Entregando a mi esposa 5

Puedes leer la cuarta parte de esta serie de relatos: Entregando a mi esposa 4

Me desperté el domingo profundamente revuelto. Deborah no estaba en casa y Jazmín tampoco. Me molestaba la idea que Jorge viniera a casa, pensaba que iba a estar mi hija y no me parecía bien. Tengo que hablar con Deborah, pensé. Vinieron de comprar facturas, Deborah notó mi cara seria.

-Epa, que cara… que pasó?

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Entregando a mi esposa 4

Puedes leer también la tercera parte de este relato: Entregando a mi esposa 3

Y así empezó a pasar el tiempo, hacía un mes que Deborah sólo se veía con Jorge a solas, siempre salían, los sábados eran para él, yo me quedaba cuidando a Jazmín, los días de semana, cuando llegaba a casa, Deborah estaba siempre vestida como para salir, algunos días salía con Jorge y otras veces se quedaba conmigo, me dijo que le encantaba que yo no supiera para quien se arreglaba.
Un Lunes llegué estaba deliciosa, un vestido corto, medias a medio muslo, pintada discretamente pero resaltando sus carnosos labios, la bese, y me devolvió el beso metiendome lengua:
-Estoy que vuelo de calentura… necesito pija urgente…

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Trabajando la Autoestima de mi embarazada esposa

Parejas Liberales, Trío. Mi esposa Yadira, con 7 meses de embarazo me había dicho que la acompañara al salón de belleza para hacerse un cariñito, secarse el pelo, arreglarse las uñas, etc., aunque me gusta complacerla y acompañarla a todas partes esta vez preferí quedarme en casa para tomarme unos tragos y ver un juego de futbol con mi primo Ubaldo. Ella accedió a que me quedara y se fue sola, imaginaba por lo menos 3 horas se demoraría en su retoque aunque mucha falta no le hacía porque mi mujer está buenísima.

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Por culpa de mi amiga I

Hola. Mi nombre es Rita, soy una chica joven y casada desde hace pocos meses con mi novio de toda la vida, pero lo que quiero contar no está precisamente relacionado con nuestras relaciones maritales, pero esperad un poquito… creo que lo primero en estos casos es describirme un poco: Soy una chica castaña, no demasiado alta, mido 1m 67cm y creo que estoy bien proporcionada, vamos, tengo mis curvas y en estos tiempos de trastornos alimenticios yo estoy muy orgullosa de tenerlas… mi pareja siempre dice que estoy buena y yo se que los hombres prefieren ese tipo de físico donde pueden agarrarse a algo.

Por lo demás, creo que soy bastante resultona, me gusta arreglarme, oler bien y resultar todo lo deseable que pueda tanto mi marido como para mi misma… y si de paso atraigo a los demás hombres no es algo a lo que vaya a hacer ascos, soy coqueta como cualquier mujer, y la que niegue que le gusta que la deseen es una mentirosa, pero aparte de esta coquetería femenina natural nunca había ido más lejos… hasta que mi amiga Laura me buscó la perdición (quizá me autoengaño y sólo la culpo a ella para sentirme mejor con mi conciencia, ya que lo cierto es que he disfrutado muchísimo las experiencias que voy a contaros pero lo que es innegable es que todo lo desencadenó ella). Cuento esto porque necesito contarlo a alguien y no puedo, y si no lo hacía iba a reventar. No se muy bien como empezar… supongo que mejor por el principio.

Todo empezó cuando me casé y mi novio, Óscar, y yo nos mudamos a nuestro pisito. La verdad es que nunca me gustó demasiado trabajar, y supongo que como muchas chicas (cada vez menos) me monté una especie de fábula en la cuál mi futuro marido ganaría suficiente dinero para los dos, y yo no tendría una necesidad imperiosa de encontrar empleo una vez casada, incluso podría dedicar un tiempo a tener niños y este tipo de cosas… pero la realidad resultó muy distinta. En cuanto dejé la casa de mis padres, con quienes había vivido hasta ese momento sin que me faltase de nada, me di cuenta de que con el sueldo de Óscar no iba a bastar.

La hipoteca, el coche y los demás gastos se hacían insostenibles, así que decidimos que yo tenía que buscar un trabajo. La casualidad que es muy oportuna quiso que mi amiga Laura se encontrase en una situación similar. También casada con su chico, amigo del mío y buscando trabajo, sin saber muy bien donde mirar, en fin, hablábamos mucho las dos sobre esto que representaba nuestro problema común y procurábamos buscar juntas en webs de empleo o en anuncios. Un día Laura me dijo que había encontrado a través de un amigo común una empresa que buscaba un par de administrativas para hacer el trabajo de despacho en unas obras en las afueras. Parecía demasiado perfecto después de tantas decepciones seguidas, así que ese mismo día las dos fuimos para allá de punta en blanco para causar buena impresión.

Quizá ese fue nuestro primer error… ponernos “demasiado guapas”. Cualquier mujer sabe por experiencia diaria personal el ambiente que emana de una de esas obras, machos que parecen estar en celo, como tiburones al acecho de carne fresca, y nosotras dos éramos una carnada de primera. En cuanto cruzamos el exterior de las instalaciones se provocó un concierto de silbidos y piropos subidos de tono.

Rojas como tomates procuramos meternos lo antes posible en las oficinas, a salvo! Al entrar nos cruzamos con un negro imponente, estaba superfuerte el tío y tenía una cara agresiva que daba verdadero miedo… esto nos puso más nerviosas si cabe, pero enseguida nos atendió el jefe de obra, que aunque por supuesto parecía un señor más formal que los obreros no dejo de echarnos un par de miradas a las piernas y el escote. La verdad es que todo pareció salir bien, nos dijeron que tenían necesidad de cubrir esos puestos rápidamente y que nos contrataban a ambas… a prueba claro, tendríamos que demostrar nuestra competencia… y vaya si la demostramos, pero eso vendrá más tarde. Así quedó la cosa y esa tarde Laura y yo organizamosprácticamente una fiesta de celebración de la buena nueva con nuestros respectivos maridos que poco o nada sabían de lo que se les venía encima… pobres! Nuestros problemas parecían resueltos, pero quizá fue peor el remedio que la enfermedad…

Laura y yo nos incorporamos al día siguiente con la mejor intención. Ocupamos un par de pequeños despachos contiguos en el edificio de oficinas y pasamos a ser parte de la plantilla. Esto por supuesto supuso un cambio en la actitud de los obreros con nosotras, pero solo en las formas, no en el fondo. Ya que ahora éramos compañeras, se cambió el ataque frontal por un tonteo más sutil pero constante. Al fin y al cabo era una novedad para ellos tener a dos hembras en su entorno laboral, y parecía llamarles mucho la atención. Por nuestra parte a nadie le amarga un dulce no? Mientras fueran agradables no pasaba nada. Por supuesto procurábamos mezclarnos principalmente con los chicos de nuestra edad.

Había un grupo de chicos de entre veintitantos y treintaytantos que no estaba mal, eran simpáticos y al menos sabían como hablarle a una tía. Jose era el típico moreno, cachas, con la piel bronceada y barba de 3 días, y es el que más tonteaba conmigo. También estaba Javi que parecía más interesado en Laura, aunque no le hacía ascos a nada, este tenía el pelo más claro y un poco larguito y ondulado, solía llevarlo en una especie de moño para trabajar. Sus otros compañeros: Miguel, Rodri y Luis también nos acompañaban habitualmente en las pausas del café. Hablábamos de cosas de todo tipo, pero los chicos solían abundar sobre que aburrida tenía que ser la vida de casada, que si la vida sexual no era monótono, que suerte tenían nuestros maridos, etc… cualquier cosa con tal de intentar hacernos morder el anzuelo, pero siempre de buen rollo. Lo que más me sorprendía es que a la siempre mojigata Laura parecía irle el rollo del tonteo con los chicos más de lo normal, es más, cuando ellos no se acercaban en la hora del café más de una vez me sorprendió diciéndome:

-Oye vamos con estos?

En fin, suponía que sería simplemente que la vida de casada la hacía sentir poco deseada y que le gustaba el coqueteo intrascendente del trabajo… aunque daba que pensar, cada vez se la veía más tonta con el Javi éste, si no la conociera diría que se estaba pillando como una adolescente atolondrada. Las dudas se me fueron tan pronto como un día me abrieron los ojos a la fuerza al encontrármela comiéndole la polla a Javi en su despacho. Así como suena! Menudo shock! Yo que iba tan tranquila a pedirle la grapadora y desde las bandas de la persiana de su despacho me la encuentro sentada en su silla mamándosela como una auténtica profesional al chaval que estaba sentado en su mesa con una sonrisa de oreja a oreja… y menos mal que no me vieron! Me di la vuelta como alma que lleva el diablo y me fui con la sangre agolpada en la cabeza, las orejas ardiendo y con una cara de tonta del copón.

-Pero será posible! -pensé- La mosquita muerta ha resultado estar muy viva… Pues no que le está poniendo unos cuernazos tremendos a su novio! Que digo su novio? Aún peor, a su marido! (aún me cuesta asumir nuestro reciente cambio de roles) Y encima el primer mes que estamos aquí, debían tenerla muy desatendida en casa… no, si al final iban a tener razón los chicos con lo de la monotonía del matrimonio, al menos en algunos casos.

La verdad es que no pude dejar de pensar en el suceso en todo el día, me quitaba el sueño, imaginarme a mi amiga del alma con aquel pollón en la boca, aunque solo lo vi unos segundos, de refilón se apreciaba perfectamente como le chupaba la punta mientras se la pajeaba a la vez con la mano… Hasta me parecía rememorar en mi mente el sonido de las succiones… “chup, chup, chup”. Mi lado morboso se arrepentía de no haber mirado un poquito más, y muy a mi pesar me descubrí haciéndome un dedito con aquella escena en mi cabeza… pero que coño me pasaba? A ver si me iba a dar envidia después de todo! Pero si yo era una tía feliz con su marido… Que me importaba a mí que Laura se comportase como una cualquiera y se la comiera a un compañero de trabajo? Pues parece que algo si me importaba, caramba! Ni siquiera le comenté nada… total que le iba a decir? Por ejemplo:

-Oye Laura, nada, que te vi comérsela a Javi ayer, me gusta tu estilo… me lo apunto para usarlo en casa (que gilipollez! En realidad, que cosa coherente se podría decir en una situación así?)

Lo dicho, mejor no le dije nada a mi amiga, pero es que el guardármelo dentro de mí resultó todavía peor, porque me iba carcomiendo poco a poco… cada vez que tomábamos cafés con los chicos, me venía a la cabeza, y las miradas casuales entre ellos dos ya no me parecían casuales sino muy calculadas. Me extrañaba que la cosa se fuera a quedar en una mamada de un día y decidí estar muy atenta a partir de ese momento. No tardó mucho en repetirse la función, esa misma semana los descubrí otras dos veces en las mismas circunstancias, siempre más o menos a la misma hora, a media mañana, media hora después de que nos juntásemos para el café, pero esta vez no me fui, me atrincheré detrás de unas cajas de materiales y me quedé a ver el espectáculo completo.

La verdad es que para su defensa he de decir que el tío estaba bastante bueno, tenía un cuerpo trabajado del trabajo físico que hacía en la obra cada día, y una polla bastante lustrosa cuyo brillo se acrecentaba con los salivazos que le daba mi amiga, que se la comía como una auténtica loba. El tamaño también era de mi agrado, vamos que me sorprendí a mi misma más de tres veces imaginándome como sería el sabor de aquella verga e incluso dándome algún frote distraído entre las piernas que no pasó a mayores, pero la cosa cada vez me afectaba más. Siempre me escabullía un poquito antes de la traca final para que no me descubrieran en plan voyeur, pero el segundo día estuve el tiempo suficiente para llegar a la conclusión, por lo que escuchaba, de que la muy zorra se tomaba el postre completito.

Pufff! Que situación… No me concentraba en mi trabajo y no entendía como mi amiga podría hacerlo por su parte. Lo que sí marchaba de puta madre era el sexo en casa, mejor que los meses anteriores desde luego, porque después de estar todo el día pensando en esas visiones, al llegar la noche me lanzaba sobre mi marido como una verdadera perra en celo, lo cuál él agradecía profusamente y como haría cualquier tío, él se aprovechaba de la situación para follarme a su antojo… al menos eso se llevaba en limpio el pobre de esta situación que desconocía por completo.

La cosa estaba llegando a tal extremo que tenía que llevarme unas bragas de repuesto al trabajo porque ya sabía que las del día acababan caladas. Más aún cuando quedó patente que estos dos estaban regularizando sus encuentros, que ya parecían una actividad obligada de cada día a la que no pensaban renunciar. Durante un par de semanas me hice adicta a masturbarme mirando como Laura hacía todo tipo de guarradas con su amiguito. Por supuesto a los pocos encuentros Javi no se contentaba con una mamada y empezó a tirar de repertorio… aquello ya parecía porno puro y duro, y raro era el día que por lo menos no se la follaba por detrás contra la mesa. Impresionante la Laurita, ella que en nuestro círculo se escandalizaba por cualquier cosa, siendo follada de seguido por un tío que apenas conocía mientras su reciente marido pensaba que estaba trabajando abnegadamente… lo que sí es cierto es que yo ya no quería que la cosa acabase porque los dedazos que me hacía mirando como se la clavaban a diario no tenían precio…

A todo esto, como cualquier tío que se precie, estaba claro que a estas alturas Javi ya le había comentado la jugada a todos sus colegas, y las sonrisitas que se echaban entre ellos durante las pausas del desayuno eran de una claridad meridiana. Las atenciones de los chicos empezaron a ser más para Laura… Claro, ahora que habían descubierto el filón había que explotarlo. Ahora te rozo un poquito el culo, ahora te doy un empujoncito… en fin, lenguaje corporal; y lo peor del asunto es que yo me empezaba a sentir celosa! Hasta Jose que hasta ese momento siempre me había prodigado más atenciones a mí, parecía estar ahora tontísimo con Laura. Creo que inconscientemente empecé incluso a vestirme más provocativamente para el trabajo para ver si recuperaba algo de atención, pero nada, aquello ya era imparable, todos los machos estaban ya ocupados olisqueando a la hembra en celo.

Joder, pero por que me importaba tanto? Es que me estaba empezando a gustar el tío? En que momento había pasado eso? Desde luego algo estaba cambiando dentro de mí y no sabía hacia donde se dirigía ese algo. Para mas inri, el único que parecía darse cuenta del cambio en mi vestuario era el obrero negro que nos habíamos cruzado el primer día. Tommy, que le decían los demás, me desnudaba con la mirada, y aunque le había ido perdiendo el miedo poco a poco desde aquel primer encuentro seguía sin tenerlas todas conmigo… había algo salvaje en la mirada de ese hombre. En cualquier caso no era precisamente éste mi objetivo cuando planeé la estrategia. En fin, procuré restarle importancia al hecho, lo cuál supuso un nuevo error como comprobé posteriormente.

Pero cuando una anda al borde del abismo mucho tiempo al final se cae, y era evidente que esta inestable situación no era sostenible mucho tiempo. Uno de los días que me disponía a asistir a mi sesión voyeur matinal me encontré con la sorpresa de que había mas público. Era “mi Jose” que se la estaba cascando en mi ubicación habitual. Al principio me quedé flipada, pero después una sucesión de ideas fue pasando por mi cabeza de forma gradual: La primera que se me había acabado el chollo. La segunda que quizá ahora tendría chollo y espectáculo doble y que me estaba volviendo demasiado voyeur. La tercera que menuda polla tenía Jose, puffff era preciosa, hay gente que dice que todas las pollas son iguales, pero las tías sabemos, que no, y esta era de las que nos gustan, el capullo despejado y reluciente, con pelito, pero corto, muy recta y del tamaño perfecto, se me estaba haciendo la boca agua aunque no quisiera admitirlo. No se si era muy objetiva porque como antes dije el tío me estaba empezando a gustar más de lo debido.

Sin darme cuenta me estaba acariciando la raja por encima del ajustado pantalón que llevaba, un roce inconsciente de esos que se hacen a veces sin darte cuenta cuando estás cachonda y paras en seco al volver a la realidad… solo que en mi caso no paré. Ahora sí que estaba salidísima y hacía verdaderos esfuerzos por seguir escondida y no apresurarme en ir a meneársela yo mientras le pegaba unos cuantos morreos a lo bestia, con mucha saliva. Pufff, que ganas de follar! Y la zorra de Laura mientras pasándoselo en grande (aún desde lejos podía intuir como se la follaban sobre la mesa, esta vez en la postura del misionero con los pantalones por las rodillas).

Pensándolo ahora, tiempo después a posteriori aún dudo si me hubiera contenido por mi misma… pero tampoco hubo lugar, ya que en estas, ensimismada como estaba, noté una mano tapándome la boca para que no gritase de la impresión y otra que se posaba sobre la mía para seguirme masturbando por su cuenta. Era Miguel, otro de los chicos que evidentemente había pasado por allí (no se si también avisado por sus colegas o por casualidad) y se había encontrado el pastel… premio! Porque yo ya no estaba para remilgos y le dejé hacer.

No me reconocía, estaba tan caliente que me hubiera dejado follar por cualquiera, dejé que me abriera el pantalón, me metiera la mano en las bragas encharcadas y que me metiera uno de sus recios dedos en el coño sin mediar palabra, excepto algún suspiro de gusto. Empezó un metisaca que en mi ensoñación casi me hizo desmayarme, nunca había estado tan salida, y apenas me di cuenta cuando me cogió en brazos y me llevó hacia donde estaban los otros llamando la atención de Jose, y de paso de los dos amantes:

-Eh chicos, mirad a quien me he encontrado disfrutando del espectáculo…

-Vaya, pero si es nuestra otra amiguita. Va a resultar que tenemos dos zorras por el precio de una -Soltó Javi sin dejar de follarse a Laura, que aunque parecía algo avergonzada por haber sido descubierta y evitaba en todo momento cruzar su mirada conmigo, no parecía que fuera a obligarle a parar-

-Que os parece si nos montamos una fiestecita con ellas? -propuso Miguel-

-Por mi fantástico, a esta ya la tengo muy trillada -contestó Javi-

Jose, por su parte, era evidente que estaba deseando follarse a las dos desde hacía tiempo y tampoco puso ninguna pega, y nosotras dos… bueno yo apenas podía articular algo coherente, todas mis defensas estaban bajas en ese momento y creo que hubieran podido hacerme lo que quisieran, y Laura… bueno, si Laura llevaba dos semanas follando a diario con Javi a espaldas del marido y en plena oficina en horario laboral… que podía decir Laura? Me vi abocada a que tres tíos me iban a follar, le iba a ser infiel a mi marido (antes novio) por primera vez, y lo que es más, deseaba que ocurriera cuanto antes más que nada en el mundo! Jose se me acercó, me abrió los botones de la camisa y empezó a morderme el cuello y a lamerme los pezones. Mientras Javi seguía follándose a Laura que aceptó sin protestar en la boca la polla que Miguel se acababa de sacar del pantalón.

Aquello ya era una orgía en plena regla, y si Laura tenía dos pollas para ella solita, yo no me iba a quedar sin mi ración… ya estaba bien de ser la tonta. Le saqué la polla a “mi chico” y empecé a hacer realidad mi fantasía de diez minutos antes haciéndole una paja tremenda mientras él se entretenía con mis tetas y dándome unos morreos con lengua tremendos que solo conseguían que mi mano acelerase la paja mecánicamente. Me encantaba tocarle la polla, estaba totalmente entregada, y creo que yo misma me saqué el pantalón y las bragas y le pedí que me la metiese, la verdad es que aquel encuentro está un poco borroso en mi memoria por la excitación sexual del momento, pero lo que tengo claro es que en ese momento recibí el polvo de mi vida.

Una nunca sabe cuanto de real hay en esa apreciación subjetiva, cuanto se debe a la calidad de la follada y cuanto a la excitación del momento, a las circunstancias, el contexto y lo que te sugiere esa persona, que en mi caso era mucho, pero la realidad es que el resultado es el mismo: volar. Sí, Jose me estaba haciendo volar y mis gritos los tenían que oír desde fuera a pesar de los camiones, hormigoneras y demás maquinaria. Me daba igual, estaba en la cresta de la ola, y no pararía aunque apareciese mi marido o el Papa Benedicto por la puerta. Me estaba corriendo como una perra y se lo gritaba a él:

-Sí, por favor! Fóllame, fóllame, nunca pares de follarme! Me corro! Sí, me corrooooo… ahhh ahhh

Era indescriptible recibir lo que inconscientemente llevaba semanas deseando, de la persona que lo deseaba, en el momento que más lo deseaba, y de esa brutal forma, con mi amiga a tan sólo dos metros siendo clavada por dos maromos (la verdad es que hasta eso tenía su morbo). No fue hasta que me corrí por primera vez y el orgasmo me devolvió un mínimo de mi sentido de la realidad que me percaté de eso, de que Laura y los otros dos estaban presentes… y tan presentes.

Ahora se habían cambiado los papeles y era Miguel quien se la follaba y el otro el que acababa de correrse en su boca, que aún mostraba las evidentes señales líquidas. Pero Jose no se había corrido y seguía embistiendo duro, así que volví a lo mío, me agarré a su culo (muy durito y prieto por cierto) y me adapté a su ritmo yendo a buscarle con las caderas tomando conciencia por primera vez de que estábamos follando sobre unas cajas de folios (viva la papelería). Le empecé a morder los hombros mientras mis uñas arañaban su masculino trasero y mi boca convertida en la de una guarra le pedía la leche en el oído:

-Córrete! Me oyes? Quiero que te corras. Te deseo, voy a dejar que me folles cuando quieras.

No me reconocía diciendo esas cosas, pero dentro de mí se habían desatado los 7 infiernos y realmente pensaba todo aquello, solo quería que aquel macho descargase y se quedase a gusto conmigo como me había hecho gozar él. Y vaya si conseguí que lo hiciera. Jose me la sacó apresuradamente y se corrió abundantemente entre mis tetas, que aparecían desnudas y apetecibles entre mi camisa abierta.

-Ahhh me corro en tus tetas! -gimió mientras su primer chorro me cruzaba el esternón. Después otro y otro hasta terminar una abundante corrida que hacía honor a nuestro primer polvo-

Ya vendrían otros con él que no desmerecerían en nada a este primero, pero esto no es lo que nos ocupa hoy… aún no había acabado la fiestecita si es lo que alguien pensaba. Aquellos chicos tenían la oportunidad de cumplir la fantasía de todo hombre (y de cualquier mujer, por qué no decirlo?) de follarse a dos tías de una tacada, y no iban a desaprovecharla. A estas alturas, de perdidos al río, y no le hice muchos ascos a la empringada polla de Miguel que acababa de salir del coño de mi amiga y que se dirigió a mí con unas intenciones muy claras. El chico no era muy expresivo:

– Chupa! – se limitó a decir… así que yo me limité a chupar-

De todas formas venía bastante trabajadito por parte de Laurita, así que no tardó mucho en descargar en mi boca. Éste no me gustaba tanto, y aunque no me suele importar tragarme una corrida, las chicas reservamos eso para los tíos que nos gustan realmente, creo que es algo inconsciente, tengo una amiga que dice que los tíos también hacen algo parecido cuando se trata de comer coños. Como alternativa, le dejé correrse en mi boca, dejando caer después el contenido por mi barbilla hasta las tetas… y que cantidad! que manera de correrse tenían estos tíos, pero cuanto llevaban sin follar?

Javi, que ya había pasado por la boca y por el coño de Laura prefirió follarme para completar el pack, y la verdad es que no me importó mucho dejarle que lo hiciera… al fin y al cabo éste estaba bastante bueno, y para colmo Jose ya se la había metido a mi amiga, el chico no era de piedra y no podría resistir la tentación aunque yo le gustase. Bueno pues yo tampoco tenía por que hacerlo. Ya me había hecho mis buenos dedos como ama de casa, fantaseando con tríos y orgías, que tía que se precie no lo ha hecho? Vamos, vamos, admitirlo, a todas nos gusta pensar en tener varios ejemplares a nuestra disposición, y ahora los tenía… los cuernos ya estaban puestos, pues al menos que fuera memorable. Me lo follé, o mejor dicho, él me folló a mí. Javi follaba como un animal a pesar de haberse corrido una vez cinco minutos antes. Yo ya conocía sus técnicas porque llevaba viendo los bruscos movimientos de su culo un mesecito mientras se follaba a mi amiga, solo que esta vez la que estaba debajo resistiendo los envites era yo…

-Te gusta mirar, eh zorra? Ahora vas a saber lo que es bueno -me gritó aumentando el ritmo de la follada- -Mmm mmmm siiii! maaas -era lo único que acertaba a contestarle, mientras la cabeza me colgaba tras las cajas-

Javi me volteó y me colocó en su posición favorita (yo lo sabía bien por los dedos que me había hecho mirándole en acción). Esa postura me permitía ver como Jose justo se corría en el coñito de Laura… es curiosa esa sensación de celos y morbo que te da presenciar algo así, aunque creo que se ve distinto si a la vez te están taladrando el coño desde atrás. Esto era lo más parecido a un intercambio que he vivo hasta la fecha, y creo que me gustó… No se si tuvo algo que ver esta imagen pero 30 segundos después me corrí por segunda vez con fuertes convulsiones dentro de mi coñito. Javi, al ver su polla exprimida por mis paredes vaginales no se contuvo más y me soltó su segunda corrida de la tarde bien adentro gruñendo como un animal.

-Ahhhh como me la ordeñas, zorra, me corro! -sí, el chico era así de romántico, pero la verdad es que en aquel momento eso me importaba un comino, solo quería ser poseída de forma animal, y eso era lo que estaba teniendo-

Los chicos se dejaron caer rendidos en las sillas del despacho y nosotras dos nos arreglamos la ropa como pudimos. Sobre todo Javi y Jose que se habían corrido dos veces en poco tiempo estaban bastante perjudicados. Miguel, que fue el único que por el momento se conformó con un orgasmo fue el primero en salir por la puerta del despacho de Laura con una sonrisa en los labios. Le oí murmurar:

-Joder, cuando se lo cuente a los chicos, lo van a flipar -se reía el muy capullo-.

Me daba igual, acababa de tener el mejor sexo de mi vida y no podía pensar con claridad aún. Esa noche cuando dormía al lado de Oscar en casa, como buena esposa, si llegaron los remordimientos, pero eso lo contaré más adelante que me estoy extendiendo demasiado por hoy, y aún me queda bastante que contar.

Espero que os haya gustado, si es así dejadme algún comentario u opinión vale? Siempre se agradece. Un beso!

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Nuestra Historia, por David & Kiara Parte III – Aprendiz de Puta

Entre las mujeres hay un dicho que se repite siempre desde tiempo de las abuelas, para satisfacer a tu marido en la cama tiene que ser una puta, pero en mi se materializo en todo el sentido de la palabra, les voy a comentar junto con David esta historia que nos sucedió en una noche desenfrenada.
David; Una de nuestras fantasías como pareja es que mi mujer se ponga a putear en la calle y yo la “levante” con el auto e irnos a tirar a un hotel, ya lo habíamos hecho una vez y salió de maravillas, la deje en una esquina con un vestido súper ajustado y súper chico, a eso de la una de la madrugada, me doy la vuelta a la manzana para el carro converso con ella y la subo, en el hotel le doy dinero y nos ponemos a tirar muy rico, esta noche prometía el mismo placer, separamos la habitación, fuimos a la habitación del hotel, se cambió se puso un vestido muy corto y ceñido sus sandalias de taco 9, sin medias (era verano e inclusive en las noches hace calor), salimos en mi auto y fuimos a una disco-bar a tomar y calentarnos, a eso de la 1:30 de la mañana salimos, ella había tomado y estaba alegrona y bien excitada, estábamos llegando al lugar que es una avenida poco concurrida, ella tiene su teléfono, marque su número, para estar comunicados todo el tiempo mientras me doy al vuelta a la manzana, me puse el auricular del teléfono para poder manejar tranquilo, le deje en la esquina ya convenida, y empiezo a dar la vuelta por la manzana, para “levantarla”
Kiara; Me baje del carro y puse en la esquina, estaba con tragos y media cachonda no me importaba, me gustaba sentir la sensación de una puta, que la miren, que toquen el claxon, que disminuyan la velocidad, todo eso, ni bien baje se sobreparo un auto un viejo feo, me dijo sube, no le dije, estoy esperando a un cliente, y me moví en dirección opuesta, arranco y se fue, vino otro auto, en el había un tipo bien plantado, muy elegante, guapo, me dijo:
Hola, hola respondí
Te llevo a un sitio me dijo, depende de cuánto tengas le dije
Cuanto necesito tener me pregunto, yo obvio estaba haciendo tiempo y le solté una cifra como para que se fuera, son 300 le dije, 300 dólares, por una hora, y lo que paso después me dejo pasmada, ya me dijo sube, y cuando me dijo eso, la verdad sentí una comezón en la concha, y sentí que me mojaba, no sé por qué , pero lo sentí, haber muéstrame, me saco los billetes, para esto vi que el carro de mi marido daba la vuelta por la esquina, sube me dijo, yo pensé es ahora o nunca, y me subí, creo que fue una reacción instantánea, o sé qué, pero subí, me empezó a hablar educadamente, me dijo quieres un hotel o mi Dpto. Hotel le dije, es más por acá hay uno cerca (era el hotel donde tenía la habitación con mi marido), mientras me sobaba las piernas con sus manos calientes y suaves, fuimos al hotel, entramos por el estacionamiento, el bajo pido una habitación, nos fuimos directo.

David; mientras conducía, escuche como mi mujer espantaba al pobre tío que se paró a querer llevársela, mi pinga esta al palo demás está decirlo, escucho la otra conversación de otro tipo que se detiene y le pide los 300, para eso ya estaba en la esquina y lo que escuche y vi, me dejo helado escuche que le aceptaba la propuesta, ella dudo un momento y se subió, al auto, no lo pude cree, escuchaba como conversaban, y que se iban al hotel donde nosotros estábamos, al menos eso dije, mientras pensaba en cómo se tiraría este extraño a mi mujer esta con la pinga totalmente erecta, me detuve una cuadra antes, deje que ellos entraran primero, una vez que escuche que mi mujer le pregunta que habitación nos tocó, es la 303, le dice, Oh no, era la habitación que estaba en el mismo piso de la nuestra, entre al hotel y me fui a la habitación
Kiara; entramos a la habitación, pero antes de llegar en el ascensor me metió la mano a la concha, al culo, me agarro todo lo que quiso, pues era sabedor que en ese momento le pertenecía, entramos a la habitación y me dijo me voy a dar un baño, se desnudó, cuerpo atlético, culo bien formado (se ve que era un asiduo asistente a gimnasio), vamos me dijo, ok, pero primero págame, ah sí me dijo, toma y saco los billetes, eran de 50 y 20, a medida que me entregaba los billetes me sentía que me estaba mojando lentamente, pero en mayor proporción, estaba súper mojada, recibí el dinero, le dije ayúdame a sacarme el vestido, me lo saco, le llevo a la ducha nos báñanos, me pidió que le chupara su verga, con gusto se lo hice, no dejaba de pensar en los 300 dólares y las cosas que me compraría, un vestido, no una cartera, mejor zapatos, en fin, terminamos de bañarnos nos fuimos a la cama, y se echó encima mío, empezó a tirar, lo hacía despacio, como si fuese su novia, ah pensé este no va acabar nunca, le dije, dame duro papi, me gusta fuerte, empezó a darme con fuerza, luego le dije, yo te cabalgo, y me senté en su verga y empecé a cabalgarle, me movía como una licuadora, gemía fuerte, la verdad que lo hacía más que para que este excitado, pues no daba como para gemir, el tipo cerraba los ojos, me tocaba toda, en una de esas sentía que me quería levantar, como para que no continúe, le di con más fuerza, sentí su verga bien dura, y en eso ya no pudo aguantar y se vino, habrán sido 5 minutos que duro, no pudo más, estuvimos echados, viendo una porno, ya faltaban 20 minutos, quiso otro le hice un perrito, ahí empezó a darme y embestirme a lo bestia, muy fuerte, ese era su especialidad al parecer, me movía para que se venga y me hizo venir a mí, continúe así hasta que se vino.
Me fije la hora, le dije ya estamos terminando, me empecé a cambiar él me dijo te acompaño, no le dije me voy sola, ah toma esto para tu taxi, me dio 10 dólares más, y Salí, como sabía que mi marido debía estar en la habitación, pues me fije en el teléfono y seguía prendido, toque la puerta, y la empuje, entre a la habitación donde estaba mi marido y yo radiante le dije, mira lo que me gane, y después de todo no fue tan difícil le dije, escuchaste todo le pregunte, si me dijo, ah ok, ya no te cuento entonces, déjame bañarme por segunda vez para tirar le dije.
David & Kiara

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Nuestra Historia, por David & Kiara Parte II – La fiesta inolvidable

Esta situación que me paso, es lo que afirma, aquel dicho popular, que mejor salen las cosas sin que se planeen, igual fue con el trio que hice con mi marido y un tipo del que nunca supe cómo se llamaba, les voy a contar lo que me paso con mi amiga Marisol, y con consentimiento de mi marido.
Un día habíamos tenido una celebración en la oficina y como no había llevado auto, tome varias copas, no tengo la cabeza débil así que sobradamente aguanto, ese día no fue la excepción, llegando a mi casa me llama Marisol y me dice que si la podía acompañar a una reunión puesto que habían llegado dos amigos de ella del extranjero y ella quería salir con uno de ellos, pero que le pidieron si podía conseguir otra amiga, yo estaba entre indecisa y como no había ya nada que hacer, le dije ok, está bien, casi ni me cambie, me puse un vestido corto(bien encima de la rodilla, a la mitad del muslo más o menos) con sandalias y sin truza pues no me gusta usar, además en la ciudad donde vivo en verano hace un calor terrible, y el no usar la truza me refresca, así que Marisol me llamo y me dijo que bajara pues ya estaban llegando en un auto alquilado, efectivamente baje, y subí al auto ellos estaba adelante y nosotras atrás, fuimos a un lugar un restaurant elegante, a tomar unos tragos y comer algo, pedí un arroz con mariscos, a sabiendas que eso me pone bien excitada, y bueno conversábamos, nos reíamos, a decir verdad los dos estaban bien, mi amiga ya me había dicho cuál era su elección, entonces yo tenía que quedarme con lo que había, y no estaba nada mal, para esto le escribí un mensaje a mi marido diciéndole que estaba con Marisol y que había salido a cenar y tomar unos tragos acompañando a unos amigos de ella, a lo cual él me dijo que estaba bien y que le avise cualquier cosa, el chico que me toco, era blanco, alto, cuerpo bien cuidado y se notaba pícaro y rendidor, además era bailarín, pues nos pusimos a bailar salsa (que era la música que tocaban en ese lugar y a mí me gusta bailar) ustedes saben que la buena salsa se baila pegado, y bueno bailamos pegados varias canciones, no pude evitar sentir tremendo bulto que tenía en la entrepierna, estábamos bastante calenturados a decir verdad, en un alto de las canciones, aprovecho y le escribo a mi marido para decirle que estaba bailando salsa, él sabe cómo soy y me dijo cuidado, yo le dije, “estoy media picada y quizás hoy se tiren a tu mujer”, a lo que el respondió diciendo que seguro era una broma y que estuviera tranquila, no es cierto le dije, luego te cuento más, le respondí, y seguimos bailando, Marisol luego me dice acompáñame al baño, es ahí donde me dice oye, me están diciendo los chicos para ir a su departamento, yo le respondí a Marisol, tu sabes que nos quieren tirar y si vamos fijo va a ser para tirar, ella me dijo, ya pues amiga…por favor, hace mucho tiempo que no tengo intimidad, ya pues…, no le dije yo, ella me dijo bien que quieres te visto que estas que coqueteas con Richard, que así se llamaba mi ocasional amigo, le estas calentando los huevos, y también te gusta, seguro que estas recontra mojada abajo me dijo, a ver le dije, me toque y bueno yo ya sabía que estaba mojada, pero no tanto, era un rio lo que tenía ahí, uy si estoy mojada le dije, ya pues, me dijo, ok, diles que sí, hasta un poco la difícil y diles que sí, ella salió del baño y yo aproveche en escribir un msg. a mi marido para contarle las novedades, confirmado creo que voy a tirar, me das permiso le dije, a lo que respondió, ok procede pero cuídate, gracias mi amor te recompensare, le dije, luego te voy dando detalles le dije, bueno nos fuimos al Dpto., en el auto ni mas esta decir que me tocaron la concha a discreción, menos mal que el Dpto. estaba cerca sino ahí mismo hacia el amor, llegamos al dpto., agradable, pusieron música seguimos tomando, y de pronto Marisol ya no estaba, Richard me dijo lo hacemos acá, yo le dije mejor en la cama, debe estar ocupada como podrás darte cuenta, pero vamos a ver, efectivamente fuimos al cuarto y a Marisol se la estaban tirando y por lo visto muy bien, pero al cama era King Size, así que había mucho espacio, me levante el vestido, me eche en la cama y Richard saco su Verga, de verdad estaba buena, bien mojada, se puso preservativo y empezamos nosotros a tirar, siempre me gusta que me den al filo de la cama, y esta no era la excepción, me empezó a tirar al filo de la cama, piernas al hombro, con unas ganas, luego un perrito, hicimos varias poses, yo me estuve viniendo varias veces, pero este tipo parecía un súper dotado, seguía y seguía embistiéndome, hasta que termino, uff me eche a descansar, mientras Marisol seguía tirando y Richard, se había ido a traer agua para tomar, le envié un msg. a mi marido, “en plena tiradera, no te imaginas esto, chau no puedo escribirte más pues empiezo otra vez”.
Luego de Terminar Marisol, descansamos por un rato, íbamos a empezar y dijeron mejor un cambio, bueno la verdad que a mí me venía bien pues Ernesto me gustaba más que Richard y mientras se la tiraba a Marisol me miraba y yo también lo miraba, en una de esas cuando yo estaba tirada boca arriba, él le hacía un perrito a Marisol, y nuestras miradas se encontraron, el tiraba, yo tiraba, pero queríamos tirar los dos, así, que yo acepte gustosa, empezamos otra vez, esta vez yo lo comencé a cabalgar, cuando me senté sobre su pinga, la verdad que parecía un fierro y me dolió como a una virgen la penetración, que rico dolor, tan es así que pegue un grito, y todos se rieron, pareces una virgen me dijeron, empecé a tirármelo con una fuerza pues sabía que ya no lo vería seguro, y así era mejor, (yo tenía a mi marido y me consentía esto, pero a quien amaba era y es a mi marido) pero le saque el jugo al pobre hombre, le dije hazme un perrito, a la mitad del perrito le saque su leche, algo que nunca falla dicho sea de paso.
Fue una fiesta inolvidable, nunca pensé hacer un intercambio y tirar de esa forma desenfrenada.

David & Kiara

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Nuestra Historia, por David & Kiara Parte I – Nuestro Primer Trio

Somos una pareja, como muchas otras, al principio vivíamos nuestro amor y nuestra relación en forma intensa, pero poco a poco nos dimos cuenta que empezamos a llegar a la rutina, así que decidimos por el bien de la relación hacer un giro de 360 grados, así que esta es nuestra historia, son tres historias de nuestras vivencias las que hemos decidido contar tanto ella (Kiara) como yo (David), este y los otros relatos.

Llevo 7 años con mi mujer y el sexo para nuestra relación es fundamental, lo hacemos y muy bien, hemos tenido nuestras altas y bajas en el sexo, como cualquier otra pareja, pero sin embargo mi mujer es muy especial y he notado que año a año su deseo sexual se ha ido incrementando y su técnica mejorando, tan es así que hay veces en las cuales me saca la leche muy rápido y ella se queda insatisfecha como es natural y me pide más, pero no puedo satisfacerla, lo entiende, pero sin embargo siempre me dice que quisiera tener un plan B, o sea, buscarse otro tipo, que se la tire cuando yo no pueda o este cansado, algo que no le acepte, sin embargo siempre me insistía, medio en broma medio en serio, a lo que yo le respondía que mejor hagamos un trio, algo que ella me decía que mejor no, pues me podía poner celoso, y se sentiría incomoda, así discurría nuestra vida sexual sin ningún problema, siempre tratando y logrando satisfacerla, hasta que un día, como casi siempre en los fines de semana, nos fuimos a una disco a bailar y a tomar, es normal que la miren y la deseen a mi mujer, delgada, buena figura, me preocupe de que tenga buena ropa, lo cual no me llamaba la atención, sin embargo esta vez fue diferente, ella estaba bien tomada, como se diría alegrona, a ciencia cierta no se emborracha, tiene mucho control, y es normal que otros tipos la observen con lujuria, uno de ellos la estuvo observando durante casi toda la noche, en una de esas ella me dice; me voy al baño, la cola para entrar al baño es larga, como en muchas discotecas, así que fue la oportunidad que esperaba este tipo, ella en la cola del baño y el tipo que se para a su lado y le empieza a conversar, (ella lo reconoce en el acto, pues la había estado mirando) palabras van, palabras vienen y la convence de bailar una pieza, pero ella le dice déjame que entre al baño salgo y bailamos, en el baño ella se toca la concha y la siente muy mojada, síntoma que estaba excitada, sale del baño y el tipo la esperaba, se ponen a bailar un perreo, y ustedes saben los tipos de movimientos y cercanías que hay en ese baile, bueno pues, el tipo como es obvio en el baile estaba detrás y aprovecho en uno de esos pasos de la canción para sobarle su verga (que estaba totalmente al palo), en el culo de mi mujer, a lo que ella le correspondía y empujaba hacia atrás como pidiendo más, (en realidad quería que se la metiera) y estuvieron así, hasta que termino la canción, fue cuando el tipo le dijo, quiero metértelo toda mamita, a lo que mi mujer le dijo, está bien, yo también quiero, espera un momento ya vengo, y se fue a mi lugar y me dijo, mi amor, se va a cumplir tu sueño, se va hacer realidad me dice, a que te refieres le digo, haciéndome el sonso, pues algo intuía, por la demora que tuvo en el baño, aunque desde mi posición no podría haber visto nada, me dijo hay un tipo que me quiere tirar, y pensé que podríamos hacer un trio, me comento, y yo le dije, estas segura?, eso es lo que quieres? (entre mi decía, que diga que si!) si quiero hacerlo me dijo, (esto es el equivalente del ahora o nunca!) el tipo me gusta y se siente que es un pingon, porque lo dices le dije, he sentido su pinga, ya veraz que estoy en lo cierto, acepte de buena gana y lo fue a buscar, le dijo ok vamos pero estoy con mi marido y queremos hacer un trio, el tipo pensó y dijo, bueno que más da, igual me la voy a tirar rico, así que también acepto, salimos de la disco, nos fuimos a la habitación del hotel que disponíamos, pues cada vez que salimos de fiesta nos quedamos en un hotel, nos parece más romántico eso, entramos a la habitación, yo me fui al baño cuando regreso casi no podía creer lo que veía,(nunca pensé ver a mi mujer de esa manera, tan dispuesta) mi mujer sentada al filo de la cama, con su vestido animal print ceñido que se le veía toda la conchita (eso si, ella no usa ropa interior, “pues se marca en el vestido”) y el tipo parado con el pantalón abajo, agarrándose la verga, mientras ella le miraba su verga con una cara de placer y tenía los ojos que le brillaban, él se empezó a poner el preservativo ella se echó para atrás abrió y recogió las piernas, esperando la estocada de la gran verga que tenía, en eso si estaba en la razón mi mujer, el tipo la tenía grande, y empezó a embestirla con una fuerza, con una rabia, eso ya no parecía un trio, yo era un simple espectador, mientras esos dos se tiraban a gusto, a cada estocada que le daba el tipo, mi mujer respondía con un movimiento acompasado, y con unos gemidos cada vez más fuertes, dado que mi mujer tiene un cuerpo delgado y lo tiene muy cuidado, no es de esas gordas panzonas o gruesitas, en la cama se mueve bien, el tipo le da vuelta y se la comienza a tirar de perrito, una pose irresistible para mi mujer, yo me acerque por la cama para que chupe mi verga que estaba recontra parada, pero ella ni caso me hizo, estaba tan ensimismada con lo que le estaban haciendo, y pegaba unos gritos, hasta que poco a poco se fueron calmando, pues el tipo y mi mujer se vinieron casi en simultaneo, el tipo saco su verga, con el preservativo lleno de leche, y mi mujer me dijo, ahora si amorcito te toca a ti, es que quería sacarme el gusto, me dijo, yo empecé por donde había terminado el otro, por el perrito, mi mujer tenía la concha tan lubricada que entre directo hasta el fondo, el tipo se estaba lavando en el baño, regreso y se puso frente suyo, mi mujer empezó a chuparle la verga, mientras yo la tiraba con todas las ganas, le agarraba sus nalgas y le hacia el movimiento hacia adentro y afuera, mientras ella se movía, hasta que por fin me vine dentro de ella, mi mujer con la verga del tipo en la boca, ya le estaba sacando el líquido pre-seminal, saque mi verga y me quede exhausto mientras mi mujer se volteo y se echó boca arriba, el tipo se pone otro condón y la agarra le levanta las piernas y le hace un piernas al hombro, de nuevo tirando como un par de animales, el tipo le daba unas estocadas cada vez mas fuertes, la cama se movía, ella gritaba de desesperación y con sus manos agarraba las sabanas estrujándolas, se demoraron un buen rato, antes de terminar nunca pensé que mi mujer tuviera un comportamiento tan liberal, luego de acabar ella se tendió en la cama y empezamos a descansar unos minutos, se podía escuchar los latidos de los corazones y el jadeo, así como el sudor, el tipo dijo me voy a bañar, me acompañas le dijo a mi mujer?, ella no dijo nada, más bien se trepo encima mío y me empezó a cabalgar, como solo ella sabe hacerlo, yo ya estaba totalmente rendido mientras ella se movía como una licuadora, el tipo sale del baño, se para a un lado de la cama y mi mujer le empieza a correr la paja al otro tipo, que ya casi no se le paraba la verga pues a estas alturas estaba extenuado, luego de cabalgarme y terminar ambos, nos acostamos y quedamos rendidos.
Al final nunca supe cómo se llamaba el tipo, pero si supe que mi mujer descubrió otro mundo con las experiencias de tríos, y me dijo, ya vez mi amor, así me gusta ser tirada.

David & Kiara

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MI PRIMER TRÍO EN CARTAGENA

Hola, Gracias a todos por los comentarios que han hecho sobre mis relatos, lo cual me ha motivado a seguir contandoles algunas de mis mas alocadas aventuras sexuales.

Esta vez les contare una de mis epocas de universitaria que sucedio cuando fui a un congreso de publicidad en Cartagena de Indias, durante toda una semana con panelistas y participantes extranjeros.

Yo fui por mi cuenta y me hospede en un apartahotel en el cual los panelistas estan hospedados y a solo un par de calles del mar, por lo que era idel para asistir al congreso y de paso disfrutar de la ciudad.

El congreso transcurrió de la manera mas normal y cotidiana, de lunes a jueves, la mayoria volveriamos a nuestras ciudades de origen el viernes, y claro, como todo congreso que se respete se cierra con fiesta, y asi sucedio el jueves en la noche, en un bar discoteca del centro historico de la ciudad.

Asi que me dispuse a salir radiante para la disco. Unas sandalias de tacon junto a un vestido vaporso blanco, corto y de tiras en la parte de arriba. Me encantan asi porque me permite lucir mejor la pechonalidad que Dios me dio y que muchos han llegado a insinuar que son operadas, lo cual es un error.

Sali con destino a la discoteca, donde los organizadores, a manera de integracion, decidieron designar ubicaciones por nombre, por lo que me tocó una mesa cerca de la pista de baile, justo al lado de dos expositores dominicanos, quienes no ocultaron su alegria al ver que yo les haria compania a lo largo de la velada.

Eran unos hombres negros, que superaban el 1.80 de estatura, cuarentones, pero con un cuerpo grande y en perfectas condiciones. Sin duda alguna se notaban que no eran de por aquí. Vestían de forma casual, con una bermuda de dril y camisas manga corta de colores claros, lo cual les quedaba muy bien. Además con el aroma a colonia fina, lo que les daba aun más una gran altura y distinción.

La fiesta inició y ellos empezaron a alternarse para sacarme a la pista a bailar. Eran excelentes bailarines y no me dejaban descansar en la mesa, lo cual me hacía feliz, pues me encanta el baile y más con hombres que saben moverse muy bien, como ellos dos. Cada vez teníamos más confianza y nos pegabamos más en las canciones y ritmos que ameritaba, mientras en ocasiones charlabamos de nuestras vidas y demás.

Asi me entere que eran hombres casados, amigos desde la universidad y que era la primera vez que estaban en Colombia. Su estado civil no fue impedimento alguno para que me coquetearan, cada vez con mas descaro, y al ver que era permisiva con sus alagos, no solo los aumentaron, sino que al bailar se pegaban mas a mi, frotando de manera deliciosa nuestros cuerpos, lo que me gustaba y hacia que sensaciones calientes empezaran a surgir en mi.

Poco a poco empece a sentir como la diminuta tanguita blanca que llevaba puesta empezaba a humedecerse con el rico ardor de mi cosita, pero lejos, muy lejos de mi estaba por imaginar lo que me esperaba esa intensa noche de Cartagena.

La verdad no pensaba mas alla del momento y disfrutaba de cada baile con esos dos hombres, con los cuales coqueteaba con todo el descaro posible, lo cual notaron y ademas de todas las frases cada vez mas picantes, se pegaban mas a mi, donde ya podia notar como sus vergas ganaban en grosor, longuitud y deliciosa dureza.

Cuando fui al baño estaba completamente con la tanguita empadadita de la calentura que me producía, junto a mis pezones erectos y duros. No sabía que sucedería esa noche, no quería pensar en ello, solo quería dejarme llevar por las delicias que esos dos negros cuarentones me producian al verme, bailar y frotarme con sus poderosas herramientas y estar en sus manotas que prometian placer sublime.

Así continuó la noche hasta que la fiesta terminó, por lo que salimos y tomamos un taxi rumbo a Bocagrande donde queda buena parte de la zona hotelera de Cartagena. En dicho taxi, uno de ellos propuso tomar una última copa en el apartaestudio que los 2 compartían, a lo cual acepté casi de inmediato. Cuando subimos al piso 22 del edificio, ellos vieron que no tenían bebida alguna. Así, uno de ellos salio a la calle para encontrar una licorera abierta en la noche y comprar algo de beber. El otro, de inmediato, colocó música y me invitó a bailar en la pequeña sala del apartaestudio.

Casi a oscuras, solitos, empezamos a bailar con mis manos alrededor de su cuello, por lo que él tomó mas confianza y empezó acariciarme deliciosamente la espalda que mi vestido dejaba desnuda y al notar que me gustaba, empezaron los besos en el cuello que fueron abriendo camino con destino a mi boca, hasta que nuestros labios se encontraron en un apasionado beso y las lenguas empezaron a entrelazarse de la forma más erótica y sublime, lo que hizo que sus manos cayeran a mis nalgas para manosearlas y apretarlas contra su humanidad, haciendome notar que antes que la ereccion que habia sentido en la pista de baile había disminuido, antes estaba mucho mas firme, dura y larga.

No sé cuanto tiempo paso, ni que canción sonaba, estabamos ahí los dos, mientras el se encargó de subirme el vestido y desnudar mis nalgas, dejandolas a la vista con su hilo blanco, para manosearlas a placer mientras continuabamos con ese eterno y delicioso beso y mi conchita era frotada por su falo que no dejaba de ganar grosor y de lograr mayor longitud, lo que sencillamente me ponía loquita de deseo.

Ni sentimos la puerta, sólo la presencia de su amigo al lado nuestro, quien con una risa picara le entregó la botella a quien me había hecho compañía, y sin mediar palabra tomó su lugar y empezamos a bailar en la misma posición que habíamos hecho con su amigo. La verdad, en ese momento no queria pensar en lo que estaba haciendo, sencillamente dejarme llevar por el placer que en ese momento estaba sintiendo y así lo hice, pues si lo pienso, no lo hago.

Quien me había besado tomó la botella y fue a la cocina a preparar las bebidas, mientras que su amigo no perdio el tiempo y empezó a seguir el mismo camino que había hecho su otro amigo, por lo que al volver con las copas en la mano, vio la escena de los dos pegaditos completamente, el restregandome su mastil con sus manos en mi culo en un beso tan apasionado como erotico, por lo que dejó las bebidas a un lado, para retirar las manos de su amigo de mi culo, y pregarse a el frotando su verga que parecía que quería explotar dentro de su pantalón.

Separo mi boca del negro que está al frente mio, le doy espacio para que manosee a gusto mis tetas, mientras volteo a ver a su amigo que está detrás mio, y en cuestión de segundos, estoy nuevamente besandolo con pasión desenfrenada, no soy dueña de mi, mi voluntad no existe y todo mi deseo y calentura es de ellos. El negro de alfrente aprovecha para tomar las tiras del vestido y bajarlas por mis hombros, para así dejarlo casi en mi cintura, dejando al descubierto mi voluminoso pecho que ataca sin misericordia con su apetitosa boca, jugando con su prodigiosa lengua, lo que me hace exalar intensos y ricos gemidos teniendo mi boca en la boca de su amigo y nuestras lenguas enredadas.

No saben la delicia de mamada de tetas que me daba ese negro. Las tomaba las dos con sus manotas y no dejaba de lamer, chupar y succionar mis pezones adoloridos de lo duros que los tenia por la calentura que sentía. Quien estaba detrás mio, con quien me seguia besando, no se quedaba quieto y metio su mano por mi vestidito, y primero por encima de la tanga, empezó a frotarse sus gruesos y largos dedos por encima de mi empapada cuquita, mientras me seguía deleitando con su vergota frotandola por doquier por mi culo, el cual sacaba más para disfrutarlo mejor.

Quien estaba detrás de mi, se separó, bajo mi vestido completamente y me dejó solo en las tanguitas diminutas, para luego empezar a subir por mi anatomia lamiendo y besando mis piernas, mis muslos hasta llegar a mis nalgas, que se frotaba en la cara, lamia e incluso mordía de manera deliciosa. El de adelante, sin dejar de proporcionarme la lamida de tetas que tanto me gustaba, introdujo su mano en mis tanguitas por delante, para encontrarse con mi panochita que para se momento era un mar hirviente de calentura y aumentó con la rica frotada que me daba con la yema de sus dedos.

El negro de atrás decidió bajar mis bragitas hasta los todillos para dejarme completamente desnudita, lo que aprovechó el de adelante para descender, hacer que abriera un poco mis piernas, y empezar a hurgar en mi vagina con su morbosa lengua y labios, mientras que el de atrás no perdio su tiempo, abrió mis nalguitas e hizo lo propio con mi estrechito anito. No saben la sensación que era tener, por primera vez, dos lenguas calientes haciendome sexo oral. Tome sus cabezas con cada una de mis manos, me encantaba verme entre esos dos negros, en otras, la sensacion era tan rica que me concentraba en mis gemidos, levantando mi rostro y cerrando los ojitos.

Los dos se incorporaron y sin dejarme de besar y manosear sus cuerpos, hicieron caer al suelo sus pantalones junto a sus boxer. Dirán que exagero, pero eran las vergas más largas y gruesas, que al menos hasta ese momento, había visto en mi vida. Sentí una sensación de intimidación y a la vez deseo por ellas, y cuando se pararon los dos frente a mí, no había necesidad de palabras, sabía bien lo que querían y yo estaba allí para complacerlos, así que me puse de rodillas, tomé esas ennormes vergas con mis manos y empecé a darles una intensa mamada.

No les miento al decirle que tomaba una de esas vergas con las dos manos y les sobraba la cabeza, además, de lo gruesa, casi mi mano no cerraba en su contorno, por lo que podía mamarles la cabeza y lamerles el resto, y fue casi imposible tragarme los dos penes a la vez, por mas ricos intentos que hicimos. Pero ello no fue impedimento para que les demostrara que lo mio es el sexo oral, que se dieran cuenta como me encanta y disfruto mamarlas y tragarme sus grandes y negras guevas mientras me daban golpecitos en el rostro con esos mastelis de ebano.

Casi se peleaban porque les chupara el cabezon o le pasara la lengua por el tallo o los recorriera con rico chupones, no me cambiaba por ninguna teniendo esas vergas en mi boca, pues es una de las cosas que más disfruto en el sexo. Por ello, uno de ellos se separó de mi, me acomodó en cuatro, y mientras yo seguia succionando una verga negra, empecé a sentir como el otro frotaba la cabeza de su penesote por los labios de mi vagina, para poco a poco ir perforandola con su animalote, haciendome producir gemidos sin que me sacara el otro palo de mi boca, inclusive tragandomelo más.

Fue un proceso lentamente delicioso el que mi cosita se acostumbrara a semejante herramienta. Con tacto y experiencia, el supo ir introduciendomela, produciendome instantes de ese dolorcito rico de placer que me hacia apretar entre mis labios la verga del otro macho que me comia, para en casi en la mitad, empezar a darme un delicioso bombeo que me hacia alucinar de lo delicioso. En ese momento pensé, y me exite aun mas. Solo un macho de estos sería rico para una noche de sexo sucio y yo estoy con dos: que puta suertuda soy. Por lo que incremente mis mamadas mientras yo solita movia mis caderas para sentir el pene más adentro de mi panocha.

En esa pose logré uno de los más intensos orgasmos de mi vida, el cual no lo gemi, lo grite intensamente mientras el negro que tenía detrás incrementaba sus movimientos, mientras no dejaba de mamarlo de manera desesperaba, aunque el amigo de al frente me pedía que parara, sentía que me la podía meter más y más por la boca, mientras la otra verga negra entraba casi completa por mi cuca chorreante de jugos calientes, lo cual produjo, que casi al tiempo, los dos llegarán a su primera desgarga de abundante semen, el cual brotó por mi panochita aun con la verga dentro, al igual que por la comisura de mis labios.

Caí casi desmayada en la alfombra de la sala de ese apartahotel. Los dos al lado mio completamente sudorosos, agotados, pero quizás, como yo, con ganitas de ir más allá. yo me quedé allí, disfrutando de sentir como de mi vagina no paraba de brotar semen espeso, caliente y abundante, mientras que mis labios, boca y mis tetas, tenias rastros del semen del otro macho. Me sentia puta, sucia, golfa y me encantaba sentirme así.

Fue sólo el primero de la noche, pero ustedes dirán si quieren conocer lo que siguió en esa noche.

lauritavelez94@hotmail.com

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Una sorpresa femenina

Después de una semana larga y tediosa por fin llega el sábado, día en el que se termina toda obligación y tiempo de disfrutar, le digo a mi hermosa mujer de salir a pasear en el auto, aunque es una noche fría y muy inhóspita ella decide aceptar, los dos teníamos ganas de salir, paseando por Punta del Este hablamos de muchas cosas y el tema se pone caliente cuando empezamos a hablar de sexo, yo la provoco porque sé que le excita hablar del tema, imaginamos cuanta cosa se nos pasa por la cabeza, una vez bien excitados la invito a ir a un hotel que conozco, ya que a diario paso a recolectar la lavandería, ella está tan excitada que no se niega ni pregunta nada, llegamos y entro el auto al garaje, y le señalo la habitación nº 3, entre besos y caricias nos acercamos a recepción “cuarto nº3 por favor” le digo al conserje, “toma Denis” y me guiña un ojo, casi corriendo llegamos a la puerta del cuarto, mientras intento abrir ella me toca el pene que está muy erecto, me lo acaricia por arriba del pantalón y a mi me cuesta abrir la puerta.
Entramos al cuarto a los besos y mi mujer mira hacia la cama y queda perpleja… una mujer de unos 30 años, de tez blanca y cabello negro rizado está postrada en la cama, con una lencería diminuta y muy exótica y erótica de color rosa, como le gusta a mi mujer, de ojos oscuros y mirada penetrante, no se divisa muy bien pero parece tener una figura envidiable.
Mi mujer me mira y dice “esto está planeado” y le respondo con una sonrisa, en eso mí invitada estaba a nuestro lado, acariciándonos, yo excitado y sorprendido por la reacción de mi mujer, porque no sabía que iba a pasar. Yo me la había jugado contratando a esta chica para jugar sexualmente y mi mujer la estaba aceptando sin dar respuesta alguna, nuestra amante ocasional pone una mano en el cuello de mi mujer y la besa de forma tal que parece un cuento de hadas, la besa suave y tiernamente a lo que mi mujer se entrega totalmente ante ese beso pasional, la lleva a la cama y yo miro anonadado, nunca creí en la reacción de mi mujer, se dejó llevar y la otra chica lo hacía muy bien.
La acostó y comenzó a recorrer su cuerpo con suaves caricias, con su mirada fija y con toques delicados y sutiles en los puntos exactos donde te hace hervir la sangre, Florencia a este punto estaba totalmente entregada, yo muy excitado ya estaba en ropa interior mirando todo, esta chica comenzó a quitarle las prendas a Flor, le quitó el buzo, el suéter y el pantalón, quedó solo en corpiños y tanguita, tirada, suelta, sin poder reaccionar encima de una cama llena de morbo y pasión.
A estas alturas ya corría la lengua de su amante por su pecho, sus piernas y todo su contorno, Florencia se quitó la tanga sin que se lo pidiera y abrió sus piernas dejando todo su sexo al descubierto, pidiendo sin palabras que esta chica hermosa se lo coma todo, y ella respondió, dejó de lamer sus brazos y cuellos y fue directo a la zona caliente, y con la punta de la lengua le toca sutilmente el clítoris, avisando lo que se venía, repitió la acción varias veces y flor se retorcía de placer, estaba muy mojada, con los ojos cerrados y la lujuria muy despierta, ya le estaba practicando sexo oral, algo que una mujer nunca le había hecho, y le gustaba mucho, yo diría que le gustaba mas de lo que yo se lo hacía, y sin dudar de un momento a otro dejó correr el primer orgasmo.
La chica se incorpora y se quita de entre sus piernas, con el índice me invita a participar, yo muy ansioso me vuelco sobre ella y me frena, me pide que bese a mi mujer y que me acueste, yo obedezco y ellas dos se ponen a mi costado, se disponen a practicarme sexo oral pero antes se besan de manera incontrolable y yo con el pene muy duro y caliente, se agachan y empiezan a pasar sus lenguas sobre mi miembro, entre besos y lengüetazos estoy que exploto, y la chica le pide a Flor que se siente en mi rabo, ella obedece y cuando se coloca el pene en la concha se le cierran los ojos y abre su boca con mucho placer, se deja llevar y llama a nuestra invitada, le pide que acerque su concha a su cara, y mientras es penetrada por mi le practica sexo oral por primera vez en su vida a una mujer, le gusta, le encanta y se enloquece, se la chupa con tantas ganas que se va en otro orgasmo y hace ir a la otra chica, yo sigo muy caliente, flor se sale y se acomoda de forma tal que me indica hacer el perrito con la otra chica debajo haciéndole sexo oral a ella, la penetro y siento la lengua de la otra en mis huevos, que sensación tan exquisita algo inigualable y tan excitante que nos fimos los dos a la vez, Florencia y yo.
Me levanto de esa escena llena de deseos y me dirijo al baño, ellas quedan reposando, me doy una ducha rápida y cuando vuelvo las veo abrazadas besándose y tocándose, me gusta lo que veo y las dejo seguir, sus besos son tan profundos que no notan mi presencia, desnudas como hace mas de una hora Florencia la recuesta en la cama y acaricia su cuerpo, la besa, la toca, y la ama nuevamente, juega con su vulva y la chica está mas que húmeda, yo diría mojada por completo, como me pone verlas así, y flor está perdida dentro de esas piernas saboreando ese jugo tan exquisito, juegan y se intercambian varias veces hasta que la chica pasa su lengua por el culo de flor, pero de forma tal que recorre todo el orificio, a flor le gusta, se saborea y muerde su labio inferior, le moja levemente el ano y mete un dedo despacio, se nota que le duele pero no se queja, trata de disimular y e a poco le va tomando el gusto, yo estaba con la pija bien dura y pronto a participar, nuestra amante jugó tanto con el ano de mi mujer que ya le entraban dos dedos juntos y en un vaivén suave y ligero estos entran y salen a gusto.
“está pronta” me dice, y me dirijo rumbo a ese culo que siempre quise comer, pues nunca me había dado permiso, cuando coloco la punta de la pija en su culo flor me dice “suave por favor” y yo acato su petición, comienzo a empujar y la punta de mi pija se introduce en ese jugoso culo, ella empuja su cuerpo hacia atrás tratando de ser quien domine la situación, comprendo y me quedo quieto y ella empieza a jugar con suaves movimientos, cuando queremos acordar la tiene toda adentro y su cara era para irse en un orgasmo, cosa que no demoro en suceder, a todo esto nuestra invitada le chupaba la concha y tocaba sus suaves pechos.
Flor me pide que me vaya en su cola, y me puse a mil, la penetré con tanta fuerza que empezó a gritar de placer y dolor al mismo tiempo y en unos pocos segundos me fui en lo que debe de haber sido el mejor orgasmo de nuestras vidas. Nunca más vimos a esta chica, pero desde ese día Florencia se ocupa de encontrar alguna compañera de juegos para los dos e incluso la he encontrado dos veces en mi cama a ella con una amiga a solas, ya consumido todo el placer.

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La Sorpresa

La Sorpresa

El día había sido agotador para Diego… realizar todas las tareas de un día normal en dos horas menos había resultado mucho mas difícil de lo que esperaba, pero lo consiguió. Era la condición que le impuso su jefe para dejarlo ir un par de horas antes. Necesitaba ese tiempo porque llevaba meses con la idea en la cabeza y semanas planificando como llevarla a cabo.

Tenía todo preparado en su automóvil, el pasamontañas, la cuerda, la pistola a fogueo, todo. En algún momento quiso desistir de su plan, pensando en el susto que se llevaría Ana, pero entonces recordaba sus motivos…

La había conocido hacía dos años, y desde el momento en que la vio quiso para sí a esa belleza angelical,pura, inocente. Le llevó casi un año conquistarla… todavía recordaba su primera cita, su primer beso, y también la primera vez que hicieron el amor. Fue algo romántico, hermoso, libre de toda lujuria…

Ese era precisamente el problema: Él confiaba que con el tiempo podría corromper a esa inocente criatura, transformarla en una depravada loba sexual, sedienta de satisfacer sus instintos más básicos. No le había resultado; al contrario, Ana jamás había tenido un orgasmo, no dejaba que le practicara sexo oral (mucho menos ella a él) y, aún cuando llevaban mas de dos meses viviendo juntos, casi no dejaba que la viera desnuda. Peor aún, últimamente lo rechazaba casi siempre, tanto así que hacía dos semanas que no tenían relaciones.

Por eso planeó lo de aquel día; entraría por la puerta trasera – que había dejado abierta en la mañana- vestido de ladrón y la sorprendería, confiando en que el peligro pudiera gatillar la excitación de su novia. Sonaba descabellado ahora que lo repasaba mentalmente, pero así lo había leído en alguna parte ¿o lo vio en la tele? Daba igual; en el peor de los casos, al menos podría cumplir su fantasía de dominación.

Se estacionó a tres cuadras de la casa, para no alertarla de antemano. Sacó los implementos del auto y comenzó a acercarse a pie. Cuando estaba cerca, miró hacia todos lados para asegurarse de que nadie lo observaba y luego corrió rápidamente al muro que daba al patio trasero de la propiedad. Lo saltó con agilidad y lo más silenciosamente que pudo. Ya se había cambiado de ropa al salir del trabajo: polera, jeans y zapatillas que había comprado el día anterior en la ropa usada. Daba lo mismo la ropa que usara; lo importante era que Ana no la reconociera.

Se puso el pasamontañas y tomó la pistola y la cuerda. Se acercó sigilosamente a la puerta trasera, pero luego de dar unos cuantos pasos, cambió de idea: Era mejor ver primero en qué lugar de la casa se encontraba su novia. Comenzó por la ventana más cercana, que correspondía al dormitorio; al llegar, se agachó para asegurarse que no lo viera y se asomó por una esquina para mirar al interior

Sin darse cuenta, soltó la cuerda y la pistola y casi pierde el equilibrio; todos sus sentidos parecieron bloquearse… todos excepto la visión. No podía creer lo que estaba viendo… Ana estaba en cuatro patas en medio de la cama, tragándose el pico de un desconocido mientras Guillermo, hermano de Diego, la penetraba salvajemente por detrás.

Era increíble. “La muy puta nunca quiso hacerlo a lo perrito conmigo… y me dijo que le daba asco sólo pensarlo cuando le propuse que me lo chupara” pensaba; se restregó los ojos y se pellizcó para asegurarse que lo que veía era cierto, pero ahí estaba su novia, con ese culito hermoso levantado, mientras ese puto de su hermano, que siempre le había ganado en todo, se lo metía y sacaba a un ritmo furioso. De sólo imaginarse lo que debía sentirse estar en el lugar de su hermano, penetrando por atrás ese chorito tan estrecho, lubricado con sus propios jugos, como estaba, mientras amasaba ese culito perfecto, dándole de cuando en cuando fuertes palmadas, que parecían encantarle a su novia, se llenaba de excitación, furia y envidia.

No era menos la envidia que sentía por el desconocido, al que Ana le practicaba sexo oral como una experta. Lamía, chupaba, mordisqueaba, volvía a lamer… luego hizo algo que Diego jamás había visto. Se lo introdujo por completo en su boca, su rostro de aparente inocencia desfigurado por aquel miembro, su garganta abultada “Esta perra se lo traga hasta la garganta sin siquiera hacer arcadas” pensaba Diego. Sin ceder un sólo centímetro de aquella verga, Ana sacó su lengua, la estiró hacia abajo y comenzó a lamer las bolas de aquel hombre…

Lentamente Diego comenzó a recuperar la audición: Podía escuchar los jadeos de ambos hombres, el sonido obsceno y constante que se producía al chocar la pelvis de Guillermo con las gloriosas nalgas de Ana, los insultos de Guillermo, que por cierto parecían excitar aún más a la joven mujer. Pero lo que resaltaba por sobre todo, aquello que transformaba esos sonidos inconexos en una sinfonía erótica eran los gemidos de Ana. Apagados por el miembro que llenaba su boca y de naturaleza principalmente gutural, eran evidencias claras del placer que recibía. A Diego le costaba asumir que su novia, de apariencia angelical, fuera capaz de emitir esos sonidos.

El primero en caer fue el desconocido, quien la tomó del pelo y comenzó, literalmente, a joderle la boca. Ana parecía gustosa de recibir semejante trato, aún cuando la única forma de que ese miembro entrara por completo era que bajara por su garganta. El ritmo era cada vez más furioso, hasta que de un momento a otro, el hombre se detuvo, mientras la garganta de Ana se movía convulsivamente y un hilillo de semen se filtró por la comsura de sus labios. Ana continuó su mamada sin piedad, hasta que el desconocido debió apartarla bruscamente de su miembro ya flácido. Ana le sonrió irónicamente, le mostró el dedo mayor y luego usó el mismo para limpiarse el hilillo de semen y luego llevárselo a la boca.

Durante todo ese tiempo, Guillermo continuaba sin parar su trabajo. Ahora que Ana tenía libre su boca, los gritos se habían sumado a los gemidos, transformando la sinfonía en una obra maestra. De solo escucharla, a Diego le venía una calentura tal que la erección le dolía. Guillermo aumentó aún más el ritmo, lo que terminó por rendir a Ana, a quien los brazos le temblaron y terminó con el rostro enterrado en su cama, pero ni esto apagó sus gritos orgásmicos, al tiempo que todos sus músculos parecieron tensarse. Guillermo continuó abusando de aquel coñito hermoso aún después de que los gemidos de Ana comenzaron a suavizarse. No fue mucho después que éste sacó su miembro y vació una buena cantidad de leche en la espalda de Ana…

Diego recogió la cuerda y la pistola y se retiró de la ventana, nuevamente inundado de envidia… era injusto que Ana fuera exactamente la puta que él quería con otros, mientras con él era esa frígida santurrona. Fue entonces cuando se dió cuenta que al menos toda su minuciosa planificación podía servir de algo.

Se encaminó nuevamente hacia la puerta trasera y la abrió sin hacer ruido. Antes de entrar, dejó la cuerda en el suelo; no la necesitaría. Caminó sigilosamente hasta la puerta del dormitorio y la abrió de golpe:

-¡Levanten lah manoh loh culiao!¡Pasen toa lah we…! ¿Estaban haciendo un trío loh weoneh calienteh?

Diego se rió para sus adentros… los tres estaban horrorizados y en realidad creían estar siendo asaltados. La situación no podía ser mejor.

Debía mantener la distancia de ambos hombres en caso de que alguno intentara dárselas de héroe, por lo que los mandó a ambos a un rincón, y comenzó a examinar a Ana, quien estaba tendida de espalda en la cama. Fue directo al grano, pellizcó bruscamente su pezón derecho, mientras usaba el cañón de la pistola para separar los labios vaginales de su novia.

-Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm- logró articular Ana

“Pero qué puta” pensó Diego, quien no podía creer que su angelical novia se excitara cuando un supuesto criminal la manoseaba. Alcanzó a darse vuelta justo a tiempo para apuntar con la pistola falsa a Guillermo, quien se acercaba rápidamente para intentar golperlo por la espalda. Naturalmente, se frenó en seco al ver el arma apuntándolo:

-¿Qué ibai a hacer conchetumare?- le gritó Diego, mientras se acercaba – ¿creí que soy weon?- le dijo, al tiempo que le dio un puñetazo con todas sus fuerzas en el rostro.

El dolor en sus nudillos le provocó ese extraño placer que solo se logra cuando se ejecuta una venganza, se regocijaba ante esos ojos temerosos con los que lo contemplaba Guillermo. Sin embargo, no era suficiente; un rodillazo en el estómago y un culatazo en la cabeza en el momento que se dobló, llevaron finalmente a Guillermo al suelo, atontado. Lo tomó por el pelo y lo arrastró hasta la orilla de la cama. Tomó a Ana del tobillo y la acercó con fuerza, hasta que su entrepierna quedó justo en frente del rostro de Guillermo.

-¡Mira lo que estas defendiendo! ¿ves lo mojada que está?- profirió Diego, mientras forzaba la cabeza de Guillermo en el coño de Ana, quien no ocultó su excitación y gemía de placer mientras se pellizcaba los pezones – ¿Quieres morir defendiendo a esta perra que lo está gozando?

Lo arrastró de vuelta al rincón, en el que aún se mantenía el desconocido, y apuntó a este mismo:

-Tiéndete boca arriba en la cama- le dijo – y tu hazle una buena mamada- le indicó a Ana.

No bien se tendió en la cama, Ana se abalanzó sobre la entrepierna de aquel hombre y comenzó su trabajo. Bastaron sólo dos minutos para que el desconocido recuperara su erección.

-¡Suficiente!- le gritó Diego a Ana, al tiempo que la apartaba tirándola salvajemente del pelo.

-Ahora, móntalo- le indicó.

Diego quedó anonadado, cada vez lo sorprendían más las habilidades de Ana, quien muy obediente apoyó una rodilla a cada lado de las caderas del desconocido, las manos en el abdomen, y comenzó a bajar lentamente pero sin pausa, hasta que tuvo aquel miembro completamente dentro de su húmeda vagina, mientras lanzaba un fuerte grito de placer. No mucho después, comenzó a cabalgar a un ritmo salvaje, sus piernas apenas haciendo contacto con la cama para elevarse nuevamente, su cabeza levemente inclinada hacia atrás y sus pechos, de un tamaño medio, pero bien formados, se balanceaban de arriba a abajo. Para Diego era increíble que su novia que jamás lo había montado, que siempre se quedaba quieta , sin reacción a sus caricias, fuera esa hembra en celos que tenía ante sus ojos.

Tardó varios minutos en volver en sí y retomar su plan.

-¡Detente! – le gritó a Ana, quien se detuvo en el mismo momento, aunque con un evidente gesto de frustración en el rostro. Diego la tomó de la nuca y la forzó a inclinarse hacia adelante, quedando su rostro a la altura del pecho del sujeto

– Tú continúa moviéndote- le dijo al desconocido. Éste comenzó a entrar y salir del coño de Ana a un ritmo muy lento, quizás por lo incómodo de la posición. Los jadeos y gemidos de Ana continuaban, pero a un volumen mucho más bajo.

Ana comenzó a acompañar el movimiento de arriba a abajo; fue entonces cuando Diego le dio una fuerte nalgada:

-¡Quédate quieta!- gritó; por toda respuesta, Ana emitió un “Hmmmf” como protesta, pero obedeció.

Diego comenzó a acariciar las nalgas de Ana, primero suavemente, para luego transformarse en algo brutal, que dejaba marcas rojas en la piel blanca. De vez en cuando le daba una nalgada, que la estremecía y le hacía chillar de placer. El juego duró varios minutos, mientras el desconocido seguía follándola.

Mientras amasaba ese culito, Diego comenzó a apartar y juntar las nalgas de su novia, dejando al descubierto por unos momentos el apretado ano de la joven. Luego, se ensalivó un dedo y lo llevó hasta esa entrada, lo que puso a Ana como loca; se echó hacia atrás y no se conformó hasta que el dedo en cuestión atravesó su esfínter. Diego retiró la mano, se ensalivó un segundo dedo y repitió la operación ahora con ambos.

No pasó mucho tiempo hasta que el ano de su novia estaba lo suficientemente lubricado y dilatado. Retiró sus dedos, lo que evidentemente molestó a Ana, y luego se bajó los pantalones y los boxers. Le habría encantado recibir una de esas espléndidas mamadas de su novia, pero sabía que era peligroso; ella seguía creyendo que él era un delincuente, y podría aprovechar el momento para mutilarlo…

Se acomodó detrás de su novia, y sin ceremonias, llevó su miembro al esfínter de Ana y comenzó a presionar. Requirió mucho esfuerzo, pero finalmente su cabeza entró por completo. Se detuvo un momento para disfrutar de la sensación y la situación. Era lo que siempre había querido, prácticas sexuales extremas con aquella mujer que creía inocente… la presión que ejercía el ano de su novia era tan fuerte que hasta sus propios latidos le producían dolor.

Continuó hasta que su pelvis quedó presionando ese culito hermoso, a pesar del dolor que esto le provocaba… parecía como si se lo fuera a despellejar. Los gemidos de Ana eran una armónica mezcla de aullidos de dolor y gritos de placer… de todos modos, el placer debía ser más fuerte, ya que fue ella misma la que empujó su culo contra su novio para que entraran los últimos centímetros.

Diego estaba en las nubes; jamás había estado en una situación tan placentera. Dejó pasar un momento para retomar el control y luego comenzó un lento mete y saca, mientras el desconocido hacía lo propio por la otra entrada. Así pasaron varios minutos, en los que ambos aumentaron progresivamente el ritmo. En cuanto a la coordinación, era variable. A ratos, uno entraba mientras el otro salía; otras veces ambos entraban y salían al mismo tiempo, y otras estaban totalmente desfasados. Esto parecía ser lo que más le gustaba a Ana, quien aumentaba el caos en el acto moviendo su cadera de adelante hacia atrás a su propio ritmo.

Finalmente, el desconocido aumentó el ritmo a una velocidad frenética, Ana lanzó un grito de sorpresa y luego el hombre dejó de moverse y salió de dentro de Ana, quien lo reemplazó inmediatamente por tres dedos, más el pulgar frotando su clítoris. Minutos después, su novia comenzó un orgasmo que duró minutos, sus gritos probablemente audibles en toda la manzana.

Lo excitante de la situación, el hecho de estar provocándole un orgasmo por primera vez a su novia (de quien, inconscientemente, aún tenía una imagen angelical e inocente) y, naturalmente, su propia fisiología, le indicaron a Diego que su eyaculación estaba cerca. Decidió que quería llenarle el culo de leche a su novia, por lo que comenzó un ritmo frenético, que apenas si provocaba reacción en Ana, absolutamente agotada. Sólo instantes después se corrió abundantemente, sacó su miembro chorreante del culo de su novia y observó unos segundos la grotesca imagen del esfínter de Ana totalmente dilatado, chorreando semen.

Diego se acomodó los pantalones, tomó la pistola, que había olvidado a un costado de la cama (obviamente nadie había estado en condiciones de usarla contra él; el desconocido y Ana ocupados en otros asuntos y Guillermo aún semiinconsciente) y se retiró.

-Si llaman a la policía los mato a los tres -les dijo antes de salir.

Corrió a la salida, saltó el muro y siguió corriendo un par de cuadras. Luego se detuvo, se sacó el pasamontañas y caminó hasta su auto; al interior se cambió de ropa y luego miró su reloj. Faltaba media hora para el momento en el que comúnmente el llegaba a la casa, tiempo suficiente para deshacerse del disfraz y la pistola… había olvidado la cuerda, pero nadie la había visto en posesión del ladrón, por lo que no sospecharían.

Cuando regresó a su casa, Ana estaba preparando un refrigerio para esperarlo, tal como hacía habitualmente. Nada delataba lo que había sucedido, y los dos hombres ya no estaban en casa. Su rostro, tan inocente como siempre

-Hola mi amor – lo saludó Ana, a tiempo que lo besaba tiernamente- ¿Cómo te fue en el trabajo?
-Bien, ninguna novedad
-Vino tu hermano, con un amigo suyo. Dijo que querían conseguirte unas herramientas
-¿Se las prestaste?
-Si. Les mostré donde las guardas, porque yo no las conozco. ¿Hice mal?
-Por supuesto que no. Yo comparto todo con mi hermano- Recalcó Diego

A Diego le excitó en lugar de enojar la desfachatez de su novia, por eso se acercó a ella y comenzó a toquetearla, proponiéndole cosas indecentes al oído.

-Ahora no, mi amor, no tengo ganas. ¿Es que sólo piensas en sexo?
-Discúlpame, no quise incomodarte- le respondió Diego, besándola tiernamente en la frente.
La Sorpresa

El día había sido agotador para Diego… realizar todas las tareas de un día normal en dos horas menos había resultado mucho mas difícil de lo que esperaba, pero lo consiguió. Era la condición que le impuso su jefe para dejarlo ir un par de horas antes. Necesitaba ese tiempo porque llevaba meses con la idea en la cabeza y semanas planificando como llevarla a cabo.

Tenía todo preparado en su automóvil, el pasamontañas, la cuerda, la pistola a fogueo, todo. En algún momento quiso desistir de su plan, pensando en el susto que se llevaría Ana, pero entonces recordaba sus motivos…

La había conocido hacía dos años, y desde el momento en que la vio quiso para sí a esa belleza angelical,pura, inocente. Le llevó casi un año conquistarla… todavía recordaba su primera cita, su primer beso, y también la primera vez que hicieron el amor. Fue algo romántico, hermoso, libre de toda lujuria…

Ese era precisamente el problema: Él confiaba que con el tiempo podría corromper a esa inocente criatura, transformarla en una depravada loba sexual, sedienta de satisfacer sus instintos más básicos. No le había resultado; al contrario, Ana jamás había tenido un orgasmo, no dejaba que le practicara sexo oral (mucho menos ella a él) y, aún cuando llevaban mas de dos meses viviendo juntos, casi no dejaba que la viera desnuda. Peor aún, últimamente lo rechazaba casi siempre, tanto así que hacía dos semanas que no tenían relaciones.

Por eso planeó lo de aquel día; entraría por la puerta trasera – que había dejado abierta en la mañana- vestido de ladrón y la sorprendería, confiando en que el peligro pudiera gatillar la excitación de su novia. Sonaba descabellado ahora que lo repasaba mentalmente, pero así lo había leído en alguna parte ¿o lo vio en la tele? Daba igual; en el peor de los casos, al menos podría cumplir su fantasía de dominación.

Se estacionó a tres cuadras de la casa, para no alertarla de antemano. Sacó los implementos del auto y comenzó a acercarse a pie. Cuando estaba cerca, miró hacia todos lados para asegurarse de que nadie lo observaba y luego corrió rápidamente al muro que daba al patio trasero de la propiedad. Lo saltó con agilidad y lo más silenciosamente que pudo. Ya se había cambiado de ropa al salir del trabajo: polera, jeans y zapatillas que había comprado el día anterior en la ropa usada. Daba lo mismo la ropa que usara; lo importante era que Ana no la reconociera.

Se puso el pasamontañas y tomó la pistola y la cuerda. Se acercó sigilosamente a la puerta trasera, pero luego de dar unos cuantos pasos, cambió de idea: Era mejor ver primero en qué lugar de la casa se encontraba su novia. Comenzó por la ventana más cercana, que correspondía al dormitorio; al llegar, se agachó para asegurarse que no lo viera y se asomó por una esquina para mirar al interior

Sin darse cuenta, soltó la cuerda y la pistola y casi pierde el equilibrio; todos sus sentidos parecieron bloquearse… todos excepto la visión. No podía creer lo que estaba viendo… Ana estaba en cuatro patas en medio de la cama, tragándose el pico de un desconocido mientras Guillermo, hermano de Diego, la penetraba salvajemente por detrás.

Era increíble. “La muy puta nunca quiso hacerlo a lo perrito conmigo… y me dijo que le daba asco sólo pensarlo cuando le propuse que me lo chupara” pensaba; se restregó los ojos y se pellizcó para asegurarse que lo que veía era cierto, pero ahí estaba su novia, con ese culito hermoso levantado, mientras ese puto de su hermano, que siempre le había ganado en todo, se lo metía y sacaba a un ritmo furioso. De sólo imaginarse lo que debía sentirse estar en el lugar de su hermano, penetrando por atrás ese chorito tan estrecho, lubricado con sus propios jugos, como estaba, mientras amasaba ese culito perfecto, dándole de cuando en cuando fuertes palmadas, que parecían encantarle a su novia, se llenaba de excitación, furia y envidia.

No era menos la envidia que sentía por el desconocido, al que Ana le practicaba sexo oral como una experta. Lamía, chupaba, mordisqueaba, volvía a lamer… luego hizo algo que Diego jamás había visto. Se lo introdujo por completo en su boca, su rostro de aparente inocencia desfigurado por aquel miembro, su garganta abultada “Esta perra se lo traga hasta la garganta sin siquiera hacer arcadas” pensaba Diego. Sin ceder un sólo centímetro de aquella verga, Ana sacó su lengua, la estiró hacia abajo y comenzó a lamer las bolas de aquel hombre…

Lentamente Diego comenzó a recuperar la audición: Podía escuchar los jadeos de ambos hombres, el sonido obsceno y constante que se producía al chocar la pelvis de Guillermo con las gloriosas nalgas de Ana, los insultos de Guillermo, que por cierto parecían excitar aún más a la joven mujer. Pero lo que resaltaba por sobre todo, aquello que transformaba esos sonidos inconexos en una sinfonía erótica eran los gemidos de Ana. Apagados por el miembro que llenaba su boca y de naturaleza principalmente gutural, eran evidencias claras del placer que recibía. A Diego le costaba asumir que su novia, de apariencia angelical, fuera capaz de emitir esos sonidos.

El primero en caer fue el desconocido, quien la tomó del pelo y comenzó, literalmente, a joderle la boca. Ana parecía gustosa de recibir semejante trato, aún cuando la única forma de que ese miembro entrara por completo era que bajara por su garganta. El ritmo era cada vez más furioso, hasta que de un momento a otro, el hombre se detuvo, mientras la garganta de Ana se movía convulsivamente y un hilillo de semen se filtró por la comsura de sus labios. Ana continuó su mamada sin piedad, hasta que el desconocido debió apartarla bruscamente de su miembro ya flácido. Ana le sonrió irónicamente, le mostró el dedo mayor y luego usó el mismo para limpiarse el hilillo de semen y luego llevárselo a la boca.

Durante todo ese tiempo, Guillermo continuaba sin parar su trabajo. Ahora que Ana tenía libre su boca, los gritos se habían sumado a los gemidos, transformando la sinfonía en una obra maestra. De solo escucharla, a Diego le venía una calentura tal que la erección le dolía. Guillermo aumentó aún más el ritmo, lo que terminó por rendir a Ana, a quien los brazos le temblaron y terminó con el rostro enterrado en su cama, pero ni esto apagó sus gritos orgásmicos, al tiempo que todos sus músculos parecieron tensarse. Guillermo continuó abusando de aquel coñito hermoso aún después de que los gemidos de Ana comenzaron a suavizarse. No fue mucho después que éste sacó su miembro y vació una buena cantidad de leche en la espalda de Ana…

Diego recogió la cuerda y la pistola y se retiró de la ventana, nuevamente inundado de envidia… era injusto que Ana fuera exactamente la puta que él quería con otros, mientras con él era esa frígida santurrona. Fue entonces cuando se dió cuenta que al menos toda su minuciosa planificación podía servir de algo.

Se encaminó nuevamente hacia la puerta trasera y la abrió sin hacer ruido. Antes de entrar, dejó la cuerda en el suelo; no la necesitaría. Caminó sigilosamente hasta la puerta del dormitorio y la abrió de golpe:

-¡Levanten lah manoh loh culiao!¡Pasen toa lah we…! ¿Estaban haciendo un trío loh weoneh calienteh?

Diego se rió para sus adentros… los tres estaban horrorizados y en realidad creían estar siendo asaltados. La situación no podía ser mejor.

Debía mantener la distancia de ambos hombres en caso de que alguno intentara dárselas de héroe, por lo que los mandó a ambos a un rincón, y comenzó a examinar a Ana, quien estaba tendida de espalda en la cama. Fue directo al grano, pellizcó bruscamente su pezón derecho, mientras usaba el cañón de la pistola para separar los labios vaginales de su novia.

-Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm- logró articular Ana

“Pero qué puta” pensó Diego, quien no podía creer que su angelical novia se excitara cuando un supuesto criminal la manoseaba. Alcanzó a darse vuelta justo a tiempo para apuntar con la pistola falsa a Guillermo, quien se acercaba rápidamente para intentar golperlo por la espalda. Naturalmente, se frenó en seco al ver el arma apuntándolo:

-¿Qué ibai a hacer conchetumare?- le gritó Diego, mientras se acercaba – ¿creí que soy weon?- le dijo, al tiempo que le dio un puñetazo con todas sus fuerzas en el rostro.

El dolor en sus nudillos le provocó ese extraño placer que solo se logra cuando se ejecuta una venganza, se regocijaba ante esos ojos temerosos con los que lo contemplaba Guillermo. Sin embargo, no era suficiente; un rodillazo en el estómago y un culatazo en la cabeza en el momento que se dobló, llevaron finalmente a Guillermo al suelo, atontado. Lo tomó por el pelo y lo arrastró hasta la orilla de la cama. Tomó a Ana del tobillo y la acercó con fuerza, hasta que su entrepierna quedó justo en frente del rostro de Guillermo.

-¡Mira lo que estas defendiendo! ¿ves lo mojada que está?- profirió Diego, mientras forzaba la cabeza de Guillermo en el coño de Ana, quien no ocultó su excitación y gemía de placer mientras se pellizcaba los pezones – ¿Quieres morir defendiendo a esta perra que lo está gozando?

Lo arrastró de vuelta al rincón, en el que aún se mantenía el desconocido, y apuntó a este mismo:

-Tiéndete boca arriba en la cama- le dijo – y tu hazle una buena mamada- le indicó a Ana.

No bien se tendió en la cama, Ana se abalanzó sobre la entrepierna de aquel hombre y comenzó su trabajo. Bastaron sólo dos minutos para que el desconocido recuperara su erección.

-¡Suficiente!- le gritó Diego a Ana, al tiempo que la apartaba tirándola salvajemente del pelo.

-Ahora, móntalo- le indicó.

Diego quedó anonadado, cada vez lo sorprendían más las habilidades de Ana, quien muy obediente apoyó una rodilla a cada lado de las caderas del desconocido, las manos en el abdomen, y comenzó a bajar lentamente pero sin pausa, hasta que tuvo aquel miembro completamente dentro de su húmeda vagina, mientras lanzaba un fuerte grito de placer. No mucho después, comenzó a cabalgar a un ritmo salvaje, sus piernas apenas haciendo contacto con la cama para elevarse nuevamente, su cabeza levemente inclinada hacia atrás y sus pechos, de un tamaño medio, pero bien formados, se balanceaban de arriba a abajo. Para Diego era increíble que su novia que jamás lo había montado, que siempre se quedaba quieta , sin reacción a sus caricias, fuera esa hembra en celos que tenía ante sus ojos.

Tardó varios minutos en volver en sí y retomar su plan.

-¡Detente! – le gritó a Ana, quien se detuvo en el mismo momento, aunque con un evidente gesto de frustración en el rostro. Diego la tomó de la nuca y la forzó a inclinarse hacia adelante, quedando su rostro a la altura del pecho del sujeto

– Tú continúa moviéndote- le dijo al desconocido. Éste comenzó a entrar y salir del coño de Ana a un ritmo muy lento, quizás por lo incómodo de la posición. Los jadeos y gemidos de Ana continuaban, pero a un volumen mucho más bajo.

Ana comenzó a acompañar el movimiento de arriba a abajo; fue entonces cuando Diego le dio una fuerte nalgada:

-¡Quédate quieta!- gritó; por toda respuesta, Ana emitió un “Hmmmf” como protesta, pero obedeció.

Diego comenzó a acariciar las nalgas de Ana, primero suavemente, para luego transformarse en algo brutal, que dejaba marcas rojas en la piel blanca. De vez en cuando le daba una nalgada, que la estremecía y le hacía chillar de placer. El juego duró varios minutos, mientras el desconocido seguía follándola.

Mientras amasaba ese culito, Diego comenzó a apartar y juntar las nalgas de su novia, dejando al descubierto por unos momentos el apretado ano de la joven. Luego, se ensalivó un dedo y lo llevó hasta esa entrada, lo que puso a Ana como loca; se echó hacia atrás y no se conformó hasta que el dedo en cuestión atravesó su esfínter. Diego retiró la mano, se ensalivó un segundo dedo y repitió la operación ahora con ambos.

No pasó mucho tiempo hasta que el ano de su novia estaba lo suficientemente lubricado y dilatado. Retiró sus dedos, lo que evidentemente molestó a Ana, y luego se bajó los pantalones y los boxers. Le habría encantado recibir una de esas espléndidas mamadas de su novia, pero sabía que era peligroso; ella seguía creyendo que él era un delincuente, y podría aprovechar el momento para mutilarlo…

Se acomodó detrás de su novia, y sin ceremonias, llevó su miembro al esfínter de Ana y comenzó a presionar. Requirió mucho esfuerzo, pero finalmente su cabeza entró por completo. Se detuvo un momento para disfrutar de la sensación y la situación. Era lo que siempre había querido, prácticas sexuales extremas con aquella mujer que creía inocente… la presión que ejercía el ano de su novia era tan fuerte que hasta sus propios latidos le producían dolor.

Continuó hasta que su pelvis quedó presionando ese culito hermoso, a pesar del dolor que esto le provocaba… parecía como si se lo fuera a despellejar. Los gemidos de Ana eran una armónica mezcla de aullidos de dolor y gritos de placer… de todos modos, el placer debía ser más fuerte, ya que fue ella misma la que empujó su culo contra su novio para que entraran los últimos centímetros.

Diego estaba en las nubes; jamás había estado en una situación tan placentera. Dejó pasar un momento para retomar el control y luego comenzó un lento mete y saca, mientras el desconocido hacía lo propio por la otra entrada. Así pasaron varios minutos, en los que ambos aumentaron progresivamente el ritmo. En cuanto a la coordinación, era variable. A ratos, uno entraba mientras el otro salía; otras veces ambos entraban y salían al mismo tiempo, y otras estaban totalmente desfasados. Esto parecía ser lo que más le gustaba a Ana, quien aumentaba el caos en el acto moviendo su cadera de adelante hacia atrás a su propio ritmo.

Finalmente, el desconocido aumentó el ritmo a una velocidad frenética, Ana lanzó un grito de sorpresa y luego el hombre dejó de moverse y salió de dentro de Ana, quien lo reemplazó inmediatamente por tres dedos, más el pulgar frotando su clítoris. Minutos después, su novia comenzó un orgasmo que duró minutos, sus gritos probablemente audibles en toda la manzana.

Lo excitante de la situación, el hecho de estar provocándole un orgasmo por primera vez a su novia (de quien, inconscientemente, aún tenía una imagen angelical e inocente) y, naturalmente, su propia fisiología, le indicaron a Diego que su eyaculación estaba cerca. Decidió que quería llenarle el culo de leche a su novia, por lo que comenzó un ritmo frenético, que apenas si provocaba reacción en Ana, absolutamente agotada. Sólo instantes después se corrió abundantemente, sacó su miembro chorreante del culo de su novia y observó unos segundos la grotesca imagen del esfínter de Ana totalmente dilatado, chorreando semen.

Diego se acomodó los pantalones, tomó la pistola, que había olvidado a un costado de la cama (obviamente nadie había estado en condiciones de usarla contra él; el desconocido y Ana ocupados en otros asuntos y Guillermo aún semiinconsciente) y se retiró.

-Si llaman a la policía los mato a los tres -les dijo antes de salir.

Corrió a la salida, saltó el muro y siguió corriendo un par de cuadras. Luego se detuvo, se sacó el pasamontañas y caminó hasta su auto; al interior se cambió de ropa y luego miró su reloj. Faltaba media hora para el momento en el que comúnmente el llegaba a la casa, tiempo suficiente para deshacerse del disfraz y la pistola… había olvidado la cuerda, pero nadie la había visto en posesión del ladrón, por lo que no sospecharían.

Cuando regresó a su casa, Ana estaba preparando un refrigerio para esperarlo, tal como hacía habitualmente. Nada delataba lo que había sucedido, y los dos hombres ya no estaban en casa. Su rostro, tan inocente como siempre

-Hola mi amor – lo saludó Ana, a tiempo que lo besaba tiernamente- ¿Cómo te fue en el trabajo?
-Bien, ninguna novedad
-Vino tu hermano, con un amigo suyo. Dijo que querían conseguirte unas herramientas
-¿Se las prestaste?
-Si. Les mostré donde las guardas, porque yo no las conozco. ¿Hice mal?
-Por supuesto que no. Yo comparto todo con mi hermano- Recalcó Diego

A Diego le excitó en lugar de enojar la desfachatez de su novia, por eso se acercó a ella y comenzó a toquetearla, proponiéndole cosas indecentes al oído.

-Ahora no, mi amor, no tengo ganas. ¿Es que sólo piensas en sexo?
-Discúlpame, no quise incomodarte- le respondió Diego, besándola tiernamente en la frente.

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Que Buen Almuerzo

Estaba con mi nuevo compañero de trabajo por los alrededores de al apto de mi suegra donde en esta momento se encontraba mi esposa, la llame y me invito a almorzar, la dije si podía llevar a mi compañero y no hubo problema, cuando llegamos ella estaba en un jean que le marca su prominente trasero y una blusita de tirantas y un top, también tenia puesto el delantal de la cocina pues mi suegra estaba a punto de llegar del trabajo, nos saludamos y conversamos un rato en la sala, fui a lavarme las manos, cuando salí del baño no vi a mi compañero, al ir hacia la cocina lo vi tirando unos papeles a la basura, pero cuando paso al lado de mi esposa ella se agacho a sacar unos  trastos para seguir cocinando y él le rozo las nalgas con su mano, yo pensé que ella iba armar un escandalo por la forma en que volteo a verlo, pero al ver que él se sonrojo de la pena y le pedía disculpas ella le dijo: “No te preocupes no ha pasado nada”,  a mi me sorprendió bastante, entre a la cocina, agarrando a mi esposa por la cintura y dándole un beso en el cuello, pude ver como ella lo miro de reojo, nos sentamos en la sala a charlar y pude ver que el aún se encontraba algo apenado por lo que había pasado, pero él no se dio cuenta que yo había visto todo, mi esposa nos aviso que el almuerzo ya estaba listo cuando sonó el teléfono, era mi suegra avisando que no venia a almorzar, mi esposa se quito el delantal y nos ofreció algo de tomar, cuando ella llego con las bebidas pude ver que mi compañero se puso algo nervioso, yo no me había dado cuenta y cuando mire a mi esposa, pude ver que tenia los pezones duros y paraditos se le notaban bastante pues el top y la blusa no disimulaban nada sus senos, me excite mucho al verla aunque con un poco de rabia debo decirlo, pero cuando vi que mi compañero trataba de no mirarla, me excito mucho ver como él miraba los senos de mi esposa, en ese momento se levanto de la silla a recibir el vaso y pude ver como estaba excitado pues tenia una gran erección, se notaba en la longitud del bulto de su pantalón, el tipo tiene una verga grande, mi esposa también se dio cuenta y se puso nerviosa, él se sentó de nuevo después de recibir el vaso y su erección se hizo mas notoria, la mire a la cara y pude ver como le miraba el bulto del pantalón, la acompañe de nuevo a la cocina y le pregunte: “Notaste como la tiene de parada?” se quedo mirándome fijamente y me dijo: “Como se te ocurre que yo voy a estar mirando eso” le pregunte nuevamente y se puso un poco nerviosa a lo cual le dije: “Amor, la culpa es tuya, estas muy buena y además tienes los pezones paraditos” ella se puso roja y me dijo: “No era mi intensión mostrar nada”, yo le dije que no había problema y le pregunte: “No te excita un poquito?”,  se quedo mirándome y me dijo “La verdad, lo que me excita es que tu me estés preguntando eso” , alguna vez habíamos hablado de la posibilidad de un trio, la bese en la boca apasionadamente, se notaba mi excitación  y me dijo: “Estas seguro de esto” , “Solo si tu lo estas” le dije, ella también me beso de la misma forma y me hizo salir de la cocina e ir a la sala, le dije que iba a preparar todo, mi esposa salió de la cocina hacia la habitación y al mirarla me di cuenta que se había quitado el top y los zapatos estaba descalza, mi amigo la miro nuevamente, esta vez muy detenidamente, sus pezones seguían parados y se notaban sus senos duros, estaba excitada, se notaba, entonces me quede mirando a mi compañero y le pregunte: “No te gusta como se ve, se ve rica verdad?”, y sin dejar de mirarla, me contesto automáticamente: “Si esta muy bien se ve deliciosa” , él reacciono y se quedo mirándome, lo tranquilice y le dije: “De verdad no te gustaría comerte a mi esposa?”, lo dudo por un momento y me dijo: “De verdad lo siento pero tu esposa esta muy buena, claro que me gustaría”, la llame y cuando llego de la habitación se había puesto un pantalón de licra, que dejaba notar todo su contorno, sus caderas, sus nalgas y su vulva, se podía ver como la costura entraba en su rajita, tanto adelante como atrás, se dio una vuelta y nos quedamos inmóviles viendo ese espectáculo, mi verga empezó a pararse, me levante y la cogí por la espalda, agarrándola por la cintura y besando su cuello, ella se estremeció y cerro los ojos disfrutando cada beso, mi excitación crecía al ver a mi compañero, inmóvil con su verga parada mirando como la besaba, ella abrió los ojos y se quedo mirándolo mientras yo seguía acariciando su cuerpo, empezamos a caminar hacia donde estaba, ella extendió sus manos hacia él haciéndolo levantar de la silla poniendo su mano en la cintura de ella, invitándolo a pegar su gran bulto contra ella, la otra mano la guío hasta uno de sus senos, él empezó acariciándolo, apretándolo para terminar pellizcando su pezón, la respiración de todos empezó a hacerse mas agitada, le di un beso en la espalda levante sus brazos y empecé a quitarle el top, dejando al descubierto sus senos a merced del compañero, quien empezó a lamerlos, ella cogió su cabeza y la apretó contra su pecho, le dije al oído: “Bésalo”, al principio lo dudo, pero le agarro de su cabello y empezó a besarlo como si quisiera arrancar sus labios y su lengua, mientras ellos se daban ese beso tan húmedo y delicioso, yo recorría con mi boca su cuello y los hombros, cogí la mano de mi compañero y la puse en su vulva, para que sintiera su humedad y el tamaño de su monte de venus, metimos las manos dentro de su pantalón y empezamos a tocarla, estaba a mil, su vagina completamente empapada, tocábamos su clítoris y su ano al mismo tiempo, ella gemía sensualmente, lo que nos hacia besarla y morderla con mucha mas pasión, le metimos los dedos por sus dos orificios lo que la hizo empinarse y decir con un hilillo de voz: “Que están haciendo, se siente muy rico” , hice que nos pegáramos mas a ella para que pudiera sentir nuestras vergas deseándola, sus senos estaban duros y su respiración se hacia cada vez mas rápida, me hice frente a ella para que cada uno pudiéramos chupar sus senos, nos quito las camisas, besando nuestros cuerpos por turnos, mirando como bajaba el pantalón de él cuando dijo: “La tiene muy grande”, debo decir que a mi también me sorprendió, el tipo tiene una verga grande, le quitamos el pantalón, su vagina estaba a nuestra disposición, subimos besando sus piernas, hasta llegar a sus nalgas, donde nos detuvimos cada uno besando una, mordiéndolas y lamiéndolas, mientras movía su culo en aprobación, lo disfrutaba bastante por que nos cogía apretándonos contra si, el empezó a darle la vuelta dirigiéndose hacia su vulva, empezó a abrir sus piernas dándole el aval de lamerle todo el chochito, yo me dirigí hacia su culo y abrí sus nalgas para chuparle el ano, empecé a subir por su espalda pegando mi verga contra su culo, le dije al oído: “Te encanta verdad?” , el compañero lamia su chochito peladito y delicioso: “Se siente muy rico, mira como me lame la cuca”, ella sabe que me encanta que hable como una puta cuanto estamos teniendo sexo, giro hacia mi y me beso metiendo su lengua en mi boca como si buscara algo, mientras tanto mi compañero allá tras ella, le metía la lengua en su culo, se agacho y empezó a darme una mamada muy rica, mientras yo veía como mi compañero pasaba su lengua por toda su raja, se levanto se volteo y empezó a hacer lo mismo con la verga de él, aunque podía ver como tenia problemas para meterlo en su boca, así que empecé a empujar su cabeza  hacia  ese mástil, que la esperaba chorreante, le paso la lengua por la punta, abrió la boca y empezó a meterse esa enorme verga, me pare frente a ella también para ver como pasaba su boca de una verga a la otra, succionando con fuerza, la levante y la lleve hacia una silla donde la hice sentar levantando sus piernas para poder darle una buena lamida desde su ano hasta su vagina, haciéndola estremecer, él se arrodillo a mi lado y entre los dos empezamos a hacerle sexo oral como nunca se lo habían hecho, a dos lenguas, ya estaba lista, su cuerpo temblaba, tenia los ojos cerrados y entonces le dije a mi compañero que la penetrara, se arrodillo frete a ella y puso su verga en la entrada de su vulva, estaba mojada, palpitaba pidiendo ser llenada, en ese momento abrió los ojos y vio como ese tronco la iba a perforar, dijo: “Despacio por favor no me la metas por que me va a doler muchísimo”, él se quedo mirándola y le dijo: “No te preocupes que te lo voy a hacer con cuidado”, mientras frotaba la cabeza de la verga contra su chocho, me acerque a ella y empecé a besarla en la boca y sus senos mientras acariciaba su clítoris, ella empezó a mover su pelvis en señal que estaba lista, pero cuando él le metió la punta de la verga ella se corrió hacia atrás, yo seguí masturbándola y besándola, viendo como se abría su vulva y empezaba a ser invadida por ese enorme ariete, se quedo quieta mirándonos con la boca abierta en señal de dolor pero con la cabeza le indico que siguiera, su boca se abría cada vez mas a medida que entraba, el empezó a bombear despacio y así empezó a relajarse, no la había metido toda, a ella aun le dolía pero ya con una mezcla de placer, metí mi mano en su culo, y empecé a meterle en dedo, podía sentir como los huevos de mi compañero chocaban contra mi mano y las nalgas de mi mujer, ella empezó a decir: “Si, si, si, mas, que rico, así, mas, mas”, yo no aguante mas tome mi celular y empecé a grabarla, se la metió hasta la raíz y ella se estremeció volvió a abrir su boca pero no emitió ningún sonido, el empezó a bombearla cada vez mas rápido, ella empezó a gemir cada vez mas duro, hasta puso una mano en su pecho y le dijo: “Déjame hacerme arriba”, él se sentó en la silla y ella se ensarto en el, cabalgándolo, hasta que empezó a venirse varias veces, su cuerpo siempre se estremece cuando tiene un orgasmo, sus fluidos escurrían por los huevos de mi compañero, ella se quedo quieta por un instante, mientras yo grababa todo, hasta que me acerque y me dijo: “Chúpame el culo”, empecé a lamerle su culo, lo tenia dilatado, empezó a subir y bajar muy despacio, disfrutando cada centímetro de verga que tenia adentro, le acerqué la verga a su culo y la penetre, apenas trato de salirse pero la apretamos entre los dos para que no se quitara, metiéndoselo una y otra vez, nuestros huevos chocaba unos contra otros, nos mirábamos con morbo, gimiendo los tres de placer hasta que nos vinimos en un orgasmo colectivo, inundándola de leche, besándonos al mismo tiempo en ese momento no importaba de quién era la lengua que se enredaba con otra, nos quedamos quietos por unos minutos, nos levantamos y cada uno fue a vestirse, mientras mi compañero estaba en el baño vistiéndose, mi esposa me hizo lamer su vulva y su culo llenos de leche, no quería lamer la leche de mi compañero pero que podía decirle, nada, si ya la había hecho partir por esa enorme verga, cuando termine de limpiarla, antes de ir a bañarse se quedo mirándome y me dijo: “Estuvo muy rico todo, pero la vamos a dejar hasta ahí y no hay discusión vale?”, se despidió de mi de un beso: “Que te vaya bien en el trabajo”, cuando mi compañero salió del baño, me miro también como raro, pero en el momento no le di importancia me vestí rápidamente y nos tuvimos que ir a trabajar.

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Al otro lado del cristal

–¿Cómo quieres que me vista, amor? –le pregunta Ana al desconocido, al otro lado del celular.

Después de escuchar las últimas solicitudes de su próximo amante ocasional, Ana cuelga el teléfono. Son las diez de la mañana. Tiene cerca de dos horas antes de su encuentro, así que aprovecha para lavar los trastes, dejar tendida la cama y alistarse. Cuando termina, se da una ducha. Le permite al agua sus caricias tibias. Después, sale y se arregla. Desnuda, elije la ropa que el extraño le pidió y de frente al espejo de su cuarto, comienza a vestirse. Se coloca la tanga oscura y el sostén que la acompañará. Desliza por sus piernas la minifalda escocesa de color rojo y la contempla. Es muy corta; demasiado corta. Sonríe, así es como le gustan. Se coloca su blusa negra de mangas y se mira el ombligo descubierto. El piercing es brillante y lucirá muy sexy así. Ahora los tacones. En esta ocasión, serán descubiertos y de correas. Le gusta cómo resaltan sus tobillos y marcan sus muslos en cada paso que da. Ahora, se mira completa y se siente húmeda.

Ana tiene veintisiete años. Su cabello negro le cae como cascada por debajo de los hombros, casi a la altura del omóplato. Es delgada y de piel morena clara; procura cuidarse pero no es una mujer obsesionada con el ejercicio. Y sus piernas… sus piernas torneadas que siempre han sido la fijación de los hombres. Ana recuerda que desde muy jovencita le gustó lucirlas; por ello, ha usado faldas cortas todos los días desde entonces. “Once años para ser exactos”, piensa divertida y se sonríe. Se detiene un momento para contemplarse y respira. “Bien, ahora el maquillaje”. Algo sencillo y sutil; algunas sombras en los ojos, un labial que no llame mucho la atención y listo. Ana toma su bolso y sale del departamento.

Camina por la calle hasta la parada del camión, sabiendo que los hombres a su alrededor le acarician las piernas con sus miradas lascivas. Ana sonríe. Aquella sensación le excita. Se detiene en la esquina y mientras espera al autobús, piensa en las últimas dos preguntas que le hizo el chico con el que se encontrará.

–¿De verdad no cobras por esto?

–No –había respondido ella.

–Y cómo es que teniendo novio haces estas cosas.

Ana sabía la respuesta.

–Porque me gusta ser una puta –contestó–, por eso nada más.

**********

Cuando Ana entró a la preparatoria sintió que un mundo nuevo se abría ante sus pies.

Ana vivía con su madre y con su hermano, quien era cuatro años más chico que ella. En aquel entonces, no llevaban una buena relación y pasaban la mayor parte del tiempo en silencio. Por otro lado, Ana casi nunca veía a su madre. Era una mujer muy ocupada para estar con ellos. Después del divorcio, ella se dedicó a trabajar, mientras su padre se regocijaba con su amante juvenil en algún lugar de Estados Unidos. Por ello, Ana y su hermano tuvieron que aprender a resolverse las cosas por sí mismos.

Ana resultó ser la sensación para los chicos de su clase y para los de último año. Era la única que iba con minifaldas todos los días y su coquetería natural, le ayudaba a tener siempre con quien platicar.

Conoció entonces a un chico del sexto semestre que se llamaba Lalo. A las pocas semanas se supo que Ana y Eduardo eran novios. Él se mostraba siempre protector y cariñoso, detallista y seductor. Ana estaba enamorada. Pero conforme fue pasando el tiempo, la insistencia de Eduardo respecto al sexo se incrementaba cada vez más. Sin embargo, ella tenía cierto temor que, a la hora de la hora, no la dejaba avanzar. Aquello fue irritando a Eduardo, tanto que en una ocasión, amenazó con dejarla. Ana le pidió que reconsiderara, lo intentaría de nuevo la próxima vez. Y así fue. Lo intento. Y volvió a fracasar. Eduardo, desnudo por primera vez ante ella, estaba completamente furioso y le dijo que ese era el fin. Llorando, Ana le pidió su comprensión y admitió abiertamente que sí quería pero tenía algunos miedos de por medio. Él no cedió. Entonces, Ana hizo algo que no se había imaginado hacer: se arrodilló ante su novio. Y le suplicó.

Eduardo vio una oportunidad. Acarició el cabello de Ana y la atrajo hacia su pene, que aún no perdía por completo su rigidez. Ella sintió un temor que le recorrió el cuerpo y supo lo que Eduardo quería. Eduardo le pidió que le diera su mano. Ella lo hizo. Acarició los dedos de Ana y los llevó a su pene. Ana quiso retirar la mano, pero la apretó ligeramente y ella comenzó a ceder. Con movimientos lentos, comenzó a masturbarlo. Después de algunos segundos, Eduardo volvió a jalar a Ana hacia su pene y entonce sí, ella lo vio muy, muy cerca de su rostro. Ana dudó, pero algo dentro de ella quería acercarse. Entonces lo hizo, y con cierto temor aún, le dio un ligero beso al pene de Eduardo, quien se estremeció. Ella sacó su lengua y lo probó. Se acercó cada vez y de pronto, se lo metió completo a la boca. Aquel miembro invasor dentro sus labios, le produjo una sensación que la excitó muchísimo y sin darse cuenta, Ana se encontró a sí misma masturbando y mamando la verga de su novio sin poder detenerse.

Eduardo comenzó a jadear.

–¡Me vengo, me vengo! –Exclamó.

Al no saber qué hacer, y para evitar otro percance, Ana siguió haciendo su labor. De pronto, los gemidos de su novio se convirtieron en un grito y estalló. Ana sintió la descarga de un líquido espeso y tibio que le cubría toda la boca. El pene de su novio se sacudía dentro de ella. “Esto es maravilloso”, pensó Ana y saboreó el semen de su novio. El sabor le resultó tan placentero que la hizo tener una sensación cálida y húmeda entre las piernas. Su cuerpo entero se estremeció. Ana supo, que desde aquel momento, sería una adicta a aquella sustancia blanca y ajena. Había disfrutado tanto la ocasión que la siguiente vez que lo intentaron, Ana pudo finalmente hacer el amor con su novio. Por segunda ocasión, Eduardo había terminado en su boca. Fue aquella tarde cuando Ana descubrió un mundo nuevo, un mundo de lujuria y pasión. Eduardo había sido tan dulce que se sintió de verdad amada y protegida. Sin embargo, algo inesperado sucedió.

Después de aquella tarde de viernes, Ana había intentado llamarle durante el fin de semana sin lograr hablar con él. “No importa”, se dijo con ternura y esperó con entusiasmo al lunes para verlo y decirle cuánto lo amaba. Pero Eduardo no la había buscado en toda la mañana y lo que fue peor: cuando Ana fue a buscarlo en el receso, encontró a Eduardo abrazando a una de sus compañeras.

Durante las siguientes semanas, Ana buscaba desesperada a Eduardo, pero él la ignoraba, se escondía de ella y no le contestaba el teléfono. Hasta que sucedió lo que tenía que suceder.

Una tarde, Eduardo se encontraba en casa con dos amigos más. De pronto, tocaron a su puerta. Eduardo abrió y se encontró de frente con Ana. Aquella imagen lo incomodó muchísimo. Ana estaba llorando. Ella le preguntaba que qué había pasado, que si había hecho algo mal, que la perdonara, que… los amigos de Eduardo miraron desde el sillón.

Eduardo no aguantó y la hizo pasar a la casa, guiándola al piso de arriba. Los dos amigos no pudieron evitar sonreírse cuando la vieron desde abajo mientras la chica subía los escalones. Su minifalda les dejó ver la ropa interior de color blanco y parte de sus nalgas redondas.

–Qué buena está la vieja del Eduardo.

–¡Shh! Creo que ya no es su vieja.

–¿No?

–No… a ver, vamos.

Cuando se aseguraron de que el cuarto de Eduardo quedó completamente cerrado, subieron con sigilo para espiar. Mientras tanto, al otro lado de la puerta, Ana le rogaba a Eduardo por una explicación. El chico no sabía qué decir, o más bien no sabía cómo decirle la verdad. ¿Acaso tenía otra novia y no se lo había dicho? “No, no era eso”, le dijo una voz muy dentro de él. “Tú sabes que sólo querías cogerte a esta niñita, la más sexy de toda la escuela. Tú has hecho lo que nadie más”.

Entonces, Ana se arrodilló desesperada y comenzó a desabrocharle el pantalón.

–¿Qué haces? –Preguntó Eduardo, tratando de apartarse.

–Déjame demostrarte que te quiero –sollozaba ella.

De alguna manera, Ana logró desabrocharle el pantalón, se acercó y de un solo movimiento, bajó el boxer y sacó el pene de Eduardo. Entonces, se lo llevó a la boca y comenzó a chupárselo. Eduardo fue cediendo ante aquella sensación.

De pronto, la puerta se abrió. Ana vio entrar a los dos amigos de Eduardo e intento quitarse de esa posición para que no la vieran. Sin embargo, Eduardo la tomó del brazo y le impidió que se levantara.

–Dice Omar que ya no es tu vieja.

–Depende de ella –respondió Eduardo.

–¿Qué quieres decir? –Preguntó Ana, alarmada, mientras los dos chicos se ponían junto a Eduardo, frente a ella.

–Que te vas a tener que esmerar para convencerme.

–¡A qué te…!

Entonces, los dos chicos desabrocharon sus pantalones. Ana supo que la pregunta estaba de más.

–No, no, Eduardo, no me hagas hacer esto…

–Anda, nena –dijo él acariciando su cabello– Hazlo por mí… por nosotros.

Ana vio que dos penes extraños se acercaban poco a poco hacia su rostro y comenzaban a hacerle caricias en las mejillas. Ella intentaba apartarse, pero Eduardo hacia presión, sin lastimarla, sobre su cabeza

–No, por favor… –sollozaba ella, mientras la mano de su novio, le giraba la cara hacia la derecha. Su amigo se acercó más y su pene erecto hizo contacto con los labios de la chica. Comenzó a empujar suavemente y Ana no tuvo más remedio que abrir la boca y recibir a aquel nuevo invasor. Mientras tanto, sus manos se dedicaron a trabajar sobre el pene de Eduardo y el de su amigo.

Ana comenzó a sentirse excitada y así arrodillada, fue quitándose la ropa. Entonces hicieron con ella lo que quisieron. Ana no supo de quién era el pene que la penetraba en la vagina, de quién era el que estaba en su boca, de quién el que estaba dentro de su culo. Ana cerró los ojos y se entregó por completo. De pronto, sus amantes cambiaban de posición y ella tenía nuevas sensaciones, nuevos orgasmos, nuevos sabores.

–Qué rica está tu vieja –dijo alguien.

–Ella ya no es mi vieja –respondió Eduardo–, yo no ando con putas.

Y entonces, los tres chicos se rieron a carcajadas, burlándose de ella. Ana, mientras era cogida por ellos, sintiendo un placer físico que no tenía límites, sintió que en su pecho el corazón se le hacía pedazos. Aún sabiendo que la estaban usando y que Eduardo la había engañado, la lujuria extrema que le invadía la obligó a someterse a sus amantes. Al final, todos y cada uno de ellos, terminaron en la boca de Ana y sentir tanta cantidad de semen, la hizo incluso llegar al orgasmo.

–Vete –le espetó el chico–, tú y yo, ya no somos nada.

Humillada, y con sentimientos encontrados, Ana sólo tuvo fuerzas para tomar sus cosas, vestirse con rapidez y salir corriendo de la casa. A los pocos meses, Eduardo y sus amigos terminaron la preparatoria y Ana no volvió a saber de ellos.

Aquella tarde, Ana se encerró en su habitación y tomó una ducha caliente. Dejó que el agua la acariciara por completo y se quedó durante unos minutos ahí, como ida, como perdida en su interior. Al cabo de un rato, se dio cuenta de dos cosas que ahora estaban claras para ella: tenía el corazón roto y tardaría en sanar; el engaño y la degradación física no se irían tan fácilmente. “Me siento ultrajada”, se dijo, “pero no puedo negar que me gustó ser la puta de varios hombres”. Ana supo que ya nada sería igual. “Eso soy y eso quiero ser”, se dijo. “Soy Ana y soy una puta”.

Entonces, comenzó a llorar.

**********

Ana aborda el camión. Le toca irse de pie una parte del camino. No le extraña que no le cedan el lugar.

–¿Sí le van pasando para atrás por favor? –Dice el chofer.

La gente se recorre y se acomoda a lo largo del pasillo. Los hombres observan a Ana, algunos con disimulo, otros con descaro. A ella no le importa; de cualquier manera es muy excitante. De pronto, algún hombre pide permiso para pasar. Ana siente como se restriegan contra sus nalgas. A veces, alguna mano extraña le roza los muslos o descaradamente se introduce por debajo de su falda. Siente las caricias; a veces son suaves, otras apresuradas y a veces forzadas.

Ana se sienta junto a un chico más joven. Ella mira hacia la ventana y de pronto siente la mano del chico sobre su muslo derecho. Lo está acariciando. Ana sonríe y lo deja seguir pero decide no voltear a verlo. Prefiere pensar en su amante. ¿Cómo será? Desde hace algún tiempo, Ana gusta de buscar chicos por Internet. Elije a alguno a través del chat y queda con él para verse en algún lugar público. Por lo general, juega a que es su novia. Comparten muchos besos y caricias. Ella suele sentarse con las piernas abiertas para enseñar su ropa interior. Le gusta ver la cara que ponen a su alrededor. A veces, cuando están por subir al auto, el chico en turno la abraza, la besa y desliza sus manos hacia las nalgas de Ana. Sube la minifalda y acaricia sus muslos desnudos así a los ojos del público. Ya en el hotel, Ana es una chica sumisa. Le gusta de todo, menos las cosas dolorosas y “raras”. Suele complacer a los chicos. A veces le piden, previamente, sexo anal y ella accede. Más allá de eso, nada. Pero eso sí, la única condición que ella pone: “Cuando termines, hazlo en mi boca”. Ana se considera adicta al semen, disfruta del sabor y la textura, y siente un inmenso placer al recibirlo, más si es de un extraño al que, probablemente, no vuelva a ver.

Ana recuerda que durante la preparatoria, después del incidente con Eduardo, se dedicó a salir con varios chicos. No volvió a tener novio en ese periodo pero sí algunas aventuras. En la universidad, Ana conoció a Manuel, quien se volvería su amigo con derechos. Tuve otros, sí, pero con Manuel era distinto. Era un gran amante y compartían sus experiencias con otras personas.

Ana tuvo un trabajo en una agencia de publicidad. Ahí, conoció a uno de los clientes jóvenes y prometedores, un arquitecto en vías de iniciar su carrera. Se trataba de Miguel, su novio actual. De alguna manera, Miguel y Ana se enamoraron y al paso de los meses, se fueron a vivir juntos. Ana dejó de ver a sus amigos cariñosos; creyó que aquella etapa había terminado y se entregó por completo a Miguel.

Ana y su novio tenían una vida sexual plena y el acuerdo era que, siempre que estuvieran en el departamento, Ana estaría desnuda en todo momento. Aunque no se tratara de un momento íntimo e hicieran lo que hicieran, ella se quedaba sin ropa y a veces, podía estar así durante todo el día si no salían a la calle.

Con el paso de los meses, el trabajo de Miguel le exigió mayor demanda de tiempo y comenzó a estar muchos días fuera de la ciudad, viajando a las obras que llevaba a cabo el despacho de arquitectos donde trabajaba. Coincidió, también, que Ana se quedó sin trabajo y se dedicó a la labor del departamento y a sus asuntos personales: la lectura, el ejercicio, el Internet y algunas otras cosas que la mantenían ocupada.

Al principio, resintió mucho la ausencia de Miguel y en el sexo, tuvo que acudir a su propio placer. A veces, Ana podía estar viendo imágenes eróticas en la red y masturbándose con intensidad. Poco a poco, fue buscando otras formas de entretenerse y acudió al cibersexo con personas de otros lugares, completamente desconocidos entre sí. Ana creyó que no tenía nada de malo. Fingían ser novios interactivos, tenían “sexo”, se escribían cosas y si quería, los borraba de su lista de contactos.

Fue en ese entonces cuando Ana se reencontró con su viejo amigo Manuel y bastó una salida a tomar café para que Ana se entregara de nuevo a sus placeres. Aprovechando que su novio pasaba mucho tiempo fuera, y aunque lo quería mucho, Ana se dio cuenta de lo que en realidad le gustaba ser: una puta.

Al principio, Ana salía con amigos y personas conocidas. Después, fue conociendo y entregándose a los desconocidos en las discotecas y más adelante a través del Internet. Tal era el caso del chico de hoy. La sensación de estar con alguien desconocido era algo excitante para ella. Se habían descrito físicamente, Ana le dijo lo que le gustaría hacer, escuchó las peticiones del chico y quedaron para esa misma mañana. No se dijeron sus nombres, se reconocerían por la ropa. Él llevaría una camisa blanca y jeans azules. Era alto y delgado. Se encontrarían a la puerta de un café y dejarían que todo fluyera según el ritmo de las cosas.

El chico que está al lado de Ana en el camión se levanta. Ana no lo mira pero sonríe, como agradeciéndole por las caricias sobre sus muslos. Ana introduce su mano entre las piernas y se descubre húmeda. Comienza a acariciarse. Suspira. Mira hacia la ventanilla y después cierra los ojos. En lo que llega a su encuentro, Ana piensa en aquella última ocasión que vio a Manuel, antes de que el chico se fuera a otro país por cuestiones laborales.

**********

Manuel era un chico agradable e intenso, así lo definía ella. Habían compartido muchas cosas juntos, eran cómplices de sus aventuras. Ana se preguntaba algunas veces cómo había sido que, conociéndose tan íntimamente bien, nunca se hubieran enamorado. Tal vez, eso era lo que hacía funcionar la relación.

Pues resultó que Manuel le dio la noticia de que lo transferían a otro país, así que deseaba pasar algún tiempo con ella. Coincidió que era el cumpleaños de Ana y en alguna ocasión, le había contado a Manuel una fantasía que hasta ese momento no había podido realizar. Aquella última vez, Manuel tenía la sorpresa perfecta.

Manuel la invitó a casa de unos amigos suyos a las afueras de la ciudad. Le dijo que sería de sábado a domingo.

–Vente muy sexy –le había dicho.

Ella no tuvo problema. Habló con su novio, quien para variar estaba fuera de la ciudad, y le dijo que saldría con unas amigas y que pasaría la noche fuera de casa. Todo en orden. Manuel pasó por ella y tomaron la carretera hacia la casa de “las amigas”.

Ana se veía tremendamente sensual. Traía puesta una minifalda negra muy ajustada que apenas le cubría el trasero, zapatillas de tacón, top negro y tanga de color blanco. Tenía el cabello suelto y sombras ligeras en los ojos. Durante el trayecto, Manuel aprovechaba para acariciarle los muslos y de vez en vez, se regalaban un beso tierno y apasionado.

Al cabo de unas horas, llegaron al lugar. El clima era caluroso. Era una casa con un jardín que rodeaba la estructura y en la parte posterior tenía una piscina. Ana escuchó voces.

–¿Y eso? –preguntó sorprendida.

–Es una sorpresa –respondió Manuel con un beso en su mejilla.

Así, tomados de la mano, Ana y Manuel cruzaron a la parte de atrás.

–¡Llegó la festejada! –exclamó un chico.

Entonces, aplaudieron. Ahí, frente a ella, había ocho hombres, amigos de Manuel. La única mujer era ella.

–¡Bienvenida, princesa! –dijo el chico–. Yo soy Roberto y ésta es tu casa… cuando gustes.

–¿Mani? –le preguntó Ana a su amante.

–Bueno –dijo Manuel–, esta es una fiesta privada para ti por ser tu cumpleaños y, pues, como me dijiste alguna vez que tu fantasía era estar con varios hombres pues…

–¿Es en serio? –insistió Ana. En verdad estaba sorprendida. En unos momentos, sintió la adrenalina en todo su cuerpo, se puso nerviosa, no supo bien a bien qué decir. Lo único cierto era que de inmediato, Ana se sintió sumamente húmeda.

–Es cierto –dijo Manuel–. ¿O no, chicos?

–¡Sí! –dijeron ellos.

–Tómate algo y relájate, preciosa –dijo Roberto, extendiéndole una cuba–, siéntate acá con nosotros.

Ana se acercó adonde estaban los demás y se sentó en una silla. Su falda era tan corta que todos pudieron apreciar su ropa interior de color blanco. Sus muslos parecían brillar con la luz del sol; lucían suaves y hambrientos de caricias. Ana se sentó con las piernas ligeramente abiertas y así se quedó. Pudo sentir las miradas lujuriosas de los chicos. Durante un rato, ellos platicaban y Ana escuchaba y reía. De vez en cuando comentaba algo y aunque estaba muy sonriente, no podía evitar sentirse nerviosa. A veces, alguno de ellos pasaba y le acariciaba una pierna. Otro la abrazaba y le daba un beso en la mejilla. Aún con los nervios, Ana estaba muy excitada y el calor que su bebida producía en su cuerpo, fue ayudándola a relajarse. Así, con el paso de las horas, fue sintiéndose más en confianza. Manuel notó que ella se relajó cuando abrió por completo las piernas para quedarse en esa posición. Entonces, se acercó. Acarició su mejilla y la besó apasionadamente en la boca. Deslizó su mano a las piernas de Ana, acarició los muslos y la subió. Ana sintió que Manuel apretaba su vagina húmeda y que la acariciaba en círculos, y no pudo evitar emitir un ligero gemido de placer.

–¿Y para nosotros no hay besos? –preguntó alguien. Los demás exclamaron “sí, sí, sí” y Ana y Manuel se rieron.

–¡Oigan, oigan! –dijo Roberto–. La verdad es que Ana ya se siente más relajada y en confianza. Yo opino que la motivemos para que se quite el top.

–¡Sí, sí! –exclamaban todos sin parar.

Ana sonreía nerviosa. Se estaba animando pero…

–Sí quieres yo te ayudo –le susurró Manuel en el oído. Ella asintió.

Suavemente, Manuel se acercó a su rostro y lo llenó de besos en las mejillas. Se miraron un momento y la besó en los labios. Mientras se entregaban al encuentro de sus lenguas, las manos de Manuel descendieron hacia los senos de Ana y los acariciaron por encima de la ropa. Poco a poco, Manuel fue introduciendo sus manos dentro del top, lo levantó y lo deslizó sobre sus hombros. Ana levantó los brazos, sintiendo las caricias de Manuel en su espalda. Aquello la hizo estremecer. Cuando abrió los ojos, se sentía invadida por una excitación nueva al ser observada por tantos hombres. Sus senos eran redondos, pequeños pero firmes. Manuel acarició los pezones, se agachó y los chupó. Ana gimió sintiendo las manos de su amante entre las piernas.

Manuel quiso hacerse para atrás, pero Ana lo retuvo y con besos en la boca lo animó a continuar. Un silencio alrededor se hizo y lo único que había eran miradas sobre ella. Ana puso su mano en el pene del chico por encima del pantalón y comenzó a acariciarlo. Entonces, Manuel levantó a la chica de su lugar, puso sus manos en la minifalda y la deslizó hacia abajo, dejándola sólo con la tanga. Sus nalgas eran redondas, firmes y paradas. Manuel las acarició y removió la parte trasera de la ropa interior. Jugó con ella y de la misma manera, la fue llevando hacia abajo hasta despojarla por completo. Ana se quedó con los tacones, se sentía húmeda, excitada; a partir de ahora, ya nada la detendría.

–Deléitanos a todos, putita –le susurró Manuel. Ana sonrió. Buscó el camastro más cercano y se acostó. Cerró los ojos, abrió las piernas y comenzó a acariciarse todo el cuerpo. Bajó una mano por su vientre y se masturbó delante de todos. Al cabo de unos minutos, Ana gimió y cuando alcanzó el orgasmo, no pudo contener un grito intenso de placer. Por unos momentos, su cuerpo tembló hasta encontrarse relajado nuevamente. Entonces, Ana llevó sus dedos hacia la boca y lentamente, los chupó.

Los chicos se quedaron boquiabiertos. Uno de ellos se acercó y la ayudó a ponerse de pie no sin antes acariciarla y darle un beso en los labios. Ana se quedó desnuda el resto de la fiesta. Hubo mucho baile y todos ellos pudieron ir gozando de sus labios y su piel. A veces, alguno de ellos se la encontraba en un pasillo de la casa, la sujetaba y la besaba mientras recorría su cuerpo con las manos.

En algún momento de la tarde, Ana entró al baño, pero uno de los chicos se escabulló con ella. No la dejó preguntar, sólo se introdujo, la colocó de espaldas al lavamanos y la penetró. Empujaba fuerte y la jalaba del cabello. Ana no supo cómo reaccionar al principio, pero decidió que era mejor entregarse a él. Entonces, comenzó a disfrutarlo y a gemir.

–Desde que te vi, te quise coger –dijo él.

–Entonces, cógeme –dijo Ana–, cógeme así.

–¡Ah, qué rico, putita! ¡Te gusta!

–¡Me encanta!

–No sabes ni mi nombre.

–Tú cógeme. Así, así…

El chico aceleró el paso y comenzó a gemir. Ana se volteó y sentada sobre el retrete, llevó ese pene extraño a su boca y lo dejó eyacular sobre su lengua. Entonces, saboreándolo, miró al chico y se tragó el semen.

–Qué rico, putita.

–Delicioso –dijo ella.

Ana se levantó y lo besó en los labios.

–No le digas a los demás de esto.

–Claro que no, putita –respondió él guiñándole el ojo.

El chico se abrochó el pantalón y antes de salir le dijo:

–Por cierto, me llamo Daniel.

Ana se río.

Fue hasta la noche, cuando dentro de la casa, ella se entregó por completo a esos hombres, todos juntos y a la vez. Ella cerró los ojos y se dejó llevar. De pronto, se veía a sí mismo sobre el cuerpo de alguno de ellos. De pronto, alguien llegaba y la penetraba por atrás. Ana recibía a otro en la boca. Sentía que se salían y que intercambiaban lugar. Ana no supo quién la penetraba por delante, quién por detrás, o a quién le hacía sexo oral. No supo de quién eran los labios, las manos, el cuerpo. No supo cuántas veces había llegado al placer.

Al final, Ana se arrodilló delante de todos y con un vaso de cristal en las manos, los hizo eyacular uno por uno. Cuando terminaron, Ana se levantó y comenzó a bailar de manera muy sensual. Ellos la animaron y entonces, Ana tomó despacio el vaso y bebió todo su contenido. Los chicos le aplaudieron y Ana se sonrío.

–Qué rica eres –dijo alguien.

–Y esto apenas comienza –dijo otro, acercándose y poniéndola de nuevo sobre la mesa.

La noche se prolongó y Ana se dedicó a recibir a aquellos hombres, a sentirlos, a ser su objeto de deseo. Ana se tragó el semen de todos, no una, sino varias y aquello la dejó extasiada; se percibía saciada, llena y viva. Pero al cabo de un rato, la sensación fue abandonándola para entregarla por completo al cansancio. Poco a poco, cada uno de ellos se fue a dormir y ella pasó la noche en una cama. No supo a qué hora la venció el sueño ni si había estado acompañada.

A la mañana siguiente, Ana despertó cansada y adolorida. Manuel la llevó a su casa y durante el trayecto no cruzaron ninguna palabra. Cuando llegó la hora de despedirse, se dieron un beso y Ana descendió del auto. No hubo adiós, no hubo gracias, no hubo sonrisas. Aquella vez, fue la última que vio a Manuel.

Así, al otro lado de la puerta, Ana se quitó la ropa y se dio un largo baño, dejando que el agua tibia la cubriera una y otra vez. Al salir, se secó y desnuda, se acostó en la cama para no salir en todo el día. Ana se abrazó de una almohada. Suspiró. Se aferró más al cojín, buscando unos brazos que le correspondieran. Entonces, cerró los ojos.

Ana comenzó a llorar.

**********

Ana vuelve en sí. Se ha dejado llevar por sus pensamientos y ha tenido un orgasmo prolongado. Abre los ojos. Mira a su alrededor y se da cuenta de que el camión se ha vaciado casi en su totalidad. Nadie la ha visto al momento de terminar. Mira de nuevo hacia la ventana, más allá de su propio rostro, más allá de sí misma. El sol desciende sobre sus mejillas y la hace enfocar hacia el cristal. Por primera vez en todo el trayecto, Ana mira su reflejo. Pareciera como si se estuviera viendo por vez primera. Ana se reconoce. Hasta ese momento, se da cuenta de la tensión que había acumulado durante el camino. Por primera vez, se siente relajada. Ana sonríe. Algo ha pasado en su interior. Mira su propio rostro y pareciera que el reflejo ha adquirido otro semblante, otras facciones, un rostro distinto al de ella, el rostro de un hombre quizá. Entonces, con sus pensamientos, habla con él, tierna y dulcemente.

Existo gracias a ti a través de la hoja. Podría decirse que soy una mujer encerrada tu cuerpo. Podríamos decir muchas cosas. Hasta hoy, nos vemos frente a frente. Me has imaginado, me has soñado, me has llevado a los límites de la perversidad. Me he dejado llevar por las circunstancias, lo he gozado, ha sido muy intenso, pero la verdad, es que nunca me has preguntado qué pienso, qué siento o qué espero de todo esto. La verdad, también, es que yo nunca había hablado sobre el tema. A estas alturas, ya no espero nada, tan sólo que me dejes ir. No es tu culpa; tampoco mía, pero es que yo también quiero dejarte para no volver.

Tardaste mucho en hacer esto; tal vez por miedo, por tu moral prejuiciosa hacia tu persona, tal vez porque no soportabas la idea de que esto te excitara; o tal vez, simplemente, porque yo no quería hablar sobre mí.

Mi vida en el papel ha sido sólo esto. Y lo he disfrutado. Pero hoy, por primera vez, me detengo para aceptar que siempre me he sentido sola. Hoy, existe algo en mí que me dice que todo puede ser diferente. Hoy, por primera vez, me pregunto: “¿para qué todo esto, cuál es el fin, es que no podrá terminar nunca?” Hoy, ya no deseo pensar en lo que pasó, no quiero pensar en Miguel, no quiero estar con nadie, quiero perderme en un lugar en el cual, tú tampoco me encuentres y ser ahí otra de la que he sido hoy. Sí, eso es lo que anhelo. Sé que me estás viendo sonreír. A ti, sí te puedo decir un “adiós”, porque de alguna u otra manera, hemos vivido esto los dos, tú desde ese otro mundo que yo no conozco. Tal vez, ni siquiera me llamo Ana. Hoy, quiero encontrar mi propio nombre. Yo veré este lado del vidrio con mis propios ojos y eso será todo. Adiós, adiós te digo. Adiós. Encontraré la noche oculta de mis piernas y amanecerá en este lado del cristal.

El camión llega a la plaza donde Ana ha quedado con aquel desconocido en el teléfono. El chofer la mira descender. Ana camina hacia el lugar. Los hombres a su alrededor clavan su mirada en sus muslos, en sus muslos morenos y desnudos, en esa minifalda roja que se levanta levemente con su andar y que permite la contemplación de sus nalgas redondas.

Ana sabe que el chico ya debe estar ahí. Pero ya no se pregunta cómo es. Ana tiene otro semblante, otro rostro, otro destino. Ana se desvía y entra a la plaza. Va directamente a su tienda departamental favorita. Mira la ropa, la estudia, la conoce. Hay muchas minifaldas de varios tipos. Ana las ve y les regala una sonrisa. Es una sonrisa coqueta, tierna. Ana sigue hacia el fondo de la tienda y observa algo que le llama la atención. “Sí, eres tú al que vine a buscar”, se dice para sus adentros. Ana se va al probador y cuando sale, lo hace sonriendo. Por primera vez, Ana se ha puesto unos pantalones de mezclilla.

–Me los llevo puestos –le dice a la cajera.

Ana paga y sale de ahí, sale de la plaza, sale de sí misma para entregarse a sus pasos, al camino incierto, a la sorpresa.

Ana camina por una calle solitaria. Ahí, en algún lote baldío, Ana abre su bolsa, avienta su minifalda escocesa y sigue caminando. Sonriendo. Libre. Libre de sí misma, sin ver el lugar donde la falda se pierde para no volver jamás.

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Cena para Tres

La historia que les voy a narrar, tuvo lugar por el mes de Octubre del año 2011…Por aquel entonces, mi novia Elena, había empezado las clases en la universidad, y eran las primeras semanas, de toma de contacto, como siempre solía decir ella.

Esa tarde, llegó de clases más sofocada de lo normal, y un poco apresurada…

¿Qué te pasa cielo? – Le pregunté medio asustado

Es que invité a Liliana a cenar esta noche a casa…Y no tengo idea de lo que voy a preparar…Y mira la hora que es!!!

Bueno, tranquila, yo iré al supermercado a comprar unos solomillos, y de primero puedes hacer esas gambas que tan bien te salen – Le dije mientras la besaba en la mejilla

Mi solución culinaria la tranquilizó, y sonriendo, me dijo que ese menú sería perfecto.

Yo no conocía a la tal Liliana esa que iba a venir a casa a cenar. Mi novia me habia hablado de ella, pero personalmente no la conocía, así que sentía intriga por como seria, ya que aunque adoro a mi novia, no pierdo la oportunidad de recrearme la vista con las demas chicas que veo por la calle.

Así pues, despues de tres horas, enfrascados en la cocina, por fin, dimos por concluida la preparación del menu, asi que solo nos quedaba ducharnos y vestirnos.

¿Que ropa me pongo? Me pregunto mi novia.

Pues mira, puedes ponerte la falda negra, con las medias, y arriba pues un top, ¿Por qué no te pones el top que te compré en Stradivarius? (Ese top, se lo había elegido yo, era un top blanco, de tirantes, y con un escote en pico, me ponia loco cuando se lo veia puesto) Dicho y hecho, así, a las 21.00 horas llego Liliana…

Hola Liliana!! ¿Qué tal? Mira este es Angel, mi chico

Hola Ángel, encantado…Caray que casa mas bonita teneis…

Liliana, era guapa, era una chica de media estatura, morena, con los pechos mas o menos grandes, y con una cara enigmática…Es difícil describirla sino la has visto antes, pero es una de esas chicas que si la ves un dia en la calle, no olvidas su mirada. Llevaba puesto una camiseta sin mangas, que se ajustaba por encima del pecho, y unos vaqueros ajustados que moldeaban su figura, con el pelo suelto y algo maquillada

La cena trancurrió animada, hablando de cosas de la facultad, y contando cosas de sus infancias, yo por mi parte, me aburría un poco, ya que al no estar en su facultad, no entendia muchas cosas de las que contaban. Recogi los platos y les pregunté si tomarían alguna copa, las dos se apresuraron a decir que tomarian un ron cada una, por lo que traje uno para cada una y otro para mi, nos levantamos de la mesa, y nos sentamos al sofa, mientras pusimos un poco de música, seguimos hablando, esta vez de cómo nos habiamos organizado Elena y yo para hacer la cena. Poco a poco, o mejor dicho copa a copa, me lo iba pasando mejor, y pronto la conversación se fue transformando hacia los chicos de su clase, ya que Liliana le había echado el ojo a uno (según mi novia) cosa que Liliana negó categóricamente…

No es verdad – Respondió Liliana, No le hagas caso Angel, ese tio es horrible, pero esta petarda me quiere putear…

Las risas iban en aumento, y los “piques” entre ellas iban en aumento, en gran parte por efecto del alcohol. Ahora discutían sobre la camiseta de Liliana, ya que mi novia decía le decía que le sentaba mal y Liliana, se puso de pie, y poniendose en frente mía me preguntó:

¿Tú que opinas, Angel? ¿Me queda bien?

Cuando iba a responder, vi como mi novia se acercaba sigilosamente por detrás de Liliana, y agarrándole la camiseta, tiró de ella hacia abajo, y como la camiseta no tenía tirantes ni mangas, pude contemplar ante mi gran asombro, las tetas de Liliana delante de mi cara…

Serás Puta – Gritó Liliana, mientras se subía rapidamente la camiseta…Ahora verás!!! Y dicho esto, se tiro sobre las piernas de mi novia, intentando levantarle su camiseta…Pero tanto focejeo, no terminó bien, y la camiseta de mi novia se rompió, dejando ver su sujetador negro…

Por un momento, el silencio, invadio la habitación, hasta que la risa de las dos empezo a brotar, yo por mi parte, no me podía creer, lo que estaba pasando, asi que me quede sentado en el otro sofa…Ahora Liliana, se alejó de mi novia, y fingiendo arrepentimiento, le pidio perdon a mi novia por haberle roto su camiseta.

Mi novia, se levanto, bastante seria, y se sento en las piernas de Lily, y en ese momento, le bajo de golpe la camiseta, y empezó a besarla en la boca, mientras con las manos le acariciaba las tetas…Yo estaba empezando a excitarme muchisimo, más que nada, por lo inesperado de la situación. Liliana, por su parte, le agarró el culo a mi novia, y sin decir ni una palabra, le empezó a lamer el cuello, las dos estaban muy cachondas, no decían nada, solo se manoseaban y se besaban…

Entonces, decidi bajarme la cremallera de mi pantalón y sacarme la polla, para disfrutar del espectáculo…Mi gesto no pasó desapercibido para Liliana, ya que en seguida dijo:

Vaya, mira cómo hemos puesto a tu chico…Se ha puesto muy cachondo…Mi novia giró la cabeza, y me vio masturbándome, en eso se levantó, y cogiendo a Liliana de la mano, se pusieron de rodillas ante mi.

Mira Lily, se ha puesto así de cachondo por ti, haz los honores, y empieza a chuparle la polla a mi novio.

Yo, asombrado por ver cómo la chica modosita que tenía como novia, se había convertido en una fiera, me recosté en el sofá, y cogiendole la cabeza a Liliana, le acerque la lengua a mi polla…Estuvo un buen rato chupandomela, hasta que se levantó y cogiendo a mi novia por la cintura, la puso de cara a la pared, con las manos apoyadas en la propia pared…Como si de un cacheo se tratara, le separó las piernas, y abrazándola por detrás, le levantó la falda, y empezo a tocarle el coño por encima del tanga, mientras le susurraba: no sabes cuánto tiempo llevo soñando esto…lo cual puso más cachonda a mi novia, que cada vez gemía con más fuerza

Liliana, volteó a mi novia y la puso de espaldas a la pared, y poniendose de rodillas, le arrancó el tanga y empezó a lamerle el coño, ante los agitados gemidos de mi novia…AHHHHH, COomemelo todo cerda…Gritaba mi novia.

En eso me acerque yo por detrás de Liliana, e hice que notara mi presencia, acercando mi polla a su culo, mientras le decía, Joder, Lily como tienes de cachonda a mi novia…Al decir esto, mi novia me miraba con los ojos entre abiertos por el placer que sentia, y m decía quieres follarnos?? Esa frase terminó por calentarme, y cogiendo a Liliana, la puse a cuatro patas, apoyada en el sofá, y bajándole rapidamente sus bragas, se la clave, de forma salvaje…AHHHHHHH gimio ella…Te gusta Puta??? Le grito mi novia, mientras le tiraba del pelo. Aquello se había convertido en un frenesí sexual, me estaba follando a una amiga de mi novia, mientras mi novia le preguntaba si le gustaba cómo me la follaba…

Casi al momento, mi novia me apartó violentamente, y tiró a Liliana abierta de piernas en el sofá, mientras decía que ella también quería probar el coñito de su amiga, yo puse a cuatro patas a mi novia de manera que pudiera acceder con su boca a su chocho, y se la metí por el culo a mi novia, casi no opuso resistencia, estaba fuera de sí…podría hacer lo que quisiera con ella, que no me diría que no a nada…mis enculadas, cada vez eran mas fuertes y mas salvajes, y se correspondian con los gemidos de placer de mi novia, que se confundian a su vez con los de su amiga Liliana.

A petición de mi novia, mi polla, también penetró el culo de Liliana, la cual era virgen analmente, pero tampoco se resistio demasiado a mi polla, mientras mi novia le escupía en su boca…yo nunca la había visto así…Me quedé un buen rato follandole el culo, pues me gustaba más que el de mi novia ya que era más duro, y lo tenía más prieto.

En esto, vi que mi novia, salía del cuarto, pero no le di, demasiada importancia, así que segui follando por el culo a nuestra invitada, al rato llegó con una polla de goma!!!! Que tenía un arnés y se la habia puesto a modo de polla. Yo nunca le había visto eso, el caso es que se la puso, y cogiendo del pelo a su amiga, le grito que se la chupara, mientras yo le follaba el culo…Mi nueva amiga, chupaba deseosa de más ese palo negro de goma mientras balbuceaba algun que otro gemido…

Finalmente, mi novia se follo por el culo a mi amiga, mientras yo me la follaba por el coño, haciendo una doble penetración en el cuerpo de Liliana, la cual casi había perdido el conociemiento…

Tras casi dos horas, las puse de rodillas delante de mí, y les llené la cara con mi semen, mientras ellas se besaban con lujuria, esperando mi caliente esperma.

Sólo me queda añadir, que fue el mejor polvo de mi vida, como podréis imaginar, sin embargo, el tema de los trios, fue algo puntual en nuestra relación, ya que al día siguiente, cuando mi novia volvió en sí y se le pasó el efecto lujurioso de la otra noche, me dijo que no quería que hiciesemos mas trios, porque podría afectar a nuestra relación de pareja…Pero el recuerdo, no me lo quita nadie!!!!!!!!!

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Sensaciones especiales

Seguí a David por las escaleras que conducían al sótano de su casa. Era un amplio salón de acceso exclusivo y reservado solo para sus íntimos, acogedor y confortable, ideal para desconectar del mundo. Allí habíamos celebrado largas veladas de invierno, al calor de la chimenea, con buen vino y mejor compañía. Lugar para las grandes confidencias y para dar rienda suelta a los deseos compartidos. Pocos secretos existían entre David y yo, que en aquel sótano habíamos escrito numerosas páginas de nuestras historias más inconfesables.

El siguiente capítulo iba a tener como protagonista a Lucía, una hermosa veinteañera, alumna de David en la facultad. Fueron los únicos datos que mi amigo me había proporcionado cuando me telefoneó para que acudiera aquella noche a su casa. “Esta noche  te prometo sensaciones especiales”, me había dicho, en ese tono misterioso que David solía utilizar cuando había “cita en el sótano”. No era la primera vez que me llamaba para follar con una de sus alumnas. A ambos nos gustaban los tríos, el sexo en grupo, en realidad cualquier forma de relación sexual que se saliera de la habitual en pareja. Y era evidente que a aquellas jovencitas les gustaba follar con maduros, tal vez para hacer realidad la tópica fantasía de tirarse al apuesto profesor, con amigo incluido en el lote.

“Te prometo sensaciones especiales”… La primera visión de Lucía me hizo comprender que a David no le iba a costar ningún esfuerzo cumplir su promesa. Cuando acabé de bajar las escaleras, me topé con la imagen de la joven muchacha atada y de rodillas, delante del inmenso espejo que David tenía en una de las paredes del sótano. En él se reflejaba la chica de espaldas, completamente desnuda salvo un tanga negro cuya cinta circundaba su cintura y se perdía en la hendidura de sus nalgas apoyadas sobre los talones, para descansar en ellos el peso de su cuerpo. Lucía era hermosa, sin dudas. Tenía la cabeza agachada, su barbilla apoyada sobre el pecho, los ojos vendados por un pañuelo negro, el pelo castaño y rizado. La visión de su cuerpo desnudo era excitante. Sus brazos alzados, las muñecas esposadas, los dedos de sus manos entrelazados, las piernas abiertas, los pechos, breves y redondos. Una cadena que pendía del techo, sujeta a la argolla de las esposas de cuero, mantenía elevados los brazos de Lucía y tenso su torso hasta dibujar sus costillas en la piel, pronunciando la redondez de su ombligo en el vientre plano y el sinuoso contorno de sus caderas.

En el silencio de la estancia, se podía escuchar con claridad la respiración agitada de la muchacha, que no había movido ni un solo músculo de su cuerpo al sentir nuestra presencia, hasta que David se colocó tras ella y, agarrándola del pelo, le obligó a subir la cabeza que cayó hacia atrás por el jalón, logrando que Lucía abriera la boca para dejar escapar un leve gemido.

– Ya estoy de vuelta, putita. Y he traído un viejo amigo que quiero presentarte. – David se agachó para hablarle suave a Lucía, muy cerca de su oído, sin soltarle el pelo enredado entre sus dedos. – Te dirigirás a él como “señor”, ¿me has entendido?

Lucía asintió con la cabeza. Pero David desaprobó el gesto con un nuevo tirón de los cabellos de la chica. – ¿Me has entendido? – le volvió a preguntar, con cierta dureza en la voz.

– Sí, profesor. – La voz de Lucía sonó apagada, apenas un hilo de voz fina y nerviosa.

– Saluda a mi amigo, Lucía, no seas maleducada.

– Buenas noches, señor.

Respondí a su saludo, tal vez con demasiada formalidad, lo que provocó que David riera a carcajadas.

– No hace falta que saludes a la putita. Ella no está aquí para que la saludemos, ¿verdad Lucía?

– Verdad, profesor.

Las preguntas de David a Lucía siempre venían acompañadas de un leve jalón de pelo que la forzaba a echar más para atrás la cabeza, a tensar la cadena con sus manos y a dejar caer más las nalgas sobre los talones, como temiendo que, en algún momento, pudiera perder el equilibrio. En esa postura, su espalda se enarcaba levemente y sus pechos se ofrecían hacia delante, turgentes e incitantes sus pezones endurecidos. Sin soltarle el pelo, David comenzó a sobar sus tetas con la otra mano, a pellizcar los rosados pezones, mientras le seguía hablando, casi susurrándole al oído:

– ¿Y para qué está aquí la putita?

– Para ser sometida, profesor.

– Para ser sometida, ¿por quién? – otra vez el pelo fuertemente jalado, la cabeza hacia atrás, el gemido entrecortado de Lucía, la mano de David estrujando uno de sus pechos – ¿Por quién vas a ser sometida, Lucía?

– Por Vd. y por el señor, profesor.

La respuesta de Lucía fue clara, rotunda, sin titubeos. Me pareció que el tono de su voz incluso denotaba cierta impaciencia, como si Lucía deseara que ocurriera inmediatamente lo que estaba proclamando. Yo era “el señor” que junto a mi viejo amigo íbamos a someter a aquella linda joven, que no parecía tener ningún tipo de miedo a estar allí, en aquel sótano, encadenada, desnuda y de rodillas, a merced de dos hombres, a uno de los cuales ni siquiera conocía. Desde luego que las sensaciones estaban siendo especiales. Sentía tal excitación que creí que la polla me iba a reventar dentro del pantalón. David se percató de mi más que evidente erección y, sonriendo burlonamente, volvió a dirigirse a Lucía:

– Creo que el señor está deseando someterte. Así que será cuestión de no hacerle esperar, ¿verdad putita?

– Cuando Vd. ordene, profesor.

David soltó los cabellos de Lucía, se incorporó y comenzó a desnudarse, indicándome con un gesto que yo también lo hiciera. Cuando los dos estuvimos completamente desnudos, nos colocamos a ambos lados de la chica, con la punta de nuestras pollas erectas en sus labios, para que las chupara. No hizo falta orden alguna para que Lucía comenzara a besarlas y a lamerlas, impregnando de saliva los rígidos troncos de carne que introducíamos en su boca por turnos para que la alumna sumisa de David los chupara magistralmente entre jadeos que se ahogaban cuando las vergas se clavaban en el interior de su boca.

El profesor alentaba a su pupila cuando mamaba mi polla, “vamos, vamos, putita, que el señor vea lo bien que sabes chuparla” y la forzaba a tragarla por completo cuando era la suya la que tenía entre aquellos labios carnosos y humedecidos que sabían perfectamente cómo tenían que cerrarse sobre el capullo para firmes deslizarse, hacia dentro y hacia fuera, por toda la enhiesta longitud de nuestros carajos.

David ordenó a Lucía que se pusiera en pié y ella obedeció al instante, con cierta dificultad, posiblemente al tener las rodillas entumecidas por la forzada posición en la que había permanecido durante todo ese tiempo más el que ya llevara antes de que bajáramos al sótano. Se percibía el temblor en sus piernas, el cual alivió con ligeros y rápidos movimientos de flexión y estiramiento de sus rodillas. Al incorporarse, pudo bajar sus brazos, quedando sus muñecas esposadas a la altura del vientre. David me indicó que me pusiera a su lado, tras de ella, pudiendo contemplar lo que hasta entonces solo había podido ver reflejado en el espejo: la hermosura de su espalda desnuda y la redondez de sus nalgas ya completamente al descubierto. El profesor cogió la cinta del tanga de Lucía y la tensó y destensó para frotar con ella el coño de la joven, que se estremeció por el roce de la tela en la raja de su sexo, hasta que en uno de los tirones la cinta cedió, rompiéndose y dejando a la chica absolutamente desnuda.

– Un culo perfecto – sentenció David, acariciándolo y estrujando sus nalgas sin reparo. – Un culo perfecto para ser azotado, ¿verdad putita? ¿Quieres que te azotemos?

Lucía no respondió, lo que provocó que David asiera sus cabellos y jalara fuertemente de ellos, para obligarla a contestar.

– Cuando pregunto, quiero respuestas inmediatas. A ver si te voy a tener que suspender, alumna. Creo que eres una niña mala y mereces ser castigada, ¿verdad?

– Sí, profesor. – La voz de Lucía volvió a sonar tímidamente y esta vez con una inquietud que apenas pudo disimular.

La nalgada sonó hueca, como un chasquido de la palma de la mano contra la piel blanca que enrojeció al instante, el contorno de los dedos señalados. Otra más y otra más. Y a cada manotazo, el suave gemido de Lucía y la suave convulsión de su cuerpo. David palmeaba cada vez con más fuerza el culo de su alumna y la obligaba a contar los azotes. Uno… Dos… Diez… Un descanso. Y mi turno. “Todo tuyo”, me dijo con esa sonrisa burlona que se gastaba cuando estaba disfrutando verdaderamente. Uno… Dos… Diez… Sentía la piel caliente del culo de Lucía quemándome la palma de la mano. Como había visto hacer al maestro, mi mano cada vez golpeaba con mayor intensidad las nalgas enrojecidas, provocando el quejido de Lucía que trataba de endurecer la carne para amortiguar la fuerza del azote. Otro descanso. Y vuelta a empezar, a doble mano, la nalga izquierda para David, la derecha para mí, palmada tras palmada, nuestras manos libres en los pechos de la muchacha, pinzando con los dedos sus pezones para darle el doble castigo del pellizco en sus tetas y del azote en su culo.

Ya Lucía trataba de zafarse, zarandeándose y contorsionando su cuerpo, jadeando con esfuerzo, suplicando que cesáramos en nuestros palmetazos contra su piel dolorida, mostrando incluso un atisbo de rebeldía que nos hizo enardecer. “Se nos rebela la putita. Creo que vamos a tener que follárnosla para que sepa quiénes mandamos aquí”, dijo David, como anunciando lo que iba a suceder a partir de ese instante.

El profesor se colocó tras Lucía y puso su mano izquierda bajo su barbilla, obligándola a levantar su cabeza. Me pidió que liberara sus muñecas de las esposas de cuero y procedí a ello. En cuanto que la chica tuvo las manos libres, David agarró con su brazo derecho el mismo brazo de Lucía, ordenándole que abriera sus piernas. Agarrada por el brazo y por el cuello, Lucía obedeció, apoyando su cabeza contra el hombro de su profesor y enarcando su espalda para que la polla del hombre pudiera penetrar su coño ofrecido. David la embistió con fuerza, sin soltarla, sometiéndola a un brutal escorzo que hizo que Lucía buscara los muslos de su dueño para agarrarse a ellos mientras era clavada y desclavada por la dura verga que le provocaba oleadas de placer en el cuerpo sometido. Su vientre, curvado hacia delante, quedó expuesto para que mi lengua y mis manos lo recorrieran, para subir hasta sus pechos ofrecidos y continuar hasta su boca abierta, que gemía ya sin contemplaciones. Mientras David seguía empalándola y mordía su oreja, en la que le susurraba sucios improperios –eres la sumisa más putita que me he follado en la vida, te voy a partir el coño a pollazos- yo sellaba sus gemidos con mis labios y le provocaba nuevos quejidos al estrujar sus tetas y retorcer maliciosamente sus pezones hinchados por el deseo. Y mi mano también descendía hasta el capuchón de su clítoris y acariciaba su vulva empapada, frotando su sexo hasta sentir el roce de la polla de David que entraba y salía frenéticamente del coño de Lucía, provocándole espasmos de placer a la alumna sumisa.

El bramido de David anticipó su inmediata corrida sobre la espalda y el culo de la joven que apretó sus nalgas contra los huevos del profesor para, en un sensual y oscilante movimiento, frotar la verga aún endurecida y sentir las últimas sacudidas de esperma en la estrecha grieta divisoria de sus redondos glúteos.

Fue el propio David quien, sin soltar el brazo de Lucía, la hizo andar a empujones hasta la mesa situada en el ala izquierda del sótano, colocando a la chica en uno de sus extremos y obligándola a doblar su cintura hasta que su tronco quedara apoyado sobre la tabla. Lucía se dejó hacer y trató de acomodarse, doblando su cabeza para que el lado izquierdo de su rostro descansara en la mesa, mientras David tiraba hacia detrás de sus brazos y entrelazaba las manos de su alumna a la altura de sus lumbares. Reclinándose hacia ella, le habló suavemente al oído:

– ¿Te gustaría que te follara tu señor, putita? ¿Eh? ¿Te gustaría que te follara ahora mismo?

– Sí, profesor.

– Suplícaselo.

Yo contemplaba sus nalgas, aún enrojecidas por los azotes, húmedas y brillantes por los regueros de leche vertidos por David. Aquella posición era realmente excitante y ansiaba poder penetrar a aquella hermosa chica que, dócilmente, se sometía a todo lo que su profesor le ordenaba. Como se demoraba en la respuesta, le pegué un seco manotazo en su nalga derecha que le hizo soltar un pequeño grito a manera de lamento y me decidí a ordenarle:

– Te ha dicho tu profesor que me supliques, putita. ¿Es que quieres que volvamos a castigarte?

David me miró, sonriéndome con complicidad y aprobación, mientras apretaba con su mano izquierda la parte posterior del cuello de Lucía para aplastar su rostro contra la mesa. La voz de la mujer sonó apagada:

– Fólleme, señor. Me gustaría que me follara ahora mismo.

Agarré mi polla para orientarla y dirigirla al centro de su raja y la penetré lentamente, como queriendo hacerle sentir toda la extensión del carajo endurecido en el interior de su coño que palpitaba de deseo. Agarré sus manos como si fueran las riendas de una yegua a punto de desbocarse, lo que permitió que David usara las suyas para jalar de su pelo y obligarla a levantar su tronco de la mesa cuando él quisiera, para magrear sus tetas o apretarlas contra la tabla de madera, mientras yo aumentaba el ritmo de la embestida y estiraba los brazos de Lucía para contorsionar su cuerpo nuevamente estremecido por el placer.

– Vamos, vamos, fóllala con más fuerza – me alentaba David, mientras tapaba la boca de Lucía para impedir que se escucharan sus gemidos. Sí se oían perfectamente mis jadeos y los rítmicos golpes de mi pubis contra las nalgas de la muchacha, cada vez más continuos y crecientes, mientras la polla entraba y salía, entraba y salía, duramente, ardorosamente, perforando el coño licuado de Lucía que aulló de placer en el momento que David liberó sus labios permitiéndole gozar de un orgasmo que sacudió todo su cuerpo, en el justo momento en que yo también me corría sobre su espalda, sus nalgas y sus muslos, con intensas sacudidas que hicieron brotar calientes chorros de esperma que se estrellaban contra la piel de la chica cuyas piernas temblorosas parecía que estuvieran a punto de doblarse por el placer y el cansancio.

Sensaciones especiales. Sin dudas, las había sentido y gozado en aquel cuerpo joven y hermoso de la alumna de David. Cómo el viejo profesor la había seducido y convencido para que fuera nuestra sumisa aquella noche, formaba parte de los secretos inconfesables de mi amigo. Aunque tal vez, alguna noche, en alguna velada de invierno al calor de la chimenea, me desvelaría el inicio de una historia que acabó con Lucía durmiendo entre los dos, abrasando con el ardor de su cuerpo joven y desnudo la piel también desnuda de nuestros cuerpos curtidos.

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Las reglas del juego

Entre los labios de Marta y los míos, la polla de Carlos, altiva, erguida, las venas intensamente marcadas en la piel lubricada por nuestras lenguas moviéndose al unísono, el capullo al descubierto, ancho y rosado, deliciosamente suave en el roce con el paladar cuando, a turnos, nos los intercambiábamos para apropiarnos de él en exclusiva, chupándolo y haciéndolo desaparecer en el interior de las bocas hambrientas. Carlos de pié, las piernas ligeramente abiertas, las manos en nuestras nucas, acariciándonos el pelo, empujando nuestras cabezas contra la verga ardiente, jadeando al ritmo de nuestros labios chupadores, de nuestras propias manos cerradas sobre el tranco, agarrándolo, meneándolo hacia arriba cuando la boca bajaba, hacia abajo cuando la boca subía. Marta y yo, de rodillas, magreando con la otra mano las nalgas de Carlos, hurgando entre ellas para buscar el aro de su orificio anal, para horadarlo con nuestros dedos que dilataban el estrecho agujero, el músculo cerrado del culo que parecía atrapar como una ventosa el dedo que penetraba en sus entrañas.

De rodillas nos sentíamos sometidos. Nos excitaba esa sensación de dominio que Carlos imponía al empujar con sus manos nuestras cabezas contra su polla, al tensar los músculos de sus robustas piernas cuando nuestras lenguas la recorrían, al decidir a quién correspondía tragársela, hasta que él considerara oportuno el cambio, sabedor de que otra boca ansiosa esperaba su turno. A Marta y a mí nos encantó el momento en que Carlos se agarró la verga y la levantó para obligarnos a que nuestros labios se juntaran, se besaran, se mordieran, se chuparan, impregnados de sus primeros jugos. Los labios de Marta y los míos sabían a polla de Carlos, a semen de Carlos, a huevos de Carlos. Marta y yo nos besamos ardorosamente, sin poder separarnos porque Carlos apretaba nuestras nucas para que el beso se eternizara mientras frotaba su polla contra nuestras mejillas y nuestras frentes, como queriéndonos recordar que, tras el beso, volveríamos a ella, cuando él lo decidiera.

Carlos y Marta son pareja. O algo parecido. Viven bajo el mismo techo y comparten tiempo libre y aficiones. También comparten cama, para dormir y para follar. Y a veces se comparten ellos mismos con otros y con otras, sin más ataduras que las que imponen las reglas de un juego que ellos mismos inventan. Esta vez, a tres bandas, dos hombres para Marta. Pero no sería ella únicamente la penetrada. Le tocaba a ella definir las reglas. Y en sus reglas pactaron expresamente que ella podría chupar las pollas de los dos pero que Carlos solo podría penetrar al otro hombre. Su coño y su culo le estarían vedados, prohibidos, quedando tan solo a disposición del macho invitado que tendría que ser forzosamente sodomizado por Carlos.

Yo era el invitado. Amigo de los dos, me había acostado con Marta en varias ocasiones pero siempre a solas. Me gustaba follar con ella, pequeña y sensual, ardiente y desinhibida en la cama. Cuando me propuso formar parte de un trío con Carlos y ella, me excitó la idea. Al explicarme sus reglas del juego, acepté sin pensarlo. Me resultaba realmente morboso follar con Marta delante de su compañero pero aún más si este no iba a ser un simple testigo. Me gustaba ese rol de macho pasivo penetrado por otro macho, poder chupar su polla y poder sentirla en el interior de mi culo.

Carlos sería el macho activo y asumió su papel desde el primer momento. Dominante, obligó que nuestras lenguas recorrieran su torso desnudo, se detuvieran en sus tetillas endurecidas antes de bajar hasta su vientre, su pubis y su verga empalmada. Marta y yo nos dejábamos hacer, sin tocarnos, salvo los besos profundos a los que Carlos nos invitaba cuando retiraba su polla para que nuestras bocas se encontraran y que interrumpía con un leve tirón de nuestros cabellos para separar nuestras cabezas y volver a colocar su verga al alcance de nuestros labios.

Bastó una leve indicación de Carlos para que yo me recostara sobre la moqueta y Marta se subiera a horcajadas sobre mí, agarrara mi polla erecta con una de sus manos para situarla en el mismo centro de su coño que lentamente fue descendiendo hasta engullirla. Sentí caliente el roce de sus nalgas, levemente posadas sobre mis huevos antes de volver a elevarse para iniciar la rítmica subida y bajada de su sexo empapando la prieta carne de mi verga. Mientras Marta la cabalgaba, apretando sus pechos con sus manos y moviendo su menudo y sensual cuerpo al compás que marcaban sus jadeos, Carlos, arrodillado junto a mi cabeza, me ofrecía su polla para que volviera a mamarla. La chupé con la misma cadencia que me imponía el galope de Marta sobre mi polla, deteniéndome a veces en su glande para liberar algunos de mis propios jadeos y sin dejar de meneársela con mi mano aprisionando la parte baja del tallo. A veces Marta adelantaba sus manos y vencía su torso para que fuera yo quien la empujara y marcara el ritmo de la penetración. La cercanía de los labios de la chica provocaba en Carlos el inmediato impulso de apartar su polla de mi boca para que fuera su compañera quien continuara la mamada. Era excitante tenerla allí encima, sentir como frotaba su clítoris contra mi vientre cuando mi polla retrocedía antes de volver a embestirla, poder amasar sus tetas y juguetear con sus pequeños y durísimos pezones, oírla gemir en los breves segundos en que Carlos sacaba su tranco chorreando saliva para que Marta tomara aire antes de volver a engullirlo delante de mis ojos.

Como siempre, fue Carlos quien ordenó el cambio de postura. Con Marta a cuatro patas, yo me arrodillé tras ella para estimular su ano con mi lengua y con mis dedos. Y en idéntica posición, Carlos se situó a mis espaldas para hacer lo propio con mi culo. Sentía su lengua humedeciendo el pequeño agujero de entrada que después era ensanchado por sus dedos impregnados de saliva, primero uno, después dos, más tarde tres hurgando, abriendo, dilatando el estrecho orificio. Casi miméticamente, el culo ofrecido de Marta era dilatado por mis dedos que entraban y salían tratando de agrandar el hueco para la inmediata penetración. Me acerqué para atrapar mi polla entre sus nalgas mientras mis manos agarraban sus pechos colgantes por la postura. Detrás mía, Carlos acariciaba mi espalda y apretaba su verga contra mi piel, frotándola en la hendidura que separa mis nalgas. Yo ansiaba penetrar a Marta y sentir como Carlos me penetraba, por lo que agarré mi polla para situar el capullo en la entrada del culo de la chica que tensó sus brazos para apoyar firmemente sus manos en el suelo y separó un poco más sus rodillas, facilitándome la introducción de la verga que, pausadamente, palmo a palmo, fue haciendo ceder la natural resistencia de su esfínter, con suaves movimientos de entrada y salida que acabaron por dilatar su culo.

Recostado sobre Marta, cabalgando su grupa cada vez con mayor fuerza, separé un poco más sus piernas con las mías para ofrecer mejor mi culo a Carlos que ya había empezado las primeras maniobras para penetrarlo. Con más impaciencia y menos delicadeza que la que yo había usado para encular a Marta, Carlos empujó su polla, forzando la entrada en mi agujero. Protesté con un leve quejido, penetrando un poco más a mi amiga para tratar de separar mi culo del duro ariete que trataba de conquistarlo, lo que me valió un par de secos azotes y la orden tajante de Carlos para que no opusiera resistencia. Con mi polla clavada en el interior de Marta, detuve mi movimiento para favorecer la penetración de Carlos que había vuelto a lubricar mi entrada con abundante saliva y al que bastó empujar dos o tres veces para atravesarme las entrañas, empalándome con su grueso carajo y haciéndome gritar por un dolor incipiente que se fue mitigando a medida que mi amigo fue moviendo su polla en el interior de mi culo abierto y sometido.

La doble sodomización de Marta y mía nos provocó temblores y gemidos de placer. Mis embestidas hicieron que la chica se desplomara, dejando caer sus brazos hacia delante y doblando el tronco hasta apoyar el rostro sobre el suelo, los pechos rozando la moqueta, el vientre levantado y sujeto por mi brazo izquierdo, flexionado para que mis dedos alcanzaran a estimular y penetrar su coño licuado y palpitante. Cuando detenía mi empuje, era Carlos el que sujetaba mis caderas para penetrarme con fuerza. Sentía entrar y salir su polla de mi culo, clavándomela hasta notar su vientre en mi espalda, logrando que a su vez mi cuerpo se fusionara con el de Marta, como si su polla pudiera atravesarnos a los dos de un solo golpe. Pude sentir en mis dedos el torrente de flujo del coño de Marta en el justo momento en que su cuerpo convulsionaba en un intenso orgasmo. A punto de correrme yo también, la descabalgué para evitar eyacular, liberándola de mi cuerpo y de mi brazo, lo que ella aprovechó para darse la vuelta y tumbarse boca arriba, con su cabeza a la altura de mis piernas, jadeando aún por el inacabado placer.

El empuje de Carlos hizo que yo también inclinase mi torso para quedar mi culo levantado y a su merced. Sobre el vientre de Marta ahogué mis inevitables gemidos por el gozo que me causaba la frenética embestida de Carlos y el rápido meneo de las dos manos de Marta ordeñando mi polla. Un ronco grito y un entrecortado jadeo acompañaron la corrida de Carlos en el interior de mi culo, anegando mis entrañas de leche caliente. Sin sacar su polla, esperó a que su chica acabara su trabajo, la obra maestra de sus manos estrujando el tallo y la cabeza de mi verga, tensando y destensado la piel en rápidas acometidas desde los huevos al capullo que me hicieron estremecer, resoplar, gemir y, finalmente, explotar de placer al correrme sobre el rostro y los pechos de Marta que no dejó de sacudir y menear mi polla a su antojo hasta verter la última gota de leche.

Era el final de un juego que acabó por dejarnos exhaustos. Todos habíamos respetados las reglas impuestas por Marta. Tras la reconfortante ducha, me despedí de aquella singular pareja de amigos. Ya en la puerta, a punto de marcharme, Marta se acercó para darme un último beso y mordisqueando el lóbulo de mi oreja, me susurró al oído: “La próxima vez, tú serás quien ponga las reglas del juego”.

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Cógelo

CÓGELO

Jose se situó tras su mujer, que ya estaba recostada sobre su lado izquierdo. Con la mano derecha le abrió ligeramente las piernas, lo suficiente para colocar el erecto pene entre los muslos de ella, en contacto directo con sus labios vaginales. Inmediatamente comenzó un movimiento similar al de la penetración para que ambos sexos se rozaran, mezclándose los jugos de ella con el líquido pre-seminal de él. Laura cerró los ojos mientras sus caderas iniciaron un baile que permitía adivinar su creciente excitación, alimentada por las caricias que su marido le estaba brindando con la mano derecha, directamente dirigida hacia el clítoris. Acercó los labios al cuello de Laura, regalándole un cálido beso con un ligero mordisco sin detener sus movimientos pélvicos. Ella se giró para devolvérselo, esta vez boca con boca, lengua con lengua.
El pene de Jose resbalaba con total facilidad sobre el sexo de su mujer, recorriéndolo con toda su longitud y centrando el glande sobre el clítoris de ella, libre desde que desplazó la mano hasta el pecho derecho de Laura. Ella, sin poder resistirlo más, abrió ligeramente sus piernas, y con un pequeño golpe de caderas, introdujo el miembro en su vagina con total facilidad. Jose mantuvo sus movimientos aunque dándoles un plus de profundidad desde ese momento, mientras agarraba entre sus dedos el duro pezón que denotaba también la irrefrenable excitación de su pareja. Tras unos minutos de vaivén, caricias y besos, Laura giró su cabeza hacia Jose, y susurrando con la voz entrecortada, pronunció tan sólo una palabra:
-“cógelo”.
Él ya sabía a lo que se refería, y emulándola, se giró hacia la mesilla de su lado de la cama, de donde tomó un consolador, compañero habitual de sus juegos nocturnos. El tamaño era considerable, mayor aun que el del pene de Jose, simulando además perfectamente las formas, el color y el tacto de uno real. Jose se lo cedió a Laura, a la que le faltó tiempo para llevárselo a la boca. Sabía lo que a su marido le excitaba mirarla mientras jugaba con él, lamiendo con su lengua cada pliegue, cada detalle, bajando hasta los testículos y ascendiendo hasta el glande. Jose le había comentado en más de una ocasión, medio en serio, medio en broma, que si se tratara de un pene real, el propietario de la herramienta se habría corrido con mucha rapidez, víctima del excelente trabajo de Laura.
Ella cerraba los ojos imaginándose lo excitante que supondría disponer de dos varones en exclusiva, aunque nunca se lo había dicho abiertamente a su marido, pues su educación y su pudor se lo impedían. Tras brindar un exhaustivo trabajo al invitado virtual, extrajo el pene de su boca y lo dirigió hacia la vagina, la cuál, desde el nacimiento de sus hijos, había alcanzado una flexibilidad tal que le permitía unas hazañas dignas de la mejor actriz porno. Jose le facilitó el trabajo acompasando sus movimientos con los de la mano de su mujer que empuñaba el dildo, hasta que finalmente ambos apéndices entraron simultáneamente en el sexo de Laura. Poco a poco, Laura introdujo el enorme pene hasta que los testículos chocaron contra su pubis, a la vez que con su mano derecha empujaba el culo de su marido invitándolo a que hiciera lo mismo con su pene. Una vez más, ella alcanzó una sensación de plenitud, se sentía totalmente llena, completa, abandonada al placer, tan fuera de control, tan excitada que a pesar de su habitual discreción, los jadeos dejaron paso a gemidos de placer y sus caderas comenzaron a moverse con verdadera violencia. Jose acercó la boca al oído de su mujer, y sin dejar de penetrarla, le habló entrecortadamente:
-“sabes que… necesitas dos… pollas para ti… lo sabes; dos hombres… dentro de ti…”
Estas palabras fueron el detonante para que Laura estallara en un sonoro orgasmo, mientras en su cabeza bullían multitud de imágenes entremezcladas, destacando entre todas las de ella misma siendo penetrada por dos hombres al mismo tiempo…
Jose regresaba del baño tras darse una ducha y volvió a tumbarse junto a su mujer. Mientras le acariciaba con suavidad el monte de Venus, le habló:
– “Te excita pensar en que te estamos follando dos hombres, no digas que no…”
– “No le des más vueltas, eso no va a pasar nunca.” –contestó ella, con una mueca de desagrado.
– “Pues no sé por qué no” –respondió él- “A mí me encanta verte disfrutar”.
– “Es simplemente una fantasía tuya y nada más” –mintió-, “y en eso se quedará. No voy a meter a otro hombre en nuestra cama te pongas como te pongas.”
– “Pues cada vez que tienes las dos dentro te vuelves loca, y cuando te digo que necesitas dos hombres, siempre te corres a lo bestia”-insistió Jose riendo. “Imagínatelo con un tío cachas y guapo, como Brad Pitt, con unos buenos abdominales de esos que parecen pintados… ¿A que entonces no podrías negarte?”.
– “Pero como un tío así no se fijaría en mí, se acabó la historia” –sentenció, dando la conversación por finalizada mientras se giraba dando la espalda a su marido.
– “¡¡Ajajá!! –exclamó triunfante Jose-. “En ese caso sí que aceptarías, ¿eh?”
– “Es tarde, Jose, tengo sueño” –contestó cortante, aunque en el fondo sabía que su marido tenía razón; y de hecho sería bastante menos exigente a la hora de elegir al “partenaire”, pero no podía admitirlo, pues temía lo que podría llegar a suceder en ese caso.

Laura sobrepasaba por poco los 40, aunque aparentaba menos edad. Más bien bajita y perfectamente proporcionada, sus pechos no desentonaban con el resto de su persona. Su culo, algo respingón, le encantaba a su marido, que lo halagaba sin mesura sobre todo cuando le hacía el amor boca abajo: “es tan acogedor…” –le solía decir, y eso a ella le llenaba de satisfacción. Pero como todas las mujeres, y a pesar de los elogios y del amor de su marido, Laura era insegura, y esa inseguridad era la que alimentaba su excesivo pudor a la hora de intentar alguna nueva experiencia en lo que a sexo se refiere. Jose llevaba tiempo insinuando la posibilidad de incorporar un invitado alguna vez a sus juegos amorosos, y aunque Laura se había negado tajantemente, poco a poco su resistencia disminuía a medida que Jose insistía. No obstante, él nunca había obtenido de ella algo diferente a un “no”…
Jose estaba totalmente enamorado de su mujer, pero no podía evitar el excitarse pensando en verla gozar con dos hombres a su disposición. Algunos años mayor que Laura, con el paso de los años su aspecto había mejorado, pues practicaba deporte habitualmente y cuidaba su alimentación. No cometía excesos (casi nunca…), y aunque le seguían sobrando algunos kilos, su aspecto era “pasable”, como a él mismo le gustaba decir. No podía lucir un cuerpo musculoso ni mucho menos, pero su mujer lo quería y eso era suficiente para él.
Llevaban casi 20 años de matrimonio, con 2 hijos que no habían dejado apenas rastro en la figura de Laura, de lo cuál se vanagloriaba Jose, orgulloso del esbelto aspecto de su mujer, la cuál seguía siendo atractiva y apetecible.
Su vida sexual era satisfactoria para ambos, pues aunque no se pudiera decir que eran unos atletas sexuales, sí solían practicar diferentes posturas y explorar “distintas posibilidades”. Para ello recurrían habitualmente a todo tipo de “juguetes” que introducían algo de “picante” y evitaban en lo posible la monotonía en su relación. A pesar de esto, Jose no dejaba de fantasear con realizar un trío con su mujer y un invitado o invitada. Puestos a elegir prefería lo primero, pues su prioridad era que Laura fuera el centro de atención en lugar de serlo él mismo, aunque no estaba muy seguro de cómo se comportaría su pareja ante la presencia de otra mujer en la cama…En alguna ocasión había interpelado a Laura sobre su preferencia en el caso de un hipotético “menage a trois”, y a pesar de poner siempre el “no” por delante, consiguió sonsacarle su inclinación ante una persona de su mismo sexo. Jose estaba seguro de que la respuesta no era sincera, y que si decía eso era porque sabía que era una opción menos probable de hacerse realidad y además, mucho más “light”, demostrando de nuevo el pudor que en este asunto la dominaba.
El verano transcurría sin muchas novedades, esperando que llegaran fechas elegidas por la familia para tomar sus más que merecidas y deseadas vacaciones, aunque en esta ocasión tenían un componente distinto, ya que por primera vez iban a desplazarse sin sus hijos. Los padres de ella les habían pedido quedarse algunos días con los niños pues no los veían con demasiada frecuencia, y en esta ocasión habían tenido que acceder a dicha petición.
Repetirían destino: un apartamento en una urbanización del sur de España que disponía de piscina, pistas de tenis y la playa a un paso, un lugar perfecto para descansar, desconectar y cargar las pilas, aunque la falta de los niños presentaba un escenario diferente.
Y por fin llegó el día “D”. Aunque iban a echar de menos a sus hijos, por otro lado pensaban que iban a poder disfrutar de una libertad de la que hacía mucho tiempo que no gozaban. Jose pretendía sacar de noche a su mujer a algunas terrazas que ofrecían música en directo, algo que a ambos les encantaba; además, podría mejorar su tenis acudiendo a las clases que se impartían en la propia urbanización. Por otro lado, Laura disfrutaba enormemente de la piscina y de sus templadas aguas, de los ratos que pasaría con un buen libro tumbada sobre una hamaca a la sombra de algún sauce rodeada del frescor del césped, y también de alguna que otra cerveza helada y un aperitivo en la compañía de su marido.

-“¡Laura, me voy a comprar el periódico y luego a clase de tenis!” –gritó Jose desde la puerta de la calle.
-“¡Vale, estaré en la piscina!” –contestó ella desde el baño mientras se ajustaba uno de sus nuevos bañadores ante el espejo. Llevaban varios días de vacaciones en los que ya se habían adaptado a la nueva rutina. Jose se había inscrito un año más a las clases de tenis que se impartían en el complejo, y ella bajaba a la piscina hasta que su marido regresaba. Comían en algún restaurante tras tomar un aperitivo, después siesta, paseo por la playa en la tarde y cena y concierto por la noche aderezado por unas cuantas copas, no muchas, pues regresaban a su estancia donde hacían el amor apasionadamente.
Una vez dio la aprobación a su aspecto, Laura cogió su bolso, el libro que estaba leyendo, un refresco del frigorífico y salió hacia los jardines que rodeaban la piscina buscando una sombra acogedora. Se tumbó en una hamaca cerca de una de las duchas, y tras colocar la toalla, se tumbó cómodamente. Abrió el bote y procedió a continuar con la lectura cuando el ruido de la ducha le llamó la atención. Un hombre que acababa de salir de la piscina se duchaba con energía, y Laura, tras echarle un vistazo de arriba a abajo, se sorprendió a sí misma admirando sus trabajados pectorales y abdominales.
-“Vaya pedazo de hombre” –pensó.-“Qué músculos, y encima es atractivo…”
Y siguió observando cómo una vez terminó, tomó una toalla y una bolsa de tenis y salió de la piscina camino de las canchas.
Se sonrió mientras se imaginaba diciéndole a su marido: -“quiero a éste”.

-“Jose, devuélveme con globos defensivos mis smatchs”- gritó David desde el otro lado de la pista mientras golpeaba la bola con fuerza. Jose devolvió la misma siguiendo las instrucciones de su monitor, y cuando éste iba a golpearla de nuevo, retrocedió un par de pasos con tan mala suerte que pisó otra bola descarriada torciéndose el tobillo, cayendo a la tierra batida con estrépito. Un grito de dolor advirtió a Jose de que no se trataba de un mero incidente, así que corrió rápidamente a atender a David. Lo ayudó a incorporarse y ambos comprobaron que apenas podía apoyar su pie izquierdo. Se dirigieron fuera de la pista hacia unos bancos, y tras hacer que David se sentara le examinó el pie con detenimiento.
-“Parece que es sólo una fuerte torcedura, Hay que poner hielo lo antes posible” –afirmó Jose.
-“Pues en el botiquín no hay hielo, me temo” –contestó David con evidentes signos de dolor.
-“Vamos a mi apartamento. Está muy cerca y tengo gel en el congelador. Te lo pones un rato y verás como esta tarde estarás casi bien ¡Venga, arriba con cuidado!” –ordenó Jose ayudando a David a incorporarse.
Recorrieron en pocos minutos el trayecto con David apoyándose en el hombro de Jose, y al llegar, le sugirió que se tumbara en el sofá-cama con el pie en alto.
-“Espera, que me quito esto porque si no lo voy a manchar todo con la tierra batida” –comentó David, haciendo alusión a su camiseta y pantalón teñidos de color arcilla.
-“Vale. Toma el gel, póntelo en el pie mientras voy a recoger el equipo. Ahora vengo.” –respondió Jose a la vez que salía por la puerta, dejando a David tumbado sobre el sofá vestido tan solo con sus “boxers”.

Laura se levantó de la hamaca fastidiada. Una estúpida avispa merodeaba cerca de ella cuando estaba bebiendo un trago del refresco, asustándola y cayendo parte del mismo sobre su bañador. Decidió subir a cambiarse rápidamente sin recoger nada más, así que se dirigió hacia el apartamento. Abrió la puerta con la llave mientras ya se iba soltando los tirantes del bañador para ganar tiempo: había dejado todas sus cosas en la piscina y quería regresar lo antes posible. Dejó caer la prenda quedando totalmente desnuda y se encaminó al dormitorio en busca de otro bañador pasando por el saloncito. Se quedó absolutamente petrificada cuando vio al hombre de la ducha tumbado en su sofá. No pudo siquiera reaccionar tapando su desnudez; sus ojos no podían apartarse de los abdominales del intruso, aunque si pudo percatarse del desmesurado bulto que crecía preso por la tela de los boxers…
Y es que David, a su vez, también se quedó muy sorprendido, pues al oír la puerta pensó que Jose ya había regresado, y lo que vio fue a una mujer absolutamente desnuda frente a él. No pronunció palabra alguna; su única reacción fue la considerable erección que experimentó el pene con el que la naturaleza le había dotado. Y así pareció que el tiempo se detuvo hasta que ambos se sobresaltaron al escuchar a Jose hablar tras ellos: -“vaya, veo que ya os conocéis…” La aparición de su marido hizo reaccionar a Laura, que tras una mirada de pánico corrió hacia el baño cerrando la puerta tras de sí.

– “¡Pero es que me da mucha vergüenza, me ha visto totalmente desnuda!” –contestó Laura.
– “¿Pero tú te has fijado bien?, Bueno, qué tontería, ya me di cuenta de que sí…” –afirmó Jose tras su pregunta- “David es un castigador, las tiene a todas locas, habrá visto a miles de mujeres desnudas. No sé qué problema tienes con que nos haya invitado a ir al concierto de esta noche. El hombre está agradecido por haberlo atendido tras su caída; nos sentamos un rato, tomamos una copa y nos volvemos si tú quieres.” –intentó convencerla Jose.
– “Jose, de verdad, ve tú si quieres. Yo prefiero quedarme en casa esperándote, es muy violento para mí…¡¡Por favor, no me hagas ir!!” –casi suplicó Laura.
– “De acuerdo” –aceptó Jose- “Te disculparé, aunque creo que sabrá por qué no has querido ir. Intentaré no llegar demasiado tarde, ya sabes…” –sonrió a su mujer guiñándole un ojo con complicidad.
– “Gracias, cariño”- respondió Laura con una sonrisa; se acercó a su marido para darle un cálido abrazo susurrándole –“Te estaré esperando…”

Laura se dispuso a acomodarse en el sofá del saloncito, y decidió servirse una copa de vino y encender el portátil de su marido para navegar un rato. Mientras accedía a su página de “Facebook”, volvió a su memoria la embarazosa situación acontecida en la mañana, y sin darse cuenta se ruborizó. Sentía una extraña sensación en la que se mezclaban por igual la vergüenza y la excitación, pues no podía por menos que recordar el esculpido cuerpo de David y la reacción de éste ante su desnudez. Se sirvió otra copa de vino, y se dejó vencer por la calidez que experimentó en su rostro y en su sexo; minimizó su “Facebook”, abrió “Google” y tecleó “relatos de sexo”. Ante ella aparecieron numerosos resultados. Decidió “pinchar” la primera página, y tras investigar durante unos minutos acabó en uno cuyo comienzo le pareció interesante…
Entre los recuerdos del día, el vino y la lectura del relato, Laura entró en un estado de excitación tal que decidió mandarle un mensaje de móvil a su marido: “Cógelo…” Una vez pulsó “enviar”, se desnudó y se metió en la cama con el portátil leyendo otro relato esperando que Jose regresara pronto, pues de lo contrario, algo tendría que hacer.

Jose estaba sentado en una mesa disfrutando de su tercera cerveza en compañía de David, muy recuperado de la lesión gracias a la ayuda de su alumno. Ambos escuchaban entusiasmados una banda de versiones que sonaba realmente bien, cuando la vibración de su teléfono le advirtió de la entrada de un mensaje. Lo sacó del bolsillo del pantalón mientras David lo observaba intrigado, más aun al percibir el gesto de sorpresa de su acompañante.
-“Espero que no sean malas noticias” –comentó.
-“No, no; no es eso, es de mi mujer…” –respondió Jose.
-“¿Qué pasa, que no se fía de mí?- ironizó David entre risas.
Jose se quedó en silencio releyendo una y otra vez más el escueto mensaje… “Cógelo…”. Su mente empezó a bullir descontroladamente, alzó su mirada hacia su acompañante, se inclinó sobre la mesa y habló con voz queda: -“David, quiero comentarte una cosa…”

No había transcurrido mucho tiempo cuando Laura sintió cómo se abría la puerta de la calle. Cerró el portátil y se tapó con la sábana hasta el cuello con la vista fija en la entrada del dormitorio. A los pocos segundos apareció su marido en el umbral desabrochándose los botones de sus jeans mientras miraba con ojos de deseo a su esposa que yacía sobre la cama, y que segundos después levantaba la sábana dejando al descubierto su total desnudez. A partir de ese momento, ambos desataron sus anhelos reprimidos durante todo el día, sumergiéndose en una coreografía de caricias, besos y pasión, adoptando diferentes posturas y dándose placer mutuamente con la mayor generosidad, demostrándose todo el amor que sentían el uno al otro. Finalmente, Laura se recostó sobre su costado izquierdo, y Jose, situándose tras ella, comenzó a abrirse paso hasta el sexo de su mujer, el cuál estaba totalmente lubricado y receptivo. Introdujo su pene con facilidad, mientras que con su boca chupaba y lamía el pezón derecho de Laura. Ella, a su vez, movía las caderas, golpeando sus glúteos contra la pelvis de su marido.
Entonces Laura pronunció la palabra mágica:
-“Cógelo…”–, reclamando con ella sentirse totalmente plena, inundada, invadida, extasiada.
-“El pene de David debe ser tan grande como éste”- afirmó Jose acercando el juguete hacia al sexo de su mujer. -¿No crees? –interpeló. Laura, con los ojos cerrados, comenzó a gemir por toda respuesta, pero Jose insistía: -“¿No te gustaría que fuera el de David?” –volvió a preguntar. Laura se giró hacia su marido, besándolo con pasión mientras lo abrazaba con su brazo izquierdo pero sin pronunciar palabra alguna.
Jose cedió el gran pene a su mujer y ella empezó a introducírselo lenta pero firmemente acompasando los movimientos de la mano y la pelvis mientras escuchaba cómo él le seguía hablando:
-“Esta mañana te quedaste prendada mirándolo, no digas que no” –la acorraló. -¿Te lo follarías? Vamos, ¡dilo!”
Laura había perdido totalmente el control, en su cabeza se agolpaban imágenes de David besándola, de sus abdominales, de su pene, de ella sobre él, de él sobre ella, de ella entre los dos… No pudo contenerse más, y estalló:
-“¡¡¡Síííí!!!” –confesó con un grito entrecortado – “¡¡quiero que me folléis los dos!!” – gimió con los ojos cerrados.
Se abandonó al placer mientras su pecho se agitaba sofocadamente, y como en un segundo plano, le pareció escuchar la voz de su marido:
-“Mira…”.
Entreabrió los ojos y se encontró de pie frente a ella la figura de David vestido tan sólo con unos boxers iguales a los que llevaba esa misma mañana. Laura, como flotando en un sueño irreal, se incorporó lo suficiente como para alcanzar el elástico de la prenda y bajarlo lentamente descubriendo el generoso falo del monitor, que saltó respingón agradeciendo su liberación. David ayudó con sus manos a extraer totalmente el calzoncillo, plantándose desafiante ante la mujer con el sexo enhiesto y palpitante. Ella, rompiendo todos los tabúes, venciendo su pudor, abandonándose al placer, alargó su mano, tomó el pene de David y se lo acercó a su boca, comenzando a practicarle una felación con la maestría que su marido siempre le alababa…
Y precisamente eso era lo que más la excitaba; Jose estaba tras ella, siendo testigo privilegiado del minucioso trabajo oral que Laura le estaba realizando al invitado, esta vez de carne y hueso. Recorría la longitud del pene con su lengua, volvía al glande, se detenía en el frenillo al que dedicaba especial atención… Intentaba introducirse el pene en la boca, pero apenas le cabía debido a las dimensiones del mismo, así que lo alzaba para tener libre acceso hacia los testículos, totalmente depilados, con los que jugaba alternativamente. De vez en cuando soltaba el pene y con sus manos extendidas acariciaba los pectorales y los abdominales de David, como queriendo cerciorarse de que eran reales, de que seguían ahí.
Mientras tanto Jose hacía verdaderos esfuerzos para contener su orgasmo; ver a Laura entregada a la polla a otro hombre con esa pasión teniendo otras dos vergas en su sexo le parecía tan excitante como irreal, y ser espectador de cómo su mujer extraía el dildo, extendiendo los brazos hacia el monitor en señal de invitación para entrar en ella fue el “sumum” del morbo.
Efectivamente, Laura cesó en la mamada a la vez que se recostaba de nuevo sobre Jose abriendo algo más la piernas mostrando cómo el pene de su marido seguía dentro de ella. David apoyó ambas rodillas sobre la cama, siendo atraído por Laura con avidez. Le tomó de nuevo el enorme pene con ambas manos y lo dirigió hacia su vagina. Una vez situado junto a sus labios mayores, soltó una de las manos, agarró la cabeza de David y lo besó con lascivia, susurrándole al oído:
-“no te muevas, déjame a mí”.
Inmediatamente, sujetando la gran verga con la otra mano, comenzó un sensual movimiento pélvico que poco a poco consiguió lo que parecía imposible: tener ambas pollas simultáneamente dentro de su sexo. Soltó su mano una vez conseguido su objetivo y la dirigió al firme culo de David dándole luz verde para que tomara la iniciativa.
Y así, Jose tras su mujer, y David sobre ella, comenzaron un sincronizado baile de caderas y sexos aderezado con gemidos, sudor y pasión, que acabó con Laura absolutamente fuera de sí, encadenando incontables orgasmos hasta que Jose salió de ella al no poder aguantar por más tiempo, dando lugar a que David lo imitara, colocándose de rodillas junto a la hembra, agitando sus miembros para correrse sobre los pechos de ella simultáneamente…
Cuando hubieron terminado, los dos hombres se tumbaron uno a cada lado de Laura mientras ella agarraba la polla de David con la mano izquierda y la de Jose con la derecha. Giró primero su cabeza hacia el invitado regalándole un prolongado y cálido beso, para a continuación hacer lo propio con su marido. Le sonrió pícaramente y sin soltar las vergas de sus amantes le dijo:
-“tenías razón, necesito dos…”.

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Sucedio en Agosto-1

SUCEDIO EN AGOSTO – 1

Hola, somos un matrimonio, de muchos años de convivencia mutua, manteniendo una relación abierta, pudiendo cada uno mantener relaciones sexuales plenas fuera de la pareja, pero siempre bajo dos premisas, en caso de que una de las partes no este presente, se le deberá de contar todo lo acontecido y la segunda, que solo se podrán llevar los ligues a casa si ambos toman parte activa, si es uno el que realiza una conquista sin que el otro este presente, no podrá llevarla a casa.

Primero nos presentaremos, Carmen, mide 165 y pesa 60 Kg., con unas buenas tetas, usa una talla 100 de sujetador, coronadas por unos pezones que cuando están en pie de guerra tienen el tamaño de una avellana, por lo que se marcan bien si no lleva suje, en cuanto a su coño, este es rosadito con unos buenos labios y con un clítoris bien marcado, el único bello del cuerpo, tras realizarse una depilación definitiva, es el que lleva en la cabeza y en las cejas, con una melenita color caoba, disfruta lo mismo saboreando una buena polla que comiéndose un jugoso coño, sobre todo si estos están rasurados.

Juan, 174 y 80 kg., al igual que ella, también se sometió a una depilación definitiva de su cuerpo, por lo que solo tiene pelo en la cabeza y en las cejas, también él, es bisexual al igual que ella y le gusta ponerse lencería y ropa femenina, y esta dotado de una polla de 20 cm por 4 cm de grosor.

Como compramos los pisos sobre plano, tanto nuestra amiga Monika y su marido como nosotros, hicimos, que de lo que iban a ser en un principio 4 pisos de 90 m2 más terraza, se quedaran en 2 de 180 m2 más 2 terrazas cada uno, contamos con acceso directo del ascensor, desde el garaje a la planta, hecho este que nos da cierta intimidad a la hora de salir y entrar en casa, aprovechamos también para que en cada una de las terrazas nos habilitaran unos pasos que hicieran que ambas terrazas se comunicaran, así mismo pedimos que las terrazas, excepto en el lado en que ambas se comunicaban, nos las rodearan con un seto de arbusto que les diera la necesaria intimidad con respecto a los bloque que nos rodeaban.

Cada uno de los pisos contaba con una habitación principal en la que había dos camas de 150 juntas, un baño completo con una cabina-ducha de hidromasaje de 150x90x223 y un pequeño vestidor, además contaba con dos habitaciones más, un salón hermoso, una pequeña habitación de estudio, cocina, otro baño completo y una pequeña despensa.

Monika se quedó Viuda, estando embarazada de 7 meses, en el año 2003 al morir su marido en un accidente de tráfico, con ambos manteníamos una gran amistad, se podía decir que éramos un matrimonio a cuatro, tan pronto estábamos los cuatro juntos en la cama, de ahí que decidiéramos poner dos camas de 150 juntas en cada habitación principal, como que nos intercambiamos las parejas, sobre todo cuando nos íbamos de vacaciones o de puente, momento que aprovechábamos el que nadie nos conocía para intercambiarnos las parejas, normalmente desde que salíamos de casa hasta que volvíamos, cada uno convivía con la pareja contraria.

La perdida de José fue un duro golpe, tanto para Monika, como para nosotros, desde el primer momento le ofrecimos todo nuestro apoyo y cariño, siendo los padrinos de la niña que nació en abril.

Monika siguió trabajando como responsable de enfermería en una Mutua de accidentes de trabajo, normalmente en horario de mañana, de 8 a 15 horas de Lunes a viernes, rara era la vez en que tuviera que ir alguna tarde o algún sábado, para el cuidado de la niña y realizar los trabajo de casa había contratado a Leonor, viuda ella también, de 41 años y sin hijos, a pesar de la edad se conservaba bastante bien manteniendo ese sex-appeal, que venía todas las mañanas de 7:30 a 15:30, así mismo durante tres días a la semana dedicaba una hora y media a nuestra casa, sobre todo la plancha.

Los dos somos amantes del nudismo, por lo que, tras consultar con Leonor, si la molestaba que anduviéramos en pelotas por casa cuando ella estuviera, viendo que ella no tenía ningún inconveniente, optamos por ir en pelotas, tanto dentro de casa, como cuando salíamos a la terraza, tanto estuviera como si no, manifestándonos ella que si no nos importaba a lo mejor se animaba algún día de verano a quedarse como su madre la había parido.

En el sexo nos gusta probar de todo y en cualquier sitio, excepto el dolor extremo, la sangre y la escatología, por lo que siempre que se nos presenta la oportunidad de tener alguna aventura, la aprovechamos, lo hemos hecho en probadores de ropa en grandes superficies, en ascensores, sitios públicos etc., independientemente de que en ese momento estemos los dos o no.

Las pocas veces que coincidimos con Leonor en casa procurábamos mantener las formas, hasta que una vez nos pillo follando en la terraza, mientras estaba realizando las labores diarias en casa de Monika, quedándonos un poco cortados, hasta que ella dándose cuenta nos manifestó que podíamos seguir, que si no fuera por la cantidad de plancha atrasada que tenia, se uniría a nosotros, a partir de entonces todo fue diferente, disfrutando de unas relaciones sexuales placenteras todos sin tener que preocuparnos de nada más que de disfrutar y gozar, incluida Leonor.

Mientras que Carmen se dedica a la publicidad, como directora de marketing en una importante empresa publicitaria, por lo que viaja bastante, por el territorio nacional principalmente, Juan junto con un socio, son dueños de una empresa dedicada al diseño de software a medida, por lo que ambos disfrutamos de una completa flexibilidad de horarios laborales.

Si bien esta vez seré yo, Carmen, la que os narre la experiencia vivida tras una apuesta que hicimos mi marido y yo, en otras ocasiones será él, el que narre distintas experiencias, sobre todo si yo no he tomado parte en ellas.

Estábamos un domingo de comienzos de Agosto de 2008, un día caluroso, mi marido y yo comiendo, en pelotas, en la terraza mientras charlábamos de diferentes temas, hasta que en un momento dado, nos enzarzamos en una discusión, al comentarme mi marido que había visto a la vecina y amiga nuestra, Monika, muy acaramelada con un chico el viernes por la mañana.

Imposible, le conteste yo, te habrás confundido, no sería ella, en caso de que Monika estuviera con alguien, sabes tú que nos lo habría comentado, además durante estos días no la hemos visto, ni sentido en casa.

El seguía enrocado en su posición, y como esto no nos llevaba a ningún sitio, le dije que si, que tenía razón, que no íbamos a discutir por una tontería, pero eso es algo que a él no le gusta, no acepta que le den la razón como a un tonto por zanjar una discusión, así que me dijo,

  • Mira Carmen, vamos hacer una apuesta, el que al final tenga razón y gane la misma podrá hacer uso del otro durante una semana a su antojo.

O sea, que el que pierda será el esclavo del otro por una semana, debiendo realizar todo lo que el otro le ordene?, le replique yo.

  • Si, eso es

De acuerdo, ahora mismo le pregunto si esta saliendo con algún chico, dije yo levantándome y dirigiéndome a su terraza para llamarla, entrando en su terraza me encamine hacia la cocina llamándola.

Hola Monika, tienes un momento, le comente, es que tengo una pequeña discusión con Juan, te invito a tomar un café y a ver si tú nos aclaras el tema.

  • De acuerdo, espera un minuto que termino de recoger esto, me preparo algo para comer, que acabo de llegar de currar, y poniéndome cómoda para estar a vuestra altura, por que supongo que Juan estará como tú en pelotas?

Si, el también esta desnudo, no hace falta que te prepares nada para comer, puedes hacerlo con nosotros, Juan ha hecho paella y ha sobrado, seguro que todavía estará en su punto, pues acabamos de terminar con la paella y no hemos comenzado con el postre, así que nada, deja todo como esta que ya lo recogerás en otro momento, ponte cómoda que yo mientras voy preparando la mesa, le dije yo saliendo hacia nuestra terraza, cuando llegue le comente a mi marido que Monika no había comido y que venia ahora a comer con nosotros y de paso aclarar el tema de discusión.

  • Hola Juan, dijo Monika, apareciendo en la terraza, que es lo que tengo que tratar de esclarecer?
  • Hola preciosa, toma asiento, que en cuanto salga Carmen con los cubiertos y el plato, te lo contamos.

En ese momento aparecía yo, ya estas aquí, la verdad que cada día estas mas hermosa, le dije, por cierto que antes no te he preguntado, que tal la niña, que esta con los abuelos?

  • Si, esta con los abuelos, pero en la Rioja, les lleve el jueves por la tarde, después de comer, a mis padres y a la niña, esta se quedará allí con ellos hasta que vaya a recogerles, y de esta manera yo disfruto unos días de vacaciones sin niña, para luego ir a estar unos días con ellos y volver finalmente todos a principio de septiembre, para comenzar el curso escolar.

Pero no tenias que trabajar el viernes?

– Si, pero una compañera me comentó si podía hacerle el turno del domingo, ya que tenía una boda el sábado, y como ella tenía fiesta el viernes le cambie el turno, así que nos fuimos el jueves y volví ayer a última hora de la tarde

Pues, con lo que nos acabas de contar, creo que ya podemos dar por resuelto el tema de la discusión que manteníamos, verdad maridito mío?

  • Si, con lo expuesto aquí por Monika se puede dar por zanjada la discusión, has ganado, enhorabuena cariño, cuando quieras puedes cobrarte la apuesta.
  • No me estoy enterando de nada, me podéis explicar que es lo que me he perdido?

Veras Monika, aquí mi marido que decía que te había visto con un tío el viernes por la mañana en actitud muy cariñosa, yo le decía que se habría equivocado, que no eras tu, y al final para no seguir discutiendo le he dicho que vale que tenía razón, pero como ya sabes que no le gusta que le den la razón como a los tontos me ha lanzado una apuesta.

  • Ah, y en que consistía la apuesta, nos pregunto Monika.

La apuesta consistía en que el que perdiese, haría durante una semana todo lo que la otra persona le ordenase, o sea que durante una semana Juan será mi esclavo para todo lo que yo desee.

  • Y cuando comienza a contar el tiempo

Comenzara a contar a partir del próximo lunes día 18, ya que esta semana tengo algunas cosas que hacer, entre ellas un viaje por temas de trabajo el martes a Barcelona, del que no regresare hasta el jueves 14 por la tarde, además así aprovecho que comenzamos las vacaciones los dos el Lunes 18, con lo que dispondré de más tiempo para someterle a mis deseos.

  • uhmmm, eso no me lo pierdo yo, creo que la próxima semana, aprovechando que también le he dado vacaciones a Leonor, voy a pasar más tiempo con vosotros que en mi casa, si es que me dejáis.

Como no te vamos a dejar, puedes estar con nosotros todo cuanto quieras, para nosotros, ya sabes, que eres una más de la familia, si te parece, ya que estas sola te puedes quedar a vivir con nosotros hasta que vayas a recoger a la niña, sabes que tienes habitación para ti o que puedes compartir nuestra cama, además de esta manera estos dos días que voy a estar fuera os podéis hacer compañía mutua, y no tienes por que limpiar la casa si no la usas.

  • Por mi parte de acuerdo, durante tu ausencia te lo cuidare bien, y te prometo no desgastártelo mucho para que puedas disfrutar de un buen esclavo, y si no os importa me gustaría dormir con los dos cuando tú estés, y con tu marido los días que estés fuera, ya que llevo una temporada sin darle placer a mi cuerpo, salvo con mis dedos o mis juguetes.

De acuerdo, ya sabes que este cuerpo macizo que tienes me vuelve loca, dije yo, colocándome tras de ella y comenzando a acariciar sus pechos, mientras ella permanecía sentada en la silla, yo amasaba sus tetas a la vez que le pellizcaba los pezones, haciendo que de su garganta comenzaran a fluir los primeros gemidos.

  • Seguir que ahora me incorporo a la fiesta, voy a por el postre y un poco de cava fresquito, comento mi marido levantándose de la mesa en dirección hacia la cocina.

Descendí lentamente una de mis manos en dirección a su depilado coño, en su día fuimos los cuatro a realizarnos una depilación definitiva de nuestro cuerpo, nosotros tres y su difunto marido, a ver que tenemos aquí?, uhmmm si estas toda mojada, esto hay que secarlo no vaya a ser que cojas un resfriado, dije yo mientras me arrodillaba entre sus piernas.

  • Entre tus caricias y pensar en la apuesta que has cruzado con Juan, no he podido evitar en ponerme cachonda, pensando en lo mucho que espero disfrutar las próximas semanas con vosotros, siii sigueeee que bien lo haces Carmen, tu lengua esta haciendo que me derrita toda, siiiii siguuueeeee no pares por favor, me suplicaba Monika.
  • Que pasa con tanto jaleo, comento mi marido apareciendo con una bandeja en la que llevaba el postre, la botella de cava en una cubitera y las copas.

Esta putita que esta más caliente que una burra, parece una perra en celo, tiene todo el coño empapado y no para de segregar flujo.

  • Toma cariño saborea mi polla y deja de gritar que se va a enterar todo el vecindario, le dijo mi marido tras ponerle la polla en la boca, una vez que hubo dejado sobre la mesa la bandeja.
  • Así saboréala lentamente, sii, que bien que lo haces putita. Sigue así le decía Juan, a la vez que le iba acariciando los pechos, pellizcando y tirando de sus pezones.
  • Siii, seguir no paréis que me voy a correr siiii, que rico, comento Monika sacando mi polla de la boca durante unos segundos.

Si cariño córrete, dame todos tus flujos, le decía yo mientras no paraba de recorrer su coño con mi lengua a la vez que le mordisqueaba el clítoris y le introducía un par de dedos en el coño, así putita que jugos más ricos.

  • Siii, me corroooooo, chillo Monika, soltando la polla de mi marido y quedando desmadejada sobre la silla.
  • Coger un pastelito y tomar una copita de cava fresquito para reponeros, comentó mi marido dándonos una copa a cada una de nosotras, a la vez que él tomaba otra.

Cuando hube terminado con la copa de cava, cogí dos de las colchonetas que usábamos para tomar el sol en la terraza, las junte y tumbándome en ella le dije a Monika que se acercara y que me diera una buena comida de coño, ella enseguida se arrodilló entre mis piernas y comenzó a recorrer el coño con su lengua, bajando de vez en cuando hasta mi culo, donde jugaba con mi esfínter, todo esto mientras con una mano me acariciaba los pechos y con la otra me iba follando el coño introduciéndome un par de dedos en el.

  • Perdona Monika, pero la visión de este precioso culo que tienes, y que esta pidiendo a gritos que alguien se ocupe de él, me esta poniendo malo, tanto es así que me duelen los huevos, comento Juan, acercándose a nosotras.
  • Así que si no te importa te la voy a meter toda dentro, pero antes Carmen lubrícala un poco en tu boca, me dijo mientras me la ponía en mis labios.

Yo tome la polla de mi marido y la fui saboreando lentamente y ensalivándola, para que cuando se la fuera a meter a Monika en el culo estuviera lo suficientemente lubricada para que disfrutara, a pesar de que tiene al igual que yo o mí marido el culo bien abierto capaz de acoger buenas vergas y buenos puños.

  • Prepárate que voy, le comento mi marido a Monika, colocándose tras su culo, el cual comenzó a masajear introduciendo primero un dedo, jugando con el en el culo, cuando vio que este entraba sin dificultad sumo un dedo más, ya eran dos los que se abrían camino en el esfínter, de vez en cuando Juan escupía en el culo de Monika para que este se lubricara.

Cuando considero que ya estaba lo suficientemente lubricado el culo de nuestra amiga, apunto con su polla al centro del esfínter y de un solo golpe se la metió entera.

  • así putita siente como me follo este hermoso culo que tienes y que me vuelve loco.

Ella no podía hablar, ya que yo próxima a llegar al orgasmo, la sujete fuertemente la cabeza para que siguiera comiéndome el coño, siii asiiii sigue putita que ya me viene, siiii me cooorrooooo.

Monika recibió en su boca todos los fluidos que de mi coño emanaron, tragándolos sin que se desperdiciara una sola gota, una vez que se hubo tragado todo, siguió lamiéndome el coño y el culo a la vez que con las manos jugaba con mis tetas y mi coño, haciendo que nuevamente comenzara a calentarme.

Yo me gire, de manera que su coño quedara a la altura de mi boca y así poder saborearlo, entre tanto Juan, comenzó a acelerar el ritmo de sus embestidas en el culo de Monika a la vez que le manoseaba los pechos y le pellizcaba los pezones, haciendo que también ella comenzara a gemir, presa del placer.

  • Si, cabrón sigue, no pares, me vas a arrancar los pezones pero sigue que me voy a correr, siiiiii que gusto me das.
  • Yo también me voy a correr, te voy a llenar el culo de rica leche, si me corroooooo.

Casi al unísono nos corrimos los tres, Juan llenando el culo de Monika, mientras esta se vaciaba en mi boca y yo en la de ella, permanecimos durante un buen rato tirados en las colchonetas reponiéndonos, Juan con su polla en el culo de Monika, hasta que finalmente salió sola, entonces yo le dije a Monika que se pusiera de cuclillas y me diera todo lo que mi marido había descargado en su interior.

Monika ayudada por mi marido se levanto y se coloco de cuclillas de manera que de su culo fue saliendo la rica crema que Juan había depositado, yo la recogí toda y una vez que ya no salía más, me levante y me fundí en un beso con ella para compartir la crema como dos buenas amigas.

Descansamos durante un ratito, mientras nos tomábamos una nueva copa de cava, mientras decidíamos que hacer por la tarde, como ya eran las 16:30, decidimos, que ya que el día anterior había comenzado la Semana Grande de San Sebastian, darnos una ducha e ir a bailar un poco de bailes de salón a un cubano que conocíamos en San Sebastian, el cual además de la pista de baile tiene una zona de penumbra con unas butacas en la que se pueden hacer más cosas que hablar o tomarse algo, sin que nadie se escandalice o te moleste, y después picamos algo antes de ver los fuegos y sobre las 12 volvemos a casa.

  • Monika, dado que vas a pasar una temporadita con nosotros, puedes ir a casa a buscar la ropa que te vayas a poner y os ducháis las dos juntas, mientras yo recojo todo esto, y luego ya me ducho yo, comento mi marido.
  • De acuerdo, ahora vuelvo, dijo Monika dirigiéndose hacía su terraza.

Yo mientras preparo la ropa que me voy a poner y te espero en la ducha, dije yo dirigiéndome hacia la habitación, para la ocasión escogí un conjunto de sujetador de media copa de encaje en negro y tanga a juego, un vestido semitransparente palabra de honor elástico que me llegaba a medio muslo y unas sandalias con un tacón de 7 cm, una vez que prepare todo me dirigí a la ducha, momento en el que llego Monika, dejo todo lo que traía sobre la cama y nos dirigimos las dos a la ducha.

Nos dimos una ducha rapidita, enjabonándonos la una a la otra, ya que Juan ya estaba esperando para entrar, por lo que no pudimos entretenernos mucho, en cuanto salimos entró Juan a la ducha mientras nosotras nos secábamos la una a la otra, momento que aprovechábamos para acariciarnos las tetas.

Una vez que nos duchamos, fuimos a vestirnos, Monika había elegido para la ocasión un conjunto de sujetador de media copa y tanga en blanco, con un mini vestido elástico color champán, junto con unas sandalias de 5 cm de tacón, he de decir que Monika tiene las mismas medidas que yo, de hecho compartimos y nos intercambiamos habitualmente la ropa, incluida la lencería.

Nos maquillamos la una a la otra y cuando ya nos pareció que estábamos listas salimos las dos de la habitación y nos presentamos en el salón, donde nos esperaba Juan, el se había puesto unas bermudas con una camiseta y unas sandalias.

  • Guauuu, estáis realmente hermosas con esos vestidos ajustados que hacen que resalten estas tetas y estos culos, comento mi marido, levantándose del sofá y dan vueltas a nuestro alrededor mientas nos acariciaba las tetas y el culo a las dos.
  • La verdad que hoy si que voy a poder presumir de mujeres en el cubano, seguro que habrá cola para bailar con vosotras bien pegados a vuestros cuerpos, y no solo ellos, que seguro que alguna también deseara poder acariciar lo que el vestido insinúa, más que tapa.
  • Venga, vámonos antes de que me ponga enfermo contemplando tanta belleza.

Espera un momento que voy a coger un plug anal, ya que en caso de que ligue con alguno, quiero que se vacíe en mi culo y guardar la crema para que te la tomes tú a la vuelta, ya que te encanta tanto.

  • Carmen, si tienes cógeme otro para mí y así yo también, si se da la ocasión de que pueda follar con alguno, hago que me llene el culo de crema, reservándolo para que todos podamos saborear un poco de crema antes de acostarnos, me dijo Monika.

Aquí los tengo, le dije a Monika, apareciendo con dos plug idénticos de 11 x 5,5 cm en color fucsia en la mano, coge uno y ten también un par de sobres de lubricante por si te hicieran falta, le dije a Monika mientras yo guardaba el otro en mi bolso.

Cuando queráis nos podemos ir, lo mejor será que vayamos en tren ya que aparcar hoy en San Sebastian tiene que ser una odisea, y el tren nos deja cerca del cubano y para la vuelta si nos pasamos con la bebida no tendremos problemas, sobre las 12 de la noche hay uno, con lo cual para trabajar mañana esta bien.

Como todos estuvimos de acuerdo nos dirigimos sin más dilación hacia la estación del tren, 15 minutos andando desde casa, cuando llegamos aún debimos de esperar otros 20 minutos para coger el tren, por lo que aprovechamos a tomar un café en la cafetería de la estación.

Cuando llego la hora subimos al tren y como apenas había gente nos sentamos las dos en un asiento, yo junto al pasillo y Monika junto a la ventanilla, mi marido se sentó frente a nosotras, al sentarnos, si habríamos las piernas se nos veía el tanga, por lo que me pase todo el trayecto abriendo y cerrando las piernas provocando a un señor de unos cincuentaitantos años que no hacía más que mirarme las piernas.

Cuando llegamos, me levante y como el señor continuaba viaje al pasar junto a él como el que no quiere la cosa hice como que me tropezaba cayendo sobre él poniéndole la mano en su paquete, aprovechando para acariciársela con todo disimulo, a la vez que le ponía las tetas a la altura de su boca.

Enseguida me levante, le pedí disculpas y sin más abandone el tren, mi marido nos engancho a las dos de la cintura y nos dirigimos al cubano, al que llegamos transcurridos no más de 10 minutos, entramos y nos acomodamos en un extremo de la barra, cerca de la pista de baile, se notaba que era día de playa y Semana Grande, ya que sin estar vacío la afluencia no era la de otras tardes.

Pedimos unos chupitos de licor de hierbas y nos sentamos en una de las butacas degustándolos sin prisas mientras charlábamos de diferentes temas sin preocuparnos de lo que enseñábamos, siendo el centro de las miradas de la mayoría de los asistentes, a la vez que nos desnudaban a nosotras con la mirada, tanto ellos como ellas.

  • Vamos a mover un poco el esqueleto Carmen, comento Monika, levantándose y tirando de mí hacia la pista.

Allí estábamos moviéndonos sensualmente al compás de la música, mientras nuestros cuerpos se entrelazaban, cuando se nos acercaron un par de chicos para invitarnos a bailar.

Nos miramos brevemente las dos y sin decirnos nada, nuestras miradas lo decían todo, nos emparejamos cada uno con uno, por cierto que no estaban nada mal, mientras nuestros cuerpos se evadían al compás de los calientes ritmos, él aprovechaba para pegarse bien a mi cuerpo y darme algún repaso, como el que no quiere la cosa, también me comento que se llamaba Marcelo y que era Brasileño, al igual que el amigo que bailaba con Monika el cual se llamaba Fabio.

Cuando termino la música nos separamos y les comentamos si les apetecía tomar algo con nosotros, por lo que nos dirigimos los cuatro hasta donde estaba mi marido, ya estamos de vuelta, os presento, este es Juan, mi marido y ellos son Marcelo y Fabio, tras los correspondientes saludos nos sentamos todos y pedimos a la camarera que nos pusiera unos chupitos para todos.

Mientras la camarera nos traía lo pedido charlábamos de diferentes temas, a la vez que escuchábamos la música que en cada momento sonaba, comentándonos ellos que eran hermanos, que llevaban en España un año, Marcelo trabajaba como Fisio, en un gabinete privado y Fabio, al que según comento no le gustaba estudiar, era camionero, trabajando para ABX en aquel momento, DSV en la actualidad.

  • Bailamos, me comentó mi marido, a la vez que una nueva canción comenzaba a sonar, tendiéndome la mano.

Vale, dije yo levantándome y siguiendo tras de él a la pista.

  • Menudo repaso que te ha dado antes el tal Marcelo.

La verdad que si, ha conseguido que me calentara, cuando me rozaba con el paquete en el culo o me metía su pierna en el coño, por lo que se adivinaba cuando se rozaba con mi culo, debe de tener una buena polla, y por lo que me ha comentado Monika, Fabio también debe de tener un buen pollón.

  • Te gustaría probar alguna de ellas? Me pregunto mi marido.

Mira como esta mi coño, creo que con eso te lo digo todo, le respondí, por lo que él sin pensárselo dos veces dirigió su mano a mi coño.

  • Si lo tienes empapado, zorrita, a ver si vas a coger un resfriado, me respondió tras comprobar que tenía el coño empapado, así como el tanga.

En eso que salieron a la pista a bailar Monika con Fabio y Marcelo, entre los dos hacían un rico sándwich con ella, aprovechando para acariciar todo su cuerpo, Fabio que estaba colocado a su espalda había introducido una de sus manos por debajo del vestido y estaba acariciándole el coño, mientras ella le comía la boca a Marcelo, a la vez que este le acariciaba las tetas metiendo su mano en el escote.

Cuando acabo la música de nuevo nos dirigimos a sentarnos en la butaca, mientras terminábamos los chupitos, antes de llegar les comente que iba un momento al baño, dejándole el bolso a Juan, comentando Monika que me acompañaba a la vez que también le daba a mi marido su bolso, cuando llegamos al baño entramos las dos juntas, primero fui yo la que bajándome el tanga me puse a orinar, mientras le comentaba a Monika, – mira como estaré que la tengo empapada, casi mejor me la voy a quitar, por lo que me desprendí del tanga.

  • Pues yo ni te cuento, el último repaso que me han dado los dos mientras bailábamos, si es que se le puede llamar bailar a lo que hacíamos, ha hecho que me mojara entera, el cabrón de Fabio me ha acariciado el clítoris y cuando estaba a punto de llegar al orgasmo, el muy cabrón ha parado dejándome con las ganas, por lo que si ni te importa me voy hacer un dedo para terminar de correrme.

Tranquila, ya te ayudo yo, la dije arrodillándome ante ella mientras le quitaba el tanga, pues si que estas empapada tu también, le dije comenzando a jugar con mi lengua en su coño, saboreando y recorriendo todo él, me detenía en el clítoris el cual mordisqueaba y volvía a recorrer el coño bajando hasta el ojete del culo, así una y otra vez hasta que de su garganta comenzaron a brotar unos gemidos cada vez mas fuertes, hasta que me enganche al clítoris y no lo solté hasta que se vino en mi boca, teniendo que sentarse para no caer.

Cuando Monika se hubo recuperado recogimos cada una su tanga en la mano y nos dirigimos hasta donde estaban los tres, cuando llegue le dije a mi marido, ten mete el tanga en mi bolso que esta tan empapado que no quiero coger un resfriado con el puesto.

  • Dame mi bolso Juan, que yo también lo tengo empapado y me lo he quitado.
  • Que tal estas Monika?, le pregunto Fabio.
  • Ahora bien gracias a Carmen, cabrón, que me has dejado con la miel en los labios, menos mal que ella es una buena amiga, y ha terminado lo que tu has dejado a medias, regalándome un fenomenal orgasmo.

Pues yo estoy que no aguanto más, necesito una buena polla ¡YA!

  • Si tu marido no tiene ningún inconveniente aquí tienes la mía, comento Fabio, bajando se los pantalones y dejando a la vista una buena herramienta.
  • Y la mía, salto Marcelo, imitando a su hermano
  • Por mi parte, ya sabe ella, que no hay ningún inconveniente

De acuerdo, dije yo, mientras comenzaba a acariciar la polla de Fabio, lo único que al final quiero es que al final me llenéis, los dos, el culo de crema para que cuando lleguemos a casa se la tome mi marido, que para eso he traído un plug para ponérmelo en cuanto os vayáis vaciando, él al igual que nosotras es bisex, nos gusta tanto saborear una buena polla como un buen coño.

– Tranquila, nosotros también somos bisex, comento Fabio

  • Que aunque yo ya haya tenido un orgasmo, también quiero probar esas pollas, y que me llenen de crema, como si fuera un bollo y después a la noche repartirlo con mis amigos, protesto Monika.
  • Tranquilas que las dos disfrutareis de nuestras pollas y os llevareis la crema, Comento Marcelo, esta noche te vas a poner las botas Juan con toda la crema que vamos a depositar en estos dos preciosos culos.

Me adueñe de la polla de Fabio, recorriéndola con mi lengua a la vez que con la mano acariciaba sus pelotas, hasta que me la metí entera comenzando a saborearla a la vez que jugaba con mi lengua en ella, el entre tanto me acariciaba el coño, jugando y pellizcándome el clítoris, arrancándome los primeros gemidos, a la vez que me iba dilatando el culo con sus dedos.

Entre tanto Monika, le estaba haciendo una fenomenal mamada a Marcelo, mientras mi marido le acariciaba el coño y el culo, procediendo a introducir sus dedos primero en el coño para lubricarlos y luego en el culo para irlo dilatando y de esta manera estuviera preparado para cuando luego se lo follaran.

  • Ven putita, siéntate sobre esta barra, me dijo Fabio, haciendo que dejara de chupársela y ayudándome a que me sentara sobre ella.

Lentamente fui introduciéndome toda ella, hasta que sus pelotas chocaron con mi coño, comenzando entonces a cabalgarle, primero lentamente gozando de la follada, a la vez que mi marido me comía las tetas, mordía los pezones.

Siii que gusto me estáis dando, cariño me vas a dejar sin pezones, pero sigue que me voy a correr, le dije a mi marido, a la vez que cada vez imprimía un ritmo mas frenético en mi cabalgada, hasta que explote en un intenso orgasmo, empapando a Fabio con mis fluidos.

Sin darme descanso Fabio hizo que descabalgara de su polla y me hizo sentarme en la de Marcelo, mientras el colocándose tras de mi apunto en mi culo.

  • Cómele la boca Juan para evitar que se oigan sus chillidos, que le voy a romper el culo a esta putilla, le dijo a mi marido

En cuanto mi marido se apodero de mi boca, él de un solo golpe me la metió hasta el fondo, el tener la boca ocupada evitó que pudiera gritar consecuencia, del dolor primero y del placer que enseguida me invadió al ser follada por los dos, ellos acompasaron el ritmo de tal manera que cuando uno salía el otro entraba, hasta que nuevamente hicieron que fuera presa de un orgasmo, más intenso si cabe, que me dejo semiconsciente a la vez que notaba como Fabio me llenaba el culo con sus andanadas.

La gente al pasar por alado nuestro se paraban a observar, pero continuaban a lo suyo, algunos se pusieron a meterse mano en una de las butacas que había a pocos metros de nosotros.

En cuanto salio Fabio, y sin darme tiempo a reponerme, Marcelo salio de mi coño, me la metió en el culo comenzando a darme fuerte, mientras mi marido no dejaba de acariciarme los pechos y los pezones mientras me comía la boca.

Que rico cariño, va a lograr que me corra de nuevo, decía yo, siiii, siguee, dame fuerte, por favor ahora no pares, sigue rómpeme el culo que ya llego.

  • Si zorrita toma polla, voy a metértela bien dentro a ver si te la saco por la boca, uhhmmm que culo más rico tienes, comentaba Marcelo, yo también me voy a correr y te voy a llenar de deliciosa crema este culo de zorra que tienes.
  • Juan prepara el plug que ya no aguanto más y voy a llenarle de rica crema para que te la puedas tomar esta noche, siiii me corrooooo, toda para ti así ordéñame con tu culo, me decía Marcelo.

Si cabrón así lléname todo el culo con tu rica crema, yo también me corrroooo, uhmmmm que ricooo, siento que me estas llenando el estomago, trae el plug cariño, que no quiero que se pierda ninguna gota, para que te puedas tomar una buena ración de crema esta noche.

Mientras tanto Monika ya estaba siendo follada por Fabio, el cual la tenía arrodillada en el sofá mientras desde atrás, al estilo perro, la embestía con tanta fuerza que parecía que quisiera sacársela por la boca, mientras Monika no dejaba de gemir de placer.

Cuando Marcelo abandono mi culo Juan copio el plug y haciendo un poco de presión me lo introdujo en el culo, comprobando que quedaba bien sujeto, no habiendo peligro e que se saliera.

  • Prepárate cariño que te la voy a enterrar en este precioso culo, le dijo Fabio a Monika.

Antes de que Fabio se la metiera, yo me acerque a ella y le comí la boca, dándole un morreo de impresión para evitar que chillase y se escuchara por todo el local, ya era suficiente el escuchar los gemidos fruto de la pequeña orgia que estábamos teniendo.

  • Espera que ya te la preparo yo para que te folles a Monika por sus dos agujeros, le dijo Juan a Marcelo, arrodillándose ante su polla la cual hizo desaparecer en su boca, degustándola y saboreándola.
  • Siii, dame fuerte Fabio, siento que me vas a partir en dos, siguueeee, que ya me viene repetía una y otra vez Monika
  • Yo también me voy a correr, uhmmmm que culo tienes como se traga mi polla, siiii toma toda mi leche para tiii, siiii.
  • Ohhh siiii que calentita esta la crema que me esta inundando los intestinos, me coroooooo, dijo Monika quedando desmadejada sobre la butaca.

Fabio quedo tumbado sobre ella hasta que su polla se relajo y salio del culo de Monika, siendo el mismo ocupado inmediatamente por la polla de Marcelo, la cual estaba totalmente tiesa gracias a los trabajos de mi marido.

Marcelo se la metió de un solo golpe hasta que sus pelotas rebotaron en su culo, comenzando a follarla sin parar, en momentos se la sacaba del todo y de golpe se la volvía a meter, Monika estaba cada vez mas excitada, mientras yo no dejaba de acariciarle el coño y los pechos, ala vez que le comía la boca.

  • Uhmmm como me gusta sentir este hermoso pollón en mi culo, siiii sigueeee ábremelo bien, dame fuerte no pares, siii asiiii me meeeooo.

– Putita yo también me corooooo, ten abundante crema.

En eso empiezo a sentir como comienza a fluir la orina de su coño mojándome la mano y los huevos de Marcelo.

  • Perdonar, no lo he podido resistir, ha sido un orgasmo tan intenso que me he meado.
  • Tranquila, no ha sido nada, lo importante es que disfrutes sin ningún tipo de tabúes, prepara el plug Carmen que voy a sacársela.

Cogí el plug de su bolso y en cuanto la polla de Marcelo abandono su coño, se lo introduje bien dentro en su culo, asegurándome de que quedaba bien alojado.

Mientras mi marido, que tenía la polla a reventar, se la estaba meneando, hasta que Fabio comento:

  • Para Juan, no puede ser que tú te la tengas que menear, deja que te hagamos una buena mamada entre mi hermano y yo, al tiempo que se arrodillaba ante la polla de mi marido, junto a su hermano.

Los dos comenzaron a saborear alternativamente la polla de Juan, cuando uno se la metía en la boca, el otro jugaba con su lengua en el culo de mi marido, haciendo que el esfínter se fuera abriendo, mientras tanto yo como Monika nos turnábamos en comerle la boca.

  • Ohhhh siiii, seguir que me corooooo, siiii.

Juan comenzó como a convulsionar mientras de su polla salía a borbotones la leche que Marcelo recogió en la boca y que luego compartió tanto con su hermano como con nosotras.

Nos adecentamos un poco el vestuario y mientras terminábamos de recuperarnos nos tomamos una cervecitas, comentando lo bien que nos lo habíamos pasado, decidiendo irnos a cenar los cinco juntos antes de ir a ver los fuegos.

  • Además a la cena os invitamos nosotros dijo Marcelo, podemos ir a un Wok, que hay cerca del Bule.

De acuerdo, por nuestra parte sin problemas, pero en lo de pagar lo hacemos entre todos.

– Pagamos nosotros, y no se hable más dijo Fabio, al tiempo que se levantaba e iniciaba el camino hacia la salida.

Llegamos al Wok y tras pedir una mesa para los cinco, seguimos a una señorita que nos acompaño hasta la mesa, y tomo nota de lo que queríamos beber.

La cena se desarrollo en un ambiente agradable, aprovechando para intercambiarnos los teléfonos y quedar en vernos en alguna otra ocasión, yo aproveche para jugar un poco con una de las camareras de origen chino, la cual se notaba que estaba en avanzado estado de gestación, la cual no hacía más que mirar disimuladamente hacia mi coño, aprovechando yo para abrir y cerrar las piernas cada vez que ella miraba, llegando un momento en que nuestras miradas se quedaron enganchadas durante unos buenos segundo, en los que se noto como ella se ruborizo y salio corriendo en dirección a la cocina.

Cuando estábamos en los postres me levante para ir al baño y aproveche para coger una tarjeta mía y escribir, “si te ha gustado lo que has visto llámame”, al salir del baño pase junto a la camarera y se la entregue junto con mi tanga, ella la cogió y se la guardo.

Cuando la camarera vino a preguntarnos si deseábamos tomar café, note como se me restregaba con disimulo en mi espalda y me sonreía, finalmente tras tomar los cafés y el chupito de licor al que nos invitaron abandonamos el local, tropezando conmigo la camarera, aprovechando para decirme, en un castellano bastante entendible

  • Ya te llamare, a la vez que depositaba algo en mi mano.

De camino hacia la zona del Hotel de Londres para ver los fuego, paramos en una heladería a coger unos helados, como es tradición en la Semana Grande de San Sebastian, mientras caminábamos les comente lo que me había sucedido con la camarera, enseñándoles lo que ella acababa de entregarme, que resulto que era unas braguitas, las mismas también estaban húmedas, con un agradable olor a hembra, las cuales guarde en mi bolso.

  • Ya decía yo que merodeaba mucho por nuestra mesa, comento Monika

Una vez que terminaron los Fuegos Artificiales, nos dirigimos a una terraza, donde tomamos unos Gin Tonics mientras charlábamos de diversos temas, ellos nos comentaron que tenían una Hermana en Brasil que estaba terminando la carrera de Enfermería.

  • Bueno en realidad es una chica con sorpresa, ella es una Travesti, se llama Adriana, desde muy joven le gustaba ponerse la ropa interior de nuestra madre y finalmente, con nuestra ayuda, se opero y se puso unos buenos pechos, por lo que ahora es una chica con una buena sorpresa en la entrepierna.

Cuando terminamos con las bebidas y como se acercaba la hora de coger el tren, nos acompañaron hasta la estación y allí nos despedimos intercambiándonos unos buenos morreos con ellos, quedando en llamarnos.

Como ya nos hemos extendido bastante en un próximo relato os contaremos como terminamos la noche y como se desarrollo la apuesta.

Un beso a todos los lectores.

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Mi primer trio

me regalaron un blackberry y navegando encontre de nuevo la pagina,y recorde muchas de mis historias,todo lo que revele y escribi,algunas son como para arrepentirme pero tenia que mantenerlas para mantener la verdad al 100%… En esta ocasion les contare de mi primer trio, fue hace como 3 años, yo estaba mas delgado y atletico… Todo sucedio en el Gym al que asistia a diario a mantenerme en forma y a conocer chicas y nuevos amigos.ya llevaba casi 1 año en ese Gym y conocia a todos los usuarios e instructores y por supuesto a las lindas instructoras… Habia una en especial con la que entable una especial amistad (llamemosla Lina)por que despues de mi rutina solia ir a nadar en la piscina del Gym para relajarme un poco (cosa que ella tambien hacia) me gustaba atravesarme toda la piscina por debajo del agua sin salir a respirar, ella le gustaba hacer eso pero no era muy buena para sumergirse y me pidio que le enseñara,siempre me abrazaba por la espalda para sumergirnos juntos… todo esto era muy excitante… sobre todo cuando aprendio a sumergirse, al descender levantaba las nalgas dejando ver esos hermosos gluteos bien redonditos… un dia fuimos varios a la piscina y armamos un gran alboroto,empezamos a jugar a la botella y en cuestion de minutos estabamos rodeados de licor… cuando menos pensamos estabamos en la piscina bebiendo y haciendo retos como mostrar el pene, tocarle la vagina a las chicas,ver y no tocar y todo eso… Todo iba en rumbo normal hasta que me toco darle un beso a lina, a lo que con gusto accedi, me acerque cautelosamente,le agarre el rostro y la bese…pasados 2 segundos se solto de mi y dijo… que beso tan malo,no tiene nada de pasion… me sonroje mucho por que todos me miraron,entonces volvi a cogerla y la bese de nuevo,pero esta vez con mucha pasion,saque lo mejor de mi y era magnifico,nos besamos hasta quedar sin aire,yo acariciaba su cintura bajo el agua y ella se juntaba a mi para sentir mi pene… luego de eso seguimos con mas retos y 2 de las chicas terminaron masturbandose frente a nosotros… todo iba bien hasta que llego el cuidador de la piscina y se percato que estabamos bebiendo (cosa que era prohibida en el area de piscina) por lo cual nos sacaron xD Una vez fuera queriamos seguir,pero ya habia muchos ebrios,solo quedabamos yo,lina y otra chica,asi que fuimos a casa de lina y los otros se fueron a sus casas a dormir puesto que estaban pasados de copas… llegamos a la casa de lina y destapo una botella de ron,empezamos a tomar y a conversar un poco de lo sucedido,hablamos de los retos y de todo, hasta que llegamos a la parte del beso… me pregunto que habia sentido yo, y le dije que haberle dado ese beso me hizo sentir algo inexplicable dentro de mi,que me habia puesto muy caliente,entonces le pregunte y tu que sentiste? ella dijo: creo que es el mejor beso que me han dado en este año… No pude contener la risa por que me parecio no muy verdadero,pero me miro seriamente y dijo no te rias que es cierto, no pense que besaras asi de bien por que el primer beso que me diste si estuvo feo… bebimos otro poco y lentamente nos fuimos acercando y de nuevo nos besamos,la otra chica nos vio y puso una cara extraña,asi que lina la llamo junto a nosotros y me hizo besarla,ella era un poco timida,casi no hablaba,en cambio lina si era muy extrovertida… Entre besos y caricias sentia como 4 delicadas manos me quitaban la camisa,sentia 4 senos hermosos rodeandome y 2 bocas buscando mi boca… empezamos a respirar muy agitados… sobre todo cuando empece a quitarles las blusitas a las chicas,dentro de mi no podia creer lo que estaba sucediendo…les quite las blusitas y el sosten y wow tenian unos senos preciosos,lina era rubia y sus senos deliciosos,sus pezones rosaditos,la otra si era piel canela y tenia los senos mas grandes que lina…empece a trabajar en sus cuellos y en sus senos,ambas usaban pantalos de lycra,entonces suavemente y sin dejar de trabajarlas les fui quitando poco a poco sus lycras hasta dejarlas en tanguita,lina tenia una tanga negra y la otra una tanga roja…despues de eso me empezaron a besar el torso y a bajar poco a poco,me bajaron la pantaloneta y me dejaron en ropa interior,me tocaban el paquete y ya lo tenia muy duro…lina me quito la ropa interior y empezo a chuparme el pene,la otra se quedo como paralizada pues no tenia mucha experiencia segun me di cuenta,asi que lina le tomo la mano y la guio para que me masturbara… yo solo cerre mis ojos y senti como 2 bocas saboreaban mi pene,como me lamian el vientre y las bolas…era magnifico,incomparable.lo mejor que habia sentido en mi vida,era como 1000 orgasmos juntos.Luego me pare y bese a lina y le baje la tanga,la recoste en la cama y empece a lamerle la vagina,empece a saborear su clitoris hermoso y a masturbarla con la lengua,se erizo y se arqueaba de placer,empece a meterle 2 dedos mientras con la otra mano con gestos llame a la otra chica,y cuando llego junto a mi le bese el vientre y le empece a bajar la tanga suavemente,estaba sonrojada,pero despues se le paso al sentir mi lengua bailando en su clitoris…ahi las hice acostar una encima de otra asi lamia sus 2 vaginas al mismo tiempo o metia los dedos en una y lamia la otra y despues cambiaba…Lina se calento muchisimo,estaba super humeda y si vagina pedia a gritos que la penetrara…asi que la puse en 4 y empece a penetrarla,y adelante se acosto su amiga asi lina le hacia oral…era glorioso estar penetrando a lina y ver como lamia la vagina de su amiga… despues de unos instantes hicimos cambios y ahora me tocaba penetrar a la amiga y que ella lamiera la vagina de lina… me dispuse a penetrar a la chica,y una vez hube empezado a penetrarla empezo a gemir(ahora me doy cuenta que era su 2 relacion sexual)asi que estaba aun un poco estrecha…gemia suavemente y eso me excitaba mucho,asi que al cabo de unos 5 minutos de estarle dando mi polla me iba a venir…ellas lo notaron por lo que sientieron que mi ritmo cambio y mis gestos tambien… entonces lina se paro y se metio mi polla en sus tetas,empece a hacerle una rusa y me vine en sus tetas,toda mi leche le cayo en sus senos y en el cuello…ella se empezo a sobar y me miraba con cara de deseo,ahi empezaron las 2 a darme una pequeña mamada de nuevo hasta escurrirme el pene…ahi empezamos con el tipico misioneroy nos acomodamos de manera que yo pudiera penetrar a una y hacerle oral a la otra y fue asi como empece a darle mi polla a lina y a hacerle oral a su amiga,era magico el momento,las pasiones desenfrenadas gobernaban el ambiente,los gemidos,el sudor,todo era super excitante,empece a darle duro a lina y a comerme desesperadamente la conchita de su amiga,era deliciosa,en un instante empezo a temblar y a arquearse y tuvo un gran orgasmo,entonces sucedio algo inesperado,se paro y empezo a vestirse y dijo que no queria mas,lina le dijo que no fuera aguafiestas que esperara a terminar pero no quiso,asi que se fue de la habitacion y se quedo en la sala, yo segui con lina puesto que no me gusta dejar una mujer a medias,y ese bajon me habia desconcentrado un poco,retome mi ritmo,a penetrarla bien rico y a besarnos,cuando estaba cerca del orgasmo empece a besarla desde el cuello hasta su vientre y llegue a su vagina y me la empece a comer y a hacerle maravillas con mi lengua, en menos de 3 minutos la senti arquearse y a ponerse como tensa,contuvo la respiracion y despues de unos segundos solto un gemido/suspiro y tuvo un orgasmo intenso… de su vagina salio una gran cantidad de liquido con un aroma excitante y yo mas me la comia,pero cuando no podia mas la solte entonces me empezo a besar y me dijo al oido que la queria por detras… asi que prepare su ano lo lublrique un poco y empece a esancharlo con mis dedos… y en instantes empece a introducir mi pene suavemente… ella solo gemiay se agarraba duro de la cama…ahi puse sus piernas sobre mis hombros y empece a penetrarla cada vez mas rapido,la sacaba y la metia,a la vez lamia sus tetas mientras ella se acariciaba el clitoris con sus manos…queria mas y mas, empece a acelerar y mi ritmo cardiaco subio.cada vez mas se nos iba la respiracion… yo ya estaba demasiado excitado asi que no me pude contener y me vine adentro de su ano,mientras ella estaba al tope tambien con un orgasmo… psaron unos segundos de silencio y quedamos juntos en la cama exhaustos,respirando dificultosamente…ahi me vesti y ella se fue a duchar… sali y en la sala estaba su amiga,cuando lina salio nos despedimos y ellas se quedaron hablando de lo sucedido… pero antes de irme me hicieron prometer que no contara esto a nadie…(pero ya saben mis lectores de xpiria tienen derecho a saberlo) a la chica nunca la volvi a ver. a mi lina la vi luego en un concierto pero eso,ya es otra historia…

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