ¿eh? – añadió Laura.
– Eli, explícale a tu hermana las reglas.
– El que gane, castiga a los demás.
– Pues os vais a enterar – rió Laura, quien ya conocía alguno de los métodos de Iván cada vez que ganaba una partida.
Iván repartió las cartas. A Eli le tocaron cuatro reyes, pero su intención era perder y los tiró para que le entrara poca cosa, a Laura ni le tocó ni le entró nada e Iván ganó con un trío. Eli lamentó haber perdido y Laura sonrió como una tonta, tratando de aventurar el castigo que le impondría aquel cerdo.
– Bueno, ¿y qué nos va a pasar? – sonrió Laura.
– Quitaos la ropa, vamos.
Las hermanas se levantaron. Eli le pidió que le desabrochara la corredera de atrás y después dejó caer el vestido mostrando sus enormes tetas, flojas y tambaleantes, sus medias blancas con un liguero sujeto al tanga de encaje. Luego ayudó a su hermana a desenganchar la falda. Cuando se la quitó, quedó con sus braguitas rosa fucsia ante aquel desconocido. Posteriormente se sacó el top y liberó sus dos tetitas, dos tetitas picudas del tamaño de una mano, con círculos muy obscuros rodeando los pezones erguidos. Viéndolas de espaldas, Iván comparó los culos y los pechos.
– ¿Las bragas también? – preguntó Laura.
Iván asintió electrizado. Eli fue la primera en bajarse el tanga y dejarlo encima de la mesa, exhibiendo un coño que Iván ya conocía, quedando ante él sólo con las medias blancas y el liguero. Luego le tocó el turno a Laura. Se bajó sus braguitas rosas y mostró un coño bastante depilado donde se apreciaba cómo el clítoris sobresalía del vello, quedando ante él completamente  desnuda, salvo por las botas de cuero que le forraban media pierna. Ambas permanecieron de pie frente a él, a esperas de la orden. Iván observó a las dos hermanitas, hermosas y apetecibles, aquellos dos coñitos a su disposición, aquellos dos coñitos que muy pronto perforaría con su verga, pero deseaba jugar, deseaba darles la caña que suplicaban con aquellas miradas lujuriosas.
– Seré bueno con vosotras por ser la primera vez -. Señaló a Eli -. Dame un masaje en los hombros. Y tú, Laurita, en los pies.
Contempló cómo las tetas de Eli botaban al rodear la mesa para colocarse tras él. Enseguida inició el masaje en los hombros, viendo cómo su hermana se arrodillaba ante él, le levantaba el pie derecho y comenzaba a apretujárselo con los dedos. Iván se deleitaba con Laura, postrada ante él, sobándole los pies, recreándose en su coñito afeitado y en sus tetitas duras y erguidas. Cambió de pie, procurando mirar el bulto del slip, con la forma del pene algo más hinchada.
– Chúpalos – le ordenó.
Laura acercó la boca y sacó la lengua para lamerle la planta y las yemas de los dedos, deslizándola muy lentamente, dejando un rastro de saliva y saboreando aquellas asperezas. Cuando cambió de pie y empezaba a lamerle los dedos, Iván echó la cabeza hacia atrás para que Eli le besara. Lo hicieron con las lenguas por fuera, situación que aprovechó Laura para fijarse con más atención en el volumen del slip, en la deseosa verga que deseaba chupar, en la polla que entraría en su coño. Sintió que se corría mientras su hermana Eli y él se besaban, unos flujos muy líquidos que chorrearon desde su coño hasta gotear en el suelo. Tenía la vagina mojada sólo con lamerle los pies. Dejaron de besarse e Iván irguió la cabeza para mirarla de nuevo. Eli continuó el masaje y deslizó las manos hacia el pecho peludo, sobándole las tetillas y la barriga sudorosa, con las tetas aplastadas contra la espalda de Iván. Un par de minutos más tarde, Iván apuró el whisky del vaso y se encendió un cigarrillo.
– Ya basta -. Eli cesó el masaje y Laura le soltó el pie, aunque permaneció arrodillada -. Echadme una copa.
Las dos hermanas se dirigieron hacia el mueble, una para sacar el hielo y la otra para preparar el vaso y el whisky. Iván dispuso de una visión sabrosa con los dos culitos juntos ante sus ojos, el de Eli más ancho y carnoso y el de Laura más plano y estrecho, pero ambos para comérselos. Luego se fijó en sus coños y en sus tetas, cuando se giraron para entregarle la copa.
– ¿Seguimos?
– Claro – se apresuró Laura -. Yo no me rindo.
– Ni yo – añadió Eli.
En la siguiente partida sucedió lo mismo, él volvió a ganar. Se levantó bebiendo sorbos de la copa y rodeó la mesa hasta detenerse entre ellas. Aún permanecían sentadas, una junto a la otra. Los ojos de Laura se iban hacia el bulto del slip que botaba en cada paso. Iván se escupió en la palma de la mano y la tendió hacia ellas. No hicieron falta palabras. Las dos hermanas acercaron la cabeza, sacaron las lenguas y lamieron la saliva de la palma, chocando una lengua contra la otra. Luego lanzó un escupitajo en la superficie acristalada, y de la misma manera, ambas hermanas se curvaron para lamer la saliva del cristal, deslizando las puntas de las lenguas hasta recoger todos los resquicios de saliva, como dos perras que comen en un recipiente. Se irguieron y miraron hacia él. Iván le dio un sorbo a la copa antes de inclinarse y escupir en las tetas de Eli, dos gruesos escupitajos en los pezones.
– Chúpale las tetas a tu hermana – le ordenó a Laura.
– Pero…
– ¡Chúpale las putas tetas!
– Vale, vale…
Eli se sujetó los pechos por la base cuando su hermana acercó la boca a sus pezones para lamer la saliva impregnada en ellos. Primero se concentró en uno chupándole alrededor del pezón con la lengua fuera y luego pasó al otro pecho para mamarlo. Estuvo chupando las tetas de su hermana hasta que Iván la agarró bruscamente de los pelos y tiró de su cabeza hacia atrás obligándola a mirarle a los ojos. Laura frunció el entrecejo por la brusquedad.
– Eres mi puta, ¿verdad? -. Laura asintió -. Saca la lengua -. Laura acató la orden sacando su lengua todo lo que pudo. Iván le escupió y le esparció la saliva con la yema del dedo -. Ahora besa a tu hermana, quiero que os beséis.
Ambas hermanas acercaron sus cabezas y unieron sus labios para besarse como lo hacen dos enamorados, en presencia de aquel cerdo que imponía aquella humillación. A pesar de la dureza y la vejación, ambas volvieron a correrse empapando sus vaginas de flujos viscosos. Estuvieron besándose con la saliva de Iván hasta que regresó a su hamaca.
– Basta -. Las hermanas se separaron -. Laura, una copa -. Laura se dirigió hacia el mueble y le sirvió otro whisky, después volvió a sentarse -. Vosotras diréis. ¿Queréis seguir? Cada vez será más duro.
– Me arriesgaré – se adelantó Eli, caliente como una perra en celo -, alguna vez ganaré, ¿no?
– Yo sigo – añadió su hermanita, igualmente entregada a la perversión de aquel canalla.
– De acuerdo, repartiré las cartas.
Iván ganó por tercera vez consecutiva. Le hizo un gesto a Laura para que se acercara. La chica obedeció y se detuvo delante de él. Le olió el coño sin llegar a tocarlo y le miró las tetas ahora que las tenía tan cerca. Continuaba sentado, echando las últimas caladas al cigarro y bebiendo los primeros sorbos de la copa.
– Date la vuelta -. Laura se giró y le dio la espalda, dejando su culito a la altura de su cara -. Inclínate -. Se curvó apoyando las palmas de las manos en las rodillas, con el culo a sólo unos centímetros del rostro de Iván -. Eli, métele tus bragas en la boca y ponte a mi lado.
Eli cogió su tanga de la mesa y lo metió en la boca de su hermana. Después se arrodilló ante su culo, a disposición de Iván.
– ¿Aquí? – preguntó.
Laura miraba, con las bragas en la boca, hacia atrás, como tratando de averiguar qué es lo que le deparaba. Iván unió el dedo índice y corazón y dispuso la mano derecha como si fuera una pistola. Dirigió los dedos hacia la boca de Eli. Ésta los chupó como si fueran un pene, metiéndoselos enteros en la boca y lamiéndolos con la lengua. Iván sacó la mano de la boca.
– Ábrele el culo.
Con ambas manos, Eli abrió la raja del culito de su hermana. Iván apuntó y hundió ambos dedos unidos en el ano tierno y delicado de Laura, quien gimió con los ojos muy abiertos y las cejas arqueadas. La perforó agitando el brazo violentamente, penetrando en el ano los dedos enteros, con brusquedad y presura. Luego los sacaba, dejaba que Eli los chupara y volvía a perforar aquel ano. Repitió la escena varias veces. A Eli las babas le vertían por las comisuras de los labios de chupar aligeradamente los resquicios del ano de su hermana pequeña. Le mantenía la raja abierta para que Iván actuara con facilidad. Laura gemía desesperada al sentirle dentro de su culito. Iván bajó para perforarle el coño, pero esta vez mantuvo quieto el brazo con los dedos hundidos entre los labios vaginales.
– Muévete, zorra -. Laura comenzó a menear la cadera con los dedos dentro de su coño, esta vez presa del arrebato lujurioso que le nublaba la mente, embriagada por el placer que le proporcionaban aquellos dedos dentro de su vagina, mordiendo con ansia las bragas de su hermana -. Así, muévete -. Volvió a correrse sobre la mano de Iván empapándosela de flujos, sin parar de menear la cadera. Iván extrajo los dedos del coño para que Eli chupara el sabor vaginal -. No pares de moverte.
Dejó que Eli le chupara los dedos mientras él se recreaba en el coñito y el ano que acababa de perforar, moviéndose para él, a sólo escasos centímetros. Acercó la cabeza y deslizó la lengua desde el coño hasta el otro extremo de la rabadilla pasando por el ano, sólo una pasada, para probar aquel líquido que inundaba la vagina. Luego se reclinó en la hamaca y retiró la mano de la boca de Eli.
– Basta.
Laura se incorporó y regresó a su asiento. Eli también se levantó para sentarse en su sitio. Esta vez Iván se levantó y caminó hacia el mueble para servirse una copa. Ambas le miraron, su culo respingón, su ancha espalda, sus piernas peludas y robustas, el sudor que abrillantaba todo su cuerpo. La mujer del notario, su primo, y su hermana, la pija, sólo para él. Se giró con la copa llena y un cigarro en la boca. Se rascó el bulto del slip.
– Mis putitas preferidas. Echemos otra partida. Laurita, reparte las cartas…
Se repartieron las cartas. Iván cogió las suyas y esta vez se sentó en un sofá, algo lejos de donde ellas estaban sentadas.
– ¿Qué tenéis? Yo un trío de ases.
Eli tiró las cartas.
– Una pareja, nada.
Laura mostró las suyas y esta vez había ganado con un póker de reyes.
– Por fin -dijo sonriente.
– Ya era hora que ganara alguna de nosotras.
– Vaya, ¿y qué castigo nos vas a imponer? – preguntó Iván.
Laura le miró seria y con mirada perdida. Ya no podía aguantar más. De su coño no paraban de manar flujos vaginales.
– Quiero hacerte una paja.
– Acercaos – les ordenó.
Laura se sentó a su derecha y Eli a su izquierda. Él las abrazó pasándoles el brazo por el cuello. Laura tomó la iniciativa y tiró del slip para bajárselos hasta los tobillos. Una gruesa y larga polla se empinó hacia la barriga. Jamás había visto nada parecido. Desesperada, la sujetó sin que su pequeña mano pudiera rodearla al completo dado el excesivo grosor y comenzó a sacudírsela despacio mientras que con la mano libre le acariciaba la espalda. Eli extendió el brazo izquierdo para sobarle los huevos mientras su hermana lo masturbaba, dejando la mano derecha para acariciarle el muslo de la pierna y la sudorosa barriga. Iván cerró los ojos y se relajó echando la cabeza hacia atrás. A veces le daba un sorbo a la copa y volvía la cabeza hacia alguna de ellas para besarla. Laura continuaba masturbándole con lentitud, como queriendo disfrutar indefinidamente de aquel tacto tan sabroso. Eli le estrujaba los huevos con la misma suavidad, deslizando la palma de la mano sobre ellos. Laura apoyó la mejilla en el pecho peludo para no perderse detalle de la masturbación, a esperas de que le ordenara mamársela. Eli había bajado la cabeza para lamerle sus tetillas y deslizar la lengua por su barriga. Iván lanzaba gemidos profundos.
– ¿Te gusta mi polla?
Laura levantó la cabeza para besarle sin cesar los pausados movimientos de su mano. Eli también se echó sobre él para besuquearle por el cuello. Las tetas de ambas hermanas permanecían presionadas contras los costados de aquel cerdo. Iván se besaba con una y después volvía la cabeza para besar a la otra, cada vez más envuelto en jadeos más profundos, como si en breve fuera a eyacular.
– Dame más deprisa -. Laura agitó el brazo con más contundencia apretujando más la polla. Eli apartó la mano de los testículos -. No pares de tocarme los huevos -. Enseguida volvió a bajar la mano para sobárselos. Estaba a punto de correrse. Laura contemplaba la masturbación con fijeza, echada sobre su barriga, con los ojos muy abiertos, gozando de aquel tacto. Su hermana continuaba besuqueándole el cuello. Iván le entregó a Laura el vaso casi lleno -. Échalo ahí.
Laura se incorporó y dirigió la punta de la verga hacia el interior del vaso. Iván y Eli también se irguieron. Unos segundos después la polla salpicó leche dentro del whisky, un semen amarillento y viscoso que se mezcló con el alcohol. Laura le escurrió la punta y posteriormente levantó el vaso.
– ¿Quieres probarlo? – le preguntó Iván sin que ella contestara -. Bébetelo.
Antes de hacerlo, tragó saliva y cerró los ojos para darle un largo sorbo al coctel de semen. Sufrió una arcada. Iván le pasó el vaso a Eli y ésta apuró todo lo que quedaba, igualmente afectada por una arcada tras tragárselo.
Iván se levantó y anduvo desnudo hacia el mueble para echarse otra copa. Se encendió un cigarrillo y se volvió hacia ellas. El pene lo tenía colgando hacia abajo, algo más fláccido. Laura también se levantó, bebió un vaso de agua y escupió en el cubo de basura. Eli se mantuvo sentada pasándose sosegadamente la mano por el coño, acariciándose los pechos con la misma suavidad, aún hambrienta de sexo, concentrada en los cuerpos desnudos que se encontraban ante ella. Laura se acercó hasta Iván y le acarició la espalda.
– ¿Te ha gustado? – le preguntó ella, pegándose a él por detrás, con sus tetitas aplastadas contra la espalda y su coñito rozando aquel culo carnoso y peludo, acariciándole con suavidad toda la panza.
– Lo has hecho muy bien. ¿No le haces pajas a tu novio?
– Él…
– Él es un maricón.
– No le insultes, es muy buena person…
Iván la cogió del brazo y la empujó.
– Vamos a la cama. Esto no ha terminado.
Las dos hermanitas se dirigieron hacia el cuarto donde se encontraba el camastro, con sus culitos contoneándose por los tacones de sus calzados ante la vista de aquel degenerado que las seguía. Se detuvieron junto a la cama y se volvieron hacia él a esperas de la nueva imposición. Iván soltó el vaso en la mesita y se subió en la cama para colocarse a cuatro patas, con las rodillas separadas, la inmensa panza colgando hacia abajo, así como su verga, aún floja, y con su culo carnoso y salpicado de vello empinado hacia ellas.
– Mi culo es todo vuestro.
Las hermanas se arrodillaron tras él, cada una a un lado. Enseguida se pusieron a sobarle las nalgas con las manos abiertas, a veces introduciendo los dedos por aquella raja peluda donde se escondía el ano. Los huevos le colgaban entre las piernas y pronto empezaron a moverse, señal de que él mismo se sacudía la polla. Iván sentía el roce de las tetas y las caricias por todo su culo, incluso le sobaban los testículos y el interior de la raja. Laura pasó de las caricias a estamparle besitos en la nalga. Poco a poco fue acercando los labios a la raja. Su hermana Eli se la abrió con ambas manos facilitando el acceso al ano. Laura olisqueó como una perra aquel agujero maloliente y empezó a lamérselo con la punta de la lengua, tratando de introducirla en el interior del ano. Movía la cabeza con medio rostro oculto entre las nalgas intentando alcanzar su objetivo. Iván se la sacudía más deprisa al sentir el cosquilleo. Laura retiró la cabeza para tomar aire y entonces Eli insertó su nariz y sus labios para atizarle lengüetazos por toda la rabadilla. Su hermana intentó llegar con la lengua a los huevos y logró lamérselos con la punta, pero después  se agachó y metió la cabeza bajo el cuerpo de Iván para chuparle la polla. Logró saborear el glande mientras él se la sacudía, logró mordisquearlo con los labios y probar la babilla que brotaba de la punta. Parecía una cría mamando de su madre. Iván, preso del éxtasis, se incorporó quedando de rodillas. Eli se abrazó a él pegando las tetas a su espalda. Laura aprovechó para sujetarle la verga y sacudirla en su lengua. Estaban desesperadas, sedientas de placer.
– Quiero follaros, quiero ver vuestros culos delante de mí.
Las dos hermanas se colocaron juntas, a cuatro patas, delante de aquel pervertido. Iván acarició aquellos dos culitos a su disposición, uno junto al otro, meneándose para él. Primero se la metió a Laura, le hundió la polla hasta el fondo del coño y la embistió con presura. La chica gimió alocada con jadeos secos y desesperados. Luego se la metió a Eli, embistiéndola con golpes secos mientras jadeaba nerviosamente. Las dos le miraban por encima del hombro. Sudaba a borbotones por todo el cuerpo. Pasó de nuevo al culito de Laura y volvió a follarla con la misma diligencia. Eli se incorporó y se giró apoyando la cara en la nalga del culo de su hermana, presenciando cómo la verga, a escasos centímetros, perforaba bruscamente la vagina. Iván sacaba la verga, la dirigía hacia su boca para que se la chupara y volvía a introducirla en el coño. Tanto Laura como Iván gemían absorbidos por el gusto. Eli, con los labios abrillantados por las babas, contemplaba la escena, aún apoyada en la nalga, acariciando el culo de Iván. Pronto Iván extrajo la polla, se la sacudió aceleradamente y en unos segundos salpicó todo el culo y el coño de Laura. El semen se dispersó por toda la rabadilla en forma de gotitas viscosas, manchándole el vello de la vagina y los alrededores del ano, así como parte de las nalgas. Muchas de las gotas se deslizaban por la cara internasde los muslos. Por iniciativa propia, Eli se puso a lamer el coño de su hermana con el fin de saborear aquella leche calentita y amarga, deslizó la lengua hacia el ano y atrapó los goterones, después ascendió hacia la rabadilla y apuró las gotitas dispersas por las nalgas. Volvió a bajar con la lengua para dejarla limpia. Laura cayó boca abajo en la cama, rendida y sofocada, acezando como una perra. Eli, con babas de semen colgándole de la barbilla, se apoyó contra la pared. También necesitaba recuperarse de la tremenda escena. Iván le sacudió unas palmaditas en la cara.
– Os habéis portado bien, la dos, sois mis putitas preferidas.
Pegó una sonora palmada en el culo de Laura y bajó para dirigirse a la mesa del salón. Eli vio cómo se limpiaba la verga con sus bragas. Luego cogió las de Laura y se las pasó por la frente para limpiarse el sudor. Entonces Eli cerró los ojos y apoyó la cabeza en la pared, como queriendo calibrar la magnitud de lo sucedido esa noche en la cabaña.

Continuará.

Autor: Joul Negro

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Cinco días en la playa

Begoña acompañó a Carla y entre las dos me chuparon la polla, los huevos, el culo, todo. Mi polla no tardó en reaccionar y tuve una nueva erección. Ahora no tuve que hacer nada, fue la propia Begoña la que se puso a cuatro y Carla la que se encargó de lubricar y dirigir mi polla a su culito. Aquello era maravilloso.

Primer día

Las vacaciones de aquel año fueron distintas. Mi mujer, Luisa, y yo fuimos ese año a una de las islas Canarias, no diré cual por motivos obvios, para pasar unos días de descanso y relax. La intención era ir a descansar después de un duro año de trabajo, como todo el mundo. Llegamos la isla y nos trasladamos al hotel, todo maravilloso, conocimos las instalaciones, nos dimos un baño en la piscina y a cenar. Durante la cena conocimos a una pareja de Madrid, Juan y Belén, entablamos conversación y después de cenar nos tomamos una copa los cuatro en el pub del hotel, ellos llevaban ya unos días allí y nos dieron una serie de consejos.

El más interesante de todos fue el que estaba relacionado con la playa, parece ser que la playa estaba abarrotada todo el día y que ellos habían alquilado un coche y se iban a otra cuyo acceso era complicado, había que ir en coche por un camino de tierra, aparcar y andar casi 1 Km. Nos invitaron a conocerla, nosotros aceptamos.

Cuando estábamos a punto de despedirnos aparecieron dos chicas jóvenes, sus hijas, nos las presentaron, 18 y 20 años, Carla y Begoña se llamaban.

Segundo día

Después de desayunar nos encontramos con ellos en la puerta del hotel, les pregunto que cómo vamos a ir los seis en un coche,

– No importa – contesta Juan – nosotros dos vamos delante y las mujeres que vayan detrás con las chicas.

Insisto un poco para quedar bien y al final todos montamos en el coche, Nosotros cómodamente sentados delante y ellas 4 detrás. Después de unos 20 minutos llegamos a un camino de tierra, tragamos bastante polvo, el coche no tiene aire acondicionado. Por fin llegamos, aparcamos y nos dirigimos a la playa. Después de andar un buen terreno, tenemos que bajar por unas rocas, por fin vemos la playa, realmente es espectacular, una pequeña cala en la que no hay nadie. Realmente merece la pena.

Llegamos y después de los apretones del coche y de la caminata estamos todos locos por darnos un baño, nos quitamos la ropa y… empieza el espectáculo.

Belén, la mujer de Juan, se queda con un bikini que deja ver la majestuosidad de sus tetas, sin duda espectaculares, grandes y bien puestas. No debe tener más de 40 años, por lo que tuvo a sus hijas muy joven. Realmente se conserva bien, tiene un buen culo. Miro con discreción.

Carla, la más joven, espectacular, no muy agraciada de cara pero tiene un cuerpo de bandera, delgada, sus tetas son normales, pero sin ninguna duda deben estar duras, se le marcan los pezones en el bikini. Las piernas muy largas que terminan en un culito respingón.

Begoña, la mayor, tetas entre su hermana y su madre, más guapa de cara que su hermana y un cuerpo también delicioso. Sorpresa, lleva un tanga que hace que mi mirada se pierda en su culo, espectacular.

Siguen las sorpresas, Juan también lleva un tanga, se conserva en forma, no hay duda, tiene muy cuidados los abdominales y se nota que hace bastante deporte.

Luisa y yo nos miramos y nos cruzamos una sonrisa cómplice, yo me quedo con mi bañador tipo pantalón, parezco ridículo, todo el mundo enseñando lo que puede y yo parece que voy con una coraza, mi mujer por lo menos si ha traído un bikini.

Nos bañábamos todos, el agua está riquísima, los típicos juegos y nos salimos Juan y yo para montar las sombrillas y poner a la sombra las cervezas.

Según estamos montando las sombrillas se acerca Begoña, el agua hace que sus pezones se marquen claramente en su bikini, no me pierdo detalle, aunque eso sí, con disimulo. Se tumba al sol boca abajo y le pide a su marido que le ponga crema. Juan se sienta a su lado y lo primero que hace es desabrocharle el bikini, todo normal, le unta crema por las piernas, la espalda y al llegar a su culito, Belén se mete el bañador y lo deja tipo tanga, desde mi posición se la ve como si estuviera desnuda, solo una pequeña tira del bikini queda a mi vista.

A continuación llegan Carla y Begoña acompañadas de mi mujer, ellas dos extienden sus miradas y mirando a Luisa le preguntan:

– ¿Te importa si…? – Sí, claro adelante -contesta Luisa.

Simultáneamente se despojan de la parte de arriba de sus bikinis, veo sus tetas al natural, no me he equivocado en mi primer juicio, bueno sí, las tetas de Carla, son alucinantes, miran hacia arriba, desafiantes, como dos pitones. Mi mujer me mira y asiento con la cabeza, habitualmente Luisa no suele hacer topless, pero en esta playa aislada y dada la situación se quita la parte de arriba. Me fijo en Juan y él tampoco se pierde el espectáculo. Las contempla con total normalidad, no disimula, y yo hago lo mismo con sus hijas, claro.

Juan me mira y me sonríe. Aquella situación estaba poniéndose muy interesante, abrimos dos cervezas y nos ponemos a hablar de cosas triviales, eso sí, no nos alejamos mucho de las mujeres, el espectáculo es digno de ser contemplado. Mientras nos tomamos las cervezas, Begoña se da media vuelta y nos muestra sus grandes tetas. Me quedo callado contemplando aquella maravilla. Según va pasando la mañana las mujeres cambian de posición, limpian la arena de las toallas poniéndose de rodillas y enseñándonos sus culitos, se ponen crema unas a las otras y de vez en cuando se dan un baño.

Realmente me estoy excitando, Juan me dice que nos demos un baño, nos quedamos los dos en el agua un rato y vemos que las mujeres para darse un baño con nosotros, según vienen andando hacia la playa vemos sus tetas moverse arriba y abajo. Juan comenta en tono jocoso:

– Desde luego, no podemos tener mejor compañía, ¿verdad? – Cierto – contesto yo-, realmente son 4 mujeres muy bellas.- Joder -dice Juan-, no seas hortera, di que están muy buenas. – Pues eso, que están muy buenas.

Se corta la conversación ya que están a escasos metros del agua. Nos bañábamos todos un rato, diciendo lo bien que está el agua y mi mirada se pierde en los pezones de la mujer y las hijas de Juan, están erectos del agua, y yo estoy como una moto, me he empalmado. No puedo remediarlo, me alejo un poco a nadar para que no se note, aunque con mi bañador es seguro que no se darán cuenta.

Se salen del agua y yo ya en estado normal también me salgo. Entre tanto llega la hora de comer, sacamos unos bocatas y hacemos un círculo, las chicas no se cubren y se comen los bocatas en topless, no sé donde mirar, en todos los sitios donde pongo los ojos hay un par de tetas mirándome. Hasta noto como mi mujer se encuentra muy a gusto disfrutando del día.

Nos tumbamos para echar una siesta, yo no puedo dormir, veo como Juan y Belén se abrazan en el suelo y empiezan a reír. Juan me da la espalda y Belén queda enfrente de mí, mi mujer se encuentra mi lado, pero creo que está dormida. Carla y Begoña se han ido a andar por la orilla. Después de un rato, noto movimientos raros entre Juan y Belén, yo diría que Belén le está haciendo una paja a Juan, sin duda, el movimiento de su brazo la delata.

Belén pasa una pierna por encima de Juan y este cambia de posición su brazo, estirándolo hasta llegar a su entrepierna, no lo veo bien, pero todo indica que se están masturbando mutuamente. Levanto un poco la cabeza y en ese momento los ojos de Belén se clavan en los míos. Ni ella ni yo nos cortamos, nos quedamos mirando, mientras ella continúa con el movimiento de su brazo, de vez en cuando cierra los ojos, el trabajo de Juan en su coñito parece que surte efecto. No seguimos mirando y ella me sonríe, sabe que lo sé.

Después de unos minutos, ella acelera el ritmo de su brazo y cierra sus ojos durante un momento más largo, apoya la cabeza en el hombro de Juan, creo que se han corrido los dos.

El resto de la tarde transcurre con normalidad excepto en mi mente, ya que no logro borrar las imágenes de Juan y Belén durante la siesta. En un momento en el que nos quedamos solos Luisa y yo me dice:

– ¿Te ha gustado?

Me quedo helado sin saber que decir, sonríe y se va a darse un baño.

Cuando cae la noche desmontamos el chiringuito y vuelta al coche, en el camino de vuelta no dejo de pensar en lo sucedido. Al llegar al hotel Luisa se va con las mujeres a su habitación para no se que rollo de unas cremas maravillosas. Yo me quedo con Juan tomando una cerveza, al rato viene Luisa y nos vamos a la habitación.

Al entrar en la habitación me dice Luisa:

– He visto a las chicas desnudas en su habitación.- ¿Y?- Bueno, pues que no tienen marcas.- ¿Marcas?- Sí, hombre, que toman el sol completamente desnudas, y yo he pensado que quizás. – ¿Qué?- Pues, que si no te importa, me han dicho que mañana tomemos el sol las cuatro desnudas. Hoy no lo han hecho porque estábamos nosotros.

Me quedo sorprendido, mi mujer me propone tomar el sol desnuda, en principio no me gusta, pero poder disfrutar de esas 4 bellezas en pelotas no me lo puedo perder. Le digo que sí, pero no muestro mucho entusiasmo. Mi polla en cambio sí está contenta. Esa noche Luisa recibe una buena dosis de sexo, aunque ella también se muestra muy excitada.

Esta vez me toca ir detrás porque mi mujer se marea, me siento en un lado, en el centro va Carla y Begoña en el otro lado. Belén va sentada encima de Carla, a mi lado. Durante el viaje Belén se va acomodando y al final acaba sentada encima de mis piernas, no lo puedo evitar y una erección me sorprende en aquella situación. Estoy seguro de que se va a dar cuenta, y creo que lo hace, porque sigue acomodando su posición y no tengo la más mínima duda que en su culito siente aquella presión.

Llegamos y después del baño de bienvenida sucede lo que tenía que suceder, las chicas ponen las toallas en el suelo y se empiezan a desnudar, no pierdo detalle. Primero Karla, se quita la parte de arriba y se tumba, una vez en el suelo se quita el resto, no lo veo bien, pero ya tendré la oportunidad. Ahora Begoña, es menos recatada, primero la parte de arriba y el tanga se lo quita de pie, espectacular, tiene el coñito perfectamente recortado y cuidado.

Ahora las señoras, primero Belén, se lo quita de pie como su hija y antes de tumbarse me mira a los ojos, no se corta. Veo que también lo tiene recortadito. Mi mujer duda un poco, me mira a mí, como buscando mi consentimiento y luego mira hacia la posición de Juan, esta como yo, esperando el show. Mi mujer se lo quita y con una sonrisa en su cara se recoge el pelo y se gira, nos ofrece un bonito espectáculo de su cuerpo por delante y por detrás, jamás hubiera imaginado que hiciera eso.

Juan y yo nos miramos, se acerca y me dice:

– Vaya pedazo de mujer que tienes.- Bueno, tú no te quejaras, tienes tres bellezas en casa.- Sí, pero dos son mis hijas, sólo tengo derecho a una -se ríe-.

La conversación sigue en un tono jocoso, hasta que Belén propone pasar el rato jugando a las cartas. Nos ponemos de acuerdo y formamos un círculo, las mujeres siguen desnudas, el espectáculo es total. Sobre todo cuando Carla de rodillas se gira, nos ofrece su culito y se agacha para limpiar la toalla de arena. La visión es impactante, veo con total claridad su agujero trasero y los labios vaginales.

Empezamos a jugar cuando Belén comenta en voz alta:

– Bueno, creo que ya está bien, nosotras estamos aquí desnudas y vosotros ahí, sin enseñar nada. Siempre igual…- Eso tiene solución -Contesta Juan-

Se levanta y se quita el tanga, su polla está morcillona, en estado de semierección. Mi mujer no pierde ojo, fija su mirada en aquel miembro, que por cierto, parece que en erección debe tener un tamaño considerable, mayor que el mío. Se sienta.Todo el mundo gira su cabeza hacia mí y Juan me dice:

– Bueno, ¿a qué esperas?

Dudo qué hacer, mi polla está completamente erecta, pero parece que no hay otro remedio. Me pongo de pie y me quito el bañador. Se oye un silbido, es Belén, que después de silbar dice:

– Oye, ¿y todo eso que tienes ahí es por nosotras? -Le da un codazo a mi mujer-. Vaya polla que tiene tu marido. Pues no creas que el mío la tiene más pequeña. Vamos cariño enséñanos como la tú tienes.

Belén agarra la polla de Juan y empieza a masturbarle, buscando una erección que no tarda en producirse. No lo puedo creer, estoy alucinado y mi polla cada vez más dura, parece que va a reventar. Mi mujer entonces decide imitar a Belén, se acerca donde estoy yo y empieza a tocarme para aumentar mi erección. Carla y Begoña se ríen y animan a su padre:

– Vamos papá, demuéstrale que la tuya es mayor.

Después de un par de minutos Luisa decide que hay que medirlas y proclama en voz alta:

– La polla de Juan es más larga que la de tu marido, pero reconozco que la de tu marido es más gorda.

Y según acaba de decir esto me agarra con una mano mi polla mientras que con la otra sigue agarrando la de Juan. Tras decir esto le dice a mi mujer:

– Venga Luisa compáralas.

Luisa me mira, buscando mi aprobación y desde luego que la tiene. Agarra ambas pollas con sus manos y confirma la opinión de Belén. Veo como mientras mi polla simplemente la tiene agarrada, con la de Juan empieza a jugar, retira la piel hacia atrás todo lo que puede y a continuación vuelve a subirla. Luisa parece salir del trance en el que se encuentra y se da cuenta de hasta dónde está llegando. Suelta ambas pollas y dice:

– Bueno ya está bien, seguimos con la partida.

Y seguimos con la partida, pero en el ambiente se nota que algo ha cambiado. Nuestras pollas siguen erectas y la excitación puede más que la razón. Belén agarra la polla de su marido y agachándose se la introduce en la boca. Empieza a mamársela delante de todos.

Carla y Begoña se levantan y sin decir nada se van.

Luisa me agarra la polla y empieza a masturbarme, mientras los dos miramos la mamada que Belén le está haciendo a Juan. Empiezo a tocar el coñito a mi mujer, está mojada, ella se agacha empieza a mamármela también. Mientras me la chupa no pierdo ojo de la mamada que Belén le hace a Juan, miro a Juan y él está haciendo lo mismo, no pierde ojo de la mamada que me está haciendo Luisa. Juan coge a Belén por los hombros y la tumba boca arriba, se tumba encima y se la clava, Belén suelta un pequeño grito de placer. Luisa al oírlo deja de chupármela y se tumba también boca arriba. Me pongo encima de ella y de un fuerte empujón se la meto.

Mientras Juan se folla a su mujer mira como yo hago lo mismo con la mía, yo tampoco pierdo detalle de su follada, veo como su polla taladra el coño de su mujer, que no deja de gemir de placer. Luisa en cambio está callada, no dice nada. Mientras sigo follándola veo como Belén agarra una mano de Luisa y esta responde apretando con fuerza.

No aguanto más y me voy a correr, aumento las embestidas y noto como el coñito de mi mujer se contrae contra mi polla, síntoma de que ella también se está corriendo. Mi mujer acompaña su corrida con unos gemidos de placer y llegamos al final cuando acabamos.

Luisa sigue agarrando la mano de Belén y esta aumenta sus gritos, se está corriendo.

Juan sigue embistiéndola y acaba dentro de ella. Nos quedamos los cuatro tumbados sin decir nada. Belén rompe el silencio y dice que se va a dar un baño, Luisa la acompaña. Juan me dice:

– Vaya, no ha estado mal. ¿Alguna vez habíais follado en presencia de alguien? – No, nunca…- Pues no os habéis cortado para ser la primera vez. Nosotros hemos tenido alguna experiencia más, ya te contaré. ¿nos bañamos?

Asiento con la cabeza y nos vamos a dar un baño. Durante el viaje de vuelta, nos cruzamos pocas palabras, parecía como si cada uno de nosotros fuera pensando en lo sucedido por la mañana. Mi mente esta confusa, por un lado me ha encantado, pero he visto como Luisa se excitaba demasiado, jamás la había visto así. En la habitación hablamos Luisa y yo sobre si debíamos ir el día siguiente a la playa con nuestros amigos, ella simplemente me dijo:

– ¿Y por qué no debemos ir? ¿No te ha gustado lo que ha pasado hoy?

Me acuesto pensando que después de estas vacaciones nada sea igual.

Tercer día

Llegamos a playa, y esta vez en vez de bañarnos y desnudarnos, lo hacemos al revés, primero nos desnudamos y nos vamos a tomar un baño. Ya estoy más acostumbrado a verlas desnudas y mi polla esta relajada, en su posición normal.

Cuando nos sentamos en las toallas Belén se sienta al lado de su marido y sin decir nada empieza a tocarle la polla, ésta reacciona y de nueva esta erecta, después de unos minutos de caricias Belén se incorpora sobre la polla de Juan y se la mete en la boca. Ya estamos otra vez liados. Mi polla también ha respondido, y ahora Luisa es la que me la está meneando. Belén se tumba en la toalla y le pide a Juan que le coma el coño.

Juan no lo duda e introduce su cabeza entre las pierna de Luisa, ella de vez en cuando incorpora su cabeza y me mira a los ojos mientras su marido sigue con la faena. Luisa se da cuenta del cambio y decide que yo haga lo mismo, se tumba al lado de Belén.

Yo comienzo a jugar con mi lengua con su coño y empiezo a oír los jadeos de las dos mujeres. Después de unos segundos dejo de oír sus jadeos y levanto la mirada, me quedo asombrado, Belén y Luisa han juntado sus bocas y se están besando y acariciando las tetas la una a la otra. Me quedo quieto y Luisa simplemente me agarra por la cabeza con una de sus manos y dice:

– Sigue, no pares…

Vuelvo a lo mío pero no pierdo detalle de lo que ocurre entre ellas dos, Belén ahora le esta mordisqueando los pezones a mi mujer, primero el derecho y luego el izquierdo, no lo puedo creer. En lo que no me he fijado es que Carla y Begoña esta vez no se han ido, se han retirado un poco pero están atentas a lo que sucede.

Ahora se cambian y es Luisa, mi mujer, la que le está lamiendo y acariciando las tetas a Belén. Tanto Juan como yo seguimos en nuestra labor, nunca había vista a mi mujer tan excitada, no para de fluir líquido de su coñito.

Una mano de Belén llega hasta el coñito de mi mujer, primero introduce un dedo en boca, se lo chupo y luego ella se pone a jugar con el clítoris de mi mujer. No lo puedo creer, aquello se puede convertir en una auténtica orgía, pero no acaba todo ahí. Ahora es mi mujer la que empieza a masajear el coñito de Belén, Juan y yo nos apartamos, parece que ahora no es nuestro turno. Belén se incorpora y de un rápido movimiento encaja sus piernas contra las de Luisa, sus coñitos quedan pegados y Belén empieza a mover sus caderas, sus coñitos están juntos, rozándose el uno contra el otro, no dejan de gemir.

Entonces ocurre algo que todavía me deja más sorprendido, Juan se agacha y se introduce mi polla en su boca, no lo puedo creer, en un primer momento intento rechazarlo, pero él me agarra firmemente y después de unos segundos desisto de mi intento, lo hace muy bien, me tumbo en la toalla y me dejo llevar. No distingo la diferencia entre sus mamadas y las de Luisa. Instintivamente acerco mi mano a sus genitales, creo que lo voy a hacer, tengo que devolverle el enorme placer que me está proporcionando. Le agarro la polla, es la primera ver que agarro una distinta a la mía, se la empiezo a menear.

Me incorporo un poco y veo a Luisa y Begoña en un perfecto 69, no puedo más, empiezo a correrme, suelto toda mi leche en la boca de Juan, sin avisarle, él no se inmuta, la recibe y se la traga toda.

Sigo con mi mano en su polla erecta, me decido y empiezo a chupársela, noto su sabor, es agradable, no me disgusta. Juan apoya su mano en mi cabeza y va guiando mis movimientos torpes, pero voy poco a poco voy aprendiendo. Mientras se la chupo oigo a Belén y Luisa ponerse a nuestro lado.

Belén le dice a Luisa:

– No conocía esta faceta de tu marido, lo hace muy bien.- Yo tampoco -contesta Luisa-, pero veo que ha aprendido rápido.- ¿Te importa si lo pruebo un poco? -pregunta Belén a Luisa.- No, por favor, yo le ayudaré con Juan.

Luisa se acerca a la polla de Juan y entre los dos continuamos con la mamada. Mientras Belén se ha acercado a mi polla y empieza a masajearla, a los pocos segundos la introduce en su boca, otra vez estoy empalmado.

Me centro en la polla de Juan mientras Luisa me indica como proporcionarle más placer, Luisa se dedica a sus huevos mientras yo me entretengo con su glande. Juan agarra la cabeza y me avisa de que se va a correr. Me intento quitar pero no me deja suelta su esperma en mi boca, siento su sabor, salado. Tengo que tragarlo no me queda más remedio y pruebo el sabor de un hombre por primera vez. Mientras Belén sigue chupándomela.

Cuando Juan acaba en mi boca, Belén me dice que quiere su ración de polla, pero esta vez conmigo. Luisa y yo nos miramos, sin decir nada entendemos aquello. Ahora mi mujer será poseída por otro hombre delante de mí.

Belén se pone a cuatro patas y yo de rodillas se la clavo por detrás, las sensaciones se agolpan en mi mente y oigo a Belén:

– Vamos, fóllame, sé que lo estabas deseando. ¿Te gusta ver a tu marido como me folla, Luisa?

Luisa no responde, está muy ocupada chupando la polla de Juan. Mientras sigo follándola pienso en Carla y Begoña, giro la cabeza y siguen en el mismo sitio que antes, no hacen nada, solo mirar y excitarse viendo como sus padres follan con desconocidos.

Mis embestidas son cada vez mayores y Belén me pide que la embista con más fuerza, no me la imaginaba así la primera vez que la vi. Ahora Luisa se ha tumbado y Juan la va a ensartar toda su polla, no me pierdo detalle, veo como Juan se agarra la polla y la dirige al coñito de mi mujer, busca la entrada y de un fuerte golpe la penetra, mi mujer grita de placer y me mira desde el suelo, nos cruzamos las miradas, mientras Belén empieza a gritar anunciando su orgasmo. Aumento mis embestidas aún más y acabamos casi a la vez.

Juan mientras tanto sigue dándole caña a mi mujer, la cual gime cada vez más alto, se ponen sus ojos en blanco y sé que se está corriendo. Juan la penetra cada vez con más furia y en ese momento Belén se acerca a su marido y le clava un dedo en el culo.

– Así le gusta más ¿sabes? -me dice-

Yo no respondo, solo veo como mi mujer está siendo poseída por otro hombre.

Cuando Juan acaba mi mujer le vuelve a chupar la polla en señal de agradecimiento. Estamos todos tumbados en las toallas cuando Carla y Begoña se acercan:

– Bueno, qué, nos vamos -Dice Carla-.

No puedo creer la naturalidad con la que han estado contemplando la escena sin decir ni hacer nada. Después de darnos un baño y relajarnos un poco nos vamos al hotel.

Cuarto día

Después de haber visto como mi mujer era follada por otro hombre y se lo montaba con una mujer casi que todo me daba igual. Además yo había mantenido mi primera relación homo con Juan. No me importó lo más mínimo que según llegamos a la playa Luisa se desnudara delante de Juan y éste la besara en la boca y la metiera mano por todos lados.

Mi obsesión ahora era follarme a Carla y Begoña, en aquella desenfrenada situación ellas no participaban. Yo no sabía cómo conseguir que ellas entraran en el juego. Mientras, Luisa ya estaba a cuatro patas y Juan la estaba follando, desde luego se habían dado prisa. Además Belén estaba muy ocupada chupándole las tetas a Luisa mientras que con una mano se masturbaba y con la otra le tocaba el clítoris a mi mujer.

Miré hacia donde estaban sentadas Carla y Begoña, me acerqué y lo comprendí todo, claro que no participaban estaban muy ocupadas. Cada una de ellas tenía un consolador con el cual estaban jugando entre sus piernas. Cuando llegué a su lado ni se inmutaron, Carla estaba jugando con el consolador en su clítoris mientras que Begoña lo tenía dentro de su coñito y lo movía en un lento mete y saca. Me quedé delante de ellas, sin saber que hacer. Carla se incorporó un poco y agarró mi polla con su mano, luego acercó su boca y se la introdujo entera, ver a aquella preciosidad chupándomela era más de lo que podía soportar y llené su boca con mi abundante leche en unos minutos. Ella no se la tragó simplemente soltó mi polla y le dio un beso a su hermana, la cual recibió mi leche de mano de su Carla.

Aquella situación hizo que mi polla, pese a la reciente corrida, estuviera otra vez a punto. Miré hacia donde estaba Luisa y vi como seguía a cuatro patas recibiendo la polla de Juan y comiéndose el coño de Belén. Mientras Carla y Begoña seguían jugando con mi leche en sus bocas y estaban tocándose mutuamente, Carla, levantó lo ojos y me dijo:

– Creí que nunca íbamos a participar, menos mal que te has decidido. Solo hay un inconveniente, ni mi hermana ni yo follamos, puedes hacer lo que quieras menos follarnos. Nuestros coñitos lo reservamos para nuestros novios.

Vaya par de putas que estaban hechas las dos niñas. Yo pensando que se mantenían a un margen de toda esta movida y resulta que eran las más putas de todos.

Decidí que en vista de que no podía follármelas las daría por el culo a las dos, puse a Carla a cuatro patas y empecé a meterle un dedo, luego dos, la lubriqué bien con sus propios jugos y empecé a clavársela, sin duda no era la primera vez. Begoña se tumbó delante de ella abriendo sus piernas y dejando su coño a la altura de la cara de Carla. Esta empezó a comérselo. Aquella visión hizo que mi polla se pusiera aún más dura y se la clavé entera, soltó un grito mezcla de dolor y placer. Empecé a bombear y bombeé cada vez más fuerte.

Debimos estar así varios minutos, mientas Begoña me miraba a los ojos y no paraba de decirme:

– No acabes dentro de ella, que yo también quiero mi ración.

No pude aguantar y decidí llenar el culo de Carla de leche, cuando me corrí sentí como me vaciaba dentro de ella y vi como mi leche salía de su culito una vez que lentamente fui retirando mi polla.

Begoña se levantó y con su lengua empezó a recoger toda la leche del culo de su hermana. Después de acabar de limpiarla me dio un beso y saboreé por primera vez mi propio semen. Mientras la estaba besando notó como Carla empezaba a jugar con mi ya flácida polla y me dijo:

– Vamos, que Begoña necesita su ración.

Begoña acompañó a Carla y entre las dos me chuparon la polla, los huevos, el culo, todo. Mi polla no tardó en reaccionar y tuve una nueva erección. Ahora no tuve que hacer nada, fue la propia Begoña la que se puso a cuatro y Carla la que se encargó de lubricar y dirigir mi polla a su culito. Aquello era maravilloso.

Este culito me costó un poco más que el de Carla, luego me contaron que había desvirgado analmente a Begoña, entonces entendí los gritos de dolor que dio durante la penetración y la dedicación que Carla le dedicó a su coñito mientras yo la enculaba. Mientras la enculaba miraba como mi mujer ahora estaba montando un lésbico con Belén, mientras que Juan tumbado a su lado jugaba con los agujeros de mi mujer.No tardé en llenarla con mi caliente leche, no sé cuánto tiempo estuvimos, ni tampoco recuerdo cuantos orgasmos tuvieron ellas, pero desde luego fue inolvidable mi primera relación con las dos hermanas.

Por la tarde nos dedicamos a recuperarnos de nuestras fuerzas y por la noche durante la cena comentamos que el día siguiente lo mejor sería pasarlo en el hotel.

Quinto día

Después de desayunar quedamos en la habitación de Juan y Belén, primero llegamos nosotros dos y estuvimos comentando con ellos lo sucedido durante estos días. Yo les pregunté que si también ellos se lo montaban con sus hijas y Juan nos dijo que solo sexo oral y alguna vez había enculado a Carla, pero que jamás las había follado por el coñito, eso sí, con Belén mantenían frecuentes encuentros lésbicos.

Aquello aclaraba las cosas, según íbamos hablando nos fuimos calentando y desnudando. Belén me ayudo a quedarme desnudo mientras Luisa hacía lo propio con Juan. Una vez estuvimos todos desnudos Juan me dijo que quería probar algo nuevo, quería darme por el culo a mí, mientras yo hacía lo mismo con su mujer.

Después de estar dudando durante un tiempo no me queda más remedio que aceptar, la boca de Belén en mi polla hace que pierda la noción y me entrego a ellos. Primero enculé yo a Belén, para lo cual mi mujer me ayudó a lubricar e introducir mi polla, entró con bastante facilidad, sin duda estaba ya muy dilatado.

Una vez dentro, Luisa ayudó a Juan a darme por detrás, primero me lubricó, me metió un dedo, luego dos, mientras con su boca mantenía la erección de Juan. Ella misma se encargó dirigir la polla de Juan a mi culo, cuando empezó a entrar me dolió bastante, pero debo decir que no fue un dolor insoportable. Una vez dentro y cuando empezamos a movernos todos al mismo compás fue algo indescriptible, quizás la sensación más placentera que haya tenido nunca.

Mientras estábamos en esa postura llegaron Carla y Begoña, mi mujer les abrió la puerta y según entraron se desnudaron y se fueron a la otra cama con mi mujer, a la cual chuparon y penetraron con sus consoladores por todos lados.

Después se repitió el trío, pero yo le di por culo a Juan mientras él hacía lo propio con mi mujer. Fue distinto al culo de una mujer, pero también placentero, aunque mi mirada estaba puesta sobre todo en el trío que Belén tenía con sus dos hijas.

Aquel verano fue inolvidable para todos.

Autor: Tomás

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Primera vez con mi hermanita

Para entonces yo ya estaba mojada. Ella me quitó el top y como no traía bra, empezó a chuparme mis erectos pezones. Yo sentía tan rico y cuando me los mordisqueaba era una sensación inimaginable. Me empecé a acariciar mi concha pero ella me quitó la mano y me dijo que me dejara, que ese era su trabajo. Entonces me bajó la minifalda y sin quitarme la tanga me empezó a hacer sexo oral.

Hola, soy Andrea y tengo 25 años. Soy de cabello castaño oscuro, y ojos verdes, buen culo, unos pechos no tan grandes pero yo creo que están bien. Mi hermana se llama Cecilia y tiene ojos azules y cabello claro, tiene 18 años. La verdad es que desde joven había sentido una fuerte atracción sexual hacia mi hermanita, a veces me masturbaba pensando en su culito y su  hermoso cuerpo.

Yo me había ido a vivir a otra ciudad para estudiar. Una vez, estando de vacaciones ella me visitó, nada más estaba tomando sus vacaciones pues con mis padres no saldría.

Era la primera vez que estaba con mi hermana en un apartamento a solas. Llegó y todo transcurrió normal durante los primeros dos días, aunque yo tenía un antojo tremendo de probarla. El tercer día ella se había levantado muy temprano para salir a correr a un parque que quedaba muy cerca de mi apartamento. Yo me levante ya que se había ido y me metí a bañar. Fue una ducha muy placentera pues yo me masturbé de nuevo con mis fantasías con Ceci.

Salí de bañar y me di cuenta de que no había metido mi ropa al baño, así que salí desnuda a mi cuarto. Como estaba mi hermanita con quién quería follar, esa semana me había estado poniendo mi ropa más sexy y esa vez no encontré mi tanga roja que me quería poner. Salí al pequeño patio que tengo y tomé mi tanga. Cuando volvía a mi cuarto a vestirme, en eso entró mi hermanita y me vio desnuda. Ella gritó, luego se disculpó y se volteó.

Yo le dije que no había ningún problema y subí a mi cuarto. Ella entró al baño y después de eso salió y se fue dijo que a salía a tomar un café  pero que quería ir sola. Apenas se fue, yo entré al baño a depilarme mi conchita, y cuando terminé estaba buscando la cremita para suavizar cuando vi las braguitas que Ceci se acababa de quitar y descubrí que las había mojado.

Olí sus jugos y era una situación tan excitante. Lo que más me ponía así era pensar que mi hermanita Ceci se había mojado al verme desnuda. Ahí supe que yo también le atraía y me decidí a tener sexo con ella cuando regresara.

Llegó una hora más tarde y yo me había puesto unas medias super sexis, una minifalda que dejaba ver por arriba mi tanga roja, y un top. Ella se sorprendió al encontrarme así y yo le dije que quería tener sexo con ella. Se quedó viéndome y después de unos segundos que parecieron eternos, ella se abalanzó sobre mí y nos inundamos en un largo y tierno pero apasionado beso. Su lengua tenía un sabor delicioso y besaba mejor que cualquier hombre que me hubiera besado antes.

Le quité su blusa y quedaron sus pechos al descubierto. Eran muy grandes y bien formados, sus pezones eran redondos, pequeños y rositas; los cuales estaban muy erectos, tal y como me estaba pasando a mí. Me acerqué a ellos y los empecé a besar, a chupar y a mordisquear suavemente mientras ella comenzaba a soltar unos suaves gemidos. Mientras me comía una de sus tetas le masajeaba la otra y se la pellizcaba. Después me separé y le empecé a amasar sus grandes bubis.

Para entonces yo ya estaba mojada. Ella me quitó el top y como no traía bra, empezó a chuparme mis erectos pezones. Yo sentía tan rico y cuando me los mordisqueaba era una sensación inimaginable. Me empecé a acariciar mi concha pero ella me quitó la mano y me dijo que me dejara, que ese era su trabajo. Entonces me bajó la minifalda y sin quitarme la tanga me empezó a hacer sexo oral.

Para cuando empezó yo ya estaba muy mojada. Me lamía tan rico y en eso me quitó la tanga y me empezó a meter primero la punta de su dedo, y así fue metiéndolo hasta que lo hizo completamente. Yo gemí y ella me empezó a meter y sacar su dedo mientras me lamía suavemente el clítoris. Yo estaba que no podía. Luego sacó sus dedos y me empezó a hacer la mejor mamada que me han dado mientras yo masajeaba mi clítoris rápidamente.

Mi excitación iba en aumento así como mis gemidos. Me lo hacía tan rico y de vez en cuando se levantaba para preguntarme si me gustaba a lo que yo le respondía que me encantaba. Llegué al punto donde no puede más y tuve mi orgasmo. Ella rápidamente metió sus dedos en mi vagina para sentir las contracciones. Después caí rendida al sillón. Después de unos segundos me levanté y le dije: “Ahora te toca a ti”.

Le quité sus jeans los cuales hacían que se le marcaran tan sexis sus nalgas. Traía una tanga blanca la cual le quité inmediatamente. La empecé a comer como nunca. Sabían tan ricos sus jugos pues estaba toda mojada. La puse a cuatro patas y le empecé a lamer su chochito. Ella se masajeaba el clítoris y mi dedo índice de la mano derecha lo comencé a meter por su culo.

Ceci no dejaba de moverse ni de gemir del placer. Después la puse boca arriba y le metí dos dedos por su vagina al tiempo que le lamía su clítoris que ya estaba todo hinchado. Tuvo un orgasmo muy largo y por su expresión, placentero.

La dejé descansar menos de 1 minuto y puse mi concha junto a la suya y empezamos a mover nuestros cuerpos haciendo unas tijeritas. Sus labios rozar con los míos y con mi clítoris me hacían tener un gran placer. Ella tuvo un orgasmo pero no paró. Después de un rato yo tuve uno muy fuerte y muy rico, pero correspondiéndole seguí haciéndolo. Estábamos sudando, estaba muy intenso, y nuestros gemidos no cesaban hasta que tuvimos las dos un tercer orgasmo exactamente al mismo tiempo.

Nos acostamos para descansar y nos quedamos en un largo y tierno beso. Después de eso tuvimos sexo el resto de la semana que estuvo ella ahí, incluso tres veces por día. Solo espero que el próximo verano venga más tiempo, o las próximas vacaciones y le tendré preparadas unas experiencias mágicas tanto para ella como para mí.

Autora: Andrea

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Dos hermanas salvajes

Empecé a follarme a Sole, decía que se corría y que le encantaba lo que le estaba haciendo. Yo notaba como mi capullo empezaba a palpitar, síntoma de que  iba a explotar de un momento a otro. Así se lo dije a ellas, saqué mi rabo del culo de Sole y entre las dos empezaron a mamármelo, de pronto empezó a escupir semen, entre las dos fueron comiéndolo, haciendo que fueran varias mis descargas.

Os voy a contar una nueva experiencia que me ocurrió viajando por España. Me encontraba en Burgos por motivos de trabajo y lo típico, hay que trabajar pero también dar un poco de diversión al cuerpo.

Después de una jornada un poco pesada entre Vitoria, Logroño y Burgos, salí con unos amigos por la noche a tomar algo en la zona de ambiente. Tomamos unas copas en un pub bastante agradable, el cuál se iba llenando conforme avanzaba la noche. El pub tenía un ambiente de gente que rondaba los 30 años. Yo como tengo 34 me encontraba bastante a gusto.

Había mujeres bastante guapas y otras que sin serlo resultaban atractivas. Ya se sabe, el alcohol también ayuda un poco a ver mejor las cosas. Me fijé en que alguien me observaba, eran dos chicas que estaban al fondo del pub, y de vez en cuando lanzaban alguna que otra mirada y cuchicheaban entre ellas. Yo seguí con mis compañeros riéndome un rato y comentando que buena está esa, y aquella…

Pasado un rato miré hacia atrás y me encontré a una de las chicas bailando cerca mientras la otra se apoyaba en la barra apurando un cubata. Mis amigos se fueron retirando por cansancio, además la mañana siguiente también iba a ser un poco cansada.

Cuando ya me iba a ir, la chica que bailaba me pidió fuego (que excusa más típica pensé yo). Debo confesar que a mí me gusta que las cosas me las den hechas, y por mi apariencia es una cosa que por suerte ocurre con frecuencia.

Le di fuego y me preguntó que si ya me iba, y que qué poca marcha tenía. Le dije que estaba algo cansado del día y que tenía que madrugar así que no era mi mejor momento. Ella respondió que al menos esperara un rato y que les diera un poco de charla a ella y a su…hermana. Me quedé sorprendido porque la verdad no se parecían demasiado.

Comenzamos a charlar y ella me comentó que su hermana estaba soltera y ella divorciada; y que siempre solían salir juntas a tomar algo por Burgos. La conversación en un principio intrascendente fue tornándose interesante cuando me dijo que también vivían juntas y que…lo compartían todo. Me sonó en mi cabeza una alarma que me decía que la frase tenía un doble sentido, así que saqué fuerzas de donde no las había y me tomé algunas copas más en pubs cercanos con ellas.

No sé como, pero al final íbamos los tres camino del hotel donde yo me alojaba. Como es un hotel en el que entras en la habitación con una tarjeta no hubo problema, primero pasaron ellas para disimular un poco y luego yo.

Cuando llegamos a mi habitación todo se caldeó de repente. Entre las dos empezaron a quitarme la ropa. Lo hacían muy suavemente con caricias y lametones que hacían que mi polla diera señales de vida a pesar del alcohol consumido. Primero me quietaron la camisa mientras una me lamía la espalda y la otra acariciaba mi pecho y me chupaba el cuello y los oídos. Yo me sentía en la gloria. Empezaron a quitarme los pantalones y Sole me acariciaba las piernas mientras Marga se entretenía a darme bocaditos en el rabo a través del slip. La polla empezaba a emanar líquidos preseminales. De pronto me quitaron el slip, y Marga puso una cara muy complaciente diciendo ¿esto es para nosotras dos?. Yo contesté afirmativamente como pude ya que Sole me masajeaba los huevos desde atrás. Mi polla mide 18 cms., no es grande pero bueno, pasa la media.

Marga empezó a engullirla lentamente, me lamía todo el tallo con suavidad, y cuando llegaba al capullo daba mordisquitos suaves que me hacían ver las estrellas. Sole me chupaba los huevos como si fueran dos bolas de helado y se muriera de sed.

Yo notaba que mi polla estaba a punto de explotar así que cambié un poco la situación y recosté a Marga en la cama. Con rapidez le quité la ropa y vi una mujer espléndida, medía alrededor de 1m65, delgada pero con formas y con unos senos pequeños pero bien puestos con sus pezones en punta por la excitación. Sole mientras también se quitó la ropa detrás nuestro, y era una mujer también muy interesante, algo más rellena que Marga, de la misma estatura más o menos y con unos senos grandes, también muy excitados. Sole era rubia natural, cosa que comprobé enseguida al ver los pelos de su chochito recortaditos, y Marga morena con su sexo depilado y los labios del coño muy gorditos y apetecibles.

Comencé a lamerle la rajita del coño desde el clítoris hasta el ano, y se estremecía, mientras Sole se introducía mi pene en su boca con mucha delicadeza y con lamidas suaves; se ve que no quería que eso terminase pronto. Marga se corría en mi lengua con abundancia y yo devoraba sus jugos mientras mis manos sobaban sus pezones que parecía que se iban a salir. Me pidió que la penetrase, así que comencé a meter mi polla en su coñito muy lentamente, más bien se lo introducía ella empujando hacia delante. Ella estaba boca arriba en la postura del misionero, y Sole se me subió a la espalda y comenzó a restregar su coño sobre mi culo. Esto provocaba aún más que mis movimientos fueran más lentos. Parecía que era una loncha de jamón envuelto en queso fundido, ya que las dos abrasaban.

Cambiamos de posición, y pues a Sole a cuatro patas y a Marga sobre Sole con las manos apoyadas en la pared. Ante mí se presentaban dos chochitos deliciosos uno encima del otro, así que empecé a lamerlos con suavidad, empezaba por el de abajo y subía lamiéndole el culo y a continuación subiendo pasaba al de Marga haciendo la misma operación. Después a la inversa de arriba a abajo. Estaban totalmente húmedos y rebosantes de su delicioso zumo. Yo bebía de ellos como si de fuentes se tratasen.. Después empecé a penetrar a Sole, para a continuación hacérselo a Marga. Era delicioso, dos chochitos follados por mi rabo, cada uno distinto, una más apretadito y el otro más dilatado. Mientras mis dedos jugaban con sus anitos; primero un dedo, luego dos. Ellas estaban totalmente fuera de sí. La suerte era que al ir cambiando de chochito mi aguante era mayor todavía.

Marga me pidió que le sacase los dedos del culo y que le metiese el rabo, y Sole al oírlo también se sumo a la petición pero diciéndome que sería su primera vez, pero que los dedos la estaban matando y dándole un placer desconocido.

Primero se la metí a Marga ya que lo tenía muy dilatado y parecía un túnel que se amoldaba a mis venas a la perfección. Después de un lento mete y saca, apunté mi capullo a la entrada del ano de Sole. La puse por ser la primera vez a cuatro patas con el culito en pompa, y mientras apuntaba a su ano mis dedos jugaban con su clítoris, ella empezaba a recular intentando metérsela, primero entro la cabeza y se quedó parada. Le preguntaba si se encontraba bien y ella me dijo que sí, poco a poco, centímetro a centímetro la hice mía. Hasta que mis huevos chocaron con su coñito. Marga mientras me lamía los huevos y jugaba con ellos. Empecé a follarme a Sole, la cual se deshacía por momentos.

Decía que se corría y que le encantaba lo que le estaba haciendo. Yo notaba como mi capullo empezaba a palpitar, síntoma inequívoco de que aquello iba a explotar de un momento a otro. Así se lo dije a ellas, saqué mi rabo del culo de Sole y entre las dos empezaron a mamármelo, de pronto empezó a escupir semen, el cual entre las dos fueron comiéndolo, haciendo que fueran varias mis descargas.

No dejaron ni gota, siguiendo chupando sin parar. No sé como lo consiguieron pero mi rabo empezó a levantarse, así que no había que desaprovechar la situación y empecé primero a follarme a Marga que me cabalgaba como una posesa mientras Sole me ponía su chocho en la cara y se lo comía con desesperación mientras mis dedos seguían jugando con su culito. Luego Sole empezó a cabalgarme y a quién le pasé a comerle el chocho fue a Marga.

Sole quería que me corriese en su culo, así que tal como estaba sentada ella misma se lo introdujo en su ano despacito, y empezó a saltar sobre mi polla; cuando iba a venir la avisé y notaba como mis chorros de esperma salpicaban sus entrañas, y ella seguía moviéndose, aprovechando para restregar su coño sobre mi vientre. Yo no podía decir nada ya que Marga tenía metido su coño prácticamente en su boca. Las dos se corrían a la vez.

Luego me lamieron mi polla, limpiándome todos los restos de semen. Nos duchamos y nos despedimos; me dijeron que cuando fuese a Burgos ya sabía que pub frecuentaban, y que habían gozado esa noche, que se sentían salvajes Al día siguiente al pagar la cuenta, la recepcionista me preguntó que qué tal había dormido, a lo que le contesté que había dormido poco. Me despidió con un guiño, así que creo que no cambiaré de hotel cuando vaya a Burgos.

Espero que os haya gustado el relato, y si alguna mujer le apetece conocerme en uno de mis viajes ya sabe, que me ponga un comentario.

Autor: luisob67

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El bodegón maldito

Lamíamos el cuerpo de Zenaida como si tratáramos de calmar una sed infernal que solamente la tersura de su piel de hembra podía aplacar. Mientras yo me sumergía en la fuente de su sexo, Paulina mordía sus pezones. Nuestros líquidos viajaban desde sus fuentes a nuestras bocas llevadas por nuestras lenguas, nuestras manos se hacían veloces para recorrer nuestras entradas de mujer.

Sentía que el cuerpo de Paulina se deslizaba sobre el mío en el ambiente oloroso a mujer bajo mis sábanas como una serpiente erótica que exploraba todos mis rincones con una avidez diabólica. Estábamos las dos desnudas en medio de la noche y yo nunca había estado con una mujer y a pesar que la calentura nos embriagaba por completo no era menos el impacto que me producía el estar rompiendo todos los cánones conocidos.

El cuerpo caliente de mi hermana me tenía enloquecida tanto como el mío parecía enloquecerla a ella. Habíamos hablado durante casi una hora antes de desnudarnos y meternos en la cama y ahora, en que ya no teníamos retorno, yo quería disfrutarla y que me disfrutara sin negarnos nada. Me di cuenta por primera vez, que el cuerpo de otra mujer es una fuente casi infinita de sensaciones enloquecedoras y sentir como ella se deslizaba entre mis muslos buscando el líquido calor de mi sexo me llenaba de orgasmos repetidos. Era yo quien la había inducido a esta relación lésbica exploradora y era ella quien respondía separando sus muslos para que yo pudiera recorrerla embriagada de una calentura soberbia

Ahora me daba cuenta que nada hay como la suavidad de los muslos de una mujer ofreciéndose al recorrido de la lengua de otra mujer sobre todo si esa otra mujer es su hermana. Yo estaba feliz de haber provocado este ambiente tan solo por querer compartir con ella lo que había descubierto en el Bodegón Maldito. El viejo bodegón de nuestra casa de campo era un lugar que había estado siempre rodeado de cierta aura de misterio y a veces hasta de temor. Se decía que un bisabuelo nuestro había sido encontrado muerto allí y aunque nadie consideraba auténtica la afirmación la verdad era que generalmente evitábamos entrar, de modo que cuando me vi obligada a hacerlo, no pude evitar un cierto cosquilleo en la espalda, porque ya casi oscurecía, pero mi deseo compulsivo por averiguar que podía buscar allí mi hermana Zenaida, me llenaba de curiosidad malsana y atrevida.

Nuestra hermana Zenaida era diez años mayor que nosotras. Tenía 30 años y mi hermana Paulina y yo, que somos mellizas, habíamos cumplido recién 20 años. Nos diferenciábamos notablemente por el carácter. Paulina y yo éramos traviesas, alegres, despreocupadas y habladoras, nos gustaban los muchachos, normalmente compartimos con ellos y hasta habíamos tenido ya experiencias sexuales. Siempre estábamos haciendo bromas. Zenaida en cambio era seria, adusta, no disfrutaba de nuestras bromas, siempre estaba leyendo o haciendo cosas importantes, no se le había conocido pretendiente alguno a pesar de ser una mujer hermosa, casi exuberante y seguramente virgen.

Esa tarde esperé que se iniciara la noche y me introduje subrepticiamente en el viejo bodegón. Había visto hacer eso a Zenaida la noche anterior y desde ese momento me invadió una curiosidad mortal que fue creciendo cada momento del día hasta hacerse insoportable, de modo que cuando empujé el pesado portón para dejarme pasar, me di cuenta que estaba tiritando de frío a pesar que era una noche calurosa. En el bodegón se percibía un olor a encierro y a polvo, pero sin mayores análisis me oculté adecuadamente tras un viejo armario. No pasaron cinco minutos cuando el portón volvió a abrirse y pude ver nítida la figura de mi hermana mayor vestida de negro, seguramente para hacerse más invisible en la semi oscuridad.

Yo estaba anhelante, pero ella nada extraordinario hizo y luego de unos instantes se dirigió con seguridad hacia un lugar del bodegón en el cual se podía distinguir claramente la figura de un hombre. No podía distinguir de quien se trataba. Mi curiosidad se transformó en excitación malsana. Estaba yo segura que ese era el primer hombre que estaba cerca de mi hermana y sin duda que él era el motivo de la visita de Zenaida al bodegón. De inmediato mi mente comenzó a tejer mil historias algunas más ardientes que otras y ya me sentía poseedora de un romántico secreto y me preparaba para ver los besos encendidos de los amantes furtivos y nocturnos cuando vi que mi hermana se arrodillaba frente al hombre como en actitud de súplica. La tenue luz de la luna que filtraba por un viejo ventanal me permitió ver claramente lo que jamás se me habría ocurrido contemplar y no podía creerlo.

El hombre había abierto la bragueta de su pantalón y un miembro erecto, duro, grueso y de una piel reluciente, apuntaba directamente al rostro de mi hermana que había abierto sus hermosos labios para aprisionarlo en su boca besándolo y chupándolo con verdadero deleite. Zenaida tenía la cabeza cubierta por un velo negro. El hombre se movía rítmicamente adelante y atrás de modo que su miembro entraba y salía de la boca de Zenaida con un balanceo tan voluptuoso que me hacía arder mientras mi hermana parecía acariciar la parte que no entraba en su boca con delicados movimientos de sus dedos. A veces sacaba el diabólico regalo desde su boca y lo cubría de besos desde un extremo hasta su rosada cabeza y de cuando en cuando, pasaba la punta de su lengua rosada y seguramente ardiente, por la gruesa cabeza del mástil a lo que el hombre parecía responder con movimientos más insinuantes.

Yo había leído ardientes descripciones sobre felación y habíamos con mi hermana melliza, observado llenas de curiosidad e insipiente deseo, algunas revistas con fotografías muy explicitas sobre ese acto, pero lo que estaba contemplando en esa noche era algo que tenía la embriagante brutalidad de lo real. En un momento Zenaida dejó salir su juguete de la boca y pude apreciar las características de su tamaño que era para lejos lo más grande que había visto llenándome de una mezcla de temor y deseo.

Zenaida lo masturbaba ahora con verdadero deleite sin dejar de mirar hacia arriba seguramente para ver la felicidad en el rostro de su hombre. Entonces con una de su manos Zenaida levantó su blusa negra hasta su cuello dejando al descubierto el más soberbio par de pechos que yo hubiese visto. Su belleza me deslumbró a tal punto que me sentí orgullosa de que esa mujer fuese mi hermana y una emoción rara y calenturienta me invadió.

Pude ver como ella acercaba lentamente el miembro del hombre hacia su pecho y en un momento que me pareció sublime ella tocó la punta de sus pezones con la cabeza del miembro y una explosión blanca y espesa estalló en sus pechos como un río desbordado y promiscuo que se fue distribuyendo a borbotones por los globos seguramente ardientes de mi hermana hasta que las últimas gotas destilaron sobre ellos. Entonces la mujer como asustada, se puso de pie y acomodándose la ropa pareció querer huir del lugar sin que su amante la retuviera y a los pocos segundos desapareció por el ancho portón apenas abierto.

Yo permanecí inmóvil en mi escondite hasta que vi al varón surgir de la penumbra y abandonar enseguida el bodegón. Era Gino, una especie de administrador general del fundo de mis padres. La verdad es que la identidad del hombre era lo que menos me importaba pues para mí lo fundamental era el comportamiento insospechado de esa mujer que yo jamás hubiese imaginado en un despeño de ese tipo. Debía reconocer que lo que yo había observado era lejos, muy lejos lo más excitante, caliente y erótico que había experimentado en mi vida y nada ni en mis recuerdos ni en mis deseos parecía ni cercano a eso. Era tan grande mi conmoción que todo lo que sentía no cabía en mí y necesitaba con urgencia compartirlo con mi melliza hermana.

Paulina se encontraba en su cuarto y eran cerca de las once de la noche cuando yo entré como una tromba y ella se asustó al verme con el pelo revuelto y los ojos dilatados. Así igual de dilatados se le pusieron a ella cuando casi sin poder contenerme y sin interrupción alguna le conté todo lo que había observado en el bodegón. Su rostro incrédulo en un comienzo se tornó asustado y en seguida cuando le narré la escena final era indudable que esos hermosos ojos verdes reflejaban una excitación incontenible. Estuvimos de acuerdo en que no necesitábamos explicaciones de lo sucedido, lo que en realidad nos embargaba era una especie de admiración y de envidia algo prohibida. Era como estar cerca de un pecado promiscuo y atractivo, pero del cual estábamos fuera y éramos simples observadoras. Estuvimos de acuerdo en que lo que nosotras dos conocíamos del sexo, era simplemente una bagatela delante de lo que estaba viviendo Zenaida.

Paulina me llenó de preguntas acerca de las dimensiones de Gino así como de los pechos de Zenaida a la que jamás habíamos visto desnuda y yo le respondía tan solo con la verdad que no necesitaba adornos y nos fuimos excitando con las evocaciones y las comparaciones y ya con la puerta del cuarto con llave, comenzamos a besarnos y acariciarnos los pechos y así terminamos completamente desnudas en su cama, apagamos todas las luces, nos dimos a llenarnos de caricias que nunca habíamos imaginado.

Yo sentía que el cuerpo de Paulina era un tesoro de sensaciones calientes y fui perdiendo el sentido, me vi proyectada como si ella fuera Zenaida y yo fuera el Gino, me monté en ella y pasé mi sexo abierto y caliente, lleno de líquido desconocido y ardiente, mojé sus pezones de ese líquido mientras nos agitábamos como dos yeguas locas como las que habíamos visto en el campo, hasta que el amanecer nos encontró más encendidas que nunca y con la mente y el cuerpo plenos de deseos incontrolables.

La normalidad que había en la casa al día siguiente nos pareció desconcertante. Paulina y yo estábamos calientes sin remedio. Habíamos terminado por ducharnos juntas en la mañana y nos habíamos entregado a toda suerte de estimulaciones que nos mantenía encendidas. Sin embargo Zenaida apareció como siempre. Con su aire austero y sus ropas sin gracia ninguna como si fuera imposible adivinar en ella la mujer promiscua y desaforada que yo había visto en el bodegón. A Gino no lo vimos en todo el día como si fuese una especie de vampiro erótico que solamente apareciera a la caída del sol. Era como si toda la calentura de esas caricias nocturnas entre ellos se hubiese trasladado a nuestros cuerpos que ya casi eran incapaces de contenerlo.

Fue a la hora de la siesta cuando decidimos con Paulina entrar al bodegón para visitar el lugar de los hechos. A la luz del día el local se veía desprovisto de todo encanto siniestro y en el lugar de los hechos no había rastro alguno de la candente escena que yo había presenciado. Sin embargo el recuerdo operaba en mí un poderoso estímulo que me hacía añorar la cama de Paulina y nuestras caricias nocturnas. Se lo dije y entonces fue cuando ella me mostró la prenda en el suelo. No cabía duda alguna, era el sostén de Zenaida que seguramente no alcanzó a recoger por su huída de la noche. Como movidas por un resorte Paulina y yo nos apoderamos de la prenda, la estrujamos en nuestras manos y comenzamos a besarnos acariciándonos con el sostén como si quisiéramos compartir parte del encanto diabólico que encerraba.

Nuestras caricias se hicieron cada vez más calientes. Nos buscamos como mujeres locas, y nos dimos cuenta en ese momento que estábamos deseando a esa mujer extraordinaria para nosotras y decíamos su nombre en voz baja mientras nuestras manos se llenaban de nuestras humedades y nuestras lenguas buscaban por nuestros cuerpos calientes ese lugar quemante y mojado, origen de nuestros deseos insatisfechos como si allí estuviese la fuente nunca visitada de Zenaida y no nos importaba nada sino fundirnos en ese maldito deseo con ella.

A medida que se acercaba la noche de ese día nuestra ansiedad iba en aumento porque a pesar que nos invadía una creciente calentura ninguna de las dos sabía como encausarla. Ya de noche estábamos instaladas en el bodegón nerviosas ante la perspectiva de lo que habría de suceder con nuestra deseada hermana y el hombre que estábamos seguras habría de poseerla ante nuestros ojos. De esa posesión nos habíamos hecho mil fantasías pues habría de ser nuestra oportunidad de observar el desvirgamiento de Zenaida. La mujer entró en la penumbra y caminó sigilosamente al lugar del encuentro y ahora solamente restaba esperar el arribo del Gino.

Pasaron algunos minutos en que Zenaida pareció inquieta, pero no se movía del lugar del encuentro. Sin embrago el hombre no aparecía. La mujer pareció no inquietarse, seguramente no era la primera vez que una cita fallaba, y fue entonces cuando la observamos que comenzó a desnudarse. Vimos emerger ese cuerpo diabólicamente voluptuoso en la penumbra y nos dimos cuenta que el cuerpo de esa mujer, que era nuestra hermana, tenía algo de insinuante, algo de diabólico y algo de perverso. Sus pechos, que yo había visto inundados de semen, parecían de una dureza insolente y la curva de sus caderas parecía invitar a resbalar en el pecado. La mujer se estaba acariciando sin pudor alguno. Seguramente intentaba calmar su calentura con sus propias caricias como seguramente lo hacía cada noche. Se acariciaba las nalgas con franca lascivia de tal modo que al mirarla, mi sexo latía desesperado. Entonces sentí la mano de Paulina buscándome entre los muslos y comencé a acariciar su sexo húmedo.

Ya no podíamos contenernos. Nos habíamos masturbado hasta el cansancio la noche anterior evocando el cuerpo de Zenaida y ahora lo teníamos ante nuestros ojos. Fue fácil desnudarnos porque apenas si vestíamos un vestido ligero sobre nuestra desnudez y fue así como tomadas de la mano avanzamos en la penumbra hasta el lugar donde estaba nuestra hermana. Íntimamente yo sabía que ambas estábamos esperando la aparición del macho desflorador que habría de satisfacerse con nuestros cuerpos triturándonos con su instrumento diabólico, haciéndonos latir de temor y placer, penetrándonos sin compasión por todas partes, haciéndose dueño de nosotras porque estábamos seguras que no le negaríamos nada y sería la noche de las tres hermanas entregadas a la pasión infernal. Pero llegamos palpitando de calentura junto a Zenaida y el macho deseado no apareció.
Cuando Zenaida nos vio no pareció sorprendida en absoluto, más bien su sonrisa nos indicaba que nuestra presencia aumentaba su calentura o a lo mejor eso era lo que nosotras esperábamos.

Nuestro encuentro, he de admitirlo, ha sido lo más erótico que he vivido. Nada puede superar a la sensación de tres cuerpos de mujer unidas por el deseo, la lascivia y la permisividad. Todo lo que jamás podríamos haber soñado antes o después de ese encuentro se hizo allí realidad. Al comienzo lamíamos el cuerpo de Zenaida como si tratáramos de calmar una sed infernal que solamente la tersura de su piel de hembra podía aplacar.

Mientras yo me sumergía en la fuente de su sexo, Paulina mordía sus pezones con desesperación. Zenaida se quejaba por ambos estímulos y nos acariciaba las nalgas que nosotras le ofrecíamos con generosidad.

Nuestros secretos líquidos viajaban desde sus fuentes a nuestras bocas llevadas por nuestras lenguas pecadoras y nuestras manos se hacían veloces para recorrer nuestras entradas de mujer.

Nunca supimos si Zenaida era virgen hasta entonces o si esa noche dejó de serlo en la penumbra del bodegón maldito, sólo se que a medida que avanzaba la noche en la soledad del campo fuimos perdiendo el sentido de la realidad y ya liberadas de toda inhibición nos mostrábamos unas a otras con la impudicia propia de tres hembras completamente calientes porque las tres sabíamos que jamás volveríamos a vivir lo que estábamos viviendo.

Nos perseguimos entre los muebles destartalados hasta arrinconarnos en cualquier diván para hacernos el amor sin recatos y de las formas más descabelladas sin importarnos si nos hacíamos daño porque hasta el mismo dolor nos ocasionaba creciente placer y los orgasmos repetidos no nos ocasionaban cansancio porque parecía que el demonio mismo nos había llenado de energía en ese bodegón que hasta ahora llamamos maldito.

Una energía con nombre de deseo que las tres reconocimos en nuestros ojos aún ahora que diez años después hemos vuelto a encontrarnos para la noche de año nuevo.

Autora: Mercedes

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Follando con mi hermana y mi sobrino

Él hizo presa a su mamá. Mi hermana gemía y gritaba presa de los espasmos de su primer orgasmo. Yo, abría mis piernas y acariciaba los labios de mi vagina. La fricción sobre mi coño fue más intensa a medida que veía como Daniel abrió las piernas de su madre y comenzó a chupar su clítoris, los gemidos de Laura se intensificaban y su cuerpo se arqueaba con fuerza, presa de varios orgasmos.

Hola. Mi nombre es Sandra y por vez primera, escribo aquí para relatar uno de los más excitantes encuentros que he vivido.

Mantengo relaciones sexuales con mi hijo desde que él tenía 18 años. Esta es la narración de un viaje efectuado a una zona de veraneo en mi país junto con mi hermana y con mi sobrino. Espero sea de su agrado.

El sonido del claxon de su vehículo me sacó del aturdimiento en que me tenían mis pensamientos. Hacía pocos días que mi hermana Laura y su hijo Daniel por fin dejaron a un lado sus remilgos y se habían entregado a disfrutar sin tabúes del sexo entre ellos.

Fueron encuentros llenos de excitación y erotismo en los cuales se entendieron y se disfrutaron total y gratificantemente, por lo que decidieron incluir en un viaje muy especial a esta servidora, que, de alguna manera, intercedió (gozando sin parar, primero, de la enorme verga de mi sobrino por todos mis agujeros y luego del delicioso coño de mi hermana) para acercarlos aún más.

Lamentablemente, mi hijo no podría acompañarnos por estar en plenos exámenes en la universidad, pero el muy pillo me hizo jurarle que le traería de regreso mi ropa interior completamente empapada de mis jugos, para que él se masturbara sintiendo su olor y su sabor. Luego de partir esa tarde despidiéndonos muy alegremente de mi hijo Javier, mi hermana, su hijo y yo nos encaminamos a disfrutar unos merecidos días de descanso en “El escondido”. Este es un lugar maravilloso. Aquí se combinan tanto la montaña como el mar, haciendo un contraste divino y relajante, aunque nosotras sabíamos que no tendría nada de relajante para Daniel, ya que nuestras vaginas y culos serían ser saciadas por su rica verga.

Apenas llegamos, él se cambió su ropa por un short muy ceñido que dejaba adivinar el tamaño de su pene. Con un beso rápido en nuestras bocas, salió a la playa. Nosotras, por el contrario, nos quedamos un poco más en la habitación del hotel. Poco a poco desempacamos nuestras cosas y las acomodamos en el closet. Laura me hacia constantes bromas sobre mi costumbre de llevar mi diario conmigo a cualquier parte. Yo le contestaba, bromeando por igual, que era para no olvidar ningún detalle de todos nuestros encuentros. Le decía riéndome que tal vez me atreva a enviar todas nuestras historias a alguna editorial para que las publiquen, sabiendo que un libro de esta naturaleza en nuestro país sería poco menos que tirado a la hoguera. Ya un poco más tarde, nosotras también nos reunimos con Daniel.

Entre baños en el mar, risas y juegos, fueron pasando las horas. Mi sobrino se dio gusto pasando las manos entre mis pechos, nalgas y piernas al igual que con las de su madre cuando nos untaba el protector solar. A mí, ya me tenía muy excitada. Sentir recorrer sus dedos por los labios de mi vagina y masajearlos disimuladamente, me había puesto muy excitada. Mi hermana no fue olvidada por su hijo y a ella, en un momento en que no se encontraba nadie cerca, le corrió un poco la tira del bikini, le pasó los dedos por los labios de la vagina hasta hacerla mojarse totalmente para después, muy lentamente, meterle uno de ellos en el culo. Fue delicioso observar como entraba y salía de ahí provocándole repetidos gemidos de placer a Laura.

Regresamos a la habitación para cambiarnos y bañarnos. Ya listos, salimos a recorrer un poco los alrededores y después nos fuimos a cenar al restaurante del hotel. Una muy sabrosa comida acompañada de buena charla y buen vino fue parte de la velada. Pasamos un momento al bar y ahí tomamos una última copa antes de regresar a nuestra habitación. Ya en las escaleras, Daniel no se contuvo y comenzó a acariciar mis nalgas y las de su madre hasta que llegamos a nuestro cuarto.

Apenas traspasamos la entrada, él me tomó entre sus fuertes brazos y comenzó a besarme apasionadamente. Sentía como su lengua recorría el interior de mi boca y encontraba la mía para enroscarse en ella. Sus manos no estaban quietas. Recorriendo mis costados, me acariciaban y apretaban mis senos y mis piernas. Mis manos también se entretenían palpando su fuerte pecho y bajando, le acaricié con placer su verga por sobre el pantalón. Una descarga me recorrió el cuerpo al sentirla tan erecta.

Mi hermana Laura no quiso ser menos y pegándose a su espalda le recorría por igual el cuerpo. Nos dejamos caer en la cama y materialmente nos arrancamos la ropa. Él hizo presa a su mamá. La besó y la acarició lentamente. Centímetro a centímetro recorrió con sus labios el cuerpo de Laura. Bajó desde su cuello hasta la ingle. Regresó a sus senos y fue chupando los pezones uno a la vez. Mi hermana gemía y gritaba presa de los espasmos de su primer orgasmo. Yo, en un lado de la cama, abría mis piernas y dejaba que uno de mis dedos acariciara los labios de mi vagina. Estaba ya muy húmeda. Mis jugos ya empapaban el interior de mis muslos. La fricción sobre mi coño fue más intensa a medida que veía como Daniel abrió las piernas de su madre y con dulzura, comenzó a chupar su clítoris que ya asomaba por su rajada. Su lengua jugaba y lo raspaba con frenesí. Los gemidos de Laura se intensificaban y su cuerpo se arqueaba con fuerza, presa de varios orgasmos.

A estas alturas, mis senos eran estrujados por una de mis manos, mientras dos dedos de la otra se incrustaban en mi encharcada vagina. De vez en cuando, los sacaba de ahí y, con mis jugos chorreando de ellos, los llevaba a mi boca para gozarlos con mi lengua y paladear su sabor mientras yo también era presa de una increíble venida. Caí en una especie de letargo por algunos momentos. La fuerza con que gimió mi hermana al sentir la lengua de su hijo taladrando su culo me sacó de él. Era muy excitante ver como Daniel le chupaba ahora el ano a su madre, humedeciéndolo y dilatándolo al introducir toda su lengua.

De pronto, pasó un dedo por los jugos que mojaban el coño de Laura y de un solo movimiento lo incrustó en su culo. Mi hermana materialmente se desmayaba por el placer. Gimió y se estrujó los senos, al tiempo que paraba más las nalgas, dejando a la disposición de ese dedo todo su estrecho ano y ahora lubricado ano.

Yo no podía quedarme sin hacer nada y al momento me bajé de la cama para tomar entre mis labios la gran verga de mi sobrino. Le chupé todo el glande y pasé la lengua por el tronco y por sus huevos antes de tragármela entera. Él giró un poco su cuerpo para permitirme chupársela con mayor facilidad.

Por momentos, dejaba a un lado su verga, me acercaba a mi hermana para besarla apasionadamente en la boca y permitirle gozar el rico sabor del palo de su hijo.

Regresaba a mi lugar y continuaba con la grata tarea de chupar en su totalidad tan viril instrumento de gozo. Daniel ya estaba más que listo pero fue su mamá la que protestó. Ella aún no le había mamado la verga, así que lo acostó en la cama y se dedicó por varios minutos a gozársela con la boca. Yo solamente miraba con deleite como ella subía y bajaba la cabeza teniendo prisionero entre sus labios el sabroso palo de su hijo, que ya se encontraba completamente lubricado. Ahora fue mi sobrino el que gimió y gritó con fuerza.

Se estaba viniendo y ante el aviso, su madre aumentó la intensidad de la chupada. Cuando toda su leche brotó, pareció un volcán soltando lava. Yo quise participar y poniéndome a un lado de mi hermana, recibí parte de esa ardiente descarga en la cara. No tenía fin la venida de Daniel. La leche salía sin parar de su verga y nuestras bocas no se daban abasto para recogerla con la lengua para, entre las dos, intercambiarla al besarnos.

Después de un corto descanso, nos dimos a la tarea de continuar chupándole entre ambas su pene. A ratos yo le chupaba su glande y mi hermana hacia lo propio con su tronco y los huevos para cambiarnos de lugar hasta que él la tuvo dura y lista de nuevo. A mí me cogería primero, así que me acostó en la cama y apuntó su verga hacia mi mojada y abierta vagina. Con un inmenso placer sentí como centímetro a centímetro me la enterraba hasta el fondo de mi útero. Era como un hierro al rojo vivo el que me atravesaba. Con un movimiento de su cuerpo, muy lento, la fue sacando casi totalmente para luego incrustarla en su totalidad.

Los minutos pasaron y él continuó con su desquiciante martilleo sobre mi coño. Su boca no está quieta y mis senos también gozaron al ser mordidos y chupados con deleite. Con los ojos cerrados disfrutaba a más no poder de su potente cogida, cuando de pronto, sentí un familiar sabor en mi boca y, por reflejo, dejé que mi lengua saliera a disfrutarla. Mi hermana se había parado sobre la cama y, con malicia, dobló las piernas sobre mi cara para colocar su deliciosa vagina a mi alcance y poder chupársela.

Usando mis manos para ayudarme, abrí sus nalgas para chupar no solo su vagina y su clítoris, sino también le chupaba el ano. Laura gritaba y gritaba nuevamente que se venía y con fuerza besó con todo ardor a su hijo en la boca. Daniel continuaba con el mete y saca de su verga en mi coño. Movía las caderas de lado a lado para taladrarme por todos los rincones y hacerme explotar en múltiples orgasmos mientras los jugos vaginales de mi Laura salían sin parar, inundándome la boca con ellos. De pronto, mi sobrino se detuvo en sus movimientos.

Muy lentamente, fue sacando su gran verga y con infinita ternura nos separó a las dos. Me tomó de las manos y gentilmente me jaló para incorporarme y poner a su madre de cuatro patas sobre la cama. Pasando varias veces la punta de su miembro en su rendija logró que Laura gimiera placenteramente.

Con una mano, ella abrió su vagina con la otra tomó la verga de su hijo y la puso entre los labios de la misma.

Daniel únicamente empujó sus caderas y con un grito de alegría su mamá recibió en su interior su riquísima verga. Ahí comenzó a darle el mismo tratamiento que a mí. Giraba y giraba para taladrar y perforar todos los rincones del coño de Laura. Sacaba y metía todo el tronco de su miembro completamente mojado.

Mi hermana no dejaba de gemir mientras agitaba su cuerpo y lo lanzaba hacia atrás buscando ser penetrada más profundamente. Yo estaba también al borde del orgasmo solo con mirar, por lo que me acosté frente Laura y abriendo las piernas, puse mi vagina al alcance de la boca de ella.

Con una sonrisa, me complació hasta el delirio. Chupó y chupó todo mi coño. Su lengua, como si tuviera vida propia, hizo vibrar mi clítoris logrando que los orgasmos fueran uno tras otro. Daniel no perdía de vista como se complacían su madre y su tía, haciendo que estuviera a punto de venirse. Pero, para sorpresa de ella y mía, también se detuvo, al igual que cuando era yo a la que ensartaba con su ansioso pene.

Un brillo en sus ojos me hizo comprender cual era su plan. Me levanté de la cama y poniéndome a un lado suyo observé como tomó su verga y la apoyó en el ano de su madre. Con cuidado, usó sus manos para abrir un poco más el culo de Laura quien solo podía suspirar ante el embate de su hijo. Poco a poco el glande de su verga penetró y el tronco continuó a los pocos segundos. Ninguno de los tres hablaba. Solo nuestras respiraciones agitadas llenaban el cuarto.

Mi hermana, con los ojos cerrados, fue soportando que la verga de su hijo se fuera introduciendo totalmente por su ano, hasta que sus huevos chocaron con su mojada vagina. La verga de Daniel estaba completamente dentro del culo de su mamá. Fue ella, con un lento movimiento de cabeza, la que lo miró con un gran amor y lo instó a que la embistiera. Mi sobrino no se hizo de rogar y repitió su desquiciante mete y saca aumentando a raudales el placer de mi hermana. Ya los dos estaban en completo deleite.

Yo miraba como la totalidad de la verga de Daniel se perdía en el interior del culo de Laura. Ella gozaba y gozaba mientras una de sus manos buscó su vagina y con deleite introducía un dedo en ella buscando su clítoris para masajearlo y estrujarlo, logrando aumentar la fuerza de sus orgasmos que, como una fuente, provocaban que sus jugos chorrearan por el interior de sus muslos.

Mi boca, mientras tanto, no dejaba en paz la boca de mi sobrino y si al inicio fue su lengua, ahora era la mía la que buscaba en el interior la suya para luego pasarla por sus labios antes de bajar mi cabeza y chupar sus pezones. Sus gemidos me hicieron concebir una idea diabólica. Separándome un poco de él, me puse a sus espaldas e inclinándome, abrí con mis manos sus nalgas para, sin darle tiempo a pensar, sacar mi lengua y pasarla por su ano.

Él dio un gemido de gozo y sorpresa. Separó un poco las piernas y mis manos abrieron un poco más su culo. Ahora era mi boca la que chupaba y chupaba su ano con placer provocando que no pudiera aguantar más.

Con un alarido dejó que una nueva descarga de su ardiente leche saliera como tempestad de su verga y llenara todo el ano de su madre. Laura tampoco aguantó gran cosa por lo que de inmediato tuvo otro colosal orgasmo.

La leche salió de nuevo en gran cantidad y el estrecho culo de mi hermana no lo contuvo, mezclándose con los jugos de su vagina abierta al deslizarse por el interior de los muslos de ella de donde, con un infinito placer, mi lengua los fue limpiando en su totalidad, así como de la sabrosa verga de mi sobrino.

Ya completamente agotados, caímos los tres en la cama. Nuestra respiración fue normalizándose poco a poco. Entre besos y caricias, el sopor del sueño nos venció, no sin antes prometernos para el día siguiente un nuevo encuentro como este.

Ellos se durmieron al poco tiempo, pero yo recordé algo. Levantándome de la cama, tomé mi panty, el de mi hermana y me aseguré que ambos estuvieran completamente empapados con nuestros jugos.

Con una sonrisa, comprobé que así era, por lo que los guardé en mi maleta para luego acostarme y tratar de imaginar, antes de dormirme, las monumentales masturbadas que se daría mi hijo Javier cuando las tuviera y las oliera mientras yo le contaba todo con lujo de detalles.

Ha sido un verdadero placer contarles esta aventura.

Gracias. Hasta la próxima…

Autora: sandramr60

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Dos hermanas, dos putas

Eva tomó mi herramienta en sus manos y suavemente me pajeaba, me pasaba su caliente lengua por la cabeza muy húmeda con los jugos de la hermana, y sin decirme nada se la tragó de un solo golpe, era toda una maestra en el arte de mamar nabos, yo estaba en las nubes, gozando como un poseído mientras sobaba las tetas de Clara que me miraba muy satisfecha.

Os voy a contar mi historia que trata sobre una experiencia que tuve hace 1 año. Os situaré un poco, a mi me atraía (y me sigue atrayendo) una vecina que tengo que se llama Clara, que hemos ido juntos al colegio desde pequeñitos y nos vemos mucho, charlamos y mucho más que os contaré.

Pues una tarde estando con ella en su casa haciendo unos trabajos de la universidad, nos tomamos un pequeño descanso y yo estaba muy excitado porque ella estaba tan cerca de mí que me puse nervioso (y mi polla también se puso alegre) y ella me dijo:

-Dani ¿qué te pasa?- -Nada tía ¿qué me va a pasar? -(le dije con voz temblorosa) -Sí qué te pasa tío-Y de golpe me dijo: -Pues a tu polla sí que le pasa…

Yo me quedé sin poder pensar y se me echó encima como una perra en celo besándome, nuestras leguas se rozaban y diciéndome que ella estaba deseando este momento.

Empezó a tocar mi polla semi erecta se quitó la ropa y yo también me la quité, rápidamente comencé a besar su cuello humedeciendo su cuello con cada beso que la daba, después sus hombros seguí bajando y besando sus grandes tetas y me dijo que le comiera el coño, yo gustosamente no dije que no.

Estuve mucho rato mamándole el coñito la metía dos dedos bien húmedos y ella me los cogía y me los agarraba, los chupaba, deleitándose en cada lamida, y me cogió por el cuello y empezó a jugar con mi pelo y cuando paré un poco me empujó hacia atrás y me agarró por la polla y se afanó a ella lamiéndola…

Dando pequeños besos se la metió hasta el fondo de su boca con mucho esfuerzo ya que mi miembro no es pequeño, antes de que yo pudiera correrme ella se lo sacó todo de la boca.
Se puso a cuatro patas como una perra y la ensarté bestialmente por su culito y mientras yo la daba como un poseso, me echaba hacia delante y la agarraba por sus tetas redondas y firmes mientras que ella se metía los dedos por el coño para darse aún más placer (aunque ya estaba gozando el tono de sus alaridos la delataba)

Después se la saqué y se la metí por su otro agujero y la monté como un verdadero animal mientras que yo la daba pequeños pellizquitos en sus pezones duros de pronto sonó la puerta y era su hermana mayor (Eva) que llevaba un buen rato mirándonos la miré y estaba haciéndose un dedo. Yo no sabía cómo reaccionar y Clara la dijo que se animara y su hermana se acercó y se puso delante de Clara y ésta la empezó a chupar todo el coñete.

Clara con mi rabo en su coño y comiéndole el coño a su hermana mayor ya sólo faltaban sus padres para estar todos. Las dos hermanas gozaban como dos putas, a una, Eva, que le estaba chupando el coño Clara, y gemía de placer saltando en la cama, y la otra disfrutando hasta lo más profundo de su coño, de mi rabo.

Después cuando Clara llegó a un orgasmo continuo y no paraba de gritar, de gemir, de llorar de gozo, mi polla comenzó a declinar su potencia bañada en los jugos de Clara, cuando culminó su delicioso orgasmo, la hermana dijo que si hacíamos un cambio Clara accedió y yo asentí con la cabeza.

Eva tomó mi herramienta en sus manos y suavemente me pajeaba, me pasaba su caliente lengua por la cabeza muy húmeda con los jugos de la hermana, y sin decirme nada se la tragó de un solo golpe, era toda una maestra en el arte de mamar nabos, yo estaba en las nubes, gozando como un poseído mientras sobaba las tetas de Clara que me miraba muy satisfecha.

Esa mamada me puso a mil, y nuevamente mi verga apuntaba al techo, Eva se tumbó boca arriba con las piernas muy abiertas, mi lengua saboreaba ese enorme clítoris mientras ella me hundía mi cabeza en su concha, sus jugos rebalsaban mi boca.

Le quité la polla de la boca y se la metí por el coño, yo noté que este era algo más grande pero eso no me impidió disfrutar de el, su vagina comprimía mi verga como deseando exprimir toda mi leche, ella me agarró por la espalda clavándome las uñas y diciendo jódeme cabrón…

La empecé a embestir, mi rabo entraba y salía en un mar de jugos, y al rato empezó a decir me corroooooooooooooo, me corrooooooooooo, llegamos los dos al orgasmo casi a la vez, los ojos de Eva me insinuaban que deseaba algo más, se sentó encima de mi cara y me ofreció su culito para que se lo mamara.

Era un culo maravilloso, cerradito, metí mi lengua en esa cueva y la lubriqué con mi saliva, me arrodillé en la cama y sin pensarlo dos veces le clavé mi verga en su culito en medio de sus alaridos de dolor y placer, mis manos iban de sus tetas a su conchita que estaba mojadísima y la masturbaba lentamente, Eva, en un gemido infernal se corrió nuevamente…

Y nos quedamos dormidos exhaustos, abrazados y desnudos los tres en la cama.

Autor: Darellano

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Me follé a Gloria y Katia

Katia no aguantó más y gritando de placer empezó a correrse, los espasmos sacudían su cuerpo, su coño se cerraba fuerte sobre mi polla, ejerciendo una presión deliciosa que hizo que soltara chorros de semen dentro de ella, mientras seguía doblándose y mordiendo más fuerte todavía el coñito de Gloria, que terminó estallando en un gran orgasmo que llenó de flujos la cara de su hermanita.

Siempre he sido un chico muy tímido, me daba vergüenza hasta salir a la calle. Mi vida consistía en ir al colegio, y luego encerrarme en casa, leyendo, y fantaseando acerca de tener amigos y llegar a conocer a alguna chica, a esa mujer con la que soñaba, y que iba forjando cogiendo retazos de cada libro que leía.

Al final, y cuando iba a empezar a estudiar la carrera, decidí irme fuera, a otra ciudad, como método para superar mi timidez.

Mis padres decidieron meterme en un Colegio Mayor, resultando que en Córdoba para chicos eran mixtos, algo muy bueno, pues así podría ir venciendo además mi timidez con las chicas.

Ni que decir tiene que el efecto fue inmediato, las novatadas, compartir habitación y tener que desenvolverte por ti mismo me hicieron superar de inmediato mi problema, aunque he de decir que las verdaderas causantes de este cambio fueron Katia y Gloria, dos hermanas que compartían habitación y con las que coincidía en clase.

Ambas eran rubias, ojos verdes, Katia era más guapa, pero Gloria tenía mejor cuerpo, tetas firmes y de justo tamaño, piernas largas y delgadas, pero Katia tenía mejor culo, de hecho un culo perfecto. Y del resto no estaba mal. Nada mal, tanto que caí enamorado de ambas rápidamente. Ellas lo sabían y jugueteaban conmigo al respecto, los tres estudiábamos la misma carrera y teníamos asignaturas comunes, que solíamos estudiar juntos en la biblioteca. Pero Katia acabó estudiando en su cuarto, invitándome a estudiar con ella, pues a mi se me daba mejor eso de estudiar y ella me pedía consejo continuamente.

A partir de aquí empezó mi obsesión con ella, como era lógico se ponía cómoda para estudiar, una simple camiseta larga que le cubría hasta debajo de las braguitas, su camiseta de la suerte, como la llamaba, la cual después de mucho uso estaba medio transparente. Y no podía concentrarme, o más bien me concentraba en ella. Sentado al otro lado de la mesa, podía ver las silueta de sus tetas, incluso llegaba a intuir sus pezones, que en mi calentura los veía carnosos y grandes.

Ella por supuesto, sabía que no dejaba de mirarla, y a veces pasaba una mano distraída por su pecho, marcándolo entero y dejando intuir una aureola marrón oscuro, que me provocaba erecciones continuas. Y si no le bastaba con calentarme con eso también estudiaba tumbada en la cama. Esto ya no podía aguantarlo, pues saber que sólo llevaba unas braguitas bajo la camiseta, ver sus piernas moviéndose en un juego de picardía donde a veces creía ver sus bragas, me ponía hirviendo.

Total, que un día no pude aguantar más y me fui totalmente empalmado a su cuarto de baño. Ella, riéndose, me dijo que si me había dado un apretón, y le dije que sí, el café y sus efectos. Entré en el cuarto de baño, y cual sería mi grata sorpresa al ver unas bragas tiradas en el suelo. Cerré la puerta y las cogí, oliendo el perfume que emanaban, mientras con la otra mano soltaba mi pene de su prisión.
Así empecé unas de las mejores pajas que jamás me he hecho. Con una mano iba masturbando lentamente mi pene, mientras con la otra restregaba las bragas usadas por todo mi cuerpo, y mi mente estaba en la habitación, desnudando a Katia y gozando de su cuerpo. Al rato aceleré el ritmo, y cogiendo mi pene con las bragas terminé llenándolas de mi semen.

-Espero que luego me las laves- Era Katia, que al oír mis gemidos abrió la puerta del baño justo para ver como me corría en sus bragas. Enseguida me puse colorado e intenté excusarme, pero no tenía disculpa.

-Katia, yo…., es que verás…. ya sabes verte con esa camiseta, tu cuerpo… -¿Te gusto?-ella sonrió, había un extraño brillo en sus ojos. Entró en el baño y se sentó a mi lado, quitando la mano con la que me tapaba el pene- Eres tonto, tú a mí hace tiempo que me gustas, ¿Por qué te crees que te invito a estudiar a mi cuarto los dos solos y me visto así? Empezaba a dudar de gustarte, o incluso de que fueras gay. -¿Gay? Pero si me derrito viéndote, ¿así que te gusto? Eres mi sueño, Katia…

Olvidando mi vergüenza agarré a Katia por el pelo y empecé a acariciarla, buscando sus labios, rocé con mi lengua toda su boca, ella la entreabrió y suavemente fui mordisqueándole los labios, así hasta empezar un apasionado beso. Mis manos buscaron esas tetas con las que tantas noches soñé mientras me pajeaba, y al contacto con ellas sus pezones endurecieron, creciendo y erizándose. Eran tetas firmes, maravillosas, así que le quité la camiseta para verlas por primera vez.

-Vaya, el niño tímido está dejando de serlo-, y mientras decía esto me agarró el pene masturbándome suavemente con una mano mientras con la otra buscaba mis testículos, masajeándolos y acariciándome entre éstos y el ano- Dime-me preguntó-, ¿te has metido el dedo alguna vez en el ano mientras te pajeas?- Yo ruborizado no contesté, claro que lo había hecho, pero me parecía fuerte que una chica me lo hiciera.-Ven, verás como te gusta- y diciendo esto llevó una mano a mi boca, metiéndome un dedo que jugueteaba con la lengua.

Después lo bajó buscando mi ano, y despacito masajeó la entrada, metiéndolo poco a poco. Yo casi me moría de gusto, la chica de mis sueños estaba casi desnuda junto a mí y me estaba haciendo una paja monumental. De pronto, sacó la mano, se agachó y empezó a estudiar mi pene de cerca.

-Hummmmm, está un poco pegajoso, eso es por la paja que te has hecho antes, mira que desperdiciar esto- y acto seguido comenzó a lamer toda la polla, hasta dejarla reluciente. Le cogí la cabeza y dirigí su boca contra la punta, empezando a hacerme una mamada maravillosa. Su lengua recorría la cabeza mientras me pajeaba con una mano y con la otra buscaba mi culo de nuevo. Abriendo la boca empezó a tragarse toda mi verga hinchada, mientras segregaba mucha saliva y succionaba todo el glande.

-Katia me voy a correr, aghhhhhhhh, ahhhhhh….- y cerrando su boca fuertemente movió su boca hasta hacer que mis chorros de semen salieran directos a su boca, a la vez que me metía el dedo de forma desenfrenada por el ano.

-No me puedo creer lo que estoy viendo, traes comida a casa y no me invitas. Era Gloria, su hermana, que de pie en la puerta del baño se había desabrochado la falda, las bragas bajadas, y sus dedos recorrían un maravilloso coñito que relucía. Yo estaba alucinado, Katia me había hecho una mamada increíble y Gloria se estaba masturbando en la puerta, viendo como me la hacía. Para entonces ya no me cortaba, y le dije a Gloria:

-Pues tu hermana está entera, habrá que hacer algo ¿no?- Divertida, Gloria miró a su hermana, mientras se quitaba la ropa y decía- Hace mucho tiempo que no hacemos “cositas” mi hermana y yo. – Pues va siendo hora de unir lazos familiares- le dije, a lo que ambas sonrieron traviesas- Venga, vamos al cuarto, que es más ancho.

Pero antes de ir agarré a Katia y le di un largo beso, notando el sabor a mi semen, mientras mis manos bajaban sus braguitas que ya estaban mojadas de la excitación.-Pero que es esto, si estás chorreando, habrá que arreglarlo- Y llevándola al cuarto la tumbé en la cama, totalmente desnuda, acaricié su cuerpo, mis manos recorrían sus tetas, pellizcaba sus pezones, arrancándole pequeños gemidos, a la vez comencé a besar su cuello, bajando mis manos a su coñito, cuyos labios se estaban hinchando de la excitación que tenía Katia.

Gloria mientras se había desnudado completamente y acercando la otra cama se tumbó junto a su hermana, su cara denotaba un deseo que crecía por momentos, alargando la mano comenzó a acariciar el pelo y la cara de Katia, y lentamente comenzó a besarla, primero las mejillas, luego las comisuras de sus labios, sacando la lengua los separó, metiendo la lengua que buscaba la otra. El beso se tornó apasionado, cosa que noté, pues mi mano en el coño de Katia notó cómo segregaba más fluidos, empecé a acariciar su clítoris, mientras pensaba en todo lo que había leído sobre sexo y cómo llevarlo a cabo.

Me puse entre sus piernas, comenzando a lamer todos sus pliegues, con una mano masturbaba su clítoris, con la lengua lamía sus labios, que chorreaban saliva y flujos, y con la otra mano separaba su culo buscando su ano, metiéndole un dedo, arrancando un gemido más fuerte que Gloria apagó con otro beso. Gloria empezó a pellizcarle los pezones a Katia, mientras con la otra mano se empezó a tocar, metiendo dos dedos en su vagina ardiente. Mientras, Katia movía las caderas acercándose a mi lengua, yo notaba como chorreaba cada vez más, y se acercaba al éxtasis.

-Necesito sentirte dentro, métemela entera- me dijo Katia. Me incorporé, y tras pasar sus piernas por encima de mis hombros, coloqué mi verga en la entrada de su coño, y de un golpe se la introduje entera, arrancado un grito de placer.- Siiiii, ahora fóllame, como siempre los has soñado, hummmmmmmmmm- sus caderas subían buscando meter más aún mi verga en ella, yo se la enterraba todo lo que podía.

Gloria mientras se había montado a horcajadas sobre Katia, poniendo su coñito en la boca de ella, que agarrándole fuerte las piernas empezó a sorber lo que le ofrecía, metiendo la lengua y succionando el clítoris, mientras yo agarraba las tetas de Gloria desde atrás, eran todavía mejor de lo que yo suponía. Katia estaba cerca de correrse, y eso le hacía morder más fuerte el coño de su hermana, que jadeaba como una loca.

-Oh, si, hermanita chupas como la mejor de las putas, si, oh, más fuerte, muerde mi clítoris zorra…. ahhhh…

Las dos hermanas gemían como locas, ya no podía aguantar más, ver como se retorcía Gloria sobre Katia mientras me la cogía me llevaba camino al paraíso de las corridas.

-Oh, me voy a correr, Katia, voy a llenarte de mi leche, pero que putitas que sois las dos, oh, si…

Katia no aguantó más y gritando de placer empezó a correrse, los espasmos sacudían su cuerpo, su coño se cerraba fuerte sobre mi polla, ejerciendo una presión deliciosa que hizo que soltara chorros de semen dentro de ella, mientras seguía doblándose y mordiendo más fuerte todavía el coñito de Gloria, que terminó estallando en un gran orgasmo que llenó de flujos la cara de su hermanita.

Agotados, caímos rendidos los tres en un abrazo sobre las camas, mientras recuperábamos la respiración. Yo estaba en el paraíso, veía a las dos hermanas desnudas, abrazadas con los ojos cerrados, dos cuerpos impresionantes que se habían llevado mi timidez y mi virginidad.

Y que me dieron muchos más placeres, pero eso os lo contaré en otra historia.

Autor: El Tímido

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Mi madre, mi hermana y yo

Mi hermana se inclinó para besarlo con el rostro casi desfigurado por la calentura y cuando desapareció en su boca mi madre se agitaba como enloquecida de placer y yo no pude ver más porque la Eloisa me estaba montando como loca haciéndome gritar de gusto y es lo último que recuerdo conscientemente porque después la locura del deseo me hizo entrar como en trance.

Marina es una mujer físicamente atractiva. Sin embargo ella parece ignorar esa cualidad y habla de cualquier otro tema como si quisiera voluntariamente ignorar ese tipo de atributos. Es como si se avergonzara de ser hermosa. A mi me habría gustado tener su figura, sus movimientos graciosos y su rostro bonito, pues no soy agraciada en exceso aunque dentro de mi cuerpo un torrente de pasión se mantiene inalterable. Ha de ser por esos caracteres opuestos que somos dos hermanas muy unidas como si cada una tratara de encontrar en la otra su perfecto complemento y aunque yo soy quien contará lo que está sucediendo, la verdad es que hablo en nombre de las dos.

Era evidente que nuestro tío Samuel pretendía a nuestra madre cuya viudez exuberante pedía a gritos la satisfacción de podría darle un hombre como mi tío y aunque mi hermana y yo veíamos con buenos ojos aquella posible relación la verdad era que nada nos podía demostrar que aquello se hubiese consumado. Habíamos examinado el cuarto de mamá con todo detalle sin dejar rincón por explorar sin que nada nos dijera que en ese cuarto podría haberse desarrollado intensas sesiones de sexo y en el cuarto de mi tío por su lado ni siquiera una fotografía ni una carta ni nada que delatara una relación entre ellos más allá de lo puramente formal. En tono de broma habíamos tratado de obtener de parte de Eloisa, la empleada de la casa, alguna información confidencial, pero ella nos afirmó con vehemencia que a su juicio, nuestras ideas eran una pura locura pues ella nunca había observado nada al respecto. Lo que más nos intrigaba era que en realidad mi madre, una mujer de gloriosos 40 años, lucía en todo momento como una mujer satisfecha y feliz como si ni su mente ni su cuerpo tuviesen carencia alguna en el plano sentimental ni erótico.

En eso estábamos cuando mi hermana me contó con mucha parsimonia como correspondía a su carácter, que habiendo despertado a media noche había escuchado ruidos sospechosos en la planta alta de la casa y que juraba que había visto a mi madre subir las escaleras que conducían hasta la espaciosa mansarda en que se guardaban esos muebles antiguos y todo lo que estaba ya desechado. Mi imaginación comenzó a girar en forma acelerada y mil imágenes imposibles y candentes poblaron mi mente, porque de inmediato todo pareció calzar a la perfección y estaba segura y convencí a mi hermana que habíamos descubierto el lugar secreto en que mi madre y su amante se entregaban a las delicias de un sexo que ellos seguramente querían ocultar de nosotras. Si bien mi hermana fue reticente al comienzo, logré convencerla que la noche siguiente nos ocultáramos en la pieza abandonada para poder observar de primera mano lo que allí estábamos seguras se desarrollaría.

Esa noche nos acomodamos entre las frazadas extendidas en el suelo y estábamos allí ya hacía más de una hora sin que nada sucediera, pero a los pocos minutos la puerta se abrió lentamente y la figura esbelta de mi madre se perfiló claramente a pesar de la penumbra.

Ella caminó con seguridad hacia el extremo del amplio recinto y comenzó a acomodar en el suelo un sin fin de frazadas y plumones sobre los cuales imaginamos se entregaría al sublime ataque de su amante que no tardó en aparecer en escena. El recién llegado fue más cauteloso de modo que nos escondimos un momento y solo cuando llegó junto a nuestra madre nos atrevimos a retomar nuestros puestos de observación. Mi madre se desnudó completamente extendiéndose sobre el improvisado lecho dejándonos por primera vez contemplar su cuerpo voluptuoso cuyos pechos redondos y tersos apuntaban al cielo y sus muslos se separaban para dejar a la intemperie su tajo rosado y delicioso en medio de su sexo poblado de vellos rubios reluciente de humedad.

Fue tan impactante la visión de esa mujer desnuda que busqué la mano de mi hermana en la oscuridad tan solo para comprobar que estaba nerviosa y caliente como la mía. Fue en ese momento que la figura que estaba de rodillas ante mi madre se inclinó deslizando su rostro entre sus muslos llegando hasta su sexo y pudimos darnos cuenta que ese cuerpo moreno de larga cabellera pertenecía a Eloisa. Lo que sucedió en seguida desencadenó en nosotras un torrente de sensaciones calientes desconocidas porque la escena era de un contenido erótico mortífero.

Mi madre se entregaba a los placeres que le proporcionaba su empleada con la cómplice ayuda de la soledad que ella creía disfrutar mientras su morena amante hacía prodigios con su lengua en el interior de su vagina seguramente incandescente. Los infernales besos de Eloisa ocasionaban contorsiones de placer en mi madre, que levantaba los muslos mientras le hablaba como si necesitara descargar en las palabras parte de la pasión endiablada que la consumía… sigue negra querida, vuélveme loca… por favor sigue… entra…ahí, sigue más, por favor…no te detengas… busca en mi lo que deseas… vamos entra… más entra más…

Mi hermana estiró una de sus piernas desnudas entre mis muslos y llegó a tocar mi sexo con su pie por encima de mis bragas y yo me acomodé de forma de hacer presión para que el contacto fuese aún más intenso. No podíamos hacer muchos movimientos porque podríamos ser descubiertas pero este contacto aceptado por las dos nos encendió hasta límites insospechados mientras observábamos como la lengua de Eloisa hacía descargar a mi madre uno tras otros sus orgasmos desesperados.

Ahora mi madre tenía la cabeza de Eloisa entre sus manos y la presionaba sobre su sexo con movimientos de vaivén con tal calentura que la morena se deslizó hasta montar totalmente a la mujer y ahora se corrían abrazadas mientras sus besos ahogaban los gritos de placer que seguramente habrían emitido como un par de yeguas desesperadas. Luego de un momento de reposo Eloisa se puso de pie y cubriéndose con su abrigo abandonó rápidamente el cuarto. La rubia se puso su camisón de noche y siguió el mismo camino.

Nosotras mientras tanto como obedeciendo a un acuerdo tácito, apenas se cerró la puerta tras ellas nos fundimos ya sin ningún cuidado en un abrazo frenético besándonos como locas y dejando que la calentura acumulada hiciera presa de nuestros cuerpos, nos acostamos ahora sin recato alguno sobre las frazadas buscándonos bajo la ropa tratando de destrozar nuestras bragas mojadas, hurgando entre los labios de nuestros sexos como tratando de encontrar algo que no sabíamos que era pero sabíamos que estaba allí hasta que nos invadió el más violento de los orgasmos que aceptamos con deleite inusitado.

Al día siguiente un panorama completamente nuevo se había abierto para nosotras. Ahora entendíamos el origen de la placidez y la satisfacción de nuestra madre al mismo tiempo que su natural indiferencia por el tío. Por otro lado las características de su relación con Eloisa habían abierto en nosotras una inquietud y una curiosidad cuya primera manifestación había sido nuestro mutuo encuentro nocturno. Desde ese momento mi relación con mi hermana se tornó fluida y ardiente. Comentamos en detalle lo que había pasado y todas las posibilidades que ahora se nos abría en el plano erótico. El cuerpo moreno y ardiente de Eloisa era nuestro centro de estímulos y nos calentábamos a mil al recordar las formas de sus nalgas, sus pechos morenos que suponíamos de una dureza ardiente y sobre todo la pericia de su lengua. Fue así como nos decidimos a hacer lo que haríamos esa noche.

Esperamos pacientemente que nuestra madre desapareciera en la escalera y cuando vimos subir a Eloisa nosotras nos encaminamos calmadamente al cuarto vacío de la criada. Sabíamos que teníamos al menos unos treinta minutos para estar allí. Lo primero que nos llamó la atención fue percibir que el cuarto estaba impregnado del perfume de mamá. Seguramente ella se lo había regalado o quizás si se habían acostado en algún momento allí. Había ropa íntima de mamá junto a la de Eloísa y esa intimidad de mujer nos excitó. Nos denudamos y comenzamos a vestir bragas y sujetadores tanto de mamá como de Eloisa. Eso nos excitaba mucho y así vestidas nos acariciamos con pasión y nos besamos metiendo largamente nuestras en lenguas en la boca. Era delicioso. No nos habíamos dado cuenta como había transcurrido el tiempo y cuando escuchamos pasos nos metimos desnudas en la cama de Eloisa y apagamos la luz esperando en silencio.

La mujer agotada seguramente con la sesión de sexo no encendió la luz y despojándose del abrigo se metió desnuda en la cama, En ese momento yo le tapé la boca y la pusimos entre las dos. Al percibir nuestros cuerpos desnudos la mujer aflojó la tensión y se entregó de inmediato. Yo la acariciaba mientras mi hermana le hablaba cosas calientes… Así Eloisa caliente yegüita… únete a nosotras… danos tu calentura grande… pórtate como la putita que eres, mira que te haremos feliz… así ahora… Eloisa ya se había incorporado a nuestro juego. Su cuerpo ardiente nos brindaba el perfume de hembra excitada que nos enloquecía.
La besamos entera, la lamíamos sin dejar ningún rincón sin visitar mientras su lengua respondía buscando en nuestros besos los placeres diferentes que le brindábamos dos hembras jóvenes y así aparecían los orgasmos de cada una en forma cada vez más gloriosa mordiéndonos suavemente los pezones y buscando entre nuestras nalgas zonas prohibidas plenas de placer. La morena mujer era un juguete maravilloso en nuestro poder logrando con ella todo tipo de combinaciones mientras ella nos enseñaba todos los trucos que desarrollaba con nuestra madre. Poco antes del amanecer nos marchamos a nuestro cuarto.

Yo no se si Eloisa había contado a mi madre lo que había pasado la noche anterior en su cama con nosotras pero la verdad era que al día siguiente todo era sonrisa entre ellas que casi sin cuidado ahora se miraban y a veces se tocaban como por casualidad y volvían a reírse. Por mi parte yo estaba francamente caliente con la Eloisa, ahora la miraba sin recato algunos y la visión del perfil de sus nalgas y de sus pechos me tenía latiendo de la mañana a la noche de modo que en un momento determinado sin poder aguantarme le dije que me siguiera y nos metimos juntas al baño.

Allí me saqué las bragas y ella que también estaba ardiendo conmigo, pegó su boca a mi sexo y me sometió a tal tratamiento con su lengua que me corrí en su boca de forma maravillosa haciendo luego yo lo mismo con ella hasta lograr que soltara un líquido denso que me pareció un manjar, luego nos besamos largamente haciéndonos promesas terribles que nos dejaron casi más calientes que antes.
Cerca del atardecer Eloisa nos dijo que quería decirnos algo y por lo serio de su rostro yo pensé que mi madre se había dado cuenta de todo y que pondría atajo a lo que sucedía en su casa. Pero lo que Eloisa nos dijo tan seriamente fue que ella se había dado cuenta que nosotras dos éramos tan calientes y lesbianas como nuestra madre y que por lo tanto lo mejor era sincerar la situación y así poder tirar todas tranquilas. Nos dijo que esa noche ella y mamá iban a tirar en el cuarto de mi madre y que lo mejor era que nosotras fuéramos hasta allá y nos incorporáramos a eso y que ella estaba segura que nada malo pasaría sino todo lo contrario.

Así fue como cerca de la medianoche fuimos con mi hermana desnudas hasta el cuarto de mamá y nos dimos cuenta que ellas ya estaban tirando desde hacía rato pues mamá tenía montada a la Eloisa y levantándole los muslos morenos hasta los hombros agitaba su sexo sobre el de ella mientras Eloisa reía de placer llenando la pieza de alegría mientras que, mi hermana comenzó a pajearse como loca con la escena, tendida en el sofá sin dejar de mirar a mi madre.

El ver como mamá se tiraba a la Eloisa despertó en mi la más frenética de las calenturas porque era justamente eso lo que yo había estado deseando todo el día de modo que me acerqué a la cama de mamá que estaba casi enloquecida de calentura y le dije que quería tirarme a la Eloisa a lo que ella riendo me dijo que sí, que todo estaba permitido…

Eloisa se puso de pie y nos fuimos hasta el sofá donde estaba mi hermana para que nos dejara el sofá, la Eloisa le dijo…

– Vamos anda donde tu mamá que te tiene un regalo delicioso.

Entonces mientras nos tendíamos en el sofá yo vi como mi madre separaba los muslos para mi hermana y vi en su rostro la calentura más grande que había visto y vi que ella se tocaba el sexo y le decía a mi hermana…

Ven amor que esto es solo para ti…

La verdad es que me quedé paralizada al ver que mi madre tenía en el vértice superior de su sexo el clítoris más grande y hermoso que se podía imaginar. Tenía la forma exacta de un pene de unos cinco a seis centímetros, rosado terso y duro que se agitaba como vibrando.

Mi hermana se inclinó para besarlo con el rostro casi desfigurado por la calentura y cuando desapareció en su boca mi madre se agitaba como enloquecida de placer y yo no pude ver más porque la Eloisa me estaba montando como loca haciéndome gritar de gusto y es lo último que recuerdo conscientemente porque después la locura del deseo me hizo entrar como en trance.

Ahora solo se que vivimos un mundo perfecto en que cada una tiene lo que desea y puede darle a la otra cualquiera de nosotros que sea todo el sexo en su justa medida.

Autora: Adriana

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